LAS TROYANAS
Jean Paul Sartre
ESCENA I
ENTRA POSEIDON
POSEIDON: Yo, Dios del Mar, Poseidón, he dejado a mis Nereidas,y vengo a mirar llamas y copos
negros, lo que fue Troya. Febo y yo tomamos piedras y levantamos con nuestras manos los muros de
esta ciudad, Desde entonces no deje de amarla. PAUSA. MIRA LA CIUDAD. De ella, no queda nada. En
los bosques sagrados, ya no hay sacerdotes a no ser muertos. Nuestros templos sangran. Los griegos,
lo saquearon todo. Zeus, rey de los Dioses, hermano mío, sobre las gradas de tu altar han degollado a
Príamo. PAUSA. Se llevarán el botín, el oro y las joyas Esos griegos encarnizados en destruir mi ciudad
volverán a ver a sus hijos y a sus mujeres. Diez veces volvió la estación de la siembra, y seguían aquí,
envejeciendo, obstinados en no levantar el sitio.ahora, se acabó todo. Sus navíos están listos,
esperando el viento. Los troyanos han muerto. Vean aquí a las troyanas. Unas serán el lote de los jefes.
A otras las sortearán. Esa mujer que está en el suelo boca abajo es la pobre reina. Llora a su marido y a
sus hijos. Yo soy el vencido! Quién me honrará en esta tierra quemada? La mujer de mi hermano, Hera,
diosa de Argos y Palas Atenea, mi sobrina, diosa del Atica, se unieron para perder a mis hijos. Mi daño
es obra suya. Me retiro. Adiós baluartes, almenas, hermosas torres, redondas y lisas, obra mía. Adiós.
Ah! Palas, Palas Atenea, de no haber sido tan rencorosa, esta ciudad estaría aún en pie. PALAS
ATENEA ENTRA Y SE ACERCA A EL.
ESCENA II
ATENEA: Poseidón! EL LA MIRA AIRADO, DA MEDIA VUELTA Y SE DISPONE A SALIR. Espera! Dios
poderoso, todos los dioses te honran
POSEIDON: Cuando sos cortés, Atenea, desconfío de vos.
ATENEA: Si dejamos a un lado nuestros odios rancios, me querrás escuchar?
POSEIDON: Yo no...
ATENEA: Voy a hacerte una proposición que a ambos nos interesa. Se trata de Troya.
POSEIDON: Es demasiado tarde para tenerle lástima.
ATENEA: No tengo ni sombra de lástima por tu ciudad. Había decidido destruirla, está hecho, PAUSA.
Ahora, quiero castigar a los griegos. ¿Vas a ayudarme?
POSEIDON: Son tus aliados. Acabas de darles la victoria. Pasas del amor al odio caprichosamente.
ATENEA: Me ofendieron. Casandra se había refugiado en mi templo, La sacaron de él arrastrándola,
tirándola del cabello. ¿Crees que algún griego castigó o censuró esta acción? Nadie. mi templo está
ardiendo.
POSEIDON: Como el mío.
PALAS ATENEA: Como el tuyo. ¿Vas a ayudarme? POSEIDON VACILA. Regocijarías a los troyanos
muertos.
POSEIDON: No te creas que olvido mi rencor. Pero te ayudaré.
ATENEA: Recoje tus olas, amontónalas y, cuando tengan la altura de una colina que se derrumben
sobre ellos. que el mar se hunda bajo sus navíos, se ahoguen, y que Grecia aprenda a respetarme.
POSEIDON: Así se hará. Sobre las playas mis bocas vomitarán sus cadáveres. Regresa al Olimpo,
sobrina mía. Acecha. SE ALEJAN CADA UNO POR SU LADO.
(CANCION OBERTURA TROYANAS)
UNA MUJER: Qué van a hacer? Matarnos aquí mismo?
OTRA: Arrancarnos de nuestra tierra, llevarnos
por el mar?
HECUBA: No sé más que una cosa, lo peor de
seguro. HABLANDOSE A SI MISMA. Esclava. De quién? Dónde? En Argos? En Fitia? En
una isla del mar? Vieja lamentable, más muerta que viva, zángano inútil en
colmena ajena, para qué puedo servir? Estaré día y noche delante de una puerta,
o cuidaré niños, a no ser que haga el pan. Andrajo, oh triste cuerpo mío! Con
andrajos te cubrirán. Te acostarás sobre la tierra desnuda. PAUSA. Y he sido la
reina de Troya!
UNA MUJER: Si doy vueltas y vueltas a la
lanzadera, no será ya nunca sobre los telares del Ida.
OTRA: Ya no tengo familia. Ardió mi asa. Veo los
muros enrojecidos por el fuego y sé que los veo por última vez. Ay! Ay! Ay! Ay!
CORIFEO: Cállate! Conserva tu paciencia, los
peores males están por venir.
UNA MUJER: Hay males peores?
OTRA: Si. Un griego, acaso una noche, te
llevará, forzada, a su lecho.
LA PRIMERA: Maldigo desde ahora, esa noche por
el horror que oculta en su sombra!
UNA MUJER: Desarraigada, arrancada al Asia,
tendré que vivir y morir en Europa. Lo cual quiere decir, en el infierno.
OTRA: Yo puede que sea aguadora.
OTRA: Si la suerte me designara para ser sierva
en Atica, o sobre la tierra fecunda del peneo a los pies del Olimpo! Dicen que
allí es grato vivir, hasta para una esclava.
UNA MUJER: Todo antes que las orillas
aborrecidas del Eurotas. Allí vería a helena triunfante y tendría que obedecer
a Menelao, el verdugo de Troya.
