TEORÍA LITERARIA Y LITERATURA COMPARADA
,4rie/ Litemtum y Crítica
TEORÍA LITERARIA
Y LITERATURA COMPARADA
Jordi Llovet, Robert Caneq Nora Catelli,
Antoni Martí y David Viñas
Ariel
1.u edición: septiembre 2005
@ 2005: Jordi Llovet, Robert Caner, Nora Catelli,
Antoni Martí y David Viñas
Derechos exclusivos de edición en español
reservados para todo el mundo:
@ 2005: Editorial Ariel, S. A.
Avda. Diagonal, 662-664 - 08034 Barcelona
ISBN: 84-344-2509-2
Depósito legal: B. 32.530 - 2005
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2005. HUROPE, S. L.
- - 08030 Barcelona
Lima, 3, bis
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INDICE
Autores ll
Nota editorial 13
PRÓLoGo 15
Cepfruro l. Literatura v üterariedad 31
1.1. Introducción 3l
1.2. Aproximación histórica. Concepto y funciones de la literatura' De
la noción general de poesía a la noción general de literatura. . . . . 3l
1.3. Aparición del público lector 34
1.4. Separación entre esferas literarias y no literarias . ' . . 36
1.5. El cometido clásico de la poesía y su crisis tras el Romanticismo 38
1.6. Las instituciones literarias: el autor y la sociedad 40
1.7 . Secularización y autonomización del arte y la literatura ' . ' . . . . . 42
1.8.El concepto deliterariedad . . . . 44
1.9.La función poética 44
1.10. El objeto verbal estético como expresión de la lengua literaria . . . 52
1.11. Desarrollo histórico y antecedentes del Formalismo . 53
1.12. La Estilística ó0
1.13. Nueva crítica norteamericana o New Criticism 62
1.14. El Estructuralismo: lingüística y antropología ó5
Estructura y sujeto. Sujeto descentrado 69
Estructura y narrativa 73
1.15. La Deconstrucción . 74
1.1ó. Deconstrucción y feminismo . 78
1.17. Deconstrucción, estudios culturales y poscoloniales .. . 80
Conclusión 8t
Biblio grafía e sp ecíftc a 81
Cnpfruro 2. La periodización literaria .. . . 85
2.1. Aspectos generales 85
2.2. La cuestión del canon 88
2.3. El legado de la Antigüedad . . 90
TEORfA LITERARIA Y LITERATURA COMPARADA
2.4. La periodización literaria, entre las categorías históricas y las es-
téticas 96
2s
"'Ti::'ffi:iJ:li1:::::'::::
Humanismo y Renacimiento . .
: :: :::::: :::::: :
104
to4
111
Barroco y Neoclasicismo. . l19
El Romanticismo . 131
El Realismo literario r4l
El Simbolismo .... 149
El siglo xx. . . . 17l
B iblio grafía e sp ecífic a 202
Capfruro 3. La interpretación de la obra llteraria 205
3.1. Introducción 205
3.2. Alegoresis antigua y medieval 207
3.3. Lutero y la Reforma 212
3.4. La hermenéutica romántica: F. D. E. Schleiermacher y Friedrich
Schlegel 2t4
3.5. Hermenéutica y ciencias del espfritu: Wilhelm Dilthey 220
3.ó. Hermenéutica y diálogo: Hans-Georg Gadamer 224
3.7. Estética de la recepción: Hans Robert Jauss 231
3.8. Lectura de El tenemoto de Chile, de Heinrich von Kleist 233
B iblio grafía e sp ecífi c a 260
Cepfruro 4. Géneros literarios 263
4.1. Consideraciones previas 263
4.2. Sobre la pertinencia de los géneros literarios 274
4.3. Clasificaciones genéricas y fecundidad crítica de los géneros ... . 276
4.4. Función orientadora del género literario 278
4.5. Función hermenéutica del género literario 281
4.6. La consideración pragmática . . 285
4.7. Competencia literaria y competencia genérica 288
4.8. Niveles de abstracción genérica 291
4.9. Una visión diacrónica 299
4.10. Hibridismo genérico 308
4.11. Lagenericidad.,... 315
4.12. Géneroyoriginalidad.... 319
Bibliografía específica 329
C¡,pfruro 5. Literatura comparada JJJ
5.1. Introducción JJJ
5.2. Hacia la literatura comparada 334
5.3. El concepto de Wehliteratur 335
5.4. Institucionalizaciín, primeras definiciones y metodologías . . . . .. 346
ÍNucE
5.5. Avisadores de incendio: Benedetto Croce y Arturo Farinelli 353
5.ó. La crisis de la literatura comparada . . . . 357
5.7. De Goethe a Bajtin 374
5.8. La otredad de la literatura comparada . .. . 382
5.9. Una nueva perspectiva comparatista para Europa 397
Bibliografía específica 401
Epfroco. Las enseñanzas de la literatura 407
BrsrrocRAFfA, cE^rEML 441
fxorce oNoMÁsrrco 455
AUTORES
Jon¡I Lrovsr (Barcelona, 1.947), doctor en Filosofía y Letras, es catedrático
de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de
Barcelona, en la que ejerce especialmente en el ámbito de la compara-
tística, y director del ,\rea de Literatura del Institut d'Humanitats de
Barcelona. Es autor de diversos libros y artículos relacionados con su
especialidad, traductor de los clásicos europeos y crítico literario.
