Marcelo Alvarez
y Luisa Pinotti
ALA
MESA
Ritos y retos
de la
alimentacion
argentinaMarcelo Alvarez y
Luisa Pinotti
A LA MESA
RITOS Y RETOS
DE LA ALIMENTACION ARGENTINAReconocimientos
A los colegas, amigos y compafieros de trabajo que acetca-
ron sus comentarios, el testimonio personal de una experiencia
gastronémica y varias sugerencias bibliogeaficas: Luis Amaya,
‘Ana Maria Dupey, Ramiro Fernandez Unsain, Rafael Goi,
Rogelio Ferreyra, Ménica Lacarrieu, Carlos Masotta, Maria Jo-
sé Escalante, Pablo Fernéndez, Juan Carlos Radovich, Catalina
Saugy y Guillermo Kliauga. A los arquedlogos Annette Ague-
sre, Carlos Gradin y Alicia Haydée Tapia, que pusieron a nues-
tza disposicin tanto material édito como inédito, fruto de sus
largas y medulares investigaciones de campo.
A Patricia Aguirre, Nora Garrote, Susana Hintze, Mirta
Santoni y Graciela Torres, que han erabajado rigurosameate la
ccuestiGn alimencaria en la Argentina desde una perspectiva
tropoldgica y que siempre han respondido con generosa dispo-
sicién y confianza a nuestras propuestas compilatorias. A Fer-
nando Javier Remedi, cuyo aporte investigador sobre la cocina
étnica en la provincia de Cércdoba fue oportunamente espulga-
do. A Fernando Vidal Bussi, porque sus excelentes historias de
mesa y evaluaciones gastronémicas constituyeron un delicioso
incentivo paca la emulacién. (Todos ellos fueron autores de la
materia prima a partir de la cual surgié este relato, aunque en
cualquier caso, y como es de estilo, las opiniones aqui vertidas
son de nuestra exclusiva responsabilidad).‘A Hilda Larreina de Schena, Directora de la Escuela de Nu-
tricién de la Facultad de Medicina de la Universidad de Bue-
nos Aires, y las nutricionistas Marfa Rita Garda, Marta Cata-
lin y Miryam Kurbanoff de Gorban, por brindarnos su apoyo
y asesoramiento.
A las alunnas y alumnos de los cursos 1998 y 1999 de la cé-
tedra de Socioantropologia de la Escuela de Nutricién de la Fa~
cultad de Medicina (UBA), por haberse encusiasmado con el
trabajo prictico de recuperacién de las Ilamadas “cocinas écni-
cas". Y especialmente a las estudiantes Florencia Morazzani,
Florencia Pecenko, Silvina Borgia, Mariela Ferrari y Verénica
Palacio Tejedor, por el sabor y la sustancia de sus entrevistas.
A Marcela Elisa Frattoni y Ana Marfa Gonzélez, de la Ofi-
cina de Informética de la Facultad de Medicina de la Universi-
dad de Buenos Aires, por salvar un atchivo irtecuperable para
nuestra primitiva capacidad tecnolégica.
A todos quienes fueron sujetos de nuestra mirada inquisido-
ray la soportaron con discreta complicidad.
A nuestras familias, por su acompaiiamiento de siempre.Indice
Inteoduccién: Hurgando en cocinas y comedores . .. . 17
Capitulo I: Det “asado” de Solis al puchero de Mansilla
G50 afios parando la olla)... 0-2... 2e seen eee 27
E] “asado" de Solis... . s
Las primeras ciudades, ejes econémicos de la conquista . . 29
Buenos Aires, la ciudad del puerto
EI “delivery” colonial .
El pan nuestro .
De carne somos
Las infusiones: mate, chocolate y café con
Escenarios gastronémicos: pulperias, cafés, clubes
ycomedores ...
Sin sorpresas, sabroso y abundance: el mend diario... . . 46
Las grandes ocasiones: tertulias, celebraciones y visitas . . 50
Una excursi6n por la campafia ....
Capitulo 2: El criollaje ve invadido su escenario
De Europa a América...
EI desembarco de la “pasta asciutea’
“Aportes italianos a la mesa argentina
Los espafioles: el regreso -.El fin de las islas culinarias, el nacimienco del mend,
portefio - a
‘Cuerpos redondos y primeros atisbos de naturismo .
Capitulo 3: Yantares de tierra adentro
‘(Cocinas regionales desde la prehistoria
alaactualidad) ..........0-00..0005 cece ee 87
‘Mas alld de Buenos Aires.
