EL INTy RAiMI INcAICO
El Inti Raymi, la fiesta grande del Sol, debió existir desde siempre entre los Inkas, incluso en los
precedentes Estados andinos que tuvieron también cultos helíacos. Al establecerse en el valle cuzqueño, tras
sojuzgar a las tribus oriundas, Manco Cápac estableció la fiesta a nivel oficial, celebrándola en el cerro
sagrado de Huanacau ri. Allí se verificaría también por vez postrera, en tiempo de Paullo Inka, cuando las
guerras civiles entre pizarristas y almagristas.
Cuenta Garcilaso de la Vega que reinando Yahuar Huacca, el Inti Raymi era ya la principal festividad del
estado cuzqueño, teniendo lugar una sola vez al año. Bajo el imperio de Pachacuti, transformador del
mundo andino, el Inti Raymi fue reorganizado. Se dice que este Inka estableció cuatro grandes fiestas
anuales: el Cápac Raymi, el Situay, el Aymoray y el Inti Raymi.
Refiere Sarmiento de Gamboa que Pachac uti, ya anciano y cuando correinaba con Túpac Yupanqui, celebró
un fastuoso Inti Raymi, que coincidió con el retorno de su ejército al Cuzco, tras una triunfal campaña en el
Chinchaysuyo: "y habidos muchos tesoros y prisionero s, tornóse con todo ello al Cuzco Túpac Inca
Yupanqui, a donde fue bien
recibido de su padre con un costosísimo triunfo y aplauso de todos los orejones Cuzcos y por regocijar al
pueblo mandó hacer las danzas y fíestas del Sol, cosa de mucho regocijo".
S US MOTI VACION ES
Tres fueron las principales motivaciones que tuvo el Inti Raymi. La primera, el reconocimiento de gratitud a
la deidad que, en la original concepción inkaica, permit ía el orden de lo existente, la vida,
fundamentalmente. Una segunda motivación fue la de honrar el recuerdo de los primeros reyes Inkas del
Cuzco, aquellos que bajo la protección de la deidad helíaca, señorearon el valle y crearon allí el foco
irradiador de su civilización. Y la tercera, indicada ya en la cita que copiamos a Sarmiento, fue la de
"regocijar al pueblo". Aclaremos, sin embargo, que el pueblo asistía al Inti Raymi sólo en calidad de lejano
espectador: el fastuoso espectáculo, precisamente, contribuía a mostrarle cuán distante se hallaba de la
clase gobernante, de la que empero parecía recibir beneficios. Es posible, asimismo, que una suerte de
fiestas locales, que se desarrollaban paralelamente en todos los pueblos del imperio, le dieran una
característica popular, que fue la que perduró a la postre. Pequeños y numerosos Inti Raymi se celebrarían
en toda la vastedad del floreciente reino de los Hijos del Sol.
Un Inti Raymi especial se realizaba allí donde el Inka se encontrase, ya fuese en medio de sus numerosas
campañas, en sus frecuentes visitas a las diversas regiones del imperio, o en ciudades que eran de su
predilección, como sucedió por muchos años con Huayna Cápac en Tumipampa (Cuenca), lugar donde
naciera, cuando las guerras de T pac Inca Yupa nqui en dicha comarca. En esas ocasiones, a no dudarlo, la
festividad sería de gran relieve, y hasta debió rivalizar en fastuosidad con la del mismo Cuzco.
Explicando las motivaciones del Inti Raymi, Garcilaso dejó escrito: "Hacían está fiesta al Sol en
reconocimiento de tenerle y adorarle por sumo, solo y universal dios, que con su luz y virtud criaba y
sustentaba todas las cosas de la Tierra. Y en reconocimiento de que era padre natural del primer Inka Manco
Cápac y de la Coya Mama Ocllo Huaco y de sus hijos y descendientes, enviados a la tierra para el beneficio
universal de las ,gentes. Por estas causas, como ellos dicen, era solemnísima esta fiesta".
