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Chisme

El documento contrasta el chisme y la calumnia, señalando que el chisme puede ser más o menos inofensivo pero la calumnia siempre causa daño. Explica que el chisme revela información sobre otros sin su consentimiento mientras que la calumnia implica hacer acusaciones falsas con intención de dañar la reputación de alguien. Advierte que una vez que las palabras son dichas, es imposible recuperarlas o deshacer el daño, como en el cuento del sabio y las plumas sueltas al viento.

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Chisme

El documento contrasta el chisme y la calumnia, señalando que el chisme puede ser más o menos inofensivo pero la calumnia siempre causa daño. Explica que el chisme revela información sobre otros sin su consentimiento mientras que la calumnia implica hacer acusaciones falsas con intención de dañar la reputación de alguien. Advierte que una vez que las palabras son dichas, es imposible recuperarlas o deshacer el daño, como en el cuento del sabio y las plumas sueltas al viento.

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Perspicacia volumen 1, págs 472, 473:

CHISME, CALUMNIA
Chismear es charlar ociosamente de cosas que atañen a otros; esparcir rumores infundados. Calumniar es
difamar, por lo general con malicia, sea verbalmente o por escrito.

Aunque el charlar ociosamente no siempre es malo ni perjudicial, puede llegar a serlo. A veces puede tratarse de
un elogio o sencillamente de referir algo que carece de trascendencia y no es censurable sobre otros por
considerarlo de interés. Sin embargo, es fácil deslizarse hacia el habla hiriente o importuna. Las Escrituras
aconsejan que se evite el habla ociosa, pues indican que la lengua es difícil de domar y que se “constituye un
mundo de injusticia entre nuestros miembros, porque mancha todo el cuerpo y enciende en llamas la rueda de
la vida natural”. Su destructividad se enfatiza aún más en las siguientes palabras del mismo escritor: “Y es
encendida en llamas por el Gehena”. (Snt 3:6.) El peligro de hablar ociosamente o a la ligera se recalca muchas
veces. Este tipo de habla se relaciona con la estupidez o tontedad (Pr 15:2); es un lazo y puede acarrear ruina al
que la practica. (Pr 13:3; 18:7.) “En la abundancia de palabras no deja de haber transgresión”, advierte el
proverbio, y añade que el tener refrenados los labios es un acto discreto. (Pr 10:19.) Otra advertencia contra el
habla irreflexiva, a la ligera u ociosa es: “El que guarda su boca y su lengua, guarda su alma de las angustias”. (Pr
21:23.)
“De la abundancia del corazón habla la boca”, dijo Jesucristo. (Mt 12:34.) Por consiguiente, el tema habitual de
la conversación de una persona indica aquello en lo que tiene puesto su corazón. Las Escrituras nos instan a
salvaguardar el corazón y a pensar y hablar de aquello que es verdadero, serio, justo, casto, amable, de buena
reputación, virtuoso y digno de alabanza. (Pr 4:23; Flp 4:8.) Jesucristo dijo: “Lo que procede de la boca, eso es lo
que contamina al hombre”, y entre las cosas que proceden de la boca, pero que en realidad salen del corazón,
dijo que se contaban los “razonamientos inicuos” y los “testimonios falsos”. (Mt 15:11, 19.)
El chisme puede llevar a la práctica desastrosa de la calumnia. La sabiduría de las palabras de Eclesiastés 10:12-
14 es obvia: “Los labios del estúpido se tragan a este. El comienzo de las palabras de su boca es tontedad, y el
fin de su boca, posteriormente, es locura calamitosa. Y el tonto habla muchas palabras”.
El chisme es habla que revela algunos hechos o asuntos de otras personas. Puede ser un rumor infundado,
incluso una mentira, y la persona que lo extiende, aunque no sea consciente de la falsedad del rumor, se hace
responsable de propagar una mentira. Puede que el chismoso hable de las faltas o errores de alguien, pero
incluso en el caso de que lo que diga sea verdadero, está haciendo lo que no debe y demostrando falta de amor.
El proverbio dice: “El que encubre la transgresión busca amor, y el que sigue hablando de un asunto separa a los
que se han familiarizado entre sí”. (Pr 17:9.)
El apóstol Pablo asesoró con firmeza al superintendente Timoteo con relación a la conducta de las viudas jóvenes
que no tenían una casa que cuidar y que no se mantenían ocupadas en ministrar a otros. Dijo: “También
aprenden a estar desocupadas, andorreando por las casas; sí, no solo a estar desocupadas, sino también a ser
