llluiénes son los Kallawaya7
Nota sobre un enigma etnohistórico
Thierry Saignes
Cuando en 197 4 Louis Girault redactó su artículo sobre la cultura
Kallawaya, resumió lo poco que se sabía acerca de su pasado. El nombre de
los Kallawaya aparece ya en algunas crónicas coloniales, pero es necesario
esperar hasta 1767 para especificar su calidad de herbolarios itinerantes, pos-
teriormente las obras dedicadas a sus prácticas no nos han adelantado mu-
cho. Al grupo de viajeros que pasaron por la región de Charazani recensados
por L. Girault, es necesario añadir el nombre del geógrafo alemán Carl Troll
quien asistió a la fiesta patronal del pueblo durante una expedición en los
Andes Orientales en el verano de 1927 ( 1).
Como para acrecentar el misterio del nombre, origen y lengua propia
de este grupo, el término Kallawaya ha tomado múltiples resonancias: desig-
na, antes que nada, el grupo profesional especializado en el arte de curar y
que habla una lengua del mismo nombre, cuyos iniciados circulaban por los
Andes durante los siglos XIX y XX; evoca también al antiguo grupo étnico
instalado en las faldas de los Andes Orientales desde las Cordilleras de Cara-
baya y de Apolobamba hasta las colinas cálidas del Alto Beni y cuyos descen-
dientes hablan actualmente el aymara en las alturas y el quechua en los valles;
concierne, en fin, al estrato "superior" de la sociedad local (élite indígena
asimilada a los mistis de Charazani).
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De esta triple connotación, profesional, étnica y sociológica, me limi-
taré aquí, a falta de un estudio profundo (especialmente sobre la tradición
oral), a precisar el segundo aspecto, muy ignorado hasta el presente. El des-
cubrimiento de documentos inéditos en diferentes archivos olvidados permi-
te restituir el pasado de las comunidades indígenas de Charazani bajo una
nueva perspectiva, la de los señoríos (chiefdoms) regionales. Las fuentes
provienen de los fondos departamentales ("composiciones de tierras" del
siglo XVII , encontradas en el Archivo de La Paz -en adelante ALP), naciona-
les (conflictos sobre el título de cacique en los pleitos juzgados por la
Audiencia de Charcas, recogidos por el Archivo Nacional de Bolivia, Sucre
- en adelante ANB) y generales de la colonización hispánica (disputas de
encomenderos españoles sobre los indios, en el Archivo General de Indias,
Sevilla - en adelante AG[). Siguiendo de cerca nuestra información, intenta-
mos un breve recorrido por la historia Kallawaya insistiendo sobre los aspec-
tos territoriales y étnicos. Con esta oportunidad se propondrán algunos hitos
para ayudar a descifrar los rasgos más enigmáticos.
1. Señorío y territorio.
Antes de la conquista inca de los Andes Meridionales (segunda mitad
del siglo XV) los Kallawaya formaban probablemente un señorío (Kuracazgo
en quechua), asentado al Nor-este del lago Titicaca sobre los flancos de las
Cordilleras de Carabaya y Apolobamba, cortados por los afluentes superiores
de los ríos amazónicos. Conocemos la extensión territorial bajo el dominio
inca, pero ignoramos si ésta corresponde exactamente a la superficie anterior.
Es Juan Tome Coarete, "Cacique - Gobernador" de Charazani quien
declara que:
" . .. por mandato de Topa Yupanqui y Guayna capac yngas decimo
y honceno Reyes que fueron del piru mandaron a Are capaquiqui
que por ellos governara desde ambana hasta usico adelante de coyo
coyo buscase la mejor entrada que se pudiese haver para las provin-
cias de los chunchus y hallandola tal abriese camino para meter la
gente necesaria a la conquista dellos ... " (20. IX. 1618; ANB Expe-
dientes 1657-5 , fo 54) .
El valle de Ambana se encuentra al Sur de Charazani hacia el Titicaca
mientras que Usica, realmente Usicayos (3875 m.) ocupa el extremo norte y
Cuyo-Cuyo el extremo sur de la Cordillera de Carabaya.
¿Era Ari Capaquiqui el "Señor" étnico de los Kallawaya que había
sido reconocido por la administración inca o simplemente un representante
nombrado por Cusco para gobernar la "provincia" del mismo nombre? (2) .
Lo ignoramos, pero su jurisdicción asociaba dos regiones que fueron, poste-
riormente, separadas y cuyos nombres ocasionan una gran confusión: al
Norte , los valles superiores de los ríos Carabaya (actual Tambopata) y Huari
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EXTENSION PIWllABLE DEL ANTIGUO KIJRAKAZGO DE LOS KALLAWAYA
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Huari que formaron la provincia colonial de Carabaya, incorporada luego al
Perú; al Sur, J'os valles superiores de los ríos Cama ta, Copani y Pelechuco que
integraron la provincia colonial de Larecaja y pertenecen a Bolivia.
Esta futura bi-partición del territorio Kallawaya no se produjo por
azar ya que ella retoma el antiguo corte dualista: el señorío, luego la "provin-
cia" inca, comprendía dos "mitades" la "superior" (Hatun Calabaya) y la
"inferior" (Calabaya la chica) que fueron distinguidas por los españoles
como dos unidades fiscales (repartimientos), siendo "confiadas" sin embar-
go , al mismo titular español (encomendero). La separación de los dos sub-
conjuntos provino de que el primero vino a depender del distrito urbano del
Cusco, mientras que el segundo pasó a la órbita de La Paz (3).
Esta fragmentación colonial consagró la divergencia entre los antro-
ponimias Carabaya y Callawaya (los textos del siglo XVI también escriben
Cala baya), y es necesario despejar definitivamente la duda: se trata de la mis-
ma unidad territorial y étnica. Vistas las diferencias etimológicas que han
sido propuestas erróneamente, en razón de esta misma confusión gráfica,
apoyémonos sobre dos textos muy explícitos:
- una solicitud de los dueños de las minas "de Carabaya o Callahua-
ya". ("Información sobre las minas de Carabuco", 1573, RGI 2: 70).
- y Garcilaso de la Vega refiriéndose a las minas "más ricas al Oriente
del Cuzco en la provincia llamada Callahuaya que los españoles llaman Cara-
vaya" (Historia General del Perú, 1617 , libro III, Cap. 19, Buenos Aires,
1944, p. 300).
Ignoramos cómo se produjo esta confusión y es necesario notar que
la repartición administrativa consagró la divergencia gráfica. En todo caso ,
estas variaciones manifiestan una raíz común y nos obligan a rechazar la
grafía propu esta recientemente por el etnólogo J. Bastien quien llama a los
indígenas de la región de Charazani, los Qollahuaya (4).
Esta versión ha provocado en los etimologistas el paralelo con los
Qolla, habitantes de un señorío del altiplano vecino (al norte del Titicaca)
y cuyo nombre sirvió al Inca para designar los territorios meridionales del
Imperio (Qollasuyo) , otros evocan la etnia de los Collaguas (Qullawa) que
ocupaban los valles intermedios de la vertiente occidental del altiplano , en
una especie de simetría geográfica con los Kallawaya situados en la vertiente
oriental.
No pretendemos resolver los orígenes del nombre y del grupo. Toma-
ré sólo dos o tres hechos. Los informadores de Louis Girault mencionan la
planta Kalawala o Calaguala (en las crónicas) muy eficaz contra las fiebres
tropicales. Una variedad llamada Inka Kalawala curaría el paludismo (uno de
los grandes obstáculos para las tropas andinas que descendían la montaña
para conquistar a los grupos de las tierras bajas), y otra, de nombre Jatun
Kalawala ("la grande") tomada en la chicha ocasionaría efectos alucinóge-
nos, lo que se puede relacionar con rituales samánicos. Estas virtudes muy
importantes para el mundo andino, ¿son acaso suficientes para probar una
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relación entre el nombre de la planta y el del grupo que conocía su uso? No
lo sé, pero este cotejo puede sugerir una pista (5 ). Se trataría de volver a en-
contrar los grandes circuitos de iniciación y de prácticas shamánicas entre la
selva y los Andes.
Por otra parte, esta región de la vertiente oriental, ocupada por los
Kallawaya, constituye una importante zona de transición entre las costum-
bres campesinas estratificadas y jerarquizadas de montaña, río arriba, y los
grupos de horticultores, semi-itinerantes y acéfalos del piedemonte forestal
río abajo. De hecho, los Kallawaya controlan los diferentes pisos ecológicos
(entre 5000 y 1000 m.) de una vía de paso excepcional, zona de contacto y
frontera a la vez, entre las culturas andinas y las amazónicas.
Ignoramos a qué ola de ocupación corresponde aquella que llevó a
los Kallawaya sobre las vertientes intermedias; pero se puede suponer que
entre los siglos XII y XV de nuestra era, dentro de lo que los arqueólogos
llaman horizonte intermedio tardío (entre la caída del Tiwanaku y la con-
quista inca), ellos pertenecen a los señoríos regionales que se disputaban los
Andes meridionales (Callao y Charcas). Ellos debieron probablemente rela-
cionarse con la cultura material llamada Mallo que caracteriza a los valles
orientales en esta época (cerámica bi-color, arquitectura militar) (6).
El examen del mapa linguístico proporciona datos delicados a inter-
pretar. Los señoríos del altiplano hablaban aymara pero los habitantes de las
orillas orientales del Titicaca y de la vertiente inmediata hablaban una lengua
ciertamente más antigua , el pukina, cuyos lazos con el arawac hablado por
los grupos de la selva cercana han quedado demostrados. Al final del siglo
XVI , según un documento de origen eclesiástico , "las tres lenguas generales
del Perú" , el kechua, el aymara y el pukina, estaban en uso en las parroquias
de la vertiente oriental (las de Charazani; AGI, Indiferente General 432). El
pukina desapareció en el siglo XVII y solamente poseemos un vocabulario
limitado. El parecido entre el kallawaya, lengua reservada a los curanderos
del mismo nombre, y el pukina fue notado (trabajos de P. Rivet y A. Torero).
Más recientemente, la lingüista L. Stark ha podido definir al Kallawaya como
una lengua híbrida (o mixta) antes que una "lengua secreta", forjada a partir
de un léxico con predominancia pukina y de una sintaxis quechua. Piensa
también que el sustrato quechua de esta lengua así como los fonemas que-
chuas empleados actualmente por los habitantes de los valles de Charazani,
combinan los rasgos prestados a las dos variantes dialectales del quechua, la
de Cusca y la de Ayacucho, lo que indicaría el origen septentrional del grupo
étnico (7). Pero el problema de las encuestas lingüísticas, como lo recuerda
L. Girault , es que ellas explotan hasta aquí, un léxico bastante reducido en
cantidad (igualmente que en las comparaciones con el pukina) y en calidad,
ya que está basado en informadores mestizos del pueblo de Charazani (que
están lejos de pertenecer a las comunidades Kallawaya). En fin , según L.
Girault, el lenguaje Kallawaya no se limitaba únicamente a las prácticas ritua-
les sino que también era empleado en la vida diaria. Por consiguiente, es
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necesario remitirse a los análisis lingüísticos más sistemáticos del corpus
Kallawaya (8).
Provisionalmente, digamos que una hipótesis tentativa para un histo-
riador consistiría en identificar las comunidades realmente Kallawaya (en
número de cinco) con los antiguos ayllus pukina-hablantes distinguiéndolos
de los grupos aymara-hablantes que controlan los sectores elevados y los
mitmaq quechua-hablantes instalados por el Inca. Pero también se puede ad-
mitir la idea de una "fabricación" tardía del Kallawaya a partir de elementos
pukina y quechua. En todo caso, el rol de los Incas en el reordenamiento
étnico (y lingüístico) de los valles orientales nos obliga a considerar el impac-
to de su intervención.
