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Mi Novio, Mis Amigas y la Universidad

Este capítulo presenta a las protagonistas Jordan y Ángela, mejores amigas desde la infancia que se reencuentran en la universidad para estudiar literatura. Jordan se siente abrumada por la multitud en su primer día pero Ángela la calma. Ambas asisten a una presentación de su tutor Mathew Spencer, del que otras estudiantes comentan su atractivo. Ángela advierte a Jordan sobre dos compañeras llamadas Jessica y Laura.

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Mi Novio, Mis Amigas y la Universidad

Este capítulo presenta a las protagonistas Jordan y Ángela, mejores amigas desde la infancia que se reencuentran en la universidad para estudiar literatura. Jordan se siente abrumada por la multitud en su primer día pero Ángela la calma. Ambas asisten a una presentación de su tutor Mathew Spencer, del que otras estudiantes comentan su atractivo. Ángela advierte a Jordan sobre dos compañeras llamadas Jessica y Laura.

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Mi

novio es un cliché

Naobi Chan
Contenido
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Epílogo
Sobre la autora:
Otras obras de la autora

Capítulo 1
Suspiré mientras aparcaba el coche en el estacionamiento de la universidad y
mirando a ambos lados descubrí que estaba más lleno de lo que pensaba, hoy era
el día de la presentación de los nuevos alumnos y no esperaba que hubiese tanta
gente. Me bajé a desgana y busqué a Ángela con la mirada, la necesitaba. Ella
era mi mejor amiga desde que tengo memoria, cuando jugábamos juntas en
aquel parque entre árboles en mitad de nuestro pequeño pueblo al norte de
Seattle, nuestra amistad era tan fuerte que incluso venció la distancia, cuando yo
tenía diez años mi madre decidió abandonar a mi padre y me arrastró con ella.
Viajamos a Florida, donde nunca encajé del todo, extrañaba demasiado a mi
mejor amiga y nunca entablé una amistad de verdad, pero ella continuaba ahí, a
pesar de los años y la distancia parecía que continuábamos siendo aquellas
chiquillas que dormía abrazadas en sus sacos de dormir y se contaban sus
secretos bajo la luz de una linterna.
Y ahora… después de muchos años lejos de ella, con dieciocho años había
vuelto a mis raíces, me había trasladado a Seattle, a la universidad, ambas
estudiaríamos literatura, algo que nos apasionaba. Habíamos alquilado un piso
cerca de la facultad para vivir juntas los próximos años, era nuestro sueño hecho
realidad, pasaríamos más tiempo juntas, tanto que estaba segura de que
llegaríamos a cansarnos la una de la otra Ángela había ido a buscarme al
aeropuerto la mañana del día anterior, pero esa primera noche que podíamos
pasar juntas con sus padres, por eso de despedirse de ellos. Así que a mí me
había tocado ir sola a la facultad y valerme por mí misma en una ciudad que no
conocía.
Continué escrutando mi alrededor buscándola, pero lo único que veía eran
rostros y más rostros desconocidos. Por un momento me sentí mareada, los
lugares con demasiada gente me abrumaban, pero cerré los ojos con fuerza y
conseguí serenarme antes de que nadie pudiese percatarse de mi precario estado
de nervios, estaba segura de que sería mucho más feliz en una ciudad chiquitita
con una facultad casi desierta, pero tenía que hacerme a estar allí.
—¡Jordan! —escuché mi nombre entre el barullo que me rodeaba y, tras
reconocer su voz, busqué a mi amiga frenéticamente esta vez.
La vi avanzando hacia mí, con la tranquilidad que siempre la acompañaba,
con esa sonrisa que siempre relajaba mis nervios y extendiendo su mano para
que la tomara y me sintiese segura. Algo que hice en cuanto estuvo a mi alcance
y enseguida comencé a sentir su energía transmitiéndome la calma que
necesitaba.
—¿Te has perdido? —preguntó con alegría y cierto tono de burla.
—No, he encontrado el camino con facilidad… —me sentí orgullosa de mí
misma por no perderme, un gran logro si tenemos en cuenta que soy muy patosa
y despistada—. Pero menos mal que mañana me acompañarás… —miré a mi
alrededor y me di cuenta de que había mucha gente… muchísima gente—. Oye
Ang, ¿no hay demasiada gente? Creía que esta universidad era pequeña.
— Y lo es… pero este año hay muchos alumnos de una universidad de
Alaska que han tenido que trasladarse por problemas con la estructura de un
edificio.
Suspiré e intenté restarle importancia, no debía preocuparme por tonterías
cuando hoy era el primer día del resto de mi vida. Sí, puede sonar muy
extremista, pero estar lejos del pueblo donde había pasado mi infancia, lejos de
Ángela y del entorno que conocía no me había ayudado… además mi madre, con
su personalidad atolondrada e infantil nunca se comportó conmigo como una
verdadera madre, siempre intentó ser mi amiga y yo tuve que ser la adulta de
nosotras dos. Por suerte ahora estaba casada con un hombre más joven que ella,
pero que le daba esa sensatez que necesitaba. Toda mi adolescencia me había
sentido sola, tenía amigas y amigos, pero nunca fue como con Ángela, ella era
mi mejor amiga, mi alma gemela…
Estábamos ya en frente a la puerta del aulario donde un profesor nos daría la
primera presentación, Ángela me arrastró hasta una de las filas centrales de
sillas, donde teníamos una vista decente y además podríamos pasar
desapercibidas. Un profesor, o eso deduje ya que se quedó en mitad del estrado
mirándonos fijamente con una sonrisa divertida, entró en aula. Era un hombre
joven, pasaría muy poco de los treinta si es que llegaba a ellos, tenía el cabello
negro y ensortijado y sus ojos azules como el mar eran visibles incluso en la
distancia en la que nos encontrábamos. Carraspeó un par de veces hasta que el
típico murmullo pre-clase cesó, sonrió mostrando todos sus dientes y dos
perfectos hoyuelos en las mejillas para después comenzar a hablar.
—Buenos días y bienvenidos a vuestro primer día de universidad —su voz
era dulce, pero a la vez sonaba fuerte y decidida, rebotaba en las paredes del
aulario y todos lo escuchaban en silencio—. Como sé que muchos de vosotros
no volveréis a pasaros por aquí hasta que sean los exámenes finales, aprovecho
para presentarme. Soy Mathew Spencer, doctorado en filología inglesa y
literatura universal, y seré vuestro tutor en este semestre, así que podéis acudir a
mí con cualquier problema —sonrió y continuó con un discurso en el que
explicaba el temario, los libros que necesitaríamos y más cosas que se suponían
importantes.
—Qué bueno está —susurró una voz nasal de chica a nuestra espalda.
Yo intenté ignorarla, pero Ángela prestaba atención con una pequeña sonrisa
en sus labios.
—He oído que uno de los estudiantes de medicina es su hermano… ese sí
que está bueno —contestó otra chica con una voz demasiado masculina
—Ya lo he visto… está para hacerle varios favores… y darle las gracias…
madre mía —dijo de nuevo la voz de pito.
El resto del tiempo sus susurros y comentarios sobre lo que le harían al pobre
profesor y a su hermano fue la tónica de su conversación. Ángela escuchaba
divertida y se veía que aguantaba una carcajada de vez en cuando. El profesor
Spencer nos despidió con una sonrisa y todos salimos ordenadamente del
aulario.
—Esas dos son unas víboras… —susurró Ángela en mi oído cuando
caminábamos por el pasillo rumbo a la cafetería— mucho cuidado con ellas —
señaló a dos rubias que caminaban frente a nosotros—. Las conocí hace unos
días en una de las visitas, se llaman Jessica y Laura, no es que sean peligrosas,
pero son unas guarras, la mitad de los chicos que estás viendo han estado ya
entre sus piernas y eso que solo llevan una semana en el campus.
Me estremecí solo con mirarlas, respetaba las opciones y decisiones de cada
persona, pero no me gustaban las chicas que se querían tan poco como para
entregarse a cualquiera por simple placer. No es que yo fuese una santa… había
perdido mi virginidad hace tiempo con Cristian, mi novio del instituto en
Florida, pero nunca creí que el sexo fuese un juego en el que solo se jugaba por
mera diversión, así que las chicas como ellas no eran especialmente de mi
agrado. Intenté restarle importancia a su comentario e hice una nota mental para
no acercarme a ese par a no ser que fuese estrictamente necesario.
—Vamos rápido a la cafetería… allí están Ben y sus amigos —dijo Ángela
moviendo las cejas sugestivamente.
Benjamin, o Ben como ella le llamaba, el novio de Ángela, se había mudado
al pueblo solo un par de meses antes de que yo me fuese con mi madre, entonces
mi amiga suplió mi ausencia con él, con el tiempo dejaron de ser solo amigos
para ser pareja. A pesar de llevar ya unos días en Seattle yo todavía no lo había
visto, es más, creo que antes de mi partida ni siquiera habíamos intercambiado ni
una sola palabra, pero no había más que ver la cara de tonta que se le ponía a mi
amiga cuando hablaba de él para saber que estaba completamente enamorada.
Pero un recuerdo asaltó mi mente… Ángela me había dicho que pretendía
presentarme a los amigos de Ben, por si alguno de ellos me hacía tilín y así
podríamos salir los cuatro juntos en una cita por parejas… gemí en mi fuero
interno, mi amiga era muy imaginativa y cuando se le metía algo entre ceja y
ceja no se detenía hasta conseguirlo.
— Ángela… ya sabes que no quiero una amiga celestina… no necesito un
novio para ser feliz —y así era, no es que estuviese en una etapa anti chicos,
pero creía que encontrar el amor en la universidad era solo una pérdida de
tiempo, ahora lo que necesitaba era centrarme en acabar mis estudios y lo demás
ya iría viniendo con el tiempo.
Además, mis antiguas relaciones nunca fueron del todo bien, Cristian se fue
distanciando poco a poco hasta que nos separamos, David me rompió el corazón,
Alex era un engreído que solo me quería por el sexo y Greg estaba loco,
obsesionado con tener a cualquier chica a su merced… nunca había estado
realmente enamorada y esperaba no estarlo nunca. Para mí era algo que podría
esperar, primero estaban mis estudios y después conseguir un buen trabajo.
—Ay, Jordan… —suspiró— tú simplemente no te cierres. Si algo surge no
rehúyas y te escondas. Necesitas a alguien que te quiera.
Entramos en la cafetería mientras sus palabras resonaban en mi mente…
dejar que las cosas surjan… ni de broma, estaba en un punto en mi vida en el que
necesitaba estabilidad, no perder el tiempo con chicos y amoríos, porque estaba
segura de que, con la suerte que tenía, el chico por el que pondría mi futuro en
peligro sería un idiota que solo me haría perder el tiempo.
Nos dirigimos hacia una mesa en la que había varios chicos y chicas, Ángela
me presentó primero a Ben y después a sus amigos chicos que estaban solteros,
rodé los ojos cuando me lo dijo al oído para que nadie más lo escuchase. Fred,
Diego y Mike, después a las chicas solas Mary y Gianna y la pareja que estaba
un poco apartada dándose arrumacos Peter y Charlotte. Saludé uno a uno y me
presenté, soy algo tímida, pero es algo que fui superando con el tiempo, ya era
capaz de presentarme y hablar sin sonrojarme más que un par de veces.
Nos despedimos temporalmente y fuimos hacia la cola para comprar algo de
comida, caminábamos en silencio, algo que me gustaba de Ángela, no parloteaba
continuamente cosas sin sentido. Iba en mi mundo, metida totalmente en mis
pensamientos, dándole vueltas al modo en el que podría evitar las citas de los
amigos solteros de Ángela, no me pasaron desapercibidas sus miradas, sobre
todo la de ese tal Mike, un chico rubio y de ojos azules, era mono, pero no me
llamaba la atención especialmente. Así que debería dejarles claro cortésmente
que no quería citas… dejaría que las cosas surgieran como me aconsejó Ángela,
nada de forzar lo imposible y precipitarse, si nos iba bien como amigos podría
pensarse en intentar algo más, pero solo como una opción.
Iba perdida en mis pensamientos cuando sin querer tropecé con alguien, mi
cabeza chocó contra algo duro y fibroso, cerré los ojos ante el impacto y al
volver a abrirlos algo negro estaba frente a mí, me aparté rápidamente mientras
mis mejillas se iban tiñendo gradualmente de rojo, alcé la vista y me quedé
boquiabierta. Frente a mí se encontraba un chico que… ¿qué digo chico?
¡Parecía uno de los modelos que puedes encontrar en las revistas! Su pelo estaba
revuelto y despeinado, pero con estilo, era de un color extraño, castaño claro,
rubio ceniza, bronce… no sabría definirlo exactamente, quizás era un mezcla de
los tres. Un mechón rebelde de su pelo caía despreocupadamente sobre su frente,
contrastando notablemente con la claridad de su piel. Sus ojos se clavaron en los
míos mientras intentaba pensar en un color específico para su cabello y esos dos
orbes verdes me quemaron, tenían una fuerza abrasadora y creí que me derretía
bajo su mirada… con mi vista periférica percibí que sus labios se movieron, al
fijarme en ellos vi que estaban estirados en una extraña mueca. Tardé en
descubrir que estaba sonriendo, pero no era una sonrisa cualquiera, sonreía de
lado con una sonrisa torcida que me quitaba el aliento, haciendo que un par de
dientes brillasen perfectamente blancos. Tragué compulsivamente la cantidad de
saliva que comenzaba a acumularse en mi boca y bajé mi mirada por el resto de
su cuerpo. Ese algo negro con lo que había chocado era su pecho, cubierto por
una camisa negra, obviamente, marcando sus músculos, que, aunque no
sobresaltaban mucho, era evidente que los tenía. Sus piernas largas y estilizadas
embutidas en esos tejanos ajustados… con el primer botón desabrochado
dejando ver el elástico de su bóxer blanco… si antes se me caía la baba ahora
debía parecer un San Bernardo… con la lengua fuera y goterones de saliva
colgando de ella.
Estaba paralizada, admirando perfectamente a un Dios Heleno, porque sí,
para mí a partir de ese momento pasaba a ser un Dios, algo no terrenal, era
físicamente perfecto. Un codazo en mis costillas me hizo trastabillar y despertar
de mi ensoñación, miré al suelo disimuladamente por si se me habían caído las
bragas de la impresión… madre de Dios… ¿pero ese chico podría ser real? Otro
codazo en mis costillas me hizo mirar a Ángela con los ojos entrecerrados
amenazadoramente. Ella solo sonrió y carraspeó moviendo los ojos en dirección
al Dios, enrojecí captando su mensaje a la primera y clavé la vista en el suelo.
—Lo… lo… lo… lo siento —tartamudeé… estúpida, ¿desde cuándo
tartamudeas así? ¡Despierta! Sólo es un chico… uno que está muy bueno, pero
solo un chico, al fin y al cabo—. No te he visto.
—No te preocupes —dijo alzando sus manos en son de paz y el sonido de su
voz, grave, aterciopelada, masculina… me hizo volver a abrir la boca
sorprendida—, yo también estaba algo despistado. Si me dices tu nombre
estamos en paz.
Su arrebatadora sonrisa torcida volvió a adornar su cara y sus ojos verdes
brillaron con suspicacia, otro codazo en mis costillas me hizo reaccionar.
—Mi… mi nombre —balbuceé—, pues me llamo Jor…
—¡Shane! —gritó una voz interrumpiéndome—. ¿Ya estás asaltando a mis
alumnas?
Miré hacia la derecha, de donde provenía esa voz y me encontré al profesor
Spencer avanzando hacia nosotros con una enorme sonrisa.
—Te he dicho mil veces que son intocables… ¿qué si se equivocan y te
llaman por mi nombre? Nunca aprendes —dijo pasando su enorme brazo por los
hombros del Dios… o sea, Shane.
Y entonces encajó en mi mente “He oído que uno de los estudiantes de
medicina es su hermano… ese sí que está bueno”. Así que este era el hermano
de profesor Spencer… algo tenía que reconocerles a Laura y Jessica… el Dios…
digo el chico, sí que estaba para hacerle un favor… o dos… tres… cuatro…
cinco… ¡o los que él quiera! Como si tengo que estar el resto de mi vida
haciéndole favores.
—Hola chicas —saludó efusivamente el profesor—, estáis en mi clase,
¿cierto?
—Sí —contestó Ángela—, yo soy Ángela y ella es Jordan.
—Bueno, pues bienvenidas a mi clase… —dijo con una inclinación de
cabeza— espero veros a menudo por allí. Shane tío, Aileen quiere verte y mamá
me llamó diciendo que tienes el móvil apagado, que quien tú ya sabes te ha
llamado tres veces esta mañana a casa.
Shane bufó y miró al suelo con una mueca extraña.
—Ángela, Jordan, espero veros mañana puntualmente en mi clase —dijo el
profesor antes de irse guiñándonos un ojo.
—Adiós —susurramos Ángela y yo en su dirección.
—Yo también debo irme —dijo aquella voz aterciopelada haciendo que mi
cuerpo se estremeciera—, ya nos veremos por aquí, Ángela, Jordan —susurró
mirándome a los ojos y creo que casi llego al orgasmo viendo como eso labios se
movían pronunciando las silabas que formaban mi nombre.
Me quedé como una idiota mirando el lugar por el que había desaparecido y
solo otro codazo de Ángela me sacó de mi ensimismamiento de nuevo. No, si al
final tendría un morado por su culpa. La miré de nuevo entrecerrando los ojos y
bufé avanzando en la cola que ya casi estaba vacía por nuestra pequeña
conversación con los hermanos Spencer. Compramos nuestra comida y nos
dirigimos hacia la mesa en silencio, yo me senté entre Ángela y Mike, que había
cambiado su lugar estratégicamente para acabar sentado a mi lado, evité rodar
los ojos ante su evidencia.
Lo escuchaba parlotear a mi lado, lo más probable era que estuviese
hablando conmigo pero no le prestaba atención, mi mirada estaba fija en la
manzana que daba vueltas en mis manos y mi mente estaba a unos cuantos
metros de distancia, en aquella conversación, en aquellos ojos verdes, en aquella
sonrisa torcida, en aquel cuerpo que… tuve que tragar saliva de nuevo, a este
paso me tendría que comprar un babero tamaño XXL para poder venir a la
cafetería por si me encontraba con él de nuevo.
—¡Jordan! ¡Jordan! —vi una mano moverse ante mis ojos y parpadeé
aturdida, seguí con la mirada el brazo que unía esa mano al dueño de ella y me
encontré con la mirada divertida de Ángela—. ¿Dónde estabas? —preguntó
sonriendo.
Unas risitas generales inundaron la mesa y yo enrojecí…
—Lo siento… estaba pensando en otra cosa —me disculpé avergonzada.
—Ya, ya —dijo mirándome con picardía—, digamos que Spencer tiene
mucho que ver…
—¿El profesor Spencer? ¿El nuevo? —preguntó Mike frunciendo el ceño.
—Yo he oído que está casado con una rubia escultural —dijo ahora el otro
chico… Diego creo.
—Yo no hablaba del profesor… ¿verdad, Jordan? —dijo Ángela dándome
un codazo.
—¿Quieres dejar de hacer eso? —pregunté algo enfadada—. Duele…
¿sabes? No pensaba en Shane, solo en…
—¿Shane? —preguntó ahora una de las chicas—. ¿Conoces a Shane?
Yo la miré ceñuda por el repentino entusiasmo que demostró.
—Digamos que acaban de tropezarse… —rio Ángela.
—Está buenísimo… —dijo otra vez aquella chica suspirando— por lo que he
oído es el próximo objetivo del “dúo silicona” pero él ni se ha enterado de que
existen.
—No me extraña… —bufó Ben— ¿quién se fijaría en ese par? Dan miedo…
creo que le aprietas una de las tetas de Laura un poco más de lo debido y te
explota en las manos.
Todos sonrieron ante su comentario, hasta yo misma que no conocía a esas
chicas.
—Shane no se habrá fijado en las silicona… —dijo Ángela— pero sí en
Jordan, le ha preguntado su nombre y le ha dicho que ya se verían.
Mike bufó y yo enrojecí.
—Sólo ha sido por cortesía, Ángela… —dije en un susurro.
—¿Cortesía? Se le veía muy interesado… si no fuese porque el profesor lo
interrumpió creo que esa conversación habría acabado de otro modo.
La sirena sonó indicando el final del descanso para el almuerzo, lo agradecí,
Ángela estaba empezando a ponerme nerviosa, sus insinuaciones no tenían ni
pies ni cabeza. No es que fuese fea, era evidentemente más guapa que el dúo
silicona, pero era muy normal… mi pelo castaño caía sin gracia en ondas
desordenadas hasta la mitad de mi espalda, mis ojos marrones apenas resaltaban
en mi cara y mis labios, eran demasiado rojos, resaltaban contra mi piel pálida
que reflejaba que seguro que tenía algún antepasado albino. Nunca me
maquillaba para no llamar la atención en exceso y me vestía con ropa normal, no
como si fuese a salir a un club cada día. No era llamativa, por eso dudaba de que
Shane me hubiese mirado el tiempo suficiente para ser consciente de mi
apariencia, si no fuese porque literalmente me eché encima de él, ni siquiera
habría reparado en mi existencia.
Así que lo mejor era no escuchar las idioteces de mi amiga, Shane no estaba
en mi entorno, nuestras clases ni siquiera estaban en el mismo edificio, por lo
tanto, todo lo que decía Ángela no tenía sentido.
—¿A dónde vas ahora? —preguntó Mike caminando hacia la salida de la
cafetería a mi lado.
—Optativas… primeros auxilios —contesté escuetamente.
—Vaya… yo voy al lado contrario —dijo con pesar—. Ya nos veremos a la
salida…
—Sí, sí… —contesté sin ganas mientras apuraba el paso alejándome de él.
Avancé por el estrecho pasillo hacia el ala este del edificio, quería alejarme
de Mike lo máximo posible, me ponía nerviosa su mirada, era como si quisiese
saltarme a la yugular de un momento a otro. Me estremecí imaginándome la
escena… entré en el aulario con la vista en el suelo, me senté un una de las sillas
centrales de nuevo, antes me había ido bien en ese lugar, así que repetir no era
mala opción. Me acomodé y levanté la mirada unos segundos, lo suficiente para
ver a una cabeza rubia rojiza pegada a un par de melones… ¿qué digo melones?
¡Parecían dos sandías! Esa sí que sería un buen trío para el dúo silicona… nadie
podría con el ataque de sus tetas explosivas. Sonreí ante mi propio chiste
privado.
Alguien se sentó a mi lado, pero me pareció extraño porque venía desde las
sillas de las filas superiores, no desde las escaleras como hacía todo el mundo, lo
que indicaba que era alguien que se había cambiado de lugar. Alcé la mirada con
una sonrisa para saludar a mi nuevo compañero o compañera y la sonrisa se me
quedó congelada en la cara. Unos ojos verdes me miraban curiosos y aquella
sonrisa no tardó en aparecer.
—Vaya… no esperaba encontrar a una estudiante de literatura aquí —dijo
con su voz aterciopelada.
—Es… es una optativa —tartamudeé aturdida.
—Creo que antes no me ha dado tiempo de presentarme como es debido…
soy Shane —dijo extendiendo su mano.
—Jordan —repetí mi nombre mientras tomaba su mano entre la mía.
Me sorprendió la suavidad de su piel y al mirar nuestras manos entrelazadas
pude ver que sus dedos eran largos y finos… su contacto era cálido, me hacía
sentir bien. Su piel era tan clara como la mía y su agarre era firme. Sonreí ante la
sensación de electricidad que recorrió mi brazo, era extraña, pero placentera.
—¿Y cómo es que has elegido esta optativa? —preguntó curioso.
—Era la única que tenía vacantes… las clases buenas ya estaban completas
—dije medio trance mirando sus ojos.
—Pues me alegro —dijo sonriendo.
Lo miré confundida…
—¿Por qué te alegras? —pregunté con el ceño fruncido.
—Así serás mi compañera— contestó encogiéndose de hombros—, hay
algunas actividades que se tienen que hacer en parejas… prefiero hacerlo
contigo que con los idiotas de mis compañeros —dijo señalando hacia el fondo
donde un grupo de chicos se reían escandalosamente.
—Ah —fue mi elocuente respuesta.
Fuimos interrumpidos por un carraspeo desde el estrado del aulario, volví mi
mirada hacia allí y un hombre rubio de ojos azules muy intensos estaba parado
en el centro. Parecía joven, tendría poco más de cincuenta años, su cuerpo se
veía atlético y cuidado. Miré a Shane de reojo y él me observaba divertido.
Algunas voces a nuestra espalda, sobre todo femeninas, comenzaron a
cuchichear y yo fruncí el ceño mirando sobre mi hombro sin entender muy bien
lo que ocurría.
—Muchas dicen que todavía está bueno —susurró Shane muy cerca de mi
oído—, ¿a ti te lo parece?
Lo miré confundida y él solo se rio.
—Contéstame por favor… solo es curiosidad —dijo encogiéndose de
hombros.
Lo miré dudando durante unos segundos… ¿a qué venía esa pregunta?
—¿Para qué quieres saberlo? —pregunté.
—Tú sólo contesta —dijo mirándome fijamente
Perdí el hilo de mis pensamientos en cuanto sus ojos hicieron contacto con
los míos… me quedé colgada de su brillo, de la intensidad de su color tan verde
y fresco como el césped recién cortado… creo que me boca se abrió un poco y
dejé de respirar… me golpeé mentalmente cuando Shane desvió la mirada y se
rio por lo bajo.
—Señor Spencer, puede prestar atención por favor —dijo el profesor
severamente.
Desperté por completo de mi aturdimiento y me reí disimuladamente de mi
compañero.
—El primer día y ya te conocen… eso es que el profesor ya te tiene ojeriza
—murmuré cerca de su oído yo en esta ocasión.
—Con una sonrisa y un par de palaras moñas me lo meto en el bolsillo —
dijo en mi oído haciendo que un escalofrío recorriese mi espalda, aunque no
tendí nada de lo que lo dijo.
—Buenas tardes a todos —dijo el profesor mirando en nuestra dirección, me
sentí un poco cohibida, pero lo dejé pasar—. Seré vuestro profesor de primeros
auxilios el próximo semestre. Mi nombre es Robert Spencer y espero que nos
llevemos bien —la última frase la dijo mirando directamente a Shane.
Pero… ¡un momento!
Shane Spencer.
Mathew Spencer.
Robert Spencer.
¿Es qué los Spencer eran accionistas en la universidad?
—¿También es tu hermano? —le pregunté en un susurro, me parecía un poco
mayor para serlo, pero todo podría ser.
Shane comenzó a reírse y ese sonido fue archivado en mi memoria como uno
de los más mágicos del mundo.
—Es mi padre —susurró.
—¿Tu padre? —pregunté asombrada—. Pero si… si es muy joven.
—Lo sé… mis padres no se lo pensaron mucho antes de formar una
familia… —dijo con una mueca.
—Vaya… —susurré no sabiendo muy bien que decir— Así que… ¿los
Spencer quieren invadir Seattle? ¿Debo tener cuidado por si tienes otro hermano,
un primo o algo parecido bajo el brazo?
Volvió a reírse de nuevo y oírlo una vez más provocó que un enjambre de
mariposas comenzase a revolotear en mi estómago… ¿por qué tenía ese efecto
en mí?
—Sí… hay otro Spencer por ahí suelto y de ese sí que te aconsejaría que te
cuidaras —dijo sonriendo—. Es mi hermana melliza Aileen, está estudiando
arquitectura en esta misma universidad y es un diablo… un terremoto, un
tsunami o como quieras llamarla, cuando la veas mejor apártate de su camino si
no quieres que te arrolle.
—Si que quieres mucho a tu hermana, ¿tan mala es? —pregunté divertida.
Aunque estuviese diciendo todas esas cosas sobre ella, se notaba que la
quería, sus ojos brillaban con una ternura infinita y eso… me agradaba.
—Es peor… mejor no te acerques demasiado —dijo sonriendo y
guiñándome un ojo.
Mi corazón se estremeció ante ese gesto… no es que fuese una experta en las
artes del flirteo y de cortejo… ¿pero estaba coqueteando conmigo? ¡Imposible!
Jordan no te imagines cosas… como te lo creas acabarás muy mal… Shane es
alguien imposible para ti, además, el dúo silicona lo tiene fichado y seguro que
acabará cayendo… después de todo solo tiene apariencia de Dios, pero bajo su
físico sigue siendo un hombre y dos tetas… siempre serán dos tetas.
—Por favor… el señor Spencer y su compañera ¿pueden atender a la
explicación? No pienso volver a repetirlo—volvió a decir el profesor.
Enrojecí y me hundí un poco en la silla. La clase pasó sin más incidentes
dignos de mención, Shane de vez en cuando me decía algo más pero siempre
cuidando de que su padre no nos volviese a ver. Parecíamos dos niños pequeños,
pero en el fondo me agradaba… era divertido.
Cuando salíamos del aulario Shane iba tras de mí, éramos de los rezagados,
puesto que se puso a recoger sus cosas con una tranquilidad pasmosa evitando
que yo pudiese salir de mi lugar hacia las escaleras si no le pasaba por encima,
algo que no me importaría hacer, pero para quedarme allí, sobre él…
Cuando estábamos a punto de cruzar el umbral de la puerta el profesor se
acercó a nosotros y le hizo un gesto a Shane, esté bufó mientras ocultaba una
sonrisa y me agarró del brazo para que fuese con él.
—Shane… no voy a aprobarte si no prestas atención a mis clases —le dijo
con voz dura, pero con un deje de diversión.
—Lo siento señor Spencer, no se repetirá —contestó Shane con una mueca.
—Y usted señorita… —dijo ahora refiriéndose a mí— no se deje arrastrar
por este cabeza hueca… no aprobará si sigue sus pasos —y una ligera sonrisa
curvó sus labios.
Volví a ponerme sonrojada e intenté balbucear unas palabras de disculpa,
hasta que el profesor hizo un gesto con la mano para que parase.
—No te preocupes…
—Me llamo Jordan —le contesté.
— Jordan, estaba bromeando, pero por favor, no interrumpáis mis clases la
próxima vez.
—No te preocupes, no volverá a pasar, prometido —dijo Shane como una
mano alzada y la otra en el corazón.
Nos despedimos y salimos de allí caminando lentamente por el pasillo.
—¿A dónde vas ahora? —preguntó.
—Historia griega —contesté después de comprobar mi horario.
—¿Historia griega? —preguntó alzando una ceja.
—Me gusta la mitología —dije encogiéndome de hombros.
—Eres rara —susurró casi para sí mismo mientras arrugaba la nariz.
Sin más dos pedazos de silicona con patas se echaron encima de Shane y lo
apabullaron a preguntas, el pelo rubio y las protuberancias llamadas pechos de
Jessica y Laura era lo más destacado de esa imagen. Intenté no reírme de la cara
de agobio que tenía el pobre Shane, pero cuando por fin se deshizo de ellas y
volvió a caminar a mi lado no pude evitar un par de risitas.
—Es asqueroso —susurró muy bajo.
—Así que… el dúo silicona te quiere echar el guante —comenté divertida.
—¿El dúo silicona? —preguntó entre risas.
—Así es como me han dicho que se llaman… —contesté encogiéndome de
hombros.
—Laura y Jessica me acosan… como continúen así iré a hablar con el
decano… no las soporto —dijo con una expresión seria.
—He llegado a mi clase —susurré.
—Vaya —dijo pasándose una mano por el pelo desordenándolo todavía más,
haciendo que mis piernas temblaran ante tal imagen de perfección—, nos
veremos en la próxima clase del doctor Spencer.
Asentí incapaz de pronunciar una sola palabra sin que la baba hiciese acto de
presencia y me giré lentamente para irme, pero volví mi cabeza sobre el hombro
y lo miré sonriendo.
—Shane… —lo llamé alzando un poco la voz y él me miró expectante—,
todavía está muy bueno… supongo que tienes sus genes —entré en clase a toda
velocidad, con las mejillas encendidas y con deseos de darme cabezazos contra
las paredes por haber dicho eso… ¿de dónde había salido?
El día fue pasando poco a poco hasta que llegó la hora de irme a casa y fui
caminando hacia el estacionamiento acompañada de un incansable Mike.
Mientras él hablaba y hablaba… y continuaba hablando, yo hacía que le prestaba
atención asintiendo de vez en cuando. Cuando ya estaba cerca de mi coche vi a
Ángela y a Ben apoyados en él hablando entre ellos, me giré hacia Mike y lo
miré a los ojos para que le quedase claro el mensaje.
—Debo irme Mike, ya nos veremos… —comencé a caminar más rápido,
casi corriendo para alejarme de él cuanto antes.
—¡Jordan! —oí que me llamaba, pero me hice la sorda.
Miré sobre mi hombro para comprobar que no me seguía y ¡mierda! Sí que
lo hacía… ¡estúpido Mike! Si que tengo suerte, el primer día de clase ya me
gano un acosador. Miré hacia delante apurando un poco más el paso y otra vez
volví a chocar contra algo duro, me aparté avergonzada y con mis mejillas
comenzando a enrojecerse, pero llegaron a su punto álgido de rojo cuando vi que
otra vez había chocado contra el pecho de Shane.
—¡Vaya! Si que tienes ganas de aplacarme… ¿quieres jugar al rugbi? Seguro
que te dejarían entrar en el quipo —dijo divertido.
—¡Ja, ja, ja! —dije irónicamente mientras intentaba recuperar la compostura
—. Quizás eres tú que siempre se interpone en mi camino.
—Sí… puede que sea eso… quizá tienes una especie de gravedad que me
impulsa a chocar contigo —dijo con su sonrisa torcida robándome el aliento.
Oímos un carraspeo y al mirar un poco a mi alrededor una chica bajita y con
el pelo del mismo color que el suyo nos miraba sonriendo con dos enorme y
expresivos ojos verdes que me recordaron inmediatamente a los de Shane.
—Como veo que este inútil no piensa decir nada… —dijo acercándose dos
pasos hacia mí— soy Aileen Spencer, la hermana del impertinente que choca
contigo.
—Jordan —dije tomando la mano que me ofrecía.
—¿Tú eres Jordan? —preguntó mirando a Shane—. ¡Encantada de
conocerte! —gritó ahora dándome un abrazo que descolocó todas mis costillas.
—¡Aileen suéltala! —gritó Shane—. Y vete al coche, no molestes
Cuando Aileen me soltó pude apreciar un ligero rubor en las mejillas de
Shane y si antes me parecía físicamente perfecto ahora ya sobrepasaba la
perfección. Su hermana lo miró como si le estuviese creciendo un tercer ojo y
luego centró su atención en mí.
—Tenemos que quedar un día —comenzó a hablar Aileen—, me gustaría
conocerte, después podemos ir de compras, o al cine, incluso a cenar… puede
ser divertido.
—Nos vemos mañana Jordan —dijo Shane apresuradamente arrastrando a su
hermana hacia el coche mientras gesticulaba un “lo siento” que me hizo sonreír.
Caminé hacia mi coche sobre una nube… había sido un gran día, extraño,
pero un gran día.
—Vaya, vaya, vaya… —oí la voz divertida de Ángela—. Así que… ¿Shane
Spencer? —preguntó enarcando una ceja.
—Hablamos porque compartimos una clase… —contesté tranquilamente
restándole importancia.
—Lo que tú digas… —murmuró rodando los ojos— ¿ya habéis quedado?
Mike bufó a mi espalda asustándome ¿de dónde había salido? Lo miré
lanzándole dagas con los ojos… me ponía nerviosa su cercanía.
—Ang, te lo acabo de decir… solo compartimos una clase, no busques cosas
donde no las hay —dije mientras abría la puerta trasera de mi coche y tiraba mi
mochila en ella.
—Si… por ahora… cuando tengas una cita con él quiero ser la primera en
saberlo… el palo que se van a llevar el dúo silicona —dijo divertida.
Mike salió de allí malhumorado murmurando maldiciones entre dientes y
mirando al suelo.
—¿Y a este qué le pasa? —preguntó Ángela confundida.
—Mal de amores… parece que le están levantando la chica —contestó Ben.
—Estáis hechos el uno para el otro… ¿Por qué no montáis una agencia
matrimonial? Podéis ganaros la vida montando parejas inexistentes —dije
mientras me metía en mi coche y giraba las llaves en el contacto.
—¡Tiempo al tiempo, Jordan! —gritó Ángela por encima del ruido del motor
mientras salía del estacionamiento.
Conduje por las calles de Seattle rumbo a mi apartamento compartido con mi
amiga, cuando llegué evidentemente estaba vacío ya que Ángela se había
quedado en el campus con Ben. Me metí en el baño, me di una larga ducha y
después de una nutritiva cena me metí en la cama esperando que el sueño llegase
pronto y no me dejase repasar los acontecimientos de ese día, ya había tenido
suficiente con los comentarios de Ben y Ángela como para que encima mi mente
perversa continuase buscando cosas donde no las había.
Capítulo 2
A la mañana siguiente un apetitoso olor a café recién hecho me arrancó de
mi sueño. Al abrir los ojos me encontré en mi nueva habitación. Las paredes
moradas resaltaban con la colcha y las cortinas negras, los muebles, también
negros, eran más bien escasos, solo una cama y un escritorio donde estaba mi
portátil. Había olvidado cerrar las cortinas la noche anterior y aunque no había
sol, la luz me molestaba en sobremanera. Abrí un ojo y gemí cuando vi en el
despertador que todavía me quedaba una media hora de placentero sueño. Me
giré sobre mí misma quedando boca abajo y tapando mi cabeza con la almohada.
Me fui dejando llevar poco a poco y acabé durmiéndome de nuevo.
Desperté sobresaltada ante el constante pitido del despertador, lo apagué de
un manotazo y me senté en la cama. A mi mente comenzaron a llegar flashes de
mi último sueño:
“Unos ojos verdes… una sonrisa torcida… unos labios finos y jugosos
susurrando mi nombre… unos pantalones ceñidos… unos botones sueltos… el
elástico de un bóxer…”
Me tapé la cara con las manos y maldije entre dientes… ¡maldito
subconsciente! Yo que había evitado pensar en él para que no pasase justamente
eso… ahora tendría que darme una ducha fría para que mi cuerpo volviese a su
estado normal. ¿Qué me estaba pasando? Solo lo conocía de un día… ¿qué digo
día? ¡Unas simples horas! ¿Cómo había llegado a perturbarme tanto?
Cuando salí del baño ya vestida y lista para irme, fui directamente hacia la
cocina, allí estaba Ángela sentada a la mesa con una taza de café entre sus
manos.
—¡Buenos días! —canturreó.
Le contesté lo mismo entre gruñidos mientras me servía un café y me
sentaba frente ella en completo silencio mirando fijamente mi taza. No sé
exactamente el tiempo que pasó mientras estaba perdida en mis pensamientos,
que eran muy fáciles de resumir: “ojos verdes, labios finos, botones sueltos…
ojos, labios, botones…” Mis neuronas iban a mil por hora rememorando esas
partes del cuerpo de Shane cuya imagen se había grabado a fuego en mi mente.
Me asustaba sentir lo que sentía, había confiado muchas veces y me habían dado
una puñalada por la espalda, me aterraba el hecho de volver a hacerlo y que
volviesen a hacerme daño. Sobre todo porque Shane no era como los demás,
algo me decía que con él las cosas serían diferentes y estaba un poco asustada
ante eso.
Oí un fuerte golpe en la mesa y di un respingo asustada.
—Llevo diez minutos hablando contigo y no has escuchado nada de lo que
he dicho —dijo Ángela—, ¿qué te pasa?
—Nada —suspiré.
—Jordan… —dijo endureciendo la mirada.
—Que no es nada Ang —dije con coz cansada.
—Sabes que no me engañas —aseguró cruzándose de brazos.
Suspiré derrotada y la miré entre mis pestañas, estaba perfectamente sentada
en su silla, con los brazos y las piernas cruzadas y mirando en mi dirección… de
esta no podía librarme.
—Todavía no estoy segura de lo que me pasa —susurré—, lo estoy
analizando.
—De acuerdo —dijo con renuencia—, aceptamos barco como animal
acuático…
Se quedó en silencio unos minutos más mirando por la ventana mientras yo
saboreaba mi café, aunque tenía un nudo en la garganta que apenas me dejaba
tragar.
—¡Ya sé lo que podemos hacer! —dijo sonriendo.
—¿Qué loca idea se te ha ocurrido ahora? —pregunté enarcando una ceja en
su dirección.
—Preguntas exprés —sonrió ampliamente.
Gemí.
—Ang… hace años que no jugamos a eso —me quejé.
—Ya lo sé, pero tu subconsciente te dará las respuestas que necesitas.
—Yo no necesito respuestas… simplemente necesito no pensar —farfullé.
—Uhm… intuyo por dónde vas… —murmuró.
Bufé.
—Olvídate de James y de Alex…pero sobre todo olvídate de Greg —dijo
amenazadoramente con un dedo.
—¿Y qué hay de Chris? —pregunté curiosa.
—Chris era lindo, solo fue que no era el indicado, pero al final no se portó
mal contigo… fueron las circunstancias —dijo con voz soñadora.
—No pensaba en ellos —dije desviando la mirada… sabía que mis ojos
podían expresar claramente lo que me pasaba por la cabeza.
—Ok, ok… no pienses y contesta rápido —dijo removiéndose en su silla.
—Ángela —protesté.
—Nada, nada —le restó importancia—. Vamos allá… ¿tu nombre?
—Jordan —suspiré resignada a que haríamos lo que ella quería.
— ¿Apellido?
Enarqué una ceja y ella frunció el ceño.
— ¿Tu padre?
—William.
—¿Tu color favorito?
—Verde
—¿Verde? Siempre has dicho azul —dijo frunciendo el ceño una vez más.
—La gente cambia… —murmuré mientras me sonrojaba.
—Lo que tú digas, seguimos… ¿noche?
—Sueños.
—¿Labios?
—Beso.
—¿Pelo?
—Bronce.
—¿Ojos?
—Verdes.
—¿Un chico?
—Shane.
—¡Lo sabía! —gritó señalándome con el dedo.
—¡Ángela, me has engañado! —protesté molesta.
—Yo no he hecho nada, ha sido tu subconsciente.
—No me cambies de tema… ¡has sido tú! —la acusé.
—Lo que digas… —movió la mano restándole importancia… de nuevo
ignorándome— pero estás pillada por Shane.
—¡No es verdad!
—Claro que sí, pero si prefieres engañarte a ti misma…
Ángela se puso en pie y caminó hacia la puerta.
—Llegaremos tarde si no te das prisa… ¡futura novia de Shane! —gritó antes
de salir corriendo.
—Ángela, te vas a acordar de mí —salí corriendo tras ella y justo cuando iba
a alcanzarla cerró la puerta de su habitación con un portazo, dejándome a mí el
pasillo.
Aporré la puerta varias veces gritando su nombre, pero solo conseguí risas
por su parte.
—Le diré a Ben que roncas por las noches —grité.
—Sabes que eso no es verdad —contestó con suficiencia.
—Pues… le diré que… que… ¡que te tiras pedos! —volví a la carga con un
ataque infantil.
Ángela abrió la puerta y asomó la cabeza mirándome divertida.
—¿Para qué piensas que está el culo, Jordan? Esa es una de sus funciones
principales, la otra es…
—¡Calla, calla! Lo he pillado —dije apresurándome a mi habitación para
coger mi chaqueta y mis libros.
Cuando salí Ángela me esperaba apoyada en la puerta de la entrada, bajamos
las escaleras desde el tercer piso donde estaba nuestro apartamento, dejando a un
lado el ascensor que nos había dado un susto el primer día cuando se detuvo
durante cinco minutos con nosotras dentro. Fuimos hasta mi coche y llevé a
Ángela hasta el campus, se mantuvo en completo silencio casi todo el trayecto,
cuando la miraba inquisitivamente para que contara lo que la pasaba, desviaba la
mirada hacia otro lado y se reía entre dientes.
—Lo que sea que estás pensando… ¡ni se te ocurra! —le dije muy seria.
—¿De dónde sacas qué estoy pensando algo? — preguntó haciéndose la
ofendida.
—Ángela… tú y yo nos conocemos… no me engañas —la acusé.
—Imaginaciones tuyas, Jordan —dijo en tono petulante mirando por la
ventana.
La miré con los ojos entrecerrados, pero ella no dijo nada más y así se
mantuvo callada hasta que estacioné el coche en el aparcamiento del campus y
ella se bajó de un salto. Caminamos en el mismo silencio hacia nuestra primera
clase, cuando miré el horario era otra vez con el profesor Spencer… ¡Spencer,
Spencer, Spencer! Acabaría volviéndome completamente loca.
Cuando iba a entrar en el aulario una mano fría me sujetó del brazo, giré el
rostro aterrada esperando encontrarme con Mike otra vez y totalmente dispuesta
a dejarle claro de una vez que dejase de acosarme, aunque fuese necesario
utilizar la violencia para ello, pero me sorprendí al encontrarme con unos ojos
verdes que me miraban alegres.
—Hola Jordan — canturreó Aileen.
— Ho… hola —balbuceé sorprendida.
—Perdona que me presenté así sin avisar, pero Mathew me dijo que tenías
clase con él ahora y no he podido esperar para verte —dijo con voz alegre.
—No importa —dije algo avergonzada.
—Es que Shane es idiota, no me dejó hablar tranquilamente contigo ayer —
continuó parloteando—, ¿podemos comer juntas? Tengo mil cosas que contarte.
La miré atónita, ¿cuánto tiempo hacía que nos conocíamos? ¿Cuántas
palabras habíamos cruzado? ¿En qué momento habíamos alcanzado ese nivel de
confianza?
—Lo siento, pero me siento con Ángela —me disculpé cortésmente.
—No te preocupes por mí, no hay problema, yo como con Ben —dijo la
aludida— y Mike podrá superarlo…
Rodé los ojos ante la mención de ese nombre y reprimí un gruñido… me
exasperaba.
—¡Oh! Lo siento… soy Aileen Spencer —dijo extendiéndole la mano a
Ángela.
—Ángela — contestó mi amiga—. Puedes llevártela contigo, por mí no hay
problema.
La miré sorprendida con los ojos muy abiertos… ¿a qué venía ese
comentario?
—¡Genial! —gritó Aileen—. El problema es que hoy no vendrán Meg y
Zack para que los conozcas, tenemos que quedar algún día para eso, ¡pero será
fantástico! Este fin de semana podemos ir al nuevo centro comercial que han
abierto en el puerto, ya verás como…
— Shu, shu, shu —la interrumpió una voz masculina, al girarme pude ver al
profesor Spencer sonriendo como un niño—, Aileen, la estás asustando. Jordan
perdónala, a mamá se le cayó de la cuna cuando era bebé y por lo que parece se
golpeó en la cabeza.
— Mathew —masculló Aileen entre dientes dedicándole una mirada asesina.
—Sí hermanita sí, yo también te adoro, ahora da media vuelta —dijo
agarrándola por los hombros y haciéndola girar sobre sí misma— y vete para
que pueda comenzar mi clase.
—Hablaré con Meg sobre esto —lo amenazó.
—Yo también puedo hablar con Zack —dijo Mathew sonriendo y
parpadeando repetidas veces.
Aileen se fue caminando apresuradamente por el pasillo mientras murmuraba
algo tan bajo que solo ella misma podría oírse.
—Por favor señoritas, hagan el favor de entrar para que por fin pueda hacer
mi trabajo — dijo el profesor Spencer haciendo un gesto con la mano
invitándonos a entrar.
Ángela y yo entramos en el aulario y nos sentamos en los mimos lugares del
día anterior, delante del dúo silicona que comenzaron a susurrar algo entre ellas
en cuanto nos sentamos.
—¿Hoy tienes primeros auxilios? —me preguntó Ángela susurrando después
de unos minutos.
—No —contesté también susurrando—, ¿por qué?
—Solo quería acompañarte para ver cómo te sonrojas— dijo sonriendo.
—Idiota —murmuré entre dientes.
La clase pasó más rápido de lo que esperaba, el profesor Spencer tenía un
ritmo llevadero que hacía sus clases amenas y podría decirse que hasta
divertidas. Intercalaba el temario obligatorio con opiniones personales sobre
libros y autores y hasta se permitía el lujo de hacer alguna que otra broma que
hacía que todos estallásemos en carcajadas. Al acabar la clase Ángela y yo
caminamos hacia la cafetería lentamente en nuestro común silencio, el dúo
silicona nos alcanzó en unos segundos y nos adelantaron moviendo las caderas
de un modo exagerado, parecía que de un momento a otro se les dislocaría un
hueso por exceso de movimiento. Ángela y yo las miramos con cara de espanto,
aunque los chicos que nos rodeaban tenían la mandíbula en el suelo y babeaban
extremadamente.
Al entrar en la cafetería nos fuimos directamente a la fila para comprar
nuestra comida. Yo casi había olvidado mi pequeña conversación con Aileen,
pero solo casi… había decidido declinar su invitación haciendo que se me había
olvidado y sentarme con Ángela con si nada hubiese pasado, aunque eso
implicase hacerlo también con Mike. Pero mis planes solo se quedaron en eso,
planes. En cuanto pagué mi comida y comencé a caminar hacia la mesa de
Ángela y sus amigos, Aileen me interceptó y me arrastró hacia la suya, no me
dio opción a protestar, hablaba tanto y tan rápido que intentar decir algo era
técnicamente imposible, solo podía balbucear monosílabos totalmente
conmocionada por la velocidad a la que podía llegar a hablar. Divisé a Ángela a
lo lejos sonriendo y moviendo la mano a modo de despedida, gruñí internamente
mientras hacia una nota mental para no olvidar devolvérsela en cuanto tuviese
ocasión.
De un empujón Aileen me hizo sentar en una silla y… ¡horror! Estaba en la
misma mesa que Laura y Jessica. Aileen continuó parloteando cobre una salida
de compras a la que prometí ir sin si quiera darme cuenta ni abrir la boca. Las
“silicona” nos miraban desde el otro lado de la mesa y aunque fingían no prestar
atención, se notaba a leguas que no se estaban perdiendo detalle de todo lo que
mi acompañante decía.
—¡Oh Jordan! Tienes que darme tu número de teléfono para poder llamarte
—decía alegremente dando saltitos en su silla.
—¿Para qué? —pregunté confundida y frunciendo el ceño.
—¿Qué haré si te pierdes en el centro comercial? —preguntó como si fuese
algo más que evidente.
—¿Por qué habría de perderme? —contesté con otra pregunta.
—¿Quién sabe? —se encogió de hombros—. Pero piénsalo, así podré
llamarte y sabré dónde estás en cuestión de segundos.
Su sonrisa de suficiencia no me gustó nada, pero pese a todo cogí el móvil
que me extendía mientras movía su mano en mi dirección y escribí mi nombre y
mi número en la memoria. Algo me decía que ese no era el único motivo para
pedírmelo, pero también me aterraba la idea de enfadarla y que toda esa energía
y positivismo se transformasen en ira contra mí.
Me hundí en mi silla y en mis propios pensamientos, me gustaba Aileen y
ese halo de alegría que parecía acompañarla siempre, aunque su energía me
asustaba un poco. Pero mi mente pasó a modo stand by llevándome muy lejos
pensando en Shane una vez más. Estaba realmente mal, no podía quitármelo de
la cabeza… y era absurdo, hoy ni siquiera lo había visto, el día anterior no había
hecho más que compartir con él unas cuantas palabras, pero por lo visto era
suficiente para hacer que pensase en él constantemente. Parecía una adolescente
hormonada, pero no podía evitarlo, en cuanto pensaba en él o recordaba el
sonido de su voz, notaba como un enjambre de mariposas se revolvía en mi
estómago.
Estaba tan perdida en mi mundo que no oí cuando se corrió la silla de mi
lado y tampoco noté cuando alguien se sentó en ella.
—Aileen, la estás aburriendo… ¿podrías callarte? —dijo alguien en tono
divertido.
Y mi mente desconectó de lo que estaba haciendo y se centró en lo que
percibía a mi lado sin utilizar el sentido de la vista. Esa voz, ese olor, esa especie
de magnetismo que me atraía hacia él… alcé la cabeza lentamente un poco
atemorizada, no sabía cómo reaccionaría mi cuerpo si realmente era quien yo
sospechaba que era. Cuando mis ojos hicieron contacto con los suyos, sentí
como mi corazón palpitaba más fuerte de lo normal, mis mejillas enrojecían y de
no ser porque estaba sentada acabaría en el suelo por la impresión de verle… así.
Shane estaba… simplemente ¡espectacular! Hoy su camisa negra había
desaparecido siendo sustituida por una camiseta blanca de manga larga que se
amoldaba a su cuerpo como una segunda piel y marcaba todos sus músculos…
tragué en seco y evité bajar la mirada y babear con el resto de su cuerpo, ver lo
que llevaba de cintura para abajo podría hacer que me diese un ataque al
corazón.
—Hola compañera— dijo con esa voz aterciopelada y masculina acariciando
cada silaba mientras las pronunciaba y rematando su frase con su perfecta
sonrisa torcida casi arrancándome un suspiro.
—Ho… hola —balbuceé.
—¡Hola Shane! — dijeron a coro el dúo silicona ganándose inmediatamente
los primeros puestos en mi lista negra.
Aileen las miró con esa rabia que yo deduje que tendría y que no me gustaría
verla despertar, al menos en mi contra. Shane se removió intranquilo en su silla y
les devolvió el saludo en un susurro desganado. No pude evitar sonreír ante eso,
a mí me sonreía de lado provocándome un paro cardíaco y de ellas… rehuía.
—Veo que Aileen ha conseguido arrastrarte a nuestra mesa —dijo mirando a
su hermana desaprobatoriamente.
—No solo eso hermanito, este sábado iremos de compras —canturreó la
aludida con una radiante sonrisa.
Yo gemí y me dejé caer pesadamente en el respaldo de la silla.
—¿Algún problema? —susurró Shane cerca de mi oído.
Cerré los ojos y apreté los puños con fuerza para contener las ganas de
volver a gemir, aunque no en el mismo tono de antes.
—¿Podrías… tú podrías ayudarme a librarme de esa salida al centro
comercial? — le supliqué en el mismo tono de voz.
Él frunció ceño confundido.
—Aileen puede parecer un poco… Aileen —explicó haciendo un gesto con
la mano—. Pero es una máquina para las compras, no te arrepentirás de ir con
ella —dijo en un tono de voz que todos pudieron escuchar.
La interpelada le dedicó una mirada alegre y una enorme sonrisa, me hundí
un poco más en la silla y suspiré desganada.
—Odio ir de compras —dije en un gruñido mientras empujaba mi bandeja de
comida hacia el centro de la mesa.
Aileen jadeó llevándose las manos al pecho y puso cara de espanto, las
siliconas sonrieron con superioridad mientras me miraban de un modo que no
supe descifrar.
—Confirmo lo que te dije ayer… eres rara… pero me gusta —dijo Shane
sonriendo.
La sonrisa en las caras de Laura y Jessica se borró al instante y yo abrí
mucho los ojos totalmente sorprendida.
—Jordan… ¿qué has hecho ahora para que te tachen de rara? Algo que
eres… por cierto —oí la voz de Ángela a mi espalda.
—¿Te puedes creer que no le gustan las compras? —gritó Aileen.
—Lo creo —contestó Ángela sentándose a su lado—. ¿Pero quieres saber
algo escandaloso de verdad? —Aileen asintió—. Tampoco le gusta maquillarse
ni ponerse zapatos de tacón.
—¡No! —gritó y me miró como si de un momento a otro me fuese a crecer
un cuerno o algo parecido, yo solo pude sonrojarme avergonzada.
—¿Qué pasa? —pregunté irritada—. Unos tejanos y unas deportivas es
algo… cómodo y siempre está de moda… o lo que sea. El tiempo en el centro
comercial es tiempo perdido para mí.
—¡Calla, Calla! —dijo Aileen tapándose los oídos—. ¿Sabes lo que me
duele oír eso?
—¿Tú no comías con tu adorado Ben? —le pregunté a Ángela intentando
cambiar de tema.
—Sí… pero se ha ido con Mike… no tiene un buen día —dijo encogiéndose
de hombros.
—¿Mike? —preguntó Aileen—. ¿Mike el compañero de Shane?
—El mismo —confirmó Ángela.
—¿Y qué le pasa? —preguntó Shane.
—Le están levantando a la chica —dijo Ángela sonriendo inocentemente.
—¡Ángela! —grité—. Ya te lo expliqué ayer… nadie está ligando conmigo.
Aileen comenzó a reírse y Ángela la siguió, las taladré con la mirada.
—¿Eres la chica de Mike? —preguntó Aileen… ¿decepcionada?
—¡No! —casi grité—. ¿Cómo…? El muy idiota se ha obsesionado
conmigo… desde ayer que no se despega de mí… y la culpa es de Ángela, le
dijo que no tenía novio y ahora él quiere intentarlo —me estremecí solo de
pensarlo.
—No pienses en eso, Jordan —dijo Aileen—, solo piensa en lo bien que lo
pasaremos el sábado.
—¿Qué pasa el sábado? —preguntó Ángela.
—¡Nos vamos de compras! —Aileen alzó las manos mientras lo decía… y la
voz también—. Por su puesto estás invitada… he visto una blusa rosa que te iría
de muerte…
Decidí ignorar esa conversación por el bien de mi salud mental, en
momentos como ese me sentía un poco excluida por no tener las mismas
aficiones que una chica aparentemente normal, pero en el fondo me enorgullecía
de ser una de las pocas que no seguía el rebaño de ovejunos siendo la excepción
que confirmaba la norma.
—Yo puedo ayudarte… dame un segundo —volvió a susurrar Shane en mi
oído haciendo que un escalofrío recorriese mi espalda.
Esperé pacientemente mientras revolvía la ensalada con gesto ausente, me
quedé colgada admirando el modo en que fruncía los labios cuando estaba
concentraba en sus pensamientos y tuve que reprimir las ganas de nuevo, pero
esta vez era de suavizar esas arruguitas en su barbilla con uno de mis dedos.
Suspiré mientras me resignaba a que mis manos nunca pudiesen tocar su piel, al
menos del modo que yo quería hacerlo.
—¡Oh! —casi gritó Shane de repente—. Aileen… la salida de compras
tendrá que esperar.
—¿Por qué? —peguntó ella cruzándose de brazos.
—Papá nos pidió un trabajo para su clase… por parejas… Jordan es mi
compañera, como ya sabes, y habíamos quedado en hacerlo el fin de semana —
explicó haciendo que su mentira fuese totalmente creíble.
—Tenéis todo el domingo para eso… —protestó Aileen poniendo un
puchero.
—Es un trabajo importante… y largo… muy largo… ¿verdad, Jordan? —me
pidió ayuda y me dio un codazo para alentarme.
—Cierto… lo había olvidado… lo siento mucho Aileen, otra vez será —fingí
una cara triste, que no salió del todo bien porque Ángela y Aileen sonrieron con
suspicacia
—Ay… —suspiró Aileen— si queríais salir juntos no teníais más que decirlo
y yo lo entendería.
Yo la miré asustada por el rumbo que había tomado su suposición y una de
las silicona comenzó a toser porque se había atragantado mientras bebía agua.
Miré a Shane suplicante esperando que dijese algo más para desmentir eso, pero
su sonrisa radiante me hizo enrojecer.
—Hermanita —dijo alegre—, ¿cuándo entenderás que lo que yo haga o deje
de hacer no es de tu incumbencia? —mientras preguntaba eso pasó uno de sus
brazos por mis hombros y me atrajo un poco hacia su cuerpo.
Mis mejillas estaban a punto de explotar por la acumulación de sangre. El
timbre sonó y me puse en pie de un salto deshaciéndome del brazo de Shane lo
antes posible para que no me diese un ataque al corazón… aunque pensándolo
bien… ¿él no era estudiante de medicina? Un boca a boca no me vendría mal…
¡Jordan!
—Tengo que irme —susurré—, nos vemos.
Salí casi corriendo de la cafetería rumbo a próxima clase, entré en el aulario
como una exhalación y Ángela llegó unos minutos después, se sentó a mi lado
mientras reía por lo bajo.
—Si… tú ríete… traidora —mascullé entre dientes.
—Has dejado a Shane un poco perdido —dijo.
—¿Por qué?
—No entendió tu reacción, cree que te has enfadado por lo que dijo —
explicó.
—¿Enfadarme? —grité—. ¿Con él? ¿Por qué habría de enfadarme?
—Prácticamente ha dado a entender que estáis juntos… —se quedó en
silencio unos segundos—, ¿tienes algo que contarme? —preguntó enarcando una
ceja.
—¡No! —grité.
Todos los alumnos que había en el aulario me miraron asustados y yo me
hundí en la silla avergonzada.
—Es una pena —dijo negando con la cabeza—, la cara de esas dos guarras
no tenía precio… ¡y la de Aileen ni te cuento! —rio divertida.
Gemí e intenté prestar atención a lo que estaba diciendo el profesor que
acababa de entrar, aunque por mi mente solo pasaba el modo en que su brazo se
apoyó en mis hombros, en como su aroma me golpeó de lleno, en mi como mi
boca comenzaba a segregar un exceso de saliva… me pasé la mano por la
comisura de los labios disimuladamente por si me estaba poniendo en evidencia
yo sola… seco, perfecto.
Pero… ¡oh Dios! Tenía razón Ángela… estaba pillada… muy pillada.
Dejé caer la cabeza en la mesa con un golpe sordo y suspiré… ¿mi problema
tendría solución? Sí la tenía, pero solo una: Shane Spencer, algo que quería
evitar desde el primer momento que puse un pie en Seattle.

En cuanto acabaron las clases fui hasta mi coche con la cabeza echa un lío…
Ángela iba a mi lado en silencio y cuando llegamos al aparcamiento Aileen
estaba apoyada estratégicamente en el coche estacionado al lado del mío.
—¡Oh Jordan! —gritó en cuanto me vio—. Hola Angie —saludó
ausentemente—, tengo que presentarte a alguien —me agarró de la mano y me
arrastró unos cuantos coches a la derecha donde había un chico rubio apoyado en
un Porsche amarillo— mira… este es Zack, mi novio, Zack, esta es Jordan…
pero Jordan, Jordan —dijo moviendo las cejas sugestivamente.
—Hola Jordan —dijo Zack extendiendo la mano.
Le devolví el saludo en un susurro algo nerviosa y avergonzada, Aileen
estaba asustándome de verdad.
—Es psicólogo ¿Sabes? Su prima Megan está casada con Mathew…
—Vale —susurré no entendiendo muy bien ese exceso de información.
—Bueno Zack… ¿qué te parece? Este viernes por la tarde iremos de compras
juntas —dijo dando palmas…
—Aileen —la llamé—, ¿no se suponía que era el sábado?
—El sábado sales con Shane… por eso lo he adelantado al viernes.
Mi cara perdió todo el color y creí que caería redonda al suelo… ¿salir yo
con Shane? ¿El sábado? Aileen continuó hablando y hablando de lo que
haríamos, que compraríamos, donde lo compraríamos… y yo disimuladamente
me fui acercando poco a poco a Zack…
—Psh —lo llamé en un susurro, él se agachó un poco para ponerse a mi
altura y me miró de reojo— ¿puedes hacer que se calle? —le pregunté.
Él solo rio y negó con la cabeza.
—No sería buena idea… créeme, lo sé por experiencia —contestó también
en un susurro.
—No quiero ir de compras… —gemí— ¿podrías inventarte una salida
romántica o algo así?
—Los planes de Aileen son sagrados… si los cambio por cualquier
circunstancia… soy hombre muerto… lo siento —volvió a susurrar.
Gemí y me apoyé pesadamente en el coche plateado que había aparcado al
lado del amarillo… una idea cruzó mi mente y empecé a respirar cada vez a más
velocidad… como si estuviese hiperventilando.
—¿Qué te pasa? —preguntó Zack asustado.
—Un ataque de pánico… ¡haz algo! —casi grité.
—No sé qué hacer —dijo nervioso.
—¿Pero tú no eres psicólogo? —pregunté respirando ya con normalidad—.
¡Vaya mierda! ¡Deberías saber que hacer en estos casos!
Ben y Ángela me miraban divertidos ¿cuándo habían llegado?
—Jordan —dijo Aileen con los brazos cruzados y muy seria—, no te vas a
librar… vendrás conmigo de compras sí o sí.
—No la tortures más Aileen —oí la voz de Shane y mi cabeza se movió con
rapidez buscándolo.
No me importó el chasquido que hizo mi cuello por el movimiento tan
brusco, porque lo que vi me hizo olvidarme de todo… hasta de respirar… Shane
con su cabello despeinado y mecido por el viento… solo le faltaba un halo de luz
para ser un verdadero Dios…
—Shane… no vas a convencerme… tiene que ir perfecta a vuestra cita —
gritó.
Yo caminé con rapidez y me escondí detrás del cuerpo de Shane.
—Ayúdame… —susurré— está poseída… si fuese tu padre le rompía todas
sus tarjetas de crédito.
Él solo rio y me miró por encima de su hombro.
—Apenas nos conocemos y nunca te he pedido nada… —continué
susurrando— por favor… mátala… mátala, mátala…
Comenzó a carcajearse mientras se sujetaba el estómago.
—¿Cuál es tu coche? —me preguntó después de unos minutos.
—El Civic rojo de tu izquierda… ¿por qué? —pregunté.
—¿Confías en mí? —preguntó y yo asentí.
Sin mediar palabra me echó sobre su hombro mientras yo gritaba y me reía
histéricamente. Echó a correr conmigo a cuestas hasta mi coche donde me dejó
en el suelo mientras una perfecta sonrisa iluminaba su rostro.
—Te librará de ella hasta mañana al menos… —dijo.
—Gracias —musité.
—Por cierto… siento lo de antes —dijo revolviendo su pelo con un gesto un
poco nervioso—, no quería que te sintieses mal, sólo quería ayudarte y metí la
pata… se ha puesto peor ahora.
—No importa —conseguí pronunciar.
—Nos vemos mañana… creo que tenemos clase juntos.
Asentí con una sonrisa tímida.
—Hasta mañana, Jordan —dijo antes de darme un beso en la frente.
Y me quedé allí paralizada mientras veía como se alejaba… ¿había pasado
eso de verdad? WOW…
Ángela llegó a mi lado y me pasó la mano por delante de la cara.
—¡Jordan! —gritó—. ¿Estás bien?
—¿Eh? —pregunté confundida—. Sí… sí… vamos a casa que ya es tarde.
Tiré de la cerradura de la puerta, pero esta no se abría, estaba por levantar el
pie y darle una patada cuando Ángela me quitó las llaves de la mano y pulsó el
botón que las desbloqueaba.
—Gracias —susurré mientras reía con nerviosismo.
—Ay Jordan, Jordan… —suspiró negando con su cabeza.

Capítulo 3
Las uñas de Ángela repiqueteaban sobre la mesa de linóleo de la cocina, yo
estaba con la vista perdida en mi taza de café, pero totalmente concentrada en no
saltarle encima porque sus “ruidos” me estaban poniendo nerviosa. Alcé la vista
y la muy… tramposa, me miraba con cara de cordero degollado como si ella no
lo estuviese haciendo para sacarme de mis casillas. Suspiré por centésima vez
ese día, eso que apenas eran las siete de la mañana, y conté mentalmente hasta
diez antes de hablar.
—Ok… ¿qué pasa? —pregunté.
Ella me contempló en silencio y después suspiró, se enderezó en su silla
cruzándose de brazos y me miró con suficiencia… sabía que había ganado, ahora
le diría lo que fuese con tal de que dejase de hacer ese insoportable ruido con las
uñas.
—¿Vas a contarme lo que has hablado ayer con Shane? — preguntó con
cautela.
—¿Con… con… con Shane? —tartamudeé.
—Sí… Shane Spencer… ese chico con el pelo raro que está como un queso
—apremió.
—¿Qué pasa si le digo a Ben que piensas que Shane está como un queso? —
intenté desviar el tema.
No es que no quisiese contarle nada… ¡es que no quería contarle nada!
Ángela tenía la absurda idea de que Shane estaba interesado en mí… ¿en mí?
¿Pero eso era creíble? Si me dijesen que mañana me abduciría un OVNI me lo
creería con más facilidad.
—Ben ya lo sabe… además, él piensa que Aileen es adorable —dijo
sonriendo—, nuestra relación es muy estable, podemos decirle al otro que otras
personas son atractivas sin que nos ataque el monstruo de los celos.
—Me gustaría tener ese nivel de confianza en alguien —murmuré
apesadumbrada.
Nunca había sentido envidia de nadie, pero sí me ponía triste pensar que las
personas que quería tenían una pareja a su lado con la que compartir todo y yo
no tenía a nadie… ¿Amigos? Sí… ¿un novio? ¿Qué es eso?
No quería lanzarme a por el primer patán que se me pusiese delante, pero sí
ansiaba sentirme querida y deseada… no solo tener relaciones de cariño con mis
amigos.
—Es complicado… pero puede llegar, solo no desesperes Jordan, seguro que
ahí fuera hay un chico perfecto para ti… —intentó apoyarme suponiendo mis
pensamientos, Ángela siempre ha sido muy perceptiva— yo conozco a un
candidato de ojos verdes y pelo… color raro.
—¿Raro? —pregunté sonriendo— Es color bronce… no es tan raro…
—Uhm… ya veo… has hecho algo que nadie ha hecho… definir el color de
pelo tan raro de Shane… eso es una señal —dijo con suficiencia.
—Todo el mundo puede ver el color de su pelo… no es algo tan
extraordinario… —me defendí.
—Bueno… no me cambies de tema… que siempre consigues despistarme —
dijo haciendo un mohín—. ¿Vas a decirme de qué habéis hablado cuando
estabais junto a tu coche?
Suspiré y la miré a los ojos… se veía ansiosa, pero sabía que no era solo por
necesidad de cotilleos, era verdadero interés, Ángela se preocupaba
sinceramente por mí.
—Nada en especial… —susurré— solo se disculpó por lo que pasó en la
cafetería y yo le resté importancia.
—Mira que sois idiotas —murmuró.
—¿Qué? —pregunté frunciendo el ceño.
—Nada Jordan, nada… que tú estás ciega… ¡y él todavía más! —casi gritó
—. Se nota incluso a distancia que hay algo ahí entre ambos… hay chispa y no
puedes negarlo —arremetió con dureza cuando vio que iba a protestar—. ¿Es
que de verdad no lo ves? Te mira de un modo diferente que a las demás… y
cuando está a tu lado hasta su voz es más dulce.
—Estás diciendo tonterías… son imaginaciones tuyas —rebatí—. ¿Quién en
su sano juicio puede pensar que Shane está interesado en mí? Además… hace
apenas dos días que nos conocemos… es absurdo pensar que tan pronto puede
querer algo conmigo… en un supuesto caso.
—Nada de supuesto… ¡eres tan terca y obstinada! —protestó—. ¿Y qué es
eso de “Shane no se podría fijar nunca en alguien como yo”? ¿Cómo eres tú
Jordan?
—¿Yo? —pregunté sorprendida por su pregunta—. No soy nada si me
comparas con él… soy tan poca cosa que ni siquiera se me nota cuando estoy a
su lado…
—Eso son estupideces y lo sabes —dijo con voz dura— y como encuentre al
gilipollas de Greg lo voy a castrar por meterte esas absurdas ideas en la cabeza.
Ángela nunca amenazaba o maldecía, era muy extraño oírla insultar a
alguien, solo lo hacía cuando estaba verdaderamente enfadada, algo que parecía
en ese momento. Opté por quedarme callada y esperar a que su enfado pasara,
así era ella, casi nunca perdía los estribos, pero cuando lo hacía siempre
recuperaba el control a los pocos minutos. Y así fue… unos cuantos minutos
después ya estaba sonriendo y mirándome de un modo que me hacía temblar de
miedo.
—¿A dónde iréis este sábado? —preguntó sin perder la sonrisa y mirándome
entre sus pestañas.
—De compras… con Aileen… ¿ya lo has olvidado?
—No —rio—, la que lo ha olvidado eres tú… se supone que la salida de
compras es el viernes por la tarde después de la universidad, porque el sábado
tienes una cita con Shane.
Me atraganté con el café y comencé a toser escandalosamente. Después de
mi casi asesinato por cafeína y con los ojos llorosos me puse en pie y me di la
vuelta para que no supiese que iba a mentir descaradamente.
—Sabes que eso es mentira —objeté—, Shane solo lo dijo para librarme de
la salida de compras con su hermana, no lo decía en serio… y además, habló de
hacer un trabajo, no de una cita, eso fue una ocurrencia de Aileen, que tiene
demasiada imaginación.
—No es solo su imaginación, es que ha visto lo evidente y solo quería daros
un empujoncito —dijo palmeando mi hombro desde uno de mis costados.
Bufé y salí de la cocina hacia mi habitación, cogí mis cosas y me dirigí hacia
la salida donde Ángela me esperaba apoyada en la puerta. Me mantuve en
silencio todo trayecto hasta mi coche y después hasta la universidad, Ángela
respetó mi silencio y lo acompañó con el suyo propio. Al llegar al
estacionamiento ella se bajó de mi coche y se fue a saludar a Mike y a Ben que
estaban aparcados un par de coches a la izquierda, yo decidí ignorarlos, no tenía
ganas de soportar los halagos del idiota de Mike bajo ninguna circunstancia…
ese tipo me ponía nerviosa con su simple presencia. Estaba a punto de entrar en
el edificio cuando una mano me sujetó con demasiada fuerza por el codo, me
giré esperando ver a Aileen, como el día anterior, pero me sorprendí y me quedé
petrificada cuando era una de las silicona la que estaba enfrentando.
—Eres Jordan, ¿verdad? —preguntó con voz desdeñosa.
—Sí… ¿por qué? —pregunté sorprendida y frunciendo el ceño.
—Sólo quería transmitirte un mensaje —dijo con suficiencia.
Me quedé en silencio esperando, no me daba buena espina lo que podría
estar pasando por la mente de esa esnob.
—Bien… —carraspeó— solo quería informarte de que te alejes de Spencer.
—¿Del profesor Spencer? —pregunté sorprendida—. Llegas tarde… creo
que está felizmente casado —contesté encogiéndome de hombros.
—No te hagas la lista conmigo… hablo de Shane, sabes que no eres rival
para nosotras —dijo desafiante.
La miré con las cejas alzadas y con la boca entreabierta… ¿de verdad creía
que yo podría intentar algo con Shane? Sonaba a clara amenaza porque me
creían una verdadera rival… eso era de locos. Negué con la cabeza mientras
bufaba… ¡que estupidez! Yo no estaba buscando una relación, era mi momento
para estudiar y centrarme en ser alguien, no para perder el tiempo con
enamoramientos y mucho menos con Shane, que tal y como se estaba poniendo
la situación parecía tener la palabra “problema” en un cartel de neón sobre su
cabeza.
—No tengo nada que hacer contra vosotras… eso es más que evidente —
susurré creyéndomelo solo un poco, en realidad solo quería que me dejase en paz
y se olvidase de mí.
—Me alegra que lo tengas tan claro —contestó con superioridad.
—No tiene nada que hacer porque no le llegáis ni a la suela del zapato —dijo
una voz masculina a mi espalda.
Me tensé porque no conocía muy bien esa voz y Laura dio media vuelta y se
fue antes de ponerse más blanca que la cal. Me giré para enfrentar a quien quiera
que fuese el que había intercedido por mí y me encontré con los ojos azules de
Zack.
—Hola —musité—, gracias…
—No tienes que darlas… —contestó con rapidez, después me observó con
los ojos entrecerrados durante unos segundos y frunció el ceño—. ¿Por… por
qué no te has defendido? —preguntó confundido—. Claramente te estaba
atacando y tú… no le has dicho nada, solo… solo le dabas la razón.
—Problemas de autoestima —dijo Ángela que de repente apareció a mi lado
—, tuvo un novio que la machacó hasta hacerla creer que no era nada… y ahora
lo está pagando. ¿Qué te dijo esa zorra? —preguntó en mi dirección.
—Nada importante —susurré clavando mi mirada en el suelo.
—Le dijo que no se acercase a Shane —contestó Zack.
Ángela miró con dureza hacia la dirección por donde se había ido Laura
durante unos segundos y luego me miró a mí.
—Hoy comemos otra vez con Aileen y Shane —dijo firme.
—¿Qué? ¿Por qué? —pregunté.
—Porque vas a estar con Shane hasta que sea él mismo el que te aparte de su
lado… no porque esa zorra con morros de muñeca hinchable te lo diga.
—Ángela… —intenté protestar.
—No hay peros que valgan Jordan, ni lo intentes —me cortó.
Sin más me agarró del brazo y me arrastró a la clase del profesor Spencer
mientras mascullaba maldiciones por lo bajo, entre ellas destacaban “putas
plastificadas” y “zorras salidas” sin querer no puede evitar verle el lado
divertido al asuntó y comencé a reírme por lo bajo. A los pocos segundos casi
tenía que sujetarme el estómago porque estaba literalmente doblada por las
carcajadas. Ángela me miraba entre incrédula y divertida, parecía debatirse entre
acompañarme riendo o continuar enfada. Cuando entramos en el aulario todavía
se me escapaba alguna que otra risotada y Ángela me empujó para que nos
sentásemos en primera fila… lejos de las dos arpías. Pero eso no me libró de
ellas, cuando ambas subían las escaleras con su típico contoneo de caderas se
detuvieron a mi lado y me miraron con desdén.
—Ríete ahora… ya llorarás después —dijo Laura de nuevo.
Sin saber muy bien que era lo que pretendía con ello me puse en pie para
enfrentarla. Medía algo más que yo, aunque eso podría ser porque sus zapatos
tenían un tacón escandaloso, la miré de arriba abajo con desprecio, o eso
intentada destilar con la mirada y luego sonreí ante lo vulgar de su aspecto… ¿de
verdad podría yo compararme con ellas? ¡Si parecían recién salidas de un
burdel! Solo les faltaba un cartel en la frente con el precio.
—Laurel… —dije con suficiencia… nunca dejaría que volvieran a
menospreciarme.
—Es Laura —me cortó.
—Lo que sea… —dije con indiferencia— haz el favor de no volver a
hablarme… y si tuvieses un poco más de decencia te bajarías un poco la falda…
se te ve el ombligo.
Sus ojos irradiaban odio y cuando abrió la boca para contestarme una voz la
interrumpió.
—¿Algún problema señoritas? —preguntó el profesor Spencer. Lo miré y
negué con la cabeza—. Por favor… —miró a Laura de arriba abajo e hizo una
mueca extraña— “señorita” ¿podría volver a su lugar?
Laura se giró con la barbilla alzada y su supuesta dignidad intacta, yo tan
solo me senté y oí como el profesor Spencer se reía mientras se dirigía hacia su
mesa. Ángela me miraba con los ojos desorbitados y la mandíbula descolgada.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó algo aturdida.
—¿El qué?
—¿Por… por qué le has hablado así? —volvió a preguntar.
—¿Me he pasado? —pregunté asustada.
—¡No! Bueno… ha sido una pasada… pero ¡Dios! ¿Dónde has tenido todo
eso guardado?
—¿El qué? —parecía tonta… lo admito, pero no la entendía.
—Dios Jordan… es que… wow… nunca te había oído hablarle así a nadie
—murmuró casi para sí misma.
—¿Y eso es malo? —pregunté confundida.
—No… no lo es, espero que sepas defenderte así a partir de ahora —sonrió y
yo le devolví la sonrisa algo confundida—, lo malo es que seguro que te has
ganado a dos enemigas…
—No me importa —dije mirando en dirección a las silicona que no me
quitaban el ojo de encima—, no dejaré que me pisoteen nunca más.
—Eso quiere decir que… ¿saldrás con Shane? —preguntó con cautela.
La miré y puse expresión de duda… decirle a Laura y Jessica que eran unas
guarras en su propia cara había sido fácil… salir con Shane ya era otra cosa. No
tendría el valor suficiente para pedírselo…
—No lo creo —susurré.
—¿Por qué no? Sé que te gusta… y tú le gustas a él— dijo Ángela.
—No estoy segura de eso —murmuré.
—Puedes estarlo —susurró una voz muy cerca de donde nos encontrábamos
—, por favor señoritas… atiendan en mi clase— dijo el profesor Spencer
sonriendo.
El resto de la clase me mantuve en silencio, dándole vueltas a las palabras de
Ángela… y como no también a las del profesor… Mathew… me costaba mucho
hacerme a la idea de que tenía nombre y no era simplemente “el profesor”.
Cuando estaba recogiendo mis cosas para irme a la cafetería otra vez el dúo
intentó hablar conmigo.
—¿Me hacéis un favor? —pregunté irritada—. ¡Olvidadme!
—De eso nada, nos vas a escuchar… —ladró Jessica.
—No me apetece… — me di la vuelta y comencé a caminar hacia la salida
con Ángela tras mis pasos, pero me agarraron del brazo de nuevo y me hicieron
girarme.
—Ya te he dicho que te olvides de él… nunca podría estar interesado en
alguien como tú —dijo con desprecio esta vez.
—¿Entonces por qué te preocupas? —pregunté—. Hazte un lado y déjame
salir.
—No, vas a escucharme porque…
—Jordan… —la voz de Shane me hizo alzar la cabeza bruscamente en la
dirección de donde provenía— ¿hay algún problema?
—¡Oh Shaney! —gritaron las dos a coro.
Yo rodé los ojos y las empujé a ambas para poder salir.
—Nada que no pueda solucionarse si las amordazas para que no puedan
volver a hablar —dije mordazmente saliendo al pasillo.
Shane sonrió y vino caminando detrás de mí, a lo lejos se oía como esas dos
guarras lo llamaban a gritos pero él las ignoraba.
—¿Te estaban molestando? —preguntó poniéndose frente a mí para que me
detuviese.
—No… bueno, lo intentaban, pero no les prestaba atención —dije
distraídamente.
—¿Qué decían? —volvió a preguntar.
Alcé la mirada porque él era mucho más alto que yo y sus ojos verdes me
miraban con curiosidad. Caminé dos pasos a un lado y me apoyé en la pared, él
se puso frente a mí y sonrió alentándome a que hablase.
—Es una tontería —reí—, nada importante.
—Deja que yo lo juzgue por mí mismo —volvió a sonreír y a mí se me
atragantó el aire…
—Es que… bueno… es absurdo —balbuceé—, ellas me pidieron que me
alejara de ti.
—¿Por qué? —preguntó con una expresión que no supe descifrar.
—Eso es lo tonto… no tiene sentido… creen que podrías estar interesado en
mí.
—Y te ven como a una rival… —concluyó por mí.
—Exacto… pero ya les he dicho que es absurdo —dije negando con la
cabeza y desviando la mirada avergonzada.
—¿Qué tendría de absurdo? —sus ojos brillaron con curiosidad.
Abrí mi boca varias veces, pero ningún sonido salió de ella, me quedé
colgada allí, en el verde de su mirada, sintiendo como poco a poco me ahogaba y
me aturdía por completo.
—Dime —me instó.
—Pues… —pensé un poco mi respuesta, él dio un paso al frente y lo tenía a
mis pocos centímetros de mí lo que me aturdió más todavía— tú nunca podrías
fijarte en una chica como yo.
—¿Por qué? ¿Tienes algo que te diferencia de las demás? —agachó un poco
la cabeza y su mirada quedó a la altura de la mía.
—No… por eso mismo, soy muy común… nada fuera de lo normal, sería
muy difícil que alguien se diese cuenta de mi presencia —dije casi en trance,
aturdida por tenerlo cada vez más cerca.
—No estoy de acuerdo con eso, tú eres muy diferente a cualquier chica que
haya conocido —susurró.
—Soy rara… es por eso… pero en el fondo soy igual a todas.
—No… —sonrió— no todas se sonrojan cuando hago esto— pasó uno de
sus dedos por mi mejilla y mi cara enrojeció al segundo— y estoy de acuerdo
con Jessica y Laura.
Lo miré raro y volvió a sonreír.
—Si que estoy interesado en ti… más de lo que puedas imaginar —dijo muy
cerca de mi rostro.
Se alejó dos pasos de mí y me extendió su mano, lo miré atónita durante
unos segundos y después tomé su mano entre la mía que temblaba notablemente.
—Si vuelven a molestarte… dímelo y hablaré con ellas —dijo mirándome de
reojo.
—Puedo pelear mis propias batallas —me quejé con voz tirante.
—No lo dudo, pero no me gustan esas dos chicas.
No dije nada, sólo caminé en autómata a su lado hasta la cafetería. En cuanto
entramos me arrastró a la mesa en la que comimos el día anterior, en la que
estaban Aileen y Ángela ya sentadas y comiendo mientras conversaban
animadamente. También estaba Ben y en el lugar que el día anterior ocupaban
las siliconas Diego y Mike… gemí internamente y agradecí por un motivo más
que Shane estuviese a mi lado, así Mike mantendría las distancias, o eso
esperaba. Shane me invitó a sentarme arrastrando mi silla para que pudiese
hacerlo, volví a enrojecer y él con una sonrisa dio media vuelta y se fue. Me
quedé mirando mis manos cruzadas sobre mi regazo mientras intentaba analizar
todavía las palabras que me había dicho Shane, daban vueltas una y otra vez en
mi cabeza intentando encontrarles sentido. Un chillido de Aileen me trajo de
nuevo a la realidad y la miré con ceño fruncido mientras ella estaba a punto de
tirarse encima de mí completamente eufórica.
—¡Dios mío! Angie dime que no lo he soñado… dime que eso acaba de
suceder… ¡no me lo puedo creer! —chilló.
—¿Qué le pasa? —pregunté a Ángela en un susurro.
—Creo que es evidente… Shane y tú habéis entrado cogidos de la mano —
me explicó como si fuese tonta.
—¿Y?
—¿Cómo que “y”? —preguntó Aileen—. ¡Tienes que contármelo todo!
Cuando Meg se entere no se lo va a creer…
—Aileen… no hay nada que contar —dije y me encogí defendiéndome como
pude de las dagas que estaba lanzándome por los ojos.
—Todavía —dijo aquella voz aterciopelada que me volvía loca.
Puso una bandeja de comida frente a mí y yo lo miré incrédula.
—Come —fue lo único que dijo.
—¿Qué? —pregunté—. Dime cuanto te ha costado y te lo pagaré.
—No es necesario que me pagues nada… yo invito— contestó
despreocupadamente.
—No, dime cuanto ha sido —insistí.
—Oh, oh —murmuró Ángela.
—Venga Jordan, que no ha sido nada, solo estoy invitando a una “amiga” a
comer —dijo remarcando la palabra y sonriendo de lado.
Mi corazón palpitó demasiado fuerte durante dos latidos y luego se serenó…
un poco.
—Insisto en pagarte —volví a decir.
—Si ella quiere pagarte, no le veo el problema —masculló Mike.
Yo lo miré mal y el desvió la mirada… “¡entrometido!” gritó mi conciencia.
—Está bien… me pagarás, pero no con dinero —palidecí ante sus palabras y
él volvió a sonreír—. Mal pensada… —susurró en mi oído— sal conmigo este
sábado y me sentiré pagado.
—¿Salir? —pregunté con voz aguda.
—Sí… ¿qué dices? —me miró de reojo mientras le daba un mordisco a su
manzana… no pude evitar ver como una gota de jugo se deslizaba por la
comisura de sus labios y mi boca se hizo agua.
Ángela me dio un codazo y yo la miré mal a ella también.
—De acuerdo —dijo… dije… ¡oye! ¿Yo había dicho eso?
—Genial —sonrió.
Oí como la silla de enfrente chirriaba contra el suelo y segundos después
Mike salía malhumorado de la cafetería.
—Los hay que no saben perder —musitó Ben negando con la cabeza, Shane
se encogió de hombros y le dio otro mordisco a su manzana.
Pasé el resto de la comida sumida en mis propios pensamientos, mi respuesta
tan inmediata y sin pensar tuvo que ser por causa de mi subconsciente… maldita
Ángela y malditas preguntas exprés… si no hubiésemos jugado a esa tontería el
otro día no habría caído tan fácil a los encantos de Shane… “¿Pero a quien
quieres engañar?” preguntó una vocecita en mi cabeza “habrías caído a los dos
segundos de conocerlo” tuve que darle la razón a esa estúpida voz… contra
Shane no podía luchar y mucho menos en cómo me sentía cuando estaba a su
lado.
Salimos de la cafetería todos juntos, pero Shane y yo nos desviamos por un
pasillo a nuestra izquierda porque teníamos clase de primeros auxilios. Cuando
estábamos a punto de entrar, me sujetó del brazo y me empujó hacia una de las
paredes, me acorraló entre su cuerpo y uno de sus brazos que me impedía salir
de esa prisión “como si quisieras…” gritó aquella voz.
—¿Qué pasa? —pregunté confundida.
—Nada, solo… —dudó unos segundos y luego sonrió.
Acercó su rostro al mío lentamente y mi respiración se aceleró al instante,
sus ojos estaban clavados en los míos y brillaban con diversión. Estaba tan cerca
que nuestras respiraciones se mezclaban y casi pierdo el sentido cuando percibí
el aroma fresco de su aliento… olía a manzana, si antes se me hizo la boca agua
ahora estaba babeando como un San Bernardo de nuevo. Se acercó lenta y
peligrosamente hacia mis labios y cuando estaban a punto de hacer contacto
desvió su trayectoria y me besó en la comisura de mi boca. Mi cuerpo entero
tembló con ese contacto, me así con fuerza a su brazo apoyado en la pared y
tuvo que sujetarme de la cintura para que no acabase en el suelo porque mis
rodillas perdieron toda su consistencia.
—Respira, Jordan —susurró contra mis labios.
Antes de que pudiese asimilarlo se alejó y comenzó a caminar con mi mano
entre la suya y tirando de mí para que lo siguiese. Entramos al aula y nos
sentamos en los lugares de la vez anterior, el Dr. Spencer ya estaba en su mesa y
le dirigió a su hijo una mirada significativa, a lo que Shane contestó
encogiéndose de hombros y guiñándole un ojo. Enrojecí por la mirada que me
dedicó a mí el Doctor… y enterré mi nariz en el libro de la asignatura que él
impartía.
La clase se me pasó en un suspiro, cuando quise darme cuenta Shane ya
estaba recogiendo sus cosas para marcharse, recogí las mías con movimientos
lentos y torpes, todavía no se había eliminado del todo la sensación de mareo y
el hormigueo constante en mi piel desde que Shane me besó. Sonrió cuando lo
miré y me tendió la mano una vez más para que la tomara, esta vez no dudé,
respondí a su sonrisa y me agarré a su mano con fuerza. Caminamos hacia la
salida de la clase y antes de salir se giró un poco para mirarme.
—Te esperaré al lado de tu coche… tenemos que hablar luego —susurró en
mi oído y beso mi mejilla antes de desaparecer corriendo.
Me quedé paralizada en el umbral de la puerta viendo como la figura de
Shane se perdía entre los demás alumnos, un carraspeo a mi espalda me despertó
de mi ensoñación y me giré avergonzada una vez más.
—¿Algún problema?
—No… —susurré— todo está bien Dr. Spencer.
—Llámame Robert por favor… dejemos los formalismos solo para cuando te
esté dando clase, que tengas buena tarde Jordan —sonrió con ternura y pasó por
mi lado inclinando la cabeza a modo de despedida y me quedé más confundida
que antes.
La siguiente clase se me hizo eterna, no dejaba de mirar el reloj que había
sobre la mesa del profesor, encima era una clase de economía, intenté librarme
de ella pero era obligatoria, por lo que no pude librarme. Mi aversión a las
matemáticas y a todo lo que tuviese que ver con cifras que aumentan y
disminuyen sin una explicación coherente me ponían nerviosa, además estaba el
nada importante hecho que Shane me esperaría al lado de mi coche para hablar
sobre algo… ¿sobre qué querría hablar? Mis nervios estaban de punta y el que lo
pagaba era el pobre lápiz que era retorcido por mis manos y mordisqueado por
mis dientes… era mejor morder un lápiz que mis uñas, no quería llevarme una
reprimenda de Ángela como la última vez.
—¿Te pasa algo? —preguntó la voz que menos quería oír en ese momento
mientras recogía mis cosas a una velocidad sobrehumana.
—Nada importante Mike, gracias por preguntar —contesté cortésmente.
—Oye Jordan —dijo agarrándome del brazo, su contacto no me gusto y miré
su mano como si me estuviese quemando, la apartó algo incómodo por mi
mirada y continuó hablando—, me preguntaba si… tú y yo podríamos hacer algo
el sábado.
Mis ojos se abrieron en exceso y la garganta se me secó… pero ¿qué
pretendía? Él estaba en la mesa cuando Shane me invitó y tuvo que oír
claramente como yo accedía a su cita, le dediqué una mirada confusa y perdí
todo intento de cortesía que tenía con él.
—Ya tengo planes —espeté casi furiosa.
—Lo sé… pero quizás podrías cancelarlo y venir conmigo… —dijo con
cautela.
—Olvídalo…
Sin decir nada más eché a caminar y lo dejé allí, plantado. Estaba ya cansada
de sus tonterías, no me apetecía nada estar rodeada de niñatos como él. Caminé
hacia el estacionamiento con el corazón en la garganta palpitando a mil por hora,
todo mi cuerpo era consciente de que volvería a ver a Shane y estaba
completamente alerta. Así que cuando divisé su cabello despeinado al lado de mi
Civic, se me olvidó cualquier cosa que tuviese que ver con el estúpido de Mike,
una sonrisa tonta se me dibujó en el rostro y aumenté la velocidad de mis pasos.
—Hola otra vez —dijo sonriendo.
—Hola —susurré atontada una vez más.
—Verás… te he invitado a salir en un arranque de valentía —confesó un
poco sonrojado—, yo no suelo ser tan lanzado, pero Aileen insistió tanto en que
me dirías que sí que me arriesgué y ahora no se me ocurre nada que podamos
hacer —su mano rascaba la nuca ausentemente y en ocasiones se despeinaba
todavía más el flequillo.
Me pareció tan adorable verlo sonrojado y avergonzado, algo en mi pecho
palpitó con fuerza y no quise prestarle atención, aunque estaba segura de que era
mi corazón que quería hacerse notar en ese momento.
—Cualquier cosa estará bien —contesté en un murmullo.
—¿No me vas a dar una pista de lo que te gusta hacer? —preguntó
confundido.
—Soy muy sencilla… simplemente sorpréndeme —¿yo había vuelto a decir
eso? Wow… tendría que controlar más lo que digo cuando estoy a su lado… ¿yo
pidiendo que me sorprendiesen? Shane me afectaba demasiado.
—Está bien… gracias… supongo —se encogió de hombros y volvió a
pasarse la mano por el pelo con nerviosismo—. Otra cosa… ¿me darías tu
número de teléfono? Aileen lleva todo el día torturándome diciéndome que ella
lo tiene… y yo… bueno… me gustaría llamarte… alguna vez… si no te parece
mal…
Me quedé mirándolo fijamente mientras hablaba, creo que incluso ladeé
ligeramente mi cabeza mientras lo hacía. Shane nervioso y ruborizado era más
que un Dios… era la perfección en persona, desperté cuando el desvió la mirada
incomodo por mi escrutinio.
—Eh… de acuerdo… —agarré el móvil que me tendía y volví a memorizar
mi número en la memoria como la había hecho con Aileen.
—Gracias —susurró sonriendo cuando tomó el móvil de mis manos y
acarició accidentalmente mis dedos haciendo que una especie de electricidad me
recorriese el brazo.
Miró su móvil con una sonrisa y pulsó varias teclas, él mío comenzó a vibrar
en mi bolsillo y lo miré con una ceja alzada.
—¿No te fiabas de que te diese el número correcto? —inquirí impaciente.
—Claro que confiaba, es solo que así… tú también podrás llamarme —
sonrió ampliamente y me derretí allí frente a él… ¿de verdad este chico era real?
—De acuerdo… —murmuré ausente.
—Bueno… Aileen me espera, hoy no vendrá Zack para llevarla… —dijo
mirando sobre mi cabeza.
Seguí el rumbo de su mirada y Aileen y Ángela hablaban animadamente al
lado de un coche plateado, uno de los pocos que quedaban en el estacionamiento
¿cuánto tiempo llevábamos hablando?
—Bueno pues… nos vemos mañana —balbuceé.
—Claro —dijo sonriendo—, hasta mañana Jordan… —susurró antes de
besarme de nuevo en la comisura de los labios.
—Has… hasta mañana —conseguí pronunciar mientras me sujetaba como
podía de la puerta del coche evitando que mis piernas flaqueasen.
Capítulo 4
Era jueves muy temprano cuando gruñí al ver a Aileen danzando
alegremente hacia mi coche aparcado en el estacionamiento de la universidad…
una enorme sonrisa adornaba su rostro, era como estar viendo una cuenta atrás
“mañana es el gran día, Jordan” podía leerse en sus ojos y yo rezaba
internamente para que un meteorito cayese encima del centro comercial y así no
iríamos “si eso pasase estaba segura de que encontraría otro lugar donde
torturarte… ¡se trataba de Aileen!” gritó aquella vocecita molesta en mi cabeza
y tuve que darle la razón.
—Buenos días Jordan —canturreó mientras danzada a mi alrededor
inspeccionando mi atuendo.
Yo gruñí y Ángela rio, las miré mal a ambas y sin decirles nada me encaminé
hacia la entrada del edificio donde teníamos la primera clase, vi como Laura y
Jessica se dirigían hacia mí con una mirada retadora “Tan temprano no, por
favor” supliqué mentalmente, pero dieron media vuelta y huyeron con el rabo
entre las piernas, me pareció extraño su comportamiento pero le resté
importancia… después de todo, ellas me daban completamente igual.
Alguien se interpuso en mi camino y tropecé con ese “alguien”, enseguida
sentí unas manos rodeando mi cintura y una risita en mi oído.
—Ya te decía yo que tu gravedad me atraía hacia ti —susurró aquella voz en
mi oído.
Me estremecí con su fresco aliento rozando mi piel y creo que alcancé el
nivel más alto de rojo en mis mejillas.
—Buenos días Jordan —dijo alejándose un poco.
—Buenos días —pronuncié con dificultad.
—Nos vemos a la hora de la comida —besó mi mejilla y se fue caminando
hacia otro edificio.
Y me quedé paralizada viendo como Shane se alejaba lentamente.
—¿Qué pasa? —preguntó Ángela frunciendo el ceño.
La miré durante unos segundos mientras intentaba reagrupar mis neuronas
para que volviesen a ser activas… la cercanía de Shane las había alborotado y no
sabrían ni como sumar dos más dos.
—¿Estás bien? —preguntó de nuevo alzando una ceja.
—Sí —asentí efusivamente.
—Vamos anda… o llegaremos tarde —me arrastró hacia nuestra clase y yo
la seguí mientras sentía que caminaba sobre una nube.
La clase pasó y después llegó la hora de la comida, nos volvimos a sentar
con los Spencer a la mesa, pero en esta ocasión Mike no estaba allí, lo agradecí
eternamente, no me apetecía para nada soportar sus miradas. En su lugar estaba
Mary que miraba de reojo a Diego con un brillo diferente en los ojos.
Entre bromas, risas y unas cuantas veces que Shane susurró en mi oído
haciéndome enrojecer pasó lo hora de la comida. Todo pasó demasiado rápido,
casi tanto que no me dio tiempo a saborearlo, para mí cada segundo con Shane
era único y aprovechaba lo poco que podíamos compartir durante nuestras horas
en la universidad. Él parecía estar en la misma situación y aprovechaba cada
momento para estar a mi lado.
Me estaba metiendo en terreno pantanoso, lo que me prometí hacer el primer
día que pisé la universidad no lo estaba cumpliendo, me estaba emocionando
demasiado con Shane, sólo hacía cuatro días que nos conocíamos y ya estaba
suspirando por él en cada esquina, se supone que iba dejar que las cosas
surgiesen y sucediese lo que tenía que suceder, pero iba tan rápido que a veces
me daba vértigo. También se suponía que iba a centrarme en estudiar, pero sin
apenas conocerlo y sin haberlo besado de verdad, Shane ya se estaba haciendo
un lugar muy importante en mi vida, podía parecer una tontería y lo más
probable es que me estuviese precipitando al decir y pensar algo así, pero era la
verdad, sentía a Shane muy necesario en mi día a día… cuando no lo veía
durante el receso o tardaba un poco en llegar a la mesa en la hora de la comida lo
echaba de menos.
La última clase del día acabó y yo salí emocionada hacia el estacionamiento
esperando ver a Shane al menos durante unos minutos. No me defraudó, estaba
apoyado en mi coche sonriendo mientras me veía caminar hacia él. En cuanto
estuve a su lado, besó mi frente y me saludó con su sonrisa torcida. Hablamos
durante unos minutos de cosas sin importancia hasta que apareció ese pequeño
demonio hiperactivo llamado Aileen y explotó nuestra burbuja.
—¡Hola otra vez Jordan! —canturreó—. Shane mamá nos espera… mañana
nos vemos Jordan —esas palabras me volvieron a sonar a cuenta atrás “solo
unas horas y sabrás lo que es sufrir” me estremecí ante mis propios
pensamientos y me giré para abrir mi coche.
En cuanto lo hice me encontré con la cara suplicante de Ángela y a Ben tras
ella algo avergonzado… ¿y ahora que les pasaba a estos? Fruncí el ceño y me
crucé de brazos esperando su próximo movimiento, algo que me daba miedo
debido a sus miradas de “te quiero mucho Jordan, ¿Me harías un favor?”
—Jordan… ¿sabes que te quiero? —susurró Ángela bajando la mirada y
jugando con sus pies sobre la tierra del suelo… suspiré, lo que me temía.
—¿Qué quieres? —pregunté con voz derrotada.
—Tenemos que ir al pueblo, la madre de Ben quiere que vayamos a cenar
porque su hermana viene de visita y se irá en un par de días… —explicó mi
amiga.
La miré sin comprender… ¿eso que tenía que ver conmigo?
—¿Y quieres que yo…? —la insté a continuar.
—El coche de Ben esta algo delicado… no soportaría un viaje hasta allí…
Gemí mientras me tapaba la cara con las manos… ¡mi Civic no! Adoraba a
ese coche, me lo había regalado mi madre cuando me gradué en el instituto.
—Cuidadlo mucho… por favor —supliqué mientras extendía mis llaves
hacia ellos.
—Lo prometo… —dijo Ben con una sonrisa.
—¿Tu coche soportará llevarme a casa, cierto? —pregunté temerosa.
—Sí… solo se recalienta en los viajes largos… —susurró algo avergonzado
—. Por cierto, tienes que pisar dos veces el embrague cuando cambies de
marcha… si no se apaga.
Lo miré con los ojos entrecerrados y él solo me dedicó una mirada de
cordero degollado a modo de disculpa.
—Salid de mi vista antes de que me arrepienta —dije tapándome los ojos
teatralmente.
—¡Gracias Jordan! —gritaron los dos por la ventana abierta mientras los
veía alejarse en mi coche… mi coche.
Suspiré y busqué con la mirada el coche de Ben, no fue difícil de encontrar
ya que el estacionamiento estaba prácticamente vacío. Me subí a ese trasto verde
e intenté ponerlo en marcha, por más que giraba la llave en el contacto no
quería… solo un ruido ahogado salía del motor. Le di un manotazo al volante y
lo intenté una vez más, para mi tranquilidad el coche arrancó y con cuidado salí
del estacionamiento rumbo a mi apartamento.
Iba a mitad de camino cuando tuve que detenerme en un semáforo en rojo,
un coche al azul se puso a mi lado, lo miré sin mucha atención y solo pude ver
una enorme sonrisa de perfectos dientes blancos frente al volante.
Inexplicablemente otra sonrisa se dibujó en mi cara… casi al instante. Unos ojos
negros me miraban alegres y con un punto de picardía y yo enrojecí
irremediablemente.
El semáforo se puso en verde para la dirección que yo tomaría y pisé el
acelerador, quizás fue más brusca de lo que debería y el motor se quejó…
maldije entre dientes y me acordé de toda la familia de Ben en ese momento,
volví a pisar el acelerador con un poco más de cuidado y con un rugido infernal
el coche comenzó a avanzar lentamente… muy lentamente. Comencé a ver un
humo blanco rodeando al vehículo y me aterré… giré el volante con un
movimiento brusco y paré en el arcén… por suerte estaba en una zona muy poco
transitada de Seattle y el coche mal estacionado no entorpecía la circulación.
Me bajé de él dando un sonoro portazo, que hizo que varias fibras de pintura
cubierta de oxido salieran volando… ¿eso era un coche? ¡No! Era una trampa
mortal… algo puesto en mi camino para torturarme más que la propia Aileen
con sus compras. En cuanto viese a Ben y a Ángela me las pagarían… vaya que
me las pagarían, tendrían que comprarme helado de vainilla como pago hasta el
día del juicio final.
Me tapé el rostro con las manos y gemí reprimiendo las ganas de gritar, me
dejé caer sobre el coche y miré al suelo frustrada mientras pensaba en lo que iba
a hacer ahora… me quedaban varias manzanas para llegar a mi apartamento, no
conocía el itinerario de los autobuses urbanos y para colmo no tenía el dinero
suficiente para tomar un taxi… ¡perfecto! ¿Ahora qué hacía? Solo se me ocurría
una cosa, pero me avergonzaba hacerlo… no tenía opción: llamar a Shane.
Todavía no lo había llamado desde que tenía su número y me daba vergüenza
hacerlo para pedirle ayuda, pero no se me ocurría a quien más recurrir. Saqué el
teléfono del bolsillo de mis pantalones y busqué en la agenda con gesto
ausente… cuando de repente saló el mensaje de batería baja y la pantalla se tiñó
de negro.
—¡No puede ser! —grité.
Me mordí el labio reprimiendo las ganas de gritar, ¿cómo podía pasarme esto
a mí? El helado ya no les llegaría como método de pago… vaya que no…
tendrían que darme algo más… regaliz… sí… mil kilos de regaliz roja hasta que
me pusiese tan gorda que no pudiese entrar en mi coche… deseché ese
pensamiento mientras mi cara se fruncía en una mueca extraña… estaba
jodida… muy jodida… ¿ahora qué hacía?
—¿Algún problema? —preguntó una voz masculina a mi espalda.
Me giré sobresaltada dando un salto hacia atrás por el susto y me encontré
con aquella sonrisa blanca y radiante que había visto unos minutos atrás cuando
estaba detenida en el semáforo. Me fijé un poco más en ese chico y casi me
caigo de culo de la impresión… era enorme de alto, más que Shane, yo le
llegaría a la altura del pecho más o menos… tenía unos músculos enormes que
atemorizaban solo con mirarlos, pero en cambio al mirar su cara sentí una
extraña calidez, tenía la tez morena y los ojos negros, su pelo negro, algo largo y
desgreñado enmarcaba su rostro y le daba un aspecto salvaje, pero la dulzura de
sus ojos y el brillo de sus sonrisa hacían que fuera una persona fácil de
observar… no de esas que te ponen nerviosa.
—Nada que no pueda solucionar —mascullé entre dientes… después de todo
era un extraño, no podía dejar que me ayudase así como así por muy buena
intención que tuviese.
—Si lo pudieses solucionar no tendrías cara como de que te fueras a volver
loca de un momento a otro —dijo con esa imborrable sonrisa.
Suspiré y me dejé caer de nuevo sobre el coche tapando otra vez mi rostro
con las manos.
—Se ha detenido… comenzó a echar humo y se ha apagado sin más —gemí.
—¿Me dejas echarle un vistazo? —preguntó con prudencia.
Lo miré entre mis dedos y parecía divertirse con algo.
—No creo que sea buena idea… —murmuré mientras negaba con la
cabeza… bajé las manos de mi rostro y vi como avanzaba dos pasos hacia mí.
—Sé lo que hago… —susurró— ¿me dejas mirar?
—Todo tuyo… —me aparté un poco del coche y me crucé de brazos
mientras lo veía.
Abrió el capó delantero y se puso a mover cables y piezas aquí y allá… sí
que parecía saber lo que hacía, pero me ponía nerviosa… después de todo era el
coche de Ben, no el mío… después recordé que Ben me había metido en este
embrollo, así que no me preocupó que el coche acabase mal parado… él se lo
había buscado por dejarme un coche en mal estado siendo conocedor de mi mala
suerte.
—No parece nada importante —murmuró mientras salía del motor del coche
— solo necesita agua en el radiador… además de un radiador nuevo.
—No es mi problema —dije sin pensar.
Me miró con curiosidad mientras enarcaba una ceja.
—No es mío… es de un amigo, así que él se hará cargo —expliqué sin saber
muy bien por qué.
—Si quieres puedo dejarte mi teléfono para que alguien venga a por el coche
—dijo extendiéndome su móvil.
Dudé por unos segundos… pero luego me di cuenta de que no tenía a quien
llamar… el único número de teléfono que me sabía de memoria era el de Ángela
y ya estaría camino al pueblo por muchos kilómetros… y el de Shane o Aileen
no los sabía… estaban dentro del mi propio teléfono con la batería en perfecto
K.O. Negué con la cabeza casi imperceptiblemente mientras me mordía el labio.
—No tengo a quien llamar —musité mientras miraba al suelo.
Dio un paso hacia mí mientras retorcía las manos una contra otra.
—Te puede parecer una locura… pero podría llevarte a donde necesites —
dijo avergonzado.
Lo miré durante unos segundos mientras decidía que hacer… si dejaba el
coche aquí mañana no tendría medio para ir a la universidad, por lo tanto no
podría ir… así me libraría de Aileen y de su tarde tortuosa de compras. Lo de
perder mis clases no me parecía tan bien, además que perdería la posibilidad de
ver a Shane, pero perder esa tarde de compras… sonaba tan bien. Miré a ese
chico dudando, podría aceptar su propuesta… parecía un buen chico y de verdad
necesitaba llegar a casa… estaba oscureciendo y bajando la temperatura, por lo
que me estaba congelando.
—No sé cómo te llamas —dije en un susurro.
—¿Perdón? —preguntó sorprendido.
—Que no puedo ir contigo a ningún lugar si ni si quiera sé tu nombre —le
dije como si fuese lo más obvio.
Se echó a reír mientras se rascaba la nuca con nerviosismo…
—Me llamo Gabriel… Gab para los amigos —dijo extendiendo la mano.
—De acuerdo… para mí Gabriel, ya que no nos conocemos —dije con el
ceño fruncido.
—¿Vamos? Tengo el coche a unos metros —hizo un gesto con la mano.
Después de coger mis cosas dentro del coche lo seguí manteniendo especial
cuidado en no caerme… ya era suficiente con que tuviese que llevarme para que
encima tuviese que ayudarme a levantarme del suelo. Llegamos a su coche azul,
era antiguo, pero cuando me subí y lo puso en marcha el motor ronroneó
suavemente. Le di la dirección del edificio de apartamentos que estaba a una
manzana del mío… era un desconocido, no iba a darle mi dirección real.
—¿Vas a la universidad? —preguntó después de unos minutos de silencio.
Lo miré evaluando su expresión, parecía realmente interesado… así que
contesté sin mentiras.
—Sí… es mi primer año —susurré—, ¿tú estudias?
—No… tengo un negocio propio… soy mecánico —dijo sonriendo.
Yo negué con la cabeza mientras respondía a su sonrisa… así que finalmente
sí sabía lo que hacía cuando revisaba el coche.
—¿Por qué sonríes así? —preguntó con curiosidad.
—Nada importante… —dije restándole importancia.
—Así que… ¿qué le dirás a tu novio? —preguntó mirándome de reojo.
—¿Novio?
—Sí… el dueño del coche —dijo algo avergonzado.
—No es mi novio… ya te he dicho que es un amigo… —expliqué de nuevo.
—Menos mal que era tu amigo si te deja un coche en ese estado, no me
gustaría pensar lo que haría si fuese tu enemigo… —ambos reímos ante su
comentario.
Después de una conversación más o menos fluida aparcó delante del edificio,
al final descubrí que Gabriel era un chico muy dulce y estar a su lado me hizo
sentir bien, segura… era como si con su sola presencia hubiese disipado el
nerviosismo por verme sola, en una ciudad que no conocía y sin nadie a quien
recurrir. Nos despedimos con un apretón de manos y me bajé del coche. Cuando
iba a cerrar la puerta su voz me llamó.
—Oye… puedes decirle a tu amigo que vaya mi taller… puede que le haga
un precio especial si vas con él— dijo extendiéndome una tarjeta… la cogí y la
guardé sin mirarla.
—Gracias, se lo diré —dije despreocupadamente.
—Todavía no me has dicho tu nombre, creo que lo merezco después de hacer
la buena obra del día —dijo sonriendo mientras me giñaba un ojo.
Sonreí en respuesta mientras me inclinaba hacia delante apoyando mis
brazos en la ventana abierta del copiloto.
—No te lo diré… has sido muy amable, pero ya te he dicho que para mí eres
Gabriel— contesté con suficiencia.
—¿Así que… te ayudo desinteresadamente y ni si quiera me dirás cómo te
llamas? —sonó divertido.
—Tendrás que ganártelo —le giñé un ojo que hizo crecer su sonrisa.
—¿Cómo? ¿Volveré a verte acaso? —pregunto cruzándose de brazos.
—Puede… mi coche necesita un cambio de aceite y todavía no conozco un
mecánico de confianza en la cuidad —contesté encogiéndome ligeramente de
hombros.
—Tienes uno frente a ti —rio.
—Lo tendré en cuenta… pero no prometo nada —me enderecé y lo despedí
con la mano mientras el arrancaba el coche y se iba calle abajo.
Suspiré y negué con la cabeza… después de todo no había sido una
experiencia tan mala, aunque todavía continuaba enfadada con Ángela y Ben por
dejarme un coche en muy mal estado, había sacado algo bueno de ello, Gabriel
parecía diferente y muy buen chico… aunque en mi mente solo había lugar para
Shane, Gab me había caído muy bien. Caminé lentamente hacia mi apartamento
mientras comenzaba a llover, miré al cielo y resoplé… no tendría tan buena
suerte como para llegar a casa sin estar medianamente empapada…
Después de una ducha caliente y un buen plato de espaguetis recalentado en
el horno microondas me sentía mucho mejor. Recordé mi teléfono muerto y me
puse en pie para conectarlo al cargador. Después lo encendí y varios mensajes de
llamadas perdidas llegaron casi al momento. La mayoría eran de un número
desconocido, pero había tres desde el número de Shane. Maldije en voz alta y fu
a la cocina a lavar los platos que había manchado… después me armaría de valor
para llamarle.
Pasados unos minutos me senté cómodamente en sofá y tomé el teléfono
entre mis manos, suspiré unas cuantas veces para infundirme valor, pulsé la tecla
de descolgar cuando su nombre estaba en pantalla y llevé el teléfono a mi oreja,
sonaron tres tonos antes de poder oír su voz.
—¿Jordan? —preguntó con alegría, casi podía imaginarme una sonrisa en su
rostro.
—Hola… Shane… —contesté con timidez.
—Estaba preocupado, Aileen te llamó varias veces y tenías el teléfono
apagado, después lo intenté yo pero tampoco contestabas —dijo.
—He tenido un problema con el coche de Ben…
—¿El coche de Ben? —preguntó sorprendido.
—Sí… le dejé mi coche a Ben para que fuese a su casa… y él me dejó el
suyo, que me dejó tirada a mitad de camino.
—Vaya… podrías haberme llamado, iría a buscarte —dijo en un susurro.
—Lo intenté… pero mi móvil se quedó sin batería… tengo mala suerte, ¿qué
le voy a hacer? —pregunté a la nada mirando al techo.
—¿Y cómo has llegado a casa? —preguntó con curiosidad.
Dudé durante unos segundos si contarle lo que me había pasado, no había
sido gran cosa, pero podría molestarse si sabía que me había fiado de un extraño
tanto como para subir a su coche y dejar que me trajese hasta una manzana de mi
casa.
—Verás… me encontré con un conocido que me trajo a casa en su coche —
dije sin más… no era del todo mentira, ahora conocía a Gabriel.
—Bueno… nos vemos mañana en clase —susurró de nuevo con alegría y
supuse que con su sonrisa.
—No lo creo… Ben y Ángela no volverán hasta el domingo, así que no
tengo coche —dije con una mueca de disgusto… no poder verlo no me gustaba
nada.
—Eh… si… si quieres puedo ir a buscarte… solo si quieres, no estás
obligada a aceptar —dijo avergonzado.
Lo pensé durante unos segundos, realmente solo durante dos segundos,
compartir coche con Shane… wow… si lo hubiese planeado no me habría salido
tan bien.
—¡Claro! —dije efusivamente—. Si no es molestia… si no también podría ir
en autobús.
—Nada de eso… yo iré a buscarte —dijo con firmeza.
La verdad es que no entendía a Shane, a veces parecía tan seguro de sí
mismo y otras tan tímido, me desconcertaba, pero a la vez también me gustaba
ver que tenía sus flaquezas como todo humano, que no era perfecto. Después de
darle mi dirección nos despedimos y me fui a la cama.

