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Historia de los Siete Sabios de Grecia

Este documento presenta información sobre los Siete Sabios de Grecia. Brevemente describe que los Siete Sabios vivieron en el siglo VII a.C. en ciudades griegas importantes y se destacaron por su sabiduría práctica y aforismos. Explica que representaron un nuevo tipo de ciudadano enfocado en el orden social y la justicia en lugar de la guerra. Además, introduce los nombres más comunes de los Siete Sabios y anuncia que el trabajo analizará la historia y pensamiento de cada uno.
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Historia de los Siete Sabios de Grecia

Este documento presenta información sobre los Siete Sabios de Grecia. Brevemente describe que los Siete Sabios vivieron en el siglo VII a.C. en ciudades griegas importantes y se destacaron por su sabiduría práctica y aforismos. Explica que representaron un nuevo tipo de ciudadano enfocado en el orden social y la justicia en lugar de la guerra. Además, introduce los nombres más comunes de los Siete Sabios y anuncia que el trabajo analizará la historia y pensamiento de cada uno.
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2018

Universidad Nacional “San


Luis Gonzaga” de Ica

DOCENTE:
INTEGRANTES:
CICLO: I
ICA – PERU
2018
Universidad Nacional “San Luis Gonzaga” de Ica

D edicatoria
Este trabajo de investigación es dedicado hacia

nuestra universidad por hacer que sus alumnos

tengan la iniciativa por investigar y así mismo

por recaudar información que aporte a su carrera

y lograr ser buenos profesionales.

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Universidad Nacional “San Luis Gonzaga” de Ica

AGRADECIMIENTOS

En primer lugar damos gracias a Dios por habernos dado el tiempo necesario para realizar

este trabajo, por habernos permitido conocer a muchas personas que colaboraron con

nosotras y porque en todo momento aunque no siempre lo percibí, él estuvo conmigo.

A nuestra familia, por su infinito amor, confianza y comprensión.

A todos mis profesores, en especial a los que no olvidan que también fueron estudiantes.

A todos mis compañeros por su confianza, apoyo y cariño.

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Universidad Nacional “San Luis Gonzaga” de Ica

INTRODUCCIÓN

Los siete sabios de Grecia eran conocidos en Grecia, claro además de por sabios, que lo eran,

por lo que de práctico tenía su sabiduría. Y es que además de ser tiranos, políticos, estadistas,

legisladores y reformadores sociales eran, por si fuera poco, famosos por sus aforismos y

sentencias, es decir por sus frases estudiadas y meditadas con las que pretendían guiar la

conducta de los hombres.

A los siete sabios se les suponía una gran sabiduría porque para eso eran sabios. Y todos en

su época decían que se les recordaría perpetuamente, aunque solamente uno de ellos, Tales

de Mileto que además era el único matemático de los siete, ha pasado a la posteridad para

que sigamos recordando y estudiando su obra como muestra de que las matemáticas son

inmortales (de Mileto).

También conocidos como «los siete sensatos». Estos sabios reflexionaban acerca del mundo

y de la vida humana, trataban de explicar los fenómenos físicos como el curso de los astros,

las estaciones y también cuestiones de aritmética y geometría.

Sus identidades difieren según las diferentes versiones. Los nombres que suelen aparecer con

mayor frecuencia son: Bías de Priene, Cleóbulo de Lindos, Periandro de Corinto, Pítaco de

Mitilene, Quilón de Lacedonia, Solón de Atenas y Tales de Mileto.

En el presente trabajo de investigación, desarrollaremos la historia y el pensamiento de cada

uno de estos sabios, así como los aportes más significativos que han tenido a través del

tiempo y que hasta la actualidad siguen vigentes.