ElNoroeste ......--
El Imperia del mate.
Tiempos prebispanicos ..
Siglo xviut y xix: la suerte de los indigenas,
de los pobres y de los acomedades «
Coplas, herencia ¢ itineraries gastronémicos . :
Siglo xx: la industrializacin del rubro alimenticio .... 98
Cuyo y Cordoba
De ta agrcultura incipient a la intensive .
Baset alimentarias y platos tipicos ...
Despencas, placeres y trabajos en el campo
Resistencias dietéticas: cocina nativa
einmigracién .
El Nordeste
Agricultores amazénicos y pet canveras
rurales
Propiedades mdgicas y legenddarios consejos.
La Pampa ..
La dieta de los querandiesy las imposciones
espaiiolas
Pana ering: esd pstsy dai dlc
La Patagonia...
Tiarva de tbuelches y araucams .
En busca de grasa animal
Téonitas alimentarias y platos principales
Reubicaci6n indigena y vicios exropeos en
“el fin del mundo... eevee eee v eee eens 130Capitulo 4: Y para todos los hombres del mundo...
‘(Cocinas de colectividades) . .145
Modelos culinarios “for export” 6... .o ee eeee eee 45
Argentina: aportes internacionales y vaivenes
inmigeatorios 147
Las “cocinas éenicas” en la Argentina 150
La cocina arabe... 131
La llegada del 151
Simple, macrobit .152
12153
. 154
La cocina armenia
La cocina judia .
Céddigos morales. 5
Procedentes del norte de Africa. .
Lacocina inglesa .
La cocina francesa .
Modales y normas de exportacién
La cocina francesa en nuestra mesa.
Lac portuguesa
La cocina alemana
Ta cocina austro-hingara
La cocina eslovena
Tacocina danesa.
Ta cocina japonesa
Bajos recursos y refinamientoeitdico
Platos y celebraciones
Lacocina china...
EL tend libre oferta clini api médica
para golosos natives ..
Bl ere: nie de nia wok
La cocina india ..
Lacocina mexicana. .
156
158
158
161
162
163
165
166
167
+ 168
168
170
m7
i
-172
oed73,
174
La cocina paraguaya . . 176
La cocina boliviana .. 177
is
3bCapitulo 5: De la fiambrera al freezer,
de la cocina a lefia al microondas
(Lo que va de los 50 a los 70)
La cocina: conservadora y revolucionaria
Produccién en masa y alimentacién homogénea
Condensada, evaporada, en polvo
- 185
185
187
189
Concentrada y en cubitos 190
La industria fria . 191
Tostado, inflado o en copos . 192
Hogar, modernizado hogar :
Los excluidos de la mesa en la Argencina
La fiebre de los elecerodomésticos . . .
193
‘Veda de carne y cruzadas vegecarianas ....- 1199.
Encre el Toddy y el aceite de higado de bacalao,
Jos chicos crecen 201
203
Modas y recorridos gastronémicos
EI primer supermercado y el best-seller de
Dofia Petrona 1.1.0... e cece erence renee cenee 205
‘
Capitulo 6: Hambre en el pais de Jauja........-.. 21
2u
213
215
216
‘Més alimentos, més hambre
Dictadura I: Plata dulce y cocineros europeos
Dictadura Il: La dieta de los pobres
Democracia: redes solidarias e hiperinflacién
‘Avatares de la carne: cortes, desplazamientos
yausencias ....
El peor saldo: la desnutricié
Los unos y los otros. .
218
222
224
ib
Capitulo 7: Gusto y consumo en los 90.62. 22-5 229
Globalizadas y regionales = 229
‘Argentina: de la comida “nutritiva” a la comida
“sana! 230
Esos raros envases nuevos... .. 235¥
La clase media va al paraiso:
de comidas y fast foods :
Talles sinicos, personal trainers y ciragias
Comida répida, delivery y nuevos circuitos
gasttonémicos .
EL modelo alimentatio de los nuevos jévenes
Comer con culpa
ipermercados, patios
Capitulo 8: Ancicipos de la cocina del siglo x1...
Dime con quién comes.
Dime quién cocina
Mate y dulce de leche, presences y
El dificil equilibrio alimentario.. ..
‘Agricultura orgénica y cultivos hidropénicos
Cocina fucurista: viejos sabores y nuevas técnicas :
Supervivencia del pateén alimentario argentino .......
