Ibsen: Raíces del Teatro Moderno
Ibsen: Raíces del Teatro Moderno
Casa de
muñecas &
Hedda Gabler
ePub r1.2
Oxobuco 05.09.14
Casa de muñecas
Título original: Dukkehjem
Henrik Ibsen, 1879
Traducción: Alberto Adell
Hedda Gabler
Título original: Hedda Gabler
Henrik Ibsen, 1890
Traducción: Alberto Adell
ALBERTO ADELL
Madrid, diciembre 1988
Casa de muñecas
Drama en tres actos
Personas
HELMER, abogado
NORA, su esposa
DOCTOR RANK
SEÑORA LINDE
KROGSTAD, procurador
Los tres hijos pequeños de Helmer
ANA MARÍA, niñera de los Helmer
DONCELLA de la casa
UN MOZO
[La acción tiene lugar en casa de
Helmer.]
Acto primero
NORA
Esconde bien el árbol, Elena. Que
no lo vean los niños hasta esta
noche, cuando esté adornado. (Al
MOZO, sacando el portamonedas.)
¿Cuánto es…?
MOZO
Media corona.
NORA
Tome; una corona. No, guárdese la
vuelta.
HELMER
¿Es la ardilla, la que enreda por ahí?
NORA
¡Sí!
HELMER
¿Cuándo ha vuelto la ardilla?
NORA
Ahora mismo. (Guarda la bolsa de
almendrados en el bolsillo y se
limpia la boca.) Ven aquí, Torvald, y
verás lo que he comprado.
HELMER
¡No molestes! (Poco después abre la
puerta y asoma, con la pluma en la
mano.) ¿Comprado, dices? ¿Todo
esto? ¿Ha vuelto a salir el chorlito[1]
a tirar el dinero?
NORA
Oh, Torvald, este año podemos
permitirnos algunos caprichos. Es la
primera Navidad en que no tenemos
que andar con apuros.
HELMER
Ya, pero ¿sabes?, tampoco tirar el
dinero.
NORA
Bueno, Torvald, un poco sí
podemos. ¿No es verdad? Sólo un
poquito. Ahora ganarás un buen
sueldo y tendremos mucho, mucho
dinero.
HELMER
Sí, a partir del año nuevo; pero falta
aún un trimestre para que lo cobre.
NORA
Bah, podemos pedir un préstamo
mientras.
HELMER
¡Nora! (Se acerca a ella y le tira
bromeando de una oreja.) ¿Ha
vuelto la imprudencia a hacer de las
suyas? Imagínate que pido un
préstamo de mil coronas hoy, que tú
las gastas en Navidades y que en la
Nochevieja me cae un cascote en la
cabeza y me quedo en el sitio…
NORA
Si ocurriese algo tan horrible, lo
mismo me daría estar entrampada
que no.
HELMER
Sí, pero ¿y los que me hubieran dado
el préstamo?
NORA
¿Ellos? ¿Quién se va a preocupar
por unos desconocidos?
HELMER
¡Nora, Nora, no puedes negar que
eres mujer! No, en serio, Nora; ya
sabes lo que pienso sobre el asunto.
¡Ni deudas ni préstamos! Hay algo
de servil, de turbio, en el hogar que
se mantiene de préstamos y de
deudas. Hasta ahora hemos resistido,
como dos valientes, y así seguiremos
haciendo el tiempo que nos falta.
HELMER (Siguiéndola.)
Bueno, bueno, que no arrastre las
alas la pequeña alondra. ¿Eh? Que
no se enfurruñe la ardilla. (Saca la
cartera.) Nora, ¿qué es lo que tengo
aquí?
HELMER
Mira. (Entregándole algunos
billetes.) Santo Dios, si sabré lo que
se gasta en una casa en Navidades.
NORA (Contando.)
Diez… veinte… treinta… cuarenta.
Oh, gracias, gracias, Torvald; con
esto tengo para mucho.
HELMER
Sí, eso es lo que debes hacer.
NORA
Sí, sí, eso haré. Pero ven aquí para
que te enseñe lo que he comprado.
¡Y tan barato! Mira, un traje nuevo
para Ivar… y también un sable.
Aquí, un caballo y una trompeta para
Bob. Y aquí una muñeca con su cama
para Emmy; son muy ordinarias,
pero igual da: las rompe enseguida.
Y aquí tengo cortes de vestidos y
pañuelos para las criadas; la vieja
Ana María debería tener algo más.
HELMER
¿Y qué hay en ese paquete?
NORA (Gritando.)
¡No, Torvald, eso no lo verás antes
de esta noche!
HELMER
Bueno, bueno. Pero dime, manirrota,
¿qué has pensado para ti?
NORA
Bah, ¿para mí? No quiero nada.
HELMER
Ah, sí. Dime algo razonable, que te
gustaría tener.
NORA
No, de verdad que no sé. Ah, sí, oye,
Torvald…
HELMER
¿Sí?
HELMER
Venga, venga; dilo.
NORA (Rápidamente.)
Podrías darme dinero, Torvald. Sólo
lo que creas que puedas darme; así
compraría algo uno de estos días.
HELMER
Pero Nora…
NORA
Oh, sí, hazlo, Torvald; te lo pido por
favor. Y colgaría el dinero del árbol
de Navidad, envuelto en un bonito
papel dorado. ¿No sería divertido?
HELMER
¿Cómo se llama el pájaro que tira el
dinero?
NORA
Sí, sí, chorlito; ya lo sé. Pero
hagamos como digo, Torvald; así
tendré tiempo para pensar en lo que
me haga más falta. ¿No te parece
razonable? ¿Eh?
HELMER (Sonriendo.)
Oh, sí, naturalmente; es decir,
siempre que fueras capaz de
conservar el dinero que te doy y
comprarte con él de verdad algo
para ti. Pero se irá en la casa y en un
montón de cosas inútiles y tendré
que volver a sacar la bolsa.
NORA
Pero Torvald…
HELMER
¿Para qué negarlo, querida Nora?
(Pasándole el brazo por la cintura.)
El chorlito es un encanto, pero gasta
montones de dinero. Es increíble lo
caro que le sale a un hombre el
mantener un chorlito.
NORA
Oh, no, ¿cómo puedes decir eso? Si
ahorro todo lo que puedo.
HELMER (Ríe.)
Sí, es verdad. Todo lo que puedes.
Pero no puedes nada.
NORA (Canturrea y sonríe divertida.)
Ejem, si supieras cuanto gastamos
las alondras y las ardillas, Torvald.
HELMER
Qué bichito más curioso eres. Justo
como era tu padre. Sabes
arreglártelas para sacar dinero, pero
en cuanto lo consigues, se te va de
las manos; nunca sabes qué has
hecho con él. Bueno, hay que tomarte
como eres. Está en la sangre. Oh, sí,
sí, de tal palo, tal astilla, Nora.
NORA
Ya quisiera yo haber heredado
algunas de las cualidades de papá.
HELMER
Y no me gustaría que fueses otra de
la que eres, mi preciosa alondra.
Pero escucha, ahora que me doy
cuenta. Tienes… ¿cómo diría?… un
aspecto tan sospechoso hoy…
NORA
¿Sospechoso?
HELMER
Sí que lo tienes. Mírame a los ojos.
NORA (Mirándole.)
¿Sí?
HELMER (Amenaza con el dedo.)
¿La golosa no habrá hecho de las
suyas hoy en la ciudad?
NORA
No; ¡qué idea!
HELMER
¿De verdad no se habrá dado una
vuelta por la pastelería?
NORA
No, te aseguro que no, Torvald…
HELMER
¿No ha probado un dedito de
mermelada?
NORA
No, en absoluto.
HELMER
¿Ni siquiera roer un almendrado, o
dos?
NORA
No, Torvald, de verdad que no.
HELMER
Bueno, bueno, era sólo una broma…
NORA
¿Te has acordado de invitar al
doctor Rank?
HELMER
No. Pero no hace falta; ya se
entiende que cena con nosotros.
Además, se lo diré cuando venga
esta mañana. He encargado un buen
vino. Nora, no puedes darte idea de
la ilusión que me hace esta noche.
NORA
Y a mí también. ¡Y cómo disfrutarán
los niños, Torvald!
HELMER
Sí, la verdad es que es estupendo
pensar que se ha conseguido una
posición segura; que se puede vivir
con desahogo. ¿No es verdad que es
una gran satisfacción el pensarlo?
NORA
¡Ah, es maravilloso!
HELMER
¿Te acuerdas de la última Navidad?
Durante tres semanas antes te
encerrabas cada noche hasta las
tantas, haciendo adornos para el
árbol y demás maravillas para
darnos una sorpresa. Uf, fueron los
días más aburridos de mi vida.
NORA
Pues yo no me aburrí nada.
HELMER (Sonriendo.)
Pero resultó bastante pobre, Nora.
NORA
No me sigas reprendiendo aún. ¿Qué
pude hacer yo, si entró el gato y lo
hizo todo trizas?
HELMER
Por supuesto que nada, mi pobre
Nora. Pusiste toda tu voluntad en
divertirnos, y eso es lo importante.
Pero es bueno que la época de las
escaseces haya pasado.
NORA
Sí, es de verdad maravilloso.
HELMER
No tengo ya que sentarme aquí solo,
aburriéndome; y tú no tendrás que
gastar tus benditos ojos y tus
preciosas manitas…
NORA (Palmoteando.)
Sí, ¿verdad, Torvald, que ya no hará
falta? ¡Ah, qué estupendo es oírlo!
(Le coge del brazo.) Te diré lo que
he pensado que hagamos cuando
acabe la Navidad… (Suena el
timbre en el vestíbulo.) Ah, llaman.
(Arreglando un poco la sala.)
Alguien viene. Qué pesadez.
HELMER
No estoy para nadie; recuérdalo.
DONCELLA (A HELMER.)
Y a la vez ha venido el doctor.
HELMER
¿Ha pasado a mi despacho?
DONCELLA
Sí, señor.
(HELMER marcha a su
cuarto. La doncella hace
pasar a la sala a la
SEÑORA LINDE, que
viste de viaje, y cierra la
puerta tras ella.)
NORA (Dudando.)
Buenos días…
SEÑORA LINDE
Veo que no me reconoces.
NORA
No; no sé…; ah, sí, me parece…
(Exclamando.) ¿Cómo? ¡Cristina!
¿Eres tú?
SEÑORA LINDE
Sí, soy yo.
NORA
¡Cristina! ¡Y yo, que no te reconocía!
Pero cómo iba a conocerte… (En
voz más baja.) ¡Cómo has cambiado,
Cristina!
SEÑORA LINDE
Sí, sin duda. Hace casi diez años…
NORA
¡Hace tanto que no nos hemos visto!
Pues sí, es verdad. Ah, los últimos
ocho han sido muy felices, créeme.
¿Y ahora has venido a la ciudad?
Has hecho el largo viaje en invierno.
Qué valiente.
SEÑORA LINDE
Acabo de llegar en el vapor esta
mañana.
NORA
Para pasar la Navidad, claro. ¡Qué
estupendo! Sí, lo pasaremos bien.
Pero quítate el abrigo. ¿No tendrás
frío? (La ayuda.) Así, nos
pondremos junto a la estufa. ¡No, en
la butaca! Me sentaré aquí, en la
mecedora. (Cogiéndole las manos.)
Sí, ahora tienes la cara de antes; fue
sólo la primera impresión… Estás
un poco más pálida, Cristina… y
quizá un poco más delgada.
SEÑORA LINDE
Y mucho, mucho más vieja, Nora.
NORA
Sí, puede que un poquitín; un
poquitín, sólo; no mucho. (Se
interrumpe; con seriedad.) ¡Ay,
tonta de mí, sentada aquí charlando!
Querida Cristina, ¿me perdonas?
SEÑORA LINDE
¿Qué quieres decir, Nora?
NORA (En voz baja.)
Pobre Cristina, ¿te quedaste viuda,
verdad?
SEÑORA LINDE
Sí, hace tres años.
NORA
Lo sabía; lo leí en los periódicos.
Ay, Cristina, créeme, pensé muchas
veces escribirte en aquella ocasión;
pero siempre lo iba dejando para
luego, y siempre ocurría algo.
SEÑORA LINDE
Nora querida, te entiendo
perfectamente.
NORA
No, ha sido una vergüenza por parte
mía, Cristina. Ah, pobre, cuánto has
debido de pasar… ¿Y no te dejó
nada para vivir?
SEÑORA LINDE
No.
NORA
¿Ni hijos tampoco?
SEÑORA LINDE
No.
NORA
¿Nada de nada?
SEÑORA LINDE
Ni tan siquiera una pena ni una
nostalgia para recordarlas.
NORA
Tan sola. Qué terrible debe de ser
para ti. Yo tengo tres niños
preciosos. Aunque no puedes verlos
ahora, han salido con la niñera. Pero
me lo tienes que contar todo…
SEÑORA LINDE
No, no, es mejor que cuentes tú.
NORA
No, debes empezar tú. Hoy no
quiero ser egoísta. Hoy sólo pensaré
en tus cosas. Pero te tengo que decir
algo. ¿No sabes la suerte que hemos
tenido estos días?
SEÑORA LINDE
No, ¿qué ha sido?
NORA
¡Imagínate, han nombrado a mi
marido director del Banco!
SEÑORA LINDE
¿A tu marido? ¡Qué suerte…!
NORA
Sí, enorme. Se vive con tanta
inseguridad siendo abogado, sobre
todo si uno no se mete en otros
asuntos que los que son justos y
decentes. Y esto es lo que
naturalmente ha hecho siempre
Torvald, y yo estoy por completo de
acuerdo con él. ¡Puedes imaginarte
lo contentos que estamos! Empieza
ya en el Banco a comienzos de año y
tendrá un buen sueldo y muchos
beneficios. A partir de ahora
podremos vivir de forma muy
distinta… justo como queramos.
¡Cristina, qué feliz me siento! Qué
estupendo es contar con montones de
dinero y no tener que andar con
estrecheces, ¿no es verdad?
SEÑORA LINDE
Claro, siempre es una satisfacción
contar con lo necesario.
NORA
¡No, no sólo lo necesario, sino
mucho, muchísimo dinero!
SEÑORA LINDE
¿También tú?
NORA
Sí, pequeñas cosas, labores,
ganchillo, bordados, cosas así; (De
pasada.) y otras cosas también.
Torvald abandonó el ministerio
cuando nos casamos, ¿sabes? No
había ninguna perspectiva de
ascenso en su oficina, y era preciso
que ganase más que antes. Y el
primer año trabajó hasta agotarse.
Tuvo que buscar toda clase de
trabajos extra, ya puedes imaginarte,
y trabajar desde muy temprano hasta
muy tarde. Pero no pudo resistirlo, y
cayó gravemente enfermo. Y los
médicos declararon que era preciso
que fuera al Mediodía.
SEÑORA LINDE
Sí, estuvisteis todo un año en Italia,
¿no?
NORA
Eso es. No fue fácil marcharnos,
puedes creerlo. Ivar acababa de
nacer. Pero claro está que tuvimos
que irnos. Oh, fue un viaje
maravilloso. Y le salvó la vida a
Torvald. Pero costó un horror de
dinero, Cristina.
SEÑORA LINDE
Ya me imagino.
NORA
Mil doscientos escudos[2]. Cuatro
mil ochocientas coronas. Es mucho
dinero, ¿verdad?
SEÑORA LINDE
Sí, pero en un caso semejante es una
suerte el poder disponer de él.
NORA
Sí, fue papá quien me lo dio, ¿sabes?
SEÑORA LINDE
Ah, ya. Fue justo entonces cuando tu
padre murió, ¿no?
NORA
Sí, Cristina, justo entonces. Y, date
cuenta, no pude ir con él a cuidarle.
Aquí me quedé esperando día tras
día a que el pequeño Ivar viniera al
mundo. Y además, tenía que cuidar a
mi pobre Torvald, tan grave como
estaba. ¡Pobre papá! Nunca volví a
verle, Cristina. Ay, fueron los días
más tristes que he pasado desde que
me casé.
SEÑORA LINDE
Ya sé cuánto le querías. ¿Así es que
os fuisteis a Italia?
NORA
Sí, teníamos el dinero, y los médicos
nos daban prisa. Nos fuimos un mes
después.
SEÑORA LINDE
¿Y tu marido volvió sano por
completo?
NORA
¡Como una manzana!
SEÑORA LINDE
Entonces… ¿el doctor?
NORA
¿Qué doctor?
SEÑORA LINDE
Me pareció que la doncella llamó
doctor al caballero que subió
conmigo.
NORA
Sí, es el doctor Rank; pero no viene
en plan profesional; es muy amigo
nuestro y no hay día que no nos haga
por lo menos una visita. No, Torvald
no ha vuelto a caer enfermo desde
entonces. Y los niños están
sanísimos, como yo. (Se levanta y
palmotea.) ¡Señor, Señor, Cristina,
qué maravillosa es la vida cuando se
es feliz!… Ay, pero no tengo
perdón… sólo hablo de mis cosas.
(Se sienta en un taburete junto a
ella, con los brazos en las rodillas.)
¡Ah, no me hagas caso!… Dime, ¿es
cierto que no querías a tu marido?
Entonces, ¿por qué te casaste con él?
SEÑORA LINDE
Mi madre vivía aún; estaba en cama,
inválida. Así es que tenía que cuidar
de mis dos hermanos pequeños. No
pude menos que aceptar su
propuesta.
NORA
Sí, puede que tuvieras razón. Luego,
¿entonces era rico?
SEÑORA LINDE
Bastante acomodado, creo. Pero
eran negocios inseguros, Nora. Al
morir se había perdido todo; no
quedó nada.
NORA
¿Y entonces…?
SEÑORA LINDE
Bueno, tuve que salir adelante con
un modesto comercio y una pequeña
escuela y cuanto pude encontrar.
Estos tres años no han sido para mí
más que una jornada de trabajo
ininterrumpido. Pero ya acabó,
Nora. Mi pobre madre ya no me
necesita, porque murió. Ni tampoco
los muchachos; están colocados y se
las arreglan.
NORA
Sentirás un gran alivio…
SEÑORA LINDE
Pues mira, no; sólo siento un vacío
indecible. No tener a nadie por
quien vivir. (Levantándose
inquieta.) Por eso no pude aguantar
más en aquel pequeño rincón. Aquí
quizá sea más fácil encontrar algo,
que le ocupe a una y le impida
pensar. Si tuviera la suerte de
encontrar un empleo estable, algún
trabajo de oficina…
NORA
Ah, Cristina, pero es tan agotador, y
tú pareces estar ya tan cansada.
Sería mucho mejor para ti que fueras
a unos baños…
NORA (Levantándose.)
Oh, no te enfades.
SEÑORA LINDE (Acercándose a ella.)
Nora querida, no me lo tomes a mal.
Lo peor de una situación como la
mía es que el corazón se llena de
amargura. No se tiene a nadie por
quien luchar; y sin embargo, se ve
una obligada a salir adelante de
todas formas. Porque hay que vivir,
y así se hace una egoísta. Cuando me
has contado la suerte que habéis
tenido al mejorar de posición… ¿lo
creerás?… me alegré, no tanto por ti
como por mí.
NORA
¿Cómo? Ah, ya entiendo. Quieres
decir que Torvald quizá pueda hacer
algo por ti.
SEÑORA LINDE
Sí, eso espero.
NORA
Claro que lo hará, Cristina. Déjalo
en mis manos; lo planearé con toda
delicadeza… encontraré algo que le
predisponga. Ah, cuánto me gustaría
poder serte útil.
SEÑORA LINDE
Qué buena eres, Nora, tomando tanto
interés por mí… es doblemente de
agradecer en tu caso, que tan poco
conoces de los dolores y los
sinsabores de la vida.
NORA
¿Yo? ¿Qué conozco tan poco…?
SEÑORA LINDE
¿Cómo?
NORA
Eres como los otros. Todos creéis
que no sirvo para nada de verdad
serio…
SEÑORA LINDE
Oh, no…
NORA
… que no he sufrido las dificultades
del mundo.
SEÑORA LINDE
Querida Nora, por supuesto, acabas
de contarme tus problemas.
NORA
¡Bah… las insignificancias! (Bajo.)
No te he contado las cosas
importantes.
SEÑORA LINDE
¿Las importantes? ¿Qué quieres
decir?
NORA
Me menosprecias, Cristina; pero no
debes hacerlo. Estás orgullosa de
haber trabajado duro y por largo
tiempo por tu madre.
SEÑORA LINDE
Te aseguro que no menosprecio a
nadie. Pero es cierto; siento tanto
orgullo como satisfacción cuando
pienso que me ha sido posible
conseguir que los últimos días de mi
madre se hayan visto, hasta cierto
punto, libres de angustia.
NORA
Y también sientes orgullo cuando
piensas en lo que has hecho por tus
hermanos.
SEÑORA LINDE
Creo que tengo derecho a ello.
NORA
También yo lo creo. Pero escucha
una cosa, Cristina. Yo también tengo
algo de lo que estar orgullosa y
satisfecha.
SEÑORA LINDE
No lo dudo. ¿Pero a qué te refieres?
NORA
Habla bajo. ¡Piensa que puede oírte
Torvald! Por nada del mundo debe
él…; nadie debe saberlo, Cristina;
nadie más que tú.
SEÑORA LINDE
¿Pero qué es?
NORA
Ven aquí. (La lleva al sofá junto a
ella.) Sí, verás… también yo tengo
algo de que estar orgullosa y
satisfecha. Fui yo quien le ha
salvado la vida a Torvald.
SEÑORA LINDE
¿Salvado? ¿Cómo salvado?
NORA
Te conté el viaje a Italia. Torvald no
hubiera podido curarse de no haber
ido allí…
SEÑORA LINDE
Ya, tu padre os dio el dinero
necesario…
NORA (Sonríe.)
Sí, es lo que cree Torvald y creen
los demás; pero…
SEÑORA LINDE
¿Pero?…
NORA
Papá no nos dio un céntimo. Fui yo
la que consiguió el dinero.
SEÑORA LINDE
¿Tú? ¿Tanto dinero?
NORA
Mil doscientos escudos. Cuatro mil
ochocientas coronas. ¿Qué te
parece?
SEÑORA LINDE
Sí, Nora, ¿pero cómo? ¿Te tocó la
lotería?
SEÑORA LINDE
¿Pero de dónde lo sacaste?
NORA
¿Ah, no? ¿Y por qué no?
SEÑORA LINDE
No, una mujer casada no puede
obtener préstamos sin la
autorización del marido.
NORA
Ni hace falta. Nadie ha dicho que yo
tomara dinero prestado. Puedo
haberlo conseguido de otras formas.
(Vuelve a reclinarse en el sofá.)
Bien puedo haberlo obtenido de
alguno de mis admiradores. Cuando
se es tan atractiva como yo…
SEÑORA LINDE
Estás loca.
NORA
La verdad es que estás muerta de
curiosidad, Cristina.
SEÑORA LINDE
Escúchame, querida Nora… ¿no
habrás hecho algo imprudente?
SEÑORA LINDE
Pienso que es imprudente que sin él
saberlo…
NORA
¡Pero es que no tenía que saber
nada! Oh, Señor, ¿no lo
comprendes? No debía saber lo
grave que estaba. Fue a mí a quien
los médicos vinieron a decir que su
vida estaba en peligro; que lo único
que podía salvarle era una
temporada en el sur. ¿Crees que no
intenté al principio arreglar el
asunto? Le dije lo que me gustaría
salir al extranjero como otras
mujeres; lloré y supliqué; le dije que
debía tener en cuenta mi estado; que
fuera bueno y me complaciera; e
incluso sugerí que quizá pudiera
pedir un préstamo. Entonces casi se
me enfadó, Cristina. Dijo que yo era
una frívola y que su deber como
marido era no consentir todos mis
caprichos y antojos… creo que así
fue como los llamó. Y me dije: hay
que salvarle inmediatamente; así es
que tuve que buscar una solución…
SEÑORA LINDE
¿Y tu marido no se enteró por tu
padre que el dinero no venía de él?
NORA
No, nunca. Papá murió precisamente
el mismo día. Pensé ponerle al tanto
del asunto y rogarle que no dijera
nada. Pero se encontraba tan
enfermo… Por desgracia, no hubo
necesidad.
SEÑORA LINDE
¿Y no se lo has confesado nunca a tu
marido?
NORA
No, por Dios, ¿cómo se te ocurre?
¡A él, con las ideas tan estrictas que
tiene sobre el asunto! Y además…
Torvald, con su amor propio de
hombre… lo afrentoso y humillante
que hubiera sido para él saber que
me debía algo. Hubiera arruinado
nuestras relaciones; la felicidad de
nuestro hogar no sería lo que es.
SEÑORA LINDE
¿No piensas decírselo nunca?
SEÑORA LINDE
¿Así es que iba a recaer sobre tus
necesidades, pobre Nora?
NORA
Sí, claro está. Después de todo,
también era yo la responsable.
Siempre que Torvald me daba dinero
para un nuevo traje o cualquier otra
cosa, no gastaba yo más que la
mitad; compraba siempre las cosas
más sencillas y más baratas. Es una
suerte que todo me siente bien, por
lo que Torvald no se daba cuenta.
Pero muchas veces se me hacía
difícil, Cristina, porque siempre
gusta ir bien vestida. ¿No es cierto?
SEÑORA LINDE
Ah, por supuesto.
NORA
Bueno, también tenía otras fuentes de
ingresos. El invierno pasado tuve la
suerte de conseguir un encargo de
hacer copias. Me encerraba y me
pasaba las noches copiando hasta
muy tarde. Ah, más de una vez me
sentí cansada, cansadísima. Pero,
por otra parte, no dejaba de ser
emocionante el estar trabajando y
ganando dinero. Era casi como ser
un hombre.
SEÑORA LINDE
¿Y cuánto has podido pagar así?
NORA
Verás, no puedo decirlo
exactamente. Ciertos asuntos, sabes,
son bastante difíciles de calcular.
Sólo sé que he pagado cuanto he
podido rebañar. Más de una vez no
sabía por dónde salir. (Sonríe.)
Entonces me sentaba aquí y me hacía
ilusiones de que un caballero, viejo
y rico, se enamoraba de mí…
SEÑORA LINDE
¿Cómo? ¿Qué caballero?
NORA
¡Tonterías!… que había muerto y que
al abrir el testamento, se leía en
letras así de grandes: «Todo mi
dinero será entregado
inmediatamente en metálico a la
encantadora señora Nora Helmer».
SEÑORA LINDE
Pero, querida Nora, ¿de qué
caballero hablas?
NORA
¡Ay, Dios!, ¿no lo entiendes? El
viejo caballero no existía; era sólo
algo que yo me sentaba aquí y me
imaginaba una y otra vez, cuando no
tenía idea de cómo conseguir dinero.
Pero ya da igual; por mí, el buen
señor puede seguir donde está; ya no
me importa él ni su testamento,
porque se acabaron las
preocupaciones. (Levantándose.)
Oh, Señor, ¡qué alegría da pensarlo,
Cristina! ¡Sin preocupaciones!
¡Poder sentirse libre de angustias,
absolutamente libre; poder jugar y
retozar con los niños; poder tener
una casa bonita y elegante, todo lo
que a Torvald le gusta! Y pensar que
pronto llegará la primavera y el
cielo azul. Y entonces quizá
podamos hacer algún viaje. Quizá
vuelva a ver el mar. ¡Sí, sí, qué
estupendo es vivir y ser dichoso!
(Suena el timbre en el vestíbulo.)
SEÑORA LINDE (Levantándose.)
Llaman; mejor será que me vaya.
NORA
No, quédate; no será para mí; seguro
que es para Torvald…
NORA
Con el señor Director, querrás decir.
DONCELLA
Sí, con el señor Director; pero no
sabía… como está con el doctor…
NORA
¿Quién es?
KROGSTAD
Asuntos del Banco… hasta cierto
punto. Tengo un pequeño cargo en el
Banco y, según he oído, su esposo va
a ser nuestro jefe…
NORA
Y entonces…
KROGSTAD
Aburridos asuntos; nada más.
NORA
Sí, haga el favor de pasar al
despacho. (Saluda con indiferencia
mientras cierra la puerta del
vestíbulo; luego se acerca a
contemplar la estufa.)
SEÑORA LINDE
Nora… ¿quién es ese hombre?
NORA
Krogstad, un procurador.
SEÑORA LINDE
Luego era él.
NORA
¿Le conoces?
SEÑORA LINDE
Le conocí… hace años. Fue pasante
de abogado en nuestra región.
NORA
Sí, creo que sí.
SEÑORA LINDE
Cómo ha cambiado.
NORA
Ha tenido un matrimonio bastante
desgraciado.
SEÑORA LINDE
¿Es viudo ahora, no?
NORA
Con un montón de hijos. Mira; ya ha
prendido.
(Cierra la puerta de la
estufa y aparta un poco
la mecedora.)
SEÑORA LINDE
¿Está metido en gran número de
asuntos, según dicen?
NORA
¿Ah, sí? Bien puede ser; no sé…
Pero no hablemos de negocios; es
tan aburrido…
NORA
No, nada de eso. (Presentándolos.)
El doctor Rank, la señora Linde.
RANK
Ah, sí. Un nombre que suele oírse en
esta casa. Me parece que la he
adelantado en la escalera, cuando
subía.
SEÑORA LINDE
Sí; subo muy despacio; no me
conviene.
RANK
Ajá, ¿alguna pequeña afección?
SEÑORA LINDE
Puro agotamiento.
RANK
¿Nada más? ¿Y ha venido a
descansar a la ciudad para reposar
de invitación en invitación?
SEÑORA LINDE
He venido a buscar trabajo.
RANK
¿Y desde cuándo es el trabajo el
mejor remedio contra el
agotamiento?
SEÑORA LINDE
Hemos de vivir, doctor.
RANK
Sí, ésa parece ser la opinión
general: que hay que vivir.
NORA
Qué cosas tiene, doctor… También
usted quiere vivir.
RANK
Por supuesto. Por mal que me
encuentre, desearía aguantar el
mayor tiempo posible. Todos mis
pacientes opinan lo mismo. E igual
ocurre con los enfermos morales.
Justo en este momento uno de esos
casos clínicos de tipo moral se
encuentra en el despacho de
Helmer…
NORA
¿Qué quiere decir?
RANK
Sí, es el procurador Krogstad, un
hombre que usted no conoce. Está
moralmente podrido hasta las raíces,
señora. Pero hasta él ha comenzado
diciendo, como algo de esencial
importancia, que tenía que vivir.
NORA
¿Sí? ¿De qué tendrá que tratar con
Torvald?
RANK
La verdad es que no lo sé; sólo he
oído que era algo en relación con el
Banco.
NORA
No sabía que Kro… que el
procurador Krogstad tuviera que ver
con el Banco.
RANK
Oh, sí, tiene algún empleo en él. (A
la SEÑORA LINDE.) No sé si también
en su tierra hay ese tipo de
individuos que andan desalados de
un lado para otro tratando de
olfatear la podredumbre moral y en
cuanto topan con un afectado, lo
ponen en observación en un puesto
ventajoso. Mientras, los sanos
pueden quedarse en la calle.
SEÑORA LINDE
Pero sin duda son los enfermos los
que más necesitan que se les interne.
RANK
¿De qué se ríe? ¿Sabe usted de
verdad lo que es la sociedad?
NORA
¿Por qué he de preocuparme de la
maldita sociedad? Me río de algo
muy diferente… de algo
divertidísimo… Dígame, doctor
Rank… ¿van a depender de Torvald
todos los que trabajan en el Banco?
RANK
¿Es eso lo que le divierte tanto?
RANK
Vaya, vaya, almendrados. Y yo que
creía que eran aquí artículos
prohibidos.
NORA
Sí, pero éstos me los ha traído
Cristina.
SEÑORA LINDE
¿Quién? ¿Yo…?