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MARCO TEORICO

DESARROLLO DEL TEMA

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MARCO TEORICO

1. LOS 7 SABIOS DE GRECIA

1.1. Generalidades

Aparecieron en distintas ciudades, todas prestigiosas entonces: Tales de Mileto, Bías de

Priene, Pítaco de Mitilene, Cleobulo de Lindos (habitantes, pues, de la zona costera de Asia

Menor, colonizada por jonios y eolios); Solón de Atenas, Quilón de Esparta y Periandro de

Corinto (es decir, de tres famosas póleis de la Grecia peninsular). Según la leyenda, los sabios

trabaron pronto relaciones de amistad, y se escribieron cartas y se reunieron en algún

“banquete” a charlar, en Delfos, en Sardes o en Corinto.

Estos personajes representan un tipo de ciudadanos que traspasan su entorno local y se

perfilan como portavoces de un espíritu panhelénico. Los Siete Sabios son figuras

significativas de un tiempo bien marcado en el progreso de la civilización antigua: el de la

emergencia de la inteligencia política, con la organización de las póleis en su marco

institucional y legal, con el ocaso de las oligarquías aristocráticas la fundamentación del

orden cívico en leyes escritas y para todos. Es, sin duda, un momento de transición y crisis

de valores, de convulsiones económicas y sociales profundas, de las que surge un nuevo

orden y la creencia en la razón como medio para entender ese cosmos... En medio de esa

revolucionaria época arcaica los sabios son paradigmas de sensatez.

De algún modo sus figuras contrastan con las de los héroes de antaño, rememorados por los

cantos épicos y afincados en los mitos tradicionales. No son grandes guerreros, sino

constructores de un orden social, gente de paz y de diálogo, de ciudad y de justicia. El triunfo

no se logra ya mediante hazañas bélicas y estrépito de armas fulgurantes, sino a través de la

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habilidad y la inteligencia en el trato civilizado. En esas ciudades que prosperan con un

comercio variado y que progresan en la administración de su economía, con instituciones

cívicas nuevas y conceptos nuevos sobre el hombre y la sociedad, en ese marco histórico

marcado por la colonización y la invención de la moneda, ahí se destacan, junto a los poetas

líricos y otros políticos audaces, los llamados sabios por la tradición posterior.

A finales del siglo VII las aristocracias locales se encuentran muy apuradas por las

circunstancias sociales y económicas; la táctica política contribuye a un cambio no sólo de

los hábitos marciales, sino de la estructura política general; la justicia va dejando de ser el

monopolio de la clase dominante que interpretaba las leyes, y aparecen los primeros códigos

escritos, a favor de la comunidad y no de los nobles; el comercio y la economía elevan a unos

y arruinan a los aristócratas de antaño; los ideales sufren la presión del progreso. Si la gloria

y el honor familiar marcaban las pautas de antaño, ahora importan también el respeto y la

justicia, y también las ganancias y la riqueza adquirida.

Lo importante en este tiempo es la apreciación de que la riqueza no es ya la abundancia, el

ploûtos, sino los bienes de uso, los chrémata, y que por ellos, se define un hombre. No por

sus antepasados, ni por su valor para la guerra, sino por sus chrémata (cosas). El valer de un

hombre se cotiza ya mediante un patrón lejano al de la época heroica y aristocrática en esta

sociedad, arcaica, pero progresista.

La “sabiduría” en su praxis cívica es un arma para el medro y el enriquecimiento en estas

comunidades abiertas a las técnicas y a las nuevas ideas, con afán comercial y gusto por el

lucro y el progreso. El sabio es el que domina una técnica, el que profesa la excelencia de un

arte, y también el político que sabe manejar los asuntos de la polis con arte y sagacidad en

un trato civilizado. Los sabios son útiles para la economía de las ciudades... Todos los sabios,

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a excepción de Tales, fueron versados en la política y provechosos a sus ciudades… Plutarco

dice que esa sabiduría era también ‘virtud cívica’ (politiké areté) y que sólo Tales persiguió

una teoría sin utilidad práctica.