Apéndice: Recetario oo... ..esceee eves eeee eesIntroduccién
Hurgando en cocinas y comedores
Cocinar es, desde Inego, un. proceso complejo y multivaria-
do, que implica mas que el tépico de frefr un par de huevos. Y
comer (si se quiere, poder comer) en la Argentina, representa
tun hecho social complejo que pone en escena un conjunto de
movimientos de produccién y consumo diferenciados y dife-
renciadores.
Para llevar adelante la escritura de este libro tuvimos que
internarnos en el complejo mundo de lo que se conoce como
fuentes secundatias y primarias.' Asi fue como a las viejas crd-
nicas, relatos de viajeras, periddicos y cevistas, ceorias y ensayos
se fueron sumando el trabajo de campo, nuestra experiencia so-
bre el cerreno y 1a observacién cotidiana de parientes y amigos.
‘Tanro las compras en el almacén superviviente o en el “hiper”
como los encuentros familiaces para compartir el asado o los fio-
quis se convirtieron poco a poco en pequeiios festivales para la
observacién participante y el ejercicia de la mirada ancropolé-
gica. La misién incluyé fisgoneos en bares y restoranes del mi-
crocentro, a la hora del almuerzo, reparando con cierto descaro
en todo lo que los porteiios se Ilevaban a la boca; asimismo, no
escaparon al rastreo los sébados, domingos y feriados, cuando
familias y amigos pasean su humanidad por los shoppings con
sumiendo con voracidad hasta en sus modernos cines. EI itine-
ratio incluyé también comedores escolares y hogares suburbs
nos y del pais interior. En palabras del antropélogo brasilefio
Roberto Da Matta, tuvimos que “hacer familiar lo exdtico y
a—
aa
exético lo familiar” para que diversas légicas alimentarias nos
entregaran sus claves. Cualquier “reunién por compromiso”,*
fiesta familiar, o evento singular, adquirié durante muestra pes-
quisa la misma trascendencia que recoget informacién en me-
dio de una campafia a la comunidad mas remota de la Pacago-
nia o las ciudades de froncera en las provincias de Misiones y
Corrientes, pretexto soberbio para hacer un viaje a los diversos
paisajes que asume la manducacidn entre los argentinos.
Dicen ~decimos~ los antropélogos que a través de la inven-
cién de fa cocina la especie humana se volvié realmente huma-
na, El manejo de titiles rudimentarios que Jes abrié el camino
hracia el autotrofismo (el aprovechamiento de alimentos hasta
entonces ajenos a la propia especie) y el conocimiento del fue-
go permitié a nuestros antepasados, los hominidos cocinantes,'
su emancipaci6n de la presién selectiva de otros animales, y en
tanto seres que cocinaban, se constituyeron unos a otros en me-
dio exclusive. Al cocinar, los hominids saltaron del medio
animal al medio social propio del hombre; seguramence y du-
rante mucho tiempo, la actividad culinaria fue la actividad bé-
sica de los dltimos hominidos y de los primeros hombres.
Sin duda, la satisfaccién de las necesidades alimentarias se
encuentra en la base de la reproduccién de la existencia huma-
na, Pero hasta que alguna revolucionaria investigacisn diga lo
contrario, los seres huimanos consticuyen la tinica especie ani-
mal que ha elaborado reglas precisas alrededor de su alimenta-
ci6n, acerca de las maneras de realizar operaciones sobre la na-
turaleza para producir y preparar sus alimentos y sobre los mo-
dos y las personas con quienes compartir su consumo.’ ¥ si la
antropéloga norteamericana Margaret Mead sefialaba que las
sociedades humanas hacen una seleccién entre las posibilidades
alimentarias que el medio oftece y los recursos técnicos dispo-
nibles, Marvin Harris’ apunca que las difecencias entre patro-
nes alimentarios se relacionan con diferencias regionales en las
oportunidades ecolégicas; por tanto, en términos de la selec
ién, los alimentos preferidos son aquellos que presentan una
relacién de costes y beneficios précticos més favorables que los
alimentos que se evican. ¥ cemarca que “los costes y beneficios
utritivos y ecolégicos no son siempre idénticos a los costes y: beneficios monetarios". De esto se deriva el hecho de que el ni-
: vel y la forma de satisfaccién de las necesidades nutritivas va-
ria cualitativa y cuantitativamente de una sociedad a otca, ¥
- cambia también dentro de ella segdin categorias como edad, g6-
- nero, clase social y otros criterios. Es que el consumo de los ali-~
’ mentos exprtesa, también, el lugar de los sujetos en la sociedad
* y pone en acto la busqueda de prestipio y diferenciacién social.’ | corey
Se explica: los ritos de alianza (ratados, convenios, fiestas yce- ae
- remonias) implican casi siempre compattit el mismo alimento
+ ola misma bebida.” Los griegos lo decian: “Ia mesa es la media~- oeranS
" era de la amistad".