Ronpnr CeNnn (Herne, Alemania, 1962) estudió Filología Alemana, Teoría
de la Literatura y Filosofía en las universidades de Barcelona, Gro-
ningen y Múnich. Se doctoró con un trabajo sobre la filosofía del len-
guaje de Novalis. Entre los años 1'992 y 2001 fue profesor en la fa-
cultad de Humanidades de la Universitat Pompeu Fabra' Actualmen-
te imparte las asignaturas de Literatura y Filosofía, Historia de las
Ideas Estéticas, Literatura y Civilización, y Hermenéutica Literaria en
la Universidad de Barcelona. Ha traducido y editado Fragments, de
Novalis, y Notes de literatura, de Theodor W. Adorno.
None CRr¡rlr (Rosario, Argentina, 1946) se graduó en Letras en la Uni-
versidad de Rosario, donde enseñó desde 1971 hasta 1975. Se docto-
ró en Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona, ciudad en
la que reside desde 1976 y en la que actualmente enseña Teoría de la
Literatura y Literatura Comparada. Ha ejercido la crítica en numero-
sos medios. Además de múltiples estudios sobre temas y autores
europeos y americanos, ha publicado El espacio autobiográfico
(1991), El tabaco que fumaba Plinio. Escenas de la traducción en Es-
paña y América (en colaboración con Marietta Gargatagli, 1998) y Tbs-
timonios tangibles. Pasión y extinción de la lectura de Ia narrativa mo-
derna (Premio Anagrama de Ensayo,2001').
ANToNI Mnnrf MoNreRon (Torís, la Ribera Alta, 1968) es doctor en Huma-
nidades-Literatura Comparada por la Universidad Pompeu Fabra y
profesor de Teoúa de la Literatura y Literatura Comparada de la Uni-
versidad de Barcelona. Ha centrado sus investigaciones en la poética
de la vanguardia, la teoría de la autobiografía y la historia del com-
12 TEoRfA LITERARIA Y LITERATURA coMPARADA
paratismo. Sus principales publicaciones son: V Foix o Ia solitud de
"L
I'escriptura (Edicions 62, 1998) y L'erosió. Un viatge literari a Buenos
Aires (Edicions ó2, 2001). En el ámbito específico de la comparatísti-
ca cabe destacar: <La literatura comparada davant les comunitats in-
terliteráries en conflicte>, en Bases metodolóxicas para unha historia
comparada das literaturas da península lbérica (Santiago de Compos-
tela, U.S.C.,2004) y
"Literatura entre literatures: Joan Fuster i la li-
teratura comparada" (Valéncia, Universitat de Valéncia, 2005).
D¡vto VIñ¡s PreuER (Barcelona, 19ó8) es profesor titular de Teoría de la
Literatura y Literatura comparada en la universidad de Barcelona.
Ha publicado los libros Historia de la Crítica Literaria (Ariel, 2002) y
Hermenéutica de Ia novela en la teoría literaria de Francisco Ayala (N-
far, 2003), además de varios artfculos dedicados a tratar distintos pro-
blemas del ámbito de la teoría de la literatura.
NOTA EDITORIAL
Este libro es el resultado de una reflexión en equipo de un conjunto de
profesores de la Sección de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada
de la Universidad de Barcelona. La redacción de los capítulos debe atribuir-
se a los siguientes autores: Jordi Llovet (Prólogo, cap.2 y Epílogo), Nora Ca-
telli (cap.'1), Robert Caner (cap. 3), David Viñas (cap. 4) y Antoni Martí (cap.
5). Cada capítulo presenta, al final, una Bibliografía específica relativa a los
contenidos del capítulo en cuestión, con mención detallada de todos los li
bros usados en la redacción del mismo. Al final del libro se presenta ma Bi'
bliografía general, en la que se repiten algunos de los títulos citados al final
de cada capítulo, y se añaden otros, fundamentales, que los autores han juz-
gado de interés para los lectores de un libro de estas características.
