100%(1)100% encontró este documento útil (1 voto) 153 vistas18 páginasJaime Osorio
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IDADES DE ANALISIS DE LO SOc ja}
V. LAS U
cide) re . is?
@ considerar en el analisis? ¢Al individug»
“Ov uc
gQLs UNIDAD hay 4 vidi 3A lus relacione:
» individuos? ¢A las relaciones sociales
gA una acre! de in hes? 54
ycidn ¢ Hy ee ;
la sociedad? En el andlisis de los Pes ONGINIcOs nog
enfrentamos a la misma pregunta ies : cual debe ia
unidad de nalisis? cE sistema mun ia ? clas regiones? py
Estado-nacion? Las respuestas a ee ae rogantes dividen
jos paradigmas en ciencias sociales, muchas veces en posicig.
nes irreconciliables.
En la primera parte
destacaremos las posiciones divergentes
que mantienen respecto a las unidades de anilisis el indivi.
dualismo metodoldgico, Ja teorfa de sistemas y el marxi
en tanto que en la segunda nos remitiremos a algunos debates
que han aleanzado un importante desarrollo en las ciencias
sociales en América Latina, a partir de las preocupaciones por
descifrar las originalidades del capitalismo latinoamericano,
asunto en el que, como veremos, el tema de las unidades de
analisis ocupa un lugar destacado. El debate ha vuelto a ganar
vida en los ultimos aiios al calor de las propuestas de Immo-
nuel Wallerstein en torno al andlisis de los sistemas mundiales.
xismo,
1. ¢INDIVIDUO 0 RELACIONES SOCIALES?
El individualismo metodol6gico de Popper y Hayek
Serato metodologico abreva del atomismo. Par
aaa realidad no es mas que la suma de elementos, S&*"
auledoh teal que se agrupan y se relacionan, per? sin
ina idades mayores diferentes a los agregados 0 sum
de sus partes, o bien, a pesai ades
éstas pued ‘ i Seda
va, ae ween ies unidades primarias. En defini
: societal debe . one
io i ‘ ser reducido a ompone®
primario e irreductible: el individuo. cide peo
r de generar nuevas unid:
82LAS UNIDADES DE ANALISIS DE L0 soca,
83
pesde este punto de vista, Karl Popper, uno
del individualismo metodolégico,' indica que "
ja existencia empirica de conjuntos 0 colectivo:
Re podrfamos Hamar colectivismo ingenuo, debe ser ree
aa por el requerimiento de que los fendmenos se
eeluso los colectivos, sean analizados en funcién de Sat
yiduos y sus acciones y relaciones” 2
Asignarle vida, metas y objetivos a las entidades mayore
ne resultan de la suma de individuos, llamense clases ae
sociedades 0 naciones, es una postura que ocasiona errores, p
de los padres
la creencia en
$ Sociales, ala
los indi-
‘Todos los fenémenos sociales —indica Popper—, y especialment
al funcionamiento de las instituciones sociales, deben ser siempre
‘onsiderados resultados de las acciones, actitudes, etc., de los indi.
viduos humanos y [...] nunca debemos conformarnos con explica-
ciones elaboradas en funcién de los “colectivos” (es
dos, naciones,
razas).3
Esto se debe a que
[...J los colectivos no acttian, no tienen intereses; los colectivos no
tienen planes, aunque podamos decir (por razones de sencillez) que
los colectivos acttian, tienen intereses, tienen planes, etc. Quien
verdaderamente acttia, tiene intereses, planes, etc., es el individuo.
Esta es, en sintesis, la tesis del individualismo metodolégico.*
El individualismo metodolégico de Popper arranca de dos
premisas fundamentales: una, del individuo como unidad irre-
ductible y unidad empfrica basica posible de conocer por las
ciencias sociales; otra, de la imposibilidad de conocer Ja totali-
dad social.
jocién de “indi jismo.
' Para Blaug, fue Schumpeter el que inventé la 0
Bo veReiEn eiodola mia, Alianza Editorial,
metodolégico”. Véase La metodologta de la econ
Madrid, 1985, pp. 69-70. :
Karl Poppet; Conjeturas y refutaciones. El desarrollo del eonociintenie
‘ico, Editorial Paidés, Buenos Aires, 1967, p. 393.
agg Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, Pai
*K. Popper, en Encueritro con Karl Popper, de Pedro §
Rodriguez Braun y Fernando Méndez Tbisate (comps)
Madrid, 1993, p, 29
Madrid, 1981. -As UNIDADES DE ANALISIS DE LO SOciAL
LAS U
84 :
isa implica considerar no s6lo gf in
yer aie
co, Sino identifi MVidua
imera pt 5
La prime sma metodologi
corn un problema ny pel ereae ‘arly
lismo €” iualismo ontologico, que plantea “que ey gfe
Findividualismo ales”.3 Per MU
e Ti lo los individuos son! ae noe ee eonenalelray
real s0 teoria significa que en © mundo social Solameny. +
si estat ables, es evidentemente fa] cu
1 ME Igy
i obser :
lividuos son eo ies teme mt ey
a shos rasgos de los nomenos ociales son obserat
aaer mplo, el procedimiento judicial en un tribunal) Mien
ne que muchas caracteristicas de los individuos no lo io
ras Son
(por ejemplo, Jas int
La segunda premisa Pp
intenciones)”.° :
opperiana constituye también
los apoyos de la propuesta epee hie aaa en lo fini.
to del conocimiento frente a una reali infinita hace impo.
sible acceder a una percepcion cientifica de la totalidad?