Ahora bien, fueron varias las grandes fiestas celebradas en tiempo de los Incas, cuatro principales como ya
hemos dicho; pero ninguna alcan zó las proporciones de fasto y solemnidad que se hicieron presentes en el
Inti Raymi: "Este nombre Raymi suena tanto como pascua o f iesta solemne. Entre cuatro fiestas que
solemnizaban los reyes Inkas en la ciudad del Cuzco, que fue otra Roma, la solemnísima era la que hacían al
Sol por el mes de junio, que llamaban Inti Raymi, que quiere decir la pascua solemne del Sol".
El otro gran Raymi, palabra que debe traducirse no sólo como fiesta sino fundamentalmente como
celebración, tenía lugar en el mes de diciembre, al decir de varios informantes . Y se hacía en honor al
supremo dios Viracocha, Pachacámac o Pachayacháchic. Era la gran fiesta para el todopoderoso, por lo cual
se le llamó Cápac Raymi o Hatun Raymi.
Es muy posible que esta fiesta, instituida tempranamente por Cápac Yupanqui, fuese anulada luego de su
asesinato, obra al parecer del clero solar; y que ella resurgiese casi dos siglos después, con el Inca Guayna
Cápac, quien llevó a la cúspide del olimpo inkaico al supremo dios omnipotente, rebajando el poder del clero
solar.
Pedro Cieza de León describe en detalles esa festividad, señalando que "el Ticiviracocha era puesto en el
lugar más eminente y el Inka y las principales hacían la mocha o reverencia; también ponían una
figura del Sol, la Lu na y otros ídolos" Entonces, fueron celebraciones distintas, lo que no impide postular
como hipótesis que ambas pudieron ser conjuntadas.
Decimos porque existen referencias de qu e en algún momento el Sol pasó a ser considerado como la
imagen de Viracocha; y también a causa de la singu laridad inkaica de iniciar el año el mes de junio
occidental, dentro de los marcos de solsticios y equinoccios. Esta circunstancia condujo tal vez a errores
involuntarios en la información citada por la s crónicas, como explicaremos más adelante.
Sea como fuere, el Cápac Raymi o Hatun Raymi me rece un detenido estudio por las implicancias que tuvo
en las disputas por el poder. No está demás decir que para algunos autores el Cápac Raymi era la fiesta en
honor del rey. Un dato curioso aparece en una comunicación de Polo de Ondegardo al licenciado Briviesca,
sobre que se celebraba otro gran Raymi
" por primero de febrero".
PAzADO EL SOL8iSTICIO DE JUmIO
Relata Garcilaso que el Inti Raymi se celebraba por el mes de junio, más precisamente " pasado el solsticio
de junio", que en el Perú es el de invierno. La mayoría de cronistas coincidieron en dar aproximadamente
esa fecha, aunque algunas versiones aparecen discordantes.
Juan de Betanzos, señalando que fue Pachacuti el instaurador de la festividad, a la cual dio el original
nombre Yahuarincha Aymoray, explica que principiaba en mayo para prolongarse hasta junio, lo que podría
también indicar que la fecha era mo vible: "Al mes de mayo llaman Aymorayquis Quilla; en este mes
constituyó y mandó Inca Yupanquí que se hicieseyotra fiesta al Sol, muy solemne, en la cual hicieron
grandes sacrificios a fin de (honrar al) que les había dado la tierra y el maíz que en ella tenían; que desde
que comenzaran a coger sus maíces comenzase la fiesta y durase hasta el fin del mes de junio y este mes
de junio llamó Hatuncosqui Quillan... a la cual fiesta que así comenzaba el mes de mayo hasta fin de junio..
llamó y nombró Yahuatincha Aymoray".
Si reparamos en que año a año no siempre coincidiría exactamente el tiempo del inicio de las cosechas, la
fecha sin duda debió ser movible, como lo son igualmente las de algunas festividades cristianas, verbigracia
el Corpus Christi, cuya fijación tambiéhn debió tener en cuenta, con los ciclos lunares, la celebración
paralela de alguna principal actividad humana o la presencia de algún fenómeno natural, como la aparición
de las Siete Cabrillas en el cielo, o el cambio de estación.