2. La Intervención Inca.
Parece correcto, según los autores de la historiografía inca, que la
anexión al Tawantinsuyo de la vertiente oriental se operó bajo Tupac Yupan-
ki al mismo tiempo o poco después de la conquista del Collao (segunda mi-
tad del siglo XV). Por otro lado, la colonización inca se tradujo en importan-
tes transferencias de población entre diferentes regiones. Tenemos conoci-
miento de la presencia en los valles Kallawaya de grnpos de origen geográfico
bastante distintos. Se nota, primero, la existencia de mitmaq venidos del
Collao: ¿se trata de una confirmación de mitmaq étnicos que ocupaban
anferiormente los valles o de una verdadera instalación de mitmaq que traba-
jaban para el Estado o para la corona inca? El nombre de varios ayllus llama-
dos lnkas en las jurisdicciones de Gharazani y de Moco Moco nos haría incli-
nar por la segunda hipótesis aun si las dos posibilidades no se excluyen mu-
tuamente (9). Además, el Inca hizo venir a mitmaq de regiones más lejanas:
Chachapoyas (Andes Orientales del Perú septentrional), instalados en la mon-
taña y Canas y Canchis asentados en la cuenca del alto Copani ( 10). Ignora-
mos si estos "colonos" trabajaban directamente para el Estado cusqueño, en
provecho de las panacas o para su etnia.
El interés económico que representaba este sector es innegable : en las
colinas subandinas y a lo largo de los torrentes que desembocan en los
afluentes amazónicos fueron explotadas las minas de oro y los lavaderos;
sobre los andenes, los preciosos arbustos de coca cuyas verdes hojas eran co-
sechadas tres veces al año. Los productos eran llevados hasta las punas y
colocados en el tambo de Umanatta (4000 m.) no lejos del lago Titicaca.
Recordemos también que el sector de Charazani-Camata tomó una
gran importancia geopolítica del hecho que los Kallawaya encontraron un
camino que pennitió al Inca la conquista de los enemigos hereditarios del
piedemonte, los terribles indios de la selva llamados "salvajes" (Chunchos).
Según el texto evocado anteriormente, el jefe Ari y luego su hijo abrieron un
pasaje hacia el valle de Apolo y de allí hacia las sabanas de la ribera izquierda
del Beni. Por este servicio prestado, el Inca acordó al señor Kallawaya el
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privilegio de ser llevado en andas por cuarenta indios (Expedientes ANB
1657-5, fo 54). Esta información sobre el rol decisivo jugado por los Kalla-
waya en la expansión inca hacia la llanura amazónica ( Antisuyo) explicaría el
favor oficial del cual fueron favorecidos por el soberano cusqueño. Sabemos,
en efecto, por otros cronistas (mitos de Huarochirí. 1598-1606; Santa Cruz
Pachacuti, 1613; Waman Poma de Ayala, 1613) que los Kallawaya eran los
portadores de la litera imperial.
Más sorprendente es el hecho que ninguno de esos autores señala la
especialización médica o la reputación de herbolarios y de curanderos que
debían caracterizar a los Kallawaya (al menos durante los siglos XIX y XX).
¿Sería que en la época pre-hispánica la farmacopea andina estaba comun-
mente expandida entre las etnias y que los conocimientos Kallawaya en la
materia, por consiguiente, no se consideraban más calificados que los de
cualquier otro grupo? Otra hipótesis consistiría en atribuir a los Chachapo-
yas, venidos también de los Andes orientales y que eran especialistas en plan-
tas amazónicas, un rol importante en la elaboración del saber botánico Kalla-
waya de tal manera que sus aplicaciones curativas fueron el resultado de la
mejora progresiva y sólo encontraron su pleno desarrollo durante la domina-
ción hispánica e incluso, quizás en la época contemporánea.
En todas las eventualidades, los "médicos-brujos" Kallawaya han
teniqo interés en rodear con el mayor secreto la fabricación de su farmaco-
pea y su transmisión, contribuyendo de esta manera a acrecentar el misterio
sobre su especialización. En cuanto al resto, su lengua confidencial, su aisla-
miento y su itinerancia han podido alimentar las especulaciones más extra-
ñas sobre el origen de su arte mágico.
3. Las particiones territoriales del Siglo XVI.
Los inicios del período hispánico están marcados en el área Kallawa-
ya por una serie de modificaciones territoriales dentro de las cuales diferen-
tes instituciones coloniales -encomiendas, corregimientos, reducciones, dis-
tritos urbanos y eclesiásticos- intervinieron en diversos grados.
La encomienda, esta institución que delega a españoles particulares
el derecho de percibir los tributos de un grupo indígena, se inscribe dentro
de la herencia del remodelaje inca. Desde 1535 , en el Cusco, incluso sin ha-
ber ocupado los territorios meridionales del Imperio, Pizarro atribuyó a
Pedro Alonso Carrasco los indios yungas de Camata (con las aldeas de Care-
chane y Camcua), río abajo de Charazani, así como la provincia vecina de los
Chunchos; al mismo tiempo, el licenciado Antonio de la Gama recibe los
repartimientos (ó "provincias") de Hatun Carabaya y la pequeña Calabaya.
En 1549, dos "jueces visitadores" recorrieron la región bajo órdenes del
Virrey La Gasea e interrogaron a las diferentes autoridades indígenas (llama-
dos "señores" o caciques) sobre su jurisdicción respectiva y recibieron las
precisiones siguientes:
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Coarita, "sei'ior de la provincia de charasana, y los otros jefes de toda
la provincia de la pequei'ia Calabaya, jurisdicción de la ciudad de La Paz",
suministraron la lista de una docena de pueblos que abrigaban ciento veinte
indios tributarios con sus familias . Coarita precisó que la encomienda com-
prendía otras aldeas que no dependían de él, la de Pelechuco y las de Hatun
C:tlabaya.
Chua Yunga , principal de Carasana (33 tributarios) tampoco depen-
J 1a del sei'ior de Charazani pero estaba incluido en la misma encomienda.
En fin, Guallare, cacique de los indios yungas de Camata (70 hom-
bres) , pertenecía a la misma provincia de los Kallawaya pero dependía de
un encomendero distinto (11 ).
Los conflictos no tardaron en multiplicarse a propósito de los titula-
res de las encomiendas Kallawaya y de su jurisdicción. El repartimiento de
Charazani regresó finalmente a la Corona la cual denegó al encomendero de
Camata su pretensión de anexar el pueblo de Carixane o Carijana unido a
Charazani (12) .
Luego de la creación de la Audiencia de Charcas (1561 ), cuya sede
fue La Plata (Sucre actual) , el conjunto del Callao y de sus vertientes integró
su instancia administrativa y judicial, quedando dividido sin embargo entre
los distritos urbanos de La Paz y Cusca. El establecimiento de los co"egi-
mientos en 1565 confirmó la secesión de estas dos "mitades" del antiguo
sei'iorío Kallawaya del cual la "superior", al norte, formó aquel de Carabaya
mientras que la "inferior", al sur, integró aquel de Larecaja. Así, según la
perspectiva, desde el Cusca o desde La Paz, estos valles orientales tomaron la
denominación genérica de Carabaya o de Larecaja (13 ).
Otra etapa importante en el desmembramiento del antiguo señorío,
se inicia con el reagrupamiento de la población indígena en el seno de "re-
ducciones" , "pueblos de indios" concebidos como centros de control admi-
nistrativo, social e ideológico de la sociedad andina. Los habitantes de la pe-
queña Calabaya fueron de esta manera concentrados en cuatro pueblos, uno
de puna, Umanatta, dos cabeceras de valle: Charazani y Moco Moco, y una
de yungas, Carijana, "que son diferentes naciones" , así como lo establece el
libro de la "Visita General" de 1575 (14).
Estas reducciones multiétnicas (ya que a los lados de los Kallawaya
se encontraban los mitmaq originarios de diferentes regiones andinas), ¿fue-
ron efectivamente ocupadas por los indios? Se puede dudar. Sabemos que en
otras partes, y a menudo los indios se quedaron en su antiguo hábitat o vol-
vieron a él rápidamente. En la región de Charazani es el segundo movimiento
el que parece producirse ya que a partir de 1584, menos de diez años después
de las operaciones de reducción, el corregidor de La Paz durante una inspec-
ción en la región denunciaba:
" . . . como los mas yndios del dicho pueblo bibian fuera de su rredu-
cion y pueblo principal haciendo poblasones en los pueblos viejos y
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que aunque les avia sido quemadas y derrocadas las casas por los co-
rregidores <leste partido se abian buelto . . . " (Moco-moco 3.IX.
1584 ;ANB/ E 1605-2 fo 54).
La transformación en parroquias de estas reducciones debió terminar
de conferirles su plena autonomía fiscal y religiosa. Las autoridades residen-
tes indígenas y españolas (cacique-gobernador, alcalde mayor, cura. lugarte-
niente de corregidor) ejercían una tutela pesada y abusiva sobre los indios en
detrimento de sus lazos con su comunidad de origen ( 15). En 1596. Chara-
zani forma una parroquia , Moco Moco otra, Carijana y Camata se reúnen en
la misma, Umanatta debe unirse a los indios kanchi de Usadca para formar la
nueva reducción y la parroquia de ltalaque (AGI, Indiferente General 532).
Se puede ver, por consiguiente, que las unidades domésticas Kalla-
waya se encuentran repartidas en diferentes jurisdicciones (urbanas, provin-
ciales, aldeanas, eclesiásticas) qu e no coincidía, lo que ocasionó múltiples
conflictos de competencia y de límites. A la larga , las autoridades indígenas
ejercieron responsabilidades limitadas a la unidad residencial y a la percep-
ción del tributo. ¿Cómo los Kallawaya diseminados entre los valles del Copa-
ni (Ayllus warcas de ltalaque y Moco Moco) , de Charazani. de Pelechuco y
los yungas de Cama ta, sometidos a autoridades distintas conservaron su iden-
tidad común étnica y de intereses? Lo ignoramos. En 1614, los descendientes
de los "señores" Kallawaya reclaman la restitución de sus derechos y títulos
sobre el gobierno ele Charazani y de la "provincia de Carabaya" ; quedaba
fresca en la memoria su antigua soberanía y jurisdicción (ANB/E 1657-5 ).
Como en otra parte, se puede estimar que con la pérdida de su poder y el
desmembramiento de su territorio , los jefes étnicos Kallawaya se encontru-
ron en el rango de simples agentes de la administración colonial manteniendo
bastante influencia en la vida local (16 ).
4. Las luchas coloniales: ayllus, tiellas y caciques.
Es desde este momento , en el marco más reducido del distrito de
Charazani, que prosigue la historia de las comunidades Kallawaya.
Tal como aparece en la documentación d el siglo XVII. este distrito
está ocupado por ocho ayllus (grupo de parentesco generalmente endógamo
y que controla un territorio discontinuo) que reunían familias indígenas
( ¿autóctonas?) y alógenas (mitmaq colocados por el Inca y migrantes colo-
niales). Estos ocho ay/lus integraban, como antes en los Andes, una organiza-
ción dualista y se encontraban en las dos "mitades" (con los nombres hereda-
dos del remodelaje inca: hanansaya para la "alta" y hurinsaya para la "baja")
que agrupaba a la vez el distrito y su cabecera (es decir el pueblo de Charaza-
ni). Los miembros de los ayllus poseían doble domicilio (por lo menos) : en
sus tierras de las aldeas (estancias o pueblos) y en el barrio correspondiente a
su ayllu en la cabecera a donde ellos venían para las fiestas, la paga del tribu-
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to y otras circunstancias excepcionales (visitas de autoridades· españolas).