NORA
Bah, bah, no te asustes. Cómo ibas a
saber que Torvald los tiene
prohibidos. Tiene miedo, sabes, de
que me estropeen los dientes. Pero,
bah… ¡por una vez!… ¿No es
verdad, doctor Rank? ¡Sírvase!
(Poniéndole un almendrado en la
boca.) Y tú también, Cristina. Y yo
también tomaré uno; sólo uno
chiquitito… a lo más dos.
(Paseando de nuevo.) Ahora soy
inmensamente feliz. Sólo hay una
cosa en el mundo que desearía de
verdad.
RANK
¿Sí? ¿Y qué es?
NORA
Es algo que me gustaría horrores
decir, para que lo oyera Torvald.
RANK
¿Y por qué no puede decirlo?
NORA
No, no me atrevo, porque es muy
feo.
SEÑORA LINDE
¿Feo?
RANK
Sí, no sería aconsejable. Pero a
nosotros bien puede decírnoslo…
¿Qué es lo que le gustaría decir para
que lo oyese Helmer?
NORA
Me gustaría horrores decir: ¡Al
cuerno!
RANK
¡Qué loca!
SEÑORA LINDE
¡Pero Nora…!
RANK
Pues dígalo. Aquí viene.
NORA (Acercándosele.)
Bueno, querido Torvald, ¿terminaste
con él?
HELMER
Sí, acaba de irse.
NORA
Permite que te presente… ésta es
Cristina, que acaba de llegar a la
ciudad.
HELMER
¿Cristina…? Perdón, no caigo…
NORA
La señora Linde, querido; la señora
Cristina Linde.
HELMER
Ah, ya. ¿Amiga de la infancia de mi
mujer, supongo?
SEÑORA LINDE
Sí, nos conocimos hace mucho.
NORA
Y, ¿sabes?, ha hecho un viaje tan
largo para hablar contigo.
HELMER
¿Cómo?
SEÑORA LINDE
Bueno, en realidad…
NORA
Lo que pasa es que ella vale
muchísimo para el trabajo de oficina
y le gustaría trabajar con un jefe
experto para aprender todo lo que
pueda…
HELMER
Muy sensato por su parte, señora.
NORA
Así es que en cuanto se enteró que te
habían nombrado director del Banco
—se recibió un telegrama con la
noticia— se puso en viaje y… ¿No
es verdad, Torvald, que puedes
hacer algo por Cristina, con tal de
complacerme, eh?
HELMER
Bueno, no es imposible. ¿La señora
es viuda, supongo?
SEÑORA LINDE
Sí.
HELMER
¿Y tiene experiencia del trabajo de
oficina?
SEÑORA LINDE
Sí, bastante.
HELMER
Entonces es muy probable que pueda
encontrarle un puesto…
NORA (Aplaudiendo.)
¡Ves, ves!
HELMER
Ha venido usted en el momento
oportuno, señora…
SEÑORA LINDE
Oh, ¿cómo podría agradecérselo…?
HELMER
No es necesario. (Poniéndose el
abrigo.) Pero hoy debe usted
disculparme…
RANK
Espera; te acompaño.
(Recoge su abrigo de
pieles del vestíbulo y lo
calienta ante la estufa.)
NORA
No tardes, cariño.
HELMER
A lo más, una hora.
NORA
¿También te vas, Cristina?
NORA (Ayudándola.)
Qué lástima que tengamos una casa
tan reducida; pero nos resulta
imposible…
SEÑORA LINDE
¡Pero qué dices! Adiós, querida
Nora, y gracias por todo.
NORA
Adiós, adiós. Por supuesto, vuelves
esta noche. Y usted también, doctor
Rank. ¿Cómo? ¿Si se siente usted
con ánimos? Pues claro que sí;
abríguese bien.
(Conversación general
mientras salen al
vestíbulo. Se oyen voces
de niños en la escalera.)
NORA
¡Ya están aquí! ¡Ya están aquí!
NORA
¡Adelante, adelante! (Se inclina
para besarles.) ¡Ah
preciosidades…! ¿Lo ves, Cristina?
¿No son un encanto?
RANK
¡No nos quedemos charlando en
plena corriente!
HELMER
Vamos, señora Linde; esto no lo
aguanta más que una madre.
NORA
Qué sanos y hermosos estáis. ¡Huy,
qué mejillas más coloradas! Como
manzanas y rosas. (Los niños hablan
todos a la vez durante lo que
sigue.) Os habéis divertido de lo
lindo. Claro que ha sido estupendo.
¿Sí, has empujado a Emmy y a Bob
en el trineo? ¡Fíjate, de una sola vez!
Sí, eres un tipo valiente, Ivar. Oh,
deja que la coja un rato, Ana María.
¡Mi preciosa muñequita! (Toma a la
pequeña de los brazos de la niñera
y baila con ella.) Sí, sí, mamá
bailará también con Bob. ¿Qué? ¿Os
habéis tirado bolas de nieve? ¡Oh,
cuánto me hubiera gustado estar con
vosotros! No, no; déjame que les
quite los abrigos, Ana María. Oh, sí,
por favor; me encanta. Entra, entra;
estás muerta de frío. Hay café
caliente en la cocina.
NORA
¿Ah, sí? ¿Y un perro grande os
siguió corriendo? ¿Pero no os
mordió? Claro que no, los perros no
muerden a los preciosos muñequitos.
No mires los paquetes, Ivar. ¿Que
qué es? Si supieseis lo que es. Ah,
no, no; es algo horrible. Bueno,
¿jugamos? ¿A qué jugamos? Al
escondite. Sí, vamos a jugar al
escondite. Que se esconda primero
Bob. ¿O me escondo yo? Sí, me
esconderé primero.
(Juegan divertidos y
corriendo por el salón y
el cuarto contiguo de la
derecha. Luego NORA se
esconde bajo la mesa;
los niños entran
corriendo, buscan, pero
no la encuentran, se oye
su risa contenida, corren
a la mesa, levantan el
tapete, la descubren.
Gritos de júbilo. Sale
gateando, como
asustándolos. Nuevo
júbilo. Mientras, han
sonado golpes en la
puerta de entrada; nadie
los oye. Se entreabre la
puerta y asoma el
procurador KROGSTAD;
espera un poco;
continúa el juego.)
KROGSTAD
Dispense, señora Helmer…
KROGSTAD
Perdón; la puerta de entrada estaba
abierta; han debido de olvidar
cerrarla…
KROGSTAD
Ya lo sé.
NORA
Ah… ¿qué quiere entonces?
KROGSTAD
Hablar dos palabras con usted.
NORA
¿Conmigo…? (A los niños, en voz
baja.) Iros con Ana María. ¿Cómo?
No, el señor desconocido no le hará
daño a mamá. Volveremos a jugar
cuando se haya ido.
KROGSTAD
Así es.
NORA
¿Hoy…? Pues si aún no estamos a
primeros de mes…
KROGSTAD
No, hoy es Nochebuena. Su felicidad
en estas Pascuas depende de usted.
NORA
¿Qué es lo que quiere? De todas
formas hoy no puedo…
KROGSTAD
De eso hablaremos otro día. Se trata
de otra cosa. ¿Tiene usted un
momento para mí?
NORA
Oh, sí, por supuesto, aunque…
KROGSTAD
Bien. Pues estaba sentado en el café
de Olsen y he visto pasar a su
marido…
NORA
Sí, y…
KROGSTAD
… con una señora.
NORA
¿Y qué?
KROGSTAD
¿Puedo tomarme la libertad de
preguntar… no era la señora Linde?
NORA
Sí.
KROGSTAD
¿Acaba de llegar a la ciudad?
NORA
Sí, hoy mismo.
KROGSTAD
¿Sin duda es una buena amiga de
usted?
NORA
Oh, sí que lo es. Pero no acierto a
ver qué…
KROGSTAD
Yo también la conocí hace tiempo.
NORA
Ya lo sé.
KROGSTAD
¿Ah, sí? Veo que está al corriente.
Lo suponía. Bueno, ¿puedo
preguntarle sin rodeos: va a
colocarse la señora Linde en el
Banco?
NORA
¿Cómo se permite usted hacerme esa
pregunta, señor Krogstad, usted, un
empleado de mi marido? Pero ya
que pregunta, se lo diré: Sí, la
señora Linde va a tener un empleo.
Y he sido yo quien la ha
recomendado, señor Krogstad.
Ahora ya lo sabe.
KROGSTAD
Luego había supuesto bien.
KROGSTAD
… que tiene influencia?
NORA
Exactamente.
NORA
¿Cómo? ¿Qué quiere decir?
KROGSTAD
¿Tendría la bondad de procurar que
conservara mi modesto empleo en el
Banco?
NORA
¿Qué significa eso? ¿Quién piensa
quitarle su puesto?
KROGSTAD
Oh, no se haga la ignorante conmigo.
Ya me imagino que no le resulta
agradable a su amiga el exponerse a
tropezarse conmigo y también me
imagino a quién tendré que
agradecer el que me echen.
NORA
Pero le aseguro…
KROGSTAD
Sí, sí, en dos palabras: aún es
tiempo, y le recomiendo que utilice
su influencia para evitarlo.
NORA
Pero, señor Krogstad, yo no tengo
influencia alguna.
KROGSTAD
¿Ah, no? Creía que acababa usted de
decir…
NORA
Pero no lo decía en este sentido,
claro está. ¡Yo! ¿Cómo puede usted
pensar que yo ejerza semejante
influencia sobre mi marido?
KROGSTAD
Oh, conozco a su marido desde que
éramos estudiantes. No creo que el
señor Director sea más firme que
otros maridos.
NORA
Si habla usted con desprecio de mi
marido, le pongo en la calle.
KROGSTAD
La señora es valiente.
NORA
He dejado de tenerle miedo a usted.
Así que pase el primero de año, me
habré liberado de todo.
KROGSTAD (Reprimiéndose.)
Escúcheme, señora. Si necesario
fuese, lucharía por mi modesto
empleo como lo haría por mi vida.
NORA
Sí, así parece.
KROGSTAD
No es sólo por el sueldo; es incluso
lo que menos me importa. No, es
otra cosa… ¡Está bien, lo diré! Se
trata, verá… Usted, claro es, sabe
como todo el mundo que yo hace
años cometí una imprudencia.
NORA
Creo que he oído algo.
KROGSTAD
El asunto no llegó a los tribunales;
pero debido a ello se me cerraron
todos los caminos. Así es que tuve
que dedicarme a los negocios que
usted sabe. A algo tenía que
agarrarme, y yo diría que no he sido
de los peores. Pero ahora he de salir
de todo esto. Mis hijos van siendo
mayores; por ellos tengo que
recuperar mi reputación. Este
empleo en el banco viene a ser como
el primer escalón para mí. Y si su
marido me echa ahora escaleras
abajo, vuelvo a caer en el fango.
NORA
Pero por el amor de Dios, señor
Krogstad, no está en mis manos el
ayudarle a usted.
KROGSTAD
Porque usted no quiere; pero yo
cuento con medios para obligarla.
NORA
¿Supongo que no irá a contarle a mi
marido que le debo dinero?
KROGSTAD
Ejem; ¿y si voy?
NORA
Sería una vergüenza por su parte.
(Próxima a las lágrimas.) Que este
secreto, que es mi satisfacción y mi
orgullo, llegue a sus oídos de forma
tan indigna y tan torpe… que lo
conozca por usted. Me expondría
usted a las mayores
contrariedades…
KROGSTAD
¿Sólo contrariedades?
KROGSTAD
Le he preguntado si son sólo
contrariedades domésticas las que
usted teme.
NORA
Si mi marido llega a enterarse, es
claro que pagaría al momento lo que
falta, y entonces habríamos dado fin
a nuestras relaciones con usted.
NORA
¿Cómo?
KROGSTAD
Cuando su marido estaba enfermo,
acudió usted a mí para que le
prestase cuatro mil ochocientas
coronas.
NORA
No conocía a nadie más.
KROGSTAD
Prometí procurarle la cantidad…
NORA
Y me la procuró.
KROGSTAD
Prometí procurarle la cantidad con
ciertas condiciones. Estaba usted
entonces tan preocupada por la salud
de su marido y obtener el dinero
para el viaje que creo que no prestó
atención a todos los detalles. Por lo
tanto no está de más el
recordárselos. Bien; prometí
entregarle el dinero contra un recibo,
que yo extendí.
NORA
Sí, y que yo firmé.
KROGSTAD
Bien. Pero al final añadí unas líneas,
por las que su padre salía fiador del
préstamo. Estas líneas las debía
firmar su padre.
NORA
¿Las debía…? Y las firmó.
KROGSTAD
Dejé la fecha en blanco; es decir,
para que su padre la pusiera al
firmar el documento. ¿Recuerda
usted, señora?
NORA
Sí, creo que sí…
KROGSTAD
Le entregué a usted el recibo para
que lo enviara por correo a su padre.
¿No fue así?
NORA
Sí.
KROGSTAD
Y usted, naturalmente, lo hizo
enseguida; porque sólo cinco o seis
días después me devolvió el recibo
con la firma de su padre. Y yo le
entregué la cantidad.
NORA
Bueno, sí; ¿no le he ido pagando
regularmente?
KROGSTAD
Más o menos, sí. Pero…
continuando con lo que decía…,
aquélla fue una mala época para
usted, ¿no, señora?
NORA
Sí, lo fue.
KROGSTAD
Su padre estaba muy grave, creo.
NORA
Se estaba muriendo.
KROGSTAD
¿Murió poco después?
NORA
Sí.
KROGSTAD
Dígame, señora Helmer, ¿recuerda
usted por casualidad en qué fecha
murió su padre? Qué día del mes,
quiero decir.
NORA
Papá murió el 29 de septiembre.
KROGSTAD
Exacto; me he informado sobre ello.
Por eso hay algo raro (Saca un
papel.) que no puedo explicarme.
NORA
¿Cómo raro? No sé…
KROGSTAD
Es raro, señora, que su padre
firmase este recibo tres días después
de morir.
NORA
¿Cómo? No le entiendo…
KROGSTAD
Su padre murió el 29 de septiembre.
Pero mire. Aquí fechó su firma el 2
de octubre. ¿No es extraño, señora?
NORA (Calla.)
KROGSTAD
¿Puede explicármelo?
KROGSTAD
También es sorprendente que las
cifras 2 de octubre y el año no sean
de letra de su padre, sino una letra
que creo reconocer. Bueno, esto es
explicable; su padre puede haberse
olvidado de fechar el recibo, y
cualquiera puede haberlo hecho al
azar, antes de conocer su
fallecimiento. No hay nada de malo
en ello. Lo que importa es la firma.
¿Es auténtica, señora Helmer? ¿Fue
realmente su padre el que firmó
aquí?
KROGSTAD
Escuche, señora… ¿se da cuenta de
la gravedad de semejante confesión?
NORA
¿Por qué? Pronto recuperará su
dinero.
KROGSTAD
¿Puedo hacerle una pregunta?…
¿Por qué no le envió el documento a
su padre?
NORA
Era imposible. Papá estaba en cama
grave. Si le hubiera pedido la firma,
hubiera tenido que decirle para lo
que iba a emplear el dinero. Pero yo
no podía decirle, con lo grave que
estaba, que la vida de mi marido
corría peligro. Sí, era imposible.
KROGSTAD
En ese caso hubiera sido mejor para
usted el haber renunciado al viaje.
NORA
No, tampoco era posible. El viaje
era la salvación para la vida de mi
marido. No podía renunciar a él.
KROGSTAD
¿Y no pensó que me estaba
estafando?
NORA
No me detuve a pensar en ello.
Usted no me importaba. No le
aguantaba todas las frías
formalidades que usted puso, aun a
sabiendas de la gravedad de mi
marido.
KROGSTAD
Señora Helmer, es evidente que no
tiene usted una idea clara del
alcance de su acción. Pero
permítame que le diga que lo que yo
hice, y lo que destruyó mi
reputación, no fue peor que eso.
NORA
¿Usted? ¿Me quiere usted decir que
cometió una imprudencia para salvar
la vida de su mujer?
KROGSTAD
Las leyes no preguntan por los
motivos.
NORA
Deben ser entonces unas leyes muy
malas.
KROGSTAD
Malas o no… si exhibo este
documento ante un tribunal, sería
usted condenada según las leyes.
NORA
No lo creo. ¿Es que una hija no tiene
derecho a evitarle angustias y
preocupaciones a su padre anciano,
enfermo de muerte? ¿No ha de tener
una esposa derecho a salvar la vida
de su marido? No conozco las leyes
al detalle; pero estoy segura de que
en alguna parte de ellas se permiten
esas cosas. ¿Y no lo sabe usted, que
es procurador? Debe de ser usted un
mal jurista, señor Krogstad.
KROGSTAD
Puede que lo sea. Pero los
negocios… negocios como los que
tenemos entre nosotros… ¿cree usted
que no los conozco? Bien. Haga
usted lo que le parezca. Pero he de
decirle algo: si pierdo mi posición
por segunda vez, se hundirá usted
conmigo.
NORA
Sí, sí, ya lo sé. Pero no habléis más
de él. ¿Me oís? ¡Ni siquiera a papá!
NIÑOS
No, mamá; ¿seguimos jugando?
NORA
No, no; ahora no.
NIÑOS
¡Ah; pero, mamá, lo prometiste!
NORA
Sí, pero ahora no puedo. Iros; tengo
muchísimo que hacer. Iros, iros,
preciosos.
(Los conduce
cariñosamente hacia el
cuarto y cierra la puerta
después.)
NORA
Ahí, en medio.
DONCELLA
¿Le traigo algo?
NORA
No, gracias; tengo lo que necesito.
NORA
Ah… ¿ya has vuelto?
HELMER
Sí. ¿Ha venido alguien?
NORA
¿Aquí? No.
HELMER
Qué raro. Acabo de ver salir a
Krogstad del portal.
NORA
Ah, sí es verdad. Krogstad ha estado
un momento.
HELMER
Nora, lo leo en tu cara: ha estado
aquí y te ha pedido que hables en su
favor.
NORA
Sí.
HELMER
Y que lo hicieras como si fuese
ocurrencia tuya. Que me ocultases
que había estado aquí. ¿No te ha
pedido también esto?
NORA
Sí, Torvald, pero…
HELMER
Nora, Nora, ¿cómo puedes prestarte
a cosas así? ¡Hablar con un hombre
semejante y hacerle promesas! ¡Y
encima decirme una mentira!
NORA
¿Una mentira?…
HELMER
¿No me has dicho que no había
venido nadie? (Amonestándola con
el dedo.) No lo volverá a hacer
nunca más mi alondra. Una alondra
debe tener el pico limpio para
cantar, sin notas falsas. (La toma de
la cintura.) ¿No es así? Sí, claro
que sí. (La suelta.) No hablemos
más de eso. (Se sienta ante la
estufa.) Ah, qué caliente y qué bien
se está aquí. (Echa un vistazo a sus
papeles.)
HELMER
Sí.
NORA
Me hace una gran ilusión el baile de
disfraces de mañana en casa de los
Stenborg.
HELMER
Y yo tengo una curiosidad tremenda
por ver qué sorpresa me das.
NORA
Ah, qué fastidio.
HELMER
¿Cómo?
NORA
No encuentro nada que esté bien;
todo me resulta tan absurdo, tan
frívolo.
HELMER
¿Es que la pequeña Nora se ha
vuelto razonable?
HELMER
Psché.
NORA
¿Qué son esos papeles?
HELMER
Asuntos del Banco.
NORA
¿Tan pronto?
HELMER
He conseguido del Director saliente
plenos poderes para hacer los
arreglos necesarios en cuanto al
personal y a la organización.
Emplearé en ello la semana de
Navidad. Lo tendré todo dispuesto
para primeros de año.
NORA
Entonces por eso el pobre
Krogstad…
HELMER
¡Ejem!
HELMER
Pues dímelo. ¿De qué se trata?
NORA
Tú tienes más gusto que nadie. Me
gustaría muchísimo estar guapa con
mi disfraz. Torvald, ¿no podrías
ocuparte de mí y decirme de qué
debo ir y cómo ha de ser mi disfraz?
HELMER
Ajá, ¿así es que la pequeña cabezota
busca quien la saque de apuros?
NORA
Sí, Torvald, si no me ayudas, no se
me ocurre nada.
HELMER
Bien, bien; lo pensaré; seguro que
encontraremos algo.
NORA
Ah, qué bueno eres. (Vuelve al árbol
de Navidad; pausa.) Qué bonitas
resultan las flores rojas… Pero
dime, ¿fue en realidad tan grave lo
que hizo Krogstad?
HELMER
Falsificar firmas. ¿Te das cuenta de
lo que eso significa?
NORA
¿No lo haría forzado por la
necesidad?
HELMER
Quizá, o, como tantos otros, por
imprudencia. No soy tan despiadado
como para condenar sin reservas a
un hombre por una sola acción como
esa.
NORA
¡Sí!, ¿no es verdad, Torvald?
HELMER
Muchos son los que pueden
recuperarse normalmente, si
reconocen abiertamente su delito y
cumplen su castigo.
NORA
¿Castigo…?
HELMER
Pero Krogstad no hizo eso; se valió
de trucos y trampas; y es esto lo que
le ha hundido moralmente.
NORA
¿Crees que…?
HELMER
Piensa lo que un hombre así,
consciente de su culpa, ha de mentir,
fingir y disimular a cada momento;
cómo ha de ir con una máscara ante
sus más íntimos, hasta su propia
mujer y sus mismos hijos. Y lo peor
es lo que se refiere a los hijos, Nora.
NORA
¿Por qué?
HELMER
Porque semejante ambiente de
mentiras corrompe la vida de un
hogar. Lo que los niños respiran en
una casa así está cargado de
gérmenes malignos.
HELMER
Oh, cariño, bastante tiempo he
ejercido de abogado. Casi todos los
delincuentes precoces tienen madres
que mienten.
NORA
¿Por qué madres… precisamente?
HELMER
Con mayor frecuencia son las
madres; pero los padres influyen lo
mismo, naturalmente; cualquier
abogado lo sabe. Y sin embargo,
este Krogstad ha estado todo el
tiempo envenenando en su hogar a
sus hijos con mentiras y disimulos;
por eso le llamo un enfermo moral.
(Le tiende las manos.) Por eso mi
pequeña Nora me va a prometer no
volverme a hablar en favor suyo.
Dame la mano. Bueno, ¿qué ocurre?
Dámela. Así. Prometido. Te aseguro
que me resultaría imposible trabajar
con él; siento literalmente un
malestar físico ante la proximidad
de tales seres.
NORA (Retira la mano y se dirige al
otro lado del árbol de Navidad.)
Qué calor hace aquí. Y con las cosas
que tengo que hacer.
NORA
No, no; no dejes que vengan.
Quédate con ellos, Ana María.
NIÑERA
Sí, señora. (Cierra la puerta.)
NORA (Pálida de indignación.)
¡Corromper a mis hijos…!
¿Envenenar mi hogar? (Breve pausa;
alza la frente en desafío.) No es
verdad. Jamás lo será.
Acto segundo
NIÑERA
Bueno, por fin encontré la caja de
los disfraces.
NORA
Gracias; déjala en la mesa.
NIÑERA (Haciéndolo.)
Pero están muy revueltos.
NORA
¡Ay, de buena gana los haría trizas!
NIÑERA
Oh, no; pueden apañarse; con un
poquito de paciencia.
NORA
Sí, iré a buscar a la señora Linde
para que me ayude.
NIÑERA
¿Va a salir de nuevo? ¿Con este
tiempo tan horrible? La señora va a
resfriarse… a enfermar.
NORA
Ah, eso no sería lo peor… ¿Qué
hacen los niños?
NIÑERA
Los angelitos están jugando con los
regalos, pero…
NORA
¿Preguntan mucho por mí?
NIÑERA
Como están tan acostumbrados a
estar con su mamá.
NORA
Sí, Ana María, pero a partir de
ahora no puedo estar tanto con ellos.
NIÑERA
Bueno, los niños pequeños se hacen
a todo.
NORA
¿Tú crees? ¿Crees que olvidarían a
su mamá si se fuera para siempre?
NIÑERA
Por Dios… ¡irse para siempre!
NORA
Oye, Ana María, dime… me lo he
preguntado muchas veces… ¿cómo
pudiste entregar a tu hija a unos
extraños?
NIÑERA
No tuve más remedio, si tenía que
ser la nodriza de la pequeña Nora.
NORA
Sí, pero ¿cómo pudiste aceptarlo?
NIÑERA
¿Iba a perder un empleo tan bueno?
Una muchacha pobre, que tiene la
desgracia de dar un mal paso, debe
alegrarse de encontrarlo. Porque el
miserable no hizo nada por mí.
NORA
Pero tu hija te habrá olvidado.
NIÑERA
Oh, no, nada de eso. Me escribió
cuando la confirmaron y cuando se
casó.
NORA (Abrazándola.)
Mi vieja Ana María, fuiste una
madre tan buena para mí cuando era
niña.
NIÑERA
La pobre Nora no tuvo más madre
que yo.
NORA
Y si los niños se quedasen sin ella,
estoy segura de que tú… Pero esto
es hablar por hablar. (Abre la caja.)
Vete con ellos. Ahora tengo que…
Ya verás mañana qué guapa voy a
estar.
NIÑERA
Pues claro que no habrá ninguna en
el baile tan guapa como la señora.
(Sale por la izquierda.)
NORA
Ah, ¿eres tú, Cristina? ¿Vienes sola?
… Cómo me alegro de que hayas
venido.
SEÑORA LINDE
Me han dicho que habías estado en
casa preguntando por mí.
NORA
Sí, pasaba por allí por casualidad.
Era para pedirte que me ayudaras en
una cosa. Vamos a sentarnos aquí en
el sofá. Verás. Mañana noche hay un
baile de disfraces arriba, en casa del
cónsul Stenborg, y Torvald quiere
que vaya de pescadora napolitana y
que baile la tarantela que aprendí en
Capri.
SEÑORA LINDE
Anda, ¿conque vas a dar un recital?
NORA
Sí, es deseo de Torvald. Mira, aquí
tengo el disfraz; Torvald encargó que
me lo hiciera allí; pero está tan
desordenado que no sé cómo
hacer…
SEÑORA LINDE
Bueno, en un momento lo
arreglamos; sólo es cuestión del
adorno, que se ha descosido aquí y
allá. ¿Hilo y aguja? Ah, aquí
tenemos lo que hace falta.
NORA
¡Qué buena eres!
SEÑORA LINDE
Y tú no menos, diría yo; no en vano
eres hija de tu padre. Pero dime,
¿está siempre el doctor Rank tan
bajo de tono como anoche?
NORA
No, ayer estuvo más que nunca. Pero
lo cierto es que sufre una grave
enfermedad. Tiene tuberculosis de la
columna, el pobre. ¿Sabes?, su padre
era un perdido, que tenía queridas y
demás; y por eso el hijo está
enfermo desde la infancia,
¿entiendes?
NORA (Paseando.)
Bah… cuando se tienen tres hijos, a
veces le visitan a una… señoras que
saben bastante de medicina, y lo
cuentan todo.
NORA
Todos los días. Es íntimo de Torvald
desde que eran muchachos y también
buen amigo mío. El doctor Rank es
como de la familia.
SEÑORA LINDE
Pero dime: ¿es de verdad sincero?
Quiero decir, ¿no anda con
cumplidos con la gente?
NORA
No, al contrario. ¿Por qué dices eso?
SEÑORA LINDE
Ayer, cuando me lo presentaste,
aseguró que había oído mi nombre
con frecuencia aquí; pero después
observé que tu marido no tenía la
menor idea de quien fuese yo.
¿Cómo podía el doctor Rank…?
NORA
Oh, muy sencillo, Cristina. Torvald
me adora, hasta el punto de querer
tenerme sólo para él, como dice. Al
principio sentía como celos si yo
nombraba a algún amigo en casa.
Así es que, naturalmente, tuve que
dejar de hacerlo. Pero con el doctor
Rank suelo hablar de estas cosas,
porque le gusta oírme.
SEÑORA LINDE
Escúchame, Nora; en muchos
aspectos eres todavía una niña; tengo
algunos años más que tú y algo más
de experiencia. Te diré algo: debes
acabar con estas relaciones con el
doctor Rank.
NORA
¿Por qué razón?
SEÑORA LINDE
Yo diría que por varias razones.
Ayer dijiste algo sobre un rico
admirador, que te daría dinero…
NORA
Sí, uno que no existe… por
desgracia. ¿Y qué?
SEÑORA LINDE
¿Es rico el doctor Rank?
NORA
Sí.
SEÑORA LINDE
¿Y sin nadie a quien mantener?
NORA
No, nadie; ¿pero…?
SEÑORA LINDE
¿Y viene aquí a diario?
NORA
Sí, ya te lo he dicho.
SEÑORA LINDE
¿Pero cómo un caballero puede ser
tan impertinente?
NORA
No te entiendo una palabra.
SEÑORA LINDE
No disimules, Nora. ¿Crees que no
he adivinado quién te prestó las
cuatro mil ochocientas coronas?
NORA
¿Estás loca? ¿Cómo puedes pensar
semejante cosa? ¡Un amigo común,
que viene aquí cada día! ¿No sería
una situación espantosa?
SEÑORA LINDE
¿De verdad que no es él?
NORA
No, te lo aseguro. No se me
ocurriría nunca. Ni siquiera tenía
dinero entonces; lo heredó después.
SEÑORA LINDE
Bien pensado, creo que fue una
suerte para ti, querida Nora.
NORA
No, nunca se me hubiera ocurrido
pedirle al doctor Rank… Aunque
estoy completamente segura de que
si se lo pido…
SEÑORA LINDE
¿Pero claro está que no lo harás?
NORA
No, claro que no. Ni creo, cuando lo
pienso, que sea necesario. Pero
estoy convencida de que si hablo
con el doctor Rank…
SEÑORA LINDE
¿A espaldas de tu marido?
NORA
Tengo que salir de esto, aunque sea a
espaldas suyas. Tengo que acabar
con esto.
SEÑORA LINDE
Sí, sí, eso te dije ayer, pero…
NORA
Tonterías. (Pausa.) Cuando uno
liquida la deuda, ¿le devuelven el
recibo?
SEÑORA LINDE
Sí, claro es.
NORA
¡Y puede uno romperlo en mil
pedazos y quemarlo… el maldito
papel!
NORA
¿Me lo notas?
SEÑORA LINDE
Ayer mañana te pasó algo. Nora,
¿qué fue?
HELMER
¿Está la costurera…?
NORA
No, es Cristina; me está ayudando a
arreglar el disfraz. Ya verás qué bien
voy a estar.
HELMER
Sí, ¿a que tuve una buena idea?
NORA
¡Espléndida! ¿Pero no ha sido
también un acierto por mi parte el
que haya seguido tu consejo?
NORA
¿Y tú, vas a ir a trabajar?
HELMER
Sí. (Muestra un montón de
papeles.) Mira. He estado en el
Banco… (Se dirige a su despacho.)
NORA
Torvald.
HELMER (Deteniéndose.)
¿Qué?
NORA
Si tu pequeña ardilla te pidiera algo
de todo corazón…
HELMER
¿Qué es?
NORA
¿Lo harías?
HELMER
Primero tengo que saber de qué se
trata, naturalmente.
NORA
La ardilla daría saltos y haría
gracias si fueras bueno y
complaciente.
HELMER
Venga, dímelo.
NORA
La alondra cantaría en todas las
habitaciones, por aquí y por allá…
HELMER
Vaya cosa, es lo que está haciendo
siempre la alondra.
NORA
Jugaría a ser una sílfide y bailaría
para ti al claro de luna, Torvald.
HELMER
Nora… ¿no será lo que me dijiste
esta mañana?
NORA (Acercándose.)
¡Sí, Torvald, te lo pido por favor!
HELMER
¿Y de verdad quieres volver a sacar
el asunto?
NORA
Sí, sí; tienes que hacerme caso;
debes dejar que Krogstad conserve
su empleo en el Banco.
HELMER
Querida Nora, su puesto se lo he
dado a la señora Linde.
