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Geometría en los primeros grados de la escuela primaria: problemas de su
enseñanza, problemas para su enseñanza. Claudia Broitman y Horacio Itzcovich
Artículo publicado en Panizza, M (comp.) Enseñar matemática en el nivel inicial y en
primer ciclo de la EGB, Buenos Aires, Paidós, 2003
Re su men
En este artículo, desde el marco de la Didáctica de la Matemática, se releva un conjunto de
problemáticas estudiadas por diversos autores en torno a la enseñanza de la geometría.
Por un lado, se presentan algunas características de los orígenes del conocimiento geométrico
y de su posterior evolución histórica como disciplina. Esta mirada permite revisar ciertas
particularidades acerca de cómo “vive” la geometría en la escuela. En particular, se analizan
críticamente las supuestas vinculaciones entre la geometría y la vida cotidiana y la necesidad
del trabajo empírico para la construcción de conocimientos geométricos.
Por otro lado, se realiza una distinción entre varios tipos de problemas según los conocimientos
involucrados y el proceso de adquisición de los mismos. Las características de unos y otros
tipos de problemas permiten discutir la necesidad y posibilidad de intervenir pedagógicamente
para cada uno de ellos.
Se plantea la cuestión de la finalidad de la enseñanza de la geometría en la escuela primaria,
arriesgando como respuesta la importancia de la adquisición de conocimientos y de prácticas
geométricas como apropiación de parte de una cultura. Un problema específico es la
factibilidad de la geometría de ser enseñada en el primer ciclo sin que se desnaturalicen los
objetos geométricos.
Por último, se presentan tres secuencias didácticas para el primer ciclo que permiten una
introducción al estudio de figuras y cuerpos geométricos. El análisis didáctico de los problemas
geométricos involucrados en estas secuencias pone el énfasis en el tipo de gestión de la clase.
Las intervenciones didácticas y la organización del trabajo apuntan a promover la aparición, la
difusión y la evolución de los conocimientos geométricos para este nivel de enseñanza.
Indice
1. Introducción
2. Desde la geometría que estudia el espacio real hacia la geometría que crea un espacio
matematizado
3. Entre lo sensible y lo inteligible: una gran variedad de problemas
4. Adquirir conocimientos y “un modo de pensar” geométricos como apropiación cultural
5. Problemas que permiten iniciar a los niños en el estudio de características de figuras y
cuerpos geométricos
5.1. Juego de adivinación de figuras
5.1.1. Objetivo
5.1.2. Presentación del problema
5.1.3. Variables didácticas
5.1.4. Desarrollo de la actividad
5.2. Construir el esqueleto de un cuerpo
5.2.1. Objetivo
5.2.2. Presentación del problema
5.2.3. Materiales
5.2.4. Variables didácticas
5.2.5. Desarrollo de la actividad
5.3. Copiado de una figura
5.3.1. Objetivo
5.3.2. Materiales por alumno
5.3.3. Presentación del problema
5.3.4. Variables didácticas
5.3.5. Desarrollo de la actividad
5.4. Acerca de estas tres actividades
6. Bibliografía
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1. INTRODUCCIÓN
En este trabajo plantearemos algunas líneas generales acerca de qué
entendemos por geometría y por hacer geometría en la escuela. Mencionaremos
algunos debates acerca de la finalidad de su enseñanza retomando y analizando
críticamente ciertas ideas que han circulado en los últimos años en la literatura
didáctica y que tienen fuerte incidencia en las prácticas docentes actuales.
Plantearemos asimismo algunos problemas didácticos de la enseñanza de la
geometría en general y del primer ciclo en particular. Por último, presentaremos
un análisis didáctico de algunos problemas geométricos para los primeros
grados de la escuela primaria.
Es importante destacar el área de vacancia que existe actualmente en la
investigación sobre la enseñanza y el aprendizaje de la geometría. A diferencia
de lo que ocurre con la enseñanza del campo numérico, contamos sólo con
algunos estudios acerca de los procesos constructivos por parte de los niños
sobre objetos geométricos y con muy pocos trabajos de investigación acerca de
la enseñanza de la geometría. A pesar de señalar la insuficiencia de estudios
psicológicos y didácticos, es posible hoy brindar algunas orientaciones sobre la
enseñanza de la geometría, tomando los aportes de diferentes trabajos.
Por una parte consideraremos las investigaciones realizadas desde la didáctica
de la matemática francesa, en particular el estudio y análisis de los procesos y
fenómenos de la enseñanza usual abordados por Brousseau (1980, 1981) y el
desarrollo de la Teoría de Situaciones (1986) que permite considerar algunas de
las características más trascendentes que deberían adquirir los procesos de
3
enseñanza. Dicha teoría nos ofrece un marco desde el cual elaborar criterios de
selección, diseño y análisis didáctico de problemas que permitan generar
procesos constructivos por parte de los alumnos a partir de un cierto tipo de
gestión en la clase.
Más particularmente, sobre la enseñanza de la geometría contamos con los
estudios de Berthelot y Salin (1994), Laborde (1990); Balacheff (1987), Fregona
(1995) y Gálvez (1994), en quienes nos inspiramos para plantear la diversidad y
complejidad de los problemas didácticos.
También nos sirve de marco referencial nuestra propia experiencia de trabajo
con alumnos de estos grados, con docentes en cursos de capacitación o
instancias de actualización en didáctica de la matemática y en el trabajo en
asesoramiento técnico didáctico y desarrollo curricular llevado a cabo en los
últimos años (Sadovsky, Parra, Itzcovich y Broitman, 1998; Broitman, Itzcovich
2001).
Como concepción de aprendizaje adoptamos las tesis piagetianas que explican
el pasaje de un estado de menor conocimiento a un estado de mayor
conocimiento. Desde esta perspectiva, se considera la necesidad de que los
alumnos se confronten a situaciones problemáticas nuevas, frente a las cuales
pongan en juego sus “viejos” conocimientos; y si ellos no les son suficientes para
alcanzar una solución eficaz, puedan construir una nueva respuesta en un
proceso interactivo de equilibrios y desequilibrios. Se trata de un complejo
proceso de reorganización de sus conocimientos en dirección a los saberes
4
propios de la disciplina. A partir de estas ideas resulta necesario aceptar y prever
la provisoriedad y el largo plazo en los procesos de construcción de conceptos
matemáticos en la escuela por parte de los alumnos.
2. DESDE LA GEOMETRÍA QUE ESTUDIA EL ESPACIO REAL HACIA LA
GEOMETRÍA QUE CREA UN ESPACIO MATEMATIZADO.
Es bastante habitual, con respecto a la enseñanza de la geometría, leer o
escuchar ciertas reflexiones acerca de las fuertes y en apariencia tan evidentes
relaciones entre la geometría y la realidad. Algunas de estas ideas que circulan y
que encabezan propuestas didácticas bibliográficas son: “la geometría está en
todos lados”, “la geometría está en la realidad”, “los niños aprenden geometría
sin darse cuenta en interacción con el espacio real”, etc.
Hay aquí algunos supuestos interesantes para analizar. Por un lado, hay una
“discusión” acerca del objeto de estudio de la geometría: ¿es la geometría una
ciencia que estudia el espacio físico? En segundo lugar, subyace a las ideas
anteriormente mencionadas una cierta concepción sobre el proceso de
adquisición de saberes geométricos: ¿ se aprende geometría a través de la
interacción con el espacio físico?
Al pensar sobre la enseñanza de la geometría resulta necesario realizar una
distinción. Sabemos que el origen de muchos conocimientos geométricos se
encuentra en problemas espaciales ligados a la medida de espacios físicos.
Santaló (1961) afirma que toda la geometría - hasta los Elementos de Euclides-
5
era “una reunión de reglas empíricas para medir o dividir figuras”. Gálvez (1994)
señala también que la Geometría surgió como una ciencia empírica en la que los
esfuerzos de teorización estuvieron al servicio del control de las relaciones del
hombre con su espacio circundante.
Sin embargo, la construcción de objetos geométricos y el desarrollo posterior de
la geometría como rama de la matemática, se ha “desprendido” de dichos
espacios físicos y se ha constituido en el estudio de un espacio ideal con
“objetos teóricos” que obedecen a las reglas del trabajo matemático.
Posiblemente algunas figuras geométricas (cuadrado, círculo, rectángulo, etc.)
hayan sido creadas en un intento por modelizar las formas de objetos físicos.
Babini (1967) señala incluso que los nombres que Euclides utiliza para las
mismas hacen referencia a dichos objetos. Ahora bien, esas figuras, una vez
conceptualizadas, ya son en sí mismas “objetos teóricos”. Y las propiedades que
se formulan sobre ellas ya no tienen necesariamente referentes físicos. Es más,
no se verifican en los objetos físicos muchas de las propiedades que sí se
cumplen en los objetos geométricos (por ejemplo, una mesa cuadrada no tiene
sus cuatro lados iguales indefectiblemente, en tanto que el cuadrado sí). El
proceso de creación de objetos geométricos abandona luego sus referentes
físicos originales y crea objetos teóricos “puros” (por ejemplo, los dodecágonos
cóncavos) y relaciones teóricas “puras” (por ejemplo, la suma de ángulos
interiores de una figura1, etc.).
