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Los Sufrimientos Modernos de Los Jóvenes

El documento discute los sufrimientos modernos de los jóvenes según las teorías de Lacan. Sugiere que hay una crisis del orden simbólico debido al declive de la figura paterna y las carencias del entorno simbólico, dejando a los adolescentes atrapados en lo real de su goce. Esto puede llevarlos a encarnar el objeto a y conducirlos a lo peor. Finalmente, argumenta que a pesar de la crisis, los jóvenes pueden encontrar una salida hablando y nombrando su nueva
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Los Sufrimientos Modernos de Los Jóvenes

El documento discute los sufrimientos modernos de los jóvenes según las teorías de Lacan. Sugiere que hay una crisis del orden simbólico debido al declive de la figura paterna y las carencias del entorno simbólico, dejando a los adolescentes atrapados en lo real de su goce. Esto puede llevarlos a encarnar el objeto a y conducirlos a lo peor. Finalmente, argumenta que a pesar de la crisis, los jóvenes pueden encontrar una salida hablando y nombrando su nueva
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Los sufrimientos modernos de los jóvenes

Philippe Lacadée

Este título, “Los sufrimientos modernos”, tomado de Arthur Rimbaud, no


deja de evocar el final del siglo XIX y los principios del XX. Una época de
expansión de la industrialización que al dar paso a la modernidad llegó a
modificar de manera notable las comunicaciones y el lazo social. Época,
también, del nacimiento del psicoanálisis y de lo que Lacan nombra, desde
su texto Los complejos familiares de 1938, como el “declive de la imago
paterna”.1
Esta nueva subjetividad, que Rimbaud encarnaba ya como el príncipe de la
adolescencia moderna, la pongo en relación con la modificación del orden
simbólico del siglo XXI que experimentamos actualmente, teniendo en
cuenta las consecuencias que anticipó Lacan en varios momentos de su
enseñanza:
En los inicios, en 1938, con el declive de la imago paterna. Continuó en
1957 al cernir las carencias del entorno simbólico. En 1967, al concebir el
arrebato de la deuda simbólica, que conduce a algunos a un destino
desprovisto de valor. Más tarde, hablará de la ascensión al cenit del objeto
a, es decir, del objeto plus de goce. Y, por fin, cuando enuncia su famoso
axioma hay de lo UNO. Este Uno viene al lugar de los tres puntos
suspensivos del título de su seminario…O peor.
El orden simbólico, para Lacan, resume el hecho de estar tomados por
lalengua, reducida al par significante S1-S2, el cual, aunque hace emerger
al sujeto, no es suficiente para nombrar todo el ser de dicho sujeto.
En el siglo XXI este orden simbólico deja a los sujetos adolescentes cada
vez más atrapados en lo real de su propio goce produciendo una nueva
subjetividad que les puede llevar a una voluntad de gozar a cualquier precio,
conduciéndoles a lo peor. ¿Entonces, por qué seguir hablando? ¿De qué
sirve hablar? Son dos preguntas que escuchamos frecuentemente y a las
cuales podemos responder que, precisamente por el hecho de hablar,
pueden encontrar una salida a su destino.

El declive de la imago paterna

Para Lacan este declive de la imago paterna inaugura la crisis psicológica


de la subjetividad, a la cual vincula la aparición del psicoanálisis. Pone de
relieve la crisis del padre y de la función paterna, asociándola a la
personalidad de éste, frecuentemente carente, ausente, humillada, dividida
o postiza.

