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Qué es argumentar y su importancia

El documento define la argumentación como una práctica que consiste en dar una serie de afirmaciones para apoyar otra afirmación cuya aceptación genera dudas. El propósito de la argumentación es producir convencimiento en quien nos escucha o nos lee para solucionar disputas por medios racionales. La argumentación debe realizarse mediante procedimientos que garanticen que la aceptación sea fruto del apoyo brindado por otras afirmaciones ya aceptadas.
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Qué es argumentar y su importancia

El documento define la argumentación como una práctica que consiste en dar una serie de afirmaciones para apoyar otra afirmación cuya aceptación genera dudas. El propósito de la argumentación es producir convencimiento en quien nos escucha o nos lee para solucionar disputas por medios racionales. La argumentación debe realizarse mediante procedimientos que garanticen que la aceptación sea fruto del apoyo brindado por otras afirmaciones ya aceptadas.
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¿Qué es argumentar?

Argumentar es una práctica que consiste en dar una serie de afirmaciones para
apoyar otra afirmación, cuya aceptación genera ciertas dudas. Tales dudas pueden
ser de quien argumenta o también, ajenas. Por estas razones, esta práctica supone,
en ocasiones, la existencia de un contexto de discusión o diálogo argumentativo. Es
decir, al argumentar, intentamos resolver nuestros conflictos de opinión.
Cuando argumentamos intentamos producir convencimiento en quien nos escucha
o en quien nos lee, esto es, que acepte la afirmación sobre la que se argumenta.
Fundamentalmente, argumentamos para solucionar nuestras disputas por medios
racionales. Es cierto que, en el transcurso de una discusión oral o escrita, los
participantes tratan de imponer su posición. Sin embargo, tal imposición no puede
darse a cualquier costo y, sobre todo, no debe imponerse la fuerza. Se imponen
sólo aquellas afirmaciones que resulten aceptables luego de haber sido sometidas
a una discusión.
Además, esta discusión debe realizarse mediante procedimientos que garanticen
que la aceptación sea fruto del apoyo brindado por otras afirmaciones ya aceptadas.
También podemos definir el Argumentar como una práctica que debe ser efectuada
garantizando que las razones que ofrecemos para aceptar algo sean el elemento
principal de esa aceptación.
La argumentación tiene como cometido el convencer. El cual es un proceso racional
y reflexivo, en el que prima la razón en el ámbito de la ciencia y el conocimiento. El
emisor fundamenta lógicamente sus argumentos, puesto que por lo general suele
estar refiriéndose a algún elemento del mundo real o de la realidad social, común a
todas las personas. En cambio persuadir es el proceso donde los motivos priman
las razones en el ámbito de gustos y convicciones. El emisor apela a los aspectos
subjetivos que pueda tener en común con su interlocutor, suele ser el tipo de
argumentación más común en la vida cotidiana y en el mundo privado de la
sociedad. Por lo mismo no es lo mismo ocupar los mismos argumentos persuasivos
con una persona u otra.
Necesidad de argumentar

Cuando alguien desarrolla una argumentación para convencer a otro de que acepte
su tesis, lo hace en un determinado contexto. Éste abarca las creencias,
las costumbres, las ideas de la comunidad a la cual ambos pertenecen. Además, el
contexto determina las convenciones lingüísticas que ambos usan, es decir, el
valor semántico de las palabras empleadas. Cuando el contexto en el que se
desarrolla la argumentación, no es común a sus participantes, alguien puede
fácilmente utilizar palabras que resulten molestas o agravantes para los demás.

Argumentar consiste en ofrecer una serie de razones o de pruebas en apoyo de una


conclusión. Como no todos los puntos de vista son iguales, y a menudo las personas
discutimos acerca de ellos, es bueno informarse acerca de qué opiniones son
mejores. Al hacerlo, podremos formarnos nuestra propia opinión, juzgar con
mayores garantías de acierto y, en la medida de lo posible, evitar errores.
Los errores en la argumentación se denominan falacias. Algunos de ellos son tan
comunes y tentadores que tienen sus propios nombres. Ni que decir tiene que las
falacias se pueden cometer tanto voluntaria como involuntariamente. Pero
como para detectar una falacia hay que entender cuál es la regla que incumple,
veamos primero los buenos argumentos y las reglas que éstos siguen. Por cierto,
en todo argumento hay que distinguir entre premisas y conclusión.
Las premisas son las afirmaciones mediante las cuales ofrecemos nuestras
razones; la conclusión es el enunciado a favor del cual estamos dando esas
razones.
Propósito de la argumentación

 Una tesis o conclusión principal a favor de la cual se quiere argumentar.

 Un conjunto de premisas desde las cuales se pretende inferir la tesis.

 Un argumento que muestre cómo de las premisas se sigue la tesis.

 Identificar y entender la presentación de un argumento, explícito o implícito, las

metas o propósitos de los participantes en los diferentes tipos de diálogo.

 Identificar la conclusión y sus premisas, es decir, la conclusión es derivada de

éstas.

 Establecer carga de la prueba para determinar quién hizo la afirmación inicial y

por consiguiente el responsable de proveer las evidencias por las que su

posición merece ser aceptada.

 Se pone en orden las evidencias para su posición con objeto de convencer o

forzar la aceptación del oponente. El método por el cual esto es realizado es

mediante válidos, atinados y convincentes argumentos, faltos de flaqueza y no

fácilmente atacables, criticables o impugnables.

 Identificar fallos en el argumento o razonamiento del oponente para poder

atacar las razones o premisas del mismo y proveer contraejemplos, si es

posible, para identificar falacias que muestren que una conclusión válida no

puede ser derivada de las razones o argumentos que el oponente ha mostrado.


Objetivos de la argumentación

Para plantear un discurso argumentativo es necesario conocer las


condiciones de propiedad y legitimidad. Las condiciones de propiedad son las
características que tiene que reunir el destinatario a quien se dirige el
argumentador, es necesario conocerlas para que el argumento sea efectivo.
Las condiciones de legitimidad tienen que ver con la autenticidad de la figura
del argumentador.

De acuerdo con las condiciones de propiedad, en primer lugar se argumenta


partiendo de que el otro no adhiere a la tesis pero puede llegar a convencerse
de ella. En segundo lugar, se argumenta a partir del supuesto de que el otro
tiene la inteligencia y los conocimientos necesarios para comprender los
argumentos.

En cuanto a las condiciones de legitimidad, a veces, cuando el argumentador


no está seguro de que el otro confía en su legitimidad, puede apelar a
enunciados justificativos.

El argumentador también debe suponer que el otro puede ser persuadido


mediante una argumentación adecuada: si encuentra resistencia será posible
desplegar las estrategias persuasivas necesarias para hacerlo cambiar de
opinión. La argumentación es legítima cuando hay una concesión mutua de
derechos entre los interlocutores. En este campo inciden no sólo el contexto
de la situación sino también los roles de autoridad que se establecen entre
ellos.
Efectos de la argumentación en otras personas y en mí mismo

Queda claro que cuando nos dirigimos a otra persona con el objeto de
conseguir en su pensamiento o conducta una modificación que responda a
nuestros intereses, hacemos una argumentación. Se trata de un ejercicio
social que permite, mediante la acción comunicativa, enriquecer el
conocimiento y la experiencia, así como reforzar los procesos de toma de
decisiones en todos los niveles, pues todos, en la vida cotidiana, sentimental,
académica o profesional siempre estamos haciendo cosas, es decir, tomando
decisiones.

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