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Desempleo Y Pobreza: Causas Y Posibles Soluciones

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DESEMPLEO Y POBREZA: CAUSAS Y POSIBLES

SOLUCIONES

Dr. Raúl Enrique Altamira Gigena


Profesor Titular Plenario
Derecho del Trabajo y Seguridad Social
Universidad Nacional de Córdoba
Lic. María Angélica Zarazaga
Licenciada en Trabajo Social
Universidad Católica de Córdoba

INTRODUCCIÓN - PRESENTACIÓN DEL TEMA

Poseer una ocupación estable, es la base principal de


la cual se derivan las condiciones materiales de vida de la
población de un país. En efecto, sólo pueden alcanzarse niveles de
consumo de los hogares compatibles con un desarrollo adecuado
de las posibilidades de realización de las personas cuando exista
un número suficiente de buenas ocupaciones. Por esto último debe
entender formas de inserción ocupacional que sean, al mismo
tiempo, económicamente eficientes y socialmente equitativas. Por
el contrario, la escasez de tales oportunidades - o lo que viene a
ser equivalente - la proliferación de formas de inserción ocupacional
inadecuadas constituyen el antecedente de la pobreza y la
frustración de oportunidades de desarrollo personal.

Por ello compartimos con el Banco Mundial en su


“Informe sobre el desarrollo mundial 2000 / 2001. Lucha contra
la pobreza”, cuando afirma “ ser pobre es tener hambre, carecer
de cobija y ropa, estar enfermo y no ser atendido, ser iletrado y no
recibir información, además, supone vulnerabilidad ante las
adversidades y, a menudo, padece mal trato y exclusión de las
instituciones...”

A continuación presentamos una síntesis del panorama


internacional sobre el tema, con estadísticas recientes publicados
en los últimos informes de la Organización Internacional del Trabajo
( O.I.T.) y del Banco Mundial; luego nos detendremos brevemente
sobre la situación de países con economía en transición y con
economías en desarrollo.

Abordaremos algunos aspectos del subempleo y otras


formas de exclusión social, para continuar describiendo los
impactos que genera el desempleo como causante de la pobreza
en la familia y en otras estructuras intermedias.

Para no quedarnos en un mero diagnóstico ni en la


presentación de un panorama nada alentador, nos permitimos
esbozar algunas propuestas o tentativas que puedan contribuir a
disminuir el desempleo y el empleo marginal, siendo consientes que
no hay respuestas seguras ni soluciones mágicas y que no son
iguales en todos los países, pero hay que iniciar la tarea de brindar
algunas pautas que por el momento serán ideas que, en un futuro
tal vez, puedan transformarse en realidades.
LA SITUACIÓN MUNDIAL

Para la Organización Internacional del


Trabajo (OIT), en todo el mundo, se estima que unas mil millones
de personas, aproximadamente el 30% de la fuerza de trabajo total,
están desempleadas o subempleadas, tanto en los países
industrializados como en los países en desarrollo.-

La OIT califica la situación de "sombría" y


advierte que existe el riesgo de que el gran aumento numérico de
los denominados "trabajadores pobres", agrave los problemas
sociales y económicos provocados por las altas tasas de
desempleo.

Hay por lo menos 34 millones de


desempleados en los países mas ricos del mundo y en lo que se
refiere a América Latina, el desempleo continúa aumentando. Si
bien no se poseen datos sobre el desempleo directo en África
subsahariana y en muchas partes de Asia, no cabe duda que el
problema del subempleo masivo y de la pauperización siguen
agravándose en las regiones de bajos ingresos.

Los resultados finales que se manifiestan


en el mercado de trabajo, en términos de diferentes atributos de las
ocupaciones, son el producto de una red compleja de interacciones
entre numerosas variable económicas. Para simplificar su
interpretación, es conveniente concentrarse en cuatro factores cuyo
comportamiento regula en forma inmediata el número y la calidad
de los empleos.
Estos factores pueden agruparse, por un
lado, desde la perspectiva de la disponibilidad de mano de obra, y
por el otro, en términos de los puestos de trabajo que generan.

En lo que hace a lo primero, el elemento


determinante de base es el crecimiento de la población, ya sea de
origen vegetativo o migratorio, y aparece involucrada una cierta
lógica demográfica interna.- Es bien conocido que las economías
que presentan una elevada tasa de crecimiento poblacional, están
sometidas a una presión mayor en lo que hace a la aspiración de
asegurar un empleo productivo a sus miembros activos.

De todos modos, sólo una parte de la


población está en condiciones de trabajar y se manifiesta dispuesta
a hacerlo ("la población económicamente activa"). Se trata de un
segundo factor, de naturaleza socio demográfico, influido por
pautas culturales así como por las propias condiciones y
oportunidades laborales que brinda la situación económica general.

Atendiendo a la heterogeneidad del


comportamiento de distintos grupos de edad y sexo de la población,
resulta conveniente medir la participación económica en términos
de los grupos mencionados. Una solución simple consiste en
distinguir cuatro grupos:

a) jóvenes de ambos sexos entre 15 y 24 años;


b) hombres entre 25 y 59 años;
c) mujeres entre 25 y 59 años; y
d) mayores de 60 años, de ambos sexos.

Se han identificado en el nivel mundial patrones


históricos relativamente regulares en las tasas de actividad de los
cuatro grupos indicados. En el caso de los jóvenes, la tendencia de
la participación económica estable, o bien decreciente atendiendo a
una mayor retención en el sistema educativo. Los hombres en edad
central ( entre 25 y 59 años), presentan una tasa de actividad
mayor que la de los otros grupos y tiende a mostrar una mayor
estabilidad, o sea variaciones pequeñas y no sistemáticas.

