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Hallazgos Arqueológicos en Huacho

Este documento presenta una breve historia de la región de Huacho y el valle de Huaura en Perú desde los primeros asentamientos humanos hace unos 5,000 años hasta la llegada de los españoles en 1533. Describe las diferentes culturas y períodos que habitaron la región, incluyendo el período Arcaico, Formativo, Desarrollos Regionales, Horizonte Medio dominado por las culturas Chancay y Chimú, e Imperio Inca. El documento invita a más investigación arqueológica para aprender más sobre la r

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Hallazgos Arqueológicos en Huacho

Este documento presenta una breve historia de la región de Huacho y el valle de Huaura en Perú desde los primeros asentamientos humanos hace unos 5,000 años hasta la llegada de los españoles en 1533. Describe las diferentes culturas y períodos que habitaron la región, incluyendo el período Arcaico, Formativo, Desarrollos Regionales, Horizonte Medio dominado por las culturas Chancay y Chimú, e Imperio Inca. El documento invita a más investigación arqueológica para aprender más sobre la r

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didacta

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CONTENIDO PÁG.

- INVITACiÓN A LA LECTURA. 5
-IMPORTANCIA A,RQUEOLÓC;ICA DEL VAllE DE HUAURA. 11

- TECNOLOGíA E INDUSTRIA EN LA ANTIGUA SOCIEDAD HUACHANA. 17


.
- EL HOMBRE TATUADO DE HUACHO. 23

- SOBRE EL HALLAZGO DE MOMIAS TATUADASEN HUACHO. 28


- HALLAZGOS DE RESTOSPREHISPÁNICOSEN MANZANARES. 33
- LA TECNOLOGíA HIDRÁULICA EN LA HISTORtA DE HUACHO. 39
- ARTE DEL MATE ANTIGUO EN HUACHO. 43

- MAPA DE UBICACiÓN DE SITIOS ARQUEOLÓGICOS. 44


- LA VENUS DE HUAURA. 51
- Los FUNERALESDE UN ANTIGUO MÚSICO HUACHANO. 59

- INSTRUMENTOSMUSICALES PREHISPÁNICOSEN HUACHO. 65


- TEXTILESPREHISPÁNICOSDE HUACHO: ARTE y TECNOLOGíA. 73
- EL TAMBO DE HUAURA. 79

- BIBLlOGRAFIA 85
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Invitación a la lectura

Podría afirmarse sin hipérbole que el conocimiento de


la historia de Huacho es todavía insuficiente. Ni siquiera co-
nocemos adecuadamente la historia mas reciente, desde cuan-
do los grupos nativos entraron en la esfera de influencia y
dominio de los españoles hasta la formación de la República
peruana, que abarca un periodo de tiempo que no alcanza
los 500 años. Y el desconocimiento se acrecienta aún más si
quisiéramos saber la historia prehispánica, cuya duración se
estima, por lo menos, en unos 3,000 a 4,000 años antes de
Cristo, lapso que incluso puede incrementarse conforme avan-
ce los futuros estudios regionales. Quizá estamos en las eta-
pas iniciales del conocimiento de la historia nativa y queda
aún mucho por desentrañar de ese largo proceso milenario
en que el hombre huachano dominó el Valle de Huaura para
su provecho y el sustento de las generaciones posteriores. La
historia previa a la invasión española es pues de una mayor
duración que la contemporánea. Existe evidentemente una
gran experiencia acumulada por las sociedades nativas en
esos miles de años, de la cual poco es lo que ha llegado a
nuestro conocimiento. Se ha dicho que no se puede compren-
der a cabalidad la historia peruana si obviamos el largo re-
corrido de milenios por el que transitaron las viejas socieda-
6

des andinas. No debemos entonces negar al pueblo el cono-


cimiento de los logros que sus ancestros forjaron en miles de
años de paciente esfuerzo y privilegiar la historia más recien-
te que sólo abarca casi medio milenio.
Pero el desconocimiento de aquella historia más pro-
longada y autónoma de Huacho es el resultado de la falta de
investigaciones regionales. Tal carencia resulta de la poca
preocupación y desinterés de las instituciones más represen-
tativas de la cultura, sean estatales o privadas, todavía renuen-
tes a la inversión para la investigación y la puesta en valor
de numerosos vestigios regionales.
Los restos históricos y orqueolóqicos constituyen, entre
otros recursos culturales y naturales, fuente importante para
el desarrollo económico de una región y existen países don-
de los ingresos al erario nacional, por concepto del turismo,
tienen un fuerte renglón, en este aspecto. De ahí que los bie-
nes culturales no llaman la atención únicamente para la in-
vestigación de su desarrollo histórico, sino que gravitan en la
economía de un pueblo.
Quienes vislumbramos el itinerario de los agrupamientos
sociales asentados en Huacho y el Valle de Huaura, pode-
mos afirmar que éstos tuvieron presencia a través de las di-
versas fases de la milenaria historia peruana. Las investiga-
ciones arqueológicas han demostrado la existencia en dicha
área de comunidades humanas correspondientes al período
Arcaico cuya antigüedad alcanza unos 5000 años, pero es
posible que nuevos estudios prolonguen aún más esa crono-
logía, por cuanto son todavía insuficientes las exploraciones
regionales. Desde esos lejanos tiempos, los grupos humanos
fueron alcanzando mejores niveles de organización socio-
económica, teniendo como sustento la explotación de los re-
cursos marinos y del valle. Quizá el gran complejo de Huaura
7

Antigua, con varios montículos piramidales distribuidos al


entorno de un espacio rectangular de 30 hectáreas tenga
vinculaciones con esa etapa, pero allí todavía no se han he-
cho excavaciones sistemáticas y quedan muchos datos ocul-
tos a nuestro conocimiento. Para tiempos posteriores al cita-
do período Arcaico, se ha encontrado vestigios afiliados al
período Formativo, como los basurales de Playa Chica y otros
ubicados hacia ambas márgenes del río Huaura con fechas
que fluctúan entre los 1800 a. C. a 200 d.C., cuando ellos
ya estaban en pleno dominio de la agricultura.
En otra fase, llamada de los Desarrollos Regionales (pe-
ríodo Intermedio Temprano) situado entre los años 200 d.C.
a 600 d.C. los grupos huachanos, estuvieron involucrados
en organizaciones sociales más amplias distribuidas a lo lar-
go del valle de Huaura y en contacto permanente con otras
sociedades del mundo andino. Destacan en esta etapa los
hallazgos realizados en la localidad de Végueta con expre-
siones culturales relacionadas al sitio de Baños de Boza en la
valle de Chancay, a los residuarios de Ancón ya los de Villa
el Salvador al sur de la ciudad de Lima. Aunque todavía no
se han excavado todos los sitios con indicios de esta época,
podemos decir que hubo relaciones con la cultura Nasca y
contemporaneidad con las sociedades Mochica, Recuay y
Tiahuanaco. Para la etapa siguiente, esto es durante el Hori-
zonte Medio, cuya duración cronológica abarca los años
600 d.C. hasta el 1000 d.C. se pueden encontrar en la re-
gión de Huacho y el Huaura, numerosos asentamientos y ce-
menterios vinculados a las sociedades Chakipampa y Atarco
de Nasca o Ayacucho, a las de Pachacamac del valle de
Lurín e incluso a la misma cultura Tiahuanaco. Pero existe un
proceso social interesante en esta época por la aparición de
resto muy peculiares como el llamado Teatino, el Pativilca o
8

la compenetración de ambos, que estarían evidenciando fuer-


tes cambios a nivel de los conjuntos humanos instaladas en
todo el valle de Huaura. Se observa buen incremento demo-
gráfico pues son más numerosos los restos arqueológicos iden-
tificados.
Todo este desarrollo alcanza mayor plenitud con la ar-
ticulación de la cultura Chancay hacia los años 1000 d.C. a
1400 d.C., la cual ocupó no sólo la región de Huaura sino
que también tuvo como sede lo que hoyes la provincia de
Huara!. Es posible que ambas regiones hayan disputado la
hegemonía política por el control de los territorios de la costa
norcentral y, si bien estaban involucradas en una sola expre-
sión cultural materializada en similares tecnologías y estilos
de arte, se aprecia ciertas diferencias, por ejemplo, en la
manufactura de algunos objetos rituales enterrados en las
tumbas como esas piezas antropomorfas llamados
"cuchimilcos" y "chinos". Son raros o no existen los "chinos"
en el valle de Huaura.
Cuando la sociedad Chancay había desplegado e
incrementado sus potencialidades productivas a base de una
organización social compleja, fuertemente jerarquizada yen-
lazada a una red de intercambio con otros grupos yungas
del litoral del Pacífico, de la sierra y de la llanura amazónica,
despertó el interés político de otros estados vecinos. Fueron
entonces los hombres del famoso reino norteño de Chimú
quienes trabaron relaciones económicas con los del valle de
Huaura, a tal punto que hasta existen objetos de cerámica de
estilo Chancay con decoración del estilo Chimú. y se ha men-
cionado también que uno de los monarcas de ese reino tuvo
un hijo en una dama huaurina, posiblemente para lograr
mejores relaciones político sociales. Pero no sólo los grupos
¡
, norteños ambicionaron los excedentes acumulados por los
,
,
,
,
,
-,,
,
9

grupos Chancay del valle de Huaura, sino, en su momento,


fueron los propios Incas del Cusca acuciados en solucionar
sus problemas económicos y de expansión a nuevos territo-
rios, que se vieron compelidos a desplazar sus fuerzas en
plan de conquista. Fue así como el Imperio del Tahuantinsuyo
subyugó el área Chancay a mediados del siglo XV d.C. y
para administrar los tributos que ellos impusieron, ordenaron
los soberanos cusqueños que se erigiese un centro adminis-
trativo justamente en la actual ciudad de Huacho. Ese centro,
situado en las faldas de Cerro Colorado se distingue precisa-
mente por tener una arquitectura diferente a los propios cen-
tros Chancay del valle de Huaura y porque allí hemos descu-
bierto vajilla imperial modelada al estilo de la capital del
reino cusqueño.
Pero en los meses iniciales de 1533 aparecieron los
hombres de España y asomaron lentamente por la muralla
de Mazo, bastión que protegía a los ayllus huaurinos y
huachanos. Venían cargados en andas y otros a caballo,
seguidos de una numerosa hueste asombrada y sedienta pero
ávida del oro y la plata. Su presencia habría de significar, en
siglos posteriores, la opresión de las poblaciones de Huacho
y del valle de Huaura durante toda la etapa colonial.
Fueron suplantados sus gobernantes, se destruyeron e
incendiaron los templos, así como las imágenes de sus divini-
dades para imponerles, a sangre y fuego, una nueva reli-
gión. Sólo la región yunga del valle de Huaura quedó en
poder de dos españoles y fueron vanos los intentos de recu-
perar la nacionalidad huaurina, pues los invasores estaban
presentes con mayor equipo bélico y mejor alianza de otros
grupos nativos que, como en muchos casos de la historia
mundial, éstos se coligaron al nuevo poder surgido en los
Andes del Perú.
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,
,
,

10

Tal, el ligero esbozo del desarrollo histórico de Huacho


y su entorno hasta el presente, punto en que ha configurado,
tras ese largo desarrollo, una moderna sociedad mestiza pu-
jante como corolario de los aportes indohispánicos, que en
algún momento de su devenir habrá de incluirse al resto de
pueblos peruanos para lograr un mejor equilibrio social.
TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO, reune
varios artículos publicados hace algunos años en publicacio-
nes locales y nacionales (Ahora, Especiales de Huacho,lnsula,
Boletín del Museo de Arqueología y Antropología de la Uni-
versidad Nacional Mayor de San Marcos), sobre las muchas
informaciones todavía sepultadas bajo los arenales y la cam-
piña. La mayor parte de los archivos arqueológicos, de esa
larga y milenaria trayectoria humana, es todavía una incóg-
nita para nosotros. Tenemos un desconocimiento de muchos
miles de años de experiencia que nuestros ancestros acumu-
laron, experiencia que estamos obligados a preservar y res-
catar para beneficio de nuestra sociedad actual y del futuro,
lo cual entraña la defensa de la propia identidad cultural y la
autoestima social. Habitamos un territorio donde surgió la
civiización antes que en muchos países europeos y abriga-
mos la esperanza que estos artículos despierten la inquietud
intelectual de nuestra clase gobernante pero también están
escritos pensando fundamentalmente en las poblaciones a
donde casi nunca llegan las informaciones arqueológicas.

ARTURO RUIZ ESTRADA


11

Cántaro típico de
la cultura
Chancay de
Huacho. Procede
del cementerio
de Cerro
Colorado. Esta
decorado con
pintura color
marrón oscuro
sobre fondo
crema. (Foto: A.
Ruiz E.)