Ignoramos cómo se operó el reagrupamiento de los ayllus en el seno de las
"parcialidades" (o mitades) y la identidad de los ayllus verdaderamente
Kallawaya o al menos de aquellos de herbolarios-curanderos.
En efecto, el nombre de las comunidades contemporáneas especiali-
zadas en el arte de la medicina (son seis: Chajaya, Chari, Curva, Inca, Khan-
laya y Wata Wata) no nos ayuda mucho a reconstituir el origen. Tres nom-
bres aparecen en las listas de ayllus del Siglo XVII, Chajaya, Curva e Inca; las
otras tres deben designar a estancias promovidas, luego del fraccionamiento
posterior de los ayllus, al rango de ayllus y de comunidades (17). Curva,
ayllu pukina-hablante, parece tener una antigüedad y una importancia decisi-
vas en la tradición Kallawaya mientras que el nombre de Inca recordaría el
impacto de las transferencias de población operadas en la región.
Para darse cuenta de la especialización médica de las comunidades
Kallawaya, es necesario no olvidar tampoco el peso de las migraciones inter-
nas que afectaron los valles Kallawaya a partir de fines del siglo XVI. Un re-
sumen de la "Visita General" dado en 1583, añade a los 683 tributarios "na-
turales caravayas" la cifra de 300 "venidos de diferentes repartimientos"
donde ellos pagan su tributo. Diez años más tarde, un informe jesuita evoca
la poderosa atracción de esta región para los indios de altura que quieren es-
capar a los trabajos mineros periódicos (mita de Potosí) y a las epidemias que
los azotaban en los años 1590 (18 ).
Durante el siglo XVII , estos diferentes estratos de ocupantes se insta-
lan en el distrito de Charazani bajo nombres distintos y en proporciones nu-
méricos también distintos. El detalle de la Revisita del Virrey Duque de la
Palata (1683) da la composición de los efectivos tributarios repartidos entre
los ocho ayllus: los "naturales" han disminuido a la mitad en relación a
aquellos de 1583 y un tercio está "ausente" en el momento del Censo
comunmente "sin dejar noticia", lo que hace presagiar un declive; los migran-
tes del siglo XVII comprenden dos categorías socio-jurídicas, los yanaconas
de su Majestad, quienes pagan una cuota reducida a las cajas reales de La Paz
y los "forasteros" que dependen ya sea de sus caciques de origen o de aque-
llos que los acogen (en un ayllu o en el pueblo); los mitimaes, en fin, llama-
dos más exactamente en el censo llactarunas (en quechua "hombres del pue-
blo" - migrantes provisorios) son ciertamente los descendientes de los recién
venidos en 1583 (han perdido una quinta parte de los efectivos). Estos dife-
rentes estratos de migrantes cuyo efectivo global es superior a aquel de "na-
turales" (los censados en la "Visita General") provienen de todo el Collao e
incluso de un cuadrilátero comprendido entre Cusco, Arequipa, Oruro y La
Paz (l 9).
Dentro de este mosaico humano ¿cómo se ha transmitido o forjado
la especialización profesional de los herbolarios-curanderos? No lo sabemos.
Se puede suponer que la elaboración del lenguaje Kallawaya tuvo como rol el
de mantener el secreto y el monopolio de la iniciación en el arte médico en
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_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ Saig_nes: Los Kallawaya
el seno de las familias de curanderos. Pero la documentación histórica no nos
aclara mucho sobre la identificación lingüística . Ya he evocado la lista ecle-
siástica de fines del siglo XVI estableciendo que las tres "lenguas generales"
del Perú eran habladas en las parroquias del área Kallawaya y también he
planteado la tentación de poner en relación directa el pukina con los antiguos
ayl(tís locales. Por otra parte, un inspector episcopal menciona en 1620 que
un cura de Charazani predica "en la lengua aymara que es la más usada y que
hablan estos naturales como resulta de los informes por haberlo visto" (Li-
cenciado Luis de Barraza y Cárdenas, Charazani, l 8.III.1620; "Probanza del
bachiller Alonso Torero", ANB/E 1626 - 18). No se puede fiar del término
"naturales" que parece designar, aquí, al conjunto de la población indígena.
Este predominio del aymara, ¿está en relación con la presencia de los dife-
rentes grupos de migrantes (mitmaq, forasteros, etc.) venidos del Collao? o
¿caracteriza también las comunidades del viejo fondo Kallawaya? En cual-
quier caso, no hay que olvidar que gran parte de los habitantes debió ser
bilingüe, incluso trilingüe, ni la necesidad de descubrir otros documentos
históricos que, combinados con análisis glotocronológicos, deberían permi-
tir establecer las variedades de dialectos que se usaban en los valles Kallawaya
en la época colonial.
Otro punto importante a establecer nos llevaría a las modalidades de
aprovechamiento del potencial ecológico andino-oriental por estas mismas
comunidades, tema sobre el cual estamos poco informados. Hay que distin-
guir el espacio de recolección de las plantas utilizadas en la farmacopea
Kallawaya, espacio cuyo recorrido puede ser muy vasto ya que coincidiría
con el antiguo territorio étnico y englobaría a zonas ecológicas más lejanas
tales como las yungas de La Paz o las colinas forestales de Apolo (20) . El
territorio agrícola que incluyó los recursos de la crianza de camélidos en las
estepas de altura, los andenes y las chacras de tubérculos y de maíz, y de
coca en las pendientes, comporta otra historia que nos remite a las luchas
por el acceso a la tierra entre ayllus y entre indios y españoles. A pesar de su
restricción durante la colonia, el control territorial de Charazani quedaba
bastante extendido ya que englobaba las punas del río Suches y los valles de
las dos vertientes de las cordilleras de Apolobamba y de Muñecas hasta el pie-
demonte forestal del alto Beni. Las composiciones de tierras realizadas a me-
diados del siglo XVII testimonian litigios de linderos en las punas entre los
ayllus de Curva y Caata e Hilaata y entre los de Amarete y de Chajaya (21 ).
Otro contrato recuerda la venta de un terreno por los indios del ayllu Cha-
chapoia al cacique-gobernador de Charazani con el fin de pagar sus tributos
(ANB/E 1677-13). Otros juicios sancionan la restitución a los indios de las
tierras usurpadas por los hacendados españoles, especialmente en las punas,
pero una información dada al final de la Revisita de 1683 da cuenta de la
existencia de solamente dos propietarios españoles en el distrito de Charaza-
ni y probaría la debilidad de la penetración de la hacienda española en este
sector (mientras que los valles vecinos están sumergidos por la apropiación
No. 2, diciembre, 1983 367
Estudios _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ __
española). Siendo una zona apartada , lejana de las rutas del altiplano, parece
resistir mejor a la disgregación colonial que los otros valles de Larecaja. Pero
queda por estudiar su historia agraria.
Este mismo alejamiento o aislamiento con relación a los centros de
actividad de los Andes coloniales ha podido actuar también en detrimento
de los propios indígenas. En efecto, una serie de conflictos que enfrentaban
tanto a los dirigentes indígenas entre sí, como con los españoles residentes,
sorprenden por su duración e intensidad.
Antes que nada, un largo conflicto que duró toda la época colonial,
con secuelas dramáticas constantes, opuso a dos ramas colaterales del linaje
del cacique fundador. Bajo los últimos incas, el "señor" Kallawaya tuvo tres
hijos que gobernaron uno después del otro. Bajo los españoles, los descen-
dientes de las ramas mayor y menor se disputaron a su turno el título de
"cacique-gobernador", mientras que la rama intermedia proporcionaba las
autoridades en "segunda" (segunda persona, responsable de la "mitad"
inferior). No vamos a analizar en detalle este litigio sobre el cual estamos
bien informados y que merece un estudio particular. Digamos, en resumen,
que al principio, reposa sobre la divergencia de criterios de sucesión entre
las tradiciones aymara (entre hermanos o de tío a sobrino), inca (elección del
pariente más capaz) e hispano-romana (patrilineal, primogenitura). En los
Kallawaya el problema surgió cuando varias veces murieron los caciques
dejando a hijos menores de edad; el cargo recayó en la rama del hennano
quien, luego, lejos de restituirlo al sucesor de derecho, ya mayor de edad, se
esforzó por hacerse reconocer por el poder colonial como el único titular
legítimo. Hemos llevado a un cuadro este cruce de sucesiones entre los Coa-
rete y los Serena, cuyos representantes acaparaban el título y el cargo de
·cacique-gobernador según el capricho de las vicisitudes jurídicas (ante el tri-
bunal de la Audiencia de Charcas) y de relaciones locales de fuerza (compli-
cidad de las autoridades españolas, laicas y religiosas).
Este conflicto encarnizado en el cual se mezclaron rápidamente otros
intereses (tráficos comerciales de los corregidores y de sus representantes,
usurpación de tierras por los españoles, atribución de indios de servicio) en
relación con el acceso a la mano de obra indígena destrozó la región y cono-
ció episodios muy violentos. Hacia 1650, el titular, don Martín Serena fue
asesinado. Treinticinco años más tarde, su hijo, que llevaba el mismo nom-
bre, fue acusado de tiranizar la región y de haber asesinado, en complicidad
con siete españoles, al lugarteniente del Corregidor, Pablo de Vera, en la igle-
sia de Charazani. El juez enviado por la Audiencia de Charcas no pudo reali-
zar el embargo de sus bienes en razón de la hostilidad de los indios, agitados
por el corregidor de Larecaja y el nuevo lugarteniente; en La Paz tuvo que
dejar a su prisionero que fue liberado por los oficiales reales (carta al presi-
dente de la Audiencia, 2.VIII.1686; AGI, Charcas 25). Se nota aquí la cade-
na de complicidades oficiales en el plano regional (Larecaja-La Paz) que jugó
a favor del cacique de Charazani a la cual debió oponerse el representante
368 Revista Andina, t. 1
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Saignes: Los Kal lawaya
asesinado, rechazando, quizás, prestar su concurso.
En el siglo XVIII , los abusos de los funcionarios locales que practi-
caban ventas forzadas de mercaderías a los indios (repartos de ropa y de
mulas) ocasionaron las protestas de las autoridades indígenas. En 1721 un
juez de la Audiencia realizó una encuesta pero chocó con el silencio general
y el desistimiento de los demandantes (ANB/E 1722-46). Diez años más
tarde, nuevas denuncias contra un lugarteniente que vendía mulas y ropa a
"precios realmente exorbitantes" por un valor global de 20,000 pesos, fina-
lizaron con el mismo resultado y el juez encuestador concluyó:
" . . . los miserables indios en la oprecion en que los halle reconosi
realmente no tubieron libertad para ello /testimoniar/ antes si atemo-
risados y amilanados no rudieron desir ni declarar mas de lo que
consta ... " (La Paz, 12.1. 733;ANB/E 1733-12 fO 13).
En 1760, otro conflicto opuso al cura de Charazani con el cacique
Juan Miguel Serena en el cual intervinieron en favor de este último los habi-
tantes de Curva y de Amarete armados de palos y hondas (ALP, no archi-
vado). No evoco aquí las numerosas riñas que agitaron los campamentos
mineros, importantes en el siglo XVIII en la región, y que se sumaro11 a las
tensiones sociales y civiles que marcaron a estos confines de la colonización
hispánica.
