Barroco Iberoamericano Vol.i PDF
Barroco Iberoamericano Vol.i PDF
BARROCO
IBEROAMERICANO:
identidades
culturales
de un imperio
Andavira Editora
Barroco iberoamericano:
identidades culturales de un imperio
Vol. I
Carme López Calderón
María de los Ángeles Fernández Valle
María Inmaculada Rodríguez Moya
(coords.)
Barroco iberoamericano:
identidades culturales de un imperio
Vol. I
Andavira Editora
Santiago de Compostela, 2013
López Calderón, C., Fernández Valle, Mª. A., Rodríguez Moya, Mª. I. (coords.)
Barroco iberoamericano: identidades culturales de un imperio, Vol. I, Santiago de Compostela,
Andavira Editora, 2013.
ISBN: 978-84-8408-743-4
Depósito Legal: C 2371-2013
Imagen de cubierta:
Entrada del Virrey Morcillo en Potosí, Melchor Pérez de Holguín, 1716. Museo de América, Madrid
Agradecemos la cesión de la imagen
Organizan:
CEIBA. Centro de Estudios del Barroco Iberoamericano
Grupo de Investigación Iacobus (GI-1907). Universidad de Santiago de Compostela
Iconografia i Història de l´Art. Universidad Jaume I (Castellón)
Área Historia del Arte. Universidad Pablo de Olavide (Sevilla)
Colabora:
Escuela de Estudios Hispano- Americanos (CSIC)
Proyectos de Investigación:
HAR20011-22899. Encuentros, intercambios y presencias en Galicia entre los siglos XVI y XX
GRC2013-036. Programa de Consolidación e Estruturación de Unidades de Investigación Competitivas
A3-041329-11. Red de Arquitectura Vernácula Iberoamericana (Red-Avi)
P09-HUM-4523. Visibilia. Red de Patrimonio Artístico de Andalucía
HAR2012-30989. Las siete maravillas. Evocaciones y reedificaciones del mito en la Edad Moderna
Volumen i
I. Mística ciudad de Dios
165 Sor Mariana de la Cruz y Sor Ana Dorotea de Austria: el poder de las
Religiosas Habsburgo de las Descalzas Reales de Madrid.
Rocío Martínez López
181 Estoy crucificada con Cristo: en torno a la representación de la Religiosa
mortificada del Monasterio de la Concepción de Riobamba (Ecuador).
Ángel Peña Martín
251 Imágenes del barroco colonial en el Archivo Fotográfico del CSIC: legados
Angulo, Marco Dorta y Sebastián. Un Proyecto de Investigación.
Wifredo Rincón García
335 D. Manuel Antonio Rojo del Río Lafuente Lubían y Vieyra: su labor de
mecenas en Filipinas y Nueva España durante el siglo XVIII.
Ana Ruiz Gutiérrez
425 El Padre Anton Sepp y su impronta en la fundación del pueblo de San Juan
Bautista.
Pablo Ruiz Martínez-Cañavate
441 Uma nova visualidade na pintura colonial paulista: o restauro das obras do
Padre Jesuíno do Monte Carmelo.
Myriam Salomão
465 Imágenes del barroco mexicano en el legado fotográfico de Diego Angulo al CSIC.
Álvaro Pascual Chenel y Fernando Villaseñor Sebastián
Volumen ii
IV. El gran teatro del mundo
189 A Casa Nobre no Vale do Côa: um olhar sobre a estética barroca no final do
século XVIII.
Ana Celeste Glória
207 Análisis formal comparativo del retablo con soportes de tipo salomónico en la
la región Puebla Tlaxcala. Un acercamiento.
Agustín René Solano Andrade
257 Abril para morir. Colecciones artísticas sevillanas en el año de la peste (1649).
Fernando Quiles García
305 Elementos para una gramática sensorial del barroco novohispano: análisis de
Los Sirgueros de la Virgen (1620).
Beatriz Barrera Parrilla
367 Nota de las maderas finas que podrán hacerse conducir de La Habana, para
muebles y otros adornos del Real Palacio Nuevo.
Ana Amigo Requejo
381 Barrocofagia.
Luis Vives-Ferrándiz Sánchez
397 Recepción y asimilación en América del traje y los textiles europeos. Mestizaje
y moda en la nueva imagen de la sociedad Novohispana.
David Martínez Bonanad
567 Vínculos a través del océano: la presencia de la patria de origen en las últimas
voluntades del colectivo portugués en Lima en el siglo XVII.
Gleydi Sullón Barreto
593 Viaje por mar y tierra del marqués de Villena, virrey novohispano (1640-1642).
Isabel Sáinz Bariáin
[1] Grupo de Investigación Iacobus (GI-1907). Este texto fue realizado dentro del marco del proyecto
de investigación «Encuentros, intercambios y presencias en Galicia entre los siglos XVI y XX»
(HAR2011-22899), así como del Programa de Consolidación e Estructuración de Unidades de
Investigación Competitivas (GRC2013-036).
[2] Soares de Abreu, I. Simbolismo e Idéario Político. A educaçâo ideal para o príncipe ideal seiscentista.
Lisboa, Estar Editora, 2000, pp. 9-10.
[3] Sobre esta obra se han publicado diversos estudios, además del ya citado en la nota 2, véase: Coelho
Dias, G. Frei Joâo dos Prazeres, O.S.B.: A polémica monástica e a literatura emblemática. Porto, 1979.
Cacheda Barreiro, R.M. “Las empresas políticas en una de las obras de Frei Joâo dos Prazeres: El
Príncipe dos Patriarcas San Bento”, en Fernández Castiñeiras, E. et al. (eds.). Entre el agua y el cielo.
El patrimonio monástico de la Ribeira Sacra. Santiago de Compostela, Servizo de Publicacións e
Intercambio Científico da Universidade de Santiago de Compostela, 2012, pp. 15-34. Cacheda
Barreiro et al. “Las empresas benedictinas de un libro portugués conservado en los fondos del mo-
nasterio de San Martín Pinario de Santiago de Compostela”, Compostellanum, nº 1-4, LVI, 2011,
pp. 555-572.
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Rosa Margarita CACHEDA BARREIRO
[4] Cardim, P. “Gobierno y Política en el Portugal del seiscientos: la mirada de Antonio Vieira”, His-
torias, revista de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia,
76, 2010, p. 110.
[5] Para conocer la relación de las obras citadas en O Príncipe dos Patriarcas, véase Soares de Abreu.
Simbolismo e Idéario Político..., op. cit., pp. 161-169.
[6] Rus Rufino, S. “Estudio preliminar”, en aristóteles. Ética a Nicómaco. Madrid, Editorial Tecnos,
2011, pp. LXXVII-LXXIX.
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O Príncipe dos Patriarcas S. Bento: ejemplo de virtud para el buen gobierno
[7] Cardim, P. “Gobierno y Política en el Portugal del seiscientos: la mirada de Antonio Vieira”…,
op.cit., pp. 109-111.
[8] Comte-Sponville, A. Pequeño Tratado de las grandes virtudes. Barcelona, Ediciones Paidós, 2008, p.
69.
[9] Platón. La República o Coloquios sobre la Justicia. Madrid, José Collado, 1805, p. 203.
[10] Rus Rufino, S. “Estudio preliminar”, en Aristóteles. Ética a Nicómaco…, op.cit. pp. CXII-
CXIX.
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Rosa Margarita CACHEDA BARREIRO
20
O Príncipe dos Patriarcas S. Bento: ejemplo de virtud para el buen gobierno
[17] Alciato. Emblemas. Sebastián López, S. (ed.). Madrid, Akal, 1993, pp. 63-64.
[18] Folgar de la Calle, Mª. C. et al. “Los Retablos”, Santiago. San Martín Pinario. Santiago, Xunta de
Galicia, Consellería de Cultura, Comunicación Social e Turismo, 1999, p. 260.
[19] Dos Prazeres. O Príncipe dos Patriarcas San Bento…I, op.cit., p. 80.
[20] Vieira, A. “Sermâo de Sâo Roque (1652)”, en Alves, G. (ed.). Sermôes. VIII, Porto, 1959. Referen-
cia tomada de Cardim. “Gobierno y Política en el Portugal del seiscientos: la mirada de Antonio
Vieira”…, op.cit., p. 113.
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Rosa Margarita CACHEDA BARREIRO
quehaceres diarios, como la pelícano madre que se rasga el pecho con el pico
para alimentar, con su sangre, a sus polluelos y así: Símbolo es el pelícano de un
príncipe… sea enseñanza de la religión y piedad que ha de tener un príncipe. Aquélla
en el conocimiento y culto del verdadero Dios y Señor y observancia de su divina ley.
Ésta en el amor de sus vasallos y sus súbditos21, nos dice Gómez de la Reguera, en
sus empresas políticas22.
San Benito es el monarca que muestra, a través de esta empresa, su obligación,
su religión, su amor, su caridad y su piedad a Dios, a su reino y a sus súbditos:
Sempre em o trono da Magestade precedèo o serviço ao affecto; mas na cadeira paternal
adianta-se o amor ao serviço… se para com a Magestade tudo saôtributos, quanto obraô
os vasallos de finezas; & para estes tudo empenhos, quanto o príncipe premea virtudes23.
[21] Bernat Visitarini. Enciclopedia de Emblemas españoles ilustrados…, op.cit., pp. 632-633.
[22] “Enseñanos Cristo esta política en su Evangelio; dice de sí que es Buen Pastor, porque conoce sus ovejas
y ellas le conocen, y que el buen pastor ha de poner y dar la vida por sus ovejas. Necesario es este cono-
cimiento para guiarlas con acierto”. Gómez de la Reguera, F. Empresas de los Reyes de Castilla. Pena
Sueiro, N. (ed.), A Coruña, 2011, p. 79.
[23] Dos Prazeres. O Príncipe dos Patriarcas San Bento…I, op.cit., p. 79.
[24] Comte-Sponville. Pequeño Tratado de las grandes virtudes…, op.cit., p. 41.
[25] Ripa. Iconologia… II, op.cit., pp. 234-235.
[26] Belmonte Sánchez, M.A. Prudencia, orden y vida política de Aristóteles a Weber (y vuelta). Madrid,
Fundación Universitaria Española, 2012, p. 19.
22
O Príncipe dos Patriarcas S. Bento: ejemplo de virtud para el buen gobierno
[27] Grande Yáñez, M. et al. (eds.). Gracián: Barroco y modernidad. Madrid, Universidad Pontificia
Comillas, 2004, p. 130.
[28] Fernández Santamaría, J.A. Juan Luis Vives. Escepticismo y Prudencia en el Renacimiento. Salamanca.
Ediciones Universidad de Salamanca, 1990, p. 203.
[29] Saavedra Fajardo, D. Empresas Políticas. López Poza, S. (ed.). Madrid, Cátedra, 1999, p.
413.
[30] Valbuena, M. (de) (Trad.). Los Oficios de Cicerón, con los diálogos de la vejez, de la amistad, las para-
doxas y el sueño de Escipion. I, Madrid, Imprenta Real, 1788, p. 17.
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dos Prazeres alude a esta virtud en el emblema 15 [fig. 4] con el lema: “scienter
nescius” y la presencia del castor como protagonista:
Tal como o castor, o homem, para realizar o seu ser, debe contecer a própia natureza, debe
tomar conciencia das necesidades que lhe estào ligadas. Fundada sobre a experiência, una
tal aprendeizagem permite elevar-se a concepções gerais31.
Ya en el Physiologus, el castor se describe como un animal simbólico que
renuncia a toda impureza para evitar el engaño del demonio32; y en la literatura
emblemática, la imagen del castor se pone en relación con el concepto de la vida
y la muerte pues este animal, cuando es perseguido por los cazadores se arranca
los genitales con los dientes; Alciato, en su emblema 152, pone este ejemplo de la
vida animal para hacer referencia a los hombres prudentes:
No deven tener algún respeto al dinero quando se aventure la salud, y principalmente
quando nos fuerça la necessidad… y para esto trar este animal Castor, el qual vive en la
tierra, y en las aguas, y tiene los testículos medicinales, y sabiendo que por esta causa le
persiguen, viéndose apretado de los perros y caçadores los corta con los dientes, y desta
manera escapa con la vida33.
La misma pictura se recoge en los emblemas morales de Sebastián de
Covarrubias, en relación a la prudencia:
Si la riqueza u otra cosa temporal, nos ha de ser ocasión de perder la vida, o vivir con
desassossiego la arredremos de nosotros, y la desechamos: y esto con mayor ánimo, quando
fuere impedimento para alcançar la vida eterna y bienaventurança34.
Símbolo de la prudencia y de la paz, el castor es para Ripa el indicio de un
profundo deseo de paz y de armonía pues por estar tranquilo accede hasta a la
pérdida del mayor de sus bienes35.
En este sentido, la prudencia ha de ser para el Príncipe, al igual que lo fue
para San Benito, un despertador. El buen gobierno se ha de realizar desde esta
virtud. Pero para ejercitarse, como dice Joâo dos Prazeres, la vida del Príncipe
primero ha de discurrir por los inconvenientes que le da la propia vida, de la
misma manera que hizo San Benito al abandonar el mundo y al entregarse al
monacato, superando las tentaciones y las argucias de aquellos que veían en él a
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O Príncipe dos Patriarcas S. Bento: ejemplo de virtud para el buen gobierno
un hombre, frente al hombre de Dios que era36. De esta manera, el buen gobierno
está asegurado no sólo en la pericia sino en el conocimiento de sus errores como
hizo en su día el rey David, frente a su antecesor Saúl y su sucesor, su hijo
Absalón; pero también recuerda, que es el arrepentimiento de las faltas lo que
lleva a la prudencia a poder actuar dentro del hombre que se reconoce cristiano.
De la misma manera que Pedro negó tres veces, tres veces pide ser amado. Pero la
visión no está en la virtud apetitiva, sino en la cognoscitiva. Consecuentemente, es
evidente que la prudencia pertenece directamente a la potencia cognoscitiva y no
a la sensitiva; puesto que por ésta conocemos solamente las cosas que están cerca
y que se ofrecen a los sentidos; mientras que conocer las futuras por las presentes
o pasadas —lo cual pertenece a la prudencia— corresponde propiamente a la
razón, porque esto se obra por cierta comparación. De donde se sigue que la
prudencia está propiamente en la razón37. Lo que hace el monje benedictino es
llevar a parámetros escolásticos el razonamiento humanístico de los tratados
sobre el miles Christi y no es de extrañar, porque es en el lenguaje teológico
donde él ha podido establecer la relación entre el hombre que sigue al mundo
frente al hombre que sigue a Dios, recordando que la Prudencia entra dentro de
las categorías de lo moral.
[36] Dos Prazeres. O Príncipe dos Patriarcas San Bento…I, op.cit., p. 174.
[37] Santo Tomás de Aquino. Summa Theologica, II-II q. 47 a. 1 co.
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Rosa Margarita CACHEDA BARREIRO
Nesta cova esteve S. Bento tres annos, sem ter visto, nem comunicado de outra pessòa,
mais do que de Romano; o que nella comia, era huns pedaços de paô, que de tempos en
tempos lhe dava o Monge. Vencendo nella aos mayores soldados da abstinencia; porque
se Paulo, intitulado o Simples, discipolo que foy de San Antonio Hermitâo, esteve tres
annos sen fallar, por mandado de seu mestre; S. Bento esteve o mesmo tempo, sem ter o
mesmo preceyto…38.
El agua viva, que fluye del manantial es la imagen de Cristo pues es la fuente
de vida como nos dice Jeremías: “Los que de Ti se alejan, en la tierra serán
escritos: porque han abandonado al Señor, vena de aguas vivas” (Jer. 17,13). Es el
agua espiritual y divina:
Siendo pues su principio el pecho de Dios, y la fuente de la sabiduría que es el soberano
Hijo, no para un punto hasta volver a su origen… Lo que importa pues es, para que
esta agua viva no dexe su bullicio, ya que es espiritual y divina, hazer a la carne de su
condición, espiritualizarla y adelfgazarla lo posible, porque con su pesso tan pesado, no le
impida el curso para el Cielo39.
Saavedra Fajardo en su empresa 40 establece un paralelismo entre la figura
del Príncipe y la figura de Cristo, pues el príncipe, como buen gobernante, debe
repartir beneficios a su pueblo40; y en los proverbios, el rey es comparado con una
fuente: El corazón del rey está en la mano de Dios, como el agua que se reparte desde
un depósito: Él lo reclinará hacia cualquier parte que le pluguiere (Pr. 21, 1).
Para el autor portugués la fuente es la imagen de una arquitectura efímera
como se puede deducir inmediatamente en el texto. Es la construcción de una
arquitectura en la que hay que realizar juegos de malabares para poder ejecutar su
función. De este modo, establece en esa muerte primera, el destierro voluntario
del mundo; es la ascesis uno los caminos para poder alcanzar la inocencia y la
prudencia, características que tienen los personajes históricos y bíblicos que nos
va presentando en las páginas del libro. Esa inocencia que es pura como el agua
y que mana desde lo más alto, al igual que el vuelo del águila que llega hasta el
[38] Dos Prazeres. O Príncipe dos Patriarcas San Bento… I, op.cit., p. 315.
[39] Villava, J.F. Empresas Espirituales y Morales, en que se finge, que diferentes supuestos las traen al
modo estrangero, representando el pensamiento, en que mas pueden señalarse: assi en virtud como
en vicio, de manera que puedan servir à la Christiana Piedad. Baeça, Fernando Díaz de Mon-
toya, 1613, p. 92. Bernat Vistarini. Enciclopedia de Emblemas Españoles Ilustrados…, op.cit.,
p. 358.
[40] La empresa recoge la imagen de un monte cubierto de nieve, deshaciéndose en arroyuelos pues
“lo mismo que en monte, que administra bien el fruto de un proceso lento y largo de la naturaleza, y
devuelve en forma de arroyos bien distribuidos lo recibido de la naturaleza, así el príncipe debe poseer
la virtud de la liberalidad y distribuir con justicia los premios, sin caer en los vicios de la prodigalidad
o su contrario, la avaricia”. Saavedra Fajardo, D. Empresas Políticas…, op.cit., p. 501. González
de Zárate, J.Mª. Emblemas Regio-políticos de Juan de Solórzano. Madrid, Ediciones Tuero, 1987,
p. 122.
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O Príncipe dos Patriarcas S. Bento: ejemplo de virtud para el buen gobierno
suelo para coger su presa. Y es aquí, donde pone en negativo un emblema que
había sido de por sí todo lo contrario. Frente a la aprehensión, el príncipe debe
tener muy claro cuáles son esos brazos que mueven per se todo su reinado: la
ciencia, la razón y, finalmente, la eficacia. Y eso es lo que hace San Benito, deja
Roma, deja el monasterio, desciende a la cueva. En esta última se refleja lo que en
las otras dos opciones no ha podido encontrar, pero de la misma forma adopta un
estilo de vida que ha de ser crucial en su buen gobierno al fortalecerse su espíritu.
La cueva representa un morir al mundo, propio de la imagen de la ascética y de
los profetas del Antiguo Testamento; lugar de refugio pero de encuentro con
la divinidad. Y nuevamente, aquel signo que utilizó como negativo Joâo dos
Prazeres vuelve a ser esa fuente equilibrada y de la que mana el agua necesaria
para el sustento espiritual, a la manera del Cántico espiritual de San Juan de la
Cruz que mana y corre, aunque es de noche.
[41] Huerta, J. (de) (trad.). Historia Natural de Cayo Plinio Segundo. Madrid, Luis Sánchez, 1624,
p. 594.
[42] Bondeson, J. La sirena de Fiji y otros ensayos sobre historia natural y no natural. México, Siglo
veintiuno editores, 2000, p. 195.
[43] Ibidem, p. 195.
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Rosa Margarita CACHEDA BARREIRO
[44] Santiesteban Oliva, H. Tratado de monstruos. Ontología teratológica. México, Plaza y Valdés, S.A,
2003, p. 147.
[45] Barcia y Zambrana, J. Despertador Christiano. Marial de varios sermones de Maria Santissima nuestra
Señora en sus Festividades, en orden à exercitar à los Fieles la devoción, amor è imitación de la Reyna de
los Angeles y hombres. Madrid, Francisco del Hierro, 1727, p. 45.
[46] Biedermann, H. Diccionario de símbolos. Barcelona, Paidós, 1996, p. 66.
[47] Camerarius, J. Symbolorum et Emblematum. Moguntia, Bourgeat, 1668, pp. 158-159. Henkel,
V.A. et al. Emblemata Handbuch zur sinnbildkunst des XVI und XVII jahrhunderts. Stuttgart, J.B.
Metzlersche Verlagsbuchhandlung, 1682, p. 627.
[48] Ibidem, p. 66.
[49] Dos Prazeres. O Principe dos Patriarcas San Bento…, op.cit., p. 262.
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O Príncipe dos Patriarcas S. Bento: ejemplo de virtud para el buen gobierno
les quieren mostrar, y poner delante para que los vea, y no le quieren ellos mirar primero,
considerando, quan vana é inútil cosa es la vanagloria50.
Pero también es la llamada a la vida eterna que ha de buscarse siempre como
meta de todo cristiano. Para eso, el autor advierte a los que ostentan el estado
clerical, del peligro que pueden tener si ellos mismos no ayudan a la salvación del
alma y van por otros caminos distintos. Y es aquí donde el príncipe cristiano debe
actuar sobre todos aquellos que desvían a los creyentes de la verdadera religión.
Como en vida de San Benito, también el hombre debe buscar siempre a Cristo,
frente al maligno, representado en el basilisco.
Reflexiones Finales
Con Joâo dos Prazeres nos encontramos con el prototipo de monje erudito,
cuya obra, O Principe dos Patriarcas, es el reflejo de las importantes aportaciones
literarias y artísticas de los monasterios benedictinos a la cultura occidental. Una
obra que recoge el saber clásico y humanístico y lo combina con un recorrido
bíblico que partiendo de la lectura de los Padres de la Iglesia sirve como guía a
la comunidad benita: “En todas las cosas que se enderezan a algún fin y en que
se suele obrar por diferentes modos, es necesario alguno que guíe aquello que se
pretende”51.
O Príncipe dos Patriarcas se convierte, de este modo, en la guía espiritual
del monje benedictino; un monje que ha de practicar las virtudes con pureza y
esplendor tal y como lo dicta la regla de San Benito: “Y todo debe ser en ellos
conforme à las máximas mas santas del Evangelio, que baste saber lo que evitan ò
lo que practican para conocer en qué consiste un perfecto discípulo de Christo”52.
San Benito es Santo pues es la cabeza de la Orden que fundó pero también es
Príncipe pues es cabeza de la monarquía.
Con todo, el objeto final de Joâo dos Prazeres no es simplemente dar cabida
a una imagen del hombre virtuoso; el autor portugués busca también ensalzar
a los benedictinos que en esos momentos competían en antigüedad con otras
órdenes, no sólo en su historicidad, sino también en el aporte de personas que de
manera sutil habían dado a la Iglesia una imagen más docta, reflejada en la larga
tradición teológica desde su fundador. Si San Agustín era considerado el águila,
[50] Rodríguez, A. Exercicio de perfeccion y virtudes christianas. Barcelona, imprenta de María Ángela
Martí, s.a., p. 111.
[51] Santo Tomás de Aquino. Summa Theologiae, II-II, p. 179, a.1, c.
[52] Sada, J. (de). (trad.). La Regla de San Benito explicada según su verdadero espíritu. Pamplona, im-
prenta de la viuda de Ezquerro, 1792, p. 31.
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Rosa Margarita CACHEDA BARREIRO
30
El clero se retrata:
Imágenes de eclesiásticos quiteños
durante el Barroco
Introducción
Aunque en la Real Audiencia de Quito fue la pintura religiosa la que copó
gran parte del mercado y de la actividad de los artistas locales, el panorama
que describen tanto la documentación de la época como numerosas muestras
conservadas actualmente resulta más complejo. Algunos autores pensaban
que el género del retrato en Quito fue prácticamente inexistente, salvo en el
caso de miembros de la cúpula eclesiástica y con carácter excepcional1. Pero
esta afirmación debe de ser matizada, pues sí que hubo retratos2. En anteriores
publicaciones hemos podido llegar a la conclusión de que el abanico de géneros
cultivados en estos territorios era bastante más amplio del supuesto, y de que sí
hubo una cierta clientela para el retrato —por limitada que ésta fuera—. De
hecho, este género fue practicado en Quito por los principales artistas activos
en la ciudad en los siglos del barroco. En este sentido, podemos mencionar en el
siglo XVII retratos realizados por Miguel de Santiago —los de fray Domingo de
Brieva y fray Pedro Pecador, y quizás el de fray Basilio de Ribera que citaba su
hija Isabel en su testamento, probablemente obra de su padre—, los colaboradores
de su obrador y Hernando de la Cruz; y ya en el siglo XVIII, otros pintados
por Bernardo Rodríguez, Manuel Samaniego, Antonio Astudillo, y Francisco y
Vicente Albán, entre otros. Incluso el autor del Tratado de pintura quiteño, muy
[1] Kennedy Troya, Alexandra. “Escultura y pintura barroca en la Audiencia de Quito”, Barroco ibero-
americano de los Andes a las Pampas. Barcelona, Lunwerg Editores, S. A., 1997, p. 299.
[2] De hecho, el primer lienzo firmado en Quito es a su vez el primer retrato conservado en la capital
de la Real Audiencia, el retrato de Los mulatos de Esmeraldas, pintado por el artista indio Andrés
Sánchez Gallque en 1599 y llevado a España para exhibirse en la Corte madrileña. Véase Justo Es-
tebaranz, Ángel. Pintura y sociedad en Quito en el siglo XVII. Quito, Pontificia Universidad Católica
del Ecuador, 2011, p. 59.
31
Ángel JUSTO ESTEBARANZ
Características y tipologías
Entre toda la pintura producida en la Real Audiencia de Quito, abundan
más los retratos de religiosos que los de civiles, sobre todo en los primeros siglos
de presencia española. A partir del siglo XVIII se hacen más usuales los retratos
de personajes laicos, bien como obras independientes o figurando en calidad de
donantes en pinturas de asunto religioso, generalmente vinculados a las élites,
aunque también figuran criollos y mestizos, e incluso algún indio. En el caso de
los miembros del clero también se realizaron numerosas muestras de este tipo,
aunque el número de los retratos independientes en el barroco es notablemente
mayor que el de los personajes de la sociedad civil.
[3] El manuscrito está reproducido en Vargas, José María. Manuel Samaniego y su Tratado de Pintura.
Quito, Pontificia Universidad Católica, 1975.
[4] Rodríguez Moya, Inmaculada. “El retrato de la élite en Iberoamérica: siglos XVI a XVIII”, Tiempos
de América, nº 8, 2001, p. 79.
[5] Ibídem, p. 79.
32
El clero se retrata: Imágenes de eclesiásticos quiteños durante el Barroco
[6] La religiosa es la autora de La perla mística escondida en la concha de la humildad, manuscrito en tres
volúmenes comenzado en 1700 y completado con intervenciones de fray Martín de la Cruz. Véase
Rossi De Fiori, Íride María et al. La Palabra Oculta: Monjas Escritoras en la Hispanoamérica Colonial.
Salta, Biblioteca de Textos Universitarios, 2008, p. 397 y ss., donde aparecen reproducidos varios
fragmentos del escrito. La biografía que escribió la monja, fue mandada hacer por el propio fray
Martín de la Cruz, que era su confesor, como señala Maura, Juan Francisco. Españolas de Ultramar
en la historia y en la literatura: Aventureras, madres, soldados, virreinas, gobernadoras, adelantadas,
prostitutas, empresarias, monjas, escritoras, criadas y esclavas en la expansión ibérica ultramarina (siglos
XV a XVII). Valencia, Universitat de València, 2005, p. 168. El religioso y confesor, autor de las
modificaciones del texto original, era carmelita, según señala Larco Chacón. Véase Larco Chacón,
33
Ángel JUSTO ESTEBARANZ
Carolina. “Mariana de Jesús en el siglo XVII: santidad y regulación social”, Procesos, nº 15, 2000,
p. 72. Rodríguez Castelo, en el capítulo que dedica a este escrito, señala que a la monja se debe
la biografía interior, así como “la revelación de iluminaciones y gracias, de asaltos del enemigo y
contradicciones del entorno, de suavidades y ternuras”, mientras que al padre carmelita se deben las
introducciones, glosas y comentarios, que ocupan la mitad de los tres volúmenes. Véase Rodríguez
Castelo, Hernán. Literatura en la Audiencia de Quito, siglo XVII. Quito, Ediciones del Banco Cen-
tral del Ecuador, 1980, p. 382. Por su parte, Vargas señalaba que se debía al padre Martín de la Cruz
la idea de ilustrar el texto con viñetas que representaban las revelaciones. Véase Vargas, José María.
Patrimonio Artístico Ecuatoriano. Quito, Fundación Fr. José María Vargas y TRAMA Ediciones,
2005 (3ª edición, corregida y aumentada), p. 224.
[7] Santa María, Francisco Javier Antonio de. Vida prodigiosa de la venerable virgen Juana de Jesús. Lima,
Francisco Sobrino y Bados, 1756. A diferencia del anterior biógrafo, éste no tuvo contacto directo
con la religiosa, pues había nacido hacia 1710. Véase Rodríguez Castelo, Hernán. Literatura en la
Audiencia de Quito, siglo XVIII, Tomo I. Casa de la Cultura “Benjamín Carrión”, Núcleo de Tun-
gurahua, 2002, p. 682.
[8] Morán de Butrón, Jacinto. La azucena de Quito que broto el florido campo de la Iglesia en las Indias
Occidentales de los Reynos del Perù, y cultivò con los esmeros de su enseñança la Compañia de Jesus, la
V. Virgen Mariana de Jesus Paredes y Flores... Madrid, Imprenta de don Gabriel del Barrio, 1724, p.
398.
34
El clero se retrata: Imágenes de eclesiásticos quiteños durante el Barroco
35
Ángel JUSTO ESTEBARANZ
[14] Gállego, Julián. Visión y símbolos en la pintura española del siglo XVII. Madrid, Cátedra, 1996, p.
219.
[15] Algún caso tenido por retrato hasta hace poco tiempo resultó no ser un retrato, sino una imagen
de un santo. Así, Compte dejaba constancia de una supuesta efigie del famoso padre franciscano
Manuel Almeida, protagonista de una leyenda muy arraigada en Quito, que resultó ser un San
Francisco en oración. El lienzo, conservado en la Recoleta de San Diego, es obra del siglo XVII.
Véase Compte, Francisco María. Varones ilustres de la Orden Seráfica en el Ecuador, desde la fundación
de Quito hasta nuestros días. Imprenta del Gobierno, Quito, 1883, p. 81.
[16] Debido a la gran devoción que profesaba a la Virgen del Carmen, el obispo puso todo su empeño
en fundar el mayor número de monasterios de dicha orden que estuviese en sus manos. Así, a su
voluntad se deben la fundación del de Lima y del de Quito. Véase Navarro, José Gabriel. Contri-
buciones a la Historia del Arte en el Ecuador. Volumen III. Quito, Litografía e Imprenta Romero,
1950, p. 179.
36
El clero se retrata: Imágenes de eclesiásticos quiteños durante el Barroco
[17] La disposición de las dos mitras sería un recurso empleado algún tiempo después en otros retratos,
como el que Francisco Albán le hizo al prelado onubense Pedro Ponce Carrasco en 1769. En esta
pintura, conservada en el Museo de América, las dos mitras figuran en las esquinas superiores. Más
similar aún es el retrato del obispo Garaicoa, obra anónima fechada en julio de 1855, pero que
mantiene la misma estructura —mirada hacia el espectador y las dos mitras sobre la mesa, alusivas
éstas a su obispado en Quito y anteriormente en Guayaquil—. Esta pintura se conserva en el Museo
Alberto Mena Caamaño del Centro Cultural Metropolitano de Quito.
[18] Véase Vargas, José María y Escudero Albornoz, Ximena. Historia y crítica del arte hispanoamericano:
Real Audiencia de Quito (Siglos XVI, XVII y XVIII). Quito, Abya Yala, 2000, p. 64. La monja fue la
primera priora, de ahí su relevancia en la clausura del monasterio. En cuanto a las otras dos monjas
que la acompañaban, una desempeñaría las funciones de maestra de novicias, y la otra de portera.
Véase Pacheco Bustillos, Adriana. Historia del Convento del Carmen Alto. Quito, Abya-Yala, 2000,
p. 30.
[19] Del mismo prelado, y pintado por el propio Albán, custodia otra pintura el Museo de América
de Madrid, datada en 1783. En esta ocasión, el obispo Sobrino, de medio cuerpo, aparece en un
interior palaciego, delante de un cortinaje rojo, bendiciendo al espectador. Como sucedía con las
37
Ángel JUSTO ESTEBARANZ
38
El clero se retrata: Imágenes de eclesiásticos quiteños durante el Barroco
39
Ángel JUSTO ESTEBARANZ
comparaba las bondades de su tierra natal con las maldades de la capital de la Real Audiencia, en la
que residía: “Estas quiteñas como oso / están llenas de cabello, / y aunque tienen tanto vello,/ mas
nada tienen hermoso; […]”. Véase Espinosa Pólit, Aurelio (ed.). Los dos primeros poetas coloniales
ecuatorianos, siglos XVII y XVIII: Antonio de Bastidas y Juan Bautista Aguirre. México, J. M. Cajica,
1960, p. 522.
[28] Crespo Toral, Hernán et al. (coords.). Historia del arte ecuatoriano, Tomo 3. Quito, Salvat Editores
Ecuatoriana, S.A., 1977, p. 178.
[29] Fernández Salvador, Carmen. “Portrait of Don Manuel Venancio Sierralta y Mendieta”, The Art of
Painting in Colonial Quito, Philadelphia, Saint Joseph´s University Press, 2012, p. 242.
[30] Vargas, José María (coord. 2º volumen). Historia del arte ecuatoriano. Tomo 2. Quito, Salvat Edi-
tores Ecuatoriana, S. A., 1977, p. 26.
[31] Navarro, José Gabriel. La pintura del Ecuador del XVI al XIX. Quito, Dinediciones, 1991, p. 77.
Delgado dice que la pintura fue ejecutada del natural, debiendo realizarla Miguel de Santiago en
pocas horas. Véase Delgado, Nicolás. Orígenes del arte ecuatoriano. Quito, Universidad Central,
1938, p. 21, quien advierte en la pintura el virtuosismo, la comprensión del modelo y la maestría
del pintor.
40
El clero se retrata: Imágenes de eclesiásticos quiteños durante el Barroco
41
Ángel JUSTO ESTEBARANZ
[33] Más extraños debieron ser los retratos de grupo, ampliamente tratados en la Europa de la época.
No obstante, alguna muestra tardía da fe de esta práctica puntal. Nos referimos al retrato conjunto
de los jesuitas expulsados por el presidente Urbina en 1852, que a pesar de lo tardío de su fecha de
ejecución muestra unas claras dependencias del retrato barroco.
[34] El episcopologio constituye una muestra del interés de las instituciones religiosas por mostrar su
historia a través de las galerías. Véase Martínez del Valle. La imagen del poder…, op. cit., p. 234.
[35] Vargas, José María. Museo Jacinto Jijón y Caamaño y el Patrimonio Artístico. Quito, Centro de Pu-
blicaciones de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, 1978, p. 97.
42
El clero se retrata: Imágenes de eclesiásticos quiteños durante el Barroco
porta un libro entre las manos, y algún objeto que lo identifique o que hable de
una particular devoción. En este sentido, son significativos los retratos del obispo
Rafael Lasso de la Vega, en el que aparece en un pequeño rompimiento de gloria
una imagen de la Virgen de Chiquinquirá, de quien era devoto y a cuya capilla
concedió diversos privilegios espirituales36, y el de fray José Díaz de la Madrid,
en el que una imagen de la Virgen alada, tan venerada en los territorios de la
Real Audiencia de Quito, reposa sobre la mesa [fig. 3]37. Si unos posan su mano
directamente sobre la mesa (fray Luis López de Solís), otros apoyan sobre ella el
libro de oraciones que estaban leyendo (García Díaz Arias), o bien sostienen un
guante en la mano (José Cuero y Caicedo), o bendicen (José Pérez Calama). Tal
como era costumbre en los retratos oficiales de personalidades durante el barroco,
en el ángulo inferior derecho o izquierdo de cada cuadro se ha dispuesto una
cartela que identifica al prelado y señala algunos hitos de su vida y su episcopado
en Quito38. Esta forma de representación era común en la época, tanto en
España como en Hispanoamérica, donde encontramos ejemplos similares en
otros centros del virreinato del Perú y del de Nueva España39. Cada uno de los
prelados de Quito aparece en un gabinete o despacho, en el que por norma se
han dispuesto escasos objetos de mobiliario, desde las muestras más tempranas
hasta los últimos eslabones de la cadena. Sobre esta mesa descansan una o dos
mitras, alusivas al número de obispados que ocuparon hasta el momento de ser
retratados40. De fondo podemos encontrar un pesado cortinón rojo, al modo de
los retratos de aparato europeos, en una tipología que también tuvo su éxito en
[36] Kennedy Troya, Alexandra y Ortiz Crespo, Alfonso. Recoleta de San Diego de Quito. Historia y
restauración, 2ª edición. Quito, FONSAL, 2010, p. 159.
[37] En su caso era muy lógica esta representación, habida cuenta de que se trataba de un religioso
quiteño y franciscano, en cuyo convento se veneraba en el retablo mayor una imagen de la Virgen
alada. Además, en la cartela se ponen de relieve todos los méritos que el obispo demostró en su
anterior episcopado en Cartagena, pues su gobierno en la diócesis de Quito se desarrolló tan sólo
durante diez meses.
[38] Las inscripciones están en castellano. Resulta muy singular en el ámbito quiteño la que ocupa la
zona inferior del retrato del obispo Ponce Carrasco del Museo de América, pues está en latín, con-
servando en ese idioma incluso la firma del pintor.
[39] Por ejemplo el Retrato del obispo Manuel de Alday y Aspée, realizado por José Legarda y fechado en
1772, conservado en el Museo Histórico Nacional de Santiago de Chile, y que aparece reproducido
en Cruz de Amenábar, Isabel y Viñuales, Graciela María. “La pintura en Chile y en el virreinato
del Río de La Plata”, Pintura, escultura y artes útiles en Iberoamérica, 1500-1825, Madrid, Cátedra,
1995, p. 179. Esta pintura dispone elementos semejantes a los que aparecen en los cuadros de
Quito, lo que demuestra que era una práctica común en el retrato de dignidades eclesiásticas esta
forma de representación.
[40] Exhiben dos mitras, entre otros, los obispos Ponce Carrasco, Sobrino y Minayo, Cuero y Caicedo
y Lasso de la Vega.
43
Ángel JUSTO ESTEBARANZ
[41] La excepción al color del cortinón, en Quito, la constituye el retrato del obispo Sobrino y Mi-
nayo como protector de las monjas carmelitas que, procedente del Monasterio del Carmen Bajo,
custodia en la actualidad el Museo María Augusta Urrutia. En este caso, el color es azul, con flecos
dorados.
[42] Entre ellas cabría citar la de los obispos y cardenales de la Merced que se conservaba en el Convento
de dicha orden en Écija, y que fue analizada por Pérez-Aínsua Méndez y Ruiz Barrera, citados por
Martínez del Valle. La imagen del poder…, op. cit., p. 234.
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El clero se retrata: Imágenes de eclesiásticos quiteños durante el Barroco
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Ángel JUSTO ESTEBARANZ
[48] Stratton-Pruitt, Suzanne L. “Bishop Alonso de la Peña Montenegro dedicating the Carmelite
Convent of Latacunga to our Lady of Sorrows”, The Art of Painting in Colonial Quito, Philadelphia,
Saint Joseph´s University Press, 2012, p. 66. El obispo de la Peña Montenegro fue el fundador del
monasterio original. Véase Kennedy. “Mujeres en los claustros…”, op. cit., p. 120.
[49] El eclesiástico fue identificado por Crespo Toral y Vargas como el sacerdote don José de Luna.
Véase Crespo Toral. Historia del arte ecuatoriano, tomo 3…, op. cit., p. 47.
47
Ángel JUSTO ESTEBARANZ
[50] Esta pintura está reproducida en Ortiz Crespo, Alfonso (coord.). Arte Quiteño más allá de Quito:
Memorias del Seminario Internacional, Agosto 2007, Quito. Quito, FONSAL, 2010, p. 372.
[51] Número de inventario 1992/03/63, como depósito de la Embajada del Ecuador en España.
[52] Rodríguez G. de Ceballos llamaba a estas imágenes “trampantojos a lo divino”, siguiendo la deno-
minación aportada por Pérez Sánchez. Véase Rodríguez G. de Ceballos, Alfonso. “Trampantojos a
lo divino”: iconos pintados de Cristo y de la Virgen a partir de imágenes de culto en América me-
ridional”, Actas III Congreso Internacional del Barroco Americano: Territorio, Arte, Espacio y Sociedad,
Sevilla, Universidad Pablo de Olavide, 2001, p. 24.
[53] Historia prodigiosa de la admirable aparicion, y milagros de Nuestra Señora de la Soterraña de Nieva,
especialissima defensora de los rayos, y centellas para todos sus Devotos..., que se venera en el Convento
de Padres Dominicos de la Villa de Santa Maria la Real de Nieva. Segovia, Imprenta de D. Antonio
Espinosa, 1781.
48
El clero se retrata: Imágenes de eclesiásticos quiteños durante el Barroco
Conclusión
Los ejemplos analizados en este trabajo permiten señalar que el volumen
total de retratos pintados en la Real Audiencia de Quito fue considerable, y
que ya antes del siglo XIX había una cierta tradición retratística asentada en
Figuras 7 y 8
Anunciación con una
religiosa concepta
como donante,
Miguel de Santiago
(atribuido), fines del
siglo XVII.
Iglesia del Monaste-
rio de la Concepción,
Quito, y grabado
sobre composición de
Federico Zuccaro
que le sirvió como
modelo
la sociedad quiteña —más de un centenar de estas pinturas nos hacen pensar
en este sentido—. Si comparamos las cifras con la pintura de asunto religioso,
evidentemente este género se mantiene en un discreto segundo plano. Pero
sabemos por la documentación que los retratos de religiosos, de reyes de la casa
de Austria y de civiles, generalmente ligados a las élites, estaban demandados
entre los siglos XVI y XIX, y no sólo a partir de éste.
