Sentencia T-363/18
Referencia: Expedientes Acumulados T-
6488263 y T-6507069
Acciones de tutela presentadas por (i)
William Alexander Pérez Mahecha contra
la Dirección del Establecimiento
Penitenciario y Carcelario de Yopal -
Casanare y (ii) Álvaro Andrés Ibarra
Herrera contra la Dirección del
Establecimiento Penitenciario de Alta y
Mediana Seguridad y Carcelario con Alta
Seguridad de Cómbita -Boyacá
Magistrada Ponente:
DIANA FAJARDO RIVERA
Bogotá, D.C., tres (3) de septiembre de dos mil dieciocho (2018).
La Sala Segunda de Revisión de la Corte Constitucional, integrada por la
Magistrada Diana Fajardo Rivera y los Magistrados Luis Guillermo Guerrero
Pérez y Alejandro Linares Cantillo, en ejercicio de sus competencias
constitucionales, legales y reglamentarias, ha proferido la siguiente
SENTENCIA
En el proceso de revisión de los fallos proferidos en instancia, por los despachos
judiciales que a continuación se mencionan:
1. En instancia, por el Juzgado Único Penal del Circuito Especializado del
Distrito Judicial de Yopal -Casanare, el 18 de agosto de 2017, dentro del
proceso de tutela iniciado por William Alexander Pérez Mahecha contra la
Dirección del Establecimiento Penitenciario y Carcelario de Yopal -Casanare.
2. En primera instancia, por el Juzgado Segundo Penal del Circuito con
Funciones de Conocimiento del Distrito Judicial de Tunja -Boyacá, el 21 de
junio de 2017 y en segunda instancia, por la Sala Penal del Tribunal Superior
del Distrito Judicial de Tunja -Boyacá, el 16 de agosto de 2017, dentro del
proceso de tutela iniciado por Álvaro Andrés Ibarra Herrera contra la Dirección
del Establecimiento Penitenciario de Alta y Mediana Seguridad y Carcelario
con Alta Seguridad de Cómbita -Boyacá. Los expedientes de la referencia
fueron seleccionados para revisión por medio de Auto del 15 de diciembre de
2
2017, proferido por la Sala de Selección Número Doce1.
I. ANTECEDENTES
Los accionantes de las solicitudes de amparo son ciudadanos privados de la
libertad en los Establecimientos Penitenciarios y Carcelarios de Yopal-
Casanare y Cómbita -Boyacá, respectivamente. Aducen que, en el marco de la
relación de sujeción con el Estado, les fueron coartados sus derechos
fundamentales a la igualdad, libre desarrollo de la personalidad, libertad
religiosa y de cultos, honra y dignidad humana al irrespetarse el ejercicio
individual de las manifestaciones propias de sus creencias religiosas. En el
primero de los casos, el actor fue despojado de sus dreadlocks (rastas) al
momento del ingreso al penal pese a su pertenencia a la Comunidad Rastafari
por más de 14 años donde el cabello constituye un símbolo de sumisión y
respeto a Jesucristo. En el segundo, al tutelante se le negó la posibilidad de
ingresar y conservar en su celda un cuadro con la imagen del Divino Niño Jesús
que solicitaba para ejercer su devoción y adoración por una figura sagrada de la
Iglesia Católica a la que pertenece hace más de 20 años. En ambos supuestos,
los centros de reclusión adujeron razones de seguridad, disciplina, orden interno
y salubridad para proceder en uno u otro sentido; circunstancia que, a juicio de
los actores, desconoció la protección constitucional reforzada de la que son
titulares. Los hechos expuestos por los peticionarios en sus escritos de tutela,
son los siguientes:
Expediente T-6488263
1. Hechos
1.1. El señor William Alexander Pérez Mahecha fue recluido en el Pabellón 2
del Establecimiento Penitenciario y Carcelario de Mediana Seguridad de Yopal
-Casanare desde el 13 de junio de 2017 con ocasión de una medida de
aseguramiento proferida en su contra por la presunta comisión del delito de
tráfico, fabricación o porte de estupefacientes2.
1.2. Señala que desde hace más de 14 años pertenece a la Comunidad Religiosa
Rastafari (Etiopía-África) la cual se identifica con los denominados dreadlocks
(rastas) que provienen de la colectividad “Fe Joven Negra” y representan, por
un lado, al león conquistador de la tribu de Judah, de ahí que sean “una melena
de león, no una moda”3 y, de otro, al señor Jesucristo y su voto nazareno.
1.3. Explica que con la finalidad de preservar sus creencias, con anterioridad a
su traslado al centro de reclusión, manifestó ante los funcionarios competentes4
1
El auto de selección fue notificado el 29 de enero de 2018.
2
Artículo 376 de la Ley 599 de 2000 modificado por el artículo 11 de la Ley 1453 de 2011, “Por medio de la cual se
reforma el Código Penal, el Código de Procedimiento Penal, el Código de Infancia y Adolescencia, las reglas sobre
extinción de dominio y se dictan otras disposiciones en materia de seguridad”.
3
Folio 2. En adelante, siempre que se haga mención a un folio del expediente se entenderá que hace parte del cuaderno
principal, a menos que se diga expresamente otra cosa.
4
Obra en el proceso una “solicitud de respeto de derechos fundamentales” incoada por el apoderado judicial del
accionante ante el Director del Establecimiento Penitenciario y Carcelario de Yopal -Casanare en la que precisa que
3
su pertenencia activa a la agrupación de creyentes con el propósito de que le
fuera respetada “su forma de alimentarse [ya que es vegetariano] y de llevar su
vida rastafari, al momento de su ingreso a las instalaciones del
establecimiento”5, en concreto, “[su] derecho religioso y [su] voto nazareno de
no cortar [su] cabello, ya que con esto [representa] a Jesucristo”6.
1.4. Para sustentar lo dicho, puso en conocimiento de las autoridades carcelarias
unas certificaciones suscritas por el Director Nacional de la Biblioteca Negra
Haile Selassie I ONG7 en la que se advierte que el actor “es una persona
comprometida con sus labores tanto académicas (charlas en la Biblioteca)
como profesionales (instructor de ultimate), así como honesta y responsable,
además de su gran contribución y aporte a la cultura Africana Rastafari en
Colombia”8 por lo que pidió respeto por sus rastas que había protegido por
largos años y, en general, por su identidad religiosa al momento de la entrada al
penal9.
1.5. Pese a sus convicciones sagradas, conocidas de antemano por las
autoridades penitenciarias10, el 13 de junio de 2017, es decir, el día de su ingreso
a la prisión, el dragoneante “arbitrariamente y pasando [su ruego] y suplica por
alto y de una manera cruel e inhumana, en medio de risas y burla”11 le cortó
completamente el pelo, circunstancia que le generó un profundo dolor12.
1.6. Como consecuencia de lo ocurrido, solicitó la intervención del director de
la cárcel quien, afirma, se rehusó a atender su requerimiento aun cuando en
ningún momento ejerció violencia ante el acto vulnerador de sus derechos. Por
el contrario, señala que sin oponerse, “[su] cuerpo y [sus sentimientos]
el señor Pérez Mahecha “en la actualidad se encuentra recluido en la carceleta de la URI de esta ciudad”, no obstante,
una vez se produzca su ingreso al centro de reclusión aludido solicita “se abstenga de autorizar el corte de cabello
de [su] prohijado” y, en concreto, advierte “se tenga en cuenta la diversidad cultural de [su] defendido, en el sentido
de recortar su pelo o cabello dado que pertenece a la comunidad Rastafari, que se identifican con Dreadlocks
(rastas)” (folios 5 y 6).
5
Folio 6.
6
De acuerdo con el Código de Conducta Rastafari: “El Rasta no pasa cuchillo por su cabello, quien ría de su voto,
juegue de su voto o corte su voto, es una persona que será borrada del pueblo de Israel. Por eso la importancia de
cuidar sus votos, así como lo hizo nuestro señor Jesucristo que los cuido hasta el día de su crucifixión y después
hasta su transformación” (folios 1 y 13).
7
Reposan en el expediente de tutela documentos suscritos por el Representante Legal y Director Nacional de la
Fundación Biblioteca Negra Haile Selassie I ONG, Óscar Mauricio Puentes Amador, del 18 y 22 de mayo de 2017
en los que advierte lo siguiente: “Manifiesto que conozco de vista y trato desde hace más de 10 años al señor William
Pérez Mahecha identificado con la cédula de ciudadanía 1032379921 de Bogotá” (folios 7 al 11).
8
Folio 7.
9
Conforme lo dicho por el peticionario: “Son más de 14 años cuidando y protegiendo mi cabello para dios, símbolo
de respeto y sumisión a nuestro señor, no es justo conmigo ni con mi comunidad Rastafari, han [mansillado] una de
las cosas más sagradas para nosotros, nuestro cabello, por lo que pido se castigue con todo el peso de la ley a los
responsables del agravio y respondan ante la federación internacional que nos cobija llamada “Ethiopian World
Federation” avalada y respaldada por las Naciones Unidas los cuales conocen y defienden mi causa” (folios 2 y 3).
Según el Código de Conducta Rastafari: “Si el sistema le corta a un Rasta sus votos sin su aprobación, este podrá
hacer la queja ante la Federación Internacional llamada “Ethiopian World Federation” ubicada en Ethiopia, África
en su capital [Adís Abeba], donde junto a las Naciones Unidas se comienza una lucha por la rectificación del error
impuesto por dicho sistema” (folio 25).
10
Es absolutamente claro que para el momento en que la autoridad carcelaria accionada le quitó los dreadlocks (rastas)
al peticionario ya tenía conocimiento de su pertenencia activa a la Comunidad Religiosa Rastafari.
11
Folio 1.
12
En palabras del actor: “Fui despojado de mi cabello lo cual me dolió profundamente ya que desde hace 14 años
pertenezco a esta religión y no soy una persona con antecedentes y mi condición actual es de sindicado” (folio 1).
4
estallaron en llanto, llanto de dolor de incapacidad por no poder [defenderse]
ni ser respetado en [su] fe, [sus] creencias, en [sus] votos”13.
1.7. En su criterio, la conducta desplegada pasó por alto “el mismo código
penitenciario el cual debe conocer todo funcionario del INPEC”14 con el único
fin “de [brindarle] un trato cruel e inhumano, en contra de [su] dignidad
humana”15, de su integridad y la de toda una comunidad y cultura que “por años
[ha] difundido [el respeto] por [sus] hermanos, la paz y la armonía para un
perfecto equilibrio de la humanidad”16.
1.8. Con fundamento en estos hechos, el actor acude al mecanismo
constitucional invocando el amparo de sus derechos fundamentales a la
igualdad, libre desarrollo de la personalidad, libertad religiosa y de cultos, honra
y dignidad humana. Manifiesta que, actualmente, “el daño está [h]echo
espiritual y psicológicamente, [se encuentra] muy afectado, afortunadamente la
ley [lo] ampara y [espera] que se haga justicia”17.
1.9. Con base en lo anterior y advirtiendo que “las autoridades penitenciarias
y carcelarias [deben] impedir la utilización de mecanismos que corten (sic) la
libertad religiosa”18, solicita como objeto material de protección (i) el amparo
de sus garantías básicas; (ii) la iniciación de una investigación disciplinaria en
contra del funcionario que le cortó el pelo y (iii) la indemnización de perjuicios
morales causados en razón a “la violación de [sus] derechos religiosos por parte
del Estado”19.
2. Respuesta de la entidad accionada
2.1. Una vez se avocó el conocimiento de la presente acción de tutela por parte
del Juzgado Único Penal del Circuito Especializado del Distrito Judicial de
Yopal -Casanare, el 8 de agosto de 2017, el Despacho ordenó notificar a la
entidad accionada para que ejerciera el derecho de defensa y contradicción20.
2.2. El Director del Establecimiento Penitenciario y Carcelario de Yopal -
Casanare21 dio contestación al requerimiento judicial solicitando declarar la
improcedencia del amparo, por la inexistencia de vulneración por parte de la
entidad de los derechos fundamentales invocados22. Para sustentar esta postura,
señaló que el accionante efectivamente se encuentra recluido en la prisión desde
el 13 de junio de 2017 y que al momento de su ingreso se procedió con el corte
del pelo toda vez que, de conformidad con el reglamento de régimen interno,
13
Folio 1.
14
Folio 2.
15
Folio 2.
16
Folio 2.
17
Folio 2.
18
Folio 2.
19
Folio 3.
20
Folios 29 y 30.
21
Oswald Vidales Méndez.
22
Folios 31 al 36.
5
“es deber de todo [privado de la libertad] bañarse y afeitarse diariamente. Sin
excepción, no está permitido el uso de barba ni el cabello largo”23. Lo anterior,
con el propósito de preservar, por un lado, la higiene personal y, de otro,
garantizar la disciplina y el orden al interior de los centros de reclusión mediante
la aplicación de normas y procedimientos de conducta previamente
instituidos24.
Advirtió que, en aplicación de tales mandatos, la manifestación del peticionario
en torno a que el consumo de marihuana25 hace parte integral de sus creencias
religiosas no tiene vocación de prosperidad pues constituye una práctica que,
además de estar prohibida en todas las cárceles del país conllevaría a la
alteración de “la disciplina y orden al interior del establecimiento, anotando
además que el interno se encuentra recluido en la actualidad por el delito de
tráfico, fabricación o porte de estupefacientes”26. Con todo, adujo que para
proteger sus convicciones se le está garantizando una alimentación vegetariana
y se le está prestando la atención psicológica requerida “pues como es lógico el
ingreso a un Establecimiento de reclusión no es fácil de asimilar para cualquier
persona”27.
Finalizó señalando que las afirmaciones del interno en torno a supuestas burlas
provenientes del Cuerpo de Custodia y Vigilancia en razón a su pertenencia a
la Comunidad Religiosa Rastafari no son ciertas conforme las indagaciones
hechas por el establecimiento carcelario. Con base en estas premisas, precisó
que “el escrito de la presente acción no busca la protección de los supuestos
derechos vulnerados, sino la sanción a la administración del Establecimiento,
desdibujando la finalidad de esta herramienta constitucional”28.
3. Decisión que se revisa
El Juzgado Único Penal del Circuito Especializado del Distrito Judicial de
Yopal -Casanare, mediante providencia del 18 de agosto de 2017, negó el
amparo invocado. Para el Despacho, “no constituye una violación al derecho
fundamental de libertad de cultos, el hecho de que al interno se le haya
practicado un corte a su cabello tal y como lo establece el Reglamento Interno
del complejo carcelario, sino a una limitación al ejercicio de éste y los demás
23
Artículos 65 y 66 del reglamento interno.
24
En palabras del Director de la prisión: “Es importante indicar que el cumplimiento de normas y el respeto de las
figuras de autoridad son necesarias para mantener la disciplina y orden al interior de los Establecimientos de
reclusión del orden nacional, situación que se presentó al momento de efectuar el ingreso [del actor] al
Establecimiento, se [aplicaron] los procedimientos de ingreso aprobados por el instituto” (folio 32).
25
En este punto, es preciso aclarar que, en el escrito de tutela, el actor no planteó, dentro de sus pretensiones, la
autorización de consumo de marihuana al interior de la Penitenciaría de Yopal -Casanare. La Sala tuvo conocimiento
de una presunta afirmación en tal sentido a partir de lo señalado por la cárcel, en su respuesta a la solicitud de amparo:
“Por otra parte cabe anotar que dentro de las manifestaciones que el PPL accionante realiza, indica que dentro de
sus creencias el consumo de Marihuana hace parte integral de las mismas, situación que de permitirse vulnera la
Disciplina y orden al interior del establecimiento, anotando además que el interno se encuentra recluido en la
actualidad por el delito de Tráfico, Fabricación o Porte de Estupefacientes”. No existe en el expediente una
circunstancia fáctica o mención adicional a la ya referida.
26
Folio 32.
27
Folio 32.
28
Folio 32.
6
derechos alegados en su condición de persona privada de la libertad, aunado
a que [el establecimiento de reclusión] debe propender por la seguridad, la
disciplina y el orden de las personas que ingresan [a la cárcel] al mismo tiempo
que garantizar al máximo la protección de los derechos de todos los internos
en igualdad de condiciones”29. Sobre esta premisa, advirtió que la actuación de
la prisión no fue arbitraria ni desproporcionada.
Frente a las demás pretensiones incoadas por el actor, el juzgado señaló que la
acción de tutela no es el medio adecuado para ordenar la iniciación de una
investigación disciplinaria en contra del funcionario que despojó al tutelante de
sus rastas ni para disponer la indemnización de perjuicios morales que, alega,
le fueron causados toda vez que “la primera petición tendría que dirigirse ante
la entidad competente, y frente a la segunda solicitud el actor cuenta con otros
mecanismos judiciales a los que podría recurrir en busca de las [reclamaciones
económicas] perseguidas”30.
4. Pruebas relevantes que obran en el expediente de tutela
4.1. El Representante Legal y Director Nacional de la Biblioteca Negra Haile
Selassie I ONG, Óscar Mauricio Puentes Amador, informó que la fundación
que preside tiene por finalidad defender y preservar el legado intelectual de la
cultura Africana y Rastafari, “fortalecer el desarrollo de su identidad Afro y ser
portadores orgullosos de su herencia, raíces y espiritualidad, nacional e
internacionalmente”31. Dentro de sus objetivos específicos está (i) promover la
convivencia armónica a partir del respeto por la diferencia y la práctica de
valores para mejorar las relaciones dentro de la sociedad; (ii) resaltar ante las
otras comunidades la importancia cultural y patrimonial de la población
Rastafari y (iii) generar programas o cursos de educación dictados por negros o
personas Rastafari que contribuyan al desarrollo cognitivo y social,
especialmente de los niños32.
4.2. Ficha de atención nutricional a personas privadas de la libertad suscrita por
la Administradora del Servicio de Alimentos de la prisión, Doctora Diana
Caterine Arcos Escobar, el 6 de julio de 2017, mediante la cual pone de
manifestó, por un lado, que el accionante no presenta factores de riesgo
relacionados con el tabaquismo, el alcohol y las drogas y, por el otro, que es un
paciente vegetariano desde hace más de 10 años y por ello se recomienda una
dieta especial durante las tres comidas del día. Se sugiere al desayuno una
bebida general, huevo o queso, fruta o pan; al almuerzo sopa general, arroz,
verdura cocida, huevo o queso y jugo normal; y en la cena un lácteo y los
mismos víveres previstos para el almuerzo33.
4.3. Oficio del 7 de julio de 2017 suscrito por el Director del Establecimiento
29
Folio 39.
30
Folio 40.
31
Folio 8.
32
Folios 8 al 10.
33
Folio 36.
7
Penitenciario y Carcelario de Yopal -Casanare mediante el cual brindó una
respuesta al requerimiento incoado por la Asesora del Grupo de Política
Criminal y Carcelaria de la Procuraduría Delegada para la Prevención en
materia de DDHH y Asuntos Étnicos34, en el que solicitó la investigación de los
hechos ocurridos con el interno el día de su ingreso a la prisión y la necesidad
de brindarle asesoría psicológica por parte del Área de Atención Social. En la
respuesta, sin existir, en particular, un pronunciamiento en torno a la pretensión
de investigación, se advierte que, el día 13 de junio de 2017, se realizó el
procedimiento habitual de incorporación conforme lo dispuesto en el
reglamento interno del penal y se procedió a la ubicación del actor en el Patio
2. Igualmente (i) fue asignado al Plan Ocupacional en la Escuela de Formación
Ambiental y en el Programa Transversal Misión Carácter; (ii) se le brindó
orientación por el Área de Psicología a través de las trabajadoras sociales Nelly
Panqueva Barajas y Martha Patricia Peña y (iii) posteriormente -6 de julio de
2017- fue valorado por la nutricionista del servicio de alimentos para asignar la
dieta correspondiente35.
4.4. Petición de fecha 10 de julio de 2017 presentada por la Doctora Nelly
Panqueva Barajas -responsable del Área de Atención y Tratamiento del Centro
de Reclusión- ante la Administradora del Servicio de Alimentos solicitando la
realización de una valoración nutricional al interno William Alexander Pérez
Mahecha a fin de que se evalúe la posibilidad de “asignarle dieta a base de
vegetales”36 en razón a su condición de vegetariano hace más de 10 años37.
Expediente T-6507069
1. Hechos
1.1. El señor Álvaro Andrés Ibarra Herrera, ex miembro de la Fuerza Pública,
permanece actualmente recluido en el Pabellón 1 del Establecimiento
Penitenciario y Carcelario de Mediana Seguridad de Cómbita -Boyacá, “El
Barne”. Señaló que desde hace más de 20 años es devoto del Divino Niño Jesús
al igual que su familia con quienes en varias ocasiones viajó a la Iglesia ubicada
en el barrio 20 de julio en Bogotá, lugar de adoración emblemático para
millones de peregrinos católicos. Asegura que “desde que [está] capturado no
[ha] podido rendir [su] culto a la imagen del Divino Niño”38.
1.2. Con el propósito de continuar profesando “la religión católica, Iglesia
universal del mundo”39, mientras permanece privado de la libertad, solicitó ante
la Dirección del centro de reclusión, por medio de escrito del 20 de mayo de
2017, el ingreso y la tenencia en su celda de un “cuadro pequeño [o lámina
delgada de madera] de la imagen del Divino Niño Jesús que tiene una medida
34
Doris Patricia Enciso Ortiz.
35
Folio 35.
36
Folio 33.
37
Folios 33 y 34.
38
Folio 42.
39
Folio 3.
8
exacta de 40 x 40 cms”40 y un grosor de medio centímetro, aproximadamente.
1.3. Por medio de oficio del 7 de junio siguiente, se negó su petición bajo el
argumento de que “el Reglamento General de los Establecimientos de
Reclusión del Orden Nacional -ERON a cargo del INPEC; en su título IV,
Capítulo I, Artículo 45; reglamentó los elementos de uso exclusivo permitidos
en celdas y dormitorios de las personas privadas de la libertad y este en ningún
aparte o numeral permite la tenencia [del elemento pretendido por el
interno]”41. Por ello, la “solicitud no es viable, salvo mejor o diferente concepto
por parte del Comando de Vigilancia quien es el responsable de la seguridad
del establecimiento”42.
1.4. En criterio del peticionario la respuesta brindada es irrazonable. “[No
entiende] en que [puede] afectar que [en su celda] practique libremente [su
culto] y [sus] oraciones”43. Tal actuación, afirma, en modo alguno altera la
seguridad del centro carcelario máxime cuando, por un lado, se ha caracterizado
por ser un interno con una conducta ejemplar. Inclusive, es beneficiario de un
descuento de pena por su condición de monitor de enseñanza, labor que le
permite contribuir a la resocialización de sus compañeros de reclusión y, de
otro, en los demás patios del penal muchos presos profesan la religión Cristiana
y Evangélica “sin ninguna restricción”44.
1.5. El actor invocó el amparo de sus derechos fundamentales a la igualdad,
libre desarrollo de la personalidad, libertad religiosa y de cultos, honra y
dignidad humana. Expuso que la circunstancia de encontrarse privado de la
libertad “no justifica que [se le dé] un tratamiento contrario, puesto que por el
solo hecho de pertenecer a la especie humana [es merecedor] de garantías y
respeto de los derechos humanos, que en ningún caso pueden ser vistos como
elementos puramente ideológicos sino como reconocimiento de realidades”45.
1.6. Con base en lo anterior y advirtiendo que “la persona privada de la
libertad, no debe ser sometida a condiciones que hagan más gravosa su pena,
es el Estado quien debe garantizar que no sean anulados aquellos derechos que
no contempla la pena”46, solicita como objeto material de protección el amparo
de sus garantías superiores y, en consecuencia, la autorización para “colgar el
cuadro en [su] celda y profesar libremente [su] religión”47.
2. Respuesta de la entidad accionada
2.1. Una vez se avocó el conocimiento de la presente acción de tutela por parte
del Juzgado Segundo Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento del
40
Folio 3.
41
Folio 9.
42
Folio 9.
43
Folio 4.
44
Folio 5.
45
Folio 4.
46
Folio 5.
47
Folio 4.
9
Distrito Judicial de Tunja -Boyacá, el 13 de junio de 2017, el Despacho ordenó
notificar a la entidad accionada para que ejerciera el derecho de defensa y
contradicción48.
2.2. La Directora (e) del Establecimiento Penitenciario y Carcelario de Cómbita
-Boyacá49 dio contestación al requerimiento judicial solicitando declarar la
improcedencia del amparo, por la inexistencia de vulneración por parte de la
entidad de los derechos fundamentales invocados50. Para sustentar su postura,
indicó que frente a la solicitud presentada por el accionante se brindó una
respuesta oportuna, clara, de fondo y congruente la cual fue debidamente
notificada al interesado, exponiéndosele los motivos de la negativa. Advirtió
que el centro carcelario es de alta seguridad y hace parte de “los penales de
segunda generación, sobre los cuales se aplica un régimen especial por las
connotaciones de ingeniería estructural y tratamiento al personal de privados
de la libertad que alberga”51, de ahí que la tenencia de elementos como el
solicitado por el actor no se encuentren permitidos en las celdas por razones de
orden y seguridad, conforme lo dispone expresamente el artículo 2152 de la
Resolución 3152 de 200153 y el artículo 4554 de la Resolución 006349 del 19 de
diciembre de 201655. Precisó que, en todo caso, el ejercicio de la libertad de
cultos al interior del complejo de reclusión se encuentra protegido toda vez que
“en el establecimiento se le garantiza a todos los internos los espacios
suficientes y adecuados para profesar libremente su culto, independientemente
de la religión que profesen, para ello cada semana ingresa tanto el capellán
del establecimiento para celebrar la eucaristía en todos los pabellones de [la
cárcel] para aquellos [presos] que profesen la religión católica, y así mismo
ingresa con la misma periodicidad los pastores de las diferentes iglesias a
celebrar sus cultos para los internos que pertenecen a estas otras religiones”56.
3. Decisiones que se revisan
3.1. Decisión del juez de tutela de primera instancia
El Juzgado Segundo Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento del
Distrito Judicial de Tunja -Boyacá, mediante providencia del 21 de junio de
2017, negó el amparo invocado. Para el Despacho, “no le es viable emitir
pronunciamiento alguno, pues es la autoridad penitenciaria, [esto es, la]
Dirección General del INPEC la encargada de relacionar los elementos
permitidos y no permitidos en cada celda, pues es del resorte [único y
48
Folios 10 al 12.
49
Mabel Julieta Rico Vargas.
50
Folios 13 al 27.
51
Folio 14.
52
Artículo 21, parágrafo 7: “En los dormitorios no se permitirán cuadros, afiches, grafitis, ralladuras, cortinas,
persianas y cualquier clase de adornos o decorado”.
53
“Por la cual se expide el Reglamento de Régimen Interno para los Pabellones de Alta Seguridad”.
54
Dicha disposición hace referencia a los elementos cuya tenencia y uso se encuentran expresamente permitidos en
las celdas y dormitorios de las personas privadas de la libertad.
55
“Por la cual se expide el Reglamento General de los Establecimientos de Reclusión del Orden Nacional -ERON a
cargo del INPEC”.
56
Folio 16.
10
exclusivo] de esa entidad, no hay forma de decir que ello sea asunto
constitucional de excepción”57. Lo anterior, considerando aún más que se
adujeron “argumentaciones valederas que impiden acceder a lo requerido”58 y
que, en todo caso, el penal, actualmente, cuenta con espacios destinados para
que los internos profesen libremente su culto con el acompañamiento de los
capellanes o pastores, según el caso, lo que evidencia que “se está garantizando
la libertad de cultos, de conciencia y de igualdad, al accionante y a toda la
comunidad carcelaria”59.
Agregó que lo que se discute, en últimas, es la legalidad de actos administrativos
-reglamento general y reglamento interno de los establecimientos de reclusión
del orden nacional- que prohíben la tenencia de elementos como el invocado
por el tutelante, controversia que escapa al conocimiento del juez constitucional
y, por ende, debe zanjarse en su escenario natural, esto es, en la Jurisdicción de
lo Contencioso Administrativo.
3.2. Impugnación presentada por el accionante
La anterior determinación fue impugnada por el actor, mediante escrito del 11
de julio de 2017, pidiendo revocar la decisión de primera instancia y, en su
lugar, conceder el amparo de los derechos fundamentales invocados en la
solicitud de tutela60. Afirmó que, contrario a lo indicado por la Dirección del
penal, en el Pabellón donde, actualmente, permanece recluido no existe ningún
espacio donde se pueda practicar o profesar su rito católico y, en especial, la
devoción al Divino Niño Jesús. Tampoco se precisa la asistencia de un pastor
certificado (para quienes son cristianos) y lo único cierto es que la prisión cuenta
con un capellán que se encarga de la asistencia espiritual en todo el complejo
carcelario, integrado por la zona de alta seguridad61 y por la de mediana
seguridad62 siendo, en consecuencia, “una carga laboral que el [capellán] no
alcanza a suplir”63. En atención a ello, consideró que para poder profesar su
culto libremente debe hacerlo en su celda, “de manera individual”64 conforme
lo señala el artículo 19 superior. Advirtió que la tenencia del cuadro es
“exclusivamente para ejercer [su] derecho constitucional a la libertad de
cultos, el cuadro está sujeto a que le realicen cualquier tipo de inspección, bien
sea, revisarlo con rayos x, pasarlo por el control canino, inspección por parte
de los guardianes del Inpec, etc, con el fin de evidenciar que en nada restringe
o afecta [la seguridad] y control [del] penal”65 y que con tal elemento no se le
está causando ningún daño o perjuicio a nadie. Finalizó manifestando que la
57
Folio 32.
58
Folio 32.
59
Folio 32.
60
Folios 36 al 43.
61
Centro Penitenciario y Carcelario de Alta Seguridad de Cómbita -Boyacá.
62
Centro Penitenciario y Carcelario de Mediana Seguridad “El Barne” de Cómbita -Boyacá. El tutelante advierte que
esta zona de la prisión se encuentra integrada por más de 1800 internos, distribuidos en un total de 10 patios al tiempo
que el área de alta seguridad supera este número de reclusos.
63
Indica el actor que el capellán de la prisión igualmente adelanta trámites de certificación, matrimonio, cartas de
recomendación, entre otras diligencias similares (folios 37 y 38).
64
Folio 38.
65
Folios 40 y 41.
11
protección de las garantías fundamentales no puede reducirse a un juicio de
legalidad acerca del contenido del reglamento interno aplicable pues está de por
medio la efectividad de los derechos que consagra con énfasis la Carta Política
y que se deriva de la fuerza normativa prevista en su artículo cuarto.
3.3. Decisión del juez de tutela de segunda instancia
Luego de impugnarse este fallo, conoció de la tutela, en segunda instancia, la
Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Tunja -Boyacá, que
mediante providencia del 16 de agosto de 2017 confirmó la decisión del a quo66.
Para la autoridad judicial, los Directores de las prisiones están facultados para
prohibir el ingreso de ciertos elementos en las celdas siempre que medie una
justificación razonable. En este caso, se “esgrimió que la negativa a autorizar
el ingreso del cuadro religioso tenía como objeto preservar la convivencia, la
seguridad y el orden dentro del centro de reclusión, razones que, en criterio de
la Sala, no pugnan con la esencia del derecho fundamental a la libertad de
cultos, pues ello no reprime la profesión de [la fe del actor] ni le está vedando
sus creencias religiosas, ni tampoco le impone ideas, dogmas o sentimientos de
veneración específicos”67. Se trata de una medida legítima y adecuada que
encuentra sustento en un acto administrativo -reglamento interno- investido de
legalidad. Agregó que permitir el ingreso de la imagen sagrada tendría la
potencialidad de desconocer el hecho de que el accionante convive en su celda
“con otros reclusos que podrían profesar una creencia opuesta al culto de las
imágenes religiosas, a los cuales se les terminaría imponiendo [la carga de]
soportar una representación que ofende, ahí sí, sus propias convicciones”68.
Igualmente, señaló que con la restricción impuesta no se vulneró el derecho a
la igualdad del tutelante “pues no se estableció ni se alegó que en el centro de
reclusión se permita el ingreso de elementos como el solicitado a otros
reclusos”69.
II. ACTUACIONES SURTIDAS EN SEDE DE REVISIÓN
La Sala Segunda de Revisión, a efectos de adoptar una decisión integral en los
asuntos de la referencia, por Auto del 23 de marzo de 2018, requirió a los
establecimientos penitenciarios accionados en cada uno de los procesos
acumulados, a los accionantes de ambas solicitudes de amparo, al Padre Alberto
66
En relación con la decisión de segunda instancia, se presentó salvamento de voto por parte de una de las Magistradas
del Tribunal Superior de Tunja, advirtiendo que se debió amparar el derecho fundamental a la libertad religiosa y de
cultos del actor. Desde su óptica: “La doctrina de la Iglesia Católica está cimentada en la fe católica, que entre otros
aspectos se refleja en un sin número de imágenes religiosas y reliquias o relicarios de santos, a los cuales se les
venera. De ahí, que el impedir instalar la imagen requerida por Álvaro Andrés Ibarra en su celda cercena de tajo
los derechos de actuar acorde a la religión que profesa interfiriendo en su decisión de reverenciar una imagen que
hace parte de su devoción, pues al no permitirla tenerla consigo se interfiere flagrantemente en su ejercicio de fe y
espiritual que redunda en su fuero interno, con mayor razón cuando se encuentra en un establecimiento carcelario
que no solo lo aleja de la sociedad sino de su libertad de expresión religiosa dentro de los parámetros propios de la
religión que profesa”. Señaló que el supuesto potencial peligro que representaría la tenencia de la imagen en la celda
es hipotético y ello desconoce, de forma más gravosa, la vida espiritual del tutelante “lo que [amerita] sin lugar a
dudas la protección constitucional” (folios 20 al 26 del cuaderno de impugnación).
67
Folio 13 del cuaderno de impugnación.
68
Folio 13 del cuaderno de impugnación.
69
Folio 14.
12
Múnera Duque, S.J., la Parroquia del Niño Jesús 20 de Julio, al hermano James
Robinson, Rasta Nini, de la Alianza Rastafari de Panamá y al Representante
Legal y Director Nacional de la Fundación Biblioteca Negra Haile Selassie I
ONG, Óscar Mauricio Puentes Amador, para que suministraran información
que permitiera conocer, de un lado, la importancia de las creencias de los
reclusos en su experiencia como individuos religiosos y, de otro, las razones por
las cuales resultaba necesario la imposición de límites al ejercicio de sus
manifestaciones espirituales.
Igualmente, se puso en conocimiento de la Dirección General del Instituto
Nacional Penitenciario y Carcelario -INPEC- y del Ministerio de Justicia y del
Derecho, el contenido de los expedientes de tutela para que se pronunciaran
sobre los hechos y pretensiones de los casos. Mediante Auto del 19 de abril de
2018 se suspendieron los términos de los procesos y se requirió, una vez más, a
algunas de las entidades y particulares señalados previamente para que dieran
respuesta a la solicitud judicial formulada pues en virtud de un primer
requerimiento no se verificó su participación70. El contenido integral de las
preguntas formuladas por la Sala en cada solicitud probatoria y las respuestas
brindadas, en dichas oportunidades, podrán observarse en un anexo que se
adjuntará a la presente providencia, sin perjuicio de advertir que se referirán y
analizarán en detalle al momento de resolverse los casos concretos.
III. CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS
1. Competencia
Esta Sala de Revisión de la Corte Constitucional es competente para revisar los
fallos de tutela proferidos dentro del trámite de la referencia, con fundamento
en lo dispuesto por los artículos 86, inciso 3, y 241, numeral 9, de la
Constitución Política, en concordancia con los artículos 33, 34, 35 y 36 del
Decreto 2591 de 1991.
2. Cuestión previa: las acciones de tutela presentadas por William
Alexander Pérez Mahecha y Álvaro Andrés Ibarra Herrera son
procedentes para buscar la protección de sus derechos fundamentales
En esta oportunidad se cumplen a cabalidad los requisitos de procedencia de las
acciones de tutela, esto es, la legitimación por activa y pasiva, la inmediatez y
la subsidiariedad. A continuación, se analizarán en detalle cada uno de los
presupuestos mencionados, que sustentan dicha conclusión.
2.1. La acción de tutela puede ser presentada por las personas privadas de la
libertad para reclamar sus derechos (Legitimación para actuar)
70
En concreto, se requirió, por segunda vez, al señor William Alexander Pérez Mahecha, a las Direcciones de los
Establecimientos Penitenciarios y Carcelarios de Yopal -Casanare y Cómbita -Boyacá, a la Parroquia del Niño Jesús
20 de Julio, al hermano James Robinson, Rasta Nini, de la Alianza Rastafari de Panamá, al Representante Legal y
Director Nacional de la Fundación Biblioteca Negra Haile Selassie I ONG, Óscar Mauricio Puentes Amador y a la
Dirección General del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario -INPEC-.
13
2.1.1. Los accionantes podían ejercer la acción de tutela (Legitimación por
activa). De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 86 Superior, toda persona
tiene derecho a interponer acción de tutela por sí misma o por quien actúe a su
nombre71. El artículo 10 del Decreto 2591 de 199172 establece que la referida
acción constitucional “podrá ser ejercida, en todo momento y lugar, por
cualquiera persona vulnerada o amenazada en uno de sus derechos
fundamentales, quien actuará por sí misma o a través de representante. Los
poderes se presumirán auténticos”. En esta oportunidad, los señores William
Alexander Pérez Mahecha y Álvaro Andrés Ibarra Herrera actúan en defensa de
sus derechos e intereses, razón por la cual se encuentran legitimados para
intervenir en esta causa.
2.1.2. Las autoridades públicas podían ser tuteladas (Legitimación por pasiva).
De conformidad con el artículo 5 del Decreto 2591 de 199173, “[l]a acción de
tutela procede contra toda acción u omisión de las autoridades públicas, que
haya violado, viole o amenace violar cualquiera de los derechos de que trata
el artículo 2 de esta ley”. En esta ocasión, se tiene que tanto al Director del
Establecimiento Penitenciario y Carcelario de Yopal - Casanare como al
Director del Establecimiento Penitenciario de Alta y Mediana Seguridad y
Carcelario con Alta Seguridad de Cómbita -Boyacá, en su condición de jefes de
gobierno interno, les corresponde velar por el funcionamiento y el control de
los centros correccionales a su cargo, adoptando las medidas de atención
integral, tratamiento penitenciario, custodia y vigilancia que resulten
pertinentes para garantizar la integridad, seguridad, disciplina, orden y el
respeto de los derechos fundamentales de quienes allí permanecen confinados74.
