Encuesta Calidad de Vida del Adulto Mayor e Impacto del Pilar Solidario
La Encuesta de Calidad de Vida del Adulto Mayor (ENCAVIDAM), se basa en una
submuestra de la Encuesta de Protección Social (EPS), seleccionada a través de
un diseño bifásico que consideró tres etapas, y representativa a nivel nacional.
Constó, en su línea base, con 2.523 personas de 60 años y más siendo aplicada
entre el 25 de noviembre de 2017 y el 20 de febrero de 2018 por el Centro de
Encuestas y Estudios Longitudinales de la Universidad Católica. La encuesta la
respondieron individuos aleatoriamente seleccionados, por medio de una
entrevista cara a cara, y se utilizó un cuestionario implementado por
dispositivos electrónicos.
Desde el punto de vista metodológico, es conveniente mencionar algunas
características distintivas de esta encuesta:
1. Su foco son las personas mayores (población de 60 años y más), lo que
resulta particularmente relevante considerando tanto los desafíos
asociados al envejecimiento de la población, así como la discusión en
materia de políticas públicas sobre el Sistema de Pensiones.
2. Se aborda la calidad de vida como un concepto multidimensional que
apunta a la ampliación del enfoque tradicional basado en los ingresos.
Esto se refleja en un cuestionario que permite recolectar información
sobre distintas dimensiones de la calidad de vida en la vejez, a saber:
trabajo; ingresos y gastos; salud; educación y competencias; bienestar
subjetivo; uso del tiempo; vivienda y entorno; redes y participación
social; seguridad; y autonomía y autovalencia.
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3. Su diseño muestral es original, y permite multiplicar el potencial del
instrumento. La muestra de 2.523 personas se obtuvo como una
submuestra de la EPS aplicada en 2016 por la Subsecretaría de Previsión
Social. Esta última encuesta, a su vez, es una encuesta de carácter
longitudinal, es decir, basada en el seguimiento de una misma muestra
de individuos seleccionados aleatoriamente a partir de 2002. Este diseño
permite, por lo tanto, que, además de la información recolectada en la
ENCAVIDAM, se cuente con la información previa (desde 2002) levantada
en las distintas rondas de la EPS. De esta manera, la ENCAVIDAM
constituye, por su diseño, una encuesta de carácter longitudinal, que
añade información potencialmente relevante para el estudio del
envejecimiento y la calidad de vida recolectada en la EPS para el período
2002-2016 (años correspondientes a la primera y sexta ronda de esta
encuesta, respectivamente).
4. Además de la información recolectada por la encuesta, el diseño
muestral permite la vinculación de información proveniente de registros
administrativos relativos al Sistema de Pensiones para los individuos
pertenecientes a la muestra.
5. El factor de expansión final, de la encuesta, amplía la muestra de 2.523
observaciones a la población de 2.958.546 personas que corresponde a
la proyección de población del INE a diciembre de 2017 de personas de
60 años y más1.
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Estas son las mejores estimaciones de población disponibles públicamente y fueron las que se utilizaron para calibrar el
factor de expansión.
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6. Además, los resultados poblacionales se ajustan a los totales
administrativos reportados por la Superintendencia de Pensiones para el
Sistema de Pensiones Solidarias, también, a diciembre de 20172.
Caracterización de la población objetivo
La población de personas mayores en el país (es decir, de 60 años y más)
asciende, a partir de los datos expandidos de la encuesta, a 2,96 millones
de personas, las que se dividen en 1,33 millones de hombres y 1,63
millones de mujeres. La población femenina, por lo tanto, representa el
55% de la población de las personas mayores;
La sobrevida es mayor en mujeres, es decir, la proporción de éstas
aumenta con la edad;
Establecer cruces con información administrativa, que permitan
potenciar los resultados de las encuestas.
Las personas mayores tienen bajos niveles educacionales, en
comparación con la población más joven; asimismo, las mujeres declaran
menores niveles educativos que los hombres en el grupo etario de 60
años y más.
