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Mapocho PDF

Este documento presenta una guía de los servicios y publicaciones de la Biblioteca Nacional de Chile. Incluye información sobre 14 secciones y departamentos de la biblioteca, así como sobre 8 museos asociados en Santiago y otras ciudades. La biblioteca se fundó en 1813 y tiene como objetivo preservar el patrimonio bibliográfico y cultural de Chile.
Derechos de autor
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Mapocho PDF

Este documento presenta una guía de los servicios y publicaciones de la Biblioteca Nacional de Chile. Incluye información sobre 14 secciones y departamentos de la biblioteca, así como sobre 8 museos asociados en Santiago y otras ciudades. La biblioteca se fundó en 1813 y tiene como objetivo preservar el patrimonio bibliográfico y cultural de Chile.
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BIBLIOTECA NACIONL

SANTIAGO DE CHILE

Organ0 =dela E x t e n s i h Cultural


.- a

Direccion de Bibliotecas, :

Archivos y Museos
. c

i . .
Guh de 10s Servicios
- Y

Publicaciones del Servicio para el


4 Canje Internacional y Ribliograffa
- de las obras editadas por la
Biblioteca Nacional
1854 - 1985 . /

-
. I

.I

. ..
. .
Direccion de Bibliotecas, *

Archiwos y Museos
GUIA DE LOS SERVICIOS

Director de 10s Servicios II de la


Biblioteca .National:

Prof. GUILLERMO
FELIUCRUZ

Av. B. O'Higgins 651. Teltfonos: 380461


.. 381151. Santiag! de Cshile
1
Secretaria Abogado de la Direccidn: ,

ERNESWCALLIANO
MENDIBURU \

1 ' 4. OFICTNADEL PRESUPUESTO5. ANEXO SALA AMERICANA


Encargada: Luisa Acevedo Encargada: Joyce Pye
' &VISTA hIAPOCH0
Gatica 29 piso. Sec. Americana
Director: Guillgrmo Felid 29 piso. TelCfono 381891
ClUZ 6. SECUON DE F o m
Secretario de' Redaccibn: GENERAC
Juan Uribe Echevarria Jefe: Julia Parga Roim
[Link] piso. Tdkfono 381922 II 2+ Encargada: Fredes
Alegria Roddguez
1. .V~ITACION
DE BIBLIOTE- BmLIoma NACIONAL 29 piso. Tekfono 380676
IMPRENTAS
CAS E
(Fundada el 19 de agosto 7. ANEXO: SALA EUROPA
Dependen de este servicio de 1813)
511 bibliotecas asistidas por ( Diarios y revistas
la misma visitacibn. Av. B. O'Higgins 651. Pa- franceses, ingleses, alemanea a
;

bellbn Moneda : Moneda e italianos).


Visitador: Ulises Bustamante
Gallordo 650. Horario de atencibn:
h n e s a viernes, de 9 a 8. SECCION DE LECLWRA
A
Encargada: Teresa Gar&
Ortiz 20,30 hrs. y sQbado, de 9 a WMICILIO

Pabell6n Moneda, 29 piso 12,30 y de 15 a 18,30 hrs. Jefe: Juan Cava& Bdrquez
Telkfono 383373 - Domingos y festiuos, de 15 Encargado: Lucino FariFia
a 18 horas. Ortega
BmmoTEca PARA LA [Link] piso.'Telkfono 381301
I
ENSEAANWMEDIA
S ~ ~ v r u oDEPENDIENTES
s : 9. BIBLKJTECAS AMERICANAS
Encargada: Eliana C e d a J. T. MEDINAY DIEGO
Krefft BARROS ARANA
Compaiiia l!%i9. Telkfono 1. SAION C ~ A DEL (Seminarios para las invest{-
67484 LECTURA gaciones de historia de Chile
Horario de atenci6n: Lunes y de Ame'rica) -
a viehes, de 13 a 20,30hrs.
. \,y sibado de 9 a 12,30 hrs. , 2. SECCION CHIUNA Cons6rvador: Prof. *.
Jefe: Augrrsto &quem Biaut Guillermo Felid Cruz
. 2. RECISTRO DE W'PROPIE-
DAD INTELenvhL 3. ANEXO: DIARIOS. Pmo-
Encargado: Manuel ,
Cifuentes Arce
b

DICOS Y REVISTAS CHILENAS 29; piso. Telkfonos 380461-


Jefe: Ernest0 Galliano M. Encargado: Mario Medina 381151
Encargado: Francisco Benf- Acuiia
meli Ubilla [Link] piso. 'Telkfono 380676 10. SEMINARIO EWRIQVG
[Link] piso MA-ITAVIAL
4. SECCIONAMERICANA (Sub para investigadores en
i 3. EXTENSION CULTURAL general)
Jefe: Maria Silva Portales
- . Encargado: Armando --Go+ Encargada: Silvia Cumplido Encargada: Zulema Aranci-
dkz R. Ponce 4 bia.
3 9 piso. Telkfono 380676 29 piso .[Link] piso
.11. SEMINAFUO DE LECTWRA . Enirgado: Rodulfe A. Encargada: Hilda Vera
w MICROFILM GEXMAN Philippi B. . 'Quiroga
TERPELLE Quinta Normal. Telkfono Cordovez s[n. Telhfono 778,
Encargado: Ricardo 91206 La Serena
Dartnell ' . Horario de atencih: Martes Horario de atenci6n: Martes
a sibado de 9 a 12 y de a slbado, de 9 a 12 y de
12. OFICINADE CONTROL, 14,30 a 18 hrs. Doming03 15 a 19 hrs. Domingos y
CATALOGACION Y REFE- y festivos de 15 a 18 hrs. festivos, de 15 a 19 hrs.
RENCIAS BJBLIOGRAFICAS
1 Jefe: Elvis4 zokzzi 2. Musm NACIONALDE 7. MUSEOp~ HISTORIA
Carniglia BELLASARTES
t NATURALDE VALPARUSO
Encargada: I d s Escobar Conservador: John Jiiger
Castillo Conservador: Luis Vargas Silver
[Link] piso. TelBfono 383206 Row Encargada: Deolina Ovalle
Encargado: E m s t o .Escobar
13. OFICINA DE CKNJE? Gonza'lez C m e a Gran Bretafia 1083. Teli5fono
INTERNACIONAL Palacio de Bellas Artes, 3877. Playa Ancha.
Encargada: Marta B&OS Parque Forestal. TelBfono Valparaiso
Pabellbn Moneda. Moneda 30655. Horario de 'atenci6n: Horario de atenci6n: Martes
650, [Link] piso Martes a sibado, de 9,30 a a sibado, de 9 a 12 y de
* 12,30 y de 15 a 18,30 hrs.; 15 a 19 hrs. Domingos y
14. TALLERDE REPROGRAFIA Domingos y festivos d e 15 festivos, de 15 a 19 hrs.
Encargado: Rodolfo a 18 hrs.
Bustumunte 8. M u s ~ oDE LA
Pabell6n Moneda, 4O piso 3. Musm HISTORICO ?r PATRIAVIEJA
- NACIONAL
I11 Conservador: Hkctor
Conservador: C a r h h a i n Gondlez Valenzuelu
BTsrJOTECAS DE hOVINCIAS: de Castro * Calle Estado, Rancagua.
Encargado: Walten'o Millur Horario de atencibn: Martes
[Link] ,
~ L I C A Castillo a sibado, de 9 a 12 y de
!hTIACO %3" Miraflores 50. Telkfano 15 a 19 hrs; Dom-os y
Conservador: G u i b m o 381411 festivos, de 15 a 19 hrs
Garnham Ldpez Horario de atencibn: Martes
Encargada: Moriana a sibado, de 9 a 12,30 y de 9. MUSE0 DE BELLAS h T E S
Martinez Contreras 15 a 18 hrs. Domingos y DE TALCA
Plaza Victoria. Teli5fono festivos, de 15 a 18 hrs..
3375. Valparaiso Conservador: Bernard0
Horario *de atenci6n: Lunes 4. Musm PESACOCICO DE . [Link]
a viemes, de 9 a 12,30 y de CHILE Y BIBLIQTECA Taka
14,30 a 20 hrs. Slbado, de INFANTIL Horario de atenci6n: Martes
330 a 12 de 15,30 a a sibado, de 9 a 12 y de
20 Xmas. Conservador: Luis Moraks 15 a 19 hrs. Dmingos y
Gallegos festivos, de 15 a 19 hrs.
IV Ericargado: R a d Vizcana S.
ARCHWOS
Dieciocho 145. Telhfono
80850. Horario de atencibn:
io. MUSEO DE HISTORIA
NATURALDE CONCEPCION
' ARCRIVONACXONAL Lunes a Jueves, 12,30 a 20
, Conservador: Juan hrs. Viernes, 1230 a 20,30 Conservador: Eduardo
Eyzaguime Escobar . hrs. Sibado de 8 a 13 hrs. Brousse Soto
Encargada : Estela Itudagu Casilla 1054. Tel6fono
Donoso 5. MUSEOBENJAMINVI&A 25691. Concepcibn
Av. B. O'Higgins 651. [Link] MACHENNA Horario de atencibn
piso. Telkfono 381922
Horario de atencfbn: Lunes
. Consemador: G e d n
Owego VicuTia
a stibado, de 9 a f$?;*
15 a 19 hrs. Domingos y
a viemes, de 9 a 12 *, de Av: Vicuiia Mackenna 94. festivos, de & a 19 hrs.
15 a 18,30 hrs. SBbadu, de! Telkfono 392996
9 a 12 hrs. Horario de atenci6n: Martes 11. Musm h u c m o DE
a sibado, de 9 a 12 hrs. y TEMUCO
v - de 15 a 18 hrs. Domingos, 4
10 a 13 horas. Conservado;: Eduardo Pfno
Mus- .. b ) De ptootncias: Zapata
a ) De Santiago de Ch&: , ' 6. M u m ARQUEOLOGI&ODE And& Bello 785. 'Telkfono
, 33616. Casilla 481. Temuco.
~.-MUSEO NACIONAL DE . .~ LA SERENA Horario de atencibn: Martes
HI~RIA~JATURAL , a slbado, de 9 a 12 y de
Conservador: Crete Mostng ' Conservador: jmge Iribarren 15 a 19 hrs. Domingos y
GheT Charlin festivos, de 15 a 19 hrs.

a -

(.
6

Bibliografia de las Publicaciones


de la Biblioteca' Nicional
1854 19&5- * -

. I .
A150 1854 I dos Cakilogos Generales, - 1891. Con el 'Anuario --
~ ~ D R S O en
S [Link]- de Publicaciones PeriWi-
Garcia Ebuidobro, Francisco. . tiago de Chile, Irnpren- Cas, Santiago, 189%.
catdogo por d e n alfa- ta Nacional, 1876.
, bktico de 10s tibros$ que -1892. Con el Anuario
contiene la Biblioteca Na- Biblioteca Nacionaf, Nove- de Publicaciones Peribdi-
cional. Santiago, 1854. no suplemento anual a cas. Santiago, 1894.
* (Primer cadlogo publioa- 10s dos Cadlogos Gene-
do por la institucibn) . rales, impresos en 1854- - 1893. Con- el Anuario
60. Santiago de Chile. de Publicaciones Peribdi-
AGO 1860 Imprenta Nacional, 1877. cas. Santiago, 1895..
Biblioteca Nacional, Gcimo -1894. Crm el Anuario'
Arlegui,. Vicente. ChtCuOgO suplemento anual a 10s
alfabktico y p o i o d e n de de Publicaciones PeriMi-
dos Catllogos Generales, cas. Santiago, 1897.
materias de 20s obtar que impresos en 185460. San-
contiene la Biblioteca Na- tiago de Chile. Imprenta
' cional Egaiio. Santiago, - 1895. Con el Anuario
Nacional, 1878. de Publicaciones Peribdi-
1860. En su parte primera con- '*

(Segundo 'catfilogo edita- .cas. Santiago, 1897. .


tiene el catrilogo de las
do por la Biblioteca). obras legadas por Mon- -. - 1896.* Con el Anuarfo
.
1 seiior Josk Ignacio Victor de Publicaciones Peri6di-
Biblioteca Nacional. Pri- . Eyzaguirre y Portales, p. cas. Santiago, 1899. '
mer suplemento al Catl: 3-114.
logo General impreso.
Anexo 29 a1 expresado -1897. Con el Anuario
AGO 1877 de Publicaciones Peribdi-
'
suplemento, comprensivo
linicamente de las obras . Amrorfo de Ea Prensa Chile- cas. Santiago, 1900.
na (Libros, folletos y ho-
que pasaron de Ia ex-
biblioteca del Gobierno jas sueltas).
- [Link] el Anuario de
Publicaciones Peribdicas.
a la Nacional en 1872.
Santiago. Imprenta Na-
- 1877 - 1885. Santiago, Santiago. 1903:
1952. -1- Con el Ahiiario
cional. 1873.

Bibiioteca Nacional. Segun-


do suplemento anual a1
- 1886. Con el Anuario
de Pub1ica"ciones Peribdi-
cas. Santiago, 1887.
- de Publicaaiones P d b -
dic& Santiago, 1903.
- 1900. Con el Anuario
Catdogo General impre-
*
, so, correspondiente a
, - 1887. Con el hUari0 de Publicacione Pe&di-
- . 1903. .
1873.' Santiago. Imptenta de Publicaciones Peribdi- cas. Santiago,
cas, Sahtiago, 1888.
Nacional. - 1901. Con -el Anuario
I - [Link] el Anuario de de p&sca,$ones pe6b-
Biblioteca Nacional. Tercer Publicaciones Peribdicas. dims. Santiago. 1904.
suplemento anual a1 Ca- Santiago?
- 1889.
tklogo General impreso, -.1889. con el A~~~~ -1902. Con el Anuario
cmspond'iente a 1874. de publicaciones peri,jdi- de Publicacidnes Peribdi-
'. Santiago., Imprenta Na- cas. Santiago, 1890. cas. Santiago, 1905.
cional.

i- Bibliotea Nacional. Octavo


suplemento anual a 10s
-[Link]
Publicaciones Peribdicas.
Santiago, 1891.
-1903. Con el Anuario
de Publidaciones Peridi-
cas. Santiago, 1905.
.r

'
\

c - 1904. Con d Anuako que' se custodian en lo


de Publicaciones Peri6di- - 1957-1961. Stgo., 1963. Biblioteca Nacional. San-
cas. Santiago, 1911. tiago, 1891.
- 1962. Stgo., 1963.
AGO 1892
19O%.Con el Anuario - 1963. Con el Anuario de
de P6blicaciones Peri6di- Publicaciones Peribdicas. Biblioteca NacionaL Lectu-
cas. Santiago, P911. Stgo., 1964. ra' a domicilio. Catdogo
tercer0 (por orden alfa-
- 1906. Con el Anuario de - 1964. d n el Anuario bdtico de autores) prece
Publicaciones Peri6dicas. de PublicacionesPeri6dicas - dido de2 Reglpmento que
Santiago, 1911'. CMenas. Inscripciones en ' rige el prbstamo de 10s
el Conservatorio de Ia Pro- libros. Santiago de Chi
- 1907. Con el Anuario piedad Intelectual (1964). le. Impreata y-Encuader-
de Publicaciones Peii6di- Publicaciones Wiciales naci6n Barcelona. 1892
cas. Santiago, 1912. (1964). Santiago, 196.5.
\ I . Mci 1897
1908. Con el Anuario de AGO 1886
Publicaciones PeriMicas. Biblioteca Nacional. Lectu
I

Santiago, 19121 ~ Biblioteca Naciohal. Cuu- - ra n domicilio. Catribg


dro sin6ptico p e r i o d d o
I - o ~ a r t o(pdr o r a h de ma
-1909. Con el Anuario completo de 10s diarios y tcrfas) precedido del Re
de Publicaciones Peri6di- periddicos en Chile publi- glnmnta-que rige el p&-
cas. Santiago, 1912. codos desde el atio de 1812 t w o de los tibros. San
hastd el de 1884 inclusi- ' tiago de Chile. Imprenta
-1910. Con el AnuariG ve, que Ea Biblioteca Na- y Encuadtmaci6n Barce-
cle Pubhcaciones Perih- ciopal conserua empasta- lona, 1897.
dicas. Santiago, 1913. dos.
Tirada aparte de 10s , AGO 1898
- 1911. Con el Anuario ' Anales d e h -Universidad. Laval, Rambn A. Biblioteca
de Publictciooes Peribdi- Complefaa. hasta 1884 Naclondl. Bibliografia mu
la bibliografi? de 10s pe- sical chilena. Santiago
cas. Santiago, 1913.
I
1898.
ri6dicos chilenos que trae
- 1912. Cofi el Anuario la E s t a a i c a Bibliogrd- BiMioteea Naciond. Biblio
de Publicaciones Peri6di- fica de BriseiTo. graftu ntusical. Composi
cas. Santiago, 1913. ciows impresas en Chile
AGO. 1887 2.a parte. 1586-1896. San
tiago, 1898. ., ,
- 1913. Con el Anuario Biblioteca Nacional. Aectu-
de Publicaciones Peri6dP ra a domicilio. Catdogo- Salas Err4zuriz: Juan y Pi
cas. Santiago, 1914. . primer0 de las obras que ~arro, Baldomero, Siblio
conivende esta seccidn teca, Nacional. Cat%bg
- 1914. Con el Anuario de precedido del Reglamento de autores griegos y lati
Publicaciones PeriMicas. ms. Santiago, 1898.
que rtge el prbitamo de
Santiago, 1924. 10s libros. Santiago de AGO 1901
Chile. Imprenta Guten-
- 1915. Con el Anuario berg. 1887. Boletin de la Biblioteca Na
de Puldicaciones Peri6- cional de Santiago de Chi
dicas. Santiago; 1924. AGO 1889 le. Correspondiente. a 10
060s de 1901-19L1. Sam
tiago, 1901. Director: Lui
- 1916. Santiago, 1827. Biblioteca Nacional. Lectu-
Montt. ,
ra a domicilio. Catdlogo
- 1917-1921. Stgo., 1963. segundo de 10s obras que AGO 1902
comprende esta seccidn
- 1922-1926. Stgo., 1963. pzecedido del Reglamen- Biblioteca Naciohal. Catdo
to que rige el prkstamo go de la SeccMn America
-.1927-1931. Stgo., '1963. na. AmSrica en genera
de 10s libros. Santiago de Santiago, 1902.
- 1932-1936. Stgo., 1963. Chile. Imprenta Guten-*
berg. 1889. . AEjo 1903
- 1937-1941. Stgo., 1963.
x
"AGO 1891 Henrion, Hipblito y Thaye;
- 1942-1946. 'Stgo., .1963. $. Ojeda, Tomh. Biblioteca
F'rontaura y Arana, Josk Ma- Nacional. Catdogo de
- 1947-1951. Stgo., 1963. nuel. Catdogo de 10s ma- Archivo de la Real Au
nusm'tos relativos a 10s diencia. Santiago, 1903.
-.1952-1956. Stgo., f963. antiguos Jesuitas de Chile, 'vols.
,
.
, AGO 1910 h a s redbidas en 1914. -Aiio 1927 - Santiago.
! Santiago de Chile. Im- 1928.
1 LaVal, Ram6n A., Memoria prenta Universttaria. 1913.
, del Subdirector del Ser-
oicio. Santiago, 1910.
* -Aiio 1928 - Santiago.
, Anexo a1 Boletin de la M o 1915 1930.

Aiio %-1929-
Biblioteca correspondientr
a 1909. ,
L a d , Ram6n A. Bibliogrt1-
fia de bibliografias chile-
-1930. Santiago,
nap. Santiago, 1915.
M o 1912
Blanchardkhessi, Enrique.
Vaisse, Emilio. Bibliografla’ - Aiio 1930 - Santiago.
Catdlogo de la Eaposicidn General de Chib. Primera 1931-
retrospectiua de la Pren- Parte: DiCcionario de Au-
sa Chilena. ,Santiago, tores y Obras (Biobiblio- .- Aiio 1931 - Santiago.
1912. grafia y bibliografia.) San- 1932.
tiago, 1915.
Retiista de la Biblioteca Na-
cional. Continuacidn del Biblioteca Nacional. Lists
-Aiio‘ 1932 - Santiago,
I
1933.
Boletin. Director: Carlos de las PubliCaciones Pe-
Silva Cruz. Santiago, 1912. Ffddicas Extranjerm que -A60 1933 - Santiago,
i

se reciben en la Biblio- 1934.


AGO 1913 . ”2

teca N a c i m l u Q U ~est&
a dbpostcidn del’ pdblico.
Reuista de Bibliografla Chi-
lena y Extranjera. (1913- - Santiago de Chile. Im-
,- Afio 1934 - Santiago,
1934.
’ 1918). Director: Emilio prenta Universitaria. 1915.
Vdisse. 7 vols. Santiago.
1913. -Aiios 1935 y 1936. NO
ARo 1916-1983 se publicarm.
Homenaie de la Biblioteca ,
Anuario de Publicaciones.
Nacionul de Chile a1 ex Periddim Chilenas. (Dia- -A6os 1937 y 1938. NQ
’ Director de la de Ma- rios, peribdicos y rcvis- se publicaron.
, drid Dn. Marcelino Me- tas . .c
ndndez y Pelayo, Discur-
,
80 de Dn. Juan. Agustin -Aiio 1916
1916. ,
- Sdntiago.
. -Aiios 1939 a 1951. N o
se publicaron.
Bazriga. Santiago, Im-
prenta Universitaria, 1913. -Aiio 1952 - Santiago,
-Afio 1917 - Santiago, 1952.
Biblioteca Nacional. Seccidn 1917..
Lectura a ~ m i c i l ~ .a - -AAiio 1953 - Santiago.
tdlogo de 10s libros y m6- -Afio 1918 - .Santiago, 1954.
sicas existentek en la Sec- 1918.
c i h . Priwra vaf-te. Lis- -Aiio 1954 - Santiago,
ta alfabbica de autores
con enumracibn com-
,-Aiio 1919
blic6.
,- No se pu- 1955. \

pleta de svs obrds. San- -Aiio 1955 - Santiago,


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w -Aiio 1921 - Santiago. 1957.
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-Aiio 1957 - Santiago,
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del Archiuo de Escribanos.
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-.-Aiio 1960 - Santiago.
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sa Chibna”). Santiago 1961.
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’ ‘Biblioteca National. Pub& T - Aiio1926 *- Santiago. -Aiio 1962 - Santiago.
caciones Periddiccu Chi- 1927. ‘4 1963.
\ . I

--
e
M*a de outores chilenos .
que exipten e n la Seceidn
. A*o i932 - Manuscritos Ortginales
Tom0 m, por Josh Tori-
Lectura a DOmicilio de la ' Biblioteca Nacional. Lbta de bio Medinit. Santiago,
Biblioteca Nadonal. San- h Publichciones P e d - 1929. e
tiago, 1916. Atribuido a . dieas ChiZenas. 1921. San- - MaiusHitos. T~~~ n:
Rafael Larrain, Jefe de di- tiago de Chile, Impreha [Link]&in&& m a
cha seccibn en!onces. Universitaria, 1922. la Historia de Chile
(1501-1900), por Guiller-
Biblioteca NBcional. Lcsta AGO 1923 mo Felih C m . Santiago,
de lo9 Publicaciofies Pe- 1951. ii

riddicas Chifenp. 1916. Biblioteca Nacional. Lista de &,Eoteca ~ ~ c i L~ * ~ d


Santiago de Chile. Im- publicaciones de las Publicadones 'Pe
cas ChileMs. 1923. San-
prenta Universitaria. 1916. Ch&-. 1925
tiago de Chile. ImPrenta Santiago de Chile. ~irec
Aiio 1917 Cervantes. 1923. ci6n General de Talleres
0 2

F i s d e s de Prisiones Sec-
Biblioteca Nacional. Sec- { M o 1924
- cidn Cunje. Santiago, Im- ci6n Imprenta. 1926.
i
prenta Vniversitaria, 1917. Biblioteca National, Zkta
L ARo 1927
de las Publieaciones Pe-
Biblioteca Nacional. Listo, " riridicas Cltilenas. $924. Reoista de Bibliografia' Chi-
de las J'ublkaciones Pe- Szntiago mile. Im- lena (1927-1929). Direc-
riddicm Chifenas. 1917. cervantes, 192~. tor: Emilio Vaisse. Santia-
Santiago de Chile. Im- go, 1927.
. prenta-Universitaria. 1917; AGO 1925 Biblioteca Nacionz de Chi-
le. Lista & las Publica-
,460 1918 Biblioteca Nacional. Lista ciones Periddicak Chib-
Allende, Pedro Humberto. & .las Publicaciones Pe- nus. 1926, Imprenta Nas-
Conferencias spbre mki- riddicar Chilenw. 1924.
Santiago de Chile. Im-
cimento. Santiago Chile. -
ca. Santiago, 191.8. Concepcibn. 1927.
prenta Universitaria. 1925.
. . Biblioteca National. Lista de AGO 1928 '
1 lap Publicaciones Pe+ddi- AGO 1926 ;,
cas Chibnas. 1918. San- Biblioteca Nacional. &dices ~

tiago de Chile. Imprenta Catdogo breve de la Bi- del afio 1918 de la Re-
Universitaria. 1918. klioteca Americana que vista de Bibliografia Chi-
~

obsequia a la Nacional de kna (J Extranjera. Tira-


Santiago J. T. Medina. da aparte de la Revista
h30 1921 9 vols. Distribuidos en la
L siguiente forma:. de BibJiografia Chilena.
Biblioteca Nacional. Memo- Santiago de Chile. Direc-
ria presmtada por el Di- - Libras I ~ ~ ~ T ~ POI
s o sJosh
, ci6n General de Talleres
.rector ad s&r MinWo Toribio Med'ma. 2 vols. [Link] de" Prisiones. Tq-
de Instzucckh PGblica en Santiago, 1926. ller & Imprenta. 1928.
1920. Con un a m 0 que
cmprendb la ndmina de -
Suplemento, pot Guiller- Biblioteca Nacional de Chi-
mo Felih Cruz., 2 vols.
lus Reoistas, D-iarios y Pe- le. Lista de las Publica-
ribdfcos chi&os que se Santiago, 1953-1954. ciones Periddkas Chile-
publicaban el 31 de di- - Manuscritos. T p o preli- nus. 1927. Santiago de
ckmbre del mismo aiio. minar. Indice general de Chile. Direcci6n General
Santiago de Chile. Im- la Coleccih de documen- de Talleps Fiscales de
prenta Universitaria. 1921. tos inkditos para la His- Prisioaes. Taller Impren-
! toria de Chile, pot Vic- ta. 1928.
* \ Biblioteca Nacionkl. Memo- tor M. Chiappa. Santia-
I
ria presentada por el Di- go, 1930. AGO i929
rector al &re Mfnlstro - Manusm'tos. Torno I. Do- B o b i n de ha Biblwtecu Na-
r
de Instruccidn Wblica en amentos inkditas para la ciond (1929 - 1937), Se-
1921. Con un anexo que Historia de CMe (1535- gunda 6poca. Directores:
cm,w& la ndminu de 1720 1, por Guillermo Fe- Rahl Silva Castro y Gui-
Eap obras &positadas en liG Cruz. Santiago, 1928. llermo Feliit Cnrz. San-
&I Biblicrtece '&a* obte- , tiago, 1929. 1

ner propisdod literark du- - n!a~critos. T O ~ On, DO-


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Historia de Chile (1720- forme presentado al Di-
tiago de Chile. Imprenta 1827); por Guillermo Fe- rector G e m 1 de Biblio-
Univ~rsitaria. 1921. lih Cruz. Santiago, 1930. tecas, drchioos y Museos
sobre la o r g i m i m i h de ci6n acerca del principio VoIhnenes -en preparacibn:
la Biblioteca Americana de la Revoluci6n dc 1810 - Histdrica de la
Diego Barros Arana, por de la idea de Revolucio'n de Chfle, de
el Consemador de ella don . la emancipacibn de Do- Fray a,febhor Martinez,
Guillenno Felid Cruz. mingo AmunAtegui Solar. tornos ~ ~ = .
Santiago, 1929.
Vol. 31.- Santiago de Chile. Biblioteca Nacional de Chi-
Afio 1930 Imprenta de 10s Talleres
Grificos de La Naci6n. le. Lista .de las Publica-
Coleccidn de Hhtoriadores Expediente rclatioo a1 des- ciones Peri&icas Chile-
de la Independencia de gradado suceso de las Ar- nus. 1928. Santiago de
Chile. 1930-1966. mas Reales en Maipo el 5 Chile. Imprenta Cervan-
avols. publicados por la de abril de 1818. Lo pu- tes. 1930.
Biblioteca Nacianal. Mica por primera vez, co-
piado d& original. Exis- Biblio'teca Nacional. Recis-
Val. 27.- Santiago d e Chile. tente en el Archivo de la tas, diarios y peribdicos
Direcci6n General dc Ta- BibKoteca Bego Barros
' Heres Fiscales de Prisio- Arana de la Nacimal de chilaws que recibe ac-
nes. Taller de Imprenta. Santiago, .GuiIlermo FeliG tualmente la Biblioteca
1930. Introduccicin de CIUZ. Nacional y que estdn a
Guillermo FeM Cruz. El disposicidn del pliblico.
Monitor Araucano. Tom0 Vols. 32, 33, 34.- Santiago 1929. Santiago de Chile.
I - Tom0 11. de Chile. Imp. Cultura. Imprenta "La Traccibn". '

Histmia de la Reuolucwn 1930.


Vol. 28.- Santiago de Chile. y Guerra de la Indepen-
En la misma Imprenta. dencia del PerB desde Chiappa, Victor hi. Cokc-
Ultimos DiaS de t k Recon- 1818 hasta 1826. Por don cibn de Historiadorm de
quista Espaiiolu. (Proceso Josh Rodriguez Balles- Chile y documentos rela-
seguido de orden del Vi- teros, Coronel de 10s Ejhr- tivos a la Historia Nacio-
rrey del Perli a 10s Jefe.; citos en las Campaiias de nul. Indice Bibliogr5fico.
y Oficiales dol Ejhrcito Ecuador, Alto Perri, Chile
Real derrotado en Chaca- Santiago,, 1930.
y Chiloh. Introduccicin
.buco). Introduccicin de biogrifica de Guillermo Direcci6n General de Biblio-
Guillermo Felid Cruz. Felid Cruz. tecas. Ar8hivos v hluseos.
Vol. 29.- Santiago de Chile.
Talleres Grhficos C6ndor.
Manuel Antonio Talavera.
Revoluciones de Chile.
Discurso hist6rico. Diario
Irnparcial de 10s sucesos
memorables acaecidos en
Santiago des& el. 25 de
mayo de 1813 hasta cl LO
de noviembre de 1811.
Con m Aphndice que con-
tiene la descripcibn del
bsile en la Casa de hlone-
da en septiembre de 1812.
Lo publica wmpletr, por
primera vez, precedido de
una biografia del autor
escrita sobre docwmentos
inkditos, G d e n n o Felili
Cruz.
Vol. 30.- Santiago de Chile. una Bibliografia concer-
Talleres Grificos La h'a- Fdid Cruz, Guillermo. Ho-
niente a este mismo indi- rnqnaie de la Biblioteca
ci6n. Proceso ssguido por viduo, por Guillermo Fe-
. el Gobierno de Chtle en '
Nacional a don Diego Ba-
Eli cruz. rros Arana en cZ centena-
' 25 de muyo de 1810,
contra don Juan A. &a- Vol. 43.- Santiago de Chile, rio de w nacimiento. San-
' tiago, 1930.
k,Josh A. Rojas y el doc- 1966:
tor don Bernard0 de Vera
j v Pintado, por el &&to de -Procesm instaurados a los Felid Cruz, Guillewo. No-
, Cmspiracidn. Lo publica hermanos Josh Miguel, tas biblwgrdficas. Biblio-
Por primera v a cotejado Juan 3md y Luis Carrera grafla de don Jo'sh Toribio
' y contra otros miembros Medina. Santiago, -1930.
;I el original con la copia de dd In familia g su9 parcia-
dcho proceso existente en
el Archivo de Indias d e . les, tom0 LWI. Introduc- Silva, Luis Ignacio. LA Im
m a , Guillermo Feliit ci6n de Guillermo Feliii penta en la AmMca Es-
tL Cruz. Con una Introduc- CNZ. paiiolu. Santiago, 1930.
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ppoz Gabnel Amuncftegu
Biblioteca Nacional. -Anus- Santiago, 1937.
rio de las Pitblicaciones Biblioteca Nacional. Publica-
Peribddicas Chilenus que c h e a Perii5c&& Chile- ’ AFTO 1938
recihe actualmente lo Bi- -.- Antkrio 1933. San-
blioteca Nacional y que tiago de Chile. Imp. La- Archivo Nacional. Indice de
C estdn a dis~wsicidn del gunas, Q u e v e d o . ~Cia. Archiuo Hidrogrcifico “Vi
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gina para la biografh de 3 caciones Pm*6dicas Chi- General sobre la rharchu
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zio de E d u c d n Pziblica
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tecas, Archivno p Musens. Mayorga Uribe, Luis. Bi- Santiago, 1938.
Memoria del semicio
* bliografia de h obras so-
1930. Santiago, 1931. brb Socialismo, Comunis- A M 1939
mo g Faseisnw, mistbntes
4 actualmente en la SeccMn Biblioteca National. Publi
Felili Cruz, Guillermo. Ensa- Fondo General. Santiago,
yo de una bibliografh de 1935. caciones Periddicar Chile
1

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naie a la memoria de don a 1938 que eleva a c o w
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Biblioteca Nacional. Pub& General, sobre k mur& glamenta7iarfoigentes pa-
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3,. odubre de 1963. Algo de Unamuno a tra- 1964.
cks de fin epistolario. To-
Uribe Echevarria, Juan. EZ rno rr, N9 2, 1964. Vodanovib, Sergio. LOS f t ~
romance de SOT Tadeo de gittws. Torno n, NQ 3,
San Ioaquin s o b r e la Morales, Josi R. Prohchida 1964.
inundacidn que hizo el rio la reproduccidn. Teatro.
Mapocho en 1783. Torno Torno 11, NQ 2, 1964. ,
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lnstituto Pedag6gico bajo
bluiioz, Luis. La muerte, te-
' Vial E., Carlos. kadioscopia ma pdtico de Antonio la direccidn de Doming0
de una en e m u . La Alian- Amudtegui Solar, 1892-
t
XU para e Progreso. Tomo
L NQ 3, oetubre de 1963.
Machado. Torno n, N9 2,
1964. 1922. Tomo m, N9 1, ~

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Abalos, Carmen. Carlos Dru- Luis de Victoria. Torno n, La Bibliuteca NacioMF g
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del Brasil. Tomo n, NO Segall, kfarcelo. Biogrufh de (Articulw de Paulino Ga-
- 1, de 1964. la Ficho Salario. Torno XI, , ragorri, Fernando Uriarte,
._ No 2, 1964. Carla Corduti, Eladio
Aguirre, Isidora. Los pope; Garcia, Guillermo Ferra-
&OS.' Teatro. Torno 11, No Stahl, Gerold. Andisis cien- da, Armando G o d l e z
' 1, de 1964. tifico de la religidn. Torno Rodriguez). Tom0 nr, NQ
n, NQ 2, 1964.
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mensfones s d n t i c a s del Teillier, Jorge. Los trenes de
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j 1964. Torno u, NQ 2, 1964. 4cs6nica del bamoco his-
# -. - ~
panotzmeticano: %l C a d ci6n de Carlos Krumro $. Oyamh, .Luis. Rafael Ma
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y Numb Testamento. TO- Ruiz Urbina, Antonio. L a
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S en Amhi
sobre Luls Alberto Heire- 1965."- I ca Latinu. Torno IV, NQ 2
mans. Luis Alberto Heire- 'vol. 11 de 1965.
mans Buenaventura. To- Debesa, Fernan'do. El Guar-
mo m, NQ1, 1965. * dupelo. Torno IV, N9 1, Uriarte, Fernando. La nme
vol. 10 de 1965. proleta&a en Chile. To
Hourton P., Jorge. T e f i r d mo w, NQ 2, vol. l l d
de Chardh: ~Ciencia o Del Rio, S6tero. La medici- 1965.
Filosofia? Torno m, N Q 2, M social e n Chile. Cuz-
1965. m h , Leonardo. Labor so- Uribe Echevarria, Juan
cia1 de h medicim en Folklore de Colliguay
'Jararnillo Bamga, Rodolfo. . chile bl la contribu&n T O ~ WO; NQ 2, V O ~ . 1
El abate Juan Igfiocio del ~ r ~. e r odel io. de 1965.
M o l i ~ ,pn'mer molucio- T~~~ w, NQ 1, vel. 10
1 nista y precursor de Teil- 1 de 1965. Vodanovic, P., Sergio. E
hard de, Chardin. To- . delantal bkznco. Torno IV
mo m, NQ2, 1965. Garcia, Lautaro. Romonce- N? 2, vol. 11 de 1965.
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lo diplomdtico en la his- N Q 1 vol. 10 de 1965. drbs Bello gramcitico d
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Zapater Equioiz, Horacio. ptirner canto de la Di-
h culturas i n d i g e m de oina Cmedia. Tom0 xv, Fernhndez Larrain, Sergi
Amkrica durante la domi- N9 1, Vol. 10 de 1965. Jose' Maria Blanco Whit
nucidn espaiiola. Torno m. y Andre's Bello. Torno IV
N Q 2, 1965. Zarnarano, Manuel y Ba- NQ 3, vol. 12. 1965.
rria, Mharn. El crimen
Anzdtegui, Victor y San- - como destino. Torno N , Rodriguez B., Orlando. E
hueza Belt& Enrique.. 'NQ1 vol. 10 de 1965. significado de Andr6s Be
Vulgal.fzaci6n de Lacun- llo en- el teatro chileno
za y el Lacuncismo. To- Encina, Francisco Antonio. Torno IV, NO 3, vol. 12
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Silva Castro Histmiador- poesias de Andrbs Bello
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cdticO de los letm Torno IV, NV 3, vol. 12
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cisco Antonio Encinu ridico de Ia nacidn chile
Rousseau, Rerre. dEstd habi- hktoi'hdor. Torno rv, NQ nu. Torno IV, NQ3, vol. 12
tado el untverso? Traduce , 2 vol. 11 de 1965. 1965.
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Fueyo Laneri, Fernando. Quiiiones Alvear, GuilIermo. Romero, Hernitn. La cfudad,


R ~ ~ C W Vde
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NQ 3, vol. 12. 1965. co. Tom0 v, N* 2 - 3, vol.
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Mirquez Breth, Bemardo. llismo alucinante de Aleio
La obra intemcional de Carpentier. Tomo v, No 1, Uriarte, Fernando. Jtrlio Cor-
Andrb Bello. Torno N, , vol. 13. 1966. tdmr, nouelista de Buenos
NQ 3, vol. 12. 1965. , Aires. Torno v, N‘2 2 - 3,

MLquez Bretbn, Bemardo y


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s0“oiales derioados
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de la Confederadh Ped- 13. 1968. Bres en la poesia popular
Bolioiana. Torno N, NQ 3, del slglo XIX. Tomo v, No
1
vol. 12. 1965. Atropos. El inquilitw en Chi- 2-3, vol. 14. 1966.
le. Su uzdo. (Un siglo sin
Abdel Badi, Lutfi. Un &a- -
variaciones, 1861 1966 ). Vodanovic, Sergio. Lo gente
mdurgo e g i d Tawfik -
Torno v, N’J 2 3, vol. 14. como nosot7os. Tomo v,
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Debesa, Fernando. LOSN e t - Dario, mil&. Canto Epico
Espinosa Moraga, Oscar. El zukes. Torno v, N* 2 - 3 , a Ins Glu~ias d0 Chib.
precio de la paz chileno- vol. 14. 1966. Torno v, No 4. vol. 15.
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primeros al?os del Mariscal Oyarzhn: Luis. Cosas de
Godoy, Juan. Sombras. To- A n d ~ 6 de Snnta Cruz. Colliguay y Cerro Viejo.
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Crases, Pedro. Las ideas
fundamentales de Mariano Hanke, Lewis. La Historia, Santibiiiez, Rafael. Una Ha-
I PiCdn-Salas. Torno v, NQ de la Villa Imperial de zaiia en la Antdrtida. To-
3, vol. 13. 1966. Potosi y Bartolomk Arzons
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de O m k . Tom0 v, NQ2-3,
Huerta, Eleazar. Semana vol. 14. 1966.
Santa en Tobarrai Torno Rousseau, Pierre. Vida y ,
v, NQ 1, vol. 13. 1966. Fuenzalida, Hector. dslar muerte de 10s inuentos.
Pietri. Reportate a una pa- Torno v, NO 4, vol. 15.
Krumm S., Carlos. Viaies sidn vmezolana. Tomo v, 1966.
espacinles: tiempo IJ relo- NO 2 -3, vol. 14. 1966.
’ jas. Tomo v, N O 1, vol. Murillo, Ernesto. Una fh
,
13. 1966. hfhdez Garcia de la Huer-
ta, Alejandro. Inconstitu-
en el cementa Torno V,
No 4, vol. 15. 1966.
-
Marchant, Patricio. Esencia cionalidad de las leyes y
. y existencia en la ontolo- la Corte Suprema de 10s *Riikser, Udo. Sobre la cri-
gia de Nicolis Harhnann. Estados Unidm. Torno v, tics filosdficu. Tom0 V ,
NQ 2 - 3, vol. 14. 1966. -
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Tbmo .v, N Q 1, vol. 13. NQ 4, vol. 15. 1966.


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Orrego Luco, Luis. De sus
* Mdleto, Enrique. La confe- memrias inkditas. Torno Vicuiia, Carlos. Discurso SO-
si6n. Torno v, No 1, vol. v, NQ 2 - 3, vol. 14. 1966. bre lu Paraldgica. Torno v,
13. 1966. “Un idilio nuevo” y “Ca- NQ 4, vol. 15. 1966.
sa grande”.
;-% plath, Oreste. Folklore aZt- Reyes, Salvador. iQuS &a-
%
mentario. Torno v, NO 1, Rivera, Rad. Poemas. Tom6 blosl La vida es &*. To-
T’’ vol. 13. 1966. V, NQ-2- 3, VOI. 14. 1966. mo v, NO 4, vol. 15. 1966. .
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Nh’iez, Ehardo, Ricardo Oliver, William E. Mi pun- , la nacionah ante la fru


Palmu y 10s oiaies. Torno to de vista sobre el “Ma- t7acio’’n chilena. Torno v
v, N9 4, vol. 15. 1986. rat- Sack”. Torno v, NQ4, NQ 4, vol. 15. 1966.
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vol. 15. 1966. . Blackmore, Harold. Los agen
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Uribe E**Juan. tes revoludonarios chileno
Chdoba, EIezar. El iacobi- en E~~~~ en 1891. T~~
fio del Bdrdn. T o m v,
niamo en *nt&ca: La v, NQ 4, vob 15. 1966.
NQ 4, vol. 15. 1966. Revolucidn Haitiana. To-
mo v, NQ 4, vol. 15. 1966. Cox B., Ricardo. Canclone
Uriarte, Fernando. Aspect0 populares reltgiosas d
, de la nocela hispmoame- Chilob y versos de Lo
&ana actual. Torno V, FEdmic K., William. Adtb- Angeles. Torno V,’ NP 4
NQ 4, vol. 15. 1968. I T O Prat, simholo de idea- , * v o ~ .15. 1966.

