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Symploké revista filosófica ISSN 2468-977

1
Symploké revista filosófica enero 2016

Índice
Heráclito y Parménides. Dos caras
de la misma moneda. Dr. Néstor Luis Cordero 4 a 11

Consideraciones sobre el problema de la identidad y simplicidad


personal en Hume. Lic. Horacio Gianneschi 12 a 33

Notas para un ensayo sobre


el suicidio. Gabriel A. Saia 34 a 39

Entrevista Luis Ángel Castello 40 a 44

Reseña: Dos lecturas sobre el pensamiento de


Judith Butler 45 a 46

Resucitar Cártago. Una lectura benjaminiana de Fausto


y Enrique de Ofterdingen. Nicolás Ricci 47 a 50

2
Symploké revista filosófica

La Revista
Integrantes de la Revista

Calomino, Hernán E. :: Director


Gutiérrez, Alejandro M. :: Director
 
Consejo evaluador:
 
Bieda, Esteban :: Dr. en Filosofía
(UBA)

Cladakis, Maximiliano :: Dr. en Filosofía


(UNSAM)

Fernández, Jorge :: Doctor en Filosofía


(USAL)

Gardella Hueso, Mariana :: Lic. en Filosofía


(UBA)

Gianneschi, Horacio :: Lic. en Filosofía


(USAL)

Menniti, Martín :: Lic. en Filosofía Symploké nació como una tenido hasta ahora e invitamos a todos
(UNSAM) necesidad de trasponer la experiencia aquellos que quieran colaborar con la
universitaria y traducirla en este co- misma a ponerse en contacto con no-
Pico Estrada, Paula :: Profesora Filosofía
(UNSAM)
lectivo de desarrollo que nos interpe- sotros.
la a realizar una puesta en común de
Tursi, Antonio :: Dr. en Filosofía aquello que producimos. ¡Muchas Gracias!
(UBA) En esta línea, nosotros apos-
tamos a esta empresa que se propone
Coloboradores:
como un espacio de aprendizaje, de
Marasso, Fernando :: Desgrabaciones una puesta en común de las activida-
des académicas y de producción de
Valls, Analía E. :: Correctora Alejandro M. Gutiérrez
conocimiento. Hernán E. Calomino
En la segunda entrega de esta Directores de la Revista
revista, realizada con mucho esfuerzo
Revista Symploké y dedicación, no podemos dejar pasar
la oportunidad de agradecer nueva-
ISSN: 2468-9777 mente a aquellos que colaboran día a
[email protected]
www.revistasymploke.com día para hacerla posible, desde los di-
Pacheco 2558 rectores de la Carrera de Filosofía de
CP 1431 la Universidad Nacional de San Mar-
Ciudad Autónoma de Buenos Aires tín, los docentes e investigadores que
Argentina
nos han ayudado hasta los estudiantes
que han colaborado y han abrazado
calurosamente este nuevo emprendi-
miento. Agradecerles a todos ellos por
el apoyo no está de más.
Por último, agradecer a los
que por vez primera podemos llamar
lectores, aquellos que hacen que la
revista se realice en su propia natura-
leza, a todos los que han colaborado
descargando el primer lanzamiento y
a todos los que nos siguen en las redes
sociales.
Esperamos que esta revista
siga con el recibimiento que hemos
3
Symploké revista filosófica enero 2016

Heráclito y
Parménides
Dos caras de la
misma moneda
Néstor Luis Cordero*
Si decidí consagrar esta grandes filósofos no sólo no están coinciden con los textos. Todo ello
conferencia a Heráclito y a Par- opuestos, sino que representan las conduce al dogmatismo.
ménides no fue para exponer sus dos caras de la misma moneda. Me explico. Los textos de
respectivas filosofías –lo cual, por Evidentemente, no tengo la ver- los filósofos de la antigüedad son
otra parte, sería imposible de tratar dad revelada; mi punto de vista es difíciles de leer, no sólo por la len-
dentro de los límites de una breve la consecuencia de una larga fre- gua, sino porque fueron pensados
exposición oral-, sino para ofre- cuentación de estos personajes. Es según categorías de pensamiento
cer, modestamente, un ejercicio de verdad que a veces la experiencia que no son las nuestras. Por eso
metodología. Como es sabido, en es mala consejera. Oscar Wilde es- siempre habrá algo que no com-
toda búsqueda, en toda investiga- cribió que llamamos experiencia al prenderemos. De ahí la tentación
ción, no se puede avanzar a ciegas: conjunto de los errores que hemos de apoyarnos en gente que sabe
hay que seguir un método, es decir, cometido. Yo no sé si cometí erro- más que nosotros, en autoridades,
etimológicamente, un “camino” res en mis investigaciones, pero expertos, etc. No caben dudas de
(mét-odo viene del griego méth- llegué a ciertas conclusiones y me que los grandes historiadores del
hodos,”en el camino”). Y bien, ya permitiré exponerlas en esta confe- pasado, los grandes intérpretes o
desde la antigüedad grandes filó- rencia. filósofos, de Zeller y Überbeg a
sofos, como Platón, e incluso, ya, Y bien, la conclusión prin- Mondolfo, de Hegel y Heidegger
historiadores de la filosofía, adop- cipal a la que llegué es tan obvia que a Foucault, son gente más que in-
taron varios tipos de metodología, hasta me da vergüenza exponerla. teligente. Todos ellos interpretaron
una de las cuales llevó a oponer en Esta conclusión es la siguiente: a los filósofos del pasado, los sis-
forma contradictoria las filosofías para captar el pensamiento de los tematizaron, evidentemente, con
de Heráclito y la de Parménides. filósofos del pasado debemos ser argumentos, no en forma capricho-
Cuando mencioné mi in- esclavos del texto, breve o enor- sa. Y esos esquemas nos parecen
tención de ofrecer un ejercicio de me, que ha llegado hasta nosotros. hoy tan sólidos que solemos acep-
metodología fue para mostrar –y, Por consiguiente, el mayor peligro tarlos. Caemos así en lo que hace
si es posible, demostrar- que si se a evitar es el criterio de autoridad unos minutos llamé “criterio de
utiliza otro método, quizá se pue- de los comentadores, incluso an- autoridad”. Y elegí a Heráclito y
da llegar a concluir que los dos tiguos, si sus interpretaciones no Parménides como tema porque su

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Symploké revista filosófica Heráclito y Parménides...

oposición, como adelanté, provie- como se nos dice siempre, pero, puse ser pragmático y partí de la
ne ya de una autoridad incontesta- para demostrarlo, debo comenzar premisa siguiente: dejé de lado las
ble, Platón. por el comienzo, es decir, debo definiciones y sostuve que la filo-
El mejor antídoto contra el presentar someramente a ambos sofía era, en su comienzo, aquello
criterio de autoridad es la esclavi- personajes, y digo “someramente” que hacían ciertos sabios que la
tud textual. Las ideas están expre- porque seguramente Uds. los co- gente comenzó, poco a poco, a lla-
sadas en textos. Debemos someter- nocen ya, tan bien, o tal mal, como mar filósofos. Ellos estaban inven-
nos, como esclavos, a la dictadura yo. tando algo y sabían lo que hacían.
de los textos, y hacer como Ulises: Heráclito y Parménides Si lo que ellos inventaron devino
taparnos los oídos para no escu- pertenecen al primer grupo de sa- después otra cosa, ése es otro pro-
char el canto de las sirenas de las bios que poco a poco se fueron blema, y hoy no nos interesa. Y
autoridades del pasado. Ojo: puede llamando “filósofos”. Estos sabios, como Heráclito y Parménides es-
ocurrir que el análisis minucioso son astrónomos, matemáticos, mé- tán separados apenas por un siglo
del texto nos lleve a coincidir con dicos, músicos, y, en un momento de estos, digamos, “inventores”,
lo que alguna de esas autoridades dado, deciden encarar la realidad, la moneda a la cual ambos perte-
dijo, pero hemos llegado libremen- todas las cosas, desde una pers- necen se ubica dentro de este am-
te a la misma conclusión. No ol- pectiva diferente: los astrónomos biente, de este panorama, de esta
videmos que Platón escribió en el dejan de lado los astros, los médi- atmósfera.
Sofista que la filosofía es la ciencia cos la salud, los músicos, la armo- Ahora sí nos podemos pre-
de los hombres libres. En filosofía nía, e inventaron “algo” que poco guntar: ¿qué es lo que hacía esta
no hay textos revelados ni inter- después se llamó “filosofía”. Esta gente? Intentaban encontrar una
pretaciones sagradas. nueva perspectiva se puso en prác- explicación global de la realidad,
De acá en adelante, inten- tica primero en Jonia, hoy la costa de todo, del todo, para poder pro-
taré aplicar esta metodología, la occidental de Turquía, a fines del poner normas de vida en función
esclavitud textual, y la puesta en- siglo VII, surgió en el interior del de las respuestas que encontraban.
tre paréntesis de “lo que se dice”, pueblo griego, de gente que pen- Ya el texto mínimo conservado de
y veremos qué podemos “leer” en saba en griego, hablaba en griego, Anaximandro, apenas cuatro lí-
Heráclito y Parménides. que y, cuando escribió, escribió en neas, propone una explicación de
Comienzo con una referen- griego. Esto lo sabemos todos. la coexistencia de “los entes” (en
cia al título de la charla, las dos ca- Ahora bien, ¿de qué se el texto, toîs ousi), sin restricción:
ras de una misma moneda. Todas ocupaban estos primeros sabios, su frase vale para el cosmos, los
las monedas tienen dos caras. Si que devinieron filósofos? ¿Qué dioses, el hombre, la vida en so-
no fuera así, habría que cambiar tipo de saber amaban, ya que la pa- ciedad, etc. A diferencia de la pers-
nuestra percepción del universo. labra “filósofo” quiere decir “amor pectiva mítica, que había buscado
Lo mismo ocurre con cada página o gusto por el saber”? Si se los lla- más o menos lo mismo, como es-
de un libro, que tiene anverso y re- mó “filósofos” es porque “filosofa- tos sabios están acostumbrados a
verso. Borges escribió en El libro ron”. Entramos acá en un terreno argumentar, a dar razones de sus
de arena que quien encuentre en resbaladizo, ya que hoy, veintisiete experiencias, cada uno en su do-
un libro una página con un anver- siglos después de estos aconteci- minio, podemos afirmar que estos
so, sin reverso, habrá encontrado mientos, tenemos una idea más primeros filósofos aplicaron una
el libro infinito. En nuestro caso, si o menos clara de lo que significa cierta racionalidad en sus búsque-
yo me permito afirmar que Herá- “filosofar” -soy optimista-, pero das respectivas. Estas explicacio-
clito y Parménides son las dos ca- eso que hoy llamamos filosofía es nes debían surgir de aplicar a la
ras de la misma moneda es porque el resultado de una larga marcha, realidad el pensamiento, la razón,
ambos comparten lo esencial, la y no tenemos derecho a aplicar a ya que no había por entonces ni
moneda, si bien la imagen de cada esta gente, que estaba inventando respuestas ya dadas en religiones
cara, o, como se dice, de la cara y la filosofía, esto que hoy llamamos reveladas ni en textos sagrados. Se
de la ceca, son diferentes. filosofía. debía partir de cero.
Tengo un poco menos de Y bien, en un libro que es- Y comienzo a acercarme
una hora para demostrar que esta cribí hace unos años1, yo me pro- a nuestra pareja. Recién dije que
diferencia no es una oposición, 1 La invención de la filosofía, ed. Biblos, 2ª ed. 2012.

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Symploké revista filosófica enero 2016

estos pensadores se ocupaban de según una fórmula que llegó a ser hay una multiplicidad de cosas,
LA realidad, es decir, de todo: el clásica, del ser de los entes. Cuan- de sucesos, pero nada es caótico:
cosmos, del hombre, de los dioses, do un filósofo escribe un tratado después del día viene la noche,
de la vida...Después, poco a poco, sobre el ser, lo llama Sobre la Phy- después del verano, el invierno,
ciencias particulares se fueron sis, traducido en general por Sobre después de la vida, la muerte. Y
desprendiendo de este conjunto, y la Naturaleza. Heráclito descubrió la ley que de-
cuando dije que no tenemos dere- Ahora bien: cada filósofo tecta que en vez de haber caos, hay
cho a aplicar nuestra visión actual dio una respuesta particular, perso- cosmos. Evidentemente, no es la
de la filosofía a estos personajes nal, a la pregunta ¿que es la reali- ley la que produce el equilibrio;
es porque evidentemente la filoso- dad? La mayor parte propuso eso ella sólo lo detecta.
fía de Hegel, por ejemplo, y, más que hoy llamamos un “elemento”, Parménides tampoco se in-
aun, las de Foucault o de Derrida como el agua o el aire, porque la teresó por un elemento o principio
no pueden entrar dentro de este pa- physis, desde el momento en que de la realidad. De una manera muy
norama. Pero sí las de Heráclito y es algo que está siendo, es diná- banal, afirmó que si hay cosas,
Parménides, nuestros autores. mica, “viviente”, y tanto el agua realidad, todo, en vez de nada, es
Recién hablé de LA reali- como el aire son esenciales para porque hay ser. Si no hubiera ser,
dad, pero Uds. saben que la pala- la vida. Otros propusieron varios no habría nada, o habría nada. Es
bra realidad no existe en griego; elementos a la vez, que se combi- casi una observación lingüística.
viene del latín, “res”, “cosa”, y la nan se descomponen, y, al final de Para aludir a las cosas en general
palabra que deriva, con el sufijo este primer período, al cual, como la lengua griega utiliza la palabra
“-dad” significa aquello que hace Uds. saben se le aplica el cliché de “entes”, y “ente” es el participio
ser a una cosa lo que ella es: las “filosofía presocrática”, llegan los presente del verbo “ser”; ergo,
cosas iguales lo son porque poseen atomistas, que explican la realidad, sin el verbo, no hay participio, sin
igual-dad; alguien es capaz por- como hoy, por una conjunción de “ser”, no hay “entes”. Punto. Hasta
que posee capaci-dad. Habría que átomos y de vacío. acá, nada opone a Heráclito y Par-
inventar en castellano la palabra En medio de este panora- ménides. Hubiesen podido tomar
“cosidad”, que existe en alemán, ma, que, aunque parezca mentira, un café o un ouzo juntos, y hasta
es “Dinglichkeit” abarca más de noventa filósofos, podemos imaginar que hubiesen
Y bien, los primeros filóso- cuyas obras, lamentablemente, se podido dialogar de este modo:
fos que se ocupaban de la realidad perdieron y sólo quedan referen- H: -“¿Sabés, amigo Parménides,
y de lo que hace que las cosas po- cias, y, en el mejor de los casos, que acabo de descubrir una ley
sean realidad, utilizaban la palabra algunas líneas, en medio de esta que explica por qué la multiplicad,
physis, traducida en general por multitud, que va desde fines del eso que llamamos realidad, no es
“naturaleza” (que es una traduc- siglo VII hasta mediados del V, caótica? Ocurre que las tensiones
ción aceptable a partir de cierto apenas un siglo y medio, aparecen opuestas que caracterizan a cada
momento, no en la etapa que esta- Heráclito y Parménides. Hoy ve- cosa están armonizadas”
mos viendo). Physis es una palabra mos que, dentro de este conjunto, P:-“Excelente explicación, amigo
con sentido dinámico, activo, que fueron un poco marginales, porque Heráclito, pero yo agregaría que
significa mas o menos “lo que está dijeron algo novedoso. si hay multiplicidad, unidad, en
creciendo”, “lo que está siendo”, En efecto, Heráclito no se resumen, cosas que se armonizan,
“lo que se está produciendo”. Y preocupó del elemento o los ele- es porque hay ser. El hecho de ser
por eso cuando uno de los prime- mentos constituyentes de la reali- las hace ser, y yo me ocupo de eso”
ros filósofos dice que se ocupa de dad, sino de la ley o el principio H:-“Tenés razón, Parménides, no
la physis se está ocupando a la vez que permite encarar la totalidad se me había ocurrido…Eso es tan
de la realidad, de la totalidad de las de las cosas como un cosmos, es obvio…
cosas, y en ese caso physis tiene decir, como un conjunto ordenado, P: -“Sí, es obvio, pero alguien te-
valor independiente, “la” physis, y y no como algo caótico. La signi- nía que decirlo”.
también de lo que hace ser a una ficación originaria de cosmos es Nada opone a ambos inter-
cosa, y, en ese caso, se habla de la “orden”; un cosmético es algo que locutores; sus ideas son totalmente
“physis de”. Hoy diríamos que se pone un poco de orden en el ros- complementarias. Pero si, obceca-
ocupaban del ser de las cosas, o, tro...Es decir: todos sabemos que dos por la interpretación que se po-

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Symploké revista filosófica Heráclito y Parménides...

pularizó desde hace siglos, hubié- sofía. Ellos comentaron a filósofos do se trata de individualizarlos, se
semos aprovechado la oportunidad anteriores, hasta podemos decir refieren a Crátilo, para quien, aho-
para interrogarlos, con cierta des- que dialogaron con ellos, pero sin ra sí, “todo fluye”. “Todo fluye” es
cortesía, podríamos haber afirma- las exigencias metodológicas que una frase de Cratilo, filósofo que
do: se requieren de un historiador, en- hasta negaba la posibilidad de po-
“No sé cómo pueden estar de tre otras cosas, porque los griegos ner nombre a las cosas ya que es-
acuerdo cuando Ud., Heráclito, de la antigüedad clásica no tenían tán siempre cambiando. Heráclito
dice que todo fluye y nada perma- sentido de la historia. Me explico. no es culpable de la deriva de este
nece, y Ud., Parménides, que solo Los varios volúmenes de Heródo- hijo ilegítimo.
existe el Ser Uno e inmóvil…” to y de Tucídides cuentan historias Y otro tanto pasa con Par-
No caben dudas de que am- para extraer una moral del pasado ménides, más original aún que
bos filósofos nos hubiesen fulmi- que sirva para el presente. Y las Heráclito. Un filósofo de Samos,
nado con la mirada y, al unísono, historias que cuentan pasaron hace Meliso, adoptó y adaptó su filo-
habrían dicho: “¿De dónde sacaron poco, a lo sumo unos cincuenta sofía. La adaptó a su modernidad
barbaridades? Pónganse a leer lo años antes; hay todavía testigos. para refutar a los atomistas, que es-
poco de nuestros textos que llegó Respecto del pasado remoto, no taban de moda. Pero los atomistas
hasta Uds. Y no digan ridiculeces”. tenían la más mínima idea y, para se interesaban en los componentes
La única manera de hacer- conocerlo, recurren a las Musas, del mundo físico, problema que
nos perdonar nuestra ignorancia que son hijas de Memoria, Mne- no había interesado a Parménides,
consiste, primero, en buscar el mosyne. pero sí a Meliso. La historia de la
origen de la interpretación que los Hoy, desde hace un siglo o tergiversación de Parménides es
opuso y, en segundo lugar, devenir un poco más, conocemos la histo- trágica. Para los atomistas, los áto-
esclavos de los textos, y ver qué di- ria griega mejor que los griegos de mos son seres, entes -¿quién puede
jeron realmente. la antigüedad. Ellos, por ejemplo, negarlo?- y en consecuencia ellos
La oposición radical entre creían ser autóctonos, nacidos ahí, llaman “no-ser” al vacío en el cual
Heráclito y Parménides no se in- en las regiones donde vivían. Hoy se encuentran; claro: lo llaman
ventó recientemente, viene desde sabemos que el pueblo griego llegó “no-ser” porque el vacío es lo con-
la antigüedad. Otras oposiciones, sucesivamente por oleadas inmi- trario de los átomos...Pero Meliso,
por ejemplo, la que hay entre Pla- gratorias provenientes de Asia cen- para refutarlos, dice que, como el
tón y Aristóteles, son más moder- tral, y que por eso la lengua grie- no-ser no existe, el vacío no existe
nas, y ello se debe a que las his- ga deriva del indoeuropeo. Ellos y que entonces el ser ocupa todo
torias de la filosofía, en todos los ignoraban todo esto. Y otro tanto el espacio y, por consiguiente, es
idiomas, heredan esquemas de los ocurre con el conocimiento de los uno. Es el famoso ser-uno, contra
grandes historiadores alemanes del primeros filósofos. Platón y Aris- el cual argumentan Platón y Aris-
siglo XVIII, que, a su vez, heredan tóteles poseen algunos textos de tóteles. Pero Parménides es ino-
el esquema dialéctico de Hegel: ellos (no olviden que la mayoría se cente. Él no tiene nada que ver con
Platón es la tesis y Aristóteles su perdió), pero no los interpretaron las derivas interpretativas de Meli-
antítesis. Pero, para los antiguos históricamente, sino en función de so...Parménides se interesó en “el
no había oposición: Platón y Aris- los problemas de su tiempo, y tal hecho de ser”, no en una cosa que
tóteles habían dicho lo mismo. Los como los recibieron por parte de se llamaría “El Ser”.
comentadores mayores de Aristó- los herederos tardíos de los viejos Pero volvamos al origen de
teles del fin de la antigüedad son filósofos. la oposición. Ni Platón ni Aristóte-
filósofos neoplatónicos. Éste es precisamente el les son historiadores de la filosofía,
Pero, como dije, en el caso caso de Heráclito y de Parménides. ya lo dijimos; ellos dialogan con
de Heráclito y Parménides, la opo- Ambos tuvieron seguidores inme- ideas que Heráclito y Parménides
sición viene desde la antigüedad. diatos, pero, dada la originalidad propusieron y que fueron luego
Y fueron justamente Platón y Aris- de sus filosofías, estos herederos adaptadas o reformadas por filóso-
tóteles quienes, a pesar suyo, ori- seguramente no comprendieron a fos de su tiempo. O sea que cuando
ginaron dicha oposición. Digo “a sus maestros y los simplificaron. Platón y Aristóteles se ocupan de
pesar suyo” porque ni el uno ni el Platón y Aristóteles se refieren en filósofos del pasado no pretenden
otro fueron historiadores de la filo- general a “los heraclíteos”, y cuan- ser precisos, y en su tiempo to-

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Symploké revista filosófica enero 2016

dos lo saben. En algunos diálogos de esto en Parménides, que utiliza cia, porque no estamos implicados
de Platón, Platón hace dialogar a el verbo “ser” con valor existen- en polémicas ni en refutaciones. Y,
personajes reales, pero que nunca cial, copulativo y modal. además, poseemos los textos, lo
pudieron conocerse, porque vivie- Retomo el hilo de mi dis- que queda, pero textos auténticos,
ron en épocas distintas, y nadie lo curso. Dije hace unos minutos que y en ese caso hay que hacer hablar
criticó porque era un diálogo de nosotros conocemos mejor el pasa- al texto, del cual somos esclavos, y
ideas, como en la ópera Evita se do griego que los griegos mismos. eso es lo que pretendo hacer en la
hace dialogar a Eva Perón con el En cada dominio, hay especialistas, segunda parte de esta charla, que
Ché: nunca se conocieron, y nadie expertos, que trabajan desde hace comienza a continuación.
se queja. más de un siglo sobre determina- Primero una observación
Pero ya en la antigüedad, dos temas, y llegan a conclusiones general. Ya hice mención de la
siglos después, comienza a haber científicas, pero éstas tardan en lle- “esclavitud textual” que propon-
un respeto casi sagrado por todo gar a los manuales, a las historias go adoptar, pero tanto el libro de
cuanto escribieron Platón y Aristó- de la filosofía o de las ciencias, y, Heráclito como el Poema de Par-
teles, y los historiadores ya de la especialmente a Wikipedia, fuente ménides se perdieron. Desde hace
antigüedad, Diógenes Laercio, en- hoy se saber universal. Algún día varios siglos, estos textos están
tre otros, toman al pie de la letra se pondrá al día. Los matemáticos perdidos. No me refiero al ejemplar
toda referencia a autores antiguos saben hoy que el teorema de Tales que escribieron con sus propias
que encuentran en sus obras, y, no es de Tales, ni el de Pitágoras manos, sino a las múltiples copias
como se dice en Francia, “la boule de Pitágoras; los historiadores de que del original se hicieron ya en
de neige se met en marche”. Y lle- la medicina saben que los tratados la antigüedad, equivalente a nues-
ga hasta los historiadores alemanes hipocráticos no son de Hipócrates; tras ediciones. Los libros, enton-
del siglo XVIII, y hasta nosotros. los estudiosos de la literatura grie- ces, están hoy perdidos, pero antes
He aquí, en dos palabras, el origen ga saben que la Ilíada y la Odisea de que se perdieran, estaban en las
de la oposición. Platón, en el So- no son de Homero. Y nosotros, que buenas bibliotecas, en institucio-
fista, quiso presentarse como una intentamos hacer en serio historia nes, o en manos de intelectuales. Y
síntesis de los filósofos anteriores de la filosofía, sabemos que ni He- ocurre que estos intelectuales de la
y los agrupó en dos bandos: los ráclito es el filósofo del devenir ni antigüedad, no sólo filósofos, sino
defensores del mundo sensible, los Parménides el filósofo del ser-uno también historiadores, médicos, y
herederos de Heráclito, para quie- e inmóvil. hasta autores trágicos en más de
nes todo es relativo, y los defenso- Y bien, ha llegado el mo- una ocasión citaron pasajes de di-
res del ser inmutable, herederos de mento de pasar de la caracteriza- chos libros, a veces muy breves, a
Parménides, que niegan el cambio. ción negativa de ambos filósofos veces bastante extensos, como ha-
Y él, Platón, reúne ambos extre- (pues sabemos qué es lo que no di- cemos aun hoy cuando escribimos
mos: sus Ideas o Formas no cam- jeron) al lado positivo, es decir qué una monografía. Y bien: varias de
bian, pero garantizan la existencia es lo que realmente dijeron, y que, estas obras, que contienen citas
de lo sensible, que cambia. La so- si seguimos la metodología que me de libros hoy perdidos, no se per-
lución es genial, pero Heráclito y permito sugerir, surge directamen- dieron. Afortunadamente llegaron
Parménides no tiene nada que ver te de los textos. Otra digresión se hasta hoy transportando en su inte-
con esta sistematización, como ve- impone: ¿nosotros, que estamos rior pasajes literales de textos hoy
remos dentro de unos minutos. separados por veintiséis siglos de perdidos. O sea que, incluso en
Y otro tanto hizo Aristó- estos filósofos, podemos tener la forma fragmentaria, hoy poseemos
teles. Él siempre coloca sus inno- pretensión de comprenderlos me- textos originales, y hay que hacer-
vaciones como una superación del jor que Aristóteles y Platón, que los hablar y no escuchar la voz in-
pasado, y como su novedad más estaban separados de ellos apenas teresada de los comentadores de la
“novedosa” -lo cual es cierto- es por un siglo? Creo que sí. Ya di- antigüedad.
la multiplicidad de sentidos de la jimos que Platón y Aristóteles no Veamos muy brevemente
palabra “ser”, él dijo oponerse a los exponen, sino que los comen- el caso de Heráclito. Quedan un
alguien que había dicho que “ser” tan en función de sus propios in- poco más de ciento veinte citas
tenía un solo sentido, Parménides. tereses, en el calor de la discusión. textuales del original perdido, que
Una vez más, no encontramos nada Nosotros podemos tomar distan- ocupan una unas diez páginas de

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Symploké revista filosófica Heráclito y Parménides...

un libro actual, y si leemos pala- hace uno formar parte de algo que quienes quieren oponerlo a toda
bra por palabra estos textos, vemos es “uno” (el día y la noche, por costa a Héráclito lo rejuvenecen,
que Heráclito no se consideraba a ejemplo, son “una” jornada). Otro para hacerlo posterior y así demos-
sí mismo un filósofo sino un sabio. texto auténtico dice que “no escu- trar que Parménides pudo criticar a
Quizá con una falta total de modes- chándome a mi, sino al logos, es Heráclito. Nada que ver. Ninguno
tia dice que un filósofo “ama” la sabio decir que todo es uno”. Y esa de los dos conoció la obra del otro
sabiduría; el sabio, en cambio, ya ley, que proclama la unidad de la ya que, aunque eran contemporá-
la posee. Es su caso. Su sabiduría multiplicidad, es el ser de la rea- neos, vivían en los dos extremos
consiste en haber encontrado una lidad, la que la hace ser, su “co- del mundo griego: Heráclito en
ley, una especie de fórmula que sidad”, su physis. Claro que esta Éfeso y Parménides en Elea...
explica por qué el universo es, pre- unidad de la multiplicidad no es Como en el caso de Herá-
cisamente, un orden. Y la fórmula evidente: ahí donde miramos ve- clito, también el Poema de Parmé-
que él encuentra es válida luego mos multiplicidad; pero hay que nides se perdió, pero varios auto-
para todo: no sólo para el cosmos, buscar la physis porque, como dice res citaron pasajes antes de que se
sino también para la sociedad, que otro texto, a la physis le gusta ocul- perdiera y hoy se conservan dieci-
es un conjunto organizado, y para tarse. nueve citas literales, mucho menos
el hombre, que es un todo armoni- Resumiendo, la filosofía que de Heráclito, ya que entran en
zado. de Heráclito es dinámica, no flu- tres páginas de un libro, apenas
Según Heráclito, en cada yente. La realidad se agita pero 150 versos. Dijimos que tampoco
cosa hay una suerte de potencia, para conservar su unidad. La rea- a Parménides le interesó la consti-
de poder, hoy diríamos de ener- lidad es como un arco antes de ser tución física de la realidad. Como
gía. Y, en los procesos cósmicos, usado: parece un objeto muerto, hicimos con Heráclito, haremos
esa energía tiende a imponerse. El pero oculta una lucha de tensiones también un resumen brutal de la
sol, que calienta e ilumina, tendría opuestas; la cuerda obliga a la vara filosofía de Parménides. Los filó-
naturalmente tendencia a abusar de madera a estar torcida, y ésta sofos anteriores, como vimos, se
de su potencia y a quedarse vein- obliga a la cuerda a estar tensa. Si habían preguntado sobre los prin-
ticuatro horas ahí arriba. Pero no fuera por ellas, cuerda y madera cipios, las causas e incluso los ele-
es posible, porque la noche tie- hubieran preferido estar en liber- mentos o componentes de la reali-
ne también derecho a existir. Un tad, pero el fabricante del arco las dad, la cual fue siempre encarada
texto auténtico de Heráclito dice puso en conflicto y gracias a esa como la totalidad de “las cosas”
que hasta el sol debe respetar sus lucha hay un arco. (literalmente, “los entes”). Este
medidas, en caso contrario, será Evidentemente este tipo de tipo de búsqueda suponía que exis-
castigado. Y así ocurre con todo. filosofía no interesó ni a Platón ni a tía una realidad, y que el filósofo
Cada poder debe equilibrarse con Aristóteles, que vienen después de debía explicarla. Parménides, en
un poder contrario, el sol con la ese verdadero terremoto que fue la cambio, parte de una etapa previa.
noche, el invierno con el vera- sofística, y por eso solo vieron de- Según él, antes de responder a la
no, en la sociedad, el que manda talles, especialmente, en el caso de cuestión del origen o la causa de la
con los gobernados. Hay orden en Aristóteles, la negación del prin- realidad, hay que admitir, y, ¿por
el universo porque las tensiones cipio de identidad, negada por un qué no?, demostrar, que “hay co-
opuestas están equilibradas, armo- texto que dice que el camino hacia sas”, que “hay una realidad”.
nizadas, porque no hay lugar para arriba y hacia abajo es el mismo, y A partir de esta observa-
la desmesura. Evidentemente la otros que no tuve tiempo de citar. ción, obvia, pero que los filósofos
armonía final que se logra es el re- Que Heráclito no respete la lógica anteriores no habían considerado
sultado de una lucha, ya que cada de Aristóteles es normal, ya que fi- pertinente aclarar, la filosofía de
elemento ha debido ceder algo, y losofó un siglo y medio antes que Parménides se pone en marcha,
por eso Heráclito dice que la gue- él. pues admitir que “hay cosas” (o
rra es padre de todas las cosas. Sin Veamos ahora el caso de sea, “entes”) es el punto de partida
ese conflicto que se termina con el Parménides. Fue prácticamente de una búsqueda que va a caracte-
equilibrio, no habría nada. contemporáneo de Heráclito, o rizar desde entonces a la filosofía:
La armonía, el equilibrio, sea, nació a fines del siglo VI y fi- la elucidación del ser de las co-
entonces, unifica los opuestos, los losofó a comienzos del V, si bien sas, que es un hecho, o un estado