A veces los sabios intervinieron sólo como jueces o como consejeros en política, como Bías

y el mismo Tales; en otros casos tuvieron un papel político muy claro e intervenciones

históricas: Solón fue legislador en Atenas y sus actuación marcó un hito en la historia de la

ciudad, Pítaco fue nombrado árbitro de la situación –aisymnétes- en la revuelta Mitilene para

actuar como dictador sobre las facciones enfrentadas, y Periandro heredó la tiranía en

Corinto, ejerciendo un poder personal sin trabas en la próspera ciudad comercial. El

legislador, el dictador y el tirano dejaron una huella histórica memorable.

1.2. Evolución del término “sabiduría”

Aristóteles, en su obra ‘acerca de la filosofía’ reflexiona acerca de los fundamentos del saber

y advertía la variable significación del término sabiduría (sophía) según épocas y contextos

culturales. Aristóteles enfocaba la cuestión en relación con el tema del progreso humano.

La civilización arrancaba desde los comienzos guiada por esa sophía en su marcha hacia una

vida mejor, y en ese desarrollo civilizador los sabios tenían una destacada intervención

benéfica, asumida con un perfil distinto en cada etapa del mismo.

La distinción -de la señalada variación en el sentido del vocablo ‘sophía’, y del concepto de

‘sabiduría’ ligado a él- en cinco etapas está bien trazada:

a) La Sabiduría primitiva es la capacidad de respuesta a las necesidades naturales:

mediante su ingenio el hombre responde al reto planteado por un entorno hostil con

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la invención de las primeras técnicas agrícolas. Mediante esa habilidad el hombre

logra escapar de la necesidad apremiante, la ananke, que en un comienzo le agobia.

b) Viene después la sabiduría del artífice, esa sophía productora de las artes y

técnicas (unidas en griego bajo el término de téchnai). Es la que permite avanzar

más allá de la etapa anterior y encaminar el quehacer humano más allá de las

limitaciones de la subsistencia elemental, hacia la belleza y el refinamiento de lo

civilizado.

c) La tercera etapa es la de la sabiduría politiké o cívica, cuyo objetivo es el de

asegurar la convivencia en un marco civilizador, el de las ciudades y las leyes y

las virtudes cívicas. A esta etapa pertenecen los siete sabios, inventores de algunas

politikàs aretás. Preceden a los sabios de las dos etapas siguientes, en los que la sophía

se desliga de su aplicación práctica y se vuelve teoría, especulación acerca de la

naturaleza terrena o supra terrenal.

d) Los sabios de la cuarta etapa son los physiólogoi, es decir, los presocráticos que,

como los milesios, se dedicaron a la investigación de la naturaleza creadora, esa

Physis demiourgiké, de la que todo surge y en lo que todo se resuelve.

e) Los de la etapa posterior son los filósofos que, trascendiendo el campo de la

experiencia inmediata, elevan su reflexión hacia los objetos superiores, hacia lo

divino, trascendente e inmutable. En su grado más alto ese conocimiento superior es

la sabiduría más soberana, y se identifica con la ciencia buscada de Aristóteles que

después recibiría el nombre de metafísica y teología filosófica.

En las dos últimas etapas, la “sabiduría” es investigación, contemplación y meditación de los

principios eternos y las esencias últimas.

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Los siete sabios se encuentran en la zona central de este abanico de acepciones de la sophia.

Está muy claro que algunos de ellos son por entero políticos, maestros de una ética cívica,

legisladores y constructores del orden social, mientras que ya alguno, como el mismo Tales,

anuncia el tipo del filósofo posterior.

Pero aun éste, Tales, dista de ser un mero científico, un mero observador desinteresado de la

naturaleza universal, entregado por entero a la “vida contemplativa”, como lo será de un

modo claro Anáxagoras. Incluso en una tercera y aun cuarta etapa el “sabio” (que entonces

prefiere llamarse “filósofo” con una cierta modestia) no renuncia a ocuparse de la política, al

menos en el plano teórico. Ejemplos de ello son Platón y el mismo Aristóteles. Pero su

prestigio está en razón de su teoría y no de su influencia práctica o de su actuación real, a

veces ineficaz.