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MAPOCHO
DIRECTOR: GUILLERMO FELIU CRUZ

SECRETARIO DE REDACCION: JUAN URIBE ECHEVARRIA


Con este volumen 15, t o m V , N o 4, que corresponde a2 a r t 0 trimestre de 1966, dejan
& diremiin de la revista D . GUILLERMO F E L ICRUZ,
~ Director, y n.
JUAN URIBEECHEVARRiA,
Secretario de Redacciin

C O L A B O R A D O K E S :

Abalo!8, Carmen Garagorri, Paulino Orellana Rodriguez, Mario


Abasc;11 Brunet, Manuel Garbarino, Humberto Orrego Barros, Antonio
Aguiri.e. Isidora Garcia C., Eladio Orrego Barros, Carlos
Aicartl1i.L: Raul Garcia, Lautaro Oyarzdn, Luis
Altlun ate Phillips. Arturo Giannini, Humberto Palazuclos, Juan Agustin
Alliende Gonzilez, Felipe Giordano, Jaime Pereira Salas, Eugenio
n"Ivarez, Roberto Gonzrilez Ginouvbs, Ignacio Reyes. Salvador
AInzoitegui. Victor Gonzzilez Rodriguez, Arman- Rivano, Juan
Araya Goubet, Guillexmo do Rivera, Ralil
Araya Novoa. Luis Guzrnfin, Leonard0 Rojas, Benjamin
Arriagada Herrera. Julio Guzmin, Marta Rosa Roniero, Hernrin
A,ssunpo, Fernando 0. Herrera Cajas, Hector Rosenthal, M. L.
Ralbh Lucas, Rafael de
- Huerta, Eleazar Rossel, Milton
B:an&, Jorge JbCrico, Mariano Rousseau, Pierre
B:arrenechea, Julio Ibiiiez L.,JoSe Miguel Rukser, Udo
B:arros, Jose Miguel Iglesias, August0 Sabella, Andres
B;arros, Raquel Jnramillo. HernPn Salas, Adalberto
B,intlis, Ricardo Kayser, Wolfang Salas Viu, Vicente
Brisefio Gonzilez, Roberto Keller, Carlos Sandoval Griinberg, Noemf.
Bueno, Salvador Krumm S., Carlos San Martin. HernPn
C;amurri, Antonio Labarca. Amanda Santivin, Fernando
C;amus, Emilio Lain Entralgo, Pedro Segall, Marcel0
C:arvacho, Victor Lamberg. Fernando Sieveking, Alejandro
C:atalin de Araneda, Hilda Lastra Salazar, Pedro Sievers, Hugo K.
Ciutlatl, Mario Silva Castro, Ralil
CIDncha. Jaime Lavin Cerda. Hernfin
CIDrdua. Carla Leavitt, Sturgis E. Silva, Jaime
c1haigneau, Raimundo Lefebvre, A 1f redo Solar, Claudio
Dannemann, Manuel Lihn, Enrique Soler, Francisco
Debesa, Fernando Lira, Germin Stahl, Gerold
Dhlano, Poli Loyola. H e r n h Teillier, Jorge
Denegri, Felix Mac Hale, Tomas Tienken, Arturo
Diaz, Jorge Marchant, Patricio Uriarte, Fernando
Dtoddis, Antonio Mirquez B., Bernardo Uribe Arce, Armando
EIdwards, Jorge Martinez Chac6n. Elena Uribe Echevarria. Juan
E!scudero. Alfonso M. Matte, Ester Varas, Jose Miguel
Ft?li6 Cruz. Guillermo Mufioz, Diego Vial E., Carlos
Ft:rrada Partarrieu, Guiller- Mufioz G., Luis Vial Izquierdo, Alfred0
mo Murena, Hector A. Vicuna Fuentes, Carlos
Fcmeccio Podesti, Mario Navarro. Eliana Vodanovic, Sergio
FIienzalida, Hector Neruda, Pablo Yankas. Lautaro
Galliano. Ernesto Neves. Eugenia Zamudio, JoSe

La revista solicita las colaboraciones.


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1
Las colaboraciones deben ser dirigidas a la Direcci6n de la Biblioteca Nacional,
'nida Bernardo O'Higgins NO 651, lo mismo q u e 10s impresos que se le remitan

N o se devueluen 10s originales.


national e internacional d

REVISTAMAPOCHO

esti a cargo de la
EDITORIAL UNIVERSITARIA, S. A.
San Francisco 454, Casilla 10220
Santiago, Chile
TOM0 V
N.o 4
1966
VOl. 15

BIBLIOTECA NhbL "1 v m


SANTIAGO DE CHILE

SUMARIO
Luis' O r r e p LUCO: R U B ~DNA R f O EN C H I L E 0 RubCn Dario: CANTQEPICO
A L I1s GLORIAS DE CHILE Jorge Hourton P.: DIALOW CAT6LICO-MARXISTA
0 Rafael Santibrifie;1: UNA H A Z A ~ ~ EN LA ANTARTIDA
ACEF
..--.lCA DE LA R E L I G I ~ N
Pierre Rousseau:. V ~ D AY MUERTE DE LOS INVENTQS
- A C'arlos
w
~-
Vzcufia
Fuentes: DISCURSO
b VIDA E S ASf ...
SOBRE LA P A R A L ~ I C A 0 Salvador Keyes: iQuk DIABLO!
Sergio Vodanovic': LA CENTE nn*m nln--n@
-"I">"

Harold Blnkemore: Los ACENTES REVOLUCIONARIOS CHILEF{os EN EUROPA,EN 1891


,."
-ln
"J -m

Juan Uribe Echevarria: Yo SOY DUERO DEL BARC)N 0 Ricardo Cox


Balmaceda: DESARROLWY MENTALIDAD SUBDESARRO~ LLADA 0 Fernando
Uriarte: ASPECTCISDE LA NOVELA HISPANOAMEU--'-' .
W A ~ A ACIUAL I T
drnesto
. .

Murillo Costa: UNA F W R EN EL CEMENTO B Estuardo Nzi6ez: RICARDC)


PALMAY ws VIAJES 0 Luis Oyarzzin: Cos>is DE COLLIGUAY Y CERROVIEJO
0 Gerald Warner Brace: LA ESENCIA D E LA N(WELA 0 Eleazar Cdrdova-
Bello: EL JACOBINISMO EN AM~RICA:LA REVOLUC I ~ N HAITIANA
Alvarez Sotomayor: CANCIONES . . - _ . - . , 0 Agustin
POPULARES RELIGIOSAS DE LHILOE Y VERSOS DE LOS
hCELES HCctor Fuenzalida: DEL CRIOLLISMO AL REALISM0 DE EDESIO
ALVARADO 0 Homero Bascufia'n: EL C O M P A ~ E R O M o N A m E s 0 Fer-
1 na ndo Campos Harriet: L A S MISIONES DE ALVAREZCONDARCO EN LA EMANCIPACION
AWIERICANA William Frederick Sater: ARTURO PRAT, SfMBOLO DE IDEALES
NA CIONALES ANTE LA F R U S T R A C I ~ N CHILENA 0 TVilliam I. Oliver: MI PUNTO
DE VISTA SOBRE EL "MARAT-SADE" 0 Udo Krtksar: SOBRELA CR~TICAFILOS~FICA
0 R. W . B. Lewis: LA
0 Ariel Dorfman: EN
mdn Dominguez: NUESTRC
CULTURALDE LA BIBLIC
Noticias bio-b

Organo de.
...penetr6 el gobernador hasta el valle en otras partes, porque no tienen sino
de Mapocho, que ha116 poblado d e infi- sangrar la acequia por la calle, lo que
nita jente, por ser tan anchuroso, tan basta para que salga un arroyuelo que
capaz y apacible, y regarse casi todo 61 la riega y alegra en el verano con gran
con el rio de su nombre, tan liberal y comodidad, sin n i n g h gasto. Todas es-
pr6digo con la tierra que, desangrindose tas acequias desaguan a1 poniente y
por varias partes, por regarla y fertili- salen a regar mucha cantidad de huertas
zarla se desustancia y deshace, de mane- y vifias que estin plantadas por aquella
ra que a pocas leguas desaparece, no para parte, y la agua que sobra pasa a regar
hundirse del todo, sino para repararse y 10s sembrados o vuelve a la madre, que
salir mis pujante y caudaloso. coni0 sale, es una gran comodidad para todos; no
dos o tres leguas mis adelante y mejo- beben de esta agua que pasa por las
rad0 en sus aguas, porque trayendolas de casas, sino 10s caballos y demis animales
ordinario turbias de su nacimiento, en domCsticos, porque aunque de suyo es
su renacimiento sale claro y puro como muy buena, como pasa por tantas partes,
de cristal. no va ya de provecho para la jente. y
asi la traen para esto del rio o de 10s
'Cole :ccibn de Historiadora de Chile y de do- pozos, que la dan muy buena y muy
cumento8 relativos a la Historia Nacional, tomo XII. fresca, y 10s que quieren beberla mis
Hisidrica Rclacidn del Reino de Chile. por Alonro regalada, se preveen de 10s manantiales
de Ovall,e , torno I, Santiago, Imprenta Exilla, 1888, y fuentes, que hay muchas en la vecin-
pAg. 263 dad y comarca regaladisimas y suavisi-
mas.
a
eoleccidn de Historiadores de Chile I de do-
...p or la banda del norte bafia a esta cumentos relativos a la Historia Nacional, torno XII.
ciudad un alegre y apacible rio, que lo Hisidrica Rslaridn del Reino de Chile, por Alonso
es mientras no se enoja, como lo hace de Ovalle, torno I, Santiago, Imprenta Ercilla, 1888,
algunos afios ,cuando el invierno es muy pigs. 266-267.
riguroso y llueve, como suele porfiada-
mente, cuatro, ocho y tal vez doce y
trece dias sin cesar; que en estas ocasio-
*
nes ha acontecido salir por la ciudad y .. .plant6 Valdivia su campo en el valle
hacer en ella muy grande dafio, llevin- de Mapocho, que propiamente se llama
dose muchas casas, de que aim se ven Mapuche, que quiere decir Valle de gen-
hoy las ruinas en algunas partes. Para te, por la mucha que en Cl avia, y de ay
esto han fabricado por aquella banda tom6 el Rio esse nombre: mas 10s espa-
una fuerte muralla o tajamar donde que- fioles y el tiempo a corrompido el voca-
brando su furia el rio, echa por otro blo y en lugar de Mapuche le llaman
lado y deja libre la ciudad. Mapocho. Dio vuelta a1 valle mirando
De este rio se sangra por la parte del 10s assientos y la hermosura de sus cam-
oriente un brazo o arroyo, el cual divi- pafias y llanura, que es de 10s mejores
dido en otros tantos cuantas son las cua- y mis fCrtiles valles del Reyno, fecunda-
dras que se cuentan de norte a sur, entra do de un rio que liberal reparte s t ~ s
por todas ellas, de manera que a cada aguas por diferentes sangrias para que
cuadra conesponde una acequia, la cual todos rieguen sus sembrados.
entrando por cada una de las orientales
va atravesando por todas las que se le 'Historia General de el Reyno de Chile. Flandea
siguen a la hila y consiguientemente por Indiano, pot Diego de Rosales. Edici6n de Benja-
todas las calles transversales. teniendo en min Vicuiia Meckenna, Valparaiso, Imprenta "
Cstas sus puentes para que puedan en- Mercurio, 1877 plg. 384.
trar y salir las carretas que traen la pro-
visi6n a la ciudad; con que no viene a
haber en toda ella cuadra ni casa por
donde no pase un brazo de agua y muy Rio de tierras libres, caudillo mal
copioso que b a r n y lleva toda la basura domado, / preso te ves de pronto; piensas
e inmundicia del lugar dejindolo muy que es un mal suefio, / y entre tus vence-
limpio; de que tambiCn se sigue una dores pasas precipitado, / prietos 10s pu-
gran facilidad en regar las calles cuando iios, turbia .la cara, d u m el cefio.
es necesario, sin que Sean menester 10s
carros y otros instrumentos que se usan 'Imacen del Maporho. par Enrique Diez Canedo.
Lais Orrego LUCO:
Ruben Dario en Chile*

L A P R I M E R A V E Z que of su nombre fue en una noche de verano. Hallibame


en 1887, charlando en la redacci6n de “La Epoca”, diario del mal formaba parte
desde la edad de diecisiete aiios. Era una habitaci6n estrecha, de techo bajo, con
ventanas que daban a la calle del Estado. Ahi se llegaba por angosta escalera, en la
mal dormian, hechos un ovillo, 10s “suplementeros” o muchachuelos que vendian el
diario. La Imprenta estaba a cuatro pasos de “Papi Gage”, donde cenhbamos las mis
de las noches, y no muy lejos del Club de la Uni6n. de donde nos llegaban noticias
politicas de 6ltima hora.

Charlhbamos, como iba diciendo, en torno de la gran mesa de Redaccibn, sobre la En la mesa
mal se escribian sueltos de gacetilla, a la par que tembles artfculos de ataque. Ma- de redaccidn
nuel Rodriguez Mendoza levant6 la cabeza, alz6 la pluma, y nos dijo con voz grave de “IA EPo-
Y pronunciaci6n enfitica que le caracterizaban: “-Maiiana tendremos entre nosotros ca”
un nuevo compafiero que viene a formar parte del diario.. . acaba de llegar a Val-
pamiso y trae cartas de Edwards para Eduardo Mac Clure y Carlos Toribio Robi-
net.. . Viene de Centroam6rica, recomendado por el General Caiias, antiguo Ministro
del Salvador en Chile, como gran poeta”.
-$6mo se llama? -preguntamos a u n tiempo Valenzuela, Pedrito Balmaceda
Y YO.
-Se llama Rub6n Dario, nombre propio o pseud6nimo persa, no s t bien.
-Bonito nombre y itan original!. . .
-Viene huyendo, unos dicen por lances de amor, otros de persecuciones politicas.
Recuerdo la impresi6n de sorpresa que nos produjo nombre tan extraiio, mezcla
.
de judaico y de persa.. . Rub& Dario.. . Ruben Dario.. per0 resonaba como toque
de clarin en campamento militar, armonioso y agudo. Los que alguna vez hemos
’ formado parte del Ej6rcito, jamis podremos olvidar esas notas prolongadas y melan-
c6licas de la retreta y de la diana. El nombre del nuevo compaiiero nos parecfa ori-
ginal, armonioso y extraiio. Era nombre que anunciaba mucho. Crefamos encontrar-
nos en presencia de algGn aventurero, descendiente de 10s conquistadores del Da-
nen, alto de cuerpo y recio de miembros.
AI dia siguiente, a1 penetrar a la imprenta, en la tarde, me top6 con Rodriguez
en la puerta. -Ahf esth Dario.. . le hemos dado la pieza de la escalera para que se
aloje; es la 6nica disponible.. . -@IC te ha parecido? -Me ha parecido indio triste,
me replic6 Rodriguez.
Momentos despu6s penetribamos a la humilde covacha que servfa de asilo a1 que
habria de ser, en breve, el gran poeta americano, innovador atrevido, creador de
nuevos moldes artisticos, Ruben Dario cuyo nombre resonaria, andando el tiempo,
~ * en todo el continente americano, en Espafia, en Francia; estaba sentado sobre una
1
vieja maleta y revisaba diarios franceses, tiritando de frfo, a pesar de que nos hall&
bamos en primavera. La cama estaba cubierta de peri6dicos norteamericanos exten-
1 didos, con 10s males se abrigaba de noche. A1 verlos exclam6 alguno de nosotros:
“-Ahora comprendo que la prensa sirve de algo.. .”

.*De las Memorias ineditas de D. Luis Orrego Luco. La Direcci6n de la revista lamenta
~
que en el capitulo de dichas Memorias, Un Idilio Nuevo y Casa Grande, publicado en
e1 vol. 14, Afio IV, Tom0 v, se hayan deslizado algunos errores por descuido en la copia
10s manuscritos.
6 MAPOCH
~-
Aim a e o ver la hermosa cabeza de Ruben Dario tal como surge a1 traves de mi
recuerdos. No tenia la belleza ni las proporciones de Apolo -pues la raza indigen
se manifestaba patente- per0 tenia la expresi6n hermosisima de la bondad entre
tejida con talento y refinada, desde 10s primeros albores, por miserias y padecimien
tos de la vida. Muchos inviernos, desde entonces, han dejado caer sobre mi la tristez
de sus lluvias, y, sin embargo, creo ver todavia la dulzura de la sonrisa y la tristez
melancdica de Ruben Dario, su expresi6n de grandeza resignada ante las amargura
de la vida, resuelto a ser misero bohemio, paria, desdefiado por la vanidad insolent
de 10s ricos de la tierra, vago errante de la caravana que pasa, pero, convencido, a
mismo tiempo, de que habria de ser gran poeta, de que llevaba en si el tesoro d
un genio inmenso.

El fisico de Si en lo fisico era ITIULIIPCIIO U ~ D I I y raquitico, ae rraza aecaiaa y pome que nicier
Dario prorrumpir a Manuel en su despiadada ironia de llamarlo “indio triste”, en lo mora
e intelectual, era legitim0 descendiente de Hernin C0rtt.s y Vasco Nlifiez de Balboa
Su espiritu conquistaria para el arte, nuevos paises y mares desconocidos a las almas

El primer ar- Lo primer0 que publicara en Chile Dario fue su magnifico articulo sobre Vicui
ticulo de Da- Mackenna, fallecido justamente el dia de su llegada a Valparaiso y aparecido en “E
rio Mercurio” del puerto.
., aespues aparecia en -.La
rocos alas
T, 1 ‘.* -
apoca..- su primer articulo. -
, . Kecuerclo que AI .
fredo Yrarrizaval y Alberto Zafiartu me detuvieron en la calle para preguntarme
entusiasmados, cosas de Ruben Dario. ZQuiCn era? {De d6nde venia? ZPor que caus
se hallaba entre nosotros? Todo lo ignoribamos de el, pues s610 hablaba en mon
silabos, misteriosamente y con tan honda pena y cansancio, que no atinibamos a i
terrogarle de miedo a ser crueles. Nos daba a entender que su vida habia comenzad
de manera dolorosa. Per0 su extrafio nombre se abria paso entre las multitudes co
fuerza de bala de cafi6n y sus primeros articulos -sobre todo sus primeros versos
eran aplaudidos con entusiasmo y recitados por esa noble juventud, llena de gener
sidad exenta de envidia y de emulaciones y llena tambien de talento, en la cual br
llaban entonces Pedro Balmaceda Toro, Alberto Blest Bascufiin, Alfred0 Yrarrhava
Narciso Tondreau, Alejandro Silva de la Fuente y tantos otros que seria largo en
merar ahora. No quisiera repasar la dolorosa lista de la hora del aepdsculo, en cam
pos de batalla, cuando se hace recuento de muertos y desaparecidos.

Dario llega <De d6nde venia el nuevo esaitor centroamericano y que brisas le trajeron a nue
a Chile des- tras playas? Venia de Nicaragua, en donde habia nacido, emigrando luego a San Sa
de Nicaragua vador, en donde encontrara la amistad carifiosa de un poeta que habia residido e
Chile, el General Cafias. Por aquellos afios, las revoluciones eran por a116 el pan d
cada dia. Un escritor espafiol referia que el actor espafiol Thuillier, en una de s
funciones, habia tenido la honra de conocer a1 Presidente de la RepGblica, quien
invit6 a tomar tP en su palco, despues del dltimo acto. Terminada su tarea, el act
se encamin6 a1 palco presidencial. Su sorpresa fue grande a1 encontrarse, e n vez d
caballero chico y gordo, que era el Presidente, con otro sefior alto y flaco que llevab
terciada la banda presidencial. {Que habia sucedido? Pues nada, que entre el prim
ro y cuarto acto se habia verificado una revoluci6n y habia nuevo mandatario. Y e
todas pasaba lo mismo. En su autobiografia, refiere Dario una anecdota exquisita
pintoresca, respecto de aquellas repdblicas y la vida que en ellas se hacia.

Una anicdo- Hallindose en San Jose, fue invitado a1 Fuerte por el General Toledo, Presidin
tade Dario de la Repdblica, hibil hombre de letras per0 todavia mis eximio en el arte de cocin
pues era gastr6nomo y preparaba guisos que acaso le valieron mis ascensos que s
1111.9 ORREGO LUCO: RUBEN DARIO EN CHILE 7

hamiias en el campo de batalla. La cena en el Castillo de San JoSe fue espltndida


se menudearon 10s mis exquisitos vinos y champaiias. Terminada la cena, subie-
ron a la terraza. La noche era hermosisima y la luna iluminaba la ciudad, destadn-
d o e las torres de la Catedral, a lo lejos. El General Cayetano Sinchez, jefe de la
plaza, se dirigi6 a sus compaiieros: “-iQUt hermoso blanco para fuego de artilleria!”
exclam6, seiialando la torre iluminada por la luna. Y, luego, dirigitndow a un ofi-
cial, exclam6: “-Que carguen la pieza Krupp”. Habia bebido como Pantagmel.
Lo‘s invitados se miraron afligidisimos unos a otros: la ciudad iba a ser desper-
tada, a las dos de la maiiana, con inesperado bombardeo. Uno de ellos, el C6nsul
.-
ae mglaterra, sin perder la sangre fria, dijo: “-Esti bien, per0 bebamos antes un
1-

POCO para celebrar la belleza de la noche”. Trajeron botellas de coiiac, y media


hora mis tarde, el General don Cayetano Sinchez rodaba debajo de la mesa. La ciu-
dad se habia salvado mediante la acci6n benefica de una botella de alcohol. Por
todas partes dominaban la dictadura y el caudillaje. Por cierto que semejante medio
no era el rnis apropiado para la cultura del espiritu, ni para desarrollar nuevas ten-
dencias literarias. El propio Ruben Dado habia debido abandonar su casa el dia mis-
mo de la bods, para evitar que le llevaran preso como revolucionario. Reinaban 10s
terribles hermanos Ezeta, uno de 10s cuales acababa de matar a u n campesino de un
tiro de rev6lver porque no le saludara en un sender0 de campo, s e g h contaba el
poeta.
El medio que pedia su espiritu para aecer debia ser distinto, mAs reposado, de
pais gobernado regularmente, en el cual imperasen la paz y el orden y las leyes
fueran respetadas. Necesitaba clima de cultura superior, donde ciencias y letras fue-
ran cultivadas sistemiticamente y en el cual la vida estuviera a cubierto de las tem-
pestades centroamericanas de entonces. El General Caiias nos habia conocido en
aquellos tiempos gloriosos de la Guerra del Pacifico, en las horas de nuestros
triunfos militares que nos llenaban de prestigio. Vi0 la victoria coronando a un
pueblo que se mantenia en regimen regular de Gobierno y aeaba ejercitos con
grande economia y probidad, sin derroches, dentro del parlamentarismo. Acaso
la admiraci6n de Caiias por nuestra tierra fue lo que trajo a nuestro pais a
Rubtn Dario, a1 cual se lo seiialaba como tierra de promisi6n para la cultura y
Para las letras. Asi emprendi6 su viaje el joven poeta, sin rnis bagaje que sus
ver:IOS, una maleta vieja con clavos, que guardaba debajo de la cama y unas
car1:as de recomendaci6n de su amigo.
l’ero la trasplantaci6n de esa planta exquisita fue, sin duda, dolorosa. MAS de
unai vez le oi suspirar por las palmeras de su tierra, y hasta recordar 10s caimanes
de sus rios. Afin le veo friolento, envuelto en una manta de castilla, suspirando
Po’ el sol, en su estrecho zaquisami de “La Epoca”, sometido a 10s caprichos
del Director Eduardo Mac Clure que se empeiiaba en que le hiciera pirrafos de
---nica y gacetillas, de hechos diversos, descontento con las poesias y articulos del
m e + = que nunca pudo apreciar en su valor literario. Es verdad que a la meior
T.,‘.U

poesii1 de Homero el Director del diario hubiera preferido un bistec jugoso o unI
asado a1 palo.
El medio en que hubiera de formarse el espiritu de Ruben Dario habria de
. . -. la...,.”
.._..#..^“
ser niedio de cultura superior, en el cual ClCllL1Q.J &
-..
--e
.. -..l.:-.”A-”
l c U d a Iuc:JF11 C ULLIV~U~J
1:
11-

bremente y donde la vida intelectual estuviera a salvo de tempestades politicas.


En Chile existia ese ambiente.
. Es interesante estudiar c6mo se form6 ese medio, c6mo fue creada la atmbfera
literaria de Chile, tal como la encontrara a su llegada Ruben Dario.
Tenemos en cornfin con las demis Repfiblicas hispanoamericanas el elemento
bhico de raza espaiiola; somos descendientes de castellanos que por espacio de
E MAPOCHO

ochocientos aiios lucharon en perpetua cruzada con 10s moros desde la derrota
de la llanura de Jerez, en que pereciera don Rodrigo hasta la conquista de Grana-
da en 1492.
La raza espaiiola tom6 consistencia y fuerza en esa lucha, formandose las carac-
teristicas con la unidad del idioma, del sistema politico, del sentimiento religioso
y del concepto de patria. La lucha encarnizada en contra de la media luna
despert6 10s extremos de pasi6n que a1 fanatismo conducen; y el principio de
autoridad, extremado. llev6 a1 concepto absolutista y a la tirania monirquica, a1
principio de autoridad extrema que degenera en tirania. De aqui las cualidades
y 10s defectos de la raza y de 10s pobladores de America. El reparto de la tierra,
hecho a1 galope del caballo, trajo consigo el sistema de “Encomiendas” en que
repartia indios junto con las tierras. De ahi, preocupaciones de casta y de raza,
predominio del dinero, formaci6n de oligarquias, fanatismo religioso y autorita-
rismo politico. De aqui, tambien, la carencia de libertades p6blicas y derechos
ciudadanos.
A1 conquistar, en 1810, la Independencia, s610 cortamos lazos politicos que a
Espaiia nos ligaban. sin arraigar entre nosotros instituciones republicanas, pues
nuestra revoluci6n de Independencia habia sido hecha por dases superiores, sin
participacidn del pueblo, que a6n no estaba suficientemente instruido para tomar
parte en la vida republicana.
La politica, en Chile, ha estado siempre, como en todas partes, intimamente
unida con formas literarias y manifestaciones de vida intelectual. Por em, a1
comenzar 10s gobiernos de tendencias liberales, su primera manifestaci6n fue la
de crear atmbfera mis amplia, una mayor cultura. Lozier, sabio y academic0
francts, fue puesto a la cabeza del Instituto Nacional, que era, entonces, el
primer establecimiento de cultura del pais, y sus enseiianzas tendieron a implantar
entre nosotros una cultura esencialmente cientifica. La influencia de don Jose
Joaquin de Mora -espaiiol- fue igualmente ejercida en sentido liberal; liberal, y
muy amplia fue la tendencia de nuestra joven cultura.
Con el triunfo del partido peluc6n o conservador, que le sigui6, y del prin-
cipio autoritario, la enseiianza tom6 rumbos de cultura clasica y esencialmente
literaria; la forma, antes que el fondo mismo del pensamiento es la preocupa-
ci6n dominante en el maestro. Hasta las leyes fueron enseiiadas en latin, apren-
diendose de memoria, en este idioma muerto, 10s rudimentos del Derecho Romano.
Mas la reacci6n liberal se inici6 precisamente en este campo de las letras.
Don Jose Victorino Lastarria, uno de 10s mas eminentes escritores y publicistas
del pais, emprendi6 la campaiia en contra de la enseiianza clkica y todo su
exclusivismo absorbente.
~a tirania de Mientras en Chile se iniciaba un movimiento timido todavia, tuvo lugar un
Rosa suceso de inmensa trascendencia literaria y politica: la llegada a nuestra tierra
de una emigraci6n argentina, si no muy numerosa, compuesta de espiritus supe-
riores y esencialmente cultos, de inmensa valia intelectual. En 1841, huyendo de la
tirania de don Jose Manuel de Rosas -el tipo del caudillo gaucho fundador
de la nacionalidad argentina- llegaron a Chile unos cuantos jbvenes, mozos a h ,
y desconocidos, que en el transcurso de breves aiios debian ocupar 10s m&s altos
puestos de su patria argentina, por sus dotes sobresalientes de espiritu y de cul-
tura. Entre ellos figuraban don Doming0 Faustino Sarmiento, Juan Marfa Gutierrez,
Vicente Fidel L6pez, Juan B. Alberdi, Piiiero, Rodriguez Pefia y Bartolome Mitre.
Venian huyendo de la tirania de Rosas, 10s unos; de caudillejos de provinda, 10s
otros, en busca de atm6sfera mis amplia de libertad, para expresar sus ideas
libremen te.
LUIS ORREGO LUCO: RUBEN DARIO EN CHILE 9

amprendian, todos ellos, la necesidad de fundar la repfiblica sobre amplia


base de cultura moderna. Por otra parte, 10s espiritus sentian necesidad de patria
americana comlin, fuente de verdadera ciudadania americana creada en 10s cora-
Zones por la lucha comlin de independencia.
Para esto, juzgaban indispensable desarraigar prejuicios y costumbres espaAolas
coloniales, falsos conceptos econ6micos, y fanatismos religiosos.
Entre esos j6venes figuraha como uno de 10s mis preclaros, don Doming0 Faustino Sar-
Faustino Sarmiento que dehia ser Presidente de la Rep6blica Argentina y fundador miento y
de su futuro sistema educacional, asi como fuera en Chile uno de 10s que mis BartolomC
trabajaron por el propeso de nuestra enseiianza primaria y por nuestro desarrollo’ Mitre
literario. Junto con el, aparecia en Chile la figura, tambien genial, de don Bar-
tolorn6 Mitre.
Sarmiento era hijo de sus propias obras. Se hahia educado a si mismo leyendo
en sus horas libres tras del m e s h del tenducho en que trabajaba durante el dia.
Era personalidad extraordinaria, espiritu vigoroso, forjado para la lucha como
Pderoso gladiador intelectual. Su espiritu era acerado y sarcistico, su voluntad
poderosa, su alma sana, su inteligencia amplia y de vastisimos horizontes intelec-
tuales. Veia lejos en el porvenir de nuestra raza en America.
Compendia que la Repitblica s610 podria ser realidad mediante el esfuerzo
necesario para destruir viejas preocupaciones heredadas de Espafia y mantenidas
en el fondo mismo de la raza. Queria liberiades pliblicas, y junto con ellas,
libertad en el arte. La forma, para el, era cosa baladi que no debia preocupar
a 10s espiritus americanos: lo principal era tener ideas, era pensar, era hacer la
conquista del mundo espiritual para aprender a observar el ambiente americano
y proponer medios de seguir adelante en el camino del progreso y de las libertades
pliblicas. Sarmiento, a1 igual que sus amigos argentinos, nos repetia a cada instante
-y no sin raz6n- que no teniamos literatura y que no seriamos capaces d e
poseerla, mientras no reformliramos nuestro concept0 del arte y de las letras.
Necesitlibamos romper con el clasicismo, eximirnos de latinos y clisicos castellanos
y abandonar la escuela purista que entre nosotros predominaba, esa obra de
don Andres Bello.
No dejaron de despertar recelos tales ideas, entre 10s hombres del Gobierno,
entre 10s vencedores pelucones, partidarios, en todo, de la escuela conservadora,
con sus aspiraciones e ideales.
Hizo Sarmiento dilatada y enCrgica campaiia de opini6n en contra de las reglas
del sistema clisico, e n todos 10s terrenos, asi politicos como literarios: era una
prolongaci6n, en America, de la lucha iniciada en Francia por Victor Hugo en
pro del romanticismo. Hablando de la inutilidad de seguir “10s eternos y admi-
rables modelos”, exclamaba: “-(A que atribuir la esterilidad de nuestra producd6n
literaria? <A1 dima que hiela las almas? (A la atm6sfera que embota la ima-
.
ginacibn? No es eso . . son 20s admirnbles modelos, el temor de infringir las reglas, lo
que tiene agarrotada la imaginacibn de 10s chilenos, lo que hace desperdiciar
S ~ Sbellas cualidades y alientos generosos. No hay espontaneidad, hay una circel
wardada a la puerta por el inflexible culteranismo que da, sin piedad, de cula-
tazos a1 infeliz que se le presenta en esta forma; per0 cambiad de estudios, y en
lugar de ocuparos de la forma, de la pureza de las palabras, de lo redondeado d e
la frase, de lo que dijo Fray Luis de Granada o Cervantes, adquirid ideas, de
dondequiera que vengan, nutrid vuestro espiritu con las manifestaciones del pen-
=miento de 10s grandes luminares de la +oca, y cuando sintiis que vuestro pensa-
h e n t o , a su vez, se despierta, echad miradas observadoras sobre vuestra patria,
10 MAPOCHO

sobre el pueblo, sobre sus costumbres, las instituciones, las necesidades actuales y
en seguida escribid con amor, con corazbn, lo que se os alcance, lo que se os
antoje, y eso seri bueno en el fondo aun cuando su forma sea incorrecta, agrada-
r i a1 lector aunque rabie Garcilaso.. .”
La corriente iniciada por 10s argentinos cobr6 pronto vigoroso vuelo, y a su
contacto, no siempre blando, despleg6 sus alas nuestra literatura joven. Fundironse
dos revistas literarias: El Museo de Ame‘rica cle Garcia del Rio. escritor colombiano
y la Revista de Valparaiso, redactada por Sarmiento, Alberdi, Mitre y demis
argentinos. Mis tarde apareci6 el Sernanario, revista de la cual debian manifestarse
brillantemente las plumas de Irisarri, Sanfuentes y el celebre satiric0 Vallejos o
Jotnbeche, y tantos otros.
Con motivo del romanticismo, atacado por Vallejos, Sanfuentes y otros clisicos,
tuvo lugar una polemica en la cual Sarmiento y 10s argentinos abrieron paso a
sus tendencias literarias de libertad en el arte, combatiendo, sin- tregua, en contra
del clasicismo que aplastaba la inteligencia del pais. La corriente liberal joven
les acompaiiaba energicamente. De aqui nacieron 10s rumbos de las letras chilenas,
la atm6sfera que hoy en dia todavia fecunda nuestro arte nacional y la que
debia predominar cuando Ruben Dario llegara a Chile.
nom^^ li- El ambiente literario de Chile habia sufrido trascendental transformaci6n antes
terario chi- de que Dario pisara nuestras playas. La nueva escuela iniciada por Sarmiento y
leno continuacla por Lastarria cuarenta aiios atrris, a1 salir de la crisilida colonial, se
habia transformado, ampliindose y depurhdose. Abandonaba moldes clisicos
espaiioles y su sender0 purista, tomando de modelo a 10s escritores franceses,
queria mayor precisi6n en el estilo, mis sencillez y naturalidad, huia de la afectada
imitaci6n clisica, de su amaneramiento. Evitaba la tiesura acadtmica, el anqui-
losamiento, como le llamaba Ruben Dario. Declaraba que 10s clisicos no s610
pertenecian a1 pasado sin0 que debia aceptarse como clisico a 10s escritores del
dia, en especial a 10s franceses, que anhelaban, ante todo, nuevas formas de arte y
corrientes innovadoras de pensamiento. En suma, habrian de plasmarse en el
estilo, formas modernas, sencillez, naturalidad, armonia, claridad, precisi6n. Los
escri tores espaiioles nos parecian amanerados, obscuros, engolados como viejos re-
tratos de Pantoja, de pensamiento atrasado y fondo vetusto. Queriamos algo que
nos procurara el destello de gracia y de elegancia incomparable de 10s escritores
franceses, transparentes, sencillos y nuevos como Verlaine, Mallarme, Hugo, Flau-
bert, Zola, Maupassant, Merimbe.
Nuestras ideas y planes literarios se parecian, no poco, a 10s que habria de
diseiiar mis tarde, en Espaiia, la llamada generaci6n del 98, con Azorin a la
cabeza. El nuevo concept0 de arte y de prosa, habia triunfado en Chile por el
aiio 70, con la generaci6n de Justo y Doming0 Arteaga Alemparte, Isidoro Err&
mriz, Augusto Orrego Luco, Rafael Egaea, Fanor Velasco y Eduardo de la Barra.
Nuestra joven literatura poseia caracteres propios, distintos de 10s de herencia
espaiiola. Si bien en la literatura chilena se mantenia una escuela clhsica, de
representantes vigorosos y notables como Zorobabel Rodriguez y R6mulo Man-
diola, Enrique Nercasseau y M o d n , eran como retoiios caducos de la vieja
literatura colonial ya moribunda, debiles h 7 0 S del pasado muerto.
T a l era el panorama Iiterario chileno cuando arrib6 a Chile Ruben Dario,
all& por el aiio 1887.
Recuerdo que Ruben Dario tenia aspect0 adusto y taciturno, su mirada pa-
reda perderse hacia adentro, contemplando su mundo interior, en vez de explorar
el mundo que le rodeaba. De cuerpo delgado, el color cobrizo, nariz ancha, labios
giuesos, nada tenia de apolineo, pero si mucho de original y de interesante: era
LUIS ORREGO LUCO: RUBEN DARIO EN CHILE 11

t d o menos vulgar. Su conjunto era simpitico y atrayente, con oscuridades de


misterio y poder de sugesti6n que acaw hiciera recordar a 10s fakires de la India,
la indiscutible sugesti6n del genio, que aLin no se habia revelado, pero que pronto
habria de transformar la poesia castellana y 10s moldes literanos de America.
Hablaba poco, era timido y orgulloso. Se conocia, estaba cierto de su fuerza
intima y de la hondura de su pensamiento, per0 no era hombre de charla ni de
sal6n y se encontraba, de pronto, en compaiiia de 10s mis chispeantes “causeurs”
que hubiera tenido Chile, don Carlos Luis Hiibner, Alberto Blest, Carlos Gregorio
Ossa, Vicente Grez. Todos ellos se distinguian como admirables y finos charlado-
res, sin contar a uno de 10s mis brillantes ingenios que haya tenido este pais:
Alfred0 Yrarrizaval, poeta satiric0 de gracia chispeante que hacia recordar a
Quevedo. En medio de grupo tan selecto, enmudecia el poeta centroamericano,
entre receloso y timido. Todos le acogimos con 10s brazos abiertos. Alli le visitaron
en el peri6dico “La Epoca”, 10s j6venes que se iniciaban por aquel entonces
en tareas literarias. Era juventud desinteresada y generosa. Aim recuerdo el entu-
siasmo con que me hablara de Ruben Dario, a1 leer sus primeras poesias, Alfredo
Yrarrizaval. Recitaba sus versos de memoria. “Es todo un poeta” me decia, “un
gran poeta”. Voltaire, en uno de sus encantadores cuentos, referia una cena
entre literatos en Paris, hablaba de sus envidias, de sus odios, de su egoismo:
“Se miraban con recelo, ponian cara larga cuando alguno acertaba con un chiste;
hablaban mal de todos 10s del oficio y s610 alababan dos especies de personas:
a 10s muertos y a si mismos. ..” Entre nosotros pasaba lo contrario. Todos se
haciarI lenguas a1 nombrar a Dario, admirindole de coraz6n.
Rub&1 Dario hizo mis tarde recuerdos carifiosos de nosotros en su Autobiografia. Autobiogra-
Le cecdemos la palabra: fia de Dario,
“PC)r recomendacibn de un distinguido caballero, entre inmediatamente e n la recuerda a
-- de “La Epoca”, que dirigia el seiior Eduardo Mac Clure, y desde ese
Icudrzi6n
-,.A-
Chile
momento me incorporC a la joven intelectualidad de Santiago. Se puede decir
que la klite juvenil santiaguina se reunia en aquella redaccibn, por donde pasaban
graves directivos personajes. Alli conoci a don Pedro Montt, a don Agustin Edwards
Ross, a don August0 Orrego Luco, a1 doctor Puga Borne, actual Ministro de
Chile en Francia, y a tantos otros que pertenecian a la alta politica de entonces.
”La falange nueva la componia un grupo de muchachos brillantes que han
tenido figuraci6n y algunos la tienen, no solamente en las letras, sino tambien
en puestos de Gobierno. Eran habituales a nuestras reuniones Luis Orrego Luco,
Pedro Balmaceda, hijo del Presidente Balmaceda, Manuel Rodriguez Mendoza,
Jorge Huneeus Gana, Alfredo y Gal0 Yrarrizaval, Narciso Tondreau, el pobre
Alberto Blest, ido tan temprano, Carlos Luis Hiibner y otros que animaban
nuestros entusiasmos con la autoridad que ya tenian. Por ejemplo, el sutil ingenio
de Vicente Grez.
”Luis Orrego Luco hacia presentir ya el escritor de emoci6n y de imaginaci6n
que debia triunfar con el tiempo en la novela. Manuel Rodriguez Mendoza era
entendedor de artisticas disciplinas y esaitor politico muy apreciado. A 61 dedique
mi colecci6n de poesfas A b ~ o j o s . Jorge Huneeus se apasionaba por lo clisico.
Galo Yrarritzaval muri6, no hace mucho, de diplomitico. Alfredo, que por aquel
tiempo tenia el cetro de la poesia alegre y festiva, es ahora Ministro en el J a p h .
Tondreau hada versos gallardos y traducia a Horacio. Todos 10s demhs han
desaparecido, muy recientemente el cordial y perspicaz Hiibner.
”La impresi6n que guardo de Santiago en aquel tiempo podrfa reducirse a lo
siguiente: vivir de arenque y cerveza en una casa alemana para poder vestir y
a h m a r elegantemente como correspondfa a mis amistades aristoniticas. Terror
12 MAF”0

del c6lera que se present6 en la capital. Tardes maravillosas en el cerro Santa


Lucia. Crep6sculos inolvidables en el Parque Cousifio. Horas nocturnas con Alfred0
Yrarrizaval, con Luis Orrego- Luco, o en el silencio del Palacio de La Moneda, en
compafiia de Pedrito Ballnaceda y del joven conde Fabio Saminiatelli, hijo del
Ministro de Italia.
”Debo contar que, en U I M Laiuc, CII U I I ~ U I I C I I , ~ U C~ I I I iiaiiiaii iiaux VICCCJ,
1 -