NORA
Y ha sido muy amable por tu parte;
pero puedes despedir a otro
empleado en vez de Krogstad.
HELMER
¡Eres de una obstinación increíble!
Porque sin más se te haya ocurrido
recomendarle, tengo yo que…
NORA
No es por eso, Torvald. Es por tu
bien. Sabes que ese hombre escribe
en los periódicos más escandalosos,
tú mismo lo has dicho. Puede hacerte
un daño incalculable. Le tengo
mucho miedo…
HELMER
Ajá, ya entiendo; son viejos
recuerdos los que te asustan.
NORA
¿Qué quieres decir?
HELMER
Piensas naturalmente en tu padre.
NORA
Sí, sí, por supuesto. Acuérdate lo
que gentes infames escribieron en
los periódicos sobre papá y de qué
horrible forma le calumniaron. Creo
que le hubieran cesado, si no te llega
a enviar el ministerio a investigar y
si tú no hubieras sido tan bondadoso
y tan comprensivo con él.
HELMER
Mi pequeña Nora, hay una
considerable diferencia entre tu
padre y yo. Tu padre no era un
funcionario intachable. Pero yo sí, y
espero seguir siéndolo todo el
tiempo que esté en mi puesto.
NORA
Nadie sabe lo que la gente sin
conciencia puede inventar. ¡Ahora
que podríamos ser tan felices, tener
tanta paz y tanta dicha en nuestro
tranquilo hogar, libres de
angustias… tú y yo y los niños,
Torvald! Por eso te pido con toda el
alma…
HELMER
Y es precisamente tu recomendación
lo que me impide mantenerlo. Ya es
sabido en el Banco que le voy a
despedir. Ahora dirían que el nuevo
director ha cambiado de opinión
debido a su mujer…
NORA
Sí, ¿y qué?
HELMER
Ah, sí, claro; sólo para que la
pequeña egoísta se salga con la
suya… ¿Me he de convertir en el
hazmerreír de todo el personal…
que la gente crea que estoy a la
merced del primero que llega? No,
estáte segura de que pronto sufriría
las consecuencias. Y además… se
da una circunstancia que hace por
completo imposible la permanencia
de Krogstad en el Banco, mientras
yo sea director.
NORA
¿De qué se trata?
HELMER
En último caso, quizá hubiera
podido pasar por alto su tacha
moral…
NORA
¿Sí, no es cierto, Torvald?
HELMER
Y tengo entendido que es bastante
eficaz. Pero se trata de alguien a
quien conocí en mi juventud. Es una
de esas amistades que tan enojosas
resultan después. Te lo diré
francamente: nos tuteamos. Y el muy
descarado no lo disimula delante de
los demás. Al contrario… cree que
le autoriza a emplear un tono
familiar conmigo; y se pavonea a
cada momento con su «tú, tú,
Helmer». Te aseguro que me resulta
inaguantable. Haría mi situación en
el Banco intolerable.
NORA
Torvald, no hablas en serio.
HELMER
¿Cómo? ¿Cómo que no?
NORA
No, porque eso no son más que
ridiculeces.
HELMER
¿Qué dices? ¿Ridiculeces? ¿Crees
que soy ridículo?
NORA
No, al contrario, Torvald; y es
precisamente por eso…
HELMER
Es igual; calificas mis razones de
ridículas; luego puede que yo lo sea.
¡Ridículo! Pues bueno… esto va a
acabar ahora mismo. (Se dirige a la
puerta del vestíbulo y grita.)
¡Elena!
NORA
¿Qué vas a hacer?
HELMER
Mire, tome esta carta; bájela ahora
mismo. Busque un mandadero y que
se encargue de ello. Pero pronto.
Lleva la dirección. Tome, dinero.
DONCELLA
Bien. (Sale con la carta.)
HELMER (Ordena los papeles.)
Ya lo ves, pequeña testadura.
HELMER
El despido de Krogstad.
NORA
¡Retírala, Torvald! Aún hay tiempo.
¡Oh, Torvald, retírala! ¡Hazlo por
mí… por ti, por los niños!
¡Escúchame, Torvald; hazlo! No
tienes idea de lo que esto puede
traernos a todos.
HELMER
Demasiado tarde.
NORA
Sí, demasiado tarde.
HELMER
Querida Nora, te perdono este temor
que tienes, aunque en el fondo sea un
insulto para mí. Ah, sí, sí que lo es.
¿O es que no es un insulto suponer
que voy a tener miedo de la
venganza de un picapleitos muerto
de hambre? Pero te lo perdono así y
todo, porque es indicio del amor que
me tienes. (La abraza.) Así tiene que
ser, querida Nora. Pase lo que pase.
Puedes creer que cuando es preciso
tengo valor y fuerzas. Verás cómo
soy hombre para soportarlo todo.
NORA (Alarmada.)
¿Qué quieres decir con eso?
HELMER
Todo, he dicho.
HELMER
Bien, pues lo compartiremos,
Nora… como marido y mujer. Como
debe ser. (La acaricia.) ¿Estás
contenta ahora? Venga, venga; se
acabaron esos ojos de paloma
asustada. Si no son más que fantasías
sin fundamento… Ahora deberías
tocar la tarantela y ensayar con la
pandereta. Me iré al despacho y
cerraré la puerta medianera, así no
oiré nada; puedes armar todo el
jaleo que quieras. (Volviéndose en
la puerta.) Y cuando venga Rank,
dile donde puede encontrarme. (Le
hace un gesto con la cabeza,
marcha con los papeles a su cuarto
y cierra después.)
NORA (Llena de angustia, permanece
como clavada, murmurando.)
Es capaz de hacerlo. ¡Lo hará! ¡Lo
hará, a pesar de todo…! ¡No, eso
jamás! ¡Antes cualquier cosa! ¡Una
solución…! Una salida… (Suena la
campanilla del vestíbulo.) ¡El
doctor Rank…! ¡Cualquier cosa
antes! ¡Sea lo que sea!
NORA
Buenas tardes, doctor Rank. Le he
reconocido por la llamada. Pero no
pase a ver a Torvald ahora; creo que
está ocupado.
RANK
¿Y usted?
NORA
¿Qué quiere usted decir? ¿Mientras
pueda?
RANK
Sí. ¿Le asusta eso?
NORA
Bueno, es una forma tan chocante de
decirlo. ¿Espera usted algo?
RANK
Lo he venido esperando hace mucho.
Pero la verdad es que no creía que
ocurriese tan pronto.
RANK
¿A qué si no? Es inútil tratar de
engañarme. Soy el más desesperado
de mis pacientes, señora Helmer.
Estos días he hecho balance general
de mis negocios internos. Quiebra
total. Puede que dentro de un mes me
esté pudriendo en el cementerio.
NORA
Calle, no diga esos horrores.
RANK
El asunto es horroroso de por sí.
Pero lo peor son los horrores que
habré de sufrir antes. No queda más
que un examen; en cuanto lo acabe,
sabré más o menos cuando
comenzará el desenlace. Quiero
decirle una cosa. Helmer siente, con
su refinada sensibilidad, una notable
repugnancia por todo lo
desagradable. No quiero que entre
en mi cuarto del hospital…
NORA
Pero doctor Rank…
RANK
No quiero que vaya. De ninguna
forma. Le cerraré la puerta… En
cuanto tenga conocimiento de lo
peor, le enviaré mi tarjeta con una
cruz negra, y así sabrá usted que ha
comenzado el horror final.
NORA
Vaya, hoy está usted de verdad
imposible. Con lo que yo esperaba
verle de buen humor.
RANK
¿Con la muerte a la espalda?… y
teniendo que pagar por culpa de
otro. ¿Es esto justo? Y no hay
familia sobre la que no caiga de
forma inexorable semejante ajuste de
cuentas…
RANK
Sí, sí que es algo para alegrarse. Mi
pobre columna inocente tiene que
pagar por los alegres días de
teniente de mi padre.
RANK
Ya lo creo; y las trufas.
NORA
Claro, y las trufas, por supuesto. Y
también las ostras, ¿no?
RANK
Oh, sí, las ostras, las ostras; ni que
decir tiene.
NORA
Y encima, todo aquel oporto y aquel
champán. Es una lástima que todas
las cosas buenas le sienten mal a los
huesos.
RANK
Sobre todo si son unos huesos que
no han disfrutado de ellas.
NORA
Oh, sí, claro, eso es lo más triste.
RANK (Observándola con atención.)
Ejem…
RANK
No, era usted la que se ha reído.
NORA
¡No, ha sido usted el que se sonreía,
doctor Rank!
RANK (Levantándose.)
Es usted más picara de lo que
pensaba.
NORA
Hoy me he propuesto hacer locuras.
RANK
Eso parece.
RANK
Me echará usted de menos por poco
tiempo. A los muertos se les olvida
pronto.
RANK
Se establecen nuevos lazos, y
entonces…
NORA
¿Quién establece nuevos lazos?
RANK
Tanto usted como Helmer, en cuanto
yo haya desaparecido. Diría que
usted misma ha comenzado ya. ¿Qué
hacía aquí anoche esa señora Linde?
NORA
Vaya… ¿No estará usted celoso de
la pobre Cristina?
RANK
Pues sí, lo estoy. Será mi sucesora
aquí. En cuanto yo desaparezca, será
probablemente esta señora…
NORA
Chist; no hable tan alto; está ahí
dentro.
RANK
¿También hoy? Ya lo está viendo.
NORA
Sólo para coserme el disfraz. Dios
mío, qué imposible está usted.
(Sentándose en el sofá.) Sea usted
bueno, doctor Rank; verá mañana lo
bien que bailo; entonces pensará que
lo hago por usted…, y por Torvald,
claro está… se comprende.
(Sacando artículos de la caja.)
Doctor, siéntese aquí y le enseñaré
algo.
RANK (Sentándose.)
¿Qué es?
NORA
¡Mire, mire!
RANK
Medias de seda.
NORA
Color carne. ¿No son lindas? Bueno,
está aquí tan oscuro; pero mañana…
No, no; sólo verá el pie. Bueno, le
dejaré ver el resto.
RANK
Ejem.
NORA
¿Por qué pone esa cara? ¿Es que
cree que no me van a sentar bien?
RANK
Me resulta imposible tener una
fundada opinión.
NORA (Echándole una mirada.)
Huy, ¿no le da vergüenza?
(Azotándole ligeramente la oreja
con las medias.) Tome, tome. (Las
vuelve a guardar.)
RANK
¿Y qué otras maravillas voy a ver?
NORA
Ni una sola más, por atrevido.
(Canturrea mientras rebusca en la
caja.)
NORA (Sonríe.)
Sí, yo diría que de verdad se
encuentra usted a gusto entre
nosotros.
NORA
Bobadas; usted no va a marcharse.
NORA
¿Y si le pidiera algo?… No…
RANK
¿Qué?
NORA
Una gran prueba de amistad…
RANK
¿Sí?
NORA
No, quiero decir… un inmenso
favor…
RANK
¿De veras me hará tan feliz, aunque
sea por una vez?
NORA
¡Pero si no sabe lo que es!
RANK
Bien, dígalo.
NORA
No, no puedo, doctor Rank; es algo
tan exorbitante… a la vez, un
consejo y una ayuda y un favor.
RANK
Pues tanto mejor. No caigo en lo que
quiere decir. Así es que dígalo. ¿No
tiene confianza en mí?
NORA
Oh, sí, más que en nadie. Usted es
mi mejor y más fiel amigo, de sobra
lo sé. Por eso se lo cuento. Bueno,
doctor Rank; se trata de algo que
usted puede ayudarme a impedir.
Usted sabe lo que me quiere
Torvald; ni un instante dudaría en
dar su vida por mí.
RANK (Inclinándose ante ella.)
Nora… ¿cree usted que es el único?
…
RANK
Que daría con gusto la vida por
usted.
NORA (Lentamente.)
Ah, ya.
RANK
Me he jurado decírselo antes de
morir. Mejor ocasión no encontraré
nunca… Sí, Nora, ya lo sabe usted.
Y también sabe ahora que puede
usted confiar en mí como en ningún
otro.
NORA
No, sino que me lo haya dicho. No
había necesidad alguna…
RANK
¿Qué quiere decir? ¿Es que lo sabía?
RANK
Nora… señora Helmer… Le
pregunto si lo sabía.
NORA
Oh, ¿qué es lo que sé, qué es lo que
he sabido o no? No puedo decírselo
en realidad… ¡Cómo puede ser
usted tan torpe, doctor Rank! ¡Ahora
que todo iba tan bien!
RANK
Bueno, está ya usted enterada de que
estoy a su disposición en cuerpo y
alma. Así es que dígamelo.
NORA (Mirándole.)
¿Después de lo que ha ocurrido?
RANK
Le ruego que me diga de qué se trata.
NORA
Ahora ya no le puedo decir nada.
RANK
Claro que sí. No me castigue de esta
forma. Déjeme hacer por usted
cuanto sea humanamente posible.
NORA
Ahora no puede hacer nada por mí…
Aparte de que de verdad no necesito
ayuda de nadie. Verá, son sólo
imaginaciones. ¡Seguro que lo son!
(Se sienta en la mecedora, le mira,
sonriendo.) Bueno, menudo
caballero está usted hecho, doctor
Rank. ¿No siente ahora vergüenza, a
la luz de la lámpara?
RANK
¡No; ni pizca! ¿Pero quizá deba
irme… y no volver?
NORA
No, ni se le ocurra. Debe seguir
viniendo como antes. De sobra sabe
que Torvald no puede pasarse sin
usted.
RANK
Sí, pero, ¿y usted?
NORA
Oh, sus visitas me resultan siempre
tan agradables.
RANK
Es justamente eso lo que me ha
llevado a equivocarme. Es usted un
enigma para mí. Más de una vez me
ha parecido que se encontraba usted
casi tan a gusto conmigo como con
Helmer.
NORA
Sí, verá, resulta que a ciertas
personas se las quiere más, mientras
hay otras a las que casi se las
prefiere como compañía.
RANK
Sí, no deja de ser cierto eso.
NORA
En casa, era a papá a quien más
quería, claro está. Pero lo que me
gustaba era poder escaparme al
cuarto de las criadas; porque allí
nadie me regañaba y tenían una
conversación tan animada.
RANK
Ajá, luego yo he venido a
reemplazarlas.
NORA (Se levanta de un salto y se le
acerca.)
Oh, querido doctor Rank, no he
querido decir eso. Pero puede usted
imaginarse que con Torvald ocurre
como con papá…
DONCELLA
¡Señora! (Le habla en voz baja y le
entrega una tarjeta.)
NORA
No, no, nada; sólo… es mi vestido
nuevo…
RANK
¿Cómo? Si está ahí.
NORA
Oh, sí, ése; pero es otro que he
encargado… sin que lo sepa
Torvald…
RANK
Ajá, luego ése era el gran secreto.
NORA
Eso es; vaya con él; está en el
despacho; entreténgale mientras
tanto…
RANK
Esté tranquila; no se me escapará.
(Entra en el cuarto de
HELMER.)
NORA (A la DONCELLA.)
¿Y está esperando en la cocina?
DONCELLA
Sí, ha subido por la escalera de
servicio…
NORA
¿Pero no le has dicho que tenía
visita?
DONCELLA
Sí, pero como si no.
NORA
¿Y no quiere irse?
DONCELLA
No, sin hablar con la señora.
NORA
Hazle pasar; pero con cuidado.
Elena, no se lo digas a nadie; es una
sorpresa para mi marido.
DONCELLA
Sí, sí, ya entiendo… (Sale.)
NORA
Aquí está el desastre. Tenía que
pasar. No, no, no puede ser; no ha de
ser.
NORA (Acercándosele.)
Hable bajo, mi marido está en casa.
KROGSTAD
Bueno, que esté.
NORA
¿Qué quiere usted de mí?
KROGSTAD
Informarme de algo.
NORA
Dése prisa. ¿Qué es?
KROGSTAD
Ya sabe que he sido despedido.
NORA
No pude impedirlo, señor Krogstad.
He luchado lo imposible por usted;
pero no sirvió de nada.
KROGSTAD
¿Tan poco la quiere su marido? Sabe
a lo que puedo exponerla, y sin
embargo se atreve…
NORA
¿Qué le hace suponer que lo sabe?
KROGSTAD
Oh, no, no supongo nada. No es
propio de mi buen Torvald Helmer
el mostrarse tan osado…
NORA
Señor Krogstad, le exijo respeto
para mi marido.
KROGSTAD
Por supuesto, todos mis respetos.
Pero ya que la señora guarda este
asunto con tanto secreto, me atrevo a
suponer que se ha informado mejor
que ayer de la trascendencia de su
acción.
NORA
¿Más de lo que usted me informó?
KROGSTAD
Sí, un jurista tan malo como yo…
NORA
¿Qué es lo que quiere de mí?
KROGSTAD
Sólo saber cómo le iba, señora
Helmer. He estado pensando en
usted todo el día. Un prestamista[3],
un picapleitos, un… bueno, alguien
como yo, tiene también un poco de
lo que se llama corazón, ¿sabe?
NORA
Demuéstrelo; piense en mis hijos.
KROGSTAD
¿Han pensado usted y su marido en
los míos? Pero ya da lo mismo. Lo
único que quería decirle es que no
tome este asunto demasiado en serio.
En primer lugar, no voy a presentar
ninguna denuncia.
NORA
No, ¿verdad? Lo sabía.
KROGSTAD
Todo puede arreglarse
amistosamente; no es necesario darle
publicidad; quedará sólo entre
nosotros tres.
NORA
Mi marido no debe saberlo nunca.
KROGSTAD
¿Cómo podrá impedirlo? ¿Es que
está usted en situación de pagar el
resto?
NORA
No, ahora mismo no.
KROGSTAD
¿O ha encontrado usted algún medio
para reunir el dinero en unos días?
NORA
No, ninguno que quiera utilizar.
KROGSTAD
Bueno, no le hubiera servido para
nada de todas formas. Aunque
tuviera aquí todo el dinero en la
mano no iría a devolverle su recibo.
NORA
Explíqueme en qué lo va a emplear.
KROGSTAD
Lo conservaré sólo… lo tendré en
mi custodia. Nadie va a enterarse.
Así es que si adopta usted alguna
decisión desesperada…
NORA
¡Lo haré!
KROGSTAD
… si se le ocurre huir de su casa y
de los suyos…
NORA
¡Lo haré!
KROGSTAD
… o se le ocurre pensar en algo
peor…
NORA
¿Cómo lo sabe?
KROGSTAD
… abandone usted semejantes ideas.
NORA
¿Cómo sabe que pienso en eso?
KROGSTAD
La mayoría pensamos en eso al
comienzo. Yo también pensé en ello;
pero he de confesar que no tuve
valor…
KROGSTAD (Tranquilizado.)
¿No, verdad? ¿Tampoco usted lo
tiene?
NORA
No lo tengo, no.
KROGSTAD
Sería una gran tontería. Una vez que
pasa la primera tormenta conyugal…
Aquí en el bolsillo tengo la carta
para su marido…
NORA
¿Y lo cuenta todo?
KROGSTAD
Con la mayor delicadeza posible.
NORA (Precipitadamente.)
No debe recibirla. Rómpala.
Encontraré el dinero como sea.
KROGSTAD
Perdone, señora, pero creo que
acabo de decirle…
NORA
Oh, no hablo del dinero que le debo.
Dígame qué cantidad le pide a mi
marido y la buscaré.
KROGSTAD
No le pido dinero a su marido.
NORA
¿Qué le pide?
KROGSTAD
Se lo diré. Quiero rehabilitarme;
quiero prosperar; y será su marido
quien me ayude. En año y medio no
he cometido nada deshonroso;
durante este tiempo he luchado
contra las circunstancias más
adversas; estaba dispuesto a
levantarme paso a paso. Ahora me
han despedido y no me conformo con
que me readmitan por misericordia.
Le digo que quiero prosperar.
Quiero volver al Banco… tener un
puesto más importante; que su
marido cree un cargo para mí…
NORA
¡Nunca hará eso!
KROGSTAD
Lo hará; le conozco; no se atreverá a
decir una palabra. ¡Y en cuanto nos
pongamos de acuerdo, ya lo verá!
Antes de un año seré la mano
derecha del Director. ¡Será Nils
Krogstad y no Torvald Helmer quien
dirija el Banco!
NORA
¡Eso no lo verá usted nunca!
KROGSTAD
¿Intentará usted…?
NORA
Ahora me atreveré a hacerlo.
KROGSTAD
Oh, no me asusta usted. Una señora
tan delicada y mimada como usted…
NORA
¡Ya verá, ya verá!
KROGSTAD
¿Bajo el hielo, quizá? ¿En el agua,
fría y negra? Y en primavera volver
a la superficie, horrible,
irreconocible, sin pelo…
NORA
No me asusta.
KROGSTAD
Ni usted a mí. Esas cosas no se
hacen, señora Helmer. Y, además,
¿para qué serviría? Le tengo
prácticamente en el bolsillo.
NORA
¿Después? ¿Cuando yo ya no…?
KROGSTAD
¿Olvida usted que tengo en mis
manos la futura reputación de usted?
NORA (Le mira estupefacta.)
KROGSTAD
Bueno, ya lo sabe usted. No haga
ninguna tontería. Espero el
ofrecimiento de Helmer en cuanto
reciba mi carta. Y recuerde bien que
ha sido su propio marido el que me
ha obligado a actuar de esta forma.
Nunca se lo perdonaré. Adiós,
señora.
NORA
Ven aquí. ¿Ves la carta? Allí; mira…
a través del vidrio del buzón.
SEÑORA LINDE
Sí, sí; ya lo veo.
NORA
Es una carta de Krogstad…
SEÑORA LINDE
Nora… ¡fue Krogstad quien te prestó
el dinero!
NORA
Sí, y ahora Torvald se va a enterar
de todo.
SEÑORA LINDE
Oh, créeme, Nora, es lo mejor para
vosotros dos.
NORA
Hay algo más que no sabes. He
falsificado una firma…
SEÑORA LINDE
¡Pero por los clavos de Cristo…!
NORA
Ahora sólo quiero decirte, Cristina,
que seas mi testigo.
SEÑORA LINDE
¿Cómo, testigo? ¿Qué tengo que
hacer?
NORA
En caso de volverme loca… que
bien pudiera ocurrir…
SEÑORA LINDE
¡Nora!
NORA
O que me sucediera cualquier otra
cosa… algo que me impidiera estar
presente…
SEÑORA LINDE
¡Nora, Nora, no sabes lo que dices!
NORA
Si hubiese alguien que intentara
cargar con toda la culpa,
entiendes…
SEÑORA LINDE
Sí, sí, ¿pero cómo se te ocurre
pensar…?
NORA
Entonces debes declarar que no es
cierto, Cristina. No estoy loca; estoy
en mi pleno juicio; y te digo: nadie
más está al corriente; yo soy la única
culpable. Acuérdate.
SEÑORA LINDE
Así haré. Pero no entiendo nada.
NORA
¿Cómo lo vas a entender? Va a
producirse un milagro.
SEÑORA LINDE
¿Un milagro?
NORA
Sí, un milagro. Pero es tan terrible,
Cristina; no debe ocurrir por nada
del mundo.
SEÑORA LINDE
Ahora mismo voy a hablar con
Krogstad.
NORA
¡No vayas; te jugará alguna mala
pasada!
SEÑORA LINDE
En otro tiempo hubiera hecho por mí
cualquier cosa.
NORA
¿Él?
SEÑORA LINDE
¿Dónde vive?
NORA
No lo sé… Ah, sí. (Busca en el
bolsillo.) Aquí está su tarjeta. ¡Pero
la carta, la carta…!
HELMER
Bueno, bueno, no te alarmes. No
entraremos; has cerrado la puerta.
¿Te estás probando?
NORA
Sí, sí; me estoy probando. Estaré
guapísima, Torvald.
SEÑORA LINDE (Después de leer la
tarjeta.)
Vive justo a la vuelta.
NORA
Sí, pero es inútil. No hay remedio.
La carta está en el buzón.
SEÑORA LINDE
¿Y tu marido tiene las llaves?
NORA
Sí, siempre.
SEÑORA LINDE
Krogstad tiene que reclamar la carta
antes de que la lea tu marido; ha de
encontrar un pretexto…
NORA
Pero es justo ahora cuando Torvald
acostumbra…
SEÑORA LINDE
Impídelo; entreténlo mientras tanto.
Volveré lo antes que pueda.
(Sale precipitadamente
por la puerta del
vestíbulo.)
NORA
¿Qué, querido Torvald?
HELMER
Rank me había preparado para una
exhibición sensacional del disfraz.
HELMER
Pero, querida Nora, pareces
fatigada. ¿No te habrás pasado en el
ensayo?
NORA
No, ni siquiera he comenzado a
ensayar.
HELMER
Pues es indispensable que lo
hagas…
NORA
Absolutamente indispensable,
Torvald. Pero no puedo hacerlo sin
ti; lo he olvidado por completo.
HELMER
Oh, vamos a recordarlo en seguida.
NORA
Sí, tienes que ocuparte de mí,
Torvald. ¿Me lo prometes? Ay, estoy
tan preocupada. Habrá tanta gente…
Tienes que dedicarme toda la noche.
Ni una palabra de negocios; ni tocar
una pluma, ¿eh? Dime que sí,
querido.
HELMER
Te lo prometo; esta noche estaré
enteramente a tu disposición…
trastillo inútil… Ah, sí; pero antes
voy… (Se dirige a la puerta del
vestíbulo.)
NORA
¿Qué vas a hacer ahí?
HELMER
Tan sólo mirar si hay alguna carta.
NORA
¡No, no; no lo hagas, Torvald!
HELMER
¿Qué pasa?
NORA
Torvald, te lo ruego; no hay nada.
HELMER
Deja que lo vea. (Se dirige al
vestíbulo.)
NORA
No podré bailar mañana si no
ensayo contigo.
HELMER (Acercándose.)
¿Tienes de verdad tanto miedo,
querida?
NORA
Sí, un miedo horrible. Vamos a
ensayar ahora mismo; aún queda
tiempo antes de la cena. Siéntate y
toca para mí, cariño; corrígeme y
guíame, como solías.
HELMER
No faltaba más, si es tu deseo. (Se
sienta al piano.)
NORA (Saca una pandereta de la caja,
así como un chal multicolor, con el
que se cubre nerviosamente;
después da un salto en pleno salón
y grita.)
¡Toca, toca! ¡Voy a bailar!
HELMER (Tocando.)
Más despacio…, más despacio.
NORA
No me es posible de otra forma.
HELMER
¡No tan deprisa, Nora!
NORA
Tiene que ser así.
RANK
Deja que toque yo.
HELMER (Levantándose.)
¡Sí, hazlo tú! Así podré dirigirla
mejor.
SEÑORA LINDE
Pero, querida Nora, bailas como si
te fuera en ello la vida.
NORA
Así es.
HELMER
Para, Rank; esto es una locura. Te
digo que pares.
HELMER
Bueno, no hay otro remedio que
ensayarlo más.
NORA
Ya ves si es necesario. Tienes que
enseñarme hasta el final. ¿Me lo
prometes, Torvald?
HELMER
Estáte segura.
NORA
Ni hoy ni mañana tienes que pensar
en nada más que en mí; no debes
abrir ninguna carta… ni siquiera
abrir el buzón…
HELMER
Ajá, todavía tienes miedo de ese
hombre…
NORA
Oh, también eso.
HELMER
Nora, veo en tu cara que hay ahí una
carta suya.
NORA
No lo sé; creo que sí; pero no debes
leer nada ahora; nada desagradable
debe interponerse entre nosotros
hasta que no haya acabado todo.
HELMER (Abrazándola.)
La niña va a salirse con la suya…
Pero mañana noche, en cuanto hayas
bailado…
NORA
Entonces quedarás en libertad.
NORA
Beberemos champán, Elena.
DONCELLA
Bien, señora. (Sale.)
HELMER
Vaya, vaya, una fiesta por todo lo
alto.
NORA
Orgía de champán hasta que salga el
sol. (Grita.) Y pon almendrados,
Elena, muchos… aunque sólo sea
por una vez.
HELMER
Oh, no, nada de eso, querido amigo;
es sólo ese temor infantil de que te
he hablado. (Salen por la
izquierda.)
NORA
¿Y qué?
SEÑORA LINDE
Se ha ido al campo.
NORA
Lo adiviné en tu cara.
SEÑORA LINDE
Regresa mañana noche. Le dejé una
nota.
NORA
No debiste hacerlo. No va a servir
de nada. Después de todo es una
gran alegría el esperar un milagro.
SEÑORA LINDE
¿Qué es lo que esperas?
NORA
Oh, no lo entenderías. Reúnete con
ellos; voy al momento.
SEÑORA LINDE
Necesito hablar con usted.
KROGSTAD
¿Ah, sí? ¿Y tiene que ser justamente
en esta casa?
SEÑORA LINDE
No podía ser en la mía; mi
habitación no tiene entrada
independiente. Pase; estamos solos;
las criadas duermen y los Helmer
están en el baile de arriba.
KROGSTAD
Es verdad, ¿por qué no?
SEÑORA LINDE
Bueno, Krogstad, hemos de hablar.
KROGSTAD
¿Es que queda algo que decirnos?
SEÑORA LINDE
Tenemos mucho que hablar.
KROGSTAD
No lo creía yo así.
SEÑORA LINDE
No, porque usted nunca me ha
comprendido.
KROGSTAD
¿Qué más había que comprender, si
era una de las cosas más corrientes
del mundo? Una mujer despiadada
deja plantado a un hombre cuando se
le presenta algo más ventajoso.
SEÑORA LINDE
¿Cree que soy tan despiadada como
eso? ¿Y cree que el romper fue fácil
para mí?
KROGSTAD
¿Ah, no?
SEÑORA LINDE
Krogstad, ¿de verdad lo ha creído?
KROGSTAD
Si no fue así, ¿por qué me escribió
entonces de la forma en que lo hizo?
SEÑORA LINDE
No me fue posible otra. Si tenía que
romper con usted, mi obligación era
arrancarle de raíz cuanto sintiera por
mí.
SEÑORA LINDE
Recuerde que tenía a mi madre
inválida y dos hermanos pequeños.
No podíamos esperarle, Krogstad;
sus expectativas eran entonces a tan
largo plazo…
KROGSTAD
Quizá sí; pero usted no tenía derecho
a abandonarme por causa de otro
hombre.
SEÑORA LINDE
Sí, no sé. Muchas veces me he
preguntado si tenía derecho a
hacerlo.
SEÑORA LINDE
La salvación puede estar cerca.
KROGSTAD
Lo estaba; pero entonces se
interpuso usted.
SEÑORA LINDE
Sin saberlo, Krogstad. Hasta hoy no
he sabido que era usted a quien voy
a sustituir en el Banco.
KROGSTAD
La creo, ya que lo dice. Pero ahora,
que lo sabe, ¿no va usted a
renunciar?
SEÑORA LINDE
No; porque no sería de ningún
provecho para usted.
KROGSTAD
Oh, provecho, provecho… yo lo
haría de todas formas.
SEÑORA LINDE
He aprendido a obrar con sensatez.
La vida y la necesidad me han
enseñado a ello.
KROGSTAD
Y a mí la vida me ha enseñado a no
creer en palabras.
SEÑORA LINDE
Entonces la vida le ha enseñado algo
muy razonable. Y en los hechos,
¿cree usted?
KROGSTAD
¿Qué quiere decir?
SEÑORA LINDE
Ha dicho que era usted como un
náufrago agarrado a una tabla.
KROGSTAD
Tengo mis razones para decirlo.
SEÑORA LINDE
Yo me encuentro también como un
náufrago agarrado a una tabla. Sin
nadie a quien cuidar ni nadie por
quien preocuparme.
KROGSTAD
Usted lo eligió así.
SEÑORA LINDE
No había otra elección posible
entonces.
KROGSTAD
Bueno, ¿y qué?