Se trata, en consecuencia, de entidades públicas con funciones que contribuyen
a la garantía de los derechos fundamentales objeto de discusión, de ahí que se
encuentren legitimadas como parte pasiva en los procesos de tutela.
2.2. En los presentes asuntos se cumple con el requisito de inmediatez y
subsidiariedad de la acción de tutela
2.2.1. Inmediatez. La procedibilidad de la acción de tutela está, igualmente,
supeditada al cumplimiento del requisito de inmediatez. Este exige que el
amparo sea interpuesto de manera oportuna en relación con el acto que generó
la presunta vulneración de los derechos fundamentales75. En el expediente T-
71
Constitución Política, artículo 86: “Toda persona tendrá acción de tutela para reclamar ante los jueces, en todo
momento y lugar, mediante un procedimiento preferente y sumario, por sí misma o por quien actúe a su nombre, la
protección inmediata de sus derechos constitucionales fundamentales, cuando quiera que éstos resulten vulnerados
o amenazados por la acción o la omisión de cualquier autoridad pública”.
72
“Por el cual se reglamenta la acción de tutela consagrada en el artículo 86 de la Constitución Política”.
73
“Por el cual se reglamenta la acción de tutela consagrada en el artículo 86 de la Constitución Política”.
74
Artículo 30 del Decreto 4151 de 2011, “Por el cual se modifica la estructura del Instituto Nacional Penitenciario
y Carcelario INPEC y se dictan otras disposiciones”.
75
La inmediatez encuentra su razón de ser en la tensión existente entre el derecho a presentar una acción constitucional
“en todo momento” y el deber de respetar su configuración como un medio de protección “inmediata” de las garantías
básicas. Es decir, que pese a no contar con un término preestablecido para efectuar la presentación, debe existir
necesariamente una correspondencia entre la naturaleza expedita de la tutela y su interposición oportuna.
14
6488263 la acción de tutela que se revisa se radicó el 4 de agosto de 2017 y la
demanda fue admitida el 8 de agosto siguiente por el Juzgado Único Penal del
Circuito Especializado del Distrito Judicial de Yopal -Casanare. El último acto
-antes de la presentación de esta acción- que el peticionario considera compone
el conjunto de hechos que ponen en riesgo sus garantías constitucionales, fue la
conducta desplegada por uno de los dragoneantes de la prisión, el 13 de junio
de 2017, es decir, el día que se le cortó el pelo [sus dreadlocks (rastas)] pese a
que constituían una creencia esencial de su religión Rastafari. En virtud de lo
dicho, se constata que transcurrieron menos de 2 meses entre el hecho generador
de la vulneración que se alega y la interposición de la solicitud de amparo,
término que resulta razonable.
En el expediente T-6507069 la acción de tutela que se revisa se radicó el 8 de
junio de 2017 y la demanda fue admitida el 13 de junio siguiente por el Juzgado
Segundo Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de Tunja -Boyacá.
El último acto que el peticionario estima como contrario a sus derechos
fundamentales, es la respuesta brindada a la solicitud que incoó ante la
Dirección de la Penitenciaría, el 20 de mayo de 2017, con el propósito de que
le fuera autorizado el ingreso en su celda de un “cuadro pequeño [o lámina
delgada de madera] de la imagen del Divino Niño Jesús”76. Ante el
requerimiento, se le informó, mediante oficio del 7 de junio de 2017, la
imposibilidad de acceder a lo pretendido por tratarse de un elemento cuya
tenencia se encuentra expresamente prohibida al interior de la prisión por
motivos de seguridad y orden público. En este orden de ideas, el presupuesto de
inmediatez debe entenderse satisfecho pues entre el último acto que podría
considerarse como el generador de la vulneración concreta que se alega y la
interposición del amparo tan solo transcurrió un día, término respecto del cual
no surge reparo alguno.
2.2.2. Subsidiariedad. En relación con el carácter residual y subsidiario de la
acción de tutela, la Constitución Política establece que su procedencia está
condicionada a que “el afectado no disponga de otro medio de defensa judicial”
(artículo 86 C.P.). Sin embargo, esta Corporación ha señalado que no puede
declararse la improcedencia de la tutela por la sola existencia en abstracto de un
medio ordinario de defensa. El juez constitucional debe analizar, en el marco
de la situación fáctica particular, si la acción judicial dispuesta por el
ordenamiento jurídico es idónea o eficaz en virtud de las circunstancias del caso
concreto, tales como las condiciones personales de vulnerabilidad del afectado.
En el evento en el que no lo sea, el mecanismo de amparo procederá para
provocar un juicio sobre el fondo de manera definitiva o transitoria, según el
caso.
Durante el trámite de tutela, los jueces de instancia, en ambos procesos, negaron
las acciones presentadas debido a que las actuaciones de los entes carcelarios
que restringieron la práctica de las manifestaciones religiosas de los accionantes
76
Folio 3.
15
se desplegaron, a su juicio, en ejercicio de atribuciones legales y reglamentarias
de disciplina, seguridad, orden y salubridad requeridas para la organización,
funcionalidad y operatividad de las cárceles donde fueron confinados los
actores. Sobre esta base, las autoridades judiciales estimaron que la controversia
representaba una discusión de índole legal relativa a la aplicación de las
disposiciones previstas en un acto administrativo -reglamento interno de los
centros de reclusión- que contempla normas y procedimientos de conducta. En
ese sentido, el asunto escapaba al conocimiento del juez constitucional y debía
dirimirse en la Jurisdicción de lo Contencioso Administrativo. Sobre este
particular, la Sala estima que no les asiste la razón toda vez que la discusión no
puede reducirse a un juicio de legalidad sobre todo cuando el debate advertido
trasciende a la esfera constitucional77.
En este punto, se advierte que los accionantes no se expresan, en sus acciones
de tutela, en contra del reglamento interno que rige los establecimientos
carcelarios donde fueron privados de la libertad sino que cuestionan la
específica aplicación e interpretación irrestricta en su caso personal, esto es, el
impacto que algunas de las disposiciones reglamentarias generaron sobre el
respeto y ejercicio de sus creencias religiosas más profundas lo que, en su
criterio, constituyó una violación del derecho a la libertad religiosa y de cultos.
En efecto, los elementos de juicio aportados a los procesos ponen de presente
una discusión constitucional relevante que involucra, por un lado, el respeto por
la libertad religiosa y de cultos de unas personas recluidas; prerrogativa que les
otorga la facultad de creer y de practicar los votos de una determinada
orientación mediante la asunción y el acatamiento de un credo o culto, cuyo
ejercicio se manifiesta en la interioridad o exteriorización de actos de fe y, de
otro, la tensión que surge con la prevalencia del interés general y la seguridad
pública, en tanto presupuestos que rigen la funcionalidad de los centros de
reclusión del orden nacional mediante el establecimiento de medidas
disciplinarias con la potencialidad de restringir tales manifestaciones
espirituales.
Ante un escenario de esta naturaleza, en el que se precisa armonizar y ponderar
77
En la sentencia T-490 de 2004. M.P. Eduardo Montealegre Lynett, el accionante, recluido en la Penitenciaría
Nacional de Valledupar, alegaba que las autoridades carcelarias no le habían proporcionado la dotación reglamentaria
(2 uniformes, 2 sabanas, 2 fundas, 1 par de botas, ropa interior y útiles de aseo personal para un periodo de un año)
pues, en su caso, solamente le habían entregado “un uniforme y un par de botas hace treinta meses”. La solicitud de
amparo fue negada ya que a juicio de la autoridad judicial el deber de suministro de implementos de aseo y de uso
personal tenía origen en el Código Penitenciario y Carcelario y en el reglamento del penal, de ahí que el derecho legal
a la dotación podía exigirse mediante otros mecanismos de defensa judicial, como por ejemplo la acción de
cumplimiento. Sobre el particular, la Sala Séptima de Revisión estimó lo siguiente: “Estas consideraciones del Juez
de instancia son parcialmente ciertas, en la medida en que por regla general los derechos de rango
infraconstitucional no son susceptibles de protección por la vía de la acción de tutela. No obstante, el juez de
instancia realiza una interpretación que desconoce, en primer lugar, la situación especial del actor como sujeto
pasivo de una relación de especial sujeción y, en segundo lugar, pasa por alto el postulado, este si fundamental en
un estado social de derecho, consistente en que los contenidos concretos de los derechos fundamentales son en
principio determinados por el Legislador”. Y agregó: “La Corte no puede aceptar una interpretación que se erige
sobre una distinción casi de principio entre los contenidos de la ley y los reglamentos y los de la Constitución; no es
correcto afirmar que a partir de una diferencia formal entre Constitución y ley o reglamento, se siga necesariamente
una diferencia material entre sus contenidos. Tampoco es admisible desde una correcta interpretación de los
derechos fundamentales sostener posiciones sobre una concepción fracturada del ordenamiento jurídico. En este
sentido la razón que sirve al juez de instancia para declarar la improcedencia deberá ser revocada por la Corte”.
En igual sentido, puede consultarse la sentencia T-100 de 2018. M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado.
16
diferentes principios en tensión se requiere contar, por lo menos para su
comprensión constitucional, con la intervención del juez de tutela. Como se dijo
en la sentencia T-100 de 199478, “así como la Constitución no permite que se
suplante al juez ordinario con el de tutela, para la protección de los derechos
de rango legal, tampoco permite que la protección inmediata y eficaz de los
derechos fundamentales, sea impedida o recortada por las reglas de
competencia de las jurisdicciones ordinarias”, máxime cuando la salvaguarda
invocada, en esta oportunidad, es en beneficio de dos ciudadanos con
restricciones en su libertad, esto es, sujetos pasivos de una relación de especial
sujeción. Respecto de este grupo de individuos, la Constitución Política
consagra un tratamiento especial que, en hechos concretos, se traduce en una
protección reforzada dada su condición de indefensión frente al Estado que debe
garantizarse por medio de la acción de tutela.
Este mecanismo se perfila como el instrumento idóneo y eficaz para garantizar
la efectividad de los derechos fundamentales de la población reclusa. En la
sentencia T-388 de 201379, la Sala Primera de Revisión estudió nueve
expedientes de acción de tutela, referentes a las violaciones de los derechos a la
dignidad humana, vida en condiciones dignas, integridad personal, salud y
reintegración social de personas confinadas de la libertad en seis centros
carcelarios del país. En todos los casos, se hizo referencia a la necesidad de
tomar medidas adecuadas y necesarias, de manera urgente, para superar el
estado de cosas en que se encuentra el Sistema Penitenciario que, se alega, es
contrario al orden constitucional de manera estructural y general80. Dentro de
78
M.P. Carlos Gaviria Díaz.
79
M.P. María Victoria Calle Correa; SVP Mauricio González Cuervo.
80
En la sentencia T-153 de 1998. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz, la Sala Tercera de Revisión declaró que el Sistema
Penitenciario y Carcelario estaba en un estado de cosas inconstitucional, emitiendo una serie de órdenes tendientes a
superarlo. El hacinamiento, las graves deficiencias en materia de servicios públicos y asistenciales, el imperio de la
violencia, la extorsión y la corrupción, así como la carencia de oportunidades y medios para la resocialización de los
reclusos originaron esta declaratoria. Esta situación, que se entendió superada medianamente en un momento, se
volvió a presentar nuevamente, por lo que la Sala Primera de Revisión en la sentencia T-388 de 2013. M.P. María
Victoria Calle Correa; SVP Mauricio González Cuervo declaró una vez más este estado contrario a la Constitución
Política de 1991. Allí, se aclaró que aunque la situación actual era crítica, se trataba de un escenario diferente al
constatado hace ya más de una década debido al incremento en los problemas estructurales, la aparición de nuevas
amenazas y violaciones no consideradas en su momento y el hecho de que las políticas y programas planeados
inicialmente, aparentemente válidos y adecuados para el entorno considerado, eran inadecuados e insuficientes para
las actuales demandas. Como consecuencia de lo anterior se adoptaron una serie de órdenes encaminadas a superar
esta situación, advirtiéndose la presencia de diversos factores generadores de ella, destacándose en concreto los
siguientes: “(i) Los derechos constitucionales de las personas privadas de la libertad son violados de manera masiva
y generalizada; (ii) las obligaciones de respeto, protección y garantía, derivadas de tales derechos, han sido
incumplidas de forma prolongada; (iii) el Sistema ha institucionalizado prácticas claramente inconstitucionales,
dentro de su funcionamiento cotidiano; (iv) hay una ausencia notoria de medidas legislativas, administrativas y
presupuestales que se requieren con urgencia; (v) la solución de los problemas estructurales compromete la
intervención de varias entidades, que deben realizar acciones complejas y coordinadas; y, finalmente, (vi) si todas
las personas privadas de la libertad que se ven enfrentadas al mismo estado de cosas presentaran acciones de tutela
(u otros mecanismos de defensa de sus derechos), tal como lo hicieron los accionantes de las tutelas acumuladas en
esta oportunidad, el sistema judicial se congestionaría aún más de lo que está ocurriendo”. En la sentencia T-762 de
2015. M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado se reiteró esta declaratoria y se extendió a la política criminal en general.
Recientemente, en la sentencia T-197 de 2017. M.P. Luis Guillermo Guerrero Pérez, la Sala Segunda de Revisión
analizó la situación de reclusión en 5 penitenciarías del Departamento de Nariño. Allí se constató que el escenario
advertido ponía, una vez más, en evidencia una violación masiva y múltiple de los derechos fundamentales de la
población privada de la libertad, por una situación estructural que envolvía: hacinamiento; deficiencias en
infraestructura y en las condiciones sanitarias; falta de servicios asistenciales de salud; dificultades de acceso a las
posibilidades de resocialización de la pena (trabajo, estudio y recreación); carencia de lugares para ejercer el derecho
a la visita íntima o conyugal; déficit en la prestación de los servicios públicos, especialmente, en lo que atañe al agua;
y reclusión conjunta e indistinta de los individuos condenados y aquellos sujetos a medidas de aseguramiento
17
las consideraciones de la sentencia, la Sala indicó que “los menos privilegiados,
las personas más descuidadas y abandonadas a su suerte y sus problemas,
como es el caso de las personas privadas de la libertad” son sujetos de especial
protección constitucional en razón a la masiva y generalizada violación de sus
derechos fundamentales al interior de los mismos establecimientos de reclusión.
Por esta razón sus garantías constitucionales deben “ser [protegidas] con celo
en una democracia”. Recordó entonces que la acción de tutela adquiere un lugar
protagónico y estratégico en un Sistema Penitenciario y Carcelario, en crisis,
que muchas veces implica un peligro grave, real e inminente. A través de ella
“no sólo se [puede] asegurar el goce efectivo de los derechos fundamentales,
en general, sino que, además, [permite] a las autoridades tener noticia de
graves amenazas que [están] teniendo lugar. En este sentido, la jurisprudencia
constitucional [ha] reconocido que la acción de tutela [es] un derecho protegido
de forma especial para personas privadas de la libertad”.
2.3. En este contexto, encuentra la Sala superado el análisis de procedibilidad,
por lo que pasará a estudiar el problema jurídico que se advierte, en esta
oportunidad.
3. Planteamiento de los casos y del problema jurídico
3.1. En esta oportunidad, los accionantes de las solicitudes de amparo fueron
privados de la libertad en los Establecimientos Penitenciarios de Yopal -
Casanare y Cómbita -Boyacá. Relatan que, en el marco de la relación de
sujeción con el Estado, las autoridades carcelarias desatendieron el compromiso
que les asiste en el respeto, protección y garantía de sus derechos
fundamentales, en particular, su libertad religiosa pues irrespetaron el ejercicio
de las manifestaciones de fe que son esenciales para su vivencia espiritual. En
el primero de los casos, el actor al momento de ingresar a la penitenciaría fue
despojado de sus dreadlocks (rastas) que constituyen una creencia fundamental
de la religión Rastafari que profesa hace más de 14 años y en la que, además, se
debe llevar una dieta vegetariana. En el segundo proceso, al tutelante se le negó
la posibilidad de ingresar y conservar en su celda un cuadro con la imagen del
Divino Niño Jesús que requiere para ejercer su experiencia como católico, rito
que practica hace más de 20 años. Tales actuaciones, en su criterio, agravaron
la situación de reclusión, incidiendo negativamente en su proceso efectivo de
resocialización.
Las autoridades penitenciarias accionadas, en ambos casos, argumentaron que
las restricciones impuestas al ejercicio de la libertad religiosa y de cultos de los
accionantes, obedeció al cumplimiento de las previsiones normativas
contempladas en los reglamentos internos de las cárceles que imponen normas
y procedimientos de conducta por razones de disciplina, seguridad, orden y
privativas de la libertad. Por ello, se concluyó que los casos objeto de estudio se enmarcaban dentro del estado de
cosas inconstitucional declarado con anterioridad.
18
salubridad como desarrollo de la Ley 65 de 199381. En esa medida, las
limitaciones a la exteriorización de las manifestaciones de su identidad
espiritual no fueron irrazonables ni desproporcionadas en tanto pretendieron
contribuir a la operatividad del tratamiento penitenciario y a la materialización
de las funciones de la pena, particularmente, a la resocialización de quienes han
incurrido en un comportamiento delictivo o están siendo investigados de ello y,
por ende, están sometidos a un régimen jurídico especial. Ello, sugiere entonces
que las actuaciones desplegadas se enmarcaron dentro de lo dispuesto en el
orden jurídico vigente sin que fueran violatorias de garantías superiores.
3.2. Con base en la situación fáctica esbozada y, a partir de los elementos de
juicio que obran en los procesos, corresponde a la Sala determinar si: ¿las
autoridades penitenciarias accionadas (Establecimiento Penitenciario y
Carcelario de Yopal -Casanare y Establecimiento Penitenciario de Alta y
Mediana Seguridad y Carcelario con Alta Seguridad de Cómbita -Boyacá)
vulneran el derecho fundamental a la libertad religiosa y de cultos de los
internos (William Alexander Pérez Mahecha y Álvaro Andrés Ibarra Herrera)
al haber aplicado una medida que impacta el ejercicio de sus creencias
religiosas, esenciales para la vivencia espiritual (en este caso, mantener el pelo,
acceder a comida vegetariana y tener una imagen religiosa), con fundamento en
competencias infraconstitucionales (legales y reglamentarias) que buscan
garantizar la disciplina, la seguridad, el orden público y la salubridad carcelaria?
3.3. Con el fin de resolver el problema jurídico planteado, la Sala Segunda de
Revisión analizará (i) la doctrina constitucional sobre la relación de especial
sujeción en la que se encuentran las personas privadas de la libertad. Con base
en ello (ii) examinará la jurisprudencia de esta Corporación en torno al ejercicio
del derecho fundamental a la libertad religiosa y de cultos de quienes
permanecen bajo condiciones de confinamiento y finalmente, (iii) resolverá los
asuntos objeto de estudio, brindando el remedio constitucional adecuado, según
el caso.
4. Las personas privadas de la libertad están en una relación de especial
sujeción: el Estado debe garantizarles el ejercicio de su derecho
fundamental a la libertad religiosa y de cultos de manera real y efectiva,
adoptando las medidas que resulten necesarias y adecuadas para alcanzar
tal propósito
En esta oportunidad, se examina la situación de los ciudadanos Pérez Mahecha
e Ibarra Hererra quienes fueron recluidos en los Establecimientos Carcelarios
de Yopal y Cómbita, respectivamente. Consideran que en este escenario, la
administración penitenciaria vulneró su derecho fundamental a la libertad
religiosa y de cultos, prerrogativa constitucional que estiman inherente a la
persona humana y cuya protección compete siempre y en todo momento a las
autoridades de reclusión por la importancia que representa en el proceso de
81
“Por la cual se expide el Código Penitenciario y Carcelario”.
19
resocialización. Atendiendo al reclamo planteado, a continuación se analizará
la jurisprudencia de esta Corporación en la materia a fin de resolver la
controversia suscitada.
4.1. La relación de sujeción que mantienen las personas privadas de la libertad
con el Estado no les quita su calidad de sujetos con posiciones de derechos
fundamentales
4.1.1. En un Estado Social de Derecho, es constitucionalmente legítimo que las
personas privadas de la libertad se encuentren sujetas a un régimen jurídico
especial como consecuencia del sometimiento a una medida de aseguramiento,
dada su vinculación a un proceso penal o en virtud de la imposición de una pena
debido a su responsabilidad en la comisión de un hecho punible. Esta
circunstancia de sujeción en la que permanecen dichos individuos se traduce
básicamente en la potestad y si se quiere decir en la obligación de la
administración penitenciaria para someterlos, razonablemente, al cumplimiento
de unas políticas disciplinarias de orden, seguridad y salubridad, plasmadas en
los reglamentos de régimen interno, que pueden resultar complejas. Además
para adoptar medidas tendientes a limitar o restringir, drásticamente, el ejercicio
de sus derechos, incluso fundamentales, en orden a asegurar el goce de las
demás garantías básicas de los internos y lograr el cometido principal del
tratamiento penitenciario, esto es, la resocialización. En virtud de esta condición
de subordinación o de la “inserción” del administrado en la organización
administrativa penitenciaria y, por ende, a sus reglas el Estado debe,
simultáneamente, asegurar de manera especial el principio de eficacia de los
derechos fundamentales de los reclusos.
Frente a la administración penitenciaria, las personas privadas de la libertad se
encuentran en una relación especial de sujeción, diseñada y comandada por el
Estado en la que, si bien existe una “fuerte dependencia existencial [de los
internos hacia las autoridades carcelarias]”82, el predominio de una parte sobre
la otra no afecta la existencia de derechos y deberes para ambos extremos de la
relación83. La identificación y el régimen de la situación de especial sujeción ha
82
Sentencia T-490 de 2004. M.P. Eduardo Montealegre Lynett. Allí se indicó que esto implica, por ejemplo, que ante
la imposibilidad de que los reclusos puedan emplear libremente su fuerza de trabajo a cambio de un salario, y ante la
inexistencia de las condiciones ideales para ejercer con suficiencia sus libertades económicas, aquellos se vean
abocados a una fuerte dependencia existencial frente al Estado.
83
Esta categoría, en el contexto de las relaciones entre autoridades penitenciarias y personas privadas de la libertad,
fue empleada por primera vez en la sentencia T-596 de 1992. M.P. Ciro Angarita Barón. Allí, la Sala Primera de
Revisión analizó la situación de varios ciudadanos privados de la libertad en la cárcel de “Peñas Blancas” ubicada en
Calarcá, Quindío, a quienes por diferentes circunstancias se les había vulnerado por parte de las autoridades
carcelarias su derecho fundamental a la dignidad humana, debido a las precarias condiciones de higiene y sanidad
presentes al interior del centro de reclusión. De manera concreta, se aludía a la existencia de tratos degradantes como
consecuencia de la inadecuada evacuación de excretas en recintos cerrados de la correccional. Los internos se
quejaban también del insoportable panorama ambiental generado por la ubicación de letrinas deterioradas, en mal
estado, sin agua suficiente para la limpieza y contiguas a los sitios destinados para descansar. En atención a estas
circunstancias probadas de desprotección, se concedió el amparo de los derechos fundamentales de los reclusos en
tanto la situación en la que vivían era algo intolerable, degradante e inhumana constatándose, además, la existencia
de una palmaria negligencia en punto de la satisfacción de contenidos mínimos esenciales a cargo del Estado que no
tenía atenuante alguno en el hecho de estar referida a individuos que habían cometido delitos. Por ello, se le ordenó
al Ministerio de Justicia -Dirección General de Prisiones- que adecuara y reparara los dormitorios, baños, rejillas, la
disposición de basuras y, en general, la infraestructura física del penal de acuerdo con las recomendaciones
establecidas por el Instituto Seccional de Salud del Quindío, luego de una visita realizada a la prisión. La providencia
20
originado la presencia de importantes consecuencias jurídicas que determinan,
especialmente, el compromiso en el respeto, protección y garantía de los
derechos fundamentales de los presos quienes no pierden la calidad de sujetos
activos de prerrogativas básicas al ingresar a un establecimiento de reclusión84.
La efectividad del derecho “no termina en las murallas de las cárceles”85 y “el
delincuente, al ingresar a la prisión, no entra en un territorio sin ley”86. La
cárcel no es, en consecuencia, “un sitio ajeno al [orden jurídico]”87 y las
personas allí confinadas no son individuos sustraídos de la colectividad88.
Con ocasión de su comportamiento antisocial anterior, en caso de haber sido
condenados o por existir una conducta en investigación, se encuentran
sometidos a un régimen jurídico especial que se manifiesta en el poder
disciplinario, sancionatorio y administrativo, potestad que puede comprender la
adopción de medidas dirigidas a garantizar la seguridad, el orden público, la
disciplina y la salubridad siempre que tales propósitos encuentren sustento en
la Constitución, es decir, consulten el principio de eficacia de los derechos
fundamentales. Los límites de dicho ejercicio de coerción están determinados
por el reconocimiento de los derechos de los sujetos confinados y por los
correspondientes deberes estatales que de estos se derivan. Así, como
consecuencia de la relación de sometimiento que mantienen con el Estado,
tienen algunas de sus garantías suspendidas, como la libertad de locomoción,
T-153 de 1998. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz, también constituye un precedente hito sobre la categoría de especial
sujeción. En esa sentencia, se estudiaron casos de hacinamiento en 2 instituciones penitenciarias del país (La Modelo
de Bogotá y Bellavista de Medellín). Al visitar las instalaciones de confinamiento, la Sala Tercera de Revisión
observó que la política carcelaria del Estado no estaba garantizando la protección de los derechos fundamentales de
los reclusos, ni las condiciones mínimas de existencia digna y, por consiguiente, declaró un estado de cosas
inconstitucional.
84
Con relación a los elementos característicos de las relaciones de sujeción en el caso de las personas privadas de la
libertad, la Corte se pronunció en la sentencia T-881 de 2002. M.P. Eduardo Montealegre Lynett, en la cual recopiló
su jurisprudencia al respecto. La doctrina constitucional en la materia ha sido reiterada en múltiples ocasiones, entre
ellas, en las sentencias T-065 de 1995 y C-318 de 1995 ambas con ponencia del Magistrado Alejandro Martínez
Caballero; T-705 de 1996. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz; T-714 de 1996. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz; T-153
de 1998. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz; T-1030 de 2003. M.P. Clara Inés Vargas Hernández; T-1190 de 2003. M.P.
Eduardo Montealegre Lynett; T-690 de 2004. M.P. Álvaro Tafur Galvis; T-490 de 2004. M.P. Eduardo Montealegre
Lynett; T-274 de 2005. M.P. Humberto Antonio Sierra Porto; T-274 y T-1275 de 2005. M.P. Humberto Antonio
Sierra Porto; T-848 de 2005. M.P. Manuel José Cepeda Espinosa; T-317 de 2006. M.P. Clara Inés Vargas Hernández;
T-566 de 2007. M.P. Clara Inés Vargas Hernández; T-793 de 2008. M.P. Humberto Antonio Sierra Porto; T-705 de
2009. M.P. Nilson Pinilla Pinilla; T-311 de 2011. M.P. Juan Carlos Henao Pérez; T-077 de 2013. M.P. Alexei Julio
Estrada (e); T-388 de 2013. M.P. María Victoria Calle Correa; SVP Mauricio González Cuervo; T-762 de 2015. M.P.
Gloria Stella Ortiz Delgado; T-077 de 2015. M.P. Jorge Iván Palacio Palacio; T-197 de 2017 y T-180 de 2017 ambas
con ponencia del Magistrado Luis Guillermo Guerrero Pérez; T-100 de 2018. M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado. Valga
advertir que dicha categoría ha sido igualmente empleada para referirse a la existencia de vínculos de subordinación
o indefensión como, por ejemplo, los casos de la prestación del servicio militar, la prestación de trabajo como
funcionario público y la utilización de un servicio público. En todos estos supuestos, entre la administración y el
administrado existe una normal relación de supremacía o sujeción, en la cual toda persona se encuentra bajo la
potestad organizativa de la administración.
85
Sentencia T-596 de 1992. M.P. Ciro Angarita Barón.
86
Sentencia T-596 de 1992. M.P. Ciro Angarita Barón.
87
Sentencia T-596 de 1992. M.P. Ciro Angarita Barón.
88
Erróneamente se ha pensado que el delincuente, por su condición de tal y por el hecho de haber atentado contra la
sociedad, pierde la calidad de sujeto pleno de derechos al ingresar a un centro de reclusión, incluso, en relación con
aquellas garantías que no están en directa correspondencia con la pena o la medida de seguridad que se le ha impuesto.
Según esto, “el preso, al ingresar a la institución carcelaria, pierde buena parte de sus derechos y aquellos que no
pierde de manera definitiva, se encuentran sometidos a la posibilidad permanente de vulneración, sin que ello sea
visto como una violación similar a la que se comete contra una persona libre. De acuerdo con esta visión dominante,
los derechos del preso son derechos en un sentido atenuado; su violación está, sino justificada, por lo menos
disminuida por el mal social cometido”. Sobre el particular, ver la sentencia T-596 de 1992. M.P. Ciro Angarita
Barón.
21
otras limitadas, como la comunicación, la intimidad y el trabajo y, en todo caso,
gozan del ejercicio de derechos fundamentales básicos en forma plena, como la
vida, la salud, la integridad física, la igualdad, la dignidad humana, el debido
proceso y la libertad religiosa y de cultos en su dimensión interna89. Se trata de
contenidos superiores esenciales, intangibles y dotados de poder para demandar
del Estado su efectiva protección90.
El ejercicio de estos derechos, plenos o limitados, se encuentra estrechamente
ligado a la garantía de la funcionalidad y la legitimidad del sistema penal, que
viene dada, específicamente frente a la población condenada, por la posibilidad
real de la resocialización en tanto principio normativo y fundamento de las
relaciones de especial sujeción91. Esta concepción inspirada en el valor superior
de la dignidad humana, que es a la vez sustento de varias de las funciones de la
pena, implica que las autoridades del Estado y, en particular, los funcionarios
penitenciarios están en la obligación de desplegar una serie de conductas
idóneas y necesarias encaminadas a garantizar la efectiva reincorporación a la
sociedad de los reclusos, a partir del aislamiento en condiciones cualificadas de
seguridad dentro del perímetro carcelario y de la existencia vital de unas
condiciones materiales dignas de internamiento que permitan sobrellevar la
sanción intramural bajo parámetros de humanidad, tranquilidad, decencia y
dentro de un marco de respeto por los principios constitucionales92.
De acuerdo con esto, toda pena o medida de aseguramiento impuesta,
independientemente del delito del cual provenga, debe respetar unas reglas
mínimas relativas al tratamiento de los reclusos93, que se encuentran unidas de
89
Cabe advertir que el derecho a la libertad religiosa y de cultos tiene facetas que resultan intangibles frente a otras
que pueden ser válidamente limitadas. Este asunto será tratado con detalle en el acápite siguiente.
90
Los derechos fundamentales no incluyen sólo prerrogativas subjetivas y garantías constitucionales a través de las
cuales el individuo se defiende frente a las actuaciones u omisiones de las autoridades públicas, también incluye
deberes positivos que vinculan a todas las ramas del poder público. No sólo existe la obligación negativa por parte
del Estado de abstenerse de lesionar la esfera individual, también existe la obligación positiva de contribuir a la
realización efectiva de tales derechos. La razón jurídica que explica este compromiso se encuentra en el mandato
constitucional según el cual, el Estado colombiano se funda en el valor de la dignidad humana (artículo 1 superior),
lo cual determina no sólo un deber negativo de no intromisión, sino también un deber positivo de protección. Estas
consideraciones fueron expresamente plasmadas en la sentencia T-596 de 1992. M.P. Ciro Angarita Barón.
91
Desde el punto de vista constitucional, la readaptación social está íntimamente ligada a las posibilidades reales de
goce y ejercicio de los derechos fundamentales. Sobre la resocialización como proceso y las condiciones materiales
y de prestación para su eficacia, pueden consultarse las sentencias T-1190 de 2003. M.P. Eduardo Montealegre Lynett
y C-328 de 2016. M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado.
92
En el ámbito jurídico internacional de los Derechos Humanos, ha existido la preocupación por el respeto de unas
reglas básicas en relación con el trato de los detenidos. De acuerdo con la doctrina del Comité de Derechos Humanos
y de la Comisión Interamericana, el contenido de tales reglas mínimas indica, entre otras cosas, que “deben existir
instalaciones sanitarias suficientes para que cada recluso pueda “satisfacer sus necesidades naturales en momento
oportuno, en forma aseada y decente”. El Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos aprobado por la
Ley 74 de 1968 también se refiere al trato de los detenidos en su artículo 10 al señalar que: “Toda persona privada
de la libertad será tratada humanamente y con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano”. A su turno,
la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica) aprobada en Colombia por
medio de la Ley 16 de 1972, dice lo siguiente en su artículo 5: “1. Toda persona tiene derecho a que se respete su
integridad física, psíquica y moral. 2. Nadie puede ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes. Toda persona privada de la libertad será tratada con el respeto debido a la dignidad inherente al ser
humano”.
93
Las “Reglas Mínimas Para el Tratamiento de los Reclusos” representan un consenso básico con relación a
estándares de protección en una sociedad democrática, pluralista y respetuosa de la raza, el color, el sexo, la lengua,
la religión, las opiniones políticas o de otra naturaleza, el origen nacional o social, la fortuna, el nacimiento u otra
situación de hecho cualquiera. Dichas reglas son normas de soft law que describen las condiciones de internamiento
que deben ser garantizadas por las autoridades penitenciarias para la plena efectividad de los derechos de las personas
22
manera esencial a los conceptos de razonabilidad y proporcionalidad a partir de
los cuales la sanción es “la necesidad socio-política de la defensa del orden
jurídico y la garantía de las condiciones mínimas de la existencia social
pacífica, pero nunca se impone, en un estado de derecho, por encima de las
necesidades de protección de bienes jurídicos, ni por fuera del marco subjetivo
de la culpabilidad”94. Lo dicho supone que en el orden constitucional vigente
la administración penitenciaria tiene un deber jurídico irrenunciable en la
satisfacción de un contenido mínimo de obligaciones frente a este sector
vulnerable de la sociedad, al margen de los hechos por los que hayan sido
condenados o acusados, pues lo que está en juego en estos contextos es la
dignidad inherente del ser humano95.
Entendiendo lo anterior, es decir, que el Estado debe brindar los medios y las
condiciones para no acentuar la desocialización del penado o acusado y
posibilitar sus opciones de socialización, surge la responsabilidad a su cargo de
asegurar, en beneficio de la comunidad confinada de la libertad, un trato
privadas de la libertad (las normas de soft law son disposiciones flexibles, adoptadas en el seno de organizaciones
internacionales, a veces por amplias mayorías, que constituyen sobre todo directivas de comportamiento dirigidas a
los Estados, más que obligaciones estrictamente de resultado). Fueron adoptadas por el Primer Congreso de las
Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, celebrado en Ginebra en 1955, y
aprobadas por el Consejo Económico y Social en sus Resoluciones 663C (XXIV) del 31 de julio de 1957 y 2076
(LXII) del 13 de mayo de 1967. Desde sus inicios, la jurisprudencia constitucional ha reconocido las “Reglas Mínimas
Para el Tratamiento de los Reclusos”. Así lo hizo la Sala Primera de Revisión en la sentencia T-596 de 1992. M.P.
Ciro Angarita Barón.
94
Juan Fernández Carrasquilla, “Derecho penal fundamental”, Temis, Bogotá, 1989, p. 88. Esta postura ha sido
asumida por la Corte Constitucional en virtud de lo dispuesto por el Derecho Internacional de los Derechos Humanos.
Así, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966) señala en su artículo 10.3 que: “El régimen
penitenciario consistirá en un tratamiento cuya finalidad esencial será la reforma y la readaptación social de los
penados”. Por su parte, la Convención Americana de Derechos Humanos (1969) dispone textualmente en su artículo
5.6 que: “Las penas privativas de la libertad tendrán como finalidad esencial la reforma y la readaptación social de
los condenados”. En este mismo sentido, la Observación General No. 21 al artículo 10 del Pacto de Derechos Civiles
y Políticos emitida por el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas señala que: “Ningún sistema
penitenciario debe estar orientado a solamente el castigo; esencialmente, debe tratar de lograr la reforma y la
readaptación social del preso”. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha indicado igualmente que el
recluso no deberá ser marginado sino reinsertado en la sociedad, por lo que el régimen penitenciario deberá cumplir
un principio básico según el cual: “No debe añadirse a la privación de libertad mayor sufrimiento del que ésta ya
representa. Esto es, que el preso deberá ser tratado humanamente, con toda la magnitud de la dignidad de su persona,
al tiempo que el sistema debe procurar su reinserción social” (Informe sobre los Derechos Humanos en Cuba, 2011).
Con estos argumentos, esta Corporación ha entendido que el Estado debe brindar los medios y las condiciones para
no acentuar la desocialización del penado y posibilitar sus opciones de socialización.
95
En términos constitucionales, la dignidad humana es tanto un principio como un derecho fundamental. Como
principio, la dignidad humana “[…] se constituye como un mandato constitucional, un deber positivo, o un principio
de acción, según el cual todas las autoridades del Estado sin excepción, deben, en la medida de sus posibilidades
jurídicas y materiales, realizar todas las conductas relacionadas con sus funciones constitucionales y legales con el
propósito de lograr las condiciones, para el desarrollo efectivo de los ámbitos de protección de la dignidad humana
identificados por la Sala: autonomía individual, condiciones materiales de existencia, e integridad física y moral”.
