¿SABES QUÉ ESTÁS COMIENDO?
Averígualo y después haz lo que
quieras
Producción Integral: Mariano Orzola
Diseño y Edición : OrzolaPress
Revisión de Edición: Aurelio Flores
Foto de Tapa: Istock (Getty Images)
Gráficos Interior: Graphix para OrzolaPress
Copyright © 2015, Mariano Orzola
Copyright Textos © 2014-2015, Mariano Orzola
Reedición del libro “Conviértete en un
Consumidor Inteligente”
Primera Nueva Edición: Abril, 2015 (en Español)
CDME: OP-CMB-SQC-0001-19042015
Todos los derechos reservados. Ninguna parte
de esta publicación puede ser reproducida o
transmitida en cualquier forma o por cualquier
medio, sea digital, electrónico o mecánico,
fotocopia, grabación o cualquier sistema de
almacenamiento o recuperación de
información, sin la debida autorización y el
permiso escrito de Mariano Orzola.
* Importante: Este libro está concebido como
un volumen de referencia y una guía práctica.
La información expuesta está diseñada para
ayudar a tomar decisiones respecto a la dieta
diaria, presentando todos los elementos
necesarios para elaborar estrategias
inteligentes de consumo, alentando una
nutrición saludable. Se consideran aspectos
generales sobre los alimentos y bajo ningún
concepto puede considerarse como un sustituto
de algún tratamiento que haya sido prescrito
por un médico o nutricionista para preservar la
salud y el peso corporal. Ante cualquier duda
consulta a un profesional médico. El autor y el
editor están exentos de toda responsabilidad
sobre daños y perjuicios, pérdidas o riesgos,
personales o de cualquier otra índole, que
pudieran producirse por el mal uso de la
información aquí proporcionada.
Contenidos
Introducción
Algunos conceptos previos
Las variables de la nutrición
La etiqueta de Información Nutricional
La “Fecha de Caducidad”
Los nutrientes
Carbohidratos
Grasas o Lípidos
Proteínas
Vitaminas y Minerales
Micronutrientes importantes
El Agua: Aliado de la nutrición
Sustancias adictivas
Aditivos
Los edulcorantes
De la naturaleza a la mesa
Alimentos transgénicos
Alimentos orgánicos
Alimentos perecederos
Alimentos dietéticos o “light”
Comida rápida
Alimentos artificiales
Alimentos pesados
Los métodos de cocción
El exceso de comida
La organización de la dieta
Ambiente y estado anímico
Predisposición mental
De la alimentación ideal a la alimentación real
CONTENIDO EXTRA: Lo que nunca te contaron
sobre las calorías
CONTENIDO EXTRA: Lo que debes saber sobre
el Índice Glucémico
ANEXO: Los Valores Diarios Recomendados o
Cantidades Diarias Orientativas
ANEXO: Lista de Aditivos
Referencias bibliográficas
Sobre el autor
Introducción
“La mejor forma de alcanzar un máximo estado
de bienestar físico, corporal y estético es a través
de la toma de consciencia de todo lo que
hacemos con nuestro cuerpo, sobre todo,
conociendo al detalle lo que contienen los
alimentos que ingerimos a diario. Luego
podemos hacer lo que deseemos pero bajo
nuestra propia responsabilidad. Desaparece así
la excusa más popular del mundo: ah… eso yo no
lo sabía.”
Este es un libro que presenta los componentes
que contienen los alimentos que se ofrecen en
las estanterías de los supermercados. Con la
información justa y una cuota de “sentido
común”, podemos defendernos de la Industria
Alimenticia y por consiguiente mejorar nuestra
calidad de vida. Si consideramos que “somos lo
que comemos”, mientras menos tóxica sea
nuestra alimentación mejor nos sentiremos en
todos los aspectos, además del físico y el
estético.
Hoy como consumidores de alimentos tenemos
la oportunidad de establecer estrategias de
consumo saludables. Además existen otros
aspectos en juego a la hora de hablar de
alimentación, y es el concepto mental que cada
uno de nosotros tiene sobre los alimentos, un
tema que he tratado al final del libro. Se trata
de “creer o reventar”, o de “cambiar y ver qué
sucede”. El ser humano a lo largo del tiempo ha
tenido una evolución que es preciso considerar;
seguramente que 14.000 años atrás un humano
no soportaría comer lo que hoy consumimos y
viceversa. Nuestro instinto primario de
supervivencia y preservación de la especie no
puede batallar contra los colores, las texturas,
los sabores, las imágenes, los mensajes
subliminales, y el efecto de placer que nos
presentan los alimentos industrializados.
Parece que nos hemos rendido frente al
marketing de la Industria Alimenticia y
terminamos funcionando en “piloto
automático”, sin tomar decisiones conscientes y
hacer elecciones con sentido común a la hora
de comprar tal o cual alimento. Al perder el
más común de los sentidos corremos el riesgo
de hacer cosas que no siempre nos benefician.
Lo cierto es que la alimentación es la base de la
salud, y la salud es la base de nuestra calidad
de vida diaria. Por eso tenemos siempre la
capacidad de elegir un determinado alimento
sobre otro, sin llegar a pretender que nuestra
dieta se base sólo en alimentos orgánicos o
cultivados por nosotros mismos —algo que es
ideal pero bastante complejo de seguir para la
mayoría—.
También como consumidores podemos desviar
el rumbo de la Industria Alimenticia,
reclamando de algún modo la producción de
alimentos con menos productos químicos. Un
día de ayuno global podría poner en jaque a
toda la industria, dos días quizá la tumbaría.
Siempre tenemos el poder, porque
precisamente somos quienes permitimos la
existencia de la industria. Ese poder es un
derecho adquirido, que a veces desconocemos
precisamente porque no aplicamos un atisbo
de “sentido común”. La industria existe porque
alguien consume lo que produce… así de
simple.
De una forma muy práctica y sencilla, este libro
provee herramientas para poder identificar los
beneficios reales de los alimentos de consumo
masivo, aquellos que se ofrecen principalmente
en supermercados y grandes tiendas. Aquellas
empresas que se sientan identificadas con esto
pueden tomar una decisión inteligente:
reformular la producción de sus productos
alimenticios y hacerlos más naturales y menos
tóxicos. Las variables que considero para
determinar si un alimento es tóxico o no, están
directamente relacionadas con los beneficios
que aportan los alimentos al cuerpo, o los
perjuicios que le genera. Existen muchos
componentes artificiales que utiliza la Industria
Alimenticia para sus productos, sin mediar en
los perjuicios que ello puede provocar en quien
lo consume. En última instancia, debería existir
una regulación mundial que obligue a las
empresas a poner una nota de advertencia en
los productos sobre su consumo, como sucede
con el tabaco. Después de todo, cada uno elige
lo que desea para sí mismo. En la era de la
información y el conocimiento, advertir esto no
es algo descabellado, todo lo contrario.
La inversión publicitaria y los envases de los
alimentos concebidos por verdaderos gurúes
del consumo y el marketing producen un
engaño que se advierte con sólo leer las
etiquetas detrás de cada paquete. Esa
información que la mayoría no considera, de
alguna forma es la radiografía real de lo que
contiene cada alimento. No podemos
resignarnos a comer sólo por sabor y color, y
sacrificar los nutrientes esenciales que proveen
las materias primas naturales. Si voy a comer un
postre de fresas, al menos que contenga fresas
deshidratadas y no sólo un saborizante de
fresa. Económicamente la Industria Alimenticia
se inclino por lo artificial frente a lo natural, y la
verdad que desconozco si el modelo inverso es
viable, pero no podemos correr el riesgo de
sumarnos a variables económicas, cuando está
en juego nuestra salud y nuestra calidad de
vida. La paradoja que se plantea en este punto
es la siguiente: si los alimentos son cada vez
más artificiales y tóxicos, por qué el promedio
de vida se ha extendido. El sentido común y la
experiencia me dicen que esa realidad es
fáctica, pero que estamos obviando un detalle:
la calidad de vida. Vivir más no implica vivir
mejor o vivir rebosante de salud.
Para conservamos sanos es necesario establecer
una guía de protección para ganar en salud y no
ser víctima de un sistema al que sólo le interesa
vender más y más. Alimentar el cuerpo de un
modo que nos permita conservar la salud,
puede ser la acción diaria más sensata y noble
que cada uno puede hacer por su cuerpo y su
calidad de vida. Entonces, qué hacemos para
conservar ese bien tan preciado, porque
cuando la salud se pierde es muy costosa
recuperarla, y a veces quizá ni llegamos a eso.
La prevención, a través de la adecuada
información, una vez más aparece como el arma
más poderosa para preservar nuestro bienestar,
y convertirnos así en personas que realmente
saben que están comiendo.
Algunos conceptos previos
Lo que ingerimos a diario a través de los
alimentos y las bebidas es lo que determina
nuestra calidad de vida, nuestro estado de
bienestar y nuestro peso corporal. Es
fundamental comprender que el equilibrio
entre las calorías que consumimos y las que
gastamos contribuye a mantenernos sanos y en
peso. Para ello es necesario conocer cada
proceso englobado en los conceptos de
alimentación, nutrición y dieta… tres palabras
que utilizo a lo largo de todo el libro.
ALIMENTACIÓN
El proceso o la forma de proporcionar al
organismo los alimentos indispensables es lo
que denominamos “alimentación”. La
alimentación tiene una doble función:
• Proporcionar al cuerpo los nutrientes
necesarios para la generación y reconstrucción
de células y tejidos.
• Suministrar energía para el movimiento,
mantenimiento de la temperatura corporal y
restantes funciones vitales.
Una alimentación saludable debe ser
equilibrada e incluir todos los nutrientes que el
cuerpo necesita para cumplir sus funciones
biológicas y mantenerse sano. Los nutrientes se
dividen en: Macronutrientes (hidratos de
carbono, grasas y proteínas) y Micronutrientes
(vitaminas y minerales). El agua y la fibra
alimentaria también se consideran elementos
indispensables en la alimentación diaria.
Debemos tener cuidado, porque nuestra
alimentación depende de muchos factores que
no tienen nada que ver con una buena
alimentación como son, sobre todo, los gustos
personales, ya que a veces nos pueden apetecer
alimentos que no son los adecuados, dando
esto lugar a una alimentación desequilibrada y
carente de los nutrientes necesarios para
nuestro bienestar. Si influimos conscientemente
en nuestra alimentación podemos mejorar la
nutrición y obtener grandes beneficios para la
salud de nuestro cuerpo.
NUTRICIÓN
La “nutrición” puede definirse como el conjunto
de procesos mediante los cuales transformamos
los alimentos del organismo para que los
nutrientes cumplan sus funciones biológicas. El
proceso de nutrición incluye 4 pasos: Ingestión,
Digestión, Absorción y Metabolismo.
La nutrición consiste en asimilar todos los
alimentos que hemos tomado y extraer de ellos
los nutrientes necesarios para la renovación de
las células y para obtener la energía necesaria
para respirar, desplazarse, mantener la
temperatura corporal, etc.
De los alimentos que ingerimos a diario
depende que nuestra nutrición sea óptima,
deficiente o tóxica. Comer no necesariamente
es sinónimo de estar bien nutrido, pues la
selección de los alimentos es la base de una
nutrición que nos provea salud y bienestar.
DIETA
La dieta consiste en saber elegir y combinar los
alimentos de forma que todos los días
tomemos la cantidad suficiente y necesaria de
proteínas, grasas, hidratos de carbono,
vitaminas y minerales, y por ende, no padecer
de deficiencias nutricionales. La división de
comidas, el tamaño de las porciones y la
combinación de nutrientes, son factores que
definen la calidad de la dieta diaria.
Lamentablemente siempre se asocia el término
“dieta” con “pérdida de peso”, pero de uno u
otro modo, todos los días seguimos una dieta
sin que necesariamente cumpla un fin
específico, más que el de alimentarnos para
sobrevivir. En este sentido la dieta debe cumplir
un rol importante pero sin olvidar la máxima de
la salud: “comer para vivir”. De otra forma, la
dieta puede alterar nuestra calidad de vida.
“Aunque he distinguido estos tres conceptos —
alimentación, nutrición y dieta—, no podemos
olvidar que los tres están íntimamente
relacionados, ya que lo primero que debemos
hacer es elegir unos alimentos que contengan los
nutrientes adecuados y en cantidades suficientes
para que la nutrición sea correcta y no tengamos
carencias o excesos nutricionales, pues de esto
va a depender si la dieta diaria es equilibrada o
no.”
Nota: A lo largo del libro los términos
“alimentos envasados” los utilizo como
sinónimo de “alimentos procesados”,
“alimentos industriales” o “alimentos
industrializados”. No se asocia directamente
con el concepto de “alimento tóxico” o
“alimento nocivo”.
Las variables de la nutrición
“El cuerpo hace un enorme esfuerzo para
procesar los alimentos tóxicos. A la inversa, el
cuerpo asimila de manera óptima los alimentos
saludables y naturales. Sentirse a todo momento
liviano y vital es el mejor síntoma de que nuestra
nutrición es la adecuada.”
La base de la nutrición se resume en una sola
frase: “la selección de los alimentos”. Sobre este
precepto tan simple obtenemos salud o
carecemos de ella. Pues nuestro cuerpo es el
fiel reflejo de lo que comemos a diario.
Entonces la clave para evitar una nutrición
tóxica o dañina al organismo está en saber
seleccionar los alimentos y las bebidas que
ingerimos, pero… ¿bajo qué criterio? La forma
más práctica de elaborar una estrategia
inteligente de consumo sobre los alimentos que
nos ofrecen en los supermercados, consiste en
conocer al detalle todas las variables que
intervienen en la evaluación de cada producto,
y que determina su nivel de toxicidad. Además
de tener en cuenta factores complementarios
que inciden también en inclinar la balanza
hacia un estado de bienestar o de malestar.
No se trata de auditar o monitorear cada
bocado que ingerimos, sino más bien de
asimilar conocimientos sobre la naturaleza de
los alimentos procesados o industriales, que
componen en gran porcentaje la dieta de la
mayoría de los seres humanos. Así con la
información adecuada es muy fácil contar con
una herramienta práctica que aliente una
decisión consciente e inteligente sobre la
selección de los alimentos que introducimos a
nuestro organismo. Parece una odisea, pero en
realidad es más una cuestión de sentido común
e instinto de supervivencia.
A partir de ahora puedes contar con la guía más
simple para poder identificar los alimentos que
dañan tu salud y tu silueta, haciendo frente a
los engaños que la Industria Alimenticia
continuamente nos pone en frente, a través de
su gran maquinaria de marketing. No todo lo
que brilla es oro, y en los alimentos industriales
o procesados el secreto está en la etiqueta que
por ley deben cargar en su parte posterior. “Dar
vuelta un producto y leer su información
nutricional es la primera acción de protección
frente a una nutrición que puede volverse tóxica,
e incluso mortal.”
En principio voy a enumerar todas las variables
que —a mi juicio— intervienen para catalogar
el nivel de toxicidad de un alimento. Todas ellas
sirven para determinar si su consumo nos
provee salud o enfermedad. Siguiendo la
máxima de Hipócrates —el padre de la
medicina— es fácil intuir el papel de los
alimentos en la salud del cuerpo: “Que tu
alimento sea tu medicina, que tu medicina sea
tu alimento”. Entonces si los alimentos son los
encargados indiscutibles del estado del cuerpo,
resta pensar por un instante qué sucede cada
vez que le proveemos al cuerpo alimentos
tóxicos o de mala calidad nutricional. En este
sentido, un alimento o comida puede
considerarse tóxico o saludable si se consideran
las siguientes variables (detalladas en las
etiquetas de información nutricional de los
alimentos):
1. Nutrientes que contiene: a menor aporte de
nutrientes el alimento carece de valor
nutricional, y viceversa. Esta variable está
asociada con los porcentajes de materia prima.
2. Calorías que aporta: el aporte energético de
un alimento está asociado con sus nutrientes;
no es lo mismo el aporte de calorías vacías
como las que provienen del azúcar blanco
refinado y de las bebidas alcohólicas. Un exceso
calórico, además, puede convertir a un
alimento en riesgoso para el peso y la salud.
3. Porcentaje de grasas que posee: aquí además
deben considerarse los tipos de grasas que
contiene. El aporte de grasas es quizá más
determinante que el aporte total calórico del
alimento. Los alimentos con alto contenido de
grasa de origen animal son responsables de
muchos trastornos de salud asociados con la
alimentación, entre los que se destacan la
obesidad, la hipertensión, la diabetes y los
problemas cardiacos.
4. Cantidad de Sodio (Sal): aunque se emplea
como conservante, y la gran mayoría de los
alimentos industriales lo posee, un exceso de
Sodio repercute directamente en la salud del
cuerpo.
5. Sustancias adictivas y narcóticas: aunque
permanecen desapercibidas, se pueden
identificar a través del aporte de azúcar, jarabe
de maíz de alta fructuosa (JMAF) y cafeína. Un
sinnúmero de productos industriales poseen
estas sustancias que lejos de considerarse
nutritivas, son altamente adictivas.
6. Aditivos que posee: existe un enorme
universo de aditivos entre los que se cuentan
los colorantes, los conservantes, los
saborizantes y los estabilizantes. Los alimentos
industriales necesitan de ellos, pero un exceso
incide directamente en la salud. Los efectos en
el cuerpo de muchos de ellos aun son un
misterio.
7. Proceso de industrialización: se resaltan
notables diferencias si se trata de un alimento
orgánico, transgénico, industrial, artificial o
dietético. A mayor industrialización, el alimento
requiere un tratamiento de conservación que
puede llegar a convertirlo en tóxico para el
cuerpo, sobre todo si se consume en exceso.
8. Porcentajes de materia prima: la toxicidad de
un alimento puede variar considerablemente si
el mismo es elaborado con un mayor
porcentaje de materias primas como harinas
refinadas, azúcar y/o grasas saturadas (de
origen animal). Esto influye además de los
aditivos que pueda contener, como el caso de
los productos de bollería, panadería y todas las
golosinas. Esta variable también está asociada
al proceso de industrialización, ya que los
productos procesados pierden muchas de sus
propiedades naturales durante su elaboración.
Las otras variables que influyen
significativamente en la nutrición son:
9. Intensidad del sabor: los alimentos
industriales tienen sabores muy intensos y
concentrados que hacen los productos
agradables al paladar alentando una adicción a
su consumo. De allí que con el tiempo el
paladar pierda el gusto por los sabores
naturales y prefiera los artificiales.
10. Forma de cocción: el método que utilizamos
para cocinar puede a veces convertir un
alimento saludable en un alimento tóxico. Tal
es el caso del fritado, o el ahumado (que está
asociado a ciertos tipos de cáncer).
11. Exceso de comida: todo exceso,
independientemente de la composición
nutricional del alimento, es de algún modo
tóxico para el organismo. En este sentido hay
que controlar el consumo de todos los
alimentos de la dieta, pero de algunos más que
de otros, como por ejemplo los alimentos con
alto contenido de azúcar y/o grasas de origen
animal.
12. Organización de la dieta: una mala
planificación alimentaria que no considere la
división de comidas, tamaño de las porciones y
proporción de nutrientes, genera
inevitablemente una nutrición completamente
desequilibrada. Este aspecto es crucial para
planificar la dieta diaria más saludable.
13. Ambiente y estado anímico: para nuestro
organismo no es lo mismo comer feliz y en
calma que estresado y nervioso. Este punto es
más importante de lo que suele considerarse. El
estrés puede provocar graves trastornos de
salud alentados por una actitud inapropiada
cada vez que ingerimos un alimento.
14. Predisposición mental: la idea que tenemos
de cada alimento que consumimos condiciona
sus efectos en el cuerpo, sin embargo es muy
difícil obviar el funcionamiento químico de los
nutrientes en el organismo. Por ejemplo: un
consumo desmedido de grasas genera efectos
en el organismo más allá de la idea que
tengamos sobre ellas.
La calidad nutritiva de los alimentos procesados
(industriales) en la dieta diaria determina el
estado de salud y bienestar a largo plazo.
Aunque hoy en día parece imposible llevar una
dieta a base de alimentos naturales, la regla
para una óptima nutrición sigue siendo
implacable: A menor nivel de industrialización
en los alimentos de la dieta, más salud y
bienestar físico para una mayor calidad de vida.
Si bien es cierto que industrialización no es
sinónimo de toxicidad, los procesos de
fabricación contribuyen a que los alimentos
carezcan de sus propiedades biológicas
esenciales. El desafío consiste entonces en
acercarse a una alimentación más natural,
saludable, real y posible, considerando las
variables descriptas para establecer estrategias
que redunden en un beneficio positivo para
nuestro cuerpo. Así de simple.
La etiqueta de Información
Nutricional
“Una óptima nutrición es importante a lo largo
de toda la vida. La misma puede ayudarnos a
sentirnos en la mejor condición física y a
mantenernos fuertes. Puede además ayudar a
reducir el riesgo de padecer algunas de las
enfermedades más frecuentes. Y, si ya padeces
ciertos problemas de salud, la nutrición adecuada
puede ayudarte a controlar los síntomas e
incluso revertirlos. Hoy tenemos al alcance de la
mano las herramientas para que ello suceda.”
Las primeras ocho variables que he considerado
para determinar la calidad de un alimento se
encuentran detalladas en todos los productos
envasados, a través de la “etiqueta de
Información Nutricional”. Esta etiqueta está
elaborada para describir las características
nutricionales de los alimentos industriales,
impulsada por las entidades que regulan la
Industria Alimenticia en los diferentes países,
comenzando por la famosa Administración de
Medicamentos y Alimentos de los Estados
Unidos (FDA, por sus siglas en inglés de Food
and Drug Administration).
Es una herramienta muy sencilla para saber qué
contiene cada alimento y cada bebida que se
comercializa dentro de un envase. También por
ley los productos deben detallar los
ingredientes que contienen —incluyendo los
aditivos—, y generalmente lo hacen en una
parte del envase con letra muy pequeña.
Aprender a leer la etiqueta de Información
Nutricional y conocer sobre los ingredientes
puede ayudarnos a tomar las decisiones más
acertadas relacionadas con la selección y el
consumo de los alimentos… la base de la
nutrición.
A continuación expongo la guía de aprendizaje
de las etiquetas de Información Nutricional
propuesta por la FDA para alentar un consumo
alimenticio responsable:
(A) Tamaño de la porción
Esta sección nos muestra cuántas porciones hay
en el paquete y de qué tamaño es cada porción.
Los tamaños de las porciones se dan en
medidas familiares, como “tazas” o “pedazos”.
Siempre toda la información nutricional en la
etiqueta se basa en una porción del alimento. Y
hay que considerar que con frecuencia, un
paquete de alimento contiene más de una
porción.
(B) Valor energético (cantidad de
calorías)
El aporte o valor energético de un alimento se
expresa en calorías (Kcal). Este tema lo he
ampliado al final del libro ( Ver “CONTENIDO
EXTRA: Lo que nunca te contaron sobre las
calorías” ). Las calorías indicadas equivalen a
una porción del alimento. Las “calorías de las
grasas” indican cuántas calorías de grasa hay en
una porción. Es importante además considerar
que aunque un producto no contenga grasa no
necesariamente significa que no contenga
calorías (energía). De ahí que es importante leer
toda la etiqueta.
(C) Porcentaje (%) de valor diario
Esta sección nos muestra cómo los nutrientes
en una porción de alimento contribuyen a la
dieta diaria total. Es muy útil para escoger los
alimentos que son altos en los nutrientes que
debemos comer más, y bajos en los nutrientes
que debemos comer menos.
Los valores diarios se basan en una dieta de
2.000 calorías. Sin embargo, las necesidades
nutricionales son variables y probablemente
dependerán del nivel de actividad física de cada
uno. Un médico o nutricionista puede hacer
una evaluación y establecer la cantidad de
calorías que realmente necesitamos. Los valores
diarios representan una media (promedio) de
consumo.
(D) Nutrientes de consumo limitado
En esta sección se detallan aquellos nutrientes
cuyo consumo debe ser limitado y controlado:
grasas, colesterol y sodio. Comer demasiada
grasa (especialmente grasas saturadas —de
origen animal— y grasas trans), colesterol o
sodio puede aumentar su riesgo de contraer
ciertas enfermedades crónicas, como las
enfermedades cardiacas, algunos cánceres y la
presión arterial alta. Por eso es importante
tratar de mantener estos nutrientes al nivel
más bajo posible todos los días.
(E) Nutrientes de consumo permitido
En esta sección se detallan los nutrientes
esenciales cuyo consumo permitido es
imprescindible para el cuerpo como los
carbohidratos y las proteínas. La dieta actual
suele carecer de nutrientes esenciales como la
fibra, vitamina A, vitamina C, calcio y potasio.
Estos nutrientes son esenciales para mantener
un cuerpo fuerte y saludable. Comer bastante
de estos nutrientes puede mejorar nuestra
salud y ayudarnos a reducir el riesgo de
contraer ciertas enfermedades.
Nota: Es importante recordar que en general la
dieta se compone tanto de alimentos
procesados y envasados como alimentos a
granel (sin envasar), como el caso de las frutas,
verduras, carnes, panes, legumbres, frutos
secos, bebidas preparadas y condimentos.
Algunos de estos productos carecen de
etiquetas de Información Nutricional, aunque
forman la parte principal de la dieta. Su aporte
nutricional está determinado por la
composición predominante de los
macronutrientes (grasas, carbohidratos y
proteínas), los micronutrientes (vitaminas,
minerales, fibra) y el agua. También la selección
en la dieta diaria de los alimentos a granel
determina la calidad de nuestra nutrición.
3 áreas de fundamental importancia
Al utilizar la etiqueta de información
nutricional, debemos prestar especial atención
a la porción, al porcentaje de valores diarios y a
los nutrientes.
Tamaño de la porción
La parte superior de la etiqueta de información
nutricional indica el tamaño de la porción y la
cantidad de porciones por envase. El tamaño de
la porción es la clave para el resto de la
información contenida en la etiqueta de
información nutricional.
• La información nutricional sobre los alimentos
(como las calorías, el sodio y la fibra) se basa en
una porción.
• Si comemos dos porciones de los alimentos,
estaremos comiendo el doble de las calorías y
obteniendo dos veces la cantidad de los
nutrientes, tanto los buenos como los malos.
• Si comemos tres porciones, eso significará tres
veces la cantidad de calorías y nutrientes, y así
sucesivamente.
Esta es la razón por la que es importante
conocer el tamaño de las porciones: es la
manera de saber con seguridad cuántas calorías
y nutrientes se consumen. De ahí que siempre
debemos verificar el tamaño de la porción. Con
mucha frecuencia un paquete de alimentos
contiene más de una porción. ¡Un refresco de
botella o una bolsa pequeña de papitas puede
contener dos o más porciones!
Porcentaje de Valor Diario
Recomendado (%VD)
El % de VD es una guía general para ayudarnos
a conectar los nutrientes en una porción de
alimento con su contribución a la dieta total
diaria. Puede ayudarnos a determinar si un
alimento es alto o bajo en un nutriente:
• 5% o menos es bajo.
• Entre 5% a 15% es equilibrado.
• Entre 15% a 20% es un ligeramente elevado.
• 20% o más es alto.
También se puede usar el % de VD para hacer
intercambios alimentarios con otros alimentos
durante el día.
Consejos sobre el %VD
Puedes determinar si un alimento es alto o bajo
en un nutriente específico, si le echas un vistazo
al % de VD.
• Si tiene 5% del valor diario o menos, es bajo
en ese nutriente. Esto puede ser bueno o malo,
según si conviene consumir el nutriente en
mayores o menores cantidades.
• Si tiene 20% o más, es alto en ese nutriente.
Esto puede ser bueno si es un nutriente como
la fibra (un nutriente que debe consumirse en
mayores cantidades), pero no tan bueno si es
algo como las grasas saturadas (un nutriente
que debe consumirse en menores cantidades).
Uso del %VD
• Una vez que nos familiaricemos con el % de
VD, podremos usarlo para comparar los
alimentos y decidir cuál es la mejor opción para
nuestra dieta. Sólo necesitamos asegurarnos de
verificar el contenido de los nutrientes
específicos que debemos consumir en mayores
o menores cantidades.
• Usar la información de % de VD también
puede ayudarnos a “lograr un balance” durante
el día. Por ejemplo: Si de almuerzo comemos
uno de nuestros alimentos favoritos alto en
sodio, un “nutriente que debe consumirse en
menores cantidades”, entonces para la cena
intentaríamos escoger alimentos más bajos en
sodio.
*Al final del libro he incorporado un apartado
ampliando la información relacionada a este
punto ( Ver “ANEXO: Los Valores Diarios
Recomendados o Cantidades Diarias
Orientativas” ).
Nutrientes
Un nutriente es un ingrediente en un alimento
que provee nutrición. Los nutrientes son
esenciales para vivir y para mantener nuestro
organismo en buen funcionamiento. Conviene
recordar que los considerados macronutrientes
son: carbohidratos (hidratos de carbono),
grasas (lípidos) y proteínas. Los considerados
micronutrientes son: vitaminas, minerales y
fibra. Todos son esenciales para que el cuerpo
pueda cumplir con todas sus funciones
biológicas conservando la salud y el bienestar.
También es esencial el consumo de agua.
Nutrientes que debemos comer MÁS: Hay
algunos nutrientes que son especialmente
importantes para nuestra salud. Debemos
tratar de consumir cantidades adecuadas de
ellos todos los días. Son los siguientes: Calcio,
vitamina A, fibra, vitamina C, potasio*.
Nutrientes que debe comer MENOS: Hay otros
nutrientes que son importantes, pero que se
deben consumir en cantidades moderadas.
Estos pueden aumentar el riesgo de contraer
ciertas enfermedades. Son los siguientes: grasa
total (especialmente las grasas saturadas),
colesterol, azúcar, sodio.
*Nota: La inclusión de potasio en la etiqueta de
información nutricional es opcional.
Adiós al prejuicio alimentario
Conocer lo que contienen los alimentos nos
permite tomar decisiones de consumo
inteligentes. Sin este conocimiento nos guiamos
muchas veces por intuición o por lo que hemos
escuchado sobre tal o cual alimento, basando la
nutrición en prejuicios infundados. Por ejemplo,
los quesos duros aportan proteínas y calcio, y
son un excelente alimento, pero al mismo
tiempo son muy ricos en grasas saturadas. Esto
podemos saberlo a partir de leer la etiqueta
que contienen los quesos envasados. Y como
todo aquello que posee un 20% de VD en
ciertos nutrientes es alto, por lo tanto
tratándose de grasas saturadas no es
conveniente consumir queso en exceso.
Cuando uno interioriza el hábito de leer las
etiquetas y conocer sobre la información
nutricional de los alimentos, el proceso termina
siendo sencillo y sumamente placentero, ya que
sentimos que armamos nuestra dieta a
consciencia. Ahora podemos elegir qué
consumir y qué no, dejamos de actuar en
“piloto automático”, y ya los envases de los
productos no nos importan tanto como su
contenido.
La “Fecha de Caducidad”
“La «fecha de caducidad» de un alimento indica
el día límite para su óptimo consumo desde el
punto de vista sanitario. Es la fecha a partir de la
cual, según el fabricante, el producto ya no es
seguro para la salud del consumidor.”
También se la denomina fecha de vencimiento
o fecha límite de utilización o fecha límite de
consumo recomendada. A través de ella se
puede conocer la vida útil de un alimento,
especialmente de los perecederos como los
alimentos crudos (carne y pescado frescos),
huevos, productos lácteos, ensaladas,
envasados y enlatados —en los que es muy
recomendable ajustarse a la fecha y
consumirlos lo antes posible, para evitar
intoxicaciones—.
En los alimentos y bebidas, además, se puede
diferenciar la “fecha de consumo preferente” o
“fecha de duración mínima”, que —a diferencia
de la fecha de caducidad— es el tiempo
durante el que esos productos conservan
correctamente sus cualidades sensoriales. Es la
fecha indicada por el fabricante sobre el tiempo
que el alimento mantiene intactas sus
propiedades organolépticas (olor, sabor,
textura, consistencia) sin que su ingesta
posterior suponga un riesgo para la salud. Se
utiliza en los productos alimenticios que
pueden conservarse más tiempo (como los
cereales, el arroz o las especias). No es
peligroso comer estos productos después de
esa fecha, pero pueden haber empezado a
perder su aroma y su textura.
Las regulaciones sobre la fecha de caducidad o
vencimiento varían de acuerdo a cada país.
Aunque es posible que esta fecha no se
encuentre especificada en los siguientes
alimentos:
• Frutas, hortalizas y patatas frescas (salvo las
semillas o los brotes de leguminosas, que sí
deben llevar fecha en su envase).
• Todo tipo de vinos y vinagres.
• Bebidas alcohólicas con una graduación
superior al 10%.
• Productos de panadería y pastelería a
consumir en el día de su fabricación.
• Sal de cocina (o sal de mesa).
• Los azúcares en estado sólido.
• Productos de confitería elaborados
principalmente con azúcar o gomas de mascar
(chicles).
En realidad las fechas de caducidad o
vencimiento hablan más de la calidad del
producto que de su seguridad para ingerirlos.
Los consumidores pueden verse alentados a
desechar productos que están todavía aptos
para el consumo. Si bien hay productos más
sensibles a descomposición o toxicidad luego
de vencida la fecha para su consumo, como por
ejemplo: leche, quesos blandos, yogur, huevos,
pescados, carne roja y carne de aves. En ellos
quizá deba considerarse más que en otros
productos, la fecha límite para su consumo.
Aunque en general, las enfermedades
transmitidas por los alimentos son
independientes de cualquier fecha de
caducidad. La contaminación de otros agentes y
las condiciones insalubres son la principal causa
de enfermedades relacionadas con la
alimentación:
• No lavarse bien las manos antes de preparar
los alimentos.
• Almacenamiento de alimentos a la
temperatura equivocada.
• Cocinar los alimentos a una temperatura
inadecuada.
• La contaminación cruzada (carne cruda que
entran en contacto con las ensaladas).
• Lavado inadecuado de los productos frescos.
Debemos además usar el sentido común para
determinar si un alimento está en buen estado
o no. El aroma, el gusto y la apariencia son
fundamentales.
Vida útil de los alimentos enlatados
Los códigos que se estampan en los alimentos
enlatados son los códigos de los fabricantes
que suelen designar la fecha en que se ha
envasado el producto. Los códigos varían de un
fabricante a otro y por lo general incluyen la
codificación de tiempo y lugar de la conserva. La
mayoría de fabricantes ofrecen un número
gratuito para llamar si tienes preguntas acerca
de alimentos enlatados y sus fechas de
vencimiento.
Debemos recordar que el código impreso en la
lata es cuando fue enlatado. La regla general es
que la comida enlatada tiene una vida útil de al
menos dos años a partir de la fecha de
elaboración. Se recomienda que todos los
alimentos enlatados se almacenen en
temperaturas moderadas (23°C o menos).
Muchos productos enlatados ahora suelen
incluir una leyenda que dice "para mejor
calidad use hasta la fecha de caducidad impresa
en la parte superior o inferior de la lata”.
Aunque en algunos países, las fechas límite de
caducidad rara vez se encuentran en los
alimentos enlatados. La comida enlatada
mantiene su seguridad y el valor nutricional
mucho más allá de dos años, pero puede tener
alguna variación en la calidad, tales como un
cambio de color y textura.
La seguridad alimentaria no es un problema en
los productos almacenados en la despensa
durante largos períodos de tiempo. De hecho,
la comida enlatada puede tener una vida útil
casi indefinida a temperaturas moderadas. Si la
lata está intacta, no abollada o abultada, es
comestible. Al contrario, no debemos comer el
contenido de ninguna lata nueva o vieja si esta
abollada o abultada, ya que esto estaría
indicando que el producto podría
biológicamente ser no apto para el consumo.
Pese a todo ello, el código que indica la fecha
de elaboración y/o la fecha de caducidad del
enlatado, puede indicarnos si podemos o no
consumir el producto.
Los nutrientes
“El secreto de una óptima nutrición se basa en
consumir una selección de alimentos que
proporcionen la adecuada cantidad de nutrientes,
es decir, carbohidratos, grasas, proteínas,
vitaminas y minerales. La dieta ideal debe
aportar la cantidad necesaria de calorías para
cubrir las necesidades energéticas, aunque sin
llegar a provocar un exceso, ya que ello
generaría un incremento en el peso corporal. Al
mismo tiempo, es necesario que el cuerpo reciba
la cantidad adecuada de fibra y agua para que el
intestino funcione de manera eficaz eliminando
las toxinas del organismo.”
Prácticamente todos los alimentos contienen
algún tipo de nutriente y por ende aporta
calorías —la unidad de medida que se utiliza
para medir la energía de un alimento y que se
expresa con las siglas Kcal—. Sin embargo hay
alimentos que sólo aportan calorías vacías, es
decir, que carecen de nutrientes esenciales. Tal
es el caso del azúcar blanco refinado y algunas
bebidas alcohólicas (sobre todo las blancas).
Estos alimentos y bebidas prácticamente deben
descartarse de la dieta, ya que sólo alientan un
potencial sobrepeso, ya que son ricos en
energía pero pobres en vitalidad. Para saber de
manera práctica qué alimentos seleccionar para
la dieta diaria evitando caer en una nutrición
tóxica o insana, es preciso conocer a grandes
rasgos el perfil nutricional de los alimentos, es
decir, cuáles pertenecen a cada grupo de
nutrientes. De esa forma junto con el uso de la
etiqueta de información nutricional que poseen
los alimentos envasados, es posible establecer
una estrategia inteligente de consumo que
redunde en una mayor calidad de vida y un
máximo estado de bienestar.
En principio, al ingerir una importante variedad
de alimentos provenientes de los tres grupos
nutritivos básicos (carbohidratos, grasas y
proteínas) se consiguen cubrir las necesidades
energéticas del cuerpo. Diariamente deben
incluirse en la dieta alimentos como pan,
cereales y productos como pastas frescas y
secas. En ninguna comida deben faltar las frutas
y las verduras, ya que son las principales
fuentes de vitaminas y minerales. También
debe incluirse alternadamente un moderado
consumo de carne (preferentemente pollo o
pescado), huevos y otras fuentes de proteínas
vegetales, tales como las alubias, los guisantes,
las nueces y las semillas. Finalmente el
consumo controlado de lácteos, sobre todo
desnatados, aporta el hierro y calcio que el
organismo necesita para mantenerse sano y
fuerte. Y claro que beber una gran cantidad de
agua diariamente contribuye a la eliminación
de toxinas, conservando el cuerpo siempre
hidratado. Esta sugerencia de consumo
alimenticio está basada siempre en una dieta
balanceada y nutritiva, no privativa de ningún
grupo de alimentos.
Proporciones nutritivas saludables
En una dieta balanceada, los carbohidratos
deben cubrir un 55 por ciento de las calorías
totales, las proteínas hasta un 15 por ciento y
las grasas o lípidos alrededor de un 30 por
ciento. Sin embargo, es muy común incrementar
el consumo de grasa y azúcares (carbohidratos
simples), provocando un exceso de calorías que
se traducen en un importante sobrepeso
corporal. Al disminuir el consumo de grasas
también disminuye el riesgo de sufrir una
enfermedad cardíaca. También la selección del
tipo de grasa puede ayudar a mejorar la salud.
Debe limitarse principalmente el consumo de
grasas saturadas, presentes en la carne roja, la
leche, el queso, el aceite de coco y de palma, la
mantequilla y en los alimentos procesados. Este
tipo de grasa incrementa el nivel del colesterol
en sangre, el cual, a su vez, aumenta la
acumulación de grasa en las arterias. Por el
contrario, las grasas insaturadas
(monoinsaturadas y poliinsaturadas) son las
que el organismo asimila sin problemas, y que
ayudan además al adecuado funcionamiento de
los órganos (como el caso del ácido graso
omega-3, que protege al corazón y el sistema
circulatorio). Estas grasas son en su mayoría de
origen vegetal aunque también se encuentran
en todas las variedades de pescado azul. Otras
fuentes son las nueces, las paltas y todos los
aceites vegetales (maíz, girasol, oliva y uva).
Asimismo un exceso en el consumo de
proteínas (un 20% de las calorías totales) puede
acarrear serios trastornos a la salud, por lo que
los organismos internacionales no recomiendan
seguir dietas ricas en proteínas y pobres en
carbohidratos.
Comida sana: Los alimentos que
promueven la salud
Cuando se habla de "comida sana" se hace
referencia a la calidad de los alimentos y
preparados, y no precisamente a la cantidad de
los mismos. Existe la idea generalizada de que
comer sano es comer poco o pasar hambre,
cuando en realidad es todo lo contrario. Los
alimentos con un elevado contenido de fibra,
tal como el pan integral o el arroz integral, las
frutas frescas y las verduras, satisfacen
notablemente el apetito y no aportan excesos
de grasas y calorías. Al mismo tiempo, esta
clase de alimentos constituye una fuente
importante de vitaminas y minerales, ayudan a
prevenir el estreñimiento y son altamente
eficaces en la regulación de la absorción de la
glucosa y de los ácidos grasos durante el
proceso digestivo.
