Defensa Penal en América Latina
Defensa Penal en América Latina
Defensa penal
Society Justice Initiative (Justice Initiative) y fue financiada por la Iniciativa de Dere-
chos Humanos y el Programa de América Latina de la Fundación Open Society.
El libro tiene tres partes. La primera, analiza de manera general los estándares inter-
efectiva
nacionales y regionales relacionados con los derechos relevantes para el acceso a una
defensa penal efectiva. La segunda, examina la situación de la defensa efectiva en
Argentina, Brasil, Colombia, Guatemala, México y Perú. Y la tercera, ofrece un análisis
en América Latina
transversal de los hallazgos encontrados en materia de defensa penal efectiva en la
región. Además, incluye como anexo un desarrollo particularizado de los estándares
internacionales sobre defensa penal efectiva para la región.
en América Latina
Defensa penal efectiva
ADC, Cerjusc, Conectas, Dejusticia
ICCPG, IDDD, IJPP, Inecip
CERJUSC
CENTRO PARA EL DESARROLLO DE LA JUSTICIA
Y LA SEGURIDAD CIUDADANA
Defensa penal efectiva en América Latina
Alberto Binder / Ed Cape /
Zaza Namoradze/
ADC/ Cerjusc /
Conectas /
Dejusticia / IDDD /
ICCPG / IJPP / INECIP
Junio de 2015
Dejusticia
Carrera 24 # 34-61
Bogotá D.C., Colombia
Teléfono: (57 1) 6083605
Correo electrónico: info@[Link]
[Link]
V
Prefacio y agradecimientos
defensa en los países y, por otra, la necesidad de mostrar con claridad las líneas maes-
tras que guían esos cambios y que pueden señalarse como estables y estructurales. En
este sentido, los capítulos nacionales expresan el estado de la situación a inicios de
2014. Los cambios posteriores a esa fecha no han sido incorporados, pero se puede
decir que no modifican los hallazgos principales de esta investigación.
Este proyecto se inspiró en uno realizado en Europa que culminó con la publi-
cación del libro Effective Criminal Defence in Europe en 2010,1 que generó un avance
significativo en el derecho penal comparado en Europa y se constituyó en un recurso
importante para apoyar reformas en la región. Ambos proyectos colocaron en el centro
de la investigación a la persona sospechosa o acusada de cometer un delito y exami-
naron el acceso a la defensa penal efectiva desde su perspectiva como condición pre-
via para disfrutar las garantías de un juicio justo. Desde una perspectiva sustantiva y
procedimental, las garantías procesales y la defensa penal efectiva son esenciales para
un juicio justo. El significado de la defensa penal efectiva es más amplio que el de
una asistencia legal simple y competente, pues aunque la asistencia legal sea buena,
no garantiza un juicio justo sin las otras garantías que son necesarias. Así, contar con
una defensa penal eficaz requiere una adecuada estructura constitucional y legal, un
apropiado marco institucional, el compromiso político necesario, y una cultura legal
y profesional que la facilite.
Este proyecto contó con un equipo de gestión del proyecto encargado de su pla-
nificación, dirección y ejecución, integrado por representantes de ocho organizaciones
de seis países de América Latina y por el Justice Initiative: Rafael Custodio y Vivian
Calderoni (Conectas), Isadora Fingermann (IDDD), Mario Avalos (ICCPG), Ana
Aguilar García (IJPP), Miguel La Rota (DEJUSTICIA), Nataly Ponce (CERJUSC),
Sebastián Narvaja (INECIP), Álvaro Herrero (ACD), y Marion Isobel y Zaza Namo-
radze del Justice Initiative. Además, DEJUSTICIA suministró la gestión financiera
global del proyecto y la coordinación general; esta última, en compañía del Justice
Initiative. Miguel La Rota de DEJUSTICIA y Marion Isobel del Justice Initiative
tuvieron un rol invaluable en la ejecución general del proyecto y contribuyeron sus-
tantivamente al mismo.
Además, se contó con un equipo asesor de investigación que orientó a los inves-
tigadores de los países y elaboró los capítulos comparativos y analíticos del libro.
Fue conformado por Alberto Binder, Ed Cape y Zaza Namoradze, quienes tienen
1
Ed Cape, Zaza Namoradze, Roger Smith and Taru Spronken, Effective Criminal Defence in Europe,
Antwerp: Intersentia, 2010.
VI
Prefacio y agradecimientos
VII
Prefacio y agradecimientos
Esperamos que este libro, al igual que sus predecesores, contribuya a mejorar el
conocimiento y comprensión de los factores que influyen en la defensa penal efectiva.
Nuestro objetivo es que sea una fuente de inspiración para lograr programas construc-
tivos y eficaces que contengan las políticas y las acciones necesarias para instaurar los
estándares y lineamientos regionales requeridos dentro de la Organización de Estados
Americanos, el sistema interamericano de derechos humanos y los sistemas naciona-
les, a través de los mecanismos diseñados para lograr que toda persona que lo necesite
tenga una defensa penal efectiva. La investigación y el libro se presentarán durante el
primer semestre de 2015. Confiamos en que esta obra les proporcione información y
análisis valiosos. Los millones de personas que son arrestadas, detenidas o procesadas
cada año en América Latina tienen derecho a ser tratadas de manera justa y equitativa.
Este derecho debe ser una realidad.
Enero de 2015
Alberto Binder
Ed Cape
Zaza Namoradze
VIII
ContenIDO
Prefacio y agradecimientos.................................................................................. V
Biografías................................................................................................... XXVII
1. Introducción..........................................................................................3
2. Defensa penal efectiva y garantías judiciales............................................6
3. El proyecto de investigación y su metodología......................................10
3.1. Los objetivos y fines del proyecto...................................................11
3.2. El contenido y alcance del proyecto...............................................12
3.3. La metodología del proyecto..........................................................13
4. Los derechos involucrados en un juicio justo
en un contexto internacional................................................................15
4.1. El contexto global..........................................................................15
4.2. El sistema latinoamericano de derechos humanos..........................19
4.3. El enfoque europeo........................................................................22
4.3.1. Introducción.......................................................................22
IX
Contenido
1. Introducción........................................................................................35
2. El contexto de una justicia penal en proceso de cambio........................39
2.1. La Corte Interamericana. Preocupaciones de época........................41
2.2. Los modelos de organización inquisitoriales.
El problema de la burocratización de los problemas.......................43
2.3. El ejercicio de la abogacía: formalismo
en contra del ejercicio de los derechos............................................44
2.4. Condiciones carcelarias y defensa...................................................46
2.5. Debido proceso, juicio imparcial o juicio justo..............................47
2.6. Algunas aclaraciones sobre los sistemas penales
(infracciones penales, imputación de hecho y formal,
aprehensión, arresto, detención)....................................................51
3. Estándares internacionales....................................................................54
3.1. Derecho a contar con información.................................................58
3.1.1. Derecho a ser informado sobre la naturaleza
y causas del arresto o detención y los derechos
que emanan de esa situación...............................................60
3.1.2. Derecho a ser informado sobre la naturaleza
y las causas de la imputación (formulación de cargos)
o acusación.........................................................................64
3.1.3. Derecho a obtener información sobre los derechos
relativos a su defensa que le están garantizados....................66
3.1.4. Derecho a obtener acceso a la evidencia material
del caso y a la carpeta de la investigación
(legajo, expediente, archivo, sumario, archivo, etc.).............67
3.2. Derecho a defenderse y a contar con asistencia legal.......................69
X
Contenido
XI
Contenido
Capítulo 3. Argentina.......................................................................................99
1. Introducción........................................................................................99
1.1. Información política y demográfica...............................................99
1.2. La selección de jurisdicciones.......................................................100
1.3. Descripción del sistema de justicia penal.
Estructuras organizacionales y reformas.......................................100
1.4. Descripción del proceso penal. Procedimientos y reformas..........104
1.4.1. El inicio de la persecución penal.......................................104
1.4.2. La imputación y la libertad...............................................105
1.4.3. La acusación.....................................................................106
1.4.4. El juicio............................................................................107
1.4.5. Las víctimas y sus derechos...............................................108
1.4.6. El control de las garantías.................................................108
1.5. Problemas sociales y políticos vinculados a la justicia penal..........108
1.6. Precisiones metodológicas............................................................109
2. Asistencia jurídica gratuita..................................................................110
2.1. Los costos de la defensa...............................................................110
2.1.1. Gasto en defensa pública por jurisdicción.........................110
2.1.2. Ingresos de defensores públicos comparados
con otros actores...............................................................111
2.2. Organización de la defensa jurídica gratuita.................................112
2.2.1. Esquema organizacional por jurisdicción..........................112
2.2.2. Recursos materiales por jurisdicción..................................115
3. Los derechos y su implementación......................................................117
3.1. Derecho a la información............................................................117
3.1.1. Derecho a ser informado de las causas de arresto
o detención y los derechos que emanan
de esta situación................................................................117
3.1.2. Derecho a ser informado sobre la imputación,
formulación de cargos o acusación....................................118
XII
Contenido
XIII
Contenido
Capítulo 4. Brasil...........................................................................................181
1. Introducción......................................................................................181
1.1. Contexto político, social y cultural de la formación
del sistema de justicia brasileño....................................................181
1.2. Síntesis de la estructura y el procedimiento
de la justicia penal brasileña.........................................................183
1.3. Justificación de la delimitación geográfica
y metodología de la investigación.................................................187
2. Asistencia judicial...............................................................................191
3. Los derechos legales y su implementación...........................................196
3.1. Derecho a la información............................................................196
3.2. Derecho a la defensa y a la autodefensa........................................200
XIV
Contenido
Capítulo 5. Colombia.....................................................................................235
1. Introducción......................................................................................235
1.1. Información sociodemográfica básica...........................................236
1.2. Índices de criminalidad y situación carcelaria...............................237
1.3. Caracterización del sistema penal.................................................238
1.4. El proceso penal en el marco del sistema acusatorio (SA).............239
XV
Contenido
2. Asistencia legal...................................................................................242
2.1. Estructura y organización de la defensoría pública.......................242
2.2. El servicio de defensa pública.......................................................243
2.2.1. Los defensores públicos.....................................................244
2.2.2. Los usuarios......................................................................247
2.2.3. Provisión del servicio de defensa pública...........................249
3. Derechos legales y su implementación................................................252
3.1. Derecho a la información............................................................252
3.2. Derecho a la propia defensa.........................................................255
3.3. Derechos procesales.....................................................................260
3.3.1. Derecho a mantener la libertad durante el juicio
y cuestiones relativas a la prisión preventiva......................260
3.3.2. Derecho a estar presente en el juicio..................................262
3.3.3. Derecho a la presunción de inocencia...............................263
3.3.4. Derecho a guardar silencio................................................264
3.3.5. Derecho a que las decisiones sean motivadas.....................266
3.3.6. Derecho a apelar y otros derechos procesales
posteriores a la sentencia...................................................267
3.4. Derechos relativos a la defensa efectiva........................................268
3.4.1. Principio de igualdad de armas
y derechos de la defensa para la investigación....................268
3.4.2. Derecho a contar con tiempo y facilidades
adecuadas para preparar la defensa....................................273
3.4.3. Derecho a la igualdad de armas
en el interrogatorio a testigos............................................273
3.4.4. Derecho a contar gratuitamente con intérpretes
en las audiencias y a obtener traducciones d
e los expedientes...............................................................274
4. La cultura profesional de los abogados defensores...............................274
5. Compromiso político con la defensa penal efectiva.............................276
6. Conclusiones......................................................................................278
Recomendaciones...............................................................................281
7. Bibliografía.........................................................................................284
XVI
Contenido
Capítulo 6. Guatemala...................................................................................289
1. Introducción......................................................................................289
1.1. Información política y demográfica..............................................289
1.2. Descripción general del sistema de justicia penal.........................290
1.3. Estructura general del sistema de justicia penal
y descripción del proceso penal....................................................291
1.4. El fenómeno de la criminalidad y respuesta del Estado................295
2. Asistencia legal...................................................................................296
3. Derechos asociados al derecho de defensa penal
y su implementación en la práctica.....................................................302
3.1. Derecho a contar con información..............................................302
3.2. Derecho a la propia defensa penal y a la representación legal.......304
3.3. Derechos procesales.....................................................................306
3.3.1. Derecho a permanecer en libertad durante
el proceso mientras el juicio se encuentra pendiente..........306
3.3.2. Derecho del acusado a ser juzgado en su presencia............308
3.3.3. Derecho a ser presumido inocente....................................309
3.3.4. Derecho a guardar silencio y/o a no declarar
contra sí mismo................................................................311
3.3.5. Derecho a que las decisiones que lo afectan
sean motivadas en fundamentos razonados.......................312
3.3.6. Derecho de apelación........................................................314
3.3.7. Derecho a asistencia legal durante la etapa
de ejecución penal............................................................315
3.4. Derechos relativos a la efectiva defensa penal...............................316
3.4.1. Derecho a investigar el caso y proponer pruebas................316
3.4.2. Derecho a contar con suficiente tiempo
y posibilidades para preparar la defensa.............................318
3.4.3. Derecho a la igualdad de armas en la producción
y el control de las pruebas y en el desarrollo
de las audiencias públicas y adversariales...........................321
3.4.4. Derecho a contar con un intérprete de su confianza
y a la traducción de los documentos y pruebas..................322
3.5. Derecho de defensa durante la ejecución de la pena.....................323
3.6. Derecho de defensa relativo a los pueblos indígenas.....................326
XVII
Contenido
Capítulo 7. México........................................................................................339
1. Introducción......................................................................................339
1.1. Información demográfica y política básica...................................339
1.2. Descripción general del sistema de justicia penal..........................340
1.3. El proceso penal y sus etapas........................................................342
1.3.1. Distrito Federal (sistema tradicional)................................342
1.3.2. Baja California (sistema acusatorio)...................................343
1.4. Índices de criminalidad y población penitenciaria........................345
2. Sistema de defensa penal.....................................................................347
3. Derechos de la persona imputada y su instrumentación......................350
3.1. Derecho a contar con información...............................................351
3.1.1. Derecho a ser informado sobre la naturaleza
y las causas del arresto o detención
y los derechos que emanan de esa situación.......................351
3.1.2. Derecho del fiscal o Ministerio Público
a acceder a la investigación ...............................................354
3.1.3. Derecho a ser informado sobre la naturaleza
y causas de la imputación o acusación...............................355
3.2. Derecho a defenderse y a contar con asistencia legal.....................356
3.2.1. Derecho a contar con asistencia legal
durante los interrogatorios................................................356
3.2.2. Derecho a hablar en privado
con el abogado defensor....................................................356
3.2.3. Derecho a una defensa técnica..........................................358
3.2.4. Derecho a una defensa adecuada
en la fase de ejecución penal..............................................360
3.3. Derechos y garantías vinculadas con la efectividad
de la defensa................................................................................361
3.3.1. Derecho a ofrecer pruebas y testigos..................................361
XVIII
Contenido
Capítulo 8. Perú.............................................................................................393
XIX
Contenido
XX
Contenido
1. Introducción.........................................................................................451
2. El contexto específico de cada uno de los países.
El grado de avance de la reforma de la justicia penal...........................452
3. Límites de la investigación..................................................................456
4. Ejes temáticos.....................................................................................457
4.1. Derecho a contar con información...............................................457
4.1.1. A ser informado sobre la naturaleza y causas
del arresto o detención y los derechos que emanan
de esa situación.................................................................460
4.1.2. A ser informado sobre la naturaleza y causas de
la imputación (formulación de cargos) o acusación...........462
4.1.3. A obtener información sobre los derechos relativos
a su defensa que le están garantizados...............................463
4.1.4. A obtener acceso a la evidencia
material del caso y a la carpeta de la investigación
(legajo, expediente, archivo, sumario, archivo, etc.)...........464
4.2. Derecho a la defensa y a contar con un defensor..........................465
4.2.1. Derecho de la persona imputada a defenderse
y representarse personalmente...........................................465
XXI
Chapter title
XXII
Contenido
1. Introducción......................................................................................491
2. Temas comunes..................................................................................494
2.1. Elusión de derechos procesales ....................................................494
2.2. Uso abusivo de la detención preventiva........................................498
2.3. Tiempo, medios e información inadecuados
para considerar la evidencia y preparar la defensa.........................500
2.4. La falta de acceso a representación y asesoría
jurídica competente e independiente...........................................502
2.5. Calidad y cultura de los profesionales..........................................504
3. Conclusiones y recomendaciones de cada uno de los países.................507
3.1. Argentina.....................................................................................507
3.1.1. Cuestiones importantes.....................................................507
3.1.2. Recomendaciones.............................................................511
3.2. Brasil..........................................................................................512
3.2.1 Cuestiones importantes......................................................512
3.2.2. Recomendaciones .............................................................517
3.3. Colombia....................................................................................518
3.3.1. Cuestiones importantes.....................................................518
3.3.2. Recomendaciones.............................................................521
3.4. Guatemala...................................................................................525
3.4.1. Cuestiones importantes.....................................................525
3.4.2. Recomendaciones.............................................................527
3.5. México........................................................................................528
3.5.1. Cuestiones importantes.....................................................528
3.5.2. Recomendaciones ............................................................531
3.6. Perú.............................................................................................532
3.6.1. Cuestiones importantes.....................................................532
3.6.2. Recomendaciones ............................................................535
4. Bibliografía.........................................................................................536
XXIII
Contenido
ANEXOS........................................................................................................539
XXIV
Contenido
XXV
Contenido
1. Introducción (1.800)..........................................................................575
2. Justicia gratuita (900).........................................................................575
3. Derechos legales y su implementación (9.300)....................................576
3.1. El derecho a la información.........................................................576
3.2. El derecho a defenderse uno mismo.............................................576
3.3. Derechos procesales.....................................................................577
3.4. Derechos relativos a la defensa efectiva........................................578
4. La cultura profesional de los abogados defensores/
defensores públicos (1.800)................................................................578
5. Compromiso político con una defensa penal efectiva (600)................579
6. Conclusiones (900)............................................................................579
7. Bibliografía.........................................................................................579
XXVI
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Biografías
Alberto M. Binder
Profesor de Derecho Procesal Penal en el Departamento de Posgrado de la Univer-
sidad de Buenos Aires y en la Universidad del Comahue, Argentina. Vicepresidente
del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales (INECIP). Asesor técnico
de los procesos de reforma judicial en Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay, Ecuador,
Venezuela, Honduras, El Salvador, Guatemala, República Dominicana, entre otros.
Codirector de la revista Sistemas Judiciales del Centro de Estudios de Justicia de las
Américas (CEJA).
Ed Cape
Profesor de Derecho Penal y Práctica en la Universidad de West of England, Bristol,
Reino Unido. Experto en derecho procesal penal, en especial en las etapas previas al
juicio. Realizó (junto con otros) varios proyectos de investigación en la Unión Europea
y en otros países, incluidos los proyectos de Defensa Penal Efectiva en Europa (2010),
Defensa Penal Efectiva en Europa del Este (2012) y Adentro de la Custodia Policial:
una información empírica de los derechos de los sospechosos en cuatro jurisdicciones.
Ed también es autor de: Mejorar la justicia previa al juicio: los roles de abogados y asis-
tentes legales (OSJI 2012) y Acceso a la asistencia jurídica en el proceso penal: un manual
para responsables de política pública y litigantes (UNODC/PNUD 2014).
Zaza Namoradze
Director de la Oficina de Budapest del Open Society Justice Initiative. Está a cargo de
actividades relacionadas con la asistencia jurídica y los derechos de las personas que
XXVII
Biografías
Lucas Gilardone
Abogado (UNC, 2002), LLM in Human Rights (CEU-Budapest, 2008), OSJI Fellow
(2007-2009). Hace parte de INECIP Córdoba desde 2002, donde ha trabajado en
áreas de seguridad democrática, extensionismo, clínica jurídica de interés público y
recientemente reforma de justicia. Desde 2004 litiga en casos civiles y ambientales.
Sebastián Narvaja
Abogado y doctorando de la Universidad Nacional de Córdoba. Miembro de la Junta
Directiva de INECIP. Investigador de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Uni-
versidad Nacional de Córdoba (2006-2011) y del INECIP.
XXVIII
Biografías
Isadora Fingermann
Graduada en Derecho en la Universidad de São Paulo en 2004. Realizó una especia-
lización en Derecho Penal Económico en la Facultad de Derecho de la Fundación
Getúlio Vargas en 2007, institución donde también cursó su especialización en Políti-
cas Públicas en el Sistema Judicial durante el año 2013. Ejerció como abogada crimi-
nalista de 2005 a 2012. Actualmente es coordinadora general del Instituto de Defensa
del Derecho de Defensa.
Maíra Zapater
Graduada en Derecho en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo en 2001 y
en Ciencias Sociales en la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Uni-
versidad de São Paulo. Especializada en Derecho Penal y Procesal Penal en la Escuela
Superior del Ministerio Público de São Paulo en 2006. Actualmente, cursa su doc-
torado en Derechos Humanos en la Facultad de Derecho de la Universidad de São
Paulo, cuya conclusión está prevista para 2015. Profesora universitaria e investigadora
en el área de Derecho.
Rafael Custódio
Graduado en Derecho en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo en 2006.
Especialista en Derecho Penal Económico y Europeo del Instituto Penal Económico y
Europeo de la Universidad de Coímbra en colaboración con el Instituto Brasileño de
Ciencias Criminales. Trabajó como abogado criminalista hasta 2012, cuando asumió
la función de coordinador del Programa de Justicia de Conectas Derechos Humanos,
cargo que ejerce hasta la actualidad. Miembro del Consejo de la Comunidad de la
Comarca de São Paulo.
XXIX
Biografías
Vivian Calderoni
Graduada en Derecho en la Universidad de São Paulo (USP) y magíster en Derecho
Penal y Criminología de la misma universidad. Asumió en 2011 el cargo de abogada
del Programa de Justicia de Conectas Derechos Humanos, que ejerce hasta la actua-
lidad. Es autora del libro Luz e Sombra no Sistema Prisional: percepções de juízes sobre
agentes penitenciários. También es profesora de Criminología en cursos preparatorios
para concursos jurídicos.
XXX
Biografías
XXXI
Biografías
Humanos en temas de indicadores del juicio justo. Coautora del libro Servicios previos
al juicio. Manual de implementación y autora del fascículo Presunción de inocencia,
publicado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
XXXII
Biografías
los derechos humanos y la seguridad ciudadana en países de América Latina. Entre sus
últimas publicaciones destacan La persecución de delitos complejos: capacidades pena-
les de los sistemas penales en América Latina (coordinadora regional, CEJA 2010), La
delincuencia organizada en un mundo globalizado: análisis de los fines, patrones y pro-
cesos comunes de las redes criminales en el Perú, y evaluación de las respuestas del Estado
(UNODC 2014), Diseño de indicadores para medir los resultados y el desempeño de las
instituciones del sistema de justicia con la aplicación del Código Procesal Penal (CER-
JUSC 2014), entre otros.
Marion Isobel
Abogada y magíster de la Universidad de Queensland (Australia), con especial énfasis
en Derecho Penal e Internacional. Oficial jurídica en materia de reforma a la justicia
penal del Open Society Justice Initiative. Su trabajo se ha focalizado en asistencia legal,
justicia previa al juicio y derechos de defensa penal efectiva. Trabajó en las Cámaras
Extraordinarias de los Tribunales de Camboya en la oficina encargada de investigar los
crímenes ocurridos durante el régimen del Khmer Rouge. Fue profesora de Derecho
Internacional Público en la University of the South Pacific en Vanuatu y trabajó en
Thomson Reuters en Australia.
XXXIII
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
PARTE I
Alberto Binder
Ed Cape
Zaza Namoradze
1. Introducción
En las últimas dos décadas, la mayoría de los países latinoamericanos han experimen-
tado cambios sustantivos en sus sistemas de justicia penal, y en muchos sigue en curso
el proceso de reforma. La mayoría han adoptado nuevos códigos de procedimiento
penal y se ha señalado que, en conjunto, suponen las reformas más importantes del
procedimiento penal latinoamericano en casi dos siglos.2 Si bien los detalles de las
reformas son distintos en cada país, debido a la variedad de presiones e influencias, en
general constituyen un cambio del enfoque inquisitorial por el acusatorio con respecto
al proceso penal. Están caracterizadas por la introducción de juicios orales celebrados
en público, la inclusión o el fortalecimiento de la función de la fiscalía en las etapas
previas al juicio, las mejoras en los derechos procesales de los sospechosos y los acu-
sados de un delito, y otras innovaciones pensadas para que el proceso penal sea más
eficiente y las víctimas de los delitos tengan una mayor participación. Es evidente
que esta descripción simplifica un complejo proceso de discusión y oposición a esas
reformas que ha tomado varias décadas y que se ha desarrollado de forma diversa y con
1
Este capítulo fue escrito originalmente en inglés con excepción del apartado 4.2, que fue redactado
en español. Para la edición en español, de acuerdo con los autores, se decidió que el concepto ‘right
to a fair trial’ se traduciría como ‘derecho a las garantías judiciales’, y ‘fair trial rights’, como ‘dere-
chos involucrados en un juicio justo’. La traducción fue realizada por Carlos Francisco Morales De
Setien Ravina.
2
Langer 2007, p. 618.
3
Defensa penal efectiva y juicio justo
diferente intensidad en los distintos países. No obstante, los cambios son profundos
y afectan, o tienen el potencial de hacerlo, a todos aquellos involucrados en los pro-
cedimientos penales, como jueces, fiscales, agentes de policía, sospechosos de haber
cometido un delito y víctimas de los delitos, entre otros.
Se suele reconocer con frecuencia que hay una distancia sustantiva entre las
normas –disposiciones constitucionales, legislación, reglamentos y procedimientos
formales– y la forma en que el procedimiento penal es implementado y experimen-
tado en la práctica por parte de los involucrados. Eso es especialmente cierto durante
periodos de cambio significativo en los que se producen modificaciones no solo en el
derecho, sino en los procedimientos tradicionales o consuetudinarios, las actitudes y
las culturas profesionales, desafiándolos. Por consiguiente, no se puede asumir que
los cambios normativos se plasmarán en cambios en la práctica, o que las intenciones
que motivan las reformas normativas y procesales se harán realidad cuando ellas estén
mediadas por la gama de instituciones e individuos que intervienen en el sistema de
justicia penal. Las instituciones de justicia penal desarrollan e incorporan sus propios
imperativos y culturas, que no necesariamente están alineados con la voluntad legisla-
tiva; y sus procedimientos, objetivos y culturas a menudo están en conflicto –o entran
en tensión– con los de otras instituciones. Además, las personas que trabajan en esas
instituciones están sometidas a una variedad de presiones e influencias que hacen que
sus actitudes y prácticas laborales frecuentemente no se correspondan con los objetivos
de las organizaciones para las que trabajan.
Este estudio se ubica en este contexto de cambio y complejidad con el propósito
de examinar una característica fundamental de los sistemas de justicia penal de varios
países latinoamericanos: el acceso a una defensa penal efectiva por parte de los sospe-
chosos o los acusados de haber cometido un delito. El derecho a las garantías judiciales
es reconocido internacionalmente como un derecho fundamental y el acceso a una
defensa penal efectiva es un requisito para hacerlo efectivo. Nuestro marco normativo
proviene de instrumentos internacionales de derecho universal y regional y, en particu-
lar, la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH), y la interpretación
realizada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Intera-
mericana de Derechos Humanos (véase capítulo 2). Además les prestamos atención
particular a los derechos involucrados en un juicio justo garantizado por el Convenio
Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamen-
tales (también conocido como Convención Europea de Derechos Humanos, CEDH),
y la interpretación realizada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH).
Los derechos involucrados en un juicio justo contenidos en el CEDH reflejan la expre-
4
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
3
PIDCP, art. 14, párr. 3(d).
4
CADH, art. 8(2).
5
Sujeto a ciertos acuerdos de reconocimiento de exclusiones negociados por Dinamarca, Inglaterra
y Gales, e Irlanda.
6
Los estudios se publicaron como Cape et ál. 2010, y Cape y Namoradze 2012.
5
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
6
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
7
CADH, art. 8(1).
8
CADH, art. 8(2).
7
Defensa penal efectiva y juicio justo
nida utilizando como prueba una confesión bajo tortura, o sin el derecho de acceso a
un abogado, deje al acusado insatisfecho y escéptico frente al sistema de justicia penal.
La cuestión de la confianza en las instituciones y en el personal del sistema de
justicia penal, y las percepciones de legitimidad que se tienen sobre estos, no solo
son relevantes a la hora de responder si se cumplen las normas internacionales en
los sistemas nacionales de justicia penal. Las investigaciones internacionales sobre la
justicia procesal han demostrado que la percepción de legitimidad de las instituciones
estatales, y en especial de la policía, es el principal factor para estimular a las personas
a cumplir con las leyes y a cooperar en las investigaciones y los juicios.9 Las percep-
ciones de legitimidad se fundamentan en que la gente confíe en la policía y en otras
organizaciones de la justicia penal, lo que a su vez depende de si las personas creen o
no que serán tratadas con justicia y respeto. Por lo tanto, un análisis que se concentre
en la experiencia de las personas acusadas y sospechosas es relevante no solo para los
directamente involucrados y para el cumplimiento de las normas internacionales, sino
también para la eficiencia y efectividad de los sistemas de justicia penal en general.
Sin embargo, este estudio no se limita a concentrarse en los derechos involucrados
en un juicio justo, sino que presta atención a la defensa penal efectiva como condición
previa para el goce de dichas garantías. Respecto del procedimiento y del resultado,
contar con garantías judiciales sin acceso a una defensa penal efectiva requeriría que
los agentes policiales y los fiscales fueran completamente neutrales y equilibrados,
y que las autoridades judiciales fueran proactivas y no dieran nada por sentado. La
experiencia y la evidencia investigativa nos dice que eso no es posible, pero incluso si
existiera un sistema como ese, sería paternalista y poco democrático. En consecuencia,
las garantías judiciales requieren que las personas sospechosas y acusadas tengan acceso
a una defensa penal efectiva. Esta involucra una serie de derechos procesales interco-
nectados. El más obvio es el derecho a la asistencia jurídica, que es reconocido por
todas las convenciones e instrumentos internacionales relativos a los procesos penales.
Para ser efectivo, el derecho a la asistencia jurídica requiere abogados comprometidos
profesionalmente y con la formación y experiencia apropiadas, que estén disponibles
cuando se les solicite (a menudo con poca antelación). Por consiguiente, tienen que
existir los mecanismos para garantizar que las personas acusadas o sospechosas conoz-
can el derecho a la asistencia jurídica y cómo acceder a él, y que la asistencia jurídica
esté disponible cuando se necesite, incluso para aquellos que no puedan pagar por ella.
Pero el derecho a la asistencia jurídica no es una condición suficiente para garantizar
9
Véase, por ejemplo, Tyler 2006, Myhill y Quinton 2011, y Jackson et ál. 2012.
8
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
el acceso a una defensa efectiva. Por muy buena que sea la asistencia jurídica, no se
asegurarán las garantías judiciales si no están presentes otros elementos de una defensa
efectiva. La defensa penal efectiva requiere que una persona sospechosa o acusada sea
capaz de participar en los procesos que le conciernan, entienda lo que se le dice y que
otros la entiendan, reciba información relativa al supuesto delito o la supuesta acusa-
ción, sea informada sobre las razones de las decisiones que se toman, tenga acceso a la
carpeta del caso o a las pruebas, disponga de tiempo y recursos que le permitan respon-
der a las acusaciones y prepararse para el juicio, sea capaz de presentar información y
pruebas a su favor, sea tratada de tal forma que no se le ponga en situación de desven-
taja y pueda apelar las decisiones relevantes que se tomen en contra de sus intereses.
Desde esta perspectiva, es evidente que aunque las leyes apropiadas son nece-
sarias, no son suficientes para garantizar el acceso a una defensa penal efectiva. La
brecha entre el derecho escrito y la forma como se experimenta, no es tan grande en
ninguna parte, como en el ámbito del derecho penal. Por consiguiente, es necesario
aproximarse a la evaluación del acceso a la defensa penal efectiva en una jurisdicción
específica desde tres niveles:
i. La determinación de si existe o no una estructura constitucional y legisla-
tiva apropiada en materia de derechos de defensa penal.
ii. La confirmación de que existen normas jurídicas, instituciones y procedi-
mientos que permiten que esos derechos sean reconocidos y aplicados de
forma efectiva.
iii. La comprobación de la presencia de una cultura profesional apropiada entre
los responsables de facilitar y proporcionar los derechos a una defensa penal
y, en concreto, si los miembros de la profesión legal son lo suficientemente
competentes y están dispuestos a proporcionar a los sospechosos y acusados
asistencia jurídica con estándares apropiados.
Sobre estos tres niveles se fundamenta este trabajo, así como la recolección y el
análisis de información referente a los seis países del estudio, que se presenta en los
capítulos 3 a 8. Los estándares internacionales y regionales relativos a los derechos
involucrados en un juicio justo observados en nuestra investigación y, en particular,
los enfoques que al respecto se tienen en América Latina y Europa se examinan en la
sección 4 de este capítulo, mientras los estándares latinoamericanos se tratan en detalle
en el capítulo 2. Los estándares latinoamericanos y europeos se usan en los capítulos 9
y 10 para analizar los datos sobre los seis países, y proporcionan un fundamento para
las recomendaciones sobre cómo mejorar el acceso a una defensa penal efectiva en
9
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Uno de los objetivos del estudio original sobre el acceso a una defensa penal efectiva
en Europa10 fue desarrollar una metodología que pudiera usarse para que las organiza-
ciones no gubernamentales (ONG) y otras organizaciones no académicas que trabajan
en diferentes jurisdicciones obtuvieran datos fiables y completos. La metodología fue
adaptada con éxito para permitir que un grupo de ONG desarrollara un proyecto
parecido en varias jurisdicciones de Europa del Este.11 Posteriormente, y después de las
primeras discusiones, representantes de ONG pertenecientes a seis países latinoameri-
canos –Argentina,12 Brasil,13 Colombia,14 Guatemala,15 México16 y Perú17– se reunie-
ron en Lima (Perú), en julio de 2012, para discutir la pertinencia de llevar a cabo un
proyecto de investigación parecido. Esos países comparten entre sí, y con la mayoría
de los países objeto de la investigación en Europa, una tradición común con respecto
al proceso penal. Sin embargo, hay diferencias significativas entre América Latina y
Europa. El Code d’instruction criminelle, aprobado por Napoleón a principios del siglo
XIX y que se difundió por gran parte de Europa, no fue adoptado en América Latina.
En aquellos países que habían sido parte del bloque soviético, el poder y la influencia
de la fiscalía (un organismo introducido en el sistema inquisitorial de Europa) fueron
reforzados, mientras que en muchas de las jurisdicciones latinoamericanas ese orga-
nismo solo se introdujo más o menos en las dos últimas décadas. Otra diferencia sig-
nificativa hace referencia a la jurisdicción más que al procedimiento. Todos los países
estudiados en Europa son Estados unitarios centralizados, y si bien Colombia, Gua-
temala y Perú comparten esa característica, Argentina, Brasil y México son federales.
10
Véase Cape et ál. 2010.
11
Véase Cape y Namoradze 2012.
12
Asociación por los Derechos Civiles (ADC) e Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Pena-
les y Sociales (INECIP).
13
Conectas Direitas Humanos (CONECTAS) e Instituto de Defesa do Direito de Defesa (IDDD).
14
Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (DEJUSTICIA).
15
Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala (ICCPG).
16
Instituto de Justicia Procesal Penal (IJPP).
17
Centro para el Desarrollo de la Justicia y la Seguridad Ciudadana (CERJUSC).
10
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Los participantes en la reunión entendieron que eso plantearía algunos retos metodo-
lógicos, pero estuvieron de acuerdo en que en el contexto de las reformas sustanciales
en desarrollo en los sistemas latinoamericanos de justicia penal, era importante realizar
investigaciones pensadas para mejorar el conocimiento y la comprensión del acceso a
una defensa penal efectiva, y proporcionar una base que luego permitiera introducir
reformas concebidas para mejorar dicho acceso.
Las ocho ONG representadas en la reunión de Lima estuvieron de acuerdo en
oficiar e implementar el proyecto de investigación, y nombraron un equipo de ges-
tión conformado por un representante de cada una de esas organizaciones. También
formaron parte del equipo de gestión del proyecto Zaza Namoradze (director de la
oficina en Budapest de la Open Society Justice Initiative), el profesor Ed Cape (un
jurista académico británico), pues ambos estuvieron involucrados en el diseño y la
ejecución de los estudios europeos, y el profesor Alberto Binder, un respetado jurista
argentino con amplia experiencia. Se acordó que DEJUSTICIA (Colombia) actuaría
como secretario y coordinador del proyecto.
11
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Los derechos procesales relacionados con las garantías judiciales de manera general
Los derechos a la presunción de inocencia, a no autoincriminarse y a guardar
silencio, a la igualdad de armas, a una audiencia contradictoria, a estar en libertad a la
espera del juicio, a decisiones motivadas y a apelar.
El derecho a la información
Los derechos a estar informado sobre los derechos procesales; a obtener la infor-
mación pertinente sobre el arresto, la detención, la naturaleza del proceso, los cargos,
y la acusación; y a acceder a la evidencia y la carpeta del caso.
12
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
El derecho a la defensa
Los derechos a tener asistencia jurídica y representación legal antes del juicio
y durante todo el proceso penal, a representarse a uno mismo, a elegir y contar con
asistencia jurídica cuando no se puede pagar un abogado, a tener consultas privadas
con el abogado, y a contar con estándares de independencia y profesionalismo de los
abogados.
El proyecto inició con una reunión en Lima en julio de 2012 y tuvo tres etapas prin-
cipales, completadas en octubre de 2014.
13
Defensa penal efectiva y juicio justo
14
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
3. Durante el proceso, toda persona acusada de un delito tendrá derecho, en plena igual-
dad, a las siguientes garantías mínimas […]: d) A hallarse presente en el proceso y a
defenderse personalmente o ser asistida por un defensor de su elección; a ser informada,
si no tuviera defensor, del derecho que le asiste a tenerlo, y, siempre que el interés de
la justicia lo exija, a que se le nombre defensor de oficio, gratuitamente, si careciere de
medios suficientes para pagarlo.18
Hay normas parecidas en el CEDH (art. 6, párr. 3 (c)); la Carta Árabe de Dere-
chos Humanos (ArCHR, por su sigla en inglés, art. 16); la Carta Africana de Derechos
18
PIDCP, art. 14, párr. 3(d).
15
Defensa penal efectiva y juicio justo
Humanos y de los Pueblos (ACHPR, por su sigla en inglés, art. 7, párr. (c)) y, además,
en los Principios y Directrices sobre el Derecho a un Juicio Justo y a la Asistencia Jurí-
dica en África, elaborados por la Comisión Africana para los Derechos Humanos y de
los Pueblos (ACHPR, Principles and Guidelines on the Right to a Fair Trial and Legal
Assistance in Africa of the African Commission on Human and Peoples’ Rights), en el
marco de la ACHPR.19
Los Principios Básicos de las Naciones Unidas sobre la Función de los Aboga-
dos disponen que “[t]oda persona está facultada para recurrir a la asistencia de un
20
19
ACHPR, Principles and Guidelines on the Right to a Fair Trial and Legal Assistance in Africa, 2001,
párr. H.
20
Eighth United Nations Congress on the Prevention of Crime and the Treatment of Offenders, La
Habana, 27 de agosto-7 de septiembre de 1990. Informe preparado por la Secretaría (publicación
de las Naciones Unidas, Sales n.º [Link].2), cap. 1, sect. B.3, anex.
21
Para otros instrumentos que contienen normas sobre asistencia jurídica, véase Report of the Special
Rapporteur on the independence of judges and lawyers, UN Human Rights Council, A/HRC/23/43,
15 March 2013, section III.
22
Véase, por ejemplo, Gridin v. Russian Federation, 20 de julio de 2000, UNHRC, 770/1997;
Carranza Alegre vs. Perú, 28 de octubre de 2005, UNHRC, 1126/2002, y Toshev v. Tajikistan, 30
de marzo de 2011, UNHRC, 1499/2006.
16
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
infra). Los Principios y Directrices de las Naciones Unidas sobre el Acceso a la Asis-
tencia Jurídica en los Sistemas de Justicia Penal (Principios y Directrices de las Nacio-
nes Unidas) disponen que las personas “detenidas, arrestadas o presas, sospechosas o
acusadas o inculpadas de un delito penal” deberían tener derecho a asistencia jurídica
gratuita23 y que, en ausencia de circunstancias ineludibles, una persona no debería
ser interrogada por la policía sin la presencia de un abogado, a menos que renuncie a
ese derecho.24 El Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la Independencia de
Jueces, Fiscales y Abogados ha declarado que la presencia de un abogado durante los
interrogatorios policiales es una garantía fundamental contra el maltrato,25 y el Rela-
tor Especial de las Naciones Unidas sobre la Tortura ha recomendado que “Ninguna
confesión de un particular, salvo efectuada en presencia de un juez o un abogado, ten[-
drá] valor probatorio ante un tribunal”.26 Los estándares del Comité Europeo para la
Prevención de la Tortura y de las Penas o los Tratos Inhumanos y Degradantes (CPT;
Estándares CPT) reconocen el derecho de acceso a un abogado para las personas en
custodia judicial como una “garantía fundamental contra el maltrato”.27
Con respecto a la asistencia jurídica, la fórmula normalmente adoptada por el
derecho internacional es que si una persona no puede pagar su asistencia jurídica,
debería prestársele gratis, si los intereses de la justicia así lo exigen. Eso concede a los
Estados un amplio grado de discrecionalidad para determinar las circunstancias en que
los intereses de la justicia requieren que se proporcione asistencia jurídica y el nivel
de ingresos a partir del cual una persona es elegible para recibirla. Sin embargo, los
Principios y Directrices de las Naciones Unidas disponen que los Estados tendrán que
garantizar que todo sospechoso o acusado de un delito castigable con pena de prisión
o con pena de muerte tiene derecho a asistencia jurídica gratuita, sin tener en cuenta
sus circunstancias financieras, desde el momento en que la persona, de haber cometido
el delito, comienza a ser investigada (con independencia de si ha sido arrestada o dete-
23
Que es definido para incluir la asesoría y asistencia jurídica. Véase Principios y Directrices de las
Naciones Unidas, A/RES/67/187, adoptados por la Asamblea General de las Naciones Unidas el
20 de diciembre de 2012, párr. 8.
24
Ibíd., principio 3 y directriz 3(b).
25
Informe sobre la misión al Reino Unido, E/CN.4/1998/39/Add.4, párr. 47, 5 de marzo de 1998.
26
Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la cuestión de la Tortura, informe a la Comisión de
Derechos Humanos de las Naciones Unidas, E/CN.4/2003/68, 17 de diciembre de 2002, párr.
26(e). Véase también la recomendación del Relator Especial a la Asamblea General de las Naciones
Unidas, A/56/156, 3 de julio de 2001, párr. 39(d).
27
Comité Europeo para la Prevención de la Tortura y de las Penas o Tratos Inhumanos o Degradantes,
Estándares CPT (CPT 2006, p. 8).
17
Defensa penal efectiva y juicio justo
nida) y durante todas las etapas del proceso penal. Además, los Estados garantizarán
que una persona arrestada o detenida por un delito no castigable con pena de prisión
tenga un derecho parecido cuando así lo justifique la urgencia de las circunstancias,
como en caso de ser arrestada y detenida, y hasta el momento en que sea llevada ante
un juez para que este tome una decisión sobre su detención previa al juicio.28
Aparte de los derechos a la asistencia jurídica y a la justicia gratuita, hay otros
derechos procesales reconocidos por el derecho internacional, de los cuales son de
especial relevancia para una defensa penal efectiva los siguientes:
–– Toda persona tiene el derecho a la libertad y la seguridad personales. Nadie
será sometido a arresto o detención arbitraria. Nadie será privado de su
libertad excepto por las razones establecidas en la ley y conforme al proce-
dimiento dispuesto en ella.29
–– En el momento de su arresto, cualquier persona deberá ser informada de
las razones del mismo y, a la mayor brevedad posible, de las acusaciones en
su contra.30
–– Toda persona arrestada o detenida por una acusación penal deberá ser lle-
vada a la menor brevedad ante un juez u otro funcionario judicial y tendrá
derecho a un juicio en un tiempo razonable o a ser puesto en libertad. La
regla general no podrá ser que las personas en espera de juicio queden dete-
nidas, pero su liberación puede condicionarse a que preste garantías de que
comparecerá al juicio.31
28
Principios y Directrices de las Naciones Unidas, principio 3, y UNODC 2014.
29
PIDCP, art. 9. CADH, art. 7, es casi idéntico, como lo es el ACHPR, art. 6, y el ArCHR, art.
14(1). El CEDH, art. 5, no contiene una prohibición expresa sobre la arbitrariedad, aunque esto
es considerado fundamental por el TEDH, pero establece una lista exhaustiva de excepciones. El
artículo 5(1)(c) permite la privación de libertad mediante un arresto o detención legal con el fin
de llevar a la persona ante la autoridad legal competente cuando haya la sospecha razonable de que
ha cometido un delito, o cuando existe la necesidad razonable de impedir que cometa un delito o
huya después de haberlo hecho.
30
PIDCP, art. 9(2), y ArCHR, art. 14(3). El CEDH, art. 5(2), es parecido, pero además requiere
que la información se proporcione en un idioma que la persona comprenda. La CADH, art. 7(4),
requiere que esa información se le proporcione a cualquiera “que esté detenido”. No hay norma
equivalente en el ACHPR.
31
PIDCP, art. 9(3). Normas parecidas pueden encontrarse en el CEDH, art. 5(3), ArCHR, art.
14(5), y CADH, art. 7(5). El ACHPR, art. 7(1)(d), reconoce el derecho a ser juzgado en un
tiempo razonable ante un tribunal imparcial, pero no hay ninguna norma que hable de ser llevado
ante un juez en el menor tiempo posible, ni de ser liberado en espera de juicio, aunque así se con-
18
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
templa en los ACHPR, Principles and Guidelines on the Right to a Fair Trial and Legal Assistance
in Africa, 2001, párrs. M5 y N3, respectivamente.
32
PIDCP, art. 14(2). Véase también CEDH, art. 6(2); CADH, art. 8(2); ACHPR, art. 7(1)(b) y
ArCHR, art. 16.
33
PIDCP, art. 14(3). Véase también CEDH, art. 6(1), que se refiere al derecho a una audiencia en un
tiempo razonable, como lo hace CADH, art. 8(1); ArCHR, art. 14(5); y ACHPR, art. 7(1)(d).
34
PIDCP, art. 14(3)(b); CEDH, art. 6(3)(a); CADH, art. (2)(b); y ArCHR, art. 16(2). El ACHPR
no contiene una norma equivalente, aunque el art. 7(1)(c) proporciona el derecho a la defensa y,
por su parte, los ACHPR, Principles and Guidelines on the Right to a Fair Trial and Legal Assistance
in Africa, 2001, párr. N3, contemplan el derecho al tiempo y los medios adecuados para la defensa.
35
PIDCP, art. 14(3)(g).
36
CADH, art. 8(2)(g) y (3), y ArCHR, art. 16(6).
37
Véase TEDH, 25 de febrero de 1993, Funke v. France, n.º 10828/84, párrs. 41-44; TEDH, 17 de
diciembre de 1996, Saunders v. UK, Reports 1996-VI, párr. 68; TEDH, 8 de febrero de 1996, John
Murray v. UK, n.º 18731/91, párr. 45; TEDH, 21 de diciembre de 2000, Heaney and McGuiness
v. Ireland, n.º 34720/97, párr. 40; y TEDH, 22 de julio de 2008, Getiren v. Turkey, n.º 10301/03,
párr. 123. Obsérvese que el TEDH ha declarado que el derecho a guardar silencio puede restrin-
girse siempre y cuando las autoridades demuestren que hay una buena razón: John Murray v. UK,
párr. 47, y Heaney and McGuiness v. Ireland, párr. 47.
19
Defensa penal efectiva y juicio justo
y ruina que se manifestó luego de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), así como
la toma de conciencia de las enormes y masivas violaciones de los derechos humanos
fundamentales que se desarrollaron en la guerra.
La constitución de la Organización de los Estados Americanos fue el primer paso
y si bien su Carta Constitutiva (1948) no organizaba aún un sistema especial de protec-
ción de los derechos humanos, establecía ya los objetivos de protección de la persona
como una de las finalidades fundamentales de la nueva organización. Inmediatamente
se aprobó la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (1948),
en sintonía con la Declaración Universal. No obstante, fue hasta 1959, con la creación
de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), cuando el sistema
de protección comenzó a gestarse como un mecanismo concreto de aplicación de los
derechos contenidos en la Declaración Americana.
