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Hongos y macrhongos en Guatemala

El documento resume los estudios de hongos realizados en Guatemala desde 1948 hasta la actualidad. Se han realizado inventarios de hongos, estudios etnomicológicos sobre el uso tradicional de hongos y estudios ecológicos. Se han reportado aproximadamente 220 especies de hongos en Guatemala. Los estudios se han enfocado principalmente en hongos comestibles, faltando más investigación ecológica.

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Hongos y macrhongos en Guatemala

El documento resume los estudios de hongos realizados en Guatemala desde 1948 hasta la actualidad. Se han realizado inventarios de hongos, estudios etnomicológicos sobre el uso tradicional de hongos y estudios ecológicos. Se han reportado aproximadamente 220 especies de hongos en Guatemala. Los estudios se han enfocado principalmente en hongos comestibles, faltando más investigación ecológica.

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Investigaciones de Hongos y macrhongos en Guatemala

Los estudios de hongos en Guatemala se clasifican en tres grupos: inventarios,


etnomicológicos y ecológicos.

La primera colecta de macrohongos del país fue realizada por Sharp en 1948. Este
autor citó diversas especies silvestres de venta en los mercados, como Amanita
caesarea, Cantharellus cibarius y Schizophyllum commune (Sharp, 1948). En 1964,
Lowy reportó 8 especies nuevas del orden Tremellales, así como un género nuevo
de la familia Tulasnellaceae (citado en Morales, 2005).

En 1983, Argueta reportó 27 géneros y 45especies para los municipios de


Mixto y San Juan Sacatepéquez (Argueta, 1983).

En1984, Sommerkamp publicó un trabajo sobre los macromicetos del


Biotopo Universitario“Lic. Mario Dary Rivera” para la conservación del Quetzal, en
Purulhá Baja Verapaz; reportando 51 géneros y 80 especies (Sommerkamp, 1984).

En 1988, Sommerkamp realizó el estudio “Hongos Comestibles en los


Mercados de Guatemala” apoyada por el Instituto de Investigaciones Químicas y
Biológicas –IIQB-. El trabajo de Sommerkamppermitió la estandarización de la
micoteca, enriquecimiento de la biblioteca de la Facultad de Ciencias Químicasy
Farmacia, producción de material gráfico y la creación de la línea para la micología
nacional. Sommerkamp encontró 21 especies comestibles pertenecientes a 17
géneros y 12 familias distintas (Sommerkamp, 1990).

En 1993, Aguilar realizó un estudio de macromicetos en la finca San Luis, en


Escuintla, reportando géneros como Auricularia, Trametes, Trichoptum,
Cantharellus, Pleurotus, Polyporus, Collybia, Hygrophoropsis, Dacryopinax,
Geastrum, Stereum, entre otros. (Aguilar, 1994).

En 1995, Fuentes realizó una caracterización de macromicetos en el Astillero


Municipal de San Pedro Sacatepéquez, San Marcos.

En este estudio se reportó 23 géneros y 12 nuevos registros para Guatemala


(Fuentes, 1996).
Rizzo, en 1999 reportó 28 géneros y 37 especies para el Parque
Arqueológico Tikal, Petén; de las cuales, 20 especies constituyeron nuevos
registros para Guatemala (Rizzo, 1999).

En el año 2000, Flores y Simonini, publicaron un artículo sobre Boletales de


Guatemala en el que se enlistó 9 especies pertenecientes a 6 géneros, nombrando
dos especies nuevas para la ciencia (Flores & Simonini, 2000). En el 2001, Márquez
realizó un estudio de macromicetos en la Finca Aprisco, en Totonicapán, donde
reportó 29 géneros y cinco nuevos registros para el país (Márquez, 2001).

ETNOMICOLOGÍA: se puede definir como un área de la etnobiología interesada en


el estudio de las interrelaciones del hombre con los hongos que se desarrollan en
su entorno, haciendo referencia a la influencia que estos organismos han tenido en
las expresiones culturales del hombre a través del tiempo y en diferentes regiones
geográficas. (Estrada, 1989). Los estudios etnomicológicos son los que más se han
realizado en Guatemala, especialmente en el área occidental del país.

En 1970, el Dr. Bernard Lowy de la Universidad de Louisiana publicó varios


artículos haciendo referencia a las piedras hongo2, que habían sido descritas
previamente por Sapper en 1898 y por Borhegyi en 1957. En 1972, Lowy documentó
el simbolismo de los hongos en algunos códices Mayas. Toda esta información se
enfocó en torno a la etnomicología, haciendo especial referencia al uso de hongos
alucinógenos (Lowy, 1972).

