Por Ana Muñoz
Actualizado 14 de febrero de 2017
La empatía es la capacidad para ponerse en el lugar del otro y saber lo que siente o incluso
lo que puede estar pensando.
Las personas con una mayor capacidad de empatía son las que mejor saben "leer" a los
demás. Son capaces de captar una gran cantidad de información sobre la otra persona a
partir de su lenguaje no verbal, sus palabras, el tono de su voz, su postura, su expresión
facial, etc. Y en base a esa información, pueden saber lo que está pasando dentro de ellas,
lo que están sintiendo.
Además, dado que los sentimientos y emociones son a menudo un reflejo del pensamiento,
son capaces de deducir también lo que esa persona puede estar pensando.
En una ocasión, contemplé una interesante muestra de empatía (y falta de ella) en un
restaurante chino. Un hombre daba las gracias a la camarera por un pequeño obsequio que
el restaurante había dejado un par de días antes en los buzones de las personas que vivían
cerca. La camarera china no hablaba ni una palabra de español, de manera que preguntó
varias veces al hombre, quien se esforzaba por hacerse entender. Cuando la camarera se
marcha, la mujer que está sentada al lado del hombre le dice: "Creo que ha entendido que
quieres que te traiga el regalo", a lo que el hombre respondió con cara de asombro: "¿En
serio?" Al poco rato, llegaba la camarera con el obsequio.
La mujer supo leer el rostro de la camarera y saber lo que ella había entendido, lo que nos
indica que, seguramente, se trataba de una persona con una elevada capacidad de empatía.
La empatía requiere, por tanto, prestar atención a la otra persona, aunque es un proceso que
se realiza en su mayor parte de manera inconsciente. Requiere también ser consciente de
que los demás pueden sentir y pensar de modos similares a los nuestros, pero también
diferentes. Tal vez a ti no te moleste un determinado comentario o broma pero a otra
persona sí puede molestarle.
La persona empática es capaz de darse cuenta de que dicho comentario te ha molestado
incluso aunque ella sienta de otra manera.
La empatía está relacionada con la compasión, porque es necesario cierto grado de empatía
para poder sentir compasión por los demás. La empatía te permite sentir su dolor y su
sufrimiento y, por tanto, llegar a compadecerte de alguien que sufre y desear prestarle tu
ayuda.
En general, es fácil para la mayoría de las personas tener una respuesta empática ante un
daño físico ocurrido a otra persona. Por ejemplo, todos sabemos lo que se siente ante un
golpe en la espinilla, porque todos sentimos lo mismo y es fácil sentir el dolor de la persona
que vemos recibir el golpe. No obstante, para evitar el malestar que se siente, muchas
personas reaccionan riéndose. De este modo, se libran del dolor, aunque también se alejan
de una respuesta empática.
Cuando no se trata de dolor físico, sino emocional, puede ser más difícil saber lo que la otra
persona está sintiendo y requiere un grado de atención y de conciencia de la otra persona
más elevado.
Cómo desarrollar la empatía
Una persona puede aumentar su capacidad de empatía observando con más detalle a los
demás mientras habla con ellos, prestándoles toda su atención y observando todos los
mensajes que esa persona transmite, esforzándose por ponerse en su lugar y "leer" lo que
siente.
Si mientras hablas con alguien, estás más pendiente de tus propias palabras, de lo que dirás
después, de lo que hay a tu alrededor o de ciertas preocupaciones que rondan tu mente, tu
capacidad para "leer" a la otra persona no será muy alta.
Pero la empatía es mucho más que saber lo que el otro siente, sino que implica responder de
una manera apropiada a la emoción que la otra persona está sintiendo. Es decir, si alguien te
dice que acaba de romper con su pareja y tú sonríes y exclamas "¡Qué bien!", no estás
dando una respuesta muy empática.
Más sobre este tema: Cómo ser más empático.
La falta de empatía
La falta de empatía puede verse a menudo al observar las reacciones de los demás. Cuando
una persona está principalmente centrada en sí misma, en satisfacer sus deseos y en su
propia comodidad, no se preocupa por lo que los demás puedan estar sintiendo y no tiene
una respuesta empática ante ellos.
Es la madre o padre que responde con un "mmm" indiferente, cuando su hija pequeña le
enseña con entusiasmo su último dibujo, sin percibir la decepción de la niña al ser ignorada.