SEÑORA LINDE
Krogstad, ¿y si ahora los dos
náufragos se unieran?
KROGSTAD
¿Qué quiere decir?
SEÑORA LINDE
En un naufragio, dos se defienden
mejor unidos que separados.
KROGSTAD
¡Cristina!
SEÑORA LINDE
¿Por qué cree que vine a la ciudad?
KROGSTAD
¿Es que pensó usted en mí?
SEÑORA LINDE
Tengo que trabajar para vivir. Todos
los días de mi vida, por muy atrás
que recuerde, he trabajado, y el
trabajo ha sido mi mayor y única
satisfacción. Pero ahora me
encuentro completamente sola en el
mundo, abandonada e inútil. No hay
satisfacción alguna en trabajar para
sí. Krogstad, déme alguien y algo
por los que trabajar.
KROGSTAD
No le creo. No es más que exaltada
generosidad de mujer, que busca
sacrificarse.
SEÑORA LINDE
¿Me ha visto usted alguna vez
exaltada?
KROGSTAD
¿Sería usted de veras capaz?
Dígame… ¿está usted perfectamente
al tanto de mi pasado?
SEÑORA LINDE
Sí.
KROGSTAD
¿Y conoce usted cuál es mi
reputación aquí?
SEÑORA LINDE
Me pareció oírle decir que conmigo
usted hubiera sido otro.
KROGSTAD
Estoy seguro de ello.
SEÑORA LINDE
¿No podría ser lo mismo aún?
KROGSTAD
Cristina…, ¿ha pensado seriamente
lo que dice? Sí; lo veo en su cara.
¿Tendría usted valor…?
SEÑORA LINDE
Necesito ser madre de alguien, y sus
hijos necesitan una. Nosotros dos
nos necesitamos uno a otro.
Krogstad, tengo fe en usted… con
usted me atrevo a todo.
KROGSTAD
¿Por qué? ¿Qué ocurre?
SEÑORA LINDE
¿Oye usted la música arriba?
Volverán cuando acabe.
KROGSTAD
Ah, ya, he de irme. Todo ha sido
inútil. Usted naturalmente no sabe
nada del paso que he dado contra los
Helmer.
SEÑORA LINDE
Oh, sí, Krogstad, estoy enterada.
KROGSTAD
¿Y no obstante, tiene usted el
valor…?
SEÑORA LINDE
Comprendo perfectamente adonde
puede la desesperación llevar a un
hombre como usted.
KROGSTAD
¡Oh, si pudiera volverme atrás!
SEÑORA LINDE
Nada más fácil; su carta se encuentra
aún en el buzón.
KROGSTAD
¿Está usted segura?
SEÑORA LINDE
Completamente; pero…
SEÑORA LINDE
Krogstad, cuando uno se ha vendido
para salvar a otro, no vuelve a
hacerlo.
KROGSTAD
Pediré que me devuelvan la carta.
SEÑORA LINDE
No, no.
KROGSTAD
Claro que sí; esperaré a que baje
Helmer; le diré que me devuelva la
carta… que sólo trata de mi
despido… que no la lea…
SEÑORA LINDE
No, Krogstad; no pida que le
devuelva la carta.
KROGSTAD
Pero dígame, ¿no fue en realidad
para eso por lo que me citó aquí?
SEÑORA LINDE
Sí, con el sobresalto del primer
momento; pero ha transcurrido todo
un día, y es increíble lo que he visto
mientras en esta casa. Helmer debe
enterarse de todo; este desgraciado
secreto debe salir a la luz; debe
haber una franca explicación entre
los dos; es imposible mantener todos
estos tapujos y evasiones.
KROGSTAD
De acuerdo, si usted lo desea…
Pero puedo hacer algo de todas
formas, y hacerlo inmediatamente…
KROGSTAD
La espero abajo.
SEÑORA LINDE
Sí, hágalo; puede acompañarme a
casa.
KROGSTAD
Es increíble, en mi vida he sido tan
feliz.
HELMER
Pero querida Nora…
NORA
¡Ah, te lo pido por favor, Torvald; te
lo suplico por lo que más quieras…
sólo una hora más!
HELMER
Ni un minuto, cariño. Recuerda lo
convenido. Así que adentro; aquí vas
a resfriarte.
SEÑORA LINDE
Buenas noches.
NORA
¡Cristina!
HELMER
¿Cómo, señora Linde, aquí tan
tarde?
SEÑORA LINDE
Sí, mil perdones; tenía tantas ganas
de ver a Nora disfrazada.
NORA
¿Has estado esperándome aquí?
SEÑORA LINDE
Sí, por desgracia no llegué a tiempo;
habíais ya salido; y me dije: no me
voy sin verla.
SEÑORA LINDE
Así diría yo…
HELMER
¿No es una preciosidad? Es lo que
decían todos en el baile. Pero es
terriblemente terca, mi preciosa
niña. No tiene remedio. Figúrese,
casi me la he tenido que traer a la
fuerza.
NORA
Oh, Torvald, te arrepentirás de no
haberme dejado, media hora
siquiera.
HELMER
Ya la está oyendo, señora. Ha
bailado la tarantela… con un éxito
clamoroso… de sobras merecido…
aunque a decir verdad quizá hubiera
en la ejecución un exceso de
naturalidad; quiero decir… algo más
de lo que, en propiedad, exige el
arte. ¡Pero dejémoslo! Lo importante
es… que haya tenido éxito; un éxito
de locura. ¿Iba a dejar que
continuara allí después? ¿Debilitar
la impresión? Por supuesto que no;
cogí del brazo a mi preciosa
muchachita de Capri… mi obstinada
muchachita de Capri, diría yo… una
rápida vuelta por la sala; una
inclinación a un lado y a otro y…
como dicen en las novelas… la
hermosa aparición se desvanece.
Los finales deben causar siempre
efecto, señora Linde; pero esto no
hay forma de metérselo a Nora en la
cabeza. Uf, qué calor hace aquí.
(Arroja el dominó sobre una silla y
abre la puerta de su despacho.) Qué
oscuro está. Ah, sí, naturalmente.
Con permiso… (Entra y enciende
un par de bujías.)
NORA
¿Entonces…?
SEÑORA LINDE
Nora… debes decírselo todo a tu
marido.
NORA (Sordamente.)
Lo sabía.
SEÑORA LINDE
No tienes que temer nada de
Krogstad; pero debes decírselo.
NORA
No lo haré.
SEÑORA LINDE
Entonces será la carta la que hable.
NORA
Gracias, Cristina; ahora sé lo que
tengo que hacer. Chist…
HELMER (Volviendo.)
¿Qué, señora, la ha admirado usted
bastante?
SEÑORA LINDE
Sí, y ahora les dejo.
HELMER
¿Cómo, tan pronto? ¿Es de usted este
punto?
HELMER
¿Luego hace usted punto?
SEÑORA LINDE
Oh, sí.
HELMER
¿Sabe?, mejor haría en bordar.
SEÑORA LINDE
¿Sí? ¿Por qué?
HELMER
Oh, es mucho más bonito. Mire; se
tiene el bordado así con la mano
izquierda, y con la derecha se lleva
la aguja… así… con una ligera,
amplia curva; ¿no es así…?
SEÑORA LINDE
Sí, es posible…
HELMER
En cambio, con el punto… no puede
ser más feo; mire; los brazos
pegados… las agujas, que suben y
bajan; …tiene algo de chino… Ah,
qué estupendo champán nos han
servido.
SEÑORA LINDE
Bueno, buenas noches, Nora, y no
seas tan terca.
HELMER
¡Bien dicho, señora Linde!
SEÑORA LINDE
Buenas noches, señor Director.
NORA
¿No estás muerto de cansancio,
Torvald?
HELMER
No, en lo más mínimo.
NORA
¿Ni tienes sueño?
HELMER
Tampoco; al contrario, me siento
muy animado. ¿Y tú? Sí, tú pareces
cansada y con sueño.
NORA
Sí, me siento muy cansada. Voy a
dormirme enseguida.
HELMER
¡Lo ves, lo ves! ¿No tenía yo razón
en que nos marchásemos?
NORA
Oh, tú tienes siempre razón.
NORA
¿Sí? ¿De veras? No llegué a hablar
con él.
HELMER
Y yo apenas; pero hacía tiempo que
no le veía de tan buen humor. (La
mira un momento; después se le
acerca.) Ejem… ¡qué felicidad
volver a casa; estar a solas
contigo… con esta preciosidad de
mujer!
NORA
¡No me mires así, Torvald!
HELMER
¿Es que no puedo mirar a mi bien
más precioso? A esta divinidad que
es mía, sólo mía, absolutamente mía.
HELMER (Siguiéndola.)
Ya veo que aún te dura la tarantela
en la sangre. Y eso te hace aún más
atractiva. ¡Escucha! Los invitados
empiezan a marcharse. (Más bajo.)
Nora, pronto todo quedará en
silencio.
NORA
Sí, eso espero.
HELMER
Sí, ¿no es verdad, querida? Oh,
sabes… cuando vamos a una
fiesta… ¿sabes por qué te hablo tan
poco, me mantengo lejos de ti,
apenas si te dirijo una mirada a
hurtadillas de vez en cuando… sabes
por qué lo hago? Porque entonces
me imagino que eres mi amante
secreta, mi prometida misteriosa, y
que nadie sospecha que hay algo
entre nosotros.
NORA
Oh, sí, sí; ya sé que piensas siempre
en mí.
HELMER
¡Y al marcharnos, cuando cubro con
el chal tus hermosos hombros… en
torno a esta nuca maravillosa… me
imagino que eres mi joven novia,
que acabamos de llegar de la boda,
que por primera vez te traigo a mi
hogar… que por primera vez me
encuentro a solas contigo,
completamente a solas, temblorosa y
divina! Tú has sido lo único que he
deseado la noche entera. Cuando te
veía correr y girar en un vértigo con
la tarantela… me ardía la sangre; no
pude aguantar más tiempo; por eso te
traje tan pronto…
NORA
¡Vete, Torvald! Apártate de mí. No
quiero eso.
HELMER
¿Qué quieres decir? Bromeas
conmigo, pequeña Nora. ¿No quiero,
no quiero? ¿No soy tu marido…?
NORA (Estremeciéndose.)
¿Has oído?
RANK
Me ha parecido oír tu voz y se me
ocurrió entrar. (Echando un rápido
vistazo en torno.) Ah, el dulce
hogar. Qué confortables estáis aquí,
los dos.
HELMER
Pues parece que tampoco tú lo
pasaste mal arriba.
RANK
Estupendamente. ¿Por qué no lo iba
a pasar? ¿Por qué no disfrutar de
todo en este mundo? Por lo menos,
todo lo que se pueda y mientras se
pueda. El vino era excelente.
HELMER
Sobre todo el champán.
RANK
¿También tú lo notaste? Es increíble
la cantidad que pude trasegar.
NORA
Torvald ha bebido también mucho
champán esta noche.
RANK
¿Sí?
NORA
Sí, y luego se pone animadísimo.
RANK
¿Y por qué no va a pasarse una
noche divertida después de un día
bien empleado?
HELMER
Bien empleado; por desgracia, no
me atrevería a decir tanto de mí.
NORA
Doctor, seguro que ha hecho usted
algún examen clínico.
RANK
Sí, exactamente.
HELMER
¡Vaya, vaya; la pequeña Nora
hablando de exámenes clínicos!
NORA
¿Y puedo felicitarle por el
resultado?
RANK
Por supuesto que puede.
NORA
¿Luego fue bueno?
RANK
El mejor posible, tanto para el
médico como para el paciente… la
certeza.
RANK
Una certeza absoluta. ¿Y no iba a
divertirme después por la noche?
NORA
Sí, hizo usted bien, doctor.
HELMER
Lo mismo digo; a no ser que lo
tengas que pagar mañana.
RANK
Bueno, todo se paga en la vida.
NORA
Doctor Rank, ¿le gustan mucho los
bailes de máscaras?
RANK
Sí, sobre todo si los disfraces son
divertidos…
NORA
Dígame, ¿de qué vamos a ir
disfrazados usted y yo en el próximo
baile?
HELMER
¡Qué frívola… ya estás pensando en
el próximo!
RANK
¿Nosotros dos? Se lo diré; usted irá
de criatura feliz[4]…
HELMER
Sí, pero cualquiera encuentra un
disfraz que represente eso.
RANK
Sólo necesita mostrarse como es a
diario…
HELMER
Muy bien dicho. ¿Pero de qué irás
tú?
RANK
Lo tengo ya pensado.
HELMER
¿Cómo?
RANK
En el próximo baile seré invisible.
HELMER
Qué idea más divertida.
RANK
Se pone uno un gran sombrero
negro… ¿no has oído nunca hablar
del sombrero invisible? Cuando uno
se lo pone, nadie le ve.
RANK
Pero me olvidaba para lo que había
venido. Helmer, dame un cigarro, un
habano negro.
HELMER
Con mil amores.
RANK
Muchas gracias. (Ella sostiene la
cerilla mientras él enciende.) Y
ahora, ¡adiós!
HELMER
¡Adiós, adiós, querido amigo!
NORA
Que duerma bien, doctor Rank.
RANK
Gracias por el buen deseo.
NORA
Deséeme lo mismo.
RANK
¿A usted? Bueno, si así lo quiere…
Que duerma bien. Y gracias por el
fuego.
NORA (Absorta.)
Puede que sí.
NORA
Torvald, ¿qué haces ahí?
HELMER
Voy a vaciar el buzón; está
llenísimo; no queda sitio para los
periódicos de mañana…
NORA
¿Vas a trabajar esta noche?
HELMER
Ya sabes que no… ¿Qué es esto?
Alguien ha andado en la cerradura.
NORA
¿En la cerradura?
HELMER
Seguro. ¿Qué ha podido ser? Nunca
creería que las criadas… Hay una
horquilla rota. Es tuya, Nora…
NORA (Rápida.)
Habrán sido los niños…
HELMER
Pues tienes que quitarles la
costumbre. Ejem, ejem…; bueno, ya
he conseguido abrirlo. (Saca el
contenido y llama hacia la cocina.)
¡Elena!… ¡Elena!; apague la lámpara
del vestíbulo.
HELMER
Dos tarjetas de visita… de Rank.
NORA
¿Del doctor Rank?
HELMER (Mirándolas.)
Rank, Doctor en Medicina. Estaban
encima; las ha debido de echar al
salir.
NORA
¿Hay algo escrito en ellas?
HELMER
Hay una cruz negra sobre el nombre.
Mira. Qué idea. Ni que anunciase su
muerte.
NORA
Eso es lo que hace.
HELMER
¿Cómo? ¿Sabes algo? ¿Te ha dicho
algo?
NORA
Sí. Esas tarjetas son su despedida.
Quiere encerrarse para morir.
HELMER
Pobre amigo mío. Ya sabía que no
iba a conservarle por largo tiempo.
Pero tan pronto… Y ahora se oculta
como un animal herido.
NORA
Si ha de ocurrir, mejor que ocurra
sin palabras. ¿No crees, Torvald?
HELMER
No, no, esta noche no. Me quedaré
contigo, querida.
NORA
¿Con la idea de la muerte de tu
amigo…?
HELMER
Tienes razón. Nos ha trastornado a
los dos; algo espantoso se ha
interpuesto entre nosotros; ideas de
muerte y de disolución. Debemos
librarnos de ello. Hasta entonces…
Cada uno debe ir por su lado.
(Va a precipitarse al
vestíbulo en el momento
en que HELMER abre de
golpe su puerta y asoma
con una carta
desplegada en la mano.)
HELMER
¡Nora!
NORA (Dando un grito.)
¡Ah…!
HELMER
¿Qué es esto? ¿Sabes lo que dice
esta carta?
NORA
Sí, lo sé. ¡Déjame que me vaya!
¡Déjame que salga!
HELMER (Reteniéndola.)
¿Adonde vas?
NORA
Es verdad. Te he querido más que a
nada en el mundo.
HELMER
Oh, no me vengas con evasivas
estúpidas.
NORA
Déjame marchar. No tienes por qué
sufrir por culpa mía. No tienes que
cargar con ello.
HELMER
Basta de comedia. (Cierra con llave
la puerta del vestíbulo.) Aquí te
quedas para responderme. ¿Te das
cuenta de lo que has hecho?
¡Contéstame! ¿Te das cuenta?
NORA
Sí, así.
HELMER
Has destrozado mi felicidad. Has
arruinado todo mi futuro. Oh, es
horrible pensarlo. Estoy a merced de
un hombre sin escrúpulos; puede
hacer de mí lo que quiera, exigirme
lo que sea, ordenarme y pedirme
cuanto guste… sin que yo pueda ni
siquiera protestar. ¡Y tener que
humillarme y degradarme por culpa
de una insensata!
NORA
Cuando yo no esté en este mundo,
serás libre.
HELMER
Oh, basta de truculencias. Palabras
así no le faltaban tampoco a tu
padre. ¿De qué me beneficiaría el
que no estuvieras en el mundo, como
dices? Ni en lo más mínimo. Él
puede dar publicidad al asunto de
todas formas; si lo hace, caería yo
bajo la sospecha de estar al tanto de
la conducta criminal de mi mujer.
Llegarían a decir incluso que yo
estaba detrás… ¡que soy yo quien te
ha instigado! Y todo esto te lo tengo
que agradecer a ti, a ti, a quien he
mantenido en un pedestal durante
todo nuestro matrimonio.
¿Comprendes ahora lo que me has
hecho?
(Suena la campanilla de
la puerta.)
HELMER (Estremeciéndose.)
¿Qué será? Tan tarde. ¿Será
posible… que ese hombre?
Escóndete, Nora. Di que estás
enferma.
HELMER
Démela. (Coge la carta y cierra la
puerta.) Sí, es de él. No, tú no; la
leeré yo.
NORA
Léela.
HELMER
¡Nora!… No, tengo que leerlo de
nuevo… Sí, sí; es eso. ¡Estoy
salvado, Nora, estoy salvado!
NORA
¿Y yo?
HELMER
Tú también; por supuesto; estamos
salvados, tú y yo. Mira. Te devuelve
el recibo. Dice que se arrepiente y
lo lamenta… que un cambio
afortunado en su vida… Oh, qué más
da lo que diga. ¡Estamos salvados,
Nora! Nadie puede hacerte nada. Oh,
Nora, Nora… no, antes destruyamos
este horror. Voy a ver… (Echa un
vistazo al recibo.) No, no quiero
verlo; no debe ser para mí más que
un mal sueño. (Rompe el recibo y la
carta, los arroja a la estufa y
contempla cómo arden.) Mira; ya no
queda nada de ellos… Dice que tú el
día de Navidad… Oh, debes de
haber pasado tres días espantosos,
Nora.
NORA
Han sido tres días de dura lucha.
HELMER
Y sufriste sin encontrar otra salida
que… No; no nos acordemos de este
horror. Sólo hemos de alegrarnos y
repetir: se acabó, se acabó.
Escúchame, Nora, parece que no te
has dado cuenta: se acabó. ¿Pero qué
te pasa… esa cara tan seria? Ah, ya
comprendo, pobre Nora; no puedes
creer que te haya perdonado. Pues te
he perdonado, Nora, te lo juro: te lo
he perdonado todo. Bien sé que
cuanto hiciste lo hiciste por amor
hacia mí.
NORA
Es verdad.
HELMER
Me has querido como una mujer
debe querer a su marido. Fueron
sólo los medios, los que no te era
posible juzgar. ¿Pero crees que te
voy a querer menos porque no sepas
cómo arreglártelas sola? No, no;
apóyate en mí; yo te aconsejaré, te
guiaré. No sería quizá un hombre, si
justo ese desamparo femenino no te
hiciera doblemente atractiva a mis
ojos. No debes tomar en cuenta las
duras palabras que te dije en el
primer arrebato, cuando creía que
todo se derribaba sobre mí. Te he
perdonado, Nora; te juro que te he
perdonado.
NORA
Te quedo muy agradecida.
HELMER
No, espera… (Mirando dentro.)
¿Qué haces en el cuarto?
NORA (Dentro.)
Me estoy quitando el disfraz.
HELMER
¿Cómo, tan tarde?
NORA
Esta noche no voy a dormir.
HELMER
Pero querida Nora…
HELMER
Nora, ¿qué pasa? Esa cara tan
seria…
NORA
Siéntate… Va a ser largo. Tengo
mucho que decirte.
NORA
Precisamente. No me entiendes. Y yo
tampoco te he entendido nunca…
hasta esta noche. No, no me
interrumpas. Tienes que escuchar lo
que voy a decir… Esto es un ajuste
de cuentas, Torvald.
HELMER
¿Qué quieres decir?
NORA (Tras un corto silencio.)
¿No te resulta extraño que estemos
aquí sentados?
HELMER
¿Por qué va a serlo?
NORA
Llevamos ocho años de casados.
¿No te das cuenta que es la primera
vez que nosotros dos, tú y yo,
marido y mujer, hablamos
seriamente?
HELMER
Sí, seriamente… ¿y qué?
NORA
En estos ocho años… aun antes…
desde que nos conocimos, no se ha
cruzado entre nosotros ni una sola
palabra seria sobre un asunto serio.
HELMER
¿Es que iba a estar constantemente
teniéndote al tanto de
preocupaciones de las que tú no
podías hacer nada para resolverlas?
NORA
No estoy hablando de
preocupaciones. Lo que digo es que
no hemos intentado nunca seriamente
llegar al fondo de un asunto.
HELMER
Pero, querida Nora, ¿de qué te
hubiera servido?
NORA
De eso se trata. Nunca me has
entendido… He sufrido muchas
injusticias, Torvald. Primero de
papá y después de ti.
HELMER
¿Cómo? ¿De nosotros dos… de
nosotros, que te hemos querido más
que nadie?
NORA (Negando con la cabeza.)
Nunca me habéis querido. Tan sólo
os parecía divertido el quererme.
HELMER
Pero, Nora, ¿qué dices?
NORA
Sí, así es, Torvald. En casa, papá me
comunicaba todas sus opiniones, con
lo que yo tenía las mismas; y caso de
tener otras, las ocultaba; porque no
hubieran sido de su agrado. Me
llamaba su muñequita, y jugaba
conmigo, lo mismo que yo jugaba
con mis muñecas. Después vine a
esta casa contigo…
HELMER
¿Es así como te refieres a nuestro
matrimonio?
HELMER
¡Nora, qué absurda e ingrata eres!
¿No has sido feliz aquí?
NORA
No, nunca. Creí serlo; pero no lo he
sido nunca.
HELMER
¡Nunca… nunca feliz!
NORA
No; sólo de buen humor. ¡Y tú has
sido siempre tan bueno conmigo!
Pero nuestro hogar no ha sido más
que un cuarto de jugar. Aquí he sido
tu mujer muñeca, como en casa era
la nena muñeca de papá. Y los niños,
a su vez, han sido mis muñecas.
Encontraba divertido el que jugases
conmigo, igual que les parece
divertido el que juegue con ellos.
Esto es lo que ha sido nuestro
matrimonio, Torvald.
HELMER
Hay algo de verdad en lo que
dices… por exagerado y
extravagante que sea. Pero de aquí
en adelante será diferente. Se acabó
el tiempo de los juegos; ahora toca
el de la educación.
NORA
¿La educación de quién? ¿La mía o
la de los niños?
HELMER
A la vez la tuya y la de los niños,
querida Nora.
NORA
Oh, Torvald, tú no eres el hombre
para educarme a ser la mujer que
necesitas.
HELMER
¿Y lo dices tú?
NORA
¿Y yo?… ¿estoy preparada para
educar a los niños?
HELMER
¡Nora!
NORA
Tú mismo lo dijiste hace un
momento… que no te atrevías a
confiarme la misión.
HELMER
¡Con la pasión del momento! ¿Cómo
puedes tenerlo en cuenta?
NORA
Oh, sí, tenías toda la razón. Es
superior a mis fuerzas. Hay otra
tarea en que debo ocuparme antes.
Tengo que educarme a mí misma. Tú
no sirves para ayudarme. Tengo que
hacerlo sola. Por eso te dejo.
NORA
Tengo que estar completamente sola
para ver con claridad en mí y en
todo cuanto me rodea. Por eso no
puedo seguir contigo.
HELMER
¡Nora, Nora!
NORA
Me marcho ahora mismo. Seguro que
Cristina me dejará pasar la noche
con ella…
HELMER
¡Estás loca! ¡No puedes hacerlo! ¡Te
lo prohíbo!
NORA
A partir de ahora no has de
prohibirme nada. Me llevo lo mío.
No quiero nada tuyo, ni ahora ni
nunca.
HELMER
¡Pero qué locura es ésta!
NORA
Mañana me iré a casa… quiero
decir, a mi tierra. Será más fácil
arreglármelas allí que en otra parte.
HELMER
¡Tú, con tu obstinación y tu falta de
experiencia!
NORA
Voy a intentar adquirirla, Torvald.
HELMER
¡Abandonar tu hogar, tu marido y tus
hijos! Y no piensas qué dirá la gente.
NORA
No puedo atender a eso. Sólo sé que
es necesario para mí.
HELMER
Oh, es indignante. ¿Cómo puedes
faltar a tus deberes más sagrados?
NORA
¿A qué llamas mis deberes más
sagrados?
HELMER
¿Es que tengo que decírtelos? ¿Es
que no estás obligada a tu marido y a
tus hijos?
NORA
Tengo otros deberes igualmente
sagrados.
HELMER
No tienes ninguno. ¿Qué deberes son
ésos?
NORA
Deberes conmigo misma.
HELMER
Ante todo eres esposa y madre.
NORA
Ya no lo creo así. Lo que creo es que
ante todo soy un ser humano, yo,
exactamente como tú… o, en todo
caso, que debo luchar por serlo. Sé
perfectamente que la mayoría te dará
la razón, Torvald, y que algo así se
lee en los libros. Pero ya no puedo
contentarme con lo que dice la
mayoría ni con lo que se lee en los
libros. Debo pensar por mí misma y
ver con claridad las cosas.
HELMER
¿Y no ves con claridad cuál es tu
posición en tu propio hogar? ¿No
tienes para esa pregunta una guía
infalible? ¿No tienes religión?
NORA
Oh, Torvald, no sé a ciencia cierta lo
que es.
HELMER
¿Pero qué dices?
NORA
No sé más que lo que el Pastor
Hansen me dijo al confirmarme.
Decía que la religión era esto y
aquello. Cuando me marche y me
quede sola, analizaré también esta
cuestión. Veré si era cierto lo que
decía el Pastor Hansen o, en todo
caso, si es cierto para mí.
HELMER
¡Es inaudito que hable así una mujer
joven! Pero ya que la religión no te
sirve de guía, apelaré a tu
conciencia. ¿Porque te queda algún
sentido moral, no? ¿O, contéstame, o
es que tampoco lo tienes?
NORA
¿Para qué sirve contestar a eso,
Torvald? No lo sé. Estoy
completamente desorientada. Lo
único que sé es que sobre ciertas
cosas tengo opiniones muy diferentes
a las tuyas. También he descubierto
que las leyes son distintas a lo que
yo pensaba; pero me resulta
imposible concebir que las leyes
sean justas. ¡Una mujer no tiene
derecho a evitar disgustos a su viejo
padre moribundo ni a salvar la vida
de su marido! No puedo creerlo.
HELMER
Hablas como una niña. No entiendes
la sociedad en que vives.
NORA
No, no la entiendo. Pero ahora voy a
intentarlo. Voy a averiguar quién
tiene razón, la sociedad o yo.
HELMER
Estás enferma, Nora; tienes fiebre;
yo diría que no estás en tu juicio.
NORA
En mi vida me he sentido con la
mente más lúcida y más segura que
esta noche.
HELMER
¿Y con lucidez y seguridad
abandonas a tu marido y a tus hijos?
NORA
Sí, les abandono.
HELMER
Entonces sólo hay una explicación
posible.
NORA
¿Cuál?
HELMER
Que ya no me quieres.
NORA
Sí, eso es.
HELMER
¡Nora!… ¡Y lo dices así!
NORA
Oh, lo siento en el alma, Torvald;
siempre has sido tan bueno conmigo.
Pero no puedo remediarlo. Ya no te
quiero.
NORA
Sí, absolutamente claro y seguro.
Por esto no puedo seguir aquí.
HELMER
¿Y podrías explicarme cómo he
perdido tu amor?
NORA
Sí; ha sido esta noche, cuando no se
ha producido el milagro; porque
entonces he descubierto que no eras
el hombre que yo imaginaba.
HELMER
Explícate con mayor detalle; no te
comprendo.
NORA
He esperado con toda paciencia
estos ocho años; porque, claro está,
comprendía que los milagros no se
dan a diario. Cuando ocurrió lo
peor, estaba tan segura, que me decía
a mí misma: ahora se produce el
milagro. Cuando la carta de
Krogstad estaba allí… nunca pensé
que pudieras doblegarte a las
exigencias de ese hombre. Estaba
completamente segura de que le
dirías: vaya y dígaselo a todos. Y
cuando eso sucediera…
HELMER
¿Cómo? ¿Es que iba a entregar a mi
mujer a la vergüenza y a la infamia?
NORA
Cuando eso sucediera, esperaba con
absoluta seguridad que darías un
paso al frente, asumirías toda la
responsabilidad y dirías: yo soy el
culpable.
HELMER
¡Nora!
NORA
¿Crees que yo hubiera aceptado
semejante sacrificio por tu parte?
No, por supuesto. ¿Pero de qué
hubieran valido mis declaraciones
frente a las tuyas?… Ése era el
milagro que yo esperaba con
angustia. Y para evitarlo, estaba
dispuesta a poner fin a mi vida.
HELMER
Trabajaría con gusto noche y día por
ti, Nora… aguantaría penas y
privaciones por ti. Pero nadie
sacrifica su honor por el ser que
ama.
NORA
Millares de mujeres lo han hecho.
HELMER
Oh, piensas y hablas como una niña
irrazonable.
NORA
Puede que sí. Pero tú no piensas ni
hablas como el hombre al que puedo
unirme. En cuanto terminó tu
alarma… no por la amenaza sobre
mí, sino por el riesgo que corrías, y
cuando el peligro había pasado… ha
sido para ti como si no hubiera
ocurrido absolutamente nada. Volví a
ser, igual que antes, tu pequeña
alondra, la muñeca, que de ahora en
adelante debería tratarse con mayor
cuidado, ya que es tan delicada y
frágil. (Se levanta.) Torvald… en
aquel momento comprendí que había
vivido ocho años con un extraño del
que había tenido tres hijos… ¡Oh, no
soporto el pensar en ello! Me dan
ganas de golpearme hasta hacerme
trizas.
HELMER (Sordamente.)
Ya veo, ya veo. La verdad es que se
ha abierto un abismo entre
nosotros… ¿Pero, Nora, no
podríamos salvarlo?
NORA
Tal como soy ahora, no soy una
esposa para ti.
HELMER
Puedo convertirme en otro.
NORA
Quizá… si te quitan la muñeca.
HELMER
¡Separarme… separarme de ti! No,
no, Nora, no puedo hacerme a esa
idea.
HELMER
¡Nora, Nora, no esta noche! Espera a
mañana.
NORA (Poniéndose el abrigo.)
No puedo pasar la noche en casa de
un extraño.
HELMER
¿Pero no podemos vivir como
hermanos?…
NORA
¿Cómo voy a saberlo? No tengo ni
idea de lo que será de mí.
HELMER
Pero eres mi mujer, tanto ahora
como después.
NORA
Escucha, Torvald… cuando una
mujer abandona la casa de su
marido, como yo hago ahora, tengo
entendido que él, de acuerdo con las
leyes, queda dispensado de toda
clase de obligaciones en cuanto a
ella. De todas formas, te libero de
todos los deberes. No has de sentirte
obligado por nada, como tampoco
quiero estarlo yo. Debe haber
libertad completa para ambas partes.
Toma, aquí está tu anillo. Dame el
tuyo.
HELMER
¿También el anillo?
NORA
También.
HELMER
Toma.