9
Symploké revista filosófica enero 2016

(¿hace falta aclarar que “ser” es quien es capaz de captar la nece- puede ser de otro modo ya que
un verbo?). Nada dijo Parménides sidad del hecho de ser, necesidad está presente en todo lo que es. La
de una especie de súper-objeto, un que Parménides deduce de la frase pretendida “unidad” del ser no sig-
“Ser” en sí uno e inmóvil. “no es posible no ser”, comprende nifica que exista una sola cosa, ni
Parménides expone su pen- que toda relativización del hecho que sólo Lo Uno exista, aberración
samiento a través de una historia, de ser es imposible. Se es o no se que suele leerse en ciertos lugares.
la historia de un joven que quiere es; no se puede ser más o menos, Así como un físico no dudaría en
educarse y que primero busca y no se puede relativizar el hecho de afirmar que el agua es una, o que
luego encuentra una profesora de ser. Pero ocurre que en otras expli- la energía es una, ya que con el
filosofía, representada alegórica- caciones de la realidad, propuestas singular está refiriéndose al ser
mente por una diosa anónima, que, por colegas filósofos, se asimilaba del agua, que no cambia (H²O),
al ver el entusiasmo del estudiante, el hecho de ser a ciertos principios, o al ser de la energía (MC²), Par-
le ofrece un verdadero curso de fi- y estos principios cambiaban, se ménides dice que el hecho de ser
losofía. Le dice que, en primer lu- transformaban, incluso a veces se es único. ¿Cómo podría haber dos
gar, él deberá estar al tanto de la generaban o perecían. Todo eso o más hechos de ser? ¿En qué se
verdad, que ella le va a explicar, supone que el hecho de ser puede diferenciarían? ya que, si hay dife-
pero también de las opiniones de cohabitar con el no-ser, y por eso rencias, uno no es el otro, y el no-
los mortales, de lo que se dice, que, ese camino es erróneo. ser se mezclaría con el ser.
obviamente, no es verdadero, pero Una vez admitido que hay Todas estas propiedades
que debe ser conocido para poder ser, que es imposible no-ser, y que conciernen al hecho o al estado
evitarlo. el camino erróneo debe ser aban- de ser, que, lógicamente, no se
Estas dos posibilidades, la donado, Parménides consagra un encuentra ni en el espacio ni en el
positiva y la negativa, están pre- tercio de los 150 versos que llega- tiempo. El “ahora” del verso 5 del
sentadas como dos caminos posi- ron hasta nosotros, a describir las fragmento 8 es un presente eterno.
bles a priori, uno de los cuales será cualidades o propiedades del he- La aplicación a “las cosas” de lo
conservado, y el otro será suprimi- cho de ser. No está de más repetir que Parménides dice sobre el hecho
do, ya que se mostrará como un que, no se trata de El Ser, de un ob- de ser origina una interpretación
círculo vicioso. El camino positivo jeto, sino de un estado o actividad, caricatural de su filosofía, según
parte de una premisa que es el nú- del hecho de ser, del existir, si se la cual se le hace decir al filósofo
cleo de la filosofía de Parménides: quiere. que el movimiento no existe, que
hay ser y no es posible no ser. O, Las primeras propiedades el ser es Uno y otras barbaridades.
como aprendimos en el jardín de que se deducen del carácter nece- ¿Cómo se va a mover una noción?
infantes, “el ser es y el no ser no sario del hecho de ser, son las si- Parménides es inocente de los de-
es”. Este es el camino de la verdad. guientes: está obligado a ser inen- lirios de sus lectores, incluso si se
A partir de él, tomado como premi- gendrado e incorruptible, pues ¿a trata de eminentes filósofos del pa-
sa, el pensamiento puede avanzar. partir de qué se habría generado, sado.
Si no se lo admite, o peor, si se lo o qué quedaría después, si fuera Como le ocurrió a Herácli-
niega, el pensamiento deambula- corruptible? Nada. Pero la nada to, este tipo de filosofía desorientó
rá errabundo, los ojos no verán, no existe, porque es impensable. a sus contemporáneos. Platón, en
los oídos no escucharan. ¿De qué Por consiguiente, el hecho de ser el diálogo Teeteto, no dudó en es-
premisa parte entonces este cami- “existe ahora” (fr. 8.5), ya que cribir lo siguiente: “Me parece que
no erróneo? De la premisa inversa: “hay” cosas. [Parménides] alcanzó una profun-
no hay ser, y es necesario que no Otras propiedades son las didad de una calidad desconocida,
haya. Este camino no lleva a nin- siguientes: el hecho de ser es ho- pero temo que no comprendamos
guna parte. mogéneo e inalterable, único y sus palabras y, más aún, que no
Ahora bien: ustedes me di- completo: nada le falta. No hay seamos capaces de captar el pensa-
rán que no hacía falta escribir un “varios” hechos de ser; hay va- miento que ellas expresan. (183e-
poema para decir esto, ya que nadie rios “entes”, que existen porque 184a)”. Claro está, ello no le impi-
va a afirmar que no hay ser y que poseen ser, nada más. Parménides dió criticarlo e intentar refutarlo, lo
es necesario que no haya. Eviden- dice, efectivamente, que lo que cual es normal.
te. Pero si el poema de Parménides está siendo es “completamente Y en el caso de Aristóteles,
es didáctico es porque muestra que homogéneo, uno, continuo”, y no cuando habla de Parménides, pare-

10
Symploké revista filosófica Heráclito y Parménides...

ce que hablara de un desconocido.


Da una imagen de un Parménides
cosmológico que no concuerda
para nada con los fragmentos lite-
rales de su Poema. Dice, por ejem-
plo, que en su cosmología el ser
es la luz y el no-ser la oscuridad,
cuando en realidad ya al decir que
el no-ser no existe, Parménides re-
futó a priori toda posibilidad de
postularlo como principio. Vaya
uno a saber...
Como conclusión de esta
extensa charla podemos deducir
que las dos caras de la moneda,
Parménides y Heráclito, son a lo
sumo distintas, pero sin duda com-
plementarias, y jamás opuestas.
Siempre se quiso hacer de Herá-
clito y Parménides algo así como
los Ríver y Boca la antigüedad. No
sé si a Heráclito y a Parménides
les interesaba el fútbol pero estoy
seguro que hoy serían o los dos de
Ríver o los dos de Boca.

* Dr. en Filosofía por la Universidad de


Buenos Aires y por la Universidad de
París IV-Sorbona.

11
Symploké revista filosófica enero 2016

Consideraciones sobre
el problema de la
identidad y simplicidad
personal en Hume
Horacio Gianneschi*

Introducción referimos a la problemática del su título lo expresa, la conclusión


yo “en la obra” del autor, pues de de todo el libro). Reaparece el
Como el título de nuestro entrada, como si fueran pocos los tema del yo personal, pero ya en un
trabajo lo expresa, se tratará aquí interrogantes que a raíz de su tra- sentido claramente aporético, en el
de la identidad y simplicidad del tamiento específico se plantean, Apéndice, que en sus párrafos fun-
yo personal en Hume. La inten- se presentan como dificultades damentales es una reflexión sobre
ción es seguir la proyección del previas, por un lado, el hecho de todo el Tratado y que se publica en
fenomenismo humeano, prefigu- que Hume haya decidido tempra- 1740 con el libro III de la obra. De-
rado en las premisas metafísico- namente abandonar el tema como jando de lado el Resumen del Tra-
gnoseológico-epistemológicas de algo digno de integrar explícita- tado (en realidad un resumen de
las primeras partes del libro I del mente su obra, y, por otro, no sólo los libros I y II, aunque en su gran
Tratado de la naturaleza humana, ello, sino que además el mismo au- mayoría del I), publicado también
en su aplicación a ese ámbito es- tor desautorizará su obra tempra- en 1740 y en donde encontramos
pecífico dentro del marco temáti- na. un párrafo específicamente dedi-
co más general que Hume llama En cuanto a la primera difi- cado al tema del alma o mente, a
indistintamente «yo personal», cultad, el problema del yo personal partir del Apéndice prácticamente
«nuestro yo», «mente», «alma», mereció amplia y pormenorizada desaparece toda atención explícita
«yo sustancial», «persona», «per- atención en la parte IV del libro I en la obra de Hume.
sona pensante», etc. Veremos que del Tratado de la naturaleza huma- Uno hubiera esperado, si
es precisamente en este tema de la na, publicado independientemente no un tratamiento tan amplio como
identidad y simplicidad personal – junto al libro II– en 1739, tanto en el libro I del Tratado, al menos
donde aparece con mayor eviden- en lo que respecta, por una parte, alguna referencia en la Investiga-
cia la radicalidad del fenomenismo a su sustancialidad cuanto, por ción sobre el entendimiento huma-
del escocés y quizás las conse- otra, a su identidad y simplicidad, no, aparecida en 17481, sobre todo
cuencias más desafortunadas de su temáticas a las que respectivamen- teniendo en cuenta que, según lo
aplicación. te se abocan las secciones 5 y 6, expresa Hume en su Autobiogra-
La palabra “problema” tituladas «De la inmaterialidad del fía2, esta obra no es sino el resulta-
en el título obedece a que proba- alma» y «De la identidad perso- 1 En realidad, en esa primera publicación apareció
blemente nunca se la haya dicho nal» (en realidad, son éstas las dos con el título de Philosophical Essays Concerning
Human Understanding (Ensayos filosóficos sobre
mejor que para hacer referencia últimas secciones temáticas del li- en entendimiento humano). Recién en la quinta edi-
al tema del yo personal en la obra bro, si tenemos en cuenta que la si- ción (1758) se cambió el título por el actual: Enquiry
concerning Human Understanding.
de Hume. Intencionadamente nos guiente y última constituye, como 2 En Hume, Tratado de la naturaleza humana, 1ª

12
Symploké revista filosófica Consideraciones...

do de la refundición de la «primera de reflexiones más maduras», pu- ha de abandonar en caso de que


parte» del Tratado, «primera par- dieran «descubrir alguna hipóte- lo lleven a confusión y oscuridad.
te» que ha de entenderse natural- sis» satisfactoria5. En una carta a Ahora bien, Hume mismo confe-
mente como aludiendo al primer Henry Home del año 1746 (dos saba encontrarse en esa situación
libro, que llevaba por título pre- años antes de la publicación de hacia el final libro I del Tratado,
cisamente «Del entendimiento»3. la Investigación sobre el entendi- final que, por su tono pesimista y
Es llamativo que la Investigación, miento humano) Hume continuaba melancólico, contrasta con el tono
mucho más extensa que esa espe- afirmando que su doctrina de la optimista que programáticamente
cie de folleto que es el Resumen, identidad personal seguía sin satis- abrigaba la «Introducción». En la
a diferencia de éste que al menos facerle y expresaba su aprobación última sección, en efecto, leemos:
le dedica un párrafo, no atienda por los esfuerzos constructivos que «... ¿qué es lo que acabo de de-
explícitamente al tema, dedicando Home realizara en favor de una ex- cir?, ¿que las reflexiones extre-
inesperadamente, en cambio, una plicación de la identidad personal madamente refinadas y metafísi-
sección entera (la 9) a la razón de en sus Essays on the Principles of cas [como las que él ha llevado a
los animales, un tema que en el li- Morality6. Ahora bien, el hecho de cabo] tienen poca o ninguna in-
bro I del Tratado comparativamen- que no haya encontrado nuestro fluencia sobre nosotros? Apenas
te ocupaba un lugar (parte III, sec- autor esa nueva hipótesis no res- si puedo dejar de retractarme de
ción 16) y una importancia mucho ponde completamente a la pregun- esta opinión y de condenarla, da-
más modestos que el de la sustan- ta de por qué no consideró el tema dos mis sentimientos y experiencia
cialidad e identidad y simplicidad en la Investigación, pues podía presentes. El examen intenso de
del yo. Puede observarse que, en haberlo tratado allí al menos como estas contradicciones e imperfec-
correspondencia con esa menor una aporía importante a resolver, ciones múltiples de la razón huma-
importancia dada en el Tratado, la sobre todo tratándose de un pun- na me ha excitado, y ha calentado
cuestión de la razón en los anima- to tan capital. S. Rábade Romeo mi cabeza de tal modo, que estoy
les no aparece tematizada particu- no duda en responder sin vueltas dispuesto a rechazar toda creencia
larmente en el Resumen. a nuestra pregunta de por qué la y razonamiento, y no puedo consi-
¿Por qué precisamente la Investigación no hacía ya cuestión derar ninguna opinión ni siquiera
Investigación sobre el entendi- del tema del yo: «Nos parece un como más probable o verosímil
miento humano renuncia a seguir caso ejemplar de la mentalidad in- que otra. ¿Dónde estoy, o qué soy?
haciéndose cuestión del tema del glesa en filosofía que, según sigue ¿A qué causas debo mi existencia
yo? En realidad, como veremos, sucediendo en nuestros días, más y a qué condición retornaré? ¿Qué
Hume había confesado en el Apén- que resolver los problemas, los eli- favores buscaré, y a qué furores
dice del Tratado, en alusión parti- mina pragmáticamente, si no tiene debo temer? ¿Qué seres me rodean;
cular a la sección «De la identidad a mano una solución para ellos»7. sobre cuál tengo influencia, o cuál
personal», el hecho de no haber Esta respuesta del autor español, la tiene sobre mí? Todas estas pre-
dado una respuesta que le satisfi- que a primera vista podría parecer guntas me confunden, y comien-
ciera, a punto tal de llegar a decla- superficial, condice con un tópi- zo a verme en la condición más
rar encontrarse en un «laberinto» co que, como otros tantos, Hume deplorable que imaginarse pueda,
del que no sabía cómo salir4. Sin acepta de su época ilustrada y lo privado absolutamente del uso de
embargo, no excluía que otras per- profundiza, convirtiéndolo en un mis miembros y facultades»8.
sonas, e incluso él mismo, «luego rasgo fundamental de su filosofía, 8 Tratado, libro I, parte IV, sección 7, p. 420 s. El
contraste con la «Introducción» del Tratado es más
edición en dos volúmenes, Madrid, Editora Nacio- cual es el carácter pragmático de la que evidente. Baste una comparación del pasaje ci-
nal, 1981 (1ª edición en Ediciones Orbis, tres volú- misma, que implica una atenencia tado con el siguiente, que cierra la «Introducción»:
menes, 1984) (trad. castellana de F. Duque, A Treati- «Cuando se realicen y comparen juiciosamente
se of Human Nature, editado por L. A. Selby-Bigge, a la vida práctica, una preeminen- experimentos de esta clase [i. e. aquellos «a partir
Oxford at the Clarendon Press, 1888 (reimpresión, cia de lo empírico-práctico sobre de una observación cuidadosa de la vida humana,
1967)) [en adelante citado como Tratado], libro I, tomándolos tal como aparecen en el curso normal
p. 56. ciertas especulaciones, especula- de la vida diaria y según el trato mutuo de los hom-
3 Cf. S. Rábade Romeo, Hume y el fenomenismo ciones que «el verdadero filósofo» bres en sociedad, en sus ocupaciones y placeres»],
moderno, 1ª edición, Madrid, Gredos, 1975, p. 124, podremos esperar establecer sobre ellos una ciencia
quien sin explicaciones así lo entiende. 5 Cf. Apéndice, p. 888. que no será inferior en certeza, y que será muy su-
4 «Apéndice» al Tratado, en trad. cit., vol. III [en 6 En cuanto a la referencia a esta carta, cf. R. Fron- perior en utilidad, a cualquier otra que caiga bajo
adelante citado como Apéndice], pp. 884 y 887. dizi, Sustancia y función en el problema del yo, 1ª la comprensión del hombre» (op. cit., p. 85). Sobre
Si bien se refiere allí específicamente a la sección edición, Buenos Aires, Losada, 1952, cap. IV, § 4, este cambio de actitud de Hume, más propia de un
referida a la identidad personal, ella supone, como p. 128. diario íntimo que de un tratado, cf. W. R. Sorley,
veremos, la sección anterior. 7 S. Rábade Romeo, op. cit., p. 312. Historia de la filosofía inglesa, 1ª edición, Buenos

13
Symploké revista filosófica enero 2016

Ante esta situación, Hume, sico, pues, en rigor, él no entien- de la tematización explícita de la
al no haber podido salir, ni siquie- de por “metafísica” en su genuino cuestión del yo, nos encontramos
ra «luego de reflexiones más ma- sentido sino «todo razonamiento con que el mismo Hume, ya ma-
duras», del «laberinto» en que se profundo»14. Suya es, en efecto, la duro, un año antes de redactar su
viera encerrado por la cuestión del afirmación de que hay que «cul- Autobiografía, escribió una «Ad-
yo personal, no podía sino seguir tivar la verdadera metafísica... a vertencia» preliminar a la última
su propio consejo de que «nada fin de destruir la metafísica falsa compilación que él mismo hiciera
es más necesario a un filósofo de y adulterada»15. Esta verdadera de sus obras filosóficas, la cual na-
verdad que el refrenar los inmo- metafísica es la que se caracteriza turalmente no incluía el Tratado y
derados deseos» de seguir investi- –según la Investigación sobre el en la que confiesa, por primera vez
gando «cuando advierta que llevar entendimiento humano, pero uno en público, la paternidad de esa
más lejos su examen lo conducirá a puede rastrear estos mismos rasgos primera obra suya, pero sólo para
cavilaciones oscuras e inciertas»9, en el Tratado– por renunciar a pe- desautorizarla. En efecto, tras afir-
en cuyo caso siempre es preferi- netrar en temas inasequibles al en- mar que las doctrinas importantes
ble una partida de chaquete o una tendimiento humano, liberarse de del Tratado han sido retomadas y
charla con amigos10. las supersticiones populares (para reelaboradas en los ensayos a los
La preeminencia que el Hume, las prácticas religiosas y que debía anteponerse dicha «Ad-
«geógrafo de la mente» (como lo sus dogmas son supersticiones), vertencia», y tras calificar al Tra-
llama S. Rábade Romeo11, parafra- evitar cuestiones abstrusas16. Esta tado como una obra juvenil, con-
seando la conocida expresión de metafísica consiste básicamente en cluye: «a partir de ahora, el autor
la sección I de la Investigación12) «investigar seriamente la naturale- desea que se considere que sólo
da al saber descriptivo sobre el es- za del entendimiento humano»17, los trabajos que se encuentran a
peculativo lo convierte en un ene- en un «examen preciso de los po- continuación contienen sus princi-
migo de la metafísica usual en su deres y facultades de la naturaleza pios y pareceres filosóficos»20. El
momento, es decir, la metafísica de humana»18. «sólo» implica el rechazo de la vi-
corte racionalista y berkeleyano13, Desde ya que es desde este gencia del Tratado, tan duramente
la cual no describe hechos, sino ángulo de ataque a esa determinada castigado en su época por autores
que, a juicio de Hume, se entrega a metafísica, intentando, por supues- como Thomas Reid y James Beat-
puras especulaciones, sin fundarse to, abrir las puertas a otra, que han tie. Ahora, esta desvalorización no
en la experiencia. Ahora bien, este de entenderse en buena medida las debe preocuparnos, porque con no
ataque a esa determinada metafísi- críticas de Hume a la concepción poca frecuencia los autores incu-
ca, Hume lo realiza desde su pro- tradicional de la causalidad o a la rren en equivocaciones a la hora
pia metafísica. No olvidemos que explicación sustancialista de las de valorar sus propias creaciones.
Hume mismo se tenía por metafí- cosas externas y del yo19. Y en este caso particular es la pro-
Aires, Losada, 1951 (trad. castellana de T. Efrón y J. Como hemos anticipado, pia producción restante de Hume
Gómez Paz, A History of English Philosophy, s. l.,
s. d.), cap. VII, pp. 199-201; S. Rábade Romeo, op. además de toparnos con la des- –que, con excepción de sus obras
cit., pp. 312-317. aparición, después del Apéndice, históricas y otras muy contadas, es
9 Tratado, libro I, parte I, sección 4, p.101.
10 Cf. Tratado, libro I, parte IV, sección 7, p. 421. 14 Investigación, sección I, p. 23. Entendiendo en reelaboración, resumen, amplia-
Respecto de esta actitud del filósofo escocés, W. este sentido la metafísica, Hume escribe en la «In- ción o consecuencias sacadas de
R. Sorley afirma en op. cit., cap. VIII, p. 204: «... troducción» al Tratado que «sólo el escepticismo
su lógica conduce a un escepticismo completo, pero más radical, unido a una fuerte dosis de pereza, su primera y fundamental obra– la
justamente porque “las dificultades” son insolubles, puede justificar esta aversión hacia la metafísica», que desmiente su propia desva-
Hume pretende tener derecho a no considerarlas y a y, respecto de su propia filosofía, nos dice allí que
actuar y pensar como los otros hombres cuando la «tendría por mala señal que se la encontrara obvia lorización. Aunque esto no tenga
acción y el pensamiento son necesarios». y fácil de entender» (op. cit., p. 79). En esta misma ningún peso respecto del particular
11 Op. cit., p. 363. dirección leemos en Investigación, sección I, p. 27:
12 Investigación sobre el conocimiento humano, 1ª «El razonar riguroso y preciso es el único remedio tema a tratar aquí, ha de tenerse en
edición, Madrid, Alianza, 1980 (10ª reimpresión, universal válido para todas las personas y disposicio- cuenta que aboga en favor de esta
1996) (trad. castellana de J. de Salas Ortueta, En- nes, y sólo él es capaz de derrumbar aquella filosofía
quiry concerning the Human Understanding, edi- abstrusa y jerga metafísica que, al estar mezclada desmentida toda la historia crítica
ción de L. A. Selby-Bigge, Oxford at the Clarendon con la superstición popular, la hace en cierto modo posterior, la cual en su mayor parte
Presses, 1975) [en adelante citada como Investiga- impenetrable para quien razona descuidadamente y
ción], p. 27. le confiere la apariencia de ciencia y sabiduría». 20 Citado por Jaime de Salas Ortueta en su «Pró-
13 «La metafísica contra la que enfila su artillería 15 Investigación, sección I, pp. 26 s. logo» a Hume, Investigación sobre el conocimien-
es la metafísica racionalista, personificada en Male- 16 Cf. Investigación, sección I, pp. 25 s. to humano, 1ª edición, Madrid, Alianza, 1980 (10ª
branche –posiblemente también en Leibniz– y la 17 Investigación, sección I, p. 26. reimpresión, 1996), p. 7. Cf. también S. Rábade Ro-
metafísica de Berkeley y del neoplatonismo inglés» 18 Investigación, sección I, p. 27. meo, op. cit., p. 121; F. Duque, «Estudio preliminar»
(S. Rábade Romeo, op. cit., p. 104). 19 Cf. S. Rábade Romeno, op. cit., p. 363. a su traducción del Tratado, op. cit., p. 16.

14
Symploké revista filosófica Consideraciones...

ha mirado al Tratado como la obra logo crítico con el escepticismo, Y efectivamente, en cuan-
más significativa de Hume21. ejemplificando esos resultados con to al libro I del Tratado, que es el
Es en el libro I del Tratado, el complejo problema del cono- de mayor interés aquí para noso-
como hemos dicho, donde Hume cimiento del yo y de la identidad tros, cabe sostener, con S. Rába-
analiza amplia y pormenorizada- personal. de Romeo, que «las dos primeras
mente la cuestión del yo personal, Si de esta brevísima rese- partes del libro preparan el tema
por lo que es conveniente noticiar- ña temática del libro I quisiéramos de la causalidad, la tercera la ex-
se al menos de la articulación más destacar un tema central, central pone ampliamente, y la cuarta
general de este libro, publicado, en el sentido de fundamental, sin se puede decir que analiza sus
como se sabe, de manera indepen- duda este lugar lo ocupa la causa- consecuencias»25.
diente. El libro consta de cuatro lidad, como el mismo Hume nos lo La razón de que Hume mis-
partes: La primera, muy breve, manifiesta en ese intento de expli- mo vea en la relación causal y en
estudia los elementos del conoci- cación compendiaria y asequible sus aplicaciones cognoscitivas la
miento (impresiones e ideas) y las del contenido de los libros I y II columna vertebral de su teoría del
conexiones entre ellos mediante del Tratado que es su Resumen, el conocimiento (todo lo demás o son
la asociación y las relaciones, es- cual, como es sabido, al igual que presupuestos o son consecuencias)
tando la última sección dedicada el Tratado, fue publicado anóni- está en la función de la relación
a las ideas abstractas. La segunda mamente y haciéndose pasar el au- causal en orden al conocimiento de
parte –un poco más extensa que la tor en esta ocasión por un escritor las «cuestiones de hecho». Así nos
primera– está dedicada al estudio distinto del de aquella monumental lo expresa, también en el Resumen:
del espacio y el tiempo (Hume fue obra (por eso el modo de referirse «Es evidente que todos los razo-
progresivamente perdiendo interés al Tratado y a su autor en el Resu- namientos sobre las cuestiones de
en ellos), que obran como apertura men). En esa especie de compen- hecho se fundamentan en la rela-
a un tema fundamental, con el que dio, antes de comenzar con lo que ción de causa y efecto, y que no
se cierra esta parte, el de la exis- la primera Investigación llamará podemos inferir nunca la existen-
tencia. De ahí arranca la tercera «geografía mental»22 –una especie cia de un objeto a partir de otro, a
parte, cuyo problema nodal es el de descripción y situación geográ- no ser que estén conectados entre
conocimiento de la existencia del fica de lo que en el Tratado nuestro sí, de modo mediato o inmediato.
mundo externo. En sus análisis autor consideró como «los elemen- En orden, por tanto, a entender es-
aparecerán asuntos de suma im- tos» de su filosofía (i. e. impre- tos razonamientos, debemos estar
portancia, como el de los niveles siones, ideas y sus relaciones)23–, perfectamente familiarizados con
de conocimiento, el de la causali- Hume destaca el meollo del Trata- la idea de causa...»26.
dad y el de la creencia. La cuarta do: Y la decisión de Hume de
y última parte puede considerarse «Como su libro contiene gran nú- intentar en el Resumen hacer «in-
como un análisis y discusión de los mero de especulaciones muy no- teligible al lector» su explicación
resultados obtenidos desde un diá- vedosas y de singular importancia, González, Abstract of a Treatise of Human Nature,
21 Heinrich Jacob, quien publicara el Tratado en será imposible dar al lector una no- edición de J. M. Keynes, Cambridge, University
versión alemana –Ueber die menschliche Natur Press, 1932) [en adelante citado como Resumen],
(Halle, 1790)–, probablemente haya sido el primero ción precisa de todas ellas. Por tan- p. 61. Recordemos incluso que este resumen estaba
en señalar, en contra de la opinión del propio Hume, to, nos limitaremos principalmen- dedicado a ilustrar y explicar mejor ese argumento
la superioridad del Tratado sobre la Investigación principal del Tratado. En efecto, su título original
sobre el entendimiento humano (R. Frondizi, op. te a ofrecer su explicación sobre es, en traducción, Resumen de un libro recientemen-
cit., cap. IV, § 4, nota 62, p. 127). En contra de esta nuestros razonamientos de causa te publicado que se titula Tratado de la Naturaleza
tendencia general de valoración del Tratado, tenden- Humana, etc. en donde se ilustra y explica mejor el
cia que comparte plenamente S. Rábade Romeo, se y efecto. Si conseguimos hacerlo argumento principal de ese libro (Cf. nota 54, p. 55
manifiesta J. Noxon en La evolución de la filosofía inteligible al lector, ello podrá ser- de la edición del Resumen que citamos).
de Hume, 1ª edición, Madrid, Alianza, 1987 (trad. 25 S. Rábade Romeo, op. cit., p. 120.
castellana de C. Solís, Hume’s Phisophical Devolop- vir como una muestra de toda la 26 Resumen, pp. 67 s. Cf. Investigación, sección 4,
ment, Oxford University Press, 1973), donde escribe obra»24. parte I, p. 49; también sección 7, parte II, p. 101,
(Parte I, sección 3, p. 30; puede verse, por lo de- donde se lee: «...si nos importa conocer perfecta-
más toda la sección): «Pocos críticos, favorables o 22 «...geografía mental o delimitación de las distin- mente alguna relación entre objetos, con toda se-
contrarios, han atendido a la súplica de Hume en el tas partes y poderes de la mente» (op. cit., sección guridad es la de la causa y efecto. En ella se fun-
sentido de ignorar “esa obra de juventud”, el Treati- 1, pp. 27 s.). damentan todos nuestros razonamientos acerca de
se, aceptando que solamente las últimas “han de ser 23 Cf. Tratado, libro I, parte I, sección 4, pp. 101 s. cuestiones de hecho o existencia. Sólo gracias a ella
consideradas como expresión de sus sentimientos y 24 «Resumen del Tratado de la naturaleza humana», podemos alcanzar alguna seguridad sobre objetos
principios filosóficos”». Noxon diferencia perma- en David Hume. Autobiografía. Resumen del Trata- alejados del testimonio actual de la memoria y de
nentemente en su libro entre el Hume de la juventud do de la naturaleza humana, 1ª edición, Barcelona, los sentidos. La única utilidad inmediata de todas
y el Hume de la madurez, entre el primer y el último Promociones y Publicaciones Universitarias, 1994 las ciencias es enseñarnos cómo controlar y regular
Hume. (trad. castellana de H. Arnau Gras y J. M. Gutierrez acontecimientos futuros por medio de sus causas. En
todo momento, pues, se desarrollan nuestros pensa-
mientos en torno a esta relación».
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Symploké revista filosófica enero 2016