Como derecho fundamental autónomo, cuenta con los elementos propios de todo derecho “un titular claramente
identificado (las personas naturales), un objeto de protección más o menos delimitado (autonomía, condiciones de
vida, integridad física y moral) y un mecanismo judicial para su protección (acción de tutela). Se consolida entonces
como verdadero derecho subjetivo”. Sobre el particular, ver la sentencia T-881 de 2002. M.P. Eduardo Montealegre
Lynett en la que se examinaron dos acciones de tutela. La primera para proteger los derechos de las personas de un
municipio (El Arenal, Bolívar), al que se le había suspendido el suministro de energía eléctrica por falta de pago
(incluyendo al hospital y el acueducto) y la otra, para proteger los derechos de las personas recluidas en la Cárcel de
Cartagena, a la que se le estaba sometiendo a racionamientos de la misma naturaleza, debido a que el INPEC no había
cancelado las cuentas correspondientes por diversas circunstancias, incluida la insuficiencia de la partida presupuestal
para el pago de los servicios públicos. Este hecho había impedido el goce y ejercicio de actividades cotidianas
elementales. En este último caso, la Sala Séptima de Revisión concedió el amparo, tras considerar que de la prestación
ininterrumpida del servicio de suministro de agua dependía la posibilidad del mantenimiento de las condiciones
materiales de existencia de los habitantes de la prisión. En este sentido, la actuación desplegada se había traducido en
una amenaza de su derecho a la dignidad humana.
23
humano y digno; la obligación de proporcionarles alimentación adecuada y
suficiente, vestuario, utensilios de aseo e higiene personal, instalaciones en
condiciones de sanidad y salud adecuadas, con ventilación e iluminación, y
asistencia médica. Por su parte, el interno tiene derecho al descanso nocturno
en un espacio mínimo vital, a no ser expuesto a temperaturas extremas, a que se
le garantice su seguridad, a las visitas íntimas, a ejercitarse físicamente, a la
lectura, el acceso a los servicios públicos esenciales como energía y agua
potable y al ejercicio de la religión; presupuesto este último que los accionantes
estiman desatendido en sus casos particulares96.
4.1.2. En conclusión, aunque “la condición de prisionero determina una
[limitación] de los derechos fundamentales, dicha [restricción] debe ser la
mínima necesaria para lograr [fines constitucionales legítimos como la
conservación de la seguridad, la disciplina, el orden y la salubridad carcelaria].
Toda limitación adicional debe ser entendida como un exceso y, por lo tanto,
como [un desconocimiento de los principios de razonabilidad y
proporcionalidad que guían la funcionalidad y la legitimidad del tratamiento
punitivo]. La órbita de los derechos del preso cuya limitación resulta
innecesaria, es tan digna de respeto y su protección constitucional es tan fuerte
y efectiva como la de cualquier persona no sometida a las condiciones
carcelarias”97. El Estado Social de Derecho no se queda en las puertas de las
cárceles. Existe un deber positivo a cargo de las autoridades penitenciarias de
asegurar condiciones humanitarias de encarcelamiento que dignifiquen la
relación especial de sujeción y contribuyan a un efectivo proceso de
resocialización98.
4.2. El ejercicio de la libertad religiosa y de cultos, en el marco de la relación
96
El Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha enunciado los presupuestos concretos y específicos
que hacen parte de ese conjunto de derechos fundamentales esenciales de todo individuo recluido, que son
impostergables, y de inmediato e imperativo cumplimiento para los Estados adoptantes quienes tienen la obligación
positiva de contribuir a su realización efectiva. Así ha indicado que: “Todo recluso debe disponer de una superficie
y un volumen de aire mínimos, de instalaciones sanitarias adecuadas, de prendas que no deberán ser en modo alguno
degradantes ni humillantes, de una cama individual y de una alimentación cuyo valor nutritivo sea suficiente para
el mantenimiento de su salud y de sus fuerzas. Debe hacerse notar que son estos requisitos mínimos, que en opinión
del Comité, deben cumplirse siempre, aunque consideraciones económicas o presupuestarias puedan hacer difícil el
cumplimiento de esas obligaciones”. Comité de Derechos Humanos, caso de Mukong contra Camerún, 1994, parr.
9.3. Citado por la Corte Constitucional en la sentencia T-851 de 2004. M.P. Manuel José Cepeda Espinosa. En esa
ocasión, el proceso de tutela tuvo origen en la demanda presentada por el Defensor del Pueblo, Seccional Vaupés, en
relación con las circunstancias de detención de la población carcelaria del Departamento especialmente de quienes
se hallaban recluidos en la Cárcel Municipal de Mitú y en el calabozo del Comando de Policía de la misma ciudad.
En ambos casos, se constató que las autoridades estatales habían incumplido en forma grave sus obligaciones
constitucionales e internacionales en la materia: mientras que las personas privadas de la libertad en el calabozo del
Comando de Policía se veían expuestas a condiciones deplorables de reclusión que vulneraban la mayor parte de los
derechos constitucionales de los cuales eran titulares, quienes se encontraban internados en la Cárcel Municipal veían
negado, en lo esencial, su acceso a la resocialización por medio del trabajo y el estudio. Se ordenó, en consecuencia,
adoptar las medidas necesarias para lograr la protección efectiva de los derechos fundamentales de los individuos
afectados con la omisión estatal.
97
Sentencia T-596 de 1992. M.P. Ciro Angarita Barón.
98
Los Principios Básicos para el Tratamiento de los Reclusos adoptados por la Asamblea General de las Naciones
Unidas disponen que: “5. Con excepción de las limitaciones que sean evidentemente necesarias por el hecho del
encarcelamiento, todos los reclusos seguirán gozando de los derechos humanos y las libertades fundamentales
consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos y, cuando el Estado de que se trate sea parte, en el
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos y su Protocolo Facultativo, así como de los demás derechos estipulados en otros instrumentos de las
Naciones Unidas”.
24
especial de sujeción, debe ser asegurado de manera reforzada, sin otras
limitaciones o restricciones a las que razonable y proporcionalmente haya
lugar
4.2.1. El espíritu pluralista que caracteriza el Texto Superior vigente99 reconoce
y establece que “el Estado no es ateo, agnóstico ni indiferente ante los
sentimientos religiosos de los colombianos, lo que significa que en atención a
los [valores] constitucionales de rango normativo superior dentro del
ordenamiento jurídico, [debe] preocuparse por permitir que se atiendan las
necesidades religiosas de los [habitantes sin discriminación alguna] y que en
consecuencia [no se descuiden] las condiciones, cuando menos legales, que
aseguren su vigencia y la primacía de los derechos inalienables de la
persona”100. El constituyente dispuso que los poderes públicos deben amparar
todas las creencias, iglesias y confesiones religiosas, en igualdad de
condiciones, para que puedan desarrollar libremente, de modo organizado o
espontáneo, individual o colectivo, sus manifestaciones de fe, entendiendo de
esta forma que “Dios no es solamente para unos, sino de cada uno de acuerdo
a [las referencias espirituales propias]”101.
La identificación de una Nación regida por el principio de laicidad o de
99
La Constitución Política de 1886 establecía que Dios era la fuente suprema de vida y de autoridad para el bien
común, el fundamento de la dignidad humana y, sobre esta base, que la religión Católica, Apostólica y Romana era
la de la Nación (la oficial) y debía ser respetada y protegida por los poderes públicos, de manera preferente, por su
carácter mayoritario (Así lo disponían el preámbulo y los artículos 38, 41 y 53 del anterior texto constitucional). Tal
visión confesional se fue paulatinamente morigerando. El Acto Legislativo No. 1 del 5 de agosto de 1936 introdujo,
en su artículo 13, la libertad de conciencia disponiendo que: “Nadie será molestado por razón de sus opiniones
religiosas, ni compelido a profesar creencias ni a observar prácticas contrarias a su conciencia. Se garantiza la
libertad de todos los cultos que no sean contrarios a la moral cristiana ni a las leyes. Los actos contrarios a la moral
cristiana o subversivos del orden público, que se ejecuten con ocasión o pretexto del ejercicio de un culto, quedan
sometidos al derecho común. El Gobierno podrá celebrar con la Santa Sede convenios sujetos a la posterior
aprobación del Congreso para regular, sobre bases de recíproca deferencia y mutuo respeto, las relaciones entre el
Estado y la Iglesia Católica”. La Carta Superior de 1991 eliminó por completo tal referencia categórica a la moral
cristiana y liberalizó la libertad religiosa y de cultos. En el preámbulo, los delegatarios de la Asamblea Constituyente
invocaron la protección de Dios pero no le confirieron ningún atributo como fuente de autoridad o de dignidad, ni
establecieron ninguna relación directa con una religión específica puesto que se consideró que la soberanía residía
exclusivamente en el pueblo. La referencia general que se mantuvo no estableció la prevalencia de ningún credo
religioso, ni siquiera de tipo monoteísta y simplemente conservó una evocación a un Dios compatible con la pluralidad
de creencias religiosas. Al respecto, puede verse la sentencia C-350 de 1994. M.P. Alejandro Martínez Caballero; SV
José Gregorio Hernández Galindo, Hernando Herrera Vergara y Vladimiro Naranjo Mesa. En aquella oportunidad,
la Sala Plena analizó la constitucionalidad de la Ley 33 de 1927, “Por la cual se asocia la Nación a un homenaje y
se ordena la terminación de un monumento” y de la Ley 1 de 1952, “Por la cual se conmemora el cincuentenario de
la consagración oficial de la República de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús y se declara una fiesta nacional”.
100
Sentencia C-088 de 1994. M.P. Fabio Morón Díaz; AV y SV Eduardo Cifuentes Muñoz, Alejandro Martínez
Caballero, Carlos Gaviria Díaz, José Gregorio Hernández Galindo y Hernando Herrera Vergara; SVP José Gregorio
Hernández Galindo y Hernando Herrera Vergara. En aquella ocasión, la Corte realizó el control automático de
constitucionalidad del proyecto de ley estatutaria sobre el derecho a la libertad religiosa y de cultos (hoy Ley 133 de
1994).
101
Sobre el particular, destacó el constituyente indígena Lorenzo Muelas Hurtado: “Lentamente, humanamente, nos
están reconociendo esa diversidad del pueblo colombiano y ante esa diversidad, como lo ha destacado el delegatario,
doctor Diego Uribe Vargas, que cada uno podemos (sic) tener nuestros dioses. En eso nos compaginamos, creo que
Dios no es solamente para unos, sino de cada uno de acuerdo a nuestras creencias”. Comisión Primera, Acta No 12
del lunes 1 de abril de 1991, Gaceta Constitucional No 119, página 10. Vale señalar que durante los debates en la
Comisión I de la Asamblea Constituyente, algunos sectores quisieron conservar la prevalencia del catolicismo,
considerando que ella no era incompatible con la plena libertad de cultos y consultaba la realidad social del país. Al
respecto, el constituyente Augusto Ramírez Ocampo expresó: “Se deben respetar las creencias religiosas ajenas -
respeto a los agnósticos, respeto a los ateos, respeto a los politeístas- pero una gran mayoría del pueblo colombiano
es católico y reconocer este hecho no hace ningún mal sino que obedece a un comportamiento estrictamente
democrático; es una realidad nacional y es una realidad que yo creo debería ser reconocida”. Comisión Primera,
Asamblea Nacional Constituyente, sesión del 24 de abril de 1991.
25
neutralidad102 supone necesariamente el reconocimiento de una libertad
religiosa y de cultos como elemento imperante del orden social vigente103. En
su acepción más simple, la palabra religión comprende el conjunto de
“expresiones coherentes y ordenadas y casi siempre sistemáticas, de una
creencia o afirmación que incorpora ritos, credos, oficiantes y adeptos,
seguidores, creyentes o practicantes, relacionados entre sí del modo más
conforme con los fundamentos implícitos o explícitos de la misma, y que
procuran, en casi todos los casos, explicar las causas de la existencia”104. Se
trata no solo de una creencia o acto de fe sino, básicamente, de una relación
personal del hombre con Dios, que se traduce en el seguimiento de un sistema
moral y en la práctica de un culto privado o público105. El culto no es más que
un aspecto de la religión, el factor externo que se comprende en ella junto con
las creencias, los sentimientos y los principios morales106. No es, por tanto un
102
La laicidad -en la que el Estado adopta una actitud de neutralidad respecto del poder religioso, separando el poder
político del espiritual- se encuentra en el artículo 1 superior al establecer que Colombia es un Estado social de derecho
organizado en forma de República “democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad
humana”. Así mismo, en el artículo 2 ibídem al determinar que las autoridades de la República están instituidas para
proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y
libertades. En igual sentido, el artículo 2 de la Ley 133 de 1994, “Por la cual se desarrolla el Decreto de Libertad
Religiosa y de Cultos, reconocido en el artículo 19 de la Constitución Política” establece que: “El Poder Público
protegerá a las personas en sus creencias, así como a las Iglesias y confesiones religiosas y facilitará la participación
de éstas y aquellas en la consecución del bien común. De igual manera, mantendrá relaciones armónicas y de común
entendimiento con las Iglesias y confesiones religiosas existentes en la sociedad colombiana” por la trascendencia
inherente a ellas mismas. Como lo precisó el constituyente Juan Carlos Esguerra Portocarrero, la posibilidad de
celebrar convenios con la iglesia católica “no produce un Estado confesional pues eso se ha eliminado del
preámbulo”, por lo cual “ninguna confesión tendrá carácter de estatal”. Comisión Primera, Asamblea Nacional
Constituyente, intervención del delegatario Juan Carlos Esguerra Portocarrero en sesión del 24 de abril de 1991,
Gaceta Constitucional No 130, página 4.
103
El artículo 19 de la Constitución Política se refiere conjuntamente a la libertad religiosa y de cultos en los siguientes
términos: “Se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a
difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la
ley”. Tal mandato fue desarrollado por la Ley 133 de 1994. En su artículo 1 dispone expresamente que: “El Estado
garantiza el derecho fundamental a la libertad religiosa y de cultos, reconocido en el artículo 19 de la Constitución
Política. Este derecho se interpretará de conformidad con los tratados internacionales de derechos humanos
ratificados por la República” que, de conformidad con el artículo 93 de la Carta Política, hacen parte del bloque de
constitucionalidad. Así, la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH) en el numeral 1 del artículo
12, contempla que: “Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y de religión (…)”. En idéntico sentido,
el numeral 1 del artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) reconoce el derecho de
toda persona “a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión”.
104
Sentencia C-088 de 1994. M.P. Fabio Morón Díaz; AV y SV Eduardo Cifuentes Muñoz, Alejandro Martínez
Caballero, Carlos Gaviria Díaz, José Gregorio Hernández Galindo y Hernando Herrera Vergara; SVP José Gregorio
Hernández Galindo y Hernando Herrera Vergara.
105
Para la Corte, “el núcleo esencial de la libertad de religión es, justamente, la facultad de una relación con Dios”,
que resulta ser protegida como derecho. La religión representa el conjunto de dogmas acerca de la divinidad, de
sentimientos de veneración y de temor hacia ella, de tener una visión sobre lo sagrado y profano, de normas morales
para la conducta individual, social y de prácticas rituales, principalmente de oración así como de sacrificio para el
culto. Sobre el particular, ver la sentencia C-616 de 1997. M.P. Vladimiro Naranjo Mesa en la que se declaró la
constitucionalidad del artículo 94 de la Ley 136 de 1994 (Código de Régimen Municipal) de acuerdo con el cual:
“Los alcaldes tomarán posesión del cargo ante el juez o notario público y prestarán juramento en los siguientes
términos: juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente la Constitución, las leyes de Colombia, las ordenanzas
y los acuerdos” (subraya fuera del texto original).
106
La vida religiosa del hombre no se desarrolla sólo en el plano externo, ni se limita al cumplimiento de unos ritos.
La vida del hombre religioso abarca, como se lee en el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos, “el culto, la celebración de los ritos, las prácticas y la enseñanza”. Al respecto, puede verse la sentencia
T-430 de 1993. M.P. Hernando Herrera Vergara. Allí, el accionante señalaba que en el Municipio de Ubaque,
Cundinamarca, el cura párroco junto con su asistente, lo habían hecho objeto de numerosos ataques desde el púlpito
y en las veredas, por ser el dirigente o cabeza del Centro Gnóstico de dicho municipio, difamando de la ciencia
gnóstica y de sus integrantes, violando, según él, su intimidad personal, discriminando y persiguiendo a sus amigos
por ser sus seguidores. La Sala Sexta de Revisión negó el amparo pues “el hecho de que el Cura Párroco de Ubaque
(o cualquier otro Sacerdote de la Iglesia Católica) utilice el púlpito para difundir las ideas de la religión católica y
para defenderla de otras religiones, no quiere decir que con ello se esté vulnerando o amenazando el derecho
constitucional fundamental a la libertad de cultos, por cuanto es esta misma norma la que le concede completa
26
derecho autónomo y abarca el “conjunto de demostraciones exteriores
presentadas a Dios; luego, sin la relación con Dios, esto es sin religión, no se
da un culto, [de donde] se concluye que la libertad de cultos no es más que una
consecuencia de la libertad religiosa. El culto, cuando es público y colectivo,
es expresión de la doble dimensión religiosa y social del hombre”107.
La religión y el culto no son entonces mera subjetividad y por ello reclaman su
protección tanto en el ámbito positivo denominado autonomía jurídica, como
en el negativo, conocido como inmunidad de coacción108. La autonomía
jurídica se encuentra ligada a la idea de que los individuos pueden profesar,
practicar, manifestar y divulgar, individual o colectivamente, tanto en público
como en privado, cualquier creencia, religión, confesión, fe, culto o rito
libremente escogido, cambiarlo, abandonarlo, decidir no ejercer ninguno o
abstenerse de declarar sobre sus dogmas de fe109. La garantía no se detiene en
la asunción de una determinada opción religiosa, sino que se extiende a los actos
externos en los que esta se manifiesta, esto es, en el hecho de revelar o visibilizar
los comportamientos que la creencia demande pues lo que se pretende es
preservar al máximo el ámbito de vigencia de las libertades espirituales y de sus
proyecciones específicas. La opción religiosa es una materia “que sólo incumbe
a la persona, hace parte de su libertad-seguridad y, por tanto, el poder del
Estado no puede injerir directa o indirectamente en la decisión personal e
íntima sobre si se adopta o no un credo religioso, o si se persevera en la
práctica de un determinado culto”110.
libertad para difundir su religión de manera individual o colectiva”.
107
Sentencia C-616 de 1997. M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.
108
En la sentencia SU-626 de 2015. M.P. Mauricio González Cuervo; AV María Victoria Calle Correa, Gloria Stella
Ortiz Delgado, Luis Guillermo Guerrero Pérez, Jorge Iván Palacio Palacio, Luis Ernesto Vargas Silva y Jorge Ignacio
Pretelt Chaljub se caracterizó la libertad religiosa y de cultos, como un derecho a la religiosidad. Este conlleva, por
un lado, que a su titular no se le pueda imponer por parte de ningún otro agente, público o privado, determinado credo
y, por otro, que su convicción sobre lo sagrado no pueda ser objeto de prohibición. Se trata, de un derecho subjetivo
que tiene varias facetas en las que se conecta con otras libertades ius fundamentales. Por ejemplo, en lo que atañe a
la elección de una fe o de un sistema de creencias sobre lo sagrado y la trascendencia, se mezcla con la libertad de
conciencia. En aquello relativo a la práctica individual o grupal de los ritos asociados a ellos, se interconecta con la
libertad de expresión, culto y asociación, si fuere del caso. En aquella ocasión, se concluyó que: “La libertad de
religión y de culto protegida por el artículo 19 de la Constitución, no se vulnera por la decisión de las autoridades
públicas de autorizar una exposición artística en un museo propiedad del Estado, incluso cuando pueda resultar
molesta para una religión o iglesia, siempre y cuando (i) no constituya un tipo de discurso en materia religiosa cuya
divulgación se encuentre prohibida en las normas que hacen parte del bloque de constitucionalidad; (ii) no imponga
creencia alguna ni pretenda obligar que alguien la asuma; (iii) no interfiera en el ejercicio del culto de ninguna
religión; (iv) no impida que las personas expresen su propia valoración acerca de la exposición o que incluso
formulen públicamente críticas en contra de ella; (v) no suponga el uso de objetos o bienes de propiedad de una
Iglesia alguna; y (vi) no implique el desconocimiento del deber de neutralidad del Estado, cuyo respeto se asegura
cuando la autorización tiene por objeto promover el acceso a la cultura y al arte”.
109
Tales contenidos se encuentran previstos en el artículo 6 de la Ley 133 de 1994, “Por la cual se desarrolla el
Decreto de Libertad Religiosa y de Cultos, reconocido en el artículo 19 de la Constitución Política”.
110
Sentencia T-193 de 1999. M.P. Carlos Gaviria Díaz. Allí, se estudió la situación de un ciudadano quien afirmaba
que a pesar de cumplir los requisitos para ser ascendido a Ministro Plenipotenciario, dentro de la carrera diplomática
y consular, el Ministerio de Relaciones Exteriores le pretendía posponer la promoción y excluirlo del servicio por
razón de su credo cristiano. La Sala Cuarta de Revisión señaló que: “Así, el orden político justo que debe ser aquél a
cuya realización debe propender el Estado colombiano, no permite que los funcionarios traten de imponer a los
particulares un determinado culto o creencia - cargo que plantearon en contra del actor unas personas que no se
identificaron debidamente, y frente al cual fue absuelto por la Procuraduría-, ni que se discrimine a determinado
servidor público por la decisión personal e íntima de profesar determinado credo. Ya que aparece acreditado en el
expediente que esto último ocurrió en el caso de Luis Guillermo Becerra Torres, esta Sala prevendrá a la Comisión
de Personal del Ministerio de Relaciones Exteriores para que se abstenga de tales comportamientos contrarios al
ordenamiento constitucional vigente, so pena de las sanciones previstas para el desacato”.
27
La inmunidad de coacción comprende la garantía de que nadie podrá ser
obligado o forzado a obrar contra su credo religioso, perturbado en razón de sus
creencias, compelido a revelarlas, imposibilitado a vivir según sus propias
convicciones o impedido a difundirlas. Así pues, se prohíbe toda forma de
coacción para que las personas se adhieran a religiones o confesiones diversas
a las que pertenecen o para que se mantengan en las propias, es decir, no son
válidas aquellas actuaciones que buscan imponer un patrón de conducta
contrario a los preceptos de la fe que se profesa. Lo anterior, por cuanto para el
creyente la coherencia de su vida personal con los dogmas de sus referencias
espirituales reviste una importancia cardinal en tanto que ellas determinan la
mayoría de los proyectos de existencia individual. En virtud de este ámbito, el
Estado “debe abstenerse de neutralizar o debilitar las creencias de las per-
sonas, no puede establecer barreras que impidan la fe y debe proteger y hacer
respetar las creencias [personales]”111. Esta consideración básica del
Constituyente comporta el reconocimiento de los principios de la diversidad y
de la igualdad en el conjunto general de las relaciones subjetivas y colectivas
de alcance social como en ámbitos y escenarios especiales, incluido el de la
reclusión.
4.2.2. La libertad religiosa y de cultos, en tanto derecho, en principio, de
aplicación inmediata, adquiere especial relevancia en el marco del vínculo de
sujeción que mantienen las personas confinadas con la administración
penitenciaria112. En el orden constitucional vigente existe un principio de acción
según el cual todas las autoridades del Estado, sin excepción, deben, en la
medida de sus posibilidades jurídicas y materiales, realizar todas las conductas
relacionadas con sus funciones constitucionales y legales tendientes a lograr las
condiciones adecuadas para el desarrollo real y efectivo de esta prerrogativa
superior frente a quienes permanecen recluidos como parte del proceso de
resocialización por el que atraviesan, tras haber incurrido en un comportamiento
delictivo o estar acusados de haberlo hecho. Los propósitos de reeducación y
reinserción social, en tanto función preventiva especial de la pena, comprenden
la obligación institucional de ofrecerle al reo todos los medios razonables que
tengan la virtualidad de reducir, en lo posible, aquellas circunstancias que
debiliten el sentido de su responsabilidad, el respeto a su dignidad humana, a su
autonomía y al desarrollo de la personalidad, buscando la humanización de la
sanción penal113.
Tales herramientas de resocialización del infractor de la ley, en el marco del
tratamiento penitenciario, deben ser “[progresivas] y [programadas e
individualizadas] hasta donde sea posible”114 teniendo en cuenta la condición
111
Sentencia C-088 de 1994. M.P. Fabio Morón Díaz; AV y SV Eduardo Cifuentes Muñoz, Alejandro Martínez
Caballero, Carlos Gaviria Díaz, José Gregorio Hernández Galindo y Hernando Herrera Vergara; SVP José Gregorio
Hernández Galindo y Hernando Herrera Vergara, consideraciones de Monseñor Pedro Rubiano Sáenz, quien para ese
entonces fungía como Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia.
112
No puede perderse de vista que el derecho a la libertad religiosa y de cultos es de aplicación inmediata, esto es,
que no requiere un previo desarrollo normativo para hacerse efectivo (artículo 85 superior).
113
Así lo reconoció expresamente la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el Informe sobre la situación
de los Derechos Humanos en Brasil, 1996.
114
Artículo 143 de la Ley 65 de 1993, “Por la cual se expide el Código Penitenciario y Carcelario” cuyo sentido
28
personal del interno, su comportamiento, el compromiso de no reincidencia, la
situación familiar y demás elementos que permitan realizar juicios de valor
sobre la persona del recluso y sus necesidades. Pueden estar asociadas a diversas
formas de asistencia u orientación bien sea de naturaleza educativa, laboral,
cultural, deportiva, recreativa, familiar, moral e, inclusive, espiritual115.
Justamente la imposición de la pena, “además de constituir una sanción y de
cumplir una función disuasiva que inhiba a las personas de incurrir en
conductas punibles con el fin de preservar la convivencia armónica y pacífica
de los asociados, debe tener principalmente una dimensión resocializadora que
permita reincorporar al autor del delito a la sociedad, para que pueda ser parte
activa de la misma una vez cumpla [el castigo intramural]”116. Sólo se alcanzará
este fin si se aprovecha el período de privación de libertad para lograr, en lo
posible, que la persona confinada, una vez haya cumplido con su ciclo legal de
encierro, no solamente quiera respetar la ley y proveer a sus necesidades, sino
también que sea capaz de hacerlo117.
En el proceso de resocialización puede jugar un papel importante una
determinada creencia religiosa que el interno conserve y exprese en reclusión.
literal es el siguiente: “Tratamiento Penitenciario. El tratamiento penitenciario debe realizarse conforme a la
dignidad humana y a las necesidades particulares de la personalidad de cada sujeto. Se verifica a través de la
educación, la instrucción, el trabajo, la actividad cultural, recreativa y deportiva y las relaciones de familia. Se
basará en el estudio científico de la personalidad del interno, será progresivo y programado e individualizado hasta
donde sea posible”.
115
Así lo prevén diversas disposiciones del orden vigente nacional e internacional. El artículo 9 de la Ley 65 de 1993,
“Por la cual se expide el Código Penitenciario y Carcelario” establece: “Funciones y finalidad de la pena y de las
medidas de seguridad. La pena tiene función protectora y preventiva, pero su fin fundamental es la resocialización.
Las medidas de seguridad persiguen fines de curación, tutela y rehabilitación”. Así mismo, el artículo 10 ibídem
señala: “Finalidad del tratamiento penitenciario. El tratamiento penitenciario tiene la finalidad de alcanzar la
resocialización del infractor de la ley penal, mediante el examen de su personalidad y a través de la disciplina, el
trabajo, el estudio, la formación espiritual, la cultura, el deporte y la recreación, bajo un espíritu humano y
solidario”. Igualmente, el artículo 142 ibídem, dispone lo siguiente: “El objetivo del tratamiento penitenciario es
preparar al condenado, mediante su resocialización para la vida en libertad”. En igual sentido, el artículo 143 prevé
que: “El tratamiento penitenciario debe realizarse conforme a la dignidad humana y a las necesidades particulares
de la personalidad de cada sujeto. Se verifica a través de la educación, la instrucción, el trabajo, la actividad cultural,
recreativa y deportiva y las relaciones de familia. Se basará en el estudio científico de la personalidad del interno,
será progresivo y programado e individualizado hasta donde sea posible”. Bajo el mismo parámetro enunciado, el
principio fundamental 59 de las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos contempla que: “(…) El régimen
penitenciario debe emplear (…) todos los medios curativos, educativos, morales, espirituales y de otra naturaleza, y
todas las formas de asistencia de que pueda disponer”. El principio fundamental 66 se orienta en la misma línea de
protección y advierte que para lograr los fines de la pena se deberá recurrir, entre otros, bajo el principio de
neutralidad, “a la asistencia religiosa, en los países en que esto sea posible, a la instrucción, a la orientación y la
formación profesionales, a los métodos de asistencia social individual, al asesoramiento relativo al empleo, al
desarrollo físico y a la educación del carácter moral, en conformidad con las necesidades individuales de cada
recluso”.
116
Sentencia T-100 de 2018. M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado. En aquella ocasión, la Sala Sexta de Revisión estudió
la situación de un ciudadano privado de la libertad que alegaba la vulneración de su derecho fundamental a la libertad
religiosa y de cultos tras impedírsele, durante los 10 años que había permanecido bajo reclusión, ejercer actividades
productivas de redención de la pena durante los días festivos que tenían origen en fiestas propias de la religión
católica, confesión espiritual que no practicaba. La Sala encontró que las autoridades penitenciarias no habían
incurrido en vulneración fundamental alguna pues (i) en los días festivos, no era obligado a participar de ningún rito
religioso católico; (ii) la coincidencia entre algunas celebraciones católicas y los días festivos no respondía a la
promoción de un credo particular, sino que era consecuencia de los efectos culturales que habían tenido dichas
festividades en la actividad social y, a su vez, en los fines constitucionales de carácter eminentemente laico que
perseguían tales días de descanso; (iii) el establecimiento carcelario le había garantizado el acceso a los servicios de
la Iglesia Pentecostal a la cual pertenecía, de conformidad con el reglamento de la institución y (iv) el tutelante no
había presentado ninguna solicitud para desempeñar una actividad que le permitiera trabajar todos los días. En
consecuencia, si ese era su propósito, debía acudir ante las autoridades, en igualdad de condiciones, con los demás
reclusos, y solicitar el acceso a esa labor de resocialización, permitida en forma excepcional los días festivos. Con
base en estas razones se negó el amparo solicitado.
117
Principio fundamental 58 de las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos.
29
Puede ser una forma para aminorar la aflicción que la privación per se ya le
representa o para “buscar su propia meta de perfección”118 mediante un plan de
vida que comprende una determinada opción espiritual, capaz de incidir en su
comportamiento al punto de ajustar sus actuaciones a unos mínimos parámetros
éticos. El ser humano “no es un medio al servicio del Estado en la búsqueda de
objetivos comunes, sino fin en sí mismo”119. El orden jurídico no puede
desconocer el derecho de los reclusos a la realización de diversas actividades
constructivas y regeneradoras que permitan garantizarle condiciones para
optimar el proceso de resocialización, sobreponerse a sus circunstancias de
penuria y guardar esperanzas para la libertad. Es conveniente que, antes del
término de la ejecución de una pena e inclusive de una medida de
aseguramiento, se adopten los medios necesarios para propiciarle al recluso “un
retorno progresivo a la vida en sociedad”120. Así, considerando que la
espiritualidad humana o la religiosidad permite el cumplimiento de las
funciones asociadas a la pena, las autoridades públicas tienen el compromiso de
asegurar y respetar, en forma reforzada, el ejercicio de la libertad religiosa y de
cultos el cual es susceptible de desarrollo dentro de los centros carcelarios, a
partir de un conjunto de actos tanto internos como externos, de profesión121.
Pero la práctica de cualquier creencia o no creencia, debe ser libre y autónoma.
Así, en lo que a la esfera interna del derecho atañe, es obligación de los
directores de los establecimientos de reclusión hacer respetar la libertad de
religión y de cultos de quienes permanecen confinados e, incluso, de los
funcionarios del penal. Esto es, la libertad de asumir y acatar, si es del caso, de
manera privada y silenciosa, una orientación religiosa y de comportarse de
acuerdo con sus designios o decidir no hacerlo. De esta forma se prohíbe
cualquier forma de coacción, presión, dádiva o discriminación que los obligue
a adherirse a religiones o a cánones espirituales diversos a los que profesan o
mantenerse en los propios. Dichas aducciones serán voluntarias y autónomas.
Es un imperativo estatal “impedir la utilización de mecanismos que coarten [o
anulen el mero acto de profesar una creencia]”122. El acto individual de fe o la
dimensión espiritual del ser humano “no [puede ser objeto de restricción] en el
marco de la relación de especial sujeción por tratarse de una garantía
intangible”123. Existe entonces un deber de respetar, sin interferencia alguna,
“las [convicciones] religiosas y los preceptos morales del grupo al que
118
Sentencia T-193 de 1999. M.P. Carlos Gaviria Díaz.
119
Sentencia T-193 de 1999. M.P. Carlos Gaviria Díaz.
120
Principio fundamental 60.1 de las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos.
121
Conforme se indicó en la sentencia T-213 de 2018. M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado; SVP José Fernando Reyes
Cuartas, “Así, la libertad religiosa ocupa un papel central en el reencuentro entre el interno y la sociedad, para
“asegurar que la persona que ha cometido una falta [penal] vuelva al seno de la sociedad y que esta última esté
dispuesta a acogerla de nuevo”. Y agrega: “Las libertades de religión y de culto, adquieren “un sentido
transformador de las relaciones sociales, al momento del retorno a la libertad, de modo que la comunidad y el sujeto
que retoma su vida, se reencuentren armónicamente cuando este recobre el ejercicio pleno de sus derechos (…) [y
en una] oportunidad de integración social de la persona que ha incurrido en una conducta lesiva de un bien jurídico
penalmente relevante”.
122
Este mandato se encuentra plasmado en el artículo 3 de la Ley 133 de 1994, “Por la cual se desarrolla el derecho
de Libertad Religiosa y de Cultos, reconocido en el artículo 19 de la Constitución Política” y en el artículo [Link].3.
del Decreto 1069 de 2015, “Por medio del cual se expide el Decreto Único Reglamentario del Sector Justicia y del
Derecho”.
123
Así se reconoció expresamente en la sentencia T-077 de 2015. M.P. Jorge Iván Palacio Palacio.
30
pertenezca el recluso”124 pues es “[el único dueño y señor] de su consciencia
interna”125.
Por otro lado, existen unas condiciones materiales o actos públicos de
difusión126 asociados con las convicciones espirituales que deben asegurarse
para que la faceta externa de la prerrogativa pueda ser ejercida127.
Específicamente, se garantiza a las personas recluidas la asistencia espiritual
por parte del ministro de culto, iglesia o confesión religiosa a la que pertenezcan
a través del servicio ofrecido por Capellanías o instituciones similares128; la
comunicación con dichos ministros o representantes, cuando así lo requieran,
conforme a los mecanismos, horarios y modalidades previamente
establecidos129; la celebración o conmemoración de cultos o ceremonias
religiosas (por ejemplo durante fechas sagradas) en igualdad de condiciones
para los diferentes credos130; el establecimiento de lugares adecuados para la
práctica, en público o en privado, de actos de oración, adoración o de culto,
respetando su destinación religiosa y carácter confesional específico131; el
acceso a educación e información religiosa, en forma oral, escrita o por
cualquier otro procedimiento idóneo132. Dentro de esta categoría también se
124
Principio fundamental 6.1 de las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos.
125
Sentencia T-575 de 2016. M.P. Alejandro Linares Cantillo; SV Gabriel Eduardo Mendoza Martelo. Allí, a la Sala
Tercera de Revisión le correspondió determinar si se vulneraba el derecho a la libertad religiosa y de cultos de una
ciudadana cuyo empleador le imponía, al parecer, el uso obligatorio de un pantalón para el cumplimiento de sus
funciones, en lugar de una falda que debía utilizar a diario conforme los usos y principios internos de la religión que
profesaba (la actora era miembro de la Iglesia Luz del Mundo Trinitaria de Colombia). La Sala negó el amparo tras
estimar que: “La creencia religiosa consistente en el uso de la falda por parte de la accionante, no integra el ámbito
de protección del derecho a la libertad religiosa y de culto, en razón a que, si bien es cierto fue demostrado que se
trata de una manifestación de culto seria y no acomodaticia, no se acreditó que la accionante haya puesto en
conocimiento del empleador (Centro Aseo) la oposición entre las prácticas de la religión que profesa y el uso del
pantalón, que justificaran el incumplimiento de la obligación de utilizar la dotación recibida. Por el contrario, se
comprobó que la accionante expresó su consentimiento respecto de la obligación de utilizar el uniforme de la
empresa, y no se demostró que aquella hubiera [presentado] una oposición frente a las medidas tomadas por el
empleador o al menos expuesto reparos”, conforme lo exige la jurisprudencia constitucional.
126
Dicha denominación fue empleada en la sentencia T-180 de 2017. M.P. Luis Guillermo Guerrero Pérez.
127
Las obligaciones estatales en la materia fueron consagradas, de manera general, en el artículo 6 de la Ley 133 de
1994, “Por la cual se desarrolla el derecho de Libertad Religiosa y de Cultos, reconocido en el artículo 19 de la
Constitución Política” y en el artículo [Link].2. del Decreto 1069 de 2015, “Por medio del cual se expide el Decreto
Único Reglamentario del Sector Justicia y del Derecho” sin que constituyan un listado taxativo de deberes sino
indicativos de la protección por otorgar. También se encuentran previstas en los principios fundamentales 41.1 y 42
de las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos.
128
El artículo 6, numeral F y el artículo 8 de la Ley 133 de 1994 disponen que la libertad religiosa y de cultos
comprende, entre otros, los derechos de toda persona de recibir asistencia religiosa de su propia confesión e iglesia
en donde quiera que se encuentre y, principalmente, en los lugares públicos docentes, hospitalarios, asistenciales,
militares y penitenciarios. En igual sentido, el artículo [Link].4. del Decreto 1069 de 2015 establece que: “Sin
menoscabo de libertad de cultos protegida por la Constitución Política, los Directores de los establecimientos de
reclusión procederán a elaborar un censo entre los internos, con el único objeto de identificar la religión o culto a
la que pertenecen, sin perjuicio del derecho que les asiste de no divulgar su credo religioso. Igualmente, los
Directores de los establecimientos de reclusión establecerán el mecanismo para que cada nuevo interno tenga la
posibilidad de advertir, si así lo quiere su credo, religión o culto, a fin de contar con la asistencia religiosa debida”.
Igualmente, el artículo [Link].8. ibídem prevé que: “Las entidades religiosas con personería jurídica especial podrán
acordar con las autoridades competentes, la realización de actividades de voluntariado social y para el desarrollo
de programas dirigidos al bienestar de los internos. Los directores de los centros de reclusión deberán permitir,
previo el cumplimiento de los requisitos de seguridad, el ingreso de los cuerpos de voluntariado social que pretendan
realizar las iglesias, cultos o confesiones religiosas en desarrollo de tales convenios”.