Estas largas polémicas mezcladas con unas exacciones incesantes
desembocaron en un medio siglo de agitación armada, desde las guerras
tupacamaristas hasta las guerrillas de independencia (dando lugar a la ef íme-
ra republiqueta de Larecaja) que ensangrentaron los valles orientales (f77 5-
1825).
5. El largo siglo XIX: 1830 - 1950
Después de estos dolorosos sucesos, verdadera guerra civil, étnica y
social a la vez, que dejó al campo exangüe, sucedió un largo siglo republica-
no marcado por el advenimiento de una oligarquía criolla y de su clientela
mestiza y por el despojo progresivo de las comunidades indígenas. Tenemos
pocos datos sobre su impacto en la región de Charazani pero no hay duda de
que este siglo negro para las poblaciones rurales indígenas haya también
agravado la condición de los indios Kallawaya. Dentro de esta perspectiva, se
puede interpretar muy bien sus viajes lejanos (hacia Chile y Argentina) como
un medio de adquirir recursos que la economía local no podía ofrecerles y de
escapar al fuerte control social ejercido por los vecinos mestizos.
Después de la independencia de Bolivia, cuya frontera septentrional
coincide con la del distrito de Charazani, el área Kallawaya sufrió nuevamen-
te divisiones territoriales. En enero de 1826, en el Departamento de La Paz
fue creada la prov.incia de Caupolicán al nor-este de Larecaja: comprendía las
antiguas misiones de Apolobamba, la villa de Pelechuco (unida a la reducción
No. 2, diciembre, 1983 369
Estudios _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ __
de Charazani en el siglo XVI y luego separada como parroquia autónoma) y
las punas de Ulla Ulla en el siglo XVIII. En octubre de 1826, la provincia de
Larecaja sufrió a su vez la división de su mitad septentrional (aquella del
área de Charazani) que vino a formar una nueva provincia llamada Muñecas
(del nombre del cura patriota que animó la guerrilla en 1815 en este sector).
En 1908, los pueblos de Moco Moco y de ltalaque con sus distritos que aco-
gían antiguos ayllus Kallawaya (Warcas y Umanatta) forman parte de la
nueva provincia de Camacho. Cuarenta años después, el sector de Charazani
fue separado de Muñecas para formar, con los distritos Amarete, Curva, Chu-
llina, Carijana y Camata, la nueva provincia Bautista Saavedra. En esta remo-
delación provincial, la antigua cabecera Kallawaya (Charazani) se ·e ncuentra
asociada con sus yungas (Camata y Carijana) pero pierde sus punas (Ulla
Ulla). Por otra parte, sufrió la detestable costumbre republicana de rebauti-
zar los nombres de pu eblos: Charazani recibió el nombre de Villa General
Pérez, mientras que el antiguo ayllu Kallawaya de Chajaya se convirtió en
pueblo y distrito: aquel de Villa Gral. Ramón Gonzales. Pero los habitantes
continuaron utilizando los toponimios indígenas.
La población de esta región parece haber sufrido fuertes variaciones
numéricas. Un "cálculo aproximativo" de 1826 atribuye unas diez mil per-
sonas (ANB/Ministerio del Interior, t. 12, No . 144) pero en 1832 un censo
fiscal da una cifra de 50 tributarios para el cantón de Curva y 45 para el de
Charazani (ANB/Revisitas). Luego del "censo cantonal urbano" de 1900, el
pueblo de Charazani tendría 700 habitantes y Curva 520 pero se ignora las
cifras de los alrededores. En todo caso, los censos generales del siglo XX
(ejecutados en 1900 y en 1950) son poco fiables. Se supone que, como
anteriormente en los pueblos del altiplano y de los valles, eran los "blancos"
y los mestizos los que ocupaban los pueblos, proceso iniciado en la época
hispánica; y en los valles, desde el siglo XVII, los "indios" eran arrojados
o se mantenían en las estancias y haciendas, designadas con el término
genérico de comunidades actualmente. El hecho que los habitantes del
valle de Curva y de las pendientes de la ribera izquierda del río Camata hayan
tenido éxito en constituir un cantón aparte (y esto desde 1826) indicaría una
voluntad de escapar al control económico y social ejercido por los notables
(vecinos) de Charazani. La formación de estas redes de poder local (caciquis-
mo, clientelismo ), sus medios de presión ( compadrazgo, violencia), sus lazos
con las oligarquías regionales (centros mercantiles de la ribera del lago Titica-
ca, costa peruana o boliviana) y nacionales (La Paz), las usurpaciones de
tierras cometidas en detrimento de las comunidades campesinas como las
exacciones ejercidas en contra de sus miembros (utilización de la mano de
obra en los servicios postales y prestación vial por medio de sanciones judi-
ciales, en las haciendas) ameritan un estudio completo; los informes de pre-
fectos , sub-prefectos y corregidores depositados en La Paz y Sucre suminis-
tran la información necesaria.
¿Qué hicieron los herbolarios-curanderos Kallawaya frente a esta pre-
370 Revista Andina, t . 1
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - S a i g n e s : los Kallawaya
sión republicana sobre el campesinado andino? No sabemos gran cosa. Los
viajeros extranjeros y los eruditos · nacionales catalogados por L. Girault,
señalan sus desplazamientos en el país y en las repúblicas vecinas. Añadirnos
el testimonio del jurista-estadístico J. M. Dalence que, en 1848, los describe
así:
"En los cantones de Curba y Charasani de esta provincia habitan los
célebres botánicos del Imperio de los Incas, ejerciendo hasta hoy su
profesión de herbolarios. Cargados de sus yerbas y raíces y suponién-
dose conocedores de sus grandes virtudes, recorren esta part e del con-
tinente has ta Mont evideo y aun el Brasil y después de una peregrina-
ción de dos o tres años, vuelven a su país, llevando todo lo que en él
falta y han m.enester" (22) .
Medio siglo más tard e, R. Paredes en una monografía dedicada a la
provincia Muñecas, evoca a los indígenas de Charazani y Curva que
"mas antes hablaban un dialecto diferente del kechua qu e era cono-
cido con el nombre de lengua callahuaya del que hoy hacen poco
uso; sin embargo, los de Curva emplean el puquina en sus relaciones
mutuas.
Los ca/lahuayas viajeros, habitan las estancias de Chajaya, Camblaya
e Ingas, los demas callahuayas son poco afectos a abandonar su terre-
no, viven dedicados a la agricultura y algunos a los trabajos de alfare-
ria como los de Amareh ( . . . ). Los ca/lahuayas son los indios mas
acomodados de la provincia; pero también los mas bebedores de
alcohol. Las casas en que habitan presentan el aspecto mas pobre que
imaginarse puede, porque ellos no se preocupan de arreglar sus habi-
taciones y ocultan cuidadosamente los objetos de valor que traen de
sus viajes" (23) .
Se ignora a cuándo se remonta esta tradición de sus viajes tan lejanos
en el continente sudamericano, pero se puede suponer que constituyen ver-
daderas migraciones periódicas destinadas ya sea al enriquecimiento de sus
autores, como a escapar de las presiones sociales y raciales que pesan en su
región de origen .
A inicios del siglo XX, esta emigraéión temporal toma el aspecto de
un verdadero éxodo rural y numerosas familias del valle de Charazani co-
mienzan a instalarse en La Paz (como aquellas de la comunidad de Chajaya)
donde ellas ejercen actividades artesanales diferentes Uoyería , orfebrería).
Según los informadores de L. Girault es, por otra parte, hacia mediados del
siglo que cesaría de transmitirse el saber botánico y médico kallawaya anun-
ciando así, con la desaparición de los últimos iniciados, la extinción de las
prácticas curativas y mágicas así como la herencia elaborada y transmitida
en el seno de las comunidades kallawaya de los valles de Charazani.
A partir de la segunda mitad del siglo XX (sobre todo en la Revolu-
No. 2, diciembre, 1983 371
Estudios _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ __
ción nacionalista de 1952), los campesinos de los valles de Charazani sufren
los contragolpes de la historia nacional que aceleró algunos fenómenos: éxo-
do rural, fraccionamiento parcelario de la propiedad (incluidas las haciendas
repartidas entre los " colonos"), control del campo por los mestizos (sindica-
tos agrarios, transportes), marginalización socio económica y sanitaria.
Al final de este rápido bosquejo del pasado Kallawaya (que elude va-
rios aspectos no menos importantes: intercambio de productos agrícolas con
la zona del lago Titicaca, las relaciones con la colonización de Apolobamba,
la evangelización de la región), lo esencial de su misterio aún persiste. Miste-
rio que puede resumirse de la siguiente manera: ¿cuándo, cómo y por qué los
Kallawaya comenzaron a especializarse en la curación por medio de las plan-
tas y a expandir su arte médico en el mundo andino y luego en el conjunto
del continente?
Es necesario recordar con Luis Girault que ningún cronista hace alu-
sión alguna a la reputación profesional de los "brujos-magos" Kallawaya, ni
bajo los Incas ni durante la época hispánica. Dicho esto, la excepcional diver-
sidad de nichos y de facetas ecológicas escalonadas sobre los flancos de las
cordilleras de Apolobamba y de Muñecas, hundiéndose directamente, en
algunas horas de marcha, en la selva cálida y húmeda -que permite el cultivo
intenso de la coca, planta muy importante en el ritual andino- reunían todas
las condiciones de utilización botánica por un grupo sometido a las influen-
cias culturales venidas a la vez de los Andes y de la Amazonía.
Por otra parte, la coexistencia multiétnica, heredada del fondo puki-
na (la región de Curva -sucesivamente ayllu, vice-parroquia y cantón- apa-
rece como un verdadero santuario en la transmisión de ese saber), y de des-
plazamientos humanos debidos al Inca y luego reactivados durante las migra-
ciones coloniales, debió jugar un rol importante en la elaboración de una far-
macopea rica y compleja.
En esta perspectiva, me inclinaría a considerar la elaboración de las
prácticas curativas y del lenguaje Kallawaya como el fruto de una lenta cris-
talización iniciada en los últimos decenios del Tawantinsuyo. Los herbola-
rios-curanderos Kallawaya, o al menos sus viajes profesionales fuera de los
valles de Charazani, procederían así de la época colonial, y tal vez incluso
sólo de los siglos XVIII y XIX. Esta aparición tardía de los curanderos itine-
rantes en la escena andina y sudamericana explicaría, del mismo modo , la
rapidez de su extinción (24 ).
Por el momento sólo tenemos hipótesis y es necesario esperar que la
publicación del inventario de la Farmacopea Kallawaya por Levis Girault
incite a más de un investigador, antropólogo, historiador, lingüista u otro, a
reconsiderar la problemática kallawaya antes que sea demasiado tarde. Podrá
así elucidar el verdadero "mito etnográfico" trazado por la curiosidad mez-
clada de temor de las poblaciones andinas frente a la magia curativa sabia-
mente mantenida por los relatos de los viajeros y eruditos (25). Hoy día, es
significativo que e'ste mito, en el momento en el que los médicos Kallawaya
372 Revista Andina, t . 1
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ Saignes: Los Kallawaya
han desaparecido, en tanto que tales, tome un nuevo rigor en la medida de
una demanda occidental con ansias de exotismo y esoterismo reforzada por
la complacencia de movimientos · culturales indígenas . Los "Kallawaya"
tienen todavía en perspectiva días llenos de promesas.