En el caso de las mujeres en el mismo período,


presentan contemporáneamente la conocida tendencia de
elevación secular pero, como ello ocurre a partir de niveles iniciales
bajos, se abre un amplio margen de alternativas con respecto a la
velocidad de esa elevación. Ello está influido por factores culturales
medianamente autónomos pero es muy sensible además al propio
dinamismo de las oportunidades de empleo, o si se prefiere, a la
necesidad objetiva de incrementar su disponibilidad de mano de
obra que puede enfrentar la sociedad.

Las personas mayores, por último, tienden a presentar


una tasa de actividad muy baja en tanto se haya alcanzado un
desarrollo adecuado de los sistemas previsionales o de retiro.

En cuanto a la generación de puestos de trabajo, un


primer factor determinante es la evolución histórica del nivel del
producto interno, el que está a su vez directamente asociado con el
ritmo de formación de capital. Sin duda una tasa elevada y
sostenida de crecimiento del producto constituye la condición
necesaria fundamental para asegurar un ritmo de generación de
nuevos puestos de trabajo que sean compatibles con la
disponibilidad creciente de mano de obra.

Podemos afirmar que la evolución en el tiempo del


volumen de la población, de su grado de predisposición a participar
en el sistema productivo, del nivel de actividad al que opera este
último y de las condiciones de productividad vigentes, constituyen
los cuatro factores inmediatamente determinantes de un conjunto
de resultados que se expresan en una cantidad y calidad de
empleo de la mano de obra.

El conjunto de estos cuatro factores no hace más que


desplegar los términos en que se presentan las condiciones
estructurales de funcionamiento del mercado de trabajo. La
interacción entre ellos se resuelve y expresa en resultados
concretos.

El informe de la OIT atribuye el deterioro de las


condiciones del mercado de trabajo a los siguientes factores:

Las bajas tasas de crecimiento de la economía de los países


industrializados a contar de 1973, y la incapacidad de la
mayoría de los países en desarrollo para recuperarse
plenamente de la crisis económica de comienzos de los años
ochenta.

La lentitud del ajuste de los salarios a la baja productividad de la


mano de obra y la aparición de inflación salarial, que se
mantuvo hasta mediados del decenio de 1980.

La exclusión progresiva del mundo del trabajo que afecta a los


desempleados de larga duración, y el creciente trasvase de
millones de trabajadores a formas precarias de empleo en las
actividades del sector informal (no estructurado) de la
economía.

El informe llega a la conclusión que aun cuando no


existe una receta única válida a la vez para los países en
desarrollo, los países industrializados y las economías en
transición, la "condición prioritaria para revertir el prolongado
deterioro de las condiciones de empleo es volver a tasas de
crecimiento económico elevadas y sostenidas".

La OIT sostiene que el concepto de pleno empleo,


convenientemente actualizado, debería seguir siendo un objetivo
central de las políticas económicas y sociales.

Mucho se habla de la desreglamentación del mercado


de trabajo como una forma de solucionar los problemas del
desempleo pero no hay pruebas que corroboren la pertinencia de la
solución cuando se trata de buscar una salida a la crisis de
desempleo.

Para el Banco Mundial - en el informe mencionado -


“la situación de miseria se mantiene a pesar de que las condiciones
humanas han mejorado más en el último siglo que en todo el resto
de la historia de la humanidad. La riqueza mundial, las conexiones
internacionales y la capacidad tecnológica son mayores que
nunca.- El crecimiento económico es imprescindible para reducir la
miseria, pero a veces no basta para crear las condiciones que
permitan mejorar la vida de las personas y frenar la
desigualdad...casi la mitad de la población mundial, viven con
menos de dos dólares diarios; una quinta parte de la humanidad,
deben conformarse sólo con un dólar. La distribución de las mejoras
económicas ha sido tremendamente desigual: el ingreso medio en
los veinte países más ricos es treinta y siete veces mayor que el de
los veinte países más pobres, y esa brecha se ha duplicado en los
últimos cuarenta años...”

SITUACIÓN DE LAS ECONOMÍAS EN TRANSICIÓN

Si analizamos lo ocurrido en los países con economías en


transición, comprobamos que el problema del desempleo se deriva
de que aún subsiste la acumulación de mano de obra en las
empresas estatales heredada del sistema económico anterior. A
pesar de que las empresas, por ejemplo, de la Europa central y
oriental han emprendido reestructuraciones de fondo - cuyo costo
ha sido a menudo el aumento del desempleo y la pobreza - todavía
les queda por resolver el ajuste de la estructura empresarial con el
fin de aumentar la productividad de la mano de obra. Otros
problemas prácticos que reclaman solución son la insuficiente
flexibilidad del mercado de la vivienda y las dificultades que supone
garantizar una protección social aceptable para los trabajadores
afectados por la reestructuración.

SITUACIÓN DE LAS ECONOMÍAS EN DESARROLLO

Por otra parte, en las regiones con economías en desarrollo, la


mayoría de los trabajadores desempeñan labores de baja
productividad que, siendo con frecuencia físicamente pesadas, sólo
les aportan remuneraciones mínimas. En la mayoría de estos
países el pleno empleo es un objetivo a largo plazo y, en lo
inmediato, solo sirve como marco para la formulación de políticas
de empleo. Entre los objetivos a perseguir, figuran el logro de una
tasa de crecimiento del empleo productivo en los sectores
modernos, superior a la tasa de crecimiento de la fuerza de trabajo
y la disminución de la magnitud del subempleo en los ámbitos tanto
rural como urbano del sector no estructurado de la economía.

Reconocemos que existe un gran desajuste entre la generación de


ocupaciones y la disponibilidad de mano de obra y, un primer
efecto, sin duda, se manifestará en términos de tasas de
desempleo (ya sea del tipo abierto o del tipo oculto o encubierto)
elevadas y crónicas, si no crecientes.