NORA
Bien. Ahora todo ha acabado. Aquí
están las llaves. Las muchachas
están al tanto de todo lo de la casa…
mejor que yo. Mañana, después de
que me haya ido, vendrá Cristina a
recoger mis cosas. Quiero que me
las mandes.
HELMER
¡Se acabó! ¿Nora, no vas a pensar
nunca en mí?
NORA
Sin duda que pensaré con frecuencia
en ti y en los niños y en la casa.
HELMER
¿Puedo escribirte, Nora?
NORA
No… nunca. No lo hagas.
HELMER
Oh, pero podré enviarte…
NORA
Nada, nada.
HELMER
… ayudarte, si tienes necesidad.
NORA
Te digo que no. No admito nada de
extraños.
HELMER
¡Nora!… ¿no seré ya más que un
extraño para ti?
HELMER
¡Dime cuál es!
NORA
Tendríamos que cambiar los dos de
forma que… Oh Torvald, ya no creo
en milagros.
HELMER
Pero yo quiero creer. ¡Dímelo!
¿Cambiar de forma que…?
NORA
Que nuestra vida en común se
convirtiera en un matrimonio. Adiós.
(Sale al vestíbulo.)
SEÑORITA TESMAN
Bueno… dejémosles que descansen.
Pero el aire fresco de la mañana les
hará bien cuando vengan.
SEÑORITA TESMAN
Hemos de tomar las cosas como
vienen, Berta. No había más
remedio. No podías dejar de estar
con Jorge, sabes. Te necesita. Tú
estás acostumbrada a cuidarle desde
que era un chiquillo.
BERTA
Sí, señorita, pero me parte el alma
dejar a la señorita Rina. La pobre,
que no puede valerse por sí misma.
¡Y, encima, con la nueva muchacha!
En la vida aprenderá a cuidar de un
enfermo.
SEÑORITA TESMAN
Ya la enseñaré. Y la mayor parte lo
haré yo misma, sabes. No debes
angustiarte por mi pobre hermana,
querida Berta.
BERTA
Sí, pero hay también algo más,
señorita. No sé si sabré hacer las
cosas a gusto de la señora.
SEÑORITA TESMAN
Sí, bueno…, al principio puede que
haya alguna que otra dificultad…
BERTA
Porque seguro que es muy exigente.
SEÑORITA TESMAN
Y que lo digas. ¡La hija del general
Gabler! ¡Y a lo que estaba
acostumbrada en vida del general!
¿Te acuerdas cuando acompañaba a
su padre a caballo? ¿Con el largo
traje negro de amazona? ¿Y con
plumas en el sombrero?
BERTA
¡Sí, sí… y tanto que me acuerdo!
Pero no me hago a la idea de verlos
marido y mujer, a ella y al señorito
Jorge.
SEÑORITA TESMAN
Ni yo tampoco. Pero así es… y tú,
Berta, ahora que me acuerdo: de
aquí en adelante no debes decir el
señorito Jorge. Debes decir el
doctor.
BERTA
Sí, ya me lo dijo la señora…
anoche… así que entraron. ¿Es
verdad, señorita?
SEÑORITA TESMAN
Así es. Imagínate, Berta… le han
hecho doctor en el extranjero.
Ahora, durante el viaje, ¿entiendes?
Yo no sabía una palabra… hasta que
él me lo dijo en el muelle.
BERTA
Sí, es capaz de hacer lo que sea. Tan
listo como es. Pero nunca pensé que
fuera a curar a la gente.
SEÑORITA TESMAN
No, no es un doctor de ésos… (Con
un gesto de inteligencia.) Además,
puede que pronto le tengas que
llamar algo más importante.
BERTA
Anda, ¿qué? ¿Qué va a ser, señorita?
BERTA
Me lo mandó la señora. Dijo que no
le gustaban las fundas en las sillas.
SEÑORITA TESMAN
¿Pensarán usarlo como salón de
diario?
BERTA
Sí, parece que sí. Así lo dijo la
señora. Porque el… el doctor… no
dijo nada.
SEÑORITA TESMAN
¡Buenos días, buenos días, Jorge!
TESMAN (En la entrada.)
¡Tía Juli! ¡Querida tía! (Va hacia
ella y le estrecha la mano.) ¡Te has
dado la caminata… tan temprano!
¿Eh?
SEÑORITA TESMAN
Sí, tenía que ver como os habíais
instalado.
TESMAN
¡Y sin haber descansado lo
suficiente esta noche!
SEÑORITA TESMAN
Oh, igual da.
TESMAN
¿Llegaste bien a casa desde el
muelle? ¿Eh?
SEÑORITA TESMAN
Sí, perfectamente, gracias a Dios. El
juez tuvo la amabilidad de
acompañarme a casa.
TESMAN
Sentimos mucho no poder llevarte en
el coche. Pero ya lo viste… Hedda
traía tantas maletas que le eran
indispensables.
SEÑORITA TESMAN
Sí, era enorme la cantidad de
maletas que traía.
BERTA (A TESMAN.)
¿Le pregunto a la señora si puedo
ayudarla en algo?
TESMAN
No, gracias, Berta… no hace falta.
Dijo que si quiere algo te llamaría.
TESMAN
Pero toma… llévate esta maleta.
BERTA (Tomándola.)
La pondré en el ático. (Sale por el
vestíbulo.)
TESMAN
Figúrate, tía… toda la maleta estaba
abarrotada de papelotes. Es de
verdad increíble, ¿sabes?, lo que he
podido recoger por los archivos.
Viejos datos interesantísimos de los
que nadie tiene noticia.
SEÑORITA TESMAN
Sí, sí, no has perdido el tiempo
durante el viaje de bodas, querido
Jorge.
TESMAN
Eso diría yo. Pero quítate el
sombrero, tía. ¡Así! Deja que te
deshaga el nudo. ¿Eh?
SEÑORITA TESMAN
Lo he comprado por Hedda.
TESMAN
¿Por Hedda?
SEÑORITA TESMAN
Sí, para que Hedda no se avergüence
de mí si vamos juntas de paseo.
TESMAN
¡Y para mí! ¡Verte de nuevo, tía Juli!
Tú que has sido mi madre y mi
padre.
SEÑORITA TESMAN
Sí, ya sé que nunca olvidarás a tus
viejas tías.
TESMAN
¿Y no ha habido ninguna mejoría de
la tía Rina? ¿Eh?
SEÑORITA TESMAN
Oh, no, ¿sabes?… No puede
esperarse ninguna mejoría en su
caso, la pobre. Allí está, en la cama,
como todos estos años. Pero que
Dios me permita conservarla aún.
Porque si no, no sabría qué hacer en
la vida, Jorge. Y más ahora, que ya
no tengo que cuidarte.
SEÑORITA TESMAN
Y después, ¡ese viaje de bodas tan
largo! Más de cinco… casi seis
meses…
TESMAN
Bueno, para mí ha sido en realidad
una especie de viaje de estudios.
Con tantísimos archivos que
investigar. Y montones de libros que
consultar, ¿sabes?
SEÑORITA TESMAN
Sí, por supuesto. (Más
confidencialmente, bajando la voz.)
Pero escucha, Jorge… ¿no tienes
nada… algo más que contarme?
TESMAN
¿Del viaje?
SEÑORITA TESMAN
Sí.
TESMAN
No, te lo he contado todo en las
cartas. Que obtuve el doctorado
allí… ya te lo conté ayer.
SEÑORITA TESMAN
Ah, sí, sí, claro. Pero quiero decir…
¿si no tienes… algunas…
esperanzas…?
TESMAN
¿Esperanzas?
SEÑORITA TESMAN
¡Por Dios, Jorge… que soy tu vieja
tía!
TESMAN
Oh, sí, claro que tengo esperanzas.
SEÑORITA TESMAN
¡Bien!
TESMAN
Tengo grandes esperanzas de ser
nombrado profesor uno de estos
días.
SEÑORITA TESMAN
Ah, profesor…
TESMAN
… e incluso me atrevería a decir que
tengo la seguridad de obtenerlo.
¡Pero, tía, bien lo sabes!
TESMAN
Por supuesto… la sustanciosa beca
ha contribuido mucho.
SEÑORITA TESMAN
Pero no puedo concebir cómo ha
dado para los dos.
TESMAN
No, no ha sido nada fácil. ¿Eh?
SEÑORITA TESMAN
Y más si se tiene en cuenta que
viajar con una mujer de distinción
significa mayores gastos, diría yo.
TESMAN
Sí, por supuesto… algo más caro.
¡Pero Hedda tenía que hacer el
viaje, tía! Tenía que hacerlo. No
podía ser de otra forma.
SEÑORITA TESMAN
No, no, por supuesto que no. Los
viajes de boda son hoy de rigor…
Pero dime… ¿has tenido
oportunidad de ver la casa?
TESMAN
Oh, sí. Estoy en pie desde que
amaneció.
SEÑORITA TESMAN
¿Y qué te parece, en conjunto?
TESMAN
¡Espléndida! ¡Realmente espléndida!
Lo único es que no sé qué vamos a
hacer con los dos cuartos vacíos que
hay entre la salita y el dormitorio de
Hedda.
SEÑORITA TESMAN (Riendo con
intención.)
Oh, querido Jorge, ya se usarán…
con el tiempo.
TESMAN
¡Sí, razón llevas, tía! A medida que
aumente mi biblioteca… ¿Eh?
SEÑORITA TESMAN
Eso es, querido. Era a tus libros a lo
que me refería.
TESMAN
Me alegro sobre todo por Hedda.
Desde antes de prometernos, no
dejaba de decir que no podría vivir
más que en el chalet de la señora
Falk, la viuda del primer ministro.
SEÑORITA TESMAN
Imagínate… y mira por dónde se
puso en venta. Justo apenas os
habíais ido de viaje.
TESMAN
Sí, tía Juli, la verdad es que tuvimos
suerte. ¿Eh?
SEÑORITA TESMAN
¡Pero qué cara, querido Jorge! Te va
a salir carísimo… todo esto.
SEÑORITA TESMAN
Oh, Dios, claro que sí.
TESMAN
¿Cuánto crees? Más o menos. ¿Eh?
SEÑORITA TESMAN
No puedo decirlo hasta que vengan
todas las facturas.
TESMAN
Bueno, afortunadamente, el juez
Brack ha estipulado unas
condiciones muy favorables para mí.
Él mismo se lo escribió a Hedda.
SEÑORITA TESMAN
Sí, no te preocupes por ello.
Además, he prestado fianza por todo
el mobiliario, incluidas las
alfombras.
TESMAN
¿Fianza? ¿Tú? Querida tía, ¿pero
qué fianza puedes dar tú?
SEÑORITA TESMAN
He empeñado la renta.
SEÑORITA TESMAN
Sí, no encontré otra solución,
¿sabes?
SEÑORITA TESMAN
Bueno, bueno… no lo tomes tan a
pecho. Piensa que es sólo una
formalidad. Es lo que dijo el juez
Brack. Porque fue él quien tuvo la
amabilidad de disponerlo todo por
mí. Sólo una formalidad, dijo.
TESMAN
Sí, puede que lo sea. Pero de todas
formas…
SEÑORITA TESMAN
Y ahora vas a tener tu propio sueldo.
Y, Señor, ¿qué si hemos de rebañar
un poco?… ¿ayudar un poco al
comienzo?… Lo haríamos con sumo
gusto.
TESMAN
¡Oh, tía… siempre sacrificándote
por mí!
SEÑORITA TESMAN (Se levanta y le
pone las manos en los hombros.)
¿Qué mayor alegría puedo tener en
este mundo que allanarte el camino,
muchacho? Tú, sin padre ni madre
que cuidaran de ti. ¡Y ahora hemos
alcanzado el objetivo! Ha sido
difícil a veces. ¡Pero, gracias a
Dios, lo has superado, Jorge!
TESMAN
Sí, de verdad es asombroso cómo
todo ha resultado bien.
SEÑORITA TESMAN
Sí… y tus enemigos… los que te
hubieran cerrado el paso… les ha
ido mal. ¡Han fracasado, Jorge! Y el
más peligroso de todos… es el que
más bajo ha caído… Y ahora está en
el hoyo… que él mismo se cavó… el
muy desgraciado.
TESMAN
¿Sabes algo de Eilert? Desde que me
marché, quiero decir.
SEÑORITA TESMAN
Sólo que ha publicado un nuevo
libro.
TESMAN
¿Cómo? ¿Eilert Lovborg? ¿Hace
poco? ¿Eh?
SEÑORITA TESMAN
Sí, eso dicen. No es de esperar que
valga mucho, ¿verdad? Bueno,
cuando se publique el tuyo… eso sí
que será diferente. ¿De qué va a
tratar?
TESMAN
Las industrias domésticas de
Brabante en la Edad Media.
SEÑORITA TESMAN
¡Bueno, hay que ver de qué cosas
eres capaz de escribir!
TESMAN
Pero puede que pase algún tiempo
antes de que esté listo. Antes tengo
que ordenar este montón de notas,
¿sabes?
SEÑORITA TESMAN
Sí, ordenar y anotar… siempre se te
ha dado bien. No en vano eres hijo
del pobre Joaquín.
TESMAN
Tengo una gran ilusión en ponerme a
la tarea. Sobre todo ahora, que tengo
una casa propia y cómoda en que
poder trabajar.
SEÑORITA TESMAN
Y, sobre todo, ahora que tienes la
mujer que deseabas, querido Jorge.
TESMAN (Abrazándola.)
¡Oh, sí, sí, tía Juli! ¡Hedda… es lo
mejor de todo! (Mira hacia la
entrada del foro.) Creo que ahí
viene. ¿Eh?
HEDDA
Oh, sí, gracias. No mal del todo.
TESMAN (Ríe.)
¿No mal del todo? ¡Qué graciosa
eres, Hedda! Dormías como un
tronco cuando me levanté.
HEDDA
Afortunadamente. Después de todo,
uno ha de hacerse a lo nuevo,
señorita Tesman. Poco a poco. (Mira
a la izquierda.) Oh… la doncella ha
dejado abierta la puerta de la
terraza. Entra el sol a raudales.
HEDDA
¡No, no, déjelo! Tesman, querido,
corre las cortinas. Así la luz es más
suave.
HEDDA
Sí, aire fresco es lo que hace falta
aquí. Con todas estas dichosas
flores… Pero, querida… ¿no se
sienta, señorita Tesman?
SEÑORITA TESMAN
No, muchas gracias. Ya sé que todo
está en orden, gracias a Dios. Ahora
tengo que volver a casa. Mi hermana
me espera, está tan mal la pobre.
TESMAN
Dale muchos recuerdos de mi parte,
tía. Y dile que iré a verla hoy
mismo.
SEÑORITA TESMAN
Así haré. Pero espera, Jorge.
(Rebusca en el bolsillo del traje.)
Por poco me olvido. Aquí hay algo
para ti.
TESMAN
¿Qué es tía? ¿Eh?
TESMAN
¡Mis viejas zapatillas! ¡Las
pantuflas, oye!
HEDDA
Ya veo. No hablabas de otra cosa
durante el viaje.
TESMAN
Sí, cuánto las eché de menos. (Se le
acerca.) ¡Mira, Hedda!
TESMAN (Siguiéndola.)
Figúrate, me las bordó la tía Rina.
Con lo enferma que estaba. Oh, no
puedes darte idea de cuántas cosas
me recuerdan.
TESMAN
Sí, pero como forma ahora parte de
la familia…
HEDDA (Cambiando.)
Me temo que no vamos a poder
seguir con esta doncella, Tesman.
SEÑORITA TESMAN
¿No poder seguir con Berta?
TESMAN
Querida… ¿por qué lo dices? ¿Eh?
HEDDA (Señalando.)
¡Mira! Ha dejado en la silla su
sombrero viejo.
HEDDA
Imagínate… que viniera alguien y
viera algo así.
TESMAN
Pero Hedda… ¡si es el sombrero de
tía Juli!
HEDDA
¡No!
HEDDA
La verdad es que no lo he mirado
con atención.
TESMAN
Y bien bonito que es. ¡Precioso!
SEÑORITA TESMAN
Oh, no tanto, querido Jorge. (Mira
en torno.) ¿La sombrilla?… Aquí
está. (La toma.) Porque también es
mía. (Para sí.) No de Berta.
TESMAN
¡Sombrero y sombrilla nuevos!
¡Figúrate, Hedda!
HEDDA
Bonitos y elegantes.
TESMAN
Sí, ¿no es verdad? ¿Eh? Pero tía,
repara en Hedda antes de irte. ¡Ella
sí que es bonita y elegante!
SEÑORITA TESMAN
Sí, querido, eso no es ninguna
novedad. Hedda ha sido preciosa
desde que nació. (Saluda y se dirige
a la derecha.)
TESMAN (Siguiéndola.)
Sí, ¿pero te has dado cuenta de lo
llenita y lozana que se ha puesto?
¿Cómo ha engordado durante el
viaje?
TESMAN
Sí, tía Juli, no lo puedes apreciar
ahora vestida. Pero yo, que tengo
ocasiones de…
TESMAN
Ha debido de ser el aire de las
montañas del Tirol.
TESMAN
Sí, eso es lo que crees. Pero no lo
que pareces. ¿No es verdad, tía?
TESMAN
¡Oh, sí, ven, tía! ¿Eh?
SEÑORITA TESMAN
¡Adiós, adiós!
TESMAN
¿No te pareció que tía Juli obraba de
forma rara? Casi ceremoniosa. ¿Qué
crees que le podrá pasar? ¿Eh?
HEDDA
Casi no la conozco. ¿Acostumbra a
estar así?
TESMAN
No, no tanto como hoy.
TESMAN
Bah, no mucho… Quizá un poco al
momento…
HEDDA
¡Pero también son maneras el
dejarse tirado el sombrero en el
salón! Eso no se hace.
TESMAN
Estáte segura de que tía Juli no suele
hacerlo.
HEDDA
De todas formas, trataré de
congraciarme con ella.
TESMAN
¡Oh, sí, querida, por favor!
HEDDA
Cuando vayas a verlas hoy, invítala
a venir esta tarde.
TESMAN
Sí, claro que lo haré. Y hay una cosa
que la complacería sobremanera.
HEDDA
¿Qué es?
TESMAN
Que te decidieras a tutearla. Hazlo
por mí, Hedda. ¿Eh?
HEDDA
No, no, Tesman… no me pidas eso
por nada del mundo. Ya te lo he
dicho. Bastante hago con llamarla
tía. Pero nada más.
TESMAN
Sí, sí, ya. Pero creía que como ahora
formas parte de la familia…
HEDDA
Ejem… no sé que te diga… (Se
dirige a la apertura central.)
HEDDA
Estoy mirando mi viejo piano. No va
bien con el resto del mobiliario.
TESMAN
En cuanto cobre mi primer sueldo,
veremos de cambiarlo.
HEDDA
No, no… nada de cambiarlo. No
quiero perderlo. Mejor será que lo
pongamos en la salita de atrás. Y
poner alguna otra cosa en su lugar.
Algo que vaya bien con el resto,
quiero decir.
TESMAN
No sé. ¿De quién? ¿Eh?
HEDDA
Dice: «Señora Elvsted»[6].
TESMAN
¡No! ¿De veras? ¡La señora Elvsted!
La señorita Rysing, como se llamaba
de soltera.
HEDDA
Sí, eso es. La del pelo inaguantable,
que llevaba suelto, llamando la
atención. Tu antiguo amor, según he
oído.
TESMAN (Ríe.)
Bueno, no duró mucho. Y fue antes
de conocerte, Hedda. Pero figúrate,
ella en la ciudad.
HEDDA
Qué raro que nos venga a ver. Sólo
la conozco del colegio.
TESMAN
Sí, yo tampoco la he visto desde…
Dios sabe cuánto tiempo hace.
¿Cómo podrá aguantar en un lugar
tan perdido como ése? ¿Eh?
TESMAN
Sí, justamente.
(BERTA asoma en la
puerta del vestíbulo.)
BERTA
Señora, aquí está la señora que vino
con las flores antes. (Señala.) Las
que tiene en la mano, señora.
HEDDA
Ah, ¿está aquí? Sí, hágala pasar.
HEDDA
Gracias por sus preciosas flores.
SEÑORA ELVSTED
Oh, por favor… quise venir ayer
tarde. Pero me dijeron que estaban
de viaje…
TESMAN
¿Acaba de llegar a la ciudad? ¿Eh?
SEÑORA ELVSTED
Llegué ayer a mediodía. ¡Y me entró
tal desesperación cuando me dijeron
que no estaban ustedes en casa!
HEDDA
¡Desesperación! ¿Porqué?
TESMAN
Pero querida señora Rysing…
señora Elvsted, quiero decir.
HEDDA
¿Es que ha ocurrido algo?
SEÑORA ELVSTED
Oh, sí. Y no conozco aquí a nadie
más a quien poder acudir,
SEÑORA ELVSTED
¡No tengo calma ni nervios para
sentarme!
HEDDA
Seguro que sí. Por favor. (Conduce a
la SEÑORA ELVSTED al sofá y se
sienta a su lado.)
TESMAN
¿Sí? ¿Diga, señora…?
HEDDA
¿Ha ocurrido algo grave en su casa?
SEÑORA ELVSTED
Bueno… sí y no… Oh, quisiera con
toda el alma que no me interpretara
mal…
HEDDA
Mejor es que lo diga usted todo,
señora Elvsted.
TESMAN
Para eso ha venido. ¿Eh?
SEÑORA ELVSTED
Sí, sí… eso es. Debo decirles… por
si no lo saben… que Eilert Lovborg
está en la ciudad.
HEDDA
¡Que Lovborg…!
TESMAN
¡No, Eilert Lovborg de vuelta!
Figúrate, Hedda.
HEDDA
Sí, ya lo estoy oyendo.
SEÑORA ELVSTED
Lleva aquí una semana.
Imagínense… toda una semana. En
esta ciudad tan peligrosa. ¡Solo! Con
todas las malas compañías que hay
aquí.
HEDDA
Pero, señora Elvsted, ¿por qué ha de
preocuparle eso?
HEDDA
¿De sus hijos?
SEÑORA ELVSTED
De los de mi marido. Yo no tengo.
HEDDA
De sus hijastros, entonces.
SEÑORA ELVSTED
Sí.
SEÑORA ELVSTED
Durante el último par de años no ha
habido queja alguna de él.
TESMAN
¿De verdad? ¡Figúrate, Hedda!
HEDDA
Ya lo oigo.
SEÑORA ELVSTED
¡Ni lo más mínimo, se lo aseguro! En
ningún sentido. Pero de todas
formas… Ahora que sé que está
aquí… en la ciudad. Y con tanto
dinero en el bolsillo. Estoy muerta
de miedo por lo que pueda pasarle.
TESMAN
¿Pero por qué no siguió en casa de
ustedes? ¿Eh?
SEÑORA ELVSTED
En cuanto el libro se publicó, no
aguantó más en casa.
TESMAN
Sí, es verdad… tía Juli me dijo que
había publicado un nuevo libro.
SEÑORA ELVSTED
Sí, un libro grande, sobre historia de
la civilización… una visión de
conjunto. Hace quince días. Y como
se ha leído y vendido tanto… y ha
llamado tanto la atención.
TESMAN
¿Ah, sí? Será algo que ha guardado
todo este tiempo.
SEÑORA ELVSTED
¿De antes, quiere usted decir?
TESMAN
Supongo.
SEÑORA ELVSTED
No, lo ha escrito enteramente en
casa. Ahora… durante el año
pasado.
TESMAN
¡Qué alegría oírlo, Hedda! ¡Figúrate!
SEÑORA ELVSTED
¡Ay, con tal de que continuara así!
HEDDA
¿Lo ha visto usted aquí?
SEÑORA ELVSTED
No, todavía no. Me ha costado tanto
descubrir su dirección. Pero esta
mañana la he conseguido por fin.
SEÑORA ELVSTED
Oh, no, no… mi marido no tiene
tiempo para eso. Y además… he de
hacer algunas compras.
TESMAN
Bueno, por lo menos entonces.
SEÑORA ELVSTED
Sí, y por eso le pido
encarecidamente que… también
usted… se preocupe por él. Oh,
señor Tesman, diga que sí… ¿me lo
promete?
TESMAN
Con mil amores, señora Rysing…
HEDDA
Elvsted.
TESMAN
Haré por Eilert cuanto esté de mi
parte. Pierda cuidado.
SEÑORA ELVSTED
¡Qué amable por su parte! (Le
estrecha las manos.) Gracias,
gracias, gracias. (Sobresaltada.) ¡Mi
marido le aprecia tanto!
HEDDA (Levantándose.)
Debieras escribirle, Tesman. Porque
quizá no se le ocurra venir.
TESMAN
Sí, quizá eso sea lo mejor, Hedda.
¿Eh?
HEDDA
Y lo antes posible. Ahora mismo,
diría yo.
TESMAN
Ahora mismo le escribo. ¿Tiene
usted su dirección, señora… señora
Elvsted?
SEÑORA ELVSTED
Sí. (Saca una nota del bolsillo y se
la entrega.) Aquí está.
TESMAN
Bien, bien. Voy a… (Mira en torno.)
Ah, sí… ¿las zapatillas? Aquí.
(Coge el paquete y se dispone a
salir.)
HEDDA
Y sobre todo, escríbele una carta
cariñosa. Y larga.
TESMAN
Sí, descuida.
SEÑORA ELVSTED
¡Y, por favor, ni una palabra de que
he venido a interesarme por él!
TESMAN
No, por supuesto. ¿Eh? (Sale por la
antesala hacia la derecha.)
SEÑORA ELVSTED
¿Qué quiere decir?
HEDDA
¿No se dio usted cuenta de que yo
quería que se fuese?
SEÑORA ELVSTED
Claro, para escribir la carta.
HEDDA
Y para poder hablar a solas con
usted.
HEDDA
Sí, sobre esto.
SEÑORA ELVSTED (Asustada.)
¡Pero no hay nada más que contar,
señora Tesman! ¡De verdad, nada
más!
HEDDA
Oh, sí que hay. Mucho más. Yo diría
que sí. Venga acá… que nos
sentemos las dos en confianza.
(Empuja a la SEÑORA ELVSTED al
sillón junto a la estufa y ella se
sienta en uno de los taburetes.)
HEDDA
¿Qué prisa tiene?… Cuénteme cómo
van las cosas por casa.
SEÑORA ELVSTED
Eso es precisamente de lo que no
quisiera hablar.
HEDDA
¿Ni conmigo, querida?… Dios mío,
fuimos juntas al colegio.
SEÑORA ELVSTED
Sí, pero usted estaba en el curso
siguiente. ¡Qué miedo me daba usted
entonces!
HEDDA
¿Le daba yo miedo?
SEÑORA ELVSTED
Sí, un miedo espantoso. Siempre que
nos encontrábamos en la escalera,
me tiraba usted del pelo.
HEDDA
No, ¿de verdad?
SEÑORA ELVSTED
Sí, y una vez me dijo que me lo iba a
prender fuego.
HEDDA
Oh, sería sólo una broma, créame.
SEÑORA ELVSTED
Sí, pero yo era tan tonta entonces…
Y como después, de todas formas…
apenas nos hemos tratado. Nuestros
mundos han sido tan diferentes.
HEDDA
Bueno, debemos tratar de
aproximarnos de nuevo. ¡Escuche!
En el colegio éramos íntimas. Hasta
nos tuteábamos…
SEÑORA ELVSTED
No, no está usted en lo cierto.
HEDDA
Sí, estoy segura. Lo recuerdo
perfectamente. Así es que debemos
volver a ser íntimas, como entonces.
(Aproxima el taburete.) ¡Así! (La
besa en la mejilla.) Tutéame y
llámame Hedda.
HEDDA
Bien, bien. Y yo te tutearé, como
entonces, y te llamaré Thora.
SEÑORA ELVSTED
Me llamo Thea.
HEDDA
Sí, claro. Naturalmente. Thea, quiero
decir. (La mira cariñosamente.)
¿Así es que estás poco acostumbrada
a la amabilidad y a la simpatía,
Thea? ¿En tu hogar?
SEÑORA ELVSTED
¡Oh, con tal que tuviera un hogar!
Pero no tengo ninguno. Nunca lo he
tenido.
HEDDA
No me acuerdo bien ahora, ¿pero no
fue como ama de llaves como
entraste en casa del magistrado?
SEÑORA ELVSTED
En realidad, como institutriz. Pero su
mujer… la de entonces… estaba
enferma… la mayor parte del tiempo
en la cama. Así es que tuve que
encargarme de la casa también.
HEDDA
Y… al final… te convertiste en la
señora de la casa.
HEDDA
Déjame ver… ¿Cuánto tiempo hace
de esto? Más o menos.
SEÑORA ELVSTED
¿De que me casé?
HEDDA
Sí.
SEÑORA ELVSTED
Hace cinco años.
HEDDA
Sí, eso debe de ser.
SEÑORA ELVSTED
¡Oh, estos cinco años…! Sobre todo
los últimos dos o tres. Si supiera
usted…
SEÑORA ELVSTED
Sí, sí, lo intentaré… Si pudieras
darte idea y comprender…
HEDDA
¿Le conocías de antes, aquí en la
ciudad?
SEÑORA ELVSTED
Apenas. Sí, es decir… de nombre,
claro es.
HEDDA
¿Pero allí… visitaba vuestra casa?
SEÑORA ELVSTED
Sí, venía a diario. Para dar clase a
los niños. Porque yo sola no podía
con todo.
HEDDA
Sí, ya se comprende… ¿Y tu
marido?… Seguro que estará
siempre de viaje.
SEÑORA ELVSTED
Sí. Date cuenta… como magistrado
tiene que visitar su distrito con
frecuencia.
HEDDA (Inclinándose sobre el brazo de
la butaca de la SEÑORA ELVSTED.)
Thea, pobre, querida Thea… debes
contarme todo… lo que ocurre.
SEÑORA ELVSTED
Sí, ¿qué quieres saber?
HEDDA
¿Cómo es tu marido, Thea? Quiero
decir… en su trato. ¿Es amable
contigo?
HEDDA
¿Pero sin duda te quiere? ¿Aunque
sea a su manera?
SEÑORA ELVSTED
Oh, no lo sé. Le resulto útil. Y no le
cuesta mucho el mantenerme. Soy
barata.
HEDDA
Estás diciendo una tontería.
HEDDA
Y a Eilert Lovborg, Thea.
HEDDA
Pero querida… pienso que si te
envía a la ciudad para cuidar de
él… (Sonríe casi
imperceptiblemente.) Y además, tú
misma se lo has dicho a Tesman.
SEÑORA ELVSTED
Sí, te lo diré. Mi marido no sabe
nada de mi viaje.
HEDDA
¿Cómo? ¿Que no sabe nada?
SEÑORA ELVSTED
No, claro que no. Aparte de que no
estaba en casa. Estaba de viaje,
también. ¡Oh, no pude aguantar más,
Hedda! ¡Me resultaba imposible!
Quedarme allí completamente sola.
HEDDA
¿Y entonces…?
SEÑORA ELVSTED
Entonces cogí algunas de mis cosas,
¿sabes? Lo más imprescindible. Con
todo secreto. Y salí de la casa.
HEDDA
¿Sin más?
SEÑORA ELVSTED
Y tomé el tren a la ciudad.
HEDDA
Pero querida Thea… ¡qué valiente!
SEÑORA ELVSTED (Se levanta y pasea
por el salón.)
Sí, ¿qué otra cosa podía hacer?
HEDDA
¿Pero qué va a decir tu marido
cuando vuelvas a casa?
HEDDA
Sí, claro…
SEÑORA ELVSTED
Nunca volveré con él.
HEDDA (Se levanta y se le acerca.)
Luego… ¿te has decidido a
abandonarlo todo?
SEÑORA ELVSTED
Sí, no veo otro camino.
HEDDA
Pero tan a las claras…
SEÑORA ELVSTED
Oh, no hay forma de ocultar una cosa
así.