Los siete sabios se hallan en un lugar de transición. Todavía son aceptados como guías de la

comunidad por su saber, en el que lo intelectual no se disocia de lo político, y sus palabras

sirven de máximas para todos. Más tarde el sabio es un individuo destacado por su saber,

pero no acatado como maestro de ciudadanía. La sophia que califica a los siete famosos está

al servicio de sus ciudades y todos ellos gozan de un prestigio popular.

1.3. Poetas y sabios

Hay, además, otros sophoí: los poetas, antiguos competidores de los filósofos. Puede alegarse

que ellos son intérpretes de un saber no enteramente racional ni personal; pero en Grecia,

tanto en la época arcaica como en la clásica, los poetas son los profetas de una sabiduría

solemne y prestigiosa, tradicional y política también... En el avance crítico (marcha del

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mythos al logos) los poetas quedarán marginados por los filósofos como buscadores e

intérpretes de la verdad.

El saber, en todo caso, se va haciendo en los pensadores posteriores a los Siete Sabios cada

vez más abstracto y crítico. Pero cuanto mayor es la fuerza de la inteligencia, más insegura

parece la sabiduría del hombre… no se da propiamente la sabiduría, sino sólo el amor a la

sabiduría; no hay sophía, sino philo-sophía. La sabiduría, entendida como ese saber último,

está remota a los hombres. En un sentido absoluto, entonces, sólo el dios puede ser sabio,

como decía Pitágoras…

En ese servicio a la sabiduría, que es ‘decir la verdad’, los filósofos fueron precedidos por lo

poetas. También los poetas tienen encomendada la misión de “decir la verdad”, y son, en

consecuencia, calificados de sophoi, “sabios”. Desde Homero a Platón, de una “verdad”

tradicional, religiosa, se ha avanzado hacia un concepto racional, mediante una

secularización de la palabra en un nuevo contexto social y cultural. En ese proceso el papel

de los poetas como proclamadores de la alétheia se ha ido difuminando y han sido los

filósofos los que han acaparado esa función social e intelectual. El poeta proclama una verdad

eterna e inspirada por la divinidad. Como el adivino, el poeta extiende su saber por encima

del momento y sabe el presente, el pasado y el futuro, como Hesíodo, gracias a las musas. Es

un sabio que ‘conoce muchas cosas por su naturaleza’ y no por un vano aprendizaje.

Sophos es el poeta, por inspiración divina. Es el intérprete del mensaje que le inspiran las

musas; no un adivino, sino un “profeta” en el sentido griego del vocablo prophétes, el que da

expresión métrica a los dictados de las diosas o de Apolo. En esa referencia a la inspiración

divina está el punto débil de la sapiencia poética, en tiempos en que la garantía religiosa no

es ya de recibo. Platón es un duro crítico de esa pretensión de los poetas. Es curioso que los

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sofistas recurrieran a citas poéticas como un elemento pedagógico tradicional. El astuto

Sócrates, en el Protágoras platónico, parodia ferozmente ese procedimiento.

Los poetas, y no los sacerdotes, fueron, como es bien sabido, los educadores del pueblo

griego, los transmisores de su mitología y los consejeros morales, uniendo en sus obras la

belleza formal y la expresión de un saber heredado y vivaz. Pero ya los poetas criticaron a

sus antecesores, por falsos y embusteros. Jenófanes criticó a Homero, y Solón declaró en

frase rotunda que “mucho mienten los aedos”.

El saber del poeta está basado en su habilidad profesional, se funda en su dominio de la

techne poética, pero a la vez en un don divino. En su concepción aristocrática, esa sabiduría

se funda en la naturaleza, y no en el aprendizaje, que en algunos casos trata de suplir y emular

la excelencia natural. Hay, como advierte Píndaro, quien mediante el aprendizaje intenta

compensar esa virtud natural que no tiene. Pero siempre quedará en evidente desventaja…

También la areté puede ser aprendida, pero no alcanzará la calidad de la que se funda en la

sangre. Para Píndaro, mal merecen el calificativo de “sabios” los que se esfuerzan en el

estudio de la naturaleza mediante un fatigoso y no inspirado intento de conocer. Esos se

empeñan en su arduo y estéril cultivo. “Cosechan el fruto inmaduro de su sabiduría”.