En casa de Shane…
Después de que Shane colgase el teléfono el timbre de la puerta sonó con
insistencia. Aileen la abrió y habló con alguien con su habitual energía. Se
escucharon unos pasos pesados subiendo las escaleras y la puerta de la
habitación de Shane se abrió bruscamente. La figura de su mejor amigo la cruzó
dejándose caer pesadamente en la cama de Shane, después lo miró dándose
cuenta de que tenía el teléfono en las manos y lo miraba con una sonrisa
estúpida.
—¿Otra vez tu dulce Jordan? —preguntó divertido.
Al no obtener respuesta le tiró un cojín a la cabeza que rebotó sobre su rostro
provocando una mueca de desgana…
—¿Sabes lo que es la privacidad? —preguntó Shane entre dientes.
—Venga tío… que te estás amariconando… ¿tú así por una tía? —preguntó
Gabriel entre risas.
—No es solo una tía… es Jordan —respondió Shane como si fuese lo más
obvio— mañana iré a recogerla a su casa para llevarla a la universidad.
Con la mención de la universidad Gabriel recordó esos ojos marrones que
había descubierto esta tarde… esa chica lo había sorprendido en sobremanera, no
es que fuese ni se creyese un adonis, pero nunca había fallado cuando intentaba
coquetear con alguien. Ella se había resistido y lo había dejado más deslumbrado
de lo que esperaba en un primer momento. Estaba deseando que pasasen los días
para ver si de verdad iría a su taller con su coche. Además de verla a ella,
también tenía curiosidad por ver su coche, después de todo, estos dicen mucho
de su dueño y ella no parecía ser la chica que llevaría esa vieja chatarra verde
con la que estaba esa tarde.
—¿Dónde estás? —le preguntó Shane devolviéndole el cojinazo que recibió
él unos minutos antes—. Te estaba hablando y no me escuchabas.
—Solo pensaba… —dijo distraídamente.
—¿Cómo se llama esta vez? —preguntó Shane curioso.
—No lo sé… ¿te puedes creer que no me lo ha dicho? —bramó incrédulo.
Shane se echó a reír escandalosamente mientras se sujetaba el estómago.
—¿Te han dado calabazas? —preguntó entre carcajadas.
—No… me dijo que se pasaría por el taller cuando quisiese… tío estaba
buena… es frustrante —dijo mirando al techo.
—Me gustaría conocer a la chica que se ha resistido a los encantos del gran
Gab… pocas lo han hecho —Shane sonreía ampliamente.
—Quizás la conozcas… va a tu universidad —contestó Gabriel con un poco
de esperanza mientras se incorporaba lentamente en la cama y miraba a su amigo
suplicante.
—¿Cómo es? —preguntó Shane curioso.
—Ella es… —se quedó en silencio mientras recordaba el rostro de aquella
misteriosa chica— es morena, tiene los ojos…
—¡La cena está lista! —gritó Aileen aporreando la puerta.
—Luego me lo cuentas… ahora estoy muerto de hambre —dijo Shane
poniéndose en pie y saliendo por la puerta apresuradamente.

Capítulo 5
Esa noche no dormí del todo bien, sumando al hecho de que estaba sola
porque Ángela se había quedado en el pueblo con Ben, estaban los nervios de
compartir coche con Shane a la mañana siguiente. Así que en cuanto salieron las
primeras luces del día de un salto me puse en pie y me dirigí hacia la ducha, ya
me había duchado la noche anterior y no era estrictamente necesario, pero me
ayudaría a relajar mis nervios alterados en extremo.
Después del agua casi hirviendo relajando mis músculos me vestí con algo
cómodo recordando la salida de compras con Aileen… y me fui a la cocina a
buscar mi dosis mañanera de cafeína, la necesitaba para poder moverme después
de pasar la noche prácticamente en vela.
Todavía faltaban treinta minutos para que Shane pasase por mí cuando ya
estaba lista, me senté en la cama y me quedé mirado mi reflejo en el espejo de
cuerpo entero que Ángela se empeñó en poner en mi habitación. Casi me asusto
cuando vi las dos enormes manchas negras que había bajo mis ojos… sí que la
había hecho buena al no dormir nada. Todavía tenía veinticinco minutos así que
tendría intentar solucionarlo de algún modo. Fui a la habitación de Ángela, ya
que ella tenía más cosméticos que yo, y tomé prestados unos cuantos. Quería
algo natural y poco llamativo, solo disimular un poco las ojeras y ya… tampoco
quería aparecer tan pintada como una puerta y menos a primera hora de la
mañana. Cinco minutos después ya había conseguido más o menos lo que
deseaba, mis ojeras estaban ocultas y mis ojos enmarcados en negro dándoles un
poco más de profundidad. Pero mirándome bien, mi pelo desentonaba
demasiado, así que lo cepillé de nuevo y me lo sujeté en una cola de caballo
dejando un par de mechones sueltos en mi frente. Sonreí ante mi reflejo, me veía
diferente, pero continuaba siendo yo, esperaba que Shane también le gustase…
“¿Shane? ¿Te has arreglado por él o solo para ocultar tus ojeras?” Gruñí
internamente ante ese pensamiento, mi conciencia siempre tenía que tocar las
narices en el momento menos apropiado.
Cuando estaba volviendo a mirar el reloj para comprobar la hora, el portero
sonó indicándome que Shane ya había llegado. Con un último vistazo al espejo y
un suspiro salí a la carrera de mi apartamento y bajé las escaleras de dos en dos,
a riesgo de caer y romperme una pierna, pero no quería hacer esperar a Shane
una eternidad. Cuando salí del edificio mi corazón estaba latiendo a una
velocidad escandalosa, estaba temiendo que de un momento a otro se me subiese
a la boca, pero se detuvo en cuanto vi la figura de Shane apoyada en un coche
plateado. Mi boca se abrió de golpe y tuve que hacer esfuerzos sobrehumanos
para controlar el exceso de baba… ¡Dios! ¿Cómo tenía ese efecto en mí solo con
verle? Quizás era por ese pantalón negro que se le ajustaba a las caderas… o por
ese suéter azul que marcaba sus pectorales… o porque estaba todavía con el pelo
húmedo y algo más ordenado que de costumbre… o porque… Ok, ok… tuve que
tragar compulsivamente el exceso de saliva acumulado por temor a morir
ahogada.
—Buenos días —susurré cuando estuve frene a él.
Se me quedó mirando en silencio durante unos segundos y luego sonrió de
lado provocándome otro paro cardiaco.
—Estás muy guapa hoy —dijo antes de besarme en la mejilla.
Se apartó un poco y abrió la puerta de su coche para mí, me sonrojé porque
nadie había hecho eso nunca y me pareció un gesto muy dulce. Todo el interior
del vehículo olía a él, sentí como mi cabeza daba vueltas, pero intenté mantener
la compostura, al menos frente a él, ya suspiraría luego cuando no pudiese darse
cuenta. El vehículo estaba a una temperatura agradable y, todo hay que decirlo,
la compañía era inmejorable. Cuando abrió la puerta y entró le dediqué una
sonrisa tímida que me devolvió enseguida.
El camino a la universidad fue muy ameno, hablamos continuamente,
preguntas tontas sobre nuestros gustos y cosas así que nos ayudaron a
conocernos un poco más. Me gustaba pasar tiempo con Shane, era sencillo
hablar con él y después de cinco minutos a su lado perdía un poco la vergüenza
sintiéndome yo misma sin miedo a hacer el ridículo.
Llegamos mucho antes de lo que me hubiese gustado, además de que
conducía a una velocidad que solo lo superaría un maníaco, el tiempo a su lado
pasaba casi a la velocidad de la luz… nunca era suficiente. En cuanto nos
bajamos del coche Aileen danzó hacia nosotros sonriendo, se detuvo a dos pasos
y me evaluó mirándome de arriba abajo, una enorme sonrisa se dibujó en sus
labios y luego me abrazó con fuerza. Me quedé estática con los brazos colgando
e intentando encontrar un motivo para su efusividad, miré a Shane de reojo y
parecía tan confundido como yo.
—¡Jordan! —chilló en mi oído dejándome momentáneamente sorda—. Mira
que guapa te has puesto, nuestra salida de compras te emociona más de lo que
quieres admitir… confiésalo —dijo en tono juguetón mirándome con los ojos
entrecerrados.
La miré con una expresión de terror, ¿y ahora que le decía para que me
dejase salir indemne de esta?
—Nos vamos de compras… ¡yupi! —intenté sonar efusiva… lo juro, pero
solo conseguí sonar con un patético tono irónico.
Shane estalló en carcajadas y Aileen me miró con los ojos entrecerrados
mientras se cruzaba de brazos.
—Ya me lo agradecerás —masculló entre dientes.
—Sí, sí… —contesté restándole importancia.
Comenzamos a caminar adentrándonos en el campus y un poco después
Shane volvió a besarme en la mejilla a modo de despedida, ya que él iba al
edificio contiguo al mío para su clase de anatomía… “anatomía le iba a dar yo
él… le podría enseñar todo lo negro…” ¡Joder! Si que estaba alterada mi
conciencia esa mañana, la noche sin dormir me estaba afectando severamente.
Aileen me acompañó hasta la puerta de mi edificio y luego también se despidió
con la mano antes de perderse entre la gente. Suspiré y entré en el aulario, otra
vez con el profesor Spencer… pero lo peor, otra vez con el dúo silicona. Me
estremecí un poco, pero no de miedo, más bien de repelús… no soportaba a ese
par. Mathew me dirigió una mirada divertida cuando me vio entrar y hasta
juraría que me guiñó un ojo cuando volví a mirarlo, pero le achaqué esa
alucinación a mi conciencia, la noche sin dormir… sí, tenía que ser eso.
—¿Puedo sentarme? —preguntó una voz.
Yo me giré un poco y vi a la chica de cabello color fresa que el primer día
añadí mentalmente al dúo, la de las tetas explosivas. Asentí con la cabeza y ella
se sentó en el lugar que siempre ocupaba Ángela mientras sonreía. Intenté
prestar atención a la clase, pero mi nueva compañera de no dejaba de chocar el
lápiz con la mesa provocando que mis nervios se crisparan. Estaba por arrancarle
el lápiz de las manos y hacérselo de tragar de golpe, o mejor todavía… metérselo
por el cu…
—Por favor señorita —interrumpió el profesor Spencer dirigiéndose a la
chica sentada a mi lado—, ¿puede dejar de hacer ruido? Si no le interesa mi
clase sabe dónde está la puerta —pude notar cierto resentimiento en el tono del
profesor Spencer, pero preferí no pensar en eso y dejarlo pasar.
—No se preocupe… “profesor” me estaré quieta —la vi pestañear en exceso
y creo que mi cara debió de mostrar mucho más que confusión porque Mathew
me miró y negó con la cabeza restándole importancia.
La clase continuó y la “señorita Ahley” estuvo quieta y callada, pero le
dirigía alguna que otra mirada lasciva al profesor y eso me puso bastante
nerviosa… hasta dónde yo sabía estaba casado y era algo de conocimiento
popular… así que no entendía ese coqueteo tan evidente de esa chica con
Mathew.
—Está que se sale… —susurró de repente.
La miré con la boca abierta como si de un momento a otro le fuese salir una
segunda cabeza y ella batió de nuevo las pestañas mientras miraba a Mathew.
—¿Perdona? —pregunté con un hilo de voz.
—Mathew… esta que se rompe… no sabes lo que le haría si pudiese —dijo
enfatizando cada palabra.
La volví a mirar raro, mi mirada deambuló unos segundos de Mathew a ella
y el último me miraba de un modo un poco extraño…
—Creo que a su mujer no le gustaría saber eso —murmuré casi para mí
misma.
—Ella no se molestaría… lo sé por experiencia —me giñó un ojo y se quedó
tan tranquila.
Yo me quedé estática mirándola mientas intentaba procesar la información…
pero no le encontraba sentido, eso no podía ser cierto. Era casi enfermizo, dejar
que tu pareja esté con otra persona sin poner ninguna objeción. Además…
seguro que la chica esta mentía, sí, seguro que era eso. Mathew era… bueno
estaba muy bueno, bajo mi punto de vista no tanto como su hermano, pero el
chico tenía su aquel, con sus hoyuelos y su sonrisa… además seguro que ha de
ser muy cómodo apoyar la cabeza en ese enorme pecho…
La clase acabó y yo todavía estaba recogiendo mis cosas, mi compañera
desapareció a la velocidad del rayo igual que todos mis compañeros, y me quedé
a solas con Mathew, que se acercó sigilosamente hasta mí y me miró algo
atemorizado. Wow… eso sí que era bueno, un armario empotrado de casi dos
metros de alto parecía asustado ante una chica de poco más de un metro
sesenta…
—Jordan… —la voz aterciopelada de Shane me sacó de mis pensamientos
lujuriosos sobre su hermano y me sonrojé un poco— ¿Vamos?
Asentí mientras me ponía en pie, le dediqué a Mathew una mirada de
despedida y caminé al lado de Shane rumbo a la cafetería… sin pensar, hasta que
me di cuenta de que Shane había ido a buscarme a la salida de mi clase… eso
hizo que un nuevo arrebol cubriese mis mejillas. ¿Cómo podía ser tan… Shane?
Entramos a la cafetería todavía sin cruzar una palabra y esa vez lo acompañé a la
fila del bufett dispuesta a pagar mi comida. Lo conseguí después de varias
protestas y su cara haciendo un mohín demasiado enternecedor… pero no sería
lo suficiente como para ablandarme cuando me ponía tan terca, sobre todo si
había dinero de por medio, me gustaba ser autosuficiente en ese sentido.
Nos sentamos en la mesa y Aileen no tardó en hacer acto de presencia, así
como Diego y Mary, que esta mañana se sentaban un poco más cerca y
compartían alguna que otra miradita cómplice… Aileen se sentó a mi izquierda,
ya que Shane lo hizo a mi derecha y comenzó a bombardearme sobre cosas que
haríamos esa tarde. Mi cerebro se puso en stand by de nuevo… me era muy fácil
evadir las cosas que me resultaban tediosas.
—… verás que bien te cae Megan —la mención de ese nombre me trajo de
vuelta a la tierra y lo que dijo la chica del pelo fresa volvió a mi cabeza.
—Megan… ¿es la mujer de Mathew verdad? —pregunté algo temerosa.
Ambos, Aileen y Shane, asintieron.
—Pero no te preocupes, la primera impresión que da siempre es la
equivocada —dijo Aileen—, es genial y tiene un corazón enorme.
Asentí en señal de que había entendido lo que me explicaba y continuó
parloteando sobre compras… compras… y más compras. Shane a mi lado solo
mirada a su hermana y negaba con la cabeza, cuando sus ojos se cruzaban con
los míos podía leer una disculpa en ellos, él sabía que no me agradaba la tarde en
el centro comercial, pero lo hacía por no negarme a su hermana… cualquier
tenía los ovarios de decirle que no a Aileen…
—Jordan —me llamó Aileen devolviéndome a la tierra de nuevo—. ¿Cuándo
es tu cumpleaños?
Me atraganté con el refresco y comencé a toser escandalosamente…
—Yo no tengo cumpleaños —contesté con voz ahogada.
Todos en la mesa volvieron su mirada a mí y enarcaron una ceja.
—Todo el mundo tiene cumpleaños —contestó Aileen cruzándose de brazos
y mirándome mal.
—Yo no… es fácil de entender… ¿No crees? —pregunté algo… borde, sí,
hablar de eso me ponía de mal humor.
—No te preocupes… que me enteraré —murmuró Aileen mientras sacaba el
móvil de su caro bolso. Marcó unas cuantas teclas y me miró entre sus pestañas
— ¡Hola Angie!
—Traidora —siseé entre dientes.
Shane rio a mi lado y yo le di un codazo que cortó en seco sus risas.
—¡El trece se septiembre! —gritó Aileen cuando colgó el teléfono—. Eso
nos deja… ¡sólo diez días! ¿No pensabas decírmelo? Ahora no tendré tiempo de
prepararte una fiesta —hizo un puchero y yo entré en pánico.
—No quiero fiesta… —espeté nerviosa— ni se te ocurra hacerme una fiesta
porque no iré… será un cumpleaños sin festejada… algo muy triste… así que
¿para qué molestarse? Olvídalo ¿sí?
Aileen negó con la cabeza y yo me hundí en mi silla.
—¡Ya sé lo que voy a regalarte! —volvió a chillar la enana gritona mientras
aplaudía como una foca.
Yo di un salto en la silla y me puse en pie.
—Si me compras un solo regalo no volveré a hablarte en mi vida —mascullé
entre dientes.
—Eres una aburrida —se cruzó de brazos y no volvió a mirarme ni hablarme
en toda la hora.
Shane me tomó de la mano y me instó a que me sentase de nuevo, lo miré de
reojo y me di cuenta de que él miraba perplejo.
—¿Qué pasa? —pregunté algo confusa.
—¿No podré hacerte un regalo por tu cumpleaños? —preguntó con los ojos
muy abiertos.
—Te agradecería que no lo hicieses… — desvié la mirada algo avergonzada
— no necesito que la gente gaste su dinero en mí para demostrarme que le
importo durante un día al año…
—¿En navidad tampoco? —negué con la cabeza y él resopló, luego hizo una
mueca mientras pensaba algo y volvió a mirarme a los ojos—. Y si… ¿si no
gasto un solo centavo comprándote algo… podría dártelo?
Lo pensé durante unos segundos.
—Supongo que sí… —contesté en un susurro no muy convencida.
—¿Y si es algo hecho a mano o que tengo desde hace un tiempo? —preguntó
de nuevo.
—Sí…
Sonrió ampliamente y luego me besó en la mejilla dejándome paralizada…
—Entonces ya sé lo que voy a regalarte —confesó sin perder la sonrisa.
Después del almuerzo Shane y yo caminamos juntos hacia nuestra clase, sí…
hoy nos tocaba primeros auxilios de nuevo. En cuanto entramos por la puerta el
doctor Spencer estaba esperándonos en su mesa, me paralicé cuando vislumbré
en cada mesa una venda y Shane, que lo notó, me dio un ligero empujoncito para
indicarme que siguiese avanzando.
—¿Qué pasa? —me preguntó cuando ya estuvimos sentados.
—¿Para qué es esto? —pregunté recelosa mientras sostenía la venda entre mi
dedo índice y pulgar como si fuese a morderme en cualquier momento.
—Parece que hoy tenemos prácticas… —susurró sonriendo— ¿algún
problema?
Negué con la cabeza en lo que el doctor comenzó a hablar explicando cómo
sería la case de ese día. Por lo visto tendríamos que realizar un vendaje sencillo
como primera práctica del semestre. El doctor Spencer lo explicó con
tranquilidad y luego nos puso un video para que viésemos como se hacía
realmente. Shane tomó mi mano entre las suyas y me miró sonriendo
ladinamente… ¿es que no se daba cuenta de lo que esa sonrisa provocaba en mí?
Estaba temerosa de que un día a otro me diese un ataque al corazón de tan rápido
que latía. Estaba segura de que hasta él mismo podría escucharlo.
—¿Empiezo yo o empiezas tú? —preguntó con voz sedosa.
Yo tragué en seco e intenté poner mis nervios en orden… “piensa en tu
pobre corazón Jordan… es demasiado joven para pararse golpe”
—Em… empieza… empieza tú —balbuceé con voz temblorosa.
Volvió a sonreír y le quitó el envoltorio a la venda sin dejar de mirarme,
tragué en seco y desvié la mirada un poco azorada… craso error… el doctor
Spencer nos miraba fijamente mientras una sonrisa bailaba en sus labios. Me
sonrojé todavía más y miré a mi regazo… sí, eso tendría que funcionar… la
mano de Shane volvió a tomar la mía y sentí una corriente eléctrica que me
atravesó el cuerpo, Shane soltó mi mano de golpe y me miró disculpándose
¿también lo había sentido él? Volvió a tomar mi mano, esta vez más lentamente
y, aunque sentí la misma sensación de electricidad, esta vez me lo esperaba y no
me sorprendió tanto, Shane sonrió con nerviosismo y comenzó a enrollar la
venda en mi brazo. Cada vez que sus dedos tocaban mi piel un pequeño
calambre recorría la zona como un pequeño recordatorio de lo que me producía
su contacto, me ardía allí donde me tocaba, creo que mis mejillas nunca habían
estado tan rojas. Lo miraba de vez en cuando y me encantaba ver como su ceño
se fruncía cuando estaba concentrado, me gustaba ver las arruguitas que se
formaban en su barbilla cuando fruncía un poco los labios y me moría por estirar
la mano y comprobar si su piel era tan suave como parecía.
Moví la cabeza enérgicamente mientras cerraba mi puño libre con fuerza…
tenía que reprimirme un poco… parecía que tenía las hormonas aceleradas, pero
solo ocurría cuando estaba a su lado. ¿Eso querría decir algo, cierto? Cuando
acabó sonrió y movió mi mano de un lado a otro admirando su obra. Su sonrisa
se ensanchó y me dedicó una mirada.
—Creo que no ha salido mal —susurró.
—Gracias a la conejillo de indias… sino no tendrías tanta suerte —dije sin
pensar.
El solo rio un poco y negó con la cabeza. Cuando fue mi turno de vendar su
mano creí que no podría hacerlo… las manos me temblaban tanto que la venda
me cayó al suelo y se desenrolló por completo. Shane me miraba con una sonrisa
tierna y en un momento dado hizo que lo mirara a los ojos para tranquilizarme…
¡ja! Si él supiera que lo que el alteraba mis nervios era precisamente eso… mirar
sus ojos.
Salí de la clase con mis manos todavía temblando mientras sostenía mis
libros… ¡cielo santo! No podía permitir que me afectase tanto estar en su
presencia. ¡Era absurdo! Solo era un chico, un chico guapo, atento, caballeroso,
con unos ojos verdes en los que podía perderme, un cuerpo de infarto… ¡pero
solo un chico al fin y al cabo! Suspiré y después de despedirme de Shane con
otro beso en la mejilla me fui a mi próxima clase… otra vez economía… con
Mike de compañero… me estremecí y puse cara de circunstancias… esperaba
que no me hablase y si lo hacía no fuese para tirarme los tejos. Por suerte
descubrí a Mary sentada sola y me dispuse a hacerle compañía en lo que Mike
fruncía el ceño y me miraba con desagrado… él se lo había buscado.
Cuando las clases acabaron di un fuerte suspiro y salí del edificio rumbo al
estacionamiento. A lo lejos pude ver a Shane recargado en su coche y me sonrió
en cuanto me vio, me acerqué a él esperando un beso en la mejilla como era
costumbre, pero me sorprendió abrazándome. Me quedé paralizada mientras lo
hacía, con mis brazos colgando flácidos a ambos lados de mi cuerpo. Tardé unos
segundos en reaccionar y rodear su espalda con ellos. Respiré hondo para
tranquilizarme pero eso ocasionó que su olor se metiese en mis pulmones y mi
cabeza comenzase a dar vueltas…
—Siento mucho, mucho lo que van a hacerte —dijo en disculpa una vez que
me soltó y yo me apoyé disimuladamente en su coche para no caerme…—
Megan y Aileen no tienen medida cuando de compras se trata… intentaré
ayudarte en todo lo que pueda.
—No es ne… —cesario…
—¡Jordan! —los chillidos de Aileen debían ser considerados como
contaminación acústica… ¿nunca había pensando en dedicarse al doblaje de las
sirenas de las ambulancias en las películas de Hollywood?
—Aileen… —dije con poca voz.
—Ven… Meg ya no está esperando en su coche —me agarró del brazo y me
arrastró literalmente mientras le daba un último vistazo a mi dios personal—.
¡Adiós Shane, prometo devolvértela de una pieza! —gritó sobre su hombro.
Cuando nos detuvimos mi mandíbula se descolgó y me llegó al ombligo.
Estábamos frente a un descapotable rojo que quitaba el aliento solo con verlo…
pero eso no fue lo peor de todo. Apoyados y un poco recostados sobre la parte
frontal del descapotable estaba el profesor Spencer registrando las papilas
gustativas de una rubia que parecía una modelo… lo chistoso es que lo estaba
haciendo con las suyas propias.
Aileen carraspeó llamando su atención y ellos se separaron algo reticentes,
nos dedicaron una mirada divertida y sonrieron complacidos. Yo que esperaba
que se avergonzaran, no tanto como lo haría yo pero un poco de vergüenza no le
hace daño a nadie, pero ellos estaban casi orgullosos de lo que mis ojos
acababan de ver. No es que fuese una mojigata que no me gustase ver ese tipo de
cosas… pero era como comerse un delicioso helado en la ventana de un
gimnasio mientras las personas en su interior hacían ejercicio y sudaban su
exceso de grasa. No tenía a quien besar de ese modo, así que me daban
envidia… ¡sí, mucha envidia!
— Meg… ella es Jordan… pero Jordan, Jordan —movió sus cejas
sugestivamente y yo fruncí el ceño recordando que con Zack me presentó del
mismo modo—. Jordan ella es Megan la mujer de Mathew.
La chica rubia se acercó a mí con pasos elegantes y cuando estuvimos frente
a frente descubrí que era un palmo más alta que yo. Sus ojos no parecían nada
amables, pero después de mirarme durante unos segundos sonrió y su mirada se
suavizó.
— Encantada de conocerte Jordan… Aileen no deja de hablar de ti, ya estaba
deseando ver el por qué después de tanta insistencia —dijo mientras me tendía
una mano.
Yo le di la mano algo intimidada todavía y mascullé un “también estoy
encantada” que creo que sonó demasiado bajo. Después de despedirnos de
Mathew nos metimos en el precioso descapotable rojo en el que Mathew y
Megan estaban… muy acaramelados minutos antes. Megan se puso al volante y
pisó el acelerador con fuerza, salimos del estacionamiento con un chirrido de las
ruedas y cuando pasamos por donde estaba el coche de Shane minutos antes lo vi
hablando con la tetas explosivas, aunque parecía algo disgustado con el hecho de
tenerla cerca, pero no me gusto que ella estuviese compartiendo si quiera el
mismo aire que él. ¿Celosa? ¡Sí y mucho!
Cuando llegamos al centro comercial y salimos del coche creí que me iba a
dar algo. Aileen y Megan parecía que tenían una sobredosis de Red Bull. Me
arrastraban tienda tras tienda mientras se probaban cientos de prendas de ropa
que se iban acumulando poco a poco en las decenas de bolsas que colgaban de
sus brazos. Las miraba en silencio e intentando que mi rostro no reflejase ni una
pizca de lo que estaba pensando porque solo se resumía en dos palabras…
“estaban locas”. Creo que al final de la tarde sus tarjetas de crédito acabarían
derretidas de tantas veces que las pasaron por el lector…
A mí también me obligaron a probarme muchas cosas y en cuanto entraba en
un probador enseguida comenzaban a llover más prendas sobre la puerta
mientras oía un grito desde el exterior “Pruébate esto también, seguro que te
queda de muerte”. Finalmente también unas diez bolsas colgaban de mis manos,
aunque entre la enana atómica y la Barbie escultural se encargaron de
despistarme y no pagué ni una sola de las prendas que llevaba ahí dentro.
Les pedí un descanso, les supliqué al menos poder sentarme un par de
minutos mientras mis pies volvían a recuperar la sangre que habían perdido de
estar caminando durante tanto tiempo, pero ellas se empeñaron en ir a una tienda
más prometiéndome que sería la última… ¡del día! Sí… querían volver la
semana siguiente. Yo solo las miré como si estuviesen a punto de ponerles una
camisa de fuerza y llevarlas al psiquiátrico. Cuando nos detuvimos delante de
Victoria Secret toda mi sangre se acumuló en mis mejillas…
—¡Ah no! ¡Yo no pienso entrar ahí! —grité cruzándome de brazos.
Ellas no me escucharon, como llevaban haciendo las últimas tres horas, me
sujetaron cada una por un brazo y me llevaron en volandas al interior del
establecimiento. Yo me escondí detrás de varios maniquíes mientras ellas
parecían tener un orgasmo cada vez que veían algo que les gustaba. ¡Dios mío!
Nunca había pasado tanta vergüenza ajena… pero el sumun de todo fue cuando
me encontraron y me obligaron a meterme en un probador con unos veinte
conjuntos, entre camisones, tangas y sostenes. Me dijeron que si no me los
probaba se vengarían y yo que le tenía miedo a Aileen, cuando vi la mirada que
me dedicó Megan por poco me lo hago en los pantalones. Esa mujer sí que era
intimidante cuando se lo proponía, hasta el duende diabólico de Aileen parecía
un gatito mimoso a su lado.
Media hora después de que las dependientas de Victoria Secret les hiciesen
una tarjeta de socia preferentes a mis dos amigas, nos sentamos en una cafetería
para poder hidratarme después de tanta… acción. Nos acaban de servir nuestros
refrescos cuando el móvil de Aileen comenzó a sonar, le explicó a alguien donde
nos encontrábamos y luego le dedicó una mirada significativa a Megan. Decidí
ignorarlo y disfrutar de la sensación de estar sentada… por fin mis pies no tenían
que soportar todo mi peso y podía descansar mis adoloridas piernas.
—Verás como ahora se pone tan roja que parce que vaya a explotar —le
susurró Aileen a Megan.
Ambas me miraron y sonrieron con complicidad. Yo las miré mal… sí, no
era mi culpa ponerme roja, era algo fisiológico, no era voluntario para nada. No
tenían un botón en la nuca para cambiar de color según el momento. Estaba en
mi debate interior explicándome a mí misma el motivo de mis sonrojos cuando
escuché aquella voz culpable de la mayoría de ellos.
—¿Qué tal la tarde de compras? —dijo Shane sentándose a mi lado y
sonriendo… sí lo habéis adivinado… sonriendo de lado.
—Eh… eh… bien… supongo —balbuceé, sí… sonrojándome como era
costumbre.
Apenas fui consciente de que Zack y Mathew también estaban allí hasta que
pude separar mis ojos de Shane, los cuatro reían mientras nos miraban, lo que
hizo que mi tono de rojo aumentase… estallaron en carcajadas y Megan hasta
lloraba de la risa. Me hundí la silla… al menos estaba bien ser el payaso de
alguien.
—¿Nos vamos? —preguntó Shane en mi oído.
Me sobresalté porque no esperaba que se hubiese acercado tanto a mí, pero
asentí efusivamente mientras susurraba un “por favor” casi inaudible. Nos
despedimos de las dos parejitas mientras ellos decían incoherencias sobre
preservativos y cosas sobre sexo, que hicieron que Shane se sonrojase también,
lo que hizo que mi atención acabase solo en él y no me enterase de la mitad de
las cosas que nos estaban diciendo. Cargó mis bolsas hasta su coche mientras
caminábamos en completo silencio, no era incomodo, solo con estar uno al lado
del otro era suficiente, no era necesario parlotear palabras sin sentido para
sentirse cómodo.
Condujo hasta mi casa excediendo por mucho el límite de velocidad, pero ya
no me asustó tanto como esa mañana, simplemente me lo esperaba. Además, que
parecía algo común en esa familia, porque Megan también conducía como una
demente. Llegamos en pocos minutos y llevó todas mis bolsas hasta el portal.
Nos quedamos en silencio durante unos segundos, simplemente mirándonos a
los ojos, hasta que me sentí intimidada y bajé la vista avergonzada… ¡tonta
Jordan! me reprendí mentalmente.
—Mañana vendré a buscarte a las seis —dijo sin dejar de mirarme. Yo solo
asentí—. No es necesario que te arregles mucho, no haremos nada extraordinario
—¿Qué haremos? —pregunté en un hilo de voz.
—Me has pedido que fuese sorpresa, así que… no te lo diré —contestó.
Lo miré con los ojos entrecerrados y bufé.
—Ahora me arrepiento de haberte dicho eso —murmuré.
—Bueno… te prometo que no será nada malo… ni extravagante —sus ojos
titilaron durante unos segundos bajo la luz de una farola y yo suspiré casi sin
darme cuenta—. Nos vemos mañana, Jordan.
—Sí… mañana… a las seis… —balbuceé.
—A las seis —confirmó.
Se acercó como tantas otras veces, esperaba un beso en mi mejilla o como
mucho muy cerca de mi boca. pero me sorprendió rozando mis labios
suavemente con los suyos. Mi corazón se saltó un latido para después latir
frenéticamente, casi podía sentir como la sangre hormigueaba en mis manos y
tuve que hacer uso de todo mi autocontrol para no saltarle encima en ese
momento. A mi mente vinieron las clases de anatomía que había tenido esa
mañana… ¿necesitaría también un conejillo de indas para ellas? Me prestaba
voluntaria con los ojos cerrados.
Cuando abandoné toda mi parrafada mental vi como su silueta se metía
dentro de su coche y arrancaba saliendo de allí. Me quedé en la puerta durante
unos minutos, suspirando cada pocos segundos, con la mano sobre mis labios,
que ahora ardían porque echaban de menos la última caricia que habían recibido.

Capítulo 6
Fue una noche muy larga… me desperté varias veces después de soñar con
Shane, miraba el reloj esperanzada solo para descubrir que todavía era de
madrugada y me quedaban muchas horas de sueño. Cuando ya no pude aguantar
más me puse en pie y me metí en la ducha. Después me fui al sofá a comerme un
bol enorme de cereales, eran solo las siete pero los nervios me daban hambre…
después vi un poco la televisión, aunque realmente no vi nada, cambiaba de
canal intermitentemente, hasta que me quedé dormida…
El sonido del timbre me hizo dar un respingo y acabar con mi trasero pegado
a la alfombra… ¿quién en su sano juicio llama así al timbre del portero a las…
once de la mañana? ¿Había dormido tanto? Me puse en pie mientras sobaba una
de mis nalgas adoloridas.
—¿Quién es? —pregunté con voz adormilada.
—¿Cómo que quién es, cómo qué quién es? ¿Quién crees que soy? — la voz
estridente de Aileen me hizo cerrar los ojos y masajearme las sienes.
—¿Quién te ha dado mi dirección? —pregunté en un murmullo.
—Shane no, por supuesto… traidor— masculló entre dientes—, ha sido
Ángela… ¿quién si no?
—Traidora —ahora fue mi turno de mascullar.
Ella rio y yo suspiré…
—¿Qué quieres Aileen? —resoplé.
—¿Cómo qué quiero? He venido a ayudarte a ponerme preciosa para mi
hermano —su tono de voz era como el que se utiliza para hablar con un niño de
tres años.
—Aileen, Shane me ha dicho que no necesito arreglarme demasiado, que no
es necesario —intenté disuadirla.
—Abre la puerta y deja de decir tonterías —me ignoró con descaro.
Suspiré pesadamente y pulsé el botón que habría el portón principal.
Mientras subía me encerré en el baño para lavarme los dientes y desenredar mi
cabello, que parecía un nido de pájaros por haberme quedado dormida con él
todavía húmedo. Unos diez minutos después sonó el timbre de la puerta, ya casi
había olvidado que Aileen estaba subiendo las escaleras y la abrí preguntándome
porque había tardado tanto.
—¡Ese ascensor es una trampa mortal! —gritó en cuanto puso un pie en el
apartamento.
Me encogí atormentada por haberme olvidado de prevenirla de que no
subiese en el ascensor.
—Lo siento, olvidé decirte que lo evitaras… Ang y yo ya nos quedamos
encerradas una vez —me disculpé sonrojada.
—Estaba a punto de llamar a los bomberos… —dijo dejándose caer en el
sofá—. Por cierto, te voy a matar ¿es que has pasado la noche en vela? ¡Pareces
un oso panda!
Abrí los ojos asustada… ¿por qué me acababa de llamar oso panda?
—¿Qué… qué… qué he hecho yo ahora? —balbuceé.
—Tienes unas ojeras que dan miedo, tendría que haber venido media hora
antes, ahora no nos dará tiempo —murmuraba para sí misma—. Por cierto, he
traído algo para comer y después nos arreglamos.
—¿Nos…? —pregunté.
—Sí, yo también tengo una cita con Zack… me llevará a cenar a un
restaurante muy romántico, Rover´s, ya lo conocerás —dijo muy segura.
—De acuerdo… —contesté como quien no quiere la cosa.
Comimos unos sándwiches mientras ella hablaba y hablaba, no sé cómo era
capaz de respirar, masticar y hablar a la vez, todo sin perder un ápice de esa
elegancia que la acompañaba siempre. Después me obligó a tumbarme en el sofá
y comenzó a echarme mil potingues diferentes en la cara durante dos horas.
—Aileen… ¿a dónde vas con eso? —pregunté sorprendida cuando vi como
se acercaba a mí con una crema para las hemorroides en la mano.
—Es para las ojeras, no te imaginas la vergüenza que me da comprarla, pero
para casos extremos como el tuyo es muy buena. Acércate, ya verás —dijo
extendiendo la mano hacia mí.
Me puse en pie y comencé a correr hacia el baño. Podía escuchar su risa
cantarina mientras me perseguía y maldecía divertida. Acabé acorralada contra la
mampara de la ducha mientras Aileen me extendía la crema bajo los ojos, yo
tenía la nariz arrugada y ponía cara de asco haciendo que ella se riese por lo bajo
y continuase extendiendo la crema con sus dedos fríos.
Después me fui a hacer un té, porque Aileen me estaba poniendo nerviosa,
sabía que esa chica tenía energía, pero por momentos me daban ganas de
agarrarla y buscarle el botón on/off para poder descasar al menos un par de
minutos. Cuando regresé al salón, Aileen había preparado una especie de
peluquería improvisada, en la estantería en la que antes estaba mi colección de
libros ahora había un arsenal de cosméticos esparcidos, además de tenacillas,
planchas, peines y todo tipo de instrumentos para el pelo y de una silla colocada
estratégicamente dándole la espalda a todo. Me quedé estática mirándola
mientras ella todavía colocaba algunas cosas, después se giró y me miró
sonriendo.
—Ven… —hizo señas con la mano para que avanzara hacia ella—.
Bienvenida a Aileen´s, tu salón de belleza a domicilio —dijo imitando la voz de
los comerciales de televisión y moviendo su mano teatralmente señalando todo
lo que había colocado.
No pude evitar romper a carcajadas mientras ella me miraba cruzada de
brazos y con una ceja alzada.
—Ok, de acuerdo… —dije entre jadeos— ya… ya me calmo… perdona…
—Bien, Jordan —remarcó mi nombre fingiendo molestia—. Siéntate que no
tenemos tiempo.
—Aileen, pero si son solo las tres, tu hermano tardará tres horas en llegar —
dije mirando mi reloj.
—¡Por eso mismo! —casi gritó—. No me dará tiempo. Tenía que haber
traído a Meg, pero tenía mejores cosas que hacer con Mathew —se estremeció y
cerró los ojos con fuerza, supuse que imaginando lo que podrían estar haciendo
ahora ese par de… ese par.
—De acuerdo… estoy en tus manos —me senté en la silla y cerré los ojos.
Aileen comenzó a desenredar mi pelo, la escuchaba trastear con los aparatos
que tenía colocados en la estantería, pero no veía nada porque mantenía los ojos
cerrados.
—Aileen…. ¿dónde has puesto mis libros? —pregunté con despreocupación
tan solo por no estar en silencio.
—¿Qué libros?
—Los que había donde ahora están tus cosas…
—¡Ah! Esos libros… —dudó— los he tirado a la basura.
Me tensé y abrí los ojos de golpe, Aileen se puso a frente a mí y me miró
sonriendo, la taladré con la mirada.
—Están en el suelo frente a la ventana, perfectamente colocados para que no
sufran ningún daño… pero te debía una por reírte de mi salón de belleza —dijo
entrecerrando los ojos.
Bufé y volví a cerrar los párpados, Aileen continuó trabajando con mi pelo
durante unos minutos más, después comenzó a maquillarme mientras yo
continuaba sentada sin apenas moverme.
—Esto ya está —la escuché murmurar—. Ahora solo falta la ropa, ¿dónde
está lo que compramos ayer? —preguntó.
Yo le señalé el grupo de bolsas que estaba exactamente donde lo había
dejado el día anterior, desparramadas en el suelo al lado del sofá. Aileen jadeó y
se llevó las manos a la boca.
—¡Dime que no es verdad! —me dedicó una mirada envenenada y después
salió corriendo en dirección a las bolsas— Eres increíble… no puedo entender
como tienes tan poca consideración. ¡Es ropa nueva! No la puedes dejar ahí
tirada como si fuese un trapo viejo.
Me hizo sentir mal por un momento, en su tono de voz había un matiz de
histeria y parecía a punto de ponerse a llorar.
—Aileen… —la llamé a media voz.
—¡No! —gritó haciéndome callar de golpe—. Dame una plancha, hay que
salvar a estas pobres camisetas de las arrugas permanentes que querías
provocarles.
Me hizo gracia su tono de voz, parecía un doctor hablando de su paciente en
estado grave. Ahogué una carcajada a duras penas y fui en silencio a buscar la
plancha al armario del pasillo, cuando volví al salón Aileen estaba estirando toda
la ropa sobre el sofá y pasaba la mano frenéticamente sobre las arrugas
intentando borrarlas.
—Aquí… está… la… plancha —dije algo intimidada, no podría soportar
otro arranque de los suyos sin reírme en su cara, sería demasiado para mí y sabía
que ella no me lo perdonaría.
Me senté de nuevo en la silla mientras ella planchaba, sus movimientos eran
rápidos y agresivos y aunque no tenía mi vista centrada en ella, podía sentir sus
ojos clavados en mi persona enviándome millones de dagas. Creo que había
entrado en la lista negra de Aileen antes incluso de poder entrar en la blanca. Un
gran logro por mi parte.
—Lo siento, Aileen… —susurré.
—¿Qué es lo que sientes? —preguntó cortante.
—Haber dejado la ropa tirada… —bajé la cabeza fingiendo vergüenza, tenía
que interpretar bien mi papel de arrepentida— prometo compensarte con lo que
sea.
Los ojos de Aileen se iluminaron y dejó la plancha perfectamente colocada al
lado de la blusa que estaba planchando en ese momento, corrió a mi lado y se
puso de rodillas frente a mí poniendo mis manos entre las suyas.
—¿Estás hablando en serio? —preguntó con esperanza.
Creo que estaría sufriendo las consecuencias de haber pronunciado esa frase
el resto de mi vida. Estaba por apostar que cuando fuésemos unas viejecitas de
ochenta años ella todavía me recordaría eso mirándome con rabia “¿Recuerdas
cuando dejaste la ropa abandonada en sus bolsas dejando que se arrugara?
Todavía me la debes, Jordan”
La miré a los ojos y me removí intranquila en la silla… ¿qué había hecho?
Asentí con la cabeza, lo hice imperceptiblemente rezando para que ella no lo
notase, pero vaya que lo notó… gritó y me abrazó con fuerza.
—¡Entonces iremos a comprar más ropa! —gritó efusivamente poniéndose
en pie y correteando de nuevo hacia la plancha—. Tenemos que planearlo cuanto
antes… además, si sigues saliendo con mi hermano tienes que cambiar tu estilo
por completo, la mitad de la universidad quiere levantarte el chico y no estoy
hablando solo de chicas, ya he oído algún comentario de un par de tíos que le
tienen echado el ojo. Así que ya sabes lo que tienes que hacer, aplícate porque
yo ya te he adoptado como cuñada/hermana y no quiero cambiar de persona.
La miraba entre sorprendida y asustada, con la boca abierta ante la impresión
de lo que había dicho, Aileen hablaba muy rápido y sin detenerse a tomar aire,
tenía que hacer el doble de esfuerzo para poder entender lo que me decía,
además que lo que estaba diciendo me estaba poniendo nerviosa. Era consciente
de que el dúo silicona estaba intentando algo con Shane, incluso podía esperarlo
de la tetas explosivas, ¿pero también los chicos? Tenía a mi favor que Shane
había demostrado ser muy heterosexual, incluso me había besado el día anterior
justo antes de irse… me llevé la mano a los labios inconscientemente mientras
una sonrisa estúpida se dibujaba en mis labios.
—¡No me lo puedo creer! —chilló Aileen, vino corriendo hacia mí y me
empujó hacia el sofá sentándose ella a mi lado—. Tienes que contármelo todo —
demandó.
—¿Contarte el qué? —pregunté confundida.
—Shane te ha besado y no puedes negarlo, esa cara de estúpida no se te
queda por un besito inocente en la mejilla —dijo moviendo su dedo en mi cara
amenazadoramente.
Tragué saliva y desvié la mirada hacia otro lado mientras me sonrojaba.
—Solo… solo ha sido un besito —balbuceé—. Nada de importancia, tan
solo un roce de labios casi inconsciente.
—Shane no hace nada inconscientemente, tenía que tenerlo muy meditado…
—dijo casi para sí misma— ¿Por qué él tomó la iniciativa, cierto? Te veo
demasiado tímida para lanzarte tú.
Sentí como mis mejillas enrojecían todavía más y asentí confirmando todo lo
que había dicho, ella volvió a gritar y a dar saltitos en el sofá.
—Tenemos que ponernos en marcha, ya son las cinco y media —se puso en
pie y caminó hacia donde estaba colocando la ropa que planchaba—, ponte
esto… —me extendió un motón de prendas y después señaló una bolsa que
contenía un par de zapatos… de tacón— y eso también —me dijo
amenazándome silenciosamente.
Cogí la ropa que me tendía con manos temblorosas y la bolsa de zapatos sin
quitarle la vista de encima a Aileen, no sé si tenía miedo de que cambiase de
opinión y me obligase a salir desnuda a la calle o me lanzase algo a la cabeza por
no estar de acuerdo con su elección. Entré en mi habitación y cerré la puerta tras
de mí, no había dado ni un paso al frente cuando la puerta se abrió de golpe y la
cabeza de Aileen se asomó por ella entreabierta.
—Te olvidabas de esto —dijo con voz angelical extendiéndome un conjunto
de ropa interior de color negro.
Gemí internamente y cogí las prendas de ropa como si me fuesen a quemar,
solo sujetándolas con la punta de los dedos. Dejé caer todo en la cama y me
asusté a ver una minifalda entre el montón de ropa que me entregó. Una
minifalda que, por cierto, no había visto ni probado la tarde anterior, eso era obra
de mi “cuñada” y su cuñada.
—Aileen… no puedo ponerme esto —dije saliendo al pasillo con la falda en
mis manos.
—¿Por qué no? —preguntó con voz autoritaria.
—Verás… yo… eh… esto… no me pongo faldas —balbuceé en susurros.
—¿Por qué? —preguntó asombrada.
—Nunca me pongo faldas… no me gustan mis piernas —expliqué como si
fuese lo más obvio.
—¿Por qué? —gritó—. Tienes un cuerpo muy bonito, Jordan y tus piernas
son largas y estilizadas… te quedaría genial.
—Pero… esto me tapará solo lo justo —me quejé como última opción—, no
quiero que Shane piense que soy como las siliconas que van detrás de él.
—Esta falda no es como las que ellas usan, por favor, si ellas enseñan el
ombligo bajo el dobladillo. Esta —señaló la prenda en mis manos—, es una
minifalda elegante que enseña solo lo necesario, lo que ellas se ponen es una
puti-falda… más que la ropa interior, enseñan hasta su alma.
Suspiré vencida, no había posibilidad alguna de ganarle a Aileen, era algo
que había aprendido al poco tiempo de conocerla. Me encerré en la habitación y
después de vestirme con lo que ella había elegido me atreví a mirarme al espejo,
solté un grito ahogado y me llevé las manos al pecho. Aileen había acomodado
mis rizos, haciendo que se viesen definidos y brillantes, caían suavemente sobre
mis hombros y bajaban por mi espalda. El maquillaje era muy suave, marcaba
mis facciones y hacía que mis ojos y mis labios resaltasen más de lo normal. La
camiseta negra que ella había escogido se ajustaba a mi pecho, haciendo que
pareciese una talla más grande y la falda abrazaba mis caderas marcando mis
glúteos. Mis piernas parecían interminables y los zapatos de tacón vestían mis
pies como si fuesen hechos solo para eso.
Aileen entró corriendo en la habitación alertada por mi grito y se quedó
paralizada sosteniendo la puerta y mirándome con la boca abierta.
—Sabía que no me equivocaba al combinar ese conjunto —susurró—, mi
hermano se va a quedar sin habla.
—No puedo llevar tacones —le supliqué.
Ella suspiró y me miró con compasión.
—Está bien —salió de la habitación y volvió segundos después con unas
bailarinas negras, le agradecí con una sonrisa y me las puse.
—No es lo mismo —murmuró para sí misma mientras me miraba y negaba
con la cabeza.
Miró su reloj y se acercó a mí corriendo, me abrazó y me besó en la mejilla.
Volvió a darme un vistazo y suspiró complacida.
—Bueno… mi hermano estará aquí en unos diez minutos, yo vendré mañana
a por mis cosas —se dio la vuelta y llegó hasta mi tocador, eligió un perfume
entre los que había allí y se volvió para echarme unas gotas en el cuello y en las
muñecas—. También tendrás que contármelo todo, mañana regresa Ángela y
haremos tarde de chicas… a ver si consigo convencer a Meg.
—Aileen, gracias por todo —le dije con sinceridad.
—No me lo agradezcas —le restó importancia con un gesto de la mano—,
solo haz que a mi hermano se le quite esa cara de estreñido que tenía hasta hace
unos días.
La miré raro, me costaba creer eso de Shane.
—¡Mañana nos vemos y me lo cuentas todo! —gritó antes de desaparecer
por la puerta de mi habitación, poco después escuché como se cerraba la puerta
de entrada.
Suspiré y me dejé caer en la cama, en unos minutos llegaría Shane y estaba
aterrada, no es que no hubiese tenido citas a lo largo de mi vida, pero con Shane
lo sentía diferente, era como más real, era nuestra primera cita y hacía solo unos
días que nos conocíamos, pero era totalmente diferente. Shane en sí era
diferente, nunca había encontrado a alguien como él.
Mientras esperaba recogí un poco mi habitación, tenía un montón de ropa
sucia sobre una silla, la agarré y la llevé al trastero donde estaba la lavadora.
Revisé los bolsillos de todas las prendas antes de meterlas dentro del aparato y
me sorprendí cuando encontré un papel doblado en el bolsillo trasero de mis
tejanos. Lo saqué con el ceño fruncido y una sonrisa se dibujó en mis labios, era
del taller de Gabriel, aquel chico que me salvó de recorrer veinte manzanas
caminando bajo la lluvia.
Volví a mi habitación y clavé la tarjeta en el mural, la miré todavía
sonriendo, podría divertirme si iba a ese taller, Gabriel parecía buen chico y muy
divertido, sería bueno tener a un amigo que supiese arreglar mi coche si lo
necesitaba. En ese momento el timbre sonó y mi corazón se detuvo. En cuanto
descolgué el telefonillo del portero la voz de Shane me sobresaltó haciendo que
mi corazón volviese a latir ¡y a qué velocidad! Creí que de un momento a otro se
me escaparía por la boca.
Salí de casa y bajé las escaleras de dos en dos. En cuanto salí a la calle la
imagen de Shane me dejó sin aliento, ¿de verdad ese chico que parecía tan
perfecto como el David de Miguel Ángel, saldría conmigo esta tarde? Repasé su
cuerpo de arriba abajo mientras una sonrisa fanfarrona se dibujaba en su rostro.
Llevaba un pantalón negro, ajustado donde debía ajustarse, una camisa blanca
con los primeros botones desabrochados y chaqueta negra de cuero sobre esta.
Tragué en seco y me acerqué a él lentamente. Él también avanzó hacia mí y nos
detuvimos cuando estábamos a pocos centímetros de distancia.
—Estás preciosa —susurró, y antes de que pudiese contestarle posó un dedo
sobre mis labios indicándome que no hablara—, cierra los ojos —su aliento me
golpeó en la cara aturdiéndome.
Obedecí al instante, también tenía que hacerlo para salir del embrujo de los
suyos, que me hipnotizaban y perdía toda mi voluntad. Sentí su aliento en mi
mejilla justo antes de que sus labios se posasen en esta con delicadeza, suspiré…
después sentí algo frío y suave contra mis labios, no eran los suyos, estaba
segura de la textura que tenían estos. Un olor embriagante y dulzón llegó a mi
nariz y abrí los ojos con lentitud. Shane me miraba fijamente, sus ojos me
quemaban, sentía como estaba desnudando cada uno de mis secretos solo con
esa mirada, el pulso se me aceleró y podía sentirlo en mis sienes.
—Vuelvo a repetirlo… estás preciosa —susurró arrancándome del embrujo
de su mirada—. Esto es para ti, aunque ahora, ya no tiene caso, eres más
hermosa que ella.
Bajé la vista a sus manos y vi una rosa blanca entre sus dedos y suspiré, era
lo que segundos antes había rozado mis labios.
—Gracias —musité mientras mis mejillas se arrebolaban y cogía la rosa
torpemente de entre sus manos.
Sin mediar una palabra más, me abrió la puerta de su coche y yo entré
intentando no tropezar, todavía estaba un poco aturdida. Condujo mientras yo
era incapaz de pronunciar palabra, pero era un silencio cómodo.
—¿A dónde vamos? —me atreví a preguntar unos minutos después.
Shane me miró de reojo y sonrió de lado, haciendo que los latidos de mi
corazón se descompasasen de nuevo.
—Es una sorpresa… —dijo con diversión, yo bufé en broma— luego iremos
a cenar, pero haremos una parada primero.
Solo asentí y miré por la ventana, nos estábamos alejando un poco del centro
de Seattle, era una zona que no conocía y en la que cualquier persona que pisase
la cuidad por primera vez podría perderse con facilidad. Después de doblar a la
izquierda en el último cruce, las casas desaparecieron y solo un bosque verde se
presentó ante nosotros. Me recordó un poco al pueblo y sentí una punzada en el
pecho. Intenté evitar esos pensamientos, hoy era un día para disfrutar con Shane
a mi lado, no para ponerme melancólica recordando el pasado.
Detuvo el coche un par de minutos después, miré al frente y me quedé
embelesada. Bajé casi en trance de él y avancé varios pasos hacia delante, mi
vista se perdió en el horizonte, donde el sol se estaba poniendo y arrancando
matices dorados, naranjas y rojos de todo lo que tocaban sus últimos rayos,
estaba escondiéndose al fondo de la bahía de Seattle, donde también podía verse
un ferri que la cruzaba lentamente mientras las gaviotas se quejaban rodeando al
barco en su vuelo. La ciudad entera estaba comenzando a iluminarse por la falta
de luz, las farolas, los faros de los coches, las ventanas de los edificios… era
precioso. Estábamos en un mirador donde podíamos ver todo Seattle. Suspiré
maravillada y los acordes de una suave melodía comenzaron a flotar en el aire.
También pude escuchar los suaves pasos de Shane acercándose a mí, puso
una mano en mi cintura y lo miré a los ojos, aún con la poca luz que había en ese
momento pude ver como brillaban mientras se posaban en mi rostro.
—¿Bailas? —preguntó en un susurro.
El sonido de su voz me hizo estremecer, solo pude asentir mientras sus
manos envolvían mi cintura, envolví su cuello con mis brazos y lo miré a los
ojos. Sabía que me estaba portando como una estúpida, pero al estar cerca de él
perdía la noción de todo, además que me aturdía, me hacía avergonzarme y
sentirme como una adolescente enamorada por primera vez. ¿Enamorada? No,
que va, yo no podía estar… “eso” en ese momento. Apenas conocía a Shane,
solo me gustaba, me gustaba mucho. Me volvía loca solo con una mirada, pero
no era amor, al menos no todavía.
Suspiré y apoyé la cabeza en su pecho, sentía como el calor del cuerpo de
Shane atravesaba nuestras ropas y llegaba al mío, mientras de fondo se
escuchaba la melodía de aquella canción.
Shane tarareaba la melodía en mi oído haciendo que mis rodillas temblasen,
¿podría haber un chico más perfecto? Cuando ya no pude más alcé la cabeza y
crucé mi mirada con la suya, sus ojos se veían más verdes que nunca, me decían
tanto sin pronunciar una sola palabra. No entendía como había caído en sus redes
sin darme cuenta, era casi impensable que en solo cinco días me tuviese en ese
estado por solo una mirada.
—Me encantas, Jordan —susurró—. Me vuelves completamente loco.
Suspiré y abrí la boca para decir algo pero no pude, sus labios se posaron en
los míos y sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies. Solo sentía las manos de
Shane, que todavía estaban aferradas a mi cintura, y sus labios moviéndose
lentamente sobre los míos, embriagándome con su aliento, haciendo que mi
cabeza diese vueltas y perdiera la consciencia de todo. Mis manos se aferraron
con más fuerza a su cuello, mis dedos se enredaron entre su cabello, que era más
suave y fino de lo que creía. Se separó antes de lo que me hubiese gustado y
permanecí con los ojos cerrados intentando alargar un poco más ese momento.
Mis labios hormigueaban por la ausencia de los suyos sobre ellos, mi respiración
estaba vergonzosamente acelerada y mi corazón creo que se me había escapado
hace horas, porque casi no podía sentirlo de lo rápido que latía. Sentí su risa
suave y abrí los ojos lentamente para encontrarme con los suyos mirándome
divertidos.
—No voy a disculparme por besarte sin permiso, porque no me arrepiento de
ello —me dijo muy serio.
—No es necesario que te disculpes —conseguí pronunciar a duras penas.
—Hay algo que quiero preguntarte desde hace un par de días —dijo con un
poco de nerviosismo.
Asentí para que continuase hablando, él se separó un poco de mí y tomó una
de mis manos entre las suyas. Caminó conmigo a su lado hasta donde se
encontraba el coche y me hizo sentarme sobre él. Me miró a los ojos un segundo
y después bajó la mirada. Todavía tenía mi mano entre las suyas y jugueteaba
con mis dedos nerviosamente. Era adorable verlo en ese estado, solo podía
mirarlo y suspirar internamente por todo lo que provocaba en mí sin querer.
Shane era… era simplemente Shane, no había un adjetivo definido para
describirlo, porque todo lo que te pudieses imaginar él lo era y todavía más. Pero
tenía que tener algún defecto, alguien como él no podía ser real, tenía que haber
un “pero” bajo tantas cosas buenas.
—Verás… —susurró sacándome de mis pensamientos— nunca he…
conocido a alguien que me gustase de verdad y tuviese la posibilidad de ir más
allá —continuaba mirándolo fijamente y él paseaba la mirada de mis ojos a mis
labios intermitentemente con nerviosismo—. Cuando tropezamos la primera vez
me pareciste preciosa y cuando te sonrojaste un segundo después —rio—, fue…
increíble. Nunca había visto a alguien hacer eso por mí.
—No me lo creo —las palabras abandonaron mis labios sin poder evitarlo,
pero es que era verdad, no podía creer que Shane no despertase pasiones allá
donde iba. O quizás era que él no se daba cuenta de que lo hacía.
—Créeme… —suspiró— lo poco que nos conocemos me has dejado
encantado, nunca he conocido a nadie como tú, eres tan diferente a todas. Me
haces sentir especial solo por tener tu atención.
—¿Con esto que me quieres decir? —pregunté impulsivamente.
Me miró a los ojos y pude leer algo de miedo en ellos.
—Me gustas mucho… —dijo de golpe— me gustaría intentar algo contigo,
no sé si estarás de acuerdo, pero no puedo soportar estar a tu lado y no poder
besarte o abrazarte…
Ambos nos quedamos en silencio perdidos en los ojos del otro, no podía
creerme lo que acababa de escuchar, Shane quería estar conmigo, quería intentar
algo conmigo. Aunque estaba en silencio y aparentaba tranquilidad, por dentro
estaba bailando la danza de la victoria y gritando como una posesa.
—¿Qué dices? —preguntó de repente desviando la mirada hacia el frente.
Seguí el rumbo de su mirada y nos quedamos viendo las duces de la cuidad
en ese momento, cuando ya había anochecido por completo y todo parecía estar
cubierto por un manto mágico que lo hacía parecer casi irreal.
—¿Sobre qué? —pregunté estúpidamente…
“¿Cómo que sobre qué?” me reprendí mentalmente. ¿Podría ser más idiota?
—¿Te gustaría salir conmigo? Algo serio. como… mi… novia —balbuceó.
Volví mi mirada a él y me estaba observando intensamente, era tan… ¡aah!
Hasta suspiraba mentalmente solo con pensar en él.
—Sí, por supuesto —dije sonriendo.
Su cara se iluminó y sus ojos brillaron más que nunca, se abalanzó sobre mí
y volvió a besarme. De verdad que no entendía lo extremos de Shane, un
segundo estaba totalmente avergonzado y al siguiente era él que se lanzaba y me
devoraba literalmente. Sus labios se movían exigentes sobre los míos, casi con
rudeza, pero siempre manteniendo el punto de caballerosidad que lo
caracterizaba. Su lengua acarició mi labio inferior y casi instintivamente abrí mi
boca dejando que nuestras lenguas jugasen juntas. Una de las manos de Shane
sujetaba mi nuca y la otra estaba aferrada a mi cintura atrayéndome hacia él,
estaba recostada sobre el coche y Shane prácticamente sobre mí. Mis manos
volvían a envolver su cuello y se enterraban entre su cabello. Cuando esta tarde
me estaba cambiando de ropa, ni de casualidad podría imaginar que la cita
acabase de ese modo, pero no me arrepentía, todo lo contrario, estaba
disfrutando de cada segundo como si fuese el último, quería que cada momento
al lado de Shane estuviese en mi memoria grabado para siempre.
Cuando el beso se acabó, ambos nos miramos algo avergonzados y
sonreímos, sin mediar palabra volvimos a entraren el coche y Shane lo puso en
marcha. Cuando nos detuvimos en un semáforo en rojo, tomó mi mano entre las
suyas y tiró de mí levemente, sabiendo lo que me estaba pidiendo me acerqué un
poco a él y volvimos a besarnos. Perdí la noción del tiempo mientras tanto y solo
me di cuenta de donde estaba cuando unos pitidos comenzaron a sonar. El
semáforo estaba ahora en verde y nosotros estábamos demasiado ocupados para
darnos cuenta. Shane arrancó mientras sonería de lado, pero se quedó sujetando
mi mano que ahora descansaba sobre su muslo. Estacionó el coche en un
aparcamiento casi desértico y nos bajamos para caminar tomados de las manos
hasta la puerta de un restaurante. Nos dieron una mesa al lado de una ventana y
una chica que no le quietaba la vista de encima a Shane nos dio el menú. Se alejó
contoneando las caderas exageradamente, chasqueé la lengua en desaprobación y
miré a Shane que estaba sonriendo totalmente concentrado intentando capturar
un mechón de mi pelo que se movía con la corriente del aire acondicionado.
—¿Comida italiana? —pregunté después de mirar el menú.
—Sí —se sonrojó y bajó la mirada—, te escuché comentarle a Aileen que era
tu comida favorita y quería que estuvieses cómoda en nuestra primera cita —
admitió avergonzando.
—Me parece muy dulce —susurré mientras lo miraba.
Él me devolvió la mirada y sonrió de nuevo, juraría que oí un par de suspiros
en las mesas contiguas, tuve que reprimir las ganas de ponerme en pie y
enseñarle los dientes mientras gruñía a todo aquel que quisiese acercarse de más
a mi novio… ¡oh! Shane era mi novio… que extrañas se me hacían esas palabras
una junto a la otra y referentes a mi situación con él. Me parecía increíble que
alguien como él estuviese interesado en alguien como yo, era tan… ¡impensable!
Podría tener a cualquier chica, en cambio estaba conmigo, me dedicaba tiempo a
mí y me sonreía solo a mí. Suspiré mientras fingía mirar por la ventana, aunque
en realidad solo admiraba el reflejo de Shane en el cristal.
—¿Estás bien? —preguntó un poco preocupado.
Lo miré y sonreí.
—Sí, es solo que… me parece imposible todo lo que ha pasado —confesé.
—¿El qué exactamente? —preguntó interesado.
—Lo que me has dicho antes, que estemos aquí ahora mismo y que…
estemos… juntos —me sonrojé, sí, otra vez.
Sonrió de lado y sujetó una de mis manos sobre la mesa, con su pulgar me
hacía cosquillas y no pude evitar sonreír también.
—Bueno, yo podría decir lo mismo —sonrió otra vez y casi me atraganto
con mi propia saliva.
—No hagas eso —le pedí desviando la mirada.
—¿El qué? —preguntó confundido.
—Mirarme así mientras sonríes.
—¿Por qué? —volvió a preguntar frunciendo el ceño.
—Porque me haces hacer estupideces, me aturdes, me confundes, me
deslumbras —“además de humedecer mis braguitas de encaje negro que tu
hermana me obligó a comprar y ponerme”
—Eso tiene solución —volvió a sonreír y yo lo miré escéptica—, si me besas
no podré mirarte y mucho menos sonreír.
No me lo pensé dos veces y me lancé a por sus labios. Nunca podría
cansarme de besarlos, sus besos eran adictivos, estaba segura de que después de
haberlos probado me volvería totalmente dependiente de ellos.
Después de una deliciosa cena y de una conversación un poco más extensa
que hasta ese momento, después de varios abrazos y besos… sí, besos, muchos
besos. Para mí besarlo era una adicción y para Shane parecía lo mismo, apenas
podíamos separar nuestros labios más de cinco minutos seguidos. Después nos
subimos al coche y me llevó a mi casa, estuvimos aparcados en mi portal durante
más de treinta minutos hablando… y besándonos.
—¿Nos vemos el lunes? —preguntó con los labios enrojecidos y algo
hinchados.
—Sí, allí estaré —contesté sonriendo.
—Mañana te llamaré —aseguró.
—Esperaré tu llamada —me acerqué de nuevo a él y volví a besarlo… sí,
una vez más.
—Hasta mañana —dijo con voz entrecortada pegando su frente a la mía.
—Hasta mañana.
Abrí la puerta del coche y me bajé lentamente, dedicándole una mirada antes
de cerrarla. Me quedé de pie en la acera viendo como el coche desaparecía calle
abajo, mientras suspiraba llevando una mano a mis labios.