Respecto a los cereales y su papel en una
"nutrición sana", hay que tener en cuenta que
los integrales aportan más vitaminas, fibra y
proteínas que los refinados o blancos. Una gran
parte de la fibra, el aceite, las vitaminas del
complejo B, el hierro, la vitamina E y una cuarta
parte del contenido proteico del trigo, proviene
de las bases del germen y de las capas del
almidón que rodea al núcleo. Parte de estas
capas se desechan en el proceso de
refinamiento de los cereales no integrales
(como el caso de la harina blanca). Algo similar
sucede con el arroz blanco, que posee menos
fibra y más almidón que el arroz integral.
Alimentarse para vivir en equilibrio
Los alimentos se presentan en muchas formas
diferentes aunque siempre poseen las mismas
funciones químicas básicas: proveer la energía
necesaria a las células del organismo y ejercer
las funciones de materia prima para el
crecimiento, la restauración y el mantenimiento
de los tejidos y órganos vitales. Los
carbohidratos y las grasas constituyen la fuente
energética principal, es por eso que el valor de
cualquier clase de alimento depende
primordialmente del contenido de estos dos
nutrientes. Por su parte las proteínas también
cumplen un rol indispensable en la nutrición.
En principio, la sensación de saciedad ( Ver
“Exceso de comida” ) es el indicador que el
organismo tiene para asegurar el consumo
óptimo de alimentos y cubrir así las
necesidades energéticas individuales. Sin
embargo, el cuerpo humano también dispone
de otras fuentes de energía adicionales,
almacenadas y acumuladas en forma de
glucógeno y grasas. Estas reservas entran en
funcionamiento cuando el cuerpo no recibe
nutrientes. Por ejemplo, a causa de un ayuno
prolongado o una limitación de alimentos, el
cuerpo recurre a las proteínas de los músculos
para transformarlas en energía. De ahí que
muchas dietas excesivamente bajas en calorías
fomenten la pérdida de masa muscular, ya que
el cuerpo no consigue reponer sus reservas de
energía en tiempo y forma. Por eso siempre es
necesario considerar una dieta variada y
moderada en calorías, incluso para bajar de
peso.
Carbohidratos
“Los carbohidratos —también llamados hidratos
de carbono— son la principal fuente de energía
del cuerpo, utilizada tanto por los músculos como
por el cerebro. Se trata de una familia muy
amplia de alimentos, en la que es necesario
distinguir los productos adecuados para una
alimentación sana.”
El organismo metaboliza o procesa los
carbohidratos en glucosa y glucógeno (el
equivalente animal del almidón de las plantas).
Durante la actividad física, los músculos se
alimentan de la glucosa de la sangre y del
glucógeno del hígado y de los propios músculos.
Si el nivel de glucosa es excesivo, con el tiempo
se convierte en grasa, cuya acumulación
produce sobrepeso u obesidad. De ahí la
importancia de quemar las calorías consumidas.
Los carbohidratos complejos son aquellos que
contienen almidón y provocan menos caries
que los simples o azucarados porque, aunque el
proceso digestivo se inicia en la boca, aquéllos
se absorben en los intestinos; además,
contienen fibra, vitaminas y minerales en mayor
cantidad que los alimentos dulces.
Los almidones deben ser parte fundamental del
consumo diario de carbohidratos (hasta un 55%
de la dieta diaria). Los alimentos que los con-
tienen en mayor cantidad son los cereales
integrales (trigo, avena y arroz), los porotos, las
patatas y las arvejas (guisantes o judías verdes).
Se ha popularizado tanto el mensaje de que el
pan integral es nutritivo, que mucha gente
piensa que el blanco no lo es, lo cual no es
cierto: ambos contienen carbohidratos,
proteínas, vitaminas y minerales, sólo que el
blanco contiene menos fibra. Para balancear la
alimentación es conveniente aumentar el
consumo de cereales, verduras, frutas y
legumbres y reducir el de carnes, grasas y
azúcar refinada.
Los carbohidratos más recomendados
Los mejores carbohidratos son los llamados
“complejos” ya que contienen mucha fibra, y se
encuentran sobre todo en las verduras, frutas y
los granos enteros. Estos tipos de carbohidratos
tardan más tiempo en descomponerse en
glucosa con lo que no existe un pico de insulina
tan alto y además aportan una mayor cantidad
de nutrientes. Permiten evitar los picos de
hipoglucemia que suelen terminar en estados
de ansiedad por comer alimentos dulces y
harinosos. Una dieta que incluya
fundamentalmente carbohidratos complejos,
promueve un estado de salud y bienestar
general además de que alienta una óptima
nutrición.
En cambio, los carbohidratos refinados o
simples son más fáciles de digerir para el
cuerpo debido a sus estructuras menos
complejas pero proporcionan picos muy altos
de insulina y además se procesan
industrialmente, perdiendo así una gran parte
de su valor nutritivo y convirtiéndose en
alimentos que engordan con facilidad ya que
aportan grandes cantidades de calorías.
Un consumo insuficiente de carbohidratos
puede generar una serie de trastornos:
• Problemas digestivos: si no ingerimos
carbohidratos, la dieta carece de fibra. Ésta, es
necesaria para prevenir el estreñimiento, y
también ralentiza la digestión de los alimentos
y por lo tanto reduce su carga glucémica. La
fibra también puede ayudar a evitar comer en
exceso ya que contribuye a sentirnos llenos
rápidamente.
• Menor nivel de energía y rendimiento físico:
la grasa no se puede utilizar como combustible
exclusivo, por lo que cuando la reserva de
carbohidratos se agota, el cuerpo acusa un
estado de fatiga y decaimiento general.
• Pérdida en la capacidad de coordinación: a
diferencia de los músculos, el cerebro no puede
almacenar su propia glucosa o quemar grasa.
Por lo tanto, cuando se restringen
excesivamente los carbohidratos hasta el punto
de de agotarse el glucógeno hepático, el
cerebro no estará bien alimentado y pueden
aparecer los primeros síntomas de debilidad y
cansancio mental.
• Cambios de humor: los carbohidratos
contribuyen a mantener los niveles de
serotonina en el cerebro. La serotonina es una
sustancia química que produce una sensación
de calma y mejor estado de ánimo. Una
carencia puede provocar nerviosismo e
irritación.
La clave para un adecuado consumo está en
seleccionar los alimentos que aportan
carbohidratos complejos (almidones) y fibra, en
las cantidades más apropiadas. El trigo duro,
arroz integral, verduras frescas, legumbres y
frutas son buenas fuentes de carbohidratos
saludables. Debemos revisar la etiqueta de
información nutricional para controlar el aporte
de azúcares de cada alimento que aporta
carbohidratos. También un exceso de
carbohidratos puede repercutir en el peso
corporal, ya que la energía (calorías) que el
cuerpo no utiliza, las acumula como reservas de
grasa.
Menos azúcar, más salud
El azúcar refinada no contiene vitaminas ni
minerales; la miel y el azúcar mascabada los
contienen en muy pequeñas cantidades pero su
consumo desmedido causa sobrepeso, caries
dental e hipoglucemia (una especie de adicción
a los alimentos dulces). He aquí algunos
consejos para reducir el consumo de azúcar y
evitar una nutrición tóxica:
• Dejar paulatinamente de endulzar las bebidas
calientes. Una vez que se acostumbran a no
probar el azúcar, muchas personas revelan que
el sabor de las bebidas mejora.
• No tomar refrescos; es preferible beber agua
o jugo de fruta recién preparado y diluido.
• Leer la etiqueta de los alimentos y bebidas
envasados y procurar comprar sólo los que
contengan poco azúcar o nada.
• Comer fruta o una porción de queso magro al
terminar cada alimento en vez de rematar con
postres azucarados.
• No guardar caramelos, chocolates ni pasteles
en la casa como un premio o compensación de
algo.
• Si se desea comer algo a deshoras o entre
comidas, una pequeña ración de verduras cru-
das, fruta, yogur, queso o nueces es una buena
opción. Dichos tentempiés son más nutritivos
que las golosinas y los productos de panadería
o bollería.
Grasas o Lípidos
“Llevar una alimentación pobre en grasas o
lípidos no sólo ayuda a bajar de peso, sino
también a mantener la línea y a sentirse bien
física y mentalmente. Si bien existen grasas que
son esenciales e indispensables para el
organismo, son pocos los alimentos que las
contienen y pueden incorporarse a la dieta de
manera cotidiana y sin riesgos.”
Según la Organización Mundial de la Salud
(OMS), la proporción diaria de grasas en la
alimentación de una persona sana debería
corresponder a un máximo de 30 por ciento del
aporte calórico global. De este 30 por ciento, 60
debería estar compuesto por ácidos grasos
insaturados (grasas de origen vegetal). Esto
significa que para una persona que tenga, por
ejemplo, unas necesidades diarias de 2.400
calorías, debería consumir 80 gramos de grasas
por día, equivalentes a 30 por ciento de 2.400
(es decir, 720) dividido por nueve (porque ése
es el número de calorías producidas por un
gramo de grasas).
Para los deportistas, la proporción es la misma.
La ingesta diaria de lípidos en la dieta del atleta
debe mantenerse en torno de 25 y 30 por
ciento del aporte calórico total, dando
prioridad a los de origen vegetal. Debido a que
el deportista suele necesitar más calorías que el
individuo sedentario, consumir alimentos
grasos es una forma de elevar la ración calórica
en menor cantidad de comida.
Pero, ¿qué sucede cuando no se respetan estas
proporciones? Si se ingieren demasiadas grasas,
se sufre un desequilibrio en la relación entre
masa muscular y masa grasa, con el
consiguiente descenso del rendimiento físico
general. Pero también se puede incurrir en
sobrepeso, enfermedades cardiovasculares,
dificultades en la digestión y en la asimilación
de alimentos, entre otras cosas. Además, un
exceso de grasas sumado a una carencia de
carbohidratos y agua puede hacer que los
lípidos no se metabolicen por completo y
resulten tóxicos para el organismo. Por el
contrario, un aporte insuficiente puede generar
problemas de hipovitaminosis (carencia de
vitaminas), eccema, caída del cabello y
trastornos en la piel. Por ello, como ocurre con
todas las clases de alimentos, también para las
grasas se aplica el principio de "comer de
manera equilibrada", en las cantidades
adecuadas y sin incurrir en excesos.
Los diferentes tipos de grasas
Comer demasiada grasa puede producir un gran
número de problemas de salud. La cantidad
total y el tipo de grasa pueden contribuir o
incrementar el riesgo de padecer enfermedades
cardiacas, colesterol alto, un riesgo mayor de
contraer ciertos cánceres (como el cáncer de
colon), obesidad, presión arterial alta, y
diabetes tipo 2. Por eso es importante saber
que hay distintos tipos de grasa. Algunas son
beneficiosas para la salud si se consumen en
cantidades pequeñas, pero otras no lo son.
A las grasas se las puede diferenciar en dos
grupos, las grasas saturadas y las insaturadas o
aceites. Todas ellas se encuentran en los
alimentos, y son las que consumimos más
habitualmente en la dieta, pero es importante
que sepamos las características de cada tipo, ya
que no es lo mismo una clase que otra, a pesar
de englobarse todas dentro del término grasa,
pues los efectos que tienen en el organismo
varían mucho.
GRASAS SATURADAS
Las grasas saturadas son un tipo de lípidos que
se encuentra fundamentalmente en los
alimentos de origen animal como la carne,
embutidos, leche y derivados lácteos. Además
podemos apreciar su presencia en dos tipos de
aceite, el de coco y el de palma. Es el tipo de
grasa considerada dañina, ya que es un tipo de
grasa ya procesada que el organismo no tiene la
cualidad de transformar, sino que tiende a
acumular acabando por obstruir las arterias y
generando problemas en el sistema circulatorio.
Sí que es cierto que en muchos alimentos se
utilizan este tipo de grasas por su alto sabor y
su poder saciante, pero no es nada
recomendable para mantener una buena salud.
Debe limitarse su consumo al mínimo posible.
GRASAS INSATURADAS
Dentro de las grasas insaturadas podemos
encontrar varios tipos. Por un lado tenemos las
grasas monoinsaturadas presentes en el aceite
de oliva. Su principal componente es el ácido
oleico y es un tipo de grasa beneficiosa para el
organismo, ya que nos ayuda a eliminar las
grasas malas y a controlar los niveles de
colesterol en sangre, mejorando de esta
manera la salud de las arterias y fomentando
una buena circulación sanguínea.
Por otro lado tenemos las grasas
poliinsaturadas que son beneficiosas para el
organismo, pero se oxidan con más facilidad
que el resto expulsando una serie de sustancias
tóxicas que son las causantes de numerosas
enfermedades. Pero a pesar de esto, es un buen
tipo de grasa, ya que sus beneficios son
mayores que los perjuicios que pueden llegar a
causar.
ACEITES ESENCIALES
No debemos olvidar los aceites esenciales para
el organismo como el linoleico que se
encuentra en aceites de semillas como el
girasol, el germen de trigo, el maíz, la soja. Es
fundamental para el buen funcionamiento del
organismo. Por el contrario el aceite linolénico
está presente en otros aceites como el de soja,
y es a partir de este de donde se forman los
ácidos grasos omega-3 necesarios para el
correcto funcionamiento del sistema
cardiovascular.
Hay que destacar que el omega-3 es un tipo de
grasa esencial para un buen funcionamiento del
organismo, y por lo tanto debemos saber que
está presente en los pescados exclusivamente,
lo que los convierte en un alimento necesario
para mantener una buena salud.
GRASAS TRANS
Las grasas trans son una de las últimas
adiciones a la etiqueta de información
nutricional, por lo que puede es más fácil saber
si un alimento contiene o no este tipo de
grasas. La mayoría de las grasas trans se
producen cuando los fabricantes “hidrogenan”
aceites líquidos, lo que los convierte en grasas
sólidas, como la manteca o algunas margarinas.
Las grasas trans por lo general se encuentran en
las galletas saladas, las galletas dulces, los
alimentos de merienda y en otros alimentos
hechos —o fritos— con estos aceites sólidos.
Las grasas trans, así como las grasas saturadas y
el colesterol, aumentan el colesterol LDL (malo).
Pero además las grasas trans disminuyen el
colesterol HDL (bueno). Esto aumenta aún más
el riesgo de padecer enfermedades coronarias.
Fuentes saludables de grasas
Conviene tener en cuenta que todas las grasas
que requiere nuestro cuerpo pueden
encontrarse en alimentos como los aceites
vegetales puros, los frutos secos y el pescado
azul, que aportan la Vitamina E y los ácidos
grasos insaturados suficientes para un correcto
funcionamiento orgánico.
Los alimentos que contienen muy pocas grasas
son los que poseen nutrientes vitales como es
el caso de las hortalizas y las frutas, por eso,
pueden consumirse sin problema. Por su parte,
las legumbres como garbanzos, lentejas y judías
son excelentes aliados para una dieta pobre en
grasas. También se puede consumir pan, arroz y
pastas pero siempre teniendo cuidado con las
combinaciones, por ejemplo: no se debe comer
pastas acompañadas de una salsa muy pesada
con mucho condimento y carne grasosa.
Además conviene limitar el consumo de carnes
rojas, dulces y pastelería, snacks y alimentos
fritos. Su aporte de grasa atenta contra la
silueta y la salud general del cuerpo.
Dietas sin grasas y el "efecto yo-yo"
Un exceso en el consumo de grasas incide
directamente en la figura más que un abuso de
carbohidratos o proteínas. Supongamos que
consumimos 100 calorías extras por día; si estas
calorías provienen de sustancias ricas en
lípidos, el organismo quema sólo 3 y almacena
97. En cambio, si las mismas calorías proceden
de alimentos azucarados o proteicos (pasta,
pan, legumbres), nuestro cuerpo quema 23 y
nutre con las 77 restantes los temidos rollos o
"michelines" (grasa corporal acumulada en la
zona abdominal). Por eso algunos científicos
son propensos a relacionar la obesidad con un
exceso de grasas más que con un exceso de
calorías.
Sin embargo, todo esto no implica que para
bajar de peso haya que adoptar una dieta sin
grasas. Es más, quien lo hace esperando
obtener resultados rápidos se arriesga a
convertirse en obeso. Según los principales
expertos, son precisamente las dietas
adelgazantes restrictivas las principales
responsables de lo que se denomina "efecto yo-
yo" (el peso va y viene); este efecto consiste en
una oscilación entre pérdida y recuperación del
peso que provoca una ralentización gradual del
metabolismo y lleva, con el paso de los años, a
la obesidad. Para evitar todo esto y adelgazar
de forma definitiva, es necesario seguir un
régimen reducido ligeramente en calorías, que
satisfaga las necesidades diarias de grasas y no
cause una pérdida de peso superior a un kilo
por semana.
Determina tu nivel de consumo de
grasas
Un método muy sencillo y efectivo a la hora de
saber la verdad sobre la cantidad de grasas que
ingieres es el siguiente:
Durante 7 días controla la cantidad de
alimentos grasos que consumes, como huevos,
leche, dulces, pasteles, aceites, etc. Luego de
finalizar la semana calcula, con ayuda de las
tablas que aparecen en las etiquetas de cada
alimento, la cantidad de grasas que has
consumido durante ese periodo. Divídelo por 7
y sabrás lo que ingieres por día; si esta cifra
supera los 90g diarios entonces debes eliminar
grasas inmediatamente. Lo ideal es un consumo
de 60g a 70g por día y si deseas adelgazar los
valores deben ir de 30g a 40g pero no menos,
porque puedes sufrir de una carencia de
nutrientes como vitaminas y ácidos grasos
necesarios para tu organismo.
El control en el consumo de grasas totales es la
manera de cuidar el peso y la salud, seguido
siempre de una selección en grasas de origen
vegetal. Las etiquetas de todos los alimentos
envasados proveen la información sobre las
grasas. Por eso respecto a la “grasa total” de los
alimentos envasados debemos considerar lo
siguiente:
• Al comparar los alimentos, verifique la
etiqueta de información nutricional y escoja los
alimentos que tengan el % de VD de grasa total
y grasas saturadas más bajo y ningún o un
número bajo de gramos de grasas trans.
• 5% de VD o menos de grasa total es bajo.
• 20% de VD o más de grasa total es alto.
• Al escoger alimentos que indiquen “sin grasa”
y “bajo en grasa”, debemos comprender que sin
grasa no significa sin calorías. En ocasiones,
para añadirle sabor al alimento, se le añade
azúcar, lo que a su vez añade calorías. Es
preciso asegurarse siempre de verificar las
calorías por porción.
Proteínas
“Junto con los Carbohidratos y las Grasas, las
Proteínas conforman el grupo de
macronutrientes o nutrientes esenciales que
necesita el cuerpo para mantenerse vital y en
forma. Órganos como la piel, los músculos, las
uñas, los huesos y los dientes están constituidos
por proteínas. Por eso son tan importantes y
cuando nuestros músculos no están firmes,
indican claramente que estamos consumiendo
pocas proteínas. Sin embargo, hay que considerar
que no todas las fuentes de proteínas son ideales
para una nutrición sana, ya que existen algunas
que vienen unidas a grasas saturadas y
aumentan el riesgo de enfermedades
cardiovasculares. Entonces, la clave para
mantener la salud es elegir las proteínas
adecuadas.”
Las proteínas son sustancias orgánicas que
contienen carbono, hidrógeno, oxígeno y
nitrógeno. Están compuestas de aminoácidos,
sus unidades más simples, algunos de los cuales
son esenciales para nuestro organismo; es
decir, que necesariamente han de ser ingeridos
junto con la dieta, ya que el cuerpo no es capaz
de producirlos por sí solo. Existen veinte
aminoácidos distintos, codificados en el
material genético de los organismos, que
pueden combinarse en cualquier orden y
repetirse de cualquier manera para dar lugar a
estas macromoléculas.
El ser humano necesita un total de veinte
aminoácidos, de los cuales, 11 de ellos nuestro
propio organismo los sintetiza y no necesitamos
adquirirlos de la dieta, éstos son llamados no
esenciales o dispensables. Los nueve restantes
no somos capaces de sintetizarlos y deben ser
aportados por los alimentos de nuestra dieta
diaria. Los aminoácidos que adquirimos
obligatoriamente de la dieta son los
denominados aminoácidos esenciales, o
actualmente llamados indispensables, y son:
histidina, isoleucina, leucina, lisina, metionina
(y cisteína), fenilalanina (y tirosina), treonina,
triptofano, y valina.
En función de la cantidad de aminoácidos
esenciales, se establece la calidad de los
distintos tipos de proteínas. Aquellas que
contienen cantidades suficientes de cada uno
de los aminoácidos esenciales son proteínas de
alto valor biológico y, cuando falta un
aminoácido esencial, el valor biológico de esa
proteína disminuye.
El organismo no puede sintetizar proteínas si
tan sólo falta un aminoácido esencial. Todos los
aminoácidos esenciales se encuentran
presentes en las proteínas de origen animal
(huevo, carnes, pescados y lácteos), por tanto,
estas proteínas son de mejor calidad o de
mayor valor biológico que las de origen vegetal
(legumbres, cereales y frutos secos). Si bien
puede darse un déficit, las proteínas
incompletas bien combinadas pueden dar lugar
a otras de valor equiparable a las de la carne, el
pescado y el huevo (especialmente importante
en regímenes vegetarianos). Son combinaciones
favorables: leche y arroz o trigo o sésamo o
patata, leche con maíz y soja, legumbre con
arroz, alubia y maíz o trigo, soja con trigo y
sésamo o arroz, arroz con frutos secos, etc.
Clasificación de las proteínas
Según su contenido en aminoácidos esenciales
Proteínas completas o de alto valor biológico: si
contienen los aminoácidos esenciales en
cantidad y proporción adecuadas.
Proteínas incompletas o de bajo valor biológico:
si presentan una relación de aminoácidos
esenciales escasa. Las legumbres y los frutos
secos son deficitarios en metionina, mientras
que los cereales son deficitarios en lisina.
Según la OMS, la proteína de mayor calidad es
la del huevo, a la que se asignó el valor de
referencia 100, a partir del cual se determina el
valor biológico del resto de proteínas.
Según su estructura química
Simples: si al hidrolizarse sólo dan aminoácidos.
Incluyen la albúmina del huevo, las globulinas
del plasma sanguíneo, las prolaminas, el
colágeno.
Conjugadas: formadas por la unión de una
fracción nitrogenada y otra de naturaleza no
proteica. En este grupo se encuentran las
lipoproteínas (que combinan proteínas y
lípidos), las glucoproteínas y mucoproteínas, las
metaloproteínas (como la hemosiderina o
ferritina), las fosfoproteínas y las
nucleoproteínas (formadas al combinarse una
proteína simple con un ácido nucleico - ADN,
ARN).
Metabolismo y consumo de proteínas
Las proteínas comienzan a digerirse en el
estómago, donde son atacadas por la pepsina,
que las divide en sustancias más simples,
liberando algunos aminoácidos. En el duodeno,
el jugo pancreático y posteriormente, las
enzimas del jugo intestinal completan su
digestión. Los aminoácidos se absorben en el
intestino delgado, pasan directamente a la
sangre y llegan al hígado donde unos se
almacenan y otros intervienen en la síntesis o
producción de proteínas de diversos tejidos,
formación de anticuerpos, etc.
Según se desprende de numerosos estudios
sobre evolución de consumo de alimentos en
las sociedades occidentales, el porcentaje de
energía aportado por las proteínas y grasas
aumenta progresivamente hasta alcanzar cifras
preocupantes. Así es común encontrar
poblaciones en donde las proteínas aporten en
torno al 20 % de la energía total de la dieta,
frente al 12-15 % recomendado. Como medida
promedio para un adulto mayor, la cantidad de
proteínas diarias debe estar en torno a un
consumo total de 40 a 60 gramos.
Las proteínas se encuentran ampliamente
distribuidas tanto en alimentos de origen
animal (carnes, pescados, lácteos y huevos),
como en alimentos de origen vegetal
(legumbres, cereales y frutos secos). Las
proteínas animales, al tener mayor contenido
en aminoácidos esenciales resultan más
completas que las vegetales. Sin embargo, la
relación adecuada entre ellas en una dieta
equilibrada debe ser mayor que uno, a favor de
las vegetales.
Un estudio reciente de la Universidad del Sur
de California, Estados Unidos, sugiere que
quienes siguen una dieta alta en proteínas se
dañan el organismo a sí mismos. Los
investigadores recordaron que al igual que la
carne roja, los lácteos con muchas proteínas
también son peligrosos. Un vaso de leche de
200 ml representa el 12 por ciento de la
cantidad diaria recomendada, mientras que una
feta de queso de 40 gramos contiene un 20 por
ciento. De ahí que sea fácil excederse en el
consumo de proteínas, sobre todo si la dieta
diaria además es pobre en carbohidratos. Existe
la idea de que las dietas proteicas son ideales
para perder peso, y si bien es cierto que se
consigue eliminar kilos, el trabajo que recibe el
cuerpo al procesar el exceso de proteínas pone
en peligro la salud. El pollo, el pescado, las
legumbres, las nueces y los granos son fuentes
más sanas de proteína que las carnes rojas, los
lácteos y los huevos. De todos modos, una
pechuga de pollo o un filete de salmón
contienen cerca del 40 por ciento de la dosis
diaria recomendada de proteínas. Asimismo, la
investigación muestra que una dieta con bajo
contenido de proteínas en la mediana edad es
útil para prevenir el riesgo de cáncer y la
mortalidad en general
¿Proteínas animales o vegetales?
Puesto que sólo asimilamos aminoácidos y no
proteínas completas, el organismo no puede
distinguir si estos aminoácidos provienen de
proteínas de origen animal o vegetal.
Comparando ambos tipos de proteínas se
puede considerar:
• Las proteínas de origen animal son moléculas
mucho más grandes y complejas, por lo que
contienen mayor cantidad y diversidad de
aminoácidos. En general, su valor biológico es
mayor que las de origen vegetal. Como
contrapartida son más difíciles de digerir,
puesto que hay mayor número de enlaces entre
aminoácidos por romper. Combinando
adecuadamente las proteínas vegetales
(legumbres con cereales o lácteos con cereales)
se puede obtener un conjunto de aminoácidos
equilibrado. Por ejemplo, las proteínas del
arroz contienen todos los aminoácidos
esenciales, pero son escasas en lisina. Si las
combinamos con lentejas o garbanzos,
abundantes en lisina, la calidad biológica y
aporte proteico resultante es mayor que el de
la mayoría de los productos de origen animal.
• Al tomar proteínas animales a partir de
carnes, aves o pescados ingerimos también
todos los desechos del metabolismo celular
presentes en esos tejidos (amoniaco, ácido
úrico, etc.), que el animal no pudo eliminar
antes de ser sacrificado. Estos compuestos
actúan como tóxicos en nuestro organismo. El
metabolismo de los vegetales es distinto y no
están presentes estos derivados nitrogenados.
Los tóxicos de la carne se pueden evitar
consumiendo las proteínas de origen animal a
partir de huevos, leche y sus derivados. En
cualquier caso, siempre serán preferibles los
huevos y los lácteos a las carnes, pescados y
aves. En este sentido, también preferiremos los
pescados a las aves, y las aves a las carnes rojas
o de cerdo.
• La proteína animal suele ir acompañada de
grasas de origen animal, en su mayor parte
saturadas. Se ha demostrado que un elevado
aporte de ácidos grasos saturados aumenta el
riesgo de padecer enfermedades
cardiovasculares.
• Las proteínas de origen animal se obtienen de
alimentos que generalmente se compran sin
envasar, aunque cada vez más los productos
cárnicos se consumen envasados y procesados.
Es importante considerar que cada gramo de
proteína —al igual que los carbohidratos—
aporta 4 calorías, frente a las 9 calorías por
gramo de grasas. De allí que un exceso de
proteínas de origen animal no incide tanto en
el peso como en cuestiones de salud vinculadas
a una sobrecarga en el trabajo del hígado y los
riñones. Por ello, excederse en las proteínas
puede llegar a provocar una nutrición tóxica.
• En la actualidad se ofrecen nuevos productos
ricos en proteínas de origen vegetal,
presentados en forma de suplementos
proteicos. Tal es el caso de la espirulina, un
microorganismo perteneciente a los lagos de
agua dulce que se lo conoce como “alga azul”.
Su riqueza en proteínas puede alcanzar el 70 %
de su peso bruto. Las proteínas de la espirulina
contienen todos los aminoácidos esenciales, a
partir de los cuales el organismo construye su
arquitectura. Aunque los aminoácidos de la
espirulina no sean tan completos como los de
la carne animal (especialmente en los que se
refiere a la metionina, cisteína y lisina) sí que
son mucho más completos que los que poseen
las plantas, incluidas las legumbres.
Sobre el consumo total: En general, se
recomienda que una tercera parte de las
proteínas que comamos sean de origen animal,
pero es perfectamente posible estar bien
nutrido sólo con proteínas vegetales. Eso sí,
teniendo la precaución de combinar estos
alimentos en función de sus aminoácidos
limitantes. El problema de las dietas
vegetarianas en occidente suele estar más bien
en el déficit de algunas vitaminas, como la B12,
o de minerales, como el Hierro, y no tanto en la
carencia proteica.
Nota: Al observar la etiqueta de los alimentos
envasados podemos determinar el % de VD
recomendados, considerando que un 20% o
más es un aporte significativo de este nutriente,
sobre todo si el alimento es de origen animal.
En este sentido es bueno lograr una
combinación en el consumo de proteínas tanto
animales como vegetales, sin dejar de
considerar el consumo de grasa y colesterol que
además proveen los alimentos proteicos de
origen animal (carnes, huevos y productos
lácteos).
Vitaminas y Minerales
“La vida humana sería en verdad imposible a
falta de enzimas y vitaminas, pues son los
responsables de convertir nuestro alimento en
energía. Las vitaminas intervienen también en la
promoción del crecimiento y en el
mantenimiento de la función inmunológica.
Permiten que tenga lugar la reproducción y
promueven la longevidad. A su vez, los minerales
también son importantes para tener huesos y
dientes sanos. Como las vitaminas, los minerales
no pueden ser producidos por el cuerpo y deben
también provenir de la dieta, de allí que
ostenten el nombre de micronutrientes. Si se
consigue identificar un déficit vitamínico se
puede mejorar significativamente problemas
específicos de salud como la fatiga, la depresión
y el envejecimiento prematuro.”
Es importante recordar que las vitaminas por
definición, no pueden ser producidas por el
cuerpo, y deben, por tanto, provenir de la
dieta. Una vitamina es una entidad delicada e
inestable que puede ser fácilmente destruida
durante el transporte desde la granja hasta la
factoría, y de ahí al supermercado. Lo poco que
queda suele perderse en su camino del
congelador al microondas, y de éste a la mesa.
Resulta irónico que la dieta occidental típica
carezca de suficientes cantidades de nutrientes
esenciales, y que podamos estar
sobrealimentados pero no dejemos de estar
desnutridos.
Aunque todos necesitamos los mismos
minerales y vitaminas para disfrutar del
bienestar y de una buena salud, los
requerimientos individuales varían con la edad,
sexo, estilo de vida y ocupación. Debido a esto
no puede haber una fórmula patrón con la que
determinar los requerimientos individuales. Hay
tablas que dan los requerimientos nutricionales
medios, pero éstas son básicamente una mera
aproximación por la manera en que se han
calculado. Estas tablas dan en definitiva los
Valores Diarios Recomendados (% VD) de
vitaminas, impulsados por la OMS. Asimismo,
las investigaciones científicas hasta el momento
indican que las vitaminas ayudan a mantener
nuestro sistema inmunitario, y que, por tanto
su deficiencia puede deteriorar la capacidad del
cuerpo para resistirse a las enfermedades.
Tipos de vitaminas
Hidrosolubles
Vitamina B1 (tiamina), B2 (riboflavina), B3
(niacina), B5 (ácido pantoténico), B6
(piridoxina), B8 (biotina) y B9 (ácido fólico):
están presentes en los vegetales de hoja verde,
la leche y el hígado. Participan en procesos
metabólicos y en la producción de sangre, en el
caso de ácido fólico.
Vitamina B12 (cobalamina): se encuentra en
alimentos de origen animal como carne, hígado,
lácteos y huevos. Actúa en la producción de
sangre y en el desarrollo del sistema nervioso.
Vitamina C (ácido ascórbico): está en los
vegetales verdes (brócoli), tomates, papas y
frutas cítricas. Indispensable para la producción
de colágeno, estructura fundamental de la piel,
dientes, cartílagos y huesos, y también es
antioxidante.
La carencia de vitaminas hidrosolubles puede
ocurrir en personas que ingieren un exceso de
grasas o alimentos de baja calidad nutricional,
o en estados de enfermedad y desnutrición. Su
déficit puede aparecer rápidamente porque no
hay depósitos importantes en el cuerpo.
Liposolubles
Vitamina A: es importante para la visión, las
funciones inmunitarias y el crecimiento de
todas las células. Presente en alimentos de
origen animal como hígado, pescado, huevos,
lácteos y vegetales de hoja verde o color
anaranjado.
Vitamina D: su función principal es regular el
metabolismo del calcio en la sangre. Se halla en
lácteos, pescado, yema de huevo y cereales
fortificados. La piel expuesta a la luz solar es
capaz de sintetizarla y disminuir así el
requerimiento dietético.
Vitamina E: es el agente antioxidante más
importante y está en todos los aceites
vegetales, semillas, frutos secos y vegetales de
hoja verde.
Vitamina K: fundamental para mantener
equilibrada la coagulación de la sangre, se
encuentra en aceites vegetales, hígado y
vegetales de hoja verde. Parte de los
requerimientos diarios son cubiertos a través
de la síntesis de esta vitamina por la flora
bacteriana intestinal.
La carencia de vitaminas liposolubles puede
ocurrir por una ingesta deficiente o cuando
alguna enfermedad altera la absorción de
grasas en el intestino. La correcta absorción de
grasas necesita un intestino, un hígado y un
páncreas sanos. También la insuficiente
exposición a la luz del sol predispone a
carencias de vitamina D.
Minerales esenciales
Al igual que las vitaminas, también los
minerales se obtienen de la dieta, ya que el
cuerpo no puede sintetizarlos. Los
denominados macrominerales (calcio, fósforo y
magnesio) cumplen una función estructural, y
los electrolitos (sodio, potasio y cloro) son
fundamentales para el funcionamiento de
membranas celulares y equilibrio acuoso. Se
necesitan ingestas diarias de cada uno, medida
en miligramos. En el caso de los elementos
minerales traza (hierro, zinc, cobre, manganeso,
flúor, iodo y otros), la ingesta necesaria es de
miligramos o microgramos por día. Participan
en la estructura de proteínas, enzimas,
hormonas y tejidos.
Cuasivitaminas
Las cuasivitaminas son sustancias intermedias
entre una vitamina y una sustancia grasa, de
composición similar a la de una vitamina y
dotadas de misteriosa y asombrosa potencia.
Son biosustancias incorporadas a nuestro
metabolismo desde hace millones de años.
Entre las cuasivitaminas identificadas en la
actualidad se destacan cuatro:
• La carnitina (vitamina Bt) ideal para una línea
esbelta. La contienen: carnes rojas, pescado,
aves de corral, caza, hígado, leche, levadura de
cerveza.
• La coenzima Q definida como el calefactor de
la combustión celular, que va admitiendo las
moléculas grasas y las echa a la caldera. La
contienen: carnes, sardinas, espinacas,
cacahuetes.
• La coenzima A es el fabricante de energía más
activo de los 70 billones de células, e
imprescindible para la actividad muscular de
cualquier tipo (desde abrir los párpados hasta
mover todo el cuerpo). La contienen: carnes,
hígado, huevos, cereales integrales, soja y sus
derivados, semilla de girasol, levadura de
cerveza, quesos fermentados.
• Los bioflavonoides (vitamina P) son las
sustancias protectoras de las células vegetales;
una vez asimilados por nuestro metabolismo
creen hallarse todavía en su medio originario y
siguen ejerciendo su beneficiosa acción. Los
contienen: frutas, tomates, pimientos verdes,
alforfón, brócoli, pimientos rojos, hortalizas.
Cómo obtener todas las vitaminas y
minerales
La pregunta más importante de todas es la de si
estamos obteniendo de nuestro alimento todos
los nutrientes que necesitamos. Comúnmente
se cree que podemos obtener todas las
vitaminas y minerales que necesitamos si
comemos una dieta bien equilibrada. Pero ¿qué
es una dieta bien equilibrada? ¿Es fácil y
práctica de seguir? ¿Cuántas veces olvidamos el
desayuno para precipitarnos hacia el trabajo?
¿Cuán a menudo picamos una pizza o una
hamburguesa cuando corremos de vuelta a la
oficina tras ir de compras o pagar la factura del
gas durante nuestra hora de almuerzo? Cuando
volvemos por la tarde, resulta tentador
comprar una comida «lista para llevar», pues
nos hallamos demasiado cansados para cocinar.
¿Cómo asegurarnos de no estar desnutridos a
pesar de estar sobrealimentados? El enfoque
de una dieta saludable acompañada de
suplementos nos asegurará obtener la cantidad
correcta de los nutrientes requeridos para una
salud óptima. Se debe tener un especial
cuidado al escoger los suplementos. En general,
los suplementos multivitamínicos y minerales
suelen ser píldoras de “una al día” que
contienen cantidades de nutrientes
cuidadosamente graduadas, y pueden servir de
«política de seguridad».
Una preparación multivitamínico-mineral bien
equilibrada puede ser lo único que el cuerpo
necesite para obtener todas las vitaminas y
minerales necesarios. Se podrá tomar, bajo el
consejo y la prescripción de un médico,
añadiendo nutrientes aislados en caso de
necesidades específicas. Sin embargo, todos
aquellos que deseen llevar a cabo una dieta
alimentaria natural para obtener los nutrientes
necesarios, pueden hacerlo y prescindir así de
los suplementos… tan sólo incorporando una
mayor cantidad y variedad de frutas y verduras
frescas, legumbres, cereales integrales, huevo,
lácteos desnatados y carnes magras, sobre todo
pescados y aves. Es importante revisar si los
alimentos envasados que consumimos
contienen vitaminas y minerales, a veces,
detallado como un “aporte extra” o con el texto
“enriquecido con…”. No debemos confiarnos de
la etiqueta central, siempre debemos leer la
Información Nutricional detallada al dorso de
cada envase.
Micronutrientes importantes
“Existen muchos nutrientes esenciales para
nuestro organismo, además de los
macronutrientes —carbohidratos, grasas y
proteínas—. Enmarcados en la categoría de
micronutrientes, conviene destacar el consumo
de algunos minerales, como el Sodio, el Potasio y
el Calcio, además de elementos nutricionales
como el Colesterol y la Fibra Alimentaria. En
conjunto todos deben ser considerados para
alentar una óptima nutrición y evitar que un
exceso o carencia de ellos, pueda generar
trastornos de salud y toxicidad al organismo. Una
dieta saludable no puede dejar de considerar
todos los nutrientes que nos proveen los
alimentos, pues de una adecuada selección se
obtiene salud perdurable.”
SODIO Y POTASIO
El sodio (sal) y el potasio son dos minerales que
pertenecen a la misma familia ya que sus
características químicas son muy similares, pero
su distribución y función en nuestro organismo
es muy distinta. En primer lugar, la mayoría del
sodio del cuerpo se encuentra en la sangre, el
líquido extracelular y otros fluidos, mientras
que un 95% del potasio se halla dentro de las
células. Al ser el mineral más abundante en las
mismas, es innegable la necesidad de que la
dieta lo contenga en grandes proporciones.
Sin embargo, la alimentación promedio de la
mayoría de las personas es bastante pobre en
potasio, ya que este elemento se encuentra en
los alimentos que menos se incluyen
actualmente: frutas y verduras frescas y crudas
(al cocinarlas pierden mucho potasio, lo que
debe aumentarse la ingesta). Así y todo, la
dieta típica occidental aporta un promedio de 3
gramos de potasio al día, cubriendo de esa
manera los requerimientos establecidos desde
la óptima nutrición (unos 2,5 gramos diarios).
EN BUSCA DEL EQUILIBRIO MINERAL
Independientemente de los niveles de potasio,
lo más importante es su equilibrio con el
consumo de sodio. En realidad, las necesidades
diarias de estos dos minerales dependen de su
combinación en la dieta: a mayor ingesta de
sodio, mayor necesidad de potasio. Por
ejemplo, las necesidades diarias mínimas del
organismo son de alrededor de 0,5 g de sodio, y
una alimentación típica provee unos 2 g por
día. Este promedio, 4 veces mayor que la dosis
necesaria, sugiere que el consumo de potasio
debería potenciarse notablemente. Así, para
una ingesta diaria de sodio de unos 1,5 g se
deberían consumir 6 g de potasio. Y aunque los
especialistas aconsejan consumir cinco veces
más potasio que sodio, la realidad demuestra
un alarmante desequilibrio: se consume al
menos el doble de sodio que de potasio. La
Organización Mundial de la Salud (OMS)
recomienda limitar el sodio a menos de 2 g al
día –son 5 g de sal– y la Asociación Americana
del Corazón aconseja bajar la ingesta de sodio a
menos de 1,5 g diarios.
¿POR QUÉ MENOS SODIO Y MÁS POTASIO?
La energía contenida en nuestra alimentación
se libera a través de un proceso de oxidación
que debe ser lo más completo posible para
evitar que se retengan productos tóxicos de
desecho. El sodio inhibe este proceso,
promoviendo la acumulación de toxinas y
ácidos, mientras que el potasio lo favorece.