NOTAS
(1) "Reisen in der ostlichen Anden Bolivien" Pet. Geographische Mitteil, 1929, H 7/8,
S 181-188. Louis Girault, "La cultura Kallawaya" en Dualismo y Pluralismo Cultu-
ral en Bolivia, La Paz, 197 5, t. 1.
(2) Otros informadores, preguntados en el curso de un litigio sobre el título de "caci-
que-gobernador" adelantan que Ari Capaquiqui era el hijo del Inca Canaqui "funda-
dor" del pueblo, nombre que probaría una intervención inca (1604, en ANB/ E
160-'•2, fO· 100). Sooaiemo~ ¡x,r otra parte, que este importante antroponimia
de Ari se encuentra como composición para designar al valle de Aricaja (de Sorata
que luego fue Larecaja) o bien uno de los valles cálidos de La Paz llamado Ari
Yunga y, sobre la vertiente oriental, el de Ariquipa.
(3) Según una información de 1549, la mitad "superior" comprendía 5 pueblos y
la "inferior" 11. La aparente promoción de esta última, ya que allí residía el
"señor étnico", puede estar ligada a los favores del Inca o a la importancia de la
vía hacia la selva. La divergencia entre las dos "mitades" puede relacionarse a la
promoción colonial de las minas de oro de Carabaya (fundación de San Juan de
Oro a partir de 1540) y a la voluntad de anexión por los españoles del Cusca.
(4) Joseph W. Bastien, Mountain of the Condor, Metaphor and ritual in an Andean
Ayllu, St. Paul, Minnesota, 1978. Retoma las etimologías propuestas por erudi-
tos bolivianos, especialmente Rigoberto Paredes (fundamentándose en la raíz
aymara, Qolla - medicina).
(5) Ver la planta No. 24 en Louis Girault Kallawaya, guérisseurs itinérants des Andes
Recherchcs sur les pratiques médicinales et magiques, éditions de l' O.R.S.T.O.M.,
Paris, 1984 (en prensa).
(6) Los sitios fortificados de la región (Iskanwaya sobre el río Llica, Tuata en las altu-
ras que separan Camata de Ayata) muestran un doble nivel de ocupación: Mallo e
Inka. Esta región debió conocer a la vez las guerras entre los señoríos aymara-
parlantes y los que se enfrentaron a los grupos de altura con los del piedemonte
(llamados Chunchos). El toponimia Chuncho Apacheta que designa a una cumbre
en las alturas de Charazani haría alusión, según la tradición oral, a una de estas
batallas.
(7) Louisa R. Stark "Macha-Jujai: Secret language of the Callahuayas" (Nov. 1970),
Papers in andean linguistics, vol. I, No. 2 Dec. 1972. Su informador fue Mariano
Alvarez de Charazani (nota 1). La presencia de mitmaq Chachapoyas (desconocida
por L. Stark) complica el problema de la introducción del quechua.
(8) El material de L. Girault permitiría una reconsideración lingüística de mayor al-
cance.
(9) Los mitmaq colla originarios de los pueblos alteños de Oruro (u Orurillo), Azánga-
ro, Asillo y Quipa, integraban la "mitad inferior" de Moco Moco, llamadas Incas
(una comunidad del mismo nombre subsiste actualmente en la parte baja del pue-
blo). Ahora bien, sabemos que estos mismos centros de altura habían sido ofrecidos
No . 2, diciembre, 1983 373
a título personal por Tupac Yupanqui a uno de sus hijos por su victoria en el juego
de los ayllus (la anécdota fue referida por el padre Cobo). Estos indios y sus mitmaq
de los valles Kallahuaya integraron por consiguiente un dominio privado (distinto
de las posesiones del Estado lncll).
(1 O) El ayllu Chachapoya está señalado en 1607 como perteneciente a la reducción de
Charazani (ANB/E 1657-5, fº 56). Los canchi fueron anexados a la reducción de
Italaque y los Cana a la de Am bana, ambos en las "mitades inferiores" (los dos
grupos son aymara-hablantes). Por otra parte, Gerald Taylor señala que en la región
de Huarochirí (cuyos mitos recuerdan a los Kallawaya portadores del Inca) se
encontraban mitmaq Kallawaya (Comunicación personal, Diciembre 1982).
( 11) "Traslado de las visitas de 1549 del licenciado La Gasea: Yndios de la provincia de
la pequeña Calabaya que fueron del licenciado de la Gama .. . "(26-28.IX.1549).
AGI, Justicia 405 .
(12) En detalle, los enfrentamientos sucedieron así: A la muerte de La Gama (1555), su
encomienda pasó "en cabeza de Su Magestad" y sus ganancias fueron usadas para
financiar la "Compañía de Gentilhombres, Lancas y Arcabuses". En 1561 la
Audiencia de Lima, que ejercía las funciones del Virrey (durante un inter-reino),
atribuyó los frutos de la encomienda a Antonio de Castro, de lo que protestaron los
miembros de la Compañía. Además, el encomendero de Camata reivindicó vana-
mente el pueblo de Carijana situado sobre la ribera opuesta de Camata y unido a
Charazani (pleito en 1563, AGI Justicia 405).
( 13) Esta diferencia de vocabulario geográfico según el punto de vista resulta de la aseve-
ración de Polo Ondegardo que recuerda cómo el Inca otorgó tierras del valle a los
indígenas de las punas, en especial a "todos los indios del camino de omasuyos que
para este efecto tienen indios en calavaya . .. " (Informe al lic, B. de Munatones,
hacia 1 560, Madrid, Biblioteca de la Real Academia de Historia, manuscrito col.
Muñoz). En 1573, los mineros de Carabaya proponen reclutar nuevos contingentes
de trabajadores indígenas en los pueblos de las tres provincias inmediatas, San
Gabán (o Carabaya), Charazani y Larecaxa (RGI 2, op.cit). En 1578, el corregidor
regional precisó que su jurisdicción abarca "la provincia de los callahuayas el valle
de Camata los valles de Ambana y Laricaja y los yungas de Zongo" (ANB E 1605- 7
2, fº 39). Pero un resumen de la Visita de Toledo enumera muy secamente los re-
partimientos por correginlientos y menciona, entre estos últimos, los de Carabaya
y de Yungas y Laracaja (AGI , Lima 364).
( 14) El libro de la Visita General ( 157 5) estaba trunco, por lo tanto el Juez debió consul-
tar un extracto (copia) que poseía el cacique don Carlos Yquicanauque (Charazani,
25.11. 1602, ANB/E 1605-2, fO 1).
( 15) Sobre esos procesos de alejamiento de los Indios frente a sus autoridades de origen,
ver mi artículo "De la Filiation a la descendance : le ethnies dans les valleé de Lare-
caja" , Annales ESC, Paris, No. 5-6, 1978.
(16) Sin embargo, si se compara el estado de desorganización ( visible en las migraciones
internas) en los pueblos de los valles vecinos, se nota una mayor cohesión demográ-
fica y social de las ciudades de Charazani en relación con los de Copani o Larecaja,
cohesión que se puede relacionar con las huellas del señorío Kallawaya. Por otra
parte en este bosquejo histórico no evoco el retroceso de la frontera andina sobre el
piede'm onte forestal (montaña) donde el Inca había creado una "provincia de los
Chunchos" .
(I 7) Las antiguas listas no permiten ·reconstituir la pirámide jerárquica en la cual estaban
encajonados los diferentes segmentos (ayllus) de las unidades domésticas : las fami-
374 Revista Andina, t. 1
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ Saignes: Los Kallawaya
lias patrilocales se reagrupan en estancias, luego en ayllus mínimos (grupos de pa-
rentesco endógamos) que integran "mitades" (ayllus mayores) luego el señorío
mismo (ayllu máximo) . En 1607 se menciona el ayllu Charazani que desaparece de
la lista de 1683 donde aparece el de Chajaya: ¿se trata de un simple reemplazo, en
razón, tal vez, de la introducción en el propio pueblo de Charazani de no-indios,
mestizos y españoles?
Por otra parte, una gran confusión reina en las listas fiscales entre los términos
pueblo, estancia y ayllu. Así , Kaata se designa en 1575 como " pueblo" (donde
reside el cacique-gobernador), algunas veces es llamado ayllu, aparece también como
una "estancia" perteneciente al ayllu Hilaata. Estas equivalencias remitirían a los
diferentes niveles de inclusión del ayllu. En 1652, aparecen en una petición los
responsables (hilacatas) de los "cinco ayllus de Charazani", a saber: Hilaata, Curva,
Chullina, Amarete y Chajaya. En 1683 se menciona el ayllu Pelechuco (que no per-
tenecía al señorío kallawaya según la visita de 1549) pero no el llamado Mana. Estas
variaciones de los ayllus registrados en los censos fiscales pueden explicarse también
por la de las perspectivas, según Jo que se considera la unidad fiscal (repartimiento
de la pequeña calabaya) o la unidad residencial (reducción de Charazani).
(18) Las cifras de 1583 provienen del resumen citado al final de la nota (3) . El informe
jesuita es el del padre Antonio de Ayanz titulado "Breve relación ... " (1596) que
dice:
" ... en un valle de tierra templada que ay aca arriba avia los años atras
en cuatro pueblos que se llaman Camata, Charazani, Moco moco e
Ytalaque un solo sacerdote y en todos ellos no avia gente para mas que
un cura estos oy dia an crecido de manera %ue ay en cada uno su sacer-
dote y es tanta la gente que tienen que se ien dificultoso que un solo
sacerdote pueda doctrinar ( ... ) Y adviertase que solamente entran en
la razón deste augmento es no sacallos a la mita de Potosí ni tampoco a
traginar ... " publicado por R. Vargas Ugarte, Pareceres jurídicos ... ,
Burgos 1953, p. 71.
(19) La Revisita se encuentra en el Archivo General de la Nación (Buenos Aires), Sala
XVII, ·2-3. Los yanaconas son indios de servicio personal desligados, en principio,
de los lazos comunitarios. Mitimaes es el nombre español del quechua mitmaq. Es
posible también que los "colonos" de 1583 sean en parte integrados como "natura-
les" o como "foráneos".
(20) Para esto, dirigirse a los datos geográficos suministrados J?Or los informadores a L.
Girault (obra por publicarse en París en 1984 - ver nota 5 }.
(21) Hay incluso conflictos territoriales entre los ayllus de Vilque (sobre la ribera orien-
tal del Titicaca, provincia de Paucarcolla) y aquellos de Charazani (Curva) sobre la
posesión de las punas del río Suches (que parece constituir el límite norte del terri-
torio kallawaya) . Por otra parte, la colonización del piedemonte de Apolqbamba
(fundación de S. Juan de Sakagun en 1616-1617), reforzada por misioneros agusti-
nos (reemplazados en el siglo XVIII por franciscanos), trae consigo conflictos de
tierra con ayllus de Charazani (Ver las "Visitas de composiciones de tierras", 1656-
1660, ALP).
(22) Bosquejo Estadístico de Bolivia, 20 Edición, La Paz, 197 5, p. 151-152.
(23) Boletín de la Sociedad Geográfica de La Paz, I, 2, p. 13-15, La Paz , 1898.
(24) Es, en efecto lícito preguntarse ¿cómo los eruditos tan informados como el padre
Cobo (que vivió en el Collao entre 1615 y 1620) o los obispos de La Paz en visita
pastoral en la época colonial o el cronista mestizQ Waman Poma de Ayala, también
advertido de las realidades andinas, o el historiador de Potosí, también muy infor-
No. 2, diciembre, 1983 375
mado (Arzans y Vela, 1703-1716) no evoquen por Jo menos la actividad o la exis-
tencia de estos "curanderos-mágicos" itinerantes?