1
La propiedad de la suma de los ángulos de un triángulo es un objeto teórico que precisa ser
demostrado por medio de argumentaciones. Han sido analizadas críticamente aquellas
propuestas de enseñanza que tratan a esta propiedad de manera empírica. Evidentemente por
6
Gálvez (1994) alude a este proceso mostrando cómo el espacio físico de aquella
primera geometría empírica, deviene en “espacio puro, formal”. Un hito en esta
transformación está dado por la aparición de “Los Elementos” de Euclides,
momento culminante en el desarrollo de la geometría en tanto rama de las
matemáticas que marca el inicio en la separación de los conceptos geométricos
de lo sensible. Babini (1967) se refiere a dicho hito mostrando cómo Euclides le
confirió a la geometría “el sentido de seguridad y de certeza” de los resultados
que se van produciendo más allá de la intuición y de la verificación empírica. Las
verdades geométricas a las que se arriba son “anexactas, abstractas, necesarias
y sin referencia a la realidad” (Gálvez, 1994)
Esta primera geometría puede ser denominada “geometría empírica”, “geometría
intuitiva” o “geometría de la observación” y aquella geometría ya desprendida
del espacio sensible sería la “geometría de las matemáticas” o “geometría de la
demostración”. Las relaciones entre una y otra son aún hoy objeto de reflexión y
de investigación.
Ahora bien, no todos los conocimientos espaciales empíricos devinieron objetos
matemáticos puros. Muchos, incluso algunos de uso social actual, refieren al
estudio del espacio físico y no necesariamente forman parte de la disciplina
matemática, como es el caso de la interpretación de mapas o planos. La
pertenencia o no a la disciplina permite una primera distinción entre
conocimiento geométrico y conocimiento espacial.
los errores del trazado y de la medición difícilmente la suma de ángulos interiores de un
triángulo medidos con transportador sea 180º (Balacheff, 1987).
7
Hemos señalado que los conocimientos geométricos constituyen espacios
teóricos ideales. Esta característica exige que la validación de los resultados
obtenidos sólo pueda ser racional y argumentativa. En cambio, los
conocimientos espaciales permiten resolver problemas del espacio físico y el
modo de determinar la validez de los resultados encontrados no necesita
respetar las reglas del trabajo geométrico, sino que es, en la mayor parte de los
problemas, de naturaleza empírica. He aquí otra distinción entre el estudio de lo
espacial y el estudio de la geometría referida ahora al modo de validación de
resultados y conocimientos (Berthelot y Salin, 1994).
Por otra parte, sabemos de ciertas diferencias entre los procesos constructivos
de los conocimientos geométricos y de algunos conocimientos espaciales. Los
niños utilizan el espacio y construyen conocimientos prácticos que les permiten
dominar sus desplazamientos y construir sistemas de referencias. En el uso
“real” del espacio (cuando un niño va de su cuarto al baño, cuando patea una
pelota hacia un arco, etc.) no necesariamente pone en juego conocimientos
matemáticos. Estos conocimientos espaciales son adquisiciones espontáneas,
independientes del pasaje de los niños por la escuela (Berthelot y Salin,1994;
Broitman, 2000; Castro, 2000; Saiz, 1987). La construcción de estas nociones
espaciales ha sido estudiada por Piaget2.
En cambio, los conocimientos geométricos de la matemática, si bien pueden
tener una construcción que permita hablar de una geometría intuitiva, precisarán,
para su adquisición, de un marco institucional con intencionalidad didáctica. He
8
aquí una nueva distinción entre el estudio del espacio y de la geometría. Queda
pendiente aún conocer con mayor profundidad los procesos de construcción de
conocimientos geométricos por parte de los niños desde su propia geometría
intuitiva hacia la geometría que aprenderán en la escuela. El pasaje de la
intuición al saber, de los conocimientos iniciales a los sistemáticos, tiene aún
muchos interrogantes y señalamos allí nuevamente un área de vacancia de
indagaciones didácticas.
Hemos intentado relevar ciertas distinciones entre conocimientos espaciales y
geométricos. Sin embargo, tienen rasgos comunes. Uno de ellos es el poder
anticipatorio. Por ejemplo, el conocimiento acerca de la representación plana de
un cierto espacio físico permite anticipar cuál es el recorrido más conveniente
para desplazarse de un lugar al otro sin necesidad de estar “presente” en el
espacio físico representado. Un ejemplo del poder anticipatorio de los
conocimientos geométricos es la utilización de propiedades de las figuras para
determinar el valor de los ángulos interiores de un triángulo equilátero, sin
necesidad de medirlos.
Mencionamos que muchos conocimientos espaciales son de naturaleza
espontánea. Sin embargo, existen algunos cuya adquisición no lo es, por
ejemplo, los referidos a la producción e interpretación de planos. Éstos
involucran representaciones simbólicas convencionales y por lo tanto exigen,
para su construcción, de una interacción sistemática con dichos objetos y de un
caudal de información que debe ser comunicado. El tipo de actividad intelectual
2
Piaget, J e Inhelder, B (1948) La répresentation de l´espace chez l´enfant, Paris. Presses
Univesitaires de France y Piaget, J; Inhelder, B. y Szeminska (1973) : La Géométrie
9
que demanda a los alumnos la adquisición de estos conocimientos es bastante
próxima a la adquisición de conceptos matemáticos en general, y geométricos
en particular. Muchas investigaciones concluyen en la necesidad e importancia
de considerar estos conocimientos como objetos de enseñanza en la escuela
(Saiz, capitulo IV, en este mismo libro). Consideramos que su proximidad a los
objetos matemáticos y su cercanía en el modo de adquisición, justificarían su
inserción escolar en el área de la matemática.
Tal vez sea fértil retomar aquí la distinción entre conocimiento y saber:
"Los conocimientos son los medios, a menudo implícitos, de la acción, del
procesamiento de la información o del razonamiento, por oposición a los saberes
que son los objetos visibles de las transacciones didácticas…” (Brousseau,
1994). “… El saber es el producto cultural de una institución que tiene por objeto
observar, analizar y organizar los conocimientos a fin de facilitar su
comunicación..." (Brousseau y Centeno, 1991)
Estos conceptos son útiles para estudiar la problemática de la enseñanza,
considerada también como “relevo de conocimientos a saberes3” (Brun, 1994).
Los conocimientos pueden ser más o menos privados, más o menos locales,
válidos o erróneos y pueden no tener referencia directa en la disciplina
matemática. El saber, en cambio, sí tiene referencia en la disciplina y en la
comunidad de matemáticos4. ¿Qué nos aporta esta distinción? Por una parte,
permite reconocer que muchos de los conocimientos geométricos de los niños
Spontenée de l´enfant, Paris. Presses Univesitaires de France.
3
El término “relevo” es utilizado en el original en francés en el sentido de “cambio de status”.
4
Esta distinción no es dicotómica. Los conocimientos de un grupo escolar podrían considerarse
saberes para esa “comunidad”.
10
pequeños que se hacen circular en la escuela no tienen aún el status de saberes
matemáticos. La vinculación entre los conocimientos de los niños y el saber es
de carácter progresivo. La enseñanza justamente tiene la responsabilidad de
hacerlos evolucionar con la mirada puesta en el saber. Por otra parte, muchos
autores coinciden en señalar que la escuela puede considerar objetos de
enseñanza no sólo a los saberes. Esta distinción permite identificar ciertos
conocimientos espaciales, que, aunque no formen parte de la matemática,
pueden se considerados objetos de enseñanza (como los ya mencionados
relativos a la representación plana del espacio).
3. ENTRE LO SENSIBLE Y LO INTELIGIBLE: UNA GRAN VARIEDAD DE
PROBLEMAS
A partir del análisis precedente es posible distinguir tipos de problemas según
los conocimientos involucrados y el proceso de adquisición de los mismos.
Existen ciertos problemas que se resuelven exclusivamente con conocimientos
espaciales, cuya adquisición es aparentemente espontánea y, en principio, no
precisarían ser considerados objetos de enseñanza en la escuela. Tal es el caso
de los problemas de desplazamiento efectivo en el espacio físico, problemas
ligados a las nociones espaciales estudiadas por Piaget.
Otros problemas son aquellos que también involucran conocimientos
espaciales, y de los que no sabemos aún cómo se da su proceso de
adquisición. Son, de alguna manera, muy similares a los anteriores, pero una
11
diferencia la constituye el hecho de que no son producto del desarrollo
espontáneo. Un ejemplo es la orientación en espacios de “grandes”
dimensiones. Sabemos que hay adultos que tienen importantes dificultades
para orientarse en dichos espacios, tal vez por ello, podría justificarse la
necesidad de una enseñanza sistemática. Brousseau (1983, citado en
Vergnaud, 1997) analiza que en los problemas espaciales una variable
didáctica5 está dada por el tamaño del espacio - si se trata del microespacio, el
mesoespacio o el macroespacio6 -. En la comparación entre este tipo de
problemas y el anterior, podría considerarse el tamaño del espacio como
variable. La magnitud del espacio físico en el que se debe desenvolver el sujeto,
modifica sustancialmente el problema y los medios de resolución. De ahí la
diferencia entre los problemas de desplazamiento al interior de una vivienda
(que exigen conocimientos cuya adquisición es espontánea), de los problemas
de desplazamiento en una ciudad (que exigen conocimientos cuya adquisición
involucra niveles más complejos de conceptualización, representación y
anticipación) 7.