HEDDA
¿Pero qué va a decir la gente, Thea?
SEÑORA ELVSTED
Que diga lo que quiera. (Se sienta en
el sofá, agotada y triste.) He hecho
lo que debía hacer.
SEÑORA ELVSTED
Todavía no lo sé. Lo que sé es que
he de vivir donde esté Eilert
Lovborg… Si es que debo seguir
viviendo.
SEÑORA ELVSTED
Oh, poco a poco. Alcancé una
especie de poder sobre él.
HEDDA
¿Cómo?
SEÑORA ELVSTED
Abandonó sus viejas costumbres. No
porque yo se lo pidiera. No me
atreví nunca a hacerlo. Pero él se
dio cuenta de que a mí no me
gustaban. Así es que las dejó.
SEÑORA ELVSTED
Sí, por lo menos es lo que él dice. Y
él… por su parte… ha hecho de mí
una verdadera persona. Me ha
enseñado a pensar… y a comprender
un montón de cosas.
HEDDA
¿Es que también te daba clases a ti?
SEÑORA ELVSTED
No, no es exactamente que me diera
clases. Sino que hablaba conmigo.
Hablaba tanto y sobre tantas cosas…
¡Y entonces surgió la feliz
oportunidad de colaborar en su
trabajo! ¡Que me permitiera
ayudarle!
HEDDA
¿Ayudarle?
SEÑORA ELVSTED
¡Sí! Siempre que escribía algo,
teníamos que hacerlo juntos.
HEDDA
Como dos buenos camaradas.
HEDDA
No pareces estar muy segura de él.
SEÑORA ELVSTED
No lo sé. Alguna que conoció… en
el pasado. Alguien que él nunca ha
olvidado.
HEDDA
¿Qué te ha dicho… sobre ella?
SEÑORA ELVSTED
Tan sólo una vez… muy
vagamente… la mencionó.
HEDDA
¡Ah! ¿Y qué dijo?
SEÑORA ELVSTED
Dijo que cuando se separaron, ella
intentó dispararle con una pistola.
SEÑORA ELVSTED
No. Y por tanto creo yo que debió de
ser la cantante pelirroja que él en
tiempos…
HEDDA
Sí, muy bien puede ser.
SEÑORA ELVSTED
Porque recuerdo que decían que iba
con un arma cargada.
HEDDA
Oh, entonces claro que debe de ser
ella.
TESMAN
Aquí está… la carta lista.
HEDDA
Muy bien. Pero me parece que la
señora Elvsted se marcha. Un
momento. La acompañaré a la puerta
del jardín.
TESMAN
Hedda…, quizá Berta puede
encargarse de echarla.
BERTA
El juez Brack está aquí y querría
saludar a los señores.
HEDDA
Sí, diga al señor juez que haga el
favor de pasar. Y después…,
mire…, eche esta carta al buzón.
HEDDA
Sí, se permite.
HEDDA
¡Oh, no…!
BRACK (Inclinándose.)
Encantado…
BRACK
¿Me encuentra usted quizá…
diferente?
HEDDA
Sí, un poquitín más joven, diría yo.
BRACK
Mil gracias.
TESMAN
¿Y qué dice usted de Hedda? ¿Eh?
¿No está hermosísima? ¿No es
verdad que…?
HEDDA
Oh, déjame. Mejor harías en
agradecerle al juez todas las
molestias que se ha tomado…
BRACK
Nada de eso… ha sido sólo un
placer.
HEDDA
Sí, es usted lo que se llama un alma
fiel. Pero mi amiga tiene prisa en
marcharse. Hasta ahora, señor juez.
Vuelvo enseguida.
(Mutuos saludos. La
SEÑORA ELVSTED y
HEDDA salen por la
puerta del vestíbulo.)
BRACK
Bueno… ¿está su esposa satisfecha?
TESMAN
Sí, nunca se lo agradeceremos lo
bastante. Es decir… serán
necesarios algunos pequeños
cambios aquí y allá, parece ser. Y
también faltan algunas cosas.
Tendremos que comprar algunos
detalles.
BRACK
¿Sí? ¿De verdad?
TESMAN
Pero no tiene usted que molestarse.
Hedda dijo que se ocuparía de lo
que falta… ¿No nos sentamos? ¿Eh?
BRACK
Gracias, un momento. (Se sienta a la
mesa.) Hay algo de lo que quería
hablarle, querido Tesman.
TESMAN
Ah, ya se comprende. (Se sienta.)
Supongo que ahora tocará pagar los
platos rotos. ¿Eh?
BRACK
Oh, el aspecto económico no corre
tanta prisa. Pero le diré que hubiera
preferido que la instalación hubiera
sido más modesta.
TESMAN
¡Pero no podía ser! ¡Piense en
Hedda, querido amigo! Ya la
conoce… ¡Me era imposible
instalarla como una burguesita!
BRACK
Ya, ya… ése es el problema.
TESMAN
Y ahora… afortunadamente… mi
nombramiento no puede tardar
mucho.
BRACK
Verá… cosas así pueden tomar su
tiempo.
TESMAN
¿Es que quizá sabe usted algo? ¿Eh?
BRACK
Nada en concreto… (Cambia de
tema.) Ah… tengo una noticia que
darle.
TESMAN
¿Cuál?
BRACK
Su antiguo amigo, Eilert Lovborg, ha
vuelto a la ciudad.
TESMAN
Ya lo sabía.
BRACK
¿Sí? ¿Cómo se ha enterado?
TESMAN
Me lo dijo la señora que acaba de
salir con Hedda.
BRACK
Ah, ya. ¿Cómo se llama? No llegué
a…
TESMAN
La señora Elvsted.
BRACK
Ajá… la señora del magistrado…
justo era allí donde Lovborg paraba.
TESMAN
¡Figúrese… me entero con gran
alegría de que ha vuelto al buen
camino!
BRACK
Sí, eso dicen.
TESMAN
Y que hasta ha publicado un nuevo
libro. ¿Eh?
BRACK
Sí, así es.
TESMAN
¡Y que ha despertado bastante
interés!
BRACK
Un interés inmenso.
TESMAN
Figúrese… ¿no es una noticia
estupenda? Él, con sus dotes
excepcionales… Me temía que se
hubiera hundido para siempre.
BRACK
Ésa era la opinión general.
TESMAN
Pero no puedo imaginarme qué va a
hacer ahora. ¿De qué demonios va a
vivir? ¿Eh?
TESMAN
Por Dios… hablamos del pobre
Eilert Lovborg.
TESMAN
Bueno… por supuesto que la
herencia ha debido de derrocharla
hace largo tiempo. Y seguro que no
puede escribir un libro cada año.
¿Eh? Luego… tengo motivos para
preguntarme qué va a ser de él.
BRACK
Quizá pueda decirle algo sobre ello.
TESMAN
¿Sí?
BRACK
Recuerde que tiene parientes de no
escasa influencia.
TESMAN
Por desgracia… los parientes no
quieren saber nada de él.
BRACK
Sin embargo, hubo un tiempo en que
le tenían por la esperanza de la
familia.
TESMAN
Sí, bueno, entonces. Pero él mismo
la ha defraudado.
HEDDA
¿Quién sabe? (Sonríe ligeramente.)
En casa del magistrado Elvsted han
hecho de él otro hombre.
BRACK
Y después, este nuevo libro…
TESMAN
Sí, sí… ojalá le ayuden de alguna
manera. Acabo de escribirle. Sabes,
Hedda, le he invitado a que venga
esta noche.
BRACK
Pero, querido amigo, tiene usted que
venir a mi cena de solteros. Así lo
prometió anoche en el muelle.
HEDDA
¿Lo habías olvidado, Tesman?
TESMAN
Pues la verdad es que sí.
BRACK
Además, puede usted estar seguro de
que no vendrá.
TESMAN
¿Por qué dice usted eso? ¿Eh?
BRACK (Con cierta vacilación, se
levanta y coloca las manos en el
respaldo de la silla.)
Querido Tesman… Y también usted,
señora… No puedo dejarles en la
ignorancia sobre algo que… que…
TESMAN
¿Algo que se refiere a Eilert…?
BRACK
Tanto a él como a usted.
TESMAN
Pero, querido juez, diga lo que sea.
BRACK
Debe usted estar preparado a que su
nombramiento no se produzca quizá
tan pronto como usted desea y
espera.
TESMAN (Levantándose
precipitadamente.)
¿Es que ocurre algo? ¿Eh?
BRACK
Cabe la posibilidad de que la
provisión del puesto se haga por
concurso.
TESMAN
¡Por concurso! ¡Figúrate, Hedda!
HEDDA (Recostándose en el sillón.)
Oh, ya… ya…
TESMAN
¿Pero con quién? ¿No será…?
BRACK
Sí, exactamente. Eilert Lovborg.
BRACK
Ejem… pero puede que ocurra.
TESMAN
¡Pero, bueno, señor juez… eso sería
una tremenda falta de consideración
hacia mí! (Mueve los brazos.) ¡Sí,
porque… figúrese… yo soy un
hombre casado! Precisamente Hedda
y yo nos casamos debido a las
expectativas. Y nos metimos en
deudas. Y pedimos dinero a tía Juli.
Porque, santo cielo… casi me
prometieron el puesto. ¿Eh?
BRACK
Sí, sí, ya… por supuesto que el
puesto será suyo. Pero antes habrá
un concurso.
HEDDA (Inmóvil en el canapé.)
Date idea, Tesman… será casi como
un torneo.
TESMAN
¡Pero, querida Hedda, cómo puedes
tomarlo con tanta indiferencia!
BRACK
De todas formas, señora Tesman, es
bueno que esté usted al corriente de
cómo marchan las cosas. Quiero
decir… antes de que haga esas
pequeñas compras con las que,
según he oído, amenazaba usted.
HEDDA
Nada de esto me afecta.
BRACK
¿Ah, no? Entonces es otra cosa.
¡Adiós! (A TESMAN.) Cuando salga a
dar mi paseo esta tarde, pasaré a
recogerle.
TESMAN
Oh, sí, sí… no sé lo que me digo.
BRACK
Muchas gracias. Adiós, adiós.
TESMAN (Paseando.)
Oh, Hedda… no debe uno meterse
en aventuras. ¿Eh?
TESMAN
Sí, sabes… no puede negarse… fue
una aventura el casarse y montar una
casa sólo sobre una pura
expectativa.
HEDDA
Quizá lleves razón en eso.
TESMAN
Bueno… después de todo, ¡qué casa
más acogedora tenemos, Hedda!
Figúrate… el hogar que los dos
soñábamos. O que nos quitaba el
sueño, diría yo. ¿Eh?
HEDDA (Levantándose con lentitud y
cansancio.)
Acordamos que llevaríamos una
vida de sociedad. Que recibiríamos
visitas.
TESMAN
¡Sí, por Dios, como yo había
deseado tanto! ¡Figúrate… verte
como anfitriona de un círculo
selecto! ¿Eh? Sí… por el momento
hemos de quedarnos solos, Hedda.
Sólo podremos recibir a tía Juli
cuando venga a vernos de vez en
cuando… ¡Oh, tú que deseabas algo
tan diferente!…
HEDDA
Para empezar, tendré que olvidarme
del criado de librea, por supuesto.
TESMAN
Sí… por desgracia. Mantener un
criado… claro que resulta imposible
hablar de tal cosa, sabes.
HEDDA
Y en cuanto al caballo para montar
yo…
TESMAN (Asustado.)
¡Caballo para montar!
HEDDA
… no me atrevo ni a pensar en él.
TESMAN
¡No, Dios mío… ni que decir tiene!
HEDDA (Paseando.)
Bueno… menos mal que me queda
algo con lo que matar el tiempo
mientras tanto.
TESMAN (Radiante.)
¡Oh, gracias al cielo! ¿Y qué es,
Hedda?
TESMAN (Asustado.)
¡Las pistolas!
HEDDA
Esto le pasa por entrar por la puerta
trasera. (Dispara.)
HEDDA
Oh, Dios mío… ¿es que le he dado?
HEDDA
Entre, señor juez.
BRACK
Demonio… ¿es que todavía practica
el deporte? ¿A qué dispara?
HEDDA
Oh, sólo disparo al aire.
HEDDA
Bueno, ¿y en qué quiere usted que
pase el tiempo?
BRACK
¿No ha tenido usted ninguna visita?
BRACK
Ejem… no caí en eso. Qué torpeza
la mía.
BRACK
Sí, porque entonces hubiera venido
un poco… antes.
BRACK
¿Y no hay una rendijita en la puerta
por la que uno pueda parlamentar?
HEDDA
Se le olvidó a usted el ponerla.
BRACK
Otra torpeza más por mi parte.
HEDDA
Bueno, así es que tendremos que
sentarnos. Y esperar. Porque seguro
que Tesman tardará bastante.
BRACK
Bien, tendré paciencia.
(HEDDA se sienta en el
rincón del sofá. BRACK
coloca su abrigo en el
respaldo de la silla más
próxima y se sienta, pero
mantiene el sombrero en
la mano. Corto silencio.
Se miran.)
HEDDA
¿Y qué?
HEDDA
Fui yo quien preguntó primero.
BRACK
Es decir… ¿nosotros dos? ¿A
solas… quiere usted decir?
HEDDA
Sí. Más o menos.
BRACK
No ha pasado un solo día sin que
deseara que estuviese usted de
vuelta.
HEDDA
Y durante todo este tiempo yo no he
deseado otra cosa.
BRACK
¿Usted? ¿De verdad, señora? ¡Y yo
que creía que se había divertido
usted tanto durante el viaje!
HEDDA
¡Oh, no, eso es lo que se cree usted!
BRACK
Pues es lo que decía Tesman en
todas sus cartas.
HEDDA
¡Sí, claro, él! Para él no hay nada
mejor que andar husmeando por las
bibliotecas. Y sentarse a copiar
viejos pergaminos… o lo que sean.
HEDDA
Sí, así es. Y es posible que… ¡Pero
yo! Oh, no, querido juez… yo me he
aburrido de muerte.
BRACK (Comprensivo.)
¿Lo dice de verdad? ¿En serio?
HEDDA
¡Sí, figúrese!… Medio año entero
sin tratar con una sola alma de
nuestra clase. Con quien se pudiera
hablar de nuestras cosas.
BRACK
Sí, incluso yo lo hubiera echado de
menos.
HEDDA
Y lo que era más insoportable…
BRACK
¿Sí?
HEDDA
… estar eternamente en compañía…
del mismo individuo…
HEDDA
Como digo: eternamente.
BRACK
Ya, ya. Pero con el buenazo de
Tesman pensé que quizá se podría…
HEDDA
Tesman es… un especialista,
querido juez.
BRACK
Evidente.
HEDDA
Y viajar con un especialista no
resulta nada divertido. No a la larga,
por lo menos.
BRACK
¿Ni siquiera… con el especialista
que uno ama?
HEDDA
¡Oh, no emplee esa empalagosa
palabra!
BRACK
Eternamente.
HEDDA
¡Sí, sí! ¡Y encima, eso de las
industrias domésticas en la Edad
Media!… ¡Eso pasa de la raya!
HEDDA
¿Por qué me casé con Jorge Tesman,
quiere usted decir?
BRACK
Bueno, sí, digámoslo así.
HEDDA
Por Dios, ¿cree usted que es tan
extraño?
BRACK
Sí y no, las dos cosas, señora…
HEDDA
La verdad es que había bailado hasta
agotarme, querido juez. Mi tiempo
había terminado…(Con ligero
estremecimiento.) Oh, no… no
quiero decirlo. ¡Ni siquiera
pensarlo!
BRACK
Sinceramente, no tiene usted motivo
alguno para hacerlo.
HEDDA
Ah… motivo… (Le mira como
escudriñándole.) Y Jorge Tesman…
después de todo, no puede decirse
de él que no sea un hombre
respetable en todos los sentidos.
BRACK
Tan respetable como serio, por
supuesto.
HEDDA
Y no le encuentro nada ridículo…
¿Le encuentra usted?
BRACK
¿Ridículo? Noo… yo no diría eso…
HEDDA
Bien. ¡Y es un diligente recopilador,
en todo caso! Quizá llegue muy lejos
con el tiempo.
BRACK
Ya, ya… Mirándolo desde ese
punto…
HEDDA
Era más de lo que mis otros
pretendientes estaban dispuestos a
hacer, querido juez.
BRACK (Riendo.)
Bueno, la verdad es que no puedo
responder por los demás. Pero en lo
que se refiere a mí le aseguro que
siempre he abrigado un… un firme
respeto hacia los vínculos
conyugales. En términos generales,
señora.
HEDDA (Bromeando.)
¡Oh, yo nunca me he hecho ilusiones
con usted!
BRACK
Lo único que deseo es tener un
círculo de amigos, buenos y fieles, a
los que pueda ayudar con consejos y
otras cosas, y entre los que se me
permita poder moverme con libertad
como… como un amigo de
confianza.
HEDDA
¿Del marido, se entiende?
BRACK (Inclinándose.)
La verdad sea dicha, más bien de la
señora. Y también del marido, claro
está. Sabe usted… un triángulo así…
ofrece realmente grandes ventajas
para todas las partes.
HEDDA
Sí, cuántas veces he echado en falta
la presencia de un tercero durante el
viaje. ¡Ah… estar sentados los dos a
solas en el vagón!…
BRACK
Afortunadamente, ya acabó el viaje
de novios.
HEDDA
Yo nunca las estiro.
BRACK
¿De verdad?
HEDDA
Sí. Porque siempre hay alguien
presente que…
BRACK (Riendo.)
… que le mira las piernas, quiere
usted decir?
HEDDA
Sí, exactamente.
BRACK
Sí, pero de todas formas…
BRACK
Ah, ¿y si sube un tercero a hacerles
compañía?
HEDDA
¡Oh, sí… eso es algo muy diferente!
BRACK
Un amigo seguro, comprensivo…
HEDDA
… entretenido y mundano…
BRACK
¡… y sin pizca de especialista!
BRACK (Levantándose.)
Entré por el jardín.
HEDDA
¿Qué son esos libros que has traído?
HEDDA
¿Publicaciones especializadas?
BRACK
Ajá, de especialista, señora Tesman.
(BRACK y HEDDA
cambian una mirada
intencionada.)
HEDDA
¿Es que necesitas aún más
publicaciones especializadas?
TESMAN
Sí, querida, nunca se tienen
suficientes. Hay que estar al tanto de
lo que se escribe y se publica.
HEDDA
Ya, por supuesto.
HEDDA
No, muchas gracias, Tesman.
Bueno… sí, quizá después.
TESMAN
Lo he hojeado un poco durante el
camino.
BRACK
¿Y qué le parece… como
especialista?
TESMAN
Me asombra lo razonablemente que
está tratado el tema. Nunca escribió
mejor. (Recoge los libros.) Voy a
llevármelos adentro. ¡Será una
delicia abrir las hojas!… Y además
tengo que vestirme un poco. (A
BRACK.) ¿Porque no tenemos que
marcharnos enseguida? ¿Eh?
BRACK
Oh, no… no hay prisa alguna.
TESMAN
Bueno, así tendré más tiempo. (Sale
con los libros, pero se detiene en el
umbral de la antesala y se vuelve.)
Ah, Hedda, tía Juli no viene esta
noche.
HEDDA
¿No? ¿No será por el asunto del
sombrero?
TESMAN
Oh, no, nada de eso. ¿Cómo puedes
pensar así de tía Juli? ¡Figúrate!…
Es que tía Rina está muy grave,
¿sabes?
HEDDA
Siempre lo está.
TESMAN
Sí, pero ahora se encuentra muy mal,
la pobre.
HEDDA
Entonces se explica que la otra le
haga compañía. Tendré que
resignarme.
TESMAN
¡Y no puedes figurarte, ¿sabes? lo
contenta que estaba tía Juli a pesar
de todo… porque te has puesto tan
hermosa durante el viaje!
HEDDA (A media voz, levantándose.)
¡Oh… estas eternas tías!
TESMAN
¿Cómo dices?
HEDDA (Aproximándose a la
cristalera.)
Nada.
TESMAN
Ah, bueno.
BRACK
¿De qué sombrero hablaba usted?
HEDDA
Oh, de algo que sucedió con la
señorita Tesman esta mañana. Se
quitó el sombrero y lo dejó ahí en
una silla. (Le mira y sonríe.) Y yo
fingí confundirlo con el de la criada.
BRACK
Bueno… entre otras cosas, porque
tiene usted justo el hogar que
deseaba.
HEDDA (Le mira y ríe.)
¿Es que también se ha creído usted
el cuento de la casa deseada?
BRACK
¿Es que no hay algo de verdad en él?
HEDDA
Sí, por supuesto… algo hay.
BRACK
¿Entonces?
HEDDA
Lo que hay es que el verano pasado
hice que Tesman me acompañase a
casa a la salida de las reuniones.
BRACK
Por desgracia… yo seguía otra
dirección.
HEDDA
Es cierto. Usted seguía otros
caminos el verano pasado.
BRACK (Riendo.)
¡Es usted implacable, señora! Así es
que usted y Tesman…
HEDDA
Sí, una noche pasamos ante esta
casa. Y el pobre Tesman estaba
hecho un lío sin saber de qué hablar.
Así es que sentí piedad por el gran
sabio…
HEDDA
Sí, de verdad que la sentí. Y
entonces… para ayudarle a salir del
apuro… se me ocurrió decir, sin
pensar más, cuánto me gustaría vivir
en esta casa.
BRACK
¿Eso es todo?
HEDDA
Aquella noche, sí.
BRACK
¿Y después?
HEDDA
Mi ligereza tuvo consecuencias,
querido juez.
BRACK
Desgraciadamente… nuestras
ligerezas suelen tenerlas, con
demasiada frecuencia, señora
Tesman.
HEDDA
¡Gracias! Pero fue en esta
admiración por el chalet de la viuda
del primer ministro en lo que
coincidimos Tesman y yo, ¿sabe?
Las consecuencias fueron el
noviazgo y el matrimonio y el viaje
de bodas y todo lo demás. Sí, señor
juez… de lo que siembras,
cosechas… como si dijéramos.
BRACK
¡Qué fantástico! Y hasta puede que
en realidad no le guste a usted nada
la casa.
HEDDA
Claro que no, bien lo sabe Dios.
BRACK
Sí, pero ¿y ahora? ¿Ahora que hemos
tratado de hacérsela confortable?
HEDDA
Uf… apesta a lavanda y a rosas
secas en todas las habitaciones…
Pero el olor quizá lo haya dejado tía
Juli.
BRACK (Ríe.)
No, yo diría que más bien es
herencia de la difunta señora.
HEDDA
Sí, tiene algo de cadavérico.
Recuerda a las flores de un baile…
el día después. (Junta las manos
tras la nuca, se reclina en el sillón
y le mira.) Oh, querido juez… No
tiene usted idea de lo terriblemente
aburrida que voy a estar aquí.
BRACK
¿Es que no puede ofrecerle la vida
algún objeto también a usted,
señora?
HEDDA
¿Un objeto… algo que fuese
atractivo?
BRACK
También eso, naturalmente.
HEDDA
Dios sabe qué objeto pudiera ser.
Muchas veces pienso en ello…
(Abruptamente.) Pero es
absolutamente imposible.
BRACK
¿Quién sabe? Dígame qué es.
HEDDA
Si pudiera hacer que Tesman se
metiera en política, quiero decir.
BRACK (Riendo.)
¡Tesman! No, ¿sabe?… la política es
algo… que no le va nada.
HEDDA
No, ya lo comprendo… Pero ¿y si le
convenciera, a pesar de todo?
BRACK
Psch… ¿y qué satisfacción iba a
encontrar en eso? Si es algo para lo
que no sirve. ¿Por qué iba usted a
convencerle?
HEDDA
¡Porque me aburro, me oye!
(Después de una pausa.) ¿Cree
usted entonces que es absolutamente
imposible que Tesman llegue a
ministro?
BRACK
Ejem… verá, querida señora… para
llegar a serlo, lo primero que
necesitaría sería una regular fortuna.
BRACK
Yo diría que la causa se encuentra en
otra parte.
HEDDA
¿Dónde?
BRACK
Usted no ha vivido nunca nada
apasionante.
HEDDA
¿Nada serio, quiere usted decir?
BRACK
Sí, también se le podría llamar así.
Pero ahora quizá lo tenga.
BRACK
Bien, dejémoslo pues. Pero imagine
que se encuentra usted ante… lo
que… en estilo solemne se llama la
más grave y sagrada de las
responsabilidades. (Sonríe.) Una
nueva responsabilidad, mi querida
señora.
HEDDA (Enojada.)
¡Calle! ¡Nunca ocurrirá nada
semejante!
HEDDA (Seca.)
No estoy dispuesta a nada semejante,
señor juez. ¡Nada que signifique
responsabilidad para mí!
BRACK
¿Es que no tiene usted, como la
mayoría de las mujeres, cierta
inclinación natural hacia…?
HEDDA (Dirigiéndose a la cristalera.)
¡Oh, calle, le digo! Muchas veces
pienso que sólo tengo inclinación
hacia una cosa en el mundo.
BRACK (Acercándose.)
¿Y qué es, si se me permite la
pregunta?
TESMAN
Hedda… ¿no ha venido recado de
Eilert Lovborg? ¿Eh?
HEDDA
No.
TESMAN
Bueno, aquí le tendremos dentro de
nada.
BRACK
¿Cree usted que vendrá?
TESMAN
Sí, estoy casi seguro. Porque lo que
dijo usted esta mañana no son más
que rumores.
BRACK
¿Cómo?
TESMAN
Sí, por lo menos tía Juli cree que
nunca volverá a interponerse en mi
camino. Figúrese.
BRACK
Bueno, entonces no hay más que
decir.
BRACK
Tenemos tiempo de sobra. No espero
a nadie antes de las siete… siete y
media.
TESMAN
Así podremos hacer compañía a
Hedda mientras. Hasta que sea la
hora. ¿Eh?
HEDDA
Si no quiere irse con usted y Tesman.
TESMAN (Mirándola perplejo.)
Pero, querida Hedda… ¿crees que
está bien que se quede a solas
contigo? ¿Eh? Recuerda que tía Juli
no puede venir.
HEDDA
No, pero vendrá la señora Elvsted.
Y los tres juntos tomaremos una taza
de té.
TESMAN
Ah, eso es diferente.
BRACK (Sonríe.)
Y quizá sería lo más razonable por
parte de él.
HEDDA
¿Por qué?
BRACK
Por Dios, señora, ¿cuántas veces no
se ha burlado usted de mis modestas
reuniones de solteros? Decía usted
que eran sólo para hombres de
firmes principios.
HEDDA
Pero el señor Lovborg es ahora un
hombre de firmes principios. Un
pecador arrepentido.
HEDDA
Sí, hágale pasar.
LOVBORG
Así es.
TESMAN
Eso está muy bien. Oye, sabes… he
comprado tu nuevo libro. Pero la
verdad es que no he tenido aún
tiempo de leerlo.
LOVBORG
No te pierdes nada.
TESMAN
¿Qué quieres decir?
LOVBORG
Porque no vale gran cosa.
TESMAN
¡Figúrate… que tú mismo digas eso!
BRACK
Pero todo el mundo lo elogia, según
he oído.
LOVBORG
Ésa era exactamente mi intención. Y
por eso escribí el libro de forma que
gustase a todos.
BRACK
Muy sensato.
TESMAN
¡Pero, querido Eilert!…
LOVBORG
Porque voy a intentar rehacer mi
carrera. Desde ahora.
TESMAN
¿Ah, sí? ¿Y qué es?
LOVBORG
Es la continuación.
TESMAN
¿La continuación? ¿De qué?
LOVBORG
Del libro.
TESMAN
¿Del nuevo?
LOVBORG
Por supuesto.
TESMAN
Pero Eilert… si ése llega hasta
nuestros días.
LOVBORG
Claro. Y éste trata del futuro.
TESMAN
¡Del futuro! ¡Pero si no sabemos
nada sobre él!
LOVBORG
No. Pero así y todo hay algunos
extremos sobre los que se puede
decir algo. (Abre el paquete.)
Mira…
TESMAN
Esta letra no es la tuya.
LOVBORG
Lo he dictado. (Rebusca entre los
papeles.) Está dividido en dos
partes. La primera trata de las
fuerzas civilizadoras del futuro. Y
esta otra… (Sigue rebuscando.)…
es sobre el movimiento de la
civilización futura.
TESMAN
¡Extraordinario! Nunca se me
hubiera ocurrido escribir algo
semejante.
LOVBORG
Bueno, en otra ocasión, entonces. No
corre prisa.
BRACK
Escuche, señor Lovborg… celebro
esta noche una pequeña reunión en
casa. Más que nada, en honor de
Tesman, ¿entiende?…
BRACK
Oh, no. ¿No me hará el honor de
unirse a nosotros?
BRACK
No. Venga. Será un pequeño grupo
de íntimos. Y esté seguro de que
procuraremos que sea «animado»,
como dice la señora Tesman.
LOVBORG
No lo dudo. Pero aun así…
BRACK
Podría usted traer el manuscrito y
leérselo a Tesman en casa. Tengo
habitaciones suficientes.
TESMAN
Claro, Eilert, piénsalo… podrías
hacer eso. ¿Eh?
HEDDA (Interponiéndose.)
¡Pero, querido, si el señor Lovborg
no quiere! Estoy segura de que le
apetece mucho más quedarse aquí y
cenar conmigo.
LOVBORG (Mirándola.)
¡Con usted, señora!
HEDDA
Y con la señora Elvsted.
LOVBORG
Ah… (Como de pasada.) La vi un
momento esta tarde.
HEDDA
¿Ah, sí? Sí, va a venir. Y por lo tanto
es casi obligado el que se quede,
señor Lovborg. Si no, no tendrá
quien la acompañe a casa.
LOVBORG
Es verdad. Sí, muchas gracias,
señora… me quedaré.
HEDDA
Entonces se lo diré a la doncella…
LOVBORG
Sí.
TESMAN
Porque he oído en la librería que vas
a dar un ciclo de conferencias aquí
en el otoño.
LOVBORG
Eso quiero. Espero que no te
importe, Tesman.
TESMAN
Dios me libre. Pero…
LOVBORG
Ya comprendo que te resultará
bastante inoportuno.
TESMAN (Tímidamente.)
Oh, no puedo exigirte el que tú, por
mi causa…
LOVBORG
Pero esperaré a que hayas obtenido
tu nombramiento.
TESMAN
¡Vas a esperar! Pero… ¿no vas a
participar en el concurso?
LOVBORG
No. Sólo quiero vencerte ante la
opinión general.
TESMAN
Bueno, bueno… ¡así es que tía Juli
tenía razón después de todo! Sí… lo
sabía. ¡Hedda! ¡Figúrate… Eilert
Lovborg no se va a interponer en
nuestro camino!
HEDDA (Seca.)
¿Nuestro? A mí no me incluyas.
BRACK
Bueno, pienso que fama y éxito…
ejem… son sin duda cosas
estupendas…
TESMAN
Sí, por supuesto. Pero de todas
formas…
TESMAN
Sí… algo así…
BRACK
Teníamos un nubarrón encima,
señora.
TESMAN
¡Espléndida idea, Hedda!
¡Espléndida de veras! Justo lo que
necesito ahora que se me ha quitado
este peso de encima…
HEDDA
Pues sírvanse. Usted también, señor
Lovborg.
LOVBORG
No, muchas gracias. No para mí.
BRACK
Pero, Dios mío… le aseguro que el
ponche frío no es ningún veneno.
LOVBORG
Quizá no para todos.
HEDDA
Haré compañía al señor Lovborg
mientras tanto.
TESMAN
Sí, sí, querida, por favor.
LOVBORG
Y a partir de ahora… y por el resto
de mi vida… he de acostumbrarme a
no decir Hedda Gabler.
HEDDA
Sí… así es.
LOVBORG
¡Oh, Hedda, Hedda… cómo pudiste
hundirte así!
LOVBORG
¿Qué quieres decir?