129
Artículo [Link].7. del Decreto 1069 de 2015.
130
Artículo [Link].6. del Decreto 1069 de 2015.
131
Artículo 6, literal B de la Ley 133 de 1994 y artículo [Link].6. del Decreto 1069 de 2015.
132
Dicho mandato fue expresamente reconocido por el principio fundamental 42 de las Reglas Mínimas para el
Tratamiento de los Reclusos que dispone: “Dentro de lo posible, se autorizará a todo recluso a cumplir los preceptos
de su religión, permitiéndosele participar en los servicios organizados en el establecimiento y tener en su poder
libros piadosos y de instrucción religiosa de su confesión”.
31
contempla la posibilidad del interno de portar distintos símbolos religiosos, de
llevar un régimen alimentario específico por razón de sus creencias o de
conservar una determinada presentación personal en cumplimiento de los
mandatos de la fe que profesa133.
Uno de los elementos estructurales de esta garantía es el ámbito de libertad que
faculta al sujeto para asumir actos o comportamientos que exterioricen su credo
o rito que está constituido precisamente “por las posibilidades, no interferidas
por entes públicos o privados, de dar [testimonio] de las propias creencias, en
espacios abiertos o cerrados, siempre que, al expresar mediante el culto las
convicciones espirituales que se profesan, quien lo lleva a cabo no cercene ni
amenace los derechos [ni libertades] de otros, ni cause agravio a la comunidad,
ni desconozca los preceptos mínimos que hacen posible la convivencia social,
[la seguridad, la disciplina, la salubridad y la moralidad pública]”134, elementos
constitutivos del ordenamiento jurídico135. De acuerdo con lo dicho, las
autoridades carcelarias pueden introducir, dentro de la órbita de sus
competencias legales y reglamentarias, límites al ejercicio de esta dimensión
del derecho. En concreto, pueden limitar la forma de expresar mediante
acciones y omisiones ciertas manifestaciones espirituales, cuando tal
restricción busque fines legítimos a la luz de la Constitución Política y se haga
133
Por ejemplo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a través de “Los Principios y Buenas Prácticas
sobre la Protección de las Personas Privadas de Libertad en las Américas” ha señalado que el vestuario exigido a
los internos debe atender su identidad cultural y religiosa, en los siguientes términos: “Principio XII. Albergue,
condiciones de higiene y vestido (…) 3. Vestido || El vestido que deben utilizar las personas privadas de libertad será
suficiente y adecuado a las condiciones climáticas, y tendrá en cuenta la identidad cultural y religiosa de las personas
privadas de libertad. En ningún caso las prendas de vestir podrán ser degradantes ni humillantes” (subraya fuera
del texto original). Dichos principios fueron adoptados mediante la Resolución 01 de 2008 durante el 131 Período
Ordinario de Sesiones y tenidos en cuenta por el Estado Colombiano, en tanto son regularmente empleados por la
Corte Interamericana de Derechos Humanos, al momento de interpretar la Convención Americana sobre Derechos
Humanos y de adoptar decisiones de naturaleza vinculante.
134
Sentencia T-602 de 1996. M.P. José Gregorio Hernández Galindo. En esta ocasión, se examinó la situación de un
ciudadano y sacerdote católico (Obispo Sufragáneo de la Diócesis de Santa Fe de Bogotá) que reclamaba la
vulneración de su derecho fundamental a la libertad religiosa tras impedírsele ejercer sus oficios religiosos, de
asesoría y orientación espiritual, al interior de dos cementerios de la ciudad. En concreto, se le impidió utilizar las
capillas o iglesias de los cementerios, colocar mesas y libros para las labores espirituales, celebrar misas y, en general,
se le hizo imposible el culto bajo el argumento de que debía respetarse el espacio público. La Sala Quinta de Revisión
concedió el amparo advirtiendo que la persona jurídica contra la cual prosperaba la acción debía abstenerse, en el
futuro, de obstaculizar o impedir al accionante la libre práctica de su expresión religiosa, mientras ésta fuera
razonable y no afectara los derechos de los demás ni el orden público.
135
La regla de que los derechos fundamentales de los internos solo deben limitarse excepcionalmente ha sido
reconocida, pacíficamente, a nivel interno. El artículo 4 de la Ley 133 de 1994, “Por la cual se desarrolla el Decreto
de Libertad Religiosa y de Cultos, reconocido en el artículo 19 de la Constitución Política” señala: “El ejercicio de
los derechos dimanantes de la libertad religiosa y de cultos, tiene como único límite la protección del derecho de los
demás al ejercicio de sus libertades públicas y derechos fundamentales, así como la salvaguarda, de la seguridad,
de la salud y de la moralidad pública, elementos constitutivos del orden público protegido por la Ley en una sociedad
democrática”. Así mismo, el artículo 152 de la Ley 65 de 1993, “Por la cual se expide el Código Penitenciario y
Carcelario” consagra las “facilidades para el ejercicio y la práctica del culto religioso” y prevé que: “Los internos
de los centros de reclusión gozarán de libertad para la práctica del culto religioso, sin perjuicio de las debidas
medidas de seguridad”. Por su parte, el artículo [Link].1 del Decreto 1069 de 2015, “Por medio del cual se expide el
Decreto Único Reglamentario del Sector Justicia y del Derecho” prevé que: “Los internos de los centros
penitenciarios y carcelarios del país gozan del derecho a la libertad de cultos y de profesar libremente su religión,
así como de difundirla en forma individual o colectiva. Las autoridades penitenciarias y carcelarias deberán permitir
sin restricción alguna el libre ejercicio de estos derechos, sin perjuicio de la seguridad de los centros de reclusión”.
Lo dicho también se encuentra regulado en instrumentos internacionales de Derechos Humanos. La Convención
Americana sobre Derechos Humanos (CADH) en el numeral 3 del artículo 12 y el Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos (PIDCP) en el numeral 3 del artículo 18 disponen que: “La libertad de manifestar la propia religión
y las propias creencias está sujeta únicamente a las limitaciones prescritas por la ley y que sean necesarias para
proteger la seguridad, el orden, la salud o la moral públicos o los derechos o libertades de los demás”.
32
por medios no prohibidos que no puedan ser sustituidos por otros menos
gravosos para el ejercicio del derecho. Dicho en otras palabras, existe un
principio de presunción a favor de la libertad (principio pro libertate)136 en
virtud del cual se establece que dicha facultad de restricción de derechos no es
absoluta y está sujeta al ejercicio de una carga probatoria y argumentativa seria
y suficiente en la que se demuestre que las limitaciones a la exteriorización de
la creencia son necesarias para cumplir con los objetivos de la relación
penitenciaria, que los medios empleados son proporcionales para atender estos
propósitos legítimos y que no existen alternativas administrativas adecuadas
que permitan alcanzar estas finalidades sin afectar o impactar negativa o
irrazonablemente las prerrogativas constitucionales en tensión.
Ésta libertad, como regla general, supone entonces que es deber del Estado
garantizar, en la mayor medida posible, que las personas confinadas en centros
de reclusión puedan profesar libremente y sin interferencias desmedidas sus
creencias o referencias de fe a través de comportamientos que deban cumplir si
asumen y acatan una orientación espiritual de manera consecuente. Así, las
restricciones impuestas a su ejercicio deben ser, siempre, las mínimas
necesarias y estar debidamente justificadas como manifestación del principio
de razón suficiente. El criterio constitucional de razonabilidad y
proporcionalidad estrictas que demanda la necesidad de restringir la libertad
religiosa, además de encontrar sustento en la Carta Política y en el bloque de
constitucionalidad, también tiene un límite legal que impone que “las
restricciones impuestas a las personas privadas de la libertad estarán
limitadas a un estricto criterio de necesidad y deben ser proporcionales a los
objetivos legítimos para los que se han impuesto” 137. En este sentido, es
legítima la imposición de medidas restrictivas a la faceta externa de la libertad
religiosa cuando se atiende esta carga de razonabilidad. No obstante, se atenta
contra la garantía básica “cuando el derecho queda sometido a limitaciones que
lo hacen impracticable, lo dificultan más allá de lo razonable o lo despojan de
la necesaria protección, vulnerándose así los intereses que protege la
Constitución”138.
136
Dicho principio de presunción a favor de la libertad, en su grado máximo, también opera respecto de la libertad
religiosa y de cultos, por lo cual sólo caben respecto de ella las limitaciones necesarias para garantizar los derechos
de los demás y el orden público. Como lo afirmó el doctrinante español Francisco Javier Calvo-Álvarez ante un texto
muy similar de la ley orgánica sobre la libertad religiosa de su país: “El orden público tiene determinados objetos
esenciales de protección: la persona y el libre y legítimo ejercicio de lo propiamente personal. El legítimo ejercicio
de los derechos del individuo lleva consigo inseparablemente el respeto a los derechos de los demás (alterum non
laedere). De este modo, el orden público se presenta como ámbito del legítimo ejercicio de las libertades, que exige
armonizar la libertad de cada uno con la libertad y seguridad jurídica de todos, ya que el orden público incluye tanto
el bien de la persona como el de la colectividad”. Tal mandato se encuentra consagrado en el artículo 29 de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 de acuerdo con el cual: “En el ejercicio de sus derechos y
en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con
el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las
justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general de una sociedad democrática”.
137
El Código Penitenciario y Carcelario (Ley 65 de 1993) reconoce expresamente este mandato en su artículo 5
modificado por el artículo 4 de la Ley 1709 de 2014, “Por medio de la cual se reforman algunos artículos de la Ley
65 de 1993, de la Ley 599 de 2000, de la Ley 55 de 1985 y se dictan otras disposiciones”. En los mismos términos,
lo contempla la Resolución 006349 del 19 de diciembre de 2016, “Por la cual se expide el Reglamento General de
los Establecimientos de Reclusión del Orden Nacional -ERON a cargo del INPEC”.
138
Sentencia C-088 de 1994. M.P. Fabio Morón Díaz; AV y SV Eduardo Cifuentes Muñoz, Alejandro Martínez
Caballero, Carlos Gaviria Díaz, José Gregorio Hernández Galindo y Hernando Herrera Vergara; SVP José Gregorio
Hernández Galindo y Hernando Herrera Vergara.
33
Teniendo en cuenta lo anterior, cuando una persona privada de la libertad acude
a la acción de tutela invocando la protección de una reclamación religiosa cuyo
ejercicio ha sido coartado con base en la atribución legal y reglamentaria
advertida, el juez constitucional debe determinar si la restricción impuesta ha
sido o no admisible a la luz de los principios del Estado Social de Derecho. Es
decir, al advertir la presencia de una tensión entre la esfera externa de la libertad
religiosa y los fines perseguidos con los reglamentos de los centros de reclusión
(seguridad y salubridad, por ejemplo) que pueden involucrar prohibiciones al
ejercicio del derecho, le corresponde verificar la importancia de la limitación,
en el contexto particular en el cual se despliega, así como su finalidad,
idoneidad, necesidad, razonabilidad y proporcionalidad, en estricto sentido139.
Una postura contraria supondría imponerle al creyente “la carga
desproporcionada de incumplir con los dogmas de su religión, sin que ello
[sea] necesario para la protección de un interés público”140. En todo caso,
como presupuesto previo a esta consideración, se requiere establecer si la
persona que promueve la solicitud de amparo realmente se identifica con los
mandatos o cánones de la orientación religiosa que afirma propugnar, de suerte
que sus reclamos puedan ser objeto de salvaguarda141.
En este punto, es pertinente reiterar las reglas de decisión establecidas en la
sentencia C-728 de 2009142 las cuales resultan pertinentes, en esta ocasión, pues
139
La Corte Constitucional ha concluido que la razonabilidad y la proporcionalidad son los criterios que permiten
establecer si la restricción de las garantías de los internos es constitucionalmente válida. Para ello, es indispensable
verificar: (i) si el fin perseguido por la norma o con la medida que se analiza es legítimo desde la perspectiva
constitucional; (ii) si la norma o medida es adecuada para el logro del fin perseguido; (iii) si la norma o medida es
necesaria, es decir, si no existen otros medios menos onerosos para lograr el objetivo buscado; y (iv) si la norma o
medida es estrictamente proporcional, con lo cual se indaga si los beneficios que se derivan de su adopción superan
las restricciones que ella conlleva sobre otros derechos y principios constitucionales en una relación de costo -
beneficio. La intensidad del juicio de proporcionalidad podrá ser leve: resulta suficiente con establecer que el fin
propuesto se ajusta a la Constitución y la medida es apta para lograrlo, intermedio: debe comprobarse que la medida,
además de ser legítima y apta, es efectivamente conducente para lograr el fin propuesto y estricto: involucra un
criterio sospechoso de discriminación y se debe estudiar si la norma es necesaria y estrictamente proporcional. Tales
criterios han sido aplicados por esta Corporación, en diversos escenarios, a saber: C-071 de 1994. M.P. Alejandro
Martínez Caballero (Estatuto de Puertos Marítimos -Ley 1 de 1991); C-388 de 2000. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz
(Código del Menor- presunción de capacidad económica del alimentante -Decreto 2737 de 1989); C-673 de 2001.
M.P. Manuel José Cepeda Espinosa; AV Jaime Araujo Rentería (Escalafón docente- Decreto Ley 2277 de 1979); C-
404 de 2001. Marco Gerardo Monroy Cabra; SVP Jaime Araujo Rentería (Endeudamiento interno y externo de la
nación y de las entidades territoriales- Ley 358 de 1997); C-505 de 2001. M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra; AV
Manuel José Cepeda Espinosa (Profesión de biología en el territorio nacional- Ley 22 de 1984); C-048 de 2001. M.P.
Eduardo Montealegre Lynett; AV José Gregorio Hernández Galindo (Instrumentos para la búsqueda de la
convivencia pacífica en el país como el diálogo y la solución negociada del conflicto armado colombiano- Ley 418
de 1997); C-579 de 2001. M.P. Eduardo Montealegre Lynett; AV Eduardo Montealegre Lynett y Manuel José Cepeda
Espinosa; SV Rodrigo Escobar Gil, Jaime Araujo Renteria y Alfredo Beltrán Sierra; SVP Clara Inés Vargas
Hernández, Marco Gerardo Monroy Cabra y Eduardo Montealegre Lynett (Categorización de departamentos y
municipios- Ley 617 de 2000); C-540 de 2001. M.P. Jaime Córdoba Triviño; SV Rodrigo Escobar Gil, Jaime Araujo
Renteria y Alfredo Beltrán Sierra; SVP Álvaro Tafur Galvis (Principio de unidad de materia- Ley 617 de 2000); C-
199 de 2001. M.P. Rodrigo Escobar Gil (Régimen de sanciones de la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad
Privada y Estatuto de Vigilancia y Seguridad Privada- Decreto 2453 de 1993 y Decreto 356 de 1994); C-417 de 2009.
M.P. Juan Carlos Henao Pérez; SV Nilson Pinilla Pinilla, Jorge Ignacio Pretelt Chaljub, Luis Ernesto Vargas Silva y
Manuel Urueta Ayola -conjuez- (Exceptio veritatis en delitos contra la integridad moral- Ley 599 de 2000), entre
muchas otras.
140
Sentencia T-077 de 2015. M.P. Jorge Iván Palacio Palacio.
141
Así fue reconocido expresamente en la sentencia T-180 de 2017. M.P. Luis Guillermo Guerrero Pérez.
142
M.P. Gabriel Eduardo Mendoza Martelo; SV María Victoria Calle Correa, Juan Carlos Henao Pérez, Jorge Iván
Palacio Palacio y Luis Ernesto Vargas Silva. Allí se estudió el caso de los objetores de conciencia respecto de la
prestación del servicio militar obligatorio (artículo 27 de la Ley 48 de 1993). En esa oportunidad, se sostuvo: “[…] no
es razonable obligar a una persona a prestar el servicio militar, cuando los fines imperiosos que se buscan por tal
34
determinan la forma de acreditar convicciones en el ámbito del ejercicio de la
libertad de conciencia íntimamente ligado a la materialización de la libertad
religiosa. Este examen es necesario pues, como se planteó en la sentencia T-
180 de 2017143 a propósito de un caso sobre libertades públicas, “cuando una
persona recluida en un establecimiento penitenciario y carcelario alega que la
sujeción al reglamento que debe seguir por la situación en que se halla, afecta
de manera grave su derecho a la libertad religiosa, plantea una tensión entre
un deber jurídico que demanda determinado comportamiento y las actuaciones
u omisiones que su conciencia (en este caso, la religiosa) le dictan”144. Para
resolver este tipo de conflictos, como presupuesto de decisión, se ha indicado
que las creencias de los reclusos deben ser profundas, fijas y sinceras, esto es,
que se trate de actos de conciencia145 cuya entidad sea tal que definan y
condicionen la actuación de la persona, su obrar, su comportamiento externo.
No puede tratarse de creencias que “tan sólo estén en el fuero interno y vivan
allí, que no trasciendan a la acción”146. Que sean profundas implica que no son
una convicción o una creencia personal superficial, sino que afectan de manera
integral su vida y forma de ser así como la totalidad de sus decisiones y
apreciaciones. Que sean fijas, implica que no son móviles, que no se trata de
convicciones o creencias que pueden ser modificadas fácil, rápidamente o que
tan sólo hace poco tiempo se alega tener. Finalmente, que sean sinceras implica
que son honestas, no son falsas, acomodaticias ni estratégicas147.
medio, como retribuir a la patria los beneficios recibidos, contribuir a la protección de la Nación y el Estado, así
como propiciar la cohesión social, son fines constitucionales que pueden conseguirse por otros medios”. En ese
sentido, “[…] no es necesario que [contribuir a la protección de la Nación y el Estado tenga que ser] mediante la
prestación del servicio militar, que, en el caso de los objetores de conciencia, plantea un conflicto muy profundo
entre el deber constitucional y las convicciones o las creencias que profesan”. Sobre esta base, la Corte advirtió que
el reconocimiento del derecho de objeción de conciencia, sin un marco legal que defina las condiciones y los
procedimientos para su ejercicio, genera ciertas dudas y vacíos en el sistema jurídico y que la definición de tales
reglas y condiciones corresponde al legislador como agente, por excelencia, de la democracia representativa. En
consecuencia, exhortó al Congreso para que hiciera lo de su competencia.
143
M.P. Luis Guillermo Guerrero Pérez.
144
Sentencia T-180 de 2017. M.P. Luis Guillermo Guerrero Pérez. En esta oportunidad, la Sala Segunda de Revisión
se ocupó de analizar la situación de un ciudadano privado de la libertad que invocaba la vulneración de su derecho a
la libre expresión religiosa a partir de la negativa del penal de excepcionar las reglas sobre higiene y presentación
personal previstas en el reglamento interno, pese a que, en su criterio, resultaban contrarias a los designios de su credo
religioso. En concreto, el tutelante, afirmaba que pertenecía a la religión Gnóstica la cual imponía como mandato
superior a sus fieles la tenencia de barba y simultáneamente aducía ser practicante del Islam, rito que le exigía
conservar el cabello largo, vestir túnicas en los días de celebración de su culto y mantener ayuno durante el Ramadán.
Tras examinar las pruebas, se encontraron múltiples contradicciones en las que había incurrido el accionante, en
especial, por aducir que seguía, simultáneamente, desde hace varios años, dos religiones que eran disímiles. En efecto,
se constató que entre ambos credos no existían aspectos en común pues el Gnosticismo cree en Jesucristo y se basa
en dogmas cristianos y judíos con postulados derivados del pensamiento platónico al tiempo que el Islam sigue las
enseñanzas de Mahoma y cree en Allah. Aun cuando esta última religión impone a sus fieles el deber de dejarse
crecer el vello facial, no exige el cabello largo y tampoco una vestimenta concreta, como lo son las túnicas, pues lo
que se demanda es que simplemente las prendas usadas cubran desde el ombligo hasta la rodilla, que no sean
transparentes, ajustadas y que sean diferentes a las que emplean las mujeres. Por su parte, la Iglesia Gnóstica, no
contempla el crecimiento de la barba y el cabello como un elemento de exteriorización de la religión pues por el
contrario le impone a sus seguidores “(…) estar bien peluqueado[s], bien afeitado[s] y aseado[s], [y portar] ropa
limpia y de acuerdo con el tiempo actual”. En esta medida, no podía constatarse la presencia de elementos objetivos
a partir de los cuales pudiera considerarse que las creencias del accionante eran profundas, fijas y sinceras porque
parte de las exigencias que realizaba en términos de presentación personal, no coincidían con los dictados de la fe
invocada. Por ello, no se presentaba una tensión real entre tales convicciones y la medida reglamentaria que, al
parecer, las limitaba. Con base en estos hechos, se negó el amparo.
145
Dicha denominación fue empleada en la sentencia T-180 de 2017. M.P. Luis Guillermo Guerrero Pérez.
146
Sentencia C-728 de 2009. M.P. Gabriel Eduardo Mendoza Martelo; SV María Victoria Calle Correa, Juan Carlos
Henao Pérez, Jorge Iván Palacio Palacio y Luis Ernesto Vargas Silva.
147
En los términos expuestos fue esbozado en la sentencia C-728 de 2009. M.P. Gabriel Eduardo Mendoza Martelo;
SV María Victoria Calle Correa, Juan Carlos Henao Pérez, Jorge Iván Palacio Palacio y Luis Ernesto Vargas Silva.
35
Verificados, en su integridad, estos elementos surge un deber irrenunciable a
cargo de las autoridades de reclusión de adoptar las medidas que resulten
necesarias, adecuadas y suficientes para garantizar, a plenitud, la libertad
religiosa y de cultos, en su dimensión externa, es decir, en su ejercicio público
y de divulgación, siempre que tales conductas expresivas asociadas con la
espiritualidad de un individuo confinado, como se dijo, no resulten
incompatibles con los derechos de los demás y con el orden público, necesario,
según el caso, para el desenvolvimiento de la función penitenciaria. En efecto,
no podría ser de otra manera, pues resultaría a todas luces contradictorio que
“el ordenamiento [,] de una parte [,] garantizase la libertad religiosa, pero de
otra parte, se negase a proteger las manifestaciones más valiosas de la
experiencia religiosa, como la relativa a la aspiración de coherencia a la que
apunta el creyente entre lo que profesa y lo que practica”148. Este elemento que
pertenece al núcleo esencial del derecho, define igualmente una facultad que es
central a la libertad de conciencia, que refuerza si se quiere, aún más, la defensa
constitucional de los modos de vida que sean la expresión cabal de las
convicciones personales más arraigadas149.
4.2.3. A continuación, la Sala se ocupará de estudiar un precedente relevante
en la materia que encuentra una similitud especial en relación con el problema
jurídico que aquí se pretende resolver y que desarrolla las reglas de decisión
(subreglas) previamente reseñadas150.
En la sentencia T-077 de 2015151, la Sala Sexta de Revisión asumió el estudio
de dos procesos acumulados. En el primero de ellos, personas privadas de la
libertad en el Complejo Carcelario de Jamundí alegaban que se les había
148
Sentencia T-588 de 1998. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz. En esta providencia, un profesor de educación física
de un establecimiento educativo privado, se negó a admitir que un grupo de sus estudiantes, por razones religiosas,
se abstuvieran de ejecutar, como parte de una actividad propia de una asignatura del pénsum académico, un baile o
danza popular. Tal hecho condujo a la reprobación de la materia y a la imposibilidad de matricularse para el siguiente
período lectivo aun cuando, en criterio de los actores, la exigencia del docente violaba su libertad religiosa y de
conciencia pues tales prácticas de baile eran mundanas y pecaminosas según los mandatos de la Iglesia Pentecostal
Unida de Colombia a la cual pertenecían. La Sala Tercera de Revisión concedió el amparo y dispuso que: “En este
caso, la objeción de conciencia que, con fundamento en sus convicciones religiosas [más profundas], han opuesto
padres y alumnos al profesor está llamada a prosperar parcialmente, en lo que toca con la ejecución de los temas
musicales escogidos por éste y que por los motivos expresados han sido rechazados por los primeros. La Corte
reconoce al docente un ámbito autónomo para concretar un objetivo didáctico legítimo, pero considera que la
selección del medio debe respetar los sentimientos religiosos de sus alumnos y de los padres de familia. Por
consiguiente, la protección de los derechos conculcados - de religión y libertad de conciencia -, reclama que el
docente se abstenga de reiterar su conocida exigencia para impartir su aprobación al curso de educación física y,
de otra parte, proceda a determinar otra forma de prueba que no lesione tales derechos, para lo cual deberá agotar
las instancias del diálogo constructivo con los padres y los estudiantes involucrados en la situación analizada”.
149
Sentencia T-588 de 1998. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.
150
En diversas oportunidades, esta Corporación ha señalado que la libertad religiosa y de cultos, en el marco de la
relación especial de sujeción que mantienen las personas privadas de la libertad con la administración penitenciaria,
entraña el derecho de ejercer las creencias en forma pública las cuales son merecedoras de protección constitucional.
Sobre el particular, ha existido un consenso amplio a nivel de la jurisprudencia constitucional plasmado, entre otras,
en las sentencias T-376 de 2006. M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra; T-023 de 2010. M.P. Humberto Antonio Sierra
Porto; SV Jorge Ignacio Pretelt Chaljub; T-152 de 2017. M.P. Alejandro Linares Cantillo; SV Antonio José Lizarazo
Ocampo; T-180 de 2017. M.P. Luis Guillermo Guerrero Pérez; T-100 de 2018. M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado; T-
213 de 2018. M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado; SVP José Fernando Reyes Cuartas. Igualmente, puede consultarse el
Auto 121 de 2018. M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado, de seguimiento al estado de cosas inconstitucional en materia
penitenciaria y carcelaria.
151
M.P. Jorge Iván Palacio Palacio.
36
impedido dejar crecer el vello facial y el cabello como expresiones de la
doctrina evangélica de Los Nazarenos que profesaban en la cual era “un pecado
deshonroso ante los ojos de Dios, despojarse de sus barbas y pelo”. En
múltiples ocasiones solicitaron a la autoridad penitenciaria que permitiera tal
comportamiento al igual que el ingreso de túnicas para celebrar los días
sagrados de Júbilo y Pentecostés, argumentando que tales manifestaciones no
implicaban desconocer las normas sobre salubridad pública ni se prestarían
para fugas. Adujeron que miembros de comunidades indígenas, LGBTI y
afrodescendientes, que se encontraban recluidos en el mismo centro carcelario,
tenían su cabello largo sin que se hubiera presentado algún inconveniente por
mantener dicha presentación personal152. La negativa del penal se sustentaba
en razones de seguridad e higiene que, a juicio de los internos, coartaban toda
posibilidad de profesar su religión por lo que se sentían “atropellados
espiritualmente, moralmente y psicológicamente” tras no poder seguir los pasos
de Cristo como ejemplo de vida.
En el segundo caso, un preso practicante del Islam buscaba el amparo de su
derecho a la libertad religiosa mediante el respeto por “una serie de ritos,
sacrificios y formas (…) como leer el Corán, llevar una dieta especial, orar y
ayunar en el [mes sagrado del Ramadán y portar barba porque su corte se
consideraba una mutilación del cuerpo]”. El interno alegaba, en concreto, que
en la Cárcel de Medellín la mayoría de los víveres se combinaban con cárnicos,
por lo que su dieta se reducía a la ingesta de arroz con alguna verdura y no
cumplía requerimientos nutricionales balanceados lo que estaba ocasionando su
pérdida de peso153. Pese a solicitar a la nutricionista del penal que le recetara
una dieta acorde a su fe, tal petición fue negada bajo el argumento de que sería
un acto de discriminación respecto de quienes profesaban otras religiones.
Señalaba, además, que “su identidad [era] constantemente violentada con
insultos” pues los guardias de la prisión lo apodaban el barbado, el judío o el
talibán. La penitenciaria alegaba que había sido respetuosa de las creencias del
interno pues junto con él, a otros tres reclusos pertenecientes a una minoría (un
transgenerista, un indígena y un judío) se les había permitido conservar el vello
facial y el cabello largo siempre que no alteraran el orden interno ni la seguridad
de la prisión154.
152
Por ejemplo, en la sentencia T-062 de 2011. M.P. Luis Ernesto Vargas Silva; SVP Mauricio González Cuervo, la
Sala Novena de Revisión consideró que la aplicación exegética de la prohibición de llevar el cabello largo al interior
de una cárcel vulneraba la identidad de género de un recluso “gay transexual” para quien “la adopción de su identidad
sexual está mediada por el uso de maquillaje, el pelo largo y determinadas prendas de vestir, elementos todos ellos
que permiten reafirmar dicha opción y atenuar las imposiciones que le generan las características propias del sexo
fenotípico”. Considerando lo anterior, se concedió el amparo pues “el adecuado ejercicio del derecho a la autonomía
personal, reflejado en la determinación de la opción sexual, depende del uso de tales elementos por parte del
accionante, por lo que la privación injustificada de los mismos conlleva la vulneración de sus derechos a la dignidad
humana, el libre desarrollo de la personalidad y la igualdad. La actuación de los directivos del Establecimiento
Penitenciario de Yopal, en cambio, se basó en la aplicación exegética de normas reglamentarias, sin tener en cuenta
ninguno de los aspectos jurídico-constitucionales en juego para el presente caso. Además, impuso las restricciones
de ingreso a los elementos del interno, sin que mediara una razón suficiente, más allá de un vago concepto de
disciplina, fundado en el erróneo prejuicio que asimila la diversidad sexual con la anormalidad y la contradicción a
entendimientos deformados de la moral social”.
153
El accionante afirmaba que el Islam prescribe varias restricciones alimenticias tales como la prohibición de “comer
carne de cerdo, de animales con garras o que caminen por tierra, alimentos con sangre, animales muertos y sobre
todo la prohibición de ingerir alimentos no sacrificados en nombre de Dios”.
154
La penitenciaría especificó, además, que el actor contaba con otros medios para profesar su religión como la
37
Para resolver la controversia suscitada, la Sala reiteró la jurisprudencia en torno
a la relación de especial sujeción en que se hallan las personas privadas de la
libertad y cómo, en el marco de dicho vínculo, existen garantías fundamentales
que deben ser especialmente protegidas por su potencialidad de incidir en un
efectivo proceso de resocialización. Así, destacó el ejercicio de la libertad
religiosa y de cultos. Expuso que existe una esfera intangible de dicha libertad
referente a la dimensión espiritual y otra relativa a los actos externos que puede
tener fronteras en su goce siempre y cuando ello resulte proporcional y
razonable para asegurar la vigencia de bienes constitucionales relevantes como
la salubridad, la seguridad y el orden público. A fin de decidir los casos
concretos aplicó un examen que supuso esclarecer la necesidad de la medida
restrictiva de las creencias de los actores impuesta por las cárceles, su finalidad,
idoneidad al igual que su proporcionalidad, en estricto sentido. Con todo, antes
de ello se refirió a la exigencia de que las convicciones religiosas invocadas por
los presos fueran profundas, fijas y sinceras.
En relación con el primer caso, estableció que existían muestras de arraigo de
las creencias de los internos derivadas de (i) su pertenencia a la doctrina
evangélica Los Nazarenos por varios años155 y (ii) de las constantes
reclamaciones en torno a la posibilidad de ejercer libremente su culto durante
la permanencia en la cárcel156. Dichas circunstancias reafirmaban la honestidad
de sus convicciones porque, además no se observaba que fueran acomodaticias
para relevarse de algunos de los deberes que les correspondían dentro de la
relación de sujeción. Constatado lo anterior, se indicó que la limitación
impuesta había incidido de forma desproporcionada en la exteriorización de su
credo siendo posible acudir a otras medidas alternativas menos restrictivas para
lograr los fines de seguridad y salubridad perseguidos tales como (i) la
exigencia de un largo específico para la barba y el pelo así como de condiciones
de higiene mediante el suministro de elementos de aseo; (ii) la realización de
un registro fotográfico del interno antes y después de modificar su apariencia
para evitar fugas bajo la modalidad del cambiazo y (iii) el uso de la túnica en
determinados espacios y tiempos anunciados al personal de seguridad del penal
para prevenir el ocultamiento de objetos.
Por su parte, en cuanto al segundo proceso, encontró que las restricciones
alimenticias del accionante y el ayuno durante el Ramadán no constituían
“meros hábitos deseables” sino verdaderas manifestaciones de las convicciones
religiosas que debían ser acatadas por los creyentes del Islam y que, incluso, se
encontraban reconocidas por el régimen penitenciario157. En el caso concreto,
oración, el azaque, el ayuno y la peregrinación a La Meca.
155
Algunos internos profesaban la religión desde hace 2 años, otros hace 5 e incluso 12 años atrás de haber sido
privados de la libertad.
156
Más de 18 peticiones solicitando el respeto por la libertad religiosa y de cultos.
157
En efecto, el artículo 67 de la Ley 65 de 1993 modificado por el artículo 48 de la Ley 1709 de 2014, “Por medio
de la cual se reforman algunos artículos de la Ley 65 de 1993, de la Ley 599 de 2000, de la Ley 55 de 1985 y se
dictan otras disposiciones” dispone que es deber de las autoridades penitenciarias brindar una dieta acorde con las
convicciones de las personas privadas de la libertad. Esta posición coincide con fallos proferidos en la materia en
otras jurisdicciones. A nivel internacional, las restricciones alimenticias derivadas de las convicciones religiosas de
38
existía certeza del arraigo de dicha religión en el accionante a partir de
circunstancias objetivas como el hecho de que profesara sus creencias hace más
de 10 años y del valor fundamental de aquellas en su espiritualidad hasta el
punto de negarse a ingerir los víveres suministrados en la cárcel por la
“contaminación” que podía sufrir con alimentos prohibidos por su fe aun
cuando ello generaba consecuencias adversas en su estado de salud. Tal grado
de convicción era reconocido por las autoridades del penal quienes, inclusive,
le permitieron dejar crecer su barba y le propiciaron espacios para que realizara
sus oraciones diarias. Así, las medidas de limitación adoptadas por la prisión,
además de ser discriminatorias y fundadas en prejuicios y estereotipos sobre la
cultura islámica, contrariaban la función carcelaria sin que fuera necesario
analizar su razonabilidad y proporcionalidad pues no tenían un cimiento legal
que las sustentara158.
En este sentido, tras constatarse restricciones injustificadas al ejercicio de las
convicciones más arraigadas de los reclusos sin que se advirtieran riesgos
excesivos para el funcionamiento del poder punitivo del Estado, se dispuso, en
el primer expediente, que las autoridades de reclusión debían permitir el
crecimiento de la barba y el cabello de los internos, bajo las medidas de
seguridad e higiene que consideraran pertinentes así como el uso de túnicas
para la celebración de fiestas sagradas, elemento que sería sometido a las
requisas y controles que fueran necesarios para garantizar el orden159. En el
segundo caso, se le ordenó a los directivos de la cárcel que le suministraran al
actor una dieta alimentaria de acuerdo a sus convicciones religiosas la cual
debía ser nutricional y presupuestalmente similar a la que se otorgaba a los
demás internos del establecimiento160. Igualmente, se precisó acerca de la
necesidad de instruir a los funcionarios del penal sobre el respeto a la libertad
religiosa y de cultos, advirtiéndoles la prohibición de desplegar cualquier acto
las personas privadas de la libertad también han sido protegidas. Así, por ejemplo, en el año 2013, la Corte Distrital
de la Florida, Estados Unidos, analizó una demanda presentada por los Estados Unidos contra el Departamento de
Correccionales de ese estado en la que se alegaba la violación de la Ley Federal sobre libertad religiosa de las personas
recluidas (Religious Land Use and Institutionalized Persons Act) por la ausencia de opciones kosher (alimentos que
respetan las prescripciones rituales del Judaísmo y que, por tanto, pueden ser consumidos por los creyentes) en las
cárceles del estado de la Florida (Caso No. 1:12-cv-22958-PAS). La Corte Distrital concedió las medidas cautelares
solicitadas por el Gobierno Federal al considerar que la ausencia de opciones de alimentación kosher violaba la
libertad religiosa de los internos. En consecuencia, le ordenó al Departamento de Correccionales de la Florida proveer
una dieta kosher certificada para todas las personas privadas de la libertad cuyas creencias religiosas les exigieran
una alimentación de esta naturaleza. Además, dispuso que dicho Departamento debía adelantar una encuesta entre los
internos recluidos en las distintas prisiones del estado para conocer las razones religiosas que fundamentaban sus
necesidades particulares dietarias.
158
En lo que se refiere a los tratos irrespetuosos que el actor afirmó estar sufriendo, la Sala resaltó: “Como se ha dicho
reiteradamente, la verdadera protección de la libertad religiosa implica la defensa de sus manifestaciones externas.
Resulta contradictorio que en el establecimiento penitenciario se le permita al interno dejar crecer su barba por
motivo de su credo y, al mismo tiempo, se le irrespete públicamente por demostrar sus creencias. Las expresiones de
intolerancia y de discriminación en contra de los musulmanes son fenómenos en crecimiento en el mundo, debido a
prejuicios y estereotipos sobre la cultura islámica. Amnistía Internacional ha advertido este problema que tiene un
impacto negativo en la vida de quienes profesan esta religión y le impone barreras para ejercer sus derechos:
“arruina las perspectivas, las oportunidades y la confianza personales y puede ocasionar aislamiento, exclusión y
estigmatización”.
159
Los actores debían informar con dos semanas de anticipación a las celebraciones que estas iban a ser realizadas
para que se adoptaran las pautas que garantizaran el orden en el penal.
160
Igualmente, con el fin de establecer el verdadero estado médico del actor, se le ordenó al centro de reclusión que
autorizará la consulta con el especialista en nutrición del penal y le brindara los servicios en salud que se derivaran
de tal dictamen.
39
de hostigamiento o discriminación en contra de los reclusos por razón de sus
creencias161.
Esta posición de la Corte Constitucional encuentra fundamento y tiene eco en
el derecho comparado. Así, por ejemplo, se ha reconocido el uso de la barba a
musulmanes en cárceles estadounidenses162, el uso de rastas (dreadlocks) en
ese mismo contexto y país163 o el uso de barba en el escenario europeo164. Pero
esta protección no se ha dado solo a internos. Tal es el caso de Sudáfrica, en
donde se protegió el derecho a usar rastas por parte de los funcionarios de una
cárcel165.