HECUBA: INTENTANDO LEVANTARSE DEL SUELO EN QUE ESTÁ TENDIDA. ¡En pie! Pobre vieja,
endereza tu cuello roto. La suerte cambia. Aprende la paciencia ¿De qué sirven las penas? ¿O vivir
contra la corriente? ¡Déjate llevar! LE FALTA EL VALOR, Y VUELVE A SUS LAMENTOS. No puedo
resignarme. ¡No hay dolor en el mundo que no sea mío! Reina yo, me casé con un rey. Le di los hijos
más hermosos. La lanza griega me los mato uno tras otro. Príamo, mi marido, mi rey, yo estaba ahi
cuando lo mataron sobre las gradas del altar. Vi su garganta abierta y su sangre que brotaba de ella.
¿Llorar? Ya no tengo lágrimas. Habría que tirar este cuerpo al suelo y que sufriera su dolor sin ruido,
rodando de un flanco a otro como una barca en la tempestad. ESTA A PUNTO DE ARROJARSE AL
SUELO, PERO SE ARREPIENTE Y SE YERGUE. ¡No! Los desdichados están solos en el mundo, más
les queda una voz para cantar. Cantaré. Navíos, hermosos navíos, hace diez años, ¿a dónde iban? Iban
a buscar a la griega infiel Helena, esposa de Menelao, y llevabas la muerte a los troyanos. Navío,
hermosos navíos, Hoy, van a marcharse, y me llevaran a mí, la abuela. Con el rostro deshecho, la
cabeza rapada ¿Era preciso destruir a mi pueblo, sumir a estas mujeres en el duelo y precipitarme en la
abyección por la gloria de volver a llevar a los griegos la vergüenza de Grecia? DA UNAS CUANTAS
PALMADAS. ¡En pie! Viudas troyanas, vírgenes de Troya, novias de los muertos, miren esas piedras
que echan humo y se ennegrecen, mirenlas por última vez y lloremos sobre nuestra suerte. EL PRIMER
SEMI-CORO SALE DE LAS TIENDAS.
CORIFEO: Tus gritos, Hécuba, taladraron la tela de estas tiendas, y el miedo, destrozando nuestros
pechos, se deslizó en nuestros corazones. ¿Qué vas a decirnos?
HECUBA: Miren los navíos en la caleta.
UNA MUJER: Los griegos cargaron las velas.
OTRA: Veo hombres que llevan los remos.
TODAS: Van a marcharse.
CORIFEO: VOLVIENDOSE HACIA LAS TIENDAS Los griegos preparan su vuelta. Salgan de las tiendas,
desdichadas todas!
HECUBA¡No todas! ¡Todas menos Casandra! Impidan que salga, está loca. Ahorrenme al menos ese
colmo de la desdicha. ¡Tener que avergonzarme ante los griegos!
CORIFEO: Atención! Alguien!
ENTRA TALTHIBIOS
TALTHIBIOS: A HECUBA. Si, soy yo, Me reconoces, noble señora. A menudo, traspasé las puertas de
tu ciudad para entregar los mensajes de nuestros generales.
HECUBA: Oh, troyanas mías! Llego el momento que temía.
TALTHIBIOS: Pues si. Su suerte se ha decidido.
UNA MUJER: Adónde vamos?
TALTHIBIOS: Van a separarlas. Cada una con su amo.
OTRA MUJER: Cuáles serán los amos?
OTRA MUJER: hay una entre nosotras, sólo una que tenga un poco de suerte?
TALTHIBIOS: Vine para responderles. Pero no pregunten todo a la vez.
HECUBA: Está bien. PAUSA. Casandra?
Talthibios: Precisamente, está entre las más afortunadas. Agamenón quiere a tu hija.
HECUBA: Servirá a Clitemnestra! Qué asco!
TALTHIBIOS: Nada de eso! El Rey de reyes la toma por concubina.
TALTHIBIOS: Digamos que habrá matrimonio... pero secreto.
HECUBA: Ya veo. Sabes que pertenece al Sol. A él solo y que el exige que permanezca virgen.
TALTHIBIOS: Precisamente! Lo que atrae en ella al rey de los Griegos es su virginidad sagrada de
profetisa. Compartir el lecho de un gran rey no está tan mal, después de todo.
HECUBA: Y Andrómaca?
TALTHIBIOS: La mujer de Héctor, claro está, es bocado selecto. Se la adjudican al hijo de Aquiles.
HECUBA: Y yo? de qué puedo servir? Quién me va a querer?
TALTHIBIOS: Ulises. Serás esclava en su casa.
HECUBA: No! No! Con él, no. Ese perro! Le escupo!. Ulises! Troyanas, lloren por su reina. La más
desdichada soy yo!
CORO DE MUJERES TROYANAS: A TALTHIBIOS. Y nosotras? Y nosotras? Qué va a ser de nosotras?
TALTHIBIOS: La pesca menuda, la echarán a suertes. Qué es eso? La tienda está roja. Comprendo que
un corazón libre no acepte fácilmente la desdicha, pero no quiero suicidios!
MUJER: No hay incendio. Es Casandra, la loca.
ESCENA V
DICHOS Y CASANDRA.
CASANDRA: Llama, llama ligera, danza, viva y sagrada, yergue tu orgullo bajo el cielo negro, Himen,
Himeneo! Bendito el esposo! Y a mí, Virgen del Sol, futura esposa de un gran rey, a mí, oh Dioses,
bendiganme! A HECUBA. Toma la antorcha, madre, guía el cortejo. Qué sucede? A quién lloras? Ah,
si!... Mi padre, mis hermanos... Demasiado tarde... Voy a casarme. Gozo, gozo! Lágrimas de alegría!
Toma! LE OFRECE LA ANTORCHA. No quieres?... Está bien. Yo llevaré el fuego. Himen, Himeneo!
Reina de la noche, inflama tus estrellas! Hacen falta mil soles para alumbrarme cuando entre, Virgen
sagrada, en el lecho de un enemigo. Salta, llama. Más alto, más alto, hasta el cielo. Y tú, madre entra
en la danza!. Troyanas, dónde están sus vestidos de fiesta? Hay que gritar de gozo! Iiú, Iiú! Canten
conmigo, canten! Iiú, Iiú!
CORIFEO: Deténgala, reina! Deténgala! Si no, va a caer de un salto en el lecho de un griego.
