UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA
“EL RECONOCIMIENTO POR LA OTREDAD INDÍGENA
BASADA EN EL RESPETO A SU IDENTIDAD”
TESIS
Que para obtener el grado de
MAESTRA EN DERECHOS HUMANOS
Presenta
ROSELIA BUSTILLO MARIN
DIRECTOR DE TESIS:
MTRO. GERMÁN PLACENCIA CASTELLANOS
LECTORA: DRA. MARTA EUGENIA GARCÍA UGARTE.
LECTOR: DR. EDMUNDO PALACIOS PASTRANA
México, D.F. 2006
1
¿Qué hacer? ¿qué hacer, aquí, ahora?, Y aquí, ahora, ¿qué hacer de
la pregunta “¿qué hacer?”?.
La pregunta “¿qué hacer?” habrá siempre resonado al borde del abismo o
del caos, en frente del horizonte más indeterminado, más angustioso,
cuando se diría que todo debe ser repensado, re-decidido, re-fundado, de
arriba abajo, y ahí donde tal vez abajo, el fundamento y la fundación
llegan a faltar. Pues el caos es la forma de todo porvenir en cuanto tal, de
todo lo que viene. El evento es esencialmente caótico. Por otra parte el
abismo abierto al khaos es también la forma abierta y vana de mi boca, la
del mentón caído, cuando ya no sé que decir, pero también cuando llamo
o cuando tengo hambre.
No sólo toca pensar: es más urgente que nunca, y no se reduce ni al
ejercicio del saber ni al del poder. Estas áreas de decisión, tienen que
imponerse ya a cada instante, cotidianamente, inmediatamente, a cada
paso, a cada frase, de manera nueva, no solamente a cada cual sino
particularmente a quienes hacen profesión es decir a quienes pretenden
ejercer los cargos de decididores responsables, magisterios o ministerios
(hombres políticos de toda clase, sean legisladores o no, hombres y
mujeres de ciencia, enseñantes, profesionales de los media, consejeros e
ideólogos en todos los dominios, en particular de la política, de la ética o
del derecho). Todas estas personas serían radicalmente incompetentes,
paradójicamente, no si de antemano supiesen, como casi siempre creen,
qué es el hombre, etc., qué es la vida, qué quiere decir “presente”, etc.,
qué quiere decir “justo”, qué quiere decir “venir”, es decir el que viene, el
otro, la hospitalidad, el don; serían incompetentes, como creo que lo son
frecuentemente, porque creen saber, porque están en posición de saber y
son incapaces de articular estas preguntas y de aprender a formarlas. No
saben dónde y cómo se han formando, o cómo aprender a volverlas a
formar.
Qué hacer de la pregunta “¿Qué hacer?”?
Jacques Derrida y Alain Minc.
“Penser ce qui vient”,
Le Nouveau Monde (París, 1994)
2
ÍNDICE
INTRODUCCION………………………………………………………………………5
Justificación del problema..…………………………………………………………...9
Planteamiento del problema…………………………………………………………10
Objetivo General………………………………………………………………………12
Objetivos Específicos………………………………………………………………...12
Hipótesis……………………………………………………………………………….13
Metodología……………………………………………………………………………14
Técnicas de Investigación……………………………………………………………15
Estructura organizativa de la tesis..…………………………………………………15
CAPITULO I. Marco conceptual indígenas...……………………………………17
1.- Minorías y grupos vulnerables…………………………………………………...21
2.- Pueblos y Grupos étnicos………………………………………………………...26
2.1 Definición de Etnia……………………………………………………......26
2.2 Concepto de “pueblo”………………………………………………….....28
2.3 El indígena....……………………………………………………………...30
CAPITULO II. Fenómenos modernos de reconocimiento…………………....47
1.- Multiculturalismo…………………………………………………………………..47
1.1 El Reconocimiento. Definición y su importancia……………………………...59
2.- Pluralismo………………………………………………………………………….66
CAPITULO III El entendimiento de la Otredad………………………………….72
1.- La Otredad…………………………………………………………………………72
3
2.- Alteridad……………………………………………………………………………74
3.- Identidad…………………………………………………………………………...75
4.- El mundo, el poder y la homogenización del otro………………………….....77
5.- El rostro……………………………………………………………………………82
6.- El reconocimiento del otro…………………………………………………........84
CAPITULO IV. El indígena y su reconocimiento………………………………90
1.- El no reconocimiento del otro indígena en la ley……………………………..90
2.- El indígena reconocido hace posible un “pluralismo de la sociedad”……..103
CONCLUSIONES GENERALES…………………………………………………114
BIBLIOGRAFIA……………………………………………………………………..120
4
INTRODUCCION.
Un tres de septiembre, en la ciudad zapoteca de Juchitán de Zaragoza,
Oaxaca, día en que se celebraba la Vela “Pineda”1; Ella,2 acompañada de un
extranjero europeo, vestida con su traje regional de tehuana, él3 con una
guayabera comprada en el mercado central (corazón de la ciudad), disfrutando
de una hermosa fiesta, en medio de un mundo de colores; él se acerca, la mira,
y le pregunta: “¿Cómo puedes manejarlo? ¿Cómo puedes llevar una vida aquí
y una vida allá? ¿Cómo interactúa tu vida entre esta y la otra?”
Otras extranjeras-mexicanas, amigas compañeras de trabajo de ella, dedicadas
a la defensa de los derechos de los pueblos indígenas, vestidas de tehuanas
con trajes prestados de una familia del lugar, emocionadas por el colorido de
los trajes, de las flores en los peinados de las mujeres, comentan a oídos de
ella: “qué bonitas, ¡qué maravillosas se ven las juchitecas!” Ella se sorprende
por la falta de profundidad de los comentarios y piensa dentro de sí, “las
juchitecas no son piezas de museo”.
1
Vela: son las grandes fiestas de vecinos de la comunidad juchiteca, en honor a un santo o santa, de
alguna agrupación profesional o artesanal, de los habitantes de algún barrio determinado o de alguna
familia, en este caso la familia Pineda.
2
Ella, una mujer desarrollada entre dos mundos, uno con una familia originaria zapoteca con tradiciones
arraigadas hasta los últimos tiempos en el cual nunca vivió, solo visitaba en vacaciones y ocasiones
especiales, y el segundo mundo en el cual nació, creció es en el occidental moderno, entre las ciudades de
México, Oaxaca, con educación en el extranjero y en las mejores escuelas del país. Para ella, esas dos
visiones de mundo, no existen, pues su mundo sólo es uno. Llevar las dos realidades dentro de ella no es
nada anormal ni diferente, solo es ella y su identidad.
3
Europeo, Austriaco, diplomático de la Unión Europea en México, de la parte de desarrollo de los
derechos humanos, con una visión occidental moderna de respeto en el mundo capitalista.
5
Los dos hechos, son una muestra de similares líneas de pensamiento venidas
desde dos mundos diferentes, que se preguntan sobre otro distinto. Ella
reflexiona acerca de una realidad que no requería voltear por que no pensaba
necesaria, ya que solo veía un mundo en su vida. Era tan común como
cualquier otro.
No percibía la importancia que tenía entre sus manos, un escenario poco
común para unos, pero tan normal y cotidiano para otros como ella. Un yo
formado por dos mundos entrelazados en uno solo. (Vivía en dos realidades
que no veía. No distinguía que se hallaba inmersa en dos “culturas” distintas,
que se entremezclan y se llevan). Entre los dos mundos, las identidades
combinan, se respetan y conviven. Solamente es una cultura, una vida, una
mezcla de identidades respetadas reconocidas en su yo.
La visión de una persona extranjera, formada desde un pensamiento occidental
moderno dominante, con tendencias hegemónicas. Ajena a ese mundo, podía
diferenciarlo del suyo surgiendo varios cuestionamientos. No puede
comprender o percibir, cómo se da una vida desde la confluencia de dos
mundos inconmensurables, quizá hasta ininteligibles entre ellos. Dos visiones
dentro, personas ajenas al mundo indígena, similares y ninguna lo comprende,
no lo mira desde dentro.
Es entonces, a partir de las preguntas y las expresiones de sus amigos, cuando
ella, reflexiona acerca de que el conocimiento de diversos mundos, y vivir en
diferentes cosmovisiones no es fácil. Tampoco es comprensible en alguien que
pertenece a ambos mundos, que es originaria de sangre, familia y convicción
de una, pero vive en otra de la que forma parte, por estar inmerso en ella, si
resulta difícil para el que lo vive, es casi incomprensible para el que lo observa
6
desde fuera. Despertar a una realidad que ha sido tuya siempre, pero que solo
las mirabas por encima, sin entender el porqué se habla zapoteco, tampoco
porqué hay velas, ni trajes regionales, ni comidas tradicionales, era como ir a
otro lugar de vacaciones, a ver a la familia, a dormir en una hamaca por el calor
extremoso, a comer platillos típicos con nombres en zapoteco, exóticos que no
le decían nada. (Porque son parte de ti, no las llamas cultura, no le das
nombre, porque eres tú, y ese tú se ve inmerso en esa cosmovisión que no
necesita nombrarla. Te preguntas entonces qué es cultura, para aquellos.)
A pesar de una transición larga para reconocer sus dos realidades como parte
de su yo, fue aquí cuando, a pesar de conocer la existencia indígena y la
dominación y opresión y forma de vida occidental dominante, ella se da cuenta
que no era cuestión de comprensión de existencias. No se trata de desarrollos
para salir de las situaciones vulnerables de pobreza en las que la mayoría se
encuentran, sino que resulta ser una cuestión que va más allá de las simples
realidades ahí plasmadas en una parte de tierra, con un idioma distinto al
español (o cualquier otro en otro país). No se trata de enseñar, imponer y
llevar, sino es algo más profundo, algo no entendible hasta que se vive y se
siente. Ella, situada en un vacío de entendimiento, se cuestiona ¿por qué los
diferentes mundos no se entienden?
Es por lo anterior, que la presente investigación se enfoca a un estudio,
profundo sociológico y filosófico, dirigido a lo que hay más allá de un mundo
indígena reconocido en la política, en la existencia y en el derecho (si es que se
puede decir que hay un total o parcial reconocimiento desde un punto de vista
de poder o gobierno). Es poner la denuncia de las miradas de esos otros
mundos, cómo han sido mirados y cómo deberían ser mirados, para poder ser
7
reconocidos dentro de un marco político y un mundo jurídico cerrado a la
realidad, ya que no ha comprendido los mundos, sólo ha puesto la mirada
superflua (como las compañeras de trabajo, extranjeras-mexicanas), o sólo
miran los mundos diferentes pero no los entienden (como el extranjero-
europeo). La presente investigación analiza la manera en que dos mundos que
se ven ajenos, por ser inconmensurables y lejanos, pueden comprenderse y
vivir juntos. Se analiza, cómo lo universal y lo local, se rearticulan y redefinen
en lo nacional, jurídico, político y social, pero sin realmente tener una profunda
visión de esos mundos interrelacionados. Existe un mundo jurídico que, desde
una escasa perspectiva social, no ha razonado al “otro” indígena; existen varias
leyes (nacionales e internacionales) que expresan y reconocen los derechos y
la existencia de los pueblos indígenas, pero ha sido una lástima, porque sólo
han servido en una mínima parte para lo que fueron planeadas. Se piensa que
algunas sólo fueron promulgadas (por gobernantes) para sólo reivindicarse con
ellos por los años de opresión.
Cómo entiende “ella” después de toda una vida, que es indígena, que tiene una
existencia formada por dos mundos que se conciben distintos, por tradiciones y
costumbres diferentes. Cómo hacer ver un mundo formado desde dos
universos, que se ven ajenos, distintos, porque entre más se quiere mantener
uno de ellos, el otro quiere alejarse. Entonces situada “ella” en la nada, de un
entendimiento ajeno de creación, desarrollo e importancias de poder, busca
que el primero como el segundo se asemejen porque existe una influencia
externa mayor para ambos.
Es importante mencionar, que también se ha tratado de organizar mental,
moral y prácticamente la lógica de la sociedad civil, desde grupos cada vez
8
más pequeños, más ricos y más autoritarios en quienes a la falta total de
"razón" parece sumarse la falta de una "inteligencia" mínima para comprender
el peligro en que están ellos mismos incluidos, al insistir por sus intereses más
mezquinos e inmediatos en una política mal encaminada, de intervención de
guerra no convencional o represalia abierta y generalizada que de seguir tienen
todas las probabilidades de destruirlos mientras destruyen a la humanidad. Así
el Poder obliga a incorporarse a la pelea a "los otros", pero sólo los admite
como derrotados.
El tema indígena se refiere a identidades vistas desde diferentes posiciones,
se trata de reconocer a ese “otro”4 ajeno como uno mismo que es mi mundo.
Contar con la suficiente sensibilidad para reconocer la diversidad cultural del
mundo. Ubicar diferentes ángulos de su posición, una visión social que
conozca a sus actores, que dé una respuesta libre de imposiciones legalistas o
políticas.
JUSTIFICACION DEL PROBLEMA.
El reconocimiento de los otros, (extranjeros, ciudadanos, migrantes, indígenas,
culturas, vidas), ha sido un tema estudiado después de la segunda guerra
mundial y a partir de la creación de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, sobre todo con la visión moderna de la democracia liberal capitalista
incluyente de las diferencias. Autores como Charles Taylor en su libro “ El
Multiculturalismo y la Política del Reconocimiento”, Will Kymlicka en “La
Ciudadanía Multicultural”, Michael Walzer, Claude Lévi-strauss, entre otros,
4
Otro: será tomado como base para el desarrollo de la investigación. Otro: representa a aquel que no
forma parte de mi mundo y lo veo lejos y ajeno a lo que soy, desde la línea manejada por Emmanuel
Levinas.
9
(pensadores, autores, estudiosos, investigadores) se han dedicado al estudio
de culturas distintas en sociedades nacionales, sociedades creadas por figuras
impuestas por el Estado para su ordenamiento y funcionamiento. Cuando esas
vidas no forman parte de una misma “cultura”, de la cosmovisión de la sociedad
generalizada, surgen los problemas de su adaptación al pensamiento “normal”
de esa sociedad. En este caso las vidas distintas tomadas para la investigación
es la de los pueblos indígenas y su reconocimiento en esas sociedades. Hay
inquietudes para nombrarlos, adaptarlos, formarlos, desarrollarlos y vincularlos
a una sociedad en donde todos deben ser, pensar y actuar igual. Luego
entonces, el objetivo de la investigación, es primeramente esclarecer que las
sociedades no son únicas en un estado, sino muchas y distintas, que hay
identidades formadas con visiones diferentes por pertenecer a mundos dentro
de uno pensado como únicamente valioso. En segundo lugar, explicar la
existencia de esos mundos, a partir de debates con varios puntos de vista, los
políticos (la izquierda, la derecha, el centro), los jurídicos (reconocimientos de
derechos, de existencias pluriculturales, en los principales documentos legales
de las naciones), los antropológicos (estudios de cómo surgieron y porqué los
diferentes grupos humanos), también los filosóficos y sociológicos.
Las concepciones que se toman para reconocer los derechos de los indígenas
en México, han sido políticos y jurídicos, no con una visión previa y estudiada,
del indígena como un ajeno a la sociedad, formado a partir de su relación con
un mundo distinto, y que es mirado desde arriba con concepciones erróneas de
su existencia y realidad. Es un tema complejo. Para la comprensión inicial y un
reconocimiento posterior por el Estado o poder dominante, es necesario tener
una visión filosófica y sociológica que influya en las decisiones y visiones hacía
10
los pueblos indígenas. Con miradas diferentes, abiertas, sencillas, abarcables,
no cerradas. Cómo hay que mirar al otro humano, desde el fondo de su
conformación para entenderlo en el exterior.
PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA.
EL integrante central de la investigación es, ¿cómo tener unas miradas hacia
los pueblos indígenas, que resulten útiles para su vida y permanencia de paz
en la sociedad actual? Existen diferentes visiones de los conceptos que se
manejan en el título del presente estudio, hay varias posiciones para manejar la
identidad, ¿a qué nos referimos con respeto? ¿por qué el reconocimiento?
¿por qué mirar al indígena como una “otredad”?
Las concepciones de pueblos indígenas son reconocidas política y
jurídicamente, en un contexto necesario para calmar las revueltas de diferentes
grupos indígenas en las últimas décadas del siglo pasado. Se puede decir que
sólo han sido eso y no han llevado a un estudio sociológico funcional para el
reconocimiento jurídico que tuviera visiones más allá de los criterios políticos.
Hablar de reconocimiento no es solamente plasmar el conocimiento de
derechos y existencias de ellos, sino es reconocer que el mundo indígena es
otro, es una otredad, que está allí y que no es vista. El problema es cómo
interpretar el reconocimiento, desde qué contexto analizar el reconocimiento,
no desde la política como se ha hecho últimamente en fenómenos modernos
como el multiculturalismo, sino es ir más allá con una visión que conozca la
existencia de una “otredad” distinta que merece ser vista, estudiada desde ella
misma para ser reconocida. El problema entonces, es no ver al indígena como
11
otro ajeno, sino como aquel que complementa el mundo desde donde se
observa, que pueden interactuar, y no llevar dos vidas, sino una sola.
Por tanto, el significado de identidad no es separado en cada mundo, sino que
el respeto en cada uno, hace que sea una sola identidad que pueda mezclar
los dos mundos, desde realidades distintas. El problema es cómo abrir la
mente del ser humano y decirle que el mundo indígena y el mundo “moderno
occidental”, son “normales” para las dos visiones, son distintas, pero no
imposibles de verse, entenderse, reconocerse, y convivir. La manera que se
quiere explicar, denunciar es la mirada por la otredad en un reconocimiento
basado en el respeto a las visiones de mundo distintas, visiones que conforman
las identidades. ¿Qué hay que ver en el otro para no imponer sino dialogar,
interactuar, conocer y respetar?
OBJETIVO GENERAL
Denunciar que a pesar de la existencia de mundos inconmensurables,
ininteligibles, mirar por la otredad del mundo indígena desde el respeto a lo que
es, es una manera de evitar conflictos evidentes instituidos por la creencia de
que diferentes mundos son imposibles de mezclarse y convivir. Esclarecer que
solamente la mirada desde lo político y lo jurídico para el mundo no es
importante, si previamente no se reconoce al indígena como un otro ajeno que
complementa la existencia de ese mundo poderoso de reconocimientos.
OBJETIVOS ESPECIFICOS.
12
Analizar los fenómenos multiculturalismo, pluralismo, como alternativas
creadas en los últimos tiempos como discursos funcionales para la integración
mundial. Así como, analizar el contenido del concepto reconocimiento.
Examinar y presentar cómo se percibe la identidad y cómo su respeto se ha
dado por encima y por de atrás implementando una vista y observancia
superficial.
Explicar y analizar desde qué perspectiva se toma el elemento de la otredad.
Desde una lectura de Emmanuel Levinas en su libro “Totalidad e Infinito”.
Exponer cómo el reconocimiento del indígena constituye un pluralismo social,
más abierto, dialogal y menos superficial e impositivo.
HIPOTESIS.
Es posible el reconocimiento del otro indígena sin la vulneración de su
identidad. Existe un camino eficaz y no meramente ideal para hacer de
aquellos que los ven como otros ajenos, los vean como otros no ajenos a su
realidad. Que puedan conocerse a través de diálogos en donde se
intercambien visiones de realidades, es decir, que logren una interculturalidad
dialógica y no solo una multiculturalidad superficial. Será un problema de
valores éticos, de la sociedad que no reconoce al otro indígena como ese otro
que lo complementa, que lo hace ser lo que es, que se presenta como un rostro
desnudo, sin adjetivos, como un espejo de la otredad humana indígena.
Es posible hacer ver al otro dominante la importancia del reconocimiento por la
otredad indígena. Manifestar que entre lo diferente existe una posibilidad mayor
de convivencia, que entre lo igualitario forzado. Exponer que con las diferentes
13
identidades, el mundo se complementa y entre más comprensión y respeto a lo
diverso el mundo es menos violento. Con mayor respeto al otro por su
identidad, existe una mayor convivencia de paz, a partir de un diálogo entre
diferentes. Mostrar que las visiones de seres ajenos a las culturas no
necesariamente debe comprenderlas, solamente si se les mira con la
complejidad que representan sus actos y cosmovisiones. Explicar que el ajeno
a una otredad no la entiende hasta que la siente, no la vive y no la ve
equivalente a que todas las demás visiones de mundo. No existen mundos
sometidos otros.
METODOLOGIA.
Se utiliza la descripción conceptual de elementos que pueden tomarse desde
diferentes posiciones como: la cultura, la identidad, el concepto de indígena,
pueblo, etnia y minoría. Asimismo, una descripción amplia del significado de
otredad y sus componentes, desde Emmanuel Levinas.
La explicación en el desarrollo de los derechos indígenas en la ley, el
reconocimiento de los derechos indígenas, a nivel internacional y nacional, así
como inconformidades derivadas al tratamiento jurídico-político de dichos
pueblos.
El análisis a los fenómenos del multiculturalismo y pluriculturalismo, vistos
como alternativas de reconocimiento de culturas. Desde las observaciones de
autores como Charles Taylor, Will Kymlicka, León Olivé.
La denuncia sobre la situación actual de los pueblos indígenas derivada de un
estudio sociológio-filosófico.
14
TECNICAS DE INVESTIGACION.
Descripción, explicación, consulta, análisis, testigos. Fuentes bibliográficas,
hemerograficas, presénciales con indígenas.
ESTRUCTURA ORGANIZATIVA DE LA TESIS.
La presente investigación consta de cuatro capítulos y conclusiones generales,
en el orden siguiente:
Primer capítulo. Se describe el marco conceptual de los pueblos indígenas. Se
definen conceptos con los que pueden confundirse o que llegan a formar parte
de ellos: minorías y grupos vulnerables, pueblos y grupos étnicos. Una
descripción histórica de la formación del concepto indígena hasta su marco
conceptual jurídico nacional e internacional. Además se definen la cultura y la
identidad como elementos necesarios para la definición de indígena.
Segundo capítulo. Descripción y crítica a los fenómenos del multiculturalismo
relativo y absoluto, y el pluralismo. Como alternativas funcionales o
disfuncionales al reconocimiento de los “otros”. Desde Charles Taylor y León
Olivé.
15
Tercer capítulo. Análisis de la otredad, en Emmanuel Levinas “Totalidad e
Infinito”. Concepto de otredad, de alteridad como elemento con el cual se
puede confundir, identidad como elemento formativo de la otredad. La visión
del mundo, el poder y la homogenización del otro, como una mirada alterna al
multiculturalismo o pluralismo. Mirada que se complementa con el concepto de
rostro y el reconocimiento del otro desde una otredad levinasiana.
Cuarto capítulo. Analiza los documentos internacionales y nacionales, casos
particulares concretos sobre el reconocimiento de derechos indígenas.
Denuncia sobre lo que hay que hacer, cómo observar a partir de un
reconocimiento diferenciado al multiculturalismo desde una identidad dada por
una cultura, no necesariamente con todos los elementos exigentes pero sí
desde otro indígena que se ha visto, observado, mirado, sin rostros alternos.
Cómo reconocer sin imposiciones, sin imperios, hegemonías, desde el poder.
Cómo empezar desde abajo, desde ser humanos, no desde posiciones
sociales estructuradas para la organización de la sociedad, el mundo, para la
paz. Cómo buscar la paz, si desde que somos sólo seres humanos, no
entendemos que sólo eso somos, no somos nosotros y otros, no somos unos
arriba y otros abajo, no somos poder. Somos mundo con problemas de valores
éticos de reconocimiento de existencias no comprensibles para los ajenos.
Conclusiones generales: análisis sobre cómo vincular lo dicho en unas pocas
líneas que no resulten, ideales, ideológicas, utópicas, inocentes. Que sean,
problemáticas en su planteamiento pero solucionadas en la práctica.