acerca los razonamientos de cau- mente y percepción, había escrito: mundo intelectual no admite con-
sa y efecto, obedece claramente a «Es cierto que no hay problema en tradicción; y lo que se desconoce,
la conciencia que él mismo tenía, filosofía más abstruso que el con- tenemos que conformarnos con
según su declaración en la sección cerniente a la identidad personal y dejarlo así. Es verdad que, si hace-
del Tratado dedicada a la «idea de la naturaleza del principio de unión mos caso a ciertos filósofos, éstos
conexión necesaria» (última di- constitutivo de una persona. Así, nos prometen disminuir nuestra
mensión y núcleo de la explicación lejos de ser capaces de determinar ignorancia, pero mucho me temo
de la relación causal, en realidad simplemente en base a nuestros que esto sea a riesgo de hacernos
de la relación causal natural o aso- sentidos esta cuestión, tendremos caer en contradicciones de las que
ciativa –no de la filosófica o me- que recurrir a la más profunda me- el tema está de suyo exento»31.
ramente comparativa–, que es la tafísica para darle respuesta satis- Como puede observarse, si
que proporciona el proceso de in- factoria, pues es evidente que, en la bien aquí Hume no niega la dificul-
ferencia o razonamiento que cons- vida corriente, estas ideas del yo y tad del tema del yo, afirma que éste
tituye la única puerta de acceso a de persona no están en ningún caso no presentará, a pesar de lo que
las cuestiones de hecho27), de que, muy definidas ni determinadas»30. uno esperaría, tantas contradiccio-
entre todas las paradojas que ofre- Así se expresaba en el mo- nes como los estudios relativos a
ce el Tratado, su propuesta y justi- mento de redacción del Tratado objetos externos. Este texto no pa-
ficada tesis del estatuto puramente que constituye recién los comien- rece ser consecuente ni con el que
mental de la relación causal «es la zos de su estudio pormenorizado acabamos de citar inmediatamente
más chocante» y de que «sólo a del fenomenismo del mundo ex- antes ni con el «laberinto» en que
fuerza de pruebas y razonamientos terno, estudio que comprenderá quedará encerrado nuestro autor al
consistentes» puede «esperar tener las secciones 2 (donde se expide seguir hasta las últimas consecuen-
aceptación y superar los invetera- sobre el fenomenismo existencial cias la aplicación de su fenomensi-
dos prejuicios de la humanidad»28, de los cuerpos) y las secciones 3 y mo perceptual al tema del yo32. En
prejuicios que considera harán que 4 (donde expone el fenomenismo efecto, veremos que lo que Hume
se tachen sus opiniones de «extra- esencial de los mismos). Pero, tras manifestará conocer del mundo in-
vagantes y ridículas» por remitir la haberlo terminado, parece haber telectual le generó contradicciones
eficacia de las causas a la determi- modificado su opinión, ya que la insolubles dentro de su sistema,
nación de la mente29. sección siguiente, «De la inmate- contradicciones de las que nuestro
Con bastante anterioridad rialidad del alma», que es la prime- autor tomará plena conciencia des-
a emprender directamente el aná- ra sección dedicada al yo, se abre pués de la redacción del Tratado
lisis del yo en el Tratado, Hume con estas palabras: propiamente dicho. Buena parte
anunciaba en el primer libro de di- «Como hemos encontrado tantas del Apéndice al mismo es expre-
cha obra su convencimiento de lo contradicciones y dificultades en sión de esa toma de conciencia, la
difícil que le resultaría dicha tarea. todos los sistemas relativos a ob- cual permanecerá de tal modo en
Efectivamente, en la sección de la jetos externos, así como en la idea Hume que ya no volverá a prestar
parte IV titulada «Del escepticis- de materia, que tan clara y deter- atención explícita al tema.
mo con respecto a los sentidos», minada creíamos que era, sería na- El título de nuestro trabajo
al ocuparse de la cuestión de si tural que esperásemos dificultades implica que nuclearmente consisti-
son los sentidos los que nos indu- y contradicciones aún mayores en rá éste en un análisis de la sección
cen a creer tanto en la existencia toda hipótesis relativa a nuestras 6 de la parte IV del primer libro del
continua de los cuerpos como en percepciones internas y a la natu- Tratado. El hecho de que el primer
su existencia independiente de la raleza de la mente, que nos inclina- capítulo se aboque precisamente a
27 «...aunque la causalidad sea una relación filosó- mos a imaginar como algo mucho ello sirva de justificación de la ma-
fica –en cuanto que implica contigüidad, sucesión más oscuro e incierto. Pero en esto yor extensión del mismo respecto
y conjunción constante–, sólo en tanto que es una
relación natural, y produce una unión entre nuestras nos engañaríamos: aunque el mun- de los siguientes. En el capítulo se-
ideas, somos capaces de razonar sobre ella o de efec- do intelectual esté envuelto en infi-
tuar inferencias basadas en la causalidad» (Tratado, 31 Tratado, libro I, parte IV, sección 5, p. 374.
libro I, parte III, sección 6, p. 201). Un tratamiento nitas oscuridades, no se encuentra 32 Esta inconsecuencia no deja de ser observada por
adecuado de la distinción entre relación causal «na- enredado con tantas contradiccio- S. Rábade Romeo (vid. op. cit., p. 375; cf. pp. 316
tural» y «filosófica» en los textos humeanos puede s.). También es destacada por F. Copleston, en su
verse en S. Rábade Romeo, op. cit., pp. 206-213; nes como las que hemos descu- Historia de la filosofía. Vol. V: De Hobbes a Hume,
puede verse además hasta p. 228. bierto en el mundo de la naturale- 1ª edición, Barcelona, Ariel, 1973 (3ª reimpresión,
28 Tratado, libro I, parte III, sección 14, p. 293. México, 1992) (trad. castellana de A. Doménech,
29 Loc. cit., p. 294. Cf. S. Rábade Romeo, op. cit. za. Lo que se conoce referente al A History of Philosohphy. Vol. V: Hobbes to Hume,
pp. 226 s. 30 Tratado, libro I, parte IV, sección 2, p. 323. Burns and Oates, s. l., 1959), cap. XV, § 2, p. 283.
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Symploké revista filosófica Consideraciones...

gundo nos detendremos brevemen- de los cuerpos, llevados a cabo en mentales de la sustancia –res per
te en la concepción del yo que sub- la sección 3, también de la par- se subsistens y substans acciden-
yace en los dos últimos libros del te IV, con motivo de la crítica de tibus–, Hume realiza su examen
Tratado, concepción que en gene- las ficciones de la filosofía antigua crítico ya desde la sección 6 de la
ral se considera entra en conflicto relativas a “sustancias” y “formas parte I, dedicada en general a «los
con la presentación llevada a cabo sustanciales”34. De todos modos, modos y la sustancia»37, tenien-
por Hume en el libro I. En el tercer esta analogía con la aplicación do en cuenta fundamentalmente
capítulo, haciendo nuevamente ho- de su fenomenismo a los cuerpos la doctrina de la substancia como
nor a la brevedad, nos referiremos no debe hacer olvidar que la gran sustrato en el que inhieren y reci-
al Apéndice, específicamente a la diferencia35 reside en que Hume ben su conexión las diversas modi-
parte donde se retoma lo dicho en asimila la identidad y simplicidad ficaciones “accidentales”38 –siendo
la sección a la que nodalmente se personal con la identidad y simpli- la inhesión la relación que en esta
aboca nuestro trabajo. Finalmente, cidad de la mente, sin referencia al concepción se da por supuesta
a manera de conclusión, dedicare- cuerpo. entre la sustancia así concebida
mos unas pocas líneas en el cuarto Por lo demás –y dándose y lo que se considera como sus
y último capítulo a la considera- por descontado, en vistas de las de- “accidentes”39–. En los comienzos
ción crítica del tratamiento global claradas intenciones sistemáticas de su tratamiento del yo personal,
de la cuestión del yo por parte del de Hume, que una interpretación la doctrina que Hume rechaza es
autor escocés. de la sección dedicada a la identi- precisamente la de los filósofos
dad y simplicidad personal ha de que conciben las almas como sus-
Capítulo I: Identidad y simpli- tener en cuenta no sólo las seccio- tancias (sean materiales o inmate-
cidad personal en la sección «de nes anteriores que acabamos de in- riales; precisamente ésta es la con-
la identidad personal» (Tratado, dicar, sino prácticamente la totali- troversia entre ellos) en el sentido
libro I, parte IV, sección 6) dad de las que constituyen el libro de «sujetos de inhesión de nuestras
I (veremos que también tendremos percepciones»40. Pero ocurre que
A nuestro juicio, y tal como que recurrir a los otros libros del también hay una referencia en esta
lo reconocen, entre otros, F. Duque Tratado), donde Hume establece sección «De la inmaterialidad del
y A. J. Ayer, el análisis de la identi- y explica principios o “máximas” alma» a la sustancia como «algo
dad personal, tratado en la sección que en esta última sección temáti- que puede existir por sí mismo»41,
6 de la parte IV del libro I, consti- ca sólo encuentran su aplicación–, referencia que tiene como objetivo
tuye, en principio, un caso análogo deben tenerse presente de manera aludir a un recurso al que, ante las
del análisis humeano de la conti- especial los resultados a que llega dificultades presentadas por Hume
nuidad existencial de los cuerpos, nuestro autor en la sección inme- a la doctrina de la sustancia como
al que se aboca la sección 2 de esta diatamente anterior a la que pro- sujeto de inhesión de accidentes,
misma parte33; pero también, agre- piamente constituye el objeto de podrían acudir sus sostenedores,
gando ahora además el otro tema nuestro análisis actual. En efecto, aunque, como muestra el escocés,
referido en la sección a la que nos con la sección titulada «De la in- inútilmente42, de manera tal que la
dedicaremos (a pesar de su título), materialidad del alma» comienza 37 Cf. Tratado, libro I, parte I, sección 6, pp. 104-
el de la simplicidad personal, am- el tratamiento pormenorizado del 106.
38 En este sentido, vid. R. Frondizi, pp. 103-105.
bos presentan claramente analogía yo personal, criticando allí Hume 39 S. Rábade Romeo, op. cit., p. 317.
con los análisis de la identidad y a «ciertos filósofos»36 que con- 40 Tratado, libro I, parte, IV, sección 6, p. 374. Cf.
en este sentido: Resumen, p. 88: «La mente no es
simplicidad sustancial o esencial ciben al yo, alma o mente como una sustancia, en la cual inhieren las percepciones.
sustancia. Pero, ¿qué concepción Esta noción es tan inteligible como la cartesiana de
33 F. Duque, edición cit. del Tratado, libro I, nota que el pensamiento o la percepción en general es la
155 de p. 397; A. J. Ayer, Hume, 1ª edición, Madrid, de sustancia (independientemen- esencia de la mente».
Alianza, 1988 (trad. castellana de J. C. Armero, te de que sus sostenedores hagan 41 Tratado, libro I, parte IV, sección 5, p. 376.
Hume, s. l., 1980), cap. 3, p. 87. E. Bréhier, en su 42 Vid. Tratado, libro I, parte IV, sección 5, pp. 375-
Historia de la filosofía, Vol. II: Siglos XVIII-XX, 1ª referencia a la sustancia material 377 y p. 389. El recurso a la definición de sustancia
edición, Madrid, Tecnos, 1988 (trad. castellana de J. o inmaterial) es la que Hume tiene como «algo que puede existir por sí mimo» no tiene
A. Pérez Millán y M. D. Morán, Histoire de la phi- validez alguna para Hume, ya que esta definición
losophie, Presses Universitaires de France, 1931 y en cuenta en su crítica? De las dos vale para cualquier cosa que pueda concebirse y
1938), cap. VIII, § 3, p. 96, afirma, sin más, el para- concepciones por entonces funda- nunca servirá para distinguir la sustancia del acci-
lelismo entre la identidad personal y la identidad de dente, en este caso, el alma de las percepciones, dis-
los cuerpos exteriores en Hume, sin hacer referencia 34 Vid. Tratado, libro I, parte IV, sección 3, especial- tinción que es fundamental para quienes sostienen
a textos específicos. Como veremos más adelante, es mente pp. 358-362. la doctrina de la sustancia como sujeto de inhesión.
precisamente en esta sección donde aparece un texto 35 Para A. J. Ayer, «la diferencia única» (op. cit., Dos son los principios que conjuga Hume en apoyo
referido a la mente que constituye un verdadero ade- cap. 3, p. 87). de esta afirmación: 1) «todo lo que es claramente
lanto de la tesis humeana expuesta en la sección 6. 36 Tratado, libro I, parte IV, sección 5, p. 374. concebido de un modo determinado puede existir
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Symploké revista filosófica enero 2016

controvertida pregunta acerca de que exige admitir accidentes rea- la de un particular sabor, color,
«si las percepciones inhieren en les44), es frecuentemente señalado figura, tamaño, consistencia, etc.,
una sustancia material o inma- el tópico de que mientras Berkeley así nuestra idea de mente es sólo
terial», al no tener nosotros idea había dirigido su crítica contra la la idea de percepciones particula-
alguna ni de la sustancia ni de la concepción habitual de la sustan- res, sin ninguna noción de algo a
relación de inhesión que se supo- cia material, Hume la extiende a la lo que denominamos sustancia, ya
ne en esta concepción, carece de de la sustancia espiritual45. El es- sea simple o compuesta»47.
sentido, siendo entonces imposible cocés es ciertamente contundente Hume había llegado en los
brindar una respuesta a la misma43. al afirmar que no sólo no tenemos comienzos del libro primero del
En cuanto a la crítica hu- una idea («real» o legítima, i. e. Tratado a la conclusión de que es
meana del yo sustancial, enten- «no ficticia» o, lo que es lo mismo: imposible una idea de sustancia
diendo por “sustancia” funda- «noción inteligible») de sustancia «que sea distinta de una colección
mentalmente la concepción que material, sino tampoco de sus- de cualidades particulares»48. Las
acabamos de exponer (concep- tancia espiritual, tal como se han razones eran obvias: por una parte,
ción un tanto extraña en la medi- entendido tradicionalmente. En la mente humana sólo conoce im-
da en que quedan vinculadas la efecto, en el Resumen del Tratado presiones e ideas derivadas de las
noción racionalista de sustancia, lo expresa con su particular con- mismas (la noción de substancia
que stricto sensu no admite acci- cisión, declarando juntamente la no se obtiene ni por impresión ni
dentes, con la noción de inhesión, razón fundamental de su crítica46: por idea derivada); por otra, dado
de ese modo determinado»; 2) «todo lo diferente «No tenemos idea de ninguna cla- que «toda cosa de la naturaleza es
es distinguible, y todo lo distinguible es separable se de sustancia, puesto que sólo individual»49, es completamente
por la imaginación». Estos dos principios permiten
concluir que «todas nuestras percepciones al ser di- tenemos la idea derivada de algu- absurdo suponer que existan sus-
ferentes entre sí y diferir también de cualquier otra na impresión, y no tenemos im- tancias (sean materiales o espi-
cosa que pudiera haber en el universo, son también
distintas y separables; pueden ser concebidas como presión alguna de sustancia, ya sea rituales) si se las considera como
existiendo por separado, y pueden existir de hecho material o espiritual. No conoce- objetos universales y abstractos50.
por separado sin necesidad de que cualquier otra
cosa las sostenga en la existencia. Son, por consi- mos nada que no sean cualidades Y a juzgar por el siguiente
guiente, sustancias, al menos en tanto que la defini- o percepciones particulares. Así texto del Apéndice, nuestro autor
ción citada explique lo que es sustancia». Es decir,
si la imposibilidad de explicar la génesis de la idea como nuestra idea de cuerpo, un parece haber tenido conciencia de
de sustancia nos cierra, como veremos enseguida, la melocotón, por ejemplo, es sólo que este método que acabamos de
posibilidad de tener tal idea, la definición habitual a
la que por esa dificultad se recurre hace inútil la sus- 44 S. Rábade Romeo apunta esta crítica, señalando, exponer en su aplicación extendida
tancialidad del yo, porque a juicio de Hume, todas por otra parte, que Hume no parece además estar también a la sustancia espiritual,
y cada una de las percepciones cumplen los requisi- enterado de la complejidad de la noción clásica de
tos de la sustancialidad. Por lo tanto, si la sustancia inhesión. Sin embargo cree que «ninguna de estas era el mismo método que Berkeley
es algo distinto de las percepciones, no hay idea de sugerencias críticas afectaría mucho al escocés: su ya había usado para desembarazar-
sustancia. Pero tampoco hay idea de inhesión, por- reduccionismo perceptual las relega a la categoría
que como acabamos de ver, no se requiere nada que de detalles de escuela sin relevancia alguna» (Op. se de la concepción habitual de la
actúe como soporte de la existencia de las percep- cit., p. 319). sustancia material:
ciones. (Cf. S. Rábade Romeo, op. cit., pp. 318 s.). 45 W. Windelband, Historia de la filosofía. Vol. V
43 Tratado, loc. cit., pp. 376 s. A nuestro juicio (cf. – La filosofía del iluminismo, 2ª edición, México, «Los filósofos comienzan a coin-
sin embargo, R. Frondizi, op. cit., pp. 104 s.), que en 1948 (trad. castellana de F. Larroyo, Lehrbuch der cidir en el principio de que no te-
su crítica a las doctrinas sustancialistas Hume sigue Geschichte der Prilosophie, s. l., s. d.), pp. 96 s.; A.
teniendo presente en el resto de la sección «De la Messer, La filosofía moderna – Del Renacimiento a nemos idea alguna de sustancia
inmaterialidad del alma» esta extraña vinculación Kant, Madrid, Revista de Occidente, 1927 (trad. cas- externa distinta de las ideas de
de ambas doctrinas de la sustancia, puede verse en tellana de E. Rodríguez Sadia, s. l., s. d.), cap. V, §
el pasaje que expone el sustancialismo de Espinoza. 22, punto 5, p. 185; W. R. Sorley, op. cit., cap. VIII, cualidades particulares. Y este
Escribe Hume (Tratado, libro I, parte IV, sección 5 p. 199; A. Fouillée, Historia general de la filosofía, principio debe abrir el camino para
p. 385): «Sólo hay una sustancia en el mundo, dice, 1ª edición, Buenos Aires, El Ateneo, 1951 (trad. cas-
y esa sustancia es perfectamente simple e indivisi- tellana de F. Gallach Palés, Histoire Général de la aceptar otro similar por lo que res-
ble, existiendo en todas partes sin presencia local. Philosophie, s. l., s. d.); R. Frondizi, op. cit., pp. 102 pecta a la mente: no tenemos no-
Así, todo lo que descubrimos externamente por la s; E. Romerales, Del empirismo soberano al parla-
sensación y todo lo sentido internamente por re- mento de las ideas – El pensamiento británico hasta ción alguna de la mente distinta de
flexión no son sino modificaciones de ese ser único, la Ilustración, 1ª edición, Madrid, Akal, 1997, cap. las percepciones particulares»51.
simple, y necesariamente existente, y no poseen nin- VI, p. 119. Este último autor destaca como curiosi-
guna existencia distinta o separada. Cada pasión del dad el hecho de que Berkeley ya había anticipado en La “extraña pareja” que
alma, cada configuración de la materia –por diferen- sus Comentarios filosóficos el análisis fenomenista
te y diversa que sea– inhieren en la misma sustancia, de Hume disolutorio de la sustancia espiritual, aun- 47 Resumen, p. 88.
conservando en sí misma sus caracteres distintivos que acabó rechazándolo. 48 Tratado, libro I, parte I, sección 6, p. 105.
sin comunicarlos al sujeto de inhesión. Un mismo 46 No podemos detenernos aquí en toda la crítica 49 Tratado, libro I, parte I, sección 7, p. 109.
substratum, si así puedo decirlo, sostiene las más di- humeana a la concepción habitual de la sustancia 50 En este sentido complementan H. Arnau Gras y J.
ferentes modificaciones sin sufrir diferencia alguna ni específicamente en la compleja sección 5 de la M. Gutiérrez González la explicación del texto que
en sí mismo, y las varía sin variación alguna. Ni el parte IV del libro I del Tratado dedicada a la crítica acabamos de citar del Resumen (vid. edición citada
tiempo, ni el lugar, ni toda la diversidad de la na- del yo sustancial. Puede verse un detenido examen del Resumen, nota 131, p. 88).
turaleza consiguen producir composición o cambio de dicha sección en S. Rábade Romeo, op. cit., pp. 51 Apéndice, p. 886. En este mismo sentido interpre-
alguno en su perfecta simplicidad e identidad». 317-326. ta este texto R. Frondizi, op. cit., pp. 102 s.
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Symploké revista filosófica Consideraciones...

conforma esa concepción de la mando siempre una necesidad vi- o fundamentalmente lo que se
sustancia a la que Hume apunta tal, el Hume que, para utilizar sus plantea es la constitución del mis-
en su crítica aparecerá subyacen- propias palabras, adopta la opinión mo (como considera, por ejemplo,
te en su sección «De la identidad de «toda la parte no pensante ni fi- G. Deleuze, para quien «La esen-
personal». Como veremos, Hume losófica de la humanidad» (parte cia y el destino del empirismo no
critica allí la pretendida identidad a la que, como él mismo afirma, están ligados al átomo, sino a la
de un pretendido yo sustancial, pertenecen todos los hombres en asociación. Esencialmente, el em-
acerca de cuya sustancialidad la un momento u otro)54. Pero no se pirismo... plantea el problema de
sección inmediatamente anterior trata, desde esta última perspecti- una constitución del sujeto»58).
ha concluido declarando su ab- va, sólo de admitir que este tipo de Ha de advertirse de entra-
soluta ininteligibilidad52. Recha- opiniones, en un momento u otro, a da que la explicaciones de las in-
zada, entonces, la inteligibilidad todos (a los filósofos, en todo caso, clinaciones naturales con las que
de la sustancialidad del yo, como cuando no filosofan) se nos impo- nos encontramos en el Tratado
si constituyera ello “la crónica de nen «por una especie de instinto o no siempre son satisfactorias, así
una muerte anunciada”, habrá de de impulso natural»55, sino princi- como tampoco –y aún menos– los
esperarse ahora el rechazo de la palmente de hacer el esfuerzo de intentos humeanos de conciliación
inteligibilidad de la identidad de explicar cómo esa inclinación na- de ambas perspectivas, concilia-
ese yo. De ahí que podamos decir, tural nos conduce a la formulación ción que acaso sea imposible en su
con R. Frondizi, que «el método y aceptación de estas opiniones. sistema. Aún más, nos atrevería-
que utiliza Hume para descartar Esta doble perspectiva56 no debe mos a decir que, en última instan-
la concepción habitual de la iden- perderse de vista, a nuestro juicio, cia, ni siquiera fueron satisfacto-
tidad personal es semejante al que al intentar responder, por ejem- rios para él mismo estos intentos, a
se aplicó a la idea de sustancia»53. plo, qué opina Hume respecto de juzgar por los párrafos que cierran
Estamos ahora en condi- la existencia del mundo externo o el libro I del Tratado en la sección
ciones de comenzar nuestro análi- qué de las esencias de los cuerpos, 7 de la parte IV, así como por algu-
sis de la sección 6 de la última par- al intentar responder a la pregun- nos pasajes del Apéndice, e incluso
te del libro I del Tratado. A nuestro ta de si el autor del Tratado de la por otros desahogos no infrecuen-
juicio, la articulación material y naturaleza humana es o no un es- tes en otras secciones de esa mis-
temática más gruesa de la sección céptico, o si en su empirismo se ma parte IV.
divide el texto en dos partes, que consuma la disolución del sujeto Organizaremos nuestra ex-
corresponden a una permanente (como afirman la mayoría de los posición de la sección «De la iden-
doble perspectiva adoptada por intérpretes, que pueden perfecta- tidad personal» de acuerdo con la
nuestro filósofo. Esta perspectiva mente representarse en el conoci- bipartición referida.
doble podemos caracterizarla dis- do verso de Antonio Machado: «Fe En la primera parte de la
tinguiendo, por un lado, el punto empirista. Ni somos ni seremos»57) sección 6, entonces, Hume, desa-
del vista de “el Hume que razona”, 54 Cf. Tratado, libro I, parte IV, sección 2, p. 342: rrollando de acuerdo con impera-
“el Hume que piensa o filosofa” «Las personas que sostienen esa opinión acerca de la tivos racionales los principios de
identidad de nuestras percepciones semejantes per-
desarrollando de acuerdo con los tenecen, en general, a toda la parte no pensante ni su fenomenismo perceptual que ha
imperativos de la razón los prin- filosófica de la humanidad (esto es: todos nosotros, venido sosteniendo en el libro, es-
en un momento u otro)».
cipios de su fenomenismo percep- 55 Tratado, libro I, parte IV, sección 2, p. 353. tablecerá su concepción filosófica
tual, y, por otro lado, el punto de 56 Sobre la permanente oposición de estas dos pers- del yo (y consecuentemente de la
pectivas en la obra humeana, vid. S. Rábade Romeo,
vista de “el Hume ilustrado, ado- op. cit., pp. 278, 281 s., 297-300, etc. Nos llama la identidad o no y simplicidad o no
rador de la naturaleza”, el Hume atención que el autor de Hume y el fenomenismo mo- del mismo59) en contraposición a
derno no se valga de la misma, tal como nosotros
instintual que se levanta frente a lo hacemos aquí, justamente para la articulación de nuestro vivir es emprestado. / Nada trajimos; nada
los argumentos racionales recla- la sección «De la identidad personal». Puede verse, llevaremos» (A. Machado, Poesías, Buenos Aires,
respecto de este doble punto de vista humeano, la Losada, 1ª edición, 1943 (25ª edición, 1996), p. 167.
52 «La decisión final de todo esto es, pues, que el distinción que hace J. Noxon entre «el Hume filó- 58 G. Deleuze, Empirismo y subjetividad – Las ba-
problema referente a la sustancia del alma es abso- sofo analítico» y el «Hume psicólogo “experimen- ses filosóficas del anti-Edipo, 1ª edición, Barcelona,
lutamente ininteligible» (Tratado, libro I, parte IV, tal”», cada unos de los cuales, dice el autor de La Gedisa, 1977 (trad. castellana de H. Acevedo, Em-
sección 5, p. 395). evolución de la filosofía de Hume, «tiene su propio pirisme et Subjectivité, Paris, Presses Universitaires
53 R. Frondizi, op. cit., p. 108. Vid. también S. Rá- trabajo que realizar y se dedica a él independiente- de France, 1953), cap. I, p. 23. Como el título lo
bade Romeo, op. cit., p. 327, quien considera que mente del otro, descansando el analista en el prin- indica, todo el libro está dedicado a acentuar este
el análisis que Hume hace de la identidad personal cipio de la copia y el psicólogo, en el principio de aspecto de la teoría humeana del yo, pero pueden
es un «fenomenismo esperado, ya que, rechazada la asociación» (Op. cit., Parte IV, sección 2, p. 132; consultarse especialmente los capítulos I, V, VI, VII.
inteligibilidad de la sustancialidad del yo, el contex- para esta distinción, cf. también Parte I, sección 1, 59 Puede verse que más adelante, ya en lo que no-
to nocional de la época hacía imposible intentar una pp. 17-23 y sección 3, pp. 32 ss., Parte IV, passim). sotros denominamos “segunda parte”, Hume llama
defensa de la identidad...» 57 «Fe empirista. Ni somos ni seremos. / Todo «nuestra filosofía» a lo que ha establecido en lo que
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Symploké revista filosófica enero 2016

