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El documento cuenta la historia de Yulia, una chica que termina su relación con Lena después de una traición. Yulia decide irse a Londres para estudiar y alejarse de los recuerdos. Más tarde, en un bar, Yulia se encuentra con el chico que besó a Lena y lo ataca, lo que resulta en una pelea fuera del bar donde es golpeada.

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El documento cuenta la historia de Yulia, una chica que termina su relación con Lena después de una traición. Yulia decide irse a Londres para estudiar y alejarse de los recuerdos. Más tarde, en un bar, Yulia se encuentra con el chico que besó a Lena y lo ataca, lo que resulta en una pelea fuera del bar donde es golpeada.

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Mi vida volvió a dar otro giro de ciento ochenta grados, y en tan poco tiempo…terminé

cualquier vínculo con Lena aquella mañana de un sábado, me dolía sacarla de mi vida, pero la
pelirroja había traicionado todo aquel amor que algunas vez profesé a ella… y las cosas
positivas que habían llegado a mi vida se fueron con su adiós, ahora volvía a ser la Yulia
Volkova de siempre…
La semana siguiente no fui a clases ningún día, Edik quiso preguntarme más de una vez que
estaba sucediendo conmigo pero yo siempre lograba evadirlo y él dejaba de insistir, en
realidad invertí todos esos días pensando en lo que haría ahora, no quería ver a Lena ni en las
curvas, no solo por lo que me hizo sino también por que no podría con el dolor que eso me
ocasionaría, supe que fue todos esos días a mi casa, pero yo di orden que para ella yo no iba a
estar bajo ninguna situación. Afortunadamente esa misma semana también cayó como del
cielo mi salida, si, la universidad de Londres había enviado su respuesta y me habían aceptado,
no dude en empezar a organizar mis cosa para dejar Moscú de una vez.
-Edward. – Lo llamé.
-Dime, Yul.
-Quiero que vayas a la escuela y consigas mi diploma y los papeles que certifiquen que acabé la
preparatoria, encárgate de todos los arreglos necesarios. – Le ordené.
-¿Cómo? Pero si todavía faltan dos meses. – Dijo extrañado.
-Inventa algo, además tengo excelentes notas, si tienes que dar dinero, dales todo el que sea
necesario, no me interesa.
-¿Pero? ¿Por qué? ¿Qué sucede Yulia?
-Me iré a Londres… aceptaron mi solicitud en la misma universidad que estudió papá. –
Contesté.
-¿Cómo? ¿Quiere decir que te vuelves a ir? Pero si ya habías decidido quedarte aquí en Moscú,
Yulia piénsalo muy bien.
-Ya sabías que esos siempre habían sido mis planes, deja el drama, por favor. – Le hablé
fríamente, él agacho su cabeza con tristeza. - ¿Puedes hacer lo que te pedí?
-Claro, Y… ¿Cuándo te irás? – Preguntó con melancolía.
-Este fin de semana. – Respondí.
-¿Esto tiene que ver con la señorita Katina?
-Mira. – Respondí para obtener calma. – No quiero que en mi vida vuelvas a mencionar ese
nombre, ¿Entendido? – Le advertí y el me miró confundido.
-Está bien, discúlpame. – Agregó y volvió a dejarme sola.
Esa noche salí sin avisar a donde iría, por suerte Edward no estaba para detenerme, tomé uno
de los autos y arranqué hacia la calle sin rumbo alguno, no tenía en mente lo que iba hacer, lo
único que deseaba era poder alejarme de todo, pero ¿Cómo? En ese instante vi el letrero de
un bar que alumbraba con luces de neón, lo cual me pareció una respuesta a mis recién
formuladas preguntas, entonces sentí la necesidad de perder la consciencia por una noche
¿Qué mas daba? ¿Qué más podría perder? Decidida me estacioné y tuve que pagar una gran
cantidad de dinero al guardia con tal de que me permitiera la entrada, pues no traía
identificación y era menor de edad.
Al entrar no elegí ninguna mesa, simplemente opté por sentarme en la barra y el barman me
sirvió enseguida mi primera copa, y con ella vinieron otras más…
Cuando eran alrededor de la una de la madrugada, estaba un poco mareada pero conservaba
parte de mi consciencia, vi que un chico se acercó, traía amarrado de la cintura una rubia de
piernas largas, los observé detenidamente y descubrí después de unos segundos que se
trataba del mismo castaño que había visto besarse con Lena hace unos días, automáticamente
los recuerdos volvieron a mi cabeza con ese extraño sabor de rabia y deseos de venganza que
se fue apoderando de mis determinaciones. Con avidez miré hacia mi alrededor y logré
localizar una botella de cerveza casi vacía, la tomé y sin vacilar la exploté contra la cabeza del
chico haciéndolo sangrar.
-¡¿Qué te pasa imbécil?! – Lo escuché gritar mientras presionaba sus manos contra la fuga de
sangre que tenía en el cráneo, yo me hice oídos sordos y lo tomé de la camisa con fuerza para
que me mirara a los ojos.
-¿Por qué? – Le pregunté. - ¿Qué te vio Lena? ¡¿Qué te vio?! – Lo estremecí y él solo mostraba
una expresión de confusión.
-¿De que hablas? – Preguntó y otras personas se acercaban a ver que sucedía, la música se
detuvo y los guardias ya se nos acercaban. - ¿Eres Yulia Volkova?
-¿Eh? – Ahora era yo la sorprendida. - ¿Cómo sabes mi nombre?
-Así que eras la novia de esa exquisita pelirroja. – Rió para burlarse de mí.
Entonces varios de los guardias nos sacaron a la fuerza del lugar, yo forcejé pero era inútil,
esos tipos eran del estilo gorilas, bastante fornidos, no tenía posibilidad de zafarme por mucho
que lo deseara. Finalmente nos sacaron a ambos de un puntapié, afuera, cuando quise
ponerme de pie fue el castaño quien me tomó de mis ropas y me elevó sobre su altura.
-Esta te va a salir cara, niñita. – Me dijo para luego estrujarme contra la pared. – Acabas de
arruinarme la noche con aquella rubia. – Añadió para golpear mi estómago y dejarme caer
sobre el pavimento, el dolor era tan intenso que no pude incorporarme de inmediato. -
¿Sabes? No es mi culpa de que tu novia fuera tan fácil. – Volvió a reír. – Además el dinero que
me pagaron sus resbalosas amiguitas por conquistarla no me cayó tan mal. – Continuó
hablando mientras que por cada frase me soltaba una patada, pero estaba convencida que el
dolor que proporcionaba a mi corazón sus palabras sobrepasaba al dolor de sus abusos.
Cuando estuve a punto de convencerme que iba a acabar conmigo en ese callejón escuché
rugir varios autos y estacionarse frente a nosotros, de él descendieron varios hombres vestidos
de traje, pero lucían como guardaespaldas, rápidamente me quitaron al castaño de encima y
los papeles se intercambiaron, ahora era él quien recibía la paliza, no entendía nada, solo
podía sentir un ardor a través de toda mi anatomía, y la imagen de Lena, quien nunca se
apartaba de mi mente.
-¿Yulia? ¿Estás bien, pequeña? ¿Te hizo algo? – Escuché la voz de Edward, la misma voz que
había ordenado minutos antes que le dieran su merecido al castaño.
-Edik. – Me solté a llorar con una niña y el me cargó entre sus brazos para llevarme hasta uno
de los autos. – Lena… Lena. – Ahora temblaba y solo podía murmurar el nombre de la pecosa.
-Estarás bien. – Me prometió. – Ya me encargaré del cerdo que te hizo esto.

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