Es el marido que llega a casa cansado del trabajo y se sienta a ver la tele mientras espera
que su esposa, que también llega cansada del trabajo, se ocupe de hacer la cena y de bañar a
los niños. O es la persona que dice no importarle si hay calentamiento global o si estamos
contaminando el ambiente porque considera que ya habrá muerto cuando todo eso sea un
verdadero problema.
Tal vez vivamos en una sociedad donde la gente es cada vez menos empática (según un
estudio de la Universidad de Michigan, los niveles de empatía de estudiantes universitarios
cayeron un 40% entre el año 2000 y el 2010). No obstante, el único modo de hacer que el
mundo sea cada vez más empático y no al revés, consiste en que cada persona se esfuerce
por ser algo más empática, prestando más atención a los demás, a sus emociones, a lo que
pueden estar sintiendo o pensando o cómo les afecta lo que dices o haces.
Más sobre este tema La falta de empatía
[Link]
[Link]
Empatía
La empatía es una de las habilidades sociales más exitosas y que en mayor
medida garantizan un adecuado desempeño en situaciones interpersonales.
Aprende cómo desarrollarla y ponerla en práctica.
Escrito por Dra. Vanesa Fernández López, Psicóloga, especialista en emociones
Qué es la empatía
Qué es la empatía
Perfil de una persona empática
Cómo desarrollar la empatía
Compartido:
263
La empatía es una capacidad que nos ayuda a comprender los sentimientos
de los otros, facilitando también la comprensión de los motivos de su
comportamiento, y que permite así prevenir importantes conflictos. Sin
embargo, muchas personas presentan unos niveles excesivamente bajos
(en casos patológicos pueden llegar a ser inexistentes) de esta habilidad.
La palabra empatía deriva del término griego Empháteia (sentir dentro
afecto), pero no será hasta finales del S. XVIII cuando, a partir del término
alemán EinFülung (sentirse dentro de), se hace una verdadera aproximación
etimológica a lo que hoy en día entendemos por empatía.
Decía Gandhi que “las tres cuartas partes de las miserias y malos
entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los
zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”. De una forma
armoniosa y metafórica, Gandhi ejemplificó con esta frase lo que se
entiende por empatía. Desde el punto de vista de las relaciones
interpersonales, la empatía es la habilidad para “ponerse en el lugar del
otro” y “hacérselo saber”. Este último componente es realmente clave, ya
que tan importante es poder entender la emoción o motivos del otro,
como recogérselos, saber cómo devolvérselos.
Desde que se aboga por la existencia de múltiples tipos de inteligencia
(espacial, abstracta, artística, etcétera) autores como Gardner la entienden
como una “Inteligencia de tipo Interpersonal”. Cuando una persona no tiene
empatía, su comportamiento es egoísta, porque es incapaz de entender las
emociones y problemas de los demás. Este hecho dificulta la asunción de
normas y el respeto de las mismas, además de acarrear importantes
problemas a nivel social, laboral, de pareja, etcétera.
Cómo se adquiere la empatía
No nacemos siendo empáticos, sino que esta habilidad interpersonal forma
parte de nuestro correcto desarrollo emocional y social comenzando a
desarrollarse desde la más tierna infancia.
Desde la psicología básica, la base de la empatía reside en las neuronas
espejo, un tipo de neuronas que humanos y primates tenemos en el cerebro,
y que permiten la captación e imitación de los estados emocionales de
nuestros semejantes. Este regalo que nos hace
nuestra biología posteriormente debe combinarse con la socialización para
poder alcanzar unos niveles de empatía adecuados.
La empatía primitiva, que aparece ya desde los tres meses de edad, se
desarrolla gracias a las situaciones de interacción con los adultos,
facilitando la creación de vínculos afectivos intensos y privilegiados.
En este sentido, la actitud y la educación emocional de los padres es
fundamental para que un niño desarrolle empatía. Por ejemplo, un niño
cuyos sentimientos son ignorados por sus padres, que le dicen frases como
“deja de llorar”, “no te pongas así”…, aprenderá a ignorar sus sentimientos y
los de los demás. Del mismo modo, un niño al que se le atiende
emocionalmente (se le escucha cuando se queja, se le dan besos, caricias,
etcétera) aprenderá a escuchar sus propias emociones y las de los otros,
abriendo paso a los primeros pasos del desarrollo de la empatía.