Capítulo 7

Suspiré por milésima vez mientras miraba el techo, aunque en realidad no
veía nada. Volví a mirar la hora en el reloj que descansaba en mi mesita de
noche y ya pasaban de las diez de la mañana. Se suponía que tendría que
ponerme en pie y hacer algo de tarea para la universidad, pero era domingo y
tendría todo el día. Además, que ya lo había hecho casi todo el viernes a la noche
después de volver del centro comercial.
Cerré los ojos y la imagen de Shane apareció tras mis parpados, volví a
suspirar. Todavía no podía creerme que fuera su novia, su novia oficial. Cada
vez que lo pensaba las mariposas de mi estómago se ponían alegres y
comenzaban a revolotear frenéticamente, pero… ¿qué pasaría mañana? ¿Cómo
me recibiría al llegar a la universidad? ¿Se comportaría igual que siempre o
cambiaría en algo su actitud? Tenía dudas, muchas dudas, no es que nunca
hubiese tenido novio antes, claro que sí, pero ninguno había sido Shane, ninguno
me había vuelto loca en tan poco tiempo ni con tanta intensidad. Además, que
mis experiencias pasadas no habían sido del todo buenas y eso siempre sería una
losa en mi espalda hasta que pudiese comprobar que la relación fuese bien, ya
fuese con Shane o con cualquier otro chico.
Volví a suspirar… sí, al final en lugar de respirar me pasaría el día
suspirando, pero es que era inevitable, ¡por dios! ¡Shane era mi novio! Creo que
tenía un motivo más que justificado para explicar mis suspiros. La noche
anterior cuando me dejó en el portal del edificio, subí las escaleras a la carrera de
dos en tres, estaba celebrando que no me había tropezado cuando mis pies se
enredaron entre sí y caí frente al sofá, pero en fin, así era mi vida. Una vez en pie
me puse a saltar y a gritar sobre el sofá como colegiala enamorada. Mi baile de
la victoria no se hizo esperar tampoco y después al meterme en la cama me costó
mil triunfos quedarme dormida. Hasta que a las seis de la mañana volví a
despertar y no hubo fuerza humana que me hiciese dormir de nuevo. Y así estaba
en ese momento, cuatro horas después en la misma posición, mirando al techo y
suspirando, porque no había podido parar de hacerlo.
Unos minutos después pude escuchar como la puerta principal se abría y se
cerraba y como Ang dejaba las llaves sobre el recibidor, después se quitaba los
zapatos para ponerse sus zapatillas de deporte y venía corriendo en dirección a
mi habitación. Creo que llamó a la puerta varias veces, pero yo estaba perdida de
nuevo en mis pensamientos, recordando la sensación de los labios de Shane
sobre los míos. La puerta se abrió de golpe y segundos después la figura de mi
amiga se desplomó a mi lado en la cama. Colocó su cabeza junto a la mía y miró
hacia el techo en la misma dirección que yo. Después de unos minutos en
silencio carraspeó para llamar mi atención, pero no me moví ni pronuncié una
sola palabra.
—¿Qué estamos mirando? —preguntó susurrando.
Y yo suspiré.
Ella se giró quedando de lado frente a mí y se incorporó un poco apoyándose
en un codo, pude sentir su mirada clavada en mí durante dos largos minutos
hasta que se decidió a preguntar.
—¿Qué te pasa?
¿Y adivina qué? Yo suspiré de nuevo.
El timbre de la puerta comenzó a sonar insistentemente y al ver que
continuaba sin moverme, Ángela se puso en pie y fue a abrir. Pude escuchar esta
vez varias voces hablando y riendo, después me llamaron varias veces pero yo…
continuaba suspirando y mirando al techo. A fin de cuentas, mi estado de
estupidez-post-declaración tenía un motivo justificado… ¡ERA LA NOVIA DE
SHANE!
Pude sentir varios pares de pasos por el pasillo dirigiéndose a mí habitación,
la puerta volvió a abrirse y una ráfaga de viento entró en mi habitación. Yo
continué sin moverme, podía ver por el rabillo del ojo la figura de Aileen
revolviendo en mi armario y podía escucharla bufar y hablar para sí misma
mientras Ángela y alguien que estaba a su lado reían divertidas.
—¿Qué le pasa? —dijo una voz familiar, creo que era Megan, la mujer del
profesor Spen… de Mathew.
—No lo sé, cuando he llegado hace una hora ya me la he encontrado así —
contestó Ángela.
Pude sentir la mirada de Aileen puesta en mí y hasta pude imaginar cómo
levantaba una ceja en mi dirección y les dedicaba a las otras chicas una mirada
de entendimiento.
—Shane también estaba muy raro esta mañana… —susurró.
Escuchar el nombre de Shane me hizo reaccionar y giré mi cabeza para
mirarla, ver los ojos verdes de Aileen tan parecidos a los de Shane me
recordaron de nuevo a la noche anterior, sobre todo a los besos de Shane… y
suspiré. Las tres se quedaron unos segundos en silencio, después dieron un gritó
y saltaron a la vez sobre mi cama, el colchón hizo rebotar sus cuerpos y el mío
salió disparado contra la alfombra que había en el suelo a un lateral de mi cama.
Allí me quedé, tendida en la alfombra y mirando todavía al techo.
Tres cabezas se asomaron por el borde de la cama y me miraron
interrogantes, yo volví a suspirar.
—¿Crees que tu hermano le ha contagiado algo? —preguntó Ángela.
—¿La idiotez, quizás? —preguntó Megan.
—¡Mi hermano no es idiota! —chilló Aileen, Megan la miró mal y ella se
quedó pensativa unos segundos, después asintió—. Sí, tengo que reconocer que
es un poco idiota, pero no es genético.
Las tres estallaron en carcajadas y en mi cabeza resonaron tres palabras “mi
novio idiota” y suspiré una vez más.
—Tú la conoces desde hace más tiempo —le dijo Megan a Ángela—, ¿sabes
cómo hacerla reaccionar?
Mi amiga sonrió con picardía y se tiró encima de mí poniéndose a horcajadas
sobre mi cintura, inmovilizando mis brazos con sus piernas. Mi cuerpo se tensó,
sabía lo que Ángela iba a hacer y no quería… ¡no! Intenté revolverme en vano,
porque Ángela era más alta que yo y por lo tanto tenía más fuerza. Se inclinó un
poco hacia delante y me miró fijamente, podía ver la decisión en su mirada,
sabía que odiaba eso, que me daba mucho asco. Se inclinó un poco más y sonrió
de lado, su sonrisa me dio miedo, mucho miedo. En un movimiento rápido tenía
su rostro pegado al mío y su lengua extremadamente húmeda se deslizaba por mi
mejilla, chillé y me revolví con más fuerza, hasta que conseguí liberar mis
brazos y me saqué a Ángela de encima con un empujón. Comencé a secar mi
mejilla frenéticamente con la sábana de la cama mientras las tres reían a
carcajadas.
—¡No es gracioso! —me quejé en un grito—. Es lo más asquerosos que
existe.
—¿Más que los gusanos? —preguntó Ángela— ¿Más que un gusano peludo
y gelatinoso?
Me estremecí a la vez que un escalofrío me recorría el cuerpo, si había algo
que me daba más asco que me chuparan eran los gusanos. Aileen y Megan se
revolcaban sobre mi cama riéndose a carcajadas y sujetándose el estómago,
Ángela me miraba sonriendo y con los ojos brillando por la victoria y yo… yo
tenía el ceño fruncido y los ojos entrecerrados… “mala amiga” se repetía en mi
cabeza una y otra vez.
—Ben se enterará de esto… —mascullé entre dientes.
—¿Y qué crees que hará? —preguntó divertida— ¿Azotarme por ser una
niña mala?
Aileen y Megan gritaron y estallaron en carcajadas histéricas, yo me
estremecí por la imagen mental que se me creó en ese momento. No había sido
buena idea, demasiada información.
—Azotarte no lo sé, pero si le digo que ahora te gusta lamer a las chicas
quizá te traiga compañía la próxima vez que estéis a solas —dije sonriendo con
maldad. A este juego también podían jugar dos.
Ángela palideció y me miró asustada, unos meses atrás me llamó una noche
al borde del llanto porque su novio le había propuesto hacer un trío con otra
chica. Ella se negó tajantemente, pero estaba claro que era una de las fantasías
no cumplidas del pobre Ben, desde aquel día nunca pude volver a mirarlo igual.
—No te atrevas, por favor te lo suplico, no volveré a hacerlo —dijo con voz
ahogada.
Fue mi turno de reírme a carcajadas mientras Ángela me fulminaba con la
mirada. Me puse en pie y fui hacia la cocina a hacerme un café, las chicas no
tardaron en seguirme y sentarse a la mesa, le serví un café a cada una y me senté
con ellas. Estuvimos en silencio unos minutos, yo con la mirada clavada en mi
taza de café mientras lo bebía a pequeños sorbos y ellas mirándome fijamente
esperando que hiciese algo.
—¿Vas a hablar de una vez? —chilló Aileen.
Asustada di un brinco en la silla y la miré con la boca abierta.
—¿Qué quieres que te diga? —pregunté poniendo una mano en mi pecho
haciendo que mi corazón volviese a latir a un ritmo normal para un humano…
—¿Cómo que quiero que me digas? —preguntó incrédula—. ¡Lo que has
hecho ayer, Jordan!
—Pasamos la mayor parte del día juntas, sabes bien lo que he hecho —sonreí
complacida al ver su cara de fastidio.
—Jordan —masculló entre dientes—, ¿qué hiciste después de que yo me
fuese?
—Tuve una cita con Shane, tu hermano, ya sabes —contesté
despreocupadamente.
Vi como las tres rodaban los ojos y reprimí una sonrisa de victoria, me
encantaba hacer rabiar a los demás.
—¿Qué hicisteis en la cita? —preguntó ahora Ángela.
—Fuimos a cenar —fue mi escueta respuesta.
Esperaron unos segundos, imagino que por si decidía continuar hablando, al
ver que no lo hacía Megan resopló y puso las manos extendidas sobre la mesa
apoyándose en ellas para incorporarse. Se inclinó hacia delante, hasta que su
rostro quedó a centímetros del mío y nuestras miradas se enlazaron.
—Habla… ahora —dijo remarcando cada palabra.
Tragué en seco y carraspeé para aclarar mi garganta, Megan daba miedo
cuando se lo proponía, mucho miedo.
—¿Qué… qué queréis saber? —pregunté en un hilo de voz.
— T.O.D.O —remarcó Aileen.
Suspiré y las miré entre mis pestañas, las tres esperaban ansiosas.
—Veréis… me llevó a cenar a un restaurante italiano, hablamos, reímos… lo
normal en una cita —expliqué sin detalles.
—¿No vas a decirnos nada más? —preguntó Ángela.
—Los detalles escabrosos me los guardo para mí, es mi vida privada después
de todo.
—Sí, sí, Jordan, deja tu complejo de diva para cuando Mike te pida un
autógrafo —dijo Aileen haciendo un gesto extraño con la mano—. Ahora lo que
quiero saber es porque mi hermano tenía una sonrisa de estúpido esta mañana.
—, Eso es fácil, porque es estúpido —dijo Megan con total sinceridad.
—Meg… que es mi mellizo —dijo Aileen indignada.
—La estupidez no es un rasgo característico de los Spencer, se la llevó toda
Shane —dijo la rubia tranquilamente.
Aileen lo pensó durante unos segundos y después asintió sonriendo, Ángela
disimuló una carcajada con una tos fingida y luego las tres volvieron a mirarme
esperando que les contase algo más.
—¿Qué? —les pregunté algo intimidada por sus miradas tan penetrantes.
—¿Cómo qué, qué? —dijo Aileen—. ¡Cuéntanos algo más!
—No tengo más que contar…
—¡Venga ya! —exclamó Ángela—. Te conozco y nunca te había visto esa
mirada que traes, así que hay algo más que no quieres decirnos.
Suspiré una vez más, sí una vez más ¿Cuántas iban ya?
—¿Te besó? —preguntó Megan
—¿De qué habéis hablado? —preguntó Ang.
—¿Te has acostado con él? —preguntó Aileen y todas la miramos
sorprendidas—. ¿Qué? Es mi hermano, pero me interesa saber la vida de Jordan
—se defendió.
—Uhm… —medité unos segundos— sí, nos besamos —le contesté a Meg
—, hablamos de muchas cosas… —le dije a Ang— y ¡no nos acostamos! —le
grité a Aileen.
—¿Me estás diciendo que no os habéis acostado? —preguntó confundida.
—¡No! —volví a gritar.
—¿Te hemos obligado a comprar ropa interior decente para que el estúpido
de mi hermano no se acueste contigo? —preguntó exasperada—. Dime al menos
que lo intentó y tú te negaste —casi suplicó.
—No lo intentó… —contesté frunciendo el ceño, ya estaba dando más
información de la que me gustaba.
—No te preocupes —le susurró Meg—, quedan más días y muchos más
conjuntos.
Me atraganté con el café y casi se me sale por la nariz.
—¿Y no pasó nada más importante? —preguntó Ángela.
—Eso… —dijeron a coro las otras dos.
—Bueno… —me puse en pie y les di la espalda— antes de ir a cenar me
llevó a un mirador para hablar conmigo.
—¿Qué te dijo? —preguntaron las tres de modo histérico.
—Me pidió que saliésemos en serio, que fuese su novia —susurré.
Silencio…
Más silencio…
Me di la vuelta sorprendida porque todavía no habían mostrado ningún tipo
de reacción y al girarme las vi con los ojos muy abiertos y esperando que dijese
algo más.
—Jordan ¡por Dios! Cuéntanos ya que le has contestado —chilló Aileen.
—Lo obvio —dije encogiéndome de hombros.
—Le has dicho que no —aseguró Megan sonriendo.
Las tres la miramos raro, su aversión a Shane ya me estaba poniendo
nerviosa.
—Le he dicho que sí —contesté mirándola a ella para que le quedase claro.
Y juro que casi me meo de miedo, lo juro. Aileen dio un salto casi imposible
y se me cayó encima rodeando mi cuello con los brazos. Megan y Ángela
gritaron con una enorme sonrisa y todo lo demás dejó de tener importancia para
mí, porque me caí hacia atrás y mi brazo izquierdo se golpeó con fuerza contra
uno de los muebles de la cocina. Un latigazo de dolor recorrió mi cuerpo de
arriba abajo e hice una mueca. Aileen se puso en pie como impulsada por un
resorte, en cuestión de segundos las tres estaban ayudándome a enderezarme y a
sentarme en una silla. Acuné mi brazo adolorido contra el pecho y acallé los
sollozos que querían salir por mi garganta, no quería hacer sentir culpable a
Aileen, todo había sido un simple accidente.
—¡Dios, Aileen! Controla un poco tu efusividad, por favor —le pidió
Megan.
Ella agachó la mirada e hizo un puchero con su labio inferior.
—No pasa nada —susurré a media voz para que no se me escapase un
gemido.
—¿Te duele mucho? —preguntó Ángela.
—Solo un poco —gemí.
—¿Qué grado más o menos? —preguntó con el ceño fruncido.
Mis caídas, tropiezos, accidentes y demás eran algo muy típico en mi vida,
tanto que Ángela y yo habíamos inventando una tabla de graduación para el
dolor, había llegado a tener un nueve sobre diez.
—Un siete —mentí suspirando y ocultando mi rostro para que no viesen las
lágrimas intentando salir de mis ojos.
—Llamaré a papá —dijo Aileen saliendo de la cocina con el móvil en la
mano.
Ángela me pasó una bolsa de judías congeladas y la puse sobre el brazo
adolorido, se me escapó un gemido y Megan se encogió en la silla.
—Eso me ha sonado a diez más que a siete —susurró Ángela.
—Estoy bien, de verdad —volví a decir.
—Aileen no está y no necesitas mentir —refutó Megan.
— Está bien, me duele mucho… ¿alguien puede llevarme a un hospital? —
pregunté en un murmullo con una lágrima furtiva descendiendo por mi mejilla.
—Vamos —me dijo Ángela poniéndose en pie.
En cuanto la imité, Aileen cruzó la puerta con la cara compungida.
—Papá está en urgencias, nos está esperando —dijo a media voz—. Lo
siento mucho Jordan… yo no quería, de verdad, te compensaré con lo que sea.
—Ya lo hablaremos en otro momento, Aileen —no tenía humor para hablar
en ese momento, pero no dejaría pasar el “te compensaré con lo que sea” que me
había sentenciado a mí la tarde anterior.
Ángela puso una chaqueta sobre mis hombros y Meg abrió la puerta
principal, cuando estaba a punto de salir, mi móvil comenzó a sonar en la
habitación, me giré y miré a Aileen a los ojos. No hizo falta más, enseguida
desapareció en el pasillo y volvió extendiendo el teléfono hacia mí. Cuando miré
el indicador se me paró el corazón… era Shane. Pulsé el botón para contestar y
llevé el aparato a mi oído.
—Hola Shane —susurré.
—Hola… ¿cómo estás? —preguntó con voz alegre.
Comencé a bajar las escaleras con cuidado a la vez que hablaba.
—Bien… —dije dudando.
—¿Seguro? No ha sonado muy convincente —dijo bromeando.
Tropecé con un escalón y Meg tuvo que sujetarme para que no cayese, con
tan mala suerte que me sujetó el brazo izquierdo. Ahogué un grito de dolor y
cerré los ojos con fuerza.
—No te estarás arrepintiendo de lo de anoche, ¿verdad? —preguntó con voz
temblorosa.
—No es eso —volví a hablar en un susurro.
—¿Qué pasa? ¿Seguro que estás bien? —volvió a preguntar algo ansioso.
—Sí… ¡Ah! Meg, no me agarres del brazo, por favor —grité cuando volví a
tropezar.
—Lo siento —gesticuló con sus labios.
—¿Megan está ahí contigo? —volvió a preguntar Shane.
—Sí, también está Aileen, van a acompañarme a… —me detuve cuando casi
digo “hospital”.
—¿A dónde vais? —preguntó con curiosidad.
—A ningún lugar en especial —contesté evasivamente.
Meg bufó y me quitó el teléfono de las manos.
—Shane vamos a urgencias con Jordan… la loca de tu hermana se le tiró
encima a tu novia y le ha hecho daño en un brazo… sí, no te preocupes… de
acuerdo… adiós —y colgó—. Nos espera en el hospital —dijo con una sonrisa
—¿Por qué le has dicho que íbamos al hospital? —pregunté sorprendida.
—Es justo que lo sepa, es tu novio, se supone que debe estar a tu lado en la
salud, en la enfermedad y todas esas cosas —contestó encogiéndose de hombros
y empujándome por la espalda para que continuase bajando escaleras.
—Esos son los maridos, no los novios —protestó Ángela.
—Da igual —contestó Megan—, así va practicando.
—Va a matarme, va a matarme… —murmuraba Aileen para sí misma—
Meg ¿por qué se lo has dicho? ¡Va a matarme!
La interpelada rodó los ojos y pellizcó a Aileen en el brazo.
—No lo hará, le tiene un poco de miedo a Zack —sonrió con diversión.
Cuando salimos a la calle Aileen casi se tropieza con Ben.
—¿Dónde está mi coche? —preguntó asustado.
Me encogí, pero esta vez no era de dolor, había olvidado decirle a Ángela
que el coche de su novio había hecho caput… pobre, espero que no le tuviese
demasiado cariño.
—Ben… lo siento, tu coche me dejó tirada el viernes —dije con voz de
disculpa.
—¿En dónde? —preguntó ansioso.
Le di la dirección y luego le pidió a Ángela si lo podía cercar allí en mi
coche, suspiré y asentí, mi amiga se fue con su novio dándome una mirada de
disculpa, aunque no tenía motivos, técnicamente no estaba sola, Meg y Aileen
estaban conmigo, así como Shane que me esperaba en el hospital y también mi
profesor de primeros auxilios/futuro suegro que iba a atenderme. “¡Genial!”
Pensé sarcástica.
Aileen me ayudó a subir al asiento del copiloto del descapotable de Meg y
ambas ocuparon sus puestos. Meg conducía a una velocidad de vértigo, no sabía
si agarrarme y clavar las uñas en el asiento o sujetarme el brazo porque cuando
tomaba una curva me daba un golpe contra la puerta haciendo que me moviese y
eso dolía mucho, demasiado. Cuando llegamos al hospital antes de que pudiese
darme cuenta la puerta se abrió de golpe y un preocupado Shane apareció de
repente, me asusté, pero a la vez me sentí más tranquila por tenerlo cerca.
—¿Cómo estás? —me preguntó.
—He estado mejor, pero no duele tanto —intenté restarle importancia.
Cuando Shane me ayudó a bajar del coche Meg y Aileen ya lo habían hecho
también, esta última se escondía tras el cuerpo de su cuñada y solo asomaba un
ojo por encima de su hombro.
—Tú y yo hablaremos después —le dijo Shane con voz dura a su hermana.
Esta asintió bajando la mirada y yo le di una mirada de confianza, diciéndole
sin palabras que intercedería por ella. No sabía cómo era Shane cuando estaba
enfadado, pero por lo que estaba viendo era mejor no hacerlo muy a menudo.
Shane caminaba por el hospital como si fuese su segunda casa, algunas
enfermeras le ponían ojitos y lo saludaban, lo que estaba haciendo que mis celos
saliesen a flor de piel, pero él parecía totalmente inconsciente de todas las
pasiones que levantaba. Entramos en una sala de rayos X y yo lo miré
entrecerrando los ojos, ¿ni si quiera habíamos pasado por admisión y ya iba
hacer unas radiografías?
—Ser hijo del director de urgencias tiene sus privilegios —dijo con una
sonrisa arrogante cuando le pregunté, aunque la alegría no se reflejó en sus ojos.
—¿El Dr. Spencer es el director? —pregunté asombrada.
—¿No te lo había dicho? —preguntó a lo que yo negué—. Pues sí, colabora
con la universidad dando el curso de primeros auxilios y también es director de
urgencias, aunque pronto espera serlo del hospital.
Cuando entramos Robert estaba allí sentado en una silla, en cuanto nos vio se
puso en pie y después de saludarme tomó mi mano izquierda con excesivo
cuidado. Movió mi brazo en diferentes ángulos y finalmente ya no sabía dónde
me dolía y dónde no. Cada vez que me quejaba Shane hacía una mueca de dolor
como si a él mismo también le doliese.
—No parece estar roto —dijo unos minutos después—, pero vamos a hacer
un par de radiografías para ver qué es lo que pasa.
Después de hacerme las radiografías fuimos a esperar al despacho de Robert.
En toda mi estadía en hospitales a lo largo de mi vida, y creedme no eran pocas
las veces que había acabado allí, nunca había estado en el despacho del director
de urgencias. Shane sujetaba mi mano derecha entre las suyas y jugueteaba con
mis dedos, algo que me gustaba que hiciera, parecía un gesto infantil, pero a mí
me parecía muy tierno.
Cuando Robert entró en su despacho tenía una mirada de disculpa dibujada
en ellos y traía algo azul doblado en una de sus manos. Colocó las radiografías
en uno de esos paneles luminosos que tienen en los hospitales y él y Shane
comenzaron a hablar en tecnicismos médicos que yo no dominaba, por lo que no
me enteré de la mitad de las cosas que estaban diciendo. Después de unos
minutos parecieron recordar que yo seguía allí y me miraron con una disculpa en
los ojos.
—Tienes una fisura en el radio, no es muy grave pero sí dolorosa, como
puedes comprobar —dijo Robert en tono profesional—. Lo mejor que podemos
hacer ahora es inmovilizar el brazo y darte calmantes para el dolor.
Se acercó a Shane y le tendió la cosa azul que traía en sus manos, que resultó
ser un cabestrillo con muchos velcros que mantendría mi brazo quieto, ¡que
suerte la mía!
—Será molesto, pero… —los ojos de Robert brillaron de diversión durante
unos segundos— por lo que he podido ver en tu historial, deberías estar
acostumbrada a este tipo de situaciones.
Bufé y Shane soltó una risita, al menos ya no estaba tan de mal humor como
unos minutos antes, esperaba que eso jugase a favor de Aileen. Shane me colocó
el cabestrillo con excesivo cuidado de no hacerme daño y después me sonrió de
lado orgulloso de sí mismo por haber hecho laguna labor “médica”.
—Tendré que hacerte un pase para que tu profesor de primeros auxilios te
deje exenta de las practicas que exijan fuerza por un par de meses —dijo Robert
sonriendo con complicidad.
Cuando salimos del despacho de Robert después de que me diese un bote de
calmantes para el dolor y haberme inyectado unos cuantos, Aileen y Meg
todavía seguían en la sala de espera. Shane solo se despidió de ellas con un
movimiento de cabeza y yo les sonreí para hacerles saber que estaba bien. Me
llevó hasta su coche sin preguntar nada y todavía en silencio me llevó hasta mi
casa. Cuando estacionó delante del edificio suspiró y dejó caer la cabeza sobre el
volante.
—Aileen no tiene la culpa, solo ha sido mala suerte —susurré.
—Tendría que tener más cuidado, es demasiado… efusiva, tiene que
aprender a controlarse —dijo con voz amortiguada por el volante.
—Estoy bien… ya has visto que esto no es nada, algo muy típico en mi vida
—no había sido culpa de Aileen, tenía que lanzar una lanza a su favor.
Se quedó en silencio durante unos minutos con la mirada perdida en la
ventana, no pude apartar los ojos de su perfil, era tan… perfecto. Sé que puede
sonar cursi, pero en verdad lo era. Nunca podría cansarme de mirarlo y mucho
menos de besarlo… ¡Besos! Llevábamos más de una hora juntos y todavía no
me había besado, ni siquiera un besito en la mejilla.
—Mañana tampoco podré conducir —dije para intentar romper el hielo.
Funcionó, Shane me miró y sonrió de lado.
—Puedo venir a buscarte si quieres y también podría traerte —dijo
mirándome a los ojos.
—Te lo agradecería mucho —contesté también sonriendo —. Pero, se me
ocurre algo que podrías hacer ahora mismo y que me ayudaría a hacerme sentir
mejor.
—Uhm… ¿el qué? —preguntó acercándose un poco a mí.
—¿No tienes una idea de lo que puedes ser? —pregunté en tono juguetón…
¿de dónde había salido toda esa confianza? ¿Me golpeé también la cabeza y no
me enteré? Seguro que era el poder de las venditas drogas para el dolor.
Shane acortó la poca distancia que nos separaba y me besó en los labios
profundamente y uhm… que ricos estaban sus besos, siempre quería más y más.
No había dolor en mi brazo, ni nada por lo que preocuparse mientras tuviese los
labios de Shane besando los míos.
Capítulo 8
Los labios de Shane sobre los míos.
Suave…
Lento…
Su lengua luchando con la mía.
¿Podría haber algo mejor que eso? Lo dudaba.
Podía sentir como cada centímetro cuadrado de mi cuerpo vibraba con las
emociones que me atravesaban solo con un simple beso. Nos alejamos un poco y
él apoyó su frente contra la mía. Abrí mis ojos y me perdí dentro de los suyos,
era tan fácil hacerlo…
Mientras me ahogaba en ese mundo submarino que me mostraban sus ojos
verdes, pensé en lo perfecto que era Shane, su físico, su personalidad, el modo
en que me miraba, su sonrisa ladeada… mi mente trabajaba a la velocidad de la
luz intentando encontrarle un “pero”, ese “algo” que lo hiciese parecer un
humano como yo, si es que eso era posible.
¿Un diente torcido?
¿Una oreja imperceptiblemente más grande que la otra?
¿Un ligero estrabismo que pasaba desapercibido?
Pero no, no había nada…
Al menos nada a la vista.
Por más que lo observaba no había nada que no fuese perfecto en él y ahí me
di cuenta de un hecho… ¿cómo me vería yo a su lado? Frente a mí, míster
perfección era… ¡perfecto! Válgame la redundancia, y yo, no es que me
considerase fea ni poca cosa, pero es que ¡estábamos hablando de Shane
Spencer, por favor! Hasta la más guapa de las modelos sería incapaz de hacerle
sombra.
Suspiré de nuevo… sí, mis suspiros todavía no me habían abandonado, pero
si ya estaba atontada solo pensando en él, tenerlo delante era indudablemente
mucho peor.
—¿En qué piensas? —preguntó en un susurro.
—En que me vuelves loca — contesté sin pensar.
Lo escuché reírse entre dientes y fue entonces cuando caí en lo que había
dicho y mis mejillas se tiñeron de un rojo escarlata que asustaba, ¿podría llegar a
comportarme más estúpida? No lo creo.
Shane se acercó de nuevo a mí con claras intenciones de volver a besarme…
¿y quién era yo para impedírselo? ¡Nadie! ¡Qué me besase las veces que quisiese
que yo estaría siempre dispuesta!
—Me alegra saber eso —susurró contra mis labios—, yo estoy igual contigo.
Antes de que pudiese procesar el significado de sus palabras sus labios
estaban de nuevo haciendo contacto con los míos, que se movían al compás de
su ritmo.
¿Cómo había podido vivir hasta ese día sin los besos de Shane?
En ese mismo momento estaba pensando que los necesitaba tanto como el
aire que respiraba, era adictivo, necesario, imprescindible… ¡simplemente lo
necesitaba! Y Shane no me estaba defraudando, el beso cada vez era más
necesitado, más profundo, sus manos rodearon mi cintura en un momento dado y
cuando quise darme cuenta estaba sentada en su regazo, entre su cuerpo y el
volante de su coche ¿cómo lo hizo? No lo sé… pero no es que pudiese pensar en
eso, estaba demasiado ocupada delineando los labios de Shane con mi lengua y
maravillándome con su suavidad y su sabor.
Mi mano sana se enganchó en su cuello y mis dedos se enredaron en los
cabellos de su nuca, un gemido casi inaudible escapó de su garganta cuando tiré
de ellos levemente. Ese sonido me encendió, sentí el calor crecer en mi
estómago y liberarse a lo largo de todo mi cuerpo, sentí un sudor frío en mi
espalda y la imperiosa necesidad de tener a Shane más cerca.
¿Excitada?
Sí… y mucho.
¡Y con un simple beso!
Sería que mis últimos seis meses de sequía sexual estaban obrando mucho en
ello, o quizá era ese magnetismo erótico que rodeaba a Shane y que me atraía
hacia él haciéndolo participe de mis pensamientos más impuros. ¿Pero quién no
lo haría?
Las manos de Shane comenzaron a deslizarse por mi espalda bajo mi suéter,
y… ¡madre de Dios! ¡Qué bien se sentía! Pero quería más, mucho más…
necesitaba más. Intenté mover mi otra mano para rodear también su cuello con
ella, pero un latigazo de dolor me hizo gemir, pero en esta ocasión se trataba de
un gemido lastimero nada erótico. Shane se alejó de golpe y me miró asustado.
—¿Estás bien? —preguntó.
Solo asentí, pero él no dijo nada, miró mi brazo en cabestrillo y después me
miró a los ojos. Sus labios se ciñeron en una delgada línea y abrió la puerta de
golpe asustándome con el sonido. Volvió a dejarme en mi asiento y él se bajó
rodeando el coche y abriendo mi puerta también. Me acompañó hasta el portal
de mi edificio y se quedó en silencio, no entendía lo que estaba pasando, ¿por
qué de un momento a otro su actitud había cambiado?
—¿Ocurre algo? —pregunté en un susurro.
Shane resopló y se sujetó el puente de la nariz con los dedos, después me
miró entre sus pestañas y suspiró.
—No me gusta la idea de que estés herida, tan solo nos estábamos besando
y… te ha dolido. No lo soporto —contestó en un murmullo desviando la mirada.
Iba a contestarle cuando mi teléfono comenzó a sonar, al mirar el
identificador vi que era Ángela.
—¿Pasa algo, Angie? —pregunté al descolgar.
—Jordan, lo siento mucho… ¿cómo estás? —preguntó preocupada.
—Tengo una fisura, nada importante —contesté.
Shane bufó y yo lo miré sonriendo, me gustaba que se preocupara por mí.
—Ya sabes que he tenido accidentes peores —continué hablando, Shane
endureció la mirada y me taladró con sus ojos, me encogí de hombros restándole
importancia.
—Ay Jordan… bueno, estamos en el taller de un amigo de Ben y nos han
dicho que el coche no tiene solución, ¿te lo puedes creer? —preguntó mi amiga
fingiendo indignación, pero sabía tan bien como ella que Ben adoraba ese coche,
aunque tanto ella como yo no le veíamos el sentido… ¡era un cuatro latas! Hasta
mi abuelo tendría menos años que ése pedazo de chatarra.
—Vaya faena —dije intentando reprimir una risa—, Ben adoraba ese coche.
—Ya ves —contestó ella sin ganas.
—¡Oye! —dije de repente recordando algo— Te importa mucho tu novio
¿cierto?
—¿A qué viene esa pregunta? —dijo con curiosidad.
—Conozco a alguien que es muy bueno con los coches, me dijo exactamente
lo que le pasaba al coche de Ben solo mirándolo y sin apenas tocarlo —me
acordé de Gabriel y la tarjeta que encontré en mi bolsillo la tarde anterior—.
Tengo la dirección de su taller en casa, si quieres díselo a Ben… a no ser que
quieras deshacerte del cacharro que él llama vehículo.
—Me lo pensaré… —bufó— de todos modos, te llamaba para pedirte el tuyo
mientras él no tiene otro medio de transporte, de su casa al campus sabes que
aun gran trecho.
—De acuerdo, pero dile a tu novio que mi coche no es como el suyo, que lo
cuide mucho —dije haciendo un puchero.
—Me ha dicho que pasará a buscarnos para ir a la universidad todas las
mañanas —dijo alegre.
—Em… verás —balbuceé algo avergonzada—, ya tengo eso solucionado
—¿Sí? —inquirió.
—Tengo chofer hasta que yo pueda conducir —dije mirando a Shane que me
estaba regalando una enorme sonrisa.
—Oh, vaya… no sé si quiero saber más. Por cierto… ¿me necesitas en casa?
Ben quiere ir al cine… ¿Estarás bien si te dejo sola?
—Sí Ang, estaré bien, me han puesto calmantes para dormir una semana, no
te preocupes y diviértete
Después de despedirme de mi amiga y colgar miré a Shane que ahora estaba
recargado en la pared, y juro que pensé que estaba viendo una de las vallas
publicitarias de una marca de tejanos con el supermodelo posando… ¿era legal
ser tan apetecible?
—¿Ángela no va a venir? —preguntó sin ninguna expresión en su cara.
—No, irá con Ben al cine.
Endureció el gesto y se acercó dos pasos a mí.
—No me gusta que estés sola estando así —dijo señalando el cabestrillo.
—Estaré bien, estoy acostumbrada a los accidentes —contesté sonriendo.
—Pero estaría más tranquilo si estás con alguien más —dijo totalmente
convencido.
—Quédate tú.
Lo juro.
De verdad, mi intención no era decir eso. Pero las palabras abandonaron mis
labios antes de que pudiese evitarlo. Cuando me di cuenta mis mejillas se
tornaron rojas y tuve que desviar la mirada más que avergonzada “¿Qué va a
pensar de ti ahora?” gritó mi conciencia.
Shane avanzó el paso que nos separaba y sujetó mi barbilla con sus dedos, la
alzó para que lo mirase y lo hice, aunque me puse más roja todavía.
—¿Estás segura de que quieres que me quede yo? —preguntó en un susurro
y descargando todo el poder de su mirada en mí.
—¿Por qué no habría de querer? —pregunté en el mismo tono de voz.
Se encogió de hombros y sonrió, en sus ojos había diversión y algo que no
pude descifrar, mi corazón dejó de latir por unos segundos cuando tomó mi
mano entre la suya y tiró de mí para que entrásemos en el edificio. Cuando abrí
el portal con mi llave Shane me dejó pasar y caminó después hacia el ascensor,
lo detuve sujetándolo por el brazo y él me miró interrogante.
—Esta estropeado, a veces se queda entre dos pisos durante unos minutos. Es
mejor no tentar a la suerte, solo son tres pisos —en cuanto dije eso me
arrepentí… ¿qué habría pasado si me quedaba encerrada en un ascensor con
Shane y a solas? Varias imágenes comenzaron a formarse en mi cabeza y creo
que mis mejillas nunca habían alcanzo ese nivel de sonrojo, ¡malditas hormonas
aceleradas!
Cuando llegamos al apartamento que compartía con mi amiga, Shane me
obligó a sentarme en el sofá y él mismo fue a la cocina a buscar un vaso de agua
para que pudiese tomar los calmantes que su padre me había recetado. Si él
supiese que mi mejor calmante eran sus besos no se habría ido tan rápido.
Después nos quedamos en un silencio algo incomodo mirándonos de reojo
de vez en cuando, nunca había estado en una situación similar a esa. Nunca
había vivido prácticamente sola y llevado a un novio a casa, así que no sabía
muy bien cómo actuar.
Sin más comencé a reírme, fue una risa floja de esas que no puedes evitar por
los nervios, encima de patosa ahora resultaba que era una loca.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó mirándome y enarcando una ceja.
No podía dejar de reír para contestarle, así que una sonrisa algo tonta se le
pegó a la cara acompañando mis risas, hasta que pude coger aire y lo miré
mientras me secaba las lágrimas.
—Es una tontería, pero no sé cómo actuar estando aquí… ¿quieres hacer
algo? —pregunté inocentemente.
Su respuesta, bueno su reacción ante mis palabras me dejó un poco aturdida,
al segundo de hacer esa pregunta su rostro estaba a centímetros del mío y sus
ojos me traspasaban. Me sentí extraña, no mal, extraña, nadie nunca me había
mirado a así, era como… no sabría cómo explicarlo. Estaba como embrujada,
sus ojos eran hipnóticos y creo que hasta me olvidé de respirar.
—Se me ocurre algo que hacer —dijo con voz ronca.
Y… ¡Dios! Creo que se formó una piscina en mi entrepierna ¿cómo era
capaz de provocar eso? Sus labios se acercaron a los míos y comenzamos a
besarnos lentamente, si ya me creía adicta a sus besos, no era nada comparado
con eso. Estaba tan pegada a su cuerpo que podía contar cada uno de sus
músculos sin necesidad de verlos.
Sus manos estrechando mi cintura, nuestros pechos uno con otro o lo que se
podía por el cabestrillo, mi brazo en su cuello atrayéndolo más hacia mí… eso
era el paraíso. ¿Había muerto y estaba en el cielo? Sus manos se fueron
metiendo lentamente bajo mi suéter y con ello mi respiración se volvió errática.
Los dedos de Shane quemaban sobre mi piel, aunque sus manos estaban unos
grados por debajo de mi temperatura corporal, sí, yo estaba caliente… ¡y mucho!
¿Quién no lo estaría con semejante chico?
Acerqué mi trasero hacia el borde del sofá y me fui inclinado hacia atrás
lentamente, Shane me siguió y en un momento dado estaba prácticamente sobre
mí mientras seguía besándome y ahora acariciando mi vientre bajo la ropa.
Abandonó mis labios y cuando iba a protestar comenzó a dejar besos por mi
cuello, sentía el roce de sus dientes y de su húmeda lengua en esa zona tan
sensible y no pude evitar gemir. Shane se quedó paralizado unos segundos y
luego levantó el rostro para cruzar su mirada con la mía, en sus ojos había algo
que no pude leer… ¿miedo? ¿Inseguridad? ¿Vergüenza?
—Jordan yo… lo siento… no… —comenzó a balbucear y lo detuve cuando
intentó incorporarse.
—Está bien, Shane —le dije atrayendo su rostro al mío de nuevo.
—¿Segura? —preguntó todavía indeciso.
No le contesté, solo le atraje de nuevo hacia mí y volví a unir nuestros labios,
¿qué si estaba segura? Más de lo que estaba de que me llamaba Jordan. Separé
mis labios invitándolo a entrar y lo captó a la primera, su lengua se introdujo en
mi boca y yo me sentí desfallecer, ¿cómo era capaz de provocar todo eso con
solo un simple beso? En el fondo no quería saber el motivo exacto, pero sí
probar a ver si continuaba haciéndolo, vaya, probar una y mil veces si era
necesario.
Sin más se separé de él y nuestros ojos se cruzaron, pude leer de nuevo la
duda en ellos, pero no le dejé pensar demasiado, me incorporé lentamente y él
también lo hizo, sin más me senté a horcajadas sobre él y volví a unir nuestros
labios. Me miró algo sorprendido y tardó en responder, pero lo hizo volviendo a
atacar mi lengua con la suya y colocando sus manos en mis caderas. Me incliné
hacia delante un poco y pude apreciar lo que los besos estaban provocando en él,
el bulto de su pantalón era más que evidente.
Ahogué un gemido y sentí como mi ropa interior volvía a humedecerse, me
alejé un poco de él e intenté quitarle la camiseta, él me ayudó y me regaló una
sonrisa torcida que me atascó el aliento. Miré su pecho, amplio, fuerte, con los
músculos ligeramente marcados, sin un solo bello y…
Ahí estaba.
El “pero”.
Ese “algo” que lo hacía imperfecto y más humano.
Uno de sus pezones estaba más alto que el otro.
Me quedé mirándolo fijamente y sonreí como una estúpida.
Me encantaba, eso lo hacía más real… más mío.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó.
Lo miré y volví a sonreír.
—Nada importante… —susurré antes de volver a besarlo.
Sus manos se colaron por completo bajo mi suéter y las mías se aventuraron
a acariciar su pecho, miles de corrientes eléctricas nacían allí donde mis dedos
hacían contacto con su piel y quemaba, sus manos quemaban sobre la mía.
Sentía calor, mucho calor. Sin más escuché un ruido extraño, era como algo
rasgándose. Tardé en darme cuenta de que eran los cierres de mi cabestrillo
abriéndose. Me lo quitó y luego cruzó sus ojos con los míos.
—Tendremos mucho cuidado —susurró.
Asentí y volví a besarlo, el beso se rompió enseguida cuando tuve que
alejarme para que pudiese quitarme el suéter. Cuando lo deslizó por mi brazo
izquierdo ahogué un gemido de dolor, no quería que se detuviese por no hacerme
daño, no ahora que estaba a punto de tenerlo todo. No pude evitar el suspiro que
salió de mis labios cuando sus manos ahuecaron mis pechos, siempre me habían
parecido pequeños y poco llamativos, pero las manos de Shane parecían encajar
perfectamente sobre ellos.
Cuando quise darme cuenta sus labios estaban en mi cuello, besando,
succionando, mordisqueando y yo… yo suspiraba, intentaba no gemir y
enredaba mis dedos en su pelo despeinándolo todavía más. en un movimiento
rápido nos giró y apoyó mi espalda en el sofá, sus manos bajaron a mi cintura y
desabrochó el cierre de mis tejanos, los bajó lentamente, mirándome mientras lo
hacía, acariciando mi piel levemente, despertando todos mis nervios.
Mentalmente agradecí haberme puesto uno de los conjuntos que Aileen me
había obligado a comprar, me había muerto de vergüenza si Shane me veía con
algunas de las braguitas de algodón que se empeñaba en regalarme mi madre
todas las navidades.
Volví a la realidad y Shane estaba intentando ponerse sobre mí sin hacerme
daño en el brazo, antes de que pudiese hacerlo, mi mano derecha fue hacia su
cinturón y lo abrí rápidamente, incluso sorprendiéndome a mí misma. Shane
deslizó los pantalones por sus piernas y se deshizo de ellos pateando los pies, y
ahí estaba, mi adonis imperfecto con un pezón caído. Me mordí el labio mientras
lo miraba, podría estar en medio de un sueño y no sería tan perfecto.
Pensé que se colocaría sobre mí, pero no lo hizo, en cambio se puso de
rodillas en el suelo y me ayudó a incorporarme quedando frente a él, con mis
piernas abiertas y él entre ellas. Nuestros ojos se cruzaron y sonreí, me devolvió
la sonrisa y volvió a besarme, ¡Dios que besos! Quería pasar el resto de mi vida
besándolo. Sus manos se deslizaron por mi espalda y me abrió el sostén
deslizándolo lentamente por mis hombros, besando esa zona hipersensible que
siempre queda oculta y que con solo rozarla me hacía suspirar.
Volvió a acariciar mis pechos, pero esta vez sin nada de por medio y con sus
labios. Gemí, vaya que gemí. Eso era… ¡increíble! Shane entre mis piernas,
besándome, acariciándome… no podía creerlo. Deslizó sus manos a mi centro y
me acarició sobre la tela, en esa ocasión gemimos al unísono. El sonido, casi
gruñido que salió de sus labios envió un latigazo de deseo a mi estómago e hizo
que arquera mi espalda.
Casi con rudeza me arrancó las pequeñas braguitas que eran lo único que me
tapaba en ese momento y se quedó mirándome fijamente. Una mano fue a mi
mejilla y nuestros ojos se cruzaron, su mano se deslizó lentamente
acariciándome con la yema de sus dedos por mi cuello, por mi pecho y por mi
vientre hasta llegar a mi sexo, pero lo más excitante de todo es que su mirada
seguía el recorrido de su mano sin perderse detalle. Introdujo un dedo en mi
interior y tuve que cerrar los ojos y morder mi labio para no gritar… ¡joder!
Comenzó a mover su dedo lentamente en mi interior, arrancándome
gemidos. Abrí mis ojos y me avergoncé un poco cuando lo encontré mirándome
fijamente, con una sonrisa surcada en sus labios y los ojos más oscuros de lo
normal.
Cuando ya no pude soportarlo más me enderecé un poco en el sofá y fue
directa a bajarle su bóxer, pero él me lo impidió poniendo una mano sobre la
mía. Volví a intentarlo, pero volvió a hacer el mismo procedimiento. Lo miré
suplicando y él negó con la cabeza mientras una extraña mueca se dibujaba en su
rostro.
—Te necesito —susurré.
—No puedo… —dijo en un gemido.
Lo miré extraño, ¿por qué no podía? ¿Cómo se atrevía a llegar hasta aquí y
no acabar lo que había empezado? O al menos no acabar como yo esperaba que
lo hiciese.
—¿Qué ocurre? —pregunté confundida e intentando no pensar en un motivo
concreto.
—No… no tengo protección… lo siento Jordan, yo… yo no esperaba que
pasase esto… yo… —lo silencié con un beso.
Rodeé su cuello lentamente con mi brazo izquierdo teniendo cuidado de no
hacerme daño y con la mano derecha bajé un poco su bóxer. Volvió a detenerme,
pero insistí con fuerza y lo conseguí.
—¿Jordan, qué haces? —preguntó cuando se apartó de mí bruscamente.
—Tomo la píldora —susurré—, además… en mi bolso hay un condón.
Me miró algo sorprendido y su ceño se frunció, puse un dedo en sus labios
antes de que ninguna palabra saliese de ellos.
—Las preguntas después… por favor —casi supliqué.
No hizo falta más, él mismo atacó mis labios y me hizo inclinarme un poco
hacia atrás apoyando mi espalda en el respaldo del sofá. Se alejó un poco de mí
sonriendo y sus manos fueron de nuevo hacia mi sexo, al menos una, la otra
desapareció durante unos segundos, abrí los ojos buscándola y Shane me estaba
entregando mi bolso que había dejado en el suelo al lado del sofá cuando
llegamos.
—Búscalo —dijo simplemente.
Intenté hacerlo rápido, pero cada vez que el dedo de Shane embestía en mi
interior perdía toda la concentración y tenía que volver a reacomodar mis ideas
para recordar lo que estaba haciendo, cuando ya volvía a estar un poco lúcida su
dedo volvía a arremeter y volvía a perderme. Después de varios minutos, aunque
no sé realmente el tiempo que transcurrió, conseguí encontrar por fin aquel
paquetito plateado y tuve que ahogar las ganas de dar un grito de felicidad… ¡al
fin lo había encontrado!
Tiré el bolso a un punto inconcluso y Shane me arrebató el condón de las
manos, oí como el plástico se rasgaba y segundos después sus manos volvían a
estar sobre mi piel, abrasándome en cada toque. Se inclinó sobre mí y nuestros
ojos se cruzaron.
—¿Estás segura? —volvió a hacer aquella pregunta.
Y como la otra vez, tampoco contesté, tiré de él hacia mí y con el
movimiento su miembro entró en mi golpe, arqueé mi espalda y siseé entre
dientes. Me sentí llena, plena. Sentía como cada centímetro de Shane encajaba
perfectamente en mí. Él enterró su cabeza entre mis pechos y besaba cada
centímetro de piel que tenía al alcance. Sus manos se aferraron a mi cintura y
comenzó a embestir.
Si antes creía estar en el cielo no sabía dónde estaba ahora, sentía como si
volase, como si lo único que me anclase al suelo fuese Shane y su cuerpo dentro
del mío. Entraba y salía de mí acompasadamente.
Dentro…
Fuera…
Dentro…
Fuera…
Y no podía, no… las sensaciones comenzaban a sobrepasarme y me aferré a
él con fuerza. Sentía su respiración agitada chocando con la piel de mi pecho.
Sentía como sus dedos se enterraban en mis muslos y estaba segura de que eso
me dejaría marca… pero no me importaba. También sentía un nudo formándose
en mi bajo vientre, apretándose más cada vez que Shane chocaba sus caderas con
las mías.
Estaba a punto de explotar, intentaba retrasarlo, pero era casi imposible.
—Vente… —susurró Shane con voz ronca y entrecortada— vente para mí…
vente conmigo.
Y lo dejé ir.
El nudo explotó regando todo mi cuerpo de una sensación casi imposible de
descifrar. Sentía los espasmos naciendo en la zona central de mi cuerpo y
liberándose a lo largo de mis venas y mis puntos nerviosos. Un grito ahogado
salió de mis labios seguido del nombre de Shane y cuando ya estaba por acabar,
por llegar al final, escuché un gemido seguido de mi nombre que me hizo volver
a subir a lo más alto.
Shane se dejó caer sobre mí, su respiración acelerada acariciaba mi piel, su
corazón también acelerado chocaba contra mi vientre y podía sentirlo a través de
su piel. El mío también estaba en ese estado, hiperactivo, bombeando sangre a
una velocidad escalofriante.
Nos quedamos en esa posición durante unos minutos, en silencio,
simplemente sintiendo piel con piel mientras nuestro cuerpo volvía a su estado
normal. Después nos vestimos en el mismo silencio cómodo, cuando ya hube
acomodado mi ropa me ayudó a colocarme el cabestrillo de nuevo. Todavía sin
mediar palabra se sentó a mi lado y acomodé mi cabeza en su pecho mientras él
me envolvía en un abrazo.
No sabía que decirle, aunque dos palabras retumbaban en mi mente y
picaban por salir de mis labios. Lo sentía, hacía poco más de una semana que
nos conocíamos, pero sentía que lo quería, que lo necesitaba a mi lado. Pero no
quería estropearlo, no sabía si Shane estaría preparado para oírlas y tampoco
sabía si yo estaba preparada para pronunciarlas.
—¿Pedimos una pizza? —preguntó de repente sacándome de mis
pensamientos.
—Puedo cocinar algo —dije distraídamente—, pero… ¿nadie te espera?
Me alejé de él para mirar su cara mientras hablaba y me sonrió para después
acariciar mi mejilla con un dedo.
—He dejado un poco plantado a un amigo… pero sobrevivirá —dijo
sonriendo.
—No… no quiero que dejes de hacer algo por estar conmigo —aseguré en
un murmullo—, ve con él, que yo estaré bien.
Puso un dedo sobre mis labios.
—Estoy donde quiero estar —sus ojos me abrasaron mientras pronunciaba
esas palabras.
Asentí algo aturdida.
—Si te quieres quedar puedo preparar algo rápido —insistí.
—No quiero que hagas esfuerzos… pedimos una pizza y listo —concluyó.
Extendió una mano hacia el teléfono y marcó un número de memoria. Habló
con alguien amigablemente, con lo que supuse que ya era cliente habitual de esa
pizzería. Y después de colgar volvió a abrazarme y… me deje querer… no me
costaba nada estar entre sus brazos. Era como si siempre hubiese sido mi lugar.
Cuando unos minutos después llamaron al timbre intenté ponerme en pie
para ir a abrir pero él me lo impidió, su figura se perdió por la puerta de la sala y
oí un par de voces y risas… después Ángela entró en la sala con una ceja alzada
y sonriendo ampliamente.
—¿Algo que declarar? —preguntó en un susurro.
Enrojecí y negué con la cabeza. Ella me dedicó una mirada de esas de “no te
lo crees ni tú” y me guiñó un ojo. Lo que en términos de Ángela quería decir “en
cuanto estemos solas no te libras del interrogatorio“. Gemí internamente.
—Traíamos pizza para cena, pero Shane ya nos ha dicho que habéis pedido
otra —dijo entrando en la sala seguido de Shane con dos cajas de piza en las
manos.
Él y Ángela se acomodaron en unos cojines en el suelo y cuando Shane se
iba a sentar a mi lado en el sofá volvieron a llamar a la puerta. Salió
murmurando algo y volvió al poco tiempo con dos cajas de pizza más y unos
refrescos.
Fue una cena divertida, entre risas, bromas y miradas cómplices de Ángela
en mi dirección. Que Shane estuviese sentado a mi lado y acariciase mi mano de
vez en cuando, era como algo normal, algo a lo que podría acostumbrarme sin
ninguna dificultad.

A otra hora, en otro lugar…
Era un domingo cualquiera y poco más de las doce del medio día, cuando
Gabriel llamó a la puerta de la casa Spencer. Una amable Caroline le abrió
regalándole la más tierna de las sonrisas, ella adoraba a ese chico como si fuese
un más de sus hijos.
Gabriel entró con confianza, ya que conocía esa casa como la suya propia,
estaba por apostar que entre el taller y la casa de los Spencer apenas pisaba la
suya propia. Subió las escaleras de dos en dos y entró en la habitación de su
amigo Shane sin llamar a la puerta, como ya era costumbre en él.
Se encontró con una imagen poco frecuente, un domingo a esas horas Shane
solo podía estar haciendo dos cosas, o durmiendo todavía, o en frente de su
ordenador jugando a algún juego. Pero en esta ocasión estaba completamente
vestido, tumbado en su cama y con la mirada puesta en el techo.
—Hola tío —dijo Gab sentándose en el sofá al lado de la cama.
—Hola —contestó Shane distraídamente.
Sin más preámbulos, Gab comenzó a explicarse a su mejor amigo como
había sido su noche. Había salido con dos antiguos compañeros de instituto,
Embry y Jared, habían ido a una discoteca y habían bailado hasta el amanecer.
Después simplemente se dio una ducha fría y fue a ver a su amigo para pasar un
tiempo juntos como cada domingo. Pero Shane no lo escuchó, Gab no se dio
cuenta de ello hasta que vio que su amigo no se había movido y ni siquiera se
había quejado cuando el diminutivo de su nombre “Eddie” salió de sus labios.
—¿Qué te pasa? —preguntó entre risas golpeando su hombro con su puño.
Shane parpadeó un par de veces y miró a su amigo, ¿cuándo había llegado?
Estaba tan sumido en sus pensamientos recordando la tarde anterior que no se
había dado cuenta de cuando había entrado en su habitación.
—¿Qué quieres? —preguntó mirándolo con el ceño fruncido.
—¿Cómo que quiero? —preguntó Gab divertido—. Habíamos quedado,
como cada domingo…
—Ah —contestó Shane.
—¿Se puede saber que te ocurre? —volvió a preguntar Gab.
—No, no se puede —gruñó.
Gab no dijo nada y poniéndose en pie abrió la puerta de habitación.
—¡Aileen! —gritó hacia el pasillo.
Un minuto después la imagen de la pequeña Spencer apareció en el umbral
de la puerta, miró hacia el interior y observó a su hermano en la misma posición
que lo encontró Gabriel minutos antes.
—¿Qué le pasa? —le preguntó Gab a Aileen.
Ella miró a su hermano y una sonrisa surcó sus labios, ahogó un gritito y
comenzó a saltar.
—Anoche tuvo una cita con Jordan —dijo casi gritando mientras corría por
el pasillo bajando las escaleras rumbo al teléfono.
Con una sonrisa Gab entró de nuevo en la habitación de su amigo y se sentó
a su lado en la cama…
—Así que una cita con Jordan… ¿eh? Cabroncete, ¿cuándo pensabas
contármelo?
—No pensaba contártelo, es mi vida —gruñó Shane.
—Sí ya, tu vida… ¿qué tal? —preguntó Gabriel
—¡Genial! —Shane dio un salto y se sentó en la cama al lado de su amigo,
con una enorme sonrisa en los labios—. Estamos juntos.
—¿Pero… juntos, juntos? —preguntó Gab moviendo las manos.
—Sí, vamos a intentarlo en serio —contestó Shane sin perder la sonrisa.
—Vaya… —dijo Gab despeinando su cabello haciendo que se viese más
desarreglado— ¿te la has tirado ya?
Shane le dio un golpe en el estómago y Gab se encogió fingiendo dolor.
—Eres idiota —gruñó Shane—, no la veo así —Gab lo miró alzando una
ceja—. Vale, la veo así, pero quiero hacer las cosas bien, ya se sucederá cuando
sea el momento.
Gab miró a su amigo y se mantuvo en silencio, hacía mucho que no veía a
Shane con ese brillo en los ojos. Nunca lo había visto interesase por una chica
que no fuese aquella… pero ahora con Jordan las cosas parecían distintas. Su
amigo estaba volviendo a la vida y se alegraba por ello, tenía que conocer a
Jordan para agradecerle lo que estaba haciendo por él.
—¿Te gusta mucho? —le preguntó a Shane en un susurro.
El aludido volvió de nuevo de entre sus recuerdos y miró a su amigo a los
ojos.
—Mucho… —confirmó— no se parece a nadie que haya conocido, es tan…
ella misma. No hay palabras para describirla.
—Me alegro por ti, tío —dijo Gab volviendo a golpear su hombro
juguetonamente—, pero no te me amaricones mucho…
—¿Y tú qué? —dijo Shane de repente—. ¿Nada que contar? ¿Qué tal anoche
con los chicos?
—Marica, estuve media hora contándote y no me prestabas atención —se
quejó Gabriel.
—Cuenta —le exigió su amigo.
—Nada digno de mención, Tami como siempre dando la tabarra y yo
ignorándola… ¿es que no entiende el significado de la palabra no? —gruñó
molesto.
—Échate una novia formal, así te dejará tranquilo —dijo Shane sin pensar.
—No conozco a ninguna chica como tu Jordan que sea digna de ser mi novia
—contestó encogiéndose de hombros.
—¿Y aquella chica…cómo se llamaba? —dijo Shane mirando al techo y
poniendo un dedo en su barbilla teatralmente—. Aquella que te impactó tanto y
no dejas de hablar de ella ¡ah, cierto! No quiso decirte su nombre— se carcajeó
de su amigo.
—No seas cabrón, la he buscado, incluso estuve estacionado en frente de su
edificio durante dos horas, pero no la he visto —dijo con algo de pesar.
—Ya aparecerá, dijiste que iría a tu taller, solo ten paciencia —dijo Shane
buscando su móvil sobre la mesita de noche.
—¿Qué haces? —preguntó Gab mirando como Shane marcaba varias teclas
de su teléfono.
—Llamar a Jordan, ¿no es obvio?
Gab bufó y cogió uno de los libros de medicina de Shane que había sobre la
mesa y comenzó a ojearlo, se detuvo cuando oyó a su amigo hablando con un
tono de voz extraño.
—¿Cómo que al hospital? ¿Qué ha ocurrido? —preguntaba alterado—. Voy
a matar a Aileen ¿cómo está Jordan? Id al hospital de Robert, os esperaré allí…
gracias Meg, cuídala —colgó el teléfono y comenzó a ponerse las zapatillas de
deporte a una velocidad de vértigo.
—¿Ha ocurrido algo? —preguntó Gab con el ceño fruncido.
—Aileen se ha tirado encima de Jordan y la ha lastimado, la llevan al
hospital, voy a ver cómo está —contestó sin pararse a respirar.
—Esa enana da miedo —dijo Gab entre dientes y ahogando una risa—
¿recuerdas cuando le abrió la cabeza a Mathew con un zapato? —preguntó
riéndose—. ¿Vas a volver?
—Supongo, solo se ha hecho daño en un brazo, no tardarán.
—Te espero aquí para cenar, me ha dicho tu madre que esta noche hará
lasaña —dijo relamiéndose los labios interiormente.
—De acuerdo —dijo Shane distraído sin estar muy seguro de lo que había
escuchado.
Pasaron unas horas en las que Gab estuvo en el ordenador de Shane jugando
un rato. Decidió tomarse una siesta y se tumbó en su cama. Cuando despertó ya
pasaban de las siete de la tarde. Decidió llamar a Shane para saber dónde estaba,
pero tenía el teléfono desconectado. Así que bajó al piso inferior y se encontró a
la familia colocando la mesa para la cena, pero Shane no estaba.
—¿Dónde está tu hermano? —le preguntó a Aileen.
—Se ha quedado con Jordan, tiene una fisura y le dolía un poco —contestó
la chica con un poco de pena.
—¿Vendrá a cenar? —volvió a preguntar.
—No lo creo —contestó Aileen—, si no ha llegado ya, es que no lo hará.
—Que cabrón… —murmuró sonriendo y negando con la cabeza…
—Es lo que tiene sentar la cabeza… —dijo Mathew apareciendo a su
espalda.
—Lo sé —murmuró Gab—, tendré que echarme una novia yo también para
poder seguirle el ritmo —dijo bromeando y pensando en aquellos ojos marrones
de días atrás.

Capítulo 9
Eran poco más de las nueve cuando Shane se despidió con un dulce y casto
beso sobre mis labios, prometiéndome que estaría temprano en mi puerta para
llevarme a la universidad al día siguiente. Yo solo pude asentir como una tonta,
es que ese chico me aturdía a tal grado que hacía estupideces sin que me diese
apenas cuenta.
Ben ya se había ido unos minutos antes y Ángela había desaparecido
diciendo que tenía que poner un poco de orden en sus apuntes de las clases. Pero
esa escusa se vio reducida eso, una simple excusa en cuanto cerré la puerta y
apareció en mi espalda sin hacer ruido, dándome un susto de muerte en el
proceso.
—¿Qué quieres, Ángela? —le pregunté con una mano en el pecho intentando
calmar a mi corazón.
—¿Cómo que qué quiero? —preguntó alzando un poco la voz.
Yo la miré con una ceja alzada y ella miró al suelo algo avergonzada.
—Creo que paso demasiado tiempo con Aileen… —murmuró.
—Estoy de acuerdo con eso —dije sonriendo.
Disimuladamente intenté darme la vuelta y caminar hacia mi habitación, si
lograba llegar hasta allí estaba salvada del interrogatorio que no me apetecía
nada en ese momento, ya lidiaría con la curiosidad de mi amiga al día siguiente,
cuando los efectos de Shane se hubiesen desintegrado en mi organismo.
Cuando divisé la puerta avancé a paso rápido, cuando puse un pie en el
interior de mi habitación y escuché como la puerta se cerraba a mis espaldas se
me escapó un suspiro de satisfacción.
—¡Jordan! —chilló Ángela golpeando la puerta—. Tenemos que hablar.
—Ang… ha sido un día muy largo y estoy cansada… solo quiero dormir…
—lloriqueé.
Ángela entreabrió la puerta y asomó la cabeza por la hendidura, me miró con
una súplica dibujada en sus ojos.
—De verdad… estoy agotada —volví a casi suplicar.
—¿Qué te ha hecho Spencer para tenerte en ese estado? —preguntó en
broma.
Pero mis mejillas adquirieron un tono rojo que me delataba.
—¡No me lo puedo creer! —chilló Ángela—. ¿De verdad? Pero… ¡Jordan!
—Estoy cansada Angie… —hice uno de los pucheros de Aileen, que pareció
funcionar porque mi amiga se despidió y cerró la puerta tras ella.
Sin más me quité la ropa y poniéndome un camiseta vieja y grande me dejé
caer en la cama… lo normal hubiese sido darme una ducha, ya que el día había
sido muy largo. Pero, aunque pudiese ser tachada de guarra quería tener un
recuerdo de Shane hasta el día siguiente y todavía conservaba su olor en mi piel.
Patético.
Pero estaba enamorada.
Un segundo… ¿había dicho enamorada?
Parece que sí… en fin.
Dejé ese pensamiento a un lado, para analizarlo en otro momento y cerré los
ojos, acerqué una de mis manos a la nariz y puede oler el olor tan característico
que desprendía Shane, a miel y sol, todo mezclado con su loción… así me dejé
caer en los brazos de Morfeo.
.
—Aquí huele a sexo —oí una voz.
—Estoy de acuerdo —otra voz.
Abrí un ojo y vi a Ángela y Aileen mirándome desde el quicio del a puerta.
Gemí y me tapé la cabeza con las mantas en un intento de alejarlas de mí…
aunque sabía que eso era imposible.
—Jordan… Jordan… —canturreó Aileen mientras saltaba en mi cama.
—Intenta no caer sobre ella —oí la voz de Megan desde el pasillo.
No pude evitar estallar en carcajadas, porque Aileen dejó de saltar y casi
pude imaginármela dedicándole una mirada de odio a su cuñada. Segundos
después unas manos forcejearon conmigo para quitar el edredón de mi cara,
hasta que lo consiguieron y la luz del día golpeó en mis ojos haciéndome gemir
de nuevo.
—¿Qué queréis? —pregunté de mala gana poniéndome en pie y
dirigiéndome al baño.
—Saber… ¡cuéntanoslo todo! —chilló Aileen.
—Me saltaste encima, fui a urgencias y me atendió tu padre, tu hermano me
trajo de vuelta a casa y se quedó a cenar conmigo… fin de la historia —dije
entrando en el baño y cerrando la puerta detrás de mí.
Me duché lo mejor que pude teniendo en cuenta que solo tenía una mano
útil, también lamentando el perder el olor de Shane… al acabar me envolví en
una toalla y volví a mi habitación.
Allí estaban las tres.
Perfectamente vestidas y peinadas.
Sentadas en mi cama perfectamente hecha.
Y con cara de no haber roto un plato en su vida.
—¿Qué pasa ahora? —pregunté con un suspiro mirando mal una pila de ropa
que había sobre una silla.
—Ponte eso —dijo Aileen con voz dominante señalando la ropa que estaba
mirando.
—¿No esperas de verdad que nos quedemos tan tranquilas con tu escueta
explicación? —preguntó Megan cruzándose de brazos.
La miré mientras me colocaba mis braguitas y con la mirada le pedía ayuda a
Ángela para abrochar mi sostén, Aileen me esperaba con la falda preparada para
que solo metiese mis piernas por ella, me sentí un poco niña, pero de verdad
necesitaba su ayuda.
—No sé qué más queréis que os diga —dije encogiendo un hombro, el otro
me dolía.
—¡Todo! —chilló Aileen.
—¿Quieres saber los detalles escabrosos de una sesión de sexo con tu
hermano? —le pregunté con una mano en mis caderas.
—Todos los detalles no… pero con eso me acabas de confirmar que sí hubo
sexo —dijo sonriendo la mar de feliz.
—Yo sí que quiero saberlo —dijo Megan sonriendo con maldad.
—¿Tú no odiabas a Shane? —le pregunté frunciendo el ceño.
—No lo odio… es solo que no lo encuentro tan interesante como lo veis
todas, pero tú puedes hacer que cambie mi opinión sobre él —parpadeó
inocentemente mientras me deslumbraba con sus blancos dientes.
—¡Las tres sois unos demonios! —dije alzando un poco la voz.
Aileen me hizo sentarme en la silla mientras con un peine desenredaba mi
cabello.
—Venga, Jordan —suplicó Ángela.
—A ver… —suspiré— no pienso contaros todo, pero ¿qué queréis saber?
—¿La tiene grande?
—¿Se sabe mover?
—¿Te gustó?
—¿Repetisteis?
—¡Eh! Alto… —grité de nuevo— solo os diré que estuvo bien, ambos lo
disfrutamos y que espero repetir muy pronto.
Mis mejillas se pusieron rojas una vez más y las tres chillaron como locas.
“¡Mujeres!” prensé en mi fuero interno.
Nos fuimos a la cocina y Ángela me sirvió un café, mientras lo tomaba ellas
hacían planes para ir de compras de nuevo… Aileen decía que necesitaba más
ropa interior. Solo rodé los ojos y las dejé hablar sin participar en la
conversación como si yo fuese un mueble más en la habitación.
El timbre del telefonillo interrumpió su conversación y mientras Ángela salió
corriendo a atender, fui a mi habitación y recogí mis libros y mi chaqueta.
—Tu hombre te espera —oí la voz de Ángela desde la puerta principal.
Sonreí mientras volvía a sonrojarme…
Bajé las escaleras con cuidado y al llegar a la calle Shane esperaba recargado
en su Coche, me acerqué a él y me recibió envolviendo mi cintura y besando mis
labios con ternura. Reprimí un suspiro…
Sí, lo reconozco, estaba estúpidamente enamorada de ese chico.
En cuanto llegamos a la universidad, estacionó el coche y me ayudó a
bajarme. Volvió a envolverme con sus brazos y esta vez sí que no pude evitar
suspirar… era tan… ¡adorable! Besó mis labios con intensidad, dejando que su
sabor impregnase mi boca, y yo envolví mi brazo en su cuello intentando
acercarlo más a mí. Cuando nos separaros ambos estábamos jadeando y mis
mejillas volvían a estar sonrojadas… si continuaba así acabarían por contratarme
como baliza de señalización.
—¿Podemos comer juntos hoy? —preguntó en un susurro.
—Siempre comemos juntos —contesté frunciendo el ceño.
—Pero me gustaría que comiésemos solos, tengo que hablar algo contigo —
dijo algo avergonzado.
Lo miré evaluando su expresión, había algo más que vergüenza en su rostro,
pero no supe definir que era exactamente, conocía a Shane, pero no lo suficiente
como para descifrar sus gestos sin dificultad. Asentí levemente ante su petición y
volvió a besarme en agradecimiento.
Me acompañó hasta la clase que impartía su hermano y allí me esperaba
Ángela ya sentada en nuestro lugar habitual. Cuando me senté en mi silla ella me
sonrió y yo devolví la sonrisa. Después la “tetas explosivas” pasó por nuestro
lado y me guiñó un ojo dejándome totalmente confundida…
—¿Qué ha sido eso? —preguntó Ángela en un susurro.
—No tengo ni idea, el otro día se sentó conmigo y me habló cosas muy raras,
luego te cuento —le dije cuando vi entrar a Mathew que me miró y también él
me guiñó un ojo.
Ante ese gesto volví a sonrojarme… en fin, me ahorraré el comentario
sarcástico esta vez. La clase pasó rápido y cuando quise darme cuenta ya
estábamos caminando rumbo a la cafetería, allí Shane me esperaba sentado en
una mesa aparte, avancé hacia él y Ángela me interrogó con la mirada, solo moví
la mano en señal de “después” y ella asintió con una sonrisa.
Me senté al lado de Shane y busqué sus labios para besarlo, tenía que tomar
yo la iniciativa alguna vez. Él contestó mi beso y luego sonrió contra mis labios.
—Te he comprado algo de comer —dijo, pero antes de que pudiese
comenzar a protestar continuó hablando—. Sé que dirás que era necesario, pero
así tenemos más tiempo para estar juntos.
Solo pude sonreír ante eso.
Después de una conversación banal sobre cosas del día a día, recordé que esa
mañana cuando me llevó hasta el campus me había dicho que quería hablar
conmigo sobre algo. Así que le eché valor.
—¿Sobre qué querías hablar? —pregunté mirándolo de reojo.
Shane suspiró y se removió intranquilo en su silla, no me pareció buena
señal, así que fruncí el ceño mientras esperaba que comenzase a hablar.
—Es sobre lo que pasó ayer —dijo en un susurro.
—¿A qué te refieres exactamente? —pregunté frunciendo más el ceño.
—Ayer nos acostamos, Jordan… ¿no lo recuerdas? —preguntó con un hilo
de voz.
—Por supuesto que lo recuerdo —dije tensándome—, ¿qué quieres hablar
sobre eso?
—Verás… yo me preguntaba… tú… ¿por qué estabas tan preparada? —
preguntó sin detenerse a tomar aire.
Me gustaba este Shane, a veces era tan lanzado y otras se avergonzaba con
tanta facilidad… era adorable. Suspiré y lo miré, tenía la mirada puesta en la
porción de piza que comenzaba a despedazar entre sus manos.
—Las pastillas las tomo desde hace años, me ayudan a regular mi ciclo —
contesté simplemente.
—Eso lo entiendo, sé que muchas chicas lo hacéis… ¿pero lo otro? —
preguntó acercándose un poco a mí.
Volví a suspirar y sonreí avergonzada.
—Eso es cosa de Ángela, ella es hija de madre soltera y tiene pánico a que
algo así le pase a ella, así que simplemente me obliga a tener condones en el
bolso. Nunca sabes lo que puede pasar —me encogí de hombros al acabar mi
explicación.
—Así que… —me miró sin saber que más decir, pero podía ver en sus ojos
que su mente pasaban mil cosas diferentes y a ninguna le encontraba
explicación.
—Es la primera vez que utilizo uno de los condones que Ángela me regala,
no acostumbro a acostarme con chicos que no conozco, y eso no te incluye a ti
—dije cuando vi que abría la boca para contestar—, sé que hace poco que nos
conocemos, pero somos novios, los novios hacen esas cosas.
Shane suspiró y volvió a la mirada a su porción de piza una vez más.
—No tendría que haber pasado —murmuró.
Me quedé paralizada al escuchar eso…
— Me estás diciendo que te arrepientes? —pregunté en tono frío.
—Sí… bueno… no… —dijo confundido.
—Decídete Shane… o sí o no… es muy simple, ¿te arrepientes? —volví a
preguntar cruzándome de brazos con cuidado de no lastimarme.
—Me arrepiento, pero de que fuese así…
—No te entiendo —ahora la confundida era yo.
—¿Cuánto hace que nos conocemos? —preguntó retóricamente—. Una
semana, ahora mismo hace exactamente siete días que nos tropezamos y ya… —
resopló y se despeinó— me gustas mucho Jordan, me estoy enamorando de ti
irremediablemente, pero creo que tendríamos que haber esperado a conocernos
mejor para dar ese paso.
Lo escuché en silencio. Cuando acabó desvié mi mirada a la comida y
suspiré.
—¿Con eso que me quieres decir? —pregunté en un susurro.
—Que deberíamos esperar un tiempo para volver a estar juntos… de esa
forma —concluyó.
Alcé la mirada y lo miré con incredulidad, bufé y negué con cabeza.
—¿Estás hablando en serio? —pregunté sorprendida.
—Sí… quiero hacer las cosas bien y hemos empezado la casa por el tejado,
me gustas muchísimo Jordan y quiero que…
—No sigas —le corté—, ¿no te gustó? —pregunté
—Me encantó… pero ese no es el tema.
—Sí que es el tema Shane, somos jóvenes, estamos sanos… ¿cuál es el
problema? —pregunte alzando un poco la voz.
—Ya te he explicado el problema —dijo serio.
—Para mí no es suficiente —dije con una sonrisa triste—, si no quieres
volver a estar conmigo de ese modo, me lo dices y ya está, pero no te busques
escusas patéticas.
Me puse en pie, arrastrando la silla por el suelo de linóleo.
—¿A dónde vas? —preguntó preocupado.
—A casa… no me apetece seguir aquí —contesté secamente.
—Espera… yo te llevaré — dijo poniéndose también en pie.
—No es necesario… puedo llegar sola, existe el transporte público.
Me puse en pie y comencé a ir hacia la salida de la cafetería.
—¡Jordan, espera! —escuché que chillaba Ángela.
Le hice un par de señas para que me dejase en paz y caminé hacia el exterior
del campus. Mientras caminaba no dejaba de darle vueltas a la conversación que
acabábamos de tener… me parecía tan irreal… era un Shane totalmente diferente
al que salió de mi casa anoche, no entendía él porque de tantos prejuicios ahora
que ya habíamos dado el paso. Solo había un motivo, que se había arrepentido
porque no le había gustado.
Ya no solo era solo por mi baja autoestima, simplemente era la única
posibilidad… Shane no había disfrutado y por eso no quería repetir.
Llegué hasta la parada del autobús y me senté en uno de los bancos dejando
caer mi peso de golpe. Era absurdo… prácticamente estaba enamorada de él y él,
me dice que le gustó mucho, pero que es mejor esperar. Bufé y un mechón de
pelo que caía sobre mi frente voló y cayó sobre mis ojos.
De repente una mano capturó ese mechón de pelo y lo colocó con suavidad
detrás de mi oreja, alcé la mirada algo sorprendida y me encontré con un par de
ojos negros brillando con alegría.
—¿Problemas? —preguntó su voz ronca.
—¿Tienes complejo de súper héroe? —pregunté con ironía.
—¿Por qué? —frunció el ceño.
—Siempre preguntas lo mismo cuando nos vemos —contesté encogiéndome
de hombros.
—Es la segunda vez que nos vemos —sonrió y su sonrisa hizo que me
olvidase un poco de la conversación con Shane… solo un poco—, ¿vas a algún
lugar?
—A casa.
—¿No tienes clase? —preguntó alzando las cejas.
—Sí… pero me han hecho un pase para saltármelas si quiero… —dije
señalando mi cabestrillo.
Entrecerró los ojos mientras me miraba, pero luego se encogió de hombros.
—Si quieres te llevo —dijo sonriendo.
—No es necesario, puedo llegar sola —contesté recordando de nuevo mi
conversación con Shane.
—Tengo que ir a esperar que la grúa recoja el coche de tu amigo, me ha
llamado esta mañana, así que me pilla de camino… ¿te llevo?
—No creo que sea buena idea, está a punto de pasar un autobús en esa
dirección —mentí.
—Venga… ya me conoces, sabes mi nombre ¿o ya te has olvidado de mí? —
preguntó fingiendo molestia.
—No, eres Gabriel.
—¿Continúo sin ser Gab para ti? —preguntó sonriendo.
Solo asentí.
—Está bien… —dijo derrotado— Gabriel el mecánico te llevará a tu casa si
me haces el honor.
Se puso en pie e hizo una reverencia cómica, que me hizo sonreír. Me puse
también en pie y caminamos uno al lado del otro en silencio, hasta llegar a donde
estaba su coche, me abrió la puerta, lo que provocó una punzada en mi pecho al
recordar que Shane hacía lo mismo. Pero decidí ignorar el tema “Shane” por el
momento, ya tendría tiempo de pensar tirada en mi cama y comiéndome un
helado de fresa.
Condujo mientras teníamos una conversación tonta, de esas en las que se
hacen preguntas para conocerse mutuamente. Estar con él me ayudó a olvidar mi
conversación con Shane. Gabriel era todo alegría y buen humor, irradiaba un
brillo propio que deslumbraba todo lo que había a su alrededor haciendo que te
centrases en él y olvidases todo lo malo. Hablamos de mi infancia en El pueblo y
mi adolescencia en Florida, me sorprendió que él viviese muy cerca del pueblo,
en la playa donde mi padre pescaba cada domingo con unos amigos. Me llevó
hasta el edificio que estaba al lado del mío y reí entre dientes recordando que la
primera vez le había dado una dirección equivocada.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó.
—No vivo aquí —dije con sinceridad.
Frunció el ceño y me miró fijamente.
—Te dije que vivía aquí porque para mí eras un extraño, vivo en la siguiente
calle, en el mismo número —susurré algo avergonzada.
Bufó y puso el coche en marcha mientras negaba con la cabeza y murmura
algo parecido a “eso lo explica” pero no lo entendí.
—¿Esta es la calle de verdad o vives a una manzana de aquí? —preguntó
divertido.
—Esta es mi calle de verdad —confesé sonriendo.
—Y ahora que ya sé algo más de ti, dejaremos a parte que se supone que eso
ya lo sabía —rio—, ¿me dirás tu nombre?
—Umh… —lo pensé durante unos segundos— creo que no te lo has ganado
—sonreí y le eché la lengua.
Me bajé de su coche y caminé hacia el arcén quedando en frente de la
ventanilla del lado de conductor, que estaba abierta y Gabriel asomaba su cabeza
por ella. Hizo un puchero muy parecido a los de Aileen y puso cara de perrito
abandonado.
—Te he rescatado dos veces… ¿ni si quiera me merezco el privilegio de
saber cómo te llamas? —dijo con voz triste.
Volví a fingir que lo pensaba mientras él bufaba y se bajó también del coche
colocándose a mi lado.
—Me pondré de rodillas si quieres, pero dame al menos un nombre para
ponerle a ninfa que reina mis sueños —dijo teatralmente.
No pude evitar estallar en carcajadas, reír con él era tan fácil…
Volví a pensarlo.
—Está bien… —admití fingiendo derrota— me llamo Jordan.
—¿Jordan? —preguntó sorprendido y frunciendo el ceño.
—Sí… —admití encogiéndome de hombros.
—No es un nombre muy común —su semblante de repente era serio—, ¿hay
alguna Jordan más en tu universidad?
—No lo sé —dije confundida… ¿eso que tendría que ver conmigo?
—¿Conoces a los Spen…? —comenzó a preguntar, pero se vio interrumpido
por el timbre de mi teléfono.
Era Ángela.
—Disculpa —le dije en un susurro— ¿qué pasa Angie? —contesté al
teléfono.
—¿Cómo que qué me pasa? ¿Qué te pasa a ti? ¿Has discutido con Shane? —
preguntó.
—Algo así… —reconocí en un susurro— en casa te cuento.
—¿Estás ya en casa? —preguntó sorprendida.
—Sí, me han traído —miré a Gabriel que me regaló una sonrisa.
—¿Quién?
—Luego te cuento, un beso Ang —colgué sin esperar respuesta.
—¿Problemas? —preguntó Gabriel.
Negué con la cabeza restándole importancia.
—”¿Problemas?” —hice una pésima imitación de su voz— ¿Siempre le
preguntas lo mismo a las chicas? —pregunté sonriendo.
—No siempre… —reconoció— ¿debería hacerlo? ¿Crees que funciona para
ligar?
—Siempre puedes intentarlo —reí.
—Se lo diré a mi amigo… ¡ah no! Que el marica ahora tiene novia —rio
entre dientes.
—¿Tener novia es de maricas? —pregunté entre indignada y divertida.
—No siempre, pero en el caso de mi amigo sí, ¿te puedes creer que me
planta por ella? —dijo negando con la cabeza, pero en tono de broma.
—Uf… que tragedia, te han sustituido por una chica. No lo incluyas en tu
currículo amoroso, dará mala imagen —bromeé.
—En realidad lo envidio… yo también quiero encontrar una buena chica y
enamorarme —dijo en tono soñador.
—¿Quién es el marica ahora? —pregunté golpeando su hombro
juguetonamente.
—La verdad es que ha sonado un poco gay, no se lo digas a nadie, estos
deslices pueden acabar con mi reputación de macho alfa —dijo.
Reí con él y volví a golpear su hombro, de repente sujetó mi mano y me
atrajo hacia su cuerpo. Se quedó mirando fijamente mis ojos y suspiró.
—¿Volveré a verte? —preguntó en un susurro.
—No lo sé —confesé sinceramente.
—Puedes pasarte un día por el taller, podemos pasarlo bien bromeando y
conociéndonos un poco más —dijo sin alejar la mirada de mis ojos.
Tuve que parpadear ante la intensidad de esta.
—No puedo conducir, tengo una lesión —contesté encogiendo mi hombro.
—Vaya… —murmuró— pero puedes ir con tu amigo a recoger el coche…
—Irá su novia… yo allí no pinto nada —sonreí.
—Cierto… hablé con ella por teléfono. Jordan —frunció el ceño al
pronunciar mi nombre—, me gustaría volver a verte…
—No sé si será buena idea —susurré.
—¿Por qué, tienes novio? —preguntó con evidente curiosidad.
—Sinceramente no lo sé… —me encogí de hombros.
—Uy… —me soltó y se alejó dos pasos de mí sonriendo— si tengo que
romperle las piernas a alguien solo dame su nombre y ya me encargaré de
encontrarlo, entre mi amigo y yo lo dejaremos que no lo reconocerá ni su madre.
Me reí ante su ocurrencia.
—No será necesario, puedo patearle el culo yo sola —continué su broma.
—Así me gusta, las chicas puedes librar sus propias batallas, pero me
gustaría ver eso… ¿me llamarás si sucede? —sus ojos brillaron con esperanza y
yo dudé sobre qué hacer.
Gabriel me gustaba, era divertido, espontaneo… me hacía olvidarme de todo
lo demás cuando estaba a su lado. Pero todavía estaba Shane y mi
enamoramiento con él, que podría ser algo precipitado, pero en los sentimientos
nadie manda y yo no podía negar lo evidente, estaba enamorada de Shane
Spencer. Aunque él no sintiese lo mismo por mí.
—Ya veré si te llamo o no… Gabriel —dije su nombre con burla para
ablandar mi negativa disfrazada.
—Bueno… —se encogió de hombros— no perderé la esperanza, al menos lo
he intentado.
— Adiós —dije dando un paso hacia el portal de mi edificio.
—Hasta pronto, Jordan —susurró mirándome fijamente.
Mis mejillas enrojecieron y casi tropiezo con mis propios pies.
—Adiós Gab.
Sus ojos brillaron divertidos y me regaló una sonrisa.
Sin más me di la vuelta y subí hasta mi apartamento, sin pararme a hacer
nada más, dejé los libros mal colocados sobre el sofá y fui directamente hacia el
congelador a buscar mi helado de fresa y una cuchara. Me senté en mi cama y
me dejé caer hacia atrás de golpe. Mientras miraba la grieta del techo no dejé de
darle vueltas a todo lo que había pasado esta mañana.
La conversación con Shane…
Las risas con Gabriel…
Suspiré.
¿A nadie se le había ocurrido hacer un manual sobre las relaciones de amor?
Estaba jodida.
Muy jodida…

Gab se metió en el coche y marcó sin esperar más el teléfono de su amigo.
—¡La he encontrado! —chilló en cuanto contestaron al otro lado.
Shane rodó los ojos a la vez que separaba un poco el auricular de su oído.
Después de que Jordan abandonó la cafetería salió a buscarla en su coche, pero
no la encontró. Ahora estaba conduciendo rumbo a su apartamento para hablar
con ella.
—¿A quién has encontrado? —preguntó ya sabiendo la respuesta.
—A mi chica misteriosa… es maravillosa tío, pero creo que tiene novio —
Gab frunció el ceño al decir lo último.
—¿Eso alguna vez ha sido un problema para ti? —preguntó Shane fingiendo
diversión.
—La verdad es que no, que el gilipollas se joda si la pierde —rio Gab— ¿A
ti que te pasa?
—He discutido con Jordan —Gab se tensó al oír el nombre de esta última.
—¿Qué ha pasado?
—Bueno, he hecho caso de un consejo y creo que he metido la pata… —
confesó Shane.
—¿Ese consejo no vendrá de quien yo creo? —preguntó Gab.
—Sí…
—Eres idiota… ¿cuándo te darás cuenta de que solo quiere jugar contigo? —
casi chilló Ga.—. Pero da igual, cambiando de tema… ¿Cuántas Jordan crees
que hay en tu universidad? —preguntó curioso.
—No tengo ni idea… ¿por qué lo preguntas? —dijo Shane confundido.
—Mi chica se llama así… —dijo Gab con miedo.
—Jordan también… pero no creo que sea un nombre tan raro, si quieres le
digo a Mathew que miré en la lista de alumnos… —dijo Shane despreocupado.
Gab suspiró algo aliviado, por un momento pensó que su chica, era la Jordan
de su amigo, eso sería un gran problema.
—Te lo agradecería… —suspiró
—¿Sabes qué carrera estudia? Así será más fácil localizarla —dijo Shane
pensando en lo que le diría a su Jordan y sin prestar mucha atención a su amigo.
—No lo recuerdo… —confesó Gab.
—Da igual, algo se podrá hacer, pero ahora voy a ver si consigo arreglar las
cosas con Jordan —susurró Shane.
—Suerte tío… —le dijo Gab— y un consejo, nunca vuelvas a hacerle caso a
Ahsley.
—Lo tendré en cuenta —dijo Shane antes de colgar.