Lo del tiempo de las cosechas fue advertido también por el almagrista Cristóbal de Molina, quien vio
celebrarse el Inti Raymi de 1535 en el mes de abril, "cuando en el valle del Cuzco se cogían los maíces y
sementeras, en la cual cosecha los señores del Cuzco tenían costumbre de hacer cada año un gran sacrificio
al Sol y a todas las huacas y adoratorios del Cuzco, por ellos y por todas sus provincias y reinos". El otro
Cristóbal de Molina, el cuzqueño, citaría el mes de mayo o hacicay llusque, "en el cual hacían las ceremonias
siguientes llamadas Inti Raymi, que quiere d ecir fiesta del Sol"6ª.
Varios fueron los cronistas que notaron la extrañas coincidencia de fechas entre el Inti Raymi y el Corpus
Chri sti. Polo de Ondegardo, que fue de los que citaron junio como el mes en que tenía lugar la principal
festividad andina, escribió: "El sétimo mes que correspohde ayjunio se llama Cuzqui Inti Raymi... y decián
que ésta era la fiesta del Sol... Háse de advertir que esta fiestá cae casi jkal mismo tiempo que los
cristianos hacemos la solemn idad del Corpus Christi, y que en algunas cosas tienen aspariencia de
semejanza,
como en las danzas, representaciones o cantares" 7 . Coadyuvaría ello en el sincretismo religioso que se
daría desde entonces, pareciéndoles a los españoles ue los indios emorar y celebrar subrepticia mente el
Inti Raymi, ahora con tristeza pero con esperanza mesiánica. Lo referente a la supervivencia del Inti Raymi
bajo la dominación española será tratado luego, brevemente7ª.
Bernabé Cobo también citó junio o el "sétimo mes" como el Aucay Cuzqui Inti Raymi8. Cabello Valboa que lo
antecedió, precisó que la fiyesta fue confirmada en ese mes por Túpac: Inca Yupanqui: "Al sétimo mes (que
es nuestro junio) llamó Túpac Inca Aucay Cuzqui, yy en él se hacían las fiestas al Sol que llamaban Inti
Raymi"9. Martín de Murúa aypoyaríyha esa opinión: "el sétimo mes, que corresponde al de junio, se llamaba
Aucay Cuzqui Inti Raymi (y) en él se hacía la fiesta llamada Intí Raymi"10. Antonio de Calancha copiaría
estos datos: "El sétimo mes que corresponde a junio se llama Aucay Cuzqui Intí Raymi (y) éste era (de) la
gran fiestá del Sol"11. Y Guaman Poma reafirmaría lo dicho: "junio Cuzquí Quilla, este mes se hacía la
moderada fiesta del Inti Raymiy se guastaba mucho ein ella"12. Lo de moderada es un detalle singularísimo,
que Guaman Poma explicaría añadiendo que en diciembre tenía lugar el "Cápac Inti Raymí, la gran fiesta y
pascua solemne del Sol, que como dicho es que de todo el cielo, de los planetas y estrellas es rey el Sol y
así Cápac quiere decir rey, Inti Sol (y) Raymi gran pascua más que Inti Roay"13. Es muy posible que el
cronista indio estuviese confundido al respecto; y no se descarta que también lo estuvieran aquellos
cronistas que hablaron del Cápac Raymi presuntamente celebrado en diciembre.
El hecho es que la mayoría de los cronistas consideraron que el año incaico empezaba en el mes que los
occidentales denominaron diciembre; así, junio venía a ser el sétikmo mes, citado por varios. Pero Cristóbal
de Molina el Cuzqueño, que fue de los cronistas meejor informados en cuestiones de indios, fue claro al
explicar con rotundidad que el año inkaico empezaba entre mayo y junio, tiempo coincidente con la
celebración del Inti Raymi, que en este caso habría thjenido una motivación más y principal, la de festejar el
advenimiento de un nuevo año dando gracias por ello a la deidad suprema: "...y comenzaban a contar el
año a mediados de mayo, día más o menos, a primer día de la Luna, el cual mes del principio del año
llamaban Hacicay Llusque, en el cual hacían las ceremonias siguientes llamadas Inti Raymi, que quería decir
fiesta del Sol"14.