1
Los complejos familiares en la formación del individuo, apareció en 1938, en
Otros Escritos. Paidós. 2012
No solamente estos efectos extremos sobre la estructura familiar revierten
sobre el individuo; Lacan también percibe una protesta de la esposa en
relación al lugar del hombre. De este modo se consiguió colocar un límite
allí donde, tradicionalmente, la virilidad estaba cómoda. Al no confiar en la
función paterna ni apostar por el peso de la palabra, el adolescente se
siente solo, desamparado, y tentado de replegarse en un modo de goce que
le otorgue un lugar para existir. La adolescencia es un período sensible
donde existe el riesgo de bascular hacia lo peor. Este momento ha sido muy
bien descrito en la novela de Françoise Sagan, Bonjour tristesse, editada en
1954. Lacan recomienda su lectura en su Seminario IV La relación de
objeto, no por una cuestión de moda, sino porque refleja la evolución del
lugar del padre y de la posición masculina. También aconseja leer un
artículo del filósofo Alexandre Kojéve Le dernier monde noveau (El último
mundo nuevo) , “para descubrir el partido que le saca, un autor tan austero,
a la lectura frívola de las novelas de Françoise Sagan” 2. No es por azar que
Lacan ponga de relieve este artículo de Kojéve en el punto culminante de su
análisis de Juanito, puesto que explica que "el sujeto (Juanito) se mantiene
en una cierta posición pasivizada desde el punto de vista sexual.” Porque la
lectura de la novela de F. Sagan lleva a Kojéve a afirmar: “el hombre viril no
existe más, o ya no existe. Ya no hay hombres. Nos encontramos en un
mundo sin hombres (…) Ya sólo tenemos semblantes de la virilidad”.Kojéve
evoca “la sabiduría resignada ante la desaparición de lo viril”.
Lacan traslada esto al psicoanálisis y pone de relieve, detrás de la
desaparición de lo viril, la aparición de “todos iguales”. Este lema de “todos
iguales”, afecta, golpea la función paterna, trae consigo el declive del padre,
lo cual, lógicamente, puede conducir a lo peor.

Las carencias del entorno simbólico

En 1957 Lacan especifica la importancia del entorno simbólico para todo


sujeto. Entiende la fobia de Juanito como una invención frente a las
carencias de dicho entorno simbólico3 para tratar el surgimiento de lo real
del goce de su sexo. Frente a la carencia del padre, Juanito inventa un
significante “para todo uso”: el miedo a los caballos. Este significante suple
la falta en el Otro, la función desfalleciente del padre; pero queda un resto,
un residuo que aparece bajo la forma de una mancha (una mancha
alrededor de la boca del caballo) que condensa ese punto de angustia. El
sujeto se apoya en la invención de su síntoma, pero queda un resto real que
Lacan localiza en esa mancha. En su Seminario X, Lacan eleva esta
2
J.Lacan, Seminario IV La relación de objeto y las estructuras freudianas. Paidós.
1994. Pág. 421
3
J.Lacan. La instancia de la letra en el inconsciente o la razón a partir de Freud.
En Obras escogidas. RBA. Barcelona. 2006. Pág.500
mancha negra a la dignidad de una letra, de una “carta en suspenso, “en
espera” (de ser recibida o leída)4, equivalente a un objeto lógico, es decir, al
objeto a. Esta letra viene a inscribir la parte del ser, del goce, que no ha
podido traducirse en significantes. Este objeto está ahí como abandonado,
al margen del Otro.
Para Lacan, la adolescencia puede recibir otros puntos de referencia “en
función de un vínculo que debe establecerse entre la maduración del objeto
a… y la edad de la pubertad”5. En efecto, es a partir del objeto a que el
sujeto toma la palabra, y dice “yo” (Je). Es ahí precisamente, en ese tiempo
de lógica necesaria que es la adolescencia, que el sujeto puede encontrar
una lengua que nombre el elemento nuevo, es decir, la nueva subjetividad
que lo habita. A partir de ese momento es cuando el adolescente pone en
juego su yo y, desde esa enunciación, intenta captar lo que le sumerge en
el desamparo.
Entonces, si por estructura, hay una carencia simbólica para nombrar el ser
del sujeto, para tratar el goce en juego, las consecuencias no son las
mismas cuando existe un entorno simbólico o cuando éste está reducido a
una cierta precariedad, a un cierto desorden, como ocurre hoy en día. El
cuerpo del niño no hace su aparición en lo real sino como un malentendido,
que se reactualiza en la adolescencia, por el hecho de que surge, como
algo nuevo, lo real en el cuerpo. En ese momento, algunos sujetos no tienen
el recurso de un discurso establecido que les permita alojar una parte de su
ser en el Otro. Algunos piensan que no le deben nada a los símbolos del
Otro, pierden el gusto por las palabras que se articulan al Otro. Cualquier
predicado del Otro que viene a nombrar ese real insoportable, no hace más
que empeorar las cosas y les empuja a encarnar, en lo real, ese valor de
objeto a. Este objeto a, marginado, como un valor de su ser, puede
servirnos para descifrar lo que está en juego, como nueva subjetividad, para
algunos jóvenes se ven llevados a encarnarlo.

