Análisis de
Canto II (a Teresa) – José de Espronceda
Ibarra Regalada Enue Lizette
Gutiérrez Aviña Lorena del Carmen
Gutiérrez Torres Rosa Guadalupe
Palacios Martínes Arehf
Análisis formal:
Tipo de estrofa: Octava real.
Métrica: Endecasílabos.
Rima: Consonante.
Clasificación: Verso llano.
Ritmo: Estrófico y extraestrófico.
Combinación: Encadenada o cruzada.
Si en tu penosa y última agonía 11A ___/_/___/_
volviste a lo pasado el pensamiento, 11B _/___/___/_
si comparaste a tu existencia un día 11A ___/___/_/_
tu triste soledad y tu aislamiento; 11B _/___/___/_
si arrojó a tu dolor tu fantasía 11A __/__/___/_
tus hijos, ¡ay!, en tu postrer momento, 11B _/_/___/_/_
a otra mujer tal vez acariciando, 11C ___/_/___/_
madre, tal vez, a otra mujer llamando; 11C /__/___/_/_
El poema está compuesto en endecasílabos que forman octavas reales. La rima coincide:
generalmente acentuada en la penúltima sílaba de cada verso, por lo tanto es consonántica.
A su vez la rima es cruzada: (A-B-A-B-A-B-C-C). Se toman licencias poéticas como el uso
de sinalefa. El ritmo es constante en la penúltima sílaba, sin embargo, en lo demás cambia
mucho en su estructura.
Análisis del contenido:
1. Figuras retóricas: hipérbatos, interjecciones y apóstrofes
Las figuras retóricas con mayor presencia a lo largo del “Canto II (a Teresa)” son: el
hipérbaton, la interjección y la apóstrofe.
Los hipérbatos parecen estar presentes a causa de un deseo por asemejar las
fórmulas conceptistas del Siglo de Oro Español; más concretamente: el estilo
Gongorino de escritura:
Imágenes de oro bullidoras,
sus alas de carmín y nieve pura,
al sol de mi esperanza desplegado,
pasaban, ¡ay, a mi alrededor cantando (vv. 13 - 16)”.
[...]
Yo desterrado en extranjera playa,
con los ojos extáticos seguía
la nave audaz que argentada raya
volaba al puerto de la patria mía (vv. 89-93)
[...]
suspira tu nombre el labio mío;
para allí su carrera el pensamiento,
hiela mi corazón punzante frío
ante mis ojos la funesta loza
donde vil polvo tu beldad reposa (vv. 241-248)
Las interjecciones son acordes al sufrimiento y la melancolía que manifiesta el
yo poético desde el inicio del poema:
¡oh!, ¡cuán süave resonó en mi oído! (v. 23)
[...]
...Lágrimas mías
¡ah!, ¿dónde estáis que no corréis a mares? (vv. 145 y 146)
[...]
Más ¡ay!, que es la mujer ángel caído (v. 209)
[...]
Los años, ¡ay! de la ilusión pasaron (v.233)
¡Oh!, ¡cruel!, ¡muy cruel!... ¡Ah!, yo entretanto
dentro del pecho mi dolor oculto (vv. 337-338)
Las apóstrofes concuerdan con aquello que parece ser lo que motiva el discurso
entero del poema: el recuerdo casi tangible de la amada con el que parece querer
dialogar el yo poético:
¿Por qué volvéis a la memoria mía,
tristes recuerdos de placer perdido,
a aumentar la ansiedad y la agonía
de este desierto corazón herido? (vv.1-4)
[...]
Aún parece, Teresa, que te veo
aérea como dorada mariposa,
en sueño delicioso del deseo,
sobre tallo gentil temprana rosa (v.169)
[...]
Ángel de luz, ¡quién te arrojó del cielo
a este valle de lágrimas odioso?(vv. 203-204)
[...]
¡Pobre Teresa!, ¡al recordarte siento
un pesar tan intenso!... (vv.241-242)
También nos parece importante mencionar que existe una semántica generalizada no sólo a
lo largo del Canto II, sino a lo largo de todo el poema; pues ésta se haya presente desde la
parte introductoria, y la cual podemos sintetizar en: “la nave es el espíritu, el mar es el
mundo”. Decimos que se trata de una semántica, porque creemos que esta doble metáfora
complementaria es una pieza necesaria y elemental para lograr acceder tanto las
proposiciones de la reflexión filosófica latentes en el poema, como al ánimo de febril audacia
con que el yo poético se hace presente y emite su enunciación a lo largo del mismo.
2. Tópico: la muerte en el poema
Desde el principio del poema, la muerte se hace presente con la frase “A Teresa (en paz
descanse)”. Desde este primer momento podemos darnos cuenta de que la muerte es uno de
los temas principales del poema. No obstante, dicho tema no vuelve a aparecer sino hasta el
último verso de la estrofa 30: “Sólo quedó una tumba, una memoria (v. 240)”. La tumba es,
evidentemente, una sinécdoque de la muerte. Asimismo, la relación de sinonimia establecida
por la coma entre “tumba” y “memoria” es acorde al ánimo de melancolía que el yo poético
mantiene a lo largo del poema. Estos versos y los siguientes, intensifican dicha melancolía, la
transforman en un profundo lamento de tristeza.