Además, tener altos niveles de sodio en el
cuerpo es un factor fundamental en el
desarrollo de hipertensión arterial (aunque no
el único o excluyente).
Por otra parte, se ha determinado una relación
directa entre un alto nivel de sodio y bajos
niveles de azúcar en la sangre, lo que se conoce
como hipoglucemia. Asimismo, un desequilibrio
entre ambos minerales puede perjudicar la
contracción muscular y la conducción de
impulsos nerviosos, al mismo tiempo que
puede alterar el latido normal del corazón. Por
ello es importante asegurarse una dieta rica en
potasio, para evitar los efectos que produce el
exceso de sodio.
LOS EFECTOS NOCIVOS DEL EXCESO DE SODIO
El exceso de sodio puede desencadenar algunas
enfermedades crónicas. Sin embargo, existen
algunas señales previas que permiten
advertirnos la existencia de una cantidad nociva
de sodio en el organismo. Eso sí, si no se tienen
en cuenta, pueden aparecer trastornos más
serios, como por ejemplo: artritis, alergias,
úlceras, enfermedades coronarias, esclerosis
múltiple, arteriosclerosis, fatiga, pesadez en las
extremidades, depresión (a causa de la energía
vital que debe emplearse en eliminar el sodio
de las células), entre otras.
Un exceso de sodio revela además una
inminente carencia de potasio, por eso se
produce el desequilibrio entre ambos
minerales. La situación inversa también puede
provocar trastornos orgánicos.
Los principales síntomas del desequilibrio entre
sodio y potasio son:
- Irritabilidad, confusión mental y dolores de
cabeza (en especial encima de los ojos).
- Trastornos del sueño, episodios de insomnio.
- Picazón en la piel, seborrea o caspa en el
cabello.
- Aparición prematura de canas y arrugas.
- Apetito por las comidas saladas y sensación
excesiva de sed.
- Hinchazón y pesadez en las piernas, retención
de líquidos.
- Dolores musculares, articulares y debilidad
corporal.
- Catarros frecuentes y problemas de sinusitis.
- Disminución del calcio en la estructura ósea.
- Síndrome premenstrual, menstruaciones
abundantes.
- Presión arterial elevada y disfunciones del
ritmo cardíaco.
- Distensión abdominal.
- Necesidad de orinar cada rato, exceso de
sudoración (en caso de falta de sodio).
PARA UN ÓPTIMO EQUILIBRIO ENTRE SODIO Y
POTASIO
Si se adoptan algunas medidas respecto a la
alimentación cotidiana, se puede conseguir el
equilibrio mineral ideal entre el sodio y potasio.
En principio, es necesario incrementar el
consumo de todo tipo de frutas, verduras y
cereales integrales (todos alimentos ricos en
potasio). Al mismo tiempo es imprescindible
reducir lo máximo posible el consumo de sal
agregada a las comidas, como también es
preciso evitar el consumo de alimentos
procesados (enlatados o precocidos), ya que
contienen una gran cantidad de sodio (utilizado
como aditivo y conservante). Principalmente se
deben evitar los que contienen bicarbonato de
sodio, miso, monosodio glucamato y proteínas
animales o vegetales hidrolizadas.
En cuanto al potasio, se debe reducir al máximo
la pérdida de este mineral al cocinar los
alimentos que lo contienen. Para ello, se
pueden consumir diariamente frutas y verduras
frescas sin cocinar (en ensaladas), y emplear el
agua de las verduras cocidas para preparar
caldos o sopas.
Muchas comidas preparadas poseen de por sí
un exceso de sodio y un escaso nivel de
potasio, como por ejemplo: purés de papas
instantáneos, aceitunas, galletitas, cereales
para desayuno, productos enlatados en
general, pan blanco y sopas instantáneas o
deshidratadas. Además debe limitarse el
consumo de productos lácteos y de origen
animal en general. Este grupo de alimentos son
muy ricos en sodio y promueven su asimilación
celular.
Por otro lado, algunos hábitos promueven la
pérdida de potasio y es preciso controlarlos o
eliminarlos; tal es el caso de consumir
abundante azúcar en la dieta, beber café o
alcohol, tomar aspirinas o cualquier
medicamento que contiene ácido
acetilsalicílico, o consumir periódicamente
laxantes y diuréticos. Finalmente, el consumo
abundante y regular de agua natural contribuye
a eliminar el sodio del cuerpo. Para asegurarse
una completa desintoxicación, es preciso beber
al menos dos litros de agua por día.
Respecto a productos envasados: Es preciso
siempre leer la etiqueta para averiguar cuánto
sodio hay en los alimentos que estamos
escogiendo. A saber:
• 5% de VD o menos es bajo en sodio.
• 20% de VD o más es alto en sodio.
Al escoger entre dos alimentos, debemos
comparar la cantidad de sodio. Conviene elegir
cereales, galletas saladas, salsa para pasta,
vegetales enlatados y otros alimentos
empaquetados que sean bajos en sodio.
CALCIO
El calcio es un mineral con muchos usos en el
organismo, pero se le conoce mayormente por
su rol en la formación de dientes y huesos
saludables. La falta de calcio causa
osteoporosis, la cual constituye la primera
causa de las fracturas de cadera. De hecho, la
palabra “osteoporosis” significa “huesos
porosos”. Provoca la disminución progresiva de
la masa ósea con el pasar de los años y hace
que los huesos se vuelvan frágiles, por lo que
pueden romperse fácilmente. Es sumamente
importante (especialmente para las mujeres)
obtener suficiente calcio a lo largo de la vida,
especialmente después de la menopausia. Las
mujeres tienen un riesgo mucho más elevado
de padecer osteoporosis, pero los hombres
también pueden desarrollarla.
SOBRE LA VITAMINA D
Para que el calcio sea absorbido
adecuadamente por el organismo, debemos
obtener suficiente vitamina D. Muchos
productos lácteos y cereales son enriquecidos
con vitamina D; además, la vitamina D es
producida por el organismo cuando es expuesto
a la luz del sol. Si no se tiene el hábito de
exponerse a la luz del sol al aire libre con
regularidad, quizá sea necesario tomar un
suplemento de vitamina D, prescripto por un
profesional idóneo.
PRINCIPALES FUENTES DE CALCIO
Es cierto que muchos productos lácteos, los
cuales contienen altos niveles de calcio, son
relativamente altos en grasa y calorías. Pero
también los productos lácteos bajos en grasa o
sin grasa son excelentes fuentes de calcio. Los
nutricionistas recomiendan tratar de obtener la
mayor parte del calcio de alimentos ricos en
calcio y no de suplementos de calcio. La
etiqueta de información nutricional puede
ayudarnos a escoger buenas opciones altas en
calcio.
Otras buenas fuentes de calcio son:
• El salmón enlatado (con los huesos, los cuales
son comestibles).
• Las bebidas de soya enriquecidas con calcio.
• El tofu (queso de soya “procesado con
calcio”).
• Ciertos vegetales (por ejemplo, hojas de hoja
grande oscuras como la berza y las hojas del
nabo).
• Las legumbres (guisantes de ojo negro y
frijoles blancos).
• Los productos a base de granos enriquecidos
con calcio.
• Los jugos enriquecidos con calcio.
Respecto a productos envasados: Es importante
leer la etiqueta para averiguar cuánto calcio hay
en los alimentos que consumimos a diario. A
saber:
• 5% de VD o menos es bajo en calcio.
• 20% de VD o más es alto en calcio.
Debemos procurar seleccionar alimentos que
sean altos en calcio lo más a menudo posible.
FIBRA
A la fibra a veces se le llama “material
indigerible”. Es la parte de los alimentos que no
puede descomponerse durante la digestión. Por
lo tanto, debido a que se mueve por nuestro
sistema digestivo “sin digerirse”, desempeña un
rol importante en mantener todo el aparato
digestivo moviéndose y “funcionando
adecuadamente”.
La fibra es un “nutriente que debe consumirse
en abundancia”. Además de ayudar a la
digestión, la fibra tiene muchos otros beneficios
relacionados con la salud. Estos beneficios son
especialmente efectivos cuando se lleva una
dieta alta en fibra, que además es baja en
grasas saturadas, colesterol, grasas trans,
azúcares añadidas, sal (sodio) y alcohol.
Pueden considerarse los siguientes consejos de
alimentación:
• Consumir una dieta baja en grasas saturadas
y colesterol, y alta en frutas, vegetales y
productos a base de granos que contengan
algún tipo de fibra, en particular la fibra
soluble, puede ayudarnos a bajar el nivel de
colesterol y reducir el riesgo de padecer
enfermedades cardiacas.
• Las dietas saludables bajas en grasa y altas en
frutas y vegetales que contienen fibra pueden
reducir el riesgo de ciertos tipos de cáncer,
incluido el cáncer de colon. Además, dichas
dietas saludables también han sido asociadas
con un riesgo reducido de padecer diabetes
tipo 2. Los carbohidratos ricos en fibra se
absorben más lentamente lo que evita las
abruptas subidas de azúcar en sangre.
• La fibra también ayuda a promover la
regularidad de la evacuación intestinal y a
prevenir el estreñimiento. Puede contribuir a
reducir el riesgo de padecer diverticulosis,
afección común en la que se forman pequeñas
bolsas en las paredes del colon. Esta afección a
menudo tiene pocos o ningún síntoma. Las
personas que ya padecen de diverticulosis y sí
tienen síntomas, a menudo observan que
consumir más fibra puede reducirlos, aunque
en esos casos deben contar con la prescripción
médica para su consumo. Es además
importante señalar que si las bolsas causadas
por la diverticulosis se rompen e infectan,
causará una afección más grave llamada
diverticulitis.
FIBRA INSOLUBLE Y SOLUBLE
Hay dos tipos de fibra, insoluble y soluble. Casi
todas las plantas comestibles contienen alguna
cantidad de cada tipo.
• La fibra insoluble se encuentra mayormente
en los productos a base de granos integrales,
como el cereal de salvado de trigo, los vegetales
y las frutas. Provee el “material” para la
formación de deposiciones y ayuda a que se
muevan rápidamente a través del colon.
• La fibra soluble se encuentra en los guisantes,
los frijoles, muchos vegetales y frutas, el
salvado de avena, los granos integrales, la
cebada, los cereales, las semillas, el arroz y
algunas pastas, galletas saladas y otros
productos de panadería. Hace más lenta la
digestión de los carbohidratos y puede ayudar a
estabilizar el nivel de azúcar en la sangre de
quien padece de diabetes. Además, ayuda a
bajar el nivel de “colesterol malo”, reduciendo
el riesgo de padecer enfermedades cardiacas.
LA FIBRA EN LOS ALIMENTOS ENVASADOS
La etiqueta de información nutricional nos
indica la cantidad de fibra en cada porción, así
como el % de VD de fibra que contiene el
alimento. Al comparar la cantidad de fibra en
los alimentos, debemos recordar:
• 5% de VD o menos es bajo en fibra.
• 20% de VD o más es alto en fibra.
La etiqueta no indicará si la fibra es “insoluble”
o “soluble”, por lo que lo mejor sería intentar
obtener un poco de las dos clases.
Es preciso comparar los alimentos y escoger los
que contengan más fibra. Buscar y comparar las
etiquetas de los productos a base de granos
integrales como el trigo burgol, el arroz integral,
el cuscús o las gachas de trigo integral y las
pastas, los cereales y los panes integrales.
Además, es bueno comparar distintos estilos o
tipos de frutas y frijoles enlatados o
congelados.
COLESTEROL
El colesterol es una sustancia cristalina
transportada por el torrente sanguíneo por
lipoproteínas, las “transportadoras” de la grasa.
El colesterol es necesario para ciertas funciones
importantes del organismo, como la digestión
de las grasas, la producción de hormonas y la
formación de las paredes celulares. El colesterol
se encuentra en los alimentos provenientes de
los animales, como las carnes y los productos
lácteos.
Demasiado colesterol en el torrente sanguíneo
puede dañar las arterias, especialmente las que
le suplen sangre al corazón. Puede acumularse
en las paredes de los vasos sanguíneos. Esto se
conoce como ateroesclerosis, lo que puede
conducir a ataques cardiacos y accidentes
cerebrovasculares. Sin embargo, es importante
saber que no todo el colesterol es malo. Hay
dos tipos de colesterol en el torrente
sanguíneo. La cantidad que tenemos de cada
uno es lo que determina su riesgo de padecer
enfermedades cardiacas.
LOS DOS TIPOS DE COLESTEROL
Lipoproteínas de alta densidad (HDL, por sus
siglas en inglés): Este colesterol “bueno” es la
forma en que el colesterol viaja de vuelta al
hígado, en donde puede ser eliminado.
• Las HDL ayudan a prevenir la acumulación de
colesterol en los vasos sanguíneos. Un nivel alto
de este colesterol es mejor. Los niveles bajos de
HDL aumentan el riesgo de padecer
enfermedades cardiacas. Con un análisis de
sangre se puede saber cuál es nuestro nivel de
colesterol en el cuerpo.
Lipoproteínas de baja densidad (LDL, por sus
siglas en inglés): Este colesterol “malo” es
transportado a la sangre. Es la causa principal
de la acumulación dañina de grasa en las
arterias.
• Mientras más alto es el nivel de colesterol LDL
en la sangre, más alto es el riesgo de padecer
enfermedades cardiacas. Por lo tanto, un nivel
más bajo de este colesterol es mejor.
EL COLESTEROL EN LA ALIMENTACIÓN
El colesterol es un “nutriente que debemos
comer menos”. Al comparar los alimentos, es
necesario mirar la etiqueta de información
nutricional y escoger el alimento con el % de VD
de colesterol más bajo. Hay que asegurarse de
no sobrepasar el 100% de VD para el día.
• 5% de VD o menos de colesterol es bajo.
• 20% de VD o más de colesterol es alto.
Una de las maneras principales en que el
colesterol LDL (“malo”) puede alcanzar un nivel
muy alto en la sangre es comiendo demasiadas
grasas saturadas y colesterol. Las grasas
saturadas aumentan los niveles de LDL más que
cualquier otro nutriente en la dieta. Controlar
su consumo nos provee un estado de salud y
bienestar.
El Agua: Aliado de la nutrición
“El valor del agua para nuestro cuerpo es
inestimable. Un método muy simple pero
importante para lograr una vida saludable y un
cuerpo fuerte consiste en «beber agua pura» con
frecuencia. El organismo se debe acostumbrar a
beber agua diariamente como parte de una
práctica habitual.”
El agua es considerada un importante
disolvente universal pues una de sus funciones
consiste en arrastrar las impurezas del cuerpo,
llevándose consigo los residuos del estómago y
limpiando completamente los riñones. Además
de arrastrar el desperdicio del sistema
digestivo, es un elemento que vivifica porque
contiene oxígeno y minerales de valor.
Sin lugar a dudas el agua posee diversos efectos
benéficos sobre nuestro organismo. La nutrición
actual considera la importancia vital del agua
en la dieta y sugiere como pauta general beber
al menos 8 vasos de agua natural y potable por
día (unos 2 litros), al mismo tiempo que se
asegura que con tal cantidad podemos disfrutar
de todas sus ventajas:
• Beber agua hidrata la piel, ayuda a eliminar
impurezas, la oxigena y tonifica desde adentro.
Esto es debido a que su composición, ligera en
minerales, actúa con profundidad. Los
resultados se notan exteriormente: la piel está
más fresca y flexible.
• Si deseas disminuir el hambre, lo más simple y
natural para engañar al estómago es beber un
gran vaso de agua. Sirve para desviar esos
reclamos urgentes. Tiene un efecto
relativamente fugaz, pero funciona y siempre se
puede repetir. Al mismo tiempo es
fisiológicamente útil.
• Beber agua es la regla de oro de una nutrición
saludable. Al suprimir ciertos alimentos se suele
perder un importante porcentaje de líquidos. Si
estos líquidos no se reponen, el cuerpo se
deshidrata y da lugar a la fatiga, las jaquecas y
la irritabilidad. Además, si no se bebe lo
suficiente, el organismo tiende a retener
líquido. Por el contrario, al beber la cantidad
indicada (un mínimo de 8 a 10 vasos diarios) la
que no hace falta se elimina rápidamente junto
con las toxinas acumuladas. Además, beber dos
vasos de agua media hora antes de las comidas
ayuda a comer menos y ahorrar calorías.
• El agua es el aliado más importante del
adecuado funcionamiento intestinal. Al beber
agua se acelera el tránsito de los desechos por
los intestinos, evitando generalmente el
estreñimiento y las heces secas.
Alimentos ricos en agua
En principio, la necesidad de beber agua puede
disminuir notablemente si se consumen más
alimentos con alto contenido de agua. En otras
palabras, los que beben ocho vasos de agua por
día lo hacen generalmente porque los
alimentos que comen no están
proporcionándoles toda el agua que el
organismo necesita. Al seguir una dieta con
predominio de alimentos concentrados (todos
aquellos que no son ni frutas ni verduras
crudas), el cuerpo está continuamente
clamando por agua, y se expresa a través de
una continua sed (sobre todo después de
comer). En cambio, si se consumen alimentos
con un alto contenido de agua, la sed
disminuye y no es necesario obtener el agua en
forma separada de la comida. Además la
mayoría de los productos envasados contienen
altas dosis de sodio (sal), lo que produce en el
organismo una demanda mayor de agua, ya que
el sodio retiene los líquidos del cuerpo.
Es sumamente importante incorporar grandes
cantidades de frutas y verduras crudas a la
alimentación diaria; así el organismo obtiene el
agua que necesita para cumplir con todos sus
procesos fisiológicos sin llegar a recurrir a gran
una ingesta extra de agua. De esa manera la
alimentación cumple un rol depurativo natural,
aliviando el trabajo de todo el aparato
digestivo.
Otras formas de beber agua
Aunque parezca un juego de palabras, se puede
beber agua sin beber agua. Precisamente
algunas estrategias apuntan a esconder el agua
en preparados con sabores dulces, refrescantes
o ligeramente ácidos. Sin que ello implique
perder los beneficios que aporta el agua al
organismo ni agregar elementos que aporten
calorías innecesarias a la dieta. Es decir, se
pueden beber otros líquidos que cumplen la
misma función que el agua, ya que la incluyen
como su ingrediente principal en la
preparación.
El reemplazo del agua por otras bebidas debe
ser equivalente en la misma cantidad de
líquido, es decir, un vaso de agua se reemplaza
con un vaso o una taza de otra bebida. A veces,
además de los beneficios que aporta el agua
algunos preparados incluyen vitaminas y
minerales derivados de otros ingredientes
(como el caso de los batidos de fruta).
El método consiste en incorporar gradualmente
el agua a la dieta. Por diferentes motivos suele
ser molesto beber 8 vasos de agua durante el
día. Pero se puede empezar bebiendo uno o
dos vasos junto con las bebidas recomendadas.
Y poco a poco ir sustituyendo las bebidas
alternativas por agua. Así se puede llegar al
objetivo de beber los dos litros de agua diaria.
Bebidas saludables que reemplazan el agua
- Té verde (tibio).*
- Infusión de manzanilla (tibia o fría).
- Infusión de limón y menta (con edulcorante).
- Agua de frutas cocidas sin azúcar (tipo
compota).
- Agua de frutas secas cocidas (ciruela, pera u
orejones de durazno).**
- Jugo exprimido de naranja diluido con agua
(con o sin edulcorante).
- Jugo exprimido de pomelo diluido con agua
(con o sin edulcorante).
- Batidos de frutas con agua y edulcorante
(manzana, pera, durazno, frutilla, kiwi, melón
y/o sandía).
- Batidos de frutas tropicales con agua y
edulcorante (mango, papaya, ananá).
- Limonada preparada con limón exprimido,
agua y edulcorante.
- Agua de coco fría (extraída del mismo coco).
- Jugo de zanahorias diluido con agua
(elaborado con un extractor de jugos).
- Jugo de remolacha con apio diluido con agua
(elaborado con un extractor de jugos).
* Beber un máximo de tres tazas por día.
** Tiene un efecto laxante. Beber con
moderación. No más de dos vasos por día.
Bebidas que NO reemplazan el agua
Nunca debes reemplazar la ingesta de agua con
las siguientes bebidas, aunque esto no implica
que debas eliminarlas de la dieta diaria (puedes
consumirlas en forma limitada además del agua
recomendada). Estas bebidas no cumplen con el
requisito depurativo que tiene el agua sobre el
organismo, de allí que no sean un sustituto del
agua:
- Jugos artificiales.
- Café negro.
- Malta torrada.
- Café con leche.
- Leche.
- Leche con cacao.
- Té negro.
- Batidos de frutas con leche.
- Bebidas alcohólicas.
- Cerveza sin alcohol.
- Sidra sin alcohol.
- Mate cocido.
- Refrescos (bebidas carbonatadas tipo cola).
- Aguas saborizadas.
- Bebidas energizantes (tipo Speed o Redbull).
- Bebidas hidratantes (tipo Gatorade o
Powerade).
Los mejores consejos para beber agua
Como en todas las cosas, hay un método
correcto para beber agua y es importante seguir
los siguientes consejos:
• Beber un mínimo de 8 a 10 vasos de agua
pura (natural, insípida y potable) al día.
• No tomar agua con la comida ya que retrasa
la digestión de los alimentos.
• Tomar agua media hora antes o media hora
después de las comidas, pero en forma
moderada.
• Si se tiene mucha sed en las comidas, se debe
tomar sólo lo indispensable para quitarla.
• No tomar agua a grandes tragos.
• Tomar agua lentamente, mezclándola con la
saliva, como si se tratara de un alimento sólido.
• No tomar agua helada, pues enfría el
estómago, retarda la acción natural de los jugos
gástricos, y afecta al sistema digestivo.
• Tampoco tomar bebidas muy calientes, pues
no tiene sentido quemar el estómago con
líquidos hirvientes.
• Si se tiene mucha sed, refrescar la boca pero
tardar al tragar el agua.
• El agua siempre debe estar fresca, natural, ni
extremadamente fría ni excesivamente caliente.
• Si el agua ha estado expuesta por algún
tiempo, es necesaria airearla cambiándola de
un vaso a otro.
• Es muy bueno reemplazar (en el desayuno) el
té o café por un vaso de agua tibia; si no sabe
bien se puede endulzar con una cucharada de
miel pura o mezclar con el jugo de medio limón.
• Es importante satisfacer la sed. Si tomas agua
tarde en la noche es posible que debas
levantarte a una hora inoportuna para aliviar la
vejiga; cuando se tienen deseos no hay que
esperar para eliminar estos desperdicios pues al
retenerlos se produce mucho daño al
organismo.
• Tener siempre a mano un vaso de agua pura,
ya que bebiéndola frecuentemente entre las
comidas elimina las toxinas y permite que
crezcan los tejidos nuevos.
Sustancias adictivas
“El consumo descontrolado y excesivo de
alimentos industrializados que contienen grandes
cantidades de grasas, sodio, azúcar, jarabe de
maíz de alta fructuosa, cafeína y aditivos, nos
convierte en consumidores adictos de comida
tóxica o insana. Para romper con ese círculo
vicioso, debemos atrevernos a volver a lo natural
sobre lo artificial. Es como dejar una droga, el
período de abstinencia es la clave del éxito. Con
el tiempo descubriremos con grata sorpresa que
existen sabores exquisitos que nos proveen
vitalidad y energía de calidad. Luego de ello
notamos un gran avance en nuestra salud y
nuestro bienestar.”
Una vez más la información sobre las sustancias
que contienen muchos alimentos procesados es
la base de una estrategia de consumo
inteligente. Así tenemos elementos para decidir
sobre nuestra dieta, seleccionando alimentos
de calidad y libre de toxinas.
AZÚCAR BLANCO
El azúcar blanco refinado ha sido señalado
como la responsable de producir ciertos
trastornos en el organismo como caries,
obesidad, diabetes, hiperactividad,
hipoglucemia, infecciones vaginales y hasta
cambios en el carácter. Sin embargo se ha
demostrado que no toda la culpa es del azúcar,
aunque en la actualidad se reconoce un
excesivo consumo de ella.
Las personas adultas suelen obtener un 20 por
ciento de sus calorías directamente del azúcar.
En una dieta diaria de 2.200 calorías representa
unos 110 gramos de azúcar, es decir, unas 28
cucharadas de té por día. Por su parte, los niños
y los adolescentes consumen mucho más
cantidad de azúcar proveniente principalmente
de las golosinas y refrescos tipo cola. El azúcar
aporta 386 calorías cada 100 gramos, por lo que
es un producto hipercalórico.
Para cuidar la salud mejor es reducir el azúcar
de la dieta, aunque no es necesario erradicarlo,
sino más bien moderar su consumo.
RADIOGRAFÍA DEL AZÚCAR
Químicamente, todos los azúcares tienen más o
menos la misma composición. El azúcar blanco
es un carbohidrato simple llamado sacarosa
compuesto a su vez por dos azúcares simples: la
fructuosa y la glucosa. Estos componentes son
los mismos que se encuentran presentes en la
miel, la melaza, el azúcar negra y los
edulcorantes elaborados a partir de jugos
concentrados.
Al valorar el aporte nutricional del azúcar, se
enmarca en los denominados “carbohidratos
simples”, también llamados monosacáridos o
disacáridos que no aportan nutrientes
esenciales al organismo, es decir, sólo ofrecen
calorías vacías al organismo sin brindarnos
vitaminas, minerales, fibra ni demás.
El azúcar de mesa, azúcar blanco y refinado o
sacarosa tiene un alto índice glucémico, porque
rápidamente pasa al torrente sanguíneo en
forma de glucosa, pues no tiene proteínas,
grasas, fibra y tampoco ofrece nutrientes de
calidad al organismo. Entonces, al analizar
nutricionalmente al azúcar ya tenemos un
motivo para reducirlo en nuestra dieta: sólo
aporta calorías vacías.
Sólo la melaza de la caña de azúcar contiene
calcio y hierro, la cual es un subproducto en la
fabricación del azúcar refinado. Y el hierro de la
melaza proviene de la maquinaria utilizada
para elaborar el azúcar, no del azúcar mismo.
Sin bien la energía que el cuerpo utiliza siempre
finaliza como glucosa en nuestra sangre, la
diferencia de las otras fuentes naturales, como
los granos, frutas, vegetales y otros
carbohidratos complejos, consiste en la
extracción y el aprovechamiento que el
metabolismo hace de las vitaminas esenciales,
minerales y fibras con las que el azúcar viene
acompañado.
AZÚCAR Y ENFERMEDADES
Un consumo elevado de azúcar, por supuesto,
no es el único determinante del desarrollo de
enfermedades, pues es claro que en conjunto
con el sedentarismo (inactividad física), el
hábito de fumar, el consumo elevado de sodio y
grasas, el estrés y demás, sus consecuencias son
más probables. Entre las consecuencias que
podemos sufrir por un consumo excesivo de
azúcar pueden destacarse:
Obesidad, porque el consumo excesivo de
azúcar favorece un balance calórico positivo y
ello incrementa el riesgo de sufrir un exceso de
grasa en el organismo.
Déficit de vitaminas del complejo B, que se
necesitan para metabolizar hidratos en el
organismo, y al consumir azúcar en exceso se
eleva la demanda de B1, B2 y B5, vitaminas que
pueden sufrir deficiencias.
Hipertrigliceridemia, porque aumenta la
producción de triglicéridos en sangre así como
su acumulación lo cual puede dar origen a
enfermedades cardiovasculares.
Hipertensión arterial, porque disminuye el
oxido nítrico que dilata las arterias y por ello,
incrementa la rigidez de las mismas que se
traduce en mayor presión arterial.
Acné, pues en personas predispuestas a sufrir
acné la gran liberación de insulina que genera
el consumo elevado de azúcar puede dar origen
a rebote.
Caries dentales, cuyas bacterias causales se
alimentan de azúcares simples, por eso, no sólo
lo causa el azúcar sino también, la miel y
alimentos ricos en hidratos simples.
Adicción, pues fisiológicamente estamos
preparados para el gusto por lo dulce y un
consumo elevado de azúcar puede incitarnos a
buscar más, sobre todo, si estos azúcares van
mezclados con grasas en un alimento, por
ejemplo: dulce de leche, pasteles, bizcochos,
bollos, galletas y demás.
También se ha indicado una relación directa
entre el consumo de azúcar y la diabetes. Las
personas que padecen de diabetes pueden
consumir moderadas cantidades de azúcar,
siempre que lo hagan como parte de una dieta
balanceada que incluya proteínas y grasas. La
realidad demuestra que los diabéticos pueden
consumir todo tipo de carbohidratos,
incluyendo azúcares. Lo más importante es
vigilar la cantidad total del consumo diario.
Aunque los carbohidratos complejos —que
además proveen fibra— descomponen la
glucosa en la sangre de manera lenta
demandando así dosis bajas de insulina
(sustancia que excreta el páncreas para la
digestión de la glucosa en sangre). Así si se
evitan los azúcares simples, se evitan esas
abruptas subidas de glucosa en sangre. A veces
el consumo de productos como el pan blanco,
arroz blanco, patatas o, inclusive, zanahorias,
puede tener el mismo efecto en los niveles de
azúcar en la sangre que la ingestión de
caramelos o tortas. Lo ideal es que los
alimentos ricos en azúcar sean sustituidos por
otro tipo de carbohidratos, en lugar de ser
simplemente agregados a las comidas.
CONSUMO SALUDABLE DE AZÚCAR EN LA DIETA
En la dieta habitual se aconseja que no más del
10% de las calorías derivadas de hidratos sean
azúcares simples o hidratos de fácil asimilación,
por lo tanto si necesitamos unas 2000 Kcal por
día y de éstas el 50-60% son hidratos, entonces
no deberíamos consumir más de 30 gramos de
azúcar al día lo cual es equivalente a unas 6
cucharaditas diarias, cantidad que es superada
ampliamente por el consumo promedio de la
población actual.
Podemos hacer un consumo razonable de
azúcares en la dieta y si bien podemos escoger
otras fuentes de azúcar como la miel o el azúcar
moreno que sí poseen vitaminas y minerales
además de carbohidratos simples, todos deben
consumirse en cantidades adecuadas para no
producir las consecuencias de una ingesta
excesiva. Por eso para reducir el azúcar y otros
carbohidratos simples en la dieta, podemos
aplicar los siguientes consejos:
• Evitar el consumo de bebidas azucaradas
como zumos comerciales, refrescos u otras, que
sólo aportan calorías vacías (sin nutrientes).
• Elaborar nuestros propios dulces y
mermeladas para regular la cantidad de azúcar
que utilizamos. En los alimentos elaborados
industrialmente además de los azúcares
añadidos pueden haber otros aditivos con
azúcar o sustitutos que también poseen
carbohidratos simples.
• Sustituir parte del azúcar que empleamos
para elaborar pasteles por puré de frutas que
ofrecen su fructosa natural y además, dan
textura, humedad y ofrecen nutrientes
saludables a las recetas.
• Emplear edulcorantes artificiales sin calorías
para dar sabor a algunos platos. O reducir a la
mitad la cantidad de azúcar y resaltar el sabor
con un poco de edulcorante o miel.
• No utilizar azúcar si no es necesario, por
ejemplo, si consumimos cereales con leche
generalmente ya contienen azúcar por lo tanto
no adicionar más a la mezcla. Hacer lo mismo
con el yogur o con un puré de frutas al cual no
necesitamos añadirle azúcar, de lo contrario,
esconderemos su sabor natural.
• Comprar alimentos sin azúcar añadida o “0%
azúcar” como una manera de reducir el azúcar
derivado de alimentos elaborados
industrialmente.
• Recordar que superar 30 gramos/día de
consumo de azúcar es muy fácil, por eso
debemos leer atentamente la etiqueta de
información nutricional. Un 5% o menos de VD
recomendado es un valor bajo, un 20% de VD o
más es un valor alto. También debemos
considerar otras sustancias y nutrientes en un
alimento, como las grasas y el sodio.
JARABE DE GLUCOSA
La glucosa es un tipo de azúcar simple
abundante en la naturaleza, se conoce también
como dextrosa, sobre todo en la industria
alimentaria. El jarabe de glucosa —o glucosa
líquida— se obtiene por la hidrólisis enzimática
de almidón de distintos productos naturales, de
la patata, del maíz o del trigo; y se puede
realizar una hidrólisis parcial o total, dando
paso a distintos productos. El Codex
Alimentarius (las normas de alimentación de la
Organización Mundial de la Salud) reconoce al
jarabe de glucosa como un producto destinado
al consumo humano, tanto vendido
directamente como utilizado por la industria en
la elaboración de productos alimenticios. Lo
define como una solución acuosa concentrada y
purificada de sacáridos nutritivos obtenidos del
almidón y/o la inulina.
En Europa, el jarabe de glucosa suele proceder
del trigo o de la patata, mientras que en
Estados Unidos es generalmente de maíz, a
través del jarabe de maíz de alta fructosa. El
jarabe de glucosa proporciona una dulzura
relativa de 40 (el azúcar de mesa tiene un valor
de 100, igual que el jarabe de maíz rico en
fructosa). Es un producto muy utilizado en la
industria con distintas finalidades, por ejemplo,
en las masas fermentadas y masas batidas
(panadería, repostería, etc.). Por su acción
higroscópica es un azúcar que retiene la
humedad y conserva los productos en mejores
condiciones por más tiempo. Su densidad y
textura es apropiada para la industria de los
caramelos, jarabes, bebidas y entre otros.
También es un ingrediente especialmente
indicado para la elaboración de helados, pues
evita la cristalización que se produce en el
congelado, es decir, hace los cristales de hielo
mucho más pequeños, casi inapreciables al
paladar, ofreciendo la textura cremosa
deseada, además se utiliza como estabilizante y
les proporciona más cuerpo.
Las ventajas que ofrece el uso del jarabe de
glucosa en la industria alimentaria son:
- Es muy resistente a la descomposición.
- Mejores capacidades como edulcorante.
- Garantiza la ausencia de contaminantes que la
azúcar en grano puede contener por acumular
los sacos en el piso.
- Resiste el ataque de bacterias.
- No hay pérdida de producto como la azúcar
contenida en sacos que puede derramarse al
vaciar los sacos.
- Requiere de poco tiempo para disolverse.
- Al no tener una textura granulada no requiere
de altas temperaturas para manipularla.
- Es fácilmente digerible.
- Potencia el sabor de los productos, por lo que
su uso reduce el consumo de azúcares.
- Da una consistencia más suave a los
productos.
- Reduce las áreas destinadas al
almacenamiento del azúcar contenido en sacos.
Las bondades del jarabe de glucosa lo
convierten en una sustancia ampliamente
aceptada tanto por la industria como por los
consumidores. Sólo hay que considerar que los
alimentos que la contienen pueden aportar una
mayor cantidad de calorías, y elevar el nivel de
azúcar en sangre, por lo que debe controlarse el
consumo en personas que padecen diabetes.
Aparece siempre indicado en la parte de los
“ingredientes” dentro del envase de los
alimentos que utilizan jarabe de glucosa.
Además si intensifica el sabor dulce de algunos
alimentos puede generar cierta adicción, por lo
que es importante saber si lo que consumimos
contiene jarabe de glucosa.
JARABE DE MAÍZ DE ALTA
FRUCTUOSA
Entre los alimentos industrializados el aditivo
por excelencia es el jarabe de maíz de alta
fructosa (identificado en los ingredientes con
las siglas JMAF). Sin percatarnos de su
existencia, esta sustancia acompaña a nuestro
pan de caja, a las galletas de chocolate que
tanto nos gustan y qué decir de los refrescos
embotellados. También se lo encuentra en las
barras energéticas de cereal y el pan integral
que suelen ofrecerse como “saludable”.
RADIOGRAFÍA DEL JMAF
El jarabe de maíz de alta fructosa es un
edulcorante líquido, transparente, obtenido del
maíz después de un largo proceso. Todo
comienza con almidón o fécula de maíz — para
esta etapa ya hablamos de un carbohidrato
refinado —. Se somete a altas temperaturas
repetidas veces, se rompe su estructura
molecular, se vuelve a refinar, se blanquea y
filtra hasta quedar una sustancia "pura", un
almíbar con un grado de concentración ideal
para su comercialización.
Las grandes compañías alimenticias han
aprovechado los beneficios que ofrece el jarabe
de maíz a nivel industrial. Además de ser más
económico a gran escala, hablamos que se
utiliza en productos ultra dulces; gracias al
jarabe los productos se conservan por más
tiempo en una envoltura y crean adicción al
paladar. Estos productos permanecen más
tiempo en exhibición, lo cual significa menos
pérdida y más ganancia. Pero para los
consumidores no hay ganancias, sino más bien
pérdida en la salud y el bienestar.
EFECTOS NOCIVOS DEL JMAF
De acuerdo con un estudio realizado por la
Universidad de Princeton, el consumo del
jarabe de maíz de alta fructosa está relacionado
con la actual epidemia de obesidad. Se
comprueba que aumenta la grasa corporal,
también el colesterol y los triglicéridos —
indicadores que incrementan las posibilidades
de infarto, especialmente en mujeres —. En el
caso de los niños provoca hiperactividad, déficit
de atención, dolores de cabeza y afecta su
capacidad de detectar distintos sabores,
reduciendo su paladar a sólo tres: salado, dulce
y grasoso. Por último, hay que considerar que
este jarabe proviene de un transgénico y existe
la posibilidad que su consumo dañe distintos
órganos.
CONSEJOS SOBRE SU CONSUMO
Aunque no lo parezca, tenemos el poder y está
en nuestras manos elegir lo que llevamos a
nuestra mesa. Algunas recomendaciones muy
saludables respecto al consumo de JMAF son:
• Revisar las etiquetas: Si encontramos entre
los ingredientes fructosa, sólidos de jarabe de
maíz, glucosa-fructosa, azúcar de maíz o high
fructose corn syrup (HFCS), estamos hablando
de la misma cosa. Mejor evitarlo. Leer en la
etiqueta el aporte de Azúcar, siempre debe ser
inferior al 5% del VD recomedado.
• Elegir productos naturales. Entre menos
procesado, mejor para nuestra salud. Una
buena opción es comprar el pan directo de la
panadería. Siempre que sea posible, utiliza miel
de abeja, miel de agave o piloncillo para
endulzar.
• Pedir la información. En teoría los productos
deben indicar sus ingredientes en el empaque;
también debería de tener una advertencia
sobre las consecuencias del consumo de ciertas
sustancias en grandes cantidades. Limitar el
consumo de los alimentos envasados “dulces”
—golosinas, galletas, refrescos, jugos, panes
lacteados— nos ayuda a conservarnos
saludables.
CAFEÍNA
La cafeína es una sustancia que se encuentra en
ciertas plantas. También se puede producir de
manera artificial (sintéticamente) y agregarse a
los productos alimentarios. Es un estimulante
del sistema nervioso central y un diurético
(sustancia que le ayuda al cuerpo a eliminar
líquidos). La cafeína se absorbe y pasa
rápidamente hacia el cerebro. No se acumula
en el torrente sanguíneo ni se almacena en el
organismo. Sale del cuerpo en la orina muchas
horas después de haber sido consumida. Lo
concreto es que no existe ninguna necesidad
nutricional para la cafeína y se puede evitar en
la alimentación.
La cafeína estimula o excita el cerebro y al
sistema nervioso. No disminuye los efectos del
alcohol, aunque mucha gente todavía cree que
una taza de café ayuda a recuperar la
"sobriedad". La cafeína puede emplearse para
el alivio a corto plazo de la fatiga o de la
somnolencia. El organismo se puede hacer
dependiente del consumo diario de cafeína,
generando una adicción. De allí que deba
disminuirse paulatinamente su consumo hasta
erradicarla de la dieta. Aunque en la etiqueta
de información nutricional no se detalla la
cantidad de cafeína, sí se especifica en la parte
de los ingredientes a través de los productos
que la contienen (sobre todo cuando se detalla
café, cacao o chocolate).
PRINCIPALES FUENTES DE CAFEÍNA
La cafeína se consume ampliamente y se
encuentra en forma natural en las hojas,
semillas y frutos de más de 60 plantas, entre
ellas: hojas de té, nueces de cola, café y granos
de cacao. También se encuentra en alimentos
procesados:
• Café: 100 mg por taza.
• Té: 14 a 60 mg por taza.
• Chocolate: 45 mg en una barra de 42 g.
• La mayoría de los refrescos cola (a menos que
estén etiquetadas "sin cafeína"): 33 mg en una
bebida de 250 ml.
• Bebidas energizantes, refrigerios, dulces,
goma de mascar: 40-100 mg por porción.
La cafeína a menudo se le agrega a
medicamentos que no necesitan receta médica,
como analgésicos, pastillas para adelgazar de
venta libre y medicamentos para el resfriado. La
cafeína no tiene sabor y puede separarse de un
alimento por medio de un proceso químico
llamado descafeinización.
EFECTOS DEL CONSUMO DE CAFEÍNA
El consumo regular de cafeína puede generar
los siguientes trastornos de salud:
• Frecuencia cardíaca rápida.
• Ansiedad.
• Depresión.
• Dificultad para dormir, insomnio.
• Náuseas.
• Inquietud.
• Temblores.
• Micción más frecuente.
• Vómitos.
Dejar la cafeína en forma abrupta puede causar
síntomas de abstinencia tales como:
• Somnolencia.
• Dolores de cabeza.
• Irritabilidad.
• Náuseas.
• Vómitos.