Capítulo 10
Suspiré mirando al techo.
¿En qué estaba pensando Shane cuando me dijo todo eso?
No lo podía entender, la noche anterior estaba todo tan bien cuando se fue…
¿qué le hizo cambiar de opinión? Podía entender que quizás sí que estábamos
yendo un poco deprisa, pero una vez que se ha avanzado un paso… era de tontos
dar vuelta atrás. No podía arrepentirme de haberme acostado con él… nunca lo
haría. Pero al parecer Shane sí.
Volví a suspirar.
Llevaba unos diez minutos tirada en cama con la cabeza de lado ahora
mirando la ventana. Mi teléfono no dejaba de vibrar sobre la mesita de noche,
pero lo estaba ignorando. El timbre del portero también sonaba insistente, pero
no tenía ganas de moverme. Quien quiera que fuese ya volvería si era
importante. Ahora no tenía paciencia para soportar a vendedores, carteros o
quien quiera que osase intentar molestarme.
Cerré los ojos… no iba a llorar.
Era una tontería, analizando sus palabras había dicho que se estaba
enamorando de mí, eso no era malo…
“¡Claro que no es malo estúpida! ¿Has llegado tu sola a esa conclusión?”
A veces odiaba a mi conciencia. Pero en esta ocasión tenía razón, mi
reacción ante sus palabras no había sido muy adecuada. Sus palabras todavía
resonaban en mi cabeza:
“Me gustas mucho Jordan me estoy enamorando de ti irremediablemente”
Pero eso acompañado después con que se arrepentía de haberse acostado
conmigo acabó por derrumbarme, toda la alegría que pude haber sentido al
escuchar la primera frase se fue al traste por la segunda.
El timbre del portero dejó de sonar de repente y yo suspiré aliviada… “una
molestia menos” pensé. Rodé sobre mí misma y me coloqué de lado
encogiéndome en una bolita. Cuando me sentía triste por algo, eso me ayudaba a
no sentirme tan sola. Cerré los ojos y dejé que imaginación volara hacia la tarde
anterior, las caricias con Shane, los besos… todo había sido tan perfecto.
Ahora el sonido del timbre a la puerta hizo que resoplara ya cansada… ¿por
qué no me dejaban tranquila? Me tapé la cabeza con la almohada intentando
amortiguar el ruido, pero no, el sonido del timbre sonaba y sonaba y no me
dejaba descansar.
Me enderecé en la cama y tiré la almohada contra la puerta con toda mi
rabia, pero todo se vio frustrado cuando no pude lograr que se alejara más de un
metro de mí… me puse en pie y mientras murmuraba mil maldiciones diferentes
y me acordaba de toda la familia del que estuviese con el dedo pegado al timbre,
llegué a la puerta principal.
—¡Si quietes te doy una patada en el culo así timbras con más ganas! —grité
con los ojos cerrados por la rabia.
—Lo siento —escuché.
Esa voz…
Esa maldita voz…
¡Mierda!
Abrí los ojos lentamente y Shane estaba frente a mí, con la mirada en el
suelo y las manos en los bolsillos. ¿Por qué tenía que verlo tan adorable incluso
cuando estaba enfadada con él?
—Shane… —susurré.
Él levantó la mirada y nuestros ojos se cruzaron, ahí supe que estaba perdida.
Cuando nuestras miradas se enlazaban de ese modo ya podría haber una catarsis
mundial que yo estaría tan tranquila como si solo oyese llover.
Suspiró…
Ese sonido me hizo despertar de mi ensoñación y cabeceé para
espabilarme…
—¿Qué quieres? —pregunté con un hilo de voz.
—¿Podemos hablar? Tengo que explicarte un par de cosas —casi suplicó.
Me hice a un lado en la puerta y él entró dejando tras de sí un sendero
invisible con su perfume, casi podía verme a mí misma como las caricaturas
flotando en el aire siguiendo el rastro de su olor. Sonreí amargamente y negué
con la cabeza, incluso enfadada con él, con razón o sin ella, su poder sobre mí
era evidente.
Patético.
Shane fue directamente al salón y se sentó en el sofá que la tarde anterior
había sido testigo de nuestra pasión… enrojecí ante el recuerdo y tuve que bajar
la mirada algo avergonzada. Me senté encogiendo las piernas contra mi cuerpo
en un sillón individual en frente a Shane y cuando levanté la mirada, el me
observaba fijamente. Tenía la mandíbula tensa y sus ojos expresaban algo que no
sabía definir del todo… pero estaba entre la inseguridad y el miedo, lo que me
enterneció y me aturdió más de lo que ya estaba al tener su olor rodeándome.
—Te escucho —dije sin apartar los ojos de él.
Shane se pasó una mano por su cabello con nerviosismo y resopló, volvió a
clavar sus ojos en los míos y me sentí como si estuviese levitando en lugar de
estar sentada y abrazando mis rodillas. En un movimiento rápido Shane estaba
arrodillado en el suelo frente a mí y sostenía una de mis manos. Eso me hizo
sentí mal, él parecía dispuesto a disculparse por algo de lo que en realidad no
tenía la culpa. Si él quería ir despacio no podría oponerme, era ir despacio o no
tenerlo conmigo, la decisión estaba tomada incluso antes de plantearme las
posibles opciones: esperaría lo que hiciese falta por Shane, ir despacio no era tan
malo… si la necesitad era demasiado grande siempre estaban las duchas frías…
¿cierto?
—Jordan, yo…he sido un estúpido, no tenía que haberte dicho eso, yo… —
lo detuve poniendo una mano sobre sus labios.
Mi mente vagó de nuevo a la tarde anterior donde esos mismos labios de
deslizaban por mi cuerpo. Cabeceé para alejar esos pensamientos, si iba a
esperarle no me ayudaba en nada recordar momentos así.
Suspiré.
—Yo lo siento Shane, he sido una tonta, si necesitas ir más despacio lo
entiendo, de verdad —dije bajando la mirada.
Shane sonrió, sentí como la piel de sus labios se estiraba bajo mis dedos y
eso me hizo sonreír a mí también. Tomó mi mano entre las suyas y besó mis
dedos.
—Tenemos que hablar sobre eso, he sido un idiota —susurró.
Me sujetó por las caderas y tiró de mí hacia delante, sentándome en su
regazó en el suelo, estaba frente a él, sentada sobre sus piernas, con las mías
rodeando su cintura.
Demasiada tentación…
Sus labios estaban a centímetros de los míos y su aliento golpeaba contra mi
rostro aturdiéndome… ¿por qué no podía ser como una persona normal y
concentrarme en lo que estábamos en hablando en lugar de tener la necesidad de
devorar sus labios?
Shane pareció leer mi pensamiento, se acercó lentamente y me besó con
lentitud… haciendo que toda mi boca se empapase de su sabor, introduciendo su
lengua que batallaba con la mía, mis manos se enrollaron en su cuello y él me
atrajo más hacía sí sujetándome con fuerza de la cintura. Se alejó antes de lo que
hubiese deseado, pero me enorgullecí al ver como su respiración estaba tan
agitada como la mía.
—Si vamos a hablar esto no ayuda, al menos no todavía —susurró con su
frente pegada en la mía.
Me alejé de él un poco reticente y me puse en pie sentándome en el sofá de
tres plazas, Shane se sentó a mi lado y tomó mi mano entre las suyas. Se sentía
tan bien estar simplemente así…
—Lo que te dije antes en la cafetería, no fue idea mía —dijo bajando la
mirada.
Lo miré sin entender muy bien que quería decir con eso… ¿si no fue idea
suya… por qué estaba de acuerdo?
—Alguien me dijo que… que si quería llegar a algo contigo, si quería que lo
nuestro fuese más “serio” —hizo las comillas en el aire con sus dedos— debía
respetarte, debía ir más despacio y darte lugar a elección.
Parpadeé un par de veces para intentar asimilar lo que me había dicho.
—¿Quién ese alguien? —pregunté algo aturdida.
—Eso no importa, quiero saber lo que opinas sobre ello, no quiero volver a
meter la pata —casi suplicó.
Me reacomodé en el sofá y lo miré a los ojos, él desvió la mirada algo
avergonzando y yo suspiré.
—No sé lo qué y cómo piensa la persona que te ha dicho eso, pero el respeto
no se basa en si te acuestas con alguien al mes de conocerlo o a los dos días… —
comencé a explicar— Shane, yo… yo me siento muy a gusto contigo y si ayer
dejé que todo eso pasase fue porque realmente quería hacerlo, me sentí respetada
en todo momento.
—¿De verdad? —preguntó levantando la mirada.
—Sí… —sonreí— cada relación es diferente y tiene un ritmo diferente, no
todas siguen un patrón. Me siento con la confianza suficiente para acostarme
contigo y eso es completamente indiferente al tiempo que hace que nos
conocemos.
—¿De verdad? —volvió a preguntar, yo asentí.
—No me sentí forzada a estar contigo, fue algo natural, espontaneo…
Shane suspiró y sonrió por primera vez desde que llegó, se acercó lentamente
mí y me besó en los labios, fue un roce, pero suficiente para hacer que las
mariposas de mi estómago se volviesen locas y comenzasen a revolotear a toda
velocidad.
—Me alegra saber eso —dijo—, pero me sentí tan estúpido… ayer estaba
eufórico, la llamé para decirle lo feliz que me sentía de haber dado ese paso, de
lo bien que me sentí con eso, pero Ahsley me dijo que me había equivocado, que
seguro que tú no te sentías bien con ello, por eso…
—Para, para —lo detuve— ¿quién es Ahsley? —pregunté frunciendo el
ceño.
Shane suspiró y volvió a tomarme de la mano.
—Tenía que haberte hablado de ella antes —susurró—, Ahsley es mi mejor
amiga. Nos lo contamos todo desde hace años, nunca ha pasado nada entre
nosotros si es lo que te preocupa. Ahsley está enamorada de Mathew desde hace
mucho. Quizás la conozcas, va tu clase de literatura.
Parpadeé procesando sus palabras, Shane tenía una mejor amiga, eso no era
malo, hasta cierto punto, pero ¿en qué lugar me dejaba eso a mí? Hasta donde
llegan mis pocos conocimientos sobre parejas, tu pareja también debe ser tu
amigo para que las cosas funcionen, si Shane ya tenía una mejor amiga…
¿Dónde quedaba yo? Alejé esos pensamientos para analizarlos más tarde, ahora
lo principal era Ahsley, iba conmigo a una clase, yo no recordaba a ninguna
Ahsley.
—¿Cómo es físicamente? —le pregunté.
—Es algo más alta que tú, el pelo rubio rojizo y los ojos azules…
Parpadeé sorprendida…
¡No!
—¿Esa Ashley? —pregunté en un susurro cerrando los ojos temiendo su
respuesta.
— ¿La conoces? —contestó Shane eufórico.
—¿La tetas expl….? —me mordí la lengua—. ¿Ashley es tu mejor amiga?
—Sí —sonrió.
—¿Y dices que está enamorada de Mathew? —volví a preguntar.
—Sí, lleva algunos años detrás de él, pero la ignora —hizo una mueca.
—¿Nunca ha pasado nada entre ellos? —pregunté recordando lo que Ahsley
me había dicho el día que se sentó conmigo.
—No, Matt nunca podría y Ahsley me lo habría dicho…
¡Será zorra!
—Bueno… —dije sin saber que más decir.
Tendría que hablar con Aileen sobre esto, no era algo que podría dejar
pasar…
Miré mi reloj y vi que ya era medio día…
—¿Te apetece comer algo? —pregunté casualmente, así también
cambiábamos de tema.
Shane pareció pensárselo unos segundos antes de que una sonrisa traviesa
surcara sus labios. Se acercó un poco más a mí sin borrar esa sonrisa y yo
parpadeé aturdida.
—Se me ocurre algo que podría comer… —susurró golpeando mi cara con
su dulce aliento.
Calor…
Mucho calor…
Nunca había creído en las combustiones espontaneas hasta ese momento.
Pero en cuanto los labios de Shane hicieron contacto con los míos pensé que
podría arder en llamas al mínimo movimiento. Su beso era un poco rudo,
demandante, sus manos se enrollaron en mi cintura y me atrajeron hacia él. Si la
tarde anterior creí tocar el cielo mientras hacíamos el amor, no era nada
comparado con ese beso, con ese simple beso. Parece que la seguridad de saber
que yo quería eso tanto como él le había dado impulso y era más efusivo…
¡Bendita seguridad!
Una de las manos de Shane se coló por debajo de mi camiseta y la otra
estaba subiendo por mi muslo, tuve intención de alejarme y gritar… “¡Fuego, me
estoy quemando!” Pero sus labios contra los míos eran más interesantes para mí
en ese momento.
Como una broma macabra la consciencia llegó a mí de golpe y recordé
donde estábamos y la hora que era… Ang estaría preocupada y si mis
suposiciones no fallaban le habría contado a Aileen lo que le dije y las dos
estarían igual de ansiosas por llegar y preguntarme lo que había pasado. Así que
haciendo uso de todo el poco autocontrol que tenía me alejé un poco de Shane.
Él entendió mal, era un hombre con las hormonas aceleradas, ¿qué esperaba que
hiciese? Así que pensando que solo necesitaba aire comenzó a tumbarme sobre
el sofá bajo su cuerpo mientras besaba mi cuello… ¡madre de Dios! ¿Cómo
podía hacerme perder la cabeza solo con un beso? Tuve que poner los ojos en
blanco mientras suspiraba cuando sus dientes rozaron mi piel…
—Shane —dije jadeando—, Ángela… Ángela puede llegar… en cualquier
momento.
Se alejó de mí y me miró a los ojos, pude ver una sombra de deseo en ellos…
ardí en llamas de nuevo. Sin mediar palabra se puso en pie y tiró de mi mano
para que lo acompañase. Se abalanzó a besarme de nuevo y me derretí entre sus
brazos… ¿qué parte de “Ángela puede llegar en cualquier momento” no había
entendido? Creo que había sido clara. Aunque en ese momento no me
importaba… ¿qué llegaba Ángela? ¡Qué llegase! Mientras Shane me besase
como lo estaba haciendo nada importaba. A la mierda la consciencia.
Se alejó de mis labios de nuevo volviendo a bajar por mi cuello, sus manos
estaban en mi trasero, amasando mis nalgas y haciendo que mi tanga se
pareciese más a una piscina que a lo que era realmente.
—¿Dónde está tu habitación? —preguntó contra mi piel.
Me estremecí.
El contacto con su aliento golpeando contra mi cuello húmedo hizo que toda
la piel de mi cuerpo se pusiese de gallina… acallé un gemido y comencé a
avanzar a trompicones sin alejarme ni un solo centímetro de su cuerpo. En
seguida llegamos al pasillo, donde de improvisto Shane me recargó contra la
pared haciendo una prisión con su cuerpo. Aprovechó ese momento de sorpresa
en él que abrí mi boca para jadear para introducir su lengua en ella y así saborear
de nuevo ese sabor tan embriagante.
El cielo, eso tenía que ser el cielo, o el infierno, no me importaba arder en
llamas mientras fuese así.
Se alejó de mí un paso y ahora era él el que estaba recargado en la pared y yo
entre sus piernas entreabiertas. Volvió a sujetarme por el trasero y me apretó
contra su cuerpo, más específicamente contra una parte de su cuerpo. Gemí
audiblemente cuando la dureza de su miembro se incrustó en mi vientre. Sentí
como el calor abrasaba mis venas y para no perder la cordura cerré mis manos en
puños, eso sin contar con que estaba aferrada a la camiseta de Shane, así que tiré
de él hacia mí arqueando mi espalda y haciendo que su pecho golpease contra el
mío. Fue su turno de gemir y ese sonido me encantó. No es que la tarde anterior
no hubiese gemido, pero no era nada comparado al sonido que abandonó sus
labios en ese momento… ni se asemejaba. Shane liberado y seguro de sí mismo
era mucho mejor… ¡vaya que era mucho mejor!
Entre algún tropezón y alguna risita ahogada llegamos a mi habitación, cerré
la puerta de golpe y de un empujón hice que Shane apoyase la espalda en ella,
me abalancé a besar su cuello yo en esta ocasión, sus manos volvieron a ferrarse
a mi cintura y yo me aventuré y acarició sus abdominales bajo la camiseta, lo
sentí tensarse y gruñir en mi oído.
Se giró sobre sí mismo llevándome con él, siempre teniendo cuidado con mi
cabestrillo para no hacerme daño, pero sujetándome fuerte por la cintura, me
alzó un poco e instintivamente enrollé mis piernas en sus caderas, nuestros sexos
se rozaron y ambos gemimos… Shane me recargó contra la pared al lado de la
puerta, mientras sus manos se perdían bajo mi falda y ahora amasaban mis
nalgas sin ningún pudor, lo que me estaba volviendo loca. Forcejeé como pude
para intentar quitarle la camiseta con una sola mano, o al menos subírsela un
poco para poder acariciar su piel, ya la tenía a mitad de su pecho cuando…
—Ay… se ven tan monos juntos —nos interrumpió.
Esa voz…
Esa maldita voz…
Shane alejó sus labios de mí y recargó su cabeza en mi hombro, dejé caer
mis brazos que quedaron flácidos a ambos lados de mi cuerpo y cerré los ojos
con fuerza.
Esto no podía estar pasando justo en ese momento.
¿Cuándo se había abierto la maldita puerta?
¡Diablos!
No es que estuviese en mi mejor momento de atención, pero debería haber
escuchado eso… ¿cierto?
—Aileen —gruñó Shane.
—Ovale, de acuerdo… ya entiendo, os dejo solos —se dio la vuelta y
desapareció por la puerta. Segundos después la puerta se volvió a abrir y asomó
de nuevo su cabeza—, los espero fuera en cinco minutos, tenemos que hacer
planes.
Me bajé algo reticente de la cintura de Shane, reprimiendo las ganas de
lloriquear por tener lejos de mí. Ok, no es que estar a centímetros de él fuese
tenerlo lejos, pero en mi estado actual era demasiado lejos. Nos reacomodamos
la ropa y con un suspiro resignado Shane volvió a besar mis labios. Creo que me
emocioné demasiado, pero hay que entenderlo… ¿quién no lo haría? Enredé de
nuevo mis manos en su pelo y lo atraje hacia mí, él sonrió contra mis labios y
recargó su frente en la mía.
—Siento la interrupción —susurró.
—Yo también, la siento —concordé.
Sin mediar más palabra salimos de mi habitación tomados de la mano… eran
tan sencillos y a la vez tan placenteros esos pequeños gestos que ahora
compartíamos. Aileen nos esperaba sentada en el sillón individual mientras
ojeaba una revista de moda, al oírnos llegar alzó la vista y nos sonrió con
picardía.
—Shane, vete —dijo sin más.
Ambos nos quedamos paralizados mirando a Aileen con una ceja alzada y la
boca abierta.
—Te ha llamado tu mejor amigo… ¿recuerdas a ese que dejaste plantado
ayer? Quiere pasar tiempo contigo y contarte algo importante, así que… fus, fus
—hizo un gesto con la mano.
Shane gruñó a mi lado y miró a Aileen con los ojos entrecerrados.
—Sabes que digo la verdad, se ha sentido desplazado cuando anoche ni
siquiera cenaste con él.
—He hablado con él hace un rato y está muy emocionado con su chica —
dijo Shane sonriendo a su hermana y pasando una mano por mi cintura
atrayéndome hacia él.
—¿Tiene chica? —preguntó Aileen sorprendida—. Creí que era un picha
brava, cada día con una diferente.
—Eso era antes… digamos que cuando encontramos a la adecuada las viejas
costumbres cambian —me dedicó una mirada a la que solo pude contestar
sonrojándome.
—Como sea —dijo Aileen cortando de nuevo nuestro momento—, ahora
vete.
—Aileen —protestó Shane.
—No quería ser tan brusca, pero tengo algo importante que hablar con
Jordan y tú molestas —dijo Aileen cruzándose de brazos y mirando con desafío
a Shane.
Él solo suspiró y negó con la cabeza.
—Luego te llamo —susurró en mi oído antes de besarme bajo la oreja—,
espero poder acabar pronto lo que dejamos a medias.
Me estremecí, pero no pude evitar que una sonrisa se dibujase en mis labios
a la vez que me sonrojaba. Shane se alejó de mí y cogió su chaqueta del suelo,
¿cuándo había acabado ahí? Se fue no sin antes dedicarle a Aileen una mirada
envenenada a y mí guiñarme un ojo mientras sonreía de lado. Me quedé aturdida
mirando como su figura poco a poco se alejaba de mí, hasta que desapareció por
el quicio de la puerta.
Suspiré.
—… y por eso he venido. ¿Jordan me estás escuchando? —preguntó Aileen
molesta.
—En realidad no —le contesté mirándola igual de molesta—, ¿se puede
saber qué haces aquí? Yo no te interrumpo cuando estás con Zack… cierto… ¿Y
cómo has entrado si se puede saber?
—Eso te estaba contando, pero tú estabas en “Shanelandia” pensando en
sabe que guarradas —rio divertida.
La miré mal, deseando poder fulminarla con un rayo laser o provocarle dolor
con la mirada.
—¿Qué quieres? —gruñí.
—Angie me dijo que te fuiste molesta de la cafetería y después vi a Shane
correr desesperado hacia su coche, así que até cabos y deduje que habías
discutido a algo parecido —se detuvo unos segundos y sonrió— y si no me he
equivocado, cosa que dudo, o no habéis discutido o estabais en plena
reconciliación.
—Aileen… —protesté sonrojándome.
—Por ese sonrojo deduzco que la segunda opción es la acertada, ¿qué ha
pasado? —preguntó poniendo toda su atención.
Volví a suspirar.
—¿Cómo has entrado? —me salí por la tangente.
—Ángela me dio una llave. pero no desvíes el tema —protestó frunciendo el
ceño—. ¿Qué ha pasado?
—Ahsley, eso es lo que ha pasado —gruñí.
No es que tuviese nada en contra de Ahsley, pero por lo poco que sabía de
ella no me gustaba.
—Oh, no —frunció el ceño—, ¿qué ha hecho esa zorra ahora?
Parpadeé sorprendida, Ahsley era la mejor amiga de Shane, por lo que asumí
que sería bien recibida en su casa y Aileen hasta podría tener algún tipo de
relación con ella, pero que ella compartiese mi opinión de que era una zorra era
algo que no esperaba.
—No es nada importante, ya está solucionado —le resté importancia.
—No, eso no me vale, Meg y yo tenemos una lista de cosas que esa zorra nos
tiene que pagar y, por lo que veo, tú ahora acabas de comenzar esa lista
también… ¿qué ha sido esta vez?
Le conté lo que Shane me había dicho sobre ella y Aileen pasó de la sorpresa
a la rabia en dos segundos cuando supo que él había hecho caso en su consejo.
—La muy zorra… —susurró negando con la cabeza.
—Aileen —la llamé—, ¿puedo confiar en ti?
Ella me miró durante unos segundos y luego parpadeó.
—Por supuesto… ¿lo dudabas? —preguntó sorprendida—, dime lo que sea.
Suspiré, pero para nada tenía que ver con mis suspiros por Shane.
—Ahsley y yo vamos juntos a la clase de Mathew —dije, ella gruñó y asintió
—, el día que Ang se fue con Ben a El pueblo ella se sentó conmigo y durante la
clase me dijo un par de cosas.
La cara de Aileen cambió a una que no supe descifrar del todo, continuaba
siendo el rostro de Aileen, podían verse sus facciones dulces pero el odio que
destilaba su mirada y su mandíbula apretada la hacían verse casi irreal.
—¿Qué te dijo? —escupió en un murmullo.
Respiré hondo.
—Me dijo que ella y Mathew habían tenido algo en más de una ocasión, que
Meg estaba al tanto y que nunca había puesto ningún tipo de objeción.
Después de decir eso me asusté, me asusté tanto que casi me lo hago encima.
Aileen se puso en pie de un salto y comenzó a dar vueltas por la sala a la vez que
murmuraba una sarta de insultos, maldiciones y cosas que le gustaría hacer a la
perfecta cara de Ahsley para que se viese más acorde con su personalidad.
La puerta volvió a abrirse en ese momento y Meg y Ángela entraron y se
quedaron observándonos en silencio, hasta que Aileen dijo algo como “Zorra
desteñida” que hizo que Meg se tensase y sisease entre dientes. Aileen al verlas a
las dos ahí paradas se dispuso a contarles todo lo que había pasado. Y si antes
me había asustado por la reacción de Aileen con la de Meg casi me muero del
susto. Se quedó en completo en silencio, con las aletas de su nariz dilatadas y
bufando. Esa mujer daba mucho más miedo callada que maldiciendo como la
pequeña Aileen.
Después las dos se metieron en un debate en el que Ángela y yo no teníamos
opción a replicas, ambas no sabían cómo hacerle pagar a Ahsley el haberse
metido con lo que ellas consideraban suyo. Después se quedaron en silencio
mirándome, como esperando que yo dijese o hiciese algo, a lo que solo pude
encogerme de hombros.
—Jordan, ¿tú no te enfadas? —preguntó Meg confundida.
—¿Debería? —ambas me miraron como si me creciese un tercer ojo en la
frente—. A ver, si lo que la tetas explosivas intentaba era separarme de Shane,
os puedo asegurar que no lo ha conseguido.
Me sonrojé recordando los gemidos de Shane en mi oído y sus caricias…
Meg rio entre dientes y me miró suspicaz.
—Shane siempre ha estado enamorado de Ahsley —dijo sin apartar sus ojos
de mí.
El suelo desapareció de mis pies y sentí como si algo me estuviese
empujando a un hoyo bajo tierra y estuviesen echando toneladas y toneladas de
tierra sobre mí.
—¿Qué? —pregunté en un murmullo con voz temblorosa.
—Tranquila, Jordan —dijo Aileen poniéndose a mi lado y sujetando mi
mano—. Meg mira que eres bruta, eso solo fue así hasta que te conoció, desde
entonces todo ha cambiado.
La miré sin entender, queriendo que me explicase más, pero incapaz siquiera
de poder pronunciar una sola palabra.
—Shane y Ahsley se conocieron cuando comenzaron el instituto, Shane
siempre estuvo interesado en ella y ella al principio también, pero cuando
conoció a Mathew todo cambió —explicó Aileen leyendo mis pensamientos—.
Meg y él ya estaban juntos, pero eso no parecía importarle, siempre intentaba
algo, aunque Mathew la ignorara.
—Shane lo pasó bastante mal al principio, hasta que lo asumió. Pero siempre
estuvo en el banquillo esperando que Ahsley se fijase en él más que como su
amigo —continuó Meg—, fue tan estúpido. Ahsley siempre se ha aprovechado
de que Shane se desvivía por ella y lo usaba en su propio beneficio.
—Ahora llegaste tú y has cambiado todo eso, por eso quería quitarte de en
medio, o al menos, que las cosas no fuesen tan bien como van —concluyó
Aileen.
Me quedé en silencio procesando su historia, ¿cómo debía de actuar frente a
eso? ¿Ahsley realmente era una rival para mí? ¿De verdad yo había hecho que
Shane olvidase a Ahsley?
Suspiré pesadamente y me dejé caer contra el respaldo del sofá, tenía mucho
en lo que pensar.

Capítulo 11
Cuando Meg y Aileen se fueron, no sin antes asegurarse de que estaba bien,
Ángela me dejó sola en mi habitación. Me conocía bien y sabía que lo que yo
necesitaba era pensar.
Pensar estando sola.
Estaba acurrucada en una esquina de mi habitación, sentada en el suelo y
abrazando mis rodillas.
Estaba y a la vez no estaba.
No podía reclamarle nada a Shane, al fin de cuentas hacía solo unos días que
nos conocíamos y no habíamos tenido ocasión de contarnos absolutamente todo.
Aunque, cuando me habló de Ahsley no especificó que había estado enamorado
de ella durante mucho tiempo.
Realmente no sabía que pensar.
Ahsley no me gustaba, desde que se sentó a mi lado y me habló con tanta
confianza de sus “supuestas” relaciones íntimas con Mathew, algo en ella no me
convencía. Después descubrí que me mentía, conociendo a Meg era totalmente
imposible que Mathew la engañase, además de estar completamente enamorado
de ella, si lo hacía era hombre muerto, Meg no se andaba con chiquilladas y
podría por apostar que si algún día pasase eso Mathew tendría que decirle a
adiós a su hombría, ya que Meg si no se la arrancaba se la cortaba mientras
dormía.
Pero Shane quería a Ahsley, dejando a un lado que continuase enamorado de
ella o no, él sentía algo por ella y hacerme su enemiga acérrima no me ayudaría
en nada para mantenerlo a mi lado. Por mucho que estuviese enamorado de mí si
intentaba alejarlo de ella lo más probable es que me diese una patada en el culo y
me abandonase por manipuladora. Así que la opción de decirle a Shane lo que
sabía sobre Ahsley no era realmente una opción, aunque tampoco quería
engañarle.
Me puse en pie y comencé a dar vueltas por la habitación… si continuaba
encerrada me iba a volver loca. Lo peor es que no podía conducir, algo que
añoraba en sobremanera… echaba de menos a mi coche. Con un suspiro
resignado me calcé unas deportivas y cogí una chaqueta gruesa y salí de mi
habitación dispuesta a caminar un rato. Después de decirle a Ángela donde
estaría y comprobar que llevaba mi teléfono móvil con la batería al máximo, bajé
las escaleras de mi edificio mientras todo continuaba dando vueltas en mi
cabeza.
Caminé sin rumbo fijo durante una hora, hasta que me encontré en un
parque, allí no había nadie, miré a mi alrededor y estaba anocheciendo,
comenzaba a hacer frío, pero no me importó. Me senté en un columpió y me
balanceé ausentemente.
¿Cómo se suponía que debía actuar ahora que sabía toda la verdad?
¿Debía odiar a Ahsley?
“Eso no entra a discusión… es obvio que sí”
Estaba de acuerdo con mi conciencia, lo poco que sabía de ella no era bueno,
no era nada bueno, así que odiarla era la opción correcta y la que me costaría
menor seguir.
Suspiré mientras miraba la luna, o lo que debía ser la luna, ya que las nubes
gruesas y oscuras de Seattle no me dejaban apreciar más que su brillo tras ellas.
Volví a hundirme en mis propios pensamientos…
¿Decirle o no decirle a Shane sobre Ahsley?
Era la duda que más me carcomía, decirle lo que pensaba y quedar como una
novia híper celosa y posiblemente que no me creyese, o callarme y no confiar
plenamente en él al contarle mis secretos.
Como de la nada sentí dos fuertes manos en mi cintura y una respiración en
la parte posterior de cuello, me tensé al instante.
—¡Buh! —gritó alguien en mi oído.
Di un salto y me alejé del columpio lo más que pude, pero como era de
esperarse y siendo quien era, Jordan alias Patosa, mis pies se enredaron y acabé
con mi trasero pegado al suelo. Vi una sombra corriendo en mi dirección, era un
hombre… grande, muy grande.
Intenté ponerme en pie, pero mis músculos no colaboraban y mi brazo en
cabestrillo tampoco era de ayuda. Estaba por ponerme a patalear y gritar como
una loca. Podría ser cualquier psicópata y yo estaba lesionada e indefensa.
—¿Jordan? —dijo una voz suavemente.
El alma regresó a mi cuerpo y me dejé caer sobre la mullida hierba sobre la
que había caído, el frío de esta contrastó con el sudor que comenzaba a perlar mi
frente… hasta ese momento no me había dado cuenta de que estaba sudando de
miedo.
—¿Jordan, te encuentras bien? —volvió a preguntar.
Me tapé la cara con ambas manos y ahogué un grito de frustración.
—¿Es que los Spencer pretenden matarme? Primero Aileen me noquea y
ahora tu pretendes que me dé un ataque al corazón —dije aportando un tono de
molestia a mi voz.
—Lo siento, no pretendía asustarte, al menos no tanto.
La gran figura de Mathew apareció en mi campo de visión, o lo que se
entiende por mis dedos entreabiertos. Me miraba sonriendo y remarcando sus
dos perfectos hoyuelos. Sonreí casi inconscientemente. Mathew tenía ese efecto
en la gente, en cuanto entrabas en un radio de dos metros de él, su alegría se
volvía contagiosa y tenías que sonreír lo quisieses o no.
—¿Qué haces en el suelo? —preguntó en tono divertido.
Bufé e intente reprimir las ganas de darle una mala contestación era mi
profesor después de todo, si lo molestaba eso podría repercutir en mis notas.
Intenté incorporarme, pero una masa peluda y negra se me echó encima y volvió
a tumbarme sobre la hierba, no tardé en sentir algo húmedo y caliente sobre mi
cara.
¡No!
¡Asqueroso!
Comencé a revolverme mientras esa cosa peluda saltaba sobre mí y seguía
lamiendo mi cara con más énfasis. Me estaba muriendo de asco y el único que
podría ayudarme era Mathew, que en ese momento estaba literalmente doblado
de la risa mientras me señalaba con un dedo.
Después de un minuto, que me pareció casi un siglo, pude quitarme a esa
cosa de encima, que resultó ser un perro. No era que no me gustasen, pero
odiaba sus babas. Me senté sobre mi trasero mientras me restregaba la manga de
mi chaqueta por la cara intentando eliminar cualquier rastro de ese líquido
viscoso que ese animal segregaba.
Mathew todavía se estaba sujetando las costillas mientras jadeaba buscando
aire y el perro estaba sentado frente a mí moviendo su rabo alegremente mientras
su lengua, goteante y asquerosa, colgaba del lado izquierdo de su boca
entreabierta.
Me estremecí.
Intenté ponerme en pie y Mathew, adivinando mi movimiento, me tendió una
mano para ayudarme. La tomé dudando, no sabía si podía confiar en la persona
que dejó que esa bestia peluda me atacase, pero finalmente acepté para que no se
lo tomase mal. Sujetó mi mano con fuerza, o debía decir que mi mano
desapareció entre la suya que era enorme en comparación con la mía, y de un
tirón casi volé hasta quedar en posición vertical sobre mis pies.
—¿Te presento a Tekila o ya la conoces? —preguntó señalando a la bestia
sentada a sus pies.
Le dediqué una mirada envenenada al perro, que me miraba con una oreja
alzada y todavía con su lengua de fuera… volví a estremecerme al recordar que
esa lengua segundos antes estaba sobre mi cara, después de, lo más probable,
haberse lamido sus partes.
—No necesito más presentaciones —gruñí.
—¿No te gustan los perros? —preguntó con el ceño fruncido.
—No me gustan los perros que me atacan.
—No te ha atacado —protestó.
—Sí lo ha hecho… ¡me ha lamido la cara! ¿Sabes lo asqueroso que es eso?
—pregunté casi gritando.
Mathew se rio entre dientes y negó con la cabeza.
—¿Qué haces aquí a estas horas? —preguntó.
—Vivo cerca, estaba paseando —me encogí de hombros.
—Estamos a tres grados, no es el mejor clima para pasear, si no fuese por
Tekila estaría acurrucado con Meg en mi sofá —dijo fingiendo tener un
escalofrío.
—Necesitaba pensar, encerrada me asfixiaba y como no puedo conducir —
señalé mi cabestrillo.
—Esta Aileen, te aconsejaría que te mantuvieses alejada de ella, pero mi
advertencia llega un poco tarde —bromeó.
—Lo sé.
—¿Tiene algo que ver con Shane? —preguntó en un susurro mientras
pateaba una piedra.
—¿Eh? —pregunté confundida.
—Lo que piensas, si tiene algo que ver con mi hermano…
Suspiré. No me apetecía volver a relatar todo de nuevo, además que mi
confianza con Mathew no llegaba hasta esos extremos. Aunque una opinión
diferente podría venirme bien, pero… ¿sería Mathew el adecuado para
aconsejarme sobre algo así? Era un licenciado, unos cuantos años mayor que yo,
se suponía era adulto y maduro, aunque le hubiese puesto Tekila como nombre a
su perro.
—No es nada… —susurré casi inaudiblemente.
—Si es por lo de Ahsley, él no lo hizo de mala fe, de verdad confió que lo
que ella le aconsejaba era la correcto —dijo dejándome con la boca abierta.
—¿Tú lo sabes? —pregunté sorprendida.
—Shane me lo cuenta todo, o eso quiero creer, soy su hermano mayor —dijo
con orgullo.
Sonreí.
—Las chicas me contaron lo de Shane con Ahsley y no sé qué pensar sobre
eso —confesé.
—Conozco a Shane desde que nació, no, mucho antes de eso, desde que era
un óvulo dentro del cuerpo de mi madre —escondió una sonrisa—, lo que alguna
vez pudo haber sentido por Ahsley no se asemeja a lo que ahora siente por ti, de
eso no tengas dudas.
Mi ánimo decayó visiblemente, ante una confesión de ese calibre no sabía
cómo debía actuar. Nunca podría sustituir a Ahsley como primer amor y
enamorada de Shane. Eso cada vez estaba más claro.
—No me has entendido —continuó Mathew viendo decaer la expresión de
mi rostro—, Ahsley era solo una amiga, una amiga un poco extraña, pero amiga,
al fin y al cabo. De ti se está enamorando de verdad, eso no lo dudes.
—¿Estás seguro? —pregunté con miedo.
—Segurísimo, aunque no compartamos sangre, conozco a Shane casi tan
bien como él mismo —comentó despreocupadamente.
Lo miré con el ceño fruncido ante lo que acababa de decir.
—¿No compartís sangre? —pregunté sorprendida.
—No, ¿no te lo ha contado nadie? —preguntó tan sorprendido como yo,
negué con cabeza—. Cuando Caroline y Robert se casaron intentaron tener un
hijo, después de tres años se hicieron unas pruebas y descubrieron que Caroline
no podía tenerlos, así que me adoptaron cuando yo tenía ocho, un año después
nacieron Aileen y Shane… ¿te lo puedes imaginar? Después de decirte que no
puedes tener hijos te encuentras con tres.
Me reí entre dientes.
—Bastante inverosímil —concordé.
—Deberías volver a casa, hace frío, si Shane sabe que he estado contigo y te
he dejado al a intemperie no me lo perdonará —dijo casualmente mientras me
hacía un gesto con la mano, no lo entendí y lo miré raro—. Te acompaño, no me
gustaría que te pasase nada.
Comencé a caminar hacia mi edificio con Mathew y Tekila a mi lado, en un
silencio cómodo. La verdad es que Mathew no parecía ser como realmente era.
Si lo mirabas parecía un hombre duro y fuerte, algo que se iba al caño en cuanto
reía y veías sus facciones aniñadas, con una inocencia casi infantil. Pero en
cambio cuando tenía que hablar, sabía encontrar su madurez donde quiera que la
tuviese y era capaz de dar buenos consejos.
Llegamos a mi edificio y me giré para despedirme de Mathew, iba a darle las
gracias cuando me sorprendió rodeándome con sus brazos y elevándome dos
palmos del suelo. Grité sorprendida y perdí todo el iré de mis pulmones.
Mientras la risa atronadora de Mathew hacía eco en las bacías calles de Seattle.
Cuando me dejó en el suelo comencé a jadear buscando aire y Mathew todavía
seguía riéndose de mí entre dientes. Tekila comenzó a ladrar y a mover el rabo
con más energía ambos la miramos y ella tiraba hacia un lado. Una sombra tan
grande como Mathew apareció de repente.
—¿Mathew? —susurró aquella voz ronca—. Tío… ¿qué haces tú por aquí?
—Gab, aquí acompañando a una de mis alumnas para que no se pierda, la
pobre no es nada sin mí —dijo con orgullo.
—¿No estarás engañando a tu rubia? Te mataría si lo intentas… —dijo Gab
entre risas.
—Lo sé… —Mathew fingió estremecerse.
—Hola Jordan, no sabía que eras alumna de Mathew —me dijo Gab con un
gesto extraño en su rostro.
—Sí, lo soy —contesté sin saber que más decir.
—¿Conoces a este impresentable? —preguntó Mathew entre risas, asentí
sonriendo—. Entonces sé que te dejo en buenas manos, Shane nos mata si le
pasa algo—le confesó a Gab en un susurro.
Gabriel abrió la boca sorprendido y yo fruncí el ceño.
—Adiós Jordan, no te preocupes por Shane, recuerda lo que te he dicho —se
despidió Mathew.
Miré a Gab que estaba a dos pasos de mí paralizado y mirando al suelo.
—¿Te pasa algo? —pregunté en un susurro.
Él levantó su rostro hacia mí y me taladró con sus ojos. Estaba siendo un día
la mar de raro. Bufó y negó con la cabeza.
—¿Qué si me paso algo? —preguntó con ironía—. Me pasa de todo y a la
vez no puede pasarme nada.
—Gab, no te entiendo —contesté confundida.
—Y ahora soy Gab —murmuró para sí mismo—. será mejor que me vaya
Jordan, no quiero problemas con Shane.
—¿Con Shane? —pregunté más confundida todavía—, ¿conoces a Shane?
Rio con amargura.
—Es mi mejor amigo.
Se dio la vuelta y desapareció entre las sombras. Dejándome más confundida
de lo que había estado nunca…
¿Qué había pasado? No entendía nada.
Capítulo 12
Gab estuvo sobre una nube durante el resto del día, poder compartir aquel
poco rato con Jordan le había gustado. La había conocido un poco más y aunque
le dijo que tenía novio no le importaba, sabía que en el amor todo se vale, sacaría
toda su artillería pesada para quedársela. Ella no era como las demás, por ella
estaba decidido a dejar a tras tu época de rebeldía adolescente y centrarse en ella
y en su trabajo, como debería haber hecho hace mucho según padre.
Pero es que Gab no tuvo muchas posibilidades de ser un adolescente normal
hasta hace poco tiempo. Cuando era muy joven, su madre Rebeca enfermó de
cáncer, se pasó su adolescencia cuidándola y preocupándose por ella, mientras
sus dos hermanas estudiaban y se labraban un futuro. Él también iba al colegio,
pero no se lo tomaba en serio, era más importante la salud de su madre. A los
dos meses de morir su madre, su padre tuvo un accidente de tráfico que lo dejó
en una silla de ruedas y Gab tuvo que salir de nuevo a escena ocupándose de su
padre mientras sus hermanas mayores acababan sus carreras. Una vez que
Rebecca, su hermana mayor, acabó su carrera se llevó a su padre con ella,
dándole a Gab la libertad que tanto ansiaba.
Dejó de estudiar y comenzó a trabajar en el taller que su padre había tenido
que dejar abandonado cuando cayó paralítico y después todo vino solo… fiestas,
chicas, borracheras y salidas interminables que acababan más allá del amanecer.
Solo Shane, su amigo de la infancia, sabía entenderlo y no lo juzgaba, tanto él
como la familia Spencer habían sido su propia familia preocupándose siempre
por él.
Pero ahora todo parecía cambiar, Jordan había entrado en su vida y
compartiendo solo unas cuantas horas con ella había descubierto que no tenía
nada que ver con las otras chicas. Ella no era de usar y tirar como estaba
haciendo hasta ese momento. Podría parecer una locura, no se sentía enamorado,
pero sí muy atraído. Jordan tenía una especie de magnetismo que lo empujaba
hacia ella y no se podía controlar. Ahora se arrepentía de haberse burlado de
Shane cuando conoció a su Jordan, él mismo estaba el mismo estado de
gilipollez y empanada mental que su amigo.
Lo que hacía el amor…
Estaba en su taller mecánico dándole los últimos toques al trasto verde en el
que vio a Jordan por primera vez, por eso no podía evitar pensar en ella.
Recordaba su sonrisa, el brillo de sus ojos, el sonido de su voz… toda ella era
una clara invitación. Toda ella lo llamaba.
Apretó con saña la última tuerca y dejó caer la llave al suelo con un sonido
sordo.
—¿Ya te vas? —preguntó Quil, uno de los chicos que trabajaba con él.
—Sí, tengo algo importante que hacer.
Tenía planeado ir hasta casa de Jordan, plantarse delante de su edificio y
esperar a ver si la veía. Si eso no funcionaba sabía cuál era su portal. Llamaría al
portero apartamento por apartamento hasta dar con ella. No podría salir mal,
tendía que encontrarla sí o sí. Así podría pasar más tiempo con ella y ver si la
cosa funcionaba, se lanzaría en picado a a la mínima señal de interés.
Condujo por las calles de Seattle casi como un demente, si Shane lo viese se
carcajearía en su cara, estaba comportándose como un auténtico estúpido, pero
estaba seguro de que Jordan lo merecía.
Todavía guardaba en su memoria un rastro de sospecha, era mucha
casualidad que tanto él como su amigo hubiesen conocido a dos chicas
maravillosas, las dos se llamaban Jordan y estudiaban en la misma universidad.
Negó con su cabeza restándole importancia, su chica se llama Jordan, ella se lo
había dicho, la de Shane era Jordan, él mismo le había dicho que ella insistía en
que la llamasen así, si su Jordan fuese la misma se lo habría dicho…
Aparcó el coche frente a su edificio y bajándose de él miró hacia arriba, era
un edificio de muchas plantas, unas quince y en cada piso parecía haber cuatro
apartamentos… ¡Genial! Tendría mucho trabajo. Avanzó hacia el portero y
cuando estaba a punto de pulsar el primer botón una duda asaltó su mente. ¿Y si
le contestaba su novio? Se guardó la mano en el bolsillo, no sabía qué tipo de
relación tenía Jordan con él, quizás vivían juntos… no lo sabía. Se maldijo a sí
mismo por no preguntarle más sobre eso, pero es que no le importaba,
sinceramente quería que ella olvidase esa relación y se aventurase a conocerlo a
él, le parecía mucho mejor.
Se volvió hacia su coche y se apoyó en él apesadumbrado. Pensar en Jordan
en brazos de otro le había hecho hervir la sangre, se había puesto celoso de una
chica a la que apenas conocía. Todos esos sentimientos eran nuevos para él, que
nunca se había parado a pensar en el dignificado de una relación seria y todo lo
que eso conllevaba. Estaba dispuesto a dejarse llevar y explorar todo eso con
Jordan, acabase como acabase aquello, su novio era un cero a la Izquierda para
él, como Shane le decía siempre, “si un tío deja escapar a su chica, es que no le
importaba lo suficiente”
Gimió frustrado, tenía ganas de entrar en ese edificio y comprobar
apartamento por apartamento cual era el de ella y si estaba con su novio
arrancarla de sus brazos y llevársela con él. Sería de chiste la cara que se le
pondría al pobre iluso.
Aunque otra duda anidó en su mente. Jordan. Ella nunca le había demostrado
nada, ella nunca se había insinuado y había dicho que quería algo con él. Solo se
mostraba amigable y receptiva, ella se dejaba bromear, cuando le tomó la mano
y la acercó a él sintió como se quedó algo aturdida… eso querría decir algo…
¿cierto?
Suspiro y se miró los zapatos. Tenía que hacer algo pronto, tenía que dejar de
comportarse como un estúpido y lanzar sus cartas, fuese cual fuese el resultado.
Se arrepentiría luego si tiraba la toalla solo por la minucia de que ella tenía un
novio… ¡eso no era importante! Además, ella misma le había confesado esa
mañana que había tenido una especie de problema con él, así que eso tendría que
ser un punto más a su favor.
Oyó unas voces y unas risas frente al portal de Jordan, en seguida su mirada
se desvió hacia allí y allí se quedó. Ella estaba frente a su portal, hablando con
alguien. Se acercó sigiloso entre las sombras de la noche, no quería que lo viese,
si por casualidad era su novio le buscaría un problema a ella y no quería que
luego lo odiase por eso.
Cuando estaba más cerca reconoció la voz de ese chico, pero no podía ser…
¿era Mathew? ¿Qué mierda hacía Mathew hablando con su Jordan? Pero el
sonido de su risa estridente era inconfundible, además, Tekila estaba a su lado.
El color abandonó su cara cuando se dio cuenta de que podría significar eso…
¿Su Jordan sería la misma Jordan de Shane?
No… imposible, tenía que ser una casualidad.
Jordan…
“Ella se lo habría edicho al conocerlo” Se repitió mentalmente como un
mantra.
Inconscientemente se acercó más a ellos, tanto que Tekila lo reconoció y
comenzó a tironear y a ladrar en su dirección… estaba descubierto, era hora de
hacer su puesta en escena y comprobar si su miedo era cierto…
—¿Mathew? —pronunció tentativamente— Tío… ¿qué haces tú por aquí?
Jordan, que hasta ese momento estaba de espaldas, se giró y lo miró con sus
profundos ojos marrones. Algo se removió en las tripas de Gab… no sabía lo
que iba a hacer si esa chica resultaba ser Jordan… ¿cómo actuaría después con
Shane?
—Gab… —dijo Mathew— aquí acompañando a una de mis alumnas para
que no se pierda… la pobre no es nada sin mí —Mathew y sus bromas… nunca
cambiaría.
—¿No estarás engañando a tu rubia? Te mataría si lo intentas… —Gab
intentaba mantenerse en su línea, sin dar muestras de su sospecha y él miedo que
estaba sintiendo.
—Lo sé… —Mathew fingió estremecerse.
Una idea cruzó por la mente del chico, podría comprobar quien era realmente
Jordan con una prueba. Su nombre, a él le dijo que se llamaba Jordan, Shane
estaba con Jordan…
—Hola Jordan, no sabía que eras alumna de Mathew —no pudo evitar que al
pronunciar su nombre en un diminutivo algo se volviese a remover en su
interior… miedo, sí, no solo podría perder la chica que le gustaba, también a su
amigo.
—Sí, lo soy —contestó ella en un murmullo, pero estaba como ida, no
parecía haberse dado cuenta del modo en que su pronunció su nombre.
—¿Conoces a este impresentable? —preguntó Mathew con su habitual tono
y bromeando con Gab, la chica solo asintió— entonces sé que te dejo en buenas
manos, Shane nos mata si le pasa algo.
Gab se tensó y sintió como el mundo paraba de girar a su alrededor, cerró los
ojos con fuerza y contuvo el aliento.
¡Mierda!
—Adiós Jordan, no te preocupes por Shane, recuerda lo que te he dicho —se
despidió Mathew.
Gab estaba paralizado, su miedo se había hecho realidad, su chica y la Jordan
de Shane era la misma, ¿es que el mundo quería reírse de él? No era una buena
broma, no tenía gracia. Para una vez que estaba decidido a cambiar, se ve metido
en semejante embrollo.
—¿Te pasa algo? —preguntó Jordan preocupada ante la quietud de su amigo.
Gab levantó la vista y la posó sobre ella, tan guapa, con su cabello cayendo
por sus hombros, con sus mejillas sonrojadas a causa del aire frío de esa noche.
Ella estaba tan cerca y a la vez tan inalcanzable… no pudo evitar bufar frustrado
y negar con la cabeza.
—¿Qué si me paso algo? —preguntó con ironía—. Me pasa de todo y a la
vez no puede pasarme nada.
Sentía como si estuviese traicionando a su amigo. ¡Ella su novia! Se sentía
atraído por ella, pero a la vez no podría porque era una chica intocable… la chica
de Shane ¿Qué se suponía que debía hacer ahora? Lo más lógico sería echarse a
un lado y dejar que ella y Shane fuesen felices, Jordan no había demostrado
ningún tipo de interés en él, por lo que luchando por ella sería el único dañado.
Además, que perdería a Shane y por consiguiente a toda la familia Spencer que
siempre lo habían tratado como a un hijo más.
—Gab, no te entiendo —Jordan estaba confundida, algo normal dada la
situación, hasta él mismo estaba confundido.
Pero no le pasó desapercibido que ella lo llamó Gab, cerró de nuevo los ojos
con fuerza. Recordó el juego de palabras cuando se conocieron.
“Soy Gabriel, pero mis amigos me llaman Gab”
“Para mí eres Gabriel, no te conozco”
—Y ahora soy Gab… —murmuró para sí mismo— será mejor que vaya
Jordan, no quiero problemas con Shane.
Vio como la confusión cruzaba por el rostro de la chica, ¡claro! Ella tampoco
sabía que ellos dos eran amigos, aunque Shane le hubiese hablado de él, ¿qué
remota posibilidad habría de que su recién conocido amigo y el mejor amigo de
su novio fuesen la misma persona?
¡Muy pocas!
Pero por ironías del destino eran la misma persona.
Él era el mismo Gabriel que quería a Shane como a un hermano y haría
cualquier cosa por él. Pero también era el mismo Gabriel que había caído loco
por Jordan sin saber que era la novia de su amigo.
Todo era una mierda.
—¿Con Shane? ¿Conoces a Shane? —la voz de Jordan sonaba confusa.
Gab no pudo evitar reír con amargura.
¿Qué si conocía a Shane?
Gabriel fue el que estuvo con Shane cuando le cayó su primer diente, él que
sujetó su mano cuando se rompió el brazo derecho al caerse de un árbol a los
nueve años y apretaba los dientes para no llorar frente a las niñas. Gabriel estaba
ahí cada vez que Shane estaba hecho polvo porque Ahsley lo ignoraba. Gabriel
estaba ahí cuando Shane perdió su virginidad y después se sintió culpable porque
no estaba enamorado de aquella chica. Gabriel soportó sus largas conversaciones
sobre lo maravillosa, fantástica, inteligente, guapa… que era su Jordan.
Y ahora el mismo Gabriel estaba ahí para decirle que la chica que lo trae
loco, era su propia novia.
¡Perfecto!
—Es mi mejor amigo —dijo con amargura, escupiendo cada palabra como si
fuese ácido quemando en su lengua.
Se dio media vuelta y se fue corriendo hacia su coche, se metió dentro y
cerró la puerta de un portazo.
Tenía ganas de gritar.
Ganas de patear algo.
Necesita romper, destrozar, desgarrar.
Se sentía como un hombre lobo en plena transformación.
¿Por qué diablos tenía que tener tan mala suerte?
Lo más inverosímil que podría pasar en la vida le pasaba a él.
¿Es que tenía una diana pintada en su espalda para que él destino supiese con
quien tenía que ensañarse?
Puso en coche en marcha y después de maniobrar para sacarlo del
estacionamiento pisó el acelerador hasta el fondo y dejó que la velocidad hiciese
efecto en él. Enseguida sintió la adrenalina dilatando sus venas y aumentando los
latidos de su corazón. Sintió como la velocidad mitigaba algo de su frustración,
pero no era suficiente.
Necesitaba más.
Necesitaba algún tipo de desahogo.
Así que condujo hasta un local del centro donde sabía que encontraría lo que
necesitaba: alcohol y sexo fácil.
Estaba aparcando al otro lado de la calle frente al Eclipse, el local de moda
de Seattle, donde los universitarios pasaban media vida, aunque fuese un día
entre semana, como ese, siempre había alguien allí.
En cuando quitó la llave del contacto su teléfono comenzó a sonar. Resopló,
no le apetecía hablar con nadie, pero podría ser algo importante… Rebeca para
contarle algo sobre su padre, o su padre mismo que necesitaba decirle algo. Sacó
el teléfono del bolsillo de su chaqueta y cuando miró el identificador otra vez el
pesar volvió a caer sobre él.
Era Shane…
Podría colgar, o dejar que sonase, pero era Shane, llamaría una y otra vez
hasta poder hablar con él y contarle lo que fuese que quería contarle. Así que con
un suspiro contesto.
—¿Sí? —contestó con un gruñido.
Shane al otro lado de la línea frunció el ceño, supo que algo que le pasaba a
su amigo solo por el tono de su voz.
—¿Dónde estás? —preguntó con cautela.
—En el Eclipse —dijo Gab cortante.
—¿Te vas a emborrachar? Tío, que mañana es martes y trabajas —intentó
disuadirlo.
—Lo sé, pero no me importa —Gab se pasó una mano por su revuelto
cabello y tiró de él con rabia.
—¿Hay algún problema? —preguntó Shane.
—Algo así —contestó Gab sin ahondar en el tema.
—¿Es con tu chica?
¡Genial!
La peor pregunta que podría hacer era precisamente la que hacía, Gab estuvo
tentado en mirarse a un espejo y buscar esa dichosa diana en su espalda, o su
estrella de David en algún lugar de su cuerpo, su mala suerte no podía ser tanta.
—Sí, es con ella —ladró.
Shane maldijo en silencio, él tan feliz con Jordan y su amigo con problemas
de faldas, no era justo. Gab era un buen tipo, cualquier chica debería estar
agradecida de que él se fijase en ella.
—Joder —murmuró Shane—, lo siento tío… ahora me siento mal.
—No es tu culpa, Shane, solo son cosas que pasan —Gab estaba disculpando
a Shane aun sin él saber cuánta culpa tenía en el estado emocional de su amigo
—. ¿Para qué llamabas? —preguntó Gabriel desviando el tema.
—Ahora no importa, ¿quieres que vaya a beber contigo? —preguntó Shane.
—¡No! —casi gritó Gab.
Si bebía de más y se le aflojaba la lengua delante de su amigo, podría meter
la pata y ni él ni Jordan merecían que les hiciese algo como eso.
—Como quieras —contestó Shane algo preocupado.
—No importa, dime lo que ibas a decir que ya voy a colgar —dijo Gab
cortante.
—Ya he solucionado el problema que tuve con Jordan —contestó él con una
sonrisa.
Gab se tensó.
Jordan…
Podría llegar a odiarla por ponerlo en esa situación…
¿A quién quería engañar? Él nunca podría odiar a Jordan, o al menos no
parecía poder hacerlo, además ella no tenía la culpa. La culpa era solo suya por
encapricharse de quien no debía, sí, encapricharse… porque era solo eso, un
encaprichamiento porque ella era diferente a todas, solo era un reto. Una más
que en cuanto cayese pasaría a la larga lista de conquistas.
—Me alegro tío —dijo con voz fría—, ahora tengo que cortar. Nos vemos.
Sin esperar contestación colgó y tiró el teléfono contra el sillón del
acompañante con rabia.
¡Maldita sea!
Se bajó del coche y avanzó hacia el Eclipse solo una idea en mente: tenía que
borrar a Jordan de su sistema y que mejor que con sexo fácil, un clavo saca a
otro clavo.
Entró en el local y enseguida se fue a la barra para pedir un vaso y una
botella de tequila, necesita algo fuerte para perder el sentido cuando antes. No
quería pensar, no hoy, ya habría tiempo después. En cuanto tubo la botella frente
a él, se sirvió un chupito y lo tragó como si fuese agua. Lo siguió un segundo y
un tercero.
Dejó el vaso sobre la barra y miró a su alrededor buscando a una posible
candidata para desahogar su frustración.
La encontró.
Al otro lado había una chica preciosa. Rubia, ojos azules, su pequeño vestido
celeste se amoldaba a sus curvas y se ceñía en sus voluptuosos pechos. Solo de
imaginarla retorciéndose bajo su cuerpo se le hizo la boca agua y el pantalón
estrecho. Pidió otro vaso al camarero y con su propio vaso y la botella avanzó
hasta ponerse en una mesa lo más cerca posible de ella, que en ese momento
estaba bailando en la pista contoneando sus caderas provocativamente.
Pasó por su lado rozando su brazo “accidentalmente” y le giñó un ojo y le
sonrió pidiéndole disculpas. La chica le devolvió la sonrisa, su encanto era
irresistible, solo con una excepción… se golpeó mentalmente al recordarla una
vez más.
Después de varios cruces de miradas y sonrisas coquetas, la chica se acercó a
Gab y aceptó el chupito de tequila que le ofrecía, le sonrió y lo tomó de las
manos arrastrándolo hacia el centro de la pista. Después de un baile en que
prácticamente se desnudaban con la mirada, acabaron yendo a trompicones hacia
la salida mientras no dejaban de besarse.
Gab la recargó en su coche y se apretó contra ella, miró sus ojos azules y
sonrió.
—¿Cómo te llamas? —le preguntó con voz ronca.
—Lizzie —dijo ella con un gemido, ya que Gab le hacía acariciado los
pechos sobre el vestido.
—Yo soy Gabriel.
—Me gusta como suena Gab —ronroneó ella.
—No… soy Gabriel, nada de Gab.

Capítulo 13
Otro día más…
Abrí los ojos y un rayo de sol impactó en mis ojos…
Me removí entre las sabanas y tapé mi cara con la almohada. Ronroneé una
maldición con voz ronca y volví a cerrar mis ojos con fuerza.
Apenas había podido dormir el día anterior, la “mejor amistad” entre la tetas
explosivas y Shane había asediado mi mente durante horas, y después estaba la
conversación con Mathew, que me tranquilizó un poco, aunque no lo suficiente.
No me bastaba con que alguien me dijese que yo era más importante para Shane
de lo que era Ahsley, necesitaba comprobarlo por mí misma. Y también el hecho
de que Gabriel y Shane eran amigos… cada uno me había hablado del otro en
alguna ocasión, pero nunca pude imaginar que ambos se conocían. Ha sido una
casualidad bastante grande.
Estuve divagando unos minutos hasta que me di cuenta….
¿Sol?
¿Sol en Seattle?
Me levanté de la cama de un salto y fui corriendo hacia la ventana, aparté las
cortinas de un manotazo y vi con alegría que el día estaba iluminado por el sol.
Estaba ahí arriba, rodeado por unas finas nubes y demasiado pequeño, pero era
el sol. No es que Seattle fuese tan oscuro como El pueblo, pero el sol también
era algo extraño en esta ciudad.
Abrí la ventana, cerré los ojos y dejé que la luz del sol impactara sobre mi
piel templándomela un poco. Escuché como puerta se abría, pero no me giré
para mirar, sabía que era Ángela.
—¿A dónde fuiste anoche? —preguntó.
Me giré y estaba sentada en mi cama. Me senté a su lado.
—A caminar… necesitaba pensar y las paredes se me estaban cayendo
encima —susurré.
—¿Te sirvió para algo la caminata? — preguntó de nuevo.
— Sí —sonreí—, me encontré con Mathew, sí el profesor Spencer —aseguré
cuando vi que habría mucho los ojos—. Él y Meg viven cerca de aquí, me
presentó a Tekila, bueno, Tekila se me echó encima y luego me acompañó al
portal y estuvimos un rato hablando.
Ángela me miró con una ceja alzada.
— Dos cosas, ¿quién es Tekila y de qué has hablado con Mathew? —
inquirió.
Reprimí la risa.
—Tekila es un labrador negro, es el perro e Mathew, y hablamos de Shane,
de Ahsley… no sé, fue un poco extraño, ¿te puedes creer que el profesor Spencer
tiene un lado sensible? —pregunté divertida.
—Algo tendría que haberle visto Meg para aguantarlo, por muy bueno que
sea en el sexo, eso no es suficiente —dijo Ángela riendo mientras salía de mi
habitación.
Me di una ducha rápida y me vestí con lo primero que encontré, dejé mi pelo
húmedo y suelto para que el poco sol que había lo secase y salí hacia la cocina
donde Ángela me esperaba con mi taza de café. La tomé casi de un sorbo y fui a
buscar mi mochila y mi chaqueta porque Shane pasaría en unos minutos a por
mí. Sonó por fin el timbre del portero, me despedí de Ángela con un beso híper
sonoro en la mejilla y luego bajé las escaleras casi de tres en tres.
Pero cuando llegué a la calle el alma se me cayó a los pies, en lugar de un
coche plateado y Shane recargado en él, había un Porsche amarillo y una Aileen
con medio cuerpo por fuera de la ventanilla haciéndome señas con la mano para
que me acercase. Si alguien la veía parecía que estaba espantando un mosquito
en lugar de llamarme. Bufé bajito y me acerqué a ella.
—¿Dónde está Shane? —pregunté haciendo un puchero.
—Buenos días Jordan, yo he dormido muy bien, me alegro de que lo
preguntes —dijo con ironía—, sube al coche, hoy Shane no ha podido venir y yo
te llevo.
Suspiré resignada y me subí al asiento del copiloto de Aileen. Ella me miró
enarcando una ceja y yo hice una mueca, negó con la cabeza y puso el coche en
marcha.
—¿Dónde está Shane? —volví a preguntar.
—Eres muy repetitiva…
Gruñí.
—Está bien, que mal humor te gastas por las mañanas, no me muerdas por
favor —dijo encogiéndose un poco y fingiendo miedo—. Shane ha ido a ver a un
amigo, ha tenido problemas con su chica y anoche salió hasta emborracharse, lo
típico de los tíos. Conociéndolo seguro que acabó con cualquier furcia en la
cama.
Me quedé en silencio unos segundos pensando en sus palabras… un amigo
de Shane.
—¿Se trata de Gab? —pregunté casi inconscientemente.
Aileen me miró frunciendo el ceño.
—Sí que era Gab, ¿lo conoces? —preguntó con curiosidad.
—Algo así… —me encogí de hombros— no sabía que tenía novia.
—Y no la tiene, por lo visto se ha pillado por una tía que va a nuestra
universidad, ha estado acosándola últimamente y la chica le dio calabazas, creo
que tiene novio o algo así —explicó Aileen.
—Ah… —susurré.
Nos quedamos en silencio unos minutos hasta que vimos la universidad al
fondo de la calle.
—Tú no hablas mucho por las mañanas… —dijo Aileen con una sonrisa.
—He tenido mala noche… —expliqué.
—Se te nota, tus ojeras no mienten… —estacionó el coche y yo no puede
evitar darle un repaso al aparcamiento buscando al dichoso coche, pero no había
rastro de él—. Por favor, no pienses en Ahsley, de verdad Jordan, Shane no es el
mismo desde que te conoce.
—Mathew dice lo mismo, pero hasta que lo vea con mis propios ojos… —
murmuré mirando mis manos.
—¿Cuándo has hablado con Mathew? —preguntó Aileen sorprendida.
—Anoche salí a caminar y me lo encontré paseando a Tekila… estuvimos un
rato hablando.
—Ay… Tekila es un amor, es un perro muy cariñoso —dijo Aileen con cara
de boba.
—Lo sé… —gruñí— me babeó toda la cara.
Aileen comenzó a reírse y yo me bajé del coche dando un portazo. Ella me
siguió en seguida.
—Era broma, Jordan —me dijo correteando a mi alrededor.
—Ya, ya… —dije sin creérmelo.
Aileen siguió correteando en torno a mí y hablando sobre algo a lo que no
prestaba demasiada atención, todavía estaba buscando el coche de Shane,
esperaba poder verlo al menos un par de minutos antes de entrar en clase, pero
no había ni rastro de él. Aunque Ahsley estaba apoyada en un coche negro a un
par de metros, me estaba mirando y sonreía con arrogancia, maldita zorra.
Mis pies automáticamente se dirigieron hacia ella, que cuando me tuvo en
frente sonrió más ampliamente mostrándome todos sus dientes, en uno de ellos
tenía uno de esos brillantes pegados… “estúpida” pensé.
—¿Sonia? —pregunté con arrogancia yo esta vez.
—Es Ahsley —dijo con una mueca.
—Ah… perdona —me disculpé y sonreí con falsedad—, ¿eres amiga de
Shane cierto?
Aileen me sujetó del brazo y tiró de mí un poco, yo me solté de su agarre y la
miré advirtiéndole que se mantuviese al margen de esto.
—Sí, soy su mejor amiga —sonrió con superioridad.
—Quería darte las gracias —dije fingiendo toda la sinceridad que pude.
Tanto Aileen como ella me miraron con el ceño fruncido.
—El consejo que le has dado a Shane sobre lo nuestro nos ha venido muy
bien —continué.
—¿Ah sí? —preguntó algo confundida.
Aileen me miró y escondió una sonrisa, supongo que se olía lo que pasaría
después.
— Sí, hemos estado toda tarde follando como animales. Gracias, de verdad.
Si no hubieses hablado con él no podríamos haber dado ese paso tan importante
—ella abrió la boca sorprendida, yo sonreí y me di la vuelta—, nos vemos en
clase.
Caminé rumo a la entrada de mi edificio y Aileen venía casi corriendo detrás
de mí. Intentaba mantener a raya mi sonrisa, pero no podía, cuando me detuve
junto a Ángela que me esperaba apoyada en la puerta Aileen se lanzó a mis
brazos, esta vez teniendo un poco más de cuidado.
—Eres mi ídolo, si yo le digo eso a Ahsley Shane me mata, pero a ti no te
pasará nada, tengo que contarle a Megan y a Mathew cuanto antes —canturreó
feliz—, hola Angie, nos vemos chicas.
Y sin más se alejó corriendo. Ángela la miró alejarse y luego me miró a mí
con una ceja alzada.
—Solo le he dado las gracias por la perfecta tarde de sexo que me dio Shane
ayer —le expliqué.
—Pero ayer…
—Lo sé, pero habría sido verdad si Aileen no nos hubiese interrumpido —
gruñí de nuevo.
Sin hablar más nos fuimos a nuestra primera clase con Mathew. La clase
pasó sin incidentes, pese a alguna que otra mirada envenenada por parte del dúo
silicona y la tetas explosivas… ¡genial! Ahora tenía tres enemigas…
La clase llegó a su fin, y me puse en pie y caminé hacia la salida
acompañada de Ángela, Mathew nos despidió guiñándonos un ojo y yo le sonreí.
Caminamos rumbo a la cafetería prácticamente en silencio.
—Mañana le dan el coche a Ben, ese mecánico que nos recomendaste es
realmente bueno —dijo Ángela.
—Sí, Gab es bueno en lo que hace —no pude evitar que mi ceño se frunciese
al pensar en él.
—¿Qué pasa? —preguntó Ángela poniéndose frente a mí.
Suspiré y decidí contárselo, no era algo malo. Me detuve a un lado del
pasillo.
—Conocí a Gab el día que el coche de Ben me dejó tirada, él me llevó a casa
—expliqué. Ella me instó a que continuase—. Lo he visto un par de veces desde
entonces y ayer me he enterado de que es el mejor amigo de Shane.
—¿De tu Shane? —preguntó.
No pude evitar sonreír ante lo que dijo: “tu Shane” ¡Qué bien sonaba eso!
—Sí, de mi Shane —me sonrojé.
—Qué casualidad, ¿ellos saben que los conoces a ambos? —preguntó una
vez más.
—Shane no, Gab sí y no pareció muy contento con ello.
—¿Y eso? —su ceño se frunció.
—No lo sé, ayer cuando lo supo, se fue gruñendo, parecía enfadado por algo.
Aunque hoy Aileen me dijo que había tenido problemas con la chica que le
gustaba, así que supongo que su reacción habrá sido por eso —me encogí de
hombros y continué caminando.
—La verdad es que lo que no te pase a ti, no le pasa a nadie… —murmuró
Ángela— ¿qué probabilidades hay de conocer a dos chicos en lugares diferentes
y que sean amigos? ¿Te imaginas que Gab intentase algo contigo?
Solo reí y negué con la cabeza.
—Estás loca —susurré entrando en la cafetería.
Paseé mi mirada por el local, buscándolo, hasta que di con Aileen rebotando
en su silla como era costumbre en ella, rodé los ojos. A su lado estaban Ben,
Mike y Diego y al otro lado de la mesa estaba él: Shane. Parecía que había un
halo de luz a su alrededor, y me sentí completamente atraída hacia él, era como
un mosquito directo a la lamparita que sabía que era mi muerte, pero no me
importaba, moriría feliz entre los brazos de Shane. Sonreí a todo lo que mis
labios dieron y fui todo lo rápido que pude sin llegar a correr hasta ponerme a su
lado.
Me incliné un poco y capturé sus labios entre los míos, Shane sonrió y no
tardó en corresponder a mi beso. Enredó sus manos en mi cintura y tiró de mí
hasta que me sentó en su regazo, donde pude pasar mi brazo por su cuello y
acercarlo más a mí. Entreabrí mis labios y nuestras lenguas comenzaron a pelear
entre ellas. Tenía los ojos cerrados y la mente desconectada del mundo, para mí
solo existía Shane en ese momento… no necesitaba nada más. Cuando se separó
un poco y apoyó su frente en la mía, fue cuando pude oír los vítores de nuestros
amigos sentados a la mesa, me sonrojé y enterré mi rostro en el cuello de Shane,
él me abrazó por la espalda y sentí como vibraba a causa de su risa.
Cuando conseguí que mi vergüenza fuese menos evidente, me separé de
Shane y me senté en una silla a su lado, pero él, tiró de ella hasta ponerla
completamente pegada a la suya, después recargó su brazo sobre el respaldo de
esta y con sus dedos comenzó a hacerme cosquillas en el brazo y a juguetear con
mi pelo.
—Te he comprado algo de comer —susurró en mi oído antes de dejar un
beso en mi cuello.
Me estremecí y lo miré con los ojos entrecerrados.
—Podía comprármelo yo —protesté.
—Ahora ya está, no protestes —sonrió y yo perdí el hilo de mis
pensamientos.
¿Cómo lo hacía? Ya estaba aturdida ahogándome en el verde de su mirada y
casi hiperventilando por lo que su sonrisa había provocado en mí.
—Tanta miel me da nauseas —espetó una voz gruñendo, seguida de la silla
arrastrándose por el suelo.
Desvié mi mirada de Shane y solo pude ver a Mike saliendo apresurado de la
cafetería, de verdad ese chico estaba loco, no entendía por qué no se daba por
vencido y aceptaba su derrota, en ningún momento me había mostrado receptiva
ante él, solo había sido amable y hay que ser muy tonto para no diferenciar la
amabilidad del interés.
Diego bufó y Ben rio entre dientes.
—Pagafantas —murmuró Aileen haciendo que toda la mesa estallase en
carcajadas, hasta yo no pude contenerme.
Después de almorzar Shane me acompañó a la puerta de mi próxima clase,
donde se despidió con un largo y húmedo beso que me dejó las rodillas
temblando y el corazón latiendo a dos mil por hora, gracias a ello llegué a una
conclusión: Shane algún día me mataría, sí, sinceramente, no eran normales las
reacciones de mi cuerpo para con él. Era como un veneno, allí donde me tocaba
ardía, si me besaba me ponía al borde de la taquicardia, pero lo peor es que era
adicta a ese veneno y para más inri, me estaba enamorando de él. Día a día me
sentía más y más atraída. Más y más atontada.
—Te espero a la salida —murmuró contra mis labios.
—Ajá —pronuncié sin más coherencia.
—Por cierto —me dijo y sus ojos brillaron con picardía—, ¿crees que estarás
sola esta tarde en tu casa?
Parpadeé un par de veces y lo miré con las cejas alzadas.
—No lo sé, tendría que hablar con Ang, ¿por qué? —pregunté confundida.
—Me gustaría acabar lo que empezamos ayer —susurró en mi oído.
Me tensé y sentí como la boca se me hacía agua recordando lo que Aileen
había interrumpido la tarde anterior… ¡maldita enana saltarina!
—No hay problema por eso… —le reste importancia.
Él me besó con ternura en los labios y desapareció pasillo adelante… solo
pude suspirar.
¿Enamorándome?
Sí, y mucho.

Las últimas dos clases pasaron muy lentas… ¡demasiado lentas! El reloj que
había sobre la pared tendría que estar más que muerto y enterrado por las
miradas de odio que recibía de mi parte. Pero es que parecía que en lugar de
avanzar a su ritmo normal, contaba un segundo hacia delante y dos hacia atrás.
Cuando la sirena de la última clase sonó yo di un salto en mi silla y me puse en
pie cuanto antes, salí casi corriendo del aulario y creo que me llevé a Mike por
delante mientras corría… “pagafantas” pensé mientras me sonreía mentalmente.
Llegué al estacionamiento en tiempo récor y mi vista comenzó a vagar coche
por coche hasta encontrar el Coche plateado que me quitaba el sueño, bueno, el
coche no, su dueño. Busqué durante varios minutos detenida en la entrada el
estacionamiento hasta un destello rojizo llamó mi atención, fijé mi vista y
descubrí que se trataba de Ahsley y que estaba hablando con… ¿Shane?
Entrecerré mis ojos y maldije entre dientes… esa pedazo de zorra se iba a enterar
de quien era Jordan. Avancé hacia allí con la mirada al frente y la barbilla
alzada, para nada mostraría ningún signo de debilidad ante ella, no. Me sentía
como un toro desbocado con un objetivo claro, a por el rojo de su estropajoso
pelo, la tetas explosivas se iba a arrepentir del día que decidió cruzarse en mi
camino.
Llegué a su lado y fingí mi mayor sonrisa, dedicada a ella por su puesto,
Shane no merecía ninguna sonrisa falsa. Ella me la devolvió con el mismo
cinismo. Después de unos saludos fríos y tensos por nuestra parte, besé a Shane
en los labios deteniéndome justamente en donde quería, aunque esa venganza a
Ahsley me salía bien por partida doble, disfrutaba de un delicioso beso con MI
novio y de paso, la hacía rabiar un poco a ella. Porque no podía disimularlo, en
cuanto nos separamos ella destilaba odio con su mirada, dedicada solo a mí, a
Shane lo miraba con cara de borreguillo a medio morir, ¡sí ya!
Falsa de mierda.
No entendía cuál era su juego, si estaba interesada en Mathew ¿qué quería de
Shane? ¿Sólo tenerlo a su disposición por si lo necesitaba? Estúpida rubia
recauchutada, tetas plastificadas.
Después Ahsley se despidió de Shane con un beso en su mejilla y rodeando
su cuello son sus brazo, la sangre me hirvió, tenía ganas de agarrarla del pelo y
barrer el estacionamiento con su melena de escoba… ¡arg! Sacaba a flote mis
peores instintos.
—Pagafantas —susurró Aileen a mi espalda… y no pude evitar reírme de
nuevo.
Shane nos miró raro y luego se encogió de hombros restándole importancia.
—¿Qué vais a hacer? —preguntó Aileen con inocencia…
—Esto… pues… eh… vamos a… eh… nosotros… eh… íbamos a… eh…
¿Shane… qué… qué vamos a hacer? —balbuceé mientras me ponía colorada.
Shane rio entre dientes y Aileen me miró sonriendo.
—Ya lo he captado, queréis estar a solas, ok, entretendré a Angie para que
no moleste —dijo Aileen sonriendo—, ¡pasadlo bien chicos!
Se alejó dando saltitos como una niña pequeña y acabó en los brazos de
Mathew que rio por su actitud infantil… “habla el perro de pulgas”
—¿Nos vamos ya? —preguntó Shane en mi oído.
Cerré los ojos y asentí mientras tragaba en seco… me mataría algún día…
juro que me mataría.
Nos subimos a su coche y condujo por las calles de Seattle como un loco, no
es que eso fuese raro en Shane, era como su marca personal ir a más de treinta
kilómetros por hora encima del límite establecido. Aparcó en frente de mi
edificio y bajó del coche en un suspiro, cuando quise darme cuenta ya estaba
abriendo mi puerta y desabrochando mi cinturón de seguridad. Bajé del auto
mientras él intentaba arrastrarme hacia el portal y me reí entre dientes cuando
golpeteaba el suelo con su pie mientras buscaba las llaves para abrir el portón
principal.
En cuanto la puerta estuvo abierta Shane me empujó contra la pared y me
besó profundamente, no pude evitar gemir… ¡por dios! Esos arranques eran
demasiado excitantes. Se apartó de mí con una sonrisa pícara y me empujó hacia
el ascensor…
—No vamos a subir en ascensor —murmuré con la poca coherencia que me
quedaba—, nos quedaremos encerrados.
Sus ojos brillaron durante unos segundos y tuve miedo… ¿qué se le estaría
pasando por la cabeza? Llamó al ascensor y no me quitó los ojos de encima…
—Shane, nos quedaremos encerrados —murmuré cuando me empujó dentro
y me recargó contra una de las paredes para besarme.
—Eso es lo divertido —dijo antes de abalanzarse sobre mi cuello.
Solo pude cerrar los ojos y gemir. Me mataría, sí, sí… me mataría.
Para nuestra mala suerte las puertas del ascensor se abrieron sin problemas y
aparecimos en mi piso en pocos segundos… Shane maldijo entre dientes y me
miró acusatoriamente.
—¿No decías que estaba estropeado? —preguntó en un susurro.
—Lo está, pero a veces funciona bien —me encogí de hombros restándole
importancia.
Gruñó algo que no entendí del todo bien y me encaminé a abrir la puerta de
mi apartamento, cuando intentaba meter la llave en la cerradura unas manos
sujetaron mi cintura y se colaron por debajo de mi camiseta.
—¿Estamos ansiosos? —pregunté sonriendo.
Él no contestó, solo mordisqueó el lóbulo de mi oreja haciéndome jadear. Me
apresuré a meter la llave en la cerradura lo más rápido posible… no quería que
acabara desnudándome en el rellano, porque lo haría, estaba completamente
segura de que lo haría sin importarle nada.
Cuando la puerta estuvo abierta entré seguida muy de cerca de Shane, que la
cerró de un portazo y me recargó sobre esta al otro lado. Sus manos acunaron
mis mejillas y me miró a los ojos durante unos segundos, fue una mirada intensa,
sentí que podría desnudarme solo con ella y sin mediar palabra se acercó a
besarme lento… muy lento. Torturándome con cada roce de sus labios en los
míos, haciendo que me estremeciera cada vez que nuestras lenguas chocaban.
Estábamos prácticamente haciendo el amor solo con un beso.
Hice un poco de fuerza contra su pecho y conseguí moverlo unos
centímetros, sin apenas separar nuestros labios llegamos a mi habitación,
entramos y cerré la puerta de un portazo yo esta vez. Sin más recordé una
conversación estúpida que tuve con Ángela la primera noche que dormimos
juntas en este apartamento: “—Si alguna vez traemos a un chico tenemos que
dejar alguna señal en la puerta para que la otra no moleste —dijo Ángela.
—Estoy de acuerdo… ¿pero el qué? —pregunté frunciendo el ceño.
—¡Ya sé! —gritó eufórica— pondremos un sostén colgado de la manilla de
la puerta.”
Sin mediar palabra me alejé de Shane y busqué un sostén entre mi ropa
interior, lo colgué en la parte exterior de la puerta y al girarme Shane me miraba
con una ceja enarcada.
—Así Ángela no molestará —me encogí de hombros.
—¿Has hecho eso muchas veces? —preguntó acercándose peligrosamente.
—Desde que estoy en Seattle es la primera —contesté envolviendo su cuello
con mi brazo.
Me atrajo hacia él y volvió a besarme, a los pocos minutos me estaba
ayudando a quitarme el maldito cabestrillo, nunca había odiado a Aileen tanto
como en ese momento, el cabestrillo molestaba, molestaba mucho. Bueno sí, la
tarde anterior también la había odiado mucho.
Después de mi cabestrillo siguió mi camiseta y como no quería que Shane se
sintiese discriminado comencé a desabrochar los botones de su camisa, cada vez
que desabrochaba uno dejaba un beso en su pecho que lo hacía suspirar y cerrar
los ojos, y a mí me encantaba causar ese tipo de reacciones en él. Cuando le
quité la camisa, de un empujón hice que se sentara en mi cama y me senté a
horcajadas sobre él.
—¿Quién es la ansiosa ahora? —preguntó entre jadeos.
No contesté, me lancé a su cuello, lo besé y lo mordisqueé haciendo que
gimiese y susurrase mi nombre, sonreí, sonreí como una estúpida cuando
escuché ese “Jordan” entrecortado saliendo de sus labios. Me lancé a devorar sus
labios, rodeé su cuello con mis brazos y enterré mis dedos en su pelo tirando un
poco de él. Shane se dejó caer hacia atrás y me fui con él, sus manos subieron de
mi cintura por mis costados y…
Una molesta musiquita rompió el silencio que nos rodeaba dejándonos
completamente paralizados. Shane maldijo entre dientes y sacó su teléfono del
bolsillo de su pantalón, bufó y descolgando se lo llevó al oído.
—¿Alguien se ha muerto? ¿Se está quemando algo? —preguntó en un
gruñido.
Reí por lo bajo cuando su ceño se frunció y se sujetó el puente de la nariz.
—¿No podías esperar? Ahora mismo estoy un poco ocupado… —siguió
hablando Shane.
Viendo que no era nada importante, porque si no ya habría saltado de la
cama, comencé a repartir besos por su pecho, lo sentí removerse y tensarse
mientras intentaba mantener la concentración para tener una conversación
coherente y no pude evitar sonreír.
—De verdad tío, que voy en un par de horas… ahora estoy algo liado… sí,
es importante lo que estoy haciendo.
Reí de nuevo y me aventuré a morder uno de sus pezones. Shane se tensó y
gimió.
—Jordan… —dijo con voz entrecortada— ¿puedes esperar?… ¿Gab? ¿Gab?
—llamó mirando luego la pantalla de su teléfono—. Me ha colgado, no importa.
Tiró el teléfono a algún lugar de la habitación y se giró haciendo que yo
quedase debajo de él.
—¿Sabes que es de mala educación interrumpir a alguien cuando intenta
mantener una conversación? —preguntó con voz ronca.
—Yo no he hablado… no te interrumpí —dije en tono divertido.
Volvió a besarme y yo no dudé en corresponderle… segundos después
ambos estábamos en ropa interior sobre mi cama, besándonos y acariciándonos
piel con piel. Shane me besaba y mordisqueaba mi piel, enrollaba su lengua en
mis pezones por encima de la tela del sostén haciéndome estremecer y de vez en
cuando acariciaba mi sexo por encima de las braguitas…
Tampoco tardó en desaparecer mi ropa interior, Shane se encargó de ella
quitándomela con los dientes y haciendo que mi piel se pusiese de gallina
cuando me rozaban sin querer…
Le quité el bóxer torpemente con mi mano buena, él me ayudó y acabaron
también perdidos en algún lugar. Comenzó a besar mi cuello y bajó lentamente
hacia mis pechos. Después llegó a mi ombligo y me sujetó con fuerza por las
caderas…
—Shane —lo llamé ya intuyendo lo que haría—, no… te necesito ya…
—No, solo quiero probarte —susurró en voz ronca.
El sonido de su voz y la intensidad de su mirada hicieron que un cosquilleo
asediase mi estómago, ¿cómo era capaz de excitarme sin apenas tocarme? Todo
un misterio.
Cuando sus labios rozaron mis pliegues creí que me desmayaría, deslizó su
lengua por mi intimidad lentamente, torturándome, haciéndome temblar. Grité y
me aferré a las sábanas cerrando mis manos en puños, Shane introdujo un dedo
en mi interior mientras su lengua acariciaba mi clítoris, sentí como mis paredes
se cerraban y como algo ardía en mi interior. Grité y me aferré a las sábanas con
más fuerza, mientras varios espasmos recorrían mi espalda.
Me quedé jadeando, con una capa de sudor cubriendo mi piel y Shane
sonriendo de lado con la cabeza entre mis piernas, se acercó lentamente y se
posicionó sobre mí besándome de nuevo, podía notar su miembro tanteado mi
entrada, mientras él acariciaba su lengua con la mía.
—¿Tienes un condón? —preguntó en un susurro.
Negué con la cabeza y él se quedó paralizado.
—No pasa nada, tomo la píldora ¿recuerdas? —le dije sonriendo.
Él me devolvió la sonrisa y sentí como poco a poco su miembro entraba en
mí. Mi espalda se arqueó y Shane gimió en mi oído. Se quedó quieto unos
segundos, yo acostumbrándome a él y él dejándome mi espacio, después
comenzó a embestir lentamente, primero una vez… y otra, otra más… cada vez
que entraba por completo en mí no podía evitar cerrar los ojos y suspirar.
Se sentía tan bien… ¡tan jodidamente bien!
Nunca lo había hecho piel con piel, sin nada, aunque me estuviese cuidando
siempre tuve precaución con esas cosas. Pero con Shane sabía que sería distinto,
era distinto y la sensación era indescriptible. Sentía como me llenaba por
completo, como la suavidad de su piel parecía fundirse con la mía.
Shane me acariciaba y me decía palabras susurrándome al oído, los “me
encantas” y los “eres preciosa” ganaban por goleada a los “madre mía” y “oh
dios”. Yo sonreía y me dejaba llevar por ese mar de sensaciones a su lado.
Poco a poco sentía como el fuego iba renaciendo en mí y cuando creía que
estaba a punto de quemarme los músculos de su espalda se tensaron y sentí como
gruñía en mi oído. Su miembro comenzó a bombear en mi interior, sentí como se
derramaba inundándome de él… y ahí fue cuando exploté de nuevo.
Me aferré a su espalda que era mi único soporte a la realidad, gemí y grité su
nombre mientras el fuego se deslizaba por mis venas arrasando con todo a su
paso.
Shane dejó caer su peso sobre mí, jadeando, con su cabeza apoyada entre mis
pechos y su respiración haciendo que mi piel se pusiese de gallina. Me abracé a
su cuello y lo apreté con fuerza, en un intento de evitar que se alejase de mí por
cualquier estúpido motivo.
Estuvimos así durante largo tiempo, no importaba, nada importaba.
Solo él y yo…
Lo demás era otro mundo, otra historia que nada tenía que ver con nosotros
en ese momento.
Shane se levantó con algo de dificultad y me miró mientras una sonrisa
tierna se dibujaba en sus labios, sin mediar palabra se tendió a mi lado y me
atrajo hacia su cuerpo, nos tapó con una sábana y yo me acurruqué en su pecho,
me estrechó con fuerza y me besó en el pelo…
¿Había algo más cercano a la felicidad?
Lo ponía en duda…
Ese era mi momento perfecto con Shane.
Uno de esos instantes que guardas en tu memoria y no te importaría repetir
una y otra vez.
Ya habría tiempo de volver a la realidad y pensar.
Ahsley no me afectaría.
No ahora que estaba disfrutando de nuestro “él y yo post-orgásmico”.

Capítulo 14
Las semanas fueron pasando, y las cosas fueron volviéndose cada vez más
normales. El Doctor Spencer por fin me quitó el cabestrillo ya que mi brazo
había sanado por completo, lo que significaba que podía volver a conducir. Eso
también significaba que pasaría menos tiempo con Shane ya que no necesitaba
que viniese por mí cada mañana para llevarme a la universidad, pero lo
compensaba el poder volver a conducir a mi bebé, que lo echaba terriblemente
de menos.
Las cosas entre Shane y yo mejoraron mucho, avanzábamos en nuestra
relación a pasos agigantados, llevábamos ya dos meses juntos y cada día a su
lado era como un regalo. Todavía planeaba sobre nosotros la sombra de Ahsley,
que cada vez que llamaba por teléfono y le lloraba un poco, Shane salía
corriendo como un perro faldero. Confiaba en él, sabía que nunca me engañaría,
día a día me había demostrado que Ahsley era solo una amiga y yo su novia, de
eso no tenía que preocuparme, pero esa chica no me gustaba. Siempre buscaba
pretextos estúpidos para que Shane le prestase más atención a ella que a mí, la
mayor parte de las veces no lo conseguía… las otras, lamentablemente sí. Y yo
me quedaba sola comiéndome los mocos mientras los veía alejarse abrazados, o
ella recargada en su brazo mientras a mí me hervía la sangre.
Megan y Aileen pasaron a ser mis mejores amigas a la vez que Ángela, las
cuatro llegamos a un nivel de complicidad tan alto, que a veces con solo
mirarnos ya sabíamos lo que la otra pensaba. Había descubierto en las dos chicas
Spencer a dos hermanas más, las cuatro nos adorábamos, estábamos juntas
siempre que podíamos y aprovechábamos cualquier ocasión para charlar un rato
y echarnos unas risas.
Mathew también comenzó a tener un papel importante en mi vida, realmente
en la vida de todas, de Megan y Aileen era obvio que sí, era su marido y
hermano respectivamente, pero Ángela y yo comenzamos a verlo más que como
a un simple profesor. Su actitud hacia nosotras también era diferente que con los
demás estudiantes, aunque durante las clases lo disimulábamos bien, fuera del
recinto del campus Mathew cambiaba completamente y dejaba colgada su faceta
de “Profesor Spencer” junto con su traje y su corbata, para ponerse ropa
deportiva y ser simplemente el hermano de una amiga. Siempre estaba
bromeando con nosotras, cuando nos juntábamos las cuatro en su casa decía
totalmente orgullosos que éramos sus ángeles, “Los Ángeles de Mathew”.
Aileen le echaba la lengua y Megan le tiraba lo que tuviese más a mano… y él se
alejaba diciendo algo como “así me gusta, que mis chicas sepan defenderse”
con voz que pretendía ser sensual, lo que nos hacía reír hasta que se nos salían
las lágrimas.
El pagafantas de Mike dejó de sentarse con nosotros en la mesa, por
casualidades del destino ahora almorzaba con Laura y Jessica, que lo miraban
como si fuese un trozo de carne, y él, estúpidamente, se dejaba querer por ese
par de arpías siliconadas.
Las cosas con Gab eran diferentes, tanto que ni si quiera había cosas con
Gab. Se había alejado, no es que tuviésemos una relación muy estrecha él y yo,
pero es que también se había alejado de Shane. No entendía el por qué, ellos
eran los mejores amigos desde niños y sin más, Gabriel se alejó y dejó de
llamarlo y de salir con él.
Eso tenía muy afectado a Shane, Gab era como su hermano y sentirlo lejos le
dolía. Intentaba sonreí y divertirse, la mayor parte del tiempo lo conseguía, pero
en ocasiones lo veía sonreír con tristeza ante algún comentario, o suspirar
mientras leía algún mensaje que Gabriel le envía rechazando sus planes. Shane
creía que era por esa misteriosa chica, por lo visto le había calado bastante
hondo y que ella tuviese un novio no le había sentado bien… era obvio, a nadie
le gustaría que le pasase eso. Pero lo más lógico era levantar cabeza e intentar
olvidarla. No es bueno querer a alguien que no te quiere ti si no a otra persona…
duele demasiado.
Me dolía ver a Shane en ese estado, además que, por lo poco que había
conocido a Gab, no demostraba ser así. Él era un chico alegre, divertido… y
cálido, sí, Gab podría definirse como cálido. Era como un sol alumbrando en lo
alto del cielo, que cuando se ocultaba todo se volvía sombras, para Shane sobre
todo.
Así que ese día tenía una misión, hacía un par de días que estaba
conduciendo de nuevo mi coche y tenía la excusa perfecta para ir a verlo. Tenía
una hora hasta la cita con Shane para ir al cine, intentaría al menos acercarme un
poco a Gabriel y descubrir que es lo que le estaba pasando. Si era por esa chica
intentaría apoyarlo, no era bueno que se hundiese él solo.
Conduje por las calles de Seattle según las indicaciones que me había dado
Ángela, yo nunca había ido al taller de Gab, así que seguí sus instrucciones.
Llegué en unos minutos y bajé les coche con las piernas temblando. No sabía por
qué, pero me sentía nerviosa. Nunca había sido muy buena actriz y no quería que
Gabriel descubriese desde un primer momento que lo que quería era interceder
por Shane para que ambos recuperasen su amistad, no quería asustarlo.
Entré en el taller y estaba vacío, o al menos lo aparentaba, mis pasos hacían
eco contra las paredes y allí solo había un auto con dos pies humanos bajo él.
—Hoy estamos completos, no aceptamos más coches —dijo su voz ronca.
—¿Tampoco aceptarías el mío? —pregunté con voz inocente.
Gab hizo rodar el carrito sobre el que estaba tumbado y su cuerpo emergió de
las profundidades del coche. Tenía puesto un mono de trabajo azul anudado a su
cintura dejando su pecho descubierto y la cara manchada de grasa. Si no
estuviese tan enamorada de Shane esa imagen me habría quitado el aliento. Los
músculos de su pecho estaban perfectamente marcados, daban ganas de pasar un
dedo por las líneas de sus abdominales. Viéndolo así parecía que estaba a punto
de hacer una sesión de fotos para uno de esos calendarios de chicos sexis que
regalaban con las revistas.
—¿Qué haces aquí? —preguntó sorprendido.
—Yo también me alegro de verte —dije irónicamente y rodé los ojos.
Él se puso en pie y se acercó a una mesa donde cogió un paño y se limpió las
manos, o al menos lo intentó ya que seguían completamente negras.
—Necesito que le eches un vistazo a mi coche, lleva unas semanas parado y
creo que necesita una revisión —intenté que voz sonase normal, después de
todo, no estaba mintiendo, no le vendría mal que le echase un vistazo.
—¿Ya te has curado? —preguntó señalando mi brazo.
—Seep —le resté importancia—, ahora solo tengo que evitar los abrazos de
Aileen para que no vuelva a suceder.
Vi un amago de sonrisa en sus labios, pero en seguida se controló y volvió a
formar una fina línea con ellos.
—Está bien, tráelo a dentro —gruñó dándome la espalda.
Suspiré y fui a buscar mi coche, mal por mal, al menos no me había echado a
patadas de allí. Cuando estuve de vuelta con el coche él lo miró con los ojos
abiertos.
—Te imaginaba en otro tipo de coche —dijo en un murmullo.
—El otro era de Ben, este es el mío —me encogí de hombros.
Él no dijo nada, abrió la portezuela delantera y me metió dentro literalmente,
revisando manguitos, tornillos, el nivel de aceite. Yo lo observaba en silencio,
esperando alguna señal de su parte que me diese pie a comenzar una
conversación sobre Shane. Después de un rato ya estaba harta de esperar,
llevamos casi diez minutos en las mismas circunstancias, pero cuando abrí la
boca para decirle algo mi teléfono comenzó a sonar. Suspiré frustrada y lo
busqué en mi bolsillo, era Shane.
—Hola —contesté en un murmullo ya suponiendo el motivo de su llamada.
—Hola amor… lo siento, pero esta tarde no podemos ir al cine —dijo con
voz de pesar.
—¿Qué le pasa a Ahsley esta vez? —pregunté sin interés y evitando
insultarla en voz alta.
—Ha visto a Meg y a Mathew comiéndose en el estacionamiento del campus
y está algo afectada —me dijo en voz baja, lo que indicaba que esa zorra estaba
cerca de él…
Respiré hondo un par de veces para intentar tranquilizarme y decir lo que
estaba pasando por mi cabeza en ese momento, no entendía como Shane era
tan… tonto, estúpido, lerdo, inocente, ya no me salía un insulto lo suficiente
eficiente para llamar a su comportamiento con la guarra de Ahsley.
—No te preocupes, lo entiendo, dale un beso a Ahsley de mi parte —dije
entre dientes.
Gab alzó la cabeza y me miró con los ojos entrecerrados.
—Te quiero nena, eres la mejor —dijo Shane antes de colgar.
Miré mi teléfono con rabia y gruñí. Sí, ese gruñido que llevaba un par de
minutos reprimiendo, y también maldije en voz baja, le llamé de todo a la zorra
de Ahsley bajo la atenta y divertida mirada de Gab.
—¿Problemas en el paraíso? —preguntó con una ceja alzada.
Lo miré y suspiré.
—Ya debes conocer a Shane, Ahsley es una de sus prioridades… —me
encogí de hombros.
—Pensé que al estar contigo pasaba un poco de lo que ella le decía —susurró
algo confundido.
—Un poco sí, pero no del todo, esa zorra sabe cómo hacerlo caer una y otra
vez.
—Necesito hacerle una revisión completa al coche —dijo cambiando de
tema—. Me llevará un par de horas, puedes irte y venir a buscarlo después.
Lo miré y me sonrojé mientras pensaba en lo que le iba a pedir, no era gran
cosa, pero si se negaba no sabía cómo volver a conseguir una oportunidad como
esa para intentar hablar con él y que se acercase de nuevo a Shane.
—¿Puedo quedarme aquí? Shane no puede venir a por mí… y bueno… dos
horas pasan muy rápido— mi voz fue bajando de volumen a medida que
hablaba.
Gabriel pareció pensárselo unos segundos y yo hice el puchero Made in
Aileen, que no me salían tan bien como a ella, pero pareció funcionar porque
sonrió y negó ligeramente con la cabeza mientras miraba sus zapatos.
—Está bien, pero no molestes, estoy trabajando —dijo guiñándome un ojo.
No pude evitar sonreír, ese era el Gab alegre y bromista que yo había
conocido semanas atrás, no el amargado que me recibió minutos antes.
Mientras él trabaja en mi coche hablamos, hablamos durante mucho tiempo.
Era tan fácil conversar con él… las conversaciones eran fluidas, no hacía falta
pensar en un tema específico para sacar a colación, cualquier cosa valía y
resultaba interesante si era con Gab con quien lo discutías. Era asombroso que,
conociéndonos de tan poco tiempo, ya teníamos una especie de conexión que no
había tenido nunca con nadie, ni con Shane, que lo que tenía con él era algo muy
diferente.
—¿Me estás diciendo que Mathew está obsesionado con Hello Kitty? —
preguntó antes de romper en carcajadas.
—Sí, pero no le digas que yo te lo he contado, es capaz de vengarse y no
quiero ponerlo a prueba —dije estremeciéndome ante lo que Mathew podría
hacerme.
—Tranquila, tu secreto está a salvo conmigo… —dijo sonriendo.
—¿Te has dado cuenta de que llevo cuatro horas aquí? —pregunté
sorprendida, se me había pasado el tiempo volando.
Gab me miró intensamente y yo me perdí en sus ojos, eran tan expresivos.
No me perdí igual que como me perdía con los de Shane, era un tipo de pérdida
diferente. Sus ojos negros no eran fríos y duros como se esperaba de ese color,
no, eran más bien… cálidos. Sí, sé que me repito con tanta “calidez” pero Gab
era así… tenía un aura de calidez impresionante, con solo estar a su lado ya te
sentías feliz y con ganas de sonreír.
Él carraspeó y apartó la mirada avergonzado, si su piel no fuese tan oscura
podría ver incluso un leve sonrojo… siendo un hombre fuerte y maduro, Gab se
sonrojaba como un adolescente. Me recordó un poco a Shane, ese punto de
timidez que también tenía y lo hacía verse adorable. Pensándolo bien Shane y
Gabriel compartían varios rasgos de su personalidad, sus principios, sus gestos,
el motivo de sus risas… hasta ese momento solo había visto una diferencia que
era evidente: el modo de afrontar los problemas. Shane se veía del tipo de chico
que esperaba el golpe con la cabeza alta y su orgullo intacto, Gab parecía más
débil en ese sentido. Así era que, ante la primera dificultad con una chica,
escondió la cabeza como los avestruces y no dejó que nadie se acercase a él.
—Shane está mal —las palabras abandonaron mis labios.
No pensaba, solo sentía, y sentí que ese era el momento adecuado para
decirlo, para comenzar la conversación por la que había ido hasta allí.
—¿Qué le pasa a Shane? —preguntó mirándome y frunciendo el ceño.
—Te echa de menos… —susurré— ¿qué te ocurre con él?
Gab suspiró y dejó caer una de las herramientas que sostenía en sus manos
haciendo que el sonido metálico resonase haciendo eco. Se alejó de mí y se
limpió un poco las manos, después fue hacia lo que parecía un frigorífico y sacó
dos refrescos. Caminó hasta uno de los laterales del local y se dejó caer en un
sofá raído color tierra, de lejos pude ver que era de cuero. Dejó uno de los
refrescos en una mesita de café que había frente a él y otro lo abrió y le dio un
sorbo mientras colocaba sus pies cruzados sobre la mesa.
En esa ocasión fui yo la que suspiró, avancé hasta donde se encontraba Gab
y cogiendo el refresco que colocó sobre la mesa, me dejé caer a su lado y
también coloqué los pies sobre la mesa.
—Sé que tú y yo apenas nos conocemos y no somos los mejores amigos —
comencé a hablar mirando la lata entre mis manos—, pero puedes confiar en mí
y contarme lo que sea… no se le contaré a nadie.
—No me pasa nada, Jordan —dijo dejando caer la cabeza hacia atrás y
cerrando los ojos con fuerza a la vez que resoplaba—, es una tontería que se me
pasará con el tiempo.
Abrió los ojos y me miró intensamente, no me sentí intimidada por esa
mirada, pero algo se removió en mi pecho.
—¿Qué es lo que te pasa? —pregunté con cautela.
Gab desvió la mirada a sus manos…
—Estar con Shane… —comenzó a hablar en un susurro— me recuerda lo
que yo no tengo…
—¿Es por esa chica? —pregunté alzando una ceja.
Gab me miró con el ceño fruncido.
—Shane me contó que conociste a una chica pero que ella te dio calabazas…
¿es por ella? —volví a preguntar.
—En parte sí, él está feliz contigo y yo… yo solo tengo chicas de una noche
con las que ni siquiera intento tener nada —explicó.
—¿Por qué no lo intentas? —pregunté sonriendo
—Ninguna es como… como ella —dijo con convencimiento—, de verdad,
ninguna, nadie nunca me había impresionado tanto. Estaba dispuesto a cambiar
por ella, pero no pudo ser— hizo una mueca con sus labios.
—¿Por qué no luchaste más por ella? Quizás su novio no es tan importante
para ella como crees.
Rio con amargura…
—Ella está enamorada, se ve en sus ojos, ella es feliz, no quiero estropear
eso —dijo en voz baja.
—Gab, hay muchas chicas en el mundo, no puedes centrarte solo en una, si
te rechazó… ¡ella se lo pierde! Por lo poco que te conozco pareces un chico
genial —intenté animarlo.
—Jordan, tú no… no… dejemos de hablar de esto por favor —dijo
frotándose la cara con una mano y manchándose de grasa.
No pude evitar reírme.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó.
—Tú, tienes la cara manchada de grasa… —me reí de nuevo.
—¿Y te parece gracioso? —preguntó de nuevo sonriendo, yo asentí—. No sé
de qué te ríes, tú también la tienes sucia.
Extendió una de sus manos hasta mí nariz y pasó un dedo por ella…
entrecerré lo ojos y lo fulminé con la mirada.
—Dime que no has hecho eso… —murmuré fingiendo estar enfadada.
—Lo he hecho —dijo con suficiencia.
—Te voy a… —me quedé callada pensando en un modo de vengarme.
—¿Qué vas a hacer? No te tengo miedo —rio.
—Te voy a preparar una cita a ciegas con… con… ¡Con Ahsley! —dije
sonriendo ampliamente.
Su cara se tornó seria, perdió el color de sus mejillas y me miró con los ojos
muy abiertos.
—No hagas eso, por favor, cualquiera menos ella —casi suplicó.
Reí entre dientes y negué con la cabeza.
—Veo que no soy la única que la no la soporta…
—De verdad, esa tía es… ¡arg! —se estremeció—. No sé cómo Shane la
soporta, él es tan…
—Inocente… —acabé por él.
—Iba a decir gilipollas, pero esa también vale… ¿esa arpía te da muchos
problemas? —preguntó con curiosidad.
—Lo peor es que es mi compañera de clase y tengo que aguantar como se le
insinúa a Mathew a diario, pero la puedo manejar —dije sonriendo.
—¿Y con Shane? —preguntó de nuevo.
—Intenta llamar su atención constantemente, no sé qué es lo que pretende, si
le gusta Mathew, ¿qué quiere de él? —dije exasperada.
—Eso mismo me he preguntado siempre, no es solo amistad lo que quiere de
Shane, hay algo más que no sé qué es, nunca me ha dado buena espina.
—A mí tampoco… —musité bajando la mirada.
—¡Haremos una cosa! —casi gritó sobresaltándome, buscó su teléfono en el
bolsillo de su mono de trabajo y después de pulsar unos botones se lo llevó al
oído—. ¿Shane? Tío… ¿puedes venir al taller?… Sí, cuanto antes… sí, es
importante… hasta ahora —y colgó.
Me miró sonriendo y le devolví la mirada con el ceño fruncido.
—Apaga tu teléfono, Ahsley vive cerca de aquí y llegará pronto —susurró.
—¿Para qué? —pregunté confusa.
—Tú solo sígueme el juego —susurró.
Se puso en pie y comenzó a trabajar de nuevo con mi coche, unos cinco
minutos después el coche de Shane estaba entrando en el taller. Él se bajó de su
auto y me miró con el ceño fruncido.
—¿Qué ocurre? ¿Qué haces aquí? —preguntó confundido.
¡Ya éramos dos! Abrí mi boca para contestar, pero no supe que decirle, no
tenía ni idea de para que quería Gabriel que él viniese.
—Jordan necesita que la lleves a casa —dijo Gab por mí.
—¿Qué le pasa a su coche? —le preguntó Shane.
—Lo estoy revisando y voy a tardar más de lo que esperaba —dijo Gab con
cara de circunstancias.
—¿Por qué no has llamado a Aileen? —me preguntó—. Sabes que estaba
con Ahsley—. No parecía molesto, pero si muy confuso.
Entonces entendí porque Gab me dijo que apagase mi teléfono…
—Estoy sin batería y no me sé de memoria el número de Aileen —me encogí
de hombros.
—Y yo tampoco lo tengo —explicó Gab.
—¿Qué haces aquí? —me miró Shane.
—Mi coche necesitaba una revisión, me dijeron que Gab era el mejor
mecánico de la ciudad… y aquí estoy —dije un poco nerviosa.
—Está bien, vamos que Ahsley me está esperando… —dijo abriendo la
puerta de su coche para mí.
Me acerqué a Gab y le di un suave abrazo, susurrándole un agradecimiento al
oído que me devolvió con una sonrisa. Él murmuró algo como “Ahsley 1-Jordan
1” que me hizo rodar los ojos.
—¿Cómo está Ahsley? —pregunté casualmente cuando estábamos legando a
mi apartamento.
—Mejor, al menos ha dejado de llorar —susurró.
Cuando estacionó el coche me miró sonriendo.
—No sabía que conocías a Gab… —comentó.
Suspiré ¿Sería bueno contarle la verdad? No veía el motivo por el que no,
nunca le había mentido a Shane, solo había omitido parte de la verdad sobre
Gab. Pero no era nada malo después de todo.
—¿Recuerdas el día que el coche de Ben me dejó tirada? —pregunté y él
asintió—. Fue Gab quien me trajo a casa… yo no sabía que era tu amigo hasta
hace poco.
—Vaya —murmuró sorprendido, después frunció el ceño unos segundos y
pasando a negar con la cabeza—, será mejor que vuelva con Ahsley.
Bufé… no pude evitarlo.
—¿Qué pasa? —preguntó preocupado.
—Nada Shane, ve con Ahsley, mañana llamaré a Aileen para que me lleve a
la universidad, tú sigue consolando el mal de amores de tu mejor amiga, quizás
algún día necesites lo mismo de ella —dije bajándome de su coche y dando un
portazo.
Fui hasta mi portal y en el poco tiempo que tardé en encontrar las llaves
Shane se colocó a mi lado.
—¿Te molesta que tena amigos? —preguntó algo irritado.
—No —contesté con sinceridad—, no me molesta que tengas amigos, es
más, hoy he ido a hablar con Gab para saber lo que le pasaba, porque no hablaba
contigo. Quería convencerlo para que volvieseis a estar como antes.
—¿Te ha dicho porque está así? —preguntó con interés.
—Es por la chica esa, se siente violento al estar contigo, tú tienes novia y él
no, se le hace extraño —le expliqué.
—¿Entonces qué es lo que te molesta? ¿Ahsley? —volvió a preguntar.
—Ella no es lo que me molesta, lo que me molesta es que cuando ella te
llama da igual los planes que tengamos, vas corriendo a secarle las lágrimas
—“de cocodrilo” pensé internamente—, no me importa que sea tu amiga y que
compartáis tiempo juntos, siempre que eso no interfiera en nuestros planes.
—Es mi amiga Jordan y lo está pasando mal… —susurró.
—También entiendo eso, no te preocupes, son cosas mías, ve con Ahsley —
murmuré.
Me puse de puntillas y rocé sus labios con los míos. Entré en mi portal sin
mirar atrás y subí las escaleras hasta llegar a mi apartamento. Tenía ganas de
meterme en la cama y llorar… me dolía que Shane prefiriese pasar tiempo con
ella antes que conmigo.
Cuando llegué al piso donde estaba mi apartamento y en lo que tardé en abrir
la puerta con mis llaves sentí la presencia de alguien detrás de mí.
Suspiré ya sabiendo quien era.
—Lo siento —susurró Shane en mi oído.
—No pasa nada —murmuré restándole importancia.
—Sí, sí que pasa, nena, yo… —se pasó una mano por la cara, recordé que
era lo mismo que hacía Gab cuando no sabía cómo explicarse— ¿me haces un
sitio en tu cama esta noche? —preguntó mirándome con cara de niño bueno.
No pude evitar sonreír y abrir la puerta para que entrara, lo seguí y la cerré
detrás de mí. Esperaba que fuese una noche muy larga.

