LA UTILIDAD DEL DISEÑO: COMO PROCESO, ACTIVIDAD Y
PRODUCTO
La utilidad es la propiedad por la cual una cosa o acción adquiere la condición de valor
útil para satisfacer las necesidades humanas y es allí donde entra el diseño ya que
visto desde cualquier punto el diseño prácticamente lo podemos visualizar en todos
los lugares y formas desde un objeto o hasta para tratar de comunicar como funciona
el mismo objeto.
Por supuesto, hoy observamos múltiples manifestaciones del diseño -acaso las más
visibles en los medios de comunicación- que subrayan sus aspectos formales,
ingeniosos, decorativos, divertidos, emotivos, etcétera. El estilo y los juicios de estilo
ocupan un lugar preeminente en la apreciación de nuestro entorno y en la elección de
nuestros consumos cotidianos. Pero el proceso de estetización del consumo que
caracteriza nuestro tiempo no indica que el valor utilitario haya dejado de ser
relevante, de ocupar a los diseñadores y de afirmarse en los productos. Al dirigir
nuestra mirada a la utilidad no retrocedemos a los planteamientos funcionalistas; lo
que hacemos es renovar, sin prejuicios, el interrogante abierto sobre el papel del
diseño.
Para mencionar un ejemplo, continuemos con el objeto, este esta previamente
pensado, diseñado para que supla una necesidad y para la elaboración del mismo se
toman en cuenta aspectos como la ergonomía por citar uno y muy importante. Es allí
donde se sobrevalora el diseño, ya que de gran parte del aporte viene del diseño y del
mismo dependerá la funcionalidad y el tiempo de vida de cualquier objeto, cartel, etc.
Ahora bien, nos imaginaríamos un mundo sin libros, sin publicidad, seria algo absurdo
por como han ido avanzando los tiempos y la demanda es cada vez mayor.
Hablar de la utilidad del diseño resulta poco fácil ya que si nos damos cuenta todo es
diseño, sin exagerar absolutamente todo el caminar por la ciudad y ver plagada las
paredes de anuncios, observar carteles que anuncien productos o servicios, la
señalización, leer un periódico, un libro, revista y ahora en el internet que cada vez
tomas más fuerza, sin exagerar allí esta la utilidad del diseño.
La utilidad, entre la función y el uso
Hablar de utilidad en el diseño requiere algunas clarificaciones y desbrozar un poco
de maleza que ha crecido en torno a éste y otros términos contiguos. Advirtamos, de
entrada, que el concepto de utilidad desborda en amplitud al ámbito del diseño. Baste
recordad que la utilidad ha constituido la piedra angular de un sistema filosófico y
moral: el utilitarismo, que acompaño en sus primeros pasos a la modernidad del siglo
XIX. Por otro lado, lo útil se ha confrontado o asimilado a lo bello, según ciertos
autores y teorías estéticas. Además, la utilidad ha jugado un papel en la economía
clásica y neoclásica. La riqueza del termino nos impone rehuir la digresión y
centrarnos en rescatar la idea de utilidad para el diseño. Convencidos como estamos
de que resulta imposible hablar de diseño sin hacerlo de utilidad.
Concebimos la utilidad como una cualidad o potencia que reconocemos en las cosas
pero que sólo se realiza mediante el uso. Una herramienta que no se usa carece de
utilidad. En cambio, una estatuilla decorativa de bronce usada como pisapapeles
deviene extraordinariamente útil. En los objetos, la utilidad es un potencial sujeto a
realizarse o a desvanecerse en razón del uso. Definido así, lo útil es un valor
reconocible en todo tipo de objetos, sean prácticos, simbólicos, decorativos o lo que
fueren. La utilidad de un objeto ceremonial durante el rito es, de echo, indiscutible. No
obstante, en su sentido restringido útil se asocia a las operaciones prácticas y a las
necesidades materiales.
