EL PROCESO
CREADOR - CARL
GUSTAV JUNG
Las ideas son el principio motivador que
subyace en todas las formas creadas. Cada
forma es un símbolo y cada símbolo es, por
lo tanto, la expresión externa y visible de una
realidad interna y espiritual.
- Carl G. Jung -
Las citas que vienen a continuación son extraídas de un libro
del Dr. C. G. Jung. «El Hombre Moderno en busca de su
Alma».
«Nada influye tanto en nuestra conducta como las ideas
intelectuales. Pero cuando una idea es la expresión de una
experiencia psíquica, que ha dado sus frutos en regiones del
globo separadas y sin relación histórica, como Oriente y
Occidente, entonces debemos profundizar el asunto. Tales
ideas representan fuerzas que están más allá de la
justificación lógica y de la sanción moral, siendo siempre más
fuertes que el hombre y su cerebro. El hombre cree que él
moldea esas ideas, pero, en realidad, son ellas las que lo
moldean y lo hacen su intérprete inconsciente.»
En el proceso creador, en consecuencia, debemos reconocer
dos aspectos del trabajo: aquello que produce en el hombre
un despertar creador mediante el impacto sobre su
consciencia de ideas que emanan de alguna fuente superior,
y las ideas menores, visiones y conceptos que capta él
mismo y a las que da forma. Las formas que crea pueden
estar revestidas de belleza, utilidad práctica, color, palabras,
sonidos musicales; pero, detrás de la forma se halla la idea
percibida inconscientemente a la cual el creador trata de dar
expresión.
Por lo tanto, el creador es responsable de la forma y no de la
idea en sí. Jung hace notar que:
«Es muy cierto que las ideas ampliamente aceptadas nunca
son de propiedad personal de su pseudoautor, por el
contrario, él es sólo el servidor de sus ideas, Las grandes
ideas aclamadas como verdades contienen algo peculiar en
sí mismas. Aunque vienen a la existencia en un momento
determinado, son y han sido, eternas; surgen de esa región
de la vida creadora y psíquica donde la mente efímera del ser
humano se desarrolla como una planta que florece, da semilla
y fruto y luego se marchita y muere. Las ideas emergen de
una fuente que no está contenida en la vida personal de un
hombre.
Nosotros no las creamos, ellas nos crean a nosotros. Al
expresar las ideas, inevitablemente confesamos, no sólo lo
mejor que hay en nosotros, sino también nuestras
deficiencias y errores. Esto sucede especialmente en el caso
de las ideas acerca de la Psicología. ¿De dónde pueden
provenir las ideas, que no sea del aspecto más subjetivo de la
vida? ¿Puede la experiencia en el mundo objetivo salvarnos
de los prejuicios subjetivos? ¿No es cada experiencia, aún en
el mejor de los casos, en gran medida una interpretación
subjetiva? Por otro lado, el sujeto es también un hecho
objetivo, un pedazo del mundo. Lo que de él surge proviene
del suelo universal, así como hasta el más extraño organismo
es nutrido por la tierra que compartimos en común.
Precisamente son las ideas más subjetivas las que están más
cerca de la naturaleza y del ser viviente y las que merecen
ser llamadas verdaderas. Pero, ¿cuál es la verdad?»