chismosas y entremetidas en asuntos ajenos, hablando de cosas que no debieran”. (1Ti 5:13.) Dicha conducta era
escandalosa. El mismo apóstol dijo de algunos cristianos de la congregación de Tesalónica: “Están andando
desordenadamente entre ustedes, y no hacen ningún trabajo, sino que se entremeten en lo que no les atañe”.
(2Te 3:11.) El apóstol Pedro menciona al “entremetido en asuntos ajenos” junto a personas tan reprobables como
el asesino, el ladrón y el malhechor. (1Pe 4:15.)
Por otra parte, informar de situaciones que afectan a la congregación a los que tienen la autoridad y
responsabilidad de supervisar y corregir los asuntos no se consideraría chismear ni calumniar, ni tampoco sería
impropio. Prueba de ello es el registro bíblico sobre la congregación cristiana de la antigua Corinto. Las
disensiones y el rendir honra indebida a hombres estaban creando actitudes sectarias y acabando con la unidad
de la congregación. Algunos miembros de la casa de Cloe, conscientes de esta situación y preocupados por el
bienestar espiritual de la congregación, la pusieron en conocimiento del apóstol Pablo, quien actuó con rapidez
desde Éfeso escribiendo consejo correctivo a la congregación. (1Co 1:11.)
¿Qué diferencia hay entre el chisme y la calumnia?
Mientras que el chisme puede ser más o menos inofensivo (aunque puede convertirse en calumnia o conducir a
ella), la calumnia siempre es perjudicial y causa daño y contienda. Sea que el calumniador lo haga con un motivo
malicioso o no, se coloca en una mala posición ante Dios, pues “cualquiera que envía contiendas entre hermanos”
practica una de las cosas que Dios odia. (Pr 6:16-19.) La palabra griega para “calumniador” o “acusador”
es di·á·bo·los. Ese término también se usa en la Biblia como título de Satanás, “el Diablo”, el gran calumniador de
Dios (Jn 8:44; Rev 12:9, 10; Gé 3:2-5), con lo que se indica quién fue el originador de la calumnia, este tipo de
acusación difamatoria.
La calumnia constituye un tropiezo para otros, en particular para aquel a quien se calumnia. La ley dada por Dios
a Israel mandaba: “No debes andar entre tu pueblo con el fin de calumniar. No debes ponerte de pie contra la
sangre de tu prójimo”. (Le 19:16.) Estas palabras ponen de relieve la seriedad de la calumnia, pues muestran que
en algunos casos las acusaciones falsas pueden llevar a la ejecución. Muchas veces el testimonio de testigos
falsos ha conducido a la muerte de personas inocentes. (1Re 21:8-13; Mt 26:59, 60.)
En ocasiones, el calumniador se deleita en revelar asuntos confidenciales a aquellos que no tienen ningún
derecho de conocerlos. (Pr 11:13.) El calumniador deriva placer de revelar cosas que causan sensación, pero el
que le escucha también es culpable y se perjudica a sí mismo. (Pr 20:19; 26:22.) Un comentario difamatorio de
un calumniador podría apartar a una persona de sus amigos y provocar enemistades y divisiones. (Pr 16:28.)
En las Escrituras se predice que la notable presencia de los calumniadores sería una de las señales de los “últimos
días”. (2Ti 3:1-3.) Si se encuentran tales personas, sean hombres o mujeres, en el pueblo de Dios, los que ocupan
puestos de responsabilidad en la congregación cristiana han de censurarlas y corregirlas. (1Ti 3:11; Tit 2:1-5; 3Jn
9, 10.) La calumnia causa contienda (Pr 16:28), y por esa razón produce ciertas “obras de la carne” (como odios,
contiendas y divisiones), obras que impiden que el calumniador y los que se dejen llevar por él hereden el reino
de Dios. (Gál 5:19-21.) Aunque el calumniador puede ser astuto y engañoso, su maldad se descubrirá en la
congregación. (Pr 26:20-26.) Jesús descubrió al calumniador Judas (Jn 6:70) ante sus apóstoles y lo despidió. Lo
que más tarde tuvo lugar llevó a la destrucción de Judas. (Mt 26:20-25; Jn 13:21-27; 17:12.)
Una forma de calumnia es la injuria, y el que la practica merece ser cortado de la congregación cristiana, pues
en las Escrituras se juzga indignos de la vida a los injuriadores. (1Co 5:11; 6:9, 10.) La calumnia y la injuria suelen
estar relacionadas con la rebelión contra Dios o contra aquellos que Él ha constituido debidamente y nombrado
para dirigir la congregación de su pueblo. Este fue el caso de Coré y los que estaban con él, que se rebelaron
contra el orden teocrático y calumniaron a Moisés y Aarón. (Nú 16:1-3, 12-14.) Judas llama la atención a estos
rebeldes y al final que tuvieron, cuando advierte a los cristianos que no practiquen el habla injuriosa ni la
murmuración ni la queja, y que tampoco hablen “cosas hinchadas”. (Jud 10, 11, 14-16.)