. En todo caso, la antropologia ha mostrado desde diversas co-~
- trientes tedricas y autores representativos hasta qué punto los
modos diferenciales de produccién y de consumo de alimentos a
f& son tanto una construccién material como simbdlica.* ¥ en es~ -
' te sentido, el consumo de alimentos, las pautas y patrones cul~
a turales que lo sustentan, coneribuyen a la consticucién de la
c identidad colectiva a la vez. que son exptesién de relaciones so-
i Gales y de poder.” :
Segtin Farb y Acmelagos,"* cuatro elementos definen una com
q cina: 1) el limitado namero de alimentos seleccionados de en-
' tre os que ofrece el medio (los criterios de seleccién son, pot lo
general, la facilidad de acceso y [Link] que se pueden
i fecoger en funcién de la energia que hace falta emplear para
' obtenerlas); 2) el modo caracteristico de preparar estos alimens
' tos (por ejemplo, cortados, asados, cocidos, fritos); 3) cl princic
pio o los principios de condimentacién tradicional del alimen-
to base de cada sociedad; y 4) la adopcidn de un conjunto de
reglas relativas al niimero de comidas diatias, al hecho de que_
Jos alimentos se consuman individualmente o en grupo, a la s
paracién de decetminados alimentos pata fines tituales y re
giosos y la observacién de tabiies.
‘A partir de las diversas realizaciones de estos cuatro elemen-
cos, las cocinas adquieren una adjetivacién local, clasista, étnica,
e nacional y/o regional. En términos “nacionales”, la “cocina” con =,
: tiene, fundamentalmente, aquetlos alimentos y modos de prepa j
raci6n que son considerados como propios o tipicos de un deter-
minado pais y que constituyen un signo de su identidad como
9c
‘grupo social." El acto de cocinar es, entonces, un proceso de pa-
trimonializaci6n alimencaria, porque cuando se elige la elabora-
ci6n de un plato sobre otro, se estén seleccionando ingredientes,
condimentos y procedimientos culinatios que identifican al co-
cinero y a los comensales con una tradicion.’ De los aspectos
mas distintivos de una decerminada cocina, la combinacién es-
pecifica de aromas y sabores es lo que permite una fécil identi-
ficacién de los platos como un producto caractetistico de una co-
Cina en particular. Sin embargo, muchas veces esa identificacién
se conscruye erréneamence a partir de escereotipos armados a
través de libros de cocina, relatos de viajes o de interpretaciones
de los placos clésicos por parte de los restaurantes locales."*
Por tanto, lo definitivo para que pueda hablarse de una co-
cina nacional, segdin Back,” es que en la préctica Hegue a ser la
comida “normal” de un colectivo social definido en cérminos
de “nacién”; esto es, que en lo esencial el patrdn alimencario
corte transversalmence la estructura de ese colectivo social. No
necesariamente ha de ser reconocida por sus practicantes como
un modo de afirmar su individualidad. Al igual que ocurre con
otras pautas socioculturales, la cocina es tomada como algo da-
do pot los miembros de una comunidad, y slo las desviaciones
de la sutina gastronémica son percibidas como tales.” Sin em-
bargo, el relativo conservadurismo de ciertos platos especificos
10 se Conéradice con los cambios en otros aspectos de la misma
cocina. La misma Margaret Mead sefialaba quit el gusto “mo-
derno” es tan distinto del de hace crescientos @ cuacrocientos
afos, que para el paladar de sus descendientes, los platos favo-
ritos servidos durante los festines medievales 0 renacentista5-
casi no setian considerados comestibles.
