EDUCACIÓN INFORMAL
La educación informal es un proceso de aprendizaje continuo y espontáneo que se realiza fuera del
marco de la educación formal y la educación no formal, como hecho social no determinado, de
manera intencional. El sistema la reconoce y la utiliza como parte de sus aprendizajes.
Es una dimensión de la educación que duplica el campo de acción de cada una de las otras
dimensiones educativas, a saber; educación formal y educación no formal. Los aprendizajes están
determinados por situaciones cotidianas del contacto social, en su mayoría no son organizados o
administrados por una estrategia educativa determinada, son experiencias que se dan en ámbitos
más relajados que los escolarizados; la familia es el principal grupo social en el que se desarrollan
este tipo de aprendizajes, que con sus respectivos contactos sociales facilitan la personalización de
los individuos, el club deportivo, la asociación cultural a la que concurren las familias, el grupo de
amistades con el que se vive la sociabilidad, entre otros; y en definitiva los medios masivos de
comunicación que entran ya en otra modalidad de la educación informal, es decir, son actividades
diseñadas, pensadas y por tanto programadas para lograr un objetivo de formación específico.
Internet, la televisión, la radio, los libros, el diario, las revistas, la telefonía móvil, los radios
transmisores, son algunos de los ejemplos de la realidad tecnológica que dinamizan este tipo de
educación.
La educación informal es una dimensión educativa casi inexplorada e incomprendida por el
sistema educativo, por lo que se entiende como un vasto y fértil campo para realizar investigación
educativa y social que nos permita erradicar en medida de lo posible el mal uso que hacemos de
los elementos y factores que componen su dinámica natural.
Comprende aquellos procesos de enseñanza-aprendizaje que acontecen en las actividades de la
vida cotidiana relacionadas con la familia, el trabajo, o los amigos. No está estructurado, es decir,
no se enmarca en objetivos didácticos, ni en una metodología predeterminada y no conduce a la
obtención de un título o certificación. La educación informal en la mayoría de los casos no es
intencional, sino azarosa o aleatoria, es decir, los sujetos no se imponen como objetivo formal ni
el enseñar ni el aprender.
Debido a la complejidad misma del fenómeno educativo, en la realidad concreta los límites que
separan estas categorías son difusos, principalmente entre la educación no formal y la informal.
Esta distinción tripartita se asocia también al concepto de aprendizaje permanente o a lo largo de
toda la vida.
EDUCACIÓN FUNCIONAL
La Educación Activa es un nuevo paradigma educativo que surge a nivel mundial con mucha
fuerza en estas últimas décadas y que parte de la importancia de conectar y partir de una actitud
respetuosa y atenta a las necesidades profundas y a los intereses de las niñas y de los niños,
colocándolos en el eje central de toda la dinámica de aprendizaje. El aprendizaje, en este marco,
se entiende como un proceso que responde a una inercia de dentro hacia afuera, ya que surge de
una curiosidad innata y de unas necesidades auténticas de desarrollo. No es necesaria la
motivación, el empuje o la programación exhaustiva del aprendizaje cuando el ser está a la escucha
de su propio impulso vital. Es necesario acoger, confiar y respetar la expresión, la elección, la
actividad de las niñas y de los niños. Aquí resaltamos la importancia de permitir la autogestión del
tiempo de juego y de actividad. Promovemos la visión del juego y de la actividad espontánea de
las niñas y niños como el motor del aprendizaje. Nosotros, los adultos, podemos acompañar ese
proceso como observadores y facilitadores, cuidando la calidez y la calidad de las relaciones que
establecemos con el niño. Esto conlleva un constante trabajo de auto-observación en el que vamos
percibiendo nuestros juicios, las valoraciones y las comparaciones que solemos emitir en diversas
situaciones cotidianas. El acompañamiento respetuoso a la infancia presupone que, cada vez más,
nos dirijamos al niño con profundo respeto hacia su ser y hacia su ritmo propio, singular y único.
Otro aspecto importante en la Educación Activa o Vivencial es el de crear ambientes para el
aprendizaje o entornos preparados, a través de espacios diferenciados que ofrecen variedad y
adecuación de materiales para que las niñas y niños puedan elegir e interactuar según sus intereses
y capacidades. De nuevo, la dinámica que regula estas relaciones entre el niño y su entorno parte
del interior, siendo su actividad autónoma un reflejo sabio que responde a lo que el niño desea,
necesita y es capaz de hacer y de aprender en un determinado momento. Los materiales que
encontrará a su disposición deben ser atractivos, variados, estructurados y no estructurados; tienen
que ajustarse a la etapa de desarrollo en la que el niño se encuentra y permitir la manipulación libre
de forma segura y placentera. Pero un ambiente preparado va más allá de esa organización de los
espacios. Incluye también la presencia de un adulto disponible y un grupo de otras niñas y niños
de distintas edades, que, siguiendo su impulso vital, están en constante relación entre sí y
aportándose desde la diversidad.