Capítulo 15
Fue una noche larga. sí, después de hacerle prometer a Shane que intentaría
pasar un poco más de tiempo conmigo, dormimos abrazados, bueno, Shane
durmió, yo apenas pude pegar ojo. Aunque se había desnudado y estaba
durmiendo en bóxer, el perfume de esa zorra estaba pegado a su piel y todo me
olía a ella. No es que fuese un mal olor, de hecho, era uno de los perfumes que
Aileen utilizaba, pero me recordaba tanto a Ahsley que casi me provocaba
nauseas.
Como no podía pegar ojo mi mente fue vagando hasta la conversación que
había tenido con Gabriel durante la tarde en su taller. Una vez que la recordé no
dejaba de dar vueltas en mi cabeza y mi curiosidad por conocer a esa chica que
lo había vuelto tan loco fue en aumento.
¿Qué tendría ella de especial para hacer que un mujeriego cambiase de
parecer y quisiese atarse a una sola mujer? Seguro que muchas pagarían por
obtener la fórmula mágica.
Creo que me quedé dormida a mitad de la noche porque los besos de Shane
me despertaron cuando el sol comenzó a intentar asomarse entre las nubes. Abrí
un ojo y allí estaba mirándome con una sonrisa y con sus ojos brillando.
Me desperecé y lo miré mientras se levantaba y entró al baño dándome una
imagen perfecta de su trasero bajo ese ajustado bóxer… suspiré como una tonta
enamorada y me puse en pie para ir a preparar café.
Fui a la cocina y allí estaba Ángela, pelándose con la cafetera como era
costumbre, aunque después de sus peleas matinales a ella le queda un café
delicioso que te hacía despertar casi con solo olerlo.
—¿Una noche larga? —preguntó con una sonrisa pícara.
Gruñí en respuesta, ella rio y me extendió dos tazas de café en la mesa, tomé
una y probé un sorbo mientras intentaba encontrar una solución para deshacerme
de Ahsley sin que Shane se enfadase conmigo, después de todo era su amiga y él
la quería. Shane apareció unos minutos después vestido con la ropa del día
anterior, se sentó a mi lado en la mesa y besó mi frente mientras Ángela iba a
abrir la puerta ya que el timbre había sonado.
Aileen entró en la cocina segundos después extendiéndole a Shane una bolsa,
con ropa supuse. Aileen se sentó frente a mí y me miró directa a los ojos.
—¿Cómo lo hiciste? —preguntó en un murmullo.
Fruncí el ceño.
—¿Hacer el qué? —pregunté confundida.
—Qué Shane dejase sola a Ahsley para pasar la noche contigo.
Mi ceño se frunció más cuando comprendí lo que quería decir, Shane nunca
dejaba a Ahsley sola.
—Es mi novio, es obvio que prefiera estar conmigo a con esa… “zorra” —
gesticulé la última palabra porque Shane estaba entrando por la puerta.
—Aileen, ¿puedes llevar tú a Jordan? Tengo que ir a buscar mis libros a casa
—dijo algo avergonzado.
Aileen asintió y después de lavar las tazas que habíamos manchado para el
desayuno, y darme una corta ducha Aileen, Ángela y yo fuimos en el Porsche la
universidad. En cuanto llegamos el estacionamiento estaba a rebosar, como de
costumbre. Me despedí de Aileen mientras Ángela iba a darle los buenos días a
Ben, cuando como de la nada aparecieron un par de tetas pegadas a una chica…
perdón, zorra. Se plantó frente a mí obstruyéndome el paso, rodé mis ojos y
sonreí ampliamente… a saber lo que la estúpida esa tenía que decirme.
—Hola Jordan —la muy perra siempre utilizaba mi nombre completo porque
sabía que lo odiaba—, siento mucho haberte robado a tu novio ayer en la tarde
—dijo con falso pesar.
Intenté respirar hondo para no saltar sobre ella y matarla.
—No te preocupes Sonia, no es molestia —dije con falso compañerismo—,
para eso están los “amigos”, para consolarte.
Sus ojos no mostraron ningún tipo de expresión y eso me dio miedo.
—Que buena eres compartiendo a Shane conmigo —sonrió ampliamente—,
otra en tu lugar no lo entendería— se cayó unos segundos y miró a su alrededor
como buscando a alguien—. ¿Shane todavía no ha llegado? Tengo que
devolverse su camiseta, se la olvidó en mi casa.
Parpadeé sorprendida y cuando estaba a punto de saltar sobre ella para
sacarle los ojos al más puro estilo de película gore barata, recordé que Shane
tenía su camiseta puesta esa mañana… ¡la muy perra intentaba engañarme!
—Yo le vi la camiseta esta mañana… bueno, eso después de que se la puso
—le guiñé un ojo e intenté librarme de ella.
—No mientas, Shane pasó la noche con Gab, no contigo —dijo sonriendo
con maldad.
—Ay Sonia…
—Ahsley —masculló entre dientes.
—Como sea… si Shane te miente y te dice que estará con su mejor amigo en
lugar de conmigo, su novia, no es mi problema —sonreí—. Por cierto, gracias
por no cansarlo tanto como lo habría hecho yo si hubiésemos ido al cine como
teníamos planeado. Gracias a eso la noche fue muy larga —palmeé su brazo con
fingida complicidad y caminé hacia mi clase tragándome las ganas de
descuartizarla.
La clase con Mathew pasó en un suspiro, Ahsley se pasó las dos horas
lanzándome dagas con los ojos, cuando la pillaba le sonreía y ella apartaba la
mirada indignada. Que fácil era devolvérselas con palabras… pero lo que de
verdad quería eran hechos, quería deshacerme de ella y que dejase a Shane
tranquilo, o que al menos no lo acaparase tanto como para que nuestra relación
se viese amenazada por ella.
Durante el almuerzo en la cafetería nuestra mesa estaba más tranquila que
nunca. Mike ahora se sentaba con Jessica y Laura, él parecía demasiado
complacido con la atención que ese par de daba y eso a mí me alegraba, ya que
no tendría que lidiar con sus malas caras y sus intentos de flirteo frustrados.
Aileen, Ángela, Ben, Diego y Mary siempre tenían algo de lo que hablar, por lo
que nos dejaban a Shane a mí en una especie de burbuja que nos aislaba del
mundo.
La clase de primeros Auxilios con el doctor Spencer también pasó
demasiado rápido, sobre todo porque tenía a Shane a mi lado. Robert era un gran
profesor y sus clases siempre eran amenas y entretenidas. Además, que de vez en
cuando nos dedicaba a Shane y a mí una mirada divertida cuando captaba algún
gesto cariñoso entre nosotros.
En la clase de economía Mike dejó de atosigarme, era la única clase que
compartíamos juntos y por suerte Jessica también estaba allí, lo que hacía caer
en ella toda su atención y que me ignorase, algo que agradecía.
Al salir de clase Shane había prometido llevarme al taller de Gab para
recoger mi coche, me esperaba en la puerta de mi edificio y en cuanto me vio me
besó en los labios y pasó su brazo por mis hombros para que fuese a su lado al
caminar. Cuando llegamos al estacionamiento al lado del coche de Shane había
un flamante coche azul que reconocí al instante. El Guardian de Gabriel. En
cuanto Shane lo vio me soltó y fue a saludarlo con un abrazo y un zape. Yo
sonreí cuando Gab se lo devolvió y comenzaron una de esas típicas peleas de
broma que se hacen los amigos. Nunca había visto a Shane y a Gabriel
interactuar uno con el otro y verlos era como ver a dos hermanos, se notaba que
se querían mucho y eso me agradó. Tanto uno como el otro parecían buenas
personas y era justo que tuviesen a su lado a alguien en quien poder confiar
como lo hacían ellos.
—Bueno… ¿me dirás a qué has venido? —preguntó Shane alejándose un
poco de él y colocándose la ropa después de su pequeña “pelea”—. ¿Has venido
a ver a tu chica?
Fruncí el ceño ante lo que Shane preguntó, pero después recordé que Aileen
me había dicho que la chica por la que Gab estaba loco, iba a nuestra misma
universidad.
—Algo así —contestó él encogiéndose de hombros.
—¿Has tenido suerte? —pregunté yo en un murmullo.
Gabriel me miró con una intensidad que no entendí y después suspiró.
—Estaba con su novio, así que preferiría no haberla visto —hizo una mueca
y Shane palmeó su hombro en señal de apoyo.
—¿Tan pillada está por él? —le preguntó Shane.
Gab asintió.
—Y él por ella, aunque es un poco gilipollas —Gab sonrió con amargura—,
realmente no sabe lo que tiene.
—Róbale a la chica, conquístala… que se joda, si no la sabe cuidar que
después no se lamente —ese comentario de Shane me hizo fruncir el ceño, no
esperaba que él pensase así sobre este tema—. Por cierto, he hablado con
Mathew por lo que me pediste aquel día.
—¿Qué te pedí? —preguntó Gab con el ceño fruncido.
—Que mirase los archivos —el entendimiento llegó hasta el rostro de
Gabriel—, hay cuatro Jordan a parte de mi Jordan —me tensé, pero él me miró y
guiñó un ojo haciéndome sonrojar—. Sé que no es de mucha ayuda, me ha dicho
que no puede decirme más porque está en contra de las normas.
—No te preocupes, todo está bien —murmuró Gabriel bajando la mirada.
—Bueno, nena —dijo Shane en mi dirección— ¿Nos va…? —fue
interrumpido por el sonido de su teléfono. La sacó de su bolsillo y sonrió cuando
miró el indicador de llamadas — ¡Hola! —gritó efusivamente al contestar —.
¿Qué ocurre? Ahsley… ¿estás bien?
Resoplé y clavé mi mirada en el suelo, Shane continuó hablando e intentando
tranquilizar a Ahsley, mientras intentaba calmar mis instintos de rastrearla y
darle caza hasta acabar con su cabeza separada de su cuerpo y colgando del pelo
sujeta en una de mis manos. Mi ceño se frunció y estaba segura de que parecería
un toro dispuesto a arroyar lo que se me pusiese por delante.
Sentí una mano cálida en mi hombro y alcé la mirada para encontrarme con
los ojos negros de Gab mirándome fijamente.
—Tranquila —susurró.
Intenté hacerle caso, respiré hondo un par de veces, pero Shane le estuviese
llamando “preciosa” por teléfono no ayudaba. Estaba histérica. Quería matarla.
Quería deshacerme de su cuerpo tirándola por un acantilado. Quería prenderle
fuego.
Gemí y me tapé el rostro con una mano.
—¿Qué te pasa? —preguntó Gabriel poniéndose frente a mí y ocultándome
la visión de Shane.
— Esa… zorra despierta lo peor de mí —murmuré hastiada.
Gab pasó uno de sus enormes brazos por mis hombros y me atrajo hacia él,
yo dejé descansar mi frente contra su pecho y el ritmo tranquilo de su respiración
hizo que también me tranquilizara un poco. El olor de su cuerpo inundó mis
pulmones y sentí como me aturdía ligeramente. Gabriel olía tan bien, él echaba
por tierra la típica imagen del mecánico cachitas que siempre está manchado de
grasa y oliendo a macho. Gab era diferente, incluso la tarde anterior cuando
estuvo trabajando y sudando, no olía mal, era un olor agradable, creo que podría
acostumbrarme a él sin problemas.
—¿Mejor? —preguntó en un susurro.
Asentí y me alejé de él un poco él para serenarme… no era muy lógico que
el mejor amigo de mi novio despertase ese tipo de aturdimiento en mí.
—Gracias —musité.
Nos quedamos en un cómo silencio hasta que Shane cortó la llamada y se
acercó a nosotros con un gesto afligido. Lo entendí al momento… la perra de
Ahsley se sentí mal y súper Shane iba al rescate.
—No me digas nada —lo corté en cuanto abrió la boca—, Gab… ¿podrías
llevarme para recoger mi coche?
—Jordan, yo puedo llevarte —dijo Shane.
—Claro, te queda al lado de la casa de Ahsley y te coge de camino —ironicé
—. No te preocupes, si Gab no puede hay transporte público o un taxi.
—Jordan… —intentó protestar, pero no quise escucharlo.
—Gab… ¿podrías? —volví a preguntar.
El aludido le dedicó una mirada a Shane y este asintió.
—Cuídala —murmuró Shane entrando en su Coche.
Gab endureció el gesto, apretó la mandíbula y miró como el Coche
desaparecía a lo largo del estacionamiento. Sin más apartó la mirada de golpe y
se pasó una mano por sus cabellos. Murmuró un “gilipollas” que compartí en mi
fuero interno… Shane no se estaba comportando demasiado bien conmigo.
—¿Nos vamos? —preguntó Gab sosteniendo la puerta de su coche.
No contesté, solo entré en él y me hundí en el asiento y también en mi propia
miseria. Ahsley había ganado de nuevo. Yo se la devolvía con palabras, pero ella
siempre conseguía robarme su atención de un modo u otro. Ya no sabía qué más
podía hacer. Llevábamos dos meses en esa situación y las cosas no parecía que
fuesen a cambiar en un futuro próximo.
Pero quería a Shane, estaba completamente enamorada de él aunque nunca se
lo hubiese dicho claramente. No podría alejarme de él, aunque quisiese, lo
necesitaba en mi vida. Aunque me hiciese daño y me muriese de dolor por su
culpa.
Cuando pude darme cuenta ya estábamos aparcando el coche frente al taller
de Gab, suspiré y miré por la ventana.
—No sufras por él —susurró Gab trayéndome de vuelta hacia la tierra—, no
lo merece.
Suspiré de nuevo y lo miré agradeciéndole con la mirada, él sonrió y sentí
como si mi corazón sanase un poquito al ver esa sonrisa en su rostro. Gab tenía
la virtud de hacerte olvidar el dolor cuando se lo proponía.
—Venga vamos…—dijo bajándose del coche— te presentaré a mis
compañeros de trabajo —dijo animadamente.
—Creía que tú eras el dueño —murmuré intentando fingir entusiasmo.
—Realmente trabajan para mí, pero son como mis hermanos —explicó
entrando en el taller—, ¿cómo está ese Civic? —preguntó en voz alta.
Dos cabezas se asomaron desde el capó de un coche negro y sonrieron
cuando me vieron. Eran dos chicos de piel canela como Gab, su cabello también
era negro y sus ojos oscuros. También tenían rasgos indígenas y sus rostros eran
amables y divertidos.
—Tú lo dejaste listo antes de irte… ¿para qué preguntas? —dijo uno de
ellos.
Gab se encogió de hombros.
—Ella es Jordan, la dueña del Civic —dijo alzando las cejas.
Ellos dijeron un “hola Jordan” a coro y estallaron en carcajadas, les devolví
el saludo con la mano un poco confundida.
—Y ella es… —dijo uno de ellos arrastrando las palabras mientras le
dedicaba una mirada suspicaz a Gabriel.
—Es la novia de Shane —dijo él cortante.
Los dos chicos abrieron los ojos sorprendidos y volvieron con lo que estaban
haciendo sin pronunciar más palabra. No entendí su reacción, pero preferí no
pensar demasiado en eso, además, la mención de Shane me hizo recodar donde
estaba en ese momento y sobre todo con quien. Bufé.
Gab me miró y suspirando negó con la cabeza.
—Ven —susurró sujetándome del brazo y empujándome al sofá donde
estuvimos sentados la tarde anterior.
Me hizo sentarme y segundos después lo hizo él extendiéndome un refresco
y abriendo el suyo para darle un sorbo. Miré la lata en sus manos y reí.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó enarcando una ceja.
—¿Sabes que no eres el típico mecánico? —pregunté divertida.
Gab pareció confundido ante lo que dije y parpadeó mientras me miraba
fijamente.
—¿Y cómo es el típico mecánico? —preguntó sonriendo.
—Tú ya sabes… un hombre gordo, que está manchado de grasa, mal vestido
y oliendo a sudor de varios días… con barriga cervecera y la cerveza en la mano
—reí ante la imagen que se formó en mi cabeza—, tan solo añádele un bigote y
ya sería “Pete, el mejor mecánico de la costa oeste”
Gab comenzó a reírse estruendosamente mientras se sujetaba el estómago, no
pude evitar reírme con él hasta que se me saltaron las lágrimas.
—¿En qué me diferencio de Pete? —preguntó con curiosidad antes de darle
un sorbo a su refresco.
—No vas mal vestido, ni hules mal… de hecho hueles muy bien… —
murmuré ausentemente.
—¿Huelo bien? —preguntó.
¿Estaba sonrojado o eran imaginaciones mías? De todos modos el color de su
piel no ayudaba para descubrir si era en verdad un sonrojo.
—Sí, tampoco tienes barriga cervecera ni bigote… y sobre todo no te llamas
Pete —reí.
Él acompañó mis risas y luego se palmeó el estómago.
—Algo de barriga si tengo —murmuró casi para sí mismo.
—Sí, tanta como una tabla de surf —ironicé—. Estás más duro que una roca
ahí abajo —clavé un dedo en sus abdominales y en efecto, estaba duro—. Te
pareces más a los chicos de los calendarios.
—¿A los chicos de los calendarios? —preguntó sorprendido.
—Sí, tú eres un mecánico de calendario, esos que salen medio desnudos y es
poses sexys —no pude evitar volver a reírme y Gab me acompañó aunque se
notaba algo avergonzado por mi comentario.
—¿Jordan? —escuché una voz conocida—. ¿Qué haces aquí?
Volví mi cabeza y allí estaba Meg, en ropa deportiva, con el pelo mal
recogido en una coleta y sudando, ahí estaba otra chica de calendario. Pusiese lo
que se pusiese la muy jodida estaba bien siempre.
—Mi coche… está siendo revisado por el doctor Gab —bromeé.
Meg rio y se sentó al otro lado de Gab.
—¿Y tú que haces aquí? —le pregunté.
—Salí a correr y estaba cerca, así que me acerqué a saludar Gab… hola Gab
—dijo mirándolo, él rodó los ojos y luego sonrió.
Los tres nos enfrascamos en una conversación amena, que ayudó a que el
tiempo pasase más rápido de lo habitual. Con Gab y Meg nunca te aburrías,
aunque se veía de lejos que se querían siempre estaban lanzándose indirectas y
picándose uno al otro. Gab le hacía bromas constantemente y hacía chistes
machistas que hacían enfadar a Meg, que se lo devolvía con chistes feministas
que lo hacían enfadar a él. Los miraba y me maravillaba de lo bien que podían
llevarse, pese a las apariencias, dos personas tan diferentes.
Pero como ya dije, las apariencias engañan, y aunque mi rubia y escultural
amiga pareciese una chica de calendario era aficionada a los coches, pero no
cualquier tipo de afición, adoraba montar y desmotar los motores de los coches,
algo que compartía con Gab y por eso se llevaban tan bien. Gab y Meg estaban
sentados ahora en el sofá… y yo estaba un poco alejada de ellos y sentada en el
suelo apoyada en uno montón de neumáticos nuevos que olían a goma en
exceso, sonreía ante los comentarios de Gab y como Meg debatía con él
utilizando toda su verborrea como abogada para ello, haciendo que el pobre
chico luciese confundido en más de una ocasión. Ellos estaban discutiendo sobre
si una rubia natural era más inteligente que una teñida cuando un conocido coche
plateado entró en el taller y frenó en seco. Shane se bajó de él con gesto sombrío
y nos miró a los tres detenidamente, sorprendiéndose ante la presencia de Meg
junto a Gab.
—¿Pasa algo? —le preguntó Meg enarcando una ceja.
Él la miró durante unos segundos y después me miró a mí con intensidad,
mantuve la mirada con dignidad, después de todo la enfadada era yo, él que
había actuado mal era él. Así que… con la frente bien alta Jordan.
Shane negó con la cabeza y luego miró sus zapatos mientras reía tristemente.
—Jordan… ¿podemos hablar? —preguntó acercándose a mí.
—¿Sobre qué? —pregunté cortante mientras me ponía en pie.
—Por favor… —dijo en voz suplicante.
—Ahora me iba a casa… ¿Gab cuánto te debo por revisar mi coche? —
pregunté.
Gab me miró como si estuviese loca y abrió y cerró la boca varias veces
hasta que con un suspiro se dispuso a hablar.
—Solo ha sido un favor, no me debes nada —murmuró.
—No me gusta deber favores, dime cuanto te debo —insistí.
—Ahora no lo sé… —se rascó la cabeza— déjame hacer cuentas y te lo digo
otro día.
Me tiró las llaves del coche y yo las cogí en el aire sorprendiéndome a mí
misma por mi destreza.
—No lo olvidaré —le dije a Gab antes de meterme en el coche y salir de allí
rumbo a mi casa.
Shane me siguió y cuando aparqué el coche él lo hizo al lado del mío. Fue
detrás de mí hasta que entramos en mi apartamento y me dejé caer pesadamente
en el sofá, él se dejó caer a mi lado y suspiró.
—Lo siento —susurró.
Resoplé y lo miré de reojo, tenía los codos apoyados en sus rodillas y su
cabeza colgaba de su cuello inclinada hacia delante. Parecía afectado… pero eso
ya había pasado varias veces… no iba a ceder tan fácil.
—Un lo siento no lo arreglará esta vez —murmuré.
—Dime lo que debo hacer para que me perdones. Jordan, sé que soy un
idiota por anteponer a Ahsley sobre nuestros planes, pero ella es mi amiga y
quiero apoyarla ahora que no lo está pasando demasiado bien —explicó.
Bufé…
—Lo está pasando mal porque quiere… —él me miró raro cuando dije eso
—. Cuando ella conoció a Mathew él ya estaba con Meg, ella si hubiese sido
inteligente no se habría dejado llevar y no se enamoraría de él. Además, que no
deja de insinuársele, incluso en mitad de las clases.
—Nadie elije de quien enamorarse —rebatió.
—Pero sí con quien ilusionarse… —lo contradije— ella se ilusionó con
Mathew aun cuando este no le presta más atención que al resto de sus alumnas.
—En eso debo de darte la razón, pero entiende que no puedo dejarla sola
ahora —suplicó.
—Entiendo que quieras apoyarla, pero parece que ella te importa más que
yo.
—¡Eso no es verdad! —gritó—. Las dos me importáis, pero de diferente
modo. Ella es mi amiga, mi mejor amiga, pero contigo es diferente… a ti te
quiero.
Y ya está…
Con esas palabras mi enojo se disipó por arte de magia y me tiré a sus brazos
para besarlo susurrándole que yo también lo amaba. Unos minutos después
estábamos tumbados en el sofá, en silencio. Besándonos de vez en cuando y
acariciándonos mutuamente sin mayor intención que estar juntos.
—¿Qué te pasaba antes? —pregunté en un susurro.
—¿Antes, cuándo?
—Cuando llegaste al taller, parecías enfadado por algo, o dolido, no sé…
¿qué te pasaba? —volví a preguntar.
Shane suspiró y se enderezó hasta sentarse, lo imité y me puse a su lado.
—No te enfades tú… ¿de acuerdo? —me pidió mirándome fijamente.
—¿Por qué habría de enfadarme? —pregunté confundida.
—Porque soy un idiota, a veces pienso que no te merezco —se pasó una
mano por la cara como arrastrando algo y luego volvió a suspirar.
—Cuéntame —le pedí en un susurro tomando una de sus manos entre la mía.
—He halado esta tarde con Ahsley sobre Gabriel y sobre su chica, Jordan —
comenzó a explicar—, después le comenté una tontería —se rio amargamente—.
Un día hablando con Gab de su Jordan me hizo un comentario extraño y por mi
mente se pasó que su Jordan y tú pudieseis ser la misma chica… me pareció
tonto y deseché la idea al momento, ni tú ni Gab harías algo así.
Se quedó en silencio y me miró como esperando que dijese algo, pero no
sabía que podía decirle, así que lo insté para que continuase hablando.
—Cuando se lo dije a Ahsley ella frunció el ceño y se quedó pensando un
rato —continuó—, después me dijo que la idea no le parecía tan descabellada,
que tú y Gab parecíais tener mucha complicidad.
—¿Le has creído? —pregunté temiendo su contestación.
—No. Me pareció absurdo… —negó con la cabeza— ¡Gab es como mi
hermano! Nunca se fijaría en ti y tú… confío completamente en ti y que no me
serías infiel, menos con mi mejor amigo.
—¿Entonces… qué pasó? —volví a preguntar.
—Ella comenzó a decir cosas, al principio me parecían tonterías, pero
consiguió envenenarme. Me despertó el gusanito de los celos y comencé a
volverme loco. Todo lo que me decía comenzó a cobrar sentido y llegué a
creérmelo. Encima tú estabas sola con Gab, en su taller. No pensé con claridad y
salí corriendo hacia allí.
Me enderecé en el sofá y me crucé de brazos.
—¿Qué esperabas encontrar? —volví a preguntar.
—No lo sé —dijo con sinceridad—, pero cuando vi a Meg allí actuando con
Gab como lo hacía siempre y tú mirándolos mientras sonreías, todo cuadró,
Ahsley solo estaba equivocada.
—¿La estás disculpando por lo que dijo? —pregunté sorprendida.
—Se equivocó, todos podemos hacerlo —explicó encogiéndose de hombros
—, solo malinterpretó los hechos.
Me puse en pie como impulsada por un resorte y comencé a dar vueltas por
mi salón mientras sentía la ira bullir en mis venas. Esa zorra asquerosa, esa perra
recauchutada, sería capaz de apretujarle las tetas hasta que le explotaran en la
cara y después enseñarle los implantes y reírme de ella.
—Jordan… —susurró Shane.
—¡No! —lo corté antes de que pudiese decir algo más—. No digas nada
más, creo que ha sido suficiente.
—Lo siento… —suplicó— no debí dejarme llevar por los celos, pero tú
sabes que te quiero, sabes que para mí lo eres todo.
—No entiendo cómo has podido dudar de mí… ¡de Gab! —grité—. Solo nos
estábamos haciendo compañía porque él estaba mal con su chica y yo estaba mal
por ti… ¡eres un idiota!
—Lo sé —dijo con la cabeza gacha.
—Pero lo peor es que la zorra esa está consiguiendo lo que quiere —
murmuré para mí misma.
Shane alzó la cabeza de golpe y me miró fijamente.
—¿De quién hablas? —preguntó frunciendo el ceño.
—De Ahsley… ¿de quién más podría hablar?
—Jordan, no te permito que la insultes —dijo con voz contenida.
—¿Por qué? Es la verdad Shane, desde que estamos juntos se ha dedicado a
mortificarme, pero lo peor de todo es que tú la defiendes. Para ti ella es Santa
Ahsley y yo un cero a la izquierda —grité.
—Estas muy equivocada —dijo poniéndose en pie y mirándome directo a los
ojos.
—No me equivoco… —bramé casi histérica— sé que has estado enamorado
de ella, aunque tú nunca me lo hayas dicho, sé que ella es tan importante para ti
que eres capaz de dejarme plantada para ir a secar sus lágrimas de cocodrilo
porque Mathew besó a su mujer delante de ella y rompió su corazón… ¿has
pensado alguna vez en lo absurdo de la situación? —pregunté irónicamente—.
Es de lo más lógico que Mathew quiera besar a Meg sin importar quien lo vea…
¡es su esposa! Pero en cambio para ti es normal que a Ahsley eso le afecte.
—No lo entiendes —dijo negando con la cabeza—, no puedes entender lo
que es estar enamorado de alguien que sabes que nunca será para ti.
—Lo sé Shane, créeme que lo sé mejor de lo que piensas —dije mientras una
lágrima descendía por mis mejillas.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó confundido.
—Tú siempre serás de ella, aunque digas estar enamorado de mí a la mínima
oportunidad que tienes corres a abrazarla usando como excusa su corazón roto.
—Eso no es así…
—Lo es —contradije—, aunque no lo creas lo es… ¿podrías irte por favor?
—le pedí.
—Tenemos que hablar, esto no puede quedarse así —dijo mirándome.
—Necesito pensar Shane, no es fácil saber que tu novio que dice amarte ha
dudado de ti porque su mejor amiga lo ha envenenado —dije con voz triste.
—Jordan… —susurró dando un paso en mi dirección.
—Vete Shane, por favor —supliqué.
Shane suspiró y se pasó una mano por el pelo despeinándose.
—Esto no se quedará así —murmuró antes de desaparecer por el umbral de
la puerta.
Cuando oí como la puerta principal se cerraba con un portazo sentí como mi
corazón se partía en dos. Un dolor intenso en el pecho me hizo caer de rodillas y
sujetarme las costillas con fuerza para evitar caerme a pedazos. Él la prefería a
ella, siempre la creería a ella antes que a mí… ¿cómo no me di cuenta de eso
antes? Ahora ya era tarde… estaba completamente enamorada de Shane y no
había marcha atrás… él tenía en sus manos el poder para destruirme.

Capítulo 16
—¿Qué le pasa a ese? —preguntó Meg cuando vio desaparecer el coche de
Shane a toda velocidad.
—Que es gilipollas —masculló Gab entre dientes—, pero concretamente
ahora no sé lo que le pasa.
Megan enarcó una ceja y miró a Gabriel suspicaz.
—¿Qué te pasa a ti con Shane? —preguntó.
—No me pasa nada… —dijo él bajando la mirada.
—¿Y por qué dices que es gilipollas?
—Porque lo es, ¿te has fijado en cómo trata a Jordan? —dijo él comenzando
a enfadarse
—¿Qué les ha pasado esta vez? —preguntó Megan interesada.
—Lo de siempre, “su querida Ahsley”.
Meg se estremeció ante la mención de ese nombre.
—Shane iba a traer a Jordan para que se llevase el coche, pero Ahsley lo
llamó y se fue corriendo —explicó Gab.
—¿Y Jordan que hizo? —preguntó Meg de nuevo.
—Lo normal en estos casos, enfadarse. Tuve que tranquilizarla, si tuviese a
Ahsley delante en ese momento parecía capaz de matarla —dijo Gab sonriendo.
— Oh, lo habría hecho, Jordan es muy impulsiva —sonrió Meg.
La conversación cambió de rumbo a partir de ese momento, yendo por
terrenos menos pedregosos. Unos minutos después el móvil de Gabriel comenzó
a sonar, el miró el indicador y frunció el ceño. Le hizo una señal a Meg y
contestó la llamada poniendo el altavoz.
—Hola Shane —dijo Gab.
—¿Estás muy ocupado? —preguntó Shane en un murmullo.
—Ahora mismo no, ¿pasa algo?
—Voy al Eclipse, necesito beber algo —dijo Shane y se oyó como al otro
lado ronroneaba el motor del Coche al acelerar.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Gab confundido.
— Jordan me ha echado de su casa —bufó—, dice que todavía estoy
enamorado de Ahsley y que le presto más atención que a ella.
—¿Y te sorprende? —preguntó Gab con ironía.
—¡Claro que me sorprende! —gritó Shane—. Si estoy con Jordan, es porque
quiero estar con ella.
—¿Entonces porque corres detrás de Ahsley en cuanto te llama? —preguntó
Gab—. A mí lo que me sorprende es que Jordan no te haya puesto las cosas
claras antes, estaba muy cabreada esta tarde.
—¿A ti te ha dicho algo? —preguntó Shane en un gemido.
—No, no quiere hablar de ese tema, parece que le levanta ampollas.
Meg le hizo un gesto a Gab para que le preguntase como esta Jordan.
—¿Cómo has dejado a Jordan? —preguntó Gab mirando a Meg.
—No tengo ni idea —dijo Shane, Meg negó con la cabeza—, estaba tan
cabreado cuando me fui que casi no la miré.
—¿La has dejado sola y no sabes en qué estado estaba? —preguntó Gab sin
poder creérselo.
—Joder, es que tenías que haber visto como me miraba, tenías que haber
escuchado lo que me dijo… ¡le llamó zorra a Ahsley! —gritó Shane.
—Solo ha constatado un hecho —dijo Megan sin poder contenerse.
—Meg, no eres tú la que hablas, son tus celos por como ella se comporta con
Mathew —dijo Shane un poco más tranquilo.
—Es que esa es otra cuestión, no sé cómo puedes permitir que tu mejor
amiga ponga en peligro el matrimonio de tu propio hermano —bufó ella.
—No seas melodramática —se quejó Shane—, tu matrimonio no está en
peligro.
—Por ahora, pero si esa guarra sigue metiendo sus garras donde no debe lo
estará algún día —murmuró casi para sí misma.
—Si eso pasa será porque tú has dejado de luchar —se oyó la voz de Shane.
Gabriel bufó y tiró con fuerza una de las herramientas que tenía en la mano
haciendo un ruido que resonó por todo el taller, Shane frenó el coche asustado y
Meg se encogió.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó Shane en un murmullo.
—¡Mierda Shane! ¡Ha sido mierda! —gritó Gab—. Tú… ¿tú te estás dando
cuenta de lo que te estás jugando? —le preguntó totalmente nervioso y cerrando
sus manos en puños con sus brazos temblando incontrolablemente.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Shane confuso.
—Aconsejas a tu cuñada que no deje de luchar por Mathew y tú… —Gab
negó con la cabeza y suspiró— eres un hipócrita.
—Gab —lo intentó tranquilizar Megan.
—No, Meg… —se alejó de ella— ve y emborráchate, si ves que tal tírate a
algunas de furcias universitarias que van al Eclipse y piensa que es Ahsley,
mientras Jordan está en su casa llorando por ti. ¿Pero sabes qué? El mundo va a
seguir girando, aunque tú no lo veas, y cuando quieras darte cuenta, quizás
Jordan ya no quiera estar contigo y se enamore de otra persona.
—Gabriel estás cruzando el límite —gruñó Shane.
—No estoy cruzando nada, te digo las cosas como son. Jordan es preciosa y
una gran persona, cualquier chico estaría encantado de tenerla a su lado y tú…
—Gab tragó en seco al sentir un nudo en su garganta— tú la estás dejando
escapar por tus estupideces con Ahsley.
—Gabriel… —volvió a gruñir Shane.
Pero él no dijo nada, solo colgó el teléfono y se fue a paso raudo hacia el
frigorífico y buscó una cerveza desesperadamente.
—Gab… —susurró Megan a su espalda— Gabriel… —repitió cuando no
obtuvo respuesta.
—¿Qué quieres Megan? —preguntó en tono hostil y sin girarse para mirarla.
—¿Qué ha pasado? —preguntó con cautela
—No sé a qué mierda te refieres —dijo Gab en tono cortante y dándole un
largo sorbo a su cerveza.
—¿Por qué has tratado así a Shane? —preguntó sorprendida.
—Solo le he dicho la verdad… —se giró y la miró a los ojos— tú no has
visto como estaba Jordan cuando él le dijo que se iba con Ahsley una vez más…
y por lo que Shane me ha dicho ya no es la primera vez que discuten por lo
mismo.
—Pero es su relación Gab, son ellos los que tienen que solucionar sus
problemas —susurró Meg.
Gab se quedó en silencio, tiró la botella de cerveza sin acabar a la basura y se
acercó a uno de los coches para terminar de repararlo.
—¿Qué te pasa con Jordan? —preguntó.
Gab suspiró y dejó caer la cabeza pesadamente hacia delante.
—Con Jordan no me pasa nada —dijo con voz cansada—, es la novia de
Shane y una… una amiga. No tiene que pasar nada más.
—Gabriel —gruñó Megan—, mírame a la cara y repite eso.
Gab se giró y quedó cara a cara con Meg.
—¿Qué te repita el qué? —preguntó él con desgana.
—¿Qué te pasa con Jordan?
—Jordan es la “novia” de Shane, no me pasa nada con ella —repitió él—.
No puede pasarme nada con ella.
Megan lo miró con los ojos entrecerrados mientras los engranajes de su
cabeza comenzaban a unir acontecimientos:
· La Jordan de Shane y la Jordan de Gabriel
· La Jordan de Gabriel tiene novio
· Gabriel y Jordan son amigos
· Gabriel defendiendo a Jordan frente a Shane.
· …
Sus ojos se abrieron desmesuradamente cuando ató todos los cabos.
—Dime que no es verdad… —susurró.
Gabriel frunció el ceño y la miró confundido.
—¿Qué no es verdad el qué? —preguntó.
—¿Tu Jordan es… es Jordan? —preguntó Megan pronunciando con
prudencia cada palabra.
Gab se quedó en blanco durante unos segundos.
—¡Estás loca! —dijo por fin riéndose sin ganas.
—No me creas estúpida Gabriel, contesta a mi pregunta —dijo Megan en
tono amenazante y señalando su pecho con un dedo.
—¿Necesito contestarte a eso? —preguntó Gabriel con tristeza.
Megan soltó todo el aire que estaba sosteniendo hasta ese momento y miró al
suelo mientras negaba con la cabeza.
—Esto es una locura… —murmuró— ¿cómo has podido, Gab? ¡Shane es tu
mejor amigo!
—¿Crees que no lo sé? —gritó él—. Pero cuando me enteré de que era su
novia ya era demasiado tarde, Jordan es… no puedo sacármela de la cabeza por
más que lo intento.
—No puedo creer que Jordan esté jugando con Shane, ¿cómo es capaz de
coquetear contigo cuando ya estaba con él? —preguntó Megan comenzando a
enojarse.
— ¡No! —dijo Gabriel con firmeza—. Jordan no ha coqueteado conmigo,
siempre ha sido sincera, nunca me ha prometido nada… fui yo el que se inventó
todas las películas, el que se dejó llevar hasta que ya no tuve retorno.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Megan.
—Ella nunca me ha dado esperanzas, se comporta conmigo como lo puedes
hacer tú, una amiga más manteniendo las distancias prudentes —dijo Gab.
—¿Qué piensas hacer?
—No lo sé… intenté alejarme de Shane, intenté olvidarla con otras chicas,
pero nada funciona Meg, es… es superior a mí —se pasó una mano por la frente
secándose el sudor.
—¿Quién más lo sabe?
—Nadie, bueno… —titubeó— ahora tú.
—Es mejor que nadie más sepa —susurró Meg—, si llega a oídos de Shane o
a la propia Jordan… no quiero pensar lo que pueda pasar.
—Me voy a ir unas semanas… —dijo Gab por fin— llevo unos días
pensándolo, me iré a Maui con mi hermana y mi padre, necesito poner tierra de
por medio.
—¿Crees que funcionará? —preguntó Meg haciendo una mueca extraña.
—¿Quién sabe? —dijo Gab con una sonrisa triste—. Quizás conozco a una
Hawaiana que me ayuda a olvidarla.
—¿Olvidar a quién? —se oyó la voz de Shane.
Megan y Gab se giraron para buscar a Shane, estaba en la puerta de entrada
recargado contra la pared. Gab tragó en seco nervioso pensando en lo que Shane
había podido llegar a oír.
—A su Jordan —dijo Meg en un murmullo, también nerviosa por lo que
Shane pudo escuchar.
—Siento que las cosas con ella no vayan bien —dijo Shane en tono
conciliador—, también siento haberme puesto así por teléfono antes, tienes razón
respecto a mi Jordan… no lo estoy haciendo nada bien.
Megan de acercó a él y lo empujó colocando una mano en su pecho.
—Iré a ver cómo está, más te vale que esté bien, porque voy a matarte si
ocurre lo contrario —gruñó mirándolo fijamente a los ojos.
—¿Me llamarás con lo que sea? —preguntó Shane en un murmullo.
—No lo mereces, pero lo haré —masculló—. Mientras, puedes ir pensando
en un buen modo de suplicarle perdón, no creo que sea fácil que deje pasar esta.
—Gracias, Meg —susurró Shane.
—Me las debes —gruñó la rubia de nuevo—. Y tú Gab… si te vas, me
gustaría hablar contigo antes de que subas a ese avión.
—Eso está hecho… —dijo Gabriel con una sonrisa— gracias Meg.
—No se deben… suerte Gab —susurró antes de irse.
Todo se quedó en un incómodo silencio, Shane y Gabriel se miraban y
alejaban la mirada avergonzados, hasta que Gab suspiró y se acercó a su amigo
abrazándolo torpemente.
—Siento lo que te dije por teléfono —dijo en un murmullo.
—Solo me dijiste la verdad… —Shane se encogió de hombros.
—¿Qué vas a hacer con Jordan? —preguntó Gab.
—No lo sé…
—Ven —palmeó su hombro—, pensaremos en algo…

Capítulo 17

No sé exactamente el tiempo que había pasado, como pude me arrastré desde


el suelo de la sala hasta mi habitación y me metí bajo las mantas de la cama
mientras sentía como el mundo se derrumbaba a mi alrededor.
Shane…
Su nombre se repetía continuamente en mi mente y cada vez que eso pasaba
el recuerdo de él abrazado a Ahsley se plasmaba en mi retina.
Sabía que Shane estaba enamorado de mí, eso podía notarlo y sentirlo, pero
no podía soportar que prefiriese consolar a Ahsley en sus supuestos momentos
bajos en lugar de pasar un rato conmigo.
El timbre de la puerta hacía rato que estaba sonando.
También la golpeaban con fuerza.
Pero mi mente no lo procesaba correctamente, en el fondo sabía que debía
ponerme en pie y abrir la puerta, pero mi cuerpo no colaboraba, parecía que se
había vuelto un revoltijo de músculos y lágrimas sin consistencia. No podía, ni
quería, levantarme y ver de quién se trataba. Estaba segura de que no era Shane,
la única persona que quería ver en ese momento.
Estúpido, ¿cierto?
Pero desde el momento en que escuché el portazo cuando se fue, la
necesidad por tenerlo a mí lado se hizo insoportable. Tuve que reprimirme
incontables veces para no tomar en teléfono y marcar su número, suplicarle que
volviese, que todo había sido un error. Pero entonces la imagen de Ahsley, tan
rubia, tan… ¡tetuda! Tan perfecta…. ¡tan perra! Tan ella misma volvía a mi
cabeza y todo lo que había pasado en la sala cobraba sentido y sabía que era lo
correcto.
Yo merecía un chico que se preocupase por mí, no alguien que corriese en
cuanto lo llamaba por teléfono su mejor amiga fingiendo llorar.
El problema era que estaba enamorada de Shane.
Shane…
Su nombre volvía repetirse en mi mente y su simple recuerdo me quemaba.
Habían sido dos meses maravillosos a su lado, exceptuando desde que
Ahsley se puso tremendamente pesada y solo sabía dar por culo. Pero no me
arrepentía de nada de lo que había pasado, no cambiaría mis días con Shane por
nada, había sido feliz en cierto modo.
El teléfono también sonaba y sonaba…
Tampoco me importaba, sabía que debía contestar o al menos apagarlo y así
ese maldito aparato estaría en silencio de una vez. Pero mi cuerpo continuaba sin
responder a los impulsos de mi cerebro. Sabía que no era Shane y solo deseaba
oír su voz pidiéndome perdón y prometiéndome que nunca más volvería a pasar.
Como tantas otras veces había hecho y no le creería, pero entonces Shane y
Ahsley irían a mi casa y delante de mí le diría a esa rubia teñida tetona y con
pelo de estropajo que no me cambiaría por ella, que estaba enamorado de mí y
que por más que lo intentase no lograría separarnos.
También se puede soñar, ¿no?
Suspiré y otra tanda de lágrimas comenzó a recorrer mis mejillas.
Tenía la garganta seca y sentía mis labios hinchados. Los ojos me dolían de
tanto llorar y creo que ya había acabado una caja y otra media de pañuelos
desechables… ¡era patética! Estaba llorando por Shane, mientras él, quizás,
estaba consolando a Ahsley de nuevo.
¡Estúpida Jordan! ¡Él no merece tus lágrimas!
La puerta de la entrada se abrió con un portazo y escuché dos pares de
tacones cruzando el pasillo a toda velocidad. La puerta de mi habitación se abrió
con el mismo ímpetu y segundos después alguien me zarandeaba con violencia.
— ¿Se puede saber por qué no me abrías la puerta? —escuché la voz de
Megan gritando muy cerca de mí—. ¡No te imaginas el susto que me has dado!
Pensé que podría haberte pasado algo.
Gruñí una contestación, ni yo misma sé lo que dije, mi cabeza estaba en otro
lugar y no sobre mis hombros. Me daba igual que Megan estuviese preocupada,
me daba igual que estallase la tercera guerra mundial, yo tenía el corazón roto…
¿es que a nadie le importaba? ¿Nadie podía tener un poco de consideración
conmigo y dejar de decir estupideces? Megan estaba preocupada… ¿y qué?
¡Shane la prefirió a ella antes que a mí una vez más! ¡Eché Shane de mi casa y él
no lo dudó antes de marcharse! Como si yo no le importase nada…
Un sollozo salió de mis labios partiéndome el pecho en dos. Desde que se
había ido Shane había llorado, lo había hecho mucho… pero en silencio. Era el
primer sollozo que emitía, el primer sonido que salía de mi cuerpo, aparte del
que hacía mi nariz al sorberme los mocos. Alguien destapó mi cuerpo que estaba
cubierto por mi edredón negro y me rodearon unos brazos.
—Cariño… no llores —susurró Ángela besando mi cabeza.
— iene razón… —confirmó Meg, abrí un ojo y pude ver a mi rubia amiga
con gesto preocupado mirando en mi dirección— estás hecha un asco —dijo de
repente arrugando la nariz. Sus ojos brillaron de repente y yo me asusté, conocía
esa mirada, ¡y la temía! La había visto algunas veces las últimas semanas. Era la
mirada maquiavélica de “Meg ha tenido una genial idea“. Sin decir palabra sacó
su minúsculo teléfono móvil de su minúsculo bolso y después de marcar se lo
llevó al oído —. ¡Aileen! —gritó—. ¡Es una emergencia! ¿cómo que qué
pasa?… Qué tu hermano es idiota, eso es lo que pasa… ya —rodó los ojos—, sé
que eso no es una novedad… trae todo el arsenal y no te olvides lo que tú ya
sabes —colgó y nos miró a mí y a Ángela con una sonrisa—. ¿Mañana podéis
faltar a la universidad? Yo llamaré al bufete y pediré el día libre.
—¿Qué pasa? —preguntamos Ángela y yo a coro, Creo que sobra decir que
mi voz gangosa apenas era entendible.
—Jordan nos necesita —dijo con gesto solemne—, haremos una fiesta de
pijamas solo de chicas —dijo sonriendo y mirándome especulativamente
esperando mi reacción.
Solo me encogí de hombros, me daba igual, iba a regocijarme en mi miseria
de todos modos, no me importaba estar sola o acompañada.
Unos minutos después el timbre del a puerta sonó y Megan salió disparada a
abrir. Escuché ruido de bolsas y palidecí, con todo su arsenal Megan no habrá
querido decir ropa y maquillaje… ¿cierto? Mientras estaba pensando en el mejor
modo de escaquearme, Aileen entró en mi habitación y se abalanzó sobre mí
abrazándome. Me dijo algo que no recuerdo que era, estaba demasiado absorta
en mi plan de huida para recordar algo, cuando Meg apareció con un pijama
puesto y sus babuchas de andar por casa calzadas en los pies.
La miré de arriba abajo y fruncí el ceño.
¡La muy perra estaba preciosa y sexy hasta con eso!
Gemí y me tapé la cabeza con la almohada mientras gritaba de frustración.
Era obvio que Shane prefiriese a Ahsley, ella podría ponerse un pijama como
el que llevaba Megan sin que pareciese que estaban vistiendo el palo de la
fregona, porque así era yo, sin curvas, sin pecho… un palo sostenido por dos
palos más: mis piernas.
Sin tiempo a reaccionar, Aileen me arrastró al baño y me obligó a ponerme
un pijama parecido al de Meg, era un short de seda azul, con una camiseta de
tirantes en el mismo color, cuando miré hacia abajo y me vi vestida en eso me
sentí fatal, si Shane me viese así en ese momento le daría igual, y no solo porque
tendría cerca a la Diosa de la belleza alias Megan Spencer, más bien porque esas
mismas prendas que yo llevaba, a Ahsley le habrían quedado mucho mejor, eso
si la camiseta era capaz de soportar sus enormes… “pulmones”.
Aileen se puso frente a mí luciendo un pequeño camisón verde que marcaba
sus curvas, aunque bajita y delgada, Aileen tenía un cuerpo perfecto y no es que
la envidiase, que lo hacía para qué negarlo, pero sus curvas eran femeninas y
provocativas, Zack se caería de culo solo con verla vistiendo esa pequeña
prenda.
Aileen me valuó con la mirada y después sonrió con picardía, también
conocía esa sonrisa y las ideas de Aileen me daban tanto miedo como las de
Megan. Sacó su teléfono móvil no sé de dónde y sentí el flash sobre mí.
—¿Qué has hecho? —pregunté con voz ronca.
—Necesitaba un… un… un recuerdo, sí eso, un recuerdo de esta noche —
dijo sonriendo—, te ves preciosa… ¡mírate! —señaló el espejo marcando las
teclas de su teléfono como si nada y yo me vi reflejada.
Mis ojos se abrieron desmesuradamente en cuanto me vi, no me reconocía.
Mi piel, pálida y casi sin vida parecía color crema con ese pijama azul, las partes
de mi cuerpo que podían verse (demasiadas bajo mi punto de vista) parecían más
proporcionadas y voluminosas de lo normal, la camiseta de tirantes con un
escote más amplio de lo que yo hubiese escogido, hacía que mis pechos se
viesen rellenos y hasta un poco más grandes de lo habitual, se ceñía a mi cintura
y dejaba ver un trozo de piel de mi abdomen, donde comenzaba el short que
marcaba mis caderas haciéndolas redondas y voluptuosas.
Me miré con la boca abierta durante unos segundos y parpadeé varias veces
para intentar asimilar lo que estaba viendo… ¿de dónde diablos habían salido
todas esas curvas?
—¿Qué pasa? —preguntó Aileen con el ceño fruncido.
La miré a ella y volví a mirar mi reflejo sin poder creérmelo, señalé mi
imagen en el espejo y después señalé mis caderas mientras con un dedo
presionaba casi con miedo a que fuese un globo y al apretar demasiado se
deshinchase.
—¿Te sorprendes por esto? —dijo Aileen marcando mi silueta con sus
manos, pero sin llegar a tocarme, yo asentí—. Ay Jordan, tenemos solo
dieciocho, nuestro cuerpo está todavía madurando, pero es extraño que no te
hayas dado cuenta.
Me guiñó un ojo y salimos de mi baño y fuimos a la sala, donde nos
esperaban Megan y Angie, ahora también en pijama, completamente rodeadas
de… ¿dulces? ¿Y alcohol? ¿Este era el arsenal del que hablaba Megan?
—Ven aquí —dijo Meg sujetándome de la mano y tirando de mí para que me
sentase a su lado en el suelo sobre un cojín. Sin mediar palabra me puso un pote
de helado de chocolate en las rodillas y me entregó una cuchara—, es una de las
mejores medicinas para un corazón herido —me susurró al oído.
Solo me limité a comer mi helado a cucharadas pequeñas mientras lo
saboreaba, a mi alrededor las chicas reían y contaban chistes y bromas mientras
ojeaban un catálogo de moda. Antes de que pudiese darme cuenta mi helado
había desaparecido y en su lugar tenía un vaso de con un líquido azul que nunca
había visto en mi vida.
Me quedé mirando al vaso como si de verdad esperase que hiciese algo, no
sé. Quizás un marcianito saldría de él y me saludase.
—Es para beber, Jordan —escuché la voz de Aileen.
Alcé la mirada y la vi sonriéndome, en su mano tenía un vaso como el mío
con la diferencia de que él suyo estaba vacío. Tenía las mejillas sonrojadas y el
pelo algo más revuelto de lo normal. Esa no era la imagen habitual de Aileen y
me concentré en recordarla de ese modo, se veía más ella misma, más natural.
—Bebe, está delicioso —me instó Megan.
No lo pensé más, llevé el vaso a mis labios y me tragué el líquido azul de un
solo trago. Mi garganta ardió y jadeé bruscamente haciendo que el vaso cayese
al suelo sobre un cojín. Las chicas estallaron en risas y enseguida me tendieron
otro vaso con el mismo líquido azul de antes.
No es que nunca hubiese probado el alcohol, lo había hecho, de verdad, al
menos un par de veces. Pero nunca me había emborrachado, ponerme ebria no
era uno de mis pasatiempos favoritos, pero eso parecía que era lo que querían las
locas de mis amigas, que me emborrachase y olvidase los problemas al menos
por un rato.
Sin volver a pensármelo volví a beber el contenido del vaso de un solo sorbo.
Después de repetir ese proceso unas cuantas veces más, sentía que mi cabeza
ya pesaba más de lo habitual y miré a mis amigas. En ese momento Meg estaba
bebiendo a morro de una botella de… enfoqué mi vista porque ya comenzaba a
ver borroso, pero finalmente no supe que contenía la botella, solo que era un
líquido amarillento parecido al ron. Meg apartó la botella de sus labios y cerró
los ojos, abrió la boca y lo que pasó en ese instante nunca creí que pudiese pasar.
Si me había esforzado por recordar la imagen de Aileen minutos antes, eso no
tendría mucha menos relevancia… ¡era todo lo contrario! De los labios de
Megan salió un tremendo eructo que, si no fuese técnicamente imposible, juraría
que los vidrios de las ventanas vibraron con él.
Las cuatro estallamos en carcajadas y revolcadas por el suelo. El alcohol
comenzaba a surtir efecto sobre nosotras y eso era evidente.
Unos minutos después Ang estaba revolcada en el suelo, retorciéndose de la
risa mientras Meg relataba uno de sus encuentros con Mathew, y por supuesto,
siendo Mathew nada con él podría ser normal. Megan hacía un esfuerzo casi
sobrehumano para no reírse mientras explicaba como había parecido frente a ella
solo vestido con un tanga en forma de elefante que cubría poco más de lo justo y
la trompa estaba rellena de… de eso que tenía Mathew entre las piernas. Solo de
pensarlo me daban escalofríos, tenía otra imagen de Mathew, el profesor culto y
serio de universidad que impartía clases de literatura, pero Angie parecía
tremendamente divertida con la anécdota.
Aileen miraba atentamente una de las muchas revistas de moda que habían
aparecido allí por arte de magia y yo estaba concentrada mirando la sombra de
mis dedos mientras bailoteaban sobre la mesa de café que había frente al sofá.
—¡Aquí está! —gritó Aileen sobresaltándonos a todas y haciendo que
Ángela derramase el contenido de su vaso sobre una de las piernas de Meg, que
la miró mal a causa de eso—. Aquí está lo que estaba buscando —volvió a
gritar.
Señaló algo en su revista y la giró para mostrárnoslo, en ella había una
modelo prácticamente desnuda con solo un diminuto camisón cubriendo su
cuerpo. Él camisón era negro y transparente por completo.
—Este es perfecto para Ahsley y su futuro trabajo en un burdel —canturreó
feliz—, solo que en rosa furcia.
—Aileen… —la interrumpió Meg— es rosa fucsia.
—Lo que he dicho… furcia
Las tres estallamos en carcajadas mientras Aileen nos miraba sin entender
que pasaba.
—Ahh… —dijo un par de minutos después— ¡ya lo he pillado! furcia…
fucsia pues lo he dicho sin querer.
Volvimos a reírnos hasta que yo vi algo en el techo, era un puntito negro,
algo que parecía flotar en el aire. Enfoqué mi vista y vi que el puntito negro tenía
patitas, las movía en el aire mientras continuaba pareciendo que flotaba.
—Chicas… —llamé su atención— ¿qué es eso que cuelga del techo?
Meg me miró como si estuviese loca y sonrió negando con la cabeza.
—Cariño… lo que cuelga del pecho son las tetas —dijo riéndose.
Ángela y Aileen la acompañaron con sus risas, pero yo continué mirando ese
puntito negro que cada vez estaba más cerca y era más grande. Sus patitas
continuaban moviéndose y yo…
—¡Una araña! —grité con todas mis fuerzas.
Las chicas se quedaron mirándome muy serias como si realmente me faltase
un tornillo o tuviese una tuerca floja hasta que les señalé efusivamente con mi
mano el lugar en el que el pequeño bicho se estaba acercando a nosotras. Meg y
Aileen dieron un grito ahogado y agarrando cada uno de mis brazos me
arrastraron con ellas hasta la otra punta de la habitación. Mientras Ángela se
retorcía riéndose en el suelo mientras se sujetaba su estómago con ambas manos.
—¡Ángela hay una araña ahí! —le gritó Aileen.
Ángela dejó de reírse de repente y miró hacia el lugar donde supuestamente
estaba la araña, sus ojos abrieron desmesuradamente, se puso en pie de un salto y
se colocó detrás de nosotras. Fruncí el ceño y miré a mis amigas, todas estaban
aterradas de un mísero bicho.
—Solo es un bichito —murmuré casi para mí misma.
—Te equivocas —me contradijo Meg—, es un arácnido, por algo tenía muy
buenas notas en biología cuando iba al instituto, si mis cálculos no fallan puede
ser una viuda negra…si nos pica estamos muertas, literalmente.
Me hizo gracia el modo en que Megan enfatizaba cada palabra al
pronunciarla, así que no pude evitar reírme en su cara, ella me miró mal y creo
que intentó pegarme, pero Aileen y Ángela se lo impidieron alegando que estaba
borracha y no sabía lo que hacía. Si ya, pero es que ver a la perfecta Megan
Spencer diciendo que una mini araña era una viuda negra capaz de matarla… ¡y
encima nerviosa y asustada por ello! No era algo que sucediese todos los días.
Desoyendo los gritos de mis amigas, fui a donde estábamos segundos antes y
cogí una de las botellas, volví a donde estaban mis amigas y me dejé caer en un
sofá individual para beber tranquilamente de mi botella de… otra vez ese líquido
azul que sabía tan bien y me mareaba tanto.
Las chicas me miraban raro, como si estuviese loca, puede que realmente lo
estuviese, puede que yo fuese la loca por quedarme tranquila mientras una araña
de poco más de unos milímetros de largo se paseaba a sus anchas, colgada por el
techo de mi apartamento. Si ya, la loca era yo.
Las chicas cuchicheaban entre ellas y miraban de reojo a la pobre araña sin
perderla de vista. Pobre bicho, acababa de firmar su sentencia de muerte solo por
decidir ser una ocupa en mi apartamento. Me compadecí de ella, pero en el
fondo también la envidé, si mis recuerdos de los pocos documentales que pude
llegar a ver en mi vida antes de dormirme (muy pocos realmente) no eran
equivocados, la viuda negra mataba a su pareja después del coito… si yo hubiese
asesinado a Shane después de acostarme con él, el muy idiota no podría haber
salido corriendo a la primera llamada de su Ahsley.
Suspiré y volví a mirar a mis amigas, Aileen ahora portaba una escoba y se
había puesto un pañuelo en la cabeza tapando su pelo y otro en su cara tapando
su nariz y su boca, enarqué una ceja intentando adivinar porque se había vestido
así y comprendí sus intenciones cuando la vi avanzar hacia donde estaba la
araña. Pobre arañita… o mejor pensado: pobre Aileen, en cuanto la araña
moviese una pata ella saldría corriendo y gritando como loca. No me equivoqué.
Aileen se acercó a la araña, a dos metros de distancia le lanzó la escoba como si
fuese una jabalina y se giró para salir corriendo mientras gritaba “¡la viuda
quiere comerme!”. Estallé en carcajadas mientras me sujetaba el estómago.
Segundos después un cojín impactó en mi cara haciendo que parte del contenido
de mi botella acabase en mi camiseta, miré a Aileen que ahora estaba en pose
amenazante, entiéndase, manos en sus caderas y ceño fruncido.
—Es solo una araña —le dije con tranquilidad—, mi abuela Marie siempre
decía que ella siente más miedo que nosotras… ¡por favor! ¿Cuándo puede
medir? ¿Siete milímetros?
Las tres me miraron entre asustadas y divertidas mientras, tambaleándome
lamentablemente a causa de mi nivel alcohol en sangre, me puse en pie y caminé
hacia la zona cero: donde estaba la araña. Me coloqué justo frente a ella, que se
balanceaba sobre una hebra de su tela, parecía realmente feliz y tranquila en su
mundo de telas de araña, sin tener miedo a la loca de Aileen armada con su
escoba-jabalina.
Sujeté la hebra donde estaba la araña unos centímetros por arriba de ella y
caminé, más bien me tambaleé, hacia la ventana. Mis amigas gritaban
diciéndome que estaba loca, juraría haber oído decir a Megan que la idiotez de
Shane era contagiosa, pero pudo ser un juego de mi imaginación. Abrí la ventana
y asomé a la araña sujeta a su hebra colgando de mi mano. El viento frío de
Seattle de madrugada hizo que me estremeciese y toda mi piel se pusiese de
gallina, la araña parecía hacer puenting mientras la hebra se mecía al viento y
ella parecía aferrarse a su hebra como si su vida dependiese de ello.
—¡Jordan, suelta la maldita araña! —gritó Aileen.
—¿No querías librarte de ella? —pregunté girando mi cabeza para mirarla.
Mis amigas estaban mirándome entre preocupadas y asustadas, y reprimí una
carcajada al verlas en ese estado… ¡era solo una araña! Una pequeña y tierna
arañita que en ese… ¡en ese momento estaba paseándose a sus anchas por mi
mano!
Volví mi cabeza en una fracción de segundo y la araña ahora estaba subiendo
por mi brazo, me puse nerviosa y lo moví frenéticamente para que se bajase y
volase con el viento pero en lugar de eso sentí un pinchazo que me obligó a
detener mis movimientos… oh, oh… ¡mierda!
—¡La viuda negra me ha picado, la viuda negra me ha picado! —comencé a
gritar mientras daba saltos por toda la sala mientras sujetaba mi brazo a todo lo
lejos que podía de mi cuerpo y la araña todavía continuaba paseándose por él.
Todo sucedió muy rápido, Meg se acercó y de un manotazo me quitó a la
viuda negra del brazo y después con su pie acabó con el problema, aunque en el
suelo de la sala quedó un pequeño regalito amarillento que me revolvió el
estómago.
Miré mi brazo y ahora tenía una mancha roja, enfoqué mi vista todo lo que
pude, y todo lo que el alcohol en mis venas me permitió, y pude ver como poco a
poco varias ampollas comenzaban a aparecer en esa mancha roja.
Hice memoria, nunca había sufrido una picadura de araña en mi vida, así que
no sabía si eso era normal, sentí escozor en esa zona y comencé a
preocuparme… ¿el veneno tardaría mucho en hacer efecto? ¿Cuántos minutos de
vida me quedaban? ¡No quería morirme todavía! Quería despedir mi vida a lo
grande, con un orgasmo estaría bien, pero un buen orgasmo con Shane.
—Llamaré a Shane —escuché a Aileen.
Y me alegré de que pudiese leer mi mente en momentos así, solo esperaba
que Shane pudiese llegar antes de que el veneno entumeciese mis extremidades y
pudiese sentir mi orgasmo en todo su esplendor.
Aileen salió de la habitación y Megan tapó mi brazo, lleno de ampollas en
ese momento, con un paño húmedo, aliviaba, aunque sabía que estaba
sentenciada a muerte… el veneno de la viuda negra era mortal, por eso su
nombre. Ángela me puso una chaqueta sobre los hombros, pues no me había
dado cuenta, pero estaba tiritando.
Mi cabeza daba vueltas y mi estómago estaba más revuelto que cuando vi el
cadáver de la pobre viuda negra espachurrado en el suelo del salón.
—Chicas… —dije en un murmullo— chicas… creo que… voy a vomitar.
Apenas fui consciente de que entre Megan y Ángela me llevaron al baño y
acabé con la cabeza hundida en el retrete. Intenté ponerme en pie para lavarme
los dientes, pero apenas podía sostenerme, estaba mareada y un sudor frío me
cubría la frente.
—¿Jordan, te encuentras bien? —escuché la voz de Ángela
—¿Cuándo llega Shane? —pregunté con voz pastosa.
—Está de camino —dijo alguien… creo que Aileen.
Entré en un estado de semi inconsciencia, no sabía si debido a todo el
alcohol que había ingerido, o al veneno de la viuda que me estaba matando y de
repente escuché el mejor sonido del mundo, la voz de un ángel.
—¿Dónde está? —esas dos palabras me sonaron a cantico celestial.
Shane estaba allí, había llegado ya, e iba a darme el último orgasmo de mi
vida para que pudiese morir en paz. Sentí que mi cuerpo era alzado en el aire y el
olor de Shane inundó mis pulmones, respiré profundamente hundiendo mi nariz
en su cuello. Quería llevarme un buen último recuerdo de su olor, ese que tantas
cosas me provocaba.
—¿A dónde me llevas? —pregunté cuando me azotó el frío viento de Seattle.
—Al hospital —susurró metiéndome en su coche y besando mi frente.
—¿Qué pasa con mi orgasmo? —pregunté con los ojos entrecerrados.
Shane rio entre dientes y puso el coche en marcha.
—Shane, estoy hablando en serio, quiero sentir un orgasmo antes de
morirme —protesté cruzándome de brazos y arrepintiéndome al instante porque
mi brazo derecho dolió a causa de la picadura.
—No vas a morirte, tonta… —dijo todavía riéndose.
—¡No te rías de una moribunda! —casi grité—. Era una viuda negra lo que
me picó.
Shane volvió a reírse y tomó una de mis manos entre las suyas.
—Para comenzar, las viudas negras… ¿no deberían ser negras? —preguntó
—. Ángela me dijo que la que te picó era marrón, así que la viuda negra queda
descartada.
—Ahm… —contesté sin ganas volviendo mi mirada al frente— ¿entonces
nada de orgasmo? —pregunté en un murmullo.
Shane volvió a reír y llevó mi mano hacia sus labios, donde besó mis dedos.
—No por ahora, al menos mientras no estés un poco más sobria —dijo
sonriendo.
Volví a mirar al frente, me aturdía, más aturdida de lo que ya estaba a causa
del veneno de la viuda ne… no, no era una viuda era una ¿araña marón? Sí, una
araña marrón, pues estaba aturdida a causa del veneno de la araña marrón y de
todo el alcohol que había ingerido, la mirada de Shane puesta en mí no ayudaba
y el intenso olor de su coche tampoco, estaba jodida.
Lo peor fue llegar al hospital, donde volví a escuchar a esa voz que tanto
conocía y con un deje de burla.
—Hola Jordan, ¿otra vez por aquí?
—Hola doctor Spencer, sí, creo que me haré un pase Vip para la próxima vez
—bromé con voz pastosa.
Él rio entre dientes.
—¿Qué ha sido esta vez? —preguntó mirando a Shane.
Gruñí.
—Por lo visto le ha picado una arañita —dijo Shane.
—¿Arañita? ¡Era una viuda negra! ¡Y enorme! —estaba exagerando lo sé,
pero los dos Spencer que tenía frente a mí me ponían nerviosa, Shane, por lo que
era evidente, y Robert… porque tenía a su alcance objetos punzantes capaces de
atravesar mi piel y hacer que la sangre brotase de ella, algo con fatales
consecuencias para mí.

Dos horas después estaba saliendo del hospital, con mi brazo vendado y un
poco más sobria, lo suficiente para no ser capaz de mirar a Shane a la cara. Eso
porque todavía recordaba que le había pedido que me regalase un orgasmo antes
de morirme ¡bien por ti Jordan!
Condujo en silencio hasta mi casa e insistió en acompañarme hasta la puerta,
cuando iba a llamar para que me abriesen y él estaba alejándose hacia la escalera
de nuevo me armé de valor.
—Gracias… por acompañarme al hospital y soportar mis tonterías.
Shane se giró sobre sus talones y me miró sonriendo. Caminó de nuevo hasta
quedar frente a mí y yo tuve que alzar un poco la cabeza para poder ver su cara.
—La verdad es que eres bastante divertida cuando estás borracha —dijo
entre risas, pero se detuvo al ver mi ceño fruncido—. Siempre estaré para ti, por
encima de cualquiera, de eso puedes estar segura.
Bufé y desvié la mirada cuando dijo lo último, podría ahorrarse el mentirme.
— Mira… —susurró extendiendo su teléfono móvil hacia mí.
Lo miré y tenía varias llamadas perdidas, todas de Ahsley y en las últimas
horas, el tiempo que había pasado conmigo en el hospital.
—Cuando me necesites, estarás antes que cualquiera —dijo antes de besar
mi frente y desaparecer calle abajo para volver a meterse en su coche.
Suspiré mientras veía como desaparecía a lo lejos, el día estaba comenzando
y las calles de Seattle comenzaban a iluminarse con la luz de sol oculto tras las
nubes… ¿podría volver a confiar en Shane? Una sonrisa se extendió por mi
rostro al darme cuenta de que la piel de mi frente hormigueaba allí donde los
labios de Shane se posaron sobre ella.
¿Era tonta? Lo más probable, pero sin duda, la principal razón de ello era que
estaba enamorada.

Capítulo 18

El día siguiente fue agotador…


Me lo pasé en cama, con un dolor de cabeza horrible y con mi brazo latiendo
dolorosamente en la zona donde la araña me había picado. Recordaba vagamente
lo que había ocurrido horas antes, la visita de las chicas, el alcohol, la
escoba/jabalina de Aileen, la visita de Shane, la picadura de la araña…
Lo que tenía más presente era el rostro de Shane cuando me decía que yo
estaría ante cualquiera. Y eso me provocaba reacciones encontradas; una parte
de mí luchaba por creerle, por olvidar todo lo que había pasado con Ahsley y que
todo volviese a ser como antes. Pero otra parte, y quizás la más grande, no podía
creer ni una de sus palabras, ni la sinceridad impregnada en su voz y mucho
menos la adoración que mostraban sus ojos cuando me miraba.
Shane me había hecho daño y eso era algo que no podría olvidar fácilmente.
Me pasé el día entero en la cama. Me levantaba en momentos esporádicos
para ir al baño o a la cocina a buscar algo de comer. Ni si quiera me apetecía
ducharme, mi ropa todavía olía como Shane porque me cargó en brazos y,
aunque era un recordatorio doloroso, quería disfrutarlo al menos por un tiempo
más.
Un día más tarde tuve que hacer de tripas corazón y levantarme para ir a la
universidad. Estaba allí con una beca y no podía darme el lujo de perderla. Me di
una ducha rápida y me vestí con lo primero que encontré en el armario, no tenía
a nadie a quien impresionar. Salí a toda velocidad y me bebí el café que me
tendió Ángela en un solo sorbo, ya íbamos tarde. Esa mañana Ángela me
acompañó en el coche en lugar de ir con Ben, por lo visto había vuelto a
quedarse sin vehículo y un compañero iría por él a su casa hasta que estuviese
reparado de nuevo.
Llegamos la universidad y fuimos directamente a la clase de Mathew,
teníamos el tiempo justo para entrar y sentarnos, y eso porque él nos vio llegar a
la carrera por el pasillo y caminó más despacio para que nos diese tiempo.
Cuando me senté mis ojos mecánicamente escanearon el aula, deteniéndose en
dos ojos azules que me miraban con suficiencia. Le devolví a Ahsley una mirada
desafiante, no me amedrentaría. Ella podría quedarse con Shane, pero porque yo
había decidido renunciar a él y dejar de luchar, no porque ella hubiese ganado
limpiamente.
Me congelé en mi lugar en cuanto pensé eso, había renunciado a Shane, aun
queriéndolo como lo quería, estando totalmente enamorada, había dejado de
luchar y se lo había dejado expuesto en bandeja de plata solo para ella. Ahora
Shane estaba mal porque yo lo había dejado, y ella lo estaría consolando, ambos
se tenían el uno al otro para darse ánimos y yo… yo me había quedado con el
corazón roto y un canto en los dientes.
La clase de Mathew pasó entre penumbras, él pareció captar mi estado de
ánimo porque evitó hacerme preguntas sobre el tema que estaba explicando. En
momentos como ese agradecía eternamente tener algo de confianza con mi
profesor, me pondría en un gran aprieto si me preguntase algo en ese momento,
porque mi cabeza estaba en otro lugar.
Salí de aquella clase con el ánimo por los suelos y no ayudó nada que Shane
y Ahsley se sentasen juntos a comer, mi mirada se desviaba en su dirección
irremediablemente, por mucho que entre Ángela y Aileen intentasen distraerme.
Por lo visto, el rumor de que Shane y yo ya no estábamos juntos se había
extendido por toda la universidad. Mike se había sentado de nuevo en nuestra
mesa y no dejaba de mirarme y hablar conmigo, aunque lo ignoraba, en
ocasiones consciente y en otras inconscientemente. También el dúo silicona
miraba a Shane más de lo habitual y soltaban alguna que otra risita en su
dirección.
Me pareció patético, los tres se asemejaban a buitres yendo a por los restos
que otros dejaban.
Me estremecí ante mi propio pensamiento y suspiré mientras miraba mi
comida intacta. Mi mano derecha descansaba en mi regazo, la picadura todavía
me molestaba un poco y la izquierda sostenía a duras penas el tenedor que
revolvía ausentemente el puré de patatas que había en mi bandeja.
Sin más, una mano se posó en mi hombro y aquel olor tan conocido comenzó
a aturdirme. Un estremecimiento recorrió mi espalda y la piel de mis brazos se
puso de gallina. No necesitaba comprobar quien era, mi cuerpo lo sabía sin
necesidad de que mis ojos lo confirmasen.
Shane.
—Jordan… —mi nombre salió de sus labios en un susurro.
No me sentí con fuerzas para mirarlo, no después de admitirme a mí misma
que me había rendido, que había renunciado al amor entregándoselo a mi peor
enemiga.
—¿Nos vamos a clase? —preguntó en el mismo tono de voz.
Podía sentir la mirada de casi todos los que estaban en la cafetería puesta en
nosotros. Los ojos de todos los que nos rodeaban se me clavan como puñales y
no pude evitar que mis mejillas enrojeciesen de vergüenza y mis ojos
comenzasen a picar por las lágrimas de impotencia que querían derramarse.
—Shane —oí la voz de Aileen advirtiendo a su hermano, aunque me costó
reconocerla, su tono era hosco y duro, Aileen nunca había hablado así, al menos
frente a mí.
Alcé la mirada y mis ojos se cruzaron con los de ella, no sé que pudo leer en
mi rostro porque suspiró y negó con la cabeza a la vez que volvía la mirada a su
bandeja de comida. Pude apreciar un gesto de decepción, ella parecía que estaba
decepcionada de mi modo de actuar con su hermano, o era al revés, estaba
decepcionada con Shane… no estaba segura. Sin saber muy bien porque suspiré
y me puse en pie, me giré para encarar a Shane y sonreí.
—Vamos —susurré colocándome a su lado.
Él me sonrió también y comenzamos a caminar hacia la clase con el doctor
Spencer. El camino hacia el aula transcurrió en un cómodo silencio. Cada uno
metido en su burbuja y perdidos en nuestros propios pensamientos, pude apreciar
la mirada sorprendida de algunas personas cuando nos vieron entrar en clase
juntos. Incluso el doctor Spencer frunció el ceño cuando vio que estábamos
sentados uno al lado del otro como días atrás.
La verdad es que yo tampoco entendía porque estaba haciendo eso, había
renunciado a él, me había rendido ante su “amistad” con Ahsley. Y aun así mi
corazón todavía conservaba esperanzas, todavía latía desacompasado por su
cercanía.
Suspiré mientras el profesor Spencer comenzaba a explicar su clase.
Intenté prestar atención, pero fue imposible, mis pensamientos vagaban una
y otra vez a la persona sentada a mi lado. No podía dejar de sentir esa especie de
atracción hacia su cuerpo, como si fuésemos dos imanes de polos opuestos. Mi
cabeza daba vueltas aturdida por su olor y mis manos ansiaban enredarse una
vez más entre las hebras de su pelo cobrizo tan desordenado como de costumbre.
En más de una ocasión tuve que reprimir un gemido de frustración al
sentirme así, al descubrirme con la mano alzada dispuesta a tocarlo, al sentir
palabras en la punta de mi lengua dirigidas a él.
No podía flaquear, no debía, no ahora que había tomado la decisión de
dejarlo libre y que pasase lo que tenía que pasar.
Pero era tan difícil…
Cuando la clase terminó suspiré aliviada, me dejé caer sobre el respaldo de la
silla y masajeé mis sienes con los ojos cerrados. Cuando los abrí vi los dos ojos
verdes de Shane clavados en mí con gesto preocupado.
—¿Te encuentras bien? —preguntó.
—Solo me duele un poco la cabeza —susurré.
Y no mentía, el tener que controlarme continuamente frente a él me
consumía, hacía que me sintiese más cansada de lo normal y que mis sienes
latiesen dolorosamente.
—¿Quieres que te acompañe a la enfermería? —volvió a preguntar.
—Estoy bien… además tengo clase de economía —con Mike, gemí para mis
adentros, no quería otra sesión de lapa-Mike, estaba harta de él.
Salimos de case de nuevo uno al lado del otro. En cuanto cruzamos la puerta
dos pares de ojos azules nos esperaban. Ahsley evidentemente esperaba a Shane
y Mike… Mike recibiría una visita de mi rodilla en su entrepierna si continuaba
así de pesado. Gemí y giré en dirección contraria mi próxima clase, no podría
soportarlo en ese momento. Salí a los jardines y me senté en un banco bajo un
árbol. Inexplicablemente las nubes de Seattle parecieron darme una tregua y
unos tímidos rayos de sol se posaron en la piel de mi rostro. No pude evitar
echar mi cabeza hacia atrás y cerrar los ojos dejando que calentasen mi piel
lentamente.
Sentí que alguien se sentó a mi lado, pero no me importó. Me sentía bien en
ese momento, no había problemas de Shane, ni de Ahsley y mucho menos de
Mike… no me apetecía abrir los ojos y encontrarme frente a uno de ellos tres y
que la burbuja de irrealidad que me rodeaba en ese momento explotase.
—Pareces un lagarto —susurró una voz en mi oído.
Me estremecí…
La reconocí al instante, pero era la última persona que esperaba encontrar en
ese lugar. Al abrir los ojos lentamente me encontré con Gab cara a cara. Él
sonreía, como siempre, sus ojos reflejaban la alegría que de costumbre y su
cabello estaba tan negro y lacio como lo recordaba. Inmediatamente una
sensación de paz me recorrió el cuerpo y me sorprendí al sonreír en su dirección.
—¿No deberías estar en clase? —preguntó enarcando una ceja.
—¿Y tú no deberías estar trabajando? —respondí con otra pregunta.
—Touche.
Ambos sonreímos más.
—¿Qué haces aquí? —pregunté casualmente.
—Si te digo que no lo sé… ¿me creerías? —preguntó sonriendo de nuevo,
negué con la cabeza—. En teoría venía a esperarte a ti… necesitaba hablarte de
algo.
—¿A mí? —pregunté sorprendida.
—Sí, pero ha habido un cambio de planes, ya no necesito hablar contigo —
sonrió y me mostró todos sus blancos dientes.
—Me he perdido… ¿me lo explicas? —pregunté confundida.
Él volvió a reír y sin saber porque lo acompañé.
—Me iba a ir de viaje, pero acaban de cancelármelo, así que… no tiene caso
despedirme si no me voy a ir —explicó
—No, no tiene caso… —confirme mientras pensaba en lo que había dicho…
—. ¿A dónde ibas? —pregunté con curiosidad.
—A Hawái —mis ojos se abrieron desmesuradamente por la sorpresa—, mi
hermana y mi padre viven allí, iba de visita —me explicó.
—¿Qué ha pasado?
—Se me han adelantado y viene ellos ahora… con lo difícil que es conseguir
un billete de avión para minusválidos en un vuelo de Hawái, me dio apuro
decirles que lo cancelaran —explicó mirando sus manos.
—Vaya… parece que tenías ganas de alejarte de aquí —pensé en voz alta.
Gab me miró a los ojos durante unos segundos y después suspiró desviando
la mirada. Nos quedamos en un incómodo silencio durante un par de minutos.
—Es la chica esa… de la que estás enamorado —confirmé estando
totalmente segura de lo que decía.
Gab no contestó, así que traduje su silencio en una afirmación, el que calla
otorga… ¿cierto?
—¿Las cosas con ella han empeorado? —pregunté con cautela.
Gab volvió a mirarme de un modo que no supe descifrar y resopló pasándose
una mano por su rostro.
—Su novio es… gilipollas, de verdad no entiendo cómo puede actuar como
lo hace —dijo cada vez más encolerizado—. No sabe lo que tiene, no la cuida,
no le da el lugar que se merece… y yo como soy un estúpido me callo y le pongo
buena cara cuando lo que debería hacer sería romperle la suya por hacerle daño.
Se quedó callado unos segundos y volvió a suspirar.
—No debería hablar de esto contigo —repuso nervioso de repente.
—¿Por qué? —pregunté con el ceño fruncido— ¿No somos amigos? Los
amigos se cuentan cosas.
Se quedó en silencio mientras su boca se abría y se cerraba varias veces sin
que ningún sonido saliese de ella. No sabía lo que esperaba oír salir de sus
labios, pero solo nos rodeó el silencio… durante algunos minutos ninguno de los
dos dijo nada y aunque me moría de curiosidad por saber qué era lo que estaba
pasando con aquella chica y porque Gab no luchaba por ella sabiendo que a su
novio no le importaba, me callé mi curiosidad y me mantuve en silencio
respetando el suyo propio.
—¿Qué tal van las cosas con Shane? —preguntó de repente.
Lo miré sorprendida, no esperaba que su tema de conversación cambiase
radicalmente.
—Simplemente… no van —contesté encogiéndome de hombros.
—¿Lo habéis dejado? —preguntó sorprendido.
—Algo así… —mi rostro se contrajo de dolor y él suspiró.
—¿Ha sido cosa suya o…? —dejó la pregunta inconclusa y su voz se fue
apagando poco a poco.
Suspiré y contuve las lágrimas que de nuevo luchaban por salir de mis ojos.
—No entiendo a Shane… —susurré mirando como mis dedos jugueteaban
en mi regazo— en momentos parece que es el hombre perfecto, atento,
cariñoso… el novio con el que toda madre sueña para su hija. Pero de repente
aparece Ahsley y el Shane que conozco desaparece por completo.
—Entiendo lo que quieres decir —dijo Gab a media voz—, Ahsley siempre
ha sabido cómo conseguir que él haga lo que ella desea…
—¿Por qué? —pregunté alzando un poco la voz—. Entiendo que quiera tener
amigas, al principio respetaba que estuviese con ella, él era feliz así y yo
disfrutaba viéndolo feliz, pero después ella… cada vez que me mira lo hace
desafiándome. Tenías que ver la alegría que tenía esta mañana cuando Shane se
sentó con ella en la cafetería.
Gab se quedó en silencio de nuevo, parecía sumido en sus pensamientos. Me
puse en pie y al hacer un movimiento un poco extraño la picadura me dolió y no
pude evitar gemir de dolor.
—¿Qué te ha pasado? —preguntó revoloteando a mi alrededor.
Me reí irónicamente y negué con la cabeza.
—¿No te han contado la historia ya? —pregunté enarcando una ceja, él
frunció el ceño y negó con la cabeza—. Digamos que tuve un pequeño
enfrentamiento con un arácnido.
Gab rio entre dientes y negó con la cabeza.
—¿Puedes conducir así? —preguntó de nuevo.
—No te preocupes… estaré bien —lo tranquilicé.
—¿Te vas ya?
—No… voy a esperar a Ángela…
—¿Me acompañas tomando un café? Es que si no estoy con un estudiante no
puedo entrar en la cafetería del campus… y los frapuccinos de aquí son una
pasada —dijo de nuevo sonriendo.
—Está bien…
Nos fuimos a la cafetería y mantuvimos una de nuestras largas y extensas
conversaciones. Con Gab era así de fácil. Solo decías una palabra y enseguida
comenzaba un nuevo tema de conversación en el que se enfrascaba
apasionadamente. Él era divertido, espontaneo, siempre tenía una sonrisa en su
rostro y sus ojos siempre mostraban una mirada amable y divertida. Era de ese
tipo de personas que brillaban por sí mismas, él solo podría iluminar una
habitación con su sola presencia.
Era tan diferente a Shane…
Me sorprendí a mí misma comparándolos… ¿por qué lo hacía? No tenía
sentido…
—¿Qué vas a hacer con lo de Shane? —me preguntó de repente.
Me quedé seria y pensando… ¿qué iba a hacer con Shane?
Lo quería, lo necesitaba cerca para sentirme plena y feliz, pero no podía
soportar que Ahsley estuviese siempre en medio.
—No lo sé… —contesté sinceramente.
—No te rindas —susurró Gab, demasiado bajo, tanto que si la cafetería no
estuviese prácticamente vacía no lo habría escuchado.
—¿Qué? —pregunté sorprendida.
—No te rindas Jordan, se ve que lo quieres y sé que él también te quiere a ti,
no dejes que Ahsley gane.
—Pero… Gab yo…
—No, Jordan —me detuvo—, erais felices juntos hasta que ella metió la
nariz en medio… te lo digo de verdad. Shane puede ser muy necio, pero en
algún momento tendrá que abrir los ojos y ver como es Ahsley en realidad, tú
puedes ayudarle, pero para eso tienes que luchar.
—No sé si podré soportar otro de sus desplantes —susurré bajando la
mirada.
—Puedes, podrás. Te ayudaré con lo que sea necesario —sonrió, pero pude
apreciar que esa sonrisa no llegaba a sus ojos, había una sombra de tristeza en
ellos, estaban opacos y sin ese brillo de alegría y picardía que siempre tenían.
Deduje que era porque no le gustaba ver a su amigo infeliz.
—¿Por qué haces esto? —pregunté con curiosidad sin alejar mi ojos de él.
Gab desvió la mirada y resopló.
—Shane es feliz, tú eres feliz… y Ahsley se llevará una buena patada en el
culo, ¡no puedo pedir más! —dijo encogiéndose de hombros.
Algo en su tono de voz y en el movimiento de sus ojos cuando hablaba me
indicó que no estaba diciendo toda la verdad. Pero no insistí, podía considerar a
Gab amigo mío, pero no debía de ser entrometida.
—Los dos podéis ser felices por mí… —dijo de nuevo demasiado bajo.
Lo miré confundida durante unos segundos.
—Esa chica no es buena para ti, Gab —susurré—. No puede serlo cuando te
hace sufrir tanto.
—Ella es un ángel… el idiota soy yo por dejarme enamorar cuando ya sabía
que sería imposible, alguien como ella nunca podría estar con alguien como yo,
Shane es más de su tipo —se quedó paralizado de repente y me miró asustado
durante unos segundos, al ver que no había ningún tipo de reacción en mí
pareció relajarse.
Me quedé en silencio pensando en sus palabras, también era absurdo que
Gab se comparase con Shane, cada uno era especial a su modo, Shane tenía sus
cosas buenas y Gab las suyas… cada uno era perfecto en su persona,
independientemente de cómo fuese el otro.
—Ve a hablar con Shane —dijo Gab sacándome de mis pensamientos—, va
con Ahsley hacia su coche, si no me equivoco la llevará a casa y puede ir en el
transporte público.
Bufé y lo miré enarcando una ceja.
—¿Crees que Shane dejará que la princesita Ahsley vaya en autobús? —
pregunté con incredulidad.
—Pruébalo… te indicará si merece la pena luchar o hacerte a un lado.
—Gracias Gab —dije con sinceridad a la vez que me ponía en pie y me
acercaba a él para darle un beso en la mejilla.
Se quedó paralizado en su lugar y me miró con los ojos muy abiertos, ¿le
habría molestado? Era la primera vez que mostraba mi cariño hacia él de ese
modo, quizás me había pasado, quizás Gab era de ese tipo de chicos que no le
gustan las demostraciones de cariño, o quizás…
—¡Corre! —exclamó de repente—. ¡Shane se irá si no corres! —dijo
sonriendo.
Le devolví la sonrisa y salí corriendo hacia el estacionamiento, cuando llegué
allí pude ver a Shane y a Ahsley cerca del coche, aceleré el paso a la vez que
sentía que mis pulmones ardían por el esfuerzo, no estaba en mi mejor forma y
correr los cien metros lisos así de repente… no procedía…
—¡Jordan! —me gritó Aileen—. ¿A dónde diablos…? —su voz se perdió
porque yo continuaba corriendo mientras veía a Shane cada vez más cerca de su
coche.
—¡Shane! —grité jadeando por la falta de aire.
Él se giró y me miró con el ceño fruncido, yo estaba jadeando con las manos
apoyadas en mis rodillas y la mirada clavada en el suelo.
—¿Ocurre algo? ¿Te encuentras bien? —preguntó frenéticamente mientras
estaba a mi lado en un segundo.
Eso me hizo sentir bien, segura de mí misma y una pequeña sonrisa se dibujó
en mis labios.
— Sí… —contesté— solo… yo solo… quería hablar contigo —le dije entre
jadeos.
Shane me miró sonriendo y luego miró a Ahsley con una expresión extraña,
ella lo miró con cara de cordero degollado, me dieron ganas de cruzar la poca
distancia que nos separaba y quitarle esa cara de Barbie Malibú con una buena
patada en la boca. Pero me contuve, quería que Shane abriese lo ojos por sí
mismo tal y como había dicho Gab, si yo la golpeaba contaría en su beneficio,
no en el mío.
—Ahsley… —dijo Shane mirándola suplicante— ¿podrías…?
Ella resopló y sus mejillas se pusieron coloradas de rabia.
—Te lo compensaré —dijo Shane.
Eso ya no me gustó tanto… aunque intenté controlar mi expresión para no
delatarme.
—Tendrá que ser algo muy bueno —dijo con su voz de pito provocándome
un escalofrío.
—Gracias Ahs —susurró Shane cuando ella pasó por su lado para caminar
hacia otra dirección—, adiós.
—Adiós Ahsley —canturreé feliz mientras la miraba sonriendo.
Ella me dedicó una mirada helada y se fue sin despedirse.
—¿Has visto que mal educada? —protesté frunciendo el ceño.
Shane rio entre dientes y me miró a los ojos, suspiró y el olor de su aliento
llegó hasta mi nariz… ¿cuándo se había acercado tanto?
—¿Sobre qué querías hablar? —preguntó mirándome a los ojos.
—De ti… y de mí —contesté aturdida por su cercanía…
—Pues tú dirás… —dijo sonriendo con nerviosismo.

