Heráclito
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Para otros usos de este término, véase Heráclito (desambiguación).
Presunto busto de Heráclito que se halla en la «Sala dei filosofi» de los Museos Capitolinos de Roma.1
Heráclito de Éfeso (en griego: Ἡράκλειτος ὁ Ἐφέσιος Herákleitos ho Ephésios), conocido también
como El Oscuro de Éfeso,2 fue un filósofo griego. Nació hacia el año 540 a. C. y falleció hacia
el 480 a. C.345
Era natural de Éfeso, ciudad de la Jonia, en la costa occidental del Asia Menor (actual Turquía). Como
de los demás filósofos griegos anteriores a Platón, no quedan más que fragmentos de sus obras, y en
gran parte se conocen sus aportes gracias a testimonios posteriores.
Índice
1Legado
2Eponimia
3Notas y referencias
4Bibliografía
5Enlaces externos
Legado[editar]
La obra de Heráclito es completamente aforística. Su estilo remite a las sentencias del oráculo de
Delfos y reproduce la realidad ambigua y confusa que explica, usando el oxímoron y la antítesis para dar
idea de la misma. Diógenes Laercio (en Vidas..., IX 1–3, 6–7, 16) le atribuye un libro titulado Sobre la
naturaleza (περὶ φύσεως), que estaba dividido en tres secciones: «Cosmológica», «Política» y
«Teológica». No se posee mayor certeza sobre este libro. El primer estudioso en proponer un
ordenamiento de los fragmentos fue P. Schuster (1873),6 poniendo a la cabeza de todos el que
posteriormente fue dispuesto como B56 (Diels-Kranz) y que refiere la adivinanza que unos niños
plantearon a Homero, y que este, "el más sabio de todos los griegos", como lo pinta Heráclito (véase más
abajo), no supo resolver. Ingram Bywater en 1877 hizo un reacomodo de los fragmentos conforme a la
indicación de Laercio, traducido al español por José Gaos. Es curioso que Bywater no considera
importante el fragmento que Schuster pone a la cabeza de todos, y no lo incluye en su propia
ordenación. Agustín García Calvo reconstruye la posible estructura del libro en su edición de los
fragmentos del mismo, titulada Razón común. Distingue tres apartados: «Razón general», «Razón
política» y «Razón teológica».
Heráclito afirma que el fundamento de todo está en el cambio incesante. El ente deviene y todo se
transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa.
Es común incluir a Heráclito entre los primeros filósofos físicos (φυσικοί, como los llamó Aristóteles),
que pensaban que el mundo procedía de un principio natural (como el agua para Tales de Mileto, el aire
para Anaxímenes y el ápeiron para Anaximandro), y este error de clasificación se debe a que, para
Heráclito, este principio es el fuego, lo cual no debe leerse en un sentido literal, pues es una metáfora
como, a su vez, lo eran para Tales y Anaxímenes. El principio del fuego refiere al movimiento y cambio
constante en el que se encuentra el mundo. Esta permanente movilidad se fundamenta en una estructura
de contrarios. La contradicción está en el origen de todas las cosas.
Todo este fluir está regido por una ley que él denomina Λόγος (Logos). Este Logos no solo rige el
devenir del mundo, sino que le habla (indica, da signos, fragmento B93DK) al hombre, aunque la
mayoría de las personas «no sabe escuchar ni hablar» (fragmento B73DK). El orden real coincide con el
orden de la razón, una «armonía invisible, mejor que la visible» (B54DK), aunque Heráclito se lamenta
de que la mayoría de las personas viva relegada a su propio mundo, incapaces de ver el real. Si bien
Heráclito no desprecia el uso de los sentidos (como Platón) y los cree indispensables para comprender la
realidad, sostiene que con ellos no basta y que es igualmente necesario el uso de la inteligencia, como
afirma en el siguiente e importante fragmento:
Se engañan los hombres [...] acerca del conocimiento de las cosas manifiestas, de la misma manera que Homero,
que fue [considerado] el más sabio de todos los griegos. A él, en efecto, unos niños que mataban piojos lo
engañaron, diciéndole: 'cuantos vimos y atrapamos, tantos dejamos; cuantos ni vimos ni atrapamos, tantos
llevamos'.
en Hermann Diels-Walther Kranz, Fragmente der Vorsokratiker, 22 B56
Al uso de los sentidos y de la inteligencia, hay que agregarle una actitud crítica e indagadora. La mera
acumulación de saberes no forma al verdadero sabio, porque para Heráclito lo sabio es «uno y una sola
cosa», esto es, la teoría de los opuestos. El fragmento quizás más conocido de su obra dice:
ποταμοῖς τοῖς αὐτοῖς ἐμβαίνομεν τε καὶ οὐκ ἐμβαίνομεν, En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues]
εἶμεν τε καὶ οὐκ εἶμεν τε. somos y no somos [los mismos].
en Diels-Kranz, Fragmente der Vorsokratiker, 22 B12
Heráclito llorando, por Hendrick ter Brugghen (1628).