(25) Tomo la expresión "mito etnográfico" de Nathan Wachtel que la utiliza a propósito
de los Uros ("Hommes d'eau: Je probleme Uru") en Annales ESC., París, -1978,
No. 5-6, p. 1130.
ANEXO
CUADROS SINOPTICOS DE LA EVOLUCION DE LAS
COMUNIDADES KALLAHUA YA
1.- Repartición entre las diferentes jurisdicciones coloniales.
ETNIA REPARTIMIENTO CIUDADES CORREGIMIENTO REDUCCION
1535-1540 1549 1565 1575
Pacaures Italaque ( 1596)
Umanatta
Moco Moco
Liasa Moco Moco
Calabaya la chica Quini
Kallawaya Atintaca Larecaja
Amare te
Charasane Charasane
Ca y ata
Curva
Exeleya
Ateyque
Yunga s Carijana
Camcua
Ca mata Cama ta Cama ta
Pilichuco Charazani
Mitmaq/ Calabaya la chica Carecane
Moxos
2.- Composición de los ayllus que dependían de Charazani.
1607 1683 1832
Hilaata Hilatta Hila ta
Curva Curva Curva (canton)
Mana Amare te Chari
Chullina Inga Chullina
Characane Chacha poyas Opinguaya
Amare te Chajaya Chajaya
Inga Chullina Inga
Chachapoyas Pelechuco A in arete
376 Revista Andina, t . 1
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - S a i g n e s : Los Kallawaya
3.- Situación ecológica y producción.
Charazani cabeza de valle cereales, leguminosas
Moco Moco " ,, "
Pele chuco
Umanatta puna tubérculos, camélidos
Carijana yungas coc,~, oro
Cama ta "
4.- Evolución demográfica de Charazani y de los Yungas.
AÑOS CHARAZANI CARIJANA CAMA TA
F P.T.
1549 120 33 70
1575 330 55 163
1683 305 428 3000
1797 309 398 2870 82 220
1817 875 32
1826 7000 200 P.T . 600 P.T.
1832 95
Las cifras son las de los indios tributarios (hombres adultos que pagaban el impuesto).
La F designa al conjunto de indios "foráneos" (de origen externo) . Las iniciales P.T. se
refieren a la población total. En 17 57, en las cifras de Charazani, es necesario añadir las
de Curva (respectivamente 260. 70 y 1100).
5.- Linajes de "señores" (curacas o caciques) kallawaya a la cabeza de Charazani.
EPOCA INCA CANAUQUI
1·
ARI CAP ACQUIQUI
INCAS
AYABAYA COACALLAVAYA YANACAPACQUIQUI
1 1 1
peo ARI
COARETE po SERENA
ESPAÑOLES 1 1
Carlos YQUICANAUQUI Martín YQUIY ACA
1 1
Juan Tome COARETE po SERENA
1 1
Tome COARETE Martín SERENA
S. XVIIº 1
Tomál García COARETE po SERENA
1 1
Carlos García COARETE Martín SERENA
S. XVIIIº
No. 2, diciembre, 1983 377
COMENTARIOS
Saignes sugiere que parte de esta destre-
luhn V. Murra za podría resultar del aprovechamiento de
515 Drvden Rd diversas farmacopeas, originarias del carác-
lthaca, NY 14H50 USA ter multiétnico de los asentamientos Kalla-
waya. Otro factor : los mismos Kallawaya
l.11 lo, lilll111os d1ú· ;.u'1os, d historiad or tienen interés en ocultar las raíces de su
francés Thierry Saignes nos ha ofrecid·o proeza. En materia médica, donde más
una serie de ensayos, hurgando en el pasa- misterio, mejor.
do de poblaciones en la vertiente oriental El presente ensayo es un excelente ejem-
del Lago Titicaca. plo de lo que Franklin Pease llamaba "la
Su mapa etnográfico( l) de las ocupacio- historia andina". No se limita a la informa-
nes serranas -en la ceja de selva de Larecaja, ción meramente etnográfica, pre-europea,
ha sido de gran utilidad para todos los estu- aunque los conceptos de tal disciplina han
diosos de los señoríos Aymara del Qollao. sido internalizados por el autor. Los cam-
Ha documentado la gradual transformación bios sufridos en los cuatro siglos después
en el siglo XVI, en peones permanentes de 15 3 2 forman parte de la trama del estu-
de l_as poblaciones altiplánicas que antes dio qu e abarca todo este largo ·período. La
iban sólo temporariamente a cosechar sus historia y la etnol ogía han sido fusionadas
cocales. Despu és de 153 2, tanto los preco- en una sola serie de preguntas ; la investiga-
ces hacendados peninsulares como los ción no es una mera etno-historia, versión
señores locales de yunqa, ofrecían su pro- de los vencidos. Supone que la población
tección a los mitmaqkuna serranos para andina tiene un interés directo en conocer
evitar las temporadas en las minas de Po- sus antecedentes; pero también los "misti"
tosí. También ha atraído atención el forman parte de esta nueva indagación . En
reciente ensayo del autor(2), dedicado a un este sentido, la labor de Saignes en la ver-
resum en magistral del estado de las inves- tiente húmeda del Altiplano es de capital
tigaciones del Antisuyu, a fines de 1981. importancia.
El lector encontrará allí mapas, bibliogra-
fía comentada, citas de 'documentos inédi- 1. "De la filiation ala résidence: les ethnies
tos, avances en la recopilación de la infor- dans les vallées de Larecaja". ANNALES
mación y hasta lista de problemas por re- (ESC), t. 33, Nos. 5-6, p. 1160-1181.
solver. París, 1978.
2. "El piedemonte amazónico de los An-
El presente artículo, basado en parte en des meridionales : estado de la cuestión
las observaciones e interrogantes del lamen- y problemas relativos a su ocupación en
tado Louis Girault, se fija en los anteceden- los siclos XVI y XVII". Boletín, Insti-
tes andinos y coloniales de los Kallawaya, tuto Francés de Estudios Andinos", t.
los seis pueblos de herbolarios que hasta X, Nos. 3-4, p. 141-76. Lima 1981.
ayer se dedicaban al arte de la curación, no
sólo en la región de Charazani, en el valle Luis Millones
del río de Camata, sino mucho más allá, en Apartado 4844
los Andes. Ya Girault se preguntaba por la Lima 100 - Perú
escasez de datos coloniales confirmando
su práctica del arte médico; por su parte, El artículo presenta dos hipótesis a par-
a pesar de haber encontrado amplia docu- tir de una nueva (aunque relativamente
mentación colonial acerca de la presencia y escasa) documentación sobre los Kallawa-
de la vida social y política de los Kallawa- ya : 1) los límites territoriales de la etnia
ya, Saignes señala que hay poquísimos da- abarcarían la provincia colonial peruana
tos acerca de su temprana dedicación al de Carabaya, y la jurisdicción boliviana
arte médico. Sigue en pie la posibilidad de de Larecaja. La partición se basaría en la
que tal especialización fue relativamente tradicional división dual de los Andes
tardía. (Hanan y Hurin) que haría corresponder
378 Revista Andina, t. 1
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - S a i g n e s: Los Kailawaya
las alturas orientales a lo que hoy es el bre las actividades comprobadas entre los
Perú y sus laderas forestales a Bolivia. Kallawaya. Si como dice el autor, el énfasis
2) La práctica reconocida de medicina de su producción, y contribución al estado
popular entre los Kallawaya sería de ori- inkaico fue oro y coca, estos dos produc-
gen moderno, ya que no existen referencias tos, usados principalmente por la nobleza y
precolombinas ni coloniales que les adjudi- el clero, daban ya una especialización má-
quen tales conocimientos. Probablemente gico-religiosa a los Kallawaya, que han de-
las condiciones de vida de la región, espe- bido proyectar desde entonces una imagen
cialmente agravadas a partir del siglo cargada con esas tonalidades al resto del
XVIII, condujeron finalmente a que la po- Tawantinsuyu. Tanto más si se les mencio-
blaciéin migrase "como un medio de adqui- na -junto con otras etnias- como los
rir productos que la economía local no "portadores de la litera ·imperial . .. en
podía ofrecerles". Acentuada la presión tiempo de guerra". ·
socio-económica en la época republicana, Había pues, razones suficientes para que
las migraciones periódicas, reducidas en un los Kallawaya hubiesen arrastrado desde
principio a Chile y Argentina, se habían antes del s. XVI una carga ideológica que se
extendido "hasta Montevideo e incluso al ha venido expresando de distintas maneras,
Brasil". Las propuestas del profesor Saignes una de ellas, y no la menos apropiada,
dan luces sobre la composición y fronteras pudo ser su capacidad de curar y propor-
de los Kallawaya originales, y descartan la cionar medicamentos. Situación a la que
creencia alimentada desde el siglo pasado debió contribuir -como bien lo señala el
(y modernamente sostenida por Joseph W. autor- su condición geográfica de ventana
Bastien) de que su saber en medicina popu- a la selva, región cuyas valencias religiosas
lar proviene de épocas remotas. siempre fueron notables desde una perspec-
El trabajo me resultó interesante y no tiva serrana.
me preocupó luchar con su traducción, Concluiré diciendo que resultan obvios
todavía muy deficiente. En mi interés por los beneficios de la lectura de este artículo,
pulir algunos aspectos, creo que podemos y que a mí me resultó útil y es6mulante.
pedir a su autor que refrene un comprensi-
ble entusiasmo, que lo lleva a calificar su Teresa Gisbert-
artículo como un estudio étnico; como él 'Apartado 609
mismo lo demuestra con mucha precisión y La Pa z - Bolivia
modestia a lo largo del texto, nos falta la
documentación para probar un enfoque El presente trabajo de Thierry Saigncs
desde esa perspectiva. Me parece que es es, junto a los estudios de Murra, Espinoza
más justo decir que intenta y concluye dos Soriano, Pease, Wachtel y Bouysse, uno de
precisiones históricas que sumadas a otras los más importantes para entender el mun-
evidencias, que no tenemos todavía, nos do andino (en la zona genéricamente llama-
permitirían más adelante pensar en la da Collasuyo), en el período comprendido
etnicidad de la región precisada. Dentro de entre la caída de Tiahuanaco-Huari y el
esta línea de apreciaciones generales es con- advenimiento del Imperio Incaico.
veniente congratular a Saignes por el inte- Saignes delimita definitivamente, como
rés desmitificador que se desprende del Señorío independiente, a los Kallawaya,
trabajo, poniendo al descubierto un exage- con un territorio .que comprende : Kallawa-
rado misterio en torno a los Kallawaya y ya la Grande (hoy Carabaya) y Kallawaya
que justicieramente atribuye a "una de- la Chica (hoy jurisdicción de Charazani y
manda occidental con ansias de exotismo y sus alrededores). La propuesta de Saignes,
esoterismo". además de contar con estricta base docu-
Finalmente quisiera decir que me preo- mental, está avalada por Guamán Poma de
cupa que su segunda hipótesis se apoye Ayala, quien en su Mapa del Mundo (fols.
básicamente en la ausencia de testimonios 983-984 del manuscrito) sitúa a los Kalla-
escritos. Aparte de que tales evidencias waya. Las referencias de este mapa han
podrían existir en otras fuentes, o aparecer sido leídas de izquierda a derecha, de
posteriormente, habría que reflexionar so- acuerdo al sistema occidental, lo cual da
No. 2, diciembre, 1983 379
por resultado un texto muy confuso. Una probablemente, su idioma de origen era el
lectura de la página 984, partiendo del puquina, ya estaban aimarizados en 1604.
centro, nos muestra el escudo del Colla- Estamos de acuerdo con Bouysse en que
suyo con la pareja real correspondiente, "Omasuyo" es la denominación del sector
encima del mismo y entre dos ríos, está oriental y bajo del Collasuyo, opuesto a
situado el Señorío Kallawaya seguido de Urcosuyo, y que de ninguna manera puede
tres palabras: "minas de oro". A la izquier- considerarse una etnia. No conocemos el
da quedan, entre otros pueblos, los Chun- nombre de la etnia correspondiente pero si
chos "que fueron sujetos al Inca" y, al nos atenemos a Guamán Poma la podemos
norte entrando en la zona boscosa del nominar Pu quina-colla.