EL SUBEMPLEO:

Se sostiene con frecuencia, que el balance del mercado se


resolvería además a través de un segundo efecto o vía de ajuste: la
emergencia del “subempleo”. Precisamente, la teoría y el análisis
aplicado del mercado de trabajo han avanzado en las ultimas
décadas en la dirección de establecer que existe normalmente una
elevada heterogeneidad entre las ocupaciones - desde el punto de
vista de su grado de articulación formal, su nivel de productividad e
ingresos - y su forma de inserción en el circuito de producción y
acumulación de capital.
Desde ese ángulo, las ocupaciones han sido clasificadas en
“plenas” y “no plenas”. Las primeras corresponden a formas de
inserción ocupacional propias o genuinas y son, en rigor, a las que
se ha hecho tácitamente referencia al hablar de generación de
puestos de trabajo en lo que antecede.

Por el contrario, las ocupaciones “no plenas”, tienen la naturaleza


de un mecanismo de ajuste o reacondicionamiento del mercado
ante la tendencia a un desajuste crónico y significativo entre la
disponibilidad de los recursos humanos y la oportunidades de
empleo propias. Se trata de actividades “refugio”, son nichos que
permiten ejercer alguna ocupación “productiva” y lograr un ingreso
(reducido), ante la imposibilidad de obtener una inserción
ocupacional mas regular e integrada.

El subempleo se expresa en una diversidad de formas particulares;


tradicionalmente se las agrupa en las cinco siguientes:

A) los ocupados que trabajan involuntariamente una jornada de


duración menor que la legal; referido en su conjunto como
subempleo visible u horario;
B) una variedad de actividades desarrolladas en unidades
productivas de pequeño tamaño y estructuración no formal, con
bajos niveles de productividad, acceso virtualmente irrestricto,
elevada rotación, reducida intensidad de capital, incapacidad de
generar un excedente para formación de capital y otros atributos
análogos. Este conjunto de ocupaciones de designa como el
sector informal urbano. Los estudios empíricos lo ubican
predominantemente en los sectores del comercio y de los
servicios personales.
C) El servicio domestico que, no obstante ser asalariado, tiene
que constituir una prestación a las familias ( no a las empresas,
no puede realizarse en lugares donde se ejecuten actividades
lucrativas), una virtual desaparición se observa en las
sociedades industriales ricas, principalmente Estados Unidos de
América, no así en la Argentina, donde es una importante fuente
de empleo femenino.
D) El sobre empleo en el sector público , esto es, una expansión
de la ocupación del gobierno (en cualquiera de los diferentes
niveles jurisdiccionales) por encima del crecimiento en el
numero y la calidad de los servicios prestados; y
E) El sector rural tradicional , que constituye un segmento
ocupacional de la actividad primaria caracterizado por bajos
estándares de eficiencia económica e ingresos. El mismo se
refiere a los productores minifundistas, así como al
campesinado, sin propiedad de la tierra y con desempeño
ocasional en tareas estacionales.

El subempleo hace referencia a otros fenómenos


conocidos y frecuentemente debatidos, como ser la terciarizacion
del empleo, la expansión de cuentapropismo, la microempresa y el
trabajo familiar, etc. De todos modos, las cinco formas particulares
de subempleo, agregadas a las del desempleo antes descriptas,
constituyen no solo variables clave para el análisis en profundidad
de la situación de la ocupación, sino además los objetivos a los
cuales deben dirigirse las políticas en este campo.

En síntesis, si la expansión secular de la disponibilidad de mano de


obra (regulada por la tasa de crecimiento poblacional y la evolución
de la tasa de actividad) excede en dinamismo la expansión secular
del número de puestos de trabajo propios (regulado por la evolución
del nivel del producto y por el crecimiento de la productividad en el
segmento productivo estructurado o formal) emerge una
discrepancia o brecha de empleo. No necesariamente se expresa
en desocupación abierta, si bien puede hacerlo parcialmente. Pero
el principal mecanismo de ajuste -en tanto la brecha de subempleo
sea significativa y crónica- pasa por la generación de subempleo en
cualquiera de las cinco formas que se distinguieron más arriba.

EL DESEMPLEO DE LOS JÓVENES Y OTRAS FORMAS DE


EXCLUSIÓN SOCIAL

Un área importante de analizar es la situación de exclusión del


trabajo que padecen los jóvenes que ha llegado a niveles elevados
e intolerables. Según un documento preparado por la OIT las tasas
de desempleo de los trabajadores entre 16 y 24 años de edad son
por lo general más elevadas que en las demás categorías de edad
y grupos demográficos, y el doble de la tasa de desempleo general.
La situación es particularmente grave en Italia donde la tasa de
desempleo ha crecido desde 1983 hasta superar el 30 por ciento y
en Francia donde dicha proporción llegó a 25 por ciento en 1995. Y
estas cifras no toman en consideración a las personas que ocupan
un empleo a tiempo parcial o a las que desanimadas han dejado de
buscar trabajo.

El desempleo de los jóvenes constituye un verdadero derroche de


recursos humanos, que a la larga perjudica tanto a los afectados
como a sus familiares. Este fenómeno suele ir aparejado con un
crecimiento de la criminalidad y la aparición de grupos
desfavorecidos que generalmente tienen sus propias reglas y
formas de subcultura.

En el otro extremo del espectro, también aumenta la proporción de


trabajadores de mayor edad que son excluidos del mercado de
trabajo. Por cierto, no todos los trabajadores que se retiran de la
vida activa lo hacen voluntariamente. El gran movimiento de
reestructuración empresarial y reducción de plantillas registrado
hacia fines del decenio de 1980, estimuló los despidos colectivos de
trabajadores mayores, cuyas remuneraciones son más elevadas en
aquellas empresas cuya escala salarial se basa en la antigüedad y
no en la productividad.

Ante estos problemas, el dilema básico de la política de los Estados


se plantea entre la utilización de la jubilación anticipada (como
mecanismo de alivio al desempleo entre los jóvenes), y la viabilidad
financiera a largo plazo del sistema de pensiones en los países
cuya población envejece.