Para terminar, queremos traer a colación un retrato singular en el ámbito
quiteño, sobre el cual estamos trabajando en estos momentos: el que el obispo
Pedro Ponce Carrasco encargó al pintor Francisco Albán en 1769, y que conserva
hoy el Museo de América. En esta obra no existe la idealización de los rasgos
49
Ángel JUSTO ESTEBARANZ
50
Quién es quién en la
Elogia Mariana de A.C. Redelio1
[1] Grupo de Investigación Iacobus (GI-1907). Este texto fue realizado dentro del marco del proyecto
de investigación «Encuentros, intercambios y presencias en Galicia entre los siglos XVI y XX»
(HAR2011-22899), así como del «Programa de Consolidación e Estructuración de Unidades de
Investigación Competitivas» (GRC2013-036).
[2] Redelio, Augusto Casimiro. Elogia Mariana Olim A. C. Redelio Belg: Mechl: S.C.M.L.P concepta
Nunc devota Meditatione fidelium ad augmentatum cultus Bmae Mariae Virg: Deiparae inventa et de-
lineata per Thomam Scheffler et aeri incisa à Martino Engelbracht Chalcographo Augustano. Augsbur-
go, s.n., 1732. Disponible en:<http://archive.org/details/elogiamarianaoli00enge>
[3] Reta, Martha. “Elogia Mariana. Imágenes visuales y poéticas en loor de la Virgen”, en Sigaut, N.
(ed.). Guadalupe arte y liturgia. La sillería de coro de la colegiata. Vol. 2. Zamora, Michoacán, El
Colegio de Michoacán, Museo de la Basílica de Guadalupe-Insigne y Nacional Basílica de Santa
María de Guadalupe, 2006, pp. 359-379.
[4] Falcão, José António. “Azulejeria setecentista do Real Convento de Jesus de Setúbal. Alguns aspectos
históricos e iconográficos”, en Relaciones artísticas entre la Península Ibérica y América: Actas del V
Simposio Hispano-Portugués de Historia del Arte (11-13 mayo 1989). Valladolid, Universidad, 1990,
pp. 103-109.
[5] Mesa, José de et al. Historia de la pintura Cuzqueña. Tomo 1. Lima, Fundación Augusto N. Wiese,
Banco Wiese Ltdo, 1982, pp. 210-211.
[6] Amaral Junior, Ruben. “Emblemática mariana no convento de São Francisco de Salvador, Bahía e
51
Carme LÓPEZ CALDERÓN
seus modelos europeus”, en García Mahiques, R. et al. (eds.). Imagen y cultura. La interpretación de
las imágenes como Historia Cultural. Valencia, Generalitat Valenciana, 2008, pp. 203-216.
[7] Como señala Martha Reta (“Elogia Mariana. Imágenes visuales...”, op. cit., p. 367), A.C. Redelio,
nacido en Malinas en 1656, es clérigo de la archidiócesis de Malinas –provincias de Amberes y
Brabante-, poeta, teólogo y pintor de paisajes al temple. Igualmente, la investigadora se hace eco
de la noticia de que en 1687 pierde la razón (véase Bénézit, Emmanuel. Dictionnaire critique et
documentaire des peintres, sculpteurs, dessinateurs et graveurs. Tome huitieme. Paris, Librairie Gründ,
1976, p. 641), lo cual resulta sorprendente habida cuenta del elevado número de títulos que publica
con posterioridad a esa fecha y cuyo catálogo ella ofrece en su estudio.
[8] Monterroso Montero, Juan Manuel. “Emblemática e iconografía mariana. Imágenes emblemáticas
de la Litaniae Lauretanae de Francisco Xavier Dornn”, en López Poza, S. (dir.). Florilegio de estudios
de emblemática (Actas del VI Congreso Internacional de Emblemática. A Coruña, 2002). Santiago
de Compostela, Sociedad de Cultura Valle-Inclán, 2004, p. 543.
[9] Reta. “Elogia Mariana. Imágenes visuales...”, op. cit., pp. 363-366.
[10] El título completo reza: Elogia Mariana Ex Lytaniis Lauretanis Deprompta, Ac Sacro Poemate
52
Quién es quién en la Elogia Mariana de A.C. Redelio
Al hablar sobre este hombre [Redelio], sus escritos, su actividad artística y su relación con la
Elogia Mariana de 1732, más que aventurarse a sacar conclusiones sobre su participación,
no se puede más que lanzar preguntas al aire y dejar el tema abierto para investigaciones
futuras que despejen las lagunas que deja este estudio. ¿Qué fue lo que Thomas Scheffler
y Martin Engelbrecht copiaron de Redel?, ¿los grabados de la edición de 1700, otros
previamente realizados por él, quizá los mismos que menciona el título de la obra de
Issaco Oxoviensi como “figuras grabadas en cobre, ya en otro tiempo ingeniosamente
inventadas”? ¿Dónde puede estar esos grabados?, ¿tal vez en alguno de los libros de Redel
sobre el tema mariano que fue imposible consultar?11
Los grabados que sirvieron de inspiración a la edición de 1700 no están en
ninguna obra de Redelio, sino en otro libro publicado justo veinte años antes de
su nacimiento: el Asma Poeticum, encargado por la Congregación Mariana de
Linz12 [fig. 3].
Curiosamente, Cornelia Kemp cita esta obra en la entrada “Emblem” del
Marienlexikon como ejemplo de la primera letanía lauretana ilustrada con
emblemas y ya la pone en relación con la Elogia de 1700, pero ni dice claramente
que los grabados son los mismos, ni alude por ningún sitio a Redelio13. Tampoco
aclara quién fue el autor de los textos que configuran, juntamente con las
ilustraciones, este ejemplar, cuando en obras de época como la de Placcius ya se
le atribuye a un jesuita: Petrus Stenglerus o Peter Stoergler14.
Rythmico, Biblicis Sententiis, ac Figuris, solidis sanctorum Patrum effatis, ac variis probatorum Auc-
torum Discursibus. Quae omnia In Annotationibus post quaelibet Poemata apponuntur ad longum,
luculenter explanata. Opus non solum fovendae devotioni erga Beatissimam Virginem per opportunum,
sed etiam Panegyricis de Eadem sermonibus efformandis accommodatissimum/ Auctore P.F. Isaaco OXO-
VIENSIS, Capucino Concionatore, Cum variis figuris aereis, iam olim ingeniose inventis, nunc denuo
cum additione novorum Versuum excusis, & ad singula Elogia concinne accommodatis. Augustae Vin-
delicorum, Apud Joann. Philippum Steudnerum, Typis Antonii Nepperschmidii, 1700. Disponible
en: <http://books.google.es/books?id=fxz4dTbuJS0C&printsec=frontcover>
[11] Reta. “Elogia Mariana. Imágenes visuales…”, op. cit., pp. 368-369.
[12] Stoergler, Peter. Asma Poeticum litaniarum lauretanarum. Linz, Typis Joannis Paltauff, 1636.
[13] Cito textualmente: “Eine weitere Eingrenzung der Maria emblematik findet sich in den emble-
matischen Illustrationen zur Lauretanischen Litanei. Das früheste Werk dieses Themenkreises, das
Asma poeticum, Linz 1636, wurde von Mitgliedern der mariano Kongregation in Linz zusammen-
gestellt (Kemp, 1983). Maria ist hier durchweg im Bild dargestellt: durch beigeordnete Szenen und
eingeschriebene inscriptiones werden die einzelnen Anrufungen auf ihre tiefere Bedeutung hin
ausgelegt. Der Kapuziner Isaac v. Ochsenfurth verhalf dieser wenig verbreiteten Schrift in seinen
Elogia Mariana Augsburg 1700, zu größerer Publizität, die vor allem von Augsburger Stechern
(Martin Engelbrecht; G. B. Götz, Insignia Mariano-encomiastica, Augsburg 1737; Gebr. Klauber
in Franz Xaver Dornn, Litaniae Lauretanae, Augsburg 1771) aufgegriffen wurde” (Kemp, Cornelia.
“Emblem”, en Bäumer, R. et al (eds.). Marienlexikon, Vol. 2. EOS-Verlag Erzabtei St. Ottilien, p.
333).
[14] Placcius, Vincent. Theatrum anonymorum et pseudonymorum, ex symbolis & collatione virorum
per Europam doctissimorum ac celeberrimorum. Hamburgi, sumptibus Viduae Gothofredi Lieber-
nickelii, Typis Spieringianis, 1708, p. 42. Disponible en: <http://books.google.es/books?id=Pgc_
AAAAcAAJ&printsec=frontcover>
53
Carme LÓPEZ CALDERÓN
54
Quién es quién en la Elogia Mariana de A.C. Redelio
[17] Al dístico de Stoergler -“Aspice si nescis quid Turris Eburnea possit, hac tibi Tartareus vincitur arte
Draco”-, las ediciones de 1700 y 1732 le añaden el segundo: “Hinc NE TURBERIS peccator corde
dolendo, huc RUE in amplexus Virginis esto latens”.
[18] Redelio, Augusto Casimiro. Thronus Gratiae marianus in aula dive Virginis, ex litaniis Lauretanis pro
Consolatione peccatorum fructuose erectus, Anagrammatice, & Cronodistice ornatus variis S.Scripturae
Locis, ac Sententiis SS. Patrum. Vindelica Augustae, Typis Augusti Sturm, 1690. Disponible en:
<http://books.google.es/books?id=owxDAAAAcAAJ&printsec=frontcover>
[19] Redelio, Augusto Casimiro. Fonticulus Marianus: Saliens in Vitam Aeternam, Ex S. Litaniis Lavre-
tanis Anagrammatice & Chronodistice deductus, & scaturiens Variis S. Scripturae Locis, ac Sententiis
SS. Patrum pro Refociliatione Animarum Sitibundarum, Seu Consolatione peccatorum. Augustae Vin-
delicorum, Excudit Augustus Sturm, 1690. Disponible en: < http://books.google.es/books?id=Vz
E9AAAAcAAJ&printsec=frontcover>.
[20] Oxoviensis. Elogia Mariana…, op. cit., p. 262.
55
Carme LÓPEZ CALDERÓN
Con todo ello, mi hipótesis es que los grabados de 1700 que atribuyo a Redelio
—tanto la imagen en sí, como los anagramas y epigramas—, no precedieron al
texto de I. Oxoviensis, sino todo lo contrario: son una consecuencia suya. Esta
explicación justificaría la aclaración de la portada:
Elogia mariana (…) Autor, padre fray Isaac Oxoviensis, predicador capuchino. Con varias
figuras grabadas en cobre, ya en otro tiempo ingeniosamente inventadas, ahora de nuevo
compuestas con la adición de nuevos versos y apropiadamente acomodadas a cada uno
de los elogios.
Es decir, I. Oxoviensis habría conocido tanto el Asma Poeticum de Stoergler
como el Thronus gratiae de Redelio y habría redactado sus elogios a María —las
estrofas y anotaciones— a partir de estos grabados y poemas. En 1700, a la hora
de publicar la Elogia, se opta por componer de nuevo las imágenes de 1636, labor
que, en mi opinión, recae en Redelio: las vuelve a dibujar y le añade nuevos versos,
que en parte proceden de los dísticos de Stoergler y en parte de los anagramas
que él mismo publica diez años antes. De este modo, cuando en 1732 se reedita
la Elogia incluyendo sólo los grabados, anagramas y epigramas, con justicia se
señala que fue “en otro tiempo concebida por A. C. Redelio”.
56
Quién es quién en la Elogia Mariana de A.C. Redelio
Figura 1
Christe Exaudi Nos,
en A. C. Redelio.
Elogia mariana.
1732, estampa 7
Figura 2
Christe Exaudi Nos,
en I. Oxoviensis.
Elogia mariana.
1700, p. 19
57
Carme LÓPEZ CALDERÓN
[22] La crónica de Choniates ha sido traducida al inglés por Harry Magoulias; la parte relativa a esta
procesión puede encontrarse en O Ciyy of Byzantium, Annals of Niketas Choniates. Translated by
Harry J. Magoulias. Detroit, Wayne State University Press, 1984, p. 12. Asimismo, una descripción
más pormenorizada a partir de Prodomos se halla en Magdalino, Paul. The Empire of Manuel I
Komnenos, 1143-1180. Cambridge University Press, 2002, pp. 240-241.
[23] Pineda, Juan de la. Los Treynta libros de la Monarchia ecclesiástica, o Historia universal del mundo.
Tomo 3. Barcelona, en la imprenta de Jayme Cendrat, 1606, f. 240v. Disponible en: <http://books.
google.es/books?id=p_2bledmcSwC&printsec=frontcover> Esta descripción es una traducción casi
literal de la crónica de Choniates.
58
Quién es quién en la Elogia Mariana de A.C. Redelio
frecuentes en la mariología
para hablar de la maternidad
fecunda de la Virgen: la vid24 y
el árbol de Jesé25.
La vid tiene su fundamento
en las lecturas tipológicas de las
Escrituras, es decir, en aplicarle
a María versículos del Antiguo
Testamento como Sicut vitis
abundans in lateribus domus
tuae [Como vid abundante a
los lados de tu casa]26 y Quasi
vitis fructificavi suavitatem
odoris et flores mei fructus
honotis et honestitatis [Como
vid eché fruto de suave olor; y
mis flores son frutos de honor,
y de riqueza]27.
El árbol de Jesé siempre
se pone en relación con la Figura 4
genealogía de Cristo, pero Sancta Dei
precisamente por ello también Genetrix,
en A. C. Redelio.
se vincula a la maternidad y Elogia mariana.
la encarnación virginal, esto 1732, estampa 13
último favorecido por el hecho de que la profecía de Isaías —“Y saldrá una vara
de la raíz de Jessé, y de su raíz subirá una flor”28 — prosigue diciendo: “Y reposará
sobre él el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de
consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de piedad”29, lo cual evoca el anuncio
[24] A ella aludieron ya Sebastián López (Contrarreforma y Barroco. Lecturas iconográficas e iconológicas.
Madrid, Alianza forma, 1981, pp. 207-208) y Falcão (“Azulejeria setecentista…”, op. cit., p. 105) al
analizar, respectivamente, los grabados de la Elogia de 1732 y los azulejos de la iglesia setubalense.
[25] Esta metáfora fue ya analizada por Anaya Carreño (“Sancta Dei Genetrix”, en Sigaut (ed.). Gua-
dalupe arte y liturgia..., op. cit., pp. 424-425) al estudiar el tablero correspondiente de la basílica
guadalupana.
[26] Salmos, 127:3.
[27] Eclesiástico, 24: 23. Este versículo se traslada al propio grabado.
[28] Isaías, 11:1.
[29] Isaías, 11:2
59
Carme LÓPEZ CALDERÓN
del Arcángel a María: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y te hará sombra la
virtud del Altísimo30.
Pues bien, además de estos símbolos, el texto de Stoergler nos ayuda a descubrir
una nueva metáfora. El dístico reza: Mors erat Astyagi vitis de pectore nata; et
vitem, et vitam, tu tibi, Virgo, paris [La muerte era para Astiages una vid nacida
del pecho; la vid, y la vida, tú, Virgen, para ti pares]31.
Astiages es un rey medo que un día ve en sueños una vid brotando del pecho
de su hija, llamada Mandianes. Cuando le pregunta a los adivinos qué significado
encierra, le dicen que su hija dará a luz a un niño que acabará con su vida, por
lo cual intenta matar a su nieto. No lo consigue y, según la tradición, al pasar los
años el rey efectivamente muere a manos de su nieto Ciro. Consecuentemente, la
historia de Astiages —que por ejemplo relata Villegas en su Flos Sanctorum32 —
permite asimilar a Mandianes y Ciro con María y Cristo, redundando en el tema
de la maternidad.
Pero, a mayores, introduce un segundo tema: el de la Salvación. El nacimiento
de Ciro se considera una prefiguración del nacimiento de Cristo, en la medida
en que ambos son los libertadores de sus pueblos: Ciro libera a los hijos de Israel
y Cristo, a todo el género humano33. Justamente, las uvas que penden de la vid
[30] Lucas, 1:35. También Oxoviensis, aunque sin referir la salutación, se vale de este símbolo para sig-
nificar la maternidad virginal: “Ipse quasi tenerrimus ligni vermiculus [Él es como el tierno gusanillo
del madero. 2 Reyes, 23:8]. Del mismo modo que un madero procrea un gusanillo a partir de sí
mismo, sin semen, sólo con el influjo celeste; así la Bendita María, vara de la raíz de Jesé, sin semen
viril o masculino, sino por obra del Espíritu Santo, presentó al Señor y Salvador […] Just. Michov.
Sup. Lyt. Laur. disc. 160” (Oxoviensis. Elogia Mariana…, op. cit., p. 76 [anotación I]).
[31] Stoergler. Asma poeticum…, op. cit., s.p. (estampa 12).
[32] “[Astiages] soñó que toda Assia era sumida en la urina de su hija Mandanes: y los Agoreros, y Ade-
vinos le declararon significar, que los hijos de su hija se avían de apoderar de la Assia, con lo qual
apesarado, y con algún linaje de embidia casó la hija en Persia con un hombre llamado Cambyses de
baxo estado, porque si les naciesen hijos, les faltasen parientes poderosos que los favoreciesse, y assí
no tuviesen en que estrivar para pretender el Reyno. Después de llevada Mandanes a Persia en poder
de su marido, tornó a soñar Astiages que le salía del vientre una parra, que cubría toda la Assia: y
tuvo la misma declaración que el primer sueño. Por lo qual determinó Astiages (pues el humilde
casamiento de su hija no le assegurava) de matar al hijo de quien dezían estar preñada”. Villegas,
Alonso de. Flos sanctorum. Segunda parte y historia general, en que se escribe la vida de la virgen sacra-
tíssima madre de Dios y Señora nuestra: y las de los Sanctos antiguos, que fueron antes de la venida de
nuestro Salvador al mundo. Barcelona, a costa de Juana Manescala Viuda, 1589, f. 242v. Disponible
en: <http://books.google.es/books?id=bDBSAAAAcAAJ&printsec=frontcover&hl=es>
[33] Así lo encontramos por ejemplo en el “Sermón segundo en la festividad del Nacimiento de Nuestro
Señor Jesuchristo” de Martínez de Llamo: “Consideración primera. En que se introduce el sermón
del Nacimiento del Hijo de Dios, como Libertador del género humano, figurado en el nacimiento
del Rey Cyro” (Martínez de Llamo, Juan. Sermones para las festividades de Cristo Nuestro Señor y
Rosario de María santíssima. Madrid, Imprenta de Andrés García de la Iglesia, 1676, pp. 18-20).
60
Quién es quién en la Elogia Mariana de A.C. Redelio
[34] Las connotaciones eucarísticas de los racimos de uvas en esta composición ya fueron referidas por
Anaya. “Sancta Dei...”, op. cit., p. 425).
[35] Para Santa Catalina, Santa Bárbara y Santa Apolonia, véase Réau, Louis. Iconografía del arte cristia-
no. Iconografía de los santos. De la A a la F, tomo 2, vol. 3. Barcelona, Ediciones del Serbal, 1997, pp.
273-283, 169-178 y 134-135. Para santa Margarita y santa Inés, Réau, Louis. Iconografía del arte
cristiano. Iconografía de los santos. De la G a la O, tomo 2, vol. 4. Barcelona, Ediciones del Serbal,
1997, pp. 349-334 y 109-114.
[36] Mientras santa Juliana porta el azote característico de su iconografía (Réau. Iconografía del arte cris-
tiano. De la G a la O…, op. cit., pp. 215-216), santa Regina lleva sobre su cabeza una corona (Réau,
Louis. Iconografía del arte cristiano. Iconografía de los santos. De la P a la Z, tomo 2, vol. 5. Barcelona,
Ediciones del Serbal, pp. 122-123) y sostiene un cetro con la mano derecha.
61
Carme LÓPEZ CALDERÓN
El hecho de que sean cinco las vírgenes escogidas no es una cifra casual, sino que
remite a las cinco mujeres más bellas de Crotona en las que, según la tradición, se
inspira Zeuxis cuando debe representar a Helena de Troya. Nuevamente Stoergler
nos da esta clave en su dístico —Unius in quinis hic Virginis ora puellis, Aut mage
in unius cernere quinque licet [Se pueden distinguir los perfiles de la única Virgen
en doncellas de cinco en cinco; o, más bien, distinguir en cinco (doncellas los
perfiles) de la única (Virgen)]37— para, a continuación, desarrollarla a modo de
carmine:
La ingeniosa mano de Zeuxis intenta pintar rostros como los de los pafios y bellas mejillas.
La misma [ciudad de] Crotona mostró el modelo, cuando dio a cinco doncellas para el
modelo y prototipo de una. Si quieres teñir con el rocío la juventud de cisne, y pasar con
el color por medio de las virgíneas mejillas, si pintases las formas de la única Virgen María,
esta misma te dará el molde de todas38.
Es decir, si cinco mujeres sirvieron a Zeuxis para plasmar la belleza ideal
de Helena, cinco vírgenes son también necesarias para significar el ideal de
virginidad que encarna María. Consecuentemente, María es superior a todas las
vírgenes —Sancta Virgo Virginum— y puede actuar como su modelo y guía.
Tanto en el grabado de 1636 como en la Elogia de 1700 [fig. 6] este rol se
expresa más claramente al representar a las vírgenes emergiendo de otros tantos
lirios que reciben la leche procedente del seno de María. El punto de partida de
esta composición hay que buscarlo en la mitología: según la leyenda, cuando
Juno alimenta con su leche a Hércules, una gota se derrama y cae sobre la tierra,
generando las azucenas39. Aplicado a este caso, Stoergler dice: [María] guía
nutricia entre cohortes virgíneas […] llueve mejor rocío que el pecho de Juno40. Con
ello da a entender que, cuando la Madre de Dios rocía la tierra con su ejemplo,
nacen nuevas vírgenes; no en vano, como recuerda I. Oxoviensis:
Los lirios de Cristo son especialmente las Vírgenes Sagradas, cuya virginidad es espléndida
e Inmaculada. S. Ambros. lib. de institut. Virg. cap. 15. Ítem. ¿Qué se designa a través de
los lirios sino las almas limpias? Las cuales, en tanto retienen el candor de la castidad,
huelen como aquellos por la opinión de la buena fama. S. Greg. in cap. Cantic41.
62
Quién es quién en la Elogia Mariana de A.C. Redelio
En el grabado de 1732 [fig. 5] se recoge también este papel de María como norte
de las vírgenes, pero la metáfora se simplifica al prescindir de la cita mitológica:
las azucenas siguen procediendo de ella, pero no se nutren con su leche, sino que
brotan de la cornucopia que sostiene. En cualquier caso, de su efectividad dejan
constancia los nuevos lirios que acaban de surgir de la tierra y que en el futuro
podrán engrosar la corte celestial.
Conclusión
En este estudio he intentado reconstruir la genealogía de la Elogia Mariana
de 1732 a partir de las deudas que demuestra respecto a otras obras anteriores,
particularmente, el Asma Poeticum de P. Stoergler (1636), el Thronus Gratiae de
A. C. Redelio (1690) y la Elogia Mariana de I. Oxoviensis (1700).
Si bien las relaciones específicas que entre ellas propongo se mueven en el
terreno de la hipótesis, la reutilización de imágenes que de unas a otras se constata
resulta incuestionable, lo que permite fijar la invención de las mismas, todo lo
más tardar, en 1636.
A mayores, el conocimiento de esta primera serie de grabados contribuye a
su interpretación iconográfica en la medida en que los textos que la acompañan
hacen referencia, de un modo más o menos directo, a buena parte de los temas
subyacentes que, de lo contrario, posiblemente seríamos incapaces de reconocer:
la entrada triunfal de Juan II Comneno en Constantinopla, el sueño del rey
Astiages o las cinco doncellas de Crotona son sólo algunos ejemplos que así lo
evidencian.
Ahora bien, cuando en 1732 Thomas Scheffler redibuja de nuevo la Elogia
y Martin Engelbrecht la graba en cobre, ¿son realmente consciente de todos
los temas que, desde casi un siglo antes, se escondían tras estas ilustraciones?
Algunas modificaciones iconográficas que introducen respecto a las ediciones de
1636 y 1700 hacen que, cuando menos, deba ponerlo en duda. Pero esta cuestión
merece un estudio propio.
63
Retratos de hombres santos y beatos:
místicos modelos para la sociedad valenciana
en la Edad Moderna
[1] Gracia Beneyto, Carmen. Història de l’Art Valencià. Valencia, Alfons el Magnànim, 1995, pp. 233-
234.
[2] Egido, Teófanes. “Hagiografía y estereotipos de santidad contrarreformista (La manipulación de San
Juan de la Cruz)”, Cuadernos de Historia Moderna, nº25, 2000, pp. 61-85.
65
Cristina IGUAL CASTELLÓ
[3] González Lopo, Domingo. “Los nuevos modos de la hagiografía contrarreformista”. Memoria Ecles-
siae, nº 24, 2004, pp. 611-612.
[4] Benito Doménech, Fernando. Juan Sariñena (1545-1619): Pintor de la Contrarreforma en Valencia.
Museo de Bellas Artes de Valencia del 19 de diciembre de 2007 al 23 de marzo de 2008. Valencia,
Generalitat Valenciana, 2007, p. 19.
[5] Benito Doménech, Fernando. Ribalta y la pintura valenciana de su tiempo: Lonja de Valencia octubre-
noviembre de 1987, Museo del Prado diciembre 1987- enero 1988. Valencia, Diputación Provincial
de Valencia, 1987, p. 100.
66
Retratos de hombres santos y beatos: místicos modelos para la sociedad valenciana en la Edad Moderna
[6] Benito Doménech. Juan Sariñena (1545-1619): Pintor…, op.cit, pp. 86-88.
[7] Oleza, Juan et al. “Producción municipal, fiestas y comedia de santos: La canonización de San Luís
Bertrán en Valencia (1608)”. Teatro y prácticas escénicas: La comedia II. Támesis Books, 1986, pp.
157-160.
67
Cristina IGUAL CASTELLÓ
[8] Antist, Vicente Justiniano. Verdadera relación de la vida y muerte del P. Fray Luís Bertrán. Zaragoza,
Casa de Juan Alterach impresor, 1583, pp. 7- 8.
[9] Castillo Solórzano, Alonso del. Sagrario de Valencia, en quien se incluyen las vidas de los ilustres Santos
hijos suyos y del Reyno. Valencia, Silvestre Esparsa, 1635, fol. 45-65.
68
Retratos de hombres santos y beatos: místicos modelos para la sociedad valenciana en la Edad Moderna
[10] Vilanova y Pizcueta, Francisco de Paula. Hagiografía valenciana o breve reseña biográfica de los santos,
beatos y venerables naturales del Antiguo Reino de Valencia, ó en él venerados, con preferencia a otra
región. Valencia, Imprenta Vicent y Masià Gombau, 1910, pp. 207-237.
[11] Benito Doménech. Juan Sariñena (1545-1619): Pintor…, op.cit, p. 118.
[12] Ferrando Roig, Juan. Iconografía de los santos. Barcelona, Ediciones Omega, 1950, p.12.
69
Cristina IGUAL CASTELLÓ
[13] Ribadeneyra, Pedro. Flos sanctorum o Libro de las vidas de los santos. Madrid, Luís Sánchez, 1610.
70
Retratos de hombres santos y beatos: místicos modelos para la sociedad valenciana en la Edad Moderna
El retrato del religioso (1607, óleo sobre lienzo, Colegio Corpus Christi, Valencia)
es una imagen de busto, ligeramente ladeada, imperando las tonalidades oscuras
para ceder el completo protagonismo al maduro rostro del efigiado, con una
blanquecina y bien recortada barba, rasgo característico en su persona.
Igualmente disponemos de obras ejecutadas tras el fallecimiento del santo. Del
mismo año de su muerte, 1611, nos llega un retrato perteneciente a la dinastía
de prelados de la Catedral de Valencia. La Seo conserva una amplia galería con
las efigies de los obispos y arzobispos de la sede valentina. Sariñena elaboró la
imagen de San Juan de Ribera [fig. 3], quien inició su gobierno episcopal el 21
de marzo de 1569, ostentando dicho cargo durante cuarenta y dos años hasta su
fallecimiento el 6 de enero de 1611. El religioso
está pintado de medio cuerpo, llevando la mitra,
la cruz patriarcal y una capa pluvial. Asimismo
señala el libro abierto donde vemos escrita una
frase perteneciente al Génesis y dice: “Tibi post
haec fili mi ultra quid” (“Después de esto, ¿qué
más puedo hacer por ti, hijo mío?”. En la zona
superior la Eucaristía es custodiada por un
templete. Y en la parte inferior aparece el escudo
familiar de los Ribera y un escrito referente al
mandato del santo14. El texto revela su origen Figura 3
San Juan de Ribera,
sevillano, lo identifica como el hijo del Duque de Juan Sariñena, 1611.
Alcalá y Marqués de Tarifa, además de Patriarca Catedral de Valencia
de Antioquía y Arzobispo de Valencia. En consecuencia, tenemos una conjugación
de elementos pictóricos y escritos mediante los cuales se preserva la identidad y el
recuerdo del efigiado, inmortalizando también la imagen del principal defensor
de la Contrarreforma.
El Arzobispo San Juan de Ribera adorando la Eucaristía (1612, óleo sobre lienzo,
Real Colegio Seminario del Corpus Christi, Valencia) es otra obra que se realizó
a partir de la imagen del difunto. Aquí está representado en actitud orante junto
a la Sagrada Forma. Los colegiales perpetuos del Real Colegio Seminario Corpus
Christi encargaron dicha pintura a Sariñena, lo cual nos revela que sentían un
profundo afecto por él. Quizás la estima les condujo a ubicar la obra bajo el dosel
del crucero de la iglesia, un lugar perfectamente visible para los feligreses y en
el cual se facilitaba la devoción del Arzobispo. Con la finalidad de no fomentar
71
Cristina IGUAL CASTELLÓ
[15] Benito Doménech. Juan Sariñena (1545-1619): Un pintor…, op.cit., pp. 166-170.
[16] Benito Doménech, Fernando et al. Urbano Fos, pintor (h.1615-1658). Museo de Bellas Artes de
Valencia, del 28 de septiembre de 2004 al 9 de enero de 2005. Valencia, Generalitat Valenciana, 2003,
p. 72.
72
Retratos de hombres santos y beatos: místicos modelos para la sociedad valenciana en la Edad Moderna
[17] Busquets Matoses, Jacinto. Idea ejemplar de Prelados, delineada en la Vida y Virtudes del Varón el
Ilustrísimo y Excelentísimo Señor Don Juan de Ribera. Valencia, Real Convento de Nuestra Señora
del Carmen,1683.
[18] Busquets Matoses. Idea ejemplar de Prelados..., op.cit.
73
Cristina IGUAL CASTELLÓ
74
Retratos de hombres santos y beatos: místicos modelos para la sociedad valenciana en la Edad Moderna
[21] Las inscripciones aparecen editadas en el catálogo de Benito acerca de Sariñena ya referido en este
escrito.
75
Cristina IGUAL CASTELLÓ
[22] Moreno, Cristóbal. Libro de la Vida y Obras Maravillosas del Padre Fray Pedro Nicolás Factor, de la
Orden de nuestro Padre S. Francisco de la Regular Observancia de la Provincia de Valencia. Barcelona,
Sebastián de Cormellas, 1618, p. 2.
[23] Vilanova y Pizcueta. Hagiografía valenciana…, op.cit., pp. 137-149.
[24] Ibídem, p. 226.
76
Retratos de hombres santos y beatos: místicos modelos para la sociedad valenciana en la Edad Moderna
[25] Serrano Belézar, Miguel. Valencia regocijada por las beatificaciones de los ven. Siervos de Dios PP. Fr.
Pedro Nicolás Factor y Fray Gaspar Bono… o relación de las fiestas que en esta Ciudad con tan plausible
motivo se hicieron en 1787, con veintiséis notas críticas sobre varias antigüedades de ella, destructivas de
algunos errores. Valencia, Joseph Estevan y Cervera, 1787.
[26] Kowal, David Martin. Ribalta y los ribaltescos: la evolución del estilo barroco en Valencia. Valencia,
Diputación Provincial de Valencia, 1985, p. 62.
77
Cristina IGUAL CASTELLÓ
[27] Aldea Vaquero, Quintín et al. Diccionario de Historia Eclesiástica de España. Vol. I, Madrid, Enri-
que Flórez, 1972-1987, p. 16.
[28] Pascual y Beltrán, Ventura. La Venerable setabense Sor Margarita Agullona, Terciaria Franciscana, su
vida y escritos pro el R. R. Jaime Sanchis, O.M, con un prólogo del Beato Juan de Ribera. Játiva, 1921.
78
Retratos de hombres santos y beatos: místicos modelos para la sociedad valenciana en la Edad Moderna
biográficos desde finales del siglo XVI hasta mediados del siglo XVII, la Iglesia
promovió un estilo de vida cimentado en la austeridad, solidaridad, fe y oración.
A través del tiempo, se produce una codificación iconográfica en santos y beatos,
quienes se retratan con el hábito propio de la orden y con un crucifijo u otros
símbolos religiosos. Asimismo los beatos, más frecuentemente, aparecen en
estado de éxtasis aludiendo a las actuaciones de Dios a través de ellos mismos.
En recurridas ocasiones se insertan mensajes textuales que identifican al efigiado
o revelan cierto contenido espiritual. La creación de una iconografía particular
para cada religioso facilita al resto de feligreses su identificación.
A la finalidad de dichas efigies es complementaria la función de las hagiografías
relativas a santos y beatos. Así pues son amplias narraciones que ponen de
manifiesto la vida del religioso pero, principalmente, hacen una alabanza de sus
virtudes y buenas acciones por las cuales se encuentran más cercanos a Dios. En
consecuencia, los retratos y las hagiografías forman parte de un programa difusor
de concretas personalidades eclesiásticas, que demuestran ser poseedoras de un
gran prestigio espiritual el cual las convierten en un patrón humano y social.
La presente reflexión ha sido extraída a partir de ejemplos locales, no obstante
se puede hacer extensible a otros territorios, pues a lo largo de la Edad Moderna
la Iglesia se sirvió de los retratos y escritos acerca de sus miembros más relevantes
para llegar al pueblo como referentes de pensamiento y de actuación, como
místicos modelos.
79
Nuevas aportaciones en torno a la
Iconografía de San Juan de Dios
en América y Filipinas
[1] Quisiera agradecer a Da. Pilar Parra (Directora del Archivo Histórico de la Diputación Provincial
de Granada) y a D. Francisco Benavides Vázquez (Director del Archivo-Museo San Juan de Dios
de la “Casa de los Pisa” de Granada) por la buena atención y facilidades demostradas para la rea-
lización de este estudio. Al mismo tiempo agradezco a Da Carme López Calderón, a Dª María
Ángeles Fernández Valle y a Dª María Inmaculada Rodríguez Moya, por su disposición y agradable
colaboración por su colaboración.
[2] Ortega Lázaro, Luis. Para la Historia de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en Hispanoamérica
y Filipinas. Madrid, Fundación Juan Ciudad, 1992, pp. 17-19 y Guerra, Francisco. El Hospital en
Hispanoamérica y Filipinas. 1492-1898. Madrid, Ministerio de Sanidad y Consumo, 1994.
81
José María VALVERDE TERCEDOR
era llevado a cabo por priores sometidos a las provincias españolas, más tarde
surge la figura de un comisario general de las Indias que los controla a todos y
finalmente se crean provincias propias, gracias al entusiasmo del primer general,
el Padre Fernando de Montaos, en el año 16333. El caso de las Islas Filipinas
se trata de un asentamiento muy importante, al ser la primera fundación fuera
del continente americano4. Aquí los hermanos de San Juan de Dios van a
vivir importantes vicisitudes, ocupando diversos territorios —Manila, Cavite,
Bugumbaya y Cebú—.
Desde el punto de vista artístico, podemos decir que la iconografía de san
Juan de Dios en América se divide en dos tipologías diferenciadas:
Los ciclos hagiográficos, los cuales narran las principales escenas de la vida del
santo de modo cronológico y están inspirados en las series grabadas que ilustraron
las grandes biografías barrocas.
Las obras autónomas, éstas representan de modo independiente escenificaciones
del santo, se prestan más a la imaginación de los artistas, tienen un mayor
contenido devocional y dependen en menor medida de las creaciones europeas5.
Al igual que en Europa, las representaciones de escenas de la vida de san
Juan de Dios, por lo general van a seguir el modelo de la serie grabada que
ilustra la biografía de Antonio Govea del año 16596; estos fueron realizados por
Pedro Villafranca, Juan de Noort y Herman Paneels, según diseño de Francisco
Hernández. Por citar un ejemplo, destacamos la serie que ilustra el Hospital de
san Juan de Dios de Atlixco7. Igualmente es interesante el grupo de lienzos de
[3] Ortiz Islas, Ana. Los hospitales de la Orden de San Juan de Dios en la Nueva España. México, Lagares,
2004, pp. 98-118.
[4] Missus. “L’ospedale San Giovanni di Dio a Manila”, Vita ospedaliera, nº6, 1964, pp. 189-192, y
Cavanna, J. M. “Hospital de San Juan de Dios de Filipinas. Cuarto Centenario”, Hermanos hospi-
talarios, nº 61, 1980, pp. 90-93.
[5] Uno de los medios más habituales para extender iconografías en la Edad Moderna era mediante las
estampas grabadas, ya que contaban con las ventajas de un escaso coste y fácil traslado. La Orden de
San Juan de Dios no va a ser menos. En el Museo de San Juan de Dios “Casa de los Pisa” de Granada
se conserva la plancha original de un grabado que llegó a América, conocido como el Árbol genealó-
gico de la orden. Para estudiar el grabado calcográfico en Granada véase: Moreno Garrido, Antonio.
El grabado en Granada durante el siglo XVII. Granada, Universidad, 1976 e Izquierdo, Francisco.
Grabadores granadinos: siglos XVI al XIX. Granada, Universidad, 2004.
[6] Govea, Antonio de. Historia de la esclaresida vida y milagros del bienauenturado San Juan de Dios.
Madrid, Francisco de Ocampo, 1632.
[7] Sebastián, Santiago. “Arte Iberoamericano”, Summa artis. Tomo XXIX, Madrid, Espasa Calpe, 1985,
p. 150 y Sebastián, Santiago. “Iconografía e Iconología del Arte Novohispano”, Arte Novohispano,
Nápoles, Grupo Azabache, 1992, pp. 76-77, véase también: Sebastián, Santiago. Estudios sobre arte
y arquitectura coloniales en Colombia, Bogotá, Corporación la Candelaria, 1983, p. 103.
82
Nuevas aportaciones en torno a la Iconografía de San Juan de Dios en América y Filipinas
83
José María VALVERDE TERCEDOR
Pisa”.
[14] Benavides Vázquez, Francisco. “San Juan de Dios: alegoría de la Caridad”, Juan Ciudad, nº 463,
2001, pp. 5-8.
84
Nuevas aportaciones en torno a la Iconografía de San Juan de Dios en América y Filipinas
El rompimiento celeste está formado por tres figuras femeninas: la más lejana
es la Fe15, está ataviada con hábito y capa, porta un cáliz en su mano derecha
y tiene los ojos tapados por una cinta, se trata de la virtud teologal que llevó a
San Juan de Dios a entregar su vida a los necesitados. En el centro aparece una
joven mujer coronada por tres plumas pronunciadas en color rojo, es una alegoría
de América16, ésta alude al lugar de procedencia de la obra. Finalmente, en el
extremo más próximo a Juan Ciudad, figura de nuevo una mujer joven coronada
por una corona imperial dorada, y otra de laurel, se trata de una imagen votiva,
la cual, mediante sus manos ofrece a nuestro santo una corona de espinas17, la
entendemos como la Riqueza18, alude a la renuncia a
la vida cómoda hecha por el santo.
Haciendo una primera lectura de la obra [fig. 2],
interpretamos que san Juan de Dios en esta obra
representa a Jesús —mediante el amor y la caridad—
y su sangre tiene un poder taumatúrgico a través del
cual sana a todos los que de ella beben. No debemos
olvidar que la sangre como ofrenda tiene un valor
Figura 2
esencialmente Eucarístico19, en este sentido, muchos Alegoría de la Caridad
santos van a adquirir connotaciones sacramentales, (detalle), Anónimo
en su celo por simular a Jesús. El culto a la sangre de cuzqueño, segunda
mitad del siglo XVII.
Cristo de gran profusión en el Medievo, se asocia a Museo Casa de los
la limpieza de sangre tan ansiada por algunos entes Pisa, Granada
[15] Ripa, Césare. Iconología. Volumen I. Madrid, Akal, 1987, pp. 401-407.
[16] Ripa, Césare. Iconología. Volumen II. Madrid, Akal, 1987, pp. 108-109.
[17] Cuenta una leyenda barroca que fue coronado de espinas por las imágenes de san Juan evangelistay
la Virgen mientras oraba ante un Calvario situado en la iglesia del Sagrario de Granada, Valverde
Tercedor, José María. “San Juan de Dios: Granada será tu cruz. La Semana Santa en la Casa de los
Pisa”, Calle Elvira, nº 168, 2013, pp. 8-9.
[18] Ripa, Césare. Iconología…, op.cit, pp. 276-277.
[19] Como bien es sabido, tras el Concilio de Trento (1545-1563), va a adquirir en España un gran
impulso el culto a la Eucaristía como principal Sacramento del Catolicismo. La devoción al Corpus
Christi en América es muy importante desde los inicios de la conquista. Esto se debe a que al igual
que para la población musulmana en España, la veneración al Santísimo Sacramento era de fácil
comprensión para los indígenas, o al menos no les causaba un gran impacto; podían relacionarlo
fácilmente con algunas de las divinidades indígenas, como es el Dios del Sol, en Cuzco. Esta fiesta
estaba estrechamente relacionada con la tradición del Incanato en honor del sol. Así, las procesiones
sacramentales, —especialmente la de Cuzco— van tener un fuerte arraigo popular. Son ceremonias
netamente postridentinas, en la que no sólo el Santísimo Sacramento presente en la sagrada forma
es el protagonista, al procesionarse junto a él imágenes del Niño Jesús, la Virgen María y santos.
Véase: Espinosa Espínola, Gloria. Perú indígena y virreinal. Madrid, SEACEX, 2004, p. 212.
85
José María VALVERDE TERCEDOR
[20] Luna Moreno, Luis. “Sangre de Cristo y Cristo de la Sangre”, Vid Salvífica, 2010, p. 257.
[21] Milagro sucedido en el año 595 en Roma, durante la celebración de una Misa por parte del Papa
san Gregorio Magno. Este milagro habla de la transformación real de las sagradas formas en el
cuerpo y la sangre de Cristo. Se trata de un tipo de representaciones muy profusas entre los siglos
XV y XVI, al estar asociadas a la concesión de indulgencias plenarias. Entre ellas destacamos una
tabla flamenca de la segunda mitad del siglo XV, conservada en el Museo del Hermitage en San
Petersburgo. Se suele representar mediante la figura de Cristo sobre la mesa del altar, mostrando los
estigmas de su Pasión.