16
CAPITULO I
MARCO CONCEPTUAL INDIGENAS
La diversidad de enfrentamientos a lo diferente a través de la historia y la
falta de concertaciones entre seres humanos heterogéneos en sus características
sociales y culturales, ha dado lugar a la búsqueda de conceptos que definan los
elementos esenciales de su diferencialidad y que reúnan a lo ajeno, a lo otro, a lo
extraño, a lo nuevo o lo desemejante dentro de cada cosmovisión de mundo. En el
nombre de la sociedad hegemónica y su visión, que ve al otro ajeno desde una
perspectiva de entendimiento para la dominación e integración mundial, el
conocimiento de aquellos lugares “lejanos” ha sido necesario para establecer el
tipo de miradas que serían dirigidas hacia su comprensión y asimilación en éste
mundo (el nosotros-dominante).
Los conceptos dados de los “otros-lejanos”, muchas veces han sido observados,
a partir de la costumbre y la moral, desde aquello que es bueno para actuar y
aquello que es malo para rechazar, (juicio que se retoma en líneas posteriores).
Autores, políticos, antropólogos, sociólogos, internacionalistas, ciudadanos,
interesados, estudiantes, luchadores incansables han buscado durante mucho
tiempo, se han complicado la vida, como diría Rodolfo Stavenhagen, buscando
definir quién es y quién no es indio, o qué es lo que reúne las características de un
indígena. La definición de los pueblos indígenas ha traído diferentes debates, a
nivel local, regional y universal. Se habla de la autoidentificación o autoafirmación
indígena, de una cuestión de identidad cultural, de asuntos de honor. Unas veces
17
se habla independientemente de criterios específicos, como el uso de la lengua,
de la tierra, el vestido, los rituales o la participación activa en una comunidad, y
otras veces se habla de comunidades que reclaman el reconocimiento grupal y la
identidad colectiva. Para efectos de la comprensión de los términos que se
piensan acotar en éste capítulo, es necesario esclarecer desde qué perspectiva se
manejan los conceptos de cultura e identidad, ya que forman parte esencial del
marco conceptual de “pueblos indígenas”.
Como cultura se entiende, “a la suma de todas las actividades y productos
materiales y espirituales de un determinado grupo social, que los distinguen de
otros grupos similares”.1 Se centra en un sistema de valores y símbolos que un
grupo social específico (frecuentemente denominado etnia)2 reproduce en el
tiempo y que brinda a sus miembros la orientación y los significados necesarios
para normar la conducta y las relaciones sociales en la vida cotidiana, que resultan
parecidos o semejantes. Las relaciones en la vida del hombre transcurren en un
ámbito que lo engloba, y éste ámbito es la cultura. La cultura es aquello que hace
ser a los grupos una cosa y no otra.
Cultura es un sistema de creencias y prácticas en torno a las cuales un grupo de
seres humanos comprende, regula y estructura sus vidas individual y
colectivamente. El modo en que la cultura permite organizar la vida humana no es
ad hoc y meramente instrumental, sino que está basado en una forma concreta de
1
Stavenhagen, Rodolfo, Derecho humanos y derechos culturales de los pueblos indígenas, el Colegio de
México, Documento de trabajo, p. 1
2
Nota: todos los paréntesis son míos.
18
conceptualizarla y comprenderla.3 La cultura evoluciona en el tiempo pero no por
ello deja de ser un todo complejo y sin sistematizar. Cuando un grupo de
individuos adquiere una lengua totalmente nueva, también está aprendiendo
formas nuevas de entender el mundo. La cultura de una sociedad se encarna
también es sus proverbios, mitos, rituales, símbolos, memorias colectivas, chistes,
lenguaje corporal, formas de comunicación no lingüística, costumbres, tradiciones,
instituciones y formas de saludo. En otro nivel se encarna en el arte, la música, la
literatura oral y escrita, la vida moral, los ideales de excelencia, los individuos
ejemplares y la idea de la vida buena. La cultura también se articula en reglas y
normas que regulan las actividades y relaciones sociales tan básicas como
cuándo y con quién se come, cómo se llora y dispone de los muertos, cómo debe
tratarse a los padres, los hijos, la esposa, los vecinos y los extraños4. Una cultura
y una sociedad son inseparables en el sentido de que ni existe una sociedad sin
cultura y una cultura que no esté asociada a algún tipo de sociedad. La cultura es
lo que somos, representamos y reflejamos, a través de nuestros hábitos y
actitudes (identidad), entre y para nosotros en una sociedad identitaria, y frente al
“otro” como queremos que nos vea y también en cómo nos ve ese “otro” por medio
de sus costumbres y condiciones de vida (identidad). No es lo mismo como nos
vemos entre los mismos a como nos ven los ajenos. Es tan ininteligible tanto para
unos como para otros entender las culturas del mundo, termina siendo una
rizomática inquietud eterna.
3
Parekh, Bhrkhu, Repensando el Multiculturalismo, Istmo, Madrid, España, 2005, p. 218. También, en la
Conferencia Mundial de Políticas Culturales organizada por la UNESCO en México en 1982 se definió a la
cultura como el “conjunto de rasgos distintivos, espirituales, materiales, intelectuales y afectivos que
caracterizan a una sociedad o a un grupo social. Eso engloba, además de las artes y de las letras, las formas de
vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores las tradiciones y las creencias.”
4
Ibidem. 219
19
Existen distintas definiciones de identidad, unas se ven desde un punto de vista
individual y otras del colectivo. El enfoque que se pretende dar en este trabajo,
gira alrededor de identidades grupales o colectivas, dirigidas específicamente a
aquellas que se pueden englobar y relacionar con la etnia y la cultura. En general
se entiende bajo “identidad” un conjunto de rasgos propios de un individuo o de
una colectividad que los caracterizan y singularizan frente a los demás, rasgos
que permiten reconocernos como miembros de una comunidad o cultura. Se
pueden observar los rasgos distintivos desde dos lugares, desde afuera y desde
dentro, en donde el sujeto se identifica a sí mismo. Depende fuertemente del
contexto desde el que se vea, porque es éste el que ayuda a definir en cada
momento o situación frente a quiénes nos oponemos (con qué “otras culturas” nos
interrelacionamos) y en base a qué rasgos significativos se definen los recortes de
la realidad sociocultural que sustentan nuestra identidad. La identidad de un
pueblo o nación, no es un atributo oculto que se deba descubrir, ni un conjunto de
características peculiares opuestas a las que compartimos con otros pueblos. Para
cada quien la identidad de su pueblo se reconoce en ciertas notas observables,
sin que venga al caso saber si comparte, o no, esas notas con otras culturas5.
En la definición de identidad colectiva me baso en lo que menciona Luis Villoro:
“los individuos están inmersos en una realidad social, su personalidad se va
forjando en su participación en las creencias, actitudes, comportamientos de los
grupos a los que pertenece. La realidad colectiva es un modo de sentir, de
comprender y de actuar en el mundo y en formas de vida compartidas, se
5
Villoro, Luís, “Aproximaciones a una ética de la cultura”, en Olivé León (comp.), Ética y diversidad
cultural, Fondo de Cultura Económica, México, 2004, p. 131
20
expresan en instituciones, comportamientos, artefactos, saberes transmitidos, en
objetos artísticos; en suma, es lo que entendemos por cultura. El problema de la
identidad de los pueblos remite a su cultura”.6 Complementando, éste último
comentario, Pietro Barcellona en su libro Postmodernidad y Comunidad, dice que:
“no puede haber identidad sin rechazo de la identificación con el otro (cultura),
pero si el rechazo se convierte en aniquilación, la identidad se disuelve también, al
proteger mi identidad absolutizándola, según una lógica externa, acabo por
suprimirme a mí mismo (a mi cultura).”7 Hay una pertenencia cultural en la
identidad, con un alto perfil social, puesto que afecta a la forma en que los demás
nos perciben y nos responden, lo que a su vez modela nuestra identidad8. La
diferencia entre identidad y cultura es que la primera es formada por la cultura que
la envuelve y la segunda es el conjunto de valores y reglas en una realidad
colectiva. Ambos elementos, cultura e identidad, son imprescindibles para la
definición de los pueblos, de las etnias, de las poblaciones indígenas y de las
minorías.
1.- Minorías y grupos vulnerables.
El significado de minorías, en términos generales se ha comprendido como
cualquier grupo étnico, racial, religioso, o lingüístico, que sea minoritario en un
país y no pretenda constituirse en una entidad nacional, es decir que no forma
parte de la mayoría dominante de una sociedad o nación. Las minorías no tienen
6
Villoro, Luis, Estado Plural, Pluralidad de Culturas, Paidos, UNAM, México, 1998, p. 66
7
Barcellona, Pietro, Postmodernidad y comunidad, Trotta, Madrid, España, 1992. p. 81
8
Kymlicka, Hill, Ciudadanía multicultural, Paidos, Barcelona, 1996, p. 128.
21
un patrón común: hay minorías nacionales, minorías étnicas y movimientos
sociales. Para Kymlicka las minorías nacionales son “sociedades distintas y
potencialmente autogobernadas incorporadas a un Estado más amplio”. Las
minorías étnicas están formadas por “emigrantes que han abandonado su
comunidad nacional para incorporarse a otra sociedad”. Los nuevos movimientos
sociales son “las asociaciones y movimientos gays, mujeres, pobres y
discapacitados que han sido marginados dentro de su propia sociedad nacional o
de su grupo étnico” 9
El tema de minoría resurgió a raíz de los diversos conflictos étnicos en Europa
central y oriental a fines de los años ochenta y principios de los noventa. La línea
divisoria entre “minorías étnicas” y “pueblos indígenas” es tenue y el tratamiento
de ambas problemáticas en el seno de la comunidad internacional y de las
comunidades internas responde a preocupaciones comunes: los Derechos
Humanos colectivos de grupos sociales subordinados y marginados.10 Lo que para
Kymlicka es una minoría nacional para R. Stavenhagen es una minoría étnica, se
tiene que empezar por deslindar esa diferencia primero, y ponerse de acuerdo.
Para los objetivos del presente estudio, me identifico más con la perspectiva de
minoría que presenta Stevenhagen, y su estrecha línea con los pueblos indígenas.
Las minorías étnicas persiguen el respeto a sus señas de identidad por el Estado,
derecho sobre la expresión de su cultura.
Instrumentos internacionales en el siglo pasado contienen referencias, definiciones
y descripciones acerca de la existencia de las minorías en el mundo. El artículo 27
9
Ibidem, p. 37
10
Ibidem. P. 62
22
del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966 (PIDCP) establece
que:
En los Estados en que existan minorías étnicas, religiosas o
lingüisticas, no se negará a las personas que pertenezcan a dichas
minorías el derecho que les corresponde, en común con los demás
miembros de su grupo, a tener su propia vida cultural, a profesar y
practicar su propia religión y a emplear su propio idioma.
Aunque, dicho artículo resulta ser vago, deja abierta la cuestión de cómo se
decide si existen o no minorías en algún Estado. Existen gobiernos
latinoamericanos que nunca han reconocido a los pueblos indígenas como
“minorías”, además de que existen estados de reticencia de muchos gobiernos a
la hora de reconocer la existencia de las mismas en el interior de sus naciones
pretendidamente “homogéneas”. De manera global, todo el derecho internacional
y europeo de las minorías es aplicable a los autóctonos (originarios de un lugar)
que deseen beneficiarse de él, del mismo modo que el derecho internacional y
europeo de los derechos del hombre. La asimilación con las minorías conlleva otro
peligro para los autóctonos, en la medida en que los derechos que se les
reconocen a aquellas son esencialmente derechos individuales. Ya que, en efecto,
para la mayor parte de los estados europeos su modo de formación histórica ha
puesto fin a la existencia de las entidades territoriales y humanas a partir de las
cuales se han constituido. Como podemos observar el artículo 27 se pone de
manifiesto que el precepto no reconoce derechos de las minorías, como tales, sino
23
simplemente a “las personas que pertenezcan a dichas minorías”, manteniendo
así inmóvil la óptica individualista del reconocimiento de los derechos colectivos en
una sociedad. En consecuencia, quienes aluden a persistencias contemporáneas
de estas unidades constitutivas no pueden invocar más que derechos individuales.
De hecho, la historia de ignorar las minorías nacionales en el Nuevo Mundo está
inextricablemente ligada con las creencias europeas acerca de la inferioridad de
los pueblos indígenas que habitaban el territorio antes de la colonización
europea.11
La Declaración sobre los Derechos de las Personas pertenecientes a Minorías
Nacionales o Étnicas, Religiosas y Lingüísticas de 1992, que ha sido inspirada en
el artículo 27 del PIDCP, mencionado en las líneas anteriores, sólo menciona que
existen las minorías dentro de los Estados, pero no da un concepto concreto de lo
que son, y tampoco de lo que ahora interesa, de la minoría étnica. Por ejemplo en
el artículo 1°, se establece que:
Los Estados protegerán la existencia y la identidad nacional o
étnica, cultural, religiosa y lingüística de las minorías dentro de los
territorios respectivos y fomentarán las condiciones para la
promoción de esa identidad.
Y de aquí en adelante se limita a describir los derechos que les deben ser
reconocidos a nivel individualista, pero no da una definición específica.
Es importante dejar claro, que a través de la historia y de la búsqueda por la
definición general de pueblos indígenas, los Estados latinoamericanos han
11
Ibidem. p. 40
24
considerado históricamente a sus poblaciones indígenas, no como minorías
diferenciadas, sino como ciudadanos en situación de desventaja social y
económica, además de que numerosos pueblos indígenas rechazan ser tildados
de “minoría”, ya que en algunos países constituyen una mayoría demográfica. En
un contexto general, sí son minorías étnicas, por no formar parte del conjunto
mayoritario cultural de una sociedad, así como también son grupos vulnerables
por encontrarse en situaciones de desventaja respecto a las situaciones generales
comunes de lo establecido como satisfecho. La jerarquía que le dan varios
autores a la inclusión de los pueblos indígenas en la noción de minorías étnicas
radica en que a partir de su resolución se podrá determinar en qué medida es
trasladable el tratamiento de los textos normativos referidos a minorías a los
pueblos indígenas.12 Ha habido inquietudes entre la noción de pueblo y minoría,
mientras este vacío o incomprensión no se regule, siempre existirá una laguna
para el entendimiento de lo que son las minorías, las minorías étnicas, los
pueblos, los pueblos étnicos, los pueblos indígenas, mientras eso ocurra, no
podremos definirlos consensuadamente.
Antes de exponer algunas interpretaciones de minoría y pueblo, para poder definir
pueblos indígenas, entraré a la revisión de la definición de etnia.
12
Aparicio, Marco, Los pueblos indígenas y el Estado. El reconocimiento constitucional de los derechos
indígenas en América Latina, Cedecs, Estudios Constitucionales y Políticos, Barcelona, España, 2002, p. 53
25
2.- Pueblos y Grupos étnicos.
2.1 Definición de Etnia.
El concepto etnia puede ser considerado de manera general como sinónimo de
pueblo. Los términos de pueblo y etnia tienen una relación estrecha, sobre todo la
de una nación, esta última entendida según Luis Villoro, es una sociedad que
comparte una cultura e historia comunes, una conciencia de pertenencia y un
proyecto común, independientemente que las características individuales o de
grupo sean distintas. Históricamente, la palabra "etnia" significa "gentil",
proveniente del adjetivo griego "ethnikos." El adjetivo se deriva del sustantivo
ethnos, que significa gente o nación extranjera. El sustantivo dejó de estar
relacionado con “pagano” a principios del siglo XVIII. El uso en el moderno sentido
de la palabra comenzó en la mitad del siglo XX. Etnia, entonces, es un término
nuevo, y se le ha definido en términos generales, como aquella característica que
se le designa a un grupo que comparte una cultura, como aquella que se engloba
con raíces en la idea de grupos sociales marcados especialmente por compartir
nacionalidad, afiliación tribal, religiosa, fe, lenguaje, orígenes tradicionales,
festividades, y otras características más.
Desde otro punto de vista, Frederik Barth coincide en que la noción de etnia
designa un grupo humano que se reconoce diferente de los demás, pero enfatiza
en que la “identidad étnica no se define por la posesión compartida de un conjunto
estable de rasgos objetivos sino por una dinámica de interrelaciones y
correlaciones donde en última instancia “sólo la conciencia subjetiva de ser
26
diferente es un elemento insustituible”. En la perspectiva barthiana, sólo hay
grupos étnicos o identitarios en situaciones de contraste con otras comunidades.
Cuando ya se reconoce diferente a los demás que se caracterizan por unos
rasgos que los hacen ser lo que son y no otra cosa, se puede hablar de identidad
étnica. Es precisamente la oposición con la alteridad, con el “otro”, lo que define a
la etnia.13 Grupos étnicos o etnias pueden entenderse como colectividades que se
identifican ellas mismas o son identificadas por los otros precisamente en términos
culturales.14 El concepto etnia tiende a aplicarse a comunidades de cultura no
necesariamente ligadas a un territorio; ni tienen la voluntad de constituirse en una
nación. De manera más restringida, etnia suele aplicarse al conjunto de individuos
vinculados por el uso de una lengua particular o cualquier otra característica en
particular, que identifique su propia identidad cultural.15 Las etnias se
interrelacionan con otros grupos, pueden reivindicar una nacionalidad o
considerarse como una “minoría” dentro de una nación o un Estado. La etnia no
necesariamente está ligada a un territorio, sino simplemente la caracteriza su
reconocimiento interno de algo en común que los identifica, y la manera que el
otro ajeno a dicho colectivo lo reconoce como un grupo perteneciente a una
costumbre igualitaria. La etnia puede llegar a ser una “minoría” si dentro del país o
Estado en que se encuentra no forma parte de la cultura identitaria mayoritaria que
13
Barth, Frederik, Los grupos étnicos y sus fronteras, Fondo de Cultura Económica, México, 1977, pp. 10-11
14
Villoro, Luis, Op. cit. p. 20
15
La identidad cultural, se puede entender también como una “identidad étnica: es asumirse y ser reconocido
como miembro de una configuración social que es portadora de una cultura propia, lleva el derecho a
participar de tal cultura y el acceso a los elementos culturales indispensables para satisfacer los
requerimientos de la vida en sociedad. La afirmación de identidad étnica significa, la decisión de pertenecer al
grupo étnico correspondiente, formar parte de un complejo nudo de interdependencias que ubican socialmente
al individuo a partir de derechos y obligaciones culturalmente prescritos o conocidos”. Bonfil, Guillermo,
Identidad étnica y movimientos indios en América Latina, en Jesús Contreras (comp.), Identidad étnica y
movimientos indios, Revolución, Madrid, España, 1998, p. 88
27
refleja la sociedad de ese Estado. Pero ineludiblemente, no todo grupo étnico es
una minoría étnica.
2.2 Concepto de “pueblo”
Los pueblos pueden ser las naciones-sociedades con una cultura e identidad
propia, un proyecto histórico y una relación con un territorio, pero también en
términos vagos puede aplicarse a una etnia, tribu, nacionalidad o Estado. Es
necesario aclarar la diferencia entre etnia y pueblo. No todas las etnias responden
a una voluntad colectiva de continuidad en el espacio y en el tiempo, muchas
constituyen una comunidad estable, cuentan con las condiciones para decidir por
si mismas, otras se encuentran dispersas en una sociedad, mezcladas con
individuos y grupos de otras procedencias, no conservan la conciencia ni la
voluntad de una colectividad determinada, otras carecen de instituciones sociales
y políticas propias. No suele llamarse pueblo a un conjunto de individuos del
mismo origen étnico, tampoco a etnias que no conservan ninguna liga con un
territorio, como los afroamericanos en Estados Unidos, descendientes de africanos
pertenecientes a diferentes naciones o los judíos que viven en la ciudad de
México. Cuando mucho, en virtud de que mantienen una cohesión de grupo y
reivindican un estatuto social específico, podrían denominarse “minorías” El
concepto de Pueblo, además de las naciones, son aquellas etnias que se
encuentran asentadas en un territorio delimitado, que tengan conciencia y
28
voluntad de una identidad colectiva. Entonces los únicos pueblos serían las
naciones y las etnias con dichas características. 16
Recorriendo un poco la historia del concepto “pueblo” dentro del marco jurídico
existente, vemos que antes de la Segunda Guerra Mundial el derecho
internacional no había incorporado ninguna mención expresa de un sujeto
colectivo. La Organización de las Naciones Unidas, ha establecido dentro de
varias de sus legislaciones términos como “el derecho de los pueblos”. Según el
derecho internacional vigente, los pueblos tendrían derecho a un estatuto de
autonomía, no así las minorías. Por eso de los proyectos políticos de una etnia
depende reivindicar el carácter “pueblo” o de “minoría”. Mientras que los
representantes del Estado-nación homogeneizante insisten en retener el término
“minoría” para todo problema étnico y los grupos que luchan por su autonomía
reivindican su carácter de pueblos.
La Carta de las Naciones Unidas de 1948 estableció en su artículo 1° el “principio
de igualdad de derechos de los pueblos y su derecho a la autodeterminación”, y
aunque el término pueblos no se ha llegado a definir expresamente, dicho
organismo toma en consideración dos elementos para aplicar el concepto de
pueblo a una entidad colectiva: poseer una identidad evidente y características
propias, así como una relación con un territorio. Se puede considerar que la
pertenencia a una cultura, con una identidad y un proyecto propios, es decir, a un
“pueblo” (concepto sociológico semejante al de nación), es un requisito para que
las personas que habitan un territorio determinado puedan elegir un plan de vida y
16
Villoro, Luís, Op. cit. p. 20
29
desarrollar una identidad personal, así como identidades étnicas y culturales.17
Pueblo es: cualquier forma de comunidad humana que cumpliera con los
siguientes requisitos: 1) tener una unidad de cultura, la que comprende
instituciones sociales que garantizan la permanencia y continuidad de esa cultura;
2) asumir un pasado histórico y proyectar un futuro común; 3) reconocerse en una
identidad colectiva y decidir aceptarla; 4) referirse a un territorio propio. 18
Cuando en muchos países existen etnias que mantienen rasgos culturales
distintivos, incluyendo instituciones sociales y políticas propias, se desenvuelven
en un territorio que consideran propio y manifiestan la voluntad de perdurar como
una entidad comunitaria. No pueden considerarse “minorías”, tienen que ser
tratadas como “pueblos” En este contexto, la anterior definición, es aquella que se
toma en cuenta para definir a los “pueblos” y consecuentemente “pueblos
indígenas”.
3.- El indígena.
Nos hemos acercado a la noción de etnia y de pueblo, el paso siguiente es
introducir los criterios que ayuden a determinar las características que deben
acompañar a una etnia para que pueda ser considerada como etnia indígena, y
ésta finalmente como pueblo.
17
Ibidem. p. 57
18
Villoro, Luis, Multiculturalismo y Derecho, en Krotz Esteban (Ed.) Antropología jurídica: perspectivas
socioculturales en el estudio del derecho, Anthropos, UAM, Barcelona, España. 2002 p. 215
30
Será que nuestro pasado es lo indio, son los indios, y ¿porqué son
llamados indios? Se presume como algo ajeno, que ocurrió antes
aquí, en el mismo sitio donde hoy estamos nosotros, los
mexicanos. Único nexo: el territorio. Ellos y nosotros.19
El concepto de “indio”, agrupa a los descendientes reales o supuestos de los
grupos humanos que ocupaban el territorio conocido como el Nuevo Mundo, antes
de las conquista de los españoles. También se les llegó a llamar inicialmente
“naturales” como los seres humanos que se encontraron en ese mundo extraño e
innovador. Fue una palabra derivada de las confusiones geográficas de los
conquistadores, del descubrimiento de la redondez del mundo y de un nuevo
continente totalmente incierto para ellos, por eso se aplicó la palabra indio a los
americanos con los que se encontraron pensando que habían arribado a la India.
Los indios, no existían antes de la invasión de este continente por los europeos.