HECUBA: Dame esa antorcha, hija! No la llevas bien alta.
CORO DE TROYANAS: Delira. La desdicha no le devolvio la razón.
CASANDRA: Me creen loca! Escuchame, madre. Tenes que alegrarte,empujarme a los brazos de
Agamenón, que me lleve a Argos. Ahi, nuestro gran lecho nupcial será su lecho de muerte. Helena mato
a millares de griegos. Casandra será su plaga. El gran rey, el buen rey va a reventar por causa mía.
Arruinaré su raza. Como él arruino la nuestra. Deja de llorar. ¡Ha llegado el momento de reír! mi padre y
mis hermanos serán vengados!
HECUBA: Hija mía, pobre esclava sin fuerza, cómo vas a poder...
CASANDRA: El hacha! Así! En pleno cráneo! No estará en mis manos, pero te aseguro que sangrará.
Oh, el Rey de reyes cómo va a sangrar! CON ALEGRIA. A mí me cortarán el cuello. Himen! Himeneo!
CORO DE MUJERES: Casandra, cállate! Nos avergüenzas! Tu madre se avergüenza! Delante de los
vencedores, no!
CASANDRA: A HECUBA. No llores. Los griegos tienen la victoria. Y qué? Vencida, ardiendo, humillada,
la mejor parte le tocó a Troya. En esta llanura, nuestros enemigos cayeron a millares. Murieron por
nada, en el extranjero, sin volver a ver a sus hijos ni a sus padres, esos viejos cobardes que no
supieron impedirles marchar. No hay tumbas para los griegos! La tierra troyana se los trago en revoltijo
y sus mujeres nunca encontraran sus huesos Miserables! Tragados por la tierra, no enterrados, no son
ni siquiera sombras. Aquí los roen los piojos, en sus casas, el olvido. Olvidados ja, ja! Anonadados. En
cuanto a los vivos, Famosa expedición! Para dar caza a una sola infiel, dejaron a sus mujeres durante
diez años. Y el adulterio se instalo, tranquilo, en todas las casas de Grecia. A TALTHIBIOS. A eso
llamas, según creo, ganar la guerra. Nosotros la hemos perdido, más yo no me avergüenzo. No hay uno
de nuestros muertos que no haya caído sobre nuestro suelo defendiendo nuestra ciudad. Mientras
vivieron, cada noche, después de los duros combates del día, volvían a nosotras. Cuando vuestras
lanzas los atravesaban, manos piadosas recogían sus cuerpos en el campo de batalla. Están
enterrados aquí mismo, todos, con todos los honores en la tierra de sus antepasados. Gloria a los
defensores de la patria! Pero los otros, los conquistadores, los que hacen una guerra sucia y en ella
mueren, su muerte es aún más necia que su vida. A LAS TROYANAS. Levanten la cabeza, orgullosas.
Déjenme a mí el cuidado de vengar a nuestros hombres,
UNA MUJER: Quisiera creerte, Casandra! Te envidio esa risa de loca, ese aire de desafío. Pero,
míranos, mírate! Cantas, gritas, y después? No son más que palabras.
TALTHIBIOS: Palabras que le costarían caro si no hubiese perdido la razón.. Ea, hermosa novia, veni,
sígueme! Ríe, llora o rezonga. Ya oíste lo que dicen tus compañeras. Palabras! Nada más que palabras.
A HECUBA. Prepárate, vengo a buscarte en cuanto Ulises me dé la orden. Allá tendrás un buen puesto.
Serás criada
CASANDRA: Criada? Sabes de qué estás hablando? Mi Madre no va a ir a ningún lado. Apolo me dice
que morirá aca. En cuanto al sabio Ulises, el pobre hombre no sabe lo que le espera, antes de volver a
encontrar su tierra. Diez años! Diez años parecidos a los que acabamos de vivir llenos de barro, llenos
de sangre, le esperan en el mar. Lo que va a sufrir! Más de una vez, se los juro, troyanas, envidiará
nuesrtas desdichas. P Para qué hablar de Ulises? A mí qué me importa? A TALTHIBIOS. Qué esperas?
Tengo ansia de unirme con mi prometido para lo mejor y para lo peor. No! Siempre para lo peor.
(CANCION)
SE VA. HECUBA CAE AL SUELO.
ESCENA VI
HECUBA Y EL CORO.
EL CORIFEO: Hécuba! Cayó sin un grito. ¿Van a abandonarla? Sigue siendo la Reina. ¡Levantenla! LAS
MUJERES LA LEVANTAN.
HECUBA: No deseaba su ayuda y no les doy las gracias. Quería desposarme con la tierra
estrechamente y confundirme con su incosciencia inerte. Porque somos inertes, comprenden? Ya no
podemos nada sino esperar y sufrir.
EL CORO: Reina, imploremos a los dioses!
HECUBA: FEROZ. No! Son aliados dudosos. Callemos.
EL CORO: Nos da miedo el silencio.
HECUBA: Entonces dejen de lamentarse, y recordemos nuestro último día de felicidad.
EL CORO: CON VOCES ALTERNADAS.
MUJER 1: Nuestro último día de felicidad fue para Troya el comienzo de la muerte.
MUJER 2: Aquella mañana, desde lo alto de los baluartes vi la playa y el mar desiertos hasta perderse
de vista.
MUJER 3: Los griegos habían quemado sus tiendas, su flota había desaparecido. Solo, en el centro de
la llanura, había un gran caballo montado sobre cuatro ruedas, un caballo de madera cuyos arneses de
oro centelleaban.
MUJER 4: Todo el pueblo troyano en pie, sobre la roca de la ciudadela, gritaba: “Se acabó, se
marcharon. Los griegos levantaron el sitio. Pasó el tiempo de nuestras pruebas. Izen el ídolo de madera
sobre nuestra Acrópolis! Se la consagraremos a palas Atenea, la noble hija de Zeus, que nos ha
perdonado”.