la opinión «algunos filósofos», la genuina experiencia, a la que, en impresión, sino aquello a que se
cual expondrá y criticará en primer favor del mismo, apelan sus de- supone que nuestras distintas im-
lugar. Por lo tanto, pueden distin- fensores. En efecto, el análisis de presiones e ideas tienen referen-
guirse en esta primera parte tres esa experiencia nos revela que «no cia66».
secciones o subpartes: 1) la expo- tenemos idea alguna del yo de la b) En segundo lugar, la im-
sición de la opinión de «algunos fi- manera que aquí se ha explicado». presión, en la hipótesis de que la
lósofos60» o «metafísicos» de cier- Hume agrupa su análisis crítico, hubiese, que diese origen a tal idea
ta clase61, 2) la crítica que Hume, en el cual se evidenciará aún más del yo, debería ser invariablemente
según los principios de su propia la concepción del yo que ataca, en idéntica durante toda nuestra vida,
filosofía, les dirige, y 3) la concep-
tres pasos: pues se supone que tal yo existe de
ción que, según esos mismos prin- a) En primer lugar, para ese modo67. Pero no existe ninguna
cipios, sostiene nuestro filósofo. que la idea de ese yo del que hablan impresión que sea constante e in-
ciertos filósofos sea una «idea cla- variable68 («dolor y placer, tristeza
1) Opinión de algunos filó- ra e inteligible», una «idea real», y alegría, pasiones y sensaciones
sofos: tiene que haber una impresión de se suceden unas a otras y nunca
¿A qué filósofos se refie- la que se derive64. Pero no hay tal existen todas al mismo tiempo»).
re aquí Hume? Como observa S. impresión, pues precisamente ese Por lo tanto, como tal idea del yo
Rábade Romeo, parece que Hume «yo o persona (entendiendo aquí no puede derivarse de ninguna im-
apunta en esta sección del Tratado «un yo o sustancia como algo sim- presión, «no existe tal idea»69.
tanto al racionalismo continental ple e individual65») no es ninguna c) Además, siendo que «to-
como a Locke62. En efecto, la sec- das nuestras percepciones parti-
64 Cf. Resumen, pp. 66 s.: «Nuestro autor –escri-
ción se abre sosteniendo que es- be allí Hume disponiéndose a citarse a sí mismo– culares», como tantas veces se ha
tos filósofos se figuran que lo que piensa “que ningún descubrimiento podría haberse señalado en el Tratado70, «son di-
hecho con tanto éxito, para resolver todas las con-
llamamos nuestro yo es algo de troversias sobre las ideas, como éste: que las impre- ferentes, distinguibles y separables
lo que somos íntimamente cons- siones siempre preceden a las ideas, y que cada idea entre sí, y pueden ser considera-
de que se provee la imaginación aparece primero en
cientes, sentimos su existencia y su correspondiente impresión [Esto fue establecido das por separado: no necesitan de
su perfecta identidad a través de en Tratado, libro I, parte I, sección 2, dando lugar al
«primer principio» de su «ciencia de la naturaleza 66 Vid. Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 399.
su continuidad en la existencia, humana», que allí expresa diciendo: «todas nuestras 67 Ello es así en virtud de que «las ideas representan
así como también su perfecta sim- ideas simples proceden mediata o inmediatamente siempre a los objetos o impresiones de que se deri-
de su correspondientes impresiones» (p. 94; cf. p. van, y nunca pueden, sin ficción, representar o ser
plicidad. Hasta tal punto afirman 91)]. Estas últimas percepciones son todas tan claras aplicadas a otras cosas» (Tratado, libro I, parte II,
(especialmente los cartesianos) y evidentes que no admiten controversia; en cambio, sección 3, p. 131; subrayado nuestro) Cf. idem, par-
muchas de nuestras ideas son tan obscuras que es te III, sección 14, pp. 280-282., donde Hume desa-
saber con certeza todo esto, hasta casi imposible, incluso para la mente, que es quien la rrolla lo siguiente: Como «la razón no puede nunca
tal punto les resulta evidente, que forma, decir exactamente su naturaleza y composi- engendrar por sí sola una idea original», la idea de
ción” [Esta cita corresponde a Tratado, libro I, parte que se trate «deberá derivarse de la experiencia y de
todo intento de aducir una prueba II, sección 3, p. 126]. De acuerdo con esto, cuando algunos casos particulares...que pasen a la mente por
posterior (la evidencia de una de- una idea es ambigua, el autor recurre siempre a la los canales comunes de la sensación y la reflexión.
impresión, que ha de transformarla en clara y pre- Si pretendemos que esa idea sea precisa habrá que
mostración) sólo conseguiría debi- cisa. Y cuando sospecha que un término filosófico buscarla «en las impresiones de que originariamente
litar esta evidencia inmediata, que no tiene ninguna idea correspondiente a él (como es se deriva. Si es una idea compuesta deberá surgir de
muy común) pregunta siempre ¿de qué impresión se impresiones compuestas. Si simple, de impresiones
es, además, el fundamento de to- deriva esa idea? Y si no puede remitirse a ningu- simples». Pues «las ideas representan siempre sus
dos los demás conocimientos63. na impresión, concluye que el término en cuestión objetos o impresiones, y viceversa, para que toda
carece de significado. /.../ sería de desear que este idea se origine son necesarios algunos objetos [=
método riguroso fuese ejercitado en todos los deba- impresiones]. Si es imposible encontrar las impre-
2) Crítica de Hume a los tes filosóficos». Cf. Investigación, sección 2, p. 37: siones de que se deriva, «tendremos que reconocer
«Todas las ideas, especialmente las abstractas, son que la idea es imposible e imaginaria, pues el prin-
mencionados filósofos: naturalmente débiles y oscuras... En cambio, todas cipio de las ideas innatas, único que podría sacarnos
«Desgraciadamente», afir- las impresiones, es decir, toda sensación –bien exter- de este dilema, ha sido ya refutado, y actualmente
na, bien interna– es fuerte y vivaz: los límites entre es casi ya universalmente rechazado en el mundo
ma Hume, todo el conjunto de es- ellas se determinan con mayor precisión, y tampoco ilustrado».
tas afirmaciones es contrario a la es fácil caer en error o equivocación con respecto a Conviene insistir en que las ideas surgen por
ellas. Por tanto, si albergamos la sospecha de que un «debilitación» de las impresiones y, por lo tanto, no
nosotros llamamos “primera parte”, diciendo de ella término filosófico se emplea sin significado o idea aportan ningún contenido nuevo de conocimiento,
que es «un modo más exacto de pensar» que adop- alguna (como ocurre con demasiada frecuencia), no siendo simples imágenes de las impresiones parti-
tamos cuando reflexionamos un poco (Tratado, libro tenemos más que preguntarnos de qué impresión se culares, pues esa es la razón por la que no hay ideas
I, parte IV, sección 6, p. 402). deriva la supuesta idea, y si es imposible asignarle universales (cf. Tratado, libro I, parte I, sección 7).
60 Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 397. una; esto servirá para confirmar nuestra sospecha. Al 68 Cf. Tratado, libro I, parte IV, sección 2, p. 328:
61 Loc. cit., p. 400. traer nuestras ideas a una luz tan clara, podemos es- «...toda impresión es una existencia interna y efíme-
62 S. Rábade Romeo, op. cit., p. 327. A. Messer, en perar fundadamente alejar toda discusión que pueda ra –y como tal se manifiesta–...» (el subrayado es
op. cit., cap. V, § 22, punto 2, p. 181, afirma que surgir acerca de su naturaleza y realidad». nuestro).
por “algunos filósofos” ha de entenderse aquí «por 65 Así reconocido de manera explícita en el marco 69 Vid. Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 399.
ejemplo, Descartes, Berkeley y otros». de este mismo argumento y utilizando esta expre- 70 Cf. especialmente el texto al que nos hemos refe-
63 Tratado, libro I, parte IV, sección 6, pp. 397 s. sión que hemos citado, en Apéndice, p. 885. rido supra, nota 42.
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Symploké revista filosófica Consideraciones...

cosa alguna que las sostenga en su pudiera pensar, sentir, ver, amar u tesis más famosas del fenomenis-
existencia» (es decir, tienen indivi- odiar tras la descomposición de mi mo humeano80». Sin embargo, la
dualmente el carácter de la sustan- cuerpo, mi yo resultaría completa- misma ya había sido adelantada
cia cartesiana, y más propiamente mente aniquilado, de modo que no con toda claridad en la sección 2
el carácter de la sustancia increada, puedo concebir qué más haga falta de esta misma parte IV del libro
i. e. Dios71), ¿de qué manera perte- para convertirme en una perfecta I del Tratado. Allí, en el marco
necerían a tal yo (entendido clara- nada75» de una cuestión particular (la de
mente, insistimos, como «sustan- Queda claro, entonces, «cómo podemos estar convencidos
cia simple o sujeto de inhesión» hasta el momento, que Hume no de que es verdad la suposición de
de las percepciones72), y cómo se puede percibir en él «algo sim- que una percepción esté ausente de
conectarían con él73? ple y continuo a lo que llama su la mente sin estar aniquilada81»),
yo76». Aparenta conceder que otra tendiente a explicar la tercera de
3) Concepción filosófica de persona pueda hacerlo, aun «tras las cuatro partes82 (la que se refiere
Hume: una reflexión seria y libre de pre- a la «inclinación que nos propor-
Esta crítica de Hume a esa juicios», teniendo así «una noción ciona la ilusión de la unión de per-
clase de metafísicos ya nos antici- diferente de sí mismo» que la que cepciones discontinuas mediante
pa lo que una genuina experiencia, Hume tiene de sí. Pero esto no pa- una existencia continua83») de su
realizada mediante «una reflexión rece ser más que pura ironía, como hipótesis explicativa84 de lo que
seria y libre de prejuicios»74, es afirma A. J. Ayer77, pues nuestro nos induce a creer en la existencia
decir, según los mismos principios autor confiesa que a una persona continua de los cuerpos, creencia
con los que ha efectuado su crítica, que piense de esa manera no po- que «es anterior y causante de la
revela para nuestro autor: dría seguirla en sus razonamientos, de su existencia distinta85», escribe
«En lo que a mí respecta, siempre y lo único que puede concederle es nuestro autor:
que penetro más íntimamente en lo que él y esa persona son «esen- «...lo que llamamos mente no es
que llamo mí mismo (myself) tro- cialmente diferentes en este parti- sino un montón o colección de per-
piezo en todo momento con una cular». Y por si esto fuera poco, la cepciones diferentes, unidas entre
u otra percepción particular, sea ironía queda puesta de manifiesto sí por relaciones y que se suponen,
de calor o frío, de luz o sombra, aún más claramente cuando segui- aunque erróneamente, dotadas de
de amor u odio, de dolor o placer. damente Hume afirma que: perfecta simplicidad e identidad86»
Nunca puedo atraparme a mí mis- «dejando a un lado a algunos me- Posteriormente, en el Re-
mo en ningún caso sin una percep- tafísicos de esta clase, puedo aven- sumen, Hume reafirmaba que en el
ción, y nunca puedo observar otra turarme a afirmar que todos los de- Tratado había sostenido que:
cosa que la percepción. Cuando más seres humanos no son sino un «el alma, tal y como podemos con-
mis percepciones son suprimidas haz o colección de percepciones cebirla, no es más que un conjunto
durante algún tiempo: en un sue- diferentes, que se suceden entre sí o una serie de percepciones dife-
ño profundo, por ejemplo, durante con rapidez inconcebible y están rentes, tales como el calor, frío,
todo ese tiempo no me doy cuen- en un perpetuo flujo y movimien- amor y odio, pensamientos y sen-
ta de mí mismo, y puede decirse to78». saciones; todas ellas reunidas, pero
que verdaderamente no existo. Y Esta disposición de Hume carentes de una perfecta simplici-
si todas mis percepciones fueran a “aventurarse” a hablar en nom- dad o identidad87»
suprimidas por la mente y ya no bre del resto de la humanidad su- Si queremos seguir hablan-
71 «Por sustancia no podemos entender ninguna otra giere que su proposición sólo tiene do del yo, alma, persona o mente,
cosa sino la que existe de tal manera que no necesita el disfraz de generalización empí- como algo conocido, nos tenemos
de ninguna otra para existir. Y, en verdad, sustan-
cia que no necesite en absoluto de ninguna otra sólo rica, pues más bien ocurre que no que atener a las percepciones per-
puede concebirse una: Dios» (Descartes, René, Los puede concebir nada que cuente 80 S. Rábade Romeo, op. cit., p. 329.
principios de la filosofía, 1ª edición, Buenos Aires, 81 Tratado, libro I, parte IV, sección 2, p. 344.
Losada, s. d. (2ª edición, 1997), § LI, p. 26). Las sus- como percepción pura de uno mis- 82 Las cuatro partes se mencionan en p. 335 de la ci-
tancias creadas (extensa y pensante) «pueden com- mo79. Con el texto que acabamos tada sección y se desarrollan en las páginas siguien-
prenderse bajo este concepto común [de sustancia]: tes de la misma.
son cosas que sólo necesitan del concurso de Dios de citar estamos ante «una de las 83 Loc. cit., p. 335; cf. p. 342.
para existir» (ibidem, § LII, p. 26). 75 Loc. cit., p. 399 s. Vid., asimismo, Apéndice, p. 84 Un «breve esquema o resumen» de su hipótesis
72 Así es reconocido de manera explícita en el mar- 886. presenta Hume en loc. cit., pp. 334 s., antes de aden-
co de este mismo argumento y utilizando la expre- 76 Loc. cit., p. 400. trarse plenamente en la explicación detallada de la
sión que acabamos de citar, en Apéndice, p. 885; 77 A. J. Ayer, op. cit., cap. 3, pp. 88 s. misma.
asimismo, cf. Resumen, p. 88. 78 Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 400. 85 Como nos dice ya en loc. cit., p. 334.
73 Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 399. 79 En este sentido, A. J. Ayer, op. cit., cap. 3, p. 89. 86 Loc. cit., p. 344.
74 Loc. cit., p. 400. Cf. J. Noxon, op. cit., Parte IV, sección 3, pp. 143 s. 87 Resumen, p. 87.
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Symploké revista filosófica enero 2016

cibidas; es decir, lo que percibi- diferentes, sea cual sea la inclina- A la explicación de la men-
mos o conocemos del yo son las ción natural que nos lleve a imagi- cionada inclinación se aboca pre-
percepciones que «suponemos» nar esa simplicidad e identidad92». cisamente la segunda parte de la
pertenecientes a ese hipotético yo. Como se ve en la última sección que venimos analizando,
La idea que podemos tener de una parte del texto que acabamos de según la división que hemos esta-
mente no tiene más contenido que citar, Hume no deja de reconocer blecido en ella. En realidad, casi
el de percepciones particulares, que los hombres creen en la iden- toda esta parte (y ello justificaría
«sin ninguna noción de algo a lo tidad y simplicidad de sus propias en cierto modo el título adscripto
que denominamos sustancia88». personas (él mismo, para decirlo a la sección) se aboca a la explica-
Insistiendo aún con la in- con sus propias palabras93, no pue- ción de la propensión que nos lle-
tención de hacernos comprender de arrancar de su imaginación «ese va a atribuir identidad a la persona,
lo que debemos entender por la prejuicio», no puede sostener por pues Hume considera que dicha
mente, Hume la compara con «una mucho tiempo el modo de pensar explicación puede extenderse «con
especie de teatro en el que se pre- más exacto, obtenido mediante la poca o ninguna variación97» a la
sentan las distintas percepciones reflexión, que él considera como su noción de simplicidad que también
en forma sucesiva». Pero advier- «filosofía», por oposición a las que nos inclinamos a atribuirle. Dividi-
te inmediatamente que esta com- él ha enfrentado). Pero no se trata remos, consecuentemente, en dos
paración no debe confundirnos y sólo de admitir que todos creemos nuestra exposición de esta parte:
llevarnos a entender que hay un o imaginamos ello, sino que, de
lugar en el que se representan esas manera muy parecida a como lo 1. Explicación de la incli-
escenas, pues «son solamente las hizo en su momento respecto de nación natural a imaginar la iden-
percepciones las que constituyen las cosas del mundo externo94, se tidad
la mente89». O, para decirlo con trata de dar una explicación de esa La pregunta, obligada
palabras de G. Deleuze, «el lugar inclinación natural que nos lleva a como consecuencia de lo esta-
no es diferente de lo que pasa en imaginar tanto la identidad como la blecido en la “primera parte”, es:
él; la representación no está en un simplicidad, en este caso, del alma «¿Qué es entonces lo que nos in-
sujeto90». Puede verse que en el (= yo = mente = persona95). Aho- duce con tanta intensidad a asig-
mismo sentido de esta advertencia ra bien, lo parecido del planteo no nar una identidad a estas percep-
humeana se encuentra la diferen- debe hacernos olvidar, que aquí la ciones sucesivas, y a creernos en
ciación, que leemos en el Resumen explicación tiene que resolver un posesión de una existencia inva-
del Tratado, entre que las percep- problema más fundamental, pues riable e ininterrumpida durante
ciones particulares pertenezcan a la explicación dada respecto de las toda nuestra vida98?».
la mente y que las mismas la com- cosas del mundo externo parecería Hume señala, en primer lu-
pongan91. más aceptable si el yo no se disol- gar, que para responder a esta pre-
Finamente, entonces, «con viese, también él, en percepciones gunta hay que distinguir entre:
propiedad» no existe en la mente o apareceres fenoménicos96. – identidad personal por lo
«ni simplicidad en un tiempo, ni que respecta a nuestro pensamien-
92 Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 401.
identidad a lo largo de momentos 93 Loc. cit., p. 402. to o imaginación, e
94 Hemos dicho «creemos o imaginamos», porque – identidad personal por lo
88 «No conocemos nada que no sean cualidades o en realidad, tal como ocurre respecto de la existencia
percepciones particulares. /.../ nuestra idea de mente y esencia de las cosas del mundo externo, se tratará, que respecta a nuestras pasiones
es sólo la idea de percepciones particulares, sin nin- en definitiva, de una creencia en una ficción de la o al interés que nos tomamos por
guna noción de algo a lo que denominamos sustan- imaginación. (Cf. respecto de las cosas del mundo
cia...» (Resumen, p. 88). En Apéndice, p. 886: «...no externo, S. Rábade Romeo, op. cit., especialmente nosotros mismos.
tenemos noción alguna de la mente distinta de las pp. 292-305 y 309). Y de lo que en esta sección
percepciones particulares». 95 Puede confrontarse esta inclinación natural de la
89 Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 401. que habla Hume con el sentido de «naturaleza» que se trata, nos dice, es de la identi-
90 G. Deleuze, op. cit., cap. I, p. 13. Descartes emplea en la III de sus Meditaciones, es dad del primer tipo99. Es muy im-
91 «Descartes mantenía que el pensamiento era la decir, entendida como «cierta inclinación» que nos
esencia de la mente; no este o aquel, sino el pen- lleva a creer en algo y no hay razón para que la si- portante, como señala S. Rábade
samiento en general. Esto parece ser absolutamente gamos cuando se trata de la verdad o la falsedad, Romeo100, no olvidar esto, pues el
ininteligible, pues todo lo que existe es particular; muy distinta de la «luz natural», que nos hace cono-
y por consiguiente deben ser nuestras percepciones cer algo como verdadero e indudable y es la única problema del yo viene siendo ex-
particulares las que compongan la mente. Digo, facultad en la que podemos fiarnos para distinguir puesto desde una simple conside-
compongan la mente, no que pertenezcan a ella. La lo verdadero de lo falso (R. Descartes, Meditationes
mente no es una sustancia, en la cual se inhieren las de prima philosophia, en Oeuvres de Descartes, vol. ración gnoseológica, es decir, te-
percepciones. Esta noción es tan ininteligible como VII, ed. de Ch. Adam y P. Tannery, Paris, Vrin, 1996, 97 Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 414.
la cartesiana de que el pensamiento o la percepción pp. 38 s.). 98 Loc. cit., p. 401.
en general es la esencia de la mente» (Resumen, p. 96 En este sentido, cf. S. Rábade Romeo, op. cit., 99 Ibidem.
88). p. 330. 100 Op. cit., p. 331.
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Symploké revista filosófica Consideraciones...

niendo en cuenta lo que podemos de identidad al yo o persona105. – la idea de sucesión de


saber del yo. Pero, en principio, Siguiendo el orden del tex- objetos relacionados: que es «una
esto no puede transferirse sin más to humeano, comenzaremos con idea de varios objetos diferentes
al yo moral: lo que epistemológi- el análisis general de la atribución que existen en forma sucesiva y
camente no es defendible puede impropia de identidad (a), para pa- están conectados mutuamente por
ser moralmente necesario. Más sar luego al análisis específico de una estrecha relación», lo cual,
adelante (cap. II) nos detendremos atribución impropia de identidad a desde una perspectiva rigurosa,
brevemente en el yo de las pasio- la persona (b). «nos proporciona una noción tan
nes y de la moral. perfecta de diversidad, que parece
En segundo lugar, como a) Análisis general de la como si no hubiera ningún tipo de
existe gran analogía entre la iden- atribución impropia de identidad: relación entre los objetos»;
tidad que atribuimos a las plantas — Su hipótesis explicativa si bien, entonces, estas dos
y animales y la de un yo o persona, de la atribución impropia de iden- ideas son distintas, y aun contra-
propone estudiar la identidad per- tidad106 comienza declarando que rias, «en nuestra manera usual de
sonal explicando primero la iden- si bien tenemos dos ideas precisas pensar» (opuesta a «un modo más
tidad de las plantas y animales101. completamente distintas, y aun exacto de pensar» que constituye
De este modo, afirma J.-P. Cléro, contrarias, como son: la reflexión filosófica108) son gene-
«Hume, matando dos pájaros de – la idea de identidad o ralmente confundidas entre sí: «La
un tiro (faisant d’une pierre deux mismidad: que es «la idea que te- acción de la imaginación por la
coups), acomete con un mismo nemos de un objeto que permanece que consideramos al objeto como
movimiento la identidad del yo y invariable y continuo a lo largo de continuo e invariable, y aquélla
la identidad de lo viviente que se una supuesta variación de tiem- otra por la que reflexionamos so-
imaginara bajo la forma de una po107», y bre la sucesión de objetos relacio-
especie de principio vital102». Sin 105 Vid. loc. cit., p. 408. nados, son sentidas como si fueran
embargo, a pesar de la propuesta 106 Respecto de esta hipótesis, cf. loc. cit., pp. 401- casi idénticas». Es que en el último
403.
inicial, lo cierto es que comienza 107 La variación del tiempo se dice que es supues- caso «la relación facilita la tran-
su análisis con una «hipótesis103» ta. Ello es así por lo siguiente: Como es sabido, el sición de la mente de un objeto a
tiempo no existe para Hume más que como «idea
general, explicativa de la atribu- abstracta» derivada de la experiencia de la sucesión otro, y convierte este paso en algo
ción de identidad a objetos que en de nuestras percepciones de todo tipo: «el tiempo tan suave como si la mente con-
por sí sólo no puede manifestarse a la mente ni ser
rigor carecen del ella (su genera- conocido por ella»; «allí donde no tengamos percep- templara un objeto continuo». Es
lidad se evidencia en el mismo ciones sucesivas no tendremos noción del tiempo.»; precisamente esta semejanza que
«...podemos concluir que el tiempo no puede apa-
planteo de la hipótesis, que incluye recer ante la mente, ni aislado, ni acompañado por el acto de la mente, al examinar la
tanto al yo como a objetos ajenos un objeto constantemente inmutable, sino que se sucesión de objetos relacionados,
presenta siempre mediante una sucesión perceptible
al yo, y, respecto de estos últimos, de objetos mudables». Sólo las cambiantes percep- tiene con el acto de la mente por
en los ejemplos de «la experiencia ciones existen, no el tiempo que abstraemos a partir el que examina un objeto idéntico
de ellas, el cual no es más que esas percepciones
y observación diarias104» que uti- apareciéndose a la mente según un cierto modo, esto «la causa de la confusión y error,
liza como prueba de tal hipótesis, es, sucediéndose una tras otra. (vid. Tratado, libro I, y la que nos lleva a colocar la no-
parte II, sección 2, pp. 128-131). Para transformar
ejemplos que, como veremos, se un objeto en ser permanente en el tiempo, se necesi- ción de identidad en lugar de la de
refieren a la atribución de identi- ta operar una inversión: se hace como si las sucesio- objetos relacionados109». Y de tal
nes de percepciones y sus relaciones estuvieran en el
dad a productos compuestos y va- tiempo y no como si el tiempo fuera una abstracción jetos variables para ser luego atribuida a objetos más
riables, sean artificiales –barcos, a partir de ellas. Una tal inversión es una «ficción» estables, sobre el fondo de los cuales se destaca la
(loc. cit., p. 131; Hume se encarga de explicar «las variabilidad de otros. «La ficción, afirma J.-P. Cléro,
casas– o naturales –plantas y ani- apariencias que nos llevan a imaginar que tenemos» no es la abstracción, sino el mal control, teórico si no
males, ríos–). Y «este mismo modo «la idea de un tiempo sin existencia mudable», con práctico, por el pensamiento, de sus abstracciones»
la que «suponemos que la duración es medida tanto (Cf. sobre todo esto: J.-P. Cléro, op. cit., deuxième
de razonar» que explica en general del reposo como del movimiento», en parte II, sec- partie, chapitre premier, § II, pp. 125 s.).
la atribución de identidad, como ción 5, pp. 166 s.). Para que un sujeto o un objeto 108 Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 402.
parezcan idénticos a ellos mismos, paradójicamente, 109 Recordemos que en la parte II, sección 5 del
dirá Hume más adelante, será el hay que hacerlos aparecer en un tiempo que nunca libro I del Tratado ya se había establecido como
que evidentemente deberá seguirse habría podido existir en las condiciones de identidad «máxima general» de la ciencia de la naturaleza hu-
perfecta, pues es necesario que haya sucesión para mana que «allí donde existe una relación estrecha
a la hora de explicar la atribución que haya propiamente tiempo. Pero una vez puesto entre dos ideas, la mente se ve fuertemente inclinada
o fingido este tiempo, él puede abrigar realidades es- a confundirlas y a usar la una en lugar de la otra
101 Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 401. tables e idénticas que por sí mismas nunca habrían en todos sus discursos y razonamientos» (p. 159).
102 J.-P. Cléro, Hume-Une philosophie des contra- podido suscitarlo a ese tiempo. Aceptamos al menos Y más adelante se dice que de las tres relaciones de
dictions, 1ª edición, Paris, Vrin, 1998, deuxième par- la inestabilidad de ciertos objetos a condición de que asociación «es la de semejanza la fuente que más
tie, chapitre premier, § II, p. 124. ella se destaque sobre el fondo de una estabilidad a errores produce; de hecho pocas equivocaciones de
103 Cf. Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 403. veces aberrante. Hume admite las aberraciones a las razonamiento hay que no se deban en gran medida
104 Ibidem. cuales da lugar la noción de duración, sacada de ob- a ese origen». Específicamente nos interesa señalar
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Symploké revista filosófica enero 2016

modo nos inclina esta relación de su discontinuidad o variación (Así en esta misma sección 6, en lo que
asociación de disposiciones de la ocurre que para suprimir la dis- oficia de conclusión del análisis de
mente a caer en este error, que cae- continuidad fingimos la existen- la atribución impropia de identidad
mos en él antes de darnos cuenta, y cia continua de las percepciones al yo –conclusión cuyas palabras,
aunque constantemente nos corri- de nuestros sentidos; y llegamos a como se ha dicho, pueden «dar en-
jamos mediante la reflexión, vol- la noción de alma, yo o sustancia vidia al neopositivista más riguro-
viendo así a un modo más exacto para enmascarar la variación). b) so114»–, en la medida en que no se
de pensar, nos es imposible soste- Y aun en los casos en que no ha- dice otra cosa que: todo lo que no
ner por mucho tiempo nuestra filo- cemos intervenir tal ficción, tene- sea admitir que la identidad es un
sofía y arrancar de la imaginación mos una inclinación tan fuerte a principio ficticio o imaginario no
ese prejuicio. Ante esto, lo que nos confundir identidad y relación que pasa de ser una cuestión de sutile-
queda, como «último recurso», es nos mostramos dispuestos a imagi- zas verbales:
«admitir el prejuicio mismo», sos- nar algo desconocido y misterioso «Toda esta doctrina nos lleva a una
teniendo que los diferentes objetos que, además de la relación, conecte conclusión de gran importancia
relacionados son de hecho la mis- sus partes (Hume cree que esto es para el asunto presente; a saber,
ma cosa, aunque se presenten de lo que sucede cuando atribuimos que todos estos sutiles y refinados
modo discontinuo y variable. identidad a plantas y vegetales). c) problemas acerca de la identidad
Y para excusarnos a noso- Y aun en los casos que no ocurra personal no tienen posibilidad al-
tros mismos de este absurdo (ab- tal cosa, seguimos sintiéndonos guna de poder ser resueltos alguna
surdo que descubre la reflexión inclinados a confundir estas ideas, vez, y que deben ser considerados
filosófica, siendo el dinamismo a pesar de que no nos satisfaga, ni más como dificultades gramatica-
natural y espontáneo del hombre encontremos ninguna cosa invaria- les que como problemas filosófi-
el que cuenta con recursos para ble y continua que justifique nues- cos... Todas las disputas acerca de
“escurrirse” del mismo, aunque la tra noción de identidad. la identidad de objetos que están
puerta de escape, como en el caso De este modo, en la hu- conectados entre sí no son sino
del mundo externo, sea una fic- meana hipótesis explicativa de la verbales, excepto en la medida en
ción110), a) lo que frecuentemente atribución impropia de identidad, que la relación de partes origine
ocurre es que fingimos un princi- la controversia relativa a ella «no alguna ficción o principio imagi-
pio nuevo e ininteligible que co- es simplemente una disputa de pa- nario de unión, como hemos ya
necte entre sí los objetos, e impida labras», ya que nuestro error en la señalado115».
atribución no sólo se limita a la Con S. Rábade Romeo,
aquí la distinción que a continuación se hace entre
semejanza de ideas y semejanza entre acciones men- expresión, sino que viene común- puede observarse que la imagina-
tales: «No sólo están relacionadas entre sí las ideas mente acompañada de una ficción, ción aparece aquí, como en tantas
semejantes, sino que también las acciones mentales
que realizamos al considerarlas son tan escasamente a) bien de algo invariable y con- otras ocasiones en Hume, como el
diferentes unas de otras que nos resulta imposible tinuo, b) bien de algo misterioso deus ex machina, el último tribu-
distinguirlas. Este último punto tiene importantes
consecuencias: en general, podemos observar que, e inexplicable, o, c) al menos, de nal de apelación, cuyas sentencias,
siempre que al formar dos ideas son las acciones de una inclinación a tales ficciones111. si no son “racionales”, sí son sufi-
la mente iguales o semejantes, somos muy propen-
sos a confundir esas ideas y a tomar la una por la Podemos decir, entonces, que «el cientes y “razonables”, aunque no
otra» (p. 161; el subrayado es nuestro). Puede verse derecho al nombre de identidad112» sea más que porque todo intento de
también parte IV, sección 2, p. 339: «Nada es más
apto para llevarnos a tomar erróneamente una idea lo otorga alguna ficción o principio ir más allá se hace inviable116.
por otra que una relación entre ellas que las asocie imaginario de unión. El lenguaje, — Para probar esta hipóte-
en la imaginación, haciendo así pasar fácilmente de
la una a la otra. De todas las relaciones, la más eficaz mediante el que se expresa la fic- sis explicativa de la atribución im-
a este respecto es la de semejanza; y lo es porque no ción de identidad, «no hace más propia de identidad, Hume recurre
sólo origina una asociación de ideas, sino también
de disposiciones, y nos lleva a concebir una idea que completar un proceso comen- a «fenómenos de la experiencia y
mediante un acto u operación de la mente similar a zado sin él en la imaginación y la observación diarias» para mos-
aquel por el que concebimos la otra. Ya he señalado
la gran importancia de este punto; y podemos esta- memoria» (J.-P. Cléro113) (veremos trar que los objetos variables y
blecer, como regla general, que sean cuales sean las más adelante el papel de la memo- discontinuos, pero supuestamente
ideas que situemos en la mente con la misma dispo-
sición, o con una similar, están muy expuestas a ser ria en la ficción de la identidad del la misma cosa, lo son tan sólo en
confundidas. La mente pasa con facilidad de la una yo). cuanto que consisten en una suce-
a la otra, y no percibe el cambio a menos que preste
una rigurosa atención, cosa de la que, hablando en Lo mismo podemos leer, sión de partes mutuamente conec-
general, es totalmente incapaz». Puede confrontarse, 111 Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 403.
además, nota de p. 341. 112 Idem, p. 413. 114 S. Rábade Romeo, op. cit., p. 339.
110 Cf. en este sentido, S. Rábade Romeo, op. cit., 113 J.-P. Cléro, op. cit., deuxième partie, chapitre 115 Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 413.
p. 332. premier, § II, p. 124. 116 S. Rábade Romeo, op. cit., p. 339.
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Symploké revista filosófica Consideraciones...