Fueron estos los que inventaron al indio, como una categoría genérica que
abarcaba a todos los habitantes previos, fueran cuales fueran sus similitudes y sus
diferencias, sus idiomas, sus identidades, sus culturas particulares. Todos
devinieron indios, porque el indio era el objeto legítimo de colonización: indio es el
término que define al colonizado.20 Se derivó que a las diferentes culturas como la
maya, la zapoteca, la otomí, la huichola, y todas las demás, ya no eran conocidas
por lo que eran cada una de ellas con sus diferencias, sino que se les hegemonizó
con el nombre de indios, independientemente si tenían o no características de su
identidad que se asemejaran entre sí. Anteriormente se conocían entre ellas como
19
Bonfil, Guillermo, México Profundo. Una civilización negada, Grijalbo, México, 1989, p. 23
20
Bonfil Guillermo, Pensar nuestra cultura, Alianza, México, 1991, p. 75
31
la civilización azteca, la zapoteca, la maya y así cada una de las diferentes
agrupaciones culturales que residían en el continente recién descubierto. La
palabra “indio” se siguió utilizando y se extendió por todos los conquistadores en el
continente americano, como los españoles, portugueses, ingleses, franceses; aun
y cuando ya tenían conocimiento que no se encontraban en el Oriente del mundo.
Diría Arturo Warman: “Indio, palabra que no lleva a más
profundidades históricas de su origen que la conquista por un
poder imperial ultramarino, la sumisión a monarcas radicados al
otro lado del océano, y para nombrarlos como originarios del
mundo nuevo desconocido”. 21
Si bien en un momento crucial de la historia del mundo tuvo un significado de
originalidad también la tuvo de discriminación, de distinción, de prejuicios, que
conllevó a pensar que el “indio” tenía menos capacidades humanas, que cualquier
otro ser humano. Un ejemplo claro de ello es el debate en la corte española para
decidir si estaban dotados de un alma inmortal y por tanto eran seres humanos o
eran siervos naturales.22 Ser indio en ese entonces (desde la conquista y hasta la
época colonial) no era una categoría difusa, era una definición legal que no sólo
señalaba el origen sino que establecía posiciones y destinos. El indio era
considerado una categoría política que definía muchas restricciones y pocas
oportunidades en un Estado colonial.23 Los indios se encontraban en un proceso
de desarrollo desigual, con las más vulnerables y frágiles condiciones, atrapados
21
Warman Arturo, Los indios mexicanos en el umbral del milenio, Fondo de Cultura Económica, México,
2003, p. 22
22
Ibidem. p. 22
23
Ibidem. p. 24
32
en la corriente de cambios económicos y sociales acelerados e inestables. No sólo
era una clase política restringida, sino una clase social inculta, paupérrima y una
raza totalmente distinta inmerecedora del bienestar social.
El concepto indio se aplica a todas las etnias originarias del Nuevo Mundo, a las
nativas o aborígenes pese a la imprecisión de esos términos. Es un concepto más
cercano a los de raza y clase social que a los de identidad. Se refiere a la posición
de un conjunto entre otros grupos de la sociedad.24 La categoría de indio fue
impuesta sobre poblaciones heterogéneas y plurales, todo fue cubierto bajo el
mismo concepto, por el mismo manto jurídico que ignoró las diferencias enormes o
sutiles entre las muchas identidades y culturas originarias.
Son grupos étnicos los choles, mazahuas o huastecos. Decir étnico o indígena en
México es casi equivalente, pues no se les llama así a los judíos, catalanes,
italianos o alemanes que viven en el país. Aunque se han utilizado indistintamente
los términos de indio y de indígena, el concepto de indio, en la actualidad ha
quedado superado en su generalidad, pues han surgido otros términos que se
pretenden sean más acertados al definir a los grupos originarios de un lugar, como
lo es el de “indígena”; aunque no se puede negar que todavía, la palabra indio
con un carácter despectivo, se utiliza para nombrar a aquella persona que se
pretende discriminar.
Al definir Arturo Warman el concepto de indígena, menciona que es un término
referido a la identidad, todo aquello que comparte un grupo que se considera o es
tratado como similar y conforma una categoría social. (el término último de
categoría social, ha sido una variante considerada para definir al indígena). Para
24
Ibidem. p. 21
33
muchos el concepto de grupo indígena abarca una sola etnia, lo que supone que
practican la misma cultura, que comparten usos y costumbres y creencias, que
son muy parecidos. Sin embargo, son cada vez menos los que piensan de esta
manera. El concepto indígena se extendió y se volvió más difuso en el siglo XIX,
pues adquirió un pensamiento racista y evolucionista. En el siglo XX, en el
discurso público y en el pensamiento informado, el ámbito de aplicación del
término indígena se redujo a los portadores de una lengua y tradiciones
asociadas. Entre los indígenas, la identificación como tales generó una identidad
derivada, un estigma o marca del dominio. La identidad derivada de la categoría
política de indígena es de diferente naturaleza que la identidad étnica y sus
expresiones comunitarias. La identidad que expresa el indígena se utiliza por
quienes no son o no quieren serlo, se usa desde fuera para reconocer a los otros,
a los ajenos.25 Otro aspecto del dilema de definir qué es indígena es que es una
construcción basada en la perspectiva y la ideología de la persona o las personas
que lo definen; esto es parte en la que se basa ésta investigación,
independientemente que sea llevada al cabo bajo el concepto de “indígena”, no
quiere decir que se esté de acuerdo en llamar a las distintas culturas originarias de
un lugar como tal.
El significado de “indígena” etimológicamente proviene del latín “indigena” que
significa originario del país de que se trata, (en el francés se traduce como aquel
que ha nacido en las indias). Se dice también nativo, del latín “nativus”, del lugar,
se refiere al nacimiento de un individuo o a su origen, que queda inscrito dentro
de un sitio territorializado. Asimismo se utiliza el vocablo autóctono, del latín
25
Ibidem. p. 39
34
“autochthones”, para nombrar a aquellos pueblos que están instalados en un
territorio desde épocas inmemoriales, o bien los que son considerados tales. En el
mundo anglófono, los autóctonos prefieren el empleo del vocablo aboriginal, cuyo
equivalente en francés, aborigéne, en español es aborigen, del latín “aborigines”,
es una palabra que califica más particularmente la situación de un pueblo indígena
cuyas reivindicaciones en cuanto a identidad se basan en el hecho de que se
encuentra en condiciones de dependencia de tipo colonial con respecto a un
Estado, por más que la anexión o la ocupación daten de muchos siglos atrás26, se
dice del primitivo morador de un país, por contraposición a los establecidos
posteriormente en él.27 Todo ser humano al ser originario de un lugar es indígena,
es decir, el que nace en Oaxaca, es un indígena de ese territorio, el que nace en
Suecia, es un indígena sueco, el que nace en la India, es un indígena indio. El
término indígena puede emplearse para referirse prácticamente a todos los
sectores de la humanidad, ciertamente, las propias naciones europeas que
propagaron el colonialismo son, en un sentido literal, indígenas de sus propias
tierras de origen. Entonces el concepto indígena sólo hace referencia al lugar
originario de donde naces, y describe a los grupos originarios de un lugar
determinado pero no implica la pertenencia a una determinada identidad que
además lo defina como tal. El tener o no una identidad no necesariamente se
tiene que enfocar a un conjunto de personas originarias de un lugar con una
identidad que los diferencia de aquel que no es indígena. En México se aplica el
concepto indígena a una enorme variedad de identidades étnicas. Hoy se sabe
26
Rouland, Norbert, et. al., Derecho de Minorías y de Pueblos Autóctonos, Siglo XXI, México, 1999, p. 349.
27
Diccionario de la gran academia española. Espasa, Madrid, España, 2001, p, 10
35
que no solo hay una, sino 56 grupos indígenas que hablan 62 lenguas diferentes,
también es importante ver que no hay una sola tradición, son muchas las culturas
indígenas. Y bajo el concepto indígena agrupamos un gran mosaico de
identidades culturales distintas, algunas con mayores diferencias entre sí que las
28
que tienen respecto a sus vecinos no indígenas. La definición de lo indígena se
basó en la cultura y muy especialmente en la lengua como su rasgo diagnóstico,
además de ser el originario de un lugar, es visto a través de una cultura propia
identificada en conjunto como rasgos característicos de una población, al
concepto de indígena para entenderlo dentro de su mundo y frente a otra
sociedad, es conocido como comunidad indígena, grupo o pueblo indígena. En
seguida, se especifica su vinculación con el término pueblo, el cual se ha definido
anteriormente.
Al hablar de identidades étnicas indígenas ya es más acotado, más específico y
sabemos a qué nos referimos. Se refieren a quienes hablan la misma lengua entre
la gran diversidad de idiomas presentes. Aunque no se puede afirmar, debido a la
complejidad de sus conformaciones, que los que hablan la misma lengua se
entiendan entre sí. Se sabe que en el Estado de Oaxaca, los zapotecos de la
Sierra reconocen con los del Valle o del Istmo de Tehuantepec como existentes,
pero no como portadores de la misma identidad, pues hablan la lengua zapoteca
pero entre ellos no se entienden, o si los hablantes del náhuatl de Guerrero, la
Huasteca y Durango, se siente más cercanos de lo que los mexicanos nos
sentimos con otros. Se dan relaciones complejas entre las diferentes etnias
28
Warman, Arturo, Op. cit. p. 18
36
indígenas, alianzas, conflictos y enfrentamientos, indiferencia, falta de contacto o
desconocimiento de su existencia. Los indígenas mexicanos en su mayoría fincan
su identidad étnica primaria en su comunidad, por eso se llaman comunidades
indígenas, también, porque se identifican con un poblado preciso en una localidad
geográfica (un territorio) pero sobre todo como una comunidad humana: grupo
endogámico29 dentro del que se forman los nuevos hogares, que comparte
vecindad en un territorio, medio natural, lengua, cultura y raíz. La comunidad se
establece como frontera entre el nosotros y los demás, dentro de la cual coinciden
y se integran diversos factores de identidad.30
La comunidad (identidad étnica) como organización social selecciona los rasgos
culturales que se adoptan como distintivos de la identidad: las fiestas, danzas o
representaciones, el uso y giros del idioma, el traje y adorno característico o hasta
el conflicto con otra comunidad; en fin, el conjunto de signos que sirve de
representante a la etnia. En las aproximaciones a la identidad étnica, se enfatiza
también la autoadscripción, la definición propia o asumida de un grupo de
referencia, muchas veces el origen compartido. La identidad étnica comunitaria es
uno de los recursos más eficaces para la autonomía y resistencia cultural a la
homogeneidad. Se reconoce a los pueblos y las comunidades indígenas como
colectividades con costumbres propias, fundamentados en su situación histórica y
sus características sociales y culturales propias. En algunas sociedades se
reconocen algunas características, en otras otro tipo de particularidades, en otras
29
Proviene de la “endogamia”: se refiere a la práctica de contraer matrimonio entre personas de ascendencia
común o naturales de una pequeña localidad. Actitud social de rechazo a la incorporación de miembros ajenos
al propio grupo o institución. Cruzamiento entre individuos de una raza, comunidad o población aislada
genéticamente. Diccionario de la gran academia española, Espasa, Madrid, España, 2001, p. 908
30
Warman Arturo, Op. cit. p. 19
37
sólo su existencia como parte de la conformación de un Estado, y en otras ni
siquiera se menciona su existencia con el argumento de que no es necesario si
son considerados de la misma nacionalidad, por ejemplo en México, son
considerados mexicanos, por lo tanto no es necesario mencionarlos en estatutos o
documentos especiales resaltando sus características. Es difícil acercarse a una
definición adecuada de lo que es un indígena, especialmente en la actualidad. La
idea del indio surge con la conquista y el imperialismo para diferenciar a los
conquistados de los conquistadores, hoy en día las personas tradicionalmente
señaladas como indios usan otros términos para identificarse. Muchos se nombran
a partir del lugar al que pertenecen, con el nombre del lugar, otros con la lengua
que hablan, otros con la actividad que realizan, otros con los santos que veneran,
entre muchos más. Además, no hay mundos herméticos: hay bastante interacción
entre el mundo considerado «indígena» y el mundo considerado «occidental». En
tiempos recientes, el concepto indígena fue reivindicado por las militancias étnicas
para superar la fragmentación de las identidades primarias, como la lengua,
festividades, tradiciones. Sin embargo no hay evidencias de que la identidad
indígena se asuma por encima de la identidad étnica primaria; al contrario, se
agrega a ella como adjetivo que ofrece alianzas más amplias y argumentos más
contundentes en el campo de la acción política y de presión para reconocimiento
jurídico de sus propios territorios. En este sentido, los indígenas son minoría como
agregado total, mucho más si se fragmentan en sus identidades étnicas
primarias.31
31
Ibidem. p. 40
38
En la normativa internacional, lo políticamente correcto hasta nuestros días, se ha
dado la definición de “poblaciones o pueblos indígenas”:
Son Comunidades, pueblos y naciones indígenas los que, teniendo
una continuidad histórica con las sociedades anteriores a la
invasión y precoloniales que se desarrollaron en sus territorios, se
consideran distintos de otros sectores de las sociedades que ahora
prevalecen en esos territorios o en partes de ellos. Constituyen
ahora sectores no dominantes de la sociedad y tienen la
determinación de preservar, desarrollar y transmitir a futuras
generaciones sus territorios ancestrales y su identidad étnica como
base de su existencia continuada como pueblo, de acuerdo con sus
propios patrones culturales, sus instituciones sociales y sus
sistemas legales. 32
Esa continuidad histórica puede consistir en la conservación durante un periodo
prolongado que llegue hasta el presente, de uno o más de los siguientes factores:
1) Ocupación de las tierras ancestrales o parte de ellas; 2) Ascendencia común
con los habitantes originales de esas tierras; 3) Cultura en general o
manifestaciones específicas (religión, vida en sistema tribal, pertenencia a una
comunidad indígena, trajes, medios de vida, estilos de vida); 4) Idioma (como
lengua única, lengua materna, como medio habitual de comunicación en el hogar
o en la familia, como lengua principal, preferida, habitual, general o normal); 5)
Residencia en ciertas partes del país o en ciertas regiones del mundo; 6) Los
lugares sagrados de su territorio.
32
Informe de la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y protección a las Minorías, de la Comisión
de Derechos Humanos, de la ONU. Martínez Cobo, José R., Estudio del problema de la discriminación contra
las poblaciones indígenas (vol. V, conclusiones, propuestas y recomendaciones). Nueva York, Naciones
Unidas, 1987, en Stavenhagen, Rodolfo, Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas, CNDH, México,
2000, p. 55.
39
Son “indígenas” porque tienen vínculos ancestrales con las tierras en las que
viven, de manera mucho más profunda que otros sectores de población que viene
en esas mismas tierras. Y son “pueblos” en la medida en que constituyen
comunidades diferenciadas con una continuidad de existencia e identidad que los
vincula con las comunidades, tribus o naciones de su pasado ancestral.
Un aspecto sobresaliente de la definición en el estudio de las Naciones Unidas es
que no hace referencia a la conquista, sino a la "invasión" de los territorios
indígenas, lo que coincide con la posición de las organizaciones indígenas que
plantean que fueron víctimas de la invasión de las sociedades extranjeras.
Asimismo deja abierta la categorización como indígena al cumplimiento de uno o
varios criterios considerados bajo el rubro de "continuidad histórica", lo que
permite, por ejemplo, la inclusión de grupos que han perdido sus territorios
ancestrales pero conservan algún aspecto que los distingue como indígenas frente
a la sociedad dominante. De aquí se infiere también que el término de indígena no
sólo se refiere a la población original de un territorio determinado sino también, a
aquellos pueblos que, no siendo nativos de un territorio, habitaban en éste antes
de la llegada de los grupos culturalmente distintos a los que vencieron o
dominaron.
El Organismo que se ha adelantado y aproximado según algunos a la mejor
definición tanto jurídica para el derecho internacional como política para la
comunidad internacional, de lo que son los pueblos indígenas, es la Organización
Internacional del Trabajo en su Convenio 169, del año 1989: utiliza el término
pueblos. Es el único instrumento internacional que reconoce a los indígenas como
40
pueblos. Aunque es necesario decir, que queda vagamente abierta la definición de
pueblo.
“Artículo 1°. El presente Convenio se aplica:
a) a los pueblos tribales en países independientes, cuyas
condiciones sociales, culturales y económicas les distingan de
otros sectores de la colectividad nacional, y que estén regidos total
o parcialmente por sus propias costumbres o tradiciones o por una
legislación especial;
b) a los pueblos en países independientes, considerados indígenas
por el hecho de descender de poblaciones que habitaban en el país
o en una región geográfica a la que pertenece el país en la época
de la conquista o la colonización o del establecimiento de las
actuales fronteras estatales y que, cualquiera que sea su situación
jurídica, conservan todas sus propias instituciones sociales,
económicas, culturales y políticas, o parte de ellas.
2. La conciencia de su identidad indígena o tribal deberá
considerarse un criterio fundamental para determinar los grupos a
los que se aplican las disposiciones del presente Convenio.
3. La utilización del término "pueblos" en este Convenio no deberá
interpretarse en el sentido de que tenga implicación alguna en lo
que atañe a los derechos que pueda conferirse a dicho término en
el derecho internacional”.
Se menciona el término “pueblos”, pero también se reconoce el origen colonial del
uso del concepto de “indígena”, y coincide con los elementos que estipula el
Informe de la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y protección a las
Minorías, de la Comisión de Derechos Humanos, de la Organización de las
Naciones Unidas. Entonces para hablar de un pueblo indígena debemos hallarnos
41
ante una determinada etnia (con conciencia de su propia identidad y con voluntad
de proteger, desarrollar y transmitir los elementos objetivos y subjetivos de dicha
identidad) caracterizada por poseer una continuidad histórica con las sociedades
precoloniales, una continuidad que se manifestará generalmente en la ocupación
de las tierras ancestrales o al menos de parte de ellas y en la ascendencia común
con los ocupantes de esas tierras, lo que irá acompañado de la conservación de
cuando menos ciertas manifestaciones culturales.33 Algunos autores como Marco
Aparicio agrega que también la permanencia del empleo del idioma describe a los
pueblos indígenas, no voy de acuerdo porque el hecho de que el idioma se haya
perdido o se esté perdiendo no significa que ya no sean pueblos indígenas.
Según el Proyecto de la Declaración Interamericana de los Derechos de los
Pueblos Indígenas estipula, ya en su artículo 1°, una definición general y que
abarca elementos constituyentes del concepto pueblos indígenas:
En esta Declaración los pueblos indígenas son aquéllos que
representan la continuidad histórica junto con las sociedades que
existieron antes de la conquista y asentamiento de los europeos en
sus territorios. (Alternativa 1) [,así como pueblos llevados
involuntariamente al Nuevo Mundo que se liberaron y
reestablecieron las culturas de las que habían sido arrancados].
(Alternativa 2) [, así como a pueblos tribales cuyas condiciones
sociales, culturales y económicas los distinguen de otras secciones
de la comunidad nacional y cuyo estatuto jurídico es regulado en
todo o en parte por sus propias costumbres o tradiciones o por
regulaciones o leyes especiales]. La autoidentificación como
33
Aparicio, Marco, Op. cit. p. 14
42
indígenas o tribales deberá considerarse como criterio fundamental
para determinar los pueblos a los que se aplican las disposiciones
de la presente Declaración. .
La autoidentificación o autoafirmación indígena es incluida como un componente
clave para determinar quién es 'indígena' en conformidad con el Proyecto de
Declaración, en su artículo 8 establece que "Los pueblos indígenas tienen el
derecho colectivo e individual a mantener y desarrollar sus propias características
e identidades, incluido el derecho a identificarse a sí mismos como indígenas y a
ser reconocidos como tales."
Quiere decir que en la actualidad, todavía nos enfrentamos a los debates para
definir a los pueblos indígenas, ya que el Proyecto mencionado, todavía no ha sido
terminado. Al igual que el mismo Proyecto de Declaración Universal de derechos
de los Pueblos Indígenas de la ONU.
En México, el “pueblo” no es una categoría homogénea. La nación está
conformada por diversos pueblos indígenas. La constitución mexicana, define a
los diferentes grupos étnicos del país, las 56 etnias indígenas del país: náhuatl,
maya, zapoteco, mixteco, otomí, tzeltal, totonaco, mazahua, tzotzil, mazateco,
purépecha, huasteco, chol, chinanteco, mixe, tarahumara, mayo, tlapaneco,
huichol, zoque, chontal-maya, popoloca, tepehuano, cuicateco, chocho-mixteco,
tojolobal, chatino, amuzgo, cora, huave, yaqui, tepehua, driqui-triqui, chontal-hoka-
no, pame, mame, yuma, pima, seri, pápago, cohimí, kiligua, ixteco, popoluca,
43
kikapú, guarojío, chichimeca, chuj, cucapa, kumial, lacandón, matlatzinca,
motozintleco, ocuiteco y pai-pai.34
En la normativa local, el artículo 2° constitucional, fundamento básico nacional,
establece en cuanto al tema en cuestión:
La Nación tiene una composición pluricultural sustentada
originalmente en sus pueblos indígenas que son aquellos que
descienden de poblaciones que habitaban en el territorio actual del
país al iniciarse la colonización y que conservan sus propias
instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de
ellas.
La conciencia de su identidad indígena deberá ser criterio fundamental para
determinar a quiénes se aplican las disposiciones sobre pueblos indígenas y
además menciona la característica de ser reconocidos como los descendientes de
poblaciones anteriores a la colonización.
Son comunidades integrantes de un pueblo indígena, aquellas que formen una
unidad social, económica y cultural, asentada en un territorio y que reconocen
autoridades propias de acuerdo con sus usos y costumbres; sobre todo aquellos
que se autodenominen o autodeterminen como indígenas.
La Constitución Política del Estado de Oaxaca, se muestra como la más completa
en el reconocimiento a la existencia de pueblos indígenas, en los primeros
párrafos de su artículo 16:
34
Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. [[Link]
44
“El Estado de Oaxaca tiene una composición étnica plural, sustentada en la
presencia y diversidad de los pueblos y comunidades que lo integran. El derecho a
la libre determinación de los pueblos y comunidades indígenas se expresa como
autonomía, en tanto partes integrantes del Estado de Oaxaca, en el marco del
orden jurídico vigente; por tanto dichos pueblos y comunidades tienen
personalidad jurídica de derecho público y gozan de derechos sociales…Los
pueblos indígenas del Estado de Oaxaca son: amuzgos, cuicatecos, chatitos,
chinantecos, chocholtecos, chontales, huaves, ixcatecos, mazatecos, mixes,
mixtecos, nahuas, triques, zapotecos y zoques. El Estado reconoce a las
comunidades indígenas que los conforman, a sus reagrupamientos étnicos,
35
lingüísticos o culturales…”. El énfasis en nombrar a la Constitución
Oaxaqueña, no es por la definición de pueblos indígenas, sino por la claridad en
que establece la composición indígena o étnica de la entidad, así como por su
especificidad en cuanto al papel que juegan dentro de la sociedad cada uno de los
pueblos indígenas descritos con sus nombres.
Pueblos indígenas, siendo el concepto políticamente y jurídicamente concensuado
por mayoría a nivel internacional y local, será el que se tomará en cuenta para el
presente estudio, pueblos indígenas con conciencia de pertenencia a un pueblo
que posee una cultura propia y distintiva, y que se asume más allá de la
especificidad de una cultura, más allá de una minoría étnica, se complementa a
través de una cultura identitaria étnica unida con fines comunes políticos, jurídicos
y sociales. Asimismo, en la actualidad, los pueblos indígenas son definidos, y así
35
Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Oaxaca, en Derechos de los Pueblos Indígenas,
Legislación en América Latina, CNDH, México, 1999, p. 518
45
se identifican a sí mismos, en referencia a identidades anteriores a las invasiones
históricas de otros grupos y a las historias que acompañaron a éstas, historias que
generaron y continúan generando, formas de opresión que ponen en peligro su
supervivencia cultural y su autodeterminación como pueblos diferenciados. Un
elemento que los distingue es su territorio, aunque no necesariamente en todos
los términos o circunstancias lo es.
46
CAPITULO II.
FENÓMENOS MODERNOS DE RECONOCIMIENTO.
Ahora me abocaré a hablar de multiculturalismo y pluralismo como aquellos
fenómenos que varios estudiosos e investigadores han definido como la forma
ideal de reconocer al “otro”, (en este estudio el otro es el pueblo indígena), como
la manera de incluir a las “minorías” en la sociedad y también como la condición
para eliminar o evitar la discriminación y la intolerancia dentro y fuera de las
naciones. El planteamiento de conceptualizar, estudiar y deconstruir a estos
fenómenos es el ver de alguna manera, si han sido eficaces en los lugares en que
se han puesto en práctica en la vida social y política o en qué parte han sido
ineficaces. Observar si son la manera idónea de reconocer al “otro” y de qué forma
se ha respetado o no la identidad de los “otros” (los dominados) en una nación
homogenizadora o dominadora.