[22] La búsqueda del Grial es fundamental en la literatura medieval franco-germánica, destacando la
figura de Chretien de Troyes. Este culto va a ser muy importante en España, al conservarse en la
Catedral de Valencia.
[23] García Ortega, Francisco. Santo Domingo de Granada. Granada, Clave Granada, 2005, p. 25.
[24] En virtud a esta obra debemos aludir a una pequeña pintura del convento franciscano de la Reco-
leta de Sucre, en ella se representa a san Juan de Dios sobre una fuente rebosante, Ortega Lázaro,
Luis. Para la historia…, op.cit, p. 174.
[25] Ave acuática, que según una tradición medieval se abre el pecho para dar alimento a sus crías.
[26] Larios Larios, Juan Manuel. “Iconografía de San Juan de Dios”, Arte e cultura nell’ Ordine Ospeda-
liero di San Giovanni di Dio, 2006, pp. 157-159.
86
Nuevas aportaciones en torno a la Iconografía de San Juan de Dios en América y Filipinas
[27] Ainaga André, María Teresa et al. “El busto relicario de San Braulio y la tradición de la venida de la
Virgen del Pilar de Zaragoza”, Aragón en la Edad Media, nº 20, 2008, pp. 65-84 y Bertos Herrera,
Pilar. La Basílica de San Juan de Dios. Una iglesia relicario en Granada. Granada, Alsur, 1996, pp.
35-46.
[28] Mínguez. Perú indígena..., op.cit, p. 218.
[29] Así ocurría en la Hermandad de Jesús Nazareno de Guadix (Granada), donde esta imagen era
conocida popularmente como el “Furruñique”, López-Guadalupe Muñoz, Juan Jesús. Imágenes Elo-
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José María VALVERDE TERCEDOR
San Juan de Dios con el Niño Jesús en sus brazos. Anónimo cuzqueño,
óleo sobre lienzo, siglo XVII [fig. 4]
Imagen devocional ilustrativa del importante papel jugado por el Divino
Infante en la vida del santo. La escena representada está a medio camino
entre el encuentro de Juan Ciudad con el Niño Jesús en Gaucin31, el milagro
de la Virgen de Guadalupe32y la conversión de Domenico Piola33. Presenta la
particularidad de representar a san Juan de Dios
como san Cristóbal. Hector Shenone sitúa el
origen de esta iconografía en la Región Andina,
y destaca la obra de Pedro Nolasco y Lara, en el
Museo Casa de Murillo de la Paz, como una de
las piezas más singulares, recordemos que aquí es
donde la escultura española va a dejar sus mejores
testimonios34.
Figura 4
San Juan de Dios con Llama poderosamente nuestro interés
el Niño en sus brazos, esta iconografía, al plasmar uno de los temas
Anónimo cuzqueño, principales de la vida de san Juan de Dios de un
siglo XVII. Museo
Casa de los Pisa, modo inusual en España. Sus principales fuentes
Granada inspiradoras son el grabado de la conversión de
cuentes. Estudio sobre el patrimonio escultórico. Granada, Atrio, 2008, pp. 334-335.
[30] La presencia de una imagen de san Juan de Dios de similares características a la de Granada, por-
tada por una devota, en una antigua procesión de san Juan de Dios de Sucre de mediados del siglo
XX, nos hace ahondar en la hipótesis, Gil, Ángel. “He visto una procesión de San Juan de Dios”,
Hermanos hospitalarios. Boletín informativo San Juan de Dios Castilla, nº 86-87, 1987, p. 179.
[31] Benavides Vázquez, Francisco. Los niños Jesús del Museo Casa de los Pisa. Granada, Hermanos de
San Juan de Dios, 1998, pp. 33-39.
[32] Larios Larios,. Arte e cultura…, op.cit, p.167.
[33] Larios Larios, Juan Manuel. Imágenes de San Juan de Dios. Granada, Orden Hospitalaria, 1995, p.
64 y Passolas Jaúregui, Jaime. “Juan Martínez Montañés”. Grandes Maestros andaluces. Tomo III.
Sevilla, Tartessos, 2008.
[34] Shenone, Héctor. Iconografía del Arte Colonial. Los Santos. Vol.II. Buenos Aires, Fundación Tarea,
1992, p. 514.
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Nuevas aportaciones en torno a la Iconografía de San Juan de Dios en América y Filipinas
[35] Las estampas grabadas van a ser el principal medio difusor de iconografías religiosas en América,
fácilmente podemos advertir la presencia de esta estampa gracias a algunas obras pictóricas cuzque-
ñas representativas del mismo tema.
[36] En uno de los lugares donde Martínez Montañés ejerció mayor impacto fue en Quito, aquí, una
de las iconografías montañesinas con más éxito es el Santo Domingo penitente, cuyo modelo se
va a repetir en otros santos, como es el caso del San Francisco flagelante de la sacristía de los frailes
menores, Valiñas, Francisco Manuel. “Escultura quiteña y escultura andaluza en Quito”, Andalucía
en América: Arte y Patrimonio. Granada, Universidad, 2012, pp. 129-130. Véase también: Hernán-
dez Díaz, José. Martínez Montañés. Sevilla, Guadalquivir, 1987, pp. 100-102 y Margarita, Estrella.
Relaciones artísticas entre España y América, 1990, pp. 73-100.
[37] Este artista sigue la tendencia realista de tipo efectista propia del momento, y es famoso por sus
obras de cuerpos de maguey y tela encolada, Gutiérrez Viñuales, Rodrigo et al. Historia del Arte en
Iberoamérica y Filipinas. Tomo 27. Granada, Universidad, 2005, p. 202 y Wuffarden. Perú indíge-
na…, op.cit, p. 92.
[38] Reau, Luis. Iconografía del arte cristiano. Tomo 2. Barcelona, Del Serbal, 1997, pp. 354-355.
[39] Wethey, Harold. Colonial Arquitecture and sculture in Peru. London, 1949, pp. 179-244.
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José María VALVERDE TERCEDOR
[40] Angulo Íñiguez, Diego. “Martínez Montañés y su escuela en Honduras y Guatemala”, Archivo
Español de Arte, no 80, 1947, p. 291.
[41] Contreras y López, Juan de. “Las indias”, Martínez Montañés y la escultura andaluza de su tiempo.
Madrid, Dirección General de Bellas Artes, 1972.
[42] En este sentido queremos seguir profundizando en futuras investigaciones.
[43] Fontbona, Francesc. “San Juan de Dios de Agapit Vallmitjana”, Imágenes de San Juan de Dios.
Granada, Orden Hospitalaria, 1995, pp. 228-232 y Subirachs, Judit. L’Escultura del Segle XIX a
Catalunya. L’ Abadia de Monserrat, Barcelona, 1994.
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Nuevas aportaciones en torno a la Iconografía de San Juan de Dios en América y Filipinas
[44] Existe otra en pequeñas dimensiones, realizada por el mismo artista en barro cocido, posiblemente
se trate de su boceto, Gómez Moreno, María Elena. “Pintura y escultura en el siglo XIX”, Sum-
ma Artis. Tomo XXXV. Madrid, Espasa Calpe, 1993, p. 82 y Fontbona, Francesc. “San Juan de
Dios…”, op.cit, p. 233.
[45] Gaya Nuño, Juan Antonio. “Arte del siglo XIX”, Ars Hispaniae. Tomo XIX. Madrid, Plus Ultra,
1958.
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José María VALVERDE TERCEDOR
[46] Ventosa Esquinaldo, Francisco. Pensamiento de San Juan de Dios y la Orden Hospitalaria y su rela-
ción con la enfermería. Granada, Casa de los Pisa, 2012, p. 32.
[47] Ortiz Islas, Ana. Los hospitales de la orden…, op.cit, p. 98.
[48] “Los indígenas recibieron una cuidada instrucción y formación catequética, fecunda de conver-
siones numerosas y duraderas”. Magliozzi, Giuseppe. Antiche vicende dei benefratelli nelle filippine
(1611-1887). Roma, Centro studi San Giovanni di Dio, 1986, p. 3.
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Nuevas aportaciones en torno a la Iconografía de San Juan de Dios en América y Filipinas
[49] Maldonado de Puga, Juan Manuel. Religiosa hospitalidad por los hijos del Piadoso Coripheo, Ptriar-
cha y padre de los pobres, San Juan de Dios. Granada, Joseph de la Puerta, 1742 y Ortega Lázaro, Luis.
“Addenda a la edición al cuarto centenario del Hospital San Juan de Dios de Manila”, Hermanos
hospitalarios. Boletín informativo San Juan de Dios Castilla, nº 86-87, 1987, pp. 180-181. En su
inauguración se realizaron espléndidas celebraciones, de las que también se hizo eco el “Diario de
México del año 1733”. Entre ellas destacamos una procesión, para la cual se levantaron siete arcos
triunfales y se adornaron todas las calles y fachadas, el cortejo procesional estaba formado por repre-
sentantes del clero y el gobierno, y las imágenes de san Rafael —titular de la provincia—, san Juan
de Dios —patriarca de la orden— y santo Domingo —padrino de la fundación—.
[50] Magliozzi. Antiche vicende dei benefratelli..., op.cit, p. 13.
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José María VALVERDE TERCEDOR
hornacinas, entre las que destacamos la central, por albergar una escultura de san
Juan de Dios en su iconografía más tradicional. Ataviado por el hábito de la orden
tiene pronunciada capucha y amplio escapulario, porta en su mano derecha una
granada y en su izquierda un crucifijo. Parece ser, tal y como nos narra el padre
José Maldonado Puga que esta obra tuvo gran devoción, siendo sus palabras un
testimonio de primera mano de que el papel social del arte traspasa los edificio,
dice así: “en el medio hay vn nicho calado, que es el centro de vna bien imitada
Estatua del Dueño de la Casa, tan al vivo esculpida, que a todos da que hazer
en la Ciudad; pues siendo el passo común, y de tráfico, donde se coloca, está
ya recebida la escusa, en qualquiera tardanca de averse detenido con San Juan
de Dios. A quien huviere experimentado su atractivo, no será exorbitancia la
ponderación”51. Nos habla de la correlación existente entre las obras de arte y las
personas, formando parte éstas de la vida cotidiana de los ciudadanos filipinos,
algo muy interesante, ya que nos hace conscientes de la fuerza que ya en el siglo
XVIII tiene san Juan de Dios.
No olvidemos, que el arte en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios,
no pierde la función intrínseca a toda labor religiosa, que no es otra que la
evangelización, por lo que en nuestra opinión pensamos que en la mayoría de
los casos caridad y doctrina iban de la mano —no debemos olvidar que para el
cristiano infundir los dogmas de la iglesia se convierte en una forma de hacer
caridad—.
Finalizar señalando a modo de conclusión, que como hemos visto a lo largo
de esta investigación, uno de los mayores logros de la Orden Hospitalaria de San
Juan de Dios en América y Filipinas, consistió en levantar la devoción por parte
del pueblo, a un santo que nunca conocieron. Un santo que, al contrario de verlo
como extraño, gracias al poder persuasivo logrado por los artistas y a la buena
labor social llevada a cabo por la orden, van a hacerlo suyo. En este sentido, el
arte se ofrece como el reflejo de una realidad social.
[51] Maldonado de Puga. Religiosa hospitalidad…, op.cit, pp. 141-142 y Magliozzi. Antiche vicende dei
benefratelli…, op.cit, p. 15.
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Sermones cuaresmales del siglo XVII
[1] “El año litúrgico es el conjunto de las celebraciones con que la Iglesia conmemora anualmente
el misterio de Cristo; es de la tradición hebrea de donde la Iglesia primitiva heredó la idea de la
celebración de una serie de fiestas litúgicas a lo largo del año […] Actualmente, según el concilio
Vaticano II (1962-1965) el domingo es el fundamento y núcleo de todo el año litúrgico, el cual
tiene su cima en el Triduo Pascual”, Pacomio, Luciano et al. Diccionario Teológico Enciclopédico. 3ª
ed., Navarra, Verbo Divino, 1999, pp. 61-62. La noción de año litúrgico surgió en el siglo XVIII,
véase Lacoste, Jean-Yves (dir.). Diccionario Akal crítico de Teología. Madrid, Akal, 2007, p. 110.
[2] Véase Pacomio. Diccionario Teológico…, op. cit., p. 62 y Sartore, Domenico (dir.). Nuevo diccionario
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Cecilia A. CORTÉS ORTIZ
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Sermones cuaresmales del siglo XVII
Desde su origen, la Pascua fue una celebración nocturna, por lo que poco a
poco esta vigilia pascual fue precedida por uno y, después, dos días de ayuno,
dando lugar a que con ello se conformara un tiempo de preparación. Hacia el
año 200, Tertuliano habla de un ayuno de dos días antes de la fiesta pascual:
el viernes y el sábado. Ya en el siglo III, en la Didascalia de los apóstoles, hay
testimonio de un ayuno de una semana enfatizado en el viernes y sábado6. Esta
idea del ayuno como preparación para la Pascua va a ser el móvil que generará
paulatinamente el establecimiento de la Cuaresma. De igual forma, esos dos días
primigenios de ayuno cercanos a la vigilia pascual se transformarán “en el triduo
del viernes, sábado y domingo, dedicados respectivamente a la muerte, sepultura
y resurrección del Señor”7.
Intentar establecer una breve historia de la Cuaresma a través del tiempo es una
tarea compleja porque no se sabe a ciencia cierta el momento en el que se instauró
como tal, ya que su formación es el resultado de un proceso de maduración a lo
largo de los años e incluso de los siglos. Las primeras menciones que se tienen de
un tiempo de cuarenta días de ayuno y de preparación para la Pascua las tenemos
a principios del siglo IV en Oriente y a finales de mismo siglo en Occidente8 (en
Roma se tiene constancia de la celebración de los cuarenta días hacia el año de
3859).
En el De sollemnitate paschali de Eusebio de Cesarea, elaborado
aproximadamente en 332, se encuentra la primera referencia de una preparación
de cuarenta días para la Pascua ya como una institución bien conocida y
consolidada:
[...] después de Pascua, pues, celebramos Pentecostés durante siete semanas íntegras; de
la misma manera que mantuvimos virilmente el ejercicio cuaresmal durante seis semanas
antes de Pascua. El número seis indica actividad y energía, razón por la cual se dice que
Dios creó el mundo en seis días10.
El número cuarenta tiene mucha significación dentro del simbolismo bíblico:
cuarenta días duró el Diluvio universal; cuarenta días permaneció Moisés en
el monte Sinaí sin comer ni beber cuando Dios le entregó las tablas de la ley;
cuarenta días con sus cuarenta noches pasó el profeta Elías caminando hacia el
monte Horeb; el profeta Jonás anunció, por mandato de Dios, que en cuarenta días
[6] Véase Bernal, Juan Manuel. Iniciación al año litúrgico. Madrid, ediciones cristiandad, 1984, pp.
158-162.
[7] Sartore. Nuevo diccionario…, op. cit., p. 2006.
[8] Ibídem, p. 497.
[9] Bernal. Iniciación al…, op. cit., p. 176.
[10] Ibídem, p. 171.
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Cecilia A. CORTÉS ORTIZ
la ciudad de Nínive sería destruida por el mal actuar de sus habitantes; cuarenta
años estuvo el pueblo de Dios caminando por el desierto antes de llegar a la tierra
prometida; y, finalmente, la referencia más directa e importante, cuarenta días
pasó Jesús ayunando en el desierto antes de padecer su martirio y muerte.
Sobre la importancia de este número, san Agustín dice en uno de sus sermones:
Los cuarenta días resultan de multiplicar diez por cuatro. En este número, según me
parece, se nos confía un misterio. […] El número cuarenta, que contiene cuatro veces el
diez, significa, según me parece, este tiempo en que ahora nos hallamos y vivimos, y en el
que nos vemos envueltos por el pasar de los días, la inestabilidad de las cosas, la marcha
de unos y la llegada de otros; por la rapacidad momentánea y por cierto fluir de las cosas
sin consistencia. En este número se halla simbolizado este tiempo en atención a las cuatro
estaciones que constituyen el año completo o a los mismos cuatro puntos cardinales del
mundo, conocidos por todos y frecuentemente mencionados por la Sagrada Escritura: De
oriente a occidente y del norte al sur. A lo largo de este tiempo y de este mundo, divididos
ambos en cuatro partes, se predica la ley de Dios, cual número diez. Por ello se nos confía,
ante todo, el decálogo, pues la ley se encierra en diez preceptos, porque parece que este
número contiene cierta perfección. [...] Así, pues, la ley perfecta, indicada en el número
diez, predicada en todo el mundo, que consta de cuatro partes, es decir, diez multiplicado
por cuatro, da como resultado cuarenta. Mientras vivimos en este siglo, se nos enseña a
abstenernos de los deseos mundanos; esto es lo que significa el ayuno de cuarenta días,
conocido por todos bajo el nombre de cuaresma. Esto te lo ordenó la ley, los profetas y
el Evangelio. Lo ordena la ley: Moisés ayunó cuarenta días; lo ordenan los profetas: Elías
ayunó cuarenta días; lo ordena el Evangelio: cuarenta días ayunó Cristo el Señor11.
Pero no sólo se formó alrededor de la fiesta de la Pascua un periodo cuaresmal
sino que desde el año de 568 se fue consolidando un periodo precuaresmal que
continuaba con la numeración de los días antes de la llegada de la Pascua. El
establecimiento de esta precuaresma fue progresivo y el primero en instituirse fue
el domingo de Quincuagésima. Se cree que el origen de este domingo pudo haber
sido el intento de establecer un ayuno real de cuarenta días antes de la Pascua,
puesto que si a los cuarenta días de Cuaresma le restamos sus seis domingos (días
en que por ser de carácter festivo no se puede ayunar) quedan 34 días, así que
para completar el ayuno de cuarenta días se agregó una semana más, con lo cual
el punto de partida para el ayuno empezaría a los cincuenta días, es decir, en el
domingo de Quincuagésima. El origen del domingo de Sexagésima no se sabe con
exactitud pero existía ya en el pontificado de Gregorio (590-604). Con respecto
al de Septuagésima, no fue celebrado hasta mediados del siglo VII. A este periodo
también se le llama tiempo de Septuagésima y el color que lo representa es el morado,
al igual que en la Cuaresma, puesto que este color simboliza duelo y penitencia.
[11] San Agustín. “Sermón 270”, 3, 21-24 (traducido por Pío de Luis Vizcaíno, O.S.A), Obras Comple-
tas de San Agustín, versión en línea: http://www.augustinus.it/spagnolo/discorsi/index2.htm [con-
sultado el 23 de mayo de 2013].
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Sermones cuaresmales del siglo XVII
[12] Flicoteaux, Emmanuel. Espiritualidad del año litúrgico. Salamanca, Sígueme, 1966 p. 131-132,
134 y 138-139.
[13] Bernal. Iniciación al año…, op. cit., p. 194.
[14] Sartore. Nuevo diccionario…, op. cit., pp. 137 y 499.
[15] En sus Sermones Cuaresmales, apud., Castellano, Jesús. El año litúrgico: Memorial de Cristo y mista-
gogía de la Iglesia. Barcelona, Biblioteca litúrgica, 1994, p. 134.
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Cecilia A. CORTÉS ORTIZ
[16] Colombás, García M. et al (eds.). La Regla de San Benito. cap. 49 “La observancia de la Cuaresma”,
2-7, 3ª ed., Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2000, p. 25.
[17] Bernal. Iniciación al año…, op. cit., pp. 173-174.
[18] Citado por Flicoteaux. Espiritualidad del año…, op. cit., pp. 196-197.
[19] San Agustín. “Sermón 207”, 3, Obras Completas…, op. cit.
[20] Ibídem, “Sermón 206, 3”.
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Sermones cuaresmales del siglo XVII
[21] Herrero Salgado, Félix. La oratoria sagrada en los siglos XVI y XVII. Madrid, Fundación Universi-
taria Española, 1996, p. 309.
[22] Cerdán, Francis. “Oratoria sagrada y reescritura en el Siglo de Oro: el caso de la homilía”,
Criticón, 79, 2000, p. 89.
[23] Es preciso señalar que para este trabajo se utilizaron, como se verá en este listado, dos obras de los
albores del siglo XVIII debido a que, al incluirlas, aumentaban los datos que se cotejaron y la lejanía
en tiempo con las otras obras no es considerable.
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Cecilia A. CORTÉS ORTIZ
para todos los Domingos, Miércoles, y Vienes, y algunas otras Ferias, con
remissiones copiosas al Despertador Christiano de Sermones enteros para
los mismos días, Granada, en la imprenta del mismo autor por Francisco
Guillén y Antonio López Hidalgo, 1685.
4. Francisco Sera, O. F. M., Quaresma continua. Adornada con oraciones
morales evangélicas para todos los días y celebridad de las cuarenta horas.
Añadidas otras panegíricas de las mayores festividades en ella ocurrentes,
Barcelona, Juan Solís, 1692.
5. Jacinto de Pareja, S. J., Ferias mayores de quaresma, Madrid, Juan García
Infanzón, 1695.
6. José Barcia y Zambrana, Despertador christiano quadagesimal de sermones
doctrinales para todos los días de la cuaresma, Madrid, Juan García Infanzón,
1697.
7. Diego García, O. S. A., Quaresma predicada en la santa Iglesia Metropolitana
de Zaragoza en su santo templo del Salvador, el año de 1701, Zaragoza,
Manuel Román, impressor de la Universidad, 1703.
8. José de Jesús, O. C. D., Quatro cuaresmas continuas reducidas a una,
predicadas en la santa Iglesia Metropolitana de la siempre fidelíssima ciudad
de Tarragona, Barcelona, Rafael Figuerò, 1706.
9. Manuel de Guerra y Ribera, O. S. T., Quaresma continua: oraciones
evangélicas para todos los días, Madrid, imprenta real por José Rodríguez
de Escobar, segunda impresión, 173424.
Estos sermonarios fueron elegidos debido a que proporcionan, a modo de
título, un nombre para cada uno de los sermones (y para los días) de Cuaresma,
dependiendo del evangelio del día. Se revisaron más pero se deshecharon al no
contar con dicho nombre. De estos sermonarios, los que comprenden la Cuaresma
completa son cinco: los números 1, 4, 6, 8, 9. Y los sermonarios parciales son
cuatro: los números 2, 3, 5 y 7.
Al comparar entre los sermonarios los títulos de los sermones de cada día
encontramos que se repetían o que tenían un nombre parecido, lo cual hacía
pensar en que quizá los días de la Cuaresma eran conocidos popularmente por
el nombre del sermón, es decir, que era posible que cada día de la Cuaresma
tuviera una designación popular dependiendo del evangelio del día. Al respecto,
[24] La predicación y publicación de este sermonario se realizó en el siglo XVII a pesar de que el ejem-
plar consultado sea de principios del XVIII.
102
Sermones cuaresmales del siglo XVII
Andrés Soria Ortega afirma que “los temas cuaresmales se adaptan estrictamente
al tiempo litúrgico y se titulan conforme a la designación popular que tenía cada
día de la cuaresma. Así, Viernes de enemigos se entendía entre los fieles, pero
sobre todo entre los predicadores y la gente familiarizada con la vida de la iglesia,
el viernes primero de Cuaresma 25”. Del mismo modo, Félix Herrero Salgado dice
que “muchos de los días de la Cuaresma tienen nombre propio, el que el pueblo
les dio y que guarda relación casi siempre con el evangelio del día: Miércoles de
Ceniza, Jueves del Centurión, Viernes de los Enemigos, Sábado de la Tempestad,
Domingo de las Tentaciones, Lunes del Juicio…”26.
Los nombres que pocas veces difieren son los de los días más importantes
y en los que siempre se predicaba: los miércoles, viernes y domingos; mientras
que los nombres de los días menos importantes (lunes, martes, jueves y sábados)
presentan una mayor variación. Así las cosas, en este trabajo presentamos una
lista que presenta los posibles nombres populares de los días de la Cuaresma. Esta
propuesta es un primer acercamiento, la lista podría ampliarse (y corroborarse)
realizando una búsqueda aún más exhaustiva en otros sermonarios cuaresmales
completos.
Nombres de los días de la Cuaresma siguiendo a los sermonarios impresos del
siglo XVII:
1er. miércoles: Miércoles de Ceniza.
1er. jueves: Jueves del Centurión.
1er. viernes: Viernes de Enemigos.
1er. sábado: Sábado de la Tempestad.
1er. domingo: Domingo de las Tentaciones.
1er. lunes: Lunes del Juicio.
1er. martes: Martes de la Conmoción en Jerusalén.
2do. miércoles: Miércoles de las Señales.
2do. jueves: Jueves de la Cananea.
2do. viernes: Viernes de la Piscina.
2do. sábado: Sábado de la Transfiguración.
2do. domingo: Domingo de la Transfiguración.
2do. lunes: Lunes de la Ausencia de Cristo.
2do. martes: Martes de las Cátedras.
3er. miércoles: Miércoles de las Sillas.
3er. jueves: Jueves del Rico avariento.
[25] Soria Ortega, Andrés. El maestro fray Manuel de Guerra y Ribera y la oratoria sagrada de su tiempo.
Granada, Universidad de Granada, 1991, p. 155.
[26] Herrero. La oratoria…, op. cit., pp. 309-310.
103
Cecilia A. CORTÉS ORTIZ
al margen de las lecturas principales del evangelio del día. De este tipo hemos
encontrado sermonarios que agrupan a los sermones en series, ya sea de seis o de
siete sermones, como puede verse en los sermonarios siguientes:
1. Diego García, O. S. A., Narración histórica de la milagrosa venida de
María Santíssima a defender a Zaragoza… ilustrada con siete declamaciones
panegíricas dichas en los siete sábados de Quaresma, Zaragoza, por Manuel
Román, impresor de la Universidad, 1706.
2. Gabriel de Aranda, S. J., Historia del gran profeta Daniel repartida en seis
sermones para predicar los domingos de Quaresma por la tarde, Sevilla, Juan
de la Puerta, 1699.
En el ámbito novohispano, aunque no es en sentido estricto un sermonario
cuaresmal, contamos con una vasta obra que contiene 72 sermones, 61 de los
cuales pertenecen al tiempo litúrgico de la Cuaresma:
1. Antonio Delgado y Buenrostro, Historias varias canónicas moralizadas en
sermones consagrados a la soberana magestad de la Emperatriz de los cielos la
Virgen María…, Diego Fernández de León, Puebla de los Ángeles, 1693.
Estos sermones fueron predicados en series de seis, de forma que el
sermonario recopila diez series y un sermón suelto. Cada una de las diez series
de seis sermones se predicaron un determinado día de la Cuaresma, en el mismo
lugar y a la misma hora. En la ciudad de Puebla de los Ángeles se predicaron ocho
de estas diez series:
1. En 1672: la “Historia de Salomón moralizada en sermones”, predicados en
la Iglesia de Señoras Religiosas de san Jerónimo los domingos de Cuaresma
por la tarde.
2. En 1673: el “Arca de Noé alegórica, historia del diluvio moral”, sermones
predicados en la Iglesia del Monasterio de Señoras Religiosas de la
Santísima Trinidad con título de “las benedictas”, celebrados con música
divina los jueves de Cuaresma.
3. En 1674: las “Ponderaciones expositivas sobre la historia de la Pasión de
Nuestro Señor Jesucristo”, predicados en la Iglesia de Señoras Religiosas
de la Santísima Trinidad los miércoles de Cuaresma por la mañana.
4. En 1675: las “Proezas del alma justa en la mujer del doce del Apocalipsis”,
predicados en la Iglesia del Convento de Señoras Religiosas de la Purísima
Concepción de Nuestra Señora los domingos de Cuaresma por la tarde.
5. En 1681: los “Discursos morales deducidos de la vida y muerte de José
105
Cecilia A. CORTÉS ORTIZ
106
Sermones cuaresmales del siglo XVII
Conclusión
De los sermones cuaresmales en la época del Barroco se ha dicho muy poco,
tanto desde el punto de vista histórico como desde el filológico. El presente
trabajo pretende ser un primer acercamiento, y como tal, seguramente contenga
muchas imprecisiones. La satisfacción más grande que podría proporcionar esta
investigación es ser el comienzo de estudios más amplios, detallados, profundos
y exhaustivos sobre los sermones cuaresmales barrocos.
[27] Este nombre es el único que no se corresponde con ninguno de los nombres encontrados en los otros
sermonarios. Es el testimonio único de esta designación para el cuarto miércoles de Cuaresma.
107
La leyenda y milagros de la
Virgen de las Angustias de Granada:
un ejemplo de historia hagiográfica barroca
en un documento jurídico1
Dentro del mundo de la religiosidad popular, tienen especial interés todo ese
complejo mundo de las leyendas de apariciones de imágenes. Ya sea en la época
del medievo, como a lo largo de la Edad Moderna, surgirán una serie de relatos
etiológicos que, a nivel sociológico, poseen un enorme significado.
Por un lado, son historias piadosas, ajenas a la dogmática eclesial, que intentan
explicar el porqué o el origen de determinada talla, “simulacro” o cuadro de
devoción en un lugar específico. Pero, por otro lado, y quizás como elemento de
mayor importancia, estos relatos suponen para la localidad, comarca o ciudad
en cuestión, un signo de reafirmación identitario. En este sentido, esta tipología
de narraciones pretende establecer un especial vínculo con la divinidad. En
sí, quieren demostrar con dicha leyenda, cómo un determinado lugar ha sido
elegido directamente por Dios, la Virgen o el santo en cuestión, para quedarse o
permanecer allí.
Como decimos, estas historias relacionadas con las imágenes, mantienen
cierto “aroma” religioso, si bien se suelen quedar al margen de la ortodoxia
eclesiástica. Estos relatos, que no pretenden ofrecer ninguna enseñanza moral o
ética, sí expresan determinadas virtudes morales muy básicas: bondad, maldad,
generosidad, humildad… Todo ello, evidentemente, es consecuencia del perfil
popular en el que son concebidas y para el que son narradas.
Precisamente, debido a ese carácter sencillo, para el vulgo, estas leyendas
109
José Antonio PEINADO GUZMÁN
acostumbran a transmitirse de forma oral. Ese boca a boca adorna estas narraciones
con matices y detalles diferentes, engrandeciendo, a su vez, el propio relato. Es
por ello que no es extraño encontrar distintas versiones de la misma historia: la
leyenda nutre a la propia leyenda. Asimismo, incidiendo en este punto, cuando se
analizan las variadas narraciones que encontramos sobre las diferentes imágenes,
podemos constatar cómo, de unos lugares a otros, los sucesivos relatos suelen ser
bastante parecidos.
Al hilo de esto que tratamos, resulta aún más llamativo el documento que
presentamos en esta publicación (véase Anexo). El Legajo VII, en su parte II, que
se conserva en el Archivo de la Abadía del Sacro Monte de Granada, cuenta la
leyenda de la Virgen de las Angustias, patrona de la ciudad. Pero lo más reseñable
del texto, independientemente de lo particular de que la historia aparezca por
escrito, es la formula como se expresa. Nos encontramos ante un documento
legal, con juramento ante notario, en el que declaran una serie de testigos sobre
la veracidad de la historia de la imagen, así como de variados milagros atribuidos
a la propia Virgen. El hecho de ser un texto jurídico, con esa particularidad del
juramento, hace que lo que en sí podría ser una narración popular más, adquiera
una dimensión diferente.
Dicho esto, pasamos a sintetizar lo que en el mencionado Legajo VII, parte II,
hallamos. En primer lugar, hemos de decir que, a lo largo de la historia granadina,
este legajo ha sido reproducido parcialmente en lo concerniente estrictamente a
la leyenda, mas nunca había sido transcrito en su totalidad 2. Aprovechamos este
texto para extractarlo completamente y rescatar una serie de milagros que se le
atribuyen a la devota imagen patrona de Granada.
Así pues, el documento, con fecha de 10 de septiembre de 1633, expone cómo
ante el notario Damián Guerrero, se presenta el Beneficiado de la parroquia de
la Virgen de las Angustias, el Doctor Pedro de Espinosa, junto con el sacristán
del mencionado templo, Alonso de Garavito, de cuarenta y ocho años de edad.
[2] El legajo es transcrito en una pequeña parte por el P. Antonio de la Chica Benavides en su Gazetilla
curiosa a mediados del siglo XVIII, así como por Diego Sánchez Saravia algunos años después, y
por el P. Hitos, ya a mediados del siglo XX, también parcialmente: De la Chica Benavides, Anto-
nio. Gazetilla curiosa. Granada, Convento de la Orden de la Stma. Trinidad Calzados, 1765, nº
4 de marzo. Hitos, Francisco Antonio. Páginas históricas de Nuestra Señora de las Angustias patro-
na de Granada. Granada, Imprenta Sagrado Corazón, 1963, pp. 12-14. Sánchez Saravia, Diego.
Compendio histórico del origen, y culto en Granada de Nuestra Señora de las Angustias: aparecimiento
prodigioso de su devotissima imagen con los progresos de su culto, hasta el presente. Granada, Imprenta
de la Santísima Trinidad, 1777, pp. 6s.
110
La leyenda y milagros de la Virgen de las Angustias de Granada: un ejemplo de historia hagiográfica barroca en un documento jurídico
Éste último será el que declare, bajo juramento, que desde que la ermita se hizo
parroquia (hacía de ello veintitrés años), él había sido testigo, y había conocido
personalmente testigos de mayor antigüedad, que conocían, desde hacía más de
cuarenta años, la imagen de la Virgen poseyendo ya gran devoción. Muestra de
ello eran los innumerables exvotos que se colgaban en la iglesia. Entre los sucesos
más milagrosos que relata el sacristán, destacan la resurrección de muertos,
sanación de enfermos tullidos y cojos, así como librado de caídas peligrosas,
heridas o enfermedades de muerte.
Seguidamente, Garavito pasa a contar la historia de cómo llega la imagen
de la Virgen de las Angustias a Granada. Para ello cita a tres mayordomos de la
Hermandad de la Virgen de las Angustias, que habían fallecido en torno a 1620
y 1625, y que habían vivido ochenta y dos, noventa y cien años, respectivamente,
cada uno de ellos. Se trata de Melchor de Espinosa, de Juan Sánchez y de Bartolomé
Garrido. De igual modo, se menciona al primer Beneficiado de la parroquia,
el Doctor Pozo. Lo primero que se atestigua es que, anteriormente a la actual
imagen, existía una talla diferente a la que hoy se halla en el altar mayor, cuando
aún el templo era ermita. Seguidamente, continúa con el relato propiamente
dicho. Cuenta el mismo cómo dos caballeros que decían proceder de la ciudad
de Toledo, llegaron a Granada y se interesaron por hablar con los representantes
de la cofradía de Nuestra Señora de las Angustias, que se había conformado por
un grupo de hortelanos en 1545. Una vez estuvieron ante el mayordomo de la
hermandad, le comentaron que ellos también veneraban en su ciudad de origen
la misma advocación. Asimismo, dejarían sin más explicaciones, la imagen. A
pesar de intentar agasajarles con regalos, estos personajes rechazaron los presentes
y se marcharon. Tiempo después, la hermandad granadina quiso agradecer dicho
regalo y se puso en contacto con la de Toledo. Allí llevaron como presentes sedas,
azúcar y dulces. La sorpresa fue mayúscula cuando nadie, en aquella ciudad,
ni conocía a tales caballeros, ni que hubiesen regalado una imagen, o que tan
siquiera hubieran mandado una comisión a la ciudad de Granada.
Una vez narrada la famosa leyenda de la Virgen de las Angustias, pasa a relatar
diferentes prodigios atribuidos a la misma. El primero de ellos es el que atañe a
la curación del trinitario P. Ávila. Este religioso, tullido, necesitaba para poder
desplazarse del uso de muletas. Devoto de la imagen, realizaría una novena en su
honor. Al finalizar la misma, se produjo el milagro y salió curado. Como muestra
de la curación, el protagonista dejaría sus muletas colgadas en la misma iglesia. Y
atestigua, además, el sacristán, que ello había sucedido hacía más de veinticuatro
años.
111
José Antonio PEINADO GUZMÁN
112
La leyenda y milagros de la Virgen de las Angustias de Granada: un ejemplo de historia hagiográfica barroca en un documento jurídico
la Acequia Gorda. En dicho lugar se hallaban nueve ruedas de tornos. La hija del
mencionado testigo, llamada Juana María (o Juana Antonia María como aparece
más adelante), y de tres años y medio, cayó en los mismos pasando por cada uno
de sus discos. Sería el otro hijo del matrimonio, Francisco, de unos cinco años,
el que informase a su madre del accidente. Conforme la niña iba rodando por
el agua, la madre invocaba a la Virgen dando voces y encomendando a su hija.
Todo el vecindario se alborotó acequia abajo, intentando sacar a la muchacha
del canal, pero ésta había desaparecido bajo las aguas. Pasadas las nueve ruedas
de tornos, el agua desembocaba en el molino que se encontraba en la casa del
Estanque de la Pólvora. Allí se hallaba el citado albañil Diego de Ortega, quien
se disponía a vestirse de nuevo. El joven se lanzó al agua sacando a la niña viva,
sin ningún daño, con apenas algún rasguño. Pero lo asombroso del caso es que
el muchacho salió de la acequia enxuto como si no hubiera entrado en el agua, algo
que fue considerado como una maravilla admirable y como un milagro de la
Virgen de las Angustias.
Volviendo al juramento del sacristán Alonso de Garavito, se reseñará un caso
curioso referente al gasto de cera de velas y hachas. Sucedió en la fiesta que
la Esclavitud de Nuestra Señora de las Angustias organizó para el postrero dia
de pasqua de Espiritu Santo, según señala, sobre 1630. El prodigio se repitió,
asombrosamente, durante tres años. Habiendo adquirido una considerable
cantidad de cera del cerero Salvador de Castañeda, concretamente cincuenta
hachas de cera blanca y treinta velas de a libra, tras haber estado ardiendo en
la fiesta desde las cinco de la mañana hasta la puesta de sol, apenas se gastaron.
Al devolver la cera alquilada al cerero, para pesarla y calcular el consumo que
se había producido, asombrosamente el peso no había variado, como si no se
hubiesen encendido las velas y hachas, y no hubiese habido gasto.
El diecinueve de septiembre de 1633 será cuando se efectúe el juramento y
testimonio del ya mencionado hilador Francisco López. Lo primero que declara
es que, desde hace más de veinte años, tiene noticia y conciencia de que la
imagen de la Virgen se encuentra en la iglesia de su nombre, poseyendo una gran
devoción y fervor hacia la misma. A continuación, pasa a relatar los dos milagros
que hemos extractado anteriormente, y que tienen como protagonista al citado
albañil Diego de Ortega. El concerniente a su hija, lo fecha el Lunes, vispera de
nuestra Señora de la assumpzion, que cae por el mes de Agosto, de ese mismo año
1633.
Tras esta declaración, encontramos la del otro hilador, Alonso de la Rosa
Espejo. Se efectúa en el mismo día, el diecinueve de septiembre de 1633. En
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José Antonio PEINADO GUZMÁN
dicho testimonio vuelve a reiterar el prodigio que tiene por protagonistas a Diego
de Ortega y la niña Juana María.
Un día después, el veinte de septiembre, se producirá la declaración y
juramento de la esposa de Francisco López y madre de la niña Juana María,
María de Benavides. En dicho testimonio se vuelve a repetir la devoción y fervor
que se le tiene a la imagen desde que ella tiene conciencia, esto es, de veinte años
atrás. A continuación pasará a relatar los dos milagros donde se ve implicado el
albañil Diego de Ortega, el de su hija, y el de la Huerta de Tintín.
Expuesto todo esto hemos de concluir que, en lo referente al relato y narración,
la historia apenas varía de los cánones en los que se suelen expresar las leyendas
milagrosas de imágenes. Una literatura y texto sencillo, donde se centra en
engrandecer y ensalzar el fenómeno maravilloso de la divinidad, y donde la
tipología de prodigios suelen ser bastante parecidos siempre. Lo que sí resulta
curioso es el formato que se utiliza para expresarlo. Si bien, normalmente, este
tipo de relatos suelen expresarse oralmente, boca a boca, lo llamativo de este caso
es su tinte jurídico. Toda la narración, tanto de la leyenda como de los diversos
milagros, se realiza bajo juramento y como testificación ante un notario, en este
caso Damián Guerrero. Esta “solemnidad” de la forma, unida a la proliferación
de fechas y de nombres de personas y oficios concretos, le da, o pretende darle,
ciertos visos de veracidad y de objetividad en la historia.
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La leyenda y milagros de la Virgen de las Angustias de Granada: un ejemplo de historia hagiográfica barroca en un documento jurídico
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José Antonio PEINADO GUZMÁN
[3] Cofradía.
[4] Cofradía.
[5] Prioste.
[6] Cofrades.
[7] Prioste.
[8] Cofradía.
[9] Cofradía.