W11 15/7 Págs 15-19:

Plumas al viento

Hay un antiguo cuento judío que ilustra los tristes efectos de los chismes. Aunque existen diversas versiones,
todas vienen a decir lo siguiente:

Había una vez un hombre que estuvo contando mentiras acerca del sabio del pueblo. Con el tiempo, aquel
chismoso se dio cuenta de que había actuado mal. Fue a pedirle perdón al sabio y le preguntó cómo podía
corregir el error. El sabio le pidió una sola cosa: tenía que agarrar una almohada, abrirla con un cuchillo y esparcir
al viento las plumas que tenía dentro. El chismoso se quedó extrañado, pero decidió complacerle. Luego volvió
a ver al sabio y le preguntó:

—¿Ya estoy perdonado?

—Primero tienes que ir a recoger todas las plumas —respondió el sabio.

—¡Pero eso es imposible! El viento ya las ha dispersado —protestó el chismoso.

—Pues igual de imposible es deshacer el daño que has causado con tus palabras —concluyó el sabio.

La lección no puede estar más clara: una vez que dejamos salir las palabras, no podemos recuperarlas, y a
menudo nos resulta imposible arreglar el daño que causan. Por eso, antes de contar cualquier cosa sobre alguien,
recordemos que estamos a punto de soltar plumas al viento.

W02 15/11 Págs 14-19

Evitemos la calumnia
15. ¿En qué se diferencia el chisme de la calumnia?

15
En vista de que murmurar puede llevarnos al chisme dañino, hemos de vigilar lo que decimos. Los chismes son
habladurías sobre la gente y sus asuntos. La calumnia, por otro lado, consiste en una acusación falsa que se hace
contra alguien para dañar su reputación. Tal forma de hablar es maliciosa e impía. Por eso, Dios les dijo a los
israelitas: “No debes andar entre tu pueblo con el fin de calumniar” (Levítico 19:16).

16. ¿Qué dijo Pablo sobre ciertas personas chismosas, y a qué deberían impelernos sus consejos?

16
Dado que las habladurías pueden llevarnos a la calumnia, el apóstol Pablo corrigió a ciertos chismosos. Tras
mencionar a viudas que llenaban los requisitos para recibir asistencia de parte de la congregación, se refirió a
otras que habían aprendido a “estar desocupadas, andorreando por las casas; sí, no solo a estar desocupadas,
sino también a ser chismosas y entremetidas en asuntos ajenos, hablando de cosas que no debieran” (1 Timoteo
5:11-15). Si alguna cristiana reconoce que siente debilidad por hablar de una manera que pudiera caer en la
calumnia, hará bien en obedecer el consejo de Pablo de ser ‘seria, no calumniadora’ (1 Timoteo 3:11). Huelga
decir que los varones cristianos también tienen que evitar el chisme (Proverbios 10:19).