Hay en ellos, en su cuerpo, una verdad que sufre y no se dice, un


desarreglo de todos los sentidos6, algo que viene a manchar el cuadro de su
infancia, unido a ese despertar de la primavera que los exilia y que los
coloca “al margen” del Otro. En nombre de lo nuevo que se goza en su
cuerpo, de los fantasmas inéditos en sus pensamientos, de lo que toma el
valor de una mancha negra, ellos están, la mayoría de las veces,
confrontados, de una manera contingente, a un agujero en el saber del Otro,

4
lettre en soufrance: en francés el término “lettre” significa letra y carta. N
del T.
5
J.Lacan. Seminario X La angustia. Paidós. Barcelona. 2006.Pág.279
6
A.Rimbaud. Una temporada en el infierno. En Poesías Completas. Visor. 1997
que los deja al margen del Otro, presos, como dice Rimbaud, de esos
sufrimientos modernos.
Modernos por dos razones: Una, ligada a lo nuevo, a lo inédito que se goza
en sus cuerpos, y que es siempre moderno por el hecho de actualizarse en
sus pensamientos, y de vivirse en presente; y la otra se vincula a la
modificación del discurso de su entorno simbólico. Estas pulsiones del
tiempo presente, ligadas a ese objeto a, tienen que articularse con la
gramática viviente del discurso, que es siempre del Otro. Como este Otro,
-este entorno-, se modifica y puesto que no se habla de la misma manera
en 1906 que hoy en día, este hecho añade, también, su parte de
sufrimiento.
Freud precisa que la labor del adolescente – en el momento, dice, más
necesario y, a la vez, el más doloroso – consiste en separarse de la
autoridad parental, es decir, ponerse al margen del Otro parental7.
Quizás este desprendimiento de la autoridad era más fácil cuando esta
autoridad estaba incluida en un discurso establecido por la rutina de la
familia. Tomemos nota aquí de una paradoja: es en nombre de “lo que hace
mancha” en ellos, que los adolescentes tienen que separarse de esa
autoridad parental y ponerse a la tarea de bien decir su ser. En esta
autoridad parental, muy diferente a la de los tiempos de Freud, se trata
entonces de hacer valer lo que en el transcurso de todas las épocas
siempre está en juego: esto es, fundamentalmente, el hecho de la autoridad
de la lengua.

De la crisis de la articulación del significante a la crisis de la lengua


articulada.

Aunque Lacan precisa que el Nombre del Padre es sólo un semblante 8, el


padre permanece, sin embargo, como aquél que debe transmitir un cierto
saber hacer ahí9 , con las cosas del mundo, para permitir al sujeto negociar
los asuntos de su vida, aquello que tiene que ver con el goce y su
emparejamiento con la lengua, es decir, con el modo en que éste queda
atrapado en el aparato del lenguaje. Lo demuestra en su seminario El
reverso del psicoanálisis10, puntualizando que la castración no proviene del
padre sino del lenguaje. Los mitos freudianos sobre el padre son cuentos,
7
S. Freud. La novela individual del neurótico. Biblioteca Nueva. Madrid 1973.
Tomo II. Pág.1361
8
J. Lacan. Contratapa de J.A. Miller De los nombres del padre. Paidós. Buenos
Aires. 2005
9
savoire-y-faire se ha traducido por "saber hacer ahí", por no existir una
expresión equivalente en castellano. N. del T.
ficciones necesarias para novelar la pérdida de goce. El padre es, de hecho,
el agente de la articulación significante. Más tarde Lacan se sirve de la
carencia del padre en Joyce para demostrar que en nuestra época “la
misión del padre” consiste en humanizar el deseo en la ley del significante.
La versión moderna de esta misión del padre, puede formularse de la
siguiente manera: enseñar la comunicación, en el sentido de saber crear la
conversación. Esto pone de relieve lo que articula un significante a un
significado, “es decir, elucubrar un lenguaje, introducir una rutina para hacer
coincidir el significante con el significado”.

