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Alegoría Del Tiempo

La novela Fabla salvaje de César Vallejo explora el trastorno psicológico del personaje Balta a través de su incapacidad para reconocerse en un espejo y su deterioro de la relación con su esposa Adelaida, lo que puede deberse al paso del tiempo y la dificultad de aceptar los cambios en su identidad y situación familiar.
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Alegoría Del Tiempo

La novela Fabla salvaje de César Vallejo explora el trastorno psicológico del personaje Balta a través de su incapacidad para reconocerse en un espejo y su deterioro de la relación con su esposa Adelaida, lo que puede deberse al paso del tiempo y la dificultad de aceptar los cambios en su identidad y situación familiar.
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La alegoría del tiempo en Fabla salvaje, de César Vallejo

La lectura de la novela Fabla salvaje, de César Vallejo, ha generado


interpretaciones diversas por su carácter ambiguo. Se desarrolla en ella una trama con
implicancias psicológicas para el personaje principal, lo que se lleva a cabo en un
escenario andino, poniendo en contraste conceptos propios de occidente con elementos
regionales del Perú. Hay enfoques que, por un lado, consideran que lo principal es lo que
concierne al psicoanálisis, con una identidad que se desdobla y trae consecuencias al
mundo representado a partir de la esquizofrenia. Otros, en cambio, se concentran en la
importancia de la cosmovisión andina, en cómo estructura las relaciones entre los
personajes y su eventual ruptura. Ambos aspectos son importantes para el análisis, sin
duda, pero confiar demasiado en esas bases teóricas puede imposibilitar el acercamiento
mediante otros puntos de vista. Con eso en mente, sin rechazar los aportes que cada
lectura ofrece, se propone una visión alternativa sobre la trama, una que no reduce el
proyecto de la novela al modo en el que se acomoda a las herramientas de análisis, sino
que busca llevarla a instancias de lo universal. Es así que la historia de Balta y lo que le
ocurre no es tan lejana como puede parecer en un primer momento, y su trastorno puede
no resultar tan extraño, sino más bien representa un problema propio de la condición
humana. Para ello, el aspecto principal de la novela, entendido como la locura, puede ser
reemplazado por otro, uno que compete al hombre y no solo a un caso específico: el
tiempo.

El relato se elabora a partir de la relación entre los dos personajes principales:


Balta y su esposa Adelaida. La relación entre ambos es positiva al inicio, pero se
resquebraja a partir de los cambios que se producen en Balta, cuyo trastorno es el eje
central de la novela. Esto empieza cuando Balta se mira en un espejo y este se rompe, lo
que le genera intranquilidad: «Balta quedóse pálido y temblando. Sobresaltado volvió
rápidamente la cara atrás y a todos lados, como si su estremecimiento hubiérase debido a
la sorpresa de sentir a alguien agitarse en torno suyo. A nadie descubrió.» (p. 7). En
primer lugar, se trata de una inseguridad con respecto a la imagen que ve en el espejo,
sospechando que ha visto a alguien más, y el mal augurio se completa con la ruptura del

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mismo, señal de mala fortuna en cuya interpretación coincide Adelaida. La importancia de
estos presagios es algo que analiza Macedonio Villafán Broncano (2014): «En la relación
hombre-naturaleza dentro de la cultura andina son importantes las señales. (…) Así,
cuando Balta rompe el espejo, los presagios de una desgracia llenan de temores a la
pareja. (…) Luego, la gallina canta y nuevamente los presagios de desgracia se refuerzan.
(…) el narrador hace notar que el potro de Balta también relincha medrosamente; es decir,
los animales se suman al coro del mal presagio.» Todos estos elementos hacen que la
pareja esté predispuesta a la desgracia, y aumenta para Balta el pesar de lo situación que
atraviesa, asediado por aquella imagen conflictiva en el espejo que no puede comprender.
Algunos hablan de la figura del “doble”, en la percepción de Balta de tener a alguien más
en el reflejo, pero habría que precisar cómo funciona la categoría.