Ha habido muchas investigaciones sobre los
efectos de la cafeína en la salud. De ellas se
concluyen los siguientes aspectos relacionados
con su consumo:
• Las grandes cantidades de cafeína pueden
detener la absorción del calcio y provocar el
adelgazamiento de los huesos (osteoporosis).
• La cafeína puede provocar protuberancias y
dolor en las mamas (enfermedad fibroquística
de las mamas).
• La cafeína puede perjudicar la nutrición de un
niño si las bebidas cafeinadas reemplazan a las
bebidas saludables, como le leche. La cafeína
reduce el apetito, de manera que un niño que
la consuma puede comer menos.
PAUTAS PARA UN CONSUMO SALUDABLE DE
CAFEÍNA
El Consejo de la Asociación Médica
Estadounidense sobre Asuntos Científicos
(American Medical Association Council on
Scientific Affairs) establece que beber café o té
con moderación probablemente no sea dañino
para la salud, en tanto se tengan otros buenos
hábitos saludables.
De dos a tres tazas de café preparado o colado
de 200 a 300 miligramos de cafeína por día y 5
porciones de refrescos cafeinados (bebidas
gaseosas tipo cola) o té se consideran una
cantidad moderada o promedio de cafeína para
la mayoría de las personas. Sin embargo, debe
considerarse que 5 porciones de refrescos
tienen más de 700 calorías y pueden contribuir
a la obesidad.
La cafeína debe evitarse en los siguientes casos:
• Si se es propenso al estrés, la ansiedad o los
problemas de sueño.
• Si se es mujer y se tiene protuberancias y
dolor en las mamas.
• Si se tiene reflujo de ácido o úlceras gástricas.
• Si se presenta hipertensión arterial.
• Si se tiene problemas cardíacos como
taquicardia.
• Si se tiene dolores de cabeza crónicos.
• Si se es un niño, en este caso debe reducirse
el consumo al mínimo posible.
• Si se está embarazada conviene consumir bajo
control médico.
*El mejor consejo respecto al consumo de
cafeína es el siguiente: “Si es posible, tratar de
prescindir de la cafeína del todo. Lo mejor es
reducir su consumo a cero, reemplazando las
bebidas con cafeína por otras sin cafeína o
naturales, como infusiones de hierbas y jugos
de frutas naturales.”
A MÁS SABORES, MÁS SALUD
La lengua detecta varios sabores: ácido,
amargo, dulce, salado y umami (identificado
por el investigador japonés Kikunae Ikeda, a
comienzos del siglo XX, común en el sabor de
los espárragos, tomates, quesos o carnes). Pues
bien, faltaba uno muy importante en esta gama
que podría definir nuestra calidad de vida dado
a que marcaría nuestros hábitos alimenticios.
La grasa es el sexto sabor según Russell Keast y
sus colegas de la Universidad de Deakin en
Melbourne (Australia).
De los 50 sujetos estudiados los que eran más
sensibles al sexto sabor, tenían esta destreza
relacionada con su peso corporal y hábitos
alimenticios. En pocas palabras, eran más
delgados que quienes tenían dificultades para
sentirlo. Según este estudio, los sujetos más
sensibles a las grasas, que las detectan en bajas
concentraciones en los alimentos, consumen
menos cantidades y son más delgados que
quienes tienen dificultades para detectarla. No
es entonces que nos guste la manteca
chorreando en las distintas preparaciones, sino
es todo lo contrario. Al no sentir su sabor, la
consumimos en mayor cantidad.
La invasión de alimentos procesados ricos en
sodio y azúcares ha polarizado la gama de
sabores a sólo dos: dulce y salado. El problema
es que los aditivos que contienen muchos
alimentos industrializados “realzan su sabor”,
por los que los convierten en extremo dulces o
salados. Así nuestro paladar corre el riesgo de
no poder identificar aquellos sabores suaves y
sutiles, que nos proveen los alimentos
naturales y sin aditivos. Es importante entonces
reducir paulatinamente el consumo de los
alimentos saborizados artificialmente, de
manera que el organismo no sienta la
abstinencia en su consumo, y al mismo tiempo
recupere de a poco el abanico de gustos y
olores no sólo más naturales, sino también más
saludables.
Aditivos
“Los denominados «aditivos alimentarios» son
sustancias que se añaden a los alimentos para
mejorar su color, su textura, su sabor o,
simplemente, para su conservación durante un
período prolongado de tiempo. Estos
componentes transforman los alimentos
naturales en verdaderos productos artificiales, y
que en algunos casos, un consumo desmedido
genera más perjuicios que beneficios al
organismo.”
Se consideran como aditivos a aquellas
sustancias añadidas intencionalmente a los
alimentos para mejorar sus propiedades físicas,
sabor y conservación, pero no a aquellas
añadidas con el objetivo de aumentar su valor
nutritivo. En aquellos casos en los que la
sustancia añadida es eliminada, o la cantidad
de ella que queda en el alimento no tiene
función alguna, no se considera un aditivo, sino
un agente auxiliar de fabricación.
Algunos aditivos, como la sal o el vinagre, se
utilizan desde la prehistoria. Las
consideraciones ligadas a la protección de la
salud hacen que los aditivos estén sometidos a
un control legal estricto en todos los países.
Los aditivos más utilizados son la sal (cloruro
sódico), que no es considerado en general como
un aditivo, los mono y diglicéridos
(emulsionantes), el caramelo (colorante), el
ácido cítrico (secuestrante y acidificante), el
vinagre o ácido acético (acidificante y
conservante), el bicarbonato sódico (para las
levaduras químicas), el ácido fosfórico y el
glutamato sódico (potenciador del sabor).
Aditivos y conservación de los
alimentos
Aunque mucha gente es muy escéptica con
respecto a los aditivos, si no se usaran, muchos
alimentos frescos no se podrían llegar a
consumir. En el mundo moderno es imposible
que todos puedan comer los alimentos recién
cosechados del huerto o extraídos de la granja.
Así que, sin el empleo de unos determinados
aditivos, algunos alimentos se estropearían
después de uno o dos días de almacenaje
debido a las bacterias, la levadura y el moho,
de modo que ciertos aditivos nos protegen
contra un posible envenenamiento. De hecho,
algunos de ellos son sustancias naturales tales
como la sal, el azafrán, la cúrcuma, la vitamina
C y la lecitina. Otros son imitaciones sintéticas
de una sustancia natural, pero fabricadas en
dosis altamente concentradas, como la
riboflavina y el ácido ascórbico. Sin embargo, la
mayor parte de los aditivos se producen en
laboratorios químicos. Entre ellos figuran la
tartracina y los edulcorantes artificiales, como
la sacarina y el aspartamo. Todos ellos tienen
su propio código que debe especificarse
visiblemente en la etiqueta del producto ( ver
Anexo: La lista de todos los aditivos).
En general todos los aditivos son sometidos a
rigurosas pruebas. Se prohíbe el empleo de
cualquier aditivo que produzca efectos
secundarios, y para cada una de las sustancias
se ha establecido un nivel de seguridad que
ningún fabricante debe exceder. Naturalmente,
este nivel se mantiene en un mínimo permitido,
muy por debajo de aquel fijado como seguro
para el consumo humano, como garantía de
seguridad para aquellos que ingieren una
mayor cantidad de alimentos preparados.
Lo cierto es que los alimentos sin aditivos son
más recomendables que aquellos que sí los
contienen, sin embargo, cada día es más difícil
conseguirlos en supermercados y tiendas de
comestibles. Además, no todos tienen la
oportunidad de vivir en un pueblo donde se
cultivan los alimentos que se consumen, ya que
la mayoría residimos en grandes ciudades
alejadas de los centros de producción. Por eso
como norma general siempre debemos
priorizar aquellos productos que contienen
pocos aditivos y sólo los necesarios para su
conservación, evitando, de ser posible, los que
incluyen colorantes y saborizantes artificiales.
Aditivos y enfermedades
Las diversas investigaciones dedicadas a
encontrar una posible relación entre los
aditivos y determinadas enfermedades han
llegado a la conclusión de que un 35% de todos
los tipos de cáncer están vinculados con la
alimentación. Sin embargo, los productos más
sospechosos son los llamados «naturales», tales
como la carne ahumada y el alcohol. Aun no se
tiene constancia documentada científicamente
de que el consumo permitido de aditivos pueda
contribuir a la incidencia de las enfermedades
cancerosas. Al contrario, los conservantes que
evitan la formación de moho sirven incluso para
prevenir el cáncer, ya que el moho en sí se ha
relacionado con un mayor riesgo de desarrollar
un cáncer estomacal o en el esófago. Asimismo,
es posible que los antioxidantes intervengan en
la prevención de otros tipos de cáncer.
En cuestiones de aditivos se puede aplicar un
criterio muy sensato para decidir sobre su
consumo —el mismo que se aplica a todos los
componentes de los alimentos envasados—,
nada es 100% seguro. Si de nutrición hablamos,
tratar siempre de elegir lo natural sobre lo
industrial y artificial es una manera de
preservar la salud y el bienestar.
Clasificación de aditivos
Los aditivos cumplen diferentes funciones en el
proceso de producción industrial de un
determinado alimento. Por ello puede
clasificarse en los siguientes grupos:
• Colorantes, que pueden ser naturales o bien
artificiales.
• Conservantes, entre los que están incluidos
nitratos y nitritos.
• Antioxidantes.
• Secuestrantes de metales, entre los que se
incluyen los fosfatos, aunque estas sustancias
se utilizan también para otras funciones.
• Gelificantes, espesantes y estabilizantes.
• Emulsionantes.
• Potenciadores del sabor.
• Edulcorantes bajos en calorías (ver Los
Edulcorantes).
• Otros aditivos, entre los que se incluyen los
acidulantes y correctores de acidez, distintas
sustancias minerales, antiaglutinantes,
antiespumantes, sustancias para el tratamiento
de harinas, etc.
• Los aromas son un grupo con características
especiales, tanto por el gran número de
sustancias presentes en este grupo como por
las peculiaridades de la legislación que les
afecta. También tienen gran interés los
enzimas, cada vez más utilizados por la
industria alimentaria en diferentes aspectos del
procesado, aunque no sean propiamente
aditivos.
Ingesta Diaria Admisible (IDA)
La ingesta diaria admisible (IDA) es el índice
capaz de medir el grado de peligrosidad de la
ingesta de un aditivo alimentario. La definición
más formal expresa que es la cantidad
aproximada (en miligramos) de un aditivo
presente en un alimento, expresada en relación
con el peso corporal y que se puede ingerir a
diario, durante toda la vida de una persona, sin
que llegue a representar un riesgo apreciable
para la salud. Esta última frase se refiere a la
certeza real, de acuerdo con las investigaciones
científicas realizadas, de que la exposición
durante toda la vida al aditivo químico no
provocará daño alguno. La IDA se representa
normalmente en unidades de nivel de 0-x
miligramos al día por kilogramo de peso
corporal.
Antes de que se autorice la utilización de
cualquier aditivo, se realizan pruebas con seres
vivos (animales) para saber si el uso de esas
sustancias puede provocar un daño a la salud
humana. Aceptado el uso de determinado
aditivo e indicado su función se establece la
IDA.
La IDA protege la salud de los consumidores y
es regulada por comités científicos de expertos
que son los que asesoran a las autoridades
reguladoras nacionales e internacionales sobre
los niveles de IDA por aditivo.
*Al final del libro he añadido un Anexo con la
lista de todos los aditivos actuales y su
denominación. Por legislación, los productos
envasados que contienen aditivos deben
especificarlos en la parte de Ingredientes y
algunos deben incluir la IDA (como el caso de
los edulcorantes). No se encuentran nunca
dentro de la etiqueta de Información
Nutricional.
Los edulcorantes
“En las últimas décadas, la Industria Alimenticia
ha desarrollado una serie de productos sintéticos
cuya finalidad es dar sabor dulce a bebidas y
alimentos, sin utilizar nada de sacarosa (azúcar)
o fructuosa. Estos productos, conocidos como
«edulcorantes» o «edulcorantes artificiales»,
forman parte de los aditivos más famosos y
utilizados actualmente en la producción de
alimentos, sobre todo, alimentos dietéticos o
alimentos sin azúcar —ideales para personas con
diabetes—. Aunque parece un gran hallazgo de
la dietética, los edulcorantes siempre han estado
bajo la lupa, ya que se los asocia con
determinadas enfermedades degenerativas y
ciertos tipos de cáncer. Al día de hoy es mayor el
prejuicio sobre ellos, de lo que realmente son.”
El sabor dulce es uno de los seis sabores que
identifica nuestro paladar. No podemos
concebir una alimentación sin lo dulce. La
Naturaleza nos provee un enorme abanico de
alimentos dulces como las frutas y la miel,
aunque la Industria Alimenticia utiliza al azúcar
y el jarabe de maíz de alta fructuosa para
endulzar la mayoría de los alimentos
envasados.
Los efectos nocivos del exceso de consumo de
azúcar ha generado que su ingesta diaria deba
limitarse e incluso restringirse (como el caso de
las personas que padecen diabetes). Además el
azúcar genera muchos problemas de peso y
salud. Entonces, los edulcorantes aparecen
como una alternativa para conservar el sabor
dulce de los alimentos y bebidas. Y para
conocer en detalle sobre ellos es preciso hacer
un repaso uno por uno, sin dejar de advertir
que hasta hoy el edulcorante natural más
beneficioso para el cuerpo es la miel,
considerada además un antibiótico natural. Por
ello, más allá de la inocuidad de los
edulcorantes artificiales, siempre es
recomendable utilizar la miel para obtener la
dulzura en las bebidas y los alimentos.
ASPARTAMO
El aspartamo es un edulcorante artificial no
calórico, que se presenta en forma de polvo
blanco inodoro y se emplea en numerosos
alimentos en todo el mundo. Se comercializa
bajo varias marcas. La dulzura relativa del
aspartamo es de 150 a 200 veces mayor que la
del azúcar. Está compuesto de dos aminoácidos
naturales, el ácido aspártico (40%) y la
fenilalanina(50%), y el metanol (10%). El
aspartamo es estable cuando se encuentra seco
o congelado, pero se descompone y pierde su
poder edulcorante con el transcurso del
tiempo, cuando se conserva en líquidos a
temperaturas superiores a 30 °C.
El aspartamo ha sido declarado seguro para
consumo humano por las agencias de más de
noventa países y la FDA lo describe como uno
de los aditivos más estudiados de la historia y
afirma que su seguridad está más que
confirmada. Más de 100 organizaciones
nacionales e internacionales han evaluado la
inocuidad del aspartamo. La Organización
Mundial de Salud a través de un comité de
expertos ha establecido un nivel de ingesta
diaria admisible (IDA) de 40 mg/kg de peso
corporal, mientras que la FDA lo establece en
50 mg/kg. Existe, sin embargo, polémica entre
ciertos sectores, entre los que han surgido
numerosas controversias y mitos a su
alrededor.
Un argumento que evidencia que el aspartamo
goza de mala fama pero sin fundamentos, surge
al evaluar la incidencia del cáncer en personas
con diabetes, ya que son las mayores
consumidoras de edulcorantes. No existe
evidencia científica que relacione al aspartamo
con el cáncer, ya que no hay mayor tasa de esta
enfermedad en personas con diabetes. De ello
se puede presumir que asociar un edulcorante
con efectos cancerígenos carece de rigor
científico. Esto a su vez no implica que su
consumo esté ampliamente recomendado. Por
tratarse de una sustancia artificial, debería
limitarse su consumo. Asimismo, como todo
edulcorante no posee calorías, pero tampoco
nutrientes, por lo que sus efectos actúan a nivel
del paladar. Eso suele generar cierta
predisposición por el consumo de productos
cada vez más dulces, algo que no es
recomendado.
Las pruebas de seguridad del aspartamo han
ido mucho más allá de las necesarias para
evaluar la seguridad de un aditivo alimentario.
Cuando toda la investigación sobre el
aspartamo es examinada en su conjunto, es
evidente que el aspartamo es seguro, y no hay
preguntas sin resolver en cuanto a su seguridad
en las condiciones de uso previsto.
Sin embargo, es cierto que hay un riesgo para la
salud asociado con el aspartamo, pero sólo se
aplica a las personas con un raro trastorno
genético en el cromosoma 12 llamada
fenilcetonuria o PKU, que afecta a
aproximadamente 1 de cada 15.000 personas.
Ellos no pueden metabolizar la fenilalanina, por
lo que necesitan evitar no sólo el aspartamo,
sino todos los productos con fenilalanina. La
fenilalanina es un aminoácido que se encuentra
en muchos alimentos, muchos, incluyendo la
leche materna, por lo que casi no tiene sentido
destacar al aspartamo como causante del
problema.
También es cierto que no se puede cocinar con
aspartamo, pero no por razones de seguridad.
A temperaturas de cocción se descompone y
pierde su sabor, al igual que algunos otros
alimentos. Por esta razón, el aspartamo está
empezando a perder terreno en el mercado en
favor de la Sucralosa, otro edulcorante artificial
que mantiene su sabor cuando se cocina.
Existe un reciente estudio en el que se aprecia
la correlación en la aparición de carcinomas en
ratas (machos y hembras) y ratones machos
(no en las hembras) al someter a los roedores a
dosis altas de aspartamo durante toda su vida.
Pero no pueden vincularse estos resultados con
el consumo humano. El sentido común me dice
que luego de 30 años de historia de consumo
de aspartamo, ya deberíamos darnos cuenta de
sus efectos reales en el organismo; y hasta hoy
no se han observado.
SACARINA
La sacarina es uno de los aditivos más utilizados
como edulcorante artificial, pues su sabor es
300 veces más dulce que la sacarosa (el azúcar
normal), aunque tiene un regusto amargo al
final con lo que es muy habitual verlo
combinado con otros endulzantes. Está
presente en multitud de alimentos, golosinas,
refrescos, e incluso productos de aseo personal
como la pasta de dientes. Entre sus ventajas
más notorias está el hecho de que no favorece
la aparición de caries, proporciona poca energía
(es hipocalórica), y que resulta muy útil para las
personas que sufren de diabetes, pues no varía
los niveles de azúcar en sangre.
La sacarina proviene del petróleo, es un
derivado del tolueno y el benceno. La sacarina
es un ácido sulfinido benzoico. En altas dosis el
tolueno o el benceno es considerado un
producto extremadamente tóxico que afecta al
sistema nervioso, pudiendo provocar desde
cansancio y depresiones hasta pérdida del
conocimiento y leucemia. En 1977 un
experimento canadiense intentó demostrar que
una alta concentración de sacarina en la dieta
diaria (un 5% del peso total del animal
aproximadamente) inducía la aparición de
cáncer en las vejigas en ratas de laboratorio
machos. Sin embargo las entidades reguladoras
de los alimentos de diferentes países
etiquetaron la sacarina como una sustancia
"segura para el consumo humano".
Cabe destacar que es un edulcorante resistente
al calentamiento y a los medios ácidos, por lo
que es muy útil en muchos procesos de
elaboración de alimentos. La ingesta diaria
aceptable para la sacarina fue aumentada a 5,0
mg por kilogramo de peso corporal. Lo que
equivaldría a consumir diariamente unos 22
sobrecitos de edulcorante a base de sacarina,
en una persona de 70 Kg.
También se utiliza la “sacarina de sodio”, que es
la forma salina de la sacarina. Al igual que
muchas otras sales, se disocia en sus
componentes cuando se disuelve en agua. Las
palabras "sacarina de sodio" y "sacarina" se
emplean de manera indistinta ya que se trata
de componentes que comparten su sabor dulce.
Ambos nombres son más fáciles de usar que el
verdadero nombre químico.
SUCRALOSA
La sucralosa —popularizada bajo el nombre de
Splenda— es un edulcorante artificial que se
extrae del azúcar a través de un proceso
patentado de varios pasos que sustituye
selectivamente tres átomos de grupos hidróxilo
por tres átomos de cloro en la molécula de
sacarosa (azúcar). Los átomos de cloro crean
una estructura molecular que es
excepcionalmente estable y unas 600 veces más
dulce que el azúcar. El proceso químico para
crear sucralosa altera la composición química
del azúcar de tal manera que es convertido en
una molécula de fructo-galactosio. Este tipo de
molécula de azúcar no existe en la naturaleza, y
por lo tanto, el cuerpo no posee la habilidad
para metabolizarla correctamente. Como
resultado de esta elaboración bioquímica, la
sucralosa no es digerida ni metabolizada por el
cuerpo, haciendo que ello tenga cero calorías.
La sucralosa posee una alta calidad de dulzura,
buena solubilidad en agua y excelente
estabilidad en una amplia gama de alimentos
procesados y bebidas. En combinación con
otros edulcorantes bajas calorías tiene un
efecto edulcorante sinérgico.
No han existido estudios publicados acerca de
los riesgos tóxicos en humanos a largo plazo
hasta después de que la FDA aprobara la
sucralosa para el consumo humano. Tampoco
ningún estudio ha sido jamás realizado sobre
niños o mujeres embarazadas. Mucha de la
controversia que rodea a la sucralosa no se
centra sólo en que el edulcorante sea seguro o
no, sino más bien en sus falsas afirmaciones
publicitarias. La sucralosa no es una forma
natural de azúcar sin calorías, es un
edulcorante artificial que se obtiene a partir de
un proceso químico derivado del azúcar. Por lo
tanto la fama de “natural” es errónea.
La molécula de sucralosa pasa por el cuerpo sin
alterarse, no se metaboliza, y se elimina
después de consumida. El consumo diario
aceptable (IDA) de sucralosa, establecido por la
FDA, es de 15 mg/kg de peso corporal por día.
ESTEVIÓSIDO (STEVIA)
El esteviósido es uno de los azúcares obtenidos
naturalmente de la planta Stevia Rebaudiana.
La Stevia es originaria de Sudamérica pero
también crece en varios países asiáticos.
Consiste en un glucósido formado por tres
moléculas de glucosa y una de steviol, un
alcohol carboxílico diterpénico. Es
aproximadamente 100-150 veces más dulce que
el azúcar. La dulzura del esteviósido es
acompañada por un regusto alicorado. Es
soluble en agua, etanol y metanol. A pesar de
ser de sabor dulce, no aumenta la
concentración de glucosa en sangre (lo que lo
hace apto para diabéticos). Por este motivo se
utiliza como endulzante no calórico.
Se proclama que las hojas de la planta Stevia
han sido usadas durante siglos en Brasil y
Paraguay para endulzar alimentos y bebidas. El
esteviósido puede ser usado en ciertos
refrescos, productos vegetales al estilo japonés,
edulcorantes de mesa, repostería, productos
frutales, pescados y mariscos y, en países que
aprueban los edulcorantes, generalmente como
extractos de stevia ricos en esteviósido.
En 2006, la Organización Mundial de la Salud
(OMS) realizó una evaluación exhaustiva de los
estudios experimentales recientes de extractos
de stevia a cabo en animales incluyendo
humanos, y concluyó que “el esteviósido y el
rebaudiósido A no son genotóxicos in vitro o in
vivo y que la genotoxicidad del steviol y algunos
de sus derivados oxidativos in vitro no se
expresan in vivo”. El informe no encontró
evidencia de actividad cancerígena. El informe
también sugiere la posibilidad de efectos
beneficios para la salud, en el que “se ha
mostrado evidencia de efectos farmacológicos
del esteviósido en pacientes con hipertensión o
con diabetes tipo 2”, pero se concluyó que
estudios adicionales son necesarios para
determinar la dosis adecuada.
El esteviósido, como edulcorante, no está aún
autorizado (se encuentra en trámite) por la FDA
de los Estados Unidos. Sin embargo muchos
países autorizan su consumo debido a que las
entidades reguladoras son menos rigurosas o
no responden a intereses comerciales. La
popularidad de los últimos años del esteviósido
—popularizado con el nombre de stevia— está
dada por considerarse el primer edulcorante sin
calorías de origen natural. Su consumo también
ha sido aceptado por muchos defensores de los
productos orgánicos, personas vegetarianas,
veganas y crudívoras. La IDA se ha establecido
en 5,5 mg/Kg peso por día.
CICLAMATO DE SODIO
Ciclamato es el nombre común del
ciclohexilsulfamato. El ciclamato de sodio es un
edulcorante no calórico descubierto en 1937,
que ha sido considerado hasta cincuenta veces
más dulce que otros endulzantes bajos en
calorías. El ciclamato de sodio se utiliza en una
gran cantidad de productos, desde bebidas
gaseosas (refrescos tipo cola cero azúcar) hasta
yogur o dentífricos, entre otros.
Existen en el mundo muchos estudios que
hablan de que el ciclamato es seguro para su
uso en humanos. Por ejemplo, el Instituto
Nacional de Cáncer de los Estados Unidos
cuenta con amplia investigación sobre el
ciclamato y otros endulzantes artificiales.
Sin embargo, el uso del ciclamato de sodio fue
suspendido en los Estados Unidos en 1970,
debido a un estudio de la FDA donde se
utilizaron 240 ratas de laboratorio, y que arrojó
la presencia de cáncer en algunos de estos
animales. También algunos países europeos
han prohibido su uso. Algunas opiniones
acabaron desestimando el valor de las pruebas
con animales de laboratorio, pues fueron
hechas con dosis que exceden en más de 100
veces la dosis normal ingerida por humanos, sin
embargo, se ha demostrado que el ciclamato
puede convertirse en ciclohexilamina en el
tracto intestinal, un compuesto que podría ser
cancerígeno. Existen otros organismos,
encargados de regular los riesgos relacionados
con sustancias en los alimentos, que avalan el
uso del ciclamato en cantidades que no
excedan la ingesta máxima recomendada.
Según los análisis de la Organización Mundial
de la Salud se trata de un edulcorante sin
perjuicios para la salud . Además, señala que la
ingesta diaria admisible es de 11 miligramos por
peso de kilo corporal.
ACESULFAMO DE POTASIO
El acesulfamo de potasio es un edulcorante
artificial que también se conoce con los
nombres de acesulfame-K y ACE. En Estados
Unidos, la FDA aprobó por primera vez el
acesulfame de potasio como aditivo alimentario
para múltiples propósitos en 1988 (utilizado en
determinados alimentos y bebidas). La
aprobación de la FDA sugiere que el acesulfame
de potasio es seguro, sin embargo, el Centro
para la Ciencia en el Interés Público, o CSPI (por
sus siglas en inglés) y algunos investigadores
creen que el aditivo requiere de investigación
más a fondo para asegurarse de que no es un
edulcorante perjudicial.
Es 200 veces más dulce que el azúcar, y posee
una gran estabilidad ante los tratamientos
tecnológicos y durante el almacenamiento. No
se metaboliza en el organismo humano, y se
excreta rápidamente por los riñones, por lo que
no tiende a acumularse.
Puede ser utilizado en la carne y aves de corral.
Se utiliza como edulcorante sin calorías para
productos horneados, gelatina, goma de
mascar, bebidas gaseosas, jarabes, dulces y
yogur. El International Food Information
Foundation Council, o IFIFC (por sus siglas en
inglés), afirma que este edulcorante artificial se
utiliza en cerca de 4.000 alimentos y bebidas en
todo el mundo.
Como otros edulcorantes artificiales, el
acesulfamo de potasio añade sabor a los
alimentos sin calorías. A menudo se utiliza
junto con la sucralosa. Estructuralmente, el
acesulfamo de potasio es marcadamente similar
a la sacarina, otro edulcorante artificial
aprobado por la FDA. Sin embargo, éste
permanece estable cuando se expone al calor,
lo que lo hace ideal para el uso en productos
horneados.
Expertos médicos indican que el acesulfamo de
potasio no es dañino. El Instituto Nacional del
Cáncer señala que numerosos estudios no han
vinculado el edulcorante con el cáncer o
cualquier otra enfermedad. Los edulcorantes
artificiales aprobados por la FDA son
“generalmente seguros”, siempre y cuando sean
consumidos con moderación. La FDA ha
establecido la ingestión diaria admisible (IDA)
para el acesulfamo de potasio a 15 mg por kilo
de peso corporal.
OTROS EDULCORANTES
Además de los edulcorantes mencionados,
encontramos una categoría de edulcorantes
calóricos basados en polialcoholes que aportan
un total de 4 calorías por gramo. Son el
manitol, el sorbitol o xilitol. En su mayoría no
utilizan la insulina para metabolizarse y su
absorción es lenta, por eso, las legislaciones
vigentes suelen impedir un consumo mayor a
50 gramos diarios, pues en grandes dosis
pueden generar distensiones abdominales,
diarreas o flatulencia.
Estos edulcorantes alternativos calóricos,
tienen la particularidad de ser menos
fermentables por bacterias que la sacarosa
(azúcar blanco) y por ello, son menos
cariogénicos, es decir, causan menos riesgo de
sufrir caries y en algunos estudios se hallo un
papel reductor de la infección bucal cuando se
consumen gomas de mascar que los contienen.
Acerca de su seguridad, es preciso consumirlos
en cantidades moderadas para prevenir
posibles trastornos gastrointestinales y aunque
investigaciones en roedores han encontrado
neoplasias, las dosis usadas eran muy elevadas,
tanto que una persona jamás podría ingerirlas
en un día. Además, el origen natural del xilitol,
hace que sea el preferido y más inocuo si
consume en dosis recomendadas.
MIEL
Si bien no entra en la categoría de los
edulcorantes, la miel es un alimento que puede
emplearse para endulzar bebidas y alimentos.
Es la alternativa más natural y saludable al
azúcar, aunque su aporte de calorías —294
calorías cada 100 gramos— lo convierte en un
alimento que debe consumirse con cierta
discreción para evitar problemas de peso.
Las abejas son las encargadas de elaborar este
producto nutritivo fantástico: recogen el néctar
de las flores silvestres y lo acumulan en su
buche, donde lo transforman finalmente en
miel. Así la miel resulta una sustancia viscosa
dulce y altamente alimenticia. Se define como
un verdadero conglomerado armónico y natural
de vitaminas, minerales, hormonas, antibióticos
naturales, entre otros componentes. También
es un buen energizante, ya que contiene
azúcares predigeridos, que no exigen esfuerzos
al aparato digestivo, pasando rápidamente a la
sangre. De allí que en nutrición se la denomine
con el título de “dulzura saludable”, aunque su
consumo debe ser limitado para personas con
diabetes.
En Estados Unidos se la ha utilizado con mucho
éxito en los tratamientos para alcohólicos, pues
además de eliminar el alcohol en la sangre
actúa como sedante natural. Por su parte, la
miel de salvia tiene efectos analgésicos,
disminuyendo así los dolores menstruales. Para
el reuma y la arteriosclerosis se puede utilizar
un preparado que consiste en mezclar la misma
cantidad de vinagre de manzana y miel.
También esta fórmula es efectiva para la
digestión, aliviando el sueño, evitando los gases
y calmando hasta los dolores de cabeza. A su
vez, la miel es un remedio eficaz para aliviar los
dolores de garganta, los procesos de gripe o
anginas.
Los notables beneficios de la miel pueden
explicarse a partir de dos causas: primero, la
miel absorbe el agua y segundo posee
antibióticos naturales como germicidina y ácido
fórmico. Aunque parezca casi ilógico, también
cura heridas y quemaduras. La miel aísla la
herida del contacto con el aire, disminuyendo el
dolor y previniendo la formación de ampollas.
Importante: Debido al constante
cuestionamiento sobre el uso de edulcorantes
artificiales y sus efectos sobre la salud, sumado
a la fama de productos cancerígenos con la que
cuentan, es recomendable leer siempre
detenidamente las etiquetas de los productos
dietéticos para saber que edulcorante contiene
y así poder decidir sobre su consumo. Si surgen
dudas al respecto es preciso realizar una
consulta al profesional idóneo y comentarle
todas las inquietudes. Con la información
adecuada, las decisiones sobre el consumo de
edulcorantes puede ser consciente y genuina,
sin caer en la idea de que todo lo que se
etiqueta como “0 azúcar” siempre es saludable.
La opción de endulzar los alimentos y bebidas
con miel sigue siendo la mejor opción frente al
azúcar y a los edulcorantes artificiales.
De la naturaleza a la mesa
“Prácticamente todos los alimentos que
consumimos provienen de un proceso de
industrialización o manufactura —incluso los
alimentos que compramos a granel como las
frutas, verduras, granos, huevos y carnes—. Para
que los alimentos que nos provee la Naturaleza
lleguen a la mesa, necesitan recorrer un camino
bastante extenso y complejo enmarcado en lo
que se conoce como Industria Alimenticia. Sólo si
uno cultiva sus alimentos o cría sus propios
animales, puede escapar de la industria. Conocer
algunos aspectos de ella puede ayudarnos con la
estrategia de selección de alimentos saludables y
así evitar una nutrición tóxica. Los nutrientes y
sustancias que cada alimento industrializado
contiene dependen directamente de los procesos
a los que ha sido sometido.”
La Industria Alimenticia —ó Industria
Alimentaria— es la encargada de transformar
los productos procedentes del sector
agropecuario, es decir, de la agricultura y la
ganadería. En tiempos pasados, en que la
Industria Alimenticia no dependía de las
demandas del consumidor, los agricultores
cultivaban sus tierras y criaban ganado
obteniendo buenos rendimientos económicos
por esa actividad, además de producir lo
suficiente para satisfacer las necesidades
familiares propias. Hoy el proceso de
industrialización de los alimentos se resume en
las siguientes actividades: Elaborar,
transformar, preparar, conservar y envasar los
alimentos de consumo humano y animal.
Desde sus inicios a principios del siglo XIX, esta
industria evolucionó hasta alcanzar una gran
diversidad y complejidad. Así, por ejemplo, la
industria conservera se desarrolló a partir de
los descubrimientos que Louis Pasteur realizó
sobre los procesos de esterilización,
evolucionando hasta la actualidad con la
aparición de nuevas técnicas, como los cierres
al vacío, la deshidratación y la congelación.
En la actualidad, el consumo de alimentos
depende de lo que otros cultiven y procesen, lo
que ha dado lugar al desarrollo de la Industria
Alimenticia como una de las más importantes
del mundo. No obstante, la exigencia del
consumidor y un nuevo estilo de vida —con una
nueva nutrición— obliga a competir a los
minoristas para ofrecer una amplia variedad de
productos y precios más atractivos, lo que se
traduce en una demanda más específica de
calidad y cantidad hacia los fabricantes e
industrias transformadoras, las cuales también
compiten a su vez, reclamando a los
agricultores aquellas materias primas que
cumplan con los deseos del mercado. En
algunos países, la industria del procesado y
conservación de alimentos supone hasta el 15%
de todas las industrias de manufacturación.
La Industria Alimenticia tiende a evolucionar
hacia una mayor concentración y tecnificación.
Se inclina de forma creciente por productos más
elaborados, con oferta orientada a las comidas
preparadas y precocinadas. Aunque existe una
gran cantidad de alimentos que pueden ser
consumidos crudos, como por ejemplo la fruta,
la mayoría requiere un procesamiento que le
permita más seguridad y mayor tiempo de
conservación, además de poseer un sabor
agradable al paladar. Para ello se utiliza la
tecnología de los alimentos, que suele estar
supervisada dentro de las empresas por
personal científico y técnico.
El proceso industrial
Aunque dentro de la Industria Alimenticia
existen muchos modelos de negocio y
producción, los procesos de fabricación —ó
proceso industrial— pueden sintetizarse en seis
diferentes: manipulación de los alimentos,
almacenamiento de los mismos y de las
materias primas, la extracción de sus
propiedades, la elaboración hasta un producto
final, el envasado y la conservación de los
alimentos. A continuación detallo las
principales características de cada uno, lo que
nos permite saber cómo una materia prima
natural se convierte finalmente en un producto
de consumo masivo:
Procesos de manipulación
Los procesos de manipulación humana de los
alimentos tienden a disminuirse en la Industria
Alimenticia, es frecuente ver elementos en las
factorías que automatizan los procesos de
manipulación.
Procesos de almacenamiento
El almacenamiento de materias primas está
orientado a minimizar el efecto de
estacionalidad de ciertos productos
alimentarios. Generalmente suelen emplearse
para el almacenamiento en silos, almacenes
acondicionados al tipo de industria específico
(herméticos, al aire libre, refrigerados, etc.),
cámaras frigoríficas, depósitos.
Procesos de extracción
Algunos alimentos necesitan de procesos de
extracción, bien sea de pulpas (en el caso de
frutas), huesos, o líquidos. Los procesos
industriales para realizar la extracción pueden
ser la mediante la trituración del alimento, el
machacado o molienda (cereales para el pan,
las olivas para el aceite, etc.), extracción
mediante calor (grasas, tostado del pan, etc.),
secado y filtrado, empleo de disolventes.
Procesos de elaboración
Los procesos habituales de la elaboración de
alimentos, tienen como objeto la
transformación inicial del alimento crudo para
la obtención de otro producto distinto y
transformado, generalmente más adecuado
para su ingesta. Algunos de los procesos de
elaboración tienen su fundamento en la
conservación del alimento:
• Cocción. Suele emplearse en la elaboración de
muchos alimentos de origen cárnico.
• Destilación.
• Secado, Es tradicional su uso en pescados, así
como en el de carne, con motivo de aumentar
su conservación. En estos casos el proceso de
elaboración y de conservación, coinciden.
• Fermentación, mediante la adicción de
microorganismos (levadura), es muy empleada
en la industria de las bebidas: industria del vino
y en la industria cervecera.
Procesos de conservación
Los métodos y técnicas de conservación de los
alimentos son mecanismos utilizados para
alargar su capacidad de protección contra la
acción microbiana. Existen numerosos agentes
que destruyen los alimentos frescos con
rapidez, por ejemplo, los microorganismos tales
como bacterias y hongos se apoyan en la
catalización de las enzimas existentes en los
alimentos, degradándolos y produciendo
cambios químicos que afectan especialmente al
sabor y la textura. El oxígeno también puede
producir cambios de coloración y sabor rancio,
al reaccionar con determinados componentes
de los alimentos.
Una condición de la correcta conservación es
mantener después de un tiempo el aspecto,
textura, sabor y valor nutritivo del producto
original. Tradicionalmente, los alimentos se
conservaban mediante secado, en salazón o
ahumados. Actualmente, se recurre de forma
habitual a métodos de conservación por
enlatado, ultracongelación y liofilización. Todos
estos métodos permiten mantener los
alimentos en buen estado durante un tiempo
sin afectar a determinadas cualidades, no
obstante, no existe ninguno que permita
protegerlos de forma ilimitada en el tiempo
contra todos los posibles riesgos de
degradación.
Los diferentes métodos de conservación de
alimentos pueden dividirse en dos clases:
• Los que destruyen la vida microbiana.
• Los que simplemente inhiben su desarrollo.
Entre los primeros se encuentra la esterilización
(sea mediante antibióticos o por radiación) y la
acción química, utilizados normalmente en los
alimentos conservados en crudo, tales como
carnes, pescados, frutas y verduras; entre los
segundos se encuentra la deshidratación y la
refrigeración, utilizados sobre todo en la
conservación de sopas, budines y preparados
de carne.
Procesos de envasado
La principal función del envasado de alimentos
es protegerlos y preservarlos de la
contaminación exterior. Esta función incluye el
retardo de su deterioro, la extensión de la vida
del producto, y el mantenimiento de la calidad
y seguridad del alimento envasado. Para ello, el
envasado protege a los alimentos de factores
ambientales como el calor, la luz, la humedad,
el oxígeno, la presión, los falsos olores, los
microorganismos, los insectos, la suciedad, etc.
Con el proceso de envasado se consigue
retardar las reacciones enzimáticas,
microbianas y bioquímicas de los alimentos.
Para ello se emplean diversas estrategias como
el control de la temperatura, el control de la
humedad; la adición de productos como sal,
azúcar, dióxido de carbono, o ácidos naturales;
sustracción del oxígeno; o una combinación de
éstos con un envasado efectivo.
Luego de que el alimento es sometido a un
proceso de conservación termina en un
contenedor en forma de botella, frasco, lata,
pote, caja, paquete, sobre o bolsa. Allí
interviene el marketing de la Industria
Alimenticia que adorna con etiquetas muy
sugestivas cada envase, presentándolo como un
alimento de alta calidad. Es en este punto en
que es importante conocer todo lo que he
detallado hasta aquí en el libro, ya que así
podemos determinar a consciencia todos los
componentes que contiene cada alimento que
consumimos. La diferencia no es para nada
sutil, pues una nutrición tóxica puede llevarnos
a un estado de enfermedad, mientras que una
nutrición controlada y adecuada puede
llevarnos a un estado de salud y bienestar.
Tipos de alimentos
Debido a que todos los alimentos que se
comercializan pertenecen de uno u otro modo a
la Industria Alimenticia, es preciso saber que
dentro de la oferta actual pueden encontrarse
muchos productos que se identifican
claramente con ciertos tipos de alimentos. No
puede determinarse una clasificación precisa,
aunque es necesario ahondar un poco más
sobre los alimentos que pertenecen a las
categorías de transgénicos, orgánicos,
perecederos, dietéticos, artificiales y los
enmarcados en la llamada comida rápida —
también conocida como comida basura o
chatarra—.