IMPORTANCIA
ARQUEOLÓGICA
DEL VALLE DE HUAURA
EL VALLE que forma el río Huaura, constituye una im-
portante unidad geográfica en la costa peruana. El cau-
dal constante de sus aguas proporcionó el elemento vi-
tal para la supervivencia de grupos humanos muy anti-
guos, asentados en las terrazas aluviales que marginan
su cuenca, en lbs llanos próximos a la desembocadura y
en las escarpadas pendientes y altas cumbres que la en-
cajonan.
Tiene su origen en la zona andina a más de 5000
metros sobre el nivel del mar. Parte de los deshielos de
12 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

la cordillera de Huayhuash, drenan sus aguas hacia dos


pequeñas cuencas, el Checras y el Oyón, que al unirse
cerca del pueblo de Sayán con el río Huanangui, forman
el Huaura que corre de Este a Oeste, hasta su confluen-
cia con el Océano Pacífico, cerca de la ciudad de Huacho.
Recorre unos 120Kilómetros y durante su curso atravie-
sa áreas ecológicas distintas, situación que tuvo particu-
lar importancia en el desarrollo de las comunidades abo-
rígenes que eligieron su hábitat a lo largo del valle.
La especial condición y ubicación de la cuenca, que
sirve de UIÚóna la costa y la sierra, sin que haya, entre
ambas regiones grandes distancias de separación, per-
mitió en el pasado una fácil comunicación a los grupos
humanos instalados en el valle, hecho que mejoró las
relaciones económicas entre las comunidades yungas,
serranas y selváticas. A esta circunstancia debemos aña-
dir otro rasgo geográfico, relacionado también con la cer-
canía del valle a otras cuencas vecinas de interés
ecológico y arqueológico. Sus nacientes están muy próxi-
mas a grandes sistemas hidrográficos del Perú como el
Marañón, el Huallaga y el Mantaro.
Los pasos o abras que dan acceso a esos sistemas
son el de Uchucchacua que permite llegar al río Yana-
huanca, cuyas aguas vierten al Huallaga, cerca del pue-
blo de Ambo (Huánuco); el acceso a la cuenca del Man-
tara sería por medio del río Checras y el paso del Hawi
para bordear las lagunas de Punrún, Huarón y la de Junín
de donde nace el río Mantaro. La relación con la cuenca
del Marañón se habría realizado por las lagunas de
Surasaca, Runrococha, Huengue y Chalguas. Esto indi-
ca también que el Huaura debió ser utilizado como vía
de contacto entre las agrupaciones sociales con suficien-
tes recursos para la subsistencia y eficaz comunicación
ARTURO RUIZ ESTRADA 13

e intercambio, desde épocas muy antiguas.


El propio valle alentó la agricultura, donde las tie-
rras y el agua posibilitaron el riego para los cultivos. La
fauna y la flora que debió existir en abundancia y existe
aún ahora, constituye otro factor de atracción para la
supervivencia humana. La riqueza marina del Océano,
abundante y variada, prodigó con exuberancia sus re-
cursos, a tal punto que la presencia de sociedades com-
plejas no habrían requerido de la agricultura como con-
dición ineludible para su emergencia, tal como lo sostie-
nen varios investigadores (Fung, 1972; Torero 1974). Y,
también el mar facilitó contactos permanentes median-
te la navegación.
Factor, asimismo, de apoyo a una economía eficaz
en la cuenca huaurina, fue la presencia de yacimientos
salineros, no lejos de la desembocadura del río, cuya
explotación cumplió valiosos papel, desde antaño, para
el intercambio económico con sociedades ribereñas y
los de altura. De igual manera, es interesante señalar la
proximidad del valle a tierras de lomas donde prospera-
ban la vegetación y la fauna, quedando al presente res-
tos de los bosques de Lachay y otros que anteriormente
se acercaban a la playa, para ser explotados por los po-
bladores prehispánicos.
No obstante existir numerosos centros arqueológi-
cos en la zona, pocas han sido las exploraciones e inves-
tigaciones. Destacan las investigaciones de [Link] en
sitios precerámicos de Río Seco, los de Robert Feldman
en Supe y los de Rosa Fung en Bandurria (Playa Chica).
Igualmente, los estudios de la Expedición Científica Po-
laca a los Andes dirigida por Andrzej Krzanoswski quien
estudió los patrones de asentamiento en la zona serrana
del valle de Huaura y la difusión del estilo Cayash; los
14 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

del Seminario de Arqueología del Instituto Riva Agüero


que condujo Mercedes Cárdenas y registró diversos si-
tios en la parte baja; los de la Universidad de Huacho
que viene informando varios aspectos de los vestigios
locales. Actualmente existen todavía yacimientos de es-
pecial significado cultural que permanecen desconocí-
dos para la arqueología. El sector del valle del cual se
tiene algunas informaciones corresponde a su parte in-
ferior. Las áreas restantes, especialmente las quebradas
que trepan a los Andes están siendo investigadas por la
Expedición Polaca y la Universidad de Huacho, pero hay
numerosos vestigios con escasas referencias y cuya mag-
nitud y significado aún se ignora. Su exploración y estu-
dio sistemático revelará, sin duda, valiosos conocimien-
tos de organizaciones sociales extinguidas.
Los materiales arqueológicos de muchos sitios del
valle, indican drásticos cambios en su estilo, fenómeno
que revela, asimismo, fuertes cambios sociales en los
grupos humanos que allí se establecieron. Por ejemplo,
con respecto a la cerámica, se encuentra con frecuencia
que un solo yacimiento ofrece elementos totalmente di-
ferentes en cuanto a su estructura, forma y decoración,
lo cual puede ser índice de los continuos cambios ope-
rados a nivel de las agrupaciones sociales que produje-
ron esos elementos culturales. Es notorio, igualmente,
la presencia de influencias tanto serranas como de la
Costa Narte y Sur del Perú. La posición estratégica del
valle, vía o frontera de varias antiguas naciones y cuen-
ca natural de difusión cultural, explican las referencias
que anotamos. Hallazgos en Végueta de restos del Perío-
do Intermedio Temprano son revelados de tales contac-
tos (Shady-Ruiz, 1979).
,
, Un interesante problema de estudio es el referente
,
,
,
,
,
ARTURO RUIZ ESTRADA 15

al proceso cultural
ocurrido durante el
Horizonte Medio en
la zona, pues las evi-
dencias materiales de
esa etapa indican que
Huaura tuvo mucho
que ver con la difu-
sión cultural y la ex-
pansión político eco-
nómico de centros
como Pachacamac,
Nasea y el mismo
Tiahuanaco (Shady,
1988). Asimismo, lla-
ma la atención la pre-
sencia del estilo Tea-
tino y Pativilca y el
papel que cumplieron
sus portadores, en el
proceso social y eco-
Figurina de Huacho. Horizonte Medio 4
nómico de aquel en-
tonces. De igual manera resulta necesario deslindar la
formación de las entidades sociales posteriores al Hori-
zonte Medio, y ver su articulación con otras de la costa y
sierra y el modo como dichas agrupaciones enfrentaron
la expansión incaica.
Una exploración que sólo abarque territorios entre
Huacho y Sayán,proporciona al estudioso diferentes evi-
dencias arqueológicas. Para ejemplo, citamos la presen-
cia de las murallas de Mazo, los cementerios de Playa
Chica, Las Salinas, Cerro Colorado, Végueta, Luriama,
Maní y los complejos arquitectónicos de Peralvillo,
16 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

Chacaca, Centinela, Hualrnay, Mazo, Rontoy, Vilcahuaura,


Huacán, Chambara, Quipico y Visquira cuya naturaleza
y caracteristicas son harto elocuentes de la magnitud que
tuvieron los varios y densos agrupamíentos humanos de
la provincia de Huaura que, al mismo tiempo, revelan
una larga tradición histórica.
Al estado delos conocimientos actuales ya es posi-
ble hablar de un vasto desarrollo cultural que remonta a
periodos remotos cuando en Huacho y el valle de Huaura
existieron bandas de cazadores recolectores que en el
transcurso de milenios evolucionaron progresivamente
hasta constituir gobiernos de organizada estructura so-
cial y política, basados en una economía agrícola y
pesquera. Su presencia y aporte al desarrollo de la civili-
zación andina se va perfilando paulatinamente confor-
me avanza el conocímiento arqueológico.
17

Típico diseño textil de la antigua sociedad huachana. Siglo XIV d. C.

TECNOLOGÍA
E INDUSTRIA
EN LA ANTIGUA
SOCIEDAD HUACHANA .
HUACHO y el entorno territorial de su influencia, hospe-
daron a sociedades de profunda tradición histórica. De
pequeños grupos dispersos, con bajos niveles de desarro-
llo tecnológico, progresaron gradualmente hacia socieda-
des de nivel estatal. Los extremos de tal continuidad lo
ejemplifican, por un lado, los restos de los antiguos habi-
tantes de Río Seco, de Lachay, de las Salinas, de Playa
Chica, de Bandurria y de Supe. Por otro lado, la sociedad
preinca Chancay, como máxima expresión de la evolución
regional yunga. Esa trayectoria cultural estuvo amparada
por logros tecnológicos, artesanías e industrias y de una
ciencia nativa que el antiguo huachano supo articular
18 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

sistemáticamente para el mejor dominio de su ambiente y


el adecuado desarrollo de su vida.
No es posible informar en breve espacio sobre el vas-
to progreso tecnológico e industrial ocurrido en los dife-
rentes períodos de la prehistoria huachana. Pero es nece-
sario entender que hubo una serie de tecnologías apropia-
das, cuya evidencia va recuperando la investigación ar-
queológica.
Al momento del enfrentamiento indohispano, Hua-
cho y parte del valle de Huaura integraban la sociedad
Chancay, cuya vigencia corrió entre los siglos X al XV de
nuestra era. Para ese tiempo puede hablarse de distintos
avances en tecnologías de subsistencia como la agricultu-
ra, la pesca, la elaboración y conservación de alimentos y
la explotación del guano y la sal; y en industrias, como la
producción de alfarería, de tejidos, de metalurgia y
metalistería, de transportes y de la edificación. A ello se
añade la medicina y la cirugía, que merecen artículo apar-
te.
El desarrollo de sistemas agrícolas para propiciar el
aprovechamiento de plantas alimenticias o industriales,
en un medio desértico como en efecto lo es el valle de
Huaura, tuvo como corolario el empleo de tecnologías hi-
dráulicas tanto para irrigar el espacio adyacente al río,
mediante canales, como la obtención de agua en pleno
desierto, cavando en los arenales al encuentro de tierra
húmeda para sembrar. Supieron entonces obtener inge-
niosamente el mayor provecho del suelo árido en que vi-
vieron, no siendo el arenal, obstáculo insalvable para ellos.
Como pilar complementario y fundamental de su econo-
mía, intensificaron la pesca mediante sedales delgados o
gruesos, redes de malla estrecha o amplia, anzuelos dife-
rentes y embarcaciones de diverso calado, según la espe-
ARTURO RUIZ ESTRADA 19

cie marina que requerian colectar para el sumirústro de


proteínas. Artes y aparejos de pesca, con materiales pro-
pios y sencillos pero diestramente accionados, fueron [os
instrumentos que apoyaron el desplazamiento costero o
la incursión a larga distancia. No fue por ello, ajeno a su
conocimiento, el procesamiento y la conservación del pes-
cado, de los mariscos y las algas, cuya industrialización
tiene aún arraigo moderno en el seco salado. Para esto,
sabían de la explotación de la sal y las técnicas de su
cristalización, por cuyo motivo poseían instalaciones y
personal adhoc en las mismas Salinas de Huacho. De igual
manera la experiencia ancestral acumulada les permitió
descubrir las bondades del guano en la fertilización de los
cultivos y habían desarrollado organizaciones insti-
tucionales para su extracción en las islas.
Otra tecnología, en la que incluso dejaron la impronta
de su bagaje cultural, lo testimonia la alfarería, cuyos
ceramios fabricados en variedad de formas, implican co-
nocimientos de canteras, mezclas, control de cocción y
habilidad en el uso de pinturas para decorarlos. Y algo en
que ha sido unánime el reconocimiento a la industria nati-
va, es la textileria, cuyos inventos y belleza superaron a la
de los cristianos de España. Lo asentó así el cronista Cieza
de León, quien en 1550 comentó: «Para hacer estas ropas
tuvieron y tienen tan perfectos colores de carmesí, azul,
amarillo, negro y de otras suertes, que verdaderamente
tienen ventaja a las de España». Conexo a la producción
textil lograron éxitos en la química aplicada para la elabo-
ración de tintes, aunque poseían parcelas con cultivos de
algodón de diferentes colores. No son menos apreciables
los trabajos de metalistería para fabricar armas, utensi-
lios y adornos. Obtenían los metales de la zona andina de
Oyón y Cajatambo, para someterlos a fundición, aleación,
,
,
,
,
20 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

Fragmento de faja con figuras geométricas que sintetizan la presentación


de aves y peces de la fauna del litoral.

laminado, soldadura autógena, enchapado, moldeado y


otras técnicas como el calado y el repujado.
Una industria vital para los antiguos huachanos, que
les permitió la interrelación con otros grupos sociales, fue
la del transporte, especialmente el de la navegación, pues
construyeron grandes y pequeñas embarcaciones con las
que surcaban buena parte del litoral del Pacífico. De ce-
menterios próximos al puerto de Huacho, hemos registra-
do artículos arqueológicos cuyos rasgos declaran vincula-
ciones con los antiguos reinos de Chincha, del Chimú, del
Cusca, con puertos del Ecuador, así como con grupos de
la cultura Cajatambo y de la Selva Andina.
La arquitectura, tuvo una tradición milenaria y los
vestigios que aún subsisten remontan su origen en las gran-
ARTURO RUIZ ESTRADA 21

des edificaciones de Supe, de Vilcahuaura, de Playa Chica


o Huaura mismo. Quedan como testimonio antiguas pirá-
mides truncadas, bastante deterioradas, como las de
Hualmay, Cerro Centinela, Huacán, Chacaca, Mazo, Acaray,
Quípíco, Andahuasi, para mencionar sólo algunas. Utiliza-
ron fundamentalmente el barro para la construcción de
viviendas, templos, fortines y tambos. Las técnicas del
adobe y el adobón evolucionaron conforme a las necesi-
dades de sus pobladores. El aspecto de sus edificaciones
es de planta rectangular y generalmente fueron de varios
pisos o de uno solo, según la posición social de sus ocu-
pantes.
Hoy pues un trasfondo raigal de tecnologías apro-
piadas en nuestro medio cuyo estudio minucioso podrá ir
descubriendo los alcances intelectuales y los logros técni-
cos de la antigua sociedad huachana, como también de
los ayllus vecinos, cuya experiencia milenaria, cual lega-
do tangible, recoge el arqueólogo, para transmitir su ense-
ñanza a la generación actual y del futuro.
22 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

EL HOMBRE
TATUADO DE
HUACHO
Dibujo a base de
calcos de la
iconografía graba-
da en la momia
que se exibía en
el Museo de
Arqueología de la
Universidad de
Huacho. (Según
Alfredo Ruiz
Tovar)
23