tadas por semejanza, contigüidad gradual e insensiblemente, mos- 4) Hume analiza otro fenó-
o causalidad; es decir, no son en tramos menos inclinación a asig- meno que consiste en que si bien,
realidad sino una sucesión de ob- narle ese mismo efecto. Es que en por lo común, somos capaces de
jetos relacionados a los que «sólo el último caso, «la mente, al seguir distinguir con toda exactitud en-
por error» les atribuimos identi- los cambios sucesivos del cuerpo, tre identidad numérica e identidad
dad. La relación entre las partes experimenta una transición fácil específica, sucede a veces que las
(de semejanza, contigüidad o cau- desde el examen de la condición confundimos al pensar y razonar.
salidad) es una cualidad que pro- del cuerpo en un momento a su El ejemplo que da es el del hom-
duce una asociación de ideas y una consideración en otro, de modo bre que oye un ruido que aparece
transición fácil de la imaginación que en ningún instante determi- y desaparece intermitentemente,
de una idea a la otra. Pero sólo por nado percibe interrupción en sus y con frecuencia, dice que sigue
la semejanza que este acto de la acciones», y «asigna al objeto una siendo el mismo ruido, aunque es
mente guarda con aquél por el que continua existencia e identidad» evidente que los sonidos tienen
contemplamos un objeto continuo (éste es un artificio). aquí solamente una identidad es-
puede surgir este error. Sin embargo, si al observar pecífica –o semejanza– y que no
1) Pone como ejemplo una que en definitiva los cambios son hay nada que sea numéricamente
masa de materia cuyas partes son de consideración, sentimos reparo la misma cosa, salvo la causa que
contiguas y conectadas entre sí. Si en asignar una identidad a objetos lo origina. El otro ejemplo que da
alguna parte muy pequeña o insig- tan diferentes. Pero, existe con todo es el de una determinada iglesia
nificante se añade o se quita a la otro artificio por el que inducir a la de ladrillo que se derrumba y se
masa, aunque ello en rigor impli- imaginación para que vaya un paso construye una de piedra arenisca,
que la destrucción absoluta de la más allá: este artificio consiste en y decimos que es la misma iglesia
identidad del conjunto, como ra- establecer una referencia a un fin o a pesar de que lo único que tienen
ramente pensamos de una forma propósito común. Así, un barco del en común estos dos objetos es su
tan exacta, no sentimos escrúpulo que se haya modificado una parte relación con los feligreses.
alguno en declarar que la masa de considerable de su estructura sigue Hay que notar, dice Hume,
materia sigue siendo idéntica. «El siendo considerado como idéntico, que en este caso el primer objeto
tránsito del pensamiento desde el pues el fin común a que conspiran resulta aniquilado antes de que el
objeto antes del cambio, al obje- las partes sigue siendo el mismo segundo comience a existir, y por
to después de éste, es tan suave y bajo todas las modificaciones y ello no nos encontramos nunca con
fácil que apenas si percibimos la proporciona una transición fácil de la idea de diferencia y multiplici-
transición, de modo que nos incli- la imaginación de una a otra situa- dad. Por eso sentimos menor repa-
namos a imaginar que no se trata ción del cuerpo118. ro en decir que son idénticos120.
sino de un examen continuado del 3) Esto último es aún más 5) Aunque en una sucesión
mismo objeto». notable si añadimos la simpatía de de objetos relacionados sea de al-
Lo que implica este expe- las partes en vista de un fin común, gún modo necesario que el cam-
rimento, para Hume, es que «no y suponemos que estas guardan bio de las partes no sea repentino
medimos la magnitud de la parte entre sí una relación recíproca de ni completo, a fin de conservar la
(agregada o quitada) de un modo causa a afecto en todas sus accio- identidad, no obstante, cuando los
absoluto, sino según su proporción nes y operaciones. Este es el caso objetos son de naturaleza variable
con el conjunto». «Los objetos, de todos los animales y vegetales, e inconstante admitimos una tran-
entonces, no actúan sobre la mente en los que no sólo tienen las dis- sición más brusca que cuando, por
ni rompen o cortan la continuidad tintas partes una referencia a un el contrario, son consistentes con
de sus acciones según su magnitud propósito general, sino también esa relación. Es el caso del río,
real, sino según la proporción que una mutua dependencia e interco- que, como su naturaleza consiste
guardan entre sí117». nexión. Efecto de una tan fuerte re- en el movimiento y cambio de sus
2) Otro fenómeno relacio- lación es que, a pesar de que todos partes, aunque cambie por comple-
nado con el anterior: Ocurre que los animales y vegetales en muy to en menos de veinticuatro horas,
un cambio en una parte considera- pocos años experimentan un cam- eso no impide que el río siga sien-
ble de un cuerpo destruye su iden- bio total, seguimos atribuyéndoles do el mismo por varias generacio-
tidad, pero si el cambio se produce identidad119.
120 Cf. loc. cit., pp. 406 s. Vid. al respecto nota ad
117 Cf. Tratado, libro I, parte IV, sección 6, pp. 404 118 Cf. loc. cit., pp. 405 s. loc. de F. Duque (Tratado, libro I, nota 162, pp. 407
s. 119 Cf. loc. cit., p. 406. ss.).
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Symploké revista filosófica enero 2016

nes. la identidad que atribuimos a la imaginación son: las relaciones de


Lo que ocurre aquí es que mente humana, por más perfecta semejanza, contigüidad y causa-
el cambio tal es esperado (es natu- que podamos figurárnosla, no es lidad. Y como la esencia de estas
ral y esencial a la cosa) y por eso capaz de reunir las distintas y di- relaciones consiste en que produ-
no rompe la continuidad del pen- ferentes percepciones en una sola cen una transición fácil de ideas,
samiento, no destruyendo la iden- ni tampoco de hacerlas perder esos se sigue que nuestras nociones de
tidad121. caracteres de distinción y diferen- identidad personal provienen ínte-
cia que le son esenciales125. gramente del curso suave e ininte-
b) Análisis específico de – Pero, como a pesar de esta rrumpido del pensamiento, a través
atribución impropia de identidad a distinción y separabilidad supone- de una serie de ideas entre sí130.
la persona: mos que el curso total de percep- – Queda por resolver en
Para Hume es evidente que ciones está unido por la identidad, virtud de qué relaciones proviene
para explicar «la naturaleza de la surge naturalmente un problema la noción de identidad personal.
identidad personal» ha de seguir- (que Hume presenta como una Hume rechaza la contigüidad por
se el mismo modo de razonar que disyunción) por lo que respecta su poca o ninguna importancia en
ha explicado (veremos si «con tan- a esta relación de identidad: a) o el caso presente y se limita a la se-
ta fortuna», como él dice aquí) la bien existe algo que enlace ver- mejanza y la causalidad131. Como
identidad de compuestos variables, daderamente (i. e. fundamentable era de esperar, la memoria jugará
sean artificiales o naturales122. De empíricamente) entre sí nuestras un papel importante al lado de la
manera más específica, nos dice distintas percepciones, b) o bien imaginación en la explicación de
aquí que: se limita a haber una asociación de la ficción de identidad.
«La identidad que atribuimos a la las ideas de estas percepciones en – Comienza, pues, por la
mente del hombre es tan sólo fic- la imaginación (es decir, que úni- semejanza: Para Hume es evidente
ticia, y de especie parecida a la camente sentimos un enlace entre que nada podría contribuir en ma-
que hemos asignado a vegetales y las ideas que de estas percepciones yor grado a establecer una relación
animales. No puede tener, pues, un nos formamos). Pero como se ha en la sucesión –supuestamente
origen diferente, sino que deberá probado por extenso, dice Hume, observable– de percepciones que
provenir de una operación similar que «el entendimiento no observa constituye la mente de un hombre,
de la imaginación sobre objetos si- nunca ninguna conexión real en- a pesar de todas sus variedades,
milares123» tre objetos [= percepciones126]127» que el hecho –también supuesto–
Pero, como este argumento, (negación del primer disyuntivo), de que ese hombre guarde memo-
que para Hume es «perfectamente se sigue evidentemente (por silo- ria en todo momento de una parte
concluyente», puede no convencer gismo disyuntivo) que la identi- considerable de sus percepciones
al lector, propone un razonamiento dad «es simplemente una cualidad pasadas. En efecto, la memoria
que, a su juicio, es todavía más fá- que le atribuimos [a estas diferen- no es sino «la facultad por la que
cil de entender, y que, por nuestra tes percepciones] en virtud de la revivimos las imágenes de per-
parte, pensamos puede articularse unión de sus ideas en la imagina- cepciones pasadas». Y una ima-
en los siguientes pasos124: ción, cuando reflexionamos sobre gen es necesariamente semejante
– Es evidente, para él, que ellas128» (afirmación del segundo a su objeto (una percepción). Por
toda percepción distinta que forme disyuntivo). lo tanto, esta frecuente ubicación
parte de la mente es una existen- – Ahora bien, como se ha de percepciones semejantes en la
cia distinta, y que es diferente, dis- establecido desde el principio del cadena de pensamientos lleva a
tinguible y separable de toda otra Tratado129, las únicas cualidades
130 Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 410.
percepción, sea contemporánea o que pueden unir las ideas en la 131 Ibidem. En nota 163 ad loc., F. Duque observa
sucesiva de ésta. (En una palabra, 125 Para estos dos primeros pasos, vid. Tratado, li- que «no deja de ser extraño que se rechace la conti-
bro I, parte IV, sección 6, p. 409. En el texto apare- güidad. Es la sucesión de nuestras percepciones en
lo que se nos recuerda aquí es el cen en el orden inverso. En el mismo orden en el que el tiempo lo que constituye la memoria, y da lugar
“endiosamiento” de las percepcio- los hemos expuesto, R. Frondizi, op. cit., primera a esa «transición fácil» por la que «fingimos» nues-
parte, cap. IV, § 3, p. 117. tro yo. Por otra parte, es la «repetición de objetos
nes, al que hemos aludido supra). 126 Recuérdese que el término ‘objeto’ en Hume similares en relaciones similares de sucesión y con-
– También es evidente que es sinónimo habitual de percepción e idea. Sobre la tigüidad» (I, III, 14; pág. 290), es decir, la conjun-
ambigüedad del término ‘objeto’ en el autor escocés, ción constante, la que da la base objetiva (relación
121 Cf. loc. cit., p. 407. vid. los detallados análisis de S. Rábade Romeo, en filosófica, no natural) de la causalidad. Cabría quizá
122 Loc. cit., p. 408. op. cit., pp. 266 ss. admitir que la atención de Hume hacia esta última
123 Loc. cit., pp. 408 s. 127 Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 409. relación le dispensa de estudiar la contigüidad (tem-
124 Cf. R. Frondizi, op. cit., primera parte, cap. IV, 128 Ibidem. poral), aunque ello no dejará de tener repercusiones
§ 3, pp. 117 ss. 129 Cf. libro I, parte I, sección 4. en su tratamiento de la memoria».
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Symploké revista filosófica Consideraciones...

la imaginación más fácilmente de nuestro yo. Cree Hume que si se lo dicho ya con respecto al origen
un miembro a otro, haciendo que examinan las pasiones se corrobo- e incertidumbre de nuestra noción
el conjunto sea similar a la conti- ra lo observado aquí acerca de la de identidad, en cuanto aplicada a
nuidad de un objeto, producién- imaginación puesto que nuestras la mente humana, puede extender-
dose así la confusión. La memo- percepciones distantes influyen se con poca o ninguna variación a
ria, pues, no solamente descubre mutuamente y dan un interés ac- la idea de simplicidad. Cuando las
la identidad, sino que contribuye tual a nuestros placeres y dolores distintas partes coexistentes de un
también a su producción al posibi- pasados o futuros135. objeto están mutuamente ligadas
litar la producción por parte de la Ahora bien, en este caso, por una estrecha relación, dicho
imaginación de la relación de se- como en el de la relación de se- objeto actúa sobre la imaginación
mejanza entre las percepciones132, mejanza, la memoria también tie- de la misma manera que si fuera
lo cual hace que la contemplación ne una gran importancia, pues ella perfectamente simple e indivisible.
del conjunto de las mismas sea se- basta para familiarizarnos con la En base a esta semejanza en la ope-
mejante al acto por el que la mente continuidad y extensión de la su- ración, le atribuimos simplicidad,
contempla un objeto idéntico. cesión de percepciones. Si no tu- y nos imaginamos un principio de
– Si bien la semejanza con- viéramos memoria no tendríamos unión, soporte de esa simplicidad y
tribuye a nuestra creencia en la nunca noción alguna de causali- centro de todas las diferentes par-
identidad personal, no hay duda de dad, y por consiguiente tampoco tes y cualidades de del objeto137.
que la causalidad juega el rol más de esa cadena de causas y efectos
importante. Por lo que a ella res- constitutiva de nuestro yo o per- Capítulo II: El yo pasional y mo-
pecta, Hume señala que: sona. Es por ello, nos dice Hume, ral (Tratado, libros I y II)
«la verdadera idea que tenemos de que la memoria puede considerar-
la mente humana consiste en con- se como «la fuente de la identidad Acabamos de ver que para
siderarla como un sistema de per- personal». Pero una vez que he- Hume, «dentro de un modo de
cepciones diferentes, o existencias mos adquirido por la memoria esta pensar estricto y filosófico138», al
diferentes, unidas entre sí por la re- noción de causalidad, podemos igual que no tenemos idea de una
lación de causa y efecto, y que mu- extender ya la misma cadena de sustancia externa distinta de las
tuamente se producen, destruyen, causas y, en consecuencia, la iden- ideas de cualidades particulares,
influyen y modifican unas a otras. tidad de nuestra persona más allá tampoco tenemos una noción de la
Nuestras impresiones originan sus de nuestra memoria, y comprender mente distinta de la multiplicidad
correspondientes ideas, y éstas tiempos, circunstancias y acciones de percepciones particulares abso-
producen a su vez otras impresio- que hemos olvidado por completo, lutamente independientes, lo que
nes. Un pensamiento sigue a otro, y que en general suponemos han implica que su reunión carece de
y es seguido por un tercero que le existido. Por consiguiente, «desde perfecta simplicidad e identidad. A
obliga a su vez a desaparecer133». este punto de vista puede decirse la par, hemos seguido la explica-
Hace al respecto la céle- que la memoria no produce propia- ción de Hume de la creencia que
bre comparación de la mente con mente, sino que descubre la identi- todos los hombres tienen respec-
una república, en cual los distin- dad personal, al mostrarnos la re- to a la identidad y simplicidad de
tos miembros están unidos por la- lación de causa y efecto existente cada uno de sus yoes, creencia que
zos de gobierno y subordinación, entre nuestras diferentes percep- no pasaba de ser una creencia en
y así como una república puede ciones». A quienes creen que nues- una ficción. Si bien esta explica-
cambiar no solamente sus miem- tra memoria produce enteramente ción la ha encarado Hume en cuan-
bros, sino también sus leyes, de nuestra identidad personal, Hume to a «la identidad personal por lo
forma similar puede una misma les pide que expliquen cómo es que respecta a nuestro pensamien-
persona variar tanto su carácter y posible entonces que nuestra iden- to o imaginación» y no en cuanto
disposición como sus impresiones tidad personal pueda extenderse «a la identidad por lo que respecta
e ideas, sin perder su identidad134. más allá de nuestra memoria136. a nuestras pasiones o al interés que
Es la relación causal la que propor- nos tomamos por nosotros mis-
ciona la conexión de las distintas 2. Explicación de la inclinación mos» (vid. supra), vimos que él
partes cambiantes constitutivas de natural a imaginar la simplicidad mismo ya nos adelantó en aquella
Hume considera que todo 137 Loc. cit., pp. 423 s.
132 Tratado, libro I, parte IV, sección 6, pp. 410 s. 138 Para la expresión, cf. Tratado, libro II, parte I,
133 Idem, p. 411. 135 Loc. cit., p. 412. sección 10, p. 489. Expresiones similares se encuen-
134 Loc. cit., pp. 411 s. 136 Loc. cit., pp. 412 s. tran por todas partes en el Tratado.
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Symploké revista filosófica enero 2016

misma sección del libro I del Tra- Ahora bien, esta lección del libro I sujeto de inherencia de percepcio-
tado un punto de contacto entre parece constantemente desmentida nes148. Son frecuentes, por lo de-
ambos aspectos de la creencia en por numerosas afirmaciones con- más, los pasajes que, como el que
la identidad personal (cf. supra). vergentes de los dos libros siguien- acabamos de citar, nos hablan de
En efecto, al analizar el rol fun- tes que cuentan con, o se valen de, la permanente presencia íntima del
damental de la relación natural de el sentimiento y la conciencia ín- yo o de la constante conciencia
causalidad en cuanto a la conexión tima y a veces viva que tenemos del yo149, lo que está implicando
de las percepciones que propulsa a de nosotros mismos para construir la identidad en esa continuidad150,
la ficción de la imaginación por la toda una “teoría” de las pasiones y la durabilidad de la existencia del
que nos atribuimos identidad per- de la moral (“moral” en el sentido yo151.
sonal, nos dice que –y citamos en de todo lo que incluye la praxis). ¿Se manifiesta aquí una
esta ocasión el texto que antes pa- En efecto, en los dos últimos libros contradicción entre el Hume del
rafraseamos–: del Tratado nos topamos, como primer libro y el Hume de los dos
«Vista de este modo, nuestra iden- bien se ha observado, con «un len- libros siguientes del Tratado? En
tidad con respecto a las pasiones guaje casi totalmente nuevo res- principio, la respuesta negativa a
sirve para confirmar la identidad pecto del yo142». Encontramos que esta pregunta parece tener respal-
con respecto a la imaginación, al la vida pasional y social se halla do, en primer lugar, en el hecho de
hacer que nuestras percepciones regida, para Hume, por el princi- que hay suficientes signos en los li-
distantes se influyan unas a otras, pio de la simpatía143. Ahora bien, bros II y III de que Hume no olvida
y al conferirnos un interés presen- el principio de la simpatía consiste allí sus análisis del libro I, signos
te por nuestros placeres y dolores, en la «conversión de una idea en que con frecuencia nos recuerdan
sean pasados o futuros139» impresión por medio de la fuerza que desde el riguroso punto de
Ello no podía ser de otra de la imaginación144». Dejando vista filosófico, para decirlo con
manera si, como se encargará de de lado el problema de entender Antonio Machado, «ni somos, ni
explicar Hume en el libro II, «las la imaginación como fuerza145, la seremos», o, con las mismas pala-
pasiones y la imaginación están cuestión que aquí nos interesa es bra del autor del Tratado, «nuestro
mutuamente conectadas140», «la que la conversión se hace a través yo no es en realidad nada152». En
imaginación y las pasiones se ayu- de la suposición de que: 148 «Si la cualidad que en la otra persona nos agrada
dan mutuamente en sus operacio- «la idea, o, más bien, la impresión o desagrada es constante e inherente a su carácter,
causará amor u odio con independencia de la inten-
nes cuando su inclinación es simi- que tenemos de nosotros mismos, ción» (libro II, parte II, sección 3, p. 536). Cf. en
lar141». nos está siempre presente, y que este sentido, J.-P. Cléro, op. cit., deuxième partie,
chapitre premier, § IV, p. 130.
Con el yo pasional y mo- nuestra conciencia nos propor- 149 «Nuestro yo nos está siempre presente de un
ral nos encontramos en los libros ciona una concepción tan viva de modo íntimo» (Tratado, libro II, parte I, sección 11,
p. 499). «...en todo momento somos íntimamente
II y III del Tratado, titulados res- nuestra propia persona que es im- conscientes de nosotros mismos y de nuestros razo-
pectivamente: «De las pasiones» y posible imaginar que haya nada namientos y pasiones...» (libro II, parte II, sección
1, p. 524). «... nuestro propio yo, de quien somos
«De la moral». Es vital en la ex- más evidente a este respecto146» en todo momento conscientes» (idem, p. 525). «La
plicación de Hume de las pasio- Por si esto fuera poco, idea de nuestra propia persona nos está íntimamen-
te presente en todo momento, y transmite un grado
nes, y también en su teoría de la Hume nos habla ahora con la ma- sensible de vivacidad a la idea de cualquier otro ob-
moral, que contemos con una idea yor naturalidad del «yo o persona jeto con el que esté relacionada» (libro II, parte II,
sección 4, p. 542).
de nosotros mismos y de los de- individual147», de la persona como 150 «...yo o persona idéntica de cuyos pensamien-
más, aunque esta idea no sea una tos, acciones y sentimientos somos íntimamente
142 S. Rábade Romeo, op. cit., p. 340. conscientes» (Tratado, libro II, parte II, sección 1,
idea «real» o fundamentada empí- 143 Cf. Tratado, libro II, parte I, sección 11, parte p. 511).
ricamente. En el libro I, Hume ha II sección 4; libro III, parte III, secciones 1 y 2 y 151 Hume califica de durable a la existencia del yo
otros pasajes. en Tratado, libro II, parte I, sección 6, p. 466.
rechazado las nociones ligadas al 144 Tratado, libro II, parte III, sección 6, p. 632. 152 «Considerado como algo independiente de
yo. Lo que nosotros tomamos por 145 Hablamos de problema en virtud del repudio de la percepción de cualquier otro objeto, nuestro yo
Hume al concepto de poder, eficacia o fuerza (libro no es en realidad nada» (Tratado, libro II, parte II,
el sentimiento del yo es un senti- I, parte III, sección 14) y su necesaria aceptación ex- sección 2, p 526, subrayado nuestro). Puede verse
miento del yo y no nos pone en plícita en el campo pasional (libro II, parte I, sección también libro II, parte II, sección 2, p. 529: «...nada
10, pp. 488 s.) e implícita en la misma filosofía del hay ante la mente sino impresiones e ideas»; libro
contacto con un pretendido yo. entendimiento humeana. III, parte I, sección 1, p. 673: «Ya se ha hecho notar
146 Tratado, libro II, parte I, sección 11, p. 496. Cf. que nada hay nunca presente a la mente que no sean
139 Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 412. F. Duque, «Estudio preliminar» a su traducción del sus percepciones, y que todas las acciones de ver,
140 Tratado, libro II, parte II, sección 2, p. 525. Tratado, op. cit., pp. 33 s. oír, amar, odiar y pensar caen bajo esta denomina-
141 Loc. cit., pp. 524 s. Puede confrontarse sobre 147 «yo o persona individual de cuyas acciones y ción» (Cf. libro I, parte II, sección 6, p. 169). Como
las relaciones entre imaginación y pasiones el resto sentimientos es íntimamente presente cada uno de expresión un tanto ambigua y de compromiso, libro
de esta sección y, además, libro II, parte III, sección nosotros» (Tratado, libro II, parte I, sección 5, p. II, parte I, sección 2, p. 447 (ver nota de F. Duque ad
6, pp. 629 ss. 458). loc.): «...el yo o esa sucesión de ideas e impresiones
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Symploké revista filosófica Consideraciones...

segundo lugar, parece respaldar- Capítulo III: El laberinto del yo rece que encontramos en el mismo
se esta misma respuesta en que el (Apéndice al Tratado) Hume, fuera de la sección «De la
sentido general de la tesis humeana identidad personal», un apoyo ma-
es que sin duda el sentimiento que Ya hemos dicho que Hume terial-temático importante (en el
yo creo que es sentimiento del yo vuelve en el Apéndice sobre la cé- caso del Apéndice por supresión),
no designa realmente un yo; ello, lebre sección del libro I del Tra- de la bipartición que hemos efec-
no obstante, no impide que este tado: «De la identidad personal», tuado en ella.
sentimiento y esta creencia, por pero ahora su tono es de crítica Pero, aunque Hume confir-
más que fuesen ficciones, no dejen respecto de lo que había sostenido me aquí la argumentación que lo
de tener una influencia sobre nues- en ella. Comienza por analizar los llevó a negar la identidad y simpli-
tro comportamiento (individual argumentos que lo «llevaron a ne- cidad estricta del yo, advierte que
y social153). Hume mismo parece gar la identidad y simplicidad es- esa misma argumentación hace
querer distinguir estos dos planos tricta y propia de un yo o ser pen- inconsistente su explicación del
para que no se los tenga por con- sante156», comienzo que no es más principio de conexión perceptual
tradictorios al decir en el libro II que un repaso de su concepción que constituye, y nos inclina natu-
que de lo que se trata allí no es de “filosófica” (i. e., de lo que aquí ralmente a atribuir, la identidad y
«la filosofía de nuestras pasiones» hemos llamado “primera parte” de simplicidad, ya no perfectas, cla-
o «de un modo de pensar estricto y la sección 6 de la parte IV del libro ro, sino imperfectas160. El propio
filosófico» de las mismas154. I del Tratado) (cf. Apéndice, pp. Hume nos dice que:
Ahora bien, esta situación 885 s.). Y el resultado de esta re- «...habiendo desligado así todas
que, en principio, al menos si con- visión es que sus «razonamientos nuestras percepciones particulares,
sideramos solamente el Tratado parecen tener hasta aquí suficiente cuando paso a explicar el principio
propiamente dicho, parece no lle- evidencia157». de conexión que enlaza unas con
var a su autor a admitir ninguna Dicho sea de paso, si se otras y nos hace atribuir al conjun-
dificultad o contradicción en reco- tiene en cuenta, por un lado, esta to una simplicidad e identidad rea-
nocer, primero y según la premisas división entre las argumentaciones les, me doy cuenta de que mi expli-
epistemológicas del Tratado, que de la célebre sección 6 que pare- cación es muy defectuosa, y de que
carecemos de un conocimiento cen tener «suficiente evidencia» y sólo la aparente evidencia de los
empíricamente fundado del yo, y el resto de la misma158, y, por otro, razonamientos anteriores puede
luego operar con la realidad del yo que el Resumen del Tratado, en el haberme inducido a aceptarla161».
vivido como si se hubiese llegado a párrafo dedicado a la cuestión del El problema o «laberinto»
una explicación plenamente satis- yo, presenta una breve exposición en el que se ve envuelto Hume, de
factoria del mismo (aunque no se sólo de la concepción “filosófica” tal modo que se ve obligado a con-
tratase más que de una explicación de Hume en oposición a otros filó- fesar que no sabe cómo corregir
de una ficción) nada menos que sofos (aparece explícitamente allí sus anteriores opiniones, ni cómo
para construir toda una “teoría” Descartes159) (correspondiente este hacerlas consistentes162, puede ex-
de las pasiones y de lo moral (en párrafo entonces a la “PRIMERA presarse de la siguiente manera163:
el sentido amplio que adquiere en PARTE” de nuestra división), pa- Todas las percepciones son distin-
Hume), en el Apéndice del Tratado tas y, por lo tanto, distinguibles y
los hombres»), concepción basada en el principio de
cambiará rotundamente155. la simpatía y, por ello, en última instancia, en la im- separables: pueden existir separa-
relacionadas de que tenemos memoria y conciencia presión del yo, sino en una más vaga «humanidad o damente y concebirse por separa-
íntima». compañerismo con los demás», «una desinteresada
153 En este sentido: J.-P. Cléro, op. cit., deuxième benevolencia». De este modo, como señala Kemp do sin que ello implique ninguna
partie, chapitre premier, § V, p. 132. En esta misma Smith (citado por F. Duque), «Hume tiene que aca- contradicción o absurdo. Pero si
dirección (J.-P. Cléro, loc. cit., pp. 132 s.) han de bar reconociendo que su teoría de la simpatía, en
entenderse las nociones de fuerza, eficacia, poder de cuanto basada en una impresión del yo, no podía las percepciones son distintas, po-
que se valen los libros II y III, habiendo sido recha- sostenerse, y, en general, que las leyes de asociación drán formar un todo tan sólo si se
zadas en el libro I (vid. supra, nuestra nota 142). juegan un papel mucho menos importante en la eco-
154 Tratado, libro II, parte I, sección 10, p. 489. Cf. nomía de las pasiones que el defendido en el Trata- las conecta de algún modo. A su
nota 10 de F. Duque en Tratado, libro II, p. 449. do» (vid. F. Duque, edición del Tratado cit., vol. III, vez, para Hume, el entendimiento
155 Es en virtud de este cambio producido ya en el p. 713 y nota 32 de p. 727).
Apéndice (vid. al respecto nuestro capítulo III), que 156 Apéndice, p. 885. humano no descubre ninguna co-
no ha de extrañarnos, por ejemplo, que en la Inves- 157 Idem, pp. 886 s.
tigación sobre los principios de la moral, volviendo 158 El texto completo del Apéndice a que nos re- 160 Sobre la expresión «identidad imperfecta», vid.
Hume en ello a posiciones claramente hutchesonia- ferimos reza: «Propondré los argumentos de ambas Tratado, libro I, parte IV, sección 6, p. 405.
nas, se ponga el origen de las virtudes artificiales partes comenzando por aquellos que me llevaron a 161 Apéndice, p. 887.
ya no, como en el Tratado (vid. libro III, parte II, negar la identidad y simplicidad estricta y propia de 162 Cf. idem, p. 884.
sección 2), en una concepción de la «benevolencia un yo o ser pensante» (p. 885). 163 Cf. idem, p. 887. Vid. R. Frondizi, op. cit., pri-
limitada» (si bien junto a «la precaria condición de 159 Resumen, pp. 87 s. mera parte, cap. IV, § 4, p. 124.
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Symploké revista filosófica enero 2016