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Escrito por:
Dra. Vanesa Fernández López
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Catedrático de Psicobiología, director del Instituto de Neurociencias de la UAB, y autor de
'Emociones corrosivas'
"El odio, la envidia, y el resto de las emociones corrosivas, cuando son intensas y permanentes,
provocan un daño inmenso en la salud psicológica y emocional, pero también a nivel físico; son
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empatia/
La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro y comprender lo que
siente, algo que puede trabajarse y desarrollarse. Adquirirla ayudará a tu hijo a
relacionarse con los demás y a desenvolverse mejor en el ámbito escolar, familiar y
personal. Recopilamos diez recursos que puedes utilizar para educar a tus hijos en la
empatía a través de actividades, juegos, cortos o películas.
¿POR QUÉ TRABAJAR LA EMPATÍA EN CASA?
La empatía es un valor esencial en niños y en adultos, porque nos ayuda a vivir en
sociedad y mejora la autonomía emocional y la gestión de los sentimientos. Cuando el
niño es capaz de ejercer la empatía de forma adecuada puede entender a quienes le
rodean. Pero además puede reaccionar correctamente, sin caer ni en la indiferencia o
insensibilidad ni en el contagio o la dependencia emocional, que en ocasiones deriva en
relaciones tóxicas y dañinas. Al empatizar no justificamos ni damos la razón al otro,
sino que somos capaces de entender lo que siente y por qué lo siente.
Como explica el artículo Por qué quiero que mis hijas aprendan empatía en vez de chino, un
niño o niña empáticos obtienen múltiples ventajas que les ayudan en el centro escolar
y fuera de él. La empatía:
Mejora la percepción de las personas y las situaciones que nos rodean.
Ejercita las habilidades sociales y la capacidad para interactuar.
Contribuye al desarrollo emocional.
Potencia el autoconocimiento y la autoestima.
Trabaja la capacidad de escuchar y el liderazgo.
Elimina los prejuicios y la falta de respeto al otro y promueve la solidaridad.
Oportunidades naturales
La vida diaria puede ofrecerte oportunidades naturales para que tu
hijo aprenda empatía. Cada vez que el niño muestra empatía hacia
otra persona deberás reforzar esto con palabras positivas.
Ayúdale a que entienda qué es la empatía
No expliques qué es la empatía a un niño, porque no lo entenderá de
este modo. Si quieres que tu hijo entienda qué es la empatía deberás
conseguir que tu hijo piense sobre los sentimientos de otras
personas, así elevarás su nivel de conciencia. Por ejemplo, si tu hijo
no quiere que su amigo juegue con sus coches le puedes hacer una
pregunta como: “¿Cómo crees que tu amigo se siente cuando no quieres
compartir tus cosas con él?
Una forma de conseguir que entienda qué es, es a través del lenguaje
corporal. Si tu hijo empieza a interpretar gestos y expresiones faciales
podrá desarrollar la empatía mucho más rápido. Puedes decirle
cosas: ¿Te diste cuenta como tu hermano te miró cuando compartiste el
trozo de pastel con él? ¿Te diste cuenta que sonreía por estaba
contento? Poco a poco se dará cuenta cómo su comportamiento puede
afectar a otros.
Es necesario que los niños entiendan que todas las personas tienen
sentimientos y emociones. De esta manera cuando la empatía entra en
sus vidas, podrán entender los sentimientos de los demás y aprenderán a
comportarse de forma que no tengan que hacer daño a otras
personas (ni a ellos mismos). Pero, ¿cómo conseguirlo? ¿Cómo
conseguir que un niño pueda salir de su tan arraigado ego?
Pon nombre a los sentimientos
Para que los niños entiendan y manejen bien sus emociones, primero
deberán reconocerlos en ellos mismos y en los demás. Es necesario
que pongas nombre a sus comportamientos y sentimientos tan a menudo como
puedas. Por ejemplo, cuando tu hijo se acerque a hablar con un niño
que está solo puedes decirle cosas como: “Fue muy amable que hayas
hablado con ese niño que estaba triste por estar solo” o quizá y para que
busque soluciones: “Tu hermano se siente triste porque le has quitado su
juguete, ¿qué puedes hacer para que se sienta mejor?”. Tu hijo al ver que
te has dado cuenta de su comportamiento, lo sentirá reconocido y se
comportará de forma adecuada en futuras ocasiones.
El juego de las emociones
Existe una forma de empezar a comprender las emociones y es
teniendo en cuenta las propias emociones. Para conseguirlo se puede
poner un tablero en la nevera de la cocina y poner una foto de rostros
que impliquen las diferentes emociones: tristeza, felicidad, sorpresa,
ira, frustración, miedo, nerviosismo, celos, etc. Deberás hablar con tu
hijo acerca de estas emociones y poner una cruz cada vez que tu hijo sienta
alguna de ellas. Cuando él mismo reconozca la emoción que ha tenido
sin ayuda podrás recompensarle con un elogio, una golosina o con lo
que consideres oportuno.