MUJER 5: Todos gritaban y cantaban. Nos abrazábamos en las calles, ancianos y vírgenes, en los
umbrales de las puertas preguntaban: Qué sucede? Y nosotros respondíamos: “Sucede que es la paz”.
MUJER 6: Rodearon de cuerdas al ídolo para halarle hasta el templo de Atenea. Yo trabajé como los
demás. Tiré, empujé, sudé.
MUJER 7: El trabajo dio fin al acabar el día y cantamos victoria en la noche al son de las flautas lidias.
Después, una tras otra, se apagaron, en las casas, las deslumbrantes lámparas, las humeantes
antorchas en las calles.
MUJER 8: Nosotras, agotadas por el gozo, seguíamos cantando en la oscuridad, casi en voz baja: “Es
la paz, la paz!”Así pasó el último día de Troya, nuestro último día de felicidad.
EL CORIFEO: No hay mentira peor que la felicidad!. Era medianoche, las casas zumbaban aún con
nuestros cantos, cuando, desde la cima de la ciudad alta hasta las últimas casuchas del bajo arrabal,
se derramó el grito de muerte. Era la guerra, y atenea no había perdonado nada. Los griegos, saliendo
de su escondite, degollaban a nuestros hombres y a todos nuestros niños. Terminó nuestro último día
de dicha, empezaba nuestro primer día de muerte.
EL CORIFEO:Miren. Un carro! HECUBA QUEDA INMOVIL.
ESCENA VII
HECUBA, EL CORO, ANDROMACA, UNA MUJER
UNA MUJER: Mira, mira. Es Andrómaca, tu nuera, la mujer de tu hijo Héctor.
OTRA MUJER: Trae en sus brazos a Astianax. A ANDROMACA. ¿A dónde lo llevas?
ANDOMACA: A casa de mi amo. HECUBA ACABA POR VOLVERSE, MIRA A ANDROMACA SIN
CARIÑO Y VE A ASTIANAX.
HECUBA: Desdicha! Oh, desdicha!
ANDROMACA: Por qué gemis? Esta desdicha es MIA.
HECUBA: Es nuestra!
ANDOMACA: No.
HECUBA: No son mis hijos?
ANDROMACA: Lo éramos.
HECUBA: Llevo luto por todos mis hijos.
ANDROMACA: Yo sólo por Héctor.
HECUBA: Lloro por nuestra ciudad que arde.
ANDROMACA: Lloro por la ciudad de Héctor.
HECUBA: Por nuestra casa real.
ANDROMACA: Sobre la casa donde me hice mujer, donde di luz a Astianax.
HECUBA: Arde, se quemo, se hunde, todo va a hundirse.
ANDROMACA: Por culpa tuya. Tú diste a luz a Paris, el aventurero. Los Dioses sabían que era un
monstruo. Te dieron orden de matarlo. No lo hiciste. Este es tu castigo. Y nosotros, los incocentes, sin
tener arte ni parte en tu falta, lo compartimos el castigo. Tu hijo ha hecho caer a Troya.
HECUBA: ANONADADA, ESCONDE EL ROSTRO ENTRE LAS MANOS. Príamo, esposo mío sal del
Hades! Dile a Andrómaca que miente! Ven a protegerme!
ANDOMACA: Héctor, mi hombre, el de los brazos poderosos, que te has sacrificado para nada, noble
víctima de los crímenes de tu hermano, ven a salvarme o a vengarme. LOGRA DOMINARSE. CON MAS
SUAVIDAD, PERO SIN CARIÑO. Vieja, no te quería porque no siempre fuiste buena para mí. Pero te
compadezco de todo corazón. PAUSA. Hector ha muerto. Y es más feliz que yo que vivo.
HECUBA: Hija mía, qué decis? Bien sabes, la muerte es el vacío. En la vida más miserable, al menos
queda la esperanza.
ANDROMACA: ¡ No. Ya no hay esperanza. La muerte es el vacío, la calma eterna. Yo, sufro y lo sé... Me
dediqué a cumplir perfectamente mi papel de mujer y de madre. A nosotras, hagamos lo que hagamos
si nos encuentran fuera de nuestras casas, damos ocasión a la maledicencia. Por eso, nunca salí de mi
casa. Nunca ha resonado dentro de sus paredes el vano charloteo femenino. Ojos tranquilos, presencia
silenciosa. Cuando era necesario, sabía dejarme vencer. Es que no deseaba otra cosa que la dicha,
para él y para mí la fama de esposa perfecta. Ay, lo que fue mi gloria es hoy mi perdición! El rumor de
mis virtudes llego hasta los griegos. El asesino de Héctor deja un hijo, que me reclama para su lecho.
No quiero! No quiero que el rostro amado se borre de mi memoria! Dicen que una sola noche de placer
basta para domar a una mujer. Tendré que despreciarme a mí misma? Que ir a mendigar las caricias de
mi nuevo marido? Héctor, te amaba, te amo. No conocí más hombre que vos.. Impedime gemir bajo
otras manos.A HECUBA. Embustera! La vida, decis vos, es la esperanza? Mírame... yo vivo y la
esperanza ha muerto porque sé lo que me espera.
EL CORIFEO: Tú eres princesa, pero nosotros somos tus semejantes. Pintando tu desdicha haces que
sienta mejor la mía. ¡Ay de mí!
HECUBA: hija mía, tu llanto no lo hará revivir. Olvídate. Con las mismas virtudes que en vos amara, y de
las cuales estás tan orgullosa, procura agradar a tu nuevo marido.
ANDROMACA: vos la madre de Héctor, me das ese consejo de tercera? Qué asco!
HECUBA: Hácelo por tu hijo, por Astianax, hijo de mi hijo, príncipe de Troya, último de su raza, para
que un día por él y por sus hijos esta ciudad muerta renazca y nos vengue. El destino de nuestra familia
está en tus manos. ENTRA TALTHIBIOS.
ESCENA VIII
DICHOS Y TALTHIBIOS.
TALTHIBIOS: SE ACERCA A ANDROMACA. No me odies.