Alimentos transgénicos
“Los alimentos transgénicos son aquellos de
origen vegetal o animal cuya composición
genética ha sido manipulada para aumentar su
poder nutricional o rendimiento, haciéndolos más
resistentes a plagas o almacenamientos
prolongados. La mayoría de los productos
transgénicos son alimentos, semillas e insumos
agrícolas y fármacos desarrollados por un
poderoso grupo de empresas multinacionales,
encabezadas por la estadounidense Monsanto y
la suiza Novartis. Sus principales productos son
soja, tomate, patata, tabaco, algodón y maíz,
resistentes a herbicidas unos, y a plagas, otros.”
Los vegetales genéticamente modificados
incorporan hasta tres genes distintos: un gen de
resistencia a antibióticos, un gen
autoinsecticida y un gen de resistencia a
herbicidas.
El gen de resistencia a antibióticos es un gen de
marcaje que permite, en el proceso de selección
en el laboratorio, diferenciar los individuos que
han sido modificados de los que no lo han sido.
Este gen incorpora tradicionalmente
información de resistencia a la ampicilina,
aunque también se usan otros antibióticos
utilizados en medicina humana. Actualmente
esta técnica está siendo modificada para utilizar
como marcador un antibiótico natural que no
constituya un principio farmacológico.
El gen autoinsecticida es el fundamento de los
vegetales transgénicos. Incorpora a las plantas
información para generar una toxina, llamada
toxina Bt, que elimina insectos parásitos del
cultivo objeto de modificación. Esta toxina ya se
usaba anteriormente como insecticida de forma
que lo único que ha cambiado es la vía de
dosificación.
El gen de resistencia a herbicidas se utiliza a
veces como marcador y también como valor
añadido del cultivo modificado. Éste permite
usar una mayor cantidad de herbicidas para
eliminar las plagas sin que el vegetal cultivado
se vea afectado.
Investigaciones de los últimos años de una de
las multinacionales del sector, Monsanto Co.,
investigan el desarrollo de una nueva
tecnología genética, llamada "terminator" que
busca que los vegetales modificados sean
estériles o den lugar a semillas estériles. De esta
forma podría reducirse el impacto sobre la
biodiversidad. Si a pesar de la oposición que
estos estudios están recibiendo esta tecnología
acaba imponiéndose, sería la cuarta
modificación genética de los alimentos
transgénicos.
Por su parte, los seres vivos transgénicos se
obtienen mediante la introducción de
información genética adicional en el genoma de
la especie. Es un proceso similar al que llevan a
cabo algunos tipos de virus, que introduciendo
determinadas moléculas en las células, las
infectan y hacen que éstas produzcan nuevos
virus.
Advertencias sobre los alimentos
transgénicos
Entre las distintas objeciones que se ponen a
los alimentos transgénicos pueden destacarse:
• Algunos vegetales transgénicos como la soja y
el maíz, se están usando mezclados y de forma
indistinta con los cereales no modificados. Esto,
junto a la falta de legislación sobre control y
etiquetado de estos productos, hace que el
consumidor no tenga derecho a saber que come
ni a escoger si desea o no consumir alimentos
modificados. Además, estos se usan para
alimentación animal. Es muy difícil saber cómo
han sido alimentados los animales que
consumimos.
• La introducción de un nuevo compuesto
dentro de una célula, como es el caso del
plásmido que contiene la nueva información
genética, puede alterar los equilibrios
metabólicos de las células del vegetal huésped,
generándose nuevos compuestos o variando el
contenido nutritivo del alimento modificado.
Alteraciones de este tipo han sido observadas
en algunos experimentos de ingeniería
genética. Esto hace que la modificación genética
mantenga en sus efectos una cierta
imprevisibilidad de la que carecen los alimentos
convencionales y que debe ser controlada.
• Cada vez hay más observaciones que indican
que la ingeniería genética supone nuevos
riesgos para el medio ambiente, sobre todo por
lo que respecta a los efectos sobre la
biodiversidad y a la contaminación genética.
Una reducción en el número de especies
cultivadas y la expansión de especies tóxicas
para determinados organismos ejemplifican los
riesgos para la conservación de la
biodiversidad.
Por otro lado, la información genética
introducida en los vegetales transgénicos tiene
una remota posibilidad de migrar como si se
tratará de un virus, e instalarse en otros
organismos. Esto puede provocar la aparición
de bacterias resistentes a los antibióticos
utilizados para la selección de los organismos
modificados, así como nuevas plagas resistentes
a los mismos insecticidas y/o herbicidas de las
plantas cultivadas.
Una última idea es el sentido del gen de
resistencia a herbicidas. Este permite el
incremento de la dosificación de herbicida en el
cultivo de forma que aumenta el aporte de
sustancias extrañas al medio (contaminación).
Seguridad sobre su consumo
Son muy pocos los estudios científicos que se
han realizado, algunos de ellos con resultados
opuestos a los obtenidos en los estudios
auspiciados por las corporaciones
desarrolladoras de cultivos transgénicos. Por
otro lado, ha sido prácticamente imposible dar
seguimiento a casos de seres humanos
alimentándose con alimentos transgénicos,
sobre todo, en países en los que dichos
alimentos no se etiquetan.
A pesar de la escasa información, un ejercicio
indispensable es averiguar el nivel de
investigación en torno a los efectos de este tipo
de alimentos en la salud humana, así como
conocer los procedimientos que han
implementado las autoridades competentes
para la evaluación de la inocuidad de los
organismos transgénicos destinados para
consumo humano.
La falta de evidencia científica sobre los efectos
de los alimentos transgénicos puede
compensarse con algo de sentido común: lo
natural siempre es lo óptimo, sobre todo en lo
que a alimentación ser refiere, por eso conviene
inclinarse por un alimento natural u orgánico
que por uno modificado genéticamente.
También es ideal que todos los alimentos
transgénicos que se comercializan en la
actualidad lleven una etiqueta que los
identifique como tal, así podemos elegir
conscientemente sobre su consumo.
Alimentos orgánicos
“Generalmente se emplean una serie de
productos químicos para proteger el cultivo de
frutas y verduras. Estos componentes que se
encuentran en dosis mínimas terminan
finalmente dentro de nuestro cuerpo. Sin
embargo, los alimentos tratados con pesticidas
químico-sintéticos, plaguicidas, antibióticos,
hormonas, colorantes, conservantes y
estabilizadores empezaron a ser sustituidos por
otros realmente naturales: los denominados
alimentos orgánicos. Al parecer el regreso a los
cultivos de antaño se presenta como una opción
saludable para el consumo de ciertos alimentos,
sobre todo las frutas y hortalizas.”
En ciertos países europeos, la conciencia de los
consumidores generó el desarrollo y evolución
de sistemas agrícolas biológicos que rechazan
abonos artificiales u otros componentes
sintéticos y los sustituyen por técnicas y
tratamientos no contaminantes. De esa manera
se obtienen hortalizas libres de manipulación
química.
Este tipo de técnicas tienen la característica
principal de respetar los ritmos naturales del
crecimiento de las plantas, ya que no utilizan
aditivos para acelerar el proceso. Los que
cultivan “alimentos orgánicos” seleccionan cada
especie de acuerdo con su adaptación al suelo,
y rotan permanentemente los cultivos para no
sobreexplotar la tierra. Los únicos abonos
empleados son obtenidos por procesos
orgánicos.
En Europa, los productos orgánicos se
comercializan con una identificación especial y
se clasifican como productos naturales o
biológicos. En general, la elaboración de estos
últimos está sujeta a normas mucho más
estrictas.
Principales características de los
“orgánicos”
Los alimentos orgánicos son sembrados y
cosechados de manera netamente natural, son
más sanos y equilibrados que el resto y cubren
las necesidades diarias de vitaminas y minerales
en forma más completa.
Las frutas y las verduras orgánicas poseen 28
por ciento más de vitamina C y 18 por ciento
más de proteínas que las que se consiguen con
el uso de abonos artificiales.
Los sabores de los “alimentos orgánicos” son
mucho más naturales y consistentes porque
están libres de sustancias sintéticas; además, se
conservan de un modo que no pierden
propiedades. Otro factor que debe considerarse
es que, con estas técnicas de cultivo no
contaminantes, se protege al medio ambiente.
El tratamiento "orgánico" es aplicado también
en la ganadería. Los animales son alimentados
con cereales y pastos cultivados
biológicamente, no permanecen encerrados y
reciben tratamiento veterinario con métodos
homeopáticos.
El precio de estos productos orgánicos (que
brindan una auténtica alternativa natural) es
algo más elevado debido a que la agricultura
biológica demanda una mayor mano de obra;
aunque se utilicen métodos modernos, los
procesos de elaboración son artesanales. Hoy si
se posee una pequeña porción de tierra, es
posible armar una huerta orgánica propia con
algunas verduras y hortalizas de estación que
no requieran cuidados especiales.
En la actualidad se puede acceder a los
"alimentos orgánicos" en ciertas tiendas
naturistas y algunos centros comerciales. Y
siempre es bueno recordar el siguiente consejo:
"Cada vez que tengamos oportunidad de
consumir este tipo de productos no debemos
dudar en hacerlo, pues nuestro cuerpo
finalmente lo agradecerá".
Alimentos perecederos
“Existen alimentos que, por su rápida
descomposición, son más propensos a convertirse
en caldo de cultivo de bacterias; frente a ellos
hay que tomar todas las precauciones posibles a
la hora de consumirlos. Lo más grave de este
tema es que estos «alimentos peligrosos» están
al alcance de la mano en la estantería de
cualquier supermercado, y sin la debida
advertencia sobre su conservación. Aunque la
mayoría los identificamos como «alimentos
perecederos», debemos prestarle la atención que
merecen.”
He elaborado una lista con siete clases de
alimentos perecederos —de rápida
descomposición— que pueden implicar un
riesgo para la salud si no se consideran algunos
aspectos relacionados con su conservación:
Conservas (enlatados): Toda lata que aparezca
hinchada, oxidada, deteriorada o con mal
aspecto, debe ser rechazada. Es una obligación
del consumidor fijarse en su fecha de
vencimiento y si ésta se ha pasado (o no está
especificada), definitivamente no debe
consumirse. Una vez abierta, el alimento se
debería pasar a un envase de cristal o barro
cocido (cerámico); los de plástico no son
aconsejables. Jamás deberá guardarse nada en
una lata abierta.
Nata (crema de leche): Mientras su envase está
sin abrir, se puede conservar largo tiempo. Sin
embargo, una vez que toma contacto con el
aire, deberá consumirse de inmediato o
guardarse en la heladera por un lapso no mayor
a las 24 o 48 horas. Pasado este período deberá
desecharse.
Chocolates: En la elaboración de algunos
chocolates se emplean ciertos aditivos
peligrosos: ácido benzoico y sórbico, así como
butilhidroxianisol y butilhidroxitolueno, al que
muchos expertos consideran cancerígenos.
Deberá tenerse en cuenta la procedencia del
mismo y su consumo es propicio para días de
baja temperatura. También hay que considerar
la fecha de vencimiento del mismo.
Leche: Si es fresca, ha de hervirse lo antes
posible. Si es esterilizada (pasteurizada,
uperisada, etc.) no es necesario hervirla, pero
debe guardarse tapada, protegida de la luz y en
un sitio fresco (tratar que sea la heladera). La
leche condensada o en polvo se conserva más
de un año sin problema si está correctamente
tapada y fuera del contacto con el aire.
Mermeladas: Mientras el envase de cristal no se
abra, pueden conservarse durante largo tiempo
(hasta más de un año). Una vez abierto, en la
heladera resisten varias semanas y, en el caso
de las mermeladas caseras, tan sólo siete a diez
días. En general pueden consumirse mientras
no se forme moho. Es importante tener en
cuenta que en la elaboración de algunas
mermeladas, dulces, confites, jarabes, etc.,
suele emplearse benzoato de sodio y de
potasio, aditivos potencialmente peligrosos.
Pasteles: En general el bizcocho resiste varios
días, siempre que no tenga nata o crema.
Asimismo debe conservarse en un lugar con
frío, como la heladera.
Salsas y aderezos: La mayonesa casera
(responsable de gran número de salmonelosis)
debe consumirse en el mismo día en que se
elabora. En el caso de los aderezos comprados,
deben guardarse bien tapados en la heladera y
no por mucho tiempo. Asimismo debe
considerarse su fecha de vencimiento y su
origen. Los restos de ensaladas preparadas que
se guardan “para mañana”, pueden ser un
semillero de gérmenes, sobre todo en verano.
El consumo de mayonesas, salsas y aderezos
debe ser muy discreto y limitado.
Todos los alimentos tienen una fecha de
caducidad o vencimiento, pero mucho de ellos
se consideran más propensos a la
descomposición química que otros. Jamás debe
consumirse un alimento fuera de su fecha de
vencimiento, pues los riesgos para la salud
pueden resultar mortales. Como mencioné al
comienzo del libro ( ver Fecha de Caducidad) es
importante conocer siempre la fecha de
vencimiento de los alimentos que consumimos,
sobre todo los enlatados, los productos lácteos
y los aderezos. Un alimento en descomposición
puede resultar tóxico al cuerpo y generar
consecuencias irreversibles. La selección de los
alimentos que consumimos a diario no puede
obviar el aspecto de “perecedero” que tiene
cada uno de ellos.
Alimentos dietéticos o “light”
“La realidad demuestra que nos preocupamos
poco o nada por la calidad de los alimentos que
ingerimos. La dietética, para muchos, se reduce a
un mero problema estético. Los productos de la
supuesta revolución alimentaria, los
denominados «light» (livianos o bajas calorías),
explotan de manera estratégica nuestra obsesión
por bajar de peso; pero no hacen más que actuar
como sustitutos que calman nuestra conciencia
cuando no somos capaces de mantener hábitos
nutricionales mejores y más disciplinados.”
Endulzar el café con sacarina cuando nos
excedimos en el consumo de azúcar por comer
un pedazo de torta parece una broma. Y de
hecho lo es, porque hay cosas peores que el
exceso de calorías, como la baja calidad de
algunos productos etiquetados como dietéticos.
Por ejemplo, algunos panes integrales que
compramos en el supermercado son
integralmente falsos. Se elaboran con harina
común, a la que le agregan salvado. La pregunta
que surge aquí es: ¿por qué conformarnos con
una tostada integral sintética, cuando podemos
consumir más fibras a partir de vegetales
crudos o legumbres?
Ingerir salvado convertido en artísticas virutas o
en comprimidos es caro e innecesario. La
levadura de cerveza aporta una buena cantidad
de vitamina B, pero pierde el 85 por ciento de
ellas al ser tratada con soda cáustica, ácido
clorhídrico o carbonato de sodio para quitarle
su sabor amargo. Los copos de cereales se
obtienen a temperaturas muy elevadas que
pueden alterar sus cualidades. Y la lista de
ejemplos es interminable. Lo “natural” muchas
veces se convierte en “artificial”, sobre todo en
lo referido a los productos procesados,
incluyendo los que ostentan en su etiqueta la
leyenda de “light” (livianos o dietéticos).
La cultura “light”
En general los productos dietéticos tienen 30
por ciento menos de calorías que sus similares
comunes. Muchos de ellos responden a una
estrategia comercial: el consumidor quiere
novedad y salud, y eso estimula la producción
de rubros vendedores. Los postres desnatados
son menos calóricos que sus pares elaborados
con leche entera, o enriquecidos con nata; pero
si están endulzados o contienen frutas, como
los yogures, pueden poseer más calorías que los
naturales.
No sólo las grasas generan calorías, los azúcares
agregados también. Otros alimentos contienen
más espesantes o aditivos artificiales, para que
uno tenga la sensación de estar saboreándolos
enteros, otros traen más aire incorporado,
como los helados o los mousses.
Pero no se trata de desechar automáticamente
todo lo light, sino de apreciarlo en su justa
medida. Entonces, ¿qué hacer? Primero se
deben leer todas las etiquetas para conocer el
contenido calórico de cada producto. Y luego
matizar: no hay que creer que van a ser
nuestros salvadores o que por consumir sólo
alimentos de bajas calorías luciremos una figura
espléndida.
Por ejemplo, ¿por qué desestimar los beneficios
del agua? Da sensación de plenitud, llena y no
tiene calorías. Además hidrata la piel y hace
funcionar los riñones con normalidad. Si la
sustituimos por jugos supone un incremento de
calorías o de apetito, porque éstos dispararían
los niveles de insulina. El café, el té y otras
bebidas light contienen cafeína o teína y casi no
deberían tomarse mientras se lleva a cabo una
dieta para adelgazar, porque estimulan el
apetito. Si uno se cansa del agua, se puede
sustituir por infusiones de manzanilla, pero
jamás debe eliminarse de la alimentación
(incluso fuera de un período de dieta).
Compensar los excesos
Una copa con un postre de dos pisos lleno de
nata, frutas y helado puede equilibrarse con
una cena a base de frutas, sin una pizca de
grasa, regada con agua mineral. Si tenemos en
cuenta que panes, postres y otras delicias
suelen contener gran cantidad de ácidos grasos
saturados de los que no hay que abusar,
después de consumirlos sería ideal que nos
controláramos con las grasas de origen animal
durante unos días. Parece complicado, pero no
lo es: este proceso, mucho más automatizado e
intuitivo, es el que practicamos casi todos de
forma inconsciente. Es por ello que nunca está
de más reiterar lo importante que es
familiarizarse con los contenidos de los
alimentos y con las tablas de composición de
los mismos, y reivindicar una vida sana, con
ejercicios moderados y una dieta equilibrada.
En este contexto, no es necesario recurrir a
cuánto producto “light” que se ofrece en el
mercado, para cuidar la línea.
Por el contrario, si aplicamos la cultura “light”
de manera indiscriminada y sin razonar,
podemos cometer varios errores como por
ejemplo:
• No consumir fibra a partir de vegetales crudos
o legumbres por creer que las ingerimos al
comer tostadas sintéticas.
• Temer al azúcar y comprar productos
dietéticos con fructuosa, que es casi lo mismo.
• Pensar que todo lo que se vende como
natural es auténtico.
• Creer todas las bondades dietéticas de las
promociones.
• No respetar las indicaciones de los productos:
no es lo mismo comer una galletita integral que
el paquete entero.
• Consumir litros de bebidas light y desconocer
que tienen calorías, aumentan el apetito e
hinchan el vientre a causa de las burbujas.
Como todas las cosas, no se trata de que vayas
a la tienda y descartes todo lo “bajas calorías”
que encuentres a mano. Simplemente es
cuestión de no creer en cuentos de hadas y
aprovechar inteligentemente lo que ofrece el
mercado, que sus cosas buenas también tienen .
A veces disminuir la cantidad de comida nos
permite disfrutar de un alimento sin llegar a
recurrir a su versión dietética.
Los dietéticos naturales
Una de las ideas más atractivas para las dietas
de adelgazamiento es la teoría de los
“alimentos de calorías negativas” (Negative
Calorie Food) ó también denominada “comida
quema grasa” (Fat Burning Foods). La teoría se
basa en el siguiente concepto: el cuerpo quema
calorías en los procesos químicos y metabólicos
que intervienen en la digestión de la comida.
Algunos alimentos contienen menos calorías
que las que ellos mismos necesitan para ser
digeridos. Por tanto, comiendo este tipo de
alimentos, se perdería peso. De alguna manera
un alimento de calorías negativas es un
alimento naturalmente dietético. Por ejemplo,
si comemos 40 gramos de apio, que contiene
unas 7 calorías, el cuerpo puede necesitar unas
30 calorías para digerirlo. Así, se consumirían 23
calorías netas, perdiendo peso.
Al parecer, la ventaja que ofrecen los alimentos
de calorías negativas es que son ricos en
vitaminas, minerales y fibras, por lo que se
puede quemar grasa a la vez sin dejar de estar
nutrido, una combinación perfecta para no
debilitarse mientras se sigue una dieta para
perder peso. También la incorporación a la
alimentación diaria de este tipo de alimentos,
permite conservar el peso sin dejar de obtener
nutrientes. Una dieta balanceada debe incluir
alimentos bajos en calorías, como el caso de la
mayoría de las frutas y verduras crudas. Por lo
que en este sentido, si consideramos la teoría
de las calorías negativas, al incorporar estos
alimentos obtenemos el beneficios de comer
sin acumular grasa, sino todo lo contrario,
favorecemos su eliminación al quemar más
calorías de las que ingerimos.
La lista de los alimentos de calorías negativas es
amplia, si consideramos la cantidad de verduras
y frutas que pueden entrar en esta categoría,
pero no debemos olvidarnos que éstos son
parte de una teoría avalada por muchos
nutricionistas, pero aún no considerada como
la solución más efectiva para eliminar grasa y
perder peso. Por lo que su consumo debe
realizarse independientemente de este efecto,
debido al enorme valor nutritivo de todos los
alimentos enumerados:
• Verduras de calorías negativas: Espárragos,
berenjena remolacha, brócoli, coles de Bruselas,
repollo, zanahoria, coliflor, apio, achicoria, col
china, pepino, berro, hojas de diente de león,
escarola, hinojo, ajo, alcachofa, judías verdes,
col verde, puerro, lechuga, guisantes (arvejas),
mooli (rábano japonés), champiñones, okra,
cebolla, rábano, algas, espinaca, calabaza,
tomate, colinabo, nabo, calabacín.
• Frutas de calorías negativas: Manzana, limón,
albaricoque (damasco), plátano, mora, grosella,
arándano, cereza, higos, toronja, uva, ciruela,
guayaba, kiwis, kumquat, níspero, lichi, mango,
melón , nectarina, naranja, papaya, durazno
(melocotón), pera, caquis, piña, ciruela,
granada, frambuesa, satmusa, carambola, fresa,
mandarina.
• Frutos secos de calorías negativas: Se
considera que los frutos secos (nueces,
avellanas, castañas, almendras y cacahuates)
requieren una importante cantidad de calorías
en la digestión, sin embargo su aporte calórico
no es menor. Más allá de considerarlos como
alimentos de calorías negativas, se deben
incluir regularmente en la dieta por las
excelente calidad de la grasa que aportan y del
resto de nutrientes.
• Alimentos de calorías negativas: Queso bajo
en grasa, yogur ligero, pepinillos, canela,
pasteles de arroz, pescado hervido fresco,
muesli, copos de avena, lentejas, tocino
canadiense, carne molida de pavo, claras de
huevo.
Comida rápida
“Existe una asociación directa entre los términos
«comida rápida» y «comida basura» o «comida
chatarra». Las grandes cantidades de algunos
nutrientes y sustancias —que en exceso son
nocivas para el organismo— han hecho de la
comida rápida una alternativa de consumo
alimenticio poco saludable. El ritmo de vida
actual ha quitado el tiempo necesario para
preparar la comida en el hogar, y la comida
rápida ha ocupado el lugar que tenía medio siglo
atrás la comida casera. El problema radica en los
métodos de cocción de muchos platos rápidos, de
los ingredientes que contienen y de la calidad de
las materias primas. Generalmente una comida
rápida es una comida de bajo costo, y esto hace
que se sacrifique calidad por cantidad. El precio
finalmente lo paga nuestra salud.”
Ante todo, “comida rápida” se considera
sinónimo de “comida chatarra”, del inglés junk-
food. Dentro de la categoría de comida rápida
entran todos aquellos alimentos percibidos con
escaso valor nutritivo: mucha sal, grasas y
azúcares, pocas fibras, proteínas y vitaminas. Y
aunque las ensaladas y los emparedados con
vegetales son también una comida de rápida
preparación, no entran en el concepto que
describo en este apartado. En todo caso, son la
solución más saludable cuando no se cuenta
con el tiempo de preparar un almuerzo más
suculento.
Los principales referentes de la comida rápida
son: hamburguesas, patatas fritas, pizzas,
alimentos fritos tipo nuggets, hotdogs, pasteles,
comida mexicana —tacos, burritos y fajitas—,
comida china —principalmente pasta—,
sándwiches con fiambres o carne frita, platos
árabes al paso. Una característica común en la
mayoría de las comidas rápidas es que se
acompañan de refrescos, café y/o postres con
nata. Generalmente uno puede armar su
“combo”, es decir elige la comida, la guarnición,
la bebida y el postre a su antojo, además del
tamaño de cada uno.
Las cadenas internacionales de comida rápida
tienen a disposición de sus clientes los valores
nutricionales de todas las comidas que ofrecen.
Es bueno revisar esta información, ya que
puede ayudarnos a conocer en detalle lo que
estamos consumiendo. Generalmente un menú
cubre la mitad de las calorías que necesitamos
durante todo el día, y suele superar los valores
recomendados de grasa, sal (sodio) y azúcares.
Es poco probable no terminar cometiendo un
exceso de algún nutriente, o de calorías, luego
de ingerir una comida rápida. Los tamaños más
grandes ofrecidos en cada menú exceden
muchos valores de nutrientes que el cuerpo
requiere diariamente. Estos excesos inciden
directamente en el peso corporal y la salud.
*Nota: Dentro de la categoría de comida rápida
también entran las comidas pre-cocidas, que
consisten en preparados congelados listos para
calentarse y consumirse. Estos productos son
ricos en grasas, sal y azúcares, los mismos
nutrientes que en exceso poseen la mayoría de
las comidas rápidas. Deben considerarse dentro
de la misma categoría, ya que un consumo
excesivo de comidas pre-cocidas puede ser
altamente nocivo al organismo.
Motivos para evitar la “comida
rápida”
Entre el trabajo y las actividades diarias, no hay
tiempo para tomar un descanso o incluso para
preparar una saludable comida casera como
almuerzo. Junto a esto, la aparición de
numerosas ofertas de comida rápida ha
intensificado el consumo de estos alimentos
que, en exceso y en periodos prolongados,
puede causar gran daño al organismo, desde
obesidad hasta enfermedades crónicas. Pueden
identificarse claros motivos para descartar el
consumo habitual y regular de las diferentes
comidas rápidas que se ofrecen en la
actualidad:
Carece de valor nutritivo
La comida rápida está hecha para poder
prepararse de manera casi instantánea y no
tiene mayor valor nutritivo. Además se ha
comprobando que este tipo de comestibles
contienen innumerables productos químicos
como aditivos, pesticidas y conservantes. El
cuerpo está diseñado para procesar los
nutrientes naturales, pero no para procesar y
desechar productos químicos sintéticos. De
acuerdo con expertos, el cuerpo tarda hasta 51
días para digerir la comida rápida, mientras
tanto, los productos químicos y grasas que
contiene este tipo de comida se van
acumulando en el cuerpo.
Produce sobrepeso y puede desencadenar
diabetes
Debido a la cantidad de calorías que contiene la
comida rápida, si ésta se consume de dos a tres
veces por semana, el peso corporal puede
aumentar entre un 10 y un 15 por ciento en
solo cuatro semanas, es decir de cinco a seis
kilos y medio. Esto se debe al mayor consumo
de azúcares y carbohidratos, además de la grasa
y los condimentos con los cuales son
preparados este tipo de alimentos.
Ligada al sobrepeso y causada por una mala
alimentación puede aparecer la diabetes,
específicamente la del tipo 2. Esto se debe a un
mal funcionamiento del páncreas, lo cual causa
que no se produzca suficiente insulina, por
tanto, los azúcares consumidos no se
convierten en energía y se quedan sin procesar
en la sangre.
Puede provocar problemas cardiacos y
cerebrovasculares
La comida rápida contiene grandes cantidades
de grasa saturada. Esta grasa incrementa los
niveles de colesterol LDL o colesterol “malo”,
denominado así porque contribuye a la
acumulación de placas en las arterias, lo cual
dificulta la circulación de la sangre; y al mismo
tiempo disminuye el colesterol HDL o colesterol
“bueno” que evita la acumulación de grasa en
la sangre y, por consiguiente, en las arterias.
Todo esto provoca la aterosclerosis un mal
cardiovascular que, en casos severos, puede
causar un ataque al corazón.
Relacionados con el aumento del colesterol
“malo” por la ingesta de grasa en exceso,
contenida en la comida rápida, se pueden
presentar los accidentes cerebrovasculares
debido a la obstrucción de las arterias que
llevan sangre al cerebro. Cuando el oxígeno no
llega al cerebro las células mueren y causan un
daño permanente.
Puede provocar trastornos hepáticos
De acuerdo con un estudio realizando en
Suecia, el consumo de comida rápida provoca
daño hepático. Esto se debe al aumento de la
enzima ALT que se encuentra concentrada en el
hígado, los riñones, el corazón y los músculos.
Cuando existe una lesión en el hígado
principalmente, esta enzima es liberada en la
sangre. El aumento de la ALT se atribuye al
incremento de peso y a un mayor consumo de
azúcar y carbohidratos.
Puede provocar apnea y trastornos
respiratorios
Estos dos males están relacionados con el
sobrepeso. En el caso de la apnea del sueño la
persona no puede respirar cuando está
durmiendo por tanto no hay una correcta
oxigenación, ni un descanso reparador. Por otro
lado, el mismo sobrepeso provoca que los
pulmones trabajen más para obtener oxígeno:
niveles altos de colesterol “malo” dificultan la
circulación del oxígeno por el organismo.
Promueve el envejecimiento prematuro
La comida rápida tiene un alto contenido de
radicales libres que provocan un desgaste en las
células del cuerpo, ya que éstos son moléculas
que han perdido un electrón y lo tratan de
recuperar tomándolo de otra molécula. Cuando
una molécula es dañada por un radical libre ya
no puede cumplir con sus funciones como el
intercambio de nutrientes, la regeneración y la
reproducción celular. Esto contribuye al proceso
de envejecimiento, sobre todo cuando el radical
libre toma el electrón faltante del colágeno
contenido en la piel, la cual pierde su
elasticidad.
Altera el sistema nervioso
Se ha comprobado que existe una estrecha
relación entre la nutrición y el desarrollo del
cerebro. De acuerdo con la universidad de la
Salud y la Ciencia de Oregon, Estados Unidos, el
consumo de comida rápida en exceso puede
afectar al sistema nervioso. En este caso las
grasas “trans”, aquellas que se forman cuando
los aceites vegetales son procesados, tienen
relación con la reducción del volumen cerebral
y de las capacidades cognitivas, por tanto es
importante evitar consumir este tipo de
alimentos, sobre todo los niños menores de 3
años.
Genera adicción
Estudios realizados en la Universidad de
Princeton en Estados Unidos, han demostrado
que los azúcares contenidos en la comida
rápida causan adicción. Se realizaron estudios
tanto en animales como en humanos y se
concluyó que al consumir azúcares el cerebro
libera dopamina, una sustancia química
(neurotransmisor), que busca el placer. Los
científicos descubrieron que, en las personas
obesas que consumen muchas comidas rápidas,
existe una deficiencia de dopamina casi igual a
la mostrada en personas adictas a la cocaína.
Ventajas y desventajas de la comida
rápida
Aunque todo en su justa medida no genera
necesariamente un trastorno en la salud, para
los amantes de la comida rápida he destacado
un análisis sobre las ventajas y desventajas que
ofrece cada una de ellas —al menos la más
populares—. El consumo de una comida rápida
no debería superar un promedio de dos por
semana. De esa manera protegemos al
organismo de los excesos nutritivos que estas
comidas esconden detrás de su apetitoso
aspecto.
Hamburguesas con patatas fritas
• Ventaja: poseen alto contenido de calorías
que dan energía al cuerpo. Además provee
hidratos de carbono, proteínas, grasas,
vitaminas y minerales.
• Desventaja: la energía proviene de grasas
saturadas y azúcares que, en exceso, son
perjudiciales para la salud y carecen de otros
nutrientes esenciales.
Pizzas
• Ventaja: importante fuente de hidratos de
carbono. Una comida muy completa si no
contiene fiambre entre sus ingredientes.
• Desventaja: alto contenido en grasas en
comparación con otros alimentos grasos, sobre
todo por el queso o la mozzarella.
Nuggets de pollo
• Ventaja: fáciles de preparar y las variedades
con verduras (como espinaca) son ricas en
nutrientes.
• Desventaja: no reemplazan las comidas
grilladas y naturales, además aportan una
importante cantidad de grasas por tratarse de
una comida frita.
Hotdogs o Panchos
• Ventaja: no posee ninguna en comparación
con otras comidas rápidas.
• Desventaja: es un alimento con un nivel alto
en grasas y peligroso para personas con
trastornos gastrointestinales.
Sándwiches de Pollo
• Ventaja: si no poseen aderezos son una
buena fuente de hidratos de carbono, proteínas
y energía.
• Desventaja: si el pollo es sin piel pero
rostizado contiene mayor cantidad de grasa que
el pollo frito.
Bebidas carbonatadas (tipo cola)
• Ventaja: no posee.
• Desventaja: contenido alto de azúcares
nocivas para el estómago, sumado al gas que
producen flatulencia. Suelen ser adictivas, sobre
todo las bebidas cola.
Preparados instantáneos
(purés, sopas, fideos, postres)
• Ventaja: resuelven un problema de tiempo.
Suelen estar enriquecidos con vitaminas y
minerales.
• Desventaja: alto contenido de sodio y aditivos
no favorables para la salud. Lo instantáneo no
es sinónimo de saludable.
Fiambres y embutidos
• Ventaja: acompañan muy bien como
ingrediente de sándwiches y emparedados. Y
son una buena opción combinados con
verduras y aderezos naturales. Siempre su
consumo debe ser muy limitado.
• Desventaja: alto contenido de sodio y
condimentos no favorables para la salud.
Además son muy ricos en grasas saturadas, por
lo que resultan alimentos “pesados”.
Snacks (tipo cheetos y chips)
• Ventaja: no poseen.
• Desventaja: alto contenido en grasas y
aditivos químicos. Suelen generar cierta
adicción. No son recomendados ni como
colación o tentempié. Encabezan la lista de
alimentos artificiales.
"Es cierto que la comida rápida resuelve un
problema de falta de tiempo, pero a largo plazo
produce un problema mucho más serio: la falta
de salud. Y sin salud, no hay nada que podamos
hacer con el tiempo."
Alimentos artificiales
“La Industria Alimenticia ha dado lugar al
desarrollo de alimentos que se producen a partir
de un conjunto de aditivos que le dan el color,
sabor y textura necesarios para convertirlos en
apetitosos al paladar.”
Un alimento artificial no necesariamente es un
alimento sin valor nutritivo, sólo que contiene
un mayor porcentaje de sustancias sintéticas
frente a sustancias naturales. Con derivados de
cereales como base, muchos alimentos ricos en
sal y azúcares forman parte de la dieta diaria,
sobre todo de niños y adolescentes. En este
sentido, el peligro de los alimentos artificiales
radica en un consumo adictivo y una pérdida
del gusto por los alimentos naturales, que
generalmente tienen sabores y colores menos
intensos. Desde mi punto de vista, una dieta
saludable debería comprender un consumo
diario máximo de alimentos artificiales de hasta
un 2% del total de todos los alimentos, por
encima de ese porcentaje, nuestra salud puede
estar en riesgo.
No hay estudios científicos definitivos que en la
actualidad puedan asociar directamente un
consumo limitado y controlado de aditivos
artificiales con ciertos tipos de cánceres. Sin
embargo, los médicos y nutricionistas no
alientan un consumo masivo de productos
elaborados a partir de sustancias sintéticas.
Para comprender de que se trata el asunto de
los “alimentos artificiales”, es preciso enumerar
a sus principales representantes: edulcorantes,
saborizantes, snacks (tipo cheetos y chips),
gomas de mascar, golosinas (del tipo gomitas),
jugos sintéticos, polvos para preparar gelatinas,
polvos para preparar postres, refrescos,
picadillos de carne y margarinas, entre otros.
Muchos de ellos se utilizan a su vez como
ingredientes de otros alimentos, como el caso
de los edulcorantes y los saborizantes.
Más calorías vacías, menos nutrientes
El riesgo que produce el consumo regular y
excesivo —un 10% promedio o más dentro de la
dieta— de los alimentos artificiales radica en
que muchos de ellos proveen calorías sin
nutrientes. Además estas calorías provienen
generalmente de las grasas y los azúcares que
contienen, responsables también de generar
cierta adicción a su consumo. Sumado al
intenso color y sabor, la fórmula resulta poco
saludable. Tal es el caso de los snacks, las
golosinas y los refrescos (del tipo cola). Muchos
niños y jóvenes reducen la dieta a un mayor
consumo de alimentos artificiales, generando
de algún modo una sobrealimentación con
escasa nutrición. Problemas de sobrepeso,
huesos frágiles, caries, insomnio, irritabilidad,
taquicardia, fatiga crónica y trastornos
gástricos, encuentran una causa firme en el
consumo descontrolado de alimentos
artificiales. Por consiguiente se resiente la salud
en pos de alimentos que lucen y saben muy
bien, pero que esconden detrás la falta de
nutrientes esenciales.
Como recomendación general, conviene
siempre revisar el consumo de los alimentos de
este tipo, sin descartarlos del todo, en el caso
de que se tenga el deseo de consumirlos. Una
dieta balanceada puede prescindir sin
problemas de los alimentos artificiales.
Aunque no son considerados alimentos
artificiales, es oportuno destacar que las
bebidas alcohólicas no generan beneficios
nutricionales positivos al organismo. No sólo
pueden generar adicción y trastornos hepáticos
severos, sino que además aportan energía sin
nutrientes. Aunque los médicos cardiólogos
sugieren el consumo regular de una copa diaria
de vino tinto de calidad, la dietética y la
nutrición no lo consideran como parte de una
dieta sana y balanceada. Particularmente
considero que son más los potenciales peligros
que los reales beneficios que produce el
consumo de bebidas alcohólicas, por lo que
debería descartarse su consumo, al igual que
del resto de alimentos artificiales que he
mencionado.
Alimentos pesados
“Las frutas y verduras están considerados los
alimentos más livianos y naturales, asociados
siempre con grandes fuentes de vitaminas e
ideales para conservar la salud. En el otro
extremo, encontramos un grupo de alimentos
elaborados y procesados que resultan muy
«pesados» al cuerpo, ya que su digestión
demanda un enorme esfuerzo al organismo, y
además carecen de fibra y agua, componentes
claves para una óptima nutrición. Limitar el
consumo de estos alimentos pesados es
necesario para conservar un peso ideal y un
estado de bienestar general.”
Existe un grupo de alimentos que tienen
características nutritivas que los colocan en una
categoría que yo denomino con el nombre de
“pesados”. Los alimentos pesados poseen un
perfil nutricional poco saludable ya que
aportan muchas calorías a través de grasas
saturadas, azúcares, y carecen de fibra
alimentaria, vitaminas y agua. Aunque algunos
están aditivados con micronutrientes (vitamina
A, Hierro, Calcio, entre otros), son tan calóricos
que no puede concebirse su consumo en una
dieta realmente saludable. Lo paradójico de
todo es que los alimentos pesados suelen
conformar un gran porcentaje de la dieta diaria
en la mayoría de las personas, sobre todo las
que viven en Occidente.
No necesariamente un alimento pesado es el
opuesto de un alimento dietético o light, pues
existen versiones más livianas de los alimentos
pesados más populares.
Lo que convierte a un alimento en pesado es la
composición de nutrientes que aporta, y por
sobre todo que contiene carbohidratos
refinados sin nada de fibra. Es cierto que
alimentan, pero si no se limita o controla su
consumo, es muy fácil excederse en calorías y
grasas saturadas. El exceso de calorías redunda
en problemas de peso, mientras que el exceso
de grasas saturadas provoca trastornos
cardiacos. Es por esto, un alimento que sea
pesado no incide sólo en la balanza, sino
también en la salud, un aspecto que debe
tenerse muy en cuenta.
Además la ingesta de alimentos pesados
produce una lenta digestión, pesadez
estomacal, cansancio, flatulencias y mal humor.
Una combinación de síntomas que nada tiene
que ver con sentirse vital y pleno. Precisamente
los alimentos pesados carecen de vitalidad y
eso condiciona nuestra calidad de vida.
Pesados y populares
La lista de los “alimentos pesados” la
encabezan todos los productos de panadería,
bollería y pastelería, entre los que se destacan
las donas (donuts), los croissants, los brownies,
las tortas con nata y chocolate, y los pasteles.
También son considerados pesados los
alimentos fritos (tipo nuggets), las pastas
rellenas (con salsa con carne, nata y queso
rallado), los estofados de carne (tipo guisos),
los estofados de arroz precocidos, las galletas
dulces rellenas, los bombones y los chocolates
con leche, y la comida rápida. Muchos platos se
convierten en pesados por el método de
cocción (fritado) o por los ingredientes que
contienen (como el caso de las tortas y
pasteles).
El punto en común de todos estos alimentos es
que son muy ricos en grasas saturadas (de
origen animal), algunos en azúcar
(carbohidratos simples) y otros en sodio (en el
caso de los estofados precocidos). Su digestión
demanda mucho trabajo al organismo, y por
poseer carbohidratos sin fibra se degradan
rápidamente en glucosa, provocando que el
cuerpo libere insulina rápidamente desde el
páncreas, para bajar el nivel de azúcar en
sangre. Luego esa baja produce cansancio y la
necesidad de comer algo dulce o harinoso
nuevamente. Es decir, que los alimentos
pesados suelen alentar un círculo vicioso que
quita vitalidad y energía al cuerpo. Todo ello se
suma además al excedente de calorías que los
alimentos pesados poseen, sobre todo a partir
de la gran cantidad de grasas y azúcares que
contienen.
La popularidad de estos alimentos está dada
porque la mayoría están listos para su consumo
y no deben pasar por ningún proceso posterior
de preparación y/o cocción. Están al alcance de
la mano y resuelven muchos problemas de
tiempo (como el caso de la comida rápida y los
pre-cocidos), pero a un costo muy elevado.