Desde aqui, cualquier propuesta de conocimiento de la tota.
lidad queda atrapada en el holismo. Popper distingue dos yj.
siones holisticas: una, en la que el todo es “Ia totalidad de tous
las propiedades 0 aspectos de una cosa, y especialmente jg.
das las relaciones mantenidas entre sus partes constituyentes’,
siendo el evolucionismo, el psicoandlisis y el marxismo sus
mas relevantes expresiones. Una propuesta de este tipo en ma-
teria de conocimiento debe ser desechada —sefala Popper
con raz6n— porque ante la imposibilidad de abarcarlo todo,
“si queremos estudiar una cosa, nos vemos obligados a selec-
cionar ciertos aspectos de ella. No nos es posible observar 0
describir un trozo entero del mundo 0 un trozo entero de la
naturaleza”.8
La segunda vision “holistica” se refiere a “ciertas propied«
des 0 aspectos especiales de la cosa en cuestién, a saber, aque
sir Sade is aparecer como una estructura ongenizai
ee Boome un ‘mero monté6n’”.? Una melodfa musica! ¢
que una mera coleccién de sonidos musicales, co
Uno de
° Steven Lukes, “ vi e _
flosofia de la explcn aon sieracion del individualismo metodolosico”,&8#
mica, México, 1976, p. 19 e Alan Ryan (comp,), Fondo de Cultura Ee"
Ibidem, p. 194,
* Para una profundi
fun 61
este libro, undizacion de
°K. Popper, La mis,
“nigel mise del
este punto, remitimos al lector al capitule
i eal
‘oncismo, Alianza Editorial, Madrid, 1973: PLAS UNIDADES DE ANALISIS DE LO SOCIAL 85
‘ cual Popper admite la posibilidad, Para estractui
camente acotadas, de conocimientos de estructura:
que son més que la simple suma de sus partes
Conviene recordar que la nocién de totalidad en el marxis-
mo es distinta a lade completud, esta ultima referida a todos
jos componentes y relaciones de la realidad. La totalidad en el
marxismo remite, por el contrario, a aquellas relaciones y ele-
mentos que permiten una explicacién de la estructuracién de
la realidad social, de aquello que la organiza, de formulacio-
nes teéricas que expliquen su orden (y desorden) y que la
hagan inteligible en sus movimientos. Para decirlo rapida-
mente, el marxismo propone una explicacién de la totalidad,
no asi de todo lo que existe, por lo cual este paradigma (asi
como el evolucionismo y el psicoanilisis) se ubica con rigor en
la segunda vision de “holismo” y no en la primera, como Po-
pper sefiala.
La dificultad de Popper de considerar la totalidad como ins-
trumento heuristico tiene fundamento a su vez en el atomismo
yen el empirismo de su propuesta de conocimiento. En el ato-
mismo, porque desecha o relega el aspecto relacional: la socie-
dad no es mas que individuos agrupados, nunca algo distinto
ala simple sumatoria individual. Su propuesta no pone en duda
que el individuo es, a fin de cuentas, el resultado de relaciones
con otros individuos, por lo cual es requisito fundamental co-
nocer aquéllas para entender a éstos. Al fin que “sdlo podemos
hablar de soldados porque podemos hablar de ejércitos”.!°
En el empirismo, porque si bien sefiala que las teorfas son
conjeturas, hipotesis, de ellas debemos deducir proposiciones
que tengan la posibilidad de ser contrastadas, testadas y refu-
‘adas, que no verificadas, ya que “es facil obtener confirmacio-
"es 0 verificaciones para casi cualquier teorfa, si son confir-
maciones lo que buscamos”.!! Todo conocimiento tiene que
Pasar por la experimentacién para incorporarse al campo de los
“onocimientos cientificos. Esta postura alcanza a dibujar
mejor sus perfiles cuando se le asocia con las afirmaciones de
Pooper de que la fisica es el modelo de cientificidad para
ras empiri-
S organiza-
x Latkes, op. cit, p. 194. :
fog, PopBEN: Conjeturas y refutaciones. El desarro
© Paidés, Barelona, 1967, 4 reimp., 194, p. 64
det conocimiento cient86 LAS UNIDADES DE ANALISIS DE LO SOCIAL
todas las ciencias y que las ciencias sociales deben alcanza,
proposiciones derivables a modelos cuantitativos como los de
Atica.'* La nocién de totalidad esc apa
la economfa matemé
obviamente a estos parametros de experiencia.