Hoy en día, el declive de la imago paterna pone aún más en evidencia, la


crisis de la articulación significante, es decir, la crisis del lazo social
sostenido por el orden simbólico S1-S2. Algunos jóvenes no respetan la
autoridad de la función parental ni su saber; lo cual les empuja a decir Todo
lo que piensan, inmediatamente, sin represión alguna, apoyándose sólo en
un significante aislado. Esto hace aparecer, una cierta manera de gozar de
la lengua, que yo he denominado crisis de la lengua articulada al Otro;
porque, de una manera irónica, estos adolescentes modernos rechazan el
saber ofrecido por la palabra del Otro. Esto tiene repercusiones sobre el
significado, sobre el sentido de los símbolos, sobre la manera de dirigirse y
de hablar al Otro y sobre su manera de ser.

Además, la delicada transición del adolescente se presenta hoy en día


desde el punto de vista de una nueva subjetividad en la cual, más que
desconcierto, es el desamparo o la perspectiva de un destino desgraciado,
lo que empuja al sujeto a intentar encontrar una lengua con la cual hablar al
Otro, pero con el agravante de que ésta ya no está, necesariamente, de
actualidad. Ya no se hace la apuesta sobre el Otro como soporte de un
ideal, porque ya no se le presupone un cierto saber capaz de ofrecer una
solución. Frecuentemente, para muchos de ellos, el hecho de hablarles se
convierte en embrollarles, en liarles. Al sentirse sin destino ni destinatario,
escogen articularse a un objeto plus de goce, o a una práctica de goce que
no pasa por la palabra, frecuentemente adictiva.

Debido al soporte que brindan los gadgets11, los aparatos tecnológicos como
radio, teléfono móvil, internet, la mayoría de los jóvenes prefiere
directamente conectarse a la máquina, al objeto complementario, al objeto
plus de goce en lugar de tener que situarse en el encuentro con el Otro,
con el deseo del Otro que inscribiría su propia falta en la vía del deseo y de
la lógica fálica.
10
J. Lacan. Seminario XVII El reverso del psicoanálisis. Paidós. Barcelona. 1992.
Pág. 132
11
J. Lacan. La tercera. En Intervenciones y textos 2. Manantial. 1988. Pág.108
Al cuestionar esa lengua del Otro y el saber que ésta vehicula, atacan la
raíz misma del lazo social. Es el par ordenado de la lengua, es decir, S1-
S2, el que se encuentra quebrantado por la invención de lo que he
nombrado como la lengua de la autenti-ciudad12. Lengua de la sensación
inmediata que se juega o que se goza pegada al cuerpo, por articularse más
a la Sensación que al significante del Saber del Otro. En el lugar del Saber
algunos adolescentes instalan lo que creen que es la verdad inmediata de
su ser, la verdadera vida, aquélla que quieren pensar libre de la alienación
al par ordenado S1-S2 y que, por el contrario, les condena a quedarse al
margen del Otro. Ellos se aseguran de este modo el goce de una lengua
codificada que, para ellos, tiene autoridad. Algunos ya se han separado de
la rutina que haría de sus vidas un transcurrir feliz, si hubieran consentido
en pasar por el anudamiento del significante y el significado, usando el
saber del cual el Otro sería el portador. Pero como este Saber no tiene para
ellos autoridad, han “desaprendido” a hablar la lengua, la lengua que -ellos
creen- es la lengua del sentido común y que, por lo tanto, rechazan. Ahora
bien, Lacan precisa que la lengua del sentido común no existe, “hay sentido
pero no hay sentido común”13. Ellos pierden el gusto por el sentido de las
palabras, de esas palabras que se articulan y se dicen al Otro. Al no sacar
con vigor el jugo al sentido, piensan que la vida les será más fácil pero,
contrariamente, de manera paradójica, se crean una vida menos cómoda.