EL HOMBRE
TATUADO
DE HUACHO
EL ESTUDIO de los restos humanos prehispánicos de
Huacho, viene revelando diferentes aspectos de la vida
y las costumbres de los grupos sociales antiguos. Uno
de esos aspectos tiene relación con el hábito de grabarse
la piel, mediante el arte del tatuaje. Esa actividad ofrece
ahora la posibilidad de leer y profundizar en las ideas
que los antiguos huachanos comunicaban a través de los
símbolos grabados en su propia piel. Estamos entonces
ante otro elemento cultural que por su frecuencia, corno
ocurre con muchos de los símbolos plasmados en
ceramios, en tejidos, en madera, hueso o metal, conce-
de nueva pista al mejor conocimiento de la sociedad
nativa.
Publicamos en esta oportunidad las circunstancias
del descubrimiento de los restos momificados de un
huachano cuyo cuerpo lleva justamente una serie de di-
seños grabados corno mensajes aún indescifrados de
conceptos que en su tiempo eran legibles.
24 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

EL HALLAZGO
La momia fue encontrada al explorar la zona ar-
queológica ubicada entre el Puerto de Huacho y el Ba-
rrio de Amay,precisamente en el sitio que hemos nume-
rado como Cementerio 2. La tumba en que fue enterrada
había sido saqueada por excavadores clandestinos, quie-
nes sustrajeron las ofrendas asociadas e incluso habían
destruído parte del mismo cuerpo, de modo que no se
pudo recuperar la cabeza. Procedimos entonces a regis-
trar los indicios culturales del sitio y al desempolvar la
momia descubrimos con sorpresa varias figuras sobre
la piel reseca. Trasladamos con cuidado al difunto a la
Ciudad Universitaria para estudiar sus rasgos antro-
pológicos, así como los símbolos tatuados y la distribu-
ción de ellos en su cuerpo.
En general no está bien conservado, presenta rotu-
ras y deterioro en varias partes, pero deja ver con facili-
dad los diseños tatuados. Tiene las extremidades fuerte-
mente flexionadas hacia el tronco, pues esa era la posi-
ción de su enterramiento, según las costumbres funera-
rias de los ayllus huachanos. Los brazos doblados, de
modo que la mano izquierda queda sobre el pecho y la
mano derecha sobre el epigastrio. Las piernas, igualmen-
te, replegadas hacia el vientre. Al parecer fue sepultado
echado de espaldas, posición diferente a la de otros di-
funtos que eran inhumados sentados en la fosa.

RASGOS ANTROPOLÓGICOS
La observación de los rasgos físicos revela su co-
rrespondencia a un individuo de sexo masculino cuya
edad sería la de un adulto joven. Si bien la piel se halla
contraída y reseca, deja, sin embargo, notar los genitales
y apreciar la constitución de la epidermis. Los huesos
ARTURO RUIZ ESTRADA 25

largos están relativamente bien conservados pudiendo


obtenerse medidas de su longitud como para conocer la
altura del individuo. Calculamos en este aspecto que la
talla estaría alrededor de 1.62 m. teniendo en cuenta que
la longitud del fémur alcanza a 0.43 m. Dentro del pro-
medio de la población en la que vivía, debió constituir
un personaje de talla mediana, considerando que en el
mismo lugar del hallazgo hay individuos más altos.

LOS TATUAJES
Las figuras que grabó el especialista en esta técni-
ca, se distribuyen en casi todas las secciones del cuer-
po, brazos, hombro, pecho, epigastrio y piernas, con ex-
cepción de la espalda, el pubis y las nalgas. Destacan en
forma general, signos de aspecto zoomorfo y geométrico,
que con frecuencia son similares a los que aparecen en
los tejidos y en la cerámica del estilo Chancay. La ten-
dencia es la de tatuar la zona frontal del cuerpo, pues
son pocas las figuras de la parte posterior, reduciéndose
éstas a la prolongación de grecas en el brazo izquierdo o
escenas en las pantorrillas (aves en la izquierda; y greca,
círculo y ave en la derecha). También el muslo derecho
carece de tatuaje. El color de las figuras aparece en tono
azul oscuro y a falta de otras evidencias debió haberse
utilizado el jugo del huito como materia colorante. Para
ejecutar los diseños utilizarían quizá una aguja metálica
u otro artefacto punzante, cuyo hallazgo es frecuente en
los sitios arqueológicos de Huacho. La figura que acom-
paña esta nota muestra la disposición y forma de los mo-
tivos, los cuales han sido copiados directamente de la
piel de la momia.
26 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

CRONOLOGÍA
Los indicios arqueológicos anotados en el referido
cementerio 2, indican la presencia de objetos de cerámi-
ca y de tejidos vinculados al estilo Chancay Negro sobre
Blanco. Este hecho nos faculta para calcular que el hom-
bre tatuado de Huacho debió haber vivido en un período
de tiempo que medió entre el siglo X al XV de nuestra
era. En consecuencia fue un hombre que se sometió a la
práctica del tatuaje en esos tiempos, al igual que mu-
chos de sus contemporáneos de los valles de Casma,
Chancay, Ancón, Chincha y otros grupos Yungas de la
costa peruana.

SIGNIFICADO
Como lo anticipamos antes, la presencia de los ta-
tuajes antiguos apertura campos nuevos para la investi-
gación de la trayectoria cultural de las sociedades loca-
les.
A la fecha, hay materiales de diversa procedencia
publicados por Reiss y Stubel, Julio C. Tello,Marvin Alli-
son, OlafHolm, [Link] y otros investigadores, lo cual
da un panorama sugerente para contrastar los datos.
El mensaje de lo graficado en el cuerpo del Hua-
chano constituye uno de los medios de expresión, pro-
bablemente, de hechos importantes en su vida. La cir-
cunstancia de tener motivos diferenciados, repartidos
también en diferentes regiones del cuerpo, estaría seña-
lando quizá un rango social superior a otros que sólo
exhiben escasos tipos de símbolos. Realmente sorpren-
de la escueta mención realizada por los cronistas de In-
dias sobre los tatuajes, pese a que ellos los observaron
en vivo, limitándose a expresar que se «Labraban» o «Se-
ñalaban» los cuerpos, con tintes de origen vegetal, sin
ARTURO RUIZ ESTRADA 27

dar mayores detalles sobre el significado de las graba-


ciones.
Los tatuajes del joven Yunga de Huacho, aparte de
haber estado relacionado a hechos religiosos, sociales o
decorativos, constituyen un lenguaje labrado en piel
humana y no sería aventurado afirmar que era una for-
ma de escritura arcaica, si consideramos, de modo ge-
neral, que ésta es la representación de ideas mediante
signos. ¿Un antropo-texto Huachano?

Tumba de un antiguo huachano. Se observa el fardo funerario y las


ofrendas al difunto. Fue descubierto junto a la Ciudad Universitaria
de Huacho. (Foto A. Ruiz E.)
28

SOBRE EL HALLAZGO
DE MOMIAS TATUADAS
EN HUACHO
UNO de los hallazgos que nos llamó la atención durante
los trabajos de exploración en sitios arqueológicos cer-
canos a la ciudad de Huacho y el valle de Huaura fue el
de las momias tatuadas. Antes de 1980 nada sabíamos
de este tipo de descubrimientos para la zona de Huaura,
aunque ya la literatura arqueológica había consignado
la existencia de vestigios momificados para otras áreas
de los Andes Centrales. Pero nuestra sorpresa se acre-
centó al descubrir numerosos restos humanos con la piel
tatuada en una variada gama de diseños, que superaba
en cantidad a las muestras conocidas anteriormente.
La zona de nuestras observaciones, el valle de
Huaura y el entorno de la ciudad de Huacho, capital del
distrito de Huaura, corresponde a la región yunga próxi-
ma al Océano Pacífico, cuyos territorios desér-ticos fue-
ron transformados a través del tiempo en una cuenca
agrícola desde cuando sus arcaicos pobladores idearon
las técnicas hidráulicas para irrigar los llanos arenosos
ARTURO RUIZ ESTRADA 29

de las riberas del río Huaura. De ese modo, el desarrollo


de la agricultura, complementada con la explotación de
los abundantes recursos marinos favorecieron el
sedentarismo y la evolución de grupos humanos que, en
los varios milenios de su existencia, dieron en articular
sociedades organizadas que culminaron en lo que fue la
sociedad Chancay. Esta ocupó principalmente lo que
ahora es la provincia de Huaura y la de Huaral, al norte
de la provincia de [Link] pobladores, regidos por nor-
mas y concepciones filosóficas propias, como otros gru-
pos humanos del mundo, tuvieron diversas expresiones
culturales en respuesta a las necesidades espirituales y
económicas que confrontaban. En tal sentido, podemos
reconocer la ideología religiosa y las concepciones es-
téticas que animaron su existencia, entre otras manifes-
taciones del genio creativo que les permitió disfrutar de
una vida holgada y autónoma. Justamente, una de aque-
llas expresiones, que nos ha tocado distinguir, está rela-
cionada con la decoración grabada en los propios cuer-
pos de muchos habitantes del valle de Huaura, conser-
vada para nuestro conocimiento desde tiempos
preincaicos.
Todas las muestras recuperadas proceden de los
viejos panteones que habían sido instalados, en algunos
casos, muy próximos a las ciudades y fortines, para en-
terrar allí a los difuntos en fosas simples pero con un
ritual funerario complejo. Para tener los cuerpos bien
conservados después de la muerte, habían elegido un
rígido proceso de momificación, consistente en la eje-
cución de pacientes técnicas de enfardelamiento que
tuvieron en el clima costeño del litoral, un medio eficaz
que incrementó las buenas condiciones en que hoy en-
contramos muchos de esos cuerpos enterrados hace
,
,
,
,
,

30 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

cientos de años. Gracias a ello, frecuentemente se los


descubre, a veces completos o fragmentados, pero por
suerte con la piel intacta, hecho que posibilita identifi-
car las huellas culturales y paleoantropológicas de di-
versa índole. Los reconocemos entonces como un ma-
terial étnico de gran importancia, pues no solo se ad-
vierten las modificaciones externas en el cuerpo, sino
muchas otras prácticas culturales con datos para la his-
toria de la paleopatología aborigen. De no existir el sa-
queo clandestino de tumbas y una débil legislación que
desampara los bienes arqueológicos, sería el Perú ente-
ro y los valles yungas en particular, los depositarios de
una de las más grandes riquezas del mundo, cuyo ade-
cuado estudio y exhibición generaría ingentes caudales
económicos como para dar mejores niveles de vida a
millones de peruanos que hoy engrosan sectores de ex-
trema pobreza.
La mayoría de los hallazgos han sido realizados
como fruto de reconocimientos en lugares donde el sa-
queo había desestimado los restos de momias. Entre
las fosas destruidas y los bultos funerarios desmantela-
dos, yacían los cuerpos resecos, descuar-tizados, por los
buscadores de tesoros, pero algunos todavía estaban
completos. Lamentablemente, la acción destructora de
las momias ha significado la pérdida de contextos ínte-
gros, que hubiesen facilitado una visión más coherente
del tatuaje entre los grupos Chancay. Uno de los pocos
restos completos está graficado en el presente artículo
(Fig.1), y el otro lo publicamos originalmente hace algu-
nos años en un breve apunte bajo el título: "El Hombre
tatuado de Huacho" (Ruiz,1990).
La momia tatuada que motiva esta nota la recupe-
ramos de uno de los cementerios de Cerro Colorado,
31

Fig. 1 Dibujo
frontal y posterior
en base del calco \ \
de los tatuajes
originales de la
momia descubier-
ta en Cerro
Colorado,
Huacho.

junto a la ciudad de Huacho. El sitio, saqueado desde


hace bastante tiempo, se halla en un arenal al pie de
cumbre bajas, colmado de fosas destruidas y restos de
objetos fragmentados. En medio de ese campo revuelto
de muestras culturales, había sido dejado precisamen-
te, un cuerpo humano completo con ciertas roturas a
causa de la forma subrepticia y violenta con que hollaron
la tumba de este antiguo habitante huachano. Tomando
las precauciones del caso y no con poco esfuerzo perso-
nal trasladamos los restos a la Ciudad Universitaria de
Huacho y allíiniciamos nuestras observaciones, después
de sacudir el polvo que los cientos de años lo habían
cubierto.
Estábamos frente a un individuo de sexo masculi-
no, que había sido enterrado con el cuerpo extendido,
cuyos brazos y espalda estaban tatuados con varias fi-
32 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

guras geométricas. Estas eran diferentes a las de otros


difuntos como, por ejemplo, al Hombre Tatuado de Hua-
cho, aunque del mismo sexo pero con el cuerpo flexio-
nado, y una buena cantidad de figuras que cubren un
mayor número de sectores de su cuerpo. De acuerdo
sólo a estas dos muestras se observa que existieron di-
versas formas de plasmar los diseños corporales, sím-
bolos que nos remiten a considerar su importancia en la
medida que ellos estarían indicando diferencias tempo-
rales, o sobre la función y la posición social de las per-
sonas en vida. Pensamos que esos símbolos podían ser
distinguidos o leídos por las antiguas poblaciones abo-
rígenes, aunque la práctica de esa lectura fue perdién-
dose paulatinamente a causa de la fuerte coerción colo-
nial contra las expresiones nativas. Sin embargo, resul-
ta sugerente la repetición de muchos símbolos tatuados
enotros cuerpos o en objetos como los tejidos, la cerá-
mica y diversos materiales de la cultura Chancay. Se
constata, entonces, un amplio vocabulario iconográfico
por estudiar. Pero no sólo hay analogías simbólicas con
estos objetos sino con muchos diseños de tejidos con-
temporáneos peruanos como los de Cusco, Huancavelica
y otras áreas andinas. Profundizando la investigación en
este aspecto se puede lograr el establecirrúento de simí-
litudes iconográñcas prehispánicas y supervivencias en
la tradición textil moderna, pues muchos símbolos se
conservan aún vigorosos desde tiempos precoloniales.
Creemos que reviste importancia el estudio de los
tatuajes Chancay en la medida que puede establecerse
regularidades en los tipos de diseños, en su distribución
en el cuerpo y la relación con el sexo y la edad de las
personas tatuadas, aunque el contexto funerario en el
cual los descubrimos haya sido alterado.
33

Fig. 1: Momia de una antigua dama huachana hallada en San José de


Manzanares.