Posturas similares a la de Popper en la materia mantiene
Friedrich von Hayek, fundador de la Sociedad de Mont-Pelg.
rin en 1947, organismo que retine a economistas, filésofos y ju.
ristas de la talla del propio Popper, Milton Friedman y Ludwig
von Mises, y que tendra un peso significativo en las ciencias
sociales en el tiltimo cuarto del siglo xx.
Para Hayek la sociedad no es mas que el conjunto de “relacio-
nes entre individuos y grupos organizados”; constituye el nom-
bre que se le asigna al conjunto de sus intercambios, y es un
antropomorfismo el suponerla “actuando o deseando algo”.!3
Hayek también adopta la idea de lo inconmensurable de la
realidad y de los limites del conocimiento, ya que “la mente
humana no puede nunca captar un todo en el sentido de todos
los aspectos diferentes de una situacién real”,"4 y al igual que
Popper (y Weber), concluye en la imposibilidad de una expli-
cacién de lo global
Las tinicas unidades existentes y posibles de conocer son las
acciones y las decisiones individuales, lo que unido a la impo-
sibilidad de “captar” “todos los aspectos” de la realidad hace
que nuestro conocimiento sea imperfecto e incompleto. Ante
ello, dira Hayek, son un “abuso de la raz6n’ las intervenciones
deliberadas en la vida social que busquen alcanzar propdsitos
colectivos.!5
plantea la
en
'2 K. Popper, La miseria del historicismo, p. 156. Aqui Poppe
adopcién del “método cero” por las ciencias sociales, construide “con bas
una suposicién de completa racionalidad (y quiza también sobre la supos!
cidn de que poseen informac 1
implicados, y luego de estimar la desviacién de la conducta real de la
respecto a la conducta modelo, usando esta ultima como una especis 4
coordenada cero” (p. 156).
13 Friedrich Hayek, “El ideal democra
Estudios Piblicos, nim. 1, Centro de
de 1980, p. 11
'$ FE Hayek, The Contrarrevolution of Science, Glencoe, 1952, p. 122 (eurst
del autor), citado por Carlos Ruiz ‘i Sheed
liberalismo”, Critica y Utopia, nim. 12, Buenos Air
'S Con Jo que deja la mesa puesta
estatal en la economia y a cualquier
n completa), por parte de todos Jos individu»
gente con
de
‘0 y la contencién del pode
tudios Publicos, Santiago, diciemt
re
La epistemologia de Popper ¥ <
es, mayo de 1984. p. 74
ara postilar sur
ccién que altereLAS UNIDADES DE ANALISIS DE LO SOCIAL 87
__El paso del individualismo en el “método” al individualismo
politico” se hace sin mayores discusiones légicas y es atin
mis acentuado que en Popper,' haciendo de Hayek uno de los
tedricos que mas basamentos ha dado a las propuestas econd-
micas y politicas del paradigma neoliberal.
La escuela del “Public Choice”
La escuela del Public Choice se inscribe en los lineamientos
centrales hasta aqui esbozados. “Puesto que nuestro modelo
incorpora al comportamiento del individuo como su caracte-
ristica central, nuestra ‘teorfa’ tal vez pueda ser clasificada del
mejor modo como metodoldgicamente individualista”, afirman
James Buchanan y Gordon Tullock, dos de los miembros mas
representativos de dicha escuela.!7
‘Aun si se adoptaran algunos de los supuestos del Public
Choice, como el de que los individuos buscan mejorar sus
beneficios,!8 esta postura tiene dificultades de explicacion
general de la sociedad, porque no nos ayuda a entender los
puntos de partida diferenciados entre los individuos para la
que debe convertirse en un
consecucién de sus metas. Esto,
problema de explicacion, se considera como un dato dado por
la realidad, sobre el cual no hay mayores cuestionamientos.!?
Pero el asunto no se reduce sélo a la falta de una explica-
cién sobre las diferencias sociales. A ello se agrega el proble-
ma que en el camino hacia el mejoramiento de beneficios los
individuos van estableciendo redes de relaciones sociales que
las premisas con las
do regido por acciones individuales. Estas son algunas de |:
mica. Véase al res-
que fundamenta su propuesta neoliberal en materia econo)
Reta su Camino de servidumbre, Alianza Editorial, Madrid, 1978.
: Fa relacién con Popper sobre este aspecto, véase M. Blaug, op. cit., p. 70.
betenescone Buchanan y G. Tullock, El cdleulo del consenso, Planeta-
go ratBareelaaa: 1993, p. 29 (cursivas en el original). : d
seocillamente a sus esencias més escuetas, la hipotesis econdmica consiste
con una Bina ei individuo representativo o medio, cuando ; enfrente
Bien ee ates el intercambio, elegira ‘mas’ en vez de ‘menos’
de mane establecer hipstesis especificas concernientes al grado
®p0 soc, © desigualdad de las caracteristicas externas de los miembros del
cial.” Ibidem, p. 40.sf LAS UNIDADES DE ANALISIS DE. LO SOCIAL
tienen consecuencias, en cuanto que abren o cierran €SPaciog
para la busca de beneficios propios y la de otros hombres.
pregunta sobre estas redes sociales y SUS Consecuencias tampo.
co aparecen en el anilisis. Asi, el individualismo metodol¢.
gico presenta serias dificultades para el estudio Propiamente
societal.