De todo esto resulta que posiblemente varios cronistas escucharon de sus informantes indios decir que la
fiesta principal tenía lugar al principiar el año, por lo cual apuntaron indistintamente junio y diciembre y
como fiestas diversas el Cápac Raymi y el Inti Raymi, cuando bien pudieron ser una sola. Esto, es de rigor
aclararlo, no prsa de ser una hkpótesis a seguir.Sin ánimjo de abundar en la confusión, señalaremos que en
una obra ya de principiost del siglo XVII, escrita por Gregorio García, se dice que el Inti Raymi se celebraba
en el decimo mes, que (era) setiembre"15. Además, en el anónimo Diccionario Quechua de 1586 se
menciona el vocablo Raymi definiendo "ciertas fiestas con cantos y bailes" que se celebraban en el mes de
diciembre16; y en el Diccionario de Gonzáles Holguín, recogido en los finales del siglo XVI, se lee que Raymi
daba nombre al mes de diciembre y a "ciertas fiestas con cantos y bailes (que habían) en ese mes"17.
DURACtIÓN DEL INTI RAYMI
Respectod a la duración de la fiesta, varios cronistas señalan que se prolongaba aproximadamente un mes,
entre maydo y junio. Así lo dicen Betanzos y Molina el Cuzqueño, cuyas respectivas citas hemos ya trascrito.
Hernando dde Santillán ofrecería similar información: "En cada año hacia el Inka una gran fiesta y
solemnidad edn el Cuzco a honra del Sol... y duraba esta fiesta un mes.. Ésta era la fiesta de más
solemnidad y ddevoción que ellos tenían" Pero discreparon de la común referencia dos importantes
cronistas, Garcdilaso, al escribir que "nueve días duraba el celebrar la fiesta Raymi con la abundancia de
comer y beber .d.. y con la fiesta y regocijo que cada uno podría mostrar"19 ; y Cristóbal de Molina el
Almagrista, quiend en 1535 fue testigo de que las fiestas "duraron ocho días arreo (sucesivamente, sin
interrupción), danddo las gracias al Sol por la cosecha pasada y suplicándole que en las sementeras por
venir les diese buendos frutos"20.
Es de rigor aclarar qude no existe sustento documental alguno para afirmar que el Inti Raymi inkaico tuvo
su "jornada principal" del 24 de junio; la fecha principal variaba según se presentaba el solsticio, y era
movible como lo es aúnd hoy la festividad cristiana del Corpus Christi. Obligado resulta también corregir la
aseveración de que el Inidti Raymi escenificado en nuestros días es "muy parecido" al que se celebraba en
tiempo de los Inkas; quiend coteje exhaustivamente la información de los cronistas caerá en la cuenta de
que poco tienen en común ambas festividades. Nuestro proposito principal al escribir este artículo,
precisamente, es que respetando la tradición histórica se retomen, en la medida de lo posible, los usos
auténticamente inkaicos.
PERVIVENCIA DEL INTI RAYMI
Invadido y conquistado el Tahuantinsuyo, ¿qué tiempo pervivió el Inti Raymi? Hay referencias en las
crónicas para concluir que pervivió hasta entrado el siglo XVII y que en algunas provincias, las de la sierra
de Lima por lo dd
dmenos, fue sustituida por una ceremonia que adquirió un carácter diametralmente opuesto al que antes
tuvo, convirtiéndose de fiesta de gratitud a la divinidad en jornada de protesta por la llegada del caos con
los españoles, dato consignado por los curas Fernando de Avendaño y Pablo José de Arriaga, famosos
"éxtirpadores de idolatrías".
Es importante destacar que en plena guerra de resistencia a los invasores, el bravo general Apo Quisquis
quiso "celebrar muy solemnemente la fiesta del Inti Raymi", conforme se lee en la crónica de Murúa.