Los Siete Sabios pertenecen a una generación marcada por la crisis política –una crisis de

desarrollo tanto económico como social en las ciudades helénicas más adelantadas –y por la

desconfianza frente a las recetas tradicionales del saber. En esos duros tiempos la

desconfianza hacia la poesía como normativa para la ética y la paideia tradicional

aristocrática se refleja en una actitud de recelo hacia las palabras fluidas de los guardianes

del mito. En esa atmósfera es comprensible que “la corona de la sophía les fuera reconocida

antes a los políticos que a los poetas”. Se les otorga a estos “hombres prudentes” el

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calificativo de “sabios” que se regatea a los líricos. No son sophoí en virtud de su domino de

una téchne, ni tampoco en cuanto inspirados por la divinidad; es su inteligencia práctica lo

que les ensalza.

Sus sentencias son casi siempre máximas para la vida privada y aconsejan cautela,

moderación y reserva. Pocos tratos con las versátiles musas de trenzas violetas tienen estos

sabios. Sabiduría en píldoras, condensada en unas secas frases indiscutibles y concluyentes:

“De nada demasiado”, “lo mejor es la mesura”, “los malos son mayoría”, etc. Reflejan bien

esa mentalidad astuta, calculadora, antipoética, que exhorta a una moral basada en la

prudencia y la búsqueda de beneficios materiales. Apelan con mayor frecuencia a un sano

sentido de lo útil que a lo moral.

1.4. Sabios, filósofos y sofistas.

El primero en rechazar el calificativo de “sabio” y en sustituir el nombre de sabiduría por el

más modesto de “amor a la sabiduría”, fue, acaso, Pitágoras, según Diógenes Laercio: afirmó

que nadie era sabio a no ser la divinidad... Filósofo es el que ama la sabiduría... También

Sócrates coincide en rechazar el título de sabio respecto de sí mismo, porque afirma no saber

nada, pero también respecto a otros hombres, porque la verdadera sabiduría es sólo dominio

de la divinidad. En realidad ‘sólo dios es sabio’ y ‘la sabiduría humana vale poco o nada’...

En los diálogos platónicos Sócrates encarna ejemplarmente la figura del filósofo buscador

del saber, experto en nada, a no ser en la tenaz técnica de la inquisición crítica.... ¿Fue

entonces Pitágoras o fue Sócrates el primero en rechazar el calificativo de shopós o sabio y

en adoptar el más modesto de philósophos?

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En el círculo platónico la concepción del filósofo como un pensador puro y apartado de la

praxis política, era habitual... Tanto Pitágoras como los pitagóricos del sur de Italia, tan

interesados en la política activa, fueron más que espectadores en las ciudades de su tiempo.

No fue Pitágoras un escéptico impenitente como Sócrates, sino un personaje solemne y

orgulloso de su magisterio. Entre sus adeptos, sus sentencias eran acatadas como máximas

de sabiduría. ‘Él lo dijo’ era una cláusula de las discusiones pitagóricas. Esto pasó a la

tradición como un sello dogmático. La autoridad del maestro indiscutible envolvió muy

pronto a su figura misteriosa y augusta, que parece más próxima a los Siete que a un Sócrates.

Hay, por otro lado, un cierto escrúpulo religioso en el rechazo del título. “Sabio” es sólo dios,

y el saber humano es limitado e inestable. En ese aserto coinciden también Pitágoras y

Sócrates. Al elevarse, el concepto de sophía resulta excesivo para ajustarse al conocimiento

humano y sólo puede adjudicarse a un dios infalible y omnisciente.