Podríamos considerar que existe una tercera clase de problemas similares a los
anteriores - en tanto se resuelven con conocimientos espaciales cuya
adquisición tampoco es espontánea -, pero en los ya sabemos que es posible
intervenir didácticamente para favorecer su adquisición. Se trata de los
5
Se podrá encontrar una definición de este concepto elaborado por Brousseau en Bartolomé y
Fregona, Capítulo III de este mismo libro.
6
Incluso el macroespacio puede ser distinguido en función de la homogeneidad. No parecen
ser del mismo nivel de complejidad la orientación espacial en el medio del océano que en una
ciudad. La heterogeneidad del espacio permitiría construir mentalmente puntos de referencia -
para quien esté en condiciones de identificarlos -.
7
Serán necesarias investigaciones psicológicas y didácticas que expliquen si es posible
intervenir didácticamente y cómo para contribuir a la adquisición de conocimientos ligados a la
orientación espacial en grandes dimensiones.
12
problemas de producción e interpretación de representaciones planas y
comunicación de la posición de objetos y desplazamientos en el espacio
(Colinvaux, Dibar Ure, 1989; Gálvez 1985; Saiz, capítulo IV de este mismo
libro). Si bien son problemas vinculados a la orientación espacial en grandes
dimensiones, exigen conocimientos más específicos, como por ejemplo acerca
de las figuras (éstas pueden utilizarse para producir representaciones planas) o
informaciones y convenciones (para interpretar y producir representaciones).
Muchos autores (Berthelot y Salin, 1994; Saiz, 1987) coinciden en señalar la
necesidad de que este tipo de problemas forme parte de la currícula escolar.
Hay experiencias didácticas al respecto que muestran la continuidad de las
dificultades que encuentran los alumnos al trabajar con representaciones de
espacios físicos cuando no han abordado sistemáticamente este objeto de
estudio. Por otra parte, también es posible observar la evolución de sus
representaciones cuando se generan condiciones didácticas para que los
alumnos tengan oportunidades de mediar con problemas diversos de
producción e interpretación de planos (Broitman, 2000).
También sabemos de aquellos problemas espaciales que se resuelven con
conocimientos geométricos. Berthelot y Salin los denominan problemas “espacio
- geométricos”. Algunos ejemplos son las aplicaciones del teorema de Thales8
para determinar la altura de objetos no posibles de ser medidos empíricamente
(montañas, pozos, etc.); o la decisión sobre cuáles medidas tomar para
reproducir un objeto o parte de él (una forma triangular, un vidrio romboidal, una
8
Es interesante señalar aquí que en realidad el Teorema de Thales es un conocimiento , que si
bien geométrico, se origina por problemas del espacio físico. Una vez constituido como objeto
teórico permite ser reutilizado, tanto a problemas de la geometría matemática, como del
espacio sensible.
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arandela a partir de una porción de la misma, etc.). Este tipo de problemas
también se inscribe en las relaciones complejas entre el espacio físico y el
espacio matematizado. La enseñanza – como desarrollaremos más adelante –
ha justificado con este tipo de problemas la finalidad de los conocimientos
geométricos. Es importante señalar que la mayor parte de los ejemplos en los
cuales conocimientos geométricos de la matemática son útiles para resolver
problemas del espacio sensible por su nivel de complejidad conceptual, son
abordables recién en segundo o tercer ciclo de la escolaridad básica obligatoria.
Y por último tenemos aquellos problemas que se resuelven con conocimientos
geométricos que “viven” en la disciplina y que indudablemente precisan de un
trabajo sistemático para su apropiación. Se trata de todos aquellos problemas
geométricos “puros”, que no tienen su paralelo en la realidad, ni en la vida social,
ni en la experiencia. Por ejemplo, todos los problemas que involucran
propiedades de figuras y cuerpos geométricos.
Evidentemente estas clases de problemas no constituyen categorías
excluyentes, ni pretenden ser exhaustivas o definitivas. Se trata simplemente de
un análisis con el fin de aportar al debate y su necesaria profundización.
Uno de los objetivos de esta distinción es llamar la atención de la necesidad de
constituir en objetos de estudio en el primer ciclo - y por qué no en el segundo -
de la escolaridad básica a todos aquellos conocimientos espaciales cuya
adquisición no es espontánea, es decir tanto a aquellos problemas ligados a la
orientación espacial en grandes dimensiones, como a los problemas de la
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representación plana del espacio sensible. Nos permite también señalar la
innecesariedad de abordar didácticamente la enseñanza de conocimientos
espaciales cuya adquisición es espontánea. Y por último, nos alerta también,
acerca de la imposibilidad de justificar, en el primer ciclo de la escolaridad
primaria, la enseñanza de la geometría de las matemáticas como medio de
resolución de problemas del espacio real. La validez de la enseñanza de la
geometría de las matemáticas deberá ser justificada por otras razones que
expondremos más adelante. O bien podría ocurrir que, en algún momento de la
evolución de la didáctica de la matemática o de profundas revisiones de las
decisiones curriculares fundamentadas en la investigación, se empiece a
considerar en el primer ciclo como objeto de estudio a los problemas espaciales,
y recién en el segundo ciclo, a los problemas geométricos de la matemática o
problemas espacio-geométricos. Dejamos planteado este interrogante.
4. ADQUIRIR CONOCIMIENTOS Y “UN MODO DE PENSAR”
GEOMÉTRICOS COMO APROPIACIÓN CULTURAL
Muchas propuestas didácticas también plantean desde sus fundamentos la idea
de que enseñar matemática debe servir para la vida cotidiana o para aprender a
desenvolverse mejor en el espacio físico. Dichas ideas ponen en juego el
debate acerca de la finalidad de la enseñanza de la geometría. Adoptan, desde
nuestra perspectiva, una concepción instrumentalista de la enseñanza de la
matemática: se le exige que sea “útil”, o que deba “servir” para algo externo.
He aquí dos problemas. Uno refiere a la finalidad externa, y el otro a sus
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relaciones con el espacio físico.
Con respecto al primero, pensamos que un objetivo de la enseñanza de la
matemática puede ser la utilidad para resolver problemas de la vida cotidiana o
el uso social de ciertos conocimientos. Pero dicha finalidad no debería ser
exclusiva ni prioritaria. Desarrollaremos estas ideas más adelante.
Con respecto a la segunda cuestión acerca de las relaciones del estudio de la
geometría de las matemáticas con el espacio físico, hay, en diversos ámbitos
educativos, una cierta “voluntad de establecer relaciones naturales entre lo
sensible y lo inteligible” (Laborde, 1990), entre lo perceptivo y lo teórico. Hemos
mostrado anteriormente la compleja relación entre los conocimientos espaciales
y los geométricos. Y si bien hemos señalado que hay conocimientos geométricos
que permiten resolver problemas espaciales, no hay, al menos por ahora,
evidencias concluyentes de que estudiar geometría de las matemáticas en los
primeros años de la escolaridad permita un mayor dominio del espacio físico
real. En este sentido, Brousseau (1994) señala “no es cierto que la geometría se
refiera a las relaciones con el espacio”.
Tal vez muchos conocimientos geométricos que forman parte de la currícula
escolar no “sirvan” para la vida cotidiana, y tampoco necesariamente abonen a la
conceptualización sobre el espacio físico. ¿Cuál será entonces la finalidad de la
enseñanza de la “geometría de las matemáticas”, geometría casi alejada de lo
real, de lo sensible, de lo empírico, de lo intuitivo, de lo útil?
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La motivación principal de la enseñanza de la geometría no debería ser, desde
nuestro punto de vista, la “utilidad práctica”, sino el desafío intelectual que la
misma involucra. “Una centración exclusiva en la utilidad hace perder de vista a
la matemática como producto cultural, como práctica, como forma de
pensamiento” (Sadovsky y otros, 1999).
Y en relación con la utilidad que se le asigna a la geometría para el dominio del
espacio físico adoptamos la reflexión de Laborde: “…la geometría de las
matemáticas no es el estudio del espacio y de nuestras relaciones con el
espacio, sino el lugar en que se ejercita una racionalidad llevada a su excelencia
máxima” (Laborde, 1984 citado en Gálvez, 1994)9.
Una de las razones principales por las cuales es importante la enseñanza de la
geometría es porque la escuela es también un lugar de creación y transmisión
de la cultura. Y la geometría forma parte de la misma.
Cuando se hace referencia a la importancia de “transmitir la cultura” se corre el
riesgo de una interpretación que considere que dicha transmisión debe ser
realizada como una comunicación directa del saber geométrico. Éste, sabemos,
ha sido un rasgo característico de la enseñanza durante muchos años. Estamos
concibiendo “transmitir la cultura” con un sentido diferente: los recortes del saber
cultural geométrico pueden ser adquiridos por los alumnos en el marco de un
trabajo intelectual matemático de resolución y análisis de problemas, de debate y
argumentación acerca de los mismos, que les permita simultáneamente a la
9
Evidentemente cuando Laborde afirma que la geometría de las matemáticas no estudia el
espacio, se está refiriendo al espacio físico. Como ya hemos desarrollado anteriormente, la
17
apropiación de aspectos o recortes de dichos “objetos del saber”, acceder a un
modo de pensar, a un modo de producir. La apropiación de un tipo de actividad
intelectual propia de la construcción de conocimientos matemáticos, es, desde
nuestro punto de vista, una condición indispensable para acceder a la cultura
matemática. Si esto no es considerado como parte de la enseñanza, se corre el
riesgo de transmitir únicamente los resultados.