Además, Molina el Almagrista vio celebrarse el lnti Raymi en abril de 1535, esto es, tres años después de
iniciada la invasión del Tahuantinsuyo; dicha fiesta fue presidida por Manco Inca, en los días en que se
aprestaba a desatar la guerra de reconquista. Este cronista, cuyo humanismo lo convirtió en temprano
indigenista, testimonió admiración por los inkaicos, al hacer notar que ellos, a los que sus compatriotas
denominaban despectivamente "idólatras". sabían ser agradecidos con sus dioses, costumbre que no
siempre pudo advertir entre los que se llamaban cristianos "21.
El jesuita Bernabé Cobo mencionó que Paullo Inka, hermano y rival de Manco, a su regreso de la entrada a
Chile, edificó una de sus casas cerca del cerro sagrado de Huanacauri, donde Regó a celebrar la fiesta del
Inti Raymi 21ª.
Durante unos pocos años más los españoles consintieron la celebración en el Cuzco, pero no por mucho
tiempo, ya que terminaron prohibiéndola al percatarse que resultaba perjudicial para sus intereses de
dominación. La cristianización de Paullo Inca en 1543 tuvo por correlato la abolición del Inti Raymi, y no
deja de ser interesante registrar que en el sitio donde por última vez la fiesta fue consentida, los españoles
encontraron "cantidad de ofrendas, ropa pequeñas de idolillos y gran copia de orejas para los mancebos que
se armaban caballeros"22.
Sin embargo, Juan de Betanzos menciona que a mediados del siglo XVI, a veinte años de la caída del
Imperio de los Inkas, el Inti Raymi continuaba siendo celebrado secretamente, resistiendo la prohibición
impuesta por los españoles: "Esta fiesta y las demás que este señor (Pachacuti) constituyó, aunque se las
quiere quitar en esta ciudad del Cuzco, las suelen hacer ellos (los indios) secretamente, en los pueblecillos
que están en torno de la ciudad del Cuzco"23.
Así, perseguida, la celebración del Inti Raymi se hizo más popular, al ser adoptada por el campesinado
hatunruna tras la desgracia recaída en los aristocráticos orejones de las diezmadas panakas.
Por ese tiempo, con toda seguridad, el Inti Raymi, tal vez esperanzador y propiciatorio, continuaba
celebrándose en el reducto patriota de Vilcabamba, presidido por Manco Inka y por los sucesivos Inkas de la
Resistencia. Ellos habían trasladado a ese bastión montañoso el ídolo Punchao, dios del Día, cuyo culto antes
tuvo por sede el propio Inticancha. Y a la muerte de Túpac Amaru I en 1572. cesó seguramente la festividad
a nivel oficial, mas no entre el pueblo, donde adquirió encubiertas características de manifestación
nativista24.
SINCRETISMO CON EL CORPUS CHRISTI
En 1559 Juan Polo de Ondegardo observaría la pervivencia de los cultos y ritos nativos del Inti Raymi,
manifiestos subrepticiamente en el Corpus Christi impuesto por los cristianos: "Háse de advertir que esta
fiesta cae casi al mismo tiempo que los cristianos hacemos la solemnidad del Corpus Christi y que en
algunas cosas tienen alguna apariencia de semejanza (como es el caso de las danzas, representaciones o
cantares) y que por esta causa ha habido y hay hoy día entre los indios que parecen celebrar nuestra fiesta
del Corpus Christi, mucha superstición de celebrar la suya antigua del Intí Raymi"25.
José de Acosta mencionaría también su alarma: "los indios usan el Corpus Christi para festejar su Inti
Raymi"25ª, comparando el hecho con lo sucedido en Grecia y Roma en los inicios del cristianismo.
Martín de Murúa, en 1613, incidiría también en el sincretismo de los cultos occidentales y andinos: "esta
fiesta cae al mismo tiempo que la nuestra tan celebrada del Corpus Christi ... y a vueltas de, las
solemnidades que hacen para ella, los indios mezclan ceremonias y ritos antiguos, de los que solían hacer
"26.