1.- Multiculturalismo.
¿Qué pasa con las matanzas en el mundo? ¿Dónde está la sensibilidad del
ser humano? ¿Qué no pueden abrir los ojos frente al otro, para entenderlo, y así
aprender a ser mejor ser humano? El hombre no es un lobo para el hombre, ¿Qué
pasa en las acciones discriminatorias? Hay gente excepcional y hay gente que no
se da cuenta que el ser humano es más importante que el poder, el gobierno, el
orden, la globalización. Entonces la teoría moderna del multiculturalismo,
47
realmente es funcional o no, para reconocer al Otro en su diversidad étnica y
cultural, si anterior al reconocimiento, no hay una conciencia por parte del ser
humano de lo que es ser hombre. Así pues, el momento de pertenecer o no a una
cultura diferente con identidades diversas ya no es lo más relevante, no es lo que
separa al hombre de reconocerlo, sino lo importante es que el hombre se
reconozca a si mismo por lo que es, y no por lo que porta, por lo que lleva, por lo
que vive, come, viste, habla, cree, por su color, por su costumbre, por su mirada.
Las guerras en el mundo, el odio y dominio por el Otro, acarrean cuestiones como:
¿quién inventó el poder de nosotros por el otro, del otro por el nosotros? Son
planteamientos que encuentran una forma de abrirse al otro, ya que la libertad
está en boga por el auge de las fronteras abiertas, el flujo de migraciones y
conocimiento de las culturas; y una forma de comprenderlos es el
multiculturalismo.
El multiculturalismo, como la respuesta de muchos para la mejor convivencia
dentro de un mundo que se hace cada vez más pequeño, en donde salen las
diferencias a capa y espada, como una explosión debajo de la tierra, de un mundo
que estaba encerrado por las luchas de poder y riqueza entre unos pocos,
aquellos pocos que se hacían ver frente a otros los dioses del mundo, imponiendo
un imperio idóneo para gobernar a todos aquellos pequeños débiles que se
dejasen manipular por aquel padre de gobierno que se manejaba como el mejor e
único de todos. Ahora bien, cuando se habla de otras posibilidades de ordenar y
mandar en el mundo (sobre todo después de las atrocidades que aquellos
gigantes de la tierra cometieron) de democracia capitalista liberal, se rompen en
grandes pedazos, uno a uno, unos más grandes que otros, unos primeros y otros
48
después, piezas de un enorme espejo que se había construido en un mundo que
se pretendía ser el ideal para una convivencia humana dividida en clases, razas,
poderes, honores, sangres, esclavos y reyes. Cuando el reflejo del espejo se
destruye el mundo se da cuenta que había estado encantado por la bruja de la
belleza implantada por unos cuantos. Entonces salen a relucir los mundos
escondidos, las culturas vistas inferiores, las identidades que formaban esas
grandes barreras impuestas frente al gran espejo hecho trizas.
Para reconstruir el espejo roto, los reyes del mundo dialogan con aquellos que
quieren ser vistos, aquellos que quieren vivir, los que luchan por su libertad y por
una justicia. Entonces en los últimos tiempos después de un reacomodo mundial y
recomposición de la población, los derechos civiles y políticos (derechos de
libertad) ya logran por medio de un consenso mundial, reconocer la igualdad para
todas las personas y para todos los pueblos. Por otro lado, la lucha contra la
discriminación ya sea racial, étnica, religiosa, de genero, cultural, hace que el
mundo reflexione y atienda a sus demandas, buscando un acoplamiento entre
todos, en donde se dé la paz y seguridad mundial. Una de las formas de cumplir
con las peticiones (además de los tratados internacionales que reconocen los
derechos de todos los ciudadanos del mundo) desde una perspectiva sociológica y
política, ha sido la teoría o fenómeno del multiculturalismo que varios
investigadores y autores hablan1, como una solución a las políticas de la nueva
era del reconocimiento de las diversas culturas que han salido del agujero en el
que se encontraban, para reclamar sus libertades y su reconocimiento como para
1
Algunos de los autores a los que se les puede atribuir investigaciones sobre el multiculturalismo son: Charles
Taylor, Will Kymlicka, Michael Walzer, Bhikhu Parekh, entre otros.
49
parte del mundo o sociedad mundial que se integra cada vez más a una era
globalizadora. El multiculturalismo, también es utilizado para el reconocimiento de
la “Otredad” (ésta tomada como el otro ajeno), de las culturas e identidades
diferentes. Por lo anterior, en éste capítulo se establece una reseña de ¿qué es,
cómo funciona y cuál la intensión del multiculturalismo? En unas breves líneas se
busca esclarecer el ¿por qué con todos aquellos elementos que hacen posible la
existencia del multiculturalismo, como una solución práctica a los conflictos del
reconocimiento de las diferentes culturas de nuestro mundo, no reúne aquellos
requisitos que se buscan en la presente investigación para el reconocimiento de
la “Otredad” (indígena) respetando la identidad?. Y contestarnos a la pregunta de,
¿por qué se busca el reconocimiento de la “Otredad” basada en el respeto de la
identidad, en otra solución diversa al fenómeno de la multiculturalidad?
El origen de la teoría multicultural acarrea distintas preguntas: ¿se debe o no
reconocer la identidad de las minorías culturales y en desventaja? ¿cómo se les
puede reconocer? ¿pueden representarse como iguales aun con diversas
identidades? ¿se reconocen las identidades como tales o se reconocen los
intereses universales de cada una de ellas, por hacerlo más fácil y menos
costoso? ¿se necesita el reconocimiento de la identidad o un marco seguro de su
reconocimiento para una mejor vida? ¿se puede reconocer todo o existen límites
(sociales, políticos, éticos de valor o jurídicos) que no permiten el reconocimiento
de las culturas particulares tal y como son o es necesario reducir el
reconocimiento a los límites impuestos?.
Para establecer un significado objetivo, de lo que trata el multiculturalismo ya sea
desde una perspectiva liberal o comunitaria, hay que contestarnos las siguientes
50
cuestiones: ¿de qué trata tal término o política institucional? ¿es realmente
funcional o solamente corresponde a una práctica superficial de reconocimiento y
no a un estudio o ejercicio reflexivo profundo (de fondo) de implementación del
conocimiento de las diferencias culturales? Al contestar a las preguntas anteriores,
se busca conocer la finalidad del multiculturalismo, (como aquel sistema de
estudio de lo ajeno a lo propio y de lo diverso a lo común), que pueda aclarar
confusiones como: ¿el porqué hacer diferencias entre los diferentes? Por tanto,
¿será el multiculturalismo aquel razonamiento sobre el verdadero conocimiento de
lo “otro” frente al “yo” que acepte al “yo” como parte del “otro”?2
De acuerdo al significado etimológico, el multiculturalismo surge de la conjunción
de dos términos: multiple y cultura. Lo múltiple ha estado relacionado y
contrapuesto siempre a lo uno. De este modo, la multiplicidad ofrece diversos
aspectos en cuanto a las sensaciones y a las percepciones del mundo. Con lo
múltiple se pueden designar o bien muchos elementos de un tipo, o bien, muchos
elementos distintos entre sí. En términos de Ortega y Gasset, la cultura es lo que
hace el hombre cuando se hunde, para sobrenadar en la vida, creando valores,
sentidos.3 Por eso, la cultura, incluso la más despolitizada, no está exenta de
contenido político, simplemente unas veces responde a los intereses del pueblo y
otras a la ideología capitalista.
2
El “otro” referido al “indígena” como el diferente y extraño al “yo” visto desde el nosotros los iguales y
similares.
3
Estrach, Nuria. “La máscara del Multiculturalismo”, Migración y Cambio Social, en Scritpa Nova, Revista
electrónica de geografía y ciencias sociales, Universidad de Barcelona, Nº 94 (104), 1 de agosto de 2001.
Número extraordinario dedicado al III Coloquio Internacional de neocrítica,
[Link]
51
En términos de la historia del surgimiento del término multiculturalismo, se
entiende que lo étnico como delimitador de la identidad humana en sentido moral,
perdió mucha de su potencialidad tras el final de la Segunda Guerra Mundial, de
un modo que quedó nítidamente expresado en la Declaración Universal de los
Derechos del Hombre. La culminación del proceso de descolonización, el
movimiento a favor de los derechos civiles de las personas afroamericanas en
Norteamérica y, más tarde, el final del apartheid fueron otros fenómenos que
incidieron en afianzar en el imaginario de la sociedad internacional la idea de que
la igualdad de condición moral de todos los seres humanos debería hacerse
firme.4 Efectivamente, el concepto de multiculturalismo, aparece en la segunda
mitad del siglo XX en EEUU nominando el fenómeno de la diversidad cultural,
iluminando las diferencias culturales y resaltando la importancia de la afirmación
de las creencias particulares y diferenciadas. Para Giovanni Sartori en su libro, La
sociedad multiétnica: “El multiculturalismo es un proyecto que propone una nueva
sociedad y diseña su puesta en práctica, que se dedica a hacer visibles las
diferencias y a intensificarlas.” Se centra en puntos específicos, que refuerzan
unos con otros, lo que conlleva el desmembramiento de la comunidad (pluralista)
en subgrupos de comunidades cerradas y homogéneas.5
El multiculturalismo es una teoría que consiste en la defensa de la convivencia de
varias culturas, nada tiene que ver ni con el pluralismo cultural o convivencia de
culturas diferentes en un marco común. Lo que caracteriza al multiculturalismo es
4
Ibidem. Estrach, Nuria.
5
Sartori, Giovanni, La sociedad multiétnica. Pluralismo, multiculturalismo y extranjeros, Taurus, México,
2001, pp. 123-127
52
la negación de ese marco común y la división de la sociedad en sectores
desconocidos. La teoría del multiculturalismo ha surgido por el ambiente que se ha
suscitado en los últimos tiempos, por el desvanecimiento de las jerarquías
sociales, y el establecimiento del reconocimiento de los derechos individuales de
igualdad, un ambiente de lucha y crítica por el reconocer y respetar la identidad
particular de los hombres de una sociedad o ciudadanos. Se habla de que sean
reconocidos como hombres pertenecientes a una identidad individual y colectiva,
identidad que los hace ser lo que son en un determinado tiempo y lugar, pues
aunque ésta no sea inmutable, no significa que cambie o se adapte a los cambios
temporales de la historia.
Se entiende al multiculturalismo, como aquel significado moderno dirigido una
sociedad compuesta por una variedad de culturas, que dentro de un régimen
democrático son reconocidas en términos de equidad, de igualdad frente a la ley y
de igualdad de oportunidades; que tiende a ser un principio homogenizador de las
diferentes culturas que conforman una nación, estado o pueblo, de manera que las
diferencias sean toleradas, frente a las prácticas esenciales y comunes que se
llevan a cabo en una política gubernamental. Pero el problema de la definición
anterior es, cómo articular esa igualdad, cómo legitimar la misma validez de
distintas formas de comprensión del mundo, cuando en ciertas ocasiones la
afirmación de unas implica la anulación de la otra6.
En primer lugar, se debe entender a qué es lo que se aspira con el
multiculturalismo, y para eso es importante mirar en las palabras de Alain
Finkielkraut en La derrota del pensamiento:
6
Estrach, Nuria. Op. cit.
53
No se aspira a una sociedad auténtica, en la que todos los
individuos vivan cómodamente en su identidad cultural, sino a una
sociedad polimorfa, a un mundo abigarrado que ponga todas las
formas de vida a disposición de cada individuo. Predican menos el
derecho a la diferencia que el mestizaje generalizado, el derecho
de cada cual a la especificidad del otro. Como multicultural significa
para ellos (los modernos democráticos) “bien surtido”, lo que
aprecian no son las culturas como tales sino su versión edulcorada,
la parte de ellas que pueden probar, saborear y arrojar después del
uso. Al ser consumidores y no conservadores de las tradiciones
existentes, el cliente-rey que llevan dentro se encabrita ante las
trabas que las ideologías vetustas y rígidas ponen al reino de la
diversidad.7
En segundo lugar, es importante comprender que si bien es cierto que el sistema
de gobierno capitalista, como aquel sistema ideal y único aplicado por los
poderosos para un mundo mejor, si ha logrado la totalización o unificación global
del diferentes culturas, solamente ha sido a través de sus sectores económico,
informático y comunicacional y no de una manera central y profunda como se
busca. Un ejemplo acertado de lo que el sistema capitalista ha creado en las
masas del mundo, con su objetivo unificador, por medio de una teoría moderna
como lo es el multiculturalismo, se puede seguir en Jean Baudrillard en Cultura y
Simulacro cuando dice que:
7
Finkielkraut, Alain, La derrota del pensamiento, Anagrama, Barcelona, España. 1987, p. 116.
54
Las masas desconfían como de la muerte de esa transparencia
y de esa voluntad política. Olfatean el terror simplificador que
está tras la hegemonía ideal del sentido, y reaccionan a su
manera, abatiendo todos los discursos articulados hacia una
única dimensión irracional y sin fundamento, allí donde los
signos pierden su sentido y se agotan en la fascinación: lo
espectacular. Se trata de su exigencia propia, de una contra
estrategia positiva y expresa, hacia el trabajo de absorción y de
aniquilación de la cultura, del saber, del poder , de lo social. 8
Sucede que en esas sociedades multiculturales, la aceptación de la diversidad
cultural solamente actúa en beneficio de una particularidad específica: la sociedad
capitalista burguesa, es decir, los beneficios financieros, económicos, y modernos
de gente bien o chick, es decir, parece completamente legítimo la multiplicidad de
comidas étnicas, de ropa o de música, pero no se denuncia al Otro real por
fundamentalista. Es tan legítimo, pero es solamente disfrutar de las oportunidades
superficiales9, que ofrecen las diversas culturas que caracterizan a la sociedad en
la que se encuentran. El problema es que acaba atendiendo exclusivamente a las
contingencias y al folklore, olvidando las necesidades reales que genera la
convivencia ciudadana de la diversidad cultural en la política, en la toma de
decisiones para las políticas públicas, en la convivencia social entre compatriotas,
que generen una forma de vida armoniosa. Es por eso que considero que el marco
de reflexión sobre concepto de multiculturalismo debe ser crítico.
8
Baudrillard, Jean, Cultura y Simulacro. A la sombra de las mayorías silenciosas, Kairós, Barcelona, España,
2005, p. 118
9
Me refiero a “superficiales”, a sólo aquello que vemos y está a nuestro alcance, y no a aquello que necesita
de la formación de instituciones vinculantes entre culturas.
55
El multiculturalismo es una forma moderna que ha llevado a interpretar el
reconocimiento de las diferentes identidades que conforman una sociedad. Se ha
conceptualizado de manera absoluta o relativa, como varios autores lo han
manifestado. Siempre pensando en encontrar el modelo idóneo que llegue a
borrar las jerarquías sociales, la desigualdad, las discriminaciones por raza, etnia,
color, religión, sexo, y demás características, algunas de manera universal
imponiendo una forma de vida para todos en las que distintos grupos tienen que
dejar parte de su identidad para poder ser incluidos en la sociedad multicultural,
que done la dignidad e igualdad perdidas. A esta forma universal de percibir el
multiculturalismo se le llama absoluta, en la cual nunca se reconoce de fondo al
ser humano por lo que es anterior al reconocimiento verdadero de su cultura, por
eso sólo existe la tolerancia, pero no el verdadero entendimiento de lo que
significa y vale una identidad diferente. Por ejemplo, se puede comer en nuestro
mundo globalizado, en cada esquina comida china, italiana, japonesa, y por ello
muchos creen que han sido reconocidos, por comer su comida, pero qué pasa con
sus normas, sus organizaciones, estructuras o creencias. Qué pasa en aquellos
países como México, en los que podemos comer comida francesa,
estadounidense, china o de cualquier otro país, pero rechazamos los nopales, los
moles, el chocolate hecho en casa por uno belga o suizo, no tomamos el atole, ni
el champurrado ni el bupu10, pero tomamos smoothies, malteadas, o capuchinos
del Starbucks, será que el tomar una cosa y no la otra, nos hace más nice, más
en lo inn, y más valiosos; si la cultura de comer el guetabingui, (tortita de camarón
10
Bupu en zapteco quiere decir: la espuma. Pero es una bebida zapoteca a base de atole de maíz y espuma de
chocolate.
56
al estilo juchiteco), el totopo llamado gueta-bigui (tortilla de la región) con queso
seco y camarón, el tamal de belabigui (carne con una salsa especial roja),11 el
coloradito y muchos platillos más milenarios del México mal llamado antiguo, son
tan valiosos como cualquier otro. El probar estos platillos también es ser
reconocidos multiculturales, sino están en el mundo multicultural entonces no los
comemos. Esto es sólo un ejemplo de nuestra reacción a lo que viene de fuera
como multicultural y gente de mundo frente a nuestro desinterés por voltear a ver
lo de adentro como parte multicultural de lo que somos.
Multiculturalismo relativista, otro punto de vista de éste fenómeno. León Olivé, en
su libro “Multiculturalismo y Pluralismo”, hace una manifestación expresa de su
significado. No hay normas para investigar el universo que sean absolutas; esas
normas están en constante evolución, y tampoco hay valores ni normas morales
absolutos. Para dicho autor, el relativista niega que existan valores absolutos y
normas universalizables y afirma que la evaluación moral de una acción sólo
puede hacerse en función del sistema de creencias, valores y normas de la
comunidad o de la sociedad en que se ejecuta la acción. Las acciones de los
miembros de cierta cultura, sólo pueden evaluarse bajo el sistema de normas,
valores y creencias de esa misma cultura.12 Pone a pensar, que no hay armas
frente a las atrocidades como la tortura o cualquier otro daño gratuito a un
individuo, pues no se puede jugar o tener un parámetro para la medición de
aquellas actividades que se consideren aceptables o no, en cualquier tipo de
11
Son platillos originarios de Juchitán de Zaragoza, ciudad situada en la región zapoteca del Istmo de
Tehuantepec en el Estado de Oaxaca, México. Todos los nombres de cada plato están nombrados en el
idioma zapoteco, es decir, con su nombre original.
12
Olivé, León, Multiculturalismo y Pluralismo, Paidós, México, 1999, reedición 2003, p. 53
57
sociedad. Quiere decir, que en el relativismo “todo esta permitido”, cualquier
acción puede estar justificada si se cuenta con valores adecuados. Si se acepta el
relativismo no parece haber modo de fundamentar los derechos humanos, solo
con una validez restringida a cada contexto particular, lo que desde un punto de
vista podría ser una violación a los derechos humanos, desde otro podría estar
moralmente justificado.13 Se observa, que la negación del individuo o de la cultura,
viene dada por la forma ideal de la ideología del capitalismo global. El
multiculturalismo, viene siendo una forma de racismo negada invertida, que afirma
tolerar la identidad del Otro, concibiéndolo como una comunidad cerrada que se
hace posible gracias a la tolerancia multicultural que pretende afirmar la
coexistencia heterogénea de mundos culturalmente diversos.
Si se diera la misma aceptación de la cultura china o italiana frente a la zapoteca,
si se opone al Otro los valores particulares de su propia cultura, y valieran lo
mismo dichos valores de cada cultura en una sociedad multicultural, como aquella
que acepta las diferencias, las respeta y las reconoce. Siempre y cuando, también,
el respeto de la diversidad sea un término entendido como una forma distinta de
pensar y hacer las cosas que ponga en evidencia la verdad absoluta que hace se
fundamenten las conductas más cotidianas, íntimas, y sociales. Debe darse no
desde el punto de vista de la economía, como se viene proyectando en un modelo
capitalista, en un régimen de gobierno democrático liberal, sino con algo mucho
más íntimo, con los significados culturales y apelando a la jerarquía de valores.
Según las reflexiones anteriores respecto al multiculturalismo, ni el absolutista ni el
relativista se dirigen hacia un reconocimiento pleno y profundo de las diversas
13
Ibidem. p. 54
58
culturas, pues el primero busca homogeneizar lo diferente y el segundo busca
aceptar todo aquello que en algún momento dado puede llegar a ser criticable y
deja sin herramientas para hacerlo, por pensar que sólo lo que se puede criticar
deber ser desde la misma cultura. Ninguna, ve al “otro” (diferente, extraño –
indígena-) como aquel que me complementa y que forma parte de mi “yo” (igual,
similar, nosotros, sociedad, poder).
1.1 Reconocimiento. Definición y su importancia.
La intención de un reconocimiento jurídico, ya sea dado desde un
“multiculturalismo idóneo” o de cualquier otro discurso, persigue la idea de que
cualquiera de los conjuntos usuales de derechos puede aplicarse en un contexto
cultural de manera diferente que en otro, y sea posible que su aplicación haya de
tomar en cuenta las diferentes metas colectivas.14 Para lograrlo es indispensable
el reconocimiento social y político previo de las diferencias existentes, y su
validación a fondo de lo que son, además de la comprensión de que los derechos
siguen siendo los mismos para todos, pero su aplicación varia de acuerdo a cada
cultura o identidad distinta.
Charles Taylor, en su libro “Multiculturalismo y la política del reconocimiento”, hace
un estudio filosófico sobre lo que buscan al exigir que la identidad particular de
grupos en desventaja obtengan su reconocimiento social y sobre todo político.
Taylor se basa sobre todo en el elemento de la dignidad humana como lo que nos
14
Taylor, Charles, El multiculturalismo y la política del reconocimiento, Fondo de Cultura Económica,
México, 1992, p. 79
59
hace a todos iguales y por ello debemos ser reconocidos como lo que somos.
(Para mí no importa si se habla de dignidad, o de cualquier otra cosa, siempre y
cuando se piense que existe un elemento que se llame como sea, en algún lugar
que nos hace ser a todos iguales.)
La aceptación de culturas, se da a través del reconocimiento. Según Charles
Taylor, éste reconocimiento implica el respeto dirigido a la identidad única de cada
individuo y hacia aquellas actividades, prácticas y modos de ver el mundo que
son el objeto de su valoración.15 El respeto es aquello más profundo, más
selectivo, que se diferencia de la tolerancia que se mira en las opiniones, más que
en la aceptación. Es indispensable reconocer que las identidades se moldean en
parte por el reconocimiento, por la falta de éste, o por el falso reconocimiento de
otros. Desde aquí podemos decir que el reconocimiento de las diferencias, de lo
ajeno, de lo Otro, se da básicamente a partir de una valoración de su mundo
como aquello valioso para ellos y desconocido para nosotros.
Se habla del reconocimiento como aquel elemento necesario para el desarrollo
humano. Si se niega un reconocimiento igualitario o éste llega a ser falso, puede
causar daño irreversible a un grupo, una sociedad o nación, ya sea por
inferioridad, humillación o dominación. Frecuentemente se crean cuadros
limitativos en el desenvolvimiento de su estructura y organización, que causan
daños al modo de ser de una identidad.16 Existen una gran cantidad de ejemplos
en los cuales el no reconocimiento o el falso reconocimiento han causado daños
muchas veces definitivos a las identidades grupales de las diferentes culturas que
15
Ibidem. p. 21
16
Ibidem. p. 43
60
conforman la masa humana. Uno de lo ejemplos más claros, fue el choque de
culturas que se dio con el descubrimiento de América entre la cultura europea y la
cultura indígena. Al hablar del reconocimiento, es importante remontarse a la
historia, para abrir el panorama acerca de cómo es un hecho, y cómo se busca el
reconocimiento de lo diferente y lo ajeno desde varios siglos atrás. ¿Cómo fue el
reconocimiento de los indios en la historia? se les ha visto como “incivilizados”,
anormales, sin espíritu, sin razón. Y ese falso reconocimiento diría Taylor, no sólo
es una falta del respeto debido, sino también inflinge una herida dolorosa, que
causa a sus víctimas un mutilador odio a sí mismas. Cuantas veces no hemos
visto en la sociedad aquellas personas que pertenecen a un grupo indígena, por
ejemplo un tzotzil, que ante la situación adversa en la que se encuentra en una
gran ciudad, llega a negar su lengua y su procedencia, ya no por necesidad, sino
por odiar su origen ocasionado por el desprecio, la discriminación y la falta de
oportunidades en un lugar que le pertenece por haber nacido en la misma nación.