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La leyenda y milagros de la Virgen de las Angustias de Granada: un ejemplo de historia hagiográfica barroca en un documento jurídico
ellos, personas ni nombres, por donde se entendió y tubo por casso milagroso, y
de Gran maravilla el haver traido esta Santisima ymagen de nuestra Señora de las
Angustias a esta ciudad y esta tradizion fol.7/ y origen se a entendido y entiende,
que fue el estar en esta yglesia de mas de ochenta años a esta parte y después que
se save acordar este testigo ha visto y oydo Grandes maravillas y milagros
atribuidos por la ynterzesion de nuestra Señora de la Advocazion de las Angustias
y a bisto siempre que a crezido en los fieles la devozion frequentando siempre su
Santo templo, con vigilias novenas, y misa publicando sus maravillas con Grande
fee atribuiendo todos sus milagros a la ynterzesion de esta Santisima ymagen = y
en particular en su tiempo, vio este testigo que el Padre Avila, que fue rrelixioso
de la horden de la Santisima Trinidad, estubo tullido munchos años abrá mas de
veinte y quatro años, y hizo una novena a esta dicha iglesia de las Angustias fol. 8/
ofreziendose a nuestra Señora de la dicha Advocazion, y lo hizo traer a la dicha
yglesia, en una silla de manos por no poder tenerse en sus pies, y tenía unas
muletas y estubo en la dicha yglesia delante de la ymagen de las Angustias, y en
el postrero dia que acavó la novena se levanto bueno y sano y se fue por su pie, y
dexó el escapulario y muletas, colgadas en la dicha yglesia por señal del dicho
milagro, y estubo muchos años en la dicha yglesia = Y ansimismo vio este testigo
que un hombre forastero, abrá veinte y un años poco mas o menos, que parezia
ser de Reyno extraño, vino a la dicha yglesia de las Angustias, el qual le hizo una
fiesta Solemne de misa y Sermon y pagó la limosna, epuso a vozes diziendo que
nuestra Señora de las Angustias le abia librado en el mar fol. 9/ de que no se ahogase,
por que dixo que viniendo en el mar en su navío en un Golfo que no se acuerda
este testigo que Golfo dixo, que se havia levantado tormenta y que viniendo y
estando en Gran peligro para ahogarse se havia ofrezido a nuestra Señora de las
Angustias, y que milagrosamente, lo havia librado, y asi la visitó en su yglesia, y
dexó zien rreales para misas e hizo fiesta como a dicho = Y abrá a lo que se quiere
acordar diez y seis o diez y siete años poco mas o menos que estando este testigo
en el molino de Juan Ros, que está en el molino de Señor San Sevastian, por
donde passa la hacequia Gorda, que en una de las Canales del molino, vido estar
a una mujer labando rropa, la qual tenía un hijo de hedad de ocho a nueve años,
y el muchacho fol. 10/ andava porzima las Canales saltando y jugando, y cayo en la
Canal por donde el agua yba en mas cantidad, que por las otras, y con maior
ympetu, y rraudal, y viéndolo caer la madre lo ofrezio a vozes a nuestra Señora de
las Angustias, diziendo válgate nuestra Señora de las Angustias, y la madre y
otras mujeres que allí abia, y el testigo que se halló presente, acudieron de presto
a las vozes que dava, y vió que sacaron al muchacho de lo hondo del agua sano,
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José Antonio PEINADO GUZMÁN
vivo, sin lesión, ni golpe, ni herida, que se atribuió a maravilla mui Grande, y a
milagro de nuestra Señora de las Angustias, por que cuando caió por la canal
estava a toda furia moliendo la piedra, y cayó en el rrodezno donde fol. 11/ vino
fuera y se atribuyera a milagro, naturalmente, quedara hecho pedazos, y quando
lo sacaron de allí, dezia el dicho muchacho que una muger con unas tocas largas
lo havia sacado de halli y este testigo, a hechado de ver, y se atribuió a milagro de
nuestra Señora de las Angustias = Y ansimismo, oyó dezir, este testigo que en el
dicho molino, cayó otra niña pequeña, por la misma canal, no sea que no la haver
oydo decir, cuya hixa era, y que habiendo ynbocado el nombre de la Santisima
Virgen de las angustias, abia quedado y la sacaron, viva y sana; Y por un dia del
mes de Henero, que fue a veinte y quatro del de este presente año, estando unos
niños de Albaro de Cordova escribano publico del numero subidos en lo alto de
una bentana fol.12/ que cae a la Carrera, que va a Jenil arrimandose a una zelozia,
que estava clavada, se desclavó y cayó un muchacho, hixo del dicho Alvaro de
Cordoba de hedad de seis años, y dio en la calle en la misma Carrera sobre lo
empedrado de ella donde havia piedras, y Su Madre Viendolo caer, a vozes lo
ofreció y encomendó a nuestra Señora de las Angustias, y yendo por la criatura a
la calle, entendiendo estava muerto lo hallaron Vivo, sano, sin herida, ni Cardenal,
ni macula, ni señal ninguna y lo subieron a su cassa, y esta oy Vivo y sano, y se
atribuió a marabilla y milagro por la ymbocazion de nuestra Señora de las
Angustias, a quien lo encomendaron = Y ansimismo abrá quince a veinte años,
que este testigo, vio fol. 13/ que Diego de Hortega, que es un mozo a quien conoze
desde que nazió travajando, en los solares de la Guerta de Tintin, en la lavor de
unas Cassas estando doze tapias en alto, cayó al suelo y al Caer haviendose
encomendado a nuestra Señora de las Angustias, según, el dijo quedó vivo y sano,
sin daño ni herida y lo está oy, y en quanto a estar trabajando sobre las tapias, lo
vido este testigo en quanto a lo demás lo oyo dezir este testigo, y fue publico o
notorio = Demas de lo qual, ha visto este testigo, que tres años arrea (sic10), que
se hizo la fiesta prinzipal de la esclavitud de nuestra Señora de las Angustias, que
se sirve en la dicha yglesia, que es el postrero dia de pasqua de Espiritu Santo, que
esta fundazion de esta esclavitud, haviendose traido Zinquenta hachas fol. 14/ de
zera blanca, y otras treinta belas de a libra y ardiendo desde las zinco de la mañana
hasta que se a puesto el sol, y siendo como son por los meses de Maio, y prinzipio
de Junio, que son los dias mas Grandes que en todo el año, y ardiendo las doze
hachas delante del Santisimo Sacramento, que estava descubierto, y de la Santa
ymagen de nuestra Señora de las Angustias, y las treinta belas que no se apagaron
[10] Acá
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La leyenda y milagros de la Virgen de las Angustias de Granada: un ejemplo de historia hagiográfica barroca en un documento jurídico
en todo el dia, y a la tarde aviendo andado la prozizion con todas las zinquenta
hachas, con muncha solemnidad y espazio de las zinco de la tarde hasta la orazion
= y acavada la fiesta volvieron toda la zera a el Cerero de adonde la zera se trujo
alquilada y pesandola para pagar el gasto se halló la zera Caval, como si la zera no
se hubiera enzendido ni gastado, y este fol. 15/ casso suzedió el primero año de los
tres que ha rreferido, y el segundo que abrá dos años, volviendo a traer la zera del
mismo Cerero, que es Salvador de Castañeda, para la misma fiesta, los maiordomos,
que a la sazon eran comisarios de la fiesta, que fueron Anton Baptista y Antonio
de Toro, con mayor cuidado, hizieron pesar la Cera, y la escribieron y acudieron
a el Cerero para que mirase Vien si el año passado havia habido hierro, y en el
peso, y hallaron que no havia sido hierro, sino que el primero año, no havia
faltado Cera y en el Segundo, se pesó haviendo hecho la fiesta, como el año antes,
y sobraron ocho onzas de Cera, y luego el terzero año por el consiguiente, pusieron
maior cuidado en el peso de la Cera escribiendolo fol. 16/ en el libro del Cerero, en
otro pliego distinto, y traiendoselo los Comisarios de la fiesta, con la Cera a la
dicha yglesia de nuestra Señora de las Angustias y habiendo hecho la fiesta, con
la misma solemnidad, y durado, desde las zinco de la tarde, hasta la noche y
habiendo puesto mas de treinta velas de a libra en el altar, y doze hachas que
ardieron desde la mañana hasta que se acavó la fiesta, que fue a la orazion,
llevando la Cera a pesar el dicho Cerero la hallaron Caval y sobraron diez y ocho
onzas = Todo lo qual se atribuió a casso sobrenatural, y milagroso por la devozion
de nuestra Señora de las Angustias, cuya fiesta hizo la esclavitud de nuestra
Señora y todos los que an savido el casso se an admirado porque an sido fol. 17/
notorios milagros y maravillas, que nuestro Señor a obrado y hecho por medio de
la Santisima Ymagen de nuestra Señora de las Angustias y assido cossa publica e
notoria y a causado, en los ofiziales maior fervor de devozion, y comun mente se
a tenido y tiene y Venera la dicha Ymagen por cossa milagrosa, demás de lo qual
a oydo decir, y es publico e notorio, que nuestro Señor a obrado otras munchas
maravillas, y milagros, con munchas personas de esta Ciudad, por la ymbocazion
de nuestra Señora de las Angustias, y que esto es la verdad, so cargo del Juramento,
que tiene fecho, y dixo ser de hedad de quarenta y ocho años, y lo firmó de su
nombre y leydo, se rratificó en su dicho = Alonso Garavito = Ante my: Damian
Guerrero Notario. fol. 18/
En la Ciudad de Granada a diez y nuebe días del mes de Septiembre de mill
seiszientos y treinta y tres años para la dicha Ymformazion, de presentación del
dicho Dotor Espinosa, Venefiziado de la Yglesia Parrochial de nuestra Señora de
las Angustias, se rrezivió Juramento en forma de derecho de un hombre que se
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José Antonio PEINADO GUZMÁN
dixo llamar, Franzisco Lopez y dixo ser hilador de seda, vezino de Granada, en la
Parrochia de nuestra Señora de las Angustias, en la calle nueva de los tornos del
agua, que vive en una cassa, donde está el un torno, socargo de lo qual prometió,
de dezir verdad, e preguntado = Dijo, que este testigo, tiene notizia de la imagen
de la advocazion de nuestra Señora de las Angustias, que está en fol. 19/de el
mismo nombre que oy está esta, y puesta en el altar maior de la dicha yglesia, y
este testigo, aunque no es esclavo de la Cofadria (sic11) de nuestra Señora de las
Angustias a visto, la dicha ymagen en la dicha yglesia, demas de veinte años, que
a que se venera, y tiene notizia, y a oydo dezir, públicamente munchos milagros
y maravillas, que nuestro Señor a obrado por la ymbocazion de nuestra Señora
de las Angustias, con diferentes personas y criaturas de todos estados y hedades
con lo qual ha visto se a acrezentado la devozion en los fieles y personas que de
hordinario ha visto visitar y frequentar la Santisima ymagen de las Angustias
en su yglesia Parrochial, la qual es de muncha devozion fol. 20/ Y venerazion, y en
particular por un dia del mes passado, que a lo que se acuerda fue Lunes, vispera
de nuestra Señora de la assumpzion, que cae por el mes de Agosto, que estando
en casa de este testigo que es una casa12 donde ay un torno, Grande de Agua para
la Seda, y estando dando bueltas, en el Agua de la Cequia Gorda de Jenil, que
muebe las Ruedas, una niña llamada, Juana Maria, hixa de este testigo de hedad
de tres años y medio, se llegó por la puerta que sale, a la misma hazequia de los
tornos y cayo en el agua y passó nueve ruedas de tornos, que en hilera estavan,
en el agua rodando, y la niña devajo del Agua y un fol. 21/ Hixo de este testigo
llamado Franzisco de hedad de zinco años, dixo a su Madre, como la niña havia
caydo en la Zequia, dando vozes y con Grande alvoroto y Gritos, vaxó su muger
de este testigo y madre de la criatura que se dize Dª Maria de Venabides y dixo
encomendandose a nuestra Señora de las Angustias, y no pareció la criatura,
porque yba rodando, en la Cequia avajo pasando de las rruedas de los tornos que
estavan en el Agua que son nuebe Ruedas, que de hordinario se mueben y andan
con Gran Violenzia y buscando por donde poder entrar, hallaron Cerradas las
puertas de los Vezinos Comarcanos para Ver por donde fol. 22/ Yva la criatura para
sacalla y no la pudieron ver, y la madre desmaiada dando vozes y clamando a
nuestra Señora de las Angustias, y hasta que passó por el agua todos los tornos y
salió en el agua por la puente de Junto la Cassa de el estanque de la polvora Junto
a el molino, y un lavadero que allí esta aviendo passado nueve cassas de tornos, y
la vezindad de mugeres y hombres yban dando vozes, para que la sacasen donde
[11] Cofradía.
[12] Tachado en el original: undida.
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José Antonio PEINADO GUZMÁN
donde poder entrar y esta testigo yva dando vozes ynvocando a nuestra Señora
de las Angustias, y hasta que pasó por todas las nueve rruedas de los tornos del
agua, que son Grandes y se mobian con Gran furia por la abundanzia del agua
que traía el azequia, y la criatura vino a salir, por una puente que esta junto fol. 35/
Al estanque, de la polvora Junto al molino, y estando en la puerta de la Cassa de
la polvora, un mozo que allí bivia, llamado Diego de Hortega albañil, se havia
Vestido de nuevo, y atandose unas ligas y estando con medias y zapatos nuevos,
y bestido se arroxó al agua y sacó la criatura en sus brazos, la que havia passado
por la puentezuela, que está Junto al dicho estanque de la polvora y dentro del
agua la coxió en sus brazos, y la halló viva y sana, sin señal de Golpe ni herida, ni
Cardenal y le dixo a la criatura, que apenas save hablar, quien te a librado niña,
y ella rrespondió la virgen de Angustias, sin poder pronunziar angustias por no
poder hablar claro, y esta testigo, como su madre rezivió la criatura en sus brazos
y solo traía Unos rasgones en el manteo fol. 36/ Que la criatura traía, de como se
havia asido en los clavos de las rruedas, y el dicho Diego de Hortega haviendo
entrado en el agua, Vestido y calzado se halló enjuto como si no se hubiera
moxado, todo lo qual Causó Grande admirazion y marabilla en las personas que
se hallaron presentes, y supieron el casso y lo an tenido y esta testigo y su marido,
tienen este casso por obra, sobrenatural y milagrosa y patente maravilla y milagro
que nuestro señor obró por la ymbocazion de nuestra Señora de las Angustias a
quien esta testigo se la encomendó por haver pasado la criatura, nueve rruedas
de tornos, y mobiendose las rruedas con tanta puxanza y siendo tan Grandes
sin haverle tocado herido ni maltratado fol. 37/ cosa alguna de su cuerpo, y oy
esta buena y sana, y lo contó a el testigo el dicho Diego de Hortega Albañil,
que podrá haver quinze o Veinte días poco mas o menos que estando el dicho
Diego de Hortega travajando en los solares de la Huerta de Tintin en la lavor de
unas cassas y estando doze tapias en alto, cayó al suelo, y al caer, se encomendó
a nuestra Señora de las Angustias, según dixo y fue publico, y quedó vivo y sano
sin daño del Golpe, ni herida alguno, y esta bueno y sano, y se atribuió a milagro
por la ynvocazion, de nuestra Señora de las Angustias y otro dia hizo dezir una
misa en hazimiento de Grazia, en la yglesia de nuestra Señora de las Angustias
y que esto es la verdad, socargo del Juramento, que tiene fecho, de hedad de fol.
38
/ Treinta años, poco mas o menos, y dixo no saber firmar bien, y luego firmó =
Doña María de Benabidez = Ante my: Damian Guerrero Notario.
Concuerda con su original que para efecto de sacar este traslado se escribió
ante mí por Don Pablo Venitez de Castañeda Mayordomo y hermano mayor que
ha sido de la Benerable Hermandad de Nuestra señora de las Angustias de esta
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La leyenda y milagros de la Virgen de las Angustias de Granada: un ejemplo de historia hagiográfica barroca en un documento jurídico
Ciudad quien para este efecto la sacó del archibo de dicha hermandad: Y a quien
la bolbí a entregar Y firmo aquí su recibo a que me refiero; Y para que conste doy
el presente en Granada en Quince de febrero de mill setecientos y quarenta y un
años.
En testimonio de verdad.
Don Pablo Venitez de Castañeda (firma y rúbrica).
Don Juan José de Reyes Caparrós (firma y rúbrica).
Bibliografía
Archivo del Sacro Monte. Legajo VII, parte II.
DE LA CHICA BENAVIDES, Antonio. Gazetilla curiosa. Granada, Convento de la Orden
de la Stma. Trinidad Calzados, 1765.
HITOS, Francisco Antonio. Páginas históricas de Nuestra Señora de las Angustias patrona de
Granada. Granada, Imprenta Sagrado Corazón, 1963.
SÁNCHEZ SARAVIA, Diego. Compendio histórico del origen, y culto en Granada de Nuestra
Señora de las Angustias: aparecimiento prodigioso de su devotissima imagen con los progresos de
su culto, hasta el presente. Granada, Imprenta de la Santísima Trinidad, 1777.
125
Prácticas, ingenios persuasivos y
retórica visual de la imagen de devoción
en Nueva España
[1] Véase, López Guzmán, Rafael (coord.). La historia del arte en Iberoamérica y la Universidad Española,
Granada, Universidad de Granada, 2004.
127
Sergi DOMÉNECH GARCÍA
un lado, el peso del formalismo en la historiografía del arte que ha tasado éstas
manifestaciones artísticas virreinales como subsidiarias de los modelos europeos
y, con ello, carentes de originalidad propia, relegándolas a un nivel inferior en
relación con el arte peninsular. Concepción García Sáiz resume muy bien este
asunto afirmando, en este caso para la pintura virreinal americana, que “en el
conjunto de la producción pictórica occidental, no ha pasado de ser considerada
como una expresión provinciana que no ha logrado introducirse en la historia
de la pintura”2. De otro lado, se encuentra lo limitado del repertorio temático,
concentrado principalmente en obra religiosas y en los retratos3. Es verdad que
las condiciones generales en las que tuvo que desarrollarse la práctica artística en
Nueva España fueron muy distintas de las europeas, pero todo ello no justifica la
visión sesgada que se ha realizado sobre las artes visuales en el mundo americano.
Esto no ha sucedido, en cambio, con los estudios sobre la imagen del poder donde
los investigadores sí han sabido realizar una lectura unitaria de la producción
artística y la retórica visual en el mundo hispánico a uno y otro lado del océano.
En los últimos años, la redirección de este discurso ha venido por medio del
reconocimiento del papel protagónico del arte religioso en la cultura barroca,
especialmente en la americana. Muestra de ello es el renovado interés que, desde
el mundo académico norteamericano, se ha dirigido hacia este tipo de expresiones
artísticas con exposiciones como Sacred spain. Art and Belief in the Spanish Word,
realizada en 2009 en el Indianapolis Museum of Art4. En la base de este viraje se
encuentran los estudios visuales que han empezado a atender a aquellas imágenes
que, por una catalogación basada en su factura técnica y estilística, habían
quedado relegadas a un segundo lugar pero que, en cambio, conservaban un
encanto único cuyo atractivo resultaba evidente para el estudioso de la historia
cultural. Lo cierto es que un buen número de trabajos han centrado su atención
en el papel del arte en las devociones religiosas, como punto central de estudio de
un fenómeno cultural que abarcó grandes ámbitos de la vida social y espiritual de
los virreinatos americanos.
[2] García Sáiz, Concepción. “La pintura virreinal y la historia del arte”, Tradición, estilo o escuela en la
pintura iberoamericana. Siglos XVI-XVIII. México, Instituto de Investigaciones Estéticas, 2004, p.
21.
[3] Rogelio Ruiz Gomar señala estos aspectos así como otros que definen la tradición pictórica novo-
hispana en la introducción de uno de sus trabajos. Ruiz Gomar, Rogelio. “La pintura del periodo
virreinal en México y Guatemala”, en Gutiérrez, Ramón. Pintura, escultura y artes útiles en Iberoamé-
rica, 1500-1825. Madrid, Cátedra, 1995, p. 114.
[4] Catálogo de la exposición: Karl, Ronda (ed.). Sacred Spain. Art and Belief in the Spanish World.
Indianapolis Museum of Art, Indiana , 2009.
128
Prácticas, ingenios persuasivos y retórica visual de la imagen de devoción en Nueva España
[5] Saranyana, Josep Ignasi. Breve historia de la teología en América Latina. Madrid, Biblioteca de Auto-
res Cristianos, 2009, p. 45.
129
Sergi DOMÉNECH GARCÍA
[6] Portús Pérez, Javier. “Las amplias fronteras de la literatura sobre arte en el Siglo de Oro”, Bibliotheca
artis. Tesoros de la Biblioteca del Museo del Prado. Madrid, Museo Nacional del Prado, pp. 28-29.
[7] Rodríguez Nóbrega, Janeth. Las imágenes expurgadas. Censura del arte religioso en el periodo colonial.
León, Universidad de León-Secretariado de Publicaciones, pp. 73-75.
130
Prácticas, ingenios persuasivos y retórica visual de la imagen de devoción en Nueva España
[8] Proceso inquisitorial del cacique de Tezcoco. (paleografía y nota preliminar de Luis González Obregón).
México, Gobierno del Distrito Federal / Congreso Internacional de Americanistas, A.C., 2009,
p. 29. La transcripción del documento original del proceso inquisitorial de Luís González Obregón
se editó en 1910, pero sigo una reedición moderna de la transcripción realizada por éste.
[9] El proceso tuvo lugar en el 22 de julio de 1539, en la iglesia de Santiago Tlatelolco. El inquisidor
general reprendió al obispo de México por esta actuación en carta firmada en Madrid, en noviembre
del año siguiente.
[10] Rodríguez Nóbrega. Las imágenes espurgadas…, op. cit., p. 75.
[11] Íbidem, pp. 76-77.
131
Sergi DOMÉNECH GARCÍA
[12] De forma habitual, la imagen cristiana se ha desarrollado sobre estos dos ejes, conceptual y narrativo.
La narración icónica, –propia del arte occidental a partir de la revolución que significó la narración
en imágenes de la literatura homérica en el mundo griego– es la que permite la formulación de los
distintos tipos iconográficos que representan los episodios sagrados definido a partir de las diversas
fuentes. Estos, a su vez, se generan, continúan e incluso cambian a lo largo del tiempo en virtud de
su variabilidad cultural. En cambio, la imagen conceptual, a pesar de que pueda estar sustentada
sobre escenas narrativas, estructura la imagen sobre un contexto intemporal, que define y concentra
de forma clara el mensaje proyectado en su formulación. Sobre los conceptos de imagen conceptual
y narrativa véase García Mahíques, Rafael. Iconografía e iconología. La historia del arte como historia
cultural (tomo II). Cuestiones de método. Madrid, Ediciones Encuentro, 2008, p. 53 y sig.
132
Prácticas, ingenios persuasivos y retórica visual de la imagen de devoción en Nueva España
define la naturaleza de la imagen. Por un lado, los ciclos narrativos cumplen una
función didáctica, pero entendida ésta desde la retórica visual y la participación
del intermediario, generalmente el sacerdote o director espiritual. Por otro lado, la
imagen conceptual cumple una función devocional que en la práctica artística y
cultural equivale a pinturas de altar, grabados, estampas de devoción o imágenes
procesionales, entre otros usos.
La instauración de un mapa devocional en Nueva España tuvo lugar a medida
que se fueron acometiendo las tareas de conquista y evangelización del continente
americano. Desde los primeros momentos, la presencia de signos cristianos fue
notable siguiendo la lógica de la propia actividad de dominio espiritual13. En ese
mismo programa ideológico se explica la aparición escalonada de devociones,
especialmente la de Cristo y la Virgen, junto con la de los santos fundadores de
las órdenes.
En lo que respecta a la iconografía de la Virgen María existen tres tipologías de
imágenes de devoción en el virreinato. De un lado, las que pertenecen al primer
periodo de la evangelización y sustraen sus orígenes en las campañas iniciales de
evangelización, como las imágenes portadas por los conquistadores o los primeros
evangelizadores. Le siguen las imágenes relacionadas con leyendas novohispanas
cuya creación —no solo la aparición— se corresponde con un hecho milagroso.
Por último, se encontrarían las devociones originales de la península y del resto
de Europa que fueron arribando en los tres siglos del virreinato.
El primero de los grupos incluye aquellas imágenes que, según la tradición,
acompañaron a los conquistadores, adquiriendo protagonismo en algún momento
destacado. Es el caso de la Virgen de los Remedios que, según la costumbre, se
trata de la imagen que Hernán Cortés dispuso en el interior del templo mayor,
una vez conquistada México-Tenochtitlán y que obró milagros por los cuales
intercedió a favor de los conquistadores. Perdida la noticia de la existencia de esta
imagen, la tradición sitúa que en 1540 fue hallada por un indio en el interior de
un maguey. Esta imagen se disputa con la Virgen Conquistadora, venerada en
el convento franciscano de puebla, el ser la imagen dispuesta por Cortés en el
templo mayor. Florencia narra que ésta había sido donada por el conquistador al
indio tlaxcalteca Gonzalo Alxotecatl quien la donaría a fray Juan de Ribas, uno
de los doce frailes fundadores del convento franciscano.
[13] Montes González, Francisco. “Símbolos cristianos en la conquista de México”, Tiempos de América,
n. 18, 2011, pp. 44-63.
133
Sergi DOMÉNECH GARCÍA
[14] La gran importancia histórica, así como el fervor que aun hoy despierta, ha fascinado a los investi-
gadores con lo que existe una amplio enfoque historiográficos. Para la historia del arte, sin duda es
el trabajo de Francisco de la Maza, El Guadalupanismo mexicano, el primero en incidir en la com-
plejidad del culto, sus implicaciones culturales, la relación con la literatura devocional, así como
la riqueza interpretativa de la producción visual. No conviene detenernos en enumerar las publi-
caciones sobre este asunt. Baste simplemente citar varias obras fundamentales realizadas por Jaime
Cuadriello y David Brading. De la Maza, Francisco. El guadalupanismo mexicano, México, Fondo
de Cultura Económica, 1951; Brading, David. Prophecy and Myth in Mexican History. Cambridge,
Cambridge University Press, 1984; Cuadriello, Jaime. “El obrador trinitario o María de Guadalupe
creada en idea, imagen y materia”, en El Divino pintor. La creación de María de Guadalupe en el taller
celestial [cat. exp.]. México, Museo de la Basílica de Guadalupe / Museo de Historia de Monterrey,
pp. 61-205.
[15] Schenone, Héctor. Santa María. Iconografía del arte colonial. Educa-Editorial de la Universidad
Católica de Argentina, Buenos Aires, 2008, pp. 292-293.
134
Prácticas, ingenios persuasivos y retórica visual de la imagen de devoción en Nueva España
[16] Doménech García, Sergi. La imagen de la Mujer del Apocalipsis en Nueva España y sus implicaciones
culturales (tesis doctorado). Valencia, Universitat de València, 2013.
[17] Martínez, Iván. “La Inmaculada Concepción de Capuchinas ‘la Preladita”, en Zodíaco Mariano.
250 años de la declaración pontificia de María de Guadalupe como patrona de México [catálogo expo-
sición]. México, Museo Basílica de Guadalupe /Museo Soumaya, 2004, p. 167.
[18] Florencia, Francisco de, Oviedo, Francisco. El zoodiaco mariano, 1755 (ed. de Antonio Rubial.
México Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1995, pp. 193-196).
135
Sergi DOMÉNECH GARCÍA
con santa Teresa y santo Tomás19. Como en este caso donde el original es una
escultura, fue muy común que la difusión del culto se realizara por medio de
imágenes pintadas que reproducían el original sagrado, verdaderos retratos que,
por medio del empleo de la técnica del trampantojo, se identifican como imágenes
de sustitución afectiva 20.
En el marco de las imágenes de devoción conviene detenerse en una tipología
notablemente significativa cuyo desarrollo, cargado de sentido teológico, tuvo
un alcance uniforme en todo el orbe católico. Me refiero a la extensa tradición
de verdaderos retratos de Cristo y de la Virgen que, aunque puedan introducirse
en el último de los grupos analizados, por tratarse de imágenes trasladadas del
viejo continente, alcanzaron una entidad singular, un estatus cercano al de las
reliquias. El origen de estas devociones se encuentra en diversos imágenes que
se tienen por efigies verdaderas de Cristo y la Virgen. El punto de partida son
las Sagradas reliquias como el paño de la Verónica, o la Sábana Santa de Turín,
que gozaron del estatus de huellas auténticas del cuerpo de Cristo. El hecho de
que reprodujesen los que se tuvieron por trazos auténticos del físico de Cristo los
convertía en reliquias que asentaban las cifras de la divinidad humanada. Estas
representaciones de las efigies de Cristo y la Virgen también se formaron a raíz
de la leyenda de otros verdaderos retratos, como el Mandylion del rey Abgar de
Edesa o el icono de la Virgen que la piedad religiosa reconoce como pintado
por san Lucas21. Este cuerpo de imágenes se fue nutriendo a medida que fueron
aflorando otros iconos de tradición acheropitas.
Nueva España no fue ajena al influjo de estas tipologías. El Museo Nacional
de Arte en México conserva varios de estos casos, como un óleo sobre lámina de
cobre del Divino rostro, firmado por Alonso López de Herrera de quien se tienen
noticia de al menos diez obras más con esta temática, aunque ésta, a diferencia
del resto, muestra un rostro de Cristo en absoluto doliente y sin la corona de
espinas22 [fig. 2]. Esto confirma que el prototipo seguido es el de los retratos
[19] Gila Medina, Lázaro. “Un cuadro inédito de Miguel Cabrera: el del Cristo de Burgos de la iglesia
del Carmen del exconvento de San Ángel, en México, D.F.”, Anales del Museo de América, nº 12,
2004, pp. 205-216.
[20] Doménech García, Sergi. “Función y discurso de la imagen de devoción en Nueva España. Los
‘verdaderos retratos’ marianos como imágenes de sustitución afectiva”, Tiempos de América, n. 18,
2011, pp. 77-93.
[21] Véase, Belting, Hans. Imagen y culto. Una historia de la imagen anterior a la edad del arte. Madrid,
Akal, 2009.
[22] Cuadriello, Jaime. Catálogo comentado del Museo Nacional de Arte. Nueva España. tomo I, México,
Museo Nacional de Arte / INBA-IIE-UNAM, 1999, p. 117.
136
Prácticas, ingenios persuasivos y retórica visual de la imagen de devoción en Nueva España
Figura 2
El Divino rostro,
Alonso López de
Herrera, s. XVII.
Museo Nacional de
Arte, México
Figura 3
Trinidad del cielo y
Trinidad de la tierra,
Andrés López,
segunda mitad s.
XVIII. Museo
Nacional de Arte,
México
del rostro de Cristo según la tradición del mandylion, mientras que el resto de
obras derivan de la Verónica, la faz de la pasión. Una de las obras del autor que
sí responde a este segundo modelo es la que se conserva hoy en día en el Museo
Nacional del Virreinato, en Tepozotlán.
No obstante, aun existe otro modelo, el del Santo Sudario venerado como
reliquia en la Catedral de Oviedo. Según la costumbre, se trata del manto que
cubrió el rostro de Cristo en su traslado hasta el sepulcro tras ser bajado de la
cruz y despojado de la corona de espinas. Una vez allí, le sería retirado ese sudario
siendo amortajado con otras telas, lo que se corresponde con la Sábana Santa.
Tengo para mí que este prototipo del Santo Sudario es el que se contempla en el
altar de los siete Príncipes del templo de la Santa Escuela o de San Rafael, en San
Miguel Allende. Se trata de un lienzo-altar firmado por Juan Baltasar Gómez y
realizado por encargo de Benito de Silva y Francisco Silvestre, fundadores de la
hermandad de la Santísima Trinidad, conocida con el nombre de Santa Escuela
de Cristo. En un detalle del programa visual se observa una de estas verdaderas
efigies de Cristo en la que no aparece con la corona pero sí con el rostro doliente
y las evidencias del sufrimiento de las espinas en la frente.
Las disposiciones eclesiásticas eran estrictas en materia de la difusión de
este tipo de imágenes. La popularidad de este tema está confirmada por estos
ejemplos de pequeño formato, algunos de ellos en lámina sobre cobre, que sirven
de testimonio de su uso. También existieron composiciones inusuales, como un
lienzo de finales del siglo XVII, firmado por Andrés López, en donde se ve al
propio Niño Jesús portando el manto de la Verónica [fig. 3]. La obra es conocida
con el título de Trinidad del cielo y Trinidad de la tierra en relación con los
137
Sergi DOMÉNECH GARCÍA
[23] Doménech García. “Función y discurso de la imagen de devoción…”, op. cit., p. 84.
[24] Portús Pérez, Javier. “Uso y función de la estampa suelta en los Siglos de Oro”, en Morán, Miguel
Portús Pérez, Javier. El arte de mirar. La pintura y su público en la España de Velázquez. Istmo, Ma-
drid, 1997, p. 258.
[25] Schenone. Santa María..., op. cit., p. 554-555. Recientemente se ha ocupado del estudio de la
vanitas en la cultura barroca Vives-Ferrandis Sánchez, Luis. Vanitas. Retórica visual de la mirada.
Madrid, Ediciones Encuentro, 2011.
[26] Doménech García, Sergi. “La imagen de san Francisco de Borja y el discurso de la Compañía de
138
Prácticas, ingenios persuasivos y retórica visual de la imagen de devoción en Nueva España
Jesús en la evangelización del Nuevo Mundo”, en García Hernán, Enrique et al. (ed.). Francisco de
Borja y su tiempo. Política, religión y cultura en la Edad Moderna. Valencia-Roma, Albatros Ediciones
/ Institutum Historicum Societatis Iesus, pags. 319-336.
139
Sergi DOMÉNECH GARCÍA
[27] Florencia, Francisco. Estrella del norte de México, aparecida al rayar el día de la luz evangélica en
este Nuevo Mundo en la cumbre de el cerro de el Tepeyac orilla del mar Tezcucano, a un natural recién
convertido. México, 1688. La obra fundamental para el culto guadalupano es la de Sánchez, Miguel.
Imagen de la Virgen María Madre de Dios de Guadalupe, milagrosamente aparecida en la Ciudad de
México, celebrada en su historia, con la profecía del capítulo doze del Apocalipsis. México, 1648.
[28] Florencia, Francisco. Narración de la maravillosa aparición que hizo el arcángel S. Miguel a Diego
Lázaro de S. Francisco. Sevilla, 1692.
[29] Florencia. El zoodiaco mariano..., op. cit.
[30] Alcalá, Luisa Elena. “¿Pues para qué son los papeles…?’. Imágenes y devociones novohispanas en
los siglos XVII y XVIII”, Tiempos de América, n. 1, 1997, pp. 43-56.
140
Prácticas, ingenios persuasivos y retórica visual de la imagen de devoción en Nueva España
[31] Ossuna, Joachin. Peregrinacion christiana por el camino real de la Celeste Jerusalen, Dividida en nueve
jornadas, con quatro Hospicios, que son unas Estaciones devotas al modo del Via-Crucis, y Guirnaldas a
la Sagrada Passion de Christo, y Dolores de la Santissima Madre. Añadida al fin una Refeccion Espirir-
tual de Oraciones para antes, y despues de recibir los Santos Sacramentos de la Penitencia, y Comunión.
México, Imprenta Biblioteca Mexicana, 1756, p. 66.
141
Sergi DOMÉNECH GARCÍA
Guanajuato. La obra fue un encargo del sacerdote Felipe Neri Alfaro32 [fig. 6].
La escena narra precisamente el momento posterior a que la Verónica enjuagase el
rostro de Cristo y muestra a la mujer soportando el lienzo con los tres retratos.
Los sermones también solían publicarse, bajo el amparo económico de
personajes pudientes de la sociedad, en un traslado que pretendía ser fiel al
discurso original33. La relación de estos con la pintura virreinal en general fue
propia de una cultura que mantuvo siempre vivo el espíritu militante surgido tras
la contrarreforma34. La fama que algunos de ellos llegaron a alcanzar, lo señalado
de la efeméride en la que fueron predicados, la intención por agasajar a quien
se le dedica la publicación del mismo o simplemente el poder servir de modelo
para otros sermones, son los principales motivos por los cuales se llevaron a la
imprenta. El sermón barroco bien formado y pronunciado con habilidad por el
sacerdote, se convirtió en una verdadera arma persuasiva. Este género literario se
desarrolló durante todo el periodo virreinal, destacando la producción del último
tercio del siglo XVII hasta principios del siglo XIX. Los grandes sermones del
siglo XVII están dedicados a la Virgen María, principalmente a su Inmaculada
Concepción35. Entre 1713 y 1743, este espacio protagónico lo ocupan los sermones
guadalupanos, cuando la Virgen del Tepeyac es presentada como un compendio
de las prerrogativas concepcionistas36.
La relación de la retórica visual con este tipo de fuentes literarias no guarda
necesariamente una correspondencia de causa efecto, más bien comparten un
mismo ámbito conceptual. De hecho, es el arte quien ha conseguido fijar en
el imaginario colectivo determinados tópicos que en realidad son recogidos al
mismo tiempo por las manifestaciones literarias. Es el caso del dragón apocalíptico
convertido en la serpiente del Génesis a los pies de la Inmaculada. En Nueva
España, donde el tipo iconográfico de la Virgen apocalíptica tuvo un recorrido
142
Prácticas, ingenios persuasivos y retórica visual de la imagen de devoción en Nueva España
[37] Devocion a Maria Santissima nuestra Señora Alabando las Purissimas Plantas de sus Sacratissimos Pies.
Dispuestas por un Religioso Sacerdote del Sacro Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced
Redempcion de Captivos hijo del Convento de la Puebla que rendido la consagra reverente à la Concep-
cion en gracia de esta Purissima Reyna. Puebla, 1745.
[38] Portús, Javier. Pintura y pensamiento en la España de Lope de Vega. Hondarribia, Editorial Nerea,
1992, p. 20.
143
Sergi DOMÉNECH GARCÍA
americanismo practicado desde el viejo mundo, todo sea dicho— heredó una
deformada visión de la práctica devocional barroca que se convierte en un exceso
a la hora de señalar la imaginería americana como “idolátrica” o poco decorosa
como principal explicación del cultivo de tipos iconográficos poco frecuentes en
el arte cristiano. Pero lo visto en estas líneas ayuda a defender la existencia de
una plataforma común para las devociones cuyas prácticas e ingenios persuasivos
no respondieron al azar sino a una orquestada manera de entender la práctica
religiosas.
144
La arquitectura oblicua de Juan Caramuel,
un enfoque casuístico
146
La arquitectura oblicua de Juan Caramuel, un enfoque casuístico
147
María Elisa NAVARRO MORALES
[3] Armogathe, Jean-Robert. “Caramuel, a Cistercian Casuist,” en Juan Caramuel Lobkowitz: The Last
Scholastic Polymath, ed. Peter Dvorak y Jacob Schmutz. Praga, Filosofía, 2008. p. 117-127.
[4] Fleming, Julia. Defending Probabilism: The Moral Theology of Juan Caramuel. Washington, D.C.,
Georgetown University Press, 2006, p. 17.
[5] De Lobkowitz, Caramuel. Theologia Praeterintentionalis. De Effectibus, Qui Licèt Certò Futuri Prae-
noscantur, Nihilomnius Praeter Aut Etiam Contra Voluntatem Evenire, Adeóque Homini (Veriùs
Patienti, / Quàm Agenti) Non Posse Imputari Dicuntur ... Est Theologiae Fundamentalis Tomus
Iv. Primo & Secundo Editis Romae Omninò Consonans. Nunc Primum in Lucem Prodit. (Rome,
1652).
[6] Armogathe. “Caramuel, a Cistercian Casuist”..., op.cit., p. 125.
[7] Fleming. Defending Probabilis…, op.cit.
148
La arquitectura oblicua de Juan Caramuel, un enfoque casuístico
[8] de Lobkowitz, Juan Caramuel .Architectura Civil Recta Y Obliqua, Considerada Y Dibuxada En El
Templo De Jerusalem... Promovida Á Suma Perfeccion En El Templo Y Palacio De S. Lorenço Cerca Del
Escurial Que Inventó... El Rey D. Philippe II. Vigevano, Camilo Conrado, 1678-79.
[9] De Lobkowitz. Architectura Civil Recta y Obliqua…, op. cit., Vol. II., Part. II., Treat. V, Art., XVI.,
149
María Elisa NAVARRO MORALES
p. 80.
[10] “De la gran variedad, que hay de sentencias en todo género de Architectura. Dos caminos tenemos de
hallar la verdad en questiones oscuras; El uno, que es más trillado y conocido figue la autoridad de gente
docta; y el otro que es más subtil y delicado hace lo que le dicta la razón…Ad dicendum item neceffario
dupliciter ducimur authoritate, atque ratione. Tempore autoritas, re autem ratio potior est. Luego estos
dos caminos son los que podremos seguir tratando de el Architectura.” De Lobkowitz. Architectura Civil
Recta y Obliqua…, op. cit., Vol. II. Part. II. Treat. V, Art. IV. Nota II. p. 43
[11] Para la Arquitectura Recta de Juan Caramuel ver Navarro Morales, Maria Elisa. “History as story-
telling in the account of the eleven orders of architecture according to Juan Caramuel de Lobkow-
itz”, en Chora 6, 2011, pp. 143 – 158.
150
La arquitectura oblicua de Juan Caramuel, un enfoque casuístico
en los cuales estaba organizada cada ciencia podían ser infringidos cuando las
circunstancias lo hacían necesario.
Así como las circunstancias condicionan la inocencia del jinete aunque haya
cometido homicidio, el arquitecto en situaciones que lo requieran puede actuar
en contra de los principios de la arquitectura sin por ello obrar ilícitamente. Con
todo, la desviación de los principios, tanto en teología como en arquitectura era
lícita según nuestro autor, solamente cuando las circunstancias hacían imposible
la aplicación del canon y la desviación se hacia necesaria, pero no como resultado
de su capricho. Es entonces para guiar al arquitecto que Caramuel dedica el quinto
libro de su tratado a definir bajo el nombre de Arquitectura Oblicua aquellas
circunstancias en las cuales le es justificado ir en
contra de los principios del arte.
Según lo determinado en Architectura civil
recta y obliqua existen tres excepciones que
permitirían al arquitecto tomar libertades con
respecto a las reglas de arquitectura: cuando los Figura 4
muros del edificio hacen ángulos que no sean Lámina VI,
en Juan Caramuel
rectos, cuando la planta del edificio es circular de Lobkowitz.
o elíptica y cuando el terreno sobre el cual se Architectura civil recta
erige el edificio es inclinado [fig. 4]. En tales y obliqua, Vol. III,
Parte IV.Vigevano,
circunstancias, los arquitectos al permanecer Camilo Conrado,
atados a los cánones renacentistas e incapaces 1678-79
de adaptarlos a las características específicas del
sitio donde se construiría, terminaban por dar
soluciones inadecuadas que iban en contra de
la triada vitrubiana de perpetuidad, comodidad y
hermosura12 .
Dentro de los casos más criticados por Figura 5
Caramuel estaba la cuña que los arquitectos Lámina XLV,
en Juan Caramuel
frecuentemente insertaban en la base de las de Lobkowitz.
columnas y balaustradas para mitigar la Architectura civil recta
inclinación de las escaleras de un edificio y y obliqua, Vol. III,
Parte III.Vigevano,
que para él constituían una solución la cual Camilo Conrado,
carecía tanto de valor estético como estructural. 1678-79
[12] Caramuel traduce los terminos vitrubianos firmitas, utilitas, venustas como perpetuidad, comodi-
dad y hermosura.
151
María Elisa NAVARRO MORALES
Igualmente criticaba las columnatas con plantas circulares o elípticas tal como
aquellas en San Pedro, en las cuales las bases de las columnas eran perfectamente
cúbicas y las plantas de estas circulares, ya que para él tanto la columna como
su base debía reflejar la geometría circular de la planta. De este modo, la teoría
de la Arquitectura Oblicua de Caramuel enseñaba cómo proceder para adaptar
los principios clásicos de la arquitectura a situaciones que así lo hacían necesario
[fig. 5].
Dentro la teoría de la Arquitectura Obliqua de Caramuel estaba implícita
la idea de que las circunstancias ideales para aplicar este tipo de arquitectura
más que una excepción eran la regla, ya que como había sido demostrado por
las recientes observaciones astronómicas, el mundo sobre el que el arquitecto
actuaba estaba organizado usando una geometría que partía de las formas puras.