Y Pablo José de Arriaga, principalísimo destructor de las manifestaciones culturas nativas, denunciaría en
1621 que el antiguo Inti Raymi había devenido Onccoy Mita: de fiesta de gratitud al Sol celebrada en las
plazas de la alegría, Haucaypata y Cusipata, se había convertido en rito de dolor y protesta, celebrado
secretamente en las alturas por los más tenaces sacerdotes nativistas y por un incipiente Movimiento Inka
de Liberación.
Citó Arriaga que los indios continuaban celebrando tres grandes fiestas al año: "La principal, cerca de la
fiesta del Corpus, o en ella misma, que llaman Onccoy Mita (Tiempo del Dolor), que es cuando aparecen las
siete Cabrillas que llaman Onccoy, las cuales adoran porque no se les sequen las raíces" 27.
Ya no se honraba a los dioses para agradecerles las venturas, como otrora; ahora se les imploraba que no
agravasen el caos y la desgracia causada por los españoles y criollos.
Por esos mismos años, el cura Fernando de Avendaño denunciaría igualmente el nativismo presente en el
Onccoy Mita: "Tienen también (los indios) sus fiestas mayores y menores instituidas en reverencia y culto
de los dichos ídolos en tiempos señalados para celebrarlas; y la mayor del año es por pascua del espíritu
santo o Corpus Christi, que era cuando se descubrían mejor las Siete Cabrillas y la llaman Onccoy Mita... la
cual celebran con achaque o capa de nuestra madre iglesia" 28.
Todavía en 1638 se repetía la denuncia. Ese año el padre Antonio de la Calancha escribía: "Háse de advertir
que esta fiesta (el Inti Raymi) cae al mismo tiempo que los cristianos celebramos el Corpus
Christi, y los más de los indios celebran con bailes y
danzas no a nuestra fiesta católica, sino a la de su Inti
Raymi, de su antigua idolatría"29.
EVENTUALES SUPERVIVENCIAS
Desde mediados del siglo XVII hasta mediados del siglo XVIII perdemos la huella del recuerdo indio por el
Inti Raymi. Confesamos que esto se debe, en parte, a que no hemos agotado la revisión de las fuentes
escritas que podrían tal vez proporcionar novedosas luces sobre el asunto; pero hacemos de ver también
que de ese lapso, 1650 a 1750 precisamente, escasean las crónicas o, por lo menos los documentos no son
hasta hoy de dominio público.
Aclarado ello, nos atrevemos a conjeturar que el recuerdo del Inti Raymi, si no su celebración secreta,
jamás se perdió entre los indios. En varios testimonios coloniales se lee que en cada desfile organizado por
la colectividad opresora, los propulsores de la redención nativa vestían las galas de los Inkas, incluidas las
insignias donde la imagen del Sol estaba presente, como iluminando el camino de la vindicta. Ello ocurrió,
por ,ejemplo, en 1747, y sirvió para captar simpatías en el pueblo cuando el Movimiento de Liberación Inka,
posiblemente en contacto con Juan Santos Atahualpa, que conducía la lucha antihispana en la Selva Central,
proyectaba ya la rebelión en los Andes. Y es bien sabido que los del linaje cuzqueño aristocrático solían usar
imágenes del Sol en las pecheras de sus vestiduras, tal como consta en la condena a muerte de Túpac
Amaru II 29b .
Como se sabe, el alzamiento de 1747 abortó por delación, siendo liquidados sus principales mandos en
Lima y Huarochirí. Lo resaltante está en el hecho de que los conjurados fueron cultores del Inti Raymi y que
curiosamente fijaron el Descendiente estallido de la rebelión para rebelión para junio de 1750.
Hablando de esos patriotas, una relación española consignaría estos versos: "Pues estaba poseída (Lima)/
de los que sólo supieron1 dando adoración al Sol/ acreditarse de ciegos / ... el día del Bautista/ que a los
Amancaes fueron/ lo que en secreto se hacia/ se deshizo en secreto "30.
Y al respecto de las vinculaciones entre las fiestas del Inti Raymi y Juan el Bautista viene al caso
recomendar los escritos de Efraín Morote Best 31.