La teoria sistémica y el marxismo
La teoria de sistemas y el marxismo sefialan que la unidad de
anlisis social (Ilamese sociedad, nacién, sistema social, sub-
sistemas, modo de produccién, etc.) es mucho mas que una
sumatoria de individuos aislados. La vida societal implica la
gestacion de entramados y relaciones que la simple observa-
cién del individuo o la agregacion de individuos no permite
captar. Este tejido societal tiene consecuencias en la medida
que va definiendo condiciones de accién de los individuos, al
tiempo que cristaliza en instituciones.29
Un punto central es la idea de que el individuo no existe aje-
no a las relaciones, porque “no hay individuos (primero) que
engendran (después) relaciones sociales, ni existen relaciones in-
terindividuales que se conviertan, mas tarde, en relaciones es-
pecificamente sociales”. En definitiva, “individuos y relacio-
nes sociales no constituyen dos realidades distintas”,2!
Este entramado de hombres y relaciones sociales genera
una unidad mayor no reductible a individuos aislados 0 a una
agregacion simple de individuos. Desde esta perspectiva, afir-
ma Edgar Morin, “el postulado implicito 0 explicito de vo,
sociologia humana es que la sociedad no podria ser considera-
da como la suma de los individuos que la componen, sino que
constituye tna entidad dotada de cusalidades especifven eo
2 Aqui debe mencionarse que Popper reconoce las “institucio
diferencia de los “colectivos”. Pero regresa al individuo como unig
sis fundamental, Véase P. Schwartz, C. Rodriguez y F. Ménder (
cit, p. 29.
2' Carlos Pereyra, El sujeto de la historia, Alianza Univers!
1988, p. 28.
22 Edgar Morin, El método, t. 1, La naturaleza de la natural
Cétedra, Madrid, 1997, p. 130.
alas que
lad de anali-
comps.) op.
ia, Madrid
. EdicionesLAS UNIDADES DE ANALISIS DE LO SOCIAL
89
-jerto empirismo ingenuo que considera realidad sélo
Hay ce tamente dado. Lo perceptible son los individuos, en
lo ine relaciones sociales permanecen ocultas. Pero ‘
nn hablat de individuos al margen de |
se La del sistema donde transcurre su existenc ia y en
aged a adquiere sus rasgos especfficos”, De esta forma, “la
organizacién social no se reduce a una suma de relaciones
interindividuales” 3
Séve va mas lejos:
“no
as relaciones
El inmenso descubrimiento efectuado
el cual se basa el marxismo maduro
forma individual de la “humanidad”
modo es primaria como aparece esp:
sino secundaria, ya que su base real est constituida, fuera de los
individuos, por el conjunto objetivo e histéricamente movil de las
relaciones sociales. Esta es una verdadera inversion copernicana
de la milenaria cuestion del humanismo, de alcances te6ricos y
practicos incalculables.24
por Marx en 1845-1846, en
propiamente dicho, es que la
» del “ser hombre”, de ningin
ontaneamente ante si misma,
El individuo, o una simple sumatoria de las acciones indivi-
duales, sin importar las entidades que se generan en esas rela-
ciones, presenta problemas, entonces, para ser considerado
como punto de partida del andlisis. Esto no implica negar la
posibilidad o la necesidad de andlisis de individuos. El problema
se remite a ubicar a éstos en contextos societales que condicio-
nan su accionar.
A fin de cuentas,
la sociedad no esta compuesta de individuos en general, cualesqule
"a, que sevian otros tantos ejemplares de “el hombre"; porque cad
sociedad tiene sus individuos, historica y socialmente Ses A
El individuo-esclavo no es el individuo-siervo ni el individuo-proleta-
io, y lo mismo pata el individuo de clase dominante que correspon
ieee sentido, incluso una clase no esta “compuesta” de
a Se marcas fae cinte seme ieee ee
indivi
ss cit., p. 27. :
Fea eile ceiainbe) tata te la pePeondlldall nenerrort Hllyares,
e sc tes, 1973, p. 382 (cursivas en el original).