ANDROMACA: Qué?
TALTHIBIOS: Con pena te comunico las nuevas decisiones de mis amos.Tu hijo...
ANDROMACA: Nos separan?
TALTHIBIOS: en cierto modo...si.
ANDROMACA: No tendremos el mismo dueño?
TALTHIBIOS: no quiero hacerte sufrir.
ANDROMACA: No necesito tus pudores.
TALTHIBIOS: Van a matarlo. PAUSA. ANDORMACA ABRAZA ESTRECHAMENTE A SU HIJO Y LE
MIRA. TALTHIBIOS CONTINUA CON PRECIPITACION. Es Ulises. Ha dicho ante la asamblea de los
griegos: “Si dejamos con vida al hijo del poderoso Héctor, vamos al encuentro de grandes
dificultades”. La Asamblea le dio la razón. PAUSA. No lo abraces tan fuerte. Dámelo. ELLA SE RESISTE
Y SE APARTA. Vamos! Dámelo. Qué podes hacer? Tu ciudad, tu marido desaparecieron de la tierra.
¿Crees que el ejército griego no es capaz de arreglarselas con una mujer? Inclínate ante las órdenes.
Sé digna en la desdicha.Escucha: No traigas sobre ti el odio o, ¿quién sabe?, la vergüenza. Si irritas a
los militares, dejarán su cadáver a los buitres. Si cedes, tal vez te permitan enterrarlo,
ANDOMACA: No lo toques! Chiquillo mío! Me vas a dejar, vas a morir. ¿Sabes por qué? Tu padre era
demasiado grande, sus virtudes serán la causa de tu muerte.
(CANCION)
SE LLEVAN A ANDROMACA.
ESCENA IX
HECUBA. EL CORO. AMANECE.
EL CORO: PASADO ALGUN TIEMPO.
MUJER 1: La aurora! Por segunda vez ilumina nuestra ciudad que arde. Por segunda vez, alumbra
sobre nuestras orillas a invasores venidos de Grecia para destrozar nuestro país.
MUJER 2: La primera vez... hace largo, largo tiempo! Telamón reinaba en Salamina. Es una isla del mar
en la que zumban las abejas. Frente a Atenas, la ciudad de palas, que reluce como aceite al sol, la isla
se inclina suavemente hacia las santas colinas del Atica donde Palas Atenea un día, hizo aparecer la
primera rama de olivo.
MUJER 3: De allí partieron la primera vez para arrasar nuestra ciudad y colonizar el Asia. Ya nos
envidiaban nuestras mieses, las gentes de Europa ya le tenían odio a nuestra raza y nos llamaban
salvajes, ellos, los implacables.
MUJER 4: Ya una vez, su flota ancló en nuestras ensenadas. Ya una vez, ardieron nuestros muros. El
rey de Troya cayó bajo sus golpes. Se marcharon, sin embargo, sin conquistar nuestras provincias.
MUJER 5: Es que en aquel tiempo, los Dioses nos amaban. Eros, dulce tirano de los hombres y del
cielo, entonces, tú nos ayudabas. Inflamaste a la Aurora, la de las alas blancas y ella, loca de amor por
uno de los nuestros, por Titón, hermano de nuestro rey muerto, hízole compartir su lecho y su
inmortalidad.
MUJER 6: Zeus, enamorado, hizo su miñón del lindo Ganímedes mancebo troyano. Pronto volvieron a
levantarse nuestras murallas. Pronto volvió nuestra prosperidad porque los Dioses nos bendecían.
MUJER 7: Aurora, dulce Aurora, ahí estás como ayer y como mañana, ligera y alegre. Los griegos han
vuelto, nuestras casas arden. Han muerto nuestros hombres. En torno de las fosas donde se han
enterrado sus cuerpos, nosotras damos vueltas, pajarracos de luto. Mas tu hermosa luz serena
acaricia, amable, los escombros y los charcos de sangre.
MUJER 8: Titón, hijo de Troya, dónde estás? Sin duda, sentado junto a ella en su carro de Diosa como
corresponde a un esposo. A qué esperas? Sálvanos! PAUSA.
MUJER 9: Nada. La otra vez, sin embargo, nos ayudaste. Es que, entonces, eras un Dios nuevecito que
habías entrado la víspera en la eternidad. Ahora ya te has acostumbrado a ella, y miras nuestra
desdicha con la calma implacable de los inmortales.
MUJER 10: Y tú, lindo Ganímedes, con pasitos menudos, llevas las ánforas a tu Señor y escancias el
vino en su copa de oro. Estás muy ocupado, no es cierto? Para lanzas una mirada a la Tierra.
GRITANDO. Tu raza va a desaparecer. Ahora mismo están matando a Astianax. Titón! Ganímedes!
Socorro! PAUSA. Así es. El Alba está horriblemente hermosa, y los Dioses nos han abandonado. SE
DEJAN CAER AL SUELO. ENTRA MENEALAO.
ESCENA X
DICHOS, MENEALO, DESPUES, HELENA.
MENELAO: Qué hermoso día! Oh, Sol, ilumina con tu lumbre este bendito día en que a mis brazos
vuelve mi infiel esposa Helena. Al fin! Es preciso decirles que soy el rey Menelao, muy conocido por su
desdicha. Muchos piensan que sólo por esa mujer desencadene esta guerra. No es exacto. Fue para
vengarme de ese huésped traidor que como un ladrón me la arrebató del palacio. Paris, quien, gracias
a los Dioses, sufrió ya el castigo. A su ciudad también la he castigado. En cuanto a... la griega... – su
nombre se me queda en la garganta y he pasado diez años sin poder pronunciarle – Decidí llevármela,
quiero tenerla en mi poder durante algún tiempo. Después de la travesía, se la entregaré a las viudas, a
los huérfanos, a las madres desoladas de los griegos que cayeron en la tierra bárbara. Lapidada! Así
terminará.