(:onoci a1 Presidente Balmaceda. Despues debia tratarle mis detenidamente en


7Viiia del Mar. Fui invitado a almorzar por el. Me coloc6 a su derecha, lo cual,

3ara aquel hombre lleno de justo orgullo, era la suprema distinci6n. Era un
tlmuerzo familiar. Asistia el c a n h i g o doctor Fontecilla, que fue m h tarde Obispo
le La Serena y el General Orozimbo Barboza, a la saz6n Ministro de Guerra.
*.r--m-1 - _.-..111 - _ _ -__
. __
3- -----3-- -1 -!-. -_-l-r:-_
2-1
Era Daimacrua, a mi entenuer, el ripo uei romanrico poiiuco, y x i i w LOII su
I_-_

fin su historia. Era alto, gal‘


rboso,
- . .
de 010s vivaces, cabellera espesa, gesto orientl,
. -
palabra insinuante, a1 misnio tiempo autoritaria y meliflua. Habfa nacido para
principe y para actor. Fue el rey de u n instante de su patria y concluy6 como
un heroe de Shakespeare. Qut mis recuerdos de Santiago que me Sean intelec-
tualmente simpiticos? La capa de don Diego Barros, la tradicional figura de 10s
Amunitegui.
“Y ahora quiero evocar a1 triste, malogrado y prodigioso Pedro Balmaceda.
No ha tenido Chile poeta Inis poeta que 61. A nadie podria aplicarse mejor el
adjetivo de Shakespeare: “d,,,,nlrn n4nr;nn” . Tac..lu
n n 4 i i i n i rihwri
lJsAAAcAyL buvL-.
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uy~~z~.,u c n h m wn
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cuerpo deforme. Su palabra era insinuante, iurea, conquistadora. Se ireia tambitn


en 61 la nobleza que Ie venia por linaje. Se diria que su juventud estaba llena
de exberiencia. Para sus DOCOS aiios tenia una saniente erudici6n. Po!5eia idiomas.
Ciin haber ido a Europa, sabia detalles de bibliotecas y museos. <Quit!n escrima .* ,
en
aiquel tiempo sobre arte sino el? (Y q u i h daba en aquel instante una vibraci6n
Cle novedad de estilo sino 613”

Para comprender la genesis de la obra de Dario y de como fue penetrando


. -.. . - - - -. . .
en su cerebro la idea de la retorma de la poesia Castellana, desde aquel medio
_.
incipiente chileno en el cual se anudaban entonces 10s principios bPsicos de
arte, en forma desconocida a h en Espaiia, es interesante oirle cuando analizaba
la obra de Narciso Tondreau, poeta de 10s nuestros, inspirado en nuestro medio
que podria denominarse “la Musa joven”, de aquel Tondreau que habia conocido
en nuestras reuniones literarias.
“La originalidad de Tondreau, dice Ruben Dario en su pr6logo al libro Asonan-
tes, de aquel poeta, consiste en la novedad de la imagen, en el domini0 del
adjetivo, en la pasibn plistica y eufbnica, en la aplicaci6n del colorido y en la
libre y familiar manifestacih de la idea, aristocratizando todos 10s vocablos.
”Luego aplica a1 verso castellano ciertos refinamientos del verso franc&. Hay
en este idioma ciertas exquisiteces y secretos artisticos que introducidos en e l
espaiiol, lengua arm6nica y rftmica, por excelencia, forman una novedad bella,
un conjunto de inaustaciones, de giros, de arabescos preciosos. Aqui lo ex6tico
no salta a la vista; ambas lenguas tienen un mismo origen, y florecen en u n
solo tronco. Sin ser decadente, en algunas de sus aeaciones, sin llegar a las orques-
taciones poCticas, se acerca algo a esa nueva y brillante escuela que un esaitor
de Paris ha llarnado propiamente la escuela del cerebralismo. Busca la idea rara,
la comparaci6n bizarra y esmge las joyas de la lengua, las mis ritmicas frases que se
vocalizan en el recinto de la musa. y hace de sus estrofas cuadros, bajomelieves y
sobre todo pone el sagrado temblor de la armonia”.
En semejante concept0 de la lirica, tal como entreveia entre nosotros, se encuentra
LUIS ORRECO LUCO: RUBEN DARIO EN CHILE 13

concentrada 10 que habria de ser el triunfo de la poesia dariana, y la influencia


posterior de poesia de Dario en Espaiia y America.
De lo dicho se infiere la impresi6n profunda que causara, tanto en su vida
a m 0 en sus tendencias de artista, la atm6sfera intelectual en que viviera entre
nosotros. Voy a insistir en el sal6n de Pedrito, editor de su primer libro
Abrojos.
Estaba situado este sal6n en el Palacio de La Moneda en el ala derecha. Era
una pieza espaciosa dividida por un cortinaje en dos, y s e p d n d o l a de la alcoba.
Habia revestido las paredes de tapiz rojo y de colgaduras y abanicos japoneses
-puestos en boga por 10s Goncourt- porcelanas de Sevres, cuadros de Valenzuela
Puelma, de Pedro Lira y de Alberto Orrego, donados por 10s amigos. Era una ha-
bitaci6n elegante y original. En el rinc6n se alzaba el piano parado, algo antiguo,
en el cual tocaba delicadas melodias de Schumann, Alberto Blest y nuestro arnigo
Jorge Huneeus solia improvisar de manera desaforada y extraiia, sin dar pie con
bola en materia de mGsica, mientras nosotros charlibamos de arte. Alli, en ese
salbn, o en el viejo aposento del Ministerio en donde yo trabajaba de archivero,
leiamos a 10s Goncourt, a Barbey D’Aurevilly, poesias de Verlaine o de Mallarme,
de Ranville y Sully Proudhome. Dario ignoraba por completo la poesia francesa
que le dimos a conocer. Le dimos a leer todos 10s escritores franceses modernos,
le imbuimos de nuestra estetica, esencialmente modernista, pues eramos revolu-
cionarios en arte. Gracias a nosotros comprendi6 10s nuevos moldes y ensay6 sus
reformas de la metrica corriente. Super6 inmensamente a 10s viejos poetas chilenos
que nosotros pisoteibamos con desenfado, y a 10s grandes poetas espafioles que
el vulgo admiraba, como Zorrilla, N6iiez de Arce, Arolas, Gustavo Adolfo Bec-
quer. En reemplazo de estos dioses caidos, con nosotros conoci6 a Dante Gabriel
Rosseti, Swinburn, Verlaine, Poe, Oscar Wilde. Ador6 a Verlaine y de entonces
data el nuevo rumbo dado a la poesia castellana por el genio de Ruben Dario.
Y super6 inmensamente a todos nuestros poetas, asi a 10s antiguos como a 10s
jbvenes, que le contemplaron con admiraci6n y sin envidia.
El critico AndrCs Gonzilez Blanco expresa que con el AruZ se inicia la revolu-
*% en el arte de la metrica espaiiola. Este libro fue publicado en Chile, all6 por
L‘”,

el iaiio de 1887. Cuando Dario estuvo por primera vez en Espaiia todos nosotros
sab:iamos de memoria sus hermosas poesias de “Invernal”, “Anturanal”, em. Tengo
~~-mi poder algunos de 10s manuscritos de las poesias del AzuZ y recuerdo que
en
una tarde, que fue a visitarme a1 Archivo, le entregue unas poesias francesas que
transport6 maravillosamente fundihdolas en propias, entre otras “El pensamiento
de Otoiio” que aparece en ese libro.
El propio Dario, hablando de su segundo viaje a Espaiia, dice: “I‘ sobre todo,
gracias Sean dadas a Dios, esparciendo entre la juventud 10s principios de libertad
intelectual y de personalidad artistica que habian sido la base de nuestra vida
nueva en el pensamiento y en el arte de escribir hispanoamericano, y que causaron
alli espanto y enojo entre 10s intransigentes”.
Me parece contemplar la figura inm6vil de Ruben Dario, mientras Tondreau
recitaba el “C6sar Borracho”. La luna filtraba su luz a1 traves de 10s altos venta-
nales de hierro de 10s enrejados, mezcla de palacio y circel. Dario se echaba atrPs
en el sill6n oriental, silencioso, mientras contemplaba el hum0 azulado de 10s pe-
h e r o s de plata. Diriase que se abrian las puertas de la poesia que el poeta
habria de divulgar, en breve, en Espaiia, como innovador castellano.
Estibamos en plena bohemia. AI llegar a Chile nuestro amigo Dado vestia
traje tan inverosirnil que la gente se detenia a contemplar su pantal6n a cuadros
Plomos y su chaqueta cafe. El poeta se figuraba ingenuamente que era el home-
14 MAPOCHO

naje de admiraci6n a sus primeros articulos. Crefa, con la fe del carbonero, en


la bohemia de Murger, en Mimi y en Rodolfo, el de la fastuosa melena. Ha116
con sorpresa, en Chile, que 10s intelectuales j6venes tenfan horror a la melena
llevaban frac y corbata blanca, andaban elegantisimos, fumaban “Aguilas Impe
riales”, derrochaban el dinero junto con el ingenio y contemplaban la vida son
riendo. De la bohemia de Murger s610 teniamos dos cosas: el amor y 10s veinte
aiios.
La primera diligencia de Alfred0 Yrarrizaval, cuando le presentaron al gran
poeta que tanto admiraba, fue ponerlo en relaciones con su sastre, e instindole
para que le dejara presentable. Ya no existia la bohemia de corte antiguo. $e-
cuerdo que una noche, comiendo en el Parque Cousifio, nuestro amigo Darfo
descubri6, emocionado, a1 poeta Prendes, que usaba melena -la h i c a en Chile-
y fue a 61 para darle en la frente el 6sculo de paz, la acolade de 10s generale
franceses. Pedro Balmaceda le coste6 la publicaci6n de sus primeros versos de
Abrojos y Eduardo Poirier le demostr6 admirable y afectuoso cariiio, procu-
rindole albergue, comida y dinero en sus horas amargas, cuando don Eduardo
Mac Clure le suprimib su sueldo de “La Epoca”, por economia, aun cuando seguia
consignindolo en 10s libros de Caja.
Por aquel tiempo t a m b i h le ayud6 mucho Manuel Rodriguez Mendoza, nues
tro compafiero de la prensa. Asistia a las reuniones literarias de Rodriguez, en
donde se encontraba el poeta con Julio Bafiados Espinoza, lleno de entusiasmo
y de fuego, orador y escritor que pronto fue Ministro de Balmaceda y le acom-
paii6 en la hora de su caida; con Alcibiades Roldin y Doming0 Amunitegui Solar
ambos intelectuales de categoria, Vicente Grez de chispeante ingenio y Samuel
Ossa Borne.
Alguna vez lo invit6 a comer a1 Club de la Uni6n el inolvidable Carlos Toribio
Robinet, otra de las personas que mis sirvieron a Darfo en Chile. Era Robinet
intelectual y hombre de mundo, elegante y simpitico, poeta y escritor en sus horas
perdidas, de espfritu ciustico y fino, temido en las Cimaras y en la politica;
solfa escribir a6nicas mundanas en 10s peri6dicos y habia sido amigo intimo del
poeta espaiiol August0 Ferran, de quien dej6 una semblanza llena de colorido.
Nombrado Pesador de Aduana, para darle pan, el poeta emigr6 a Valparaiso,
en donde llev6 vida apagada, sumido en la bohemia triste del puerto. Alli en-
contr6 la amistad del poeta don Eduardo de la Barra, brillantisimo periodista,
polemista y esaitor, quien, a pesar de su culto por lo clisico, sup0 comprender
a Dario y trat6 de libertarle de sus nuevos amigos de bohemia cruda, periodistas
sin peri6dico y trasnochadores vulgares que no estaban a la altura de su gran
talento. Por aquel tiempo conoci6 Dario a Galleguillos, doctor en Medicina, sin
diploma y curandero de pobres entre 10s cuales ejercia noble apostolado como
verdadero evangelista. Ruben ha desaito en sus Memorias algunas de las correrias
que juntos hicieron por 10s cerros del puerto, metidos en antros peligrosos de
bandoleros y personajes temibles del hampa, a la cual le condujo alguna ve7.
Galleguillos para ensefiarle algunos aspectos de la vida que 10s escritores generalI-
mente ignoran y de 10s cuales 10s estadistas no tienen la i----- :>---
~ l r ; ~IUCd;
11-
_ _ _ _ ^
~ u ~ ~UUCIIU
de la miseria humana.
Refiere, Ruben Dario, en sus Memorias un incidente curioso: “Una ocasi6n mc
..
dijo el doctor Galleguillos: {Quiere Ud. acompaiiarme a una visita que tengo
que hacer por 10s cerros? Los cerros de Valparaiso tenian fama de peligrosos en
horas nocturnas, mas yendo con el doctor Galleguillos me creia salvo de cual-
quier ataque y acepte su invitaci6n. Tom6 su pequeiio botiquin y partimos. La
noche era obscura y cuando estuvimos a la entrada de la estribaci6n de la serrania,
LUIS O M E G O LUCO: RUBEN DARIO EN CHILE 15
Y

el comienzo era bastante dificil, lleno de barrancos y hondonadas. Llegaba a


nueStros oidos, de cuando en cuando, al@n tiro mhs o menos lejano. AI entrar
a cierto punto, un farolito surgi6 detris de unas piedras. El doctor silb6 de un
modo especial, y el hombre que llevaba el farolito se adelant6 a nosotros. -iEstln
10s muchachos?, pregunt6 Galleguillos. -Si, sefior, contest6 el rotito. Y sirviendonos
de guia comenzb a caminar y nosotros tras el. Anduvimos largo rat0 hasta llegar
a una especie de choza o casa en donde entrlmos. A1 llegar hubo una especie de
mumull0 entre un grupo de hombres que causaron en mi vivas inquietudes.
Todos ellos tenian traza de facinerosos y en efecto lo eran. Mas o menos ase-
sinos, mis o menos ladrones, pues pertenecian a la mala vida. A1 verme me mi-
Taron con hostiles ojos, per0 el doctor les dijo algunas palabras y ello calm6 la
agitacidn de aquella gente desconfiada. Habia una especie de cantina o de bo-
liche, en que se amontonaban unas cuantas botellas de diferentes licores. Estaban
bebiendo s e g ~ nla costumbre popular un “ponche” matador, en un vas0 enorme
que se denomina potrillo y que pasaba de mano en mano y de boca en boca.
Uno de 10s mal entrazados me invit6 a beber, yo rehuse con asco instintivo, y se
produjo un movimiento de protesta furiosa entre 10s asistentes.
-Beba pronto, me dijo por lo bajo el doctor Galleguillos, y dejese de historias.
”Yo comprendi lo peligroso de la situaci6n y me apresure a probar aquel licor
infernal. Con est0 satisfice a 10s rotos. Luego llamaron a1 doctor y pasamos a un

- Dado en
tarria, que le daba cartas de recomendaci6n a1 general Mitre, lo que le dio en- Buenos A i m
trada a “La Naci6n” de Buenos Aires, en donde debia escribir articulos brillantes
que le hicieron famoso. Los amigos reunieron dinero para costearle el pasaje d e
regreso. Uno de ellos, me contaba que pocos dias despuks, el poeta, bohemio
incorregible, le pedia dinero prestado, que le facilitd con gusto, pues s e e n
decia, habia gastado todo el de su pasaje a Costa Rica. Cual no seria mi sorpresa,
me contaba, cuando a1 entrar esa noche a la cantina del Teatro, me vi llamado
por Dario para invitarme a beber una copa de champaiia.
Luego tomaba el vapor surcando nuevamente el Pacifico. En Chile, Ruben
Darfo habia llevado una vida estrecha y dificil, per0 alcanz6 aquf sus primeros
grandes triunfos, vi0 agrandados sus horizontes literarios, y divis6 e m primeros al-
bores de gloria que s e g h la frase de Pascal, son tan dulces como 10s primeros
rayos del sol naciente.
Aim me parece ver a Dario, silencioso, retraido, con 10s ojos vagos, como si
viviera en regi6n de ensueiios, en compaiiia de la Reina Mab que cantara en sus
versos admirables. Hacia versos a1 margen de un peri6dfco, en mesas de cafe,
cogiendo a1 vuelo la idea o la ankcdota que brotaba de la charla de 10s ingenios
que le rodeaban. Dario no servia para la vida prhctica, ni en forma que exigiera
existencia regular y met6dica. De “La Epoca” pas6 a la Aduana de Valparaiso; alli
~e enferm6. Su naturaleza no resistia el peso rudo del trabajo a que se encuentran

mmetidos 10s que se ocupan en Chile de bellas letras. Vivia a salto de mata,
unas veces en casa de Poirier, con quien escribi6 la novela Emelina; otras,
16 MAPOCH
-
en la de Galleguillos, en cuya compaiiia se hizo dem6crata con ribetes socialista
En Santiago, 10s amigos sin fortuna le invitaban y le daban dinero que recib
con indiferencia y gastaba en segundos; en cambio, 10s extraiios recibian su
articulos sin pagarlos. La explotaci6n del talent0 ajeno ha sido siempre recurs
provechoso.
Los espiritus cultos, en cambio, abrian 10s brazos a Dario; Eduardo de la Bar
le proclamaba gran poeta, antes que lo hiciera don Juan Valera en Espaiia. S
le discernia el premio del Certamen Varela por su “Canto a las Glorias de Chile
Don Jo& Victorino Lastarria firmaba u n informe en que se le ponia por l
nubes. En sus Liltimos tiempos de vida entre nosotros, arrastraba su existenc
en cafetines de barrios apartados, en compaiiia de personajes raros. De tarde e
tarde, alguna estrofa revelaba que aim vivia. No frecuent6 la sociedad y andab
desastrado y a mal traer. Un buen dia lleg6 la noticia en que don Juan Valer
principe de 10s ingenios espaiioles, le proclamaba gran poeta. Ya habia conocid
10s primeros aplausos, el cariiio abnegado de unos cuantos y tambien la miseria..
Cruzaba la vida magnificamente, como soiiador que no contaba el dinero y viv
de incienso
ContinhDa- Un dfa la
rio SUI pere- cielos. Dario partio, voivio a su tierra, estuvo en auenos mres y continuo sus peregr
grinaciones naciones y sus luchas.
Pas6 largos afios sin verle y hasta creo que anduvo algo enojado conmigo po
unos articulos mal interpretados, pues siempre le admir6 y le quise. Per0 se l
quemaba demasiado incienso y tuve la mala ocurrencia de recordarle que er
hombre.
Volvimos a encontrarnos algunos aiios mis tarde en Espaiia en donde fu
C6nsul General y Encargado de Negocios. Dario representaba a Nic:aragua, no
dimos un abrazo estrecho. Era otro hombre ya.
AI dia siguiente, fLllllVJ a -.[Link] &.“+A
.:-ne
LIuIIVILaI, JuLALw
RvnhL”
PA- Tlqrlr.
yaIIw, ,epresentant
w

diplomitico de Nicaragua, Francisco A. de Icaza, Secretario de la Legad6n d


MCjico y poeta y aitico de nota, Aramburu, Secretario del Peni y hermano de
gran periodista del mismo nombre y el futuro Duque’de Almodovar, hijo de
Diplomitico tan conocido en Chile y que debia ser mis tarde Ministro de .l
Monarquia de Alfonso XIII, retando a duelo a1 Dictador Primo de Rivera. Est
bamos en el Restaurant de Lhardy, el mejor de la coronada villa. Nuestra comid
fue tan alegre como opipara y corri6 abundantemente el champaiia. Se discu
tieron cosas de letras, recitindose versos. Los de Dario, no eran alin apreciado
en su altisimo valer, pues Icaza, a1 recitar algunas de sus poesias de corte clisico
recibi6 aplausos de las mesas vecinas, que habian escuchado 10s del gran Dari
sin parar mientes. Tanto agradaron a nuestros amigos que uno de ellos -un ca
pitin de bizarro uniforme de Hhares de la Princesa- se acerc6 a saludar al d
M6jico. Era el Capitin Juan Prim, hijo del famoso “Prim, Libertad” asesinad
en la calle del Turco en tiempo del Rey Amadeo, mozo apuesto y bizarro, d
mediana estatura y figura simpitica. Venia acompafiado del Conde de San
Antonio, casado con la hija de la Duquesa de Latorre, de quien se habia separad
despues de u n proceso ruidosisimo. Durante la charla, manifest6 mi admiraci6
por don Marcelino Men6ndez y Pelayo y mi deseo de conocerle. Quedamos d
visitarle en compaiiia de Icaza y Rub& Dario, que ya era intimo amigo suyo.
En efecto, a las diez de la maiiana siguiente, previo anuncio, fuimos a verle
Habitaba en un hotelillo de mala muerte denominado de “Las Cuatro Naao
nes”. Subimos por la calle de Alcali hasta la Puerta del Sol, a esa hora auzad
de innumerable pJblico, en que se codean chulos, mozos de cafe, personajes ilus
LUIS ORREGO LUCO: RUBEN DARIO EN CHILE 17

de la politica y de las letras, c6micos, damas elegantes, titulos de Castillo,


mOZOS de cordel. vendedores de peri6dicos, toreros, grandes personajes y gente hu-
mil&. Las puertas de 10s cafts se abren y se cierran entre rumores de damoreo
humane, con algo de comedia improvisada y zumbido de colmena. El hotel
en que vivia Mentndez y Pelayo era de cuarto orden, de entrada modestfsima, s6r-
dida, obscura, mezquina. Tras de recorrer unos corredores sombrios como soca-
vanes de mina, llegamos a las habitaciones del gran critic0 y poligrafo. Bien dis-
tinto era, por cierto, de las casas lujosas, llenas de bibelots y de cuadros y objetos
de arte de 10s escritores franceses ya celebres, y casi todos inferiores a1 gran escritor
espaiiol. Habitaba unos cuantos aposentos de murallas empapeladas con papel
barato; la mesa de escribir era ordinaria, el sofi desvencijado. De semejante
marc0 monacal se desprendia la fisonomia plicida, modesta y alegre de MenCndez
cor1 desenfado cariiioso. Estaba anunciada ya nuestra visita y esperaba con jdbilo
a e:sos dos grandes escritores que eran Ruben Dario y Francisco Icaza, destacados
en!:re 10s escritores madrileiios.
Menhdez y Pelayo era de estatura mis bien baja que regular, de patilla negra,
bla nqueada con hilos de plata, tenia ojos negros y hermosos que resaltaban sobre
su tez pilida y amarillenta, como apergaminada. Su mirar era suave y denotaba
PIAicida tranquilidad. a la vez que manera ascetica de contemplar la vida -en lo
cui11 nos engaiiibamos del todo. Estaba su habitaci6n enteramente tapizada de
lib:ros. Los habia por todos lados, llenaban varias mesas, varios estantes, se alzaban
COIno montaiias o pirBmides sobre el suelo, en 10s rincones, por el a m i n o , que
era. casi intransitable. Habia que saltar sobre ellos. Ya en mi libro Punderetu,
he recordado en todos sus detalles aquella mi primera visita a1 grande escritor,
~

y la impresi6n que tuve entonces es la misma que se ofrece ahora a mis recuerdos
y pensamientos. Me parece, por lo tanto, excusado insistir en ella. Adverti que
comprendia bien la fuerza de renovaci6n artistica de Ruben Dario, considerindole
como el mis alto de 10s valores hispanoamericanos.
A la salida. experiment6 nuevamente la impresi6n producida por el aspect0 mona-
cal y adusto de Menendez, su aparente tranquilidad de espiritu, distante de pasiones
y ambiciones humanas.
{Cree usted?, me interrog6 burlonamente Icaza. Pues en ese hombre hay un d o b b ,
que a primera vista no aparece. MenCndez tiene pasiones. su espiritu es ardiente,
sabe querer, sabe entusiasmarse pOr mujeres que le hublun por dentro. Ham pocos
aiios estuvo muy enamorado de la Condesa de G .................,
hermosfsima dama de
quien estaba tambien prendado el actor Rafael Calvo. Cierta vez se encontraron
juntos en casa de esa Condesa de G .................
El gran actor espaiiol se creia con titu-
l o ~posesorios y no admitia rivales. A la salida. bajaron juntos y a1 llegar a la calle
dijo Calvo a Menendez, en tono perentorio: “Suba.. ., le conducir6 a su casa. .:’
.
-“Gracias, prefiero caminar a pie. .” “ iSuba!”, insisti6 imperiosamente el actor,
abriendo la portezuela de su carruaje particular, regiamente puesto, y le empuj6
adentro. Cerr6 la portezuela, y cogiendole de pronto le administr6 una de golpes
tan feroces que casi le deja por muerto. Le condujo a su casa y le hizo bajar por el
lacayo, pues no podia tenerse de pie.
La narraci6n de Icaza no dej6 de impresionamos, aun cuando pusi6ramos en duda
la autenticidad del caw. MBs tarde me toc6 hallarlo en actitud de requerir de amo-
res a otra hermosa sevillana, algo entrada en carnes y u n poco en aiios.
Muchas veces tuve ocasidn de verme con Ruben Darfo, volviendo a nuestra vieja
y estrechisima amistad. Constantemente recordaba 10s aiios pasados en Chile, pafs a1
cual habia tributado su hermoso himno a las Glorias Chilenas. Sus recuerdos volvfan
a1 pasado con dejo de suudades cariiiosas para nuestros amigos comunes. Su pobreza
18 MAPOCHO

y su vida bohemia de aquellos tiempos volvian a su memoria con la patina dorada


de la juventud que se iba. En las peiins de 10s Cafes nos encontribamos con perio-
distas jbvenes y con algunos ya maduros, como Ram6n Rodriguez Correa, tipo, se@n
se afirmaba, del Dihgenes de la novela Pequeiieces del Padre Coloma, algo cinica y
eternamente espiritual, con quien habia yo simpatizado especialmente por ser ambos
algo mancos de la mano derecha. Contibamos que en la batalla de Alcolea se encon-
traba escondido en compaiiia de Pedro Antonio de Alardn, celebre autor de El Es-
cdndalo. “iTienes miedo, Perico? (Yo?, iquC ocurrencia!. . . no tengo miedo sino.. .
terror”. Rodriguez Correa andaba siempre en circulos de tono y tiraba del bigote
a 10s duques y grandes de Espaiia, acompaiiindose con alguna burla mis o menos
pesada. TambiCn form6 parte de nuestra tertulia el periodista Ortega y Munilla,
d e quien se referia que habiendose apagado la luz en una sala de Teatro, se pus0
de pie sobre su butaca, gritando con voz de trueno: “-Discutamos, seiiores, que de
la discusi6n nace la luz.. .”.
Me toc6 ir en la expedici6n a1 Puerto de Palos, especialmente invitados por la
Reina Cristina, durante las festividades del Cuarto Centenario del Descubrimiento
de AmCrica. Ibamos en el C o d e de Venadito, nave pequeiia de guerra, todos 10s
Delegados Americanos, la corte, la Reina y 10s Ministros, de uniformes, asi como
10s miembros del Cuerpo Diplomitico de que formibamos parte. Cinovas del Cas-
tillo estaba con el Embajador de Italia, el Ministro de Estados Unidos y el de Mexi-
co, General Riva Palacio, distinguidisimo historiador y escritor. La llegada a Palos
fue imponente. El rio parecia cinta de plata arrojada entre vastos arenales y en su
fondo se divisaban bosques en franja de verdura. A un lado corria el rio a1 pie de
alto corte de cerro, en cuya cumbre se divisaba el Convento de la Ribida, que reco-
rrimos lentamente. Hallibase abandonado, las piezas eran bajas y pequeiias, en com-
pleto estado de ruina y soledad. Alli durmi6 Col6n la vispera de partir a1 descubri-
miento de un [Link]. Tres buques, “La Santa Maria”, “La Pinta” y “La Ni-
iia”, maravillosamente reproducidas, tal como fueron, se hallaban ancladas en el
rio, y sentiamos la ilusi6n emocionante de retroceder cuatrocientos aiios a1 pasado
inolvidable.
Tuvimos un almuerzo a1 aire libre, en una explanada a1 pie del Convento. Alli
estibamos, en grupo, Ricardo Palma -el autor de las Tradiciones--, Ruben Dario,
el celebre escritor y Ministro de Costa Rica, don Jose Maria de Peralta y el poeta
uruguayo Zorrilla de San Martin, que pronuncib un brindis magnifico, revelindose
grande escritor. El autor de Tabavk sup0 hablar con tan magnifica elocuencia que
trajo lagrimas a 10s ojos de Chovas del Castillo. La “Santa Maria”, la “Pinta” y la
“Niiia”, resucitadas, escuchaban su discurso alli abajo, fondeadas en el rio y todos
sentiamos en nuestras almas la emoci6n de aquellos cuatrocientos aiios.. . el descu-
brimiento, la conquista.. ., la independencia.
La filtima vez que tuve ocasi6n de ver a Ruben Dario, en vispera de su partida,
fue en casa de la Condesa de Pardo Bazin que nos habia invitado a tomar “una
taza de chocolate”. En esa casa encontre aquella noche 10s rnis eminentes escritores
espafioles de la Cpoca. Nhiiez de Arcc, don Juan Valera, Cinovas del Castillo, don
JosC Echegaray y, tambien por primera vez, a1 mis grande orador de habla castellana:
don Emilio Castelar. Vi a don Federico Balart, critico y poeta de nota, autor de
Dolores, doiia Soledad Acosta de Samper, viuda del ilustre poeta colombiano, Ricar-
do Palma, Dario, Emilio Bobadilla, Blanca de 10s Rios, Riva Palacio y otros repre-
sentaban las letras americanas. Habia algunos titulos de Castilla de 10s cuales me
acuerdo, entre otros, el Marques de Valdeiglesias y el Conde de Casa Valencia, cufia
do de CAnovas. Fue aquella una noche inolvidable y que ya la he referido en mi
libro Pandereta.
LUIS ORREGO LUCO: RUBEN DARIO EN CHILE 19

Adn creo sentir la impresibn que me produjo el Orfeon Bilbaino que daba una
gerenatiI en honor de la seiiora Pardo B a z h y de sus glorias literarias. Una vez anun-
ciado, s,e abrieron todas las ventanas de la casa situada en la calle Ancha de San
Bernarclino. Poco a poco, fue apareciendo una procesi6n de antorchas, con fulgores
,,,,,ndio. La noche era cerrada y obscura de invierno. El incendio se h e acer-
J- ;-rn
uc
cando, y una vez a1 pie de las ventanas, en las cuales tiritibamos de frio, se oy6 el
cor0 magnifico, digno de 10s grandes concertistas alemanes. Escuchamos antiguas y
tradicionales canciones vascongadas, himnos en que todas las voces parecian concer-
tarse en estilo wagneriano; algunas voces imitaban el violin, otras la flauta, unas de
tenores, de bajos o baritonos las otras. Dario disertaba sobre 10s poetas romanistas,
desconocidos entonces en Espaiia; Echegaray hablaba de 10s trigicos del Norte, sue-
COS y daneses. Y Castelar charlaba en su maravilloso lenguaje, que parecia u n largo
mon6log0, brillantisimo, con bordados de vieias casullas y penachos de Dedreria di-
bujados por orfebres.
Ru b6n Dario fue riecibido en Espaiia como Principe de las bellas letras ameri-
canas. Recuerdo que Glam ~ . . dntnn:n P4-n.,,,e
u a i i v v a a
ILLILvIIfiv
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UI..
P,,-+:ll,.
u -
a a u i i w , a 1- I,.A, Dm-:ds-.h
L a J~LUIL LLFJLLLFI~LF
1-1
ucl

Consejo de Ministros, dio, como de costumbre, una magnifica comida. Poco antes,
me h;ibia tocado conocer - e n casa de la seiiora Marquesa de la Puente Sotomayor,
para 4p i e n llevaba carta de presentacibn del Conde de Vista Florida, sobrino suyo-
a su nija la seiiora de Cinovas del Castillo. La Marquesa, ya muy anciana, le pidi6
que me atendiera a nombre suyo y fui invitado a su Palacio de la Fuente Castellana,
precisamente ese lunes. Cinbvas dio a Ruben Dario el asiento de honor, junto a su
mujer. Otros grandes personajes, como el Duque de Tamames, ocuparon puesto
secundario, junto a1 Duque del Infantado y otros que no tenian rnis m6rito que
su nombre.
El [Link] estadista estuvo’ sumamente amable con 10s americanos. Termiiiada la
comida habia gran recepcih. Recorrimos en compafiia de Cinovas, 10s magnificos
invernac3eros de La Huerta, llenos de helechos y plantas tropicales. Poseia una cu-

- .
riosa co’lecci6n de papagayos de hermoso plumaje, unos blancos, otros amarillos, otros
con piumas de todos colores y retozaba con ellos como si fuera niiio. “-Paco, decia
a uno de ellos, blanco y de magnifico plumaje.. . CConoces a estos caballeros?. . ., aqui
esti el poeta [Link] que viene de su patria y canta.. . (Lo reconoces?”.
Y el gran Rut,en reia como loco, lo mis feliz que se puede ser en este mundo.
Luego Ciinovas n os presentaba a lo rnis ilustre b, las letras. de la politica y de la
m.
aristoaacia espaiioia. JLI
1 ,, .
gran politico, - inaiscutiao
jereP . .. .. . .
entonces cle 10s conservado-
res espafioles, restaurador de la monarquia, parecia decir con el inmenso orgullo
qrle llenaba su alma: “Hay algo que vale mds que la alcurnia, 10s titulos, la vieja
ncbbleza y 10s millones: son las ideas que se albergan en la cabeza de un hombre
de’ talento”. Asi era Cinovas. Cuando la Reina quiso hacerlo Duque de Cinovas,
no acept6. “Si fuera Duque, decia a sus intimos, nadie me reconoceria. Mientras tan-
to, conocen todos, hasta 10s cesantes, a Cinovas del Castillo.
El Presidente del Consejo de Ministros se divertia arrojando la punta de su pa-
iiuelo a 10s papagayos; u n grupo de bellfsimas mujeres le rodeaba, entre otras las
hermosas chicas Ida Sickles -la mis famosa de Madrid-, Silvia Xiquena, hija del
Conde de Xiquena, Grande de Espaiia y nieta del General Concha, Marques de La
Habana, casado con una seiiora Luco. Tambien estaban la Duquesa de Santo Mauro
y la de Sierra Bullones y en medio de las figuras rnis interesantes de la alta sociedad
espaiiola, como el dios Buda de una mesa de figurillas de porcelana de Sajonia
0 de Sevres, veo la miscara de bronce, altiva y severa de Ruben Dario. Sus versos

mmenzaban a ser conocidos en Espaiia, produciendo revolucih literaria. No habia


conseguido pisar nuestros saloncillos criollos mis pretenaosos que 10s del faubourg
m IUAPOCHO
~~

Saint Germain; en cambio le saludaban con respeto las damas en el primen, de 10s
salones de Madrid, en el del ilustre Cinovas del Castillo. Junto a la rubia condesita
de San Luis, se destacaban las figuras de Ricardo Palma, don Juan Zorrilla de San
Martin, Campoamor, el General Martinez Campos y Emilio Castelar. Recuerdo que
en esa ocasi6n me toc6 presentarle a la Marquesa de Esquilache, cuya casa visitaba,
y que gozaba la merecida fama de ser la mujer mis espiritual e ingeniosa de la
coronada villa.
Mi amistad con Dario era fntima; junto solfamos cenar donde Fornos, en compa-
iifa de Vital Aza, de don Manuel del Palacio, y otros reconocidos valores intelectua-
les. Ya comenzaba a predicar mi amigo su cruzada del verso libre, de 10s nuevos
metros y de las nuevas formas; eran sus idolos Verlaine, Moreas y Mallarm&,Swinburn
y 10s prerrafaelistas ingleses, Albairt Samain, Khan, Maurice y tantos otros descono.
cidos en Espaiia. Luego Machado, Marquina, Diaz Canedo y o m s se lanzarian por
sus huellas. Habia renovado 10s moldes de la poesia castellana.
La sociedad espaiiola le abria 10s brazos; le vi a menudo en casa de la Pardo Ba-
zin, y en la de don Juan Valera, leyendo versos a la encantadora hija del gran
d t i c o y las delidosas chicas de Saavedra, hijas del Duque de Rivas que le endereza-
ban bromas ingeniosas, confundiendole. Juntos volvimos a visitar a Menendez y Pe-
layo. entre sus montaiias de libros y su escritorio cubierto de manchas de tinta.
TambiCn volvimos donde Cdnovas y cruzamos ese hall cubierto de tapices maravi-
llosos y de lienzos de maestros, con grandes firmas; en 10s rincones se alzaban esplen-
didas armaduras de acero de Milin. cinceladas como encajes. Alli encontramos a1
gran pintor Zorolla -que obtuvo ese aiio el primer premio de la Exposici6n de
Pinturas- y tambitn a1 escultor Benlliure. AGn me parece ver a1 poeta sentado
junto a doiia-Joaquina de Osma, la seiiora de Cinovas. Habia sido el suyo un poema
de amor. Cinovas la amaba. pen, sus padres, 10s marqueses de La Puente, se oponian
al enlace. Se retir6 y no volvi6 a c r u z a r ni una sola palabra mis con ella -dl0 se
dirigfan miradas silenciosas en 10s bailes en que se encontraban. Ella permaneda
fiel. Los aiios transcurrieron hasta que Cinovas lleg6 a ser el Restaurador de la
Monarquia de Alfonso xn y su Primer Ministro, era ya una gloria. El Marques de
la Puente le hizo haber que las puertas de su hogar le estaban abiertas. Cinovas
contest6, por intermedio de un amigo, que s610 volveria cuando fuera invitado per-
sonalmente y rogado por el seiior MarquCs. Asf se hizo y se concert6 el matrimonio.
Ambos se adoraban. Sus padres le regalaron, como dote, el Palacio de La Huerta,
en la Castellana, y vivieron largos aiios felices.
@uien me diria que algunos aiios mis tarde hubiera de contarle yo a Dario,
apesadumbrado, la notida del asesinato de Cinovas en Santa Agueda, a donde ha-
bia ido en busca de reposo, terminando en esa forma el idilio de su vejez gloriosa,
de grande orador, escritor y d t i c o y politico eminente? Habian pasada 10s afios y
Ruben Dado escribia cr6nicas pnmorosas para “La Nacibn”, de Buenos Aires.
En una de ella record6 el hecho y refix56 la leyenda final: la seiiora de Chovas,
desesperada, perdi6 la raz6n y vagaba por el Palacio, cerradas sus puertas y venta-
nas; vagaba vestida de novia, toda de blanco, esperando la vuelta del amado ausente
que no podria volver. Y concluye la leyenda con que una noche sali6 doiia Joaquina
de su casa, sin que nadie la sintiera. Era cruda noche de invierno. y amaneci6 hela-
da sobre un banco de mirmol en el jardfn de su parque, donde vagara tantas veces
en compaiiia de don Antonio. Y la nieve la cubria como el manto armiiio que co-
rresponde a las reinas de amor.
Darfo la recordaba en una de sus crbnicas -y deb% recordar, tambien, aquellas
horas que juntos pasamos en La Huerta, en noches de recepci6n 6 de baile, en
medio de una concurrenda de mujeres hermosas y de grandes hombres.
LUIS ORRECO LUCO: RUBEN DARIO EN CHILE 21

Nos separamos y ya no vohf a verlo. En cambio, de tarde en tarde recibf tarjetas


postales suyas de distintas partes del mundo, y una invitaci6n para colaborar, en
una magnifica revista fundada por el esuitor argentino Guido en Parts, a la mal
envie varios articulos que fueron publicados.
Ruben Dado pensaba retornar a Chile, per0 la muerte vino a impedinelo. Aquf de
esti la dltima carta que me enviara: Rub&
"Sefior Dado
"&n Luis Orrego Luco,
"Santiago.
"Mi querido Lucho:
"4traves de tanto tiempo y de tanta distancia, hemos guardado un largo silen-
60. Mi afecto por Chile se ha conservado el mismo despuks de tan largos dfas, y
han revivido siempre en mf aquellas pasadas horas.
"Han desaparecido viejos amigos, entre 10s males hay aquellos que la gloria chi-
lena debe coronar, bastaria con recordar a nuestro querido Pedro Balmaceda Toro,
a Vicente Grez, a Carlos Luis Hiibner y 10s que estin adn en la actividad de su
talent0 de 10s compaiieros de entonces, entre 10s cuales 10s Huneeus, Alfred0 Yrarri-
zaval y Ud. mi querido Lucho, que ha producido una de las novelas mis intere-
santes de 10s lltimos tiempos, y que si se hubiese traducido a un idioma interna-
cional como el franc&, le habria dado mucho renombre y provecho.
"Despuks de veinticinco aiios vuelvo a Chile. Bien sabido es que alli publiqut
mi libro Arul, es decir, el libro de ilusiones y ensueiios que habia - c o n el favor
n.-.
3-
ae UIOS- - de conmover a la juventud intelectual de dos continentes.
"Nun ca podrk olvidar que alli pas6 algunas de las mis dulces horas de mi vida,
y tambic!n de las arduas. pues en Chile aprendi a macizar mi caricter y a vivir de
mi intel igencia.
"Va tista carta, mi querido Lucho, como u n saludo tntimo, pues el saludo na-
cional e s t i escrito hace tiempo en mi Canto a lar gloriar d e Chile.
"Y XIii abrazo,
"Rubsen Dario".
Ese v iaje que Dario proyectaba no pudo realizarse, pues el camino de la Cordi-
llera de 10s Andes qued6 sdbitamente interrumpido y tuvo que volverse a Europa
sin habe:mos dado el saludo que acaso hubiera sido el del lltimo adi6s. Dos afios
mis tar(ie, caia gravemente enfermo y volvia a su patria, con el ala herida, para
morir en ella. Grandes ovaciones de la juventud centroamericana le esperaban
para embellecer con rifagas de gloria sus lltimos momentos.
Las eFneraciones pasan y se suceden, 10s siglos siguen en ronda eterna -todo
muda y se cambia-, s6l0 se perpetda eternamente joven el sentimiento del arte, que,
como el amor, es eterno e inmortal. porque significa la renovad6n de la vida en lo
bello. [Link] Darfo. artista insigne, viviri siempre.
Rub& Darw: Canto Epico a las Glorias
de Chile