No obstante que la melancolía está muy presente a lo largo del poema, también lo
está su contraparte: el enojo, causado por el abandono de Teresa. El tratamiento sinecdótico
de la muerte se mantiene en la estrofa 31; es hasta la estrofa 32 que el yo poético enuncia,
como tal, la muerte de Teresa: “Y tú feliz, que hallaste en la muerte (v.250)”. A partir de los
versos finales de la estrofa 32 y el inicio de la 33, el yo poético comienza a guiar el tópico
general de la muerte al tópico particular romántico de “la muerte como liberadora”. Éste se
mantendrá a lo largo de la estrofa 34:
¿Quién, pudiera en infortunio tanto
envolver tu desdicha en el olvido
disipar tu dolor y recogerte
en su seno de paz? ¡Sólo la muerte! (vv. 269-272)
A partir de lo cual el lector podría inferir que la muerte fue incluso piadosa con Teresa.
Desde la estrofa 36, hasta el final de la estrofa 38, el tópico de “la muerte como
liberadora” se verá complementado por el de “el recuerdo como eternizador”:
Un recuerdo de amor que nunca muere
y está en mi corazón; un lastimero
tierno quejido que el alma hiere,
eco suave de su amor primero (vv.281-284);
tópico que no sabemos decir si es romántico o no, pero que sin duda concuerda con la visión
del amor (y del ser amado) que el yo poético ha manifestado a lo largo del poema.
De la estrofa 39 a la 42, el yo poético recuerda la agonía de la amada antes de morir ,
y resuelve que se trata de un costo a pagar por la expiación de sus pecados: “¡Espantosa
expiación de tu pecado!” /¡sobre un lecho de espinas maldiciendo,/morir, el corazón
desesperado! (vv. 330-332). Tenemos la hipótesis de que esta agonía está relacionada con la
maternidad de la apostrofada (Teresa), pues existen algunos reproches velados a ella en este
sentido:
“tus hijos, ¡ay!, en tu postrer momento
a otra mujer tal vez acariciando
madre, tal vez, a otra mujer llamando (vv. 318-320)
[...]
¡Tus mismas manos de dolor mordiendo,
presente a tu conciencia tu pasado,
buscando en vano con los ojos fijos
y extendiendo tus brazos a tus hijos! (vv. 335 y 336)
Puede que sólo busque señalar distanciamiento o desatención de Teresa hacia sus niños, sin
embargo, creemos que el mero señalamiento de este hecho, aunado al ánimo áspero y
judiciario con el yo poético lo anuncia, es ya una acusación de “mala madre” a la que fue su
amada.
La última parte del poema expresa una profunda amargura que llena de satisfacción
al yo poético. De esta manera, la muerte se va asimilando a lo largo de las estrofas y pasa de
ser un motivo de tristeza a una cuestión del destino por la cual hay que alegrarse, pues,
finalmente, dice: “truéquese en risa mi dolor profundo/ ¡que haya un cadáver más qué
importa al mundo! (vv. 351 y 352)”. Versos difíciles de interpretar desde el punto de vista
estrictamente melancólico que parecía sostener el yo poético. Puesto que su abruptísimo
cambio de emoción se torna sospechoso; y nos lleva a pensar que quizás se trate de un
tratamiento irónico (quizá cínico) de su dolor. Aunque hemos de aceptar que no es absurdo
considerar una verdadera resolución de su congoja, pues dicha resolución llega luego de
haber evaluado que la muerte fue liberadora y necesaria para su amada, toda vez que resultó
una forma de expiación. Esto coincidiría, sin duda, con un tratamiento romántico de la
muerte.
Conclusiones
El poema cuenta con características de la época en la que fue escrito. En él se encuentran la
métrica perfeccionada según los cánones del siglo XIX, y una serie de figuras retóricas que
aportan intensidad y significación a los versos. Una temática encontrada en el poema gira
entre dos polos opuestos: la muerte como liberadora y la muerte como castigo. Asimismo, el
sujeto del poema se ve trabajado de dos maneras: una víctima de la vida, cuyo único destino
es sufrir; y como una merecedora del sufrimiento, ganado con base en sus pecados.
Comprendemos entonces que el poema cuenta con una carga romántico-realista, en la que
se enfrentan ambas ideas según la comprensión del autor.
Son diversos los versos que nos marcan la lucha entre dos ideas que, aunque
contrapuestas, se relacionan en demasía a lo largo del texto. El poeta nunca toca los extremos
entre las ideas opuestas, sino que conduce los versos en un baile de izquierda a derecha y
visceversa, ondulando la mentalidad cual péndulo suspendido en la mente del lector.
Hablamos de toda una construcción excelsa que toma un tema terrible, cuya presencia se ha
visto iluminada por el misterio y la ilusión del romanticismo, mas el autor lo coloca como
una muerte merecida y liberadora. No es una muerte que conduzca una trascendencia del ser,
sino meramente el término de una vida en la que, si bien el pecado la condujo al sufrimiento,
las lágrimas se convirtieron en el fruto del respirar, y el sufrir se posó en la tan nombrada
Teresa como un conducto hasta el final de sus días.