Fue en 1969 cuando se dio el paso decisivo, ya que en ese año se firmó la Con-
vención Americana sobre Derechos Humanos, que no solo precisa los derechos y obli-
gaciones de los Estados firmantes sino que crea todo un sistema de supervisión y
control, formado por dos organismos. Por un lado, se consolida en su base jurídica
la Comisión Interamericana y, por otro, se crea la Corte Interamericana de Derechos
Humanos. La Convención –precedida por casi 20 años de trabajo progresivo en la
protección de los derechos humanos– se preocupa por desarrollar un catálogo com-
pleto de derechos y libertades, precisa las obligaciones de los Estados, y circunscribe
las limitaciones admisibles y los criterios de interpretación. Pero la gran novedad es
la creación de un sistema de control y un tribunal con competencia para interpretar
la Convención en los casos que se le sometan. A los países signatarios de la Conven-
ción se los invitaba a aceptar la jurisdicción obligatoria de la Corte. La Comisión, sin
embargo, tiene funciones que provienen tanto de la Carta originaria de la OEA como
de la Convención.38
38
Es importante reiterar que la Comisión Interamericana no es solo un órgano de la Convención,
sino que también lo es de la OEA (Carta de la OEA, art. 112), ya que la entrada en vigencia de
la Convención no puso fin a las actividades que la Comisión había estado desarrollando desde
1960. Se recuerda una vez más que se aplica (i) para proteger los derechos humanos reconocidos
en la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre, cuando la presunta violación
se atribuye a un Estado miembro de la OEA que no sea parte de la Convención, (ii) para proteger
los derechos humanos del catálogo contenido en la Convención Americana, cuando la presunta
violación se atribuye a un Estado parte de la Convención, y (iii) para proteger derechos específicos
contenidos en otros instrumentos interamericanos, cuando la violación se atribuye a un Estado
parte de uno de ellos, en cuyo caso el procedimiento es el de la Convención Americana (Medina
2010, p. 29).
20
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
39
El artículo 44 de la Convención permite que cualquier grupo de personas formule denuncias
o quejas por violación de los derechos consagrados por la Convención. Esta amplia facultad de
denuncia es un rasgo característico del sistema de protección internacional de los derechos huma-
nos. Como ha manifestado la Corte, las formalidades características de ciertas ramas del derecho
interno no rigen en el derecho internacional de los derechos humanos, cuyo principal y determi-
nante cuidado es la debida y completa protección de esos derechos, sin sujetarlos a formalidades o
requisitos que puedan introducir obstáculos.
21
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
años 2003 y 2009 (para garantizar el cumplimiento del debido proceso dentro del
mismo sistema y permitir una más amplia participación de los afectados) se ha notado
un incremento llamativo de la actividad de la Corte. De todos modos, ella está pen-
sando aún como una Corte de “pocos casos” y tamizada en todo momento por la
actividad de la Comisión. No obstante, como se ve en el anexo 1 relativo al “Desa-
rrollo particularizado de los estándares internacionales sobre defensa penal efectiva”,
esa circunstancia no ha impedido que la Corte Interamericana, así como la actividad
complementaria de la Comisión, pueda desarrollar una amplia y variada jurispruden-
cia en nuestro tema.
4.3.1. Introducción
Los derechos involucrados en un juicio justo en Europa están regulados en dos mar-
cos normativos regionales: el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos
Humanos (CEDH) y la legislación de la Unión Europea (UE) sobre derechos proce-
sales en procedimientos penales. Hay una interrelación compleja entre ambos. Si bien
todos los Estados miembros de la UE son signatarios del CEDH, el número de países
que lo han firmado (47) es bastante mayor que el de miembros de la UE (28 países).
La mayoría de estos países tienen una tradición procesal inquisitorial y, aun-
que comparten características comunes, también tienen diferencias significativas. Por
ejemplo, si bien en la mayoría de ellos la policía es la responsable de la investigación de
los delitos, el grado de supervisión de las investigaciones por los fiscales y jueces varía.
Algunos países han conservado el cargo de juez de instrucción para las investigaciones
de los delitos más graves, mientras que en otros, esa función ha sido suprimida, aun-
que los fiscales intervienen durante la investigación del delito. Los Estados que fueron
parte del bloque soviético han aprobado en su mayoría nuevos códigos penales y de
procedimiento penal desde principios de los años noventa, pero unos han sido más
exitosos que otros a la hora de reformar las culturas y las prácticas laborales profesiona-
les. En concreto, en algunas jurisdicciones, el fiscal sigue teniendo una posición pode-
rosa, mientras que en otras, sus facultades se han reducido en favor de los jueces.40 Si
bien en la tradición inquisitorial siempre son los tribunales los encargados de valorar la
prueba, en varios países europeos están aprobándose procedimientos parecidos a los de
40
Véase, por ejemplo, Cape y Namoradze 2012, y Schumann et ál. 2012.
22
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
El CEDH, como todos los instrumentos regionales de derechos humanos, regula una
variedad de derechos que van mucho más allá de las garantías judiciales y los dere-
chos procesales penales. Los dos artículos del CEDH que se ocupan explícitamente
del proceso penal son el artículo 5 (el derecho a la libertad) y el artículo 6 (garantías
judiciales).41 El artículo 5 establece que el arresto y la detención deben ser legítimos y
conforme a un procedimiento prescrito por la ley, y que cuando el arresto tenga como
propósito llevar a una persona ante la autoridad legal competente, exige una sospecha
razonable de que la persona ha cometido el delito (o se justifica por la necesidad de
impedir que la persona cometa un delito o huya después de haberlo cometido) (art.
5(1) (c)). Una persona que sea arrestada debe ser informada a la mayor brevedad, en
un idioma que comprenda, de las razones de su arresto y de cualquier acusación con-
tra ella (art. 5(2)). Una persona arrestada o detenida de conformidad con el artículo
5(1)(c) debe ser llevada en el menor tiempo posible ante un juez u otro funcionario
autorizado por la ley a ejercer competencias judiciales y tiene derecho a un juicio en
un tiempo razonable o a ser puesta en libertad en espera de juicio (sujeto en ocasiones
a garantías de que comparecerá en juicio, art. 5.3). Una persona privada de su libertad
41
El artículo 7 (no hay pena sin ley) trata principalmente del derecho penal sustantivo y aquí no se
estudia con mayor detalle.
23
Defensa penal efectiva y juicio justo
42
TEDH, 15 de mayo de 2005, Öcalan v. Turkey, n.º 46221/99, párr. 140.
43
TEDH, 25 de febrero de 1993, Funke v. France, A 256-A, y TEDH, 19 de marzo de 2009, Bykov
v. Russia, n.º 4378/02.
44
TEDH, 28 de agosto de 1991, Brandstetter v. Austria, A 21, párr. 67, y TEDH, 6 de diciembre de
1988, Barberà, Messegué and Jabardo v. Spain, A 146, párr. 78.
24
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
el Convenio está pensado para garantizar derechos que sean “prácticos y efectivos”, no
solo “teóricos e ilusorios”,45 y el acusado debe ejercer una “participación efectiva” en el
proceso penal.46 Los derechos contenidos en el artículo 6, y en especial los establecidos
en el numeral 6(3), son también aplicables a los procedimientos previos al juicio47 y,
en particular, los procedimientos llevados a cabo conforme al artículo 5(4) (prisión
preventiva a la espera del juicio) deberían cumplir, en la mayor medida posible y según
las circunstancias de la investigación en curso, los requisitos básicos de las garantías
judiciales, como el derecho a un procedimiento adversarial.48
Otros artículos son relevantes en materia de defensa penal efectiva. El artículo
3 dispone que nadie será sometido a tortura o tratos o castigos inhumanos o degra-
dantes y que esto, como es obvio, se aplica a los procedimientos penales, incluidas
las condiciones de la detención y de los interrogatorios. No está permitida ninguna
derogación del artículo 3 (art. 15 (2)). El artículo 8 (1) garantiza el derecho de toda
a persona a que se respete su vida privada y familiar, su hogar y su correspondencia.
En el contexto de una defensa penal efectiva, el artículo 8 es de especial relevancia
para las comunicaciones entre el abogado y su cliente, el acceso a la asistencia jurídica,
y respecto de los actos de investigación de la policía como vigilancia u operaciones
policiales encubiertas. La interferencia con el ejercicio de este derecho está permitida
siempre que sea conforme a la ley y sea necesaria en una sociedad democrática, entre
otras circunstancias, por interés de seguridad nacional, salud pública o prevención del
desorden o el delito (art. 8(2)). El derecho a una apelación en los procesos penales
está establecido en el Séptimo Protocolo del CEDH, artículo 2, que dispone que una
persona condenada por un delito ante un juez tiene el derecho a que su sentencia o
condena sea revisada por un tribunal superior.49 Este derecho puede tener excepciones
en casos de delitos menores o cuando la persona fue juzgada en primera instancia por
45
Artico v. Italy (1981) 3 EHRR 1, Airey v. Ireland 9 (1979) 2 EHRR 305; TEDH, 9 de octubre de
2008, Moiseyev v. Russia, nº. 62936/00, párr. 209; TEDH, 24 de septiembre de 2009, Pishchalni-
kov v. Russia, n.º 7025/04, párr. 66.
46
Ekbetani v. Sweden (1991) 13 EHRR 504, y Stanford v. UK A/282 (1994).
47
TEDH, 24 de noviembre de 1993, Imbrioscia v. Switzerland, n.º 13972/88, párr. 38; TEDH, 27
de noviembre de 2008, Salduz v. Turkey, n.º 36391/02, párr. 50, y TEDH, 11 de diciembre de
2008, Panovits v. Cyprus, n.º 4268/04, párr. 64.
48
TEDH, 13 de febrero de 2001, Garcia Alva v. Germany, Lietzow v. Germany and Schöps v. Ger-
many, [Link] 23541/94, 24479/94 y 25116/94, y TEDH, 9 de julio de 2009, Mooren v. Germany, n.º
11364/03, paras. 124-125.
49
No todos los signatarios del CEDH han firmado y ratificado el protocolo.
25
Defensa penal efectiva y juicio justo
50
TEDH, 20 de noviembre de 1989, Kostovski v. Netherlands, n.º 11454/85, párr. 39, y TEDH, 6 de
diciembre de 1988, Barberà, Messegué and Jabardo v. Spain, 11 EHRR 360.
51
TEDH, Gran Sala, 1 de junio de 2010, Gäfgen v. Germany, n.º 22978/05, párr. 163; véanse las
sentencias señaladas allí.
52
TEDH, 24 de noviembre de 1993, Imbriosca v. Switzerland, n.º 13972/88.
53
Estatuto del Consejo de Europa, art. 8.
26
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
La Unión Europea adoptó una “hoja de ruta” de los derechos procesales en procesos
penales en el año 2009, con el propósito de aprobar en los próximos años legislación
sobre una variedad de derechos procesales de las personas sospechosas o acusadas.54
Durante varios años, la UE había aprobado numerosas normas jurídicas sobre policía,
y cooperación y reconocimiento mutuo entre la fiscalía y los jueces, y se observó que
esas normas debían ir acompañadas de medidas que protegieran los derechos de los
individuos en los procesos penales. El mecanismo legislativo adoptado fue la directiva
de la UE, cuyo efecto es que sus Estados miembros deben aprobar legislación, normas
reglamentarias y otras medidas que garanticen el cumplimiento nacional de las normas
contenidas en las directivas.
La primera medida adoptada en octubre de 2010 fue la directiva de la UE sobre
el derecho a la interpretación y la traducción, que tenía que ser incorporada en el
derecho nacional de los Estados miembros antes de octubre de 2013.55 En resumen,
la directiva exige que los Estados miembros garanticen que las personas acusadas y
sospechosas que no hablan o comprenden el lenguaje de los procedimientos penales
correspondientes reciban, de forma gratuita, servicios de interpretación y traducción
de los documentos esenciales (arts. 2 y 3) durante esos procedimientos. Los Estados
miembros tienen también que tomar medidas concretas para garantizar que la inter-
pretación y la traducción sean de suficiente calidad como para garantizar la justicia de
los procedimientos (art. 5) y para solicitar a los responsables de formar a los jueces,
fiscales y el personal judicial que “presten una atención particular a las particularidades
de la comunicación con la ayuda de un intérprete, de manera que se garantice una
comunicación efectiva y eficaz” (art. 6).
A esta directiva le siguió, en mayo de 2012, otra sobre el derecho a la informa-
ción, que debía ser cumplida por los Estados miembros antes de junio de 2014.56 Esa
directiva contempla tres derechos separados, pero conexos. El primero se refiere a que
desde el momento en que las autoridades competentes le comuniquen a una persona
que es sospechosa o está acusada de haber cometido un delito (art. 1), esta debe tener
54
Roadmap with a view to fostering protection of suspected and accused persons in criminal proceedings,
1 de julio de 2009, 11457/09 DROIPEN 53 COPEN 120.
55
Directiva 2010/64/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 20 de octubre de 2010, relativa
al derecho a interpretación y a traducción en los procesos penales.
56
Directiva 2012/13/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 22 de mayo de 2012, relativa al
derecho a la información en los procesos penales.
27
Defensa penal efectiva y juicio justo
57
Directiva 2013/48/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 22 de octubre de 2013, sobre
el derecho a la asistencia de letrado en los procesos penales y en los procedimientos relativos a la
orden de detención europea, y sobre el derecho a que se informe a un tercero en el momento de la
privación de libertad y a comunicarse con terceros y con autoridades consulares durante la priva-
ción de libertad.
28
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
mar al menos a una persona sobre su detención (art. 5) y a comunicarse con esa per-
sona (art. 6). Hay una norma para la derogación transitoria del derecho de acceso a un
abogado, pero solo si existe una necesidad urgente de evitar graves consecuencias para
la vida, la libertad o la integridad física de otra persona, o si es necesaria una acción
inmediata para prevenir un riesgo sustantivo de entorpecimiento de los procedimien-
tos penales (art. 3(6)). Toda derogación debe estar estrictamente limitada en tiempo,
no debe basarse de forma exclusiva en el tipo o la gravedad del presunto delito, y debe
estar autorizada judicialmente o tener revisión judicial (art. 8).
En noviembre de 2013, la Comisión Europea publicó propuestas sobre una serie
de medidas para completar la hoja de ruta procesal.58 Ellas incluyen propuestas de
directivas sobre el fortalecimiento de ciertos aspectos de la presunción de inocencia y
del derecho a estar presente durante el juicio penal, las garantías especiales en el pro-
cedimiento penal para las personas menores de edad sospechosas o acusadas de haber
cometido un delito, y la prestación de asistencia jurídica gratuita para las personas sos-
pechosas o acusadas que estén privadas de la libertad. Además, la Comisión propuso
dos conjuntos de recomendaciones no vinculantes con respecto a las garantías proce-
sales de personas vulnerables sospechosas o acusadas de haber cometido un delito, y el
derecho a asistencia jurídica gratuita.
Si bien una directiva de la UE no tiene efectos directos en el derecho nacional de
los Estados miembros, como ya se señaló, estos deben aprobar legislación nacional y
tomar las medidas necesarias para hacerlas efectivas. Cada una de las directivas incluye
normas que requieren a los Estados miembros proporcionarle a la Comisión Europea
el texto de las medidas adoptadas y que la Comisión las evalúe e informe al Parlamento
y el Consejo europeos si son o no suficientes. La Comisión puede presentar también
un caso ante el Tribunal Europeo de Justicia (TEJ), si considera que un Estado miem-
bro no ha cumplido con una directiva, y el TEJ tiene la facultad de imponer multas
al Estado correspondiente. Además, un tribunal nacional le puede solicitar al TEJ que
tome una decisión con respecto al cumplimiento de una directiva y hay una norma
que contempla audiencias expeditas en caso de urgencia, como cuando una persona
58
Communication from the Commission to the European Parliament, the Council, the European
Economic and Social Committee and the Committee of the Regions, Making progress on the
European Union Agenda on Procedural Safeguards for Suspects and Accused Persons – Strengthen-
ing the Foundation of the European Area of Criminal Justice, Bruselas, 27 de noviembre de 2013,
COM(2013) 820/2.
29
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
está bajo custodia. Por lo tanto, los mecanismos para el cumplimiento de los derechos
procesales conforme al derecho de la UE son más firmes y rápidos que los del CEDH.
59
Reducida a dos años y seis meses de prisión porque era una persona menor de edad en el momento
del delito.
30
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
El Tribunal encuentra que con el fin de que el derecho a un juicio justo siga siendo lo sufi-
cientemente “práctico y efectivo”, el artículo 6(1) requiere, como regla, que se proporcione
acceso a un abogado desde el primer interrogatorio de un sospechoso por la policía, a menos
que quede demostrado que en las circunstancias específicas del caso hay razones convincen-
tes para restringir este derecho (párr. 55).60
El acceso temprano a un abogado es parte de las garantías procesales que el Tribunal tiene
especialmente en cuenta cuando estudia si un procedimiento ha suprimido la esencia misma
del privilegio a no declarar contra uno mismo […]. A este respecto, el Tribunal también
señala las recomendaciones del CPT (párrafos 39-40 supra), en las que el Comité declaró rei-
teradamente el derecho de un detenido a tener acceso a la asistencia jurídica. Toda excepción
al goce de este derecho debería estar circunscrita con claridad y su plazo de aplicación estar
limitado de forma estricta. Estos principios son de especial relevancia en el caso de acusacio-
nes graves, porque es cuando se enfrentan las penas más duras que el respeto al derecho a un
juicio justo debe garantizarse en el más alto grado por las sociedades democráticas (párr. 54).
60
TEDH, Gran Sala, 27 de noviembre de 2008, Salduz v. Turkey, n.º 36391/02.
61
Véase, por ejemplo, TEDH, 10 de marzo de 2009, Böke and Kandemir v. Turkey, [Link] 71912/01,
26968/02 y 36397/03; TEDH, 3 de marzo de 2009, Aba v. Turkey, [Link] 7638/02 y 24146/04);
TEDH, 17 de febrero de 2009, Aslan and Demir v. Turkey , [Link] 38940/02 y 5197/03; TEDH, 17
de febrero de 2009, Oztürk v. Turkey, n.º 16500/04; y TEDH, 24 de diciembre de 2009, Pishcha-
lnikov v. Russia, n.º 7025/04.
62
TEDH, 21 de junio de 2011, Mader v. Croatia, n.º 56185/07; TEDH, 28 de junio de 2011, Sebalj
v. Croatia, n.º 4429/09.
31
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
violaciones del artículo 6(1) consideró que la medida judicial más apropiada para
la víctima sería un nuevo juicio, celebrado de conformidad con el artículo 6,63 si el
demandante así lo deseaba. Además otorgó una suma nominal para las costas y los gas-
tos. Sin embargo, las consecuencias más amplias de la decisión fueron considerables.
El derecho turco fue modificado bastante antes de las decisiones del TEDH, y exten-
dió el derecho a recibir asistencia jurídica durante la detención a todos los sospecho-
sos, e hizo que el nombramiento de un abogado fuera obligatorio en el caso de que el
sospechoso fuera una persona menor de edad o alguien acusado de un delito castigado
con una pena de prisión de cinco años o más. Otras jurisdicciones europeas, en las que
la ley no proporcionaba el derecho de acceso a un abogado a los sospechosos detenidos
en custodia de la policía, aprobaron leyes de esa clase, aunque en algunos casos solo
después de que los tribunales nacionales declararan el derecho existente, incompatible
con la decisión Salduz.64 Además, la Unión Europea, al adoptar la directiva del dere-
cho de acceso a un abogado, tomó en cuenta explícitamente la decisión Salduz y otras
decisiones del TEDH, y estableció normas mínimas relativas al derecho de acceso a un
abogado en procedimientos penales.65 El resultado fue, como se señaló en la sección
4.3.3 supra, que todos los Estados miembros de la UE tendrán que ajustar sus leyes
y normas administrativas para garantizar el cumplimiento con la directiva y el no
hacerlo puede ocasionar sanciones.
5. Conclusiones
63
Lo que significaría que el tribunal no debería basarse en la prueba de la confesión del demandante
efectuada a la policía.
64
Por ejemplo, Francia y Escocia. Véase Blackstock et ál. 2014, cap. 3.
65
Directiva 2013/48/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 22 de octubre de 2013, sobre el
derecho a la asistencia de letrado en los procesos penales, párr. 12 de los considerandos.
32
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
66
Por ejemplo, el estudio recogido en Cape et ál. (2010) fue usado como fuente de información para
las tres evaluaciones de impacto encargadas por la Comisión Europea cuando estaba desarrollando
los proyectos de directivas de la UE sobre el derecho a interpretación y a traducción, el derecho a la
información y el derecho de acceso a un abogado. Véase Proposal for a Council Framework Decision
on the Right to Interpretation and Translation in Criminal Proceedings: Impact Assessment, Brussels,
8/7/2009 SEC (2009) 915; Impact Assessment Accompanying the Proposal for a Directive of the Euro-
pean Parliament and of the Council on the Right to Information in Criminal Proceedings, 20/7/2010
SEC (2010) 907; e Impact Assessment Accompanying the Proposal for a Directive of the European
Parliament and of the Council on the Right of Access to a Lawyer and of Notification of Custody to a
Third Person in Criminal Proceedings, Bruselas, 8/6/2011 SEC (2011) 686.
33
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
mos que este trabajo contribuya a mejorar y obtener el cumplimiento de los estándares
internacionales relativos a la justicia, a las garantías judiciales y al acceso a una defensa
penal efectiva.
6. Bibliografía
Blackstock, Jodie y otros. Inside Police Custody: An Empirical Account of Suspects’ Rights
in Four Jurisdictions. Antwerp: Intersentia, 2014.
Cape, Ed y otros. Effective Criminal Defence in Europe. Antwerp: Intersentia, 2010.
Cape, Ed y Namoradze, Zaza. Effective Criminal Defence in Eastern Europe. Soros
Foundation – Moldova, 2012.
Jackson, Jonathan y otros. “Why do people comply with the law? Legitimacy and the
Influence of Legal Institutions”. British Journal of Criminology, Vol. 52, No. 6
(2012): 1051-1071.
Langer, Maximo. “Revolution in Latin American Criminal Procedure: Diffusion of
Legal Ideas from the Periphery”. The American Journal of Comparative Law, Vol.
55 No. 4 (2007): 617-676.
Myhill, Andy y Quinton, Paul. It’s a fair cop? Police legitimacy, public co-operation, and
crime reduction: An interpretative evidence commentary. National Policing Impro-
vement Agency, 2011.
Schumann, Stefan y otros. Pre-trial Emergency Defence. Vienna: Intersentia, 2012.
Tyler, Tom. Why People Obey the Law. Princeton: Princeton University Press, 2006.
UNODC, Early access to legal aid in criminal justice processes: A handbook for policy-
makers and practitioners. New York: UNODC, 2014.
34
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Alberto Binder
Ed Cape
Zaza Namoradze
1. Introducción
La investigación de base tanto de los informes nacionales como del estudio de los
estándares internacionales en la región latinoamericana forma parte y se encuentra
integrada a la ya realizada en Europa, en particular en Europa del Este.1 Esto implica,
como ya se ha señalado en el capítulo correspondiente, que existe una unidad meto-
dológica entre estos tres estudios, cuyos cometidos son facilitar la comparación entre
las situaciones y la transferencia de experiencias positivas, con miras a provocar una
unificación de la base de los estándares de defensa penal, así como la concreción de
dichos estándares en una práctica efectiva.
El enfoque principal que se mantiene en estas investigaciones se caracteriza por
poner a la persona del imputado o acusado, en tanto sujeto de un haz de derechos de
defensa, en el centro de la investigación.2 Esto implica no solo preocuparse por las
estructuras normativas o por el resultado del juicio, sino por el modo en que el impu-
tado concreto transita por todas las disyuntivas de la vida de un caso que lo debe tener
como protagonista privilegiado. Por otra parte, no se puede limitar el enfoque con la
idea tradicional de “defensa en juicio”, ya que, para cientos de miles de personas, la
experiencia real de su paso por la justicia penal poco tiene que ver con el momento del
juicio en sí mismo, sino más bien con las detenciones policiales y las etapas prepara-
1
Cape et ál. 2010; Cape y Namoradze 2012.
2
Cape et ál. 2012, p. 9.
35
Estándares latinoamericanos sobre defensa penal efectiva
3
Ibid.
4
AAVV CEJA 2011.
36
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
lo largo del caso, siempre cuente con el suficiente asesoramiento; (iv) por lo
tanto, el derecho a una protección especial de su comunicación privada con
el defensor; (v) a contar con un defensor provisto por el Estado, cuando no
pueda contratarlo con su propio peculio y (vi) el derecho a que ese defensor
deba preservar, antes que nada, los derechos de su defendido, sin adhesión
a otros criterios o directivas superiores.
3. El tercer agrupamiento consiste en los derechos vinculados a una participa-
ción real y efectiva dentro del proceso y al mantenimiento dentro de él de
una condición especial de protección. Ello implica, en primer lugar, (i) el
derecho a ser presumido inocente y a ser tratado como tal; (ii) el derecho
a guardar silencio durante todo el desarrollo del proceso, en particular el
juicio, y a que no se imponga ninguna obligación o práctica que implique
la obligación de declarar contra uno mismo; (iii) el derecho a permanecer
en libertad durante el proceso y el juicio, y a que cualquier restricción anti-
cipada de su libertad esté sometida a exigencias de legalidad, razonabilidad
y temporalidad y, en todo caso, que no constituya una imposibilidad para
el ejercicio de la defensa; (iv) el derecho a participar directamente y en pre-
sencia durante el juicio; (v) el derecho a que las decisiones que los afecten
no sean arbitrarias y tengan fundamentos razonados, y (vi) el derecho a una
revisión integral del fallo de condena.
4. El cuarto agrupamiento gira alrededor del derecho a que todos los demás
derechos sean efectivos, es decir, la afirmación de que no alcanza con su
reconocimiento formal sino que existen otros derechos que obligan a gene-
rar condiciones prácticas para el ejercicio de los anteriores. Esto significa:
(i) el derecho a investigar el caso con medios propios y proponer pruebas;
(ii) el derecho a contar con suficiente tiempo y posibilidades para preparar
la defensa; (iii) la igualdad de armas en la producción y el control de la
prueba en todas las instancias procesales y audiencias; (iv) el derecho a con-
tar con un intérprete de su confianza y a la traducción de los documentos
y pruebas.
Por otra parte, además de mantener el agrupamiento realizado en la investiga-
ción general, que facilitará la tarea comparativa, hemos destacado la característica de
ser estos los 20 derechos fundamentales que conforman una defensa penal efectiva, por
razones mnemotécnicas y para facilitar su uso, como herramientas de promoción de
esos derechos en los contextos regionales o como patrón de crítica de las legislaciones
locales. La clasificación es un mecanismo conceptual que facilita el desarrollo y la com-
37
Estándares latinoamericanos sobre defensa penal efectiva
prensión de esos derechos, su numeración como lista básica busca ser una herramienta
de comunicación al servicio del uso práctico en la concreción de esos derechos.
Buscaremos, en primer lugar, la referencia normativa más directa para cada uno
de esos derechos. Ello implica explorar su base normativa en la Convención Americana
sobre Derechos Humanos, no solo porque ella es el principal instrumento de protección
por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) –de la cual
es su último intérprete– sino porque existe una práctica creciente –que por otra parte
debe ser alentada– de aplicación de esa Convención directamente por los tribunales
nacionales, ya sea los de superior jerarquía o directamente los jueces vinculados al
juzgamiento. En consecuencia, nos interesa, en primer lugar, la interpretación que
haya hecho la Corte Interamericana de esos instrumentos. Como ya explicaremos, no
existe todavía un desarrollo amplio de esa interpretación, por lo que deberemos recu-
rrir a otras fuentes jurisprudenciales nacionales de alto nivel para completar el cuadro
interpretativo. Ello es relevante, dado el estadio inicial de desarrollo de los derechos
del imputado por parte de la Corte IDH. Explicar ese estado de desarrollo inicial está
vinculado a algunas características regionales, que marcan problemas y tareas propias
de esta época; no obstante, tienen tal grado de relevancia que deben ser analizadas,
aunque sea someramente, para una mejor comprensión de la situación del derecho de
defensa.
Estas aclaraciones, en cierto modo reiterativas, sirven para entender algunas rea-
lidades del contexto latinoamericano que deben ser tomadas en cuenta a la hora de
cualquier trabajo comparativo. Ellas tienen que ver con (i) proceso de reforma de la
justicia penal de América Latina, (ii) la etapa en la que se encuentra el sistema intera-
mericano de derechos humanos (SIDH), (iii) la persistencia de modelos de organiza-
ción judicial que matizan de un modo determinante las prácticas judiciales y (iv) un
modelo de ejercicio de la abogacía –y de preparación para ella– que moldea las prácti-
cas profesionales de los defensores. Estas situaciones deben ser destacadas, aunque sea
someramente, para comprender la situación de los distintos estándares internacionales
en la región. Algunas reflexiones sobre estos puntos serán necesarias para cubrir los tres
niveles de realidad a los que pretende llegar la investigación.5
Por otra parte, deberemos hacer una breve referencia a los conceptos de ‘juicio
imparcial’, ‘juicio justo’, ‘defensa en juicio’ y ‘debido proceso’, ya que su uso ambiguo
y poco preciso ha contribuido en no poca medida a que la jurisprudencia se debilite
a la hora de clarificar los contenidos concretos de cada uno de los derechos. Además,
5
Cape et ál. 2012, p. 12.
38
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
tampoco es pasiva la traducción de fair trial como ‘juicio imparcial o ‘juicio justo’,
y las connotaciones de ‘justicia’ en el sentido del ‘valor justicia’ y, aún más, de un
contenido preciso y objetivo de ese valor pueden generar confusiones entre el sentido
del cumplimiento de las garantías y la ‘justicia’ del caso, en tanto satisfacción de ese
valor. Asimismo, un uso indiscriminado de la expresión ‘debido proceso’ ha generado
también muchas confusiones, que han terminado debilitando el contenido preciso y
concreto de los derechos del imputado.
39
Estándares latinoamericanos sobre defensa penal efectiva
40
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Un conjunto de variables que deben ser destacadas provienen del particular desarro-
llo del sistema interamericano de derechos humanos (SIDH) y, en particular, de la
índole de los casos presentados por la Comisión Interamericana de Derechos Huma-
nos (CIDH) a la Corte (Corte IDH). Se debe destacar que una de las tareas prin-
cipales que se impusieron tanto la Comisión como la Corte, en una primera etapa
de funcionamiento, fue la de poner límites o reparar, en la medida de lo posible, el
enorme nivel de impunidad existente en la región frente a gravísimas violaciones de
derechos humanos fundamentales, en particular la vida, provenientes de las acciones
del terrorismo de Estado desarrolladas al calor de la doctrina de la seguridad nacional,
que dio sustento a muchas de las dictaduras latinoamericanas, tiñó a gobiernos débil-
mente democráticos o fundó doctrinas militares de intervención en alzamientos o gue-
rras civiles. Los ataques brutales a la población y el encubrimiento sistemático de los
gravísimos delitos cometidos (genocidios, desapariciones, ejecuciones extrajudiciales,
etc.) obligó al sistema interamericano a prestarle especial atención a la situación de las
víctimas, a desarrollar una doctrina interamericana sobre la tutela judicial de los derechos
de ellas o a denunciar el uso fraudulento de garantías que fueron puestas al servicio de la
impunidad más escandalosa.
41
Estándares latinoamericanos sobre defensa penal efectiva
6
Como referencia de estas críticas y el debate que se ha desarrollado alrededor de ellas, véase Mala-
rino (2010) y Pastor (2011).
42
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
un estímulo adicional: ella no solo debe buscar como interlocutores a los actores loca-
les, sean tribunales o defensores, sino que también debe dirigirse a los actores del
SIDH para ayudar a construir una más amplia y precisa jurisprudencia internacional
sobre esta materia. Insertarse en estas transiciones, propias de la región latinoameri-
cana, es una característica de esta investigación que debe ser expresada con claridad
para facilitar el trabajo comparativo y enriquecerlo.
Otro conjunto de variables que hay que considerar tienen que ver con la toma de con-
ciencia progresiva –al calor del propio proceso de reforma de la justicia penal– de la
influencia determinante de los modelos de organización heredados en la configuración
concreta de los problemas y el ejercicio de los derechos, también de los del imputado.
En efecto, el modelo de justicia penal que se pretende abandonar (inquisitorial) no
se caracteriza únicamente por reglas procesales específicas (secreto, juez investigador,
escriturismo, falta de defensa) sino por modelos de organizaciones verticales, rígidas,
compartimentadas, con una fuerte impronta cultural de formalismo y burocratiza-
ción. Estos modelos de organización no han sido puestos en cuestión tan fuertemente
como las reglas procesales, o cuando lo fueron no lograron apoyo o fuerza suficiente
para consolidarse en cambios concretos.
Es cierto y evidente que todas las organizaciones sufren procesos de burocrati-
zación y ello no es privativo de la región; también es cierto que esa burocratización
produce los fenómenos de autonomía e incapacidad adiestrada, pero no hacemos
referencia aquí a los niveles ordinarios de burocratización sino a la persistencia de un
modelo de organización que contiene en sí mismo la mayor reserva de prácticas y cultura
inquisitorial y que produce distorsiones muy grandes en la interpretación de las normas
mismas. Esto se puede apreciar en dos planos: (i) el primero, más claro, nos dice que el
rechazo al avance de los derechos de los imputados o a la consolidación de estándares
más precisos choca, antes que nada, con el impacto organizacional de esos derechos o
estándares; (ii) en un segundo plano, la interpretación de esos derechos o estándares se
realiza desde el ámbito organizacional; desde el particular ambiente de esas organizaciones
se resignifican o se le dotan de sentido a derechos elementales. Este doble proceso de dis-
torsión organizacional es importante para no creer que la brecha entre lo estipulado en
las normas y lo que efectivamente sucede es siempre un problema de pocos recursos,
poca contracción al trabajo o indolencia moral: existe una disputa sobre el sentido de
43
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
los derechos, que se produce en el interior de organizaciones con una visión profunda-
mente distorsionada por la tradición inquisitorial.
Esta situación sigue siendo determinante, pese a que ya se la ha identificado
y existen procesos de cambio que apuntan a revertir tanto el modelo de organiza-
ción como su cultura organizacional. Por ejemplo, existen algunos nuevos modelos de
defensa pública que modifican la forma tradicional, o nuevas estructuras judiciales o
de los fiscales que también lo hacen. Sin embargo, todavía existen muchas organizacio-
nes que no han comenzado el proceso de cambio o que ni siquiera tienen conciencia
de la importancia de encararlo. Así, por ejemplo, en el caso específico de las organiza-
ciones de defensa pública, muchas de ellas mantienen formas de trabajo tradicionales
vinculadas a la actividad del “juzgado” o “tribunal”, se circunscriben a “acompañar” el
trámite del proceso, según el ritmo que esos tribunales o juzgados le impongan. O se
trata de organizaciones que giran alrededor del trámite del expediente y solo a través
de él se relacionan, como es bastante usual que ocurra entre fiscales y defensores; o se
trata de organizaciones que carecen y rechazan todo medio de control y supervisión
del trabajo y terminan distorsionando o desviando las prioridades, en desmedro de
los casos más sencillos en términos burocráticos. En fin, esta mediación organizacional
no es solo un problema de prácticas sino de determinación del sentido de las normas y, por
lo tanto, también debe ser tomado en cuenta a la hora de definir con mayor precisión los
estándares internacionales.
Otro conjunto de variables que hay que tener en cuenta giran alrededor del modo en
que se vive y ejerce la abogacía en nuestra región. Ya sea como un producto emergente
del propio funcionamiento de la administración de justicia o como el resultado de un
modo de enseñanza de tipo escolástico, poco orientado a la práctica y al servicio legal,
lo cierto es que el patrón básico de la práctica profesional genera también condiciona-
mientos a la hora de entender y practicar los derechos del imputado. Esta situación se
ve reforzada por otras dimensiones: por ejemplo, la enseñanza en la escuela de leyes
no ha sabido acompañar hasta ahora el proceso de reforma de la justicia penal y se ha
preocupado muy poco por enseñar las habilidades necesarias para litigar en los nuevos
sistemas; por otra parte, los colegios o asociaciones profesionales tampoco ejercen un
verdadero control, sea fijando estándares para la actuación profesional o reaccionando
ante las fallas éticas o de mala praxis.
44
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
Este conjunto de factores hace que el abogado común –y para muchos sectores
de la sociedad es muy difícil acceder a uno especializado– y aun el abogado especiali-
zado en materias criminales, que forma parte de la defensa pública, naturalice formas
de actuación que son perjudiciales para el ejercicio de los derechos de los imputados.
Por ejemplo, todavía cuesta que muchos defensores le presten suficiente atención al
interés concreto del imputado, ya sea porque no lo consultan o porque hacen primar
criterios organizacionales generales o evitan confrontar con sus compañeros de las
otras organizaciones judiciales; o, en tanto los abogados tienden a prestar atención
solo a los asuntos de trámite, no explotan otras alternativas del proceso que pueden
ser mucho más favorables para sus defendidos (y la nueva legislación procesal es muy
rica en salidas alternativas a la prisión); o suelen prestarle poca importancia a mante-
nerlo informado sobre las alternativas del caso y, en muchas ocasiones, son reacios a
visitarlo en su lugar de encierro. Es bastante usual el abandono del caso en instancias
importantes (como el juicio), aprovechando cierto permisivismo de los jueces en este
tema, y otras tantas prácticas que se consideran como ejercicio normal y ordinario de la
abogacía. No sería un punto a destacar si esto solo fuera la actuación de algún abogado
negligente o mal preparado; al contrario, suelen ser prácticas arraigadas que no acos-
tumbran ser identificadas y criticadas por los propios pares.
Utilizaremos como referencia los Principios Básicos sobre la Función de los Abo-
gados, aprobados por el Octavo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención
del Delito y Tratamiento del Delincuente, celebrado en La Habana (Cuba) del 27 de
agosto al 7 de septiembre de 1990. No solo porque constituyen la fijación de estánda-
res universales sino porque, aun cuando no constituyen una fuente normativa directa,
al igual que las “Reglas mínimas para el tratamiento de reclusos”, han sido citados por
la propia CIDH7 como un texto de referencia. Tal como se señala en su preámbulo:
Los Principios Básicos sobre la Función de los Abogados que figuran a continuación, formu-
lados para ayudar a los Estados miembros en su tarea de promover y garantizar la función
adecuada de los abogados, deben ser tenidos en cuenta y respetados por los gobiernos en el
marco de su legislación y práctica nacionales, y deben señalarse a la atención de los juristas
así como de otras personas como los jueces, fiscales, miembros de los poderes ejecutivo y
legislativo y el público en general. Estos principios se aplicarán también, cuando proceda, a
las personas que ejerzan las funciones de la abogacía sin tener la categoría oficial de abogados.
7
Caso Lori Berenson Mejía vs. Perú, sentencia de 25 de noviembre de 2004, serie C, No. 119.
45
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
8
En diversos fallos, la Corte IDH ha sentado las bases de legalidad de las detenciones y encarcela-
mientos. Por ejemplo, Villagrán Morales y otros contra Guatemala, sentencia del 11 de septiembre
de 1997, serie C, No. 32, § 131; Suárez Rosero contra Ecuador, sentencia del 12 de noviembre de
1997, serie C; Caso Gangaram Panday contra Surinam, sentencia del 21 de enero de 1994, serie C,
No. 16, § 47;Caso Yvon Neptune contra Haití, sentencia del 6 de mayo de 2008, serie C, No. 180,
entre otros.
9
Sentencia del 27 de abril del 2012, serie C, No. 241. En ese caso, además, la Corte repasa los
estándares internacionales que ella misma ha aceptado, a saber: a) el hacinamiento constituye en sí
mismo una violación a la integridad personal; asimismo, obstaculiza el normal desempeño de las
funciones esenciales en los centros penitenciarios; b) la separación por categorías deberá realizarse
entre procesados y condenados y entre menores de edad y adultos, con el objetivo de que los priva-
dos de libertad reciban el tratamiento adecuado a su condición; c) todo privado de libertad tendrá
acceso al agua potable para su consumo y al agua para su aseo personal; la ausencia de suministro
de agua potable constituye una falta grave del Estado a sus deberes de garantía hacia las personas
que se encuentran bajo su custodia; d) la alimentación que se brinde en los centros penitenciarios
debe ser de buena calidad y debe aportar un valor nutritivo suficiente; e) la atención médica debe
ser proporcionada regularmente, brindando el tratamiento adecuado que sea necesario y a cargo
del personal médico calificado cuando este sea necesario; f ) la educación, el trabajo y la recreación
son funciones esenciales de los centros penitenciarios, las cuales deben ser brindadas a todas las
personas privadas de libertad con el fin de promover la rehabilitación y readaptación social de los
internos; g) las visitas deben ser garantizadas en los centros penitenciarios. La reclusión bajo un
régimen de visitas restringido puede ser contraria a la integridad personal; h) todas las celdas deben
contar con suficiente luz natural o artificial, ventilación y adecuadas condiciones de higiene; i) los
servicios sanitarios deben contar con condiciones de higiene y privacidad; j) los Estados no pueden
alegar dificultades económicas para justificar condiciones de detención que no cumplan con los
estándares mínimos internacionales en la materia y que no respeten la dignidad inherente del ser
46
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
ha ratificado su doctrina de que cuando una persona se encuentra presa “se establece
una relación e interacción especial de sujeción entre el interno y el Estado, este último
debe asumir una serie de responsabilidades particulares y tomar diversas iniciativas
especiales para garantizar a los reclusos las condiciones necesarias para desarrollar una
vida digna y contribuir al goce efectivo de aquellos derechos que bajo ninguna circuns-
tancia pueden restringirse o de aquellos cuya restricción no deriva necesariamente de
la privación de libertad” (# 64). Pese a este llamado, todavía el sistema penitenciario en
la región se resiste a cumplir con esos estándares. En particular, es notorio el hecho de
que la persona privada de libertad es sometida a un tipo de interacción violenta, que
excede en mucho al simple hecho de la mayor o menor brutalidad de los encargados
del encierro, ya que tiene que ver con el accionar consentido de mafias internas, vincu-
ladas a sectores de los propios guardianes, que, en el contexto agregado de condiciones
de vida degradadas, hacen que el problema de ser adecuadamente defendido en el
caso, pasa a un plano secundario frente a la necesidad de salir de allí a cualquier costa.
Se convierte en un caso de defensa de la vida, en un plano elemental.
humano, y k) las medidas disciplinarias que constituyan un trato cruel, inhumano o degradante,
incluidos los castigos corporales, la reclusión en aislamiento prolongado, así como cualquier otra
medida que pueda poner en grave peligro la salud física o mental del recluso están estrictamente
prohibidas. Estos estándares, según la CIDH misma, surgen de los siguientes instrumentos: ONU,
Reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos, adoptadas por el Primer Congreso de las Naciones
Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, celebrado en Ginebra en 1955,
y aprobadas por el Consejo Económico y Social en sus resoluciones 663C (XXIV) de 31 de julio
de 1957 y 2076 (LXII) de 13 de mayo de 1977;ONU, Conjunto de Principios para la protección
de todas las personas sometidas a cualquier forma de detención o prisión, adoptado por la Asamblea
General de la ONU en su resolución 43/173, de 9 de diciembre de 1988;ONU, Reglas de las Nacio-
nes Unidas para la protección de los menores privados de libertad, adoptadas por la Asamblea General
de la ONU en su resolución 45/113, de 14 de diciembre de 1990. Ver también ONU, Observación
General No. 21 del Comité de Derechos Humanos,10 de abril de 1992, A/47/40/(SUPP), sustituye la
Observación General No. 9, Trato humano de las personas privadas de libertad (art. 10), 44° período
de sesiones 1992, y CIDH, Principios y buenas prácticas sobre la protección de las personas privadas
de libertad en las Américas, adoptados durante el 131° período de ordinario de sesiones, celebrado
del 3 al 14 de marzo de 2008.
47
Estándares latinoamericanos sobre defensa penal efectiva
arrastrar ambigüedades producto de diversas tradiciones, entre las cuales la más débil
es la que proviene de su uso en el mundo del derecho de cuño anglosajón. Estas mis-
mas indeterminaciones existen en la jurisprudencia de la Corte IDH y luego tienen un
gran impacto en la práctica, ya que se engloban todas las garantías en el concepto de
debido proceso o se debilita la idea de juicio (trial) producto de la falta de una cons-
trucción histórica de larga data sobre el juicio oral, público y contradictorio.
Podríamos obviar este tema y considerar que podemos usar esas fórmulas como
sinónimos. Sin embargo, no es un camino recomendable, no por algún tipo de
purismo en la traducción, sino porque, en la práctica, la identificación del concepto
fair trial con el de debido proceso –de indudables alcances más amplios–le ha dado fun-
damento a una jurisprudencia y a una doctrina que ha debilitado la idea de juicio mismo,
como momento central y de mayor calidad de todo el proceso penal. Lo mismo ha sucedido
con la traducción de hearing, que al ser trasladada simplemente como ‘ser oído’, ha
implicado una ratificación del modelo de audiencia de la tradición inquisitorial (com-
parecer ante una autoridad superior para explicar en presencia sus quejas-informe in
voce), sin distinguir la diferencia en el modelo de audiencia o pleito público ante el
juez que reconoce la tradición anglosajona.10 Esta dimensión debe ser destacada para
darle rigor, claridad y a la vez historicidad al trabajo comparativo.
10
Como explica Sebastián Narvaja (2012):Duce y Riego (2007,pp.380-381) enfatizan la idea que
estas traducciones o formas de redacción no deben atribuirse a problemas lingüísticos o de falta de
adecuación de las traducciones, sino a una falta de conocimiento profundo, en la cultura jurídica
latinoamericana, del concepto y alcances de la garantía de juicio justo (fair trial), en que los valores
de publicidad, oralidad y contradicción no han sido percibidos como importantes en los procedi-
mientos a través de los cuales se resuelve sobre la responsabilidad penal de las personas. La doctrina
procesal tradicional, basada en un análisis secuencial y escolástico de los modelos procesales inqui-
sitoriales o mixtos, ha permitido un análisis en tal sentido, que no tendría cabida dentro de las
culturas jurídicas anglosajonas. Sobre el modo en que se han construido y utilizado estas categorías
conceptuales del derecho procesal penal tradicional, véase Binder (2000, pp. 25 y ss.; s.a.: 1-7).
Los instrumentos internacionales utilizan, en su versión en español, las siguientes fórmulas: “[...] a
ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial”(DUDH, art. 10);
“[Proceso Regular] [...] derecho a ser oída en forma imparcial y pública[...]”(DADH, art. xxvi);
“[...] derecho a ser oída públicamente y con las debidas garantías por un tribunal competente,
independiente e imparcial [...]”(PIDCP, art. 14, §1); “[Garantías Judiciales] [...] derecho a ser
oída, con las debidas garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o tribunal competente,
independiente e imparcial [...]”(CADH, art. 8, §2); “[Derecho a un proceso equitativo] [...]Toda
persona tiene derecho a que su causa sea oída equitativa, públicamente y dentro de un plazo razo-
nable, por un tribunal independiente e imparcial”(CEDH, art. 6, §1).
En sus versiones en idioma inglés, las fórmulas utilizadas son las siguientes: “[...]Everyone is
entitled in full equality to a fair and public hearing by an independent and impartial tribunal
48
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
De hecho, en el propio SIDH se usa el término ‘debido proceso’ con una ampli-
tud enorme. En un estudio amplio y riguroso sobre su utilización dentro del SIDH,
Sergio García Ramírez nos dice: “El debido proceso adjetivo, generalmente caracte-
rizado por invocación de los elementos que lo integran y cuyos méritos derivan de la
conformidad entre el enjuiciamiento y la ley, pero también entre ambos y la justicia.
Esto conduce a establecer un tipo de proceso que tribute a la justicia, es decir, un ‘jui-
cio justo’. Bajo el concepto de debido proceso se reúnen y consolidan, pues, diversos
derechos del justiciable”.11 En forma reiterada–nos dice este autor–, la Corte IDH ha
conceptualizado al debido proceso como un límite a la actividad estatal, que se refiere al
conjunto de requisitos que deben observarse en las instancias procesales a efectos de que
las personas estén en condiciones de defender adecuadamente sus derechos ante cual-
quier acto del Estado que pueda afectarlos, lo que surge claramente de algunos casos.12
Por otra parte, cuando se trata de casos penales, el concepto de debido proceso
incluye todas las garantías mínimas previstas en el art. 8 de la Convención Americana
[…]”(DUDH, art. 10); “[Right to due process of law] [...] Every person accused of an offense has
the right to be given an impartial and public hearing, and to be tried by courts previously established
[...]”(DADH, art. xxvi); “[...] everyone shall be entitled to a fair and public hearing by a com-
petent, independent and impartial tribunal [...]”(PIDCP, art. 14, §1); “[Right to a fair trial] [...]
Every person has the right to a hearing, with due guarantees and within a reasonable time, by a
competent, independent, and impartial tribunal [...]”(CADH, art. 8, §2); “[Right to a fair trial]
[...] everyone is entitled to a fair and public hearing within a reasonable time by an independent
and impartial tribunal […]”(CEDH, art. 6, §1).Se puede notar fácilmente la diferencia entre ‘ser
oído’ y la traducción corriente de hearing, según el Oxford Dictionary: “Law an act of listening
to evidence in a court of law or before an official, especially a trial before a judge without a jury:
the court may stay execution pending a hearing”. Finalmente, “De alguna manera, el ‘debido
procedimiento legal’ (due process of law), citado antes en el derecho de los [Link]., o la garantía de
un juicio imparcial y leal (fair trial), del derecho inglés, o su traducción al derecho europeo con-
tinental previendo ‘oportunidades iguales’ para el imputado en juicio (Waffenglechheit), derechos
consagrados por el artículo 6, párr. 1º, 1ª. oración, Convención europea sobre derechos humanos,
equivalen a nuestro ‘derecho de defensa’” (Maier 1996, pp. 540-541).