HECUBA: Al fin! Vos el desconocido, el incognoscible, el omnipresente, Zeus, seas quien seas. Creo en
tu justicia, creo que castigas a los malvados.
MENELAO: ¿Quién sos?
HECUBA: Hécuba, reina de Troya.
MENELAO: Te reconozco.
HECUBA: Queres matar a Helena. ?
MENELAO: Si, quiero.
HECUBA; ¿Quieres matarla, te he oído bien?
MENELAO: Claro que si!
HECUBA: Entonces digo que Zeus es justo y que haces bien. Pero no la mires! Por sus bellos ojos de
muerte aún no han terminado de matarse los hombres ni de arder las ciudades. HELENA SALE DE LA
TIENDA. Vete sin mirarla. Menealao, volverá a apoderarse de ti!
MENELAO: Ja! Ja! SE VUELVE Y VA A HELENA. Sueltenla.
HELENA: hacía falta usar de violencia, oh, rey, esposo mío! Para traerme a ti? Te había visto. Venía
corriendo. Pienso que me odias. Y yo, te estaba esperando. No cambiaste. PAUSA. Puedo hacerte una
pregunta? Qué van a hacer de mí?
MENELAO: Lo que yo quiera. El Ejército me da a elegir. Elegí la muerte.
HELENA: Está bien. Pero antes, déjame explicarte.
MENELAO: No explicarás nada. Morirás, eso es todo.
HELENA: Te da miedo oírme?
MENELAO: Tú eres quien va a tener miedo. Muchísimo miedo.
HECUBA: Ea! El mal está hecho. La has visto. Ahora que hable, ya que tiene empeño, pero le
responderé yo. La obligaré a tragarse sus argumentaciones y te volveré el valor de ejecutarla.
CANCIÓN HELENA Y MENELAO
HELENA: VA A COLOCARSE FRENTE A MENELAO. No apartes la vista. Mírame. Tene el valor de mirar
a tu víctima. Sabes que sería un crimen matarme? Tú crees que soy tu enemiga. No, Estoy muy lejos de
odiarte. Si supieses! Adivino las acusaciones que hacen contra mí, y quiero responder a ellas, punto
por punto. Queres una culpable? Ahí tenes a la vieja. Ella es la causa primera de este enredo. Paris
salió de su vientre. Los Dioses habían previsto que ese rufián engendraría una guerra... Y qué guerra! Y
le ordenaron matarlo. Lo hizo? No. Paris a los veinte años sube al monte Ida. Encuentra allí a tres
Diosas que le toman por árbitro. “Cuál de nosotras es la más bella?” Sabes que le ofreció Atenea para
comprar su juicio? La Grecia, Y Hera? “Si gano, tendrás el Asia entera y los confines de Europa”.
Cypris en caso de victoria, le prometió entregarme a mi. Me describió. Ganó. Qué suerte para ustedes!
Si hubiera preferido a una de las otras dos Diosas, un ejército troyano hubiese destrozado a Grecia. o
estaríais bajo el yugo de un Asiático. Deberían coronarme de laureles. Gracias a mí, Troya no será un
estorbo. En este negocio, la víctima soy yo. Cypris ha traficado conmigo.
MENELAO: Por qué te marchaste, mujer indigna?
HELENA: Pero, querido mío, si el que se marchó fuiste vos! Oh, el más inconsciente de los maridos! me
dejaste a solas con tu huésped, aquel maldito.
MENELAO: No sé quien te impedía resistir.
HELENA: Yo, simple mortal, resistir a la diosa Afrodita? Por qué me marché? Eso me he preguntado
muchas veces. Y la respuesta siempre ha sido igual: “No lo sé. Fue otra la que huyó con Paris”. Era yo
y no era yo. Ella estaba escondida en tu palacio, invisible, detrás de Paris. Sencillamente me llevó.
Pero, escucha: apenas el murió, hice lo imposible por ir a reunirme con vos. De noche, subía a la
muralla y ataba cuerdas a las almenas. Los centinelas pudieran dar fe porque ay de mí! Siempre me
detuvieron. Esa es mi triste historia. Soy presa del Destino! Raptada, casada a la fuerza con un hombre
detestado, retenida a pesar mío en una ciudad extranjera. He salvado a mi patria al precio de mi honor
y, en ella, me esperan para lapidarme. Odiada por los griegos, detestada por los troyanos. Estoy sola
en el mundo, nadie me comprende. Di, esposo mío, tienes de veras derecho a hacer que me maten?
EL CORO: Esta mujer es peligrosa. Obra mal y habla demasiado bien. Destruye el efecto de sus bellos
discursos.
HECUBA: Quieres hacernos creer que las diosas son mozas locas de su cuerpo como tú? Presta, si
quieres, a los Dioses todos los vicios. No nos impedirás con ello ver el tuyo que salta a los ojos.
Afrodita iba a entrar en el palacio de Menelao detrás de los talones de mi hijo? Y quieres que te crean!
Cuando todos sabemos que le bastaba un gesto, sin moverse del Cielo, para transportarte a nuestro
suelo a ti y a tu ciudad entera contigo ¿Quieres saber la verdad, rey Menelao? mi hijo era hermoso.
Cuando los seres humanos enloquecen de amor, no se dan cuenta de su locura, y le dan el nombre de
Afrodita. A HELENA. Vivías mezquinamente, no? Tú soñabas con lujo. Querías fornicar todas las
noches y tirar oro todos los días por todas las ventanas. De veras te raptaron? Paris te arrebató a la
fuerza? Vamos!...se hubiera sabido! Porque hubieras gritado, supongo. Quién te oyó gritar? Así, pues,
desembarcas clandestinamente y de buen grado en Troya. Los griegos que siguen tus huellas,
desembarcan detrás de ti, y es la guerra. Cien veces fui a buscarte y te dije: “Vete, mi hijo se volverá a
casar. Vete, vuelve con los griegos, nos devolverás la paz a unos y a otros ya que por ti hacemos la
guerra. Vete. Yo te ayudaré, te haré conducir en secreto a sus navíos”. Tales propuestas, hija mía, te
agradaban poco. Querías sentir sobre ti las ardientes miradas de nuestros hombres, y que toda la Corte
del rey Príamo se prosternara ante tu belleza. Ved esa túnica, esos adornos, esos afeites! Has sacado
todos tus hechizos para seducir a tu pobre marido. Debiste arrastrarte a sus pies, basura, humilde,
vestida de andrajos, muerta de miedo afeitado el cabello! Ten valor, Menelao! No habrá victoria para los
griegos mientras no la hayas ejecutado. Ese es tu deber!