Los usos tipográficos se atienen a criterios muy acostumbrados' Las
citas propiamente literarias (especialmente en el capítulo 2) se presentan
en lengua original en el cuerpo del texto, y se consigna, en nota a pie de
página, la correspondiente traducción al castellano, con indicación de la
autoría de la versión. En el caso de la poesía, los versos se separan con una
sola barra oblicua (/) y las estrofas con dos (ll). Las citas de carácter teóri-
co o ensayístico aparecen siempre en lengua española, y la nota al pie in-
dica su procedencia (puede tratarse de la publicación de la que proceden,
o del libro en lengua original del que la cita ha sido extraída, en cuyo caso
se da por entendido que la traducción corresponde al redactor del capítu-
lo correspondiente). En las referencias bibliográficas a pie de página, así
como en las entradas de todas las listas bibliográficas, aparece de vez en
cuando una fecha entre corchetes (por ejemplo: l1'947f), que remite a la
primera edición en lengua original del libro que se acaba de citar. La ex-
presión op. cit. o loc. cit., en cursiva, en una nota al pie, indica que el libro
que acaba de citarse ya ha aparecido, con todas las referencias habituales
(autot ciudad de edición, año de publicación, etc.) en una nota anterior o,
en algunos casos, que se hallará e4 el apartado correspondiente de la Bi-
bliografía específica o de la Bibliografía generaL
Se incluyen, al final del libro, un índice de nombres citados en el tex-
to, no exhaustivo, pero sí de los autores más frecuentados.
PRÓLOGO
La implantación, en los años setenta del siglo xx, de una asignatura
obligatoriá para todos los estudiantes de filología en España denominada
nlntioducción a los Estudios Literarioso y, pocos años después, la im-
plantación de la asignatura .Teoría de la Literatura), permitió el desarro-
ilo d. un discurso téórico que deseaba por todos los medios legitimar un
método distinto, original y heterogéneo en relación con los discursos q-ue
habían estudiado haita entonces el hecho literario. ¿Cuáles eran estos dis-
cursos tradicionales que habían asentado el estudio de la literatura en las
facultades de Letras áe nuestro país y aun de muchos países del ámbito
occidental?
En primer lugar destacaba, sin lugar a dudas, el discurso historicista.
La mayár parte dé la filología española de los siglos XIX y xx -desde que
los naóionálismos, en toda Europa, instituyeron la estrecha relación entre
un país, su lengua y su literatura como vasos comunicantes, campos que
se afianzaban entre sí- se fundamentó en los métodos de la historia stric-
to sensu, quizás vacilantes en la historiografía anterior al siglo XIX, pero
del todo lJgitimados a partir de la eclosión del método positivista-históri-
co, orgulloéamente basádo en los hechos fehacientes que dibujan el deve-
nir dJtoda civilización. Solo cabría puntualizal a este respecto, que los
hechos literarios no lo son solamente de una civilización, sino que son
también veces exclusivámente- hechos de cultura, es decil que han
-a
nacido con relativa independencia del marco social-antropológico de,una
colectividad. Convien", pues, desde el inicio de estas páginas dedicadas a
la teoría literaria, sur métodos y sus fines, dejar muy claro que las leyes
de causalidad que rigen el suceder de los hechos propiamente históricos
no siempre valen para el estudio de un hecho de cultura como 1o es el he-
cho liteiario; pueito que, en la medida en que está protagonizado, desde
el punto de viita del Jujeto agente, por un solo individuo -descontando,
cla-ro está, los hechos no menos oliterarios, que proceden de la tradición
colectiva y oral- acusa en mayor o menor grado el pes,o de un contexto
civilizatorio, pero de ningún modo queda atrapado en é1.
Pongamos un ejemplo elemental: la Divina Comedia, de Dante, expo-
ne la inipronta de unJ civilización cristiana medieval, y está fraguada,
ciertamente, sobre el caiarnazo de esta civilización; pero nadie puede po-
t6 TEORÍA LITERARIA Y LITERATURA COMPARADA
ner en duda de que es el genio de Dante el que, al alcanzar una síntesis iné-
dita entre la teología cristiana, la filosofía medieval, las costumbres y la
historia de su tiempo y muchas otras cosas, ofrece a esta civilización me-
dieval un hecho literario que, en cierto modo, va más allá del (marco es-
tablecido, o de los límites de la civilización y la cultura florentinas del
siglo xrr. Toda civilización es, en este sentido, un sedimento que los hom-
bres heredan, en cada momento histórico, como algo pasivo, precons-
tr-uido, como un precedente que dibuja, más que define, una vasta estruc-
tura simbólica en la que poder situarse con ciertas garantías de nidentifi-
cacióno. La cultura, sin embargo, ha ocupado un lugar en el seno de las
civilizaciones occidentales, por lo menos, y más cuanto más próxi-
mas a nuestro -las
presente histórico- que, en cierto modo, traspasa lal fron-
teras simbólicas preestablecidas por este marco simbólico ál qu. llama-
mos civilización: un marco definido por mitos colectivos, asunciones in-
discutidas, ritos y costumbres heredadas de una variedad sorprendente.