Las consecuencias de este descubrimiento demostraban a los ojos de Caramuel
la incapacidad humana para conocer la obra de Dios. Así, puede decirse que el
arquitecto al actuar sobre un mundo que conoce solo parcialmente, es afectado
por la misma incertidumbre identificada en el cristiano que actúa sin conviccion
de la conformidad de sus actos.
El reconocimiento de la imposibilidad de los hombres para alcanzar la verdad
absoluta permitió a Caramuel considerar alternativas tales como el Probabilismo,
en donde la acción inminente se liberaba de la culpa y la Arquitectura Oblicua,
en donde el arquitecto podía construir correctamente en un mundo cuya
imperfección había sido puesta en evidencia. Para el era indispensable que la ley,
tanto el derecho canónico como los principios de cualquier arte fuesen flexibles y
más que interesarse por las situaciones en las que esta era inamovible, se preocupaba
por las excepciones para promover que los hombres bien sea dentro de la religión
o el arte actuasen correctamente. Si el Probabilismo proporcionaba una seguridad
al actuar aunque
la certeza de estar
haciendo lo correcto
fuese inaccesible,
Figura 6 la teoría de la
Lámina XVIII, Arquitectura Oblicua
en Juan Caramuel
de Lobkowitz. ponía a disposición
Architectura civil recta del arquitecto una
y obliqua, Vol. III, manera de proyectar
Parte IV.Vigevano,
Camilo Conrado, en determinadas
1678-79 circunstancias y del
152
La arquitectura oblicua de Juan Caramuel, un enfoque casuístico
mismo modo como en la teología moral eran éstas las que calificaban una acción
de pecaminosa o inocente, las particularidades del lugar determinaban que la
arquitectura que allí se erigiese fuera Recta u Oblicua [fig. 6], de este modo,
la teoría de lo Oblicuo de Caramuel garantizaba que los arquitectos en su obra,
aun desviándose del canon, actuaran correctamente y respetaran la armonía y la
proporción como condiciones fundamentales para toda buena arquitectura.
Bibliografía
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The Last Scholastic Polymath, ed. Peter Dvorak y Jacob Schmutz. Praga, Filosofía, 2008.
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Palacio De S. Lorenço Cerca Del Escurial Que Inventó... El Rey D. Philippe II. Vigevano,
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D.C., Georgetown University Press, 2006.
NAVARRO MORALES, María Elisa. “History as storytelling in the account of the eleven
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McGill-Queens Press. 2011.
153
II. La ciudad de las damas
Usos y funciones de la imagen barroca
en la vida conventual femenina
157
María Eugenia FRAGOZO GONZÁLEZ
[1] Diez Borgue José María, Teatro y fiesta en el barroco, España e Iberoamérica, Madrid, Ediciones del
Serbal, 1986. Con este concepto, Diez Borgue explica los rituales barrocos tanto religiosos como
cívicos, que a su vez servían como punto de encuentro donde participaban todas las clases sociales
de las sociedades barrocas. Los gestos ritualizados fueron parte esencial para la construcción de una
identidad cultural.
[2] Belting Hans, Antropología de la imagen, Madrid, Katz, 2007, pp. 8-10. Belting trabaja el concepto
de imagen desde la imagen de culto en las religiones posteriores a la Antigüedad, como la que es
participe en el culto a los muertos, donde se ve más tangible el fenómeno de la presencia, aquí las
imágenes cumplen la función de medio presencial de lo etéreo, es decir la sustitución de un cuerpo
físico propenso a la descomposición, por otro cuerpo que perdurará más y ayudará para hacer
visible la presencia del difunto.
[3] Freedberg David, El poder de las Imágenes estudios sobre la historia y la teoría de la respuesta, Madrid,
Cátedra, 1992.En este trabajo Freedberg estudia principalmente la imagen sacra y hace un llamado
a la interdisciplinaridad aplicando elementos tanto de la psicología y la antropología para indagar en
la respuesta emotiva hacia la imagen, —en este caso sacra— como herramienta de análisis. Propone
también echar mano de la etnología para no caer en generalizaciones, ya que la respuesta emotiva
puede estar condicionada por la cultura: sociedades, ideología, educación, y también el género.
158
Usos y funciones de la imagen barroca en la vida conventual femenina
[4] Clausuras, El patrimonio de los conventos de la Provincia de Valladolid Medina del Campo, Vol. I,
Medina del Campo, Diputación de Valladolid, 1999.p. 130.
159
María Eugenia FRAGOZO GONZÁLEZ
[5] Montero Alarcón Alma, Monjas Coronadas, profesión y muerte en Hispanoamérica virreinal, México,
Plaza y Valdes, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, 2008. En esta investiga-
ción se pueden ver las diferencias regionales y puntos de encuentro globales de la vida conventual
femenina en América y Europa, y en la que se comprueba una vez más una unidad cultural que
trascendió fronteras.
[6] Sánchez Lora José Luis, Mujeres, conventos y formas de religiosidad barroca, Madrid, Fundación Uni-
versitaria Española, 1988.
160
Usos y funciones de la imagen barroca en la vida conventual femenina
[7] Klapisch-Zuber Christiane, Women, family, and ritual in Renaissance Italy, Chicago, University of
Chicago, 1987, pp. 310-329. En este trabajo se hace referencia a la espiritualidad ejercida en los
círculos femeninos, ya sean de mujeres nobles seglares o de comunidades religiosas de la Toscana del
Renacimiento, en las cuales se experimentaban una práctica religiosa que necesitaba de imágenes
vestideras, en especial la del Niño Jesús, para el desarrollo de una espiritualidad en el ámbito de lo
privado.
[8] Martinez Frías José María, La Salamanca Oculta, vida y arte en el convento de Santa Isabel, Salaman-
ca, Caja Duero, Salamanca, 2000, pp. 146
[9] Nalle Sara T. “Private Devotion, Personal Space. Religious Image in Domestic Context” en María
Cruz de Carlos, et. al. La imagen religiosa en la monarquía hispana, usos y espacios, Madrid, Casa de
Velázquez, 2008, pp. 255-271
161
María Eugenia FRAGOZO GONZÁLEZ
reflexión de esta evocación mística, donde por fin el alma del devoto se funde con
el Divino Amado, presente no sólo en mujeres místicas, sino también en hombres
como San Juan de la Cruz.
Desposar al Esposo Amado en la mística es consagrarse en cuerpo y alma
a Dios, privilegio esperable en todo fiel devoto y que las religiosas consagradas
pueden ejercer, siempre y cuando lleven a cabo los deberes espirituales que se les
encomienda según la regla en la que profesen. A éste acto de unión espiritual se
le llama Desposorios Místicos. En la historia de la mística cristiana vemos que
quienes logran esta profunda compenetración con lo divino, experimentan el
Amor Místico, descrito fielmente en la imagen de esa flecha de fuego que hiere
el corazón de la que nos habla Teresa de Ávila. Así mismo en la historia del arte
vemos muchos ejemplos de Cristo entregándoles un anillo a las santas vírgenes
que le han sido fieles, como son los ejemplos iconográficos de los Desposorios
Místicos de Catalina de Alejandría con Cristo.
Así las santas vírgenes del cristianismo se convierten en Esposas de Cristo,
condición para la que eran educadas las religiosas y de ahí que encontremos en
sus conventos representaciones del tema, en grabados de tratados espirituales,
o ilustraciones de vidas de santos, o también como parte quizá de programas
iconográficos de vidas de monjas ejemplares quienes llegan a la plenitud espiritual
cuando Cristo y Ella, —la religiosa ejemplar— intercambian corazones, en señal
de unión espiritual pero también marital. Porque hay que recordar que para
la sociedad barroca fiel a los principios del cristianismo, seguía con la fórmula
medieval de condición ideal para la mujer y su edificación del espíritu: virgen,
esposa y madre. Y de alguna manera en la devoción privada, las monjas repetían
estos modelos de virtud, como virgen y esposa consagra a Cristo y también se
repiten actitudes maternales en la devoción y cuidados de la imagen del Niño
Jesús.
Conclusiones
Este estudio fue un acercamiento y una invitación a ver la producción artística
del barroco desde una perspectiva cultural, como lo propone Peter Burke, ver la
imagen como un documento histórico, que nos hable de sus usos culturas, y no
sólo desde su función estética. Con ello no quiere decir que no sea importante,
sino que al descontextualizar las obras de arte del barroco que hoy apreciamos
en museos, en catálogos de exposición, en catálogos de subastas de arte etc., nos
acercamos a estos objetos con una visión integral que valore sí sus cualidades
162
Usos y funciones de la imagen barroca en la vida conventual femenina
estéticas pero también su valor cultural y se comprenda que ejercían una función
emotiva, específica en el desarrollo espiritual de su momento, y en el caso del arte
sacro, totalmente. Estas imágenes eran importantes para quienes las contemplaban
porque fueron el cuerpo de lo etéreo, la imagen de Dios y de los personajes sacros
que son palpables para los sentidos.
En el caso de la vida conventual femenina, es destacable como hubo devociones
particulares que fueron significativas para las mujeres, por el rol que ejercieron
en la sociedades barrocas, y que si aplicamos una perspectiva de género podemos
seguir historiando la simpatía hacia y la empatía con ciertos temas e imágenes
para ellas.
En conjunto valorar desde otros puntos de vista la importancia cultural de
toda producción plástica que generó la espiritualidad barroca, que como ya se
ha mencionado, gustaba de mover los sentidos, de representar papeles, en este
gran teatro que es el mundo, y había que hacerlo con toda la fastuosidad de la
vida, que es efímera y que el arte y su función en la vida conventual, por ejemplo,
muestra una parte de ese particular mundo barroco.
163
Sor Mariana de la Cruz y
Sor Ana Dorotea de Austria:
el poder de las Religiosas Habsburgo
de las Descalzas Reales de Madrid
[1] No sabemos el momento exacto en el que la princesa viuda Juana tomó la decisión de fundar este
convento y mucho menos cuándo decidió llevarlo a cabo justamente en el mismo palacio en el que
había nacido. Las primeras crónicas impresas de la historia del convento defienden que tomó la
decisión de retirarse del mundo cuando quedó viuda en 1554 y, aunque sus responsabilidades para
con su dinastía y su reino lo impidieron hasta el regreso de su hermano, cumplió tal intención tan
pronto como su hermano volvió a Castilla y le pudo traspasar de nuevo las riendas del gobierno.
Ana García Sanz también defiende dicha fecha como el momento en el que comienza la búsqueda
de un solar con el fin de crear una fundación religiosa. Sánchez Hernández, María Leticia. Patro-
nato regio y órdenes religiosas femeninas en el Madrid de los Austria. Madrid, Fundación Universitaria
Española, 1997, p. 27, y García Sanz, Ana (coord.). Las Descalzas Reales: orígenes de una comunidad
religiosa en el siglo XVI. Madrid, Patrimonio Nacional y Fundación Caja Madrid, 2010, p. 26.
[2] Recordemos que, antes de alejarse del mundo, san Francisco de Borja, IV duque de Gandía y I
165
Rocío MARTÍNEZ LÓPEZ
marqués de Lombay, tuvo una activa vida cortesana y ocupó varios puestos al servicio de diferentes
miembros de la casa real, entre ellos el de estar entre el servicio de la reina Juana y de la joven infanta
Catalina durante parte del encierro de la primera en Tordesillas, del mismo modo que formó parte
de las casas del emperador Carlos V, de la emperatriz Isabel y luego de las infantas María y Juana
y llegó a ser también virrey de Cataluña. El servicio de Francisco de Borja a la dinastía Habsburgo
no acabó cuando ingresó en la compañía de Jesús, pues su contacto con distintos miembros de la
familia real fue constante y muy destacado, siendo especialmente relevante su cercanía a la princesa
Juana y a la reina de Portugal Catalina, sirviendo también de mediador entre ambos reinos en
circunstancias delicadas, como cuando se produjo la instauración de la regencia de doña Catalina
en Portugal del hijo de Juana, don Sebastián, puesto que esta última también llegó a reclamar tal
puesto. La cercanía entre doña Juana y el que ya era entonces el general de la Compañía de Jesús fue
notoria y se ha llegado a afirmar en los últimos años que doña Juana entró en las filas de los jesuitas
bajo el pseudónimo de Mateo Sánchez. Véase García Hernán, Enrique. Francisco de Borja, Grande
de España. Valencia, Institució Alfons El Magnanim, 1999 y Villacorta Baños, Antonio. La Jesuita:
Juana de Austria. Madrid, Ariel, 2005.
[3] Vilacoba Ramos, Karen María. “Entre Dios y la Corona: relaciones epistolares de sor Ana Dorotea
de Austria y Felipe IV”, en Graña Cid, María del Mar. El Franciscanismo en la Península Ibérica.
Balance y Perspectivas. Barcelona, Editorial Griselda Bonet Girabert, 2005, pp. 643-645. Se puede
ver toda la historia de la elección y traslado de las monjas de Santa Clara de Gandía a las Descalzas
Reales en la obra sobre el monasterio que escribió el padre José Carrillo a principios del siglo XVII,
Relación de la fundación del Monasterio de las Descalzas de Santa Clara de Madrid. Madrid, 1616.
[4] Elías Tormo, en el estudio sobre el convento que realizó durante la primera mitad del siglo XX,
además de aportar muchos datos de interés sobre las religiosas más destacadas que habitaron en
él, también examina concienzudamente los grandes tesoros artísticos que conserva el convento,
muchos de ellos producto de las donaciones y regalos que hacían al convento y a sus religiosas
miembros de la familia real (como los impresionantes tapices de Rubens donados a las Descalzas
por la infanta Isabel Clara Eugenia) o de destacados personajes del momento. Tormo, Elías. En las
Descalzas Reales: estudios históricos, iconográficos y artísticos. Madrid, Blass, 1917-1944.
166
Sor Mariana de la Cruz y Sor Ana Dorotea de Austria: el poder de las Religiosas Habsburgo de las Descalzas Reales de Madrid
[5] Existen ejemplos muy destacados de este extremo, como el de Catalina María d’Este y Saboya, hija
de los duques de Módena y bisnieta de Felipe II, como descendiente de la infanta Catalina Micaela
y Carlos Manuel I de Saboya, o el de Luisa de Pernestán y Manrique, que ingresó como religiosa
en las Descalzas procedente de Viena con el nombre de sor Luisa de las Llagas, y que era hija de
María Manrique de Lara y de Wrastislao de Pernestán, canciller de Bohemia. Para ver un registro
de las religiosas que profesaron en el convento durante la edad Moderna y su origen, véase Vilacoba
Ramos, Karen María et al. “Las religiosas de las Descalzas Reales de Madrid en los siglos XVI-XX:
fuentes archivísticas”, Hispania Sacra, LXII,125, enero-junio del 2010, pp. 115-136. En las páginas
siguientes se puede ver el registro correspondiente a los siglos posteriores.
[6] Sánchez Hernández. Patronato regio y órdenes religiosas…, op. cit., pp.80-81.
[7] Vilacoba Ramos. “Las religiosas de las Descalzas Reales…”, op. cit., pp. 115-136.
[8] No podemos ocuparnos aquí del bellísimo sepulcro de doña Juana, que diseñó Pompeo Leoni en
mármol, con una escultura arrodillada de la difunta y que aún se conserva en prácticamente per-
167
Rocío MARTÍNEZ LÓPEZ
fectas condiciones, aunque la decoración de la pequeña capilla funeraria está parcialmente perdida.
Véase Ortegal Vidal, Javier. “La capilla sepulcral de doña Juana en las Descalzas Reales: una joya en
la penumbra”, Reales Sitios. Revista de patrimonio nacional, 138, 1998, pp. 40-54.
[9] Sobre el gran peso político que tuvo esta mujer en la Monarquía Hispánica a principios del siglo
XVII, véase el interesantísimo libro de Magdalena S. Sánchez. The empress, the queen and the nun:
women and power at the court of Philip III of Spain. Londres, The John Hopkins University Press,
1998. También de esta misma autora, la colaboración titulada “Los vínculos de sangre: la empe-
ratriz María, Felipe II y las relaciones entre España y Europa central”, en Martínez Millán, José
(dir.). Felipe II (1527-1598): Europa y la Monarquía Católica. Madrid, Parteluz, 1998, vol. 1, pp.
777-794.
[10] Sor Margarita de la Cruz fue archiduquesa de Austria al ser la hija de Maximiliano II y la empera-
triz María y, dada su gran actividad política desde su reclusión en las Descalzas, podemos conside-
rarla como una de las mujeres más importantes de finales del siglo XVI y principios del siglo XVII.
Para saber algo más de su actividad política y su actuación como abadesa en el convento, véase Sanz
de Bremond y Mayans, Ana et al. “Siguiendo el espíritu de Santa Clara: sor Margarita de la Cruz, la
monja infanta”, en Peláez del Rosal, Manuel (coord.). El franciscanismo en Andalucía: clarisas, con-
cepcionistas y terciarias regulares. Córdoba, Asociación Hispánica de Estudios Franciscanos, 2006,
pp. 787-804, y Sicard, Frédérique. “Política en religión y religión en política: el caso de sor Marga-
rita de la Cruz”, en Martínez Millán, José (coord.). La dinastía de los Austria: las relaciones entre la
Monarquía Católica y el Imperio. Madrid, Polifemo, 2011, vol. 1, pp. 631-646.
[11] Es algo que autores de todo tipo que hablan del traslado de la corte mencionan a menudo. Lo hace,
168
Sor Mariana de la Cruz y Sor Ana Dorotea de Austria: el poder de las Religiosas Habsburgo de las Descalzas Reales de Madrid
por ejemplo, María José del Río en su libro Madrid, urbs regia: la capital ceremonial de la Monarquía
Católica. Madrid, Marcial Pons, 2000 p. 87; Francisco Martín Sanz, al hablar de la educación del
futuro Felipe IV en su obra La política internacional de Felipe IV. Segovia, LibrosEnRed, 1998, p. 6,
y el propio John Elliot, que la coloca entre los más implacables enemigos del valido en su obra La
España imperial: 1469-1716. Barcelona, Vincens-Vives, 1965, p. 331. Son solo muestras de obras
de distinto propósito y orientación que dan como cierta esta importancia de la influencia de la
emperatriz María sobre Felipe III y de su animosidad hacia Lerma, que ven como una de las razones
del traslado de la corte fuera de la ciudad madrileña.
[12] Véase Chudoba, Bohdan. Spain and the Empire, Chicago, Chicago University Press, 1964, y Martí-
nez Millán, José et al. “La Casa de Austria: una justificación político-religiosa”, en Martínez Millán.
La dinastía de los Austria..., op. cit., vol. 1, pp. 9-58.
[13] La obra que dedica el padre Juan de Palma a sor Margarita de la Cruz, claramente laudatoria, sigue
siendo fundamental para conocer esta figura. Véase Palma, Juan de. Vida de la serenísima infanta sor
Margarita de la Cruz, religiosa Descalça de santa Clara. Madrid, Imprenta Real, 1636.
[14] En la actualidad, solo las obras de Karen Vilacomba Ramos, de María Leticia Sánchez Hernández,
de Elías Tormo y la inmemorial obra del padre Juan de Palma sobre sor Margarita de la Cruz, ya
citadas aquí, reflejan datos significativos sobre la vida de sor Ana Dorotea de Austria, aunque tam-
bién hay referencias de valor respecto a su persona en la obra de Laura Oliván Santaliestra Mariana
de Austria en la encrucijada política del siglo XVII, Tesis inédita, 2006.
[15] Como ha quedado constatado, se ignora la identidad de la madre de sor Ana Dorotea de Austria,
pero se considera posible que sea Catalina Strada, con la que el emperador Rodolfo II tuvo una
169
Rocío MARTÍNEZ LÓPEZ
relación muy duradera y que le dio al menos otros cinco hijos, Carolina, Elizabeth, Julius, Matías
y Corolus. Sin embargo, no se puede asegurar y la distinción que se le dio a Ana Dorotea sobre
el resto de los hijos ilegítimos del difunto emperador, habiendo luchado sor Margarita de Austria
con ahínco para conseguir que se trajera a su sobrina al convento para criarla bajo su amparo, hace
sospechar que su origen pudiera ser más importante que el del resto de sus hermanos o, al menos,
por alguna circunstancia de la que aún no tenemos noticia, simplemente diferente.
[16] Existe un retrato de sor Ana Dorotea de Austria en las Descalzas Reales, de muy pobre factura, que
inserta Elías Tormo en su libro, donde se indica que esta religiosa tomó los hábitos en el año 1628
a los 12 años, lo que situaría el año de su nacimiento en 1616, algo imposible al haber fallecido el
emperador Rodolfo cuatro años antes, en el año 1612. Se manejan, por tanto, como posibles fechas
de su nacimiento, los últimos años de vida de su progenitor, sin tener hasta el momento datos
suficientes para saber cuándo se produjo con exactitud. Tormo. En las Descalzas Reales…, op. cit.,
pp. 28-29.
[17] El caso de la misma sor Ana Dorotea es un ejemplo claro de ello, así como de sor Mariana de la
Cruz que veremos posteriormente, hija ilegítima del cardenal-infante don Fernando y de la segunda
sor Margarita de la Cruz, hija ilegítima de don Juan José de Austria, que también profesó en este
convento a muy corta edad. Fuera de este convento, nos encontramos con otros ejemplos, como
el caso de Ana de Austria, hija ilegítima de don Juan de Austria y protagonista del célebre caso del
pastelero de Madrigal, que fue internada en el convento de Madrigal de las Altas Torres y que pos-
teriormente llegaría a ser abadesa de las Huelgas Reales de Burgos, y el de Ana Margarita de Austria,
hija de Felipe IV, que sería internada en el monasterio de la Encarnación.
[18] En este sentido, es reveladora la confidencia que hace Felipe IV a la condesa de Paredes sobre una
de sus hijas ilegítimas que ha enviado a un convento, que probablemente sea Ana Margarita, pues
indica que lo hace por causa de su pecaminoso nacimiento: “Verdad es lo que os escribieron de la
monjita, y corre el año desde el domingo infra octava de los Reyes, que me pareció justo dar esta
prenda a Dios, ya que le ofendí quando me la dio”. Carta de Felipe IV a la condesa de Paredes del
9 de mayo de 1649. Pérez Villanueva, Joaquín. Felipe IV, escritor de cartas. Salamanca, Ediciones de
la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca, 1986, p. 92
170
Sor Mariana de la Cruz y Sor Ana Dorotea de Austria: el poder de las Religiosas Habsburgo de las Descalzas Reales de Madrid
[19] Elías Tormo, en un testimonio que reproduce Karen Vilacomba Ramos en “Entre Dios y la Coro-
na…”, op. cit., p. 647, cuenta cómo, ante el peligro que suponía la contienda bélica para la joven
niña, se decidió que esta y sus criados viajaran de incógnito hasta Génova, donde se embarcarían
rumbo a Castilla. Sin embargo, durante la travesía por mar, cuenta Elías Tormo cómo fueron ataca-
dos por unos corsarios, lo que provocó que el responsable del viaje tirara al mar a la joven archidu-
quesa para evitar que cayera en manos de sus atacantes y sufriera un destino aún peor que la muerte.
La vida de la pequeña corrió serio peligro, pero unos pescadores catalanes consiguieron salvarla y
llevarla a la costa, aunque no se tiene confirmación sobre la veracidad de esta anécdota. Tormo, En
las Descalzas Reales…, op. cit., p. 647.
[20] Archivo General de Palacio (AGP), Patronatos de la Corona (PC), Descalzas, caja 21, expediente
1.
[21] Se conserva una carta de Pedro Manero a sor Ana Dorotea en la que se refleja su negativa a ser
nombrada abadesa y cómo había cumplido su deseo de dar el cargo a la persona de su elección. AGP,
PC, Descalzas, Caja 78, Exp. 34.
[22] Así lo demuestra las Licencias concedidas por la Orden de San Francisco a sor Ana Dorotea de
Austria, religiosa de las Descalzas, para que pueda tener a su servicio las religiosas que le fueren
nescesarias, pueda confesarse y hablar con el exterior cuando lo desse, y obstente el cargo de discreta
perpetua, siguiendo en rango a la madre Vicaria, documento conservado en el Archivo General de
Palacio, por el cual no necesitaba pedir permiso alguno para comunicarse con el mundo exterior
con la asiduidad que deseara. AGP, PC, Descalzas, Caja 13, Exp. 13.
[23] Por ejemplo, mantiene contacto con destacados miembros del clero americano, como demuestra
su intercambio epistolar con el arzobispo de la Plata, que le agradece por ejemplo en una carta su
apoyo en distintas estancias (AGP, PC, Descalzas, Caja 7, Exp. 5) y con los diferentes papas, a los
que hace constantes peticiones en nombre de la comunidad en diferentes ocasiones y con los que
171
Rocío MARTÍNEZ LÓPEZ
tiene una relación fluida ejemplificada por el envío de regalos, la ratificación de la autenticidad de
reliquias y las cartas de felicitación por las distintas elecciones, entre otras manifestaciones. AGP,
PC, Descalzas, Caja 86, expedientes 64,65 y 49, y Caja 84, exp. 1.
[24] Sus relaciones con la infanta María, posteriormente emperatriz como esposa de Fernando III, fue-
ron muy fluidas y aumentaron la influencia de sor Ana Dorotea en el ámbito imperial, que nunca
había dejado de existir, al mantener los lazos que había forjado antes de su salida de Viena. Véase
por ejemplo AGP, PC, Descalzas, Caja 6, Expediente 31.
[25] Estas cartas se conservan, junto con la mayoría de las conservadas de otros miembros de la casa real,
en el AGP, PC, Descalzas, Caja 6, Expediente 31.
[26] Por ejemplo, una cestilla que habían enviado a la joven infanta María Teresa. AGP, PC, Descalzas,
caja 6, expediente 31, fol. 37.
[27] Es significativo que la infanta María Teresa, futura reina de Francia, pasara grandes temporadas en
el convento de las Descalzas, sobre todo tras la muerte de Isabel de Borbón, reforzando sus propios
vínculos con el convento y las monjas, así como los de su padre, que iba a verla con asiduidad al
172
Sor Mariana de la Cruz y Sor Ana Dorotea de Austria: el poder de las Religiosas Habsburgo de las Descalzas Reales de Madrid
cenobio. Véase por ejemplo AGP, PC, Descalzas, caja 6, exp. 31, fol. 36.
[28] AGP, PC, Descalzas, caja 6, exp. 31, fol. 24. En la obra ya citada de Karen Vilacoba Ramos sobre
las relaciones epistolares entre sor Ana Dorotea y Felipe IV se pueden ver más ejemplos, además de
los consultados en este trabajo en el propio AGP.
[29] AGP, PC, Descalzas, caja 6, exp. 31, fol. 84.
[30] AGP, PC, Descalzas, caja 6, exp. 31, fol. 17.
173
Rocío MARTÍNEZ LÓPEZ
[31] Vilacoba Ramos, Karen María. “Cartas familiares de una reina: relaciones epistolares de María
Teresa de Austria y las Descalzas Reales”, en Val González de la Peña, María del, (coord.). Mujer y
cultura escrita: del mito al siglo XXI. Gijón, Trea, 2005, p. 202.
174
Sor Mariana de la Cruz y Sor Ana Dorotea de Austria: el poder de las Religiosas Habsburgo de las Descalzas Reales de Madrid
[32] Así lo indica, por ejemplo, Luis Ribot, que defiende que la reina Mariana dudó en sus alianzas
en los últimos años del reinado de su marido, haciendo algún oído a propuestas francesas ante la
desatención que consideraba que le prodigaba el emperador, aunque no hay pruebas de que llegara
a hacer algo más a su favor que prestar alguna atención a sus propuestas. Mariana de Neoburgo
fue una firme defensora de la candidatura de su sobrino, el archiduque Carlos, tanto antes como
después del fallecimiento de Carlos II. Ribot, Luis, Orígenes políticos del testamento de Carlos II,.
Madrid, Real Academia de la Historia, 2010.
[33] Vilacoba Ramos. “Cartas familiares a una reina…”, op. cit.
175
Rocío MARTÍNEZ LÓPEZ
paz de Nimega34. Del mismo modo, sor Mariana de la Cruz le informa sobre
diferentes aspectos de la corte de Madrid, como la salud de Carlos II o los distintos
acontecimientos políticos relevantes que se suceden, como el advenimiento al
gobierno de don Juan José de Austria y el destierro de la reina regente Mariana
de Austria a Toledo, noticia ante la cual María Teresa expresa su rechazo y el de
su marido35. Asimismo, María Teresa recluta la ayuda de su prima para influir
en la corte madrileña, pero no siempre es posible para la monja cumplir con los
encargos de la reina francesa o no se corresponden con sus intereses, por lo que
vemos también cartas con reproches, en las que María Teresa le indica a su prima
su tristeza por no haberla ayudado a la hora de favorecer a una de sus antiguas
damas para que consiguiera un puesto en la corte de Carlos II. Desconocemos
las razones por las que Mariana de la Cruz no realiza la petición de su prima,
quizá por intereses propios, pero María Teresa finalmente circunvala su voluntad
y acude directamente a su hermano Carlos II, que accede a sus deseos36. Aunque
nos faltan testimonios para poder analizar realmente este tipo de desavenencias
entre las religiosas y los miembros de la familia real en determinados aspectos
como el que nos ocupa, no es descabellado pensar que en diversas ocasiones sus
intereses chocaran y las religiosas se decidieran a seguir sus propios intereses
dentro de un asunto determinado, sin que eso influyera en la naturaleza general
de unas relaciones enormemente cercanas.
La relación entre sor Mariana de la Cruz y la reina María Teresa siguió
siendo muy estrecha hasta la muerte de esta última en 1683, no deteniéndose
hasta ese momento. Una relación diferente a la que mantendría con la hermana
menor de la reina francesa, Margarita de Austria, de la que nos quedan algunos
testimonios que indican una breve relación epistolar, como la carta que escribió
al convento para agradecerle unos presentes que le habían hecho, que también se
encuentra en el expediente 31 de la caja 6, pero cuya relación con las Descalzas
tras su matrimonio fue prácticamente inexistente. Pese a ello, mantener vivos
los contactos entre personajes de tanto poder en el núcleo de Madrid y Viena
supuso que la propia comunidad elevara una queja al propio emperador, diciendo
que sentían que la emperatriz no se tomara el tiempo de escribirlas. Leopoldo
I, sabiendo lo importante que podían llegar a resultar sus parientes Habsburgo
[34] Vilacoba Ramos. “Cartas familiares a una reina…”, op. cit., pp. 206-207
[35] “[…] que no puedo aprobar el que ayan obligado a la Reyna de salir de Madrid y luego su hijo
no hirse a despedir de ella, que cierto no puedo sufrir lo que hacen con ella”. AGP, PC, Descalzas,
caja 7, exp. 1.
[36] Vilacoba Ramos. “Cartas familiares a una reina…”, op. cit., pp. 210-211.
176
Sor Mariana de la Cruz y Sor Ana Dorotea de Austria: el poder de las Religiosas Habsburgo de las Descalzas Reales de Madrid
[37] Muñoz Serrulla. “Del Alcázar a las Descalzas Reales: correspondencia…”, op. cit., pp. 601-602.
[38] Sor Margarita de la Cruz fue hija ilegítima de don Juan José de Austria y de la hija de José Ribera El
Espagnoletto. Nació hacia 1650 y falleció joven, a los treinta y cuatro años, en 1686, siendo siempre
muy querida por su padre, que la visitaba a menudo, le hacía importantes presentes y encomendó a
Carlos II su protección en su testamento tras su fallecimiento. Ruiz Rodríguez, Ignacio. Don Juan
José de Austria en la Monarquía Hispánica: entre la política, el poder y la intriga. Madrid, Dykinson,
2007, p. 119.
[39] Laura Oliván Santaliestra defiende este extremo en su tesis, ya citada, sobre Mariana de Austria.
Oliván Santaliestra. Mariana de Austria en la encrucijada política…, op. cit.
[40] Elías Tormo cuenta en su obra ya citada que existían rumores de que en las Descalzas don Juan
José había sufrido un intento de asesinato, ya fuera por parte de las monjas, ya con su aquiescencia.
Recoge el rumor de que habían avisado a don Juan José de que su hija Margarita se hallaba muy en-
ferma y don Juan corrió a visitarla al convento. Allí encontró a su hija en perfecto estado, para luego
oírse un disparo que no tuvo mayores consecuencias, pero que provenía del interior del convento.
No se sabe si este hecho fue real, aunque parece poco probable. Tormo. En las Descalzas Reales…,
op. cit., t. I, en diversas partes del mismo.
177
Rocío MARTÍNEZ LÓPEZ
178
Sor Mariana de la Cruz y Sor Ana Dorotea de Austria: el poder de las Religiosas Habsburgo de las Descalzas Reales de Madrid
[43] “Siendo tan universal el sentimiento que ha causado la muerte de la Reyna Madre que esté en
Gloria, no dudo la mucha parte que había tocado a V. M. pues le mereció las demostraciones de
cariño y confiança que son tan notorias ni tampoco que V. A. estará persuadida de que esta gran
pérdida ninguno viene a ser tan interesado como yo, el Príncipe mi Hijo y toda mi casa, respecto de
los estrechos vínculos de sangre con que esta enlazada dichosamente a los dos Augustísimas Líneas y
las singulares honras que devimos a S. M. en cuya alta protección se affiançava únicamente el logro
de nuestra mayor fortuna, y así por todos estos motivos es juzgado por muy preciso ponerme con
esta (aunque dolorosa) ocasión a la obediencia de V. A. dándole de Corazón el pésame con que yo
quedo de tan terrible contratiempo, suplicando a V. A. se sirva ohír al Barón Don Pedro Bertier my
Enviado en esa Corte todo lo que en mi nombre le expresará en Voz a que me remito esperando non
se negará V. A. a favorecerme”. AGP, PC, Caja 6, Exp. 31, fols. 4-5.
[44] Pese a todo, existen cartas que indican una relación epistolar entre Felipe V y Luis XIV con las Des-
calzas, aunque no revisten de la personalidad que aparece en sus cartas con Mariana de Neoburgo
y se ciñen a la más estricta cortesía. Este es un ejemplo de una traducción de una carta enviada por
Luis XIV a sor Mariana en el año 1701: “Señora. La Carta que había escrito al Rey habiendo sido
embiada a su Majestad […] a su Retorno, tendrá la norma de Ynformaros de la Grande Estimaçión
que Su Majestad le ha manifestado en lo que mira a vuestra persona. Y en interín mi mando os
asegure de su parte que su virtud, nacimiento y celo por el Rey Católico le estimulan al deseo de
muchas oraciones en que aseguraros de su sincero afecto”, AGP, PC, Caja 6, Exp. 31, p. 61.
[45] Algunas cartas que escribe Mariana de Neoburgo a sor Mariana dan noticias de actuaciones coor-
dinadas entre ambas mujeres para intentar crear problemas a la corte borbónica en Madrid, como
reflejan Karen Vilacoba Ramos y María Teresa Muñoz Serrulla. Sin embargo, las indicaciones de
que la mayoría de las noticias se las daría “a boca” alguien de confianza han impedido que quedasen
más detalles de estas actuaciones para la posteridad. Muñoz Serrulla. “Del Alcázar a las Descalzas
Reales: correspondencia…”, op. cit., pp. 608-609.
[46] Vilacoba Ramos. “Las religiosas de las Descalzas Reales…”, op. cit., p. 122.
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Rocío MARTÍNEZ LÓPEZ
[47] Por ejemplo, en 1715 Felipe V dictó un Real Decreto por el que nombraba grandes de España a
todas las religiosas que ocuparan el cargo de abadesa en las Descalzas Reales.
180
Estoy crucificada con Cristo:
en torno a la representación de la
Religiosa mortificada del Monasterio de la
Concepción de Riobamba (Ecuador)
[1] Arias Martínez, Manuel. “La religiosa mortificada”, Clausuras. El patrimonio de los conventos de la
provincia de Valladolid. II Olmedo-Nava del Rey. Valladolid, Diputación Provincial de Valladolid,
2001, pp. 92 y 93.
[2] Arbiol, Fr. Antonio OFM. La Religiosa Instruida, con doctrina de la Sagrada Escritura y Santo Padres
de la Iglesia Católica, para todas las operaciones de su vida regular, desde que recibe el Hábito Santo hasta
la hora de su muerte. Zaragoza, Herederos de Manuel Román, 1771, p. 196.
181
Angel PEÑA MARTÍN
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Estoy crucificada con Cristo: en torno a la representación de la Religiosa mortificada del Monasterio de la Concepción de Riobamba
[6] Recogido en Sánchez Ortega, M.ª Helena. Escritoras religiosas españolas. Trance y literatura (siglos
XV-XIX). Tomo II. Madrid, El Cid Editor, 2011, p. 88.
[7] Fernández Moreno, Ángel Tomás. Compendio historico chronologico de la fundacion maravillosa del
Monasterio de Jesus Maria, de Capuchinas Minimas del Desierto de Penitencia de la Ciudad de Grana-
da, sus Progressos, y Vidas Admirables de las Religiosas, que en él han Florecido en Virtud, y Santidad.
Tomo I. Madrid, Imprenta de la Viuda de Manuel Fernández, 1768, sin paginar.
[8] Sousa Pereira, P. Manuel. Vida admirable de la Madre Mariana de Jesús Torres y Berriochoa. Quito,
183
Angel PEÑA MARTÍN
Llegada la Semana Santa, para sufrir los mismos padecimientos que Cristo en
su Pasión, pedía a su Divino Esposo que le retirase todo consuelo espiritual y que
le dejase desamparada, para poder participar del desamparo y agonía que Jesucristo
padeció en la Cruz9. El Jueves Santo, a la media noche, terminada la Hora Santa,
las Religiosas se tendían en el suelo, poniéndose en cruz, para que sus Hermanas
pasasen sobre ellas. En esto, Madre Mariana de Jesús era la primera en postrarse y la
última en levantarse.
A la media noche salía del Coro Superior, dejando en él su manto azul. Forrado
todo el cuerpo con ásperos silicios, coronaba sus sienes con un silicio a guisa de corona
de espinas, pendía de su cuello una cuerda de cerda, dejaba el calzado y con los
pies desnudos andaba por todos los Claustros Inferiores, cargando en los hombros
una pesada cruz. Y así, caminando, permanecía absorta en la contemplación de
los dolores que su Esposo y Dios padeció en la noche del Jueves Santo, vísperas de su
dolorosa muerte. Hacía también las estaciones de la VIA-SACRA, recorriéndolas del
Coro Superior al Inferior. En cada estación se flagelaba con disciplinas de cuero. A
las dos y media de la mañana, terminaba de este modo la visita a las siete casas. Se
postraba en tierra, con los brazos en cruz, en el Coro Inferior, y rezaba siete Padre
Nuestros y siete Ave Marías […]. Se dirigía después, con la cruz a cuestas, a un
lugar escondido, por las bodegas del Convento, donde guardaba de antemano gran
cantidad de ortigas. Besaba la cruz y se recostaba, bien sujeta a la pared con un grueso
clavo y por medio de sogas. En espíritu de penitencia, desnudaba su inocente cuerpo y
lo ortigaba desde la cabeza hasta los pies, después de que se crucificaba. A las cuatro
de la mañana se aplicaba una grande y sangrienta flagelación.
En seguida, desprendía la cruz de la pared y llevándola a las espaldas, volvía al
Coro Inferior para visitar nuevamente a su Sacramentado Amor encarcelado. De
allí, subía para la oración de la Comunidad y asistía a todos los Oficios del Viernes
Santo, sin ningún cansancio ni desfallecimiento10.
El Viernes Santo pasaba el día unida a su Divino y Doloroso Señor. No perdía
de vista ningún paso de su Dolorosa Pasión, contaba las horas de sus inauditos
padecimientos. Todo lo que El ofreciera en el día de su muerte, pedía ella para
Fundación Jesús de la Misericordia, 2008. Tomo I, pp. 47 y 48. Debemos aclarar que el texto del
Padre Sousa Pereira, de la Orden Seráfica de los Menores del Convento Máximo de Quito (Ecua-
dor), fue escrito en 1790 y, según se aclara en el mismo, es copia de la Vida admirable de la Rvda.
Madre Mariana de Jesús Torres contenida en la Crónica del Monasterio de la Limpia Concepción
de Quito, tomada de letra antigua aprobada por el Ilmo. Sr. Pedro de Oviedo, director espiritual de
la Madre Mariana de Jesús.
[9] Sousa Pereira. Vida admirable…, op. cit., Tomo I, p. 49.
[10] Ibídem, Tomo II, pp. 127 y 128.
184
Estoy crucificada con Cristo: en torno a la representación de la Religiosa mortificada del Monasterio de la Concepción de Riobamba
sufrir también, en unión con su Divina Majestad. […] a partir del mediodía ella
padecía en su cuerpo la Crucifixión del Señor. Sus brazos como dislocados, sufrían
dolores inauditos. Sus pies y sus manos tomaban colores rojo oscuros en los lugares que
correspondían a los clavos. La lengua se resecaba, quedándose pegada a su boca. No
conseguía articular sino pocas palabras, cuando por motivo urgente le era preguntado
algo. Sus tormentos interiores crecían en demasía, de tal modo que su alma y su
cuerpo se desprendían de las realidades terrenas y se perdía en la inmensidad amorosa
de Dios, en la que contemplaba a su amor, Nuestro Señor Jesucristo, muerto en
afrentosa Cruz, su Humanidad Santísima despedazada11. Vencimiento propio y
santa penitencia, que la Madre Mariana de Jesús legaría a su Comunidad12.
Religiosas que como preparación para la crucifixión, cubrían su cuerpo de
cilicios infringiéndose disciplinas sangrientas. Santa Rosa de Lima (1586-1617)
tuvo varias cruces de penitencia para sus
vías sacras nocturnas, entre ellas una con
escarpias para sus brazos y cabeza, donde
se colgaba, tal y como aparece efigiada en el
lienzo Rosa sobre la cruz cargada de cilicios13
(S. XVIII) de la Casa de Ejercicios de Santa
Rosa de Lima (Perú). Crucifixión que
asimismo padeció Santa Mariana de Jesús
(1618-1645), la Azucena de Quito, quien, Figura 2
Santa Mariana de
día y noche, castigaba su cuerpo. En su Jesús, Autor
descanso nocturno meditaba acerca de los desconocido, siglo
dolores de Cristo colgada de los brazos de XXI. Museo de la
Ciudad, Quito,
una cruz, hasta que sus miembros se ponían Ecuador. Fotografía:
rígidos y se crispaban sus manos14 [fig. 2]. Ángel Peña Martín
185
Angel PEÑA MARTÍN
Alma mía, toma la cruz con gran consuelo que ella sola es el camino para
el cielo
Estas palabras de Santa Teresa de Jesús nos recuerdan como las monjas, en la
búsqueda de la perfección, tomaban la Cruz del Señor con el fin de vencer sus
propias pasiones, negándose a sí mismas y a sus afectos particulares en todo tiempo
y ocasión. Durante la Edad Moderna el tema más frecuente en la iconografía del
seguimiento de Cristo fue, más que la crucifixión, el de las religiosas caminando
con la cruz a cuestas, recordando las palabras de Cristo: Si alguno quiere venir
en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Mt 16, 24 y Lc 9, 23).