11
García Ramírez et ál. 2012, p. 13. Este texto es de especial utilidad, no solo por el carácter de su
autor (expresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos) sino porque realiza un
análisis minucioso de la casi totalidad de los fallos de la Corte IDH. Lo hemos utilizado sin duda
como referencia de la selección de fallos.
12
Cfr. Baena Ricardo y otros vs. Panamá, sentencia de 2 de febrero de 2001, serie C, No. 72, párr. 92;
Caso Fermín Ramírez vs. Guatemala, sentencia de 20 de junio de 2005, serie C, No. 126, párr. 78;
Caso del Tribunal Constitucional vs. Perú, sentencia de 31 de enero de 2001, serie C, No. 71, párr.
68, y Caso Ibsen Cárdenas e Ibsen Peña, sentencia de 1 de septiembre de 2010, serie C, No. 217,
párr. 178.
49
Estándares latinoamericanos sobre defensa penal efectiva
sobre Derechos Humanos (CADH), como otras adicionales que pudieran ser nece-
sarias para la integración de este concepto, no solo en el plano formal sino también
con la exigencia de que esos derechos e intereses puedan ser defendidos de una forma
efectiva y en condiciones de igualdad procesal con otros justiciables. Esto surge de los casos
Lori Berenson Mejía vs. Perú13e Hilaire, Constantine y Benjamin y otros vs. Trinidad y
Tobago.14
Vemos, pues, que la Corte IDH ha hecho un uso profuso del concepto de debido
proceso, pero también ha utilizado la expresión ‘juicio justo’. Por ejemplo, “todo juez
tiene la obligación de asegurar que los procesos se lleven a cabo con el debido respeto
de (las) garantías judiciales que sean necesarias para asegurar un juicio justo”.15 De este
modo, no podemos encontrar en el propio lenguaje de la Corte IDH criterios claros
para hacer una diferenciación. Sin embargo, nos parece que ella es necesaria para evitar
confusiones. En ese sentido, proponemos que se utilice el concepto ‘debido proceso’
como el más amplio, que comprende todas las garantías y requisitos procesales que
permiten a cualquier justiciable defender sus derechos e intereses en un proceso, de
cualquier tipo o clase. Este concepto de ‘debido proceso’ puede ser asimilado al de ‘jui-
cio justo’, si es que se intenta incluir los elementos valorativos propios de alguna idea
de justicia o los elementos de ‘razonabilidad’ de la decisión, que suelen comprenderse
bajo el concepto de ‘debido proceso sustantivo’.
En todo caso, debido proceso y juicio justo quedan como conceptos amplios,
que exceden el marco del proceso penal. Para referirse a las estrictas garantías propias
del proceso penal –en particular su opción preferente por los derechos del imputado
que se materializan en el “principio de inocencia”, de tal manera que no se puede
hablar de él en sentido estricto de igualdad de partes–y para destacar el papel central
del derecho de defensa dentro de un juicio (y no cualquier tipo de juicio) oral, público
y contradictorio, utilizaremos la idea de juicio imparcial, como una traducción más
13
Sentencia de 25 de noviembre de 2004, serie C, No. 119, párr. 176, y Excepciones al agotamiento
de los recursos internos (Convención Americana sobre Derechos Humanos, artículos 46.1, 46.2.a
y 46.2.b), Opinión Consultiva OC-11/90 del 10 de agosto de 1990, serie A, No. 11, párr. 24;
Condición Jurídica y Derechos de los Migrantes Indocumentados, Opinión Consultiva OC-18/03 de
17 de septiembre de 2003, serie A, No. 18, párr. 121; El Derecho a la Información sobre la Asistencia
Consular en el Marco de las Garantías del Debido Proceso Legal, Opinión Consultiva OC-16/99 de
1 de octubre de 1999, serie A, No. 16, párr. 117.
14
Sentencia de 21 de junio de 2002, serie C, No. 94, párr. 146.
15
Caso Dacosta Cadogan vs. Barbados, sentencia de 24 de septiembre de 2009, serie C, No. 204,párr.
85.
50
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
útil para el proceso penal de fair trial16 y como un concepto más preciso y circuns-
cripto que el de debido proceso o juicio justo.
Como resultado del proceso de reforma, que de hecho ha significado también una
cierta unificación de categorías en muchos de los países de la región, hoy es posible un
diálogo más claro y fructífero entre los sistemas penales (o justicia criminal, lo usamos
como sinónimo), su jurisprudencia y doctrina. No obstante, quedan todavía diferen-
cias (en particular en aquellos países como México, Argentina o Brasil, cuyos procesos
de reforma son más lentos, dada la estructura federal). Los países, no obstante este pro-
ceso de normalización y unificación, conservan todavía lenguajes y características pro-
pias, vinculadas mucho más a las tradiciones y a la doctrina vernácula que a las nuevas
legislaciones procesales. Cada informe nacional mostrará todavía esas particularidades.
No obstante, dado que se trata de interpelar las realidades nacionales desde normas y
estándares internacionales, es necesario destacar equivalencias y formular aclaraciones.
En primer lugar, existe el problema de la clasificación de los delitos. La clásica
división francesa entre delitos, crímenes y contravenciones o faltas ha ido perdiendo
terreno. No obstante, mantiene todavía alguna relevancia. En cuanto a la diferencia-
ción entre crímenes y delitos (que la legislación penal paraguaya recientemente ha
restablecido), conserva alguna importancia para la competencia de los tribunales o
para la competencia del juicio por jurados, por ejemplo, pero no cumple una función
más relevante en el sistema. En ese sentido, no debe quedar ninguna duda de que los
estándares internacionales tienen aplicación a todo caso, se trate de un delito o un
crimen sin que esa distinción tenga influencia alguna, por más que existan diversos
procedimientos aplicables a algunos delitos, según la gravedad, o se siga utilizando la
palabra crimen para los casos más graves.
16
En el diccionario de Tomasi sobre Derecho Procesal Penal, coincide con la traducción de fair trial
como juicio imparcial, con el siguiente respaldo: “Según Black’s Law Dictionary, fair trial significa
lo siguiente: ‘A trial by an impartial and disinterested tribunal in accordance with regular proce-
dures; esp., a criminal trial in which the defendant’s constitutional and legal rights are respected.
— Also termed fair and impartial trial’. Como vemos con este último término, ‘fair and impartial’
el doblete no le agrega sentido alguno, sino que es una redundancia (tendencia del inglés jurídico)”
(véase [Link]
51
Estándares latinoamericanos sobre defensa penal efectiva
17
Caso Baena Ricardo y otros, cit., párr. 106, y Caso Vélez Loor, sentencia de 23 de noviembre de2010,
serie C, No. 218, párr. 132.
18
Corte IDH, OC-17/2002sobre Condición jurídica y derechos humanos del niño. “Si bien los dere-
chos procesales y sus correlativas garantías son aplicables a todas las personas, en el caso de los niños
el ejercicio de aquellos supone, por las condiciones especiales en las que se encuentran los niños,
la adopción de ciertas medidas específicas con el propósito de que gocen efectivamente de dichos
derechos y garantías” (Caso “Instituto de Reeducación del Menor” vs. Paraguay, sentencia de 2 de
septiembre de 2004, párr. 209). Además, “En todas las etapas del proceso se respetarán garantías
52
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
procesales básicas tales como la presunción de inocencia, el derecho a ser notificado de las acusacio-
nes, el derecho a no responder, el derecho al asesoramiento, el derecho a la presencia de los padres o
tutores, el derecho a la confrontación con los testigos y a interrogar a estos y el derecho de apelación
ante una autoridad superior” (Condición jurídica y derechos humanos del niño, cit., párr. 123).
53
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
3. Estándares internacionales19
Las normas internacionales que prevén derechos de defensa para el imputado consti-
tuyen un cuerpo normativo extenso, claro y preciso, similar al que conforma la base
de las otras convenciones de derechos humanos. Se puede decir que existe, en el plano
normativo, una base uniforme de reconocimiento de derechos, que constituye el primer
escalón de los derechos de defensa del imputado.20En ese sentido, el conjunto de 20 dere-
19
Para el desarrollo de los estándares internacionales nos hemos atenido a los usos verbales que ya
se han utilizado en las investigaciones precedentes a esta (Cape et ál. 2012; Cape et ál. 2010); ello
se debe a la necesidad de utilizar, finalmente, la información como un todo lo más homogéneo
posible y facilitar el trabajo comparativo. No obstante, existen otras razones de importancia. En el
momento de la formulación de la CADH, en su versión en español, fundamentalmente, la región
latinoamericana se encontraba lejos de los modelos judiciales de tipo anglosajón. La influencia
española directa o la adopción del modelo francés (directamente o a través de las versiones italianas
de ese mismo modelo) era dominante. Ciertas fórmulas de la versión española de la CADH o cier-
tas interpretaciones de ella se daban en ese contexto. Desde mediados de los años ochenta, como
ya hemos explicado, esta situación ha variado sustancialmente. Los sistemas de justicia penal de
la región son ya cercanos al modelo anglosajón (sistema acusatorio o adversarial) con las variantes
propias de la región, de la historia de cada país o del particular diseño que se ha hecho en cada
una de las realidades. Sin embargo esas particularidades no son tan relevantes como para alterar el
modelo básico. Ello hace conveniente y necesario realizar una lectura de las garantías judiciales dela
CADH desde la nueva realidad de los sistemas acusatorios de América Latina.
20
Los numerales 2 a 5 del artículo 8 de la Convención Americana establecen lo siguiente:
2. Toda persona inculpada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no
se establezca legalmente su culpabilidad. Durante el proceso, toda persona tiene derecho, en
plena igualdad, a las siguientes garantías mínimas:
a) derecho del inculpado de ser asistido gratuitamente por el traductor o intérprete, si no
comprende o no habla el idioma del juzgado o tribunal;
b) Comunicación previa y detallada al inculpado de la acusación formulada;
c) Concesión al inculpado del tiempo y de los medios adecuados para la preparación de su
defensa;
54
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
chos que hemos seleccionado como parte central de una defensa penal efectiva tienen
55
Estándares latinoamericanos sobre defensa penal efectiva
jurisprudencia del TEDH como una guía, dado el mayor grado de desarrollo de la jurisprudencia
europea; no obstante ello, no debemos olvidar los condicionantes del contexto, que por tal razón
se exponen en la introducción.
21
Para darle especificidad al trabajo, nos hemos preocupado por la referencia directa a la CADH.
Pero los derechos de defensa también tienen su base en 1)Declaración Universal de Derechos
Humanos (Declaración Universal), que la Asamblea General de la ONU adoptó en 1948;Decla-
ración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (Declaración Americana),aprobada en
la Novena Conferencia Internacional Americana en 1948;Pacto Internacional de Derechos Civiles
y Políticos (PIDCP),adoptado en 1966 por la Asamblea General de las Naciones Unidas y en
vigor desde1976; Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o
Degradantes, adoptada por consenso por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1984y
en vigor desde1987;Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General
de las Naciones Unidas en 1989 y en vigor desde1990;Convención sobre la Eliminación de todas
las Formas de Discriminación contra la Mujer, adoptada por la Asamblea General de las Naciones
Unidas en 1979 y en vigor desde1981; Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las
Formas de Discriminación Racial, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en
1965 y en vigor desde1969; Conjunto de Principios para la Protección de todas las Personas Some-
tidas a Cualquier Forma de Detención o Prisión(Conjunto de Principios), adoptado por consenso
por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1988;Reglas Mínimas para el Tratamiento de
los Reclusos(Reglas Mínimas), adoptadas en1955 por el Primer Congreso de las Naciones Unidas
sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente y aprobadas por el Consejo Económico
y Social de la ONU; Principios Básicos sobre la Función de los Abogados, adoptados por con-
senso por el Octavo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento
del Delincuente en 1990 y celebrados por la Asamblea General de la ONU; Directrices sobre la
Función de los Fiscales, adoptadas por consenso en el Octavo Congreso de las Naciones Unidas
sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente en 1990 y celebradas por la Asamblea
General de la ONU; Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura, adoptada
por la Asamblea General de la OEA en 1985 y en vigor desde febrero de 1987; Reglas Mínimas
de las Naciones Unidas para la Administración de la Justicia de Menores (Reglas de Pekín); Reglas
Mínimas de las Naciones Unidas sobre las Medidas No Privativas de la Libertad (Reglas de Tokio).
56
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
57
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Y esta obligación convencional “rige incluso antes de que se formule una ‘acusa-
ción’ en sentido estricto, dado que para que el mencionado artículo satisfaga los fines
que le son inherentes, es necesario que la notificación ocurra previamente a que el
inculpado rinda su primera declaración ante cualquier autoridad pública”.23
22
En sentido estricto, solo constituyen precedentes de la Corte IDH los fallos que son el resultado
de la actividad contenciosa. La actividad “consultiva” no tendría el mismo valor de obligatoriedad,
aunque ello es todavía un tema discutido en la doctrina. De hecho, la propia Corte IDH ha reco-
nocido el diferente valor vinculante (Opinión Consultiva OC-1/82, sobre “Otros tratados” objeto
de la función consultiva de la Corte, del 24 de septiembre de 1982, serie A, núm. 1: “Las opiniones
consultivas de la Corte, como las de otros tribunales internacionales, no tienen el mismo efecto
vinculante que se reconoce para sus sentencias en materia contenciosa en el artículo 68 de la Con-
vención”, párr. 51). No obstante, por ejemplo, la Corte Suprema de Costa Rica ha reconocido, al
menos en un fallo, ese valor vinculante (Acción de Inconstitucionalidad No. 412-S-90, el 13 de
noviembre de 1985 Sala IV, a propósito de la Opinión Consultiva OC-5/85sobre La colegiación
obligatoria de periodistas).A los efectos de esta investigación, utilizaremos tanto las sentencias como
las opiniones consultivas, dado que para fijar el contenido y los alcances de los estándares de defensa
tienen un valor semejante.
23
Caso Barreto Leiva vs. Venezuela, sentencia de 17 de noviembre de 2009, serie C, No. 206, párr. 30;
Caso Palamara Iribarne vs. Chile, sentencia de 22 de noviembre de 2005, serie C, No. 135, párr.
58
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
225, y Caso Acosta Calderón vs. Ecuador, sentencia de 24 de junio de 2005, serie C, No. 129, párr.
118.
24
Medina 2003.
25
Caso Velásquez Rodríguez vs. Honduras, sentencia de 29 de julio de 1988, serie C, No. 4, párrs. 166-
167; Caso Gelman vs. Uruguay, sentencia de 24de febrero de 2011, Fondo y Reparaciones, serie C,
No. 221, párr. 189.
26
Caso Myrna Mack Chang, sentencia de 25 de noviembre de 2003, serie C, No.101 cit., párr. 199.
En igual sentido, Caso de la Comunidad Moiwana, sentencia de 15 de junio de 2005, serie C,
No.124, párr. 159, y Caso Carpio Nicolle y otros, sentencia de 22 de noviembre de 2004, serie C,
No.117, párr. 134.
27
Caso Dacosta Cadogan, cit., párr. 84.
28
Ibid.
59
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
cho general a estar suficientemente informado, como condición para el ejercicio del
derecho de defensa, se desgrana en otros derechos mucho más concretos, que también
tienen reconocimiento normativo y desarrollo jurisprudencial.
60
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
cepto de juicio imparcial. Por tal motivo, también se debe informar que a partir del
momento de la detención, la persona tiene el derecho de comenzar a efectivizar su
defensa, personalmente o por abogado que nombre o se le designe. Tampoco es del
caso un cumplimiento meramente formal de esta comunicación; se trata, antes bien,
de poner en un estatus de protección a quien, precisamente, por la detención, se
encuentra en una situación de vulnerabilidad de las que, por la experiencia histórica,
ha dado lugar a abusos y afectaciones que tocan a la vida misma. El cumplimento
de estas obligaciones es propio de la autoridad, no está sujeto al requerimiento del
propio interesado. Se trata de una garantía mínima, es decir, un mecanismo de protec-
ción para la efectividad de los otros derechos de defensa. Por lo tanto, lo que debe estar
“garantizado” es que, en todo caso y situación, esa información llegue a conocimiento
del imputado, sin importar la naturaleza del caso o las circunstancias particulares y,
menos aún, pueda quedar subordinada a un requerimiento del propio detenido, ya
que entonces no cumpliría su función de garantía.
La Corte IDH ha señalado que no se puede “impedir que la persona ejerza su
derecho de defensa desde que se inicia la investigación en su contra y la autoridad dis-
pone o ejecuta actos que implican afectación de derechos, lo que es potenciar los pode-
res investigativos del Estado en desmedro de derechos fundamentales de la persona
investigada”. Tal como lo hemos indicado, la Corte IDH también ha aclarado que el
derecho de defensa debe poder ejercerse desde que se señala a una persona como autor
o partícipe de un delito.29 El momento de la detención es, sin duda, uno de aquellos
donde ya se señala a una persona como autora o partícipe, es decir, la constituye como
imputada. Asimismo, tal como lo veremos en el próximo acápite, la Corte IDH ha
reiterado el objeto de brindar esta información, en todo caso “antes de que rinda su
primera declaración ante autoridad pública”.30
Por otra parte, la propia CADH establece (art. 7, 6) que “toda persona privada
de libertad tiene derecho a recurrir ante un juez o tribunal competente, a fin de que
este decida, sin demora, sobre la legalidad de su arresto o detención y ordene su liber-
29
Caso Cabrera García y Montiel Flores, sentencia de 26 de noviembre de 2010, serie C, No. 220,
párr. 154. Cfr. Caso Barreto Leiva vs. Venezuela, párr. 29; Caso Suárez Rosero vs. Ecuador, sentencia
de 12 de noviembre de 1997, Fondo, serie C, No. 35, párr. 71; Caso Heliodoro Portugal vs. Panamá,
sentencia de 12 de agosto de 2008, Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas, serie C,
No. 186, párr. 148, y Caso Bayarri vs. Argentina, sentencia de 30 de octubre de 2008, serie C, No.
187, párr. 105.
30
Caso Barreto Leiva, cit., párr. 30; Caso Palamara Iribarne, cit., párr. 225, y Caso Acosta Calderón,
cit., párr. 118.
61
Estándares latinoamericanos sobre defensa penal efectiva
31
Caso de las Hermanas Serrano Cruz vs. El Salvador, sentencia de 1 de marzo de 2005, serie C, No.
120, párr. 79; Caso Juan Humberto Sánchez vs .Honduras, sentencia de 7 de junio de 2003, serie
C, No. 99, párr. 122; Caso Bámaca Velásquez vs. Guatemala, sentencia de 25 de noviembre de
2000, serie C, No. 70, párr. 192; Caso Cantoral Benavides contra Perú, sentencia del 18 de agosto
de 2000, serie C, No. 69, párr. 165, y Caso Durand y Ugarte vs. Perú, sentencia de 16 de agosto de
2000, serie C, No. 68, párr. 103. En igual sentido, Caso Cesti Hurtado vs. Perú, sentencia de 29 de
septiembre de 1999, serie C, No. 56, párr. 121; Caso Castillo Petruzzi y otros, sentencia de 30 de
mayo de 1999, serie C, No. 52, párr. 187; Caso de la “Panel Blanca” (Paniagua Morales y otros) vs.
Guatemala, sentencia de 8 de marzo de 1998, serie C, No. 37, párr. 164; Caso Blake vs. Guatemala,
sentencia de 24 de enero de 1998, serie C, No. 36, párr. 102; Caso Suárez Rosero, cit., párrs. 63 y
65; Caso Neira Alegría y otros vs. Perú, sentencia de 19 de enero de 1995, serie C, No. 20, párr. 82
Humanos), párr. 35, y Caso Chitay Nech y otros, sentencia de 25 de mayo de 2010, serie C, No.
212, párr. 203.
32
Tibi contra Ecuador, sentencia de 7 de septiembre de 2004, serie C, No.114, § 180.
62
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
Todos estos precedentes de la Corte IDH nos muestran que la detención como
situación fáctica es un momento de especial tensión para la protección de los derechos
fundamentales y que, por tal motivo, se ha construido un conjunto de derechos que
deben ser analizados de un modo armónico, cuyo cometido principal es rodear de un
conjunto de alertas y resguardos (garantías). Entre ellos, brindar la información indis-
pensable, cierta y clara sobre todo lo que es controlable enuna detención (razón, motivos,
autoridad, permanencia) cumple una función central para que el imputado pueda, en
la medida de sus limitadas posibilidades, estar alerta sobre el control de su detención
y los derechos que puede comenzar a ejercer.33
33
Los PBFA señalan lo mismo con alguna mayor precisión. Art. 7. “Los gobiernos garantizarán ade-
más que todas las personas arrestadas, o detenidas, con una acusación penal o no, tengan acceso
63
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Tal como ya lo hemos analizado, en la actual realidad del proceso penal latinoameri-
cano se ha ido consolidando de a poco la práctica de que debe existir un inicio formal
del proceso, cuya función primordial consiste en advertir con suficiente anticipación al
imputado sobre la existencia de esa actividad formal del Estado, de tal modo que pueda
preparar su defensa. En palabras de la Corte IDH:
Para satisfacer el artículo 8.2.b convencional el Estado debe informar al interesado no sola-
mente de la causa de la acusación, esto es, las acciones u omisiones que se le imputan,
sino también las razones que llevan al Estado a formular la imputación, los fundamentos
probatorios de esta y la caracterización legal que se da a esos hechos. Toda esta información
debe ser expresa, clara, integral y suficientemente detallada para permitir al acusado que
ejerza plenamente su derecho a la defensa y muestre al juez su versión de los hechos; y esta
obligación convencional “rige incluso antes de que se formule una ‘acusación’ en sentido
estricto(pues para) que el mencionado artículo satisfaga los fines que le son inherentes, es
necesario que la notificación ocurra previamente a que el inculpado rinda su primera decla-
ración ante cualquier autoridad pública”.34
64
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
En el mismo Caso Tibi, reseñado en el punto anterior, la Corte IDH señaló, aún
quizás de un modo indirecto, que se debe considerar como inicio del proceso (a los
efectos de computar el plazo razonable) o el momento en que el imputado es detenido
o aprehendido;36 o “Cuando no es aplicable esta medida, pero se halla en marcha un
proceso penal, dicho plazo debiera contarse a partir del momento en que la autoridad
judicial toma conocimiento del caso”.37 Asimismo, la Corte IDH toma como fuente
la Observación General No. 13 relativa a la “Igualdad ante los tribunales y derecho de
toda persona a ser oída públicamente por un tribunal competente establecido por la
ley (art. 14)”, donde el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas señaló
que:
el derecho a ser informado “sin demora” de la acusación exige que la información se propor-
cione de la manera descrita tan pronto como una autoridad competente formule la acusa-
ción. En opinión del Comité, este derecho debe surgir cuando, en el curso de una investiga-
ción, un tribunal o una autoridad del ministerio público decida adoptar medidas procesales
contra una persona sospechosa de haber cometido un delito o la designe públicamente como
tal. Las exigencias concretas del apartado a) del párrafo 3 pueden satisfacerse formulando la
acusación ya sea verbalmente o por escrito, siempre que en la información se indique tanto
la ley como los supuestos hechos en que se basa.
la concurrencia de la persona citada, tiempo que permita preparar adecuadamente la defensa ante
las imputaciones o cargos en contra, considerándose, además, el término de la distancia cuando las
circunstancias así lo exijan (Sentencia 1268-2001-HC/TC).
36
Caso Suárez Rosero, cit., párr. 70.
37
Caso Tibi, párr. 168.
65
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
gruencia), de tal manera que ellos ya no pueden ser modificados en perjuicio del
acusado durante el desarrollo del juicio. Tal es la doctrina que surge del caso Corte
IDH, Fermín Ramírez contra Guatemala (sentencia del 20 de junio de 2005, serie C,
No.126), donde señala:
el imputado tiene el derecho a conocer, a través de una descripción clara, detallada y precisa,
los hechos que se le imputan. La calificación jurídica de estos puede ser modificada durante
el proceso por el órgano acusador o por el juzgador, sin que ello atente contra el derecho de
defensa, cuando se mantengan sin variación los hechos mismos y se observen las garantías
procesales previstas en la ley para llevar a cabo la nueva calificación. El llamado “principio de
coherencia o de correlación entre acusación y sentencia” implica que la sentencia puede verse
únicamente sobre hechos o circunstancias contemplados en la acusación.
La información que se debe brindar sobre los motivos de la detención o arresto, así
como la comunicación previa y anticipada sobre los cargos o sobre la acusación for-
mulada, no implican solamente la comunicación de esas circunstancias sino que ellas
deben estar acompañadas, en todo caso, de la información clara y precisa de los medios
de defensa con que cuenta el imputado para enfrentar esas circunstancias. Ese con-
junto de derechos que le están garantizados forman la estructura central del artículo 8,
inciso 2, de la CADH, y deberán ser informados en su totalidad, con especial énfasis
en aquellos que son indispensables para el ejercicio inmediato de esos derechos. Por
ejemplo, en caso de la detención o arresto, el derecho al control judicial inmediato;
en el caso de la comunicación de los cargos, el derecho a contar con un asesoramiento
técnico antes de cualquier declaración. Cuando se trata de la comunicación detallada
de la acusación, ya es necesario que el imputado sea informado del conjunto de derechos
que hacen eficaz su defensa.
En el Caso Tibi se indica con toda claridad que una de las razones de la infor-
mación sobre los motivos del arresto y de la formulación de cargos es “garantizar la
defensa del detenido”. El hecho de que el artículo 7, inciso 4, se halle bajo el título de
“Derecho a la libertad personal”, no indica que en esos derechos no se encuentre ya
una indicación clara a la defensa eficaz. Por lo tanto, es deducible claramente que la
información que se provea, no es solo aquella que permite una protección inmediata
de la libertad (control judicial inmediato) sino la que permite ejercer el derecho de
defensa en su conjunto. Por ello, tanto el acusado como sus familiares o allegados
66
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
deben ser informados “acerca de los derechos que tiene el detenido”.38 Dentro de esta
misma lógica se encuentra, con mayor razón, la comunicación con un abogado y con
un representante consular cuya misión es asistir al detenido en la realización de los
actos de defensa.39 Asimismo, tal como hemos visto, todos estos derechos se deben
cumplir, con mayor rigor, cuando se trata de niños o adolescentes.40
Esta información debe ser “expresa, clara, integral y suficientemente detallada
para permitir al acusado que ejerza plenamente su derecho a la defensa y muestre al
juez su versión de los hechos”.41 No basta con que el imputado infiera que tiene tales
o cuales derechos, sino que es obligación de los funcionarios brindar esa información;
clara, no solo en el sentido de que sea trasmitida en otro idioma, sino que se debe evi-
tar todo formulismo o jerga judicial o policial e integral, ya que como hemos visto se
trata de la eficacia de la defensa como un conjunto. De todos modos, también hemos seña-
lado que cada circunstancia precisa tiene algunos de esos derechos respecto de los cuales el
deber de informar es mayor aún, en tanto se refiere a la situación de protección inmediata.
38
Caso de los Hermanos Gómez Paquiyauri vs. Perú, sentencia de 8 de julio de2004, serie C, No. 110,
párrs. 85 y92; Caso Maritza Urrutia vs. Guatemala, sentencia de 27 de noviembre de 2003, serie
C, No. 103, párr. 72; y Caso Bulacio, sentencia de 18 de septiembre de 2003, serie C, No. 100,
párr.128.
39
En el caso del detenido extranjero es obligación, según la Corte IDH, cumplir con el compromiso
de que el Estado receptor le informe a la oficina consular competente sobre su situación, y que
el Estado receptor transmita sin demora “cualquier comunicación dirigida a la oficina consular”
por el detenido(Cfr. Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, art. 36.1.b. Documento
A/CONF.25/12 (1963) de 24 de abril de 1963, en vigor a partir del 19 de marzo de 1967). Asi-
mismo, Caso Vélez Loor, sentencia de 23 de noviembre de 2010, serie C, No. 218, párr. 153, y en
general la Opinión Consultiva OC-16/99, del 1 de octubre de1999, en torno a El derecho a la
información sobre la asistencia consular, serie A, núm. 16.
40
OC 17/02, del 28 de agosto de 2002, a propósito de Condición jurídica y derechos humanos del
niño.
41
Caso López Álvarez vs. Honduras, sentencia de 1 de febrero de 2006, serie C, No. 141, párr. 149, y
Caso Palamara Iribarne, cit., párr. 225.
67
Estándares latinoamericanos sobre defensa penal efectiva
Si esto es aplicable a los defensores, lo es, con mayor razón, al imputado que
ejerce su propia defensa, o existe ese derecho, independientemente de que se tenga un
defensor. No sería admisible que se le negara el acceso al imputado con el argumento
de que ya existe un defensor técnico designado. Del mismo modo que en el Caso
Palamara Iribarne ya citado, la Corte IDH no consideró admisible la estructura del
proceso bajo jurisdicción militar que establecía reglas de secreto.
Con posterioridad, la Corte IDH, en algunos fallos específicos, ha comenzado a
señalar otras derivaciones del derecho de acceso a la información reunida en los lega-
jos. Por ejemplo, se consideró que no comunicar fehacientemente la incorporación de
prueba pericial a las actuaciones, así como no informar con la debida anticipación la
realización de diligencias de prueba constituyen violaciones a la Convención.43 Asi-
mismo, la Corte ha sostenido que “la negativa de expedir copias del expediente de la
investigación a las víctimas [resulta] incompatible con el derecho a su participación en
42
Sentencia del 30 de mayo de 1999, serie C, No.52.
43
Caso Chaparro Álvarez y Lapo Íniguez, sentencia de 21 de noviembre de 2007, serie C, No. 170l,
párrs. 152-153.
68
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
[E]stá más allá de toda duda que el Estado tiene el derecho y el deber de garantizar su propia
seguridad. Tampoco puede discutirse que toda la sociedad padece por las infracciones a su
orden jurídico. Pero por graves que puedan ser ciertas acciones y por culpables que puedan
resultar los reos de determinados delitos, no cabe admitir que el poder pueda ejercerse sin
límite alguno o que el Estado pueda valerse de cualquier procedimiento para alcanzar sus
objetivos, sin sujeción al derecho o a la moral.
Esto nos indica que las limitaciones que existan para el acceso a la informa-
ción que van acumulando los acusadores, solo puede fundarse en razones generales de
estricta necesidad y nunca en meras prácticas procesales simplemente admitidas como
rutinarias.46
44
Caso Radilla Pacheco, cit., párr. 256.
45
En el Caso Castillo Petruzzi y otros vs. Perú.
46
Asimismo, el artículo 21 de los PBFA señala con claridad: “Las autoridades competentes tienen la
obligación de velar por que los abogados tengan acceso a la información, los archivos y documen-
tos pertinentes que estén en su poder o bajo su control con antelación suficiente para que puedan
prestar a sus clientes una asistencia jurídica eficaz. Este acceso se facilitará lo antes posible”.
47
Caso Barreto Leiva cit, párr. 64.
69
Estándares latinoamericanos sobre defensa penal efectiva
48
En el Caso Dacosta Cadogan, p. 15.
49
Ibid., párr. 85.
70
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Uno de los derechos que podríamos llamar “clásico” en este tema consiste en poder
nombrar a un abogado que ejerza la representación en el proceso, que esa elección sea
libre y, por lo tanto, recaiga en una persona que goce de la confianza del propio impu-
tado. Esto ha sido reconocido por la propia Corte IDH, que además ha señalado que
el imputado debe contar con esa asistencia de un modo “oportuno”.50 Esto significa
que “el derecho a la defensa debe poder ejercerse desde que se señala a una persona
como posible autor o partícipe de un hecho punible y solo culmina cuando finaliza el
proceso”.51 Tal como hemos visto, esto significa que el derecho a nombrar defensor no
puede estar subordinado a ningún acto procesal específico y nace del mismo hecho de
la imputación.
El derecho a contar con un abogado defensor, en su sentido más genuino, signi-
fica contar con un defensor de confianza; solo en sentido subsidiario existe la obligación
de que el Estado provea un defensor a quien no puede tenerlo, tal como veremos
más adelante. Dados los altísimos niveles de casos que son atendidos por la defensa
pública, esto ha provocado que se pierda de vista, en numerosas ocasiones, el sen-
tido básico del derecho que implica una relación de confianza entre el imputado y su
defensor. La orientación del sistema penal hacia sectores empobrecidos que no pueden
nombrar directamente a un abogado, le ha dado esta centralidad a los sistemas de
defensa pública que, por fortuna, han podido fortalecerse en los últimos años. La cues-
tión se traslada, entonces, a establecer mecanismos que permitan, dentro de lo posible,
construir esa relación de confianza en el marco de los sistemas de defensa pública. En este
sentido, el reclamo de la Corte IDH de que la defensa pública sea efectiva52 también
debe ser entendido en el sentido de que exista la mayor relación de confianza posible,
en el contexto de organizaciones complejas, con sistemas de asignación aleatoria y, en
muchos casos, con grandes sobrecargas de trabajo.
50
Caso Acosta Calderón, cit., párr. 124; Caso de la Comunidad Indígena Yakye Axa vs. Paraguay, sen-
tencia de 17 de junio de 2005, serie C, No. 125, párrs.116 y 117; Caso Tibi, cit., párr. 194; Caso
Castillo Petruzzi y otros, cit., párrs. 146-149, y Caso Suárez Rosero, cit., párr. 83.
51
Caso Cabrera García y Montiel Flores, sentencia de 26 de noviembre de 2010, serie C, No. 220,
párr. 154. Cfr. Caso Barreto Leiva vs. Venezuela, supra nota 100, párr. 29; Caso Suárez Rosero vs.
Ecuador, sentencia de 12 de noviembre de 1997, Fondo, serie C, No. 35, párr. 71; Caso Heliodoro
Portugal vs. Panamá, sentencia de 12 de agosto de 2008, Excepciones Preliminares, Fondo, Repara-
ciones y Costas, serie C, No. 186, párr. 148, y Caso Bayarri vs. Argentina, párr. 105.
52
Caso Chaparro Álvarez y Lapo Íniguez, § 159.
71
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
53
Tal es el caso del CPP Guatemala: “La policía solo podrá dirigir al imputado preguntas para consta-
tar su identidad, con las advertencias y condiciones establecidas en los artículos anteriores. Deberá
asimismo instruirlo acerca de que podrá informar al Ministerio Público o ante el juez según el
caso” (art. 88). CPP Federal Argentino: “No podrán recibir declaración al imputado. Solo podrán
dirigirle preguntas para constatar su identidad, previa lectura que en ese caso se le dará en alta voz
de los derechos y garantías contenidos en los artículos 104, párrafo 1° y último, 197, 295, 296 y
298 de este Código, de aplicación analógica al caso, todo ello bajo pena de nulidad en caso de así
no hacerse, sin perjuicio de la comunicación que hará el juez a la autoridad superior del funciona-
rio a los efectos de la debida sanción administrativa por el incumplimiento” (art. 184, 10). CPP
Chihuahua (México): “La policía no podrá recibirle declaración al imputado cuando se encuentre
detenido. En caso de que este manifieste su deseo de declarar, deberá comunicar ese hecho al
Ministerio Público para que le reciba su declaración, con las formalidades previstas por la ley”
(art.173).
54
Sentencia de 26 de noviembre de 2010, serie C, No. 220, párr. 154.
72
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
55
Párrs. 146-149.
56
Caso Cantoral Benavides, cit., párr. 127.
57
Caso Suárez Rosero.
58
Ibid., párr. 51. En igual sentido, Caso Cantoral Benavides, cit., párr. 84.
73
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
En los hechos, para la gran mayoría de la población que pasa por el proceso penal, el
derecho de defensa se materializa en la posibilidad de contar con un defensor público.
De allí que la Corte IDH ha sido cuidadosa en custodiar este derecho y fijar estándares
precisos en relación con él. En primer lugar, ha sostenido que no basta con el nom-
bramiento de un abogado, sino que ellos deben ser “idóneos y capacitados”.59 Esta
simple declaración es importante, dado que en la historia de la región se han utilizado
regularmente los sistemas de defensa pública como un simple medio para cumplir de
manera formal con la defensa. Defensores que solo firmaban actas, que no conocían
a los imputados, que prestaban su firma para dar cumplimiento al requisito y otras
mil formas de defensa meramente formal han sido rechazados por la jurisprudencia de
la Corte IDH. Esto significa, además, acompañar el proceso de fortalecimiento de la
defensa pública en la región, que no solo han comenzado a ser organizaciones serias
sino que, en muchas ocasiones, tienen el mejor nivel profesional en cuanto a defensas
penales se refiere. El principio es claro: viola la CADH cualquier forma de defensa
aparente.
En palabras de la Corte IDH, “la defensa suministrada por el Estado debe ser
efectiva, para lo cual el Estado debe adoptar todas las medidas adecuadas”. No basta
con nombrar a un defensor de oficio con el solo objeto de cumplir con una forma-
lidad procesal; equivaldría a no contar con defensa técnica, por lo que es imperante
que dicho defensor actúe de manera diligente con el fin de proteger las garantías pro-
cesales del acusado y evite así que sus derechos se vean lesionados.60 En igual sentido,
los PBFA señalan:1) los gobiernos velarán por que se faciliten fondos y otros recursos
suficientes para asistencia jurídica a las personas pobres, y, en caso necesario, a otras
59
Caso Chaparro Álvarez y Lapo Íñiguez contra Ecuador.
60
Caso Cabrera García y Montiel Flores, sentencia de 26 de noviembre de 2010, serie C, No. 220,
párr. 155.
74
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
En los países en que haya grupos, comunidades o regiones cuyas necesidades de servicios
jurídicos no estén atendidas, en especial cuando tales grupos tengan culturas, tradiciones
o idiomas propios o hayan sido víctimas de discriminación en el pasado, los gobiernos y
las asociaciones profesionales de abogados y las instituciones de enseñanza deberán tomar
medidas especiales para ofrecer oportunidades a candidatos procedentes de esos grupos para
que ingresen a la profesión de abogado y deberán velar por que reciban una formación ade-
cuada a las necesidades de sus grupos de procedencia.
El carácter de defensa eficaz, oportuna, realizada por gente capacitada, en el que quede
claro que la defensa pública no es una función estatal, pensada para darle legitimidad
al proceso, sino un modo de fortalecer la defensa del interés concreto del imputado, cons-
tituye el núcleo de la jurisprudencia sobre el derecho de defensa en el sistema intera-
75
Estándares latinoamericanos sobre defensa penal efectiva
mericano. Por otra parte, el hecho de que la CIDH reconoce el valor de los Principios
Básicos sobre la Función de los Abogados PBFA61 implica que ellos pueden ser utiliza-
dos también como una fuente de estándares, en particular en lo relativo a problemas
mucho más concretos del ejercicio de la abogacía.
En ese sentido, ellos indican los siguientes principios relativos a este punto: 1) los
gobiernos procurarán que se establezcan procedimientos eficientes y mecanismos ade-
cuados para hacer posible el acceso efectivo y en condiciones de igualdad a la asistencia
letrada de todas las personas que se encuentren en su territorio y estén sometidas a su
jurisdicción, sin ningún tipo de distinción, como discriminaciones por motivos de
raza, color, origen étnico, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de otra índole,
origen nacional o social, posición económica, nacimiento, situación económica u otra
condición (art. 2); 2) los gobiernos y las asociaciones profesionales de abogados pro-
moverán programas para informar al público acerca de sus derechos y obligaciones en
virtud de la ley y de la importante función que desempeñan los abogados en la protec-
ción de sus libertades fundamentales. Debe prestarse especial atención a la asistencia
de las personas pobres y de otras personas menos favorecidas, a fin de que puedan
probar sus derechos y, cuando sea necesario, recurrir a la asistencia de un abogado
(art.4); 3) los gobiernos, las asociaciones profesionales de abogados y las instituciones
de enseñanza velarán por que los abogados tengan la debida formación y preparación,
y se les inculque la conciencia de los ideales y obligaciones éticas del abogado y de
los derechos humanos y libertades fundamentales reconocidos por el ordenamiento
jurídico nacional e internacional. (art. 9); 4) las obligaciones de los abogados para con
sus clientes son las siguientes: a) prestarles asesoramiento con respecto a sus derechos y
obligaciones, así como con respecto al funcionamiento del ordenamiento jurídico, en
tanto sea pertinente a los derechos y obligaciones de los clientes; b) prestarles asistencia
en todas las formas adecuadas, y adoptar medidas jurídicas para protegerlos o defender
sus intereses; c) prestarles asistencia ante los tribunales judiciales, otros tribunales u
organismos administrativos, cuando corresponda (art. 13); 5) los abogados velarán
lealmente en todo momento por los intereses de sus clientes (art. 15); 6) los gobiernos
garantizarán que los abogados: a) puedan desempeñar todas sus funciones profesiona-
les sin intimidaciones, obstáculos, acosos o interferencias indebidas; b) puedan viajar
y comunicarse libremente con sus clientes tanto dentro de su país como en el exterior;
61
Aprobados por el Octavo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Trata-
miento del Delincuente, celebrado en La Habana (Cuba) del 27 de agosto al 7 de septiembre de
1990.
76
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
62
Caso Chaparro Álvarez y Lapo Íñiguez, cit., párr. 145; Caso Ricardo Canese vs. Paraguay, sentencia de
31 de agosto de 2004, serie C, No. 111, párr. 153, y Caso Suárez Rosero vs. Ecuador, sentencia de 12
de noviembre de 1997, serie C, No. 35, párr. 77. Reitera esta línea jurisprudencial en Caso Norín
Catriman y otros c/ Chile, del 29 de mayo del año 2014. La Suprema Corte de Justicia de México
hace una distinción adecuada, al considerar que el principio de inocencia es tanto una regla de trato
como una regla probatoria (Caso Cassez Crepin, Amparo Directo en Revisión 517/2011).
63
Una visión todavía más amplia de este principio es la que sostiene la Suprema Corte de Justicia
de México (Amparo en Revisión 89/2007), ya que allí ha dicho: “El principio de presunción de
inocencia que en materia procesal penal impone la obligación de arrojar la carga de la prueba al
acusador, es un derecho fundamental que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexi-
canos reconoce y garantiza en general, cuyo alcance trasciende la órbita del debido proceso, pues
con su aplicación se garantiza la protección de otros derechos fundamentales como son la dignidad
humana, la libertad, la honra y el buen nombre, que podrían resultar vulnerados por actuaciones
penales o disciplinarias irregulares. En consecuencia, este principio opera también en las situa-
ciones extraprocesales y constituye el derecho a recibir la consideración y el trato de ‘autor o no
partícipe’ en un hecho de carácter delictivo o en otro tipo de infracciones mientras no se demuestre
77
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
ser sometidos a una estructura militar contraria a tal principio, a jurisdicción militar,
por ejemplo;64 o para establecer limitaciones a la prisión preventiva.65 Lo ha utilizado
de un modo claro para señalar a una persona como culpable ante la opinión pública
cuando no fue aún condenada,66 en particular cuando se demuestra que esa señaliza-
ción pública tiene efectos sobre la condena posterior;67 también lo ha utilizado para
fundar el control judicial inmediato de la detención.68
Las dos consecuencias más claras y directas de la presunción de inocencia se refie-
ren, en primer lugar, a la carga de la prueba. El imputado no tiene ninguna obligación
de probar nada relativo a su inocencia, la construcción de la prueba sobre el hecho y
la culpabilidad es de exclusiva responsabilidad de los acusadores. Esto lo ha reconocido
la CIDH. En efecto, “es un elemento esencial para la realización efectiva del derecho
a la defensa y acompaña al acusado durante toda la tramitación del proceso hasta que
una sentencia condenatoria que determine su culpabilidad quede firme. Este derecho
implica que el acusado no debe demostrar que no ha cometido el delito que se le atri-
buye, ya que el onus probando corresponde a quien acusa”.69 La segunda, derivación de
la primera, implica que la duda en la valoración de la prueba debe favorecer siempre
al imputado. La Corte IDH ha sostenido que “si obra contra ella prueba incompleta o
insuficiente, no es procedente condenarla, sino absolverla”.70
Uno de los resguardos clásicos frente a la práctica de torturas o apremios ilegales con-
siste en desechar toda obligación de responder a los cargos o a confesar. Desaparecida la
antigua obligación legal de hacerlo, quedan por cierto las prácticas que todavía buscan
la confesión del imputado como principal medida de investigación y prueba. Es por
ello que la jurisprudencia de la Corte IDH se refiere, antes que nada, a los casos de
tortura, apremios y malos tratos. En este sentido, la Corte IDH ha sido categórica
la culpabilidad; por ende, otorga el derecho a que no se apliquen las consecuencias a los efectos
jurídicos privativos vinculados a tales hechos, en cualquier materia”.
64
Caso Loayza Tamayo contra Perú, sentencia del 17 de septiembre de 1997, serie C, No.33.
65
Caso Suárez Rosero contra Ecuador, sentencia del 12 de noviembre de 1997, serie C, No.35.
66
Caso Cantoral Benavides contra Perú, sentencia del 18 de agosto de 2000, serie C, No. 69.
67
Caso Lori Berenson contra Perú, sentencia del 25 de noviembre de 2004, serie C, No.119.
68
García Asto y Ramírez Rojas contra Perú, sentencia del 25 de noviembre de 2005, serie C, No. 137.
69
Ricardo Canese contra Paraguay, sentencia del 31 de agosto de 2004, serie C, No. 111.
70
Caso Ricardo Canese, cit., párr. 153 y Caso Cantoral Benavides, cit., párr. 120. Cfr. Caso Cabrera
García y Montiel Flores, sentencia de 26 de noviembre de 2010, serie C, No. 220, párr. 183.
78
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
71
Caso Caesar vs. Trinidad y Tobago, sentencia de 11 de marzo de 2005, serie C, No. 123, párr. 100.
En igual sentido, Caso Tibi, cit., párr. 143; Caso de los Hermanos Gómez Paquiyauri, cit., párr. 112,
y Caso Maritza Urrutia, cit., párr. 92.
72
Caso Lori Berenson Mejía, cit., párr. 100; Caso de la Cruz Flores vs. Perú, sentencia de 18 de noviem-
bre de 2004, serie C, No. 115, párr. 125; Caso Tibi, cit., párr. 143. En igual sentido, Caso de los
Hermanos Gómez Paquiyauri, cit., párr. 111; Caso Maritza Urrutia, cit., párr. 89, y Caso Cantoral
Benavides, cit., párr. 95.
73
Caso 19 Comerciantes vs Colombia, sentencia de 5 de julio de 2004, serie C, No. 109, párr. 149;
Caso Cantoral Benavides, cit., párr. 102; Caso de los “Niños de la Calle” (Villagrán Morales y otros),
cit., párr. 165; Valle Jaramillo vs. Colombia, sentencia de 27 de noviembre de 2008, serie C, No.
191, párr. 108.
74
Caso Bayarri, cit., párr. 87.
79
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
75
Caso Tibi, cit., párr. 180. En igual sentido, Caso Bayarri, cit., párr. 110; Caso Chaparro Álvarez y
Lapo Íñiguez, cit., párr. 145; Caso Acosta Calderón, cit., párr. 111, y Caso Suárez Rosero, cit., párr.
77.
76
Caso Tibi, cit., párr. 106. En igual sentido, Caso Chaparro Álvarez y Lapo Íñiguez, cit., párr. 146;
Caso Acosta Calderón, cit., párr. 74; Caso “Instituto de Reeducación del Menor”, sentencia de 2 de
septiembre de 2004, serie C, No. 112, párr. 228, y Caso Ricardo Canese, cit., párr. 129.
80
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
con estos requisitos equivale a anticipar una pena sin sentencia, lo cual contradice
principios generales del derecho universalmente reconocidos”.77 Asimismo,
[e]l artículo 7.5 de la Convención Americana garantiza el derecho de toda persona detenida
en prisión preventiva a ser juzgada dentro de un plazo razonable o ser puesta en libertad, sin
perjuicio de que continúe el proceso. Este derecho impone límites temporales a la duración
de la prisión preventiva, y, en consecuencia, a las facultades del Estado para proteger los fines
del proceso mediante este tipo de medida cautelar. Cuando el plazo de la prisión preventiva
sobrepasa lo razonable, el Estado podrá limitar la libertad del imputado con otras medidas
menos lesivas que aseguren su comparecencia al juicio, distintas a la privación de su libertad
mediante encarcelamiento. Este derecho impone, a su vez, una obligación judicial de trami-
tar con mayor diligencia y prontitud aquellos procesos penales en los cuales el imputado se
encuentre privado de su libertad.78
Por otra parte, en cuanto a las condiciones de detención, ha señalado que “la
detención en condiciones de hacinamiento, el aislamiento en celda reducida, con falta
de ventilación y luz natural, sin cama para el reposo ni condiciones adecuadas de
higiene, la incomunicación o las restricciones indebidas al régimen de visitas constitu-
yen una violación a la integridad personal”.79
Ciertamente, también la Corte IDH ha establecido que dadas todas estas con-
diciones para el dictado de una prisión preventiva, ella no puede ser impuesta sobre
cualquier base, sino que requiere una mínima base fáctica, tanto respecto a la existencia
del hecho como a la participación y culpabilidad del imputado. Según la Corte IDH,
“deben existir indicios suficientes que permitan suponer razonablemente la culpabi-
lidad de la persona sometida a un proceso”. Asimismo, la Corte ha establecido que
para restringir el derecho a la libertad personal a través de medidas como la prisión
preventiva, deben existir indicios suficientes que permitan suponer razonablemente
que la persona sometida a proceso haya participado en el ilícito que se investiga.80 Por
otra parte, la sospecha tiene que estar fundada en hechos específicos y articulados con
palabras, esto es, no en meras conjeturas o intuiciones abstractas. De allí se deduce que
77
Caso “Instituto de Reeducación del Menor”, cit., párr. 229. En el mismo sentido, Caso Acosta Calde-
rón, cit., párr. 111; Caso Tibi, cit., párr. 180; Caso Suárez Rosero, cit., párr. 77.