Como señala Artigue (1986): “...lo que se propone la enseñanza de las
matemáticas no es simplemente la transmisión de conocimientos matemáticos,
sino, más globalmente, la transmisión de una cultura. Se trata de que los
alumnos entren en el juego matemático”. La geometría no constituye solamente
un conjunto de saberes formalizados a lo largo de la historia, sino que es
asimismo un modelo de razonamiento y deducción muy importante para la
formación cultural de los sujetos.
En síntesis, la enseñanza de la geometría en la escuela primaria puede apuntar
a dos grandes objetivos. Por una parte, a la construcción de conocimientos cada
vez más próximos a “porciones” de saber geométrico elaborados a lo largo de la
historia de la humanidad. Y, en segundo lugar, y tal vez sea el más importante,
al inicio en un modo de pensar propio del saber geométrico. Ambos objetivos
están estrechamente imbricados.
Analicemos ahora el primer objetivo. Entre todo el bagaje de conocimientos
geométricos acumulados, ¿cuáles es posible considerar, en la escuela primaria,
geometría de las matemáticas sí estudia el espacio matematizado.
18
como principal objeto de estudio? Evidentemente el recorte, selección y
secuenciación de saberes matemáticos a enseñar forma parte del proceso de
10
transposición didáctica . Es posible rastrear diferentes decisiones y podemos
imaginar otras nuevas, a partir de las cuales se seleccionen conocimientos aún
nunca puestos en juego en este nivel de la enseñanza. El recorte actual
involucra el estudio de las propiedades de las figuras y de los cuerpos
geométricos. ¿Por qué esta geometría?11 ¿Por qué estos objetos – y no otros -
de esta geometría?
Entre las diversas geometrías existentes, es posible considerar que la geometría
euclideana involucra un nivel de complejidad posible de ser accesible a los
alumnos de este nivel de escolaridad, a diferencia de lo que sucede con la
geometría proyectiva o la geometría de los fractales. También es posible pensar
que la geometría euclideana es una “vía regia” para el inicio en el estudio de un
modo de pensar geométrico, también sobre la base de sus niveles de
complejidad. Otra buena razón - al menos por ahora - para considerar a las
propiedades de las figuras y de los cuerpos geométricos como principales
objetos de estudio en la escuela primaria, es que se trata de objetos que “viven”
allí desde hace muchos años. Esto no significa que la supervivencia sea razón
suficiente para su permanencia. Sin embargo, no hay - por ahora - razones para
“echarlos”. Seguramente en el futuro nuevas investigaciones didácticas, abonen
a un proceso de re-selección de recortes aún dentro de la misma geometría; o
10
Chevallard, Y. (1997) La Transposición Didáctica. Del saber Sabio al saber enseñado. Bs.
As. Aique.
11
De hecho, se ha intentado enseñar nociones topológicas en el Nivel Inicial y primer ciclo de la
escuela primaria de la mano de la Reforma de la Matemática Moderna y apoyados en la
evolución espontánea de los conocimientos espaciales de los niños estudiada por Piaget. Ha
sido suficientemente analizada la confusión entre Psicología y Didáctica y el aplicacionismo
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tal vez se consideren objetos de enseñanza a saberes geométricos de otras
geometrías existentes.
Habiendo apenas mencionado algunas provisorias e insuficientes justificaciones
para considerar a la geometría euclideana como única geometría a estudiar en la
escuela primaria, o para considerar al estudio de las figuras y cuerpos como
principales objetos de enseñanza, dejamos por ahora de lado dicha discusión,
mencionando la necesidad de profundizar en este tipo de análisis.
Nuestro primer objetivo mencionado, - el estudio de las propiedades de las
figuras y los cuerpos - es posible de ser abordado desde el primer ciclo. Es
importante hacer una nueva aclaración. Las propiedades geométricas de las
figuras y cuerpos forman parte, sin duda, del conjunto de saberes geométricos.
Evidentemente los niños - retomamos para ello la distinción entre conocimiento y
saber anteriormente mencionada - pondrán en juego ciertos conocimientos sobre
las figuras que aún distan mucho de las propiedades enunciadas por el saber,
así como sucede con otros objetos matemáticos. Las características que los
niños podrán utilizar o formular, son aquellas versiones provisorias “privadas” de
las propiedades “públicas” del saber sabio12. El pasaje de unas a otras será
parte de un proceso que excede el trabajo en el primer ciclo. Más adelante,
abordaremos el análisis de algunos problemas que permiten poner en juego el
estudio de dichas características.
directo de resultados de indagaciones psicogenéticas a la enseñanza (Brun, 1980; Coll, 1983;
Castorina, Coll, 1998, etc.)
12
Evidentemente también el saber sabio tiene carácter de provisoriedad.
20
Otro problema didáctico del primer ciclo es el tratamiento aparentemente
inevitable de los “dibujos” de las figuras geométricas y de las representaciones
tridimensionales de los cuerpos. Ha sido suficientemente estudiada la distinción
entre dibujo y figura (Arsac 1989; Laborde 1990; Fregona, 1995). Las figuras son
objetos teóricos, matemáticos e ideales que sólo tienen existencia en el interior
de la geometría de las matemáticas. No son objetos tangibles de existencia
empírica. Los dibujos, en cambio, son representaciones materiales de dichos
objetos que no “muestran” las propiedades que definen a las figuras. Las
conceptualizaciones de los sujetos acerca de los objetos geométricos son las
que determinan qué propiedades pueden “verse” en los dibujos.
Ha sido estudiado cómo la enseñanza de la geometría estuvo organizada en la
presentación ostensiva13 de dibujos como así también algunas consecuencias
de dicha forma de “hacer vivir” las figuras en las aulas: los alumnos tienden a
transferir ciertas propiedades de los dibujos a las figuras (la posición en la hoja,
restricciones a figuras que no las poseen, etc.). Un ejemplo de cómo se
“amalgaman” propiedades a las figuras puede analizarse cuando, frente al
pedido de construir un rombo, los alumnos tienden a construir un rombo
cuadrado; o, frente al pedido de construcción de un cuadrilátero, tienden a
construir un rectángulo. Las dificultades para comprender la generalidad y la
particularidad de las figuras también se refuerza didácticamente por la
presentación casi exclusiva de “figuras típicas” (Berthelot y Salin 1994, Fregona,
1995, etc.).
21
Ahora bien, muchas de las propuestas didácticas que intentan subsanar esta
relación casi “natural” o identificación entre objetos geométricos y dibujos que los
representan, están dirigidas al segundo o tercer ciclo. No encontramos por
ahora, formas de abordar en el primer ciclo el estudio de las figuras geométricas
sin considerar como punto de partida los dibujos con los que las representamos.
La problemática de las relaciones entre dibujos y figuras también se inscribe en
el marco de la relación entre conocimientos y saberes. Por un lado, hay
decisiones ligadas al proceso de transformación de saberes a conocimientos a
enseñar: ¿cómo iniciar a los alumnos en el estudio de las figuras y no
exclusivamente de los dibujos con los cuales las representamos? Por otra parte,
involucra el pasaje de los conocimientos construidos por los niños en esos
primeros años a saberes: ¿cómo hacer avanzar dichos conocimientos iniciales
sobre los dibujos hacia conocimientos sobre las figuras más próximos al
saber?14
Volvamos al segundo objetivo planteado: el inicio en un modo de pensar propio
del saber geométrico. Este “modo de pensar” supone poder apoyarse en
propiedades de los objetos geométricos para poder anticipar relaciones no
conocidas o inferir nuevas propiedades. Es decir, realizar un proceso de
anticipación sobre los resultados a obtener sin necesidad de realizar acciones
empíricas y sin apoyarse exclusivamente en la percepción. El modo de pensar
13
Berthelot y Salin (1994) caracterizan a la enseñanza ostensiva como aquella en la que las
figuras son “mostradas”. Analizan críticamente el supuesto psicológico y didáctico de que los
alumnos podrán identificar propiedades de las figuras a través de la percepción.
14
Cuando los niños conocen los dibujos pueden distinguir el dibujo de un cuadrado entre otros
dibujos de otras figuras. Pero el conocimiento de las propiedades de los cuadrados les
permitirá a los alumnos resolver una gama más amplia de problemas que no involucran
22
geométrico implica demostrar la validez de una afirmación a través de
argumentos, los que, incluso en algunos casos, se oponen a la percepción o a
la medida15. Estos aspectos del estudio de la geometría se inician en los
primeros años de la escuela primaria, pero son más propios del segundo y tercer
ciclo. En los problemas que a continuación se analizan se mostrará dicho juego
anticipatorio.