4.2.4. Síntesis de las reglas de decisión en la materia: en suma, el espíritu
pluralista que caracteriza el Texto Superior vigente comprende la idea de que
todas las iglesias, confesiones religiosas y creencias de las personas, cualquiera
sea el sentido en que se manifiesten, son igualmente libres ante la ley,
161
Sobre el particular, se advirtió que no podía retrotraerse la autorización de dejar crecer la barba del interno, por
cuanto se trataba de una medida regresiva.
162
La Corte Suprema de Los Estados Unidos, en el caso Holt vs. Hobbs (enero de 2015) estableció que la política de
higiene del Departamento Correccional de Arkansas violaba el Religious Land Use and Institutionalized Persons Act
of 2000 (Acto sobre el uso religioso de la tierra y de las personas institucionalizadas). En esa ocasión, la Corte estudió
el caso de un recluso musulmán (Gregory Houston Holt, sentenciado a cadena perpetua por el delito de violencia
doméstica) a quien le impedían llevar una barba de media pulgada, porque podía comprometer la seguridad del penal.
Para este Tribunal, la autoridad administrativa no logró demostrar que la prohibición impartida fuera la medida menos
restrictiva para lograr su cometido de facilitar la identificación de los presos y de controlar y combatir el contrabando
(de navajas, jeringas, drogas y tarjetas SIM) pues, además, existían otros medios para contener este tipo de conductas
delictivas, como pasar un peine por el vello facial del interno. Específicamente, estableció que no se presentaron
razones para justificar que otros reclusos llevaran barbas por razones médicas o que se pudieran tomar fotos antes y
después del crecimiento del vello facial para individualizar a las personas allí recluidas (dual- photo method). Por
ello, concluyó que las políticas del centro de reclusión, al no ser las menos restrictivas para darle satisfacción a los
intereses estatales, efectivamente habían obstaculizado la libertad religiosa del solicitante (la sentencia se emitió de
manera unánime).
163
En el año 2015, en el caso Ware vs. Louisiana Department of Corrections (072817 FED5, 16-31012), la Corte de
Apelaciones del Quinto Circuito de los Estados Unidos revocó la decisión de una Corte Distrital que había negado la
demanda promovida por Christopher Ware en contra del Departamento de Correccionales de Louisiana cuya política
institucional sobre el corte de pelo prohibía a los reclusos tener dreadlocks o rastas. Christopher Ware era un recluso
que profesaba el Rastafarismo, rito en virtud del cual realizó un voto de no cortarse o arreglarse el pelo. Al analizar
el caso, la referida Corte de Apelaciones señaló que el Departamento de Correccionales debía probar que su política
pública era la menos restrictiva para el ejercicio de la libertad de cultos orientada, en este caso, a cumplir con los
objetivos de seguridad y orden interno en la prisión. Por ello, dado que dicho Departamento no cumplió con la carga
probatoria exigida, limitándose, únicamente, a mencionar las razones de seguridad para prohibir la medida impuesta
sin argumentación alguna, la Corte de Apelaciones falló a favor del señor Ware, permitiéndole el uso de sus rastas,
mientras permanecía bajo reclusión.
164
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en el caso Biržietis vs. Lituania (mayo de 2016) resolvió que un centro
de reclusión en Lituania había desconocido el artículo 8 de la Convención Europea para la protección de los Derechos
Humanos y de las Libertades Fundamentales (derecho al respeto a la vida privada y familiar) al prohibirle a uno de
sus internos (Rimantas Biržietis) dejarse crecer su barba. El Tribunal indicó que las medidas relativas a la seguridad
y prevención del delito podían justificar ciertas restricciones de derechos de las personas recluidas, sin embargo,
debían estar justificadas observando tres principios: la legalidad de la interferencia (lawfulness of the interference),
su legítimo propósito (legitimate aim) y su necesidad en una sociedad democrática (necessary in a democratic
society). Considerando lo anterior, advirtió que aunque se trataba de un requisito contemplado en las reglas del centro
carcelario, no se había demostrado cómo el uso de barba provocaba la comisión de delitos y desorden, en tanto
legítimo propósito de la interferencia que invocaba la penitenciaría. Además, al no vedarse otras formas de vello
facial, como bigotes o patillas, cabía la sospecha de que la medida era arbitraria y desproporcionada (la sentencia se
dio por 6 votos contra uno).
165
En Sudáfrica, en el caso Department of Correctional Services vs. Police and Prisons Civil Rights Union
(POPCRU) (año 2013), la Corte Suprema de Apelaciones protegió el derecho a la libertad de cultos de un dragoneante
Rastafari a quien el Departamento de Servicios Correccionales le exigía cortar sus dreadlocks o rastas con fundamento
en el código de vestimenta de los funcionarios de las penitenciarías el cual, explícitamente, prohibía “cualquier estilo
‘punk’, incluido el estilo Rastaman”. La Corte Suprema de Apelaciones Sudafricana consideró que esta norma era
discriminatoria y afectaba la dignidad de los practicantes de la religión Rastafari. En consecuencia, protegió el
derecho del dragoneante a usar dreadlocks o rastas.
40
configurándose de esta manera una libertad religiosa y de cultos. La libre
expresión religiosa constituye un derecho de rango fundamental, de aplicación
inmediata en la mayoría de sus facetas de protección e inherente a la persona
humana, que debe ser garantizado y protegido por el Estado en todos sus
ámbitos, incluido el de reclusión. En este escenario, surge un deber especial
para las autoridades penitenciarias de asegurar las condiciones que resulten
necesarias para que los reclusos puedan tener las creencias religiosas de su
preferencia y, además, la posibilidad de adecuar sus comportamientos y
actuaciones a los mandatos de su fe como medio para materializar las funciones
del tratamiento penitenciario, en particular, la resocialización, propiciando de
esta forma su retorno progresivo a la vida en sociedad.
La prerrogativa es susceptible de desarrollo dentro de los establecimientos
carcelarios, a partir de un conjunto de actos tanto internos como externos, de
profesión. La dimensión interna del derecho se encuentra asociada a la
posibilidad de creer o no en una determinada orientación religiosa. Este acto
individual de fe o ámbito espiritual no puede ser restringido por tratarse de una
garantía intangible. Lo mismo no se predica de la faceta de acción -actos
externos- los cuales pueden ser objeto de intervención estatal legítima en
términos concordantes con los principios de razonabilidad y proporcionalidad
para garantizar, según el caso, el cabal desenvolvimiento de la función
penitenciaria. Ello, puede implicar un problema de colisión entre valores de
naturaleza constitucional como la salubridad, la seguridad y el orden público,
fines perseguidos en los reglamentos internos de las prisiones, y el derecho
individual al desarrollo de comportamientos que exterioricen el credo o el culto
de una persona privada de la libertad. Para superar esta tensión, “se debe
evidenciar, como presupuesto de la convicción, que se trata de una creencia
profunda, fija y sincera. Una vez superado este análisis, es posible verificar si
la restricción cumple una finalidad legítima, si resulta necesaria para
alcanzarla, si es idónea y si es proporcional en sentido estricto”166.
Así, por regla general, toda persona que profesa o difunde sus creencias o
convicciones espirituales dentro de un régimen democrático tiene derecho “al
máximo de libertad y el mínimo de restricción, lo cual no significa
irresponsabilidad ni excesos”167. Las personas privadas de la libertad no
pueden ser objeto de constreñimientos arbitrarios, injerencias indebidas o
prohibiciones injustas en el desenvolvimiento interno y externo de su vida
como seres religiosos168; lo religioso no es un valor accesorio, sino esencial del
creyente para quien precisamente “la coherencia de su vida personal con los
dogmas [de] su religión, reviste una importancia capital, hasta el punto de que
ella es fuente de complacencia o de inmenso sufrimiento en el evento de que
por cualquier razón [su espiritualidad] no se logre alcanzar”169.
166
Sentencia T-180 de 2017. M.P. Luis Guillermo Guerrero Pérez.
167
Sentencia T-430 de 1993. M.P. Hernando Herrera Vergara.
168
Sentencia T-430 de 1993. M.P. Hernando Herrera Vergara.
169
Sentencia T-588 de 1998. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.
41
5. Los Establecimientos Penitenciarios de Yopal -Casanare y Cómbita -
Boyacá vulneraron el derecho fundamental a la libertad religiosa y de
cultos de los accionantes al restringir, el ejercicio de sus creencias
religiosas más profundas, sin justificación razonable
5.1. Como se ha señalado a lo largo de la providencia, los asuntos objeto de
estudio ponen en evidencia la existencia de una tensión que surge entre las
restricciones que son impuestas a la práctica de una religión o culto por parte
de una persona privada de la libertad con fundamento en previsiones
reglamentarias que persiguen garantizar condiciones de interés público. Con
relación a la exteriorización de las creencias, se ha dicho que “esta garantía se
concreta en acciones y omisiones con proyección social y colectiva, y no puede
limitarse a las dimensiones espirituales internas del ser humano sin tener
repercusiones reales, pues en tal caso la protección sería inocua”170. En estos
eventos, para que la protección sea real y efectiva es necesario comprobar que
el comportamiento o la manifestación de fe expresada corresponden a
convicciones serias, sólidas, esenciales y fundamentales para la espiritualidad
de la persona que reclama el amparo.
No se trata de que el juez de tutela evalúe si, desde un punto de vista religioso,
determinada acción es buena o mala, toda vez que ello es un asunto que
corresponde a los creyentes de la religión o rito concernido, sino que, por el
contrario, en atención a la naturaleza intrínseca y personalísima del derecho a
la libertad religiosa, la actuación del juez constitucional “se limita a constatar
que la objeción que se formula sea sincera y genuina, esto es, se exprese de
manera seria y no como pretexto para obviar la aplicación de una carga social
general o de un mandato legítimo”171. Solo a partir de tal análisis se puede pasar
a determinar si la limitación impuesta a la creencia por parte del Estado cumple
una finalidad legítima, resulta necesaria, es idónea y proporcional, esto es, si
realmente existe una tensión entre los deberes que se imponen en el centro
carcelario cuyo objeto es la tutela de intereses jurídicos y la exteriorización del
culto que es invocada por un preso.
A continuación, la Sala procederá a efectuar el examen concreto de las reglas
de decisión enunciadas frente a cada uno de los expedientes sometidos a
revisión a efectos de determinar si realmente existió una vulneración de
garantías fundamentales.
5.2. Caso William Alexander Pérez Mahecha (Religión Rastafari) vs Dirección
del Establecimiento Penitenciario y Carcelario de Yopal -Casanare (expediente
T-6488263)
170
Sentencia T-982 de 2001. M.P. Manuel José Cepeda Espinosa. En aquella ocasión, la Sala Octava de Revisión
estimó que un empleador vulneraba el derecho a la libertad religiosa de una persona al despedirla porque no podía
trabajar los sábados, debido a que pertenecía a la Iglesia Adventista del Séptimo Día en la que sus miembros
consagraban este día a Dios. En su criterio, “no es justificable constitucionalmente el imponer a la accionante una
afectación tan grave a su derecho a la libertad religiosa, en virtud del ejercicio de una facultad legal que propende
por un fin, que si bien es relevante, puede obtenerse mediante otro medio que no sea desproporcionado”.
171
Sentencia T-588 de 1998. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.
42
5.2.1. El señor William Alexander Pérez Mahecha es miembro de la Comunidad
Religiosa Rastafari (Etiopía-África), movimiento espiritual y social que tuvo
sus inicios en el año 1930 en África172. Sus fieles consideran que “su majestad
imperial” Haile Selassie I es Rey de Reyes, señor de señores, elegido de Dios y
luz de este mundo173. El fin de un Rastafari es ir por un sendero recto siempre
con bondad, hermandad, verdad, paz, amor y libertad. Son conocidos
popularmente por llevar el pelo de manera natural, dejando que se enrede y se
creen nudos denominados dreadlocks (rastas) que provienen de la colectividad
“Fe Joven Negra”. Dichos dreadlocks representan, por un lado, al león
conquistador de la tribu de Judah, de ahí que sean “una melena de león, no una
moda”174 y, de otro, constituyen un símbolo de respeto al señor Jesucristo y a
su voto nazareno. De acuerdo con el Código de Conducta Rastafari175, el Rasta
no pasa cuchillo por su cabello “quien ría de su voto, juegue de su voto o corte
su voto, es una persona que será borrada del pueblo de Israel. Por eso la
importancia de cuidar [dicha devoción sagrada], así como lo hizo [Jesucristo]
que [la defendió] hasta el día de su crucifixión y después hasta su
transformación”176. Todo el tiempo del voto nazareato, “no [se] pasará navaja
sobre [la] cabeza; hasta que sean cumplidos los días [del] apartamiento a
Jehová, será santo; [la persona] dejará crecer su cabello”177. Tal es la
importancia para el creyente, que existen casos a nivel del derecho comparado
en los que se ha protegido que un abogado pueda usar rastas en el ejercicio de
su profesión ante la Corte por la importancia que representan, inclusive, en el
contexto de desenvolvimiento laboral178.
172
El Rastafarismo es una práctica religiosa muy pequeña que reúne, en promedio,700.000 personas alrededor del
mundo, es decir, se trata de una minoría que es inferior al 1% de la población global. Para mayor información puede
consultarse el portal web: [Link]
173
Para los efectos de esta sentencia, basta con señalar que Haile Selassie I también conocido como Tafari Makonnen
fue el último monarca en ocupar el trono imperial de Etiopía. El movimiento Rastafari debe su nombre a Ras
(príncipe) Tafari Makonnen (nombre/apellido).
174
Folio 2.
175
El Código de Conducta Rastafari “es extendido para la nación Rastafari [a fin de ser observado] como una guía
moral para la integridad y firmeza de la Nación”. Es una norma general de prácticas aceptables que reúne un amplio
espectro de pensamientos que giran, principalmente, en torno a un único y decente estilo de vida o livity. Fue aprobado
en julio de 2008 en Jamaica bajo la orden Nyahbinghi (divina fuerza de verdad y virtud) por el Consejo de Ancianos
Nyah Binghi y las delegaciones Nyah Binghi de todo el Caribe, África y Estados Unidos. Posteriormente, en el año
2010, fue introducido colectivamente por el Consejo Nacional Nyah Bingui del Reino Unido (folio 14).
176
Folio 13. Las consideraciones anteriores hacen parte de los preceptos del Código de Conducta Rastafari, cuyos
apartes relevantes para el asunto objeto de estudio fueron aportados por el Representante Legal y Director Nacional
de la Fundación Biblioteca Negra Haile Selassie I ONG, Óscar Mauricio Puentes Amador.
177
Folio 11. Las consideraciones anteriores hacen parte de los preceptos del Código de Conducta Rastafari, cuyos
apartes relevantes para el asunto objeto de estudio fueron aportados al proceso por el Representante Legal y Director
Nacional de la Fundación Biblioteca Negra Haile Selassie I ONG, Óscar Mauricio Puentes Amador.
178
La importancia de los dreadlocks (rastas) para los Rastafaris ha sido reconocida por distintas cortes alrededor del
mundo. En Zimbabue, en el caso In Re: Chiweche (1995), la Corte Suprema de ese país protegió las garantías
constitucionales de un abogado Rastafari a quien un juez le negó el derecho a registrarse ante la Corte debido a su
presentación personal, específicamente, al hecho de tener rastas. En Chile, en la Resolución No. 5853 del 10 de
noviembre de 2008 -Causa No. 72/2008 (Protección)-, la Corte de Apelaciones de Punta Arenas, analizó el caso de
un hombre Rastafari privado de su libertad a quien la Gendarmería le había ordenado, reiteradamente, cortarse el
pelo, según lo disponía el Reglamento de Establecimientos Penitenciarios de Chile. En este caso, la Corte reconoció
que los miembros de esta religión se caracterizan por el uso de dreadlocks. Sin embargo, encontró que las razones de
seguridad y salubridad alegadas por la prisión justificaban el corte del cabello del hombre. Por último, en los casos
Ware vs. Louisiana Department of Corrections (EEUU) y Department of Correctional Services vs. Police and Prisons
Civil Rights Union (POPCRU) (Sudáfrica), descritos líneas atrás (supra pie de página 159), también se reconoció el
papel de los dreadlocks en la religión Rastafari.
43
Junto a este dogma elemental de la vivencia espiritual, el Rasta vive rodeado de
naturaleza y es ferviente practicante de una dieta vegetariana179. En su estilo de
vida, “no hay nada más preciado [para el hombre] que una mente y un cuerpo
sanos, y es esencial que el bienestar físico [merezca] tanta atención como el
bienestar espiritual. Una buena salud no solo es necesaria para el bienestar y
felicidad del hombre, sino que también es fundamental para el progreso y
prosperidad de [las naciones]”180. Ello se logra mediante prácticas alimenticias
saludables pues es claro que “la preservación de la salud es una obligación [y
pocos] son conscientes de que existe algo tal como la moralidad física”181. Por
ello, conforme las tradiciones y costumbres Rastafari, un integrante de la
comunidad debe alimentarse con víveres saludables y naturalmente cultivados
que sigan “los principios holísticos de vida”182. Quienes “aceptan los más
holísticos y naturales estilos de vida son aquellos que viven en [armonía] con
la tierra”183 ya que una dieta ital184 limpia y purifica los principios físicos,
ofrece una vida con más energía y contención de la estructura física y de las
vibraciones internas en su integridad original185.
El señor Pérez Mahecha afirma haber respetado con fervor estos mandatos
fundamentales de su religión que reflejan el compromiso de seguir los pasos de
Jesucristo como ejemplo de vida. Por espacio de más de 14 años “[ha cuidado
y protegido su cabello] para Dios, símbolo de respeto y sumisión”186 y ha
conservado una dieta vegetariana pues “así como la educación asegura la
protección del conocimiento del hombre con todos sus esfuerzos, así mismo el
cuidado médico promueve y asegura [el] crecimiento físico y mental”187. Para
afirmar y visibilizar la seriedad y firmeza de sus convicciones Rastas, ingresó
como miembro activo de la Fundación Biblioteca Negra Haile Selassie I ONG
en Bogotá, “escuela de conocimiento constante”188 cuyo propósito es defender
y preservar el legado tanto intelectual como patrimonial de la cultura y raza
179
De acuerdo con Kamille Wolf (Profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad del Sur de Texas -Texas
Southern University), el Rastafari tiene una cultura basada en una lectura afrocéntrica de la Biblia, en valores
comunales, un estricto código dietético vegetariano conocido como Ital, un dialecto distintivo y un calendario ritual
dedicado, entre otras fechas, a la celebración de varios días sagrados etíopes (Kamille Wolf, Out of Many, One
People; E Pluribus Unum: An Analysis of Self-Identity in the Context of Rece, Ethnicity, and Culture, 18 Am. U. J.
Gender Soc. Pol'y & L. 747 (2010).
180
Folio 19. Las consideraciones anteriores hacen parte de los preceptos del Código de Conducta Rastafari, cuyos
apartes relevantes para el asunto objeto de estudio fueron aportados por el Representante Legal y Director Nacional
de la Fundación Biblioteca Negra Haile Selassie I ONG, Óscar Mauricio Puentes Amador.
181
Folio 19. En estos términos, lo reconoció el filósofo, sociólogo, psicólogo y antropólogo inglés, Herbert Spencer.
182
Folio 19.
183
Folio 20.
184
Para los efectos de esta sentencia, ital son los alimentos frescos orgánicos no procesados. Por ello, el Rasta debe
abstenerse de consumir, por ejemplo, productos animales, alimentos procesados o manipulados genéticamente, sal de
sodio y bebidas alcohólicas (todas las formas de cerveza, licores y vinos). En algunas culturas alrededor del mundo
los alimentos del mar son ingeridos como parte de las costumbres alimenticias y es un hecho que muchos Rastafaris
son pescadores y comen su pesca. Sin embargo, los productos del mar que son desperdicios deben ser evitados. Se
recomienda el uso de saborizantes y hierbas aromáticas naturales (folio 20).
185
Las consideraciones anteriores hacen parte de los preceptos del Código de Conducta Rastafari, cuyos apartes
relevantes para el asunto objeto de estudio fueron aportados al proceso por el Representante Legal y Director Nacional
de la Fundación Biblioteca Negra Haile Selassie I ONG, Óscar Mauricio Puentes Amador.
186
Folios 2 y 3.
187
Folio 19. Las consideraciones anteriores hacen parte de los preceptos del Código de Conducta Rastafari, cuyos
apartes relevantes para el asunto objeto de estudio fueron aportados por el Representante Legal y Director Nacional
de la Fundación Biblioteca Negra Haile Selassie I ONG, Óscar Mauricio Puentes Amador.
188
Folio 8.
44
Africana y Rastafari mediante la convivencia armónica, el respeto a la
diferencia, la práctica de valores y la educación, además “fortalecer el
desarrollo de [la] identidad Afro y ser portadores orgullosos de su herencia,
raíces y espiritualidad, nacional e internacionalmente”189. En dicho escenario,
se caracterizó por ser una persona comprometida, honesta, responsable y
respetuosa, conforme lo señaló el Representante Legal y Director Nacional de
la referida fundación, Óscar Mauricio Puentes Amador190.
De acuerdo con el señor Puentes Amador, quien asegura conocer de vista y de
trato desde hace más de 10 años al peticionario191, la contribución de este
creyente con la difusión e identidad de la congregación Rastafari en Colombia
ha sido representativa. A nivel académico, se involucró con las diferentes
charlas que se realizan en la Biblioteca participando activamente en ellas y,
profesionalmente, se desempeñó en el ámbito cultural, deportivo y musical
“compartiendo sus conocimientos con los que interactúan con la Fundación y
representando [sus costumbres y tradiciones, circunstancia que lo denomina]
como un [verdadero] Rastafari”192. Esta condición lo ha acompañado durante
gran parte de su vida y por ello pretendió conservar su calidad de ser religioso
estando en reclusión. Así, al momento de ser capturado por haber incurrido,
presuntamente, en el delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes y
antes de ser trasladado formalmente a un centro penitenciario del orden
nacional, puso en conocimiento de las autoridades carcelarias su pertenencia a
la agrupación de creyentes con el propósito de que le fuera respetada “su forma
de alimentarse y de llevar su vida rastafari”193, en concreto, “[su] derecho
religioso y [su] voto nazareno de no cortar [su] cabello, ya que con esto
[representa] a Jesucristo”194.
Para el actor “los grupos humanos que por sus características culturales no
encuadran dentro del orden económico, político y social establecido para la
mayoría, tienen derecho al reconocimiento de sus diferencias, con fundamento
en los principios de dignidad humana, pluralismo y protección de las
minorías”195. Atendiendo a estas razones, invocó el respeto por el ejercicio de
189
Folio 8.
190
De acuerdo con el señor Puentes Amador, “Para el año 2020, la Biblioteca Negra será reconocida como el primer
espacio Negro Africano comprometido con la historia, cultura y defensa de los derechos de la población Negra,
principalmente educativos, culturales y sociales, contribuyendo a su expansión por modelo de franquicias a nivel
nacional e internacional” (folio 9).
191
Reposan en el expediente de tutela documentos suscritos por el Representante Legal y Director Nacional de la
Fundación Biblioteca Negra Haile Selassie I ONG, Óscar Mauricio Puentes Amador, del 18 y 22 de mayo de 2017
en los que advierte lo siguiente: “Manifiesto que conozco de vista y trato desde hace más de 10 años al señor William
Pérez Mahecha identificado con la cédula de ciudadanía 1032379921 de Bogotá” (folios 7 al 11).
192
Folio 8. Así lo reconoció el Representante Legal y Director Nacional de la Fundación Biblioteca Negra Haile
Selassie I ONG, Óscar Mauricio Puentes Amador.
193
Folio 6. En dichos términos fue solicitado por el apoderado judicial del accionante, el señor Octavio Fonseca
Hoyos, ante la Dirección del Penal de Yopal -Casanare.
194
Folios 1 y 13. Así lo expresó el señor William Alexander Pérez Mahecha.
195
Obra en el proceso una “solicitud de respeto de derechos fundamentales” incoada por el apoderado judicial del
accionante ante el Director del Establecimiento Penitenciario y Carcelario de Yopal -Casanare en la que precisa que
el señor Pérez Mahecha “en la actualidad se encuentra recluido en la carceleta de la URI de esta ciudad”, no obstante,
una vez se produzca su ingreso al centro de reclusión aludido solicita “se abstenga de autorizar el corte de cabello
de [su] prohijado” y, en concreto, advierte “se tenga en cuenta la diversidad cultural de [su] defendido, en el sentido
de recortar su pelo o cabello dado que pertenece a la comunidad Rastafari, que se identifican con Dreadlocks
(rastas)” (folios 5 y 6).
45
su religión al momento de ingresar al Establecimiento Carcelario de Yopal -
Casanare pues de acuerdo con el Código de Conducta Rastafari, el Rasta es
grande en coraje y en espíritu, “teniendo como insignificantes los prejuicios,
llevando [su] máxima fidelidad no para las naciones sino para los hombres de
la comunidad humana”196. Tal petición fue coadyuvada por el señor Óscar
Mauricio Puentes Amador quien por su cercanía con el tutelante, insistió
mediante oficio del 22 de mayo de 2017197, esto es, con anterioridad al
confinamiento del actor en la cárcel accionada, que fuera protegida la identidad
espiritual del señor Pérez Mahecha, en particular, el “voto que se le hace a
Jesucristo escrito en la biblia y [que] lo deben respetar todos los Rastafari”198
en los distintos escenarios de su vida, incluido el de sujeción con el Estado199.
5.2.2. Para la Sala, las consideraciones fácticas y probatorias expuestas
constituyen elementos objetivos que denotan la seriedad y sinceridad de las
creencias espirituales profesadas por el peticionario. Dentro del marco de las
representaciones religiosas sobre el mundo, “los símbolos y los ritos adquieren
un valor interno a cada uno de los sistemas de creencias, que pueden parecer
intrascendentes desde un punto de vista exterior y que configuran “lo sagrado
y lo profano”, que termina por ser el factor de distinción entre ellas y muchas
veces de exclusión. No obstante, para el creyente, hacen parte de sí mismo y
conforman en buena medida parte de su identidad”200. En esta ocasión, está
claro que el uso de dreadlocks (rastas) y la conservación de una dieta
vegetariana constituyen prácticas elementales y sagradas de la experiencia
religiosa Rastafari las cuales encuentran soporte en la interpretación que se hace
de la Biblia y en el Código de Conducta que rige a la congregación creyente
minoritaria a la que el actor ha pertenecido por espacio de más de 14 años. Este
hecho, permite evidenciar la existencia de una coherencia entre las vivencias de
fe del peticionario cuya protección demanda en reclusión con los mandatos más
arraigados de la confesión que practica lo que demuestra, en consecuencia, la
profundidad, honestidad y el valor de su reclamación religiosa así como la
ausencia de un ánimo acomodaticio o estratégico que podría haber invocado
para relevarse de algunos de los deberes que, en principio, le corresponderían
196
Folio 19. Estas palabras fueron expresadas por su “Majestad Imperial” Haile Selassie I.
197
Folio 8.
198
Folio 13. Las consideraciones anteriores hacen parte de los preceptos del Código de Conducta Rastafari, cuyos
apartes relevantes para el asunto objeto de estudio fueron aportados por el Representante Legal y Director Nacional
de la Fundación Biblioteca Negra Haile Selassie I ONG, Óscar Mauricio Puentes Amador.
199
Su irrespeto puede ser, incluso, denunciado ante la Ethiopian World Federation (Federación Mundial de Etiopía)
donde “se comienza una lucha por la rectificación del error impuesto por [el] sistema” (folio 25). Así lo reconoce el
Código de Conducta Rastafari, cuyos apartes relevantes para el asunto objeto de estudio fueron aportados por el
Representante Legal y Director Nacional de la Fundación Biblioteca Negra Haile Selassie I ONG, Óscar Mauricio
Puentes Amador.
200
Sentencia T-213 de 2018. M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado; SVP José Fernando Reyes Cuartas. La situación que,
en dicha oportunidad, conoció la Sala Sexta de Revisión se relacionó con la decisión de la administración
penitenciaria de aplicar el estándar de apariencia física en cuanto al corte de cabello y barba al actor, sin tener en
cuenta que, según lo manifestado por él, ello contradecía los postulados de la religión que practicaba: el vudú.
Recaudadas las pruebas, la Sala no pudo obtener la certeza necesaria sobre la naturaleza de este sistema de creencias,
y por lo mismo no pudo asumirla, en sede de tutela, como una religión formalmente considerada, objeto de protección
constitucional. De los hallazgos, se concluyó que el debate sobre la calidad que debe ostentar el vudú, es de tipo
técnico y amerita contemplar todos sus elementos para poder adoptar una determinación sólida. Ello corresponde, sin
duda, a las autoridades competentes para hacer este tipo de valoración y reconocimiento, y no a esta Corporación.
Además, se estableció que en el seno del vudú se reconocen prácticas mágicas, aparentemente, excluidas, según
algunos intervinientes del proceso, del ámbito de protección de la libertad religiosa y de cultos.
46
asumir dentro de la relación de sujeción que mantiene con el Estado.
En estos términos, es posible concluir que se cumple el primer presupuesto
relacionado con el ámbito de protección del derecho a la libertad religiosa y de
cultos debido a que está demostrado que las convicciones del tutelante son
genuinas y que, por ende, deben ser respetadas y aseguradas en su periodo de
encierro salvo que exista una finalidad legítima, necesaria, idónea y
proporcional para restringir el ejercicio público y de divulgación de la religión
Rastafari que profesa el accionante. Esta tensión que surge entre un deber
jurídico que demanda determinado comportamiento (cortar el cabello de un
Rasta para garantizar el orden público y la higiene carcelaria) y las actuaciones
que la conciencia (en este caso, la religiosa) le dictan a esa persona (conservar
sus dreadlocks como símbolo de respeto a Jesucristo así como una dieta
vegetariana) amerita un juicio de razonabilidad a la luz de la Carta Política. Esto
es, que se considere que las limitaciones impuestas no pueden ser aplicadas de
manera irreflexiva dentro de un orden constitucional pluralista, tolerante y
completamente neutro frente a la opción religiosa de cada quien.
5.2.3. Superado lo anterior, a continuación, se realizará el juicio de
razonabilidad señalado en relación con la creencia relativa al uso de dreadlocks
(rastas).
[Link]. Uso de dreadlocks (rastas): el 13 de junio de 2017, el señor William
Alexander Pérez Mahecha ingresó al penal de Yopal -Casanare y allí el
Dragoneante, en su criterio, “arbitrariamente y pasando [su ruego] y súplica
por alto y de una manera cruel e inhumana, en medio de risas y burla”201 lo
despojó de sus dreadlocks (rastas), circunstancia que le generó un profundo
dolor “por no poder [defenderse] ni ser respetado en [su] fe, [sus] creencias,
en [sus] votos”202. Ante tal comportamiento, el Grupo de Política Criminal y
Carcelaria de la Procuraduría Delegada para la Prevención en materia de
DDHH y Asuntos Étnicos presentó un requerimiento ante la cárcel tendiente a
que se iniciara una investigación por los hechos ocurridos en virtud de los
cuales fue necesario que el actor recibiera atención por psicología203. La
Dirección de la Penitenciaría justificó tal actuación teniendo en cuenta que, de
conformidad con el reglamento disciplinario interno, “es deber de todo
[privado de la libertad] bañarse y afeitarse diariamente. Sin excepción, no está
permitido el uso de barba ni el cabello largo”204 por lo que es una práctica
reglamentaria proceder con el corte respectivo. A juicio de la prisión, se trata
de una medida razonable que se fundamenta en el sometimiento de los reclusos
a un régimen jurídico especial a través del cual se busca lograr, entre otros
propósitos, condiciones elementales de salubridad, aspecto especialmente
relevante por los altos índices de hacinamiento en el Sistema Carcelario así
como la disciplina y la seguridad pues es sabido que la fisonomía de un hombre
201
Folio 1.
202
Folio 1.
203
Folios 32 y 35 y folio 58 del cuaderno de Revisión.
204
El artículo 65 del reglamento interno vigente del penal establece lo siguiente: “Higiene personal. Es deber de todo
interno bañarse y afeitarse diariamente. Sin excepción, no está permitido el uso de barba ni el cabello largo”.
47
cambia de manera sustancial cuando se deja crecer su barba y su cabello lo que
podría llevar a que se presenten dificultades para identificar a los presos. De
ahí, la necesidad de establecer uniformidad en su aspecto para evitar
suplantaciones205.
La medida señalada para que sea razonable y proporcional debe perseguir un
interés constitucionalmente admisible. Para la Sala, la prohibición de usar el
pelo largo obedece a dos finalidades legítimas como acertadamente lo
mencionó la penitenciaría: mantener las condiciones de seguridad y procurar la
salubridad pública. Se trata de dos objetivos jurídicamente relevantes (artículo
2 C.P.)206 y reglamentariamente establecidos que contribuyen a la conservación
del Estado Social de Derecho y, particularmente, a la funcionalidad y
operatividad del tratamiento penitenciario. Entonces, se afirma que son fines
estatales legítimos porque hacen parte del poder de sujeción que se aplica en el
caso de los internos por su obligación especial de purgar una pena o de ejecutar
una medida de aseguramiento. Sin embargo, una acción que restrinja los
derechos de los reclusos no es constitucional por el sólo hecho de que ella se
inscriba en la órbita de competencia de las autoridades públicas. En efecto,
resulta inocua si su aplicación concreta no está justificada, esto es, si no se
demuestra que hacer una excepción a las normas de higiene, orden y
presentación personal puede generar riesgos excesivos o perturbar gravemente
el funcionamiento carcelario.
El Ministerio de Justicia y del Derecho, en su intervención durante el trámite
de revisión, señaló que cualquier decisión que se adopte en virtud de la
necesidad de mantener el orden, la seguridad, la salubridad o la higiene de las
cárceles207 “debe contar con una justificación específica para cada caso
concreto. No resulta pertinente imponer medidas sin justificación o motivación
puntual, máxime cuando se trata de personas pertenecientes a grupos
poblacionales que requieren una especial protección”208. Así las cosas, los
funcionarios del INPEC, como autoridades principales dentro de los centros
carcelarios, al tomar cualquier medida que restrinja las demostraciones del
vínculo de religiosidad de las personas internas “deben hacer un esfuerzo
argumentativo para justificar de manera razonable la imposición”209, esto es,
se requiere que expliquen las razones por las que “un corte de cabello específico
requiere de una acción sanitaria”210 y/o es indispensable para garantizar la
seguridad interna.
205
En palabras del Director de la prisión: “Es importante indicar que el cumplimiento de normas y el respeto de las
figuras de autoridad son necesarias para mantener la disciplina y orden al interior de los Establecimientos de
reclusión del orden nacional, situación que se presentó al momento de efectuar el ingreso [del actor] al
Establecimiento, se [aplicaron] los procedimientos de ingreso aprobados por el instituto” (folio 32).
206
Constitución Política, artículo 2: “Son fines esenciales del Estado: servir a la comunidad, promover la prosperidad
general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución; facilitar la
participación de todos en las decisiones que los afectan y en la vida económica, política, administrativa y cultural
de la Nación; defender la independencia nacional, mantener la integridad territorial y asegurar la convivencia
pacífica y la vigencia de un orden justo” (subraya fuera del texto original).
207
Artículo 48 (control de tenencia de elementos permitidos), artículo 50 (elementos prohibidos), artículo 87 (higiene
personal) y artículo 88 (peluquería y barbería) del Reglamento General del INPEC.
208
Folio 35 del cuaderno de Revisión.
209
Folio 35 del cuaderno de Revisión.
210
Folio 35 del cuaderno de Revisión.
48
El Establecimiento Penitenciario de Yopal -Casanare no presentó los
fundamentos de la limitación impuesta aunque, en sede de revisión, se indagó
por ellos. Precisamente, fue requerido para que informara “(i) las razones
precisas, de hecho y de derecho, por las cuales el interno William Alexander
Pérez Mahecha fue despojado de sus Dreadlocks (rastas) al momento del
ingreso al penal, a pesar de invocar el respeto a sus creencias religiosas. (ii)
Informar por qué tal actuación fue necesaria para garantizar la seguridad, la
disciplina y el orden al interior del centro de reclusión”211. Pese a lo anterior,
en su respuesta, la prisión nunca se refirió a la idoneidad de la restricción para
lograr dichos objetivos estatales. Por el contrario, sin que mediara una razón
suficiente en sus argumentos, señaló, de manera general, que las medidas
generadoras de límites resultaban necesarias para garantizar condiciones
públicas de disciplina y salubridad lo cual encontraba explicación en la
aplicación de normas reglamentarias y en el respeto de las figuras de autoridad.
Así, la administración no consideró la seriedad de la creencia invocada ni la
afectación que su desconocimiento podía producir en los sentimientos
religiosos del sujeto. Sus convicciones resultaban per se contrarias a la
legitimidad del sistema penal y, además se desconocía que las mismas
integraban los principios básicos de la religión Rastafari a la que pertenecía el
actor, pues este hecho solo fue advertido, según afirma, con la presentación de
la acción de tutela.
De esta forma, además de pasar por alto los ruegos y peticiones de un ciudadano
que aseguraba profesar con arraigo una manifestación de fe, tampoco explicó
por qué los intereses jurídicos perseguidos con la actuación limitante, aunque
legítimos, no podían alcanzarse a través de otros medios menos gravosos para
el derecho constitucionalmente protegido de la persona afectada. El ingreso de
reclusos con cabello largo a la prisión puede constituir un factor potencial de
riesgo que altere las circunstancias normales de confinamiento como, por
ejemplo, puede prestarse para el ocultamiento de objetos peligrosos o la
modalidad de fuga del cambiazo. Pero teniendo en cuenta la especial protección
a la creencia religiosa de la persona la cual es profunda, fija y sincera se debe
mostrar por qué tales situaciones no pueden ser mitigadas mediante otros
medios (por ejemplo la realización de requisas y controles constantes que
extremen la vigilancia carcelaria o un registro fotográfico del interno antes y
después de modificar su apariencia).