78
Caso Bayarri contra Argentina, cit., § 70.
79
Caso Lori Berenson Mejía, cit., párr. 102, y Caso García Asto, cit., párr. 221. En igual sentido, Caso
Caesar, cit., párr. 96; Caso Tibi, cit., párr. 150; Caso “Instituto de Reeducación del Menor”, cit., párr.
151; Caso Hilaire, Constantine y Benjamín y otros, cit., párr. 164; Caso Cantoral Benavides, cit., párr.
89; Caso Loayza Tamayo, cit., párr. 58.
80
Caso Servellón García y otros contra Honduras, sentencia 21 de septiembre de 2006, serie C, No.15.
párrs.90 y 101.
81
Estándares latinoamericanos sobre defensa penal efectiva
el Estado no debe detener para luego investigar; por el contrario, solo está autorizado a
privar de libertad a una persona cuando alcance el conocimiento suficiente para poder
llevarla a juicio.81
Del hecho mismo de la afectación a la libertad nace una especial responsabilidad
del Estado de garantizar las condiciones de detención. En efecto,
frente a las personas privadas de libertad, el Estado se encuentra en una posición especial
de garante, toda vez que las autoridades penitenciarias ejercen un control o dominio total
sobre las personas que se encuentran sujetas a su custodia. En este particular contexto de
subordinación del detenido frente al Estado, este último tiene una responsabilidad especial
de asegurar a aquellas personas bajo su control las condiciones que les permitan retener un
grado de dignidad consistente con sus derechos humanos inherentes e inderogables (o que
dejen a salvo sus derechos).82
Ante esta relación e interacción especial de sujeción entre el interno y el Estado, este último
debe asumir una serie de responsabilidades particulares y tomar diversas iniciativas especia-
les para garantizar a los reclusos las condiciones necesarias para desarrollar una vida digna y
contribuir al goce efectivo de aquellos derechos que bajo ninguna circunstancia pueden res-
tringirse, o de aquellos cuya restricción no deriva necesariamente de la privación de libertad
y que, por tanto, no es permisible. De no ser así, ello implicaría que la privación de libertad
despoja a la persona de su titularidad respecto de todos los derechos humanos, lo que no es
posible aceptar.83
Por tal motivo, dentro de la especial función de custodia y garantía de los jueces,
ellos deben velar por el cumplimento de los requisitos que afecten al derecho de per-
manecer en libertad. De un modo claro ha dicho la Corte IDH: “Los jueces no tienen
que esperar hasta el momento de dictar sentencia absolutoria para que los detenidos
recuperen su libertad, sino que deben valorar periódicamente si las causas y fines que
justificaron la privación de libertad se mantienen, si la medida cautelar todavía es
absolutamente necesaria para la consecución de esos fines y si es proporcional”.84
Si bien no es una fuente jurisprudencial ni opinión consultiva, merece mención
especial el informe “Peirano Basso”, ya que se refiere con mayor detalle a la libertad
81
Chaparro Álvarez y Lapo Íñiguez contra Ecuador, cit., § 103.
82
Caso “Instituto de Reeducación del Menor”, cit., párr. 152.
83
Ibid., párr. 153.
84
Caso Chaparro Álvarez y Lapo Íñiguez contra Ecuador, cit., párr. 117; Caso Yvon Neptune contra
Haití, sentencia del 14 de diciembre de 2006, serie C, No. 180, cit., § 108; Caso Bayarri contra
Argentina, cit., § 76.
82
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
85
Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Informe Peirano Basso, 14 de mayo de 2007,
caso 12.553,§ 70.
83
Estándares latinoamericanos sobre defensa penal efectiva
84
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
86
Caso Ximenes Lopes, sentencia de 4 de julio de 2006, serie C, No. 149, cit., párr. 193; Caso de las
Masacres de Ituango, sentencia de 1 de julio de 2006, serie C, No.148, párr. 296, y Caso Baldeón
García vs. Perú, sentencia de 6 de abril de 2006, serie C, No. 147, párr. 146.
85
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Por otra parte, toda la doctrina sobre la prisión preventiva del SIDH, que reco-
noce, con todas las restricciones, el derecho del Estado a imponer detenciones para
garantizar la presencia del imputado, implica, con mayor razón, que él tiene derecho
a estar presente y a participar directamente. Tal como hemos visto, el derecho a contar
con un defensor abogado no puede significar que el imputado pierda el control sobre
su defensa. Ello implica que tiene el derecho a mantener ese control durante el juicio,
momento central del desarrollo del caso.
[…] la argumentación de un fallo debe mostrar que han sido debidamente tomados
en cuenta los alegatos de las partes y que el conjunto de las pruebas ha sido analizado.
Asimismo, la motivación muestra a las partes que éstas han sido oídas y, en aquellos casos en
que las decisiones son recurribles, les proporciona la posibilidad de criticar la resolución y
lograr un nuevo examen de la cuestión ante las instancias superiores. Por todo ello, el deber
de motivación es una de las “debidas garantías” incluidas en el artículo 8.1, para salvaguardar
el debido proceso.87
87
Caso Tristán Donoso, sentencia de 27 de enero de 2009, serie C, No. 193, párrs. 78 y 153; Apitz
Barbera y otros, sentencia de 5 de agosto de 2008, serie C, No. 182, párr. 78.
86
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
88
Caso Apitz Barbera y otros, cit., párr. 77. En el mismo sentido, Caso Escher y otros vs. Brasil, sentencia
de 6 de julio de 2009, serie C, No. 200, párrs. 195 y 208; Caso Tristán Donoso, sentencia de 27 de
enero de 2009, serie C, No. 193, párr. 152.
89
Caso Yatama, párr. 152; Caso Tristán Donoso, cit., párr. 156.
90
Cfr. Caso Escher y otros, cit., párr. 208; Caso Chaparro Álvarez y Lapo Íñiguez, cit., párr. 107; Caso
Tristán Donoso, cit., párr. 152; Caso Apitz Barbera y otros, cit., párr. 77.
91
Caso Baena Ricardo, cit., párr. 111.
87
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
La CADH es clara a la hora de establecer que contar con la posibilidad de revisar las
decisiones que causan agravio al imputado en el proceso penal formal parte del dere-
cho de defensa (así lo fundan los arts. 8, 4, 7 y 25 de la CADH). Por otra parte, el
derecho a recurrir el fallo de condena es expreso y central: “El derecho de recurrir del
fallo es una garantía primordial que se debe respetar en el marco del debido proceso
legal, en aras de permitir que una sentencia adversa pueda ser revisada por un juez o
tribunal distinto y de superior jerarquía orgánica”.94 En primer lugar, el recurso debe
ser efectivo, es decir, debe significar una posibilidad real de revisión. Por tal motivo, en
el trámite de la revisión de la decisión también debe estar garantizada la defensa efec-
tiva y el respeto a todas las garantías que conforman el juicio imparcial, incluyendo la
asistencia de un abogado defensor.95
92
Caso Yatama vs. Nicaragua, sentencia de 23 de junio de 2005, serie C, No. 127, párr. 149.
93
La Corte Suprema de la República de Perú ha sentado doctrina legal sobre la necesidad consti-
tucional de motivación y la validez de la forma oral de expresión de fundamentos en el Acuerdo
Plenario N° 6–2011/CJ–116. En lo sustancial se dice allí: “En la medida en que se permita conocer
el cumplimiento de los presupuestos materiales y formales de una resolución jurisdiccional, que
se impida la manipulación de las decisiones judiciales y que se garantice un mecanismo idóneo y
razonable de documentación, las resoluciones orales en modo alguno afectan las finalidades que
cumple la motivación”.
94
Caso Herrera Ulloa vs. Costa Rica, sentencia de 2 de julio de 2004, serie C, No. 107, párr. 158. En
similar sentido, Caso Barreto Leiva vs. Venezuela, sentencia de 17 de noviembre de 2009, serie C,
No. 206, párr. 42, y Caso Vélez Loor, sentencia de 23 de noviembre de 2010, serie C, No. 218, párr.
179.
95
Caso Hilaire, Constantine y Benjamin y otros, cit., párr. 148.
88
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
[L]os Estados Partes están obligados a suministrar recursos judiciales efectivos a las víctimas
de violaciones de los derechos humanos (artículo 25), recursos que deben ser sustanciados
de conformidad con las reglas del debido proceso legal (artículo 8.1), todo ello dentro de
la obligación general, a cargo de los mismos Estados, de garantizar el libre y pleno ejercicio
de los derechos reconocidos por la Convención a toda persona que se encuentre bajo su
jurisdicción (artículo 1.1).96
Asimismo, el recurso debe ser efectivo. La Corte ha señalado que “no pueden
considerarse efectivos aquellos recursos que, por las condiciones generales del país o
incluso por las circunstancias particulares de un caso dado, resulten ilusorios.97 Efec-
tivos implica, como hemos dicho, posibilidad real de revisión, posibilidad real de
defensa durante el recurso, que sea también decidido en tiempo razonable y que la
decisión revisora cumpla los recaudos de motivación y fundamentación.
96
Caso Zambrano Vélez y otros vs. Ecuador, sentencia de 4 de julio de 2007, serie C, No. 166, párr.114;
Caso de la Masacre de las Dos Erres vs. Guatemala, sentencia de 24 de noviembre de 2009, serie C,
No. 211, párr. 104; Caso de la “Masacre de Mapiripán” vs. Colombia, sentencia de 15 de septiembre
de 2005, serie C, No. 134, párr. 195; Caso de la Masacre de Pueblo Bello vs. Colombia, sentencia
de 31 de enero de 2006, serie C, No. 140, párr. 169; Caso de las Masacres de Ituango vs. Colombia,
sentencia de 1 de julio de 2006, serie C, No. 148, párr. 287; Caso Goiburú y otros vs. Paraguay,
sentencia de 22 de septiembre de 2006, serie C, No. 153, párr. 110; Caso Kawas Fernández vs.
Honduras, sentencia de 3 de abril de 2009, serie C, No. 196, párr. 110; Caso Trabajadores Cesados
del Congreso (Aguado Alfaro y otros) vs. Perú, sentencia de 24 de noviembre de 2006, serie C, No.
158, párr. 106; Caso Chitay Nech y otros vs. Guatemala, sentencia de 25 de mayo de 2010, serie C,
No. 212, párr. 190, y Caso Ibsen Cárdenas e Ibsen Peña, sentencia de 1 de septiembre de 2010, serie
C, No. 151, párr. 151. Cfr. Caso Vélez Loor, sentencia de23 de noviembre de 2010, serie C, No.
218, párr. 143.
97
Cfr. Caso 19 Comerciantes, cit., párr. 192; Caso Baena Ricardo y otros. Competencia, cit., párr. 77;
Caso Maritza Urrutia, cit., párr. 111; Caso Juan Humberto Sánchez, sentencia de 7 de junio de
2003, serie C, No. 99, párr. 122; Caso “Cinco Pensionistas”, sentencia de 28 de febrero de 2003,
Serie C, No. 98, párr. 126; Caso Las Palmeras, sentencia de 26 de noviembre de 2002, serie C, No.
96, párr. 58; Caso Ivcher Bronstein vs. Perú, sentencia de 6 de febrero de 2001, serie C, No. 74, párr.
136; Caso Cesti Hurtado vs. Perú, sentencia de 29 de septiembre de 1999, serie C, No. 56, cit., párr.
125, y Garantías Judiciales en Estados de Emergencia (artículos 27.2, 25 y 8 Convención Americana
sobre Derechos Humanos), Opinión Consultiva OC-9/87del 6 de octubre de 1987, serie A, No. 9,
párr. 24; Caso Abrill Alosilla y otros vs. Perú, sentencia de 4 de marzo de 2011, Fondo, Reparaciones
y Costas, serie C, No. 223, párr. 75.
89
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Un punto particular, que ha tenido gran impacto en los últimos años, vinculado
a la eficacia del recurso ha sido el de la posibilidad de revisión integral del fallo de
condena.98 En términos generales, hasta dicho fallo, en la región se consideraba que
era admisible un recurso de casación para revisar la sentencia de condena, siempre que
permitiera el control de los errores in udicando (sobre la aplicación de la ley), errores
in procedendo (sobre las garantías procesales y la legalidad de la prueba) y sobre la
fundamentación de la sentencia (sentencia infundada o arbitraria). Esta legislación fue
considerada insuficiente por parte de la Corte IDH: “Independientemente de la deno-
minación que se le dé al recurso existente para recurrir un fallo, lo importante es que
dicho recurso garantice un examen integral de la decisión recurrida”.99 Esta decisión
está provocando una revisión de los recursos diseñados en los distintos países, sin que
todavía se haya establecido una forma claramente admisible. De todos modos, lo que
la Corte IDH señaló es que debe existir alguna forma de revisar cómo el tribunal fijó
los hechos del caso, ya que no es admisible que un error en la valoración de la prueba
quede sin ningún tipo de control.
Por último, en el caso específico de la condena a pena de muerte, la Corte IDH
ha sido mucho más exigente aún, ya que existe
La Corte IDH se ha preocupado de señalar con claridad que la defensa debe ser efec-
tiva. En primer lugar, ello implica que en el proceso exista la posibilidad real de las
partes de proponer y discutir sobre la prueba. Es necesario, ha dicho la Corte IDH,
que exista el mayor equilibrio entre las partes, para la debida defensa de sus intereses
98
Caso Herrera Ulloa, cit., párr. 163.
99
Ibid., párr. 165. Ha sido reiterada esta doctrina en el Caso Mohamed vs. Argentina del 23/11/2012.
100
Caso Hilaire, Constantine y Benjamín y otros, cit., párr. 188. En igual sentido, Caso Fermín Ramírez
vs. Guatemala, sentencia de 20 de junio de 2005, serie C, No. 126, párr. 188.
90
Alberto Binder, Ed Cape, Zaza Namoradze
y derechos. Esto implica, entre otras cosas, que rija el principio de contradicción.101
Incluso lo ha recalcado respecto de las propias actuaciones ante la misma Corte IDH,102
y así lo establece su propio reglamento de actuaciones (art. 35, e).
Para que ello sea un derecho eficaz, es determinante que el imputado y su defen-
sor tengan posibilidades reales de investigar el caso y proponer pruebas. Esto implica
no solo la facultad legal de tener instancias y momentos procesales específicos para
hacerlo, sino la posibilidad real de realizar investigaciones para hallar esos elementos
de prueba. Tanto en el caso de la abogacía privada, como en el caso de los cuerpos
de abogados de la defensa pública, ello constituye aun hoy una dificultad difícil de
superar. Las distintas legislaciones incluyen cláusulas de “auxilio”, ya sea por parte del
Ministerio público o “los propios jueces”. Sin embargo, continúa siendo, incluso con esas
facultades legales, un problema que no se ha solucionado aún. Algunos cuerpos de
defensa pública cuentan con fondos especiales para realizar algunos medios de prueba
(pericias, por ejemplo) o con investigadores propios. Sin embargo, ello es aún inci-
piente e insuficiente.
La Corte IDH ha señalado que es exigible, según la CADH, que “un justiciable
pueda hacer valer sus derechos y defender sus intereses en forma efectiva y en condi-
ciones de igualdad procesal con otros justiciables”.103 Así, ha utilizado, como hemos
visto, el adjetivo “adecuada” para calificar la defensa.104 También ha usado la frase ver-
dadera defensa, y rechazado la defensa aparente y exigido una defensa “diligente”.105
Todos esos adjetivos y frases suponen, en consecuencia, el derecho a “hacer efectiva
una defensa eficaz”, esto es, el derecho a tener una defensa proactiva y no meramente
crítica de la acusación.
101
Condición Jurídica y Derechos Humanos del Niño, cit., párr. 132.
102
Caso Acosta Calderón, cit., párr. 40; Caso Yatama, cit., párr. 106; Caso Fermín Ramírez, cit., párr.
43; Caso de la Comunidad Indígena Yakye Axa, cit., párr. 29, y Caso de la Comunidad Moiwana, cit.,
párr. 76.
103
Caso Hilaire, Constantine y Benjamin y otros vs. Trinidad y Tobago, sentencia de 21 de junio de
2002, serie C, No. 94, párr. 146.
104
Caso Baena Ricardo y otros vs. Panamá, sentencia de 2 de febrero de 2001, serie C, No. 72, párr. 92;
Caso Fermín Ramírez vs. Guatemala, sentencia de 20 de junio de 2005, serie C, No. 126, párr. 78.
105
Caso Cabrera García y Montiel Flores, sentencia de 26 de noviembre de 2010, serie C, No. 220,
párr. 155.
91
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Tal como hemos visto, la Corte IDH ha reiterado que no solo existe el derecho con-
vencional a defender, sino a una defensa “efectiva”. En este sentido, la defensa debe
ser “oportuna”, esto es, con el tiempo suficiente para que pueda producir efectos. No
se puede “[i]mpedir que la persona ejerza su derecho de defensa desde que se inicia la
investigación en su contra y la autoridad dispone o ejecuta actos que implican afecta-
ción de derechos”.106
El ejercicio de la defensa debe ser no solo permitido sino favorecido. Constituye
una violación, como se ha dicho, que se entorpezca toda forma de comunicación entre
el imputado y el defensor, como también que no se provean. En ese sentido, ha dicho
con claridad:
[L]a restricción a la labor de los abogados defensores y la escasa posibilidad de presenta-
ción de pruebas de descargo han quedado demostradas en este caso. Efectivamente, los
inculpados no tuvieron conocimiento oportuno y completo de los cargos que se les hacían;
las condiciones en que actuaron los defensores fueron absolutamente inadecuadas para su
eficaz desempeño y solo tuvieron acceso al expediente el día anterior al de la emisión de la
sentencia de la primera instancia. En consecuencia, la presencia y actuación de los defen-
sores fueron meramente formales. No se puede sostener que las víctimas contaron con una
defensa adecuada.107
La jurisprudencia que ya hemos citado establece con claridad que una de las condi-
ciones del juicio imparcial consiste en la verdadera contradicción. Ello implica, por
ejemplo, “interrogar a los testigos presentados contra ellos y aquellos que declaran a su
favor bajo las mismas condiciones que el Estado, a fin de defenderse”.108 La “imposi-
ción de restricciones a la presunta víctima y al abogado defensor vulnera ese derecho,
reconocido por la Convención, así como el de hacer comparecer a personas que pue-
dan arrojar luz sobre los hechos”.109
106
Ibid., párr. 154.
107
Caso Castillo Petruzzi y otros contra Perú, sentencia del 30 de mayo de 1999, serie C, No. 52.
108
Cfr. Caso Barreto Leiva, cit., párr. 30; Caso Palamara Iribarne, cit., párr. 225, y Caso Acosta Calde-
rón, cit., párr. 118.
109
Caso Lori Berenson Mejía, cit., párr. 185. Véase también Caso de la Comunidad Indígena Yakye
Axa, cit., párr. 117; Caso Ricardo Canese, cit., párrs. 164 y 166, y Caso Castillo Petruzzi y otros,
92
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Por otra parte, la Corte IDH ha insistido en que un juicio verdaderamente impar-
cial (debido proceso) debe garantizar la igualdad entre los sujetos del proceso. Hasta
tal punto que, “[l]a presencia de condiciones de desigualdad real obliga a adoptar
medidas de compensación”.110 La obstrucción de la justicia que se manifiesta en obstá-
culos a la recepción y desahogo de pruebas admisibles constituye violación de la Con-
vención Americana, en tanto afecta el derecho a la defensa.111 También ha señalado la
Corte recientemente que las medidas especiales de investigación, tales como testigos
reservados y otros, deben ser establecidas con cuidado y con suficientes resguardos.112
93
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
[L]os extranjeros detenidos en un medio social y jurídico diferente de los suyos, y muchas
veces con un idioma que desconocen, experimentan una condición de particular vulnera-
bilidad, que el derecho a la información sobre la asistencia consular, enmarcado en el uni-
verso conceptual de los derechos humanos, busca remediar de modo tal de asegurar que la
persona extranjera detenida disfrute de un verdadero acceso a la justicia, se beneficie de un
debido proceso legal en condiciones de igualdad con quienes no afrontan esas desventajas,
y goce de condiciones de detención compatibles con el respeto debido a la dignidad de las
personas. Para alcanzar sus objetivos, el proceso debe reconocer y resolver los factores de
desigualdad real de quienes son llevados ante la justicia. […]. La presencia de condiciones
de desigualdad real obliga a adoptar medidas de compensación que contribuyan a reducir o
eliminar los obstáculos y deficiencias que impidan o reduzcan la defensa eficaz de los propios
intereses.113
En ese sentido, dentro de las compensaciones que se deben realizar para facilitar
una defensa y preservar las condiciones de igualdad propias del juicio imparcial,
4. Consideraciones finales
113
Caso Vélez Loor, sentencia de 23 de noviembre de 2010, serie C, No. 218, párr. 152.
114
El Derecho a la Información sobre la Asistencia Consular en el Marco de las Garantías del Debido
Proceso Legal, cit., párr. 120.
94
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
influido el hecho de que la gran mayoría de casos que le han llegado tienen que ver
con imputados sometidos a regímenes excepcionales, tales como los previstos para el
juzgamiento de terrorismo o narcotráfico, o se trataba de casos de imposición de pena
de muerte. Pese a esta limitación, la Corte IDH ha establecido con claridad la exigen-
cia internacional de una defensa penal eficaz y ha señalado algunos puntos clave en su
concepto. También hizo mención a otros documentos en los que se define con mayor
claridad el sentido de una defensa oportuna, adecuada y eficaz.
En el contexto latinoamericano, el uso de los precedentes es variado y débil. Sin
ninguna duda, en los últimos años se ha dado un progresivo uso de las sentencias de la
Corte IDH por los tribunales superiores de los distintos países; pero, en el interior de
cada realidad nacional tampoco existe un respeto claro y preciso a los precedentes. Aun
en aquellos países que, por tradición francesa, mantienen sistemas de jurisprudencia
obligatoria, no siempre los tribunales son precisos aplicadores de esa doctrina legal,
que tampoco suele conocerse en profundidad, en parte por la tradición conceptualista
de la enseñanza legal; en parte, también, por un abuso del obiter dictum en los propios
fallos que deberían fijar precedentes.
Como hemos señalado en la introducción, este conjunto de variables, propias de
nuestra región, constituyen límites, pero también le dan un marco de desafíos a esta
investigación. Un desafío que nos encuentra en un período especial de fortalecimiento
del derecho de defensa en general y de las defensas públicas en particular. Todavía
queda mucho camino por delante, pero comenzar a fijar con toda claridad cuáles son
los parámetros de una defensa efectiva, y comenzar a discutir su permanente amplia-
ción, con base en una aplicación progresiva de los derechos humanos es, sin duda, una
de las grandes tareas que tenemos por delante.
5. Bibliografía
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96
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
PARTE II
Aproximaciones nacionales
a la defensa penal efectiva
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Lucas Gilardone
Sebastián Narvaja
Capítulo 3. Argentina1
1. Introducción
1
La dirección de la investigación estuvo a cargo de Sebastián R. Narvaja. El equipo de investigación
estuvo conformado por Lucas Gilardone como investigador principal (abogado de la Universidad
Nacional de Córdoba [UNC], miembro del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales
y Sociales [INECIP Córdoba], LLM en Human Rights [Central European University - Budapest
2008]; Open Society Justice Initiative Fellow [2007-2009]) y por Celeste Leonardi (abogada de
la Universidad Nacional de La Plata [UNLP] y candidata a magíster en Derechos Humanos de la
UNLP), Federico Espiro (abogado de la UNLP y actual fiscal de estado adjunto de la Provincia
del Chubut), Luciano Caliva (abogado de la Universidad Empresarial Siglo 21 y miembro de
INECIP) y Magali Vereda (abogada de la UNC y miembro del Frente Organizado Contra el
Código de Faltas). Este capítulo fue revisado por Alfredo Pérez Galimberti y Francisco G. Marull.
2
Proyección a partir del censo de 2010.
99
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
Las provincias de Córdoba, Chubut y Buenos Aires representan tres momentos dife-
renciados en el proceso de reforma de la justicia penal: Córdoba fue pionera en el
movimiento de reformas, pero sufrió una deficiente implementación y presenta seve-
ros retrocesos; Chubut avanzó con mayor firmeza y presenta los mejores indicadores
a nivel nacional; y Buenos Aires se encuentra en un punto intermedio y con grandes
asimetrías entre sus principales ciudades. La dispersión de procesos de reforma impo-
sibilita presentar un análisis comprehensivo de toda Argentina.
Cada provincia tiene su propio sistema judicial. La legislación de fondo es única para
todo el país, pero los códigos procesales son propios de cada provincia.3 Argentina
heredó de la Colonia española sistemas procesales inquisitoriales, formalistas, secretos,
conducidos por un juez investigador, con limitada participación de la defensa y una
lógica burocrática centralizada en un expediente o sumario formal y escrito.4
En 1939 se inició en Córdoba un proceso de reformas con un nuevo código de
procedimientos penales. Mantuvo la investigación en manos de un juez de instrucción
inquisidor, pero estableció un juicio público ante un tribunal colegiado, con la acusa-
ción a cargo de un fiscal y con garantía de defensa para el acusado.5
3
Existe un sistema de justicia federal con competencia en casos excepcionales, por lo general, cuando
se involucran cuestiones que afectan al Estado nacional.
4
El lenguaje forense tradicional identificó el caso con “la causa”, entendida como el documento
escrito del mismo: el expediente.
5
Este nuevo código tuvo una gran influencia en muchas provincias argentinas y en otros países
de la región. Por ejemplo, en Costa Rica. Véase Langer 2008. También, Vélez Mariconde 1969,
100
Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
pp.169-194.
6
Salvo para cuando el imputado cuente con privilegios constitucionales, en cuyo caso investigará un
juez de instrucción.
7
Típicamente, homicidios, delitos sexuales graves y algunos delitos de funcionarios públicos.
8
Ley V 127 2, 3 y 4. Un mismo juez penal puede cumplir los roles de juez de control de garantías,
de apelación de contravenciones, de ejecución o juez de juicio, en forma unipersonal para atender
101
Argentina
los casos con penas de hasta seis años o de acción privada, y en integración de dos o tres jueces,
en impugnación de las decisiones de otro juez del mismo Colegio, como en el caso de la prisión
preventiva. Los jueces de cámara atienden el recurso amplio del imputado contra la sentencia de
condena, la denegatoria de la suspensión a prueba o al juicio abreviado. Véase Código Procesal
Penal de Chubut (en adelante, CPPCH) 71 y 72.
9
En el contexto nacional, la mayor parte de las violaciones a la independencia judicial no provienen
de intervenciones de otros poderes, sino de la afectación de la autonomía “interna”, es decir, las
presiones de los tribunales de superior jerarquía. Estas manifestaciones no suelen revestir la forma
de mandatos jurisdiccionales, sino de presiones informales o por vía de medidas de tipo adminis-
trativo. Sobre el particular, véase Binder 2002.
10
Inspirado en el primer código y en un proyecto de INECIP de 2005.
11
Schiappa Pietra 2011, p. 25.
12
Código Procesal Penal de Córdoba, CPPC 37; Código Procesal Penal de Buenos Aires, CPPBA 24.
102
Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
13
CPPC 36; CPPBA 23.
14
Llamados jueces de cámara o tribunal. CPPC 34; CPPBA 22.
15
CPPC 35 bis; CPPBA 25.
16
Llamada Cámara de Acusación (CPPC 35).
17
CPPC 33.
18
CPPBA 20.
19
CPPBA 19 y Título IV.
20
CPPC 71; CPPCH 112; CPPBA 56.
21
En cada circunscripción, la Fiscalía se organiza en tres agencias: depuración, salidas rápidas y deli-
tos complejos, con uno o más fiscales y funcionarios. En los casos complejos se trata de que el
fiscal que investiga concurra al juicio. Los casos de baja lesividad se derivan, en general, a salidas
alternativas.
22
CPPCH 112; CPPC 73, 75; CPPBA 59. En Buenos Aires, las diferencias entre los fiscales de
investigación y del juicio no están expresadas en las normas.
103
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
23
En este contexto, ha sido fundamental que la red latinoamericana de expertos reformistas diera
una dimensión regional a estos procesos, promoviendo la investigación y difusión de herramientas
de análisis de políticas públicas en materia de justicia penal. Para ello fue central el rol del material
producido o patrocinado por el CEJA y otras organizaciones que promueven investigaciones y
difunden resultados y recomendaciones relevantes para la toma de decisiones cuando se debaten
políticas locales. Al respecto, véase Langer 2010.
24
Ley 8.123, CPPC; Ley V 9, CPPCH; Ley 11.922, CPPBA.
25
Ley V 90, Ley Orgánica del Ministerio Público de la Defensa de Chubut (en adelante LODP-CH);
Ley 14.442 (en adelante LODP-BA); Ley 7.192 de Asistencia Jurídica Gratuita de Córdoba (en
adelante LAJG). La CN establece un modelo de dos ministerios públicos diferenciados: el procu-
rador general de la nación actúa como jefe de los fiscales, y el defensor general de la nación como
jefe de los defensores. Cada provincia organiza su propio sistema de justicia, pero se reconoce
un mandato implícito sobre el modelo de estructura organizacional para los sistemas de defensa
pública, por oposición al modelo histórico tradicional en que los defensores públicos dependían de
los jueces o los fiscales superiores. Solo Chubut y la nueva ley de Buenos Aires replican acabada-
mente este modelo (CN 120).
26
CPPC 337.
104
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
27
CPPBA 282, 283.
28
La policía solo interviene directamente en casos de flagrancia: colecta elementos de prueba e inte-
rroga a los sospechados y testigos (aunque en Córdoba y Chubut solo puede hacerlo para identi-
ficarlos). Si tiene elementos suficientes para abrir una investigación formal, remite la información
colectada al Ministerio Público Fiscal. CPPC 304, 314, 276; CPPCH 261, 266; CPPBA 268.
CPPC 321, 326; CPPCH 266; CPPBA 269, 293, 297.
29
CPPCH 274, 282, 283.
30
CPPC 306.
31
CPPC 269, 338.
32
CPPBA 146, 158.
33
CPPCH 269.
105
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
1.4.3. La acusación
34
CPPCH 274. También se decide en audiencia en etapas posteriores, CPPCH 219, 223.
35
CPPCH 44; CPPBA 56, 56 bis.
36
CPPC 5.
37
El resto de los casos típicamente se cierran por prescripción. Ello incide en la selección de casos y
retroalimenta una selectividad penal enfocada en la persecución de los delitos que permitan impo-
ner prisión preventiva.
38
CPPCH 47, 48; CPPBA 56 bis.
39
CPPC 354, 348, 350; CPPCH 284, 291, 285; CPPBA 334, 334 bis, 323.
40
CPPC 355; CPPBA 335.
41
CPPCH 291.
106
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
1.4.4. El juicio
En las tres provincias, los juicios son orales y públicos.45 En Córdoba y Buenos Aires,
los jueces no asumen su rol imparcial, a menudo intervienen en los interrogatorios
haciendo preguntas a los testigos. Los fiscales suelen limitarse a reproducir los registros
de la investigación formal; y los defensores suelen limitarse a criticar la prueba de la
fiscalía. Normalmente carecen de una teoría del caso propia y de una investigación
independiente que la sustente.
Por el contrario, las prácticas en Chubut se han adecuado más profundamente al
sistema acusatorio, las partes son más activas en la construcción y presentación de sus
casos, y la intervención excesiva de los jueces permite fundar la impugnación amplia
de la sentencia condenatoria.
Si los jueces condenan al imputado, este podrá recurrir la sentencia.
La centralidad del juicio ha sido enfatizada por la Constitución Nacional (CN) y
las provinciales. La CSJN ha ratificado en un dictum que “el proceso penal de un sis-
tema judicial horizontalmente organizado no puede ser otro que el acusatorio, público
[…]. De allí que nuestra Constitución previera como meta el juicio criminal por
42
CPPC 357, 358; CPPBA 336, 337.
43
CPPC 358, 352; CPPBA 337, 325.
44
CPPCH 295, 297, 298.
45
Existe una modalidad de juicio “abreviado”, en la que el imputado y su defensor acuerdan con el
fiscal y el juez asumir alguna responsabilidad y evitar el debate, a cambio de cierta certeza y razo-
nabilidad en la condena. Con esta modalidad, en cierta medida asimilable a los sistemas de plea
bargain, se resuelve la mayor parte de los casos.
107
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
En los tres códigos se incluye la participación de las víctimas, antes y durante el jui-
cio. Tienen derecho a presentar evidencias, obtener información e incluso impulsar
la acción penal como querellantes particulares. Pueden controlar y participar en las
decisiones relativas a la libertad del imputado y pedir y controlar medidas cautelares.48
En las tres provincias, los jueces cumplen la función de controlar las garantías del
imputado durante la investigación. En la práctica, salvo excepciones, rara vez contro-
vierten las conclusiones y solicitudes del fiscal. Solo en Chubut se advierte una mayor
diligencia para ejercer este rol. En Córdoba y Buenos Aires, la estructura tradicional de
jueces de garantías “adscriptos” a una fiscalía genera una dinámica de camaradería en
que los jueces evitarán rispideces con quienes perciben como compañeros de trabajo.
De este modo, perjudican su posición de imparcialidad.
Las cifras oficiales dan cuenta de un 6,1% (33%, o 18,2% según otros) de personas
bajo la línea de pobreza.49 De acuerdo con estos índices, los pobres se encuentran
46
CSJN, C. 1757 XL, Casal, Matías Eugenio y otro s/ robo simple en grado de tentativa - Causa 1681C,
sentencia de 20 de septiembre de 2005.
47
CSJN, B. 1147 XL, Recurso de hecho deducido por la defensa de Aníbal Leonel Benítez en Benítez,
Aníbal Leonel s/ lesiones graves - Causa 1524C, sentencia de 12 de diciembre de 2006.
48
CPPC 96; CPPCH 15; CPPBA 83.
49
Véase INDEC 2013. El Gobierno suspendió la publicación de dichos índices ([Link]/
desaweb/uploads/gacetillasdeprensa/gacetilla_24_04_14.pdf ). Según CIPPES, en 2013 la deva-
luación incrementó ese porcentaje a un 33%; y al 18,2% según la CTA.
108
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
sobrerrepresentados tanto en las cárceles como entre las víctimas de delitos. La compo-
sición étnica del país es predominantemente blanca de descendencia europea (85% de
la población), con un 11% de mestizos, 1% de indígenas y 3% de otras etnias.
Existe una alta percepción de inseguridad, aunque las estadísticas criminales
sugieren que los niveles de delito no son particularmente altos para la media de la
región.50 Esta percepción se traduce en presiones sociales y mediáticas para incremen-
tar el encarcelamiento, lo que repercute, junto con otros factores, en un uso abusivo
de la prisión preventiva.
Argentina fue víctima de dos ataques terroristas en 1992 y 1994 que continúan
impunes. Aprobó leyes antiterroristas recién en 200751 y en 2011,52 reflejando urgen-
cias derivadas del 11-S. Estas son cuestionadas por organizaciones sociales y de dere-
chos humanos que sostienen que criminalizan la protesta social y las perciben como
una amenaza en un contexto conflictivo: grupos campesinos e indígenas resisten el
desalojo de sus tierras por parte de empresarios poderosos, lo que ha terminado en la
muerte impune de varios líderes campesinos e indígenas en los últimos años. El temor
no parece infundado, si se considera que en Chile hubo decenas de detenciones por la
aplicación de la ley antiterrorista que criminaliza la protesta Mapuche.53
50
De acuerdo con estadísticas oficiales, la tasa de homicidios dolosos ha decrecido desde su pico de
9,2/100.000 en 2002 a 5,5/100.000 en 2009, el último año computado. Véase MinJus 2013.
51
La Ley 26.268, promulgada el 4 de julio de 2007, incorpora el art. 213 Ter que impone de 5 a 10
años de prisión a quienes integren una asociación ilícita que mediante delitos aterrorice a la pobla-
ción u obligue al Gobierno u organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo;
y de 5 a 15 años a quienes las financien, aunque no cometan ningún acto terrorista. Véase http://
[Link]/infolegInternet/anexos/125000-129999/129803/[Link].
52
La Ley 26.734 sustituye el art. 213 Ter por el 41 Quinquies, que eleva al doble las penas por
cualquier delito cometido con la finalidad de aterrorizar a la población u obligar a las autorida-
des públicas nacionales o gobiernos extranjeros o agentes de una organización internacional a
realizar un acto o abstenerse de hacerlo. Véase [Link]
xos/190000-194999/192137/[Link].
53
En el año 2002, miembros de la Coordinadora de Comunidades en Conflicto Arauko Malleko
fueron condenados aplicando la ley antiterrorista, lo que implicó “la supresión de las garantías pro-
cesales para los imputados mapuche y que se tradujeron […] en el secreto de la investigación por
seis meses, la prolongada prisión preventiva, y la utilización de testigos sin rostro como principal
prueba inculpatoria” (Mella Seguel 2007, p. 106).
109
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
54
En Córdoba se pidió información al TSJ, al Ministerio Público, a la Dirección de Administración
del PJ (las tres oficinas derivaron el pedido a otros funcionarios que, en el mejor de los casos,
admitieron que no contaban con la información), a la Oficina de Sumarios Administrativos del
PJ (que derivó a las estadísticas de la Oficina de Investigaciones y Proyectos del PJ), a la Directora
de Administración del PJ, al Colegio de Abogados y al Tribunal de Disciplina de Abogados. En
Chubut se solicitó información a la Defensoría Pública, y a los Colegios de Abogados de Trelew
y Comodoro Rivadavia. En Buenos Aires se solicitó información a la Secretaría de Política Cri-
minal de la Procuración General, Dirección de Estadística/Secretaría de Personal, Subsecretaría
de Administración, Subsecretaría de Política Criminal del Ministerio de Justicia y Seguridad, que
derivó a la Superintendencia de Policía y de allí a la Secretaría Operativa (oficina de expedientes),
la Defensoría General y el Ministerio de Seguridad.
55
Un juez de juicio, un juez de control de garantías y un juez de ejecución; dos fiscales de juicio y
uno de instrucción; un defensor público de imputados y dos de condenados; cuatro abogados (tres
de ellos entrenados específicamente para el litigio en contextos acusatorios); y tres detenidos.
56
Tres jueces, un fiscal, dos defensores públicos, dos abogados particulares y dos exdetenidos.
57
Dos jueces, dos fiscales, dos defensores públicos, un abogado y dos detenidos.
110
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
En Córdoba solo se pudo acceder al presupuesto global del Poder Judicial, equi-
valente a USD 255.538.153,31, que no discrimina cuánto corresponde a la Defensa
Pública.58
En Buenos Aires, el presupuesto de la Defensa Pública para el año 2012 fue de
USD 73.969.181,18, pero sin discriminar entre la defensa penal y civil.59 La Defen-
soría de los Tribunales de Casación contó con un presupuesto particular de USD
1.765.731,70. Ello significa un gasto de unos USD 1,52 por habitante en relación con
la defensa pública en general, y USD 0,11 por habitante en relación con la Defensoría
de Tribunales de Casación.
En Chubut, la Defensa Pública contó con un presupuesto anual para 2013
de USD 23.785.032,58 (un 3,26% menos que el Ministerio Público, con USD
24.586.809,76). Tampoco se explicita qué parte se destina a la defensa penal.60 Esto
significa un gasto de unos USD 46,94 por habitante por concepto de defensa pública.
Los defensores públicos en Córdoba perciben ingresos entre USD 5.510 y USD
5.987,61 dependiendo de su antigüedad en el título, es decir, unas 8,78 a 9,55 veces el
salario mínimo.62
58
La cotización oficial del dólar estadounidense al momento del análisis fue de 1 USD = $ 5,74.
La provincia informa un presupuesto de $ [Link] en forma global para el Poder Judicial.
Véase PresCba 2013, p. 453. Sobre la cantidad de asesores, véase PersonalCba 2013, p. 164. Una
muestra del reducido presupuesto de la Defensa Pública puede obtenerse de la cuenta de gastos
para viáticos: durante 2012 se gastaron USD 8.891,41 en viáticos de los defensores públicos y se
proyectaron unos USD 10.235,89 para 2013. Según informe de la Directora del Área de Adminis-
tración del Poder Judicial de Córdoba (en adelante DAAPJ), se destinaron $ 51.036,70 para 2012
y se proyectaron $ 58.754 para 2013.
59
Según informe de la Procuración General de la PBA de fecha 28 de diciembre de 2012, se des-
tinaron $ 10.135.300 para las defensorías de los tribunales de casación y $ 424,583.100 para las
defensorías departamentales.
60
La provincia informa un presupuesto para la Defensa Pública de $136.526.087, de los cuales
$89.540.349 se destinaron al personal. Comparativamente, el Ministerio Público contó con un
presupuesto de $ 141.128.288, con un costo salarial de $ 123.146.088. Fuente: [Link]
[Link]/prensa/?q=node/7276.
61
Según informe de DAAPJ, los ingresos netos de un defensor público oscilan entre los $ 34.364,71
y $ 31.491,46, según su antigüedad en el título de abogado.
62
El salario mínimo es de USD 627,18 o $ 3.600. Véase MINTES 2013.
111
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
En Buenos Aires, los defensores públicos perciben entre USD 2.885 y 6.224,63
dependiendo de su antigüedad, lo que significa unas 4,6 a 9,9 veces el salario mínimo.
En Chubut, los defensores públicos perciben salarios básicos de unos USD 4.162
y los abogados adjuntos unos USD 2.992, es decir, unas 6,63 y 4,77 veces el salario
mínimo, respectivamente.64
En todos los casos cuentan con el mismo salario básico que los jueces y los fiscales
de instrucción (categoría más baja de jueces y fiscales).
63
Salarios correspondientes a abril de 2013, según informe de 8 de agosto de 2013, de la Subsecreta-
ría de Administración de la Procuración General de la Provincia de Buenos Aires.
64
Según informe de la Defensoría General de Chubut de 23 de agosto de 2013, el sueldo de un
defensor público es de $ 23.893 y el de un abogado adjunto es de $ 17.174, p. 3.
65
LAJG 2, 6.
112
Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
cos de su trabajo, aunque, por su carácter, las decisiones no son obligatorias. Carecen
de una estructura de supervisión o control.66
Cada defensor atiende su propia oficina. Debido a la sobrecarga de trabajo se
autorizó la delegación de algunas tareas a sus colaboradores auxiliares,67 pero sus fun-
ciones son limitadas y no pueden representar ampliamente a clientes. Esta limitación
se debe, en gran medida, a la resistencia corporativa de los mismos asesores en procura
de mantener su categoría y salario.68 Acceden a su cargo luego de un concurso público
de oposición y antecedentes, aunque la mayoría ha desempeñado toda su carrera en
el Poder Judicial.
La Defensa Pública de Córdoba no puede determinar la cantidad de casos en los
que interviene, pero asume que lo hace aproximadamente en un 70% de las defensas,
y un 90% cuando el imputado ya fue condenado.69 Cada uno de los asesores atiende
alrededor de 500 casos, de los cuales en un 40% el imputado se encuentra privado de
su libertad, con juicio pendiente.70
En Buenos Aires se ha aprobado recientemente la Ley 14.442, que da autono-
mía al Ministerio Público de la Defensa (en adelante, MPD).71 El Ministerio Público
integra el Poder Judicial, pero el servicio de Defensa Pública goza de autonomía fun-
cional, independencia técnica y autarquía financiera.72 Anteriormente dependía del
Ministerio Público, y si bien tenía mayores autonomías y estructuras funcionales que
en Córdoba, estaba sometido a la autoridad del jefe de los fiscales.
El MPD tiene potestades para definir políticas de la Defensa Pública y dictar
instrucciones generales y particulares con autonomía funcional. Los defensores gene-
66
Según entrevista realizada a tres asesores letrados.
67
Según Acuerdo Reglamentario 924 Serie “A”, de fecha 18 de diciembre de 2007, estos auxiliares
deberán contar con título de abogado y cuatro años de antigüedad en el Poder Judicial o en el
título.
68
Conforme a las pautas del mercado de servicios legales, el salario de un “asesorito” (como son
llamados) es atractivo para un profesional joven. Resultaría lógico y adecuado permitir que estas
personas, que bien podrían fungir como defensores en el ámbito privado, pudieran hacerlo dentro
de las defensorías públicas.
69
Véase Soria 2013, p. 39. Esta estimación ha sido confirmada por los jueces y fiscales entrevistados,
quienes explican que la dificultad para precisar el número reside en que habitualmente en el mismo
caso intervienen abogados particulares y defensores públicos en distintos momentos, por lo que se
“solapan” los porcentajes.
70
Según estimaciones aportadas por cuatro asesores letrados.
71
LOMPD-PBA 2.
72
LOMPD-PBA 3, 4.
113
Argentina
rales73 fijan sus políticas y ejercen las tareas de supervisión y evaluación de cada uno
de los órganos integrantes del MPD en cuanto a su calidad, eficiencia y eficacia, con-
forme a pautas establecidas por la ley.74
Se creó un Consejo de la Defensa, asesor del defensor general. También establece
lineamientos para la supervisión en casos complejos y colabora con la capacitación de
los integrantes de la Defensa Pública.75 Mientras tanto, la ley establece que la procura-
dora (jefa de los fiscales) ejercerá la superintendencia sobre el MPD.76 La ley se encuen-
tra en proceso de implementación y sus autoridades no han sido nombradas aún. Los
defensores públicos siguen dependiendo de la Procuración. Se mantiene, sin embargo,
el Consejo de la Defensa establecido en la ley anterior que se encuentra operativo.
Respecto a la planificación estratégica, se ha informado que existe y ha sido ela-
borada por la Procuración General, pero no se ha brindado acceso a dicho plan.77
Esta ley establece criterios estratégicos de actuación, fundamentalmente el inte-
rés predominante de los defendidos, la autonomía funcional y probidad, la actuación
estratégica, la transparencia y flexibilidad, el acceso a la justicia evitando su burocra-
tización, la especialización y el trabajo en equipo, la responsabilidad diferenciada y la
calidad de la atención.78 Según la Procuración General, la Defensa Pública interviene
en el 77% de los casos penales.79
73
La jefatura del MPD es ejercida por una persona con el cargo de “defensor general”.
74
LOMPD-PBA 23, 24. Los indicadores de gestión mencionados en la ley son: a) la duración total
de los procesos y cada una de sus etapas; b) el cumplimiento de los plazos establecidos para el dic-
tado de resoluciones; c) la carga de trabajo, la congestión y los asuntos pendientes; d) la asistencia
al lugar de trabajo del magistrado a cargo; e) funcionarios y personal con que cuenta el órgano y
asistencia al lugar de trabajo; f ) todo otro indicador que reglamentariamente se establezca (24.27).
75
Integrado por el defensor general, el defensor del tribunal de casación, los defensores departamen-
tales, dos defensores por los departamentos judiciales del interior y tres por los del conurbano,
rotativos y elegidos anualmente por la totalidad de los defensores (LOMPD-PBA 102, 103). Ade-
más se ha creado una Asamblea de la Defensa Pública, que se reúne anualmente en forma ordinaria
y aprueba el reglamento de disciplina, propone los criterios de la política de la Defensa Pública
para el período anual siguiente, trata las cuestiones sometidas por el defensor general y establece
criterios para elaborar proyectos de reformas. Está integrada por el defensor general de la Provincia,
el defensor del Tribunal de Casación, los defensores departamentales, los defensores oficiales, los
asesores de incapaces y el curador general de alienados (LOMPD-PBA 104, 105). Tanto el Consejo
como la Asamblea terminarán de conformarse cuando sea nombrado el defensor general.
76
LOMPD-PBA 20.
77
Según informe de fecha 4 de abril de 2013 del Ministerio Público Fiscal de la Provincia de Buenos
Aires, p. 4.
78
LOMPD-PBA 37.
79
Según PGSCBA 2012, p. 16.
114
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Hay en la ciudad de Córdoba 17 asesores letrados para atender a más de 1,3 millo-
nes de habitantes, es decir, 1,2 defensores por cada 100.000 personas,86 o uno por
80
De él dependen las secretarías de Coordinación y Gestión Técnico-Operativa, Penal y de Preven-
ción de la Violencia Institucional, de Política Institucional y Defensa de Nuevos Derechos, un
cuerpo de relatores, las áreas Contable, de Informática, de Recursos Humanos, Relaciones Públicas
y Ceremonial, el Banco de Datos de Tortura y la Jefatura del Servicio Social. Véase [Link]
[Link]/?q=node/110.
81
Véase, por caso: [Link] donde se lista la planificación
anual desde 2004.
82
Integrado por magistrados (que no son los jueces de corte o de cámara, sino los defensores), fun-
cionarios y empleados del Ministerio que son elegidos periódicamente por sus pares. Véase Barone
2010, p. 7. Disponible en: [Link]
83
Ley Orgánica del Ministerio Público de la Defensa de Chubut (LOMPD-CH) 11.
84
LOMPD-CH 13.2, 17. La supervisión de los abogados de la Defensa Pública por parte de los
defensores jefes está prevista en el art. 18.1.
85
Véase Anexo a la Res. D.G. 25/06 de 23 de marzo de 2006. Disponible en: [Link]
[Link]/?q=node/134.