Capítulo 19

Suspiré y miré a Shane…


—¿Podríamos hablar en un lugar más tranquilo? —pregunté en un susurro.
Asintió y sin decir nada, me quitó las llaves del coche de la mano y se las
llevó a Aileen, que estaba a unos metros de nosotros. Cuando la miré me levantó
el pulgar en señal de aprobación y yo solo sonreí y negué con la cabeza…
—Aileen llevará a Ángela a tu casa, cuando yo te lleve la recojo —me
explicó Shane— ¿vamos? —dijo abriendo la puerta de su coche para mí.
Sin contestar solo me metí dentro y esperé en silencio mientras él conducía a
un lugar que no conocía. Estacionó el coche y cuando fijé mi vista en lo que nos
rodeaba pude ver que estábamos en el mirador donde comenzó todo meses atrás,
suspiré mientras una involuntaria sonrisa curvaba mis labios.
Shane bajó del coche y lo rodeó hasta llegar a mi puerta y abrirla, me tendió
la mano y la tomé sin dudar. Nos sentamos de nuevo en el capó del coche como
la otra vez y no pude evitar sentirme bien, en ese momento podría contra Ashley
o cuarenta como ella.
—¿Te parece bien este lugar? —preguntó en un susurro.
Lo miré y asentí débilmente.
—He estado pensando mucho… —dijo él sin dejar que yo dijese nada— sé
que no me porté bien contigo, pero no sé cómo remediarlo. Sé que yo… bueno…
no sé Jordan, Ahsley es una persona importante para mí, pero tú también y no
quiero que te sientas amenazada por ella. Algún día pude sentir algo por ella,
pero ya no.
Carraspeé para aclarar mi garganta.
—El problema no es que sientas por ella algo o no, estoy segura de que tus
sentimientos hacia mí son sinceros
—Pero… —me interrumpió.
—Yo respeto que haya más personas en tu vida, no quiero ser exclusiva
como amiga, pero creo que merezco un poco más de atención por tu parte —
continué—, en ocasiones parecía que Ahsley era tu novia y yo solo tu amiga.
—Jordan…
—No quiero que te justifiques ni que me des excusas —ahora fui yo quien lo
interrumpió—, he entendido que no puedes alejarte de ella.
Shane parpadeó sorprendido y me miró con la boca abierta.
—¿Qué quieres decir? —preguntó confundido.
Cuando abrí la boca para contestar, su teléfono comenzó a sonar y yo maldije
entre dientes… como a esa zorra se le ocurriese llamar en este momento era
capaz de ir a su casa y meterle la cabeza en el retrete.
Shane me miró con una disculpa en sus ojos y miró el teléfono a la vez que
fruncía el ceño.
—Es mi madre… —susurró antes de descolgar— mamá… eh… ¿tiene que
ser ahora?… ¿qué amigos?… pero… estoy con Jordan —se me escapó una
sonrisa al oírlo protestar como un niño pequeño—. Sí mamá, lo estoy
intentando… de acuerdo… llevo a Jordan a su casa y voy para allí.
Sin esperar me puse en pie y entré en el coche, me molestaba que nos
hubiesen interrumpido, pero al menos no había sido su amiguita del alma y una
de sus crisis porque se le había roto una uña.
—Lo siento mucho —dijo Shane cuando entró en el coche—, pero han
venido unos amigos de visita y según dice mi madre tienen muchas ganas de
verme.
—No importa… lo entiendo —musité clavando la vista en mis manos.
—Jordan… te lo compensaré…
Cerré los ojos con fuerza y mis manos se empuñaron de pura rabia.
—Tendrás mucha gente a la que compensar como continúes así… —dije en
un susurro intentando no reflejar la ira que sentía.
¿Cómo se atrevía? ¿Decirme a mí las mismas palabras que a esa… montaña
de mierda?
Tenía ganas de gritar, ganas de pegarle a alguien, de romper algo, de
apretarle las tetas a Ahsley hasta que se le explotaran los implantes.
El resto del trayecto a mi casa me mantuve en silencio y mirando por la
ventana. Shane al principio intentaba entablar conversación conmigo, pero al ver
que no contestaba se quedó también en silencio, aunque él parecía incomodo al
verme sumida en mis pensamientos. Pensamientos homicidas, por cierto, quería
desahogarme con algo, lo necesitaba.
Cuando estacionó el coche frente a mi edificio me bajé sin decirle nada y
cerré de un portazo la puerta del coche. No había avanzado cuatro pasos cuando
me sujetó por la muñeca e hizo que me girase, al mirarlo a la cara pude ver una
expresión de desconcierto reflejada en sus ojos, pero no me importó, estaba
demasiado enfadada para compadecerme del pobre Shane.
—¿Qué te pasa? —preguntó clavando sus ojos en mí.
Respiré hondo para no gritarle, estaba segura de que eso no serviría de nada.
—Nada que puedas arreglar ya, ve a tu casa y compensa a Ahsley por dejarla
tirada, yo seguiré esperando mi turno —dije en tono mordaz.
Me giré para abrir la puerta y Shane se quedó estático mirándome, no volví
la vista atrás. Sabía que estaba dejando de luchar una vez más, pero no podía, no
podía soportar un golpe tras otro contra mi ego, tenía mi orgullo, no podía dejar
que me pisoteasen así y con todo el dolor que eso me producía entendí que
Shane no merecía mi esfuerzo por intentar solucionar lo nuestro.
Cuando subí al apartamento vi a Aileen y a Ángela hablando en el sofá, me
acerqué a ellas y suspiré.
—Tu hermano está abajo, supongo que espera para que vayas a casa —dije
en tono normal.
—¿Habéis arreglado las cosas? —preguntó esperanzada.
Me encogí de hombros y la miré a los ojos.
—Ha dicho que me compensará… supongo que para él eso es un paso —dije
dándome la vuelta y yendo a mi habitación.
Me tiré en la cama y me tapé la cabeza con la almohada, no iba a llorar, no…
Shane ya no me haría llorar y mucho menos Ahsley. Ella menos que nadie
merecía mis lágrimas, un par de patadas en la espinilla quizás, pero nunca más
una lágrima por su culpa.
No sé el tiempo que había pasado, pero no me pareció mucho cuando mi
puerta se abrió, sentí pasos a mi alrededor y suspiré sabiendo que ya no estaría
sola como deseaba.
—Jordan —susurró Aileen—, siento molestarte para esto.
Me quité la almohada de la cabeza y la encontré de rodillas en el suelo junto
a mi cama.
—He discutido con Shane y me ha dejado aquí tirada, Zack trabaja hasta
tarde y no puede venir a buscarme, ¿podrías llevarme a casa? —preguntó con esa
vocecita a la que nunca podrías negarte.
Pero no, no me metería en la boca del lobo, no vería a Shane esta noche.
Miré a Aileen con la negativa en la punta de la lengua, le pagaría un taxi, le
dejaría mi coche… pero nunca la llevaría a su casa, no.
—Si quieres puedo quedarme a dormir contigo… —dijo de nuevo.
—Por favor… —susurré mientras una lágrima traicionera se escapaba de mi
ojo.
—Entonces iré a casa a buscar algo de ropa… ¿me acompañas? —y fue lo
peor… ahora hizo su famosa mirada a la que no puedes decir nunca no y me
rendí.
Me levanté resoplando de la cama y caminé pesadamente hacia la puerta, no
quería hacerlo, pero Aileen podía llegar a ser tan convincente y sin llegar abrir la
boca… en ocasiones como esa la odiaba, pero en el fondo la quería tanto como a
Ángela.
Entré en mi coche con movimientos autómatas y conduje hacia la casa de los
Spencer del mismo modo, seguía las indicaciones de Aileen y cuando me di
cuenta pasamos por delante del camino que se desviaba hacia el mirador. Mis
manos se cerraron con fuerza en torno al volante del coche y respiré
profundamente para serenarme a la vez que el recuerdo de sus palabras hacía eco
en mi mente.
“Te compensaré”
¡Maldito cabrón! Si lo tuviese enfrente en ese mismo momento le daría una
patada en los…
Sentí la mano de Aileen en mi hombro y la miré de reojo.
—¿Qué? —pregunté en un gruñido.
—Mathew tiene un saco de boxeo en su casa, creo que te haría bien hacerle
una visita y pedírselo prestado un rato —dijo sonriendo.
—Muy graciosa —mascullé.
—Gira a la izquierda y estaciona… ya hemos llegado —dijo después de un
par de minutos más.
Hice lo que dijo y dejé caer la cabeza contra el volante.
—Lo siento —susurró Aileen.
Alcé la cabeza y la miré enarcando una ceja.
—¿Por qué lo sientes? Lo que haga Shane no tiene nada que ver contigo —le
dije repentinamente más tranquila.
—Ah, no lo siento por eso —sonrió—, lo siento porque tendrás que
acompañarme a dentro, si te dejo aquí fuera mi madre me matará, no me ha
educado para dejar que me esperen en la puerta de casa.
—No me hagas esto Aileen —supliqué.
Pero como era de esperar, no me escuchó. Me arrastró hasta su casa y cuando
comenzamos a subir las escaleras del porche comencé a sentir nauseas… ¿y si
Shane estaba allí? No podría soportar verlo y no cruzarle la cara de una bofetada.
“Te compensaré”
Volvió a repetirse en mi mente.
—Nadie te va a morder, Jordan —canturreó Aileen metiendo la llave en la
cerradura y girándola para abrir la puerta.
Respiré profundamente y entré en aquella enorme casa. No me había fijado
mucho en el exterior, pero el interior impresionaba. Era enorme, al entrar nos
encontramos en un recibidor que era tan grande como mi sala de estar, todo
decorado en colores claros y con muebles modernos y de diseño, las alfombras
en tonos crema cubrían el suelo de madera y cuadros con colores y texturas
suaves cubrían las paredes. Aileen me llevó por una puerta y entramos en una
sala que ella sola sería más grande que todo mi apartamento. Estaba coronada
con dos enormes sofás blancos situados enfrente de una chimenea que estaba
encendida. El olor a madera quemada inundaba el ambiente y eso te hacía
sentirte un poco como en “casa”.
Un enorme piano de cola negro estaba situado frente a un enorme ventanal
que daba una hermosa vista del jardín en el que había una pérgola de madera al
lado de un estanque. Todo parecía tan irreal… era como si estuviese en una de
esas casas que salen en las revistas. Todo estaba decorado con tanto cariño y
profesionalidad que impresionaba.
—Espérame aquí… enseguida vuelvo —la voz de Aileen interrumpió mi
escrutinio y la miré a la vez que asentía. No me sentía capaz de abrir la boca, era
como si estuviese en mitad de un sueño y al hablar fuese a despertar.
Me quedé un rato más observando todo lo que me rodeaba, había una
inmensa biblioteca a un lateral y con pasos vacilantes me acerqué a ella. Los
títulos de obras clásicas y modernas se repartían perfectamente organizados, me
sorprendí al ver muchos de mis favoritos entre ellos y no pude evitar coger un
ejemplar de “Orgullo y prejuicio” que parecía que me estaba llamando a gritos.
Lo sostuve en mis manos admirando la encuadernación, parecía un libro antiguo,
aunque se conservaba en perfecto estado.
El sonido de unos tacones aproximándose a la habitación hizo que una
sonrisa se extendiese por mis labios, aunque me encontrase cómoda allí estaba
deseando irme. Aunque no podía apartar la mirada de ese libro en mis manos…
—Aileen… ¿nos vamos ya? —susurré cuando los tacones se detuvieron a mi
espalda…
—Por su puesto, tú te irás ahora mismo de aquí y no volverás jamás.
Me congelé al oír el sonido de esa voz, un escalofrío recorrió mi espalda y
sentí la ira creciendo de nuevo en mi pecho. Aunque intenté sosegarme, la
familia de Shane no merecía que montase un espectáculo en su casa. Mis manos
se cerraron con fuerza en torno al libro que sostenía y conté hasta diez
mentalmente hasta que creí que mi voz saliese en un tono normal. Me giré sobre
mis talones y la vi, allí estaba ella, tan rubia y tan odiosa como siempre. Sonreí
con frialdad y la miré de arriba abajo.
—Hola, Ahsley —dije con amabilidad.
—Nada de hola, tú te largas de aquí, ni siquiera entiendo como te has
atrevido a venir aquí —bramó mientras sus ojos llameaban.
Sonreí para mis adentros, sin buscarlo había despertado la ira de Ahsley, que
miedo me daba, pensé con ironía.
—¿Por qué tanta hostilidad? —pregunté en un murmullo a la vez que me
hacía la víctima.
No sabía porque, pero ese juego me estaba gustando, por una vez Ahsley era
la mala y yo la pobre que lo estaba pasando mal.
—Shane no va a recibirte, está demasiado enfadado contigo —dijo con
suficiencia.
—Ahsley, Shane no es el único que vive aquí, yo he venido con Aileen —
sonreí y parpadeé inocentemente—. Pero, aunque viniese a ver a Shane, creo que
tú no eres la persona indicada para echarme de una casa que no es tuya.
—¡Oh! No me vengas ahora de mosquita muerta conmigo, que sé muy bien a
lo que estás jugando —masculló alzando un poco la voz—. Así que te vas de
esta casa y no vuelvas por aquí, no eres más que una arrastrada suplicando un
poco de atención —sus manos se aferraron a mi brazo derecho, justo donde la
araña me había picado y apretó con fuerza, haciendo que soltase el libro y este
cayese a mis pies.
Un gemido de dolor se escapó de mis labios y parpadeé sorprendida por lo
directo de su ataque, Ahsley siempre solía ser más indirecta y sonreírme después
con la victoria pintada en su rostro.
—¡Ahsley! —escuché la voz de una mujer que entraba en la sala.
Varios pasos se oyeron a lo lejos y recé para que no fuese Shane una de esas
personas que estaban entrando aquí.
—¿Cómo te atreves a comportarte así? —preguntó otra mujer—. Tú y yo nos
vamos ahora mismo, tienes mucho que explicarme.
Mi mirada cayó en una mujer morena, de unos cincuenta años que entraba
dando grandes zancadas y se acercó a Ahsley y la sujetó con firmeza del brazo
aunque sin hacerle daño y la arrastró hacia la puerta.
—Discúlpala, por favor… —me dijo aquella mujer morena mirándome a los
ojos.
Le dio un empujón a Ahsley sacándola de la habitación mientras le
murmuraba algo en un tono de voz que no daba opción a replicas, segundos
después se oyó como la puerta de la entrada se cerraba. Parpadeé de nuevo, me
había quedado estática en mi lugar sorprendida por lo que había pasado. Me sobé
el brazo y mis labios se fruncieron al sentir como escocía más de lo habitual.
—Lo siento mucho, cariño —dijo aquella primera voz que escuché minutos
antes.
Volví mi mirada buscándola y me topé con unos ojos tan verdes como los de
Shane que me miraban avergonzados. Una mujer tremendamente hermosa estaba
frene a mí, sus facciones dulces, sus mejillas ligeramente sonrojadas, su cabello
lacio color caramelo cayendo suelto alrededor de su rostro. Su cuerpo menudo,
aunque era más alta que yo. Con solo mirarla me sentí bien, tranquila.
—Espero que puedas disculpar a Ahsley, no sé porque se ha portado así —
dijo de nuevo dando un paso hacia mí y colocando una mano en mi hombro.
—Sí que lo sabes, mamá —protestó Aileen.
Hasta ese momento no sabía que ella estaba allí, no la había visto.
—No pasa nada, estoy acostumbrada a Ahsley —contesté encogiéndome de
hombros.
La mujer al lado de Aileen frunció el ceño y sus ojos la buscaron, se miraron
a los ojos durante unos segundos y después su gesto se suavizó.
—¡Oh Jordan! ¡Estás sangrando! —chilló Aileen señalando mi brazo.
Y cometí un error, miré la sangre empapando la venda que cubría la picadura
de la araña. Mi estómago se revolvió y sentí como todo comenzaba a dar vueltas.
—Aileen… —susurré a duras penas. Sentí su mano fría sujetándome del otro
brazo y como me arrastraba a algún lugar— la sangre… me marea —aunque no
sé si llegué a pronunciarlo en voz alta porque enseguida todo se volvió negro.

Me desperté con un olor muy conocido rodeándome, era un olor que me
encantaba y a la vez me hacía sentir mal. Sin abrir los ojos, me di cuenta de que
ese olor procedía de la almohada que tenía bajo mi cabeza y pegada a la nariz,
así que giré mi cabeza hacia el otro lado esperando escapar de él. Pero no
funcionó, el puñetero olor seguía allí Me dispuse a abrir los ojos y deshacerme
de esa cosa que olía tan mal y a la vez tan bien. Parpadeé varias veces hasta que
mis ojos se acostumbraron a la suave luz que procedía de algún lugar. Estaba en
una enorme habitación, las paredes eran de color blanco y en el suelo había una
alfombra peluda de color blanco también que invitaba a dormirte en ella.
Continué observando y un sofá de cuero negro estaba cerca de la cama, frente a
una enorme estantería llena de discos de música. Yo estaba tumbada en una
cama con el cabecero de hierro y un cobertor dorado. Y al lado de esta, un
enorme ventanal dejaba ver las lejanas luces de Seattle, puesto que ya había
anochecido.
No tenía ni idea de donde estaba, suspiré y me froté los ojos intentando
recordar algo. Mis ojos se abrieron de repente al recordar todo lo que había
pasado, aspire profundamente el olor que me rodeaba y mi corazón tartamudeó
durante tres latidos. Si mis cálculos no fallaban estaba en la habitación de Shane.
Gemí y me tapé la cara, yo que no quería meterme en la boca del lobo y voy a
acabo en su cama.
La puerta se abrió lentamente, pero no me moví de mi posición. Estaba
demasiado consternada, intentaba buscar una buena excusa para desaparecer del
planeta por una temporada.
—¿Ya estás despierta? —sonó como pregunta, pero estaba segura de que
sabía que era así, así que no me moví—. Jordan… —susurró mi nombre
enviando una punzada a mi estómago, cuando me hablaba así me costaba
reprimirme.
Se acercó y quitó las manos de mi rostro, aunque yo continuaba con los ojos
cerrados. Sus dedos comenzaron a deslizarse por mis mejillas haciéndome
cosquillas y no pude evitar sonreír. Era débil, lo sabía, pero no podía resistirme a
Shane, era superior a mi voluntad.
—¿Qué ha pasado? —pregunté con voz ronca y sin abrir los ojos todavía.
Shane besó mi frente varias veces antes de volver a hablar.
—Por lo que me han contado, discutiste con Ahsley y ella te atacó.
—No discutimos, ella quería echarme —lo interrumpí abriendo los ojos.
—¿No has discutido con ella? —preguntó frunciendo el ceño.
—No, ella me dijo que me fuese y yo le dije que lo haría cuando Aileen me
echara, después fue cuando, cuando me atacó —acabé diciendo en un murmullo.
Shane se quedó sumido en sus pensamientos durante unos segundos y
después volvió a mirarme.
—Como veo que recuerdas perfectamente lo que pasó antes —susurró contra
mi mejilla antes de besarla—, te contaré lo que pasó después de que desmayaras
—yo asentí—. Aileen y mi madre me llamaron y te llevamos a la consulta de mi
padre. ¿Sabías que eras alérgica a las picaduras de araña? —yo negué con la
cabeza—. Pues lo eres, Ahsley cuando te… eso… cuanto te apretó hizo que
explotara una de las ampollas que tenías en el brazo. Mi padre ya te inyectó
corticoides para tu alergia, no te preocupes.
—Ahm… —susurré.
—Me ha dicho que con un par de inyecciones más estarás perfectamente —
continuó.
Mis ojos se abrieron de repente y me senté de golpe en la cama, Shane se
quedó mirándome sorprendido.
—¿Qué pasa? ¿Qué he dicho? —preguntó confundido.
—¿Inyecciones? ¿Tiene que volver a pincharme? —pregunté asustada.
Shane comenzó a reírse y me acarició el pelo.
—Son agujas muy pequeñas… a duras penas lo sentirás —dijo con ternura.
— Si ya… eso lo dices porque no tiene que pincharte a ti —me quejé
infantilmente.
Shane sonrió y me estrechó entre sus brazos.
—No sabes lo que me asusté, cuando te vi inconsciente, no sabía lo que te
había pasado —musitó contra mi pelo—, me alegro tanto de que estés bien.
—Lo estoy —dije en un susurro.
Shane se alejó, pero se quedó todavía cerca de mí, me miró a los ojos y
jugueteó con una de mis manos entre las suyas.
—Todavía falta un rato para la hora de la cena —susurró sin mirarme—, si
no te encuentras muy cansada, podríamos terminar aquella conversación que
dejamos a medias esta tarde.
“Te compensaré”
Recordé de nuevo, mi mandíbula se apretó con fuerza y retiré mi mano de
entre las suyas.
—¿Es tu compensación? —pregunté con frialdad.
Shane me miró con la boca abierta y luego bajó la mirada.
—Sé que no tenía que haber dicho eso… —dijo negando con la cabeza—
pero es que Ahsley es tan…
—Demandante —terminé la frase por él.
—Sí, podría llamarse así —me dio la razón—, pero tú estás antes que ella…
si la hubiese visto antes de que su madre se la llevase… no puedo dejar que
nadie te trate así, ni si quiera ella —dijo con el ceño fruncido.
—Shane… yo no quiero que te alejes de ella por mi culpa, podéis seguir
siendo amigos —dije con convencimiento, era una mentira, una tan grande como
una catedral, pero no tenía ningún derecho a exigirle nada, él podría tomar sus
propias decisiones—. Tan solo me gustaría que estuvieses para mí del mismo
modo que estás para ella… solo es eso.
—¿Qué quieres decir? —preguntó confundido.
—Hacemos planes para estar juntos y solos, ella te llama y tú te vas
corriendo. Ya no es solo tu culpa por ir con ella, también es suya por no tener
consideración contigo y dejarte ser feliz, si es que lo eres conmigo —la última
frase la dije en un murmullo apenas audible.
—Soy feliz contigo —dijo en un tono de voz más alto al que hablaba
segundos antes—, completamente feliz, te quiero… y Ahsley tendrá que
entenderlo.
—Claro… —dije sin convencimiento.
—Ella solo estaba molesta por el estado en el que volví después de hablar
contigo, me dijo que no eras buena para mí porque me hacías daño —dijo medio
sonriendo.
—¿Crees que Ahsley solo me ha tratado así porque estaba molesta? —
pregunté con incredulidad.
—Claro… ¿por qué sino?
Reí amargamente y negué con la cabeza.
—A Ahsley no le gusto, estoy por apostar que hasta me odia —dije sin
mirarlo—, lo que ha demostrado esta tarde es solo la punta del iceberg de lo que
siente por mí.
—¿Por qué dices eso?
—Porque es lo que me ha demostrado… sus miradas, acciones alejándote de
mí… no sé porque lo hace —mentira, lo sabía, porque simplemente era mala,
una zorra, una arpía—, pero no sé si podré seguir soportando tanta hostilidad.
En mi fuero interno estaba saltando de alegría. El “ataque” de Ahsley me
había venido muy bien, ahora yo era la pobrecita atacada y sufriendo y ella la
mala, como tenía que ser. Ahora la familia Spencer había visto esa cara oculta
que Ahsley solo me mostraba a mí y esperaba que eso le trajese repercusiones, a
muy corto plazo a poder ser.
—¿Eso donde nos deja? —preguntó Shane sacándome de mis pensamientos.
—¿Qué quieres decir? —pregunté yo también confundida.
—No quiero estar sin ti… ¿tú podrás perdonarme? —preguntó en un
murmullo.
Suspiré y me puse de rodillas frente a él.
—¿Qué estás dispuesto a hacer para que lo haga? —pregunté mirándole a los
ojos.
Shane sonrió de lado y las pocas defensas que me quedaban contra él se
fueron a pique.
—Haría cualquier cosa —susurró contra mis labios.
Mientras acortaba la poca distancia que nos separaba pensé que podía pedirle
que se alejase de Ahsley, que no volviese a verla ni a hablar con ella, pero yo no
era así, no podía ser tan egoísta. Simplemente esperaría, estaría a su lado para
ayudarle a ver esa cara que Ahsley ocultaba con tanto ahínco y que solo
mostraba para mí.
Suspiré cuando se alejó de mí, sentí como Shane reía y me estrechó con
fuerza entre sus brazos una vez más, aspiré su perfume embriagándome con él.
Necesitaría fuerzas para luchar contra lo que se avecinaba, solo esperaba que la
suerte estuviese de mi parte para hacer que Ahsley se tragase sus propias
palabras.

Capítulo 20

Volver a estar con Shane y sentir que él estaba al cien por cien conmigo era
inigualable. Me sentía con ganas de reír a carcajadas, pero si lo hacía tendría que
dejar de besarlo y no estaba dispuesta a ello.
Allí estábamos, tumbados en su cama y besándonos como si no hubiese un
mañana. Nos separábamos unos segundos para respirar y volvíamos a la carga
con otro beso más demandante que el anterior.
Quizás podría parecer que estaba siendo tonta, me estaba dejando pisotear,
estaba dejando que Shane creyese que me tenía en sus manos, algo muy cierto,
pero la verdad es que estaba luchando. Consideraba que Shane era mío, solo
mío… así que lo que hacía era por esa causa. Tragarme un poco el orgullo,
dejarme un poco a la altura del suelo, pero con él a mi lado. Mientras sujetase mi
mano podría enfrentarme a Ahsley y a veinte más como ella.
La puerta se abrió de repente y los dos nos incorporamos sobresaltados.
Aileen estaba apoyada en el hueco abierto de la madera y nos miraba sonriendo.
—Siento molestar —dijo con picardía—, pero mamá quiere saber si Jordan
se va a quedar a cenar y si es así dice que la cena ya está lista y que bajéis en
cuanto podáis.
—Gracias Aileen —susurró Shane.
Aileen se quedó inmóvil en su lugar y con la sonrisa pegada a su rostro.
—¿Le digo que espere un poco más? ¿Cuánto necesitáis… veinte minutos?
—preguntó riendo.
—¡Aileen! —gritamos Shane y yo al unísono.
Ella se fue corriendo y solo se escucharon el sonido de sus pasos y sus risas
alejándose. Shane me miró y acarició una de mis mejillas ruborizadas haciendo
que me ruborizase más todavía.
—¿Te quedas? —preguntó en un susurro.
Y no supe que decir, por un lado, quería pasar un rato más con Shane y
quedándome a la cena serían un par de horas más las que podría pasar a su lado,
pero me daba vergüenza conocer a su familia, sobre todo en las circunstancias en
las que lo hacía.
—No sé —contesté mordisqueando mi labio inferior mientras lo pensaba.
Shane se acercó y fueron sus dientes lo que comenzaron a mordisquear mi
labio, gemí muy bajito y me dejé hacer mientras mi cabeza perdía el norte… y el
sur… y el este… me olvidé hasta de respirar y solo recordé hacerlo cuando
comencé a sentir que todo daba vueltas, Shane comenzó a reírse y lo golpeé en el
pecho de broma.
—¿Por qué no lo sabes? —preguntó mirándome fijamente.
Suspiré y le devolví la mirada antes de desviarla a mis pies enredados con los
suyos.
—Me da vergüenza… —susurré muy bajito.
Shane comenzó a reír de nuevo y me abrazo.
—Ya conoces prácticamente a toda mi familia… solo falta mi madre y creo
que ya os habéis visto —dijo contra mi pelo.
—¿Nos hemos visto? —pregunté frunciendo el ceño, no lo recordaba.
—Sí… al menos me dijo que eres más guapa de lo que le había contado y
que como metiese la pata contigo me desheredaba —contestó riendo.
Obligué a mis neuronas a trabajar y a mi mente vino la imagen de aquella
mujer de ojos verdes y pelo caramelo, así que esa era la señora Spencer.
—Quédate, incluso… podrías quedarte a dormir —susurró en mi oído a la
vez que uno de sus dedos dibujaba círculos en mi espalda.
—Shane… no creo que… —me calló colocando un dedo sobre mis labios.
—Estás débil… te ha picado una araña y les tienes alergia… mañana estarás
mejor después de haber descansado en casa del doctor Spencer —dijo
mirándome a los ojos y aturdiéndome.
Sonreí todavía con su dedo contra mis labios.
—Eso tendríamos que preguntárselo a tu padre… no creo que le guste
llevarse el trabajo a casa.
—¿Quién ha dicho que hablaba de mi padre? —preguntó fingiendo
indignación—. Yo también soy el doctor Spencer.
Comencé a reírme y él me miró con el ceño fruncido.
—¿Estás en el primer año de medicina y ya te consideras doctor? —pregunté
entre risas—. En dos años presumirás de doctorado.
—Ja ja… —rio irónicamente— habló la que sueña con un Pulitzer.
—Yo no sueño con un Pulitzer… —me quejé.
—Pero si te lo dan no lo niegas… ¿cierto?
—A ver —bramó una voz al otro lado de la puerta—, ¡voy a entrar! Shane
tápate el culo que no quiero traumatizarme.
La puerta se abrió y la cabeza de Mathew se asomó a media altura, tenía los
ojos cerrados y se los tapaba con una mano.
—¿Todo está bien tapado? —volvió a preguntar.
Estallé en carcajadas y Shane gruñó a mi lado.
—¿Qué quieres Mathew? —preguntó enojado.
—Que el pollo se enfría y mi estómago ruge… ¿no podéis bajar de una vez?
—dijo en tono suplicante.
Shane se puso en pie y me ayudó a hacer lo mismo, caminamos por un largo
pasillo lleno de puertas hasta que llegamos a unas escaleras, las bajamos
despacio y dando unos pasos más reconocí la puerta de la sala donde me había
dejado Aileen horas antes. Mathew se dirigió a una puerta que había un par de
metros delante de esta y oí como Megan lo reprendía por ser tan impaciente.
Shane entró en aquella habitación antes que yo y cuando lo hice todos se
quedaron en silencio y mirándome. Sus miradas eran de cariño y tranquilas, no
me intimidaron.
—Hola Jordan —dijo el Robert—, al fin te veo consciente.
Todos rieron bajito.
—¡Robert! —lo reprendió la mujer que recordaba como la madre de Shane.
Después, aquella mujer, se puso en pie y se acercó hasta nosotros hasta
ponerse frente a mí y sujetando la mano de su hijo.
—¿Cómo te encuentras cariño? —preguntó con voz dulce.
Tragué el nudo que tenía en mi garganta y sentí como mis mejillas se
coloreaban.
—Muy bien, gracias —susurré avergonzada.
—¡Dame cincuenta! —oí que gritaba Meg.
—No vale, se ha puesto roja ahora, no al entrar —se quejó Aileen.
Di un paso hacia un lado y miré a mis amigas lanzándoles dagas con los ojos,
ellas solo me miraron y sonrieron.
—Con veinticinco me conformo —dijo Megan ignorándome.
—Tranquila —susurró Shane en mi oído.
Lo miré por sobre mi hombro y bufé. Todos volvieron a estallar en
carcajadas, incluida la madre de Shane.
—Creo que no nos han presentado como es debido —dijo mirándome—, soy
Caroline Spencer, a los individuos que están sentados a la mesa creo que ya los
conoces —continuó con una sonrisa.
—Jordan —dije en un murmullo.
—¡El pollo se enfría! —dijo Mathew ganándose una mirada reprobatoria de
su madre.
Nos sentamos a la mesa y Mathew sin mediar palabra comenzó a servirse
pollo y patatas en su plato, tantas que la montaña de comida que había formado
parecía que se desmoronaría de un momento a otro. Megan y Caroline lo
miraban reprobatoriamente, pero él las ignoraba y solo engullía comida como un
pavo.
La cena pasó entre anécdotas familiares, bromas, risas… el ambiente familiar
típico de las películas en las que se representaba la perfecta familia americana,
existía de verdad, tenía prueba de ello en la familia Spencer.
—¿Te quedas a dormir? —susurró Shane en mi oído.
Traté de disimular un estremecimiento que recorrió mi espalda y lo miré con
dudas a la vez que mis mejillas se ruborizaban.
—No sé si sea lo correcto —susurré mirado de reojo a sus padres.
Shane frunció el ceño y miró a sus padres un segundo y después me volvió a
mirar a mí, captó el mensaje y sonrió despreocupado.
—Mamá, papá —los llamó alzando la voz y ganándose la atención de todos
los que estábamos sentados a la mesa—, ¿Jordan se puede quedar a dormir?
Caroline nos miró frunciendo el ceño, Robert ocultó una sonrisa y mis
mejillas estuvieron a punto de explotar por el exceso de sangre acumulada en
ellas.
—Me dijo Aileen que ya había aceptado quedarse —murmuró Caroline.
—No está segura de si estáis de acuerdo —contestó Shane.
Sentía mis mejillas ardiendo y las risas sofocadas de Megan y Mathew no
ayudaban a que la sangre volviese a su lugar habitual. No era tan extraño que
pensase así… no a todos los padres les parece bien que su hijo y la pareja de este
duerman bajo el mismo techo, y por lo que Shane me había insinuado incluso en
la misma cama.
—Claro que puedes quedarte cariño —dijo Caroline con una sonrisa.
—Ya te he dejado un pijama sobre la cama de Shane —añadió Aileen.
La miré como si se estuviese volviendo loca y ella solo se encogió de
hombros.
—¿Te quedarás? —volvió a preguntarme Shane.
Solo pudo asentir en respuesta. Cuando todos hubieron acabado de cenar,
Caroline se puso en pie y comenzó a recoger la mesa, yo la imité y Shane intentó
disuadirme en varias ocasiones, hasta que desistió y solo me observaba mientras
recogía los cubiertos sucios. Seguí a Caroline hasta una enorme cocina y dejé el
montón de platos sobre la encimera al lado del fregadero. Caroline comenzó a
enjuagarlos.
—Muchas gracias cariño, los chicos nunca me ayudan —dijo con una
sonrisa.
—No se preocupe… no es molestia —contesté en un murmullo.
—Trátame de tú, me haces sentir mayor —pidió sin perder la sonrisa.
Solo pude devolvérsela, cuando hubo terminado con un poco de mi ayuda,
me giré para irme pero ella me llamó antes de que lo hiciese.
—Jordan, ¿podemos hablar un segundo? —preguntó en un susurro, la miré a
los ojos y solo pude asentir—. Iremos a un lugar más tranquilo, sígueme por
favor.
Subimos por las escaleras hasta el piso superior y allí ella se metió por una
de las muchas puertas de aquel enorme pasillo y me hizo entrar en una
habitación que parecía un despacho.
—Lo que quiero decirte es importante, no quiero que nos interrumpan —se
disculpó con una sonrisa—, este es mi estudio, disculpa el desorden.
¿Desorden? pensé… eso es que no había visto mi habitación después de una
semana ajetreada.
Me pidió que me sentase en una silla frente a la su mesa y ella lo hizo en otra
silla a mí lado, algo que me gusto, tranquilamente podría haberse sentado en el
sillón tras la mesa, pero lo hizo a mi lado demostrando que no quería imponerme
nada ni ser superior. Ese simple gesto me hizo tranquilizarme y sentirme mejor.
—¿Imaginas de lo que quiero hablarte? —preguntó en un tono dulce negué
con la cabeza y ella suspiró bajando la mirada—. Estoy muy avergonzada por lo
que te ha pasado esta tarde con Ahsley, nunca imaginé que esa chica pudiese ser
así…después de que te desmayaste y Shane te llevó con Robert hable con Aileen
y me contó todo lo que has pasado últimamente por su culpa.
Me tensé y mi mirada iba nerviosamente de mis manos entrelazadas sobre mi
regazo a las de Caroline en la misma posición.
—No tienes por qué preocuparte… estoy acostumbrada a lidiar con Ahsley
—susurré.
—No cariño, no tienes porqué acostumbrarte, es Ahsley la que debe cambiar
su actitud. La verdad es que esa chica nunca me ha gustado del todo, tiene algo
que no acabo de entender —suspiró—. En fin, lo que quería decirte es que
puedes contar conmigo para lo que necesites, incluso aunque las cosas con
Shane no estén en su mejor momento, piensa que puedes encontrar cualquier
tipo de apoyo en mí, todo lo que necesites.
Me quedé sin palabras y solo pude asentir a la vez que murmuraba un débil
“gracias”. Desde que estaba en casa de Shane, pero sobre todo en presencia de
Caroline, me estaba comportando de un modo diferente, pero es que esa mujer
me intimidaba, era tan… maternal. Estaba segura de que si me lo propusiese
podría llegar a sentirla como mi propia madre.
Unos golpes en la puerta hicieron que las dos nos sobresaltáramos, ya que
estábamos sumidas en nuestros propios pensamientos. Shane apareció tras la
puerta segundos después y sentí como mi corazón palpitaba con más fuerza solo
con su simple presencia.
—Estáis aquí —susurró—, ya me estaba preocupando.
—Exagerado… —murmuró Caroline— eres igual que tu padre… no nos han
secuestrado.
—Todo puede ser —bromeó Shane—. ¿Ocurre algo? —preguntó después
alternando su mirada entre su madre y mi persona.
—Nada cariño, Jordan y yo solo estábamos hablando en privado —contestó
Caroline.
—¿Algo que yo no deba saber? —preguntó él alzando una ceja divertido.
—Me estaba disculpando por lo que pasó con Ahsley esta tarde —Caroline
clavó los ojos en su hijo y monitorizó su reacción.
Shane bajó la mirada y suspiró pesadamente.
—No volverá a repetirse —susurró.
Un pesado silencio nos envolvió de repente y me sentí algo incómoda.
—Jordan cariño —dijo Caroline rompiendo toda la tensión—, es mejor que
te des una ducha y te vayas a la cama, tienes cara de cansada.
—Yo te llevo a mi habitación —dijo Shane tomando mi mano y tirando de
mí para que lo siguiese.
Caminamos por el largo pasillo y miré hacia los lados desorientada, había
tantas puertas que no recordaba cual era la habitación de Shane, se detuvo frente
a una de las últimas y abriéndola me indicó que pasara.
—Aileen te dejó algo de ropa sobre mi cama y el baño es esa puerta de ahí
—dijo señalando una puerta la izquierda de su habitación.
Cogí la ropa y me disponía a entrar al baño cuando nos fuertes brazos
rodearon mi cintura.
—¿A dónde crees que vas? —susurró Shane en mi oído.
—¿A la ducha? —mi contestación sonó como una pregunta.
— Sin despedirte? —habló contra mi cuello y yo me estremecí.
—Voy a… yo volveré en unos minutos —contesté aturdida.
—Pero estaré sin verte, puedes despedirte de igual modo —no me dio tiempo
a contestar cuando me giró entre sus brazos y fundió nuestros labios.
La ropa que tenía en las manos cayó al suelo y mis brazos rodearon su cuello
atrayéndolo más hacia mí. Gemí cuando sentí la pared contra mi espalda y Shane
sonrió contra mis labios haciendo que un escalofrío recorriese mi columna.
—Tengo que… Shane yo… —balbuceaba mientras mordisqueaba mi cuello
— Shane… tengo que darme una ducha —pronuncié por fin.
—De acuerdo —murmuró contra mi cuello—, te acompaño.
Escuché como una puerta se abría y después Shane me arrastró dentro de
otra habitación, comenzó a quitarme la ropa y tan solo podía ver sus ojos,
llameando de deseo. Rio suavemente al verme totalmente colgada su mirada y
sin más se quitó su camiseta dejando su pecho desnudo frente a mí.
Me mordí mi labio inferior antes de alzar una mano y recorrer esos
abdominales con la punta de mis dedos, Shane cerró los ojos y se acercó a mí
hasta que unió su frente a la mía.
—No sabes cómo te he echado de menos —susurró.
No contesté, solo me alcé de puntillas para poder capturar sus labios entre los
míos mientras mis manos llegaban hasta su pantalón y se deshacían de él en
pocos segundos. Shane volvió a reírse y me tomó en brazos para meterme dentro
de la ducha, ambos todavía teníamos nuestra ropa interior puesta que quedó
completamente mojada en cuanto el agua se abrió. Un chorro de agua fría nos
golpeó de lleno haciéndonos gritar a los dos, pero segundos después estallamos
en carcajadas mientras el agua cada vez más caliente se deslizaba por nuestros
cuerpos.
Shane llevó sus manos a mi espalda y abrió el cierre de mi sostén liberando
mis pechos, gemí cuando sus dedos acariciaron mis pezones lentamente.
Después metió las manos bajo el elástico de mis braguitas, y también se deshizo
de ellas en muy poco tiempo. Hice lo mismo con su bóxer y ambos quedamos
completamente desnudos frente al otro.
Sin mediar palabra Shane se colocó a mi espalda y comenzó a enjabonar mi
cuerpo con su esponja, el olor de su gel de ducha inundó el ambiente y me
estremecí…
—Sé que no es el mejor momento —susurró de repente—, pero te prometo
que lo que ha pasado esta tarde no se repetirá —besó mis hombros desnudos y
temblé.
Me giré entre sus brazos y lo que pude leer en sus ojos me ablando el
corazón, sí, ya sé que me había rendido ante él horas antes, aun así todavía
quedaba algún resquicio de duda en mí, pero se borró completamente cuando
pude ver en sus ojos todo lo que me quería… tanto como yo a él.
Me abracé a su cuello de nuevo y sin más me acerqué a sus labios para
besarlos, Shane respondió al instante y una de sus manos me atrajo hacia su
cuerpo, la otra se enredó en mi pelo húmedo haciendo que me fuese imposible
alejarme de él… como si quisiese. Sin poder ni querer evitarlo me estaba
abandonando a él, a sus caricias, a sus besos, a su lengua peleando con la mía.
Mis manos acariciaban cada milímetro de la piel de su pecho, y su calidez
traspasaba la mía haciéndome temblar de anticipación, Shane deslizaba sus
manos por mi espalda y agarraba mis nalgas dándoles leves apretones que me
obligaban a gemir.
Me deslicé por su cuerpo y volví a quedar sobre mis pies, Shane continuaba
acariciándome y haciendo que mi cabeza diese vueltas por el cúmulo de
sensaciones. Sus manos bajaban de nuevo por mi espalda, dejando suaves
caricias y dejando una sensación de cosquilleo en mi espina dorsal. Shane era el
único que podía hacerme temblar solo con tocarme, sin necesidad de nada más.
Sin más se agachó un poco frente a mí y comenzó besar mis pechos, mis
pezones se perdían entre sus labios para ser succionados y mordidos sin
descanso. Mi cabeza cayó hacia atrás y no podía evitar gemir y maldecir entre
dientes, Shane sabía cómo hacerme caer y jugaba con ello a su favor.
Repentinamente y sin dejar de besar mis pechos, dos de sus dedos entraron
en mi sexo, propinándome suaves embestidas al principio, que fueron
aumentando de velocidad hasta que ya casi no podía mantener el control
desatando un poderoso temblor, provocándome diversos jadeos a la que vez que
mordía desesperadamente mi labio inferior para evitar gritar.
Me giró y quedé de espaldas a él, sus labios no cesaban de dejar besos en mi
espalda, y sus manos me sujetaban fuertemente por la cintura pegándome más a
su cuerpo. Podía notar su sexo excitado chocando contra mi trasero. Apoyé con
firmeza las manos en la pared al sentir como poco a poco su miembro se
adentraba en mí, duro como una roca y caliente como la lava de un volcán,
abriéndose paso delicadamente entre mis pliegues. Con su brazo elevó una de
mis piernas permitiendo una penetración mucho más profunda, lenta, entraba en
mí una y otra vez. Tras cada embestida, extraía completamente su miembro para
que volviese a sentir como su glande se abría paso en mi sexo adentrándose en
él.
Jadeaba, gemía e intentaba no gritar para que nadie nos escuchase. Una
sacudida en mi cuerpo me obligó a cerrar los ojos con fuerza mientras Shane
continuaba penetrándome hasta que noté que se tensaba ligeramente, sus jadeos
en mi oído me ponían la piel de gallina, para luego fundirse dentro de mí.
Nos quedamos abrazados, unidos unos instantes mientras nuestras
respiraciones se normalizaban, Shane continuaba afianzado a mi cintura y yo
tenía mi cabeza apoyada en su hombro. Comenzó a besar mi hombro mientras
susurraba todo lo que me quería.
Salimos envueltos en unas toallas a su habitación, donde el pijama que me
había dejado Aileen estaba el suelo, nos vestimos sonriendo y sin dejar de
dedicarnos miradas fugaces a los ojos. Con toda la profesionalidad que pudiese
tener el joven “Doctor” Spencer, cambió el vendaje que cubría mi brazo
mientras yo bromeaba con él llamándole doctor y preguntándole donde tenía
escondido su estetoscopio.
Después nos metimos en la cama y con la cabeza apoyada en su pecho,
mientras oía los acompasados latidos de su corazón, mis ojos se cerraron y me
dejé caer en los brazos de Morfeo.
Capítulo 21
—¡Tierra llamando a Jordan! ¡Tierra llamando a Jordan! —gritó Aileen en
mi oído haciéndome dar un salto sobresaltada.
—¿Qué pasa? —pregunté en un gruñido.
—Que llevo más de diez minutos hablando contigo y no me estás prestando
atención —se quejó Aileen— ¿otra vez en Shanelandia?
Gruñí y me limité a remover mi comida de nuevo. Ese día Shane no había
ido a la universidad porque había ido con Gab a convención de coches antiguos
o algo así, la verdad es que no les presté atención.
—¿Qué haremos esta tarde? —pregunté en un murmullo.
Aileen comenzó a rebotar en su silla y me arrepentí al instante de haber
hecho esa pregunta.
—No vamos a ir de compras —canturreó.
La miré raro…
—¿Aileen te encuentras bien? ¿De verdad no quieres ir de compras? —
pregunté sorprendida.
Mi amiga suspiró y me miró a los ojos intensamente.
—He dicho que NO iremos de compras porque… ¡las compras vendrán a
nosotras! —gritó entusiasmada.
Toda la cafetería de la universidad nos miraba y quise poder hacerme
invisible para desaparecer en ese momento…
—¿Qué demonios estás planeando ahora? —mascullé entre dientes.
Aileen me miró con los ojos entrecerrados y se tomó su tiempo para
contestarme.
—Está a punto de acabar el semestre, por lo que me has dicho irás a visitar a
tu padre —explicó—, así que he pensado que podemos revisar tu fondo de
armario y comprar por internet lo que necesites.
Gemí y me tapé los ojos con una mano… no tenía que haberle contado mis
planes.
Unas horas después estábamos en mi habitación, yo estaba tumbada en mi
cama y Aileen frente a mi armario lanzándome ropa por sobre su hombro y
haciéndome desaparecer bajo una montaña de blusas, camisetas y tejanos.
—¿Qué hacéis Shane y tú este fin de semana? —preguntó distraídamente.
Me incorporé para quedar sentada y un par de blusas que había sobre mi
cabeza acabaron el suelo.
—Habíamos pensado en ir al cine, quiere ver una película de no sé qué actor
inglés.
Las cosas con Shane habían cambiado realmente, no podía pedir un cambio
drástico de un día para otro. Pero en los casi dos meses que habían pasado desde
que Ahsley me “atacó” en la casa de los Spencer, Shane fue alejándose de ella
progresivamente, tanto que ahora poco más que se saludaban cuando se
encontraban por los pasillos y tenían alguna conversación esporádica.
—¿Y Gab irá con vosotros? He conocido a una chica que le encantará —dijo
Aileen mirándome mientras una sonrisa maquiavélica iluminaba su rostro.
—¿Qué has hecho? —pregunté en un susurro—. Sabes perfectamente cómo
es Gab… y lo que opina sobre eso.
Por lo que todos me habían dicho Gab antes era un mujeriego, se pasaba los
días saltando de cama en cama sin detenerse en ninguna chica en particular.
Shane me confesó que en ocasiones ni si quiera sabía cómo se llamaba la chica
que estaba con él. Pero yo no había conocido a ese Gab.
El Gabriel que yo conocía había llegado a convertirse en mi mejor amigo,
nunca lo había visto con ninguna chica y las pocas veces que lo había hecho
siempre las traba como amigas sin intención de algo más. Gab era un gran chico
y en ocasiones me dolía ver el gesto de dolor que mostraban sus ojos cuando le
hablaba de Shane… aquella chica de la que se había enamorado meses atrás le
había calado muy hondo y todavía le molestaba ver a una pareja de enamorados
como lo éramos nosotros. En ocasiones intentaba levantarle el ánimo y le
hablaba de alguna chica para que no estuviese solo, pero él rechazaba a
cualquiera que no fuese “su” chica.
—No se quejará —dijo Aileen—, Heidy es maravillosa, guapa, divertida,
tiene unos ojos azules enormes y expresivos, seguro que le gusta.
La miré unos segundos y después negué con la cabeza, intentar luchar contra
Aileen era como hacerlo contra la fuerza de la naturaleza, lo lógico y esperado
era que ella ganase.
Unos días después, y con las nuevas compras de Aileen ya en la maleta para
irme al día siguiente, estaba esperando a que Shane viniese a buscarme para
irnos al cine. Con el paso de las semanas había aprendido a confiar en él de
nuevo, Ahsley pasó de ocultarme completamente el sol a ser simplemente una
sombra al lado del camino, estaba agradecida ante ello y cada día estaba más
enamorada de Shane.
Cuando el portero automático sonó indicándome que él ya había llegado me
levanté de un salto del sofá.
—¡Angie, me voy! —grité por sobre mi hombro.
—¡De acuerdo! —gritó ella en respuesta—. ¡Pasadlo bien!
Bajé las escaleras a toda velocidad hasta encontrarme frente al portón
principal donde pude ver el coche de Shane aparcado en doble fila. Salí al
exterior y el aire frío de Seattle revolvió mi pelo provocándome un escalofrío.
Me detuve en seco cuando vi una chica rubia al lado de Shane, mi ceño se
frunció y su risa resonó en mis oídos, a mi mente volvieron los recuerdos de días
atrás cuando Ahsley acaparaba a mi novio dejándome a mí sólo con las migajas.
Pero me tranquilicé cuando la chica se volvió para mirarme y comprobé que no
era ella.
—Jordan —dijo Shane dando dos pasos, envolviéndome en sus brazos y
besándome como si hiciese meses que no nos veíamos en lugar de horas.
Su efusividad me encantaba. Todavía continuaba siendo un poco bipolar,
pasaba de la vergüenza al atrevimiento en cuestión de segundos y a veces sus
cambios de humor tan drásticos me desconcertaban, pero era Shane y lo quería,
no podía hacer nada para evitarlo.
Cuando me alejé un poco de Shane pude ver a Gab al lado de aquella chica
rubia, parecía avergonzado por algo y tenía la mandíbula apretada en un gesto
duro, fruncí el ceño en su dirección, pero cuando nuestras miradas se cruzaron su
gesto se suavizó y me regaló una de sus habituales sonrisas.
—Ella es Heidy —dijo Shane pasados unos segundos—, es amiga de Aileen.
¿Te importa si vamos los cuatro al cine?
Negué con la cabeza y los cuatro nos metimos en el coche de Shane, Heidy y
Gab se sentaron en el sillón trasero y comenzaron una conversación sobre coches
en la que me perdí pasados unos dos segundos.
Primero fuimos a cenar al Tonni´s una pizzería italiana que había al norte de
la ciudad. Nos sentamos en una mesa para cuatro y Heidy parecía realmente
integrada. Shane y Gab compartían bromas continuamente y ella y yo solo los
mirábamos y negábamos con la cabeza ante algunas de sus tonterías. Pero Gab
de vez en cuando me dedicaba una mirada de disculpa, sobre todo después de
coquetear con su acompañante, algo que ella le encantaba y que él no parecía
disfrutar del todo.
Heidy parecía una chica genial, pero había algo en ella que no me gustaba,
no sabría decir el qué… pero me resultaba tan obvia cuando coqueteaba con
Gab. En más de una ocasión sentí la necesidad de separarla de él y decirle que
no lo tocase de ese modo delante de mí. Pero me pareció algo tan absurdo y sin
sentido que deseché la idea en cuanto cruzó mi mente.
La noche fue pasando lentamente, hasta que dejamos a Heidy frente la casa
de sus padres y después llevamos a Gab hasta la suya. Shane y yo nos quedamos
en silencio lo que restaba de mi camino hasta mi apartamento. Y cuando
llegamos, sin preguntar si quiera, él subió a mi habitación y se tumbó en mi
cama esperando a que me diese una ducha.
Cuando salí del baño vestida con mi pijama, Shane estaba completamente
dormido. Me senté a su lado en la cama y lo observé durante unos momentos.
Era tan perfecto… tuve que luchar con la necesidad de acariciar su rostro para
cerciorarme de si era realmente de verdad, pero no lo hice, sabía que si lo tocaba
se despertaría y estaba tan guapo durmiendo…
Me levanté con extremo cuidado de la cama y fui a la cocina a prepararme
un vaso de leche caliente, me hacía ilusión viajar al pueblo para visitar a mi
padre después de tanto tiempo. Hacía prácticamente un año que no nos veíamos,
pero tampoco quería irme de Seattle y dejar a Shane y al resto de los Spencer
atrás… era solo por unos días, después de dos semanas volvería y todo sería
como siempre, pero el momento despedida me daba escalofríos solo de pensarlo.
—¿Insomnio? —escuché la voz de Ángela a mi espalda.
Me giré para mirarla y estaba apoyada en la puerta, cruzada de brazos y con
esa sonrisa tan característica de ella, dulce y comprensiva…
—Un poco —contesté en un susurro.
—¿Qué pasa por esa loca cabecita? —preguntó dándome un coscorrón a la
vez que se sentaba a mi lado.
—Quiero ver a William, lo echo de menos, no me malinterpretes… pero no
quiero irme al pueblo —le expliqué.
Ángela suspiró y me miró con una sonrisa.
—Estás jodida… —susurró bajo su aliento.
La miré enarcando una deja, ¿qué querría decir con eso? Ella se removió en
la silla y me miró divertida.
—Estás muy pillada Jordan, sabía que lo tuyo con Shane era serio… pero
¡por Dios! solo te vas unos días, volverás antes de que te des cuenta. No tendrás
tiempo ni para echarlo de menos.
Estaba vez fui yo la que suspiró y miré a Ángela entre mis pestañas a la vez
que le daba un sorbo a mi vaso de leche.
—¿Tan serio parece? —pregunté en un murmullo.
Ella ahogó unas risitas contra su mano y me miró divertida de nuevo.
—De loquero… si no te conociese de toda la vida, diría que no eres la misma
Jordan a la que quiero —contestó.
—¡Ah! estás aquí —susurró Shane desde la puerta.
Ambas nos giramos y Shane caminó presuroso hasta colocarse a mi lado y
besar mi cabeza.
—Estabas dormido y no quise despertarte —me disculpé.
Él le restó importancia y negó con la cabeza, Angie se puso en pie y salió de
la cocina despidiéndose con la mano y en cuanto lo hizo Shane me atrajo hacía sí
y me cogió en brazos para llevarme a la habitación. Tan solo pude aferrarme a su
cuello para evitar caerme y él reía de mi reacción. Me tiró sobre la cama y se
tumbó a mi lado abrazándome en silencio.
—¿Qué te pasa? — pregunté en un susurro.
—Te echaré de menos —contestó golpeando mi cuello con su aliento.
—Volveré ponto —dije convenciéndome más a mí misma que a él.
—Lo sé…—sentí como sonreía contra mi piel— pero te echaré de menos
igual…
Lo abracé y giré un poco mi cabeza para poder besarle en la frente. De
repente se tensó y se enderezó de un salto, me miró durante unos segundos y
poco a poco sus labios se fueron curvando en una sonrisa.
—Sé que quizás será precipitado —dijo sin dejar de mirarme— y una locura
también…
Se quedó en silencio con sus ojos clavados en los míos unos segundos más.
—Shane…
—¿Quieres que vivamos juntos cuando vuelvas? —preguntó de repente.
Me quedé paralizada, en shock… ¿vivir juntos? Ese era un paso muy
importante, estaba segura de que quería a Shane, pero… ¿vivir juntos?
—Si no quieres lo entiendo… era solo una idea —dijo con gesto
apesadumbrado.
—No me he negado —contesté en un murmullo—, solo lo estoy pensando.
—Entonces… ¿tengo posibilidades? —preguntó sonriendo a la vez que se
acercaba peligrosamente a mí. Se quedó a milímetros de mis labios y sonrió con
sorna— ¿quieres que te bese? —preguntó, a lo que yo asentí casi mecánicamente
aturdida por el fuego que podía ver en sus ojos—. Contesta a mi pregunta
entonces… ¿quieres vivir conmigo?
—Sí… —contesté con un hilo de voz y acortando la poca distancia que nos
separaba.
Shane enredó sus manos en mi pelo y me atrajo más hacia su cuerpo. Mi
lengua y la suya batallaban en una pelea sin fin y el golpeteo frenético de mi
corazón me inundaba los oídos haciendo que todo a mi alrededor desapareciese y
mi atención se centrase solo en Shane… besándome y quemándome la piel con
su tacto.

Me desperté a la mañana siguiente con la luz de un nuevo día entrando por la
ventana, el cuerpo de Shane seguía como soldado al mío y las sabanas estaban
enredadas en nuestros pies. Me abracé más a él si es que eso era posible, no
quería que el tiempo pasase, si por mi fuese detenía el reloj y me quedaba en esa
situación eternamente.
Shane tenía la cabeza apoyada en mi pecho y su pelo color bronce
revoloteaba cada vez que mi respiración golpeaba con él. No puede evitar alzar
una mano e intentar peinar esos mechones rebeldes que tan bien le sentaban, él
se removió con mi toque y afianzó más su agarre en mi cintura. Lo oí murmurar
algunas incoherencias antes de que sus parpados se abriesen y esos dos preciosos
orbes verdes me mirasen intensamente.
—¿Ya es por la mañana? —preguntó con voz ronca.
Solo asentí con la cabeza. Shane enterró la cabeza en mi cuello y aspiró con
fuerza.
—¿Crees que cabré en una de tus maletas? —preguntó en un murmullo.
Reí sin ganas, la tentación de quedarme o de llevarlo conmigo era muy
grande, pero si me quedaba decepcionaría a mi padre que estaba deseando que
nos viésemos y si me lo llevaba le daría un ataque al corazón y posiblemente
Shane acabase con una bala en su trasero. Así que ninguna de las dos opciones
era válida.
—Estaré de vuelta antes de que te des cuenta de mi ausencia —murmuré sin
creérmelo del todo, pero a Ángela la noche anterior le había quedado bien esa
frase.
Shane bufó demostrándome que estaba tan desacuerdo con eso como yo.
Unos minutos después Shane estaba en la ducha y yo preparaba café mirando
ausentemente la cafetera, solo me iba al pueblo… eran cuatro horas de viaje,
pero estaba cerca. No iba a cruzar el país ni mucho menos… y volvería pronto.
Los brazos de Ángela me envolvieron y yo suspiré.
—Ve a casa de mis padres y diles que los quiero mucho —susurró en mi
oído.
—¿Tú no irás? —pregunté sorprendida.
—No —negó con la cabeza—, Ben quiere que hagamos un viaje juntos… así
que no iremos esta vez.
—Te echaré de menos Ang… —dije en un susurro.
—Y yo a ti —contestó antes de abrazarme con más fuerza.
Nos quedamos abrazadas un momento hasta que un carraspeo nos
interrumpió. Nos giramos las dos a la vez sin soltarnos todavía. Como si
fuésemos siamesas y vimos a Aileen con gesto amenazante y sus manos en las
caderas.
—Cacho perra… ¿pensabas irte sin despedirte? —preguntó alzando un poco
la voz.
—Nos despedimos hace dos días, ¿recuerdas? fui a cenar a tu casa para
despedirme de todos —refuté.
Pero sin mediar palabra Aileen se abalanzó sobre nosotras y las tres caímos
al suelo entre risas.
—El codo Aileen… ¡me estás clavando el codo! —se quejó Ángela.
Y yo me estoy comiendo una de tus tetas… así que no te quejes… ¡quejica!
—gritó ella.
—¡Vaya! —exclamó Shane— Si Zack y Ben estuviesen aquí disfrutarían
mucho de esta imagen —bromeó sonriendo de lado.
—¿Es qué tú no lo disfrutas cacho animal? —preguntó Aileen en un gruñido.
—No pienso contestar a eso sin estar presente mi abogado —contestó Shane.
Desayunamos los cuatro entre bromas y risas, me apetecía mucho un
momento así antes de irme, era como un recordatorio de lo que me encontraría al
regresar.
Después de vestirme con ropa cómoda y de que Shane guardase mis maletas
en el coche, suspiré y miré a mis dos amigas…
—Volveré en unos días… así que no me olvidéis, ¿de acuerdo? —susurré
para evitar que la emoción se filtrase en mi voz.
Podría parecer estúpido, me iba solo durante dos semanas y solo a unos
quinientos kilómetros, pero tal pareciese que me iba al fin del mundo por dos
años.
Aileen y Ángela me abrazaron y les devolví el abrazo efusivamente, después
bajé a la calle y Shane me esperaba apoyado en su coche. Suspiré y me acerqué a
él para que me envolviese en uno de esos abrazos que me recargaban las
baterías. Aspiré su aroma con fuerza, intentando llevarme conmigo una parte de
él y me alejé para mirar sus ojos una vez más.
Lo besé efusivamente, abrazándolo y amoldándome perfectamente a su
cuerpo, para luego alejarme y subirme al coche sin decir ni una sola palabra. No
era necesario, estaba ya todo dicho.
Puse el coche en marcha y me alejé de allí todo lo rápido que pude. Miré por
el retrovisor y Shane se había quedado como petrificado al suelo, no se había
movido y miraba como el coche se alejaba poco a poco de su vista. Sentí que
mis ojos picaban por soltar algunas lágrimas, pero era absurdo, volvería en dos
semanas, era tan tonta de emocionarme por una cosa como esa.
Estaba esperando en un semáforo cuando un coche azul demasiado conocido
se paró al lado del mío, en el asiento del copiloto iba un hombre que nunca había
visto en mi vida. Tenía el pelo largo y facciones indígenas, fruncí el ceño cuando
me miró, sus ojos me recordaban a alguien y no sabría decir muy bien a quien.
De repente una sonrisa tan blanca como la cal me dio la clave que me
faltaba… ¡Gab! Me miraba sonriendo detrás del volante de su coche y me indicó
con una mano que estacionara en el arcén.
Cuando lo hice me bajé del coche y Gab hizo lo mismo, ambos avanzamos
hasta quedar frente a frente. Sin más ambos sonreímos y nos abrazamos.
—Ayer no pude despedirme… —susurró Gab en mi oído— pásalo bien con
tu padre.
—Gracias Gab… hasta la vuelta —susurré de vuelta.
Cuando volví a mi coche pude ver que Gab seguía en su posición, clavado en
el suelo mirando como se alejaba el coche, su imagen me recordó a la de Shane
minutos atrás… y eso provocó que mi ceño se frunciese, otra vez volvía a
compararlos sin motivo aparente.
Conduje durante horas, paré un par de veces a repostar y estirar las piernas,
que me dolían por estar sentada tanto tiempo. Y cuando menos lo esperaba el
paisaje se tiñó de verde y poco después el cartel de bienvenida al pueblo me
recibió.
Suspiré mientras veía como todo lo que me rodeaba apenas había cambiado
en mi ausencia. Quizá habían hecho un par de casas nuevas, o rehabilitado
alguna que estaban en precario estado. Pero todo era casi igual a cuando yo era
una niña y correteaba con Ángela por estas calles.
Un calor inexplicable me oprimió el pecho cuando vi la calle en donde vivía
William… no había vuelto a allí desde que mi madre y yo nos fuimos hacía unos
siete años… y los recuerdos de mis días allí se sucedían uno tras otro en mi
mente como si fuesen una película.
Cuando detuve el coche enfrente de la casa blanca de madera y alcé la vista
tuve que ahogar un jadeo… estaba tal y como la recordaba, quizás un poco más
vieja y necesitada de una mano de pintura. Pero era la casa donde había pasado
mi infancia y algunos de los días más felices de mi vida.
Me sorprendí al no ver el coche de mi padre estacionado en su lugar habitual
y en cambio había una camioneta roja algo oxidada y con la pintura raída. Pero
no le di mayor importancia y me apresuré a bajar del coche y a ver a William por
fin. Caminé a toda velocidad y subí las escaleras del porche de dos en dos hasta
que llegué frente a la puerta, respiré hondo y tomé el pomo de la puerta y lo giré
lentamente.
Me sorprendió que estuviese abierto, ya que el coche no estaba, pero recordé
la furgoneta roja y la confusión se hizo presente. Abrí la puerta y entré en la
casa… el olor a hogar estaba impregnado en el ambiente, más recuerdos de mi
infancia entre esas cuatro paredes me hicieron sonreír y caminé lentamente hasta
la cocina, empapándome de cada cosa nueva que acudía a mi memoria y podía
comprobar que continuaba igual en la actualidad —Will… ¡papá! —lo llamé
alzando un poco la voz—. ¿Papá, estás en casa?
Escuché como alguien bajaba las escaleras apresuradamente y salí de la
cocina para encontrarme frente a frente con… ¿una mujer?
La miré durante unos segundos sin comprender, hasta que una sonrisa se
dibujó en su rostro y me miró algo avergonzada. Entrecerré los ojos y obligué a
mis neuronas a ponerse en movimiento, algo en esa mujer me era
extremadamente familiar, yo sabía que la había visto en algún lugar, pero no era
capaz de ubicarla.
—Jordan… —hasta que pronunció mi nombre y el sonido de su voz me dio
el empujoncito que me faltaba para saber quién era exactamente.
—¿Susan? —pregunté en un murmullo.
Ella sonrió y asintió con la cabeza, abrió sus brazos y yo corrí a abrazarla.
Ella estaba casada con un buen amigo de William y era la madre de Seth y Tami,
vivían en la playa y siempre que mis padres querían salir solos me dejaba allí
para que ella me cuidase. Además, en ocasiones íbamos a merendar a la playa
todos juntos.
Ella siempre había sido muy buena conmigo, incluso llegué a llamarla tía
Susan porque la quería muchísimo. Además, Seth era como mi hermano
pequeño y Tami como mi hermana mayor… me encantaba estar con ellos.
—¡Oh mi niña! —gimió mientras me apretaba con fuerza contra ella—.
Como has crecido… estás preciosa.
—Como te he echado de menos tía Susan —lloriqueé en su hombro.
Nos abrazamos durante unos segundos y luego me alejé de ella sonriendo.
—¿Dónde está papá? —pregunté atropelladamente—. Conociéndolo seguro
que todavía está en la comisaría trabajando aun sabiendo que yo llegaba hoy —
bromeé.
Ella me dedicó una mirada triste y tiró de mí para que me sentase a su lado
en el sofá.
—Cariño… —susurró con ternura tomando mis manos— William intentó
esperarte, pero se ha quedado dormido hace unos minutos.
Mi ceño se frunció y la miré sin entender. Intenté ponerme en pie para subir
a despertarlo, pero ella me lo impidió.
—Solo lo despertaré para decirle que he llegado bien y bajo —casi supliqué.
—Él necesita descansar, Jordan, cuando despierte en un par de horas lo
verás.
Me quedé en silencio observando la sala, todavía no había entrado en ella.
Todo continuaba casi igual que años atrás, mis fotos del colegio en el altillo de la
chimenea, un cuadro de un barco en mitad de un lago a un lado del sofá, el
televisor en su lugar habitual, el oxígeno al lado del sillón de William, la misma
alfombra amarilla y… ¿oxigeno?
Abrí mucho los ojos y miré a Sue asustada.
—¿Qué… qué le pasa a mi padre? —pregunté en un hilo de voz.
—Cariño… él no quiso decirte nada, quería que continuases en la
universidad y no tirases tu carrera por la borda —se excusó.
—¿Qué le pasa? —pregunté de nuevo imprimiendo más dureza a mi voz.
—Lo siento muchísimo Jordan, yo no estaba de acuerdo en ocultártelo, pero
él insistió tanto…
—Tía Susan… —gruñí.
—Está enfermo… tiene cáncer.
Sentí como el mundo comenzaba a dar vueltas, o quizás era mi cabeza que
no estaba cien por ciento segura. Mis manos comenzaron a temblar y mi
respiración se volvió entrecortada. Las lágrimas ardían rodando por mis mejillas
y mi boca estaba abierta intentando emitir algún sonido, pero no podía…
simplemente no podía pronunciar ni una sola palabra…

Capítulo 22
Continué sentada en aquel sofá…
En silencio…
Mirando fijamente la botella de oxigeno colocada estratégicamente al lado
del sillón de William.
Me parecía tan irreal, tan desconcertante… William… mi padre… estaba
enfermo, y no cualquier enfermedad, no, era cáncer. Y para más, cáncer de
pulmón, cuando yo no había visto a mi padre fumar un solo cigarrillo en mi vida.
Mi cuerpo se estremecía cada pocos segundos.
Un frío helado recorría mi espalda y me hacía temblar de pies a cabeza…
¿Qué iba a hacer yo sin William?
No es que fuese una parte muy importante en mi vida desde que mi madre y
él se separaron, pero era mi padre, una de las personas que me dio la vida… ¿qué
iba a hacer sin él?
—Cariño… ¿quieres comer algo? —preguntó Susan en un murmullo.
Negué levemente con la cabeza sin apartar la mirada del oxígeno.
Mi vida era perfecta hace solo un par de horas, ahora todo se estaba
derrumbando a mi alrededor. William era uno de los pilares principales que
soportaba el peso de mi vida, sin él… mi madre era demasiado alocada para
comportarse como una madre. Ella prefería sonreír y darme todo lo que
necesitase antes que una charla madre hija, pero con William era tan diferente…
las pocas veces al año que lográbamos vernos entre mis clases y su trabajo,
siempre se comportaba como un padre.
No era el típico padre que cuando ve a sus hijos hace los posible por
mantenerlos felices, él se preocupaba por mí, estaba interesado en lo que yo
quería y pensaba… era mi padre con todas las letras, aunque los últimos años
estuviésemos distanciados.
—Susan… —la llamé en un murmullo.
Ella se sentó a mi lado y me extendió una taza de té… la tomé entre mis
manos temblorosas y dejé que el calor que traspasaba la taza calentase mis dedos
ya entumecidos.
— ay algo que no me has dicho… —continué sin girarme a mirarla, ella
espero pacientemente a que yo continuase hablando— ¿Qué… qué esperanzas
hay? —conseguí preguntar sin atragantarme.
Ella suspiró y miró sus manos entrelazadas en su regazo antes de mirarme a
mí.
—No hay esperanzas Jordan… —su voz era tan baja que apenas podía
escucharse, pero lo hice— ya se ha extendido, está en fase terminal
Cerré mis ojos con fuerza y una lágrima descendió por mi mejilla cayendo
después en la taza de té.
—¿Cuánto le queda? —pregunté con los dientes apretados.
Susan pasó un brazo por mis hombros y me atrajo hacia ella, pero no
contestó, solo enterró su rostro en mi pelo y la sentí sollozar.
—¿Cuánto? —pregunté de nuevo endureciendo la voz.
Se alejó un poco de mí y me miró a los ojos antes de bajar la mirada por
completo.
—El docto dice que serán dos meses con mucha suerte —susurró.
Jadeé impresionada…
¿Solo dos meses?
¿Solo tenía dos meses para despedirme de él?
Sentí una opresión en mi pecho, apenas podía respirar… en mi cabeza no
dejaba de repetirse continuamente lo mismo…
Dos meses…
Sin mediar más palabra me puse en pie y subí al piso superior a trompicones,
me tropecé con los escalones, me tenía que sujetar de las paredes para no perder
el equilibrio… apenas podía ver lo que tenía delante a causa de las lágrimas.
Llegué a la puerta de la habitación que ocupaba mi padre y entreabrí la
puerta ligeramente… un olor repugnante hizo que mi nariz escociese. Olía a
desinfectante, a medicamentos y a algo más que no pude definir… olía a
hospital, a muerte…
Me quedé apoyada en el quicio de la puerta observando el sueño de mi
padre, se removía intranquilo entre las sabanas y en alguna ocasión murmuraba
palabras incoherentes. Me sentí mal… era como si lo estuviese viendo por
primera vez y a la vez por última. Y estaba tan diferente a como lo recordaba…
Su cabello, aquel cabello del mismo color que el mío ensortijado en
graciosos rizos, estaba completamente ausente, en su lugar su piel resplandecía y
hasta brillaba con la poca luz que se colaba entre las cortinas entreabiertas. Su
cara, siempre lo recordaba con una sonrisa, con su eterno bigote siempre bien
recortado… ahora estaba surcada por muchas arrugas, aunque no eran por la
edad, eran arrugas de sufrimiento. Sus ojos rodeados de unos manchurrones
morados, su piel casi traslúcida, sus manos delgadas, débiles…
Un sollozo quebrado abandonó mi garganta y cerré la puerta lentamente para
no despertarlo. Me apoyé en la pared, mis piernas casi no podían soportar mi
propio peso y me deslicé lentamente hasta quedarme sentada en el suelo, apoyé
la cabeza en mis rodillas flexionadas y lloré en silencio hasta que me quedé
dormida.
A la mañana siguiente me desperté en mi cama, todavía llevaba la ropa del
día anterior y me sentía como si en lugar de doce horas hubiese dormido tan solo
una. Me desperecé sintiendo como protestaban cada uno de mis músculos y me
puse en pie de un salto.
Fui a la habitación de mi padre antes de hacer cualquier otra estúpida cosa.
Entreabrí la puerta y asomé la nariz, William estaba despierto en ese momento,
estaba un poco incorporado con unas almohadas detrás de su cabeza y Susan le
estaba dando de comer. Me mantuve en silencio solo viéndolos interactuar.
Podía ver como ella trataba a mi padre con un cariño inmenso, hasta pude leer en
sus ojos que había un poco de amor… algo que me desconcertó.
Pero me puse a pensar y recordé que un par de años antes su marido había
fallecido y desde entonces William y ella se habían unido demasiado. Nunca
pensé en el significado de esa unión hasta ese momento en concreto, en el que vi
resignación en los ojos de Susan, resignación a perder lo que más quería una vez
más.
Con un suspiro me adentré un paso en aquella habitación y los ojos de
William brillaron emocionados al verme.
—Jordan —susurró con poca voz.
—Papá —gemí acercándome a él a toda velocidad y cayendo de rodillas
junto a su cama.
Sujeté una de sus manos con fuerza y no pude evitar que varias lágrimas
abandonasen mis ojos… se iba… lo perdería para siempre… él acarició mi
cabello lentamente, se notaba que el simple esfuerzo de moverse ya lo agotaba.
Eso me dolió, ya no sería nunca más el William lleno de energía y con ganas de
pescar que era antaño, no sería nunca más el William que yo recordaba de mis
tardes de risas y juegos en el pueblo.
Mi cabeza fue descendiendo lentamente hasta que mi frente quedó apoyada
sobre el colchón de su cama, lloré en silencio. William tampoco dijo nada, solo
estaba allí, sujetando mi mano cada vez con menos firmeza, hasta que se quedó
dormido.
No sé el tiempo que pasó reamente, continué allí, sentada en el suelo,
sujetando su mano como si mi vida dependiese de ello. William no se despertó
para comer y Susan decidió no despertarlo tampoco ya que parecía dormir
tranquilo por primera vez en varios días.
Ya pasaba de medio día, no había probado bocado desde el día anterior, más
que unas cuantas galletas que me había obligado a comer. Todo lo demás dejó de
tener importancia cuando supe la terrible noticia. En ese mismo instante cuando
una nube dejó que un tímido rayo de sol impactase directamente en el pecho de
William, justo en su corazón, ahí fue cuando recordé que no había avisado a
nadie de que había llegado bien, es más, creía que mi teléfono móvil todavía
continuaba en el sillón del pasajero de mi coche. Pero no me importó… tenía
algo importante que hacer, tenía que disfrutar de mi padre todo lo que pudiese,
todo lo que pudiese antes de que…
Unos golpes en la puerta me sacaron de mi ensoñación, Susan bajó corriendo
las escaleras y la escuché hablar con alguien. No le presté importancia
tampoco… William era más importante que todo.
La puerta se abrió lentamente y aquellos ojos negros que tanto había echado
de menos se asomaron por la hendidura de esta. Sonreí tristemente y él entró en
la habitación y se sentó a mi lado.
—Lo siento —susurró apoyando su cabeza en mi hombro.
—¿Por qué él, Seth? —pregunté en el mismo tono de voz mientras otra
lágrima recorría mi mejilla.
No contestó, era bien sabido que nadie tendría una respuesta a eso, o quizá
sí, no una respuesta, pero sí otra pregunta… ¿por qué no él?
Apoyé la cabeza contra la de mi mejor amigo de la infancia y lloré una vez
más en silencio.

Y así fueron pasando los días.
Los días con William continuaban con la misma tónica. Él cada vez dormía
más… algo que no me daba buena espina, pero Susan insistía en dejarlo
descansar ahora que podía hacerlo. Seth y Tami se pasaban por allí a diario, su
visita alegraba a William siempre que se despertaba y los encontraba rodeando
su cama.
Ver una sonrisa en su rostro y un pequeño brillo de alegría en sus ojos era
suficiente para que me mantuviese a su lado mostrando esa fortaleza que no
tenía pero que él tanto necesitaba. Cuando William dormía era otro cantar, me
deshacía en lágrimas llorando en silencio, apoyada sobre su cama, en ocasiones
incluso me apoyaba en su pecho escuchando su corazón e intentando memorizar
el ritmo de sus latidos.
Poco a poco fue pasando una semana…
Una semana en la que día a día veía como la chispa de la vida abandonaba el
cuerpo de William.
Era algo inevitable e inminente… de eso estaba completamente segura.
Esos dos meses quizás se convertirían en dos semanas con mucha suerte.
Otra tarde más, otra tarde en la que William no se había despertado para
almorzar, Susan había ido a buscar al doctor y estaba sola con William, ya que
Seth y Tami no irían de visita ese día.
Suspiré con milésima vez en los últimos minutos y mi vista se fijó en el
pecho de William, subiendo y bajando lentamente al ritmo de su respiración.
Después de mucho insistir para que lo internasen en un hospital, mi padre me
convenció para que no lo hiciese, él quería pasar sus últimos días cerca de los
suyos, en su propia cama y no rodeado de médicos.
Unos golpes en la puerta me sobresaltaron, suspiré pesadamente y salí de la
habitación de mi padre no sin antes dedicarle una última mirada antes de
descender por aquella escalera. Llegué a la puerta principal y la abrí de un tirón
sin preocuparme de quien estaba al otro lado. Escuché un jadeo, pero no me
importó… yo tenía la vista clavada en mis pies intentando soportar la ansiedad
de haberme separado de mi padre y quizás en ese preciso segundo estuviese
respirando por última vez.
—¿Jordan? —dijo una voz conocida… demasiado conocida.
Mi ceño se frunció y alcé la mirada lentamente para encontrarme con sus
ojos… ¿qué hacía allí? El mundo pareció detenerse en ese mismo instante, y me
transporté a unos días atrás cuando abandoné Seattle para visitar a mi padre. Mi
boca se abrió, pero no supe muy bien que decir…
—¿Gab? —pregunté en un susurro.
—Pero… ¿qué haces aquí? —preguntó con incredulidad— ¿No estabas con
tu…? No puede ser… —murmuró negando con la cabeza.
—¿Tú qué haces aquí? —pregunté con un hilo de voz…
—¿Eres Jordan? —preguntó un hombre en que no había reparado hasta ese
momento.
Mi mirada se bajó hasta él, ya que estaba sentado en una silla de ruedas,
reconocí de inmediato al hombre que acompañaba a Gab el día que me fui de
Seattle y él me detuvo para despedirse.
—¡Yo soy Billy! —dijo con hombre con entusiasmo—. Rayos… la última
vez que te vi estabas comenzando a caminar y tenías dos graciosas coletas
rizadas.
—¿Eres amigo de William? —pregunté con el ceño fruncido.
—Desde hace años… pero me fui a vivir a Seattle cuando mi mujer Becky
murió —explicó con un gesto triste.
—Entiendo —murmuré sin saber muy bien que decir.
—Susan me llamó hace unos días para decirme lo… lo de William, y he
venido a visitarlo —dijo mirándome fijamente a los ojos.
—Está durmiendo… —contesté simplemente.
—Jordan… —murmuró Gab, pero fuese lo que fuese lo que iba a decir
quedó ahogado por un gemido proveniente del piso superior.
Sin siquiera disculparme, salí corriendo hacia las escaleras y me encontré a
mi padre completamente despierto y mirándome con una sonrisa.
—He oído voces… ¿hay alguien abajo? —preguntó con voz débil.
Asentí con una sonrisa triste.
—¿Recuerdas a Billy? —pregunté, su rostro se iluminó como no lo hacía
desde hace días y mi pecho se oprimió—. Ha venido a verte con su hijo… pero
le costará subir con la silla —murmuré lo último casi para mí misma.
—No hay problema —dijo Gab a mi espalda.
Me giré lentamente y lo vi sonriéndome con la silla de su padre frente a él.
—Espero que no te moleste —murmuró Billy.
Negué con la cabeza y me hice a un lado para que la silla pudiese meterse en
la habitación. Los dos hombres comenzaron una conversación que tanto para
Gab como para mí carecía de sentido, y decidí darles intimidad bajando al piso
inferior.
Me paré al final de las escaleras y Gab, que caminaba frente a mí se giró para
mirarme. Suspire…
—¿Te apetece tomar algo? —pregunté desviando la mirada.
Él negó con la cabeza y pasé por su lado para sentarme en el sofá de la sala.
Gab me siguió y se colocó de rodillas frente a mí.
—Lo siento… lo siento muchísimo… —susurró mirándome a los ojos— yo
nunca hubiese imaginado que William era… ¡Dios! Ni si quiera sabía que era a
este pueblo a donde venías.
—Eso no habría cambiado nada —contesté con un hilo de voz.
—Lo sé… —bajó la voz— ¿cómo estás?
Una sonrisa irónica curvó mis labios.
—Perfectamente… ya ves —señalé mi cuerpo— tengo ojeras, he adelgazado
unos cuantos kilos, no salgo de esta casa, apenas duermo… la visita perfecta a
mi padre después de un año sin vernos. ¡Ah! lo siento me olvidaba, él se está
muriendo y yo no sabía absolutamente nada hasta hace unos días.
—Jordan…
—No quiero tu compasión, Gab —lo interrumpí.
—Nunca haría eso… he visto a Billy al borde la muerte después de
accidente, entiendo exactamente por lo que estás pasando —dijo mirándome
fijamente todavía.
—No lo entiendes Gab… no lo entiendes —me puse en pie y comencé a
caminar dando círculos en la pequeña sala de mi padre—. Tú tenías una
esperanza, yo tengo que ver como se apaga día a día…
—No volverás… ¿cierto? —peguntó después de unos minutos de silencio.
Negué con la cabeza.
—He pedido una excedencia para mi beca, me dan este semestre libre por
causas personales —murmuré mirando mis pies.
—¿Será tiempo suficiente? —preguntó en un susurro.
Reí tristemente.
—Me sobrará el tiempo… su esperanza de vida es de dos meses… ya menos,
que han pasado unas semanas desde que el doctor lo diagnosticó… dos meses
Gab —muré ausentemente—. ¡Dos meses de mierda!
Sentí lágrimas de rabia ardiendo en mis mejillas… no entendía como mis
ojos todavía podían derramar lágrimas. Había llorado más los últimos días que a
lo largo de toda mi vida.
Los brazos de Gab me rodearon y me tensé… no quería su lástima. Pero el
calor de su cuerpo me fue traspasando poco a poco hasta que me rendí en sus
brazos, lloré y lloré como lo había hecho tantas veces ya, pero por lo visto no
eran suficientes…
Capítulo 23
Vacío…
Intentaba moverme, gritar… hacer algo.
Pero solo había vacío.
No veía, no escuchaba… solo sentía.
Mi pecho estaba partido en dos, mis ojos picaban, mis manos temblaban…
mi estómago revuelto, mis rodillas flácidas.
Oía una voz a lo lejos que me llamaba. Sentía unos brazos que me sujetaban
para que no me hundiese más… pero dejando eso, lo demás era vacío.
—¿Jordan? —oí mi nombre claramente.
Su voz… sabía era su voz. Intenté abrir los ojos, pero al hacerlo la realidad
me golpeó de golpe. Era él, pero lo que lo rodeaba no era lo que esperaba, yo
seguía en el pueblo, en el sofá de la casa de mi padre, con una realidad que no
quería.
—Jordan… —susurró con condescendencia cuando vio mis ojos abiertos.
—Shane… —su nombre salió como un gemido de mi garganta.
—Mi niña… —me atrajo hacia su cuerpo y me abrazó con fuerza.
Su calor, su olor me hizo flaquear… mis fuerzas se debilitaron y la primera
lágrima descendió por mi mejilla. La borré de inmediato de un solo manotazo.
Podía recordar mi promesa, quería cumplirla.

—Jordan… ¿me prometes algo? —preguntó con su voz cansada.
—Lo que quieras, papá —contesté con una sonrisa triste.
—No me llores… cuando me vaya solo piensa que he vivido lo suficiente
para traerte al mundo, para verte crecer y hacerte una mujer, eso es suficiente
para mí
—Papá… —gemí.
—Sonríe por favor, quiero recordarte feliz.