HALLAZGO DE RESTOS
PREHISP ANICOS
EN MANZANARES
UNAVEZmás aparecen restos humanos antiguos en el
barrio de Manzanares, como resultado de trabajos para
las instalaciones sanitarias. Pero el hecho ocurrió en el
mes de noviembre de 1991 cuando varios trabajadores
al cavar a escasos metros del local de Jardín de Niños,
en plena pista de la Plaza de Armas, dieron con una tum-
ba, que por desconocimiento o por el deseo de aprove-
char su valioso contenido, fue destruída en su contexto
original, perdiéndose así datos importantes sobre la hís-
toria de esa zona. Con posterioridad a dicho hallazgo,
fuimos informados por el profesor Filomena Zubieta, de
~
,
,
,
,
,
-
34 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

la existencia de algunos restos dejados in situ, por lo


que acudimos al lugar y recuperamos algunos fragmen-
tos de cerámica y una pierna humana momificada y frac-
turada post-mortem. Nadie supo entonces indicamos
sobre otros restos del mismo sitio, los cuales habían sido
guardados en el hoy abandonado local de la Policía y
que recién el 1 de Marzo del presente año fueron entre-
gados al Concejo Municipal de Huacho. De ahí que este
informe se basa en las muestras recuperadas en 1991y
en los restos que hoy se guardan en la Biblioteca del
Municipio.
Manzanares, es uno de los primeros barrios forma-
dos por la expansión urbana de Huacho en la década de
los sesenta. Sus pobladores, en su mayoría migrantes
de la zona andina, cuentan de hallazgos realizados en
diferentes oportunidades, precisamente al abrir zanjas
para erigir sus viviendas. En efecto, hemos podido ob-
servar en poder de algunos vecinos, objetos arqueológi-
cos que cronológicamente pertenecen a la denominada
cultura Chancay de origen preinca.
Nuestra experiencia de trabajos de investigación
en área próxima a Manzanares y el descubrimiento de
los restos hoy comentados, permite deducir que tanto
Huacho como sus áreas aledañas fueron asiento de gru-
pos humanos contemporáneos a la sociedad Chancay,
pero que también recibieron el impacto de la cultura Inca.
Justamente las muestras de Manzanares revelan algo de
esas diversas ocupaciones en el tiempo.
El estudio preliminar que efectuáramos sobre el
hallazgo, nos informa lo siguiente: Se trata, al parecer,
de una pareja, constituída por una momia casi completa
y un cráneo. A la momia sólo le faltan los brazos, la
mandíbula y partes blandas de la espalda, estando la
ARTURO RUIZ ESTRADA 35

cabeza separada del cuerpo por efecto del saqueo, pero


mantiene aún parte de los cabellos lacios de color casta-
ño oscuro. Fue enterrada en posición horizontal, de
cúbito dorsal, con las piernas estiradas y no sabemos si
las extremidades superiores estaban flexionadas o esti-
radas, por habérsele fracturado post-mortem. Es de sexo
femenino, se notan las mamas y tiene la vagina y el ano
tapo-nados con algodón marrón, procedimiento este co-
mún entre los antiguos huachanos como parte del pro-
ceso de momificación. Todavía conserva muy pequeños
retazos de tela deteriorada así como algodón adheridos
al cuerpo, como prueba del enfardelamiento previo a su
inhumación. Su cabeza ha sido deformada por aplas-
tamiento del occipital y del frontal y le quedan sólo tres
dientes, dos caninos y el premolar derecho. Estas pie-
zas denotan caries dental muy avanzada, así como por-
ciones de la arcada están destruídas por efecto de ca-
ries. El estudio de los rasgos antropológicos más visi-
bles, permite calcular que la difunta tenía entre 40 a 45
años de edad y tenía una talla de 1.45m (Fig.l).
El otro resto, o sea el cráneo, cuyo esqueleto se
perdió cuando se depredó la tumba, es típicamente mas-
culino. Carece de la mandíbula, pero conserva algunas
partes de la piel de la cara y porciones de cabellera os-
cura en la que se distinguen liendres resecas. Como ras-
go interesante muestra un tatuaje en la cara en forma de
pequeño rombo sobre la ceja izquierda y huellas de otra
en la derecha, costumbre también muy popular entre los
antiguos huachanos. Es igualmente revelador la similar
deformación craneana como la de la momia. Sus dientes
han sido fracturados al desenterrarlo y se observa pro-
ceso de osteitis en la arcada a causa de la caries dental.
La sutura lamboidea está obliterada y hay avanzado pro-
36 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

ceso de cicatrización en el resto de suturas. Le calcula-


mos una edad entre 45 a 50 años. La pierna derecha que
recogimos del sitio, corresponde tal vez a este persona-
je y destaca por los tatuajes de color azul oscuro en for-
ma de una franja que incluye seis aves de diseño esque-
mático, ubicado sobre el tobillo (Fig. 2).

Fig. 2: Detalle del tatuaje, en la pierna momificada, de la mujer de San José


de Manzanares (Huacho).

En resumen, el hallazgo corresponde al enterra-


miento de dos nativos de Huacho, probablemente ya en
tiempos de la dominación incaica en la costa nor-
ocentral. Laposición horizontal de la momia es frecuente
en tiempos posteriores a la sociedad Chancay, pues en
ésta los entierros en Huacho se hacía en cuclillas. Algu-
nos fragmentos de alfarería recogidos in situ, indican
estilos de la fase Chancay Ultimo por lo que su antigüe-
dad gira alrededor de los 500a 600años después de nues-
ARTURO RUIZ ESTRADA 37

tra era. Son en definitiva auténticos testimonios arqueo-


lógicos, confirmado, además, por la deformación era-
neana, los tatuajes y los vestigios de momífícacíón que
se nota por el uso de algodón nativo para taponar orifi-
cios del cuerpo humano. Fue quizás el entierro de un
personaje al que tuvieron que acompañarle con su mu-
jer para su viaje de ultratumba al encuentro de sus
divinidades. Los tatuajes del varón estarían indicando
algún nivel de prestigio que tema en vida, pero la pre-
sencia de liendre s en su cabellera denota cierto abando-
no, debido a su vejez o alguna enfermedad que lo aque-
jaba.
Las circunstancias en la que varios obreros desman-
telaron la antigua sepultura de Manzanares, induce a re-
flexionar sobre la catástrofe cultural que soporta la pro-
vincia de Huaura. A diario, son saqueadas numerosas
tumbas y recintos milenarios, perdiéndose importantes
documentos de la historia regional y valiosos tesoros del
arte y la ciencia prehispánica. Todo ello se negocia
inescrupulosamente, despojando al pueblo del conoci-
miento de su historia autónoma. El poder que manipula
las esferas gubernamentales articula incluso leyes con-
tra el patrimonio cultural y promociona y mantiene fun-
cionarios del quehacer cultural, ajustados a sus intere-
ses. Grupos de ese poder funcionan como intermedia-
rios que trafican con la historia para otros más voraces y
ajenos negociantes de nuestro patrimonio. El sistema
social en que nos desenvolvemos permite tan desprecia-
ble situación y vanos han sido los intentos de muchos
intelectuales y arqueólogos por querer modificar tal es-
tado de cosas. Continúa así la dominación que padece-
mos. Pero habrá remedio y la historia y la sociedad juz-
garán a trafIcantes y fomentadores de la conversión en
38 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

mercancía de los documentos culturales. Quizás ya pron-


to. ¿Quiénes dirigieron el trabajo de .hacer zanjas en
Manzanares?
Muchas veces autoridades o policías, al recuperar
restos antiguos de manos de huaqueros, nos manifies-
tan que éstos no sabían del valor de los bienes culturales
o que ignoraban la prohibición del saqueo arqueológico.
A ello debemos puntualizar que no son sino respuestas
evasivas para encubrir su delito, ellos saben bien lo que
hacen y saben también del rico contenido de su latroci-
nio. Saben en última instancia de los intermediarios que
los envían a robar de Huacho su acervo cultural más
genuino. Con razón el arqueólogo Elías Mujica Barreda,
al comentar las excavaciones clandestinas en Lam-
bayeque estimuladas por los coleccionistas, ha llamado
a éstos como inmorales cuyas ansias destruyen para
siempre la información científica de nuestra historia.
39

TECNOLOGÍA
HIDRAÚLICA EN LA
HISTORIA DE HUACHO
ESTANOTApretende llamar la atención sobre la impor-
tancia de los conocimientos que alcanzaron las antiguas
comunidades de Huacho y el valle de Huaura en lo to-
cante a la tecnología hidráulica. Podemos afirmar, en
base a los trabajos de exploración arqueológica, que di-
cha tecnología tuvo necesariamente un rol fundamental
en el desarrollo histórico nativo. Los restos de diversos
monumentos, de antiguos canales de irrigación y zonas
de cultivo abandonadas, patentizan tecnologías apropia-
das como fruto del esfuerzo humano por dominar el va-
lle y el desierto.
Por la naturaleza de la publicación en que damos
estas líneas, dejamos de pormenorizar los aspectos
cronológicos del desarrollo de la ingeniería hidráulica,
sin soslayar el hecho de su presencia desde por lo menos
las últimas etapas del período Arcaico (2000 antes de
Cristo) y posteriormente debió estar en plena vigencia
durante el Período Formativo, hacia unos 1000años a. C.
40 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

Desde esa época se constata la presencia de nú-


cleos humanos que apelaron al uso sistemático del re-
curso hídrico para incrementar su sustento y fue posi-
ble una mayor intensificación de su empleo hacia el pe-
ríodo llamado Horizonte Medio (550-900después de Cris-
to)
Centrando el tema, señalamos en primer lugar que
se implementaron canales de irrigación para hacer pro-
ducir las riberas desérticas del río Huaura mediante un
sistema de ingeniería hidráulica, cuyo uso permitió al
hombre antiguo irrigar los llanos arenosos y obtener de
ellos alimentos agrícolas que constituyen hasta hoy la
fuente de subsistencia de las poblaciones modernas. La
.técnica de extracción del guano de las islas proveyó del
rico fertilizante que incrementó la productividad de sus
sementeras. Pensemos en el maíz, la papa, los frijoles,
el pallar, el camote, la yuca, eljunco, los frutales (pacae,
chirimoya, guanábana ciruela, guayaba, mito, zapallo
mate, caígua, ají, pepino) etc.
Varios centros arqueológicos alejados del cause del
río Huaura implican la construcción de canales para dis-
tribuir el agua en ellos. El gran canal que en parte corre
paralelo a la muralla de Mazo y a las zonas de Chambara
y Vilcahuaura debió tener origen preinca. Parte de las
funciones de esa muralla debió estar destinada a la pro-
tección del canal, además de constituir un bastión de
seguridad por el lado norte de las poblaciones situadas
en la desembocadura del valle de Huaura. Similar situa-
ción tuvo aquella acequia que da vida a la campiña
huachana donde precisamente quedan aún varios gru-
pos de edificaciones que albergaban a densas poblacio-
nes. Igual función tuvo el que corre paralelo a los sitios
de Huacán, Andahuasi y Cerro Colorado.
ARTURO RUIZ ESTRADA 41

La hoy denominada Campiña de Huacho es verda-


deramente una creación artificial como esfuerzo de los
antiguos huachanos, pues ello se debe justamente a la
instalación de un canal que derivó las aguas del río
Huaura, para ampliar la frontera agrícola, quizás desde
hace unos 1,000años a. C.
Se hace necesario mencionar otro importante sis-
tema de la ingeniería antigua referido a la preparación
de campos de cultivo en pleno desierto, sin la construc-
ción de acueductos que alimentaran de agua a sus cam-
pos. Resalta en este sentido las chacras hundidas de la
zona de las Salinas de Huacho, donde el hombre antiguo
cavó el arenal en varias hectáreas de extensión para en-
contrar capas húmedas que permitiesen sembrar produc-
tos para el sostenimiento de los contingentes humanos
dedicados a la explotación de la sal.
Son varios los terrenos hoy ya abandonados, don-
de, sin embargo, prolifera una grama silvestre y yerbas
diferentes que crecen aprovechando el líquido que fluye
del subsuelo en ese lugar. Fue pues, una tecnología efi-
caz a la naturaleza seca y arenosa del desierto costeño,
cuyo uso posibilitó la permanencia de la gleba destina-
da a la extracción salinera y pesquera. En ese sentido
resultaría interesante recuperar el sistema, luego de un
estudio de las actuales condiciones de esas chacras hun-
didas.
El aprovechamiento de los afloramientos acuosos
naturales fue evidentemente otro recurso no descuida-
do en la economía agrícola. Manantiales y pozos de agua
debieron también estar bajo control del grupo, de modo
que no se desperdiciara ese elemento. El agua y las for-
mas de su manejo fueron pues motivo de especial trata-
miento, para lo cual articularan sistemas de control y
42 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

explotación organizada. Fue tal su importancia que aún


modernamente, la limpieza de canales de riego en la zona
serrana del valle de Huaura es motivo de ritos comple-
jos y ceremonias populares celebrados desde tiempos
inmemorial es. Los grupos sociales de la zona costeña
del Huaura debieron asimismo guardar similares costum-
bres ya extinguidas contemporáneamente.
Tan sólo con mencionar las técnicas descritas, per-
mite reflexionar sobre el talento productivo aplicado por
las sociedades antiguas en la solución de los problemas
de incremento demográfico. Conforme progresó la so-
ciedad huachana ésta ideó yadoptó nuevas tecnologías
que coadyuvaron a su adelanto. No puede por ello ex-
cluirse el estudio de los avances científicos y tecnológi-
cos del pasado, para comprender la complejidad de nues-
tras viejas culturas, cuyo ancestral esfuerzo viene a cons-
tituir la raíz de nuestra identidad y personalidad históri-
ca. Esos avances, para la época de su desarrollo no que-
daron a la zaga de los adelantos obtenidos por otras cul-
turas del mundo. Y todo ello, bajo normas de trabajo co-
lectivo y organizado, como pauta esencial de su desen-
volvimiento social.
43

Fig. 3: Diversas formas de mate utilizados por los antiguos huachanos. Son
de Cerro Colorado y de la Campiña de Huacho, (Luriama).