Perspicacia it 1 págs. 472, 473.

¿Qué diferencia hay entre el chisme y la calumnia?


Mientras que el chisme puede ser más o menos inofensivo (aunque puede convertirse en calumnia o conducir a
ella), la calumnia siempre es perjudicial y causa daño y contienda. Sea que el calumniador lo haga con un motivo
malicioso o no, se coloca en una mala posición ante Dios, pues “cualquiera que envía contiendas entre hermanos”
practica una de las cosas que Dios odia. (Pr 6:16-19.) La palabra griega para “calumniador” o “acusador”
es di·á·bo·los. Ese término también se usa en la Biblia como título de Satanás, “el Diablo”, el gran calumniador de
Dios (Jn 8:44; Rev 12:9, 10; Gé 3:2-5), con lo que se indica quién fue el originador de la calumnia, este tipo de
acusación difamatoria.
La calumnia constituye un tropiezo para otros, en particular para aquel a quien se calumnia. La ley dada por Dios
a Israel mandaba: “No debes andar entre tu pueblo con el fin de calumniar. No debes ponerte de pie contra la
sangre de tu prójimo”. (Le 19:16.) Estas palabras ponen de relieve la seriedad de la calumnia, pues muestran que
en algunos casos las acusaciones falsas pueden llevar a la ejecución. Muchas veces el testimonio de testigos
falsos ha conducido a la muerte de personas inocentes. (1Re 21:8-13; Mt 26:59, 60.)
En ocasiones, el calumniador se deleita en revelar asuntos confidenciales a aquellos que no tienen ningún
derecho de conocerlos. (Pr 11:13.) El calumniador deriva placer de revelar cosas que causan sensación, pero el
que le escucha también es culpable y se perjudica a sí mismo. (Pr 20:19; 26:22.) Un comentario difamatorio de
un calumniador podría apartar a una persona de sus amigos y provocar enemistades y divisiones. (Pr 16:28.)
En las Escrituras se predice que la notable presencia de los calumniadores sería una de las señales de los “últimos
días”. (2Ti 3:1-3.) Si se encuentran tales personas, sean hombres o mujeres, en el pueblo de Dios, los que ocupan
puestos de responsabilidad en la congregación cristiana han de censurarlas y corregirlas. (1Ti 3:11; Tit 2:1-5; 3Jn
9, 10.) La calumnia causa contienda (Pr 16:28), y por esa razón produce ciertas “obras de la carne” (como odios,
contiendas y divisiones), obras que impiden que el calumniador y los que se dejen llevar por él hereden el reino
de Dios. (Gál 5:19-21.) Aunque el calumniador puede ser astuto y engañoso, su maldad se descubrirá en la
congregación. (Pr 26:20-26.) Jesús descubrió al calumniador Judas (Jn 6:70) ante sus apóstoles y lo despidió. Lo
que más tarde tuvo lugar llevó a la destrucción de Judas. (Mt 26:20-25; Jn 13:21-27; 17:12.)
Una forma de calumnia es la injuria, y el que la practica merece ser cortado de la congregación cristiana, pues
en las Escrituras se juzga indignos de la vida a los injuriadores. (1Co 5:11; 6:9, 10.) La calumnia y la injuria suelen
estar relacionadas con la rebelión contra Dios o contra aquellos que Él ha constituido debidamente y nombrado
para dirigir la congregación de su pueblo. Este fue el caso de Coré y los que estaban con él, que se rebelaron
contra el orden teocrático y calumniaron a Moisés y Aarón. (Nú 16:1-3, 12-14.) Judas llama la atención a estos
rebeldes y al final que tuvieron, cuando advierte a los cristianos que no practiquen el habla injuriosa ni la
murmuración ni la queja, y que tampoco hablen “cosas hinchadas”. (Jud 10, 11, 14-16.)

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