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Reflexiones sobre los Salmos y la Fe

1. Los salmos tratan temas como la felicidad en Dios, la lucha entre los reyes terrenales y el elegido de Dios, la protección de Dios ante los enemigos, oraciones nocturnas y matutinas confiando en Dios, lamentaciones de los afligidos, pedidos de justicia ante los perseguidores, la grandeza de Dios y del hombre, a Dios como refugio de los oprimidos, la confianza del justo ante Dios aunque esté solo, la falsedad del mundo sin Dios y la verdad en Cristo
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Reflexiones sobre los Salmos y la Fe

1. Los salmos tratan temas como la felicidad en Dios, la lucha entre los reyes terrenales y el elegido de Dios, la protección de Dios ante los enemigos, oraciones nocturnas y matutinas confiando en Dios, lamentaciones de los afligidos, pedidos de justicia ante los perseguidores, la grandeza de Dios y del hombre, a Dios como refugio de los oprimidos, la confianza del justo ante Dios aunque esté solo, la falsedad del mundo sin Dios y la verdad en Cristo
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Salmo 1 los dos caminos - la felicidad

Salmo 2 Los dos reinos - Lucha entre los reyes de la tierra y el elegido de Dios
Salmo 3 ¡Cuántos son mis enemigos! - El afiliado más fuerte que todos los enemigos: Dios
Salmo 4 Oración de la noche - Oración de la tarde del que, a pesar de las dificultades confía en Dios. (Ver salmo 91)
Salmo 5 Oración al despertar - Nos invita a comenzar el día llamando a Dios para que sea nuestra luz y fuerza
Salmo 6 Oración del afligido - (ver salmo 102)
Salmo 7 Líbrame de mis perseguidores - Del fondo del alma sube el grito que exige la justicia. Dios escucha.
Salmo 8 Gloria de Dios y grandeza del hombre
Salmo 9 Dios refugio de los oprimidos
Salmo 10 (9) Continuación del salmo anterior
Salmo 11 (10) El justo no se asusta. Si Dios está con nosotros, ¿Quién nos condenará?
Salmo 12 (11) Contra el mundo mentiroso En la palabra de Dios hecha carne, es decir, en Cristo no hay “si” y “no”; todas las
Promesas de Dios han pasado a hacer en él un “si”.
Salmo 13 (12) Mira y escúchame Dios no olvida a sus hijos, resucito a Cristo.
Salmo 14 (13) Mundo sin Dios No hay un solo justo en nuestro mundo pecador. El creyente se queda confiado:
Dios es Fiel.
Salmo 15 (14) ¿Señor, quién entrara bajo tu tienda? Que el señor nos ayude a guardar sus mandatos.
Salmo 16 (15) El señor es mi parte de herencia Pues le elegí como único Señor, gozaré de él durante toda la eternidad.
Salmo 17(16) Clamor del inocente Se ubica después de una victoria
Salmo 18 (17)

3. ¡Cuántos son mis enemigos!


Dios Eres escudo que me ciñes
Eres mi gloria, que sostienes mi cabeza
¡Levántate, señor, sálvame, oh Dios!

4. Oración de la noche
¡Cuando te llamo a ti, tú me respondes, oh mi Dios salvador!
Tú, que me has sostenido en mis angustias, de mí ten compasión y escucha mi oración
Ofrezcan sacrificios al señor como la ley lo ordena, y confíen en él.
Me acuesto en paz y al punto yo me duermo: porque, señor, tu solo me das seguridad.

5. Oración al despertar
¡Señor, oye mi voz, atiende a mi gemido!
Escucha mi plegaria, ¡oh rey mío y Dios mío!
Señor, ya de mañana escucha mi voz.
Te dirijo temprano mi oración y luego espero en ti.
Señor, frente a mis enemigos, haz que mi conducta sea justa y que siga derecho tu senda.
Castígalos, oh Dios, como merecen, de modo que fracasen sus proyectos.
Señor, tú das tu bendición al justo y tu bondad lo cubre como escudo.

6. Oración del afligido


Señor, no me reprendas en tu ira, ni me castigues en tu enojo.
Misericordia, señor, que desfallezco.
Sáname tú, porque el temor a carcomido mis huesos.
Aquí me tienes sumamente perturbado.
Señor, vuélvete a mí, libra mi alma sálvame por tu gran compasión.
Apártense de mí los malvados, porque el señor ha oído mi llanto.
El señor ha escuchado mi plegaria y ha aceptado mi oración.
Que todos mis adversarios se avergüencen y se asusten, y de repente retrocedan aterrados.

7. Líbrame de mis perseguidores


Señor, Dios mío, en ti me refugio, líbrame de mis perseguidores y sálvame.
Señor, ¡ponte de pie! no aguantes más, sino que hazle frente a la rabia de mis opresores.
¡Despiértate!, Oh dios, para ordenar el juicio.
Que te rodeen tus ángeles y tu presidirás de lo alto.
Oh, señor, tú que juzgas a los pueblos, reconoce mis méritos y proclama mi inocencia.

8.
¿Quién es el hombre, que te acuerdas de él, el hijo de Adán, para que de él cuides?
Apenas inferior a un Dios lo hiciste coronándolo de gloria y grandeza.
Oh señor, nuestro Dios, qué glorioso es tu nombre por la tierra.