El fragmento (citado con frecuencia erróneamente como no se puede entrar dos veces en el mismo río,
siguiendo la versión que da Platón en el Crátilo) ejemplifica la doctrina heraclítea del cambio: el río —
que no deja de ser el mismo río— ha cambiado sin embargo casi por completo, así como el bañista. Si
bien una parte del río fluye y cambia, hay otra (el cauce, que también debe interpretarse y no tomarse en
un sentido literal) que es relativamente permanente y que es la que guía el movimiento del agua.
Algunos autores ven en el cauce del río el logos que «todo rige», la medida universal que ordena el
cosmos, y en el agua del río, el fuego. A primera vista esto puede parecer contradictorio, pero debe
recordarse que Heráclito sostiene que los opuestos no se contradicen sino que forman una unidad
armónica (pero no estática). Es razonable, entonces, que la otra cara del agua sea el fuego, como él
mismo lo adelanta en sus fragmentos.
A pesar que existen ciertas similitudes entre Heráclito y Parménides de Elea, las doctrinas de ambos
siempre han sido contrapuestas (con cierto margen de error), ya que la del primero suele ser llamada
«del devenir» o (con cierto equívoco) «del todo fluye», mientras que el serparmenídeo es presentado
como una esfera estática e inmóvil.
Era conocido como «el Oscuro», por su expresión lapidaria y enigmática. Ha pasado a la historia como
el modelo de la afirmación del devenir. Su filosofía se basa en la tesis del flujo universal de los seres:
«Panta rei» (πάντα ρεῖ), todo fluye. El devenir está animado por el conflicto: «La guerra (pólemos) es el
padre de todas las cosas», una contienda que es al mismo tiempo armonía, no en el sentido de una mera
relación numérica, como en los pitagóricos, sino en el de un ajuste de fuerzas contrapuestas, como las
que mantienen tensa la cuerda de un arco. Para Heráclito el arjé es el fuego, en el que hay que ver la
mejor expresión simbólica de los dos pilares de la filosofía de Heráclito: el devenir perpetuo y la lucha
de opuestos, pues el fuego solo se mantiene consumiendo y destruyendo, y constantemente cambia de
materia. Ahora bien, el devenir no es irracional, ya que el logos, la razón universal, lo rige: «Todo surge
conforme a medida y conforme a medida se extingue». El hombre puede descubrir este logos en su
propio interior, pues el logos es común e inmanente al hombre y a las cosas (la doctrina de Heráclito fue
interpretada, olvidando esta afirmación del logos, en la filosofía inmediatamente posterior —sobre todo,
en Platón— como una negación de la posibilidad del conocimiento: si nada es estable, se niega la
posibilidad de un saber definitivo). De Heráclito es también la doctrina cosmológica del eterno retorno:
la transformación universal tiene dos etapas que se suceden cíclicamente: una descendente por
contracción o condensación, y otra ascendente por dilatación.
He aquí algunas frases de Heráclito:
«En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no
somos [los mismos]» (citado erróneamente, debido a una obra
de Platón, como «Ningún hombre puede bañarse dos veces en el
mismo río»).
«La armonía invisible es mayor que la armonía visible».
«Ni aun recorriendo todo camino llegarás a encontrar los límites del
alma; tan profundo logos tiene».
«Pero aunque el logos es común, casi todos viven como si tuvieran
un inteligencia (φρόνησιν) particular».
«Conviene saber que la guerra es común a todas las cosas y que la
justicia es discordia».
Heráclito reprocha al poeta que dijo: «¡Ojalá se extinguiera la
discordia de entre los dioses y los hombres!», a lo que responde:
«Pues no habría armonía si no hubiese agudo y grave, ni animales si
no hubiera hembra y macho, que están en oposición mutua»
(fragmento 9a Walzer = A 22 Diels-Kranz).7
Eponimia[editar]
El cráter lunar Heraclitus lleva este nombre en su honor.