La inquietud por la futura capacidad de financiación de los sistemas


de retiro y de salud no es el único motivo que ha llevado a revisar
las políticas de iniciación a la jubilación anticipada. En efecto, la
prolongación de la esperanza de vida y las mejores condiciones de
salud de la población, han extendido el potencial de la vida
productiva de los trabajadores, y son cada día más numerosos los
que optan por seguir ocupados, cuando pueden hacerlo. Este
análisis es referido a los países industrializados, porque en los
países en desarrollo no existe la posibilidad financiera de establecer
jubilaciones anticipadas por un lado, y por el otro, aquellos que
acceden a su jubilación ordinaria, necesitan seguir trabajando,
cuando pueden (generalmente en el sector informal), porque no
alcanzan a satisfacer sus necesidades básicas con los exiguos
haberes jubilatorios que perciben.

DESOCUPACÍON Y POBREZA EN AMÉRICA LATINA

En términos generales, la situación de Latinoamérica posee las


siguientes notas tipificantes:

La apertura de la economía con desregulación; los sectores


interesados - banqueros e inversionistas - ven en la retirada del
Estado una nueva fuente de estímulo para la tasa de ahorro y para
alimentar el mercado de capitales. Privatizan empresas públicas
con el criterio de que el Estado es un mal administrador. Abren sin
restricción las fronteras para mercancías, capitales y flujos
financieros, dejando al mismo tiempo sin protección a los pequeños
y medianos productores, más débiles económicamente.

Hay transformación del rol del Estado, pasando de una economía


centralizada, estatizante, de un Estado benefactor, de bienestar,
que Octavio Paz bautizó como el "ogro filantrópico", a una libre,
"social de mercado", donde el Estado debe garantizar "solo" la
libertad, para que en un régimen de igualdad de oportunidades, las
personas puedan desarrollar sus capacidades y creatividades. Se
propicia que el Estado intervenga de manera indirecta, por la vía de
una política industrial, que ofrezca incentivos para que los
empresarios inviertan más.

Se restringe la intervención del Estado, a tal punto que se lo


despoja de su responsabilidad de asegurar los bienes mínimos que
todo ciudadano se merece en cuanto persona.

Los altos índices de desocupación en América Latina, han llevado


al continente a vivir una situación crítica de deterioro social
creciente (analizaremos principalmente el impacto sobre las
familias).

Describiendo el “modo de vida cotidiano” de una mayoría de la


población y de las familias de América Latina, señaló una reciente
Conferencia Ministerial convocada por la UNICEF para hacer
seguimiento de las resoluciones de la Cumbre Mundial sobre la
infancia:

“Los hijos de los pobres no tienen acceso a la educación, se


enferman, están mal alimentados, no acceden a empleos
productivos, no tienen capacitación, no tienen crédito y con ello se
autogenera la pobreza”.

La vida consiste para muchos núcleos familiares de la región, en un


“círculo perverso” de carencias que se van retroalimentando y
fortaleciendo, se constituyen en un modelo reproductor de pobreza,
privaciones, degradación brutal de la calidad de vida y acortamiento
de los años de existencia.

Esta situación se ha extendido en América Latina en la última


década a núcleos crecientes de población. Para el Banco Mundial,
el número de pobres creció en torno al veinte por ciento. Entre 1989
y 1996 la miseria descendió en países como Brasil, Chile o
República Dominicana, pero creció en Venezuela o Ecuador. Los
grupos indígenas sufren problemas específicos, como
escolarización menor que el resto de la población.- Las
estimaciones actuales coinciden en ubicar por debajo de la línea de
pobreza a más del 50% de la población total de América Latina.

No sólo aumenta el número de pobres en términos absolutos y


relativos (configuran hasta el 80% de la población en diversos
países de la región) sino que hay un nítido fenómeno de descenso
del nivel cualitativo de la pobreza. Los pobres de los “90” son “más
pobres” que los de los “80”. El estrato de la pobreza que ha crecido
más aceleradamente es el de los “pobres extremos”. Son familias
que aun destinando todos sus ingresos exclusivamente a consumir
alimentos hipótesis irreal dada la imprescindibilidad de gastar en
otras necesidades (salud, vivienda, transporte, vestimenta, etc.), no
alcanzan a comprar el mínimo de proteínas y calorías que se
requieren para sobrevivir.

Los “pobres extremos” tienden a ser en muchos países más del


50% de los pobres. Padecen de severas formas de desnutrición
que afectan severamente su vida en todos los planos. El
investigador inglés Peter Townsend afirma que “la pobreza mata”.
Efectivamente, esa es la realidad de la región. La pobreza, con sus
complejos de carencias y déficit nutricionales, es hoy una de las
principales causas de muerte en la región. Se le atribuyen
1.500.000 víctimas anuales.

En los “países ricos”, menos de uno de cada cien niños muere


antes de cumplir los cinco años, pero esta cifra se quintuplica en los
más pobres, donde la desnutrición puede alcanzar a la mitad de los
menores. La esperanza de vida en el África subsahariana es de 52
años, 25 menos que la media en los países desarrollados.-

Al aumento y profundización de la pobreza en los sectores


marginales y populares se ha sumado un nuevo proceso que
Enrique Iglesias, Presidente del BID, ha llamado la atención cuando
expresó “Lo nuevo es que la naturaleza de este fenómeno en
América Latina ha cambiado, al añadirse a los sectores
tradicionales de pobreza los “nuevos pobres” constituidos por
aquellos grupos que las crisis y las políticas de ajuste desplazaron
de sus posiciones económicas y sociales” ( por ejemplo, maestros
de escuelas primarias y profesores del segundo nivel).

Impactos sobre la familia:

El crecimiento de la pobreza tiene múltiples efectos destructores de


las bases de la institución familiar. Las carencias afectan a cada
uno de los miembros de la familia debilitando sus posibilidades de
constituir familias fuertes y sólidas.