[OH PATRIA! ioh Chile! pues que En 10s labios del vate
[altiva ostentas Estaba la epopeya, y en el sacro
Tras de luchas sangrientas Empuje del cincel el simulacro.
Tus victorias de paz por todas partes; Nosotros 10s chilenos,
Puesto que tus baluartes Cual 10s viejos helenos,
Brillan inmaculados; Dimos nuestras guirnaldas y cancicmes
Puesto que tras 10s dloques de la guerra A aquellos indomables batallones
Tus bravias legiones de soldados Que tornaron serenos
n.
He iucnar y vencer como leones,
1 1
En fecundas tareas productoras
Hieren la negra tierra Y de salvar la patria como buenos.
Con sus corvos arados; Saludamos a Condell cuando vino
Pues que tus naves de cortantes proras Bello como un dios joven y triunfante,
Llevan tu nombre a puertos dilatados; Cifikndole el destino
Puesto que bajo el cielo azul, inmenso, En la frente radiante
T e brindan como espltndido tesoro Los lauros del guerrero y del marino.
Las fibricas su incienso,
El mar sus aguas y 10s montes su oro; [Oh, y 10s rudos y bravos granaderos,
Puesto que 10s caiiones Con sus velocidades
Descansan, y 10s bravos adalides; Y sus arrojos fieros;
Puesto que escrita estA en 10s corazones Mitad centauros y mitad guerreros!
La vasta historia de tus vastas lides; Fueron sus escuadrones tempestades
Puesto que tu bandera En medio de 10s campos forasteros
Flamea a1 sol, y el mundo americano Con vuelo de huradn. iY qut hora
Ve cual cubre la erguida cordillera [aquella
Y el profundo octano; Chando en montes peruanos
Da joh Patrial luz y aliento Dej6 la media luna de su huella
Para cantar tus glorias inmortales; El casco de 10s potros araucanos!
Que ha llegado el momento iY quC hora la sagrada de aquel dia
En que suenen a1 viento En que, de las montafias y desiertos
Los clarines sonoros y triunfales. La gran infanteria
Volvi6, y firmes y altivos
Los viejos griegos, cuando audaz vol- Los que llegaron vivos
[via, Nos trajeron memorias de 10s muertos!
Liricamente erguido, sobre el carro @&I voz chilena no bendice ufana
De or0 del triunfo el vencedor bizarro, Las banderas del Buin? {QuiPn no re
En heroica alegria, [nombra
A1 eco de las arpas victoriosas .A Ramirez, que asombra
Ponian en su casco la guirnalda En su muerte espartana?
De laurel, y la palma de esmeralda Y todos, 10s infantes,
A1 caballo de guerra Los leales caballeros,
Que iba pisando rosas Los audaces marinos,
Regadas por la tierra. Los que murieron antes
Si sucumbia en el feroz combate, Que rendirse, 10s bravos artilleros,
RUBEN DARIO: CANTO EPIC0 A LAS GLORIAs DE CHILE 23

pechos adamantinos, Con luz de sol; el astro tiene su orto


Que cual Riquelme el fuerte, Y surge inmaculado.
I
\ las fijas miradas de la historia Cuando cay6 la encina
penetran en la muerte, La floresta tembl6. Per0 cayendo
Saludando con salvas a la gloria. El Prbol con estruendo,
;y Prat! ... He aqui la cumbre; A I mundo americano dej6 absorto.
He aqui la sacra lumbre iHe aqui la suprema
Inmortal, la epopeya en el abismo, Inspiracibn, el tema
El valor soberano; Altisimo, la gloria
Leyenda de heroism0 M A S grande y pura en la chilena historia!
Sobre el hondo odano,
Prat resplandece, inspira iOh, las antiguas arpas de 10s troncos
Implacable y soberbio; tuvo el soplo De las inmensas selvas primitivas,
Sagado: a 61, pues, entonces Cuerdas sonantes y bordones roncos
Los trkmulos bordones de la lira, Para mcsicas altas y expresivas!
Y el himno que el escoplo iOh, el relimpago vivo y subitineo
Arranca de 10s mixmoles y bronces. Que del hondo infinito se desprende,
Que el coraz6n enciende
Artt iro era el marino, Y que ilumina el crheo!
Arturo era el guerrero iOh, 10s heroicos ritmos! IOh, la nota
Humilc3e que el destino Y el estremecimiento de la lira!
Tornai-a digno de la voz de Homero. iOh, el aliento de Dios que s610 nota
No eriI el hercdleo y fuerte Sobre aquel escopido a quien inspira!
Adalid de alta talla iOh, la expresi6n de las hercdleas razas
Y mdsculos de acero; Y las himnicas pompas
Antes noble garz6n a quien la muerte Que con ruido de yelmos y corazas
En medio del fragor de la batalla 41 son brotaron de las Bureas trompas!
Convirtiera en coloso. Bajo el blanco fulgor del firmamento
-..
T1
..ariosa bandera
nln Hoy resuenan a1 viento
Con su estrella de luces soberanas Los clarines sonoros y triunfales.
Flota sobre el penol; el borrascoso iPatria! icanta mi acento
Ponto cruza ligera, La mayor de tus glorias inmortales!
Y el tricolor de Chile va orgulloso
En la harca de Arturo, mar afuera. I

iOh, la vieja corbeta Iquique despertaba. Era la hora


Con sus velas a1 sol! Ave rendida De 10s primeros ecos de la tierra
Que sobre la onda inquieta Y 10s primeros himnos de la aurora.
Bajo la luz vibrante y encendida Dos navios de 6
Las alas desplegaba a1 mar bravio. Que llevan arb01
Brotaba de ella un soplo de victoria, La bandera de C-----, -.
Soplo vasto del viejo poderfo Del nuevo dfa, listos en la rada
Y de la antigua gloria; Estin para el bloqueo.
Pues del viento a1 arrullo Chile se alza, e inicia
y a1 ronco son del trueno, Asi las grandes hchas en que noble
.4dn sostenia en alto el santo orgullo LlevarP como enseiia la justicia.
Del pabell6n chileno. Contra enemigo doble
Cuando en Iquique Prat halla la muerte Envia sus ardientes escuadrones
El hCroe se convierte A 10s campos guerreros;
En semidi6s; el cielo constelado Y desplegando a1 viento sus pendones,
De la chilena gloria. se ilumina Aprestan sus caiiones
~ l l terrible,
~ , de grandeza homCrica, Gorra cuyos galones
a combate mQs vasto que dio AmMca Chispean a la luz. puesta de lado,
Sobre las anchas olas del Padfico. Y la ronca bocina
En la diestra. inspirado
M 'ientras que laEsmerafda respondfa A1 Qspero tronar de 10s caiiones.
PA..
sus escasas fuerzas a1 ataque, Habfa algo de olfmpico e n la altiva
d&il Couadonga recibfa Frente de aquel soldado.
Un p e s o proyectil. A las rompientes ;Sop16 un viento sagrado
Aercbse desputs de la cercana Sobre aquella cabeza pensativa?
Ida, que la veloz Independencia ?Baj6 acaso de la alta
Venia con violentcia, Regihn, de la infinita
Ostent,ando sus f iiegos imponentes
..L____
Pujante y soDeraria.
, Cumbre, la luz que exalta,
El soplo que 10s montes decapita,
Y la Esmeralda entonces, El rayo que de hogueras divinales,
Que apercibida estaba Con fulgores intensos
Resistiendo del Hutiscar a 10s bronces, Va a encender 10s espfritus inmensos
De su puesto e stratCgico lamaba De 10s heroicos hombres inmortales?
Certen)s cafionazos;
.-..
Mas iL.1 a. L a L C a 10s aguajes
e-c.3

.
iSi!. . Pas6 sobre Arturo
Las granadas deshechas en pedazos
Un ala apocaliptica y enorme,
Del navio a1 chocar en 10s blindajes.
Y tuvo la visi6n de lo futuro.
El poderoso monitor, que yerra Vi0 como entre una luz increada, in-
Los bruscos tiros que a1 chileno lama,
[forme,
Con sus fuegos alcanza
A 10s suyos en tierra. El misterioso porvenir: la Historia
Y 10s de tierra entonces en su saiia Dando a su patria el lauro de victoria,
A la Esmeralda viendo abn mis fiera, Y seiialando en su imborrable juicio
Con seguros caiiones de campaiia Para 61 el sacrificio,
La atacaron tambitn de la ribera. Para Chile la gloria.
Y la humeante corbeta resistfa, Vi0 a Latorre venghdole el primem
Y en su cubierta, que era Con el H u b c a r en guerra,
Incendio, se luchaba y se moria Y llevando a las playas de su tierra
Al pie de la bandera. Encadenado a1 LeviatQn de acero;
Oculto el enemigo En San Francisco vi0 fuerzas hermanas
Ataca en tierra. La Esmeralda luego De 10s triunfos solemnes en las horas,
Avanza a1 norte, por quedar del fuego Y dando a1 aire sus marciales dianas
De la costa a1 abrigo. Las vibrantes cornetas vencedoras.
Un proyectil que vino Vi0 en Pisagua 10s patrios pabellones
Del Huhcar disparado, Sublimes a1 rugir de 10s caiiones.
dcanz6la rugiendo en el amino, Y vi0 a Vergara y su legi6n de sables
y con fragor le destroz6 el costado. En sus caballos de orgullosa estampa,
Returnbando el caii6n a cada instante Vencer con sus tropeles formidables
I? entre lluvias de fuego y de metralla En las sierras abruptas de Jaspampa.
aplendor del cielo, Qureo y brillante, Vi0 surgir a1 invicto Baquedano;
&Pia la batalla. Y aquel grupo d e imphvidos mineros
Que asaltando la cumbre inaccesible
En 10s Angeles, fueron a l peruano
I1 Como invasi6n de c6ndores ligems
' De vuelo colosal e irresistible.
., iy rrati versele pudo en el temble
Viole luego en el Alto de la Alianza
Trance siempre impasible, Contra doble enemigo combatiendo,
espada en la cintura, la marina Dominante a1 estruendo
Y
26 MAPOCH

Del horrible clamor de la matanza. El agudo espol6n en el empuje


Y a sus osadas huestes De la rauda carrera
En Arica elevar sobre las rocas Se ha hundido en el navio, y se abre
De las cumbres agrestes
Del Morro sus enseiias, El casco de madera.
Tomar del enemigo 10s caiiones El tosco acero penetr6 en lo interno
Y amordazar sus bocas De la vieja corbeta desgarrada,
Aventando en pedazos sus cureiias. Como toro feroz que clava el cuerno
A1 son de las patribticas canciones. Y el vientre rompe de la res cansada.
Vi0 de Lurin la hazaiia:
Del v a n Pachacamac junto a la ruina Entonces joh grandeza!
La bandera chilena que domina ,Asido a la baranda, en la toldilla
Flotar sobre las tiendas de campaiia. Inclinada, estP Prat. Ved. Algo brilla,
Y vi0 Morro Solar, San Juan, Chorrillos; Ciiiendo como un nimbo su cabeza.
La sangre, el hierro, el fuego. Relampagueante brota
Y apareci6 Patricio Lynch. Y luego De sus ojos un algo de sublime,
Lleg6 aquella santa hora Llama que se comprime
En que en nombre de Chile bendecido Y ardiendo salta de su c5rcel rota.
Recibiera la mano vencedora Veia a1 Hua‘scar ferreo, poderoso,
La espada del vencido. Con su espol6n clavado
Y vi0 all6 en Miraflores En el debil costado
A 10s chilenos siempre triunfadores, De su barco glorioso;
Luego {que contemplb?. . . Su pecho late Y asi, resplandeciente de coraje,
En vivas conmociones; Lanzado por empuje sobrehumano,
En la oscura humareda del combate Lleno de a u p s t o brillo,
Halla el aire que ensancha sus pulmo- Gritando “ial abordaje!”
[nes. Cay6 sobre el castillo
iOh transfiguracibn! Mirase fuerte Del monitor peruano.
A1 borde del profundo precipicio; Fue salto de le6n que se acorrala
Su patria ser6 grande con su muerte, Con la ira y el rugido dentro el seno,
Y 61 se apronta a1 sublime sacrificio. Vuelo de c h d o r que despliega el ala
;Vi0 que en triunfal desfile Y va a la nube que fulmina el trueno
Entraba a Lima, la opulenta y bella,
El poderoso ejercito de Chile; La voz del heroe se apag6 en el crud
La Victoria en las palmas de su carro Resonar de la humeante bateria.
A1 llegar a 10s duros campamentos; MAS no esti solo. Pudo
Y a1 fin, izada por la vez tercera .4ldea, el bravo Aldea,
Sobre el regio palacio de Pizarro Acompaiiar a Prat en aquel dia
A las caricias de 10s cuatro vientos, En su hazaiia grandiosa y gigantea.
Como un himno inmortal, nuestra ban- Era el vivaz sargento
[deral.. . Espiritu y aliento,
M6sculo y coraz6n; el soberano
Y la visi6n ces6.
Compuesto que a1 calor de nuestros sole
.4duna a sangre y nervios espaiioles
I11 La medula de le6n del araucano.
Era el roto bravio,
Grau ha advertido Pecho de caballero
Que el viejo barco a balas de caiiones Que pelea con brio
No, puede ser vencido. Y sucumbe altanero.
Retrocedi6. Las igneas explosiones Prat est5 sobre el Hudscar. La cubiert
Cesaron. Pone ahora Del fbrreo monitor mira desierta;
A la Esmeralda k ferrada prora. Y asi avanza atrevido,
ORIAS DE CHILE 27

Del Hudscar a 10s tiros redoblados.


lido, iQu6 cuadro! Por doquiera
Sangre, muerte y horror. ]No hay quien
[vacile!
que1 ‘I‘odos persisten con audacia fiera
‘reto Bajo el sagrado pabellbn de Chile.
ite, i.411, ved a Crispfn Reyes, el impivido,
e .I1 bronce del corneta que ha caido,
Presta su aliento, y ivido,
Epicamente bello
De venganza, pujante, enfurecido,
Toca a plenos pulmones a degtiello!
A aquel marino de alma extraordinaria
L.
En profundos ardores encendida,
Una bala contraria
1.
Le arranc6 la corneta con la vida.
b
La Esmeralda se hundia
nito.
Deshecha y humeante,
Y el monitor triunfante
man-
Caiioneaba a1 cadiver todavia.
[do Entonces fue cuando Riquelme, brazo
Heroico, alma de luz, la muerte viendo,
io. Hizo repercutir el ronco estruendo
Del postrer cafionazo.
El horizonte limpid0 y sereno
que Puebla el eco sonoro que retumba
viejo Como un ultimo trueno
Rarco en la hora postrera En el profundo sen0
A1 poderoso vencedor confunda, De un monte colosal que se derrumba.
1’ ostentando en el tope su bandera
Que se incendie o que se hunda. El Hudscar se lanz6 por vez tercera,
Adn no habian tornado Y a1 golpe del acero ispero y frio
12 sus puestos 10s fides campeones, Se sinti6 traquetear la nave entera.
Cuando el H h c a r lanzado iPor fin, se hundi6 el navio
vigor de sus pulmones, Que a Chile glorias sin iguales diera!
Esmeraldn una segunda herida Primer0 el casco, flinebre y sombrio,
:cio espol6n. A la embestida, Y clespues, siempre a1 tope, la bandera.
hervir su sangre de chileno,
con el ejemploAobrehumano,
En la regi6n de las inmensas almas
iudaz Serrano
Debe haberse sentido en esas horas
como bueno
Como un ruido de palmas
. __ _-___i r el monitor peruano.
Y un despertar de auroras.
Y qued6 junto a Prat, todo sangriento,
Catlriver de faz trigica y cefiuda,
iOh, Patrial IOh, Chile!. ..1Asf acab6,
t [magnifico,
Como protesta muda
de gandeza home-
Raja el azul del hondo firmamento.
iLa Esmeralda se hundfa! [rica,
Exhausta ya de-fuerza y de soldados Sobre las anchas olas del Pacifico
Sblo de cuando en cuando respondia El combate mis vasto que vi0 AmCrica!
Jwge Hourton P.: Dialog0 cat6lico-marxista
acerca de la religidn

L A “ M A N O T E N D I D A ” en 1937 por kAaUILcL IIIuIcL [Link]

qued6 estirada. No se vi0 claramente que tip0I de acci6n podian emprender juntas
dos manos dirigidas por pensamientos tan d:iferentes. Esas manos, sin embargo,
empufiaron las mismas armas cuando lleg6 1;a hora del “maquis” y de la lucha
.
por la Liberaci6n: alli actuaron, sufrieron y muneron, tanto -‘el que a e i a en el
I.

cielo, como el que no creia”.


Casi treinta aiios despues, las cosas han cambiado. No nos proponemos estudiar
aqui 10s m6ltiples aspectos de este cambio global (como p. ej. la renovada potencia
de las sociedades industriales, el movimiento nacionalista de 10s pueblos rejuvene-
cidos del Asia y del Africa, la coexistencia pacifica exigida por la amenaza del
potencial nuclear, etc.) , sino considerar solamente las nuevas actitudes que se ven
conducidos a asumir unos con respecto a otros, cat6licos y marxistas. en el plano
intelectual. Porque, ya se parta de la “praxis”, ya de las aeencias, es inevitable
que ambas partes lleguen a un confrontamiento Dromesivamente esclarecido diria.
I ”

mos, a alto nivel. es decir, en el plano en q ue se debate y juega la noci6n que el


hombre forma de si mismo, de su acci6n y de su destino. El marxismo no es ni
quiere ser una ideologia, sin0 -seg6n uric.n A- c n c m d c ..-.y.l~yIyI -...--
s n t n r i 7 a r l n c ;nibrnretec
r-----
contemporineos- “una metodologia de la iniciativa hist6rica”l. El aistianismo,
por su parte, tampoco es una filosofia, sino -a1 decir de uno de sus mis destacados
te6logos catblicos, es “la religi6n del porvenir absoluto”2. Ambos, sin embargo,
no pueden dejar de encontrarse y confrontarse en el plano de sus filosofias impli-
citas, esto es, de sus antropologias. Allf hay una oportunidad para dialogar, opor-
tunidad que en nuestros dias va cristalizando cada vez mis.
Pensamos hacer una labor dtil de informacidn y de reflexi6n a1 comentar aqui
dos diilogos recientes entre cat6licos y marxistas; uno, en el Centro de intelectuales
cat6licos, celebrado en Paris en marzo de 1965; el otro, en Salzburgo, en abril de
1965, a1 que siguid la publicaci6n del libro de Garaudy r e r i h citado, que comen-
taremos en la segunda parte de este articulo.

Z La anual Semaine des Zntellectuels Catholiques se realiz6 el aiio pasado acerca del
EZ marxismo tema Dios, hoy dia y a ella fueron invitados dos intelectuales marxistas para parti-
y el hecho cipar en el diilogo3 El tema que se les propuso fue El marxismo y el hecho
religioso ”f
religioso. Se acord6 p antear el tema en dos planos sucesivos: el de la historia y
el de la filosofia. En cada uno de estos planos, un marxista expuso primero su
punto de vista y en seguida u n cat6lico.

1Roger Garaudy. DE : L’ANATHEME AU DIALOGUE, PlOn, 1965, p. 63. LO destacado e t & en


cl texto.
i
.~~ - - -
‘Karl Rahner, en su conferencia de Salzburgo, publicada en Informations Catholiques
Internationales, del 15-6-65. L a expresi6n significa que el cristianismo es una energfa de
acci6n en el tiempo y en referencia a1 Absoluto trascendente que estA situado fuera de lo
temporal.
.Las intervenciones de este debate se encuentran reunidas en el volumen Dieu aujourd’-
hui, NP 52 de Recherche9 et DCbats, Desclk De Brouwer, Paris, septiembre de 1965.
JORCE HOURTON P.: DIALOG0 CATOLICO-MARXISTA ACERCA DE LA RELIGION 29

Je‘an Bruhat, profesor de Historia en la Sorbona, comenz6 exponiendo d m o


concctbia este diilogo desde el punto de vista marxista:
“ISs una empresa nueva, impuesta por un movimiento que se produce entre
ustecles y entre nosotros. Me impresiona la cantidad y la calidad de 10s estudios
del Inamismo hechos por cat6licos. Hay en nuestro tiempo una marxologia cat6lica
Y se me conceder5 tambiCn que por el lado marxista se ha hecho un esfueno para
refle:Kionar mis hondamente sobre el catolicismo. No d i p que hayamos llegado a1
nivel de una vaticanologia marxista, per0 nos acercamos a ello”?
P:ira Bruhat, el diilogo con 10s cat6licos consistiri en “presentarnos unos a otros,
creyemtes y marxistas, tales cuales somos, arrancando de nuestros rostros las miscaras
que 10s desfiguran, sin reticencia y sin hipocresia”. Esfuerzo de sinceridad, por
tantc),esfuerzo moral que condiciona el camino de la comprensi6n mutua.

PLAN0

antrando en materia con la perspectiva de historiador, Jean Bruhat seiiala que se I . Punto d
situari en tres niveles sucesivos. Ante todo, el nivel de lo observable y mensurable, vista marxis
est0 es, las manifestaciones exteriores e histbricas de la creencia en Dios. Compe- la
tencia d e la historia de las religiones y. para la actualidad especialmente, de la
sociologia religiosa. Conviene -sostiene Bruhat- que esas investigaciones Sean
emprendlidas en colaboraci6n. a nivel cientffico, tanto por aeyentes -porque mis
experros en d‘ar su sentido exact0 a las manifestaciones culturales, como por i n d -
dulos- porque mis sagaces para detectar sus conexiones con factores sociales no
especiticamente religiosos. A este respecto, Bruhat reclama que se estudie tambitin
cientif icamente la sociologia de la incredulidad y no s610 de las manifestaciones
religiosas. “,!Por que no se nos haria el honor de una investigaci6n cientffica?”a.
Per0 el estudio hist6rico de las manifestaciones de las aeencias como de la
incredulidadl no pueden limitarse a lo exterior. Es necesario acceder al segundo
nivel. el de: la comprensi6n exacta de 1as experiencias personales de unos y d e
otros. Aqui es donde Bruhat considera que el aporte del creyente es una fuente
indispensa bl‘e para la investigacidn histdrica. Posici6n de abertura y de audienaa,
que el aeyiente no puede dejar de subrayar: el historiador marxista se dispone a
no interpreftarlo todo en funci6n de esquemas preconcebidos, sino a oir al creyente
en la expliccaci6n de su experiencia personal, en la inteligencia de su fe y en la
16gica de siis articulaciones. No para discutir, sino para comprender (aunque no
toda discusit6n sea inJtil). A modo de ejemplos, Bruhat formula en seguida algunas
pre’guntas aicerca de cosas incomprensibles para un incrbdulo: “Si la Revelaci6n
es esenciaR?ente una sola verdadera, (por quC en la historia se han dado varias?
Si Dios es absoluto y trascendente, @or que en la historia ha variado tanto su

‘“Vaticanc)logfa” es a todas luces un termino inadecuado, expresibn de humor m&s que


uc
2- -igor:
I no es el Vatican0 sin0 el hecho religioso el que 10s catblicos quisieran que 10s
mantistas estudiaran mejor. Aunque todavfa escasas -como lo reconoce-, obras como Pers-
peal iues de l‘homme de Ga raudy demuestran que es posible tomar en sen0 a1 catolicismo y
las c:osmovisiones que se irispiran en el. Otro sfntoma alentador es que a las recienter Se-
man as de 10s Intelectuales Marvietag
- _._ ..-l..--l-.-l _.-.-
hrn I----...------
ddn invit2rlne -
I hghlir .”-
....-.”.In. f;lAenCne C--*AI:---
L..vIyLvI (LLVII,.uJ, nn
Zr.
Jolif y Dubarle 0. P.
Fosa que 10s catblicos no han dejado de hacer, tanto en el plano de la historia de las
ideas (El drama del humanism0 ateo del P. De Lubac) como en el de la psicologfa (Psico.
undlisis del ateismo de Ignace Lepp), como en el plan0 pastoral-Jociolbgico (En busca de
la ausencia de Dios de 1. Rosier).
30 MAPOCHO

idea entre 10s diferentes pueblos y en consonancia con las distintas situac
que se han encontrado ems pueblos?”.
Por ultimo, en la interpretach de las experiencias personales de 10s aeyentes,
aparece el tercer nivel de reflexibn, el de “explicar la existencia misma de la
idea de Dios”. A1 tomar nota de sus multiples variedades, en el tiempo como en el
espacio, Jean Bruhat no deja de ponerse la pregunta por una explicaci6n global
de esta creencia, per0 concluye que debe rehusar “todo carhcter divino a una
revelaci6n que es para mi una predicaci6n humana, histbricamente fechada”. I m p
sible es seiialar mls claramente la insuficiencia de la sola historia para justificar
el valor de una revelaci6n. Lo mismo decia Blondel, en la epoca del modernismo,
contra el “extrinsecismo” y contra el historicism0 que querian edificar o compro-
meter la fe con el solo testimonio de signos hist6ricamente probados. La historia
puede mucho, per0 no puede, ella sola, probar cientificamente que Dios ha hablado
o no. Se requiere una filosofia que preceda a 10s datos hist6ricos y que descubra
la espera y el anhelo del hombre. S610 asi 10s hechos de la historia cobran signifi-
cacibn teol6gica. Per0 el marxismo no tiene ni quiere otra filosofia que aquella
que desprende de la misma interpretacibn inmanente de la historia. No porque
cl marxismo comporte una dogmitica definitivamene establecida: Jean Bruhat
explica asi su fidelidad marxista:
“Tampoco me remito a Marx como a una especie de autoridad suprema de la
que, por deducci6n, desprenderia el sentido de la historia. No. En Cuanto hombre
preocupado por comprender la historia de 10s hombres, desemboco en el deseo
de una explicaci6n global que no rechace el hecho religioso sino que lo inserte
en una totalidad”6.
Esta “explicaci6n global”, sin embargo, para el marxismo, debe excluir la tras-
cendencia por fuerza de su mismo mCtodo. por su “hip6tesis de trabajo” que
pronuncia una exclusi6n a priori de toda trascendencia discernible. El ateismo no
csti en la conclusi6n, sino en las premisas. No queda entonces otra cosa que explicar
10s hechos religiosos, como lo hace Bruhat, como “expresidn -no digo reflejo- de
.
una realidad social”. . “expresi6n de una angustia real frente a una naturaleza
todavia rebelde y frente a relaciones inhumanas entre 10s hombres”. Per0 no s610
expresi6n, sino tambien --siguiendo a un celebre texto de Engels- “protesta contra
la angustia real”.
Observemos s610, por Gltimo, que esta interpretaci6n recibe toda su verosimi-
litud del subyacente presupuesto antropol6gico s e g h el cual el hombre es s610
“ser-para-la-naturaleza”, “para-losdemis” o “para-si”. Pero reconozcamos tambien
que esta interpretaci6n del hecho religioso lo ilumina a 10s ojos marxistas con una
luz mis favorable: ya no seria “opio del pueblo”, sino “expresi6n y protesta”
aa? contra las alienaciones de todo tipo, indice positivo de liberacih. Queda una pre-
gunta que hacer a1 marxismo: les &a la esencia especifica del hecho religioso o
es s610 un aspect0 exterior, comdn a la literatura, las artes y 10s movimientos
sociales?

2. Punto de kene KcXnOnd. protesor en la kacultad de Letras de la universiaaa ae raris,


vista catdlico (:onvino de buenas ganas en que no se puede demostrar la existencia de Dios ni la
7:erdad de alguna religi6n por la sola historia, per0 se puede describir la persistencia

a 10s fen6menos religiosos colectivos, la historia no se desinteresa de las experien-


cias personales, a1 menos, en cuanto a sus consecuencias sociales. NO pertenece a1
unto de
mar-
32 MAPOCHO

nismo es una religi6n especifica de un mundo en el que la economia permanec


mercan til”.
Per0 no s610 es expresidn, sino protesta. Y aqui Mury se extiende en el anAlisi
de la doble forma, conservadora y renovadora, que presenta el cristianismo e
mhltiples horas de su vida, particularmente en la actualidad. Y cita el conocido
ejemplo de la sublevaci6n de 10s campesinos alemanes capitaneados por e
anabaptista Munzer, en el siglo XVI, animados por el deseo de hacer triunfar l
justicia divina, en quienes Engels veia a 10s antepasados del comunismo. Signo
actuales son: “Pacem in terris”, “el liberalism0 del Concilio”, el movhiento
social del catolicismo franc& la evolucibn de la c.F.T.c., etc. Todo lo cual muestra
que bajo su aparente unidad, el catolicismo cubre dos sectores socialmente muy
antag6nicos: ‘‘ ... en 61 se enfrentan una estructura poderosamente reaccionaria
y una corriente que viene de la base, objetivamente orientada hacia la demoaacia
y el socialismo”. De esta visi6n mamista del catolicismo, Mury extrae nueva
lecciones: primero, “la insistencia en la tesis marxista tradicional s e n la ma
la religi6n es asunto privado respecto a1 Estado” (es decir: la revolucih comu
nista no comporta esencialmente la persecuci6n religiosa) ; segundo, “toda aliena
ci6n religiosa no es necesariamente el reflejo de una alienaci6n econ6mica”7
es decir, aunque el capitalism0 y el regimen de clases hayan sido hasta ahor
fuentes del sentimiento de impotencia que se expresa ideol6gicamente en la
religibn, no es posible predecir que toda forma religiosa desapareceri con e
advenimiento de u n mundo justo y del “hombre total”.
Concluye Mury:
“Nosotros, mamistas, consideramos que este hombre crecido en un mundo justo
ya no sentiri la necesidad de entregarse a las manos de Dios. Creador de sf
mismo, brotado de la naturaleza por su esfuerzo de trabajo, liberado de la lucha
de clases por el duro combate del proletariado y de sus aliados contra el explotado
combn, el hombre seri espontineamente ateo”8.
IPerfecta profesi6n de fe atea! Despues de constituir un presupuesto subyacente
el ateismo ya no es aqui una consigna de lucha sino una apuesta, un desafio, una
aeencia. Desafio acompafiado de una invitaci6n a 10s creyentes: “Construyamos
juntos un mundo mis justo para maiiana y veremos entonces si el hombre sigue
aeyendo en Dios o no”.

2. Punto de Si la idtima palabra del marxista es una nueva fe, est0 es, la sustitucibn de la
ra
vista cutdlico a&hcia en Dios por la fe en el Hombre, el cat6lico, por su parte, no se contenta
con oponer la suya a la del ateo. El P. Wackenheim, de la Facultad de Teologfa

*A propbsito de la “alienaci6n” -concept0 hegeliano reducido y disociado por Marx- es


preciso comprobar que ha sido de tal manera empleado por marxistas y no-marxistas en
tan diversas acepciones que ha llegado a ser “la f6rmula passe-fartout del mal del siglo, el
lugar comlin de las imprecaciones politicas y de 10s anilisis psicosociales”, como dice Do-
menach en un articulo titulado Para acabur con la alienacidn (ESPRIT, diciembre de 1965)
Dentro del mismo marxismo, la alienacidn ha sido recientemente muy discutida: L u k h la
valoriza como solidaria del “humanismo” marxista, Althusser la minimiza como “concepto
ideol6gico y premanrista”,.Henri Lefebvre previene contra el abuso de esta noci6n que tien-
de a justificar una visi6n mktica o una especulaci6n metafisica. A1 perder su determina-
ci6n, el concepto de alienacibn pierde tambib el caricter de acerba denuncia que tenia
en Marx y deviene “un policlinico en el que todas las enfermedades del siglo tienen un
lecho”. A tal punto que, es posible preguntarse con Edgar Morin: “2En que medida la
concepci6n de un hombre que debe sobreponerse sin cesar a sus alienaciones no ha venido
a ser ella misma una alienaabn?”.
8Dieu aujourd’hui, p. 103.
JORCE HOURTON P.: DIALOG0 CATOLICO-MARXISTA ACERCA D E LA RELIGION 33

de Saasburgo, no emprendi6 la “explicaci6n” de la fe cristiana para contrapo-


nerl-a a la explicaci6n marxista: habria sido un diilogo entre sordos. Apunt6
hacia 10s “fundamentos de la fe” marxista, est0 es, su crttica de la religi6n y
seiia116 dos cuestiones: .
a ) En primer lugar, ante la pretensi6n marxista de ser una explicacidn cienti-
fica de la religibn, se pregunta: “{Que extraiio mCtodo es Cste que condena a1
misino tiempo que explica? En efecto, en 10s autores marxistas, antiguos y re-
cientes, la desuipcibn del fen6meno religioso va ammpaiiada de una negacidn
apasionada”. En otras palabras, el ateismo juega un doble papel: no s610 es
la “hipbtesis de trabajo” inicial del historiador que no puede recurrir a causas
trascendentes sino que adquiere 10s ribetes de una teoria y verdad absoluta,
ontol6gica, una vehemencia desusada en la mera ciencia;
b) En seguida, <que entiende el manrismo por “fen6meno religioso”? Bajo
Hte Gnico rubro, la aitica marxista agrupa tanto las religiones primitivas, m6-
gicas, animistas, cultos tribales, como el cristianismo en sus variadas formas pro-
testan tes, cat6lica u ortodoxa. No las confunde, pero las considera homogheas:
todas ellas son variadas manifestaciones de una c o m h “alienaci6n”. Es decir que
el ma rxismo peca, en materia religiosa, por un cierto abstractismo que le resulta
impucsto por su principio antropol6gico fundamental: “s610 la existencia social
de los hombres es real, consistente, liberadora; el universo religioso s610 posee
una [Link] delegada, derivada, ilusoria, ya que se alimenta con las contradic-
cionesi de una sociedad inhumana”.
Estas dos observaciones convergen en mostrar que el marxismo tiene una antro-
* ’
poiogia subyacente, desde la cual juzga que todas las religiones tienen por igual
Otra an tropologfa comhn, contraria a la marxista. Ahora bien, el solo hecho de
las apa!rionadas luchas entre las diversas religiones a lo largo de la historia (no
todas c:ausadas por el orgullo o el fanatismo), bastaria para mostrar que estin
animad;is por diferentes antropologfas. Subyacente a1 aistianismo hay una antro-
pologia que no tiene nada que ver con la de las religiones primitivas o del
paganisimo romano. La antropologta fundamental subyacente a1 aistianismo puede
resumir!re simplemente en esta afirmacibn: el hombre es persona, es decir libre y
trascendlente: su fe religiosa es el consentimiento a la iniciativa divina que quiere
irradiar el amor entre 10s hombres.
Por I:so el cristiano no se reconoce en el retrato que de 61 pintan 10s pinceles
marxist;is. En lug-ar de sentir que su fe lo hace desinteresarse del mundo y de
d
10s dem15s; se siente tan vinculado, como cualquier otro, a1 mundo y a la historia.
“Creemlos en la tierra y en el hombre porque creemos en la resurreccidn y no
en un cielo abstracto. Reconocemos que no poseemos la verdad integral del

..
devenir humano: la Palabra de Dios no es una ideologia confortante a1 modo
aei miarxismo, sino una promesa de vida y de luz para el camino”0. Ni siquiera
tiene una garantia de u n triunfo en el camino o a1 cab0 de el, cuando recuerda
la incpietante frase de JesGs: “{Penshis que cuando vuelva el Hijo del Hombre
encontrari todavta fe sobre la tierra?” (Luc. 18, 8). Desconfia de todo proyecto
de establecer el reino de Dios sobre la tierra y considera como una herejia a
todo milenarismo. Con , 10s marxistas, sin embargo, siente dolorosamente toda
“alieniaci6n” humana, per0 cree que la peor de todas es la enfermedad de la
libertiad, esto es, el pecado. Tambien tiende con todas sus fuenas a m e j o r z
la COIidici6n del hombre y alcanzar su destino a h mis all6 de la muerte. Per0
m e Inisterio humano tan real nada significa para el marxismo.

eu aujourd’hui, p. 110.
34 MAPOCHO

Conclusiones 1. El metodo marxista, atento a detectar 10s m6ltiples aspectos y condicionamientos


de 10s hechos religiosos, aporta una positiva contribuci6n -no hay inconveniente
en reconocerlo- a1 discernimiento y caracterizacibn de esos hechos, per0 peca por
su excesiva estrechez y unilateralidad a1 querer reducir el hombre a productor y la
religi6n a expresi6n de la realidad social.
2. Hay un desacuerdo fundamental entre aistianismo y marxismo que proviene
de dos antropologias irreductibles. Seg6n el marxismo, para que el hombre sea,
es necesario que Dios no sea; para el cristiano, en cambio, ser a1 margen o
contra el amor divino DarticiDado es la Deor 1
alienacinn
.._
~ _ -.
. - - deshnmani7a
. flue --_._ -_
a1
hombre a1 privarlo del coraz6n de su libertad.

XI El diilogo cat6tico-marxista no iria tal vez m h alli de esta esencial divergencia


“Desde si ambas partes no estuviesen animadas por u n sincero y profundo anhelo de
anatema a1 comprenderse mutuamente y por una aguda y penetrante capacidad para asumir,
didlogo”10 cada una para si, la parte de raz6n que tiene el interlocutor. El catolicism
ha hecho un evidente esfuerzo en ese sentido y el titulo del libro del intelectual
marxista franc& Roger Garaudy demuestra que lo percibe. “Desde el anatema
a1 diilogo”, significa que en lugar de condenar intelectualmente la teoria marxista,
el catolicismo no se contenta con permanecer en la esfera de lo nocional sino
que atiende a la historia concreta en que se juega la vida de 10s pueblos y acepta
alli el diilogo. Actitud que podri ser superficialmente tachada de dbbil, opor-
tunista o hip6crita -y en la que inevitablemente no participarin todos 10s per-
soneros del catolicismo-, per0 de cuya sinceridad se percatarin aquellos que
consientan en adoptar la misma actitud. Garaudy lo hace y enumera, en un
largo capftulo, 10s principales esfuerzos hechos por 10s aistianos para “volver
a pensar su fe en las perspectivas del mundo moderno”. Como ejemplos de este
“aggiornamento” sefiala: la teologia de la “desmitologizaci6n” de Bultmann, la
obra cientifico-religiosa de Teilhard de Chardinll, en el campo de la accih:
la lucha social militante de importantes movimientos cat6licos. el abandon0 del
anticomunismo negativo y la ruptura de las connivencias con 10s intereses capi-
talistas y conservadores por parte de las fuerzas cristianas mis representativas.
Garaudy public6 esta obra poco tiempo despues de haber participado en el
Encuentro de Salzburgo, el 19 de mayo de 1965, acerca del cual conviene decir
dos palabras.
La Paulus Gesselschaft, asociaci6n de intelectuales catblicos abierta a todos
10s horizontes no cat6licos y no-cristianos, tom6 la iniciativa de invitar a varios
pensadores marxistas de diferentes nacionalidades para dialogar con un grupo
de te6logos. Una sesi6n semejante habfa tenido lugar ya en Colonia en 1964, a
la que asisti6 Adam Schaff, miembro del Comitk Central del Partido Obrero
de Polonia y Presidente de. la Academia de Ciencias de Varsovia, quien habfa
declarado que aunque aceptaba el diilogo, debia rechazar la idea de una coexis-
tencia ideol6gica en el sentido de una yuxtaposici6n de verdades que poseen
iguales derechos; habia agregado ademis que hasta ahora el marxismo no ha

mDe. L’Anatheme nu dialogue. Un marxiste s’adresse au Concile, coll. Les dbbats de


notre temps, Paris, Plon, 1965.
%bras que, sin embargo, presrntan una inspiracibn y una proyeccih muy diferentes,
si no opuestas: la Desmitologizacidn de Bultmann, en efecto, se inspira en la fenomenolo-
gfa existencial de Heidegger y concluye en un mayor distanciamiento entre la racionalidad
pura y la existencia creyente. La obra de Teilhard de Chardin, en cambio, parte no de una
ideologia sino de una sintesis de las ciencias y conduce a una mayor [Link] entre el
saber cientffico y el a e e r cristiano.
JORCE HOURTON P.: DIALOG0 CATOLICO-MARXISTA ACERCA DE LA RELIGION 35

Jesarrollado una antropologia y que no deben considerarse como definiciones


cerradas aquellas que presentan a1 hombre como product0 de una situaci6n
social dada.
A la sesi6n de Salzburgo no asisti6 Schaff ni representante alguno de la URSS
o de algun pais de la 6rbita comunista, con la excepci6n del fil6sofo Polokarov,
de Bulgaria y de una delegacih de Yugoslavia. En cambio. concurrieron marxistas
italianos Lombardo-Radice y Luporini, el austriaco Hollitscher (que ensefia en
Berlin del Este) y el frances Roger Garaudy. Por parte de 10s catblicos intervi.
nieron 10s PP. Wetter y Calvez, el P. Dubarle 0. p., el te6logo Karl Rahner g
Don Vincenzo Miano, brazo derecho del Cardenal Konig. Este dltimo, tambien
..
araudy tomaron abiertamente partido en pro de la
rdo-Radice declar6 que una sociedad marxista mol-
significarfa una uniformidad espantosa que deberia
ristianos. Garaudy pidi6 a 10s cristianos que com-
iurificaci6n” (la “catharsis”) que hasta ahora ha
und6 en elogios hacia la elevaci6n de la espiritua-
Je ni Marx ni Lenin han tratado de la religi6n
hist6ricas.
la fue la de Karl Rahner acerca del Powenir cris-
ponder a1 desafio marxista acerca del espontineo
lesalienada”. “El cristianismo, explic6 Rahner, n o
mundo y del hombre, sino la proclamaci6n de la
:o que desemboca en un porvenir absoluto; respecto
mestre el cristianismo es neutral, pero el amor d e
a operante decisiva para la dignificaci6n del hombre
lada prevaleceri aqui abajo contra el cristianismo”
endo en valor y porque siempre permanecerin 10s
ntales acerca del sentido de su existencia y de

iraudy -un poco publicitario tal vez- expresa que -u,, mo


.a de un marxista a las cuestiones planteadas en habla a
acontecimiento estrictamente religioso que fue el conn‘lioS.
tsis responde: 10s marxistas apreciamos la seriedad
das y, por nuestra parte, t a m b i h queremos corn-
u exigencia de trascendencia.

a sentido t a m b i h la necesidad de operar un ver-


r. en particular, de repensar su teoria acerca de la
urgen esta revisi6n: el rapidisimo desarrollo de las
:xtensi6n del socialism0 a un tercio del globo y el
beraci6n nacional en Asia, Africa y America Latina.
iencias impulsa a acentuar algunos rasgos de la
lllLLLLILI~~~~I U d l A l J L d L ~ I V C L oscurecidos por el materialismo dialectico (que Ga-
audy se esmera, una vez m&, en mostrar sustancialmente diferente a1 materialismo
le1 siglo XVIII y cientificista). “Lo que distingue a1 marxismo de todas las formas
nteriores de materialismo es que toma como punto de partida el ncto crendor
!el hombre”. .. subraya “el aspect0 activo del conocimiento”. Las ciencias aecen.
hero no en forma lineal “desde datos inmutables hacia conclusiones definitivas y
xcluyentes”, sino “desde la hip6tesis rectificada hacia la hip6tesis rectifiable”,
36 MAPOCHO

orientada por un “proyecto”, apoyada en un “modelo” propuesto por el investigador.


