Filolao (nacido en el siglo V a.
C) Filósofo, astrónomo, médico y matemático griego, discípulo de
Pitágoras y contemporáneo de Sócrates. Nació en Crotona o en Tarento hacia el año 474 AC. Se le
considera como el primer gran difusor del pitagorismo, fuera de los confines de la Magna Grecia, y
el primero que sistematizó las doctrinas de su escuela sobre el alma entendida como armonía
inmortal; sobre la construcción de los sólidos a partir de puntos, líneas y superficies y, en general,
sobre los números como principios de la realidad. Se vincula a su nombre la cosmología pitagórica,
que sustenta una estructura del cosmos en cuyo centro se halla un fuego (no el Sol) y alrededor
del cual giran los planetas incluida la Tierra]. Seguramente, fue también el primero en afirmar la
esfericidad de la Tierra y en considerar al éter como la sustancia celeste.
También creía en una anti-tierra o contratierra, una antítesis de nuestro planeta que se movía
también alrededor de ese fuego central y a la misma velocidad que la tierra, y es por ello que no
era posible verla, porque permanecía siempre al otro lado del Sol.
Probablemente la razón para añadir este décimo elemento es porque así la suma de cuerpos
celestes era de diez, número perfecto.
Quizá fuera el primero en enunciar que la Tierra se movía en el espacio.
Él más representativo y mejor documentado de los pitagóricos del siglo V a.C. es Filolao de
Crotona. Filolao va a aportar a la doctrina pitagórica buena parte de la reflexión filosófica de la que
carecía el pitagorismo antiguo, convirtiéndolo en un dualismo (Doctrina filosófica o religiosa que
explica un orden de cosas o todo el universo como el resultado de la acción combinada de dos
principios opuestos e irreductibles.) de principios. Su principal preocupación se centra en definir
en qué consiste la armonía (harmonía). Ésta ─dirá─ es la irrupción del límite (péras) sobre lo
ilimitado (ápeiron), pues lo ilimitado e indefinido carece por sí mismo de orden y armonía hasta
que lo limitante lo ajusta y ordena.
Filolao de Crotona señala una analogía entre el nacimiento del cosmos y el nacimiento de un ser
humano, argumentando que el embrión es inicialmente caliente y luego es refrigerado con el
aliento inmediatamente al nacer, al igual que el cosmos comienza con un gran fuego que cae en el
aliento de lo ilimitado.
Sus doctrinas astronómicas se consideran precursoras del heliocentrismo de Copérnico. Sostuvo
que el conocimiento tiene su sede en el cerebro, la sensibilidad en el corazón, la vida vegetativa en
el vientre y la actividad reproductora en los órganos genitales. Defendió la transmigración de las
almas (se basa en la idea de que un alma puede pasar de un solo cuerpo y residir en otro (humano
o animal) o en un objeto inanimado).
Fue un innovador al no considerar la Tierra como centro del universo y considerarla como un
planeta más dotado de movimiento propio de traslación.
Filolao (alrededor del 450 a.C.) es el autor pitagórico de quien más ideas conocemos, y su visión
del Universo se mantuvo hasta la época de Aristóteles. Su cosmogonía (Ciencia o sistema que trata
del origen y la evolución del universo.) Fue muy sofisticada, y consistió un ejemplo de la audacia
teórica de los primitivos científicos griegos, liberados de las limitaciones del sentido común o los
prejuicios religiosos. Su cosmología sostenía elementos mitológicos (por ejemplo, creía que el
mundo limitaba por el exterior con la esfera del Olimpo), aunque inició la creencia en la
esfericidad de los cuerpos celestes (creencia que mantendrán casi todos los astrónomos
posteriores). Filolao fue el primero en poner en duda el geocentrismo (Antigua teoría astronómica
según la cual la Tierra era el centro del universo, por lo que los planetas giraban alrededor de ella.)
y la inmovilidad de la Tierra: en el centro del Universo colocó un Fuego Central (Atalaya de Zeus,
Corazón del Universo, etc.), en torno al cual giraban los demás cuerpos celestes (Tierra, Luna, Sol,
Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, y Saturno), cada uno conducido por su propia esfera giratoria. La
esfera más exterior era la de las estrellas fijas, que no se mueve. Pero había un problema: así
quedaba un total de nueve objetos, cifra desagradable y antiestética para la escuela pitagórica,
por lo que Filolao sacó de su manga un nuevo planeta: la Anti Tierra, que sería el más cercano al
Fuego Central, también creía en una anti-tierra o contra tierra, una antítesis de nuestro planeta.
Así se llegaba al mágico número diez (10 = 1+2+3+4), que era el número de la perfección para los
pitagóricos. Para justificar la imposibilidad de observar el Fuego Central (si bien el Sol refle-jaba la
luz que provenía de ese fuego central) y la Anti Tierra [16],Filolao afirmó que nuestro planeta, al
girar, lo hacía siempre con la cara que contiene el Mediterráneo dirigida al exterior del conjunto,
completando una vuelta cada 24 horas, que se movía también alrededor de ese fuego central y a
la misma velocidad que la tierra, y es por ello que no era posible verla, porque permanecía
siempre al otro lado del Sol. Esto implicaba dos cosas: que la Tierra giraba sobre su eje y además lo
hacía alrededor del centro del mundo. Esta hipótesis es asombrosa; no solo Filolao rechazó la
concepción geocéntrica, sino que consideró a la Tierra como un mero planeta más; además
postuló la existencia de otro planeta ¡que resulta invisible!. A pesar del movimiento terrestre,
Filolao admitía que la esfera de las es-trellas también giraba, cuando resulta más simple suponer
lo contrario, pero como todas las esferas se movían…. Esta concepción del Universo es muy
ingeniosa, ya que aparentemente ofrece una buena explicación del movimiento de la bóveda
estre-llada, el transcurso del día y la noche, etc. y a la vez deja incólumes los postulados de la
escuela pitagórica.