Los hombres afectados por problemas agudos de desempleo y


salarios muy distantes de las necesidades mínimas no llegan a
constituir familias estables, o abandonan su marco familiar. Las
familias quedan a cargo de las mujeres. Actualmente en todo el
mundo un tercio de los hogares está a cargo de mujeres y el
promedio latinoamericano es mayor.

Las mujeres son las víctimas principales de los problemas sociales,


culturales y de la carencia de desarrollo. Son ellas también quienes,
en las situaciones de miseria, de pobreza y de desintegración de
las estructuras sociales, sacrifican su bienestar y en ocasiones su
vida por mantener a su familia... La disolución de hogares en
decenios recientes (que frecuentemente hace que las mujeres se
queden solas pero con familiares a su cargo), la doble carga que se
impone a la mujer al tener que ganar el sustento y cuidar a los hijos,
junto con la falta de protección para éstos, la escasez de servicios
de cuidados a la infancia, y las limitadas oportunidades económicas
de que dispone la mujer, han hecho que aumente el número de
mujeres y niños en situación de pobreza y la proporción que
representan en el total de pobres, fenómeno que se ha denominado
“la feminización de la pobreza”. (Ver al respecto Comité
Preparatorio de la Conferencia Mundial en la Cumbre sobre
Desarrollo Social. Panorama General. ONU, Asamblea General.
Doc. A-Conf. 166-PC-6.41-1-1994.)

Al mismo tiempo, correlacionado a lo anterior, se está produciendo


en la región un regresivo y extenso proceso de “infantilización de la
pobreza”. Según los cálculos de UNICEF, cerca de 3.000 niños por
día perecen en la región por problemas ligados a la desnutrición y
carencias perfectamente evitables. Se trata de 900.000 por año, el
60 % de las muertes totales por pobreza.

El Comité Preparatorio de la Cumbre Social Mundial refiere la


situación de los niños pobres :

“Como parte de las estrategias de supervivencia familiar, todos los


miembros de una familia están frecuentemente obligados a
contribuir a los escasos ingresos del hogar y aceptar cualquier
trabajo que se les ofrezca. A menudo están incluidos los niños que
son uno de los grupos más vulnerables y más explotados en el
mundo laboral. Algunas familias pobres envían a sus hijos a trabajar
y a la escuela, pero las necesidades pecuniarias de la familia, junto
con los costos directos e indirectos que comporta la asistencia a la
escuela, hacen que muchos no tengan oportunidad de recibir
educación básica. El trabajo infantil y el empobrecimiento de los
niños no son fenómenos exclusivamente urbanos. Algunas de las
manifestaciones peores se encuentran en las zonas rurales, pero
con el creciente hacinamiento en las villas miserias y el fenómeno
cada vez más extendido de los niños de la calle en muchas grandes
ciudades, se tiene una mayor conciencia de los efectos de la
pobreza en los niños. Los niños de las villas miserias son
frecuentemente los más expuestos a los azares de la pobreza
urbana, y las tasas de mortalidad y morbilidad entre ellos son tres o
cuatro veces superiores a las que se registran como media en su
grupo de edad”.

A las situaciones descriptas en cuanto a madres y niños se suma el


desempleo juvenil. Las cifras de desempleo abierto en la región son
“discriminatorias” hacia los jóvenes. La tasa de desempleo juvenil
supera hoy el 20% en diversos países de América Latina. Las
nuevas generaciones tienen dificultades crecientes para integrarse
en el mercado de trabajo. Se ha producido un debilitamiento del
tejido social. Ascienden los índices de homicidios, violaciones,
delitos relacionados con drogas, suicidios, número de presos y
porcentaje de jóvenes en la población reclusa.

Los impactos de la pobreza sobre los padres de hogar, la


feminización de la pobreza, los efectos desbastadores sobre los
niños, en la práctica, “los más pobres entre los pobres”, conducen a
un severo proceso de destrucción de núcleos familiares. La familia
se debilita, diluye y va dejando de cumplir funciones centrales.
Pierde las capacidades de prestar irremplazables roles de cuidados
educativos, morales, de “nido cálido de los niños”, núcleo orientador
de los adolescentes, base de apoyo de hombres y mujeres, que
sólo ella puede cumplir.

La crisis del empleo que se traduce en el desempleo o la falta de un


empleo estable generan tres “nomadismos básicos” en las familias
que llevan a su desintegración: un “nomadismo laboral”, un
“nomadismo habitacional” al carecer de vivienda propia y un
“nomadismo marital” ocasionado por la misma inestabilidad
económica.

Una de las mayores víctimas del proceso de pauperización de la


región es entonces, la institución familiar, pilar de la historia del
género humano y eje del tramado del tejido social latinoamericano.

EL SUBEMPLEO EN LA ARGENTINA

En Argentina, la población económicamente activa es de trece


millones y medio, de los cuales trabajan "en blanco" (es decir
registrados en la documentación laboral), seis millones y medio,
que son los cotizantes a la seguridad social. El resto, cuatro
millones y medio, son "inexistentes legalmente". Esto implica
pobreza y exclusión. Son pobres porque han quedado afuera:
aunque viven en sociedad, han quedado fuera, principalmente por
desocupación; están fuera de las estructuras de trabajo, de las
necesidades mínimas de comida, educación, vestido; fuera de lo
que significa vivir dignamente; fuera del régimen previsional, de las
obras sociales, en una palabra, al margen de la vida normal de la
sociedad.

Las situaciones de empleo que configuran desocupación muestran


una gran variedad de formas particulares, si bien todas ellas
satisfacen los atributos de ineficiencia y bajos ingresos. Antes de
considerar la magnitud que alcanzan estas formas de desocupación
en el caso argentino actual, debe indicarse que la estimación de su
volumen global es de 3.914.000 en octubre de 1992. Este volumen
representa un 32.3% de la ocupación total y un 30.2% de la
población económicamente activa. Como contrapartida, sólo
alrededor de dos tercios del total de ocupados (67.7%) lo estaría en
forma plena, propia o genuina.

