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Antropología del parentesco y la familia

La antropología ha contribuido a cuestionar la universalidad y naturalidad de la familia occidental, demostrando que las formas de parentesco están ligadas a cada cultura. Los estudios antropológicos han mostrado que no hay nada natural en cómo las sociedades organizan los sistemas de parentesco y que los elementos biológicos como la sangre son símbolos culturales y no procesos naturales. La antropología continúa expandiendo el estudio del parentesco y cuestionando la idea de que la familia es una unidad funcional e inmutable.

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Antropología del parentesco y la familia

La antropología ha contribuido a cuestionar la universalidad y naturalidad de la familia occidental, demostrando que las formas de parentesco están ligadas a cada cultura. Los estudios antropológicos han mostrado que no hay nada natural en cómo las sociedades organizan los sistemas de parentesco y que los elementos biológicos como la sangre son símbolos culturales y no procesos naturales. La antropología continúa expandiendo el estudio del parentesco y cuestionando la idea de que la familia es una unidad funcional e inmutable.

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Un vasto campo de estudios: la familia y el parentesco en la perspectiva antropológica

Parentesto y familia son, posiblemente, una de las formas de relaciones sociales más
naturalizadas en cualquier grupo humano. Son la savia de la vida social. La perspectiva
antropológica ha contribuido desde sus inicios tanto a cuestionar la universalidad y los valores
morales de la forma occidental de la familia, como a demostrar que la forma que esta adquiere
está ligada a contextos y formas de significación singulares de cada pueblo y cultura.

Proponemos recuperar desarrollos conceptuales respecto del parentesco y la familia. La


antropología pudo demostrar que no hay nada natural en las formas en que las diferentes
sociedades, los pueblos y grupos sociales organizan sus sistemas de parentesco. Así, hasta
mediados del siglo XX, el mayor interés de los teóricos del parentesco fue el de correlacionar los
sistemas de parentesco con la organización social.

En aquellos momentos iniciales de la disciplina, el interés por las relaciones y los sistemas de
parentesco se relacionaba con el afán de conocer y comprender las normas y las reglas de la vida
social. En muchas sociedades no estatales y sin un aparato de gobierno, los antropólogos
postularon que el parentesco cumplía funciones políticas.

Estas teorías presentaban concepciones diferentes acerca de la estructura social; la primera


privilegia el análisis de los grupos de descendencia y la transmisión de herencia, estatus y
privilegios, y la segunda, privilegia el matrimonio como forma de alianza. Presentan modelos
analíticos diferentes, puesto que desde la teoría de la filiación se planteaba la necesidad de
analizar la relación entre normas y comportamiento, es decir, comprender y describir
empíricamente las diferentes conductas y actitudes de personas y grupos en relación con las
reglas del parentesco, mientras que la teoría de la alianza planteaba que estudiando el parentesco,
en tanto sistema de signos, se podía acceder a las estructuras elementales y universales comunes
al espíritu humano.

Las etnografías clásicas sobre diferentes pueblos permitieron establecer que, si bien en todas
partes un nacimiento es un hecho biológico, este dato biológico es reinterpretado y traducido por
cada grupo social de acuerdo con su propio sistema de significación. El estudio de la terminología
de parentesco (modo de designar y apelar a los parientes) permitió demostrar que nuestra forma
de clasificar a los individuos en las categorías de semejante y diferente sólo consiste en una entre
otras.

Cuanto más preciso es el término empleado, más se circunscribe la clase de personas que define:
por ejemplo, madre y padre. Cada uno, una sola persona. No así tío/a y abuelo/a, que designa a
dos personas diferentes. No todas las sociedades utilizan la misma terminología ni clasificación. En
otras, en cambio, rige un principio de identidad sexual de parientes colaterales: las hermanas de la
madre son madres, los hermanos del padre son padres pero los hermanos de la madre y las
hermanadas del padre son tíos y tías.
Según Esther Godoy, se pueden distinguir cinco grupos de funciones que conciernen a la
parentalidad: concebir o engendrar, criar, alimentar y proteger; instruir, formar y educar;
considerarse responsable de lo que hace un niño, ser su garante ante los otros y dotar al niño,
cuando nace, de un estatus, de derechos, tanto en el marco de las relaciones de parentesco como
de otras relaciones sociales. De estas cinco funciones, en general, la primera y la última
predominan sobre las otras.

Así, en muchas sociedades, se distingue entre genitor y pater. Y en otras (los Nuer), sociedad
patrilineal, se practibaba el matrimonio fantasma: esto es, si un hombre muere sin dejar
descendencia, un pariente próximo selecciona de los bienes del difunto la parte necesaria para la
compensación matrimonial con el fin de obtener una esposa y procrear en nombre del difunto.
Otras sociedades distinguen entre genitrix y mater. La genitrix-progenitora biológica- no es la
madre social del niño. Incluso hay distintas madres, cronológicamente, que conviven.

Los estudios antropológicos no sólo han demostrado que el parentesco es un hecho


esencialmente social, sino también que las diferentes funciones que en nuestras sociedades se
encuentran superpuestas y concatenadas, en muchas otras sociedades se encuentran disociadas y
combinadas de manera diferente.

Los antropólogos continúan cuestionando la idea de la naturalidad de la familia. A partir de sus


exámenes críticos, Schneider planteóo que la fórmula clásica “la sangre es más espesa que el
agua” se trata de un axioma válido sólo para nuestras sociedades occidentales. Para la
antropología clásica, todos los sistemas de parentesco estaban basados en el reconocimiento de
una comunidad de sangre a través de la procreación. De allí que a partir de las revisiones críticas
de los estudios del parentesco también se haya comenzado a revisar la dicotomía naturaleza-
cultura.

Para los antropólogos actuales, los elementos biológicos del parentesco –esa relación basada en
la sangre- son considerados en tanto símbolos cuyo referente no es la biología entendida como un
proceso natural ni tampoco la reproducción humana, sino que son entendidos como elementos
que participan en la contrucción cultural de lazos, no tan sólo biogenéticos, sino sociales.

Si en nuestra cultura el semen o la sangre del acto sexual se consideran vectores de sustancia
compartida entre padres e hijos, hay otros pueblos que conciben el acto de amamantar, de
compartir comida o de producir alimentos como conexiones igual o màs fuertes. Se inaugura una
nueva línea de estudios que propone tomar el parentesco como social y no como la idea de
universalidad de familia. Malinowski afirma con un rasgo eurocéntrico que la familia tiene por
función el cuidado y la crianza de los niños.

La antropología feminista postulará que es necesario analizar a la familia no como una unidad
funcional, sino como una unidad ideológica que debe comprenderse en relación a los valores
morales de una sociedad. La familia dista de ser homogénea o inmutable. Tampoco es un espacio
íntimo escindido de lo público, ya que el Estado a través de sus políticas favorece a una
determinada forma de familia.
La antropología debe cuestionar la idea de la naturalidad de la familia, actualmente el campo de
estudios sobre el parentesco continúa en expansión y se basan en los constantes cambios sociales.
Estos nuevos desafíos originan debates y transformaciones, y demuestran que las dispuestas se
remiten al terreno de la política y la moral.

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