La modernidad irónica y la vía del sinthome

En 2012, el adolescente puede padecer los sufrimientos modernos por el


hecho de vivir en nuestra modernidad, donde la exigencia del plus de goce
es más fuerte que la del ideal. Esta modernidad irónica, que no sitúa más
en su justo lugar ni la autoridad, ni la responsabilidad del discurso del Otro,
cuestiona el Saber del Otro. Como se ha podido ver a respecto de la
dimisión del padre, Lacan nos muestra que el significante está más al
servicio del goce que de la comunicación. Escribe entonces de otra manera
el síntoma del sujeto (síntoma con h): el sínthoma deviene lo que testimonia
de la posición de goce del sujeto en lalengua. Esta posición sinthomática
da una cierta consistencia imaginaria al cuerpo, de donde su gusto por el
movimiento, por la rapidez. Paradójicamente, para el psicoanálisis, se trata
de promover la vía del sinthoma, más que de promover otra solución que,
predicando la revelación de un Otro universal, hace creer en la existencia
de un discurso nuevo, el discurso de la seguridad, que se apoya sobre la
12
El término authenti-cité se ha traducido por "autenti-ciudad", para respetar
el significado. En castellano no se puede jugar con la homofonía del
significante autenticité como lo permite la lengua francesa.
13
J. Lacan. Hablo a las paredes. Paidós. Buenos Aires. 2012. Pág.101
evaluación del riesgo regulándolo todo. Con Lacan, hacemos valer la
solución sinthomática como una nueva subjetividad, que cada uno inventa
frente a lo real fuera de sentido; ese real revelado por el psicoanálisis, ahí
donde cada uno es singular, sin par.
En nuestra época, muchos jóvenes hacen un uso de la lengua y del
significante que no se ordena en el régimen del padre (el de la articulación),
sino más bien en el reino del objeto a en su versión plus de goce. Lo que
suplanta el régimen del padre que prohíbe, es la exigencia del plus de goce.
Este reino del goce no favorece el compromiso con lo simbólico ni con el
Otro y no empuja hacia la dimensión de la filiación y de la transmisión, sino
hacia el ejercicio de un goce pulsional del Uno. El goce del Uno se
desprende de la dictadura del plus de goce, por el hecho de que la
civilización es la del no-todo. Cada Uno se enchufa a uno o varios objetos
plus de goce, tomados como objetos de deseo, lo que favorece la huida
hacia adelante, hacia un gozar siempre más.

Un destino que ya no sea nada

Para algunos, el padre ya no es el que demuestra a sus hijos que es digno


de ser amado, respetado, ya no es el que suscita ganas de hablarle, de
escuchar sus consejos. Por eso, muchos de estos adolescentes se
encuentran al margen del Otro, del lugar de la palabra, por el hecho de que
padecen una cierta precariedad en relación a la lengua, y esto puede ser
debido a un rechazo o a una falta de motivación del Otro simbólico parental
que se ocupa de ellos y los condena a estar tomados directamente por lo
real. Por lo tanto, hay que ofrecerles un lugar de conversación posible 14,
donde su lengua pueda articularse de otra manera. Para ello, la condición
necesaria es que les demos un lugar para puedan darse a sí mismos ese
pequeño empujoncito, y poder crear así una lengua viva.