(TESMAN vuelve y se
acerca al sofá.)
TESMAN
Déjame ver. Ah, son las Dolomitas.
HEDDA
¡Ah, sí, eso es!… las Dolomitas,
señor Lovborg.
TESMAN
Oye, Hedda… sólo quiero preguntar
si no traigo algo de ponche. Para ti,
aunque sea. ¿Eh?
HEDDA
Ah, sí, muchas gracias. Y quizá
algunas pastas.
TESMAN
¿Y cigarrillos?
HEDDA
No.
TESMAN
Bien.
LOVBORG
¿No puedo tutearte cuando estamos a
solas?
HEDDA
No. Puede pensarlo. Pero no decirlo.
LOVBORG
Ah, ya entiendo. Es una ofensa a su
amor por Jorge Tesman.
LOVBORG
¡Ni siquiera amor!
HEDDA
Pero tampoco infidelidad. No quiero
saber nada de eso.
LOVBORG
Hedda… contésteme sólo una
cosa…
HEDDA
¡Chist!
(TESMAN entra de la
antesala con una
bandeja.)
TESMAN
¡Bueno! Aquí viene lo bueno.
(Coloca la bandeja sobre la mesa.)
HEDDA
¿Por qué has de servir tú?
TESMAN
No, pero la señora Elvsted estará
aquí en seguida.
HEDDA
Sí, es verdad… la señora Elvsted…
TESMAN
¿La habías olvidado? ¿Eh?
HEDDA
Estábamos tan distraídos con las
fotografías. (Le muestra una.)
¿Recuerdas esta aldea?
TESMAN
¡Oh, es la que está allá abajo, en el
paso de Brenner! Fue donde
pasamos la noche…
HEDDA
… y nos encontramos con aquellos
veraneantes tan divertidos.
TESMAN
Sí, seguro que fue allí. ¡Figúrate…
si hubieras estado con nosotros,
Eilert! (Se dirige a la antesala y se
sienta con BRACK.)
LOVBORG
Contésteme sólo a esto, Hedda…
HEDDA
¿Qué?
LOVBORG
¿Tampoco hubo amor en nuestras
relaciones? ¿Ni una gota… ni una
chispa de amor en todo el asunto?
HEDDA
No sabría decirlo. Para mí fue como
una relación entre dos buenos
compañeros. Dos amigos sinceros.
(Sonríe.) Usted, sobre todo, era
tremendamente sincero.
LOVBORG
Así lo quiso usted.
HEDDA
Lo recuerdo como algo hermoso,
algo fascinante… hubo algo de
audaz en… en aquella intimidad
secreta… aquella camaradería, que
ningún ser viviente llegó a
sospechar.
LOVBORG
Sí, ¿no es cierto, Hedda? ¿No fue
así?… Cuando iba a casa de su
padre por las tardes… Y el general
se sentaba junto a la ventana leyendo
los periódicos… de espaldas…
HEDDA
Y nosotros dos en el sofá del
rincón…
LOVBORG
Siempre con la misma revista
ilustrada ante nosotros…
HEDDA
A falta de un álbum, sí.
LOVBORG
¡Sí, Hedda… y cuando yo me
confesaba con usted! Le conté de mí
lo que hasta entonces a nadie más
había dicho. Sentado allí
confesándole cómo había pasado
días y noches en orgías. Oh,
Hedda… ¿qué poder había en usted
para hacerme confesar tales cosas?
HEDDA
¿Cree usted que había un poder en
mí?
LOVBORG
Sí, ¿cómo, si no, puede
explicármelo? Y todas aquellas…
indirectas que usted me hacía…
HEDDA
Y que usted entendía con tanta
precisión…
LOVBORG
¡Que pudiera estar allí sentada
preguntando tales cosas! ¡Con tanta
desenvoltura!
HEDDA
Pero indirectas, recuerde.
LOVBORG
Sí, pero de todas formas, con
desenvoltura. ¡Preguntarme sobre…
sobre tales cosas!
HEDDA
Y que usted fuera capaz de
responderme, señor Lovborg.
LOVBORG
Sí, justamente es eso lo que no
comprendo… ahora. Pero dígame,
Hedda… ¿no había amor en el fondo
de nuestra relación? ¿No había por
parte de usted como un deseo de
purificarme… cuando acudía a usted
con mis confidencias? ¿No era así?
HEDDA
No, más bien no.
LOVBORG
¿Qué era entonces lo que la movía?
HEDDA
¿Encuentra usted tan incomprensible
que una muchacha… cuando pueda
ofrecerse la ocasión… en secreto…
LOVBORG
¿Sí?
HEDDA
Desee echar un vistazo a un mundo
que…
LOVBORG
Que…
HEDDA
… que no tiene posibilidad de
conocer por sí misma?
LOVBORG
¿Sólo fue eso?
HEDDA
También eso. Una de las razones,
diría yo.
LOVBORG
Sólo camaradas en un anhelo vital.
¿Pero por qué no pudo continuar?
HEDDA
Usted tuvo la culpa.
LOVBORG
Fue usted quien rompió.
HEDDA
Sí, cuando hubo un inminente peligro
de que se interpusiera una realidad
excesiva en la relación. ¿No le dio
vergüenza, Eilert Lovborg, abusar de
la confianza de… de su sincera
amiga?
HEDDA
Por temor al escándalo.
LOVBORG
Sí, Hedda, es usted cobarde en el
fondo.
HEDDA
Tremendamente cobarde. (Cambia
de tono.) Pero fue una suerte para
usted. Ahora ha encontrado un
delicioso consuelo en casa de los
Elvsted.
LOVBORG
Sé lo que le ha contado Thea.
HEDDA
Y usted, ¿le ha contado algo sobre
nosotros?
LOVBORG
Ni una palabra. Es demasiado tonta
para entenderlo.
HEDDA
¿Tonta?
LOVBORG
Tonta para ese tipo de cosas.
HEDDA
Y yo cobarde. (Se inclina
aproximándose a él, sin mirarle a
los ojos, y dice en voz baja.) Pero
ahora voy a confiarle algo.
LOVBORG (Ansioso.)
¿Qué?
HEDDA
Que no me atreviera a dispararle…
LOVBORG
¿Sí?
HEDDA
… no fue mi peor cobardía…
aquella noche.
(Ha comenzado a
oscurecer. BERTA abre la
puerta del vestíbulo.)
SEÑORA ELVSTED
Quizá debiera ir a decirle algo a tu
marido.
HEDDA
Nada de eso. Déjalos que sigan allí.
Van a marcharse en seguida.
SEÑORA ELVSTED
¿Se marchan?
HEDDA
Sí, se van de francachela.
SEÑORA ELVSTED (Rápidamente, a
LOVBORG.)
¿Usted no se irá?
LOVBORG
No.
HEDDA
El señor Lovborg… se queda con
nosotras.
HEDDA
¡Ah, no, querida Thea! ¡Ah, no! Ven
a mi lado. Quiero estar entre los dos.
SEÑORA ELVSTED
Sí, como quieras. (Va en torno a la
mesa y se sienta en el sofá a la
derecha de HEDDA. LOVBORG
vuelve a sentarse en la silla.)
LOVBORG
Sí. Porque ella y yo… somos dos
auténticos camaradas. Nos tenemos
una confianza absoluta. Y por eso
podemos hablar con toda
franqueza…
HEDDA
¿Sin indirectas, señor Lovborg?
LOVBORG
Eso…
LOVBORG
¡Y el valor que tiene para actuar,
señora Tesman!
SEÑORA ELVSTED
¡Oh, Dios mío…, valor yo!
LOVBORG
Extraordinario… en lo que se refiere
al camarada.
HEDDA
¡Sí, valor… sí! Si una lo hubiera
tenido.
LOVBORG
¿Qué quiere usted decir?
HEDDA
Entonces quizá hubiera sido capaz
de vivir. (Cambio súbito.) Pero
ahora, querida Thea… ahora vas a
tomar un buen vaso de ponche.
SEÑORA ELVSTED
No, gracias… no lo bebo nunca.
HEDDA
Bueno, entonces usted, señor
Lovborg.
LOVBORG
Gracias, yo tampoco.
SEÑORA ELVSTED
No, él tampoco.
LOVBORG
Para nada influye.
HEDDA (Ríe.)
¿Tengo tan poco dominio sobre
usted, pobre de mí?
LOVBORG
En ese asunto, ninguno.
HEDDA
Hablando en serio, creo que debe
usted beber. Por su bien.
SEÑORA ELVSTED
¡Oh, no, Hedda…!
LOVBORG
¿Por qué?
HEDDA
O por razón de los demás, mejor
dicho.
LOVBORG
¿Cómo?
HEDDA
Si no, la gente puede pensar que
usted… en realidad… no se siente
seguro… auténticamente seguro de sí
mismo.
LOVBORG
La gente puede pensar lo que
quiera… por ahora.
HEDDA
Lo he visto claramente en el juez
Brack hace sólo un momento.
LOVBORG
¿Qué ha visto?
HEDDA
Su sonrisa de burla porque usted no
se atreviera a pasar a beber con él.
LOVBORG
¡Que no me atreviera! Prefiero
quedarme aquí hablando con usted,
naturalmente.
SEÑORA ELVSTED
¡Es lógico, Hedda!
HEDDA
Pero eso no lo puede saber el juez.
Y también observé que sonreía y
miraba con intención a Tesman
cuando usted no se atrevió a
acompañarles a la dichosa
juerguecita.
LOVBORG
¿Atreverme? ¿Dice que no me
atreví?
HEDDA
Yo no. Pero así es como lo ha
interpretado el juez Brack.
LOVBORG
Que lo interprete como guste.
HEDDA
¿No va a ir con ellos?
LOVBORG
Me quedo con usted y Thea.
SEÑORA ELVSTED
¡Sí, Hedda, compréndelo!
LOVBORG (Asombrado.)
¿Agitada?
HEDDA
¡Ya lo ves! No había motivo alguno
para estar tan angustiada… (Se
interrumpe.) ¡Bueno! ¡Ahora nos
divertiremos los tres!
LOVBORG (Estremeciéndose.)
¿Pero qué es todo esto, señora
Tesman?
SEÑORA ELVSTED
¡Oh, Dios mío, Hedda! ¿Qué es lo
que dices? ¿Qué estás haciendo?
HEDDA
Tranquilízate. El maldito juez no te
quita ojo.
LOVBORG
¿Angustiada? Por mí.
SEÑORA ELVSTED
Hedda, Hedda… ¿cómo puedes
desear esto?
HEDDA
¿Desear? ¿Yo? ¿Estás loca?
LOVBORG
Y un brindis por usted también,
señora Tesman. Gracias por la
verdad. ¡Por la verdad! (Lo bebe e
intenta llenar de nuevo el vaso.)
SEÑORA ELVSTED
¡No, no, no!
HEDDA
¡Chist! Te están mirando.
SEÑORA ELVSTED
¡Sí!
LOVBORG
¿Sabe tu marido que me seguías?
HEDDA
Sí, supongo.
LOVBORG (Levantándose.)
También para mí, señor Juez.
LOVBORG (A BRACK.)
Fue muy amable al invitarme.
BRACK
¿Así es que viene usted, después de
todo?
LOVBORG
Sí, muchas gracias.
BRACK
Me complace extraordinariamente…
TESMAN
¡Sí, figúrate… resultará divertido!
Pero, querida Hedda, ¿cómo va a
volver a casa la señora Elvsted?
HEDDA
Ya lo arreglaremos.
HEDDA
Seguro. Me parece perfecto.
TESMAN
Bueno, entonces todos contentos.
Pero a mí no me esperes tan pronto,
Hedda.
HEDDA
Oh, querido, puedes quedarte todo el
tiempo… todo el tiempo que desees.
BRACK
¡Y ahora arranca el cortejo del
placer, señores! Espero que nos
divirtamos, como cierta hermosa
señora dice.
HEDDA
¡Ojalá que la hermosa señora
pudiera encontrarse allí sin ser
vista…!
BRACK
¿Por qué sin ser vista?
HEDDA
Para oír algo de su ingenio, sin
censura, señor juez.
BRACK (Riendo.)
No se lo aconsejaría a la hermosa
señora.
BRACK
¡Así es que adiós, señoras mías!
(BRACK, LOVBORG y
TESMAN salen por el
vestíbulo. Al tiempo
entra BERTA de la
antesala con una
lámpara encendida, que
coloca en la mesa del
salón, y sale por el
mismo camino.)
SEÑORA ELVSTED (Se levanta y pasea
agitadamente por el salón.)
Hedda… Hedda… ¿en qué acabará
todo esto?
HEDDA
A las diez… Le estoy viendo.
Coronado de pámpanos. Ardiente y
decidido.
SEÑORA ELVSTED
Ojalá sea así.
HEDDA
Y, ya verás… ahora volverá a tener
poder sobre sí mismo. Ahora será un
hombre libre para el resto de su
vida.
SEÑORA ELVSTED
Dios quiera que aciertes.
HEDDA
¡Así es como vendrá y no de otra
forma! (Se levanta y se acerca a
ella.) Puedes seguir dudando de él
cuanto quieras. Yo confío en él. Y
ahora veremos quién de las dos…
SEÑORA ELVSTED
¡Tú escondes algo, Hedda!
HEDDA
Sí. Por primera vez en mi vida
tendré poder sobre el destino de un
hombre.
SEÑORA ELVSTED
¿Es que no lo tienes ahora?
HEDDA
No lo tengo… y nunca lo he tenido.
SEÑORA ELVSTED
¿Ni siquiera sobre tu marido?
HEDDA
Sí, pero eso no vale nada. Si
supieras lo pobre que soy. ¡Y tú, en
cambio, eres tan rica! (Abrazándola
apasionadamente.) Creo que voy a
chamuscarte el pelo, después de
todo.
SEÑORA ELVSTED
¡Déjame! ¡Déjame! ¡Me das miedo,
Hedda!
HEDDA
Bien. Vamos.
SEÑORA ELVSTED
¡No, no, no! ¡Prefiero volver a casa
sola! ¡Ahora mismo!
HEDDA
Tonterías. Primero te tomarás tu té
caliente, tontita. Y luego… a las
diez… vendrá Eilert Lovborg…
coronado de pámpanos.
(BERTA entra
cautelosamente del
vestíbulo. Lleva una
carta en la mano.)
BERTA
No, es para el doctor, señora.
SEÑORA ELVSTED
Ah, ya.
BERTA
La trajo la muchacha de la señorita
Tesman. La pondré en la mesa.
SEÑORA ELVSTED
Sí, hágalo.
SEÑORA ELVSTED
Sí, apáguela. Pronto será de día.
BERTA (Apagando.)
Es de día ya, señora.
SEÑORA ELVSTED
¡Ah, ya es de día! ¡Y aún no ha
vuelto!…
BERTA
Dios mío… ya me imaginaba que
ocurriría algo así.
SEÑORA ELVSTED
¿De verdad?
BERTA
Sí, cuando vi que cierta persona
había vuelto a la ciudad… Y salía
con ellos. Porque ese señor dio
mucho que hablar en tiempos.
SEÑORA ELVSTED
No hable tan alto. Va a despertar a la
señora.
BERTA (Mirando al sofá, suspira.)
No, Dios mío… que duerma la
pobre… ¿Echo más leña a la estufa?
SEÑORA ELVSTED
Gracias, por mí no se moleste.
BERTA
Bien, entonces. (Sale
silenciosamente por el vestíbulo.)
SEÑORA ELVSTED
Era sólo la doncella.
HEDDA (Mirando en torno.)
¡Ah, aquí!… Sí, ahora recuerdo…
(Se incorpora, sentándose en el
sofá, se despereza y se frota los
ojos.) ¿Qué hora es, Thea?
HEDDA
¿A qué hora vino Tesman?
SEÑORA ELVSTED
No ha venido aún.
HEDDA
¿Todavía no ha vuelto?
SEÑORA ELVSTED (Levantándose.)
No ha venido nadie.
HEDDA
Y nosotras sentadas aquí en vela,
esperando hasta las cuatro…
SEÑORA ELVSTED
¿Has dormido algo?
HEDDA
Oh, sí. He dormido perfectamente.
¿Y tú?
SEÑORA ELVSTED
No he pegado un ojo. ¡No he podido,
Hedda! Me ha sido completamente
imposible.
SEÑORA ELVSTED
¿Sí? ¿Qué crees?
HEDDA
Pues que la reunión en casa del juez
ha durado hasta las tantas…
SEÑORA ELVSTED
Dios mío, claro… así habrá sido.
Pero de todas formas…
HEDDA
Y entonces, comprendes, Tesman no
ha querido volver y hacer ruido
tocando el timbre de madrugada.
(Ríe.) Quizá haya preferido no
mostrarse… después de semejante
orgía.
SEÑORA ELVSTED
Pero, querida, ¿dónde puede estar?
HEDDA
Sin duda habrá ido a dormir a casa
de sus tías. Hasta conservan su
antiguo cuarto.
SEÑORA ELVSTED
No, no puede haber ido a su casa.
Porque justo acaba de llegar una
carta de la señorita Tesman para él.
Ahí está.
SEÑORA ELVSTED
Hedda, estás diciendo cosas que no
crees.
HEDDA
La verdad es que eres un poco tonta,
Thea.
SEÑORA ELVSTED
Quizá lo sea, por desgracia.
HEDDA
Y qué cansada pareces.
SEÑORA ELVSTED
Sí, lo estoy. Terriblemente.
HEDDA
Bueno, vas a hacer lo que yo te diga.
Ve a mi cuarto y acuéstate un rato.
SEÑORA ELVSTED
Oh, no, no… no tengo pizca de
sueño.
HEDDA
Sí, hazlo.
SEÑORA ELVSTED
Pero tu marido llegará enseguida. Y
entonces sabré…
HEDDA
Te avisaré cuando venga.
SEÑORA ELVSTED
¿Me lo prometes, Hedda?
HEDDA
Pierde cuidado.
SEÑORA ELVSTED
Gracias. Intentaré dormir algo. (Sale
por la antesala.)
(HEDDA se acerca a la
cristalera y descorre las
cortinas. La luz del día
inunda la sala. Después
toma del escritorio un
pequeño espejo de mano,
se mira y se arregla el
pelo. Se dirige a la
puerta del vestíbulo y
toca la campanilla.)
(BERTA asoma un poco
después en la puerta.)
BERTA
¿Desea algo la señora?
HEDDA
Sí. Ponga más leña en la estufa. Me
estoy quedando helada.
BERTA
Seguro… en nada se pondrá esto
caliente. (Remueve las brasas y
añade un leño.)
HEDDA
Vaya a abrir. Yo me encargaré de la
estufa.
BERTA
Enseguida prenderá. (Marcha por la
puerta del vestíbulo.)
(HEDDA se arrodilla en
el escabel y coloca más
leños en la estufa.)
(Después de una pausa
entra JORGE TESMAN
por el vestíbulo. Parece
cansado y preocupado.
Se desliza de puntillas
hacia la antesala, con la
intención de escurrirse
entre las cortinas.)
TESMAN (Volviéndose.)
¡Hedda! (Se aproxima.) ¿Pero cómo
estás levantada tan pronto? ¿Eh?
HEDDA
Sí, hoy me he levantado
tempranísimo.
TESMAN
¡Y yo que creía que estarías todavía
durmiendo! ¡Figúrate, Hedda!
HEDDA
No hables tan alto. La señora
Elvsted está acostada en mi cuarto.
TESMAN
¿Es que ha pasado la noche aquí?
HEDDA
Sí, no ha venido nadie para
acompañarla a casa.
TESMAN
No, ya supongo.
TESMAN
¿Has estado preocupada por mí?
¿Eh?
HEDDA
No, nada de eso. Lo que he
preguntado es si te divertiste.
TESMAN
Pues sí, bastante. Por una vez…
Sobre todo al principio, diría yo,
cuando Eilert me leyó su trabajo.
Llegamos más de una hora antes…
¡Figúrate! Y Brack tenía que
ocuparse de muchas cosas. Y
mientras tanto, Eilert aprovechó para
leerme.
HEDDA
Sí, sí, no es asunto que me interese
mucho…
TESMAN
He de confesarte una cosa, Hedda.
Después que hubo leído… me pasó
algo terrible.
HEDDA
¿Algo terrible?
TESMAN
Sentí envidia de que Eilert fuera
capaz de escribir algo así. ¡Figúrate,
Hedda!
HEDDA
¡Sí, sí, me lo figuro!
TESMAN
Y pensar… que con todo su
talento… es por desgracia
incorregible.
HEDDA
¿Quieres decir que vive con mayor
intensidad que los demás?
TESMAN
No, Dios mío… que no sabe
dominarse en el placer, ¿sabes?
HEDDA
¿Y qué pasó después?
TESMAN
Yo diría que sería más propio
llamarlo una bacanal.
HEDDA
¿Iba coronado de pámpanos?
TESMAN
¿De pámpanos? No, no le vi
ninguno. Pero nos dio un largo y
desordenado discurso acerca de la
mujer que le ha inspirado el libro.
Sí, así es como dijo.
HEDDA
¿Citó su nombre?
TESMAN
No, no la nombró. Pero tengo la
sospecha de que no podía ser otra
que la señora Elvsted. ¿Qué te
parece?
HEDDA
Ya… ¿cuándo te separaste de él?
TESMAN
Al volver. Salimos… los que
quedábamos… al mismo tiempo. Y
Brack nos acompañó para tomar un
poco de aire fresco. Y entonces,
sabes, decidimos acompañar a Eilert
a casa… ¡Estaba tan bebido!
HEDDA
No digas.
TESMAN
¡Pero ahora viene lo asombroso,
Hedda! O lo lamentable, diría mejor.
Oh…, casi me avergüenzo… a causa
de Eilert… de contarlo…
HEDDA
¿Qué fue?
TESMAN
Pues verás, en el camino de vuelta
me retrasé un poco. Sólo unos pocos
minutos… ¡Figúrate!
HEDDA
Sí, por favor, ¿y qué?
TESMAN
Pues que cuando me apresuré a
reunirme con los otros… ¿a qué no
sabes lo que encontré en la acera?
¿Eh?
HEDDA
No, ¿cómo lo voy a saber?
TESMAN
No se lo digas a nadie, Hedda. ¿Me
oyes? Prométemelo por Eilert. (Saca
un paquete envuelto en papel del
bolsillo del abrigo.) Figúrate…
encontré esto.
HEDDA
¿No es el paquete que trajo ayer?
TESMAN
¡Naturalmente, su precioso,
insustituible manuscrito! Y lo había
perdido… sin darse cuenta.
¡Figúrate, Hedda! ¿No es
lamentable…?
HEDDA
¿Pero por qué no se lo devolviste
entonces?
TESMAN
No, no me atreví… en el estado en
que se encontraba…
HEDDA
¿Le contaste a alguno de los otros
que lo habías encontrado?
TESMAN
Oh, nada de eso. No lo hice por el
bien de Eilert, ¿entiendes?
HEDDA
¿Luego nadie sabe que tienes el
manuscrito?
TESMAN
No. Y nadie debe saberlo.
HEDDA
¿Y qué le dijiste después?
TESMAN
No tuve ocasión de hablar con él.
Porque cuando llegábamos a la
ciudad les perdimos, a él y a dos o
tres más. ¡Figúrate!
HEDDA
Seguro que le acompañaron a casa.
TESMAN
Sí, sí, probablemente. Y Brack se
marchó por su lado.
HEDDA
¿Y en qué te entretuviste después?
TESMAN
Bueno, yo y algunos de los otros nos
fuimos a casa de uno de los
invitados, a tomar el primer café del
día. O el último de la noche, sería
mejor llamar. ¿Eh? Pero en cuanto
haya descansado un poco… y Eilert
la haya dormido, el pobre, iré a
devolverle el paquete.
TESMAN
No, querida, no me atrevo a hacer
eso.
HEDDA
¿No te atreves?
TESMAN
No… imagínate su desesperación
cuando se despierte y eche de menos
el manuscrito. Porque no tiene
ninguna copia, ¿sabes? Lo dijo él
mismo.
TESMAN
No, no lo creo posible. Porque la
inspiración… ¿comprendes?
HEDDA
Sí, sí, ya veo… (Incidentalmente.)
Ah, por cierto… hay una carta para
ti.
TESMAN
¡Sí, figúrate!
HEDDA (Entregándosela.)
Llegó a primera hora esta mañana.
TESMAN
¡De tía Juli, sabes! ¿Qué puede ser?
(Deposita el manuscrito en el otro
taburete, abre la carta, la lee
rápidamente y se levanta de un
salto.) ¡Oh, Hedda… dice que la
pobre tía Rina está en las últimas!
HEDDA
Era de esperar.
TESMAN
Y que si quiero verla por última vez,
debo darme prisa. Me voy
corriendo.
TESMAN
¡Queridísima Hedda… si te
decidieras a acompañarme!
Piénsalo.
TESMAN
Bueno, entonces… (Se mueve
agitadamente.) ¿Y mi sombrero?…
¿Mi abrigo?… Ah, sí, en el
vestíbulo… Con tal de que no llegue
demasiado tarde, Hedda. ¿Eh?
HEDDA
Como vas a ir corriendo…
BERTA
El juez Brack se encuentra fuera y
desea saludarles.
TESMAN
¡Justo ahora! No, no puedo recibirle.
HEDDA
Pero yo sí puedo. (A BERTA.) Que
pase el señor juez.
(Sale BERTA.)
TESMAN
¡Sí, dámelo!
HEDDA
No, no, lo guardaré hasta que
vuelvas.
TESMAN
Sí, tengo precisión de ir a casa de
las tías. ¿Sabe?… la enferma está en
las últimas, la pobre.
BRACK
Oh, Dios mío, ¿de verdad? Pero no
se entretenga por mí. En momentos
así…
TESMAN
Sí, de veras tengo que salir
corriendo… ¡Adiós! ¡Adiós!
(Sale precipitadamente
por la puerta del
vestíbulo.)
HEDDA (Aproximándosele.)
Parece que su reunión de anoche
resultó algo más que animada, señor
juez.
BRACK
Ni me he podido cambiar de ropa,
señora Tesman.
HEDDA
¿Usted tampoco?
BRACK
No, ya lo ve. ¿Pero qué le ha
contado Tesman de las experiencias
de la noche?
HEDDA
Bah, cosas bastante aburridas. Sólo
que fue a tomar café a casa de
alguien.
BRACK
De la invitación a café ya estoy
informado. ¿Eilert Lovborg no fue
con ellos, según creo?
HEDDA
No, le acompañaron a casa antes.
BRACK
¿Y fue Tesman?
HEDDA
No; fueron otros, según dijo.
BRACK (Sonríe.)
Jorge Tesman es en verdad un alma
crédula, señora.
HEDDA
Sí, por supuesto. ¿Es que hay algo
más?
BRACK
Sí, más bien.
HEDDA
Ah, entonces vamos a sentarnos,
querido juez. Así me lo contará
mejor. (Se sienta a la izquierda de
la mesa. BRACK lo hace a su lado,
en la parte alargada de ésta.)
HEDDA
Bueno, ¿entonces?
BRACK
Tenía particulares motivos para
seguir la pista de mis invitados de
anoche… o, mejor dicho, de algunos
de ellos.
HEDDA
¿Entre los que estaba quizá Eilert
Lovborg?
BRACK
Debo confesarlo… sí.
HEDDA
Empieza usted a intrigarme…
BRACK
¿Sabe usted dónde pasaron el resto
de la noche, él y algunos otros más,
señora Tesman?
HEDDA
Dígamelo, si es que puede decirse.
BRACK
Claro que se puede. Acudieron a una
velada sumamente interesante.
HEDDA
¿De las animadas?
BRACK
De las más animadas.
HEDDA
Diga algo más, señor juez…
BRACK
Lovborg había recibido una
invitación de antemano, como los
otros. Me he informado
perfectamente de ello. Pero se había
negado a asistir. Porque ahora pasa
por ser un hombre regenerado, como
usted sabe.
HEDDA
En casa del magistrado Elvsted, sí.
¿Pero así y todo fue?
BRACK
Sí, verá, señora… por desgracia le
vino la inspiración en casa anoche…
HEDDA
Sí, ya he oído que estaba inspirado.
BRACK
Inspirado en exceso. El caso es que
cambió de idea, supongo. Porque
nosotros, los hombres, no
mantenemos siempre los principios
con la firmeza que debiéramos.
HEDDA
Oh, usted es sin duda una excepción,
juez Brack. ¿Y entonces Lovborg…?
BRACK
Bueno, dicho en pocas palabras… al
final recaló en los salones de la
señorita Diana.
HEDDA
¿La señorita Diana?
BRACK
Era ella la que daba la fiesta. Para
un selecto grupo de amigos y
admiradores.
HEDDA
¿Se trata de una pelirroja?
BRACK
Justamente.
HEDDA
¿Una especie de cantante?
BRACK
Bueno, sí… entre otras cosas. Y
entre nosotros, una peligrosa
cazadora… de hombres… señora
Tesman. Seguro que ha oído hablar
de ella. Eilert Lovborg fue uno de
sus más ardientes protectores… en
su época de prosperidad.
HEDDA
¿Y cómo acabó el asunto?
BRACK
No muy amistosamente, parece ser.
La señorita Diana le recibió de la
forma más tierna, pero acabaron
llegando a las manos…
HEDDA
¿Con Lovborg?
BRACK
Sí. La acusó, a ella o a sus amigas,
de robo. Afirmó que su cartera había
desaparecido. Y otros objetos. En
pocas palabras, debió de dar un
espectáculo lamentable.
HEDDA
¿Y qué sucedió después?
BRACK
Lo que sucedió fue ni más ni menos
que una vulgar reyerta entre damas y
caballeros. Por suerte al final acudió
la policía.
HEDDA
¿Hasta la policía?
BRACK
Sí. Pero la broma le va a resultar
cara a Eilert Lovborg, el muy
insensato.
HEDDA
¿Por qué?
BRACK
Ofreció una resistencia violenta. Le
golpeó en la oreja a uno de los
guardias y le rompió el uniforme.
Así es que lo llevaron detenido.
HEDDA
¿Quién le ha contado todo esto?
BRACK
La misma policía.
BRACK
¿Pámpanos, señora Tesman?
HEDDA
¿Es que va a haber juicio?
BRACK
Por supuesto. Bueno, sea lo que
fuere. Pero creo que como amigo de
la casa, tengo la obligación de poner
al corriente, a usted y a Tesman, de
sus andanzas nocturnas.
HEDDA
¿Y por qué motivo, señor juez?
BRACK
Porque tengo la viva sospecha de
que intentará utilizarla a usted de
pantalla.
HEDDA
¡Cómo se le puede ocurrir semejante
cosa!
BRACK
Oh, Dios mío… no estamos ciegos,
señora Tesman. ¡Piénselo! Esta
señora Elvsted seguro que no vuelve
enseguida a su casa.
HEDDA
Bueno, si hubiera algo entre ellos,
sin duda hay muchos otros sitios en
que puedan encontrarse.
BRACK
En casa de nadie. Desde ahora,
ninguna casa decente volverá a
abrirse para Eilert Lovborg.
HEDDA
¿Y lo mismo debe ocurrir con la
mía, quiere usted decir?
BRACK
Sí. Confieso que me resultaría
sumamente penoso si este caballero
tuviese libre acceso a esta casa. Si
él, un superfluo… y un extraño… se
introdujera en…
HEDDA
¿…en el triángulo?
BRACK
Exacto. Para mí sería como
quedarme sin hogar.
BRACK
¿Cree usted?
HEDDA
Sí, comienzo a creerlo. Y me
alegro… mientras no tenga usted
poder sobre mí.
HEDDA
¡Pero escuche, señor juez! Eso suena
casi a una amenaza.
BRACK (Levantándose.)
¡Oh, nada de eso! El triángulo,
sabe… debe establecerse y
mantenerse a voluntad de todas las
partes.
HEDDA
Eso es lo que creo.
BRACK
Bueno, ya le he dicho lo que quería.