Hay que reconocer por tanto que el conocimiento y el pensar cientffico y filodfico
(que estibamos acostumbrados a creer meras “superestructuras”) constituyen t a m b i h
un “proyecto”, u n anticipo de lo dado, una trascendencia respecto a la naturaleza.
El pensamiento no es mer0 “reflejo” sino sobre todo “proyecto” sobre la naturaleza.
Observaciones interesantfsimas que, a nuestro entender, matizan el conocido despre-
cio del marxismo clisico por las “ideologias” y 10s “idealismos”, menosprecio apre-
surado y c6modo que ningiin pensador serio puede permitirse, salvo que la libertad
de su pensamiento est6 enajenada por la pasi6n social o 10s intereses politicos esco-
gidos previamente.
2. La extensi6n del socialismo pus0 en evidencia, sobre todo despues de la desta-
linizacih, “la posibilidad y necesidad de una pluralidad de modelos del socialismo”
(p. 75). Consecuente con lo anterior, Garaudy confia en que “despuCs de un cuarto
de siglo de esderosis intelectual del marxismo” (p. 74), 10s marxistas serin capaces
ahora de responder vilidamente a las eternas y mis profundas cuestiones del hombre
-acerca de su destino- que fueron mejor atendidas por 10s existencialismos de
Heidegger y de Sartre y que hallaron mis eco en la juventud.
3. Por hltimo, 10s movimientos nacionalistas de tres continentes piden a1 marxis-
mo una ampliaci6n de sus perspectivas: habrfa que “deseuropeizarlo” y “desocciden-
trali~~rln”
...I. IC.**”
“F1.
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G u L L L A A a U L S yaOau”,
mn
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puede reducir esta cultura s610 a las tradiciones estrictamente occidentales de la


filosoffa clisica alemana, de la economia politica inalesa.
” . del socialismo frands. del
--- ~~~ ~ --------I

racionalismo griego y del tecnicismo originado en el Renacimiento” (p. 75-6). Asf


es como 10s marxistas se ven llevadcJS a “repensar y revivir su teoria de la reli-
gi6n” (p. 76).
{En que consiste propiamente el a

pueden probar la inexistencia de Dios y la radical falsedad y vana ilusi6n d e toda


religi6n. No queda a1 marxismo mis que proponer una “fenomenologfa” religiosa
en la que la hip6tesis Dios resulte ilusoria, “alienadora”l? Se sabe con cuinta
vehemencia ha sido llevada en ciertos periodos en Rusia la campaiia antirreligiosa,
con el epfteto popularizado de “opio del pueblo”. Garaudy no vuelve sobre aquello
y muestra, a1 contrario, que la religi6n no s610 ha sobrevivido en regimenes co-
e u n i s t a s , sino que ha crecido notoriamente, como es el cas0 de Polonia. M k a h ,
juzgando la polftica de la mano tendida propuesta por Thore

=Encontramos dpidamente repetida esta critica en un articulo del Si.


tulado Religidn y seguridad, publicado en la Revista MAPOCHO, NQ 8 (T. 1[I!. N* 2) , PP
165-173. Enmntrindola, sin embargo, insuficiente, se propone “completarla ” tratando de
detectar cui1 es “el momento positivo de la religi6n”. Le parece que es el dar a1 hombrr
., . .. En
el “estar situado, estar orientado, tener ruta por delante y consumaci6n a su termino-. -
seguida consulta a la historia de la Filosofia y, a grandes brochazos. ve en ella un proceso
de desintegraci6n de las afirmaciones religiosas que culmina en Hegel con la total absor-
cidn de Dios en la Idea. Liauidaci6n rubricada POT Marx. “Pero ripidamente cambi6 Marx
de terreno” y dedicd sus esfuerzos a1 terreno de la economia y a combatir la enajenaci6rI
material, proponiendo un nuevo sentido realista y concreto a1 anhelo de seguridad. HastzI
aqui el articulo que resumimos. Comprobamos por tanto que la critica de la religi6n erI
\al-
,.la** ,=.-
\.a .._
-11
hmrrmlisnn
nlnmnmtn “‘6.A.”””.
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“l..”“ n r d 1 A d n -rmitr
YUL *“6”- r---
a1 marxismo ser hegeliano para su critica de la religi6n y simultineamente antihegeliano
para su critica de la realidad total, del pensar, de la historia y del hombre. A no ser que ,
el ateismo sea en Marx un resabio idealista y especulativo del que no se ha purgado to-
davia sufidentemcnte.
JoRGE HOURTON P.: DIALOG0 CATOLICO-MARXISTA ACERCA DE LA RELIGION 37

que “ha sido a menudo interpretada de manera estrecha y restrictiva cam0 si


entendiese: Tendemos la mano a 10s trabajadores cat6licos como trabajadores y
no como catdlicos”, 10 que “era desconocer la posibilidad y la realidad de aportes
efectivos del cristianismo como tal, para la elaboracibn de la cultura universal y
aun del movimiento revolucionario de 1as masas oprimidas” (p. 77). Es decir que
el marxismo contaria con el aporte cristiano, en lo que tiene de propio, para la
liberaci6n del hombre. Garaudy va todavia mis lejos en este esfuerzo “ecumtnico”
Y, a prop6sito de Aragon recuerda “esta verdad capital de que el marxismo se
empobreceria si San Pablo, San Agusttn, Santa Teresa de Avila, Pascal y Claudel,
si el sentido cristiano de la trascendencia y del amor se le hicieran extraiios” (p. 82).
En Salzburgo, Garaudy habrfa dicho, segsln la cr6nica de un diario aleminl3,
que no ha encontrado la formulacih mis alta del amor en Marx sino en Teresa
de Avila y en Juan de la Cruz. Y tambien. que “la vida y la muerte de Jesds repre-
sentan para el el mis elevado tipo de naturaleza humana, de libertad y de amor,
de su abertura sobre el infinito”.
@ut es entonces lo que el marxismo puede valorizar y aceptar en el cristianismo?
Eln una palabra puede contestarse: aceptaria su filosofia, per0 no su teologta. Es
dcxir, el marxismo puede y debe atender, segsln Garaudy, a la metafisica de la
in quietud humana, a la pregunta seria por el sentido de la vida y de la muerte,
dc: la acci6n y de 10s valores, per0 no puede aceptar las respuestas cristianas afir-
mativas, fundadas en la fe en una revelaci6n sobrenatural.
“Si la grandeza de la religi6n estriba en su exigencia de responder a esas
P’quntas, su debilidad y su falla es la pretensih de dar una respuesta dogmitica,
P‘xque queda siempre ligada a cierto estado de 10s conocimientos; se da por defi-
ni tiva y aun sagrada, siendo asi que lleva el estigma de las insuficiencias provisorias
dt! una 6poca” (p. 82).
Se admike la seriedad de las preguntas y aspiraciones metaffsicas, se critican y
rechazan las rcspuestas afirmativas de la trascendencia divina. Para ser posible esta
P‘ )sici6n en buena 16gica, habrta que sostener tambien una de estas dos condiciones:
43 que esas preguntas no tienen respuestas pos’ibles (escepticismo), -o que s610
te ndrin respuesta “en un ser humano lejano” (“la trascendencia es para un marxis
ta una dimensi6n del acto del hombre que se sobrepasa hacia su ser lejano”,
P- 87). Esta Gltima es la condici6n presupuesta e implicada por el marxismo. Pero
enitonces, a la pregunta que me hago aqui ahora acerca de la trascendencia, no
recibo otra respuesta sin0 la exhortaci6n a creer en un “porvenir humano”: &a
es toda la trascendencia. Pero, {no resulta pura y simplemente una nueva fe en la
inmanencia, es decir, una forma refinada de religi6n inmanentista? Si, el marxismo
9‘liere serlo integralmente.
“Si rehusamos hasta el nombre de Dios, es porque implica una presencia, una
realidad, siendo asi que nosotros vivimos s610 una exigencia jamas satisfecha de
totalidad y de absoluto, de omnipotencia respecto a la naturaleza y de perfecta
re ciprocidad amorosa de las conciencias.
”Esta exigencia podemos vivirla, actuarla, pero no concebirla, llamarla, ni espe-
ra rla; aun menos, hipostasiarla con el nombre de trascendencia. De esta totalidad
P‘ iedo decirlo todo salvo: es. Ya que precisamente esti siempre aplazada y siempre
enI crecimiento, como el hombre mismo” fp. 89-90).
Y agrega estas palabras:

=Bndische Zeitung de Freiburg, del 8 de agosto de 1965, artfculo del Dr. Herbert
vcngrimler.
38 MAPOCHO

“Si queremos darle un nombre, n o seri el de Dios, porque no puede concebine


a un Dios que estuviese siempre hacibndose, siempre naciendo” (p. 90).

Observemos, en primer lugar, que Garaudy rechaza el nombre de Dios apo$n-


dose en su idea de Dios: precisamente porque lo piensa como una “presencia”,
una “realidad’, algo que “no puede concebirse mmo siempre hacihdose y siempre
naciendo”, por eso tiene una idea de Dios como un Trascendente Absoluto. En
seguida, se apoya en esta idea para negar que se identifica con la inquietud humana
metafisica, la trascendencia relativa del hombre. Y con raz6n, porque no es Dios,
sino la huella, la promesa, las arras del Dios Vivo. Tambien el creyente vive
“una exigencia jamis satisfecha de totalidad y de absoluto” mientras camina por
esta vida. Tampoco 61 puede “concebirla” distintamente ni “hipostasiarla” en un
lejano cielo, sino que la vive y la acttia paso a paso. Pero, precisamente porque
ella no es una totalidad sino que esti “siempre aplazada y siempre creciendo”,
por eso se pregunta por la significaci6n y el sentido de esta “exigencia de totalidad
y absoluto”. Y a1 ver que ella apunta hacia horizontes ilimitados, no reducidos
a 10s contornos de una causa civilizadora, social o politica -a un “porvenir re1ativo”-
convendri, sin ofender a la 16gica racional, que puede y debe pensar a ese Abso-
luto como un In-finito, como algo que ES mis plenamente que el hombre, puesto
que se experimenta en tensidn hacia J?L, como Alguien a quien no puede nombrar
per0 cuyas facciones adquieren 10s relieves de Persona en el mismo momento e n
que admite la posibilidad de no estar solo en el mundo y de que haya Otro sobre
si. Tanto mis cuanto que algunas sefiales le muestran que Dios no lo quiere
esclavizar sino humanizar mis plenamente: no permanece en las alturas inaccesibles
del cielo empireo, sino que desciende a su historia y adquiere presencia en una
carne mortal para dar las mis sublimes lecciones acerca del amor, de la justicia,
de la libertad, de la paz, que tan hondamente repercuten en el coraz6n aun de
quienes quisieran ignorarlo. Y asi El mismo acepta esta condici6n humana d e
estar “siempre hacihdose” y “siempre naciendo” -a despecho de una idea exce-
sivamente racional y “cientifica”- y entrega a 10s hombres la responsabilidad de
“edificar su propio cuerpo”. “hasta la estatura de un var6n perfecto”.
Es imposible forzar y penetrar en ese recinto intimo e inviolable donde 10s
hombres se deciden frente a Dios. Ni el perseguidor con el terror, ni el creyente
con argumentos, pueden sustituirse a1 hombre libre en la opci6n inevitable que
debe hacer. Si el marxista consiente en que la mayor humanizaci6n lleve consigo
la mayor libertad -la de optar frente a Dios- entonces justifica y demuestra ple-
namente esa “exigencia de absoluto y de totalidad” que lo anima. El diilogo con
el cat6lico se convierte entonces en un canto comtin de esperanza.

P O S T - S C B I P T U M

Redactado este articulo, hemos tenido noticias del Coloquio cristiano-marxista organizado,
tambikn este aiio, por la PAULUSGFSSEUCHAFT y celebrado entre el 28 de abril y el 2 de
.
mayo en Chiemsee (Baviera) Nos parece interesante comunicar aquf las informaciones que
recogemos en “Le Monde” (Slection hebdomadaire) , NQ 916 (11.5.1966), en “Informations
Catholiques Internationales”. NP 264 (15.5.1966) y en la “La Documentation Catholique”,
NQ 1.473 (19.6.1966).
Este afio concurrieron representantes de confesiones cristianas no cat6lica.s: el Dr. Thie-
licke, de Hamburgo, el prof. Hromadka. de Praga, y 10s anglicanos Oestreicher y A. 0.
Dyson, de Oxford. POI el lado marxista concurrieron otra vez R. Garaudy y Luporini y
ademis un espafiol, Manuel Azdirate, que dirige una revista comunista que se publica en
Italia, y el prof. Szigeti. de Budapest. No hubo dialogadores rusos ni polacos, menos atin
de la linea pekinense.
] o R G E HOURTON P.: DIALOG0 CATOLICO-MARXISTA ACERCA DE LA RELIGION 55

En cuanto a1 contenido del diilogo, cada interlocutor renov6 sus esfuerzos por p m .
una definicibn de sus ideas que fuera comprensible y admisible por su contrano, a!
miism0 tiempo que subrayar 10s aspectos del contrario que no le resultan aberrantes desdc
su propio punto de vista. POI el lado cat6lic0, el P. Rahner y el Dr. Metz reafirmaron SUI
wiciones de Salzburgo segh las cuales el cristianismo no es, propiamente hablando, UI
Imanismo, sino que 10s relativiza a todos en pro de la fe en un destino absolute y tras
cendente para el hombre. KO por eso, sin embargo, considera este mundo como una mer;1
sala de espera para la eternidad, sin0 como una promesa de Dios que se cumple a medid;I
9‘me el hombre orienta su acci6n em el sentido de la construcci6n de la Jerusalh celestial
Todo humanismo queda por eso abierto a1 porvenir divino y no hay por tanto oposicibr1
irreductible entre “la humanidad cristiana y el humanismo marxista” (que era el tema de1
diilogo para este aiio).
por parte marxista, Garaudy debi6 primer0 rehusar vigorosamente las criticas del DI
7‘hielicke, quien encontraba que en el mantismo no hay lugar para la persona y la liber
t:ad. Insisti6 en 10s textos en 10s que Marx no hace del hombre un simple efecto de laS
f1UeTzas econ6micas y sociales, sin0 que destaca el acto creador con que el hombre labor:a
S’ propi0 destino. Elogi6 la abertura demostrada p r Vatican0 11, y reconoci6 que “la ex

FEriencia cristiana milenaria constituye un aporte insustituible que debe scr asimilado”
( mejor marxista cuando haya integrado las verdades que ustedes me aportan”). Re-
C onocib tambikn que “el drama del cisma chino obliga al marxismo a dialogar, so pens de
;onvertirse en un provincianismo” y que “es necesario renunciar a la tesis s t d i n h a , en
‘avo1 del pluralism0 y de la libertad democrfitica e induso de la propaganda religiosa”.
2oncluyendo con un llamado a la uni6n de 10s esfuerzos, expred: “Creamos la federaci6n
le las esperanzas”.
Con 1In tono de amistosa cordialidad, el P. Dubarle -conocido por su competencia cien-
tifica y !$US estudios de filosofia de la naturalen- manifest6 su acuerdo fundamental con
-:--.. UE
el humaillsmu -1- Pln..A.. <IDn- -6mA:A
v c u a u u ~ . II.~U, a n a u a v ,
1.1
-1
6.a~ n m h 1 - m -
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~ I V V A C U L ~
-1 An 1- ..--l:..--:.L-
I.,-0
LU a a
UI. ~UIIUM
IC~UL~CIULI

de a t e humanismo. No somos s610 intelectuales. Nuestros anhelos estin lejos de las reali-
zaciones”. Parecfa aludir a la dificultad de extender a1 cuerpo social que cada uno repre-
xnta e t a voluntad de diilogo y de comprensidn mutua, sin entrar en conflict0 con 61.
Cads uno, cristiano y marxista, debe ser solidario de sus respectivas comunidades, a pear
de las carencias y dmenes de kstas. “Debemos cambiar 10s vasos de barro en que estin
contenidos nuestros tesoros y reemplazarlos por uno mis grande que nos contenga a todos”.
Queda planteada ast la cuesti6n de la accibn concreta que prolongari y dari envergadura
real a1 difilogo de las ideas.
El p. Girardi, salesiano italiano y consultor del secretariado conciliar para 10s no axeyen-
tes, apunt6 a1 mismo intento de concretar el difilogo cuando seiial6 que la tarea de cads
bloque consiste en superar sus respectivos conservantismos y estrecheces. Hizo un llamado
a1 mamismo que son6 a desafio: “El marxismo debe poder correr el riesgo de la libertad.
Un rCgimen que no fuera aceptado POI el pueblo no puede consideram verdaderamente
mamista. Es tiempo de presentar a la humanidad un marxismo verdaderamente adulto”.
Ha116 eco inmediato en el prof. Luporini, una de las mis relevantes penonalidades del
marxismo italiano, quien replic6 que formulaba votos POI la maduraci6n tanto de marxis-
tas como de cristianos. “El marxismo no quiere una sociedad sin Dios, afirm6, sin0 una
sociedad en la que el hombre no sea explotado. La conciencia religiosa no debe consideram
por tanto como un obsticulo a la colaboraci6n”.
La suerte de estos didlogos, en mma, parece depender del eco que encontrarin en sus
rapectivas comunidades. Tal vez ha todavia un largo camino que recorrer. Sin embargo,
hay sintomas que no permiten de &J> rar: el Cardenal Ottaviani -conocido por SUJ p s i -
ciones conservadoras en el Concilio- declar6 en Roma a un periodista espaiiol: “Lm horn-
bres de ciencia y 10s teblogos que llevan este diilogo son personalidades que tienen un
.-.-.~m rm= intdiwnria v i i n a nriidenrin drmnstrada. si1 artitid CI ,=innnl-r*~ D-- =.
Antartida

I E N E s T A “tierra de ockno” como llamara a Chile Benjamin Subercaseaux, cada


Hace 50 aiios paso que se da, o tiene un comienzo o u n fin en el mar, es por eso que a1 volver
una pigina cualquiera del libro de nuestra historia, nos encontraremos siempre con
a l g h episodio, con a l g h recuerdo, de esos que dejan en la mente una confima-
ci6n ’de la tradici6n marinera de nuestra raza que nos empuja inconteniblemente
hacia el mar y que nos hace ver, cuando se mira hacia el futuro a traves del inmenso
ventanal de nuestras costas, que esta tradici6n se transforma en u n destino, un des-
tino que CHILE no ha querido jamis comprender.
S610 ayer, en 1916, en medio de un brumoso otoiio austral, a fines del mes de
agosto, se desanoll6 u n episodio que tiivo por escenario 10s canales del extremo sur,
el lejano mar de Drake v 10s nevadns nirarhm d e la AntRrtirla marrn a n r n n i a r l n
escenario propiciato
Un pequeiio bar(
sin siquiera luz elect
pavia “Yelcho”, de
a1 ockano glacial y z
hielo, arrebat6 de la
expedici6n polar in]
Ese barco que no
coraje y la pericia I
y sobre sus cubierta
Su Comandante,
este relato, nos ha d
en una disfmil coml
ce de la tecnica pon
10s elementos.
El coraje y el val
de esos navegantes
vados en las rocas y
triunfari y su triun
pubs, con el valor c
Lo vemos inclina
zonte en el instante
de las islas Elefantes
sin siquiera medir 1
sencillez, extrema: 1
Sir Ernest Shack
antirticas inglesas, e
dejados en las islas
dio con este hombr
personalidad de mal
laci6n y desde ese m
la “Yelcho” para er
‘Contralmirante (
de Chile, a traves del jefe m&mo de la Armada Almirante Muiioz Hurtado, pone
a ai~ disposici6n el barco y Shackleton que sabia que tenia en sus manos las cartas
delI triunfo, no vacila un mornento y se lanza en la empresa.
Hoy las islas Elefantes llevan u n nombre en las cartas chilenas de la Antirtida:
1s Piloto Pardo; hoy un buque antirtico de la Armada Nacional, lleva su nombre:
iloto Pardo”, monument0 vivo con que se honra a u n heroe de la paz, a u n marino
e arriesgando su barco, su vida y la de sus hombres, salv6 de la rnuerte segura a
niufragos en una misi6n humanitaria que tuvo repercusiones rnundiales.
Hace 50 aiios, cuando todavia el polo Sur y la Antrirtida toda, eran casi descono-
cid!OS, cuando 10s conquistadores de sus secretos se lanzaban en valerosas y pujantes
emlpresas a traves de la inmensidad helada, un pequeiio barco de la Marina de Gue-
rraL de Chile hacia acto de presencia en esas apartadas latitudes y junto con el his-
ru,ko flamear (
.A. itrirtida, cumplia u n labor humanitaria de
grande alcance.

A 10s nornbres d~ 103 p u l l c l u ~uc ld A d r t i d a como Cook, Smith, Weddell, Bellings 12


h ausen, Dumont d‘Urville, Ross, se agregan 10s mas modernos como Gerlach, Scott Nuddeton Y
Y 1Shackleton. su empresa
Vamos a ocuparnos de &e liltimo. Sir Ernest Shackleton realizaba su penhltima
ex!ploraci6n; habia concebido la audaz empresa de cruzar de mar a mar el conti-
nente antirtico, del mar de Weddell a1 mar de Ross. El se internaria por el mar de
Weddell con el “Endurance”, un velero mixto de tres palos, de tresdentas toneladas,
co1n mlquina a vapor, y acondicionado para misiones polares y otro barco, el “Au-
ro1ra”, que debia zarpar desde Australia, recibiria a 10s expedicionarios a1 cruzar
sol>re el hielo, a1 otro extremo, en el estrecho de Mac Murdo, inmediato a1 mar
de Ross.
En julio de 1914, poco antes de la declaraci6n de guerra, la expedici6n polar
est:aba lista para zarpar desde Inglaterra. La declaraci6n de guerra misma estuvo a
P”into de detener su partida, per0 Churchill. a la saz6n Primer Lord del Almiran-
tai!go, determin6 “continuar”, y la expedicibn zarp6 a Buenos Aires.
El 26 de octubre de 1914 lista la expedici6n para iniciar sus labores. abandon6
Biienos Aires en direcci6n a1 archipielago de las Georgia del Sur, desde donde el
“Eindurance” se dirigi6 directamente hacia 10s hielos, con rumbo a las Tierras del
RIey Leopoldo, penetrando en el mar de Weddell por el Este, zona que se presentaba
mias favorable para las operaciones a realizar. El comienzo del aiio 1915 fue anormal
Y extrernadamente mis crudo que de costumbre en la Antirtida. Ya el 18 de enero
de! 1915 10s hielos del pack se cerraron alrededor del “Endurance”, para no abrir-
se mis.
El “Endurance” una vez detenido y aprisionado por el pack comenz6 a derivar
con 10s hielos hacia el Norte, despues de haber alcantado un punto pr6ximo a la
costa e inmediato a las tierras del Rey Leopoldo. En agosto de ese aiio (1915) co-
m’enz6 a pensarse en la posibilidad de tener que abandonar el buque y el 25 de
oc:tubre el barco se mont6 sobre un ternpano, quebrindosele el tim6n y la popa y
de!spuCs la quilla.
Los expedicionarios hubieron de acampar a un costado del buque con todos sus
pipos y provisiones retiradas s610 unos dias antes. Dos dias mis tarde el “Endu-
nce” se destrozaba bajo la enorme presi6n del pack, sus palos cayeron sobre el
1
elo y se consumaba un naufragio en medio del ocean0 polar a 10s 69 grados de
titud Sur y 52 grados aproximadamente de longitud Oeste, a 346 millas marinas
3 la tierra mis cercana (Tierra de O’Higgins , entonces tierra de Graham). El 21 de
Dviembre el “Endurance” se hundia total y definitivamente.
42

La situacibn era trhgica, 10s iidurragus cidii L d p L C S uc iicvar cuiisigu con io5 ele.
mentos disponibles hasta 50 dfas de viveres y acaso necesitarian el doble de este
no
=! 1
tiempo para llegar a la tierra mis prbxima, donde 10s esperaria tambien el hambn
y tal vez la muerte.
Shackleton con su experiencia
sobre un tCmpano, confiado en que las corrientes continuarian alejandolo del polo

Se hizo un intento de marcha sobre el hielo, per0 iue un tracaso, la tatiga 10s
rindi6 tras cinco dias de marcha sin haber avanzado mis de 4 6 5 millas. Acampaidas
sobre otro tempano, derivaron durante 10s meses de enero, febrero y marm de 1916
y U C J ~ U C JUF u UICJCJ UCJUC afiauuaEIv IiLBaiuu uL LLvlll ub lJIv a

donde pudieron embarcarse en las tres chalupas que habian arrastrado como trineos,
logrando alcanzar por fin, ya a1 termino de la resistencia humana, el 15 de abril de
1916, las islas Elefantes en 10s 61 grados de latitud Sur, despues de una travesfa por
el mar helado de casi 100 millas. Alli en una cueva abierta sobre el hielo y bajo
las chalupas puestas boca abajo, lograron establecerse precariamente, en espera de un
auxilio improbable que no sabian de dbnde podria llegar.
Shackleton, ikeductible ante la adversidad, concibe el audaz proyecto de lanzaw
a1 mar en busca de auxilio y el 24 de abril de 1916 deja las islas Elefantes, con cinco
de sus compafieros en una chalupa de 6 metros de eslora, en demanda de la estaa6n
ballenera de las Georgia del Sur, distante 750 millas marinas, teniendo por delante
el mar abierto, el ocean0 polar, el pack con todas sus acechanzas y peligros y d&-
pubs de 16 dfas de lucha incesante y fiera, consigue llegar a su destino, en una
hazaiia digna de su temple y su audacia.
1
1 rescate de
ISndufragos
el “Endu-
ince”

V
.a “Yelcho”
n misidn a
as Idas Ele
antes
44 I

A las 12.15 horas de la noche del dfa viernes 25 de agosto de 1916, la "Yelcho"
zarpb de Punta Arenas en demanda del canal Magdalena en la ruta a1 Beagle: en la
tarde fondeb en caleta Burne y a1 dia siguiente a la misma hora, en Ushuaia, donde
Shackleton fue muy bien recibido, regresando a bordo satisfecho de las atenciones
de que habia sido objeto.
A1 dia siguiente, domingo, a1 mediodia, la 'Yelcho", fondeaba en Caleta Banner,,
isla Picton, para rellenar sus carboneras y aprovisionarse a1 m k i m o de combustible
que llevaria en cubierta. Terminada la faena a las 15.30 horas. el buque zarp6 direc-
tamente a alta mar con buen tiempo, barbmetro alto y firme.
Este dia y el siguiente fueron de buen tiempo; la temperatura de 3 p d o s centE

e
RAFAEL SANTIBAREZ: UNA HAZARA EN LA ANTARTIDA 45

grades en un comienzo, descendi6 a 9 y 10 grados bajo cero. L a s neblinas corrientes


en la zona con este tiempo. comenzaron a manitestarse cada vez mis espesas, per0
-1 v h t o suave permitia observar en parte el horizonte y divisar 10s tempanos que

comeinzaban a aparecer cada vez en mayor cantidad. A las 11.30 de la noche de este
xgun do dia de n a v e g a c h , la cerraz6n fue total, obligando a reducir el andar a 610
3 mil las y a establecer vigilancia especial.
AI amanecer del tercer dia la brisa matinal despej6 un tanto el horizonte y pudo
reporierse el andar de 10 millas horarias mantenido durante 10s dos primeros dias.
La viisibilidad era escasa, 10s tempanos rodeaban el horizonte e iban creciendo en
LalL,a50
*..m=i a medida que el buque avanzaba hacia el Sur. El Comandante decidi6, sin
embargo, mantener el andar para recalar de dia y a buena hora a las islas.
A las 10.40 de la mafiaria del dia miercoles 30 de agosto, navegando en plena
zona del pack, aparecen a la vista las primeras rompientes del extremo norte de las
islas Elefantes y se reconocen las rocas Seal a 2v2 millas de distancia. Los tempanos
se acercan, dice Pardo, como manchas negruzcas de intensa niebla que s610 se defi-
nen a corta distancia. Se comienza a rodear la isla, hasta que a la 1.30 de la tarde,
-on gran regocijo de todos, se avistan 10s niufragos que estaban ubicados en un
ajo, teniendo por un lado un enorme ventisquero y por el otro 10s altos picachos
e la isla. Se dirige la proa a este punto aproximindose a tierra lo mis posible.
En tierra la situaci6n era ya de resignacibn y desesperanza, Frank Wild a cargo
el grupo habia decidido esperar hasta octubre y en caw de no llegar auxilio diri-
irse en las chalupas a la estaci6n ballenera de isla Decepcibn, donde el dima era
n i s propicio para subsistir y habia una mayor probabilidad, de recibir auxilio.
Diariamente se observaba el pack que aprisionaba a la isla y que impedia el acceso.
El dia 28 un fuerte viento del Sur oeste habia roto el pack y aclarado en parte
1 acceso y el d h 30 cuando nadie lo esperaba, a la hora del almuerzo, que era d10
Le lapas y de algas, cuando se encontraban la mayor parte de 10s nfiufragos sentados
:n su refugio, se escucharon 10s gritos de jdbilo de dos de ellos, Huley y Horston,
p e habian permanecido afuera y que gritaban a todo pulm6n: iUn buque! IUn
mque!, era la “Yelcho” que se aproximaba y que en esos momentos hacia sonar su
irena anunciando su llegada.
Aguantindose sobre las miquinas se a m 6 ripidamente una chalupa, en la m a l
,e embarcaron Shackleton y Grean y cuatro hombres, quienes se dirigieron de inme-
liato a tierra, desde donde ya se oian hurras, se agitaban paiiuelos y hasta se habia
prendido un fuego para seiialar con humo la posici6n exacta donde se encontraba
E1 grupo.
Antes que Shackleton hablara, ya se habia gritado: itodos estamos bien! Esta cha-
lupa regred con algunos bultos y 12 de 10s niufragos, volviendo de inmediato por
10s demfis y por el equipaje de la expedici6n. que se habia guardado celosamente,
por contener todas las cartas, mapas, observaciones, estudios, fotografias, peliculas,
xc., de la expedicih.
Todo a salvo despuks de una hora de arduo trabajar, se iz6 la chalupa. apegando
a esta maniobra todos 10s tripulantes induso 10s nfiufragos, la “Yelcho” zarp6 de
inmediato, eran las 2.30 de la tarde cuando se pus0 rumbo a1 Norte. Se habia cum-
plido una misi6n de u n profundo significado humano, y para ello, como sucede en el
mar, se habia puesto en la balanza del destino un ndmero igual de vidas humanas.
A las 4 de la tarde la “Yelcho” cruzaba airosa a la cuadra de las rocas Seal y a las
9 ya se habia dejado atris la zona mis peligrosa; el tiempo se mantenia igual, ne-
blina, chubascos de nieve, barbmetro alto y temperaturas muy bajas.
A1 dia siguiente el viento rondb a1 NW, el barbmetro comenz6 a bajar y aparecie-
ron nubes m h oscuras y ya en la noche la mar estaba gruesa y el mal tiempo co-
46 MAPOCHO

menzaba a declararse y hacerse general en la zona. Se pretendid recalar a1 Beagle,


per0 la cerraz6n hizo rnis prudente enmendar rumbo y seguir por el estrecho de
Le Maire y por fuera en demanda del Estrecho.
Este tramo de la navegaci6n fue duro y mis duro aim para este pequeiio barco,
per0 el amanecer del tercer dia recornpens6 en parte las horas de vigilia, a1 avistarae
el faro de punta Dungeness a las 6. A. &I.
No fue posible por el estado de la mar y viento, enviar bote a tierra en Dungeness,
para dar por telegrafo a1 Almirante el aviso del regreso, por lo que se continu6 por
el Estrecho hasta fondear en Rio Seco a las 4 P. M. del doming0 2 de septiembre,
desde donde se dio la grata iiueva del regreso y la salvaci6n de 10s 22 niufragos
de la isla Elefante a la Comandancia de la Base Er’aval. “Misi6n cumplida”, fue la
frase que el telCfono trasmiti6 desde Rio Seco.
A1 dia siguiente se zarp6 a Punta Arenas a las 10.30, fondeando en dicho puerto
a las 11.30 horas.
V Las 500 millas que separan la Antirtida del extremo sur del Continente habian sido
EZ regreso de cubiertas a la ida y a1 regreso con extraordinaria precisi6n. Las determinaciones ma-
lo Antdrtido rineras y de navegaci6n habian sido inteligentes y atinadas, la recalada a las islas
exacta y a la hora conveniente, se habian aprovechado las condiciones favorables
del tiempo con habilidad y sin vacilaciones, era entonces natural esperar como re-
sultado, el Cxito en la dificil comisi6n. Los niufragos que habian sufrido largos diez
meses de extraordinarios rigores, sin rnis alimentos, en su Gltima etapa de Elefantes,
que las escasas raciones que afin les quedaban, la carne de lobo y de 10s perros de la
expedici6n que se vieron obligados a sanificar, durmiendo apretujados para darse
calor, en cuevas y bajo 10s botes, llegaron a bordo sucios, impregnada su ropa y sus
cuerpos de aceite de lobo, per0 con u n destello de esperanza en sus ojos a1 verse
reintegrados a la vida y a la civilizacibn. Habian sufrido no s610 privaciones de todo
orden sino incluso congelaciones, llegando en algunos casos a la amputaci6n de 10s
dedos de 10s pies, como le sucedi6 a dos de ellos, Blackborrow y Hudson.
Todos sin excepci6n no se cansaban de agradecer a Chile y a sus autoridades y a
la Marina de Chile en especial, su existencia y su salvaci6n.
Una de las primeras preguntas a1 llegar a bordo fue: &hindo termin6 la guerra?
Y la guerra no habia terminado, debia durar dos terribles aiios rnis antes de ver su
fin, sin embargo, habian sido salvados y est0 era lo inmediato. Estos hombres habfan
permanecido dos aiios alejados del mundo y sin noticia alguna.
La llegada a Punta Arenas constituy6 una sorpresa para niufragos y tripulantes,
para Pardo y para Shackleton. Se habia vivido en tierra la odisea de la expedici6n
y el naufragio; se conocian sus detalles y el sentimiento humano habia hecho latir
10s corazones aceleradamente; no era extraiio entonces que el pueblo se volcara a las
calles a compartir el regocijo de 10s salvados, no era extraiio que muchos esperaran
con ansiedad la llegada de la “Yelcho”, que habia zarpado una noche cualquiera
rumbo a parajes desconocidos y que volvia triunfante cumplida su misi6n que todos
sabian dificil y peligrosa.
*. Las autoridades tambien habfan pesado su responsabilidad y sentian satisfaccidn
por el Cxito obtenido. Habfa dos figuras que se destacaban nitidas e n el ambience:
Shackleton, el explorador inglCs, valiente, decidido y audaz, incansable en su empeiio
de salvar a sus hombres y Pardo, el comandante chileno, realizador, conscience y
capaz del salvataje, que regresaba aureolado de un bien ganado prestigio.
El homenaje pGblico fue extraordinario. la Colonia Inglesa en masa comparti6
el recibimiento, las autoridades esperaban en el muelle, habia fonnaciones de insti-
tuciones PGblicas y cada mal queria manifestar mejor su entusiasmo por el 6xito.
Las atenciones se multiplicaron, Shackleton y Pardo recibieron las felicitaciones del
-
RAFAEL SANTIBAREZ: U N A HAZARA EN L A ANTARTIDA 41

Gobierno de Chile, de la Armada y 10s abrazos calurosos de amigos y simpatizantes.


-AI
-- elevar el Parte de Viaje a la Superioridad Naval, el Almirante Mpez propone el
asceinso del Piloto 20 don Luis Pardo como un justo premio a su destacada actuaci6n.
IJn dia despues Shackleton era informado de que el Gobierno, habfa puesto la
“Yelcho” a su disposici6n para conducir a Valparaiso a 10s componentes de su
exPedici6n.
1$1 20 de octubre de 1916 la “Yelcho” zarp6 de Punta Arenas rumbo a1 Norte
en cumplimiento de su nueva misi6n.
1La recepci6n en Valparafso alcanz6 caracteres excepcionales. La prensa habia e-
tad10 informando durante dias de las alternativas del salvamento y todos esperaban
el 1momento de la llegada de Shackleton y sus hombres, de la “Yelcho”, de su Co-
malndante y su tripulaci6n.
1El dia 27 de octubre de 1916, la escampavia “Yelcho” hacia su entrada triunfal
a1 :puerto, lleg6 con empavezado completo y una F a n bandera chilena en el palo
mxyor, como 10s barcos que regresan de largas comisiones, cruz6 entre 10s buques
de la Escuadra que la saludaban con sus tripulaciones formadas en cubierta, una
verdadera nata de embarcaciones menores que habia salido a recibirla, la escoltaron
en su ruta a1 fondeadero. Los muelles, 10s cerros y cuanto sitio tenia visibilidad a la
baliia estaba lleno de gente. Sonaban las sirenas y el buque avanz6 lentamente en
medio de este ambiente de fiesta y regocijo hasta que larg6 el ancla frente a1
muielle Prat.
A1 fondear, recibe 10s saludos de las autoridades, el c6nsul britinico sefior Alan
M2LC Lean y el Ayudante del Director General de la Armada, capitin de corbeta
sefiior Luis Diaz Palacios, son 10s primeros en subir a bordo, 10s siguen un grupo
de periodistas y destacados miembros de la Colonia Britinica.
Despues de 10s saludos oficiales a bordo, bajan a tierra Shackleton y sus compa-
fie;cos de exploracih y el Comandante de la “Yelcho”, Piloto Pardo. En el muelle
Pr;at 10s esperaban el Intendente de la provincia don Anibal Pinto Cruz y el Alcalde
de Valparaiso, Almirante don Jorge Montt y respetables vecinos. Fue u n momento
en:kocionante de este encuentro en medio de 10s ensordecedores vivas y el pfiblico
qu e se avalanzaba hacia ellos.
La comitiva se dirigi6 a1 Circulo Naval, que se encontraba prbximo, donde se les
of1reci6 una sentida manifestacibn en su honor. El phblico exigi6 la salida a 10s balco-
ne s del edificio, de Shackleton y Pardo, donde recibieron una clamorosa ovaci6n
Pdiblica.
El capitin de navio don Carlos Ward ofreci6 la manifestacibn, dando en concep-
tu osas frases la bienvenida a Sir Ernest Shackleton, quien agradeci6 emocionado, ex-
PT esando su admiraci6n y sus agradecimientos por la Marina de Chile, a quien debia
el salvamento de sus compafieros. En seguida, dirigiendose a1 Piloto sefior Luis A.
fitrdo, el Comandante Ward le dijo: “El Circulo Naval se complace en recibirle
Y le tributa su aplauso carifioso por la brillante labor que acaba de cumplir; Ud. ha
- sabid0 seguir la huella trazada en nuestra instituci6n por sus mas grandes figuras,
hcnrando asi a la Armada Nacional”.
Pardo contest6 agradeciendo el homenaje de que era objeto en frases sencillas
Y sentidas.
Las manifestaciones continuaron, Pardo fue obsequiado por la Colonia Britinica
Valparaiso, con un hermoso reloj de oro, grabado con una menci6n recordatoria
e su hazaiia. El Cuerpo de Salvavidas de Valparaiso le otorg6 una hermosa medalla,
L Liga Maritima de Chile y la Liga Patri6tica Militar hicieron otro tanto, como lo

abia hecho antes la Municipalidad de Punta Arenas. La Armada Nacional solicit6

.
I ascenso a1 grado superior e him dejar constancia de su actuaci6n y de la de todos
48 MApocH

10s tripulantes de la “Yelcho” en sus hojas de servicios. El Gobierno, despues, po


Ley NO 3.368, de 10 de mayo de 1918, le concedi6 por gracia un abono de 10 aii-
para 10s efectos de su retiro y dispuso que se le computara su pensi6n tomando com
base el sueldo integro asignado a su empleo.
A1 dia siguiente y mientras se recibian las congratulaciones de gobiernos y ent
dades extranjeras, Shackleton y el Piloto Pardo se dirigieron a Santiago, donde fu
ron recibidos por S. E. el Presidente de la Rep6blica don Juan Luis Sanfuente
aprovechando Shackleton esta oportunidad para agradecer a1 gobierno las atendone
que habfa sido objeto y el haberle facilitado la “Yelcho”.
El 7 de septiembre de 1916 Pardo habfa sido ascendido a1 grado de Piloto 10.
El 2 de octubre de 1916, la Sociedad Chilena de Historia y Geografia, en el sal6
de Honor de la Biblioteca Nacional, en una brillante recepcibn, hizo entrega a1 ex
plorador Sir Ernest SharkIeton, de 10s documentos que le daban el caricter d
Miembro Correspondiente de la Sociedad. En esa ocasi6n hizo us0 de la palabr
don Alberto Edwards.
El 5 de noviembre de 1916, la misma Sociedad y en el mismo local hizo entreg
de una medalla de oro, que le habia concedido a1 Comandante de la “Yelcho
Piloto seiior Luis Pardo, haciendo us0 de la palabra esta vez el seiior De Montessu
de Ballore, quien manifest6 que era la primera vez que la Sociedad Chilena de His
toria y Geografia concedia una medalla para premiar hechos atrevidos o heroicos e
lugar de trabajos intelectuales que era su modalidad. La contestaci6n sencilla y nobl
de Pardo, pus0 en alto relieve su personandad modesta, per0 definida y firme, soste
niendo que dentro del concept0 que le informan sus deberes de marino y de chilen
s610 siente satisfacci6n por el deber cumplido y si se ha estimado que habia a l
de gloria en su accibn, ella pertenecfa a la Marina de Chile.

VI Los hechos relevantes del pasado tienen siempre un sitial de honor en el recuerd
Figurus ejem- de 10s pueblos.
plares Esta vez es la hazaiia en la Antirtida que ejecutara el Piloto 20 de la Armad
Nacional, don Luis Alberto Pardo Villalbn, lo que ocupa nuestro pensamiento
nuestro recuerdo a1 cumplirse 10s 50 aiios de su realizaci6n.
Pardo naci6 en esta tierra chilena el 17 de noviembre de 1882 y a 10s 18 afio
su vocaci6n de muchacho lo llevb a la Escuela Niutica de Pilotines, que a carg
de la Armada, preparaba personal para nuestra Marina Mercante. El 26 de julio d
1900 fue aceptado como alumno de esta Escuela y el 9 de octubre de 1903, a1 termi
nar brillantemente sus estudios, fue contratado por la Armada como Piloto 30 niuti
co, sirviendo en diversos buques con eficiencia y distinci6n hasta que en agosto d
1916 fue nombrado por eleccibn del Comandante en Jefe, Comandante de la Escam
pavia “Yelcho”, para ir en salvamento de 10s niufragos de la expedici6n Shackleton
Casi tres aiios despues de su hist6rico viaje a la Antirtida, por voluntad propia
y con gran sentimiento de sus jefes, dej6 la instituci6n para dedicarse a actividade
particulares. Durante su retiro por designaci6n del Gobierno sirvi6 m h de cuatm
aiios el puesto de C6nsul Chileno en Liverpool.
Casado con la seiiora Laura Ruiz, tuvo cuatm hijos: Fernando y Ricardo, ambo
c oficiales de la Fuerza ACrea, muerto este Liltimo en un trigico accidente aereo, ade
m h Fresia y Roberto.
Falleci6 en Santiago, de muerte natural, en 1935, a la edad de 54 aiios, siendo
sus restos sepultados en el Cementerio General.
HCroe de la paz, su vida dej6 una estela cuyo brillo resplandece en la condencia
de sus conaudadanos como un ejemplo. Sus virtudes no se dan con tanta frecuen
cia como la Patria lo quisiera. El profundo sentido del deber, el equilibrio innate
RAFAEL SANTIBAA’EZ: UNA HAZANA EN LA ANTARTIDA 49

en sus actuaciones, el temple valeroso de su espiritu y el alto concept0 de la moral


institutional, alzaron su figura mis allA de 10s limites corrientes para destacarse c m
nitida belleza en 10s anales de la Annada y en el pais. Baste s610 recordar u n hecho
que lo honra y que lo eleva, el Gobicrno Britdnico deseando premiar su maravillosa
accibn, le ofreci6 una cuantiosa recompensa en dinero, que en esos aiios y hoy sig-
nificaba una fortuna, Luis Pardo, siendo s6lo u n marino, u n hombre sin mis medios
que su sucldo, la rechaz6, porque estimaba que su actuacibn, no merecia mhs premio,
mis satisCacci6n que la que ofrece el deber cumplido.. .
Su compaiiero de salvataje, el gran explorador Shackleton, habia muerto antes
que 61, el 5 de enero de 1922, tambikn de muerte natural, a bordo de su buque el
“Quest”, en las islas Georgia del Sur, cuando se preparaba para lanzarse a1 polo
en una nueva expedicih.
En una colina de Grytviken en South Georgia, una piedra vertical que enfrenta
la entrada del puerto, muestra la tumba de este hombre excepcional, valeroso y
audaz, pionero de 10s hielos, u n marino de la flota mercante inglesa, que dej6 en su
estela valores para la ciencia J gloria para Inglaterra.
Sin duda, entre estos dos hombres que se unieron en un comiln destino, a pesar
de su discrepante posicih, habia algo de comiln: para 10s dos desde muy j6venes
su vocaci6n 10s llev6 a1 mar, 10s dos se alistaron para servir a la Marina Mercante
de sus p t r i a s respectivas, 10s dos sirvicron bajo patrocinio de sus Armadas, en 10s
dos se observa u n temperamento recio y una voluntacl realizadora, decidida y fuerte,
10s dos tcnian u n sentido romintico de la vida que atraia y subyugaba, 10s dos se
unieron en el infinito del recuerdo, el Explorador y el Comandante, para dejar una
huella de luz a las futuras generaciones.