En efecto, la sociedad actual está, dominada por una especie de descrédito


de la palabra, como si hablar no sirviera para nada, a lo que viene a
agregarse la revolución tecnológica, sinónimo de progreso. Los jóvenes de
hoy en día son cada vez más ahistóricos, y desconectados del inconsciente,
de su historia particular, ignorada por ellos. Estos sujetos son hijos del
capitalismo ahistórico o de una historia reducida a la sensación inmediata y
sincrónica de un presente demasiado estrecho. A falta de la culpabilidad que
se inscribe en el Otro y se vincula a los símbolos de los actos del pasado,
ellos ya no tienen como guía el tierno desconcierto del joven Torlëss, quien
14
Conversaciones de los laboratorios del CIEN, Centro Interdisciplinar del Niño. El
CIEN ha organizado en un barrio difícil de Burdeos una conversación con jóvenes
de diferentes barrios después que un chaval de 12 años fuera asesinado a
navajazos por un asunto de drogas y de rivalidad entre bandas.
sí, aún, apostaba por el padre, escribiéndole. Hoy en día, se trata más bien
del desamparo ante el impasse del porvenir que no se consigue anudar a
las adquisiciones del pasado. Esa nada que surge en el horizonte toma la
imagen voraz de la pulsión de muerte, que fascina a más de uno, hasta el
punto de entregarle su cuerpo, como lo demuestra el libro de Julie Zeh, La
fille sans qualités (La hija sin atributos)15.

Este desamparo de cierta juventud “sin atributos” y, trágicamente, sin


memoria, nos reenvía a lo que Lacan decía en 1961 16, cuando presagiaba
que la deuda simbólica podría no estar a cargo de ciertos sujetos quienes,
entonces, de repente, ya no se sienten más culpables. “En suma, es la
deuda misma en la que teníamos nuestro lugar lo que nos puede ser
arrebatado, y entonces podemos sentirnos a nosotros mismos totalmente
alienados. Sin duda la Até antigua, nos hacía culpables de esta deuda, pero
al renunciar a ella (…) llevamos la carga de una desgracia todavía mayor,
por el hecho de que ese destino ya no es nada".
Los adolescentes viven en este tiempo de la modernidad, en el que “la
culpabilidad que nos queda, la que nos resulta palpable en el neurótico, es
precisamente la que hay que pagar debido a que el Dios del destino está
muerto”17. En1961 Lacan hacía el diagnóstico de nuestra época: la muerte
del Dios del sentido precipita a los sujetos hacia vidas cada vez más
desprovistas de sentido, y ello en la medida en que el sujeto se une al Otro,
se sabe hijo del Otro, sólo por medio de la deuda. Ahí está la paradoja: si el
Dios del sentido ha muerto, sólo queda el sin-sentido, es decir, el abandono,
que conduce hacia la extensión del sin-sentido como una manera de estar
en el mundo. Si antaño la desgracia se significantizaba como una deuda a
pagar, incluso a través del destino, hoy en día sólo le queda al sujeto su
sacrificio a un dios oscuro, es decir a una voluntad de gozar.
Hablando, el sujeto puede trenzar de otra manera las casualidades, los
azares de su vida y con ellas construir su propio destino. “Creemos que
decimos lo que queremos, pero es lo que han querido los otros, más
específicamente nuestra familia, que nos habla"18.

Para algunos el azar puede ser justamente una familia con dificultades, un
padre que encarna el fracaso para inscribirse en lo simbólico, que ni
siquiera toma la palabra, encarnando su propia derrota; que presenta a su
hijo una vida sin destino con las consiguientes repercusiones sobre el niño.

15
Zeh Julie, La fille sans qualités. Editions Actes Sud, 2007
16
Lacan, Jacques. Seminario VIII La transferencia. Paidós. Buenos Aires. 2003
Pág. 340
17
Idem
18
Lacan, Jacques. Seminario XXIII El sinthome. Paidós.2006. Pág.160
Karim o hablando se puede decir una parte del nombre de su síntoma

Es lo que me dirá Karim, un joven rapero del extrarradio, que vino a verme
después de un coloquio entre varios en un laboratorio del CIEN creado en
su barrio, denominado “Lenguaje y civilización”19. Este joven demanda la
ayuda de un psicoanalista para poder vivir mejor con su vergüenza.

