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Cuche Conclusión A La Manera de Una Paradoja

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we € ciencias sociales, Resulta necesaria para pensar tanto la unidad de ta condicién humana como la diversidad y la diferencia entre pueblos y comunidades. La nocién de cultura por otra parte, se eneuentra hoy en el centro de Este libro presenta fa genealogia dela en las ciencias sociales y favorece un ba sus usos y abusos de un modo que permite situar e iluminar las’ discusiones actuales. En ese sentido, constituye una herramienta de trabajo adecuada para el socidlogo y el fildsofo, el psicélogo y el historiador. Denys Cuche es profesor de Etnologia en la Sorbona (Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, Paris-V). Es también investigador del Laboratorio de Etnologia de 1a Sorbona yen el CERIEM. .N. 950-602-385.9, (iii) Nueva Visién La nocién de cultura en las ciencias sociales Denys Cuche wt ’ CONCLUSION ALA MANERA DE UNA PARADOJA: SOBRE EL BUEN USO DEL RELATIVISMO CULTURAL 'Y¥ DEL ETNOCENTRISMO 4Cémo escribir la cultura, las culturas (Clifford y Marcus (eds.), 1986]? {Como transeribir otra cultura, otra experien- cia de la vida humana? ;Se puede dar cuenta de una cultura mediante la escritura sin traicionarla? Estas preguntas es- tan hoy en el centro de la reflexién de un buen niimero de antropélogos que denuncian Ja ilusién positivista de las ciencias sociales. Sin llegar a compartir el relativismo extre- mode algunas criticas postmodernas-para las cuales todo es discurso y que no quieren reconocer en cada texto etnogréfico mas que una construccién literaria subjetiva— algunos, en particular Clifford Geertz, piensan que el estudio de las culturas es necesariamente interpretativo y expresivo. Es decir que el antropélogo es, ala vez, un experto y un escritor yen sus obras entrega, lo quiera ono, lo sepa ono, una parte de su autobiografia. ‘Actualmente nos enfrentamos a una paradja: mientras el ‘concepto de cultura es reexaminado de manera critica en las ciencias sociales ~a tal punto que algunos investigadores piensan que plantea ms preguntas de las respuesias que proporciona y, por consiguiente, ‘proponen abandonarlo y volver al sentido restringido de la palabra, es decir, el que refiere exclusivamente a las producciones intelectuales y artistica-, el concepto experimenta una difusién notable en os medios sociales y profesionales més diversos. Como esta difusién no se produce sin un desprecio por la definicién cientifica de la palabra, los que ya tenian reservas en cuanto ‘a su uso consideran que los riesgos de confusién (en todos los, sentidos del término) relacionadoscon su usocomiinlos hacen sentir més tranquilos con su intencién de no recurrir mas @ este concepto. 145, nner ee a Otros se muestran igualmente reticentes porque, en cierto ‘uso comiin del concepto de cultura, pero también y sobre todo ideolégico, funciona cada vez mas como un eufemnismo de la palabra “raza. Otros llegan, incluso, a decir que esta sinoni- mia (discutible) de ambos términos ya estaba inscripta en la idea de cultura desarrollada por los pensadores romanticos alemanes del siglo xx y que influyé en la elaboracién del concepto antropoldgico. El concopto de cultura estaria man- chado, entonces, de manera casi indeleble por la marca de un pecado original de! pensamiento. Sin embargo, razonar de este modo es ignorar todo el trabajo de critica conceptual dentro de la antropologia, que permitic un constante enri- quecimiento del concepto y la supresidn de las principales ambigtiedades que podian recelarse al comienzo, A estas posiciones un tanto extremas también puede objetarseles que si el vocabulario cientifico tuviese que aban- donar todos los conceptos que fueron objeto de divalgacién y que cayeron en el uso comin (con las distorsiones. de sentido que esto implica en general), deberia renovarse sin cesar, con lo que frenarfa, incluso aniquilarfa, toda forma de acumulacién del conocimiento. El concepto de cultura conserva hoy toda su atilidad para las ciencias sociales. La deconstruccién de la idea de cultura subyacente a los primeros usos del concepto, marcado por cierto esencialismo y por el “mito de los origenes”, que se suponen puros, fue una etapa necesaria y permitié un avance epistemoldgico. La dimensidn relacional detodaslasculturas pudo ponerse en evidencia de este modo. ‘Sin embargo, tomar en cuenta la situacién relacional enla que se elabora una cultura ne debe levar a dejar de lado el interés por el contenido de esta cultura, por lo que ella misma significa, Reconocer que toda cultura es, de algin modo, un lugar de luchas sociales, no debo llevar al investigador a estudiar solamente las hichas sociales. Aun cuando los ele- mentos de una cultura dada se utilicon como significantes de la distincién social o de la diferenciacién étnica, esto no significa que estén vinculados unos con otros por unia misma estructura simbélica que requiere un andlisis. No existe cultura que no tenga significacion para los que se reconozean como parte de ella. Los significados, como los significantes, deben examinarse con la mayor atencién. Admitir esto lleva a reconsiderar la cuestién del relativis- mo cultural. No se trata de volver aqui a la eritica, amplia- Me ‘mente justificada, del relativismo cultural como un principio absoluto. Pero, si se lo relativiza, el relativisme cultural es una herramienta indispensable para las ciencias sociales. ' Enrealidad, hay tres concepciones diferentes del elativis- mo cultural que pueden confundirse eventualmente, lo que ctea cierta ambigiiedad. Bl relativismo cultural designa, en primer término, una teorfa segin la cual las diferentes, ‘culturas forman entidades separadas, con limites facilmente identificables y, por lo tanto, entidades claramente distintas unas de otras, incomparables ¢ inconmensurables entre sf. ‘Ya mostramos antes que esta concepcién de relatividad cultural no resiste el anélisis. ' Luego, el relativismo cultural es comprendido, a menudo, como un principio ético, que pregona la neutralidad con respecto a las diferentes culturas. En este caso, se trata de afirmar el valor intrinseco de cada cultura. Pero se produ; _gnueepasamienaingeoptbledeadslacatalaedet ca ‘a el juicio de valor: “Todas las culturas son lo mismo”, “ET Felativiswio eties puede correspondéFse, a veces, con li actitud reivindicadora de los defensores de las culturas jinoritarias que, oponiéndose a las jerarquias de hecho, defienden el valor igualitario de estas ultimas en relacién con las culturas dominantes. Pero, con frecuencia, parece una actitud elegante del fuerte frente al débil, del que, tranquilo enla legitimidad de su propia cultura, puede darse el lujo de cierta apertura condescendiente con la alteridad. Una pretendida neutralidad ética, que se presenta como reconocimiento de la diferencia, puede, finalmente, no ser més que {a ocultacién de} desprecio, como comprendié Geza Roheim: “Ustedes son completamente diferentes de mi pero los perdono”. También puede servir como garantia para cierta posicién ideolégica opuesta a toda definicién universal de los derechos del hombre. La exaltacién de la diferencia Hegaria, en su forma més perniciosa, a la justifieacién de los regimenes segregacionistas, porque se pervierte el derechoa la diferencia y se lo convierte en asignacién de la diferencia. Por lo tanto, se impone relativizar el relativismo cultural. ‘Hay que volver a su uso original, el unico que puede concebir- se desde un punto de vista cientifico, que hacia de él un principio metodologico, principio que sigue siendo operato- rio. Desde esta perspectiva, recurrir al relativismo cultural es postular que todo conjunto cultural tiende hacia la cohe- reneia y cierta autonomia simbélica que le confiere su caréc- a7

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