En 1974, Lowy, publicó un artículo sobre la relación existente entre


fenómenos naturales y los hongos, así como su significado maligno o diabólico para
Amanita muscaria.

En 1975 documentó la micofilia que prevalece entre los habitantes indígenas


del país. Un año más tarde, Lowy, colectó y registró por primera vez en Guatemala
el hongo alucinógeno, Psilocybe mexicana, conocido popularmente como “pajarito”.
Los últimos artículos de Lowy continuaron describiendo aspectos mayas
relacionados con los hongos (Lowy, 1974; 1975; 1977).
Las Piedras hongo son artefactos de la civilización maya que están asociados
al culto de los hongos en mesoamérica.

Análisis de la diversidad y distribución de Macrohongos (Órdenes Agaricales y


Aphylloporales) en relación con los paisajes antropogénicos en la zona de influencia
del PNLL, Cobán, A,.V.

En 1984, Guzmán escribió sobre la importancia de los hongos comestibles


entre los pobladores de Mesoamérica, principalmente en las regiones con bosque
pino-encino, reportando además la venta Amanita caesarea en los mercados del
país (Guzmán,1984).

En 1985, Guzmán, Torres y Logemann describieron la primera especie


nueva para el país: Morchella guatemalensis, un hongo comestible encontrado en
bosque de pino-encino en Chimaltenango (Guzmán et al, 1985). En 1987, Guzmán
registró Psedofistulina radicata, como objeto de venta en el marcado local de
Santiago Atitlán y reportó además la venta masiva de Schizophyllum commune en
mercados del país (Guzmán, 1987).

En 1983 y 1984 Miguel Torres, publicó sobre hongos alucinógenos en la


cultura maya en su compilación

“Etnomedicina de Guatemala”. En 1990, Sommerkamp publicó los nombres


populares que reciben los hongos comestibles que se venden en los mercados de
las cabeceras departamentales del país, incluyendo algunos en idioma Kaqchiquel
y Q’eqchi’ (Somerkamp, 1990). En ese mismo año, Herrera investigó la
nomenclatura de los hongos de la región de Chipotón, Sumpango, Sacatepéquez,
en donde reportó la especie Ramaria flava como una especie comestible.

En 1994, Ohí y Torres editaron el libro titulado “Piedras Hongo”, describiendo


las piedras hongo de museos y colecciones privadas y documentando la posible
utilización de estas esculturas en la cultura Maya. En 1999, Flores y colaboradores
publicaron los nombres en idioma Mam de algunos hongos comestibles de la Sierra
de los Cuchumatanes (Flores et al, 2001).
En el 2001, Morales recabó importante información acerca del conocimiento
que tienen los habitantes de Tecpán Guatemala, Chimaltenango, acerca de los
hongos; en aspectos como el concepto, fenología, ecología, morfología,
nomenclatura, clasificación tradicional y uso de los hongos locales. En este estudio
se reportó 38 nombres en Idioma Kaqchiquel y 21 en español. Además concluyó
que los pobladores de esta región clasifican a los hongos como un grupo diferente
a plantas y animales, y los nombres de los mismos han sido asignados por analogía
con los elementos del medio y algunos por metáfora (Morales, 2001).

El Proyecto de Investigación “Hongos Comestibles de Guatemala: Diversidad,


Cultivo y Nomenclatura Vernácula” (Bran et al, 2003); ha reportado hasta el año
2002, 70 especies de hongos comestibles en 21 comunidades del país. Este
proyecto ha contribuido a incrementar el cepario de hongos comestibles de
Guatemala; hasta la fecha se ha logrado aislar y mantener alrededor de 100 cepas
de hongos comestibles nativos.

Estudios Ecológicos

En 1998, se realizó la descripción de los hongos ectomicorrícicos asociados a


encino (Quercus ssp) en bosques de Tecpán Guatemala, Chimaltenango (Cáceres
et al, 1999).

En 1999, Flores et al, publicaron los trabajos titulados “Hongos


Ectomicorrícicos asociados a Abies guatemalensis, Pinus rudis y Pinus ayacahuite
de la Sierra de los Cuchumatanes y su aprovechamiento en la producción de planta
forestal microrrizada” y “Hongos ectomicorrícicos asociados a Pinus en Poptún,
Petén, Guatemala” (Flores et al, 1999; Flores et al, 1999).

Estado actual del Conocimiento de los Macrohongos en Guatemala

El estudio de los marcrohongos en Guatemala, se ha enfocado principalmente al de


hongos comestibles, faltando mucho por hacer en el campo ecológico de los
macrohongos en nuestro país. Actualmente en Guatemala se han registrado
aproximadamente 220 especies de macrohongos pertenecientes a 92 géneros
(Bran et al, 2001).