La primer exteriorización de la subocupación, por oposición a las


cuatro restantes, es en el medio rural. No obstante el extraordinario
desarrollo agrícola argentino y el temprano y sostenido proceso de
urbanización, todavía persisten en las áreas rurales alrededor de
500.000 campesinos pobres, mayoritaria pero no exclusivamente
localizados en el área extrapampeana. Este número equivale a casi
un 40% del total de la ocupación rural del país.

En cuanto a las formas urbanas de subocupación, puede


comenzarse con el servicio doméstico, que alcanza en octubre de
1992 a 858.000 personas. No puede afirmarse que estén
plenamente aprovechadas (en el sentido productivo genuino) ni
obtengan en su mayoría niveles de ingresos compatibles con una
adecuada satisfacción de sus necesidades de vida..

Una tercera forma básica de subocupación corresponde la sector


informal urbano. Se trata de una masa importante de trabajadores
(en el orden de 1.500.000 de personas) ocupadas en actividades
que presentan una serie de peculiaridades y que, en su mayor
parte, se localizan en sectores de comercio y de los servicios
personales.

En cuarto lugar, se enfrenta una distorsión en materia de empleo


público. Contrariamente a una opinión vulgarmente difundida, el
tamaño ocupacional del sector público argentino ha crecido en las
últimas cuatro décadas menos que el sector privado. Sin entrar en
la controversia sobre el importante tema del tamaño, la eficiencia y
el papel del Estado en la economía, baste mencionar que el
crecimiento global relativamente bajo del empleo público encubre el
hecho de que su componente no nacional -provincial o municipal-
ha crecido a una tasa notablemente alta en el mismo período. Esta
expansión del empleo no ha estado necesariamente en
correspondencia con un aumento en la calidad y en la cantidad de
las funciones prestadas y está además asociada a salarios poco
remunerativos. Se trata, muy probablemente , de una situación de
desempleo disfrazado asociada a la crisis de las economías
regionales y que no excluye un elemento de clientelismo político.

Por último, debe mencionarse una quinta forma de subocupación


de una significación aparentemente menor que las anteriores. Se
trata de las personas ocupadas que declaran trabajar menos horas
de lo que desearían hacerlo (generalmente una jornada de duración
normal). En octubre de 1992, los subocupados por horas o visibles
(así llamados) alcanzaron a 754 m personas.

ESTRATEGIAS PARA FAVORECER EL DESARROLLO HUMANO

Juan Pablo II, en su mensaje en el Jubileo de los trabajadores, el 1º


de mayo del 2000, afirmó: "Las nuevas realidades que embisten
con fuerza el proceso productivo, como la globalización de las
finanzas, de la economía, de los comercios y del trabajo, no tienen
que violar nunca la dignidad y la centralidad de la persona humana,
ni la libertad y la democracia de los pueblos" Y añadió:

"La solidaridad, la participación y la posibilidad de gobernar estos


cambios radicales constituyen, si no la solución, al menos la
garantía necesaria ética para que las personas y los pueblos no se
conviertan en instrumentos sino en protagonistas de su futuro. Todo
esto puede realizarse, y, dado que es posible, se convierte en un
deber."

La región requiere cambios profundos en los modelos conceptuales


y las políticas que superen los problemas planteados.

La declaración de Río, producto de la Cumbre Mundial Verde, ha


destacado que “los seres humanos constituyen el centro de las
preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible” y “tienen
derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la
naturaleza”.. Asimismo ha prevenido que “un estilo de desarrollo
que fuera origen de dualismo social, al crear a la vez riquezas y
pobreza por la marginación de los más débiles o los menos
afortunados, no sería sostenible”. (Informe de la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el medio ambiente y el desarrollo, Río de
Janeiro, 1993)

Deben diseñarse políticas económicas y sociales integradas,


pasando de la actual desarticulación a una política socioeconómica
que sea capaz de generar al mismo tiempo crecimiento y desarrollo
humano. Ello requerirá estructuras de distribución del ingreso más
equitativas, políticas sociales agresivas y gerencia social de buena
calidad.

Es indispensable que se reconozca la necesidad de reavivar el


proceso de crecimiento y, al mismo tiempo, que se acepte la idea
de que el modelo de crecimiento debe ser propicio para el fomento
del progreso social en su sentido más amplio. Para lograrlo, la
política económica debe girar en torno a la creación de empleo, la
erradicación de la pobreza y la inversión de recursos humanos. De
hecho, eso puede muy bien convertirse en un proceso motor de
crecimiento en muchos países y también a nivel mundial. El
estímulo de la demanda, que puede derivarse del aumento del
ingreso en los hogares y los países pobres, puede generar un
crecimiento más amplio y sostenido. Las tan necesarias inversiones
sociales pueden contribuir a que se reduzca la presión del
desempleo y del subempleo.

Una nueva socioeconomía que cree empleos productivos, dé


oportunidades reales a los informales de pasar a la economía
formal, invierta vigorosamente en salud y educación, amplíe y
potencie las posibilidades de producción de los pobres, promueva y
facilite su articulación social y organización, y privilegie a los niños y
las mujeres, pueden crear condiciones opuestas a las que están
precipitando el debilitamiento del tejido social y la destrucción de
familias.

El Estado tiene un papel fundamental, debe ser el promotor del


bien común de acuerdo a dos principios fundamentales:
subsidiariedad y solidaridad. Por ello no deberá hacer lo que pueda
realizar la gestión privada pero tiene que ayudar a los organismos
de la sociedad civil a cumplir su propia misión.