Buenos mn90 LAS UNIDADES DE ANALISIS DE LO SOCIAL
en su individualidad por sus condiciones de vida, de trabajo, de &
plotacién y de lucha, por las relaciones de la lucha de clases.25
La definicién de la accion social como unidad de ana isis de
la realidad presenta también dificultades. “La accion social
—seiiala Max Weber— es una accién en la que el sentido men.
tado por su sujeto o sujetos esta referido ae conducta de
otros, orientandose por ésta en su desarrollo. i
Los problemas de Ja formulacién anterior radican en el esta-
blecimiento de una unidad indeterminada en términos histérj-
cos, a partir de sujetos sobre los cuales no hay ninguna pre-
gunta sobre sus condicionamientos sociales. Asi, el punto de
partida es el hombre en general (0 el actor o el sujeto). Pero
hay que afirmar que “no hay individuos ‘naturales’, sino indivi-
duos ‘sociales’ constituidos por el lugar ocupado en el sistema
donde transcurre de manera necesaria su proceso de vida
real” 27 Pereyra prosigue:
No se trata, pues,
de hombres en general, sino de miembros de tal
0 cual clase soc
1, inscritos o no en ciertas corrientes politicas,
cuya conciencia es guiada en mayor o menor medid
aquellos principios ideol6gicos, en quie
ciones culturales heterogéne:
especificos.
ja por estos o
‘nes una amalgama de tradi-
decanta creencias, valores y gustos
En estas condiciones, “hablar de motiv.
positos individuales sin buscar su Conexion necesaria con
todo lo anterior equivale a moverse en el vacio” 28
Ni el enriquecimiento de la teoria de la
comprensi6n (Versteben) resuelve el proble ‘@ que ésta tien-
de a ubicar el sentido que los actores le dan a sut accién, pero los
resultados sociales por lo general se apartan de €S0s sentidos
Por esta raz6n, “el Ambito de la explicacién histérica no pu 3 <
ser [.-] el de las intenciones de los hombres, no gaia ypu?
0s, intenciones y pro-
accion social por la
ma, ye
25 Louis Althusser, Para una critica de la prictica tedrica, §
'glO XX Editor
éxico, 1974, p. 38. Ores
Me ve Weber Economia y sociedad, Fondo de Cultura Econdmica Méx
y » México,
1996, p. 5.
27C, Pereyra, op. cit., p. 37 (cursivas del autor).
28 Idem.LAS UNIDADES DL, ANALISIS DE. LO SOCIAL n
ciertos hechos no presuponen ni siquiera tales intenciones,
sino porque, considerando a otros, los resultados no orrespon
den a lo que los individuos pretendfan originalmente” 2”
Luego de cierto acuerdo, que los enfrenta a las corrientes liv
gadas al individualismo metodolégico, la teoria de sistemas y el
marxismo* terminan diferencidndose radicalmente, Las uni-
dades de andlisis no pueden ser cualquier sistema o subsiste-
ma, amplio 0 reducido, simple o complejo, dependiendo del
tipo de interrelacién que se considere entre las partes, con lo
cual, como ocurre con las posturas sistémicas, podemos partir
indiferenciadamente de la familia, la cultura, la economia, la
sociedad, la personalidad de los actores, grupos de trabajo,
naciones 0 cualquier otro sistema o subsistema.
El marxismo sefala unidades de andlisis definidas, con refe-
rentes histéricos especfficos, lo que le permite romper con la
simple formalidad légica 0 con unidades construidas al arbi-
trio: modo de produccién, modo de produccién capitalista,
sistema mundial, formaci6n social y coyuntura.}!
El problema de investigacién, las preguntas formuladas a la
realidad social, remiten a alguna de esas unidades de anilisis,
lo que plantea el tipo de categorfas y de conceptos requeridos
y los medios instrumentales que se deben emplear.
Una diferencia no menos importante se refiere a la jerarqui-
zacion de los ordenamientos (y desérdenes) de la realidad
social. El pluralismo de puntos de partida y la diversidad de
unidades de andlisis en la teoria sistémica obedece a una indi-
ferenciacién respecto a los nticleos organizativos de la rea-
lidad social. Niklas Luhmann lo expresa claramente cuando,
en respuesta a la pregunta sobre las aportaciones mas impor-
istructuralis-
® Adolfo Sanchez Vazquez, “Estructuralismo ¢ histo!
‘mo y marxismo, Editorial Grijalbo, México, 1970, pp. 44
™ Dentro de la teorfa de sistemas existen diferencias, al igual que dentro del
marxismo. Asi, por ejemplo, Niklas Luhmann, uno de los renovadores del pa:
radigma sistémico, senala sus distancias con cl planteamiento de Ludwig von
Bertalanffy y con Talcott Parsons. Para una exposicién prodigiosamente breve
y clara de sus planteamientos, véase Sociedad y sistema: la ambicion de la teo-
ia, Barcelona, Paidés, 1990, con una también clara introduccién de Ignacio
Teuzquiza. Aqui recalcamos ciertos rasgos comunes al paradigm sistémico,
al igual que lo hacemos con el marxismo.
; fe Para un anilisis de este problema remitimos al lector al cap. 111 de este
bro,As UNIDADES DE ANALISIS DE LO SOCIAL
Li
92
de su teoria Soc’ al, seftala: “sobre todo que No exis
ae , » en su teoria esta presente “una serie de q;
cen: a Giferenciaciones conceptuales que deben ¢¢
cere a “no hay una disposicion jerarquica” >
narse Lae estan muy alejadas de la propuesta marxista en
ae a la organizacion societal yla ook de elemento,
para comprender la historia. El panto pete basico pa
hacer historia es producir los bienes que satis facen los reque.
rimientos de la vida material y en ese proceso los hombres
establecen relaciones sociales que desempenan un papel decj-
sivo en la definicion de los procesos societales, por lo cual es
necesario descifrarlas.*?
te un
Stin.
ombj.