Los hechos de cultura las .manifestaciones sígnicasn que puedan
ser consideradas como tal -o cosa-, protagonizados poi *agentés simbóli-
cos) a veces enormemente singulares, pueden poseer un anclaje más o
menos eficaz y eficiente en estos hechos tradicionales, pero, en especial a
lo largo_ {e los siglos modernos y contemporáneos, pr"á".r legítimamente
(si no deben hacerlo, como se verá al analizar ciertos episodios de las li-
teraturas de los últimos dos siglos) superar este marco apriorístico, here-
dado por la vía de la tradición, en un movimiento por la tradición
se aprovecha y se respeta en muchos casos, pero que, "iqr" al mismo tiempo,
supera los modos de,significación de esta misma trádición, anulando par-
te de su vigencia-y llevando la cultura, en este sentido, a un lugar^que
parece udesbordar" la esfera de los símbolos y creencias y.
-siempre
blecidos, o incluso <anticiparse>, por así decirlo, a heihos que todavía "sia-
no
son propiamente ohistóricosu. La literatura, como la pintura o la música
en_ muchos casos, posee esta rara virtud, que no puedi pasar inadvertida
a los que la convierten en materia de estudio: plede estar íntimamente
vinculada a los hechos históricos como odato fehácienten, pero excede por
todos sus poros, o por muchos de ellos, el carácter clausurádo de estos he-
chos. Los hechos de cultura, en este sentido, desbordan a la propia histo-
ricidad en la medida en que la trascienden o la supera.r el sentido que
hemos apuntado. ".r
Por esta razótr, los métodos ofrecidos por los historiadores, en espe-
-
cial los métodos que ofrecía el positivismo histórico, aunque útiles y per-
tinentes en el estudio de muchos hechos culturales, no siempre fuJron
adecuados para dar cuenta de todo lo que resulta genuino, inésperado o
específico en un producto cultural: un hecho de cultura, repetimos, nace
en la historia, pero nace ya como proyección de la historia pasada o pre-
sente hacia una historia solo posible; y a veces, sin más, hacia el lugai de
la utopía, de un
"todavía no-lugarr. Una literatura como la de Baudélaire,
por ejemplo, obedece a un claro posicionamiento en la civilización pari-
PRÓLOGO l7
sina de la Francia de mediados del siglo xrx, pero supera este marco has-
ta asumir un lugar de diagnóstico de esta misma cultura urbana que ex-
cede, por todos lados, lo que se había pensado o dicho hasta entonces
acerca de Ia gran ciudad contemporánea. Una literatura como la de Kaf-
ka, para poner otro ejemplo muy claro, nace obviamente de la realidad
histórica de la ciudad de Praga y de la extraña vinculación de este escri-
tor con el Imperio de Austria-Hungría, y nace también, no puede negarse,
de las determinaciones de tipo histórico que pesan sobre un judío desa-
rraigado en el seno de una comunidad, la praguense, que usaba una len-
gua distinta de la que usa Kafka (el checo de la mayoría, frente al alemán
de la comunidad judía y funcionarial de la ciudad), comunidad ésta que,
además, poseía una religión mayoritaria distinta de la del escritor (cris-
tianismo frente a judaísmo) y que se movía, ya por entonces, por unos
mecanismos productivos sólidamente engarzados en la civilizaciín buro-
crática y mercantil propios de la época: mecanismos que, analizando las
declaraciones y el propósito nsimbólicon del propio Kafka, queda muy por
debajo de los designios y figuraciones del autor. En otras palabras: la li-
teratura de Kafka es fruto de unas determinaciones históricas caracterís-
ticas (muchas de las cuales son todavía las de nuestro contexto histórico),
pero es también una pieza miliar para realizar un diagnóstico avanzado,
oproféticor, de estas mismas determinaciones. Éste debería de ser el sen-
tido de las palabras que Franz Kafka dirigió a su joven amigo Gustav Ja-
nouch en una conversación ocasional: nEI arte es un espejo que "adelan-
ta" como un reloj... a veces.rl O estas otras, de parecido cariz:
"La misión
del escritor es convertir la aislada mortalidad en vida eterna. conducir lo
casual a lo forzoso. El escritor tiene una misión profética.o2
La historia, pues con ella, la biografía de un auto4, como reduc-
ción de lo histórico al-y,
sujeto agente de un hecho literario- es un cons-