86
Véase, Macchione 2012.
115
Argentina
cada 81.250 habitantes. Uno de ellos atiende la Oficina de Derechos Humanos, dos
atienden y asesoran a víctimas de delitos, y el resto representan a imputados de deli-
tos y contravenciones. Dos asesores representan exclusivamente a condenados.87 Así,
solo 12 asesores defienden a personas acusadas. Cuentan con una Secretaría y dos
Prosecretarías –una de ellas dedicada exclusivamente a las asesorías de penados–, 22
abogados auxiliares y 22 empleados. Cada asesor se apoya en un abogado auxiliar y un
empleado. Sus oficinas disponen de insumos técnicos básicos, pero no pueden entre-
vistar allí a sus clientes detenidos, aunque cuentan con un automóvil para concurrir
a las cárceles.88 Los defensores carecen de un presupuesto asignado para intérpretes,
traductores, peritos o expertos: cuando han requerido intérpretes o pericias simples
han utilizado el servicio de peritos del Poder Judicial.
En Chubut, la Defensoría Pública cuenta con una oficina en cada una de las
cinco circunscripciones judiciales de la provincia;89 en ellas trabajan 32 abogados y
15 empleados dedicados específicamente a casos penales, además de pasantes y aboga-
dos contratados.90 Esto significa 6,3 defensores públicos por cada 100.000 habitantes.
En cada oficina hay abogados especializados en derecho penal juvenil y en ejecución
penal. La Defensa Pública de Chubut interviene en el 90% de los casos, y en un
77,3% cuando hay imputados detenidos.91
En toda la provincia de Buenos Aires hay 282 defensores públicos penales,
es decir, 1,8 defensores por cada 100.000 habitantes.92 Existen 13 defensores en el
Departamento Judicial de La Plata, más 4 que cumplen funciones en oficinas descen-
tralizadas y un defensor departamental. Ellos conforman 6 unidades funcionales con
2 defensores cada una. A ellos se suman 4 defensores del Sistema de Responsabilidad
Penal Juvenil. Ello significa 2,9 defensores por cada 100.000 habitantes. La Defensoría
Departamental cuenta con una Secretaría de Ejecución, integrada por cinco perso-
nas.93 La oficina tiene una investigadora para el chequeo y la recolección de pruebas
87
Según los defensores entrevistados, el cargo vacante pertenece a una de las Asesorías Letradas de
Penados, y las dos restantes se distribuyen su carga de trabajo.
88
Los defensores públicos entrevistados refirieron que les permiten entrevistar a sus defendidos en la
Alcaidía de los tribunales penales, lo que está vedado a los abogados particulares.
89
Trelew y Rawson, Puerto Madryn, Comodoro Rivadavia, Sarmiento y Esquel.
90
Véase [Link]
91
Según entrevista con un juez, y DEFCH 2013, p. 16.
92
Según PBGSCBA, p. 6.
93
Según informe del Ministerio Público Fiscal de la Provincia de Buenos Aires, pp. 1-2.
116
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(cuenta con movilidad), dos trabajadoras sociales y una psicóloga. Pueden utilizar
peritos oficiales.94
Tabla 1.
Cantidad de defensores públicos por habitante y cada 100.000 habitantes
Provincia Defensores Habitantes por Defensores públicos por
Habitantes
públicos defensor público cada 100.000 habitantes
Córdoba* 17 1.300.000 81.250 1,2
Chubut 32 506.668 15.834 6,3
Buenos Aires 282 15.625.024 55.407 1,8
La Plata 16 654.324 34.438 2,9
* Solo cubre la ciudad de Córdoba. Por increíble que parezca, fue imposible conseguir el número de
defensores públicos penales que hay en la provincia; ese dato no está disponible en la información
publicada en el portal judicial, ni fue provista en ninguno de los informes solicitados a distintas
oficinas judiciales.
La CN y las provinciales ordenan que nadie puede ser arrestado sin orden escrita de
autoridad competente; además, ordenan que se informe inmediatamente al detenido
sobre las causas de su detención.95 Los códigos procesales ratifican que la orden de
detención deberá incluir al menos la información sobre el hecho atribuido.96 La CSJN
ha resuelto que la falta de información sobre las causas del arresto y los derechos a
contar con un defensor y a guardar silencio constituye una violación a las garantías
constitucionales de la defensa en juicio y el debido proceso.97
94
Ibid., p. 4. Cuando se requirieron peritos externos, sus honorarios fueron pagados por el Ministerio
Público.
95
CN 18; CCOR 42; CCH 47; CPBA 19 (en este caso, dentro de las 24 horas).
96
CPPC 272; CPPCH 20, 215 (por remisión a CCH 47); CPPBA 60.
97
CSJN, A. 1773 XL, Recurso de hecho deducido por el Defensor Oficial de Sergio Delfín Albornoz en la
Causa Albornoz, Dante Sergio Delfín s/ robo cuatro hechos en concurso real — Causa 8877, sentencia
117
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Argentina
de 13 de septiembre de 2011.
98
Uno de los entrevistados de Buenos Aires refirió que la policía solo le leyó sus derechos “rapidito”,
luego de golpearlo para que declarara y de dispararle. Solo pudo llamar a su abogado cuando lo
llevaron al juzgado y el defensor público le facilitó la llamada.
99
CPPC 261; CPPCH 82.1-3; CPPBA 60, 312.
100
CPPCH 82.
101
CSJN, N. 107 XXIV, Navarro, Rolando Luis y otros s/ homicidio culposo - Causa 58886 (voto de
Enrique Petracchi), sentencia de 09 de agosto de 2001. Del mismo modo, CFCP, Dulbecco, Clau-
dio Daniel s/ Casación - Reg. 524, Causa 285, sentencia de 16 de febrero de 1996 (voto del Dr.
Hornos).
118
Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
102
TSJ, sentencia 20, Pompas, Jaime y otros p ss. aa. Defraudación Calificada – Recurso de Casación, de
05 de abril de 2000.
103
V., R. N. s/ Recurso de Casación, sentencia de 16 de junio de 2004.
104
Un defensor público de Buenos Aires señaló la diferencia entre “entender” los derechos y “com-
prenderlos”, enfatizando la dificultad de que los imputados dimensionen su situación de manera
clara y productiva.
105
Los defensores privados suelen ser mucho más activos al respecto. Concurren a ver a sus clientes a
los sitios de detención, aun cuando todavía las autoridades judiciales no hayan intervenido.
106
CPPC 308; CPPBA 258, 261.
119
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Argentina
107
CPPCH 86.
108
CPPCH 274.
109
CCOR 42; CCH 47. Respecto de la CN y la CPBA, rige el principio de inviolabilidad de la
defensa en juicio establecido en los artículos 18 y 15, respectivamente.
110
CPPC 261; CPPCH 82.1-3; CPPBA 60, 312.
111
CPPCH 82.5-9.
112
CSJN, Albornoz, cit.
113
TSJ, Pompas, cit.
120
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114
CCOR 41; CCH 46.
115
CPPC 261, 312 (10 días); CPPCH 82.9; CPPBA 280 (48 horas).
116
CPPCH 23.
117
CPPC 355; CPPCH 291; CPPBA 335, ya citados.
118
TCPBA, Z., S. F. s/ Recurso de Casación, sentencia de 29 de junio de 2010, haciendo referencia a
Dicesare, Alejandro s/ Rec. de Casación, sentencia de 17 de julio de 2009. También es aplicable lo
resuelto en el citado caso V., R. N. s/ Recurso de Casación, sentencia de 16 de junio de 2004.
119
Puede suceder que el empleado al que se le delega el caso esté ausente u ocupado, o que el “expe-
diente” esté “a estudio del fiscal”, o que por cualquier otra razón el funcionario pertinente se
121
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Argentina
oponga a exhibirlo.
120
CPPCH 274, 257.
121
CPPC 118; CPPCH 91; CPPBA 89.
122
CPPCH 9; CCH 45.
123
TSJ, sentencia 32, Anselmi, Alberto Ángel Alejandro p.s.a. de calumnias e injurias - Recurso de Casa-
ción, de 7 de mayo de 2003. Como podemos observar, se establece un criterio en el que solo se
autoriza a una persona a asumir su defensa, si ello no colisiona con el interés público en el “éxito
de la causa”.
122
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Las constituciones de Córdoba y Chubut ordenan que todo imputado tiene derecho a
la defensa técnica desde el primer momento de la persecución penal, pero la segunda
agrega que cualquier menoscabo a la intervención efectiva del defensor constituye
una lesión a la defensa en juicio y que aquel no puede ser molestado ni interceptada
su comunicación ni allanado su domicilio o locales profesionales, con motivo de su
ministerio.126
Los códigos procesales refieren al derecho del imputado a un abogado “de con-
fianza”, lo que implica que la relación entre defendido y abogado cuenta con garantías
de confidencialidad y lealtad mutuas, previendo la nulidad de todos los actos desa-
rrollados en violación a este derecho.127 Sin embargo, en Córdoba y Buenos Aires
124
STJ, Z., C. M. y Otro c/ T., S. s/ Querella, sentencia de 24 agosto de 1999.
125
Típicamente, en casos de acciones de hábeas corpus interpuestas por personas condenadas que
están cumpliendo tiempo en prisión. Habitualmente, estas personas carecen de acceso a un defen-
sor, por lo que es común la utilización de acciones de hábeas corpus sin formalismos.
126
CCOR 40; CCH 45. En Chubut no se exige al abogado, en ningún caso ni por ninguna autoridad,
la violación del secreto profesional, e incurren en causal de mal desempeño quienes contravienen
esta disposición. En la CN y CPBA, este derecho también se enmarca en la garantía de inviolabili-
dad de la defensa.
127
CPPC 118, 185.3; CPPCH 91, 164; CPPBA 89, 202.3.
123
Argentina
128
CPPC 273; CPPBA 152. LOMDP-BA 34.
129
CPPCH 82.
130
CPPBA 91.
131
Ley 5805 de Ejercicio de la Profesión de Abogado y Colegiación Obligatoria (en adelante, LEP-
COR) 1; Ley 4558 de Colegiación Pública del Chubut (en adelante, LCP-CH) 1; Ley 5177 de
Ejercicio Profesional de la Abogacía de la Provincia de Buenos Aires (en adelante, LEP-PBA) 1.
124
Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
132
También ha dicho que el Estado debe suplir inmediatamente la inactividad del abogado que aban-
donó la defensa para garantizar la defensa efectiva del imputado [CSJN, G. 352 XXXIII ROR
Gómez Vielma, Carlos s/ extradición, sentencia de 19 de agosto de 1999 (Voto del Dr. Eduardo
Moliné O’Connor), y SCE 251 [Link] Enrique, José Humberto s/ Recurso de Casación, sentencia de
11 de julio de 2006 (Dictamen del Procurador General)].
133
TSJ, sentencia 32, Anselmi, cit.
125
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
Las constituciones de Córdoba y Chubut establecen que será nula cualquier declaración
del imputado en ausencia de su defensor.134 Los códigos también lo establecen como
un derecho fundamental cuya inobservancia acarrea la nulidad de la declaración.135
La Cámara Federal de Casación Penal ha resuelto que se vulnera la garantía de
la defensa en juicio y el debido proceso, si se reciben las declaraciones del imputado
sin la presencia de su defensor.136 También el TSJ ha declarado ilegal la incorporación
al debate de la declaración que el imputado brindó ante la policía en ausencia de su
defensor.137
En general, este derecho es respetado por jueces y fiscales, al menos formalmente.
Sin embargo, subsiste la práctica policial de interrogar al imputado sin la presencia
del defensor en los primeros momentos de su arresto o detención, frecuentemente
mediante maltratos. Ello se agrava en Córdoba por la demora en la intervención de la
Defensa Pública y la falta de investigación independiente. Por el contrario, en Chubut,
la persona detenida es llevada a una audiencia en presencia del juez, acompañada de su
defensor, en un término que no puede exceder las 48 horas.138
Aunque la información obtenida en estos interrogatorios ilegales no ingresa
como prueba durante el debate, en ocasiones es “filtrada” para que aparezca como pro-
veniente de otras fuentes y así posibiliten una condena. Por ello, el comportamiento
de fiscales y jueces en estos casos es “sinuoso”.
134
CCOR 40; CCH 45. Tampoco este derecho está consagrado explícitamente en la Constitución
Nacional ni en la de Buenos Aires.
135
CPPC 258; CPPCH 9, 82.6, 86; CPPBA 309.
136
En adelante, CFCP, Sala I, Causa 32, Beltrán Flores, Rosemary y otros s/ Recurso de Casación, senten-
cia de 30 de abril de 2013.
137
TSJ, sentencia 262, Márquez, Víctor Alejandro s/ Recurso de Casación, de 6 de octubre de 2009.
138
CPPCH 219. Originalmente, la norma imponía un plazo de 24 horas. La reforma de 2010, impul-
sada por los fiscales, llevó el plazo a 48 horas. Sin embargo, la práctica es que la audiencia se realiza
dentro de las primeras 24 horas posteriores a la detención, salvo en casos complejos.
126
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
139
CCH 45.
140
CPPCH 82.
141
CNApF, Causa 43.455, Perriconi de Matthaeis s/ Procesamiento con prisión preventiva, sentencia de
22 de octubre de 2009.
142
Según los defensores entrevistados en Córdoba, esto es un favor personal que no se les permite a
los abogados particulares. La Alcaidía se encuentra en el subsuelo del edificio donde funcionan las
oficinas de fiscales y asesores letrados.
143
Como excepción, los defensores de penados de Córdoba refieren que el director del penal de la
ciudad de Villa Dolores (a unos 150 km de Córdoba) les cede su oficina para entrevistar a los presos
en un marco de intimidad.
127
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
144
Véase INECP – OSF 2012, p. 56.
145
Los presos no pueden recibir llamadas, solo pueden hacerlas. Todos los abogados entrevistados
(públicos y privados) manifestaron que atienden siempre los llamados de sus clientes, e incluso los
defensores públicos de Córdoba registran los motivos, fecha y hora, y el autor de cada llamada.
146
CCOR 41; CCH 45; CPBA 15.
147
CPPC 80, 118, 121, 126; CPPCH 9, 82.3, 91, 95, 97; CPPBA 60.2, 89, 97.
148
CSJN, 3 S. 1450 XXXII PVA, Scilingo, Adolfo Francisco s/ su presentación en causa 6888, sentencia
de 06 de mayo de 1997; y en la misma línea, el TSJ en Anselmi, ya citado.
149
La comparación gráfica y descriptiva de Soria (2013, pp. 38, 41) muestra el nombre del Ministerio
Público Fiscal en caracteres significativamente mayores que el de la Defensa, acompañada por la
comparación entre los recursos de cada una que se mencionan en el punto 2.
128
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
150
Ya hemos referido cómo es completamente extraño que un proceso se desarrolle sin que la persona
imputada sea representada por un abogado.
129
Argentina
151
CCH 45.
152
V 90 3.3.
153
Arts. 35 y 37.1, respectivamente. En el caso de Buenos Aires, es parte de la nueva legislación.
130
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
154
CN 18; CCOR 39; CCH 43, CPBA 10; CPPC 2, 268; CPPCH 212; CPPBA 144.
155
CPPC 269; CPPCH 213; CPPBA 146.
156
CPPC 280, 282.
131
Argentina
el requisito constitucional de que sea ordenada por una “autoridad judicial”, porque
los fiscales integran el Poder Judicial.
En Buenos Aires y Chubut, el fiscal solo puede solicitar tales medidas al juez,
quien decide sobre la detención o la libertad del imputado. Si este está preso podrá
pedir al juez la recuperación de la libertad en cualquier momento del proceso, tanto si
se encuentra meramente detenido o si está sometido a prisión preventiva.157
En Córdoba y Buenos Aires, estas decisiones se adoptan en un sistema escrito y
burocratizado, mientras en Chubut se desarrollan en audiencias orales y adversariales.
El ejercicio de este derecho suele depender del depósito de una caución real que
fija el fiscal o el juez, o de los bienes que ofrezca el imputado.158 En otros casos se
impondrá la obligación de pagar una suma de dinero, si el imputado no compareciera
al juicio, de la que pueden prescindir, si la consideran innecesaria o si alcanza con una
simple promesa del imputado para mantenerlo en libertad.159 En estos últimos casos,
la libertad bajo fianza no exige ninguna suma de dinero.
Además, existen otras medidas cautelares disponibles, como imponerle al impu-
tado la obligación de no ausentarse del país, la ciudad o población donde reside, no
concurrir a determinados sitios, presentarse ante la autoridad los días estipulados, o
someterse al cuidado o vigilancia de las personas o instituciones designadas; en Chu-
but y Buenos Aires se podrá prohibir la comunicación con ciertas personas (siempre
que no se afecte su derecho de defensa) e imponer una caución económica.160
La CSJN expresó en el Caso Verbitsky su preocupación por el abuso de la pri-
sión preventiva, en especial en la Provincia de Buenos Aires, y exhortó a sus poderes
legislativos y ejecutivos para que adecuen su legislación en materia de prisión preven-
tiva y excarcelación a los estándares internacionales.161 También rechazó el uso de la
prisión preventiva motivada en el reproche o repulsa social con el fin de combatir la
delincuencia.162 Sin embargo, en el Caso Acosta, la misma Corte admitió excepciones
a la limitación temporal de la prisión preventiva “en los supuestos de peligros proce-
157
CPPCH 219, 226; CPPBA 147.
158
CPPC 292; CPPCH 227.7; CPPBA 182.
159
CPPC 290, 268.1; CPPCH 227.7; CPPBA 183, 181.
160
CPPC 268; CPPCH 227; CPPBA 160.
161
CSJN, V. 856 XXXVIII, Recurso de hecho deducido por el Centro de Estudios Legales y Sociales en la
Causa Verbitsky, Horacio s/ hábeas corpus, sentencia de 3 de mayo de 2005.
162
CSJN, H. 356 XXXIV, Hernández, Guillermo Alberto s/ Recurso de Casación, sentencia de 21 de
marzo de 2006.
132
Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
163
CSJN, A. 63 XXXIV, Acosta, Jorge Eduardo y otros s/ robo calificado en grado de tentativa, sentencia
de 8 de agosto de 2012, en relación con Bayarri vs. Argentina, sentencia de 30 de octubre de 2008.
164
TSJ, Martínez Minetti, Alfredo José y Otros p.s.a defraudación calificada, sentencia de 23 de julio de
2000; también Sentencia 110, Bustos Fierros, Hugo César p.s.a. robo calificado - Recurso de Casación,
sentencia de 19 de mayo de 2008.
165
CSJN, L. 193 XLIX RHE, Loyo Fraire, Gabriel Eduardo, sentencia de 6 de marzo de 2014, remi-
tiendo al dictamen del Procurador General, 23 de diciembre de 2013.
166
CPPC 281. El peligro procesal se infiere, entre otros, de una condena mayor a tres años, la falta
de residencia del imputado, declaración de rebeldía, sometimiento a proceso o cese de prisión
preventiva anterior, condena anterior, abandono de tratamientos por adicción, el temor de que el
imputado pueda infundir en la víctima y/o testigos durante el proceso o del lugar en que cometió
los delitos.
167
TCPBA, Sala I, Corbo, sentencia de 22 de junio de 2000.
133
Argentina
168
TCPBA, L., J. s/ Recurso de Casación, sentencia de 25 de noviembre de1998.
169
TCPBA, Sala I, C., E. s/ Recurso de Casación, sentencia de 28 de octubre de 1998.
170
INECIP-ADC 2012, p. 8.
171
El promedio nacional de presos sin condena es del 59,50%, según INECIP-OSF, p. 46.
172
Ibid., p. 12.
173
Ibid., p. 39.
174
Ibid., p. 41.
134
Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
175
Ibid., p. 56.
176
En Córdoba, en seis de nueve casos sometidos a la revisión del juez de control se confirmó la pri-
sión preventiva. INECIP-OSF 2012, p. 55.
177
Ibid., pp. 21 y 89-90.
135
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
como un indicador del riesgo procesal, es decir, como una presunción de que el impu-
tado por un delito penado con más de tres años intentará perjudicar la investigación
o fugarse.
Asimismo, la aceptación de los criterios sustanciales por parte de la CSJN y los
tribunales provinciales desarticula el diseño constitucional originario, admitiendo la
prisión preventiva por razones como la gravedad del delito o el temor de un testigo.
178
CPPC 308, 375; CPPCH 169, 307; CPPBA 276, 345.
179
CPPCH 2.
180
CPPC 86; CPPCH 85; CPPBA 303.
181
INECIP-OSF 2012, p. 56.
136
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
La CN prohíbe la aplicación de una pena sin juicio previo fundado en ley anterior al
hecho del proceso: el principio de inocencia se infiere del mismo artículo, que consi-
dera inviolable la defensa en juicio; y así ha sido interpretado sostenidamente por los
tribunales. Los tratados internacionales incorporados en el artículo 75, inciso 22, de la
CN consolidan este principio.182
Las constituciones provinciales establecen salvaguardas similares,183 que son repli-
cadas por los códigos; el de Córdoba agrega una cláusula de interpretación restrictiva
de las medidas que coarten la libertad personal, limiten el ejercicio de un derecho o
establezcan sanciones procesales o exclusiones probatorias, y el de Chubut estipula que
no podrán las autoridades presentar al imputado como culpable.184 Además, estable-
cen que la carga de la prueba corresponde al órgano acusador, que solo podrá obtener
una condena, si logra demostrar al tribunal de juicio que los hechos de la acusación
están acreditados con “plena certeza de culpabilidad”.185
La CSJN sostuvo que “toda persona debe ser considerada y tratada como ino-
cente de los delitos que se le imputan hasta que en un juicio respetuoso del debido
proceso se demuestre lo contrario mediante una sentencia firme”.186 En el Caso Díaz
Bessone, la CNCP parece consolidar el principio, al prohibir que la prisión preventiva
se imponga automáticamente, pero a la vez legitima las presunciones de peligro pro-
cesal siempre que admitan prueba en contrario, lo que equivale a invertir la carga de
la prueba, violando el principio de inocencia. El voto en disidencia de la jueza Ángela
182
CN 18. DUDH 11.1; DADH 26; CADH 8.2; PDCP 14.2; CTTPDC 15; CDN 40.b. I.
183
CCOR 39; CCH 43; CPBA 16.
184
CPPC 1, 3; CPPCH 7; CPPBA 1.
185
CPPC 406.
186
CSJN, N. 284 XXXII REX, Nápoli, Erika Elizabeth y otros s/ infracción art. 139 bis CP, sentencia
de 22 de diciembre de 1998.
137
Argentina
187
CNCP, Plenario 13, Díaz Bessone, sentencia 30 de octubre de 2008, voto de la doctora Ángela
Ledesma. La misma agrega que “por imperio constitucional es el Estado quien debe demostrar que
existen razones que hacen necesario encerrar a una persona durante el proceso, y no, como sucede
actualmente, donde se invierte la carga de la prueba y se exige al imputado que demuestre que no
eludirá o afectará el accionar de la justicia”.
188
TSJ, sentencia 66, Chandler, Javier Horacio y otro p.s.a. de robo calificado - Recurso de Casación, 4 de
julio de 2005.
189
Los medios tratan de tres maneras básicas la situación de encierro cautelar: “Aquellas que no expli-
can las razones por las que una persona queda en libertad o prisión preventiva y las que informan
el contenido o las razones por las que se tomó esa decisión. Dentro de esta última, [...] en muchas
ocasiones la información es presentada de forma tal que cualquier dato que se brinde queda opa-
cado por el titular”. INECIP-OSF 2012, p. 95.
190
Fernando Carrera fue acusado de atropellar y matar a tres personas mientras huía de la policía
que lo perseguía por un robo. Carrera demostró que solo circulaba casualmente por el lugar
de los hechos, y escapó porque creía que él mismo era víctima de un asalto, ya que los poli-
cías no vestían uniforme y su automóvil no tenía identificación ni patente. Estos lo acribilla-
138
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
La Constitución Nacional y las provinciales ordenan que nadie puede ser obligado a
declarar contra sí mismo.191 Los códigos reconocen al imputado el derecho de abste-
nerse de declarar durante todo el proceso. No se le requerirá juramento o promesa de
decir verdad ni se ejercerá contra él coacción, amenaza o medio alguno para obligarlo
a declarar contra su voluntad, todo ello bajo pena de nulidad.192 En Chubut, además,
se prohíbe a la policía interrogar al imputado sobre el hecho.193 La declaración del
imputado siempre es un medio de defensa, por lo que el fiscal no puede citarlo a pres-
tar declaración, si no es a su pedido y con la presencia de su defensor. El imputado,
además, puede declarar ante el juez en cualquier momento.
La CSJN ha admitido la declaración del imputado en sede policial siempre que
no sea producto de una coacción; pero en su voto disidente el juez Zaffaroni fustiga esta
solución porque considera dudosa la espontaneidad del imputado (que estaba preso) y
recomienda extremar los recaudos para asegurar que la declaración sea espontánea.194
El TSJ sostuvo que “el principio de inocencia autoriza al imputado a ejercer su
defensa a través de un comportamiento procesal pasivo y conlleva la prohibición de
obligarlo a declarar contra sí mismo”.195 La SCBA agrega que en su defensa “el reo
puede valerse aun conservando el más cerrado silencio y hasta mintiendo, puesto que
nadie está obligado a declarar contra sí mismo”.196 Pero el TCPBA, a su vez, indicó que
“no existe violación a la defensa en juicio del imputado, si al recibírsele declaración se
le ha informado respecto del hecho que se le atribuye, de las pruebas existentes en su
disfavor, así como que su silencio o su abstención de declarar no implicaría presunción
ron y dejaron inconsciente, estado en el que atropelló a las tres personas. Durante el juicio,
su defensa logró demostrar que la prueba de cargo fue “fabricada” para obtener un culpable
y exonerar a la policía, pero fue condenado igualmente. La CSJN anuló su condena por gra-
ves irregularidades en la investigación, pero volvió a ser condenado por la misma CFCP que
ya lo había condenado anteriormente. El caso dio origen a un documental llamado El Rati
Horror Show ([Link]/watch?v=_u4PcG8S0TI). Véase [Link]
ar/1610018-masacre-de-pompeya-vuelven-a-condenar-a-fernando-carrera.
191
CN 18, 75.22; CCOR 40; CCH 45; CPBA 29.
192
CPPC 259; CPPCH 82.2 y 6, 86; CPPBA 310.
193
CPPCH 89.
194
CSJN, M. 3710 XXXVIII, Minaglia, Mauro Omar y otra s/ infracción ley 23.737 (art. 5 inc. c),
sentencia de 4 de septiembre de 2007.
195
TSJ, Chandler, ya citado.
196
SCBA, Causa P 30.056.
139
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
197
TCPBA, Sala I, M., p. s/ Recurso de Casación, sentencia de 28 de noviembre de 2002.
198
En un caso concreto ordenaron a un grupo de jóvenes “admitir” desórdenes en la vía pública, aun-
que en realidad fueron detenidos por fumar marihuana en un parque. Ello fue despenalizado por
la CSJN, pero obligaría a los jóvenes a completar trámites judiciales engorrosos y caros.
199
CN 18. CCOR 155; CCH 169; CPBA 171.
200
CPPC 408; CPPCH 254, 330.3, 329; CPPBA 106.
140
Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
es, además, causa de mal desempeño y puede acarrear la remoción del magistrado.201
Específicamente, la prisión preventiva deberá explicitar en sus fundamentos los indi-
cios de que el imputado tratará de entorpecer la investigación o eludir una eventual
condena; en Córdoba, además, deben fundar la escala penal aplicable.202
En Carrera, la CSJN dejó sin efecto una sentencia de la CFCP porque “no trató
de modo suficiente y acabado los argumentos planteados por la defensa en el recurso
contra la condena con base en los elementos probatorios que expresamente individua-
lizara”.203 El TSJ también consideró que los fallos deben asentarse en las reglas de la
sana crítica racional, cuya ausencia constituye un vicio revisable mediante el recurso
de casación.204
Sin embargo, es usual encontrar resoluciones con graves vicios lógicos y formales.
En el momento de resolver sobre la prisión preventiva, los jueces utilizan fórmulas
vacías que contradicen la evidencia ofrecida. Frecuentemente, las sentencias se asien-
tan sobre información que no ha sido producida en el juicio sino que ingresa a tra-
vés del “sumario”, es decir que el razonamiento (usualmente condenatorio) se asienta
sobre la información provista por una sola de las partes, y no producida en la audiencia
oral y pública.
La individualización de la pena suele establecerse de modo bastante liviano y
sin el esmero argumentativo aplicado a la determinación de responsabilidad por los
hechos acusados. El hecho de que en el mismo juicio, ante el mismo juez y con la
misma evidencia deba argumentarse y resolverse sobre ambas cuestiones ya resulta
problemático. En Córdoba, los tribunales de juicio pueden utilizar los criterios para la
determinación de las penas sin apego a información producida en la audiencia y con
niveles de discrecionalidad realmente elevados.205
Un abogado de Córdoba refiere que los jueces suelen “omitir” ciertas informa-
ciones en el acta de debate que puedan contradecir los fundamentos de sus fallos y
prohíben a los abogados filmar o grabar las audiencias; y una persona que estuvo presa
en Buenos Aires refiere que “no coincidía lo que me secuestraron con lo que me acusa-
ron”. Una defensora oficial menciona “investigaciones mal hechas que se convalidan,
nulidades que no se dictan, detener con muy poco y que la Cámara lo convalide”.
201
CPPC 468; CPPCH 25, 169; CPPBA 448.1, 456.
202
CPPC 282; CPPCH 223; CPPBA 158.
203
CSJN, C. 927 XVIV RHE, Carrera, Fernando Ariel s/ Causa 8398, sentencia de 5 de junio de
2013.
204
TSJ, Sentencia 242, Aguirre, Víctor Hugo p.s.a. homicidio calificado, etc. - Recurso de Casación, 11 de
septiembre de 2008.
205
Véase Bertone 2010.
141
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
206
Al revisarlo y ordenar un nuevo juicio, la CSJN llamó la atención de los jueces inferiores por la
cantidad y gravedad de arbitrariedades cometidas en el análisis de la prueba. Toda la prueba favora-
ble a Carreras fue prolijamente omitida por fiscales y jueces hasta llegar a la Corte Suprema. Nada
indica que se trate de un caso excepcional, salvo por la presión mediática en ambos sentidos.
207
CN 18, 75.22; CCOR 40; CCH 45, 179.2; CPBA 15.
208
CPPC 468; CPPCH 374, 375, 377; CPPBA 448, 450.
209
CPPCH 374.
210
CPPC 483, 485, 489; CPPBA 450, 448, 461, 467; CPPCH 388, 389.
142
Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
amplia e incorporar un análisis de los hechos para garantizar el derecho a una revisión
integral de la condena.211 Además, ordenó que en el momento de pronunciarse sobre
cuestiones no regladas (como el cómputo de los plazos para recurrir), los tribunales
deben optar por la interpretación más favorable a la procedencia del recurso.212
También el TSJ ordenó que el derecho constitucional al recurso se proyecte en la
interpretación amplia de su regulación y permita un acceso efectivo a él.213 La SCBA,
a su vez, adhirió a Casal, explicando que el recurso de casación es la forma de dar cum-
plimiento al derecho constitucional a la revisión del fallo de condena.214 Debe tratarse
de “un remedio eficaz, que permita examinar la validez de la sentencia recurrida con
relativa sencillez”.215 También el STJ refiere a Casal, eliminando formalismos y trámi-
tes innecesarios para conceder los recursos.216
Es verdad que en la práctica se han relajado ciertos excesos formales, sobre todo
en Chubut, que prescinde del concepto clásico de recurso de casación. Sin embargo,
las demoras excesivas en su trámite (escrito y farragoso en Córdoba y Buenos Aires),
lo convierten en poco efectivo cuando se trata de decisiones que requieren una resolu-
ción rápida, especialmente cuando el condenado está preso. En estas provincias puede
demorar unos seis meses hasta que el imputado obtenga una decisión final sobre su
situación de libertad.
Los fiscales, jueces y hasta algunas personas presas entrevistadas han advertido
que los recursos muchas veces están muy mal articulados y son rechazados, sobre todo
cuando los presenta un abogado particular poco responsable. En contraste, todos los
funcionarios refieren que la práctica constante de los defensores públicos les permite
presentar recursos mejor articulados y más exitosos que la mayoría de los abogados
particulares. Incluso existen oficinas especiales, como el caso de la Defensoría ante
el Tribunal de Casación, en Buenos Aires, ocupadas específicamente de trabajar los
recursos interpuestos por los defensores públicos.
211
CSJN, Casal, cit.
212
CSJN, C. 1787 XL, Cardozo, Gustavo s/ Recurso de Casación, sentencia de 20 de junio de 2006.
213
TSJ, Sentencia 152, Gauna, Ángel Roberto p.s.a. homicidio – Recurso de Revisión, 28 de diciembre
de 2005.
214
SCBA, N., D. s/ Recurso de Casación, sentencia de 20 de noviembre de 2002.
215
SCBA, B., M. A. Recurso de Casación”, sentencia de 1 de marzo de 2006.
216
STJ, García, Néstor Fabián y Otros, cit.
143
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
La ley nacional de ejecución penal (a la que adhieren las provincias) otorga a los inter-
nos derechos básicos de defensa contra sanciones disciplinarias.217 El interno no podrá
ser sancionado dos veces por el mismo hecho y en caso de duda se estará con lo que
resulte más favorable.218
Las sanciones son recurribles ante el juez de ejecución o juez competente, lo que
debe informarse al condenado al notificársele la resolución. Las sanciones y los recur-
sos que interpongan los sancionados deben notificarse al juez por la vía más rápida dis-
ponible dentro de las seis horas siguientes a su dictado o interposición, y si el juez no
resuelve el recurso del sancionado dentro de los 60 días, la sanción quedará firme.219
Los códigos procesales también incluyen el derecho a la defensa técnica del condenado
en los incidentes relativos a sanciones, beneficios, derechos y libertades, aunque en
Chubut y Buenos Aires estos incidentes también tendrán lugar en una audiencia oral
y pública, en contraste con el trámite escrito de Córdoba.220
Tanto Chubut como Buenos Aires cuentan con registros de torturas en las cárce-
les, lo que favorece el ejercicio de los derechos de los internos.221
La CSJN ha mantenido que cuando se trata de recursos in pauperis, su falta
de fundamentación por parte del defensor implica un inadmisible menoscabo de los
derechos de defensa, que impide mantener la sanción aplicada al interno.222 El TSJ
regularmente atiende los planteos de los condenados, incluso dispuso recientemente
el traslado de una persona trans a la unidad de detención de mujeres en atención a
su identidad de género autopercibida.223 El STJ, en el citado Caso García, también
recepta el derecho amplio de defensa de los condenados.
217
Ley 24.660 (en adelante, LNEP), art. 91. Incluyen el derecho a ser informado de la infracción atri-
buida, a presentar sus descargos, ofrecer prueba y ser recibido por el director del establecimiento
antes de dictar resolución fundada.
218
LNEP 92, 93.
219
LNEP 96, 97.
220
CPPC 502; CPPCH 9, 399; CPPBA 1, 498 y Ley 12.256 de Ejecución Penal, 3.a, 9.9.
221
LODP-CH 10.2, 20.2, 21.6; LOMP-BA 24.3. La Resolución del Defensor General de Chubut
86/04 del 6 de julio de 2004 crea el Banco de Datos de Tortura. Disponible en: [Link]
[Link]/userfiles/file/bancodatos/86-04_crea_bd.pdf.
222
CSJN, S. 62. XL, Recurso de Hecho Schenone, Carlos s/ Causa 1423, sentencia de 3 de octubre de
2006.
223
TSJ, Sentencia 255, P., L. D. (o) R. J. s/ Ejecución de pena privativa de libertad, 2 de septiembre de
2013.
144
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Las personas presas entrevistadas manifestaron que tienen dificultades para recu-
rrir, lo que corrobora el informe citado que indica que el 40% de los entrevistados
no pudo apelar la resolución.224 Sin embargo, los defensores públicos de penados (al
menos en Córdoba) exhibieron registros de una gran cantidad de recursos y presenta-
ciones en relación con la condena, las sanciones disciplinarias, y con los beneficios y
derechos que corresponden a los internos. También los abogados particulares entrevis-
tados manifestaron continuar en ocasiones con la defensa de los condenados, aunque
los jueces y defensores de ejecución refieren que son pocos los abogados particulares
que prestan un buen servicio a los condenados. Por ello más del 90% de las presenta-
ciones a favor de los condenados son realizadas por los defensores públicos.
Todos los entrevistados refieren que, generalmente, cuando una persona es con-
denada “se queda sin dinero” y por eso difícilmente consigue un abogado particular.
En Chubut, los jueces del Colegio cumplen la tarea de juez de ejecución rotati-
vamente por períodos anuales. Todas las cuestiones relativas a la ejecución de la pena
se litigan en audiencias orales. Debe remarcarse la política sostenida por la Defensa
Pública en Chubut, que realiza acciones permanentes de prevención y denuncia de
torturas en establecimientos carcelarios. La Defensoría presenta periódicamente infor-
mes de monitoreo de las condiciones de detención.225
Los códigos procesales garantizan que los hechos y las circunstancias del caso pue-
dan ser acreditados por cualquier medio de prueba, lo que es válido también para la
defensa, si desea hacerlo.226 Esto incluye el derecho de buscar evidencias, investigar
hechos y entrevistar testigos o expertos, o solicitar que los fiscales los entrevisten. En
Chubut, si el fiscal considera impertinentes las medidas propuestas por la defensa, esta
podrá reclamar un pronunciamiento definitivo del juez.227 Solo en Chubut, el código
procesal enuncia explícitamente el principio de igualdad de armas.228
224
INECIP-OSF 2012, p. 56.
225
Véase MDPCH 2012.
226
CPPC 192; CPPCH 165; CPPBA 209.
227
CPPC 335; CPPCH 195, 198, 209, 278; CPPBA 274.
228
CPPCH 17.
145
Argentina
229
CPPC 308; CPPCH 125, 167; CPPBA 276, 214. Además, LOMP-BA 35.
230
LOMP-BA 98; LOMP-CH 62.
231
CPCC 308, 330; CPPCH 186, 279; CPPBA 274.
232
SCBA, N., s/ robos reiterados, sentencia de 9 de noviembre de 1984.
233
STJ, Provincia del Chubut c/ Castro, Eduardo Alfredo, sentencia de 21 de abril de 2008.
146
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
afrontar los costos de pruebas que pueden tener impacto. En Chubut, el sistema ha
avanzado decididamente hacia un modelo adversarial, la litigación es más exigente y la
defensoría pública ha desarrollado una organización acorde con dichas exigencias. Se
observa un desarrollo incipiente de recursos de investigación propios de la defensoría,
al igual que presupuesto disponible para requerir dictámenes técnicos.
En este punto incide la cultura jurídica tradicional, en un contexto general de
transición hacia sistemas adversariales. Los defensores, en general, no han desarrollado
prácticas de contrainterrogatorio. Hay muchos incentivos para que ello no ocurra: los
jueces ingresan a la sala de juicios con el expediente de la investigación leído (y con
una decisión preconstruida) y es común que suplan la inactividad de las partes en el
juicio. Los códigos más antiguos (los de Córdoba y Buenos Aires) ni siquiera regulan
detalladamente el contrainterrogatorio. En este contexto, es inusual que los defenso-
res contraexaminen con precisión la prueba de la Fiscalía basados en información de
respaldo independiente. Por otra parte, los fiscales suelen interpretar con amplitud su
facultad de descartar medios de prueba propuestos por la defensa, lo que termina de
dificultar el ejercicio de este derecho.
Que en Argentina el ejercicio de un derecho fundamental siga siendo tan ajeno
a las costumbres forenses, y que se asuma que depende tan claramente de los recursos
del imputado es incompatible con los estándares latinoamericanos. En efecto, ello
conduce a que la defensa no sea proactiva ni basada en una teoría del caso favorable al
imputado, sino que siga siendo predominantemente reactiva y crítica en relación con
la investigación de la acusación.
Este derecho no está previsto expresamente como tal a nivel constitucional o legal,
sino que deriva del derecho a no declarar contra sí mismo. El imputado tiene derecho
a guardar silencio y declarar cuando lo prefiera, y como la investigación penal suele
desarrollarse a lo largo de varios meses, por lo general cuenta con suficiente tiempo
para preparar su defensa.
Los únicos plazos que deben respetarse, bajo pena de nulidad, refieren al aban-
dono de la defensa durante o poco antes de la audiencia de juicio: el nuevo defensor
puede solicitar, por única vez, una prórroga máxima de tres días para la audiencia.234
234
CPPC 126; CPPCH 95; CPPBA 97.
147
Argentina
Esta prórroga apunta a permitir al defensor que prepare una defensa eficaz en un
tiempo razonable.
Si durante la audiencia se revelan nuevos delitos o circunstancias agravantes, o
un hecho diferente al acusado, el fiscal puede ampliar la acusación y el acusado puede
pedir una suspensión del juicio para ofrecer nuevas pruebas o preparar la defensa.235
Una vez que la Fiscalía acusa formalmente, el plazo para fijar el inicio del juicio es de
entre 10 y 60 días en Córdoba y Chubut, y dentro de los 6 meses en Buenos Aires.236
Las leyes de Chubut y Buenos Aires prevén expresamente el derecho del impu-
tado a entrevistarse con el defensor en condiciones que aseguren confidencialidad, lo
que implica contar con un lugar adecuado para la preparación de la defensa.237
Solo la jurisprudencia del TSJ refiere a la necesidad de contar con un tiempo
mínimo para llevar adelante una estrategia defensiva, sin el cual el pedido de elevación
a juicio del fiscal es nulo.238
Ninguna de las personas entrevistadas manifestó tener problemas para contar
con el tiempo suficiente para preparar la defensa. En cambio, todas indicaron que el
acceso a recursos económicos es fundamental para contratar expertos o localizar testi-
gos y llevarlos al juicio, por lo que las posibilidades de ejercicio efectivo de la defensa
parecen depender más de los recursos que del tiempo disponible.
En general se permite un libre acceso a la información del legajo de la Fiscalía
desde los inicios de la investigación, por lo que, según los abogados, el tiempo con
que cuentan para preparar un juicio es normalmente razonable. La práctica de basar la
defensa casi con exclusividad en la información reunida por la Fiscalía también contri-
buye a fortalecer la percepción de que el tiempo es suficiente.
Sobre las posibilidades de contar con un espacio adecuado para que abogado y
cliente trabajen en la preparación de la defensa, ya hemos referido que las condiciones
de los espacios de reunión, cuando hay detenidos, distan mucho de ser adecuadas.
Por ello, es plausible afirmar que Argentina alcanza los estándares latinoame-
ricanos en relación con el tiempo para preparar la defensa y el acceso al legajo de la
investigación. Aunque no los alcanza en relación con el espacio adecuado para que los
detenidos se entrevisten con sus defensores en un marco razonable de privacidad, que
claramente sigue constituyendo un déficit a nivel nacional.
235
CPPC 374, 185; CPPCH 316.7, 161; CPPBA 344.8, 202. En Córdoba y Buenos Aires tienen
hasta 15 días, y en Chubut, 10.
236
CPPC 367; CPPCH 300; CPPBA 339.
237
CPPCH 82.3; LOMP-BA 34.
238
TSJ, Sentencia 137, Alfaro Farías, Sergio p.s.a. robo, sentencia de 20 de abril de 2012.
148
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Los códigos permiten a la defensa proponer prueba de descargo durante las etapas
previas al juicio. Al mismo tiempo, permiten al fiscal rechazarla por impertinente o
inconducente.239 A menudo, esto es percibido por la defensa como un desequilibrio,
debido a la falta de una cultura de desarrollo de investigaciones independientes por
parte de la defensa.240
En la etapa de preparación del juicio, el procedimiento para ofrecer pruebas
es relativamente balanceado. En Córdoba, el tribunal puede rechazar a los testigos
propuestos por la defensa, si los cree impertinentes o superabundantes; mientras en
Buenos Aires las partes pueden pedir una audiencia preliminar para discutir sobre la
prueba, y el tribunal solo puede “sugerir” que prescindan de la prueba superflua, pero
no excluir la legítimamente introducida.241
Durante el juicio, en Córdoba el tribunal puede introducir nueva prueba a
pedido de las partes e incluir los registros de testigos que no comparezcan al juicio o
los dictámenes de expertos sin que ellos testifiquen. También pueden contrastar las
declaraciones previas del imputado o los testigos con las efectuadas durante la investi-
gación, e interrogar y contrainterrogar a los testigos.242
En Buenos Aires, el tribunal no podrá basar su sentencia en los registros de la inves-
tigación, pero la ley concede varias excepciones a este principio y permite la introducción
de numerosos elementos de prueba sin la oportunidad de contraexamen en el juicio.243
En Chubut, la admisión de la prueba de la Fiscalía y la defensa se debate en una
audiencia oral y pública preliminar al juicio, ante un juez diferente a los integrantes
del tribunal de juicio. Este juez debe fundamentar su rechazo o admisión de los tes-
timonios ofrecidos, los que igualmente podrán ser aceptados por el tribunal.244 El
tribunal de juicio no puede conocer previamente el caso y se prohíbe la introducción
por lectura de documentos que no sean absolutamente indispensables; las excepciones
a la oralidad están restringidas legalmente.245
239
CPPC 335; CPPCH 278; CPPBA 273.
240
CPPC 335; CPPBA 334.
241
CPPC 363, 364; CPPBA 338.
242
CPPC 365, 385, 397, 396.
243
CPPBA 366.
244
CPPCH 293, 295, 297, 299.
245
CPPCH 300, 313, 314.
149
Argentina
Los testigos y peritos serán interrogados por las partes en el juicio: en primer
lugar, quien lo hubiere propuesto y, después, la contraparte. A solicitud de alguna
de ellas se podrá autorizar un nuevo interrogatorio y, en caso de contradicción, el
juez podrá permitirles que utilicen la lectura de declaraciones o informes anteriores.246
En Chubut, los jueces no podrán suplir las preguntas de las partes, mientras que en
Córdoba y Buenos Aires intervienen más activamente, puesto que el presidente del
tribunal cuenta con facultades para interrogar a los testigos e incluso para invitarlos a
“declarar espontáneamente” antes de ser interrogados por las partes.247
Chubut es la única provincia cuya legislación distingue el interrogatorio directo
del contrainterrogatorio.248 Regula la utilización de preguntas sugestivas o indicativas
como herramienta de contrainterrogatorio, y prohíbe su utilización durante el examen
directo. Córdoba y Buenos Aires regulan los testimonios como una prueba que se pro-
duce durante la etapa de investigación (con la técnica legislativa propia de los modelos
procesales inquisitoriales) y no distinguen entre interrogatorio y contrainterrogatorio,
debido a que, en dicho modelo, quien interrogaba era el juez de instrucción. Las
diferencias de legislación impactan en las posibilidades de ejercer en juicio, de modo
robusto, la contradicción y el control de la prueba de la contraparte.
La CSJN consideró que incorporar por lectura testimonios de cargo producidos
durante la investigación sin control del imputado, impide su “oportunidad adecuada
y apropiada para desafiar y cuestionar a un testigo o cualquiera que hubiera hecho
declaraciones en su contra” y violenta el derecho a la defensa efectiva.249 También el
TSJ reconoce el derecho “de ofrecer prueba a su favor y, asimismo, asistir y controlar la
producción de aquella que se pretenda incorporar al proceso en su contra, en igualdad
de condiciones” que la fiscalía,250 pero, a la vez, sostiene que los informes técnicos de la
Policía Judicial “para hacer constar el estado de las personas, cosas y lugares mediante
exámenes técnicos y demás operaciones que aconseje la policía científica, no requiere
control de las partes”.251
246
CPPC 396; CPPCH 325; CPPBA 364.
247
CPPC 396; CPPCH 192; CPPBA 364.
248
En la Provincia de Buenos Aires, a finales del año 2013 se aprobó una Ley de Juicio por Jurados. La
ley ha introducido cambios en las reglas de producción de pruebas durante el juicio y avanza en la
regulación diferenciada del interrogatorio y contrainterrogatorio de testigos. La ley está en proceso
de implementación.
249
CSJN, Benítez, Aníbal Leonel, cit.
250
TSJ, Sentencia 178, Sánchez, Luis Gerardo p.s.a. homicidio culposo agravado - Recurso de Casación,
30 de julio de 2010.
251
TSJ, Sentencia 259, Druetta, Hilda Haydée y otros [Link] falsedad ideológica, etc., 2 de noviembre de
2009. Los efectos de este tipo de concepciones, en un contexto de regulación del juicio oral donde
150
Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
no se establecen con claridad facultades para contrainterrogar utilizando preguntas sugestivas, son
claramente dañinos para el ejercicio del control por parte de la defensa.
252
TCPBA, Z., S. F. s/ Recurso de Casación, sentencia de 29 de junio de 2010.
253
STJ, Zaleski, Cesar, sentencia de 4 de agosto de 1999.