La interacción, los grupos heterogéneos, implica el reconocimiento absoluto de la diferencia como
marca principal del ser humano. En estos espacios y proyectos educativos se le da prioridad al
desarrollo armónico de la personalidad, a la vivencia de relaciones humanas saludables y
respetuosas, aportando a las niñas y niños una sólida y positiva referencia de lo que es vivir en
comunidad. Cuando se reúnen a niños y niñas de la misma edad en un aula, se hace porque existe
una creencia general de que están en el mismo momento de su desarrollo y, por lo tanto, pueden
y deben aprender los mismos contenidos, de la misma forma, al mismo instante. Así se vienen
organizando el currículum y las evaluaciones. Pero si entendemos que cada niño se encuentra en
un punto totalmente singular de su trayectoria, se hace evidente que es imposible comparar los
procesos de aprendizajes entre dos personas, cuanto más organizarlos desde fuera para que ocurran
de la misma manera. Por ello, los grupos de edades heterogéneas permiten trabajar con
la diversidad de forma muy explícita y consciente, permitiendo que los niños y niñas se reúnan por
afinidades o intereses compartidos, según el momento en que se encuentran. Para que todas
esas interacciones sean posibles, es indispensable que haya libertad de movimiento. Devolvamos
a las niñas y niños la fuerza de movimiento… ¿Cómo, sino, podrían explorar el entorno,
relacionarse con el grupo, experimentar los límites del cuerpo o desarrollar la autonomía? Es a
través del movimiento, de la acción psicomotriz, donde el niño se construye a sí mismo, donde
reorganiza y significa sus vivencias internas. Las experiencias cotidianas se afianzan
prioritariamente en el cuerpo, y sobre esa estructuración del cuerpo se apoyarán las estructuras
emocionales, cognitivas, psíquicas, simbólicas, etc. Por lo tanto, se hace muy difícil plantear el
desarrollo integral del ser humano en unas condiciones que limitan al cuerpo y su movimiento,
obligando a los niños y niñas a sentarse durante horas o a postergar sus necesidades fisiológicas,
por ejemplo. El aprendizaje implica moverse, experimentar, salir del lugar en todos los
sentidos. Ese movimiento libre no debe confundirse con un “dejar hacer” desenfrenado y sin
presencia adulta. Hay un marco muy definido en el que ocurre el movimiento libre, organizado
por límites claros que ayudan a mantener el ambiente relajado y protegido, ya que es esencial que
los niños y niñas se sientan seguros para poder desarrollarse en su totalidad. Es importante
vivenciarse sinceramente respetado y activamente respetuoso, ofrecer a los niños y niñas pautas
claras de convivencia armónica. La experiencia de vivirse en una comunidad constructiva es una
huella que fortalece el sentido profundo de sí mismo. Podríamos hablar de promover el sentido
común desde su más profunda acepción. Otro aspecto importante, para alcanzar ese entorno de
seguridad y aceptación, es la manera en la que el adulto se comunica con los niños y las niñas, esa
comunicación atenta, consciente, cuidada, respetuosa que va encontrando su eco y su reflejo en
los intercambios y las relaciones entre los propios niños.
Podríamos pensar en dos matices de la comunicación respetuosa: por un lado la manera en la que
hablamos y nos dirigimos al niño, y por otro nuestra actitud de escucha. Respecto a cómo nos
expresamos, la comunicación respetuosa se basa en un lenguaje esencialmente descriptivo, más
que interpretativo, en el cual se busca verbalizar en primer lugar los hechos observados, para luego
expresar cómo nos sentimos con relación a ellos y, finalmente, qué necesidades percibimos que no
están satisfechas y cómo pensamos que podrían llegar a serlo. Así, se evita juzgar, comparar,
generalizar o menospreciar lo que el otro hace o dice, hablando desde uno mismo y de nuestra
propia realidad en vez de enfocarnos en los demás. Respecto a nuestra escucha, podríamos hablar
de una escucha activa que consiste en percibir y acoger con amplitud, aceptando el completo
discurso del niño, su situación y su expresión, sin juicio, pero con una profunda contención
emocional. Finalmente, en los proyectos de educación activa, vivencial, democrática es importante
la co-participación de las familias. Los modelos de participación son integradores, ya que se parte
de la corresponsabilidad entre los profesionales, los ambientes educativos y la familia,
promoviendo la colaboración, el intercambio, la formación y el aprendizaje de todos los adultos
que tienen influencia en el desarrollo de las niñas y niños. Todos aprendemos nuevas maneras de
relacionarnos, de crecer juntos, que buscan el respeto mutuo y las estrategias de gestión y de
desarrollo que lo posibiliten. Se trata de generar espacios de convivencia, que ofrezcan al niño un
marco de confianza y coherencia.