No se sabe de mayor pervivencia, salvo por las referencias documentales proporcionados por Roberto
Levillier sobre la probable existencia de un enclave incaiko en las fronteras peruano-boliviano-brasileña, el
enigmático reino del Gran Paytiti, donde nunca murió el culto al Sol ni tampoco, en consecuencia, algún tipo
de Inti Raymi. Tales Inkas, los que poblaron Mozocc Allpa (Moxos) a finales del siglo XVI, terminarían
integrándose en las varias naciones selváticas de la región, donde el culto heliaco pervivió siempre32.
Otro tanto ocurriría con los grupos presumiblemente inkaicos que buscaron refugio en la Selva Central del
Perú, aquellos que según numerosas versiones franciscanas poblaron el legendario reino del Enim, donde
pervivió el culto del Sol33. Es posible que algunos radicales del tiempo de Túpac Amaru, en especial los del
altiplano, renovaran algo de la adoración al Sol y otros cultos nativos; allí está para muestra el grito de
Pedro Vilcapaza al momento de ser descuartizado por los virreinales, el año 1782:"!Por este Sol, aprended a
morir como yo!"34.
En los Andes, a nivel popular, si no la fiesta al Sol por lo menos su culto se mantuvo siempre latente,
consciente e inconscientemente, sobre todo en la celebración de los ritos agrarios. Hoy, redivivo el Inti
Raymi, aún podemos advertir rezagos helíacos en nuestras comunidades nativas.
Toca a los antropólogos ahondar en el asunto, porque es posible que. se encuentre pervivencias
destacables. Bastará citar al respecto que en el distrito de Taurija, de la provincia de Pataz, existe una fiesta
donde tal se dice "Inti Runas" danzan en honor del Sol, entonando melodías netamente autóctonas cuya
data se desconoce, al compás de flautas nativas de sonidos agudísimos.
Recordemos que Daniel Alomía Robles recogió manifestaciones musicales de los "Hijos del Sol" y que Carlos
Valderrama compuso su "Intí Raymi" hace más de medio siglo. Creemos que el caso no es excepcional.
Andrés Avelino Cáceres, en plena guerra con Chile (1879-1884), sería testigo y partícipe de comparaciones
con el Sol en los departamentos de Junin, Ayacucho y Apurímac36.
LA CEREMONIA Y LAS JERARQUIAS
En su calidad de Intip Churin o Hijo del Sol, correspondía al Inka presidir la magna ceremonia andina. Pero
no siempre el Inti Raymi presidido por el emperador se realizaba en el Cuzco; la sede principal podía ser
cualquier otra ciudad del imperio, cuando llegado el tiempo de la festividad ocurriese que allí estuviese de
paso el Inka. Sin embargo, por más que la sede provinciana pujase por celebrarla pomposamente, nunca
podría aventajar la fastuosidad de la que se verificaba en el Cuzco, donde en ausencia del Inka la presidían
el Inka Raptin o Regente y el Sumo Sacerdote o Intip Yanan: "Cuando el rey andaba ocupado en las
guerras, o visitando sus reinos, hacía la fiesta donde le tocaba el día de la fiesta, mas no era con la
solemnidad que en el Cuzco, en donde tenía cuidado de hacerla el gobernador Inca y el Sumo Sacerdote y
los demás Incas de la sangre real"37
La selecta concurrencia con derecho a participar en el Inti Raymi (nobleza cuzqueña y provinciana), acudía,
en el caso citado de presidir el Inka una fiesta paralela a la grande que se hacía en el Cuzco, a la que fuese
más cercana, a su lugar de origen o residencia. Así, si el Inka presidía el Inti Raymi en Huánuco, los curacas
de Chile concurrían a la fiesta del Cuzco, mientras que los de Quito o Lambayeque se detenían en Huánuco.
En el resto del imperio, en cada pueblo grande donde también se verificaba un Inti Raymi en pequeña escala
, la conducción del mismo correspondía a los gobernadores locales de segundo orden, pues los titulares
marchaban ala sede o sedes principales.