nexión entre existencias distintas modo, Hume no puede conciliar su var la dificultad y se refugia, como
y todas sus esperanzas «se desva- teoría –que le presenta un yo ato- en tantas otras ocasiones, en el có-
necen» cuando él pasa «a explicar mizado idéntico a una multiplici- modo recodo del escepticismo:
los principios que enlazan nuestras dad de percepciones– con el sen- «Por mi parte debo solicitar el pri-
sucesivas percepciones en nuestro timiento personal que le habla de vilegio del escéptico y confesar
pensamiento o conciencia164». simplicidad e identidad170. que esta dificultad es demasiado
Hume, como se ha señala- La interpretación de que ardua para mi entendimiento172».
do, es realmente «poco feliz» (R. es la conjunción de los dos princi- Si bien allí reconoce que
Frondizi165) o «enigmático» (A. J. pios mencionados la que se halla no es absolutamente insuperable
Ayer166) en el enunciado de los dos en contradicción con el sentimien- y que otros, o incluso él mismo,
principios incompatibles. Nuestro to de simplicidad y continuidad de luego de reflexiones más maduras,
autor, en efecto, escribe: ese mismo yo, se evidencia a con- quizá puedan reconciliar estas con-
«En resumen: hay dos principios tinuación del último texto que he- tradicciones, ya hemos dicho que,
que no puedo hacer compatibles, mos transcripto, al ponerse de ma- fiel a su pragmatismo filosófico,
a pesar de que tampoco esté en nifiesto que con la negación de uno estas palabras del Apéndice fueron
mi poder el renunciar a ninguno de los dos conjuntivos el problema sus últimas sobre la cuestión.
de ellos. Estos principios son que no se presentaría. El texto reza así:
todas nuestras percepciones dis- «Si nuestras percepciones tuvie- Capítulo IV: Consideraciones
tintas son existencias distintas, y ran como sujeto de inhesión algo críticas: La tragedia de la diso-
que la mente no percibe jamás co- simple o individual [negación del lución epistemológica del yo
nexión real alguna entre existen- primer principio], o si la mente
cias distintas167» percibiera alguna conexión real Hemos intentado seguir la
Decimos que el enunciado entre ellas [negación del segundo proyección del fenomenismo hu-
es poco feliz o enigmático porque principio], no habría dificultad al- meano, prefigurado en las premi-
es evidente que estos dos princi- guna171». sas epistemológicas de su sistema,
pios no son incompatibles entre Pero como Hume, insisti- en el ámbito del yo personal. Fun-
sí168. En efecto, puede concebirse mos, no puede dejar de mantener damentalmente lo hemos hecho en
un mundo en el que todo esté se- cada uno de los dos principios el campo más reducido de la sim-
parado y en el que no se perciba mencionados, aunque tenga plena plicidad e identidad de ese yo, que,
ninguna conexión. No hay contra- conciencia de que conjuntamente como hemos visto, Hume no puede
dicción alguna entre ambas carac- le presentan un yo completamente considerar sino como simplicidad
terísticas de este mundo. La con- despedazado, le es imposible sal- e identidad de un yo sustancial (en
tradicción surge cuando se quiere ción del pensamiento a pasar de un objeto a otro. este sentido se ha dicho que «le
Por tanto, se sigue que el pensamiento solamente
reconciliar dicho mundo con el descubre la identidad personal cuando, al reflexionar obsesionó el fantasma del sustan-
principio de unidad y conexión, sobre la serie de percepciones pasadas que compo- cialismo racionalista173») al que, de
nen una mente, las ideas de esas percepciones son
es decir, la incompatibilidad exis- sentidas como mutuamente conectadas y pasando acuerdo con sus premisas fenomé-
te entre estos dos principios que él naturalmente de unas a otras. Por extraordinaria que nicas, niega todo acceso cognosci-
pueda parecer esta conclusión, no tiene por qué sor-
enuncia, tomados conjuntamente, prendernos. La mayoría de los filósofos parece in- tivo científico-filosófico.
y la unidad (simplicidad) y con- clinarse a pensar que la identidad personal surge de Ahora bien, la proyección
la conciencia, no siendo ésta sino un pensamiento o
tinuidad (identidad) del yo, que percepción refleja. La filosofía que aquí se propone del fenomismo sobre el yo perso-
él y todos sentimos íntimamente, presenta, pues, hasta aquí, un aspecto prometedor. nal no es una aplicación más del
Sin embargo, todas mis esperanzas se desvanecen
principio éste que nuestro autor cuando intento explicar los principios que enlazan fenomenismo de Hume, sino que
recuerda líneas antes del texto que nuestras percepciones en nuestro pensamiento o se trata de su intento por llegar al
conciencia. A este respecto, me es imposible descu-
acabamos de citar169. Dicho de otro brir teoría alguna que me satisfaga» (op. cit., p. 887). último fundamento de ese fenome-
164 Apéndice, p. 887. 170 Vid. en este sentido, R. Frondizi, op. cit., pri- nismo174. Con el problema del yo
165 R. Frondizi, op. cit., primera parte, cap. IV, § mera parte, cap. IV, § 4, p. 125. También p. 127,
4, p. 124. donde escribe: «...no se trataba de un problema de estamos ante la instancia definitiva
166 A. J. Ayer, op. cit., cap. 3, p. 90. coherencia lógica: no hay la menor incompatibilidad del sistema epistemológico del es-
167 Apéndice, p. 887. entre los dos principios enunciados por Hume. Las
168 Cf. sin embargo, J.-P. Cléro, op. cit., troisième sensación de incompatibilidad quizá surgió en su es- cocés. Pero esta instancia definiti-
partie, chapitre III, § V, p. 225 y nota 2 de la misma píritu cuando cotejó el resultado de su análisis con la
página. realidad que le revelaba el sentimiento interno». Cf. 172 Idem, p. 888.
169 Respecto de este sentimiento, cf. supra nuestros F. Duque, «Estudio preliminar» a su traducción del 173 S. Rábade Romeo, op. cit., p. 336.
análisis sobre la “segunda parte” de la sección «De Tratado, op. cit., vol. I, p. 35; A. J. Ayer, op. cit., cap. 174 En este sentido, S. Rábade Romeo, quien afirma
la identidad personal». El texto del Apéndice a que 3, pp. 90-92; J.-P. Cléro, op. cit., troisième partie, que el fenomenismo del yo personal es la «piedra de
nos referimos es el siguiente, que citamos in exten- chapitre III, § V, pp. 225 s. y nota 2 de p. 225. toque» del fenomenismo de Hume (op. cit., p. 311;
so: «Solamente sentimos una conexión o determina- 171 Apéndice, pp. 887 s. cf. también p. 316).
30
Symploké revista filosófica Consideraciones...

va no deja de revelarse como una ción provenientes, para Hume, «de en que la aplicación del fenome-
situación al menos paradójica. causas desconocidas178», podemos nismo humeano reduce epistemo-
En efecto, una obra que se titula afirmar no sólo que las percepcio- lógicamente las cosas externas a
Tratado de la naturaleza humana nes son algo que no sabemos por mis percepciones, el calificativo
y que comienza pregonando en la qué acaece, sino que también po- de subjetivista se ofrece como un
«Introducción» que «la capital o demos decir que son algo que no calificativo apto para caracterizar
centro» de todas las ciencias hacia sabemos a quién acaece. Ahora a dicho fenomenismo, pero al lle-
donde hay que marchar es «la na- bien, hay que reconocer que Hume gar a final del libro I del Tratado
turaleza humana misma175» y que llega a esta situación por la fuer- este calificativo pierde su sentido
«la ciencia del hombre es la única za dinámica de su propio sistema porque desaparece el sujeto del
fundamentación sólida de todas las epistemológico y él mismo tomará mismo, bien sea bajo el nombre
demás» ciencias176, cierra su libro conciencia de ello, por lo que no de «yo», bien del de «conciencia»,
I y fundamental con la disolución, nos debe extrañar que se refugie bien del de «mente» o de «alma».
al menos epistemológica, de esa con desesperanza en el escepticis- No hay más que hechos de per-
naturaleza humana en la medida mo (teórico, aunque no vital). En cepción, asociados en virtud de
en que declara la imposibilidad de efecto, no cabe mayor fidelidad a unas extrañas leyes de asociación,
mantener científicamente que haya su propio fenomenismo percep- que no son leyes de mente alguna,
una realidad única y consistente en tual, indicado reiteradas veces con porque no hay mente; o relaciona-
calidad de hombre con identidad la expresión «no hay más que per- dos por una actividad de reflexión
personal, porque, al igual que su- cepciones». Pero esta tesis nuclear comparativa que no sabemos quién
cedía con las realidades del mun- y extrema, si bien, por una parte, la lleva a cabo.
do externo, el yo se nos disuelve deja de lado a los objetos externos En otras palabras, admi-
en el flujo de las percepciones. La en cuanto dotados de una existen- tidas las premisas de su sistema
situación es por lo menos paradóji- cia continua y distinta de mis per- epistemológico, no habría dificul-
ca, insistimos, porque, mal o bien, cepciones, por otra, hace inviable tades mayores en consentir la le-
Hume ha montado en la aplicación un yo percipiente. En la medida gitimidad de la conclusión de que
de su fenomenismo a los objetos 178 Tratado, libro I, parte I, sección 2, p. 95. El ele- la realidad del mundo exterior es
mento genético primario del conocer es en Hume
externos (secciones 2-4 de parte «un hijo de padres desconocidos», para utilizar la algo fingido por el yo, aunque sea
IV del libro I) un aparato explica- expresión de S. Rábade Romeo (op. cit., p. 38). Es bajo el nombre de mente o imagi-
imposible decidir, como lo manifiesta el texto del
tivo de la atribución de existencia Tratado que citaremos inmediatamente, si las im- nación; pero, no se ve cómo pueda
y de consistencia a dichos objetos, presiones de sensación proceden del objeto mismo, decirse (independientemente de
como diría un defensor de una efectiva causalidad
operando desde unas percepciones eficiente en el proceso de la experiencia cognosci- las dificultades quizá insalvables
y desde una “mente” –sea bajo en tiva; o si proceden del poder creador de la mente, que, como veremos a continua-
con lo que se podría aludir al dinamismo leibni-
nombre de imaginación, sea bajo ziano; o si proceden del autor de la naturaleza, de ción, representa la justificación hu-
otro cualquiera– en la que, aunque acuerdo con una postura como la de Malebranche meana para poder llegar a decirlo)
o la de Berkeley. El texto al que nos referimos (li-
no sepamos cómo, estaban radi- bro I, parte III, sección 5, p. 190) reza así: «Por lo que también el yo es una ficción,
cadas unas leyes de asociación y que respecta a las impresiones procedentes de los ya que en este caso estamos frente
sentidos, su causa última es en mi opinión perfec-
unas propensiones o inclinaciones tamente inexplicable por la razón humana. Nunca se a la paradójica situación de que el
que permitían explicar, si no justi- podrá decidir con certeza si surgen inmediatamente yo se finge a sí mismo, con lo que
del objeto, si son producidas por el poder creador
ficar, esa atribución. Y ahora resul- de la mente, o si se derivan del autor de nuestro ser. se afirma y se niega al mismo tiem-
ta que esa mente desaparece ella Por lo demás, este problema no tiene importancia en po. En efecto, si tiene que haber al-
absoluto para nuestro presente propósito. Podemos
también diluida en su propio dina- hacer inferencias a partir de la coherencia de nues- guien que finja esta ficción, parece
mismo perceptual, de manera que, tras percepciones, ya sean éstas verdaderas o falsas, que ese alguien tiene que ser el yo,
ya representen correctamente a la naturaleza o sean
como escribe E. Romerales, ocurre meras ilusiones de nuestros sentidos». Por lo demás, el cual, al negarse por reducirse a
entonces que «el análisis fenome- se puede completar todavía esta panorámica refe- ficción, no tiene más remedio que
rente al origen de las impresiones en Hume con la
nista conduce a Hume a disolver lo admisión de un nuevo padre posible de las mismas: afirmarse como autor de la ficción.
único que le quedaba177». De este la constitución del cuerpo o los espíritus animales. Si queremos llevar al fon-
En efecto, en el libro II del Tratado, parte I, sección
modo, al final de la explicación del 1, p. 443, leemos: «Las impresiones originales, o de do los problemas internos de su
proceso del conocimiento inicia- sensación, son aquellas que surgen en el alma sin propia teoría, cabe destacar, pues,
ninguna percepción anterior, por la constitución del
do con las impresiones de sensa- cuerpo, los espíritus animales o la incidencia de los que el propio análisis introspecti-
objetos sobre los órganos externos». Sobre el tema vo de la genuina experiencia que
175 Tratado, libro I, «Introducción», p. 80. del origen de las impresiones originales o de sensa-
176 Loc. cit., p. 81. ción en Hume puede verse S. Rábade Romeo, op. le lleva a la disolución del yo –ex-
177 E. Romerales, op. cit., cap. VI, p. 119. cit., pp. 36-39 y 148 ss.
31
Symploké revista filosófica enero 2016

periencia que es la que se realiza, tramos con que, después de haber- el mismo Ayer, lo que frecuente-
como vimos que dice Hume, me- se defendido que no hay «mente» mente se ha señalado: que «Hume
diante «una reflexión seria y libre o «yo», sino simplemente percep- no era un escritor consistente182».
de prejuicios» (vid. supra, cap. I)– ciones sucesivas, se nos dice que la Sin embargo, creemos por nues-
incluye irremisiblemente al yo en «causa de la confusión» es precisa- tra parte que, por un lado, Hume
su descripción. A tal efecto, recor- mente esta semejanza que «la ac- tuvo presente preguntas y plantea-
demos como ejemplo uno de los ción de la imaginación» por la que mientos como los que acabamos
textos en donde Hume habla desde consideramos una de estas ideas de formular y que, por otro lado,
el punto de vista de una “rigurosa guarda con aquella por la cual con- la desazón con que termina el libro
reflexión filosófica”: sideramos la otra; que la relación primero del Tratado, la confesión
«En lo que a mí respecta, siempre de objetos sucesivos «facilita la de inconsecuencia en el Apéndice
que yo penetro más íntimamente transición de la mente de un objeto al mismo y, finalmente, de acuer-
en lo que yo llamo mí mismo tro- a otro». Se nos dice, asimismo, que do con su pragmatismo filosófico,
piezo yo en todo momento con una «nosotros fingimos un principio», el haber decidido no entrar nueva-
u otra percepción particular... Nun- que «nosotros atribuimos la iden- mente con su obra, por considerar-
ca puedo yo atraparme a mí mismo tidad», etc., etc. Ante esto puede lo inútil –por cierto–, en ese labe-
en ningún caso sin una percepción, uno preguntarse qué sentido tiene rinto que se le revelaba sin salida,
y nunca puedo yo observar otra hablar de imaginación al margen tienen seguramente mucho que ver
cosa que la percepción. Cuando de las percepciones, o decir que con todos esos cuestionamientos.
mis percepciones son suprimidas la mente pasa de una percepción a El hecho de no encontrarle
durante algún tiempo: en un sue- otra, si precisamente se mantiene una solución satisfactoria al tema
ño profundo, por ejemplo, duran- que no hay nada más que percep- del yo personal o de la mente pa-
te todo ese tiempo yo no me doy ciones. Puede uno preguntarse qué rece arrastrar consigo el desfonda-
cuenta de mí mismo...179». sentido tiene decir que «nosotros miento del sistema humeano. Un
Esta situación paradójica atribuimos la identidad», si no hay texto del Apéntice al que hemos
en que termina la aplicación del ningún «nosotros». Y, en defini- aludido en más de una ocasión y
fenomenismo humeano al yo per- tiva, uno puede preguntarse más que ahora citamos in extenso pa-
sonal, tiene consecuencias no me- profundamente si en realidad, al rece confirmarnos que Hume tenía
nos paradójicas, por no decir trá- no admitirse una cierta identidad conciencia de ello:
gicas, en su explicación de nuestra real del yo, no ocurre que se hace «Había abrigado algunas espe-
inclinación natural a creer en un imposible hablar, dentro del siste- ranzas de que, por deficiente que
yo simple e idéntico, a pesar de no ma que Hume intenta construir, de pudiera resultar nuestra teoría re-
poder afirmarlo desde una rigurosa cualquier otra realidad, incluso de ferente al mundo de la mente, que-
reflexión filosófica. En efecto, en la de las percepciones. daría libre de contradicciones y
la explicación de la atribución de Por otra parte, es posi- absurdos que parecen acompañar
identidad al yo por recurso a la con- ble plantearse cómo puede Hume a todas las explicaciones que del
fusión entre la idea de «sucesión operar con la realidad del yo en mundo material puede dar la razón
de objetos relacionados» y la de su teoría de las pasiones y de la humana. Sin embargo, al revisar
«identidad o mismidad», para ter- moral tras haber reconocido que con mayor rigor la sección dedica-
minar en la ficción de una realidad carecemos de todo conocimiento da a la identidad personal, me he
idéntica y permanente, nos encon- de dicha realidad, pues si bien nos 182 Idem, cap. 2, p. 57. Cf. S. Rábade Romeo, op.
cit., p. 340: «...a decir verdad, Hume no pasó a la
179 Texto que hemos citado de manera completa vivimos como yoes personalmente historia como un modelo de pensamiento coheren-
supra, cap. I. Cf. en este sentido: E. Romerales, op. idénticos, no sabemos por qué180. te». Ya Hegel había sostenido con dureza que el
cit., cap. VI, p. 119. Puede confrontarse además con escepticismo de Hume «ha adquirido mayor noto-
A. Messer, quien escribe: «También en la crítica del Todo esto muestra a las riedad histórica de la que en sí merece; lo importante
concepto del Yo se advierte lo insuficiente del sen- claras que, a pesar de que quizás en él, desde el punto de vista histórico, consiste en
sualismo de Hume. Con razón se ha dicho: Hume que Kant arranca en realidad de esta doctrina para
busca su Yo entre los contenidos de conciencia de podamos, con A. J. Ayer, decir de construir su propia filosofía... En sus Ensayos, los
este Yo. No es maravilla que no lo encuentre. Él, Hume que fue «el mayor de los que más fama le dieron como filósofo, trata de una
el que busca, es precisamente ese Yo (sujeto de la serie de problemas filosóficos a la manera de un
conciencia). En la dilucidación de Hume es de gran filósofos británicos181», también hombre cultivado y dotado de la capacidad de pen-
valor el haber destruído la difundida opinión (que puede decirse seguramente, con sar, pero no con una coordinación verdaderamente
aparece con singular claridad en Descartes) de que filosófica...» (Hegel, G. W. F., Lecciones sobre la
estamos ciertos inmediatamente de un Yo sustancial, 180 Sobre todo lo que hemos dicho en cuanto a la historia de la filosofía, vol. III, 1ª edición, México,
que sobreviene al sueño y a la muerte. No obstante, situación paradójica y trágica a la que llega Hume, Fondo de Cultura Económica, 1955 (6ª reimpresión,
queda sin resolver la cuestión de si muchos hechos vid. S. Rábade Romeo, op. cit., pp. 310-316, 332- 1997) (trad. castellana de W. Roces, Vorlesungen
no concluyen a favor de un Yo semejante» (op. cit., 333, 340-342, 372-375. über die Geschichte der Philosophie, Karl Ludwig
cap. V, § 22, p. 183). 181 A. J. Ayer, op. cit. cap. 1, p. 13. Michelet, 1833), p. 374).
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Symploké revista filosófica Consideraciones...

visto envuelto en tal laberinto que Nos parece que esta parte
debo confesar no sé cómo corregir del Apéndice que vuelve sobre la
mis anteriores opiniones, ni cómo sección «De la identidad personal»
hacerlas consistentes. Si esta no es es consecuentemente también una
una buena razón general a favor exposición del escepticismo teóri-
del escepticismo, al menos para co en cuanto a la fundamentación
mí representa una suficiente razón última de una teoría de la praxis,
(por si no tuviera ya bastantes) para teoría que en el Tratado ocupa los
aventurar todas mis conclusiones dos últimos libros.
con desconfianza y modestia183» Ante estos resultados se
Las esperanzas se desvane- hace comprensible que Hume re-
cen porque también en el terreno nuncie en la Investigación sobre
de la mente se ve envuelto en con- el entendimiento humano a seguir
tradicciones y absurdos. Y, si en el haciéndose cuestión del tema del
fenomenismo del mundo externo, yo: su fenomenismo perceptual le
Hume ha podido acudir, mal que había cerrado cualquier puerta de
bien, al dinamismo de la mente (o salida. Era preciso esperar que la
imaginación) para explicar nuestra espiral de la historia de la filosofía
creencia en su existencia y natu- gire una vez más: se trataría esta
raleza, la mente se le revela final- vez del giro copernicano hacia el
mente como incapaz de explicarse sujeto trascendental llevado a cabo
a sí misma, resultando, por ello por el “Tartarín de Königsberg186”,
mismo, incapaz de dar cuenta del quien confesara en sus Prolego-
porqué de las múltiples uniones o mena haber sido despertado de su
asociaciones de nuestras percep- «sueño dogmático187» precisamen-
ciones, siendo así que las asocia- te por el autor al que nos hemos
ciones o conexiones entre las di- abocado aquí.
versas percepciones, como lo ha
señalado S. Rábade Romeo, «son
un auténtico deus ex machina en * Lic. en Filosofía por la Universidad
la epistemología humeana». «Si del Salvador
no podemos dar razón de los prin-
cipios de asociación o conexión
–continúa el autor español– todo
el sistema tiene cimientos de are-
na184». Y Hume es consciente de
esta trágica situación a la que ha
llegado. Por eso dice que todas sus
esperanzas se desvanecen cuando
clarividencia suficiente como para ver ese resultado.
intenta explicar los principios que A partir de este momento, el escepticismo llegó a
unen las sucesivas percepciones en ser la posición característica de su espíritu y de sus
escritos. Pero sus obras posteriores muestran un es-
nuestro pensamiento o conciencia, cepticismo menos completo que aquel al que llevó
declarándose incapaz de «descu- su pensamiento. Su Enquiry concerning Human
Understanding hasta muestra un debilitamiento de
brir teoría alguna» que le satisfaga la posición escéptica, que deriva hacia un “escepti-
en este punto capital185. cismo mitigado” semejante al positivismo moderno
y admite el conocimiento de los fenómenos y de las
183 Apéndice, pp. 884 s. relaciones matemáticas». Puede verse, en paralelo
184 S. Rábade Romeo, op. cit., pp. 315 s. con este texto, el del mismo Sorley que citamos su-
185 Apéndice, p. 887. Cf. respecto de lo que veni- pra en nota 10.
mos diciendo, W. R. Sorley, op. cit., cap. VIII, p. 186 A. Machado, op. cit., p. 224.
200 s., quien comentando el texto del Apéndice en 187 Kant, Inmanuel, Prolegómenos a toda meta-
su parte referida a la sección de la identidad perso- física futura que pueda presentarse como ciencia,
nal, escribe: «El resultado lógico de sus análisis está 1ª edición, Buenos Aires, Editorial Charcas, 1984
lejos de llevar a ese “sistema completo de las cien- (trad. castellana de M. P. M. Caimi, Prolegomena
cias” que él había anticipado desde su “nuevo me- zu einer jeden künftigen Metaphysik, die als Wis-
dium”; lleva no a la reconstrucción sino a la desin- senschaft wird auftreten können, Riga, 1783), «Pró-
tegración escéptica del conocimiento, y Hume tuvo logo», p. 16.
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Symploké revista filosófica enero 2016

Notas para
un ensayo
sobre el suicidio Gabriel A. Saia*

Because I could not stop for suponer que existen otros tantos y inasible. Bien nos valdremos de
Death,/He kindly stopped for me; diversos. He aquí la primera pauta otros tantos que han hecho ya uso
The carriage held but just oursel- del presente trabajo: los supuestos de sus facultades para el tratamien-
ves/And Immortality. sólo serán posibles en la medida en to de este tema, puede que el más
Emily Dickinson, Because I could que estemos dispuestos a aceptar importante sea Albert Camus. En
not stop for Death nuestra inaccesibilidad a un siste- su obra El mito de Sísifo (Le Mythe
ma único de verdad, es decir, a un de Sisyphe, en su original francés),
¿Por qué tratar el tema del reduccionismo-emergentista. No Camus sienta las bases de lo que
suicidio? Quizá el planteo correcto pretendemos, claro está, repasar la será su filosofía. Él siempre es cla-
de esta pregunta no exista. Bien, vida y obra de los pensadores que ro. La pregunta que lo deslinda del
pues, hallaremos maneras de con- sí lo han hecho, que han deposi- existencialismo, tanto teológico
cebir el suicidio, dentro y fuera de tado sus sistemas y, en definitiva, como ateo, es la siguiente: ¿por
la actividad práctica. Nuestro pro- sus vidas a un simple2 tratamiento qué y cuándo suicidio? Va más allá
pósito no será el de dar informa- reduccionista. Bien podríamos ha- de cualquier tipo de explicación
ción acerca de este tema, lejos esta- blar, esperamos hacerlo, de aque- dogmática. Más allá de la supera-
mos y difícil sería la tarea en tanto llos hombres que ya se han visto ción de la contingencia primaria,
que encomendada; sin embargo, imbuidos dentro de este meollo, es decir: se vive o no se vive, se
el tratamiento en base a supues- aquellos que ya han percibido los nace o no se nace. Vemos cómo
tos, el suicidio será uno de ellos, reduccionismos típicos que nos esta pregunta supera la primera de
será necesario. Desde Parménides, acercan a la verdad y que, a un las contingencias, la subsume en
desde su pleonasmo, la filosofía tiempo, nos alejarán de ella3. sí. Camus hallará la idealidad de la
sólo puede concebirse como una Lejos estamos de la preten- pregunta que interpela al existen-
serie de supuestos concatenados. sión de hacer un tratado en el senti- cialismo con creces: ¿vivo o dejo
Será improbable hablar del pri- do riguroso del término. Más bien, de vivir? Siempre la pregunta sur-
mer suicidio, el de la verdad1, sin el ensayo lo que nos permitirá es girá como la primera persona del
eso: hallar las distintas maneras singular, sin dudas. Nadie podrá
1 Esto es, según estimamos, una clave de lectura
para el presente trabajo. Aquí se baraja la imposibi- de concebir una problemática en considerar, acaso, que el primer
lidad de un orden previo a la diferencia ontológica. donde el problema es difuso y casi planteo fuese otro. A modo de ar-
Es decir, en otras palabras, hallar la contingencia
previamente a la necesidad. Cf. Gabriel, M., “¿Con- 2 “Simple” no deberá tomarse de manera peyorativa. gumento ontológico, considerar
tingencia o necesidad? Schelling y Hegel acerca del 3 En la misma línea de pensamiento, sabemos que algo distinto, aventurarse en otras
estatus modal del espacio lógico”, trad. de Gual- no podemos pretender el absoluto, pues, como bien
drón, M. y Ramirez, C. de la ponencia pronunciada explica Schelling (SW XIV 315, SW XIV 338) éste nimiedades, precisar los términos
en el marco de “Presente del idealismo alemán” en presupondría una serie de espacios lógicos que ha- de la proposición, significará acep-
la Universidad Nacional de Colombia, Colombia, cen que la reflexión se vea afectada desde un primer
2009. momento. tar la pregunta por el suicidio. Más

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Symploké revista filosófica Notas para...

aún, no solo se acepta la pregunta definir el suicidio y –con él- su ám-


por el suicidio, en tanto que la pre- bito práctico y reflexivo. Con este Non aver fretta, Patroclo.
gunta será el pre-intento filosófico, interés como fondo de la ejercita- Lascia dire “domani” agli dèi.
sino que además, al darse una res- ción, veremos cómo la filosofía de Solamente pero loro quel che è
puesta, se estará asumiendo un se- Camus nos envuelve. Difícil tarea stato sarà.
gundo papel de la misma pregunta: será dar con un tema como el sui- Cesare Pavesse, Dialoghi con Leu-
no hay un horizonte posible para la cidio sin haber pasado por alguna cò
pérdida de identidad que ésta gene- experiencia cercana a la vida. El
raría en un individuo. El ensayo de absurdo no responde, sin embargo, ¿Qué podremos plantear
Camus, a su vez, podría ser una jus- a los anhelos y la nostalgia de la en cuanto al tiempo? Todo partirá
tificación buena de toda su obra, la reflexión sobre la muerte. Ésta no del pensamiento del mañana, de su
condición humana es su propósito. tiene sitio alguno en el texto. Si- absurdo. Si puedo pensar el maña-
La interiorización de la metafísica tuados en el texto de Camus, halla- na, ardua hazaña laboriosa, estaría
–metafísica que el mismo Camus remos temas como “donjuanismo”, entrando en la contradicción de los
advierte no hallar en sus páginas, “hombre absurdo”, “suicidio” – términos planteada supra; no se
pero que opera de modo tácito4- claramente, el menos trabajado y puede pensar el mañana sino desde
es aquello que permite la nulidad el más profundo-, con los cuales el ahora. Pensar el mañana desde
de cualquier fundamentación; con no se analiza sólo su filosofía sino el ahora no sería pensar el mañana,
lo que nos quedaremos, en última que, además, se analiza una actitud pues a propósito de ello veremos
instancia, será con verdades par- frente a la vida en tanto que vida. cómo sobrevienen las experien-
ticulares. Dichas verdades parti- Comparable a la actitud de resis- cias antes de la reflexión posible.
culares sólo corresponderán a un tencia frente a la vida. En esta ac- Aquí se ponderará una nueva pos-
modo poco eficiente de fundamen- titud convergen los distintos tipos tura frente a la ética de la cantidad
tar lo que es en cuanto que es, la de disciplinas y sus actuantes; no planteada por Camus. ¿Cómo es
ontología se pierde en su garante5. hay distinción social frente a la posible pensar en una ética dis-
Es decir, en otras palabras, todo el compulsión de resistir. Éste se da tinta, teniendo en cuento que sólo
peso de la cosmovisión caerá en el sin más. El científico tanto como el se puede erigir una conducta en
percipiente y ese percipiente es el poeta, el lector, el escultor, el mú- torno a la vivacidad? Es aquí don-
hombre (con todo lo que esto con- sico, el que piensa establecer órde- de Camus nos ilustra: eternidad y
lleva, difícil será olvidar la clásica nes, el político, todos responden a tiempo. Eternidad no referirá ya
expresión hos anthropo6). la misma resistencia que siempre al tiempo de lo divino, lo divino
Ahora bien, ¿cuál es el sen- se comprende como resistencia ha perdido la lucha en tanto es un
tido de una mirada frívola y reacia vital –y no por ello no se halla en reduccionismo, quizá lo divino ha
de la filosofía? ¿En qué se diferen- oposición. Aquí es clave mencio- perdido su eje en nosotros. Tiem-
cian el interés y la aplicación de la nar que la resistencia de cada uno po no referirá a una oposición a
misma? Podemos decir, siguiendo de estos personajes, acto creador, lo eterno, como lo querrían los
a Sloterdijk, que no sólo se puede será la privación del individuo-no- esquemas clásicos; tiempo es aho-
ser frívolo en tanto que las ideas creador-de. Más sencillo: cada uno ra el lugar donde podrá darse esa
no poseen consecuencia en el pla- que resiste, resiste por sí y por el experiencia de la vivacidad. Claras
no de aquello que decidimos, pre- otro, apropia la posibilidad de no- serán las referencias a Nietzsche, a
tensiosamente, real. ¿Quién puede resistencia. Un poeta escribe cinco un tiempo mudas y un tanto ocul-
negar que Camus actúa del mismo líneas en lugar de otro que tam- tas. Mismo queda descartado el
modo? En su proceder no se hallan bién, de alguna manera, hubiese pasado, pues éste pondría aún más
proposiciones subsecuentes, hay podido escribirlas. conceptos borrosos en juego. Pre-
un interés más profundo, quizá, un suponer pasado o suponerlo como
interés “aliviado” por las ansias de II un mero estar de cosas en un or-
4 Es evidente, sin ser presutuosos, que Camus está
incrurriendo constantemente en la metafísica. Su
denamiento diacrónico facilitará la
campo, el del lenguaje, por más llano que parezca, Estoy mirando el último poniente. imcomprensibilidad del presente y
es el ámbito primario y único posible de la misma.
5 Este supuesto, si bien sonará un tanto complicado,
Oigo el último pájaro./Lego la la vivencia; sin embargo, esto nos
es la principal razón por la que la distinción óntica nada a nadie. llevaría a comprender nuevamente
funciona como reflexión del anteponer.
6 “Dentro de lo –posible- humano”.
Jorge Luis Borges, El suicida un espacio lógico del cual desisti-