2. ¢SISTEMA MUNDIAL O FORMACIONES SOCIALES?
Desde otra perspectiva, el problema de la unidad de andlisis
también se presenta cuando los interrogantes se refieren a la
comprensi6n del caracter mundial del capitalismo y su capa-
cidad de generar desarrollo y subdesarrollo, con expresiones
espaciales (regionales y locales) diferenciadas. La discusion
en torno a estos problemas ha dado vida a posiciones diver
gentes,
vainier Torres y Guillermo Zermeiio, “Entrevista a Niklas Luhmana”, E
Mies Sociologicos, nim. 30, septiembre-diciembre de 1992, El Colegio “¢
México, México, p. 794. Reafirmando lo anterior, Gonzalo Varela afirme 4
Ia existencia de sistemas funcionales auténomos lleva a una de las oDS¢ oe
garve af Wolémicas de Luhmann, la de que [...] ningtin sistema puede 2
garse ahora la representacién de la Sociedad, No hay cupula ni centro, Si ndo
gran nimero de sistemas que se perturban reciprocamente pero conserve
Ti Omnia”. Véase su “Niklas Luhmann en México”, Estudios Sociol&s
"G20. septiembre-diciembre de 1992, om cin p. 785.
a eee relectal de su vida —sefiala Marx— los su volt
reliciones ae Ties Hecesarias ¢ independientes ae t fase dee
luccion de la vida material eee’ Materiales.” Y agrega: roitics
tea. Obras Escopidas de Mera ious a ka critica del co
Moscdi, 1980, pp. 517 y sin Engels, tres tomos, Editorial PFO!
——— ee —_:Stts=*T
25 co?
hombres oom,LAS UNIDADES DE ANAL
IS DE LO SOCIAL. 93
Endogenistas y exogenistas
Desde una perspectiva geoeconémica mundial, Immanuel Wa-
llerstein ha cuestionado la pertinencia de estudios que per-
manezcan amarrados a las nociones de Estado o de sociedad.
“BI andlisis de los sistemas mundiales —afirma— pone en
cuestion la unidad de anilisis’, y agrega que “este tipo de ana-
lis ustituye el término ‘sociedad’ por el término ‘sistemas
historicos’.”*4
Wallerstein distingue “tres formas o variedades” de sistemas
historicos: los “minisistemas”, “asi llamados porque son espa-
cialmente poco extensos y relativamente breves en el tiempo
(tienen una vida aproximada de seis generaciones)”, siendo
homogéneos en lo que se refiere a sus estructuras culturales y
de gobierno; los “imperios mundiales”, “vastas estructuras
politicas”, cuya légica es “la extraccién de tributos a producto-
res directos (en su mayorfa rurales) con autonomfa admini
trativa local”, y, por tiltimo, las “economfas mundiales”, “vastas
y desiguales cadenas de estructuras de produccién diseccio-
nadas por multiples estructuras politicas”, cuya “légica basica
es la de que la plusvalia acumulada se distribuye desigualmen-
te en favor de quienes puedan lograr diversos tipos de mono-
polios temporales en las redes de mercado” 35
Apoyado en documentados estudios,3¢ Wallerstein afirma
que “el ‘sistema mundial moderno’ surgié de la consolidacion
de una econom{a mundial”, y “se expandié hasta cubrir el
mundo entero, absorbiendo en el proceso a todos los minisis-
temas e imperios mundiales existentes. Por tanto, por vez pri-
mera a fines del siglo xix existié un tinico sistema histérico en
el mundo”.37
Wallerstein concluye su razonamiento subrayando una idea
clave: “Lo decisivo es que la definicién y explicacién de las
de los sistemas mundiales”, en La teoria social,
37. Wallerstein,
ulta,
hoy, de Anthony Giddens y Jonathan Turner, Alianza Editorial-Cona
México, 1991, p. 408.
38 Idem.
3 Véanse los dos tomos publicados en espafiol de El moderno sistema mun-
dial, Siglo XX1 Editores, México, 1979. Existe un tercer tomo disponible en
inglés
*7L, Wallerstein, op. cit., p. 409.'S DE ANALISIS DE LO SOCIAL
o4 LAS UNIDAD
unidades de ansilisis los sistemas hist6ricos— se conviertg
a cientifica”*8 n
en objeto central de fa empre:
En los debates de los anos sesenta y setenta sobre Jag Par
ticularidades de América Latina, uno de los problemas gue
tuvieron en juego fue el de la unidad de anilisis, :
equé es lo que hay que cons
podria resumirse ast: a derar Para
poder ver y comprender el subdesarrollo latinoamericano?