Destacamos aquí la importancia de ofrecer condiciones para que todos los
alumnos se apropien de este particular modo de pensar, tan diferente al de otras
áreas del conocimiento, a veces casi opuesto a la racionalidad cotidiana. Forma
parte del conjunto de conocimientos que la escuela tiene la obligación de
socializar, ya que, si no se aprenden en la escuela, difícilmente se aprendan.
“Creemos que hay un modo de estudiar geometría que permite que los alumnos
desarrollen un modo de pensar, propio de la matemática, que sólo existe si la
escuela lo provoca y al que creemos que todos los alumnos tienen derecho a
acceder. Es la relación con el saber la que está en juego” (Sadovsky y otros,
1998).
Señalamos entonces un “riesgo”: considerar a la matemática “útil” como
necesaria “para todos”, y a la matemática en tanto “modo de pensar” como lujo
accesible exclusivamente “para unos pocos” permite justificar prácticas de
enseñanza discriminatorias. Subyace al presente debate didáctico una cuestión
exclusivamente el terreno de la percepción. Por ejemplo, podrán construirlos, comunicar a otros
alumnos sus características, formular preguntas para adivinar de cuál figura se trata, etc.
15
Por ejemplo, la construcción de un triángulo cuyos lados midan 10, 5 y 5, podría admitir una
“resolución empírica”, aunque dicho triángulo no existe.
23
ideológica: si fomentar o no el acceso de todos los niños al “modo de pensar”
geométrico, sin duda “porción” de la cultura.
5. PROBLEMAS QUE PERMITEN INICIAR A LOS NIÑOS EN EL ESTUDIO DE
CARACTERÍSTICAS DE FIGURAS Y CUERPOS GEOMÉTRICOS
Las propiedades de los cuerpos y figuras geométricos son objetos matemáticos
que precisan ser estudiados a lo largo de varios años. Por una parte, por la
diversidad de propiedades que pueden ser objeto de trabajo en cada año o ciclo.
Y, por otra parte, por la complejidad y diversidad de problemas en los que es
posible que dichas propiedades se constituyan en un medio de resolución. Se
presenta a continuación el análisis didáctico de algunos problemas que
favorecen el avance de los conocimientos de los alumnos sobre estos objetos
geométricos en los primeros años de la escuela primaria.
El primer problema que se presenta tiene la forma de un juego de adivinación.
Está pensado para incluirse al inicio de un proyecto de enseñanza en primero o
segundo año16 que apunte a la conceptualización, por parte de los alumnos, de
un conjunto de propiedades de las figuras geométricas.
5.1. JUEGO DE ADIVINACIÓN DE FIGURAS17
5.1.1. Objetivo:
16
Este problema también puede presentarse a alumnos de tercer año de la EGB que no hayan
tenido oportunidad de enfrentarse con anterioridad a un problema similar. Asimismo,
“relajando” las variables didácticas podría ser planteado a alumnos del Nivel Inicial.
17
La idea de un juego de adivinación - aunque para otros objetos matemáticos - ha sido
tomada del “Juego del Retrato” (1988) publicado en Un, deux...beaucoup, passionnément!,
24
El objetivo principal de la siguiente actividad es que los alumnos identifiquen y
expliciten algunas características de ciertas figuras de modo tal que otro alumno
pueda reconocerlas. Este problema también permite la incorporación de cierto
vocabulario convencional.
5.1.2. Presentación del problema:
Se les presenta a los alumnos la siguiente colección de figuras:
Recontres Pédagogiques Nº 21, y de la secuencia didáctica elaborada por Saiz, I y Fregona D.
(1984): “Quién adivina el número”. Laboratorio de Psicomatemática. DIE-CINVESTAV .
25
El docente piensa en una de ellas, pero no dice en cuál. Los alumnos tienen
que elaborar preguntas que sólo admitan por respuesta “Sí” o “No”. Mediante
dichas preguntas y las respuestas que da el docente, los niños deberán
descubrir de qué figura se trata.
5.1.3. Variables didácticas:
Una variable didáctica de este problema está dada por las propiedades que se
ponen en juego en la colección de figuras. En nuestro caso, el universo
seleccionado responde a las siguientes propiedades: cantidad de lados, lados
rectos o curvos, cantidad de vértices, longitud de los lados, etc. (aunque los
niños no recurran a los términos convencionales18).
Otra variable didáctica la constituye el soporte material. Se ha tenido presente al
conformar la colección de figuras que las mismas no puedan ser distinguidas
entre sí por atributos no geométricos, como, por ejemplo, color o textura (si las
figuras fueran de diferente color o diferente textura, estos atributos les
permitirían a los alumnos distinguirlas sin necesidad de considerar propiedades
geométricas).
La variedad de figuras es también otra variable didáctica. En la colección
presentada se les exige a los alumnos precisar la caracterización, de tal manera
que no les sea suficiente con usar un nombre o una sola propiedad (por ejemplo
no basta preguntar “¿es el cuadrado?” o “¿tiene cuatro lados?” para determinar
18
Si la intención fuera, por ejemplo, que los alumnos identificaran clases de triángulos en
función de sus ángulos, el universo de figuras estaría solamente conformado por diversos
triángulos rectángulos, acutángulos y obtusángulos. Aunque los alumnos no conocieran los
26
de qué figura se trata). Por ello se presentan varios cuadrados, varios
rectángulos, varios triángulos, etc. Para garantizar esta variedad es necesaria
entonces una cierta cantidad de figuras. Un trabajo con pocos elementos en la
colección (cuatro o cinco) probablemente limitaría las posibilidades de establecer
características y no exigiría a los niños un análisis más preciso de las
propiedades involucradas19.
Otra variable son las condiciones para la formulación de las preguntas. La
restricción de que sólo puedan ser contestadas por “Sí” o “No” apunta a provocar
la explicitación de propiedades en la formulación de las preguntas y a inhibir
preguntas menos precisas (¿Cómo es?, ¿Qué forma tiene?, etc.).
5.1.4. Desarrollo de la actividad:
La puesta en marcha de esta actividad demanda la consideración de dos fases
bien diferenciadas: una de elaboración de preguntas para adivinar de qué figura
se trata y otra de análisis de las preguntas que busca una progresiva
descontextualización y explicitación de las propiedades de las figuras
geométricas. Estas dos fases se repiten en cada instancia de juego.
Primera fase: Juego de preguntas y respuestas
En esta primera fase el docente presenta el juego y el material del mismo.
Explica a sus alumnos que ha pensado en una figura y que ellos deben realizar
preguntas para adivinar cuál es la figura que él ha elegido. Las preguntas
términos convencionales, se verían exigidos a nombrar a su modo las características de los
mismos para diferenciarlos.
27
solamente pueden ser contestadas por sí o por no. Se busca que los alumnos
formulen características que van identificando.
Las primeras preguntas que los niños elaboren darán cuenta de sus
conocimientos iniciales: algunas características de las figuras geométricas y un
cierto vocabulario sobre sus elementos. Por ejemplo, la palabra “lados”, la
identificación de “lados iguales”, “lados inclinados”, “cuatro puntas”, etc. Estos
conocimientos puestos en juego desde el inicio del problema se constituirán en
puntos de partida para la producción de nuevos conocimientos.
Es esperable una heterogeneidad en la clase en relación con las propiedades
identificadas que forman parte de las preguntas, el vocabulario utilizado y el
procesamiento de la información (cómo se elaboran preguntas y cómo se
consideran las preguntas y respuestas ya dadas). La explicitación y circulación
de estos conocimientos heterogéneos será la finalidad de la segunda fase.
Segunda fase: Análisis de las preguntas
Luego de “jugar” dos o tres veces, las preguntas mismas se transforman en
objeto de análisis. Ahora se busca hacer circular y sistematizar los
conocimientos iniciales cuya aparición se ha promovido desde el primer juego.
Para esta fase es central considerar la gestión de la clase por medio de una
diversidad de intervenciones docentes.
19
Evidentemente la cantidad de figuras depende de cómo garantizar una variedad. Para
identificar propiedades de ángulos o lados de triángulos podría ser suficiente con seis o siete
28
Serán necesarias ciertas intervenciones del docente dirigidas a que los alumnos
analicen la pertinencia y eficacia de las preguntas. Con respecto a la pertinencia
se intentará que descarten aquellas preguntas que no puedan ser contestadas
por “Sí” o por “No” y logren reformularlas. Por ejemplo, una posible intervención
del docente en este sentido podría ser: “Algunos chicos preguntaban: ¿cuántos
lados tiene la figura?, ¿se puede hacer esa pregunta?...¿Cómo hacer para
averiguar cuántos lados tiene y que se pueda contestar sí o no?”.
En relación con la mayor o menor eficacia de ciertas preguntas se promoverá
analizar cuáles preguntas permiten descartar más figuras y cuáles permiten
descartar pocas o una sola y comparar en qué momento del juego es
conveniente formular unas u otras. Por ejemplo, si frente a la pregunta “¿es un
círculo?” se obtiene una respuesta negativa se descartan dos figuras. La
pregunta “¿tiene lados curvos?” permite descartar mas figuras.