EL CORO: Si vacilas, tus antepasados te maldecirán, la Grecia te echará en cara tu flaqueza. Sé fuerte,
sé noble, castígala.
MENELAO: Salió de mi palacio por su voluntad. Afrodita no tiene nada que ver en este asunto. Vas a
morir inmediatamente para que aprendas a no volver a deshonrarme.
HELENA: Menelao, esposo mío querido, mi Rey, perdóname
MENELAO: Que la hagan subir a mi barco.
HECUBA: Querías matarla aquí, ahora mismo.
MENELAO: Vuelvo a mi decisión primera. Es más conveniente que muera en Grecia. SE LLEVAN A
HELENA.
HECUBA: En Grecia, sea. Pero que no vaya en tu navío!
MENELAO: Por qué no? Tan pesada se ha puesto en diez años?
HECUBA: Hasta cuando cree su corazón muerto no hay amante que no siga amando, no hay amante
que deje de amar.
MENELAO: Vieja, seguiré tu consejo, es prudente. Embarcará en otro navío. Y morirá, esta miserable!
Ojalá su castigo impresione a todas las mujeres. Se las enseñará a ser honestas por el terror. SE
MARCHA.
ESCENA XI
EL CORO, HECUBA, DESPUES TALTHIBIOS CON EL CADAVER DE ASTIANAX.
EL CORO: Crees que va a matarla?
HECUBA: Una probabilidad entre dos.
EL CORO: VOLVIENDOSE. Miren! Bribón, embustero, cobarde! Sube en su barco, se reúne con ella.
Todo está perdido!
HECUBA: Zeus, te he creído justo, soy loca. Perdóname. La amargura de nuestros muertos no se
endulzará. Se amontonan en la playa, invisibles, ven cómo se embarca, triunfante, Helena, la peste roja,
y saben, ahora, que Nuestros guerreros murieron para nada.
EL CORO:
MUJER 1: Para nada, helena volverá a ver Esparta. Reinará. El crimen trae cuenta. Zeus, has entregado
a los griegos nuestros templos, nuestros altares de ligero perfume, nuestra ciudad rica y piadosa que te
honraba, nuestros campos fecundos, nuestros puertos, los torrentes helados que se despeñaban del
monte Ida, cima gloriosa que vibra todas las mañanas bajo los primeros rayos del sol.
MUJER 2: Somos inocentes y tú nos dejas sufrir, para nada mientras helena se embarca con menelao y
va a reinar en Esparta. El crimen trae cuenta. Tú, prescindirás de nuestros sacrificios, rey de los dioses,
y te burlas de ellos.
MUJER 3: No volverás a oírnos cantar tu gloria, no volverás a respirar el buen olor de nuestros
panecillos sagrados.
MUJER 4: Tus estatuas de madera y de oro que brillaban bajo la luna llena, están ardiendo, y tú, desde
lo alto del cielo, contemplas con la misma mirada impasible hundirse la ciudad que te honraba y a
menelao que se lleva a la griega cuyo impudor debería ofenderte.
MUJER 5: Desatan las jarcias, nuestros hombres han muerto en vano. Helena embarca, reinará sobre
Esparta, el crimen trae cuenta.
MUJER 6: Tú a quien yo amaba, mi hombre, padre de mis hijos, vagarás entre estas piedras, inquieto,
solitario, helado por la angustia de los muertos sin sepultura.
MUJER 7: Me llevan lejos de ti, hacia Argos, hacia Tirinto, las ciudades ciclópeas que alzan contra el
cielo sus espesos muros de noche.
MUJER 8: Escucha: nos separan, nuestros hijos gritan: “madre, madre, dónde estás? Me llevan
arrastrando hacia un barco negro”.
MUJER 9: Esposo amado, has sufrido y sigues sufriendo. Por nada, querido muerto mío, por nada!
MUJER 10: El navío de Menelao se hace a la vela, Helena reinará a bordo. A nosotras nos apalearán,
nos violarán, nos esclavizarán, más a ella, la muy honorable señora, la casta esposa de Menelao, le
traen sus cofres, saca de ellos espejos de oro y, en ellos, se mira complacida siempre maravillada de
ser tan hermosa. El crimen trae cuenta.
HECUBA; Buen viaje, Helena! Buena vuelta y revienta en el camino! Y tú, Menelao, cornudo magnífico,
revienta también! Que las bocas del agua los traguen a los dos y los arrojen, ahogados sobre una playa
de tu patria querida.
TALTHIBIOS: ENTRA. Hum!
EL CORO: Ay de nosotras! Ay! Ay! Ay! He aquí el cadáver del niño Astianax... Le han lanzado como un
disco desde lo alto de las torres.
TALTHIBIOS: Hécuba, todos nuestros barcos se han hecho a la mar, excepto uno, que te espera con el
resto del botín.
HECUBA: Y Andrómaca?
TALTHIBIOS: Ella antes de embarcar, fue a recogerse sobre la tumba de Héctor. Muy conmovedor. Ya
lo ves. Aun tengo los ojos mojados. En su bondad, Neptolemo permitio que den sepultura al niño
muerto. Tengo orden de entregarte este cuerpo, Tómale en tus brazos. Preparalo para la ceremonia,
pero de prisa!Para ganar tiempo, lavé sus heridas. Todavía sangran un poco, pero pronto se detendrá
la sangre. Apresúrate! Nosotros vamos a cavar su tumba cerca de aquí. Si aunamos nuestros
esfuerzos, el barco podrá salir pronto y, al fin, volveré a ver mi patria querida.
