LAS ESTRELLAS
Las estrellas son cuerpos celestes que brillan en la noche. Esta definición de
forma más técnica sería el cúmulo de materia en estado de plasma en un continuo
proceso de colapso, en la que interactúan diversas fuerzas que equilibran dicho proceso
en un estado hidrostático. Estos cuerpos celestes nacen de las nubes interestelares de gas
y polvo que existen repartidas por todo el universo. Esas nubes de gas y polvo poseen
los componentes necesarios no solo para desarrollar una estrella o cientos, sino también
para desarrollar masas planetarias.
Las estrellas tienen una vida determinada. La duración y el tipo de “muerte”
serán distintos según el tipo de estrella. Las estrellas que tienen una masa mucho mejor
que la del Sol suelen tener una larga vida sin apenas cambios, y una muerte tranquila.
Las estrellas que tienen una masa similar a la solar tendrán una muerte violenta.
Desde hace años, se ha considerado que las estrellas están agrupadas por
constelaciones.
Tanto los griegos como los árabes han dado nombre a muchas estrellas. Ya que
hay miles y miles de estrellas en nuestro sistema planetario, se planteó la idea de
nomenclatura más útil para los astrónomos. En 1603, Bayer estableció un orden de
brillo de constelación, así llamó a la más brillante alfa, a la que le seguía beta…y así
sucesivamente utilizando el alfabeto griego. El problema de dar nombre a las estrellas se
agravó aún más con la aparición del telescopio.
Las estrellas se pueden clasificar en variables y dobles/múltiples.
Las variables son aquellas estrellas que no tienen un brillo constante sino que
varían constantemente, es decir, no conservan la misma magnitud aparente y en un
periodo más o menos largo y más o menos regular.
La magnitud estelar se entiende como el brillo aparente con el que vemos las estrellas y
dimensiones de otros astros.
Las estrellas variables pueden clasificarse en :
- intrínsecas: los cambios de luz se deben a cambios en la
estructura interna de la estrella (a los cambios acompañan
variaciones de color, temperatura y espectro).
- extrínsecas: no se consideran verdaderas variables puesto que la
variabilidad de luz es producida por causas físicas extremas.
Después según la curva de variabilidad podemos clasificarlas en:
- periódicas o regulares: la curva de luz es periódica. Después de
un periodo se reproduce inalterablemente.
- semirregulares: periodo ligeramente variable y la curva se
reproduce con poca precisión en cada periodo.
- irregulares: pequeño indicio de periodicidad.
Las estrellas dobles son aquellas que a primera vista aparecen con un solo punto
luminoso, pero observadas con telescopio resultan formadas por dos o más astros
próximos entre sí. Estas estrellas se dividen en:
- dobles ópticas: están formadas por dos estrellas
independientemente situadas a gran distancia una de la otra.
- dobles físicas o binarias: se produce cuando los dos astros giran el
uno alrededor del otro, constituyendo un sistema binario.
LAS CONSTELACIONES
Las constelaciones son agrupaciones de estrellas de formas variadas, que se
distinguen o con nombres mitológicos o con nombres de animales u objetos, que están
sugeridos por las formas que presentan y las fantasías de los antiguos.
En total hay 88 constelaciones, 48 ya son de la antigüedad y el resto han sido
nombradas en la época moderna.
Las constelaciones varían de posición a lo largo del año, por eso vemos el cielo de
distinta forma. Las constelaciones circumpolares son las que forman parte del
hemisferio norte, y que están visibles durante todo el año, nunca se ocultan ni se ponen.
Ya que las constelaciones varían de posiciones a lo largo del año podemos
distinguir entre:
- constelaciones de primavera: en esta estación el cielo está
caracterizado por una gran extensión de firmamento muy libre de
estrellas. Además de las circumpolares, las constelaciones que mejor
se pueden observar en esta estación son: Dragón, Hydra, Leo,
Virgo…
- constelaciones de verano: la posición de la Tierra en su órbita
alrededor del Sol es tal que estamos mirando hacia el denso plano de
nuestra galaxia hacia la Vía Láctea. En verano el cielo es un campo
celeste muy rico de estrellas y objetos de “cielo profundo”. Las más
características de esta estación son: Águila, Hércules, Cisne, Delfín,
Sagitario…
- constelaciones de otoño: la característica del cielo nocturno también
habrá cambiado. Las densas regiones de la Vía Láctea llena de
estrellas de primera magnitud que hacían que el cielo fuese denso y
rico ha dado paso hacia un oscuro vacío. Se está mirando hacia el
inmenso espacio intergaláctico. En otoño el cielo ofrece numerosas
galaxias situadas muy lejos de la nuestra. El cielo de otoño muestra
las siguientes constelaciones: Andrómeda, Aries, Perseo, Acuario,
Pegaso, Triángulo…
- constelaciones de invierno: el cielo es realmente espléndido cuando
las noches son serenas y despejadas. En invierno la Vía Láctea
aparece en lo más alto del cielo al atardecer. El grupo más
prominente de estrellas en invierno consiste en tres estrellas brillantes
que forman una línea recta y dan lugar al cinturón de Orión. En
invierno se pueden observar constelaciones como Géminis, Tauro,
Unicornio, Orión…
El Sol cada mes se proyecta sobre una de las doce constelaciones zodiacales, así
hasta completar el ciclo durante un año.
NICOLÁS COPÉRNICO
Nicolás Copérnico fue un astrónomo polaco que nació en el seno de una familia
rica de comerciantes. Hoy en día es concebido como el punto inicial o fundador de la
astronomía moderna, y también una pieza clave en la Revolución Científica en la época
del Renacimiento
En 1507, Copérnico elaboró su primera exposición de un sistema astronómico
heliocéntrico, el que decía que la Tierra orbitaba en torno al Sol, en oposición al sistema
tolemaico, según el cual los movimientos de todos los cuerpos celestes tenían como
centro nuestro planeta. A partir de ese momento, Copérnico comenzó a ser considerado
como un astrónomo notable.
En 1536, el cardenal Schönberg escribió a Copérnico desde Roma invitándole a
que hiciera públicos sus descubrimientos. Por entonces, él ya había completado la
redacción de su gran obra, Sobre las revoluciones de los orbes celestes, un tratado
astronómico que defendía la hipótesis heliocéntrica.
El texto contenía una serie de tesis que entraban en contradicción con la antigua
concepción del universo, cuyo centro, para Copérnico, dejaba de ser coincidente con el
de la Tierra, y tampoco existía un único centro común a todos los movimientos celestes.