Es evidente que cuando el hombre trata de vivir en contacto
con su alma y en estrecha relación con el aspecto creador de
su propio ser, tiene que aprender a penetrar en esa región
subjetiva de donde emanan las ideas verdaderas y
reconocerlas antes de poder darles forma. Mucho de lo que
se produce hoy, en los diversos campos del esfuerzo creador,
no encierra una idea verdadera; la forma no encarna algo
raro, original o real, y la razón de ello no hay que buscarla
muy lejos. El hombre que crea estas frívolas expresiones del
arte, no está en contacto con el mundo de las ideas. En
realidad nada expresa, excepto la vaga ambición de hacer
algo que llame la atención para satisfacer un anhelo innato de
ser reconocido o una necesidad interna de expresar algo, un
algo tan nebuloso e indefinido que el impulso no es adecuado
para construir la forma. Primero debe dominar el secreto del
contacto, luego penetrar y resolver el misterio del mundo de
valores y significados. El hombre debe ser un creador, porque
ha forzado su entrada al reino subjetivo de pensamiento y
visión, que encierra en sí el espíritu creador. Jung dice:
«La facultad creadora, igual que el libre albedrío, contiene un
secreto. El psicólogo puede describir el proceso de estas dos
manifestaciones, pero no puede hallar solución a los
problemas filosóficos que ofrecen. El hombre creador es un
enigma que podríamos dilucidar de varias maneras, aunque
siempre sería en vano. Esto es una verdad que no ha evitado
que la psicología moderna se ocupe del artista y de su arte. »
Freud creyó que había encontrado la clave en su método de
relacionar la obra de arte con las experiencias personales del
artista. Respecto a esto es verdad que hay ciertas
posibilidades, pues es concebible que una obra de arte, como
una neurosis, podría achacarse a esos nudos de la vida
psíquica denominados complejos. El gran descubrimiento de
Freud fue establecer que la neurosis tiene origen causal en la
zona psíquica y que surge de estados emocionales y
experiencias de la infancia, reales o imaginarias. Es
innegable que la disposición psíquica del poeta compenetra la
raíz y los derivados de su obra. Nada hay de nuevo en la
aseveración de que los factores personales influyen en gran
parte en la elección del poema y en el empleo de los
materiales. Sin embargo, debe reconocérsele a la escuela
freudiana el mérito de demostrar el gran alcance de esta
influencia y la forma curiosa en la que se expresa.
«Toda persona creadora es una dualidad o una síntesis de
actitudes contradictorias. Por un lado es un ser humano con
una vida personal, mientras que por el otro es un proceso
creador impersonal. Así como un ser humano puede ser
sensato o morboso, así debemos observar su constitución
psíquica para determinar su personalidad. Pero sólo podemos
comprenderlo en su capacidad de artista observando su
realización creadora. Cometeríamos un grave error si
tratáramos de explicar la forma de vivir de un aristócrata
inglés, un oficial prusiano o un clérigo, en términos de
factores personales. Ellos actúan como tales en forma
impersonal (roles) y su constitución psíquica está cualificada
por una objetividad peculiar.
El artista se asemeja en algo a los tipos mencionados porque
la disposición específicamente artística encierra un exceso de
vida psíquica colectiva en oposición a la personal. El arte es
una especie de impulso innato que se apodera de un ser
humano y lo hace su instrumento. El artista no es una
persona dotada de libre albedrío que busca sus propios fines,
sino que permite al arte realizar sus propios fines por su
intermedio. Como ser humano podrá tener caprichos,
voluntades y objetivos personales, pero como artista es un
hombre en el sentido más elevado, un hombre colectivo,
aquel que lleva y moldea la vida psíquica inconsciente del
género humano. Para realizar este difícil destino es necesario
sacrificar a veces la propia felicidad y todo aquello que hace a
la vida digna de ser vivida para el ser humano común.»
«Siendo así, no es extraño que el artista sea un caso
especialmente interesante para el psicólogo que emplea un
método analítico. La vida de un artista sólo puede ser una
vida de conflictos, porque en su interior hay dos fuerzas en
pugna, por un lado el anhelo natural de felicidad, de
satisfacción y seguridad en la vida, por el otro una pasión
avasalladora de crear, que puede ir muy lejos, hasta
sobrepasar todo deseo personal. La vida del artista, por regla
general, es altamente insatisfactoria – por no decir trágica -en
el aspecto humano. Difícilmente hay excepciones a la regla
de que una persona debe pagar caro el don divino del fuego
creador.»