En tiempo de Sócrates el vocablo philósopho no era novedoso, aunque pudiera revestir cierta

originalidad el proclamarse filósofo de profesión, ya que el término tenía su sentido más

amplio de “amante del saber”. Sócrates lo adopta no sólo en contraposición al título de

sophos, sino frente a la calificación de sophistés (sofista)... “Sofista”, en oposición a

“filósofo”, irá cobrando un sentido peyorativo dentro de la tradición platónica, ya que, en la

opinión de Platón, el sofista no es un sabio, sino alguien que “se las da de sabio” y finge un

saber que no posee: “pasar por sabio (sin serlo)”... La filosofía encuentra en Atenas su hogar,

aunque también es allí donde los filósofos, algunos filósofos, sufren los embates esporádicos

de una persecución ocasional.

Los Siete Sabios son siete variantes individuales del tipo del sophos, una figura ejemplar de

la época arcaica. El sophos arcaico tiene poco en común con el sophos idealizado por los

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filósofos helenísticos. Es, a la par, sage y savant, es decir, maestro de un saber amplio que

incluye también un aspecto moral. Suele ser un maestro de la sensatez, esa sophrosyne tan

apreciada por los griegos. El sophos está valorado como útil a la comunidad y resulta un

paradigma cívico, en un tiempo en que los héroes antiguos de la épica, figuras solitarias y

guerreras, resultan inadecuados para ese papel, desde la perspectiva de la polis emergente.

Más tarde los filósofos pretenderán también un papel similar, aunque serán ya, con el paso

de los tiempos, personajes solitarios, mucho más limitados y discutidos por su orientación

más teórica y su posición marginal en la praxis política.

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2. BIOGRAFIA DE LOS SIETE SABIOS

2.1. BÍAS DE PRIENE, (570 A.C).

Filósofo del siglo VI a. C. Es uno de los siete sabios de Grecia y, en opinión de muchos,

como Sátiro el peripatético, el más destacado de ellos. Sus ciudadanos le consultaban con

frecuencia acerca de asuntos litigiosos y siempre se negó a emplear su talento en provecho

de la injusticia, decía preferir juzgar entre enemigos que entre amigos, porque en el primer

caso estaba seguro de ganar a uno de aquellos, mientras que en el segundo perdía a uno de

estos. También decía que debemos amar como si debiésemos aborrecer.

Uno de los ejemplos de su bondad es la leyenda que establece que él pagó un rescate por

algunas mujeres que habían sido capturadas. Después de educarlas como sus propias hijas,

él las envió de regreso a Messina, su patria, y la de sus padres.

También se dice que cuando algunos pescadores encontraron el Trípode Bronceado en el que

estaba codificado la sentencia: "para el más sabio", los padres de las damiselas llamaron a

una asamblea y allí concluyeron que Bías era el más sabio entre todos los hombres, así que

el Trípode le fue entregado como símbolo de gratitud por todo lo que él había hecho por la

ciudad. Bías rechazó ese honor, señalando: "Apolo es el más sabio". Otro autor indica que él

consagró el Trípode, en Tebas, a Hércules.

En una ocasión, Priene, su patria, en Caria (Asia Menor), se hallaba sitiada por Aliates, rey

de Lidia, que creía poder tomarla por hambre. Bías preparó unos grandes montones de arena,

que cubrió de trigo, haciendo creer a los enviados de aquel rey que la plaza se hallaba provista

abundantemente por mucho tiempo. Esto le decidió a levantar el asedio. En otra ocasión en

que sus habitantes se disponían a abandonar la ciudad por el asedio al que los tenía sometidos

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el persa Ciro y se llevaban cuantos objetos de valor poseían, un ciudadano le preguntó a Bías

si no hacía sus preparativos para la marcha. El sabio le contestó: «Llevo conmigo todas mis

cosas" (Omnia mea mecum porto), dando a entender con ello que los bienes más preciados

para él eran su sabiduría y el tesoro de sus pensamientos.

“Ya que el mundo está lleno de maldad, se debe amar a sus amigos como si algún día se

hubiesen de aborrecer”

2.2. CLEÓBULO DE LINDOS (600 A. C.)

Ha sido uno de los sabios de Grecia menos afamados, pero ha sido uno de los más felices.