151
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
En las tres provincias, la ley garantiza el acceso a un intérprete cuando sea necesario
traducir textos o declaraciones en idioma distinto al nacional.255 Su designación com-
pete tanto al fiscal como al abogado defensor. Sin embargo, si el imputado pretende
nombrar un intérprete o traductor de confianza, deberá abonarle sus honorarios.256
La Carta de Derechos de los Ciudadanos de la Provincia de Chubut ante la Jus-
ticia garantiza los intérpretes a los miembros de los pueblos originarios y a los extran-
jeros,257 y, además, la justicia penal deberá adoptar decisiones oportunas y asignar los
recursos necesarios para cumplir con estos derechos.258
La CNAPC había sostenido que la asistencia de intérprete cuando se trate de
actos de defensa debe preservarse al extremo, pero, luego, la CSJN impuso a la defensa
la carga de explicar los perjuicios concretos causados por la ausencia de intérprete que
le hiciera conocer al imputado sus derechos cuando fue detenido.259
Por otra parte, el TCPBA postuló que cuando el imputado no pueda cono-
cer la naturaleza del caso por hablar corrientemente en idioma indígena, debe tener
una nueva posibilidad de declarar, pero con la asistencia de un perito en su idioma;
254
Sobre el particular, véase Cerliani 2012.
255
CPPC 247; CPPCH 86; CPPBA 255.
256
CPPC 246.
257
En adelante, CDCCHJ, 31, 33.
258
CDCCHJ 45. La Carta refiere al STJ, el Ministerio Público, el Consejo de la Magistratura, la
Asociación de Magistrados y Funcionarios y los Colegios Públicos de Abogados.
259
CNAPC, Hui He Jian s/ Inc. Ley 24.390, Interlocutorio de 8 de abril de 1999. Posteriormente,
CSJN, Fabbrocino, Giovanni s/ extradición, sentencia de 21 de noviembre de 2000.
152
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
en caso contrario, serán nulas las diligencias que sean consecuencia de la primera
declaración.260
Los entrevistados en Córdoba y Buenos Aires manifestaron que rara vez tuvieron
que recurrir a un intérprete o traductor, y que cuando los necesitaron fueron pagados
por el Poder Judicial. Sin embargo, un caso reciente en Buenos Aires demostró que
hay un número incierto de indígenas o inmigrantes presos que jamás comprendie-
ron el idioma en que fueron juzgados, y que, por lo tanto, no pudieron defenderse
razonablemente.261
Chubut disfruta de una protección legal más extensa, y si bien no cuenta con
tribunales que operen en lenguas indígenas, la colaboración con instituciones como la
Pastoral Aborigen permite cumplir razonablemente con este derecho.
El esfuerzo realizado por Chubut, la única de las provincias estudiadas que
mantiene una población importante que habla sus lenguas ancestrales además del
castellano, la sitúa en línea con los estándares latinoamericanos. Sin embargo, la
sinuosa jurisprudencia nacional pone en duda que Argentina pueda satisfacerlos en
igual medida, puesto que admite numerosas excepciones al derecho a contar en todo
momento con acceso a un traductor o intérprete. Ello puede tornar enteramente inefi-
caz esta garantía, si ya se han producido actos que determinen la suerte del imputado.
260
TCPBA, Sala I, R., E. s/ Recurso de Casación, sentencia de 12 de mayo de 2009.
261
Se trata de una mujer de nacionalidad boliviana perteneciente a la etnia Ki-Chwua que fue juzgada
y condenada sin intervención de un intérprete. Disponible en: [Link]
rio/sociedad/[Link].
262
LEPACO 1.4, 31, 38; LCPCH 2.b, 17, 23; Ley 5177 1.2, 18, 34.
153
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
Las leyes que regulan el ejercicio de la abogacía contemplan solo dos deberes para con
los clientes: guardar el secreto profesional sobre los hechos conocidos con motivo de
su intervención y atender los juicios mientras mantenga su defensa, informando a sus
clientes con antelación si la abandonará.268 También enumeran faltas éticas, a las que
solo la ley de Chubut agrega la ineptitud manifiesta u omisiones graves en el cumpli-
miento de sus deberes profesionales.269 Su Código de Ética establece el deber general
263
LEPACO 16.1, 17; LCPCH 5; Ley 5177 56.
264
LEPACO 19.1; Ley 5177 58. LCPCH, Anexo 1, 17.h.
265
LCPCH 6.a.
266
LCPCH, Anexo A, 5-8.
267
Ley 5177 19.9.
268
LEPACO 19.7 y 8; LCPCH 6.g; Ley 5.177 58.
269
LEPACO 21; Ley 5.177 25; LCPCH 48 c y d. Son faltas éticas abultar maliciosamente la impor-
tancia del caso para aparentar mayor labor profesional, abandonar o descuidar inexcusablemente la
154
Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
defensa, renunciar intempestivamente al patrocinio sin dar al cliente el tiempo suficiente para que
lo reemplace, demorar injustificadamente la entrega o restitución de fondos o documentos confia-
dos por los clientes, informar falsa y maliciosamente sobre el estado de la causa en que intervenga
y violar los deberes de secreto profesional.
270
LCPCH, Anexo I, 9.c, 17.
271
Durante 2012 atendió 310 casos, de los que resolvió 112; informa que entre febrero y marzo de
2013 dictó 29 sentencias con 20 sanciones: aplicó 5 apercibimientos privados, 11 apercibimientos
155
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
se impusieron en la ciudad capital, lo que sugiere que allí la práctica está más degra-
dada, o que denunciar a un abogado es más difícil en el interior, o una combinación
de ambas cosas. El Colegio de Abogados de La Plata tampoco distingue sanciones
aplicadas a penalistas.272
Los jueces pueden solicitar a estos órganos que apliquen sanciones o multas a los
abogados, pero no lo hacen regularmente. Se advierte un comportamiento muy cor-
porativo de la abogacía: las entrevistas confirman que mientras en privado los jueces
suelen criticar genéricamente el nivel del ejercicio profesional, no se registran (sino
excepcionalmente) pedidos de sanciones o aplicaciones de multas. Los propios jueces
suelen justificar su intervención en el proceso a favor del imputado (y excediendo
sus facultades), por considerar que la defensa no trabaja adecuadamente; aunque, al
mismo tiempo, no piden sanciones disciplinarias en tales casos. Como contracara, los
abogados también se quejan frecuentemente y en privado acerca del comportamiento
de los jueces, pero muy pocas veces los denuncian o usan los recursos legales con que
cuentan para acusarlos.
156
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
275
LEPACO 32.15; LCPCH 20.d; Ley 5.177 19.2; Reglamento Interno del Consultorio Jurídico
Gratuito del Colegio Público de Abogados de Trelew, art. 7. Según informe verbal del director
del Consultorio Jurídico Gratuito del Colegio de Abogados de Córdoba, informe del Colegio de
Abogados de La Plata ya citado, e informes de 5 y 13 de agosto, respectivamente, de los Colegios
de Abogados de Comodoro Rivadavia y Trelew.
276
En 2005, INECIP junto con otras organizaciones de Córdoba creó un programa de Extensionismo
Jurídico, pero el Colegio de Abogados amenazó con una denuncia penal que alejó a varios actores
comprometidos con el acceso a la justicia y debilitó el proyecto. Luego, la conducción del Colegio
en pleno admitió que el programa no constituía un ejercicio ilegal de la profesión, pero manten-
drían su posición pública por la inminencia de las elecciones colegiales.
157
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
Las leyes colegiales enuncian a la defensa del libre ejercicio de la profesión como una
de las funciones de los colegios.279 La ley de Chubut agrega que la protección de la
libertad y dignidad de la profesión de abogado forma parte de sus finalidades.280 Las
leyes de Chubut y Buenos Aires agregan que la oficina del abogado es inviolable en
resguardo de la garantía constitucional de la defensa en juicio, y no podrá ser allanado,
277
LEPACO 55. A pesar de ello, existen fuertes vínculos entre ambas instituciones.
278
LCPCH 43; Ley 5.177 19.3.
279
LEPACO 32.4; LCPCH 21.J; Ley 5177 19.4, 42.5.
280
LCPCH 1; Anexo 1, 4.
158
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
281
LEPACO 33; LCPCH 7.e; Ley 5177 69.
282
Ibid., Anexo 1, 9.h.
283
Desde la reforma constitucional de 1994, el Congreso de la Nación tiene la atribución de “[r]eco-
nocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos, garantizar el respeto de
su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural […] [a]segurar su participación
en la gestión referida a […] los demás intereses que los afecte” (CN 75.17). Según el Atlas de los
Pueblos Indígenas del Ministerio de Educación, habría en Argentina 600.329 personas pertene-
cientes o descendientes de aborígenes de primera generación.
284
Ambas refieren al Convenio OIT 169 9.2: CCH 34; CPPCH 33.
285
Véase, Convenio Marco suscripto en diciembre de 2003, que prevé: 1) Asistencia técnica recíproca.
2) Diseño y ejecución de campañas de promoción sobre mecanismos nacionales y provinciales de
159
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
160
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
La Defensa Pública de Chubut informó que en la provincia hay varios abogados par-
ticulares especializados en la defensa de pueblos indígenas, y que al menos dos de
ellos trabajan en Esquel.291 En Buenos Aires, la Comisión Provincial por la Memoria
mantiene un programa de pueblos originarios y migrantes que procura la aplicación
de la interculturalidad en diversos estamentos del Estado.292 Esta organización detectó
la presencia de miembros de pueblos originarios detenidos que no pudieron darse a
entender en su idioma nativo.293
Aparte de ellos, existe a nivel nacional una Asociación de Abogados y Abogadas
de Derecho Indígena (AADI) que procura promover el reconocimiento de Argentina
como una república plurinacional; impulsar el pleno reconocimiento y eficacia del
derecho indígena; fomentar la investigación jurídica; obtener el reconocimiento de la
289
En un caso de usurpación en Chubut, la CSJN pudo haber tratado las necesidades específicas de
defensa penal de los grupos indígenas y sus derechos sobre las tierras que históricamente ocuparon,
pero lamentablemente omitió hacerlo; solo anuló por arbitraria una resolución que mantenía a los
imputados sometidos a un proceso penal. El caso de todos modos refleja la vulnerabilidad de los
grupos originarios porque la persecución penal de los imputados fue insistentemente promovida
por la querella particular mediante recursos constantes, a pesar de que el Ministerio Público había
sobreseído a los imputados en cuatro oportunidades. CSJN, F. Mauricio s/ Causa 2061, Dictamen
del Procurador Fiscal, de fecha 31 de octubre de 2007, al que adhirió la Corte. Disponible en:
[Link]/?q=node/3039.
290
Informe de la Defensoría Pública de Chubut, de fecha 7 de octubre de 2013.
291
Ibid.
292
Disponible en: [Link]/[Link]?a=7. Para mayor informa-
ción sobre el caso, véase: [Link]/2013/10/14/
mujer-pobre-boliviana-indigena-garantias-para-una-condena-segura/.
293
Tribunal Oral 1 de la Ciudad de Quilmes, Provincia de Buenos Aires, Maraz Bejarano Reina, Tarija
Juan Carlos y Vilca Ortiz Tito s/ Delitos: Homicidio Agravado “criminis causa”, Homicidio agravado
por el concurso premeditado de dos o más personas. No ha sido posible encontrar las resoluciones
pertinentes.
161
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
autonomía científica del derecho indígena; y proteger a los defensores de los derechos
indígenas.294 Esto es importante, puesto que el amedrentamiento que sufren las comu-
nidades se hace extensivo a los abogados que las defienden.295
Sin embargo, se destaca la renuencia de los jueces a aceptar peritos o intérpretes
en lenguas aborígenes, así como la insuficiente cantidad de abogados en condiciones
de defender eficazmente los derechos de las comunidades.296
294
Véase, AADI. Disponible en: [Link]/.
295
Véase, AADI 2011, p. 29.
296
Ibid., pp. 34-35. Del relato periodístico sobre el Caso Maraz Bejarano surge que la imputada solo
accedió a una intérprete del idioma quechua, luego de estar detenida durante más de tres años, y
que solamente obtuvo la posibilidad de una nueva declaración asistida por la intérprete.
297
Así, han llegado a absolver a un imputado por considerar que mantener relaciones sexuales con una
niña de 9 años es una práctica aceptada por la comunidad en que viven, a pesar de que las mismas
mujeres de la comunidad cuestionaron fuertemente esta asunción. Véase Corte de Justicia de Salta,
Ruiz, J.F., sentencia de 29 de septiembre de 2006, analizado por Guiñazú 2010, p. 271.
En otro caso extremo, dos jueces sostuvieron, en disidencia, la absolución de tres imputados por
violar a una niña indígena. Alegaron que “el llamado ‘chineo’ es una pauta cultural de nuestro
162
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La AADI advierte que “el código penal no recepta el respeto a las costumbres
indígenas en la materia”, y que “los códigos de procedimientos carecen de normas
especiales de protección de la cultura indígena, desconocen sus derechos colectivos
y desvalorizan sus instituciones y tradiciones, las que siempre se hallan en desventaja
frente a conflictos con el Estado o particulares de la cultura hegemónica”.298 El Estado
desconoce tanto los procesos comunitarios que imponen sanciones como la sanción en
sí misma, por lo que los miembros de las comunidades están expuestos a ser penados
dos veces por el mismo hecho: primero por sus comunidades y luego por el Estado.
oeste provincial. Se trata de jóvenes criollos que salen a buscar ‘chinitas’ (aborígenes niñas o ado-
lescentes) a las que persiguen y toman sexualmente por la fuerza. Se trata de una pauta cultural
tan internalizada que es vista como un juego juvenil y no como una actividad, no ya delictiva, sino
denigrante para las víctimas”. Disidencia de los jueces Tievas y Hang, Tribunal Superior de Justicia
de Formosa, fallo González, Rubén Héctor – Bonilla, Hugo Oscar – Santander, Sergio Andre (prófugo)
s/ abuso sexual, sentencia de 29 de abril de 2008.
298
AADI 6-7 y 34-35.
299
Entre los años 2002 y 2009 (último publicado), la evolución de la tasa de homicidios registrados
por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos mostraba una curva descendente. Véase www.
[Link]/areas-tematicas/[Link]. Al mismo tiempo y para
el mismo período, las estadísticas del Servicio Penitenciario muestran una curva ascendente, véase
SNEEP 2012, p. 3.
300
Latinobarómetro 2013. Fleitas (2010, p. 14) cita una encuesta de Mora y Araujo de 2009 que
refiere que para el 77% es el problema más acuciante. Una encuesta de Management & Fit, publi-
cada en el periódico Tribuna de Periodistas (8 de agosto de 2012), confirma que “la inseguridad
ocupa el primer puesto de las preocupaciones argentinas, con un 83,3%”. No fue posible acceder
directamente a las encuestas citadas por las fuentes.
163
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
301
Córdoba 2013, p. 4. Según la misma encuesta, más del 71% desaprueba la gestión de la policía
provincial (véase p. 19) en el inicio de un escándalo que derivó en la renuncia del ministro de Segu-
ridad, el jefe de la Policía, la detención del jefe de la División de Drogas Peligrosas y otros cuatro
directivos, la muerte de dos policías implicados y el traslado de 70 agentes de esa división.
302
Un candidato a gobernador sostuvo la necesidad de “meter bala a los delincuentes”.
303
Diario La Nación, 8 de noviembre de 2009. En 2010, el Senado provincial expresó en audiencia
pública un contundente rechazo a este proyecto.
304
Declaraciones de Sergio Massa, ganador de las elecciones de 2013, en el diario La Nación, 21 de
octubre de 2013. El mismo diputado logró paralizar el tratamiento de un anteproyecto de reforma
del Código Penal con el argumento de que favorecía a los delincuentes, aunque ningún dato serio
respalda esa afirmación.
305
INECIP-OSF 2012, p. 91, Relevamiento de Medios de Comunicación.
164
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
306
Se trata de Buenos Aires, Entre Ríos, Chaco, Santa Fe, Corrientes, Salta, Jujuy, Tucumán, La Rioja,
Santiago del Estero, Córdoba, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut y la Jurisdicción Federal.
Un aspecto central de los procesos de reforma en los últimos años refiere a la implementación
del sistema de juicios criminales con jurados, adoptado del modelo de jurado clásico vigente en la
mayoría de los países de common law. En 2013, la PBA aprobó una Ley de Juicio por Jurados que
se encuentra en proceso de implementación. En Neuquén se puso en vigencia un nuevo Código
Procesal Penal en el mes de enero de 2014, que incluye un modelo de enjuiciamiento con jurados.
Actualmente, jurisdicciones como Río Negro, Chubut y Ciudad Autónoma de Buenos Aires se
encuentran en proceso de discusión sobre la implementación de jurados.
307
Soria 2012.
308
Diario Comercio y Justicia, 4 de abril de 2011, El plan piloto en San Francisco superó las expectativas,
entrevista con José Gómez Demmel.
309
Esta reforma normativa, contraria a la propia CCH 49, no fue aplicada por los jueces.
165
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
310
CPPCH 220.3, 269, 219 respectivamente, modificados por la Ley 5817 del 27 de noviembre de
2008. CCH 47. Véase Heredia 2010, p. 5.
311
El proyecto fue aprobado en la Cámara de Diputados en septiembre de 2012. Véase Diario Diago-
nales, 27 de septiembre de 2012.
312
CFCOR 114, 115, 117, 123.
313
CFCOR 119, 120.
314
CFCOR 123.
315
CFCOR 15 y 19.
316
CFCOR 98, y 79. Son sancionadas con 5 y 3 días de arresto; o con 5, y 10 unidades de multa
respectivamente. La unidad de multa equivale a $ 25 (unos USD 4,8). El merodeo consiste en per-
166
Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
manecer sin razón atendible, en forma sospechosa y generando intranquilidad en los propietarios.
317
CFCH, Ley 4145 36, 35, 37.
318
CFCH 81.
319
Disponible en: [Link]
320
CFCH 181, 186, 187.
321
Véase La Mañana de Córdoba, 13 de octubre de 2011.
322
Ley 13.482, 15.c.
323
Véase La Voz del Interior, 17 de noviembre de 2012.
324
Véase La Mañana de Córdoba, 18 de agosto de 2005. La situación se mantuvo en el tiempo y dio
lugar a acciones penales en contra de los comisarios que ordenan las detenciones masivas. Véase La
Voz del Interior, 17 de febrero de 2012.
167
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Argentina
7. Conclusiones
Cada una de las provincias estudiadas –Córdoba, Chubut y Buenos Aires– muestra las
características propias de su tiempo; su complejidad deriva en gran medida de sus pro-
cesos políticos, que difícilmente se puedan alinear en un sentido unívoco en dirección
a la reforma, no solo por la autonomía de cada provincia sino también por sus propios
conflictos y vaivenes internos. Por otra parte, esta misma diversidad permite replicar
las experiencias más exitosas y contar con un amplio repertorio de prácticas instaladas
que puede beneficiar a las demás provincias: a partir de 1940, Córdoba ha inspirado a
la mayoría de las reformas, y ahora Chubut ocupa ese lugar, junto con otras provincias
como La Pampa, Neuquén y Santa Fe.
325
Véase La Voz del Interior, 3 de noviembre de 2012, y datos oficiales en el mismo diario.
326
Declaraciones de Gustavo Vidal Lazcano en La Mañana de Córdoba, 19 de agosto de 2005, p. 2.
Fuente: Horacio J. Etchichury, “Preso sin abogado, sentencia sin juez. El Código de Faltas de la
Provincia de Córdoba”.
327
Informe CPM 2009, p. 458. El informe sostiene que “los titulares de las dependencias policiales
caracterizaron a la DAI como una efectiva herramienta de prevención de delitos. Así afirman que
el personal policial intercepta y detiene […] a personas en actitud sospechosa, evitando así muchas
veces la comisión de delitos [...] La jefa de la Sección Estadísticas del COP (Centro de Operaciones
Policiales) Claudia Cherecheti, afirmó que: ‘no hay estadísticas ni información registrada sobre
DAI, porque al tratarse de una actuación simple, y de un simple “conducido” que no es ni siquiera
una aprehensión, no se registra, tampoco las departamentales registran nada, ya que no es obliga-
torio que las dependencias comuniquen las DAI a la estructura del Ministerio de Seguridad’”.
168
Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
En todo caso, en el estudio se pudieron identificar varias áreas en las que aún
persisten retos importantes.
En primer lugar, se encuentran los problemas derivados directamente del diseño
de la regulación. Existen regulaciones procesales que generan disfunciones y afectan la
defensa efectiva: la incorporación por lectura en juicio de constancias de la investiga-
ción; la asignación de plena fe a documentos producidos por funcionarios públicos,
afectando la garantía de contradicción en el ejercicio de la defensa; las normas que
regulan deficientemente o restringen el contraexamen en lógica adversarial, normal-
mente prohibiendo el uso de preguntas sugestivas. Las normas orgánicas y procesales
perpetúan el expediente formalizado como instrumento de trabajo y permiten a los
tribunales de juicio recibirlos y controlarlos antes del comienzo del juicio, atentando
contra la imparcialidad del juez.
Otro problema serio es que los códigos definen delitos inexcarcelables o presun-
ciones legales absolutas o relativas basadas en el monto de pena previsto o el tipo de
delito. También lo es la jurisprudencia que avala su validez, que los fiscales puedan
dictarlas sin control inmediato y efectivo del juez, que no se recurra a audiencias
públicas ni adversariales para resolver su imposición o su duración. La interpretación
de los plazos como ordenatorios favorece la excesiva duración de los procesos, que a
su vez fomenta el abuso del juicio abreviado y la prisión preventiva, generando presos
sin condena y condenados sin juicio. La subutilización de medidas cautelares alterna-
tivas incide notablemente en el abuso del encierro. Nuevamente, estos problemas son
mucho más graves en Córdoba y Buenos Aires, marcando un contraste rotundo con
Chubut. No debe sorprender que la prisión preventiva deje de ser una excepción y se
convierta en la regla en una cantidad desproporcionada de casos, porque los jueces
autorizan una interpretación extensiva de su procedencia.
Las prácticas que hay que desplazar en un proceso de reformas suelen sobrevivir
al cambio normativo, repitiéndose bajo otro nombre. El estudio empírico mostró con
crudeza que, a pesar de que los jueces deberían limitarse a dirigir el debate, en Cór-
doba y Buenos Aires intervienen excediendo el marco de sus ya extensas facultades.328
Que los jueces estudien el “expediente” antes del juicio oral, y que ello se considere un
indicador de responsabilidad, muestra que no han comprendido en absoluto su rol de
decisor imparcial ni el impacto causado en una defensa efectiva.
Los sistemas de justicia no están siendo capaces de construir sistemas de infor-
mación adecuados que faciliten la posibilidad de monitorear y hacer auditable el cum-
328
Soria 2012, p. 43.
169
Argentina
329
Se trata de una crisis caracterizada por la existencia de “cada día más abogados, con menos trabajo,
con mayores dificultades para que los abogados jóvenes puedan montar sus oficinas, una creciente
necesidad de asesoramiento técnico y, finalmente, cada día más gente indefensa”, conf. Binder
2005, p. 63.
170
Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
directamente no son registrados por los colegios. La alta calidad del servicio prestado
por la Defensa Pública circunscribe este problema a quienes tienen ciertos ingresos,
pero no pueden pagar un abogado capacitado, y deben conformarse con aquellos per-
tenecientes a los estratos inferiores de la abogacía. La cultura del trámite también se
explica porque los abogados están más formados “para el trámite y la complicación
que para el litigio y la simplificación”,330 lo que conecta la enseñanza del derecho con la
práctica de los abogados y, consiguientemente, con su forma de organización gremial.
La educación universitaria enseña el proceso como una serie gradual y concate-
nada de trámites burocratizados, y no como una herramienta de resolución de casos.
Las universidades no han acompañado los procesos de reformas de modo claro.331 De
las respuestas de los entrevistados se deduce que su incomprensión del sistema acu-
satorio proviene en gran medida de una educación formal orientada hacia procesos
inquisitoriales y escritos.332
Casi todos los funcionarios asumieron carecer de formación específica para aten-
der grupos con necesidades judiciales especiales. Es revelador que varios funcionarios
consideren que la formación se adquiere en la práctica, que (como dijo uno de ellos)
“es la mejor escuela”. Ello explica la supervivencia de prácticas inquisitoriales y pro-
blemas de acceso a la justicia de los sectores vulnerables, a pesar del importante gasto
en el sector justicia. Es revelador también que solo en Chubut los cursos de formación
son obligatorios, lo que explica sus indiscutibles avances.
Los entrevistados refieren que el ajetreo de la vida profesional dificulta lograr el
tiempo y los recursos para completar un curso, salvo para quienes además son docentes
universitarios, que tienen mayor entrenamiento académico y han integrado el estudio
a su vida profesional. Estos suelen ser más receptivos a los fundamentos de las prácti-
cas, y más proclives a orientar su práctica según los principios del sistema acusatorio.
330
Ibid., p. 65.
331
Se sostiene que “esta forma de enseñar derecho tiende a privilegiar la memorización de textos legis-
lativos”, antes que desarrollar destrezas analíticas. Böhmer 2005, p. 35.
332
Los cursos de litigación oral y adversarial causaron un impacto claro en los estudiantes que accedieron
a ellos, pero cuando son optativos su impacto se reduce. Aún hoy, en Córdoba y Buenos Aires siguen
teniendo un alcance limitado. Los colegios de abogados y las defensorías tampoco han asumido
esta situación como un problema que hay que solucionar. Existen excepciones a esta realidad, dado
que hay universidades que han incorporado la enseñanza del litigio oral como parte de la currícula
regular: dentro de las jurisdicciones estudiadas, la Universidad Nacional de la Patagonia, sede Trelew.
En el resto del país ocurre lo mismo en las universidades nacionales de La Pampa, del Comahue, de
La Rioja, en la Universidad del Mar y en la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano. Por
otra parte, hay muchas universidades donde ha comenzado a instalarse como cursos optativos.
171
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Argentina
Recomendaciones
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Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
173
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177
Argentina
178
Lucas Gilardone Sebastián Narvaja
179
Argentina
180
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Isadora Fingermann
Maíra Zapater
Rafael Custódio
Capítulo 4. Brasil1-2
1. Introducción
1
Este capítulo fue revisado por Vivian Calderoni y Ludmila Vasconcelos Leite Groch.
2
La investigación de campo de la que da cuenta este capítulo fue finalizada en julio de 2013.
3
Ley 7.210/1984, que regula las normas para la ejecución penal y establece las reglas para el cum-
plimiento de la pena.
181
Brasil
El Código Penal vigente fue promulgado por el Decreto Ley 2.848 de 1940 (en
vigor desde el 1 de enero de 1942), y el Código Procesal Penal, por el Decreto Ley
3.689 de 1941 (igualmente en vigor desde el 1 de enero de 1942).4
La Constitución Federal de 1988,5 elaborada y promulgada durante el proceso
de redemocratización después del régimen militar dictatorial (1964-1985), regula de
manera enfática los derechos y las garantías individuales (enumerados en el artículo 5º
a través de 78 incisos, de los que el § 2º indica que los derechos y garantías expresa-
mente previstos no excluyen otros derechos derivados de los principios adoptados por el
ordenamiento jurídico brasileño o de los tratados internacionales suscritos por Brasil).
Debido a esto, es posible presumir que existen divergencias entre la Constitución
Federal democrática de 1988 y los textos originales del Código Penal y del Código
Procesal Penal que fueron promulgados durante la dictadura, aunque se ha conside-
rado que fueron recogidos por la Constitución y, por lo tanto, se encuentran vigentes.
El Código Penal sufrió una profunda reforma en 1984 –es decir, antes de la promul-
gación de la Constitución Federal vigente–, a través de la Ley 7.209/1984, que modi-
ficó los artículos 1º a 120.6 Aun así, existen varias divergencias entre el Código y la
Constitución, lo que implica realizar esfuerzos de interpretación del código en función
de la norma constitucional y efectuar modificaciones a los textos legales, tal como lo
evidenciaremos con ejemplos en este texto. El Código Penal, por ejemplo, pasó por
4
El Código Penal y el Código Procesal Penal brasileños fueron promulgados durante el gobierno del
presidente Getúlio Vargas, que instauró un régimen dictatorial inspirado en el fascismo italiano.
En la visión del politólogo e historiador José Murilo de Carvalho (2007), el periodo dictatorial
bajo el gobierno del Presidente Getúlio Vargas, comprendido entre 1930 y 1945 –durante el cual
se elaboraron el Código Penal y el Código Procesal Penal vigentes hasta el día de hoy en Brasil– se
caracterizó a la vez por la restricción de los derechos civiles y políticos, y por la ampliación de los
derechos sociales, especialmente los derechos laborales (Carvalho 2007, pp. 88 y 120). La cultura
dictatorial no dejó de impactar la legislación penal: los dos códigos fueron creados por decretos
leyes, es decir que fueron impuestos unilateralmente por el Poder Ejecutivo y entraron en vigor sin
ningún tipo de deliberación legislativa.
5
Después de la Constitución de 1937, Brasil promulgó tres constituciones más (una democrática,
en 1946, y dos en el periodo de la dictadura militar, en 1967 y 1969).
6
El Código Penal Brasileño se divide en dos partes: en la Parte General (arts. 1º a 120) se esta-
blecen los conceptos generales relativos a la aplicación de la ley penal, modalidades de delitos,
imputabilidad penal, concurso de personas, penas y efectos de la condena, medidas de seguridad,
acción penal, y causas de extinción de la punibilidad; en la Parte Especial se tipifican las conductas
delictivas (arts. 121 a 360). A la vez, entró en vigor la Ley de Ejecución Penal (7.210/1984), que
judicializó la ejecución de las penas y estableció derechos y deberes de los condenados a pena pri-
vativa de libertad.
182
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
La organización del Poder Judicial brasileño está regulada en los artículos 92 a 126 del
Capítulo III de la Constitución Federal. La división de los órganos del Poder Judicial
se hace teniendo en cuenta la materia asignada a cada uno de ellos y puede ilustrarse
de la siguiente forma:
7
A este respecto, cabe señalar que el antiguo título denominado “Delitos contra las costumbres” fue
rebautizado como “Delitos contra la dignidad sexual”, de modo que el bien jurídico tutelado inte-
gra el principio de la dignidad humana, previsto en el artículo 1º, III, de la Constitución Federal
actual.
183
Brasil
Poder Judicial
Los asuntos penales que no sean de competencia de las justicias especiales serán
tramitados por la justicia común. Esta se divide en justicia federal8 y justicia estatal, y
su competencia territorial se divide entre cada estado miembro de la Federación y el
Distrito Federal.
El enjuiciamiento penal se divide principalmente en dos etapas:
(i) La investigación policial: Procedimiento investigativo destinado a obtener
los elementos de autoría y materialidad del delito que sirven para funda-
mentar la propuesta de acción penal, y que inicia después de una detención
en flagrancia, por orden del comisario de policía, o través de una solicitud
del juez o del fiscal. Esta investigación es competencia de la Policía Judicial
y es dirigida por el comisario de Policía. Por su parte, al Ministerio Público
le compete el control externo de la actividad policial9 y las solicitudes de
investigación policial y de realización de diligencias de investigación.10
8
El artículo 109 de la Constitución Federal define los delitos de competencia de la justicia federal
penal en los incisos IV (delitos políticos o practicados contra la Unión Federal, sus órganos o su
patrimonio), V (delitos previstos en tratados internacionales y ejecutados en territorio brasileño),
V-A (delitos relativos a causas de derechos humanos), VI (delitos contra la organización del trabajo,
el sistema financiero o el orden económico), IX (delitos cometidos a bordo de navíos o aeronaves)
y X (delitos de ingreso o permanencia irregular de extranjero). Todos los delitos previstos en la
legislación penal brasileña que no incurran en las hipótesis mencionadas serán de competencia de
la justicia penal estatal.
9
Constitución Federal, art. 129, inc. VII.
10
Constitución Federal, art. 129, inc. VIII. El Código Procesal Penal brasileño establece reglas solo
para la investigación realizada por la Policía, y no dice nada acerca de la posibilidad de que los
184
Isadora Fingermann, Maíra Zapater, Rafael Custódio
delitos sean investigados por otros órganos o instituciones. Eso significa que, aunque no exista una
previsión legal, tampoco hay prohibición expresa para que la investigación sea realizada por otros
órganos. Sin embargo, la investigación policial puede ser dispensada, si los datos sobre el eventual
delito pueden obtenerse por otros órganos que tengan atribución (determinada por la Constitu-
ción Federal o por una ley) para investigar, como las comisiones parlamentarias de investigación
(que se ocupan de hechos de todo tipo: administrativo, político, civil y hasta penal, y pueden remi-
tir esos datos a la institución responsable de la sanción correspondiente). Acerca de la posibilidad
o no de investigación por el Ministerio Público, véase el apartado 3.4.1.
11
Código Procesal Penal, art. 6º, inc. V.
12
Según consta en el Código Procesal Penal (art. 6º inciso V), que trata de las diligencias realizadas
por el Comisario de Policía en la conducción de la investigación policial, mientras que el inciso V
se refiere específicamente al interrogatorio del acusado en esta etapa.
13
La descripción que aquí se hace se refiere al procedimiento común ordinario, utilizado para pro-
cesar y juzgar los delitos cuya pena máxima prevista sea igual o superior a cuatro años de prisión;
por eso se aplica a la mayoría de los delitos previstos en la ley brasileña, además de servir de modelo
para los demás tipos de procedimiento.
185
Brasil
14
De manera general, los testigos de defensa son indicados en esta fase, casi siempre sin contacto del
defensor con el acusado preso, lo que frecuentemente perjudica la producción de pruebas de la
defensa en la fase de instrucción.
15
La apelación podrá ser juzgada por el Tribunal de Justicia de los estados en el caso de los delitos de
competencia de la justicia estatal, o por el Tribunal Regional Federal competente, en el caso de los
delitos de competencia de la justicia federal, conforme se explica en la nota 5. Para este informe,
todas las menciones a la fase de recurso se refieren al Tribunal de Justicia del estado de São Paulo,
debido a la delimitación de la zona escogida para esta investigación.
186
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Según los datos del Censo de 2010, Brasil tiene 196.655.014 habitantes: 96.745.275
hombres y 99.909.739 mujeres. La población es mayoritariamente urbana (86,91%),
mientras que 13,09% es rural. Respecto del criterio étnico-racial, cerca de 91 millones
declararon ser blancos, 15 millones dijeron ser negros, 82 millones pardos, 2 millones
amarillos y 817.000 indígenas.16 En términos porcentuales, eso significa que el 47,7%
de la población declaró ser blanca, mientras que el 50,7 declaró ser negra o parda,
siendo la primera vez que la proporción de personas que se declara negra o parda
sobrepasa la de quienes se declaran blancas.
Los órganos oficiales no ofrecen datos sistematizados ni actualizados sobre las
estadísticas delictivas nacionales, por lo que es necesario recurrir a otros estudios. La
ausencia de información oficial disponible es en sí misma un dato relevante: implica
que hay una dificultad para diagnosticar las causas de la violencia y de la delincuencia,
así como para proponer políticas públicas de prevención adecuadas.
Después de hacer esta salvedad, se puede decir que según el Mapa de la Violencia
de 2012,17 la tasa nacional de homicidios es de 26,2 por cada 100.000 habitantes. En
el estado de São Paulo, esta tasa es de 13 homicidios por cada 100.000 habitantes;
y la tasa nacional más alta se encuentra en el estado de Alagoas (región nordeste de
Brasil), con 66,8 homicidios por cada 100.000 habitantes. Aunque no existen datos
nacionales sistematizados, se estima que el delito que más encarcelamientos provoca
entre los hombres es el robo (28,3%), seguido del tráfico de drogas (23%)18; pero la
tasa de encarcelamiento por tráfico de drogas crece más que las demás.19 En cuanto a
las mujeres, la mayoría están presas por tráfico de drogas (40%). En el estado de São
Paulo, el 36% de los hombres están presos por robo y el 28% por tráfico de drogas,
mientras que el 35% de las mujeres están presas por tráfico de drogas y el 8,3% por
delitos en contra del patrimonio.20
16
Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, Censo de 2010.
17
Waiselfisz 2012, pp. 18-22.
18
Departamento Penitenciario Nacional del Ministerio de Justicia (DEPEN), datos de diciembre de
2012.
19
También es alta la incidencia de detención por el delito de hurto, que alcanza cerca del 35 % de las
detenciones. Instituto Sou da Paz 2012.
20
Departamento Penitenciario Nacional del Ministerio de Justicia, datos de diciembre de 2012.
187
Brasil
Según datos del Ministerio de Justicia (Sistema Infopen 201221),22 existe un perfil
definido de la población reclusa: son hombres (93,6%), jóvenes (48,5% tiene entre 18
y 29 años), y en su mayoría negros o pardos (53,83%). En el estado de São Paulo, los
datos del Ministerio de Justicia indican una realidad similar: el 93,52% de los presos
son hombres, el 47,17% tiene entre 18 y 29 años, y el 46,74% son negros o pardos. La
posibilidad de que haya una relación entre el perfil racial y el encarcelamiento es algo
que preocupa desde hace tiempo, y se han realizado diversos estudios sobre ello: uno
en los noventa23 recopiló gran cantidad de datos estadísticos que permiten concluir la
existencia de un tratamiento diferenciado entre acusados blancos y negros. Dado que
la proporción de presos negros y pardos es alta, se puede afirmar que existen indicios
que apuntan una relación entre encarcelamiento y discriminación racial. Los autores
de ese estudio manifiestan que es más probable que ello se derive de mayor vigilancia
policial y un tratamiento selectivo de todo el sistema de justicia penal sobre la pobla-
ción negra.
Ahora bien, en la presente investigación se seleccionó el estado de São Paulo
como área de estudio, por ser el más poblado del país, ya que tiene 41.262.199 habi-
tantes (Censo de 2010).
Dado que la competencia de la justicia estadual abarca la mayor cantidad de
los delitos previstos en el ordenamiento jurídico brasileño y que la administración
del sistema penitenciario es de competencia estadual, la investigación fue elaborada
a partir de la recopilación de datos y la observación de la justicia estadual penal del
estado,24 escogido por su representatividad, ya que además de tener la mayor cantidad
21
Ibid.
22
En el Informe Nacional del Estado Brasileño presentado en el Mecanismo de Revisión Periódica
Universal del Consejo de Derechos Humanos de la ONU (2012) consta que los presos son mayo-
ritariamente hombres (93,6%), jóvenes (53,6% tienen entre 18 y 29 años) y en su mayoría negros
o pardos (57,6%). Secretaría de Derechos Humanos.
23
Estudio Racismo, criminalidade violenta e justiça penal: réus brancos e negros em perspectiva compara-
tiva [Racismo, criminalidad violenta y justicia penal: acusados blancos y negros en una perspectiva
comparativa], realizado por el Núcleo de Estudios de la Violencia de la Universidad de São Paulo
entre 1992 y 1993.
24
Es importante indicar que los datos recolectados se refieren a la justicia destinada a los acusados
adultos, pues los niños y adolescentes acusados penalmente se someten a la Ley del Estatuto del
Niño y del Adolescente que prevé un procedimiento diferente.
188
Isadora Fingermann, Maíra Zapater, Rafael Custódio
25
Según el Informe de 2012 del Consejo Nacional de Justicia, el estado de São Paulo registró 543.183
nuevos procesos penales en 2011, de un total nacional de 1.541.536, es decir, constituyeron alrede-
dor del 35%.
26
Según el Informe de 2012 del Consejo Nacional de Justicia, el estado de São Paulo tiene 3.384
magistrados, entre jueces titulares y sustitutos, y de primera y segunda instancia. Dado que hay
15.337 magistrados en la justicia estadual en Brasil, el estado de São Paulo concentra el 22% de los
jueces activos del país.
27
Actualmente, Brasil tiene una población reclusa aproximada de 550.000 personas. De ellas,
195.000 están en prisión provisional, es decir que más del 35% de la población carcelaria espera su
juicio en prisión. En el estado de São Paulo, esa proporción es cercana al porcentaje nacional: de
los 190.828 presos, 62.843 (casi el 33%) están encarcelados provisionalmente. Datos del Departa-
mento Penitenciario del Ministerio de Justicia.
28
El Código Penal brasileño establece reclusión para penas más largas previstas para los delitos más
graves, y detención para penas de menor duración previstas para los delitos menos graves. Aunque
la Ley de Ejecución Penal determina que deben ser cumplidas en lugares distintos, en la práctica no
se observa esta distinción. La única diferencia es el régimen inicial de cumplimiento de la pena, ya
que, inicialmente, las penas de reclusión, por lo general, se cumplen en régimen cerrado, mientras
que la detención siempre se cumple en régimen semiabierto.
29
Órgano responsable de la centralización de todos los autos de detención en flagrancia e investiga-
ciones policiales de la capital de São Paulo (con excepción de aquellos que son crímenes dolosos
contra la vida y las infracciones de menor potencial ofensivo, que son remitidos directamente al
Juzgado Especial Penal), que, cuando concluye la investigación, son distribuidos a los juzgados
penales. Es específico del estado de São Paulo, creado por el Consejo de la Magistratura, y con
organización establecida por Provisión del Consejo Superior de la Magistratura.
189
Brasil
30
Nomenclatura utilizada para identificar a los magistrados que juzgan en segunda instancia.
31
No fue posible entrevistar a un miembro del Ministerio Público que actuara en la fase policial, pues
no se obtuvo respuesta de los intentos de contacto que emprendimos.
32
Los abogados de oficio son los que integran el convenio de asistencia Judicial, celebrado entre la
OAB y la Defensoría Pública. Esto es explicado detalladamente en el punto 2, sobre asistencia
judicial.
190
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
2. Asistencia judicial
33
Código de Procedimiento Penal, art. 261.
34
Garantizado a quienes carecen de recursos, según lo dispuesto en la Constitución Federal, art. 5,
LXXIV.
35
Aunque no hay un umbral económico para garantizar el derecho a la defensa en materia penal, el
artículo 263 del Código de Procedimiento Penal determina que si la persona no es pobre y utiliza
los servicios de asistencia jurídica, debe pagar los honorarios.
36
Código Procesal Penal, art. 263.
37
En 1988, la Constitución Federal estableció que la asistencia jurídica a la población carente en
casos de la justicia estadual debe ser realizada por las defensorías públicas de los estados. El estado
de São Paulo, sin embargo, solo instituyó su Defensoría Pública en el año 2006; hasta esa fecha, la
asistencia jurídica pública la brindaba la Procuraduría de Asistencia Jurídica (PAJ), vinculada a la
Procuraduría General del Estado (responsable de la representación del estado de São Paulo ante los
tribunales) y, de forma complementaria, los abogados participantes en el convenio suscrito entre
el Colegio de Abogados de Brasil (OAB) y la PAJ. Con la creación de la Defensoría Pública de São
Paulo, los procuradores de asistencia jurídica tuvieron la opción de migrar a la carrera de defensor
público. Esto fue elegido por 87 de los 350 procuradores que trabajaban en la Asistencia Jurídica
(Según divulgado en el sitio Consultor Jurídico). De acuerdo con la Defensoría Pública, en 2013,
después de la realización de cinco concursos, el estado contaba con 606 defensores: 301 en la capi-
tal y 305 en los demás distritos judiciales. El 13 de julio de 2013, cuando ya estaba finalizada la
observación de campo de esta investigación, se publicó la convocatoria al 6º concurso de ingreso a
la carrera de defensor público en São Paulo, para cubrir 90 vacantes. De estos, 185 trabajan en el
área criminal del estado, 88 de los cuales están en la capital.
Es importante decir, que en una menor escala, las facultades de derecho también establecen ofici-
nas modelo, donde los estudiantes trabajan, bajo la orientación de abogados licenciados quienes
son los legalmente responsables de los procedimientos. Esta actividad se presta a través de un con-
venio firmado con la Defensoría, así como con otras organizaciones no gubernamentales e incluso
públicas, como el caso de la “Fundação de Amparo ao Preso (FUNAP) (responsable de la asistencia
jurídica en la fase de ejecución penal, junto con la Defensoría Pública).
38
Código de Procedimiento Penal, art. 263.
191
Brasil
39
El Colegio de Abogados de Brasil representa a los abogados y regula el ejercicio de la profesión. El
ejercicio de la profesión de abogado en el área contenciosa está sujeto a la aprobación del examen
de acceso a OAB, al que deben someterse los profesionales para poder ejercer, exigencia que se
extiende a los defensores públicos.
40
No hay desglose de los datos de financiación por área en la Defensoría Pública.
41
Defensoría Pública y Colegio de Abogados de Brasil.
42
Como el convenio funciona de forma suplementaria, la Defensoría Pública envía a los abogados de
oficio los casos que superan su capacidad.
43
En São Paulo, el Acuerdo del convenio suscrito entre la Defensoría Pública y el OAB establece,
en su cláusula 2, párrafo 10, los requisitos específicos para la actividad ante el Jurado (prueba de
participación en sesiones y en un programa en la Escuela Superior de Abogacía), y en el párrafo 11,
la realización de un programa específico en la Escuela Superior de Abogacía como requisito para
ejercer en el área de Infancia y Juventud.
44
La recepción de esos honorarios puede ser fraccionada en porcentajes del 70%, 60% y 30%, según
el éxito del abogado en la causa: en caso de condena, el profesional recibirá parte del pago en la
fecha de la sentencia, y el resto cuando se publique el fallo de la apelación. Según la observación de
campo y las entrevistas, esta forma de pago desalienta a menudo a los abogados de oficio a apelar
las sentencias condenatorias, pues no necesitan esperar el fallo de la apelación (que puede tardar
años) para recibir honorarios. Datos de la Defensoría Pública de São Paulo.
45
Incluso en los juzgados penales del Foro Central, donde hay dos defensores públicos por juzgado,
existe sobrecarga de trabajo, aunque de manera menos crítica que en las etapas de la investigación
policial y de la ejecución penal.
192
Isadora Fingermann, Maíra Zapater, Rafael Custódio
46
Este dato no se ha obtenido, pero uno de los jueces entrevistados que trabaja en la fase de Inves-
tigación Policial declaró que recibe en promedio 240 autos de prisión por flagrancias al día y mil
a la semana. Ocho jueces trabajan en el DIPO (Departamento de Investigaciones Policiales). El
informe de actividades de la Defensoría de 2013 mencionó que recibió 28.730 autos de prisión
por flagrancias en los servicios judiciales en el año 2012. Esos defensores ejercen también ante el
Juzgado de Violencia Doméstica y Familiar contra la Mujer y el Juzgado Especial Criminal.
47
En la capital, solo 17 defensores actúan en nombre de 70.000 presos, tanto en procedimientos
judiciales como administrativos. El concurso más reciente, que fue concluido en 2013, priorizó la
cobertura de vacantes en el área de ejecución penal, según las entrevistas y lo anunciado en prensa
por el gobierno del estado de São Paulo. En la etapa de ejecución penal, los condenados también
cuentan con el convenio establecido con FUNAP, tal como se explica con más detalle en la nota
37. Datos del Instituto de Investigación Avanzada 2013.
48
Según el OAB/SP, hay 44.513 abogados inscritos. De las asignaciones realizadas en 2011, apro-
ximadamente un 19% fueron para casos penales. El estado de São Paulo tiene 645 municipios y
282 distritos judiciales, y las 23 unidades de la Defensoría Pública que están instaladas atienden
todas las áreas de asistencia jurídica, no solo la penal, en varios municipios. Las deficiencias en la
estructura de la asistencia jurídica en São Paulo son antiguas, pues, por ejemplo, el convenio existe
desde 1986. Como se verificó en la investigación de campo, uno de los criterios para enviar casos
al convenio es que el servicio sea insuficiente en los distritos judiciales donde la Defensoría Pública
no está instalada, o cuando está instalada porque tiene un número insuficiente de defensores para
atender la demanda. El convenio también atiende casos en los que se verifica un conflicto de inte-
reses entre el usuario que es atendido por la Defensoría y un tercero.
Los datos completos están disponibles en el informe Datos Generales de la Defensoría Pública de
julio de 2012 (aún disponible en línea).
49
Defensoría Pública de São Paulo.
50
El área criminal tiene 185 defensores en todo el estado, de los cuales 88 están en la capital. Dado
que la población que tiene renta familiar de hasta tres salarios mínimos en el estado de São Paulo
alcanza aproximadamente los 29.543.517, hay un defensor para cerca de 49 mil personas, y un
abogado del convenio para 663 personas, aproximadamente. Esto coincide con el hecho de que la
Defensoría Pública no puede atender la mayoría de los casos nuevos que llegan a la institución, y
con el elevado porcentaje de casos que se envían para ser atendidos en el convenio.
193
Brasil
51
Defensoría Pública de São Paulo. Todos los valores expresados en dólares estadounidenses fueron
calculados según el tipo de cambio dólar/real de julio de 2013.
52
Código de Procedimiento Penal, art. 263.
53
Aunque la Defensoría no dispone de datos exactos sobre la población elegible para ser atendida (el
Censo calcula aproximadamente las familias con renta de dos a cinco salarios mínimos, y la Defen-
soría propone atender a personas con renta familiar no superior a tres salarios mínimos), hay datos,
obtenidos en un estudio realizado por el Instituto de Investigación Avanzada en 2013, que indican
que el estado de São Paulo tiene entre 40 y 157 mil personas que son elegibles por cada defensor.
194
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54
El artículo 306, párrafo 1, del Código de Procedimiento Penal determina que si la persona dete-
nida en flagrancia no informa el nombre de su abogado, la autoridad policial debe enviar una copia
completa del auto de prisión en flagrancia a la Defensoría Pública.
55
En la ciudad de São Paulo, cada juzgado penal cuenta con dos defensores públicos –uno que tra-
baja con el juez titular y otro con el sustituto– y la Defensoría orienta al usuario a que busque direc-
tamente al defensor a cargo del procedimiento en el juzgado. Sin embargo, esta orientación podrá
variar según la ciudad, ya que no todas tienen una estructura idéntica a la Defensoría Pública.