61% de la población de 60 años y más tiene algún tipo de pensión de
vejez; dos tercios de este grupo, tienen Pensión Básica Solidaria o Aporte
Previsional Solidario. La percepción de algún tipo de pensión, se
concentra en el grupo de 65 años y más, en virtud de que los beneficios
del Pilar Solidario se otorga a partir de dicha edad.
La proporción de personas con empleo cae, fuerte y sistemáticamente, a
medida que la edad aumenta; y, depende, del nivel educativo alcanzado
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Un total de 1.217.057 personas (considerando, únicamente, PBS y APS de vejez).
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por las personas: a menor educación, es más baja la tasa de ocupación
de los adultos mayores.
La disponibilidad para trabajar, entre los adultos mayores, disminuye con
la edad y es menor a menor nivel educativo; por otro lado, los no
pensionados declaran una mayor disponibilidad de hacerlo que los
pensionados.
Los adultos mayores que trabajan, lo hacen como trabajadores por
cuenta propia (44,6%), y luego como asalariados en empresas (37,4%).
10,7% de los ocupados lo hace como empleador o patrón, y 4,5% como
servicio doméstico.
Satisfacción Personal y Salud
59% de los adultos mayores declara que su situación económica es
“regular”; en contraposición, 22,2% señala que esta es “buena” o “muy
buena”; por último, sobre 18,1% de los entrevistados señala que su
situación económica es “mala” o “muy mala”.
Existe una fuerte relación entre niveles de educación y autoevaluación
de la situación económica. A mayor educación, mayor proporción de
personas con una evaluación positiva, destacando el grupo de personas
mayores con educación superior.
Dentro de los beneficiarios del Sistema de Pensiones Solidarias la
satisfacción con la vida es alta, con una proporción de 75% de este grupo,
aunque inferior al grupo de pensionados no solidarios.
54% de la población mayor, por otra parte, está de acuerdo con la
afirmación “Entre más viejo se pone, más inútil se siente”. Las mujeres,
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comparten esta afirmación en mayor proporción que los hombres (6
puntos porcentuales adicionales).
Por otra parte, 46,5% de las personas están de acuerdo con que ahora
son menos felices que cuando eran jóvenes. En coherencia con lo
reportado en las afirmaciones anteriores, las mujeres tienen una visión
menos positiva que los hombres (casi 4 puntos porcentuales de
diferencia); por otra parte, de las personas que tienen 80 años y más,
acuerdan con esa afirmación casi 55%: 16 puntos porcentuales superior
a lo exhibido por el grupo de 60 a 64 años. Las diferencias en la visión de
la vida son mayores por nivel educacional: las personas con menor
educación, tienen casi 36 puntos porcentuales de mayor acuerdo con la
afirmación que las personas con educación superior.
En lo que respecta al ámbito de la salud, 42,8% de las personas califica
su salud como “buena” o “muy buena”, una proporción cercana a
quienes la califican como “regular”. 13,4% reporta tener “mala” o “muy
mala salud”.
La mayor prevalencia de enfermedades consultadas es hipertensión,
respecto de la cual 60% de la población de 60 años o más reporta haber
recibido un diagnóstico.
Con una prevalencia en torno a 30% de la población mayor, se tiene a la
artritis o artrosis (36%), el colesterol alto (33%) y la diabetes (28%). Las
cefaleas y la depresión, por otra parte, son reportadas por un 21% de las
personas encuestadas.
Las otras enfermedades más frecuentemente reportadas son:
reumatismo, lumbago, dolor en músculos, ligamentos, tendones,
articulaciones y escoliosis. En estos casos, 40% de las personas mayores
las reporta.
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Examinando las diferencias, en prevalencia de enfermedades entre
hombres y mujeres, se puede concluir que, en todas las enfermedades,
salvo Cáncer y Parkinson, las mujeres tienen mayor prevalencia
reportada que los hombres.
Examinando las diferencias en prevalencia por edad se puede apreciar
que, en todas las enfermedades, salvo Colesterol y Lupus, el grupo de
mayor edad (80 años y más) presenta una mayor prevalencia que el de
menor edad (60 a 64 años); y, en general, se cumple con que hay un
patrón estrictamente creciente entre edad y prevalencia de dichas
enfermedades o condiciones.