—¿Dónde está Gab? —pregunté con voz ronca.
Shane frunció el ceño y me miró durante unos segundos, después suspiró.
—Hablando con la funeraria, él y su padre se están haciendo cargo de todo
—contestó en un murmullo.
Asentí y desvié la mirada…
—Dilo… —musité.
—¿Qué? —preguntó Shane sorprendido.
—Que digas lo que estabas pensando, no te calles nada, Shane —le pedí.
—No es necesario que…
—¡Hazlo! —alcé la voz.
Shane se removió y pasó una mano despeinando su cabello.
—¿Por qué…? —se detuvo y suspiró—. ¿Por qué no me has llamado? Tuvo
que hacerlo Gab.
No parecía molesto, solo confundido y eso me enfureció, no quería su
lástima, no quería que nadie sintiese pena por mí, si tenía que enfadarse que lo
hiciese, no quería que se reprimiese al sentir lástima por la pobre Jordan que
había perdido a su padre.
—Quería hacerlo… al principio. Después lo pensé mejor, no quería
arrastrarte a toda esta mierda —mi voz sonaba vacía hasta para mí. Pero en ese
momento todo me daba igual.
—Habría estado aquí, a tu lado —lo oí hablar.
—No habría cambiado nada. William murió de todos modos antes de lo que
los médicos esperaban —espeté con amargura.
—Pero Robert podría haber…
—¿Tu padre tiene la cura contra el cáncer? —pregunté en un gruñido, Shane
negó lentamente con la cabeza—. Entonces no me habría servido de nada.
—Habría cogido tu mano, te habría abrazado cundo lo necesitases, habría
estado a tu lado…
—Shane déjalo… —lo corté— no tengo ganas de más drama. Mi padre está
muerto, yo estoy medio muerta también y no quiero que me reclames nada… no
ahora.

Silencio…
Todo a mi alrededor era silencio
Tanto que podía oír los latidos de mi propio corazón golpeteando lentamente
en mi pecho.
Después de que Shane se fuese azotando con fuerza la puerta principal todo
se había quedado inerte, sin vida, en silencio…
Subí las escaleras con movimientos mecánicos recordando sus palabras, esas
que me desgarraban pero que yo misma le obligué a pronunciar.

—No entiendo por qué haces esto —decía desesperado— podrías haberme
llamado, habría estado a tu lado.
En mi interior luchaba por no decirle la verdad, en cuanto el corazón de
William dejó de latir él fue la primera persona en quien pensé… y lo llamé,
claro que lo llamé, tarde… pero lo hice. Estaba dispuesta a pedir perdón, a
suplicarle si era necesario porque él era la única persona que necesitaba a mi
lado. Pero no fue él quien contestó al teléfono.
—¿Por qué no piensas en los más obvio? —gruñí— Si no te llamé fue porque
no te necesitaba —mentí descaradamente.
Él me miró atónito, podía jurar que no daba crédito a lo que oía. Pero ya no
podía más, no tenía fuerzas para seguir luchando por los dos. Ahsley lo dijo muy
claro cuando contestó a aquella llamada, iba a ir a por todas y yo en ese
momento no tenía fuerzas para continuar.
—¿Qué estás queriendo decir? ¿No es suficiente lo que yo te doy? —
preguntó en un murmullo.
Lo miré por última vez, quería recordarlo aunque fuese mirándome con
rencor y a punto de llorar, pero quizás sería la última vez que lo iba a ver.
—Tú silencio lo dice todo… —masculló— no te preocupes, si no te llega lo
que te doy… ya no tendrás nada.

Llegué a la habitación de mi padre y me quedé mirando la cama vacía…
Estaba sola…
Por primera vez en mi vida no solo me sentía sola, también lo estaba.
Las mantas estaban revueltas, sobre la silla todavía estaba su pijama, en la
mesita de noche un vaso de agua y algunos medicamentos, sus gafas plegadas y
el periódico que yo le leí por última vez.
Un estremecimiento recorrió mi espalda y me tragué las lágrimas.

—¿Jordan? —escuché la voz de Gab.
Yo me había quedado en pie en mitad de la sala, mirando la puerta principal
después de que Shane se hubiese ido, paralizada y sintiendo como mi corazón se
desangraba poco a poco.
—¿Jordan estás bien? —preguntó preocupado.
Parpadeé confundida y clavé mis ojos en los suyos.
—Vete —susurré sin fuerzas.
Gab me tomó de la mano e intentó arrastrarme hacia el sofá, no me moví ni
un centímetro y alejé mi mano de la suya con un movimiento brusco.
—Vete —dije con más energía.
—Cariño, sé que estás mal, pero yo estaré a tu lado… te lo prometo —dijo
con voz dulce.
Lo miré impasible. Me estaba muriendo de ganas de saltar a sus brazos y
llorar, aunque no sabía muy bien por qué también lo estaba alejando a él. En
ese momento me di cuenta de una gran verdad… Gab… mi Gab… él había
estado a mi lado en el momento más duro de mi vida, él siempre estaba ahí para
apoyarme cuando tenía problemas con Shane. Siempre estaba ahí con una
sonrisa y sus brazos abiertos para mí… lo quería, y él me quería… pero entre
nosotros había más que amistad… más que una necesidad de cariño. Estaba
segura de que él sentía lo mismo que yo… de que él… pero no podía ser… no…
yo no podía tener a Gab a mi lado, lo quería, me hacía sentir bien… comprendí
las veces que lo había comparado con Shane, las veces que ignoraba las
mariposas de mi estómago cuando él me tocaba… no podía ser… no con Gab…
no.
—¡Vete! —grité.
Él me miró sorprendido, pero no se movió tampoco, continuó también
impasible frente a mí.
—Que te vayas Gabriel —dije entre dientes.
—Tú no quieres que me vaya —dijo con seguridad—, lo puedo ver en tus
ojos Jordan,, no quieres que me vaya —dio un paso al frente y acarició mi
mejilla, una lágrima brotó de mis ojos y suspiré, claro que no lo quería lejos y
menos ahora que había alejado a Shane con todo el dolor de mi corazón, pero…
era Gab… su mejor amigo—. Sé que me quieres cerca… tan cerca como yo te
quiero a ti —su voz sonaba cada vez más cerca y cuando quise darme cuenta sus
labios estaban sobre los míos. Me dejé llevar… necesitaba cariño, sentirme
querida y los labios de Gab era suaves, tenían un saber afrutado y picante. Me
estaba dejando llevar por lo que sentía, por lo que mi cuerpo pedía de él, pero
cuando su legua pidió permiso para entrar acariciando lentamente mi labio
inferior me alejé de él de un empujón y lo miré mientras jadeaba.
No… no podía ser… no con él… era amigo de Shane, una conexión directa
con su mundo, una parte de él, no podía sentirme así… no con él.
—Por favor… vete —susurré sin fuerzas.
—Jordan… —gimió.
—Que te vayas… —mi voz se rompió.
Gab me miró con lástima, o eso me pareció, pensé que se acercaría, que me
obligaría a mirarlo a los ojos y me gritaría por estar alejándolo de mí a él
también… pero no fue así. Solo miró al suelo mientras negaba débilmente con la
cabeza y también se fue… pero la puerta se cerró lentamente, dejando todo en
silencio…
Más silencio…

Caminé hasta la silla donde estaba el pijama de William y me puse la camisa
sobre los hombros, su olor me envolvió y me sentí un poquito más cerca de él.
Me tumbé en la cama y me abracé a mí misma cerrando los ojos para intentar
dormir.
Recordé mi infancia en el pueblo, las veces que me caía e iba corriendo a los
brazos de William para que curase mis heridas y me diese un beso en la nariz.
Las veces que empujaba mi columpio y yo le gritaba para que lo hiciese con más
fuerza para poder patear una nube. La vez que, por su cumpleaños, al soplar las
velas de la tarta, su bigote se chamuscó y tuvo que afeitárselo…
Sin darme cuenta estaba sonriendo mientras varias lágrimas salían de mis
ojos… William… mi William… mi padre.
Me quedé dormida a los pocos minutos todavía sonriendo entre lágrimas.
La mañana siguiente llegó con un día soleado y sin una sola nube, extraño en
el pueblo donde llovía más de trescientos días al año, pero así era. Me vi en la
cama de William, abrazada a su almohada que estaba húmeda por mis lágrimas.
Miré sus gafas sobre la mesita, su vaso de agua, el periódico… podría jurar que
de un momento a otro cruzaría la puerta y me reclamaría por estar en su cama y
con su ropa. Era tan difícil aceptar que eso no pasaría…
Me puse en pie de un salto y deambulé por la casa, todo estaba todavía en
silencio… sentía a madera del piso superior crujiendo bajo mis pies, podía oír
también el incansable tic tac del reloj de la sala y mi corazón palpitando alocado
en mi garganta, pero nada más…
Bajé al piso inferior y me senté en el sofá abrazando mis rodillas, las clases
comenzaban ese día, pero como había pedido un semestre de excedencia yo no
tenía que asistir a ellas. Sentí la tentación de coger el teléfono y llamar a Ángela,
pero ella estaría en clase, ya era tarde… suspiré y miré el teléfono sobre una
mesita junto al sofá. Necesitaba hablar con alguien antes de que el silencio me
volviese loca.
Alcé el auricular y marqué unos números que me parecieron al azar, hasta
una inconfundible voz contestó al otro lado.
—¿Jordan? ¿Eres tú? —preguntó preocupada.
—Mamá… —susurré con voz temblorosa.
—¿Cómo estás cariño? —preguntó con ternura.
Era de las pocas veces que necesitaba de ella y ella se comportaba como lo
que realmente era, una madre, y no como una amiga confidente que solo te
escucha, pero no te aconseja.
—Me voy a volver loca —dije secando una lágrima con el dorso de mi
mano.
—Ya que no tienes clases… ¿por qué no vienes a pasar una temporada con
nosotros? —preguntó.
—No me apetece estar en Jacksonville ahora… el sol me da dolor de cabeza
—gemí.
—No estamos en Florida cariño, ¿recuerdas que te dije que tenía un trabajo
nuevo? Ahora estamos en Nueva York —dijo con tono alegre, o al menos se
asemejaba a eso.
—No sé… —dije en un murmullo.
—Puedes venir con una de tus amigas, o con tu novio —pude notar cierto
tono de picardía en su voz y esbocé una sonrisa triste.
—Ya no tengo novio ma —mi voz sonó amarga, pero firme, me alegré por
ello.
—Pero… yo… creía que tú… —balbuceó.
—Ya no tengo novio —bajé la mirada y comencé a juguetear con
nerviosismo con el cable en espiral del teléfono.
—Lo siento, cariño —dijo con voz lastimera—, también siento no haber
podido ir al funeral, lo intenté, pero en el trabajo no me dejaron ausentarme y
vivir aquí es un poco caro, ya me entiendes.
—No te preocupes —me apresuré en pronunciar—, todo está bien —suspiré
una vez más y miré por la ventana, los rayos de sol que se colaban por el cristal
hacían varios dibujos sobre el suelo y todo lo que me rodeaba… estaba en
silencio—. Mamá… ¿en qué parte de Nueva York estáis viviendo?
—En Brooklyn —pude imaginármela sonriendo—, esto es fantástico y te va
a encantar, desde la ventana de la sala podemos ver el puente y toda la Skyline
de Manhattan.
—¿Puedo quedarme con vosotros? —pregunté mientras otra lágrima
descendía por mi mejilla.
—Claro que sí, cariño… ¿por qué si no te invitaría? —preguntó un poco
indignada.
—Me refiero a permanentemente… —dije con voz ahogada—, vine a Seattle
por… por papá y ahora…
—¿Y qué pasa con tus amigos? Te echarán mucho de menos…
—Lo superarán… —mascullé.
—Claro que puedes quedarte cariño, todo el tiempo que necesites —aseguró
con un punto de alegría en su voz.
—Solo será un par de meses, buscaré un trabajo y me iré yo sola —comencé
a hacer planes.
—No tienes por qué hacer eso… —se quejó.
—Mamá… primero iré a veros, después decidiré si me quedo con vosotros o
si me independizo por mi cuenta —aclaré.
—Está bien, tengo ganas de verte, hace siete meses que te has ido —suspiró.
—Te llamaré para darte los datos del vuelo —aseguré no queriendo entrar en
los motivos que me hacían volver a verla.
Después de colgar miré a mi alrededor una vez más… el irme había sido una
decisión precipitada, pero necesitaba un cambio. No podría quedarme en el
pueblo porque me volvería loca con tanto silencio. Y regresar a Seattle
permanentemente había dejado de ser una opción, no podría soportar ver a Shane
y tampoco a… a Gab.
Me puse en pie y subí a mi antigua habitación a recoger las pocas cosas que
había llevado al pueblo, cuando todo estuvo dentro de la maleta me di una larga
ducha y me vestí con ropa cómoda. Bajé al piso inferior y me quedé mirando la
casa por última vez, todo estaba tal y como William lo había dejado, estaba a
punto de soltar unas cuantas lágrimas más, cuando la puerta se abrió y Susan
entró en la casa.
—¿Te vas? —preguntó en un susurro.
—Sí… yo no… no puedo quedarme aquí más tiempo —susurré también.
—Bueno… Seattle está relativamente cerca —se encogió de hombros—, nos
veremos pronto.
—Me voy con mi madre a Nueva York —mi voz se rompió una vez más.
—Pero… ¿qué pasa con tus amigos? Gabriel y el otro chico… ¿Shane? —
preguntó confundida.
—No me queda nada Washington —dije con un hilo de voz.
Ella me miró con resentimiento, pero no añadió nada más. Después de una
corta despedida y de pedirle que cuidara la casa cogí mi pequeña maleta y me
metí en el coche. Con un suspiro resignado lo puse en marcha y conduje
completamente en silencio la distancia que separaba el pueblo de Seattle.
Durante el viaje tuve tiempo de pensar… la decisión de irme cada vez me
resultaba más acertada, echaría mucho de menos a Aileen y a Meg… y sobre
todo a Ángela, pero no podría quedarme aquí, demasiados recuerdos,
demasiado… silencio.
Cuando por fin divisé mi edificio al final de la calle se me hizo un nudo en el
estómago. Estacioné en un lugar vacío y abrí el portón con mi llave mientras mis
manos temblaban. Subí las escaleras lentamente, contándolas mentalmente sin
saltarme ni una hasta que llegué al tercer piso donde sabía que Angie estaría,
puesto que vi luz en la ventana antes de subir.
Me paré frente a la puerta y suspiré… por un momento pensé en llamar al
timbre, quizás Ángela estaba ocupada y yo interrumpía algo, pero después
deseché la idea y simplemente metí la llave en la cerradura y giré con decisión.
El apartamento estaba cubierto por una leve penumbra, ya que solo la luz de
la sala estaba encendida, se escucha la televisión… pero nada más. Dejé mi
maleta en el suelo con cuidado de no hacer ruido y me dirigí al salón para
encontrarme con las chicas acurrucadas en el sofá, tapadas con una manta y
mirando la televisión fijamente. Sentí la necesidad de echar a correr y
encerrarme en mi habitación, pero deseché la idea sabiendo que no podría contra
las tres… aunque todavía no tenía ni la más remota idea de lo que hacían las tres
juntas una noche de entre semana.
—Hola —dije en un susurro haciendo que las tres cabezas de mis amigas se
girasen en mi dirección con un movimiento sincronizado que casi me dio miedo.
—¡Jordan! —exclamaron también a la vez haciendo que frunciese el ceño.
Después una sucesión de abrazos, besos y preguntas siguió a aquel
recibimiento tan bien… “planeado” y las cuatro nos quedamos en silencio
mirando hacia la televisión que ahora estaba con la película en pausa mientras
hablábamos.
—Sé que has pedido una excedencia… —dijo Meg— ¿qué harás este
semestre?
La miré con ganas de echarme a llorar… pensé que ir a Nueva York
resolvería mis problemas, y quizás estaba en lo correcto, pero dejarlas a ellas
aquí me costaría mucho… muchísimo. Además, que olvidar a Shane y a Gab
sería algo imposible… y muy doloroso.
—¿Quién te lo dijo? —le pregunté con el ceño fruncido.
—Hablé con Gab la otra noche, él estaba…
—No quiero saberlo —la detuve bajando la mirada avergonzada.
Aileen suspiró… o creí que fue ella, no podría asegurarlo.
—¿Qué harás? —preguntó ahora ella.
Miré a mis amigas a los ojos y me detuve en los de Ángela más que en los de
las otras. Ella jadeó y entrecerró los ojos en mi dirección.
—No te atrevas a hacerlo —siseó entre dientes.
—Ya tengo todo planeado… —aseguré.
—Pero… pero… ¡no! —gritó mientras su labio inferior temblaba—. No
puedes volver a hacerme esto… no… no puedes… ¿sabes lo que me costó la otra
vez? No podré superarlo de nuevo… y menos ahora que estás…
—Lo necesito… —susurré mientras una lágrima descendía por mi mejilla—
aquí no me queda nada.
—¿Y yo que soy? —gruñó.
—Tú siempre serás mi mejor amiga… —mi voz se rompió.
—Jordan…
—¿Alguien puede explicarme de que demonios estáis hablando? —preguntó
Meg en un gruñido.
Ángela me miró a los ojos y su mandíbula se apretó… conocía ese gesto, lo
hacía cuando no quería expresar lo que de verdad sentía, cuando quería
escudarse de algo y fingir que no le importaba.
—Te ayudaré a hacer las maletas —murmuró poniéndose en pie.
—Angie —lloriqueé mientras la veía cruzar la puerta y desaparecer a lo
largo del pasillo.
—¿Maletas? —preguntó Aileen con los brazos cruzados y una ceja alzada.
—Me voy con mi madre a Nueva York —contesté.
—¿Cuándo vuelves? —preguntó Megan con su mirada azul clavada en mí.
—Voy a quedarme allí… pediré un traslado de matrícula en la universidad y
me buscaré un trabajo y un apartamento —relaté los tres primeros pasos de mi
nueva vida.
—¿Qué pasa con Shane? —preguntó Aileen con un hilo de voz.
—Shane… —tomé una bocanada de aire para darme valor— ya no estamos
juntos… él estará bien… tiene a Ahsley —intenté sonreír, pero mis labios no
respondieron.
—Sabes que eso no… —detuve a Aileen alzando una mano… no quería
volver a escuchar lo que había cambiado Shane desde que me conocía… no
podría soportarlo una vez más.
—¿Y qué pasa con Gab? —la pregunta de Megan me tomó por sorpresa y
perdí todo el aire de mis pulmones.
Gab… Shane… las chicas… definitivamente irme me costaría muchísimo,
pero lo sentía tan necesario…
—Seguiremos en contacto —aseguré obligándome a sonreír, aunque se
pareciese más a una mueca de tristeza—, siempre seréis mis amigas.
—Eso no tienes que dudarlo— Aileen sonrió y tomo mi mano dándome un
apretón tranquilizador—. Iremos a verte y tú vendrás también ¿a que sí…? —
tanteó.
—Sí Aileen… vendré… —aseguré sonriendo con un poco más de ganas.
—Iré a… hablar con Ángela —dijo de repente poniéndose en pie y
desapareciendo para dejándome a solas con Meg.
Ella se mantuvo en silencio, observándome… y poniéndome nerviosa, todo
tengo que decirlo.
—Sé que no lo apruebas… —dije sin apartar mi mirada de sus ojos— pero
realmente lo necesito. No puedo quedarme aquí y verlos cada día, no puedo
sentir la necesidad de ir al pueblo a ver a mi padre para encontrarme con su casa
vacía… no puedo Meg… no puedo y necesito que lo comprendas.
—¿Por qué necesitas mi aprobación? —preguntó frunciendo el ceño.
—Sé que tú sabes más de lo que demuestras… Gab es tu amigo y sé que
confía en ti… ayer fue… —no supe como terminar la frase.
—Él se arrepiente de haberte besado… él estuvo a tu lado estas dos semanas
tan duras y creyó que al dejar a Shane tú y él… —negó con la cabeza— es su
culpa… le aconsejé que te olvidara y no me hizo caso… ahora los tres estáis
sufriendo.
—No dejé a Shane por eso… —susurré bajando de nuevo la mirada— Gab
es… importante, pero podía lidiar lo que siento por él… o eso creo.
—Entonces no lo entiendo… —susurró confundida.
—Ahsley… hablé con ella mientras estaba en el pueblo… fue la primera
persona que escuchó mi voz cuando murió mi padre… ella contestó cuando
llamé a Shane para contarle lo que estaba sucediendo… —me detuve ante una
opresión en mi pecho y solté el aire de golpe— y yo no puedo luchar más contra
ella… estoy agotada y emocionalmente inestable para poder reclamar lo que es
mío. Además… tengo mi orgullo y no dejaré que esa rubia oxigenada me lo
pisotee una vez más.
Meg apretó la mandíbula y extendió su mano en mi dirección… la tomé con
fuerza y me sentí un poquito mejor, solo un poquito… pero ya era algo.
—Pero Gab… —comenzó a decir, pero la detuve.
—Lo quiero mucho, me siento confundida con él y como se portó conmigo.
Pero mi cabeza está echa un lío en este momento. Necesito distancia y tiempo…
—Jordan… —susurró antes de abrazarme.

—Os quiero mucho —dije con un nudo apretado con fuerza en mi garganta.
—Y nosotras a ti —dijo Aileen con una rara mueca entre sonrisa y llanto.
—Os llamaré en cuanto llegue —aseguré.
—Esperamos tu llamada —concluyó Meg—, tienes que ir a la estatua de la
libertad y sacarte una foto enseñándole tu dedo a América.
Sonreí ante su ocurrencia y una lágrima descendió por mi mejilla.
—Os echaré tanto de menos… —dije con voz rota.
—Cuando tengas tu apartamento propio iremos a verte… las tres —aseguró
Ángela.
—Y haremos una fiesta de pijamas con alcohol y viudas negras —dijo
Aileen justo antes de sorber por su nariz.
Las cuatro estallamos en carcajadas y me lacé a abrazarlas a las tres a la vez,
no sé muy bien como pensé que podría hacerse aquello, pero las cuatro
estábamos enredadas unas con otras en un amasijo de brazos y bolsos de Gucci
que Aileen y Meg se negaban a soltar.
Una voz por megafonía anunció mi vuelo y me separé de ellas con renuencia.
—Despedidme de todos —les pedí mirando especialmente a Meg y a Aileen
—, decidles que lo siento… y que regresaré algún día volviendo a ser yo misma.
—Mathew no tendrá con quien debatir sobre Shakespeare en sus clases —
rezongó Ángela.
—Yo le daré un aliciente cuando llegue a casa —aseguró Meg con una
sonrisa pícara haciendo que todas riésemos de nuevo.
—Dile que lo quiero mucho… —susurré mirando entre Aileen y Meg una
vez más, sabía que cada una de ellas transmitiría el mensaje a la persona
adecuada.
Di un paso atrás sin girarme y comencé a avanzar hacia la puerta de
embarque sin dejar de mirar a mis amigas.
—¡Acuérdate de llamar! —gritó Ángela.
—¡Enséñale tu dedo a América! —la siguió Meg.
—¡Iré a verte pronto e iremos de compras! —esa solo podía ser Aileen.
Me despedí con la mano y me giré justo a tiempo para empotrarme contra la
espalda de un pobre hombre que miraba el panel de retrasos. Me disculpé con
mis mejillas ligeramente encendidas y me acerqué hacia el mostrador para
enseñar mi billete mientras aferraba con fuerza mi equipaje de mano.
Sentada en el avión le di un último vistazo a Seattle y suspiré… esperaba
poder encontrar la tranquilidad que había perdido aquí los últimos meses… me
acomodé en el sillón y sin querer le di un codazo a la persona que estaba sentada
a mi lado… la clase turista es lo que tiene…
—Lo siento —me disculpé ruborizada una vez más.
—No te preocupes —dijo una voz masculina.
Me sumí en mis pensamientos y miré de nuevo por la ventana… cuando las
turbinas del avión comenzaron a hacer ruido y el avión comenzó a moverse unos
minutos después me aferré con fuerza al sillón intentando tranquilizarme… no
me gustaba volar, me ponía nerviosa.
—A mí tampoco me gusta volar —dijo el chico sentado a mi lado señalando
mis manos—, para tranquilizarme cierro los ojos y pienso en mi lugar feliz. Sé
que suena un poco patético —se ruborizó un poco—, pero ayuda, créeme.
—Lo hago… —balbuceé nerviosa ante unas turbulencias.
—Lo siento… no me he presentado, me llamo Héctor… Héctor Straw —dijo
extendiendo su mano hacia mí.
Se la tomé un poco nerviosa, el avión estaba volando ya a muchos pies de
altura y si caíamos… cerré los ojos para evitar la imagen mental de lo que
pasaría. Pero estar sosteniendo su mano me dio una seguridad que hacía mucho
que no sentía.

Capítulo 24

4 años después…
Podía escuchar el teléfono entre sueños, me removí en la cama y me tapé la
cabeza con la almohada en un intento de hacer que el molesto ruido cesase…
pero no funcionó. Después de unos cuantos segundos más de tormento, me
levanté refunfuñando y llegué al salón, al otro extremo de mi apartamento,
donde estaba el dichoso aparato.
—¿Hola? —mascullé al auricular con voz pastosa.
—Sabía que estarías durmiendo todavía —se quejó mi madre—. ¡Vas a
perder el avión!
—No puedo perder lo que no es mío —gruñí todavía un poco adormilada.
—Protesta lo que quieras —dijo ella con ironía—, pero como no subas a ese
avión la pequeña Aileen es capaz de cometer un homicidio y ocultar tu cadáver
después.
Abrí los ojos desmesuradamente ante la mención de ese nombre…
¡Aileen!
Con solo oírlo fue como si se encendiese una bombilla sobre mi cabeza y
todo rastro de sueño desapareció de mi sistema igual que si se hubiese
mencionado al diablo. Mi amiga podía ser terriblemente aterradora cuando se
enfadaba, y si no subía a ese avión lo haría… y mucho.
—Gracias —espeté justo antes de colgar el teléfono sin esperar contestación.
Me apresuré en meterme en la ducha, en ese momento me arrepentía de no
haberlo hecho la noche anterior y entretenerme con cosas más productivas. Mis
mejillas se encendieron ante el recuerdo y suspiré.
Enjaboné mi cabello y mientras me aclaraba el champú, no pude evitar
recordar mis primeras semanas en Nueva York. Según lo que decía mi madre
parecía una zombi deambulando de un lugar a otro. Echaba de menos todo de
Seattle… a Aileen, a Ángela, a Meg… ¡incluso a Tekila y a sus babas
asquerosas!
Pero lo peor era cuando me quedaba sola en casa cuando se iban a trabajar.
Me sentía hundida, vacía, sola… en ocasiones era como si las paredes de aquel
apartamento se cerrasen sobre mí y el aire comenzaba a escasear. Entonces,
antes de que me diese un ataque de ansiedad o algo por el estilo, me calzaba mis
zapatillas y salía a pasear por la ciudad. No soportaba estar sola o rodeada de
silencio, siempre encendía el televisor, o el equipo de música para que me
acompañasen, pero eso no siempre era suficiente… en ocasiones me parecía
escuchar la risa de Gab sobre el ensordecedor ruido de la música, o sentir las
manos de Shane sujetándome por la cintura cuando me adormecía en el sofá… y
durante las noches era lo peor… creía escuchar la dificultosa respiración de
William en sus últimos días de vida. Estaba casi segura de que me estaba
volviendo loca, llegué incluso a plantearme en serio el visitar a un especialista,
pero entonces era cuando salía a la calle repleta de personas y ruido, la tónica de
cada día en New York, y todo volvía a la normalidad.
Salí de la ducha y me envolví con el albornoz negro que llevaba unos
cuantos meses colgado en el baño, era la primera vez que hacía eso, pero quería
llevarme un poco de su olor conmigo para sentirme segura. Aspiré su aroma y
sonreí, no me hacía tartamudear el corazón, ni me daba vueltas la cabeza por el
aturdimiento, pero me gustaba, me hacía sentir bien, segura, en casa…
Fui al ropero y me vestí con lo primero que encontré, unos tejanos ajustados
y un suéter un poco grueso, ya que en Seattle hacía más frío que en Nueva york,
pero cuidando de que después la demonio no le pusiese peros a mi atuendo.
Mientras colocaba mi ropa frente al espejo, recordé aquel paseo que cambió
mi vida…
Hacía algo de sol, la primavera había llegado oficialmente un par de semanas
antes y todo se veía diferente. El aire era más cálido, los días un poco más largos
y luminosos y las flores y las mariposas comenzaban a invadir Central Park.
Decidí sentarme bajo un árbol y cerrar los ojos dejando caer mi cabeza
contra el tronco…a lo lejos podía escuchar un par de perros ladrando, también a
unos niños jugando y riendo, los cascos de los caballos de dos agentes de policía
que estaban de patrulla, el trinar de los pájaros revoloteando a mi alrededor,
incluso el susurro de una suave brisa que se colaba entre las ramas de los árboles
donde comenzaban a brotar las nuevas hojas. Por primera vez en las cuatro
semanas que llevaba allí me sentí bien, o al menos no tan deprimida, y eso tenía
que aprovecharlo.
—¿Jordan? —creí escuchar como alguien me llamaba.
Yo, achacándolo a mis ataques de locura transitoria en los que creía cosas
que realmente no pasaban, ignoré esa voz y continué con mis ojos cerrados y mi
espalda apoyada contra aquel roble. Sonreí casi inconscientemente y me dejé
llevar por el calor que provocaban los suaves rayos del sol que alumbraban justo
en mi rostro.
—Jordan… ¿eres tú? —volví a escuchar de nuevo esa voz.
Ya totalmente intrigada y dejando a un lado mis pensamientos sobre mi
ingreso en un psiquiátrico abrí los ojos y allí estaba él. Casi no me había
acordado de él desde que nos conocimos y verlo me sorprendió, aunque no tanto
como que se acercase a hablar conmigo.
—Héctor… —susurré.
Él sonrió mostrándome sus blancos dientes y señaló un lugar a mi lado sobre
el césped, preguntando en silencio si podía ocuparlo, a lo que yo asentí en
respuesta.
—Cuando te vi a lo lejos no pude creer que fueses tú —dijo después de unos
segundos de silencio—, ¿qué tal te trata Nueva York?
Sonreí dejando a un lado los recuerdos de mis alucinaciones y poco a poco
comenzamos una conversación tranquila e interesante.
Héctor era cinco años mayor que yo, estaba estudiando derecho y le
quedaban dos años para licenciarse. Viajó a Seattle por trabajo, ya que era
becario en un importante bufete de abogados de Manhattan. Yo le conté mi vida
a grandes rasgos, eludiendo detalles escabrosos, por supuesto, pero explicando
cómo estaba mi situación en ese momento. Él me escuchó atentamente y pareció
comprenderme cuando le expliqué como sentía con la reciente muerte de mi
padre.
Desde ese día quedábamos en vernos cada tarde, nos sentábamos bajo ese
roble de Central Park y hablábamos durante horas sin ser conscientes del tiempo
que pasaba. Héctor era genial, atento, considerado, sabía escuchar y nunca me
juzgaba sin saber exactamente como era la situación. Poco a poco se convirtió en
mi mejor amigo allí en Nueva york y una persona a la que sabía que podría
recurrir en caso de necesitarla.
Volviendo de mis recuerdos me senté en la cama para colocarme los zapatos,
unos Jimmy Choo que Aileen me había regalado por uno de mis cumpleaños,
seguro que a la enana le hacía ilusión comprobar que los utilizaba.
Sentí un brazo rodear mi cintura y aquella sensación de tranquilidad me
envolvió como de costumbre. Sonreí y un beso en mi cuello me hizo suspirar.
—¿Ya te vas? —susurró con voz ronca en mi oído.
—Sí… me he quedado dormida y se me ha hecho tarde —protesté—, si me
hubieses dejado dormir antes anoche, ahora podríamos despedirnos como se
debe, pero…
—Solo un poquito… —suplicó mordisqueando el lóbulo de mi oreja.
—Perderé el avión… y te echaré la culpa a ti —lo amenacé.
—Hazlo… —susurró jugando con su lengua justo debajo de mi oreja— no
me importa.
—Te importará cuando Aileen te ponga los huevos de pajarita con una sola
patada —le advertí sonriendo y sentí como se tensaba.
—De acuerdo —masculló dejándose caer de golpe sobre el colchón—, vete
con ese diablillo en miniatura.
—No hables así de ella… en el fondo la adoras —comenté divertida.
Él enarcó una ceja y pareció pensarlo.
—Bueno… —vaciló— puede que muy, muy, muy, muy en el fondo… ¡no!
—negó con la cabeza enérgicamente—, y estoy seguro de que el odio es mutuo.
—Héctor… —lo regañé.
—Anda vete… ¡corre! perderás el avión y a saber qué clase de perversiones
tiene planeadas la demonio para castigarte por tremendo sacrilegio —dijo
rodando los ojos.
Sonreí y me puse me de rodillas en la cama gateando hasta quedar a la altura
de su rostro y besar su boca.
—Te quiero —susurré justo antes de volver a besarlo y sentí como sonreía
contra mis labios.
—Yo también te quiero —contestó alzando una mano e inmovilizándome,
colocándola en mi nuca para profundizar el beso.
Salí del apartamento que compartíamos desde unos seis meses atrás, cuando
Héctor me pidió que viviésemos juntos oficialmente después de una relación de
más de dos años. Alcé el brazo para parar un taxi y yo y mi pequeña maleta nos
dirigimos hacia el aeropuerto JFK de Nueva york. Mi maleta era pequeña porque
no llevaba más que lo justo e indispensable, conocía perfectamente a Aileen y
sabía de antemano que tendríamos más de una salida de compras.
Sin querer recordé de nuevo mi historia con Héctor, volver una vez más a
Seattle, ya que había ido alguna que otra vez de visita a lo largo de los años, traía
con sigo recuerdos que ya creía en el olvido y que se presentaban casi a cuenta
gotas.
Pero volviendo al recuerdo de mi relación con Héctor… en un primer
momento fuimos tan solo amigos, pero los mejores. Nos contábamos
absolutamente todo, él llegó a conocer mi lío mental entre Shane y Gab… pero
pese a ser él cinco años mayor que yo, aunque no era excesivo, pero nunca
tuvimos problemas con la diferencia de edad. Héctor siempre estuvo a mi lado,
desde aquella tarde que nos rencontramos en central Park sabía que podía contar
con él para cualquier cosa.
Él me ayudó a buscar apartamento en cuanto encontré un trabajo estable en
una librería al lado de Lincoln Square, estaba de camino a Manhattan, por lo que
nos veíamos muy a menudo. Él me ayudó en mis primeros días en la New York
University, ya que la facultad de derecho estaba prácticamente al lado de la de
literatura y filosofía… y fue mi paño de lágrimas cuando me aterraba y entraba
en pánico por volver a Seattle para ver a mis amigas.
Mis amigas… las chicas… las echaba terriblemente de menos. Meg, Angie y
Aileen fueron mi motor para volver a sonreír y dejar atrás todo lo que me dolía.
Por ellas intenté salir a flote, para poder regresar a Seattle con la cabeza bien alta
y las ideas claras. Cumplimos nuestra promesa de vernos siempre que
pudiésemos, en ocasiones era yo quien viajaba y en otras ocasiones eran ellas las
que cogían un avión para visitar la gran manzana… pero no pasaban más de tres
meses sin que nos viésemos de un modo u otro. Habíamos hechos nuestras
fiestas de pijamas prometidas, con risas, alcohol, bromas y juegos que nos
dejaban al borde de un colapso por la falta de oxígeno de reír con tanta
intensidad. Aunque las viudas negras nunca fueron nuestras invitadas de honor
en ninguna borrachera más.
Después de pagar el viaje en taxi, me dispuse a facturar mi maleta y después
busqué la puerta de embarque en el panel de información. Una vez localizada me
dirigí hacia ella y me senté en uno de esos incómodos bancos de plástico a
esperar que anunciasen mi vuelo y pudiese irme ya. Por suerte, era bastante
temprano y el tráfico me permitió llegar a tiempo para tener que esperar al
menos media hora. Me puse los auriculares en los oídos y dejé que el tiempo
transcurriese mientras la música de mi grupo favorito resonaba en mi oídos.
Mis recuerdos me llevaron de nuevo a mi primera cita con Héctor, nuestra
primera cita de verdad, no solo una salida más como amigos. Habíamos decidido
darnos una oportunidad después de que nos besásemos por un impulso en el
portal de mi edificio, además… nos compenetrábamos tan bien que era absurdo
no intentarlo cuando teníamos una conexión tan evidente. Me costó aceptar que
podía continuar mi vida, pero las insistencias de Meg, diciéndome que la vida
continuaba y que los amores adolescentes no son para siempre, me animó a dar
ese paso. Fuimos a hacer un recorrido turístico por la ciudad, después de más de
un año viviendo allí todavía no lo había hecho y Héctor decidió poner remedio a
eso. Visitamos en el Empire State, Times Square y la estatua de la libertad,
donde buscó su teléfono móvil y me sacó una foto mostrándole mi dedo a
América, se la envié enseguida a Meg, y no tardé en recibir su contestación.
Todo con Héctor era fácil, no había Ahsleys de por medio, no sentía el rechazo
al sentir que traicionaba a alguien al besarlo…
Pero sí… no todo era tan fácil.
Aunque quería evitarlo a toda costa, me era imposible no compararlos.
Héctor era atractivo, pero no tenía el pelo color cobre y despeinado, tampoco
tenía una cabellera negra y desgreñada, él era rubio y su pelo largo y ensortijado
siempre estaba sujeto en una coleta en su nuca. Sus ojos no eran verdes… o
negros, sino de un electrizante azul que te calaba hasta los huesos. Su voz no era
sedosa, ni ronca, simplemente era una voz masculina sin ningún matiz especial.
Lo quería… lo quería muchísimo, pero su presencia nunca me puso nerviosa
ni sus caricias me llevaron al límite de mi autocontrol. Con él podía ser yo
misma, pero nunca me sentí libre del todo.
—Llamada para los pasajeros del vuelo 316 con destino al aeropuerto
Seattle-Tacoma, por favor, embarquen por la puerta doce.
La voz por megafonía me hizo dar un brinco y ponerme en pie casi en el
acto. Aferrada con fuerza a mi equipaje de mano avancé hacia el avión que me
llevaría de vuelta hacia el pasado.

Cuando llegamos a Seattle, como ya era costumbre en esa situación, un
enjambre de mariposas decidió anidar en mi estómago. Las sentía revolotear
incansablemente, estaba nerviosa… no sabía quién iría a buscarme al aeropuerto,
ni si en mi visita tendría la misma suerte que tuve en las anteriores, el no ver a
Shane o a Gab me ayudaba a estar más tranquila.
Por las últimas noticias que tenía, Gab ahora vivía en la playa muy cerca del
pueblo, aunque pasaba largas temporadas en Seattle, ya que su negocio todavía
continuaba abierto aunque él solo se hacía cargo de la contabilidad mientras sus
dos compañeros llevaban la parte mecánica del taller. Shane, según me había
dicho Aileen, se mudó a vivir él solo a los pocos meses de irme a Nueva york, de
vez en cuando iba de visita a la enorme casa de sus padres a las afueras de
Seattle, por suerte ninguna de esas visitas coincidió con las mías.
Cuando tuve por fin mi equipaje me armé de valor para alzar la cabeza y
buscar una cara conocida entre el gentío, no sé bien a quien esperaba encontrar.
¿Aileen? ¿Ángela? ¿Megan? No… nada de eso, había ido a buscarme ni más ni
menos que Mathew. Una sonrisa se me pegó a la cara y casi corrí para que me
envolviese en sus brazos.
Si nuestra relación siempre fue buena y estrecha pese que él era mi profesor
y yo su alumna, en cuanto dejó de serlo nos volvimos más cercanos, incluso
viajó un par de veces a Nueva York con Megan. Nos hicimos grandes amigos y
confidentes, era como mi hermano mayor, ese que nunca tuve pero que siempre
quise tener.
—Hola cuñadita —susurró en mi oído cuando sus brazos me envolvieron.
Hacía cuatro años que mi relación con Shane había hecho aguas, pero para él
continuaba siendo su cuñada y no perdía ocasión de recordármelo en cuanto
podía—. ¿Qué tal el vuelo? —preguntó sujetando mi maleta.
—Largo… —espeté— y muy alto… sabes que me da miedo volar —
aseguré.
Él pasó un brazo por mis hombros y me atrajo hacia sí mientras caminamos.
—Menos mal que has llegado, a ver si puedes parar al huracán Aileen… nos
está volviendo locos a todos —dijo casi en un susurro a modo de confidencia.
—Ya conoces a Aileen… no se calmará solo con mi presencia —sonreí—,
pero intenta entenderla, no se va a casar todos los días.
—No por favor… es suficiente con una boda —su sonrisa se ensanchó y sus
inconfundibles hoyuelos se le marcaron en las mejillas. Siempre que eso pasaba
tenía que luchar con la necesidad de pellizcar sus mejillas como si fuese un niño
pequeño.
Cuando llegamos a la mansión Spencer, Caroline estaba al teléfono y solo
pudo saludarme con una sonrisa y un movimiento de su mano. Cada vez que
venía de visita me ponía nerviosa por ver a los padres de Shane, siempre temía
su reacción al verme. Sabía que era un miedo infundado, Caroline y Robert solo
me demostraron cariño, mi ruptura con Shane nunca afectó la complicidad que
conseguí con ellos, aunque creo que mi amistad con Aileen también colaboró en
ello.
Mathew subió mi maleta hasta el segundo piso y se detuvo frente a una
puerta que no era la habitual cuando yo me quedaba allí. Mi respiración se
congeló y lo miré con el miedo reflejado en mis ojos.
—Dime que no es verdad —supliqué con voz temblorosa.
—El vestido de Aileen está en tu habitación de siempre, la tiene cerrada bajo
llave y es capaz de arrancarle la cabeza a quien ponga un pie allí —explicó un
poco avergonzado.
—Pero… Mathew… es… esa es… es la habitación de Shane… ¿qué ocurre
si quiere quedarse él a dormir aquí? Yo… yo no puedo quedarme ahí… —
balbuceé con nerviosismo mientras mis manos se frotaban una contra la otra.
Y ahí estaban mis verdaderos sentimientos. Había puesto tierra de por medio,
había comenzado una relación con un hombre maravilloso, pero Shane todavía
me ponía nerviosa… y eso sin verlo siquiera. No podía ni imaginarme cómo
reaccionaría al tenerlo delante el día de la boda.
—Shane sabe que te quedarás aquí —explicó con tranquilidad y seriedad,
ahora era el profesor Spencer el que estaba hablando y no Mathew—, Caroline
quiso darte otra, incluso pensó en comprar una cama y ponerla en el ático, pero
Shane insistió en que te quedases aquí, que a él no le importaba.
Llené mis pulmones de aire y después lo solté lentamente… demasiada
información en tan poco tiempo… no quería pensar en ello. No cuando iba a
dormir en su cama, esa cama en la que tantas veces dormimos e hicimos el amor.
Con un suspiro resignado y mis ojos cerrados con fuerza, así el pomo de la
puerta y lo giré con decisión, aunque dentro de mí se estaba desatando la
segunda guerra mundial entre mariposas revoloteantes, recuerdos y nervios
acumulados. Mala combinación si la portadora era la patosa de Jordan. Con los
ojos cerrados no miraba por donde iba, y al final enredé mis pies en la alfombra
y me caí al suelo golpeándome con un mueble en el proceso. Las risas sofocadas
de Mathew mientras intentaba aparentar tranquilidad fue lo único que me hizo
reaccionar y al abrir los ojos me vi allí de nuevo, en su habitación… y todo a mí
alrededor olía como él.
Mathew se fue dejándome sola, suspiré y me senté en su cama mientras un
sin fin de recuerdos venían a mi mente y me colapsaban casi quitándome la
respiración. Creía tener el tema un poco más superado, ahora, a mis casi
veinticuatro años creía ser lo suficiente madura para dejar el pasado atrás… pero
no, el pasado volvía y me hacía sentir tan perdida como cuando cogí el primer
avión rumbo a Nueva York.
Unos golpes en la puerta me trajeron de nuevo a la tierra y susurré un débil
“adelante” casi inaudible. La puerta se abrió y Megan, mi Meg, la cruzó con una
sonrisa y los brazos abiertos para mí. No lo pensé y me puse en pie para
abrazarla, eso sí, teniendo mucho cuidado con la pequeña pelotita que ahora
adornaba su vientre.
Sí… Meg estaba embarazada de seis meses. Casi entra en cólera cuando
Aileen y Zack anunciaron su boda un par de meses atrás y descubrió que tendría
un enorme bombo de recuerdo en las fotografías, pero Aileen le restó
importancia y le dijo que así su sobrino sería una parte importante y muy visible
en su boda.
—Lo siento mucho —susurró en mi oído.
Suspiré.
—No te preocupes… soportaré dormir en su cama —forcé una sonrisa y la
miré a los ojos mientras me alejaba.
Ella frunció los labios y me miró con una disculpa.
—No es eso lo que siento, cariño —dijo con dulzura—. Shane y Gab
vendrán a cenar esta noche, es la cena de ensayo y Aileen fue muy clara, nadie
puede faltar.
Mi cabeza dio vueltas y tuve que sentarme de nuevo en la cama para no
perder el equilibrio… Shane… Gab… y yo… en una misma habitación…
Respiré hondo para que no me diera un síncope, tenía que ser fuerte… tenía
que mostrar la madurez de la que presumía y bajar al comedor con mi mejor
sonrisa. Habían pasado cuatro años, cuatro largos años en los que habían pasado
muchas cosas en mi vida, suponía que lo mismo en la de ellos. Quizás hasta
tenían pareja estable o estaban comprometidos… no tenía que preocuparme por
algo así… no era sano para mi salud mental.
—Date una ducha y relájate… Aileen te colocó a mi lado y no te dejaré sola
en ningún momento —aseguró Meg tomando mi mano.
—Gracias —dejé salir con un suspiró a la vez que me inclinaba hacia delante
y besaba su tripa, ella sonrió y me dejó sola para que me arreglase.
Después de una larga ducha me sentía un poco mejor, pero aunque me
esforcé en conseguirlo, el agua no fue capaz de llevarse las mariposas, los
nervios y mucho menos los recuerdos. Aunque nada de eso se veía reflejado en
mi cara… o eso esperaba.
Con paso decidido bajé al piso inferior y seguí el sonido de las voces, la
puerta del comedor estaba abierta y se oía que el ambiente ya estaba caldeado.
Entré con decisión, aunque internamente estaba a punto de desmayarme, pero
mantuve la compostura e interpreté mi mejor papel.
Todo estaba repleto de gente que apenas conocía, había por lo menos
cincuenta personas allí dentro además de los Spencer, busqué de nuevo un rostro
conocido como en el aeropuerto y mi mirada se trabó con lo que más esperaba y
a la vez más temía. Allí estaba… o debería decir estaban… tan perfectos como
siempre, sonriendo, bromeando como antaño, parecían felices en su mundo,
como si hubiese una burbuja impenetrable a su alrededor.
Los tenía solo a unos pasos de distancia y me quedé paralizada, sin saber
muy bien qué hacer y sin poder apartar la mirada de ellos. Estaban un poco más
mayores, pero era normal, habían pasado cuatro años, cuatro años que no me
prepararon para la nueva avalancha de recuerdos que hizo que mis rodillas
temblasen hasta tal punto que pensé que cederían ante mi peso.
De repente sus rostros se volvieron hacia mí y sus expresiones fueron
similares, una sonrisa. Intenté devolverla, lo juro… lo intenté con todas mis
fuerzas, pero los músculos de mi rostro no respondían. Cuando los vi acercare
mi pulso se aceleró y mis manos comenzaron a sudar. Quería correr y escapar,
esconderme bajo la cama, ir al aeropuerto y perderme en la Conchinchina con tal
de no enfrentarme a ellos, pero sabía que eso era demostrar mi cobardía y ya
había pisoteado mi orgullo lo suficiente en el pasado como para hacerlo una vez
más.
—Hola —dijeron al unísono y después se miraron y se sonrieron con
complicidad.
—Shane… Gab… —pronuncié con dificultad desechando todos los
sentimientos confusos que me estaban volviendo loca— por fin coincidimos.
—Por fin… —dijo Gab con aquella sonrisa tan blanca y sincera que
recordaba.
—¿Cómo estás? —preguntó Shane, y el sonido de su voz casi me provoca
cerrar los ojos y esperar que volviese hablar como si fuese el canto de una sirena.
—Bien —me encogí de hombros y sonreí sutilmente—, ¿Vosotros cómo…?
—¡Oh Jordan! —gritó Aileen corriendo hacia a mí y dándome uno de esos
abrazos tan efusivos haciendo que me tambalease hacia atrás—. ¡Al fin has
llegado! —gritó con más energía.
—Hola —sonreí a mi amiga.
—Hola cariño —me abrazó Caroline que venía tras ella.
—¿Pero has venido sola? —preguntó Aileen frunciendo el ceño, yo asentí—.
Menos mal… —suspiró— sabes que no me gusta nada es tipo… no entiendo
cómo te vas a casar con él.
Caroline jadeó y se llevó una mano a la boca mientras miraba mi mano
izquierda con una expresión parecida al horror. Pero mi atención estaba puesta
en otras dos personas, que solo me miraron a los ojos con una expresión
inescrutable y su mandíbula apretada.
De repente, y sin motivo aparente, mi dedo anular de la mano izquierda
comenzó a pesar como si fuese un yunque de una tonelada.
Capítulo 25

Silencio… el resto del mundo dejó de existir y se quedó en absoluto silencio


mientras Gab y Shane me miraban de un modo difícil de descifrar. No sabía qué
hacer y mucho menos sabía que decir… ¿Qué le dices a tu exnovio y al mejor
amigo de este que te confundía con sus sonrisas cuando te vas a casar con otro
hombre?
—¿Quién… quién será el afortunado? —dijo Caroline mientras jugueteaba
nerviosamente con el colgante que tenía sobre su pecho—. Aileen nunca me dijo
nada —continuó mirándola reprobatoriamente.
Sonreí volviendo a la realidad. Hablar de Héctor me traería de vuelta al
presente también, un presente donde Shane y Gab no estaban, donde solo eran
un recuerdo.
—Se llama Héctor Straw —dije con voz tranquila—, es abogado y trabaja en
Fisher & Richardson.
—¿Es el bufete que lleva a los famosos? —preguntó sorprendida.
—Sí —volví a sonreír—, llevamos casi tres años juntos y bueno… —me
encogí de hombros y esperé que mis mejillas enrojeciesen como era habitual,
pero eso no pasó.
—Me alegro mucho, cariño —dijo Caroline con una sonrisa forzada.
—¡Jordan! —chilló Meg desde el otro extremo de la habitación, la miré y me
hacía señas para que fuese con ella.
Sonreí y me disculpé para llegar a su lado y abrazarla para agradecerle el
haberme salvado y volver de nuevo a poner los pies sobre la tierra… ella era la
única que conocía mi conflicto en el pasado y estaba segura de que tampoco le
pasaba desapercibido que mi boda con Héctor no era por verdadero amor, era
cariño, amistad, lujuria… pero nada más lejos de los suspiros de enamorada y las
miradas cargadas de pasión. Héctor era mi salvavidas, ese tronco al que me
sujetaba cuando la corriente era demasiado fuerte y me llevaba río abajo. Como
en ese momento, pero no estaba a mi lado para ayudarme.
Cuando nos sentamos a la mesa para cena, no pude evitar buscar a Shane y a
Gab con la mirada, estaban a unas cuantas sillas de distancia, miraban sus
cubiertos vacíos y estaban en silencio. Parecía que les habían robado toda la
alegría que mostraban cuando los vi por primera vez esa noche. Me pareció
extraño, pero no quise ahondar demasiado en el tema, Gab y Shane tenía que
darme igual, no debía preocuparme por ellos más de lo recomendado o me
volvería loca de verdad.
—No sé qué es lo que están tramando, pero no me da buena espina —susurró
Meg en mi oído.
—¿De qué hablas? —le pregunté con el ceño fruncido.
—Shane y Gab… desde que saben que vendrías han estado muy… ¿cómo
decirlo…? “nerviosos”. Conozco a Gab y sé que se traen algo entre manos, pero
me preocupa lo que pueda ser… ten cuidado, Jordan —me advirtió con evidente
preocupación.
Asentí en su dirección y decidí dejar mis neuronas tranquilas por un rato y
disfrutar de la cena, era la noche de Aileen, ella quería todo perfecto y no sería
yo quien lo estropease.
Cuando por fin estuve en la habitación de Shane y estaba segura de que mis
dos tormentos estaban lejos, pude respirar con tranquilidad. Inspiré y expiré
profundamente un par de veces hasta que me di cuenta de que su olor estaba
impregnado en cada objeto de esa habitación, me estaba aturdiendo.
Sin pensar en nada más me quité la ropa y solo con mi ropa interior puesta
busqué mi pijama o algo que me sirviese para dormir dentro de mi maleta,
comencé a maldecir entre dientes al no encontrar lo que estaba segura que había
metido allí, recordaba perfectamente haber medito un camisón azul con un
dibujo de Hello Kitty en la parte frontal. Unos golpes en la puerta me hicieron
dar un brinco sobresaltada, hasta que la cabeza de Aileen se asomó por ella.
—¿Puedo dormir contigo? —preguntó en un susurro— Llevo tanto tiempo
durmiendo con Zack que no sé estar sola en una cama —hizo un puchero
gracioso y yo sonreí.
—Pasa… —susurré— pero espero que no te importe que duerma
prácticamente desnuda a no ser que me dejes algo tuyo… parece que he olvidado
mi pijama en New York.
Aileen sonrió y sus ojos brillaron, algo que me dio miedo, conocía esa
mirada y conocía perfectamente a Aileen para imaginar que algo dentro de su
cabeza estaba tomando forma y le temía… tanto que casi me echo a temblar.
—Yo solo he traído lo justo para mí —dijo fingiendo pesar—, pero hay algo
que puedes utilizar… no me mal interpretes, no me importa dormir contigo así,
pero me caso mañana y no quiero que mi última noche de soltera sea al lado de
una mujer técnicamente desnuda.
—¿Qué estás tramando? —pregunté entre dientes.
Ella solo me ignoró y abrió la puerta del armario rebuscando algo en su
interior. Eso no sería un problema si no estuviese rebuscando en el armario de
Shane… entre su ropa.
—Esto servirá —sonrió mostrándome una camiseta gris perfectamente
doblada, yo di un paso atrás y negué frenéticamente con la cabeza—. Jordan…
es solo una camiseta… no te va a morder.
—Aileen…— exhalé con fuerza.
—Póntela y no se hablé más —cuando quise darme cuenta ya me la había
pasado por la cabeza así que no pude hacer otra cosa que pasar los brazos por los
huecos correspondientes y temblar ante el olor que me envolvió.
Aileen se metió en la cama mientras yo intentaba contralarme, no sabía qué
hacer. Tenía ganas de estar en Nueva York, en casa, abrazar a Héctor y
olvidarme de todo, quería cerrar los ojos y volver cuatro añas atrás donde todo
era más fácil… o más complicado según como se mirase. Pero lo último que me
apetecía era dormir en la cama de Shane y con su camiseta puesta que olía tan
bien como él.
—Ven aquí —protestó mi amiga—, no quiero que tengas ojeras mañana…
Obedecí y me tumbé a su lado, apagué la lámpara y la habitación se quedó en
una suave penumbra gracias a la luz de la luna que se colaba por el enorme
ventanal. Pasaron unos cuantos minutos en los que no me moví, mi mirada se
quedó trabada en el techo mientras mi cabeza daba vueltas y más vueltas sin
encontrarle sentido a nada.
El encuentro con Gab y Shane había removido más cosas de las que esperaba
en un primer momento. Tenía claro que Shane estaría en la boda de Aileen,
después de todo era su hermana, pero Gab era un añadido para el que no estaba
preparada y mucho menos el ver que las cosas entre ellos seguían igual de bien
que años atrás.
—¿Ya tenéis fecha? —preguntó Aileen en un susurro sacándome de mis
pensamientos.
—¿Qué? —dije aturdida.
—La boda… con Héctor… ¿cuándo es? —volvió a preguntar.
Suspiré expulsando todo el aire de mis pulmones y después los llené de
nuevo lentamente.
—El día de mi cumpleaños… en tres meses —dije con un hilo de voz.
—¿Dónde?
—En Nueva York… lo discutimos un par de veces y bueno… su hermano
vive en Europa y llegaría con un vuelo directo, sus compañeros de trabajo y
nuestros amigos están todos allí —expliqué.
—¿Y nosotros? ¡Tenemos que viajar hasta allí! —me reprochó con dulzura.
—Vamos Aileen… te encanta viajar a Nueva York… no te quejes tanto —
bromeé.
Nos volvimos a quedar en silencio e incluso pensé que Aileen se había
dormido.
—No me gusta para ti —musitó.
—¿Cómo? —mi ceño se frunció.
—Héctor… no es que sea mala persona… pero no es tu príncipe azul —se
sentó en la cama de golpe y yo la imité—. Te quiero mucho Jordan, eres una de
mis mejores amigas y aunque acepté que ya no seremos cuñadas porque Shane
metió la pata hasta el fondo… siempre tuve la esperanza de que volvieseis
juntos.
—Eso… eso no va a pasar —aseguré con voz temblorosa, aunque no sabía si
quería convencerme más a mí misma que a Aileen.
—Lo sé… —dijo con voz triste— pero Héctor… te quiere y tú lo quieres a
él, no lo dudo, pero no creo que ese matrimonio tenga futuro.
—Tú lo has dicho…nos queremos, eso es suficiente —protesté.
—Pero no lo es, no lo amas… —afirmó— un matrimonio sin amor solo es
un contrato Jordan, no una promesa.
—Aileen…
—Mañana es mi boda cielo… quiero estar perfecta y que tú también lo
estés… es hora de dormir —zanjó el tema.
Ella volvió a tumbarse y yo lo hice a su lado, en silencio y con mis
pensamientos tan revueltos que se hicieron un nudo y tuve ganas de gritar hasta
quedarme sin voz, en cambio me quedé allí, mirando al techo y dejando que el
tiempo pasase lentamente.

Las luces de un nuevo día solo trajeron la locura a la casa de los Spencer.
Todavía no eran las siete de la mañana cuando Aileen se levantó de un salto y
obligó a todos los habitantes de a casa a hacer lo mismo y ponerse en marcha.
Todavía quedaban once horas para que comenzase la ceremonia, pero Aileen ya
estaba con los nervios de punta y se veía que era capaz de sacarle a los ojos a
cualquiera que osase llevarle la contraria o ponerse en su camino.
Estaba desayunando con Caroline a mi lado cuando mi teléfono móvil
comenzó a sonar y lo descolgué en cuanto pude.
—Hola cariño —saludaron al otro lado.
—¡Héctor! —casi me atraganto— Hola… ¿cómo va todo por allí?
—Te echo de menos… —rezongó— pero por lo demás todo bien… siento no
poder ir a la boda, este caso es importante y es el primero que llevo yo solo.
—No te preocupes… Aileen y Zack lo entienden —lo tranquilicé, aunque
mentalmente pensaba que lo agradecían más que entenderlo.
—¿Algo nuevo por ahí? ¿No tienes ninguna novedad que contarme? —
preguntó con suspicacia.
—Aileen está como loca… apenas se ha levantado de la cama se ha puesto
hacer cosas sin parar —expliqué, aunque sabía que no era eso lo que quería
escuchar.
—Ya… Aileen… pero… —vaciló— ¿qué tal con los invitados?
Tragué en seco, Héctor quería saber sobre Shane y yo quería contarle, quería
contarle que los había visto a él y a Gab y mi mundo se había puesto del revés
desde entonces, quería contárselo como mi amigo que era, pero sabía que eso le
haría daño como mi prometido, así que mentí lo mejor que pude.
—Todo bien… nada nuevo que contar sobre ese tema —Caroline me miró
fijamente en ese momento, seguro que notaba que estaba mintiendo vilmente a la
persona con la que iba a compartir el resto de mi vida, pero no me dijo nada y
volvió a lo que estaba haciendo.
—Mi amor… tengo que colgar que ya comienza el juicio, te llamo luego y
me cuentas como va todo —me cortó Héctor.
—Claro… suerte —susurré.
—Te quiero… no lo olvides —dijo con más emoción de la necesaria.
—Yo también te quiero —contesté con un hilo de voz.
Cuando colgué el teléfono sentía la mirada de Caroline sobre mí… sabía que
quería decirme algo, lo sabía desde la noche anterior, así que la miré esperando
que comenzase a decir lo que pasaba por su cabeza.
—Jordan… —susurró— sabes que te quiero mucho, casi como si fueses mi
hija —sonrió y yo no pude evitar devolverle la sonrisa—. ¿Estás segura de
casarte con ese hombre? No lo conozco y no dudo que sea un buen hombre y se
esfuerce en hacerte feliz… pero tú… no pareces…
—Caroline —la interrumpí—, te agradezco que te preocupes por mí… eso
significa mucho. Pero sé lo que voy a hacer, Héctor es genial, somos muy
buenos amigos, nos entendemos y lo quiero muchísimo, además… sé que él
cuidará de mí.
—¿Crees que eso será suficiente? —preguntó alzando una ceja—. Llevo
treinta y cinco años casada con Robert y te puedo asegurar por experiencia que si
no hay amor… los matrimonios no significan nada. Eso es lo que me he
encargado de inculcarle a mis hijos. No tienes más que ver lo feliz que es
Mathew con Meg, o lo radiante que está Aileen con la boda de esta tarde. Sé que
ellos han elegido bien, lo leo en sus ojos, lo veo cada vez que sonríen. Tú no
brillas así Jordan. Cuando hablas de Héctor lo haces con cariño, pero te falta esa
chispa que alumbra a Aileen o a Mathew cuando ellos lo hacen…
Tenía un nudo en la garganta que me impedía hablar, bien sabía yo que lo
mío con Héctor no era amor. Como ya lo había dicho, él era mi salvavidas, el
que siempre me extendía una mano para ayudarme y escucharme. El me
aportaba seguridad, el saber que cuando acabase el día y llegase a casa tendría
los brazos abiertos esperando por mí.
—Caroline, yo… —comencé a hablar.
—No quiero explicaciones y mucho menos excusas cariño —me interrumpió
—, supongo que todavía faltará un tiempo para la boda, solo te pido que lo
pienses, que analices lo que de verdad quieres. Existe el divorcio y nada es
eterno, pero eso puede abrir nuevas heridas que serán muy difíciles de cicatrizar.
Sin más se puso en pie y se alejó de allí dejando un beso sobre mi cabeza.
Suspiré y dejé que mi frente impactara contra la fría madera de la mesa de la
cocina, cada vez que hablaba con una nueva persona las cosas se me enredaban
más, los nudos que estaban formando mis pensamientos cada vez que apretaban
más y más… y no sabía si sería capaz de desatarlos una vez que llegase a Nueva
York y Héctor me abrazase. Esperaba que sí… si no estaría perdida.
—¿Una mala noche? —preguntó Mathew a mi espalda.
Sonreí y alcé mi cabeza para mirarlo.
—Si vas a darme otra charla más de porque no debería casarme con
Héctor… por favor, ahórratelo —supliqué.
—¿Vas a casarte con… ese? —susurró sorprendido.
—Math… —lo reprendí entrecerrando los ojos.
—Solo puedo decirte que cada uno aprende de sus errores —se sentó a mi
lado y me codeó justo cuando iba a meter otra cucharada de cereales en mi boca
y esta se cayó manchando de leche la camiseta de Shane que todavía llevaba
puesta. Lo miré mal y él solo sonrió divertido.
—Shane llegará en media hora y no creo que le haga bien verte con eso
puesto… —señaló mi camiseta y me miró de arriba a abajo—, mucho menos si
solo llevas… eso.
—¿Qué quieres decir? —pregunté con el ceño fruncido.
—Que te cambies…
—¿Y con lo de Héctor? —pregunté recordando sus palabras anteriores.
—No importa lo que piense, si no lo que tú piensas… si quieres casarte…
hazlo… nadie debería disuadirte para hacer lo contrario. Pero piénsalo muy bien
antes de dar un sí quiero que no quieres —me guiñó un ojo y sonrió.
Me puse en pie algo aturdida y él palmeó mi trasero haciendo que el sonido
resonase por toda la cocina.
—¡Mathew! —chillé—. Se lo diré a Meg —lo amenacé.
—No me dan miedo tus amenazas… cuñadita —rio estridentemente mientras
me robaba mi bol de cereales y comía lo que yo había dejado.

No sonaba un vals de Pachelbel, ya que Aileen lo quiso así… su boda no
sería como todas las demás y mi carne se puso de gallina cuando la vi avanzando
por el pasillo que creaban las sillas en el jardín de los Spencer. Su vestido blanco
marcaba su pecho y se pegaba en su cintura hasta sus caderas donde caía en una
floja falda que le tapaba los pies y se mecía con los decididos y lentos pasos que
daba. Sus ojos brillaban como si fuesen dos soles y tenía una sonrisa imborrable
mientras toda su atención se centraba en Zack, que estaba esperando por ella
junto al pastor.
Meg, sentada a mi lado, se sorbió la nariz y yo sonreí, Ángela, sentada a mi
otro lado y sujetando mi mano con fuerza, también estaba llorando. Aileen
quería que fuésemos sus damas de honor, pero además de ser un número impar,
Meg con su enorme panza se negó rotundamente, entonces ella dijo que si sus
mejores amigas no iban juntas, no quería a nadie.
Escuché atentamente la ceremonia sin volver mi vista atrás, sabía que si lo
hacía mi mirada caería irrevocablemente en esos dos pares de ojos que no me
dejaron dormir en toda la noche. No quería volver a enredar mis pensamientos,
no quería volver a tener que preguntarme cuales eran los motivos que me
llevaban a casarme con Héctor, los tenía tan claros solo dos días atrás… que me
parecía absurdo tener que recordármelos constantemente para tenerlos presentes.
Mientras Aileen emocionada pronunciaba sus votos, intenté imaginarme en
la misma situación conmigo frente a Héctor, estaba segura de que la emoción no
sería tanta, y el “amarte y respetarte cada día de mi vida” sonría tan falso en mi
voz que estaba segura de que hasta el pastor le daría la risa en cuanto me
escuchase.
Suspiré y miré mis pies… no podía mirar esa ceremonia y esperar que la mía
fuese igual de emotiva… ni de lejos. Zack y Aileen respiraban amor, se lo
transmitían cada vez que se miraban, que se rozaban involuntariamente… solo
con verlos te dabas cuenta de que estaban hechos el uno para el otro.
¿Me vería así con Héctor?
Lo dudaba…
Es más… estaba completamente segura de que no.
—No le des más vueltas, Jordan —susurró Ángela en mi oído—, has tomado
una decisión pero siempre puedes echarte atrás.
La miré sorprendida y con mi boca entreabierta. ¿Cómo diablos sabía lo que
estaba pasando por mi cabeza?
—Eres de lo más obvio —sonrió contestando a mi dudas sin que yo ni
siquiera abriese mi boca—, ahora solo disfruta, cuando llegue el momento de
decidir, estoy segura de que harás lo correcto, confío en ti.
Suspiré mientras miraba a mi mejor amiga a los ojos y después mi atención
recayó de nuevo en Aileen y Zack, la pareja perfecta que no hacía más que
despertar mi envidia. Pero estaba feliz por ellos, merecían ser felices y lo que
estaban haciendo solo era un paso más para conseguirlo.
Los aplausos estallaron en cuanto sus labios se unieron sellando ese amor
que se veía a la legua que ambos sentían, y yo aplaudí sin energía, pero con la
seguridad de que Aileen sería completamente feliz al lado de su recién estrenado
marido.
—Enhorabuena señora Withe —dije con una sonrisa cuando la abrazaba para
felicitarla por su matrimonio.
Ella me devolvió el abrazo y la sentí lloriquear sobre mi hombro mientras
Ángela y Meg se unían a nuestro abrazo, tal y como hicimos cuando yo partí
hacia Nueva York, pero esta vez era por un motivo mucho más alegre.
Después de la ceremonia había un bufé libre de bebidas y canapés, y las
sillas en las que todos estábamos sentados desaparecieron por arte de magia
dejando una pista improvisada en su lugar. Varias mesas con comida y bebidas
se colocaron a los laterales, y en la pérgola del jardín de los Spencer una banda
de jazz comenzó a tocar música ambiental mientras todos celebraban.
—Ha sido una boda preciosa… ¿no te parece? —preguntó una voz a mi
espalda.
Cerré los ojos y me giré lentamente, esperaba, o más bien deseaba, que al
abrirlos me diese cuenta de que solo había sido producto de mi imaginación,
pero no, en cuanto lo hice su imagen estaba frente a mí. Y tuve que contener el
aliento… aquel traje gris oscuro hacía resaltar más su piel color canela, su
cabello, ahora corto y bien peinado, de color negro como la noche, también
resaltaba sobre ese traje y la camisa blanca que llevaba.
—Gab… —susurré justo antes de mordisquear mi labio inferior con
nerviosismo.
—Estás muy guapa —dijo extendiéndome una copa de champagne.
Sujeté la copa que me extendía e intenté por todos los medios controlar el
temblor de mis manos, parecía que un momento a otro la copa caería al suelo
haciéndose pedazos.
—Oye… —susurró Gab poniendo una mano sobre mi hombro— tranquila
—dijo mirándome a los ojos—. Solo soy yo… Gab… tu mecánico favorito —
sonrió y perdí todo el aire de mis pulmones.
Cerré los ojos y respiré lentamente, al volver a abrirlos Gab me miraba
sonriendo y eso me dio un poco de confianza.
—Lo siento… —me disculpé— no esperaba encontrarte aquí, Aileen no me
advirtió y todavía no puedo hacerme a la idea.
Su sonrisa se amplió y la mano que tenía sobre mi hombro se deslizó por mi
brazo hasta que acabó sujetando mi mano.
—Ha pasado mucho tiempo… tendríamos que encontrarnos en algún
momento —dijo sin dejar de mirarme a los ojos—. ¿Quieres bailar? —preguntó
de repente dejando su copa y la mía en la bandeja de un camarero que pasaba por
el lugar en ese momento. Extendió su mano y dudé un poco en si aceptarla o no,
pero con un suspiro resignado la tomé con fuerza y nos deslizamos hasta el
centro de la pista.
Sus manos se afianzaron en mi cintura y me acercó tanto a su cuerpo que
nuestras mejillas se rozaban, mi corazón comenzó a latir con fuerza en mi pecho
y aquel olor tan característico Gab inundó mis fosas nasales.
—Todavía no entiendo porque te fuiste —susurró con su voz ronca cerca de
mi oído.
—Necesitaba poner distancia… —contesté desviando el tema.
—Yo… siento mucho lo que pasó la última vez que nos vimos —dijo
alejándose un poco y mirándome a los ojos—, no tenía que haberte besado sin
permiso y menos en un momento como ese.
—No te preocupes… ya está olvidado —pronuncié con voz ahogada
mientras sentía como mis mejillas enrojecían.
—He dicho que lo sentía… no que me arrepintiese —sonrió con arrogancia
—, lo volvería a hacer sin dudarlo.
Esa confesión me hizo abrir la boca sorprendida y paré de bailar.
—No lo hagas… —casi supliqué, no podría soportarlo.
—No volveré a hacerlo… —tironeó un poco de mí y comenzamos a bailar
de nuevo— a no ser que tú me lo pidas —en ese momento no estaba viendo su
rostro, pero estaba completamente segura de que estaba sonriendo.
—No lo haré… —susurré con voz ahogada— voy a casarme.
—Lo sé… —susurró con voz dura.
Cuando la canción acabó me excusé como pude y acabé con otra copa de
champagne en mis manos que me bebí de golpe para evitar los escalofríos que
recorrían mi espalda. Si Gab intentaba confundirme más, lo consiguió… vaya
que sí.
—¿Estás bien?
No, por favor… no… que alguien tenga piedad de mí y que un meteorito me
caiga encima, o un satélite de la NASSA o algo parecido… no…
—Jordan —el sonido de mi nombre en sus labios me hizo temblar de
anticipación, estaba segura de que si cerraba los ojos podría transportarme a
cuatro añas atrás y volver a sentirme como la chiquilla que era entre sus brazos.
Tomé una bocanada de aire dándome valor y me giré para enfrentarlo.
—Shane… —susurré en un intento de que mi voz no demostrase ninguna de
las emociones que me abrumaban.
—Te he visto bailando con Gab… ¿todo bien? —preguntó alzando una ceja.
Sonreí, me salió así, comprobar que sus gestos y hasta el sonido de su voz no
habían cambiado con el paso de los años me hizo sentir bien.
—Perfectamente —contesté con una sonrisa—, no… no he visto a Ahsley
por aquí… ¿qué ha sido de ella? —pregunté fingiendo normalidad, pero me
moría de curiosidad por saber lo que había pasado con ella.
El gesto de Shane se endureció un poco y su mandíbula se apretó.
—Hace casi cuatro años que no sé nada de ella —dijo desviando la mirada
de mis ojos a sus zapatos.
—¿Se fue? —pregunte.
—No tengo ni idea —rio secamente—, él día que intentó emborracharme y
al día siguiente la encontré desnuda en mi cama, la eché a la calle y no he vuelto
a verla.
Abrí los ojos sorprendida. Intenté pronunciar alguna palabra, pero mi mente
no era capaz de procesar nada coherente ante esa información. Aunque debo
confesarlo, mi primer impulso fue echarme a reír y hacer el baile de la victoria
porque al fin Shane había descubierto como era su querida Ahsley realmente.
—Lo siento… —susurré sin saber que más decir.
—No lo sientas… yo debería sentirlo —se pasó una mano por su cabello y
desvió la mirada unos segundos antes de volver a posarla sobre mí—, no me
porté nada bien contigo, Meg me dijo que me llamaste cuando lo de tu padre y
fue ella quien contestó al teléfono. Además, no solo eso… era tan inmaduro…
—negó con la cabeza y una sonrisa triste se asomó a sus labios— te hice daño y
me arrepiento cada día por ello.
—Shane… —mi boca se abría y se cerraba sin saber muy bien que decir.
Había esperado tanto para oír esas palabras, había soñado tantas veces con esta
conversación… pero no era justo, no ahora… iba a casarme con Héctor, tenía mi
vida en Nueva York, me estaba construyendo un futuro lejos de él y sus
recuerdos y no tenía ningún derecho para venir cuatro años después y de un solo
soplido destruyese todo el castillo de naipes que yo había alzado con tanto
esfuerzo.
—No es necesario que digas nada —dijo secamente—, sé que ya es tarde…
¿no es cierto?
Asentí en respuesta mientras mis mejillas se encendían.
—Solo quiero saber algo… —continuó dando un paso hacia mí, yo me
estremecí— ¿Lo quieres? ¿Lo quieres como decías quererme a mí?
Mi respiración se entrecortó ante su cernía y perdí el hilo de mis
pensamientos… ¿Qué si lo quería? ¿A quién? ¿A él? ¿A Gab? ¿A Mathew?
Estaba tan confundida ante el olor que me envolvía que no tenía ni idea de lo que
me había preguntado.
—¿Tiemblas con él igual que lo hacías conmigo? —susurró colocando una
mano en mi cintura y haciendo un escalofrío recorriese mi espada—. Te he
echado tanto de menos Jordan… estos cuatro años sin ti han sido… han sido
como una tortura.
Tortura…
Cuatro años…
Eso me hizo despertar de mi aturdimiento y me alejé de tres pasos para
intentar desintoxicarme de su olor.
—Shane… yo… Héctor… y yo… Gab… tú… —resoplé frustrada ante mi
poca capacidad de razonamiento en ese momento— No me obligues a elegir —
dije con voz suplicante.
—No te haré elegir —susurró con una sonrisa esquinada que hizo que mi
corazón tartamudease como llevaba cuatro años sin hacer.
Alzó una mano haciendo una señal y a los pocos segundos Gab se puso a su
lado también sonriendo. Se miraron a los ojos entre ellos y sus sonrisas se
ampliaron.
—No tienes que elegir —dijo Shane—, nos puedes tener a los dos.
Mi mandíbula se descolgó y mis bragas acabaron en el suelo ante la
impresión…
—¿Qué? —mis manos temblaban incontrolablemente mientras intentaban a
duras penas colocar un mechón de pelo tras mi oreja…
Eso no podía estar pasando… no… me negaba a creerlo. Tenía que ser uno
de mis habituales sueños húmedos, sí… tenía que ser eso.
—Sabemos que estabas confundida cuando te fuiste —continuó Gab— y
ahora lo sigues estando.
—No —me apresuré a negar—, voy a casarme con Héctor… estoy muy
segura de eso.
—No lo estás —susurró Gab a la vez que ambos dieron un paso al frente y
yo me tambaleé.
—Lo estoy… —suspiré— además… ¿qué clase de broma es esta? ¿Me
estáis ofreciendo una relación a tres?
—Exacto —Shane sonrió y yo me estremecí—. Somos amigos y estamos lo
suficientemente locos por ti para compartirte.
Tragué en seco y lo pensé con seriedad… no… no había modo de pensar que
algo así pudiese ser serio.
—¿Esperáis que acepte algo tan… retorcido como eso? —pregunté con un
hilo de voz.
—No es retorcido… —aseguró Gab— los tres deseamos lo mismo —abrí la
boca para contestar pero el alzó una mano para detenerme—. Sientes algo por
nosotros Jordan, no puedes negarlo.
—Toma —Shane me extendió algo y yo dudé si cogerlo o no—, no muerde,
solo es una llave— me instó.
Sin saber muy bien porque extendí mi mano temblorosa y tomé la tarjeta que
abría la puerta de una habitación de hotel.
—Estaremos esta noche en el Four Seasons —dijo Shane—. Piénsalo.
Sin más los dos se fueron y me dejaron sola, con el corazón latiendo a toda
velocidad y mis piernas temblando como gelatina.

Loca…
Sí… estaba completamente loca.
No había otro modo de explicar que era lo que pasaba por mi cabeza cuando
me subí a ese taxi y le pedí que me llevase a aquel hotel.
En ese momento estaba en el ascensor, ya había llegado al piso cuatro donde
estaba esa dichosa habitación, pero no me sentía con fuerzas para salir de allí y
enfrentarme a mis dos mayores tormentos.
Locura…
Sí…
Era algo que podía alegar cuando Héctor me demandase por cancelar la
boda, él era un buen abogado y me ganaría el juicio con los ojos cerrados.
Enajenación mental.
Consumo excesivo de alcohol.
Un corazón roto lleno de cicatrices que latía cada vez más fuerte imaginando
lo que podría pasar esa noche si abría esa puerta.
Shane y Gab… los únicos que consiguen que tiemble solo con mirarme, los
únicos que me hacen suspirar solo con recordarlos. Me iba a casar con Héctor…
sí… pero una despedida de mi pasado no estaba mal… además… sería una
despedida a lo grande.
Sonreí mientras me arrepentía de haberme bebido una botella de champagne
prácticamente yo sola. Ahora el alcohol adormecía mis neuronas y solo pensaba
con… con la lujuria… ya que con el corazón no podría hacerlo, estaba dividido
en tres partes, un pedazo enorme con el nombre de Shane, otro de casi el mismo
tamaño con el nombre de Gab… y tras ellos, del tamaño de una cabeza de alfiler,
otro con el nombre de Héctor…
Cuando quise darme cuenta estaba frente a aquella habitación, con la tarjeta
en alto y a punto de meterla en el lector… ¿qué pasaría si la cruzaba? Mi
corazón daba brincos de alegría ante esa perspectiva, pero mi única neurona
sobria me gritaba que diese la vuelta y volviese a casa de los Spencer, que
volviese a la seguridad de la cama de… de Shane.
Suspiré y metí la tarjeta en el dichoso lector hasta que la lucecita se puso
verde, así el pomo de la puerta y la abrí con decisión, pero…
No estaba preparada para lo que me encontré al otro lado. Podría jurar que
estaba en medio de esas películas eróticas que retransmitían en los canales de
televisión de pago durante las noches… eso no podía estar pasando, y mucho
menos pasándome a mí…
Apenas había luz en aquella habitación, solo unas velas alumbraban la
estancia, en mitad de esta solo había una mesa y dos sillas, en cada una de ellas
estaba sentado cada uno de mis tormentos. En una Shane, más despeinado de lo
habitual, sin la chaqueta del traje y con los botones de su camisa desabrochados
hasta la mitad de su pecho y las mangas recogidas hasta sus codos. Gab estaba
en la otra silla, tampoco llevaba la chaqueta, su camisa estaba también abierta
mostrando sus pectorales, pero sus mangas continuaban estiradas y cerradas con
los gemelos.
Me quedé mirándolos más tiempo de lo normal mientras sentía como un
hilillo de baba descendía por la comisura de mis labios… ¿Santa Claus se había
adelantado y este era mi regalo de navidad solicitado durante años?
Shane se puso en pie mientras sonreía y me extendió su mano, Gab no tardó
en imitarlo y yo tragué en seco. Me limpié la baba con el dorso de mi mano y
dejé que la puerta se cerrase a mi espalda. Mi bolso resbaló de mis manos
cayendo al suelo con un ruido sordo, pero no me importó ni lo más mínimo. Mis
pies avanzaron por inercia hasta quedarme frente a ellos y sujeté cada una de sus
manos con fuerza… ¿qué mierda importaba mi boda con Héctor? ¿Qué mierda
importaba lo que pasaría mañana? ¿Qué me iba al infierno por pecadora y mala
persona? Lo haría gustosa acompañada por ellos, por Gab y Shane…
Shane, con aquella sonrisa que me paralizaba por completo, se acercó hasta
que sus labios rozaron los míos y fue cuando ya sentí que no había marcha
atrás…las manos de Gab se aferraron a mi cintura desde mi espalda y sentí como
poco a poco bajaba la cremallera de mi vestido.
Me estremecí cuando sus labios comenzaron a besar mi espalda, y el fresco
aire que nos rodeaba hizo que mi piel se pusiese de gallina mientras el vestido
descendía por mi cuerpo hasta acabar en el suelo a mis pies. Shane se alejó y me
miró de arriba a abajo mientras gemía… hasta ese momento nunca me había
parado a pensar en lo que echaba de menos sus gemidos.
Gab me giró de golpe y me besó con furia, sentí su lengua batallando con la
mía mientras un calor intenso recorría cada una de mis venas quemando todo
rastro de alcohol… nunca había estado tan sobria como en ese momento, cuando
las manos de Shane se deslizaban por mis muslos y Gab continuaba besándome
sin casi dejarme respirar.
Mis manos se alzaron por inercia y comencé a desabrochar su camisa… no
me importaba nada, solo quería quitársela de encima y acariciar el pecho de Gab
y comprobar si eran tan musculoso como siempre imaginé que lo era. Las yemas
de mis dedos se deslizaron por los pliegues de sus músculos y él suspiró
mientras cerraba los ojos.
—Jordan —gimió mi nombre.
Las manos de Shane en mis caderas me trajeron de vuelta a la realizad,
volvió a girarme y sin dejar de mirarme a los ojos me bajó las braguitas de
encaje mientras besaba la cara interna de mis muslos haciendo que temblase.
Gab me sujetó con fuerza por la cintura y sus labios comenzaron a atacar mi
cuello sin piedad. Me sentía como fuera de mi cuerpo, sentía cada beso y cada
caricia, pero era como si lo estuviese viendo todo desde fuera, como una
película. Cerré los ojos con fuerza y gemí cuando uno de los largos y estilizados
dedos de Shane se abrió paso entre mis pliegues y comenzó a explorarme con
lentitud.
No… no podía estar pasando esto… era un locura… pero ¡mierda! Quería
volverme loca de ese modo cada día de mi vida.
Sentí como mi sostén desaparecía de mi cuerpo y fue sustituido por los dedos
de Gab pellizcando mis pezones, volví a gemir y moví mis caderas pidiéndole a
Shane más fricción. Me sentía como una olla a presión acumulando y
acumulando para luego explotar.
Shane alzó una de mis piernas y se la colocó sobre el hombro, no entendía
bien lo que pretendía hasta que sus dedos se alejaron de mí y fue su lengua la
que comenzó a acariciar mi sexo con maestría.
Mis manos se cerraron en puños y mordí mi labio inferior ahogando un
grito… ¡mierda!
Gab continuaba acariciando mis pechos y mordisqueando mi cuello, sentía
su miembro duro, bajo la tela de sus pantalones, restregándose contra mi trasero
a la vez que Shane exploraba cada recoveco de mi ser con su lengua.
El paraíso… eso tenía que ser el maldito paraíso.
—Oh Dios —exhalé cuando Gab mordisqueó el lóbulo de mi oreja a la vez
que Shane introducía dos dedos en mi interior.
Los dos sonrieron y yo me estremecí una vez más a punto de explotar.
—Jordan —ronroneó Gab en mi oído—, córrete Jordan, quiero verte, quiero
escucharte…
Un latigazo de placer me recorrió la espalda y me arqueé mientras gemía con
fuerza y algo explotaba dentro de mí, comencé a ver lucecitas de colores
mientras un hormigueo recorría todo mi cuerpo desde el centro de mi vientre
hasta la punta de mis pies, haciendo que hasta retorciese los dedos de éstos.
Cuando todo pasó me dejé caer sin fuerzas y jadeando sobre el pecho de
Gab, él me tomó en brazos y me llevó por un corto pasillo hasta otra habitación
donde me dejó sobre algo mullido. Una cama… bien… no estaba segura de
poder soportar otro orgasmo como ese y mantenerme en pie.
—Jordan —susurró Shane cerca de mi rostro.
Abrí los ojos lentamente y lo vi tumbado a mi lado mientras sonreía, se
acercó y me besó lentamente, dejando su sabor mezclado con el mío dentro de
mi boca. Mis manos se alzaron por inercia una vez más y comencé a desabrochar
también su camisa, no tardó en estar fuera de su cuerpo y admiré su perfección
mientras mi respiración se entrecortaba.
Gab se tumbó a mi otro lado ya completamente desnudo, me estremecí al
contacto con su cálida piel. Gab hizo que me colocase de lado y alzó una de mis
piernas pasándola hacia atrás por encima de su cadera, en seguida sentí su
miembro adentrándose poco a poco en mí. Cerré los ojos y sonreí, Shane volvió
a acercarse y me besó de nuevo. Sus besos me aturdían, me hacían olvidarme de
todo.
Gab aferró con fuerza mi muslo y su primera embestida me hizo gemir con
fuerza. Mis manos buscaron frenéticamente algo a lo que aferrarse, y lo primero
que encontré fue el pecho de Shane, mis dedos descendieron por él hasta que
llegué a la cinturilla de su pantalón, donde busqué su botón y lo desabroché con
nerviosismo.
Mis manos, sin preguntar, se colaron bajo su bóxer y afianzaron su miembro
en todo su diámetro. Shane se tensó y sentí como su miembro erecto crecía un
poco más. Mis manos comenzaron a acariciarlo de arriba a abajo lentamente
mientras nuestras lenguas se enredaban.
No podía dar crédito a lo que estaba pasando, parecía una broma del destino,
algo para lo que no estaba preparada pero que sin duda estaba disfrutando. Eso
era maravilloso.
Gab se alejó de mí y yo lo miré raro. Sin más… Shane se puso en pie y se
colocó de rodillas justo donde Gab estaba segundos antes, no entendía nada.
—Ponte de rodillas —susurró Shane.
Le hice caso todavía sin entender, hasta que él se colocó detrás de mí y me
empujó para que apoyase mis manos en el colchón. Me penetró de una sola
embestida y me aferré a las sábanas con ambas manos ante la magnitud de lo que
sentí.
—Shane… —siseé cuando volvió a arremeter contra mí.
Gab se acercó de nuevo y me besó mientras volvía a jugar con mis pechos…
eso era demasiado, no creía poder mantenerme cuerda mucho más si eso
continuaba así. Era todo demasiado para mi mente, demasiado para mí cuerpo…
—Gab —lo llamé, él me miró y sonrió mostrándome sus blancos dientes…
mierda… sentí como Shane gruñía y se aferraba a mis caderas ralentizando el
ritmo, estaba cerca, lo sabía, estaba cerca y quería retrasarlo— Gab, ven aquí —
volví a llamarlo.
Él me hizo caso y se puso frente a mí, torpemente lo empujé con mi mano
indicándole que se tumbase, lo hizo y yo me coloqué entre sus piernas abiertas
cogiendo su miembro con decisión y metiéndomelo en la boca sin pensarlo.
—¡Mierda! —gritó mientras una de sus manos me sujetaba el pelo y
comenzaba a marcar el ritmo.
Shane continuaba bombeando dentro de mí, mientras mi lengua se envolvía
alrededor de la erección de Gab haciendo que se estremeciese. Eso era lo más
excitante y erótico que había hecho en mi vida… y lo estaba disfrutando como si
nunca volviese a pasar.
Sentí de nuevo el calor en mi vientre, mi sexo comenzó a cerrarse y Shane
gruñó de nuevo mascullando mi nombre entre dientes. Gab gimió y su miembro
comenzó a derramarse dentro de mi boca. Me tragué todo lo que brotaba de él
sin pensar mientras sentía como volvía a explotar a la vez que Shane gritaba de
nuevo.
El infierno… se desató el infierno a mi alrededor y no sabía muy bien como
escapar de él, aunque no estaba completamente segura de si quería escapar o
quedarme allí para siempre.
Me dejé caer sobre el colchón… jadeando, con mi cuerpo cubierto de sudor y
mis piernas temblando de un modo que realmente dudaba que pudiesen
mantenerme en pie. Cerré los ojos y me abandoné al cansancio, me dejé
envolver por una sábana y por el calor de dos cuerpos que se colocaban uno a
cada lado de mí. Desconecté de la realidad y me rendí al sueño.
Capítulo 26

Cuando me desperté sabía que era tarde… tenía un horrible dolor de cabeza
y las imágenes de mi último sueño pasaban por mi cabeza a la velocidad de la
luz haciendo que mis mejillas enrojeciesen por la vergüenza que sentía de mí
misma. No entendía como mi mente podía llegar a ser tan pervertida e imaginar
semejantes escenas.
Intenté enderezarme en la cama, pero un peso en mi cintura me lo impedía,
volví a intentarlo con los mismos resultados y percatándome de que otro peso
tenía inmovilizada una de mis piernas.
Gemí frustrada y decidí abrir los ojos aún a riesgo de quedar ciega en el
proceso. Eso pasó tal y como esperaba, pero cuando mis ojos se acostumbraron a
la luz me di cuenta de que no conocía para nada la habitación donde me
encontraba ¿Por qué mierda había un espejo en el techo? Miré mi imagen
reflejada en él, estaba entre las sábanas blancas que me envolvían, tenía el pelo
revuelto sin rastros del perfecto recogido que tenía el día anterior, mis labios
enrojecidos e irritados y eso que tenía en el cuello era un poco sospechoso…
entrecerré los ojos y pasé un dedo por esa mancha sintiendo un poco de
molestia…
¡Mierda!
¿Eso era un chupetón?
Mi mandíbula se abrió en exceso ante esa información y mis neuronas
comenzaron a desperezarse y dejar la resaca a un lado… sin más… mis ojos
también se abrieron como platos al ver a Gab, tumbado a mi lado y reflejado
también en el espejo ¿qué diablos había pasado la noche anterior?
Pero lo peor fue cuando caí en cuenta de que Gab estaba a mi izquierda…
¿entonces quien estaba a mi derecha? Alcé un poco la almohada que cubría la
cabeza de aquel individuo y ahogué un grito de horror. Las imágenes de lo que
creía que había sido un sueño volvieron a desfilar por mi mente y me quedé sin
saber qué hacer, paralizada y muerta de miedo ante lo que se avecinaba…
¿Qué mierda tenía que hacer yo ahora?
Sentí las lágrimas picando en mis ojos y me esforcé en mantenerlas a raya…
no podía flaquear en ese momento… no debía llorar, ya estaba hecho…
¿arrepentirme? Sí, y mucho… pero no lloraría, no serviría absolutamente de
nada, ya tendría tiempo de lamentarme después.
Me levanté de la cama con cuidado de no despertarlos y busqué mi ropa
desesperadamente. Me la puse a toda velocidad y me encerré en el baño para
adecentar un poco mi aspecto. Inspeccioné mejor mi cuello y descubrí dos
marcas más de menor tamaño… eso estaba mal… pero que muy mal.
Me reacomodé como pude el pelo y salí de aquella habitación de hotel con
cuidado de no hacer ruido. Estaba escapando como la cobarde que era, pero no
sabía cómo podría enfrentarme a lo que había pasado. Lo mejor era poner tierra
de por medio una vez más.
Pedí un taxi y entre lágrimas llegué a casa de los Spencer, llamé a la puerta
con un poco de indecisión, por suerte, un adormilado Mathew me abrió sin
enterarse mucho de lo que estaba pasando. Sin esperar más subí al piso superior,
me encerré en la habitación que tenía asignada y me di una larga ducha.
Mientras el agua tibia se deslizaba por mi piel podía sentir todavía las caricias de
Shane y Gab tan solo horas antes sobre esta, y eso me hizo comenzar a llorar de
un modo que parecía que se me iba a partir el pecho en dos de lo fuerte que
sollozaba.
Cuando salí, cuidé de colocarme un suéter que ocultase las marcas de mi
cuello y me maquillé lo mejor que pude para eliminar cualquier evidencia de la
larga noche que arrastraba. Todavía no me había podido parar a pensar que era
lo que había pasado y las consecuencias que eso tendría, y sin pensar todavía en
ello comencé a hacer mi maleta lo más rápido posible.
La puerta se abrió de golpe sobresaltándome y di un brinco asustada.
—¡Aileen! —suspiré con fuerza.
—Buenos dí… ¿qué haces? —preguntó desconcertada.
—Me voy… —contesté volviendo a mi labor de meter toda mi ropa en la
maleta.
—Pero… no te ibas hasta dentro de dos días… —dijo confundida— ¿Va
todo bien?
—Sí… —susurré muy poco convencida de lo que decía, pero mi error fue
mirarla a los ojos mientras lo hacía.
—¿Qué ha hecho ahora el idiota de mi hermano? —preguntó en un gruñido.
No pude evitar que una lágrima descendiese por mi mejilla ante el recuerdo
de lo que había sucedido la noche anterior.
—No… no es nada —musité—, ¿qué haces tú aquí? Te imaginaba en un
avión rumbo a las Seychelles… —desvié el tema.
—Venía a despedirme antes de ir al aeropuerto… ¿seguro que va todo bien?
—volvió a preguntar preocupada.
—No puedo hablar de ello ahora —dije al borde de las lágrimas una vez
más.
—Jordan…
—Te lo contaré algún día, te lo prometo Aileen… —la interrumpí— pero
hoy no tengo fuerzas… y no creo que las tenga en mucho tiempo.
—Como quieras… —murmuró acercándose a mí para abrazarme— solo
contéstame a una cosa… ¿Shane ha vuelto a meter la pata?
Sonreí secamente y negué con la cabeza.
—En esta ocasión no fue solo su culpa —admití bajando la mirada.
—Bueno… —vaciló unos segundos— si apuras, Zack y yo te podemos
llevar al aeropuerto.
—Ahora bajo… —sonreí como buenamente pude.