Sé su mejor ejemplo
[Link]
Estamos en un mundo en el que se prima el trabajo en equipo. Hoy en día tener una carrera
brillante no te asegura nada. El éxito profesional y en la vida en general depende de la
gestión de las emociones, de cómo trabajes con las personas.
La empatía se educa, y un ejemplo claro de ello se da cuando un niño hace algo malo o
causa daño a alguien, en ese momento los padres pueden hacerle tres preguntas evitando así
dejar pasar el problema:
1. Cómo crees que se ha sentido el amigo al que has perjudicado.
2. Cómo te sentirías tú si te lo hubiera hecho él.
3. Qué puedes hacer para solucionarlo.
Con estas tres simples preguntas se puede educar al niño en la empatía y la sociabilidad, de
la misma forma que para la voluntad y la determinación hay que educarle en la
perseverancia. Normalmente, los niños cuando están estudiando un problema de
matemáticas, por ejemplo, enseguida se frustran cuando no consiguen la solución.
La ansiedad les puede y hace que dejen el ejercicio sin resolver, por lo que hay que
enseñarles a los niños que esa ansiedad se supera leyendo detenidamente el enunciado,
respirando profundamente durante unos segundos y cuando ellos vean que pueden volver a
enfrentarse al problema lo harán con éxito.
Si los padres consiguen que sus hijos compredan la importancia de ser perseverantes,
cuando la vida les ponga en dificultades sabrán que lo pasarán un poco mal al principio
pero que con constancia lograrán salir adelante.
Estamos en un mundo en el que se prima el trabajo en equipo. Hoy en día tener una carrera
brillante no te asegura nada. El éxito profesional y en la vida en general depende de la
gestión de las emociones, de cómo trabajes con las personas.
La empatía se educa, y un ejemplo claro de ello se da cuando un niño hace algo malo o
causa daño a alguien, en ese momento los padres pueden hacerle tres preguntas evitando así
dejar pasar el problema:
1. Cómo crees que se ha sentido el amigo al que has perjudicado.
2. Cómo te sentirías tú si te lo hubiera hecho él.
3. Qué puedes hacer para solucionarlo.
Con estas tres simples preguntas se puede educar al niño en la empatía y la sociabilidad, de
la misma forma que para la voluntad y la determinación hay que educarle en la
perseverancia. Normalmente, los niños cuando están estudiando un problema de
matemáticas, por ejemplo, enseguida se frustran cuando no consiguen la solución.
La ansiedad les puede y hace que dejen el ejercicio sin resolver, por lo que hay que
enseñarles a los niños que esa ansiedad se supera leyendo detenidamente el enunciado,
respirando profundamente durante unos segundos y cuando ellos vean que pueden volver a
enfrentarse al problema lo harán con éxito.
Si los padres consiguen que sus hijos compredan la importancia de ser perseverantes,
cuando la vida les ponga en dificultades sabrán que lo pasarán un poco mal al principio
pero que con constancia lograrán salir adelante.
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valores/
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La empatía es la capacidad de saber qué le pasa a la otra persona y de
comprender sus sentimientos. En el entorno del aula y en la vida, se trata de una
emoción básica para regular conflictos y aportar lo mejor de nosotros en la
convivencia. Hoy os proponemos cinco actividades básicas para trabajar la
empatía en el aula.
1. Soy otro. Empezamos trabajando en grupos. Esta es una actividad idónea
para los meses de invierno, que es cuando los alumnos llevan más ropa.
Cada niño escogerá el abrigo, la bufanda o los guantes de otro y se los
pondrá. En la piel de este otro, les pediremos que nos describan lo que
siente, qué sensaciones tienen y que nos hablen sobre qué saben de su
compañero/a. Es un buen momento para trabajar las diferencias, las
similitudes y los conflictos que puedan haber entre los alumnos, reforzando
actitudes de buena convivencia, respeto y tolerancia.
2. En tus zapatos. Se trata de una actividad muy
similar a la anterior, pero en este caso utilizaremos zapatos de otras
personas. Podemos pedirlos que los traigan de casa y que comprueben
cómo se camina con unos zapatos demasiado grandes o un poco
pequeños. Preguntémonos cómo creemos que se siente el resto, si los
conocemos bastante bien o si sabemos cuáles son sus preocupaciones. La
conversación puede dar muchos frutos.