APENDICE

PARTE PASADO POR EL PILOT0 29, SR. LUIS A. PARD0 VILLALON, COMANDAN-
TE DE LA ESCAMPAVIA “YELCHO”, SOBRE SU T’IAJE A ISLA ELEFANTE EN AUXI-
LIO DE LOS NAUFR.4GOS DE LA EXPEDICION SHACKLETON, COMO ASIMISMO,
RELACION DEL PERSONAL SALL‘ADO Y DEL QUE FORMABA PARTE DE LA
TRIPULACIOS DE DICHO BUQUE

PL~NTA ARENAS, 6 de septiembre de 1916. Adiunto tengo el honor de elevar a la consideracibn


de us. el parte pasado por el Piloto 29 seiior Luis A. PARDOVILLAL~N, Comandante de la
Escampavia “YELCHO”,sobre su viaje a Isla Elefante en auxilio de 10s niufragos de la Ex-
pedicibn Shackleton, acompaiiando una relacibn del personal salvado y otra del que formaba
la tripulacibn del “YELCHO”.
A1 elevar a us. el parte citado, me hago un deber en recomendar calurosamente a la
consideracibn de us. la forma altamente satisfactoria en que este Oficial ha cumplido tan di-
ficil comisibn, demostrando en todo momento gran entusiasmo, energia y una preparacibn
profesional digna de todo encomio, segiin sc ha servido expreshuelo verbalmente Sir Ernest
Shackleton, quien se muestra agradecitlisimo por el auxilio prestado y por la forma en que
el Piloto Pardo desempeiici su dificil cometido.
AI felicitar a us. sinceramente por el feliz kxito de esta expedicibn, que pone tan en alto,
ante el mundo entero, el buen nombre de nuestra Marina, me permito insinuar a us. la
idea que como justo premio a sus servicios se le conceda a1 Piloto Pardo el ascenso a Piloto
19, ya qoe es el primer0 del Escalaf6n con sus requisitos cumplidos y con seis afios en el
grado. Saluda a us. (Fdo.) LUISV. L ~ P E ZContralmirante
, Comandante en Jefe.
AI Sr. DIRECTOR GENERAL DE L A ARMADA, L’ALPARAkO.

Es COPIA FIEL DEL ARCHIVODE LA DIRECCI~N


GENERALDEL PERSONAL
DE LA &ADA.
VALPARA~SO.
50

ESCAMPAVf.4
-
L

“YELMO”. PUNTAARENAS,septiembre. 5 de 1916. Tenm la honra de dar cuenu


a us. de la comisi6n efectuada por esta Escampa I-
3
-
1
p s de la Expedici6n Shackleton.
El viernes a las 12.15 A. M. zarp6 de hta cou LWUUV LL KICLUII, tuwauuu a s auxau=Cc& e1
Canal Magdalena y demis pasos hasta fondear a las 5 P. M. de esta mi8;ma tarde sin noveda’d
en puerto Burno.
El dbado a las 6% A. M. se continub viaje con buen tiempo fondeando a las 5 P. M.
sin novedad en Ushuaia.
En este puerto fueron muy bien atendidos Sir Ernest Shackleton y sus dos compafieros,
10s que regresaron muy satisfechos a bordo.
El domingo a las 6y2 zarp6 rumbo a isla Picton donde fonde6 sin novedad a las
11.15 A. M.
Se mand6 Guardiin y equipaje a tierra, principiando inmediatamente despuQ de la
faena de carb6n; embarque trescientos sacos, se rellenaron carboneras y resto qued6 en
cubierta.
A las 3y‘ termin6 esta faena y zarpk inmediatamente a Q
era muy bueno y el bar6metro se mantenia muy alto y firn
El lunes se naveg6 sin novedad, a diez millas constante. LI tiempo se presentaba inmejo-
rable; el barbmetro continuaba alto y viento fresquito del S.W.
A mediodta se hicieron las observaciones astron6micas correspondientes continuando viaje
sin alterar el rumbo. La noche se present6 estrellada y el horizonte bastante claro; el barb-
metro se mantenia sobre 762 v la temperatura de 9 grados, siendo la corriente del S.E.
El martes se continu6 la navegaci6n en iguales condiciones que el dta anterior, despub
de haber hecho las observaciones astron6micas se comprob6 que no habfa necesidad de
alterar el rumbo.
La temperatura fue bajando sucesivamente hasta ser media noche de 9 a 10 grados bajo
cero; la corriente continuaba en la misma direccidn. A las 5 P. M. entramos en la zona peli-
grosa de las neblinas, las que por lo general no son continuas; pues, a pesar de Ber perma-
nentes en esa regibn, corren segfin la direccibn del viento, dejando siempre algunos minutos
de claridad, con lo cual el horizonte se hace m8s visible a 2 6 5 millas.
A las llyz P. M. la neblina fue espesa y constante, por lo cual hube de disminuir el
andar a tres millas, &a continub en iguales condiciones hasta las 5 A. M. del miercoles,
hora en que era menos espesa, que dejaba visible un horizonte, de una milla por lo que ae
pus0 la miquina a toda fuerza.
Aunque nos encontramos en la zona peligosa, tanto por las rompientes y bajos conocidos,
como por la neblina o ternpanos, se prefiri6 continuar navegando en esta forma por consi-
derar ser menos peligroso que el no poder llegar ese dfa a1 campamento de la Isla, con lo
cual nos habria sorprendido la noche y desorientado.
A las 8 A. M. encontramos 10s primeros ternpanos; a las 91/2 A. M., en la zona de los
grandes ternpanos y a las 10.40 A. M., divisamos 10s primeros Braken del extremo norte
de la Isla Elefante. A las 11.10 A. M. se reconocieron las Seal-Rks, a las 2% millas de dis-
tanaa aproximadamente.
Se extrem6 la vigilancia en todo el buque para avisar a tiempo 10s grandes thpanos,
que en forma de neblina negruzca y de doble altura se divisaban por la proa y costado.
vistos en esta forma debido a la neblina y a la refracci6n solar combinada.
En esta forma se continub rodeando la isla hasta la lyz P. M., hora que con gr4..‘.+“C’,’

de todos se avistaron 10s niufragos que estaban ubicados en un bajo, teniendo por un lado
un grande y notable ventiqqnero y por el otro notables picos nevados muy caracterfsticos
en esa Isla.
A1 acercamos a1 punto indicado se ofan las manifestaciones de regocijo y 10s h u m de
estos niufragos.
Se mandb chalupa a tierra a las 6rdenes de Sir Ernest Shackleton, el que fue recibido
por ellos con grandes aclamadones de jbbilo. Regresando el primer bote a bordo que trafa
la mitad de la gente y algunos bultorr. aclamaron a Chile y a su Gobierno.
El segundo bote, que fue por el resto de la gente, hizo otro tanto.
-FAEL SANTIBAREZ: UNA HAZARA EN LA ANTARTIDA 51

A las 2.25 P. M. se tenia toda la gente a bordo e izado el bote: dhdose a esta hora
nbo a1 norte.
A las 4 P. M. teniamos Seal-Rks a la cuadra y a las 9 P. M. saltamos de la zona peligrosa,
mpre con neblina, barbmetro alto y temperatura baja.
El jueves a las 8 P. M. el viento rond6 a1 NW y el barbmetro principi6 a bajar, durante
noche la mar fue gruesa, resolviendose en un mal tiempo que nos molest6 bastante y el
11 nos acompafi6 hasta la entrada del estrecho.
El viernes la neblina nos impidi6 tomar el Canal Beagle, por lo que resolvi seguir viaje
omar el Estrecho.
El dbado a las 6 P. M. avistamos el Faro Dungeness y Virgenes: puse rumbo a Dungeness
‘in de anunciar nuestra llegada. Una vez cerca de h e , vi que era imposible enviar bote
ierra, debido a1 fuerte viento del w y mar gruesa, por lo cual continue viaje fondcando
novedad a las 4 P. M. del domingo en Rto Seco, de donde anuncie a us. nuestro ambo
novedad y trayendo 10s 22 niufragos sin novedad.
A las 10.30 A. M. zarp6 con rumbo a &a, fondeando sin novedad a las 11.30 en w-
Puerto.
Me permito hacer llegar a us. de que esta comisi6n se llev6 a feliz t h i n o por la eficaz
)peraci6n de 10s oficiales que me acompafiaban, del encargado de la contabilidad, que
)per6 con entusiasmo, para poder atender debidamente a las 29 personas que se arrancha-
n en la Chmara de Oficiales, que por su poca comodidad se hacta diftcil su atencidn y
P tanto puedo decir a us. del encargado de las mhquinas, que en todo momento 8e encon-
1 en su puesto y cumplia fielmente las 6rdenes impartidas.

Respecto de la tripnlaci6n, que en su mayor parte era del YAREz y que acompafi6 vo-
itariamente, su entusiasmo y celo en el servicio es digno de encomio y se ha hecho aaeqdo-
a la felicitaci6n de sus jefes.
Pongo termino a esta con una ndmina de 10s 25 nhufragos de la Expedid6n de Sir
nest Shackleton.
Saluda a us.
Sefior Comandante en Jefe del Apostadero de Magallanes. L. A. PARDO,Piloto Co-
indante.
Es COPIA FIEL DEL ARCHIVO
DE LA DIRECUONGENERAL DEL PERSONAL DE LA ARMADA.

CAMPA VIA “YELCHO”. NOMINA DEL PERSONAL NAUFRAGO QUE FORMABA


LRTEDE LA EXPEDICION SHACKLETON, EL CUAL VENIA EN EL ESCAMPAVIA
“YELCHO” DE LA ISLA ELEFANTE:

Sir Ernest Shackleton Sr. H. Hadson


Sr. Francisco Worsky Sr. T. Hurley
Sr. Tomas Gmam Sr. L. Hussay
Sr. Franck Wild Sr. A. Keerr
Sr. W. Backewell Sr. I. Olees
Sr. P. Blackeborow Sr. H. Maklin
Sr. A. Cheetham Sr. G. Marston
Sr. R. S. Clark Sr. J. Mc. Leod
Sr. C. Green Sr. L. Rickinson
Sr. L. Green Street Sr. W. Stevenson
Sr. E. Holmes Sr. J. M. Bordie
SI. W. How Sr. R. W. James

PUNTA septiembre 5 de 1916.


ARENAS,
L. A. [Link] 2Q Comandante.

Es COPIA FIEL DEL ARCHIVO


DE LA DIRECC~~N
GENERAL
DEL PERX)NAL
DE LA ARMADA.
52

ESCAMPAVZA “YELCHO. NOMINA DEL PERSONAL QUE FORMABA PARTE DE LA


DOTACION DEL ESCAMPAVIA “YELCHO”, EN EL VIAJE EFECTUADO A LA ISLA
ELEFANTE. PARA EL SALVAMENTO DE LA EXPEDICION SIR SHACKLETON:
51

A fines del siglo XVIII no se sabia conservar la carIlc JWU xLaIiuuia, Jaiaiiuuia o
ahumindola. Esto bastaba a la mayoria de 10s consumidores y s610 10s marinos rega-
iiaban, cuando durante dias y dias recibian su sempiterna raci6n de pemmicanl.
Tentar de conservar la carne guardindole sus cualidades originales era una quimera
que no cabia en la mente de ninghn hombre sensato. Uno, entre ellos, sin embargo,
se plante6 el problema y lo resolvi6, el francts Appert que, como se sabe, invent6
las conservas.
Asi, la primera condici6n para inventar es de no dormirse en la rutina.
Los pn'mcros Cuando hacia 1900, se propagaron 10s primeros autom6viles era necesario cambiar
automdviles el aiuego
"
de neumiticos a1 cab0 de algunas centenas de kil6metros: en 1906, en la
v

carrera de 1.239 kil6metros del Gran Prix, iel piloto Rougier debi6 cambiar Cuatrl0
veces neumiticos! Casi todos 10s conductores consideraban esta servidumbre com0
. .
ineluctable, ..
.. .la contrapartiaa impertinente . .. . . *
ae 10s agraaos ae . . ., y muy
la motorizacion
POCOS buscaban el medio de esquivarla. Felizmente, ingenieros dotados de imagin;L-
ci6n y anticonformistas se propusieron resolver el problema cambiando no el netI
mitico sino la rueda misma.
-. ..
men encenaiao T . 3 ~ %-..-
no Dasta represencarse _-__ un ---L
_ _ _ _ _ _ _ _ I ,_-_
proolema para __.__
__-_ estar en _-__
_-COIIUIQOII~S
__->I2 >
ue
resolverlo. Es necesario estar en posesi6n de todo lo adquirido, de todo el saber rela-
tivo a1 problema estudiado. He aqui una condici6n del invento. Ni Appert, ni 10s
1nventores de la rueda amovible abordaro n de improviso la cuesti6n que les intere
S,aha. Su imaginaci6n no impedia a estosi investigadores asimilar todos 10s conoci

mienrus .l--:--"
..f--r_-
trLIllLu3 LUILLCI
.-..--.:
. 1ia. r u c d m , y profundizarlos suficientemente para
-----.-..:"-*-" 111c11tC:J 6

discernir 10s resultados posibles.


Recepor de Recordemos el imponente aparato que un receptor de
radio de T. radio -de T.s.n., como se deda en ese nempo, LOXI bus p11as y bus audifonos. Sin
s. H. duda muchos de 10s usuarios se preguntaban c6mo deshacerse de esos accesorios em-
barazosos. Rene Barthtlemy fue el primer0 en dar la respuesta, porque hombre de
imafinacibn, era a1 mismo tiempo un sabio ingeniero investigador. Habiendo son
1

(leado el problema a fondo, habia tenido la idea simple, per0 genial de enchufarlo

I la linea eltctrica del sector.


__ . . , r. ., 1 . . ._
LI invento no pueae, pues, nacer sin0 ae una iarga reriexion, ae un t r a ~ a j ointe
~

1lectual, paciente y minucioso. Se debe entender en tal sentido la famosa definiad n

* * ,
guntaban un ala como nama iiegaao a aescumir
_...
.. .
(de Buffon, "el genio es una larga pacienda", y la respuesta de Newton a quien pne
.. . ,la maviracion .._.
, ,.~~~ ~
.-.-,''n _ _ _ _ ->
.__..I_
universal: rensando
siempre en ella". A fuerza de estudio y de meditacibn, llega un momento en que (e
espiritu se satura completamente del prc,blema que le ocupa. Conoce todos sus aspeC
..
tos, ha examinado todas su fases. Es el momento propicio en que manejanao toaos
. .
esos elementos, brota el invento esperado.
Y sin embargo, no es generalmente a consecuencia de este trabajo de reflexi6n
consciente y voluntaria en que se muestra la idea. En este momento, en efecto, e
subconsciente entra en escena y toma la tarea; por lo demis de PI linicamente de
pende que se p o n e o no en movimiento la inspiraci6n.
La inspiraabn: la palabra puede sorprender a1 aplicarse a un ingeniero que per
sigue el perfecaonamiento de una miquina, a un fisico en la utilizacidn prictica
de alg6n fen6meno o a u n matemitico en busca de un mCtodo analitico nuevo.
Per0 como decia hace un aiio Jacques Rueff en su discurso de recepcidn en la
Academia Francesa: "Pienso, con Jean Cocteau, que Braque es un poeta de la pin

lPemmican. Aliment0 de carne seca con ingredientea imputrescibles.


Inspiracidn
de 10s inven-
tows
56 MAPOCHO

proviso. Mozart lo reconocfa, lo mismo que Helmoltzz. El primero escribia: UUalluu


me siento bien y estoy de buen humor, o que viajo en coche, o que paseo despuCs
de una buena comida, o en la noche cuando no puedo dormir, 10s pensamientos
me vienen en trope1 y con gran facilidad’, y el segundo: “Debe haber una hora de
renovaci6n fisica y de expansi6n tranquila antes de que las buenas ideas me aparez-
can. Ellas estaban a menudo alli cuando me despertaba. Per0 les gustaba tambiCn
hacer su aparici
tiempo asoleado’
Seria aqui el lugar a e naDiar a e 10s inventores que aan toao a sus iaeas, nasra sus
vidas, y de 10s cuales la historia de las tkcnicas ha registrado sus nombres. Conten-
tkmonos con citar entre muchos otros, y para no hablar sin0 de franceses, 10s de
Beau de Rochas, creador del ciclo de cuatro tiempos, de Tellier, inventor del frio
artificial, de Thimonnier, inventor de la mriquina de coser y de Michalux, inventor
del velocipedo, 10s cuatro muertos de miseria. Agreguemos a la lista 10s de Leblanc,

!
..
-.
.
J ~~.
fundador de la industria quimica, que se dio la muerte como lo hiciera k-enauu, pre-
inventor del avi6n modern0 (ihace cerca de cien afios!) y hace s610 tres afios Pierrie
Bossu, pionero del arranque elCctrico y del sistema de alumbrado del autom6vil.
- ..
, .. , . ,, . . -
Yero no namaremos ae ias triDuiaciones ne1 inventor y continuaremos inceresan-
3 . --I-

donos s610 e n su obra. En efecto, el rayo de la inspiraci6n no esti en todas partes:


no es sino una intuici6n que debe desarrollarse, precisarse, materializarse. Para poner
la idea en ejecuci6n no es a la imaginacibn, a la fantasia, a la vivacidad del espiritu
que debe recurrirse, sino a1 buen sentido, a la reflexi6n y a1 saber.
Unicamente la ciencia es capaz de fecundar la idea primitiva y darle un cuerpo.
Sin la intervenci6n de 10s sabios, la miquina de Gramme habria quedado como u n
aparato rudimentario, derrochador de energia sin perfecci6n posible, como la “bomba
de fuego” de Newcomen y el carricoche de Cugnot sin Watt y sin BollCe. Per0 en
esa segunda fase del invento el inventor debe plegarse a estrictas reglas dentificas,
las de las matemiticas, de la fisica, de la mecinica, de la resistencia de materiales.
Muchos de 10s iluminados por la inspiraci6n se muestran incapaces de abordar
esta segunda etapa. Ahi es donde aparece la distancia que separa la idea original,
mis o menos vaga, humosa, de un proyecto serio formado por la inteligencia racional.
Se comprende que muchos se queden en la primera etapa. Por otra parte a 10s otros,
a 10s que llegan a hacer pasar su proyecto en el plano prictico, el Cxito no esti por
est0 garantizado porque, aun cuando impulsen sus ventajas hasta la comercializaci6n,
queda por saber si el phblico ratificarri.
El inventor puede haber realizado el mis bello inrento del mundo, no s
si la sociedad no lo adopta. Y no adopta sino aquel invento que corresponde a una
necesidad. Son legiones 10s ejemplos de esta verdad: ZcuAntas realizaciones de calidad
se perdieron porque no correspondian a ninLpna necesidad de la Cpoca, a n i n p n a
demanda del phblico? Recordemos el cas0 del barco de vapor que fue u n fracas0
en 1778 con Jouffroy d’Albans porque en el estado primitivo de la tkcnica este
gCnero de propulsi6n no significaba casi nin,pna superioridad sobre la vela; tuvo
Cxito treinta afios mAs tarde con Fulton; recordemos todavia el cas0 del cinemascopio
desarrollado en 1937 por Henri ChrCtien, del que las gentes del cine no hicieron
cas0 alguno. La industria del cine estaba entonces en plena prosperidad y ofrecieron
s610 en 1953 un arreglo a ChrCtien a fin de reconauistar un miblico Que abandona-
ba el cine por la televisi6n.

ZHelmoltz, gran fisico alemiin (1821-185%), que Innuyo en 10s progresos ue la rermu-
dinAmica, la acbstica, la fisiologia del ojo, etc.
PIERRE ROUSSEAU: VIDA Y MUERTE DE LOS INVENTOS 57

Es por lo demis, el don de 10s grandes inventores de adivinar las necesidades de


sus contemporineos para prepararles el invento que reclaman. Era el de Bessemer
y de Edisoii que tenfan un sentido tan agudo de sus necesidades que no se lanzaban
en un trabajo sin estar seguros de su kxito. Este don explica tambien que ciertas
creaciones Sean simuldneas. Es asi como el invento del telefono fue inscrito el
mismo dia, a dos horas de intervalo, por Bell y por Gray; anilogos son 10s casos
de la fotografia en colores por Cros y por Ducos du Huron, de la licuefacci6n del
aire por Cailletet y Pictet, del helic6ptero por Cornu y Richet, etc.
Acabamos de detallar extensamente el nacimiento del invento. Nos falta hablar de Alutnbrado
SU vida. Pucde definirse por una f6rmula muy simple: aim perfeccionado a1 mis alto elktrico
qrado, el inlento no dura sino el tiempo en que continlia respondiendo a la nccesi-
dad inicial. Superada Psta, perece y tcrmina por ceder su lugar a otros. El alumbra-
do elkctrico de arco, por ejemplo, pcrsisti6 mientras se trataba de alumbrar faenas,
plazas pirblicas o hip6dromos. Los particulares quisieron t a m b i h usarlo. Muchos
elcctricistas como el ruso Jablochkoff, se ingeniaron en perfeccionarlo. Per0 la limpa-
ra de arc0 no era en absoluto perfectible y otros inventores atraparon el problema
por la via, totalmente diferente, de la incandescencia. Fue asi como, consecuencia
de 10s trabajos de W. de la Rue, de Grove, de Staite, de Swan y de Edison, apareci6
la nucstra familiar ampolleta electrica.
En el domini0 de la navegaci6n transatlintica, para responder tambien a una
necesidad -la de transportar ripidamente mercaderias caras, como el t6, el opio.. .
y 10s negros--, el americano Mac Kay lanz6 hace cerca de cien aiios el tipo de velero
clipper. Era tan ripido que tuvo a raya a 10s vapores hasta fines del siglo. Del mismo
modo en el sector de las telecomunicaciones, donde por necesidades del trifico tele-
f6nico a larga distancia el fisico servio Pupin invent6 hacia 1900, un procedimiento
que se us6 micntras no se impuso una tkcnica mis moderna.
Estos dos illtimos ejemplos hacen apareccr una circunstancia capital en la via
del invento: pira responder a1 desco de navegar m5s ligero o de telefonear mis
lejos, se perfecciona en primer tGrmino el sistema en uso, haciendo del tres mistiles
ordinario un clipper y agregando a 10s cables telef6nicos dispositivos de pupinisacidn.
La eficacia del sistema se ha Ilevado a1 m;iximo, per0 el invento llegado asi a su
termino, deja por lo mismo de ser perfectible. Las necesidades contin6an evolucio-
nando y no pueden scguirlc y es forzoso que 10s investigaclorcs se tornen hacia tPc-
Iiicas complctamentc diferentes -el vapor en el primer caso, la electrbnica en
el segundo.
Comprobaci6n curiosa: el inyento desapircce de la escena cuando ha llegado
a su mis alto punto en rendimiento y pcrfeccibn.
La historia de las tPcnicas es la de 10s inventos que aparecen en toda su magnifi-
cencia y, despuks de una existencia mi, o menos prolongada se eclipsan discretamente.
Y ya que hablibamos de 10s clippers, cuintos no se acuerdan alin de 10s grandes
veleros de comienzos del siglo, como el France 11, gloria de la armada francesa, que
un dia bati6 las 420 millas a una velocidad media de cerca de 18 nudos3, otro de
10s inventos que desaparecib un poco antes de esta Cpoca en el apogeo de su progre-
so: el telegrafo Chappe. Se sabe que este aparato con sus grandes brazos mwibles,
no necesitaba sino dos minutos para transmitir un despacho de Lille a Paris y veinte
solamente de Paris a Tol6n. La velocidad comercial actual no es mayor, per0 las
comunicaciones no estin a merccd de In noche o del mal tiempo.

a420 millas: 778 km, 18 nudos: 33 km/hora.


98 -0

E I camaie a Otra tumba abn en el cementerio de las ttcnicas: la del carruaje a vapor. El bltimo,
v=poz el de Serpollet (hacia 1900) no tenia nada en comlin con el de Cugnot o de Bollke.
L a caldera era un serpentin calentado con petr6leo y la puesta en presi6n se efec-
tuaba en algunos minutos. El motor era de cuatro cilindros y la velocidad podia
alcanzar 10s 120 Km/h. Una miquina cuya concepci6n 6ptima no deja ya lugar a1
progreso y que debia fatalmente desaparecer frente a1 coche a gasolina.
Por otra parte, es necesario comprobar que la miquina de vapor clisica de Watt,
de pistones y movimiento alternativo, ha desaparecido tambien casi por completo.
El taller del gran ingeniero, en Birmingham, fue demolido en 1956; de su miquina
no subsiste en nuestros dfas sin0 el condensador; y la locomotora de vapor que era
el prototipo mis familiar y conocido, esti a punto de dar el liltimo suspiro. Lo da
en belleza y en la cima de su potencia, per0 desde ahora el 70% del trifico ferroviario
francts lo hace su rival eltctrica.
Estas son muertes lentas. laboriosas y progresivas. A1 contrario, en el domini0
militar, la muerte de 10s inventos es ripida, acelerada y espectacular. La del acora-
zado. por ejemplo. El gran navio de linea salido de la tradici6n del Dupuy de M m e
y a1 llegar a1 sumum de la potencia de fuego, ha sido abandonado, y cambiado por
10s portaviones o navfos con cohetes: el gran avi6n de htlices esti relegado a empleos
secundarios y basta citar 10s nombres de Caravelle y Concorde para apercibirse que
el desastre de la htlice ha alcanzado a1 sector civil. Pero, <no pasa lo mismo con el
caii6n y la artillerfa clisica, suplantados por el cohete?
Un paseo por el cementerio de 10s inventos muertos es tan pintoresco y variado
como melanc6lico. Junto a1 lugar donde se ha comenzado a cavar la tumba del avi6n
de helice, se encuentra ya cubierta de hierba, la del dirigible. Mi, alli la de la pluma
de escribir. La pluma metilica, debida a1 francts Arnoux en 1750 y vulgarizada
luego de la difusi6n del acem por Bessemer, est5 a punto de reunirse con 10s restos
de la pluma de ganso, y proclama su derrota ante la estilogrifica.
No terminariamos de inventariar todos 10s inventos que sucumben actualmente
bajo la presi6n de las novedades, nacidas del incremento continuo de las necesidades.
{Debemos hablar de la imprenta con caracteres m6viIes cuya larga existencia (desde
Gutenberg) , est& amenazada por procedimientos fotogrificos del g h e r o Lumitype?
{Del motor de explosi6n de pistones, tan perfecto hoy, cuyo reino esti en peligro de
abreviarse considerablemente a la vez por el motor de reacci6n y por un motor
rotatorio del cual ya se habla? {De las materias naturales cuyo imperio se acaba cuando
se levanta el de las materias sinteticas? Per0 mis que todos estos inventos, probable-
mente la desaparici6n de la rueda esti llamada a hacer noticia en el mundo.
La rueda, el liltimo de 10s grandes hallazgos de la humanidad prehist6rica, es tal
vez lo mis importante de todos 10s tiempos.
Los especialistas fijan su lugar de nacimiento en el medio oriente y su origen hada
el aiio 4500 a. de C., aun cuando el movimiento circular haya sido conocido desde
fines del Neolitico. Se sabe la buena suerte que conoci6, desde el torno de alfarero
y el carro (hacia 3500 antes de J. C. en Mesopotamia): no solamente lleg6 a ser el
elemento indispensable de 10s transportes terrestres, sino que tom6 la misma impor-
tancia en toda la mecinica, desde el molino de viento hasta las miquinas mlIs mo-
dernas. iSin rueda. no hay miquina, por consiguiente no hay industria!
Pero he aquf que la todopoderosa rueda se debilita y en muy diversos dominios
su presencia cesa de ser necesaria. El motor de avi6n no usa la htlice y recurre a
una tobera; la miquina de calcular repudia las ruedecillas en us0 desde Pascal y se
sirve de tubos electr6nicos; la rueda del vehiculo est5 a punto de ser suplantada
por un cojfn de aire. Desputs de setenta y cinco siglos de hegemonia, la rueda ve
apuntar la aurora de una larga agonia.
SRRE ROUSSEAU: VIDA Y MUERTE DE LOS INVENTOS 59

Sin duda, su desaparicibn no esti prbxima -existiran durante siglos a h carreti-


S, bicicletas, volantes de motor, per0 su supremada desde ahora ya no es total ni
iiscutida. La rueda ya no aparece como la herramienta indispensable de la indus-
a humana; se revela reemplazable y mortal.
Habiamos crefdo este artificio. antinatural, tan durable como la civilizaci6n mis-
I. Tal vez dentro de siglos, nuestros descendientes irin a examinar sus especirnenes
cementerio de 10s inventos muertos, donde ella, la rueda, se habri reunido con la
Iquina de Pascal, la silla de manos y el murcielago de Ader.
I L 0 s s E R E s que verdaderamente existen, esto es que son individuales y COnCretOS,
Unidades existen porque constituyen iinidndes energkticas, y s610 subsisten mientras esa uni-
energeticas dad energktica se mantiene.
Las particulas minimas de energia o de materia, que cada ser pierde minuto a
minuto mientras dura, van a integar otros seres, otras unidades. El ser de que esas
particulas fugitivas formaban parte, tiende siempre a reconstituirse, asimilando par-
ticulas del medio. Cuando no puede ya asimilar nuevas, se disgrega definitivamen-
te: su unidad energktica desaparece y 61 mismo muere o deja de existir.
La muerte de 10s seres vivos es sblo una primera fase, porque el cadiver con-
serva algo de la unidad que caracterizaba a1 ser vivo. Empieza entonces una se-
gunda muerte de 10s seres que creemos muertos, 10s que padecen una disgregaci6n
mris profunda, at6mica o molecular. Sblo esta hltima disgregaci6n constituye la
muerte definitiva de 10s seres.
La posibilidad de que esas particulas que dispers6 la vida o que dispers6 la
muerte, se congreguen de nuevo y restablezcan la misma antigua unidad energt-
tica, es nula.
No hay resurreccibn ni para 10s vivos ni para 10s muertos. Ni las flores, ni las
mariposas, ni 10s hombres, ni 10s soles ni las estrellas, ni las galaxias, una vez des-
integrados, vuelren a su ser primero.
El devenir, la sucesibn indefinida de 10s seres, es irreversible.
El hombre singular, y s u madre, la Humanidad, que a cada minuto lo mea, lo
cria y lo recrea, lo transforma y lo destruye, son de esas unidades energeticas, en
eterna lucha contra la desintegracibn, que lo borra, lo ha borrado y lo borrari
de la superficie de este amado planeta, que tampoco es inmortal.
Los amigos de la sabiduria de la estirpe de Pitrigoras, que se apellidan a si mis-
mos filcisofos, se han empeiiaclo desde hace siglos en ver en el hombre, no una
unidad energetics, aniloga a la que advierten en la piedra, en la mariposa, en la
pepa de la manzana, en el sol o en 10s planetas, sino una dualidad: dos unidades,
rivales o amigas, que no s610 conviven, sino que, separindose, una de ellas, la gran-
de, la concreta, la fuerte, la fecunda, muere, y la otra, la timida, la vencida, la
impalpable, se escapa viva y eterna, inmortal y libre de toda contingencia.
Esta concepcibn dual de la existencia de 10s hombres es lo que separa de 10s
positivistas a todos 10s demis fil6sofos y sabios, fetiquistas, metafisicos o cientfficos,
y a la turba de vagabundos nebulosos que confunden la fantasia con el pen-
samiento.
Toda doctrina fundamental, toda ciencia sistemitica parte d e algunos postuh
dos, es decir de proposiciones afirmativas simples, elementales, cuya evidencia no
discutimos porque la sentimos que nace de una experiencia primaria, inmediata
y directa, superior a toda duda.
Seguramente muchos postulados son falsos, o por lo menos no son suficiente-
mente generales ni reversibles; per0 10s admitimos porque son la base del encade-
namiento filodfico o cientifico. Sin ese encadenamiento no hay ciencia ni filoso-
fia, sino ideas dispersas, meramente empiricas, que no pueden formar doctrina.
62 IW

materia de estudio y el observador, el experimentador, el analista y el coorainaaor


meditativo de 10s datos de su experiencia y de 10s metodos y resultados de sus
an ili sis?
Cuando en el siglo xnc creyeron 10s metafisicos haber descubierto la Psicologla,
tomaron intrkpidamente un camino equivocado: creyeron que el metodo de la in-
trospeccidn iba a darles todas las luces necesarias, y s610 consiguieron extraviane
en un dedalo de divagaciones.
Para estudiar 10s procesos subjetivos y formular respecto de ellos una doctrin.a
~. 3. #
cierta y coherente, hay que observarlos fuera del investigador mismo: en 10s aemas
hombres, en 10s nifios, en 10s animales, en las reacciones de la materia viva, y 80-
bre todo, en 10s productos o resultados que ellos dejan en el mundo exterior, en el
lenguaje, en las obras de la ciencia, del arte, de la industria, de la politica. S610
este metodo objetivo nos dar& nociones positivas y claras, como las queI sacan ICI S
arque6logos de las huellas y artefactos que excavan de las ruinas.
Un hecho decisivo salta a la vista: 10s seres vivos, animales o plantas, reaccionan
energicamente ante el mundo exterior. Lo eluden, lo devoran, lo aprovecnan, IO
dominan, lo vencen, o son victimas de su masa abrumadora, y caen vencidos, aplas-
tados, aniquilados por 61. En ese certamen, en esa lid eterna, 10s p i a o 10s extra-
via la nocidn que tienen de el, su experiencia individual o ativica, el eco instin-
tivo de la experiencia ancestral, que sirve a1 individuo efimero para p r u
vida precaria en la vorhgine del medio.
Esta experiencia del mundo, esta imagen subjetiva de lo que pasa o aeoe pasar
fuera de nosotros, es lo que llamamos pensamiento, que es s610 una actividad
celular de la central nervioso-cerebral provocada por la acci6n del mundo sobre
ella. Los seres vivos toman asi conciencia del mundo exterior y guardan de 61 una
imagen, una nocibn, una emocibn, un impulso voluntario.
En el hombre la imagen visual, la mis fuerte y nitida de todas, se nianifiesta
como un cuadro mental, que suponemos un trasunto fie1 de lo que suceae reai-
mente fuera de nosotros.
Ninguna certeza directa tenemos de la fidelidad de tal cuadro mental, de que
61 corresponda efectivamente a lo que pasa fuera, de que 61 registre o copie la rea-
lidad objetiva, de cuya existencia estamos ciertos; per0 esa noci6n, ese pensamien-
to, es la realidad suprema de nuestro espiritu, el lazo que liga la mente con el

su propia actividad mental. Se diferencia en este punto de 10s demis animales in-
teligentes, el perro, el caballo, el elefante, el asno. 10s males se contentan con co-
nocer las cosas inmediatas, la comida, el agua, el amo, la compafiera, la querencia,
CARLOS VlCURA FUENTES: DISCURSO SOBRE LA PARALOGICA 65

iFelix qui potuit rerum cognoscere causas!


iFeliz quien pudo conocer las causas de las cosas!
Lenta y penosamente el pensamiento del hombre, su mecdnica y humilde acti-
vidad mental, a1 comienzo en todo semejante a la del pdjaro o a la de la mariposa,
crece, crece y se complica, hasta llegar a ser un mundo mds grande que el otro,
porque lo desborda y lo puebla de nuevo con la fantasia creadora, que se carac-
teriza porque prescinde atrevidamente de la realidad y de la experiencia, y se hace
seiiora del alma. Lo que no existe objetivamente toma cuerpo y se agiganta, y
guia o amedrenta a 10s miseros mortales, incapaces, a menudo, de separar la reali-
dad del ensueiio, 10s mundos objetivos de las creaciones del espiritu.
Miriadas de nociones, de juicios, de emociones, de conjeturas, de hipbtesis, d e
fantasmas, de seres irreales, de sueiios, se agitan en el alma del hombre, y a todos
ellos, lbgicos, ilbgicos, paral6gicos, reales, irreales, claros, obscuros, ciertos, errheos,
absurdos, geniales, obtusos, fabulosos o quimtricos, 10s llamamos tambitn pen-
snmientos.
De un hombre a otro, tomado a1 azar, hay verdaderos abismos mentales, mayo-
res tal vez que 10s que puedan distanciar la mente de ciertos hombres de la de
algunos animales. Hay perros que piensan como sus amos, y hombres que no lo-
grarin nunca pensar como un sabio, como un poeta o como un fil6sofo.
Toda la infinita y cabtica actividad mental de 10s seres humanos puede y debe
estudiarse en sus proyecciones a1 mundo exterior: lengua, nociones, enseiianza.
ciencia, poesia, tCcnica, arte, religih, filosofia, politica, consejas, folklore, mitos,
supersticiones, delirios, fibulas, costumbres, construcaones, productos industriales,
artesanado, edificacibn, herramientas, armas, joyas, juguetes, etc., todos 10s males
son un trasunto objetivo del pensamiento del hombre.
En esa muchedumbre hay un corto ndmero de pensamientos que se consideran
de valor definitivo para la Humanidad misma, la cual, mejorindolos y depurin-
dolos constantemente, va formando con ellos la tecnica, la ciencia, la politica y
la filosofia, que constituyen el mayor tesoro del hombre social, porque su conjunto
favorece la convivencia, aumenta el bienestar, consolida el orden, estimula el pro-
greso, fortalece la paz y garantiza la victoria del hombre sobre la tierra.
La caracteristica mis valiosa de este pensamiento superior, depurado y resisten-
te, es que t l es ldgico, es decir coherente, verdadero, adaptado a la experiencia
demostrativa y subordinado a 10s hechos reales del mundo exterior.
No siempre la palabra ldgico ha significado esta subordinacibn de la mente a
10s hechos, de las construcciones subjetivas a 10s materiales objetivos.
Para 10s griegos, que adoptaron primer0 esta expresi6n, enriquedendola, logos
( h o y o ~ )era la palabra, el lenguaje, el discurso, la proposicih, la noticia, la fama,
el relato, el ap6logo, la historia, la prosa. un libro en prosa, es decir encerraba
una multiplicidad de acepaones. relativas todas a la manifestacibn verbal, exter-
na, de cualquiera actividad mental. Y su adjetivo logikos, logikt (hoy~x6s,AoylxQ),
tambitn significaba “relativo a1 discurso”, “elocuente”, y por extensih, “razona-
ble” o “hibil para razonar”, y de alli, “16gico”, “demostrativo” o “concluyente”.
En griego 10s numerosos derivados de estas voces siempre aluden a la palabra,
a1 discurso hablado o escrito.
Ya en Pktbn, sin embargo, la raiz logos significa pensamiento. En su Apologiu
de Sdcrates pone en boca de este el neologismo logofobiu con el sentido de horror
a la verdad.
Para 10s modernos la ldgicu, el adjetivo ldgico y 10s abundantes derivados de
esta voz, se refieren preferentemente a1 pensamiento y en espeaal a u n t i p de
€4 MAPOCHO

pensamiento superior, cientifico, verdadero, coherente, que registra con seguridad


la experiencia y demuestra la verdad.
Durante siglos, entre estas dos acepciones extremas, la griega limitada al verbo
y la moderna relativa a1 pensamiento maduro, una lenta evoluci6n semantics ha
dado a1 tkrmino sucesivamente el sentido de razonado, de concatenado, de rigu- -
roso, de natural, de cientifico, de deductivo, de evidente.
Hoy mismo, para la gente que habla o escribe despreocupadamente, dando a
1;as palabras su significado natural y obvio, est0 es espondneo o repetido inconie
. . ,
cientemente por el vuigo, ia paiaura. . iogzco sirse
1 . para expresar varias nociones
. .

distin tas.
Veamos algunas:
a) Ldgico se aplica a cualquiier encadenamiento que creamos [Link] ,S

proposiciones del razonamiento. TDdSLd


l__._ --
~ U C
---_-I*- 7-"
CII UIM I l d I I d L l U I l IUS
L...,L
IIcLIios se sucedan

cronol6gicamente para que digamos que estri hecha con Zdgica; basta qp e 10s actos
narrados correspondan a las reacciones pasionales de 10s personajes, pa ra que reco-
nozcamos que en ellos hay ldgica.
b) Llamamos especialmente Edgico el encadenamiento legitimo de las proposi-
ciones, y principalmente el encadenamiento deductivo, de premisas generales a con-
clusiones particulares. Este encadenamiento deductivo puede ser falso; per0 su
error no le quita que sea Zdgico, si se aceptan las premisas errbneas o insuficientes:
la propiedad es u n robo; 10s ricos son propietarios de 10s bienes corporales; luego
son ladrones. Los ladrones deben ser despojados de las cosas robadas y &as, de-
vueltas a sus dueiios; 10s duefios de las cosas de 10s ricos son 10s pobres; luego hay
que despojar a 10s ricos para enriquecer a 10s pobres.
Estos sofismas y otros semejantes, que se anidan en las mentes paralbgicas, se
apoyan en premisas falsas. Su encadenamiento es lbgico, per0 las conclusiones son
errheas. Los niiios, 10s locos, 10s ignorantes, 10s que hablan o escriben sin haber
pensado suficientemente, usan a menudo de esta 16gica aparente, la cual en la
kpoca de la metafisica magistral estuvo en gran honor.
c) Tambien ldgico significa necesario: la venganza es 16gica consecuencia de la
ofensa; el castigo lo es del delito; el accidente, a su vez, lo es del descuido o ne-
gligencia.
d) Tambikn significa natural: el incendio destruyh Zdgicamente lo que era mis
combustible: la leiiera y la biblioteca.
El incendio no razona; no saca consecuencias de 10s hechos del mundo; per0 se
desarrolla de una manera natural, que llamamos Zdgica, como si ese incendio fuese
un razonador y eligiera, razonando legitimamente, lo que debia consumir primero.
e) Tambikn para nuestra mente es Zdgico todo hecho indudable, evidente, que
se impone a1 espiritu. Todos 10s postulados nos parecen Edgicos; todos 10s hechos
de la naturaleza, la salida y la puesta del sol; 10s frios del invierno, 10s calores del
verano; las flores de la primavera y 10s frutos maduros del estio.
f) Tambien es ldgica toda experiencia personal directa, indudable. Pesa ella SO-
bre nuestra mente m9s que todo razonamiento, y ninguno es capaz de destruirla.
A1 que vi0 por sus propios ojos que Pedro mat6 a Juan, no lo convencerl n i n e n
abogado, ninguna sentencia judicial, ningim argumento, de la inocencia de Pedro.
Es la suya una certidumbre Zdgica.
Para la filosofia positiva el significado m9s legitimo de la palabra Zdgico es el
de subordinado a la experiencia. La 16gica positiva es la subordinacibn de la men-
te a 10s hechos, de las construcciones subjetivas a 10s materiales objetii{OS.
Cuando hay conflict0 o discrepancia entre lo que pensamos y lo que realmente
sucede, entre la mente y 10s hechos, 10s hechos tienen la razbn, y la mente debe
CARLOS VICVRA FUENTES: DISCURSO SOBRE LA PARALOGICA 65

modificar su apreciaci6n de ellos, porque se encuentra ante una irrefutable de-


mostracidn.
El pensamiento positivo es asi intelectualmente humilde: debe renunciar a su
vieja y orgullosa soberania y aceptar que 10s hechos del mundo valen mds que sus
mis atrevidas especulaciones.
Este pensamiento humilde, sometido a la demostraci6n de 10s hechos, es el dni-
co pensamiento soberano, el imico que puede hallar la verdad cientifica, filos6fica
o moral: el h i c o digno de gobernar la mente, la conciencia, el coraz6n y la con-
ducts de 10s hombres verdaderos.