La salubridad que, eventualmente, resultaría afectada con la conservación del
pelo largo (por ejemplo, la posible propagación de parásitos [piojos] o de
diversas enfermedades) también puede protegerse por otros medios como
condiciones o reglas específicas de higiene, para lo cual la cárcel habría podido
garantizarle al preso el suministro de elementos regulares de aseo, exigirle
portar un gorro que asegurara una presentación personal adecuada o realizar
jornadas periódicas de salud pública así como actividades ocupacionales en
211
Auto del 23 de marzo de 2018 proferido por la Sala Segunda de Revisión.
49
orden a asegurar entornos sanitarios decorosos, entre muchas otras opciones.
Lo anterior, por supuesto, en el marco de un contexto de reclusión bajo
condiciones de normalidad. Circunstancia diferente es que ante la urgencia de
una situación particular en prisión que represente un escenario de amenaza
cierta a la integridad e inclusive a la salud y la vida de las personas privadas de
la libertad resulte imperioso que las autoridades carcelarias competentes
adopten medidas altamente restrictivas de los derechos fundamentales de la
población reclusa. Situaciones que no admiten, si quiera, como en este caso, la
consideración de medios alternos encaminados a permitir el goce efectivo de
garantías básicas, precisamente por la premura con la que se debe actuar. Ello
ocurre, por ejemplo, ante eventos de epidemias o brotes y, en general, frente a
situaciones de emergencia pública que deban manejarse con acciones sanitarias
específicas y contundentes dado el impacto real que generan sobre las
condiciones físicas de confinamiento e incluso, como es lógico, de no reclusión.
En suma, existió una restricción injustificada a la libertad religiosa y de cultos
del señor Pérez Mahecha, pues no se advirtió por qué la intervención estatal en
sus creencias más íntimas resulta necesaria para garantizar la adecuada
seguridad y salubridad carcelaria o por qué la exoneración al cumplimiento de
tales intereses jurídicos podría haber puesto en peligro o afectado seriamente el
tratamiento penitenciario. Mucho menos, se indicó por qué era incompatible
con los propósitos de orden público que se tomaran decisiones administrativas
con sujeción a la normatividad aplicable que no implicaran afectar gravemente
el derecho a la libre expresión religiosa del actor a partir de la armonización de
los valores en aparente conflicto, esto es, preservando el fin perseguido pero
ajustando el método ideado para alcanzarlo. Ninguna disposición del
Reglamento General del INPEC212 ni del reglamento interno de las cárceles
debe permitir, tal como lo aseguró el Ministerio de Justicia y del Derecho, “la
restricción arbitraria de los derechos constitucionales fundamentales de las
personas privadas de la libertad, y mucho menos intervenciones desmedidas
sobre sus corporalidades, [lo] que exige una debida argumentación de motivos
que den cuenta de la razonabilidad, necesidad y proporcionalidad de cada
[acción que se imparta]”213.
Precisamente, el espíritu que irradia estas disposiciones debe ser “de respeto,
inclusión, igualdad y reconocimiento de la diversidad de identidades
individuales”214. Justamente, como desarrollo de este mandato, el artículo 87
de la Resolución 006349 del 19 de diciembre de 2016215 establece que “no está
permitido el uso de barba y el cabello largo, excepto en los casos en que estos
sean necesarios para garantizar el derecho a la igualdad y al libre desarrollo
de la personalidad de las personas LGBTI, el derecho a la libertad religiosa y
de cultos, y los derechos a la diversidad cultural y étnica”. Tal propósito
212
Resolución 006349 del 19 de diciembre de 2016.
213
Folios 35 y 36 del cuaderno de Revisión.
214
Consideraciones del Ministerio de Justicia y del Derecho, durante el trámite de revisión (folios 35 y 36 del
cuaderno de Revisión).
215
“Por la cual se expide el Reglamento General de los Establecimientos de Reclusión del Orden Nacional -ERON
a cargo del INPEC”.
50
superior fue desconocido por el ente accionado quien aplicó irreflexivamente
su reglamento interno el cual, además de no contar con la aprobación vigente
del INPEC, tiene como frontera al ejercicio del poder, el respeto a los derechos
fundamentales. En este caso, se ha debido respetar, hasta donde sea posible, la
exteriorización de comportamientos asociados a las convicciones espirituales
más profundas de personas privadas de la libertad216. Ello no se hizo, con el
único propósito de atender, en apariencia, beneficios orientados al logro de
unas condiciones favorables de convivencia pacífica intramural que podían
consolidarse por otras vías menos restrictivas para el valor de la libertad e,
incluso, menos insensibles de las creencias arraigadas de un individuo para
quien el uso de sus dreadlocks (rastas) representa un valor fundamental dentro
de los mandatos de la vivencia Rastafari que profesa; capaz de incidir en un
efectivo proceso de resocialización que reduzca las diferencias existentes entre
la vida en prisión y la vida libre mediante el mantenimiento de la dignidad
humana y el respeto de su integridad emocional217.
Como lo señaló el peticionario, con la conducta desplegada “han enmasillado
(sic) una de las cosas más sagradas [de su vida, su cabello]”218 y, además se
ha pasado por alto “el mismo código penitenciario el cual debe conocer todo
funcionario del INPEC”219 con el único fin “de [brindarle] un trato cruel e
inhumano, en contra de [su] dignidad humana”220, de su integridad y la de toda
una comunidad y cultura que “por años [ha] difundido [el respeto] por [sus]
hermanos, la paz y la armonía para un perfecto equilibrio de la humanidad”221.
Así las cosas, es clara la responsabilidad constitucional para la penitenciaría al
quitarle al actor de sus dreadlocks (rastas) al momento de su ingreso al régimen
punitivo. Tal comportamiento representó un agravio al conjunto de símbolos
de veneración vinculados a una concepción religiosa minoritaria, protegida en
un orden jurídico que respeta los sentimientos espirituales de todos sus
ciudadanos. No puede olvidarse, que las autoridades públicas deben ser
especialmente cuidadosas y conscientes de que en un Estado pluralista, basado
en el respeto de los derechos fundamentales, “las acciones que se emprendan
no pueden estar exentas de toda consideración sobre el impacto que ellas
pueden tener sobre los derechos y libertades fundamentales de sus
destinatarios”222.
Ahora bien, mención especial requiere la actuación de los dragoneantes del
penal al cortar el pelo al interno. La burla por parte de los miembros del Cuerpo
de Custodia y Vigilancia es una acción que no encuentra justificación
216
Sobre este punto, el ente ministerial advirtió que: “Si bien hasta la fecha no se han revisado, y por ende tampoco
aprobado, los reglamentos internos de los [establecimientos penitenciarios y carcelarios del orden nacional -ERON-
] en los cuales están recluidos los accionantes (Cómbita y Yopal), dicha ausencia reglamentaria temporal no
constituye una falta absoluta de protección de las personas privadas de la libertad, debido a que sus derechos siguen
siendo garantizados en virtud del Reglamento General” (folio 36 del cuaderno de Revisión).
217
Principio fundamental 60.1 de las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos.
218
Folios 2 y 3.
219
Folio 2.
220
Folio 2.
221
Folio 2.
222
Sentencia T-588 de 1998. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz.
51
constitucional alguna223. Sea cual sea la creencia de una persona merece respeto
y protección. Pero en el presente caso, se considera que la burla ejercida
demuestra o bien desconocimiento por parte de la guardia de la existencia de la
religión Rastafari o irrespeto consciente y deliberado de una fe religiosa. La
Sala más que reprochar o cuestionar el comportamiento de quienes prestan sus
servicios en la cárcel, individuos que, como la propia Corporación ha
reconocido, también ven violentados y amenazados sus derechos por el estado
de cosas en que se encuentra el Sistema Penitenciario, en virtud del cual deben
cumplir sus funciones en condiciones de precariedad, escasez y ausencia de
políticas criminales adecuadas, coherentes y sostenibles, advierte fallas en su
preparación como funcionarios224. Parte de los obstáculos y las barreras que
existen para poder asegurar el goce efectivo de los derechos de las personas
recluidas, se encuentra en la desprotección de las garantías fundamentales de la
guardia y en la situación de indignidad a la que se enfrentan bajo circunstancias
similares a quienes deben custodiar. Por ello, resulta preciso que el Estado
asegure “la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo”225 para sus
mismos funcionarios y adopte las políticas carcelarias de sensibilización y
concientización que resulten necesarias para que estos puedan “garantizar la
efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la
Constitución”226 en beneficio de la población privada de la libertad.
[Link]. Conservación de una dieta vegetariana: cómo se indicó con
anterioridad, para los miembros de la Comunidad Rastafari conservar una dieta
vegetariana es un mandato superior de su confesión religiosa. En relación con
este aspecto, se tiene que, de acuerdo con las pruebas obrantes en el proceso y
la información allegada en sede de revisión, el establecimiento penitenciario
accionado ha reconocido y respetado la condición de vegetariano que integra la
espiritualidad del peticionario. En efecto, obra en el expediente una ficha de
atención nutricional suscrita por la Administradora del Servicio de Alimentos
de la prisión, Doctora Diana Caterine Arcos Escobar, el 6 de julio de 2017, esto
es, casi un mes después del ingreso del tutelante al penal227 en la que advierte,
por un lado, que el ciudadano no presenta factores de riesgo relacionados con
el tabaquismo, el alcohol y las drogas y, por el otro, que es un paciente
vegetariano desde hace más de 10 años y por ello se recomienda una dieta
especial durante las tres comidas del día228. En atención a este requerimiento, el
paciente fue valorado por el área de nutrición y posteriormente “se dio trámite
ante la empresa de suministro de alimentación quien atendió de forma
223
Folio 1.
224
En estos términos fue reconocido en la sentencia T-388 de 2013. M.P. María Victoria Calle Correa; SVP Mauricio
González Cuervo, Fundamento [Link].1., en el que puntualmente se dijo lo siguiente: “En tal medida, se sugiere que
antes que ser quienes violan los derechos de las personas recluidas en prisión, muchos de los miembros de la Guardia
son personas que se encuentran en situaciones similares; afectados por el hacinamiento creciente y la falta de
políticas públicas adecuadas, coherentes y sostenibles”.
225
Artículo 2 superior (fines esenciales del Estado).
226
Artículo 2 superior (fines esenciales del Estado).
227
Ello ocurrió el 13 de junio de 2017. Tal hecho fue confirmado por el peticionario y por el penal accionado.
228
Se sugiere al desayuno una bebida general, huevo o queso, fruta o pan; al almuerzo sopa general, arroz, verdura
cocida, huevo o queso y jugo normal; y en la cena un lácteo y los mismos víveres previstos para el almuerzo (folio
36).
52
personalizada las necesidades en nutrición [del actor]”229.
Para la Sala, es claro que la Penitenciaría de Yopal le ha garantizado al señor
William Alexander un régimen alimenticio específico. Sin embargo, se precisa
que tal hecho no se originó como consecuencia del respeto por la pertenencia
del ciudadano a la religión Rastafari sino por la valoración que realizó un
profesional especializado en torno a la necesidad de brindarle una alimentación
diaria con un valor nutricional, una calidad y una cantidad adecuadas para
preservar su integridad personal. El mismo centro de reclusión advirtió que tan
solo tuvo noticia de la devoción del accionante por los dogmas de la Comunidad
Rastafari una vez se presentó la acción de la tutela de la referencia lo cual
ocurrió el 4 de agosto de 2017, es decir, con posterioridad a las gestiones
administrativas adelantadas para asegurarle al recluso una dieta concreta. En
esta medida, aunque por ello no puede predicarse una vulneración de garantías
fundamentales pues, en estricto sentido, no ha existido una negativa en
suministrarle al tutelante una alimentación particular, debe reiterarse que la
verdadera protección de la libertad religiosa y de cultos implica la defensa de
sus manifestaciones externas y, en este caso, la alimentación vegetariana es una
forma de exteriorización de las creencias que profesa el tutelante y que deben
ser protegidas en el marco de la relación de sujeción.
Conforme se indicó en la sentencia T-077 de 2015230, “la alimentación
constituye un proceso complejo, que va más allá de un grupo de ingredientes
transformados. Se trata de un fenómeno social, cultural e identitario que
termina por simbolizar una realidad. Así, la mayoría de creencias religiosas
contienen algún tipo de restricciones, fundamentadas en concepciones
dietéticas de lo que es bueno o malo para el cuerpo, el alma, la salud o la
santidad. Ellas se reflejan en la limitación de las cantidades a ingerir, la
prohibición de algunas categorías de alimentos o la orden de abstinencia en
algunas épocas o celebraciones. Estas normas de comportamiento, entonces,
no son meros hábitos deseables, sino que constituyen verdaderas
manifestaciones de las convicciones religiosas que deben ser acatadas por
parte de los creyentes”. Es por esto, que la petición de una dieta especial que
solicita una persona privada de la libertad para cumplir con los mandatos de una
religión, es un asunto que el mismo Código Penitenciario y Carcelario consagra
dentro de sus disposiciones231 las cuales “constituyen criterios de interpretación
ineludibles de parte de las autoridades de los establecimientos
229
Folio 58 del cuaderno de Revisión.
230
M.P. Jorge Iván Palacio Palacio.
231
El artículo 67 de la Ley 65 de 1993 modificado por el artículo 48 de la Ley 1709 de 2014, “Por medio de la cual
se reforman algunos artículos de la Ley 65 de 1993, de la Ley 599 de 2000, de la Ley 55 de 1985 y se dictan otras
disposiciones” prevé lo siguiente: “Provisión de alimentos y elementos. La Unidad de Servicios Penitenciarios y
Carcelarios (Uspec) tendrá a su cargo la alimentación de las personas privadas de la libertad. Cuando resulte
necesario y únicamente por razones de salud, el médico podrá establecer la modificación del régimen alimentario
de las personas privadas de la libertad o podrá autorizar que estas se provean su propia alimentación desde el
exterior del establecimiento penitenciario siempre y cuando se cumpla con las condiciones de seguridad e higiene
del mismo. En los demás casos solo podrá ser autorizado por el Consejo de Disciplina. Se tendrán en cuenta, en todo
caso, las convicciones religiosas de la persona privada de la libertad. Bajo ninguna circunstancia las personas
privadas de la libertad podrán contratar la preparación de alimentos al interior de los centros de reclusión. Está
prohibida la suspensión o limitación de la alimentación como medida disciplinaria” (subraya fuera del texto original).
53
penitenciarios”232.
5.2.4. El remedio constitucional: las autoridades públicas deben respetar las
aspiraciones religiosas de las personas recluidas, bajo los presupuestos de la
libertad predicables dentro del orden jurídico
La Sala de Revisión, con fundamento en la situación fáctica descrita y a partir
de los elementos de juicio obrantes en el expediente, concluye que el
Establecimiento Penitenciario de Yopal -Casanare vulneró el derecho
fundamental a la libertad religiosa y de cultos del interno William Alexander
Pérez Mahecha al haber tomado una medida que impactó el ejercicio de sus
creencias religiosas, esenciales para la vivencia espiritual, con fundamento en
competencias infraconstitucionales que buscaban garantizar la disciplina, la
seguridad, el orden público y la salubridad. En concreto, constató el
cumplimiento de las reglas de decisión que dan lugar a una protección
constitucional en la materia, a saber, la profundidad, seriedad y sinceridad de
las convicciones profesadas por el accionante (uso de dreadlocks) y la falta de
razonabilidad, proporcionalidad y necesidad de la medida restrictiva de su
ejercicio (cortar su cabello). También, encuentra que en cuanto a la creencia
relacionada con la conservación de una dieta vegetariana, el penal atendió
positivamente tal requerimiento; sin embargo, dicha actuación no estuvo
motivada por la salvaguarda de manifestaciones religiosas por lo que se reitera
su respeto en una sociedad democrática y pluralista.
Verificado lo anterior, surge necesario plantear el remedio constitucional más
adecuado para lo cual deben observarse dos circunstancias particulares. En
primer lugar, está claro, dentro del proceso, que el accionante fue despojado de
sus dreadlocks (rastas) inmediatamente se efectuó el procedimiento de ingreso
al penal. Dicha circunstancia generó una vulneración de sus derechos
fundamentales que no puede superarse, en la actualidad. Como el mismo actor
lo señala, “el daño esta [h]echo espiritual y psicológicamente, [se encuentra]
muy afectado, afortunadamente la ley [lo] ampara y [espera] que se haga
justicia”233. Por supuesto, cuestión diferente es que se le impida dejar crecer
nuevamente su pelo lo cual implicaría una violación distinta. Adicionalmente,
se tiene que, durante el periodo de revisión, la cárcel informó que el actor
ingresó al régimen de reclusión el día 13 de junio de 2017234 y, posteriormente,
se dictó fallo concediéndosele la ejecución condicional de la pena235 la cual se
hizo efectiva el 6 de octubre siguiente. Es decir, actualmente, el ciudadano no
permanece confinado de la libertad por lo que nos enfrentamos ante una
situación sobreviniente en relación con la solicitud de amparo236. Con el fin de
232
Consideraciones del Ministerio de Justicia y del Derecho, durante el trámite de revisión (folio 35 del cuaderno de
Revisión).
233
Folio 2.
234
Sindicado del delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.
235
Artículo 63 de la Ley 599 de 2000, “Por la cual se expide el Código Penal” modificado por el artículo 29 de la
Ley 1709 de 2014, “Por medio de la cual se reforman algunos artículos de la Ley 65 de 1993, de la Ley 599 de 2000,
de la Ley 55 de 1985 y se dictan otras disposiciones”.
236
La situación sobreviniente, comprende los eventos en los que la vulneración de los derechos fundamentales cesó
por causas distintas al daño consumado o al hecho superado, como cuando el resultado no tiene origen en el obrar de
54
armonizar tales circunstancias de hecho en beneficio de la protección
constitucional que patrocina cimentar una fe religiosa y seguir los principios
que de ella se deriven, es preciso adoptar las siguientes medidas afirmativas.
Teniendo en cuenta que, a la fecha, el peticionario goza de un subrogado penal
o mecanismo sustitutivo de la pena privativa de la libertad, es decir, no se
encuentra, condicionalmente, confinado ni sometido a las reglas disciplinarias
del penal pero podría regresar a la relación de sujeción con el Estado bajo
condiciones intramurales en el evento de incumplir con las obligaciones legales
que permitieron la concesión de dicho beneficio237, se le advertirá a la Dirección
del establecimiento accionado que, en el supuesto de que ello ocurra, deberá
respetar sus derechos, reconocidos en esta sentencia, particularmente, no podrá
anular el deseo religioso del interno William Alexander Pérez Mahecha, si es el
caso, de dejar crecer, una vez más, sus dreadlocks (rastas), conforme los
controles y medidas a que haya lugar y, deberá garantizarle durante todo el
periodo de encierro, según sea determinado por la autoridad competente, una
dieta vegetariana que atienda los mandatos que le dicta la religión Rastafari a la
cual pertenece hace más de 14 años.
Por otra parte, conforme lo señaló el Representante Permanente de Antigua y
Barbuda, Embajador Sr. Ronald Sanders, en su intervención ante la
Organización de los Estados Americanos238, por décadas la Comunidad
Rastafari fue activamente discriminada, privándosele de su derecho a expresar
quiénes son y en qué creen239. Por estas transgresiones, sus miembros, fueron
marginados a lo largo de todo el Caribe renunciando a su dignidad, a su libertad,
a su herencia africana e incluso a su reconocimiento como seres humanos.
Ahora, levantaron su voz y son reconocidos como verdaderos integrantes de la
sociedad. Este mandato no puede silenciarse, debe reproducirse y permitirse
siempre el ejercicio libre de sus prácticas religiosas240. Como desarrollo de lo
anterior y con el fin de prevenir que, en el futuro, se ejerzan acciones contrarias
la entidad accionada, porque un tercero o el accionante satisficieron la pretensión objeto de la tutela, o porque el actor
perdió el interés, entre otros supuestos. En estos casos, no es perentorio para los jueces de instancia incluir en la
argumentación de su fallo el análisis sobre la vulneración de los derechos fundamentales. No obstante, se ha precisado
que lo que es una facultad para los jueces de instancia, es obligatorio para la Corte Constitucional, en sede de revisión,
pues “como autoridad suprema de la Jurisdicción Constitucional tiene el deber de determinar el alcance de los
derechos fundamentales cuya protección se solicita”. Al respecto, pueden consultarse, entre otras, las sentencias T-
170 de 2009. M.P. Humberto Antonio Sierra Porto; T-533 de 2009. M.P. Humberto Antonio Sierra Porto; T-267 de
2015. M.P. Jorge Ignacio Pretelt Chaljub; T-343 de 2016. M.P. Luis Ernesto Vargas Silva; T-481 de 2016. M.P.
Alberto Rojas Ríos; T-265 de 2017. M.P. Alberto Rojas Ríos; SVP Hernán Correa Cardoza (e).
237
Artículo 66 de la Ley 599 de 2000, “Por la cual se expide el Código Penal”.
238
OEA. La intervención completa se encuentra en un CD anexo al proceso (expediente T-6488263) el cual fue
aportado, durante el periodo de revisión, por el hermano James Robinson, Rasta Nini, de la Alianza Rastafari de
Panamá e igualmente puede consultarse en el siguiente portal web: [Link]
In_q1dR8.
239
Este planteamiento del Representante Permanente de Antigua y Barbuda, Embajador Sr. Ronald Sanders, coincide
con lo afirmado, en su momento, por el icónico Bob Marley quien señaló: “Nos rehusamos a ser lo que ustedes
quieren que seamos, somos lo que fuimos y esa es la forma como será”.
240
Folio 144 del cuaderno de Revisión. Al respecto, Kamille Wolf (Profesora de la Facultad de Derecho de la
Universidad del Sur de Texas -Texas Southern University) señala que, pese a que la religión Rastafari sigue siendo
estigmatizada y poco comprendida por la sociedad, fuera de Jamaica, esta religión continúa profesando una ética de
la no-violencia, de la paz, el amor y sigue un código estricto de principios religiosos (Kamille Wolff, Out of Many,
One People; E Pluribus Unum: An Analysis of Self-Identity in the Context of Rece, Ethnicity, and Culture, 18 Am.
U. J. Gender Soc. Pol'y & L. 747 (2010).
55
a los derechos fundamentales de quienes profesan una fe que, como en esta
ocasión, ha sido históricamente estigmatizada y, por ende, reducida a una
minoría, se le ordenará a la Dirección de la Cárcel de Yopal que adopte, si aún
no lo ha hecho, las medidas que estime adecuadas, necesarias y suficientes, por
ejemplo la realización de una campaña de sensibilización, orientadas a
concientizar a los funcionarios integrantes de la guardia penitenciaria de la
importancia de proteger la expresión religiosa de quienes allí permanecen
recluidos y capacitarlos en los parámetros constitucionales de razonabilidad y
proporcionalidad reconocidos en esta sentencia, así como en la existencia de la
religión Rastafari. Esto último, en atención al desconocimiento por parte de los
funcionarios del penal de la existencia de esta fe religiosa.
5.2.5. Precisiones adicionales
[Link]. La acción de amparo fue concebida por el Constituyente como un
mecanismo informal para la protección inmediata de los derechos
fundamentales. En consideración a su especial naturaleza, la labor del juez no
debe circunscribirse, únicamente, al estudio de las pretensiones que cualquier
ciudadano exponga en la respectiva demanda, sino que su función debe estar
encaminada a garantizar, en todo momento, la vigencia de los preceptos
constitucionales. Ello implica que, en materia de tutela, no sólo resulta
procedente sino que, en algunas ocasiones, se torna indispensable que los fallos
sean extra o ultra petita. Los jueces de tutela (en sede de instancia) y esta Corte,
en función de revisión de las decisiones judiciales correspondientes, deben
“adentrarse en el examen y en la interpretación de los hechos del caso, con el
fin de encontrar la esencia y la verdadera naturaleza de la situación jurídica
puesta en conocimiento de la jurisdicción constitucional de los derechos
fundamentales, para efectos de asegurar la más cabal protección judicial de
los mismos y la vigencia de la Carta en todos los eventos en los que se reclame
su amparo por virtud del ejercicio de la [a]cción”241.
De acuerdo con lo anterior, ni los jueces de tutela (dentro del trámite de
instancia respectivo) ni la Corte Constitucional (en ejercicio de su función de
revisión) pueden agotar lo solicitado mediante el amparo, en la formalidad de
las materias explícitamente expresadas en la petición de protección (escrito de
tutela). La procura de salvaguarda de los derechos fundamentales reclama del
funcionario público la sensatez de tener en consideración todas aquellas
cuestiones que explícita o implícitamente se relacionan con la vulneración de
los derechos y su subsiguiente protección. Por ejemplo, aquellas pretensiones o
peticiones no formuladas en la tutela por el accionante pero a las que se hacen
referencia dentro del proceso y, por consiguiente, son razonablemente
previsibles. Son implícitas en la petición pero explícitas en alguna parte del
proceso. Al hacer objeto de la decisión de estudio o de revisión, asuntos que, en
principio, no fueron alegados, en modo alguno, genera el desconocimiento de
las reglas dispositivas a las cuales se encuentra sometido el juez constitucional
241
Sentencia T-028 de 1993. M.P. Fabio Morón Díaz.
56
siempre y cuando con ello se busque hacer efectiva la vigencia de la protección
de los derechos vulnerados o amenazados, en cada caso en particular242.
[Link]. En el asunto objeto de estudio, a partir de la información suministrada
por la guardia penitenciaria durante la contestación a la acción de tutela, se tuvo
noticia de la afirmación del accionante acerca de que el consumo de marihuana
hace parte integral de sus creencias religiosas. No existe en el expediente una
circunstancia fáctica o mención adicional a la referida por la autoridad
carcelaria. Sobre el particular, la Cárcel de Yopal adujó que tal práctica se
encuentra prohibida en todas las prisiones del país en tanto conllevaría a la
alteración de la disciplina y la seguridad, anotando además que el interno fue
recluido por incurrir, presuntamente, en el delito de tráfico, fabricación o porte
de estupefacientes243. Durante el periodo de revisión, se requirió al señor
William Alexander Pérez Mahecha para que informara sobre las creencias
esenciales o fundamentales de su religión Rastafari y su experiencia de fe sin
que se recibiera respuesta alguna teniendo en cuenta que, a la fecha, no
permanece privado de la libertad en el establecimiento accionado. En este
sentido, la Sala no se pronunciará sobre este aspecto que deberá resolverse
cuando sea el objeto de la controversia.
[Link]. Así, en cuanto a las pretensiones del accionante relativas a que (i) sea
indemnizado por los perjuicios morales causados en razón a “la violación de
[sus] derechos religiosos por parte del Estado”244 y (ii) se inicie una
investigación disciplinaria en contra del servidor público que le cortó su pelo
(rastas), se advierte que se trata de peticiones que, en principio, escapan a la
naturaleza misma de la acción de tutela cuya finalidad principal es la protección
de garantías fundamentales. En efecto, es a la Jurisdicción de lo Contencioso
Administrativo a quien, por excelencia, le corresponde resolver las
reclamaciones económicas derivadas de la presunta acción u omisión del
Estado. En esa medida, no hay lugar a la prosperidad del reclamo. Por su parte,
es al Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario -INPEC- a quien le compete
adelantar las investigaciones disciplinarias de rigor contra sus funcionarios,
conforme lo dispone el Manual Específico de Funciones y Competencias
Laborales y el Código Penitenciario y Carcelario245. Por estas razones, dicha
petición tampoco tiene lugar, en esta instancia, y deberá negarse.
5.3. Caso Álvaro Andrés Ibarra Herrera (Religión Católica) vs Dirección del
Establecimiento Penitenciario de Alta y Mediana Seguridad y Carcelario con
242
Sobre el particular, pueden consultarse, entre muchas otras, las sentencias T-028 de 1993. M.P. Fabio Morón Diaz;
T-532 de 1994. M.P. Jorge Arango Mejía; T-501 de 1994. M.P. Vladimiro Naranjo Mesa; T-554 de 1994. M.P. Jorge
Arango Mejía; T-310 de 1995. M.P. Vladimiro Naranjo Mesa; T-463 de 1996. M.P. José Gregorio Hernández
Galindo; T-049 de 1998. M.P. Jorge Arango Mejía; T-622 de 2000. M.P. Vladimiro Naranjo Mesa; T-886 de 2000.
M.P. Alejandro Martínez Caballero; T-684 de 2001. M.P. Manuel José Cepeda Espinosa; T-1216 de 2005. M.P.
Humberto Antonio Sierra Porto; T-571 de 2008. M.P. Humberto Antonio Sierra Porto; AV Jaime Araujo Rentería;
T-553 de 2008. M.P. Nilson Pinilla Pinilla; SU-484 de 2008. M.P. Jaime Araujo Rentería; T-464 de 2012. M.P. Jorge
Iván Palacio Palacio; T-805 de 2012. M.P. Jorge Iván Palacio Palacio; T-110 de 2014. M.P. Gabriel Eduardo Mendoza
Martelo; AV Nilson Pinilla Pinilla; T-515 de 2015. M.P. Myriam Ávila Roldán (e).
243
Folio 32.
244
Folio 3.
245
Ley 65 de 1993.
57
Alta Seguridad de Cómbita –Boyacá (expediente T-6507069)
5.3.1. El señor Álvaro Andrés Ibarra Herrera manifiesta que desde hace más de
20 años es devoto del Divino Niño Jesús. Afirma que nació con dicha devoción
o “al menos así lo [siente]”246. Desde su niñez, en el municipio de Carepa,
Antioquia, ha sentido tal fervor, honrando y adorando dicha figura sagrada de
la Iglesia Católica, confesión universal del mundo en la que fue bautizado. En
efecto, en su casa, por varias generaciones, siempre fue y ha sido una costumbre
realizar, de manera diaria, la novena al Divino Niño Jesús la cual comprende
actos de oración frente a la imagen que refleja a un niño con los brazos abiertos
representando “la infancia de nuestro señor Jesucristo, Rey único, Dios
verdadero, Dios de Moisés, Abraham y Jacob, el cual fue crucificado para el
perdón de todos nuestros pecados”247. Para afirmar su religiosidad, junto con
algunos miembros de su familia, viajó, en varias ocasiones y antes de ser
privado de la libertad, a la Iglesia del Divino Niño ubicada en el barrio 20 de
julio en Bogotá, lugar de adoración emblemático para millones de peregrinos
Católicos248. Este fervor lo ha acompañado en distintos escenarios de su vida el
cual, resalta, “no es [falso ni caprichoso]”249.
Explica, por ejemplo, que cuando ingresó a las filas del Ejército Nacional para
prestar servicio militar obligatorio siempre conservó la imagen religiosa y
realizó actos de oración sin ninguna restricción por parte de sus superiores. Tras
cumplir con su deber legal y constitucional, se presentó a la Policía Nacional
para realizar un curso en la Escuela de Carabineros Rafael Núñez ubicada en el
municipio de Corozal -Sucre. Allí, se le permitió practicar su devoción, contaba
con imágenes, fotos, estampillas y novenas del Divino Niño Jesús. Al salir de
la Escuela de Formación y ocupar el sexto mejor puesto como alumno del curso,
adquirió la calidad de patrullero y fue asignado para ejercer funciones en la
Dirección de Investigación Criminal e Interpol -DIJIN- como investigador del
grupo de homicidios en la Seccional de Urabá -Antioquia, lugar de trabajo en
el que mantuvo, a plenitud, su creencia al punto de que “en [su] escritorio, tenía
estampitas e imágenes del Divino Niño Jesús”250. Igualmente, en su carro tenía
una imagen de porcelana del Divino Niño y una estampa grande a color adherida
al espejo trasero. Lo mismo, ocurría en su hogar, conformado por su esposa e
hija, donde se conservaba, en la sala, una imagen del Divino Niño Jesús de 90
centímetros de alto ubicada en “una urna en vidrio con un bombillito pequeño,
prendido 24 horas la cual siempre [los iluminó y bendijo]”251.
5.3.2. Para la Sala, los elementos de juicio enunciados permiten evidenciar que
246
Folio 78 del cuaderno de Revisión.
247
Folio 78 del cuaderno de Revisión.
248
El pasado 4 de abril de 2018, el actor envió, por correspondencia del penal, un documento al Párroco de la Iglesia
del Divino Niño Jesús del barrio 20 de julio en Bogotá para que, en sus oraciones incluyera a su mamá, Rosalba
Herrera Cossio, quien se encuentra grave de salud. Lo anterior, en atención a su devoción por el Divino Niño desde
hace más de 15 años y a que dicha iglesia es la de su preferencia. El contenido integral del escrito remitido puede
observarse en el pie de página 311 (folios 83 al 85 del cuaderno de Revisión).
249
Folio 80 del cuaderno de Revisión.
250
Folio 79 del cuaderno de Revisión.
251
Folio 79 del cuaderno de Revisión.
58
la devoción y adoración del accionante por el Divino Niño Jesús constituye una
creencia esencial y profunda para la vivencia de su religión Católica que profesa
hace más de 20 años y la cual ha expresado públicamente a lo largo de su vida
y en diferentes escenarios de ella. Esto es así pues, además, la exteriorización
de su fe mediante la veneración a una figura sagrada hace parte de los dogmas
que rigen la confesión a la que pertenece lo que denota la seriedad y profundidad
de las convicciones cuya protección reclama. Conforme lo señaló el Padre
Alberto Múnera Duque, S.J., sacerdote y profesor titular de la Facultad de
Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, en su intervención al proceso,
“[e]n el cristianismo católico desde sus inicios hace más de dos mil años,
siempre se ha reconocido el valor de contar con imágenes de Jesucristo a quien
asume como Hijo de Dios hecho hombre, de la Virgen María y de los mártires
y santos canonizados (…) En la religión católica el culto de adoración a Dios,
es absolutamente esencial pero no exige ni un lugar ni un tiempo determinado,
pues se rinde desde el interior de la persona y puede realizarse en cualquier
momento”252. En efecto, “la veneración de imágenes puede ser realizada por
los fieles en cualquier lugar público o privado, como la propia habitación o
algún lugar designado dentro del espacio de la residencia. Los fieles
acostumbran hacer su oración frente a las imágenes que veneran, por el apoyo
espiritual que reciben al tener presente una visualización física del Dios que
adoramos puesto que, según el cristianismo, Jesucristo es Dios que asumió
hacerse humano y por tanto es representable”253.
En este sentido, dice el Padre Múnera, “la veneración de las imágenes
constituye un tradicional, valioso y fundamental apoyo a la fe cristiana
católica, y contribuye al fortalecimiento y desarrollo de la vida espiritual,
aspecto esencial del equilibrio de la personalidad humana, especialmente en
situaciones existenciales y sicológicas padecidas por las personas en el
trayecto de su vida. Así se ha demostrado en infinidad de casos cuando una
simple cruz o una imagen religiosa cristiana de Jesucristo, la Virgen María, los
mártires o los santos, ha servido de soporte, de apoyo y de resistencia interior
a las personas durante momentos extremadamente difíciles de su existencia”254.
En cuanto a la imagen de Jesús niño, “según representación que se venera en
la Parroquia del Veinte de Julio en Bogotá, goza de una especial devoción de
los fieles capitalinos”255. En efecto, tal y como lo afirmó el Padre Julio
Humberto Olarte Franco de la Parroquia El Niño Jesús, durante el periodo de
revisión y refiriéndose a la situación particular del actor, “[la] cultura nuestra
frente a la religiosidad y específicamente frente a la devoción al Divino Niño
Jesús, debido a los innumerables testimonios de fieles que han recibido favores
y milagros de esta imagen religiosa, hace crecer en el recluso su deseo de
consagrarse a la imagen del Divino Niño, solicitando la concesión de una
nueva oportunidad en la vida; siendo esta imagen religiosa, su única compañía
252
Folio 38 del cuaderno de Revisión.
253
Folio 38 del cuaderno de Revisión. Las imágenes de Jesucristo lo representan, principalmente, en su nacimiento,
en su infancia, en diversos momentos de su predicación o de sus actuaciones, en su última cena, en los padecimientos
de su pasión, en su crucifixión y muerte.
254
Folio 39 del cuaderno de Revisión.
255
Folio 39 del cuaderno de Revisión.
59
espiritual dentro de su celda y el único consuelo del interno frente al duro
tratamiento penitenciario y carcelario que debe soportar”256.
Teniendo en cuenta estas consideraciones, se constata el primer presupuesto
relacionado con el ámbito de protección del derecho a la libertad religiosa y de
cultos al demostrarse que las creencias que profesa y practica el tutelante son
profundas, fijas y sinceras por lo que se examinará la constitucionalidad de las
razones que condujeron al establecimiento penitenciario accionado a restringir
su efectivo ejercicio mediante el juicio de razonabilidad advertido líneas atrás.
5.3.3. Como se sabe, el señor Álvaro Andrés Ibarra Herrera fue recluido en el
Establecimiento Carcelario “El Barne” ubicado en Cómbita -Boyacá por haber
colaborado, junto con otros policías, en el accionar delictivo de grupos
organizados al margen de la ley257. Estando en dicho lugar y con el propósito de
continuar profesando la religión Católica, solicitó el ingreso y la tenencia, en su
celda, de un “cuadro pequeño [o lamina delgada de madera] de la imagen del
Divino Niño Jesús que tiene una medida exacta de 40 x 40 cms”258, entendiendo
que con ello no ponía en riesgo la seguridad del penal pues nada “malo o
ilegal”259 contiene y lo único que desea es “honrar al Divino Niño Jesús que es
[su Dios y señor]”260. Precisó que dicha autorización resultaba relevante pues
en el Pabellón donde actualmente permanece confinado, no existe ningún
espacio común donde se pueda practicar o profesar su rito católico y, en
especial, la devoción al Divino Niño y, para garantizar el respeto por su credo
se cuenta, únicamente, con un capellán que se encarga de la asistencia espiritual
en todo el complejo carcelario, integrado por la zona de alta seguridad 261 y por
la de mediana seguridad262 siendo, en consecuencia, “una carga laboral que él
[capellán] no alcanza a suplir”263.
La penitenciaría negó la petición argumentando que, conforme lo dispone el
reglamento de régimen interno264, elementos como el solicitado se encuentran
expresamente prohibidos en tanto alteran las condiciones de seguridad y orden
público. Por esta razón y considerando que la prisión es de alta seguridad, es
decir, se encuentra sometida a un régimen especial “por las connotaciones de
256
Folio 117 del cuaderno de Revisión.
