LOS AVELINOS
Entre Concepción y Huancayo, en la margen izquierda del río Mantaro, se encuentra el pueblo de San Jerónimo
de Tunan, cuyo Patrono es San Roque y sus festividades se celebran a partir del 16 de agosto de cada año.
Dentro del marco de la guerra de Chile contra el Perú, la documentación histórica y la tradición oral, refieren que
cuando el general Andrés Avelino Cáceres Dorregaray se encontraba en el valle, en agosto de 1882, se le presentó el
coronel Melchor Gonzáles Santibáñez, junto a varios de sus paisanos quienes formaron el Batallón San Jerónimo Nº
10, con un efectivo de 440 hombres.
Causales de la guerra determinaron que las tropas de Cáceres iniciasen una larga marcha al norte del país, para unirse
con las del coronel Miguel Iglesias acantonado en el departamento de Cajamarca. La marcha fue muy áspera y penosa,
debido a la proximidad de la tropas enemigas, lo que obligaba a seguir caminos pocos frecuentados, e inclusive a través
de alturas nevadas.
Cáceres hizo que todos los combatientes poseyeran su mismo temple. De allí el prodigio de tan larga caminata,
propia de los infantes, sobre riscos, serranías bravas, con nieve, lluvia, frecuentemente sin alimento alguno, con solo
un poco de coca, hoja sagrada que no era droga ofuscaste, sino apoyo para los grandes esfuerzos; para caminar sin
cansancio, para descansar sin dormir, para comer poco y resistir mucho y para trabajar por más y más horas, sin fatiga
y sin desesperación. Pocos son los ejércitos del mundo, que como el del general Cáceres, pueden exhibir con orgullo
las increíbles proezas de sus soldados.
Al llegar a Huamachuco, se planteó el enfrentamiento contra el enemigo, llevado a cabo el 10 de julio de 1883;
en un primer momento nuestras tropas avanzaron en forma avasalladora, logrando escalar las posiciones
adversarias. Lamentablemente, la falta de municiones hizo que el triunfo se trocara en derrota.
Luego, los sobrevivientes peruanos marcharon a su lugar de origen, regresando los restos del batallón San
Jerónimo por caminos extraviados para no ser apresados por los enemigos. Por ello, se introdujeron en las malezas
donde abunda zarzamora con espinas, rompiéndose los uniformes que llevaban, volviéndoseles en harapos. Esta
peregrinación duró cerca de un mes.
El 16 de agosto de 1883, llegaron a su pueblo. Ese día la comunidad se había agolpado en su plaza principal,
dando inicio a las festividades en honor a su Patrono. Comparsas de bailantes ingresaban por los cuatro puntos
cardinales, cuando arribaron los sobrevivientes de Huamachuco, quienes ingresaron bailando de alegría al llegar a su
pueblo de origen y pensando que les tributaban homenaje, mientras que los lugareños creían que se trataba de una
nueva comparsa, ya que aún no reconocían a sus familiares.
Grande fue la emoción de los pobladores al darse cuenta que no era una nueva compañía de bailantes, sino
sus parientes quienes volvían de la cruenta guerra. Esas conmovedoras escenas, ofrecidas por los sobrevivientes,
impresionaron grandemente a todos los pueblerinos, grabándose hondamente la escena, orgullosos de ser copoblanos
de tan heroico tropel.
Lágrimas, risas, abrazos. Lo anecdótico del caso hizo que ese día, naciese una nueva danza que se representa en la
fiesta en honor a San Roque y que perdura hasta el día de hoy: ¨Los Avelinos¨, nombre dado por los combatientes de
San Jerónimo de Tunán, en honor al legendario general Andrés Avelino Cáceres Dorregaray, paladín de la Heroica
Campaña de la Breña.
COMIDAS TIPICAS
Entre las comidas típicas de San JERONIMO DE TUNAN tenemos la deliciosa “Sopa de Pan”, “Sopa de Calabaza”,
“Mazamorra” de Calabaza, Morada, Arroz con Leche, Durazno, Piña y un delicioso “Arroz Sambito”
Solo para abrir el apetito la Sopa de Pan necesitamos de ají colorado, cebolla, ajos, queso, perejil, choclo y por
supuesto pan.
En la preparación el pan se despedaza y se pone en una fuente. Se adereza el aji colorado juntamente con el ajos
para después untar el aderezo en el pan es un proceso tan sencillo que luego toca la decoración echando el perejil
queso en pequeños cuadrados y desde luego unos granos de maíz que se sancocharon previamente.