¿dónde situar, entonces, la función? Aunque los clásicos hablaron de utilidad en
relación a la belleza, y lo hicieron para referirse a aquella cualidad de las cosas que las
hacia aptas para una finalidad, la modernidad prefirió para este registro semántico el
termino función. La idea que encierra la palabra función es la de una facultad que se
dispone como una acción para un fin, se refiera a un órgano fisiológico o un elemento
mecánico. En el contexto del diseño. La función (o las funciones) identifica el
propósito, mayormente práctico, que se define en relación al objeto diseñado o a
alguna de sus partes. Asi pues, mientras que por utilidad entendemos una cualidad
latente, sin preguntarnos de donde proviene, por función se identifica una acción que
ha de ejercer un efecto sobre el uso. La utilidad puede penarse, pero no diseñarse. La
función sí. Estas distinciones encuentran su lugar en la teoría del diseño.
Por su parte, el uso dota de sentido a la función, activa la utilidad y la realiza. Pero las
practicas ordinarias pueden desarrollar una utilidad prevista –la función- o también
cualquier otra que los usuarios sean capaces de otorgarle a un objeto.
Es importante recalcar que la función identifica el propósito, no el efecto ni como
puede inferirse se sitúa del lado de la producción y no del consumo. Es en el momento
de la producción –en la concepción del objeto- cuando se definen los fines de utilidad
que mas tarde serán corroborados, o no , por el uso. Puede afirmarse que la cultura
propia del diseño, tiende a pasar por alto esta distinción y a confundir la acción con el
efecto. Es decir, que no pocas veces el diseño cree <<determinar>> una función
cuando en realidad solo la está <<proponiendo>>. La función <<no escribe el destino
de las cosas>>, <<no las predestina para un fin, sino que las predispone a ser usadas
para el>>.
Así pues, la función puede concebirse como un imperativo, pero en la esfera del uso es
solo una propuesta, una posibilidad que se puede considerar o no conforme a nuestro
beneficio. Evidentemente, la distinción entre determinar y proponer no resta un ápice
de fuerza a la capacidad propositiva del diseño y al poder de predisposición que ejerce
sobre los objetos. Generalmente las funciones programadas para un producto
corresponden a las que los usuarios ponen en practica. Pero también ocurre que el
usuario no las acepta o no le parecen convincentes e incluso, cuando encuentra la
ocasión propicia, puede intentar escapar del control de estas funciones.
En todo caso el diseñador postula funciones, dado que son estas las que dan cuenta de
las motivaciones que le animan, del <<para que>> de su propuesta. Lo que es erróneo,
y ha contribuido a oscurecer el concepto de función, es la relación que se le atribuye
en relación a la forma.
Las explicaciones dadas hasta aquí nos invitan a relacionar función, utilidad y uso no
como meros sinónimos. El concepto de utilidad permite centrarnos en los objetos y
analizar sus cualidades practicas. Procediendo a su análisis podemos identificar las
intenciones de unos y el grado de satisfacción de otros. ¿Pero acaso reivindicar el
papel de la utilidad implica negar el de las otras cualidades de los objetos?
Obviamente no. Atender solo a la utilidad seria muy poco razonable. Los objetos no
solo funcionan, no solo nos sirven en nuestras necesidades. Desde la producción, el
diseño perfila intenciones comunicativas, simbólicas o estéticas. Y desde el uso,
podemos apreciar en el objeto muchas mas cualidades que las que se consumen en la
prestación de un servicio. Sugerimos que con los objetos se entablan relaciones de
convivencia, de dialogo y de pugna que no se reducen a la mera manipulación de las
cosas, sino que tienen implicación emocional.
Hecho el matiz, la convivencia de volver a poner sobre la mesa el concepto de utilidad
en el diseño radica en que este se sitúa en e centro de algunas de las contradicciones
de nuestro desarrollo social y tecnológico. No solo no es cierto que nuestra cultura
material sea ajena al déficit utilitario, sino que ocurre precisamente lo contrario.
Jamás como ahora la interrelación entre el hombre y su sistema artificial ha sido de tal
intensidad y frecuencia. La calidad de vida es sumamente dependiente de nuestras
interactuaciones con objetos y su usabilidad, la condición de nuestra autonomía. La
utilidad del diseño podría ser la de mantener en dialogo estas dinámicas innovadoras
de la producción con la lógica de los usos individuales y sociales, y procurar entre
ambos polos aquellas reconciliaciones posibles.