Siguiendo con la línea de los zapatos, también podéis visionar este vídeo y
hacer una reflexión.
3. Una montaña de conflictos. Los conflictos en
el aula son habituales y absolutamente normales. Pero es necesario que
hagamos caso, pongamos solución y trabajemos para que no se vuelva a
producir. En esta actividad propondremos a los alumnos a escribir una
situación de conflicto que les haya generado malestar. Pondremos todos los
papeles en una caja y, a continuación, cada alumno sacará uno y lo leerá.
Lo que queremos conseguir con esta actividad es que los niños tomen
conciencia del malestar de los demás y aprendan a ponerse en la piel de
sus compañeros/as.
4. Y tu, ¿cómo eres? Ojead revistas y recortad aquellas imágenes que os
llamen más la atención. Para escapar de los estereotipos, estaría bien
escoger objetos con los cuales los niños se sientan identificados. A
continuación, y basándose en las imágenes que han escogido, los alumnos
nos hablarán de cuáles son sus ideas, creencias y percepciones. La
actividad nos ayudará a conocernos mejor entre nosotros y a fomentar una
actitud de respeto frente a nuestros compañeros/as, aunque nuestras
maneras de pensar sean muy diferentes.
5. Un cortometraje y un cuento. La última actividad que os proponemos
puede tener una duración de varias sesiones y os puede ayudar
muchísimo, si en el aula se está produciendo un caso parecido. Se trataría
de visionar el cortometraje El cazo de Lorenzo y leer el cuento en el que
está inspirado. Lorenzo siempre lleva encima un cazo que le hace la vida
muy difícil. Estos recursos os irán muy bien para describir a las personas
con dificultades y mostrar a los alumnos que la comprensión y la empatía
son el mejor camino a seguir.
[Link]
[Link]
empatia-y-la/70001397-c513-4939-a221-bb35a255ac04
[Link]
empatia-y-la/70001397-c513-4939-a221-bb35a255ac04
Blog de Asun Marrodán
Asun Marrodán, psicóloga especializada enPSICOLOGÍA PEDAGÓGICA, en educación, trabaja
desde hace años en un equipo de orientación psicopedagógica, dependiente de la Consejería
de Educación, Cultura y Turismo de La Rioja.
Actualmente dirije un equipo de orientación educativa y psicopedagógica formado por doce
personas que atendemos los colegios de La Rioja Baja. También ha estado dentro de las aulas,
dando clase, sobre todo al colectivo de niños y niñas con necesidades educativas especiales.
El blog le parece un espacio estupendo para volcar su experiencia, inquietudes, ideas ...
4. Blog de Antonio Esquivias
Antonio Esquivias, Director del primer título universitario dedicado a la inteligencia emocional en
España y dedicado intensamente a la implementación de la Educación Emocional en la escuela
habla en su blog sobre las emociones.
Cuadro que define las 4 grandes áreas de competencias
Este es un blog para hablar de emociones. Las emociones son el centro de nuestra intimidad, de lo
que nos es mas propio, de nuestra sensibilidad, de como entendemos, escuchamos, vemos y
olemos el mundo. Nuestro mundo, de cómo nos relacionamos. Las emociones son la mejor guía
para nuestras respuestas y nuestras estrategias como personas.
Las emociones están también en el centro de multitud de investigaciones y de nuevos
planteamientos de la formación: su conexión con el cerebro y con nuestras reacciones, su
influencia en el comportamiento social, en nuestro funcionamiento en grupo y en equipo, su
influencia en nuestros aprendizajes, en nuestra memoria…
Cuadro completo que abarca todo el territorio de la Inteligencia Emocional en sus aspectos
intra e interpersonal.
Las emociones aparecen por todos partes en el cambio de paradigma global que vivimos en este
siglo XXI. De este interés por las emociones se va a nutrir este blog, con la confianza de que
ayudar a que las emociones recuperen su verdadero lugar es la mejor contribución para hacer
nuestro mundo personal y el mundo global en que vivimos más humano.
El pasado viernes pudimos disfrutar en ExpoCampus de la charla impartida por Punset en la
que habló de la importancia de la intuición y la empatía en la sociedad.
El futuro que tenemos ante nosotros es multidisciplinar y lo mejor es empatizar con las emociones de los
demás.
Fuente de imagen: Necesito de todos
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Tipo de recurso,
Infantil,
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Publicado el 04.11.2014
Se respeta la licencia original del recurso.