257
Sobre el particular, el actor señaló lo siguiente: “Yo fui policía en el grado de patrullero en la seccional de
Investigación Criminal- SIJIN en el Urabá Antioqueño, ocupaba el cargo de investigador, cuando desempeñaba
dichas funciones cometí un error penal y por unos anhelos tontos de ambición por dinero falte a mi deber policial y
le suministre información a una organización criminal, en el grupo u oficina donde yo laboraba un 80% de los
policías recibían dinero y me confié y caí preso. [En] (sic) este momento después de llevar 10 meses privado de la
libertad me arrepiento tanto pero tanto por lo que hice, yo no mate a nadie, ni secuestre, solo vendía información de
la Sijin a un grupo ilegal y por eso me condenaron a un pena de 131 meses. Estaba terminando una carrera en
psicología, la cual desde aquí no puedo continuar, destroce mi hogar” (folios 83 y 84 del cuaderno de Revisión).
258
Folio 3.
259
Folio 80 del cuaderno de Revisión.
260
Folio 80 del cuaderno de Revisión.
261
Centro Penitenciario y Carcelario de Alta Seguridad de Cómbita -Boyacá.
262
Centro Penitenciario y Carcelario de Mediana Seguridad “El Barne” de Cómbita -Boyacá. El tutelante advierte
que esta zona de la prisión se encuentra integrada por más de 1800 internos, distribuidos en un total de 10 patios, al
tiempo que el área de alta seguridad supera este número de reclusos.
263
Indica el actor que el capellán de la prisión igualmente adelanta trámites de certificación, matrimonio, cartas de
recomendación, entre otras diligencias similares (folios 37 y 38).
264
El artículo 21 de la Resolución 3152 de 2001 dispone lo siguiente: “En los dormitorios no se permitirán cuadros,
afiches, grafitis, ralladuras, cortinas, persianas y cualquier clase de adornos o decorado”.
60
ingeniería estructural y tratamiento al personal de privados de la libertad que
alberga”265, la pretensión invocada resultaba inviable “salvo mejor o diferente
concepto por parte del Comando de Vigilancia quien es el responsable de la
seguridad del establecimiento”266. Aclaró que, en todo caso, el ejercicio de la
libertad de cultos al interior del complejo de reclusión se encontraba protegido
mediante el ingreso de capellanes y pastores, semanalmente, que propiciaban la
celebración de los ritos para las diferentes confesiones presentes.
Como se dijo con anterioridad, una medida restrictiva de garantías superiores
debe “perseguir un interés constitucionalmente legítimo, guardar una relación
razonable de adecuación entre el medio usado y el objetivo estatal perseguido
y, finalmente, ella debe restringir el derecho protegido de la manera menos
gravosa posible”267. Solo así “se garantiza que las decisiones de la
administración penitenciaria y carcelaria no sean arbitrarias, y en cambio,
respeten los derechos fundamentales de las personas privadas de la
libertad”268. Para la Sala, la finalidad de procurar la seguridad pública como
límite al ejercicio del derecho a la libertad religiosa del actor puede entenderse
como un medio para lograr la vigencia de un orden justo al que se refiere la
Carta Política en su preámbulo y en su artículo segundo. Esto es, un orden social
que se funda en el cumplimiento de los fines propios del Estado Social de
Derecho, que pueden materializarse en el tratamiento penitenciario y que, por
consiguiente, le permiten al INPEC tomar medidas que contribuyan a la efectiva
funcionalidad y operatividad del régimen punitivo. Sin embargo, esta amplia
competencia, no exime a las autoridades carcelarias de su deber de justificar las
restricciones a las libertades que emanen de tal atribución y, por ende, su
idoneidad y necesidad en el caso concreto. Esto es, la obligación de motivar
aquellos actos por medio de los cuales adoptan la decisión de prohibir que los
reclusos exterioricen determinado comportamiento religioso en beneficio de
intereses jurídicos legítimos.
Para el caso concreto no se aprecian mayores argumentos por parte de la
administración del penal. En su respuesta al trámite de tutela y durante el
periodo de revisión, la cárcel accionada se limitó a enunciar que el ejercicio
externo de la creencia por parte del interno generaba la alteración del orden y la
disciplina en el centro penitenciario, de ahí su restricción. Sin embargo, no
adujo las razones precisas por las que resultaba necesario prohibir el ingreso y
la tenencia de un cuadro con la imagen del Divino Niño Jesús en la celda del
265
Folio 14.
266
Folio 9.
267
Sentencia T-065 de 1995. M.P. Alejandro Martínez Caballero. En aquella ocasión, la Sala Séptima de Revisión
estudió el caso de un preso que advertía la vulneración de su derecho a la familia al no existir difusión del reglamento
interno del centro carcelario donde se encontraba recluido que permitiera conocer, de antemano, las prohibiciones
para el ingreso al penal. En concreto, adujo que ante tal ausencia de publicidad se prohibió la visita de su madre por
usar cabello sintético. Al resolver la controversia, se encontró que la penitenciaría no había aplicado la prohibición
reglamentaria prevista pues se permitió la visita de la madre del recluso aun con pelo sintético pero en la sala de
abogados, espacio cuyas condiciones de seguridad disminuían el contenido de cualquier eventual riesgo pues era
posible extremar la vigilancia. Así se trataba de una medida razonable y proporcional para proteger garantías
superiores y al tiempo alcanzar la seguridad y la disciplina, propias de la relación de sujeción.
268
Consideraciones del Ministerio de Justicia y del Derecho, durante el trámite de revisión (folio 35 del cuaderno de
Revisión).
61
señor Álvaro Andrés en tanto ello representaba un peligro mayor en la garantía
de estas condiciones públicas. Por ejemplo, no se detuvo en analizar si el
problema puntual era el tamaño de la imagen, del retrato o de sus materiales
pues podrían ser utilizados como instrumento para agredir físicamente a otros
reclusos, realizar diferentes actos violentos o ser empleados como herramientas
para facilitar una fuga. Así, en ningún momento puso de manifiesto un
fundamento suficiente que se erigiera en un motivo para autorizar la limitación
del derecho a la libertad religiosa del tutelante, especialmente, cuando el
elemento prohibido no resultaba peligroso per se269. No bastaba la mera
afirmación de las directivas de la prisión en torno al potencial o hipotético riesgo
del objeto solicitado sino que era necesario un juicio argumentativo a través del
cual se demostrara que aquello que, en principio, se predicaba como inofensivo
se había transformado en un factor real de amenaza para la buena marcha de la
cárcel, aparentemente, calificada como de alta seguridad270.
Este deber de motivación adquiría mayor relevancia por razón de la
categorización del penal pero también bajo la consideración de que el solicitante
ha sido y es un interno con una conducta ejemplar, situación que le permitió ser
beneficiario de un descuento de pena en atención a sus labores desempeñadas
como monitor de enseñanza, actividad que, a su vez, contribuyó a la
resocialización de sus demás compañeros de confinamiento271. Dichas
circunstancias, en conjunto, obligaban a considerar, en defensa de la pluralidad
religiosa, medidas alternativas para asegurar la manifestación espiritual del
actor, respetando el orden general requerido en un establecimiento de reclusión.
Es decir, medios alternos a su alcance menos gravosos para la libertad y
proporcionados al beneficio buscado por la prisión. Por ejemplo, podría haber
autorizado la posesión del cuadro y someterlo a controles constantes de
seguridad por parte de la guardia a través del escáner de rayos x, el detector de
metales o el olfato de los caninos con el fin de evidenciar cualquier posible
irregularidad, permitir su uso bajo unas determinadas circunstancias de modo,
evaluadas previamente por la propia autoridad penitenciaria o permitir la sola
tenencia de una lámina, estampa u otro elemento -distinto a un cuadro- que
reflejara la imagen sagrada para su conservación en la celda. Tales
consideraciones no fueron atendidas y, por ende, existió una restricción
desmedida al goce del derecho fundamental.
Justamente, la ausencia de argumentación conllevó a que no se demostrara que
la limitación impuesta a la conducta asociada con la religión que profesa el
accionante tuviera un efecto concreto sobre la búsqueda y el establecimiento de
269
El artículo 50 del Reglamento General del INPEC (Resolución 006349 del 19 de diciembre de 2016) contempla
los elementos cuyo ingreso, uso, porte y tenencia por parte de las personas privadas de la libertad y de los visitantes
se encuentra prohibido. En ningún aparte del acto administrativo, se hace referencia concreta a un cuadro.
270
Sobre este punto, es preciso advertir que el ente accionado aseguró que el actor permanece recluido en el área de
alta seguridad de la Cárcel de Cómbita al tiempo que el ciudadano afirmó encontrarse confinado en una zona de
mediana seguridad.
271
Esta circunstancia advertida por el peticionario, en su solicitud de amparo, no fue desvirtuada por el penal ni
durante el trámite de tutela ni en sede de revisión por lo que opera la presunción de veracidad y el principio de buena
fe. Se destaca que el artículo 113 del Reglamento General del INPEC (Resolución 006349 del 19 de diciembre de
2016) contempla y reconoce la redención de la pena por enseñanza.
62
condiciones de seguridad, tranquilidad y convivencia pacífica en la prisión
donde permanece confinado ni que la decisión restrictiva adoptada fuera
proporcional y adecuada para lograr tales propósitos legítimos,
circunscribiéndose el ente accionado a la aplicación estricta y exegética de unas
disposiciones reglamentarias internas que, de manera general y aparente,
autorizaban su comportamiento272. Es preciso recordar que el Reglamento
General del INPEC273, cuyo contenido impacta y determina los regímenes
internos de los distintos centros carcelarios nacionales, contiene una visión
amplia de reconocimiento pleno a la dignidad humana, al tratamiento igualitario
libre de discriminaciones y a la incorporación de enfoques diferenciales que
aceptan la realidad de poblaciones con características y necesidades
particulares. Para volver regla jurídica este mandato, se agregaron disposiciones
tendientes a permitir elementos de uso diario en las cárceles, normas que deben
armonizarse con el resto del articulado274. En efecto, el artículo 49 prevé que
los Directores de los establecimientos de reclusión permitirán el ingreso y la
tenencia de objetos “orientados a garantizar los derechos a la igualdad, la
accesibilidad, al libre desarrollo de la personalidad en razón [del] sexo,
género, orientación sexual, identidad y expresión de género, raza, etnia,
religión y situación de discapacidad de las personas privadas de la libertad”.
Dicha interpretación respetuosa de la diferencia que, además constituye un
principio rector para las autoridades penitenciarias, no fue atendida por la
prisión y, por ende, se generó una vulneración arbitraria de la libertad religiosa
y de cultos del señor Ibarra Herrera275. En palabras del Padre Alberto Múnera
Duque, S.J., “[p]rincipio fundamental del Derecho es que las normas deben ser
establecidas e interpretadas según la racionalidad humana y no absolutizadas
inflexiblemente. La simple racionalidad bastaría para no castigar a personas
privadas de su libertad, con disposiciones que afecten de manera
desproporcionada su salud física, mental o espiritual. Cuando no se ejerce esta
elemental racionalidad, las personas afectadas se ven forzadas a acudir a la
exigencia constitucional del respeto de los derechos establecidos, en este caso
al de la libertad de conciencia y al de la libertad de cultos y religiosa”276. Esta
irracionalidad ejercida que impidió la veneración de una imagen religiosa en la
celda, debido a un “reglamento carcelario indiscriminado que no distingue
entre cárceles de altísima seguridad y otras, y en nombre de la seguridad de la
institución”277 implicó desconocer la práctica de la devoción del interno y el
272
En palabras del Párroco, Julio Humberto Olarte Franco, de la Iglesia El Niño Jesús: “Considero que al señor
Álvaro Andrés Ibarra Herrera, de ser posible, se le debe respetar su deseo de mantener en su celda la imagen
religiosa del Divino Niño, más aun cuando con ella no se atenta contra la seguridad del penal o de los internos y
personal en general” (folio 117 del cuaderno de Revisión).
273
Resolución 006349 del 19 de diciembre de 2016.
274
Consideraciones del Ministerio de Justicia y del Derecho, durante el trámite de revisión (folios 35 y 36 del
cuaderno de Revisión).
275
El artículo 8 del Reglamento General del INPEC (Resolución 006349 del 19 de diciembre de 2016) establece que:
“En ningún caso el reglamento interno de un establecimiento de reclusión podrá desconocer, contrariar, extralimitar
los principios, las obligaciones, los derechos y las disposiciones contenidas en la Constitución Política de Colombia,
las leyes, los tratados internacionales de derechos humanos ratificados por Colombia, el presente reglamento y
demás normas que regulen la materia”.
276
Folio 39 del cuaderno de Revisión.
277
Consideraciones del Padre Alberto Múnera Duque, S.J., durante el trámite de revisión (folio 39 del cuaderno de
Revisión). Y agregó: “Es evidente para mí como sacerdote y teólogo de la Iglesia Católica, que el beneficio espiritual
63
beneficio espiritual que su ejercicio podía representar en el proceso
resocializador el cual está mediado, entre otros factores, por la forma en que la
persona se presenta y se representa bajo reclusión278.
Precisamente, conforme lo señaló el Párroco de la Iglesia El Niño Jesús, Julio
Humberto Olarte Franco, desde el punto de vista espiritual, “el recluso Álvaro
Andrés Ibarra al mantener en su celda la imagen del Divino Niño, debido a su
devoción, se siente acompañado en el proceso penitenciario que debe afrontar
por su falta reprochable. De igual forma, la confianza puesta en la imagen del
Divino Niño le ayuda al interno a soportar la incertidumbre, los
cuestionamientos y las adversidades a las que se enfrenta y a las cuales es
vulnerable por su condición de inferioridad al interior del penal, aunado al
estigma social, [la depresión y el sufrimiento] que enfrenta por el error
cometido”279. La oración ferviente a la imagen sagrada “le sirve a este
condenado, para promover momentos de reflexión y crecimiento espiritual y
personal, que lo pueden alejar de la posibilidad de reincidir en la comisión de
conductas que atenten contra las buenas costumbres, la moral y las reglas
establecidas para vivir en sociedad”280, incorporándolo en un estado de
tranquilidad, esperanza y deseo de corregir la conducta que lo tiene allí recluido,
lo cual, según el actor, “no justifica que [se le dé] un tratamiento contrario,
puesto que por el solo hecho de pertenecer a la especie humana [es merecedor]
de garantías y respeto de los derechos humanos, que en ningún caso pueden
ser vistos como elementos puramente ideológicos sino como reconocimiento de
realidades”281.
5.3.4. El remedio constitucional: el Estado debe respetar las creencias, las
manifestaciones del culto y los elementos sagrados del mismo
La Sala de Revisión, con fundamento en la situación fáctica descrita y a partir
de los elementos de juicio obrantes en el expediente, concluye que el
Establecimiento Penitenciario de Alta y Mediana Seguridad y Carcelario con
Alta Seguridad de Cómbita -Boyacá vulneró el derecho fundamental a la
libertad religiosa y de cultos del interno Álvaro Andrés Ibarra Herrera al haber
tomado una medida que impactó, arbitrariamente, el ejercicio externo de sus
creencias religiosas, esenciales para la confesión que profesa en virtud del
del demandante perteneciente a nuestra confesión religiosa, requiere la veneración de la imagen del Niño Jesús que
de manera arbitraria se le ha negado en razón de un reglamento carcelario irracionalmente interpretado, con lo
cual se ha conculcado su derecho constitucional a la libertad de cultos y religiosa” (folio 40 del cuaderno de
Revisión).
278
Tal como fue señalado en el salvamento de voto presentado por una de las Magistradas del Tribunal Superior de
Tunja, dentro del trámite de tutela, en segunda instancia: “La doctrina de la Iglesia Católica está cimentada en la fe
católica, que entre otros aspectos se refleja en un sin número de imágenes religiosas y reliquias o relicarios de
santos, a los cuales se les venera. De ahí, que el impedir instalar la imagen requerida por Álvaro Andrés Ibarra en
su celda cercena de tajo los derechos de actuar acorde a la religión que profesa interfiriendo en su decisión de
reverenciar una imagen que hace parte de su devoción, pues al no permitirla tenerla consigo se interfiere
flagrantemente en su ejercicio de fe y espiritual que redunda en su fuero interno, con mayor razón cuando se
encuentra en un establecimiento carcelario que no solo lo aleja de la sociedad sino de su libertad de expresión
religiosa dentro de los parámetros propios de la religión que profesa” (folios 20 al 26 del cuaderno de impugnación).
279
Folio 116 del cuaderno de Revisión.
280
Consideraciones del Párroco de la Iglesia El Niño Jesús, P. Julio Humberto Olarte Franco, durante el periodo de
revisión (folio 117 del cuaderno de Revisión).
281
Folio 4.
64
cumplimiento de una facultad legal que propende por un fin (seguridad y orden)
que, si bien es legítimo, podría haberse obtenido mediante otros medios que no
fueran tan gravosos para el contenido de la garantía superior en conflicto.
Constatada la vulneración, resulta oportuno establecer el remedio
constitucional, no sin antes analizar una situación particular, originada durante
el periodo de revisión.
En respuesta al requerimiento probatorio efectuado por la Sala, el accionante
señaló que los internos que laboran en el área de talleres del centro de reclusión
le hicieron un cuadro en lámina dura de madera delgada en el que le dibujaron
la imagen del Divino Niño Jesús, consagrándose a ella diariamente. Resaltó,
que el problema es que no cuenta con una autorización formal o certificación
para portar dicho elemento al interior de su celda por lo que teme que ante un
operativo de seguridad por parte de los funcionarios del INPEC sea desprovisto
del mismo282. Además, las personas privadas de la libertad son, regularmente,
trasladadas a otras cárceles del país “y cada vez que [llega] a un nuevo
establecimiento [le] ponen el mismo problema”283. Por su parte, el Comando
Operativo de Seguridad de la prisión precisó, durante el trámite de revisión,
que, mediante oficio del 26 de septiembre de 2017, la Subdirectora del penal,
Mabel Julietha Rico Vargas, autorizó la tenencia del cuadro pretendido en los
términos allí señalados (dimensiones iguales o menores a 20cm x 20cm)284 y, a
la fecha, “verificando personalmente la celda del PPL Ibarra Herrera, se pudo
evidenciar que la imagen [del Divino Niño Jesús] pernota (sic) en [la
misma]”285. Tales circunstancias reseñadas dan lugar a la configuración de un
hecho superado en tanto se produjo “la satisfacción espontánea de los derechos
alegados en el escrito de tutela, a partir de una decisión voluntaria y
jurídicamente consciente del demandado”286. Se aclara que al momento de
282
En palabras del accionante: “Yo si reconozco que mande hacer el cuadro en los talleres de este establecimiento y
me dibujaron al Divino Niño, pero tengo miedo de que en algún momento llegue un operativo del INPEC a revisar
las celdas y se me lleven el cuadrito de mi devoción” (folio 80 del cuaderno de Revisión).
283
Folio 81 del cuaderno de Revisión.
284
En dicho documento, la citada funcionaria le advirtió al accionante, en respuesta a un derecho de petición incoado,
lo siguiente: “En atención a su solicitud realizada y teniendo en cuenta los soportes expuestos en la misma, me
permito informar que se autoriza el ingreso de la imagen religiosa siempre y cuando cumpla con dimensiones iguales
o menores a 20cm x 20cm” (folio 133 del cuaderno de Revisión).
285
Folio 127 del cuaderno de Revisión. Al proceso de tutela, se aportó la respuesta brindada por el Comandante
Operativo de Mediana Seguridad, Teniente Buitrago Puentes Edgar Orlando, a la señora Yurani Castillo González de
la Oficina de Tutelas de la penitenciaría, el día 10 de abril de 2018, cuyo contenido literal es el siguiente: “De manera
atenta y en respuesta a lo solicitado por su despacho mediante el oficio de la referencia, me permito informarle que
verificando personalmente la celda del PPL Ibarra Herrera, se pudo evidenciar que la imagen pernota (sic) en dicha
celda previa autorización de la señora subdirectora Mabel Julieta Rico con fecha 26 de septiembre de 2017 ya que
cumple con las medidas establecidas; por otro lado se encuentra ubicado en el pabellón No. 1 adecuando (sic) para
ex funcionarios públicos de lo cual anexo copia de la documentación que acredita como ex funcionario público al
ppl en mención” (folio 132 del cuaderno de Revisión).
286
Sentencia T-216 de 2018. M.P. Diana Fajardo Rivera. Con relación al hecho superado, esta Corporación ha
señalado que se configura cuando “la aspiración primordial en que consiste el derecho alegado está siendo
satisfecha, ha desaparecido la vulneración o amenaza y, en consecuencia, la posible orden que impartiera el juez
caería en el vacío”. Con todo, se ha sostenido, pacíficamente, que ello no obsta para que en estos eventos, de manera
excepcional y siempre que el asunto lo amerite (por ejemplo por la necesidad de adelantar un ejercicio de pedagogía
constitucional, y en virtud de la potestad de revisión que ejerce este Tribunal de manera eventual), se decida emitir
algún pronunciamiento judicial relacionado con el contenido y alcance de los preceptos jurídicos que enmarcan la
protección de las garantías iusfundamentales invocadas en la petición de amparo. De igual forma, se ha dicho que la
carencia de objeto por hecho superado puede presentarse antes, durante o después de la interposición de la acción de
la tutela; y su “actualidad” está mediada porque su acaecimiento sea anterior a la decisión judicial correspondiente
(de instancia o de revisión). Sin embargo, como es apenas lógico, la superación del objeto atiende a la satisfacción
65
presentarse la acción de tutela -8 de junio de 2017- el centro carcelario no había
autorizado la tenencia de la imagen. Surtidas las instancias -21 de junio de 2017
y 16 de agosto de 2017, respectivamente- tampoco se había materializado tal
permisión. El 26 de septiembre de la referida anualidad se emitió concepto
favorable en torno a la conservación del elemento y el caso fue seleccionado
para revisión por esta Corporación, el 15 de diciembre de 2017. En este
contexto, la Sala estima que esta situación, no exime de responsabilidad
constitucional a la autoridad pública involucrada en la vulneración constatada
quien, como se dijo, con su actuación desconoció las reglas de protección en la
materia relacionadas con la salvaguarda de la identidad religiosa de las personas
con restricciones en su libertad.
En esta medida, con el fin de prevenir que, en el futuro, se ejerzan, en el marco
de la relación especial de sujeción, actuaciones o comportamientos contrarios
al derecho fundamental a la libertad religiosa y de cultos, se le advertirá al ente
carcelario accionado que no podrá quitarle o prohibirle al accionante la tenencia
de la imagen del Divino Niño Jesús sin que se cumpla la carga de razonabilidad
expuesta en esta providencia. Se atenta contra la garantía básica cuando “queda
[sometida] a limitaciones que [la] hacen impracticable, [la] dificultan más allá
de lo razonable o [la] despojan de la necesaria protección, vulnerándose así
los intereses que protege la Constitución”287.
En este punto, la Sala advierte que la decisión adoptada se profiere teniendo en
cuenta la situación fáctica específica de este caso; en concreto: la creencia
alegada por el interno Álvaro Andrés Ibarra Hererra dentro del contexto de
reclusión en el que permanece. A partir de lo anterior, se precisa que lo afirmado
por el juez de segunda instancia dentro del presente trámite -Sala Penal del
Tribunal Superior del Distrito Judicial de Tunja -Boyacá-, según el cual permitir
el ingreso de la imagen sagrada del Divino Niño Jesús tendría la potencialidad
de desconocer el hecho de que el accionante convive en su celda “con otros
reclusos que podrían profesar una creencia opuesta al culto de las imágenes
religiosas, a los cuales se les terminaría imponiendo [la carga de] soportar una
representación que ofende, ahí sí, sus propias convicciones”288, obedece a una
circunstancia de hecho particular que se debería atender cuando se presente. En
espontánea de los derechos alegados en el escrito de tutela, a partir de una decisión voluntaria y jurídicamente
consciente del demandado; de forma que nunca se estructurará esta figura procesal en aquellos eventos en los que tal
satisfacción ha sido producto del cumplimiento de una orden dispuesta en una instancia judicial previa, pues en ese
caso de lo que se trata no es de la superación del hecho vulnerador, sino de su salvaguarda por parte del operador
judicial que, en últimas, actuó en ejercicio de la jurisdicción para resolver el conflicto constitucional integrado en la
petición de amparo, susceptible de valoración integral por parte la instancia posterior o en sede de revisión, según
corresponda. Desde sus inicios, la Corte Constitucional se encargó de desarrollar, de manera suficiente, estos criterios,
los cuales han sido pacíficamente reiterados. En ese sentido, resulta importante tener en cuenta las sentencias T-519
de 1992. [Link]. José Gregorio Hernández Galindo: Alejandro Martínez Caballero y Fabio Morón Díaz; T-416 de
1998. M.P. Alejandro Martínez Caballero; T-682 de 1998. M.P. Alejandro Martínez Caballero; T-271 de 2001. M.P.
Manuel José Cepeda Espinosa y T-760 de 2008. M.P. Manuel José Cepeda Espinosa, entre otras. De manera más
reciente, las sentencias T-877 de 2013. M.P. Gabriel Eduardo Mendoza Martelo; T-478 de 2014. M.P. María Victoria
Calle Correa; T-707 de 2017. M.P. Alejandro Linares Cantillo; T-731 de 2017. M.P. José Fernando Reyes Cuartas;
T-002 de 2018. M.P. José Fernando Reyes Cuartas; SVP Carlos Bernal Pulido, entre otras.
287
Sentencia C-088 de 1994. M.P. Fabio Morón Díaz; AV y SV Eduardo Cifuentes Muñoz, Alejandro Martínez
Caballero, Carlos Gaviria Díaz, José Gregorio Hernández Galindo y Hernando Herrera Vergara; SVP José Gregorio
Hernández Galindo y Hernando Herrera Vergara.
288
Folio 13 del cuaderno de impugnación.
66
esta ocasión, nadie ha señalado que tal situación esté ocurriendo al interior de
la prisión y que, por consiguiente, la autorización de tenencia de la imagen
genere una vulneración del derecho a la igualdad. Por ello, no es admisible que
dicha autoridad judicial haya decidido no proteger las garantías constitucionales
del actor suponiendo la presencia de un escenario fáctico no invocado ni
acaecido hasta el momento, y diverso al contexto probatorio concreto puesto en
su conocimiento. La labor del juez constitucional, en un supuesto de esta
naturaleza, es analizar y brindar el remedio de protección más adecuado ante
una situación determinada y cierta que ha sido expuesta por quien ha acudido al
mecanismo de amparo. Su deber no es pretender regular integralmente una
materia, y de forma general, a partir de los hechos puntuales del caso.
6. Síntesis de la decisión
6.1. La libre expresión religiosa y de cultos es una libertad pública fundamental,
inseparable de la dignidad humana, que es importante proteger para preservar
la autonomía y la espiritualidad de las personas. El Estado no puede ser
indiferente a las necesidades y sentimientos religiosos de los ciudadanos, sean
cuales sean (incluyendo todas las confesiones, el ateísmo o el agnosticismo, por
ejemplo) y, particularmente, de los individuos privados de la libertad. Entre
otras razones, por el reconocimiento del pluralismo en que se funda el sistema
democrático y por la potencial incidencia que la creencia puede tener en el
tratamiento penitenciario y, en consecuencia, en el proceso de resocialización.
Es obligación de las autoridades carcelarias proteger tanto la posibilidad del
interno de profesar de manera privada y silenciosa el credo de la preferencia,
garantía que resulta intangible y, por consiguiente, exenta de interferencias
estatales así como la difusión y realización de actos públicos asociados con sus
convicciones espirituales que deben ser profundas, fijas y sinceras.
La libertad de exteriorizar una práctica religiosa, rito, culto o fe determinada
está limitada por los derechos ajenos y por las exigencias del justo orden social,
esto es, por el conjunto de condiciones públicas de seguridad, salubridad,
moralidad y tranquilidad, que no sólo hacen posible la pacífica convivencia en
las prisiones sino que permiten el ejercicio eficaz de la autoridad. No obstante,
la restricción que se imponga debe, siempre, responder a los principios
constitucionales de razonabilidad, necesidad y proporcionalidad, es decir, las
limitaciones a garantías superiores, en un Estado Social de Derecho, no pueden
ser arbitrarias ni discrecionales pues la presunción debe estar siempre a favor
de la libertad, en su grado máximo de expresión.
6.2. Las autoridades penitenciarias (Establecimiento Penitenciario y Carcelario
de Yopal -Casanare y Establecimiento Penitenciario de Alta y Mediana
Seguridad y Carcelario con Alta Seguridad de Cómbita -Boyacá) vulneran el
derecho fundamental a la libertad religiosa y de cultos de William Alexander
Pérez Mahecha y Álvaro Andrés Ibarra Herrera, respectivamente, al haber
impuesto una medida que impacta el ejercicio de sus creencias religiosas más
profundas y sinceras (en el primer caso, el prohibir usar dreadlocks (rastas)
67
como miembro de la Comunidad religiosa Rastafari y, en el segundo, conservar
una imagen del Divino Niño Jesús en la celda en su condición de creyente
Católico). En ambos asuntos, se tomó esta decisión sin que mediara una
justificación constitucional razonable orientada al mantenimiento del orden
público, al cumplimiento de la disciplina que permita la convivencia dentro del
penal, la preservación de la salubridad y, en general, prevenir situaciones que
pongan en peligro la eficacia de la función del sistema carcelario.
La existencia de una restricción injustificada en el ejercicio de la identidad
espiritual de los internos, esto es, las actuaciones en virtud de las cuales son
obligados a actuar contra su creer y su sentir, dificultan el proceso de
resocialización al que se encuentran sometidos por virtud de la relación especial
de sujeción, edificada sobre la idea de desarrollar “todo un cuidadoso sistema
que pretende respetar los valores propios de la dignidad humana reconocidos
a todos los reclusos, estableciendo garantías que hagan de la experiencia en
las cárceles una etapa constructiva y regeneradora del individuo”289.
6.3. La Sala recuerda que la primera y principal tarea de los establecimientos
penitenciarios y carcelarios del orden nacional para lograr la resocialización es
infundir en las personas recluidas el respeto por los derechos fundamentales de
los demás. Para lograrlo se requiere que en las cárceles se dé el ejemplo
requerido y se haga lo posible por atender y salvaguardar las garantías más
básicas, como la libertad religiosa y de cultos.
IV. DECISIÓN
Las autoridades penitenciarias vulneran el derecho fundamental a la libre
expresión religiosa y de cultos de unas personas privadas de la libertad cuando
toman una medida que impacta y bloquea el ejercicio de sus creencias
religiosas, esenciales para la vivencia espiritual que profesan (en este caso,
mantener el pelo, acceder a comida vegetariana y tener una imagen religiosa)
con fundamento en competencias infraconstitucionales (legales y
reglamentarias) que las facultan para adoptar políticas de disciplina, seguridad,
orden público y salubridad carcelaria que no resultan estrictamente necesarias,
a la luz de las circunstancias concretas, y que pueden ser reemplazadas o
alcanzarse por otros medios menos gravosos para el valor de la libertad.
En mérito de lo expuesto, la Sala Segunda de Revisión de la Corte
Constitucional, administrando justicia en nombre del pueblo, y por mandato de
la Constitución Política,
RESUELVE
289
Sentencia C-184 de 1998. M.P. Carlos Gaviria Díaz. En esta ocasión, se estudió la constitucionalidad de algunos
artículos del Código Penitenciario y Carcelario (Ley 65 de 1993).
68
Primero.- LEVANTAR la suspensión de términos decretada para decidir el
presente asunto.
Segundo.- REVOCAR la sentencia de instancia proferida por el Juzgado Único
Penal del Circuito Especializado del Distrito Judicial de Yopal -Casanare, el 18
de agosto de 2017, que negó la acción de tutela presentada por el señor William
Alexander Pérez Mahecha. En su lugar, DECLARAR la carencia actual de
objeto por el acaecimiento de una situación sobreviviente, por las razones
expuestas en la parte motiva de esta providencia (Expediente T-6488263).
Tercero.- ADVERTIR a la Dirección del Establecimiento Penitenciario y
Carcelario de Yopal -Casanare que en caso de que el señor William Alexander
Pérez Mahecha se someta nuevamente a la relación de sujeción con el Estado
por virtud de la revocatoria de la ejecución condicional de la pena concedida,
no podrá anular su deseo de dejar crecer, una vez más, sus dreadlocks (rastas),
conforme los controles y medidas a que haya lugar y, deberá garantizarle
durante todo el periodo de encierro, una dieta vegetariana que atienda los
mandatos que le dicta la religión Rastafari a la cual pertenece.
Cuarto.- ORDENAR a la Dirección del Establecimiento Penitenciario y
Carcelario de Yopal -Casanare que adopte, si aún no lo ha hecho, las medidas
que estime adecuadas, necesarias y suficientes para concientizar a los
funcionarios integrantes de la guardia penitenciaria de la importancia de
proteger la expresión religiosa de quienes allí permanecen recluidos y
capacitarlos en los parámetros constitucionales de razonabilidad y
proporcionalidad reconocidos en esta sentencia, así como en la existencia de la
religión Rastafari.
Quinto.- NEGAR las pretensiones de indemnización de perjuicios e iniciación
de investigación disciplinaria invocadas por el señor William Alexander Pérez
Mahecha, por las razones expuestas en la parte motiva de esta providencia.
Sexto.- REVOCAR las sentencias de primera y segunda instancia proferidas
por el Juzgado Segundo Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento del
Distrito Judicial de Tunja -Boyacá, el 21 de junio de 2017, y la Sala Penal del
Tribunal Superior del Distrito Judicial de Tunja -Boyacá, el 16 de agosto de
2017, que negaron la acción de tutela presentada por el señor Álvaro Andrés
Ibarra Herrera. En su lugar, DECLARAR la carencia actual de objeto por hecho
superado, por las razones expuestas en la parte motiva de esta providencia
(Expediente T-6507069), advirtiendo que no se le puede quitar o prohibir al
accionante la tenencia de la imagen del Divino Niño Jesús sin atender la carga
de razonabilidad a la que se hizo referencia en esta sentencia.
Séptimo.- LIBRAR las comunicaciones -por la Secretaría General de la Corte
Constitucional-, así como DISPONER las notificaciones a las partes- a través
del juez de tutela de primera instancia-, previstas en el artículo 36 del Decreto
69
Ley 2591 de 1991.
Comuníquese y cúmplase.
DIANA FAJARDO RIVERA
Magistrada
LUIS GUILLERMO GUERRERO PÉREZ
Magistrado
ALEJANDRO LINARES CANTILLO
Magistrado
Con aclaración de voto
MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ
Secretaria General
70
ANEXO I
Actuaciones surtidas en sede de revisión
1. La Sala de Revisión, a efectos de adoptar una decisión integral en los asuntos
de la referencia, profirió el Auto del 23 de marzo de 2018 a través del cual le
solicitó información a los establecimientos penitenciarios accionados en cada
uno de los procesos acumulados, a los accionantes de ambas solicitudes de
amparo, al Padre Alberto Múnera Duque, S.J., la Parroquia del Niño Jesús 20
de Julio, al hermano James Robinson, Rasta Nini, de la Alianza Rastafari de
Panamá y al Representante Legal y Director Nacional de la Fundación
Biblioteca Negra Haile Selassie I ONG, Óscar Mauricio Puentes Amador.
Igualmente, se puso en conocimiento de la Dirección General del Instituto
Nacional Penitenciario y Carcelario -INPEC- y del Ministerio de Justicia y del
Derecho, el contenido de los expedientes de tutela para que se pronunciaran
sobre los hechos y pretensiones de los casos. Posteriormente, se emitió el Auto
del 19 de abril de 2018 mediante el cual se dispuso requerir, una vez más, a
algunas de las entidades y de los particulares referidos por no haberse
pronunciado ante una primera solicitud.
2. En relación con el expediente T-6488263 se obtuvo la siguiente
información:
2.1. El Establecimiento Penitenciario y Carcelario de Yopal -Casanare fue
requerido, en sede de revisión, y mediante respuesta del 16 de abril de 2018 su
Director encargado290 se pronunció sobre las preguntas formuladas por la
Sala291. El primer interrogante formulado fue el siguiente: “1. [i]nformar (i) las
razones precisas, de hecho y de derecho, por las cuales el interno William
Alexander Pérez Mahecha fue despojado de sus Dreadlocks (rastas) al
momento del ingreso al penal, a pesar de invocar el respeto a sus creencias
religiosas”. Al respecto, indicó, de manera preliminar, que el actor ingresó al
penal el día 13 de junio de 2017, sindicado del delito de tráfico, fabricación o
porte de estupefacientes y, posteriormente, al momento de dictarse fallo se le
concedió la ejecución condicional de la pena la cual se hizo efectiva el 6 de
octubre de 2017.
Sobre la pregunta, en particular, advirtió que, de conformidad con lo
establecido en el reglamento interno vigente292, el procedimiento de ingreso al
penal comprende el corte de pelo de todos los internos en tanto actuación
necesaria para garantizar la salubridad y la higiene de la prisión. Para
fundamentar esta posición, hizo alusión a la sentencia T-499 de 2010293 en la
que se estudió la situación de un recluso a quien se le impuso el corte de cabello
al rape pese a que presentaba una cicatriz en su cabeza que al tornarse visible
290
IJ. Isaac Roa Cruz.
291
Folio 58 del cuaderno de Revisión.
292
El artículo 65 del reglamento interno del penal establece lo siguiente: “Higiene personal. Es deber de todo interno
bañarse y afeitarse diariamente. Sin excepción, no está permitido el uso de barba ni el cabello largo”.
293
M.P. Gabriel Eduardo Mendoza Martelo.
71
suscitó las burlas de los demás presos. Allí, la Corte Constitucional consideró
que tal actuación había sido desproporcionada como quiera que para lograr la
seguridad y la identificación de los presos -en tanto fines perseguidos con la
medida- no era necesaria una exigencia de tal magnitud pues bastaba con
exigirles llevar el cabello corto o no usarlo largo. Esta última restricción,
“constituye una medida razonable que se justifica en el sometimiento de los
reclusos a un régimen jurídico especial, a través del cual se busca lograr, entre
otros propósitos, la disciplina, la seguridad y la salubridad al interior de los
centros de reclusión, con miras a alcanzar su resocialización, como finalidad
de la pena. Ello, sugiere entonces que el interno deba llevar siempre el cabello
corto”. De acuerdo con lo anterior, precisó la cárcel, “los funcionarios que
intervinieron en las actuaciones que conllevaron al corte de cabello realizado
[al accionante] indicando que no se efectuó rapado, actuaron en cumplimiento
a lo establecido en la Ley, [al] Reglamento interno vigente para la fecha y en
concordancia con pronunciamientos de las altas cortes”294.