“La cocina de una sociedad -ha dicho Claude Lévi-Serauss—
es un lenguaje en el que ésta traduce inconscientemente su es-
tructura”. Este “lenguaje” no sélo se halla en las fuentes escritas,
sino eambién en recuerdos, teadiciones y, especialmente, en ob-
jetos y monumentos alimentacios elaborados por un conjunto
social. Si bien el alimento proviene de la naturaleza, el hombre
lo incorpora con categorias culeurales; las categorias y subcate-
‘gorias de alimentos no son muchas (crudo, cocido, podrido,
asado, hervido y ahumado) y se distribuyen en esquemas de
20vvtavey
simple estructura, como el triéngulo culinario, Estas categories,
y subcategorias poseen cierto grado de prestigio social, estén
sometidas a convenciones y se adjudican a sexos y ocasiones so-
ciales normales o extraordinarias. Para Lévi-Strauss la cocina es
siempre una mediacién, wn proceso cultural, que sélo en térmi-
nos relacivos podrd ser calificado de mds 0 menos mediato. En
la cocina no hay naturaleza “pura” o inmediaca sino naturaleza
manipulada, mediada. Stet
La adopcién de las maneras culturales de crudo, cocido, her-
vido o frito no depende solamente de las preferencias subjeti-|- ye
vas de un pueblo -los impulsos individuales 0 las costumbres
colectivas~ sino también de las disponibilidades objetivas de
alimentos y combustibles para cocinarlos. En Europa Occiden- Ht
tal, la gan revolucin en la comida cotidiana se produjo como
resultado de las transformaciones del siglo xix. La industriali- |
zacién de la produccién levé también a la industrializacién de (
{os alimentos. La expansin de unnueva cultura gastronémi-
ca desde las clases medias a otros secrores sociales dependis del
desarrollo de la produccién ulecamarina por medio de la expan-
sién colonial y eventualmente del desarrollo del transporte y de
nuevos medios de conservacién de los alimentos. a
Desde otcos encuadres disciplinarios se ha iluminado el sen-
rido erético de la comida. E] primer placer vendria por la boca,
y en todo caso no habria por qué abandonar la fuente original
del deseo al pasar a otras etapas del desarrollo madurativo. Por
recordar los errores cometidos en un matrimonio que no pudo
salvar, Juana Manuela Gorriti reflexiona en el prélogo de su Co-
ina ecietica: “El hogar es el santuario damésticn; su ara es el fogén
su sacerdotisa y guardién natural, a mujer. Ella, solo ella, sabe in-
ventar esas cosas exquisitas, que hacen de la mesa wn encanto, 9 que
dictaron a Brantome el consejo dado a la princesa, que le preguntaba
imo barfa para sujetar a su esposo al lado suyo: —Asidlo por la bo-
ca. Yo, jay! Nunca pensé en tamatta verdad. Avida de otras regio
nes, arrojéne a Ios libros, y vivi en Homero, en Platarco, en Virgilio,
1y en toda esa pléyade de la antigledad, y después en Corneille, Raci-
‘ne; y mds tarde, aitn, en Chateaxbriand, Hugo, Lamartine; sin pen-
sar que e0s inclitos genios fueron tales, porque ~excepcisn hecha del pri-
mero— tuvieron todas, a sie lado, mujeres bacendisas y abegadas que
1s
stiencia mds conveniente a la mujen”* A su curno, y ea nuestros
dias, Isabel Allende" sobre el irrefutable nexo entre alimento y
sexo agrega lo siguiente: "Gula y lujuria, que tantas locuras nos
Biers | hacen cometer, tienen el mismo origen: el instinto de sobrevivencia. El
Y | vinculo entre ta comida y el goce sensual es lo primero que aprendemos
al nacer. La sensacin del Bebé prendida del pein, inmerso en el calor
‘y el olor de su madre, es puramente eritca y deja una buella imborra-
ble para el resto de la vida. Desde la lactancia hasta la muerte, la co-
sida y el exo tienen la misma garra. En la madurez, enando digerir
" y hacer el amor se convierten en tareas, la mente se aleja a reganadien-
tes de la mesa y de la cama; pero hay algunos capaces de llegar hasta
el altima dis de una larga y fructifera existencia con el mismo apetito
jor los placeresterrenales de la juventud’,"* Y, al sefialar el nexo en-
‘te gula, lujuria y perdicién, suscribe a quienes colocan creen-
‘cias religiosas y paucas alimentarias en el nticleo duro de las for-
‘maciones culturales: “Por eso luteranos, calvinistas y otros aspiran-
geste a la erfetcén cristina, comen mal. Lot carblcs, en cambio, que
AiehS| nacen resignades al pecado original y las debilidades bumanas, ya
eS quienes el sacramento de a confsiin deja purificadesy litas para vol-
fed _, ver a pecar, on mucho mds flexible respecto a la buena mesa, tanto que
hae an ban acuitado La expresiin “bucada de cardenal” para definir algo de-
gl," licioso”.” En codo caso, compartimas la fuerza emocional que
Ree Loos liga a los sabores y texcuras de Ia infancia, a las institucio-
nes de socializacién como la familia, el jardin maternal o la es-
cuela primaria, donde se refuerzan las celebraciones cotidianas
de la mesa, cumpleatios, efemérides, con diversas ingestas de
carne o farinaceos y bebidas edulcoradas y de las otras."