El Parque Nacional Laguna Lachuá y su Zona de Influencia se encuentran ubicados


en el municipio de Cobán, Alta Verapaz, dentro de las coordenadas 15°46'54",

15°49'16", 15°59'11", 15°57'19" latitud norte y 90°45'14", 90°34'48", 90°29'56",


90°45'26" Eco-Región Lachuá, se define como la integración del PNLL y su área
de influencia Análisis de la diversidad y distribución de Macrohongos (Órdenes
Agaricales y Aphylloporales) en relación con los paisajes antropogénicos en la zona
de influencia del PNLL, Cobán, A,.V.

longitud oeste. Está limitada en el noreste y oeste por los ríos Chixoy e Icbolay
(Anexo 2), y en la parte sur por las montañas de la Sultana y el Peyan (DIGEBOS,
1995).

La Eco-región Lachuá corresponde a las tierras bajas del Norte de Guatemala cuya
región fisiográfica pertenece al Cinturón Plegado del Lacandón caracterizado por
ser una región Kárstica con orígenes en el Cretácico superior. La región es parte de
un cinturón de selva lluviosa verdadera (con precipitaciones superiores a los
2,500mm.) que Miranda (1978) define como Selvas altas y medias perennifolias,
condición que gradualmente varía hacia el Noreste (Ficha Ramsar Lachuá, 2004).
La época lluviosa esta extendida durante todo el año, sin embargo, los meses de
mayor precipitación corresponden de junio a octubre, existiendo solamente cuatro
meses de baja precipitación, durante febrero a mayo (Monzón, 1999).

El PNLL comprende 14,500 hectáreas y su zona de influencia es de


aproximadamente 27,500 hectáreas. Los primeros asentamientos humanos
(Salacuim y Rocja Purribal) llegaron en los años cincuenta, sin embargo en los años
sesenta y setenta la población creció drásticamente, causando demanda por la
tierra de la región (Freyermuth y Hernández, 1992). Actualmente se encuentran
establecidas 49 comunidades humanas (Cleaves, 2001) con aproximadamente
12,500 habitantes y de las cuales 19 colindan con los límites del PNLL. Las
comunidades humanas son en su mayoría (95%) de origen Q´eqchi´

(CONAP, 2004).

Cobertura Vegetal y Uso del Suelo

La eco-región Lachuá posee una cobertura predominante por los bosques naturales
de densidad media con el 33.2 % de su superficie; los usos del suelo
correspondientes a la agricultura y pastos ocupan el 25.4 % de la superficie, los
bosques abiertos (algunos intervenidos con cardamomo) el 18.9% y los bosques
cerrados cubren aproximadamente 10.5% de la superficie (CONAP, 2004).

La Zona de Influencia del PNLL posee un mosaico de hábitats definidos según el


uso antropogénico de la tierra. Las áreas agrícolas y ganaderas avanzan
continuamente dejando al parque como un remanente aislado.

La dependencia de los recursos naturales por parte de los pobladores explica el


avance de la frontera agrícola. Datos de Monzón (1999) revelan que la pérdida de
cobertura arbórea en la zona de influencia del Parque ha aumentado desde 1954.
Ha habido de esa fecha hasta 1996 una reducción de 20,707 hectáreas, lo que se
puede expresar como un promedio de 493 hectáreas perdidas por año.

(CONAP, 2004)
CONCLUSIONES

Las propiedades químicas de los hongos alucinógenos, han sido utilizadas con fines
terapéuticos por los indígenas, desde la época prehispánica; sin embargo durante
la colonia y posteriormente el México independiente rechazaron estas prácticas por
considerarse que contenían un alto contenido pagano, o porque se argumentaba
que era superchería y producto del atraso cultural de aquellos grupos que seguían
utilizándolos. Cabe señalar que durante estos periodos no existió ninguna ley que
prohibiera su uso.

La actual legislación que prohíbe el consumo experimental de hongos alucinógenos,


en nuestro contexto sociocultural tiene fuertes referencias del pensamiento colonial.
A decir verdad, sólo se ha hecho explícita una tendencia que había permanecido
latente: el rechazo a todo lo que atente contra la estabilidad del poder hegemónico.
Se impone el autoritarismo ante lo desconocido. Cuando se desconoce,
generalmente se reproducen comportamientos que se basan en prejuicios. La
naturaleza humana responde a lo desconocido de forma agresiva, excluyente. Así
actuaron aquéllos que ajenos a los hongos alucinógenos, los identificaron como
agentes diabólicos que amenazaban el proyecto de la cristiandad. Así también
nuestra sociedad rechaza sistemáticamente cualquier comportamiento que venga
del consumo experimental de cualquier sustancia psicoactiva.

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