En un primer tiempo, la puesta en marcha de un lugar de conversación y de


enunciación, le ofreció la oportunidad de vivir en acto el hecho de poder
hablar apoyándose en una lengua articulada, cuya condición es “que cada
uno, en cada instante, la creamos dándole un retoquecito ”20. Gracias a la
conversación pudo nombrar una parte del nombre de su síntoma y, más
tarde, hacerme una demanda de análisis. De esta manera encontró el lugar
y la fórmula -tomando como punto de apoyo su síntoma- para traducir la
manera en que vivía con esos jóvenes marginados y cómo algunas veces
se encontraba en unas situaciones de impasse extremas. Sólo tomar en
consideración la enunciación del joven permite a cada uno hacer valer hasta
qué punto se está sometido al hecho social de ser un joven del extrarradio,
de gozar de ello hasta el punto de ser esclavo de ello, como lo dice Lacan
en su seminario De Otro al otro21, a lo peor, llegando a identificarse a un
objeto de desecho, humillado. Este lugar de conversación se convierte
también en el lugar donde elaborar, con otros, de otra manera, su plus de
goce, es decir su impasse en su relación con el otro para, de esta manera,
sufrir menos y ser menos esclavo.

Sirviéndose de la experiencia de la conversación, Karim ha podido


encontrar la posibilidad de seguir hablando, de bien decir su ser que
permanecía en espera22. Así se puede producir un saber nuevo, un punto
desde donde articularse de una manera nueva al Otro, a condición de
haber consentido en separase del goce de ser un adolescente en un
callejón sin salida.

Este movimiento permitió, aprés-coup, dar cuenta de esta “letra o carta en


espera” que él encarnaba en su ser y en su rechazo del Otro, revelándose
en ello lo que hace seis años denominábamos “inseguridad palabrera", que
sumergía a algunos en insultos y provocaciones, debidos al simple miedo
de hablar al otro.

19
Laboratorio del CIEN Lenguaje y civilización.
20
Lacan, Jacques. Seminario XXIII, op.cit. pág.131
21
Lacan, Jacques. Seminario XVI De un Otro al otro. Paidós. Argentina. 2008.
Pág. 93
22
en francés, “en souffrance” en suspenso, en espera. Ver Nota ant.
En una sesión Karim me dijo: “Otra cosa, cuando un chaval ve todos los
días, por la mañana, que su padre no va al curro, eso machaca la cabeza
del chaval. Algunos nunca han visto a su padre trabajar, cuando hace
quince años que está en el paro… Tienes vergüenza. Además, el padre se
dice a sí mismo:” no traigo el pan a casa, no soy un hombre”. Y el tío está
ahí, apestando a fracaso. ¿Tú crees que el chaval no lo sabe? El chaval es
humillado por interpósita persona”.

Es a partir de esta vergüenza que el psicoanalista puede ofrecerse como


un sostén, dándole la ayuda necesaria al tomar como apoyo lo que hace
síntoma para él. Le abre la posibilidad de encontrar “la única manera de
decir algo, con ayuda del lenguaje”23, de su ser alojado en la vergüenza y la
humillación.

Karim nos da aquí su versión moderna de la dimisión del padre. El hijo tiene
acceso directo a un padre que no sostiene más la función paterna, que se
ha convertido en una persona anónima, sin nombre.
Debido a su fracaso, humilla, sin saberlo, a su hijo que se avergüenza de
ello. El padre ya no está ahí para velar el objeto real, dando un nombre a
dicho real. Ya no hay nadie para introducir al hijo en una deuda simbólica,
correspondiente a la función del padre. Esta deuda, el sujeto debe
subjetivarla. La humillación del padre hace que el sujeto se sienta privado
de dicha deuda. Ya no debe nada al Otro, de donde proviene su sentimiento
de tener todos los derechos, lo que le conduce a una posición de estar fuera
de la Ley. El hijo vive entonces su ser humillado, “dejado plantado” por la
evolución de la sociedad moderna.

Traducción: Vilma Coccoz

23
Lacan, Jacques. Seminario XIX O peor…Paidós. Buenos Aires. 2012. Pág.11

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