Era hijo de Evagoras, descendiente de Hércules, y nació en Lindis, ciudad marítima de la isla

de Rodas, donde vivió bajo el reinado de Creso, rey de Lidia.

Desde su infancia manifestó mucha sensatez. Era de bello rostro, de buena talla y dotado de

una fuerza extraordinaria.

Empleó la juventud en viajar por Egipto, para estudiar la filosofía, según era costumbre en

su tiempo. A su regreso, se casó con una mujer muy virtuosa, y vivió en medio de su familia,

gozando de inalterable tranquilidad. De esta unión nació la célebre Cleobulina, la cual, con

su aplicación constante y con las lecciones de su padre, adquirió tan vastos conocimientos

que embarazaba y confundía a los hombres más sabios, especialmente con las preguntas

enigmáticas que solía proponerles. Era además tan benéfica, que ella misma era la que lavaba

los pies a los sujetos que entraban en casa de su padre.

Cleóbulo fue elegido para gobernar el pequeño distrito de Lindos, y lo hizo con tanta facilidad

como si gobernase una sola familia. Evitó cuidadosamente todo lo que podía atraer guerras

y discordias, tanto entre los habitantes, como entre estos y los extranjeros. Su mayor mérito,

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como filósofo, era su sutileza para proponer y resolver enigmas. Él fue el que propagó en

Grecia la afición a enigmas, que era tan común en Egipto. He aquí uno de los que compuso:

«Soy un padre, que tengo doce hijos, y cada uno de ellos tiene treinta hijas, pero muy

diferentes entre sí, en punto a belleza. Las unas tienen el rostro blanco; las otras lo tienen

negro. Son inmortales y mueren cada día.»

Este enigma significa el año. Cleóbulo compuso también el epitafio que está en el sepulcro

de Midas, en que tributa grandes elogios a este monarca. Algunos lo han atribuido sin

fundamento a Homero, que fue muy anterior a Midas.

Según la doctrina de Cleóbulo, la virtud consiste en huir de la injusticia y de los otros vicios.

Decía que el hombre debía observar tres cosas cuidadosamente en toda clase de negocios, a

saber, el orden, el tiempo y la moderación; que los hombres debían vivir según la condición

que tienen en la sociedad; que no hay cosa más común en el mundo que la ignorancia y la

charlatanería; que el filósofo debe tener sentimientos elevados, huir de la ingratitud y de la

infidelidad y hacer bien a los amigos y a los enemigos, para conservar a los unos, y ver si se

puede cautivar a los otros.

"No salgas de tu casa sin darte cuenta de lo que vas a hacer, ni vuelvas a entrar en ella

sin darte cuenta de lo que has hecho".

2.3. PERIANDRO DE CORINTO

Fue el segundo tirano en el siglo VII a. C., hijo y sucesor de Cípselo y uno de los Siete Sabios

de Grecia. Sucedió en el poder a su padre en el año 627 a. C. Desarrolló el puerto de Corinto,

y construyó una rampa a través del istmo del mismo nombre, para que las naves pudieran ser

arrastradas a través de los diolkos, evitando así la ruta marítima alrededor del Peloponeso. El

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dinero ganado de los diolkos permitió a Periandro suprimir los impuestos en todo Corinto.

Sin embargo, el mismo personaje fue considerado, más adelante, un tirano malvado

característico, como lo hace saber Aristóteles en sus escritos.

Entre sus prácticas tiránicas se habla de muchos jóvenes que fueron enviados a Córcira para

ser castrados en Lidia, entre ellos el supuesto asesino de su propia esposa, Melisa, hija de

Procles, el tirano de Epidauro, en un acceso de cólera a causa de una falsa acusación. Según

Heródoto, aprendió su "salvajismo" del tirano Trasíbulo de Mileto, al que habría hecho

preguntar lo que debía hacer y éste habría contestado derribando sólo las cabezas de los

gérmenes de trigo, sin decir una palabra. Periandro comprendió que debía eliminar a los

aristócratas, como los Baquíadas que podían amenazar su poder. Se apoyó sobre la plebe

contra la nobleza y emprendió represiones violentas.