Invitación a la Imitatio Christi que los Frailes Menores apoyaron en sus doctrinas,
cuyas impresiones se reflejan perfectamente en un grabado realizado en 1587 por
Giovanni Crespi para la provincia seráfica de Cartagena, en el que pueden verse
conjuntamente a Cristo y a San Francisco de Asís con la cruz a cuestas bajo el
lema Sequere me (Sígueme).
Alegorías de la vida religiosa que fueron muy comunes en los claustros
femeninos europeos, en las que se mostraban procesiones simbólicas de monjas
portando cruces, por el difícil camino, sembrado de espinas y piedras, que debían
recorrer con la ayuda de Jesús en pos de su vocación15. Este seguimiento se podía
hacer en Comunidad, como ilustra la pintura del Niño Jesús y Dominicas con la
cruz a cuestas16 (S. XVII) del extinto Monasterio de Santa Catalina de Valladolid
(España), en la que las monjas portando cruces sobre sus hombros, siguen al
Niño Jesús, que también porta su cruz y en cuyo vestido figuran los instrumentos
de la Pasión, mientras que los ángeles, en presencia de Dios Padre y el Espíritu
Santo, les preparan coronas de flores. Imitación que podía ser practicada también
de forma individual, como muestra el lienzo Jesús con la Cruz y una monja que
le imita17 (S. XVII) del Real Convento de Santa Clara de Gandía (España) o
espiritual de la segunda mitad del siglo XVI en Quito y en el entorno que rodeaba a la sierva de Dios
Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa”, I Congreso Internacional del Monacato Femenino en
España, Portugal y América, 1492-1992. Vol. 1. León, Universidad de León, 1993, pp. 315-332.
[15] Entre ellas destacamos las pertenecientes a los siguientes museos belgas: Musée d’Histoire et de
Folklore d’Ath, el Hôpital Notre-Dame à la Rose de Lessines y el Museum Saint-Janshospital de
Damme.
[16] Martín González, Juan José y Plaza Santiago, Francisco Javier de la. Catálogo Monumental de la
Provincia de Valladolid. Tomo XIV. Parte segunda. Valladolid, Diputación de Valladolid, 1987, p.
54, lám. 159.
[17] Pellicer i Rocher, Vicent. “Nº. 34. Jesús amb la Creu i una monja que l’imita”, Els Tresors de les
clarisses de Gandia. Valencia, IMAC. Ajuntament de Gandia y CEIC Alfons el Vell, 2003, pp. 108
y 109.
186
Estoy crucificada con Cristo: en torno a la representación de la Religiosa mortificada del Monasterio de la Concepción de Riobamba
el cuadro de Santa Teresa ayudada por Cristo a llevar la cruz18 (S. XVII) del
Convento de Nuestra Señora de Portacoeli de Valladolid (España).
Seguimiento a Cristo que igualmente encontramos en el lienzo de La Vocación
de la Religiosa19 (S. XVII) del Convento de la Magdalena de Palma (España), en
el que una religiosa Agustina está enfrentada a su Profesión, cuya hoja tiene la
Muerte en la mano, y que ha de decidir en procrastinar el cumplimiento de sus
deberes, dejándolos para más tarde, o bien, desde este momento, imitar a Cristo,
efigiado en un Niño Jesús que camina entre nubes portando la cruz sobre su
hombro.
[18] Escena muy interesante por su rareza iconográfica, ya que en los escritos de Santa Teresa de Jesús
no aparece ningún pasaje biográfico que haga alusión al asunto representado, aunque el Padre Je-
rónimo Gracián recordaba que la santa solía salir al refitorio con la Cruz a cuestas para mortificarse.
En Martín González, Juan José y Plaza Santiago, Francisco Javier de la. Catálogo Monumental…,
op. cit., p. 178, lám. 635 y Urrea, Jesús. “Cristo ayuda a Santa Teresa a llevar su cruz”, Homenaje
a Santa Teresa en el IV Centenario de su muerte. Valladolid, Caja de Ahorros Popular de Valladolid,
1982, sin paginar.
[19] Llompart, Gabriel. “Imágenes mallorquinas exentas del Niño Jesús”, Boletín del Seminario de Estu-
dios de Arte y Arqueología de la Universidad de Valladolid, nº 46, 1980, pp. 363-374.
[20] Fernández Moreno. Compendio…, op. cit., Tomo I, sin paginar.
[21] Llompart, Gabriel. “«Spiritualis monachus». Aportación a la iconografía del perfecto religioso
(siglos XV-XVIII)”, Anacleta sacra tarraconensia, vol. XXXVIII, 1965, pp. 159-172.
187
Angel PEÑA MARTÍN
[22] Llompart, Gabriel. “El fresco de la religiosa crucificada de las Descalzas Reales de Madrid”, Traza
y baza, nº 3, 1973, pp. 53-60; Sánchez Hernández, M.ª Leticia. “Las variedades de la experiencia
religiosa en las monjas de los siglos XVI y XVII”, Arenal. Revista de historia de las mujeres, nº. 5, vol.
I, 1998, pp. 69-105 y García Sanz, Ana y Sánchez Hernández, M.ª Leticia. “Iconografía de monjas,
santas y beatas en los Monasterios Reales españoles”, La mujer en el arte español. Madrid, Editorial
Alpuerto, 1997, pp. 131-142.
188
Estoy crucificada con Cristo: en torno a la representación de la Religiosa mortificada del Monasterio de la Concepción de Riobamba
Espacio en el que también se ubica la Alegoría de la vida religiosa23 (S. XVII) del
Monasterio de Santa Clara de Montilla (España) [fig. 4]. En el Monasterio de
Jesús María de Granada (España) es en su claustro principal donde se situó el
lienzo de la Religiosa mortificada (S. XVII), mientras que la Alegoría de la religiosa
mortificada24 (S. XVII) del Monasterio de Santa Clara de Zafra (España), ha
abandonado la clausura conventual, para ser expuesta en su Museo.
Todas estas obras muestran a una religiosa, de cuerpo entero, fijada al
travesaño de una cruz, apoyando sus pies, generalmente uno de ellos argollado,
sobre un globo. Porta como atributos característicos un cirio encendido en la
Figuras 3 y 4
Religiosa
mortificada,
Anónimo, siglo XVII.
Sala capitular del
Monasterio de las
Descalzas Reales,
Madrid, España.
Alegoría de la vida
religiosa, Anónimo,
siglo XVII. Sala
capitular del
Convento de Santa
Clara, Montilla,
España.
Fotografía: Ángel
Peña Martín
mano derecha, su mano izquierda clavada a la cruz, una venda sobre los ojos,
un candado en la boca y un pequeño dragón o sierpe que le muerde el corazón.
Aparece rodeada de filacterias con referencias a la mortificación de los sentidos
y el espíritu. La principal diferencia entre las representaciones citadas, radica en
su fondo. Mientras que la Religiosa mortificada madrileña se presenta delante de
un escenario arquitectónico, la montillana aparece sobre un paisaje y la zafresa
cuenta con un fondo neutro.
[23] VV. AA. Catálogo artístico y monumental de la provincia de Córdoba. Tomo VI. Luque, Montalbán,
Montemayor y Montilla. Córdoba, Convenio de Colaboración Cultural Consejería de Cultura y
Medio Ambiente, Diputación Provincial de Córdoba y Caja Provincial de Ahorros de Córdoba,
1993, p. 210.
[24] Rubio Masa, Juan Carlos y Moreno González, José María. Guía Museo Santa Clara Zafra. Badajoz,
Asociación de Amigos del Museo y del Patrimonio de Zafra, sin paginar.
189
Angel PEÑA MARTÍN
[25] V.ª IDEA DE UNA CAPUCHINA CRUCIFICADA en las tres horas, que, en memoria de las, que su
Divino Esposo JESUS estuvo en la Cruz, acostumbran a meditar las Capuchinas del desierto de Peni-
tencia de Granada, en su Monasterio de Jesus Maria. Grabado calcográfico contenido en Fernández
Moreno. Compendio…, op. cit., Tomo I, sin paginar.
[26] Fernández Moreno. Compendio…, op. cit., Tomo I, Cap. XXV, p. 324.
[27] Ibídem, Tomo II. Cap. XX, pp. 448 y 449.
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Estoy crucificada con Cristo: en torno a la representación de la Religiosa mortificada del Monasterio de la Concepción de Riobamba
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Angel PEÑA MARTÍN
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Estoy crucificada con Cristo: en torno a la representación de la Religiosa mortificada del Monasterio de la Concepción de Riobamba
[34] Ibídem, p. 5.
[35] Suspendium elegit anima mea. Christo confixa sum cruci, cuius mihi digno podere maiores dat delicias
quo maoir dolor angit. En Ibídem, pp. 6-9.
[36] Averte oculos meos ne videant vanitatem; ipsi enim depraedati sunt animam meam. En Ibídem, pp.
9-13.
[37] Loquere Domine, quia audit servus tuus. Vocabis me, et ego respondebo tibi. En Ibídem, pp. 13-18.
[38] Pone, Domine, custodiam ori meo, et ostium circumstantiae labiis meis. En Ibídem, pp. 18-23.
[39] El Padre Espinosa hace una interesante reflexión acerca del silencio en el coro, en los empleos, en el
refectorio y en todos los tiempos y lugares en que se manda especialmente: así evitaremos muchos defectos,
y mereceremos muchas gracias. En Ibídem, pp. 22 y 23.
[40] Luceat lux vestra coram hominibus, ut videant opera vestra bona, et glorificent Patrem vestrum. En
Ibídem, pp. 23-36.
193
La esposa de la Cruz, que conoce lo peligrosos que son los asaltos de la carne,
pide a Dios que le sujete o crucifique con los clavos de su temor santo: Traspasad
mi carne con vuestro temor santo, porque he temido vuestros juicios41. Por eso, su
mano izquierda aparece clavada en la cruz. Crucifixión que se adquiere por la
observancia de los mandamientos de Dios, por las acciones de una vida inocente
y pura, y por el conocimiento de la verdad. Si mortifica las acciones y pretensiones
de la carne, sujetándolas al espíritu, vivirá. Mientras que si vive como quiere
la carne, morirá eternamente. Aunque poco importan estas mortificaciones
exteriores, ayunos, disciplinas y estaciones, si no se mortifica la propia voluntad.
Por eso, del lado derecho sale el texto: Ceñid vuestro cuerpo: entonces le ceñimos
verdaderamente cuando por una santa continencia sujetamos las pasiones42. Por lo
tanto, el cíngulo es símbolo de la mortificación de las pasiones.
La religiosa desea y busca el agrado y beneplácito divino. Sobre su pecho
aparece el gusano de la conciencia, una llamada a la vigilancia que le hace
examinar sus obras, para que temiendo que en ella se mezcle la culpa, se
maneje con precaución y prudencia. Por eso en el lado izquierdo está pintado el
gusano de la conciencia, una sierpe en su corazón: No morirá jamás su gusano.
Verdaderamente es loable el temer aún donde no hay culpa43. Hay que velar y orar
para no caer en la tentación.
Dilatado su corazón, corre buscando a Dios por el camino de sus mandamientos,
de sus inspiraciones y de sus gracias, como consta en su pie derecho: Corrí por el
camino de tus santos mandamientos cuando dilataste mi corazón44. Mientras que el
pie derecho simboliza la parte superior del alma, la razón, el izquierdo significa
la parte inferior, es decir, el cuerpo y, por lo tanto, la pasión. Para que uno corra,
el otro ha de estar sujeto, por lo que aparece con grillos: Perfeccionad mis pasos en
vuestras sendas, para que mis huellas no declinen45. Si el pie izquierdo está libre,
corre precipitado al mal y lleva tras de sí al otro pie. Por lo que para entrar con
el derecho en las sendas de la justicia, ha de estar sujeto: examina la senda en que
pones tus pies, y serán firmes todos tus pasos (Pr 4, 26).
La esposa de la Cruz está crucificada para el mundo y el mundo está crucificado
para ella: El mundo es cruz para mí y yo cruz al mundo soy: porque muerta vivo a
[41] Confige timore tuo carnes meas: a iudiciis tuis timui. En Ibídem, pp. 36-40.
[42] Sint lumbi vestri praecincti. Lumbos enim praecingimus cum carnis luxuriam per continentiam coarc-
tamus. En Ibídem, pp. 40-49.
[43] Vermis eorum non morietur in aeternum: bona enim timentium ibi timere ubi culpa non est. En Ibí-
dem, pp. 49-59.
[44] Viam mandatorum tuorum cucurri cum dilatasti cor meum. En Ibídem, pp. 59-65.
[45] Perfice gressus meos in semitis tuis, ut non moveantur vestigia mea. En Ibídem, pp. 65-75.
Estoy crucificada con Cristo: en torno a la representación de la Religiosa mortificada del Monasterio de la Concepción de Riobamba
aquél, que por mí la vida dio46. Por eso en medio del globo que trae el alma debajo
de los pies consta: Acabó el mundo, y todas las cosas de él para mí47. Se negó a sí
misma para seguir a Cristo, acabando para ella el mundo y sus deseos. Dolores y
quebrantos, por los que, al santificar su cuerpo, tendrá una gran recompensa en
el cielo, que se deja sentir en el corazón de los que padecen: Mi carne descansará
en la esperanza48.
195
Angel PEÑA MARTÍN
[50] Clavos que pueden hacer referencia a los tres votos, véase García Pérez, Manuel. Oración pane-
gyrico-mystica ala Profession de la Madre Sor Maria Luisa de San Joseph, Religiofa en el Convento de
Trinitarias Defcalzas de Madrid. Madrid, Herederos de Juan García Infanzón, 1734, pp. 9-19.
[51] Lavrin, Asunción. Brides of Christ. Conventual life in colonial Mexico. Stanford, Santford University
Press, 2008, lámina sin paginar.
196
Estoy crucificada con Cristo: en torno a la representación de la Religiosa mortificada del Monasterio de la Concepción de Riobamba
clavado con Cristo en la cruz (Gal 2, 19). No sólo es la misma cruz, sino también
los mismos clavos: Dulces clavos pues tenéis / crucificado a mi Amor, / fixadme en
la cruz con él / porque con él muera yo. Epigrama que, basándose en este emblema
del Camino Real de la Cruz, también aparece en la representación mexicana de la
religiosa crucificada con Cristo.
[52] Sousa Pereira. Vida admirable…, op. cit., Tomo III, pp. 46 y 47.
[53] Espinosa. La religiosa mortificada…, op. cit., pp. 85 y 86.
197
Amalia Mesa-Bains’s Domesticana Baroque
Kat Austin
Wilfrid Laurier University
[email protected]
[1] I propose that rasquachismo constitutes a particular baroque strand—the Chicana/o baroque—
which has emerged from the unique cultural environment of Mexican America. However, the term
rasquache holds historical and political significance and is, therefore, a more accurate descriptor
than “baroque.” Rasquache techniques emerged from the living conditions of Mexican-Americans
who, having limited resources, sought alternative materials for cultural production. Ýbarra-Frausto
sees rasquachismo as an attempt to hold everything together while employing syncretism, juxta-
positions, and impure communions. As an aesthetic of excess and rebellion, rasquachismo exudes
flamboyance, sensuous textures, irreverence, and irony. See: Ýbarra-Frausto, Tomás. “The Chicano
Movement/the Movement of Chicano Art”, Beyond the Fantastic: Contemporary Art Criticism from
Latin America, 1996, p. 172-73.
199
Kat AUSTIN
hegemony. For this reason, domesticana results from the tension between the
affirming and criticizing the domestic sphere.2
As with rasquachismo, domesticana also parallels the baroque in multiple
ways, albeit from a specifically female Chicana/Mexicana point of reference.
However, Amalia Mesa-Bains employs these domesticana baroque strategies
to speak of themes which transcend her local context—notably, gender and
identity—, while simultaneously speaking of aspects relating to her personal life
and the Chicana experience. Domesticana makes the realization that the private
is also public: a slightly different but interrelated continuance of the same fold.
Entering the interior worlds formed by Mesa-Bains’s domesticana cosmovision,
this text will focus on two baroque themes: the mirror and the fold.
The Mirror
The mirror “was a favourite trope of the historical baroque,” states Mieke Bal in
her Quoting Caravaggio.3 The 17th-century preference for the device of the mirror
rests in the fact that it alludes to several baroque concepts; namely vanitas, the
illusiveness and deception of appearances, and the growth of a new self-conscious
and self-reflexive attitude. During the
baroque, the mirror corresponded to
the concept of vanitas. Vanity, the sin of
devoting oneself to worldly pleasures and
appearances, is characterized by the mirror
which captures the successive fading of
the viewer’s youth and beauty. Vanitas,
however, touches on a greater theme which
pervades the baroque: the illusiveness and
Figure 1 deception of appearances. The image
Venus Envy I: First in the mirror is only a fleeting vision of
Holy Communion
before the End, Amalia reflected light, yet another allusion to
Mesa-Bains, 1993. baroque impermanence. The mirror also
Whitney Museum of denotes the subjectivity which emerged
American Art,
New York. during the Baroque; a consciousness of
Sketch by author self that can be seen in baroque art as it
[2] Mesa-Bains, Amalia. “Domesticana: The Sensibility of Chicana Rasquache”, Distant Relations: Cer-
canías distantes, 1995, p. 159-62.
[3] Bal, Mieke. Quoting Caravaggio: Contemporary Art, Preposterous History. Chicago, University of
Chicago Press, 1999, p. 135.
200
Amalia Mesa-Bains’s Domesticana Baroque
attempts to return the gaze of the spectator. Thus, though the baroque mirror
may have carried moralizing tones cautioning against falling prey to the deceits
of an illusory world, it also emblematized a new way of seeing the self in relation
to this world.
The mirror presents a recurring motif in Amalia Mesa-Bains’s work. In Venus
Envy I: The First Holy Communion before the End [fig. 1], the mirror serves as a
site where the contradictions between sexuality and religious spirituality collide
with indigenous subjectivity.
However, Venus Envy III:
Cihuatlampa, The Place of the
Giant Women [fig. 2] evades Figure 2
these contradictions and Cihuatlampa, the
Place of the Giant
fragmentation by creating a Women, Amalia
utopic world where women Mesa-Bains,
can determine their own 1993/2011.
Fresno Art Museum,
identities without imposed Fresno.
social constraints. Sketch by author
[4] Zapperi, Roberto. “Alessandro Farnese, Giovanni della Casa and Titian’s Danae in Naples”, Journal
of the Warburg and Courtauld Institutes, no 54, 1991, p. 163.
201
Kat AUSTIN
[5] Davies, Christie. “Velázquez in London”, New Criterion, no 25, issue 5, 2007, p. 55.
[6] Dennis, Kelly. Art/porn: A History of Seeing and Touching. Oxford, Berg, 2009, p. 29
[7] González, Jennifer A. Subject to Display: Reframing Race in Contemporary Installation Art. Cam-
bridge, MIT Press, 2008, p. 147.
202
Amalia Mesa-Bains’s Domesticana Baroque
desires of male viewer? Or will she reproduce her image of self to conform with
Catholic values? To be certain, the chair facing the vanity table is burdened by
an enormous white rosary, indicative of the heaviness of Catholicism in Mexican
culture, effectively weighing down the chair which is the substitute of the absent
female body.
However, this dichotomy between the sensual body and the chaste spirit is
interrupted by a ghostly presence. The Mexica mother goddess, Coatlicue, reveals
herself from behind the glass, adding another dimension to the Venus/Virgin
dynamic. The conceptualization of Coatlicue’s femininity exists outside all
Western notions concerning the idealization of women. She is neither sexualized
nor does she represent the chaste negation of the body. Contrary to Venus, she is
not an object of visual pleasure, but instead exudes monstrosity, inspiring more
fear and respect than lust. She wears a necklace of skulls, has a head formed from
two snakes, and has claws instead of hands. Her body is not virginal, but rather,
her breasts sag from extensive nursing. Unlike the languid Venus who provides
worldly erotic pleasure and unlike the patient and passive Virgin Mary of official
Catholicism, Coatlicue is a terrifying force which both gives life and viciously
consumes it. The excavation of the indigenous Coatlicue from behind the looking-
glass disrupts the conception of the feminine self by introducing an opposing
feminine ideal into the site where these subjectivities are created—the mirror. In
the boudoir vanity where conflicting worldviews materialize, Coatlicue appears
as an indication of the emerging mestiza consciousness8 which sees the void left
by the absence of the indigenous self and strives to redress this lack, reintegrating
indigenous aspects into her conceptualization of self and the world.
[8] The mestiza consciousness, according to Gloria Anzaldúa, involves a flexible, divergent, and inclu-
sive way of thinking which allows for the entrance of plurality, the coexistence of contradictions,
and ambivalence. See Anzaldúa, Gloria. Borderlands: The New Mestiza = La Frontera. San Francisco,
Aunt Lute Books, 2007, p. 101.
203
Kat AUSTIN
utopia, the Cihuateotls9 are free from the limitations of imposed identities and
can therefore construct their own ostentatious, flamboyant, and monumentally
baroque subjectivities.
Cihuatlampa, Land of the Giant Women revisions the representation of women
in art history, investing them instead with a power that escapes the bounds of
patriarchy. The female nudes of art history often display women as nothing
more than sexualized objects devoid of any personal identity. As John Berger
explains, the role of the female nude in European traditional painting is to be
an object of display. She is not naked because nakedness would reveal her own
individuality.10 As a result, the nudes of art history are languid passive objects
which have served the desires of the male spectator/owner. For this reason, Laura
Pérez sees Mesa-Bains’s reworking of the masculinist painting tradition through
the substitution of the traditional nude with the Cihuateotl as a way to “outweigh
masculinist painting, displacing its Eurocentric construction of what constitutes
female, and the sexually desirable in women” and instead investing women with
power.11 Mesa-Bains is rewriting masculinist painting traditions, parodying the
Venus del espejo and transforming it into a monumental form which rejects the
sexualisation of the male gaze.
The Cihuateotl’s mirror presents a strategy for establishing creative linkages
between diverse historical referents, thus creating crosscultural female alliances.
As with other mirrors from the Venus Envy series, another image appears from
behind the Cihuateotl’s mirror: the Virgin of Montserrat. This black Madonna
contrasts with the white Madonnas found in Venus Envy I. Compared to the
white virginal themes evoked by Venus Envy I, the dark Virgin of Montserrat
along with the earth-mother-like Cihuateotls create an antithesis to the idealized
Inmaculada, instead evoking a fecundity associated with the earth and sexual
power. Unlike the vanity mirror in Venus Envy I in which a non-Western indigenous
image interrupts the reflective surface, it is now a European image that manifests
itself to the Cihuateotl, fostering a creative link between the indigenous and the
more ancient traditions of the Old World, of which the Virgin of Montserrat
[9] The Cihuateotls were the women who died in childbirth, an act that the Aztecs saw as equally heroic
to fighting in battle. Honouring these women for having been slain in partum, these women were
granted access to a land in the afterlife called Cihuatlampa.
[10] Berger, John. Ways of Seeing. London, British Broadcasting Corporation and Penguin Books, 1972,
p. 54.
[11] Pérez, Laura. “Writing on the Social Body: Dresses and Body Ornamentation in Contemporary
Chicana Art”, Decolonial Voices: Chicana and Chicano Cultural Studies in the 21st Century. Bloom-
ington, Indiana University Press, 2002, p. 39-40.
204
Amalia Mesa-Bains’s Domesticana Baroque
[12] Morcillo, Aurora G. The Seduction of Modern Spain: The Female Body and the Francoist Body Politic.
Lewisburg, Bucknell University Press, 2010, p. 83-84.
[13] Rousset, Jean. La Littérature de l’âge baroque en France: Circé et le Paon. Paris, J. Corti, 1953,
p. 229.
[14] Ibidem, p. 54.
205
Kat AUSTIN
which exude meaning. The idea of vanity has been destroyed, for in the baroque
world of Cihuatlampa artifice itself is meaningful.
While Venus Envy I demonstrates the curative power of an emerging mestiza
consciousness which has the potential for mending the female body/spirit
division of the European tradition and for fostering a pluricultural conception of
self; Mesa-Bains’s Cihuatlampa extends the mestiza consciousness to its utopic
limits. The inclusive way of conceptualizing subjectivity and its insistence on
intercultural linkages harnesses the power necessary for exploding imposed female
identities. Here, the mirror no longer represents women’s supposed obsession with
worldly appearances (vanity), but instead becomes a site of empowerment. In
Cihuatlampa, ostentation should never be confused with vanity, as vanity implies
appearances without truth, substance, or meaning. Instead, the Cihuateotls have
conquered the traditional female attribute of vanity because, in Cihuatlampa
as in the baroque, form exudes meaning; in this case identitary meaning which
empowers the female subject.
The fold
Amalia Mesa-Bains’s installations overflow with folded surfaces, not only
recalling Baroque tastes for drapery and theatrical curtains, but exuding what
Gilles Deleuze would call texturology.15 The textures produced by drapery
constitute the baroque attitude in material form. For one, drapery clothes the
empty surface, becoming like a second skin; a sort of organic matter with folds,
crannies, bumps, shadows, and highlighted spaces whose texture appeals to the
baroque horror vacui. These textures deny linearity, instead embodying the non-
linear and the irrational. Drapery expresses movement, the turbulent flow of
water cast in artificial form. However, baroque drapery goes beyond its sensuous
and emotion-provoking materiality. As Deleuze says, “folds of clothing acquire
an autonomy and a fullness that are not simply decorative effects. They convey the
intensity of a spiritual force exerted on the body.”16 And so, these non-linear forms
with all of their expressiveness are most apt for communicating non-rational
experiences in a very plastic way. Last but not least, drapery was favoured in the
Baroque for its dramatic flair, as it provides a theatrical frame which delineates
the world of artifice, fiction, and illusion.
[15] Deleuze, Gilles. The Fold: Leibniz and the Baroque. Minneapolis, University of Minnesota Press,
1993, p. 115.
[16] Ibidem, p. 122.
206
Amalia Mesa-Bains’s Domesticana Baroque
The material folds in the Venus Envy series foment thought on the nature
of folds, folding, enveloping, and enclosing. The microcosm of folded matter
reflects a vision of folding on a larger scale. The installations in the Venus Envy
series are a set of enclosures, pleats of feminine space folded away from the larger
social sphere. In Venus Envy each spatial area of the installation is an enclosed
space: a fold into a female specific universe which encompasses multiple layers of
history, culture, and psychology.
For understanding these enclosed female spaces, I will use Deleuze’s concept
of the fold from his acclaimed text, The Fold: Leibniz and the Baroque. The
trope of the fold was developed by Deleuze as a contemporary interpretation
of Leibniz’s metaphysics, specifically the Leibnizian concept of the monad as
the whole universe contained in one being. Based on Leibniz’s monad, Gilles
Deleuze conceptualizes the fold, or the process of folding, as the basic unit of
existence. The efficacy of the concept of folding rests in the fact that it denies
separation and composite parts. Instead, every fold is found in another fold and
every fold is made up of yet more folds, allowing for an interrelatedness and
complexity not seen in other models of being.
What is implicit in all of these signs is the cult of the immaculate Virgin Mary,
the model of feminine behaviour in official Catholicism. Although this ideology
invades the space in its physical rendering, it is nonetheless disrupted by seeds
of transgression. In the display case, we see The Virgin of Guadalupe Defending
the Rights of Chicanos by Ester Hernández, a reimagining of the virgin as a ninja
taking on a role of resistance instead of passivity. What is more striking, however,
is the disruption in the boudoir mirror in which an image of Coatlicue unfolds
itself, opening up another fold into a distant cultural memory which manifests
itself as a ghostly presence.
Though this space is an enclosed space and thus, a limiting space, it still
contains a depth of time where the distant past—in the form of Coatlicue—exists
along with the near future, symbolized by an icon of Chicana feminist liberation.
Here, the ideological model of the immaculate Virgin does not remain pure,
but is perforated with elements which complicate and contradict this model,
elements which have always been there, hiding in pockets.
As Deleuze writes, “the folds in the soul resemble the pleats of matter.”17
Likewise, these folds within Amalia Mesa-Bains’s cultural memory resemble
the psychological pleats in the Mexican-American feminine psyche. Coatlicue
and Chicana feminism had always been present in the collective psychology,
but remained hidden or undeveloped in those folds which were overwhelmed by
Catholicism and its cult of purity, whose power rested in the ritualized symbols
of material beauty: lace, dresses, white flowers, long locks of hair, ribbons, etc.
Venus Envy I is like the Leibnizian monad in the sense that it is a micro-
universe containing everything. And though this universe focuses on the
cultural and psychological sphere produced by official Catholicism, Hernández’s
ninja Guadalupe and the goddess Coatlicue exist here as well, in this conceptual
universe which includes everything and denies linear chronology.
208
Amalia Mesa-Bains’s Domesticana Baroque
One segment of this installation, The Virgin’s Garden [fig. 3], provides an
alternate universe to the virginal space of Venus Envy I. The walled garden, a
metaphor for virginity, contains a wardrobe which has transformed into a grotto
overflowing with moss, roots, branches,
and leaves, among which emerges a small
statue of the Virgin Mary. In contrast to the
communion, confirmation, and wedding
dresses from the last installation, the virgin’s
grotto contains richly coloured brocade
robes, rejecting white purity for diversity Figure 3
and vibrance. Venus Envy II: The
Harem and Other
This world embodies the infinitely porous Enclosures, Amalia
quality of the rhizomatic baroque which Mesa-Bains, 1994.
involves the endless folding of space. Deleuze William College
Museum of Art,
says that “matter is porous and spongy” and Williamstown.
“the world is infinitely cavernous.”18 His Sketch by author
translator says that the baroque has an “intense taste for life that grows and
pullulates.”19 Entering the fold of the garden, a trope signifying trespassing into
the vaginal fold, the viewer enters into another fold, that of the grotto. The grotto
is consequently filled with other folds: the folds of the sumptuous robes and a
drawer overflowing with porous materials such as moss. This is the space of the
virgin responsible for life that grows and pullulates.
The harem from Venus Envy II is also like an enclosed female garden. These
sites historically marked the division of female/male space, as well as private/
public space. Like the boudoir environment from the last installation, the harem
was folded away from the public, masculine sphere. It is worth noting that the
harems served not only to protect or separate women and children from the
outside world, but were also considered spaces of self-development, where women
could become cultivated and eventually ideal brides. In this sense, the harem was
like a private garden for keeping and growing women.
Evoking the folding quality of drapery, this installation is characterized by
its use of veils. They are not the fleshy draperies seen in Venus Envy I’s boudoir-
cathedral, but coloured screens. The veil is a trope for illusion and the supposed
[18] Ibidem, p. 7.
[19] Conley, Tom. “Translator’s Foreword: A Plea for Leibniz”, The Fold: Leibniz and the Baroque, 1993,
p. x.
209
Kat AUSTIN
truth or reality existing behind it. Unlike the drawn curtain which conceals,
the veil only partly conceals. Instead, the veil distorts reality or, in this case, it
colours reality and alters our perceptions.
As an almost universal trope, the veil signifies the screen which creates
illusion or obfuscates what lies behind the screen; whether that be truth, divinity,
or nature. Women have long been associated with enigmatic, irrational, and
unknown natural forces. Moreover, male-defined scientific rationality seeks to
pierce the veil in an attempt to achieve knowledge. An allegorical representation
of this impulse is found in Louis-Ernest Barrias’s statue, Nature unveiling herself
before Science, which enacts “the modern fantasy of (female) nature willingly
revealing herself to the (male) scientist, without violence or artifice.”20
The veiled harem is ultimately communicating with the previous installation
of The Virgin’s Garden: a partially hidden rhizomatic nature identified with the
feminine, the mysterious grotto of femininity, the enigmatic abyss, separated by
the wall, or in the present example, by the veil. Here we see the development of
interrelated themes: women as holders of enigmatic hidden knowledge protected
by the folded barriers of hymens, wall, and veils who are intrinsically related to
an equally enigmatic nature.
Thus, The Virgin’s Garden and the Harem, with their insistence on a fecund
and mysterious feminine knowledge rooted in nature, present entirely different
visions of the female compared to Venus Envy I, which speaks of a virginal purity
lacking earthly knowledge. This idealized blank slate of nothingness stands in
contrast to the figure of the Virgin in her garden, who bursts with dirt, moss,
sand, and secret knowledge.
The next enclosure is a recreation of the study of Sor Juana Inés de la Cruz
[fig. 4] and, like the boudoir, the walled garden, and the harem, this study is
another female enclosure; a fold closed off from the outside world. Just as the
Virgin’s garden pullulates with life, Sor Juana’s studio pullulates with knowledge.
[20] Daston, Lorraine et al. Objectivity. New York, Zone Books, 2007, p. 244.
[21] Deleuze. The Fold…, op. cit., p. 27-28.
210
Amalia Mesa-Bains’s Domesticana Baroque
211
Kat AUSTIN
[22] Sousa Santos, Boaventura de. “El norte, el sur, la utopía y el ethos barroco”, Modernidad, Mestizaje
Cultural, Ethos Barroco, 1994, p. 326, 330.
[23] Castillo, Ana. Massacre of the Dreamers: Essays on Xicanisma. New York, Plume, 1995, p. 220.
[24] Deleuze. The Fold…, op. cit., p. 27-28.
212
Amalia Mesa-Bains’s Domesticana Baroque
Conclusion
Gonzalo Celorio states that the neobaroque demonstrates cultural possession
through criticism and reflection and revisits history for the purpose of preserving,
recuperating, or enriching it.25 Similarly, domesticana criticizes domestic life,
gender roles, and Anglo cultural domination while preserving memory and
traditions.26 Thus, like the cultural archaeologist/visionary from Ana Castillo’s
Xicanisma (Chicana feminism), Mesa-Bains recuperates the fragments of
history; reflecting on them, criticizing them, but also imaginatively shaping
them into new and powerful symbols which inspire struggle and socio-political
transformation.27
The transformative shaping of history offers ways of escaping its problematic
legacy by either providing alternatives which are capable of healing the objectified/
fragmented self or by imagining new subjectivities which are empowered by
valuable symbols of the past. We can see this practice carried out in Mesa-Bains’s
Cihuatlampa, where the nude of art history has been parodied, shaping it with
indigenous elements to create a powerful new female identity. Cihuatlampa
is utopic space in which women are free to create their own subjectivities.
Appropriately, the baroque provides the preferred attitude for this utopia, due
to its capacity for collecting the fragments of history and reimagining them in
[25] Celorio, Gonzalo. Ensayo de contraconquista. Mexico City, Tusquets, 2001, p. 101-02.
[26] Mesa-Bains. “Domesticana…”, op. cit., p. 159-60.
[27] Castillo. Massacre…, op. cit., p. 220.
213
Kat AUSTIN
214
El retrato civil femenino:
imagen y representación de la mujer cristiana
en la Nueva España (Siglo XVIII)
215
Elsaris NÚÑEZ MÉNDEZ
cerrado que parece mostrar en un primer plano según gira su muñeca hacia
abajo. Creando una correspondencia visual con dicho abanico, la mujer sujeta,
con dos de sus dedos, el tallo de una rosa de color rosado.
“Pesados”, “acartonados” y “repetitivos” están entre los términos peyorativos
comúnmente utilizados para describir aquellos retratos que siguen las convenciones
presentes en la imagen de Doña Ana María de la Campa y Cos y Ceballos.
El uso consistente de esta fórmula ha sido explicado por algunos historiadores
como evidencia de la falta de destreza e incapacidad de innovar de los artistas
novohispanos de esta época. Notorio es el caso del historiador del arte Manuel
Toussaint, quien en su Arte colonial en México y Pintura mexicana vio la historia
de la pintura mexicana como un proceso evolutivo en el cual la retratística
del siglo XVIII correspondía a un período de “decadencia”, “debilidad” e
“impotencia”1. Otro acercamiento comúnmente utilizado a la hora de abordar
la producción de retratística ha sido aquel que ha visto en estas imágenes el
reflejo visual de la sociedad novohispana. Por ejemplo, Rogelio Ruiz Gomar ha
atribuido la abundancia de retratos femeninos en el siglo XVIII a la creciente
importancia que las mujeres estaban adquiriendo en la sociedad novohispana
para esta época 2. En una tónica similar, en un catálogo de exhibición un tanto
reciente, De novohispanos a mexicanos: retratos e identidad colectiva en una
sociedad en transición (2009), los autores definen el retrato como “un espejo de la
civilización”, “un testimonio” que es útil a la hora de elaborar una “reconstrucción
de la historia de los cambios de espíritus, valores y mentalidades”3. A pesar de
que ambos acercamientos producen distintos tipos de conclusiones, los dos le
otorgan al retrato un rol pasivo que no necesariamente reconoce la autonomía de
la imagen, ni su función cultural.
En un intento por ofrecer una perspectiva distinta en torno a la vida del género
del retrato durante el siglo XVIII en la Nueva España, este escrito se enfoca en
la producción y circulación de retratos civiles femeninos, viéndolos como agentes
[1] Toussaint, Manuel. Pintura colonial en México. México, D.F., Universidad Nacional Autónoma de
México, 1990, p. 136. Apreciaciones negativas como ésta hacen eco de las expectativas implícitas
que los académicos han impuesto sobre el género del retrato. A través de descripciones tales como
“acartonados”, un término utilizado para denotar el carácter plano de la representación visual, estos
críticos parecen haber querido denunciar la falta de correspondencia entre las nociones de realismo
promovidas por la tradición italiana y la pintura novohispana.
[2] Ruiz Gomar, Rogelio. “La pintura de retrato en la Nueva España”, El retrato novohispano en el siglo
XVIII, Puebla, Museo Poblano de Arte Virreinal, 1999, p.11.
[3] De novohispanos a mexicanos: retratos e identidad colectiva en una sociedad en transición, cat. exh.,
México, D.F., Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2009, p.14.
216
El retrato civil femenino: imagen y representación de la mujer cristiana en la Nueva España (Siglo XVIII)
[4] Belting, Hans. Likeness and Presence. A History of the Image Before the Era of Art, Chicago, The Uni-
veristy of Chicago Press, p. xxii.
[5] Sobre la capacidad del objeto para afectar a la audiencia, generar ideas y provocar una diversidad de
procesos sociales ver el texto de Alfred Gell. Art and Agency (1998).
[6] Por ejemplo, en El Arte de la Pintura (1649) Francisco Pacheco establece que “habiendo de faltar a lo
parecido, o a lo bien pintado, si no se pueden juntar ambas cosas, se cumpla con lo parecido, porque
éste es el fin del retrato; que es el mismo con que definimos la imagen, diciendo: que es un material
en quien se pasó la figura del original”. Además, Pacheco señala que el alcanzar la similitud de dicha
figura depende de la capacidad que tenga el artista para capturar “los perfiles del todo y las partes,”
expresión con la que se refiere a la precisión del artista al dibujar los rasgos de los retratados.En su
comentario sobre los pintores que logran alcanzar el parecido y una buena factura, Pacheco dice:
“porque, como tan grandes debuxadores, no pudieron ignorar los perfiles del todo y de las partes,
en que consiste la certeza de lo parecido.” Pacheco, Francisco. El arte de la pintura, Madrid, Cátedra,
p. 526. Publicando casi medio siglo más tarde, en su Museo pictórico y escala óptica (1795) Antonio
Palomino ofrece una noción similar acerca del objetivo del retrato al distinguir entre aprender de
217
Elsaris NÚÑEZ MÉNDEZ
Esta noción de realismo, todavía operante para las audiencias del siglo XVIII,
propició múltiples efectos en la producción de retratos, así como en la recepción
de los mismos. A propósito del papel que jugó el realismo en el retrato barroco
es útil considerar las palabras de Ann Jensen Adams en relación a la retratística
holandesa del siglo XVII: the portrait (...) presents the conventions of life and those
of artistic practice in equally realistic terms, and it works to give the impression that
both refer to some external truth. They obscure or naturalize this process through their
subject, the human body7. Apuntando al realismo como una de sus características
intrínsecas, el retrato evoca de forma vívida la presencia corporal del retratado,
al tiempo que manipula la descripción con el fin de enfatizar aquellos rasgos
considerados como más deseables. La alegada capacidad de los retratos para
ofrecer un acceso directo a la apariencia y la identidad de sus modelos no es,
sin embargo, el único mecanismo a través del cual estas imágenes produjeron
significados para la audiencia del siglo XVIII. En los siglos XVII y XVIII, los
retratos muchas veces operaron a base de la combinación de una descripción
naturalista y un repertorio de símbolos y signos8. De este modo, si bien el retrato
funciona dentro de los parámetros de “lo real”, éste participa de forma directa
dentro de sistemas discursivos más amplios. Tal como lo señala Adams, the
meaning of a portrait at any given moment, both as an object and as an image,
does not inhere in the external referent of its symbols, but is produced by the infinite
number of systems of belief or knowledge sometimes called discourses —that they
help to produce9. Siguiendo el planteamiento de Adams, en esta ocasión presumo
que para los espectadores del siglo XVIII, el retrato femenino operaba como un
medio flexible en el cual la identidad era construida a través de sistemas visuales,
simbólicos y semióticos.
A la luz de estas ideas, son de especial interés las relaciones que existieron
entre los retratos civiles femeninos novohispanos y las nociones de feminidad que
la naturaleza y copiar de ella. Palomino establece que el pintor que aprende de la naturaleza sabe
seleccionar los rasgos más perfectos y es capaz de reservarlos en su memoria para su futura combi-
nación en la pintura. Copiar, como actividad artística reservada a la producción de retratos, permite
una transcripción directa de aquello que está delante del ojo. De este modo, según Palomino, la
perfección de un retrato reside en su total similitud respecto al original. Palomino, Antonio. Museo
pictórico y escala óptica, Madrid, Imprenta Sancha, 1795, p.158.
[7] Adams, Ann Jensen. Public Faces and Private Identities in Seventeenth Century Holland. New York,
Cambridge University Press, 2009, p. 52.
[8] Ibídem, p. 53.
[9] Adams, Ann Jensen. “Three-Quarter Length Life-Sized Portrait in Seventeenth Century Holland”,
Looking at Seventeenth Century Dutch Painting. Realism Reconsidered. Nueva York, Cambridge Uni-
versity Press, 1997, p.161.