Pero el espejo devuelve miiltiples imagenes: compacriotas
que asumen el fervor mistico desde el consumo desmedido a la
abstinencia rayana en la inanicién. Los que padecen bulimia 0
anorexia y los desnutridos crdnicos que ya son legién son el re-
sultado de una desigual distribucién de los recursos. El ham-
bre, en el siglo XVI o en el novisimo x1, es también un pro-
ducto social
Este hambre profano acecha desde la fundacién de Buenos
Aires y aiin antes, resguardado en los relacos de los compafie-
ros de Mendoza o en la voracidad contrariada que se oculca en
‘ Las mimaron, y fortificaron su mente con suculentos bocados, fruto de la
2ore
28
la memoria genética de cada ola inmigcacoria, La evidencia es
contundente: mientras novedosos testoranes temédticos abren
sus puertas, vastos sectores populares rurales y urbanos se apre-
suran cada dia a consumir cualquier cosa que se les presente en
el plato, con una voracidad sin miramientos.
Estas péginas se proponen indagar en los habitos alimenta-
rios de los argentinos, visitando sus cocinas desde los tiempos
més remotos hasta las inauguraciones del siglo xx1. Un ceco-
rrido sociohistérico y sociocultural entre ollas, parrillas, mesas
¥ recetas que, en dltima instancia, nos hablaré de la incidencia
de la comida en la produccién identitaria de los diversos con-
juncos sociales que habicaron y habiran nuestro pais. Recorri-
do que parte de la investigacién de las pasiones gastronémicas
fuertemence ancladas en elementos de orden tanco material co-
bélico (organizacién productiva, estructura social, dis-
idad y acceso a los recursos, tecnologia, representacio-
nes acerca de la salud y enfermedad,” creencias religiosas, va~
lor social de los alimentos, actitudes, etc.). El tema nos incita
al pecado de ser pretenciosos y esperar que nuestros lectores
‘nos acompafien con las facultades que, en el siglo x1x, Grimod
de la Rayniere solicita del “gourmand” mismo: “todos los senti-
das deben acoplarse al del gusto, pues tiene que saborear los bocados
antes incluso de llevdrselos a la boca. Es decir. su mirada debe ser e-
etrante, su ofdo alerta, su tacto fino y su lengua hdbil”.®
Notas
1 En las notas el leccor inf enconcrando nuestro erayecto bibliogrifi-
0. Al final, con sus intereses como guia, podrd escribir su propia y
seguramente mds interesante versi6n.
2 Excusa innoble para parcicipar de algin evento que en realidad nos
place.
3K Cordén: Cacinar bizo al hombre. Tasquets Editores, 2° edicién,
Barcelona, 1980.
4 “Lor aninaales se alimentan y se masren, pero no tienen wna coc, aarngue
4a prdctca de La fermentacitn de alguns products, come el bueio que el pe-
Comer B— acts culttal
Coure > Verte deb Lomb rt10
L
R
3
4
sr entiera, sea ya uo embritn de cocina, ose, de prparacién y pefecio-
scmiento del elimento. La ccina eel perfeciomamiento dela alimentacn
yes 4m fondmen despa esrictamenteculeral:y aungue evista algin ras
(go de cocina om algunos animales, «5 el hombre ef que la inventa: la somete
«a invenciones y la detarrolla, La gastronomia es un paso més hacia un pro
_gresivn perfeccionamiento de la cocina misma”. Jobn B. Dance.
M. Harris: Bueno para comer. Enigmas de alimentacién y cultura. Aian-
2a Editorial CONACULTA, México, 1991,
“EL hombre es un onnivoro que se nutre de carne, de vegetales y de imagi-
C, Fischler, “Presentation”. En: Communications, N° 31, Seuil,
Paris, 1979, p.