Antisuyo, Guamán Poma coloca a los Huar- Se puede concluir, por tanto, que el pu-
miauca "que no fueron sujetos al Inca". quina se mantuvo preferentemente en dos
Las crónicas, que abundan sobre la entra- sectores: el Señorío Kallawaya y el Señorío
da de los cusqueños al Antisuyo, dan rela- que provisionalmente llamaremos Puquina-
ción puntualizada de ambos pueblos. Colla. ¿Qué relación hubo entre estos dos
El Señorío Kallawaya debió ser impor- sectores, fuera de la proximidad geográfica,
tante ya que Guamán Poma lo consigna en para que mantuvieran vigente una misma
su Mapa en forma específica. De acuerdo lengüa, diferente del aimara, que hablaban
a la división de suyos de este sector el los otros pueblos del Collasuyo? Quizá se
Señorío Kallawaya fue incluido en el pueda presumir que ambos pueblos perte-
Collasuyo. necieron en el pasado a una unidad políti-
Otro aspecto importante del trabajo de ca mayor ya desaparecida . Al respecto
Saignes es rechazar la grafía Qollahuaya de conviene revisar el trabajo de Waldemar
Bastien , así como la relación de Kallawaya Espinoza "Fundamentos Lingüísticos de la
con los Collaguas, lo cual delimita mejor Etnohistoria Andina".
esta etnia que, al parecer, era puquina ha- Saignes sugiere que los Kallawaya son
blante , idioma que aún se habla en la co- los herederos de la cultura Mollo, estudia-
munidad de Curva. Según documento pu- da por Ponce y Avellano, Jo cual parece
blicado por Waldemar Espinoza, en 1604 una presunción razonable. Por otro lado
se hablaba puquina en Charazani, Moco- sabemos que en la zona se encuentran res-
moco, Camata, Carijana, Chuma y Amba- tos de asentamientos tiahuanacotas (tum-
ná, región toda en términos de los actuales bas) estudiados por Wassen (Gotebog
Kallawaya. Las implicaciones de este aserto 1972). Así, en un mismo "hábitat" encon-
tienen largos alcances. Según Lizárraga y tramos las tres culturas: Tiahuanaco, Mo-
otros cronistas, el puquina se hablaba tam- Jlo y Kallawaya.
bién en la orilla norte del lago Titicaca; en La intervención Inca en la zona, en el
el citado documento de 1604 se indica que estudio de Saignes, es breve y amerita
hablan exclusivamente puquina en Coata y complementarla con un análisis de los cro-
Capachica, y mezclado con aimara lo ha- nistas, quienes señalan corno protagonista
blan en Paucarcolla, Moho, Guaycho (ac- de la conquista incaica a Otorongo Acha-
tual Puerto Acosta), Ancoraimes, Carabu- chi. Corno nuestro autor indica, quedan
co, Achacachi y Guarina. Por Ramos Gavi- muchas interrogantes, tales corno si la ju-
lán sabemos también que se hablaba en risdicción del "virrey inca" llegó hasta los
Copacabana (año 1621). La mayor parte de Kallawayas o se circunscribió solamente a
estos pueblos pertenecen a la zona denomi- los Chunchos. Más probable es Jo primero,
nada Omasuyo. ya que los Kallawayas ayudaron a los cus-
Así queda delimitado el territorio de ha- queños en la conquista de los Chunchos.
bla puquina, sobre el lago Titicaca, desd~ En todo caso habrá que establecer concor-
Paucarcolla, Coata y Capachica, hasta Gua- dancias entre los documentos y las cróni-
rina. Creemos que el último pueblo de este cas. Otro punto a establecer es la relación
grupo es Pucarani ya que , según Calancha, entre el conquistador Inca y los señores
los Pucaranis levantaron una fortaleza para Kallawayas : Ari Capaquiqui y sus descen-
defenderse de los Pacajes. Los Pucaranis eran dientes los Coarete y Serena.
el último pueblo de Omasuyo y aunque, Al ser el trabajo de Saignes un estudio
380 Revista Andina, t . 1
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - S a i g n e s: Los Kallawaya
sobre documentos del tiempo de la dÓrni- valle y a las parcialidades o mitades "Inka"
nación hispánica, este período está muy de algunos de los pueblos--. Para dilucidar
bien documentado y estructurado. Esta los enigmas que ello implica, no me fiaría
parte, junto con el análisis del lapso repu- excesivamente del método glotocronológi-
blicano, explica la aternización de un seño- co sugerido por el autor. Tengo mis dudas
río indígena por varios factores superpues- sobre la validez intercultural de esta especie
tos en el tiempo: inserción de rnitrnas traí- de "Carbono 14" lingüístico. En el cambio
dos por los Incas, entrega a diferentes enco- lingüístico entra en juego también el ritmo
menderos, división entre las jurisdicciones y clase de interacciones sociales, que son
de Cusco y La Paz, adscripción a otro Co- menos constantes que la pérdida de radia-
rregimiento (Larecaja) y creación, durante ciones físicas. Con relación a la lengua
la república, de tres diferentes provincias. Pukina, creo que el análisis de Stark es
Todo esto no fue impedimento suficiente correcto al hablar de su actual composi-
para que los Kallawaya mantuvieran su ción híbrida. Me gustaría conocer más a
identidad, básicamente sustentada en la fondo la evidencia sobre la relación con el
fama de brujos y herbolarios que caracteri- arawak para establecer conclusiones sobre
za a este pueblo. Saignes se pregunta cuán- este punto.
to debernos remontarnos en el tiempo para En lo étnico. Sin duda Saignes tiene
encontrar el punto en que los Kallawaya se razón desde la perspectiva etnohistórica al
hicieron médicos ambulantes. Parece incli- cuestionar la validez de la etimología suge-
narse a que es en el siglo XVIII cuando rida por Bastien, Qollahuaya -más correc-
definitivamente se les puede considerar to sería Qullawaya- supuesto que la prác-
corno tales. Una serie de cuadros, datable a tica de la medicina parece ser bastante
principios del siglo XIX, existente en la tardía en este grupo. Pero, a favor de Bas-
colección Crornbie de Londres 1 representa tien quiero añadir que actualmente hay
en uno de sus lienzos una pareJa de Kalla- "Kallawayas" quechuistas que, sin embar-
waya; el texto del cuadro dice, refiriéndo- go, apelan también a esta misma etimolo-
se al varón: "Traje de un indio del pueblo gía. Uno de ellos, célebre médico-naturista
de Charazani en el Partido y Subdelegación y también dirigente campesino, llamado
de Larecaja . .. se ocupan en labrar con bu- Antonio Alvarez Mamani, tiene una auto-
riles, poros y mates . .. y en viajar con este biografía inédita, en la que habla de dis-
comercio y otras especies medicinales .. ." tintos 'nombres que reciben ellos en diver-
Tendríamos, pues, que añadir a sus habili- sas partes (él había viajado con su padre,
dades la artesanía en mates, hoy desapare- tarn bién médico, desde Argentina hasta
cida. Por otra parte hay en la zona comuni- México). Dice que en aymara les llaman
dades de plateros, como ocurre en Chajaya. "kollawaya", que en Argentina les llaman
"kollas", y -para completar la lista- en
Xavier Albó Perú "khamillis", en Ecuador "Muñones",
Casilla 283 y en Chile "Chiriguanos" . . . inesperada-
La Paz - Bolivia mente ahí se encuentran las dos especia-
lidades etnohistóricas de Thierry Saignes,
Nada puedo opinar sobre los aspectos autor del artículo: Los valles del Norte de
etnohistóricos. Sólo puedo agradecer a La Paz y l_a "frontera fósil" .chiriguana!
Thierry Saignes los nuevos datos (y enig-
mas) que nos describe. Voy a limitarme, Tristan Platt
pues, a brevísimos comentarios desde mi Pan1-y-rhiw Cottage
perspectiva de lingüista y etnógrafo con~ Llangattock Hillside
temporáneo. Crickhowell Powys NP8 1LG
En lo lingüístico, quisiera confirmar que GALES - Reino Unido
hasta hoy día la región de Charazani, junto
con los lugares contiguos desde Mocornoco La "Nota" de Thieny Saignes logra
hasta Aucapata, sigue manteniendo la dua- sentar ciertas bases esenciales para el estu-
lidad de áreas ayrnaras -más ligadas a las dio etnohistórico del "mito" Kallawaya.
alturas- y áreas quechuas -más ligadas al Advirtiendo contra un "etimologismo"
No. 2, diciembre, 1983 381
ingenuo, que derivaría Calla de /Qulla/ que Saignes no mencione el papel precursor
( = "medicina", Ay mara), Saignes señala de Tiwanaku en el desarrollo de los conoci-
que "Kallawaya" y "Carabaya" eran sim- mientos etno-botánicos surandinos, que se
ples alternativas ortográficas en el siglo evidencia tanto en el desarrollo planificado
XVI (esto sin mencionar el problema de del cultivo maicero, como en la ampliación
la homonimia, central en la semántica ge- de la gama de plantas medicinales (especial-
neral , pero curiosamente marginado en la mente alucinógenas) disponibles para el uso
semántica andina) . De allí reconstruye un especializado. Recordemos aquí dos pun-
antiguo señorío dual en ambos lados de la tos : l) la asociación comprobada entre la
frontera moderna Peruana-Boliviana, con lengua Pukina y lo que Saignes llama "las
Hatun Caraba ya como la parte "de arriba", comunidades realmente Kallawaya"; y 2)
y Calabaya la Chica como la parte "de la atribución por algunos lingüistas de la
abajo" . La reducción toledana de Charasa- lengua Pukina a los constructores de Tiwa-
ne (hoy Charazani), correspondiente a Ca- naku . Así surge una visión alternativa : un
labaya la Chica, agrupaba a los ayllus don- repositorio de conocimientos farmacológi-
de hoy se concentran los llamados "Kalla- cos, fruto de los avances empíricos de Ti-
waya" . Saignes aporta nuevos datos docu- wanaku, fue conservado en manos de los
mentales, mostrando la fragmentación ad- Pukina-hablantes del Altiplano oriental y
ministrativa del señorío dual durante los -tardíamente- limitados al grupo que se
siglos coloniales y republicanos. iría conociendo como los "Kallawaya". Es
Cualquier estudio sobre los Kallawaya sabido, además, que Tiwanaku tuvo acceso
debe hacer distinción entre los orígenes del a las tierras bajas de ambos lados de la Cor-
grupo étnico y los-orígenes de sus prácticas dillera, encontrándose en sus entierros cos-
medicinales. A nivel de hipótesis, Saignes teros muchos restos y rasgos procedentes
sitúa los orígenes de la etnia '\:ntre la caída del Amazonas : en este tráfico transcordille-
de Tiahuanaco" y la conquista inka, y los rano, la salida a los "Chunchos" por terri-
orígenes de su especialización farmacológi- torio "Kallawaya" hubiera tenido el mismo
ca "en los últimos decenios del Tawantinsu- papel que Saignes señala para la época
yu " ; sus viajes extra-regionales se posterga- incaica.
