PABLO Y EL DELFIN
Pablo vivía en un parque acuático. Sus padres trabajaban con los delfines. Era maravilloso verlos
con aquellos majestuosos y bellos mamíferos acuáticos. Pablo se pasaba horas viéndolos. Soñaba
que, algún día, él también nadaría en la piscina con los delfines. Pero Pablo no sabía nadar. Tenía
una enfermedad en las piernas y apenas podía caminar.
Cuando Pablo tenía tres años vio nacer a un delfín. Lo llamó Pablete. Pablo y Pablete se hicieron
muy buenos amigos. El niño le daba de comer al delfín y le lanzaba juguetes al agua para que se
los devolviera. El delfín trataba de pedirle a Pablo que se bañara con él, pero Pablo tenía mucho
miedo al agua.
Un día el padre de Pablo tuvo un accidente y se rompió las dos piernas. Estuvo semanas en el
hospital y, cuando volvió, iba en silla de ruedas.
- ¿Volverás a caminar algún día, papá? -preguntó Pablo a su padre.
- Tendré que esforzarme mucho, hijo, pero en cuanto me quiten las escayolas volveré a la piscina
con los delfines -respondió el padre.
- Pero, ¿cómo vas a hacerlo? No podrás nadar sin usar las piernas -dijo Pablo.
- Eso ya lo veremos -respondió el padre de Pablo-. Además, tendré ayuda. Los delfines me
ayudarán.
Pablo vio cómo su padre volvió a la piscina con los delfines. Era increíble verlo con ellos. Un día
pensó: "Si mi papá puede nadar con los delfines sin usar las piernas, tal vez yo también pueda".
Pablete se puso muy contento el día que Pablo se subió encima de él para recorrer a nado la
piscina. Pero pasaban los meses, y el papá de Pablo no volvía a caminar. Sin embargo, Pablo tenía
cada vez más fuerza en las piernas y, a pesar de su enfermedad, cada vez conseguía caminar más
y mejor.
Pasaron los años y Pablo descubrió que su padre se había quedado paralítico y que no había
solución.
- Sabías que no volverías a caminar nunca, papá -le dijo un día Pablo-. ¿Por qué me engañaste?
- No te engañé, hijo. Te dije que volvería a la piscina en cuanto me liberara de las escayolas, y
que tendría que esforzarme mucho para volver a caminar. Solo quería que pensases que podías
intentarlo. Y ya ves que tenía razón, porque lo has conseguido.
Pablo decidió preparar un pequeño espectáculo con Pablete en el que su padre también pudiera
colaborar. Juntos lograron hacer uno de los números que más aplausos recibió por parte del
público.
Y ahora allí siguen, padre, hijo y delfín, luchando para superar sus limitaciones, sacando lo mejor
de sí mismos. Tal vez Pablo nunca camine como todos los demás, y su padre nunca vuelva a
caminar, pero ellos siguen adelante.