Conclusiones
Aunque los diagnósticos son el resultado más conocido de las evaluaciones diagnósticas, un buen
evaluador debe generar más hipótesis que diagnósticos ya que está estudiando el carácter de la
dolencia que padece una persona. En estas evaluaciones se deben tener en cuenta toda una serie de
posibilidades distintas. Aunque se han elaborado varios manuales para enseñar concretamente el
diagnóstico diferencial, será útil repasar el siguiente planteamiento general de seis pasos para realizar
un diagnóstico diferencial adecuado. Cuando se progresa en la toma de decisiones clínicas y jurídicas,
es útil seguir estos pasos de modo secuencial para comprender las numerosas causas interrelacionadas
de los trastornos mentales psicológicos y psiquiátricos desde la perspectiva de la criminología.
Considerar en qué medida los signos y síntomas se producen intencionalmente.
Se debe considerar siempre si la persona con tendencias a la criminalidad, está produciendo las
manifestaciones intencionalmente. Si las manifestaciones causadas de forma intencional se asocian a
alguna recompensa externa evidente por ejemplo, dinero, discapacidad o baja; habrá que pensar en la
posibilidad de una simulación. Teniendo en cuenta que la simulación podría coexistir con otros
diagnósticos médicos y psiquiátricos.
Considerar en qué medida los signos y síntomas están relacionados con sustancias.
La variedad de sustancias que la gente utiliza debida e indebidamente es muy notable, como también lo
son los efectos clínicos del consumo de sustancias. Las personas pueden presentar alteraciones
mentales a causa del consumo, la intoxicación y la abstinencia de sustancias.
Considerar en qué medida los signos y síntomas están relacionados con una enfermedad
orgánica.
El sujeto puede presentar una enfermedad orgánica que simule sus signos y síntomas psiquiátricos. En
ciertas ocasiones, la presentación de estas manifestaciones es un suceso avisador que aparece antes
que los otros estigmas de la enfermedad orgánica.
Considerar en qué medida los signos y síntomas están relacionados con una fase o un conflicto
del desarrollo.
La evaluación diagnostica debe incluir pruebas formales del desarrollo, técnicas adecuadas para una
evaluación minuciosa. Sin embargo, se debe considerar la fase de desarrollo del sujeto, que puede ser
bastante diferente de la previsible en función de la edad, sus antecedentes y su educación.
Considerar en qué medida los signos y síntomas están relacionados con un trastorno mental.
Toda afección mental debe causar una alteración clínicamente significativa de la cognición, la regulación
emocional o la conducta del individuo que refleje una disfunción de los procesos psicológicos, biológicos
o del desarrollo que subyacen en el funcionamiento mental para ser considerada un trastorno y no solo
una constelación de síntomas. Por ejemplo. La afección A que predispone al paciente a presentar la
afección B y viceversa.
Considerar si existe o no un trastorno mental.
Cuando los síntomas y la presentación del sujeto, no cumplen los criterios diagnósticos de ningún
trastorno mental específico, pero causan un malestar o un deterioro clínicamente significativo, se han de
considerar una serie de alternativas.
Así como el examen físico general va de la cabeza a los dedos de los pies, el examen del estado mental
comienza por el aspecto externo de la persona y avanza progresivamente hacia su vida interior. Para
describir esas experiencias, es menester emplear un lenguaje especializado, con técnicas
especializadas a fin de recabar información fidedigna, es así que para un buen examen mental y preciso
es importante centrarse en estos elementos: El aspecto, la conducta, el habla, la emoción, los procesos
del pensamiento, el contenido del pensamiento, la cognición y los recursos inteligentes.