Filolao fue el primer pitagórico que publicó cuerpo de dogmas de esta escuela acerca de la
naturaleza, cuyo principio es: «La naturaleza en el mundo está coligadamente compuesta de
infinitos y finitos, igualmente que el universo y cuanto en él se contiene.»
Seguramente, fue también el primero en considerar al éter como la sustancia celeste (Éter: Fluido
sutil, invisible, imponderable y elástico que, según cierta hipótesis obsoleta, llena todo el espacio,
y por su movimiento vibratorio transmite la luz, el calor y otras formas de energía.).
Filolao de Crotona señala una analogía entre el nacimiento del cosmos y el nacimiento de un ser
humano, argumentando que el embrión es inicialmente caliente y luego es refrigerado con el
aliento inmediatamente al nacer, al igual que el cosmos comienza con un gran fuego que cae en el
aliento de lo ilimitado.
Respecto de su producción razona como sigue: inmediatamente después de su nacimiento, el ser
vivo inhala el aire exterior, que es frío, y, a continuación, como si fuera por necesidad, lo exhala de
nuevo. La apetencia del aire exterior sirve para que nuestros cuerpos, calientes por naturaleza,
puedan, como resultado de la inhalación del aire, ser enfriados por él.
Crotona, 480 a. de c. filósofo, médico y astrónomo griego. Fue maestro de arquitas, simmias y
cebes. Difundió la doctrina pitagórica en Tebas y Tarento. Escribió un tratado "peri physis" (peri-
Prefijo de origen griego que entra en la formación de nombres y adjetivos con el significado de
‘alrededor de’.
Palabra griega (φύσις, φύσεως: physis, physeos) que se traduce por naturaleza y que procede
etimológicamente del verbo phyo (φύω), que significa brotar, crecer, hacer salir. Para los griegos,
el término physis tiene un sentido dinámico y hace referencia a aquella fuerza o fuente de donde
nacen los entes).
Parece ser creación suya la tesis de que las cosas naturales están integradas por cinco elementos:
aire, tierra, agua, fuego y éter (Elemento sutil, incorruptible e inalterable, con el que estarían
formados el cielo y los astros, según la cosmología aristotélica.) estudió los poliedros regulares,
considerándolos como figuras geométricas perfectas. Sus doctrinas astronómicas se consideran
precursoras del heliocentrismo de Copérnico. Sostuvo que el conocimiento tiene su sede en el
cerebro, la sensibilidad en el corazón, la vida vegetativa en el vientre y la actividad reproductora
en los órganos genitales.
El número diez, tetractys sagrado, fue un símbolo muy venerado por la hermandad. La virtud de
este número reside en que, estando constituido por la suma de los cuatro primeros números:
1+2+3+4, encierra la naturaleza de las diversas especies de números: la de los pares, de los cuales
el primero es el dos; la de los impares, de los cuales el primero es el tres; la del par-impar, que es
aquí la unidad; la de los cuadrados perfectos, de los cuales el primero es el cuatro. En boca de
Filolao, el número diez "es la norma del Universo, la potencia ordenadora de los hombres y de los
dioses."
En su conjunto, estos pensadores siguen la tendencia místico religiosa general del pensamiento de
Pitágoras, abogan por una vida ascética (doctrina filosófica y religiosa que busca purificar el
espíritu por medio de la negación de los placeres materiales o abstinencia; al conjunto de
procedimientos y conductas de doctrina moral que se basa en la oposición sistemática al
cumplimiento de necesidades de diversa índole que dependerá, en mayor o menor medida, del
grado y orientación de que se trate.) y por ritos de purificación, entendiendo el mismo cultivo de
las matemáticas como camino de purificación moral. Conciben la naturaleza a partir de relaciones
numéricas y, además, el número es para ellos el principio o arkhé y la materia de las cosas. La
concepción pitagórica de los números está fuertemente marcada por el misticismo, y los
consideran tanto responsables de la armonía que gobierna el cosmos, como elementos
explicativos de las cualidades morales. De la misma manera que la armonía musical (expresable
mediante relaciones numéricas) implica la unidad de una multiplicidad de sonidos separados entre
sí por intervalos definidos, conciben el conjunto del cosmos como un todo ordenado por
relaciones numéricas que forman la armonía del cosmos. Esto es así porque la naturaleza misma
es mezcla de unidad y multiplicidad, de lo determinado y lo indeterminado, de lo finito y lo
infinito, ya que todo está regido por los mismos principios del límite y lo ilimitado que rigen los
números. Así, todo fenómeno es expresión sensible de las razones matemáticas. A su vez, los
elementos de los números son lo limitado y lo ilimitado (lo impar y lo par respectivamente).
Puesto que el Uno está compuesto de ambos, ya que, según los pitagóricos, es simultáneamente
par e impar, es el fundamento último de carácter divino. Todos los números nacen del Uno y sus
principios (lo limitado e ilimitado) generan una serie de principios de opuestos.
Filolao que afirma: «el uno es principio de todas las cosas».
Filolao introduce una temática detallada en el pitagorismo: la diferencia entre lo sensitivo y lo
intelectivo que, de hecho, va a encontrar un tratamiento homogéneo. Filolao establece la
existencia de una especie de alma sensitiva, radicada en el corazón, además de lo explícitamente
intelectivo radicado en el cerebro.Para Filolao el sentimiento y el alma son atributos de todos los
vivientes.
Armonía nace exclusivamente de contrarios; porque armonía es unificación de complejos y
acuerdo de disidentes (desacuerdo parcial o total frente a otros criterios individuales o colectivos).