Aunque los excesos de pastelería suelen
parecer inofensivos y sólo provocar problemas
de peso, el porcentaje de grasas saturadas y
azúcares que contienen, los hacen alimentos
peligrosos que pueden generar potenciales
problemas de salud, como ataques cardiacos o
diabetes. Claro que siempre considerando un
consumo excesivo o exclusivo de alimentos
pesados. Perder la sensación de liviandad y
vitalidad por una mala elección de alimentos en
nuestra dieta diaria, definitivamente no es algo
muy inteligente. Alcanzar un estado de plenitud
y bienestar es de algún modo, alcanzar un
estado de felicidad donde todo el organismo
funciona de manera perfecta, y la mente
trabaja de un modo más positivo y creativo.
Todo ello debemos evaluarlo para finalmente
adoptar hábitos de consumo más rentables y
saludables.
Consejos para un consumo razonable
Antes de considerar un consumo razonable de
“alimentos pesados” es preciso comprender
que todo alimento rico en grasas saturadas,
azúcares y sodio de por sí no es un alimento
saludable. Aunque aporte nutrientes, el exceso
de estos tres componentes convierte a un
alimento en potencialmente “tóxico” para el
cuerpo. Por lo que de antemano hay que
establecer un modo de limitar su consumo al
mínimo, o directamente no considerarlos como
parte de la dieta diaria.
Desde un punto de vista más sensato, y
comprendiendo además que los alimentos
generan placer y no es necesario prescindir de
los sabores más gustosos al paladar, los
alimentos pesados deberían constituir hasta un
10-15% de los alimentos consumidos al día. La
manera de determinar este porcentaje es a
través de las calorías que aportan, y en una
dieta promedio de 2200 calorías, estamos
hablando de 220 a 330 calorías proveniente de
este tipo de alimentos. Por lo que en la práctica
el consumo debe ser muy escaso, basta sólo ver
las etiquetas de alguno de ellos para darnos
cuenta de que la mayoría supera con creces ese
valor calórico.
La otra forma de limitar el consumo de
alimentos pesados es utilizando un mecanismo
de compensación, por ejemplo, si un día no
excedemos en su consumo, los días siguientes
optamos por una dieta más frugal y liviana. Así
el cuerpo puede compensar los excesos y volver
a recuperar un estado de equilibrio saludable.
Esta práctica nos permite siempre comer de
todo, sólo que con un criterio de sentido
común que nos ayuda a identificar un exceso de
comida, para luego subsanarlo con alimentos
livianos. No es necesario dejar de lado todo o
de adoptar una dieta insípida, al contrario, se
trata de balancear el consumo de determinados
alimentos, como el caso de los “pesados”.
Los métodos de cocción
“Los métodos de cocción nos facilitan la síntesis
de nutrientes y el rompimiento de las fibras que
forman la estructura de los alimentos, así como
el endurecimiento de las proteínas, lo que
convierte a los alimentos en digeribles y
comestibles para el organismo, logrando así
también un sabor y aspecto agradable. A través
de una cuidadosa cocción se puede realzar el
contenido nutritivo de los alimentos. En este
sentido, existen métodos de cocción que
conservan las propiedades intactas de los
alimentos, mientras que otros pueden destruirlas
por completo. Asimismo, algunas formas de
cocinar los alimentos agregan calorías y pueden
convertir un alimento saludable en uno más
pesado o tóxico.”
A través de una cuidadosa cocción se puede
realzar el contenido nutritivo de los alimentos
permitiendo una óptima digestión. Cada
método de cocción de alimentos posee
determinadas ventajas y desventajas, sólo se
debe conocer para qué está indicado cada uno.
Aunque si se desea obtener una nutrición sana,
hay métodos que deben utilizarse de manera
muy limitada, ya que pueden convertir un
alimento saludable, en un alimento tóxico o
dañino (ej.: fritado, ahumado). Por eso es
importante conocer acerca de ellos, sin llegar a
ser un experto en la cocina.
La gastronomía actual divide a los métodos de
cocción en dos grupos: secos y húmedos.
Aunque desde el punto de vista nutritivo
pueden clasificarse en “más saludables” y en
“menos saludables”. No es necesario condenar
el uso de alguno de ellos, pero sí saber que hay
métodos que no contribuyen al bienestar del
cuerpo, ya que la elaboración de un alimento
puede alentar una serie de trastornos de salud,
no solo digestivos. Por eso los métodos que
agregan grasas a la cocción convierten a muchos
alimentos en verdaderas “bombas” para el
estómago y el hígado, y predisponen al
organismo al padecimiento de problemas
coronarios. También la cocción en agua puede
resultar una opción nociva en el caso de las
carnes, ya que concentra las grasas que ellas
mismas contienen. Hay métodos que al parecer
hacen los alimentos menos digeribles, cuando
debería ser lo contrario. De allí que la selección
del método de cocción adecuado es una
variable que no puede dejarse de lado en la
nutrición, sobre todo, si intentamos que ésta
no se vuelva tóxica.
A continuación expongo una lista de los
métodos de cocción con un enfoque nutricional
(no gastronómico) agrupándolos en dos
categorías que no necesariamente reflejan la
realidad en todos los casos. Pero sirve como
guía para tener opciones claras a la hora de
preparar los alimentos.
MÉTODOS DE COCCIÓN MÁS
SALUDABLES (Recomendados)
• Crudo: Aunque en sí no es una técnica de
cocción, se lo considera una manera de
preparar los alimentos. Conserva al máximo los
nutrientes, excepto en las zanahorias. Pero no
es apropiado para una gran cantidad de
alimentos porque puede causar indigestión,
sobre todo los de origen animal. Las partes que
se cortan pierden rápidamente la vitamina C
que contienen, por eso, se deben preparar al
momento de consumirlas. Este método es ideal
para frutas, verduras y algunas legumbres —las
que se consiguen ablandar a través de un
remojado o hidratación—. Si un alimento
puede consumirse “crudo” sin problemas,
puede ser la manera más saludable de obtener
todos los beneficios que se derivan de su
ingesta.
También existen técnicas de cocción a partir de
un alimento crudo como el caso del salado,
utilizado para la preparación y conservación de
carnes y fiambres. Sin embargo, agrega una
enorme cantidad de sodio al alimento, lo que lo
convierte en potencialmente peligroso para la
salud (problemas cardíacos y tensión arterial).
El salado definitivamente no está considerado
una forma para preparar alimentos y comidas
saludables.
• Hervido o cocido: Es un proceso de cocción a
punto de ebullición, donde los alimentos
hierven en agua. No se necesita grasa y se
utiliza la olla como elemento de cocina. Las
verduras hervidas pierden hasta el 70% de los
nutrientes solubles en agua. Se pueden
conservar las vitaminas si se utiliza muy poca
agua para cocinarlas y sólo hasta que las
verduras estén tiernas. El hervido de carnes no
es muy recomendado, ya que concentra las
grasas y hace más pesado el alimento, aunque
suele utilizarse para carnes rojas (tipo osobuco)
y aves (pollo o gallina). El agua del hervido
puede emplearse como caldo. Conviene
siempre hervir sin colocar sal al agua, aunque a
veces se utiliza para realzar el sabor de los
vegetales (aportando así una mayor cantidad
de Sodio). También es el método ideal para el
cocido de frutas secas o deshidratadas, de las
que se obtienen compotas con o sin agregado
de azúcar.
• Cocido al poché: Es una técnica derivada del
hervido y consiste en un proceso de cocción
que se lleva a cabo con poco agua y a
temperaturas de 65 C° a 80 C°, para proteger el
producto. Los alimentos pierden menos
vitaminas y conservan su consistencia, aunque
es ideal sólo para ciertos productos, como el
caso de los huevos. Respecto al cocido de
carnes, es recomendable para el hervido de los
pescados. Si se emplea un cocido a baño maría
(un recipiente con los alimentos flotando sobre
otro recipiente con agua hirviendo), resulta
perfecto para el preparado de ciertos postres
con leche. La cocción lenta es la clave del cocido
al poché.
• Cocido al vapor: Es una técnica de cocción
que utiliza el vapor, tanto con o sin presión. Se
emplea una vaporera o una olla a presión.
También una olla exprés o una cacerola con
tapa y válvula de vapor. Conserva más los
nutrientes pero los alimentos pierden hasta un
30% de las vitaminas solubles. El agua
resultante del hervido se puede utilizar para
otras cosas como salsas para no perder las
vitaminas. Solamente se pueden cocer al vapor
alimentos de la misma estructura celular y del
mismo tamaño, es decir, no deben combinarse
diferentes alimentos para obtener un cocido
uniforme. Es ideal para las verduras, carnes,
pescados, mariscos y legumbres. Si se emplea
una olla a presión se reduce el tiempo de
cocción notablemente (menos de la mitad que
un hervido normal). Es uno de los métodos más
saludables ya que el producto se mantiene
seco, no se mueve y por tal razón no pierde su
forma y consistencia, y se puede utilizar para su
terminación inmediatamente.
• Cocido en microondas: Mantiene la mayor
cantidad de nutrientes solubles en agua si se
utiliza muy poca cantidad de ella. Conviene
utilizar recipientes de vidrio resistentes al
horno microondas. Suele ser común
sobrepasarse en la cocción. Existe un mito
infundado de que la cocción en microondas
quita todas las vitaminas y minerales a los
alimentos, pues permite conservar sus
propiedades si la temperatura no es tan
elevada. También se lo emplea para el
calentado de alimentos cocidos o pre-cocidos y
también para descongelar alimentos que se
conservan en el freezer. Como alternativa a la
cocina convencional, el cocido en microondas
resulta una opción viable.
• Horneado: Es un método de cocción que no
necesita incorporar grasas adicionales a las
carnes ni líquidos a las verduras. Se diferencia
del grillado ya que es más seco. Se necesita un
horno convencional y generalmente los
alimentos (carnes rojas, aves, pescados,
verduras y frutas) se disponen en una asadera
metálica o una placa para horno. Al no requerir
de grasa para la cocción, se lo considera un
método saludable e ideal para convertir los
alimentos en altamente digeribles. Ideal para
productos de panadería, pastelería seca, tortas,
tartas con masa hojaldre, patatas, boniatos,
pizzas y pudines. El método es recomendado
aunque el aspecto nutritivo de los alimentos
horneados depende de sus materias primas.
• Grillado (grillé) a la plancha o al horno: Es un
método de cocción seco que emplea muy poca
grasa y utiliza el propio jugo de las carnes. A
través del grillado, el calor destruye la vitamina
C que posean los alimentos; en el caso de las
aves se deben cocinar muy bien y el jugo de las
carnes se puede utilizar en salsas porque posee
vitamina B. Ideal para la cocción de carnes por
la poca grasa adicional que se obtiene de los
alimentos grillados, y además las convierte en
fácilmente digerible. También pueden grillarse
verduras tanto en una plancha de teflón como
en una placa con rejilla para el horno. Los
alimentos no resultan ahumados como sucede
con el cocido a la parrilla.
• Blanqueado: Es un proceso de pre-cocción
para verduras de hoja, patatas y carnes (sobre
todo pollo y mariscos), a través del empleo de
agua hirviendo (a punto de ebullición) o aceite
hirviendo. Si bien con el blanqueado los
alimentos quedan listos para posteriores
preparaciones, en sí es muy útil para que los
alimentos pierdan menos nutrientes y luego
puedan cocinarse con rapidez. En general las
espinacas se blanquean para el preparado de
tartas, las patatas para horneado o fritado, los
mariscos para paellas y el pollo (sólo pechuga y
sin huesos) para un posterior grillado. Como
técnica es saludable y una gran aliada para
otros métodos de cocción. No se deben
blanquear las carnes rojas. A veces también se
puede utilizar para el ablandado de legumbres.
• Salteado (sofrito): Es un proceso de cocción
seco que emplea grasa (animal o vegetal)
caliente, con movimiento o volteando el
producto, sin líquido (el líquido se agrega
después de haber quitado el producto). Se
utiliza un sartén para el salteado de carnes,
pescados, mariscos, verduras y hongos. Para las
patatas y las frutas salteadas, se emplea un
sartén de teflón o plancha. Conserva las
vitaminas solubles en agua y no requiere una
gran cantidad de grasa (generalmente
proveniente de aceites vegetales). Las
superficies de los alimentos cortados pierden
vitamina C al instante, por eso se deben
preparar al momento de consumirlas. Es
utilizado para realzar el sabor de las verduras,
pero a veces, agrega calorías innecesarias (por
la grasa utilizada). También es la alternativa
para el consumo de una mayor variedad de
vegetales como la berenjena, el pimiento
morrón, la cebolla y el calabacín redondo
(zapallito verde). Conserva la consistencia y el
color de las verduras, y es una alternativa para
el consumo de carnes y pescados, generalmente
cortados en pequeños trozos.
• Tostado ligero: Un método muy sencillo que
se emplea para hacer más digeribles los panes
blancos e integrales. Con una tostadora
convencional o una eléctrica, se suele colocar el
pan en rebanadas o rodajas hasta obtener un
tostado ligero. No es recomendable que el
producto se queme o carbonice, ya que puede
resultar tóxico. También sirve para ablandar los
panes y otros productos de panaderías. Se
utiliza también para el calentado de pizzas y
empanadas ya cocidas.
MÉTODOS DE COCCIÓN MENOS
SALUDABLES (Poco recomendados)
• Estofado: Estofar es un proceso de cocción
con poco líquido o grasa añadida al producto.
Normalmente se lleva a cabo en sartenes
hondas con tapa. Se emplea para la cocción
combinada de verduras, frutas y carnes
exclusivamente. Concentra la grasa derivada de
la carne y de algún modo la añade a las
verduras, por lo que el sabor de los alimentos
es bastante intenso. También se emplea
condimentos y sal en la preparación, lo que
potencia el sabor y convierte al estofado en un
preparado pesado, más difícil de digerir que los
alimentos grillados.
• Braseado, en cacerolas o en guiso: Ablanda
las carnes de segunda calidad y las vitaminas se
conservan en el plato. Pero puede contener
muchas grasas si no se enfrían los platos y se
los desgrasa, aunque este método es ideal para
legumbres y verduras de raíz. Se emplean
cacerolas con tapa y muy poco líquido. Sirve
para el sellado (dorado) de las carnes y
posterior guisado. También se consiguen
suculentos platos combinando legumbres con
verduras y carnes. El braseado puede llevarse al
horno en bandejas hondas con tapa. Los
alimentos que se brasean resultan pesados y de
lenta digestión, ya que la cocción se acompaña
muchas veces con salsas, vinos o caldos con
grasa.
• Asado a la parrilla o a la barbacoa: Es un
método poco graso porque no se añaden grasas
ya que éstas se desprenden de la carne. Es un
proceso de cocción que se lleva a cabo sobre
una parrilla calentada por carbón, electricidad,
gas o en un sartén parrilla. Pese a eliminar las
grasas de las carnes, cuando éstas se queman o
asan en exceso, pueden llegar a tener alguna
incidencia en distintos tipos de cáncer. Por eso
no se deben comer alimentos quemados.
También este método se utiliza como parte del
ahumado. Nunca se debe cocer la carne sobre
fuego directo ya que la grasa se quema y
produce humo y tizne tóxicos para el consumo.
Este método se emplea para carnes rojas y
blancas, pescados y verduras. En muchos casos
se asa el alimento envuelto en papel aluminio y
dentro de una marinada a base de hierbas
aromáticas y jugos. La opción más saludable a
la barbacoa es el grillado.
• Rostizado: Es proceso de cocción con calor
medio, rociando los productos continuamente
con grasa, y cocidos sin líquido y sin tapa. Se
emplea un horno giratorio o para rostizar a
baja temperatura. Por tratarse de un método
de cocción más bien lento, suele concentrar las
grasas sobre todo por el adobo con grasa
(aceite) que reciben las carnes mientras se
cuecen, y porque el alimento no pierde líquidos
ni peso. Sólo se emplea para carnes y aunque el
sabor es muy gustoso y la textura suave, es
poco saludable. La opción recomendada frente
al rostizado es el grillado.
• Frito por inmersión o en la sartén: Este
método consiste en utilizar grasa líquida a alta
temperatura (aceite) para la cocción del
alimento. Se emplea sartenes hondas o
freidoras. Los alimentos fritados
(principalmente carnes, pescados, patatas y
algunas verduras) poseen un alto porcentaje en
grasas porque las absorben con la cocción; no
es aconsejable para quienes desean adelgazar.
Conserva las vitaminas solubles en agua. No se
debería reutilizar el aceite cocinado porque se
oxida y puede ser carcinógeno. Además los
alimentos fritos son más pesados que los
cocidos o grillados. Este método debe
emplearse con mucha discreción si se desea
conservar el peso y la salud. El consumo
excesivo de grasas puede acarrear problemas
coronarios.
• Gratinado: Es un método que se utiliza como
acabado de un plato para obtener una costra
(cáscara) o un dorado sugerente. Se emplea un
horno con hornalla superior o un calentador
para flambeado. Para poder gratinar siempre
se necesita uno de los siguientes productos ya
sea como ingrediente o por si solo: queso,
crema, huevos, pan molido, mantequilla o
grasa, masa a base de huevos, o salsas blancas
en general. Esto a veces suma más sabor pero
también más calorías a los platos, y los
convierte en alimentos pesados (sobre todo por
los ingredientes para el gratinado). También se
suelen quemar las costras con el riesgo de que
el preparado se convierta en tóxico. En el caso
del flambeado propiamente dicho, consiste en
dorar un producto con la aplicación directa de
llama, sin agregar ningún producto al
preparado original. Aunque parece más una
cuestión de gastronomía que de nutrición, el
gratinado no es recomendado para cuidar la
silueta y la salud.
• Glaseado: Es un método de cocción similar al
braseado, que se emplea sólo para carnes
blancas así como para verduras, las cuales se
abrillantan con un líquido reducido de la
cocción (jarabe). Para el glaseado se utiliza una
mezcla de mantequilla con azúcar, de manera
de lograr un recubrimiento de los alimentos con
el jarabe resultante. Otorga sabor a los
preparados pero agrega innecesariamente más
calorías y grasas, lo que hace que los alimentos
glaseados sean más pesados. Conviene
utilizarlo sólo con recetas que realmente
necesiten de este método. Aunque el glaseado
siempre es un proceso posterior a la cocción de
carnes y verduras hervidas o asadas.
Otros métodos de preparación de
alimentos
ENCURTIDO (Casero o Industrial)
Encurtido es el nombre que se da a los
alimentos que han sido sumergidos (marinados)
en una solución de sal, y que fermenta por sí
solo o con la ayuda de un inoculo
(microorganismo como Lactobacillus
plantarum), en el cual baja el pH y aumenta la
acidez del mismo con el objeto de poder
extender su conservación. La característica que
permite la conservación es el medio ácido del
vinagre que posee un pH menor que 4,6 y es
suficiente para matar la mayor parte de las
necrobacterias. El encurtido permite conservar
los alimentos durante meses. Se suele añadir a
la marinada hierbas y sustancias
antimicrobianas, tales como la mostaza, el ajo,
la canela o los clavos. Los encurtidos se sirven
fríos, como aperitivo o acompañamiento. Varía
dependiendo de los alimentos, en el caso del
avinagrado. Consiste en colocar el alimento
previamente durante un periodo relativamente
corto de tiempo en una solución de agua con
vinagre. Ejemplo de ello lo constituye el
escabeche, los ceviches, los encurtidos de
zanahoria, cebollas, etc.
Un encurtido de salmuera se puede producir
mediante el añadido de sal. Por ejemplo, el
sauerkraut y el kimchi coreano, ambos se
producen por salazón de vegetales con el
motivo de quitar el exceso de agua. El proceso
de fermentación natural, a temperatura
ambiente, mediante acción de la bacteria del
ácido láctico requiere de un medio ácido. Otros
encurtidos se elaboran mediante la inmersión
del mismo en vinagre. A menos el proceso de
envasado, el encurtido que incluye la
fermentación requiere que el alimento no sea
completamente esterilizado antes de ser
sellado. Debe pensarse que la acidez o salinidad
de la solución, la temperatura de fermentación,
la exclusión de oxígeno durante el proceso
darán el resultado final de sabor del producto,
debido en parte a la dominancia de unos
microorganismos frente a otros. Además se
agregan condimentos fragantes para neutralizar
un poco la fragancia picosa del vinagre. Existen
algunas variaciones de la preparación en la cual
se agrega azúcar o algún otro ingrediente para
condimentar. También hay encurtidos de fruta
que se sumergen en soluciones azucaradas con
aromatizantes como la canela, la mostaza o el
eneldo. Las especias permiten también a las
verduras encurtidas conservar un olor
agradable y más fuerte que el del vinagre que
se usó para su conservación.
El consumo de encurtidos no está condenado
en una nutrición sana, sólo que debe hacerse
de manera limitada. Los condimentos y el
vinagre pueden producir irritación en las
mucosas del estómago, y el exceso de sodio
(sal) en el preparado puede generar problema
de presión arterial y retención de líquidos. Son
una buena alternativa para conservar los
alimentos y pueden servir como una excelente
guarnición para acompañar carnes grilladas.
Entre consumir una verdura encurtida y una
cocida al vapor, conviene elegir la última
opción, por una cuestión de salud.
EMBUTIDO (Casero o Industrial)
En alimentación se denomina embutido a una
pieza, generalmente de carne picada y
condimentada con hierbas aromáticas y
diferentes especias (pimentón, pimienta, ajos,
romero, tomillo, clavo de olor, jengibre, nuez
moscada, etcétera) que es introducida —
embutida— en piel de tripas de cerdo. La tripa
natural es la auténtica creadora del gran sabor
del embutido natural por sus grandes
cualidades en la curación de estos. Su forma de
curación ha hecho que sea fácilmente
conservable a lo largo de relativamente largos
períodos de tiempo. Los embutidos se suelen
vender en carnicerías y más específicamente en
charcuterías. La elaboración del embutido, en
general, pasa por dos fases diferenciadas:
• Picado y Embuchado: Para la elaboración
artesanal o casera de estos productos se utiliza
una máquina específica, encargada de hacer
carne picada y que mediante una cuchilla pica
la carne y en una segunda operación la embute
en la piel de tripa de cerdo.
• Curado: Esta fase es muy importante a la hora
de tener una adecuada capacidad de
conservación del producto final, vigilando la
estabilidad del color y formación final del
aroma. Dependiendo del tipo de embutido se
realiza el curado de diferentes formas.
Desde un punto de vista nutricional los
embutidos están compuestos de agua,
proteínas y grasas. La proporción de agua
dependerá del tipo de curado, pudiendo llegar
desde un 70% en los productos frescos hasta un
10% en aquellos que han sido curados por
secado. Tras estos ingredientes básicos se suele
añadir diferentes especias, según la región y las
tradiciones culinarias. En algunas ocasiones se
emplea material de relleno, pero en estos casos
se considera el producto de ínfima calidad, no
obstante es común añadir: fécula, elalginato,
musgo irlandés, la goma arábiga y la goma de
tragacanto. El relleno suele hacerse en tripas
que suelen ser de dos tipos: natural (en este
caso emplean el propio intestino del animal
sacrificado) o artificial (que pueden ser tripas
de colágeno, tripas de celulosa, tripas de
plástico), etc.
Los embutidos se pueden dividir en diferentes
clases: frescos, secos y semisecos, cocidos,
cocidos y ahumados, ahumados no cocidos y los
realizados mediante carne cocida.
• Embutidos frescos (como las salchichas frescas
de cerdo): realizadas a través de carne fresca
picada, no están curadas, llevan condimentos y
suelen estar embutidas en tripas. Antes de
consumirse se suelen cocinar.
• Embutidos secos y semisecos (como el salami
de Génova o el salchichón): están realizados
con carnes curadas, se fermentan y desecadas
al aire, también pueden ahumarse antes de ser
desecadas. Se suelen servir frías.
• Embutidos cocidos (como la mortadela, o
embutidos de hígado): pueden estar curados o
no, la carne está picada, condimentada,
embutidas en las tripas, cocidas y a veces
ahumadas. Normalmente se suelen servir frías.
• Embutidos cocidos y ahumados (como el
salami de Córcega o las salchichas frankfurt):
son carnes curadas y picadas, condimentadas,
embutidas en las tripas, ahumadas y cocidas,
por lo que no necesitan ser tratados
posteriormente, aunque pueden calentarse
antes de ser servidas.
• Embutidos ahumados no cocidos (como las
salchichas de cerdo ahumadas): son carnes
frescas, pueden estar curadas o no, se embuten
en las tripas, están ahumadas pero no cocidas.
Antes de consumirse deben ser cocinadas.
• Elaborados a base de carne cocida (como el
queso de cabeza): están preparados a partir de
carnes curadas o no, cocidas, pero pocas veces
ahumadas, normalmente suelen ir envasadas
en rodajas, y se suelen tomar en frío.
Los embutidos pertenecen a una categoría de
alimentos considerados riesgosos para la salud,
ya que su perfil nutricional es muy rico en
grasas de origen animal, sodio y proteínas
animales. Esta combinación convierte a los
embutidos en alimentos hipercalóricos y
extremadamente grasosos. Con el consumo de
ellos es muy fácil excederse en grasas
saturadas, sodio y proteínas, por lo que su
consumo debe ser muy limitado. Son alimentos
que generan una enorme cantidad de toxinas al
cuerpo y son de difícil digestión. No hay
embutido recomendable, a diferencia de los
fiambres o quesos, que si bien son ricos en
grasas, tienen un menor porcentaje de ellas y
son más digeribles. Una óptima nutrición no
sugiere el consumo de embutidos, en ninguna
de sus formas.
AHUMADO (Casero o Industrial)
El ahumado es una técnica de conservación
alimenticia y de sabor culinario, que consiste en
someter alimentos a una fuente de humo
proveniente de fuegos realizados de maderas
de poco nivel de resina. Además de dar
“sabores ahumados” sirve como conservador
alargando el tiempo de conservación de los
alimentos.
Existen dos tipos de ahumados: en frío y en
caliente. En frío, el proceso dura
aproximadamente de 24 a 48 horas
(dependiendo del alimento) y no debe superar
los 30 °C; en caliente, la temperatura debe ser
mayor a los 60 °C y no superar los 75 °C. Se
recomienda realizar primero el ahumado en frío
y, luego, en caliente.
Esta forma de preservación de alimentos
proviene de épocas remotas; posiblemente por
casualidad se descubrió que los alimentos que
colgaban por encima de los fogones que se
utilizaban para calefacción, y se cocinaban,
duraban más que los que no estaban en
contacto con el humo. Este proceso de
preservación se podría comparar con el salado
para preservar el alimento; básicamente, se les
quita la humedad a los alimentos y se les
transfieren sabores.
Entre los alimentos ahumados encontramos:
• Embutidos: pecho del cerdo como la tocineta,
panceta, jamón, chorizos, chuleta poerca
hirams, etc. En el caso de la vaca: cecina, el
Pastrami.
• Quesos: como el queso de Gamonedo, el
ahumado de Áliva (Quesucos de Liébana),
Queso San Simón da Costa, una variedad del
Ragusano italiano, el damski polaco o el
räucherkäse alemán.
• Pescados: Salmón ahumado, Kipper.
• Cervezas: Rauchbier.
• Tés: Lapsang souchong.
• Whiskies: Whisky escocés (algunas marcas)
• Condimentos: sal ahumada, pimentón, etc.
• Chuleta.
Los alimentos ahumados poseen ciertos
peligros que pueden afectar a la salud, debido a
los productos químicos utilizados para ayudar a
ahumarlos, por lo que es imprescindible
limitarlos dentro de la dieta. Una óptima
nutrición puede prescindir de todos los
productos ahumados, y de esa manera
protegemos a nuestro organismo. Los
principales riesgos pueden ser:
ALTA DOSIS DE SODIO: El proceso de ahumado
del pescado o de la carne añaden un montón
de sodio (sal) a la comida, a veces a través de la
curación y antes del ahumado, como sucede
con el pescado en salmuera o la carne
ahumada. Esto puede provocar hipertensión y
enfermedad renal crónica; con el tiempo, el
consumo elevado de sal puede elevar el riesgo
de padecer una enfermedad cardíaca o un
accidente cerebro vascular.
INTOXICACIÓN ALIMENTARIA: Los alimentos
ahumados, como la carne o el pescado
presentan el riesgo de provocar una
intoxicación alimentaria, como la listeriosis, una
infección bacteriana que puede aparecer en los
alimentos que se conservan por largos
períodos de tiempo. También puede suceder en
las carnes procesadas como las salchichas, que
cuando no se calientan adecuadamente,
pueden contener bacterias dañinas, como la
salmonella, que puede prosperar en la carne
ahumada o carne seca.
CONTENIDO EN NITRATOS Y NITRITOS: Muchas
variedades de carnes ahumadas y curadas
contienen nitratos y nitritos, que se utilizan
para conservar la carne y evitar que las
bacterias dañinas se multipliquen, pero pueden
aumentar el riesgo de padecer ciertos tipos de
cáncer. A su vez, el nitrato de sodio puede
aumentar el riesgo de padecer enfermedades
del corazón, daño a los vasos sanguíneos y
afectar a la manera en que el cuerpo produce
azúcar en la sangre, lo que puede elevar el
riesgo de padecer diabetes.
RIESGO DE CÁNCER: Varios estudios vincularon
el consumo de alimentos ahumados con un
mayor riesgo de padecer algunos tipos de
cáncer, como el realizado en 2007 por
científicos de la Escuela Arnold de Salud Pública
de la Universidad de Carolina del Sur (Estados
Unidos), que encontró que las mujeres post-
menopáusicas que llevan una dieta rica en
carne ahumada y asada, tienen un mayor riesgo
de sufrir cáncer de mama.
El exceso de comida
“No existe un exceso que no tenga
consecuencias. Y el exceso de comida no es la
excepción. Por el contrario, cuando comemos en
exceso sobrecargamos a nuestro organismo de
tal forma, que a veces el enorme esfuerzo que
hace por procesar el excedente de comida
termina generando un previsible trastorno de
salud. Pues la obesidad como tal es considerada
una enfermedad, y no una mera cuestión de
estética. Una persona obesa acarrea además una
larga lista de patologías asociadas con su exceso
de peso (problemas óseos, problemas cardíacos,
problemas digestivos, entre otros). Y en la
mayoría de los casos se llega a los trastornos de
peso corporal luego de un constante y
sistemático exceso de alimentos, producido a lo
largo de los años.”
Una adecuada nutrición puede volverse tóxica o
nociva si no se considera la cantidad de
alimentos que se ingieren a diario. “Todo en su
justa medida” es la base de la alimentación
balanceada y saludable. Por eso, es preciso
saber que cuando el cuerpo consume más
alimentos (calorías) de los que realmente
necesita, transforma el exceso en células de
grasa que acumula en diferentes zonas
(abdomen, cola, piernas, brazos, pecho, etc.).
Sin embargo, la grasa en el cuerpo cumple
múltiples funciones, es un aislante térmico para
conservar el calor, amortigua impactos, es parte
constituyente de todas las células del
organismo y protege a los órganos blandos. No
es perjudicial en sí misma, sólo si se acumula en
un porcentaje mayor al que el organismo
necesita para conservar un óptimo estado de
salud. Así, un simple exceso de tejido graso
(adiposidad) se puede convertir en obesidad, la
enfermedad que supera los límites de la
estética. Este trastorno es diagnosticable
cuando la grasa corporal total es mayor al 20%
en los hombres y al 30% en las mujeres.
Por otra parte, la pérdida del control de peso es
muy frecuente cuando unos inofensivos kilos de
más superan el margen previsto para el peso
corporal ideal de cada individuo. Si bien es
cierto que un sobrepeso no necesariamente
implica obesidad, no prestar atención a la
balanza y a la dieta diaria suele ser el comienzo
de un problema que podría evitarse. Asimismo,
la obesidad es de origen multifactorial:
herencia, trastornos glandulares, edad, tipo de
actividad, son condicionantes para el desarrollo
de tejido graso, pero el factor que sobresale
entre todos, por lo perjudicial de su efecto y
por la posibilidad de actuar sobre él, es el estilo
de alimentación. El desequilibrio entre la
cantidad de energía que ingerimos y la que
realmente utilizamos y una alimentación con
alto contenido graso y pobre en fibras, son
factores determinantes en el desarrollo de la
obesidad.
Balance calórico
Aunque hoy muchos expertos en nutrición
consideren obsoleto hablar del “balance
calórico” como el mecanismo que explica los
problemas de peso, es imposible obviarlo y
entender así por qué un exceso de comida
termina provocando un problema tan serio
como la obesidad y todas sus consecuencias. A
saber, la única provisión diaria de calorías que
recibe el organismo llega a través de los
alimentos y las bebidas que se ingieren. Esta
cuota de calorías (energía) se utiliza para dos
principales funciones:
(1) Para mantener el gasto metabólico basal.
Dicho de otro modo, la cantidad mínima de
energía que utiliza una persona sin hacer
absolutamente nada. En este aspecto están
incluidas todas las funciones orgánicas como
comer, dormir, descansar, permanecer sentado,
estar parado y moverse.
(2) Para desarrollar cualquier actividad física:
caminar, trabajar o hacer ejercicios físicos.
La estrategia para adelgazar apunta entonces a
corregir el balance calórico: cada vez que el
ingreso de calorías es superior al gasto físico, se
produce un balance calórico positivo. Y el
resultado de este proceso lleva
indefectiblemente al aumento de la grasa
corporal. Por lo tanto, la obesidad y el
sobrepeso es resultado de un prolongado
balance calórico positivo. Por eso, lo
importante no sólo es la cantidad de comida
que se ingiere, sino el balance entre el ingreso
de alimentos y el gasto de energía. Por ejemplo,
si una persona a pesar de comer poco tiene
sobrepeso, debe aumentar su nivel de actividad
física. Si así lo hiciera, y no baja de peso,
entonces el problema puede ser de origen
glandular u orgánico. En este último caso, la
consulta con un profesional médico es
inevitable.
El exceso de comida produce siempre un
balance calórico positivo, ya que si no fuera así,
no podemos hablar de “exceso”, sino más bien
de “compensación”. Un exceso está
determinado desde el momento que
consumimos más calorías de las que el cuerpo
necesita, y sobre todo si esas calorías provienen
de las grasas. Por eso una dieta controlada
durante un período de tiempo determinado, es
sugerida para perder los kilos de más, ya que
provocamos un balance calórico negativo (se
gastan más calorías de las que se consumen).
También el aumento en el nivel de actividad
física sirve para quemar más calorías y
equilibrar así la ingesta de energía a través de
los alimentos.
Del exceso de comida, al exceso de
peso
Está claro que la obesidad es una enfermedad
asociada con la alimentación, que además de
generar trastornos a nivel orgánico, influye
negativamente en la silueta y la salud mental
de quien la padece. Un exceso de comida
constante puede convertirse en un exceso de
peso, que se traduce literalmente en una
deformación de la figura corporal, con
consecuencias que que pueden inferir directa e
indirectamente en las relaciones que establece
la persona obesa con su entorno laboral, social
e incluso familiar. Aunque la obesidad es
ampliamente tratable, evitar una situación
extrema puede ser la mejor prevención para
ciertos problemas psicológicos que se derivan
de la visión que tiene la persona obesa de sí
misma.
Una dieta saludable jamás alienta el consumo
excesivo de ningún alimento. Y aunque hay
ocasiones donde podemos cometer excesos con
la comida, éstos pueden subsanarse con un día
posterior de depuración, ingiriendo sólo frutas,
verduras y mucho líquido (principalmente
agua). Incluso comer en exceso alimentos sanos
puede generar problemas de peso y de salud. El
exceso no está relacionado con qué comemos,
sino con cuánto comemos. Y esta variable es
clave para alcanzar una nutrición que nos
provea salud y mejore nuestra calidad de vida.
En la actualidad, los médicos y nutricionistas
utilizan el "Índice de Masa Corporal" o IMC
(también conocido como Índice de Quetelet)
para determinar si el peso corporal de una
persona es el adecuado o no. Para ello aplican
una fórmula muy sencilla que consiste en
dividir el peso actual (expresado en kilogramos)
por la altura elevada al cuadrado (expresada en
metros). Esto es, peso / estatura2. Se compara
el resultado de la operación matemática con
una tabla, que indica un peso normal o ideal
para valores comprendidos entre 20 y 25. Por
debajo de 20 existe riesgo de desnutrición o
mala alimentación, mientras que por encima de
25 se registra un exceso de peso que puede ir
desde sobrepeso hasta obesidad mórbida
(valores superiores a 35). Por ejemplo, si pesas
82 kilos y mides 1,85 metros, la fórmula
aplicable es: 82 / 1,852 = 82 / 3,4225 = 23,95;
este valor indica que tu peso es normal.
Los resultados obtenidos de la fórmula del IMC
deben compararse con la siguiente tabla de
valores:
Alimentos que esconden “excesos”
Existen muchos alimentos que contienen
grandes cantidades de nutrientes, los que no
sólo no deberían consumirse en exceso, sino
que debería limitarse su ingesta. Cabe recordar
que se considera alto si un alimento contiene
un 20% o más de un nutriente en VD (Ver La
Etiqueta de Información Nutricional); y para
algunos componentes, ese es un llamado de
atención. En este caso debemos revisar lo que
consumimos tratando de evitar aquellos
alimentos que contienen excesivamente Sodio,
Azúcar, Grasas Saturadas y/o Proteínas.
Imaginemos que sucede si además consumimos
en exceso alimentos que ya de por sí son
excesivos en ciertos nutrientes, el exceso se
potencia y los perjuicios también. Por eso se
debe revisar muy bien la dieta y determinar
cuánto ingerimos de alimentos pesados, de
alimentos artificiales, de comida rápida, de
alimentos enlatados, de alimentos dietéticos y
de alimentos naturales. La base de la nutrición
consiste en la selección de los alimentos para
conformar la dieta más balanceada y saludable.
De allí que “nada de excesos” es una premisa
básica para saber que podemos nutrirnos sin
sobrealimentarnos.
Ansiedad y exceso de comida
Existe un importante grupo de personas que
come de manera compulsiva a causa de sus
problemas emocionales. Las situaciones de
estrés, ansiedad, depresión o autoestima baja
encuentran una salida poco eficaz en la comida,
sobre todo cuando se dan de manera continua.
Los atracones de comida no sólo no
contribuyen a mejorar un estado de ansiedad,
sino que lo agravan a través de un sentimiento
de culpa posterior. Así es como comienza el
famoso circulo vicioso de la “ansiedad por
comer”, que poco tiene que ver con cuestiones
fisiológicas u orgánicas. En estos casos el
“exceso de comida” puede llegar a encontrar la
solución en cuestiones psicológicas más que
nutricionales. Lo curioso del caso es que
aquellos que ahogan sus penas en la comida
optan por alimentos “pesados” como patatas
fritas, chocolates, masas dulces, golosinas y
helados, entre otros. El resultado es un
inminente sobrepeso que si no llega a
controlarse a tiempo se transforma en una
preocupante obesidad. Finalmente, la
denominada “comida basura” se transforma en
el aliado inseparable de los ansiosos.
La forma más rápida, cómoda y frecuente de
tapar situaciones de angustia consiste en llenar
la sensación de vacío con la comida. Detrás de
los sentimientos negativos que generan la
ansiedad por comer se esconde una autoestima
baja y una imagen de sí mismos nada
alentadora. Reforzar esta imagen y elevar la
autoestima son la clave para modificar el hábito
de comer desaforadamente. A veces es
necesario buscar el apoyo en amigos, la familia,
o si la situación lo requiere, en una consulta al
terapeuta.
El estado de vulnerabilidad emocional cuya
inmediata solución se encuentra en el acto de
comer, puede ser el resultado de un
aprendizaje inconsciente de determinadas
actitudes que tienen los padres frente a los
hijos: cuando un bebé llora la mamá le da de
comer para que se calme, cuando un niño se
lastima el mejor aliciente es una golosina, y así
continúa la lista de acontecimientos que
encuentran consuelo en la comida. De esta
forma es como muchas personas aprendieron a
encontrar una respuesta poco propicia a sus
problemas cotidianos.
Es importante que cada uno analice cuáles son
las situaciones más peligrosas que desembocan
en una irrefrenable ansiedad por comer. Éstas
pueden estar relacionadas con aspectos
internos como emociones, actitudes y
pensamientos, o aspectos externos como
problemas de comunicación e interrelación con
las demás personas. Identificar la causa del
problema es clave para poder enfrentarlo y
tomar medidas para erradicarlo de manera
definitiva. Reiterados excesos de comida
terminan generando muchos trastornos de
salud, y lo peor de todo, es que no solucionan
el problema de ansiedad que los origina.
En general, comer en exceso encuentra una
explicación en cinco situaciones de estrés:
ansiedad o nervios, soledad, tensión,
aburrimiento y preocupación por la dieta. Al
mismo tiempo que se intenta descubrir el
origen del problema, es necesario atacar de
pleno las consecuencias inmediatas que genera,
como por ejemplo el sobrepeso. Esto permite
romper con el círculo vicioso que se establece
entre la ansiedad por comer y la gordura. Y
hasta tanto se resuelva el problema de raíz,
conviene elegir durante un ataque de ansiedad
los alimentos más livianos, con más fibra y
nutrientes. Aunque no suelen saciar tanto
como los alimentos pesados, nos ayudan a
evitar problemas posteriores que se evidencian
en la balanza.