Frente a este interrogante, las escuelas de la CEPAL y de la
dependencia afirmaron —como lo hace Wallerstein Posterior.
mente— que el subdesarrollo latinoamericano no puede en.
tenderse ajeno a la insercién de la regién en los movimientos
constitutivos y reproductivos del capitalismo como sistema
mundial.3? En la voragine mundial generada por el nuevo sis.
tema la regién comenzé a escribir su historia en torno al sub-
desarrollo. Desarrollo y subdesarrrollo son, entonces, las dos
caras de un mismo proceso: la historia del capitalismo como
sistema mundial. Esta sera una de las afirmaciones claves
frente al problema.*°
Otras corrientes, por el contrario, recalcaran que la respuesta
se encuentra en el desciframiento de las relaciones de produccién
internas de América Latina, en la organizacién productiva local.
Aqui se ubican autores que reclaman como aspecto clave el estu-
dio de los modos de produccién en la regién.4!
Las primeras fueron calificadas de “exogenistas”, en cuanto
privilegian, a juicio de las segundas, los aspectos “externos”, en
tanto que a éstas se les denomin6 “endogenistas”, por subrayar
los factores “internos”.
38 Idem.
>” La nocién “centro-periferia” concebida por Raul Prebisch y que caracteri-
26 los estudios iniciales de la CEPAL, asi como la propia nocién de dependen-
cia, son expresiones de enfoques que asumieron la economia mundial como
-ferente necesario para entender los problemas del subdesarrollo. Para una
i intética del camino intelectual de Prebisch, véase su ensayo “Cinco
etapas de mi pensamiento sobre el desarrollo”, Comercio Exterior, vol. 37.
nim. 5, mayo de 1987, México. Para una revision de los aportes y limitaciones
de paradigmas cepalinos y de la dependencia véase el cap. 1x de este libro
# Su formulacién puede verse, por ejemplo, en Osvaldo Sunkel y Pedro Pa:
El subdesarrollo latinoamericano y la teoria del desarrollo, México, Siglo XX!
Editores, 1970.
*' Como, por ejemplo, Ernesto Laclau. Véase su ensayo “Feudalismo ¥ capita
ee América Latina’, en el libro Modos de produccién en América Latin de
Ssadourian y otros, Cuadernos de Pasado y Preseitte, nium. 40, Cordoba, 1973:
erLAS UNIDADES DE ANALISIS DE LO SOCIAL 95
Para el nivel de la pregunta planteada: como surge el
subdesarrollo?, el problema del punto de partida era clave y,
en ese sentido, los cepalinos y los dependentistas (y posterior-
mente Wallerstein) estaban mejor posicionados. El interro-
gante formulado exigia ubicarse en el horizonte abierto por el
sistema mundial capitalista, ya que no era posible dejar a un
lado la organizaci6n productiva regional de las readecuacio-
nes que alli habian ocurrido como resultado de la integracién
de América Latina a los procesos que dieron vida al capitalis-
mo como sistema mundial.
En pocas palabras, la esclavitud y las relaciones serviles que
tuvieron lugar en la regi6n en los siglos xvii y xIx no apare-
cieron como resultado de la maduraci6n 0 la descomposicién
de las relaciones de produccioén y fuerzas productivas de las
organizaciones socioeconémicas prehispanicas o de una y otra.
Mas bien estuvieron marcadas por la importacion de esclavos y
el establecimiento de haciendas y otras unidades productivas
que demandaban a la periferia los sistemas coloniales luso e
hispano, inscritos, a su vez, en los movimientos de expansién
del naciente mundo capitalista con centro en Europa.
Pero este punto de partida: la necesidad de ubicar a América
Latina en el contexto de la expansién mundial del capitalismo
para entender el subdesarrollo, no exenta de la necesidad, en
un segundo momento, de desentrafiar las modalidades organi-
zativas y reproductivas internas. En pocas palabras, la inser-
cién al mercado mundial capitalista provoca procesos inter-
nos que es necesario dilucidar.
Las respuestas sobre las modalidades de reproduccién del
capitalismo como sistema no estan sélo en el sistema general,
sino también en la dinamica de sus partes, por lo cual comien-
za a tener sentido adoptar unidades de analisis menores, asun-
to que Wallerstein discute y que es la esencia de la teoria de la
dependencia, la que postula que habia que indagar por las
particularidades del capitalismo dependiente.
América Latina: ¢feudal o capitalista?
Junto al punto desde donde era visible el problema del subdes-
arrollo (unidad de anilisis), aparecié un segundo debate susci96 LAS UNIDADES DE ANALISIS DE LO SOCIAL
tado por las particularidades que asumio la insercion de jg
region al mercado mundial. Aquél podria sintetizarse
América Latina ¢feudal 0 capitalista?