Al revisar lo que sucede con el protagonista, se puede ver que el espejo cumple
una función central en su desbalance, y es aquello a lo que Balta asocia su cambio. La
figura del espejo es una fundamental en la teoría psicoanalítica de Jacques Lacan, y sin
pretender que lo presentado en la novela encaje por completo con los conceptos
lacanianos, estos pueden aportar un punto de vista interesante en lo que concierne a la
identidad. En lo que Lacan llama el “estadio del espejo”, se explica que un niño, al ver su
imagen reflejada, puede construir una identidad propia a partir de la identificación de un
“otro”, que sería su reflejo, el cual luego se convierte en el “yo”. Este proceso, en realidad,
es bastante problemático, ya que implica un proyección personal fuera de uno mismo.
Dylan Evans (2007), en su síntesis de los planteamientos de Lacan, explica: «El yo es una
construcción que se forma por identificación con la imagen especular del estadio del
espejo. Es entonces el lugar donde el sujeto se aliena de sí mismo, transformándose en el
semejante. Esta alienación sobre la cual se basa el yo es estructuralmente similar a la
paranoia, razón por la cual Lacan escribe que el yo tiene una estructura paranoica.» Lo
que se dice es que la construcción de la identidad es un proceso que trae dificultades, y
que su resultado, la identidad o la noción del “yo”, es una formación imaginaria, algo de lo
que cada persona se convence a sí misma. Lo otro que es relevante para el análisis de
Fabla salvaje es la idea de una “rivalidad” entre la persona y su propia imagen, «porque la
completud de la imagen amenaza al sujeto con la fragmentación; el estadio del espejo
suscita de tal modo una tensión agresiva entre el sujeto y la imagen. (...) Para resolver
esta tensión agresiva, el sujeto se identifica con la imagen; esta identificación primaria con
lo semejante es lo que da forma al yo.» En resumen, la primera reacción de un hombre

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ante su reflejo sería la agresividad, el rechazo, pero esto se resuelve con la decisión de
aceptar aquella imagen como la de uno mismo, haciéndola parte del yo. En esos términos,
lo que sucede con Balta es que la imagen en el espejo deja de representarlo a él, o él ya
no se encuentra en esa imagen, y lo considera un otro. Lo que queda por analizar es el
motivo que lleva a Balta a no poder reconocerse.

La relación entre Balta y Adelaida representa el tono de la novela en su desarrollo,


en las fases de estabilidad e inestabilidad. Con la decadencia de su relación se muestra el
deterioro de la condición de Balta, quien tiene en su esposa su único apoyo moral, el cual
termina rechazando. Villafán Broncano menciona algunos aspectos que profundizan la
importancia real de la relación para Balta, quien en su rechazo prácticamente renuncia a
todo lo que le sirve de arraigo, pues «Adelaida es el único ser que tiene en esta vida; es el
último cordón umbilical que lo conecta a la existencia». Esto se da, en primer lugar, por el
hecho de que Balta es huérfano de ambos padres, y que su hermana se encuentra lejos,
así que no la ve regularmente. Contrasta esta realidad con la de Adelaida, quien sí tiene a
su familia cerca, quienes incluso participan en la historia. Por otro lado, la soledad de
Balta puede verse también en su actividad campesina: «Balta trabaja solo; y esto,
probablemente porque no puede pagar ayuda o por las condiciones fijadas por el
partidario. Eso también lo hace un solitario en el trabajo. (…) No hay pues un ayllu, una
comunidad, ni siquiera un grupo de trabajadores con quienes hacer un trabajo socializado,
apoyarse, dialogar, hacerse bromas, etc.» Según la cosmovisión andina, la vida en
comunidad es muy importante por todos los puntos ya señalados, y la soledad es
sinónimo de problemas, de marginación, de un desequilibrio. Con ello se puede decir que
la inestabilidad personal de Balta antecede a lo que ocurre con el espejo, y esta situación
no hace otra cosa que intensificarla. La aparente felicidad al lado de Adelaida ya traía
consigo algunos problemas, invisibles para ambos, pero que se hacen evidentes cuando
se llega al punto representado en la novela.

El otro elemento de gran importancia en la relación entre Balta y Adelaida es el


embarazo, la idea de que serán padres. La noticia es recibida por ambos con alegría, con
el entusiasmo que les produce el tener a su primer hijo, pero pronto esto afecta a Balta de
otro modo. Cuando su mujer le dice que posiblemente se encuentra embarazada desde
julio, él reacciona de la siguiente manera: «"Desde Julio.. .", pensó. Y entonces recordó,
después de largo tiempo, la visión intempestiva que, como en sueños, tuvo en el espejo,