Miraba el panel de información, pero realmente no veía nada, sabía que lo
ocurrido la noche anterior cambiaría las cosas entre nosotros, es más, creía que
incluso cambiaría mi vida al completo. Me sentía sucia, no por el acto en sí, más
bien porque había traicionado a mis principios y también había engañado a
Héctor cuando claramente no se lo merecía.
Me sentía como la peor mierda del mundo y lo peor es que además de no
haber ningún consuelo para lo mal que me sentía, tampoco lo quería. Era justo
que me sintiese así por lo que había pasado, que me sintiese poca cosa y no
merecedora de la compasión y el cariño de los demás, lo merecía.
Sentía ganas de llegar a Nueva york, pisar territorio neutral para olvidarme
de Seattle y todo lo que allí había sucedido. Pero la chica del mostrador fue muy
clara cuando me dijo que todavía faltaban cinco horas para el próximo vuelo
directo. Reservé un pasaje de todos modos, no podía permitirme el lujo de perder
alguno de los vuelos al hacer escala en otra ciudad, con lo despistada que estaba
en ese momento, eso pasaría seguro.
Pasé una mano por mi cuello haciendo que la marca escociese un poco…
sería mi recordatorio durante unos días. Estaba completamente segura de que
había sido Gab, y pude sentir como mis mejillas se encendían cuando recordé
como gemí cuando sentí que me lo hacía. No podía entender que espíritu
lujurioso había poseído mi cuerpo para que actuase de ese modo, ese
comportamiento era tan poco habitual en mí, nunca creí que fuese capaz de hacer
algo así, siempre me había considerado hasta un poco mojigata con ese tema y
ahora…
Suspiré.
—Sabía que estarías aquí —escuché que hablaba a mi espalda.
Cerré los ojos con fuerza y ahogué un sollozo, no podría enfrentarme a él en
ese momento… no. Aferré con fuerza mi maleta y comencé a caminar hacia
algún lugar, no quería verle, no quería hablar con él… no tendría fuerzas, me
desmoronaría, me derrumbaría irremediablemente, estaba completamente
segura.
Su mano me sujetó con fuerza del brazo y me detuvo.
—Déjame ir por favor… —supliqué con voz rota.
—No vas a volver a irte sin que hablemos antes —sentenció hablando entre
dientes.
—Por favor… —volví a suplicar.
Pero en lugar de contestar me arrastró hasta uno de los bancos más apartados
y me obligó a sentarme. En ningún momento alcé la mirada para poder verlo, no
sabía si por vergüenza o por qué sabía que flaquearía al hacerlo.
—Voy a perder el avión —me quejé en un susurro.
—Ni siquiera está en el panel… te quedan horas para eso —añadió.
Suspiré frustrada… no podía evitar esa conversación, lo mejor era acabar
cuanto antes y que todo lo que había pasado se quedase en el pasado. Aunque
dudaba mucho de que yo pudiese olvidarlo y continuar con mi vida, lo que me
llevaba de nuevo a pensar en Héctor… y me pasé una mano por el cuello
instintivamente haciendo que escociese un poco más.
Culpabilidad… me sentía tan culpable…
—¿De qué quieres hablar, Gabriel? —pregunté en el tono más neutro que
pude conseguir.
—¿Vuelvo a ser Gabriel? —lo miré de reojo y vi como parpadeaba
sorprendido—. Después de lo de anoche creí que… —suspiró y pasó una mano
por su rostro— debí suponerlo.
—¿De qué mierda hablas? —inquirí impaciente.
Él me miró y yo mantuve su mirada tan solo unos segundos antes de bajarla
y ruborizarme ante los nuevos recuerdos de la noche anterior que volvieron a
pasearse por mi mente sin permiso.
—Lo de anoche… yo sabía que era una locura… pero le insistí tanto a Shane
que al final con unas cuantas copas logré convencerlo… —sonrió con ironía—
lo extraño fue que accediste tan fácil…
—Estaba borracha… —mascullé molesta ante el tema que sacó a colación.
—¿Eso es una excusa? —preguntó alzando una ceja.
—Es un hecho —gruñí—, no te diré que no sabía lo que estaba haciendo,
porque lo sabía perfectamente, pero sí puedo asegurarte que con mis cinco
sentidos nunca habría accedido a esa… aberración.
—Eso es que te arrepientes —aseguró.
—¡Por supuesto que me arrepiento! —exclamé—. Voy a casarme… ¿has
olvidado ese pequeño detalle?
—¿La boda sigue en pie? —preguntó sorprendido.
—Claro que sigue en pie… ¿fue por eso? —pregunté al borde de un ataque
de histeria—. ¿Toda esa mierda fue para que cancelase mi boda? Os creía más
inteligentes y con un poco más de madurez, esa idea es de… niños de primaria.
—No —se apresuró a negar—, no tiene nada que ver con eso… joder Jordan,
espera —me detuvo de nuevo cuando intenté ponerme en pie— solo… yo solo…
¿por qué es tan difícil hacer que me escuches?
—Solo escúpelo de una maldita vez —espeté.
—Lo siento ¿de acuerdo? Perdona que yo no tenga tanta facilidad de palabra
como tú… es solo que… —resopló, parecía frustrado y muy nervioso— yo
también creo que lo de anoche no tuvo que haber pasado, al menos no así.
—¿Qué quieres decir? —pregunté confundida.
—Te quiero… pese a los años nunca dejé de hacerlo, creo que nunca te lo he
dicho tan claro —susurró lo último avergonzado al ver mi expresión de sorpresa
—. Anoche estaba fuera de mí… te vas a casar, no solo te pierdo como mi
posible pareja… también lo hago como mi amiga porque Shane tampoco estará
contigo. Tenía que hacer algo, tenía que intentarlo… estás en Nueva York y
estoy seguro de que te quedarás allí, la distancia, el tiempo… todo nos
separará…
—¿Sabes que eso es una excusa patética? —pregunté con voz afilada.
—Pero es la verdad… no pretendo que me perdones por lo que ha pasado,
porque definitivamente ha pasado por mi culpa. Shane estaba desesperado y yo
sabía exactamente donde tenía que presionar para que accediese.
—No puedes ser el único culpable en esto —lo interrumpí—, las cosas
pasaron porque los tres estábamos de acuerdo. No recuerdo una negativa por
parte de nadie.
—Pero eso no evita que me arrepienta… —nos quedamos unos minutos en
silencio hasta que suspiró y una tenue sonrisa se asomó a sus labios—. No todo
ha sido malo, yo me quedo con algo de todo esto, me ha ayudado a ver las cosas
más claras —confesó.
—¿Cómo? —pregunté confundida.
— Tú eres muy importante para mí… y lo de anoche… cuando vi como te
miraba Shane y como tú lo mirabas a él, cómo lo besabas… ¡hasta cómo gemías
su nombre! Yo no puedo competir contra el amor que sientes por él… nunca
podré estar a su mismo nivel por mucho que tú me quieras también a mí.
—No insinúes estupideces ¿quieres? Yo no estoy enamorada de Shane —me
quejé infantilmente.
Gabriel rio secamente.
—No seas terca y admite lo obvio —susurró divertido.
—Voy a casarme con Héctor en tres meses… Shane pertenece al pasado —
afirmé una vez más.
—¿Vas a casarte con ese tipo después de lo que ha pasado? —preguntó con
los ojos muy abiertos—. Yo también te creía más inteligente…
—Héctor no tiene por qué saber nada de lo que ha pasado en Seattle… solo
nosotros tres lo sabemos y por la cuenta que te trae no dirás nada a nadie —lo
miré con dureza.
—¿Vas a mentirle? —preguntó sorprendido.
—No sé lo que haré —admití bajando la mirada.
—A mí no me importa que no te reconcilies con Shane si no quieres… pero
no comentas el error de casarte con alguien a quien no amas.
—No me vengas ahora con lecciones de moralidad, Gabriel… —grité con
ironía— tú menos que nadie sabes lo que es eso cuando has sido capaz de
compartir a la chica de tu mejor amigo.
—¿Eres la chica de Shane? —preguntó con diversión, pero enseguida
cambió el gesto ante mi mirada de odio—. ¿Eso es lo que crees de mí? —
preguntó con voz triste.
—¡Mierda Gab! ¡Eso es lo que creo! —exploté—. Estaba muy borracha y
por lo que me has dicho Shane también, tú has planeado todo esto y ahora vienes
a pedirme explicaciones de por qué me caso. Y lo peor es que no sé cómo voy a
llegar a casa y mirar a Héctor a los ojos para decirle que lo quiero, no sé cómo
voy a seguir con mi vida como hasta ahora después de lo que ha pasado —sentí
una lágrima ardiendo en mi mejilla y Gab la secó con uno de sus dedos.
—No te atormentes… no es para tanto —dijo encogiéndose de hombros.
—¿Qué no es para tanto? —grité de nuevo—. ¡He engañado a mi prometido
con mi ex novio y su mejor amigo en un menage a trois! ¿Eso no es para tanto?
—pregunté en un susurro duro.
—El sexo es libre… lo pasamos bien.
—¿Cómo puedes ser tan cínico? —pregunte perpleja.
—No es cinismo, Jordan… fue una noche loca, algo que disfrutamos y
experimentamos… pero no incumplimos ningún delito federal, ni matamos a
nadie —decía con tranquilidad.
—¿A qué coño estás jugando? —pregunté.
—No estoy jugando… solo digo la verdad. ¿Anoche nos excedimos? Lo
reconozco ¿Qué fue un maldito error? También lo reconozco ¿Qué si volviese
atrás lo repetiría? Solo si vale para que abras los ojos de una maldita vez. Esa es
mi verdad y estoy orgulloso de decirla.
—Pues guarda tus verdades —gruñí— y si ya has dicho todo lo que tenías
que decir, es mejor que me vaya —susurré con voz temblorosa.
Me puse en pie y no fui capaz de dar más de un paso cuando sus brazos me
envolvieron, me removí inquieta intentando zafarme de él, pero tenía más fuerza
que yo y lo impedía.
—Gabriel suéltame —casi supliqué—, Gab… —gemí entre lágrimas.
—Jordan, escúchame, por favor —susurró en mi oído—. No cometas el
mayor error de tu vida casándote con quien no debes, no dudo que ese tío te
quiera, pero sí dudo de lo que tú sientes por él.
—Tú no sabes nada —protesté todavía revolviéndome entre sus brazos
intentando zafarme sin conseguir nada.
—Solo piensa en lo que vas a hacer, puedes arrepentirte el resto de tu vida…
—me pidió dejando un fuerte beso sobre mi frente.
Sin más se alejó de allí y me dejó en pie mirando como su silueta se alejaba
poco a poco. Dejándome sola, perdida… y lo que era peor… mucho más
confundida.

El viaje en avión se me hizo corto, supongo que era porque estaba temiendo
lo que me esperaría al llegar. Cuando no quieres que algo llegue, lo hace más
rápido de lo que te gustaría. Cuando bajé las escalerillas del avión pensé que de
un momento a otro mis piernas fallarían de lo mucho que me temblaban, tuve
que aferrarme a la barandilla de la escalera en más de una ocasión para no rodar
como una pelota.
No había avisado a nadie de mi regreso, así que tomé un taxi y me dirigí al
apartamento que compartía con Héctor directamente. Sentía la necesidad de
darme otra ducha para eliminar y olvidar todo lo que Seattle me había dejado en
la piel… no sabía si podría con el peso de la culpa al hablar con Héctor, al verlo
y mirarle a los ojos, cuando me dijera que me quería no sabía cómo iba a
reaccionar.
Me di una larga ducha y acomodé mi ropa de nuevo en el armario con una
sensación de agridulce. Las manos me temblaban y no sabía muy bien qué hacer
para calmar los nervios que atenazaban mi estómago.
Cuando escuché como se cerraba la puerta principal fue como si una losa de
cuatro toneladas me cayese sobre la espalda.
La culpa de nuevo.
También escuché como Héctor se quitaba los zapatos, y hasta el roce de la
tela de chaqueta contra su camisa cuando la dejaba deslizarse por sus brazos,
como cada vez que llegaba a casa. Su maletín caía pesadamente al suelo y
aunque no podía verlo, se estaba soltando el pelo y pasando los dedos entre él
para relajarse. Era su rutina, algo que hacía cada día al volver del trabajo.
Después me buscaba por el apartamento hasta que me encontraba y me abrazaba,
me susurraba un te quiero y me besaba dulcemente en los labios.
Dolió darme cuenta de que conocía cada uno de sus pasos.
Yo estaba en la habitación que compartíamos, sentada en el suelo, en la
esquina más escondida. Tenía las rodillas flexionadas contra mi pecho y mis
brazos las envolvían… nunca me había sentido tan mal… bueno sí… perder a
William fue muy duro, pero no me sentía culpable ya que yo no tuve nada que
ver. Esto era mucho peor, aunque de un modo diferente.
Se escuchó como Héctor iba a la cocina y abría el frigorífico, se servía un
vaso de algo, lo más probable es que fuese un zumo de piña… arrugué la nariz,
yo odiaba el zumo de piña. Lo oí suspirar y unos segundos después mi teléfono
móvil comenzó a sonar.
Lo ignoré…
La silla de la cocina donde estaba sentado Héctor cayó al suelo provocando
un estruendo, segundos después la puerta de la habitación se abrió y la mirada de
Héctor se encontró con la mía. Una sonrisa surcó sus labios, aunque enseguida
se borró al ver que no se la correspondía. Suspiró con nerviosismo, uno de sus
rizos caía sobre su rostro y se lo echó hacia atrás con un movimiento rápido.
Por primera vez desde que lo conocía me quedé mirándolo atentamente.
Héctor era alto, más que yo, pero menos que Shane. Su cuerpo estaba formado y
fuerte, sus manos eran muy varoniles, con dedos gruesos, cortos y chatos. Su
rostro era el de un hombre atractivo, sabía que podía endurecer sus facciones
cuando se enfadaba, pero normalmente siempre podía saber cómo se sentía solo
por la expresión que reflejaba. Sus ojos azules eran muy expresivos y
enigmáticos a la vez. En ocasiones parecía que escondía algo, aunque nunca
supe lo que era exactamente.
Mientras lo analizaba, se acercó a donde yo estaba y se sentó a mi lado, su
cabeza golpeó la pared en un gesto de frustración y yo me mantuve inmóvil, en
silencio…
—¿Por qué has regresado antes? —preguntó en un susurro.
—¡Sorpresa! —exclamé sin energía.
Una sonrisa adornó su rostro y me miró durante unos segundos.
—¿Todo bien? —preguntó con una expresión dulce.
—Nada está bien —murmuré ocultando el rostro entre mis piernas.
—¿La boda…?
—Fue perfecta… —lo interrumpí— Aileen iba preciosa y ambos están muy
felices —medio sonreí ante el recuerdo.
—Entonces… —dejó en el aire.
Sentí una lágrima en mi mejilla… no podía mentirle, no lo podía… además
que no se lo merecía, él se había portado siempre tan bien conmigo…
—Héctor… —gemí— yo… —tomé aire y lo miré unos segundos antes de
alejar la mirada mortificada— tengo que contarte algo —él me miró a los ojos,
soporté su mirada estoicamente, merecía la verdad cara a cara—. Ocurrió algo en
Seattle que… —sentí sus dedos sobre mis labios y lo miré sin entender.
—No sé si quiero saber lo que ocurrió —dijo en un susurro con voz triste—,
lo peor es que sabía que esto iba a ocurrir y simplemente dejé que pasara.
—Héctor… no es lo que crees —dije con energía—, pasó algo, pero fue un
error y no te imaginas lo mal que me siento al respecto.
—¿Por qué te sientes mal? —preguntó.
—Porque te fallé… no tenía que haber pasado, no cuando tú confías tanto en
mí, no cuando… —suspiré— lo siento muchísimo y entenderé que no quieras
volver a verme, que quieras cancelar la boda y que me eches de aquí.
—¿Qué? —preguntó aturdido.
—Héctor… yo me… —volvió a poner los dedos sobre mis labios
impidiendo que hablara.
—¿Todavía quieres casarte conmigo? —preguntó sorprendido.
Mi boca se abrió y no supe que decir…
—¿Estarías dispuesta a olvidar todo y seguir adelante con nuestro
compromiso? —insistió.
—Héctor… no te merezco… yo me porté fatal contigo, rompí la confianza
que tenías en mí… no puedes querer casarte conmigo después de todo lo que ha
pasado—susurré aturdida.
—Eres lo más importante que tengo… —una lágrima rodó por su mejilla y
yo me sentí morir—y soy capaz de no hacer preguntas y olvidarlo todo si me
prometes ser mi mujer y quererme todos los días de tu vida.
—Héctor…
—Prométemelo, Jordan… —pidió— olvidaré todo, no preguntaré nada,
haremos como que este viaje nunca ha existido y todo volverá a ser como
antes… por favor.
—No eres tú el que debe suplicar —dije bajando la mirada.
—Pero lo estoy haciendo porque no quiero perderte… —aseguró poniéndose
de rodillas frente a mí y sujetando una de mis manos entre las suyas— promete
que serás mía y yo te prometo devolverte con creces cada sonrisa que me
regales.
—Eres demasiado bueno —sonreí con tristeza.
—¿Eso es un sí? —preguntó con un punto de esperanza en su voz—. ¿Vas a
casarte conmigo?
—¿Es lo que de verdad quieres? —pregunté sin dejar de mirar sus ojos.
—Tú eres lo que quiero… te quiero a mi lado, para siempre… —susurró—.
Cásate conmigo, por favor…
—No es justo para ti —negué con la cabeza.
—Lo que no es justo es perderte por algo que consideras un error —refutó.
Cerré los ojos y dejé salir todo el aire de mis pulmones. Cuando volví a
abrirlos e inspiré con fuerza, los ojos de Héctor me esperaban, brillando,
asustados y esperanzados a la vez.
—Está bien… —me rendí— la boda sigue en pie.
Héctor sonrió y su sonrisa fue tan amplia y sincera que no pude evitar
responderla. Lo siguiente que sentí fueron sus labios sobre los míos y sus manos
enredadas en mi cintura atrayéndome hacia él.

Capítulo 27

—Shane… —gemí.
Lo vi colocarse entre mis piernas y sonreír con arrogancia.
—¿Estás impaciente? —preguntó con una sonrisa pícara.
—No juegues —jadeé.
Su miembro de adentró de golpe dentro de mí y gemí con fuerza. Sentía
como me llenaba por completo, como mis paredes se cerraban en torno a él, pero
de repente Shane desapareció, me encontré desnuda, sola y con un calentón
impresionante… intenté llamarlo, pero mi garganta no era capaz de pronunciar
su nombre. Me desesperé y…
Me desperté agitada, un sudor frío cubría mi espalda y sentía como mi sexo
clamaba por un poco de atención. Bufé frustrada, llevaba semanas soñando eso,
siete semanas exactamente, el tiempo que hacía que había vuelto desde Seattle.
Me senté en la cama y pasé una mano por mi cabello mientras sentía unas
enormes ganas de llorar. Me contuve, no debía llorar por haber soñado con
Shane… era absurdo.
—¿Ocurre algo? —preguntó Héctor con voz adormilada alzando un poco la
cabeza de la almohada.
—Un mal sueño —susurré poniéndome en pie y encerrándome en el baño.
Me sentía mal por Héctor, no podía sentirme así, no era bueno que me
sintiese así cuando faltaban solo cinco semanas para nuestra boda. Me miré al
espejo y las dos enormes ojeras que adornaban mi rostro eran una buena prueba
de que mis noches eran más una tortura que un momento de descanso.
Miré el reloj y eran las seis de la mañana, un poco temprano, pero decidí
darme una ducha y quedarme despierta, no podría volver a dormirme si me
quedaba a la cama, así que lo mejor era simplemente buscar algo que hacer para
no pensar. Como por ejemplo… lo pensé atentamente mientras enjabonaba mi
cabello… las invitaciones… debía escribir las direcciones en los sobres. Me
vestí con lo primero que encontré y me puse en la mesa de la cocina
concentrándome en lo que tenía que escribir y evitando pensar en cualquier otra
cosa.
—¿No estaba eso hecho ya? —preguntó Héctor recargado en el marco de la
puerta.
Solo vestía su bóxer y su pelo revuelto le caía sobre los ojos casi impidiendo
que pudiese ver.
—No… Aileen me lo encargó, pero no he tenido tiempo hasta ahora —
comenté sin mirarlo más de lo habitual.
—Ah —contestó escuetamente.
Pasó por mi lado y besó mi cabeza, ese detalle, solo ocho semanas atrás me
había arrancado una sonrisa, ahora me sentía como si no hubiese hecho nada. Me
sentía culpable por no sentir ningún tipo de emoción ante mi boda. Sabía que
quería a Héctor, que era un hombre maravilloso y que se esforzaría por hacerme
feliz… pero había algo, y no estaba muy segura de que era, que no me permitía
disfrutar de él como pasaba antes. Quizás también tuviese mucho que ver que no
dejase que mis pensamientos fluyesen con total libertad desde mi regreso a
Nueva York.
—Buenos días —dijo Erik con una sonrisa como cada mañana en cuanto
cruzaba la puerta de la oficina.
—Hola —contesté con otra sonrisa, pero forzada en mi caso.
—¿Mala noche? —preguntó frunciendo el ceño.
—La peor… —murmuré dejándome caer en mi silla de golpe.
—Héctor tiene que pensar un poco más en ti y dejarte descansar… vais a
casaros, te tendrá toda la vida —dijo con diversión sentándose en la silla frente a
mi mesa—, si Tyler se pusiese tan pesado cada noche, hacía mucho que habría
tirado sus maletas por la ventana.
Sonreí ante su comentario, Erik era mi compañero de trabajo en la editorial,
más concretamente mi compañero gay de trabajo. Pero cuando analicé mejor su
comentario mi ánimo decayó de nuevo.
—No es por eso… —susurré metida en mis pensamientos— son solo
pesadillas… —Héctor apenas me había tocado desde la boda de Aileen, nos
habíamos acostado unas tres o cuatro veces, había sido algo tan mecánico y frío
que apenas lo disfruté.
—Pues deberías darle una alegría al cuerpo cariño… aunque ahora lo que
necesitas es un buen café cargado para levantar ese ánimo.
—Sí… —gemí teatralmente— café en vena por favor.
—Pues no se hable más —se puso en pie y dio un pequeño golpe en mi mesa
con los puños cerrados—. Nos vamos ahora miso al Starbucks de la esquina.
—Estamos en horario de trabajo —protesté.
—La señora Cope hoy no vendrá —le restó importancia—. Además, es un
asunto de extrema urgencia, tu cara no deja mucho a la imaginación… ¿hay
problemas en el paraíso?
Decidí no contestar, definir a lo que nos pasaba como problemas era
quedarse corto.
—Tú silencio lo confirma todo —se llevó a una mano a la frente—, vamos…
es urgente.
Me arrastró hasta el ascensor y bajamos al a calle en completo silencio.
Conocía perfectamente a Erik para saber que me estaba dando mi espacio para
analizar mis ideas y que pudiese expresarlas con facilidad. Pero lo que no
sospechaba es que no tenía ninguna intención de decirle nada… exponer en voz
alta lo que me atormentaba era admitir que realmente estaba pasando, y no me
sentía preparada para ello… no todavía.
Cuando estábamos por llegar al Starbucks pude ver a lo lejos como un
chiquillo de unos dieciocho años paseaba a una jauría de perros montado en sus
patines. Me quedé mirando embobada hacia un perro negro que llevaba una
correar roja resaltando más todavía su color. Me encantaba ese perro… me
recordaba a Tekila, aunque no se le pareciese en exceso.
Pero el adorable perrito dejó de gustarme cuando lo vi correr hacia mí y de
su boca colgaba un hilo de baba demasiado largo y espeso… se me revolvió el
estómago ante esa imagen e hice todo lo posible por escapar de su trayectoria,
con tan mala suerte que uno de mis tacones se quedó atorado en una grieta de la
acera y me caí de bruces golpeándome la cabeza contra un árbol.
Un grito demasiado femenino por parte de Erik me hizo fruncir el ceño y
mirar en su dirección.
—¡Estás sangrando! —chilló señalándome con el dedo.
Me llevé una mano a la frente y noté como aquel liquido cálido, espeso y que
me mareaba, comenzaba a descender desde la parte superior de mi ceja izquierda
por mi ojo y bajando por mi mejilla.
—Tenemos que ir a urgencias —afirmó Erik y sin mediar más palabra me
sujetó del brazo y tiró de mí casi alzándome como si pesase solo un par de kilos
y caminó conmigo calle abajo donde estaba el hospital All Saints.
—Puedo caminar por mí misma —protesté en un quejido cuando intentó
cogerme en brazos al ver que me tambaleaba en lugar de andar.
—Porque solo tenemos que cruzar la calle, que si no… —afirmó apretando
la mandíbula.
—Erik… esto es una tontería… no te preocupes —gemí mirando mi mano
cubierta de sangre y sintiendo como mi estómago se revolvía.
—Héctor se preocupará… ¿quieres que lo llame? —preguntó cuando
cruzamos las puertas del hospital.
—No… no es para tanto y se preocupará sin necesidad. Con unos cuantos
puntos estaré perfecta —dije con voz cansada.
—Menos mal que faltan todavía varias semanas para la boda, no estarías
muy agraciada con una tirita en la frente —rio sin gracia.
—No mucho… —susurré bajando la mirada.
Me dejó sentada en una silla de la sala de espera y él se fue al mostrador a
cubrir mis datos en la ficha. A los pocos minutos vino acompañado de una
enfermera.
—Vamos cielo… el doctor estaba a punto de irse, pero parece que tendrá que
esperar un poco más —dijo en tono divertido.
Era una mujer mayor, parecía simpática y me hizo sentir bien solo con hacer
esa pequeña y tonta broma.
—Erik… no me dejes sola —gemí asustada—, me dan miedo las agujas.
—¿Puedo pasar? —preguntó él mirando a la enfermera mientras ocultaba
una sonrisa.
—No hay problema… el doctor Spencer es muy comprensivo para ese tipo
de cosas —volvió a sonreír.
Pero solo di un par de pasos cuando reparé el apellido del doctor y me
paralicé… ¿Spencer? No… eso era imposible, seguro que habría escuchado
mal… Sí… lo más probable… además… ¿qué diablos harían Shane o Robert en
Nueva york? Imposible… y Shane no podía ser doctor todavía, residente como
mucho.
—¿Pasa algo? —preguntó Erik preocupado.
—No…nada —negué con la cabeza y sentí un leve mareo por lo que me
sujeté de su brazo para poder caminar.
—No le gusta la sangre —dijo mi amigo mirando a la enfermera con una
disculpa—, se marea…
La enfermera rio y después me ayudó sentarme en una camilla.
—Eres la novia perfecta para un médico… —ironizó— no te preocupes, el
doctor vendrá en seguida y se te quitará cualquier posible mareo que tengas.
—¿Por qué? —pregunté confundida.
—Tiene a toda la plantilla de enfermeras revolucionada —afirmó mientras
me colocaba una especie de babero y comenzaba a limpiar mi herida—, es
demasiado atractivo.
—¿Tiene novio? —preguntó Erik de repente—. O… o novia… —añadió en
un murmullo.
Solté una risita entre dientes.
—Siento el retraso… —escuché la voz que menos quería escuchar en ese
momento, me tensé y mi primer impulso fue bajarme de la camilla y echar a
correr, ya lidiaría con la sangre y el mareo tirada en un callejón mientras me
desangraba lentamente— ¿qué te tenemos por aquí? —su voz sedosa me incitó a
cerrar los ojos y recordar como susurraba en mi oído.
—Nada de importancia… un corte limpio y poco profundo —dijo la
enfermera a mi lado—. Pero tenga un poco de cuidado porque la chica está un
poco asustada —me miró con dulzura y yo recé mentalmente para que se abriera
un hueco en la tierra y me tragase.
—Está bien … —solo escuché, ya que mi mirada estaba trabada en el suelo y
no me atrevía a alzarla y confirmar lo que ya sabía… que era Shane— señorita
Jord… —su voz se apagó y yo estaba por darme de cabezazos contra las paredes
con la finalidad de despertar de esa pesadilla—. ¿Jordan? —preguntó en un
susurro—. ¿Jordan estás bien? —colocó sus manos sobre mis hombros y aunque
nos separaba la fina tela de mi blusa sentí una corriente eléctrica que me recorrió
la espalda.
—¿No decía que era nuevo en la ciudad? —preguntó la enfermera—. Ya veo
que tiene sus contactos…
—Gladis… yo me ocuparé solo de esto —dijo con voz seria— y el chico que
salga también… esto puede llevarme un poco de tiempo.
—Ella pidió que me quedase —dijo Erik, y casi pude ver su ceño fruncido,
casi, porque continuaba mirando hacia el suelo.
—Pero ella confía en mí… —confirmó Shane una vez más— ¿no es así
señorita?
Alcé la mirada, ya que todos esperaban que dijese algo, miré directamente a
Erik y le pedí con la mirada que me sacase de allí, lo que menos necesitaba en
ese momento era quedarme a solas con Shane.
—Jordan —me instó mi amigo.
—Está bien… —susurré— espera fuera.
Cuando la puerta se cerró y nos quedamos solos me esperaba cualquier cosa,
cualquier cosa menos lo que ocurrió…
—Alza la cabeza para que pueda limpiarte —dijo con voz tranquila.
Alcé a cabeza un con indecisión y cerré los ojos con fuerza.
—Tenía razón Gladis… un corte limpio y poco profundo —murmuró casi
para sí mismo—, ¿cómo ocurrió? —preguntó con tranquilidad.
Me quedé inmóvil, en silencio y con mis ojos cerrados. Una actitud inmadura
e infantil, pero no me sentía preparada mentalmente ni para verlo ni para tener
una conversación con él.
—Oye… puedes hablar conmigo… no voy a morderte —su voz sonó
divertida, aunque cuando abrí mis ojos para mi mirar su rostro no mostraba
ningún tipo de diversión.
Nos miramos en silencio durante unos segundos… mis ojos perdidos en los
suyos y al revés… hasta que suspiró y comenzó a limpiar mi herida de nuevo.
—Se me atoró el tacón del zapato en una grieta —murmuré en un tono muy
bajo.
—¿Perdón? —preguntó con el ceño fruncido.
—Me caí… porque se me atoró el zapato en una grieta —repetí mientras
sentía como mis mejillas se encendían… por primera vez en siete semanas.
Shane rio bajito y me sonrojé todavía más.
—Si continúas igual de torpe… ¿por qué te pones esos zapatos? —preguntó
un poco más relajado.
—Normas de empresa… trabajo en una editorial y requieren que tenga buena
imagen —contesté frunciendo los labios, odiaba los malditos tacones, pero los
necesitaba para trabajar.
—Así que… —ahora cogió varios instrumentos en la bandeja a su lado y
humedeció mi frente con un líquido amarillo— ¿has conseguido trabajo de lo
tuyo? —preguntó.
—Sí… he tenido suerte —me encogí de hombros mientras él rebuscaba algo
más—. Tú… ¿qué haces aquí? —intenté reflejar normalidad a mi pregunta,
aunque estaba muy incómoda. Hablar con Shane no me resultaba fácil, menos si
no podía dejar de recordar lo que pasó la última vez que nos habíamos visto.
—Trabajo de residente en este hospital —contestó sin mirarme—. No te
pondré anestesia… cicatrizará antes, aunque molestará un poco ahora.
—No importa… —murmuré.
—Llevo un par de semanas aquí, aunque hace dos días que me he mudado
oficialmente —continuó—, Meg me dio tu teléfono y te llamé unas cuantas
veces, pero… no contestaste mis llamadas.
Cerré los ojos y suspiré… contesté una llamada de un numero que no tenía
en mi agenda, pero en cuanto oí su voz corté en seguida y no volví a contestar
ninguna llamada desde ese número en concreto. Ninguna de las diez diarias que
recibía casi desde que dejé Seattle…
—He estado ocupada… —musité.
—Ocupada… —susurró sin expresión.
—El trabajo, la boda… —me arrepentí enseguida de decir eso porque su
gesto se endureció y sus facciones se crisparon.
—Claro… la boda con el súper abogado de los famosos —dijo con desdén
—. Esto molestará un poco —murmuró comenzando a colocar los puntos en mi
herida.
Siseé entre dientes ante el dolor, pero su expresión no se modificó en ningún
momento. Cuando acabó volvió a desinfectar la herida y me la cubrió.
—¿Vas a casarte con él después de todo lo que ha pasado? —preguntó sin
mirarme.
—Fue… eso fue… fue u… un error —tartamudeé.
—Yo también pienso que fue un error, pero…
—Pero nada Shane —lo interrumpí y su nombre quemó en mis labios—,
¿has acabado? —inquirí.
—Tiene que venir un médico a firmar el alta… yo solo soy un residente —
murmuró algo perdido.
Pasaron unos segundos en los que no me moví y él tampoco lo hizo.
—No he superado que te fueses la primera vez… imagina como me siento
ahora —susurró.
—No hagas esto —cerré los ojos con fuerza.
—Cuando Gab me dijo… cuando él me dijo lo que sentía por ti…
—No quiero escuchar lo que pasó —lo interrumpí.
—Tienes que saberlo… —murmuró cogiendo un taburete y sentándose en él
frente a mí— discutimos, lo golpeé varias veces y él no se defendió. Pensé que
te habías ido por su culpa y… estuvimos varios meses sin hablarnos.
—Lo siento —dije sin saber muy bien por qué.
—También lo golpeé al día siguiente de la boda de Aileen… esta vez sí que
fue su culpa —continuó— me lavó el cerebro de tal modo que… creí que era lo
correcto. Cuando me desperté y no estabas quise matarlo, pero él también se
había ido. Me enfadé tanto pensando que os habíais ido juntos… pero cuando
apareció en mi apartamento y me contó que te había dejado en el aeropuerto…
¡mierda, Jordan! ¿Por qué te fuiste de nuevo? —sus manos se cerraron en puños
y su mirada me taladró en el momento de hacer esa pregunta.
Me paralicé… decirle que me había ido por miedo a esta conversación no le
bastaría, querría saber más y más y llegaría un momento en que no sabría que
decirle y eso… eso podría ser terrible.
—Tengo… tengo que volver al trabajo… —dije con un hilo de voz.
—No huyas y contesta… por favor —suplicó.
—No tengo nada que decir —me bajé de la camilla y busqué mi bolso
frenéticamente, hasta que su mano sobre mi brazo me hizo paralizarme de golpe.
—No dejo de recordar aquella noche una y otra vez… pero en mis recuerdos
Gab no está… es como si el alcohol hubiese borrado esa parte que no quiero ver.
Necesito un motivo Jordan… un motivo que me haga ver lo equivocado que
estoy al pensar que tú disfrutaste tanto en mis brazos aquella noche como lo hice
yo en los tuyos.
Su voz en mi oído me hizo estremecer, por un momento me olvidé de todo y
solo quería girarme para abrazarlo y besarlo como aquella noche, como lo hacía
cada noche entre sueños.
—Shane, yo… —me detuve porque no sabía que decir, pero a puerta
abriéndose me interrumpió de repente.
—¿Ya está todo listo? —preguntó un doctor entrado en años, con un
gracioso bigote y una prominente barriga.
—Todo bien… —susurró Shane endureciendo la voz— le estaba
aconsejando que puede tomarse un par de pastillas si siente alguna molestia, y
que si siente un dolor agudo, visión borrosa o mareos acuda inmediatamente a
urgencias, ya que se dio un golpe en la cabeza.
—Muy bien, doctor Spencer —dijo el hombre mientras firmaba los papeles
del alta y me los entregaba—. Ha estado con el mejor residente del hospital, ha
tenido suerte de que fuese él quien la atendió.
—Sí… mucha suerte —murmuré mirándolo de reojo.
—¿Jordan? —preguntó Erik desde el pasillo, ya casi me había olvidado de él
—. ¿Está todo bien?
—Sí… —dije aliviada al verlo y encontrar una válvula de escape para no
hablar con Shane.
—Vamos ya —me instó mi amigo a lo que asentí.
—Jordan —me llamó Shane—, es mejor que hoy no vayas al trabajo y no
fuerces la vista, te has llevado un golpe en la cabeza.
—De acuerdo —susurré aturdida ante el magnetismo que tenían sus ojos
sobre mí.
Erik me acompañó en silencio hasta que salimos a la calle, dimos solo unos
cuantos pasos cuando se colocó frente a mí impidiendo que continuase
caminando y se cruzó de brazos.
—¿Qué mierda te traes tú con el doctor bollicao? —preguntó frunciendo el
ceño.
—¿Bollicao? —pregunté alzando una ceja, la que no estaba herida, claro.
—Esta que se rompe… como para darle un mordisco a ese culo tan prieto —
murmuró mordiéndose el labio inferior. Sin saber muy bien porque, ese
comentario me molestó—. Pero no me despistes… ¿de qué lo conoces?
—Es mi ex —contesté rodeándolo y volviendo a caminar.
—¿Y me lo dices tan tranquila? —preguntó corriendo detrás de mí.
—¿Qué quieres que te diga Erik? —inquirí molesta.
—¿Folla bien? ¿Le va a carne, el pescado o la dos cosas? —preguntó
atropelladamente.
Me detuve abruptamente y lo miré indignada.
—El pescado… evidentemente —mascullé molesta todavía.
—Tranquila…cualquiera diría que sigues enamorada de él… te recuerdo que
ya tienes a Héctor… y también tiene muy buen culo… para que lo sepas —hizo
un gesto gracioso que me arrancó una sonrisa.
—¿Le vas mirando el culo a toda la población masculina de Nueva york? —
le pregunté divertida.
—Lo intento… pero alguno siempre se me escapa —confesó frunciendo la
nariz.
Me reí a carcajadas.
—No me has contestado… ¿folla bien? —insistió.
—Erik… no pienso contestarte a eso, es de mal gusto —protesté.
—Venga… somos amigas… —hizo un puchero— soy tú única amiga “loca”
y tienes que contarme ese tipo de cosas… ¡con Héctor no tienes ningún
problema! ¿Qué pasa con este… como se llama Somer?
—Spencer —corregí.
—Eso Spencer… ¿qué tiene él que no tenga Héctor y que te niegas a
compartir conmigo? —volvió a detenerse frente a mí impidiéndome el paso y yo
resoplé.
—Es complicado… —murmuré frunciendo los labios.
—Te escucho.
—Es el hermano mellizo de Aileen… mi novio de la universidad y el mejor
amigo de Gab… —me detuve— era el mejor amigo de un amigo… —me
corregí— como ves es complicado.
—¿Por qué lo dejasteis? —volvió a preguntar.
—Lo dejé yo a él… cuando murió mi padre y me vine a Nueva York —él
chasqueó la lengua y me miró con desaprobación.
—Eres idiota… ¿lo sabías? —preguntó indignado—. Spencer es un bollicao
y estoy segura de que más de una ha querido hincarle el diente… y vas tú y le
sueltas la correa.
—Ya te he dicho que es complicado… y no quiero hablar más del tema —le
pedí, casi supliqué.
—¿Todavía levanta ampollas? —tanteó con cara de circunstancias, yo asentí
—. Lo siento cariño… —gimoteó abrazándome.
Mientras lo hacía mi teléfono comenzó a sonar y lo busqué entre las cosas de
mi bolso, hasta que lo encontré y me quedé helada mirándola el identificador de
la pantalla.
—¿Qué pasa? —preguntó Erik—. ¿No piensas contestar?
—Es él —susurré aterrada.
—¿Él quién?
—Shane…
—¿Quién mierda es Shane?
—Spencer… el bollicao —espeté.
—¿A qué esperas para contestar? Se nota que todavía tenéis mucho de lo que
hablar —dijo con una sonrisa.
—Voy a casarme con Héctor… —dije confundida.
—Una conversación no le hace daño a nadie, no es como si fueras a serle
infiel solo hablando con él por teléfono —se encogió de hombros.
—¿Y si quiere quedar? —pregunté más asustada todavía.
—Pues te vas a tomar un café con él y si surge te das un homenaje a modo de
despedida de soltera —abrí los ojos al máximo ante su comentario y mi rostro
perdió todo el color—. ¡Serás perra! —gritó en mi dirección—. ¡Te lo has tirado
en ese viaje Seattle! por eso tienes esa cara desde que has vuelto…
—Shh shh ¡nos están mirando, baja un poco la voz! —le pedí.
—Tienes que volver a quedar con él y tirártelo de nuevo para quitarte todas
las dudas antes de tu boda —sentenció—, es evidente que las tienes, no me mires
así —añadió al ver mi cara de escepticismo.
—¿Estás loco? —pregunté en un gritito.
—La loca eres tú por no contestar esa maldita llamada… trae aquí —me
quitó el teléfono de las manos y se lo llevó al oído— ¿Bolli… Spencer?… Sí,
soy su amiga Erik, ahora está en el baño y no puede contestar —dijo con una
sonrisa diabólica en mi dirección, intenté arrebatarle el teléfono, pero dio un
paso atrás impidiéndolo— ahora estamos en el Starbucks de Times Square —
continuó— si ya has acabado tu turno puedes venir por aquí y nos tomamos un
café los tres… ¿Sí?… ¡Genial!… ¿Sabes cómo llegar?… Perfecto… ¡te
esperamos! —colgó el teléfono y me lo devolvió.
—Te voy a matar lenta y tortuosamente pequeña loca… ¿sabes que mierda
has hecho? —grité en su dirección.
—Un favor… ya me lo agradecerás cuando esta noche ya te haya quitado
todo lo agrio —murmuró mirándome a los ojos—. Ahora vamos… que llegará
allí y tú no lo estás esperando.
Me arrastró de nuevo calle arriba hasta que llegamos al dichoso Starbucks,
donde nos sentamos en una mesa perfectamente visible mientras yo murmuraba
entre dientes.
—Voy a matarte Erik… te lo prometo… tú no vuelves a follar en toda tu
vida, porque si no te mato al menos te dejo eunuco —mascullé entre dientes.
—Me lo vas a agradecer… ya lo verás… —insistía.
—Estará será tu sentencia de muerte —volví a murmurar.
—¿Tan malo es que no quieres volver a verlo? —preguntó.
—No es que fuese malo… fue traumático —fruncí el ceño— y no puedo
olvidar lo que pasó.
—Con más razón tenéis que hablar… —justo cuando dijo eso aquella
perfecta cabellera color bronce que tanto conocía cruzó la puerta y sus ojos
verdes me miraron haciendo que el mundo se detuviese y todo a mi alrededor
dejase de tener sentido.
—Siento el retraso —murmuró sentándose frente a nosotros—, me he
perdido un poco —sus mejillas enrojecieron y yo me enternecí ante el gesto.
—No importa —murmuré mortificada.
—¿Os pido algo? —preguntó mirándome solo a mí.
—¡Oh mierda! —chilló Erik atrayendo toda la atención de los presentes—.
Acabo de recordar que le dije a Tyler que iría a comer con su madre… lo siento,
pero debo irme —sonrió en mi dirección y yo entrecerré los ojos—. Encantada
de conocerte Bolli… Spencer —sonrió de nuevo solo para él—, nos vemos
mañana en el trabajo, Jordy… —y danzando como la maricona loca que era salió
del local dejándome sola con mis fantasmas.
—¿Jordy? —preguntó Shane con una ceja alzada.
—Está loca… —negué con la cabeza.
—Casi todas tus amigas lo están —sonrió de lado provocando que casi
comenzara a hiperventilar—, ¿podemos hablar ahora de nosotros? —preguntó en
un tono de voz dulce pero que a la vez no dejaba lugar a objeciones.

Capítulo 28

Una conversación… con Shane…


No sonaba del todo mal, aunque los nervios me carcomían por dentro y
sentía que podría desmayarme de un momento a otro. Hablamos durante un par
de horas sentados en aquella pequeña mesa y rodeados de desconocidos. Lo
malo que salió de aquella conversación fue la promesa de otra más al día
siguiente, y esa segunda le siguió una tercera, y una cuarta… y así hasta que casi
nos veíamos a diario, incluso cuando él tenía guardias me acercaba hasta el
hospital y hablábamos durante sus treinta minutos de descanso.
En esas conversaciones que duraban horas hablábamos de todo un poco,
sobre todo de lo que había sido de nosotros aquellos cuatro años separados. Los
nervios y la incomodidad iniciales se fueron disipando poco a poco, llegó un
momento en el que tenía que contenerme en no abrazarlo y besarlo como
hacíamos en la universidad.
Pero aquello estaba mal, yo lo sabía… pero cuando me pedía que nos
viésemos un día más yo no podía negarme, decirle que no a Shane iba en contra
de mi voluntad. Además… yo también quería verlo.
El sonido de mi teléfono móvil recibiendo un mensaje de texto me sacó de
mi ensoñación. Lo rebusqué entre el desorden que se había convertido la mesa y
lo miré con una sonrisa en los labios.
“Siento no poder estar contigo este día, pero alguien requiere toda mi
atención, nos vemos pronto. Maddy te envía un besito. Meg.”
La foto que la acompañaba era de mi amiga con su bebé en brazos y Mathew
mirándolas a ambas con cara de tonto enamorado. Sonreí sin poder evitarlo, Meg
era feliz y yo me alegraba mucho por ella, se lo merecía.
Me miré en el espejo de cuerpo entero que Aileen me había traído y
suspiré… el vestido de novia era precioso, se ceñía a mi pecho dejando un
generoso escote, abrazaba mis caderas y llegaba a mis pies rematando en una
pequeña cola. Todo de color blanco, resaltando todavía más la palidez de mi
piel. Aunque que casi no podía apreciarlo, las lágrimas comenzaban a empañar
mis ojos y me impedían ver. Hoy era el día… el gran día…

—¿Mañana a qué hora quedamos? —me preguntó Shane la tarde anterior
—. Es tu cumpleaños y te he comprado algo.
Mi corazón dio un vuelco al escucharlo.
—Mañana no podré… —dije con un hilo de voz.
—¿No te puedes escapar ni cinco minutos del trabajo? —preguntó con esa
mirada inocente que me desarmaba por completo.
—Mañana no trabajo… —mi voz tembló.
—¿Entonces…?
—Mañana es mi boda, Shane —y la expresión de su rostro me partió el alma
en dos—. Si quieres… si tú quieres puedes venir.
—No me ha llegado ninguna invitación —masculló molesto.
—No la necesitas —susurré.
Él sonrió con ironía y me miró con sus ojos más tristes que nunca.
—A ningún condenado a muerte lo invitan a su ejecución, además… mañana
tengo trabajo —susurró antes de ponerse en pie y dejarme sola en mitad de
Central Park.

—¿Todo listo? —preguntó mi madre entrando por la puerta. Asentí incapaz
de hablar, ella se colocó a mi lado y suspiró—. Estás preciosa, cariño —
lloriqueó—, te has hecho tan mayor…
—Mamá… —gemí mortificada.
—Ya, ya… ya lo sé, prometí que no lloraría —se secó una lágrima y me
sonrió—, contesta— susurró cuando el sonido de mi teléfono se escuchó de
nuevo.
—Hola preciosa —susurró.
—Hola Héctor —medio sonreí— ¿pasa algo?
—No… solo quería escuchar tu voz… —contestó.
—¿Ya has llegado? —pregunté
—Estoy frente a la capilla, esperando por mi futura mujer —mi estómago se
encogió.
—Yo saldré en unos minutos… —aseguré con mi voz ronca a punto de llorar
de nuevo— tengo que hacer esperar un poco al novio.
—Te espero… te quiero —susurró antes de colgar.
El teléfono resbaló de mis manos e impactó con la alfombra, mis manos
comenzaron a temblar y mi pecho se encogió tanto que casi no podía respirar.
—Cariño, cariño… tranquila —escuché la voz de mi madre mientras
acariciaba mi rostro—. Todo estará bien… Héctor te está esperando y será una
boda preciosa…
Asentí mientras un nudo se cernía en mi garganta… mis piernas temblaban y
difícilmente podía mantenerme en pie sin dificultad, pero me agaché y cogí el
teléfono aferrándome a él con fuerza.
—Nadie va a llamarte hoy, puedes dejarlo aquí —me dijo mi madre
mirándome con condescendencia.
—Meg… Meg ha dado a luz hace dos días y se quedó en Seattle —contesté
con voz ahogada.
—De acuerdo —susurró sonriendo.
Bajé las escaleras rezando para que los malditos zapatos de tacón que Aileen
me había obligado a poner no me hiciesen acabar rodando y con otra brecha en
la frente, aunque seguro que me sentiría mejor en urgencias que camino a la
capilla donde iba.
Mi teléfono comenzó a sonar de nuevo en cuanto puse un pie en la calle, era
otro mensaje de texto. Lo abrí con una sonrisa esperando que fuese otra
fotografía de Meg, pero…
“No lo hagas… te quiero”.
Me quedé paralizada y con el corazón latiendo a tanta velocidad que creía
que de un momento a otro se me saldría por la boca.

—Tienes que aclararte cariño —dijo Erik sentándose en mi mesa, yo lo miré
con el ceño fruncido.
—¿Aclararme sobre qué? —pregunté confundida.
—El bollicao o Héctor… —dijo como si fuese lo más obvio.
—Lo tengo claro Erik… me voy a casar con Héctor —dije convencida.
Erik alzó una ceja y me miró con escepticismo.
—Si tú lo tienes claro yo soy la reina de Inglaterra —bufó cruzándose de
brazos.
—Perdóneme su majestad… pero ahora tengo una reunión con la señora
Cope… ¿cree su altísima alteza que estará disponible para almorzar con esta
humilde plebeya? —pregunté haciendo una venia.
—No me creas estúpida —espetó—, si te casas con Héctor y un día ves al
Doctor Bollicao con un mordisco, te arrepentirás toda la vida.

—Cariño… la limusina espera —me instó Bob, el marido de mi madre.
La miré con una disculpa y tomé la mano que me extendía para ayudarme a
entrar en el coche. El camino hacia la capilla se me hizo cortísimo, en ese
momento me sentía como John Coffey en la milla verde. Veía como los edificios
pasaban y pasaban, veía como las personas que paseaban por la calle, hacían su
vida sin importarle si la persona que caminaba a su lado estaba feliz, o triste, si
tenía un mal día o si había dormido bien. Me sentí tan sola sentada en esa
automóvil… cada metro que avanzaba era una tortura, pero ya había llegado
demasiado lejos, echarme atrás ahora era una cobardía, Héctor estaba muy
ilusionado, toda mi familia y amigos, excepto Meg, Mathew y la pequeña
Maddy, habían viajado a Nueva York, la boda había costado miles de dólares…
todo era tan complicado ya… sería imposible cancelar la boda sin crear un
escándalo, sin hacerle daño a nadie. Aunque sería yo la dañada si continuaba con
todo eso…
—Llegamos —la voz de Bob me sacó de mis pensamientos e intenté sonreír
—. ¿Bajamos? —preguntó señalando la puerta con un dedo.
Asentí, pero cuando iba a abrirla se detuvo y me miró.
—Jordan, sé que tú y yo nos llevamos muy bien, no soy tu padre, pero… —
dudó un segundo.
—Arranca Bob… te escucho —sonreí con más ganas.
—Es tu boda, uno de los días más importantes de tu vida… ¿no crees que
deberías sonreír un poco más? ¿Parecer un poco más… feliz? —preguntó con su
ceño levemente fruncido.
—Son los nervios —le resté importancia.
—¿Seguro? —yo asentí—. Cariño… que no te importe nada, ni nadie…
piensa solo en ti cuando digas el sí quiero. Que no te importen las consecuencias
o las represalias, en lo que tienes que pensar únicamente es en tu felicidad.
—Bob… yo… —balbuceé.
—¿Quieres bajar o le pido al chofer que nos vallamos? —me interrumpió.
Respiré hondo y miré el teléfono móvil entre mis manos… era ese momento
o nunca… pero…
—Bajemos… —dije con un hilo de voz.
Él suspiró y abrió la puerta, me extendió la mano y la tomé con la mía que no
dejaba de temblar. Una oleada de aplausos me recibió y forcé una sonrisa lo
mejor que pude. Mi madre se acercó a mí corriendo y me quitó el teléfono de las
manos, cuando vi que no lo tenía me sentí completamente desnuda… y más sola.
Bob me tendió su brazo y me dedicó una mirada significativa, pero mi mente
estaba completamente desconectada de mi cuerpo, era una autómata, me movía
por impulsos y no era capaz de hilar dos frases coherentes, solo el “Te quiero”
del mensaje de Shane se me había quedado grabado a fuego en mis
pensamientos.
Pero cuando quise darme cuenta estábamos avanzando por aquel pasillo…
corto… era demasiado corto…
Héctor me esperaba al otro lado, parecía nervioso, pero en cuanto me miró
una sonrisa se extendió por su rostro y yo temblé… no de anticipación,
realmente no sé de qué… pero parecía una hoja en mitad de un huracán.
Temblando y dejándome llevar por la corriente de aire que me empujaba.
—Cuídala —fue la única palabra de Bob cuando posó mi mano sobre la de
Héctor, sonó a advertencia, aunque con lo que conocía pude apreciar el deje de
decepción que escuchaba en su voz.
Pero yo era una cobarde… una cobarde que echaba a correr y escondía la
cabeza cuando las cosas se presentaban mal.
El pastor comenzó a hablar, pero no lo escuchaba, mi mirada estaba trabada
en el ramo de rosas blancas que mi madre había elegido por mí, para mí ninguno
era el perfecto. Mis pensamientos volaban, mi mente aturdida pareció despertar
en cuanto el olor de la cera de las velas mezclada con las flores llegó a mis fosas
nasales.
Correr…
Era lo que mis pies querían hacer, cobardía o valentía era lo que mi corazón
me gritaba en cada latido.
Pero no podía…
Estaba Shane, su amor, lo que yo sentía cuando estaba a su lado, las sonrisas
que me arrancaba solo con mirarme, lo bien que me sentía cuando nuestras
manos se rozaban sin querer… o queriendo. Pero había sufrido tanto a su lado…
había llorado y maldecido por lo mal que me había hecho sentir. Había pasado
noches enteras en vela y me había sentido como una completa zombie cuando
me alejé de él.
Estaba Héctor, mi amigo fiel, mi confidente, la persona que me hacía sonreír
y me ayudaba a sentirme bien. Mi tronco al que agarrarme cuando crecía la
corriente. Mi clavo ardiendo, mi puerto seguro. A su lado sería feliz, con mis
limitaciones… pero feliz a medias, al fin y al cabo. Tenía un futuro perfecto y
completamente planificado a su lado, la casa, los niños, el plan de pensiones, los
viajes juntos, las vacaciones en la playa…
Y también estaba Gab… acertadas o no, en parte sus decisiones me había
ayudado a llegar a ese punto de la ecuación. Por él estaba dudando, realmente no
por él, por su culpa. Gab siempre sería el amigo especial, atractivo y que me
hacía sentir cosas, pero nunca me podría enamorar de él… quizás en un mundo
donde no existiese Shane, pero en ese momento… no, imposible.
—… por eso estamos aquí reunidos —escuché la voz del pastor—, porque el
amor, en todas las facetas en las que puede presentarse, es el que mueve el
mundo, el que nos hace levantarnos cada día y luchar por ser felices. Por eso
estamos aquí —repitió—, para que todos seáis testigos de esta promesa mutua
de…
Dejé de escuchar una vez más y las palabras de Aileen resonaron en mis
oídos…
“Un matrimonio sin amor solo es un contrato Jordan, no una promesa.”
Negué con la cabeza y una lágrima descendió por mi mejilla… mi corazón
estaba a punto de explotar de la velocidad a la que latía.
Correr…
Pero mis pies parecían soldados al suelo.
“Te puedo asegurar por experiencia que si no hay amor… los matrimonios
no significan nada”
Tenía que escapar… pero no podía moverme, estaba paralizada.
“Piénsalo muy bien antes de dar un sí quiero que no quieres”
Pensar…
¿Quién mierda necesitaba pensar?
Correr… correr era lo que quería hacer… cuanto antes y a toda velocidad…
“Héctor… no es que sea mala persona… pero no es tu príncipe azul”
“Cuando vi como te miraba Shane y como tú lo mirabas a él, cómo lo
besabas… ¡hasta cómo gemías su nombre!”
“No sé si quiero saber lo que ocurrió —dijo en un susurro con voz triste— lo
peor es que sabía que esto iba a ocurrir y simplemente dejé que pasara.”
Correr…
“No lo hagas… te quiero”
“No cometas el mayor error de tu vida casándote con quien no debes, no
dudo que ese tío te quiera, pero sí dudo de lo que tú sientes por él”
“… te quiero”
“Cariño… que no te importe nada, ni nadie… piensa solo en ti cuando digas
el sí quiero. Que no te importen las consecuencias o las represalias, en lo que
tienes que pensar únicamente es en tu felicidad.”
“No lo hagas…”
“A ningún condenado a muerte lo invitan a su ejecución”
“…te quiero”
Jadeé buscando aire… y miré hacia mi derecha donde Héctor estaba frente al
pastor, su mirada se cruzó con la mía solo un segundo y pareció comprender lo
que pasaba por mi mente en ese preciso instante, porque fue como si una capa de
tristeza cubriese su rostro. Una lágrima corrió por su mejilla y a mí se me partió
el corazón en cuanto lo vi.
—Vete… —susurró interrumpiendo al pastor que se quedó en silencio— no
quiero que seas infeliz.
—Lo siento —sollocé.
—No lo hagas —sonrió con tristeza y me acomodó el velo descubriendo mi
rostro—, solo haz que merezca la pena.
Un jadeo proveniente de las personas que estaba sentadas tras nosotros me
obligó a mirar atrás y disculparme con la mirada, pero solo pude ver los ojos de
Aileen y Caroline, de Ángela, de Erik, de Bob… en sus rostros había una sonrisa
que me gritaba “¡Corre!”
Con mis manos temblando más que nunca, me quité el anillo de compromiso
y lo dejé en una de las también temblorosas manos de Héctor, lo miré a los ojos
con una disculpa. Me quité el velo sujetó en mi recogido y lo dejé caer al suelo,
se levantó un murmullo a mi alrededor, pero no me importó, corrí hacia donde
estaba Erik y le di mi ramo de novia y dejé un beso en su frente. Él solo se
carcajeó y me dio una palmada en el trasero cuando me di la vuelta para salir de
allí cuanto antes.
—¡Corre pegatina! —gritó sobre los murmullos de la gente—. ¡Corre y
busca tu bollicao!
Una carcajada nació en el centro de mi pecho mientras cogía impulso para
correr y aquel pasillo que me pareció tan corto en cuanto llegué, ahora se me
hacía interminable. Cuando por fin el aire fresco golpeó mi rostro tuve ganas de
llorar… valentía, cobardía… ¿a quién demonios le importaba? Necesitaba
hacerlo, necesitaba salir corriendo de allí…
Me detuve en seco y miré en varias direcciones, tenía un objetivo claro, el
hospital de All Saints, pero tenía que llegar hasta allí y estaba casi en el otro
extremo de la ciudad. Suspiré… correr… no me quedaba otra… no tenía dinero
para un taxi y tampoco podía conducir por las calles de Nueva York sin
retrasarme. Así que no me quedó otra que sujetar los bajos de mi vestido y
subirlo hasta la mitad de mi muslo, sonreí al ver la liga que Meg me había
enviado por correo para este día, era la misma que ella utilizó para su boda con
Mathew. Tomé una larga inspiración y comencé a correr calle abajo.
“Un paso tras otro, un paso tras otro”
Me repetía mentalmente para no tropezar por culpa de aquellos malditos
tacones. Las calles se sucedían una tras otra, por momentos me detenía para
caminar y coger un poco de aire que relajase mis pulmones. Pero a los pocos
minutos las ansias de ver a Shane ganaban a la necesidad de respirar y volvía a
correr con todas mis fuerzas.
Cruzaba las calles sin apenas detenerme a mirar el tráfico, “si me atropellan
llegaré más rápido a mi destino” pensaba con humor negro. Los coches hacían
sonar sus bocinas y me gritaban cosas desde las ventanas abiertas. No me
importaba lo que decían, mi único interés era llegar a ese maldito hospital de una
vez por todas.
Los bajos de mi vestido resbalaban de entre mis brazos que apenas tenían
fuerzas para sostenerlos, estaba agotada, pero tenía que llegar, el vestido estaba
sucio y rasgado, ya no se asemejaba ni de lejos a la perfección que vi en el
espejo solo una hora antes. Intentando esquivar a una señora que paseaba por
Central Park con su perrito y un bastón, tropecé y caí al suelo raspando mis
manos, mis medias de seguro también se habían roto, y no quería ni mirar mi
blanco vestido ahora manchado de tierra y hierba.
Me detuve ante una boca de metro…mis pulmones ardían, mis piernas
pesaban y estaba sudando tanto que mi maquillaje seguro que ya brillaba por su
ausencia. Pero no me importaba, lo único que atravesaba mi mente en ese
momento es que si tan solo tuviese un dólar… un mísero y único dólar para
subirme al metro y llegar rápido y sin cansarme…
—Mira mamá… —oí la voz de una niña, pero estaba tan perdida en mi
propia miseria y mala suerte que no le presté atención— es un mimo.
—No creo que sea un mimo cariño —contestó una mujer.
—Sí que lo es… como en aquella peli de la chica que siempre se escapa
cuando va a casarse… —dijo la niña con alegría.
—Cariño… —su madre rio.
—Echémosle una moneda a ver si nos sonríe… —dijo con alegría.
Y nunca me sentí tan feliz cuando el sonido de una moneda cayendo al suelo
sonó a mis pies.
Una enorme sonrisa surcó mis labios y oí la carcajada de la niña mientras se
alejaba.
—Te dije que era un mimo, mamá —decía con alegría.
Miré en el suelo frenéticamente buscando aquella dichosa moneda, en cuanto
la vi casi me tiro a por ella en picado y hago el baile de la alegría. Bajé las
escaleras a toda velocidad, y al poner el pie en el último escalón el tacón de mi
zapato derecho se partió y casi caigo al suelo si uno de los hombres de seguridad
no me sujeta del brazo.
—¿Se encuentra bien? —preguntó preocupado y mirándome de arriba a
abajo.
—Perfectamente —sonreí y metí mi moneda en la ranura correspondiente
esperando que el aparatejo ese del demonio me dejase pasar. Corrí a toda
velocidad hacia el panel que indicaba las diferentes rutas que tenía la ciudad,
elegí la correspondiente y esperé pacientemente al lado del andén a que el
maldito tren llegase de una vez.
Sentía la mirada de varias personas sobre mí… pero no me importó. Tenía
que tener un aspecto deplorable, pero esto no era una película de Hollywood y
yo no era Julia Roberts… eso era la realidad y las cosas no podía ser tan
sencillas y perfectas.
Me subí al tren en cuando las puertas se abrieron, casi salté al interior y recé
mentalmente para que arrancase de una vez y llegásemos cuanto antes. Los
segundos pasaban a una velocidad de vértigo y en cambio el tren parecía
moverse a paso de tortuga… yo necesitaba más acción, el estar allí sentada sin
hacer absolutamente nada me estaba poniendo histérica.
Cuando todavía faltaban dos estaciones para mi destino me acerqué a la
puerta cojeando, mi zapato roto y maltratado no me dejaba caminar de otro
modo, Aileen me mataría si me viese en ese estado tan deplorable… pero lo que
menos me importaba en ese momento era la opinión de Aileen… quería ver a
Shane cuanto antes.
En cuanto llegamos a la estación me bajé a toda velocidad y salí a la calle, el
tráfico me ayudó a guiarme, ya que no conocía esa zona a la perfección. Corrí de
nuevo, pero mi zapato roto no me lo permitía, así que me saqué los dos
tirándolos en una papelera y comencé a correr descalza.
¿Por qué tenía que ser tan complicado? Me pregunté golpeándome
mentalmente. En el cine quedaba perfecto, la novia corriendo, el vestido
meciéndose con el viento y sus zapatos no se rompían… pero claro, estábamos
hablando sobre mí, y la suerte no era mi mejor amiga.
Cuando por fin divisé a lo lejos el hospital aceleré el paso, mis piernas
dolían, ya casi no podían avanzar ni un paso más pero no podía detenerme, no
cuando estaba tan cerca.
Me detuve abruptamente frente a las puertas de cristal automáticas, se
abrieron dándome paso y entré a toda velocidad de nuevo a la zona de urgencias.
La gente me miraba y murmuraba… no me importaba… solo quería ver a
Shane… ¿dónde demonios se metía? ¡Maldita sea!
Con la desesperación que sentía, las lágrimas comenzaron a desbordar mis
ojos…
Shane…
¿Dónde estaba Shane?
—¿Se encuentra bien? —preguntó una enfermera acercándose a mí y
sujetándome del brazo.
La miré sin entender… quería gritar, quería preguntarle donde estaba Shane,
pero no podía, los sollozos rompían mi voz sin permitirme hablar.
—Tranquila… —me susurró tomando mi rostro con sus manos— si no te
tranquilizas no podrás explicarme lo que pasa… respira hondo cariño… —
susurró mirándome a los ojos—. Así muy bien… relájate y respira con
tranquilidad… ¿mejor? —preguntó después de unos segundos, a lo que yo asentí
— Bien… —sonrió— ¿puedo ayudarte en algo?
—Sí… quiero… necesito… ¿dónde…? —balbuceé.
—¿Familiares de Thomas Patterson?
Me giré instintivamente ante el sonido de su voz y lo vi… allí estaba…
parecía estar moviéndose a cámara lenta mientras hablaba con una mujer que
estaba frente a él y le sonreía. Quería gritar, quería correr hacia él, pero no podía
moverme, volvía a estar paralizada.
—Shane… —su nombre salió de mis labios en un susurro, pero él pareció
escucharme porque los papeles que sostenían sus manos cayeron al suelo y me
miró con la boca abierta.
—Jordan —sus labios se movieron, pero juraría que ningún sonido salió de
ellos —Jordan… —en esa ocasión oí mi nombre, él corrió hacia donde yo me
encontraba y me miró de arriba abajo— ¿Pero qué… qué haces aquí?
—Yo… Shane… yo no… ¡mierda! He corrido media ciudad y ahora no
puedo ni hablar… —gemí frustrada.
Shane rio como siempre lo hacía y aquel sonido caldeó mi pecho.
—¿Has corrido a través de la ciudad? Eso explica tu aspecto —dijo divertido
—. Ven… vamos a limpiar estas heridas —dijo frunciendo el ceño mientras
miraba mis manos.
Me llevó de nuevo hasta uno de los gabinetes, cerró la puerta tras él y me
ayudó a sentarme en la camilla.
—¿Dónde están tus zapatos? —preguntó mirando mis pies.
—Me tropiezo con tacones —contesté un poco avergonzada.
Él solo sonrió y negó con la cabeza.
—¿Cómo has llegado aquí? —preguntó limpiando una de mis manos.
—Corriendo… hasta que una niña me confundió con un mino y me dio un
dólar para poder coger el metro —resumí.
—Estás completamente loca —rio y de nuevo el sonido de su risa hizo que
mi corazón latiese más rápido.
—Tenía que verte… —susurré.
—¿El día de tu boda? —sus facciones se crisparon cuando dijo eso y yo bajé
la mirada evitando la suya tan dura.
—No hay boda… no… —tomé una bocanada de aire— no puedo casarme
con Héctor.
—¿Qué? —jadeó y dio un paso atrás.
—Como puedes ver mi vestido está destrozado… —intenté bromear pero su
mirada de incredulidad me hizo desistir en mi empeño—. Lo siento… —otra vez
las lágrimas— siento haberme ido… siento dejar que Gabriel me convenciese
tan fácil aquella noche, siento escapar y escapar una y otra vez como una
cobarde, pero… ya no puedo más… me rindo Shane… —me rompí en sollozos.
—¿A qué te rindes? —preguntó secando una de mis lágrimas con el dorso de
sus dedos.
—A ti… ya no puedo luchar más contra lo que siento… —susurré mirando
sus ojos.
Shane se acercó a mí lentamente con una sonrisa en sus labios, sus manos se
aferraron a mi cintura y pegó su cuerpo al mío en un abrazo.
—Mi Jordan —susurró con la nariz enterrada en mi cuello— no te vuelvas a
alejar… no vuelvas a irte de mi lado… no… no podría soportarlo…
—Shane… —su nombre escapó de mis labios y mis manos empujaron su
pecho para que se alejase.
En cuanto lo hizo lo sujeté por la chaqueta de su pijama de médico y lo atraje
de nuevo hacia mí buscando sus labios. Los suyos respondieron al instante
fundiéndonos en un beso lento, tranquilo… como reconociéndonos después de
tanto tiempo.
Sus manos me aferraron con más fuerza, estaban cerradas en puños y
sujetando casi con violencia mi vestido arrugado entre sus dedos. Sus besos
descendieron por mi cuello haciéndome temblar… suspiré y él gimió cuando
llegó al nacimiento de mis pechos expuesto por el escote de mi vestido.
—Tienes que quitarte esta cosa —susurró sin alejarse ni un centímetro de la
piel expuesta de uno de mis hombros.
—Ayúdame —pedí.
Comenzó a desabrochar los innumerables botones que cerraban el vestido a
mi espalda, podía sentir su frustración en el modo en que me besaba en ese
momento. Reí ante su ceño fruncido y él bufó.
—Esto es demasiado desesperante —susurró casi para sí mismo.
—De eso se trata… la novia tiene que hacerse desear… por eso es tan difícil
desnudarla… —dije divertida ante su nuevo bufido.
—¿Te gusta mucho? —preguntó alejándose un poco de mí.
—¿El qué? —pregunté yo confusa.
—El vestido…
—Está prácticamente destrozado… —murmuré mirando la falda hecha
girones.
—Un poco más no se notará —una sonrisa se dibujó en sus labios y sentí un
tirón en mi espalda y oí como la tela se rasgaba.
—Shane —gemí cuando sus manos acariciaron mis pechos sin sostén.
—Me vuelves loco… —susurró contra mis labios— completamente loco.
Nos besamos una vez más, nuestras lenguas se unieron en una danza alocada,
en que la que casi no podíamos respirar. Sus manos subieron la falda del vestido
hasta mis muslos y gimió cuando rozó la piel que no cubrían las medias. Pasó
una mano a mi espalda y empujándome por el trasero me acercó más a él.
—Completamente loco —murmuró de nuevo mordisqueando el lóbulo de mi
oreja.
—Shane… —gemí una vez más.
—Me encanta oír mi nombre en tus labios… —dijo con voz sugerente—
pero quiero que lo grites.
Dicho esto apartó mis pequeñas braguitas de encaje blanco y sus dedos
fueron directamente a mi sexo, que ya estaba más que húmedo y preparado para
él. Solté un gritito ahogado contra su pecho cuando uno de sus dedos me penetró
de golpe.
Mis manos descendieron por su pecho, llevaba puesto uno de esos trajes de
médico color azul, por lo que no me fue difícil encontrar la cintura de sus
pantalones y meter mis manos en ella buscando su miembro. Gimió cuando lo
rodeé con mis dedos y eso hizo que me estremeciese de pies a cabeza.
—Te necesito ya —susurré al borde de la desesperación.
Shane se colocó entre mis piernas abiertas y me trajo más hacia el borde de
la camilla, la punta de su miembro completamente erecto tanteó mi entrada y se
introdujo solo un poco haciendo que maldijese entre dientes.
—¿Te quedarás cuando todo esto acabe? —preguntó de repente.
Lo miré con los ojos abiertos totalmente sorprendida ante la pregunta que
acaba de hacer… ¿de verdad no confiaba en lo que estaba haciendo?
—No voy a irme… —aseguré mirándolo a los ojos.
—¿Quién me lo garantiza? —volvió a preguntar con la mandíbula apretada.
—Yo… —dije con un hilo de voz.
—¿Por qué debería confiar en ti? —veía que le costaba aguantarse, pero lo
que estaba preguntando era lo suficiente importante para detener sus ansias.
—Porque te quiero —dije desde lo más profundo de mi corazón.
De una sola estocada su miembro se adentró en mí y jadeé sujetándome de
sus hombros.
—Yo también te quiero —buscó mis labios y nos fundimos en un beso
mientras comenzaba a embestir en mi interior a ritmo constante pero a la vez
lento.
—Más… —supliqué entre jadeos— más fuerte, Shane.
Él gruñó enterrando los dientes en mi cuello y aumentó el ritmo haciendo
que la camilla se moviese cada vez que sus caderas chocaban con las mías. Gemí
muy alto y colocó dos de sus dedos en mi boca para silenciarme, lamí y
mordisqueé sus dedos mientras él entraba y salía de mi interior sin parar y
llevándome a la locura.
—Shane… —mascullé cuando sentí como mis paredes se cerraban en torno
a él.
—Te quiero Jordan… —susurró con voz entrecortada— te quiero.
—Shane… —volví a decir totalmente fuera de mí.
—Dímelo… por favor… quiero escucharlo —suplicó.
—Te quiero, Shane… te quiero —gemí.
—Solo eres mía… mía… solo conmigo tiemblas así… —susurraba mientras
poco a poco me estaba llevando al cielo— nunca más te irás… nunca… te
necesito conmigo… te amo…
Con ese último te amo cualquier resquicio de cordura que pudiese tener
abandonó mi cuerpo y gemí su nombre dejándome llevar por la marea de
emociones que me asolaban. Shane volvió a gruñir y se derramó en mi interior
mientras los espasmos hacían que los músculos de su espalda se contrajesen.
Jadeé buscando aire… sus ojos se cruzaron con los míos y sonreí… sonreí
como llevaba tanto tiempo sin hacer.
—Te amo… —dije casi sin aliento.
—No te alejes nunca más —susurró sonriendo y volviendo a besarme.
—Nunca —afirmé.

Llevaba puesto uno de esos pijamas de hospital e iba descalza, mi pelo
estaba hecho una maraña, tenía las manos y las rodillas heridas, pero nada ni
nadie podía borrar a sonrisa que tenía en mi rostro. Sentía sobre mí la mirada de
muchas personas, unas lo hacían con incredulidad, otras con diversión, pero no
todos los días ves a una chica vestida de médico, con un vestido de novia en una
bolsa de basura y de la mano de un médico de verdad.
Shane a mi lado tampoco dejaba de sonreí, cada vez que nuestras miradas se
cruzaban podía ver en la suya cuanto me quería y lo feliz que estaba por tenerme
a su lado.
Mientras caminábamos por las calles repletas de personas de una de las
zonas más concurridas de Nueva York, el sol se ponía a nuestra espalda,
despidiendo un nuevo día y acompañando a los millones y millones de personas
que tenían su vida, sus problemas y sus alegrías en cualquier parte del mundo.
Pero yo no era consciente de ello, me había vuelto como una de esas personas
que miraba desde la limusina rumbo a la capilla donde iba a casarme con Héctor.
Solo me importaba la persona que estaba sujetando mi mano, ni si quiera el
pasado importaba ya. Atrás quedaron las lágrimas, el sentimiento de traición, los
sentimientos confusos y cada una de las noches que pasamos alejados.
Me sentía en una nube, volando por el cielo y acompañada de la estrella más
brillante… Shane.
Estaba completamente segura de lo que sentía, amor, un amor grande y puro
que me hacía reírme a carcajadas sin motivo aparente. Un amor que ya no me
pondría más entre la espada y la pared. Entre la espada de Shane, brillante,
resplandeciente, la que me defendía cuando lo necesitaba, pero también la que se
clavaba en mi pecho cuando se alejaba y me cambiaba por Ahsley. Y la pared de
Gab, quien me apoyaba y ayudaba cuando lo necesita, después fue la pared de
Héctor en la que me apoyé… que me dibujó un mundo de fantasía con un futuro
perfecto de cuento de hadas… pero nada de eso era real. Yo necesitaba las
mariposas en el estómago que solo Shane sabía despertar, necesitaba sus caricias
que me hacían sentirme viva y despierta, necesitaba su sonrisa cada mañana, sus
jadeos en mi oído cuando hacíamos el amor… lo necesitaba a él. Tan simple y
complicado a la vez.
—¿Te casarías conmigo? —preguntó Shane deteniéndose frente al portal de
un edificio.
—¿No crees que es un poco precipitado? —pregunté frunciendo el ceño.
—Lo es… no te lo propongo, tan solo es curiosidad… ¿algún día te casarías
conmigo? —volvió a preguntar.
—Algún día —me encogí de hombros—, pero primero quiero recuperar el
tiempo perdido.
Shane sonrió y justo después de abrir el portal, me tomó en brazos y corrió
conmigo escaleras arriba, deteniéndose frente a la puerta de un apartamento y
colocándome sobre mis pies todavía descalzos.
—Algún día te casarás conmigo… y espero que ese día no te escapes
corriendo descalza por medio Nueva York — rio de nuevo.
—No lo haré… —susurré mirando sus ojos.
—¿Lo prometes? —preguntó.
—No… te lo demostraré —me acerqué a sus labios y los besé sintiendo
como él se derretía poco a poco igual que yo.
—Uhm —se alejó de mí sonriendo— por cierto… feliz cumpleaños.
Sonreí y volví a besar sus labios una vez más.
Fin.
Epílogo

—¿Sabes que esto es antinatural? —gritó Aileen mientras caminaba detrás


de mí a lo largo del centro comercial.
—Lo antinatural es que tú no quieras acompañarme a comprar algo… ¿te
duele la cabeza? —pregunté fingiendo un gesto de preocupación.
—¡Sabes lo que quiero decir! —pateó el suelo con una niña pequeña y sus
mejillas se hincharon—. ¡Es él quien tiene que hacer eso!
—Estamos en el siglo veintiuno, la liberación de la mujer y esas cosas… no
seas anticuada —le resté importancia.
—Eres imposible Jordan…—murmuró resignada, sonreí y entré en la joyería
sin borrar ese gesto en mi rostro.
—Solo es un reloj Aileen… no le des más importancia de la que tiene —la
tranquilicé.
Un par de horas después estaba saliendo de la ducha y colocándome aquel
pequeñísimo conjunto de ropa interior que Aileen había elegido para mí después
de que saliésemos de la joyería. Me coloqué un vestido negro encima, arreglé mi
pelo, me apliqué un poco de maquillaje y perfume y fui a comprobar que la cena
estuviese lista. Coloqué la mesa, encendí las velas y puse algo de música
ambiental.
Miré por la ventana del jardín con los zapatos en la mano, esperando que de
un momento a otro el coche de Shane apareciese para ponérmelos y que me
encontrase perfectamente arreglada.
Después de mi boda frustrada y nuestra reconciliación, Shane me confesó
que fue a Nueva York para buscarme, si no lograba convencerme de que no me
casase con Héctor, estaba dispuesto a acosarme hasta que le pidiese el divorcio.
Dijo que no iba a dejar que me escapase esta vez e iba a luchar por mí todo lo
que hiciese falta. Nos fuimos a vivir juntos justo ese día, yo recogí mis cosas del
apartamento de Héctor y las llevé al suyo. Vivimos allí los dos años que duró su
residencia en el hospital All Saints y después volvíamos a Seattle. Esperaba que
alquilásemos un apartamento en el centro, cerca del hospital donde el trabajaría,
pero me sorprendió cuando me dijo que tenía una casa en las afueras y que nos la
habían regalado sus padres. Me dio un poco de vergüenza aceptar un regalo
como ese, era demasiado… pero tuve que hacerlo ante la mirada de Caroline,
que era de todo menos amable y cariñosa.
Las luces de su coche me deslumbraron durante unos segundos y me
apresuré a colocarme los tacones, bajé un poco las luces y me coloqué al lado de
la mesa en una pose que había practicado con Meg y que se supone que era sexy.
No tardé en escuchar cómo se abría la puerta principal, como Shane dejaba
su maletín en el suelo, las llaves del coche sobre la mesita y su chaqueta en el
perchero. Sonreí de anticipación… después entró en el comedor y su cara de
sorpresa hizo que mi sonrisa se ampliase, aunque eso duró muy poco, ya que
como siempre, acabé aturdida al ver su imagen ante mí.
A pesar del tiempo, en ocasiones todavía me preguntaba si Shane era un
hombre real y de carne y hueso. Era tan perfecto a excepción de su pezón
izquierdo levemente caído… su pelo, su rostro, sus ojos, el sonido de su voz…
todo en él era una clara invitación al pecado y yo estaba irremediablemente
condenada al infierno.
—¿Celebramos algo? —preguntó con voz ronca mirándome de arriba a
abajo.
Me mordí el labio inferior conteniendo las ganas de lanzarme a por él y
desnudarlo, tomándome el postre antes de la cena, pero era importante. Había
preparado todo aquello con un objetivo y una vez conseguido ya habría tiempo
de celebrar.
—¿Tiene que haber un motivo especial para que te prepare la cena? —
pregunté alzando una ceja.
—¿Sólo me has preparado la cena? —preguntó haciendo un puchero—. Yo
quería también un buen postre, uno que tardase un par de horas en degustar.
Sonreí sin poder evitarlo y caminé hasta colocarme frente a él. Sin hablar,
aflojé el nudo de su corbata hasta quitársela y después desabroché los primeros
botones de su camisa.
—¿Ya me quieres desnudar? —preguntó con picardía sujetándome de la
cintura—. ¿No tenemos cena antes del postre? Eso es de golosos…
Volví a sonreír y besé la punta de su nariz.
—Siéntate —susurré.
Él gruñó y se alejó de mí sentándose a la mesa, sonreí una vez más y me
senté frente a él para comenzar a cenar.
—¿Vas a decirme a qué viene todo esto? —preguntó después de unos
minutos.
—¿No puedes simplemente disfrutar y dejar las preguntas para después? —
pregunté bebiendo un poco de agua.
—Está bien… —susurró— por cierto… ¿has visto la revista que regala hoy
el periódico? —preguntó.
—No… ¿hay algo interesante? —inquirí.
—Búscala —sonrió.
Fui hacia la cocina, donde había visto la revista minutos atrás sobre la mesa.
Volví junto a Shane y me senté frente a él.
—Página 24 —susurró antes de beber de su copa.
Suspiré y comencé a leer.
“¿Buenas noticias en la vida de Victoria Wells?
Parece que no todo es tan malo en la vida de nuestra Vicky, flamante modelo
de las mejores pasarelas del mundo. Después de sufrir acoso sexual por su
manager, de denunciarlo ante las autoridades y ganar un juicio en su contra, la
top model ha vuelto a sonreír gracias a su abogado Héctor Straw, conocido por
trabajar en uno de los bufetes preferidos por las estrellas. Se les ha visto a
ambos paseando cogidos de la mano por las calles de New York, y lo que es más
sorprendente, saliendo de una de las clínicas de pediatría más famosas de la
ciudad ¿querrá decir eso que tendremos un bebé a la vista? Veremos si el
tiempo lo confirma, aunque con esta nueva noticia cobran más peso los rumores
que afirmaban que la pareja había volado hasta Las Vegas el pasado domingo
para contraer matrimonio en secreto. Seguiremos informando, ya parece que
sobre esta nueva pareja, tendremos mucho que hablar.”
—Vaya… —susurré sorprendida.
—¿Decepcionada? —preguntó Shane con un deje de amargura en la voz.
Sonreí y negué con la cabeza.
—Sorprendida… pero feliz porque él también lo sea… —contesté volviendo
a beber de mi copa—. Ahora… ehm… ¿quieres bailar conmigo?
Shane casi se atragantó con el vino y me miró con el ceño fruncido.
—¿Dónde está Jordan y qué demonios has hecho con ella? —preguntó
endureciendo la voz, parpadeé con inocencia—. ¿Vas a explicarme de que va
todo eso?
—¿Eso es que no quieres bailar conmigo? —pregunté con voz dulce.
Shane suavizó el gesto y sonrió.
—Cuando me expliques a que viene esta cena, bailaré contigo todo lo que
quieras —afirmó—, pero dime lo que sea de una vez porque me estás poniendo
histérico.
—Está bien… —rezongué poniéndome en pie y extendiéndole mi mano para
que me acompañase.
Shane la tomó y juntos fuimos hacia la sala, donde nos sentamos en el sofá y
respiré hondo sintiendo como un enjambre de mariposas estaban revoloteando
incansablemente en mi estómago.
—Me estás asustando —susurró jugueteando con mis dedos, yo sonreí
recordando que siempre hacía eso, aun cuando estábamos en la universidad.
—Tranquilo… no es nada malo —acaricié su mejilla y me regaló una
hermosa sonrisa. Me quedé en silencio contemplándolo… era tan increíble que
después de todo lo que había pasado estuviésemos juntos, que fuese mío…
—Jordan… —susurró instándome a que hablase.
—Ya va —sonreí de nuevo—. Verás… esto no es fácil— murmuré para mí
misma—. Tú… tú sabes que te quiero, que para mí eres lo más importante y
estar contigo cada día es… es como un regalo —Shane sonrió y le dio un
apretón a mi mano.
—Continua —susurró.
—Verás… yo… hace unas semanas que lo estoy pensando, creo que ya
estamos preparados para dar ese paso. Tú me quieres, yo te quiero, vivimos
juntos desde hace cuatro años… —divagué.
—¿A dónde quieres llegar? —preguntó con el ceño levemente fruncido.
Busqué la caja con el reloj que le había comprado y se lo mostré, él parpadeó
sorprendido y me miró sin entender.
—¿Qué es esto? —preguntó confundido.
—Un reloj… ¿no te gusta? —me aterré pensando que quizás me había
pasado un poco.
—Me encanta… pero… ¿por qué? —me miró y ese brillo de amor que
deslumbraba en sus ojos me dio la fuerza para continuar.
—Aileen dice que no soy yo quien debe hacer esto pero… —respiré hondo
— ¿te quieres casar conmigo? —cerré los ojos esperando su respuesta, pero esta
no llegó, solo podía escuchar su risa y como el sofá temblaba con él—. ¿Qué es
tan gracioso? —pregunté en un gruñido.
—Que te amo —dijo besándome.
—¡Shane! —me quejé—. No me has contestado.
—Por supuesto que quiero casarme contigo, niña boba —dijo y me acarició
una mejilla—, pero… espera aquí —besó mi frente y salió de la habitación, un
minuto después volvió y colocó una caja de joyería sobre mi rodilla—. El
viernes iba a llevarte a cenar a “Rover´s“, no te imaginas lo que me costó
conseguir una mesa, iba a pedírtelo, pero… te me has adelantado —cogió la caja
y la abrió mostrándome un anillo de oro blanco con un pequeño diamante en
forma ovalada— ¿Te gusta?
—Es precioso —susurré sin poder dejar de mirarlo.
—Supongo que… si tú me lo has pedido a mí… —cogió el anillo y comenzó
a ponerlo en mi dedo— es que tú también quieres y no necesito preguntar.
—No lo necesitas —mi voz sonó baja y ronca.
—Te amo —susurró contra mis labios.
—Yo también te amo… —sonreí cuando comenzó a besarme.

Gab llegó a casa después de un largo día de trabajo, sin decir nada se metió
en el baño y se dio una larga ducha que eliminó cualquier rastro de sudor y grasa
de su piel. Salió del baño todavía desnudo y secando su cuerpo con una toalla
que dejó de cualquier modo sobre su cama.
Sin cubrirse, salió hacia el salón de su apartamento y se sentó en la mesa
para comer su cena, la mujer frente a él se mantuvo con la mirada baja y
completamente inmóvil esperando la señal.
—Come —masculló Gab con la boca llena.
La mujer se enderezo en la silla y comenzó a cortar el filete con movimientos
lentos.
—¿Qué tal ha estado tú día? —preguntó Gab con un tono de voz dulce.
—Aburrido… le he echado de menos, señor —susurró ella.
—Ya estoy aquí… —se encogió de hombros y bebió de su copa.
Cuando acabó de cenar se dejó caer en el sofá y se estiró a todo lo largo de
este.
—Ven aquí —susurró con voz ronca, la mujer se puso en pie y cuando llegó
al sofá se puso de rodillas sobre la moqueta frente al sofá—, ya sabes lo que
tienes que hacer.
Una sonrisa cubrió los labios rojo sangre de la chica y alzándose un poco se
inclinó sobre el sofá hasta capturar el miembro de Gabriel entre sus labios
comenzando a chuparlo haciendo que se endureciese poco a poco.
—Joder… —susurró él cerrando los ojos—, tienes una boca estupenda.
Ella gimió e intentó llevar una mano hacia su sexo palpitante.
—No lo hagas todavía —le ordenó—, quiero hacerlo yo después.
Ella gimió de nuevo y las vibraciones sobre su miembro hicieron que Gab
cerrase los ojos de nuevo y su cabeza se descolgase hacia atrás soltando un
gruñido.
—Más rápido —la instó sujetando un mechón de su pelo y apretándolo entre
sus dedos— me voy a correr… y quiero que te lo tragues todo —su voz sonó
ronca y casi como un rugido animal, ella asintió y el movimiento sobre su
miembro lo hizo gritar y cerrar sus manos en puños—. ¡Mierda Ahsley! —gritó
mientras varios chorros de semen se derramaban en su boca—. ¡Sí! ¡Joder que
boca tienes!
Se puso en pie y tomado a la chica en brazos la tumbó sobre el sofá y abrió
sus piernas mostrando su sexo completamente desnudo debajo de aquella
diminuta falda que mostraba prácticamente todo su trasero.
—No quiero que te corras hasta que yo te lo diga… ¿lo entiendes, Asley? —
le ordenó mirándola a los ojos.
—Sí, señor —susurró ella cerrando los ojos ante el primer roce de su lengua
contra su clítoris.

Sobre la autora:
Naobi Chan es el seudónimo bajo el que escribe Cristina, autora nacida en un pueblo de A
Coruña en 1983, que ha creado historias desde que tiene memoria, aunque no ha sido hasta el
2009 cuando se ha planteado hacerlo de verdad y mostrar su trabajo al mundo.

Después de varios años de publicar gratuitamente sus escritos en diversas páginas de la red y
su blog personal, a principios de 2013 se lanza a la aventura y autopublica su primera obra
“Entre burbujas” en formato digital, estando varias semanas en la lista de los 100 más vendidos
en España y América latina.

En ese mismo año, su segundo obra “Relativo”, resulta segunda finalista en el concurso
“Operación Tagus” realizado por Casa del Libro, en el que los usuarios de esa plataforma en
Facebook tenían que votar por su novela favorita entre las que concursaban y quedando ella en
tercera posición.
En enero de 2014 su primera obra, “Entre burbujas”, entra a formar parte de “Sensual
Collection”, una colección de obras eróticas que se distribuye con diversos diarios de la
península ibérica.
Más en: www.Naobichan.com
Facebook: www.facebook.com/NaobiChan
Twiter: @Naobichan
Instagram: @Naobichan
Otras obras de la autora también disponibles en Amazon en versión
Kindle:

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