tructo que habrá tenido una mayor o menor influencia en la génesis de una
obra literaria, pero que se queda siempre corta en el momento de anali-
zar lo específico de todas y cada una de las producciones literarias naci-
das, paradójicamente, en el seno de esta misma historia. La historia es un
proceso colectivo por definición solo un constructo tan ndiscur-
-quizás
sivo,, y por ello simbólico, en muchos casos, como la literatura misma-,
y la literatura es un objeto simbólico nacido, en otros muchos casos por
lo menos, como exponente de la libertad expresiva de un individuo; de
modo que los métodos de la historia no siempre (y en muchas ocasiones
en absoluto) permiten al estudioso agotar el sentido que encierra una de-
terminada obra literaria. La historia es una disciplina que puede ser usa-
da, sin duda, en el estudio de la literatura, pero que jamás, o muy rara-
mente, agotará lo que es característico de un producto literario, el cual,
como ya se ha dicho, puede ir más allá de lo determinado para entrar en
l. Gustav Janouch, Conversaciones con Kafka, Barcelona, Destino, 1997, pág. 247.
2. Id. ibid., pág.292.
18 TEORIA LITERARIA Y LITERATURA COMPARADA
una dimensión, en cierto modo ndesconocida" en los anales de lo ya exis-
tente o en el arsenal de los hechos históricamente clausurados.
En este sentido, conviene recordar que, desde su lugar de privilegio
en el seno de la teoría estructuralista, Roman Jakobson intervino en el de-
bate que estamos analizando con esta afirmación: ol-os historiadores de
la literatura se parecerían un poco a aquellos policías que, proponiéndo-
se arrestar a alguien, cogerían al azar todo lo que encontrasen en una
casa, como cogerían al primero que pasara por la calle. Los historiadores
de la literatura se servían de cuanto querían: vida personal, psicología, po-
lítica, filosofía.o3 Jakobson, como es sabido, fue uno de los primeros lin-
güistas, en el siglo xx en cierto modo, siguiendo un patrón
epistemológico que nos-aunque,
llevaría hasta Ia Poética de Aristóteles- que se
empeñó en subrayar qué había de específico en un hecho literario, empe-
zando con la famosa pregunta: "¿Qué es lo que hace que un mensaje ver-
bal pueda ser considerado literario?", pregunta a la que él mismo res-
pondió en términos oformalistas), en cierto modo irrebatibles, al llegar a
la conclusión de que la literatura se distingue de cualquier otro tipo de
mensaje verbal por el hecho de estar construido de una manera enorme-
mente peculial según un juego articulado de una serie de funciones que
pueden aparecer en cualquier mensaje verbal, pero con un énfasis en la
por él llamada ofunción poética del lenguaje) vendría a ser lo que
aquí hemos denominado (construcción lingüística -que peculiaro-, que es
aquella función del lenguaje que realza enfáticamente los elementos del
mensaje verbal por sí mismos. La tesis formalista de Jakobson, que este
libro no rechaza pero sí rnatiza, no dejaba de ser, al menos en su mo-
mento, un punto de partida enorrnemente saludable para los nuevos es-
tudios literarios, asfixiados por entonces por un exceso de ocupación po-
licial-histórica, en palabras del insigne lingüista.
Ésta es la razón por la que este libro acude a la historia como ins-
tmmento pertinente de análisis de la literatura, pero de una manera enor-
memente precavida, concediendo siempre a Ia literatura misma el carác-
ter de objeto simbólico original, ,,desmarcado,, o remarcable, estética-
mente hablando, que habitualmente posee.
Otra de las tradiciones metodológicas de gran solvencia en el estudio
de la literatura, perfectamente legítima y vigente, consiste en lo que llana
y generalmente denominamos nfilología". La filología, sólidamente confi-
gurada desde el episodio del humanismo renacentista, tiene unas preten-
siones mucho más discretas que la historia cuando se acerca a una obra
literaria, pues en principio, y en sentido estricto, es cometido de la filolo-
gía descifrar un manuscrito, fijar los textos para la posteridad, y solo sen-
tar las bases para toda ulterior discusión acerca de su objeto. En este sen-
tido, el uso de las diversas disciplinas que configuran la