56
Documento que inicia el procedimiento judicial criminal.
57
Código de Procedimiento Penal, art. 393.
58
Una investigación realizada por el Núcleo de Estudios de la Violencia de la Universidad de São
Paulo sobre prisiones en flagrancia por el delito de tráfico de drogas indicó que en el 88,64% de
los casos, el procedimiento se tramitó con la persona presa. Otro estudio, realizado por el Instituto
Sou da Paz sobre prisiones en flagrancia constató que, entre los casos observados, solo el 12,1% de
los presos capturados en flagrancia fueron liberados provisionalmente en la etapa policial.
59
Como se observó en el estudio realizado por el Núcleo de Estudios de la Violencia de la Universi-
dad de São Paulo, mencionado en la nota anterior.
195
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Brasil
60
Incluso con la apelación a la espera de resolución, ya que se puede iniciar la ejecución provisional
de la pena. Esto se mencionará con más detalle en las conclusiones.
61
Código de Procedimiento Penal, art. 266. Es importante mencionar las entrevistas con abogados,
respecto de las audiencias celebradas en cumplimento de las cartas rogatorias (documento emitido
por el juez competente a un juez de otra localidad, para realizar una medida procesal en ese distrito
judicial, según el artículo 222 del Código de Procedimiento Penal), sin la presencia de un abogado.
Dado que, en estos casos, los abogados o defensores usualmente ejercen en la ciudad de origen del
procedimiento, no se desplazan siempre a la otra donde se celebra la audiencia. A menudo, los
abogados de oficio van a las salas de audiencia ofreciéndose como defensores ad hoc en las deposi-
ciones, pero los abogados entrevistados relataron que esas audiencias muchas veces se celebran sin
abogado. A pesar de la grave afrenta que esto implica en contra de los derechos constitucionales, es
importante decir que este fue el único acto procesal donde se mencionó que se celebra sin abogado.
196
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62
Los comisarios relataron que la nota de culpa en general se expide en un plazo de 24 horas, lo que
permite presumir que el preso muchas veces responde al interrogatorio policial sin ser informado
de sus derechos.
63
Código Procesal Penal, art. 306, § 2º. El texto constitucional, promulgado con posterioridad al
Código Procesal Penal, establece en su artículo 5º, LXIV, que el preso tiene derecho a identificar a
los responsables de su detención o de su interrogatorio policial.
64
Se recuerda que no hay defensores públicos presencialmente en las comisarías de policía.
65
Código Procesal Penal, art. 20. Hay que resaltar que el decreto de reserva de la investigación
policial es constitucional, pues asegura el éxito de la investigación y resguarda la imagen y el honor
del procesado, de conformidad con la Constitución Federal, en su artículo 5º, X.
66
Ley 8.906/1994.
67
Por medio de la publicación del Boletín de jurisprudencia vinculante nº 14. El boletín de jurispru-
dencia puede definirse como la manifestación de un posicionamiento de los tribunales superiores
acerca de una determinada cuestión jurídica, que haya sido recurrentemente sometida a juicio por
la corte en cuestión y que funcione como indicativo de la interpretación que se debe adoptar en
casos semejantes. El boletín de jurisprudencia vinculante solo puede ser emitido por el Supremo
Tribunal Federal. Recibe esa denominación porque vincula a todos los demás tribunales de instan-
cias inferiores a juzgar en el mismo sentido preconizado por el STF.
197
Brasil
68
Excepcionalmente, el juez puede decretar secreto de justicia por interés público (como, por ejem-
plo, en delitos que involucran a niños o adolescentes, casos de violaciones del secreto bancario, fis-
cal o telefónico, o casos de connotación popular), pero no es oponible al acusado ni a su abogado.
69
Constitución Federal, art. 5º, LXIV. De forma indirecta, también el inciso LV de la CF asegura el
derecho a un proceso contradictorio y la amplia defensa, ya que su ejercicio depende de la comu-
nicación eficaz del contenido de la acusación.
70
El Código Procesal Penal regula la citación en los artículos 351 a 369.
71
Código Procesal Penal, art. 357.
198
Isadora Fingermann, Maíra Zapater, Rafael Custódio
72
Código Procesal Penal, art. 306, § 2º.
73
Es también un derecho constitucional previsto en la CF, art. 5º, LXIV.
74
La cédula de notificación está prevista en el artículo 352 del Código Procesal Penal. Aunque la ley
no determina que el derecho a un abogado debe constar en este documento, la doctrina entiende
que a partir de las modificaciones legales derivadas de la Ley 11.689/2008 (cuando el acto de cita-
ción comunica al acusado acerca de su derecho a presentar defensa), ese derecho se debe expresar
en la cédula de notificación.
199
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Brasil
75
Estatuto de la OAB, art. 1º, I.
76
Código Procesal Penal, arts. 185 y ss.
77
En este sentido, véase Fernando da Costa Tourinho Filho 2010, p. 546, v. 4.
200
Isadora Fingermann, Maíra Zapater, Rafael Custódio
78
Hay que señalar que los defensores públicos que actúan en el DIPO hacen el seguimiento mediante
consulta a los autos de las investigaciones que son remitidas al tribunal, sin establecer contacto
personal con los acusados.
201
Brasil
79
Código Procesal Penal, art. 396.
80
Código Procesal Penal, art. 185, § 5º.
81
Al respecto, véase también la deliberación 246 de la Defensoría Pública de São Paulo.
82
La Fundación Professor Manoel Pedro Pimentel, vinculada a la Secretaría de Administración Peni-
tenciaria (estatal), realiza programas sociales en establecimientos penitenciarios, ofreciendo, entre
otros servicios, asistencia judicial para los presos.
202
Isadora Fingermann, Maíra Zapater, Rafael Custódio
De todos modos, es importante hacer una salvedad respecto de los procesos que
se tramitan en los tribunales especiales penales (procedimiento sumarísimo) que se
centran en infracciones de menor potencial ofensivo.83 Aunque no hay exigencia legal
para contar con la presencia de un abogado en la fase preprocesal, dicha presencia es
recomendable en la práctica. De hecho, en la audiencia en la que se proponen medidas
despenalizadoras,84 la ley exige la presencia de un defensor.
Pese a obligar la presencia de un abogado defensor en todos los procesos penales,
la ley brasileña no establece reglas específicas para la asistencia judicial de los acusados
pertenecientes a grupos vulnerables, tales como enfermos mentales, indígenas o mino-
rías étnicas. Cabe recordar que los niños y adolescentes tienen un procedimiento legal
especial85 y tienen derecho a un abogado.
Aunque no existe una diferencia formal entre la defensa técnica realizada por
abogados particulares, defensores públicos y abogados de oficio, la observación prác-
tica y las entrevistas realizadas demostraron que los acusados que son defendidos por
abogados particulares tienen una defensa de mejor calidad. A pesar de que los profe-
sionales de la Defensoría Pública son seleccionados mediante un riguroso concurso
público, actúan de manera masificada, pues no tienen contacto personal con el asis-
83
Definidas por la Ley 9.099/95, art. 61.
84
La Ley 9099/95 crea los juzgados penales especiales, y prevé tres medidas despenalizadoras para
posibilitar alternativas al proceso penal y a la pena de prisión en delitos de menor potencial ofen-
sivo, especialmente cuando los acusados no tienen antecedentes. Dichas medidas son, en primer
lugar, compensación civil de los daños (prevista en el artículo 74 de la ley, y que consiste en
la posibilidad de realizar un acuerdo entre víctima y acusado para compensar los daños. Puede
extinguir el proceso cuando el Ministerio Público dependa de una autorización de la víctima para
procesar –acción penal pública condicionada a la representación– o cuando dependa de una acción
penal privada). En segundo lugar, existe la transacción penal, prevista en el artículo 76 de la ley.
Es una propuesta del Ministerio Público para aplicar inmediatamente una pena restrictiva de dere-
chos o de multa, en lugar de iniciar el proceso penal. La ventaja de la transacción penal es que su
aceptación no genera reincidencia, y se registra solo para impedir nuevamente la concesión de este
beneficio en los cinco años siguientes (art. 76, §4º).
El proceso penal inicia cuando no hay composición civil de los daños ni transacción penal, y, en
ese momento, el juez analiza si el acusado cumple los requisitos para la suspensión condicional
del proceso (artículo 89 de la ley) –como, por ejemplo, no estar siendo procesado ni haber sido
condenado por otro delito–. Si se acepta la propuesta de suspensión, el proceso se suspende por un
periodo de dos a cuatro años, y el acusado es sometido a ciertas condiciones (compensar el daño,
comparecer regularmente al juzgado para justificar actividades, no ausentarse del lugar donde se
tramita el caso). Concluido el periodo de suspensión con el adecuado cumplimiento de las condi-
ciones, concluye el proceso con la extinción de la punibilidad del acusado.
85
Estatuto del Niño y del Adolescente, Ley 8069/90.
203
Brasil
204
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
penal ineficaz puede ser destituido por el juez, quien puede nombrar a un defensor
público en su lugar, so pena de anular el proceso.86 No obstante, este tipo de anulación
es difícil de obtener porque debe demostrarse cómo y por qué el acusado se vio perju-
dicado por la defensa de mala calidad, lo que solo puede hacer un abogado de buena
calidad técnica.
La mayor parte de los derechos procesales penales tienen estatus constitucional. Así,
el derecho a una defensa amplia, al contradictorio, a la presencia de un abogado, a la
presunción de inocencia, a guardar silencio, entre otros,87 forman parte del conjunto
de garantías individuales fundamentales.
Entre las diversas reformas del Código Procesal Penal, nuevamente nos referimos
a la realizada por la Ley 11.719 en 2008. Pese a que el cambio fue positivo, ya que
reconoce el interrogatorio como acto de defensa y de prueba pues lo coloca como
último acto de la fase de producción de pruebas, la modificación implicó que no haya
ningún tipo de contacto entre el defensor público y el acusado antes del día de la
declaración de los testigos. A partir de la modificación realizada en 2008, la respuesta
a la acusación que debe realizarse diez días después de la citación, se elabora sin que el
defensor tenga contacto con su defendido que está preso.
Debido a que en el procedimiento previsto antes de la reforma el interrogatorio
era el primer acto del proceso, el acusado que estaba preso (pobre, usualmente) se
encontraba con el defensor al menos en esa ocasión y podía indicar testigos u otras
pruebas para la audiencia de instrucción. Esto resulta más difícil hoy en día, pues la
86
El Código Procesal Penal incluye previsión expresa en ese sentido en los juicios ante el Tribunal del
Jurado. Pero, existe la concepción de que el control jurisdiccional de la eficiencia de la defensa debe
ser ejercido en todos los distintos tipos de proceso, debido al derecho a la amplia defensa.
87
El artículo 5º, incisos LIII al LXVI, de la Constitución Federal establece los derechos procesales
en materia penal. Además de los ya mencionados, se encuentran: el derecho a ser procesado y
sentenciado por la autoridad competente; el debido proceso legal; la prohibición de usar pruebas
obtenidas por medios ilícitos; el no sometimiento de la persona civilmente identificada a la identi-
ficación penal; la publicidad de los actos procesales como regla; la exigencia de orden judicial para
realizar la detención (salvo, la flagrancia); el derecho a la comunicación al juez competente y a la
familia del detenido sobre la detención en flagrancia; el derecho a identificar a los responsables de
la detención y del interrogatorio policial; el derecho a que cese inmediatamente la detención ilegal;
el derecho a la libertad provisional mediante pago de fianza. El inciso LXVIII prevé también el
derecho al hábeas corpus para los casos de detención ilegal o realizada con abuso de poder.
205
Brasil
206
Isadora Fingermann, Maíra Zapater, Rafael Custódio
También es recurrente que los principales o únicos testigos sean los policías mili-
tares que efectuaron la detección. Además, en pocas audiencias se vieron testigos de
la defensa.88 Por otro lado, en varias ocasiones los miembros del Ministerio Público se
ausentaron durante algunos momentos de las audiencias. Los juzgados tienen muchos
procesos y para realizar todas las audiencias del día, muchas veces realizan de forma
apresurada las instrucciones, sin tener en cuenta la calidad técnica de la recepción
de pruebas. En más de una ocasión, se vio prescindir de testigos debido a la falta de
tiempo para producir las declaraciones testimoniales.
En las audiencias observadas, los acusados que estaban presos acudieron al tribu-
nal esposados, escoltados y en uniforme de prisión. Posiblemente, esta imagen de los
acusados afecta negativamente –aunque sean inconscientes– la percepción de parte de
los intervinientes en las audiencias.
Ahora bien, en todos los casos que se observaron, los acusados ejercieron su
derecho a hablar con su defensor antes del inicio de la audiencia y por fuera de la sala.
Pero, la conversación no fue privada, ya que se hizo en la puerta de la sala de audien-
cia y junto al policía de escolta. Aunque no se vio a ningún juez limitar el tiempo de
conversación, se observó que los abogados no quisieron tomarse mucho tiempo, pues
los estaban esperando en la sala de audiencia para iniciar y, debido al alto volumen
de audiencias programadas, existe presión para cumplir la agenda. En ninguna de las
audiencias a las que asistimos durante la investigación los acusados participaron de las
etapas de instrucción y debates, ya que siempre fueron reconducidos a la cárcel antes
de su término.
Otro punto criticable es el reconocimiento personal del acusado por parte de
la víctima o de los testigos.89 Aunque el tribunal cuenta con salas propias para ello,
usualmente el procedimiento se realiza solo con el acusado, o con este y otra persona,
y todos visten el uniforme carcelario, vulnerando la disposición legal. Las preguntas
que se realizan a la víctima o al testigo que van al reconocimiento son sesgadas (por
88
Una investigación acerca de procesos penales en casos de flagrancia por tráfico de drogas, realizada
por el Núcleo de Estudios de la Violencia de la Universidad de São Paulo en 2011, mostró que el
74% de los autos de prisión analizados tuvieron solo el testimonio de los policías que realizaron la
detención y no hubo ningún testigo civil.
89
El reconocimiento de personas es un medio de prueba previsto en el artículo 226 del Código
Procesal Penal. En él se establece que i) la persona que tiene que hacer el reconocimiento debe
ser invitada a describir a la persona que debe ser reconocida; ii) la persona cuyo reconocimiento
se pretende será colocada, si es posible, junto a otras que tengan cualquier semejanza con ella, y a
quien debe reconocerla se le pedirá que la señale.
207
Brasil
208
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
deseo de apelar prevista en el Código Procesal Penal90 dificulta el ejercicio del derecho
a recurrir.
En los juicios de apelación y algunos otros recursos realizados en segunda instan-
cia, se faculta al defensor a presentar oralmente sus razones ante la sala juzgadora. En
las sesiones a las que asistimos en la investigación, las defensas orales presentadas por
la mayoría de abogados tenían un discurso de mala calidad técnica y, usualmente, no
eran más que la lectura de las razones que motivaron la presentación de los recursos.
Normalmente, los jueces no ponen atención a esa lectura, salvo en casos puntuales
en los que los abogados son buenos oradores y de comportamiento luchador –por
lo general, abogados particulares–. No se vieron defensas orales realizadas por defen-
sores públicos y, según lo relatado por los defensores entrevistados, es raro que ello
ocurra. El Ministerio Público en segunda instancia siempre se manifestó a favor de la
fiscalía de primera instancia y en las sesiones observadas no se presenció un juicio de
un recurso interpuesto por este, razón por la cual los defensores siempre iniciaron las
exposiciones.
La Constitución Federal establece que solo el juez puede decretar la prisión de una
persona como resultado de una condena penal o como medida cautelar,91 de oficio o
a petición de parte según el caso.
La ley procesal penal prevé tres tipos de medida cautelar:
Detención en flagrancia. Está prevista en la Constitución Federal92 y en el
Código Procesal Penal.93 Es la única hipótesis en la que se admite la detención sin
orden judicial previa, pues se realiza cuando: i) alguien está cometiendo un delito o
90
El artículo 392 del Código Procesal Penal establece las reglas para la notificación de la sentencia.
Para respetar el derecho a la amplia defensa, la regla general es que el acusado y el defensor sean
notificados de la sentencia condenatoria. Pero, aunque esta es la interpretación más adecuada a
lo establecido en la Constitución Federal, el inciso II del artículo 392 del Código Procesal Penal
admite que si el acusado está en libertad, solo el abogado podrá ser notificado. Tanto el acusado
como su defensor podrán manifestarse en torno a la condena, lo que no necesariamente ocurre
concomitantemente y da lugar a divergencias entre el acusado y su abogado frecuentemente.
91
Constitución Federal, art. 5º, LXI.
92
Ibid.
93
Código Procesal Penal, arts. 301 y ss.
209
Brasil
94
Código Procesal Penal, art. 306.
95
Ley 7.960/1989.
96
La Ley de delitos Atroces (8.072/1990) prevé un tratamiento más riguroso para determinadas con-
ductas, como, por ejemplo, el robo a mano armada, la violación y el tráfico de drogas, entre otros.
Esta dispone que en estos delitos la prisión temporal tiene una duración de 30 días (prorrogables
por 30 más, si es necesario).
97
Estos son: homicidio doloso, secuestro o cárcel privada, robo, extorsión, extorsión mediante
secuestro, violación, epidemia con resultado de muerte, envenenamiento de agua potable o subs-
tancia alimenticia o medicinal con muerte, asociación de malhechores, genocidio, tráfico de drogas
y delitos contra el sistema financiero, según el artículo 1º, inciso III de la Ley 7.960/1989.
98
Código Procesal Penal, art. 316.
99
Código Procesal Penal, art. 313.
210
Isadora Fingermann, Maíra Zapater, Rafael Custódio
reincidencia por delitos dolosos; iii) en casos de violencia doméstica para garantizar
las medidas de protección a la víctima; y iv) en casos de duda sobre la identidad civil
de la persona.
Cuando la prisión preventiva es admisible, su procedencia requiere verificar que
se cumplen los requisitos100 cautelares: i) los supuestos materiales e indicios de la auto-
ría (el delito debe existir y debe sospecharse de manera fuerte quién es el autor); y ii)
la demostración del riesgo existente, si se mantiene en libertad al acusado, debido a la
necesidad de garantía del orden público o económico, la conveniencia para la instruc-
ción penal y la garantía de la aplicación de la ley penal. Después de las modificaciones
realizadas por la Ley 12.403/2011,101 hay quienes entienden que la prisión preventiva
puede ser decretada por el incumplimiento de las medidas cautelares alternativas ante-
riormente impuestas.102
Después de finalizar el procedimiento de formalización de la detención cuando
el acusado es detenido en flagrancia, la documentación se remite al juez (en São Paulo
es el juez del DIPO) para que analice la legalidad de la detención y la necesidad de
decretar prisión preventiva. Si la detención ha cumplido los parámetros legales,103 y
no hay motivo legal alguno para mantener la privación cautelar de la libertad (en
cuyo caso se decretaría prisión temporal o prisión preventiva), el juez debe conceder
la libertad provisional, por medio de una fianza u otra medida cautelar de acuerdo
con el artículo 310 del Código Procesal Penal. La fianza puede ser interpuesta por el
comisario en delitos con condena de hasta cuatro años de prisión.
La decisión sobre conceder e imponer la fianza varía según la pena prevista para
el delito:104 mientras en las infracciones con pena máxima de prisión de cuatro años
la fianza puede ser concedida por la autoridad policial, en todos los demás casos, el
juez puede decidir en un máximo de 48 horas. La concesión de libertad bajo fianza
depende de pagar el dinero. Incluso en relación con la libertad provisional en la etapa
100
Código Procesal Penal, art. 312.
101
La Ley 12.403/2011 alteró el Código Procesal Penal. Posibilitó la aplicación de medidas cautelares
restrictivas de la libertad (tales como comparecer al juzgado para justificar actividades y nuevas
reglas en el pago de la fianza), cuando no es posible mantener al acusado en libertad plena (sin
cautelares) durante el proceso.
102
Es importante destacar que a partir de la Constitución de 1988, la prisión por averiguación fue
retirada del ordenamiento jurídico brasileño, y no existe previsión legal para mantener a alguien
bajo custodia sin orden judicial (recordando que en el caso de detención en flagrante delito, para
que esta sea mantenida, deberá ser ratificada por el juez en un máximo de 24 horas).
103
Pues, de lo contrario, el flagrante deberá ser cesado y el acusado puesto en libertad inmediatamente.
104
Código Procesal Penal, art. 322.
211
Brasil
105
En diciembre de 2012, la población carcelaria del estado de São Paulo era de 190.828 personas,
de las que 63.843 estaban presas provisoriamente, es decir el 33,4 % del total. Datos del Departa-
mento Penitenciario del Ministerio de Justicia.
106
Datos del Consejo Nacional de Justicia.
107
En diciembre de 2012, el estado de São Paulo contabilizaba 4.867 presos bajo custodia de la Secre-
taría de Seguridad Pública. En Brasil, sin embargo, el total llegaba a 34.290 presos en comisarías
de policía. Datos de Departamento Penitenciario del Ministerio de Justicia.
212
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
detenido está privado de su libertad sin ningún tipo de comunicación con un abogado
o con su familia. Además, según las entrevistas, esas prisiones temporales frecuente-
mente se realizan sin orden judicial, pues esta se expide posteriormente.
La ley procesal penal permite108 que el acusado sea juzgado en ausencia. Esto se deno-
mina juicio en rebeldía, y se presenta cuando se presume que el acusado conoce la
imputación en su contra y es citado,109 pero no comparece. El proceso seguirá sin su
presencia, pero preservándole todas las garantías constitucionales fundamentales: pre-
sunción de inocencia,110 amplia defensa y el derecho constitucional a un proceso con-
tradictorio,111 debido proceso legal112 y derecho a guardar silencio.113 Estas garantías
se concretan especialmente en la exigencia de contar con la presencia de un abogado
(defensor público, de oficio o privado) y en la garantía de no existir presunción de
veracidad de los hechos alegados por la acusación, al menos teóricamente.
En la investigación de campo se vieron pocas audiencias de acusados en rebel-
día, y en ellas siempre estuvo presente un defensor. Sin embargo, no existen datos
disponibles acerca de los efectos posiblemente perjudiciales que para la defensa tiene
la ausencia del acusado, ni sobre el número ni la proporción de juicios realizados en
rebeldía, lo que requiere un análisis estadístico.
En la fase judicial, otro punto que merece mención es que el Código Procesal
Penal de 2008114 reguló el interrogatorio por videoconferencia, y aunque el Tribunal
Penal de Barra Funda posee la infraestructura, no se presenció ningún interrogatorio
realizado en esas condiciones. Los defensores, jueces y fiscales entrevistados dijeron
que esa modalidad se utiliza raramente, y no hay consenso acerca de su pertinencia,
debido al perjuicio que puede causar a la defensa, pues evita el contacto personal entre
el juez y el acusado en la única ocasión en que se ejerce el derecho a la autodefensa en
la fase judicial.
108
Código Procesal Penal, arts. 366 y 367.
109
Se presume que está enterado porque el acusado puede haber sido citado por convocatoria pública,
en lugar de personalmente.
110
Constitución Federal, art. 5º, LVII.
111
Constitución Federal, art. 5º, LV.
112
Constitución Federal, art. 5º, LIV.
113
Constitución Federal, art. 5º, LXIII.
114
Código Procesal Penal, art. 185.
213
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Brasil
115
Datos del Departamento Penitenciario del Ministerio de Justicia.
116
Véase juicio del hábeas corpus 84.078-7/MG, Rel. Min. Eros Grau, Tribunal Pleno, Supremo
Tribunal Federal, 05/02/2009.
214
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
impacto del derecho al silencio en las decisiones judiciales, cuando este es ejercido por
los acusados.
117
Es importante mencionar que es común la falta de fundamentación de las decisiones de segunda
instancia, pues el fallo simplemente menciona que “adopta las razones de la decisión de la senten-
cia”, y la transcribe. El artículo 252 del Reglamento Interno del Tribunal de Justicia de São Paulo
permite que la fundamentación del Tribunal se limite a la de la sentencia.
118
Datos de Consejo Nacional de Justicia.
215
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Brasil
Según el artículo 4º del Código Procesal Penal y el artículo 144, § 4º, de la Consti-
tución Federal, la actividad de investigación es una atribución de la policía judicial.
No estaba prohibida legalmente la investigación particular hasta la promulgación de
la Ley 12.830, publicada en junio de 2013, que definió que las investigaciones penales
solo podían ser realizadas por la policía judicial.
La ausencia de una prohibición expresa de investigación por parte de órganos
distintos a la policía originó un intenso y polémico debate en Brasil durante los meses
en los que se elaboró esta investigación, en particular, respecto de la posibilidad de
que el Ministerio Público investigue penalmente, pues, debido a la inexistencia de una
disposición legal al respeto, hace algunos años lo viene haciendo. El debate culminó
con la votación y el archivo de una propuesta de enmienda constitucional defendida
por instituciones policiales,121 cuyo objetivo era establecer de manera expresa que las
investigaciones delictivas fueran actividades reservadas a la policía federal y civil de
los estados. Sin embargo, con la modificación legal contenida en la Ley 12.830/13, el
comisario de policía tiene mayor grado de autonomía en la investigación delictiva, lo
que probablemente genera conflictos de interpretación entre la ley y la Constitución
Federal. Esta última continúa con el mismo texto pues la propuesta de enmienda cons-
titucional fue archivada, lo que ocasiona las mismas interpretaciones sobre la amplia-
ción de las atribuciones de la investigación penal.
119
Como se mencionó, la defensa técnica en la fase de ejecución también es hecha por abogados de la
FUNAP que no fueron incluidos en nuestra investigación.
120
Los defensores actúan no solo en el proceso judicial, sino también en los procesos disciplinarios
impuestos a los presos condenados. La falta de garantía a sus derechos en ese campo también es
frecuente.
121
El texto completo de la PEC 37 puede ser consultado en el sitio de la Cámara de Representantes.
216
Isadora Fingermann, Maíra Zapater, Rafael Custódio
122
El artículo 156 del Código Procesal Penal establece que la prueba de la alegación incumbe a quien
la haga; incluso el juez está facultado para requerir la producción de prueba.
217
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Brasil
tos y accidentes de vehículo sin víctimas). Eso ocurre, según se constató, porque existe
la cultura de orientar a las personas a que se dirijan a las comisarías de policía para
relatar cualquier tipo de violación de derechos, y se exige la presentación de la denun-
cia para conseguir reembolsos de aseguradoras de autos, o probar un fraude bancario
en procesos civiles, entre otros. Según los comisarios entrevistados, esto aumenta exce-
sivamente la demanda de trabajo en las comisarías de policía y afecta la dinámica de
las investigaciones penales; además, no está fundamentado en ninguna previsión legal.
A partir del momento de la citación del acusado, empieza a correr el plazo de 10 días
para que el defensor presente la defensa escrita. Esta incluye el conjunto de testigos que
se pretenden presentar en audiencia. La ausencia de contacto previo entre el acusado
123
Aplicable a los delitos cuya pena máxima es igual o superior a cuatro años.
124
Código Procesal Penal, art. 396-A.
125
Aplicable a los delitos cuya pena máxima es inferior a cuatro años.
126
Previsto en la Ley 9.099/95 y en la Ley 10.259/2011 para las infracciones cuya pena máxima es
igual o inferior a dos años.
218
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
El artículo 193 del Código Procesal Penal se limita a garantizar intérprete durante el
interrogatorio judicial. Pero esa disposición legal puede extenderse vía interpretación
y, por analogía legal, al interrogatorio en la fase policial.129
En teoría, el juez debe convocar a un intérprete cuando el acusado no habla la
lengua nacional. Según las entrevistas, en la práctica no existe dicho servicio en la
fase policial, y el apoyo para que el acusado que no habla portugués comprenda lo
que sucede depende principalmente de la buena voluntad de los funcionarios y los
defensores públicos. En la fase judicial, los entrevistados dijeron que es raro recu-
rrir a los servicios de intérpretes. El artículo 236 del Código Procesal Penal prevé la
traducción de documentos en lengua extranjera por un traductor público o por una
persona idónea. El derecho del acusado a traducir libremente los documentos no está
regulado legalmente. La doctrina menciona que la traducción puede dejarse de lado,
si las partes la consideran innecesaria y de acuerdo con el criterio del juez.130 Durante
la investigación de campo realizada, no se constataron situaciones que requirieran la
traducción de documentos, probablemente debido al tipo de delitos mayoritariamente
procesados (hurto, tráfico de drogas, y robos con poca violencia y sin uso de armas).
127
Por ejemplo, Código Procesal Penal, art. 156.
128
Por ejemplo, Constitución Federal, art. 5º, LV e LVII.
129
Código Procesal Penal, art. 6º, V.
130
En este sentido, véase Guilherme de Souza Nucci 2008, p. 318.
219
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Brasil
131
En São Paulo existen: el Sindicato de Abogados, la Asociación de Abogados de São Paulo y la
Asociación de Abogados Criminalistas del Estado de São Paulo. En otros estados hay asociaciones
similares.
132
Datos de la Orden de Abogados de Brasil.
133
Estatuto de la Abogacía (Ley 8.906/1994), art. 8º, inc. IV.
134
Según el artículo 70 del Estatuto de la Abogacía (Ley 8.906/1994), el consejo seccional del terri-
torio donde ocurre una infracción disciplinaria por parte de los abogados inscritos en la OAB es el
competente para imponer la sanción. El juicio es realizado por el Tribunal de Ética y Disciplina del
Consejo Seccional. Este procedimiento administrativo no excluye la responsabilidad civil y penal
del abogado.
220
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
gados, es decir: la postulación a órganos del Poder Judicial y a los juzgados especiales
(con la salvedad del hábeas corpus), actividades de consultoría, asesoría y dirección
jurídica. El Estatuto añade que las actuaciones del abogado son de carácter público, y
que este contribuye a solicitar una decisión favorable para su cliente y a convencer al
juzgador.
La descripción y regulación de las obligaciones de los abogados con sus clientes
se encuentran en el Estatuto de la Abogacía y en el Código de Ética y Disciplina de la
OAB. Entre las principales, cabe mencionar el derecho a conservar en secreto lo que
se le ha relatado en ejercicio de su trabajo, aunque puede utilizar la información en el
marco de la defensa con la autorización del cliente.135 El artículo 5º, § 3º, del Estatuto
establece que cuando el abogado renuncia al mandato debe continuar representándolo
durante los diez días siguientes a que notificó la renuncia, salvo que sea sustituido
antes del plazo.
No se establecen diferencias entre las obligaciones según las áreas de actuación de
los abogados. Pero hay una disposición específica sobre la defensa penal en el artículo
21 del Código de Ética, según la cual, el abogado tiene el deber y el derecho a asumir
la defensa penal sin tener en cuenta su opinión acerca de la culpa del acusado.
Los clientes insatisfechos con el servicio de su abogado pueden solicitar un pro-
cedimiento disciplinario, que también puede ser abierto por iniciativa del Tribunal de
Ética y Disciplina.136 Existen datos disponibles (incluso en la web de la OAB137) sobre
los procedimientos disciplinarios iniciados. Sin embargo, los datos no están separados
por especialidad, lo que no hace posible saber cuántas reclamaciones específicas hay en
contra de abogados en materia penal.
La mayor parte de las percepciones obtenidas en la investigación de campo sobre
abogados defensores se relacionan con los defensores públicos, debido al perfil de los
acusados. Aunque no hay datos cuantitativos disponibles, según las entrevistas y las
observaciones realizadas, existe la impresión de que hay más acusados representados
por defensores públicos y de oficio que por abogados designados. De cualquier forma,
muchas reglas del Estatuto y del Código de Ética se aplican a todos estos profesionales.
La Defensoría Pública es, en general, una institución valorada por los profe-
sionales que actúan en otras instituciones del sistema de justicia y sus miembros son
considerados preparados y combativos en su práctica jurídica. No obstante, en algu-
135
Código de Ética, art. 27.
136
Código de Ética y Disciplina de la OAB, art. 51.
137
Datos de la Orden de Abogados de Brasil.
221
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Brasil
nas entrevistas con fiscales y jueces, se relató que esa combatividad de la Defensoría
Pública a veces se manifiesta como “exceso de defensa”.138
Los abogados particulares –y defensores– sienten que son mal vistos por la socie-
dad, lo que según los entrevistados, a veces, se refleja en una relación conflictiva con
los jueces y fiscales. Los fiscales, a menudo, fueron descritos peyorativamente por los
demás entrevistados –defensores, jueces y comisarios de policía– como “combatientes
del crimen”.
Los abogados no sufren interferencias directas en las estrategias diseñadas para repre-
sentar el mejor interés de sus clientes. Pero pueden ser destituidos por el juez y por su
defendido cuando no realizan la defensa técnica satisfactoriamente, lo que generaría el
nombramiento de un defensor público o de oficio.
El artículo 261, párrafo único, del Código Procesal Penal obliga expresamente
al abogado de asistencia judicial o al defensor público a actuar de manera fundamen-
tada. Esta obligación legal no es expresa para el abogado particular. No hay datos
disponibles acerca de casos en los que se haya decretado la nulidad al considerar que
el acusado estuvo indefenso, ni en las audiencias a las que se asistió se observó al juez
ejerciendo control jurisdiccional sobre la calidad de la defensa.
A pesar de que Brasil tiene 817.000 indígenas entre sus 196.655.014 de habitantes
(Censo de 2010), las leyes específicas para este grupo poblacional son escasas. El Esta-
tuto del Indio139 menciona que la protección establecida en las leyes brasileñas incluye
(a) a los indígenas y sus comunidades en los mismos términos que aplican a los demás
138
Por “exceso de defensa”, los jueces y fiscales entrevistados se refieren a la insistencia –en su opi-
nión “indiscriminada”– de las solicitudes de libertad provisional y peticiones de hábeas corpus. En
2012, el Supremo Tribunal Federal restringió el uso de hábeas corpus. Según la nueva interpreta-
ción, para cuestionar una decisión de instancia que niega la petición de hábeas corpus, el acusado
debe interponer un recurso ordinario constitucional, cuyo juicio tarda más que el de hábeas cor-
pus. A este respecto, léase: el juicio del hábeas corpus 109.956/PR, Rel. Min. Marco Aurélio, 1ª
Turma, 07/08/2012.
139
(Ley 6.001/1973), art. 1º, par. único.
222
Isadora Fingermann, Maíra Zapater, Rafael Custódio
brasileños, y (b) los usos, costumbres, las tradiciones y condiciones especiales recono-
cidos en el Estatuto. El procesamiento y juzgamiento de un delito cometido por un
indígena se rige por el Código Procesal Penal.
Por otro lado, el artículo 26 del Código Penal establece que las personas con
desarrollo mental incompleto son consideradas inimputables. Dado que no está defi-
nido legalmente quiénes son inimputables, la doctrina ha elaborado una definición.
Existe consenso entre varios autores respecto de que el indígena que no está integrado
a la cultura hegemónica debe ser considerado como una persona con desarrollo mental
incompleto y, por lo tanto, inimputable.140 Esta interpretación es raramente aplicada
en el sistema de justicia penal, en especial en el estado de São Paulo, pues es difícil que
converjan los factores requeridos.
En el estado de São Paulo, por sus características geográficas, sociales y culturales,
la cuestión indígena no está del todo presente en los tribunales penales. Sin embargo,
en los estados del norte141 y centro-oeste,142 donde está la mayor concentración de
etnias indígenas, esta temática aparece con mayor frecuencia.
Con el fin de ilustrar un posible problema derivado de la diversidad cultural de
etnias indígenas, se puede citar el caso del Cacique Véron,143 que ocurrió en enero de
2003 en el estado de Mato Grosso do Sul (región centro-oeste de Brasil), cuando fue
asesinado el cacique Marcos Véron en un ataque a un grupo de la etnia guaraní-kai-
woá que reivindicaba la tenencia de tierras indígenas. Después de que el Ministerio
Público Federal reclamó la exclusión de personas del lugar como miembros del jurado
encargados de los acusados del homicidio (el MP mencionó que el sospechoso tenía
un gran poder económico y ejercía considerable influencia social; pero también tenía
un intenso prejuicio racial contra los indígenas de la región), el caso fue trasladado a
São Paulo con un procedimiento de transferencia a otra circunscripción.144
El día del juicio se impidió a los testigos indígenas expresarse ante el tribunal en
su propia lengua y a través de intérprete, pues se determinó que rendirían testimonio
140
En este sentido, véase Guilherme de Souza Nucci 2005, p. 237; Cezar Roberto Bitencourt 2010,
vol. 1, p. 417; Magalhães Noronha 1995, vol. 1, p. 164)
141
Amazonas, Pará, Rondônia, Roraima, Acre, Amapá y Tocantins.
142
Goiás, Mato Grosso y Mato Grosso do Sul.
143
Véase:: [Link] y [Link]
[Link]/2010-mai-09/nota-ajufesp-apoia-juiza-suspendeu-julgamento-vero.
144
Esta disposición se encuentra contenida en el artículo 427 del Código Procesal Penal en los casos
de juicio por jurado y posibilita transferirlos a otra jurisdicción cuando hay sospechas acerca de la
necesidad de excluir los jurados.
223
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
en portugués y se utilizaría el intérprete solo en los casos en que los declarantes tuvie-
ran dificultad para comprender algún término. Se justificó en el marco del artículo
223 del CPP, pues este dice que la necesidad de contar con un intérprete solo se
presenta “cuando el testigo no conoce la lengua nacional”. Según la jueza, este no era
el caso, ya que, durante el proceso, los indígenas habían rendido declaración en portu-
gués, y constaba que ellos sabían leer y escribir en este idioma. El caso está pendiente
de resolver el recurso de apelación presentado por los acusados.145
Aunque el delito fue procesado y juzgado según las reglas especiales que se siguen
en los casos de jurados (está fuera del alcance de esta investigación), y no se trata de un
acusado sino de una víctima indígena, la situación anteriormente descrita ejemplifica
que la falta de intérpretes de lenguas indígenas puede constituir un serio obstáculo en
el ejercicio de la defensa de acusados pertenecientes a estas comunidades.
145
Proceso 2003.60.02.000374-2, Rel. Des. Fed. Peixoto Junior, Subsección Criminal, 2ª Turma,
Tribunal Regional Federal de la 3ª Región.
Isadora Fingermann, Maíra Zapater, Rafael Custódio
del escolta policial. Pero, además, según los defensores entrevistados, debido al cambio
legal ocurrido en el procedimiento penal ordinario en 2008, en casos de flagrancia es
frecuente que el acusado esté preso y sin sin abogado a la espera del juicio, por lo que
se le nombra un defensor. La ley establece que la repuesta a la acusación debe pre-
sentarse 10 días después, pero los defensores de la ciudad de São Paulo no conversan
con sus defendidos en las cárceles ni buscan hacerlo en privado con ellos durante ese
plazo y antes de presentar la respuesta. En general, no hay contacto personal entre el
defensor y el acusado que está preso, y, por ello, no se analiza si existen testigos u otras
pruebas favorables a la defensa. Antes de la reforma, el interrogatorio era el primer acto
del proceso, y el acusado que estaba detenido (usualmente pobre) se encontraba en esa
ocasión con su defensor y le podía indicar los testigos que podrían ser escuchados en
la audiencia de instrucción. Esto actualmente es más difícil, y, a veces, la respuesta a la
acusación se ha convertido en un acto de defensa formal.
Tercero, en la fase de ejecución hay diversos problemas estructurales. Según las
entrevistas, suele pasar que la persona está presa en una ciudad diferente a la de la
jurisdicción donde se tramita la fase de ejecución, y como las solicitudes de beneficios
deben hacerse en la jurisdicción del proceso, eso acarrea, al menos, una de estas dificul-
tades: a) si la persona tiene un abogado particular y este actúa profesionalmente en la
misma ciudad donde se cumple la condena, el abogado debe trasladarse a la otra ciu-
dad cada vez que solicita un beneficio (o para hacer seguimiento simple al proceso); b)
la defensa es ejercida por un defensor público de la zona de ejecución destinado a otra
comarca (es lo más frecuente) y, entonces, no tiene contacto personal con el asistido,
pues los defensores públicos no van a las cárceles.
Cuarto, los gastos del sistema de justicia penal y de la asistencia judicial no se
encuentran desglosados. De cualquier manera, según el informe La justicia en cifras de
la justicia estatal,146 el costo de la asistencia judicial gratuita en el estado de São Paulo
es de USD 393.112,73, lo que corresponde al 0,017% del monto total del gasto en la
justicia estatal, que asciende a USD 2.247.714,14. La reducida proporción asignada
a la asistencia judicial gratuita y la ausencia de datos desglosados sobre el costo de la
justicia penal y de la asistencia judicial en particular, muestra la escasa importancia que
tiene esta área y la poca inversión que en ella se realiza.
Quinto, los abogados particulares son críticos del convenio con la OAB, aun-
que son conscientes de la importancia de la Defensoría Pública. Los abogados y los
defensores públicos manifiestan unánimemente que las debilidades de la Defensoría
146
Consejo Nacional de Justicia 2010.
225
Brasil
perjudican la defensa e implica que esta sea masificada. Contrariamente, los jueces y
fiscales entrevistados mencionaron usualmente que la estructura actual de la Defenso-
ría Pública es suficiente y adecuada para la demanda que tiene.
En la investigación de campo realizada (especialmente en las entrevistas con fis-
cales y comisarios) resultó evidente que existe un fuerte discurso de preservación de la
sociedad, ya que para abordar el problema de la criminalidad se habla más de control
social que de cuestión social. Algunos entrevistados consideran que el sistema de justi-
cia es un órgano represor de la crisis, encargado de castigar y reprimir el crimen para
ejercer el control social. Dichos entrevistados no están satisfechos porque consideran
que hay un ablandamiento en la ley penal y en la posición del STF, y argumentan que
actualmente es inadecuado el garantismo establecido en la Constitución Federal que
remite al final de la dictadura.
Esta posición tiene apoyo popular. Según la encuesta realizada por el Instituto
Brasileño de Opinión Pública y Estadística (Ibope), el Ministerio Público tiene popu-
laridad, mientras que hay cierta falta de fe en la Policía (esto fue corroborado en las
entrevistas con abogados; varias veces se calificó como “endémica” la corrupción en la
Policía).
Es posible identificar la adopción de un discurso cada vez más punitivista en
la población de Brasil y de São Paulo. Una encuesta, realizada en 2010 en las capi-
tales brasileñas por el Núcleo de Estudios de la Violencia de la Universidad de São
Paulo, comparó las respuestas a preguntas cuya finalidad era evaluar actitudes, valores,
y normas culturales acerca de los derechos humanos y la violencia, repitiendo algunas
preguntas formuladas en 1999. Llamó la atención el cambio frente a la respuesta a la
siguiente afirmación: “Los tribunales pueden aceptar pruebas obtenidas mediante tor-
tura”. En 1999, el 72,6% de los entrevistados afirmó estar en “completo desacuerdo”,
mientras que en 2010, solo el 53,99% lo dijo.147
Otra investigación, realizada por el Senado Federal acerca de la propuesta de
reforma al Código Penal actualmente en trámite legislativo, reveló que el 89% de
los entrevistados se declaró a favor de reducir la mayoría de edad penal,148 y el 20%
de quienes respondieron la pregunta defienden la idea de que cualquier persona, sin
importar su edad, sea juzgada como adulta.149
147
Los porcentajes se refieren a las entrevistas realizadas en la ciudad de São Paulo.
148
La mayoría de edad penal en Brasil son los 18 años.
149
Datos del Senado.
226
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
7. Conclusiones
150
Datos del Núcleo de Estudios de Violencia de la Universidad de São Paulo.
151
Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos, Reglas de Bangkok para el Tratamiento de las
Reclusas, Convención sobre la Eliminación de la Tortura, Pacto de San José de Costa Rica, Pacto
de los Derechos Civiles y Políticos.
227
Brasil
152
Comunicación formal del motivo de la detención, el nombre de los testigos y de la persona que
condujo al sospechoso, que debe ser firmada por la autoridad policial competente y que se entre-
gará al acusado en un plazo de 24 horas después de la detención.
153
Acto escrito y verbal realizado por el funcionario judicial, mediante el cual se notifica al acusado de
la presentación de la acción, se le imputa la comisión de un delito y se le brinda oportunidad para
su defensa.
228
Isadora Fingermann, Maíra Zapater, Rafael Custódio
Respecto al derecho de acceder a los autos del proceso, se debe señalar que la ley
faculta al comisario de policía a ordenar el secreto de la investigación policial, y en
principio se puede prohibir el acceso personal del enjuiciado a los autos de la inves-
tigación. Aunque la regla del secreto se ha aplicado con notable flexibilidad para los
abogados, en la mayoría de casos el contenido de la acusación formulada en el enjui-
ciamiento solo llega a conocimiento del acusado a través de su abogado, de acuerdo
con la investigación realizada. En la fase procesal, el acceso a los autos es normalmente
público.
En general, en la práctica, los abogados tienen acceso a los autos de la investi-
gación policial y a los autos del procedimiento penal. Al parecer, se ha consolidado
la noción de darles a conocer a los abogados defensores los autos de la investigación
y el procedimiento, salvo en casos excepcionales.154 Esto ha sido respaldado por el
Supremo Tribunal Federal,155 en reconocimiento del Precedente Vinculante 14: los
abogados defensores tienen derecho a acceder a los autos de la investigación policial.
Otro aspecto clave que hace referencia a la falta de información tiene lugar en el
ámbito público. La falta de datos públicos hace imposible trazar un perfil más deta-
llado sobre el número de personas presas, lo que dificulta la formulación de las polí-
ticas públicas.
El segundo tema donde se presentan violaciones de los derechos es en la falta
de contacto del acusado con su abogado y con el juez del caso. En este ámbito, se
encuentran problemas graves para el ejercicio del derecho a la asistencia de un abo-
gado, especialmente para garantizar el contacto del abogado con el preso. Por ello, la
fase policial prescinde de defensa técnica.156 A su vez, en la fase judicial, incluso con
la presencia obligatoria de un abogado defensor, la precariedad del contacto entre el
acusado y el defensor público es patente, ya que el primer encuentro se produce de
manera rápida y en la puerta de la sala de audiencia.157 En este caso, la disposición
154
Sobre las situaciones en las que se faculta al juez declarar el secreto de sumario de los autos del
procedimiento penal.
155
El Supremo Tribunal Federal editó el Precedente Vinculante 14, que asegura a los abogados defen-
sores el derecho de acceso a los autos de la investigación policial.
156
Aunque no esté prohibida, no hay disposición legal que la haga obligatoria, por lo que práctica-
mente es inexistente.
157
El 8 de mayo de 2014 fue publicada la Deliberación 297/2014 de la Defensoría Pública de São
Paulo, que organiza la política de atención al preso detenido provisionalmente. De acuerdo con la
Deliberación, un defensor público realizará visitas al establecimiento penitenciario con el objetivo
de establecer contacto personal con las personas detenidas provisionalmente, una vez llegan al
establecimiento penitenciario.
229
Brasil
158
Constitucional y legal.
159
En diciembre de 2012, la población carcelaria de Brasil ascendía a 548.003 personas, de las cuales
195.036 estaban detenidas provisionalmente. Datos del Departamento Penitenciario del Ministe-
rio de Justicia.
230
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Recomendaciones
160
Según datos de Infopen, en diciembre de 2012 había 548.003 presos en Brasil para 310.687 vacan-
tes. Datos del Departamento Penitenciario del Ministerio de Justicia.
161
En general, los entrevistados activos en la Policía y en el Ministerio Público.
162
Especialmente con relación al Ministerio Público.
163
En el Estado de São Paulo, el 65% de las detenciones son en flagrante delito. En la capital (São
Paulo), este porcentaje alcanza el 78%. Datos del Instituto Sou da Paz.
231
Brasil
232
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
8. Bibliografía
233
Brasil
Marques de Jesus, Maria Gorete y otros. Prisão Provisória e Lei de Drogas: um estudo
sobre os flagrantes de tráfico de drogas na cidade de São Paulo. São Paulo: Núcleo de
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Tourinho Filho, Fernando da Costa. Processo Penal. Vols. 1, 2, 3 e 4. São Paulo:
Saraiva, 2010.
234
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Carolina Bernal
Uribe
Capítulo 5. Colombia1
1. Introducción
1
Este capítulo fue revisado por Miguel La Rota, investigador del Centro de Estudios de Derecho,
Justicia y Sociedad (Dejusticia), durante el estudio. El equipo de investigación estuvo conformado
por Carolina Bernal Uribe y Gina Cabarcas, de Dejusticia, durante el estudio.
2
Para esta investigación realizamos 55 entrevistas: diez a policías de vigilancia (patrulleros), cinco
a agentes de policía de mayor rango (principalmente comandantes de policías metropolitanas y
estaciones), cuatro a investigadores de policía judicial, cinco a jueces de control de garantías, cinco
a jueces de conocimiento, dos a coordinadores de unidades de reacción inmediata (URI) de la
Fiscalía, cuatro a fiscales de URI, siete a fiscales radicados, diez a defensores públicos y cinco a fun-
cionarios administrativos de la Defensoría encargados de la selección y evaluación de los defensores
públicos.