Algunas intervenciones permiten recuperar aquellas caracterizaciones
establecidas por los niños en la primera fase de trabajo a partir del análisis de
algunas de las preguntas formuladas. Por ejemplo: “Algunos chicos preguntaron:
¿Tiene los lados inclinados? ¿Qué figuras tienen lados inclinados?” O por
ejemplo: “¿Estas figuras (mostrando el trapecio isósceles, el paralelogramo y el
rombo) tienen los lados inclinados?”. Otro ejemplo de intervenciones que
apuntan a que todos los alumnos identifiquen aquellas características que
algunos niños han considerado anteriormente podría ser: “Algunos chicos
preguntaban si tenían “lados redondos”. Esta pregunta les parece que les puede
triángulos.
29
servir para otra vez que juguemos? ¿Por qué?”
Otras intervenciones tienen la intención de que los alumnos tomen conciencia de
que ciertas características no son suficientes como para poder adivinar y ganar
el juego ya que hay varias figuras con cada característica. Por ejemplo: “Si un
chico pregunta ¿tiene cuatro lados? y le contesto que sí, ¿ya puede saber
seguro cuál figura es?” O bien: ¿qué convendría preguntar después?”
La incorporación de vocabulario específico también requerirá de ciertas
intervenciones. Por ejemplo: “Para ponernos de acuerdo vamos a llamar a los
“lados redondos” como “lados curvos”. “Nombraremos a las puntas como
vértices”, etc.
Otras intervenciones didácticas en el marco del trabajo colectivo que merecen
ser destacadas son aquellas que permiten a los alumnos tomar conciencia de
aquello nuevo que ha circulado en la clase y que deben retener. Una forma que
puede adoptar el registro de los nuevos conocimientos es a través de
“conclusiones”, de “sugerencias de buenas preguntas”, o bien de “consejos para
jugar mejor”. Por ejemplo: “Vamos a anotar aquí en este cartel los consejos para
jugar mejor” o “En este cartel quedarán anotadas algunas preguntas que hoy
vimos que eran muy útiles para saber rápido de qué figura se trata”. “Hoy vimos
que eran preguntas muy importantes si las figuras tenían cuatro lados, o si
tenían tres lados. Vamos a registrarlas para que nos sirvan para mañana que
seguiremos jugando”. “Si ya sabemos que tienen cuatro lados, entonces se
puede averiguar si son iguales”, etc. El registro colectivo e individual - en los
30
cuadernos - apunta, desde la perspectiva de los alumnos, a disponer de
recursos que les permitan “jugar mejor”. Desde la perspectiva de la enseñanza,
tiene por finalidad promover la reutilización de lo aprendido, es decir, propiciar
avances en los conocimientos.
Los nuevos conocimientos producidos, institucionalizados20 y registrados pueden
ser evocados en nuevas jugadas21: Un ejemplo de intervención que apunta a
recordar los avances producidos en clases anteriores es por ejemplo: “Vamos a
recordar antes de jugar todo lo que aprendimos ayer, así hoy jugamos mejor.
Entonces voy a leer los carteles que están colgados así nos acordamos de las
cosas que ya aprendimos”.
En síntesis, la gestión de esta segunda fase requiere de una variada gama de
intervenciones que promueven la explicitación de propiedades, la circulación de
conocimientos entre los alumnos, el avance de las conceptualizaciones
realizadas por los alumnos durante la primera fase de juego, la toma de
conciencia del progreso en los conocimientos, la incorporación de nuevo
vocabulario, etc.
Estas dos fases de trabajo – el juego de preguntas y respuestas y el posterior
análisis de las preguntas - deberán ser desplegadas sucesivamente a lo largo de
varias clases de manera tal de promover la reutilización de lo aprendido en
20
La toma en cuenta “oficial” por el alumno del objeto de conocimiento y por el maestro del
aprendizaje del alumno es un fenómeno social muy importante y una fase esencial del proceso
didáctico: este doble reconocimiento es el objeto de la institucionalización (Brousseau, 1994)
21
Perrin Glorian (1995) y Margolinas (1993) inauguran una serie de intervenciones del docente,
como por ejemplo: sugerir un procedimiento, evocar un conocimiento, hacer públicos
procedimientos, etc.
31
nuevas preguntas y de provocar el análisis de otros aspectos cada vez que se
inicia la segunda fase.
Luego de diferentes juegos es pertinente considerar una nueva variable
didáctica: la cantidad de preguntas. Por ejemplo, “hoy solamente podrán hacerse
cinco preguntas”, o bien “hoy contaremos cuántas preguntas hacen para adivinar
la figura y compararemos con la cantidad de preguntas que hicieron ayer. Vamos
a ver si pueden adivinar con menos preguntas”. La limitación en la cantidad de
preguntas que se autorizan exige a los alumnos precisar las relaciones,
incorporar vocabulario, identificar aquellas características que permitan
“englobar” o “descartar” a una buena parte de la colección de figuras, etc.
Actividades de reinversión:
Posteriormente se pueden proponer actividades individuales que permitan a los
alumnos reutilizar los conocimientos aprendidos. Por ejemplo: “Un nene tenía
estas figuras (presentando el dibujo de una nueva colección de figuras) y no
sabía cuál había pensado su maestro. ¿Qué preguntas le convendría hacer?” o
“Un chico de ese mismo grado preguntó: ¿tiene lados redondos? Y le dijeron que
no. Luego preguntó: ¿es el redondel? Y también le dijeron que no. ¿Qué pensás
de las preguntas que hizo ese chico? ¿te parece que todas eran necesarias?,
¿por qué?”. También se podrían presentar una colección de figuras, dos o tres
preguntas “contestadas” y que los alumnos señalen cuáles son las posibles
figuras o que elaboren una nueva pregunta.
Evidentemente serán necesarios nuevos problemas que permitan a los alumnos
32
aprender otras propiedades o reinvertir éstas en situaciones diferentes.
5.2. CONSTRUIR EL ESQUELETO DE UN CUERPO
Este problema está pensado para incluirse en el marco de un proyecto de
enseñanza para segundo o tercer año de EGB que apunte a la
conceptualización por parte de los alumnos de un conjunto de propiedades de
los cuerpos geométricos.
5.2.1. Objetivo:
El objetivo del problema es que los alumnos anticipen qué elementos precisan
para realizar una construcción de un cuerpo dado identificando cantidad y
variedad de aristas y cantidad de vértices22.
5.2.2. Presentación del problema:
Los alumnos - organizados en parejas - deben construir el esqueleto de un
cuerpo. Para ello deberán solicitar varillas (aristas) y bolitas de plastilina
(vértices) que precisarán para la construcción. El pedido podrá efectuarse
oralmente o por escrito (ver segunda fase) mediante “bonos de pedido”. En este
problema, los alumnos tienen la posibilidad de controlar por sus propios medios
la validez de la anticipación realizada, cuando reciben los materiales solicitados
22
No hay estudios didácticos que permitan hoy día afirmar que, en relación con el estudio de
los cuerpos o de las figuras geométricas, uno deba preceder al otro. La tradición de empezar
por cuerpos y continuar con figuras fue el resultado de un aplicacionismo de resultados
psicológicos a la enseñanza, problema al que se ha hecho referencia en la llamada N º 8.
Cuerpos y figuras son objetos diferentes que pueden ser estudiados en el mismo ciclo o año
independientemente del orden. Evidentemente será posible, en aquellos años en los que se
estudien tanto figuras como cuerpos presentar a los alumnos problemas que les permitan
estudiar las relaciones entre ambos tipos de objetos geométricos.
33
e intentan construir el esqueleto del cuerpo.
5.2.3. Materiales:
-Un cuerpo geométrico a modo de modelo.
-Varillas “largas” y varillas “cortas”
-Bolitas de plastilina
-Papel y lápiz
5.2.4. Variables didácticas:
Una de las variables didácticas de este problema es la longitud de las varillas.
La diversidad de longitudes se relaciona con que para algunos cuerpos se
precisan varillas de igual longitud (por ejemplo, para armar el “esqueleto” del
cubo), para otros varillas de diferente longitud (por ejemplo, para armar ciertos
prismas) y para otros casos es indistinto (por ejemplo, para armar una pirámide
cualquiera).
Una segunda variable didáctica la constituye el hecho de que cada pareja de
alumnos construya un cuerpo diferente (primera fase) o construyan el mismo
cuerpo (segunda fase). La diversidad de cuerpos a construir permite la
comparación posterior enfatizando las diferencias entre los cuerpos. El trabajo
de todos los alumnos en torno a un mismo cuerpo favorecerá en cambio la
comparación de las anticipaciones realizadas y permitirá profundizar en los
elementos de cada cuerpo en particular.
Otra variable didáctica la constituye el medio por el cual se realiza el pedido de
34
materiales: en forma oral o en forma escrita a través de un “bono de pedido”
(segunda fase). La exigencia de producir un registro escrito de la solicitud
demanda a los alumnos la anticipación de características de los cuerpos
relativos a la cantidad de “aristas” y “vértices” y a la variedad de aristas que
precisan. Si el pedido se formulara oralmente, los alumnos tendrían más
oportunidad de “corregir” o “completar” sus pedidos erróneos a medida que
fueran construyendo el cuerpo y posiblemente se dificultaría el análisis colectivo
sobre los errores. El registro escrito fuerza a tomar decisiones conjuntas y a
explicitarlas por una parte, y permite, por la otra el análisis posterior sobre la
anticipación realizada.
Una última variable es la distancia entre el cuerpo geométrico y los alumnos.