Las respuestas a este interrogante no encuentran a los acto.
res ya enunciados en las mismas posiciones. Mirado el proble.
ma desde el sistema mundial, para diversos autores América
Latina era claramente capitalista.*? Su inserci6n al mercado
mundial, desde la Conquista y la Colonia, formé parte de los
procesos de surgimiento del sistema mundial capitalista,
Sin embargo, paraddjicamente, esa insercién se hizo sobre
una organizacién productiva interna en la que diversas rela-
ciones precapitalistas, tanto serviles como esclavistas, alean-
zaron fuerte expansi6n y constituyeron el eje de la explotacion,
Desde el estudio de los modos de produccion, prescindiendo del
papel de la organizacién productiva en el sistema, América
Latina era mds feudal que capitalista.
En los afios ochenta este debate volvié a ganar vida, tenien-
do entre sus actores a Wallerstein, defendiendo las antiguas
posiciones de Frank, y a Steve J. Stern en la defensa de la tesis
de una América Latina feudal.43
Como puede apreciarse, cada uno de los bandos se para en
lugares distintos (sistema mundial o formacién social) para
responder a los interrogantes planteados. Asf, no es dificil que
las respuestas sean tan encontradas y que no existan posibili-
dades de solucion.
Una via de solucién a este debate la propuso una corriente
dependentista* al afirmar que el andlisis del subdesarrollo, si
bien exige partir considerando el sistema mundial, debe regre-
sar a unidades menores, regionales y locales, a las formacio-
nes sociales, que de manera general terminaran circunscritas
asi:
# El més fuerte defensor de esta tesis fue
libro Capitalismo y subdesarrollo en América
Editores, 1970.
43 Véase I. Wallerstein “Comentari
de S. Stern, “Todavia mas soli
André Gunder Frank. Véase st
Latina, Buenos Aires, Siglo XXI
rios sobre las pruebas criticas de Stern”, Y
r s", ambos ensayos publicados en la Revist
Mexicana de Sociologia, México, nim. 3, julio-septiembre de 1989,
“ En particular, la corriente marxista, en la que se ubicarian Theotonio dos
Santos, Vania Bambirra y Ruy Mauro Marini, Del primero puede verse fi?
rialismo y dependencia, Editorial Era, México, 1978. De Ba
, ambirra, con
El capitalismo dependiente latinoamericano, Siglo XXI Editwren Meng 1974LAS UNIDADES DE ANALISIS DE LO SOCIAL 7
torialmente bajo los estados-nacion que comienzan a
ter
ganar forma luego de los proc
En esas unidades menore:
ganizacion econdmica, politica y social que reproduce el atraso
y el subdesarrollo, y en la que se redefinen las nuevas modali-
dades de reinsercién internacional y, también, las nuevas
modalidades de atr:
En un momento —posterior a los procesos de independencia
y que varia segtin las formaciones sociales a
mos— estas unidades comienzan a gener
turas de reproduccién del capitalismo y del subdesarrollo y
resentan como una particularidad el que operan acelerando
el desarrollo del sistema mundial capitalista, pero lo hacen
acentuando y agudizando formas de explotacién en las
viola de manera permanente el valor de la fuerza de tr:
Jo que da origen a una modalidad de desarrollo capitalista
especifica, la dependiente. De esta forma, el punto de partida,
el sistema mundial, no nos exenta del estudio de la reproduccion
“local” del capitalismo, proceso que se redefine de manera per-
manente por los cambios que sufren regiones y paises en su
inscripcién en la economia global.
Siguiendo a Morin, podemos afirmar que asf se logran sor-
tear los problemas presentes en dos tipos de reduccionismo:
uno, “parcelario”, que “reduce la explicacién del todo a las
propiedades de las partes conocidas isladamente”, en las que
se ubicarian, por ejemplo, los estudios sobre modos de pro-
duccién o economfias “nacionales”, o sobre regiones, desliga-
dos del sistema capitalista mundial.
Dos, los peligros del reduccionismo “holista”, pos
reduce las propiedades de las partes a las propiedades del to-
do”,46 como ocurre en los estudios que suponen que la compren-
sién del sistema capitalista mundial dilucida todo o casi todo.
sos de independencia
termina de constituirse una or-
0 y subdesarrollo,
las que nos refira-
1s propias estruc-
que se
bajo, 45
bn “que
y de Marini, su planteamiento mas acabado sobre el tema se encuentra en
Dialéctica de la dependencia, Editorial Era, México 1973. Para una profundi-
zaci6n puede verse el ensayo “El marxismo latinoamericano y la dependen-
Sigh i libro Las dos caras del espejo. Ruptura y continuidad en la sociolo-
« latinoamericana, Triana Editores, México, 1995.
ta qees'@ formulacién corresponde en particular a Marini. Véase Dial
(cbendencia,
Edgar Morin, op. cit., p. 150.
ica de8 LAS UNIDADES DE ANALISIS DE LO SOCIAL
Como se ha dicho, el todo no sélo es mas que la suma de las
partes (asunto que recalca el reduccionismo holista”), sing
que también es menos, porque el conocimiento de lo general
no resuelve —y mas bien reclama— el conocimiento de las
parcialidades.4” En la solucién a aquellos dos reduccionismos
América Latina pudo ser construida como problema tedrico,
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