Se puede observar también, en aquellas comunidades en las que se niegan a
aceptar personas externas u objetos nuevos, puesto que creen que son impuestos
en su sociedad con el objetivo de terminar o por lo menos disminuir parte de su
identidad. Ese rechazo a lo exterior, viene acarreado por el odio que me puede
transmitir lo ajeno hacia mi propia sociedad, es decir, el alejarme o menospreciar
mi raíz por ir en busca de lo alternativo externo.
“El reconocimiento debido es aprendizaje, educación, cortesía y una necesidad
humana trascendental.” El reconocimiento es entender de primera instancia que el
ser humano es diferente, piensa de manera distinta, crea, ríe, baila, come, huele,
siente, corre, ama, habla, manifiesta su presencia en las mil y una formas
61
existentes, o inexistentes, puesto que en cada segundo un ser humano se expresa
de una manera distinta. Nosotros los hombres somos seres iguales y distintos,
iguales en las manifestaciones generales, la cultura, la alimentación, el vestido, la
organización, las normas, las creencias; pero en la específicas como la forma de
manifestar la cultura que puede ser con tristeza, felicidad, risa, ira, ausencia,
rencor, soledad o muerte, cada una de ellas es distinta en cada momento en que
creamos aquello que se llama cultura. Un baile puede ser triste y esa forma de
tristeza puede ser por querer transmitirla, por sentirla, por añorarla o por amarla.
La felicidad, ese pequeño instante que nos hace ser plenos, el ser humano en
cada segundo lo transmite o lo muestra de manera distinta, en ningún momento de
nuestras vidas será la misma manifestación de felicidad que hace dos segundos,
pues la próxima dentro de algunos segundos, minutos, horas o días, será de otro
modo.
¿Qué significa reconocer una cultura como diferente de la propia?, reconocer no
sólo es aceptar que alguien pueda tener un color de piel distinta, peinarse de
algún modo que nos parezca extravagante, tener gustos estéticos
“extraordinarios”, bailes exóticos, hábitos alimentarios extraños. Sino que implica
mucho más, los miembros de la “otra-cultura” pueden concebir la naturaleza
humana de modos muy diferentes, y lo que perciban como necesidades humanas
básicas puede diferir enormemente del punto de vista de la “otra-cultura”
occidental moderna.17 Lo importante es estar consciente de que la razón para que
se acepte o rechace algo debe basarse en la validez de sus normas o estructuras
sociales, políticas o culturales y de ninguna manera en su origen. Esta parte, la
17
Olivé, León. Op. cit. p. 38
62
más compleja, el comprender que todos somos diferentes, y que formando parte
de un grupo específico somos doblemente diferentes, en lo general y en lo
específico, es la identidad, es tan válida como la identidad de aquel que se sienta
a tu derecha, el que te mira fijamente, el que te roza en el autobús de la mañana,
el que mira hacia un mismo pizarrón, aquel que mira hacia el bienestar de una
misma nación, de aquel que lucha por su supervivencia, de aquel que por
necesidad de alimentarse roba, de aquel que lee en náhuatl, como el que lee en
inglés, en español o en zapoteco.
Cuando se comprende que (el reconocimiento y las identidades) son una
necesidad humana vital, porque se da el mismo valor a todo ser humano por lo
que es simplemente, quitándole todos aquellos sustantivos y adjetivos que nos
damos o que nos imponen, entonces, se le está dando al reconocimiento el lugar
correcto de su interpretación y de su objetivo, según el sentido que se le pretende
dar en estas líneas. El ser reconocido como ser humano ante los ojos de los
demás, es un paso tan importante, que entonces nos lleva dentro de un camino
recto para comprender que ese ser humano reconocido es igual que a mi por ser
humano, pero es diferente por la identidad que en su entorno ha desarrollado. Lo
anterior nos encamina a responder y abrir los ojos frente a la nube gris que se nos
presenta frente a la cuestión de ¿Cómo reconocer lo diferente en términos de igual
valor que lo “no diferente” respetando su identidad? o ¿Cómo yo indígena me
acerco a lo “igualitario” aceptando su diferencia sin dejar de lado mi identidad?.
Es relevante manifestar que existe una íntima conexión entre la identidad y el
reconocimiento. El vínculo que los une, es el rasgo humano del carácter dialógico,
es decir, el lenguaje humano, abarcado con todos los modos de expresión,
63
intercambiado con “otros significantes”.18 Un carácter dialógico, en el cual Charles
Taylor, León Olivé, Ramón Soriano y mucho autores más, coinciden como la mejor
forma de acercarnos y aceptarnos los nosotros con los otros o viceversa, a
manera de lo que según Hegel: “lo fundamental es que sólo podemos florecer en
la medida en que se nos reconoce, la lucha por el reconocimiento está en el
régimen recíproco entre iguales, dicho régimen se localiza en una sociedad
informada con un propósito común: el “yo” es “nosotros” y “nosotros” el “yo”.19
Por otra parte, Taylor menciona el ejemplo de la política de la diferencia como
aquel elemento que hace posible el reconocimiento de la identidad única de cada
individuo o grupo, porque el hecho de ser distinto es lo que se ha pasado por alto
y busca que se dé reconocimiento y status a algo que no es universalmente
compartido. Pero un riesgo que se toma cuando se aplica la política de la
diferencia, es que se den distinciones a base del tratamiento diferencial.20 Como
ejemplo de la política de la diferencia, Taylor, hace referencia a las diferentes
decisiones que se han tomado en el Estado de Canadá: los miembros de grupos
aborígenes reciben ciertos derechos y facultades que no gozan otros grupos, si se
acepta la exigencia de un autogobierno aborigen, o que ciertas minorías reciban el
derecho de excluir a otras para conservar su integridad cultural.21 La cuestión,
lleva a considerar la importancia del reconocimiento interno, como aquel que
ayuda a reconocerse a si mismo, en una sociedad, pero ¿cómo probar la
importancia del reconocimiento interno? Taylor responde: siendo fiel a mi mismo,
18
Taylor, Charles. Op. cit. p. 52
19
Hegel, G.W.F., Fenomenología del espíritu, Fondo de Cultura Económica, México, 1966, p. 113.
20
Taylor, Charles, Op. cit. p. 62
21
Ibidem. p. 63
64
manteniendo mi originalidad, mi autenticidad y transmitiendo la cultura con otros
pueblos. Realmente, ni los propios no reconocidos niegan que sea su no
reconocimiento lo que los impelen y manifiestan como motivos a la desigualdad, la
explotación y la injusticia.22 Esto quiere decir, que éste es un problema de fondo,
desde dentro y desde el centro, no desde la perspectiva de aquello que acarrea el
no reconocimiento, como la desigualdad, humillación, discriminación, injusticia;
éstas sólo son las consecuencias de la falta del reconocimiento y del respeto por
el “otro”, y no son los motivos de su situación. Para que exista el entendimiento
mismo de lo que pueda tener valor y que nos resulta extraño y ajeno, lo que tiene
que ocurrir según Gadamer es la “fusión de horizontes”, fusiones sin desaparecer
23
los orígenes. Conlleva el análisis de otras cosas que no se pensaban, sobre
desconocidos espacios que actúan en busca de nuevos vocabularios de
comparación, aquellos valores que anteriormente no pensábamos y que resultan
ser igualmente válidos. Sobre todo existen juicios de valor que se han
transformado a manera de beneficio para unos cuantos y en forma superficial, sin
la búsqueda reflexiva a un acercamiento profundo hacia el “otro”.
Complementando lo dicho, con las palabras de Giovanni Sartori: “hemos creado
un mundo cada vez más complicado que cada día logramos menos comprender y
controlar mentalmente. Hoy día la propuesta multicultural y la pobreza de sus
argumentos resumen de manera ejemplar el “vacío de comprensión” en el que nos
precipitamos cada vez más. Mientras sea la tecnología lo que nos desmonta, doy
22
Ibidem. p. 95
23
Gadamer, Hans-Georg, Verdad y Método, Sígueme, Salamanca, España, 1991 pp. 289-290. Para Gadamer,
tradición e innovación van juntas.” Uno sólo se comprende a sí mismo en relación con los demás. En un mundo cada vez
más interrelacionado, el arte de la conversación, de escuchar, devendrá probablemente una cuestión de supervivencia. El
reconocimiento es “Saber que el otro puede tener razón".
65
paz, pero no la doy, si nuestro no- comprender, nuestra incomprensión es
precisamente sobre nosotros, sobre el “mejor vivir” y convivir posible.24
2. Pluralismo
El pluralismo es otra visión de las sociedades configuradas por diversas culturas.
No ha sido nunca un “proyecto”, ha surgido a través de un proceso histórico, es
una visión de mundo que valora positivamente la diversidad y que se manifiesta
como una sociedad abierta enriquecida por pertenencias múltiples.25 Visión que se
reconoce en el interculturalismo, en el intercambio cultural.
Para, León Olivé, el modelo pluralista será posible sólo en la medida que el
individuo haya asimilado críticamente los valores que su cultura les ha heredado,
lo cual supone que hayan desarrollado su capacidad de reflexión racional. El
pluralismo admite diversas maneras de ver la realidad, admite que hay mundos
diferentes. Un ejemplo que cita este autor, para exponer la admisión de la
existencia de mundos diferentes, es uno de tantos conflictos que se suscitan en
México entre las diferentes culturas. El problema de fondo es que la traducción
completa entre dos lenguas (español y el tojolabal), sin pérdida o cambio alguno
de significado, puede ser imposible. Pues ninguna de las dos lenguas, ni las
visiones del mundo de cada comunidad tienen elementos para reconocer todos los
hechos que sí se reconocen desde el otro punto de vista. Hay hechos que existen
en cada mundo en virtud de la estructura de cada lengua, pero cada lengua tiene
24
Sartori, Giovanni, Op. cit. p. 131
25
Olivé, León, Op. cit. p. 127
66
una estructura diferente y por ello hay hechos que existen en un mundo y no en el
otro. Las sociedades indígenas y las sociedades modernas hispanohablantes
viven en mundos diferentes.26 Las diferencias no sólo se dan en la lengua, sino
también en niveles diferentes de visiones del mundo, de ver las creencias acerca
de la realidad, las normas, investigar el mundo, y de los principios morales, entre
otros. Todo ello lleva a dos mundos inconmensurables, en los que en el nivel de
conocimiento no existe un patrón o criterios comunes para decidir cuáles de las
creencias que se aceptan, según uno u otro marco conceptual, son correctas y
cuáles son incorrectas. Algunas creencias aceptables desde un punto de vista
pueden ser imposibles de representar desde el otro.27 Por lo tanto, no sólo es
importante aprender el lenguaje, sino muchos otros elementos de la visión del
mundo de cada uno. Es posible aceptar la diversidad de concepciones del mundo
y la diversidad de mundos y, además, mantener la posibilidad de llegar a acuerdos
racionales. Como en el caso del Estado de Canadá: “no se aceptaba a una mujer
miembro de una comunidad indígena, su derecho a residir en el territorio de su
comunidad debido a su matrimonio con un no indígena.28 La medida era
consecuencia de la legislación nacional, pero contó con el respaldo del Consejo
de la comunidad indígena en cuestión. El Estado informó que el objetivo de la
legislación era proteger a las comunidades indígenas y la integridad de sus tierras.
Finalmente se logró modificar la legislación, a favor del derecho a la residencia y la
cultura particular originaria sobre el derecho tradicional de un pueblo.”
26
Ibidem. pp. 108-110.
27
Ibidem. p. 111
28
Comité de Derechos Humanos, caso Lovelace vs. Canadá, Comunicación no. 24/1977, Doc. ONU
CCPR/C/13/D/24/1977 (dictamen de 30 de julio de 1981)
67
En el mismo sentido, cierto, es que las diferencias no sólo se dan en las lenguas,
pues tanto en México como en países latinoamericanos, la discusión más fuerte
se centra en las formas de las relaciones del Estado y de la sociedad moderna con
los pueblos indígenas, sobre cuestiones de su autonomía, de su derecho a
preservar su cultura y de su participación política, ya no como piezas de museo,
sino en condiciones que les permitan progresar y proyectarse hacia el futuro.
En el caso de México, se ha pensado en una cultura monolítica que no ha dado
resultado. El mejor camino para el entendimiento de los diferentes niveles de
manifestación entre ambas sociedades (la moderna y la indígena) es el
reconocimiento de las diversas culturas que en el seno mexicano conviven, dentro
de un proyecto de nación multicultural bien articulado, en el cual cada cultura
contribuya al proyecto global y se beneficie también del intercambio con las
otras.29 (Es lo que busca el pluralismo) En los “Acuerdos de San Andrés”,
resultado de los diálogos para la concordia y la paz en Chiapas entre el gobierno
federal mexicano y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, después de su
levantamiento en armas en nombre de los pueblos indígenas del sur del país, el
primero de enero de 1994, se admite la necesidad de una:
“nueva relación entre el Estado mexicano y los pueblos indígenas
que se base en el respeto a la diferencia, en el reconocimiento de
las identidades indígenas como componentes intrínsecos de
nuestra nacionalidad, y en la aceptación de sus particularidades
29
Olivé, León, Op. cit. p. 65
68
como elementos básicos consustanciales a nuestro orden jurídico,
basado en la pluriculturalidad.”30
Se expresa la búsqueda de un desarrollo dirigido a la cultura de la pluralidad y la
aceptación de las diversas visiones del mundo de los pueblos indígenas, sus
formas de vida y sus conceptos de desarrollo. En México, la lucha por una política
del reconocimiento de una situación multicultural, reconociendo el derecho de las
diversas comunidades a sobrevivir y perpetuarse, ofreciendo oportunidades de
vida digna, busca que las culturas convivan en una armonía superior, logren una
sociedad política plural, resuelvan los conflictos por vías no violentas y los
derechos individuales y colectivos se respeten irrestrictamente; además, que se
les permita integrarse y participar en la vida pública y política nacional. Por medio
de un diálogo con el Estado. El Estado y las comunidades deben actuar, en
defensa de los pueblos y de su identidad, propiciando que cada comunidad logre
el mayor control posible sobre los cambios de su cultura. Entonces, ¿existirá
alguna posibilidad de que las culturas tradicionales, particularmente las que están
inmersas en la sociedad moderna, y dentro de amplios contextos nacionales,
mantengan su identidad ante los inevitables cambios? ¿Pueden esos grupos
cambiar y mantener su identidad?31
Una explicación clara, de lo que es el Pluralismo, es la manifestación expresa de
los Acuerdos de San Andrés, pues es cierto que existen diferentes maneras de
conocer la realidad, su representación se hace desde diferentes puntos de vista y
no hay razones para que converjan en una representación única. Las prácticas de
30
“Acuerdos de San Andrés” resultado del diálogo para la conciliación y la paz digna en Chiapas.
[[Link]
31
Olivé, León. Op. cit. pp. 220-221
69
los seres humanos son tan variadas, que ésta complejidad también hace imposible
que haya convergencia hacia una única, completa y verdadera teoría del mundo.32
Aunque existan mundos ilimitados, no significa que no puedan establecer
procesos comunicativos mediante los cuales los miembros de cada comunidad
aprendan el lenguaje de la otra y comprendan las categorías con la que los otros
han conceptualizado su mundo. Tampoco significa que no puedan ponerse de
acuerdo sobre algunas cuestiones para realizar prácticas coordinadas en metas y
proyectos comunes. 33
Las culturas tradicionales suelen tener una fuerte resistencia al cambio
(argumento cotidiano de aquellos que tienen el poder de dialogar para los mejores
cambios de desarrollo de los pueblos indígenas). No obstante, solo sucede si los
cambios llevan a cambiar su identidad de una manera forzada y sin su
consentimiento. Los cambios pueden darse de manera que la cultura como tal
continúe existiendo y sea reconocida por sus propios miembros, y por otros, como
la misma cultura, aunque transformada. Lo más importante es que las
transformaciones sean resultado de las acciones intencionales de sus propios
miembros y no impuesta desde fuera por mecanismos de los cuales los miembros
34
no tengan conciencia o no cuenten con su aprobación. A lo que alude
Finkielkraut cuando dice: “Cuando el odio a la cultura pasa a ser a su vez cultural,
la vida guiada por el intelecto pierde toda significación. Y las culturas ya flotan
absurdamente en un espacio sin coordenadas ni referencias.” 35
32
Ibidem. p. 121
33
Ibidem. p. 151
34
Ibidem. pp. 223-224
35
Finkielkraut, Alain, Op. cit. p. 122
70
Siempre hay que enfocarse en los diálogos, en las políticas que se persigan para
insertar a los pueblos indígenas en las sociedades modernas, sin que por ello
pierdan su identidad y rasgos que merecen preservarse. Esto es lo que se busca
en la presente investigación. Viendo que el multiculturalismo no reúne lo deseado
puesto que no va más allá en el estudio del otro como lo que representa y lo que
es. Y que por otro lado el pluralismo alienta la interacción armoniosa y creativa de
las culturas, en aras de preservar su identidad, siempre y cuando, se presente una
visión abierta de las diferentes culturas.
El planteamiento para el reconocimiento de aquellas, debe darse más allá de la
superficialidad, yendo hacia una interacción cultural pacífica y abierta, que se
realice por medio de un interculturalismo dialógico. Sería lo más cercano a un
ideal de sociedades pluriculturales, en donde los diferentes grupos (en este caso
indígenas), por medio del diálogo, tienen participación en la política económica,
social y cultural de la nación; con la finalidad de que puedan tomar decisicones de
una forma consensuada, sobre que parte de identidad pueden o no ceder a los
cambios que van surgiendo.
Ahora bien, de qué manera se puede lograr dicha relación de diálogo y
comunicación entre las diferentes culturas, aquí es donde toca al presente trabajo
mostrar un camino que lleve al reconocimiento pleno de las colectividades del
mundo, en este caso en específico de los pueblos indígenas, sin que por ello
pierdan su identidad ni tampoco se haga una diferenciación discriminatoria entre
ellas.
71
CAPITULO III
EL ENTENDIMIENTO DE LA OTREDAD.
Para mostrar un camino que lleve al reconocimiento pleno de las colectividades
del mundo, en específico de los pueblos indígenas, en donde se dé una relación
de diálogo y comunicación entre las diferentes culturas, se plantea la mirada al
otro ajeno desde una perspectiva profunda y de respeto, a partir del concepto de
“Otredad”.
1.- La Otredad
En este caso, para el reconocimiento de la otredad indígena, se toma como base
para la fundamentación de la existencia del “otro”, la obra de Emmanuel Levinas
“Totalidad e Infinito”, en la cual se expresa el movimiento dirigido a la otra parte,
al otro modo, a lo otro, al no-yo, a aquel exterior fuera de mi, a lo totalmente otro y
absolutamente otro, aquello que está más allá de mí de mí mismidad, de mí yo.
La Otredad es el ser “otro”, más allá de lo estático, es aquella trascendencia que
se expresa en el ser exterior, en su contenido, Ser-Otro. Pero ese otro del cual se
habla, es otro ajeno a mí, a mí yo, ajeno a todo aquello que me sacia y me forma.
Para el hombre, lo “otro” se presenta como algo extraño, inexplicable o
simplemente fuera de la realidad. Quiere decir que lo otro es la esencial
heterogeneidad del ser, es la otredad que padece lo uno. Es todo aquello
diferente a lo uno, a lo yo.
72
Todo lo extraño, o fuera de la realidad del ser, se presenta como la manifestación
de lo otro, lo fuera de mi, que me hace ver cómo el ser humano es dual, ambiguo y
variable. La otredad ha sido pensada siempre como una búsqueda de la identidad,
del reconocimiento del yo, puesto que observando la exterioridad del otro, yo me
reconozco como lo que soy. Para encontrar las distintas piezas que conforman la
existencia del yo, tiene que dirigirse a lo ajeno, a lo diferente; tiene que establecer
la objetividad del otro. La otredad es ese otro fuera de mi que hace darme cuenta
de lo que soy y lo que no soy, de lo que es diferente a mi, de lo etéreo que es el yo
frente a lo otro extraño y ajeno a mi. Si no sé que lo otro que está más allá de mi
yo es lo que me hace conocer mi identidad y lo que soy, nunca podré conocerme
más allá de lo que tengo y veo que tengo. La “otredad” es aquella mirada a lo otro
existente fuera de mi que me empuja a conocer, comprender y asimilar para el
entendimiento de mi yo respecto a lo que externamente se me presenta como el
“otro-extraño”.
Cuando nos encontramos con la mirada del otro, la otredad funciona como un
espejo donde nos miramos y el otro se mira a sí mismo y, de algún modo, en ese
juego de encuentro desencuentro que constituye ese cruce, la arquitectura del
mundo que compartimos es corroborada. Es el otro ajeno, al cual se refieren las
teorías o fenómenos de multiculturalidad y pluralismo, al momento de definirse
como tales, recurren a la mirada del otro ajeno por parte de un grupo homogéneo
que los asimila e incluye en su nosotros ya heterogéneo.
Es muy complejo entender el significado de otredad, puesto que no solamente
implica la condición de ser otro, sino también la condición de saber y entender que
73
eso que se mira es otro visto de un yo que lo reconoce como otro extraño y
diferente. Y que además desde cada punto diferente en que el yo observe, mire,
vea o estudie al otro éste es observado, mirado, visto o estudiado de manera
distinta, es decir, cada vez que yo veo al mismo otro desde un rincón o una
posición diversa, ese otro es visto como otro desde ese mismo otro. Entonces, a
esa mirada diferente del otro en cuanto otro desde un yo alterado en su en sí, en
su mismidad, es a lo que se le llama alteridad. Existe la otredad cumplida por
obviedad, con todas las miradas, y la otredad reflexionada solamente a partir de
mi mirada.
2.- Alteridad.
La alteridad otro elemento que es confundido con gran frecuencia con la otredad.
Es cierto que son términos y sustantivos que se semejan en mucho en el sentido
en que se utilizan en el mismo lenguaje de expresión, pero realmente no son lo
mismo, sino que se complementan. La otredad es mirar al otro y saber que lo que
se mira es un otro ajeno diferente, extraño y externo al yo, mientras que la
alteridad es la heterogeneidad radical del otro, sólo es posible si lo “otro”
es otro con relación a un término cuya esencia es permanecer en el punto de
partida, ser el mismo no relativamente, sino absolutamente.1 Para la alteridad el
“otro” se entiende mientras mi “yo” lo vea desde una manera y un punto de partida,
si me muevo, ¿lo veré de otro modo?, lo veré de otro modo, pero ya no será el
mismo. Es decir, que la alteridad es aquella situación en la cual observo al Otro
1
Levinas, Emmanuel, Totalidad e Infinito, Ensayo sobre la exterioridad, Sígueme, Salamanca, 1999, p. 60
74
desde un punto específico de mi Yo. Desde el punto de vista que veo al otro, soy
otro, y si lo veo desde otro punto de vista diferente al anterior, soy otro distinto. La
alteridad del Otro está en él y no en relación a mí, se revela, pero es a partir de mí
y no por la comparación del yo con el Otro, como accedo a ella. Accedo a la
alteridad del Otro a partir de la sociedad que yo mantengo con él y no al dejar esta
relación para reflexionar sobre sus términos.