3
Preguntamos a la Defensoría del Pueblo sobre los presupuestos destinados a defensa pública, el
número de defensores públicos (profesionales contratados y estudiantes de consultorio jurídico),
carga laboral y remuneraciones de los defensores, número de investigadores y de asistentes del
SNDP, características de los clientes del SNDP, medidas para asegurar accesibilidad a la defensa
pública, quejas acerca de la labor de los defensores públicos, capacitación de los defensores públicos
235
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Colombia
y programas de defensa pública establecidos por las autoridades indígenas. Recibimos respuestas a
todas las cuestiones por las que indagamos –como las presentamos en este documento–, excepto a
las relativas a las características de los usuarios del servicio de defensa pública y a las quejas disci-
plinarias frente a la labor de los defensores públicos. Según la Defensoría, no se recolecta ese tipo
de información.
4
Departamento Nacional de Estadística 2013a.
5
Departamento Nacional de Estadística 2005.
6
Departamento Nacional de Estadística 2008, p. 8.
7
A 2013, el ingreso per cápita en Colombia era de USD 10.110 con paridad de poder adquisitivo.
Banco Mundial 2013.
8
Para los datos de pobreza y pobreza extrema, véase Departamento Nacional de Estadística 2013b.
9
Una muestra de la reducción de la desigualdad es que, de 2010 a 2012, el índice de Gini por dis-
tribución en el ingreso pasó de 56,7 a 53,8. Así, Colombia pasó de ser el tercer país más desigual
en la región a ocupar el séptimo puesto. Departamento Nacional de Estadística 2013b.
236
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
lleva aproximadamente el 13%.10 Estas cifras ubican a Colombia en una posición peor
que la del promedio de países de América Latina, donde el decil 10 recibe el 32% de
los ingresos, mientras que los deciles 1 a 4 se llevan el 15%.11
Colombia se encuentra dividida en 32 departamentos y, de acuerdo con su Cons-
titución, es un Estado social y democrático de derecho, organizado en forma de Repú-
blica unitaria, descentralizada y con autonomía de sus entidades territoriales.12
Gráfico 1.
Homicidios dolosos en Colombia, 2000-2013
30.000
27.829
26.311 75
25.681 Número de homicidios
25.000
21.918 Tasa de homicidios por 100k hab.
67,3 65
Número de homicidios
63,7 64,5
Tasa de homicidios
20.000 18.888
17.234 17.717 17.459 55
16.318 16.554
16.274 15727
15.250
52,4 14.294
15.000
45
44,6
10
Comisión Económica para América Latina y el Caribe 2012, p. 20.
11
Los países de la región con condiciones de desigualdad en el ingreso peores que las de Colombia
–donde la concentración del ingreso es mayor en la población más rica, y menor en la más pobre–
son República Dominicana (39% vs. 11%), Guatemala (40% vs. 12%), Honduras (36% vs. 11%),
Paraguay (38% vs. 12%) y Brasil (40% vs. 13%). Comisión Económica para América Latina y el
Caribe 2012.
12
Constitución Política de Colombia, art. 1º.
237
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Colombia
13
El promedio de la tasa de homicidios de los países del sur de África es 30; la de algunos países de
América Central: Guatemala (38), Belice (41), El Salvador (69), Honduras (91); América del Sur:
Venezuela (45) supera a Colombia, pero Brasil (21), Guyana (19), Ecuador (15), Argentina (3,4)
o Chile (3,2) están por debajo de la tasa colombiana; las de América del Norte siguen siendo más
bajas: México (23) y Estados Unidos (4,2); la de Europa Occidental es de menos de 1. Para un
análisis comparado, véase United Nations Office on Drugs and Crime 2012.
14
Cálculos con base en estadísticas del Instituto Penitenciario y Carcelario (INPEC) 2013.
15
La Ley 890 de 2004 es un ejemplo claro de este endurecimiento, pues hizo una ampliación gene-
ralizada de las penas para todos los delitos en la tercera parte del mínimo y en la mitad del máximo
del marco punitivo.
16
En cumplimiento de la Sentencia T-153 de 1998 se amplió la capacidad carcelaria en cerca de
21.600 cupos. Más sobre esta ampliación, en Ariza 2013.
17
La implementación fue gradual por ciudades y fases. La primera fase entró en vigencia en enero de
2005, y la última en enero de 2008.
18
Asamblea Nacional Constituyente. Proyecto de acto reformatorio de la Constitución N° 11.
“Propuesta de Estructura del Sistema Acusatorio”. Hernando Londoño Jiménez. Gaceta Consti-
238
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
reforma se hizo solo hasta 2004, luego de que el sistema inquisitorio de la Ley 600
mostrara su incapacidad para enfrentar la impunidad.19
La transitoriedad de la implementación del sistema acusatorio hace que actual-
mente estén vigentes dos tipos de procedimiento penal: el sistema mixto de la Ley 600
de 2000, para los delitos cometidos hasta el 1º de enero de 2005; y el sistema acusa-
torio (en adelante, SA) de la Ley 906 de 2004, para la investigación y el juzgamiento
de delitos ocurridos después del 1º de enero de 2005. En este texto nos concentramos
principalmente en describir y analizar el marco normativo del SA.
En Colombia, a diferencia de otros países, la Fiscalía General de la Nación (en
adelante, FGN) hace parte de la rama judicial. Para desarrollar sus funciones, cuenta
con el apoyo del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (en adelante,
Medicina Legal), que provee servicios forenses para la investigación. Adicionalmente,
cuenta con su propio cuerpo de policía judicial (Cuerpo Técnico de Investigación,
CTI) y con la asistencia de dos agencias dedicadas a la función de policía judicial den-
tro de la Policía Nacional: la Dirección de Investigación Criminal e Interpol (DIJIN)
y las unidades seccionales de investigación criminal (Seccional de Investigación Cri-
minal, SIJIN). La Ley 906 dispone que la FGN debe cumplir funciones de dirección,
coordinación, control jurídico y verificación técnico-científica de las actividades de la
policía judicial; se trata entonces de una relación de dirección funcional.20
Por otro lado, el rol del juez en el proceso penal colombiano, como proceso de
partes, consiste fundamentalmente en recibir las labores de las partes y definir con base
en ellas la verdad del caso. Para lograrlo, el juez tiene la facultad y el deber de controlar
las actividades de las partes y del público para asegurar que no interfieran con el des-
envolvimiento y eficiencia del proceso.21
tucional 10.
19
Una descripción más completa de este cambio y de los antecedentes del sistema penal acusatorio,
en Corporación Excelencia en la Justicia 2010.
20
Sobre las relaciones de dirección funcional entre los ministerios públicos y la policía judicial, véase
Centro de Estudios de Justicia de las Américas (CEJA) 2010, p. 18.
21
Consejo Superior de la Judicatura y Sistema Acusatorio 2005.
239
Colombia
la pena. La primera no es una etapa procesal sino más bien exploratoria, y por ello el
marco normativo fija un término amplio (de dos años después de que la FGN conoce
del hecho) en el cual debe completarse.22
Durante la etapa de investigación, la Fiscalía tiene potestad para realizar la mayo-
ría de los actos que requiere para conseguir la evidencia física y material probatorio.
Sin embargo, después de recoger la evidencia debe presentarla al juez de control de
garantías para que certifique que la aprehensión de la misma fue ajustada al marco
normativo.
El proceso penal propiamente dicho se inicia con la formulación de imputación23
por parte de la FGN. Este acto, que anuncia al imputado que existe una investigación
penal en su contra e inicia la etapa de juzgamiento, ocurre cuando “de los elementos
materiales probatorios, evidencia física o información legalmente obtenida, se pueda
inferir razonablemente que el imputado es autor o partícipe del delito que se investi-
ga”.24 En la audiencia de imputación, el defendido cuenta con la potestad de allanarse
total o parcialmente a los cargos o de negociar con la FGN para obtener rebajas de
pena, algunos beneficios, o bien declararse inocente.
Si el indiciado no se había percatado de que era objeto de investigación, la
imputación constituye un primer aviso formal de que puede empezar a preparar su
defensa.25 Pero, incluso antes de la imputación, un juez puede ordenar la captura del
indiciado en respuesta a la solicitud del fiscal. Cuando ello ocurre, en la misma audien-
cia en que se legaliza la captura, la FGN debe hacer la formulación de imputación. La
Fiscalía puede también solicitar la imposición de una medida de aseguramiento ante
ese mismo juez. En adelante, las demás actuaciones del proceso tienen lugar ante un
juez de conocimiento. Tanto si se pide la medida de aseguramiento como si se deja
en libertad al capturado, el imputado debe esperar hasta el destape probatorio de la
audiencia de acusación para conocer las pruebas que la FGN hará valer en la audiencia
de juicio oral.
Además de anunciar oficialmente al indiciado la apertura de un proceso penal en
su contra, la imputación hace que empiecen a correr los términos del proceso penal.26
Después de este acto, la FGN tiene un término de 90 días –o mayor en eventos com-
22
Código de Procedimiento Penal, art. 175. Parágrafo.
23
Código de Procedimiento Penal, art. 286.
24
Ibid., art. 287.
25
Ibid., art. 286.
26
La Rota y Bernal (2014) han mostrado que la etapa de investigación es el cuello de botella más
importante para la judicialización de los delitos graves.
240
Carolina Bernal Uribe
plejos– para solicitar la acusación; de no hacerlo, el proceso debe ser terminado por
el juez. En la audiencia de acusación tiene lugar el destape probatorio: tanto la FGN
como la defensa presentan las pruebas al juez –quien debe determinar su validez– y a
la contraparte. Aquí cada parte puede pedirle a la otra que revele toda la evidencia y
material físico probatorio, incluso aquel que sea favorable a la contraparte que hace la
solicitud de destape. Mientras que la Fiscalía tiene la obligación de revelar la evidencia
que le solicite la defensa, esta última podría negarse a hacerlo cuando considere que el
destape podría violar su derecho a no autoincriminarse.
En la audiencia de juicio oral deben presentarse todas las pruebas previamente
descubiertas en la acusación. A partir de ellas, el juez de conocimiento comunica el
sentido del fallo y escucha las consideraciones de las partes acerca de la pena que
impondrá, si el fallo es condenatorio. Como explicamos en el apartado 3.3.6, las
personas condenadas tienen el derecho de impugnar las sentencias condenatorias en
segunda instancia.
La víctima cuenta con facultades que, en ocasiones particulares, le permiten
actuar directamente en el proceso penal. Por ejemplo, cuando la FGN no solicita
la imposición de la medida de aseguramiento, la víctima puede hacerlo, una vez la
Fiscalía haya explicado por qué no lo hizo. Aunque estas potestades no eran parte del
diseño institucional inicial del sistema penal acusatorio, desde antes de su entrada en
vigencia la Corte Constitucional había desarrollado una sólida jurisprudencia según la
cual la participación de las víctimas en el proceso buscaba la verdad y la realización de
la justicia material,27 además de la reparación integral.
Finalmente, cuando se cuenta con una sentencia condenatoria, el procesado es
enviado al establecimiento carcelario o a su domicilio –si se le hubiera concedido la
prisión domiciliaria–. En esta etapa, el proceso pasa a cargo del juez de penas y medi-
das de seguridad.
27
La Corte Constitucional amplió los derechos y la participación de las víctimas en el proceso penal a
través de sentencias como la C-293 de 1995, en la cual revisó la constitucionalidad del artículo del
Código de Procedimiento Penal que regulaba la constitución como parte civil en el proceso penal.
Las sentencias C-163 de 2000, C-1149 de 2001 y C-178 de 2002, entre otras, también amplían
los derechos de las víctimas en el proceso penal.
241
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Colombia
2. Asistencia legal
Tabla 1.
Evolución presupuesto defensa pública vs. presupuesto general de la nación
y número de defensores públicos
2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012
Presupuesto defensa pública
10,4 10,2 9,99 17,4 22,97 31,7 42,2 46 54,2 66,7 70,5
(millones de dólares)
Defensa/presupuesto
0,03 0,03 0,02 0,04 0,04 0,05 0,06 0,06 0,07 0,09 0,08
general de la nación (%)
Número de defensores 1.026 987 1.138 1.369 1.646 1.549 2.063 2.251 2.212 2.676 2.911
Fuente: Respuesta a derecho de petición de la Defensoría y leyes del presupuesto general de la nación.
Elaboración propia con tasa de cambio de COP 1.900 por dólar.
28
El Ministerio Público y la Procuraduría General de la Nación son entidades cuyos nombres corres-
ponden a los de las autoridades que en otros países investigan y buscan la judicialización de delitos.
En Colombia, la entidad que desempeña estas funciones es la Fiscalía General de la Nación.
29
Constitución, art. 281.
30
Ley 24 de 1992, art. 1 (organización y funcionamiento de la Defensoría del Pueblo).
31
Esto equivale aproximadamente a 285 mil millones de pesos colombianos.
32
El presupuesto general de la nación absoluto ascendió a $ 165,3 billones para el año 2012. Minis-
terio de Hacienda y Crédito Público 2012.
242
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
33
Hasta la fecha, existen 10 programas de defensa pública: 1. Penal ordinario, con el Sistema Acu-
satorio y el Sistema Mixto, 2. Responsabilidad Penal de Adolescentes, 3. Justicia Penal Militar, 4.
Descongestión de Cárceles, 5. Casación Penal, 6. Civil, 7. Familia, 8. Laboral, 9. Administrativo,
10. Casas de justicia, 11. Oficina Especial de Apoyo, y 12. Indígenas. Adicionalmente, las leyes de
Justicia y Paz (975 de 2005), de Infancia y Adolescencia (1098 de 2006), Sobre formas de violencia
y discriminación contra las mujeres (1257 de 2008) y de Víctimas y restitución de tierras (1448 de
2011) encargaron al Sistema Nacional de Defensoría Pública de la representación de las víctimas
en el marco de cada una de ellas.
34
Corporación Excelencia en la Justicia 2010, p. 87.
35
El presupuesto de la Defensoría del Pueblo destinado a inversión ha sido bajo. En 2005, cuando
representó la mayor proporción, fue el 5% del total del presupuesto de la Defensoría del Pueblo;
en 2006, el 3%; en 2007 y 2008, el 2%, y en adelante ha disminuido sostenidamente hasta el 1%
o menos. Defensoría del Pueblo 2012.
243
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Colombia
36
Ley 941 de 2005, arts. 16 y 17.
37
Antes de la Ley 941 de 2005, que organiza el SNDP, la asistencia legal del Estado era provista tanto
por defensores públicos contratados para ello por la Defensoría (así ocurre actualmente) como por
abogados de oficio. Estos últimos eran profesionales particulares designados para los casos en los
que el procesado no pudiera contratar a un abogado de confianza. Por disposición legal se trataba
de un oficio de forzosa aceptación, por lo que cualquier abogado debía ejercer gratuitamente como
defensa en mínimo tres procesos penales, independientemente de la etapa en que estuviera el
proceso. Los resultados de una evaluación realizada en 2003 por la misma Defensoría del Pueblo,
de acuerdo con la cual el servicio ofrecido por los defensores de oficio resultaba de baja calidad,
justificaron en buena medida la desaparición de esta figura. Defensoría del Pueblo 2004.
38
Prestación del servicio de defensa pública por egresados de derecho que realicen su judicatura en el
SNDP. Defensoría del Pueblo, Resolución 1003 de 2005.
39
Prestación del servicio de asistencia legal y representación judicial para los estudiantes de consulto-
rio jurídico. Defensoría del Pueblo, Resolución 713 de 2005.
244
Carolina Bernal Uribe
La selección de defensores públicos está a cargo del SNDP, que somete a evalua-
ción a aspirantes previamente inscritos en el Registro Nacional de Defensores Públi-
cos40 para cubrir las necesidades del servicio.
Para que una persona pueda aspirar a ser defensor público debe tener un pos-
grado en materias directamente relacionadas con el programa de defensa al que busque
pertenecer (o experiencia en el mismo campo), y contar con experiencia de al menos
dos años en el área del programa al que se postula. Sin embargo, según los funciona-
rios de la Unidad de Registro y Selección del SNDP, para las “zonas de tratamiento
especial”,41 alejadas de los principales centros urbanos y que pueden vivir situaciones
complicadas de orden público, resulta difícil encontrar abogados que cumplan con los
requisitos mencionados. Por esa razón, los requisitos son menos exigentes para estos
sectores, pues omiten la formación académica. Aunque es entendible este esfuerzo por
incentivar a más abogados a sumarse a la defensoría pública en las zonas mencionadas,
podría bajar la calidad de la defensa en lugares que, por su mayor complejidad social,
podrían requerir justamente lo contrario. Por esa razón, podría ser más adecuado aplicar
incentivos distintos para lograr que la oferta de defensores públicos para estas zonas sea
suficiente; por ejemplo, otorgar mejores honorarios a los defensores que trabajen allá.
Tras la evaluación de los candidatos, los seleccionados son vinculados a la Defen-
soría de Pueblo por contrato de prestación de servicios por períodos renovables de un
año, y por ello reciben una remuneración mensual de aproximadamente USD 1.970.42
Si bien este monto no es bajo en comparación con el ingreso promedio de los colom-
bianos,43 resulta inferior comparado, por un lado, con los salarios de los abogados par-
40
Requisitos para aspirar al cargo de defensor público. Disponibles en: [Link]
co/public/pdf/00/inscripcion_registro.pdf. Las áreas especializadas en las que los defensores pue-
den prestar el servicio de defensa pública son las mencionadas en la nota al pie 32.
41
Para el año 2013, los departamentos de Amazonas, Caquetá, Guainía, Guaviare, Chocó, Vaupés,
Vichada, San Andrés y Putumayo eran consideradas zonas de tratamiento especial.
42
Esta remuneración no varía en función de la etapa procesal o carga laboral de cada defensor en el
mes. Los defensores de la Oficina Especial de Apoyo cuentan con asignaciones salariales superiores
a las de los defensores en materia penal, que son quienes devengan los USD 1.970 que menciona-
mos (equivalentes a COP 3.700.000). Defensoría del Pueblo 2012.
43
De acuerdo con el Departamento Nacional de Estadística (DANE), el salario promedio mensual
de los trabajadores del sector formal en Colombia para el trimestre abril-junio de 2013 fue de
COP 1.409.000 (cerca de USD 725); el de los trabajadores informales fue de COP 642.000 (cerca
de USD 330); y el de todos trabajadores formales e informales, de COP 1.030.102 (aproximada-
mente USD 530). Portafolio 2013. A su vez, la mediana del ingreso de todos los trabajadores para
2013 fue de cerca de COP 595.000, que equivalen a aproximadamente USD 306. Revista Semana
2013.
245
Colombia
ticulares por fuera de la Defensoría44 y, por el otro, con los salarios de los funcionarios
de estatus similar al de los defensores.45
Desde el inicio de la Defensoría del Pueblo, los defensores públicos han sido con-
tratados por contrato de prestación de servicios y no como funcionarios públicos. Por
ello, se trata de trabajadores independientes que pueden tener negocios por fuera de la
Defensoría en calidad de abogados de confianza.46 Por algunas de las entrevistas pudi-
mos establecer que esta situación puede ser inconveniente en la medida en que ciertos
defensores aprovechan para trasladar clientes de la Defensoría a sus despachos priva-
dos. Sin embargo, no pudimos establecer cuál es la dimensión de este fenómeno, pues
no existen registros consolidados de los casos en que el cambio de defensor público a
privado, no supone un cambio en la persona del abogado.
Este fenómeno representa claramente un riesgo para las personas que necesitan
de la defensa pública, pues podrían verse obligadas a sufragar su defensa aun cuando
no contaran con la capacidad para hacerlo. Frente a este panorama, la aplicación de la
norma que señala que debería pagarse a la Defensoría por sus servicios puede represen-
tar una buena alternativa que en la práctica no se usa, como explicamos en el apartado
3.4.1. Adicionalmente, el problema revela la necesidad de la implementación de un
44
Aunque no existen estadísticas de los salarios medios de los abogados privados, la tarifa de hora-
rios profesionales para 2012-2013 fijada por la Junta Directiva Nacional del Colegio Nacional de
Abogados permite inferir que serían mayores los ingresos como abogado de defensa privado que
público. Un ejemplo: según la tarifa de honorarios, por la consulta oral en materia penal debe
cobrarse al menos un salario mínimo mensual vigente (que a 2013 era de COP 589.500, aproxi-
madamente USD 313). Así, el salario de un abogado privado igualaría el de uno público al atender
cinco consultas al mes, algo muy inferior a su carga de trabajo real. De otra parte, según los datos
del sistema de información del Observatorio Laboral para la Educación, en 2011 los abogados
con posgrado en derecho penal ganaban en promedio COP 4.019.000 (aproximadamente USD
2.140). De acuerdo con la respuesta al derecho de petición, los honorarios de los defensores públi-
cos en 2011 eran iguales a los de 2012 (COP 3.700.000, aproximadamente USD 1.970). Con
los descuentos de ley que aplican a los trabajadores con contratos de prestación de servicios, esta
diferencia es de cerca de COP 1.500.000 (aproximadamente USD 805).
45
Los defensores públicos devengan menos que los jueces y fiscales con competencia sobre los mis-
mos casos. Los primeros tienen salarios que varían entre COP 4.600.000 (aproximadamente USD
1.470) para los niveles más bajos y COP 8.900.000 (aproximadamente USD 4.780) para los más
altos. Departamento Administrativo de la Función Pública, decretos 1035 y 1024 de 2013.
46
En este texto usamos de manera intercambiable los términos “abogado/defensor de confianza” y
“abogado/defensor privado” para hacer alusión a la defensa técnica en materia penal que es sufra-
gada de manera personal por el indiciado, procesado o condenado.
246
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Las condiciones bajo las que potencialmente una persona puede usar los servicios de
defensa pública están en la ley que organiza el SNDP47 y en la Resolución de la Defen-
soría del Pueblo48 que la reglamenta. De una lectura armonizada de ambas normas,
concluimos que hay tres situaciones en las cuales una persona puede ser usuaria de los
servicios de la defensa pública:49
1. Cuando no cuenta con las posibilidades sociales (como discriminación u
otra circunstancia excluyente) o económicas (como carencia de recursos)
para acceder a un abogado particular. Según la Resolución mencionada,
para determinar si la persona que solicita el servicio cuenta o no con los
recursos para asumir los costos de un proceso judicial se debe tener en cuen-
ta:50 (i) los ingresos y egresos familiares, (ii) el patrimonio, (iii) el número
de personas a cargo, (iv) la profesión u oficio de quien solicita el servicio, (v)
la situación jurídica de la vivienda51 y (vi) la clasificación en el Sistema de
Identificación de Potenciales Beneficiarios de programas sociales (Sisbén).
2. Cuando no puede contratar a un abogado por razones de fuerza mayor,52
entendiendo como tal que los abogados particulares se nieguen a prestar
sus servicios por motivos de seguridad; o que, por la trascendencia o con-
notación de los hechos criminales para la sociedad, previo análisis de las
circunstancias especiales, la Defensoría determine la necesidad de designar
un defensor público.53
3. Por necesidad en el proceso,54 en los casos en que se requiera formular la
imputación o solicitar la imposición de medida de aseguramiento y haya
47
Ley 941 de 2005.
48
Defensoría del Pueblo, Resolución 1001 de 2005.
49
Ley 941 de 2005, art. 2°.
50
Defensoría del Pueblo, Resolución 1001 de 2005, art. 1°.
51
Por ejemplo, si se trata de vivienda propia, en arriendo, hipotecada, entre otras situaciones.
52
Ley 941 de 2005, art. 43.
53
Resolución 1001 de 2005, art. 7.
54
Defensoría del Pueblo, Resolución 1001 de 2005, art. 1, inc. 1.
247
Colombia
55
Código de Procedimiento Penal, art. 127. Ausencia del imputado.
56
Ibid., art. 291. Contumacia.
57
Defensoría del Pueblo, Resolución 1001 de 2005, art. 8.
58
Ibid., art. 5.
59
Ibid., arts. 5 y 6.
248
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
La defensoría pública ofrece cinco modalidades de servicio60 en materia penal: (i) ase-
soría, (ii) representación extrajudicial,61 (iii) representación judicial, (iv) actividades
de investigación criminal,62 y (v) actividades de criminalística y ciencias forenses. La
solicitud del servicio puede ser hecha por el usuario, por un tercero interesado en ello,
por el fiscal, por el juez de control de garantías o de conocimiento o por el Ministerio
Público.
Los defensores públicos cuentan con independencia para definir la estrategia de
defensa. La Defensoría únicamente ejerce dos tipos de control de las labores de defensa
por medio de coordinadores administrativos y de gestión: (i) uno formal, de verifica-
ción de condiciones mínimas de diligencia en la labor defensorial, como la asistencia
a las audiencias y su no aplazamiento, así como de revisión de los informes de gestión
que los defensores públicos deben presentar mensualmente para dar cuenta de las acti-
vidades realizadas durante ese período; y (ii) otro más sustancial, de asistencia aleatoria
a algunas de las audiencias para verificar la calidad de la defensa.
Sin embargo, el control de los coordinadores administrativos y de gestión
enfrenta limitaciones importantes. Por definición se trata de una supervisión a profe-
sionales con independencia (debido a su vinculación como contratistas) y que por ello
tienen un margen amplio de libertad para elegir la estrategia de defensa63 (incluyendo
la posibilidad de elegir guardar silencio como estrategia de defensa). Además, en la
práctica son muy pocos los casos en que los coordinadores de gestión pueden realizar
un control sustancial, pues ello suele limitarse a los casos en los que los coordinadores
hacen reemplazos de los defensores en alguna audiencia.
Por otro lado, la Defensoría les impone a los defensores públicos la obligación
de asistir a las “barras académicas”.64 Este es el esfuerzo más claro y continuado de
capacitación, pues se han celebrado desde el nacimiento de la defensoría pública. El
objetivo de estas barras es darles a los defensores los elementos de juicio necesarios para
60
Ibid., art. 4.
61
Este servicio tiene lugar cuando quien se entera de que cursa una investigación penal en su contra
otorga poder a un defensor público para que adelante labores de investigación que podrían ser
útiles en un eventual proceso penal.
62
Esta es la actividad probatoria adelantada por la Unidad Operativa de Investigación Criminal
(UOIC) del SNDP con el objetivo de fundamentar la teoría del caso de la defensa.
63
Sentencia T-957 de 2006.
64
Ley 941 de 2005, arts. 40, 41 y 42.
249
Colombia
65
Defensoría del Pueblo 2013, p. 367.
66
Ibid., p. 425.
67
Además de dirigir el trabajo en las barras académicas, los coordinadores implementan programas
de capacitación para los defensores.
68
Defensoría del Pueblo 2013, p. 425.
69
Defensoría del Pueblo s.f., p. 66.
70
Las barras son realizadas por funcionarios de las oficinas especiales de apoyo, que son dependencias
del SNDP integradas por defensores públicos cuya labor incluye apoyar la formación de los defen-
sores. Defensoría del Pueblo 2013, p. 431.
250
Carolina Bernal Uribe
71
Universidad de los Andes e Instituto SER de Investigación 2004.
72
De acuerdo con los cálculos de la Universidad de los Andes y el Instituto SER (2004), el número
de defensores públicos de todo el país a la entrada en vigencia del Sistema Acusatorio en 2005
debía ser de 2.989. Para 2004, el total de defensores era de 1.138. Estos cálculos se hicieron bajo
el supuesto de que el total de procesos penales en 2004 fue de cerca de un millón.
73
De acuerdo con el Décimo Informe del Defensor del Pueblo al Congreso (2005, p. 80), el total
de entradas al sistema penal en el año 2004 fue de cerca de un millón. A 2011, ese número había
ascendido a un millón cien mil, lo cual representa un incremento del 11%.
74
Defensoría del Pueblo 2012.
251
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
Colombia
75
La diferencia entre el porcentaje total de casos que la Defensoría Pública tendría capacidad de
asumir –aproximadamente un 16% del total de la demanda de asistencia legal, asumiendo que
la misma está representada por el número de entradas al sistema penal– y los casos en etapa de
audiencia de imputación que efectivamente asume –75% del total de las imputaciones, según la
Defensoría Pública en cifras (2008)– puede deberse, según algunos defensores públicos entrevista-
dos, a que es frecuente que los usuarios del servicio de defensoría pública se cambien a defensores
privados después de pasadas las primeras etapas del proceso.
76
Defensoría del Pueblo 2012. Véase tabla 2 infra.
77
Ley 906 de 2004, arts. 286 y ss.
252
Carolina Bernal Uribe
está la captura, que independientemente del momento procesal en que ocurra, obliga a
que al capturado se le informe sobre sus derechos. Estos incluyen el derecho a conocer
las razones de la captura, a comunicarle a alguien de su aprehensión, a guardar silencio,
a no declarar contra sí mismo ni contra parientes cercanos y a designar un abogado
de confianza o a que el SNDP le asigne uno.78 En la práctica, esta información suele
ser provista en español, pues es el idioma que normalmente habla la policía judicial
(cuando la captura es por orden judicial) o la policía de vigilancia (cuando es en fla-
grancia). Para llevar a cabo la comunicación de los derechos del capturado, estos poli-
cías cuentan con protocolos de captura en español que deben firmar los capturados.
Según los jueces entrevistados, es relativamente común que los procesados no
entiendan el lenguaje propio de las actuaciones judiciales, las razones por las que fue-
ron capturados ni los derechos que los asisten. El lenguaje jurídico y la lógica del
proceso penal son difíciles de comprender para algunas personas, en particular, para
aquellas con niveles más bajos de escolaridad. Aunque no existen estadísticas de la fre-
cuencia con que los procesados usan su derecho a guardar silencio durante el proceso,
los funcionarios entrevistados aseguraron que es una práctica relativamente frecuente,
justamente por la falta de compresión general de sus derechos.
En el caso de los indiciados/procesados indígenas, los entrevistados señalaron
que con frecuencia saben español, pero que suelen tener bajos niveles de escolaridad.
Por ello, la mayoría de veces se encuentran en situaciones similares a las de otros pro-
cesados que muestran dificultades para comprender las actuaciones procesales más por
su tecnicismo que por el idioma en que las realizan. Aunque no constituyen la mayoría
de los casos, se presentan situaciones en las que los indiciados/procesados indígenas no
hablan español. Como explicamos en el apartado 3.4.3, este es un obstáculo impor-
tante para la evolución del proceso penal, pues, a pesar de las disposiciones legales, los
juzgados no cuentan con intérpretes que hagan efectiva la defensa de los indígenas.
Por otro lado, la Corte Constitucional ha señalado que antes de la imputación,
y sin que medie captura, el indiciado podría requerir cierta información para ejercer
su derecho de defensa. En particular, cuando tenga conocimiento de que está siendo
investigado por la Fiscalía, tendría dos facultades: primera, iniciar actos de recolección
de información por su propia cuenta, para adelantar su defensa en caso de ser impu-
tado; segunda, asistir con su defensor a las audiencias de control posterior de legalidad
de las pruebas recolectadas antes de la imputación. En relación con lo último, la Corte
aclaró que aunque se mantiene la restricción al acceso a la información a través de la
78
Código de Procedimiento Penal, art. 303.
253
Colombia
reserva79 frente a ciertos temas, esta potestad del indiciado no compromete la eficacia
de la investigación penal, pues “una cosa es que la autoridad pública no esté obligada
a dar aviso sobre el momento en el cual se van a practicar ciertas diligencias –regis-
tros, allanamientos, interceptaciones, etc.– […], y otra muy distinta es que la persona
que está siendo objeto de tales medidas no pueda controvertirlas oportunamente, no
pueda ejercer plena y libremente su derecho a la defensa”.80
En la práctica, la posibilidad de que el indiciado requiera información para
empezar a ejercer su derecho de defensa parece ser usada escasamente. Aunque no
existe un registro que dé cuenta de manera directa de la frecuencia con que ocurre, un
hecho sugiere que, al menos para la defensa pública, ello sucede pocas veces. El hecho
es que en la mayoría de casos de los defensores públicos (un promedio del 61% desde
2006 a 2012), la asignación se hizo cuando el usuario estaba privado de la libertad,
como mostramos en la tabla 2. En esta situación, según expresaron los defensores
entrevistados, lo más común es que el capturado no haya adelantado ninguna labor
previa de investigación.
A medida que avanza el proceso penal, la obligación de informar al procesado
se vuelve más comprensiva. Sin embargo, no es un deber de estar informándole cons-
tantemente de los avances de la Fiscalía en la investigación, sino solo de suministrarle
Tabla 2.
Asignaciones con privado de la libertad al SNDP en Ley 906
Años Asignaciones Asignaciones Capturado /
Ley 906 con capturado Asignación (%)
79
Ibid., art. 345. Situaciones en las que hay reserva sobre el descubrimiento de pruebas.
80
Corte Constitucional, Sentencia C-025 de 2009.
254
VOLVER A TABLA DE CONTENIDO
81
La audiencia preparatoria (que se celebra antes del juicio) supone también una oportunidad para el
ejercicio del derecho a la información, pues en ella tienen lugar las solicitudes probatorias (Código
de Procedimiento Penal, art. 357) y la exhibición de los elementos materiales de prueba (art. 358).
Ambas son actividades que le dan la oportunidad a la defensa de conocer las cartas que la Fiscalía
jugará en su contra durante el juicio.
82
CN, art. 29.
83
El artículo 8 del Código de Procedimiento Penal trae un listado de las facultades que incluye el
derecho de defensa. Este derecho también es desarrollado por los artículos 118 y siguientes del
mismo código. Para la defensa pública, véase Ley 941 de 2005, art. 4.
84
El indiciado o procesado puede ejercer el derecho a la defensa material, entre otras formas, a través
del ejercicio del derecho a comparecer personalmente al proceso, a enfrentar los cargos en su con-
tra, a hacer el propio relato de los hechos, a suministrar explicaciones o justificaciones a su favor,
a ejercer actos positivos de oposición a las pruebas en contra, a ver el expediente y a elegir guardar
silencio. Corte Suprema de Justicia, Sala Penal, sentencia del 1 de junio de 2006, expediente
20614.
255
Colombia
gado85 que representa los intereses del defendido.86 Ante la posibilidad de desacuer-
dos entre lo que el abogado y su cliente consideran mejor para la estrategia de defensa,
la legislación ha establecido la primacía de la defensa técnica.
Según los defensores entrevistados, aunque el conflicto de criterios aboga-
do-cliente es relativamente escaso, ocurre principalmente por diferencias en la valo-
ración de las probabilidades de éxito en momentos procesales claves; por ejemplo, al
decidir sobre la aceptación de cargos o sobre la conveniencia de interponer el recurso
de apelación.87
Durante la etapa investigativa, la asistencia de un abogado es meramente potesta-
tiva. Sin embargo, existen casos en los que es obligatoria la asistencia técnica incluso
88
85
La exigencia de que la defensa técnica sea ejercida por un abogado se encuentra consagrada en los
artículos 8 (literal e) y 118 del Código de Procedimiento Penal. Como mencionamos, excepcional-
mente esta defensa puede ser brindada por un estudiante de derecho.
86
En vigencia del Decreto 196 de 1971, el juez podía designar a un “ciudadano honorable” como
apoderado en la indagatoria. La Ley 600 de 2000 eliminó esa posibilidad, exigiendo que la defensa
técnica fuera ejercida por un abogado, que podía ser el mismo indiciado o procesado. A su vez, la
Ley 906 de 2004 eliminó la posibilidad de autorrepresentación judicial.
87
Sin embargo, dichas diferencias valorativas parecen escasas, pues como mencionamos en el apar-
tado 3.1, es común que ciertos perfiles de indiciados/procesados (principalmente los de menores
niveles escolares) guarden silencio al no comprender las técnicas del proceso. En estas condiciones
son nulas las posibilidades de ejercer el derecho de defensa material, pues los indiciados/procesados
no cuentan con un entendimiento básico del proceso y acaban confiando ciegamente en el criterio
de sus abogados.
88
El artículo 267 del Código de Procedimiento Penal señala que “quien sea informado o advierta que
se adelanta investigación en su contra”, tendrá la facultad de asesorarse de abogado, de identificar,
recoger y embalar los elementos materiales probatorios y hacerlos examinar por peritos particulares
para utilizarlos en su defensa ante las autoridades judiciales. Así mismo, el artículo 268 del Código
de Procedimiento Penal indica que “el imputado o su defensor, durante la investigación, podrán bus-
car, identificar empíricamente, recoger y embalar los elementos materiales probatorios y evidencia
física […]”. Resaltado propio.
89
Código de Procedimiento Penal, artículo 282. “Interrogatorio a indiciado. El fiscal o el servidor
de policía judicial […] que tuviere motivos fundados […] para inferir que una persona es autora o
partícipe de la conducta que se investiga, sin hacerle imputación alguna, le dará a conocer que tiene
derecho a guardar silencio y que no está obligado a declarar contra sí mismo […]. Si el indiciado
no hace uso de sus derechos y manifiesta su deseo de declarar, se podrá interrogar en presencia de un
abogado”. Resaltado propio.
90
Código de Procedimiento Penal, art. 247. Inspección corporal.
91
Ibid., art. 249. Obtención de muestras que involucren al imputado.
256
Carolina Bernal Uribe
92
Ibid., art. 253. Reconocimiento en fila de personas.
93
El procesado no puede renunciar durante el caso a la asistencia de un abogado para su defensa. El
literal l, artículo 8 del Código de Procedimiento Penal indica que incluso si el sindicado renuncia
a un juicio público, deberá tener asistencia de un abogado para que el silencio no sea usado en su
contra y para que sea informado debidamente de los cargos que le son imputados.
94
Defensoría del Pueblo, Resolución 1001 de 2005, art. 10. Reparto de procesos.
95
Código de Procedimiento Penal, art. 120. Reconocimiento de la designación como defensor
público.
96
No obstante, los métodos para asegurar la calidad de defensores también presentan falencias. El
proceso vigente de selección y renovación de defensores públicos es un ejemplo de ello. Como
constatamos al presenciar algunas de las etapas del mismo, la metodología de examen oral sin posi-
bilidad de recursos frente a sus resultados generó que en 2013 se presentaran cientos de recursos
judiciales en contra de los resultados del proceso; además, generó la insatisfacción de los propios
defensores que encontraron desatinadas las preguntas de la evaluación.
257
Colombia
97
A pesar de la relevancia de la investigación para el cumplimiento del deber de los defensores de
“preparar la defensa”, esta actividad solo se encuentra regulada para la defensa pública (Ley 941
de 2005). En el caso de los defensores privados, esta actividad no cuenta con ningún referente
normativo.
98
Las obligaciones principales de los abogados defensores (públicos o privados) con sus defendidos
se encuentran en los artículos 122 y 125 del Código de Procedimiento Penal. Varias de las mismas
son retomadas por la Ley 941 de 2005 para los defensores públicos.
99
Ley 1123 de 2007, Código Disciplinario del Abogado.
100
Ley 941 de 2005, art. 46.
101
Consejo Superior de la Judicatura 2011a.
258
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102
Defensoría del Pueblo 2012.
103
Sentencia T-957 de 2006. Aunque la jurisprudencia de la Corte Constitucional es útil para prote-
ger la independencia de los defensores al estructurar su estrategia de defensa, en la práctica, difi-
culta los reclamos que pudiera presentar un indiciado/procesado frente a las falencias en la labor de
su defensor.
104
Ley 1098 de 2006, art. 151. Derecho al debido proceso y garantías procesales de los adolescentes.
105
Ibid., art. 148. Carácter especializado del proceso y la ejecución de medidas por responsabilidad
penal para adolescentes.
106
Ibid., art. 146. El defensor de familia en el sistema de responsabilidad penal para adolescentes.
107
Ibid., art. 154. Derecho de defensa.
259
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Colombia
108
Código de Procedimiento Penal, art. 8. Defensa.
109
Defensoría del Pueblo 2011.
110
Constitución Política, art. 28.
111
Código de Procedimiento Penal, art. 2.
112
Ibid., arts. 295. Afirmación de la libertad y restricción de la libertad del imputado de carácter
excepcional, y 296.
260
Carolina Bernal Uribe
113
Ibid., art. 300. Captura excepcional por orden de la Fiscalía.
114
Ibid., art. 301. Situaciones en las que se entiende que hay flagrancia. El artículo 302 explica el
procedimiento en los casos de flagrancia.
115
La prisión preventiva puede ser solicitada por el fiscal –o la víctima o su apoderado, cuando no la
haya solicitado la Fiscalía– para algunos delitos y cuando se cumpla con los siguientes requisitos: 1.
Tener evidencia para inferir razonablemente que el imputado puede ser autor o partícipe del delito;
y 2. que se cumpla alguno de los siguientes fines cautelares: a. Evitar que el imputado obstruya el
debido ejercicio de la justicia. b. Proteger la seguridad de la sociedad o la víctima. c. Asegurar que
el imputado comparezca al proceso y cumpla con la sentencia.
116
Desde que se conoce el sentido del fallo, el juez puede ordenar la captura del procesado, o bien
dejarlo en libertad hasta la dosificación punitiva. Código de Procedimiento Penal, art. 450.
117
En la Sentencia C-774 de 2001, la Corte analizó la constitucionalidad de un listado de los delitos
para los que cabía la prisión preventiva. Aunque declaró constitucionales las normas demandadas,
indicó que “para que proceda la detención preventiva no solo es necesario que se cumplan los
requisitos formales y sustanciales […], sino [que se] sustente [la] decisión en la consideración de
las finalidades constitucionalmente admisibles para la misma”. Véase también las sentencias C-150
de 1993, C-395 de 1994, C-327 de 1997 y C-425 de 1997.
261
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Colombia
118
Constitución Política, art. 30: “Quien estuviere privado de su libertad, y creyere estarlo ilegal-
mente, tiene derecho a invocar ante cualquier autoridad judicial, en todo tiempo, por sí o por
interpuesta persona, el Habeas Corpus, el cual debe resolverse en el término de treinta y seis horas”.
La Ley 1095 de 2006 reglamentó el ejercicio de la acción de hábeas corpus.
119
Sentencia C-591 de 2005.
120
Código de Procedimiento Penal, art. 127. Ausencia del imputado.
121
Ibid., art. 291. Contumacia.
122
Véase Sentencia C-591 de 2005.
262
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123
Sentencia C-1154 de 2005.
124
De no hacerlo, el juez deberá declarar la nulidad de lo actuado por violación al debido proceso.
125
Sentencia T-957 de 2006.
126
Ley 1098 de 2006, art. 158. Prohibición de juzgamiento [de adolescentes] en ausencia.
127
Constitución Política, art. 29, inc. 4.
128
Código de Procedimiento Penal, art. 7. Presunción de inocencia e in dubio pro reo.
263
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Colombia
der la imposición de la prisión preventiva por razones distintas a las cautelares, como
por ejemplo para defenderse de las presiones que les generaría no hacerlo (véase apar-
tado 3.3.1).129 Cuando la Fiscalía “detiene para procesar”, como señaló un abogado
en un caso de gran presencia mediática,130 pone al procesado en una situación peor
para ejercer su defensa que estando en libertad. No solo limita la defensa material,
sino que somete a presiones que afectan la igualdad de armas. En muchos de estos
casos, sin embargo, los procesados terminan recuperando la libertad por vencimiento
de términos.131
Adicionalmente, existen casos en los que los procesados privados de la libertad
son recluidos junto con los condenados.132
129
Sobre la presunción de inocencia durante la detención preventiva, véase Sentencia C-289 de 2012.
130
El Colombiano 2011. Disponible en: [Link]
fiscalia_y_la_presuncion_de_inocencia/la_fiscalia_y_la_presuncion_de_inocencia.asp.
131
En Bernal y La Rota (2013) presentamos varios casos paradigmáticos por su sobreexposición
mediática. En la mayoría de ellos, los procesados recuperaron la libertad por vencimiento de
términos.
132
En la Sentencia T-153 de 1998, la Corte Constitucional declaró la existencia de un estado de
cosas inconstitucional en las cárceles, e indicó que el derecho a la presunción de inocencia se viola
cuando los sindicados se mezclan con los condenados. Sobre la persistencia de esta situación, véase
Universidad de los Andes 2010, p. 28.
133
Sentencias C-782 de 2005 y C-621 de 1998. Aunque en la Constitución no aparezca expresa-
mente, se ha entendido que el derecho a guardar silencio está consagrado como parte del derecho
que le asiste a todo individuo a no ser “[…] obligado a declarar contra sí mismo o contra su cón-
yuge, compañero permanente o parientes […]”.Constitución Política, art. 33.
134
Código de Procedimiento Penal, art. 282. Interrogatorio a indiciado.
264
Carolina Bernal Uribe
135
Ibid., art. 303, num. 3. Derechos del capturado.
136
Ibid., art. 367. Alegación inicial.
137
Ibid., art. 131. Renuncia a las garantías de guardar silencio y al juicio oral.
138
Ibid., art. 394. Acusado y coacusado como testigo.
139
Sentencia C-782 de 2005.
140
La decisión de rebajar la carga de casos debería ser precedida de un estudio que evalúe la comple-
jidad de los casos a cargo de los defensores públicos y la eficiencia con que los trabajan. Esto, pues
la carga promedio de casos por defensor público (64, según la Defensoría 2012), no parece alta en
comparación con la de otros actores del proceso penal (por ejemplo, los fiscales encargados de los
265
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Colombia
implementar programas de gerencia de casos para garantizar que cada proceso pueda
ser preparado con la antelación debida.
casos de homicidio suelen tener cargas de aproximadamente 600 casos en promedio, según La Rota
y Bernal 2014).
141
Código de Procedimiento Penal, art. 139, num. 3. Deberes de los jueces en el proceso penal.
142
Ibid., art. 298. Contenido y vigencia de la orden de captura.
143
Ibid., art. 288. Contenido de la formulación de imputación.
144
Ibid., art. 306. Solicitud de imposición de medida de aseguramiento.
145
Ibid., art. 337. Contenido de la acusación y documentos anexos.
146
Ibid., art. 446. Contenido de la sentencia.
147
Ibid., art. 457.
148
Sentencia T-709 de 2010.
266
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derecho de defensa sin motivación alguna –que parecerían ser escasos–, podrían pre-
sentarse situaciones en las que las motivaciones sean demasiado escuetas o formales
para garantizar efectivamente el derecho de defensa del procesado.
149
Constitución Política, art. 31.
150
Esta ampliación obedece a que el artículo 20 del CPP dice que el juez que resuelva la apelación “no
podrá agravar la situación del apelante único”, mientras que la de la Constitución únicamente se
refería al condenado que fuera apelante único.
151
La Corte ha señalado que “ampliar la garantía de la […] reformatio in pejus constituye un medio
para asegurar en mejor medida los derechos de la víctima a la justicia, la verdad y la reparación
[…]”. Sentencia C-591 de 2005.
267
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Colombia
sión de derechos de similar entidad de las víctimas y materialización del deber de las
autoridades de asegurar la vigencia de un orden justo”.152
De acuerdo con la Cuarta Encuesta sobre Percepción del Servicio de Administra-
ción de Justicia, la apelación de sentencias en materia penal (20%) es prácticamente
igual a la del promedio de sentencias para todas las materias (22%).153 Asimismo, el
promedio de sentencias revocadas del total de las apeladas en materia penal es del
2,4% de las sentencias; en el resto de materias, los jueces estiman que les revocan el
4%. Es decir que la proporción de apelaciones de las sentencias en procesos penales
(que es el proceso judicial que afecta de forma más intensa los derechos del procesado)
es similar a la proporción de apelaciones en otros procesos que lesionan de forma
menos intensa los derechos.
En esta sección describiremos cómo están estipulados algunos derechos de los que
depende la efectividad de la defensa y examinaremos cómo funcionan en la práctica.
Primero, para evaluar en qué medida es efectivo el principio de igualdad de armas,
presentaremos los derechos de la defensa para adelantar labores investigativas. Luego,
expondremos algunas consideraciones sobre las condiciones –tiempo y facilidades–
para preparar la estrategia de defensa. Finalmente, explicaremos cómo funcionan los
derechos a la traducción de procedimientos y documentos cuando los indiciados o
procesados no hablan español.
152
En Sentencia C-047 de 2006, la Corte Constitucional resolvió una demanda de inconstitucionali-
dad en contra de la procedencia de la apelación en oposición a sentencias absolutorias.
153
Consejo Superior de la Judicatura 2011b.
268
Carolina Bernal Uribe
154
Sentencia T-1110 de 2005.
155
Sentencia C-127 de 2011.
156
Para que las labores investigativas de la defensa sean efectivas, el artículo 125, numeral 9 del CPP
señala que “las entidades públicas y privadas, además de los particulares, prestarán la colaboración
que requieran, […] siempre que se acredite […] que la información será utilizada para efectos
judiciales”.
157
Código de Procedimiento Penal, art. 267. Facultades de quien no es imputado. Los artículos 268
a 270 del CPP establecen que el imputado o su defensor pueden trasladar los elementos materiales
probatorios y evidencia física al respectivo laboratorio del Instituto Nacional de Medicina Legal,
donde los entregarán bajo recibo con las preguntas que requieren sean respondidas por un perito,
previa la investigación y el análisis que corresponda. Si el perito encontrara que la evidencia es
idónea para ser analizada, procederá a la investigación, análisis y elaboración del informe pericial.
158
Código de Procedimiento Penal, art. 267, inc. 2. Facultades de quien no es imputado. La Corte
Constitucional señaló que no es necesario el control de garantías de todas las actuaciones investiga-
tivas de la defensa, sino únicamente de las que puedan afectar derechos fundamentales de terceros.
Sentencia C-186 de 2008.
159
Ibid., art. 271. Facultades de la defensa para realizar entrevistas.
160
Ibid., art. 272. Obtención de declaración jurada por parte de la defensa.
161
Ibid., art. 274. Solicitud de prueba anticipada por parte de la defensa.
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