rían incluso hasta la Colonia tardía o la Pues la etnohistoria pnr sí sola no puede
República temprana. Pero ¿de dónde ha- resolver el "enigma" planteaclo. Por una
brán venido aquellos conocimientos que parte, hacen falta estudios básicos arqueo-
podían recoger y practicar en esas fechas lógicos, etno-botánicos y lingüísticos -las
tan tardías? Aquí Saignes se pone cautelo- disciplinas que tendrán la última palabra
so, aunque señala una pista prioritaria en sobre los "orígenes'.!. Por otra parte, Saig-
la investigación de "los grandes circuitos nes h~ indicado donde puede realizarse tra-
de iniciación y de ejercicio chamánico entre bajo etnográfico con mayor provecho: en
la selva y los Andes". el ayllu Curva, "verdadero santuario en la
Pero hipótesis alternativas no deben de- transmisión de ese saber". La etnografía se
saparecer de vista, temerosas de confun- requiere para evitar discusiones estériles
dirse con las "ansias de exotismo" ironiza- sobre la eficacia fisiológica, en aislamiento
das por Saignes en sus últimas líneas . .. de los efectos "sicosociales" de un mundo
El hecho de que sólo en 1767 se llega a do- simbólico sustentado por los conocimien-
cumentar su especialización médica puede tos empíricos. Sólo con esta última dimen-
referirse también a la discreción profesio- sión será posible, no diré despejar toda re-
nal, aunque la ausencia de referencias a flexión mítica sobre los "Kallawaya" (pues
prácticas inevitablemente teñidas con "ido- es sólo como mito que las "ciencias socia-
latría" es ciertamente curiosa. Pero incluso les" adquieren presencia histórica), pero
si aceptamos la especialización tardía, las por lo menos proveer a los "exoticistas" de
preguntas se multiplican no solamente con algo que les permita sustituir su nostalgia
referencia a la coyuntura económica que con un asombro bien fundado.
pudiera inspirar tal especialización, sino Otro problema importante señalado por
- nuevamente- sobre las fuentes de los co- Saignes es el de la aculturación de los mi-
nocimientos . . . Aquí llama la atención grantes a su nuevo ambiente. Aquí me pa-
382 Revista Andina, t. 1
____________________________ Saignes: Los Kallawaya
rece necesario distinguir situaciones. Los subordinado a su nueva afiliación grupal
mitmaq introducidos por el Inka llegaron sucede con una mujer quien se casa con un
como grupo, y dotados de suficientes terre- hombre de otro grupo ( que ocurre en estos
nos para mantener cierta cohesión social. días . de endogamia debilitada) : al tiro debe
El problema que surge aquí es el de las empezar a aprender a tejer un poncho al es-
"transacciones culturales" realizadas entre tilo del ayllu de su marido.
los advenedizos y sus vecinos, para que el En este sentido , Saignes propone .un
principio de vecindad no llegue a pisotearse "melting-pot" migracional - incaico y colo-
por las afiliaciones lejanas. Por otra parte , nial- que, en combinación con los "verda-
los migrantes coloniales, a menudo refugia- deros Kallawayas", genera la farmacopea
dos de las exacciones estatales, tuvieron conocida desde el siglo XVIII. Para evaluar
que aceptar un rango inferior dentro del esta hipótesis un poco general, sería impor-
ayllu a donde fueron adscriptos : el ayllu tante preguntarse primero por las condicio-
pudo imponer ciertas condiciones para que nes diferenciales en qué llegó cada oleada
el recién llegado se conformara a su nueva de advenedizos . .La llegada de un curandero
vecindad , quizás llegando a cancelar sus aislado de otro ayllu Pukina-hablante del
lazos originarios, o subordinarles definiti- Altiplano oriental no puede equipararse
vamente a las exigencias de su nueva etnia. con los mitmaq Chachapoyas (a quienes
En un caso que he conocido en los valles quizás les hubiera convenido más mantener
"archipielágicos" del Ayllu Macha (Provin- un contraste de tradiciones culturales). Lo
cia Chayanta, Bolivia), el ayllu anfitrión más impqrtante de todo fue, seguramente,
practicó una recuperación ceremonial de la naturaleza precisa de los con tactos con
un terreno que habían cedido a una "adve- los "Chunchos" - un tema explícitamente
nediza", una vez que ésta no quiso cancelar omitido por Saignes, y que estará en las
su afiliación con su ayllu de origen. Final- raíces de cualquier solución del "enigma"
mente , un tipo polar del migrante más Kallawaya.
RESPUESTA
Thierry Saignes una rectificación suplementaria : los Kalla-
15, rue des A besses waya cargaban la litera imperial inca no en
tiempo de guerra (función reservada a los
75() IR. Pads Francia
Lucana) sino en tiempo de paz ("llevan al
Agradeciendo a los 1.-•0111entaristas d1.: ynga los yndios callavayas -espacio a pa-
este estudio , quiero indicarles que han leí- searse", Waman Puma, Nueva Cronica, lá-
do una versión castellana muy deficiente mina 3 31) . El error era mío y se suprimió
(lo que subraya con razón L. Millones) , en la copia destinada a la imprenta. Rela-
traducción que se habrá corregido para la ciono este privilegio . con la ayuda kallawa-
impresión. Esta lectura difícil es quizás ya en la conquista inca de los Chunchos
responsable de una interpretación errónea del Alto-Beni.
por parte de L. Millones de la bi-partición Los comentarios destacan bien los dos
ecológica y simbólica ( con su fu tura ins- grandes interrogantes del pasado kallawa-
cripción en las fronteras nacionales) del ya : las identificaciones lingüística y étnica
territorio kallawaya: la bi-part:ición no opo- de los ayllu , y la tardía aparición de refe-
ne las alturas (pertenecientes al Perú) a las rencias históricas acerca del arte médico .
"laderas forestales" (en Bolivia), sino a la L'a identificación plantea el problema
"mitad superior" simbólica (Hatun o de la transcripción antigua del nombre de
Hanan) ubicada en el (futuro) Perú (prov . "Kallawaya". En la documentación del siglo
Carabaya) a la "inferior" (la Chica o Hurin) XVI, la región está llamada Calabaya o
ubicada en la (futura) Bolivia (prov. Lare- Carabaya y el grupo humano Callauaya, lo
caja), ambas mitades abarcando igualmente que desea-ta a mi entender, cualquier
alturas y laderas (puna y montaña) . etimología basada en Qollawaya (~un res-
Aprovecho la oportunidad para ha_c er tituido en Qullawaya) o . Kollawaya, etimo-
No . 2, diciembre , 1983 383
logías que me parecen reconstruidas a "especialización mágico-religiosa", afortu-
posteriori por los eruditos contemporá- nada expresión, con el oro y la coca entre-
neos en una perspectiva aymara. Conviene gados al inca, productos muy corrientes en
más bien analizar la relación del kallawaya ambas vertientes de los Andes, desde Co-
con el puquina (es de lamentar que A. To- lombia hasta Tucumán, que me parecen
rero no haya insistido en esta vía) y con insuficientes para dar cuenta de la origina-
otros idiomas vecinos emparentados con el lidad kallawaya. Hacen falta mayores estu-
arawak como el Tacana hablado por los dios para contestar. Me contento con re-
"Chuncho" de la región de Apolobamba. cordar que ni Waman Puma ni otros cronis-
La presencia kallawaya plantea el pro- tas tan bien informados como Polo o Acos-
blema del poblamiento al este del Collao. ta o los conventuales del siglo XVII (La
T. Gisbert insiste con razón sobre el predo- Calancha .. . ) aluden a esta especialización
minio puquina en el altiplano oriental y se medicinal. Quizás deberíamos separar el
debe sospechar una misma continuidad problema de su formación del de su expan-
cultural desde las orillas del Titicaca hasta sión a través de los Andes mediantes viajes
los bosques amazónicos (ahora falta ver temporarios. La práctica itinerante se rela-
cómo se concretizó en los niveles políti- cionaría entonces como modo de escapar a
cos). Asociaría en una misma constelación un control social creciente ejercido por los
los elementos kallawaya, puquina y umasu- vecinos y mestizos de los valles orientales
yu y los conectaría con la nebulosa arawak. a fines del coloniaje.
Ahora muchas realidades se nos escapan, Quedamos, claro, en plan de meras hipó-
como los alcances de la cultura Mollo, los tesis. Como lo recalca L. Millones, la ausen-
segmentos étnicos warka ( términos que cia documental no constituye una prueba,
designa las "mitades" pre-inca en la cuenca aún negativa.
del Copani) o el antropónimo Ari (nombre El propio L. Millones califica este acer-
del "kuraka mayor" de los Kallawaya y camiento al pasado kallawaya de histórico
también de los valles de Aricaja), elementos más que de étnico. Debo contrastar su pos-
en los cuales no insistí suficientemente en tura con la de J. Murra quien lo trata como
esk trabajo . una "mera etno-historia". Más allá de una
En cambio dudo de la realidad de un disputa de palabras y de clasificación cien-
"señorío puquina-colla" como lo sugiere tífica, quiero insistir en la necesidad de re-
T. Gisbert, o por lo menos no lo evocaría currir a todos los instrumentos que propor-
en términos de una unidad política inde- cionan las ciencias auxiliares para disipar el
pendiente (señorío). El predominio puqui- enigma kallawaya (mantengo aquí el térmi-
na al Este del lago podría ser el resultado no y enfoque etno-histórico, criticable en
de las invasiones de los pastores aymaráfo- sí, pero que tiene la ventaja de llamar la
nos que habrían empujado la capa de po- atención de otras especialidades implicadas
blamiento anterior en una "mitad inferior" en estas encuestas necesarias. La arqueolo-
(umasuyu) simbólicamente, en el marco de gía hace falta tremendamente. Encuestas
los tres "reinos lacustres" (Kolla, Lupaqa, lingüísticas profundizadas, también. La tra-
Pacaj). Toca a la arqueología elucidar estos dición oral, la etnografía material deberían
puntos. proporcionar elementos nuevos para el aná-
En cuanto al interrogante de la apari- lisis. Nuevas fuentes locales deben ser soli-
ción tard ía en la documentación colonial, citadas antes que sea demasiado tarde.
de los médicos Kallawaya quisiera matizar Es únicamente mediante el diálogo de
mi énfasis (algo provocativo, es de con- estas distintas disciplinas que se podrá
fesar) sobre esta "invención" colonial (y, avanzar en la solución del problema kalla-
quizás republicana) de la medicina itine- waya. Este estudio es una simple invitación
rante Kallawaya. Sobra constar que este a disipar un misterio "total" (en el sentido
arte médico no nació de la nada sino que de un "hecho social total") que representa
se remite a un muy hondo saber, basado el curanderismo kallawaya, misterio propi-
en las tradiciones puquina y amazónicas cio a fantasías, ilusiones y quimeras que no
con el rol sobresaliente de las iniciaciones me parecen precisamente servir a la causa
shamánicas. L. Millones relaciona esta kallawaya.
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