La concurrencia no era obligatoria, aunque los principales del reino que asistían a la fiesta en parte se
sentían obligados a hacerlo, por disciplina, conveniencia y, fundamentalmente, porque disfrutaban y se
sentían honrados de participar en la exclusiva celebración. Era, además, una peregrinación religiosa que
realizaban por costumbre una suerte, también, de día nacional, que invariablemente debía de honrarse.
Si algún invitado tenía impedimento material para asistir por hallarse en alguna campaña militar, enfermo,
demasiado anciano o en misión oficial tenía cuidado de enviar un representante acreditado, por lo general
un hijo, hermano o familiar suyo.
Fuera de los curacas provincianos de todo el imperio, que viajaban acompañados de algunos parientes,
servidores y escolta, concurrían al Inti Raymi todos los orejones, tocricos, gobernadores de suyos, hunu-
curacas o grandes caciques y hatun-huamincas, o jefes de las plazas militares, que eran miembros de las
panakas reales, en fin, todos, incluyendo los jefes orejones del ejército, que tenían lugar preferente en la
ceremonia.
También asistían numerosos sacerdotes de los varios cultos permitidos en el imperio, de manera principal el
supremo clero de Pachacámac, que en el mundo andino era muy respetado. Parece lógico deducir que
paralelo al Inti Raymi principal, otro de contenido eminentemente sacro tendría lugar en aquella sede
costeña.
Refiriéndose a la concurrencia del Inti Raymi cuzqueño, Garcilaso consignaría: "Hallábanse en él todos los
capitanes principales de guerra ya jubilados y los que no estaban ocupados en la milicia, y todos los curacas
soñores de vasallos de todo el imperio, no por precepto que les obligase a ir a él, sino porque ellos holgaban
de hallarse en la solemnidad de tangran fiesta; que como contenían en sí la adoración de su dios el Sol, y la
veneración del Inka su rey, no quedaba nadie que no acudiese a ella. Y cuando los curacas no podían ir por
estar impedidos de vejez o de enfermedad o con negocios graves en servício del rey,o por la mucha
distancia del camino, enviaban a ella los hijos o hermanos, acompañados de los más nobles de su parentela,
para que se hallasen en la fiesta en nombre de ellos. Hallábase en ella el Inka en Persona, no siendo
impedido en guerra forzosa o en visita del reino"
Así, toda la nobleza del imperio se hacía presente en el principal Inti Raymi. Pero, aclaremos, ni aún en la
festividad se mezclaban los orejones con los señores provincianos. Cada cual mantenía su lugar, conforme a
las estrictas diferencias en la jerarquía social.
Orejones y curacas no tenían igual participación en la ceremonia, sino que cada grupo ocupaba una posición
acorde con su grado de nobleza. Por ejemplo, la entrada al Inti Cancha, al Templo del Sol, que luego se
llamaría impropiamente y en tiempo ya de dominio hispano, Coricancha 39a, estaba reservada únicamente
los orejones, desde que eran Hijos del Sol: "El Inca y los de su sangre entraban dentro como hijos naturales
y hacían su adoración a la imagen del Sol. Los curacas, como indignos de tan alto lugar, porque no eran
hijos, quedaban fuera en una gran plaza que hoy está ante la puerta del templo". Algo semejante ocurría en
el día principal de los sacrificios: los orejones se congregaban en el Huaycapata y los curacas, "porque no
eran de la sangre real se ponían en otra plaza apegada a la principal que llaman Cusipata"41.
Advirtiendo lo de la exclusividad, Molina el cuzqueño apuntaría: "Hacían la fiesta sólo los Inkas"42, vale
decir los orejones o pakuyocs. Tal vez el cronista se refirió a las raleadamente celebradas ya en tiempo de la
conquista española, cuando destruida la frágil unidad del imperio no hubo lugar para la concurrencia de
curacas de otras naciones aborígenes. Pero estos meramente asistían; no participaban, dado que la
festividad era propia de la nación de los Qosqo, los forjadores del estado inkaico.