Somos el templo del Espíritu Santo
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros,
el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” 1 Corintios 6:19
Un misionero plantaba una iglesia en una ciudad cuyos habitantes, hasta el día de hoy, sienten orgullo por una enorme
e imponente catedral que allí se levanta. Es más, muchos peregrinos viajan para conocerla por su lujo y amplitud. Tal es
así, que un día, este misionero, recorría la plaza frente a la catedral predicando el evangelio cuando se fijó en un hombre
completamente ebrio que se encontraba tirado en ese lugar. Ajeno a la realidad, esta persona estaba envuelta en
harapos y despedía un fuerte olor nauseabundo. La imagen era contrastante: este hombre perdido en su adicción, con
toda su miseria, tirado en el piso, y a lo lejos, la imponente catedral en todo su esplendor. En aquel momento, el Señor
habló al corazón del misionero y le dijo: “No es en ese gran edificio, sino en ese hombre necesitado, donde quiero vivir.
Ese es el templo en el que quiero habitar.”
Este tema es vital para cada cristiano. Es necesario que podamos comprender realmente la voluntad y
la visión que tiene Dios sobre cada uno de sus hijos. Por ello, en la clase de hoy hablaremos acerca del
significado de esta ilustración y el valor que tiene nuestro propio cuerpo al servicio del Señor. Veamos
los siguientes puntos:
1) Dios habita en nuestro corazón por su Espíritu.
¡Dios mismo habita dentro nuestro! Cuando reconocemos a Jesús como el Señor y Salvador de
nuestra vida, él viene a hacer morada en nuestro corazón (Juan 14:23, 1 Corintios 3:16, Efesios 2:22).
La presencia del Espíritu Santo en nuestros corazones es una experiencia real y consciente. En
palabras de Jesús es un volver a nacer del Espíritu. Marca un antes y un después. Al punto tal que el
apóstol Pablo dice que si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él (Romanos 8:9).
Sentimos a Dios en nuestra vida, podemos sentir su dulce presencia en nuestro corazón, su suave voz
guiándonos a hacer lo correcto, su poder obrando a través nuestro y cambiándonos día a día, para
que seamos más parecidos a Jesús.
Debemos honrar la presencia de Dios en nuestra vida, obedeciendo sus mandamientos y buscando su
comunión diariamente.
** Actividad: Que un participante responda “¿Qué cosas pueden apagar al Espíritu Santo en nuestros
corazones?” y otro pueda proponer: “¿Cómo podemos hacerlo sentir bienvenido en nuestra vida?”
(motivando a que todos participen)**
2) Nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo.
Dios no habita en templos de piedra, sino que habita en personas que se rinden a él. Nuestros
cuerpos son el templo de Dios. (La Iglesia es el Cuerpo de Cristo).
¿Qué significa esto?
a) Que Dios, que es Espíritu, se da a conocer, se revela, se expresa a través nuestro.
Nuestras manos, deben ser sus manos. Nuestra boca, debe dejar oír su voz. Nuestra fuerza
debe estar a su servicio y el de los otros. Nuestro cuerpo debe “encarnar la Palabra de
Dios”.
b) Jesús es el verbo (la palabra) hecha carne, a través de su humanidad, de su cuerpo, él
reveló a Dios de manera perfecta. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9).
¿Nuestra vida refleja a Cristo?
c) El apóstol Pablo nos enseña que los miembros de nuestro cuerpo pueden servir a la
justicia o pueden servir a la iniquidad y la inmundicia (Romanos 6:19).
d) Los pecados de inmoralidad sexual contaminan el templo del Espíritu Santo (1 Corintios
6:15-20).
¿De qué manera práctica podemos huir de la fornicación?
¿Cómo mantenernos alejados de la inmoralidad sexual?
e) Los pecados de división en la iglesia, los pleitos, egoísmos y resentimientos entre los
hermanos, atentan contra la unidad del Cuerpo de Cristo. Porque somos UN Cuerpo. Y
debemos tener discernimiento de esta verdad (1 Corintios 11:17-22 y 27-34). Veamos
también Efesios 4:1-3.
¿Qué relación podemos encontrar entre estar unidos como hermanos espirituales y
tener autoridad espiritual? Si yo guardo enojo en mi corazón, ¿esto afecta a la
iglesia?
f) Tu propio cuerpo también es valioso y debe ser tratado con cuidado. Los vicios,
adicciones o el descuido, son síntomas que el templo de Dios no está siendo valorado
adecuadamente.
Entonces, ¿cómo debemos cuidar nuestro Cuerpo, si es el templo de Dios?
Conclusión
Por tanto, es tiempo de recordar y disfrutar la presencia de Dios en tu vida. Así también como la
responsabilidad de reflejar cada día que has tomado la decisión de seguir a Cristo y ser la
continuación de su ministerio en la Tierra. Si Dios mora en tu vida, ya no estás solo y desamparado,
sino, por el contrario, tienes el poder para levantarte y anunciar la poderosa buena voluntad del
Creador. ¡Eres templo del Espíritu Santo!