Por último, si se compara a los beneficiarios con pensión solidaria con los
otros pensionados, se puede encontrar que, salvo cáncer y lupus, en
todas las enfermedades los primeros exhiben una mayor prevalencia.
Impacto del Pilar Solidario
El impacto del pilar solidario, se evaluó en relación a ingresos (personales, y del
hogar), así como a una selección de catorce de los indicadores definidos
previamente en este informe.
Impacto en ingresos personales y del hogar
Si se considera al 60% de la población de 65 años y más, que actualmente
es beneficiaria del Pilar Solidario, se tiene un aumento promedio de
39,2% en los ingresos individuales gracias a las pensiones solidarias de
vejez respecto de lo que serían dichos ingresos sin el pilar, y suponiendo
que no hay efectos en el comportamiento de los individuos respecto a
estos ingresos.
Las mujeres presentan incrementos, en sus ingresos individuales gracias
al pilar, algo superiores a los que registran los hombres (40,4% es el
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promedio del aumento para las mujeres, mientras que 37,1% para los
hombres).
En el caso de los ingresos del hogar, el aumento promedio producto del
Pilar Solidario es de 29%; los aumentos, en los hogares en que el
entrevistado era mujer son, en promedio, 29,9%. Por otro lado, para el
caso de entrevistados hombres, dichos incrementos ascienden a 27,5%.
Impacto en otros indicadores de calidad de vida
Existe un importante y favorable efecto, que los aumentos en ingresos
generados por el Pilar Solidario tienen sobre la satisfacción con la vida.
En efecto, un 1% de mayores ingresos monetarios, está asociado con un
alza de 5,1 puntos porcentuales en la probabilidad de estar satisfecho
con la vida (considerando todas las otras dimensiones constantes).
De igual forma, un incremento de 1% en los ingresos monetarios, está
asociado con un alza de 5 puntos porcentuales en la probabilidad de
considerar que sus condiciones de vida son excelentes (considerando
todas las otras dimensiones constantes).
Un aumento en el ingreso del orden de 1%, no asociado a ingresos del
trabajo, disminuye la probabilidad de estar ocupado en casi 0,8 puntos
porcentuales.
Asimismo, 1% más de ingresos incrementa la probabilidad de auto-
reportar una buena salud en 3,7 puntos porcentuales una vez que se
controla por otros aspectos que también son determinantes de este
estado.
También, un incremento de 1% en los ingresos de un individuo está
asociado (todo lo demás constante) a un aumento de 2,4 puntos
porcentuales de probabilidad de no registrar deterioro cognitivo.
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1 punto porcentual de mayores ingresos está asociado a 4,7 puntos de
probabilidad de mayor autonomía.
1% de ingresos individuales adicionales se relaciona con 2,3 puntos
porcentuales de mayor probabilidad de contar con redes afectivas.
La relación econométrica indagada es robusta, y relevante, en indicar
que un aumento de 1% en los ingresos individuales aumenta
fuertemente la probabilidad de que el individuo autoevalúe
positivamente su situación económica.
El Sistema de Pensiones Solidarias ha representado un cambio
significativo en el sistema de pensiones chileno, tanto desde el punto de
vista conceptual (al introducir un pilar solidario que aborda la pobreza en
la vejez, en un sistema predominantemente regido por el ahorro en
cuentas individuales), como del punto de vista cuantitativo.
Los ingresos que reciben los beneficiarios del Pilar Solidario representan
entre un 33% y un 44% de sus ingresos individuales mensuales.
En la actualidad, prácticamente 60% de la población de 65 años y más
está cubierta por el Sistema de Pensiones Solidarias, teniendo una mayor
relevancia, en términos de ingresos, para las beneficiarias mujeres.
Las oportunidades abiertas por el Sistema de Pensiones Solidarias al
aumentar los ingresos individuales y del hogar, se han traducido en la
mejora de varias dimensiones de calidad de vida.
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