218
El retrato civil femenino: imagen y representación de la mujer cristiana en la Nueva España (Siglo XVIII)
circularon entre los miembros de la élite de la Nueva España. Dos vías son las
que propongo para auscultar este vínculo. Por una parte, considero el modo en
que una misma fórmula visual utilizada en la elaboración de retratos femeninos
y masculinos activa, en cada caso, nociones distintas respecto a los conceptos
del honor y la calidad. Por otra, analizo el potencial diálogo que pudieron
haber sostenido estos retratos de encargo con la literatura prescriptiva en torno
al asunto de la feminidad, algunos de ellos contemporáneos y otros todavía en
circulación.
Dentro del contexto de la cultura nobiliaria europea el retrato cumplió,
dice Joanna Woodall, un “rol ideológico vital” en la medida en que facilitó el
nexo entre el ser humano y la personificación de conceptos abstractos como la
majestad del reinado, la valentía de un líder militar y el estatus de una familia10.
A lo largo del siglo XVI, se desarrolló en Europa todo un repertorio de motivos
visuales y tropos de significación para comunicar ideas sobre el poder, privilegios
y la riqueza de la nobleza. Teniendo los retratos reales del Siglo de Oro español
como un referente inmediato, la retratística novohispana se practicó con fines
ideológicos similares. La correspondencia entre la fórmula utilizada por la
dinastía de los Austria, y posteriormente por los Borbones, y el desarrollo del
retrato oficial y civil en la Nueva España es muy significativa. Como bien ha
apuntado Inmaculada Rodríguez Moya, la repetición del modelo de retrato
político desarrollado por Tiziano, Antonio Moro y Alonso Sánchez Coello en
la elaboración de los retratos de los virreyes sirvió para enfatizar la conexión que
éstos tenían con la Corona11. Dicho modelo se distingue, como señala Rodríguez
Moya, por la representación del retratado con un gesto y una pose muy sobria,
de pie y con la mano posada en una silla, y ubicado dentro de un espacio interior
adornado por un cortinaje recogido a un lado y una columna de fondo al otro12.
Ya establecida desde principios del siglo XVII en la Nueva España, esta fórmula
fue utilizada de forma consistente hasta fines del siglo XVIII.
La producción de retratos civiles en la Nueva España experimentó un gran
crecimiento a lo largo del siglo XVIII. Tal incremento puede ser atribuido al
hecho de que el auge de la industria minera apoyó el surgimiento de una nueva
clase de ciudadanos criollos e inmigrantes españoles que, a raíz de su falta de
[10] Woodall, Joanna. Portraiture. Facing the subject. Manchester/New York, Manchester University
Press, 1997, p. 3.
[11] Rodríguez Moya, Inmaculada. La mirada del virrey. Iconografía del poder en la Nueva España. Cas-
telló de la Plana, Universitat Jaume I, 2003, p. 94.
[12] Ibídem, p. 43.
219
Elsaris NÚÑEZ MÉNDEZ
[13] Brown, Michael A. Portraiture in New Spain, 1600-1800: Painters, Patrons and Politics in Viceregal
Mexico. Tesis doctoral, Institute of Fine Arts-NYU, 2011, y Bretos, Miguel A. “From Prehispanic
to Post-Romantic: Latin America in Portraits, 500 B.C.-A.D. 1910”, Retratos. 2,000 years of Latin
American Portraits, cat.exh., New Haven, Yale University Press, 2004, p. 38.
[14] Brown. Portraiture in New Spain..., op. cit., p.107 e Inmaculada Rodríguez Moya, “De barrocos a
ilustrados”, De novohispanos a mexicanos: retratos e identidad colectiva en una sociedad en transición,
p. 27.
[15] McCaa, Robert. “Calidad, Clase and Marriage in Colonial Mexico: The Case of Parral, 1788-90”,
Hispanic American Historical Review 64, 3,1984, p. 477.
220
El retrato civil femenino: imagen y representación de la mujer cristiana en la Nueva España (Siglo XVIII)
221
Elsaris NÚÑEZ MÉNDEZ
cortesano. A pesar de que, contrario a los retratos oficiales, éstos pudieran haber
sido comisionados para ser exhibidos en el ámbito doméstico, el retrato de Don
Miguel evoca de forma evidente este vínculo dada su composición y la inclusión
de atributos como el bastón de mando y el hábito de la Orden de Santiago.
La inscripción, por su parte, ofrece detalles que amplían el significado de estos
atributos. Por su parte, el retrato de Doña Ana María reafirma la calidad de una
mujer casada, que pertenece a la elite del virreinato, al tiempo que indica su
recato y reserva.
Desde las etapas tempranas de la colonización de las Américas, las mujeres
españolas cumplieron un rol vital para el proyecto colonial en cuanto fungieron
como agentes para la retención y promoción de la cultura y las tradiciones ibéricas16.
Los criterios para juzgar la reputación de una mujer española o criolla dentro de
la sociedad novohispana estuvieron guiados, como señala Asunción Lavrin, por
un modelo tradicional de feminidad basado en valores como el recato, la piedad
y el decoro17. Las fuentes para la difusión de este modelo, que fue promulgado
en la Nueva España por colegios de niñas como el de las Viscaínas o bien en las
Escuelas de Amigas, se pueden encontrar en una serie de tratados prescriptivos
que circularon ampliamente en España y sus territorios desde el siglo XV. Entre
los que gozaron de mayor difusión en el ámbito hispano figura Instrucción de
la mujer cristiana (1523) de Juan Luis Vives. Este tratado fue concebido como
un manual para la educación de “vírgenes cristianas” y “mujeres casadas”, y el
mismo promovía un modelo según el cual las mujeres deberían esforzarse por
mantener tres virtudes principales: la castidad, la modestia y la fortaleza de
carácter. De acuerdo al texto de Vives, la preservación de la pureza y el honor
de la familia implicaba para una mujer como Doña Ana María la “incorrupción
del cuerpo y de la mente”, así como la protección de su reputación fuera de los
límites del ámbito doméstico18. Además, las mujeres debían seguir una educación
moral que les permitiera escapar del mal que habitaba el mundo, al cual ellas
eran vulnerables como herederas que eran del pecado original de Eva19. A fin de
evitar esta contaminación con las actividades y pensamientos mundanos propios
[16] Boxer, C.R. Women in Iberian Expansion Overseas, 1415-1815. New York, Oxford University Press,
1975, p. 35.
[17] Lavrin, Asunción. “In search of the colonial woman in Mexico: the seventeenth and eighteenth
centuries”, Latin American Women. Historical Perspectives. Westport, Conn, Greenwood Press,
1978, p. 23.
[18] Vives, Juan Luis. Instrucción de la mujer cristiana. Madrid, Fundación Universitaria Española,
1995, p. 69.
[19] Ibídem, p.69
222
El retrato civil femenino: imagen y representación de la mujer cristiana en la Nueva España (Siglo XVIII)
del mundo terrenal las mujeres debían procurar cultivar la quietud y el recato,
en oposición a la inquietud, un concepto que expresa en el texto de Vives, la
promiscuidad de una mujer y/o su excesiva exposición pública.
A pesar de que la exhibición de sí misma a través del retrato pudiera, al
menos teóricamente, suponer algún tipo de transgresión a los ideales sociales
de feminidad, la popularidad que gozaron los retratos civiles femeninos a lo
largo del siglo XVIII sugieren que su audiencia era capaz de conciliar nociones
cristianas de la virtud femenina con los atractivos que presenta el género del
retrato. Retratos individuales como el de Doña Ana María transformaban
a las mujeres en las protagonistas de una ficción basada en una combinación
artificial de signos y mecanismos visuales. Ciertamente, estos retratos muestran
características que parecen haber tenido un efecto atrayente para la audiencia.
Las amplias dimensiones que ostentan estos cuadros posiblemente sirvieron para
captar de forma inequívoca las miradas de los espectadores que visitaron los
interiores novohispanos, y ello a pesar de ser exhibidos en espacios ricamente
decorados con objetos suntuarios que pudieran distraer la atención 20. De igual
forma, el uso de la técnica de la pintura al óleo sitúa a estas imágenes dentro de
una tradición de retratos pintados muy respetada, al tiempo que produce una rica
experiencia visual al facilitar la representación naturalista del cuerpo y del vestido
de la retratada.
La inclusión de símbolos y esquemas compositivos procedentes de una tradición
retratística ya conocida provee un vocabulario visual que, aunque conocido por la
audiencia, no conlleva ningún significado intrínseco. Así, el proceso interpretativo
de estos retratos se desarrolla de un modo flexible que admite la participación
del espectador y resulta, además, en la activación de múltiples ideas acerca de
la identidad del retratado. Este proceso dialéctico, como veremos, pudo haber
resultado en una lectura positiva de los retratos civiles femeninos producidos y
consumidos en la Nueva España.
Para la fecha en que se pintó la imagen de Doña Ana María, la fórmula
utilizada en este retrato había caído en relativo desuso en España y en el resto
de Europa 21. Al presentar a Doña Ana María en una vista de tres cuartos, de
[20] Entre los objetos que se podrían encontrar en los interiores de los palacetes novohispanos figuran
piezas de cerámica de importación, platería, biombos, muebles ricamente decorados, etc.
[21] Es importante destacar que para este mismo período Francisco de Goya, Luis Paret y Alcázar y
otros pintores que trabajaron en España como Anton Raphael Mengs ya no utilizaban este prototi-
po al elaborar retratos femeninos. Como ejemplos de esta discrepancia podemos nombrar el retrato
de La reina María Luisa con mantilla (1799, Patrimonio Nacional, Madrid), pintado por Goya;
223
Elsaris NÚÑEZ MÉNDEZ
María de las Nieves Michaela Fourdinier, mujer del pintor (ca. 1780, Museo del Prado, Madrid), por
Luis Paret y Alcázar; y La marquesa del Llano (1771-72, Museo de la Real Academia de Bellas Artes
de San Fernando, Madrid), por Anton Raphael Mengs.
224
El retrato civil femenino: imagen y representación de la mujer cristiana en la Nueva España (Siglo XVIII)
[22] En ese sentido, las enseñanzas de Vives hacen hincapié en el hecho de que el encierro de una mujer,
o su transgresión, puede tener un gran impacto para el resto de su familia. Por ejemplo, al expresarse
acerca del comportamiento de la doncella, dice Vives: “Si los afectos humanos otrosí pueden algo
(como cierto deben poder, de lo menos los que son justos y honestos) vuélvase la doncella a cual-
quier parte desde que haya perdido su virginidad. Todo se le hará triste, lloroso, dolorido, lleno de
espnto y de rabia contra sí misma. ¿Qué dolor es el de los padres? ¿ Qué dolor es el de los padres?
¿Qué infamia de los parientes? Vives. Instrucción de la mujer..., op. cit. p. 76.
225
Elsaris NÚÑEZ MÉNDEZ
[23] Ladrón de Guevara, Baltasar. “Discurso de la policía de la Ciudad de México”, Antología de textos
sobre la Ciudad de México en el período de la Ilustración. México, D.F., Universidad Nacional Au-
tónoma de México, 1982, p. 67.
[24] Muriel, Josefina. Los recogimientos de mujeres. México, D.F., Universidad Nacional Autónoma de
México, 1974, p. 39.
226
El retrato civil femenino: imagen y representación de la mujer cristiana en la Nueva España (Siglo XVIII)
[25] Véase, Priego Fernández del Campo, Carmen. Abanicos: la colección del Museo Municipal de Ma-
drid. Madrid, Ayuntamiento de Madrid, 1995.
[26] Moreno Villarreal, Jaime. “Elogio del calor y el abanico”, El retrato novohispano en el siglo XVIII,
cat. exh., Puebla, Museo Poblano de Arte Virreinal, 1999, p.33.
[27] Desde las etapas tempranas de la cristiandad, se decía que la rosa sin espinas crecía en el Paraíso.
Después de la expulsión del Paraíso, la rosa asumió sus espinas para recordar al hombre de los peca-
dos que había cometido y de su caída de la Gracia de Dios. En referencia a esta creencia, la Virgen
María era conocida como la “rosa sin espinas”, lo que aludía a su inmaculada concepción.
227
Elsaris NÚÑEZ MÉNDEZ
[28] En relación a la noción del retrato como una ficción, Harry Berger sugiere que un retrato es la evi-
dencia visual y material del acto de retratar, de una “ficción”, y en especial un signo de las nociones
y expectativas que tienen el retratado, la audiencia y el artista acerca de la imagen y su rol como
estrategia de auto-definición (en inglés, self-fashioning). Berger, Harry Jr. “Fictions of the Pose: Fac-
ing the Gaze of Early Modern Portraiture”, Representations 46, 1994, p. 90.
[29] La función del gesto como un elemento significativo en los retratos holandeses del siglo XVII ha
sido cuidadosamente estudiada por Ann Jensen Adams en el artículo “The Three-Quarter Length
Life-Sized Portrait in Seventeenth-Century Holland. The Cultural Functions of Tranquilitas”. En
este ensayo Adams demuestra cómo el gesto de seriedad, como convención pictórica empleada en
los retratos de vista a tres cuartos, definió para los espectadores contemporáneos el concepto neo-
estoico de la tranquilitas, un discurso basado en la búsqueda del auto-control y la contención de
las emociones. Adams, Ann Jensen. “The Three-Quarter Length Life-Sized Portrait in Seventeenth-
Century Holland. The Cultural Functions of Tranquilitas”, Looking at Seventeenth Century Dutch
Painting. Realism Reconsidered. Nueva York, Cambridge University Press, 1997, pp.158-174.
228
El retrato civil femenino: imagen y representación de la mujer cristiana en la Nueva España (Siglo XVIII)
[30] Vives, Juan Luis. Instrucción de la mujer cristiana. Madrid, Fundación Universitaria española,
1995, p. 145.
[31] Curiel, Gustavo. “Los espejos de lo propio: ritos públicos y usos privados en la pintura virreinal”,
Pintura y vida cotidiana en México, 1650-1950. México, D.F., Fomento Cultural Banamex-CON-
ACULTA, 1999, p. 50.
[32] Acerca del rol del vestido en denotar estos ideales, véase: Meléndez, Mariselle. “Visualizing Differ-
ence: The Rhetoric of Clothing in Colonial Spanish America”, The Latin American Fashion Reader.
Oxford/New York, Berg, 2005, p. 24.
[33] Para una discusión detallada del tema, véase: Hontanilla, Ana. “The Airy and the Irrational: Elabo-
rating on the meanings of the Petimetra from a selection of Goya’s Caprichos and the Spanish Peri-
odical El censor”, Decimonónica, 5,1, 2008.
229
Elsaris NÚÑEZ MÉNDEZ
como una actividad del demonio34. A pesar de este tipo de opiniones, la frecuencia
con la que los retratos novohispanos aluden al atavío lujoso como un elemento
digno de admiración apunta a un alto grado de tolerancia hacia éste y, más aún,
a su adopción como signo de identidad entre los miembros de la elite. Si bien el
vestido fue un importante instrumento de diferenciación social en el ámbito de
la vida urbana en la Nueva España, también fue un indicador de la moral del
individuo. Como queda contemplado en el texto de Vives, la ropa y la cobertura
apropiada del cuerpo eran signos importantes del recato de una mujer. En este
sentido, es de notar cómo, aún siendo rico en ornamentación, el vestido de Doña
Ana María, al cubrir su cuerpo, la mantiene dentro de los estándares de decoro
adscritos a una mujer casada.
Como queda evidenciado a través de esta discusión del retrato de Doña
Ana María de la Campa y Cos y Ceballos, los retratos civiles femeninos en la
Nueva España exhiben un vocabulario visual que seguramente no se limitó a
significados únicos. En su lugar, fueron múltiples los factores que intervinieron
en el potencial que tuvo el género del retrato para producir significados, tanto
para sus retratados como para su audiencia. A pesar de la falta de testimonios que
den cuenta de la experiencia de ver estos retratos, la popularidad que alcanzó este
género durante el siglo XVIII es prueba de la amplia confianza que le tuvo la elite
novohispana al mismo en cuanto a su capacidad para comunicar y construir una
identidad social. Las convenciones pictóricas discutidas anteriormente figuran
como elementos que alejan a estos retratos de las nociones modernas de realismo
o individualidad. Durante este período las alusiones a una expresión serena,
una pose hierática, una fórmula compositiva, al linaje y a un suntuoso atavío
sirvieron para denotar la pertenencia a una clase social y una cultura común.
Estos elementos, carentes de significado iconográfico en el sentido tradicional,
revelan su capacidad para producir ideas, cuando son vistos desde la perspectiva
de los discursos contemporáneos, en este caso de género y de clase. Por eso,
ha sido mi interés subrayar que las ideas y los valores no están inscritos en el
retrato, sino que son activados por convenciones pictóricas que están abiertas a la
interpretación de la audiencia.
[34] Es interesante notar que Martínez de la Parra se refirió a las prácticas ostentosas como las “pompas
del diablo”. Martínez de la Parra, Juan. Luz de las verdades católicas. Madrid, Ed. Joaquín Ibarra,
1789.
230
La “jaula” de las virreinas.
Polémica en torno a un asiento indecoroso
en la catedral de México
Uno de los mayores empeños que tuvo el virrey don Francisco Fernández de
la Cueva, VIII duque de Alburquerque, desde su llegada a la Nueva España en el
año 1653 fue el adelanto de las obras de la catedral metropolitana1. Más allá de
acometer esta tarea dentro de sus obligaciones administrativas como vicepatrono
de la Iglesia, la asumió como una empresa particular. Es por ello que visitaba
diariamente a los trabajadores, a quienes incentivaba con pagas extraordinarias,
seguía junto al mayordomo de la fábrica los adelantos conseguidos y protagonizaba
durante solemnes actos cada avance logrado, como la colocación de las campanas
en una de las torres o el cerramiento de algunas bóvedas2. Transcurridos tres años
desde su llegada y con la obra concluida hasta la nave del transepto consideró
oportuno llevar a cabo la consagración del edificio para mayor honra de su
gobierno y gloria de su mandato. No permitió que el lucimiento de su figura
se viera ensombrecido por nada ni por nadie, así que aprovechó la sede vacante
[1] A modo de breve apunte biográfico Vetancourt informa: “Don Francisco Fernández de la Cueva,
duque de Alburquerque, vino con su esposa doña Juana de Armendariz, Marquesa de Cadereita, y
una niña, entró en el gobierno en 15 de Agosto de 653. Fue gobernador muy puntual en los des-
pachos, luego que llegó hizo un octavario de fiestas a la Concepción de N. Señora, en el Convento
de Nuestro P. S. Francisco, en que hizieron el voto de defender su pureza todos los Tribunales,
puso calor en la fábrica de la Santa Iglesia Cathdral, dando premios à los Maestros cada vez que se
acabava alguna bobeda, hizo traer las mejores campanas del Reyno, y las colocó en su torre; dedicó
con solemnidad la Iglesia quatro Misas Cantadas en un mismo altar à un mismo tiempo. En el
tiempo de su govierno se descubrieron salteadores, que se ajusticiaron en un dia, quemaron otra
tropa de zometidos; y celebrose Auto general del Santo Officio con toda solemnidad en que asistio
presidiendo. Como en todos actos assi de fiestas como de politica era el primero que asistia, armò un
tercio de Soldados para Xamayca, y lo remitio, aunque todos miserablemente perecieron en manos
del enemigo; acabado su govierno se bolviò con sentimiento del Reyno”. Vetancourt, Agustín de
(O.F.M.). Teatro mexicano…Tomo II. México, Porrúa, 1960-1961, pp. 221-222.
[2] Una relación de sus actuaciones en: Noticia breve de la solemne deseada última dedicación del templo
metropolitano de México…Con Licencia, en México, Por Francisco Rodríguez Lupercio Mercader
de libros en la puente de Palacio. Año 1668, pp. 12v-14r.
231
Francisco MONTES GONZÁLEZ
existente en la catedral para actuar como protagonista absoluto sin tener que
compartir una ocasión tan memorable con el correspondiente prelado3.
Las fiestas fueron programadas en cuatro jornadas, desde el 31 de enero
hasta el 2 de febrero de 16564. La primera de ellas, el virrey acompañado de su
esposa, hija y criados fue a visitar al deán y cabildo de la catedral para hacerles
entrega oficial del edificio en nombre del rey y manifestarles mediante un sentido
discurso su júbilo por ver el estado en que se encontraba la iglesia. Después de
esta ceremonia se dirigió junto a su familia al presbiterio donde realizó dos gestos
simbólicos en señal de veneración y profundo respeto a Dios. Uno de ellos fue
arrodillarse para besar la primera grada y después, quitándose él la capa y la
espada, y las mujeres cubriéndose con tocados, subir al primer nivel y barrerlo
todo, sacudir las barandillas y recoger con sus manos la basura, sin permitir
que nadie les ofreciese agua para lavárselas. Luego salieron silenciosamente del
templo y entraron en sus carrozas para dirigirse al palacio, momento en el que
las campanas comenzaron a repicar anunciando a todos los fieles que la catedral
había sido entregada a su cabildo.
Al día siguiente el virrey llamó a los alcaldes de Corte y a los superiores de las
órdenes de Santo Domingo, San Francisco, San Agustín, el Carmen, la Merced,
la Compañía de Jesús, San Diego y San Juan de Dios, para proceder al reparto de
los treinta altares callejeros con sus respectivos patrones que se levantarían en el
itinerario de la procesión junto a las ricas colgaduras de las calles. El 2 de febrero,
festividad de la Purificación de la Virgen, se procedió a la consagración del altar
mayor. Esa mañana se abrió la catedral muy temprano para que los ciudadanos
pudiesen ver la obra finalizada. A las diez salió el virrey acompañado por su
esposa e hija, junto a todos los tribunales y cuerpos de la ciudad, hasta la puerta
principal de la improvisada fachada donde los esperaban el deán y cabildo con
un sitial, cruz y ciriales. Fue recibido con repiques de campanas y lo cargaron en
andas hasta el altar mayor. Según la crónica de Guijo en su célebre Diario, allí
se arrodilló para escuchar el cántico del Te Deum laudamus y luego se postró en
el suelo, sin permitir que le pusieran tapete ni cojín, besó la primera grada “con
edificación de todo el pueblo” y luego lo llevaron a su asiento junto al que “se
hizo una jaula para la virreina, tan costosa y prevenida que nunca otra se había
visto en este reino, con su llave, en que estaba ella y su hija tan solamente”5. Acto
[3] El arzobispo Marcelo López Azcona falleció a los dos meses de su llegada a México en 1653. Hubo
que esperar hasta junio de 1656 para la consagración del nuevo prelado Mateo Segade Bugueiro.
[4] Todos los datos aportados provienen de la crónica recogida en: Guijo, Gregorio de M. Diario. 1648-
1664. Tomo II. México, Porrúa, 1952, pp. 43-54.
[5] Ibídem, p. 50.
232
La “jaula” de las virreinas. Polémica en torno a un asiento indecoroso en la catedral de México
[6] “La primera dedicacion fue en tiempos del Señor Duque de Alburquerque año de 1655 que acaba-
das la bobedas (en que anduvo muy solicito el Señor Virrey) se hizo con quatro Missas, que à un
mismo tiempo se cantaron en un Altar, cada qual por su lado, haviendo precedido la tarde antes la
Procession solemne, con Altares costosos, y colgaduras ricas, que adornaron, sus calles, y ventanas”.
Vetancourt. Teatro..., op. cit., p. 230.
[7] Beltrán de Alzate, Simón Esteban. Sermón a la solemne dedicacion del templo metropolitano de Mexi-
co: en concurso de quatro missas cantadas en las quatro Aras del Presbyterio a la purificación de N.
Señora, cuyo fue el Dia. A la dedicacion, cuya fue la solemnidad. Al Santísimo Sacramento, cuya fue la
Colocacion y a la Assumpcion de Doctor D. Simon Esteban Beltran de Alzate. Mexico, por la viuda de
Bernardo Calderón, 1656.
[8] Valle-Arizpe, Artemio de. Virreyes y virreinas de la Nueva España. Tradiciones, leyendas y sucedidos del
México virreinal. México, Porrúa, 2000, p. 74.
233
Francisco MONTES GONZÁLEZ
[9] Además añade que cuando regresó a España, hasta con la propia reina tuvo un altercado, a causa
de la preferencia que la soberana daba a las modas francesas. Núñez y Domínguez, José de Jesús. La
virreina mexicana: Doña María Francisca de la Gándara Calleja. México, Imp. Universitaria, 1950.
Página XII.
[10] Sobre ella señala Rubio: “Doña Juana Francisca Díez de Aux y Armendáriz, II Marquesa de Cade-
reyta y IV Condesa de la Torre, esposa del VIII duque de Alburquerque, don Francisco Fernández
de la Cueva y Enríquez. Fue la única hija y heredera del Marqués de Cadereyta, don Lope Díez de
Aux y Armendáriz, Virrey de Nueva España, y de Doña Antonia de Sandoval. Dama de la Reina de
España, Isabel de Borbón, primera esposa de Felipe IV. Camarera Mayor de dos Reinas de España,
las dos esposas sucesivas de Carlos II, doña María Luisa de Orleans y doña Mariana de Baviera
Neoburg”. Otras dos notas aportadas por Guijo sobre su estancia en México hablan de la pérdida
de un hijo en el parto y de las honras a la muerte de una de sus esclavas negras. Rubio Mañé, José
María. El Virreinato I. México, UNAM-FCE, 1983, pp. 274-274.
[11] Cit. en Montes González, Francisco. “Celebrar al heredero. Fastos por el Príncipe Felipe Próspero
en Nueva España”. En: Jiménez Estrella, Antonio y Lozano Navarro, Julián J. (eds.). Actas de la XI
Reunión Científica de la Fundación Española de Historia Moderna. Volumen I. Granada, Universidad
de Granada, 2012, pp. 471-476.
234
La “jaula” de las virreinas. Polémica en torno a un asiento indecoroso en la catedral de México
Figura 1
Biombo de la
marquesa de
Cadereyta,
anónimo
novohispano, ca.
1655. Colección
Rivero Lake,
Ciudad de México
[12] Pueden apreciarse las similitudes entre los retratos de los virreyes referidos y los que se conservan en
los repertorios de las dos galerías existentes en el Museo Nacional de Historia y en el Ayuntamien-
to de la Ciudad de México. Montes González, Francisco. “En torno a la imagen del virrey como
mecenas de las arte en la Nueva España”, en González Gómez, Juan Miguel et al. (eds.). Estudios de
Historia del Arte. Centenario del Laboratorio de Arte (1907-2007). Tomo I. Sevilla, Universidad de
Sevilla, 2009, p. 507.
235
Francisco MONTES GONZÁLEZ
Un asiento para las Virreynas al lado del púlpito que está inmediato al altar mayor donde
se cantan los evangelios, y el pilar que se sigue, formado sobre pies derechos de madera, el
cual está levantado una vara del suelo, y tiene cinco y media de largo, quatro de ancho y
quatro de alto desde el suelo a la cubierta: y todo el ocupa diez y nuebe varas en quadro: y
sus dos lados se componen de dos cançeles de madera cerrados: y en el uno de ellos está la
escalera, por donde se sube a dicho asiento con su puerta y ventana portátil de madera, y
los otros dos lados son celosías altas, y sobre ellos y las celosías corren en orden cuadrado
corredores de varandillas de media vara de alto: y de los medios y extremos de ellos salen al
medio de dicho asiento unas cintas de madera que reciben y sustentan una media naranja
que hace cubierta al asiento13.
A partir de los datos referidos y contando con la participación de los duques
de Alburquerque en la ejecución del citado mueble, hay que tener en cuenta que
estos debieron tener como referente inmediato las numerosas tribunas existentes
en todas las iglesias de patronato regio y nobiliario repartidas a lo largo de la
Península. Desde comienzos de la Edad Moderna están documentados estos
espacios privilegiados que en ocasiones, incluso, se completaban con una galería
oculta que comunicaba directamente con los aposentos anexos en los palacios y
Figura 2
Tribuna ducal,
s. XVII. Iglesia de
Santa María de la
Mota, Marchena,
Sevilla.
Fotografía: Manuel
Antonio Ramos
que se hacía visible a modo de corredor transitable por encima de alguna de las
calles colindantes. En estos casos, Cómez traza una comparativa con los pasadizos
secretos o “sabat” que transcurrían desde los alcázares musulmanes a las mezquitas,
y que acababan en la “macsura”, área reservada y delimitada por mamparas para
[13] Archivo General de Indias (en adelante AGI), México, 48, R.2, N.46, s.f. El Virrey a S.M., asiento
de las virreinas en la catedral de México.
236
La “jaula” de las virreinas. Polémica en torno a un asiento indecoroso en la catedral de México
[14] Cómez Ramos, Rafael. “Pasadizo o `sabat´, un tema recurrente de la arquitectura andaluza”, Labo-
ratorio de Arte, núm. 1, 1988, pp. 13-28.
[15] “En 1540 el sexto duque de Medina Sidonia, don Juan de Guzmán compra unas casas que se
encontraban junto a la iglesia mayor y labra un pasadizo cubierto desde el palacio a la tribuna de
la iglesia de la O, importando un total de diez mil maravedíes”. http://www.iaph.es/patrimonio-
inmueble-andalucia/resumen.do?id=i19695 [Fecha de consulta: 15 junio de 2013]
[16] Alcaide Aguilar, José Fernando. Iglesias, conventos y ermitas de la Serranía suroeste. Sevilla, Asocia-
ción Serranía Suroeste de Sevilla, 2004, pp. 100-101.
237
Francisco MONTES GONZÁLEZ
del León había una segunda capilla con “dos tribunas altas e baxas, con sus vigas
enteras, e almoxallas e asnados e alfargias, todo de pino” y decoración emblemática
dispuesta en una “çinta con sus armas Reales”. En el monasterio de Guadalupe,
los Reyes Católicos disponían de una tribuna de madera dorada en la capilla
mayor de la iglesia monacal, “harto cerca del altar mayor, para que desde allí los
príncipes devotos gozasen de la santa imagen y oyesen la misa mayor, sin que los
del pueblo los viesen muy familiarmente”. También en la Casa Real de Santa Fe
se estableció una conexión a través de “una tribuna a la capilla mayor de la Yglesia
que está arrimada a ella”17. De todos estos espacios documentados y catalogados,
se conserva aún en pie un pequeño asiento cubierto con una mampara de celosía
y ventana portátil en la capilla del Alcázar de Segovia, que a grandes rasgos
comparte ciertas particularidades con la “jaula novohispana” [fig. 3].
En definitiva, la visualización de la jerarquía cortesana en el ámbito de la
capilla real era de suma importancia y como concluye Lisón acerca del ceremonial
austríaco:
Todos aceptan idéntico modelo de diferenciación jerárquica y es precisamente la ideología
jerárquica la que pone en movimiento una enorme capacidad de integración estructurada
–sirviendo como ámbito– que escenifica quién es quién, cómo es y qué poder tiene18.
En este sentido, el monarca ocupaba una posición destacada dentro de las
capillas palatinas, hecho que tenía implicaciones tanto desde el punto de vista
espiritual, debido a su cercanía al altar mayor, como en el ámbito sacropolítico,
sobresaliendo ante el resto de la comunidad cristiana que tenía el deber de “onrrar
al rrey”19.
Para la época concerniente al objeto de estudio durante el fin de la regencia
de Mariana de Austria, se tiene constancia de la disposición de los asientos en la
capilla del Alcázar Real a partir de la descripción dada por Rodrigo de Monforte
en su impreso sobre las exequias celebradas en 1673 con motivo de la muerte de
la emperatriz Margarita de Austria. El lugar del rey se encontraba en la capilla
mayor, en el lado del Evangelio frente al banco de los prelados, y se componía de
sitial sobre estrado cubierto de dosel y cortina. Al ser menor de edad, Carlos II
asistía junto a su madre detrás del cancel desde el que las reinas de España solían
escuchar la misa, aunque esta vez se produjo una excepción:
238
La “jaula” de las virreinas. Polémica en torno a un asiento indecoroso en la catedral de México
El sitio que ocuparon Sus Majestades fue la Tribuna segunda, donde oyen Misa las damas,
estando cerrado el cancel bajo, que es en el que asisten siempre las Reales personas; porque
la grandeza del Túmulo, que estaba en medio de la Capilla, embarazaba a ver el altar y lo
sagrado de los oficios 20.
Centrados ya en el caso de las Indias, las leyes fijaban perfectamente, en tres
disposiciones del título quince del libro tercero sobre las “precedencias, ceremonias
y cortesías”, todo lo concerniente al asiento de los virreyes y sus acompañantes21.
En la primera se ordenaba y encargaba que “el gobernante usara sitial en las iglesias
y lugares en los que concurriese y asistiese como siempre lo había usado sin hacer
novedad”22. La segunda trataba sobre la forma de sentarse el gobernante:
En la Iglesia mayor, y otras, donde concurrieren el Virrey, Presidente, Real Audiencia,
y Cabildo de la Ciudad, se asienten todos dentro de la Capilla mayor, o donde fuere
costumbre, teniendo la Audiencia la mano derecha al lado del Evangelio, y el Cabildo la
izquierda al de la Epístola, y el Corregidor no tenga almohada: en medio esté el Virrey
con su sitial, y quando fueren los Oidores como particulares, encargamos á los Deanes, y
Cabildos, que les dén lugar en el Coro, con que no ocupen las sillas colaterales inmediatas
á la del Prelado23.
La tercera sería la más directamente vinculada con la problemática planteada
en la sede mexicana:
Ordenamos, que en las Capillas mayores de las catedrales no haya, ni se permitan estrados
de madera para las mugeres de los Presidentes, y Oidores, Alcaldes del Crimen, y Fiscales,
y los demas que tienen asiento en cuerpo de Audiencia, con espaldar, ni sin él, ni más
bancos de asiento que los permitidos por otras leyes, y se acomoden de modo que no
haya escándalo, teniendo sus asientos en la peana de la Capilla mayor por la parte de
afuera, con algunas personas de autoridad, sus familiares, ú otras mugeres principales,
que llevaren consigo, y no Indias, Negras, ni Mulatas; y donde no hubiere comodidad
para lo referido, ó estuviere en costumbre, que las mugeres de Presidentes, Oidores, y
Ministros tengan sus asientos en la Capilla mayor, se les dará, y permitirá el que hubieren
tenido, sin hacer novedad por ahora24.
[20] Álvarez-Ossorio Alvariño, Antonio. “La sacralización de la dinastía en el púlpito de la Capilla Real
en tiempos de Carlos II”, Criticón, núms. 84-85, 2002. pp. 319.
[21] Recopilación de Leyes de los Reinos de Indias, mandadas imprimir y publicar por la Magestad Católica
del Rey Don Carlos II. Nuestro Señor….Madrid, 1791. Libro III. Título XV. “De las precedencias,
ceremonias y cortesías”.
[22] Ley primera. Que los Virreyes usen de sitial en las Iglesias y lugares donde asistieren. D. Felipe III en
Lerma à 11 de septiembre de 1610. D. Carlos II y la Reyna Gobernadora. Op. cit., p. 63r.
[23] Ley xxxij. Que el Virey, Presidente, Audiencia, y Cabildo Secular se asienten en la Iglesia, como esta ley
declara; y los Oidores, como particulares, no ocupen en el Coro las sillas colaterales á la del Prelado. El
mismo en el Pardo à 20 de Febrero de 1609. D. Felipe IIII en Madrid á 24 de Abril de 1631. Ibídem,
p. 67r.
[24] Ley xxxiij. Que en las Catedrales no haya estrados de madera, y las mugeres de los Ministros tengan el
asiento, que se declara. De Felipe II en el Pardo á 13 de Diciembre de 1573. Y en Madrid á 18 y 19 de
Enero de 1576. D. Felipe III allí á 4 de Marzo de 1603. Y en Cerezo á 26 de Mayo de 1603. D. Felipe
IIII en el Pardo á 25 de Enero de 1623. Y 27 de Enero de 1633. Ibíd., pp. 67r-67v.
239
Francisco MONTES GONZÁLEZ
Como puede verse, en el caso de las virreinas habría un vacío legal pues en
ningún momento se las menciona explícitamente, por lo que quizás el duque
de Alburquerque se acogió a ello para presentar como novedad el mencionado
palco.
Este protocolo quedó recogido en diferentes instrucciones como las del
marqués de Montesclaros acerca de la Nueva España o en los papeles del Marqués
del Risco para el virreinato del Perú. Como ha documentado Morales, durante la
celebración de los oficios religiosos en la catedral limeña el virrey debía colocarse
en un sitial al centro de la capilla mayor, y a ambos lados una serie de sillas sobre
alfombras en el lado del evangelio para la Real Audiencia, y al lado de la epístola
un escaño para el Cabildo de la ciudad y los oficiales reales. En un banco sin
respaldo justo detrás del virrey se sentaba el capitán de la guardia, los capitanes
de lanzas y arcabuces, el caballerizo mayor y el camarero mayor. Más alejados
y a la entrada de la capilla mayor se podía ver en el mismo tipo de asiento a los
restantes criados de la casa 25.
Sobre la existencia de la denominada jaula de las virreinas se han localizado
únicamente dos noticias anteriores al pleito desencadenado en 1674 por el
procurador de la catedral de México ante la corte madrileña. La primera volverá
a ser del cronista Guijo, quien refiere que en el mes de noviembre de 1656 con
motivo del novenario de la Virgen de los Remedios “todas las tardes asistían el
virrey y la virreina en su jaula como lo habían hecho todo el tiempo antecedente”26.
Una década más tarde, Isidro de Sariñana en el Llanto del Occidente impreso con
motivo de las exequias de Felipe IV describe el lugar ocupado por la virreina: “Al
lado del Evangelio, entre el Presbiterio, y el Túmulo, quedó, donde está siempre,
desembaraçado el lugar de las señoras Virreinas, en que assistiò los dos días de
Vigilia, y Honras, à los Officios la Exma. señora Marquesa de Manzera con
algunas señoras mugeres de Oydores, Títulos, Ministros, y Cavalleros, à quienes
combidò su Exa. El espacio de esta bobeda intermedia entre el Túmulo, y el
Presbiterio, ocuparon mugeres, sin que se permitiesse, ni diesse lugar à hombre
alguno de la varandilla à dentro”27. En estas líneas el autor aprecia el espacio
de la estructura de madera y aclara la exclusividad del área limitada solo para
[25] Morales, Alfredo J. “Etiqueta y ceremonial de los virreyes del Perú. Los papeles del marqués del
Risco”. (En prensa)
[26] Además el virrey regaló a la Virgen “tres joyas muy costosas, que fueron una para el pecho, un
diamante que traía en los dedos, y el día último una cadena de oro”. Guijo. Diario..., op. cit., tomo
II, p. 70.
[27] Sariñana, Isidro de. Llanto del Occidente en el Ocaso del más claro Sol…México. En la imprenta de
la viuda de Bernardo Calderón. 1666, pp. 103-104.
240
La “jaula” de las virreinas. Polémica en torno a un asiento indecoroso en la catedral de México
las mujeres. Por último, un año más tarde, durante la segunda y definitiva
dedicación del templo, la marquesa de Mancera asistió también a la solemne
eucarística en la tribuna que “las señoras virreinas tienen dispuesta al lado del
Evangelio en el altar”28.
El origen de la controversia por la colocación de un espacio reservado sólo
para las virreinas y sus acompañantes en la capilla mayor de templo mexicano
comienza cuando el 11 de diciembre de 1674 el Consejo de Indias revisa una
carta del procurador de dicha catedral en la Corte, don Pedro Calderón, en la que
expone la siguiente denuncia:
Que aviendo siempre costumbre asentada por lo passado que siempre que los virreyes
acudian con sus mugeres a los actos públicos y celebridades de los oficios divinos en
la dicha iglesia tuviesen ambos sus sitiales y asientos iguales en la capilla mayor de ella,
causando al pueblo con esta asistencia ejemplo y edificación (…) de algunos años a esta
parte se puso un asiento para las virreinas (….) el cual no solo quita el lucimiento de
la iglesia sino que es de mucho embarazo particularmente en las concurrencias de la
Audiencia oficiales y otros ministros que tienen sus asientos consecutivos en este paraje y
estorba a que mucha parte del pueblo que asiste goce de la celebridad de los oficios divinos
por estar ocupado sitio tan principal de la dicha iglesia con dicho asiento...29
Para ello pedía a la reina regente que remitiera una orden al virrey-arzobispo
fray Payo para que dicho asiento se quitase y que nunca se volviese a poner, pues
no había razón para que “una iglesia tan principal este embarazada todo el año
con asiento tan voluminoso”, volviendo a ocupar las virreinas su asiento en “la
forma que le acostumbraban tener por lo pasado”30.
El 31 de diciembre de 1674 la reina gobernadora se dirigía al virrey mediante
una real cédula donde le mandaba que le informase sobre la noticia que “se
presupone han introducido los virreyes sus antecesores de poner asiento en la
iglesia de México para las virreinas en diferente forma que le tenian por lo pasado”,
así como los motivos que hubo para hacer dicho asiento y que se separase del que
tenían junto a los virreyes. Con todo el material recibido se procedería a tomar la
resolución que mejor conviniese31. Recibida la orden en la capital novohispana,
don Juan Félix de Gálvez, procurador de la Real Audiencia en nombre de la
Catedral presentó el 10 de octubre de 1675 al virrey-arzobispo un memorial
completo con una nómina de testigos que servirían de fundamentación para la
decisión que se tuviese que adoptar:
241
Francisco MONTES GONZÁLEZ
Assi que la costumbre, estilo y practica que siempre se observo en esta santa iglesia desde
que se dedico y an assitidos los señores virreyes fue publico que ambos ponian sus asientos
y sitiales en la capilla mayor della sin que jamas se hubiese puesto ni visto semejante asiento
en forma de jaula hasta que en tiempos del duque de Alburquerque quiso introducir en la
dedicacion de dicha santa iglesia que se formase el dicho asiento o jaula en la forma de un
aposento con puerta y celosía, cosa que nunca se ha visto, entendido ni practicado y que a
refundado en notable yndecencia o yrreverencia de culto en los oficios divinos por aberla
puesto al lado del ambon donde se cantan los santos evangelios ynmediantamente al altar
mayor embarazandose con ella el luzimiento, luz y claridad que deviera comunicarse
para la celebración de los sagrados oficios. Y como la dicha jaula ha estado con puerta y
que ordinariamente no an tenido llaves en otros dias ordinarios an entrado mugeres de
toda calidad, hombres y muchachos causando notable embarazo a dicha celebración y
con mucho estrepito, y ruydo de tal manera que a sido forzoso en los dias mas festivos y
de procesiones generales que el cabildo aya enviado ministros con el celador suyo a que
hechen la gente de dicha jaula. Y en los dias de tabla en que asisten todos los tribunales
de dicha santa yglesia causando estorbo para poner los asientos y sillas de los ministros
reales y se ha reconosido y visto que por el embarazo de dicha jaula no a avido competente
sitio para los lugares y sillas y que algunos de los dichos ministros como oficiales reales se
ha salido del concurso y otros no han podido entrar a que siendo tan grande dicha jaula
impide la hermosura y claridad de la dicha capilla mayor32.