En lo que corresponde al segundo interrogante: “(ii) [i]nformar por qué tal
actuación fue necesaria para garantizar la seguridad, la disciplina y el orden
al interior del centro de reclusión. ¿No era posible tramitar su petición
primero?”, indicó que la fisonomía de un hombre cambia de manera sustancial
cuando se deja crecer su barba y su cabello, lo que podría llevar a que se
presenten situaciones de inseguridad y dificultades al momento de identificar a
las personas privadas de la libertad en los diferentes patios del centro de
reclusión, además “si se les permitiera que a su libre albedrío ellos pudieran
dejarse crecer el cabello y la barba, también se [podrían] presentar
inconvenientes de salubridad, más cuando como es sabido [en los
establecimientos] se cuenta con altos índices de hacinamiento”295. Agregó que
si bien el peticionario adujo pertenecer a la Comunidad Rastafari únicamente
soporto dicha calidad hasta cuando presentó la acción de tutela de la referencia.
Acerca de la pregunta: “(iii) ¿cuál fue el trámite dado por el penal a la petición
elevada por el apoderado judicial del actor en la que certifica su pertenencia
a la Comunidad Religiosa Rastafari y, por consiguiente, invoca que “se respete
su libertad de culto y derecho al desarrollo de su libre personalidad, que se
respeten sus votos [cabello], su forma de alimentarse y de llevar su vida
rastafari, al momento de su ingreso a las instalaciones del establecimiento
penitenciario y carcelario de Yopal - Casanare?”, contestó que la solicitud
referida nunca fue radicada en el establecimiento carcelario, sin embargo, tras
conocerse la solicitud de amparo incoada en la que se advirtió, por primera vez,
su pertenencia a la confesión religiosa Rastafari, “se dio trámite ante la
empresa de suministro de alimentación quien atendió de forma personalizada
las necesidades en nutrición [del actor], además se brindó atención psicológica
y los espacios para la práctica del libre culto la cual presenta restricción del
uso de sustancias psicoactivas”296.
294
Folio 58 del cuaderno de Revisión.
295
Folio 58 del cuaderno de Revisión.
296
Folio 58 del cuaderno de Revisión.
72
En cuanto a los interrogantes: “2. [c]onsiderando que el interno aduce ser una
persona vegetariana, indicar las medidas que se han adoptado para garantizar
su condición de tal durante la permanencia en la prisión. En caso de que el
centro carcelario crea que no es posible que se le dé ese régimen de
alimentación, explicar por qué, y que se requiere para poder hacerlo” y “3.
[a]portar al proceso de tutela copia de la cédula de ciudadanía del interno
William Alexander Pérez Mahecha”, no se emitió una respuesta, en concreto.
2.2. El hermano James Robinson, Rasta Nini, de la Alianza Rastafari de Panamá
mediante correo electrónico de fecha 18 de mayo de 2018 envió a esta
Corporación un video que reposa en el portal web You Tube denominado “Oas
Permanent Council -Rights of the Rastafari Community in Antigua and
Barbuda” (Organización de los Estados Americanos -OEA- Derechos de la
Comunidad Rastafari en Antigua y Barbuda) para que reposara en el
expediente297.
2.3. El accionante William Alexander Pérez Mahecha no emitió ningún
pronunciamiento en la materia, advirtiendo que el requerimiento de la Sala fue
devuelto por la Empresa de Servicios Postales Nacionales -472- con la
anotación “no reside - libertad”298. Por su parte, la solicitud efectuada al
Representante Legal y Director Nacional de la Fundación Biblioteca Negra
Haile Selassie I ONG, Óscar Mauricio Puentes Amador, tampoco pudo
materializarse pues la empresa de correspondencia señaló que los lugares
indicados299 para efectuar el requerimiento correspondían a una “dirección
errada”300 o el requerido era “desconocido”301.
297
En lo relevante para el asunto objeto de estudio, se destacan las siguientes afirmaciones realizadas por el
Representante Permanente de Antigua y Barbuda, Embajador Sr. Ronald Sanders ante la Organización de los Estados
Americanos -OEA: La discriminación y la intolerancia basada en el color y en el credo persisten en muchas naciones.
Esa discriminación es muchas veces negada pero continúa siendo experimentada a diario. Por décadas, la Comunidad
Rastafari ha sido marginada privándosele de su derecho a expresar quienes son y en que creen. El 13 de abril, el
Primer Ministro de Antigua y Barbuda, Gaston Brown, se disculpó públicamente con la Comunidad Rastafari por
haber sido marginada y activamente discriminada por muchos años. Sus grandes pecados fueron la oposición
completa a la imperial y opresora cultura Británica que esclavizó a la descendencia Africana y amputó su conexión
con sus ancestros en África. También su determinación por preservar una identidad que sucumbía al deseo de
invisibilizar su cultura y creencias religiosas. Por estas transgresiones fueron marginados durante casi 100 años a lo
largo de todo el Caribe renunciado a su dignidad, a su libertad, a su herencia Africana e incluso a su reconocimiento
como seres humanos. Ahora, levantaron su voz y se expandieron por todo el mundo destacándose profesionalmente
en el campo de la medicina, la ciencia, la academia y las artes. Como decía el icónico Bob Marley: “nos rehusamos
a ser lo que ustedes quieren que seamos, somos lo que fuimos y esa es la forma como será”. El Gobierno de Antigua
y Barbuda ya ha recorrido pasos para reconocer la dignidad y el valor de los Rastafaris como plenos integrantes de la
sociedad. Así como se permite el derecho de otros a practicar su religión incluyendo sus derechos religiosos también
deben aceptarse los derechos de los Rastas a manifestar su libertad, sus prácticas culturales religiosas, incluyendo el
uso sacramental del cannabis y la admisión del uso de rastas, inclusive, en las instituciones educativas de la nación.
Por mucho tiempo sirvieron como profesores en las escuelas y se desempeñaron en el campo ahora son parlamentarios
y trabajan para el servicio diplomático del país. De esta manera se promueve el respeto por la diversidad étnica,
cultural y religiosa en las Américas contribuyendo a fortalecer la democracia y la participación ciudadana (folio 144
del cuaderno de Revisión).
298
Folios 87 y 92 del cuaderno de Revisión.
299
Sobre el particular, se advierte que el requerimiento de la Sala fue enviado a dos direcciones distintas que, en
virtud de una llamada telefónica sostenida con el ciudadano Óscar Mauricio Puentes Amador fueron advertidas por
él cómo los lugares dispuestos para recibir comunicaciones.
300
Folios 87 y 97 del cuaderno de Revisión.
301
Folios 118 y 124 del cuaderno de Revisión.
73
3. En relación con el expediente T-6507069 se obtuvo la siguiente
información:
3.1. La Sala requirió al Padre Alberto Múnera Duque, S.J. para que enviara con
destino al proceso de la referencia la siguiente información: “[i]ndique al
Despacho, si considera que teniendo en cuenta las creencias propias de la
religión Católica, el reclamo de una persona privada de la libertad en torno al
ingreso y tenencia de un cuadro con la imagen del Divino Niño Jesús en su
celda, es de una importancia tal para su fe que debería prevalecer, de ser
factible, sobre las reglas de seguridad y disciplina de la cárcel donde
permanece recluido”.
A través de informe del 10 de abril de 2018, el sacerdote y profesor titular de la
Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana, Alberto Múnera
Duque, S.J. se pronunció sobre el requerimiento efectuado en revisión 302. Por
su importancia para la resolución del caso concreto, se transcribirá, en su
integridad, la intervención realizada, en los siguientes términos:
“En el cristianismo católico desde sus inicios hace más de dos mil años,
siempre se ha reconocido el valor de contar con imágenes de Jesucristo
a quien asume como Hijo de Dios hecho hombre, de la Virgen María y
de los mártires y santos canonizados. El culto que se rinde a Dios se
considera de adoración o latría, mientras que el culto que se rinde a la
Virgen María y a los santos canonizados se considera de veneración,
analógica a la que se ofrece a imágenes de los seres queridos o de
personajes célebres.
En la religión católica el culto de adoración a Dios, es absolutamente
esencial pero no exige ni un lugar ni un tiempo determinado, pues se
rinde desde el interior de la persona y puede realizarse en cualquier
momento.
Sin embargo, el cristianismo católico ha construido lugares de culto de
adoración y de veneración, donde se congregan los fieles para tal fin.
Igualmente ha establecido tiempos especiales durante el año para la
expresión pública de la fe con diversas actividades. La celebración de los
Sacramentos del cristianismo católico generalmente se realiza en los
lugares consagrados al culto como son los templos y capillas.
En cambio, la veneración de imágenes puede ser realizada por los fieles
en cualquier lugar público o privado, como la propia habitación o algún
lugar designado dentro del espacio de la residencia. Los fieles
acostumbran hacer su oración frente a las imágenes que veneran, por el
apoyo espiritual que reciben al tener presente una visualización física del
Dios que adoramos puesto que, según el cristianismo, Jesucristo es Dios
302
Folios 37 al 41 del cuaderno de Revisión.
74
que asumió hacerse humano y por tanto es representable, o de los santos
que veneramos como histórico modelo de virtud. Las imágenes de
Jesucristo lo representan principalmente en su nacimiento, en su
infancia, en diversos momentos de su predicación o de sus actuaciones,
en su última cena, en los padecimientos de su pasión, en su crucifixión y
muerte.
La imagen de Jesús niño, según representación que se venera en la
Parroquia del Veinte de Julio en Bogotá, goza de una especial devoción
de los fieles capitalinos. La veneración de las imágenes constituye un
tradicional, valioso y fundamental apoyo a la fe cristiana católica, y
contribuye al fortalecimiento y desarrollo de la vida espiritual, aspecto
esencial del equilibrio de la personalidad humana, especialmente en
situaciones existenciales y sicológicas padecidas por las personas en el
trayecto de su vida. Así se ha demostrado en infinidad de casos cuando
una simple cruz o una imagen religiosa cristiana de Jesucristo, la Virgen
María, los mártires o los santos, ha servido de soporte, de apoyo y de
resistencia interior a las personas durante momentos extremadamente
difíciles de su existencia.
En razón de lo anterior, no me parece que exista razón de fondo para
impedir la veneración de una inocua imagen religiosa a una persona
privada de su libertad, debido a que un reglamento carcelario
indiscriminado que no distingue entre cárceles de altísima seguridad y
otras, y en nombre de la seguridad de la institución, no haya incluido
contar con una imagen religiosa en la celda de los reclusos que practican
la religión católica.
Principio fundamental del Derecho es que las normas deben ser
establecidas e interpretadas según la racionalidad humana y no
absolutizadas inflexiblemente. La simple racionalidad bastaría para no
castigar a personas privadas de su libertad, con disposiciones que
afecten de manera desproporcionada su salud física, mental o espiritual.
Cuando no se ejerce esta elemental racionalidad, las personas afectadas
se ven forzadas a acudir a la exigencia constitucional del respeto de los
derechos establecidos, en este caso al de la libertad de conciencia y al de
la libertad de cultos y religiosa. Por eso estoy totalmente de acuerdo con
el salvamento de voto de la Magistrada Cándida Rosa Araque Navas y
me parece que la irracionalidad ejercida en la interpretación del
reglamento carcelario en este caso, termina conculcando el derecho
fundamental a la libertad de cultos y religiosa esgrimido por el
demandante.
Es evidente para mí como sacerdote y teólogo de la Iglesia Católica, que
el beneficio espiritual del demandante perteneciente a nuestra confesión
religiosa, requiere la veneración de la imagen del Niño Jesús que de
manera arbitraria se le ha negado en razón de un reglamento carcelario
75
irracionalmente interpretado, con lo cual se ha conculcado su derecho
constitucional a la libertad de cultos y religiosa”.
3.2. Así mismo, se requirió al señor Álvaro Andrés Ibarra Herrera, actualmente,
recluido en el Establecimiento Penitenciario de Alta y Mediana Seguridad y
Carcelario con Alta Seguridad de Cómbita -Boyacá, para que suministrara
información. Mediante oficio del 12 de abril de 2018 dio contestación a cada
uno de los interrogantes planteados303.
En relación con la primer pregunta realizada: “(i) [d]e qué manera la devoción
y adoración por el Divino Niño Jesús constituye una creencia esencial o
fundamental para la vivencia de su religión Católica tan importante que ha de
prevalecer sobre las reglas de orden generales del establecimiento”, señaló que
nació con dicha devoción o “al menos así lo [siente]”304. Desde su niñez en el
municipio de Carepa, Antioquia ha sido muy devoto del Divino Niño Jesús y,
por varias generaciones, ha honrado y adorado, junto con su familia, dicha
figura sagrada de la Iglesia Católica, confesión universal del mundo en la que
fue bautizado. Aseguró que, en su casa, de manera diaria, siempre ha sido una
costumbre realizar la novena al Divino Niño Jesús la cual comprende actos de
oración frente a la imagen que refleja a un niño con los brazos abiertos
representando “la infancia de nuestro señor Jesucristo, Rey único, Dios
verdadero, Dios de Moisés, Abraham y Jacob, el cual fue crucificado para el
perdón de todos nuestros pecados”305. Refiere que dicha creencia lo ha
acompañado en diversos escenarios de su vida.
En efecto, cuando ingresó a las filas del Ejército Nacional para prestar servicio
militar obligatorio en la Brigada 17 de Carepa -Antioquia siempre conservó la
imagen religiosa y realizó actos de oración sin ninguna restricción. Al obtener
su libreta militar de primera clase, el 4 de mayo de 2006, se presentó ante la
Policía Nacional para realizar un curso en la Escuela de Carabineros Rafael
Núñez ubicada en el municipio de Corozal -Sucre. Allí se le permitió practicar
su devoción, contaba con imágenes, fotos, estampillas y novenas del Divino
Niño Jesús. Al salir de la Escuela de Formación y ocupar el sexto mejor puesto
como alumno del curso, adquirió la calidad de patrullero y fue asignado para
ejercer funciones en la Dirección de Investigación Criminal e Interpol -DIJIN-
como investigador del grupo de homicidios en la Seccional de Urabá -
Antioquia, lugar de trabajo en el que mantuvo su creencia al punto que “en [su]
escritorio, tenía estampitas e imágenes del Divino Niño Jesús”306. Igualmente,
en su carro tenía una imagen de porcelana del Divino Niño y una estampa
grande a color adherida al vidrio trasero. Lo mismo, ocurría en su hogar,
conformado por su esposa e hija, donde se conservaba, en la sala, una imagen
del Divino Niño Jesús de 90 centímetros de alto ubicada en “una urna en vidrio
con un bombillito pequeño, prendido 24 horas la cual siempre [los iluminó y
303
Folios 77 al 86 del cuaderno de Revisión.
304
Folio 78 del cuaderno de Revisión.
305
Folio 78 del cuaderno de Revisión.
306
Folio 79 del cuaderno de Revisión.
76
bendijo]”307.
Sobre su situación actual, indicó que permanece confinado en el Patio 1
(funcionarios públicos) del Establecimiento Carcelario de Mediana Seguridad
“El Barne” de Cómbita -Boyacá por haber incurrido, junto con otros policías,
en una conducta punible308. Estando en dicho lugar, solicitó la tenencia de una
imagen en porcelana del Divino Niño Jesús, petición que fue negada por razones
de seguridad ya que en su interior se podían introducir objetos prohibidos
teniendo en cuenta que tal material es vacío por dentro. Por esta razón, los
internos que laboran en el área de talleres del centro de reclusión le hicieron un
cuadro en madera delgada en el que le dibujaron la imagen del Divino Niño
Jesús. Precisó que este no es vacío por dentro, es una lámina dura de madera a
la cual le reza todos los días, una vez se levanta, al medio día, en la tarde y al
acostarse a dormir. Lo hace arrodillado ante la imagen del Divino Niño Jesús,
orando mucho por su familia, especialmente, por su madre, Rosalba Herrera
Cossio, quien se encuentra en delicado estado de salud.
Destacó que el problema es que no cuenta con una autorización formal para
portar dicho elemento al interior de su celda por lo que teme que ante un
operativo de seguridad por parte de los funcionarios del INPEC sea desprovisto
del cuadro por medio del cual manifiesta su devoción Católica309 la cual “no es
falsa [ni caprichosa]”310. Prueba de ello es que “el pasado 04 de abril [envió]
por correspondencia del penal un documento al párroco de la Iglesia del
Divino Niño Jesús del barrio 20 de julio de Bogotá para que en sus oraciones
[incluyera a su mamá] Rosalba Herrera Cossio”311. Concluyó, manifestando
307
Folio 79 del cuaderno de Revisión.
308
Sobre el particular, el actor señaló lo siguiente: “Yo fui policía en el grado de patrullero en la seccional de
Investigación Criminal- SIJIN en el Urabá Antioqueño, ocupaba el cargo de investigador, cuando desempeñaba
dichas funciones cometí un error penal y por unos anhelos tontos de ambición por dinero falte a mi deber policial y
le suministre información a una organización criminal, en el grupo u oficina donde yo laboraba un 80% de los
policías recibían dinero y me confié y caí preso. [En] este momento después de llevar 10 meses privado de la libertad
me arrepiento tanto pero tanto por lo que hice, yo no mate a nadie, ni secuestre, solo vendía información de la Sijin
a un grupo ilegal y por eso me condenaron a un pena de 131 meses. Estaba terminando una carrera en psicología,
la cual desde aquí no puedo continuar, destroce mi hogar” (folios 83 y 84 del cuaderno de Revisión).
309
En palabras del accionante: “Yo si reconozco que mande hacer el cuadro en los talleres de este establecimiento y
me dibujaron al Divino Niño, pero tengo miedo de que en algún momento llegue un operativo del INPEC a revisar
las celdas y se me lleven el cuadrito de mi devoción” (folio 80 del cuaderno de Revisión).
310
Folio 80 del cuaderno de Revisión.
311
Folio 80 del cuaderno de Revisión. Al proceso se aportó el documento dirigido por el actor al Párroco de la Iglesia
del Divino Niño Jesús en Bogotá en el que le solicita lo siguiente: “Señor párroco del Divino Niño Jesús, yo soy
seguidor a la devoción del Divino Infante desde hace más de quince (15) años, y en este momento me encuentro
privado de la libertad en el centro de reclusión que aparece al pie de mi firma, el motivo de la presente solicitud es
para que estudie la posibilidad padre de interceder por mi ante nuestro Dios el Divino Niño Jesús. // [Mi mamá] es
mi amiga, mi confidente y está siempre dispuesta a ayudarme, me ofrece a diario su casa y su corazón y de manera
constante me dice que ella no tiene nada que perdonarme, que mi delito fue la ambición al dinero, que hasta los más
grandes políticos cometen errores por dinero, que ella siempre va estar conmigo, esto sin tener en cuenta que mi
querida madre tiene un tumor cerebral, es decir, un cáncer en su masa encefálica de su cerebro, ha perdido el gusto,
y parte de la vista, [se le dificulta] para tragar, constantemente se desmaya y se queda sin respiración, yo escribo
todo esto y se me aguan los ojos, estoy maniatado, sin poder hacer nada, desde hace días tenía pendiente en escribir
a la Iglesia Católica por que esta es mi primer carta, pero considere mejor escribir mi actual petición a mi iglesia
favorita, es decir, al Gran Santuario del Divino Niño Jesús, hoy viernes santo sentí la necesidad de expresar lo que
siento para que por favor oren a nuestro Divino Niño Jesús y Virgen María por la salud y vida de mi señora madre
Rosalba Herrera Cossio, también les pido que oren por mi pronta libertad ansió ver a mi mamá, ayudarla y cuidarla,
y deseo con todo mi ser ver a mi madre viva y con buena salud por muchos años. Pienso y estoy seguro que mi Dios
nos escucha a todos pero en este momento de aflicción que siento, le pido por favor a ustedes que oren por mi mamá
por favor” (folios 83 al 85 del cuaderno de Revisión).
77
que el cuadro puede ser objeto de control constante en el escáner de rayos x, el
detector de metales e, inclusive sometido al olfato de los caninos pues nada
“malo o ilegal”312 contiene y, por ende, no afecta de ninguna manera la
seguridad del penal. Lo único que desea es “honrar al Divino Niño Jesús que
es [su Dios y señor]”313.
En lo que atañe al segundo interrogante: “(ii) [s]eñalar si la pretensión
relacionada con la tenencia de un cuadro con la imagen del Divino Niño Jesús
en la celda está encaminada a que el centro penitenciario le proporcione tal
elemento o se orienta a que el mismo sea suministrado por un tercero”, contestó
que él asume el costo del cuadro, “[solo desea] de corazón que el Director
General del INPEC, Brigadier General Jorge Luis Ramírez Aragón expida
certificación y [le] autorice el cuadro por cuanto [a los internos los trasladan]
a otras cárceles del país y cada vez que [llega] a un nuevo establecimiento [le]
ponen el mismo problema”314.
3.3. El Establecimiento Penitenciario de Alta y Mediana Seguridad y Carcelario
con Alta Seguridad de Cómbita -Boyacá dio respuesta a los interrogantes
formulados por la Sala Segunda de Revisión mediante oficio del 18 de abril de
2018, suscrito por su Director, el Mayor (r) César Fernando Caraballo
Quiroga315.
Frente a la primer pregunta realizada: “1. [i]nformar (i) las razones precisas,
de hecho y de derecho, por las cuales se prohibió el ingreso y la tenencia de
un cuadro con la imagen del Divino Niño Jesús en la celda del interno Álvaro
Andrés Ibarra Herrera. En este punto deberá precisar, por ejemplo, si el
problema es el tamaño de la imagen, los materiales, el solo hecho de tener una
imagen u otras razones”, sostuvo que, conforme a la información suministrada
por el Comando Operativo de Mediana Seguridad del centro de reclusión,
“verificando personalmente la celda del PPL Ibarra Herrera, se pudo
evidenciar que la imagen [del Divino Niño Jesús] pernota (sic) en dicha celda
previa autorización de la señora subdirectora [Mabel Julietha Rico Vargas]
con fecha 26 de septiembre de 2017 ya que cumple con las medidas
establecidas”316. En dicho documento, la citada funcionaria le advirtió al
accionante, en respuesta a un derecho de petición incoado, lo siguiente: “[e]n
atención a su solicitud realizada y teniendo en cuenta los soportes expuestos
en la misma, me permito informar que se autoriza el ingreso de la imagen
312
Folio 80 del cuaderno de Revisión.
313
Folio 80 del cuaderno de Revisión.
314
Folio 81 del cuaderno de Revisión.
315
Folios 126 al 142 del cuaderno de Revisión.
316
Folio 127 del cuaderno de Revisión. Al proceso de tutela se aportó la respuesta brindada por el Comandante
Operativo de Mediana Seguridad, Teniente Buitrago Puentes Edgar Orlando, a la señora Yurani Castillo González de
la Oficina de Tutelas de la penitenciaría, el día 10 de abril de 2018, cuyo contenido literal es el siguiente: “De manera
atenta y en respuesta a lo solicitado por su despacho mediante el oficio de la referencia, me permito informarle que
verificando personalmente la celda del PPL Ibarra Herrera, se pudo evidenciar que la imagen pernota (sic) en dicha
celda previa autorización de la señora subdirectora Mabel Julieta Rico con fecha 26 de septiembre de 2017 ya que
cumple con las medidas establecidas; por otro lado se encuentra ubicado en el pabellón No. 1 adecuando (sic) para
ex funcionarios públicos de lo cual anexo copia de la documentación que acredita como ex funcionario público al
ppl en mención” (folio 132 del cuaderno de Revisión).
78
religiosa siempre y cuando cumpla con dimensiones iguales o menores a 20
cm x 20cm”317. Con base en estas premisas, la cárcel solicitó se desestimarán
las pretensiones del interno al no evidenciarse vulneración de sus derechos
fundamentales.
En lo que corresponde al segundo interrogante: “2. [s]eñalar cuál es la
situación concreta del interno, esto es, en qué patio se encuentra recluido, sí
permanece confinado en el pabellón de funcionarios públicos y si está allí por
qué ostenta tal condición”, señaló que el accionante permanece, actualmente,
confinado en el Pabellón 1 del penal adecuado para albergar a ex funcionarios
públicos en virtud de una decisión de tutela. El peticionario se desempeñó como
patrullero (R) de la Policía Nacional por lo que ostenta la calidad enunciada tal
como se desprende de la documentación aportada al expediente318.
Finalmente, comoquiera que la Sala le solicitó: “3. [a]portar al proceso de
tutela copia de la cédula de ciudadanía del interno Álvaro Andrés Ibarra
Herrera”, dicho documento fue allegado al trámite de revisión319.
3.4. La Sala requirió a la Parroquia del Niño Jesús 20 de Julio para que enviara
al proceso de la referencia la siguiente información: “[i]ndique al Despacho, si
considera que teniendo en cuenta las creencias propias de la religión Católica,
el reclamo de una persona privada de la libertad en torno al ingreso y tenencia
de un cuadro con la imagen del Divino Niño Jesús en su celda, es de una
importancia tal para su fe que debería prevalecer, de ser factible, sobre las
reglas de seguridad y disciplina de la cárcel donde permanece recluido”.
A través de informe del 9 de mayo de 2018, la Iglesia El Niño Jesús por
conducto de su Párroco, Julio Humberto Olarte Franco, se pronunció sobre el
requerimiento efectuado en revisión320. Por su importancia para la resolución
del caso concreto, se transcribirá, en su integridad, la intervención realizada,
así:
“Las personas religiosas que están privadas de su libertad como en el
caso de Álvaro Ibarra y que son devotas del Divino Niño, por su
condición de personas aisladas de su familia, de sus amigos y de la
sociedad en general, son grandes candidatas a caer en situaciones de
depresión, intolerancia y sufrimiento, justamente por la percepción
errada o no, del abandono en el que se encuentran.
Desde el punto de vista espiritual, el recluso Álvaro Andrés Ibarra al
mantener en su celda la imagen del Divino Niño, debido a su devoción,
317
Folio 133 del cuaderno de Revisión.
318
Al expediente, se aportaron documentos que acreditan la condición de ex miembro de la Policía Nacional del
accionante tales como el extracto de su hoja de vida de la cual se desprende los diversos cargos desempeñados durante
su estancia en la institución, los cursos y estudios adelantados así como las condecoraciones y felicitaciones recibidas
en cumplimiento de su deber (folios 134 al 142 del cuaderno de Revisión).
319
De acuerdo con la fotocopia de la cédula de ciudadanía aportada al proceso, el señor Álvaro Andrés Ibarra Herrera
nació el 12 de enero de 1984 por lo que, a la fecha, cuenta con 34 años de edad (folio 139 del cuaderno de Revisión).
320
Folios 116 y 117 del cuaderno de Revisión.
79
se siente acompañado en el proceso penitenciario que debe afrontar por
su falta reprochable. De igual forma, la confianza puesta en la imagen
del Divino Niño le ayuda al interno a soportar la incertidumbre, los
cuestionamientos y las adversidades a las que se enfrenta y a las cuales
es vulnerable por su condición de inferioridad al interior del penal,
aunado al estigma social que enfrenta por el error cometido.
La percepción que se tiene desde fuera sobre la vida en reclusión,
conlleva a creer que los internos tienen que soportar graves violaciones
a los derechos humanos tales como maltrato, castigo corporal,
condiciones de insalubridad, violencia, hacinamiento, riñas, entre otras,
en las como en el caso del señor Ibarra, al contar con la imagen
mencionada, obtiene refugio en su oración ferviente a la imagen del
Divino Niño, implorando perdón por sus errores y por el sufrimiento que
le genera a sus familiares y amigos su comportamiento, incorporando al
devoto a un estado de tranquilidad, esperanza y deseo de corregir la
conducta que lo tiene allí.
Por otro lado, la cultura nuestra frente a la religiosidad y
específicamente frente a la devoción al Divino Niño Jesús, debido a los
innumerables testimonios de fieles que han recibido favores y milagros
de esta imagen religiosa, hace crecer en el recluso su deseo de
consagrarse a la imagen del Divino Niño, solicitando la concesión de una
nueva oportunidad en la vida; siendo esta imagen religiosa, su única
compañía espiritual dentro de su celda y el único consuelo del interno
frente al duro tratamiento penitenciario y carcelario que debe soportar.
Considero que al señor Álvaro Andrés Ibarra Herrera, de ser posible, se
le debe respetar su deseo de mantener en su celda la imagen religiosa del
Divino Niño, más aun cuando con ella no se atenta contra la seguridad
del penal o de los internos y personal en general, por el contrario, la
imagen al interior de la celda le sirve a este condenado, para promover
momentos de reflexión y crecimiento espiritual y personal, que lo pueden
alejar de la posibilidad de reincidir en la comisión de conductas que
atenten contra las buenas costumbres, la moral y las reglas establecidas
para vivir en sociedad; es así como recomiendo el mantenerle en su celda
la imagen del Divino Niño Jesús”.
4. En relación con ambos procesos se obtuvo la siguiente información:
4.1. Mediante oficio del 6 de abril de 2018, el Director de Política Criminal y
Penitenciaria del Ministerio de Justicia y del Derecho321 dio respuesta a la
solicitud judicial322. De manera preliminar, señaló que el 31 de marzo de 2014,
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos -CIDH- adoptó su informe
de fondo (No. 3/14) en la demanda presentada por Martha Lucia Álvarez
321
Adolfo Franco Caicedo.
322
Folios 35 y 36 del cuaderno de Revisión.
80
Giraldo contra el Estado Colombiano (caso 11.656) quien aducía la vulneración
de su derecho a la visita íntima, en su condición de mujer lesbiana privada de
la libertad323. En dicho informe se realizaron 5 recomendaciones específicas
que el Estado demandado debía cumplir, destacándose la adopción de una
reforma de las normas reglamentarias del INPEC en materia de régimen de los
establecimientos penitenciarios y carcelarios con el fin de garantizar el derecho
a la no discriminación de las personas recluidas con base en su orientación
sexual324. El cumplimiento de dicha recomendación tuvo como punto de partida
la expedición del nuevo Reglamento General del INPEC325 que incluyó una
visión transversal de varios enfoques diferenciales encaminados a asegurar los
derechos de diferentes grupos poblacionales con intereses y necesidades
particulares.
Con ese propósito, se incorporó un capítulo relativo a los principios que deben
regir las actuaciones de las autoridades penitenciarias y su relación con quienes
permanecen confinados, a saber, (i) el reconocimiento de la dignidad humana
con base en el cual se prevé un trato de respeto y libre de violencia de cualquier
naturaleza; (ii) el principio de igualdad que supone el rechazo a cualquier acto
discriminatorio por motivos religiosos o posturas filosóficas y (iii) los enfoques
de Derechos Humanos y diferencial que reiteran la importancia de cumplir los
estándares internacionales y constitucionales y reconocen la existencia de
poblaciones con características particulares en razón de su religión, identidad,
diversidad corporal, entre otros aspectos. Tales principios y enfoques
mencionados “constituyen criterios de interpretación ineludibles de parte de
las autoridades de los establecimientos penitenciarios. Cualquier otro artículo
del mismo reglamento debe entenderse acorde a estas normas rectoras pues
sólo así se garantiza que las decisiones de la administración penitenciaria y
carcelaria no sean arbitrarias, y en cambio, respeten los derechos
fundamentales de las personas privadas de la libertad”326.
De acuerdo con lo anterior, señaló el Ministerio, cualquier decisión que se
adopte en virtud de la necesidad de mantener el orden, la seguridad, la
salubridad o la higiene de las cárceles327 “debe contar con una justificación
específica para cada caso concreto. No resulta pertinente imponer medidas sin
justificación o motivación puntual, máxime cuando se trata de personas
pertenecientes a grupos poblacionales que requieren una especial
protección”328. Así las cosas, los funcionarios del INPEC, al tomar cualquier
323
La CIDH encontró que el Estado Colombiano había violado, en perjuicio de la demandante, los derechos
consagrados en los artículos 5.1, 8.1, 11.2, 24 y 25.1 de la Convención Interamericana sobre Derechos Humanos en
relación con las obligaciones estatales consagradas en los artículos 1.1. y 2 del mismo instrumento.
324
El Ministerio aclaró que, dentro de las recomendaciones brindadas, se propuso, en el marco de las medidas de no
repetición, la creación de una mesa de trabajo que acompañara técnicamente al Instituto Nacional Penitenciario y
Carcelario -INPEC- en las reformas de los 135 reglamentos internos de los establecimientos de reclusión del orden
nacional. El objetivo principal es que se efectuara una supervisión detallada de las enmiendas realizadas a dichos
reglamentos con el fin de que incorporaran los principios fundamentales del Reglamento General del INPEC.
325
Resolución 006349 del 19 de diciembre de 2016.
326
Folio 35 del cuaderno de Revisión.
327
Artículo 48 (control de tenencia de elementos permitidos), artículo 50 (elementos prohibidos), artículo 87 (higiene
personal) y artículo 88 (peluquería y barbería) del nuevo Reglamento General del INPEC.
328
Folio 35 del cuaderno de Revisión.
81
medida que involucre la corporalidad de las personas internas o restringa las
demostraciones de su vínculo de religiosidad, como ocurrió en el caso de los
accionantes, “deben hacer un esfuerzo argumentativo para justificar de manera
razonable la imposición”329, esto es, se requiere que expliquen las razones por
las que “el elemento a prohibir pone en riesgo la seguridad, o un corte de
cabello específico requiere de una acción sanitaria”330. Claramente el INPEC,
como autoridad dentro de los centros carcelarios de Colombia, “tiene toda la
competencia para tomar decisiones [que contribuyan a la efectiva
funcionalidad del régimen penitenciario] sin embargo, éstas deben estar
debidamente fundamentadas”331.
Concluyó que ninguna disposición del Reglamento General vigente permite “la
restricción arbitraria de los derechos constitucionales fundamentales de las
personas privadas de la libertad, y mucho menos intervenciones desmedidas
sobre sus corporalidades, [lo] que exige una debida argumentación de motivos
que den cuenta de la razonabilidad, necesidad y proporcionalidad de cada
[acción que se adopte]. Precisamente el espíritu que irradia el nuevo
reglamento es de respeto, inclusión, igualdad y reconocimiento de la
diversidad de identidades individuales. Por ello se agregaron artículos
tendientes a permitir elementos de uso diario y vestuarios que garantizaran el
libre ejercicio de la personalidad de cada persona, y de esta misma manera
[debe] entenderse todo el articulado”332 que impacta, a su vez, el reglamento
interno de los centros de reclusión donde permanecen confinados los actores333.
4.2. El Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario -INPEC- no emitió
pronunciamiento alguno pese a la solicitud probatoria realizada.
329
Folio 35 del cuaderno de Revisión.
330
Folio 35 del cuaderno de Revisión.
331
Folio 35 del cuaderno de Revisión.
332
Folios 35 y 36 del cuaderno de Revisión.
333
Sobre este último punto, el ente ministerial advirtió que: “Si bien hasta la fecha no se han revisado, y por ende
tampoco aprobado, los reglamentos internos de los [establecimientos penitenciarios y carcelarios del orden nacional
-ERON-] en los cuales están recluidos los accionantes (Cómbita y Yopal), dicha ausencia reglamentaria temporal
no constituye una falta absoluta de protección de las personas privadas de la libertad, debido a que sus derechos
siguen siendo garantizados en virtud del Reglamento General” (folio 36 del cuaderno de Revisión).
82
ANEXO II - Índice
I. ANTECEDENTES
Expediente T-6488263
1. Hechos
2. Respuesta de la entidad accionada
3. Decisión que se revisa
4. Pruebas relevantes que obran en el expediente de tutela
Expediente T-6507069
1. Hechos
2. Respuesta de la entidad accionada
3. Decisiones que se revisan
3.1. Decisión del juez de tutela de primera instancia
3.2. Impugnación presentada por el accionante
3.3. Decisión del juez de tutela de segunda instancia
II. ACTUACIONES SURTIDAS EN SEDE DE REVISIÓN
III. CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS
1. Competencia
2. Cuestión previa: las acciones de tutela presentadas por William
Alexander Pérez Mahecha y Álvaro Andrés Ibarra Herrera son
procedentes para buscar la protección de sus derechos fundamentales
2.1. La acción de tutela puede ser presentada por las personas
privadas de la libertad para reclamar sus derechos (Legitimación
para actuar)
2.2. En los presentes asuntos se cumple con el requisito de
inmediatez y subsidiariedad de la acción de tutela
2.3. Conclusión
83
3. Planteamiento de los casos y del problema jurídico
4. Las personas privadas de la libertad están en una relación de especial
sujeción: el Estado debe garantizarles el ejercicio de su derecho
fundamental a la libertad religiosa y de cultos de manera real y efectiva,
adoptando las medidas que resulten necesarias y adecuadas para alcanzar
tal propósito
4.1. La relación de sujeción que mantienen las personas privadas
de la libertad con el Estado no les quita su calidad de sujetos con
posiciones de derechos fundamentales
4.2. El ejercicio de la libertad religiosa y de cultos, en el marco de
la relación especial de sujeción, debe ser asegurado de manera
reforzada, sin otras limitaciones o restricciones a las que
razonable y proporcionalmente haya lugar
5. Los Establecimientos Penitenciarios de Yopal -Casanare y Cómbita -
Boyacá vulneraron el derecho fundamental a la libertad religiosa y de
cultos de los accionantes al restringir, el ejercicio de sus creencias
religiosas más profundas, sin justificación razonable
5.1. Introducción
5.2. Caso William Alexander Pérez Mahecha (Religión Rastafari)
vs Dirección del Establecimiento Penitenciario y Carcelario de
Yopal -Casanare (expediente T-6488263)
5.3. Caso Álvaro Andrés Ibarra Herrera (Religión Católica) vs
Dirección del Establecimiento Penitenciario de Alta y Mediana
Seguridad y Carcelario con Alta Seguridad de Cómbita –Boyacá
(expediente T-6507069)
6. Síntesis de la decisión
IV. DECISIÓN
ANEXO I - Actuaciones surtidas en sede de revisión
1. Introducción.
2. Información del expediente T-6488263.
3. Información del expediente T-6507069.
84
4. Información de ambos procesos
ANEXO II - Índice