Nunca el Estado puede aislarse o desconocer estas contingencias


sociales, es la diferencia sustancial entre un Estado organizado por
los principios del “constitucionalismo social”, del que se rige por el
“constitucionalismo posesivo o netamente liberal”.-

LA EMPLEABILIDAD COMO RESPUESTA AL DESEMPLEO

En la 83º Reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo


realizada en Ginebra en junio de 1996, participó como invitado el
presidente de Francia Jacques Chirac quién sostuvo que para
lograr que la mundialización aporte beneficios para todos, es
preciso poner la economía al servicio del ser humano y no a la
inversa, agregando que en un mundo en evolución, en rápida
transformación corresponde a los Estados desempeñar, hoy más
que nunca, una función esencial. La mundialización no se hace sin
desacuerdos ni dificultades. En los países industrializados, este
proceso exige que se efectúen reestructuraciones rápidas y por lo
tanto dolorosas, cuyas consecuencias agravan la situación del
empleo. En los países más pobres puede agudizar las
desigualdades, aumentando el riesgo de marginación de ciertas
regiones.

Para el presidente francés, es necesario controlar mejor el proceso


de mundialización; para ello, primeramente hay que reunir las
condiciones propicias para un crecimiento sostenido y generador de
empleo, aprovechar al máximo las posibilidades que brindan las
nuevas tecnologías, en especial en el ámbito de la información.
En segundo lugar, hay que fomentar las actividades de servicio y
definir nuevas modalidades de organización del trabajo, que
satisfagan tanto las necesidades de la empresa como las
aspiraciones de los trabajadores; sobre todo, entendió, “hay que
invertir en las personas, para que cada trabajador pueda acceder a
la formación profesional a lo largo de su vida”.

Seguidamente interpretó que “la noción de empleo para toda la vida


(la estabilidad como principio general) ha sido sustituida por el de
empleabilidad”, que designa, en realidad, a una nueva
organización de la sociedad, los gobiernos, los empleadores, y los
sindicatos que deben estructurar, proyectar estrategias con miras a
que todos los trabajadores - durante su vida activa -, puedan pasar
de un empleo a otro recibiendo una formación apropiada y
conservando su protección social.

Como tercer sendero - que no se puede soslayar - se debe


prevenir y evitar la exclusión de los trabajadores menos calificados:
disminuyendo - en los casos en que son excesivas - las cargas que
gravan el trabajo no calificado; aplicando políticas efectivas de
reincorporación en la vida activa de las personas más vulnerables,
adaptando los regímenes tributarios y sociales para que dicho
retorno al empleo se traduzca en un aumento real de sus ingresos.

Para que la modernización de buenos resultados, debemos


permanecer fieles a los respectivos modelos culturales que hemos
heredado de la historia y de la idea de humanidad en que nos
hemos forjado.

Para ello debemos reconocer que al Estado le incumbe la calidad


de custodio y garante de la cohesión nacional.

Tenemos también que pensar, principalmente en los países más


pobres que al no tener acceso ni a los capitales ni a los mercados
corren el peligro de quedar marginados.

Los gobernantes deben mantener un nivel suficiente de ayuda


pública, potenciar la eficacia de ésta, reformando las instituciones
internacionales que se ocupan del desarrollo; para ello se requiere
que los gobernantes de los países ricos pongan en práctica
políticas adecuadas, abriendo sus mercados a los bienes de
países pobres y en desarrollo.-

Hay que dar una atención especial a la disminución o condonación


de la deuda externa de los países pobres. En lo interno el
presupuesto del Estado debe disminuir considerablemente las
partidas asignadas al funcionamiento de la maquinaria estatal,
suprimiendo cargos innecesarios, eliminando el aporte a los
partidos políticos ( quienes deben auto financiarse), efectuar
campañas proselitistas austeras acordes con la crisis.

El dirigente político, como lo hicieron los que actuaron a principios


del siglo pasado, deberá tomar conciencia que el cargo público es
una carga, y deberán costearse sus actividades sin recurrir al
presupuesto estatal.-

Habría que estudiar qué procedimiento aplicaron los países


europeos ( especialmente Francia, Reino Unido, Italia y Alemania)
los años posteriores a la segunda guerra mundial ( de 1945 a
1949), en particular cómo rigieron los principios clásicos del
Derecho del Trabajo.- Habría que preguntarse ¿ que normas
laborales se aplicó a los trabajadores que prestaron servicio en la
reconstrucción europea?, ¿qué jornada de trabajo laboraron?,
¿quién brindó cobertura a los infortunios del trabajo?.-

También habría que pensar, la conveniencia de dejar en suspenso


durante un par de años, para los nuevos contratos de empleo, la
legislación laboral, garantizando las prestaciones de la seguridad
social, reemplazando los clásicos subsidios.- El trabajador
argentino quiere ganar un salario , quiere trabajo, no le apetece el
subsidio, la donación.-

En definitiva, hay que estudiar nuevas pautas, nuevas normas, que


algunas será transitorias, de mediana y larga aplicación, en cambio
otras serán parte de un nuevo Derecho del Trabajo.-

CONCLUSIONES

El desempleo es una fuente de angustia y puede convertirse en


una verdadera calamidad social; debilita a los hombres, a familias
enteras, dándoles la sensación de ser marginados, ya que tienen
dificultad para proveer a sus necesidades esenciales y, no se
sienten reconocidos ni útiles para la sociedad, allí nace la espiral
del endeudamiento de la que es difícil salir. Exige comprensión por
parte de las instituciones públicas y sociales, apoyo y solidaridad
por parte de la comunidad nacional.- Es necesario buscar nuevos
caminos para la reducción del desempleo, las soluciones concretas
son ciertamente difíciles, porque los resortes de la economía son
muy complejos y, además, frecuentemente son de orden político y
financiero.. Muchos aspectos dependen también de normas
vigentes en el campo fiscal y sindical.