La organización de la dieta
“Cuando hablamos de «dieta», hablamos de uno
de los procesos fundamentales para la vida: la
alimentación de nuestro cuerpo. Por esta razón,
el seguimiento de una dieta, tanto para la
alimentación cotidiana como para fines
específicos, debe ser cuidadoso y consciente,
hasta incorporar ciertas prácticas a la hora de
comer como hábitos de vida. De ello dependerá
finalmente si nuestro cuerpo obtiene todos los
nutrientes que necesita para conservarse sano y
vital.”
Todas las sustancias presentes en los alimentos
son importantes en los procesos vitales, solo
deben ser administrados en las cantidades y
formas que favorezcan la salud. De los
alimentos que consumimos a diario a través de
nuestra dieta, conseguiremos incrementar
nuestro estado de bienestar o generar un
estado de malestar. La organización de la dieta
es una variable que debe considerarse si
deseamos evitar una nutrición tóxica o dañina
al organismo. En este sentido, al organizar la
dieta tenemos en cuenta qué, cuánto y cuándo
comemos, conjugando todos los elementos
para obtener una nutrición saludable.
En todos los casos, la alimentación siempre
debe ser aceptada, agradable y satisfactoria
para el que la consume, pero por sobre todas
las cosas: variada (que incluya todos los
nutrientes esenciales en sus proporciones
recomendadas). No debemos olvidar que seguir
una dieta como “pauta de alimentación”
supone un cambio de hábito alimentario, que
debe siempre adaptarse a nuestro propio estilo
de vida.
La principal ventaja de organizar la dieta diaria
como un “cambio de hábitos” radica en que
consiste en un proceso de asimilación, pues una
vez asimilado los nuevos hábitos, ya no hay que
preocuparse por la dieta. Por un lado, es
necesario aumentar el consumo de algunos
alimentos, limitar el de otros y dejar de lado los
que dañan al organismo. A la vez, la
preparación de las comidas —como detallé
anteriormente— es un aspecto clave para que
los alimentos resulten saludables sin que
pierdan sabor. Podemos comer variado, rico y
sin engordar un gramo, y lo mejor de todo,
conservando la salud y el bienestar del cuerpo.
Al comienzo hay que adoptar el hábito de
comer sano organizando la dieta más saludable
y conveniente, mientras que después sólo hay
que mantener este hábito, pero sin privarse del
placer de disfrutar la comida.
La dieta se organiza teniendo en cuenta los
siguientes aspectos relacionados con la
alimentación y nutrición diaria:
• División de comidas: En general una dieta
saludable y balanceada debe considerar
siempre una ingesta de comida diaria total
dividida en tres a cuatro comidas principales y
dos a tres colaciones o tentempiés (mini
comidas). Entonces de ser posible las comidas
principales son desayuno, almuerzo, merienda y
cena; y las colaciones a media mañana y media
tarde. Después de la cena puede existir una
pequeña ingesta a base de una infusión de
hierbas. La división de comidas permite evitar
los atracones que suelen darse cuando se
tienen dos a tres comidas al día. Además comer
poco muchas veces favorece la digestión de los
nutrientes y activa el metabolismo, lo que
permite conservarse en forma, con un peso
adecuado.
• Cantidad de las porciones: Una a dos
porciones o unidades de cada comida o
alimento suele resultar un parámetro para
evitar excesos a la hora de comer. Sin embargo,
la sensación de saciedad es el elemento a tener
en cuenta para evitar contar calorías o llevar un
innecesario registro de lo que se come. Esta
sensación se asocia directamente al hecho de
comer con criterio, es decir, comer sin llegar a
sentir el cuerpo pesado o sobrecargado. La
dieta en la que se basan los Valores Diarios
Recomendados en la Etiqueta de Información
Nutricional, es de 2000 calorías, un promedio
para una persona adulta que no lleva ninguna
actividad física extra. No es necesario contar las
calorías de cada bocado que ingerimos, pero si
debemos tener un parámetro mientras
aprendemos el hábito de comer con criterio.
Todo exceso de comida es nocivo. Y al organizar
la dieta en función de las porciones que
consumimos a diario, nos permite evitar
excesos innecesarios.
• Proporción y combinación de nutrientes: En
este sentido una proporción adecuada consiste
en consumir al día un total aproximado de 55%
de carbohidratos, 30% de grasas saludables y
15% de proteínas. No deben faltar frutas y
verduras de todo tipo y color en la dieta diaria
ya que proveen una importante cantidad de
vitaminas y minerales (considerados
micronutrientes). Además el consumo de fibra
(alimentos naturales) y el de agua también
debe considerarse. Se pueden cubrir las calorías
que uno necesita al día, pero es importante
respetar la proporción de las fuentes desde
donde proviene la energía y los nutrientes. Una
dieta organizada no puede obviar este aspecto,
ya que es la base de una nutrición saludable y
un cuerpo sano.
• Restricciones saludables: Es recomendable
reducir —no necesariamente eliminar— el
consumo de alcohol, café y té negro, comidas
fritas, carnes rojas con grasa, comidas picantes,
aderezos químicos, azúcar blanco, sal de mesa,
snacks, pastelería, pan blanco, cereales
refinados y alimentos artificiales (jugos
instantáneos, refrescos). Pero una restricción no
implica una prohibición total de un alimento o
comida en particular. Pues comer es un placer
que merece disfrutarse pero con el hábito y la
conducta adecuados.
• Planificación de actividades saludables: la
dieta siempre debe considerarse como un
aspecto de la salud indisociable del nivel de
actividad física o corporal. En este sentido
conviene siempre organizar el día, no sólo
considerando la comida, sino también el
tiempo para ejercitarse, recrearse y descansar.
Todo debe interiorizarse como parte de nuevos
hábitos, y no sentirlo como una obligación que
hay que cumplir. El secreto del verdadero
bienestar consiste en disfrutar cada cosa que
hacemos, que además beneficia nuestro
cuerpo.
• Complementaciones saludables: Una vez por
mes es importante someternos a través de la
dieta a una limpieza total del organismo por el
término de 24 a 48 horas. Esto se consigue
siguiendo una alimentación depurativa a base
de frutas y verduras crudas, agua, infusiones y
algo de pescado al horno. De esta forma
podemos además compensar algunos excesos
que suelen darse en días festivos, compromisos
sociales o comidas de fin de semana. Un día de
comidas livianas permite recuperar la vitalidad
y energía que nuestro cuerpo necesita para
mantenerse en óptimas condiciones. Si surgen
dudas con una depuración, se debe consultar al
profesional idóneo.
Nuevos hábitos de alimentación se aprenden
una vez y para siempre, como cuando
aprendimos a montar en bicicleta, nunca más
nos olvidamos de ello. Así una vez que
aprendemos a comer de la forma correcta, ya
no debemos estar pendiente de qué comemos,
pues siempre lo haremos del modo correcto
(que es lo que importa de verdad). A veces los
problemas de salud y peso relacionados con la
nutrición encuentran una salida eficaz en la
organización de la dieta. Es cuestión de tener
en claro todos los puntos descriptos
anteriormente, y adaptarlos a los gustos y
necesidades de cada uno. Es un sistema que no
falla.
La importancia de “masticar bien”
Un aspecto que no debe descuidarse en la
nutrición es reconocer todos los procesos que
intervienen en la digestión, pero por sobre
todo, aquellos en los que tenemos absoluto
control, como el caso de la masticación. Qué y
cuánto comer es importante, pero cómo ingerir
los alimentos también. La masticación es un
proceso que supone la parte principal de la
digestión y en el que precisamente menos
atención se suele poner y al que menos tiempo
se suele dedicar, ya sea por costumbre, por
estar viendo la TV mientras se come, por estrés,
etc. La masticación, la salivación y el comer
despacio, son rasgos básicos y primordiales si
queremos gozar de una buena salud y estar
bien nutridos. Comer sin masticar puede
generar una deficiente nutrición, ya que el
aparato digestivo no logra asimilar
correctamente todos los nutrientes que se le
aportan.
La masticación es fundamental por numerosas
razones. En primer lugar, porque, al masticar, el
alimento se machaca y se envuelve de saliva,
gracias al ambiente bucal y a unas enzimas, la
ptialina y la amilasa, por ejemplo, una parte de
los nutrientes, los carbohidratos, sufre una
importantísima digestión. Al tiempo, trocear
bien la comida ayuda a que los jugos digestivos
sean más eficaces. Una buena masticación
permite que la salivación sea mayor. Si el flujo
de saliva es grande y rico, se ha elaborado
durante el tiempo suficiente, la secreción ácida
estomacal aumentará. El alimento transita así
de un medio alcalino, la boca, a un medio
altamente ácido, el estómago, alternancia que
luego se prolonga en el duodeno, cuyas
secreciones son también alcalinas, y en el
intestino delgado, de secreciones en este caso
ácidas. Ese vaivén es el que asegura que el
alimento se digiera bien, pues lo somete a un
eficaz proceso de lisis bioquímica. El grado de
masticación es también importante porque de
él depende que las glándulas salivales,
beneficiosas para la digestión, se pongan en
marcha a su máximo potencial. Cuando
masticamos poco el alimento, esas glándulas no
alcanzan a segregar suficientemente.
Así, una masticación adecuada convierte los
alimentos triturados en un bolo alimenticio
perfectamente digerible. Sin embargo, cada
porción de alimento que se cuela garganta
abajo sin triturar supone un enorme esfuerzo
para los órganos implicados en la digestión.
Como las enzimas digestivas no pueden
penetrar en las porciones de alimento,
necesitan ir erosionando las superficies de los
mismos hasta llegar al centro. Con lo que el
proceso de digestión se hace más trabajoso y
lento produciéndose además las
fermentaciones y los gases. No es exagerado
afirmar, pues, que muchos de los problemas
digestivos comienzan en la masticación.
Normalmente, la comida debe masticarse entre
quince y cincuenta veces, en función de la
fuerza digestiva de cada cual. Una persona que
goce de un buen estado de salud y que tenga
hábitos alimenticios adecuados debería
masticarla un mínimo de quince veces. Cuanto
más arriba está un animal en la pirámide
evolutiva, más mastica. Las serpientes, por
ejemplo, engullen a sus presas. La masticación
es un signo de evolución, y cuanto más mastica
uno, más consciente es del mundo en que vive,
del aquí y el ahora. De hecho, cuanta más
atención prestemos a la masticación de los
alimentos, más despiertos y perceptivos nos
sentiremos después de comer.
Un punto extra a tener en cuenta respecto a la
digestión es el siguiente: conviene no mezclar
las bebidas con la comida, para evitar que los
jugos gástricos del estómago se diluyan cuando
reciben el bolo alimenticio sólido. Y aunque
también se recomienda masticar los líquidos de
manera que puedan combinarse con la saliva y
digerirlos desde la boca misma. Para evitar la
combinación líquido con sólido, se recomienda
beber media hora antes de la comida o media
hora después. Muchos emplean esta técnica
también para adelgazar, cuando en realidad lo
que sucede es que se aprovechan de manera
óptima todos los nutrientes provenientes de los
alimentos sólidos.
Consejos universales para una dieta
saludable
Organizar una dieta saludable siempre supone
adoptar un cambio de hábitos basado en una
alimentación más sana, equilibrada y nutritiva.
En este sentido, no es necesario contar calorías
o estructurar la alimentación diaria a unos
pocos alimentos. La idea es aplicar una serie de
consejos que permitan conservar un peso ideal
e incrementan la energía del organismo. Así, las
siguientes recomendaciones pueden adaptarse
a cualquier estilo de alimentación, ya que
sugieren de modo práctico cómo obtener salud
a través de la alimentación diaria:
• Suprimir o reducir al mínimo el consumo de
azúcar blanco refinado.
• Limitar el consumo de pastelería, en especial
los fritos y las cremas. Consumir sólo alimentos
integrales y elaborados con miel.
• Olvidarse del alcohol como hábito de
consumo diario. Reservarlo para ocasiones en
que no pueda evitarse. En esos casos, priorizar
una sola bebida alcohólica: el vino tinto de
calidad.
• Reducir la sal y los alimentos que la contienen
en exceso, como el jamón serrano, fiambres
ahumados, quesos fermentados, etcétera. En su
lugar consumir jamón york, quesos blancos
magros o desnatados (sin sal agregada) o frutos
secos al natural.
• Evitar las grasas animales y las vegetales
sólidas, y sustituirlas por grasas vegetales
líquidas (aceites). Huir de los alimentos fritos en
general.
• Conseguir el gusto de las comidas saladas a
base de hierbas o especias como la pimienta.
También se pueden utilizar ajo, perejil y
cebolla.
• Consumir lácteos desnatados (descremados) o
bajos en grasa. Las versiones de yogures
desnatados pueden combinarse muy bien con
frutas frescas o con una mezcla de frutos secos
(muesli). Tratar de consumir dos raciones de
lácteos desnatados al día.
• Añadir sal bajo en sodio a las ensaladas y
verduras para facilitar la eliminación de
líquidos. A la vez reducir las grasas animales,
mantequilla y margarinas.
• Ingerir aceite vegetal crudo, mejor oliva de
primera prensada en frío, 20 gramos dos veces
al día.
• Restringir el consumo de huevos a 4 ó 5 por
semana.
• Tomar al menos tres piezas de fruta al día,
mejor entre comidas.
• Tomar de tres a cinco raciones de proteínas
animales por semana (carne magra como
ternera, pollo sin piel ni grasa, pescado blanco y
azul). Preferentemente preparar la carne a la
plancha o al horno.
• Tomar dos ensaladas crudas al día como
primer plato. En épocas de frío reemplazar las
ensaladas por los caldos o sopas de verduras
naturales.
• Consumir regularmente cereales integrales
como plato principal (arroz, fideos, pastas,
granos).
• Tomar dos raciones al día de verdura cocida
eventualmente acompañada con legumbres
(sobre todo cuando no se consume carne).
• Beber al menos dos litros de agua por día.
Esto favorece la eliminación de toxinas del
cuerpo y contribuye a conservar un óptimo
equilibrio hídrico.
Ambiente y estado anímico
“Al hablar de nutrición tóxica no podemos
circunscribir todo el asunto a los alimentos, los
nutrientes y la dieta. Existen algunos aspectos
que pueden marcar la diferencia entre la salud y
el malestar o la enfermedad. En este sentido
cuando comemos debemos procurar siempre
hacerlo en un ambiente agradable, y con un
estado anímico positivo y tranquilo. De ello pues
depende que una comida pesada pueda digerirse
sin problema, o una comida liviana pueda
terminar en una indigestión. La clave del «buen
comer» no está solo en la selección de la comida,
sino también en la selección de nuestro estado
mental al momento de comer.”
Es cierto que procurarse una dieta variada y rica
en todos los nutrientes que el organismo
necesita, es la base de la salud y el bienestar.
Sin embargo existen variables que inciden
directamente en el proceso de nutrirnos
satisfactoriamente, y están asociados con
cuestiones más psicológicas que alimenticias.
Por eso es importante atender ciertas señales
de alerta que pueden darse en el momento de
comer. Está demostrado que comer sin estrés ni
ansiedad favorece una óptima digestión, de
manera que puedan aprovecharse todos los
nutrientes que aporta la comida que ingerimos.
También el lugar y el modo que elegimos para
comer es importante; no es lo mismo comer
parado o apretado y a las apuradas, que comer
sentados en un ambiente sereno. Los
gastroenterólogos —médicos especialistas en el
aparato digestivo— sugieren que jamás se debe
comer viendo televisión, o discutiendo. Estamos
tan habituados a resolver el tema de la comida
como podemos, que casi ni nos percatamos de
este aspecto. Sin embargo después vienen los
problemas, que hacen que la comida parezca la
causante cuando en realidad no lo es. Para
comprender este aspecto utilizo siempre una
frase: “comer un chocolate tranquilo y feliz es
mejor para el cuerpo que comer una ensalada
estresado y nervioso… entonces, ¿qué es lo
importante?”.
La clave está entonces en encontrar siempre el
momento propicio para comer, libre de
tensiones y estrés, y el lugar más cómodo de
manera que podamos estar relajados. Sentarse
a la mesa ya dejo de ser una cuestión social, es
una cuestión de salud. Si no hacemos una
“pausa” cada vez que comemos, pues es
probable que ese tiempo sea mal invertido.
Pues luego deberemos atender todas las
consecuencias que se derivan de comer
estresado e incómodo. Al comer necesitamos
sólo concentrarnos en la comida e inundar la
mente con pensamientos agradables, dejando
de lado todo lo que nos genera ansiedad. Este
relax es importante para aprender que la
alimentación no es un aspecto menor en la
vida. Un estado de máximo bienestar es algo
que todos podemos alcanzar, pero para ello
hay que actuar en consecuencia para que así
suceda.
Estrategias para eliminar el estrés
Ejercer un total y completo control sobre un
estado momentáneo de estrés es la clave para
evitar daños a la salud. Para ello se han ideado
una serie de estrategias basadas principalmente
en la selección de métodos para cultivar una
actitud serena, tranquila y optimista;
sumamente necesaria para manejar las
situaciones y problemas cotidianos sin estrés ni
tensiones. Al conseguir un estado sin estrés,
podemos asegurarnos una nutrición
completamente saludable y sin desatender
otras variables. Los siguientes no son más que
consejos y recomendaciones anti-estrés para
alcanzar un estado de calma en todo momento:
Relajarse para vivir más tranquilo: La relajación
es la base de la felicidad. Aunque parezca
exagerado, vivir relajado es de alguna manera
vivir feliz y con salud. Existen muchas formas de
relajación, por ejemplo, adoptar una actitud
más relejada y tranquila frente a los problemas
puede ayudar mucho para evitar los picos de
estrés. Como estrategias de relajación pueden
destacarse las siguientes actividades:
• Hacer pausas recreativas durante las horas de
trabajo.
• Tomar pequeñas vacaciones hasta cuatro
veces al año.
• Disfrutar de diferentes pasatiempos y dedicar
tiempo a las actividades artísticas y recreativas.
• Hacer ejercicios respiratorios, meditar o
practicar Yoga.
• Escribir un diario, ver películas divertidas.
• Relacionarse con amigos, disfrutar del aire
libre, tener mascotas.
• Tomar un baño caliente y perfumado,
dedicarle tiempo a la estética y la belleza.
Actuar con coherencia sin dejar de soñar: A
veces es preciso aceptar que sólo uno mismo
puede producirse cambios trascendentales, sin
exigir que los demás lo hagan por nosotros.
También es necesario aceptar y reconocer que
uno no puede tener todo lo que desea. Pues de
ser así, la vida carecería de sabor y desafíos. Se
puede soñar sin perder el juicio y la coherencia,
y se puede ambicionar sin llegar al egoísmo.
Para ello existen tres premisas fundamentales
que pueden liberarnos del estrés:
• Reconocer lo que de verdad importa. Desafiar
en nuestra mente los deberes, obligaciones y
compromisos. Debemos aprender a valorar
nuestras capacidades y la de los demás.
• Tratar de ver las situaciones estresantes como
oportunidades. Aprender a decir que no.
• Rechazar el perfeccionismo y no quedarnos en
el detalle. Debemos evitar sobrecargas y
erradicar los pensamientos negativos.
• No exagerar ni minimizar los problemas. Hay
que aceptar lo inevitable, y tratar de cambiar
aquello que sea posible. No entender esta
realidad, suele ser la raíz de muchos estados
crónicos de estrés.
No perder el control: Es muy importante
conservar el control y mejorar nuestra
capacidad para superar las situaciones
estresantes. Para ello debemos ser positivos, ni
pasivos o agresivos. También podemos
considerar las siguientes estrategias:
• Asistir a un curso de reafirmación personal si
nos cuesta manejar los impulsos.
• Definir problemas, escoger metas y elaborar
un plan para conseguirlas.
• Prestar especial atención a nuestras propias
necesidades e intereses.
• Tratar de conservar una decisión cuando ya
ha sido tomada. En este sentido, cada decisión
siempre implica renunciar a algo.
Administrar mejor el tiempo: Para tener más
control sobre nuestra vida es indispensable
organizar nuestro tiempo de manera eficaz.
Para ello se pueden usar las siguientes técnicas:
• Establecer prioridades y fijarse fechas
realistas.
• Hacer tareas importantes o difíciles cuando
nuestro estado físico y mental lo permite.
• Prever los momentos estresantes y hacer
planes antes.
• Dedicarse tiempo a uno mismo diariamente,
evitar el exceso de responsabilidades y
aprender a delegar tareas.
Establecer relaciones sociales: Nuestro propio
entorno de familiares y amigos pueden reducir
o causar estrés. Por eso es imprescindible
fomentar las relaciones íntimas y mejorar la
capacidad de comunicación con los demás.
Aunque eso sólo no es suficiente, también es
necesario:
• Reconocer los sentimientos ajenos y
separarlos de los propios.
• Abordar los problemas de relación.
• Mantener contacto con amigos y familiares.
• Ofrecer estímulo y apoyo a las personas de
nuestro entorno.
• Pedir apoyo cuando sea necesario, ya sea a un
familiar, un amigo o un terapeuta.
Nutrientes y estrés
El agotamiento físico y mental no es sólo el
resultado de las presiones y ocupaciones a las
que nos vemos sometidos día a día. Otro factor
sumamente importante que incide
directamente en el cansancio, es la carencia de
vitaminas y minerales o una inadecuada
cantidad de nutrientes, que generan tensiones
en nuestro cuerpo. Es por ello, que para evitar
esta situación de inminente estrés, sugiero
tener en cuenta los siguientes consejos:
• No suprimir ninguna de las seis comidas
diarias. Son tan importantes las colaciones
como las ingestas principales del desayuno,
almuerzo, merienda y cena.
• Evitar beber café, té negro o gaseosas cola.
Aunque se cree que estas bebidas con cafeína
pueden mantenernos despiertos, sólo
aumentan el nivel de estrés. Conviene
reemplazarlas por licuados, jugos de frutas o
infusiones tibias o frías.
• Si el profesional está de acuerdo, tomar
suplementos con vitaminas C y E, recetados
para superar el estrés. Es mejor tomar la dosis
en varias partes a lo largo del día, que toda de
una sola vez.
• Para elevar el nivel de concentración, se
recomienda consumir hierro presente en
verduras de hoja, legumbres y vitamina C. Así se
aumenta la oxigenación de los tejidos
permitiendo sentirse más despejado.
• También es importante la hidratación. Para
conservar energía y vitalidad es necesario beber
dos litros de agua por día.
Predisposición mental
“Los pensamientos condicionan nuestras
acciones, y si de nutrición se trata nunca
debemos pensar obsesivamente en la comida.
Cuando adoptamos una nueva dieta, nuestra
mente suele centrarse en los alimentos que
ingerimos cuando en realidad debería hacer todo
lo contrario. El éxito de una nueva alimentación,
en gran medida, depende de nuestra
predisposición mental frente al desafío que
implica cambiar el estilo de vida, sobre todo en
lo que se refiere a la selección de los nutrientes.
Sumado a ello, muchas veces nos alimentamos
condicionado por prejuicios alimentarios
infundados. Nada mejor que librarse de ellos
para disfrutar la comida en su justa medida.”
Cuando seguimos una dieta tratamos de
ajustarnos a un esquema de comidas y
porciones que nos asegure perder kilos,
comenzando con el desayuno como la primera
ingesta de alimentos. Si adoptamos la conducta
nutricional propuesta por la dieta debemos
despreocuparnos por los resultados, pues
vienen solos. Sin embargo, antes de probar el
primer bocado del primer día de la dieta, ya
estamos pensando que nos toca comer a media
mañana, luego al almuerzo y así sucesivamente
hasta la cena. Nuestra mente termina
traicionando la voluntad para continuar la dieta
y nos dirige a estar pendientes de qué
comemos y qué dejamos de comer. El resultado
es una tremenda ansiedad por devorarnos todo
lo que nos pongan frente a nuestras narices.
Terminamos actuando en un estado de
continua supervivencia, es decir, necesitamos
comer para asegurarnos una vida tranquila y sin
problemas. La realidad luego demuestra todo lo
contrario.
Por eso la práctica de contar calorías es poco
efectiva para perder peso o mantenerlo,
además de que genera conductas obsesivas y
compulsivas que terminan desencadenando en
trastornos más complejos que los “kilos de
más”. Evitar cualquier acción que atente con un
comportamiento consciente, coherente y
saludable es un requisito indispensable para
conseguir resultados exitosos en la búsqueda
del peso ideal y la salud.
Nuestra mente suele traicionarnos con un falso
argumento para justificar todos nuestros
desarreglos alimenticios: “vivimos para comer”.
No hay argumento posible que avale semejante
mentira, el ser humano como cualquier ser vivo
del planeta sólo necesita “comer para vivir”. Es
muy frecuente engañarse a un mismo pensando
cosas como “ese pedazo de torta me lo
merezco”, cuando en realidad nadie se merece
tener problemas con su peso y su salud. Está
claro que “pensar sólo en comer” es una
práctica que deberíamos evitar si deseamos
disfrutar de una silueta esbelta y saludable. La
comida debe ocupar un lugar importante, pero
si adoptamos hábitos sanos de nutrición, no
hay que destinar energía mental a ello pues ya
lo tenemos interiorizado. Comer bien debe
convertirse en una actividad diaria equivalente
a cepillarse los dientes, una vez aprendida,
pues nadie cuestiona sus beneficios. Incluso
cuando interiorizamos un nuevo hábito, ya no
sentimos que llevarlo a cabo implique un
sacrificio o un esfuerzo adicional. Al hablar de
nutrición, no es necesario obsesionarse, sino
más bien informarse para tomar decisiones
conscientes e inteligentes. El proceso de
alimentarnos correctamente debe ser natural y
espontáneo, sólo así será verdaderamente
beneficioso para nuestro cuerpo y nuestra
mente.
Otro aspecto importante en nutrición es la
consideración —real o imaginaria— que
tenemos sobre determinados alimentos. Esto
hace que condenemos de manera tajante el
consumo de unos alimentos y enaltezcamos el
de otros. En este punto es preciso considerar
cierta flexibilidad, es decir, aplicar algo de
sentido común a la hora de elegir un alimento
por sobre otro. En este sentido, lo natural no
suele ser tan natural, y lo artificial no suele ser
tan artificial. Al tener una visión extremista de
los alimentos y la comida, corremos el riesgo de
pecar de ingenuos. Es cierto que no todo lo que
parece es, por eso es importante formarse
como consumidores. La información mata el
prejuicio, y ese es el propósito del libro… sin
descuidar el sentido común, nuestro instinto
más profundo de sabiduría y supervivencia
natural.
Todo consumidor inteligente llega al punto de
destacar el verdadero valor nutricional de cada
alimento, sin ninguna suposición o prejuicio.
Por ejemplo, los quesos duros son excelentes
fuentes de Calcio, Hierro, Vitaminas y Proteínas,
pero también aportan una gran cantidad de
grasa saturada que puede dañar al corazón.
Con la información es cómo podemos tomar
decisiones acertadas a la hora de planificar
nuestra dieta diaria. Y eso se consigue
considerando todas las variables que he
desarrollado a lo largo del libro.
Consejos para no obsesionarse con la
comida
• No hay que poner toda la energía en un solo
objetivo. La comida no debe ser el único motivo
gratificante de la vida. Si así es, de seguro la
mente tomará el control y los resultados para
nuestra salud serán muy desalentadores.
• Practicar aunque más no sea un hobby, una
actividad recreativa de una hora o poco más
por día, es muy importante para distraer la
mente y liberar tensiones. Disciplinarse, hacerse
un espacio de una hora para escuchar música,
para ver una película, ir a nadar, o simplemente
caminar por la noche, es altamente efectivo
para conseguir un equilibrio saludable. Además
la comida pasa a un segundo plano.
• Recrear la vista y distender la mente cuando
se está mucho tiempo en un mismo lugar (como
en casa), o bajo mucha presión. Es
recomendable salir a dar un paseo al aire libre,
caminar unos minutos por un parque o plaza, o
simplemente leer un libro. La comida nunca
debe ser la opción para distenderse o para
evitar el aburrimiento. Pues “comer a cualquier
hora” es un factor que puede terminar en “kilos
de más”.
De la alimentación ideal
a la alimentación real
“Una persona con hábitos de vida saludables es
aquella que se alimenta balanceadamente y
realiza actividad física constante. Lo importante
de una dieta es que sea equilibrada, una persona
sana puede consumir alimentos y bebidas con
ingredientes naturales, orgánicos y artificiales.
Es importante siempre incluir en la dieta
suficientes cantidades de cereales, leguminosas,
frutas, verduras, lácteos, carnes, pescados,
aceites y grasas, así como una adecuada
hidratación. La salud va de la mano de la
nutrición, pues se obtiene a partir de una
adecuada alimentación. No debemos estar sanos
para poder comer de todo, es al revés, debemos
comer de todo para estar sanos. La única
salvedad es considerar la idea que cada uno
tiene sobre «comer de todo», quizá la clave para
alcanzar una óptima calidad de vida.”
Muchas personas asocian el concepto de
nutrición sana con el consumo exclusivo de
alimentos orgánicos dentro de una dieta
mayoritariamente vegetariana. Lejos de ese
concepto idealista, la realidad demuestra que
podemos disfrutar de todos los alimentos pero
siempre que consideremos los aspectos
esenciales que determinan la sanidad o
toxicidad de los mismos. Así la fórmula para
conseguir salud y calidad de vida a través de la
nutrición es simple: a menor toxicidad mayor
bienestar. La Industria Alimenticia
continuamente emite mensajes engañosos
sobre los alimentos que vende, proponiendo
muchas opciones como la panacea de la salud,
mientras que en el dorso de sus etiquetas se
indica lo contrario. Pero sólo si se cuenta con la
guía adecuada, puede descubrirse la verdadera
cara de todos los productos que se ofrecen a
diario en las estanterías de los supermercados.
Comprender las catorce variables que inciden
directamente en la nutrición, y que nos ayudan
a identificar los alimentos que proveen salud de
aquellos que no, nos convierte en
consumidores inteligentes y avispados.
Curiosamente “comer de todo un poco” se
convierte en la mejor estrategia que podemos
utilizar frente a la dieta que nos propone la
Industria Alimenticia. De esa forma evitamos
excesos y de alguna manera protegemos
nuestra salud y nuestra calidad de vida. Todo
en “su justa medida” parece una filosofía de
vida de la que tampoco escapa la nutrición. No
podemos negar el progreso y obsesionarnos
con lo orgánico, todos los extremos son malos.
Sin en lugar de inclinar la balanza hacia el lado
de lo Natural o hacia el lado de lo Artificial,
concebimos un equilibrio, seguramente
ganaremos en salud sin sacrificar sabor ni
placer. De ahí que también haya considerado
variables que intervienen en nuestra nutrición
que van más allá de los alimentos.
Si como consumidores nos informamos y nos
capacitamos tenemos herramientas para tomar
decisiones inteligentes respecto a la dieta, y a la
selección de alimentos que compongan nuestra
alimentación diaria, promoviendo así una
óptima nutrición. Hay que atreverse a sentir
vitalidad y plenitud de manera espontánea y a
todas horas del día, y ese estado de bienestar
supremo, se consigue no sólo con una
predisposición mental positiva, sino también
con una alimentación sana y lo más natural
posible. El cuerpo puede prescindir sin
problemas de muchos de los alimentos que hoy
ofrece la Industria Alimenticia, y además puede
sobrevivir con un estado superior de salud si se
descartan definitivamente de la dieta diaria.
Café, bebidas alcohólicas, azúcar blanco,
golosinas, grasas saturadas, sal… todos
alimentos o ingredientes que en exceso atentan
contra nuestra salud y que obligan al organismo
a realizar un enorme esfuerzo para procesar la
toxicidad que se deriva de su consumo
excesivo. No hay que complicarse con la dieta
diaria, sólo necesitamos aprender como hábito
a seleccionar aquellos alimentos que generan
más beneficios positivos y saludables al
organismo. Tan simple como eso, pues con el
tiempo nos será cada vez más fácil identificar
los alimentos tóxicos y tomar la decisión de
descartarlos de la dieta. Vitalidad, plenitud,
bienestar y felicidad son términos asociados a
la calidad de vida que cada uno tiene, pero que
puede conseguirse si consideramos el papel
fundamental que tiene la nutrición de nuestro
cuerpo. No existe una fórmula universal que
podemos aplicar para sentirnos plenos y felices,
pero sí podemos promover acciones concretas
—en las que tenemos absoluto control— para
alentar un estado de máximo bienestar. Decidir
con conocimiento qué, cuánto, cómo y dónde
comer puede marcar una gran diferencia en
nuestra vida. De algún modo, el combustible
que ingresamos a diario en nuestro cuerpo para
vivir, es algo que nos compete a cada uno de
nosotros, y a nadie más.
Después de leer este libro no nos convertimos
en expertos en nutrición con capacidad de
prescribir dietas, o con autoridad para disertar
sobre los procesos químicos que intervienen en
el metabolismo de los nutrientes. Después de
leer este libro nos convertimos en
consumidores inteligentes, que pueden decidir
a consciencia qué consumir y qué no. Ese es el
fin de todo lo expuesto hasta aquí… asimilar la
información para aprender a identificar los
alimentos que dañan nuestra salud y nuestra
silueta, evitando ser víctima de los engaños que
nos propone la Industria Alimenticia. Con la
información justa, ahora podemos liberarnos
de una nutrición tóxica y mejorar nuestra
calidad de vida para siempre. Así al saber
exactamente lo que comemos, podemos decidir
a consciencia qué hacer con nuestra dieta, y ya
sin dar excusas por la falta de información o
conocimiento. Pero recuerda finalmente una
cosa: la salud y el bienestar no tienen precio…
perderlos puede ser muy fácil, y recuperarlos
quizá no tanto.
CONTENIDO EXTRA:
Lo que nunca te contaron sobre
las calorías
Dieta y Calorías son dos términos que parecen
inseparables. Sin embargo se puede seguir una
dieta sin tener idea precisa de cuantas calorías
poseen los alimentos que consumimos. Soy un
defensor de la “alimentación libre de calorías”,
es decir, “contar calorías” es un método poco
práctico y efectivo para conseguir bajar de peso
en forma definitiva. Si bien hoy es muy fácil
acceder a la información de aporte calórico de
los alimentos, hacerlo no cambia mucho a la
hora de los resultados de una dieta saludable
(quizá hasta los complica un poco). Además el
recuento calórico de cada bocado que
ingerimos nos conduce a una conducta
obsesivo-compulsiva que nada tiene que ver
con el bienestar, y mucho menos con el placer
que se deriva de comer lo que nos gusta.
Entonces en dietas la cuestión principal no es
sólo “cuánto”, sino “qué” y “cómo” comer.
En realidad el conocimiento de las calorías es
más útil para los médicos y nutricionistas, ya
que son la unidad que se utiliza para medir el
aporte de energía de un alimento o el desgaste
de energía de una actividad física. La unidad
real es Kilocalorías expresada como Kcal y en
países anglosajones utilizan la unidad Julio o
Kilojulio expresada como KJ. Actualmente se
utilizan las denominaciones calorías y julios,
para no confundirse con lo de “kilos”, y las
equivalencias son las siguientes: 1 cal = 4186
julio // 1 julio = 0,24 cal.
Lo cierto es que la cantidad de calorías que
consumimos no es tan importante como su
calidad. Para ello existen términos que definen
a las calorías según su valor nutricional. Hace
muchos años se habla de “calorías vacías” para
nombrar aquellas calorías sin valor nutritivo,
como las provenientes del azúcar blanco o de la
grasa vacuna. Desde el año 2005 en los Estados
Unidos comenzaron a emplear el término
“calorías dispensables” para definir a las
“calorías de mala calidad”. Yo prefiero utilizar el
término “calorías indeseables” en oposición a
las “calorías indispensables”, es decir a las
calorías de buena calidad que aportan
nutrientes al cuerpo y lo protegen de
enfermedades relacionadas directamente con la
alimentación (obesidad, cardiopatías,
osteoporosis, entre otras).
Para utilizar el sentido común y no una
calculadora cada vez que planificamos una
dieta, es importante considerar las fuentes de
alimentos de donde provienen ambos tipos de
calorías.
CALORÍAS INDISPENSABLES
(Alto valor nutritivo, de buena calidad,
saludables para el cuerpo)
- Frutas y verduras (hortalizas) de todo tipo.
- Cereales integrales y derivados (en todas sus
formas).
- Pastas secas.
- Pan integral y con salvado.
- Galletas dulces de tipo integrales o con frutos
secos.
- Lácteos desnatados y sus derivados.
- Quesos semiduros y blandos magros.
- Frutos secos.
- Frutas disecadas.
- Carnes magras (rojas y blancas).
- Carnes de pescados azules (atún, sardina,
arenque, salmón, trucha de mar).
- Clara de huevo.
- Chocolate amargo.
- Vino tinto (Bonarda o Cavernet Sauvignon).
- Miel.
- Mostaza.
- Sal marina (o reducida en Sodio).
- Hierbas naturales.
- Aceites vegetales (trigo, maíz, oliva, uva,
canola, lino).
- Agua mineral.
- Batidos de frutas con agua o leche
descremada.
- Infusiones de hierbas (manzanilla, menta,
anís, boldo, tilo).
- Té en sus cuatro variedades (negro, rojo, verde
y blanco).
- Malta torrada (sustituto del café).
- Limonada.
*La cocción de los alimentos puede agregar
calorías indeseables, por eso lo más
recomendable es el cocido al vapor y el grillado
(a la parrilla del horno o a la plancha). También
el salteado en aceite es mejor que el fritado.
CALORÍAS INDESEABLES
(Bajo valor nutritivo, de mala calidad, dañinas
para el cuerpo)
- Azúcar blanco.
- Cereales y harinas refinadas.
- Mantecas y margarinas.
- Lácteos enteros y sus derivados.
- Quesos duros.
- Fiambres y embutidos.
- Todo tipo de alimentos enlatados.
- Carnes con grasa (rojas o blancas).
- Frituras de todo tipo
- Pastelería de todo tipo.
- Pan blanco.
- Galletas dulces.
- Snacks de todo tipo.
- Yema de huevo.
- Sal de mesa.
- Mayonesa.
- Bebidas alcohólicas.
- Cerveza (en todas sus variedades).
- Cacao dulce.
- Grasas de origen animal.
- Batidos con crema o leche entera.
- Café.
- Mate (preparado con yerba mate).
- Bebidas gaseosas (carbonatadas tipo cola).
- Aguas saborizadas.
En realidad es importante considerar que una
dieta saludable no debe contener más del 10%
de “calorías indeseables” del total de calorías.
Dicho de otro modo, si queremos conservarnos
delgados y rebosantes de salud, nuestra dieta
diaria debe poseer un 90% de “calorías
indispensables”. Así nos aseguraremos de
recibir la cantidad y calidad de macronutrientes
esenciales (carbohidratos, proteínas y grasas) y
micronutrientes esenciales (vitaminas y
minerales) que nuestro cuerpo necesita para
verse y sentirse bien.
En general los alimentos que poseen “calorías
indispensables” aportan menos calorías que los
alimentos que poseen “calorías indeseables”.
Por eso se pueden comer libremente sin
preocuparnos por el peso. Ahora bien, tú
puedes preguntarme “puedo comer una
porción de torta con crema y chocolate”. Claro
que puedes, puedes comer de todo si
consideras que tu alimentación te aporta
significativamente más “calorías
indispensables” que las otras. Ahí está el
secreto y no en contar calorías o privarte de lo
que más te gusta.
CONTENIDO EXTRA:
Lo que debes saber sobre el
Índice Glucémico
Los términos índice glucémico —identificados
con las siglas IG— hacen referencia a la
capacidad que tiene un alimento de aumentar
la cantidad de glicemia (glucosa) en la sangre
luego de la digestión. Aunque parezca en
principio un dato relevante, conocer el valor
glucémico de los alimentos que incorporamos
en nuestra dieta diaria es de utilidad sólo para
los médicos y nutricionistas, que necesitan
prescribir dietas tanto para quienes desean
bajar de peso como para los que sufren de
diabetes. Asimismo existe una clasificación
general de cada alimento que los divide en IG
alto, IG Medio, e IG bajo. Personalmente y por
experiencia en dietas, no soy partidario de la
planificación nutricional basada en los valores
de IG de los alimentos.
Cuando tomamos cualquier alimento rico en
glúcidos, los niveles de glucosa en sangre se
incrementan progresivamente según se digieren
y asimilan los almidones y azúcares que
contienen. La velocidad a la que se digieren y
asimilan los diferentes alimentos depende del
tipo de nutrientes que los componen, de la
cantidad de fibra presente y de la composición
del resto de alimentos presentes en el
estómago e intestino durante la digestión.
Estos aspectos se valoran a través del índice
glucémico de un alimento. Dicho índice es la
relación entre el área de la curva de la
absorción de la ingesta de 50 gr. de glucosa
pura a lo largo del tiempo, con la obtenida al
ingerir la misma cantidad de ese alimento.
El índice glucémico se determina en
laboratorios bajo condiciones controladas. El
proceso consiste en tomar cada poco tiempo
muestras de sangre a una persona a la que se le
ha hecho consumir soluciones de glucosa pura
unas veces y el alimento en cuestión otras. A
pesar de ser bastante complicado de
determinar, su interpretación es muy sencilla:
los índices elevados implican una rápida
absorción, mientras que los índices bajos
indican una absorción pausada.