9. Dios refugio de los oprimidos


Alabo al señor con toda mi alma y canto sus maravillas.
En ti me alegraré y regocijaré, cantaré tu nombre, altísimo.
Señor, ten compasión de mí, mira cómo me humillan mis contrarios, sácame de las puertas de la muerte.
Yo proclamaré tus maravillas, me verán agradecido por tu salvación.
El pobre no será olvidado ni quedará frustrada la confianza de los humildes
Señor, ¡levántate!, que los hombres no nos dominen más.
Señor, infúndeles terror, y que aprendan esos incrédulos que no son más que hombres.

10 (9).
Señor, ¿por qué te alejas y en momentos de angustias así te escondes?
Señor, ¡haz algo!, extiende tu mano y no olvides a los humildes.
Destruye el poder del pecador y del malvado. Pídele cuentas de su maldad y que se pierda.
Señor, tú escuchas el ruego de los humildes, los alimentas y los atiende.

11 (10). El justo no se asusta.


Al abrigo del altísimo me amparo.
Sobre la gente impía mandará carbones encendidos con azufre, y un viento abrazador será la suerte que designen los dados.

12 (11). Contra el mundo mentiroso


Señor, sálvanos, porque ya no hay hombres justos, ni se encuentra alguien que diga la verdad.
Son labios mentirosos y corazones hipócritas
Oh señor, ataja los labios mentirosos y la lengua de los soberbios

13 (12). Mira y escúchame


¿Hasta cuándo, señor, seguirás olvidándome?
¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?
¿Hasta cuándo sentiré recelos en mi alma y tristeza en mi corazón, día tras día?
¿Hasta cuándo me ganaran aquello que me odian?
Señor, Dios mío, mira y respóndeme, alumbra mis ojos, no sea que me duerma en la muerte.
Que mi enemigo no pueda pensar que acabó conmigo, que mis adversarios no se alegren al verme vacilar.
Yo, que me confío en tu misericordia, conoceré la alegría de tu salvación, y cantaré al señor porque habrá sido bueno conmigo.
14 (13). Mundo sin Dios
Dice en su corazón el insensato: mentira Dios no existe.
Se han corrompido, cometen cosas infames, ya no hay quien haga el bien.
Todos están descarriados, todos están pervertidos, no queda ni un hombre honrado.
Dios esta con los justos.

15 (14) ¿Señor, quién entrara bajo tu tienda?


Señor, ¿Quién entrará bajo tu tienda y habitará en tu montaña santa?
Aquel que demuestra optima conducta y actúa con justicia, que dice la verdad de corazón y refrena su lengua; que no daña a su hermano
ni al prójimo molesta con agravios. Con menosprecio mira al criminal, más honra a los que temen al señor; que si bien, al jurar, se
perjudica, no niega lo que ha dicho, no facilita plata a interés ni acepta regalos en daño del inocente, quien obra así jamás vacilara

16 (15) El señor es mi parte de herencia


Guárdame, oh Dios, en ti está mi refugio, tú eres mi bien, nada hay fuera de ti.
Señor, mi parte tu eres y mi copa, tu proteges la suerte que me toca; me marcaron un sitio de delicias, magnifica yo encuentro mi
parcela.
Yo bendigo a mi Dios que me aconseja, mi conciencia me instruye aun de noche; pongo siempre al señor ante mi vista; porque a mi lado
está, jamás vacilo.
Por eso corazón y alma se alegran y mi cuerpo descansará seguro; pues tú no puedes dar mi alma al infierno ni dejar que tu amigo se
haga polvo.
Me mostraras la senda de la vida, el gozo grande que es mirar tu rostro, delicias para siempre a tu derecha.

17 (16). Clamor del inocente


Señor, escucha mis gritos, atiende a mis clamores, presta atención a mi plegaria, pues no hay engaño en mis labios.
Espero en tu sentencia porque tus ojos solo se fijan en lo correcto.
Si quieres sondear mi corazón, visítame por la noche o pruébame con fuego: no hallaras crimen en mí.
Confirma mis pasos en tus caminos para que mis pies no vacilen.
Soy yo quien te llamo, esperando tu respuesta.
Oh Dios, inclina a mí tu oído, escúchame mi ruego.
Manifiéstate, oh Dios misericordioso, que salvas a quienes confían en tu mano, frente l agresor.
Guardame como a la niña de tus ojos,
Escóndeme a la sombra de tus alas, lejos de los impíos que me acosan. Lejos de mis enfurecidos enemigos, que no entienden de razones,
sino que meditan la violencia
Lejos de mis enfurecidos enemigos, que no entienden de razones, sino que meditan la violencia.
Levántate, oh señor, hazle frente y derríbalo, que tu espalda me salve de los impíos.
Señor, acaba con ellos; que perezcan por tu mano y ya no tengan parte con los vivos.
Yo, en cambio, como justo contemplaré tu rostro y cada día, al despertar, me saciaré de tu semblante.

18 (17). Un liberador da gracias a Dios


¡Cómo te quiero, oh señor, fuerza mía!
El señor, ¡oh mi dios! eres mi roca en que me refugio, mi fortaleza, mi escudo, mi fuerza, mi libertador y mi salvador.
Invoqué al señor, tan digno de alabanza, y me salvó de mis enemigos.
La muerte me acechaba, los torrentes de Bilial me asustaban, los lazos del lugar oscuro me rodeaban, delante de mi habían preparado
trampas mortales.
En mi angustia clamé al señor, invoqué a mi Dios. Y desde su templo oyó mi voz, llego mi clamor a sus oídos.
El señor me recompensa según mis méritos y me paga conforme a la pureza de mis acciones.
Señor, tú mantienes mi lámpara encendida: mi Dios iluminas mis tinieblas.
¡Viva el señor! ¡ Bendita sea mi roca!¡Alabado sea Dios, que me salva!

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