Existe un incremento del trabajo marginal, ilegal, carente de


protección. El cambio social ha propiciado la aparición de nuevos y
poderosos actores de la sociedad civil, la mayoría de los cuales se
organiza al margen del proceso de producción, han cambiado las
actitudes sociales, cediendo el paso a un mayor individualismo,
estrechando el consenso en materia de responsabilidad social
colectiva.

No existe una reglamentación sobre nuevas formas de


organización del trabajo, por ejemplo, los micro-emprendimientos,
en los cuales los trabajadores prestan un servicio, no como
dependientes ni como autónomos - en el sentido que los define el
régimen previsional - y no tienen capacidad económica para
abonar un aporte mensual permanente a la seguridad social. Estas
nuevas formas necesitan una legislación moderna en lo laboral, en
la seguridad social, en lo fiscal o tributario y en el crédito bancario.
Participamos del final de la guerra fría, la destrucción del muro de
Berlín que abrió paso a un extraordinario consenso basado en los
mercados abiertos y con ello un nuevo espíritu de competencia y
creatividad, un mayor respeto de los derechos humanos y las
instituciones democráticas, pero simultáneamente, oscureció las
finalidades sociales del crecimiento económico y la importancia de
contar con instituciones sociales vigorosas para lograr mercados
fuertes.

La liberación económica alteró las relaciones entre el Estado, los


trabajadores y las empresas, provocando cambios en las pautas de
empleo y en los mercados de trabajo.

A pesar del progreso económico, persiste la desigualdad dentro de


los países y entre ellos. La estabilidad mundial no puede fundarse
en una inestabilidad que afecte a tantas personas y familias en todo
el mundo. Es una tragedia que en el siglo XXº, en el que se han
registrado tantos avance sociales y liberado la mayor capacidad de
riqueza de nuestra historia, llegue a su término en medio de una
incertidumbre humana tan grande.

Con diversas modalidades, se ha mantenido el trabajo de menores


carente de protección legal y de la seguridad social, de tal
envergadura que ha sido uno de los temas centrales de la última
Asamblea General de la O.I.T.

En América Latina y específicamente en la República Argentina,


existe un Fuero judicial del Trabajo y de la Seguridad Social carente
de presupuesto, de medios técnicos adecuados y de edificios
acordes con las exigencias de la comunidad; en muchos casos, el
procedimiento es lento, burocrático y no responde a las
expectativas de los justiciables.-

Es conveniente tener presente la enorme gravitación que tenemos


los docentes universitarios en las diferentes estructuras que nos
toca actuar: como profesores de grado y de postgrado, colaborando
en los cursos de extensión universitaria con los magistrados
judiciales, funcionarios de la administración pública, en cursos
sindicales para trabajadores y empresarios, podemos convertirnos
en adalides de la reforma o artífices de la conservación y el
retroceso.

Ha llegado la hora de superar los diagnósticos, algunos de los


cuales nos agobian y frustran.- No basta con seguir haciendo las
cosas como las hemos hecho hasta ahora. Debemos reconsiderar
el contenido de los programas, la metodología para su desarrollo y
los objetivos de la formación.

Como hemos afirmado, los programas de nuestras asignaturas en


general, no han sido remozados ni modernizados, temas
fundamentales como el desempleo, la marginalidad, el trabajo
informal, el trabajador migrante, la cobertura de la seguridad social
en los procesos de integración debe ser abordada en profundidad,
con seriedad, responsabilidad y, principalmente, esbozar caminos
de solución.

Destacamos cuatro objetivos estratégicos para la OIT:

1º Promover y cumplir los principios y derechos fundamentales del


Derecho del Trabajo y de la Seguridad social.
2º Crear mayores oportunidades para las mujeres y los hombres,
con el objeto de que dispongan de ingresos y empleo decentes.
3º Realzar el alcance y la eficacia de la protección social para
todos,
4º Fortalecer el tripartismo y el diálogo social.

La solución de la pobreza no es la misma en todos los países y el


remedio no es solo económico, se precisan otras acciones sociales
y culturales que dependen de cada nación. Es necesario un cambio
institucional y social para reforzar el desarrollo de los pobres.-

Compartimos con el Banco Mundial que son necesarias - entre


varios - tres ingredientes básicos para luchar contra la pobreza: en
primer lugar, se deben incrementar las oportunidades económicas
de los desfavorecidos, facilitándoles el acceso a la tierra y a la
educación.- También es preciso desarrollar su capacidad de
influencia sobre las decisiones que les afectan y eliminar las
discriminaciones por sexo, raza, grupo étnico o condición social.
Por último, resulta necesario reducir la vulnerabilidad de los más
pobres ante la enfermedad, la crisis económica, el desempleo, los
desastres naturales o la violencia.

Alentamos a todos que tenemos un rol en la formación intelectual y


profesional de los jóvenes para que los sigamos acompañándolos,
sosteniéndolos y animarlos para que puedan insertarse en el
mundo del trabajo. Un empleo para ellos será el reconocimiento de
sus capacidades y esfuerzos y le abrirá un futuro personal, familiar
y social.

Asumamos los desafíos que la sociedad debe afrontar en el tercer


milenio. Los exhortamos a comprometernos cada vez más al lado
de las personas que luchan en favor del empleo y, avanzar con los
hombres y mujeres por el camino de una economía cada vez más
humana.

Debemos esforzarnos para que nuestra enseñanza contribuya a


armonizar el crecimiento económico con el progreso social, la
eficacia con la justicia, la libertad con el orden y el cambio con la
estabilidad. Debemos ser útiles a la sociedad.-

Concluimos con nuestro Papa Juan Pablo IIº, cuando en el Mensaje


a los Trabajadores volvió a confirmar que, ante la situación actual,
todos tienen que asumir su responsabilidad para que el sistema
económico en el que vivimos, no invierta el orden fundamental que
da prioridad al trabajo sobre el capital, al bien común sobre el
privado. En definitiva "es necesario globalizar la solidaridad".

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