Asimismo, el asteroide (5204) Herakleitos conmemora al filósofo.
Notas y referencias[editar]
1. Volver arriba↑ Algunas fuentes dan por segura la atribución; véase por
ejemplo esta página
Archivado el 2 de octubre de 2013 en la Wayback Machine. de la
web Hellenica (enlace consultado el 16 de julio de 2010).
2. Volver arriba↑ Rodolfo Mondolfo: Heráclito. Textos y problemas de
su interpretación. Madrid: Siglo Veintiuno (undécima edición), 2000.
3. Volver arriba↑ «Heraclitus». Encyclopaedia Britannica (en inglés).
Consultado el 26 de agosto de 2017.
4. Volver arriba↑ En la misma Encyclopaedia Britannica, edición de
1911, se citan las fechas hacia 540 y 475 a.C.
5. Volver arriba↑ En la obra Grandes Científicos de la Humanidad de
Manuel Alfonseca (ISBN 8423986381), Espasa Calpe, 1998; se citan
los años hacia 540 y 480 a.C.
6. Volver arriba↑ Schuster, Paul. (1873) Heraklit von Ephesos, Liepzig.
En Mouraviev, Serge, HERACLITEA IV A. Refectio: "Les muses" ou
"De la nature", [Reconstruction du livre d'Héraclite à partir des
fragments et témoignages], Academia Verlag, 2011, pp. 172 ss.
7. Volver arriba↑ Mondolfo, op. cit., p. 31
Bibliografía[editar]
Carpio, Adolfo P. (2004). Principios de filosofía. Ed. Glauco,
Buenos Aires. ISBN 950-9115-01-0.
Eggers Lan, Conrado; y Juliá, Victoria E. (Introducciones,
traducciones y notas) (1978 (2ª edición 1986)). Los filósofos
presocráticos: Vol. I. Madrid: Editorial Gredos.
Gallero, José L.; y López, Carlos E. (2009). Heráclito: fragmentos e
interpretaciones. Madrid: Ediciones Ardora. ISBN 84-88020-40-6.
García Calvo, Agustín (1985). Razón común. Edición crítica,
ordenación, traducción y comentario de los restos del libro de
Heráclito. Lecturas presocráticas II. Madrid: Lucina (1ª Ed.). ISBN
84-85708-23-7.
Heidegger, Martin & Eugen Fink. Trad. de Jacobo Muñoz y
Salvador Mas (1986). Heráclito. (Título original: Heraklit. Seminar
Wintersemester 1966–1967, Vittorio Klostermann, Frankfurt a.
M., 1970). Ed. Ariel, Barcelona.
Kirk, G. S. & Raven, J. E. & Schofield, M. (2008). Los Filósofos
presocráticos. Historia crítica con selección de textos. Madrid:
Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-3567-2.
Ortega y Gasset, José. Edición de Paulino Garagorri (1981). Origen
y Epílogo de la Filosofía. Revista de Occidente en Alianza Editorial,
Madrid.
Schöndorf, Harald (2000). «Heráclito, Hipólito y el tornillo
batanero. Acerca del Fragmento 59 de Heráclito (m.-K)». Nova
Tellus (18 (1)).
Enlaces externos[editar]
Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia
sobre Heráclito.
Wikiquote alberga frases célebres de o sobre Heráclito.
Los fragmentos en traducción de José Gaos en la Biblioteca Virtual
Miguel de Cervantes.
[Link] (en español).
Diógenes Laercio: Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más
ilustres, IX, 1 - 17 (Heráclito).
Texto español en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Texto griego en Wikisource.
Textos griegos de Heráclito en Wikisource.
Textos griegos de Heráclito en el sitio de la Bibliotheca Augustana
(Augsburgo).
Hermann Alexander Diels: Fragmentos de los presocráticos (Die
Fragmente der Vorsokratiker). La primera edición se hizo en 1903
en Berlín, y fue dirigida por el propio Diels. A partir de la 5ª,
sustituiría a Diels Walther Kranz.
XII: Herakleitos.
Texto griego, con comentarios en alemán: 1ª ed., de 1903,
en facsímil electrónico en Internet Archive.
Texto griego de la 2ª ed., de 1906, en el sitio de Philippe
Remacle (1944 - 2011).
: Q41155
WorldCat
IAF: 101906635
SNI: 0000 0001 2143 1000
NA: 000028559
NE: XX873937
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