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aquella lejana tarde de Julio, y la ruptura del espejo, por el estupor de esa visión. "Extraña
coincidencia –se dijo en la parva–, bien extraña.. ." Un misterioso y atroz presentimiento
sopló en sus venas un largo calofrío.» (p. 19). Es de notar que esta mención de Adelaida
es lo que le recuerda a Balta aquel episodio del espejo, del cual se había olvidado hasta
ese momento. De ahí que en algunos análisis se postule la idea de un complejo edípico,
con el hijo y el padre compitiendo por el amor de la madre, como la principal causa de la
crisis en la novela. El artículo de Villafán Broncano se escribe como respuesta a esa
lectura: «Desde una óptica edípica, Balta sería pues el objeto del complejo como padre
victimado por el hijo. Pero los signos acerca de su pasado que están en el propio relato no
apuntan precisamente a traumas o complejos edípicos; lo que hay en él es un trauma de
orfandad.» El hijo en sí mismo no sería el motivo del trauma que sufre Balta, porque la
noticia de su llegada es en principio alegre. En todo caso, lo que incomoda a Balta es la
idea de que alguien más pueda ser el padre de ese hijo, porque la aparición de ese otro
en el espejo coincide con el momento en el que Adelaida quedó embarazada. Esto es lo
que motiva los celos de Balta, quien al final está convencido de que Adelaida le ha sido
infiel y la abandona.

Si hay que determinar un factor que explique el trastorno de Balta con respecto a
su imagen en el espejo y a su relación con Adelaida, tendría que ser el paso del tiempo.
En cuanto a lo primero, lo que sucede con él en el espejo, ese no reconocimiento, es en
realidad producto de un contraste entre la imagen que él tiene de sí mismo y la que ve
reflejada. Balta recuerda la imagen que creó de sí, y el problema está en que ya no es
quien solía ser, lo que es un efecto del devenir. Cuando no se reconoce, y cree ver en el
espejo a alguien que no es él, reacciona violentamente, deseando negar ese cambio,
buscando tal vez recuperar aquello que alguna vez fue, pero esto no es posible. El paso
del tiempo también explica el desequilibrio general en su vida, porque ya se ha visto que
arrastra problemas como la orfandad y el aislamiento social, los cuales no se habían
manifestado por completo hasta ese momento. Es con el paso del tiempo que esas
circunstancias se intensifican, y eventualmente llegan a un punto en el que ya no pueden
ser ignoradas. El no reconocimiento en el espejo es también representación de haber
abandonado un estadio en su vida en el que se sentía seguro de sí mismo, pues su
situación actual le genera dudas. Por último, su relación con Adelaida se deteriora muy
rápidamente, consecuencia del conflicto interno de Balta, pero esa decadencia podría
también ser una manifestación (evidentemente hiperbólica) de cómo el paso del tiempo

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puede afectar a las relaciones de pareja. Balta añora un pasado que se le ha escapado de
las manos, el cual mantiene vivo con la imagen de sí mismo que aún conserva, pero la
que ya no tiene manifestación física, porque el espejo le devuelve otra muy distinta.

Desdoblamiento o duplicación extraordinaria y fantástica, morbosa acaso, de la


sensibilidad salvaje, plena de prístinos poros receptivos de aquel cholo, en quien,
aquel día bárbaro de altura y de revelación, la línea horizontal que iba desde el
punto de intersección de sus dos cejas, desde el vértice del ángulo que forman
ambos ojos en la visión, hasta el eje de lo invisible y desconocido, se rajó de largo
a largo, y una de esas mitades separándose fue de la otra, por una fuerza
enigmática pero real, hasta erguirse perpendicularmente a la anterior, echarse
atrás, como si alcanzase la más alta soberana y adquiriese voz de mando, caer por
último a sus espaldas, empalmarse a la horizontalidad de la otra mitad, y formar
con ella, como un radio con otro, un nuevo diámetro de humana sabiduría, sobre el
eterno misterio del tiempo y del espacio. . . (p. 35)

La novela de Vallejo no habla de un caso aislado de locura, de una esquizofrenia


con la que el lector deba sentirse extrañado, o de una ligazón de esta con lo fantástico. En
realidad, la historia podría comentar los estragos del paso del tiempo, de la no adaptación
de una persona a las circunstancias que va enfrentando. Balta sufre por no comprender
que el tiempo ha pasado y que ya no puede ser la misma persona, por mucho que lo
desee. El no reconocerse en ese nuevo estadio arrastra a las personas a su alrededor, en
este caso Adelaida y su hijo, e impide el desarrollo personal. Más allá de la anécdota, se
presenta una reflexión sobre el devenir, y cómo la locura es una amenaza para el hombre
incapaz de asumir su condición cambiante.

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Bibliografía

Evans, D. (2007). Diccionario introductorio de psicoanálisis lacaniano. Buenos Aires:


Paidós.
Vallejo, C. (1965). Fabla salvaje. Lima: Labor.
Villafán Broncano, M. (2014). “Fabla salvaje, de César Vallejo: más acá del complejo
edípico”. En Flores Heredia, G. (edit.), Vallejo 2014. Actas del Congreso
Internacional Vallejo Siempre, Tomo I, p. 375 -400. Lima: Cátedra Vallejo.

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