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Symploké revista filosófica enero 2016

mos hace algunos párrafos. basado en las ciencias como ga- po es compañero de Don Juan, lue-
Hasta aquí, el tiempo y lo rante (Husserl será un claro ejem- go será su muerte. De este mismo
eterno en nuestras notas sobre el plo del mismo); por otro lado, el modo, el actor ejemplificado por
suicidio. segundo positivismo, aquel que Camus como una posibilidad de la
considera a Dios como garante de vida dentro del absurdo, tendrá su
III las relaciones de cosas, dará paso dominio dentro del tiempo; actuan-
a un positivismo ontológico. Am- do, en tres horas, deberá cumplir
Es posible plantear, ahora, bos se constituyen como dos sis- un ciclo vital que se circunscribe a
la figura más certera del suicidio: temas cerrados de referencias de las normas del parecer-como-ser.
la razón. Cómo hemos comentado la referencia. Los garantes aquí Así mismo, el conquistador tratará
más arriba, el principio de la re- serán simples desdoblamientos de de llenar la actividad vital con una
flexión de Camus se basará en una la realidad en tanto que ésta es ne- conciencia meramente histórica;
pregunta, si se quiere, pre-existen- gada por un comportamiento que de los tres, quizá es el más pueril,
cialista. También será pre-intento, busca su estar-contingente. El di- pues alcanza un punto vital casi
como toda pregunta del discurrir vorcio de estos positivismos con nulo: conquistar es permanecer, la
filosófico. Ahora bien, esta pre- la filosofía será sólo posible en vida es la conquista de (aquí se po-
gunta encuentra su asidero en las tanto se considere que la vida tie- dría analizar el dominio sarraceno,
consideraciones de la razón que ne una importancia relativa, pero habitantes y dominadores de aque-
él hace; ¿cómo un sistema puede que además ha perdido su punto llo único vivo: el desierto). Mismo
hallar verdad y garantía en Dios? relacional. Fácil será pensar en dos podemos interpretar este conquis-
¿Cómo un sistema puede hallar territorios en batalla, uno conside- ta de como la motivación final de
verdad y garantía en la razón? En rablemente más grande que el otro; la vida frente a aquello que se le
realidad, si se puede ganar especi- sin embargo, lo curioso del asunto presenta prístino: las cuestiones
ficidad ampliando el espectro filo- será la falta de ataques por parte anteriormente mencionadas atañen
sófico, Camus no se está oponien- de aquel que es más grande. ¿Cuál a esto, la reflexión es lo que posibi-
do meramente al existencialismo, será, visto desde la vivacidad, el te- lita el mero hacer como “sistema”.
a los sistemas teológicos, a los sis- rritorio que suscita mayor emoción Claramente, no hay sistema, sólo
temas filosóficos, también se está y duda al momento de analizarlo? hay una intención que correspon-
separando de una razón que pre- Es por esto que se puede abando- de a la búsqueda que éste ha de
tenda ser absolutista –las verdades nar -que efectivamente se ha aban- sucitar. Nuevamente volvemos a
trascendentes o las entidades sepa- donado- la creencia escatológica7. la segunda contigencia que creará
radas y subsistentes son aquellos El divorcio de estos positivismos, la primera: lo necesario se hallará
supuestos que Camus derribará-. los distintos hechos históricos que en orden arbitrario con respecto a
Aquí sienta su postura, existe para llevan a considerar su falta de sen- la contingencia, lo cual será -como
él un “suicidio filosófico”. Como tido, nos llevan a plantear el asunto mínimo- complicado8.
ya hemos avistado antes, será la al que Camus llega con tanta facili- Si bien los modos de vida
perdida filosófica, el compromi- dad: sólo hace falta vivir una vida del hombre en relación con el ab-
so filosófico que se alza por sobre longeva, lo cuantitativo ha ganado surdo deberán poseer tres caracte-
los cimientos de la reducción: por la disputa frente a la calidad de lo rísticas, a saber: rebelión, libertad
un lado, razón; por el otro, Dios. vivido. Aquí se comprende el don- y pasión, estos modos son simples
En definitiva, ambos dos –razón juanismo. El personaje de Tirso de negaciones. Sendos tres no pue-
y Dios- serán equivalentes, pues Molina lo comprende, es único en den poseer una definición en sen-
endiosar la razón será un mismo su campo: amar a más no significa tido positivo, es decir, una defini-
punto reduccionista. No perdamos amar menos a más. Las experien- ción que carezca de comparación
de vista que, hasta aquí, tanto re- cias son tenidas en cuenta en el con otro elemento. Será un punto
duccionismo como emergentismo campo de lo jamás eterno, el tiem- a revisar, pues sería importante
se hallan a un mismo nivel que los 7 No es el propósito del presente trabajo entrar en
ver hasta dónde pueden llegar las
incluye y no los diferencia. reflexiones de este tipo, por más que lo haga. Sin pretensiones de Camus. Aquí cabe
El primer positivismo, embargo, hemos de decir que este supuesto del
abandono escatológico, abandono consciente o in-
destacar que la remisión a “resis-
aquel que corresponde a la razón, consciente, es la característica principal para anali- tencia” nos resulta nuevamente
zar la religión como una segunda naturaleza, es de- 8 Mismo comprendemos que podrá suceder –y efec-
será un positivismo gnoseológico, cir, como si ésta fuera meramente una constumbre. tivamente sucede- con los espacios lógicos.

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Symploké revista filosófica Notas para...

tentadora. Quizá sea la manera de hormiga puede ser rápida o el dedo para alcanzar la otra ladera: no hay
enunciar estas tres características y desatinado. otro objetivo. Si podemos pensar
su posible convergencia. Cesare Pavesse planteará en esta analogía poco detenida-
muy bien la cuestión en su libro mente y adoptarla como algo que
IV Dialoghi con Leucò. La dimen- a simple vista es cuasi infantil10,
sión humana, es decir, aquello que podremos comprender también el
Podríamos pensar, no des- entendemos por condición huma- comienzo de la reflexión. Los re-
cabelladamente, en una consulta na, será la vida únicamente. De la duccionismos que busca el hombre
psicológica o en una conversa- muerte no se hablará, pues harto podrían hallarse en aquella ladera.
ción común. Cualquier tipo de se puede hablar acerca de la vida. Conflictivamente, Sísifo se con-
interacción podría comenzar por Pavesse encuentra la condición vierte en héroe legítimamente en
esa pregunta fatídica y necesaria: humana, es decir, la memoria que su reconocimiento, en cuanto co-
“¿por qué no se suicida?”, incluso se puede tener; nostalgia y anhe- bra conciencia del trabajo que él
de manera táctica es aquella que lo, en Pavesse, serán fundamen- efectúa. Falla -también conflictiva-
nos interpela constantemente. De tales. Nostalgia, traída a cuento mente- en cuanto que como héroe
allí en más, cualquier respuesta por la memoria, será lo único que no posee final alguno, está someti-
será una buena respuesta. Quizá necesiten sus personajes, es todo do a la rutina y su fastuosidad. Sin
un hombre responda: “No sé. No el motivo y tal vez sea la consu- dudas, no le cabe el atributo de hé-
tengo conocimiento de por qué no mación de la obra toda. El destino roe, más allá del tormento trágico.
me suicido, pero no lo haría”, aquí actuará como contrapunto y -fren- El martirio, bien explica Camus,
estaría dando la respuesta absolu- te a él- sólo habrá culpabilidad. La ya no existe: no hay una noción
ta. La costumbre frente a la vida9, culpabilidad podrá ser el móvil de de vida post mortem que justifique
frente a la vivacidad, no se puede todos los textos. Recordando a Pri- tal acción. El martirio pasará a ser,
perder llanamente. Suicida será mo Levi, la vergüenza no es otra más bien, una cuestión azarosa.
aquel que no pueda dar testimonio cosa que ambas nociones puestas Ahora bien, si Sísifo es
de lo acaecido, con lo cual estaría- en juego. la respuesta a la primera pregun-
mos bastante lejos de una posible ta planteada en el ensayo siendo
explicación de la concreción del V ésta un “no”, Sísifo, quien siem-
suicida. Toda respuesta, volviendo pre porta la necesidad suprema de
a la primera pregunta, será satis- Ahora bien, llegado este vivir, ¿qué podría suceder con una
factoria. Incluso, quizá siendo un punto nos podemos preguntar, respuesta por el “sí”?- Decir “sí” al
poco impúdicos, el hecho de obte- ¿por qué Camus tomó en conside- suicidio implicaría apartarse de la
ner una respuesta afirmativa sería ración tan sólo a Sísifo? Es el per- dimensión existencialista que esta
satisfactorio. ¿Quién puede dicta- sonaje que él tornará personaje; el filosofía –la de Camus- recorta.
minar, más allá del viviente, el va- héroe que él reconoce como héroe La vida pierde sentido, un sentido
lor de una vida ajena? Así como no –dotándolo así de su caraterística que es atribuido como no-sentido..
se puede evaluar el valor, tampoco de absurdo-. De más está decirlo, Aquí podremos recurrir a dos per-
se podrá evaluar su falta de valor la respuesta frente al suicidio fue sonajes míticos que, en su mito-
(valor en fin). “no”, sin redundancias ni titubeos. logización, podrán ser utilizados:
Lo ajeno al suicida sería, Sísifo, personaje sometido a un Narciso y Leucótea.
en todo caso, aquel hombre que castigo terrible por su astucia mal
puede decidir entre quitarse la vida empleada, deberá vivir su vida – VI
o no. El azar siempre someterá la esto según Camus- como si fuese
decisión a un posible cambio, pero una persona de la modernidad. El Explicar con palabras de este
la sensación será la misma en caso trabajo mecánico, inacabable e in- mundo que partió de mí un barco
de supervivencia: el superviviente útil, será la causa de ponerse frente llevándome
es una hormiga oprimida por un a sí. En su interminable tarea, Sí- Alejandra Pizarnik, Árbol de
dedo. La superficie de contacto sifo logra ser “feliz”, cuando lle- Diana
es mínima, es la muerte o la vida ga a la cima y retorna al comien-
que está faltando; sin embargo, la zo. Claramente, la otra ladera no 10 En un sentido que odiarían los antropólogos,
9 Por esto mismo hablamos anteriormente de la per-
dida de la escatología como tal.
existe. Sin embargo, Sísifo parte sociólogos, pedagogos y, hoy día, el común de las
personas.

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Symploké revista filosófica enero 2016

En este caso, trataremos la el jurado. Él es ambos. en su caso Sémele muerta, será la


figura del suicidio endógeno: Nar- responsable no de su suicidio, pero
ciso. Las fuentes son variadas, sin VII sí de su tragedia. Leucótea halla
embargo todas coinciden en algo: ocupación por el afuera allí donde
Narciso muere en lo que se podría Nature´s ansewer Narciso tan sólo hallaba una masa
llamar un suicidio íntimo. No por- Is’t returned, as ‘twas sent? Is’t no indeterminada y que, por esta in-
que esté solo sentado a la vera de worse for the wear?/Think first, determinación, no merecía ser
una fuente sino porque su suicidio what you ARE! Call to mind what contemplada por él conformando
se da en el reconocimiento de sí. you WERE!/I gave you innocen- el acto reflexivo. La consideración
La autoconciencia, en este caso, ce, I gave you hope,/Gave health, de Narciso es dudosa, en Leucó-
será aquello que actúe como dispa- and genius, and an ample scope,/ tea pasa exactamente lo opuesto.
rador para el hecho suicida. Aquí Return you me guilt, lethargy, El mito de Sísifo, su heroicidad,
no se pudo decir “no” a la pregun- despair?/Make out the invent’ry; yace sobre el supuesto de un hom-
ta por el suicidio; lo único posible inspect, compare!/Then die--if die bre individuado por completo, su
fue el “sí”, manifestado este último you dare! conciencia es tan sólo posibilidad
como inefabilidad. Si bien la ven- Samuel Taylor Coleridge, The de autoconciencia. Con esto, Sísifo
ganza de los dioses es reconocible Suicide’s Argument no logrará hallar felicidad por fue-
en este Mito, como en el caso de ra de la autodeterminación. Leucó-
Leucótea, no será algo que nos Ya hemos visto la cuestión tea no puede ver -jamás podrá- la
preocupe demasiado. La impor- de Narciso, en la que nos referimos autodeterminación. Ella salta y es
tancia que le daremos a esta figura a un suicidio de tipo endógeno. ése el factor de cambio. No es alea-
será en tanto que es el compromiso Narciso respeta por completo el torio que Pavesse la tome como
del suicida mismo, símil a la no va- sui-, el prefijo toma sentido. Aho- interlocutor cuasi principal, en un
loración de la vida (que como bien ra bien, si Narciso nos pone frente principio su texto se llamó Hom-
dijimos ya es una valoración) que a este tipo de suicidio, ¿Leucótea bres y dioses, luego fue modifica-
puede presentar el amigo-paciente plantea una cuestión distinta? En do. Cabe destacar, justamente, que
en aquel caso hipotético anterior- un principio, se podría decir que Leucó no es un personaje mítico
mente planteado. no es así. Ambos planteamientos heroico o divino per se. El favor es
La confrontación existe, se aúnan en el hecho del suicida, lo que la convierte. No hablemos,
la interiorización es tal que Nar- como lo habíamos comprendido pues sería un retroceso, de una no-
ciso no puede optar por otro tipo anteriormente. La consumación de ción de vida post mortem, pero sí
de camino. Tampoco podrá optar éste, del suicidio, no hará menos tengamos en cuenta la facción de
por suspender su juicio. Aquí no real la distancia entre ambos casos. divinidad servida en el acto huma-
hay desidia. El camino se presen- Leucótea era Ino, hermana no. La condición humana enfrenta
ta único y es novedad: primero ser de la madre de Dioniso, Sémele. En a Leucó consigo misma. Ella no
consciente, luego actuar. Narciso cuanto Ino se encuentra sola, Sé- puede superarse a sí, por lo pronto
actúa aplicando sobre sí mismo el mele muere –en cualquier versión decide cometer suicidio. En cuanto
acto final. Claramente, el fin en sí del mito griego-, cometerá su acto comete suicidio, la cuota azarosa
mismo también se torna un medio. final (en algunos casos, junto con sigue su curso: no hay apología del
Este caso sería más bien heroico; su hijo Melicertes). Leucótea será destino, no hay destino, sólo existe
luego de la anagnórisis (“recono- la víctima del suicidio por razones la vida y la repentina muerte (que
cimiento”, sería un intento de tra- exógenas. En ella no hay nada que es en realidad una representación
ducción), se produce la apháneia la haga consciente por completo. más de vida, incluso en la mitolo-
(“exterminio” o literalmente “des- No existe la figura del reconoci- gización de Leucó).
aparición”). El rasgo que quizá se miento de sí, a lo sumo la figura Si Sísifo es el héroe del ab-
pierda, en todo caso, será la “ce- que existe como reconocimiento es surdo y también el héroe escogido
guera”, pues no hay ocasión para una figura delimitada por la otre- por su humanidad y astucia, Leucó
la misma, aunque sí hay soberbia y dad que encuentra11. Esta otredad, será la heroína de la sutileza por la
todo acto se vuelve fundado sobre 11 Así definida, recapitulando, sería otra manifes-
vida. El análisis que se puede hacer
su fundador. La única justificación tación más del fallido intento de superación de las del mito de Leucótea, nos llevará a
contingencias en la necesidad. Volvemos a los espa-
que necesita Narciso es el juicio y cios lógicos, a la reflexión.
develar que tan sólo no se llega a la

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Symploké revista filosófica Notas para ...

muerte o se escapa de ella: el ins- por analizar. En un principio, se


tante suele ser conciliador. Si Leu- pretende interpelar a los cotidianos
có fue transformada en vigía de los a la luz de estas tres figuras míticas
mares, no fue sólo por azar. La re- propuestas.
dención, lejos de ser una redención Quedará además una cues-
del pecado –cuestión anacrónica, tión cabal: ¿cuál es la dimensión
como lo entiende Festugière en su enajenada en nuestro tiempo?
análisis de la época clásica- es una Pues ya no sólo podemos observar,
vitalización del espíritu de Ino. como bien lo hizo Camus, vidas
relegadas a jornadas laborales de
VIII diez o doce horas fabriles. Ahora
podemos ver cómo existe un ni-
El secreto de toda vida sana y vel de enajenación que rebasa los
capaz consiste indiscutiblemente contornos laborales y llega a ser,
en no permitir que el tiempo se bien se tome la expresión, una vi-
vuelva exterior y en no quedar driera. La vida no sólo se vive en
nunca escindido respecto del prin- un único plano sino que existe un
cipio que genera el tiempo. plano adicional conformado por la
Friedrich Wilhelm Joseph Sche- virtualidad que posee una perso-
lling, Las edades del mundo na. Sea cual fuese el resultado de
ese análisis, será un resultado que
Ducunt volentem fata, nolentem presente la noción de crítica que
trahunt. adopta Camus en su ensayo. No
Séneca, Epistola ad Lucilium pretendemos, pues, ser una mala
copia de un texto sino, más bien,
Si hasta aquí se han arries- pretendemos realizar una intrépida
gado más hipótesis que los análi- aunque cuidada actualización del
sis factibles, se ha operado debi- mismo. Recordar algo es volver-
damente. Nada puede analizarse lo a pensar, sobre estos cimientos
en este asunto que no haya sido erigiremos el análisis de la actual
pensado, al menos ínfimamente, condición humana. El individua-
por cualquier persona que goce o lismo sigue siendo patente, el mito
desprecie su existencia. El asun- sigue siendo tan fuerte como para
to principal, de aquí en más, será seguir persistiendo en el presente,
el de actualizar esta concepción. esto nos lleva a nuestra premisa:
Si se quiere, no se puede despo- ¿por qué tratar el suicidio?
jar al pensamiento del tiempo en Hasta aquí, los humildes
que está siendo gestado. Interpela- aportes a esta temática.
do por una coyuntura, las mentes
pueden agrandar sus pretensiones
* Estudiante de Filosofía de la Universi-
o empequeñecer sus ánimos. Allí dad Nacional de San Martín
se halla la idea del optimismo o la
desidia, del vitalismo o el fatalis-
mo.
Bien propuse este trabajo
como Notas para un ensayo sobre
el suicidio, y es lo que realmente
son. Los apuntes que uno puede
realizar quedarán a cargo del tiem-
po y el trabajo aquí empeñados.
Quedan, eso sí, cuestiones varias

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Symploké revista filosófica enero 2016

Luis Ángel
Castello
Entrevista
¿Cómo fue su acerca- tudios, que tenían otras inquietu- formal, sí. En mi caso, la identi-
miento a la filosofía? des que las que yo conocía por mi ficación literaria fue siempre con
No fue un acercamiento anterior Carrera. Es decir, que Fi- el Romanticismo, en las variadas
primero al mundo de la filosofía, losofía fue cursada con otro ritmo, manifestaciones que tuvo en Oc-
académicamente hablando, sino diría, que Letras, tanto por las cir- cidente, en sus antecedentes que
que surge como una necesidad, cunstancias personales, como de comprenden la tradición popular, y
como una carencia que experimen- la dinámica misma que surgía de sus derivaciones posteriores. Y lo
té al transitar mi primera Carrera, la propia Carrera. De manera que importante fue ver después en los
Letras, en la Universidad de Bue- estuve así en condiciones de expe- textos filosóficos que esa subjeti-
nos Aires, o sea, la percepción de rimentar la diferencia que mediaba vidad, matriz del sujeto romántico,
un complemento de esos conoci- entre los dos tipos de acercamien- era conceptualizada en el ámbito
mientos. Una disciplina que diera to. de la filosofía como camino del
cuenta del horizonte, de la cosmo- ¿Cómo fue acercarse por conocimiento, y así fue mi lectura
visión, que estaba alimentando esa primera vez a textos filosóficos, de Hegel, por ejemplo, o la her-
producción literaria. Es decir, que es decir, a textos fuente? menéutica de los textos poéticos
en mi caso uno llega a los proble- A riesgo de ser reiterati- del último Heidegger. De alguna
mas de la filosofía a medida que va vo insisto en que el acercamiento manera, en consecuencia, siento
transitando el camino de la Carrera estuvo enmarcado por el intuitivo como cumplida la expectativa de
de Letras. cotejo con los textos literarios, y la hallar la completitud de ciertas in-
¿Cómo fueron sus prime- percepción de una mirada diferen- quietudes pendientes que me había
ros pasos en la Carrera de Filo- te que me resultó muy fascinante: dejado la primera Carrera.
sofía? el reconocer, el comprobar que los Esta pregunta vale para
En primer lugar fue un problemas y las preguntas filosófi- ambas Carreras. A medida que
acercamiento atípico, no usual, por cas que estaban implícitas en la li- transcurría la Carrera, una o la
el hecho de esa cuestión curricu- teratura, novela o poesía, hallaban otra, ¿sintió que era lo que espe-
lar que hizo que se me diesen por manifestación conceptual en los raba? ¿Hubo sorpresas, desen-
equivalentes varias materias (tam- sistemas filosóficos, aunados por cantos?
bién Filosofía la cursé en la UBA). la cosmovisión de la época que los Inmediatamente me vie-
De manera que no fue un acerca- englobaba. ne un recuerdo a la memoria. La
miento gradual de acuerdo con el ¿Cuál sería la diferencia escena se dio en un pasillo de un
Plan habitual, sino que el itine- de abordar los problemas desde piso de la Facultad de Filosofía y
rario siguió el azar de los huecos la literatura o la filosofía? ¿Sien- Letras, cuando estaba instalada en
que no cubrían las equivalencias. te, acaso, una cesura? la calle Marcelo T. de Alvear -hoy
También es de destacar la relación Absolutamente. Sí, sí. ocupada por Ciencias Sociales- y
con los nuevos compañeros de es- (Piensa). Sí… (Silencio) En lo poco tiempo antes que se radicara

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Symploké revista filosófica Entrevista

definitivamente en la sede que hoy frente a las inmensas posibilidades por las urgencias curriculares que
ocupa, en la calle Puán, también de de crecimiento que se abren, está el lo obligan a asistencias a Congre-
la Capital. Esto ocurrió entonces a desafío que plantea la falta de una sos, a la confección de Ponencias,
fines de los ochenta, poco antes de estructura previa que le sirva de Artículos, etc., que no solo demo-
que el Profesor Carpio, sujeto de apoyo (Institutos y Departamentos ran el momento de su graduación,
esta anécdota, entrado ya en años, especializados, etc.), pero por otro sino que, algunas veces, dan lugar
se retirara del ejercicio docente. lado una tradición centenaria (la a producciones que adolecen de la
El gran didacta que fue el autor de de la UBA, por ejemplo), plantea obvia falta de madurez o rigor. Lo
Principios de Filosofía tenía a su otros problemas que también difi- paradójico de la situación es que
cargo la asignatura “Introducción cultan la dinámica académica. en la instancia de un Concurso, al
a la filosofía”, y “Metafísica”, y Me parece que esta pre- valorarse en mayor medida los an-
como alumno de esta última ma- gunta vale más para Letras… tecedentes que la metódica y clara
teria escuché la respuesta que le ¿en qué momento sintió que es- exposición docente, muchas veces
dio a una Ayudante, cuando ésta le taba preparado para producir? resulta otorgado un cargo a quien
preguntó si creía exhaustivos los En esta pregunta hay que tiene después serias dificultades en
contenidos que se impartían en la situarse en el contexto generacio- la transmisión de sus conocimien-
materias de la Carrera, a lo que él nal al cual pertenezco. A una tra- tos, generándose así un rechazo de
respondió, “Bueno, yo por ejemplo dición que cifraba en la Carrera los alumnos hacia la disciplina en
no estudié en todo mi paso por la de Grado toda la expectativa del cuestión, por la obvia identifica-
Carrera a Kant, y sin embargo sé ingresante durante su paso por la ción del contenido con el docente
algo de Kant, ¿no?” (Risas). Esto vida estudiantil, se viene a sumar que la imparte.
me sirve para decirles ahora que es el cierre de la Carrera del Docto- ¿Cómo fue preparase
imposible abarcarlo todo, y es ob- rado a partir de la instauración del para docencia?
vio que a cada uno nos gusta pro- golpe militar, a lo que debemos Qué lindo tema… Prepa-
fundizar en tal o cual autor, pero agregar, obviamente, las diver- rarse para la docencia implica, en
eso queda reservado a la inquie- sas circunstancias particulares de primer lugar, contar con un ele-
tud individual. Lo importante es, cada uno con relación a los estu- mento natural, una predisposición
¿cómo decirlo?, la atmósfera aca- dios universitarios en Humanida- innata a la transmisión, digamos,
démica en la que nos insertamos, des. Lo cierto es que la produc- todo eso que en sus reflexiones so-
las relaciones que establecemos ción académica como la actividad bre este ámbito los sofistas griegos
con los compañeros, de las cua- investigativa siempre estaban en designaron como phýsis. Después
les surgen vínculos que atraviesan un horizonte mediato, reservadas está la paideía, lo que la práctica,
los años, y que es algo diferente, para el momento posterior a la lo que la situación del aula va enri-
por su nivel de integración, a lo graduación, y todos los intereses, queciendo a través de los años: ya
que ocurre con los grupos de es- inquietudes, o progresos en deter- durante la vida estudiantil misma
tudiantes de otras Universidades. minados ámbitos disciplinarios, va manifestándose la tendencia
De manera que esta solidaridad de quedaban reservados para el térmi- a la transmisión en el futuro do-
intereses, de inquietudes del estu- no de los estudios curriculares. A cente, en su capacidad explicativa
diantado, se consolida en el senti- lo sumo, el esfuerzo se cifraba en frente al grupo de estudio y, condi-
miento de grupo frente al contexto la continuidad con una Cátedra, en ción primera, en su solidaridad, en
social mayoritario que considera el deseo de llegar a ser Ayudante su compañerismo: el que fuera mi
este tipo de estudios específica- de la misma, es decir, en la posi- maestro, Don Lorenzo Mascialino,
mente humanista como atípicos y bilidad de la docencia. Como sa- que concentraba en su persona el
con poca salida económica. Agre- bemos, en los últimos decenios la ideario docente, acostumbraba a
guemos por último que cada ámbi- situación ha cambiado radicalmen- decir, “No selecciono jamás a un
to académico guarda una relación te, y las necesidad de antecedentes futuro Ayudante, si no sé previa-
especial con su tradición, diría- académicos para el concurso de mente que es un buen compañero
mos: nuestra Escuela de Humani- Becas, Proyectos de investigación, con sus pares”: interesante, ¿ver-
dades es un ámbito muy reciente- etc., motiva que el ingresante, en el dad? En este panorama que vamos
mente formado, como la UNSAM transcurso mismo de su desempeño describiendo, las materias peda-
misma lo ha sido, de manera que como estudiante, esté presionado gógicas tienen el carácter de anci-

41
Symploké revista filosófica enero 2016

llae, de servidoras, de esa paideía si el expositor –de nacionalidad taria, y llegue, por ejemplo, hasta
que antes mencionamos, siempre inglesa- dictaba su charla en cas- las aulas de la escuela Media, que
y cuando cumplan adecuadamen- tellano: es muy difícil a un alum- verá ya como maestros a los que
te con su misión. Lógicamente no seguir a un traductor, e incluso son nuestros alumnos de hoy. De
que en la época de mi generación para cualquiera, en caso de hacer lo contrario, quedamos relegados
el sistema de Concursos no había preguntas, hacerlas pasar por el ta- a un círculo que, lejos de ser vir-
alcanzado la democratización que miz del intérprete, y otro tanto con tuoso, consiste en un intercambio
tiene en la actualidad, y el contexto las respuestas. De hecho, si a uno entre nosotros mismos, sin posibi-
era mucho más propicio que ahora se le ocurre exponer en castellano lidad de ampliación. Vuelvo a citar
para la relación discipular, es de- en el ámbito sajón, lo sacan “de los años en que yo me inicié en la
cir, para el asiduo seguimiento de una patada” (Risas). Recientemen- vida universitaria, y recuerdo, por
un alumno a determinada Cátedra, te me enteré que en Holanda hay ejemplo, que un diario de aquel en-
y la incorporación posterior a ésta, una ley por la cual todo libro que tonces, La Opinión, dirigido por el
con lo que se insertaba en este pri- entra al país en otro idioma, debe padre del actual Canciller Timer-
mer peldaño de la vida docente por ser traducido a la lengua vernácula man1, le dedicaba habitualmen-
una selección personal del titular para su venta. Interesante, ¿no? te una o dos hojas al movimiento
de la Cátedra, cuya metodología, ¿Cómo ve el estado actual intelectual y político que se desa-
bibliografía, etc., dominaba am- de la filosofía en nuestro país? rrollaba en el ámbito académico
pliamente. Obviamente que siem- En primer lugar hagamos superior: como ven, el espacio que
pre cabe preguntarse si esta diná- la descripción del estado de cosas: ocupa en las publicaciones actua-
mica de larga frecuentación con sea la multiplicación de Jornadas les, cuando existe, es sensiblemen-
una asignatura como primer acceso y Congresos antes aludidos, sea la te menor que en aquel entonces.
para incorporarse a ella, no vedaba creación de nuevas Universidades Les comento ahora, breve-
la posibilidad a otros que, aun sin con sus respectivas Secretarías de mente, mi opinión sobre la filosofía
este conocimiento de la modalidad Investigación, lo que incrementa la actual en nuestro país, haciendo la
específica de su estructura, podrían dinámica general en el sentido de salvedad de que la total avocación
tener condiciones también idóneas la necesidad de la producción aca- docente a los cursos que dicto, y la
para impartir su dictado como Ayu- démica para dar cuenta de los re- densidad misma de las disciplinas
dante. Como ven, no se ha logrado sultados implicados por la misma clásicas, dejan poco margen para
resolver el problema del todo. Una tarea investigativa. Este aspecto de la frecuentación de otros ámbitos,
posible salida a esta aporía consis- la cuestión tiene la contracara del como exigiría una respuesta a la
tiría en convocar concursos especí- ámbito de difusión de este caudal pregunta en cuestión. Lo que resul-
ficos, es decir, uno para docencia, creativo, tanto por la ausencia de ta evidente es la calidad académica
y otro para investigación –al pa- un canal especializado de irradia- del espacio filosófico en nuestro
recer, en el ámbito académico ale- ción masiva (radio, TV, etc.), como país, de lo que dan cuenta tanto las
mán se sigue esta modalidad-, de por la escasa participación de los excelentes traducciones produci-
manera que cada uno pueda foca- miembros de la propia comunidad das en nuestro medio, como el re-
lizar su inclinación determinante, profesional, quienes, acuciados conocimiento internacional de que
sin perjuicio, obviamente, que en por la multiplicación de eventos, gozan los diversos profesionales
ambos tiene que estar presente la deben abocarse a su exclusiva ta- egresados de nuestras Universida-
otra actividad como complemen- rea productiva, desconociendo, des. Habría que agregarse en este
to indispensable. En fin, creo, en muchas veces, investigaciones afi- contexto la inmediata acogida que
resumidas cuentas, que si impar- nes que se están desarrollando en tienen en el extranjero los alumnos
timos clase, toda nuestra atención ámbitos muy próximos al suyo. De becados para sus centros de estu-
tiene que girar en torno al aula: allí que yo vuelva a insistir en la dio. El deseo sería, entonces, una
recientemente en nuestra UNSAM urgencia de conservar, al menos, estrategia de integración de los
fui gentilmente invitado a asistir a libre de toda interferencia, la vía egresados en nuestro medio, según
una conferencia sobre un tema de docente como canal de transmi- venimos observando en los últimos
mi especialidad, en donde también sión. Pero una transmisión que, a años con la política de repatriación
se convocaba a los alumnos. Mi la manera de las ondas expansivas, de los científicos en general, y que
1 La entrevista fue realizada en agosto de 2015, mo-
primera preocupación fue saber rebase la esfera del aula universi- mento en que era el actual Canciller.