ARTE DEL MATE


ANTIGUO EN HUACHO
PESE a lo perecedero de algunos materiales arqueológi-
cos, muchos otros persistieron hasta el presente en toda
su integridad, permitiéndonos estudiar la técnica y el arte
perennizado en ellos, por las viejas sociedades perua-
nas. Entre dichos materiales figura el fruto del mate o
lagenaria, incorporado al servicio del poblador nativo
en diferentes actividades sociales y económicas o como
elemento en el que plasmó su visión estética desde va-
rios milenios antes de nuestra era. Distintas informacio-
Restos de pueblos
y cementerios de
"VEGUETA

SITIOS ARQUEOLOGIC
EN LA ZONA DE HUAC
cAenterios de
Pampa de Animas

Portada de acceso al conjunto arqueológico de Rontoy.


Esta construída de tapiales de barro y conserva varios
escalones. (Foto: A. Ruiz E.)

.• UBICACiÓN DE
SITIOS ARQUEOLÓGICOS
EN LA ZONA DE HUACHO
46 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

nes históricas como diferentes testimonios arqueológi-


cos evidencian que en Huacho y el Valle de Huaura desa- _
rrollaron grupos sociales bastante antiguos, desde el le-
jano Precerámico hasta los períodos Chancay e Inca.
Justamente, en dicho proceso constatamos el uso del
mate, entre muchos otros frutos, cuyos exponentes me-
jor conocidos corresponden a los citados períodos tar-
díos. El hallazgo de ejemplares decorados o no, conce-
de interesantes posibilidades para profundizar en el co-
nocimiento de las culturas locales. Varios autores han
puntualizado también, la forma como algunos pueblos
arcaicos y contemporáneos de otras áreas andinas, utili-
zaron el mate, los usos que le dieron y el arte y la técnica
que imprimieron en esos frutos, que de acuerdo a la pre-
sente nota, guardan relación con los materiales de
Huacho
Con esta información, pretendemos dar algunos
alcances sobre el arte en el mate antiguo de Huacho, con
énfasis en materiales arqueológicos que pueden ser asig-
nados a una época comprendida entre el período Inter-
medio Tardío y el Horizonte Tardío, siglos X al XVI de
nuestra era. Tal propósito resulta interesante en la me-
dida que aporta evidencias para conocer el pensamiento
y el avance intelectual nativo.
Las muestras (Ver dibujo y foto) proceden del com-
plejo arqueológico de Cerro Colorado, Km. 148 de la Ca-
rretera Panamericana Norte, extremo Sur-Este de la ciu-
dad de Huacho, provincia de Huaura-Perú, donde desta-
can amplias obras arquitectónicas, cementerios y basu-
rales, de cuya superficie fueron colectadas, junto a cerá-
mica, tejidos fragmentados y restos humanos, desparra-
mados por el saqueo del sitio. El contenido cultural y las
características del lugar, hacen pensar en un centro ad-
ARTURO RUIZ ESTRADA 47

,
,
I
I
L..--... . .....!.I

Fig. 1 .- Sector de un mate pirograbado con figuras de peces y


elementos geométricos lIenadores de espacio.

ministrativo instalado probablemente en la época


incaica, junto a un cementerio y un fortín que data de la
etapa inmediatamente anterior, pero, asimismo, hay tum-
bas del Horizonte Tardío (Ruiz, 1981).
Mate, palabra de origen quechua, fue consignada
en el vocabulario extranjero, en las décadas iniciales de
la invasión hispana al Tahuantinsuyo. Lo registra Domin-
go de Santo Tomás, cuando el año 1560lo define como
calabaza para comer los indios, significado no alterado
al presente pues el Diccionario de la Real Academia Es-
pañola da la acepción como «calabaza que seca, vacia-
da y convenientemente abierta o cortada, sirve para
muchísimos usos domésticos». Pero también conforme
a tales usos y a la forma de la fruta, varias son las deno-
minaciones que el conocimiento popular ha conserva-
do, pudiendo llamársele porongo, binco, mate, poto, lapa,
etc. (Jiménez, 1943).
La utilización del mate, es conocida en la provincia
de Huaura, desde el período Precerámico, cuando va-
rios grupos humanos instalados en los sitios de Bandu-
rria y Río Seco al sur de Huacho, lo dejaron como ofren-
48 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

da a sus difuntos. Las muestras recuperadas de Río Seco,


carecen de arte alguno, aunque evidenci habérselas
empleado en actividades domésticas ). Sin
embargo, no puede descartarse que futuras a :TI:~gaA:i
nes revelen signos del arte de ese período TnT'··=r. ~r>
cuenta que sí lo hubo en la piedra y en el tejid _-
pos posteriores, siguió vigente su presencia,
queología aún no posee datos específicos que U:G"""':"'.GU:
su uso, sino, tan sólo, de mates fechados para los ~
dos Intermedio Tardío e Inca.
Entre las técnicas utilizadas por los antiguos
tas huachanos, se puede distinguir el pirograbado y
burilado, pero también debieron poseer técnicas mix-
tas, pues se ha mencionado, al referirse a la cultura
Chancay, que: «cabe también destacar la facilidad con
que decoraban los mates por el método del piro-graba-
do, logrando ejemplares muy bellos, a los que a veces
completaban con incrustaciones de con-cheperla» (Lum-
breras, 1969: 295).
Para el pirograbado, diseñaron previamente los
motivos con un delgado buril que dejaba finas huellas
lineales, procediendo luego a cubrir el fondo, mediante
el quemado superficial, usando un tizón que accionaba
con mayor o menor intensidad, según la tonalidad del
color deseado, siendo por lo común más negras, las fi-
guras principales, en tanto que las subsidiarias o
llenadoras de espacio, eran menos ermegrecidas. En el
caso del burilado, usaron también un fino punzón con el
que escarificaban la superficie, dejando figuras sencillas,
aunque se aprecia menor proporción de ejemplares en
esta técnica. Ambas técnicas muestran que se trabajó en
frutos secos.
Los motivos dibujados denotan figuras de aves,
ARTURO RUIZ ESTRADA 49

peces, seres biomorfos y elementos geométricos que fre-


cuentemente se combinan según la intención del men-
saje que el artista deseaba comunicar. Asociado a los
mates huachanos, aparecen como elementos diagnósti-
cos, muchos restoscerámicos de los estilos Chancay y
Negro sobre Blanco, Cayash e Inca, los cuales sirven para
establecer la cronología respectiva.
De lo expuesto inferimos que hubo en Huacho una
profunda tradición en el conocimiento y uso del mate.
Esa tradición cubre los diferentes períodos de la histo-
ria regional, aunque bien es verdad que se carece de una
secuencia que pueda explicar detalladamente la evolu-
ción del arte labrado en los mates.
Del estilo que los artistas huachanos grabaron en
los mates, puede argüirse como un arte impregnado de
geometrismo, no simple copia del entorno natural o so-
cial, tampoco ingenuo, sino creación intelectual asimi-
lada a su propia visión estética, ligada a la sociedad de
su tiempo. Arte autónomo y auténtico, pero de honda
raíz milenaria, legado de una comunidad segura del do-

Fig. 2 .- Fragmento de mate pirograbado con diseños de aves y peces


enmarcados en paneles rectangulares. Procede del sitio de Cerro Colorado,
Huacho.
- --------.

50 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

minio de su ambiente. Sus expresiones traslucen genui-


na personalidad yunga, inscrita como corriente artística
en el concierto del arte mundial. La admiración de sus
obras por la sociedad contemporánea, incluido artistas,
arqueólogos e historiadores, conñrma el valor artístico
y la emoción estética que los antiguos huachanos peren-
nizaron en la llana y lisa epidermis de los mates.
Por el estilo y la técnica ellos se relacionan con el
arte de sociedades coetáneas que ocuparon los valles de
Tmjillo, de Chancay, de Ancón, del Chillón, del Rímac,
de Lurín y de Chincha. Lo testimonia las evidencias pre-
sentadas por varios estudiosos (Jiménez. 1948; Sphani,
1969; VidaI y Ravines, 1969; Corbacho, 1970; Del Aguila,
1990) de 10 cual se deduce el arraigo de ese arte así como
de su permanencia a través del tiempo, por el mismo
hecho de ser un componente ideológico elaborado por
dichos grupos humanos.
Cada sociedad, en el desarrollo histórico de la civi-
lización andina, utilizó y plasmó en el mate la impronta
de su estilo, al igual que lo hicieron en ceramios y tejidos
y en materiales diferentes. Con regularidad, mates Chimú,
Nasca, Moche o aquellos de los horizontes Medio y Tem-
prano, reflejan la misma iconografía de aquellos materia-
les, no escapando en esa actividad la sociedad huachana
prehispánica. Pero el valor del mate con [mes artísticos
inició su decadencia cuando el año 1533 hacía presencia
en Huaura la hueste invasora llegada de España. Los ayllus
huachanos fueron sometidos entonces al dominio extran-
jero, dominio que castigó duramente por la violencia toda
la expresión ideológica nativa. El mate como medio para
la transmisión estética perdió vigencia, aunque en otras
áreas del Perú renació con nuevo vigor.
51

La Venus de
Huaura,
figura
antropomorfa
tallada en
madera. Fue
encontrada
en Chacaca,
valle de
Huaura-Perú.

LA VENUS
DEHUAURA
52 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

LASEXPRESIONES artísticas de los antiguos habitan-


tes del valle de Huaura, fueron plasmadas en materiales
diferentes y en éstos la habilidad del ingenio nativo supo
expresar las concepciones estéticas y muchos aspectos
socioculturales de su tiempo. Fueron el tejido y la alfa-
rería los objetos donde documentaron con mayor inten-
sidad la iconografía de su cosmovisión. Pero también lo
hicieron en materiales como el metal, la piedra, el hue-
so, las lagenarias, las pieles, la madera e incluso en la
misma piel humana. Precisamente una talla en madera
antropomorfa motiva esta información que intenta ana-
lizar los aspectos técnicos, estéticos y cronológicos en
que se produjo, para aproximamos al conocimiento del
arte y la sociedad local. Similares materiales no son muy
frecuentes en la zona, sobre todo si cotejamos con obras
artísticas como los conocidos pero poco estudiados
cuchimilcos o esculturas antropomorfas de cerámica.
La cuenca del río Huaura, fue asiento de grupos
sociales antiguos. Allí se encuentran importantes vesti-
gios que testimonian ocupaciones humanas que se re-
montan a períodos previos al desarrollo de la agricultu-
ra y de la cerámica. Los restos más abundantes corres-
ponden a comunidades nativas que vivieron a partir del
llamado Horizonte Medio, hasta los períodos Interme-
dio Tardío y Horizonte Tardío (Inca).
Aún cuando el ejemplar presentado carece del con-
texto respectivo, creemos que su estudio puede aportar
datos comparativos para ser cotejados con objetos simi-
lares procedentes de excavaciones arqueológicas. De
otro lado, conocer su procedencia y la inferencia de su
antigüedad, señala su importancia, toda vez que posibi-
lita el estudio del arte regional prehíspánlco y los nive-
les que lograron alcanzar en ese aspecto. Además, la in-
ARTURO RUIZ ESTRADA 53

vestigación de los restos que aún quedan en la zona de


Huaura, adquiere significación para el esclarecimiento
de los antecedentes históricos regionales y para docu-
mentar el mayor número de vestigios, pues la destruc-
ción del patrimonio cultural continúa sin traba alguna
amparada en una legislación que encubre esa nefasta
actividad.

PROCEDENCIA
El objeto fue recuperado del sitio arqueológico de
Chacaca, distrito y provincia de Huaura, departamento
de Lima. Se registran allí restos de cementerios y montí-
culos saqueados desde hace mucho tiempo, donde se ha
explorado superficialmente sin estudios sistemáticos.
Los informes más recientes sobre el nombre y los tipos
de monumentos allí existentes fueron dados a conocer
por la Universidad Católica de Lima (Cárdenas, 1977).
El cementerio de donde proviene el ejemplar, queda al
Oeste de las instalaciones de la actual cooperativa agra-
ria de usuarios San Martín de Chacaca, cerca al Océano
Pacífico y a la desembocadura del río Huaura, margen
derecha. Abundan piezas óseas humanas y fragmentos
de alfarería local provenientes del saqueo clandestino.

LA ESCULTURA
Esta revela una figura femenina de pie, tallada en
madera dura de color marrón oscuro, probablemente al-
garrobo o pacae. La cabeza es aplanada sin adorno algu-
no ni huellas de cabellera, excepto unas prolongaciones
escalonadas que bajan a los carrillos a manera de pati-
llas. Las orejas están representadas a relieve con cierto
detalle, guardando relación con la posición de la nariz e
incluso se ha señalado el hélix, el lóbulo y el trago. Los
54 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

ojos senúfusiformes sin indicación del iris. La nariz de


dorso convexo, ala nasal destacada así como los orifi-
cios respectivos. La boca está semi-abierta y no se ha
detallado los labios ni los dientes. La barbilla es pronun-
ciada y la cabeza está pegada al tronco. Los senos ligera-
mente pronunciados y bastante separados. Los brazos
alzados sobre el vientre y las manos con los dedos bien
demarcados. La zona pelviana es más ancha que el tron-
co y en ella se ha indicado el pubis y el sexo así como el
ano, con claridad. Las piernas, separadas, con leve indi-
cación de la rodilla, de los muslos .Yde los tobillos. Pies
anchos planosy dedos simples, carente de pormenores
anatómicos. El pie derecho con fracturas. Vista de es-
palda no muestra detalles marcados ni decoración algu-
na salvo una hendidura que separa la cabeza del cuerpo
y otra que marca la cintura, observándose el ano, las pan-
torrillas y los talones abultados.
La madera ha sido trabajada en bulto, con un ins-
trumento cortante que dejó huellas estriadas, notorias
especialmente en el cuerpo. La cara revela mejor trata-
miento, pues está alisada con mayor esmero. Alcanza
una altura de veintidós centímetros, con un ancho máxi-
mo de ocho centímetros y medio y un espesor máximo
de cuatro centímetros y medio.