3.- Identidad
Aunque el término identidad ha sido ya definido y determinado en el primer
capítulo, es necesario que se retome para comprender lo que se establece en el
presente apartado. La identidad es el elemento que hace ver al otro, como aquello
alterno a mi yo, a través del cual el yo observa y rescata todo lo que le acontece,
le sucede, le ocurre, le aparece, le produce, le irrumpe. Es lo diverso que se
percibe en la alteridad del yo en el otro. La alteridad es uno de los modos de
identificación del yo. La identidad es aquel lugar del yo que lo caracteriza a sí
mismo, a partir de rasgos distintivos, diversos, diferentes, vistos desde dos
lugares, desde fuera y desde dentro. Es decir, desde el otro ajeno o exterior a mi
(otredad) que refleja mi yo y desde ese yo que se identifica a sí mismo a partir de
ese otro ajeno externo. La identidad se forma por la diversidad entendida como lo
diferente de toda existencia, y esa diferencia en la existencia de cada ser es su
identificación, que se constituye desde la posición de un otro que miro y me
identifica como lo que soy, y soy otro diferente frente aquel otro que también me
mira; toda la diferencia que se resume entre las miradas es la identidad que los
75
compone. En términos de lo que se argumentará en lo sucesivo del capítulo, es
importante especificar que existe una identificación universal en la que todo lo
heterogéneo es abarcado, dejando al yo idéntico hasta en sus alteraciones,2 lo
que conlleva a una totalización de las identidades en un solo yo, sin dejar la
apertura a las diferentes alteridades del yo en sus diferentes posiciones. La
identificación universal es un contrario a la identidad abierta que se crea desde
fuera y dentro, y que se da a partir de una mirada al otro y la alteridad que le
proyecta.
Un ejemplo para comprender la diferencia entre otredad, alteridad e identidad, es
la concepción que se tiene de nuestra sociedad, con una doble alteridad: por una
parte, la otredad referida desde el espacio occidentall; por otra, la presencia de la
otredad indígena, las cuales conforman la identidad mexicana. Es decir, el yo en
este caso la sociedad mexicana, puede tener varias alteridades compuestas
desde otredades diferentes, cuyas características diversas conforman la identidad
mexicana. La explicación de la otredad como la existencia del “otro”, de la
alteridad como aquella heterogeneidad radical del otro y de la identidad como los
rasgos que conforman a cada yo diferente; también se manifiesta por parte de la
situación actual de la humanidad, en la que la multiplicidad de los yo, son
encerrados por una totalidad que los quiere hacer uno, oscureciendo los otros.
Pero es importante pensar que, aunque no se vea la existencia del otro de manera
profunda, sino de manera total y única, no terminará con el poder del “yo” que no
traspasa la distancia que indica la alteridad del “otro”. Y sabiendo esto último,
2
Ibidem. p. 61
76
muestra la esperanza de pensar en la otredad como alternativa de un
reconocimiento abierto, profundo y respetuoso.
4.- El mundo, el poder y la homogenización del otro.
Se ha argumentado acerca si el multiculturalismo es válido para el reconocimiento
del otro indígena, al igual que el pluralismo, pero a partir de éste último se busca
una alternativa para su buen funcionamiento y eficacia desde el estudio del
ejercicio de la otredad en el mundo. Se señala cuál es la posición y actuación de la
mirada (del mundo) hacia el otro en la actualidad.
El yo para ver al “otro”, aquel otro que conforma el mundo, debe abrirse al
mundo, como aquel nuevo otro, que se mira en una alteración exterior fuera de su
cerco único y anteriormente cerrado. Emmanuel Levinas, explica que es necesario
partir de la relación concreta entre un yo y un mundo, éste último extraño que
debería alterar al yo. La verdadera relación entre ellos en donde el “yo” se revela
como el mismo, se produce como estancia en el mundo. La modalidad del “yo”
contra lo “otro” del mundo, consiste en morar, en identificarse existiendo allí en lo
de sí. Ya que el yo se ha encontrado a través de la historia en todo el mundo (se
habla de un mundo entendido como el imperialismo o totalitarismo que nos ha
acompañado a través de lo tiempos) como un yo egoísta, egocéntrico, posesivo y
cerrado frente a cualquier alternativa de pensamiento, vida, amor u odio. La
pregunta, que se hace Levinas, a lo dicho es: ¿Cómo el yo que se exhibe como
egoísmo, puede entrar en relación con otro sin privarlo inmediatamente de su
alteridad? Y sobre todo la siguiente pregunta, que es más importante para la
77
indagación en ésta investigación: ¿De qué manera puede el yo no cerrarse al otro
exterior, así como aceptar, comprender y reconocer la alteridad? Pues el otro que
se reconoce como otro no está simplemente en otro sitio, sino que está también
formando parte de mi yo, en cualquier lugar o momento dentro y fuera de mi.
Primeramente hay que saber que la “otredad” se da anteriormente al mundo, (al
imperialismo), es decir que el yo contra lo otro consiste en identificarse con el otro
sin dejar de ser yo originario en ese otro. Lo otro no limita el “yo”, sino lo otro no
sería rigurosamente lo otro, por la comunidad de la frontera, sería en el interior del
sistema todavía el mismo. Lo absolutamente otro, es el otro. En el interior del
mundo, en el sistema político, ni la posesión, ni la unidad del número, ni la
unidad del concepto, me incorporan al Otro. No existe anteriormente al mundo una
reductibilidad del otro en el yo.
En el mundo, el otro en la sociedad se ve como un extranjero, de manera que no
tiene característica común con mi yo y que llega a perturbar el “en nuestra casa”.
Pero extranjero quiere decir también libre, sobre él no puedo poder3. Pero yo, que
no pertenezco a un concepto común con el extranjero, soy como él, sin género.4
Se dice que es libre y que no puedo poder, porque que es un alterno diferente,
que no puede ser dominado por su libertad de extranjero, entonces, el yo es
identificación en lo diverso, en la historia y en el sistema (mundo). La identidad del
yo no se niega al sistema del otro extranjero, sino es éste por ser libre, extraño,
diferente, alterno, a todo lo uno que se encierra en el sistema o historia. El otro
extraño fuera del sistema del mundo, se niega a su reducción en el yo existente en
3
“Puedo Poder”, ese sentimiento de no poder traspasar las barreras, de no dejarme entrar y conocer.
4
Ibidem. p. 63
78
el universo, aunque se ha visto que en el sistema político dentro del Estado se ha
vivido una negación a la disminución del otro, ésta no ha sido cumplida, pues se
ha reducido al otro a medida de buscar un mundo homogéneo y menos diverso,
para evitar conflictos originados por la no comprensión de la existencia de las
identidades diferentes que lo conforman.
En otras palabras, en el mundo occidental muy a menudo se ha dado, una
reducción de lo Otro al Mismo, por mediación de un término medio. Que ha sido
una equivocación, desde el punto de vista de la presente argumentación para el
reconocimiento del otro, pues para que se dé una verdadera libertad o justicia en
una sociedad es necesario que el extrañamiento del otro (su irreductibilidad al Yo)
a mis pensamientos y a mis posesiones, se lleve a cabo como un
cuestionamiento, ya que la trascendencia, el recibiendo del otro por el Mismo, del
otro por Mí, se produce concretamente como el cuestionamiento del Mismo por el
otro. Es decir, que al recibimiento del otro, me cuestiono mi yo, para un
mejoramiento y no un rechazo del otro, que viene siendo parte de mí Mismo.5
Cuando se habla del rechazo al otro (extraño), se trata de la reductibilidad del
otro en el yo mismo.
Otra consecuencia, del mundo actual, del Estado y de su totalidad, es el querer
conceptualizar todo lo otro, lo cual no lleva a ninguna relación de paz, al contrario
suprime o se posesiona del otro, no le deja su independencia por lo que es o
piensa, sino que ya llega a ser una relación de ese otro a un “yo puedo”, respecto
a ese concepto que me ha sido impuesto. Lo anterior, converge en el Estado y la
no-violencia de la totalidad, sin precaverse contra la violencia de la que vive esta
5
Ibidem. p. 66
79
no-violencia y que aparece en la tiranía del Estado. La violencia se define en una
identificación universal en donde todo lo heterogéneo es abarcado, dejando al yo
idéntico hasta en sus alteraciones,6 lo que acarrea una totalización de las
identidades en un solo yo, sin dejar opciones a las aperturas del yo a los extraños
en la mirada profunda de interpretación de su identidad.
La universalidad se presenta como impersonal y hay allí una falta de humanidad.7
Falta de sensibilidad humana, porque se subordina la relación con el otro a una
identidad universal, dominada de forma imperialista y tirana por parte del Estado,
en la cual los hombres son reducidos a una cosa que conviene a la estructura de
poder, antes de reflejarse al otro que me es negado o no visto. El yo encuentra la
guerra de opresión tiránica que sufre por la totalidad, pues se reduce lo otro al
mismo. La no humanidad ha existido a través de la historia, la cual generaliza y
totaliza al ser, no ve su interioridad, sólo aquel que piensa sabe que la tiene, en
ella todo esta pendiente. Cuando el hombre aborda verdaderamente al otro, es
arrancado de la historia. 8
La caída del muro de Berlín en el año de 1989 y la transformación de la Unión
Soviética en diciembre de 1991, fueron hechos históricos que terminaron una
época y diéron pauta al comienzo de un nuevo curso histórico en el cual ya se
habla a mayor escala del sistema democrático de gobierno como aquel idóneo
para la organización, estructura y manejo del poder en las diversas sociedades del
mundo. Hago referencia a lo dicho, porque en el actual Estado democrático de
gobierno que reina en la mayoría de los diversos mundos del globo terráqueo,
6
Ibidem. p. 61
7
Ibidem. pp. 70-71
8
Ibidem. p. 76
80
sigue existiendo (al igual que en los Estados totalitarios de décadas atrás) una
equivocación respecto al recibimiento del otro ajeno o extranjero, luego que esa
reductibilidad señalada en párrafos anteriores se refiere a la tiranía y totalidad del
Estado, lo cual lleva a pensar en el régimen totalitario de gobierno. Se traduce a
que, independientemente de que estemos en la era de los gobiernos
democráticos, el Estado sigue aplicando su argumento homogeneizador de lo otro
en un yo (mundo sin alteraciones), solamente que ahora se da a través de
fenómenos modernos que llaman mucho la atención de los neoliberales y
postmodernos, es decir se habla de las teorías del multiculturalismo solucionador
de las diferencias y también del pluralismo superficial reconocedor de las diversas
identidades. El hecho que existan gobiernos democráticos no necesariamente
implica que la tiranía hacia las diversas identidades que conforman la sociedad a
la que se dirigen haya desaparecido. Asimismo, el tener frío, hambre, sed, estar
desnudo, buscar abrigo son dependencias frente al mundo, que han llegado a ser
necesidades que arrancan al ser instintivo a las amenazas anónimas para
constituir un ser independiente del mundo, verdadero sujeto capaz de asegurar la
satisfacción de sus necesidades, reconocidas como materiales.9 Después de las
satisfacciones frente a lo material, entonces voltea a ver al “otro” a su altura. Y lo
manifiesta, Levinas, diciendo que lo patético del liberalismo es promover una
persona en tanto es en sí mismo, en consecuencia la multiplicidad (de otredades)
sólo puede producirse si los individuos conservan su secreto, si la relación que los
reúne en multiplicidad no es visible desde fuera, sino que va de uno a otro. Si
fuera enteramente visible desde fuera, (que sería lo ideal), si el punto de vista
9
Ibidem. pp. 135-136
81
exterior se abriera a la realidad última de la multiplicidad, ésta formaría una
totalidad en la que participarían los individuos. Desagraciadamente en la
actualidad no se da de esta manera, la totalidad es impuesta solo por uno en el
que los individuos son reducidos a ese mismo sin su participación. Como el
multiculturalismo, nos engloba en una totalidad al yo y al otro, pero si se salen de
aquel circulo que los acoge, se descalabra la igualdad fomentada para incluir al
otro.
5.- El rostro.
Derivado de la situación de la reducibilidad del otro en el yo, dentro un ya llamado
mundo democrático-totalitario. Emmanuel Levinas, establece un elemento
importante para entender y mirar la cara del otro, para orientarse frente al otro; es
la presencia frente a un rostro, que no está vacío sino que dice algo sobre el otro.
El modo por el cual se presenta el Otro, que supera la idea de lo Otro en mí, lo
llama, rostro. El rostro del Otro destruye y desborda en todo momento la imagen
plástica que él me deja, la idea a mi medida y la medida de su idea adecuada. El
rostro aporta una noción de verdad, es una expresión, el ente que perfora todas
las envolturas y generalidades del ser, para exponer su “forma”, la totalidad de su
“contenido”.10 Es decir, el rostro es la expresión pura del otro definido por la
desnudez y miseria desde la que aparece como rostro, requiriendo al yo
pidiéndole justicia.
10
Ibidem. pp. 74-75
82
La noción del rostro es una exterioridad que no recurre al poder ni a la posesión,
una exterioridad que no se reduce a la interioridad del recuerdo, pero salvaguarda
al yo que la recibe, permite describir la noción de lo inmediato, lo inmediato es lo
imperativo del lenguaje. Lo inmediato es el cara-a-cara.11 Entra otro elemento “el
cara-a-cara” entendido como la exterioridad del rostro a través del lenguaje. A la
relación de lo otro con el rostro, Levinas le llama relación del “discurso” que se da
a través de un lenguaje, impuesto por un cara-a-cara.12 Hay que atravesar ese
túnel, vacío que existe entre el yo y el otro, para ver más allá de lo que hay en el
mundo terrestre, para ponerte cara-a-cara frente al rostro del otro lado del túnel
que te nutre, te llena y te complementa, como otro trascendental que existe más
allá, pero está cerca y no lo ves.
Es ver al hombre perfectamente desnudo, reducirlo a lo que es común a todos los
seres, ver más allá de los atributos, para encontrar lo que nos hace ser iguales.
Sin adornos. La desnudez es rostro. El rostro se ha vuelto hacia mi y es esa su
misma desnudez, es por sí mismo y no con referencia a un sistema.13 El rostro
muestra ver al otro por lo que es, sin betunes, cerezas, peinados, maquillajes,
dineros, posiciones, dominaciones, gestos o sentimientos; se muestra más allá
que una simple comprensión de que el otro existe. Existencia que siempre está en
cualquier lugar fuera de cada sistema, Estado, historia, política, o materia. Hay
una trascendencia del rostro, que es a la vez, su ausencia de este mundo en el
que entra, el destierro de un ser, su condición de extranjero, de despojado o de
proletario; es un extrañamiento de miseria. Se habla del otro como el libre que es
11
Ibidem. p. 76
12
Ibidem. p. 76
13
Ibidem. p. 98
83
también el extranjero, en donde la desnudez de su rostro se prolonga en la
desnudez del cuerpo que siente frío y vergüenza de su penuria, se ve entonces
que entre el otro y el yo hay una relación que está más allá de la retórica.14 Una
relación más íntima, interior, estrecha que se complementan para la libertad, para
la justicia, para su mirada, para su reconocimiento. Se entiende como mirada a
aquella que suplica y exige, privada de todo porque tiene derecho a todo y que se
reconoce precisamente al dar esa mirada, en la epifanía (manifestación) del rostro
como rostro. La desnudez del rostro es indigencia. Reconocer al otro es
reconocer un hambre, es dar.
6.- El reconocimiento del otro.
Para el reconocimiento del otro ajeno, del ser extraño en las alteridades del yo
como otro, es importante comprender el rostro como la expresión pura externa del
hombre a partir de un cara-a-cara por parte de un lenguaje que transmite un
discurso, es lo primordial para llevar a cabo un reconocimiento profundo y eficaz
del otro, en donde verdaderamente exista una libertad y justicia de opción, de ser,
de alteridad. Se le llama justicia a este acceso de cara en el discurso. Si la verdad
surge en la experiencia absoluta en la que el ser brilla por su propia luz, la verdad
sólo se produce en el verdadero discurso en la justicia. 15
En la mirada del rostro como rostros, en donde éste habla y se manifiesta se
considera un discurso, que refleja la forma adecuada al Mismo para presentarse
14
Ibidem. p. 98
15
Ibidem. p. 94
84
como otro. En expresiones del discurso como válido, se renuncia entonces, a
aquellas oraciones objetivas sobre el otro, es abordarlo de frente en un verdadero
discurso, así el ser esta fuera de toda dominación siendo ésta la presentación en
el rostro, de su expresión y de su lenguaje. La trascendencia del otro, que es su
grandeza, engloba en su sentido concreto su miseria, su destierro y su derecho de
extranjero. En la mirada del otro es de otro modo sin protección en la viuda y el
huérfano, y es un exilado, emigrante, apátrida en el extranjero sin medios ni
recursos. Entonces, la mirada del extranjero, de la viuda, del huérfano y que sólo
puedo reconocer al dar o al negar, libre de dar o negar, pero que pasa
necesariamente por la mediación de las cosas. La relación del Mismo con el otro,
mi recibimiento del otro, es el hecho último y en el que sobrevienen las cosas, no
como eso que se edifica, sino como lo que se regala.16 La proximidad del otro, del
prójimo, es un momento de presencia que se expresa, y la epifanía
(manifestación) del otro consiste en solicitarnos por su miseria en el rostro del
extranjero, de la viuda, del huérfano y del indígena. Para que los reconozcamos
como otro no lejano sino como otro parte del yo. Reconocer al otro, es eliminar la
diferencia negativa de la devaluación, la interiorización, y negación del otro, de su
sometimiento a un ser superior no sólo en poder sino también en valor, cuya
identidad positiva convierte la diferencia y la alteridad del otro en negativas. Es
alcanzarlo a través del mundo de las cosas poseídas, es simultáneamente
instaurar por el don la comunidad y la universalidad. Esta última traducida en el
lenguaje universal porque es el pasar mismo de lo individual a lo general, porque
ofrece mis cosas al otro. La universalidad supone una pluralidad, al mismo tiempo
16
Ibidem. p. 100
85
que la relación del lenguaje supone la trascendencia, la separación radical, la
revelación del otro al yo. Hablar es volver el mundo común, aunque el lenguaje no
generaliza, sino sólo pone bases de una posesión en común. Si el otro puede
investirme e investir mi libertad por sí misma arbitraria, es porque yo mismo puedo
sentirme, como el Otro del Otro.17 Conducirse hacia el Otro, recibir al Otro, es
cuestionar mi libertad. Es la conciencia de mi injusticia. El otro me mide con una
mirada incomparable con aquélla por la que lo descubro. El otro no es
trascendente porque sería libre como yo, su libertad, es una superioridad que
viene de su trascendencia. Si no puedo más poder sobre él, es porque desborda
absolutamente toda idea que puedo tener de él.18No puedo controlar al otro, para
todo, si el otro esta libre y no lo puedo dominar, es porque es libre, y no cuenta
con la misma mismidad que yo. Reconocer es ofrecerse y darse.
La existencia del otro nos concierne colectivamente, no por su participación en el
ser que nos es familiar a todos, no por su poder y por su libertad que habríamos
de subyugar y utilizar en nuestro provecho; no por la diferencia de sus atributos
que habríamos de sobrepasar en el proceso del conocimiento o en un impulso de
simpatía al confundirnos con él y como si su existencia fuese una incomodidad. El
otro no nos afecta como aquel que es necesario sobrepasar, englobar, dominar,
sino en tanto que otro, independiente de nosotros: detrás de toda relación que
pudiéramos mantener con él, que surge nuevamente absoluto. Es la manera de
recibir a un ente absoluto que descubrimos en la justicia y la injusticia y que
efectúa el discurso, la enseñanza.
17
Ibidem. p. 107
18
Ibidem. p. 109
86
A la crítica del multiculturalismo y al pluralismo, Levinas, señala que lo cercano no
lo vemos y que son las intenciones interiores del yo, de la sociedad, pues ésta ha
sido organizada por lo que sólo se refleja para la economía, comercio o poder. Se
piensa en multiculturalismos que sólo comprenden superficialidades que reducen
el otro al mismo en una totalidad e historia; también se habla de pluralismo como
aquel fenómeno ideal para el reconocimiento del otro y su alteridad en la sociedad.
Establece, también que el Pluralismo de la sociedad sólo es posible a partir de las
intenciones interiores. Sabemos desde siempre que es imposible hacerse una idea
de la totalidad humana, porque los hombres tienen una vida interior cerrada a
aquel que, aprehende los movimientos globales de los grupos humanos.19 Se
deriva, que sólo a través de las intenciones interiores de cada ser humano se
puede mostrar al mundo un pluralismo posible, un reconocimiento viable, así como
también la interioridad de cada término que se impone a cada ser humano.
Levinas señala que el pluralismo de la sociedad sólo es posible a partir de las
intenciones interiores.
Se mezclan todos los elementos que ven la otredad, como el rostro expresión del
otro, la alteridad como la heterogeneidad radical del otro, el lenguaje como la
expresión del rostro, la libertad de aquel otro que no esta dominado por el yo. Y
todo esto conlleva apenas en multiplicidades en la sociedad, que actualmente
dominadas por un totalitarismo tirano que sólo ve a los otros como uno para el
mejor funcionamiento de su interés. Pero también la propuesta que habla Levinas
de ver al otro mas allá de su exterioridad, ver lo que es trascendente del yo, es
poder ver un pluralismo no desde fuera superficialmente sino desde las
19
Ibidem. p. 81
87
intenciones internas de cada individuo y cada concepto que conforman la sociedad
o el mundo, aceptando al extranjero, la viuda o el huérfano, como aquellas
libertades que deben ser reconocidas como otras, sin someterlas a la mismidad
del yo.
Se observa que Emmanuel Levinas busca sustituir la apropiación o reductibilidad
del otro, por una de la responsabilidad de la acogida y de la hospitalidad para con
el otro, que constituye el punto de partida y referencia de todo discurso.20 El
problema es que es una ética sin una comunidad y una tradición de costumbres y
hábitos que le proporcione espesor social, histórico y cultural. Será algo utópico,
que no se llegue nunca a concretar, eso se verá en el siguiente capítulo. Levinas,
busca la no-indiferencia ante el otro que descoloca al yo de sí mismo, de una
autoafirmación y de su egoísmo, la obsesión por preservar en su ser, abriendo la
posibilidad de responder al otro y salir en defensa de sus derechos.
Establece que para que se realice un pluralismo en “sí”, es necesario se produzca
una profundidad en el movimiento de mí al otro, una actitud de mí frente al otro, el
pluralismo supone la alteridad radical del otro que no concibo solo en relación a
mí, sino que afronto a partir de mi egoísmo. Se ven dos alternativas para el
reconocimiento del otro: la no indiferencia que viene del rostro del otro, cuya sola
presencia interpela al yo pidiéndole justicia y colocándole en situación de
responder, de forma tal que yo no la pueda eludir en medio de tal molestia
(pluralismo). La otra alternativa es la acogida hospitalaria hasta el punto de
20
Ibidem. p. 90
88
comprometer la identidad del propio yo en cuya lógica esta la delimitación de un
espacio identitario del que el otro queda excluido.21
21
Ibidem. pp. 108-109.
89
CAPITULO IV.
EL INDÍGENA Y SU RECONOCIMIENTO.
1.- El no reconocimiento del otro indígena en la ley.
Aterrizar la otredad indígena a la realidad que nos acontece no ha sido un papel
fácil a lo largo de los siglos, pero a través de las diferentes manifestaciones que
los pueblos indígenas han llevado al cabo de los años, han dejado de ser simples
objetos de discusión sobre sus derechos y se han convertido de hecho en
participantes de un amplio diálogo multilateral que incluye a estados,
organizaciones no gubernamentales y expertos independientes.1 Los pueblos
indígenas comenzaron a llamar la atención a partir de los años sesenta en sus
demandas por la supervivencia cultural, política y territorial. Desde esa época se
han suscitado un gran número de instituciones, organizaciones e instrumentos que
reconocen y avalan su existencia con la importancia que merecen. El indígena a
través de sus manifestaciones se proclama como: yo “otro” quiero ser visto por la
sociedad como otro diverso que forma la unidad que conforma un todo. Yo
indígena quiero dejar de ser visto extranjero, quiero dejar de ser visto huérfano de
padre o viudo de esposa. (Quiero un apapacho cuando no me sienta fuerte,
cuando me sienta débil frente al poder dominador, cuando me sienta sin ánimos
para enfrentar las desigualdades, las faltas de oportunidades o de desarrollos. No
1
Anaya, S. James, Los pueblos Indígenas en el derecho internacional, Trotta, Universidad de Andalucía,
Madrid, España, 2005, p. 92
90
necesitamos modernizarnos, o globalizarnos, necesitamos reconocimiento de
diversidad existente y valiosa, de domadora de sueños, esperanzas y
posibilidades de subsistencia, de portadora elegante de representaciones de
distintas culturas dignas de llevarlas, presentarlas y aceptarlas, simplemente
porque son.) Para que ese Imperio de políticos, supuestamente conocedores de
las necesidades de sus pueblos, sepan que lo que el indígena exclama a gritos
desde décadas o siglos, en pleno mundo de paises “democráticos”,
“desarrollados”, no saben que son, que han sido, y que han querido, y que aún
siguen existiendo a través del tiempo, y que no comprenden cómo han logrado
sobrevivir después de tantos obstáculos históricos existen hasta en los recónditos
espacios de algún país que tenga suficiente espacio para esconderlos, no verlos y
no preocuparse por ellos.