"Los aliments intrcinen en la colraciin emotive que inponsmes al lugar
«al tiempo y a las personas. Debido a estas connotaciones mary frecnentomente
Jos alimentas van unides @ acontucimienter muy significatioes, y adguieren
signifcados simbélis". 8, Minez: La comida como um campo de combate
ideolégico, Universidad de Santiago de Compostela, 1999, p 4.
‘Uno de los primeros estudios antropolégicos modernos sabre Ja ali-
mentaciét: €¢ el ttabajo de Audrey Richards, “Land, Labour and
Diet in Northern Rhodesia” (1939). No se pueden obviar las argu-
mentaciones de Claude Lévi-Strauss, Mary Douglas, Marvin Harsis
y Marshall Sahling, desde difecences posiciones cedricas.
S. Hineze: “Apuntes para ua abordaje multidiscipliaario del pro-
blema atimentario”. En: Alvarez, M. y Pinotti, L. (comps), Pracesat
smcioculturates y alimentacidn. Ediciones del Sol, Buenos Aires, 1997,
pp. 11-33.
B. Farb y G. Armelagos: Anthropologie des coutunes alimentaires
‘Deniel, Paris, 1985.
“(Mas hebitos alimenticies se convierten en marcadares dramdticas de la
diferencia. Extablecen quitn se es y quién mo se 45 con respecto a un grupo”.
S. Mintz, op. cit, p. 13.
1. Gonzdiex Turmo: “Alimeatacién y patrimonio: ayer y hoy”. Ea:
‘Actas del VIE Congreso de Antropologia, wol. 7, Santiago de Compos-
tela, 1999, pp. 141-149.
‘J. Contreras: Antropologia de la alimentacién. Eudema Antsopologia,
Madrid, 1993. .
K. W. Back: “Food, Sex and Theory’ Fitzgerald, T.K. (ed,),
Nutrition and Anthropology Action. Van Goccum, Amsterdam, 1977,
pp. 24-34.
4Mary Douglas sefala el hecho de que posiblemente sea més fécil
‘mejorar un alimento basico que controlar los efectos de la introduc
cin de uno nuevo: *(..)certas tentativas de mejorar la calidad de um
la olla en una comida, se caleulan en unas 1,500”.
+ comidas empezaban generalmente por la sopa de fideo.
aldo (servido en tazas desde la cocina a la mesa), arroz de
de farifia y Juego, el puchero. A continuacién el ment
abarcar: asado de vaca, carnero, cordero, ave, matambre;
Teco o nada de carne de ternera. Guisos de carne, carbonada
‘Se zapallo, papas o con choclos, peras y duraznos en verano; el
“geebe, que era zapallo machacado al que a veces se agrega-
ther. papas, repollo y arroz; picadillo, albéndigas de carne con
“e=22, zapallitos rellenos y estofado, todos con pasas de uva; ni~
“ex cnvueltos, cortilla (pésimamente hecha con harina); guisos
se pororos, lentejas, chicharos, etc.; sébalo de rio frito 0 guisa-
“de ensaladas de chauchas con zapallitos, lechuga, mastuerzo,
Tberro, verdolaga, papas, coliflor y remolacha, preparadas con
‘mi. mucho vinagre y poco aceite; empanadas y pasteles de
fente con carne o pichones, locro de tfigo o de maiz, hum!
‘= zrano o en chala, y a veces carne con cueto, De postre: ma
“mcwrra, cuajada, natilla, yema quemada, aroz con leche, bo-
‘excilios de papa o baraca, dulce de codas clases en invierno y
a de toda clase en verano, como la sandfa que rein6 por afios
qxen0 supremo refrigerance, los melones, los duraznos y los du-
E ‘maznitos de la Virgen, las nacanjas y los higos. Las papas se
tb ‘maian de Francia y més adelante de Irlanda,” generalizindose
sa ‘a1 uso con la incorporacién a la vida urbana de los ingleses (res-
ah " poasables también del “beefsteak”, precursor de bifes y chu-
12scos) y otros extranjeros. Se cocinaba con grasa de vaca (gra-
"mde pella) o grasa de cerdo; el aceite se restringia a las ensala-
“das y las misas. A veces se integraban al mend los escabeches
"de perdices, liebres, vizcachas y lenguas de vaca. Este menii no
diiere del meni hogarefio que describe Lucio V. Mansilla en
$8 Memorias.™
”