Con fecha del 16 de octubre se presentó un decreto con la relación de testigos
que corroboraban todo lo expuesto por el procurador y daban fe de la notable
indecencia, fealdad y obstáculo para el lucimiento del templo que originaba la
tribuna. Además aportaron algunos detalles sobre los escándalos ocasionados
cuando entraban juntos hombres y mujeres, sobre todo durante las vigilias
nocturnas de algunas festividades litúrgicas. En la nómina de declarantes se
encontraban: Don Antonio Salvatierra (presbítero domicialiario), Don Antonio
Rubio (maestro del Arte del Leer, Escribir y Contar), el Bachiller Bartolomé
Fernández Pardo (presbítero domiciliario), Don Diego de la Vega (pertiguero
de la Catedral), Don Luis Maldonado del Corral (maestro de ceremonias de
la Catedral), Don Luis Gómez de Trasmonte (maestro mayor de la obra de la
Catedral y de las Casas Reales), Don Cristóbal Bernaldo de la Plaza (secretario de
la Real Universidad) y Don Marcos de Victoria (maestro de batihoja).
En la correspondiente carta remitida el 15 de noviembre del mismo año por el
reverendo fray Payo con todos los testimonios de autos referidos dejaba el caso en
manos del gobierno metropolitano y concluía:
Y asi me parece sera conveniente el que en adelante se escuse este genero de asiento y lugar,
y que no se ponga semejante forma de asiento, que ha tenido nombre de jaula por estar
todo çercado de celosías, pues demas de la indeçencia y estorbo que ocasiona, se quita el
luçimiento de tan sumptuoso templo, en cuya perfeccion se han gastado tantas sumas de
el Real Patrimonio33.
242
La “jaula” de las virreinas. Polémica en torno a un asiento indecoroso en la catedral de México
El 30 de mayo de 1676, el fiscal del Consejo de Indias solicita que una vez
vistos los autos y razones que se presentan y el informe del virrey “se mande quitar
el asiento y forma en que se ha establecido y que se observe lo que antiguamente se
observaba por los inconvenientes y indecencia que manifiestamente se infiere”34.
Una semana más tarde, el 5 de junio, de manera sorprendente y sin explicación
alguna, el Consejo emite “un auto de despacho para que no se haga novedad en
quanto a la forma de asiento que se puso en la Iglesia de Mexico por la Duquesa
de Alburquerque y se cuida que se tenga dicho asiento cerrado con llave para que
cuando no acuda la virreina no lo ocupe otra gente”. Una semana más tarde, el
mismo organismo atiende una petición del procurador don Pedro Calderón en
la que pide que se le participe de la resolución adoptada, “pues a emanado de
informe hecho a su pedimento para que siendo favorable saque los despachos
que le tocaren y no siendolo pida lo que convenga al mayor lustre y decencia de
su iglesia como procurador general de ella”. Al enterarse el procurador de que
lo que se había proveído informa que respecto de lo mandado “es en mucho
deslucimiento de la dicha iglesia por el embaraço que causa y si continuare seria
de mucho desconsuelo para el cabildo y todos los tribunales”35. Es así como
suplica el 13 de junio mandar de nuevo que no se ejecute el despacho acordado
y que todos los papeles e informes que hubiera en el Consejo con las respuestas
del fiscal pasen a la Cámara de Justicia para que allí se encargaran de ratificar su
petición de retirada del asiento de las virreinas. Las últimas noticias que se tienen
sobre el seguimiento del pleito aluden a que el fiscal mandó el caso a la Cámara
de Justicia el 30 de junio, cuatro días más tarde se sanciona y finalmente el 23
de julio el Consejo de Indias expresa que ejecute la Secretaría de Cámara de la
Nueva España lo resuelto36.
En todo este conflicto de informaciones posteriores a la primera resolución
favorable del Consejo se inserta una real cédula del joven y recién entronizado
Carlos II, quien sanciona la aprobación para que continuara el asiento, relegando
las reclamaciones anotadas a un irreversible vacío legal:
He resuelto dar la presente por la que mando no se haga novedad en la forma de asiento
que se puso en esa santa yglesia para la duquesa de Alburquerque y que se tenga cerrado
con llave para que en los dias que no concurriere la virreyna no le ocupe otra gente ni
persona alguna que asi es mi voluntad y para que lo referido se ejecute puntualmente
mando se asiente esta mi cedula en los de acuerdo de dicha audiencia y del recibo de ella
[34] Ibíd.
[35] Ibíd.
[36] Ibíd.
243
Francisco MONTES GONZÁLEZ
me dareis quenta. Madrid a 24 de junio de 1676. Por mandato del rey nuestro señor. Don
Antonio de Rozas37.
Como quedó decretado por el monarca, la tribuna permaneció en pie y
constancia de su continuidad son algunas alusiones recogidas en diferentes
informaciones de la época virreinal. Por ejemplo, el cronista Robles refiere que el
martes 29 de junio de 1683 con motivo de la consagración del obispo de Oaxaca
don Isidro de Sariñana, el sermón que “predicó el dicho señor Sariñana, fue de
tres cuartos de hora, y en él se despidió de la ciudad: asistió la virreina y oidoras
en la jaula”38. También el viajero italiano Gemelli Careri apuntaría una divertida
anécdota sobre la caída de un sacerdote cuando fue a dar de beber vino a la
virreina durante la misa:
La mañana del 6 de abril fueron el señor virrey y la señora virreina a la catedral para
escuchar los oficios y las demás ceremonias; el primero sentado sobre un estrado, la
segunda en un pequeño palco cerrado por celosías, ambos en el lado del evangelio. En un
banco detrás de la silla del virrey, estaban sentados el capellán, el mayordomo, el capitán
de la guardia y el caballerizo. En el lado de la epístola, estaban sentados los regidores,
asistidos por dos maceros vestidos de damasco con mazas de plata en la mano. Tuvo la
virreina deseos de beber un poco de vino, y el acólito que se lo llevó cayó escaleras abajo
con la garrafa en la mano, no sin las risas del populacho39.
Ya en la centuria posterior, la narración de la ciudad de México escrita por
Juan de Viera en 1777 no hace ninguna alusión al palco virreinal, pero sí está
documentado que en 1793, los días 28 y 29 de marzo, jueves y viernes santo, “se
puso en la catedral la jaula, o sea cuatro celosías en que asistían a las funciones
las señoras virreinas, para que la ocupase la esposa del señor inspector don Pedro
Gorostiza”40. Quizás en esta época el mueble había quedado en desuso y con
cierta puntualidad se empleaba a modo de tablado para la asistencia a los oficios
de relevantes personajes.
Conclusiones
En el palacio de gobierno de Mallorca, los virreyes tenían una tribuna reservada
en la capilla real de Santa Ana, lo mismo que ocurría en las residencias de Nápoles
y Palermo. En su intento de emular las pautas de comportamiento de la metrópoli
[37] AGI, México,1072,L.25, fs.93v-96r. Al Virrey de la Nueva España sobre el lugar que ha de tener la
Virreyna en la Yglesia quando concurre en ella en las fiestas de tabla.
[38] Robles, Antonio de. Diario de sucesos notables. Tomo II. México, Porrúa, 1946, p. 49.
[39] Careri, Gemelli, Giovanni. Viage a Nueva España, 1697, p. 74. Cit. en: Rubial García, Antonio.
Monjas, cortesanos y plebeyos. La vida cotidiana en la época de Sor Juana. México, Taurus, 2005, p.
130.
[40] Viera, Juan de. Breve y compendiosa narración de la ciudad de México. México, Instituto Mora,
1992. Cit. en Roa Bárcena, José María. Relatos. México, UNAM, 1993, p. 111.
244
La “jaula” de las virreinas. Polémica en torno a un asiento indecoroso en la catedral de México
[41] Baena Zapatero, Alberto. Mujeres novohispanas e identidad criolla. (S.XVI-XVII). Alcalá de Henares,
Ayuntamiento de Alcalá de Henares, 2009, p. 97.
[42] Montes González. “Celebrar al heredero…”, op. cit, pp. 471-472.
[43] Ibídem, pp. 104-105.
245
Francisco MONTES GONZÁLEZ
Figura 4
Sin título (Celosía
II), Cristina Iglesias,
1997. Guggenheim,
Bilbao
aparatos. La aprobación del monarca de estos comportamientos evidencia su
interés por controlar las actuaciones de sus gobernantes, enalteciendo su memoria
o simulando la majestad de su poder.
La virreina enjaulada entre paños de madera calada ante un público expectante
por penetrar en su imagen: Recursos del aparato barroco que se confunden con la
[44] Cómez Ramos, Rafael. “El balcón de la virreina. Hermenéutica e historia de la arquitectura”, Cua-
dernos de arquitectura virreinal, núm.1, 1985, pp. 17-24.
[45] Baena Zapatero. Mujeres novohispanas..., op. cit., pp. 111.
246
La “jaula” de las virreinas. Polémica en torno a un asiento indecoroso en la catedral de México
retórica visual del ocultamiento, ancestral desde los reyes de la Antigua Persia. En
otras coordenadas sociohistóricas, la escultora contemporánea Cristina Iglesias
reflexiona en torno a una de sus obras titulada Celosías, que bien podría aparentar
la tribuna de la polémica: “Pensamiento, lugares desde donde uno ve, espacios a
medio camino entre la realidad y la imagen, entre la presencia y la representación,
espacios que hablan de otros espacios“46 [fig. 4].
247
III. Varones ilustres en santidad, letras y zelo
Imágenes del barroco colonial
en el Archivo Fotográfico del CSIC:
legados Angulo, Marco Dorta y Sebastián.
Un Proyecto de Investigación1
[1] Este texto forma parte del proyecto de investigación Imágenes del Nuevo Mundo: el Patrimonio Artís-
tico portugués e iberoamericano a través del legado fotográfico de Diego Angulo Íñiguez, financiado por
el Ministerio de Economía y Competitividad, Secretaría de Estado de Investigación (MICINN, PN
I+D+i, 2008-2011, Ref. HAR2011-27352).
251
Wifredo RINCÓN GARCÍA
el arte iberoamericano. Está formado por los siguientes miembros: Dr. Wifredo
Rincón García, Profesor de Investigación del CSIC, como Investigador Principal;
Dra. Amelia López-Yarto Elizalde, Científica Titular del CSIC; Dra. María
Paz Aguiló Alonso, Científica Titular del CSIC; Dr. Álvaro Pascual Chenel,
Contratado JAE Doc del CSIC; Dr. Rodrigo Gutiérrez Viñuales, Profesor Titular
de la Universidad de Granada; Dr. Juan Miguel Sánchez Vigil, Profesor Titular
de la Universidad Complutense de Madrid; Dr. Fernando Villaseñor Sebastián,
Investigador Contratado Juan de la Cierva de la Universidad de Cantabria y Dª
Ana Belén Muñoz Martínez, Licenciada en Historia del Arte, Instituto Cervantes,
Nueva York. Con posterioridad se incorporó al equipo investigador la Dra. María
Olivera Zaldua, Profesora Titular Interina de la Universidad Complutense de
Madrid.
Resuelta la convocatoria y concedido el proyecto de investigación (PN I+D+i
2008-2011, ref. HAR2011-27352), con ejecución entre el 1 de enero de 2012 y el
31 de diciembre de 2014, pronto comenzaron los trabajos del mismo siguiéndose
la planificación prevista en la solicitud y presentando aquí resultados cuando está
próxima a finalizar la segunda
anualidad.
En primer lugar se
procedió al inventariado del
Figura 1 fondo fotográfico, con 8.200
La Habana, catedral fotografías, iniciándose después
y castillo del Morro.
Fondo fotográfico la catalogación, en la que se está
de Diego Angulo trabajando, habiendo realizado
Íñiguez. Biblioteca aproximadamente el cincuenta
Tomás Navarro
Tomás, CCHS, por ciento. Finalmente, se
CSIC, Madrid realizó la digitalización de todo
el fondo, labor que fue encomendada a una empresa externa al CSIC y que está
ya concluida, permitiéndonos de esta forma trabajar con todo el material sin
manipular los originales. En la actualidad se está trabajando en la preparación de
una página web por parte de los técnicos de la Biblioteca Tomás Navarro Tomás
que contenga todas las imágenes y que permita su difusión entre la comunidad
científica interesada en las mismas [fig. 1].
Una de las primeras conclusiones que pueden extraerse, particularmente
del inventario, es el origen de las fotografías pues, frente a lo que se afirmaba
en la memoria de la solicitud del proyecto, no todas ellas proceden del legado
efectuado al Instituto Diego Velázquez por el Dr. Diego Angulo Íñiguez, director
252
Imágenes del barroco colonial en el Archivo Fotográfico del CSIC: legados Angulo, Marco Dorta y Sebastián. Un Proyecto de Investigación
253
Wifredo RINCÓN GARCÍA
Diego Angulo Íñiguez (Valverde del Camino, 1901-Sevilla, 1986)2 tuvo una
dilatada trayectoria docente e investigadora en la que destacó su vinculación con
el arte iberoamericano. En 1916 inicia la carrera de Filosofía y Letras en Sevilla y
cuando la concluye, en 1920, se traslada a Madrid para realizar el doctorado. En
1923 defiende su tesis doctoral y poco después obtiene por oposición la cátedra
de Teoría de la Literatura y las Bellas Artes de la Universidad de Granada. En
1927 se crea una Cátedra de Arte Colonial Hispanoamericano en Sevilla, con el
fin de contribuir al desarrollo del estudio del legado hispano en América, hasta
entonces muy poco conocido. Angulo accede a esta Cátedra en 1930. Con el fin
de conocer “in situ” las obras de arte americano y de dotar a la Cátedra de libros
y fotografías, consigue, en septiembre de 1933, una beca para viajar a México,
donde permanece seis meses. En 1946, cuando ya era catedrático de Arte en
Madrid, con una nueva pensión de la Junta de Relaciones Culturales, recorre
Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Jamaica y Centroamérica, completando sus
investigaciones sobre el patrimonio artístico iberoamericano. Gracias a estos viajes,
a los que en paralelo realizó su discípulo Marco Dorta y con la colaboración del
arquitecto argentino Mario Buschiazzo, publicaron la primera y magna Historia
del Arte Hispanoamericano (1945-1956)3.
Vinculado desde su creación en 1939 al Instituto de Arte Diego Velázquez
del CSIC, ejerció primero el cargo de Secretario entre 1940 y 1942, y el de
Director desde 1953 hasta su jubilación en 1972, desarrollando en él una enorme
actividad tanto como investigador, como de maestro. Su larga vida, dedicada
casi exclusivamente al trabajo, fue de una gran fecundidad y la gran calidad
de los estudios que publicó fue ampliamente reconocida tanto en España como
en el extranjero, especialmente en Hispanoamérica, donde recibió numerosos
honores. Le impusieron importantes condecoraciones, formó parte de numerosas
Academias, Corporaciones, Sociedades y Comisiones. Por citar algunas de
las españolas, fue académico de las Reales Academias de Bellas Artes de San
Fernando y de la Historia, de la que fue Director los últimos años de su vida.
Fue asimismo director del Museo del Prado y recibió las medallas de oro de
las Bellas Artes y de Alfonso X el Sabio. Su importante legado fotográfico de
arte iberoamericano al Instituto Diego Velázquez del CSIC, ha permitido a lo
largo de los años numerosas investigaciones y es hoy objeto de este proyecto de
[2] Sobre esta figura esencial de la historia del arte en España véase: Pérez Sánchez, Alfonso. Diego
Angulo Íñiguez. Granada, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1986; Mateo Gómez, Isabel
(coord.). Diego Angulo Íñiguez, historiador del arte, Madrid, CSIC, 2001.
[3] Angulo Íñiguez, Diego. Historia del Arte Hispanoamericano. Tres tomos, Barcelona-Madrid-Buenos
Aires, México, Caracas-Rio de Janeiro, Salvat Editores, S. A., 1945-1956.
254
Imágenes del barroco colonial en el Archivo Fotográfico del CSIC: legados Angulo, Marco Dorta y Sebastián. Un Proyecto de Investigación
investigación.
Enrique Marco Dorta (Santa Cruz de Tenerife, 1911-Sevilla, 1980), tras cursar
la licenciatura en Derecho en la Universidad de La Laguna, se trasladó en 1931
a Sevilla donde comenzó los estudios de Filosofía y Letras, vinculándose muy
pronto a la figura de Angulo Íñiguez, a quien siempre consideró su maestro. En
1940 obtuvo el doctorado por la Universidad Central de Madrid con una tesis
dedicada a las fortificaciones de Cartagena de Indias y la evolución urbanística
de la ciudad. Cuando tuvo ocasión de viajar a Colombia, en 1940, y conocer la
ciudad, publicó varios estudios sobre ella. En este mismo viaje, recorrió todo el
antiguo virreinato de Perú, embarcando de vuelta a España en Argentina. Con
posterioridad recorrería varias veces América del Sur. Su pundonor profesional le
llevó a recorrer Portugal con el fin de entender mejor el arte brasileño. En 1943
obtuvo por oposición la cátedra de Arte Hispanoamericano de la Universidad de
Sevilla y en 1965 la de la Universidad Complutense de Madrid. En esta ciudad
se vinculó pronto al Instituto Diego Velázquez del CSIC, entonces dirigido por
Angulo, llegando a ser su Director. Perteneció a la Real Academia de la Historia
española, y a las de Bogotá y Cartagena de Indias en Colombia, a la de Ciencias y
Artes de Bolivia y a la de Bellas Letras de Córdoba. Fue vocal del Real Patronato
del Museo del Prado. Marco Dorta es considerado como una de las máximas
figuras en el estudio de la Historia del Arte colonial en América, al que dedicó
toda su vida profesional y que conoció en profundidad en los distintos viajes
efectuados a lo largo de los años. A su muerte, Angulo escribió: “la Historia
del Arte Hispanoamericano ha perdido uno de sus más ilustres cultivadores
y, en España, el primero que de una manera decisiva y exclusiva se dedicó a
estos estudios”. Donó las fotografías que hizo en Portugal, Brasil, y el resto
de Sudamérica al Instituto Diego Velázquez, las cuales también están siendo
estudiadas en este Proyecto de Investigación.
Santiago Sebastián López (Villarquemado, Teruel, 1931-Valencia, 1995),
estudió tres cursos de Historia de América en Sevilla y terminó la carrera en
Madrid. Aquí fue discípulo de Angulo quien despertó su vocación por la Historia
del Arte. Defendió su tesis sobre el Renacimiento en Burgos en 1961 elaborada,
bajo la dirección del citado maestro, en el Instituto Diego Velázquez. Este tema
le llevó, también orientado por Angulo, a estudiar las primeras manifestaciones
de Arte Colonial en América para lo que consiguió una beca de la prestigiosa
fundación Guggenheim para ir a México. Estuvo varios años enseñando Arte en
la Universidad del Valle de Cali (Colombia). De Colombia pasó a la Universidad
de Yale para estudiar durante un año con el profesor George A. Kubler. Vuelto
255
Wifredo RINCÓN GARCÍA
[4] Este texto, titulado “Diego Angulo Íñiguez, Enrique Marco Dorta y Santiago Sebastián, historiado-
res del arte iberoamericano”, fue redactado por la Dra. Amelia López-Yarto Elizalde y incluido en la
publicación Imágenes del Nuevo Mundo. Colecciones fotográficas de arte portugués e iberoamericano en
el CSIC, editada con motivo de la presentación del proyecto de investigación y de sus resultados que
tuvo lugar en Madrid, en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, el 18 de septiembre
de 2013, pp, 5-7. La misma Dra. López-Yarto se ha acercado a la figura de estos historiadores en
otros dos trabajos: “Diego Angulo Íñiguez y sus aportaciones al estudio del arte hispanoamericano.
Su legado fotográfico al CSIC”, en proceso de edición en el volumen colectivo Cabañas Bravo,
Miguel y Rincón García, Wifredo (editores). Las redes hispanas del arte desde 1900. Biblioteca de
Historia del Arte, núm. 22, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en prensa, pp.
241-249 e “Investigadores viajeros hacia América: Diego Angulo, Enrique Marco Dorta y Santiago
Sebastián”, Revista de la CECEL, Confederación Española de Centros de Estudios Locales-CSIC,
núm. 13, Madrid, 2013, en prensa.
256
Imágenes del barroco colonial en el Archivo Fotográfico del CSIC: legados Angulo, Marco Dorta y Sebastián. Un Proyecto de Investigación
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Wifredo RINCÓN GARCÍA
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Imágenes del barroco colonial en el Archivo Fotográfico del CSIC: legados Angulo, Marco Dorta y Sebastián. Un Proyecto de Investigación
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Wifredo RINCÓN GARCÍA
[5] Sobre los aspectos formales de las fotografías están trabajando los Dres. Sánchez Vigil y Olivera,
miembros del equipo de investigación del proyecto.
260
Imágenes del barroco colonial en el Archivo Fotográfico del CSIC: legados Angulo, Marco Dorta y Sebastián. Un Proyecto de Investigación
ciudades, monumentos, etc. En otros casos, integran una serie de álbumes, con
fotografías pegadas en hojas de papel. Un último bloque incorpora fotografías de
obras pictóricas, escultóricas y de artes decorativas.
Por lo que respecta a los fondos y teniendo en cuenta los países representados,
ocupa el primer lugar México por ser la nación con mayor número de instantáneas
existentes en este fondo fotográfico pues, de las 8.200 fotografías inventariadas 6,
casi la mitad, 3.546 fotografías, de variada procedencia, corresponden a México,
estando representadas las ciudades de Aguascalientes, Amecameca, Atlatlahucan,
Atlixco, Chihuahua, Cholula, Guadalajara, Guadalupe, Guanajuato, Huejotzingo,
Irapuato, Jalapa, México DF, Monterrey, Morelia, Nogales, Oaxaca, Orizaba,
Papalotla, Páztcuaro, Puebla, Querétaro, Saltillo, San Francisco de Campeche,
San Juan, San Luis Potosí, San Miguel de Allende, Tamaulipas, Taxco, Tehuacán,
Tepeyanco, Tepotzotlan, Tlalnepantla, Tlaxcala, Uruapan, Valladolid, Veracruz,
Victoria de Durango, Xochicuatlan, Xochimilco y Zacualtipán. Su cronología
es muy amplia, entre 1900 y 1950 y, por lo que respecta a los fotógrafos, en
el proceso de inventario se han identificado varios de ellos, destacando por su
importancia las fotografías de algunos de ellos, entre los que destacan Guillermo
Kahlo, Enrique A. Cervantes y Luis Márquez, además de Brehme, Cáceres,
Calpini, Calvo, A. V. Carmona, Daguerre, Don Quijote, Eugenio Espino Barros,
Kodak Mexicana, M. M. de la Llata, La Foto, Maldonado, R.M. Mateos, México
fotográfico, Obregón, Ramos, La Rochester y Juan D. Vasallo. Mencionaremos
también la existencia de una serie de fotografías aéreas de distintas ciudades
mexicanas como Atlixco, Guadalajara, Guadalupe, México DF y Veracruz, de
notable interés para el estudio urbanístico de estas ciudades. Realizadas por
distintos fotógrafos, destacaremos por su interés cinco de la ciudad de México,
realizadas por la Compañía Mexicana Aerofoto, S.A., entre 1932 y 1933.
Por el número de fotografías debemos mencionar ahora a Guatemala, país del
que se conservan en el CSIC 1.056 fotografías, procedentes en su mayor parte de
los legados de Diego Angulo Íñiguez y Santiago Sebastián López y cuya cronología
parece oscilar entre 1920-1970. Las más importantes ciudades representadas
son: Aguacatán, Amatitlán, Antigua, Camotán, Chiantla, Chichicastenango,
Chimaltenango, Ciudad de Guatemala, Ciudad Vieja, Cobán, Esquipulas,
Huehuetenango, Izalco, Jocotán, Jocotenango, Momostenango, Olintepeque,
Patzicia, Patzún, Quetzaltenango, Rabinal, Sacapulas, Salama, San Carlos Sija,
[6] De este número hay que restar las 395 de Portugal, realizadas por Marco Dorta en septiembre de
1953, que también son objeto de estudio en este proyecto.
261
Wifredo RINCÓN GARCÍA
Figura 6
Tecpán, Guatemala,
iglesia de San
Francisco. Fondo
fotográfico de Diego
Angulo Íñiguez.
Biblioteca Tomás
Navarro Tomás,
CCHS, CSIC,
Madrids
San Cristóbal, San Francisco El Alto, San Francisco Panajachel, San Juan del
Obispo, Santiago Atitlán, Sololá, Tactic, Tecpán [fig. 6], Totonicapán y Zaragoza.
De los fotógrafos, se ha identificado a Álvarez, Biener, Eichenberger, José García
Sánchez, Norfok Pal Kellemen, Legran, J. L. Legrand, La Marquesa, J. Francisco
Muñoz, La Panamericana y Sport.
Por lo que corresponde a Cuba, contamos con 929 fotografías de Bayamo,
Cabañas (Mariel), Camagüey, Cárdenas, Cienfuegos, Consolación del Sur, La
Habana, Manzanillo, Matanzas, Sagua la Grande, San Antonio de los Baños,
San Felipe y Santiago de Bejucal, San Juan de los Remedios, Sancti Spíritus,
Santa Catalina, Santa Clara, Santiago de Cuba, Siboney, Trinidad, Varadero y
Valle de Yumuri. La autoría de estas imágenes corresponde, entre otros fotógrafos,
a Alabama Photo Estudio, American Photo Studio, Pablo Isaac García, Foto
Mateos, Rafael de Salas y Foto Santana, pudiéndose precisar su cronología entre
1920-1950. Todo este fondo cubano parece proceder del legado de Diego Angulo
Íñiguez.
Menor en número, pero de notable interés es la colección de fotografías de
Brasil, país del que contamos con 329 imágenes de Barbacena, Belo Horizonte,
Cachoeira do Campo, Congonhas do Campo, Goiânia, João Pessoa, Mariana,
Natal, Olinda, Ouro Branco, Ouro Preto, Pasmado, Petrópolis, Recife, Rio
de Janeiro, Sabará, Salvador de Bahia, São João del-Rei y Tiradentes do Sul.
262
Imágenes del barroco colonial en el Archivo Fotográfico del CSIC: legados Angulo, Marco Dorta y Sebastián. Un Proyecto de Investigación
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Wifredo RINCÓN GARCÍA
264
Imágenes del barroco colonial en el Archivo Fotográfico del CSIC: legados Angulo, Marco Dorta y Sebastián. Un Proyecto de Investigación
Las fotografías del fondo iberoamericano del CSIC como base para el
estudio del barroco colonial. Algunos ejemplos
Como hemos podido ver con anterioridad, durante el tiempo de vigencia del
proyecto los integrantes del equipo investigador han llevado a cabo una serie
de trabajos que se han integrado en distintas publicaciones, además de haber
presentado varias ponencias y comunicaciones en distintos congresos y reuniones
científicas. La mayor parte de estos trabajos pueden ponerse como ejemplo de
265
Wifredo RINCÓN GARCÍA
la utilización de los materiales gráficos que nos ocupan para la investigación del
barroco colonial.
En el año 2012 varios integrantes del equipo participaron, con distintos
trabajos, en la publicación del libro Argentum. Estudios artísticos en homenaje a
la Dra. Amelia López-Yarto Elizalde 7. El investigador principal del proyecto, Dr.
Rincón García, redactó el capítulo titulado “Una colección de fotografías de
Guillermo Kahlo cedida en 1933 por el Gobierno de México al profesor Angulo
Íñiguez para sus trabajos de arte mexicano” (páginas 101-118), estudiando 28
magníficas copias en papel, de gran tamaño (36 x 28 cm), de las imágenes
realizadas por este autor.
Están identificadas, en el anverso, en uno de los ángulos inferiores, con
un número de inventario, números que se repiten en los dos documentos que
acompañan a las fotografías, y que fueron enmascarados en las publicadas, en
muchos casos recortadas. En el reverso, en algunas ocasiones, encontramos, escrita
a lápiz, el lugar o el monumento reproducido. En el caso de las publicadas, aparecen
distintas referencias, tanto de su localización en el capítulo correspondiente como
de indicaciones para hacer los correspondientes grabados.
Junto con las imágenes se conservan dos interesantes documentos relacionados
con estas fotografías y que nos sirven para su identificación. El primero de
ellos se titula «Fotos de la colección utilizada por Baxter»8 y en tres columnas
se relacionan una serie de números en orden creciente, aunque algunos están
fuera de su lugar, al final. En total 87 fotografías. Los números que figuran en
esta relación aparecen en el segundo documento identificando las «fotografías
que el Gobierno de México cede al señor Angulo para sus trabajos de arte que
sobre México está realizando», pero no ya en orden creciente sino agrupadas por
ciudades o monumentos. Este segundo documento, de mayor interés, fechado el
14 de noviembre de 1933, consta de cuatro folios de papel de arroz, sin ningún
membrete ni encabezamiento, y están escritos a máquina. En el encabezamiento
figura el siguiente texto: “LISTA de las fotografías que el Gobierno de México
cede al señor Angulo para sus trabajos de arte que sobre México está realizando”.
[7] Rincón García, Wifredo et al. (eds.). Argentum. Estudios artísticos en homenaje a la Dra. Amelia
López-Yarto Elizalde. Zaragoza, Aneto Publicaciones, S. L., 2012.
[8] Se trata de Sylvester Baxter, periodista e historiador estadounidense nacido en 1850 en West Yar-
mouth, Massachussetts y fallecido en San Juan de Puerto Rico en 1927. Fue autor de la monografía
Spanish-Colonial Architecture in México, un volumen de texto y nueve tomos de fotografías, obras de
Henry Greenwood Peabody, publicada en Boston en 1901 por J. B. Millet. Fue traducida al español
y publicada en México, en 1934, por la Secretaría de Educación Pública y Bellas Artes con el título
La Arquitectura Hispano Colonial en México, con “Introducción” y “Notas” de Manuel Toussaint.
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Imágenes del barroco colonial en el Archivo Fotográfico del CSIC: legados Angulo, Marco Dorta y Sebastián. Un Proyecto de Investigación
[9] Dos fueron reproducidas en Angulo. Historia del Arte Hispanoamericano, T I, p. 422, fig. 560 y T
II, p. 562, fig. 499.
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Wifredo RINCÓN GARCÍA
[10] Reproducida, sólo la parte central, la cúpula, en Angulo. Historia del Arte Hispanoamericano, T II,
p. 423, fig. 384.
[11] Una del exterior, fue utilizada para dos ilustraciones en Angulo. Historia del Arte Hispanoameri-
cano. Completa aparece en el T I, p. 437, fig. 572 y el detalle de la portada fue reproducido en el
mismo tomo, p. 440, fig. 575. Otra fotografía aparece reproducida en el T I, p. 439, fig. 574.
[12] Reproducida, sólo la parte central, tal como se indica a lápiz en el dorso de la fotografía, en Angulo.
Historia del Arte Hispanoamericano, T II, p. 589, fig. 524.
[13] Esta fotografía aparece reproducida, aunque recortada, en Angulo. Historia del Arte Hispanoame-
ricano, T II, p. 510, fig. 460.
[14] Baxter, Silvestre. La Arquitectura Hispano Colonial en México, introducción y notas de Manuel Tous-
saint, Mexico, D.F., 1934, p. XI.
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Imágenes del barroco colonial en el Archivo Fotográfico del CSIC: legados Angulo, Marco Dorta y Sebastián. Un Proyecto de Investigación
[15] Isunza Fuerte, J. Andrés. “Enrique Cervantes Sánchez”, en Nuestros maestros, tomo II. México,
Universidad Nacional Autónoma de México, Secretaría General, Dirección General del Personal
Académico, 1992, pp. 49-52.
[16] Algunas se encuentran en la biblioteca Ots Capdequí de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos
del CSIC (Sevilla).
[17] Se trata por lo general de cartulinas sueltas en las que van impresos los dibujos o pegadas las foto-
grafías, bien originales, bien reproducciones impresas, agrupadas en carpetas con cintas de atado
para cerrarlas, a modo de legajo. Incluyen el ex libris del autor.
[18] Dos se reproducen en Angulo, Historia del Arte Hispanoamericano, T II, lám. XL, entre pp. 870 y
871 y T II, p. 709, fig. 659.
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Wifredo RINCÓN GARCÍA
[19] No se puede afirmar que estas fotografías pertenezcan a Enrique A. Cervantes; en todo caso, las
incluimos en este trabajo por figurar en la misma relación.
[20] Pareja, Francisco. Crónica de la provincia de la Visitación de Ntra. Sra. de la Merced redención de
cautivos, de Nueva España (1688), 2 vols., México, Imprenta de J. R. Barbedillo y ca., 1882-1883.
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Imágenes del barroco colonial en el Archivo Fotográfico del CSIC: legados Angulo, Marco Dorta y Sebastián. Un Proyecto de Investigación
Figura 11
Claustro del convento
de la Merced,
México. Fondo
fotográfico de Diego
Angulo Íñiguez.
Biblioteca Tomás Na-
varro Tomás, CCHS,
CSIC, Madrid
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Wifredo RINCÓN GARCÍA
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Imágenes del barroco colonial en el Archivo Fotográfico del CSIC: legados Angulo, Marco Dorta y Sebastián. Un Proyecto de Investigación
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Imágenes del barroco colonial en el Archivo Fotográfico del CSIC: legados Angulo, Marco Dorta y Sebastián. Un Proyecto de Investigación
Algunas de las fotografías que nos ocupan fueron utilizadas para ilustrar la
Historia del Arte Hispanoamericano21, del Dr. Angulo Íñiguez, publicada por
la Editorial Salvat y en la que colaboraron con él su discípulo Marco Dorta
y el arquitecto argentino Mario Buschiazzo. En el Tomo I (1945), Angulo se
ocupó de los capítulos correspondientes al Arte Prehispánico y a la arquitectura
del siglo XVI en República Dominicana, México y Cuba, redactando Marco
Dorta los dedicados a la arquitectura de la misma época en Panamá, Colombia,
Venezuela, Perú y Bolivia. En el Tomo II (1950), son obra de Angulo los capítulos
sobre arquitectura barroca en México, Guatemala y Ecuador; la arquitectura
hispanoamericana en los Estados Unidos; la escultura de los siglos XVI y XVII en
México y América Central; los retablos y sillerías de coro en México y la pintura
de los siglos XVI y XVII en México y Guatemala. Marco Dorta se ocupará de
la arquitectura del siglo XVII en Panamá, Colombia, Venezuela, Perú y Bolivia;
de la escultura renacentista y barroca en Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y
Bolivia y de la pintura de los siglos XVI y XVII en Colombia, Ecuador, Perú y
Bolivia, mientras que Buschiazzo, se hará cargo de la arquitectura de los siglos
XVI y XVII en Brasil. En el Tomo III (1956), Angulo dedica su atención a la
arquitectura del siglo XVIII en Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua
y Costa Rica, ocupándose Marco Dorta de la arquitectura del mismo siglo en
Venezuela, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia y de las sillerías corales
y la retablística en Perú y Bolivia. Por último, Buschiazzo se hará cargo de la
publicación de los temas vinculados con la arquitectura de los siglos XVI, XVII
y XVIII en Chile, Argentina, Paraguay y Brasil que completaban otros capítulos
de los volúmenes anteriores. Faltó por redactar un cuarto volumen. Esta obra se
convirtió, desde el momento de su publicación, en referencia historiográfica para
el conocimiento del arte iberoamericano, todavía no superada.
275
Domingo de Andrade
y el conjunto de retablos
del convento dominico de
Santa María A Nova de Lugo
[1] Manso Porto, Carmen. Arte gótico en Galicia: Los dominicos. A Coruña, Fundación Pedro Barrié de
la Maza, 1993, t. 1, pp. 609-613.
[2] Archivo Histórico Nacional (A.H.N.), clero, carp. 1124, nº 8. Manso Porto. Arte gótico en…. op.
cit., p. 763.
[3] A.H.N., clero, carp. 1124, nº 9. Manso Porto. Arte gótico en…, op. cit., pp. 763.
[4] Pardo Villar, Aureliano. “El convento de Santa María la Nova de Lugo”, Boletín de la Real Academia
Gallega, nº 241, t. 21, 1932, pp. 6-10; Pardo de Guevara y Valdés, Eduardo. “La toma de hábito
en el convento de Santa María la Nova, en Lugo: informaciones de limpieza y nobleza, moribus et
vita (extractos de expedientes)”, Lucensia, nº 21, t. 10, 2000, pp. 305-320.
277
Ana E. GOY DIZ y María Teresa GARCÍA CAMPELLO
Pérez Vidal5, que la jurisdicción del mismo recayera por igual sobre el obispo y
sobre la comunidad dominica de Lugo, una práctica que no era muy habitual en
la Castilla de la época, pero que resultó efectiva.
Claramente, desde los comienzos de su mandato, fray Pedro López Aguiar6
había apoyado a las órdenes mendicantes de la ciudad con importantes donaciones,
que permitieron a las comunidades completar la construcción de sus templos7,
ampliar los conventos y difundir la religiosidad tanto franciscana como dominica8
en Lugo. En ese sentido, la fundación del convento de A Nova se enmarca en este
contexto.
Como hemos señalado, en los primeros tiempos, al frente de la primera
comunidad de dominicas figura como fundadora doña Sancha de Bolaño, dama
perteneciente a unos de los linajes de la hidalguía de la zona, que se encargó de
dirigir la casa, aunque ayudada en todo momento por una comunidad integrada
por monjas procedentes del convento de Santa María de Belvís, que se trasladaron
a Lugo para impulsar este nuevo proyecto. Esta vinculación que surgió en los
momentos iniciales entre Belvís y A Nova, se mantendrá a lo largo de toda su
historia, pudiéndose rastrear la estrecha influencia que el convento compostelano
ejerció sobre el lucense, tanto a nivel religioso, como administrativo y artístico.
El convento de A Nova se construyó en los límites del llamado el Burgo Novo,
un nuevo barrio que había surgido a finales del siglo XI en el entorno de la Puerta
de San Pedro y de la actual rúa del mismo nombre, que se configuró como una
zona de expansión, eminentemente comercial, generada a partir de la llegada de
mercaderes inmigrantes —francos y borgoñones—, y que a mediados del siglo
XIV estaba en clara expansión. De este modo, los conventos de San Francisco,
Santo Domingo y A Nova se distribuían en el plano de la ciudad medieval en
zonas yermas, formando un hipotético arco que separaba el Burgo Vello, surgido
en el entorno de la catedral, del Burgo Novo, que ocupaba el sector oriental del
[5] Pérez Vidal, Mercedes. “Uniformitas us diversitas en los monasterios femeninos de la Orden de los
Predicadores en Castilla (siglos XIII-XV)”, Territorio, sociedad y poder, nº 8, 2013, pp. 133-152.
[6] Manso Porto, Carmen. “El obispo fray Pedro López Aguiar, OP, 1349-1390: Reseña biografía y
aproximación a los principales acontecimientos en su diócesis durante el reinado de Pedro I”, Archi-
vo Dominicano, nº 14, 1993 pp. 43-68.
[7] Manso Porto. Arte gótico en…, op. cit., pp. 100-104; Manso Porto, Carmen. “Dos documentos
inéditos sobre la capilla mayor de Santo Domingo de Lugo”, Archivo Dominicano: Anuario, nº 15,
1994, pp. 215-230.
[8] Mosquera Agrelo, Manuel. “Una peculiar manifestación del poder episcopal en la catedral de Lugo.
Don Pedro López Aguiar y su proyecto de dignificación de la capilla de Santo Domingo”, Hispania,
nº 208, t. LXI/2, 2001, pp. 475-492.
278
Domingo de Andrade y el conjunto de retablos del convento dominico de Santa María A Nova de Lugo
recinto amurallado.
Desde su fundación y sobre todo a lo largo del XV, el convento se fue
configurando y generando su propio espacio, como se desprende de las escasas
noticias que han llegado hasta nosotros, como la referencia a la construcción
en 1486 de una capilla, presumiblemente en la iglesia, que fue sufragada por la
priora doña Elvira Núñez de Aguiar9.
A partir de mediados del siglo XVI, la información sobre A Nova se incrementa
gracias a que en los libros de Actas Consistoriales y en las escrituras notariales se
recogen algunas noticias, —en su mayoría referidas a los edificios conventuales y
no a la iglesia—, pero interesantes y hasta ahora inéditas. Por ellas sabemos que
hacia 1578, el convento limitaba al norte con la rúa de San Pedro y el Crucero de
la Nova10, que era una pequeña plazuela, presidida como indica el topónimo por
un crucero y que se encontraba frente a la puerta de acceso a la iglesia medieval.
Este espacio público coincidiría aproximadamente con el que en la actualidad
ocupa la plaza de Ángel Fernández Gómez11.
Al este, el convento lindaba con el carril o callejón das Campás —actual rúa
do Progreso—, sin embargo quedaba sin delimitar toda la zona de la huerta
que se extendía hacia el Campo de Santo Domingo —actual plaza del mismo
nombre—. Dada esta situación, la priora doña Sancha Fernández de Parga12
confió al pedrero Joán López la construcción de una cerca para sustituir a otra
anterior mucho más endeble. Este muro perimetral de una bara de grosor (0,83
cm) sirvió para deslindar las propiedades del convento de las huertas de su entorno
y para aislarlo del bullicio de la ciudad y así respetar la clausura.
Dentro de ese programa de inversiones, a comienzos de la centuria siguiente,
concretamente en 1606, el vicario de A Nova, fray Cristobal de Mendoza, contrató
al cantero Juan Díaz para que reformara la fachada del convento que daba a la
plazuela del Crucero, es decir la que corría paralela a la rúa de San Pedro. La
[9] Dicha capilla se perdió cuando en el siglo XVIII se construyó la iglesia actual, pero se conserva en
el Museo Diocesano una pieza de granito rectangular con blasones y una inscripción con caracteres
góticos que conmemora esta donación.
[10]Archivo Histórico Provincial de Lugo (A.H.P.Lu), Protocolos notariales, 00477-01, fol.420r;
A.H.P.Lu., Protocolos notariales, 00544-02, fol.12r.
[11] En el A.H.P.Lu. se conserva un plano de 1863 en el que se representa la plazuela que se situaba
entre la rúa de San Pedro y el Campo Castillo. Dicho plano fue elaborado por el arquitecto mu-
nicipal Ángel Cosín y Martín con motivo de la reforma de las Casas de Consistorio que él dirigió.
(A.H.P.Lu. Sección Urbanismo. Obras Municipales. Expediente de reforma de la Casa Consisto-
rial.1862)
[12] Contrato para la reparación del muro del convento de Nuestra Señora A Nova. A.H.P.Lu., Protocolos
notariales. Lugo. Caja 0001, nº 03, fol.261r.
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