CRONOLOGÍA
La escultura debió corresponder al período Inter-
medio Tardío (siglos X al XV de nuestra era) pues la
mayor proporción de restos antiguos en Chacaca, como
la fragmentación alfarera y textil, denotan el clásico es-
tilo de la sociedad Chancay. También nos inclina a dar
esa opinión, los rasgos de la misma escultura, que guar-
da similitudes básicas con los cuchimilcos o figuras de
ARTURO RUIZ ESTRADA 55

barro, peculiares a la cultura Chancay, zona de Huaura


y, asimismo, a figuras de madera encontradas en Ancón
(ver Kaulicke, 1983: Lám. 66, 1-2-3). El referido periodo)
fue al parecer un tiempo de auge y autonomía, en la que
una sociedad jerarquizada no dejó sin embargo de man-
tener relaciones interétnicas que incrementaban su de-
sarrollo cultural y económico.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
Aún cuando se conoce poco de tallas antropo-
morfas de madera del valle de Huaura, ello no implica
que las poblaciones nativas hayan desconocido ese tipo
de manifestaciones. El presente hallazgo, como otros
pero de tratamiento tosco, observados en tumbas tar-
días de Huacho, revelan su recurrencia en tiempos
prehispánicos. No sólo se usó la madera para trabajar
objetos similares, sino para tallar diversas cosas, sean
rituales o utilitarias.
Tanto su procedencia como la naturaleza de sus
rasgos no dejan duda acerca de su origen pre-hispánico.
La fisonomía general de la venus huaurina se entronca
con el viejo estilo yunga de representación humana. Fi-
guras cuellicortas, carichatas (aplastamiento fronto-
occipital); de cabeza agrandada, poco detallista y movi-
miento moderado, pero de expresión vigorosa, son las
notas distintivas de Íconos en madera, especialmente en
el período previo al incanato. Así se observa en ejempla-
res de varias regiones, tal las imágenes de la huaca
Tacaynamo de Trujillo (Navarro, 1988) y las de Ancón y
de Chincha. Pero hay efigies mucho más antiguas en la
Costa Peruana, con detalles propios, como las de tiem-
po Moche o aquella figura de brazos movibles recupera-
da en Ancón del Horizonte Temprano (Matos, 1968).
56 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

Dentro de las costumbres funerarias de la antigua


provincia de Huaura suele ocurrir el entierro de figuras
humanas de barro de uno y otro sexo junto a los difuntos,
pero también se depositaban ídolos de madera, con me-
nor frecuencia. De acuerdo a esto, podríamos expresar
que en la perspectiva de la sociedad nativa, la mujer tuvo
un sitial importante pues en el ritual del tránsito a la vida
de ultratumba era constante su presencia. Es también su-
gerente la mejor elaboración de las figuras femeninas de
barro en relación a las masculinas. Hay mayor tendencia
a elaborar a las primeras, de barro cocido y a las segun-
das, de barro crudo. Ello estaría traduciendo el concepto
que tenían sobre la participación de la mujer en la vida,
indesligable compañera de sus actividades, factor de la
perpetuación de la especie y evidentemente actora eficaz
en las diferentes posiciones que ocupaba en la estructura
social aborigen. Si bien la historia registra la preeminen-
cia masculina en la sociedad antigua, esa no debió ser la
regla pues hubo relevancia de la mujer, si reflexionamos
en las informaciones de los cronistas que ofrecen datos
de cacicas, coyas, acllas, médicas, etc. Incluso, la religión
de los habitantes prehispánicos del valle de Huaura, con-
sideraba a la mujer como intercesora para la creación de
la sociedad y la naturaleza entre los yungas y para el ori-
gen de semidioses regionales, cuya vigencia pudieron aún
constatar varios sacerdotes católicos en el siglo XVII
(Calancha, 1638).
El labrado en madera fue una de las tantas activi-
dades de las viejas sociedades de Huaura, de allí que el
significado de esa labor se conservó en el idioma quechua
recogido en la costa, con el término de «llacllani», según
lo anotó el fraile dominico Domingo de Santo Tomás en
1560. El artífice nativo al tallar la figura del presente in-
ARTURO RUIZ ESTRADA 57

forme lo hizo con naturalidad y franqueza, conforme a


los ideales estéticos de su tiempo, dándole la fisonomía
requerida y los retoques necesarios con un instrumento
fino para dar realce a los detalles que definirían el carác-
ter del objeto. Tallado simple, no exagerado, tampoco
ingenuo, no dejando de señalarse los rasgos básicos de
la anatomía humana, con cierto equilibrio en las propor-
ciones corporales, excepto en la cabeza la cual ocupa
algo más del tercio de su altura total. Pese a todo, el ar-
tista plasmó la formulación de su concepto, de manera
que la obra transmite su verdad estética cuya compren-
sión es accesible, en gran parte, al observador moderno.
La representación aplastada de su cabeza, puede tener
relación con la costumbre de la deformación craneana
que fue una práctica cultural en el período al que asigna-
mos la estatuilla.
Una talla femenina de madera procedente de
Vilcahuaura ha sido publicada recientemente y se ha
filiado al período Chancay (Jiménez, 1982) y, por otro
lado, ala época colonial (Macera 1981).El ícono enmen-
ción difiere de la de Chacaca, pues muestra brazos ex-
tendidos y señales de cabellera ensortijada, aspectos que
han motivado postular su filiación colonial y por sus ca-
racterísticas africanas atribuible al arte de esclavos asen-
tados en las haciendas de la zona (Macera, 1981).
El ambiente donde fue encontrada la venus huau-
rina, con predominancia de restos alfareros y textiles del
estilo Chancay, nos inclina a estimar que su antigüedad
estaría en el período Intermedio Tardío (siglos X al XIV
de nuestra era), quizá en su fase más temprana, pues
tumbas con elementos de la fase Chancay Ultimo, con-
tienen figuras humanas bastante toscas sin el acabado
que ostenta la estatuilla de Huaura.
58 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

Cántaro antropomorfo del estilo Teatino. Horizonte Medio 2.


59

LOS FUNERALES DE
UN ANTIGUO MÚSICO
HUACHANO
NUESTRASexcavaciones en un cementerio arqueológi-
co adyacente a la Ciudad Universitaria de Huacho (Pro-
vincia de Huaura, Perú), al que denominaremos como
cementerio 1, proporcionó evidencias sobre antiguos
patrones funerarios. Entre dichas evidencias, identifica-
mos una tumba (T76), cuyas asociaciones de enterra-
miento, indicaban pertenecer a un músico huachano. La
investigación del hallazgo se dio a conocer en el libro:
Estudios sobre la Cultura Chancay, Perú, publicada por
la Universidad Jaguelona de Krakovia, República de Po-
lonia, bajo la responsabilidad editorial del doctor Andrzej
Krzanoswski, quien reunió trabajos sobre el tema
Chancay, de arqueólogos del Perú, Polonia, Inglaterra y
Estados Unidos.
Ofrecemos ahora un apretado resumen sobre el ce-
remonial mortuorio, que debió desarrollarse en el si-
guiente orden: Al fallecer el personaje, los encargados
del funeral, familiares o miembros del ayllu, procedie-
60 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

ron ha amortajarlo, acomodando primero las extremi-


dades flexionadas hacia el cuerpo, amarrándola ense-
guida con telas y cordeles para que mantuviera esa pos-
tura, pues la ceremonia del sepelio en aquella época, pres-
cribía la posición en cuclillas. Introdujeron luego una
porción de algodón en la boca e hicieron que abrazase
dos zampoñas, para que permaneciera en actitud de eje-
cutar ese instrumento, como recuerdo, tal vez, de su prin-
cipal actividad en vida, le amarraron los dedos con un
cordelito para que estuviesen juntos y así cubriese la cara
y le colocaron una malla de algodón en la cabeza, fijada
con un cordel. Le sujetaron también una honda, dejan-
do el nudo sobre la frente y una gasa enrrollada a mane-
ra de turbante. Dejaron enseguida un manojito de plu-
mas blancas a cada lado de la cabeza.
Después le cubrieron con una serie de telas, gasas
y capas de algodón como relleno y elemento absorvente
de la humedad corporal. Entre las capas del relleno de-
positaron, a veces, pequeños copos de algodón, cabe-
llos o fibra vegetal e incluso ocho pequeños cantos ro-
dados sobre un mechón de cabellos junto a una valva de
choro, ubicados hacia la parte central del fardo. Tam-
bién dejaron una capa de algodón que cubría el pecho,
un pez de tamaño pequeño. Todo ello en el afán de con-
servar al difunto.
Un niño acompaña al difunto y para momificar su
cadáver, le doblaron las extremidades hacia el cuerpo y
acomodaron las manos sobre el mentón, amarraron los
pies y las manos con telas enrrolladas, pusieron un copo
de algodón en la boca y una diminuta laminilla rectangu-
lar en cada ojo. Le cubrieron la cara con una tela y, con
otra le envolvieron el cuerpo. Colocaron, asimismo, una
aguja bipunta de madera, a cada lado de la cara y un
ARTURO RUIZ ESTRADA 61

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Fig. 1: Plano de la tumba y asociaciones externas (arriba), y


perfil estratigráfico del entierro (abajo).

canuto de carrizo al lado izquierdo. Finalmente lo cu-


brieron con algodón y con una tela llana.
Al parecer las exequias duraron algunos días, pues
algunos insectos necrófagos ya habían depositado sus
62 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

larvas en los despojos mortales. Debieron entonces cum-


plirse los ritos fúnebres que el grupo social prescribía
en esos casos, como respuesta tradicionaI frente al he-
cho de la muerte. Para darles reposo final, uno o dos
individuos se dirigían al cementerio y construían la se-
pu1tura, cavando en la arena una fosa más o menos cilín-
drica, sin compartimientos ni arreglo arquitectónico al-
guno, hasta que tuviera las dimensiones necesarias al
volumen de los fardos y las ofrendas (0.74m. de profun-
didad; [Link] 0.74m. de diámetro en la boca y 0.63m.
en la base). Al sitio elegido llegaba también una comiti-
va en la que unos cargaban los «ataúdes» y otros porta-
ban las ofrendas. Quien sabe si hubo otros acompañan-
tes, encargados de hacer invocaciones con cánticos, dan-
zas o lloros a sus dioses y muertos, como complemento
del ceremonial, si nos atenemos al relato de Guaman
Poma de Ayala, quien ilustró esa costumbre entre los
yungas peruanos. (Fig. 1)
Reunidos todos junto al sepulcro, introdujeron pri-
mero el fardo del músico, lo cubrieron con totora, pusie-
ron la momia del niño sobre sus rodillas, más cuatro va-
sijas de cerámica tapadas con pequeños cuencas que pro-
tegían los alimentos o líquidos utilizados probablemen-
te en el viaje de ultratumba y que al ser exhumados se
habían ya extinguido. Le añadieron tres manojos de
cañitas, algunos con tapones, inclinados hacia el fardo.
Finalmente cubrieron la sepultura con tierra arcillosa.
El proceso de deterioro por efecto de la humedad no
permitió observar otros detalles del funeral.
El estudio osteológico de los restos del músico,
señala anomalías como la plagiocefalia craneal, el
astillamiento de algunos dientes como también deficien-
cia en su desarrollo y robustez, con el tercer molar
ARTURO RUIZ ESTRADA 63

impactado, tendencia al aplanamiento de las costillas;


esternón de osificación incompleta y fisura esternal que
de haber sido complicada pudo afectar incluso las par-
tes blandas que cubrían el esternón, por cuya causa pudo
presentar hernia al corazón o ectopia cardíaca de nece-
sidad mortal. Adolecía de espondilólisis o vértebra
lumbar incompleta que le ocasionaba molestias en di-
cha zona; parte del pubis mostraba deterioro. Tal condi-
ción y los rasgos antropológicos observados defmen a
un individuo de sexo masculino con trastornos heredi-
tarios. Tenía una talla de l.57m. y habría fallecido cuan-
do cumplía 30 o 35 años de edad.
De lo anotado, podemos concluir que para el fune-
ral se construyó una tumba simple, primaria, para sepul-
tar a un adulto y un niño. El adulto debió ser un músico
( Fig. 2), pues portaba dos zampoñas y estaban en acti-
tud de tocarlas y le acompañaban cañitas para confec-
cionar esos instrumentos. Otras ofrendas consistieron
de cuatro vasijas de cerámica con huellas de uso domés-
tico. Este huachano antiguo padecía de dolencias con-

Fig. 2 : Esqueleto de
momia en actitud de to-
car la zampoña.; descu-
bierto en cementerio ar-
queológico adyacente a
la Ciudad Universitaria.
Data aproximadamente
de 900-1476 d. Cristo.
64 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

génitas cuyo agravamiento pudo ser causa de su deceso.