Para las personas con diabetes, el IG es de
mucha importancia ya que deben evitar las
subidas rápidas de glucosa en sangre.
Los alimentos y su IG
Lo que hace que ciertas comidas tengan niveles
elevados de índice glucémico depende de varios
factores:
• De las características del alimento en
cuestión, origen, especie, etc.
• De la hidratación y la trasformación por la
que ha pasado antes de ser ingerido.
• La cantidad de fibras.
• La proporción de carbohidratos y proteínas,
ya que los hidratos aumentan los niveles de
glucosa en sangre y las proteínas lo bajan.
• También se debe tener en cuenta que las
frutas muy maduras tienen un IG alto, así como
las tostadas y las pastas o cereales que se han
pasado en la cocción.
Sustituyendo los carbohidratos de bajo índice
glucémico, especialmente en las meriendas o
comidas aisladas, podemos mejorar la
regulación del azúcar en sangre, reducir la
secreción de insulina y ayudar a un programa
de pérdida de peso. La tabla siguiente puede
consultarse para elegir los alimentos de menor
índice glucémico.
Rango de Valores del IG
- Índice Glucémico Alto: 70 o más.
- Índice Glucémico Medio: Entre 55 y 70.
- Índice Glucémico Bajo: 55 o menos.
Tabla de alimentos y su IG
(Valores estimativos que pueden
variar)
IG ALIMENTO
110 Maltosa
100 GLUCOSA
92 Zanahorias cocidas
87 Miel
80 Puré de patatas instantáneo
80 Maíz en copos
72 Arroz blanco
70 Patatas cocidas
69 Pan blanco
68 Barritas de chocolate con cereales y
maní
67 Sémola de trigo
66 Muesli suizo
66 Cerveza tradicional
66 Arroz integral
64 Pasas
64 Remolachas
59 Azúcar blanco (SACAROSA)
59 Maíz dulce
59 Pasteles
52 Plátanos
51 Guisantes verdes
51 Patatas fritas
51 Patatas dulces (boniatos)
50 Espaguetis de harina refinada
45 Uvas
42 Pan de centeno integral
42 Espaguetis de trigo integral
40 Naranjas
39 Manzanas
38 Tomates
36 Helados
36 Garbanzos
36 Yogur
34 Leche entera
32 Leche desnatada
29 Judías
29 Lentejas
34 Peras
28 Salchichas
26 Melocotones (duraznos)
26 Pomelo
25 Ciruelas
23 Cerezas
20 FRUCTOSA
15 Soja
13 Cacahuetes (maní)
Inicialmente se aceptaba que los glúcidos
simples o azúcares (glucosa, sacarosa, lactosa)
producen respuestas glucémicas más rápidas
que las de los glúcidos complejos (almidón,
glucógeno). Sin embargo, ciertos almidones
pueden producir un máximo glucémico más
pronunciado que azúcares como la sacarosa.
Esto se debe a que tales almidones, de
absorción rápida, tienen una estructura muy
ramificada que facilita la acción hidrolítica de la
amilasa y la consiguiente liberación de glucosa.
Sin embargo, en los últimos años han aparecido
numerosos estudios que muestran la
inexistencia de diferentes velocidades en la
absorción de los carbohidratos y, por tanto, de
carbohidratos "rápidos" o "lentos". Dichos
estudios revelan que los carbohidratos con alto
índice glucémico aumentan en mayor medida el
nivel plasmático de glucosa que los de bajo
índice glucémico. Contrariamente a lo que se
creía, los azúcares pasan a la sangre
aproximadamente a los 30 minutos de su
ingestión, aumentando sus niveles sanguíneos
y, 180 minutos después de su ingestión, los
niveles de glucosa retornan a los valores
iniciales.
Problemas ocasionados por los
alimentos de elevado IG
En primer lugar, al aumentar rápidamente el
nivel de glucosa en sangre se segrega insulina
en grandes cantidades, pero como las células
no pueden quemar adecuadamente toda la
glucosa, el metabolismo de las grasas se activa y
comienza a transformarla en grasas. Estas
grasas se almacenan en las células del tejido
adiposo. Nuestro código genético está
programado de esta manera para permitirnos
sobrevivir mejor a los periodos de escasez de
alimentos. En una sociedad como la nuestra, en
la que nunca llega el periodo de hambruna
posterior al atracón, todas las reservas grasas
se quedan sin utilizar y nos volvemos obesos.
Posteriormente, toda esa insulina que hemos
segregado consigue que el azúcar abandone la
corriente sanguínea y, dos o tres horas después,
el azúcar en sangre cae por debajo de lo normal
y pasamos a un estado de hipoglucemia.
Cuando esto sucede, el funcionamiento de
nuestro cuerpo y el de nuestra cabeza no está a
la par, y sentimos la necesidad de devorar más
alimento. Si volvemos a comer más
carbohidratos para calmar la sensación de
hambre ocasionada por la rápida bajada de la
glucosa, volvemos a segregar otra gran dosis de
insulina, y así entramos en un círculo vicioso
que se repetirá una y otra vez cada pocas horas.
Este proceso se le aplica al ganado para
conseguir un engorde artificial a base de
suministrarle dosis periódicas de insulina. De
hecho, algunos científicos han llamado a la
insulina "la hormona del hambre".
Observaciones finales sobre el índice
glucémico
Uno de los errores más comunes en el uso del
concepto IG es asociar "alimento de bajo IG"
con "alimento con bajo contenido en
carbohidratos". Y, por extensión, que los
alimentos de bajo contenido en carbohidratos
necesariamente tengan un IG bajo. Sin
embargo, el IG sólo es un dato que tiene
sentido en los alimentos con contenidos
significativos de carbohidratos. Más aún, el
término "alimentos de IG bajo" habitualmente
se usa para referirse a los alimentos con alto
contenido en carbohidratos (carece de
significado hablar del IG en alimentos como el
queso o la carne).
Por otro lado, también hay que tener en cuenta
que el IG de los alimentos es un dato que se
obtiene en el laboratorio bajo condiciones
estandarizadas, y no extrapolables a las
condiciones en las que se consume en la dieta
habitual. Por tanto, el IG de cualquier alimento
en el conjunto de la dieta no sólo dependerá de
la variedad y de la forma culinaria en que se
prepara, sino también de los otros alimentos
que le acompañen. Así, en humanos que
consumen dietas de IG alto y bajo no se
aprecian diferencias significativas a lo largo del
día en los niveles plasmáticos de glucosa o
insulina, aunque sí en los niveles de leptina.
Además, algunos estudios presentan datos
aparentemente contradictorios para el mismo
producto: unos autores señalan que las patatas
fritas presentan un IG menor que las patatas
hervidas (con o sin aceite añadido), mientras
que otros señalan que las patatas asadas
poseen un IG mayor que las fritas o las
hervidas.
ANEXO:
Los Valores Diarios
Recomendados
o Cantidades Diarias Orientativas
“La Industria Alimenticia proporciona los Valores
Diarios Recomendados (expresados en
porcentajes) para brindar la información de los
contenidos de energía (calorías) y nutrientes de
todos los alimentos y las bebidas que vende en el
mercado. Esta información adquiere vital
importancia para alcanzar una dieta equilibrada
y asegurarnos así una óptima nutrición.”
La industria de la alimentación, la bebida y el
comercio minorista extrae los Valores Diarios
Recomendados (identificados con las siglas VD)
—también llamado Cantidades Diarias
Orientativas o CDO— de las directrices
gubernamentales e internacionales que se
basan en los últimos datos científicos
publicados sobre las necesidades y
recomendaciones alimentarias. Sin embargo, se
han observado pequeñas diferencias entre los
diversos sistemas empleados debido al origen
de los datos científicos de referencia y a
divergencias leves en las técnicas de cálculo.
Las pautas para adultos se basan en las
necesidades típicas de hombres y mujeres
sanos mayores de 18 años, con un peso normal
o para el mantenimiento del peso. Los VD o
CDO de energía se calculan a partir de las
necesidades medias estimadas de la población
y toman en consideración los niveles actuales
de actividad física y el estilo de vida del
ciudadano medio, que suele ser bastante
sedentario. Normalmente, la energía se mide en
“kilocalorías” (kcal), también llamadas
“calorías”; ambas expresiones son equivalentes
y se emplean habitualmente en las etiquetas
alimentarias. Los VD o CDO de energía para una
mujer tipo son de 2.000 kcal, y de 2.500 kcal en
el caso de los hombres. Estos valores se utilizan
como referencia para calcular los Valores
Diarios Recomendados de nutrientes. En
aquellos casos en los que resulta poco práctico
ofrecer recomendaciones aparte para hombres
y mujeres, los valores de VD o CDO para adultos
se basan en los valores de los VD o CDO para
mujeres, con el fin de evitar un consumo
excesivo. Asimismo, se han desarrollado
recomendaciones infantiles, tanto para niños
como para niñas. Generalmente, estos VD o
CDO sólo aparecen en las etiquetas o el
material asociados con productos
específicamente para niños.
La siguiente tabla especifica el total (100%) de
Valores Diarios Recomendados o Cantidades
Diarias Orientativas de los nutrientes esenciales
para adultos, basados en un consumo diario de
2.000 kcal:
Las necesidades de energía y nutrientes de una
persona concreta pueden ser superiores o
inferiores a los VD publicados, en función del
sexo, la edad, el peso, el nivel de actividad física
y otros factores. Es más, es poco probable que
una persona consuma el total de los VD de cada
nutriente en un día. Por esta razón, los VD no
deberían considerarse objetivos individuales
estrictos. Más bien, como consumidores
debemos tomarlas como punto de referencia
para evaluar la posible contribución de un
producto específico a nuestras necesidades
diarias de los distintos nutrientes.
VD o CDO de Vitaminas y Minerales
Cuando las etiquetas muestran el contenido de
vitaminas o minerales de un producto, éste
aparece como un porcentaje de los Valores
Diarios Recomendados o Cantidades Diarias
Recomendadas o CDR (RDA, en inglés), en lugar
de las CDO.
El consumo de vitaminas y minerales en
cantidades específicas es necesario para el buen
funcionamiento de las reacciones metabólicas
esenciales del organismo y para conservar la
salud física. Por esta razón, los niveles de
consumo recomendados establecidos superan
las necesidades de la población media (a las
que sí se ciñen los VD), con el fin de eliminar los
casos de deficiencia. El VD en este caso es la
cantidad media diaria que satisface las
necesidades de nutrientes de la mayoría de la
población adulta sana. Como en el caso de los
nutrientes esenciales, esto no significa que haya
que ingerir esas cantidades cada día, sino que
representan el consumo medio a lo largo de un
período de tiempo. La siguiente tabla sirve
como referencia del total (100%) de Valores
Diarios Recomendados para las principales
vitaminas y minerales que necesita nuestro
cuerpo para conservarse saludable:
SEMÁFORO NUTRICIONAL
El etiquetado denominado “Semáforo
Nutricional” muestra el porcentaje de la
Cantidad Diaria Orientativa que el alimento
aporta respecto a las calorías y nutrientes que
más repercusión tienen sobre la Salud Pública
(grasas totales, saturadas, sal y azúcar), de
modo que esos valores se marcan con los
colores rojo (alta), ambar (media) y verde (baja)
según el aporte del alimento sea mayor o
menor.
Pero este sistema de representación no está
exento de polémica. Alemania, por ejemplo, lo
ha rechazado. Parte del sector más reacio critica
la medida, ya que considera que marcar un
alimento con un color u otro podría conducir al
consumidor al rechazo de ciertos alimentos. Es
por ello que en Europa se ha trabajado sobre
una propuesta sin código de colores, pero que
intenta explicar al consumidor el porcentaje de
la ingesta de algunos nutrientes, respecto a la
ingesta recomendada al día, que contiene una
ración del alimento en cuestión (basada en los
Valores Diarios Recomendados o Cantidades
Diarias Orientativas). De un modo u otro (con o
sin colores), el diseño de esta etiqueta permite
tener una rápida referencia de lo que contiene
un producto envasado, complementando así
toda la información detallada en la Etiqueta de
Información Nutricional.
Al final, tanto el código de colores como las
Cantidades Diarias Orientativas, tratan de hacer
entender al consumidor que los alimentos
deben tomarse en las proporciones adecuadas.
Según el código de colores, algunos los
podemos tomar en grandes cantidades a diario
(“verdes”) y de otros tan sólo alguna ración a la
semana o al mes (“naranjas o rojos”). Y el
código de las Cantidades Diarias Orientativas
nos informa de qué alimentos son más ricos en
los nutrientes que debemos limitar por
cuestiones de salud: grasas, grasa saturada, sal
(o sodio), azúcar y contenido calórico.
ANEXO: Lista de Aditivos
A continuación expongo la lista de todos los
aditivos aprobados para consumo humano. Sin
embargo, el apartado sobre la toxicidad de
cada uno de ellos, permite tener una idea sobre
los efectos que podría causar en el organismo
un consumo excesivo (fuera de lo
recomendado). En la parte del envase que
describe los “ingredientes” que contiene un
determinado alimento, puede encontrarse el
nombre o su denominación numérica (para
Europa y Estados Unidos).
No.
Nombre
Función
E100
Curcumina
Colorante
E100ii
Cúrcuma
Colorante
E101
Riboflavina (Lactoflavina)
Colorante
E101a
Fosfato de Riboflavina
Colorante
E102
Tartracina
Colorante
E103
Crisoína
Colorante
E104
Amarillo de Quinoleína
Colorante
E105
Amarillo Sólido
Colorante
E106
Fosfato de Lactoflavina
Colorante
E107
Amarillo 2G
Colorante
E110
Amarillo Ocaso
Colorante
E111
Naranja GGN
Colorante
E120
Ácido Carmínico
Colorante
E120i
Rojo Carmín
Colorante
E120ii
Extracto de Cochinilla
Colorante
E121
Rojo Cítrico 2
Colorante
E122
Azorrubina (Carmoisina)
Colorante
E123
Amaranto
Colorante
E124
Ponceau 4R
Colorante
E125
Ponceau SX
Colorante
E126
Ponceau 6R
Colorante
E127
Eritrosina
Colorante
E128
Rojo 2G
Colorante
E129
Rojo Allura AC
Colorante
E130
Azul de Antraquinona
Colorante
E131
Azul Patente V
Colorante
E132
Indigotina (Carmín Índigo) Colorante
E133
Azul Brillante FCF
Colorante
E140
Clorofilas
Colorante
E140i
Clorofila
Colorante
E140ii
Clorofilina
Colorante
Complejos Cúpricos de
E141
Colorante
Clorofila
Complejos Cúpricos de
E141i
Colorante
Clorofilas
Complejos Cúpricos de
E141ii
Colorante
Clorofilinas
E142
Verde Ácido Brillante
Colorante
E150
Caramelo
Colorante
E150a
Caramelo Cáustico
Colorante
Caramelo Cáustico de
E150b
Colorante
Sulfito
E150c
Caramelo Amónico
Colorante
Caramelo Sulfito de
E150d
Colorante
Amoníaco
E151
Negro Brillante BN
Colorante
E152
Negro 7984
Colorante
E153
Carbón Vegetal
Colorante
E154
Marrón FK
Colorante
E155
Marrón Chocolate HT
Colorante
E160
Beta Caroteno
Colorante
E160a
Carotenoides
Colorante
Annatto, Bixina,
E160b
Colorante
Norbixina
Extracto de Pimiento
E160c
Colorante
(Paprika)
E160d
Licopeno
Colorante
E160e
Beta Apocarotenal
Colorante
Ester Etílico Ácido Beta
E160f
Colorante
Apocarotenoico
E161
Xantófilas
Colorante
E161a
Flavoxantina
Colorante
E161b
Luteína
Colorante
E161c
Criptoxantina
Colorante
E161d
Rubixantina
Colorante
E161e
Violaxantina
Colorante
E161f
Rodoxantina
Colorante
E161g
Cantaxantina
Colorante
E161h
Zeaxantina
Colorante
E161j
Astaxantina
Colorante
Rojo Remolacha
E162
Colorante
(Betanina)
E163
Antocianinas
Colorante
E163a
Cianidina
Colorante
E163b
Delfinidina
Colorante
E163c
Malvidina
Colorante
E164d
Pelargonidina
Colorante
E164e
Peonidina
Colorante
E165f
Petunidina
Colorante
E170
Carbonatos Cálcicos
Colorante
E170i
Carbonato de Calcio
Colorante
E170ii
Bicarbonato de Calcio
Colorante
E171
Óxido de Titanio
Colorante
E172
Óxido de Hierro
Colorante
E173
Aluminio
Colorante
E174
Plata
Colorante
E175
Oro
Colorante
Pigmento Rubí
E180
Colorante
(Litolrubina BK)
E181
Tierra Sombra Quemada
Colorante
E182
Orceína (Orcina, Orcilla)
Colorante
E200
Ácido Sórbico
Conservante
E201
Sorbato de Sodio
Conservante
E202
Sorbato de Potasio
Conservante
E203
Sorbato de Calcio
Conservante
E210
Ácido Benzoico
Conservante
E211
Benzoato de Sodio
Conservante
E212
Benzoato de Potasio
Conservante
E213
Benzoato de Calcio
Conservante
E214
Etil Hidroxibenzoato
Conservante
Etil Hidroxibenzoato de
E215
Conservante
Sodio
E216
Propil Hidroxibenzoato
Conservante
Propil Hidroxibenzoato de
E217
Conservante
Sodio
E218
Metil Hidroxibenzoato
Conservante
Metil Hidroxibenzoato de
E219
Conservante
Sodio
Dióxido de Azufre
E220
Conservante
(Sulfitos)
E221
Sulfito de Sodio
Conservante
E222
Sulfito Ácido de Sodio
Conservante
E223
Metabisulfito de Sodio
Conservante
E224
Metabisulfito de Potasio
Conservante
E225
Sulfito de Potasio
Conservante
E226
Sulfito de Calcio
Conservante
E227
Sulfito Ácido de Calcio
Conservante
E228
Sulfito Ácido de Potasio
Conservante
E230
Bifenilo (Difenilo)
Conservante
E231
Ortofenil Fenol
Conservante
E232
Ortofenil Fenolato Sódico
Conservante
E233
Tiabendazol
Conservante
E234
Nisina
Antibiótico
E235
Pimaricina (Natamicina)
Antibiótico
E236
Ácido Fórmico
Conservante
E237
Formiato de Sodio
Conservante
E238
Formiato de Calcio
Conservante
E239
Hexametilentetramina
Conservante
E240
Formaldehído (Formol)
Conservante
E242
Dimetil Dicarbonato
Conservante
E249
Nitrito de Potasio
Conservante
E250
Nitrito de Sodio
Conservante
E251
Nitrato de Sodio
Conservante
E252
Nitrato de Potasio
Conservante
E260
Ácido Acético
Conservante
E261
Acetato de Potasio
Conservante
E262
Acetato de Sodio
Conservante
E263
Acetato de Calcio
Conservante
E264
Acetato de Amonio
Conservante
E270
Ácido Láctico
Conservante
E280
Ácido Propiónico
Conservante
E281
Propionato de Sodio
Conservante
E282
Propionato de Calcio
Conservante
E283
Propionato de Potasio
Conservante
E284
Ácido Bórico
Conservante
Tetraborato de Sodio
E285
Conservante
(Bórax)
E290
Dióxido de Carbono
Acidulante
E296
Ácido Málico
Acidulante
E297
Ácido Fumárico
Acidulante
E300
Ácido Ascórbico
Antioxidante
E301
Ascorbato de Sodio
Antioxidante
E302
Ascorbato de Calcio
Antioxidante
E303
Ascorbato de Potasio
Antioxidante
E304
Palmitato Ascorbilo
Antioxidante
E305
Estearato Ascorbilo
Antioxidante
Extractos Naturales Ricos
E306
Antioxidante
en Tocoferol
E307
Alfa Tocoferol
Antioxidante
E308
Gama Tocoferol
Antioxidante
E309
Delta Tocoferol
Antioxidante
E310
Galato de Propilo
Antioxidante
E311
Galato de Octilo
Antioxidante
E312
Galato de Dodecilo
Antioxidante
E315
Ácido Eritórbico
Antioxidante
E316
Eritorbato Sódico
Antioxidante
E319
Butilhidroquinona (BHQ)
Antioxidante
E320
Butilhidroxianisol (BHA)
Antioxidante
E321
Butilhidroxitolueno (BHT)
Antioxidante
E322
Lecitina
Emulsionante
E325
Lactato de Sodio
Antioxidante
E326
Lactato de Potasio
Antioxidante
E327
Lactato de Calcio
Antioxidante
E330
Ácido Cítrico
Acidulante
E331
Citratos de Sodio
Acidulante
E332
Citratos de Potasio
Acidulante
E333
Citratos de Calcio
Acidulante
E334
Ácido Tartárico
Acidulante
E335
Tartrato de Sodio
Acidulante
E336
Tartrato de Potasio
Acidulante
Tartrato Doble de Sodio y
E337
Acidulante
Potasio
E338
Ácido Ortofosfórico
Acidulante
E339
Ortofosfatos de Sodio
Acidulante
E340
Ortofosfatos de Potasio
Acidulante
E341
Ortofosfatos de Calcio
Acidulante
E342
Ortofosfatos de Amonio
Acidulante
E343
Ortofosfatos de Magnesio Acidulante
E349
Malatos de Amonio
Acidulante
E350
Malatos de Sodio
Acidulante
E351
Malatos de Potasio
Acidulante
E352
Malatos de Calcio
Acidulante
E353
Ácido Metatartárico
Acidulante
E354
Tartrato de Calcio
Acidulante
E355
Ácido Adípico
Acidulante
E356
Adipato de Sodio
Acidulante
E357
Adipato de Potasio
Acidulante
E363
Ácido Succínico
Acidulante
E364
Fumarato de Magnesio
Acidulante
E365
Fumarato de Sodio
Acidulante
E366
Fumarato de Potasio
Acidulante
E367
Fumarato de Calcio
Acidulante
E368
Fumarato de Amonio
Acidulante
E370
Heptonolactona
Acidulante
E375
Ácido Nicotínico (Niacina) Acidulante
E380
Citrato Triamónico
Acidulante
E381
Citrato Férrico de Amonio Acidulante
E385
Etileno Diamino Tetra
Antioxidante
Acetato (EDTA)
Ácido
E386
Etilendiaminotetraacético Antioxidante
(AEDT)
E400
Ácido Algínico
Espesante
E401
Alginato de Sodio
Espesante
E402
Alginato de Potasio
Espesante
E403
Alginato de Amonio
Espesante
E404
Alginato de Calcio
Espesante
E405
Alginato de Propilenglicol
Espesante
E406
Agar-Agar
Espesante
E407
Carragenanos
Espesante
E407a
Algas Eucheuma
Espesante
Goma Garrofín
E410
Espesante
(Algarrobo)
E412
Goma Guar
Espesante
Goma Tragacanto
E413
Espesante
(Aldragante)
E414
Goma Arábiga
Espesante
E415
Goma Xantana
Espesante
E416
Goma Karaya
Espesante
E417
Goma Tara
Espesante
E418
Goma Gellan
Espesante
E420
Sorbitol
Edulcorante
E421
Manitol
Edulcorante
E422
Glicerol
Edulcorante
Goma Konjac
E425
Espesante
(Glucomanano)
E426
Hemicelulosa de Soja
Espesante
E427
Goma Cassia
Espesante
E430
Estearato Polioxietileno 8 Estabilizante
Estearato Polioxietileno
E431
Estabilizante
40
Monolaurato
E432
Polioxietilenado
Estabilizante
(Polisorbato 20)
Monooleato
E433
Polioxietilenado
Estabilizante
(Polisorbato 80)
Monopalmitato
E434
Polioxietilenado
Estabilizante
(Polisorbato 40)
Monoestearato
E435
Polioxietilenado
Estabilizante
(Polisorbato 60)
Triestearato
E436
Polioxietilenado
Estabilizante
(Polisorbato 65)
E440a
Pectinas
Espesante
E440b
Pectinas Amidadas
Espesante
E441
Gelatina (VER VÍDEO)
Espesante
E442
Fosfátidos de Amonio
Emulsionante
Acetato Isobutirato de
E444
Emulsionante
Sacarosa
Ésteres Glicéridos
E445
Estabilizante
Colofonia de Madera
E445i
Abietato de Glicerilo
Estabilizante
E445ii
Goma Éster
Estabilizante
E450
Difosfatos
Estabilizante
E450i
Difosfato Disódico
Estabilizante
E450ii
Difosfato Trisódico
Estabilizante
E450iii Difosfato Tetrasódico
Estabilizante
E450iv Difosfato Dipotásico
Estabilizante
E450v
Difosfato Tetrapotásico
Estabilizante
E450vi Difosfato Dicálcico
Estabilizante
E450vii Difosfato Ácido de Calcio
Estabilizante
E451
Trifosfatos
Estabilizante
E451i
Trifosfato Pentasódico
Estabilizante
E451
Trifosfato Pentapotásico
Estabilizante
E452
Polifosfatos
Estabilizante
E452i
Polifosfato de Sodio
Estabilizante
E452ii
Polifosfato de Potasio
Estabilizante
E452iii Polifosfato de Sodio y
Estabilizante
Calcio
E452iv Polifosfato de Calcio
Estabilizante
E452v
Polifosfato de Amonio
Estabilizante
E459
Beta Ciclodextrina
Estabilizante
E460
Celulosa Microcristalina
Estabilizante
E461
Metilcelulosa
Estabilizante
E462
Etilcelulosa
Estabilizante
E463
Hidroxipropilcelulosa
Estabilizante
E464
Hidroxipropilmetilcelulosa Estabilizante
E465
Etilmetilcelulosa
Estabilizante
Carboximetilcelulosa de
E466
Estabilizante
sodio
E467
Etilhidroxietilcelulosa
Estabilizante
Carboximetilcelulosa de
E468
Estabilizante
Sodio Reticulada
Carboximetilcelulosa de
E469
Estabilizante
Sodio Hidrolizada
E470
Sales de los Ácidos Grasos Emulsionante
Sales de Sodio, Potasio y
E470a
Calcio de los Ácidos
Emulsionante
Grasos
Sales de Magnesio de los
E470b
Emulsionante
Ácidos Grasos
Mono y Diglicéridos de los
E471
Emulsionante
Ácidos Grasos
Ésteres de los Mono y
E472
Diglicéridos de los Ácidos
Emulsionante
Grasos
Ésteres Acéticos de los
E472a
Mono y Diglicéridos de los Emulsionante
Ácidos Grasos
Ésteres Lácticos de los
E472b
Mono y Diglicéridos de los Emulsionante
Ácidos Grasos
E472c
Ésteres Cítricos de los
Emulsionante
Mono y Diglicéridos de los
Ácidos Grasos
Ésteres Tartáricos de los
E472d
Mono y Diglicéridos de los Emulsionante
Ácidos Grasos
Ésteres
Monoacetiltartárico y
E472e
Diacetiltartárico de los
Emulsionante
Mono y Diglicéridos de los
Ácidos Grasos
Ésteres Mixtos Acéticos y
Tartáricos de los Mono y
E472f
Emulsionante
Diglicéridos de los Ácidos
Grasos
Sucroésteres de los Ácidos
E473
Emulsionante
Grasos
E474
Sucroglicéridos de los
Emulsionante
Ácidos Grasos
Ésteres Poliglicéridos de
E475
Emulsionante
los Ácidos Grasos
Polirricinoleato de
E476
Emulsionante
Poliglicerol
Ésteres de Propilenglicol
E477
Emulsionante
de los Ácidos Grasos
E479b
Aceite de Soja Oxidado
Emulsionante
Dioctil Sulfosuccinato de
E480
Emulsionante
Sodio
Estearoil-2-Lactilato
E481
Emulsionante
Sódico
Estearoil-2-Lactilato
E482
Emulsionante
Cálcico
E483
Tartrato de Estearilo
Emulsionante
Monoestearato de
E491
Emulsionante
Sorbitán
E492
Triestearato de Sorbitán
Emulsionante
E493
Monolaurato de Sorbitán
Emulsionante
E494
Monooleato de Sorbitán
Emulsionante
Monopalmitato de
E495
Emulsionante
Sorbitán
Polietilenglicol
E496
Disolvente
(Dietilenglicol)
E500
Carbonato de Sodio
Antiaglomerante
E501
Carbonato de Potasio
Antiaglomerante
E503
Carbonato de Amonio
Antiaglomerante
E504
Carbonato de Magnesio
Antiaglomerante
E507
Ácido Clorhídrico
Acidulante
E508
Cloruro de Potasio
Estabilizante
E509
Cloruro de Calcio
Estabilizante
E510
Cloruro de Amonio
Estabilizante
E511
Cloruro de Magnesio
Estabilizante
E512
Cloruro de Estaño
Estabilizante
E513
Ácido Sulfúrico
Acidulante
E514
Sulfato de Sodio
Estabilizante
E516
Sulfato de Calcio
Estabilizante
E517
Sulfato de Amonio
Estabilizante
E518
Sulfato de Magnesio
Estabilizante
E519
Sulfato de Cobre
Estabilizante
E520
Sulfato de Aluminio
Estabilizante
Sulfato Sódico de
E521
Estabilizante
Aluminio
Sulfato Potásico de
E522
Estabilizante
Aluminio
Sulfato Amónico de
E523
Estabilizante
Aluminio
E524
Hidróxido de Sodio
Estabilizante
E525
Hidróxido de Potasio
Estabilizante
E526
Hidróxido de Calcio
Estabilizante
E527
Hidróxido de Amonio
Estabilizante
E528
Hidróxido de Magnesio
Estabilizante
E529
Óxido de Calcio
Estabilizante
E530
Óxido de Magnesio
Estabilizante
E535
Ferrocianuro de Sodio
Estabilizante
E536
Ferrocianuro de Potasio
Estabilizante
E537
Ferrocianuro de Magnesio Estabilizante
E538
Ferrocianuro de Calcio
Estabilizante
E540
Pirofosfato Dicálcico
Estabilizante
Fosfato Ácido de Sodio y
E541
Emulsionante
Aluminio
E542
Fosfato de Huesos
Emulsionante
Pirofosfato de Sodio y
E543
Estabilizante
Calcio
E544
Pirofosfato de Calcio
Estabilizante
E545
Pirofosfato de Amonio
Estabilizante
E546
Pirofosfato de Magnesio
Estabilizante
E551
Óxido de Silicio
Antiaglomerante
E552
Silicato de Calcio
Antiaglomerante
E553a
Silicato de Magnesio
Antiaglomerante
E553b
Talco
Antiaglomerante
Silicato de Sodio y
E554
Antiaglomerante
Aluminio
Silicato de Potasio y
E555
Antiaglomerante
Aluminio
Silicato de Calcio y
E556
Antiaglomerante
Aluminio
E558
Bentonita
Antiaglomerante
E559
Silicato de Aluminio
Antiaglomerante
E570
Ácidos Grasos
Antiaglomerante
E571
Estearato de Amonio
Antiaglomerante
E572
Estearato de Magnesio
Antiaglomerante
E573
Estearato de Aluminio
Antiaglomerante
E574
Ácido Glucónico
Estabilizante
Glucono Delta Lactona
E575
Estabilizante
(GDL)
E576
Gluconato Sódico
Estabilizante
E577
Gluconato Potásico
Estabilizante
E578
Gluconato Cálcico
Estabilizante
E579
Gluconato Ferroso
Estabilizante
E585
Lactato Ferroso
Estabilizante
E620
Ácido Glutámico
Potenciador
E621
Glutamato Monosódico
Potenciador
E622
Glutamato Monopotásico Potenciador
E623
Glutamato Cálcico
Potenciador
E624
Glutamato Amónico
Potenciador
E625
Glutamato Magnésico
Potenciador
E626
Ácido Guanílico
Potenciador
E627
Guanilato Sódico
Potenciador
E628
Guanilato Potásico
Potenciador
E629
Guanilato Cálcico
Potenciador
E630
Ácido Inosínico
Potenciador
E631
Inosinato Sódico
Potenciador
E632
Inosinato Potásico
Potenciador
E633
Inosinato Cálcico
Potenciador
E634
Ribonucleótidos Cálcicos
Potenciador
E635
Ribonucleótidos Sódicos
Potenciador
E636
Maltol
Potenciador
E637
Etilmaltol
Potenciador
E640
Glicina y Glicinato Sódico
Potenciador
E650
Acetato de Zinc
Potenciador
E900
Dimetilpolisiloxano
Recubridor
E901
Cera de Abejas
Recubridor
E902
Cera Candelilla
Recubridor
E903
Cera Carnaúba
Recubridor
E904
Goma Laca (Shellac)
Recubridor
E905
Cera Microcristalina
Recubridor
Poli-1-Deceno
E907
Recubridor
Hidrogenado
Ésteres del Ácido
E912
Recubridor
Montánico
E913
Lanolina (Cera de Lana)
Recubridor
E914
Cera Polietileno Oxidada
Recubridor
E920
L-Cisteína
Estabilizante
E927a
Azodicarbonamida
Oxidante
E927b
Carbamida (Urea)
Estabilizante
E938
Gas Argón
Gases
E939
Gas Helio
Gases
E941
Gas Nitrógeno
Gases
E942
Gas Óxido nitroso
Gases
E943a
Gas Butano
Gases
E943b
Gas Isobutano
Gases
E944
Gas Propano
Gases
E948
Gas Oxígeno
Gases
E949
Gas Hidrógeno
Gases
E950
Acesulfamo K
Edulcorante
E951
Aspartamo
Edulcorante
E952
Ciclamato
Edulcorante
E953
Isomaltosa
Edulcorante
E954
Sacarina
Edulcorante
E955
Sucralosa
Edulcorante
E957
Taumatina
Edulcorante
E959
Neohesperidina (NHDC)
Edulcorante
E965i
Maltitol
Edulcorante
E965ii
Jarabe de Maltitol
Edulcorante
E966
Lactitol
Edulcorante
E967
Xilitol
Edulcorante
E999
Extracto de Quilaya
Espumante
E1100
Amilasa (Diastasa)
Enzima
E1103
Invertasa (Sacarasa)
Enzima
E1105
Lisozima (Muramidasa)
Conservante
E1200
Polidextrosa
Espesante
E1201
Polivinilpirrolidona (PVP)
Estabilizante
Polivinilpolipirrolidona
E1202
Estabilizante
(PVPP)
E1404
Almidón Oxidado
Espesante
E1410
Fosfato Monoalmidón
Espesante
E1412
Fosfato Dialmidón
Espesante
Fosfato Dialmidón
E1413
Espesante
Fosfatado
Fosfato Dialmidón
E1414
Acetilado
Espesante
E1420
Almidón Acetilado
Espesante
Adipato Dialmidón
E1422
Espesante
Acetilado
E1440
Hidroxipropil Almidón
Espesante
Fosfato Dialmidón
E1442
Espesante
Hidroxipropilado
E1450
Octenil Succinato Sódico
Espesante
Almidón Oxidado
E1451
Espesante
Acetilado
E1505
Citrato de Trietilo
Disolvente
Diacetín (Diacetato de
E1517
Disolvente
Glicerina)
Triacetín (Triacetato de
E1518
Disolvente
Glicerina)
E1519
Alcohol Bencílico
Disolvente
E1520
Propilenglicol
Disolvente
Referencias bibliográficas
- Alexander, Jane, Salud en 5 minutos, Gaia
Ediciones, Madrid, España, 2001.
- Anderson, Burke y Pearl, Estar en forma,
Integral, Oasis, 1995.
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Könemann Verlagsgesellschaft mbH, Colonia,
Alemania, 1999.
- Battison, Toni, Libérate del estrés, Ediciones B,
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- Battison, Toni, Ponte en forma, Ediciones B,
Barcelona, España, 1998.
- Bohlmann, Friedrich, Delgados y en forma sin
dietas, Integral, Oasis, Barcelona, España, 1997.
- Brewer, Sarah, Cuida tu alimentación,
Ediciones B, Barcelona, España, 1998.
- Briffa, John, Alimentación para la salud,
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información nutricional, FDA, Estados Unidos,
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- Gayler, Paul, El libro de la cocina vegetariana,
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- Jiménez, L. , Lo que dice la ciencia para
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- Kreitzman, Sue, La cocina sin grasas, Ediciones
B Argentina, 1998.
- Oberbeil, Klaus, Vitaminas para su salud,
Ediciones Robinbook, Barcelona, España, 1996.
- Orzola, Mariano, 30 Dietas que debes probar
antes de morir, OrzolaPress, Argentina, 2014.
- Orzola, Mariano, Esencial para verte y sentirte
bien, OrzolaPress, Argentina, 2009.
- Polunin, Miriam, Alimentos sanos, Ediciones B,
Barcelona, España, 1998.
- Reader's Digest, Alimentos que curan
Alimentos que dañan, Reader's Digest México,
1997.
- Scott-Moncrieff, Christina, El libro de las
vitaminas, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina,
1999.
- Strunz, Ulrich, Por siempre joven, Editorial
Albatros, Buenos Aires, Argentina, 2001.
- Ursell, Amanda, Guía completa de los
alimentos saludables, Ed. El Ateneo, Buenos
Aires, Argentina, 2001.
- Wattles, Wallace, La ciencia de estar bien,
Álvaro Mendoza, Latam, 2003.
- Walji, Hasnain, Vitaminas, minerales y
suplementos dietéticos, Ed. Edaf, Madrid,
España, 2001.
- Wills, Judith, Alimentos que consumimos,
Editorial La Isla, Buenos Aires, Argentina, 2000.
Referencias cinematográficas
Fuentes de inspiración para este libro han sido
los siguientes documentales:
- EARTHLINGS de Shaun Monson, Estados
Unidos, 2005.
- FOOD INC. de Robert Kenner, Estados Unidos,
2008.
- SUPER SIZE ME de Morgan Spurlock, Estados
Unidos, 2004.
- TENEDORES SOBRE CUCHILLOS de Lee
Fulkerson, Estados Unidos, 2011.
Para la definición de ciertos términos y
conceptos, el autor ha empleado como fuente
de consulta la enciclopedia en línea Wikipedia y
los sitios web oficiales de la FDA y OMS.
La lista de los aditivos ha sido consultada en la
página www.aditivos-alimentarios.com
Sobre el autor
Mariano Orzola comenzó su interés por los
temas de nutrición y ejercicio a la edad de 14
años. Cuenta con más de 25 años de trabajo
periodístico sobre bienestar y vida sana. Fue el
creador en 1998 del sitio web Fitness Total
(España y América Latina). Luego creó los
canales Fitness y En Forma para el portal de
contenidos StarMedia. Fue proveedor de
contenidos del canal Vida y Cada Mujer de
L'Oréal para StarMedia. En el año 2003 produjo
el suplemento Bienestar Total para el periódico
latino La Voz del Interior. Fue el proveedor de
contenido para la sección Personal Trainer de la
revista Buena Salud (América Latina) durante
dos años.
Ha publicado numerosos artículos en revistas
españolas y se desempeñó como consultor en
varios proyectos editoriales relacionados con el
bienestar, la nutrición y el fitness. Trabajó como
periodista independiente para diversos medios
gráficos, incluyendo la prestigiosa revista
femenina Cosmopolitan. Ha publicado miles de
artículos y fue el creador del mítico blog "Estás
gorda porque tú quieres" (edición española),
que recibió más de 300.000 visitantes únicos.
Ha escrito los revolucionarios libros " Un
abdomen plano para toda la vida - El método X
ABS” y “Las 5 Leyes Infalibles del Amor”.
Su interés por la gastronomía también lo llevó a
crear la Colección Cocina Práctica, cuyo espíritu
es: “Para preparar recetas caseras no es
necesario ser un chef experimentado”.
Actualmente escribe libros en formato digital
sobre bienestar y afines desde una perspectiva
más holística y práctica, y es el director general
de OrzolaPress, una agencia editorial que él
mismo fundó.
SIGUE A MARIANO ORZOLA EN:
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Document Outline
Introducción. 6
Algunos conceptos previos. 8
Las variables de la nutrición. 10
La etiqueta de Información Nutricional 13
La “Fecha de Caducidad”. 19
Los nutrientes. 21
Carbohidratos. 24
Grasas o Lípidos. 26
Proteínas. 30
Vitaminas y Minerales. 34
Micronutrientes importantes. 37
El Agua: Aliado de la nutrición. 44
Sustancias adictivas. 48
Aditivos. 57
Los edulcorantes. 60
De la naturaleza a la mesa. 67
Alimentos transgénicos. 71
Alimentos orgánicos. 74
Alimentos perecederos. 76
Alimentos dietéticos o “light”. 78
Comida rápida. 81
Alimentos artificiales. 86
Alimentos pesados. 88
Los métodos de cocción. 91
El exceso de comida. 100
La organización de la dieta. 105
Ambiente y estado anímico. 110
Predisposición mental 113
De la alimentación ideal a la alimentación real 115
CONTENIDO EXTRA: Lo que nunca te contaron sobre las calorías. 117
CONTENIDO EXTRA: Lo que debes saber sobre el Índice Glucémico. 120
ANEXO: Los Valores Diarios Recomendados o Cantidades Diarias Orientativas.
124
ANEXO: Lista de Aditivos. 128
Referencias bibliográficas. 150
Sobre el autor. 151