«La imagen arquetípica del sabio, del salvador o redentor,
está enterrada y dormida en la inconsciencia del hombre
desde los albores de la cultura; se despierta en las épocas
tumultuosas. Estas imágenes primordiales son muy
numerosas, pero no aparecen en los sueños o en las obras
de arte hasta que vienen a la existencia por la perspectiva
general descarriada. Cuando alguien se desvía, siente la
necesidad de un guía o instructor, e incluso un médico.
Cuando la vida consciente se caracteriza por la unilateralidad
y una actitud falsa, entonces entran en actividad estas
imágenes, podría decirse que instintivamente, y surgen a la
luz en los sueños y visiones de artistas y videntes,
restaurando así el equilibrio psíquico de la época».
«En esta forma el trabajo del poeta viene a llenar la
necesidad espiritual de la sociedad en que vive, y por esta
razón su trabajo significa algo más que su destino personal,
se dé cuenta o no de ello. Siendo esencialmente el
instrumento para su trabajo, está subordinado a él y no
podemos esperar que lo interprete para nosotros. Ha tratado
de darle forma lo mejor posible y debe dejar que los demás y
el futuro lo interpreten. Una buena obra de arte es como un
sueño: a pesar de su aparente realidad, no se explica por sí
misma y siempre es verídica.
Un sueño nunca dice:«usted debe creerlo» o «esta es la
verdad». Presenta una imagen en la misma forma que la
naturaleza deja crecer una planta, debiendo llegar nosotros a
nuestras propias conclusiones. Si una persona sufre una
pesadilla puede significar o que es muy miedosa o que está
exenta de temor; si sueña con un anciano sabio, puede
significar que es demasiado pedagoga o que necesita un
instructor. En forma sutil ambos significados llegan a lo
mismo. En el caso de una obra de arte, debemos dejar que
ella actúe sobre nosotros así como actuó sobre el artista.
Para comprender su significado debemos permitir que nos
moldee como lo moldeó a él, entonces comprenderemos la
naturaleza de su experiencia. Vemos que la ha extraído de
las fuerzas curadoras y redentoras de la psiquis colectiva que
subyace en la consciencia humana con su aislamiento y
errores penosos; que ha penetrado en esa matriz de vida en
la que todos los hombres están incrustados, la que imparte un
ritmo común a toda la existencia humana y permite al
individuo comunicar sus sentimientos y luchas a toda la
humanidad».
«El secreto de la creación artística y de la efectividad del arte
reside en el retorno al estado de participación mística, ese
nivel de experiencia que vive el hombre y no el individuo, y
donde la felicidad y el dolor de un solo ser humano no cuenta,
sino la existencia humana. He aquí por qué toda gran obra de
arte
es objetiva e impersonal y, sin embargo, nos conmueve
profundamente, y también por qué la vida personal del artista
no puede considerarse esencial para su arte, sino a lo sumo
una ayuda o un obstáculo a su tarea creadora. Podrá seguir
el camino de un filisteo, de un buen ciudadano, un neurótico,
un ingenuo o un criminal. Su vida personal puede ser
inevitable o interesante, pero no explica al artista.»
Estos pensamientos de Jung son materia para reflexionar,
considerando que los candidatos a discípulos deben captar el
hecho de que el objetivo de la meditación y su dedicación al
servicio activo es la creatividad. El discípulo debe imponerse
la tarea de demostrar la efectividad de su contacto con el Ser
en una obra creadora de cualquier índole. Puede ser creación
de una obra de arte (pintura, escultura, etc.), literatura, o
alguna realización en el campo de la música o la ciencia.
Puede ser el impulso creador demostrado al participar en el
trabajo de los servidores del mundo – despertar las almas
dormidas a la Enseñanza de la Sabiduría Eterna – o el
cuidado del hogar y la educación de los hijos. Tiene que
haber un resultado tangible, alguna expresión del tercer
aspecto de la Divinidad, el de la creatividad.