En 1961 se llevó a cabo la Conferencia sobre Política Indígena en la universidad
de Chicago, Estados Unidos de América, y una cosa que llamó la atención en esa
época fue una proliferación de literatura académica que garantizaba las demandas
de los pueblos indígenas. Más adelante surgiría el Consejo Mundial de Pueblos
Indígenas que nace a partir de una decisión tomada en la Primera Conferencia
Internacional de Pueblos Indígenas, celebrada en Port Alberni, Canadá, en donde
se reunieron representantes indígenas de 19 naciones entre los días 27 y 31 de
octubre de 1975. También se da la formación del Grupo de Trabajo sobre
poblaciones indígenas de la ONU, así como el Convenio 169 de la Organización
Internacional del Trabajo de 1989, los Proyectos de Declaración Universal de los
Derechos de los Pueblos Indígenas tanto en la ONU como en la OEA, las
Declaraciones de Colombia en nombre del Grupo Lartinoamericano y el Caribe, en
91
nombre de las Delegaciones de Finlandia, Suecia y Noruega y de la Delegación de
la Federación Rusa, dadas a conocer el mismo 18 de junio de 1993; ya en los
años recientes el Foro Permanente sobre Asuntos Indígenas de 2002.
A nivel interno, se han producido problemas entre el Estado y los pueblos
indígenas, por ejemplo los conflictos que dieron lugar a condiciones donde estuvo
en riesgo la estabilidad de países como Colombia y Bolivia, dieron finalmente el
reconocimiento de derechos específicos a pueblos indígenas, pues obedeció. En
Nicaragua, la autonomía indígena es producto de un movimiento armado y en
Guatemala el reconocimiento de derechos indígenas es consecuencia de la
guerra. Hace 12 años el levantamiento armado del Ejercito Zapatista de Liberación
Nacional el primero de enero de 1994 en el Estado mexicano que dio origen a los
Acuerdos de San Andrés. Las luchas internas entre los pueblos indígenas y los
estados nacionales en los últimos tiempos han sido puestas a la vista internacional
por la obertura de las comunicaciones y la presión hacia la transparencia en el
ejercicio de la protección a los derechos humanos de todos los individuos,
elemento primordial para la consolidación de las “democracias modernas”.
Sin embargo, los pueblos indígenas continúan siendo vulnerables, incluso en los
estados “democráticos” que han tomado medidas específicas para dar
cumplimiento a las normas internacionales que reconocen sus derechos, ya que
muchas veces hacen falta mecanismos internos que los protejan. Por ejemplo: en
los Estados Unidos, a pesar de que su Congreso ha adaptado una resolución en la
que se reconoce y se pide perdón por las injusticias cometidas históricamente
contra los indígenas hawaianos, los funcionarios del gobierno han hecho todo lo
posible para minimizar la responsabilidad federal de reparar estas injusticias;
92
mientras tanto, los derechos de los indígenas hawaianos a sus tierras ancestrales
y recursos naturales continúan viéndose amenazados por los intereses
económicos de la industria turística. En Canadá, la política del gobierno de
negociar acuerdos sobre la tierra y al autogobierno con los pueblos indígenas no
sirvió para evitar una confrontación armada con el pueblo Mohank, que vio cómo
sus tierras sagradas ancestrales se convertían en un campo de golf. En México,
los acuerdos de San Andrés, negociados entre el gobierno y los líderes indígenas
para poner fin a los conflictos en Chiapas y definir un marco simbólico para el
reconocimiento y protección de los derechos indígenas, no han llegado a ser
puestos en práctica debido a la falta de respaldo e interés de las fuerzas políticas
dominantes del país. 2
A nivel internacional existen procedimientos de carácter contencioso que tienen la
finalidad de resolver conflictos entre particulares y sus estados, los importantes
procedimientos son los relativos a la Organización Internacional del trabajo, el
Comité de Derechos Humanos y las Comunicaciones Individualidades en virtud
del Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
Dentro de dicho Comité se han dado casos que creo son importantes mencionar
puesto que han generado antecedentes con respecto a la importancia de derechos
de los pueblos indígenas. Está el caso Lovelace vs. Canadá en el que se concluyó
que la Ley Indígena de Canadá violaba el Pacto de Derechos Civiles y Políticos
por causa de una serie de disposiciones que excluían a ciertas clases de mujeres
2
Ibidem pp. 284-285.
93
indígenas de la pertenencia a las “bandas” indias reconocidas por el gobierno.3
Ante esa denuncia el Estado de Canadá procedió a reformar la Ley para evitar el
efecto discriminatorio contra la mujer; el caso Hopu and Bessert vs. France, en
donde el Comité concluyó que Francia había violado el PIDCP al autorizar la
construcción de un complejo hotelero en un cementerio histórico de los indígenas
tahitianos.4
Igualmente hay procedimientos contenciosos dentro del Sistema Interamericano
llevados a cabo por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, regidos por la Convención Interamericana
de Derechos Humanos. A éste nivel regional internacional resalta el caso de la
Comunidad Maya[n]gna (sumo) Awas Tingni vs. Nicaragua en el que la Corte
Interamericana de Derechos Humanos reconoció reivindicar sus tierras a una
comunidad indígena de la Costa Atlántica de Nicaragua. Se reconoce su origen
consuetudinario y se sientan las bases de lo que puede ser el reconocimiento a
nivel internacional de un derecho a la propiedad colectiva de las tierras y recursos
naturales y da paso al reconocimiento al derecho de territorio. Todo esto después
de que el Estado de Nicaragua hubiera otorgado una concesión para la
explotación forestal en sus tierras tradicionales, haciendo caso omiso de las
objeciones realizadas por la Comunidad en contra de esta concesión y de sus
solicitudes reiteradas de demarcación y titulación de tierras.5 Fue un hito en la
doctrina del derecho internacional el reconocimiento que se dio de los derechos de
3
Sandra Lovelace vs. Canadá, Comunicación no. 24/1977, Doc. ONU CCPR/C/13/D/24/1977 (dictamen de
30 de julio de 1981)
4
Francis Hopu y Tepoaitu Bessert vs Francia, Doc. ONU CCPR/C/60/D/549/1993/Rev. 1(dictamen de 29 de
julio de 1981)
5
Comunidad Maya[n]gna (Sumo) Awas Tingi (fondo y reparaciones), Sentencia de 31 de agosto de 2001.
Cte. I.D.H.
94
los pueblos indígenas sobre las tierras y recursos naturales, además parte de la
sentencia de la Corte establece que Nicaragua debe demarcar y titular las tierras
de Awas Tingni, cosa que es alentador para cualquier pueblo indígena que no
tiene reconocida su demarcación territorial en una ley específica o en la
Constitución de su Estado-Nación. Es un precedente relevante que sirve de
antesala para una mayor posibilidad de lograr el reconocimiento de sus tierras y
derechos colectivos. Otro caso un tanto diferente pero también relacionado con
pueblos indígenas que generó antecedente en el reconocimiento de tradiciones
consuetudinarias fue el caso Aloeboetoe y otros vs. Surinam, relativo a una
matanza perpetrada por un grupo de militares en una aldea Saramaca por
sospechas de colaboración con un grupo guerrillero. La Corte no tuvo que entrar
en el examen de los hechos, debido a que el estado de Surinam reconoció por sí
mismo la responsabilidad de sus agentes en los hechos denunciados. Aunque el
caso estaba relacionado con violaciones de derechos individuales clásicos a la
vida y la integración física personal, la Corte también prestó atención (aunque de
manera limitada) al derecho consuetudinario de los saramaca relativo al régimen
de familia y sucesiones a la hora de fijar las reparaciones debidas.6 Según la Corte
para el cálculo de las indemnizaciones se tenía que tener en cuenta la costumbre
saramaca.
James Anaya, abogado principal de la Comunidad Awas Tingni, menciona que
dicho caso ha sido excepcional pues resulta sumamente difícil que se logre en una
sentencia internacional jurídicamente vinculante, asegurar que el estado
sentenciado vaya a cumplirla. Pero lo trascendente es que los procedimientos
6
Aleoboetoe y otros vs Surinam (reparaciones), Sentencia de 10 de septiembre de 1993. Cte. I. D. H.
95
internacionales cuentan con capacidad para promover la realización de los
derechos de los pueblos indígenas de acuerdo con las normas contemporáneas,
pues sacan a la luz situaciones problemáticas que de otro modo pasarían
desapercibidas para todos, excepto para los pueblos indígenas interesados.
Ofrecen además, la posibilidad de modificar los términos del diálogo entre pueblos
y Estados y articularlo en términos de derechos humanos, sin limitarse a los
parámetros de legalidad, a menudo opresivos, existentes en el nivel interno.7
Las quejas por parte de los indígenas, algunos dicen que son exageradas, otros
que algunas existen pero que son mal interpretadas, y otros aseguran que así
como lo cuentan es la verdadera historia, (realmente no importa tanto como han
sido contados los hechos, o si todo ha sido cierto o no,). La verdad es que la
situación actual de los pueblos indígenas no es lo que se esperaba que ocurriera
en los primeros años del siglo XXI, y tampoco se esperaba la reacción anti-
dialógica del mundo moderno actual.
A pesar de la existencia de los mecanismos, instituciones, instrumentos y
antecedentes que protegen o contemplan los derechos de los pueblos indígenas,
el reconocimiento de esa Otredad como tal, evidente para algunos e inexistente
para otros, no es reconocida por el “nosotros” compuesto por el poder dominante
de país y del mundo. Para Hannah Arendt, no hay modo de escapar a la
arbitrariedad histórica de los actos de fundación republicana cuyo arco de igualdad
siempre incluirá a algunos y excluirá a otros. 8
Para poder fundamentar lo anteriormente referido es importante recordar que a
7
Anaya, S. James Op. cit. p. 371
8
Arendt, Ana, Los orígenes del totalitarismo, Taurus, México, 2004, p. 369
96
partir de la conquista europea del continente americano, el indio sería la palabra
que designara al Otro, y que no eran considerados como iguales. La
representación del Otro, esboza fundamentalmente por su carácter privativo: el
Otro aquel que no hace como yo hago, aquél cuyo cuerpo (color, tamaño, cabello,
rasgos faciales) no es como el mío. La mismidad aparece entonces como
horizonte de comprensión del Otro, de una comprensión de entrada distorsionada
puesto que el ser que aparece no es propiamente el Otro en su Otredad, en su
determinación positiva propia, sino un ser que no es como yo o como nosotros.9
Dada la mirada errónea hacia un Otro desvalorizado, inferiorizado y discriminado,
surge a la vista una alteridad negada a la diversidad identitaria, marcada en la
historia universal de los individuos integrantes de pueblos indígenas.
Se puede constatar en la historia del Estado mexicano, que no se ha entendido el
asunto de sus pueblos indígenas, que han sido tratados como los “Otros-no
iguales”. A pesar de ser el tercer lugar en biodiversidad en el mundo y el octavo
lugar en diversidad cultural, con 62 pueblos indígenas, 12.6 millones de personas,
casi 30 mil comunidades, entre 10 y 50 mil habitantes, 62 lenguas o idiomas con
más de 30 variantes, porque el zapoteco tiene distintas variedades que inclusive
no se comprenden entre si. Los indígenas poseen en las regiones en las que
viven, una superficie que abarca la quinta parte del territorio nacional, el 70% de
los recursos petroleros se extrae de yacimientos marinos y terrestres del trópico
mexicano, y los más importantes corresponden a los estados de Campeche,
Tabasco y Chiapas en municipios con fuerte presencia indígena. Las principales
9
Sepúlveda, J.G., Tratado sobre las justas causas de las guerras contra los indios, Fondo de Cultura
Económica. México, 1986, p. 173
97
presas hidroeléctricas del país: La Angostura, Malpaso, Chicoasén, Aguamilpa y
Presidente Alemán se ubican y abastecen el agua proveniente de los territorios
indígenas, a diferentes puntos del país. Los ejidos y comunidades agrarias en
municipios indígenas tienen en propiedad el 60% de la vegetación arbolada. Los
pueblos indígenas aportan el 67% de su población ocupada a las actividades
agrícolas, mientras que el resto de la nación sólo colabora con menos del 22% de
ella. Las principales áreas naturales protegidas se encuentran en municipios
indígenas. Muchas de ellas, son considerados territorios sagrados y
ceremoniales.10
Es evidente, que México es una nación pluricultural y qué depende en su gran
mayoría de las poblaciones indígenas que viven en toda la extensión de su
territorio. Pero la visión colonizadora, que México carga todavía en sus hombros, y
el conflicto de tierras y de pueblos mancomunados, son una realidad latente en el
interior del Estado mexicano. Fue en la reforma al artículo cuarto de la
Constitución Federal en el año de 1992, donde se reconoce por primera vez a
México como una nación multicultural. Sin embargo no hubo ley reglamentaria que
precisara los datos culturales necesarios para reconocer la dichosa
multiculturalidad.
Con el levantamiento armada del EZLN, en 1994, fundamentado en el
reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas, el derecho a una
autodeterminación administrativa, territorial, cultural y política de sus
comunidades, así como reconocimiento a sujetos de derecho público con
10
Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.
[[Link]/[Link]?id_seccion=3].
98
injerencia en la toma de decisiones a nivel nacional, para el mejoramiento de sus
pueblos, surgen los Acuerdos de San Andrés, resultado del diálogo entre gobierno
y líderes indígenas. La administración gubernamental del Estado de Oaxaca
situada en el sur del Estado mexicano, en el año de 1998 promulga la Ley de
Derechos de los Pueblos y Comunidades Indígenas Oaxaca, en la cual se
mencionan los 16 pueblos indígenas que los conforman, los cuales son
reconocidos como sujetos de derecho público lo que implica que forman parte de
la estructura gubernamental, donde los municipios están divididos en
comunidades indígenas que están reconocidas como parte de la estructura de
gobierno. Además de eso, los municipios indígenas tienen derecho a elegir
autoridades por usos y costumbres, 418 de los 570 municipios se eligen de esta
manera. Los usos y costumbres son reconocidos en el derecho consuetudinario,
referido a un conjunto de normas legales de tipo tradicional, no escritas ni
codificadas, distintas al derecho positivo vigente en un país determinado. Está
comprendido por normas que regulan el mantenimiento del orden interno,
definición de derechos y obligaciones de sus miembros.
Posteriormente, se hace una segunda reforma constitucional publicada el 14 de
agosto del 2001, entrando en vigor al día siguiente, a los artículos 1, 2, 4, 18 y
115. Surgiendo, al mismo tiempo, la preocupación de organizaciones civiles
nacionales y organizaciones indígenas, así como organismos públicos federales y
estatales, manifestando que el dictamen aprobado por los legisladores no
correspondía a las demandas de los pueblos indígenas, que se reflejaban en los
Acuerdos de San Andrés. En el dictamen legislativo, no se garantiza el derecho a
la libre determinación, no se les reconoce personalidad jurídica para entablar
99
soluciones, no reconoce los derechos territoriales, niega el acceso colectivo a los
recursos naturales existentes en sus tierras y territorios. Se dejan fuera en la
reforma indígena conceptos fundamentales que el propio gobierno mexicano
defendió y reivindicó al suscribir el Convenio 169 de la Organización Internacional
del Trabajo que ratificó en el año 1989, instrumento internacional de mayor
relevancia en tema indígena. En tal caso, como dice Francisco López Barcenas en
su libro Los derechos indígenas y las reforma constitucional en México: existe
entonces un doble discurso, en el que hacia el exterior si se reconocen los
derechos de pueblos indígenas y hacia el interior se siguen regateando, lo que
viene a ser un retroceso para el país, porque los tratados internacionales firmados,
con anterioridad contemplan más avances en dicha materia.
Con el hecho de no respeto a los acuerdos previos, más de 300 municipios del
país con población indígena interpusieron controversias constitucionales con la
finalidad de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación restableciera el orden
constitucional, anulara el procedimiento de reforma y repusiera el procedimiento
para que los pueblos indígenas puedan ser tomados en cuenta. La resolución
dada a la controversia constitucional, manifiesta que es improcedente en contra
del procedimiento de reformas y adiciones a la Constitución, porque los pueblos
indígenas no son sujetos facultados constitucionalmente para imponer una
controversia constitucional, por lo tanto la Suprema Corte de Justicia, no entró al
fondo del asunto. Se queda solamente en la formalidad de la petición que
reconozcan para la imposición de controversias. La situación actual de los pueblos
indígenas es que están reconocidos en la Constitución como sujetos de interés
público que significa que son órganos subordinados, tutelados por el Estado, con
100
la falta de una autonomía abierta para su desarrollo por no ser reconocidos como
sujetos de derecho público, es decir, autoridades avaladas para la toma de
decisiones a condición de sus necesidades convenientes. Los legisladores no
fueron al fondo del asunto, por falta de voluntad política, por una ignorancia
jurídica y social del problema real, envuelto bajo prejuicios y una gama de
discriminación encubierta hacia los indígenas. No se descarta que los
representantes de lo pueblos indígenas tampoco conocen muchas veces a
nombre de quien están hablando, debido la multiplicidad de visiones entre las
culturas. Alguien (de una cultura) que piensa de una forma totalmente diferente a
otra (cultura), (visión de un mundo inequiparable entre ellas) es muy difícil que la
concepción de un problema sea expresada o entendida de la misma manera. A
veces resulta irónico el que alguien no se pueda dar entender frente a otro aún
viviendo dentro de una misma nación, pero es más valioso comprender y estar
convencidos de raíz, con un sentimiento de humildad, de las limitaciones que hay
que descifrar entre las culturas que no difieren ente ellas de la misma manera, ni
en el mismo plano.11 Los argumentos como nación, soberanía nacional,
federalismo y pueblo, las tradiciones constitucionales tanto las prácticas
democráticas de elección y representación, son sobre todo los considerados por
los asambleístas para la reforma constitucional y además son considerados
elementos normativos centrales de la integración política. Es entonces, hacia ellos
que los ciudadanos tanto como los extranjeros (indígenas) tienen que mostrar
11
Leví-Strauss, Claude, Raza e Histoia, en Antropología Estructural, Siglo veintiuno, México, 2001, p. 306.
Argumento que en páginas siguientes, amplió mucho más con ejemplos en la cosmovisión indígena.
101
respeto y lealtad, y no hacia ninguna tradición cultural específica.12
Así que, observando brevemente el cuadro de la lucha por el reconocimiento de
pueblos indígenas, se puede configurar que: No se ha aprendido a debatir en la
diferencia, no hemos sido capaces de legislar poniéndonos de acuerdo, tirando
mitos sobre la cultura, dejando en el camino racista a la visión colonialista
heredada. Los pueblos indígenas contribuyen al desarrollo, y hay que tomarlos en
cuenta de manera seria, con voluntad, reflexión, (con ojos abiertos, sin telarañas ni
cataratas), y tampoco con sombras impuestas por nuestros prejuicios, intereses o
educación perpleja de lagunas sobre el conocimiento del otro como parte de un
yo, del estado, de la ciudadanía, del desarrollo y sobre todo de uno mismo.
Preguntarnos: ¿Cómo hacer compatibles, el involucrar a los pueblos indígenas al
desarrollo nacional, pero sin vulnerar su cultura, sus usos y costumbres
(identidad)? Primero que nada hay que entender que el legislador, o el político, o
el “moderno”, no se refleja en el Otro, o en el espejo que lo transmite como Otro,
que la voluntad política que hace falta, no es por no querer reconocer, ni legislar,
sino que es el entender al otro como es él, no como nosotros lo vemos, ni como
nos ven, entender al otro en la medida en que nos permita entenderlos a todos.
Conocer al Otro es comprender que el tema indígena es muy complejo, entre los
distintos pueblos no se entienden, hay pugnas y no valoran la importancia de lo
que son, puesto que siempre se han visto así y han vivido así. Es ver los mundos
dentro del mundo, aceptar que nuestro mundo no es solamente uno, sino que
dentro del globo terráqueo no sólo existen naciones diferentes, sino que al interior
12
Benhabib, Syla, Los derechos de los otros. Extranjeros, residentes y ciudadanos, Gedisa, Barcelona,
España, 2005, p. 92
102
cada país esta formado por diferentes mundos que lo hacen ser lo que es, que lo
llenan, lo identifican, y esos pequeños mundos son tan valiosos como los grandes
mundos, (aunque realmente aquellos que se dicen ser grandes o enormes
mundos, están formados por los pequeños); indudablemente todos los mundos
los pequeños, los medianos, los grandes y los gigantes se entre mezclan, son lo
mismo y se complementan. Reconocer que somos distintos. Se tiene que hacer
una legislación en donde quepan todas las visiones de pueblo, es tan ideológico
como hacer una puerta cerrada en donde nada de aire se nos escape.
2.- El indígena reconocido hace posible un “pluralismo de la sociedad”
Es tan ininteligible a veces el mundo indígena que entre los mismos pueblos
indígenas algunos no se reconocen como tales, porque no tienen esa noción o
porque no esta en su vocabulario. Por ejemplo si se pregunta en la mixteca, si
reconocen a un “ñuu savi” (pueblo de la lluvia), entonces si saben que son ellos,
pero no saben que son mixtecos, o que son indígenas. Dicen que sí, porque en
mixteco no existe el término “pueblo” sino el “ñu”. Las traducciones no tienen
relación literal con otras lenguas, pues la concepción, la cosmovisión de mundo es
muy diferente. No existen palabras de uno en la otra lengua y viceversa, y si a eso
le agregamos que se ignoran por no conocer que existe, una rebelión profunda, de
despertares de gente dormida desde siglos atrás, huaves, chatinos, zapotecos,
mixes, zoques por un lado en el Istmo de Tehuantepec, huicholes por otro,
tarahumaras, pápagos, guarijíos en el norte, mayas por el sureste, triques,
tzotziles y tzeltales por otro, huastecos, chichimecas y otomíes en el centro. Ellos
103
se dicen, si el otro ajeno no nos entiende, entre nosotros como pueblo indígena
nos entendemos, pero tampoco nos entendemos con los del sur, entre los del
norte, entre las diferentes derivaciones de la comunidad mayense y sus
ramificaciones. Unos no saben que es un indígena, otros se llaman por su nombre,
otros no tienen traducción al español o si la tienen son nombres como “el hombre
verdadero”, “el hombre murciélago”, “gente de las nubes”, “gente de la tierra”,
“gente que habla la lengua”, “entre las montañas”, entonces ellos son gente del
lugar y no gente de los pueblos indígenas. Claro que indígena es gente del lugar
para el otro y para éste otro, por los dos lados ya sea en español o en otra lengua
siempre se está hablando de gente del lugar.
Estas variaciones del entendimiento no son sólo vaguedades sino son un
elemento indispensable para el desarrollo, comprensión y reconocimiento de su
existencia, cultura, tradición, y derechos de los mexicanos indígenas. A partir de
aquí se pueden reconstituir muchas cosas que implican otra cosmovisión de tierra
y cultura de los mexicanos triquis (driqui- padre grande), huaves (mareños, mero
ikooc- verdaderos nosotros), yaquis (yoremes), totonacas (tu´tunacu´- tres
corazones de cultura), tojolabales (tojolwinik´otik- hombres legítimos o
verdaderos), zoques (o´de püt- gente de idioma, palabra de hombre), kikapúes
(kikaapoa-los que andan por la tierra) huicholes (wirrárika-, chinanteco (Tsa ju
jmil- gente de palabra antigua).
Cada uno representa una ínfima fracción de la humanidad, que la mayoría de las
veces representan o revelan la fragilidad de la posición de ellos o de nosotros.