El niño colocado junto a él, fue tal vez otra ofrenda más,
pues se sabe que antiguamente habían sacrificios huma-
nos a la muerte de personajes de importancia, aunque
en este caso, puede atribuirse a las virtudes artísticas
del músico.
De acuerdo al pequeño número de ofrendas, pue-
de calificarse al difunto como de baja posición social,
pues tumbas del mismo sitio contienen un mayor y me-
jor ajuar funerario. Por la disposición del fardo, está com-
prendido en el grupo de aquellos depositados vertical-
mente, distintos a otros bultos que yacen horizontalmen-
te en la fosa. El predominio de tejidos y el relleno de
algodón; la presencia de restos de choro, de pescado,
más el estilo de la alfarería y la posición flexionada de
los cadáveres, testimonian un típico entierro yunga. En
concordancia al estilo de las vasijas, se deduce que el
funeral ocurrió durante el Período Intermedio Tardío
(900-1476después de nuestra era) y sería contemporá-
neo de entierros de la fase 3Aen la secuencia cronológica
de la zona arqueológica de Lauri, propuesta por el
arqueólogo M. Cornejo Guerrero (En: Krzanoswski,
1991). Por último, todos los indicios revelan que el se-
pelio fue similar en sus procedimientos al resto de entie-
rros del mismo lugar y de otros valles costeños del Perú.
De igual manera, la distribución del ajuar funerario, in-
dica un ordenamiento estricto. Colegimos entonces que
los antiguos huachanos, tuvieron ideas vinculadas a una
vida de ultratumba, hecho comprobado por los visita-
dores coloniales que en el siglo XVII dejaron informa-
ciones sobre la religión de los grupos nativos de Huacho
y sus arraigados cultos funerarios.
65

Fragmento de Tambor, con decoración geométrica policroma. Proce-


de de Cerro Colorado. Corresponde al grupo de membranófanos

INSTRUMENTOS
MUSICALES
PREHISP ÁNICOS
EN HUACHO
LAMÚSICAentre los antiguos huachanos fue una acti-
vidad constante en el conjunto de expresiones artísticas
de su vida cotidiana. Para ello supieron fabricar varia-
dos instrumentos y ejecutaron piezas musicales de su
propia creación, cuyo registro menguó a partir del siglo
XVI. Sin embargo, existe aún en la parte alta del valle de
Huaura, música y canciones, que pueden contener
rezagos de algunos versos y piezas musicales prehispáni-
66 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

coso Hemos observado, en efecto, rituales de carácter


religioso y comunal de neta raíz ancestral, cuyo estudio
podría ilustrar algo de la producción musical antigua.
Pues en esas actividades se distinguen canciones a sus
divinidad es, a sus difuntos y a las labores de cultivo, rie-
go y cosecha.
La actividad musical, se patentiza mediante los
objetos dejados en las tumbas y habitaciones prehis-
pánicas, sea los propios instrumentos o representacio-
nes de ellos en diversos tipos de materiales. Los ejem-
.plares, materia de esta información, provienen de hallaz-
gos en sitios de Huacho y el valle de Huaura, donde pue-
de obtenerse restos que brindan conocimientos de la vida
antigua y los progresos que lograron, así como del tipo
de técnica de la fabricación de instrumentos sonoros.
Obviamente, la arqueomusicología, tiene en dichos ob-
jetos, material idóneo para el análisis respectivo.
Varios autores han estudiado instrumentos arqueo-
lógicos empleados en el arte musical y algunos ejempla-
res han sido mencionados como procedentes de Huacho
y Huaura, pero no hay todavía un estudio amplio y en
secuencia cronológica de éstos últimos. En cambio, para
el ámbito nacional se cuenta con investigaciones docu-
mentadas(D'Harcourt, 1925; Mead, 1924; Jiménez, 1950;
Silva, 1978 -1978a; Codinha, 1984; Bolaños, 1985-1988).
Como antecedentes del hallazgo de instrumentos musi-
cales en la región del Huaura, figura la mención de va-
rias flautas, sonajas, zampoñas y silbatos procedentes
- de Huacho y considerados como del país de los Incas
(D'Harcourt, 1990) y que pueden corresponder al perío-
do Intermedio Tardío y al Horizonte Tardío. Tenemos
también la información sobre un tambor decorado con
dibujos policromos de cabezas de fetinos (Jiménez, 1959),
ARTURO RUIZ ESTRADA 67

cuyos rasgos pertenecen a


fases tardías del Horizonte
Medio. El silbato encontra-
do en Caldera junto a Vil-
cahuaura (Stumer, 1952)
estaba pintado con moti-
vos de color blanco y ne-
gro, que llevaba, además,
un rostro antropomorfo a
relieve, con dos perforacio-
nes, que al ser tocado pro-
ducía dos tonos; por el es-
tilo puede ser del período
Intermedio Tardío.
De igual modo, se ha
registrado el descubri-
miento de pequeñas flautas
de hueso de ave, en sepul-
turas del complejo arqueo-
lógico de Aspero (Supe), Fig.1: Instrumentos musicales
aerófonos. Huacho, siglo X al XV
cuya antigüedad ha sido d. C.
calculada como del Prece-
rámico Tardío (Willey y
Corbett, 1954). Del mismo período son las flautas
(quenas), del mismo material, recuperadas en tumbas
de Río Seco, al sur de Huacho (Wendt, 1964).Se ha dado
también referencias de varios instrumentos (quena, sil-
bato) y cántaros con representación de músicos, atribui-
dos a la cultura Chancay, que se conservan en el Museo
de Arqueología de la Universidad de San Marcos (Silva,
1978a) y que bien pueden ser de Huacho o el valle de
Chancay, por el estilo que expresan sus rasgos. No men-
cionados en la literatura arqueológica, pero sí existen-
68 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

tes en salas de exhibición y depósitos de museos perua-


nos y extranjeros, son frecuentes diversos instrumen-
tos, unos con procedencia precisa y otros filiados como
de cultura Chancay.
A la relación anterior, se añade otros que recupera-
mos de antiguos sitios huachanos, que evidencian la pro-
funda trayectoria musical prehispánica en Huacho y al-
rededores. Destacan entre estos instrumentos, los
aerófonos, membranófonos e idiófonos, (Fig. 1, Fig. 2),
aunque no debieron ser los únicos, si reparamos en que
la sociedad regional alcanzó niveles complejos de carác-
ter estatal. Tenemos así, quenas, zampoñas y silbatos,
hechos de cañas, cerámica o hueso; tambores elabora-
dos de piel y madera (Fig. 2); Ysonajas de mate, o cerá-
mica. Del primer y último tipo, debieron también fabri-
carlos de metal, como lo hicieron grupos sociales con-
temporáneos. La decoración no estuvo ausente en algu-
nos objetos y como ejemplo citamos que hay tambores
policromos con diseños geométricos o quenas con inci-
siones y esca-rificaciones como una que llama la aten-
ción por tener una escena pirograbada en que un ave
aparece en actitud de coger peces. Las asociaciones ar-
queológicas en los sitios que recogimos los instrumen-
tos musicales, están vinculadas, de modo general, a la
sociedad Chancay de origen preinca.
La observación de los funerales de un huachano
prehispánico, suministrada por la excavación que hicié-
ramos de una tumba cerca a la ciudad universitaria (Ruiz,
1991), muestra, por un lado, aspectos del ritual funera-
rio y, por otro, la evidencia del sepelio de un ejecutante
o especialista en la fabricación de zampoñas. Tenía el
personaje en cuestión, aparte de cañas, algunas tapo-
nadas, como ofrenda externa, y dos zampoñas sujetadas
ARTURO RUIZ ESTRADA 69

Fig. 3 : Momia en actitud de tocar la zampoña; descubierto en cementerio


arqueológico adyacente a la Ciudad Universitaria. Data aproximadamente
de 900-1476 d. Cristo.

por los brazos y el pecho, dirigidos hacia la boca, como


ofrenda interna (Fig. 3). Tal descubrimiento ilustra la
presencia de músicos y el uso de la zampoña en la anti-
gua sociedad huachana. Este hecho, recuerda el hallaz-
go del maestro flautero de Paracas (Marti, 1968:217),cuya
momia había sido sepultada con flautas de hueso de pe-
lícano y que sus asociaciones señalaban a un hombre
humilde pero seguramente diestro en el arte musical,
como era al parecer el zampoñero de Huacho. También
70 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

se puede relacionar con la frecuencia de zampoñas exis-


tentes en tumbas de la antigua sociedad Nasca (Bola-
ños,1988).
De las evidencias anotadas, se colige que los ins-
trumentos musicales más antiguos en la zona de Huacho,
valle de Huaura y áreas vecinas, datan aproximadamen-
te de 5000 años antes del presente, las quenas de Río
Seco y Aspero lo testimonian. Apartir de allí,puede plan-
tearse la evolución del uso de esos instrumentos, hasta
la presencia europea, cuando la nueva clase dominante
prohibió la música nativa, por considerarla perniciosa a
sus intereses y peligroso elemento de identidad y cohe-
sión cultural. Otros hitos que :se refieren a la evolución
de objetos para [Link] la música, son el tambor de
Huaura asignado al Horizonte Medio, el silbato de Cal-
dera del período Intermedio Tardío y los tambores,
zampoñas, quenas, silbatos y sonajas de Cerro Colorado
(Huacho) de la misma época, que pueden considerarse
integrados a la denominada sociedad Chancay. Es posi-
ble que con trabajos sistemáticos, se descubran muchos
otros instrumentos y entonces se sabrá con mayor clari-
dad el progreso del arte musical nativo. Los hitos men-
cionados dan ya una idea que hubieron personajes co-
nocedores de los sistemas de acústica, quienes cons-
truían instrumentos bajo los patrones de la cultura mu-
sical de aquellos tiempos. Los rasgos técnicos, especial-
mente de los aerófonos, no difieren mucho de los de otras
sociedades andinas, por lo que puede considerarse como
de escala pentafónica.
La sociedad Chancay que pobló fundamentalmen-
te los valles de Huaura y Chancay, dejó a la posteridad,
documentos materiales objetivos sobre instrumentos y
sus ejecutantes. Abundan vasijas escultóricas que refle-
ARTURO RUIZ ESTRADA 71

jan a tañedores de quenas y zampoñas, a maestros de


tambores y bombos y a sonajeros, que seguramente for-
maban orquestas. Intervenían en ellas, tanto hombres
como mujeres, y, de acuerdo a los datos arqueológicos e
históricos, pueden conjeturarse la tendencia que los
aerófonos e idiófonos lo ejecutaron varones y los
membranófonos, mujeres. Es ilustrativo al respecto los
dibujos que hizo el antropólogo yarovilca y cronista
Guamán Poma de Ayala de las antiguas fiestas nativas.
Uno de sus cuadros retrata la fiesta de los Chinchaisuyos,
área que incluía la zona huachana durante la hegemonía
incaica, donde se aprecia un conjunto de personas que
danzan y tocan trompetas de cráneo de venado los hom-
bres y una mujer hace sonar un pequeño tambor, cuyos
diseños recuerdan las antiguas tinyas huachanas. Cua-
dro tal, no debió ser ajeno en la vieja sociedad de Huacho.
El sentimiento religioso, las acciones bélicas y su
secuela, la pasión amorosa o los diversos trances de la
vida diaria produjeron compositores notables. La
ornamentación que plasmaron en sus instrumentos y el
hecho de tener algunos asitas para portarlos, indica la
afmidad emotiva y la adhesión sentimental hacia ellos.
Las festividades que organizaban tuvieron como com-
plemento indispensable los bailes y cantos acompaña-
dos de maestros instrumentistas. Es claro, por ello, la
referencia histórica que menciona pomposas fiestas ri-
tuales con flautas y tambores que hacían los huachanos
a sus divinidades, Uamancantac (vinculada al guano de
las islas), Siusyupincu (protectora de los niños) y Aupi
(símbolo de las enfermedades), (Duviols, 1976,pp.49-51).
Debieron ser también muy arraigadas y fastuosas las fies-
tas e invocaciones al semidios Vichama, a la huaca Car-
quín o la imagen divina de Choqueispana.
72 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

Actualmente, renace en Huacho el uso de instru-


mentos de origen preinca, alternados con otros de pro-
cedencia europea y varios grupos de jóvenes artistas
(llamarada, Taquipuri), amenizan festivales de la región.
Nos interesó, asimismo, la vigencia de un instrumento
nombrado catahuari (ocarina) en el valle de Checras
usado en el pueblo de Puñún para ritos propiciatorios
del agua, que pueden tener relación con las fiestas y
música de los jóvenes Chinchaisuyos, denominados
Cataurari, según Guaman Poma de Ayala, (1615).
73

TEXTILES
PREHISP ÁNICOS
DE HUACHO:
ARTE y TECNOLOGÍA
EL CONOCIMIENTOmilenario poseído por los antiguos
huachanos de fibras vegetales y de animales fueron la
materia prima para la elaboración de tejidos adaptados
a sus necesidades tanto personales y comunitarias.
El algodón de varios colores, la fibra de camélidos,
aparte de otros elementos vegetales, sirvieron con efi-
cacia al ingenio e industria de la textilería Y desde los
más sencillos mantos hasta los más delicados y comple-
jos ropajes, muestran con bastante objetividad la evolu-
ción del arte y de la tecnología que desarrollaron en este
aspecto. Para el caso de la moderna ciudad de Huacho y
el entorno de su campiña, son abundantes los restos ar-
queológicos, especialmente cementerios antiguos, que
proveen materiales textiles, susceptibles de ser estudia-
dos en las múltiples facetas de su fabricación, de la fun-
ción que tuvieron y del arte que graficaron en ellos.
74 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

