En el panorama actual en el que vivimos, no cabe duda de que el cine es considerado un
arte, tanto como lo son la pintura o la literatura. Existen numerosos ejemplos de películas
que pueden provocarle tanto al público como cualquier célebre obra de arte del
Renacimiento. Cada país goza de su propio repertorio de directores excepcionales que han
enaltecido al método de expresión cinematográfico más allá de lo que cualquier público se
imaginaba. Particularmente, tenemos el caso de Francia. Esta relevancia artística que se le
atribuye al cine no estuvo ahí desde su invención, sino que fue ganada con el esfuerzo
creativo de los directores de sus primeras décadas. El desarrollo que el cine tuvo en Francia
desde sus inicios nos permitirá ver cómo pasó de ser simple entretenimiento a un medio de
expresión artística.
Tras el debut del cine en el café de Lyon en 1895, el cine se desarrolló como un
espectáculo de con fines de entretenimiento. Esto provocó que, durante sus primeros años,
se le viera como un espectáculo para las masas, sin valor artístico. La alta sociedad de la
época lo consideraba vulgar. Es debido a esto que en el año de 1908 surge la asociación del
Film d’Art, fundada por los hermanos Laffité. Tenían el solo propósito de darle al cine la
cualidad de arte que le faltaba a los ojos de la aristocracia. Para lograrlo, decidieron unirlo
con la tradición teatral y literaria ya existente. De igual manera, contrataron actores de
comedias teatrales populares de la época para legitimar sus producciones. Su primera
función en 1908 contó con la proyección de El Asesinato del Duque de Guisa, dirigida por
Charles le Bragy.
(imagen de El Asesinato del Duque de Guisa, 1908)
Si bien la sociedad del Film d’Art cumplió su cometido frente a la aristocracia de
ese entonces, su adaptación del método teatral al cine implicó una falta de avance en el
lenguaje cinematográfico. Las puestas en escena que realizaban eran bastante planas y se
acercaban más a teatro filmado que a Grifith. Es por esto que, incluso si lograron darle
cierta cualidad de arte al cine, fallaron en darle su propia identidad.
(proceso de producción de las películas de la Film d’Art)
El crítico dramático Adolphe Brisson dijo lo siguiente: “Después de una hora y
media de espectáculo sentimos el imperioso deseo de escuchar una voz humana. Y ello
prueba claramente que el cine no hace la competencia al teatro: provoca su deseo, su
nostalgia”. Con esto queda claro que la distancia entre el cine y el teatro tenía que ser
hacerse aún más grande. La cercanía entre estos en el Film d’Art le trajo más mal que bien
y no le daba su propio atractivo.
A pesar de ello, también se le debe atribuir en parte el origen del término “7° arte”
al Film d’Art. Éste fue acuñado por el crítico de cine Ricciotto Canudo en su Manifiesto de
las Siete Artes, publicado en 1911. Canudo vivía en París en aquella época. No cabe duda
que las producciones del Film d’Art deben haber tenido alguna influencia en su manifiesto.
Cabe mencionar que los filmes de la Film d’Art se apoyaron también del
naturalismo literario francés. Este elemento será una constante a través del cine francés de
la primera mitad del siglo XX. Entre otras producciones de la Film d’Art destacan El
Retorno de Ulises, de Léon Gaumont y Macbeth, de Louis Feuilliade, ambas de 1909. Estos
dos directores serían figuras sumamente importantes durante las siguientes décadas del cine
mudo francés.
Después del fin de la sociedad del Film d’Art en 1914, la producción
cinematográfica francesa se resumió a dos compañías gigantes: Pathé, con la Sociedad de
Autores y de Gente de Letras (SCAGL), y Gaumont, fundada por el ya mencionado Léon
Gaumont. Cada compañía tenía su propio repertorio de realizadores. Uno de los más
importantes fue Louis Feuillade, quien compitió por un tiempo contra la Film d’Art de lado
de Gaumont.
Louise Feuillade es más conocido por sus series de películas. Estas se hacían por
entregas, con un capítulo a la vez. Sus más famosas fueron la serie de Fantomas y la de Les
Vampires.
(A la izquierda: imagen de Les Vampires. A la
derecha: Imagen de Fantomas.)
Otro de los realizadores importantes de Gaumont era Léonce Perret. Este comenzó
como actor e incluso llegó a actuar en algunos de los filmes de Feuillade. Sin embargo, a
pesar de haber gozado de relativa fama en su época de actor cómico, pronto pasó al puesto
de director. Al igual que muchos de sus contemporáneos, la filmografía de Perret es
sumamente extensa. Si existiera, una filmografía completa de él constaría de más de 400
filmes. A pesar de ello, se debe apreciar la preocupación que tenía por el quehacer
cinematográfico a comparación de sus contemporáneos.
“Léonce Perret parece haber tenido, antes de 1914, una preocupación artística mayor que
Feulliade. Hizo que se cuidase la fotografía, que se usasen contraluces, que se emplease
dramáticamente la luz artificial, que se usara sistemáticamente el gran plano, etc.” 1
De parte de Pathé y la SCAGL tenemos a Albert Capellani como uno de sus más
grandes exponentes. Algunas de sus películas más reconocibles son El Jorobado de Notre
Dame (1911), Los Miserables (1912), Germinal (1913), y La Linterna Roja (1919).
(Imágenes de Germinal,
19013)
Al igual que Feuillade
y Perret con Gaumont,
Capellani se esforzó por
hacer de su cine algo más
allá de un espectáculo.
Esto lo logró con mayor
uso de
composiciones a
profundidad (gran
diferencia con los filmes de
la Film d’Art) y filmando
en exteriores.
En su mayoría, las
producciones de Pathé,
tanto como las de Gaumont,
consistían en adaptaciones
de repertorio. Adaptaron tanto obras de teatro como novelas naturalistas. Las
producciones de Gaumont adquirieron mayor popularidad y reconocimiento que las de
Pathé durante la primera y segunda década del siglo XX. Una de las razones a las que
se debe es que comenzó el reino de las vedettes. Para hacer más atractivos sus filmes,
1 SADOUL Georges, Historia del Cine Mundial, Buenos Aires, 2015, p. 68
solían conseguir actores y actrices de teatro de comedia. A pesar de no poder contratar
a las más grandes estrellas (estas tenían mucho más qué ganar en el teatro que en el
cine,) aquellos actores y actrices dieron un gran impulso a las producciones de
Gaumont.
Para terminar de hablar de Pathé, tenemos al actor Max Linder, quien elevó a la
comedia de personaje a un nivel más allá que sus contemporáneos. Se caracterizó por
interpretar a un personaje de la alta sociedad, con buena vestimenta y valores
cuestionables que le llevaban a un sinfín de enredos. Leonce Perret fue uno de sus
rivales durante su época de actor, pero cuando este pasó a la dirección, Max Linder se
convirtió en la estrella indiscutible. Gracias a sus comedias, terminó por ser el actor
mejor pagado de Francia durante unos años. Tras su participación en la Primera Guerra
Mundial, Linder sufrió de estados depresivos con frecuencia, lo que le llevó a
disminuir su producción. Sin embargo, eso no le impidió ser una gran influencia para
gente como Charles Chaplin, quien cerraría las puertas de su estudio como señal de
respeto tras la muerte de Linder.
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