{Quk parte cuantitativa de nuestra actividad mental es el pensamiento 16gico o po- 21


si tivo, el pensamiento maduro, depurado, sabio, cierto, subordinado a 10s hechos del Perwmiento
miindo, tales como ellos objetivamente se suceden, dentro y fuera del hombre? ldgico Po-
sitivo
En verdad el pensamiento 16gic0, ese maravilloso instrumento del hombre para
dominar el mundo, es infinitamente pequeiio en cantidad con respecto a la cata-
rata sin bordes de las demis actividades del espiritu.
Si a ellas las llamamos tambikn pensamientos, es indispensable hacer una sepa-
raci6n neta entre esa vorrigine ca6tica y el pensamiento positivo.
Bste est5 constituido por las nociones o conocimientos experimentales que saca-
mos de nuestra investigaci6n inquisitiva y rigurosa del mundo; por las categorias
generales, abstractas, que extraemos de esa misma experiencia; por 10s juicios defi-
nitivos y ciertos sobre las leyes naturales que el anilisis de 10s hechos y la medita-
ci6n nos permiten formular; por el enunciado sistemitico de las constancias est&
ticas o dinimicas que logamos comprobar en 10s fen6menos del universo; por 10s
postulados y principios cientificos, filos6ficos o morales, que el estudio del mundo
nos permite formular como base segura de nuestros raciocinios y cilculos, y por
las consecuencias o conclusiones que inferimos legftimamente de todo ese bagaje
mental.
Fuera de este microcosmos limitado, per0 maravillosamente fuerte, no hay pen-
samierito 16gico o positivo, a lo menos para 10s fines de esta disertacibn, que no es
dogmitica, sino meramente analitica, destinada a poner de relieve 10s problemas
de la paral6gica.
La mente humana s610 ha llegado a1 pensamiento 16gico despues de una lenti-
sima evoluci6n de siglos y milenios, y esti lejos, muy lejos, de limitarse a el. A1
contrario, s610 llegan verdaderamente a el las inteligencias mejor dotadas, y Cstas
mismas no abandonan totalmente la muchedumbre de ideas previas, falaces y con-
tradictorias, que invaden y desbordan el espfritu.
No s610 antes de haber llegado el hombre a1 pensamiento Mgico, plenamente
demostrativo y satisfactorio, sino aun despuks de haberlo conseguido, y de haber
comprobado su soberania, sigue con su mente llena de construcciones arbitrarias,
de fantasias, de errores, de conjeturas, de interpretaciones atrevidas, de supersticio-
nes, de fibulas, y de mitos. N o sblo el niiio, el viejo, el enfermo, el dkbil mental
y el psic6pata tienen la mente encendida por un caleidoscopio de ideas paral6gi-
cas, sino tambikn ello sucede a1 sabio, a1 fiMsofo, a1 hombre maduro, de aiterio
s6lido y sensato.
El estudio de 10s productos mentales no deja duda sobre esta riqueza anirquica
y a menudo vacia del mundo subjetivo, cuyo origen est6 en las primeras reaccio-
nes de 10s centros nerviosos ante el especticulo del mundo.
66

Todos 10s animales, desde 10s gusanos mhs rudimentarios o desde las mas pnmi-
tivas ghstrulas, sacan de sus contactos con el mundo nociones o cuadros menta les,
estados nerviosos o de conciencia, que son la necesaria reacci6n de 10s seres vivos
frente a 10s fen6menos del mundo exterior. Es muy posible que las cklulas misxnas
de 10s vegetales, de sus hojas, sus raices o sus flores, tomen conciencia de 10s fen6-
menos exteriores que las afectan.
No llamamos pensamiento a esta reacci6n primaria, elemental, meramente
biolbgica; per0 esa reaccibn es la raiz, el impulso inicial del pensamiento pro]?ia-
mente dicho, el que claramente se manifiesta en 10s animales superiores, y que es
anilogo a1 de muchos individuos de la especie humana, privados por la [Link]
o por el accidente de un pensamiento propiamente 16gico o maduro.
Los niiios, 10s ancianos, 10s dementes, 10s cretinos, 10s birbaros, 10s salvajes, son
muy a menudo incapaces de juicios maduros y vilidos, de pensamientos pro]pia-
mente 16gicos; per0 no carecen de nociones ni de emociones, ni de decisiones de
la voluntad.
Poseen un fertilisimo y exuberante mundo subjetivo, de nociones [Link]
o truncas, de fantasias, de errores, de supersticiones, de ideas aprendidas, de rleac-
ciones mentales mecinicas, las que a pesar de su insuficiencia y de su incoheiren-
cia, les permiten desenvolverse en el mundo y alternar con 10s demis en el nlece-
sario intercambio de emociones y de nociones propios de la vida social.
Este pensamiento primario, alucinante, variadisimo, rico de emociones y de Ifan-
tasia, necesariamente errbneo en mucha parte, que pudikramos llamar pensamie'nto
animal, contiene cuadros que van desde la conciencia confusa de 10s propios insitin-
tos hasta las mis temerarias fantasias.
Todos 10s fen6menos internos o externos, que excitan la actividad de la cen tral
nervioso-cerebral de 10s animales vivos y provocan en ella emociones, nociones, de-
cisiones volitivas, estados de conciencia, placer, dolor, angustia, inquietud, cur iosi-
dad o miedo, tienen una respuesta subjetiva, que puede y debe llamarse tam€lien
pensamiento.
Yo llamo a esta ca6tica actividad cerebral pensamiento paraldgico, porquc! se
desarrolla y funciona fuera de la lbgica positiva, aunque sea su fervor la base n:ece-
saria elemental de la verdadera actividad lbgica.
Si el estudio del pensamiento 16gico se llama Ldgica, el estudio del pensamit
paralbgico debe llamarse Paraldgica.
Solamente el pensamiento lbgico o positivo es verdaderamente fecund0 o creaUY.. A,-.-

Sblo 61 es verdaderamente erudito, cientifico, tkcnico, politico, filosbfico o moral. SI


es lo Gnico que da a1 hombre st^ preeminencia soberana sobre el planeta, no &lo
sobre sus elementos muertos o inertes, sino tambikn sobre su flora, su fauna, y aun
sobre 10s pueblos mismos.
El pensamiento paralbgico es casi intrascendente para la vida social: se forma y
se desvanece en el individuo que lo concibe; cuando ya rebasa hacia la comunidad.
principalmente en sus formas estkticas, empieza a hacerse lbgico y da nacimiento a1
lenguaje social.
El pensamiento Ibgico es esencialmente social. Es el instrumento mis eficaz, me-
&ante su mis grandiosa creacibn, que es la lengua, de la vida social. Sin 61 la na-
tural batalla destructora de 10s animales entre si, seria eterna, aun entre hermanos.
h s instintos solidarios, las nociones htiles, 10s estados de conciencia propicios a la
armonia social y su expresibn por el lenpaje, permiten la creaci6n durable de 10s
nhcleos sociales, la familia, la tribu, el clan, las hordas, 10s pueblos, las naciones
Y la Humanidad misma, que acabari por cobijarlos, ampararlos, protegerlos y endoc-
IRLOS VICURA FUENTES: DISCURSO SOBRE LA PARALOGICA 67

inarlos a todos, gracias a su pensamiento superior, libre de prejuicios, de fanatis-


os y de necedades.
Las sociedades humanas naturales o espontineas ven estimulada y sistematizada
solidaridad por el pensamiento 16gico y por el lenguaje 16gic0, que lo traduce
uansmite, y creada tambien su mayor virtud de permanencia, de continuidad in-
bfinida, que permite a las generaciones sucesivas aprovechar 10s tesoros acumula-
)s por siglos y siglos de evoluci6n humana.
Esta maravilla sin par del pensamiento 16gic0, filosofia, ciencia, politica, tbcnica,
tetica superior y principios morales, hunde sus raices profundas en la paralbgica,
hija de ella, es s610 la flor fecunda, preiiada de frutos, de la actividad mental cab-
:a y anrirquica de 10s animales, de 10s niiios, de 10s salvajes y de 10s birbaros.
Sin salir de nuestra especie, 10s nifios, desde que ven la luz, reaccionan instinti-
imente ante 10s cambios o fen6menos que 10s afectan, que les plantean sucesivos
qoblemas, problemas que a1 cab0 de algunas experiencias, entienden y dominan.
I frio, el calor, la humedad, la luz, el sonido, el hambre, la sed, el dolor, el placer,
irecen danzar junto a ellos y pronto ellos se familiarizan con esas contingencias y
s conocen y reconocen. El conocimiento no es sino la familiaridad del espiritu con
s fen6menos del mundo.
Esta familiaridad es un placer, asi como el desconocimiento, la novedad, provoca
menudo el malestar, la angustia y el miedo.
Ese primer placer aumenta la actividad de la mente; la lleva a crear y a combi-
ir imigenes, a desarrollar impulsos, a tomar decisiones; le suscita dudas o inquie-
ides, que van llenando la cabecita del niiio de todo un mundo absorbente y
igico.
Su curiosidad se multiplica: desea saber, andar, salir, gustar, experimentar, pasar
istos y miedos, y todo ello le procura imigenes y mris imigenes, casi todas las cua-
s, aunque nacidas de sus experiencias reales, chisporrotean de fantasia.
Todo ese inextricable mundo mental infantil es paral6gico. S610 por excepci6n
niiio rectifica y comprueba sus imigenes del mundo o busca la certidumbre po-
tiva. Le basta y le satisface el placer de fantasear, y por ello su actividad prefe-
da es el juego, eminentemente paraMgico, extraiio a la realidad y a la utilidad,
nitaci6n lejana de lo que 61 mismo considera la realidad.
El adolescente modifica paulatinamente esa selva mental, introduciendo en ella
tientas el rigor del pensamiento 16gico. La primera positividad de su espiritu no
viene de su genialidad propia, sino que lo abruma desde el medio social: sus ma-
)res, padre, madre, tios, parientes, amigos, maestros, y aun el mundo an6nimo de
calle y la letra escrita, rectifican a cada paso sus errores y fantasias. Le dan una
encia positiva a menudo segura, per0 extraiia a las creaciones de su mente.
Cuando ya maduro, o prematuro, se atreve a pensar 16gicamente por si mismo,
buscar por su cuenta experiencias metbdicas, a analizarlas y a meditar sobre ellas,
i tiene instalado en su mente un vasto mundo positivo ajeno, hijo de la vieja Hu-
ianidad, que lo ha precedido en el descubrimiento de la tierra y del cielo, mundo
e nociones positivas que se aduefia como soberano de la mente del hombre y en-
tdena su fantasia.
Muchos, muchisimos, son 10s mortales de nuestra especie que se quedan durante
d a la vida limitados a ese bagaje mental positivo ajeno, heredado, impuesto por
. medio social, patrimonio de la Humanidad acumulado por la experiencia de
1s siglos.

Ese acervo positivo valiosisimo est& sin embargo, plagado de errores, de conjetu-
1% de hip6tesis atrevidas, provisorias, de ideas paralbgicas, que se estiman, por un

menso general, como la sabiduria mayor, como el soberano buen sentido, sensato
68 MAPOCHO

y seguro, que nos empeiiamos cada dia en incrementar y en conservar como un pa-
trimonio permanente, como si el fuera el saber definitivo de la especie humana.
De ese contenido vastisimo se nutre la enseiianza publica y se fabrica el andamia-
je cerebral de policias, jueces, legisladores, magistrados, empresarios, gerentes, profe-
sores, profesionales, periodistas y predicadores, empeiiados todos en guardar para
el futuro ese tesoro inavaluable, cuyas primeras joyas se acumularon en las cavernas
que protegieron a1 hombre hace millones de aiios.
En ese vasto mundo subjetivo tradicional, que tenemos por positivo, que cada ge-
neraci6n enseiia a sus vhtagos, pululan las ideas paral6gicas. No tenemos medios,
ni aproximados, para estimar la proporci6n numPrica entre ellas y las estrictamente
positivas; per0 se puede asegurar que las paral6gicas las inundan y desbordan mi-
nuto a minuto, y las alteran y deforman. Las ideas verdaderamente positivas quedan
asi en una minoria infima de sobrevivientes heroicas, en el aluvi6n torrencial de las
paral6gicas; per0 asi y todo, son ellas las unicas eficaces para la conservacih, desa-
rrollo y felicidad del hombre, porque constituyen el lazo mis esencial y d i d o de
las familias y patrias, y lo unico que permitiri mis tarde la unidad universal o re-
ligiosa de la especie humana.
La evoluci6n filodfica permite atribuir a1 tkrmino positivo un contenido semin-
tico que encierra siete connotaciones esenciales: las ideas positivas son a la vez
reales, zitiles, ciertas, precisas, orghicas, relativas y simpdticas.
La realidad subjetiva es la conformidad de la imagen mental con 10s materiales
objetivos o exteriores, de cuya experiencia proviene. El divorcio o separaci6n de esa
imagen de 10s fencimenos del mundo que pretende representar, es lo que llamamos
quimera. Los centauros, las ninfas, 10s ingeles, el diluvio universal son quimericos.
A la misma categoria paralcigica deben asimilarse muchos de 10s errores que pue-
blan la mente.
La utilidad de las ideas es su condicicin de servir para el beneficio del hombre
social. Las ideas aritmeticas, geometricas, astron6micas, fisicas, tecnicas, son litiles a
la Humanidad. En cambio las nociones cientificas sobre la bomba de hidr6geno
hasta hoy s610 hacen posible la destruccibn de 10s pueblos debiles en beneficio de
10s mis poderosos.
L a certidumbre es la seguridad que el espiritu adquiere de que sus ideas corres-
pondan sin duda alguna a 10s fen6menos que representan. Le da esa seguridad la
reiteracibn analitica de la experiencia, o la demostraci6n 16gica de ella que se apoya
en premisas experimentales. La conjetura, la hipbtesis, la duda, restan certidumbre
a1 pensamiento y disminuyen su caricter positivo.
Tampoco pueden tenerlo 10s conceptos negativos, cuyo valor 16gico es meramen-
te met6dico. Sirven en la investigacibn para ir descartando las hip6tesis err6neas y
las conjeturas atrevidas, desmentidas por la experiencia.
Muy a menudo las ideas vagas, inciertas, conjeturales o puramente negativas, pue-
blan la cabeza de 10s hombres maduros, determinan sus juicios, deciden su conducta
y a6n justifican su imperio sobre 10s demis. La medicina empirica y, durante siglos,
la industria y la politica han dado palos de ciego dirigidas por ese mundo paralbgico.
No puede haber certidumbre sin afirmaci6n. La afirmaci6n identifica 10s elemen-
tos binarios de 10s juicios y conceptos. El teorema de Pitigoras, por ejemplo, identi-
fica la superficie del cuadrado de la hipotenusa con la superficie de la suma de 10s
cuadrados de 10s catetos.
Afirmar es identificar; negar es distinguir.
Cuando decimos que la presi6n atmosferica equilibru la columna baromCtrica,
declaramos la identidad de esa presi6n con la fuerza que mantiene elevada la colum-
na de mercurio en la cimara del barbmetro.
LOS VICUIOA FUENTES: DISCURSO SOBRE LA PARALOGICA 69

hand0 pretendemos que la moralidad pdblica no depende de las doctrinas reli-


as reveladas, declaramos que la moralidad pdblica y las doctrinas religiosas reve-
is son distintas.
.a ciencia sistematiza afirmaciones; no meras negaciones.
.a negaci6n deja a1 espiritu en su misma vieja ignorancia de 10s hechos reales.
eces, para rectificar nociones o disipar errores, hay que empezar por la negaci6n:
nosca domestics no tiene nada que ver con la fiebre amarilla ni con el paludis-
el subnitrato de bismuto no cura el c6lera morbo, etc.
Sstas precauciones 16gicas no son la ciencia; son s610 artificios met6dicos, o mejor
ag6gicos; per0 con ellos no puede formarse doctrina.
'ara su completa certidumbre las ideas positivas deben ser clurus, de intelecci6n
ediata, indudable, que permita trabajar con ellas, sin vacilaciones mentales, como
ega de noche el marino sabio guiado por las estrellas.
,a claridad depende en parte de la elaboraci6n experimental o 16gica de las ideas;
1 tambih, en parte muy principal, del desarrollo intelectual del que las concibe
el que pretende asimilarlas.
;e llega a la mixima daridad mediante otra caracteristica de las ideas positivas.
ien ellas ser precisas. La precisi6n consiste en que Sean nitidas, definidas, depu-
3s de ideas parisitas, secundarias, 16gicas o paral6gicas, que provocan la confu-

I, como se advierte en casi todas las simples opiniones politicas, religiosas, socia-

y morales.
C1 prototipo de la precisi6n aparece en las ideas matemiticas, en 10s cilculos arit-
icos o algebraicos, en 10s teoremas de la geometria y en 10s principios de la
:inica.
,a precisi6n nos lleva a la exactitud, que no debe confundirse con la verdad.
cilculo puede ser muy exacto matemiticamente, per0 errbneo, si se ha hecho
re la base de medidas o datos equivocados.
,as ideas positivas son orga'nicas o sistemiticas. Se agrupan en ramas del saber
irman entre ellas una jerarquia de conceptos. Las dispersivas, meramente eruditas
nirquicas, como lo son las hijas de la fantasia o 10s hallazgos aislados del saber
creto, no pueden llamarse positivas, aunque sirvan de base a investigaciones mis
erentes, que puedan incorporarlas mis tarde, en cierta medida, a la positividad.
'ero la calidad l6gica fundamental de las ideas positivas es su relutividad. "Todo
eelativo: he ahi el ~ n i c oprincipio absoluto".
rodas las ideas son relativas a1 hombre; son experiencias de su cerebro, cuadros
&e concibe, y naturalmente dependerin necesariamente de la capacidad y cali-
de &e, y ya sabemos que es un 6rgano imperfecto, perecedero, sujeto a altera-
ies anatbmicas, fisiol6gicas o patol6gicas, necesariamente limitado y ayudado por
y escasos e imperfectos instrumentos de investigaci6n y de comprobaci6n. Las
lores y mis profundas ideas nunca serin un trasunto perfecto del mundo exterior:
in necesariamente relativas a la dkbil inteligencia humana.
Pdemis el universo es muy vasto, complejo y ca6tico; sus fen6menos infinitos,
ndes o pequefios, escapan en proporci6n inconcebible a 10s sentidos y a la aten-
I del hombre, cuya inteligencia no se interesa siquiera sino por una parte minima
ellos. Esta inmensa vastedad del universo hace muy relativa la intelecci6n del
obre.
Estamos ciertos de que todo depende de todo. Ni la materia que creemos inerte,
la energia activa, que parece ser una forma de esa misma materia, se pierden
el universo: se suman, se restan, se degradan, y estin eternamente produciendo,
choques ya grandes, ya infinitesimales, nuevos y nuevos fenbmenos, nuevos y
70 -0

nuevos cambios, que escapan no s610 a la mente del hombre, sino a sus mis finos
y perfeccionados instrumentos artificiales de investigaci6n.
Y si de 10s espacios siderales bajamos a la tierra para mirar de cerca 10s innume-
rables microcosmos que somos nosotros mismos y 10s fabulosos seres vivos y muertos
que nos rodean, nos daremos cuenta del radio limitadisimo de nuestra ambiciosa
inteligencia.
Por eso el hombre, cuerdamente, debe limitarse a un saber relativo, que le sirva
para asegurar la felicidad de la especie humana en el planeta.
Fildficamente las ideas positivas deben ser sirnpdticas, esto es, propicias a la
armonia de la Humanidad, ser colectivo, indefinido en su devenir. superior moral
del hombre singular, madre y maestra de este ser efimero que le debe la vida, la
efusi6n moral y el tesoro sin par del pensamiento.
El pensamiento estimulado por el amor, por la fratenidad, por la generosidad,
por el anhelo de justicia, es el dnico que sirve a su gran destino, procurar la felici-
dad del hombre sobre la tien-a.
Muchas ideas cientificas, valiosas para el mer0 conocimiento del mundo, no sir-
ven, sin embargo, para ese fin supremo, porque estimulan el odio, la explotaci6n
del hombre, la guerra, la iniquidad o la perversi6n. No merecen el titulo glorioso
de positivas, y se hace bien criticindolas, condenindolas y demostrando su daiio
para la convivencia pacifica.
Muy pocos hombres en el pasado y en el presente tienen una mente tan segura
y Idcida, tan penetrante, sensata y criteriosa, que puedan servir de guia a 10s demis,
y aun dirigirse a si mismos, en el torbellino de la vida, y aun esos mismos albergan
junto a su filosofia superior, una muchedumbre de ideas negativas, dispersas, qui-
mkricas, fantisticas, errheas, amen de prejuicios, fanatismos y supersticiones, conje-
turas y pretendidas intuiciones, anhelos y sueiios, cuya gravitaci6n incalculable decide
la mente, inflama las pasiones, y polariza las voluntades. Tales ideas paral6gicas no
gobiernan las mentes superiores, pero agitan y arrastran el coraz6n tempestuoso del
com6n de 10s mortales.
Ese mundo paral6gico es parte vital de nuestra mente, es la masa resistente de
nuestro yo profundo, la materia prima bruta de que estin hechas nuestras mis altas
concepciones, que se han ido elaborando penosamente de esas mismas experiencias
y resabios mentales.
Como toda unidad energktica, como todo sistema estitico o dinimico, ese mundo
paralbgico, vastisimo y anirquico, resiste a la modificaci6n y tiende a conservarse.
Esta resistencia, esta inercia ineludible, hace dificil la lucha por el imperio de la
raz6n positiva y de sus hijos mejores, la fraternidad, la justicia, el progreso y la paz.
Y no s610 resiste: trabaja y crea. Ese mundo de quimeras y falacias, de emociones
y de fantasia, dio origen a la lengua, a las religiones, a la industria primitiva, a la
I
poesia y a1 arte. Su creaci6n rnis estupenda, valiosa y perdurable, fue sin duda la pa-
labra, primer0 hablada, desputs escrita, que traslada con su carga explosiva de ideas,
pasiones y voluntades, todo el mundo subjetivo de unos hombres a1 mundo subjetivo
de otros, y les infunde una vida nueva que tiende a reproducirse indefinidamente.
La palabra y las demis formas del lenguaje, subyugan la mente, la deslumbran y
fascinan, la conquistan para la verdad y la razbn, o la arrastran a la ilusibn, a la
fantasia y a1 delirio, apartindola del mundo real en que el hombre vive y se desvive.
La fantasia enciende y domina las almas, y es tan fecunda que llena mucho mis
el mundo ilimitado del espiritu que las nociones mis ciertas, 10s juicios mis sensatos,
10s conceptos rnis cientificos, las preocupaciones rnis cotidianas y las rnis s6lidas
convicciones morales.
CARLOS VICURA FUENTES: DISCURSO SOBRE LA PARALOGICA 71
L

ES la fantasia como u n motor incansable que nos anima y nos impulsa, y ella,
la ciega, la loca, la idealista, la temeraria, para la cual no existen ni prevalecen las
aerdas reflexiones ni las demostraciones matemiticas, flamea como una bandera
gloriosa en nuestros desatinos amorosos, politicos, industriales, militares y est&jcos.
La fantasia creadora, la gran paralbgica, es la madre del arte, del florecimiento
estktico, de ese mundo de imigenes arbitrarias, que se dispara y se aleja consciente-
mente de la realidad, de la experiencia y de la cordura, y que, sin embargo, gobierna
las almas desprevenidas, estimula el trabajo, atiza las pasiones, y engendra las catis
mfes politicas, nacionales e internacionales.
El niiio vive en un mundo puramente estktico, divorciado de la realidad. Para
61 no existe sin0 el juego, fantasia quimkrica, imitaci6n ilusoria de la vida.
ES el juego un placer tan absorbente que ni madurando queremos abandonwlo,
ya hombres preferimos seguir jugando durante toda la vida, ya que n o con mufieas
de cart6n, caballos de madera y soldaditos de plomo, con muiiecas de verdad,
110s del Club Hipico y soldados de came y hueso.
Per0 a1 hombre que se cree maduro no le basta el juego para el placer y el des-
anso de su mente: busca y cultiva otras actividades paral6gicas. que cree m & serias,
Y entre ellas el sofisma, que es un artificio paral6gico del espiritu para demostrar
la verdad de 10s errores. Gran parte del andamiaje de las ideas pdblicas o convencio-
nales, de que alardean gobernantes, ministros, diputados, embajadores, juees, abo-
edos, policias, periodistas, frailes y profesores, reposan sobre distingos, definiciones
artificiosas, falacias, ficciones y argumentos de ninguna consistencia positiva,
denados con 16gica de hierro, de formas impecables, que a menudo seduce Y
convence.
Mis fuerte que el sofisma frio, y mis paral6gico y vehemente, es el fanatismo,
que ofusca 10s espiritus y parece como enraizado en 10s instintos rnis profundos.
Hay fanatismo religiose, racial, politico, cientifico, estetico, y aun meramente instin-
tivo. Es como una bestia delirante que alilla y paraliza la raz6n. (Y quiCn no es
fanitico por algin capitulo?
Hermano suyo menor es el prejuicio, posici6n mental irreflexiva, adoptada volun-
tariamente, contra la raz6n y la experiencia, que se sostiene por inercia mental, por
vanidad, por esnobismo, y que nos hace injustos, estlipidos y obcecados.
No todo el mundo paral6gico es inferior o regresivo. Hay una paral6gica superior,
eminente, que encanta, embellece e idealiza la vida.
Es la poesia, la creaci6n de seres y de mundos, de dramas y de historias, que nun-
ca existieron, per0 que viven con una vitalidad ejemplar, que fascinan la mente Y
encienden 10s anhelos mis intimos y sublimes.
En cada uno de nosotros hay un poeta, un artista, un neador, un encantador, u n
arquitecto de mitos y de fibulas, que goza con su fantasia y transmite sus delirios
a 10s demis, para embelesarlos, sacudirlos y entusiasmarlos.
Poetas, ’ pintores, escultores, mdsicos, cantores, actores y danzarines se agitan cons-
dentemente fuera de 10s mundos cotidianos, y no pretenden engaiiar, como 10s SO-
fistas o 10s politicos, sino s610 hacer revivir las imigenes bellas y las emociones sup+
nares, y lo consiguen porque el arte y la poesia d o m i n a 10s corazones y las in.
teligencias.
Lejos, muy lejos, me llevaria enumerar 10s principales de 10s inauditos rearms
Paral6gicos de la actividad estktica, que seiiorea la parte mis constante del a h a
humana, la emoci6n redentora, siempre preiiada de ese mundo alucinante, que nos
hace a menudo olvidarnos del otro. del mundo frio y sensato buscador de la verdad,
indispensable, como lo reconoce u n gran poeta,
72

para andar esta jornada,


sin errar.

Los hombres de genio, 10s grandes corazones, las miximas conciencias morales,
10s sabios y fil6sofos mis claros y penetrantes, las mis generosas voluntades consmc-
toras, vienen luchando con sacrificio santo desde 10s tiempos primitivos, para haem
prevalecer la verdad, la positividad cientifica y moral en el gobierno de 10s espiritus,
de 10s corazones y de las conciencias, para llegar a la paz y a la felicidad del hombre
sobre la tierra.
Este pequeiio per0 invencible impulso de verdad, de heroism0 y de santiaaa,
necesita sobreponerse a1 infinito mundo paral6gic0, esplCndido y cabtico, que lo
asalta y desborda en la vigilia y en el sueiio, y para alcanzar esa victoria imprescin-
dible, debe cada dia crecer y depurarse, para asi poder arrebatar a la muchedumbre
ignara y ciega, la direccibn de 10s espiritus.
T a l es el imperativo categ6rico de 10s verdaderos pensadores.
Deben seguir el ejemplo resplandeciente de San Pablo, que sabia sacar la espe-
ranza de la desesperanza: in spe contra spem, y no halagar a la muchedumbre ignara,
hogaiio como antaiio ofuscada por su inveterada logofobia.
Salvador Reyes: iQue diablos! La vida es asi...
(Fragmentos de unas Memorias)
La vida... sus pen as... Chocheces de antaiio.
Se viue, se uiue. p o r qu&? Porque si. ..
.
Se uiue, se uiue. Y asi pasa un a i i o . .
.
Y otro a i i o . . iQut diablos! La vida es asi.
C. PUOA V ~ L I Z .

N O TE NCO N I N G U N recuerdo anterior a1 del mar. Aunque nacido en Copiapb,


como ya lo he contado, fui llevado tan pequeiio a Antofagasta, que con la visi6n del La uisidn del
mar, adquiri la conciencia de existir. {Cuando lo vi por la primera vez? Lo ignoro mar y mi
exactamente. Me parece que el mar nunca me fue extraiio. rxistencia
Mi propia vida se me revel6 con el tumultuoso oleaje verde, con las amenazadc-ras
franjas de espuma sobre nuestras cabezas en la barra de Antofagasta. Me veo nifio
muy pequeiio, hecho un ovillo entre las bancadas de una chalupa, disparado fuera
del mundo por la violencia de la ola y deslizindome despues por abismos giratorios.
hli padre se mantenia tranquilo, sentado a popa; mi madre y mi abuela murmuraban
oraciones y se golpeaban el pecho. “isanto, santo, manto!. . .” Yo chillaba y me cubria
10s ojos, atenazado por una terrible crispaci6n en el est6mago cada vez que la embar-
caci6n descendia vertiginosamente. Per0 la t e n t a c h era mis fuerte que mi terror y,
a traves de mis dedos, atisbaba el caos que nos sacudia. Era una agua verde, de una
deslumbrante transparencia y de una vida m9s podero:a que cualquiera otra de este
mundo. Yo tenia miedo, per0 presentia de manera oscura, que aquel miedo era el
tributo que debia pagar a la fuerza del mar y que cuando hubiera saldado mi cuen-
ta, 61 me compensaria con generosidad.
Atisbando a traves de mis dedos, veia a un hombre moreno, con la camisa abierta
sobre el pecho y el pel0 revuelto, que se mantenia de pie en el espejo de popa, im-
perterrito, por brutales que fueran las sacudidas y por vertiginosos que fueran nues-
tros descensos y ascensiones en las olas de crestas blancas. Estaba siempre en su sitio.
A veces ,c,u silueta se recortaba en el cielo, a veces tenia por fondo el cuenco de la
ola. Empuiiaba un hrgo rem0 y guiaba la embarcacibn, fuerte y tranquilo como si
impusiera su voluntad a las aguas. Aquellos patrones fleteros de Antofagasta fueron
heroes de mi infancia.
Pasar la barra con mar tranquilo era una oportunidad que se ofrecia en muy raras
ocasiones. Como 10s barcos tenian su itinerario fijo, no habia mis que embarcarse,
aunque en el mistil de la Gobernaci6n Maritima dos bolas negras anumiaran la vio-
lencia de la que en el Norte llamamos “braveza de mar”. Cuando esta alcanzaba
demasiada furia, era necesario ir a embarcar o desembarcar a Caleta Coloso, per0
d o en caso extremo, pues en aquellos tiempos se trataba de un viaje largo y dificul-
toso a causa de 10s equipajes.
Con atravesar la barra, no terminaba la prueba: llegibamos a1 costado del vapor
y entonces era necezario esperar el momento propicio para agarrarse a la escala, la
cual quedaba, chorreando agua, por encima de nuestras cabezas. Producia una impre-
si6n tremenda mirar hacia arriba y ver la muralla altisima del casco negm. De pronto
se hinchaba la ola y la chalupa emprendia una ascensi6n endiablada. El peligro esta-
ba en que se volcara el ser cogida bajo la escala. El patr6n y sus hombres tenian un
trabajo rudo: unos empujaban con 10s bicheros, otros se prendia a 10s cabos, otros
aguantaban con 10s remos. En el instante propicio, alguien me cogia en vi10 y me
pasaba a un tripulante del vapor, como un bulto cualquiera. Me subian asi hasta el
portal6n por la larga escala, a1 pie de la cual mi familia seguia ejecutando inverosi-
miles maromas.
74

Desde cubierta, 10s botes se veian ridiculam


pasajeros que saltaban a bordo nos hacian reir a IUS quc yd IIdUIdlIIU> pdsduu CI DUXW
y nos sentiamos seguros. Las reiioras, con las largas faldas de la epoca, tenian difi-
cultades infinitas. Daban chillidos espantosos, p r o nunca ninguna $e desmay6, sin
duda porque sabian que no era el momento propicio. Tras ellas subian 10s fleteros,
llevando en su rudas manos con muchas precauciones, u n pijaro disecado o una
larga pluma, desprendidos de 10s vastos sombreros de ems elegantes.
No se por que razbn, mi familia estaba continuamente de viaje. Supongo que no
faltaban pretextos: mi abuela debia ver a su hija residente en Copiap6, mi padre
debia realizar un negocio en Valparaiso. En un momento las maletas estaban k t a s
y izasl.. . vamos andando. Algunas veces aparecian grandes bultos de camas, envueltos
en arpillera y en 10s cuales se leia el nombre de mi padre y el lugar de destino. Asi.
creo que mis de una vez por aiio, ejecutabamos las complicadas maniobras de embar-
que y desembarque en Antofagasta que por mucho tiempo fue nuestro puerto de
amarre. T a n pequefio era yo cuando me inicie e n esta vida un poco vagabunda (a
la cual he tratado de permanecer fie1 a traves de 10s aiios) , que mis primeros remer-
dos son muy confusos y creia, como ya he contado, que la subida a1 vapor no era mis
que un descanso. Grande debin ser mi sorpresa a1 ver que esa ciudad flotante (en la
cual habia de todo, hasta plantas en maceteros de bronce, a la entrada del comedor) se
ponia en movimiento.
Zarpibamos de noche. A lo lejos se divisaban las luces llomsas en la desolaci6n de
la costa. Mugidos de sirenas y de reses, timbres del telkgrafo de miquinas, 6rdenes
breves, llantos mis o menos sofocados, golpear de cadenas en 10s escobenes.. . El bri-
110 de 10s bronces y de las maderas me fascinaba. Los antiguos vapores tenian boiseries
de caoba, de palo de rosa y de otras maderas preciosas en las males espejeaban las
luces electricas. Se veia pasar a 10s oficiales galoneados de or0 y a 10s stewards con sus
chaquetillas blancas o azules y las banderas de las compaiiias bordadas en las solapas.
Yo contemplaba todo aquello con admiracibn y con no s6 que angustia secreta, a
medida que iba tomando conciencia de mi existir. Sentia en mi el viaje como una
duke enfermedad, la lejania como un mal delicioso, que me entregaba todas las be-
llezas del mundo. No sabia nada. Presentia con una intensidad alucinante.
En aquella Cpoca no existia el ferrocarril longitudinal ni menos las carreteras a lo
largo del pais, de modo que era mucha la gente que viajaba por mar. Esta afluencia
de pasajeros se mantuvo por largos aiios, pues mis tarde el viaje en ferrocarril, en
un largo trayecto, resultaba muy pezado. L o s vapores de la camera, de Valparaiso a
Guayaquil “y puertos intermedios”, cargaban pasajeros como fardos. Los de tercera
clase se amontonaban en la toldilla, protegidos por lonas. Tendian sus colchones so-
bre el puente e instalaban sus equipajes como podian. Muchos de primera clase no
obtenian camarote:. Despues de la cena, 10s stewards tendian las camas en el suelo
del sal6n del comedor y del smokingroom. Algunas veces nosotros viajamos en esas
condiciones.
Una vez, cuando dormiamos en el sal6n, le oi decir a mi madre que una seiiora
que no hallaba donde acostar a su hijita de mas o menos mi edad, le habia propuesto
meterla en mi cama. Mi madre rechaz6 la proposici6n escandalizada. MAS tarde le
oi contar varias veces aque1E como una cosa chocante. No le di importancia; s610
andando 10s aiios comprendi lo que habia perdido.
Los viejos barcos de la Sudamericana, tan finos de casco y con tanta obra muerta,

rolaban de manera terrible, per0 nunca sufri malestar alguno, aunque hubo travesias
dificiles. Recuerdo que en una ocasibn, a1 pasar de dig las famosas “alturas de CO-
quimbo”, hallindome tendido en la litera superior, con la puerta del camarote abier-
SALVADOR REYES: ]QUE DIABLOS! LA VIDA ES AS1 ... 75

ta, fui baiiado por una ola enorme. Yo no imaginaba que se podia naufragar. No
renia miedo; a1 contrario: el balance me divertia.
Esos barcos, a 10s cuales llamaban yates, por sus baupreces y altos mistiles, llevaban
10s camarotes en las cubiertas. Por la claraboya yo atisbaba el fascinante mar noc-
turno, veia brillar las luces de 10s puertos (cuando partiamos tarde) y el reflejo
livido de las olas. Sentia una especie de angustia agradable, de inquietud.
hIe dormia mecido por 10s fuertes bandazos y oyendo el mugido triste de 10s bueyes,
amarrados cerca de las escotillas. A1 dia siguiente, a1 despertar muy temprano, abria
la claraboya y me entretenia observando como subia y bajaba la linea del horizonte.
Venia luego el delicioso desayuno en el comedor revestido de maderas preciosas, el
perfume del pan tostado y de la mermelada de naranja, tan especial a bordo. DespuCs
el p a x 0 por 10s puentes recidn lavados, el trepar y descender por escalerillas de
madera bien barnizada y de cobres brillantes. Aquellas mafianas de sol y viento en
el mar, me han dejado una impresi6n tan profunda, que afin ahora me basta un
pequeiio esfuerzo de imaginaci6n para recobrar algunos destellos de aquella infancia
alegre.
Mapocho, Aiskn, Palena.. . ICuAntos noxnbres de la C.S.A.V. evocan para mi hasta
ahora, despuPs de tantos aiios y de tantos pai:es, la poesia de 10s viajes y la eterna
juventud del mar! Otros nombres de vapores ya desaparecidos se unen a esos:
Taltal, de Braum y Blanchard, Flora.. . En el Taltal parti una noche negra, apretan-
do sobre el coraz6n una carta y un paiiuelo perfumado.. . [Primeros amores, primeros
adioses!. . . Cursaba entonces mis primeras humanidades de viajero.
La P.N.S.C. y la Kosmos tambiPn me contaron entre sus clientes, con medio pasa-
je. El Orcoma, el Orbita.. . De 10s alemanes conservo una colecci6n de men6s suculen-
tos. Siendo muy pequeiio parti con mi madre en uno de estos filtimos vaporesl desde
Antofagasa para Taltal, no en la tarde, como era costumbre para amanecer en el
puerto de nuestro destino, sino por la maiiana para llegar en la noche. Llegamos, en
efecto, per0 un oficial vino a nuestro camarote a avisarnos que el barco zarparia
inmediatamente. “Maiiana Coquimbo” era todo lo que aquel hombre sabia decir en
castellano. Mi madre, asustadisima, trataba de hacerle comprender que nosotros debia-
mos desembarcar en Taltal. “Mafiana Coquimbo” repetia obstinadamente el alemin.
La llegada de mi padre que venia a buscarnos, nos sac6 del apuro. Desembarcar de
noche, entre las luces maritimas y el reflejo del mar, era fascinante, pues habia un
largo trayecto en bote desde el vapor a1 mueile.
Las escalas de Antofagasta a1 sur, me sorprendian y encantaban siempre. No hablo
de Taltal, porque no fue escala sino surgidero de mi alma. Me gustaban 10s faluchos
de Chaiiaral que venian a amarrarse a1 costado del vapor, como desprendibndose
del cerro mismo. Navegando a1 sur, tocibamos de maiiana en ese puerto; a1 regreso,,
tocibamos de noche. Los reflectores del barco iluminaban la faena de la descarga de
10s fardos de pastos, de las madera:, de las frutas y de grandes jabas con verduras.
Los nortinos hincaban dientes de lobos en la pulpa roja de las sandias.
Caldera, con sus dunas blancas y doradas, tiene una poesi,a Clara, de niiia. A mi,
acostumbrado a1 mar de Antofagasta, me ammbraba esa bahia apacible. En ese puer-
to, mi preocupacibn principal era visitar la farmacia del sefior Gigoux sabio paternal,
que con infinita paciencia, me enseiiaba su colecci6n de aves embalsamadas. A veces
nuestro viaje maritimo terminaba alli porque tomibamos el tren para Copiap6.
Otra escala llena de emociones era Huasco. Subian a bordo vendedores de higos
secos y de1pasa:. Se presentaban estas frutas en cajitas de madera blanca, muy bien
trabajadas. Subian tambiCn unas niiias morenas, vestidas de rosado y de celeste, que to-
caban el piano en el sal6n del vapor. Me gustaria escribir unos versos sentimentales
sobre 10s viejos pianos de 10s vapores de la carrera. iCuintas despedidas lloraron!
76 MAPOCHO

En Coquimbo empezaba el mundo vegetal, asombroso para nosotros, 10s nortinos.