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Symploké revista filosófica Entrevista

la temática filosófica contemple profesionalización”). mismas inquietudes, recorreremos


también, con las herramientas que Si nos centramos ahora en juntos -y bajo la guía de nuestros
otorga el conocimiento de las ca- la dinámica institucional, observa- docentes- el amplio panorama de
tegorías filosóficas occidentales, mos que nuestra Carrera, al igual las obras de los pensadores que a
las problemáticas propias de ar- que otras de la vida universitaria, través del tiempo nos precedieron
gentinos y latinoamericanos en la se organiza en un Plan de estudio, en el camino del preguntar que, se-
especificidad de nuestro “estar”: con su división curricular por asig- gún se sabe, más allá de la respues-
de hecho, tenemos que completar naturas, y cada una de ellas con di- ta, constituye en su misma formu-
el camino pionero de la literatura versas modalidades y régimen de lación un ejercicio filosófico.
en nuestro continente en la bús- promoción. Pero la condición de ¿Qué consejos considera
queda de la autenticidad y elevar aprobación es común a todas: el útiles para aquellos que se ini-
a concepto los logros que aquélla criterio de la nota. Y con esto nos cian en el mundo de la filosofía?
alcanzó desde una cosmovisión acercamos, creo, al sentido de lo En primer lugar, ¡no des-
arraigada en la emotividad. que me preguntan, porque el ejer- alentarse con los impedimentos
Con relación a la pregun- cicio de la enseñanza de la filoso- “pianta-alumnos”! (risas) Sean
ta anterior, más relacionado al fía se aúna por este aspecto al de la de la índole que sean (rigor de la
ámbito docente, ¿qué cambios transmisión de cualquier discipli- vida académica, docentes intrata-
propondría en la manera en que na, y si lo que voy a decir debe ex- bles, etc.). Se trata de que la vo-
se ejerce la docencia en la Filoso- tenderse a todas, en grado eminen- cación, como rezaba el título de
fía? te le corresponde a la materia que aquella Jornada, debe ser sometida
(Tras larga pausa) Como nos ocupa: en el alumno están to- a la profesionalización, es decir, al
sabemos, la enseñanza de la filoso- das las potencialidades del futuro, marco institucional que nos permi-
fía universitaria está inserta en una y nuestra labor no puede consistir te el acceso, una vez graduados, a
Institución, y en el caso específi- sino en la función de guía, de sem- la inserción en el circuito educati-
co nuestro, en UNSAM (como en brador en un terreno que, siguien- vo. Y de esa manera podremos re-
UBA), ese espacio es un espacio do la bella imagen platónica, habrá tribuir, por la transmisión de nues-
público (lo mismo podríamos de- de fecundar en el alma del discí- tra enseñanza en las aulas, en la
cir de la enseñanza de esta discipli- pulo. Esta perspectiva debe estar investigación académica, etc., una
na en una escuela Media). Ahora presente a lo largo del período en parte de todo lo que nos ha brinda-
bien, ya aparece desde el principio que con los alumnos formemos la do la comunidad en que vivimos al
el marco de la Comunidad, que es comunidad teorética que el azar de posibilitarnos completar en forma
aquella que sostiene la posibilidad los cursos y los tiempos nos han libre y gratuita nuestra Carrera.
de la gratuidad para el alumnado, y otorgado, y debe ser un antídoto ¿Qué es la filosofía?
de la remuneración para los docen- siempre presente ante la soberbia De esta más o menos lar-
tes y todo el personal auxiliar. De de creernos en una posición supe- ga charla, creo, se desprende mu-
manera que se impone desde el pri- rior a la del educando, o de blandir cho de lo que podemos sintetizar
mer momento de nuestra reflexión la nota como criterio de poder: “la de esta manera: la filosofía quizá
la obligación moral de la devolu- letra con sangre entra”, me parece sea la más alta expresión de la bús-
ción, de la retribución a esa mis- una frase penosísima. Yo prefiero queda autónoma, no pautada por
ma Comunidad del beneficio que aquella que dice, “el máximo res- tradición alguna, del sentido de la
a través del Estado nacional nos peto se debe al alumno”. existencia, del lugar del hombre
está brindando (dicho sea de paso, Para ir cerrando, nos en el cosmos, para usar una expre-
sería bueno que rastreen en nues- quedan tres preguntitas. ¿Por sión célebre, en medio de las otras
tra Escuela de Humanidades los qué estudiar filosofía? criaturas que lo precedieron en la
antecedentes de aquella Jornada Bueno, considero a la filo- existencia del mundo. El mandato
que hicimos hace algunos años un sofía una inquietud, una inquietud natural del instinto que gobierna
grupo de profesores con los alum- intelectual, una sed: aquí y ahora, la vida de los animales, deja lugar
nos de la Carrera de Filosofía, con entre nosotros y por el camino de en el hombre al ámbito abismal de
mucha participación y suspensión la vía académica, esa sed se abreva la libertad. De hecho, nuestro Só-
de clases, y en donde esta temática en la enseñanza institucional que crates, el primer y más claro ex-
fue ampliamente tratada: el título nos convoca. Allí, en la frecuenta- ponente del tipo filosófico, irrum-
era “Tránsito de la vocación a la ción con otros compañeros con las pe cuestionando el conglomerado
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Symploké revista filosófica enero 2016

heredado en nombre de esa misma


posibilidad humana que es la pre-
gunta filosófica. Desde esta pers-
pectiva la ciencia con sus domi-
nios de saber particulares no puede
satisfacer el requerimiento por el
sentido que alberga el alma del fi-
lósofo, y de allí que la filosofía sea
una permanente tensión que reco-
rre el espíritu de ciertos hombres a
través de los siglos, una apetencia,
una tensión hacia un horizonte que
se desplaza con su mismo andar,
una búsqueda del espíritu inqui-
sidor, cuya modalidad, como un
destino, está trazada en los semas
que constituyen su nombre, “filo-
sofía”, “amor-al saber supremo”.
La pregunta sobre el puesto del
hombre en el cosmos. Hace miles
de años la arañita hace la tela o la
hormiga camina con hojas, pero
nosotros somos imprevisibles. Es
la pregunta sobre el sentido. La na-
turaleza no nos marca del todo. Es
librarse y arreglarse. Por eso va a
existir siempre. No hay ciencia que
satisfaga... a menos que la aliena-
ción o la inautenticidad hagan que
esta pregunta dejen de tener senti-
do. Pero no sé si el hombre se se-
guirá llamando hombre.

Luis Ángel Castello es Profesor de


Filosofía, Profesor y Licenciad en
Letras y Doctor en Filosofía y Le-
tras.
Actualmente da clases en la Uni-
versidad de Buenos Aires y en la
Universidad Nacional de San Mar-
tín.

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Symploké revista filosófica Novedad editorial

Dos lecturas sobre


el pensamiento
de Judith Butler
Novedad editorial

Abellón,  Pamela - De Santo, Magdalena dios teórico-filosóficos sobre Si- sobre el problema ontológico del
(2015). Dos lecturas sobre el pensamien- mone de Beauvoir y sobre Judith sujeto y del cuerpo en el feminis-
to de Judith Butler. Buenos Aires: Edu-
vim. ISBN 978-987-699-208-4.
Butler se han centrado tradicional- mo y circunscribiendo ciertas pro-
mente o bien en la lectura aislada puestas de liberación y emancipa-
Leer una filósofa  de tan de sus obras, sin considerar las re- ción de las mujeres y los queers.
amplios horizontes es, sin duda, un laciones conceptuales que existen La hipótesis fuerte de Abellón es
desafío. Las interpretaciones que entre ambas, o bien, en lecturas que el pensamiento de Beauvoir es
suelen darse de su obra son mu- que sólo evalúan (en palabras de constitutivo del de Butler en dos
chas, diversas y hasta contradic- Abellón) sus relaciones crítico- sentidos fundamentales, prime-
torias. El libro Dos lecturas sobre negativas: es decir, las objeciones ro como pars destruens; es decir,
el pensamiento de Judith Butler que Butler le realizó a Beauvoir. como referente crítico ante el cual
constituye un ejemplo de cómo Una lectura así enfatizó sus distan- Butler constituye su propia teoría.
puede ser leída, examinada, tam- ciamientos filosófico-feministas Segundo, porque Butler reconcep-
bién reconstruida y enriquecida, en términos dicotómicos: el fe- tualiza la dialéctica beauvoiriana
volviendo sobre sus conceptos y minismo de la igualdad de cuño de los sexos en términos de dia-
estrategias iniciales clave; muchas ilustrado en Beauvoir y, desde esa léctica de los géneros. Por último,
veces tomados sin mayor espesor perspectiva, el post-feminismo Abellón se centra en el problema
crítico. La primera parte de este de Butler. Por tanto, la lectura de de la materialidad de los cuerpos
libro (“Espectros beauvoirianos Pamela, que se centra en sus rela- sexuados, la acción y la agencia
en la obra de Judith Butler” de Pa- ciones crítico-positivas constituye política. Respecto de la primera
mela Abellón) recorre, a partir de un aporte novedoso, interesante cuestión, retoma la noción de cuer-
la noción derrideana de  espectro, y enriquecedor. Precisamente, el po vivido y de cuerpo en situación
los rastros que la filosofía francesa desafío y objetivo general de su que Beauvoir comparte con Mer-
ha dejado en la obra de Butler; y trabajo radica en establecer entre leau Ponty, lo que le permite disol-
en especial la obra de los existen- ambas filósofas una suerte de diá- ver avant la lettre un conjunto de
cialistas con Beauvoir a la cabeza, logo crítico-positivo y propositivo, paradojas corporales, en las que a
aunque no sólo con ella. Los estu- enmarcado en ciertas reflexiones su juicio- incurre Butler. Respec-

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Symploké revista filosófica enero 2016

to de lo segundo, considera que güísticos, involucra sistematizar lisis de las posibilidades y variabi-
el concepto beauvoiriano de ac- aquello que en la obra de Butler se lidades del caso, hasta desarrollar
ción permitiría diluir las paradojas encuentra reunido y hasta fusiona- su aplicación a conceptos como 
agenciales a las que llega Butler. do en una única palabra-concepto, drag. En suma, ambos trabajos,
Abellón desvela y examina las de modo ambivalente. A este eje estrechamente vinculados, enri-
constantes discusiones de Butler central, añade De Santo dos hipó- quecen de modo notable nuestra
con sus referentes ocultos, polémi- tesis subsidiarias. La primera se comprensión de la obra de Butler
cos y desafiantes. Por eso, puede desarrolla en un plano epistemoló- y pueden encuadrarse dentro de lo
en su singular lectura, dar cuenta gico, mostrando que la performa- que denominamos una crítica in-
también de cómo es posible (de) tividad de género procura ser una terna Por último, ambos trabajos
reconstruir los caminos que reco- posición epistemológica interme- -me complace decirlo- nacieron de
rre Butler a partir de múltiples re- dia entre el constructivismo radi- tesis de licenciatura, dirigidas por
posiciones críticas de autores que, cal y el voluntarismo. Las derivas mí y con un resultado cuyo méri-
como Derrida, Austin o la misma teóricas de esta primera hipótesis, to atribuyo completamente a sus
Beauvoir, ha sabido sumar a su ba- le permiten plantear la segunda: autoras. Oportunamente, la de Pa-
gaje filosófico. Otro tanto sucede que la argumentación butleriana mela Abellón fue defendida en el
con el recorrido que realiza Mag- fue perdiendo paulatinamente sus Departamento de Filosofía de la
dalena De Santo de la noción de connotaciones teatrales. Vincula- Facultad de Filosofía y Letras de
performatividad, eje central de la da como dramaturga- al espacio la Universidad de Buenos Aires
segunda parte de este libro. Todos creativo del teatro, De Santo puede (2012) y la de Magdalena De San-
identificamos la noción butleriana desplegar aristas que a ojos no en- to en el Departamento de Filoso-
de performatividad con la noción trenados pasarían desapercibidas. fía de la Facultad de Humanidades
de género y por supuesto con las A partir de un análisis minucioso y Ciencias de la Educación de la
nociones, entre otras, como drag y de la noción de género, pone en Universidad Nacional de La Pla-
queer. Pero el recorrido que realiza evidencia los nuevos alcances que ta (2012) (María Luisa Femenías,
De Santo a partir de El género en detenta esa categoría y el impacto Prólogo).
disputa, muestra cómo en la teoría que la incesante búsqueda butle-
butleriana de la performatividad riana de desnaturalización, a fin de
conviven, al menos, dos tipos de mostrar su discontinuidad, produ-
discursos. Por un lado, el teatral jo. Asimismo, De Santo contribuye
o dramático propio del art perfor- a la comprensión de la obra de But-
mance y, por otro, el de la perfor- ler elaborando conceptos, como el
matividad lingüística o de actos de de giro performativo, que inscribe
habla en el sentido no-referencial. en un estudio onto-epistémico.
Muestra así cómo la conceptuali- Nuevamente, a partir de ahí ela-
zación originaria de performance bora la crítica butleriana a la me-
fue paulatinamente trasmutada por tafísica de la sustancia, la noción
Butler hacia una versión más ce- de matriz de inteligibilidad hetero-
rrada y cercana a la performativi- sexual, la noción de subversión y
dad derrideana, en su diálogo con la de la parodia, como estrategias
John Austin. La amplitud y rique- políticas. Así, logra poner en mar-
za de este rastreo le permite a De cha la distinción analítica entre el
Santo presentar el género en cada discurso de la performance y el de
una de las claves discursivas. De la performatividad lingüística. Por
modo que, a su criterio, el ejerci- tanto, el mérito del trabajo de De
cio analítico de la performatividad Santo no sólo se centra en el ras-
de género reconoce una doble se- treo crítico, sutil y sistemático que
mántica: eje fundamental de una realiza respecto de los conceptos
parte de su trabajo. La analítica de en cuestión, utilizados en diversos
la performatividad, que emprende niveles y sentidos por Butler, sino
De Santo, separando las connota- más propiamente en la elaboración
ciones teatrales de los análisis lin- de un cuidadoso y sistemático aná-

46
Symploké revista filosófica

Resucitar
Cártago
Una lectura benjaminiana de Fausto
y Enrique de Ofterdingen
Nicolás Ricci*

Panorámica: Propósito y justifi- también profundamente descono- co”) de esos mismos filósofos y
cación cida. En ellos está ya la sensación poetas, ya maduros; atrás queda-
de que la historia que conocemos ba el siglo de la Ilustración, que
¡Dios de estos tiempos, bastante es un relato parcial, obra de los dejó profundos efectos negativos
has reinado ya sobre mi cabeza, hombres y sus pasiones. en quienes no pudieron sumarse
en tu sombría nube! donde mire, Para entender esta con- al entusiasmo enciclopedista. (El
todo es violencia y angustia, todo cepción de la historia es necesario Sturm und Drang fue la respues-
se tambalea y se desmorona. repasar, a grandes rasgos siquiera, ta a la Aufklärunkg, y en parte el
Hölderlin, Friedrich, “El espíritu el panorama ideológico, epistemo- antecedente del romanticismo.) A
del siglo” lógico y ontológico del siglo XIX este respecto, Tobin Siebers ha se-
alemán. El término modernidad, ñalado: “El racionalismo hizo que
Distintas son, pero ambas como concepto acabado, ha sido el hombre tuviera que satisfacerse,
problemáticas, las concepciones rechazado por ciertos filósofos en como un gusano, con agua y tierra,
del pasado, y más precisamente los últimos años2, de modo que es- tras haber vivido durante siglos a
de la historia, que aparecen en las pecificaremos la idea. El panorama la luz de una brillante constelación
obras de Goethe y de Novalis1. En alemán es el de la modernidad in- de dioses y milagros” (Siebers,
Enrique de Ofterdingen (1802) se cipiente: la revolución industrial es 1990: 29). Podemos pensar estas
idealiza románticamente un pa- un proceso que ya se percibe, sin ideas (según Siebers, tomadas de
sado de leyenda, mientras que en terminar de entenderlo; la burgue- Hegel) como ecos del lamento de
Fausto (1808–1832) todo tiempo sía, en ascenso, está aún a medio Fausto: “No; no me igualo a los
pasado es tratado con pesimismo: siglo de su consagración; la patria dioses. Harto lo comprendo. Me
“Es un cesto de basura, un cuarto es un imperio medieval, compuesto asemejo al gusano que escarba el
de trastos viejos, y a lo sumo un por varias naciones, que se tamba- polvo, y mientras busca allí el sus-
mal dramón histórico con excelen- lea; la Revolución Francesa, que al tento de su vida, lo aniquila y se-
tes máximas pragmáticas” (F, 12). principio había sido saludada por pulta el pie del caminante” (F, 13).
Sin embargo, estas visiones apa- los jóvenes intelectuales alemanes, Es una característica, en
rentemente antagónicas coinciden termina despertando el rechazo (en esta nueva época sin fe, cierto dis-
en un discurso que por momentos palabras de Engels, “odio fanáti- tanciamiento de la concepción clá-
2 “[L]a modernidad, principio hoy en día de todas las
tiende al relativismo, a la duda. La mezcolanzas que juntan a Hölderlin o Cézanne, Ma-
sica de la historia, concepción que
verdad sobre la historia humana llarmé, Malevitch o Duchamp en el gran torbellino llamaremos –apoyándonos en Wal-
donde se mezclan la ciencia cartesiana y el parricida
es altamente codiciada porque es revolucionario, la era de las masas y el irracionalis-
ter Benjamin– historicista. En su
1 Fausto es citado en la edición de México, DF: Po- mo romántico, lo prohibido de la representación y séptima tesis sobre el concepto de
rrúa, 1992. Enrique de Ofterdingen, en la de Barce- las técnicas de reproducción mecanizada, lo sublime
lona: RBA, 1994. Las citas irán indicadas con las kantiano y la escena primitiva freudiana, la fuga de
la historia, Benjamin llama «histo-
siglas F y EO respectivamente, seguido del número los dioses y el exterminio de los judíos de Europa” riador historicista», en oposición al
de página. (RANCIÈRE, 2009: 8).

47
Symploké revista filosófica Resucitar...
enero 2016

historiador materialista, al que «se todo el pasado se le torna presente Wagner exclama que es un “vivo
compenetra» con el vencedor. Así, consigue descifrar la sencilla ley deleite transportarse al espíritu de
esta categoría refiere a una visión de la historia” (EO, 149). En ese los tiempos para ver cómo pensó
acrítica de la Historia como cien- hacerse presente del pasado podría algún sabio antes que nosotros”.
cia. En el siglo XIX surge, pues, en leerse una suerte de Jetztzeit, el Hasta aquí, la relación con el pa-
algunos ámbitos cultos (significa- “ahora-tiempo” benjaminiano, ge- sado es la tradicional. A esto, su
tivamente, no entre los historiado- neralmente traducido como «tiem- maestro responde: “Lo que llamáis
res), una desconfianza en el relato po actual» (Tesis XIV y XVIII). espíritu de los tiempos no es en el
histórico. El propósito de este tra- “El «tiempo actual» (…) resume fondo otra cosa que el espíritu par-
bajo es señalar ciertas condiciones en una grandiosa abreviación en- ticular de esos señores en quienes
que posibilitaron la aparición, en la tera de la humanidad”, explica los tiempos se reflejan” (F, 12). El
década de 1840, del materialismo (2007: 75). Finalmente, dice el vie- hombre no puede conocer el pasa-
histórico. jo minero: “La posteridad buscará do más que a través del espíritu re-
sabiamente (…) cada noticia de lo fractario de los observadores. (M.
Contra el concepto historicista que ha sucedido en el pasado, y ni H. Abrams cambiaría quizás la me-
de la historia la vida de un solo hombre, por in- táfora del espejo por la de la lám-
significante que fuese, ha de serle para.) En la misma página, Fausto
Peu de gens devineront indiferente” (EO, 150). Benjamin concluye: “el pasado es para noso-
combien il a fallu/être triste pour considera necesaria esa exhausti- tros un libro de siete sellos”.
ressusciter Carthague. vidad (Tesis III), pero agrega que Pero no solo esto. Fausto
Flaubert, Gustave, Salammbô “sólo para la humanidad redimida ve el pasado con horror: “todo ello
es citable el pasado en cada uno de resulta muchas veces una miseria
El caso de Novalis requiere sus momentos” (2007: 66)3. tal que uno se os aparta con asco al
alguna elucidación. Su novela in- El ermitaño de Novalis primer golpe de vista” (F, 11). Esta
siste en una idealización del pasa- terminará proponiendo como his- es la actitud del conmovido ángel
do, de modo que pareciera tratarse toriador ideal al poeta, con lo cual de la historia benjaminiano. Me-
de una historia acrítica y no, como nos acercamos a las ideas de Ha- nos cínico, el ángel mira el pasado
sugerimos antes, de una problema- yden White, que veremos luego; y:
tización. Lo que nos interesa del esto evidencia, por otro lado, que “En lo que para nosotros apare-
Enrique está en un diálogo sobre la problematización de la noción ce como una cadena de aconteci-
estos temas que tiene lugar en el historicista está limitada a su con- mientos, él ve una catástrofe única,
capítulo sexto. Participan de él texto teórico. Pero lejos están los que acumula sin cesar ruina sobre
Enrique, el viejo minero y el er- personajes de Novalis de la fe en ruina (…). El ángel quisiera de-
mitaño, a quien han encontrado en la «ciencia» histórica que dominó tenerse, despertar a los muertos y
las profundidades de una caverna, gran parte de su siglo. recomponer lo despedazado. Pero
donde vive en soledad. Este últi- El caso del Fausto es muy una tormenta desciende del Paraí-
mo reflexiona que la historia solo distinto: el doctor mira al pasado so y se arremolina en sus alas y es
puede ser alcanzada si se han cum- con desencanto, desengañado del tan fuerte que el ángel no puede
plido algunas condiciones, sobre relato histórico. No por casualidad plegarlas”. (Benjamin, 2007: 70).
todo distancia (temporal). Tam- el siglo XX ha visto en el persona- Una diferencia dramática-
bién Benjamin, en sus Tesis sobre je de Goethe al arquetipo sapien- mente enriquecedora es que Faus-
la filosofía de la historia, exigirá cial del hombre moderno. to no termina de conmoverse, y a
distancia para el materialista histó- En las primeras páginas partir del acto cuarto de la segunda
rico (Tesis VII), pero no se refiere de la obra, el ingenuo aprendiz parte se producirá en él un cambio
al tiempo, sino a una distancia a la fundamental: resolverá dominar la
3 Puede ser que este vaivén sea un juego, sí, pero
vez crítica y producto del horror está ilustrando una idea que influenció a todo el mo- naturaleza y modificarla, surcarla
(2007: 68). Las conexiones entre vimiento romántico, y particularmente al alemán: la con canales artificiales, construir
libertad interpretativa del lector, consecuencia de la
estos textos son, de hecho, varias. Reforma luterana, y base para toda la crítica actual. nuevos puertos y ciudades nuevas.
Podríamos imponerles una orga- Uno de los fragmentos de Novalis reza: “El lector Fausto no es el ángel de la histo-
distribuye el énfasis como quiere; hace lo que se
nización de contrapunto. Leemos le antoja de un libro” (citado en Borges en Revista ria, es el viento huracanado que lo
en Novalis: “Sólo aquel a quien Multicolor, Atlántida, 1995, página 202, traducido arrastra hacia el futuro; es, en una
por Borges).

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Symploké revista filosófica Resucitar Cártago

palabra, el progreso. cancía. En medio de esta visión (Benjamin, 2007: 69).


ahistórica del trabajo y su relación
En el principio era la Acción con el capital, el minero reflexio- Después del materialismo histó-
na: rico
Tebas, la de las Siete Puertas, “La naturaleza no ha querido ser
¿quién la construyó? En los libros solamente para un hombre deter- El menoscabo decimonó-
figuran los nombres de los reyes. minado. Cuando uno se apropia de nico de la concepción historicista
¿Arrastraron los reyes los grandes ella se convierte en veneno que no puede entenderse como un pasaje
blques de piedra? tolera el reposo de su poseedor, y de la noción de ciencia a la de re-
Brecht, Bertolt, Preguntas de un de esta suerte nacen infinitas tribu- lato. Roland Barthes ha analizado
obrero que lee laciones que son causa de los ins- a nivel discursivo ese relato y ha
tintos más salvajes”7. (EO, 137; las destacado la importancia del efec-
Marshall Berman (1988: 28 cursivas son nuestras). to de objetividad, que no es sino la
y ss.) ha señalado que Mefistófeles Esta precisamente es la carencia de signos del enunciante.
es el lado oscuro de la Creación: desmesura (hýbris) de Fausto. Él La objetividad colabora con lo que
“Soy el espíritu que todo lo niega y –muy en menor grado– Mefis- llama «ilusión referencial»; con
y con razón, pues todo cuanto tiene tófeles ponen en marcha grandes ella, el historiador simula dejar que
principio merece ser aniquilado” proyectos colectivos con la ayuda el referente “hable por sí solo”.
(F, 23). Observa Berman: “Sólo si del emperador, que les ha otorgado Luego observa:
Fausto opera con y mediante estos poder ilimitado para explotar a los “Esto no es una ilusión propia del
poderes de destrucción podrá crear trabajadores que necesiten. Frie- discurso histórico: ¡cuántos nove-
algo en este mundo” (1988: 39). drich Engels ha señalado prácticas listas –de la época realista– ima-
Así explica Berman el mecanismo similares en la historia alemana de ginan ser «objetivos» solo porque
de la historia revelado por Mefistó- la época de Goethe. Anota que los suprimen los signos del yo en el
feles: todo lo que se ha creado su- príncipes permitían a sus funcio- discurso! La lingüística y el psi-
puso una fase de catástrofe, y quien narios de gobierno “toda violencia coanálisis conjugados nos han he-
desee hacer grandes obras debe es- despótica”, e incluso “pisotear al cho hoy día mucho más lúcidos
tar dispuesto a destruir también a desdichado pueblo, bajo la única respecto a una enunciación pri-
gran escala: dialéctica histórica4 de condición de que llenaran el tesoro vativa: sabemos que también las
la destrucción5 y la creación6. de su señor” (Engels, 2003: 146). carencias de signos son significan-
Hacia el final de la obra, El doctor Fausto se ha convertido tes”. (Barthes, 1988: 168).
Fausto –que ha perseguido su fu- en el impulsor del progreso, un Una base similar es el pun-
gitivo deseo en vano durante toda adalid del desarrollo capitalista to de partida de las teorías de Ha-
la obra– ve con claridad su anhelo más atroz. “Para dar cima a la más yden White, para quien la Historia
y, descartando toda especulación grande obra, un solo ingenio basta es una serie de procedimientos
metafísica, comienza a plantear a mil manos”, exclama (F, 182). poéticos destinada a que el lector
programas de acción concreta. De aquí podrían surgir las pregun- establezca un enlace emotivo –
En el Enrique, la naturale- tas del obrero de Brecht; de aquí, siempre ideológico– con el pasa-
za aparece en la figura del minero, las palabras de Walter Benjamin, do:
que se entrega a su oficio para me- que contemplaba el «patrimonio “Novelists might be dealing with
jor conectarse con ella y conocerla. cultural» y reflexionaba: imaginary events whereas histo-
Busca oro por el placer de encon- “Tal patrimonio debe su origen no rians are dealing with real ones,
trarlo, no por su valor como mer- sólo a la fatiga de los grandes ge- but the process of fusing events,
4 Se da un curioso efecto al releer con estas ideas en nios que lo han creado, sino tam- whether imaginary or real, into a
mente el parlamento del Espíritu de la Tierra: “En
el oleaje de la vida, en el torbellino de la acción,
bién a la esclavitud sin nombre comprehensible totality capable of
ondulo subiendo y bajando, me agito de un lado a de sus contemporáneos. No existe serving as the object of represen-
otro. Nacimiento y muerte, un océano sin fin, una
actividad cambiante, una vida febril: así trabajo yo
documento de cultura que no sea tation is a poetic process”. (White,
en el zumbador telar del Tiempo tejiendo el viviente a la vez documento de barbarie”. 1986: 125).
ropaje de la Divinidad” (F, 11).
5 Génesis, 6, 7. 7 Sigue la cita: “Por eso la naturaleza va sepultando
La historia es un relato, un
6 Margarita y su familia son términos negados de el fondo de ese dominio personal hasta engullirlo en texto, y como tal, susceptible a to-
una tríada cuya síntesis es el desarrollo personal de
Fausto.
el abismo”. Después de leer la muerte de Fausto, es-
tas palabras adquieren un nuevo sentido.
dos los escrutinios que el alcance

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Symploké revista filosófica enero 2016

de la crítica permita. Naturalmen-


te, las teorías aquí planteadas se-
rían impensables en el siglo XIX;
ellas suponen pensadores previos
que han superado obstáculos epis-
temológicos y que han abierto el
objeto de estudio a nuevas pre-
guntas. Barthes menciona, en el
párrafo citado, a “la lingüística y
el psicoanálisis”. Lo que vemos en
Fausto y Enrique de Ofterdingen
es otra cosa, pero ni más ni menos
que el germen de estas ideas.

* Estudiante de Letras de la Universidad


Nacional de San Martín

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