MÚSICA SOBRE TEXTO HECUBA
HECUBA: Colocad sobre nuestro suelo ese escudo redondo. Arma de acero bruñido, deslumbrante al
sol, que protegía la vida de un héroe, te hundirás en las tinieblas de la tierra y serás para siempre negro
ataúd de un niño. PAUSA. TOMA EN SUS BRAZOS EL CUERPO DE ASTIANAX. Griegos vanidosos,
embriagados con vuestras proezas, hoy no debéis estar demasiado orgullosos. Quedaba un niño, uno
sólo, sin fuerzas y que apenas sabía hablar! Os dio miedo y perdisteis la cabeza. Temisteis en verdad,
que levantase a Troya de sus ruinas? Si así fue, es que vuestro poder declina! Aquí, sobre esta tierra
muerta, en medio de las columnas muertas quedará una tumba con este epitafio: “Yace aquí,
asesinado, el niño que aterró a Grecia”. SE INCLINA SOBRE ASTIANAX. Querido mío! No habrás
conocido ni la fuerza de la adolescencia, ni el amor, ni la realeza que nos iguala a los Dioses, no habrás
tenido el privilegio de caer en la fuerza de la edad, con el arma en la mano, ante nuestros baluartes. Si
la felicidad existe, a mano la tenías. Y, sin embargo, de los bienes del mundo, almita confusa, indecisa,
no tienes ni siquiera un recuerdo... Ni una sola victoria en tirar al arco o en las carreras de carros, has
muerto sin haber vivido. Pobre cabeza, las piedras de nuestros viejos muros la han roto, arrancado sus
rizos que su madre se complacía en enredar entre sus dedos. Odio el rojo rebrillar de la sangre que
brota de tu cráneao hecho pedazos! Tus manos. Siempre decía yo: “Tendrá las manos mismas de su
padre”, inertes, dislocadas, no volverán nunca a ser manos. De noche entraba yo en tu cámara a
mirarte dormir. Tantas preocupaciones, tantos cuidados para nada, siempre para nada. Recuerdas, el
año pasado? Estuviste muy enfermo y te curé. Te ahorré una muerte casual, conservándote para esta
muerte innoble! Mujeres, id a buscar en las tiendas lo poco que aún poseemos para adornar este pobre
cuerpo. UNAS CUANTAS MUJERES ENTRAN EN LAS TIENDAS. HECUBA TIENDE A ASTIANAX
SOBRE EL ESCUDO. Y yo que creía en la felicidad! La fortuna está ebria, titubea, tropieza con uno, con
otro, nunca se está quieta. Preciso es que un ser humano esté loco para decir que es feliz antes del
último minuto de su último día. LAS MUJERES VUELVEN CON LOS ORNAMENTOS FUNEBRES. Voy a
vendar tus heridas. Triste médico que no cura, tu padre se encargará de lo demás en la morada de los
muertos. A LAS MUJERES. Qué habéis encontrado?
UNA MUJER: Estos pocos velos.
HECUBA: Bastarán. Los muertos se burlan de las ricas ofrendas, son la vanagloria de los vivos. LOS
SOLDADOS SE LLEVAN EL CADAVER EN EL ESCUDO. HECUBA SE CONTIENE. Adiós! AL VERLE
DESAPARECER, NUEVA EXPLOSION, BRUSCA. Siempre me aborrecisteis, Dioses salvajes. Troya os
era odiosa entre todas las ciudades, os honrábamos, os ofrecíamos los sacrificios, ritualmente. En
vano. Hoy, sufrimos en el infierno, y vosotros reís en vuestro cielo. Pero os equivocasteis, Inmortales.
Debierais habernos destruido con un temblor de tierra. Y nadie hubiese hablado de nosotros! Hemos
tenido diez años en guerra y morimos, vencidos por un ardid innoble. Dentro de dos mil años, nuestro
nombre seguirá estando en todas las bocas. Reconocerán nuestra gloria y vuestra estúpida injusticia. Y
no podréis hacer nada, Olímpicos! Porque habréis muerto desde hace mucho tiempo como nosotros.
Qué haceis? No me enviáis un rayo? PAUSA. Cobardes!
EL CORIFEO: Calla! Te lo suplicamos. Vas a traer sobre nosotros nuevas desdichas. Ahí están! Veo
fuego por todas partes. Qué es esto? ENTRA TALTHIBIOS.
TALTHIBIOS: He dado orden a los oficiales de terminar la obra y de incendiar todo lo que aún quede en
pie. Vosotras, mujeres, en cuanto oigáis sonar la trompeta, dirigíos a la playa, será la señal de la
partida. ENTRAN ALGUNOS SOLDADOS. Ulises envía estos hombres a buscarte, Hécuba. Síguelos,
pobre vieja.
DETIENEN A HECUBA.
HECUBA: Llevadnos perros, tirad de nosotras. Arrastradnos a la fuerza. De grado, no iremos hacia el
destierro y la esclavitud
(CANCION FINAL)
ESCENA ULTIMA
POSEIDON: APARECE Y SE QUEDA MIRANDO A LAS CAUTIVAS A QUIENES EMPUJAN HACIA LA
PLAYA. Hécuba, infeliz, no! Tú no irás a morir en la tierra de tus enemigos. Ahora mismo, cuando te
embarquen, caerás en mi reino, el mar, donde soy el único dueño. Y te convertiré en roca cerca de tu
suelo. Mis olas se romperán contra ti, y repetirán noche y día tu queja innumerable. LLAMA. Palas,
Palas Atenea! Manos a la obra! UN RELAMPAGO EN EL CIELO. PASA UN POCO DE TIEMPO. Ahora
váis a pagar. Haced la guerra, mortales imbéciles. Destrozad los campos y las ciudades. Violad los
templos, los sepulcros, y torturad a los vencidos. Haciéndolo así, reventaréis. Todos.