Hace aiios que desapareci6 el antiguo embarcadero de ese puerto. Habia alli urns
iirboles que nos daban el primer saludo del sur. Creo que a6n se conserva algunos de
10s viejos hoteles de esa placita. Alli ibamos a tomar un cafe 1y a comer a l pma
golosina.
Por fin Valparaiso abria ante nuestros ojos su panorama incomIparable. En aqpe-
* *
110s aiios la bahia tenia un movimiento enorme y todas las naves fonaeaoan a la gira,
de modo que a1 acercarnos salian a nuestro encuentro 10s cascos impresionantes de
10s transatliinticos y las altas arboladuras de 10s clippers. Avanzaba nuestro barco
lentamente, en un rilencio extraiio; empezibamos a detallar 10s cerros con sus exten-
siones verdes y sus manchas de tierra rojiza. Pasibamos muy c e r a de 10s buques
de guerra, silencicasos y griees en el aire fresco donde ondeaban sus banderas y gallar-
detes. Eran mucho:, pues en aquellos aiios poseiamos una bella y poderosa escuadra.
Divisiibamos las calles con su hormigueo novedoso. En la infancia uno absorbe 10s
colores, no s610 con 10s ojos sino con todos 10s sentidos. La atm6sfera de Valparaiso,
mi, delgada y fria que la del Norte, me cosquilleaba deliciosamente 1;a piel.
Podria continuar inventariando imigenes de mi infancia maritima . Fuera de 10s
del mar, casi no tengo recuerdos. De aquellos aiios - q u e parecen tan 1largos- yo Ir610
..,.., recostin-
veo la ola del Pacifico, arqueindose en las bahias de Antofagasta v Taltal. ....~~

dose mansamente en la vasta playa de Caldera, inundando las nochc:s y entrando hasta
el fondo de mi alma.
Creo que la mayor felicidad es el haber conocido el mar de niiio y de muchacho.
Su substancia y su color vivientes nos acompaiian despues a lo largo de la vida; nc3s
alimentan siempre con su misteriosa juventud.
Hace aiios que dej6 de existir la barra de Antofagasta. Ese decorado, como tantos
otros de mi infancia, ha desaparecido. Es la ley de la vida y n o vale la pena lamen-
tarse. Ademk, 10s puertos con alma y caricter como Antofagasta no pierden nun=
sus elementos emotivos: 10s renuevan. Si para nosotros hub0 la barra, la isla con su
varadero de faluchos y su farito, frente a1 Hotel Mauri (desaparecido t a m b i h ) , y
tantos otros rincones de aventuras y de fantasias, para 10s niiios de hoy existid segu
ramente otro mundo, tan apasionante como fue el nuestro. Y se me ocurre que e
antiguo muelle de pasajeros, transformado ahora en caleta de pesc: idores, con sius
redes tendidas, sus chalupas de vivo colorido y sus enormes alcatraces, es u n paraje
migico en que otros niiios -parecidos a 10s que fuimos nosotros- coleccionan 1as
imigenes que darin forma a su destino.
Taltal, abandonado por la fortuna, ha cambiado tambiCn porque ha perdiao su
actividad playera. Per0 su sortilegio se mantiene intacto, revestido de melancolfa
y de abandono.
Vivir una infancia maritima es un privilegio. Per0 el mar es alin miLS gener0SO
nos compensa de la veloz fuga del tiempo; sigue soplindonos su aliento d e libert: Id Y
de fantasia; sigue dindonos como un impulso para ir cada vez mis lejos, romper 10
cotidiano, arriesgar la liltima esperanza. Joseph Conrad habl6 del “espejo del mar”.
Espejo si, en el cual el rostro de nuestros bellos aiios parece fijado para siempr‘e.

. - J
II {A quC edad llegue a Antofagasta por la primera vez? Debe haber sido a 10s aos 0
AntoJugusta, tres aiios, por lo cual, cuando digo que esa es mi ciudad no miento, ya que mi fa
mi ciudad milia se instal6 en ella y no volvimos a Copiap6 sino por breves vacaciones. A pesar
de tan corta edad guardo una impresi6n muy viva de una maiiaria mgo
la primera), en que me vi en el viejo muelle de pasajeros, entre la GI
Aduana, contemplando estupefacto la agitaci6n que alli reinaba. Entre ias plrrnas
de 10s que iban y venian, divis6 la ancha calle Bolivar, perdiendose en una confu
78 -0

ni leer el relato de una caceria. Me parece que en este terreno, yo soy normal
y que el anormal es el que se deleita torturando o matando a bestias que, casi siem-
pre, son mis hermosas y mis inteligentes que el hombre que las persigue. Dos
veces he asistido a corridas de toros y he salido horrorizado, claro que sin hacer
aspavientos ni ponerme a chillar como a causa de aquel papel embestido por 1un
falucho antofagastino.
De la calle Bolivar creo que pasamos a Prat, a una casa de dos grandes patios,
el primero con jardin y el segundo con unas bodegas a1 fondo. Alli me ocurrieron
dos pequefias aventuras de las cuales me acuerdo muy bien y que acaso relata& en
otra parte de estas memorias. Veo en aquella casa a mi padre muy enfermo de pul-
monia y me veo yo mismo, en cama tambikn, victima de la bronquitis, mal que me
persigui6 durante una kpoca de mi infancia. Veo t a m b i h a mi abuela en el patio,
ante su caballete, pintando paisajes imaginarios, retratos de Manuel Rodriguez con
una bandera chilena a1 fondo o la silueta de una japonesa en kimono, copiada de
alguna revista; oigo a mi tio Francisco Figueroa comentando la guerra ruso-japonesa,
pronunciando el nombre musical y ya evocador de Port-Arthur.
No sk cuinto tiempo vivimos alli antes de mudarnos a la casa que mi padre hizo
construir en calle Manuel Antonio Matta (entonces Angamos), entre Prat y Sucre.
Era una casa de planta baja y piso, con un largo balc6n sobre la calle, como se
usaba entonces. Se entraba por un pasillo entre dos salones a u n living rodeado
de piezas. El piso alto, que rubria s610 la parte delantera del edificio, estaba habi-
tad0 por mi tio Francisco, antiguo coronel de EjCrcito, veterano de la guerra del
Pacifico, de quien conservo una imagen muy imprecisa.
Aquella casa estaba embrujada. Por las noches se oian golpes en el living y arras-
trar de muebles en el comedor. 'Toda la familia se levantaba, se encendian las luces
y se hacia una minuciosa inspecci6n. Per0 se encontraba 10s muebles en su sitio y
ninguna seiial de presencia extraiia. Apenas mi gente volvia a la cama, recomen-
zaban 10s ruidos misteriosos. De alii provenian noches en vela y nerviosidades bien
justificadas. En pleno dia se oian silbidos y llamados. A veces mi abuela y mi madre
creian que procedian del piso superior. Acudian pensando en un llamado de mi tio,
para encontrarse con que Cste dormia la siesta o habia salido a la calle. La casa tenia
una puerta de servicio hacia Prat. Una noche mi abuela y mi madre fueron a pasear-
se por la vereda y encontraron que aquella puerta estaba entreabierta, lo que les hizo
suponer que alguna empleada andaba pelando la pava. No se cui1 de las dos seiioras
se qued6 vigilando, mientras la otra fue a inspeccionar las piezas del servicio. Vol-
vi6 diciendo que todo el mundo dormia y cuando ambas examinaron de nuevo la
puerta la hallaron cerrada con llave.
Otros fen6menos no menos inexplicables se producian en esa casa. (Puedo dar
testimonio de ellos? No. Como en el cas0 del papel niufrago, tanto oi repetir esas
historias, que bien ha podido producirse una transposici6n de la realidad y resultar
que mis recuerdos son s610 imaginarios. La verdad es que mi gente copiapina, influi-
da por el ambiente legendario que saturaba en aquellos aiios a la regi6n minera,
contaban muchas historias de inimas y de fantasmas, propicias a aguijonear la ima-
ginaci6n. Yo atisbaba la noche en busca de fuegos fatuos y tendia el oido a 10s ruidos
sobrenaturales. Despuks, de joven, tuve inter& por el ocultismo y la magia, lei gran
. cantidad de libros, generalmente pintorescos y algunos de ellos apasionantes; discuti
con misticos y brujos y desek, con todas las fuerzas de mi voluntad, ser testigo de
alghn hecho revelador de lo que llaman el rnis alli. Per0 como nunca cornprobe
ninguno, mi curiosidad por lo esoteric0 fue debilitandose hasta extinguirse. Vm
para creer.
SALVADOR REYES: lQUE DIABLOS! LA VIDA ES AS1 .. . 79

Viviamos desde hacia muy poco tiempo en aquella casa que todavia no estaba a m - Lo huelga de
pletamente terminada (me acuerdo que se estaban colocando 10s papeles murales 10s portua-
en el s a l h ) , cuando estall6 la huelga de 1905, declarada por 10s trabajadores por- rios m 1905
tuarios (lancheros se decia entonces) y creo que por algunos elementos del ferroca-
rril. Vi dtsde el balc6n pasar grupos vociferantes y soldados a pie y a caballo. Una
atmbtera de terror se extendi6 rhpidamente e n la ciudad. Un dia circul6 la noticia
de que un espaiiol habia disparado contra 10s huelguistas y otro dia supimos de una
tragedia atroz: 10s huelguistas habian confundido al joven Ricardo Rogers, que tra-
bajaba en lngles Lomax y Co., con el espaiiol autor del disparo y un grupo de ellos
lo habia asesinado a palos cerca de la Plaza Col6n. Fuimos conociendo detalles:
el joven se habia ofrecido para ir a dejar la correspondencia a1 correo porque la
persona encargada de hacerlo tenia temor de acercarse a1 sitio donde se manifestaban
10s huelguistas. Ya muy herido, Rogers intent6 refugiarse en la casa habitada por
unos bolivianos, 10s cuales lo arrojaron nuevamente a la calle donde fue ultimado.
Cuando ya estaba moribundo, 10s huelguistas se dieron cuenta de que no era la
persona de quien querian vengarse, y huyeron. Se dijo que un oficial de Ejercito
habia ultimado a1 joven de un balazo para evitarle mayores sufrimientos. Este hecho
nos aterr6 y cubri6 de duelo a la ciudad entera. Cuarenta y cuatro aiios mL tarde,
yo debia trabajar en Londres con el hermano de aquel infortunado muchacho, San-
tiago E. Rogers, de quien, si sigo escribiendo estos recuerdos, tendre que volver a
hablar, pues me liga una amistad profunda a este hombre, uno de 10s mL distin-
guidos, inteligentes y simphticos que he hallado en mi vida. Santiago me cont6 que
su hermano, que vivia en Tocopilla con la familia, habia ido a Antofagasta para
no separarse de 10s compaiieros de trabajo que iban a cumplir el servicio militar.
No habiendo sido sorteado, se emple6, esperando regresar a su pueblo con el grupo
de amigos y muri6 a 10s veintiun aiios en las atroces circunstancias que he relatado.
Mas tarde se efectu6 una investigacih judicial, per0 result6 imposible identificar
a 10s asesinos en la masa de 10s huelguistas. S610 10s bolivianos que por odio al
chileno o miedo de represalias, lo habian arrojado a la muerte (un hombre y una
mujer), fueron condenados a dos aiios de presidio.
Viviamos horas de angustias, pues, ademas de la noticia de este horrible episodio,
llegaban hasta ncxotros 10s ecos de 10s tumultos callejeros. Creo que fue a1 dia si-
guiente de la tragedia de Ricardo Rogers cuando, por la tarde, mi tio Francisco se
precipit6 en el living dando la alarma y gritindonos que huyeramos inmediatamente.
Los huelguistas habian prendido fuego a una tienda de la calle Prat con Angamos
y las llamas ya alcanzaban a1 techo de nuestra casa. Mi abuelo y mi madre me cogie-
ron de las manos y salimos corriendo hacia Sucre, desde donde 10s soldados del
Esmeralda disparaban contra 10s huelguistas. Corriamos entre descargas de fusilerfa,
gritos, humaredas y sonar de campanas. Un muchacho que corria cerca fue alcanzado
por una bala y rod6 por el suelo. Unos hombres lo recogieron y se alejaron mis
ripidos que nosotros, llevindolo en brazos. Las llamas eran inmensas y 10s bomberos
contemplaban impotentes el desastre, pues 10s huelguistas cortaban las mangueras
a hachazos.
De todo est0 conservo una impresi6n bien Clara. &6mo pueden olvidarse exenas
tan terribles que marcan profundamente el espiritu de un niiio?
No sC c6mo llegamos a casa de mis tios Anibal y Carolina Campbell, quienes se
hallaban ausentes. Pasamos allf la noche sobre colchones tirados en el suelo. Domi
poco, sobresaltado por el ruido que producian 10s cascos de la caballeria que p a w -
llaba la ciudad.
Dias despuCs mi tio Francisco me llev6 a1 sitio en que se habia alzado nuestra casa.
80 MAPOCHO

Habia ardido casi toda la manzana y s610 se hallaban en pie unos palos [Link]-
zados. Encontramos entre 10s escombros la cabeza de hierro de mi caballo de badance.
Perdimos absolutamente todo, pues habiamos huido, como se dice, con lo nmA.:
llado. Como la casa estaba siendo terminada, muchos muebles, pedidos a Santiago
por mi padre, se hallaban a h en sus jabas. Mi padre, supongo que desalentado por
tanto daiio, vendi6 el terreno y partimos a Taltal. Poco tiempo despues recibimos
alli la noticia del fallecimiento de mi tio Francisco.
Cuando regresamos, no se cuintos aiios mds tarde, nos instalamos en Sucre, entre
Matta y Condell, en casa de mi tio Agustin Figueroa, medico del regimiento Esme-
ralda, del Ferrocarril y del Lazareto. Este doctor salia a caballo por las ma L

visitar esos sitios.


$6mo era Antofagasta en aquellos aiios? Desde el barco se veia una gran exren-
si6n gris sobre la costa color de le6n. Corrian trenes y humeaban chimeneas de
fibricas y fundiciones denunciando la gran actividad del puerto. El ancla pintada
en el cerro era un tatuaje revelador de la virilidad y de la inquietud de ese cuerpo
que se desarrollaba cada dia. El sol producia ampollas en la pintura de mala calidad
de las fachadas y en esas ampollas anidaba el polvo, lo que daba a muchas calles un
aspecto sucio. Altos postes telefbnicos, con un sinfin de hilos, se alineaban a lo largo
de las veredas. Alli se enredaban nuestras cambuchas, lo que ponia flecos por todas
partes. En Matta cerca de Prat, se hallaba la central de telefonos y frente a ella se
perfilaba un poste mds gordo y elevado que 10s otros, con una especie d e ancha
cofa en lo alto. Los vendedores de pescado pregonaban su mercancia por la maiiana.
Llevaban sobre el hombro una vara de cuyas extremidades pendian fantisticos con-
grios, corvinas, suculentos trozos de albacora. . . Ofrecian canastos desbordantes de
erizos, locos, lapas y jaivas a precios que hoy no son creibles. “iCongrio colorado
y fresco!”, era el preg6n que alegraba las calles antofagastinas y anunciaba caldillos
como nunca he vuelto a saborear.
Los carritos de sangre recorrian varias calles. Me parece recordar que habia uno
que bajaba por Sucre, doblaba por Matta y seguia a lo largo de la avenida Brasil.
Alli vivia la familia Julio, que si no me equivoco, era la empresaria de aquellos
carritos. La casa existe aim, sin cambio alguno, a lo menos exterior.
Mi tio Agustin, el medico, tenia como asistente un soldado, muchacho simpitico
y habiloso llamado Juan Leiva, del cual nunca mds tuve noticias. Vestia a6n el
antiguo uniforme de la infanteria, con chaqueta azul y cuello rojo. En las tardes
de algunos domingos, Juan me llevaba a pasear a la avenida Brasil, que por aquellos
aiios era cancha de carreras y tenia por 10s lados unas barandas de madera sin pintar.
A la entrada de la avenida se levantaba una casa de tres pisos, especie de fonda,
llamada “Las delicias del canario”, acaso porque su dueiio era espaiiol de las islas
Canarias. No sk que deprimente y siniestro emanaba para mi de ese edificio que
sin embargo, era un lugar de jolgorio. Hasta ahora me ocurre volver a recibir la
impresi6n de aquellas “Delicias” cuando me hallo en casas de aspecto s6irdido.
En algunas ocasiones nuestros paseos nos llevaron hasta el cuartel del regimiento
....._
Esmeralda, per0 aquellas eran para mi excursiones de largo aliento. Tenia tla- sensa-
I -

ci6n de haber recorrido la mitad de la tierra. Para ciertas festividades, las familias
antofagastinas iban a tomar onces a Playa Blanca y aquellas tambien eran fiestas
en un pais lejano.
L Con Juan Leiva leiamos la Historia de Chile, de don Ismael Valdes Vergara, con
una bandera tricolor impresa en la tapa cartonada. Esta lectura nos produda gran
entusiasmo y releiamos sin cesar 10s episodios de la Colonia y de las guerras de la
Independencia. Claro esti que nuestro heroe era Manuel Rodriguez, representado
82 MAPOCHO

Seguramente, yo era menos audaz que Bonat y por eso no tuve tan peligrau
aventuras.
Al mismo tiempo ibamos -maravillados- descubriendo Antofagasta. Los domingos
emprendiamos largas caminatas a traves de la ciudad que siempre nos reservaba
alguna sorpresa. El mar cabrilleaba bajo el sol a1 extremo de Sucre y nosotm co-
rriamos a su llamado.
La isla -ahora ya embancada y desaparecida- que se encontraba frente a1 Hotel
Mauri, era campo predilecto de nuestras correrias. Habia alli una casa de madera
sobre pilotes y un varadero de faluchos con u n pequeiio faro. Se respiraba la sal
de alta mar que el viento nos arrojaba a la cara con violencia, el olor de 10s huiros
y del alquitrin. Las rocas y las pozas, guaridas de negros cangrejos, las rompientes
en las que - aparecia
- de pronto la cabezota de un lobo,- y, las siluetas de 10s barcos
lejanos, entrevistas a traves de 10s muelles y de 10s viejos galpones, formaban el
decorado que respondia exactamente a las exigencias ya apremiantes, de nuesctraS
almas vagabundas. Con agilidad de cabros corriamos por las rocas que el luche hatcia
* * .. .-.. .. - - - -
resbaladizas y nos equllibrmamos en las aristas donde rompia, y a veces nos bafiaba,
la ola. En el prefacio de que ya he hablado, Mario cont6 una de nuesitras aventuras,
en la isla: una tarde la alta marea nos sorprendi6 en un arrecife y estuvimos en
I

apuros hasta que, ya muy tarde, u n pescador, alertado por nuestros gritos, vino a
rescatarnos con su bongo. Nos deleitaba tambikn vagabundear por 10s muelles sali-
treros, observando 10s remolcadores y faluchos, dormidos en la pereza del domingo.
Ahora 10s molos y la mecanizacih han suprimido todo lo pintoresco del puerto que,
por lo demis, ha cambiado de lugar. En aquellos aiios era u n abigarrado dibujo
de cascos, de mistiles, de chimeneas. Los vericuetos se sucedian en 10s muelles a lo
largo de 10s fondeaderos, entre enormes rumas de sacos y fardos. El golpe de la resaca,
el grito de las sirenas y de las gaviotas agitaban el aire quieto del domingo y ncIS
arrastraban en sus ecos alucinantes.
Otra de nuestras diversiones favoritas era acompafiar a 10s bomberos en sus ejer-
:icios. Los seguiamos con entusiasmo y discutiamos con pasi6n sus proems. Eramt
yuintinos por vivir en la vecindad de esa compaiiia. Una vez 10s bomberos se hiciero
retratar alineados junto a sus carros y nosotros aparecimos en la fotografia. T
vez ella existe a6n entre 10s recuerdos bomberiles de ese tiempo.
.- . .. .. - _ . - . - -
.lambien ibamOS por Otros lados. a traves de una ciudad que nos parecia miste-
riojia. Mario Bonat ha escrito sobre el banco de cement0 que descubrimos en una
esquina, frente a1 obligado despacho italiano, y que nunca mis pudimos encontrarl.
Haciamos grandes dibujos con lipices de colores y nos 10s cambiibamos cuando
nos reuniamos a jugar por la tarde. Mario ya dibujaba bien, mientras que yo no
era mis que un mamarrachero. Nuestm tema preferido era el combate de Iquique.
Presentibamos la “Esmeralda” hundiendose con el pabell6n en alto, frer*- -l ‘‘uu&
cas”, que hacia fuego con todos sus cafiones.
Yo frecuentaba en aquella Ppoca un colegio mixto que mantenfan varias herma-
nas entradas en edad o que asi me parecian, per0 a quienes su madre, con muy

Garafulic, que Ileg6 a ser un notable arquitecto y que falleci6 muy joven.
Uno de 10s acontecimientos que mis me interesaban era el entierro de 10s b om-
beros. Se efectuaban estas ceremonias de noche, con mfisica y a la luz de antorchas.
Desfilaban 10s voluntarios de todas las comDafiias con sus nnifnnnec de n a n d a w un

\
SALVADOR REYES: iQUE DIABLOS! LA VlbA ES A S . . . 83

cascos que brillaban a la luz de las antorchas. Desde pequeiio senti el horror de la
muerte. En el embrujo de la casa que se incendi6, me asaltaba por las noches
la idea de que veria morir a mis padres. Con angustia pedia a Dios que me quitara
la vida a1 mismo tiempo que a ellos. En alguna parte he desaito a un niiio que
contemplaba las armas de una pasada guerra y se creia destinado a morir en una
batalla. Ese niiio fui yo y esas armas las que mi tio Francisco conservaba?
iEl miedo!. . . De niiio y de hombre lo he sentido ante la fatalidad de la muerte
y la amenaza de las enfermedades. Sin embargo, en varias circunstancias peligrosas,
he tenido una sangre fria que me ha asombrado a mi mismo. En aquellos aiios An-
tofagasta era asolada por las epidemias de viruela y bubbnica, importadas de Asia
por 10s barcos que traian sacos para el envase del nitrato. El doctor Figueroa era
medico del Lazaret0 y yo oia contar que alli no disponian ya de camas y que acos-
taban a 10s enfermos en el suelo de 10s pasillos. Estas epidemias se produjeron peri6-
dicamente durante varios aiios, pues ya muchacho me acuerdo haber leido a h en 10s
diarios las atroces estadisticas de enfermos y muertos. A pesar de las vacunas nos
sentiamos envueltos en la atm6sfera pestilente y trigica. En la casa habia grandes
cantidades de sueros y vacunas, algunos de 10s cuales se presentaban en envases de
madera, muy adecuados para jugar. Mi tio llegaba precipitadamente y partia con
grandes cantidades de esos productos. Se le veia preocupado y deprimido.
Otro elemento del miedo era el incendio. Cuando sonaba la campana de alarma,
sentiamos revivir 10s momentos dramiticos de la calle Angamos. Veiamos pasar 10s
“gallos” y las miquinas de las compaiiias de bomberos, Cstas arrastradas por caballos
fogosos. Las miquinas, destinadas a producir presi6n para levantar el agua, despedian
espesa humareda por una brillante chimenea de bronce. Las compaiiias se disputaban
el honor de llegar la primera y armar su material. Per0 las casas de madera reseca
ardian ripidamente, formando inmensos braseros que con frecuencia devoraban man-
zanas enteras. En varias ocasiones, despuks del incendio de la calle Angamos, tuvimos
listos colchones y atados de ropa para huir en vista de un incendio que se propagaba
en la vecindad. A1 dia siguiente ibamos a contempIar con tristeza 10s montones
de escombros renegridos.
La nuestra fue asi una infancia amenazada. Bajo el brillante cielo y junto a1
maravilloso mar, pr6digo en elementos poeticos, se elevaban 10s miasmas de las
terribles epidemias y las humaredas de 10s incendios. Antofagasta, hoy tan limpia,
carecia entonces de elementales servicios de salubridad. La riqueza del salitre no
protegia nuestras vidas, sino que, a1 contrario, las hacia peligrar a causa de motines,
huelgas y sangrientas represalias. Hasta la ciudad llegaban 10s ecos de 10s dramas
de la pampa, donde la expIotaci6n del hombre por el hombre alcanzaba a limites
ahora inconcebibles. Nuestra sensibilidad infantil presentia el combate sin piedad
que libraban 10s mayores y a1 cual pareciamos destinados. @mo endurecerse?
$6mo adquirir audacia para dominar tantas fuerzas hostiles?

No creo que en ese tie D III


un tio mio declar6 en c a “Niiio tod
que yo estuviera fuera a e casa 10s alas aommgos. La proposicion me parea6 qucbrado”
excelente y, llegado el momento, me fui a la calle una vez terminado el almueno.
Cuando Mario Bonat tuvo que volver a su domicilio, despu6s de haber vagado
todo el dia, me encamin6 donde mi amigo Felipe Ravinet y pas6 hasta la noche
en su hermoso jardfn. A1 regresar encontrk gran revuelo en mi casa. Habian ido a
preguntar pol mi en todos 10s sitios donde suponian que pudiera encontrarme

*Copiapd. Novela corta. Editorial Zig-Zag.


84 MAPOCHO

y habian salido a la calle en mi busca. Fui reprendido sin mucha severidad y no


se me pagG la suma que honestamente habia ganado.
Nunca sufri castigos de ninguna especie ni tampoco disfrutk de mimos. Vivia
en medio de una amable indiferencia, c6moda para mi. Mi padre, que siempre
andaba de viaje. solia, de tarde en tarde, tomarme de la mano y sacanne a pasear
por las calles de Antofagasta. Cuando se encontraba con algtin amigo, el dillogo
era siempre el mismo:
-2Este es su hijito? -preguntaba el amigo.
Si, Cste -respondia mi padre-; el pobre est& todo quebrado.
.. . - _ . - - . ... ~. . .
-iM, que desgraual -exclamaha el caballero. Y el y mi padre se ponian a
contemplarme compasivamente.
A mi, que me sentia bien y tan igil como cualquier otro chico de mi edad,
estas frases no me producian ningtin efecto. No hacia cas0 de las miradas piadosas
y el paseo continuaba agradablemente, porque yo tenia gran carifio por mi padre.
Yo estaba ya acostumbrado a las burlas y a las exageraciones sobre mi persona.
Me daba cuenta de que se me tenia por un cas0 irremediable y habia tomado
mi partido de no dar imp0rtancia a nada de eso. Tal vez con otro caricter, se me
habria formado un comple,jo 0, andando el tiempo, me habria convertido en u n
A,..->. . .
I >
cinico. Per0 era miis bien cimiao, aistraiao y sin ninguna aricion
>
e
.. ., a preguntar y ..
discutir. El que mi padre afirmara que estaba todo quebrado no me producia
n i n g h sentimiento de inferioridad, porque no sentia dolores ni impedimentos. A
pesar de mi carifio, me daba cuenta de que mi padre no me entendia, de que
habia una gran distancia entre el y yo. &6mo salvar tal distancia? Era tarea
demasiado dificil para un niiio y ni siquiera se mcE ocurria intentarla.
C .
La verdad es que yo no habia tenido mis accidente que 10s que surre la mayoria
de 10s chicos. En Taltal me habfa quebrado la nariz al golpearme contra una
mampara, corriendo a gran velocidad; en Copiap6, durante unas vacaciones, tal
vez me trice la tibia izquierda, al saltar sobre una piedra. Tuve unos dolores
atroces y una doctora estuvo durante muchos dias envolviCndome la pierna en
unos pafios calientes. Me era imposible caminar. Fui llevado al colegio de 10s
padres alemanes, donde habia u n aparato de rayos x, seguramente muy mdimen-
tario. No supe lo que el padre vi0 con su aparato. El hecho es cp e segui sufriendo.
Como el cas0 no parecia arreglarse, mis padres me llevaron a. Santiago. Fue un
viaje triste porque estuve postrado en el camarote, sin correr por 10s puentes,
como era mi costumbre. En Valparaiso, un fletero me desembarc6 en brazos y en
el Hotel Odd0 anduve muchos dias arrastrindome por el suelo y luego saltando
en un pie. No recuerdo quC tratamiento se me aplic6, per0 a1 fin 10s dolores
desaparecieron y volvi a estar firme sobre mis piernas.
Tales accidentes nle valieron la reputaci6n de u n “nifio todo quebrado”, 1;3
que, sin duda, agravaba mi fealdad.
__ uc
Porque este fue otro J- I-- -, __ r
10s tenias que m a s 01 uacar en IN inranua. I O estaDa
-1- l _ _ l _ _ -
.
e I - - -7 ~

sin duda, lejos de ser uno de esos amorcillos gorditos y rosados que revolotean
en telas de Fragonard y de Wateau. Era larguirucho y tenia, seguramente, u n
aire estdpido. Un tio me pus0 el sobriquete de lubio pdndulo. Estuve durante
algtin tiempo deseando llegar pronto a hombre para dejarme crecer u n p e s3
nnostacho que ocultara el grosor de mis labios. Pero, como en el caso de las que
hiraduras, pronto dejC de prestar atenci6n a esta particularidad.

“El feisimo E
.., [Link] ub vaI1b J a yu- z-aa -xs ayu-ua ~yvu., uauia uuu u~uuui)

htejilla” El feisimo lentejilla. Cuando el cuento cay6 en manos de mi tio p a d a ser “Lente-
jilla”. Esto tampoco me inquiet6. No tenia una idea muy Clara de la bc:lleza mac
SALVADOR REYES: iQUE DIABLOS! LA VIDA ES AS1 .. . a5

culina y mis preocupaciones iban por otro lado. Me interesaban ya las chicas y me
pasaba algunas tardes arrobado contemplando a las vecinitas que se asomaban a1
balc6n o a la puerta. Ignoraba que para conquistar a las mujeres hay que ser u n
tipo apuesto, y crefa que mi destino seria realizar una cantidad de hazaiias como
las que leia en 10s cuentos y estaba seguro de que aquello bastarta para que Toya.
Yolanda y Rosita cayeran en mis brazos.
T a l vez sea u n buen metodo educativo el burlarse de 10s niiios y criticarlos
con desden. No es que yo pretenda presentarme ahora como una demostraci6n
de las bondades de esa pedagogfa. Pero me parece que el sistema le hace comprender
a uno, desde pequeiio, que no puede esperar gran cosa de 10s demis y que es
necesario aprender a aguantar 10s chapsrrones, savoir encaisser, como dicen 10s
franceses.
Mi fealdad no me cre6 pues, inquietudes; aceptt el hecho fatal y me ammode
con el, hasta olvidarlo. Andando el tiempo, volvi6 a presentirseme de manera
curiosa. En uno de 10s viajes a Santiago, cuando debia lindar 10s dieciocho aiios,
empece a cortejar a una muchacha vecina de la calle Lord Cochrane. Una tarde
me paseaba con ella, cuando unos chicos que jugaban en la vereda, interrumpieron
su juego para mirarnos pasar y uno de ellos exclam6:
-$hitas, que son feos estos dos!
Senti una vergiienza tremenda, no por mi sino por mi compaiiera. Me parecib
ser algo asi como responsable del agravio y testigo indiscreto de su bochorno.
No se lo que pas6 por ella, per0 el resultado fue que no quiso juntarse mis conmigo.
Andando el tiempo, comprobe que ni 10s labios p e s o s ni la calvicie son motivos
para que a uno le vaya rnis mal que a otros en cuestiones amorosas. En mi
adolescencia luche durante algunos pocos aiios contra la calvicie y cuando corn-
probe que ningGn tratamiento daba resultado, suprimt el problema. La calvicie,
por su parte, tambien debi6 aburrirse, pues no he merecido definitivamente el
sobrenombre de “pelado”.
En estas materias hay que ser realista y practicar el fair play.
Una vez, en una fiesta de aiio nuevo, en Madrid, me puse a cortejar a una
chica muy guapa. Me fue bien, tan bien que me entreg6 la llave de su departamento
(vivia sola). Despues apareci6 un tip0 grande, con cabellera de Tarzin y sonrisa
de bestia alegre y fornida. Este personaje t a m b i h empez6 a cortejar a la misma
muchacha. Observe como se desarrollabar! las cosas y le dije a la chica: “Toma
tu Ilave, niiia. iC6mo voy a disputarte a ese tio?”.
Ella se rio, se guard6 la Have y, terminada la fiesta me march6 sin amargura,
pensando que todo es cuesti6n de suerte. Si aquel seiior hubiera tardado media
hora en llegar, yo habria empezado el afio rnis agradablemente.
Me parece que uno puede estar contento con la vida, si es realista y se pone
de acuerdo consigo mismo, seghn sus posibilidades. Si uno ambiciona cosas para
alcanzar las cuales no tiene condiciones, se amarga y desespera; si uno d a impor-
tancia a,las vanidades y empieza a creerse un personaje interesante, termina abru-
mado de rencores, a menos de ser un imbecil, cegado por la vanidad. A mi me
han producido pinico ciertas personas que he visto pavonearse con aire de triunfa-
dores y que luego, en la intimidad, me han revelado un alma ulcerada y vadlante.
Esa gente debe sufrir un suplicio cotidiano y tener noches tremebundas.
Si uno es realista y prudente para mantenerse dentro de su propio terreno,
puede defenderse muy bien de golpes grandes y chicoa, de eso que algunos, con
grandilocuencia, llaman la ingratitud humana, de las crtticas injustas, de las burlas
y de otras cosas. (Que importancia tiene a1 fin que ese, a quien uno aey6 amigo,
06 MAPOCHO

termine estafindole unos pocos pesos? ~ Q u 6importancia tienen el pelambre y la


intriga. si no fructifican y no crean problemas materiales? Ninguna.
Me parece que el niiio “todo quebrado” que yo fui, el “labio ptndulo”, el
“feisimo Lentejilla” me han servido mucho. Me dieron, desde pequeiio, cierta
capacidad de aceptaci6n y de olvido, una gran dosis de indiferencia ante la
incomprensi6n o la maldad. Cuando me he enterado de cosas malholas que se
han dicho de mi. me ha dado c6lera en el momento, per0 luego las he olvidado.
AI cab0 de pocos dias, me he quedado estupefacto a1 no poder recordar en que
consisti6 el chisme o quien fue el autor. A veces, he saludado amablemente a u n
tipo y luego me he dicho: “~Diablos! ]Si 6ste habl6 mal de mi y me habia jurado
no saludarlo mis!”
No dig0 est0 para presentarme como un ejemplo de virtudes cristianas, coma
un asiduo practicante del precept0 que recomienda el olvido de las injurias. No.
Es posible que en el fondo. no sea mis que un egoista que no quiere molestarse
con rencores indtiles ni ambiciones imposibles. Egoista, frivolo, indiferente, olvida-
dizo.. . Uno esti mis lleno de defectos de lo que Cree.
Ahora que, cuando u n amigo hace una mala trastada, me parece que la amistad
se termin6 para siempre. En este cas0 hago desaparecer hasta el recuerdo de tal
amigo con la misma limpieza con que el prestidigitador hace desaparecer el conejo
en el sombrero de copa.

IV Estaba yo en Santiago cuando apareci6 la bandera del remate sobre la puerta


Remate del del Hotel Odd0 y empezaron a demoler el edificio. Senti una puntada en el
Hotel Odd0 coraz6n. El Hotel Odd0 habia representado para mi 10s fastos del gran mundo y
el embrujo de la vida viajera. Yo habria puesto esa bandera a media asta, pues,
cuando la vi flamear, aunque ya conocia 10s Ritz de Paris, Londres y Madrid;
el Waldorf-Astoria de Nueva York, el Excelsior de Roma, el Mammounia de
Marrakech (donde iba a invernar Sir Winston) y hasta el Pera de Estambul (tan
prestigioso a travCs de las novelas de Loti y Farrere), el Hotel Odd0 seguia repre-
sentando para mi el refinamiento y la deliciosa frivolidad del cosmopolitismo.
No guardo, por cierto una imagen Clara y continuada de ese establecimiento.
Veo largos pasillos alfombrados, un vasto comedor de techo artesonado y me parece
que vuelvo a sentir el aire que se respiraba a1 abrir las ventanas: un aire frio, vivo,
desconocido para el nifio del Norte que yo era. De un primero o segundo viaje
en 1906 conservo el recuerdo de ciertas sensaciones: la claridad dudosa de las
luces elCctricas encendidas en plena mafiana (lo que hubiera sido disparate en mi
tierra de sol) y las rejas del ascensor, tan heladas, cosquilleindome la piel; veo
la victoria que mi padre alquilaba por toda nuestra estada, con su cochero de
sombrero hongo, trotando por la Alameda, bajo el cielo gris y entre una bruma
transparente. Me sentia en otro mundo, transplantado a tierras exbticas, con
Arboles estampados por la neblina, todas asombrosas novedades para quien estaba
habituado a la luz birbara del Norte.
El ascensor del Hotel Oddo, en aquellos tiempos, se movfa por medio de nn
cable del mal tiraba el ascensorista, con la mano protegida por u n trom de
gamuza. Yo subfa y bajaba cien veces a1 dia, en compafifa de personas desconocidas
y maletas cuyo perfume de cuero fino, filtraba en mi alma las primeras sensaciones
de lo que G6mez Camllo llam6 “la amarga voluptuosidad de viajar”.
Otras de mis actividades favoritas en el Hotel Oddo, era salir por la ventana
del cuarto y marchar sobre 10s costados cubiertos de cinc del techo del pasaje
Matte. Hice algunas de estas excursiones en compaiiia de Ren6 Gtrard, hijo del
dueiio del Hotel, muchacho alto y simpatico, algo mayor que yo y cuya amistad
SALVADOR REYES: iQUE DIABLOS! LA VIDA ES AS1 ... 87

buscaba, pues siempre, de joven, me agrad6 la compaiiia de 10s mayores. Rent


muri6 en la Primera Guerra Mundial, defendiendo a su patria.
Estas exploraciones se verificaban en las tardes de invierno, cuando el pasaje
Matte enviaba sus iluminaciones a traves de 10s cristales empavonados del techo.
Caminihamos bordeando una inmensa claridad difusa que subia hacia el misterio
de la noche, cargada de esplendores. Recibiamos 10s ruidos de la gran ciudad, 10s
ecos de su agitaci6n. A mi me parecia ir volando sobre coda esa actividad des-
conocida y, p r lo mismo, fascinante.
Mi madre hacia traer unos helados riquisimos desde la pasteleria Camino, que
se hallaba en la esquina de Compaiiia y Ahumada. Nunca mis he paladeado
helados tan deliciosos como aquellos, como tampoco, nunca rnis he comido un
manjar blancu tan exquisito como el que vendia una viejita en el portal Mac Clure.
(Es que con 10s aiios el paladar pierde su frescura, su sensibilidad? Mistinguette,
en sus memorias, cuenta que su abuela la llevaba 10s domingos a comer langostinos
en un faubourg parisiense, y que a traves de 10s aiios ha perseguido el sabor de esos
langostinos, sin volverlo a encontrar.
En aquel 1906 y tambien en 1911, aiio de otro viaje a Santiago, desde el dormi-
torio del Hotel Oddo, aguzaba el oido para percibir 10s ruidos de la ciudad. Me
fascinaba el golpear acompasado de 10s cascos de 10s caballos en el pavimento.
Era un ritmo evocador de no s6 q u t de refinado, de airoso. Me gustaba tambien
el sonar de la campana de 10s tranvias. Era una gran campana de bronce que el
maquinista llevaba en la misma palanca del freno. A1 tomar la curva, 10s tranvias
lanzaban prolongados chillidos. Los rumores de la capital elegante y misteriosa
encontraban un eco profundo en el alma de un niiio, atraido oscuramente por la
melancolia sensual del cosmopolitismo.
Per0 tambien habia las sensaciones del color, no menos agudas. En realidad,
la niiiez es la pelicula virgen que capta todas las reacciones de 10s sentidos, con
una nitidez que no consigue la edad adulta. Asi 10s pequeiios detalles valen mis
que 10s grandes cuadros para reconstituir la atmbfera de la infancia. Los grandes
cuadros se borran, per0 una sensaci6n de sabor, de olor, de color, perdura a lo
largo de la vida y se manifiesta ante ciertos reactivos.
Recuerdo 10s coches particulares detenidos frente a1 Hotel Odd0 o que pasaban
a1 trote de magnificos caballos. Recuerdo las libreas de 10s cocheros. La escarapela
azul y or0 en el sombrero de copa de estos, me producia una sensaci6n aguda, que
no puedo definir. Esa combinaci6n de colores respondia sin duda a a l g h Centro
muy especial de mi sensibilidad, pues t a m b i h me producia el mismo efecto a1
verla en 10s uniformes y mandiles de u n regimiento que a veces veia pasar
desde las ventanas del Hotel y cuyo nombre ignore siempre. iAzul marino y or0
viejo! . . . Hasta ahora esos colores resucitan mis sensaciones infantiles. Son para
mi algo asf como la madeleine para Proust. Don Pi0 Baroja, que tanto se reia
de la famosa madeleine, diria, tal vez, que yo tengo una sensibilidad de sombrero
de copa o’de mandil militar. Per0 estas son reacciones inexplicables del desconocido
que va dentro de nosotros. Lo cierto es que muchos. muchos afios desputs, yo
gustaba pasar frente a un hotel de Londres cuyo porter0 llevaba en su sombrero
de copa, la misma escarapela or0 sobre azul, con un pequefio penacho negro y
sedoso. Una ripida mirada sobre esa combinacih de colores me hacia respirar
la atmbfera del Hotel Oddo.
Estuve alojado d l i no st! cuiintas veces, con mi padre y mi madre. Me acuerdo
de nuestras temporadas de 1906 y 1911. El edificio me parecia enorme, imposible
de explorar en todos sus recovecos. El liltimo piso, mansard&, fue u n territorio
m5gico en el mundo de mi infancia, con sus escaleras de madera brillante y sus
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pequeiias ventanas desde las cuales se divisaba un oceano de tejas, otra novedad
para el norteiio, habituado a 10s techos de calamina. Yo me deslizaba entre una
humanidad fastuosa: damas con grandes toilettes, seiiores habitualmente de chaquet,
per0 tambien a veces de levita y sombrero de copa. iY aquellas libreas de colores
brillantes y sombrios a la vezl . . .
El dllonario antofagastino don Julio Pinkas se alojaba tambien en el Oddo.
Su lujoso carruaje lo esperaba a la puerta. Una noche mecidos por 10s muelles
resortes de ese vehiculo y arrastrados por fogosos caballos, fuimos a comer a u n
restaurant que se encontraba en la esquina de Estado con Merced y que, si no me
equivoco, se llamaba “Palacio de Cristal”. El edificio de hierro, pur0 estilo 1900,
existe adn en el momento en que escribo. Don Julio er