Ahora he de marcharme. ¡Adiós
señora Tesman! (Se dirige a la
cristalera.)
BRACK
Sí, es lo más corto.
HEDDA
Y además es una puerta trasera.
BRACK
Cierto. No tengo nada contra las
puertas traseras. En ocasiones
pueden ser muy excitantes.
HEDDA
¿Cuando se dispara con bala, quiere
usted decir?
(Cierra la puerta, se
vuelve, ve a HEDDA, se
domina inmediatamente
y saluda.)
LOVBORG
O qué temprano vengo a visitarla a
usted. Mil perdones.
HEDDA
¿Cómo sabe usted que ella se
encuentra aún aquí?
LOVBORG
Me dijeron en su pensión que no
había vuelto en toda la noche.
LOVBORG (Mirándola
interrogativamente.)
¿Observar algo?
HEDDA
Quiero decir, ¿si no lo encontraban
extraño?
LOVBORG (Comprendiendo
súbitamente.)
¡Ah, ya, es verdad! ¡La hundo
conmigo! No, no observé nada…
¿No se ha levantado aún Tesman?
HEDDA
No… no creo…
LOVBORG
¿Cuándo volvió?
HEDDA
Tardísimo.
LOVBORG
¿Le ha contado algo?
HEDDA
Sí, ya sé que la velada del juez
Brack fue sumamente animada.
LOVBORG
¿Nada más?
HEDDA
No, me parece que no. De todas
formas, yo estaba muerta de sueño…
LOVBORG
Sí, por fin. Demasiado tarde.
LOVBORG
Todo es demasiado tarde ya. Es el
fin para mí.
SEÑORA ELVSTED
¡Oh, no, no… no digas eso!
LOVBORG
Tú misma lo dirás cuando lo oigas…
SEÑORA ELVSTED
¡No quiero oír nada!
HEDDA
¿Quizá prefiera hablar a solas con
ella? Me voy.
LOVBORG
No, quédese… Usted también. Se lo
ruego.
SEÑORA ELVSTED
¡Es que no quiero oír nada, te digo!
LOVBORG
No es de lo ocurrido anoche de lo
que quiero hablar.
SEÑORA ELVSTED
¿Entonces de qué…?
LOVBORG
Es que a partir de ahora debemos
seguir distintos caminos.
SEÑORA ELVSTED
¡Distintos caminos!
HEDDA (Involuntariamente.)
¡Lo sabía!
LOVBORG
Ya no te necesito, Thea.
SEÑORA ELVSTED
¿Cómo puedes decir eso? ¡Que no
me necesitas! ¿No puedo ayudarte
como antes? ¿Es que no
continuaremos trabajando juntos?
LOVBORG
No tengo intención de seguir
trabajando.
LOVBORG
Debes tratar de vivir como si nunca
me hubieras conocido.
SEÑORA ELVSTED
¡Pero no puedo hacer eso!
LOVBORG
Inténtalo, Thea. Debes volver a
casa…
LOVBORG (Mirándola.)
Mi libro y el de Thea. Porque es de
los dos.
SEÑORA ELVSTED
Sí, ése es mi sentimiento. ¡Y por eso
tengo derecho a estar contigo cuando
se publique! Quiero presenciar cómo
te hará recuperar el respeto y la
consideración. Y la alegría… la
alegría, la quiero compartir contigo.
LOVBORG
Thea… nuestro libro no se publicará
nunca.
HEDDA
¡Ah!
SEÑORA ELVSTED
¡No se publicará nunca!
LOVBORG
No puede publicarse.
SEÑORA ELVSTED
¿Dónde está?
LOVBORG
Oh, Thea… no me lo preguntes.
SEÑORA ELVSTED
Sí, sí, quiero saberlo. Tengo derecho
a saberlo ahora mismo.
LOVBORG
El manuscrito… Bueno… el
manuscrito, lo he roto en mil
pedazos.
HEDDA (Impulsivamente.)
¡Pero eso no es…!
LOVBORG (Mirándola.)
¿No es cierto, cree usted?
HEDDA (Calmándose.)
No… claro. Si usted lo dice. Pero
resulta tan increíble…
LOVBORG
Pues es verdad a pesar de todo.
LOVBORG
He hecho pedazos mi propia vida.
Así es que bien puedo hacer pedazos
mi propia obra…
SEÑORA ELVSTED
¡Y lo has hecho esta noche!
LOVBORG
Sí, ya te he dicho. En mil pedazos. Y
los he esparcido a lo largo del
fiordo. Muy lejos. Después de todo
es agua limpia y salada. Que floten
sobre ella. Que los lleven la
corriente y el viento hasta que
acaben por hundirse. Cada vez más y
más hondo. Como yo, Thea.
SEÑORA ELVSTED
Sabes, Lovborg, lo que has hecho
con el libro… Toda mi vida pensaré
que has matado a un niño.
LOVBORG
Tienes razón. Como matar a un niño.
SEÑORA ELVSTED
¡Pero cómo has sido capaz…! El
niño era también mío.
SEÑORA ELVSTED
Ni yo sé lo que voy a hacer. Todo
está oscuro ante mí.
LOVBORG
¿Yo? ¿Por la calle? ¿Para que la
gente nos vea juntos?
HEDDA
No sé qué más ha ocurrido esta
noche. ¿Pero es algo tan irreparable?
LOVBORG
No se trata sólo de esta noche. Estoy
completamente seguro. Es que no
quiero vivir esta clase de vida. No
volver a vivirla. Es el ánimo de
vivir y de luchar lo que ella ha roto
en mí.
LOVBORG
¡Oh, no diga que he sido cruel!
HEDDA
Destruir lo que ha mantenido su vida
tanto tiempo. ¿No le llama usted a
eso crueldad?
LOVBORG
A usted puedo decirle la verdad,
Hedda.
HEDDA
¿La verdad?
LOVBORG
Prométame primero… déme su
palabra de que lo que ahora le
confío no llegará nunca a oídos de
Thea.
HEDDA
Le doy mi palabra.
LOVBORG
Bien. Entonces le diré que no era
verdad lo que acabo de decir.
HEDDA
¿Sobre el manuscrito?
LOVBORG
Sí. No lo he roto en pedazos. Ni lo
he tirado al fiordo.
HEDDA
No… Pero entonces… ¿dónde está?
LOVBORG
Lo he destruido de todas formas.
¡Por completo, Hedda!
HEDDA
No lo entiendo.
LOVBORG
Thea dijo que lo que yo había hecho
era para ella como matar a un niño.
HEDDA
Sí…, eso es lo que dijo.
LOVBORG
Pero matar a un hijo… no es lo peor
que un padre puede hacer contra él.
HEDDA
¿No es lo peor?
LOVBORG
No. Lo peor es lo que he querido
evitar que Thea supiera.
HEDDA
¿Y qué es lo peor?
LOVBORG
Supongo, Hedda, que un hombre…
una mañana… después de una noche
de delirio y de orgía, regresa a casa
de la madre de su hijo y le dice:
Oye… he estado en tal y cual sitio.
Aquí y allá. Y llevaba conmigo a
nuestro hijo. Aquí y allá. He perdido
al niño. Así: perdido. Ni idea de
dónde ha ido a parar. Ni en manos
de quién está.
HEDDA
Pero… al fin y al cabo… era sólo un
libro.
LOVBORG
El alma entera de Thea estaba en él.
HEDDA
Sí, lo comprendo.
LOVBORG
Y también comprenderá que no
puede haber un futuro común para
nosotros dos.
HEDDA
¿Y qué camino va usted a seguir?
LOVBORG
Ninguno. Sólo poner fin a todo.
Cuanto antes, mejor.
HEDDA (Acercándose un paso.)
Eilert Lovborg… escuche… ¿no
podría hacerlo con… con belleza?
LOVBORG
¿Con belleza? (Sonríe.) Coronado
de pámpanos, como usted me veía en
tiempos…
HEDDA
Oh, no. Los pámpanos… ya no creo
en ellos. Pero con belleza, de todas
formas. ¡Por una vez siquiera!…
¡Adiós! Debe marcharse ahora. Y no
volver.
LOVBORG
Adiós, señora. Y salude a Jorge
Tesman de mi parte.
(Se dispone a
marcharse.)
HEDDA
¡No, espere! Debe llevarse un
recuerdo mío.
LOVBORG
Debió usted haberla usado entonces.
HEDDA
¡Tome! Úsela ahora.
HEDDA
Y hágalo con belleza, Eilert
Lovborg. ¡Prométamelo!
LOVBORG
Adiós, Hedda Gabler.
SEÑORITA TESMAN
Bueno, Hedda, aquí vengo con mis
prendas de luto. Mi pobre hermana
acabó de sufrir.
HEDDA
Ya lo sabía, como puede usted ver.
Tesman me envió una tarjeta.
SEÑORITA TESMAN
Sí, me prometió hacerlo. Pero así y
todo pensé que a Hedda… aquí, en
esta casa llena de vida… debía
comunicarle el fallecimiento yo en
persona.
HEDDA
Muy amable por su parte.
SEÑORITA TESMAN
Oh, Rina no debió marchar justo
ahora. El hogar de Hedda no debe
estar de luto en tiempo como éste.
SEÑORITA TESMAN
Oh, sí… marchó de forma tan
hermosa. Y con la indecible alegría
de volver a ver a Jorge. Y de
poderle decir adiós. ¿Aún no ha
vuelto?
HEDDA
No. Me escribe que no le espere
enseguida. Pero tome asiento.
SEÑORITA TESMAN
No, gracias, querida Hedda. Ya me
gustaría. Pero tengo poquísimo
tiempo. Tengo que amortajarla y
adornarla lo mejor que pueda. Debe
ser enterrada lo más guapa posible.
HEDDA
¿Puedo ayudarla en algo?
SEÑORITA TESMAN
Ni pensarlo. En semejantes cosas no
debe Hedda Tesman poner sus
manos. Ni ocupar sus pensamientos
tampoco. Y en ocasión como ésta,
menos.
HEDDA
Oh, los pensamientos… no se dejan
dominar así como así…
TESMAN
¿Estás aquí, tía Juli? ¿Con Hedda?
¡Figúrate!
SEÑORITA TESMAN
Estaba a punto de irme, querido
niño. Bueno, ¿has hecho todo lo que
me prometiste?
TESMAN
No, mucho me temo que he olvidado
la mitad, ¿sabes? Daré un salto para
verte de nuevo mañana. Porque hoy
tengo la cabeza hecha un lío. No
puedo dar cuenta de mis
pensamientos.
SEÑORITA TESMAN
Querido Jorge, no debes tomar las
cosas así.
TESMAN
¿Cómo? ¿Pues cómo debo tomarlas?
SEÑORITA TESMAN
Debes alegrarte de la pena.
Alegrarte por lo que ha ocurrido.
Como yo hago.
TESMAN
Ah, sí, claro. Estás pensando en tía
Rina.
HEDDA
Se sentirá usted muy sola ahora,
señorita Tesman.
SEÑORITA TESMAN
Los primeros días, sí. Pero espero
que no sea por mucho tiempo. ¡El
cuartito de Rina, que en paz
descanse, no permanecerá vacío, de
seguro!
TESMAN
¿Cómo? ¿A quién vas a instalar allí?
¿Eh?
SEÑORITA TESMAN
Oh, siempre se encuentra algún
pobre enfermo que necesita cuidado
y atención, por desgracia.
HEDDA
¿De veras va usted a cargar de
nuevo con una cruz así?
SEÑORITA TESMAN
¡Cruz! Dios te guarde, hija… no ha
sido ninguna cruz para mí.
HEDDA
Pero ahora se trata de un extraño, así
es que…
SEÑORITA TESMAN
Con los enfermos uno se hace amigo
enseguida. Y yo necesito tanto tener
alguien por quien vivir. Bueno,
gracias a Dios…, en esta casa
siempre habrá algún quehacer para
una vieja tía.
HEDDA
Oh, no hable de nosotros.
TESMAN
Piensa lo bien que viviríamos los
tres juntos, sí…
HEDDA
¿Sí…?
TESMAN (Inquieto.)
Oh, nada. Ya se arreglará.
Esperémoslo. ¿Eh?
SEÑORITA TESMAN
Sí, sí. Bueno, vosotros tendréis que
hablar, me figuro. (Sonríe.) Y Hedda
quizá tenga algo que contarte, Jorge.
¡Adiós! Debo volver con Rina. (Se
vuelve junto a la puerta.) ¡Oh,
Señor, qué raro se hace el pensarlo!
Ahora Rina está, a la vez, en casa y
con el pobre Joaquín.
TESMAN
¡Sí, figúrate, tía Juli! ¿Eh?
(La SEÑORITA TESMAN
sale por el vestíbulo.)
TESMAN
Oh, no se trata sólo de la muerte.
Quien me preocupa es Eilert.
HEDDA (Rápidamente.)
¿Se sabe algo de él?
TESMAN
Fui corriendo esta tarde para decirle
que el manuscrito estaba en buenas
manos.
HEDDA
¿Ah, y no diste con él?
TESMAN
No. No estaba en casa. Pero después
me encontré con la señora Elvsted y
me dijo que él había estado aquí esta
mañana.
HEDDA
Sí, justo cuando te habías ido.
TESMAN
Y que dijo que había roto el
manuscrito en pedazos. ¿Eh?
HEDDA
Sí, así afirmó.
TESMAN
Luego, cielo santo, debe de haber
perdido la razón. ¿Y, claro es, no te
atreviste a devolvérselo?
HEDDA
No.
TESMAN
¿Ni le dijiste que lo teníamos?
HEDDA
Tampoco. (Rápidamente.) ¿Se lo
dijiste a la señora Elvsted?
TESMAN
No. Pero se lo debiste haber dicho a
él. ¡Figúrate que en su desesperación
comete alguna locura! Dame el
manuscrito, Hedda. Iré de un salto a
devolvérselo ahora mismo. ¿Dónde
lo guardaste?
TESMAN
¡No lo tienes! ¿Qué quieres decir?
HEDDA
Lo he quemado. Por completo.
HEDDA
No grites. La criada puede oírte.
TESMAN
¡Quemado! ¡Pero por los clavos de
Cristo… no es posible!
HEDDA
Pues es verdad.
TESMAN
¡Pero sabes lo que has hecho,
Hedda! Es disponer ilegítimamente
de un objeto perdido. ¡Figúrate!
Pregúntaselo al juez Brack y te
enterarás.
HEDDA
Lo más prudente es no decirlo… ni
al juez ni a nadie.
TESMAN
¡Cómo has podido hacer algo tan
inaudito! ¿Cómo se te ha podido
ocurrir? ¿En qué estabas pensando?
Dime. ¿Eh?
HEDDA (Reprimiendo una casi
imperceptible sonrisa.)
Lo he hecho por ti, Jorge[7].
TESMAN
¡Por mí!
HEDDA
Al volver esta mañana y contarme
que te lo había leído…
TESMAN
Sí, sí, ¿y qué?
HEDDA
Confesaste que le envidiabas el
libro.
TESMAN
Oh, por Dios, no lo decía
literalmente.
HEDDA
Igual da. No puedo tolerar el que
otro te haga sombra.
HEDDA
Bueno, entonces es mejor que te
enteres… que justo ahora… (Con
vehemencia, cambiando el tema.)
No, no… pregúntaselo a tía Juli.
Ella te informará.
TESMAN
Oh, creo que casi te entiendo,
Hedda. (Aplaudiendo.) ¿No, cielo
santo… será posible? ¿Eh?
HEDDA
No grites. La criada puede oírte.
TESMAN
¿A qué te refieres, Hedda? ¿Eh?
TESMAN
¿Grotesco? ¿Que sea yo feliz? Pero,
bien mirado… quizá sea mejor que
no se lo diga a Berta.
HEDDA
Oh, sí… ¿por qué no también a ella?
TESMAN
No, no, aún no. Pero tía Juli tiene
que saberlo, desde luego. ¡Y que tú
comienzas a llamarme Jorge! ¡Tía
Juli se pondrá loca de alegría…
loca!
HEDDA
¿Cuando se entere que he quemado
los papeles de Eilert Lovborg… por
ti?
TESMAN
¡No, es verdad! Nadie debe
enterarse de lo del manuscrito. ¡Pero
de tu pasión por mí[8], Hedda…
claro está que ha de saberlo tía Juli!
Me pregunto si cosas así son
frecuentes en las jóvenes esposas.
¿Eh?
HEDDA
Creo que también deberías
preguntárselo a tía Juli.
TESMAN
Sí, eso haré a la primera
oportunidad. (De nuevo inquieto y
pensativo.) ¡Pero… pero el
manuscrito! Dios mío, qué horror
pensar en el pobre Eilert, de todas
formas.
HEDDA
¿Qué te ocurre, Thea?
TESMAN
¿Se trata de nuevo de Eilert
Lovborg? ¿Eh?
SEÑORA ELVSTED
Sí… tengo un miedo terrible de que
le haya ocurrido una desgracia.
TESMAN
Dios mío… ¿cómo puede ocurrírsele
semejante cosa, señora Elvsted?
SEÑORA ELVSTED
Sí, porque oí que hablaban de él en
la pensión, cuando volví. Hoy corren
los rumores más inverosímiles sobre
él por la ciudad.
TESMAN
¡Bueno, sí, también los he oído yo! Y
seguro que ha vuelto a casa y está
durmiendo. ¡Figúrate!
HEDDA
Bueno… ¿qué es lo que decían en la
pensión?
SEÑORA ELVSTED
No pude sacar nada en claro. Bien
no sabían nada más preciso o… se
callaron al verme. Y yo no me atreví
a preguntar.
SEÑORA ELVSTED
No, no, estoy segura que hablaban de
él. Y oí que decían algo del hospital,
o…
TESMAN
¡El hospital!
HEDDA
¡No… seguro que no es posible!
SEÑORA ELVSTED
Me entró un miedo horrible por él. Y
fui a su alojamiento a preguntar.
HEDDA
¿Te atreviste a eso, Thea?
SEÑORA ELVSTED
Sí, ¿qué otra cosa podía hacer? No
pude aguantar la incertidumbre por
más tiempo.
TESMAN
¿Pero no lo encontró usted? ¿Eh?
SEÑORA ELVSTED
No. Y no tenían noticias de él. No
había vuelto desde ayer por la tarde,
dijeron.
TESMAN
¡Desde ayer! ¡Imagínate!
SEÑORA ELVSTED
¡Creo que la única explicación
posible es que le haya ocurrido una
desgracia!
TESMAN
Oye, Hedda… ¿Y si salgo a
preguntar por ahí?…
HEDDA
No, no… no te mezcles en esto.
(El JUEZ BRACK, con el
sombrero en la mano,
entra por la puerta del
vestíbulo, que BERTA
abre y cierra tras él. Se
muestra serio y saluda
en silencio.)
TESMAN
¿Es usted, señor juez? ¿Eh?
BRACK
Sí, tenía precisión de verle.
TESMAN
Ya veo que ha recibido el recado de
tía Juli.
BRACK
También lo he recibido, sí.
TESMAN
¡Qué triste!, ¿no le parece? ¿Eh?
BRACK
Bueno, querido Tesman, según como
se mire.
BRACK
Sí, eso es.
BRACK
También según se mire.
TESMAN
¡Por Dios, diga qué es!
TESMAN
¡En el hospital! Y a punto de morir.
HEDDA (Involuntariamente.)
¡Tan pronto…!
BRACK
No se moleste, señora. Nadie puede
verle.
SEÑORA ELVSTED
¡Pero dígame lo que le ha ocurrido!
¿Qué ha sido?
TESMAN
¡Sí, porque él nunca lo haría por su
propia mano…! ¿Eh?
HEDDA
Sí, estoy segura de que lo ha hecho.
TESMAN
¡Hedda… cómo puedes decir eso!
TESMAN
¡Él mismo! ¡Figúrate!
HEDDA
¡Se ha disparado!
BRACK
De nuevo acierta, señora.
BRACK
Esta tarde. Entre las tres y las
cuatro.
TESMAN
¿Pero, Dios mío, dónde ha sido?
¿Eh?
SEÑORA ELVSTED
No, no puede ser. Porque yo estuve
allí después de las seis.
BRACK
Ah, pues en otro lugar entonces. No
lo sé exactamente. Sólo sé que lo
encontraron… Se había disparado…
en el pecho.
SEÑORA ELVSTED
¡Oh, qué horror pensarlo! ¡Que haya
tenido que acabar así!
HEDDA (A Brack.)
¿Fue en el pecho?
BRACK
Sí… ya he dicho.
HEDDA
¿No en la sien?
BRACK
En el pecho, señora Tesman.
HEDDA
Sí… en el pecho también está bien.
BRACK
¿Cómo dice, señora?
HEDDA (Evasiva.)
Oh, nada… nada.
TESMAN
¿Y la herida es mortal, dice usted?
¿Eh?
BRACK
Mortal de necesidad. Probablemente
habrá muerto ya.
SEÑORA ELVSTED
¡Sí, lo presentía! ¡Todo acabó!
¡Todo! ¡Oh, Hedda…!
TESMAN
¿Pero, dígame… dónde se ha
enterado usted?
BRACK (Seco.)
Por uno de los policías, con el que
he tenido ocasión de hablar.
HEDDA
Digo que hay belleza en su acción.
BRACK
Ejem, señora Tesman.
TESMAN
¡Belleza! ¡No, figúrate!
SEÑORA ELVSTED
Hedda, ¿cómo puedes hablar de
belleza en semejante caso?
HEDDA
Eilert Lovborg ha saldado sus
cuentas consigo mismo. Ha tenido el
valor de hacer lo que… lo que debía
hacer.
SEÑORA ELVSTED
¡No, yo no lo creo así! Lo que ha
hecho, lo ha hecho en un momento de
delirio.
TESMAN
¡Lo ha hecho por desesperación!
HEDDA
No. Estoy segura.
SEÑORA ELVSTED
Sí que lo ha hecho. En un rapto de
locura. Como rompió nuestros
cuadernillos en pedazos.
BRACK (Asombrado.)
¿Los cuadernillos? ¿El manuscrito,
quiere usted decir? ¿Lo rompió en
pedazos?
SEÑORA ELVSTED
Sí, anoche.
SEÑORA ELVSTED
¡Si pudiera componerse de nuevo!
TESMAN
¡Oh, si pudiera hacerse! Yo no sé lo
que daría…
SEÑORA ELVSTED
Quizá sea posible, señor Tesman.
TESMAN
¿Qué quiere decir usted?
TESMAN
¡Las ha conservado, señora Elvsted!
¿Eh?
SEÑORA ELVSTED
Sí, aquí las tengo. Las tomé al salir
de viaje. Y quedaron en el
bolsillo…
TESMAN
¡Oh, déjeme que las vea!
TESMAN
Imagínese si pudiéramos ordenarlas.
Quizá si trabajásemos juntos…
SEÑORA ELVSTED
Sí, intentémoslo por lo menos…
TESMAN
¡Lo haremos! ¡Hemos de hacerlo!
¡Pongo mi vida en ello!
HEDDA
¿Tú, Jorge? ¿Tu vida?
TESMAN
Sí, o mejor dicho, todo el tiempo de
que disponga. Mi obra tendrá que
esperar. Hedda… ¿comprendes? Es
algo que debo a la memoria de
Eilert.
HEDDA
Quizá lo sea.
TESMAN
Así es que, querida señora Elvsted,
trabajaremos juntos. Dios mío, para
nada sirve el cavilar sobre lo
ocurrido. ¿Eh? Tenemos que intentar
calmar nuestros ánimos para…
SEÑORA ELVSTED
Sí, sí, señor Tesman, haré cuanto
pueda.
TESMAN
Bueno, venga acá. Vamos a examinar
las notas ahora mismo. ¿Dónde nos
sentamos? ¿Aquí? No, allí en la
antesala. Excúseme, querido juez.
Venga conmigo, señora Elvsted.
SEÑORA ELVSTED
¡Señor… con tal que fuera posible!
(TESMAN y la SEÑORA
ELVSTED van a la
antesala. Ella se quita el
sombrero y el abrigo.
Ambos se sientan a la
mesa bajo la lámpara y
se enfrascan en un
atento examen de los
papeles. HEDDA se
dirige a la estufa y se
sienta en el sillón. Poco
después se le acerca
BRACK.)
BRACK
¿Liberación, señora Tesman? Sí, no
deja de ser una liberación para él.
HEDDA
Quiero decir, para mí. Una
liberación el saber que es posible
aún en el mundo el realizar un acto
de valor por pura voluntad. Algo con
el destello de la belleza espontánea.
BRACK (Sonriendo.)
Ejem… querida señora Tesman…
HEDDA
Ya sé lo que va usted a decir. Porque
usted no deja de ser, a su manera, un
especialista. Usted también, como…
¡bueno!
BRACK
Me duele hacerlo, señora Tesman…
pero me veo obligado a despertarla
de una hermosa fantasía.
HEDDA
¿Una fantasía?
BRACK
De la que usted, tarde o temprano,
acabaría por salir.
HEDDA
¿Y cuál es?
BRACK
No se ha disparado…
voluntariamente.
HEDDA
¿No voluntariamente?
BRACK
No. Lo sucedido con Eilert Lovborg
no ha sido exactamente como yo lo
he contado.
BRACK
En atención a la pobre señora
Elvsted, he introducido algunos
pequeños circunloquios.
HEDDA
¿Cuáles?
BRACK
El primero es que en realidad ha
muerto ya.
HEDDA
En el hospital.
BRACK
Sí. Y sin recuperar la conciencia.
HEDDA
¿Qué más ha omitido usted?
BRACK
Que el suceso no ha ocurrido en su
vivienda.
HEDDA
Bueno, eso no cambia mucho las
cosas.
BRACK
Quizá sí. Porque he de decirle que…
encontraron a Eilert Lovborg
malherido… en la alcoba de la
señorita Diana.
BRACK
Volvió esta tarde. Fue a reclamar
algo que le habían quitado. Dijo algo
confusamente acerca de un niño que
se había perdido…
HEDDA
Ah… fue por eso…
BRACK
Pienso si no sería el manuscrito.
Pero parece ser que lo había
destruido él mismo, según he oído.
Luego debía tratarse de la cartera.
HEDDA
Probablemente… Y fue allí… donde
le encontraron.
BRACK
Sí, allí. Con una pistola descargada
en el bolsillo del pecho. El disparo
le había herido mortalmente.
HEDDA
En el pecho… sí.
BRACK
No… le alcanzó en el vientre…
abajo[9].
HEDDA
¿Qué es?
BRACK
La pistola que tenía consigo…
HEDDA (Anhelante.)
¿Sí? ¿Qué?
BRACK
Debió de haberla robado.
BRACK
No hay otra explicación posible.
Debió de robarla… ¡Chist!
(TESMAN y la SEÑORA
ELVSTED se han
levantado de la mesa en
la antesala y vuelven al
salón.)
TESMAN
¿Y si nos sentásemos en el
escritorio? ¿Eh?
HEDDA
Sí, de acuerdo. (Rápida.) ¡No,
espera! Déjame que ponga orden
primero.
TESMAN
Oh, no es necesario, Hedda. Hay
lugar de sobra.
HEDDA
No, no, déjame sólo que lo
desocupe, te digo. Pondré esto sobre
el piano mientras tanto. Así.
(Saca un objeto,
cubierto con partituras,
de debajo de la
estantería, añade
algunas más y lo lleva
todo a la izquierda de la
antesala. TESMAN
coloca los papeles en el
escritorio y traslada allí
la lámpara de la mesa
del rincón. Él y la
SEÑORA ELVSTED se
sientan y vuelven a su
trabajo. HEDDA
regresa.)
TESMAN
Se hará. No hay más remedio. Y el
poner orden en los papeles de
otro… es justo lo mío.
(HEDDA se dirige a la
estufa y se sienta en uno
de los taburetes. BRACK,
de pie junto a ella,
apoyado en el sillón.)
BRACK (Bajo.)
Que la debió de haber robado.
HEDDA
¿Por qué robado?
BRACK
Porque cualquier otra explicación es
imposible, señora Tesman.
HEDDA
Ah, ya.
HEDDA
Sí.
BRACK
¿Estuvo usted sola con él?
HEDDA
Sí, un momento.
BRACK
¿Abandonó usted el salón mientras
él estaba aquí?
HEDDA
No.
BRACK
Piénselo. ¿No salió usted un
momento?
HEDDA
Bueno, quizá un instante… al
vestíbulo.
BRACK
¿Y dónde tenía usted su estuche de
pistolas mientras?
HEDDA
Lo tenía en…
BRACK
¿Sí, señora Tesman?
HEDDA
La caja estaba en el escritorio.
BRACK
¿Ha comprobado usted si las dos
pistolas están allí?
HEDDA
No.
BRACK
Ni hace falta. Yo vi la pistola que
Lovborg tenía consigo. Y la reconocí
al momento. De ayer. Y de antes
también.
HEDDA
¿La tiene usted quizá?
BRACK
No, la tiene la policía.
HEDDA
¿Para qué la necesita la policía?
BRACK
Para seguir la pista del propietario.
HEDDA
¿Cree usted que serán capaces de
descubrirlo?
HEDDA (Firme.)
Antes morir.
BRACK (Sonriendo.)
Eso es algo que se dice. Pero no se
hace.
BRACK
Sí, Hedda… entonces se produce el
escándalo.
HEDDA
¡El escándalo!
BRACK
El escándalo, sí… eso que le causa
a usted tal espanto. Naturalmente,
tendría usted que aparecer en juicio.
Junto con la señorita Diana. Ella
tendrá que explicar cómo se produjo
el suceso. Si se trata de un accidente
o de un homicidio. ¿Sacó él la
pistola del bolsillo para
amenazarla? ¿Y entonces se disparó?
¿O se la arrancó ella de la mano, le
disparó y volvió a colocarla en el
bolsillo? Esto le cuadra bastante
bien. Porque es una mujer con
arrestos, la tal señorita Diana.
HEDDA
Pero ninguno de esos horrores tiene
que ver conmigo.
BRACK
No. Pero usted tendría que contestar
a la pregunta: ¿Por qué le entregó
usted a Eilert Lovborg la pistola? ¿Y
qué conclusión se sacará del hecho
de que usted se la diera?
BRACK
Bueno, afortunadamente no existe
ningún peligro mientras yo no hable.
HEDDA (Mirándole.)
Luego estoy a merced suya, señor
juez. De ahora en adelante me tiene
en sus manos.
HEDDA
En su poder, de todas formas.
Dependiendo de su voluntad y
deseos. Esclava. ¡Esclava! (Se
levanta con vehemencia.) ¡No… no
puedo hacerme a la idea! ¡Jamás!
TESMAN
Dios sabe. Esto va a llevar meses de
trabajo, en todo caso.
SEÑORA ELVSTED
Oh, si pudiera también inspirar a tu
marido.
HEDDA
Sí, claro que sí, ya vendrá… con el
tiempo.
TESMAN
Sí, ¿sabes?, Hedda… creo que
empiezo a imaginarme algo así. Pero
vuelve a sentarte con el juez Brack.
HEDDA
¿Hay algo en que os pueda ser útil?
TESMAN
Oh, no, nada. (Volviéndose.) Le
ruego que tenga la amabilidad de
hacer compañía a Hedda, querido
juez.
HEDDA
Gracias. Pero esta noche estoy
cansada. Me voy a echar un poco
allí en el sofá.
TESMAN
Sí, hazlo, querida. ¿Eh?
(HEDDA se dirige a la
antesala y corre las
cortinas tras ella. Breve
pausa. De pronto se la
oye tocar una frenética
pieza de baile al piano.)
SEÑORA ELVSTED
Sí, quizá sea eso lo mejor.
TESMAN
Ah, de nuevo enredando con las
pistolas.
(Descorre la cortina y se
precipita dentro. Le
sigue la SEÑORA
ELVSTED. HEDDA yace
sin vida, tendida en el
sofá. Desconcierto y
gritos. BERTA acude
alarmada desde la
derecha.)