Puede emprenderse tales estudios por la venta-


ja de su conservación, toda vez que los vestigios hua-
chanos yacen enterrados en arenales relativamente
secos, carentes de lluvias, pues si éstas hubieran sido
intensas habría sido casi imposible acceder al cono-
cimiento de los adelantos que alcanzaron en la indus-
tria del tejido. El agua de las lluvias, al penetrar en las
tumbas, habría desintegrado las telas. Naturalmente,
no todos los tejidos se encuentran siempre intactos
pues la humedad del cuerpo del difunto, así como la
depredación ocasionada en ellos, causa deterioro irre-
parable.
Para enmarcarnos en el título de este escrito,
debemos precisar que nos referimos al arte y a la tec-
nología textil de uno de los grupos prehispánicos que
poblaron Huacho antes de la invasión española, es
decir a los que comúnmente se conoce como la Cul-
tura Chancay, cuya vigencia puede establecerse entre
los siglos X al XVde nuestra Era. La sociedad que sus-
tentó dicha cultura debía estar organizada en una en-
tidad de carácter estatal, con gobernantes o curacas
y burócratas, sacerdotes y militares en el poder, so-
bre una base comunitaria de ayllus con jefaturas so-
metidas a quienes obstentaban la decisión política y
social. La evidencia de esa organización se deduce del
examen de la urbes arqueológicas, grandes o peque-
ñas, erigidas a lo largo del valle de Huaura, tanto como
de los fortines, murallas y la tumbas cuyo ajuar fune-
rario revela claramente la jerarquización social.
La arraigada costumbre entre los antiguos hua-
chanos de enterrar a sus muertos envueltos con man-
tos y vestidos diversos, atestigua los avances tecnoló-
gicos y la visión estética que idearon del entorno na-
ARTURO RUIZ ESTRADA 75

Representación de personajes enmarcados en grecas. De la cabeza


salen rayos como símbolo de su poder. Los textiles de Huacho expresan
en muchos casos antiguas jeraquía sociales.

tural y social en el cual se desenvolvieron. Las telas fa-


bricadas, además de aperturarnos el conocimiento so-
bre las técnicas empleadas, sirve para aproximarmos al
arte antiguo que conceptuaron, arte que estuvo plagado
76 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

de ideas provenientes de la vida cotidiana, ligadas a sus


más vitales preocupaciones, como las creencias religio-
sas, los elementos de la subsistencia económica y as-
pectos concernientes de la jerarquía social en la que es-
taban inmersos. Pero puede vislumbrarse muchas otras
facetas de la vida de los antiguos huachanos, en aque-
llos motivos que decoran los tejidos, especialmente en
los de carácter escena gráfico, que vienen a constituir
verdaderos relatos, tal vez de la historia o de los mitos
que explican su existencia. Son entonces las telas deco-
radas, auténticos registros o documentos con mensajes
que pueden ser leídos, si se profundiza en su análisis e
investigación adecuada.
Debemos señalar que el carácter de los diseños y
los colores fueron usualmente geométricos y policromos,
respectivamente. Sibien se ha planteado que el estilo de
la Cultura Chancay es escencialmente bícromo e inclu-
so se denomina al estilo clásico de esta sociedad como
Negro sobre Blanco o, a otra de sus fases, como tricolor,
tal propuesta no concuerda cuando nos aproximamos a
la lectura de los tejidos, donde es posible apreciar varie-
dad de colores como el carmín o rojo de varios tonos,
además de matices de verde, azul, gris, negro, marrón,
morado, amarillo o blanco. y, a esta policromía se añade
la geometrización y la popularidad de diseños abstrac-
tos con peculiaridades de lo que fue en su tiempo, una
verdadera escuela de arte .
. Los antiguos tejedores de Huacho, fabricaron las
telas apelando a diferentes procedimientos tecnológicos,
entre los que mencionamos las técnicas de gasa, encaje,
reticulado, tapiz, tela doble, tela llana, tejido tridimen-
cional, red, pero también el brocado, el llamado arte
plumario y las telas pintadas, además de los mantos
ARTURO RUIZ ESTRADA 77

recamados de placas metálicas. Fue tal el despliegue de


pericia y arte puesto en los tejidos, que mereció el reco-
nocimiento y admiración de los primeros españoles que
arribaron al antiguo Perú. De allí que el cronista ibérico
Pedro de Cieza de León, escribiera un capítulo para re-
ferirse al contraste de cómo ros indios con pocos instru-
mentos hacían cosas muy primorosas. Así, refiriéndose
a los pobladores andinos, en los que debemos incluir a
los huachanos, expresó que los vestidos de éstos "eran
camisetas destas ropas, unas pobladas de argentería
de oro, otras de esmeraldas y piedras preciosas, yal-
gunas de plumas de aves; otras de solamente la manta.
Para hacer estas ropas tuvieron y tiene tan perfectos
coloresde carmesí, azul, amarillo, negro y de otras suer-
tes, que verdaderamente tienen ventaja a las de Espa-
ña" (Cieza, 1535).
En tiempos modernos, el arqueólogo Hans Hor-
kheimer, al estudiar la producción textil Chancay expre-
só: «las gasas y los trabajos reticulares bordados figu-
ran probablemente entre los más bellos que ha produ-
cido un grupo humano en todo el mundo y en época
alguna.» (Horkheimer, 1963).
Hay pues a toda luces, abundante información con-
tenida en los tejidos huachanos prehispánicos, por lo que
adquiere suma importancia, velar por su conservación y
estudio. A quienes tienen la responsabilidad de la admi-
nistración y gobierno regional de Huacho y sus distritos,
corresponde la defensa de los tesoros arqueológicos lo-
cales. Las autoridades políticas, municipales, judicia-
les, educacionales, culturales, militares y pueblo de
Huacho, deben articular campañas en salvaguarda de la
herencia cultural dejada por los huachanos milenarios.
Si hoy la dirigencia gubernamental o empresarial pudie-
78 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

se apoyar tareas arqueológicas, no tendríamos que la-


mentar la diaria explotación clandestina del patrimonio
cultural. No dejemos que la inercia actual, alentada por
intereses extraños sea juzgada por las generaciones del
futuro como actos de huachanos cómplices y traidores
a los intereses del pueblo que tiene en sus joyas arqueo-
lógicas un incalculable filón de recursos históricos y eco-
nómicos.
79

Cántaro incaico descubierto en una tumba del barrio de


Manzanares (Huacho). Indica la presencia del Tahuan-
tinsuyo en Huacho y el valle de Huaura. (Foto: A. Ruiz E.)

EL TAMBO
DE HUAURA
EXPLORANDOlas cumbres y laderas del sitio de Cerro
Colorado en Huacho, reconocimos un grupo de edifica-
ciones que por sus características arquitectónicas más
visibles difería de otros asentamientos de la zona. Esta
circunstancia nos llamó a atención por lo que hicimos
80 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

otros reconocimientos de los restos materiales distribui-


dos en la superficie de ese sector. Tal verificación nos
convenció que estábamos frente a un asentamiento dis-
tinto a las expresiones arquitectónica Chancay, pero que
al mismo tiempo su área más próxima mostraba eviden-
cias de restos correspondientes a la sociedad Chancay.
Además de las edificaciones identificadas, observamos
también una serie de murallas que rodean la cumbre in-
mediata del lado Este.
El sitio de nuestro comentario se encuentra al Sur
de la ciudad de Huacho, frente a la Urbanización Los
Cipreses, al pie de las colinas de Cerro Colorado, donde
ahora se ha instalado una nueva población para cons-
truir sus viviendas. Todo el sitio es desértico y antes de
ser invadido se veían extensos basurales arqueológicos
y numerosas sepulturas prehispánicas, pero todavía que-
dan las construcciones arriba citadas. Prácticamente la
población actual de ese lugar ocupa buena parte del en-
torno arqueológico de tales edificaciones.
Una observación de las características de las edifi-
caciones del sitio, revela que tienen planta rectangular y
no están erigidas sobre plataformas como es frecuente
para muchas estructuras importantes de la antigua so-
ciedad Chancay. Los muros son bastante anchos y fue-
ron levantados a base de tapiales. El acceso es restringi-
do mediante un largo pasadizo y la distribución de las
habitaciones es similar a la disposición de muchas ins-
talaciones incaicas del mundo andino. A un lado se apre-
cia los cimientos de habitaciones hechas de quincha. En
la cumbre aledaña aparece un fortín con varias mura-
llas y parapetos hechos de piedra y en otra colina se
observa un corral hecho de piedras con paredes bajas
que se viene destruyendo paulatinamente.
ARTURO RUIZ ESTRADA 81

En la superficie e inmediaciones de estos restos,


se aprecia numerosos fragmentos de alfarería que co-
rresponden a los. estilos Cayash, Chancay e Inca. Los
fragmentos Inca y Cayash son más frecuentes junto a
las edificaciones centrales en tanto que Ios Iragmerues
Chancay son frecuentes en los cementerios' ..Es' él base'
de estas evidencias arqueológicas, además de' las formas
arquitectónicas y de los estilos alfareros, que propone-
mos para el lugar como el centro administrativo instala-
do por los Incas cuando llegaron a la parte costeña del
valle de Huaura. Probablemente funcionó aquí el anti-
guo Tambo de Huaura, al cual hacen mención varios cro-
nistas que relataron la invasión hispana al Tahuan-
tinsuyo.
Los tambos, fueron, durante la época incaica aque-
llas instalaciones especiales con funciones específicas
a las necesidades de la estrategia económica del estado.
Estuvieron situados a lo largo de las grandes vías que
comunicaban el Cusco, capital del imperio, con otros
estados sometidos al dominio incaico. Servían como
lugares de alojamiento a la élite y sus huestes durante
las incursiones militares y administrativas, pudiendo ser
centros de almacenamiento y distribución de bienes tri-
butados por las provincias y, al mismo tiempo, residen-
cia de los gobernadores quechuas para controlar las re-
giones anexadas.
Hubieron muchos tambos en el antiguo Perú. Este
tipo de estaciones o posadas se distribuían con regulari-
dad a lo largo del gran camino que cruzaba los territo-
rios de la costa. Sólo para referirnos a la zona que hoy
se conoce como el Norte Chico, mencionaremos la exis-
tencia de varios tambos, los cuales, según las Ordenan-
zas de Vaca de Castro, fueron el Tambo [Link] Tambo
82 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

de Guaura, el Tambo de Supe, el Tambo de la Barranca y


el Tambo de Paramonga.
El Tambo de Huaura estaba ubicado -y lo está has-
ta el presente- en la ruta del antiguo camino real que
urna los pueblos del litoral entre Cusca y Quito. Frente
al tambo, hacia los llanos que descienden al mar, queda-
ban los sitios ocupados por los ayllus de Amay,Chaquila
y el mismo puerto de Huacho. La cumbre fortificada
próxima a que hicimos mención anteriormente, pudo
haber servido como puesto de observacién y defensa de
las instalaciones del Tambo. 'Quizá el <corralsituado en
la ladera cercana albergada a las manadas de llamas que
traían los jp>I'o.d'l.í'[Link]
para ser almacenados. Por otro lado,
[aposkión que ocupa el tambo, algo distanciado de los
asentamientos nativos del Huaura bajo, refleja haber
ocupado un sitio donde no hubieron instalaciones de la
sociedad local, es decir, está algo separado de la sede
de los ayllus nativos. De otra parte la presencia de gran
cantidad de amontonamiento de basura arqueológica dis-
tribuida por varios cientos de metros alrededor de las
edificaciones centrales, muestra que el sitio fue un cen-
tro de activo movimiento humano en la zona. Debieron
llegar allí numerosos tributos. Es sin embargo, el estilo
de su arquitectura lo que denuncia su filiación Tardía y
la función a la cual estuvo destinada. Existe un conjun-
to central que muestra un patrón arquitectónico
netamente incaico, de grandes áreas rectangulares a
manera de plazas con recintos de la misma forma al
interior y sistemas especiales de ingreso que otorgaban
la necesaria seguridad a las instalaciones. La presencia
de lo que debieron ser las coleas o bien la zona donde
residían los indios al servicio del Tambo es claramente
diferente al conjunto central en cuanto a su arquitectu-
ARTURO RUIZ ESTRADA 83

ra y contenido cultural. A esto se añade la existencia de


alfarería típicamente cusqueña de la fase imperial y otras
con influencia de aquella, los elementos que vienen a
constituir las evidencias para asignar el sitio como obra
erigida durante el régimen incaico. La alfarería Chancay-
Inca es evidentemente producto de este tiempo, cuando
los alfareros huachanos fabricaron localmente objetos
del estilo Chancay con formas incaicas dado el presti-
gio de los conquistadores cusqueños, tal como lo habían
hecho antes cuando los norteños del reino de Chimor
llegaron al valle Huaura. Pensamos que los' restos alfa-
reros del estilo Cayash y Chancay estarian representan-
do a la sociedad local que tenía la obligación de tributar
a dicho centro.
Hubieron desde luego razones de índole política y
económica para la llegada del Tahuantinsuyo. Huacho
y el valle de Huaura eran una zona de buenos recursos
tanto agrícolas como marinos así como una vía de acce-
so a lo largo de todo el litoral marino e igualmente un
canal de comunicación mediante el valle de Huaura con
varias comunidades andinas de Oyón, Cajatambo, Paseo
y Junín.
Por los pocos argumentos citados, a más de otros
que no permite desarrollar la brevedad de este escrito,
sugerimos que los monumentos de Cerro Colorado co-
rresponden al Tambo de Huaura, cuyas instalaciones
sirvieron como posada y centro administrativo del esta-
do Inca en los llanos yungas del antiguo señorío de
Huaura. De ser así, este sitio estuvo relacionado a los
tambos arriba citados y a otros más lejanos como Huacas
en el curso superior del valle de Supe, y Huancasragau
en el alto Pativi1ca(cuenca del no Gorgor).
Es probable también que al arribar los españoles
84 TESOROS ARQUEOLOGICOS DE HUACHO

al Tahuantinsuyo y cuando pasaron por el valle de


Huaura, hubieron de alojarse en el Tambo, preocupados
por entrevistarse con el curaca principal de Huacho para
'Solicitar su apoyo y con ello avanzar a la ciudad y el san-
tuario de Paehacamac. Sólo las excavacionesarqueoló-
gicas del sitío al que asignamos ser 'el antiguo Tambo de
Huaura, aclararán las ideas aquí expuestas.

Restos de la Muralla de Mazo. Es un bastión hecho de barro y pie-


dras con más de 2 m. de altura. Protegía en tiempos preincaicos a
los ayllus de Huaura. (Foto A. Ruiz E.)
85

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