Cuando el cuerpo se encuentra presente y disponible para los alumnos, la
identificación de aristas y vértices se apoyará fundamentalmente en el conteo
realizado sobre el cuerpo. Cuando se realiza la misma actividad con el cuerpo
ubicado a mayor distancia de los alumnos (por ejemplo, en el escritorio del
docente) y con la restricción de que no es posible trasladarlo ni trasladarse
hacia él, se promueve una cierta inhibición para realizar el conteo sobre el
objeto. Será posible identificar sus elementos a partir de una representación
mental del mismo, es decir será necesario inferir elementos no “visibles”
perceptivamente (por ejemplo, en un prisma, se mantendrán ocultos algunas
aristas y vértices), pero “reconstruibles” a partir del conocimiento sobre dicho
cuerpo.
5.2.5. Desarrollo de la actividad:
35
La puesta en marcha de este problema exige considerar diferentes momentos de
trabajo que tienden a una progresiva explicitación y descontextualización de las
propiedades de los cuerpos geométricos en función de sus aristas y vértices.
Primera fase: construir el esqueleto con el cuerpo “al alcance de la mano” y sin
confeccionar bono de pedido
Los alumnos organizados en parejas deben construir el esqueleto de un cuerpo
geométrico presente “al alcance de la mano” y podrán tomar libremente los
materiales dispuestos en el escritorio del docente. Esta construcción inicial les
permitirá realizar ajustes simultáneamente entre los materiales que eligen y los
resultados que obtienen. En esta fase no es necesario que todas las parejas
trabajen sobre el mismo cuerpo.
Segunda fase: Confección de un bono de pedido con el cuerpo presente y al
“alcance de la mano”
En esta segunda fase nuevamente el docente presenta un cuerpo y los alumnos
esta vez deben hacer un bono de pedido que presentarán al docente, a partir del
cual él les entregará los materiales solicitados. Esta fase exige a los alumnos
considerar la cantidad de aristas y de vértices y la variedad de aristas que
precisarán para la construcción y registrar en forma escrita el pedido. Dada la
cercanía del cuerpo les es posible realizar el conteo de elementos. Es
conveniente que todos los alumnos trabajen sobre el mismo cuerpo de tal
manera de permitir luego la comparación de los bonos realizados y los
resultados obtenidos.
36
En estas dos fases la finalidad es que los alumnos comprendan la consigna del
juego y se familiaricen con la situación.
Tercera fase: Construcción de un bono de pedido con cuerpo presente que no
está “al alcance de la mano”
Esta fase busca promover un mayor trabajo de anticipación por parte de los
alumnos. El cuerpo se encuentra ubicado a una distancia mayor que en las
fases anteriores. Los alumnos no pueden acercarse al mismo, ni éste puede ser
trasladado hacia las parejas. Nuevamente deben elaborar un bono de pedido de
materiales que exige ponerse de acuerdo en el pedido a realizar. La lejanía del
mismo inhibe la posibilidad de realizar el conteo de los elementos sobre el
propio objeto. Estas condiciones exigen a los alumnos evocar las características
“visibles” y “no visibles” del cuerpo en cuestión.
Una vez que los alumnos reciben el material deben construir el esqueleto del
cuerpo, verificando la validez de la anticipación realizada.
Al proponer en esta fase que todas las parejas trabajen sobre el mismo cuerpo
geométrico, se favorece la comparación e institucionalización posterior de las
características del mismo en la fase siguiente.
Cuarta fase: Análisis colectivo de bonos y construcciones
En este momento se promueve un trabajo colectivo de reflexión y
sistematización acerca de los elementos necesarios para armar el cuerpo. Se
comparan todos los bonos que se han confeccionado para hacer los pedidos
distinguiendo aquellos que han permitido realizar la construcción - sin que
37
sobraran ni faltaran materiales - de aquellos que no lo han permitido. Se
realizará un análisis acerca de las dificultades que han tenido las diferentes
parejas: si han sobrado materiales o si han sido insuficientes, si no han
considerado en forma correcta la longitud de las varillas, etc.
El docente promueve el análisis de las razones por las cuales los alumnos
produjeron bonos acertados o erróneos. Por ejemplo: “¿por qué creen que les
faltaron elementos?, Algunos chicos pidieron de menos ¿se habrán olvidado de
considerar “un lado”?, ¿cuál?, ¿pidieron todas varillas iguales?, ¿qué no
tuvieron en cuenta?”, “¿qué tuvieron en cuenta para hacer el pedido de las
varillas largas?”, “¿nunca sobraron?”, etc.
Será necesario llevar adelante estas dos últimas fases de trabajo a lo largo de
varias clases de tal manera de permitir a los alumnos explorar las propiedades
de otros cuerpos. Cada vez que se reitera la cuarta fase con un nuevo cuerpo
geométrico, el docente podrá proponer el registro de la variedad y cantidad de
elementos del mismo y la comparación con los elementos necesarios y
suficientes para construir otros cuerpos.
Esta cuarta fase también permite instalar cierto vocabulario específico que,
desde la perspectiva de los alumnos, les permitirá “entendernos mejor”, “hacer
bonos más claros”, etc.
Actividades de reinversión
Finalmente, se pueden plantear actividades que permitan reutilizar los
38
conocimientos nuevos producidos a partir de estos problemas. Por ejemplo, la
comparación de bonos de pedido de cuerpos diferentes. Se presentan bonos de
pedido y se solicita que anticipen cuál o cuáles cuerpos será posible construir
con cada pedido. Esta variante de la actividad permite, por ejemplo, considerar
las similitudes y diferencias entre las varillas de prismas rectangulares y de
cubos o de prismas con base triangular y base cuadrada.
Del mismo modo que ha sido señalado para los juegos de adivinación, es
posible plantear a los alumnos, en forma posterior al juego, actividades de
reinversión individuales escritas en las que se simula parte del juego. Por
ejemplo: “Si quisiéramos armar el esqueleto de una pirámide de base cuadrada
¿cuántas varillas largas precisarían? ¿y cortas? ¿cuántas bolitas de plastilina?”
Será interesante discutir luego con los alumnos si era posible o no armar la
pirámide con varillas del mismo tamaño. O bien: “Una pareja pidió 4 bolitas de
plastilina. ¿qué cuerpo tendrá que armar?” Será interesante analizar si existen
una o más posibilidades.
Este problema, ha sido señalado, se inscribe en el marco de un proyecto de
enseñanza sobre los cuerpos geométricos. Será necesario continuar el estudio
de los mismos con problemas diferentes que pongan en juego otros
conocimientos.
Por último, queremos resaltar que en este problema, si bien el objeto de estudio
son las propiedades de los cuerpos, se movilizan también conocimientos
ligados al quehacer matemático: la actividad anticipatoria que realizan los
39
alumnos. Es parte del “juego” tomar decisiones y validar luego si las
anticipaciones realizadas han sido o no correctas.
5.3. COPIADO DE UNA FIGURA23
A continuación se presenta un nuevo problema -posible de ser abordado en
tercer año de EGB- que busca que los alumnos profundicen las relaciones entre
los elementos de las figuras.
5.3.1. Objetivo:
El objetivo de este problema es que los alumnos identifiquen relaciones entre los
elementos de un rectángulo y de un cuadrado, con la finalidad de poder
copiarlo.
5.3.2. Materiales por alumno:
-Una copia del dibujo en hoja cuadriculada
-Hojas cuadriculadas
-Hojas blancas lisas
-Regla
-Escuadra
5.3.3. Presentación del Problema:
El docente entrega a cada alumno una hoja con el siguiente dibujo:
23
Este problema es una adaptación de los presentados para el segundo ciclo de la EGB en
Sadovsky, Parra, Itzcovich, Broitman (1998).
40
Los niños deberán copiarlo en otra hoja de manera tal que la copia pueda
superponerse con el original.
También en este problema los alumnos pueden validar por sí mismos su
producción sin necesidad de la corrección por parte del docente. Por medio de la
superposición a trasluz podrán darse cuenta de si han logrado o no reproducir la
figura presentada. Y si no lo han logrado, podrán realizar ajustes o volver a
empezar.
5.3.4. Variables didácticas:
En este problema el dibujo está presente. No se intenta, a diferencia del
problema anterior, desplegar un trabajo centrado en la anticipación, ya que con
el modelo a la vista, los alumnos podrán realizar un juego de ensayos y ajustes
sobre los errores.
41
Una variable didáctica es el dibujo que se presenta. En este caso se seleccionó
un dibujo que pone en juego características del cuadrado, del rectángulo, de la
diagonal, y las relaciones entre las longitudes de los lados de ambas figuras.
Otra de las variables es el tipo de hoja que se utiliza para presentar el dibujo. En
este caso, se presenta el dibujo en hoja cuadriculada. Presentar el dibujo en hoja
lisa promovería la necesidad de tomar medidas con la regla para trasladar cada
segmento, en cambio con hoja cuadriculada es suficiente con contar los
cuadraditos.
El tipo de hoja que se utiliza para copiar el dibujo constituye también una
variable didáctica. Si los alumnos deben copiar la figura en una hoja
cuadriculada les será suficiente nuevamente con el conteo de cuadraditos para
determinar las longitudes de los lados. Pero, lo que es mucho más importante
aún, está resuelto el problema de cómo trazar perpendiculares para los ángulos
de los cuadriláteros en cuestión. Si los alumnos deben realizar el copiado en
hoja lisa, precisarán necesariamente usar la regla para transportar longitudes y
la escuadra para trazar perpendiculares.