Todos reducidos a un puñado de individuos que están en peligro permanente. El
mundo los tolera mientras tengan la posibilidad de expresarse, entonces el gran
104
mundo actúa frena al nosotros y acepta su presencia.13
Hay que observar también que, en la práctica diaria, existen problemas de
políticas públicas, causadas por la incomprensión a las tradiciones de los pueblos
indígenas para implementar programas de desarrollo. Quinientos años después la
guerra continúa bajo otra forma: por medio de las palabras, mediante la retórica.
Técnicas de propaganda. Fijar todo lo que se mueve, entubar el agua, petrificar el
viento, solidificar lo volátil, construir carreteras, esa es la ideología española: una
naturaleza buena es una naturaleza muerta.14
.El gobierno mexicano utiliza una retórica seudo revolucionaria, “por el bien del
pueblo”, discursos que nadie entiende y que la gente escucha con una suerte de
estupor precortesiano.15 Suerte eventual de sobrevivencia sexenal, compuesta
además de la esperanza y el deseo de una autoridad que hable con la verdad, sin
discursos de poder, sino de sensibilidad acompañada de Otredad.
Se conoce que las políticas de desarrollo diseñadas para los indígenas, se han
caracterizado por el integracionismo, el paternalismo y el corporativismo, que
excluyen automáticamente su participación directa en la formulación y aplicación
de planes y programas, lo cual se debe a la falta de sensibilización de las
instituciones públicas, privadas y sociales. Se ha mantenido por mucho tiempo en
el pensamiento de las instituciones que el problema no era conservar al indio sino
de mexicanizarlo, que olvidara su lengua y aprendiera el español, alfabetizarlo, y si
éste no respondía se le tachaba de indígena desintegrado que no era
suficientemente hábil para ascender en la sociedad nacional. Hay que cambiar
13
Alechine, Ivan, Poca Luz, Aldus, México, 2005, p. 88
14
Ibidem. p. 63
15
Ibidem. p. 64
105
nosotros mentalmente. La denuncia está en lo que somos, en lo que hay y no
vemos, en lo que el dominante nos dicta hacer, sin reflexionar a cerca del otro que
me llena, me voltea a ver con esperanza con una mirada en un cara a cara de
trascendencia desnuda del ser, que no vemos por estar en un mundo de
instituciones programadas para servir ciega y sistemáticamente a todos por igual,
sin conocernos.
En la cotidianeidad, un ejemplo de cambio sería pluriculturizar las instituciones
públicas o privadas que dan los servicios y no crear una institución que atienda lo
que no atienden las otras, porque siempre ha existido un vacío de entendimiento.
Asimismo, cambiar mentalmente implica no ver al indígena como el pobre, como el
indigente que se debe ayudar a salir de su situación “mugrosa”.16 Tampoco pensar
en que los indígenas se amolden a lo que hay y que lo que piden no se puede,
porque a mí (poder) no me da ningún beneficio por lo tanto, no te veo. Al contrario,
hay que dejar de tener miedo, hay que enfrentarse a la realidad, sentarse en un
debate de palabras, ideas y proposiciones que nos lleven a los hechos
consensuados con validez expresa.
Cambiar nuestras mentes, implica un desarrollo del pensamiento, y al hacer un
mínimo esfuerzo de amplitud intelectual, podemos mirar por ejemplo que la
autonomía indígena de ninguna manera pretende la formación de nuevos Estados,
argumento utilizado por la mayoría de los legisladores, sino que se trata de
acceder a nuevo tipo de relación político-administrativa. Nunca se ha pretendido
fragmentar al país. Estar conscientes de que los términos pueblo e identidad,
16
Me refiero al indígena como “mugroso”, por el calificativo tan fuerte que éste implica hacia una persona.
Mugroso quiere decir mugriento, el cual proviene de la mugre como aquella suciedad grasienta. Y en sentido
estricto es una forma real en la que se ve al indígena en muchas sociedades.
106
provocan miedo para el reconocimiento de la Otredad que hay que enfrentar, para
el avance de las reformas legislativas.
Observar a la Otredad indígena como lo ajeno a lo propio, implica también,
contemplar la realidad de lo que acontece fuera de nosotros. Por ejemplo: los
recursos financieros destinados a los municipios, son escasos o no se distribuyen
de manera adecuada. En el estado de Oaxaca, los municipios no sueltan un solo
peso a sus agencias municipales, porque tienen cooptado todo a nivel de la
cabecera municipal, entonces si las comunidades indígenas que conforman la
agencia municipal, tuvieran entidad jurídica podrían reclamar. Esta es la
autonomía que se les negó, se ha juzgado como un cuarto nivel que rompería con
la estructura del pacto federal. Pero porqué no arriesgar o estudiar y abatir todas
las posibilidades que impliquen el mejoramiento de la Otredad, quizá un cuarto
nivel de gobierno sea más trabajo en la repartición, pero mejor distribuido entre los
que tienen el recurso más de cerca de sus necesidades y entre los que se
conocen mejor, entre ellos, entre su nosotros y no con los otros (los de arriba) que
no miran. Es cierto que, hemos sido poco audaces, soberbios e interesados, como
país, al no reconocerles a los pueblos indígenas el derecho a ser rico. Aunque
también debe ser entendible que, el implementar un cuarto nivel de gobierno, si
bien es cierto que suena una buena alternativa para el desarrollo y repartición de
riqueza, también es cierto que (y vuelvo a recalcar) evidentemente que existe un
parecido entre las culturas, no todas llevarían ese control de gobierno a nivel
Estado –nación en el sistema democrático del país de la misma forma, porque hay
municipios o agencias municipales o comunidades que están formadas no por una
sino a veces hasta por dos o tres pueblos indígenas diferentes que, tanto se
107
pueden respetar como pueden estar en luchas constantes por el poder o por la
tierra. Sería quizá un caos implementar el cuarto nivel de gobierno pero
igualmente lo sería una buena alternativa de solución a los diversos conflictos que
se suscitan a esos niveles de organización política y social. Lamentablemente
somos tan distintos, tan diferentes pero tan ricos por ello, que hay que buscar
otros medios alternativos de solución.
Es indispensable considerar el papel que adquiere la cultura en la interpretación
de la ley. El derecho puede tener como fundamento la existencia de diferencias
culturales, para ello, es necesario la creación de un cierto nivel de autonomía
institucional, de forma que en algunas zonas pueda la ley reflejar las tradiciones
de una comunidad o sector de la sociedad. Un ejemplo de ello es la que apoya el
establecimiento del autogobierno indígena en Canadá.17
La utilidad política de la autonomía institucional, presenta resguardar las fronteras,
intentar la igualdad, contrarrestar la discriminación entre las minorías, así como
permitir el desarrollo y la conservación de las expresiones culturales y lingüísticas
de las etnias. El paso agigantado que ha dado el estado de Canadá es producto
de una cesión de poder, al Otro, que da lugar a una mejor capacitación de
negociación entre gobierno y el interesado, aunado a ello se da una apertura a los
estudios de los problemas presentados por el Otro, si se reconoce de antemano
que la diversidad humana requiere de una relación continua y estrecha con su
realidad histórica, política y social. Ver que el valor equitativo de la libertad de los
seres humanos solo puede realizarse si también tienen acceso al paquete de
17
Webber, Jeremy, Una constitución asimétrica, en Asimetría federal y Estado Pluricultural. El debate sobre
la acomodación de la diversidad en Canadá, Bélgica y España, Trotta, Madrid, España, 1999, p. 123.
108
derechos que son necesarios para que puedan vivir vidas de dignidad y autonomía
humana, y disfrutar de él.18 Como dice Seyla Benhabib: “la presencia de otros que
no comparten la memoria y la moral de la cultura dominante plantea un desafío a
las legislaturas democráticas de rearticular el significado del universalismo
democrático, y solamente los solventes políticos con democracias fuertes son
capaces de tal rearticulación universalista a través de la cual remodelan el
significado de su propia condición de pueblo.”19
Un resultado de los infortunios actuales vienen de decisiones tomadas al vapor.
Se debe controlar el altruismo cubierto con el velo de la humildad sincera y de
corazón, y que no quede a la expectativa la puerta entre abierta o demasiado
abierta, a lo que alude Ivan Alechine en Poca luz con la frase “Aunque no por
mucho tiempo, la bruma de la contaminación ahogará todo”.20 Hay que penetrar
en ese espacio que no se ha logrado cerrar, acosado siempre por la falta de
conocimiento, abstracción, mirada y rostredad escasa.
Hay que incluir toda la rebeldía para hacerse uno sólo, hacer grande al mundo,
(inmundo de humanidad) fomentado en la sensibilidad hacia la diversidad, lo
diferente, mirando los rostros, el rostro del capitalismo (el capitalista no respeta
nada, todo es una empresa, y quiere conquistar todo el mundo, no todo es
negativo, como todo fenómeno social tiene sus causas y consecuencias tanto
negativas como positivas, aunque a título personal las consecuencias negativas
han repercutido en mayor escala en la sociedad. Se piensa todo económicamente,
18
Benhabib. Syla, Op. cit. p. 86
19
Ibidem. p. 150
20
Alechine, Ivan, Op. cit. p. 20
109
solo vales por lo que tienes, “ser es tener”, si no tienes no me importas, y si no me
importas no te doy lo que necesitas para alcanzarme en mi desarrollo, y si no me
alcanzas te rezagas, te quedas, estiras la mano, más y más hasta caer en el
abismo del atraso, de la ignorancia, de la desesperación y de la impotencia; es un
modo de mostrarse como único valioso, aunque existan otras maneras de
expresarse, el ideal válido ahora es el modo económico, el capitalista, el
comerciante. ¿Seremos una tienda para el mundo poderoso? ¿Y si lo somos,
nosotros los indígenas, cuando no tenemos nada que ofrecer, entonces no importa
si nos miran o no, no importa si soy otro relevante para la formación de una cultura
que conforma un país, y tampoco importa si formo parte de él o no, porque sólo
importa la aportación económica que le puedo dar?) El rostro del dinero, el rostro
del poder, el rostro del diverso, el rostro del de alado, el rostro del gobierno, el
rostro de la justicia, el rostro de la discriminación, (el rostro de aquellos que miran
con la cabeza inclinada hacia arriba con los ojos puestos en el cielo cuando
hablan al de arriba, y que bajan la cabeza cuando les hablan a ellos), el rostro
indígena.
Hay que ir, meterse y continuar, pero no fiarse de las primeras impresiones (todas
son superficiales, vagas y apariencias impuestas ya sea por un poder, o
apariencias de ventanas cerradas al mundo), que por voluntad necia a la obertura
del “desarrollo moderno”, no se arriesga al incrementarse con Otro, aunque se
construya latentemente desde abajo, siempre es sin voltear (al Otro). Así, un
huichol que te da la mano, entre más fuerte apriete, más habrá estado en
contacto con nuestra “civilización”, porque entre los huicholes el apretón no existe,
ellos sólo se rozan los dedos. El que no se mira en el cara a cara, en este caso
110
somos “nosotros”, que no sabemos como lo hacen los Otros y porqué lo hacen,
solo vemos lo que pretendemos ver en torno a la “nostredad”. Conviene resaltar
que lo que la Otredad no hace igual a nosotros, tiene la misma validad en
cualquier contexto, por tanto hay que hacer que lo que no es igual sea y valga
igual. Hay que hacer hablar a los muros, la historia que tome la palabra. El hombre
“blanco” moderno conserva el control por medio de las leyes y de los títulos de
propiedad. Se esfuerzan por no escuchar de las grandes civilizaciones, y
mantenerse en la ignorancia de los indígenas y la historia. Eso es lo que no
interesa, hay que ganar dinero, ser ejemplar, ascender en un intento de ansiedad
por llegar a un status de reconocimiento por la sociedad. No hay que evadir ir lejos
en el corazón de la gente, hay que intentar llegar al abanico completo de los
deseos humanos, el sufrimiento, el entumecimiento todo deviene demasiado
legible, como para cegarse. ¿Cómo se puede vivir una vida normal sin el famoso
embudo de la conciencia?21
Corresponde, ahora, tomar fotografías con la mente, con los ojos, con la mirada,
con las expresiones, con los vestidos, con los gestos, con las actitudes, con la
sonrisa y con la tristeza. Llevarlas, transmitirlas a todos con el rostro de Otredad
indígena que busca su entendimiento, su lugar, su personalidad, su equilibrio, su
imagen hasta arriba, alejándose, volándose a la cima neoliberal, avanzándose
sobre la formación de nación, de las imposiciones estructurales de sociedad, de su
folklore reconocido ante el turismo mundial. Buscando el rostro de la cultura, de la
identidad perdida frente al Estado, como ayuda a su permanencia en la vida
común, en la inclusión del otro, en el nosotros y los otros que se benefician
21
Ibidem. p. 149
111
mutuamente. Hay que aprender a vivir con la otredad de los otros y respetar el
pluralismo legítimo de visiones del mundo.
El mundo indígena del cual conocemos una porción mínima, esta en peligro y
reclama con urgencia. “Hay que mantener el pensamiento que nos clama espacio
e independencia para desarrollarse.”22
Se habla de un desarrollo de pensamiento, que abra al reconocimiento mutuo del
uno por el otro y viceversa, para un verdadero significado de igualdad de
derechos, porque la contradicción entre los derechos humanos y la soberanía
debe ser reconceptualizada como los aspectos inherentemente discrepantes de la
formación reflexiva de la identidad colectiva en democracias complejas y
crecientemente multiculturales.23 En palabras de Levi-Strauss: “el mundo implica la
coexistencia de culturas que exhiben entre ellas el máximo de diversidad; la
civilización mundial no podría ser otra cosa más que la coalición de culturas, cada
una de las cuales preservaría su originalidad. Coalición que se hace más fecunda
cuanto que se establece entre culturas más diversificadas. No olvidar que una
fracción de la humanidad que dispone fórmulas aplicables al conjunto, y que una
humanidad confundida en un género de vida único es inconcebible, por que se
trataría de una humanidad osificada.”24
No a los multiculturalismos modernos que osifiquen a la humanidad. Mejor un
positivismo (como actitud) hacia las interculturalidades dialogadas creadas por
hechos consensuados a través de iteraciones de discursos y acciones
comunicativas. Compuestos por las Otredades del mundo, la Otredad-indígena
22
Ibidem. p. 165
23
Benhabib, Syla. Op. cit. p. 56
24
Leví-Strauss, Op. cit. p. 338
112
frente a su Otredad-poder que contribuyan a la mayor generosidad posible. Y
poner de manifiesto que se trata de un problema de valores éticos sobre las
obligaciones que nos debemos mutuamente como seres humanos.
113
CONCLUSIONES GENERALES.
En el marco de la situación de pueblos indígenas en el mundo, existen
diferenciaciones en su entendimiento, comprensión y aceptación como parte de
un todo moderno globalizado. La parte más frágil que ha llevado a varios
debates mundiales, es el concepto de “indígena”, aquello diferente que en los
últimos tiempos sale a la luz de un mundo que se creía más cerca en su
unificación, tolerante de las diversidades, con coaliciones de culturas que se
unifican para crear una relación solamente unilateral de convivencias. El
concepto indígena es una muestra de la imposición de una otredad hacia otro,
para nombrarlo e identificarlo frente a su diversidad e identidad. El indígena
somos todos, el indígena como tal, no existe, sólo existen seres humanos
originarios de lugares diferentes, que se han desarrollado de maneras diversas
en distintos ámbitos de visiones del mundo. El indígena sólo ha sido creado
para nombrarse e identificarse por aquellos que no han podido reconocerlos
como culturas mayas, chatinas, zapotecas, incas; pero si reconocen a la cultura
francesa, española, afroamericana, estadounidense (gringa), mexicana.
Aunque a nivel político y de derecho internacional se ha llegado al consenso de
llamarlos “pueblos indígenas”.
Los fenómenos modernos de inclusión a las minorías, de reconocimiento de
múltiples culturas y las formas de interacción cultural. Multiculturalismo,
Pluralismo, llegan a ser modelos de representación del poder frente a los no
vistos en tiempo y espacio. Su aplicación política según Charles Taylor señala,
114
llega a ser eficaz, pero la manera en que se ha utilizado en las últimas
décadas, deja mucho que desear. El discurso desde el poder para abrazar al
“hermano”, resulta superficial, porque no se abraza al “otro” desde una
conciencia de que es un ser humano, sin fronteras o límites, sino que
independientemente de su reconocimiento existen límites de profundidad, por
no interesarse en traspasar la línea de su visión de mundo. (Somos racistas,
creadores de clichés, entornistas individualistas, antidialógicos, lo que hay no
es suficiente, si no se tiene una mirada al otro desnudo, sin calificativos y
clasificaciones humanas de distinción en actitudes y prejuicios.)
La aceptación de la diversidad de culturas no sólo debe darse para el beneficio
de particularidades específicas como las financieras, los recursos naturales, las
capitalistas, sino es importante resaltar que las diferencias entre las
diversidades culturales se dan de distinta forma una frente otra, y que por tanto
eso no se puede unificar en beneficio de unas cuantas. Esa legitimidad
involuntaria de represión u opresión a lo diferente y la búsqueda de unificación
se ha dado como lo mejor para el desarrollo y progreso del mundo, según unos
cuantos interesados. Pues nos damos cuenta que no ha sido la que mejores
resultados ha dado.
Es significativo señalar que a pesar de la tendencia hacia una unificación con
base en el reconocimiento de diversidades, no es la única alternativa. Existe
también aquella en la que se pretende mantener las diversificaciones de un
mundo poblado por un sin fin de ellas.
115
El reconocimiento puede enfocarse en un sin fin de formas, ya sea uno político,
económico, social y muchas más. Sin embargo, un reconocimiento por aquel
otro fuera de nosotros, pero que forma parte de lo que somos como seres
humanos, somos seres que viven en una sociedad y que se desarrolla en un
mundo entre mezclado de pensamientos y acciones, el reconocimiento es
también una alternativa a la mirada, a la “otredad”, hacia ese ser “otro”, más
allá de lo estático que trasciende el miedo a conocer ese ajeno extraño,
inexplicable que vive fuera de la realidad, de la burbuja de cristal en la que
hemos sido formados. Un reconocimiento que a partir de la mirada que
construye al objeto haga existir a aquello que simplemente era. El
reconocimiento es “puedo poder” es aquello que llega a tocar lo inalcanzable
para atravesar las barreras de la intrascendencia creada por nosotros. Una vez
teniendo una trascendencia a través de un reconocimiento, ésta me lleva a
pararme frente a frente, cara a cara, con un rostro, él cual no hace más que
quedarse inmutado frente a mi presencia. Una sombra en la que se ve reflejado
de la misma manera en que yo me reflejo en él, ahí en ese instante de miradas
penetrantes, ambos nos vemos, reconocemos con el mismo dolor de ser
únicamente lo mismo. Ser seres humanos.
El problema no es el conocimiento de la existencia de los pueblos indígenas,
sino es ¿porqué existen, porqué son diferentes a otras visiones, a cada
persona, frente a otro? pero sin pensar de antemano que el problema está en
pensar que somos mejores que “otro”. La dificultad es que no conocemos las
originalidades con mentes abiertas, sino sólo a partir de nosotros y la burbuja
de un mundo que nos hace flotar alrededor de un único círculo que cuando se
nos abre y se rompe, queremos volver, porque somos seres cómodos.
116
Enfrentarse al otro es tener miedo y nos lleva entonces a situaciones de odio,
de superioridad e ignorancia. Entonces se crea aquella: “legitimación
involuntaria de todos los intentos de discriminación y de opresión”.1 Es tan
difícil, llegar a la trascendencia sin un sentimiento de miedo o incertidumbre,
que la manera más fácil de evadirla son aquellos movimientos que minimizan al
Otro, pues sientan una seguridad y superioridad ventajosa de regocijo, que se
prefiere no arriesgarse.
Existe una ambigüedad en nuestro conocimiento del mundo, de un querer
hacer de una forma o de otra, pero no hay un camino exacto para conocer. La
única afirmación es a partir del camino que se tome para conocer lo que se
quiera o no, es siempre ver el rostro desnudo, de frente de cara a cara,
trascender más allá que las superficialidades o reflejos que captan nuestras
miradas, porque son erróneas, mal interpretadas. Lo externo tiene un principio,
un espacio y tiempo en la historia, que lo hace ver de una forma para unos y de
otra para otros, pero finalmente sólo ese otro que vivió la historia de su
formación conoce realmente su mirada interna y la externa. Quizá la manera de
conocer en la trascendencia del otro, el mundo puede ser más flexible para
interactuar, porqué no intentarlo.
Nos vemos como extranjeros, ponemos líneas invisibles fronterizas, para no
mostrarnos frente al otro y no reconocerlo. Se necesita un desarrollo de
sensibilidad frente a la diversidad cultural, frente al otro, pero que no sea visto
como un zapoteca, zoque, chontal, chatino, sino que sea visto como María,
1
Levi-Strauss, Op. cit. p. 307
117
Juana, Pedro, es decir, sin adjetivos solamente como ser humano. A partir de
ellos, se conocen los valores de unos con otros, dando pie a una relación de
diálogo intercultural con una iteración de conocimiento hacia valores diferentes,
que a partir de la voz de su palabra, se escucha, a partir de una lengua se
comprometen los seres humanos no las culturas. Por otro lado, cuando una
persona te mira y te dice: ¡pero si tú no te ves indígena no pareces!, ¿existe un
estereotipo desde fuera que diga quien es indígena y quien no lo es? ¿Se
necesita vestirse con el traje que nos identifica, llevar las costumbres todo el
tiempo para que entonces te llamen indígena? Si te pones un traje sastre y
después un traje regional, qué eres o te disfrazas de uno o del otro. Resulta
ser una cuestión de reconocimiento de valores éticos de una otredad, no vista
como indígena, sino vista como otro fuera de mi que me complementa, no
importando como se vista, se vea, hablé o piense.
La posibilidad de legislar no está resuelta. No se mira más allá, no hay lugar
para la ley, por que ha hecho falta quitarse la máscara del miedo y del
reconocimiento a la otredad. Hace falta una mirada compuesta de valores
éticos, que mire a la diversidad cultural desde una posición en donde sea válido
tener otra expresión cultural sin caer en el folklore. Es no permitir la violación a
la identidad, ésta puede ser moldeada, puede perder ciertas cosas por otras,
pero siempre con conciencia de aquellos que la tienen, que su esencia no sea
cambiada, ni dominada por otra que se crea mejor o más valiosa. No hay que
dejar de tener en mente que los mundos son inconmensurables. Informar a la
humanidad, a través de nuestros actos (por ejemplo en la ley) que “La
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verdadera riqueza de la humanidad es que no hay dos seres iguales” y pensar
que se puede hacer mundo pensando en lo humano.
La compasión no sabe admirar, los otros lejanos no necesitan ser cercanos,
sino ser vistos. Se ignoran otras vías de plenitud humana, que sí son posibles,
o han sido posibles, y muchos prefieren. En México hay tantos mundos como
mundos en el mundo, que han existido y sobrevivido por muchos años, a través
de formas de vida diferentes y que muchos de ellos optan. Es suficiente una
relación de humanidad, siempre y cuando se esté conciente que ser humano y
sensible frente al otro no es ser caritativo, ni sentir compasión ni ternura, es
simplemente voltear hacia una mirada sin rostros que atraviesen el camino de
adjetivos y confituras hasta llegar a un reconocimiento pleno de que el otro es
también un ser humano, que forma parte de lo considerado humano.
Hasta el momento de saber que el otro es ser humano, en ese instante las
voces pueden ser escuchadas desde otras posiciones. Las relaciones
interdialógicas serán dirigidas por el camino de la búsqueda del bienestar del
ser humano, la comunicación se dará entre seres humanos no entres unos y
otros. La ley, la política, lo económico y todo aquello que nos acarrea por el
umbral de un río repleto de corrientes, no será dirigido al indígena, al rico, al
pobre, a los de abajo ni a los de arriba, sino al ser humano.
Es importante destacar que, el desarrollo del otro, no sólo esta en la ley y la
política, está en esa travesía por los mundos, no por medio de la razón, sino
por aquello abstracto sensible que pone al humano desde el otro, para el otro y
con el otro.
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