Los instrumentos habilitados para realizar el copiado constituyen también otra
variable didáctica. En este problema los alumnos pueden utilizar regla no
graduada, regla graduada y escuadra. El tipo de instrumentos está en estrecha
relación con el tipo de hoja en la que se presenta el dibujo y se exige su copiado.
Como ha sido analizado anteriormente, si los alumnos tuvieran que copiar el
42
dibujo en hoja cuadriculada, no precisarían ni de regla graduada ni de escuadra,
con lo cual no se movilizarían los conocimientos sobre cómo construir un ángulo
recto. Si se tratara de una hoja lisa, precisarían regla graduada para construir
lados de igual medida y escuadra para construir ángulos rectos24. La habilitación
para el uso de unos u otros instrumentos modifica los conocimientos que los
alumnos ponen en juego en el problema.
5.3.5. Desarrollo de la actividad:
El trabajo en torno a este problema se organiza en varios momentos que pueden
involucrar varias clases.
Primera fase: copiado de la figura (de hoja cuadriculada a hoja cuadriculada) en
forma individual
El docente entrega una copia del dibujo en hoja cuadriculada a los alumnos
quienes deben copiarlo, también en una hoja cuadriculada. Pueden usar
cualquier instrumento. Para realizar el copiado los alumnos podrán contar los
cuadraditos y usar la regla para trazar los lados, o bien usar la regla para medir y
trazar.
Esta fase no exige explicitar las propiedades de la figura (como sucede en los
ejemplos anteriores); las características de la misma permanecen implícitas. Por
ejemplo, los alumnos podrán considerar o no las relaciones entre las longitudes
de los lados (de igualdad, de triple, etc.) .
24
Este mismo problema, restringiendo el copiado al uso de regla no graduada y compás
provoca la necesidad de construir mediatrices para el trazado de perpendiculares.
Evidentemente, bajo estas condiciones, es un problema para alumnos del segundo ciclo.
43
Segunda fase: hacia el análisis colectivo de la figura
En la segunda fase se organiza el trabajo colectivo con el fin de que los alumnos
expliciten aquellas relaciones que se han tenido en cuenta y aún no habían sido
formuladas durante el copiado. Se promueve una reflexión en torno a los
procedimientos de copiado, a las características que se han tenido en cuenta y a
los instrumentos que se han utilizado.
Al finalizar esta fase se promoverá la circulación y el registro de ciertos
conocimientos:
- que el cuadrado tiene sus cuatro lados iguales
- que el rectángulo tiene dos pares de lados opuestos iguales
- una primera aproximación a la noción de diagonal
Tercera fase: copiado de la misma figura (de hoja cuadriculada a hoja lisa) en
forma individual.
En esta fase se presenta a los alumnos el mismo dibujo. Deberán copiarlo, pero
en este caso, en una hoja lisa. El tipo de hoja sobre la cual se debe realizar el
copiado exige consideraciones más precisas sobre aquellas características de la
figura que deben ser tenidas en cuenta para llevar a cabo la tarea. El conteo de
cuadraditos, procedimiento pertinente para la primera fase, se torna insuficiente
en esta instancia. De esta manera, requiere de los alumnos el uso de la regla
como instrumento que permite trasladar y controlar la igualdad de los lados entre
el original y la copia y, simultáneamente, la igualdad entre los lados del cuadrado
y de los lados opuestos en el rectángulo.
44
En las fases anteriores, el papel cuadriculado permitía realizar la tarea sin
considerar la perpendicularidad entre los lados. La nueva restricción - copiar en
hoja lisa - enfrenta a los alumnos al problema de cómo construir dos lados
perpendiculares, aunque no sea enunciado así el problema por parte de los
alumnos. La escuadra será el instrumento que permitirá su resolución.
Cuarta fase: análisis colectivo del problema
Posteriormente al trabajo de copiado sobre hoja lisa desarrollado por los
alumnos, se propicia un análisis colectivo de los nuevos aspectos que este
problema introduce. Para el desarrollo de esta fase, el docente podrá recurrir a
diferentes intervenciones. Por ejemplo: “¿Les quedó igual el original y la copia?
¿Cómo hicieron para que les salieran iguales?”. Se apuntará entonces a instalar
la necesidad de utilizar la regla para garantizar la igualdad entre la copia y el
original.
Si surgieran comentarios de los alumnos relativos a cómo la regla les permitió
también controlar la igualdad entre los lados en el cuadrado y entre los lados
opuestos en el rectángulo, el docente podrá hacer explícitas estas relaciones.
El docente promoverá la reflexión sobre el nuevo aspecto que este problema
intenta provocar: la perpendicularidad de los lados continuos de los rectángulos
y cuadrados. Para ello podrá preguntar: “¿Cómo hicieron para hacer el cuadrado
ahora que no tenían los cuadraditos? ¿Cómo saben que es un cuadrado? A
algunos chicos les quedó un poco torcido, ¿qué pudo haber pasado? , ¿cómo
hicieron las “puntas” de las figuras iguales a las del original?”, etc. Luego de la
45
explicitación por parte de los alumnos de esta característica que había que
considerar, y del uso de la escuadra (o de la punta de la regla usada como
escuadra) el docente, con la finalidad de hacer circular este nuevo conocimiento,
podrá instalar, por ejemplo: “Hoy aprendimos que los lados del cuadrado y del
rectángulo están puestos formando una “ele”, y que con la escuadra podemos
hacer bien su dibujo” o bien “Estos lados son perpendiculares, y se pueden
trazar con la escuadra”, “Los lados así (mostrando los lados continuos de un
cuadrado) se llaman perpendiculares y la escuadra sirve para trazarlos” etc. En
síntesis, se apuntará a que identifiquen esta característica de la
perpendicularidad, a que conozcan su nombre “oficial” y a que reconozcan el uso
de un instrumento para su trazado.
Una vez más planteamos la insuficiencia de este único copiado para el estudio
de dichas propiedades. Será necesario trabajar en otras clases con el copiado
de otros dibujos que pongan en juego los mismos elementos o elementos
relacionados. Asimismo será preciso incorporar otros problemas que apunten en
la misma dirección.
5.4. ACERCA DE ESTAS TRES ACTIVIDADES
Los problemas analizados tienen aspectos comunes que parece interesante
destacar. En primer lugar, son situaciones de enseñanza que permiten la
utilización por parte de los alumnos de sus conocimientos geométricos intuitivos
como punto de partida, y que, al mismo tiempo, provocan desafíos que
favorecen la producción colectiva de conocimientos geométricos nuevos.
46
La “potencia” de estos problemas para la construcción de conocimientos
geométricos no reside exclusivamente en la actividad misma que realizan los
alumnos mientras los resuelven, sino también, en el tipo de interacciones que
permite promover en la clase con respecto a los objetos geométricos en
cuestión. Se han ejemplificado intervenciones didácticas que son necesarias
para generar en el aula dichas interacciones con los conocimientos.
En segundo lugar, los alumnos pueden darse cuenta de la validez de lo
realizado sin necesitar la “corrección” del maestro. Han logrado o no adivinar la
figura, han podido o no reproducirla, han logrado o no construir el cuerpo
solicitado. Es parte del problema considerar los efectos de las acciones
realizadas. La validación de la situación está prevista en los mismos
problemas25.
Ahora bien, evidentemente dicha validación en estos problemas es empírica. Sin
embargo, el tipo de actividad que exigía la resolución de cada uno de estos
problemas no lo era. No se trata de una actividad perceptiva o manipulatoria.
Por el contrario, aunque fuertemente apoyados en dibujos de figuras
geométricas o en modelos de cuerpos geométricos, exigen a los alumnos un
análisis de las propiedades de cuerpos o figuras, una explicitación de dichas
propiedades, o una actividad anticipatoria.
Por último, reconocemos que estas actividades analizadas tienen una distancia
25
A pesar de que los niños no precisen la evaluación del maestro, en el juego de adivinación
puede suceder que algún niño adivine cuál es la figura elegida a pesar de no haber utilizado los
nuevos conocimientos, o bien, que otro niño, utilice dichos conocimientos y no adivine la figura
47
tal con el modelo deductivo propio de la geometría euclideana que podrían
hasta hacer dudar de su carácter estrictamente geométrico. Ya hemos señalado
los límites del primer ciclo en dicho sentido. De todos modos, valoramos en
estos problemas su posibilidad de generar una iniciación en el estudio de estos
objetos tan complejos y, a la vez, de promover un tipo de actividad intelectual
que sí es sin duda propia del quehacer matemático.
A modo de cierre
Hemos planteado a lo largo de este artículo la concepción de que los
conocimientos geométricos de los niños son de una necesaria provisoriedad. Es
justo señalar que nuestros conocimientos didácticos sobre la enseñanza de la
geometría también lo son. Desde nuestro actual estado de conocimientos,
somos conscientes de haber planteado un conjunto de afirmaciones que puedan
resultar controvertidas. Nuestra intención ha sido contribuir al necesario y
pendiente debate.
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