Su hijo Licofrón de Corinto descubrió, posteriormente, que su padre era el verdadero asesino

de su madre, y por eso Periandro decidió desterrarlo de Corinto, emitiendo, al mismo tiempo,

una orden a todos sus colaboradores, en la que les prohibía que le dieran amparo. Periandro

intentó más adelante reconciliarse con su hijo, pero Licofrón respondió que no pondría jamás

los pies en Corinto, en tanto su padre residiese allí. Periandro aceptó, y planeó irse a Córcira,

pero los corcirenses, que no quería que Periandro fuese a vivir con ellos, asesinaron a

Licofrón. Periandro habría instituido un culto al fantasma de Melisa. Habría reinado 40 años,

hasta el 585 a. C. Puesto que su hijo Licofrón había muerto y el otro, Cipselo el Joven, era

mentalmente inestable, Psamético, hijo de Gordias (sin relación con ninguno de los faraones

del mismo nombre), le sucedió. Convocó un concurso musical ganado por el célebre poeta

Arión de Lesbos.

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Fue incluido en el selecto grupo de los Siete sabios de Grecia, Diógenes Laercio contó cómo

el tirano corintio quería evitar que sus enemigos descuartizaran su cuerpo cuando se quitara

la vida, por lo que elaboró un plan. El monarca eligió un lugar apartado en el bosque y

encargó a dos jóvenes militares que le asesinaran y enterraran allí mismo. Pero las órdenes

del maquiavélico Periandro no acababan ahí: había encargado a otros dos hombres que

siguieran a sus asesinos por encargo, les mataran y sepultaran un poco más lejos.

"Que tu felicidad no sea fruto de las circunstancias favorables, sino producto de ti mismo."

2.4. PITACO DE MITILENE

Hijo de Hirradio, procedente de una familia de Tracia, nació en Mitilene, ciudad pequeña de

la isla de Lesbos, en la olimpiada 29. Fue en su juventud muy emprendedor, valiente soldado,

gran capitán y siempre buen ciudadano. Observaba la máxima de que es preciso acomodarse

al tiempo y aprovechar la ocasión.

Los pueblos de Mitilene y de Atenas estaban en guerra, mucho tiempo hacía, sobre la

posesión de un territorio llamado Aquilítides. Los habitantes de Mitilene dieron a Pítaco el

mando de sus tropas. Cuando los dos ejércitos estaban uno enfrente de otro y próximos a

combatir, Pítaco propuso un combate particular que terminase toda la reyerta, y para ella

desafió a Frinón, general de los atenienses que siempre había salido victorioso en toda especie

de combate, y que había sido coronado muchas veces en los juegos olímpicos. Frinón convino

en pelear y ambas partes quedaron de acuerdo en que el vencedor seria dueño del territorio

que había dado margen a la disputa. Los dos generales se presentaron solos delante de los

dos ejércitos. Pítaco había ocultado una red debajo de su escudo y aprovechándose

diestramente de los movimientos de Frinón, le envolvió en ella, diciendo: «No be cogido un

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hombre sino un pez.» Pítaco mató a su enemigo a vista de los dos ejércitos y quedó dueño

del territorio. Los años templaron el ardor de Pítaco y poco a poco empezó a saborear la

dulzura de la filosofía. Los de Mitilene, que le respetaban sobre manera, le dieron la soberanía

de la ciudad. Adoctrinado por una larga y penosa experiencia, miró con serenidad las

vicisitudes de la fortuna. Después de haber establecido el orden de la república, hizo dimisión

de la alta dignidad que se le había conferido y que había estado ejerciendo por el espacio de

doce años y se retiró enteramente de los negocios.

Pítaco miró con desprecio las riquezas después de haberlas deseado con ansia. Los de

Mitilene en consideración a los grandes servicios que les había hecho, le ofrecieron un

hermoso terreno, cubierto de arroyos, de bosques y viñas y cuyos productos bastaban para

que hubiese vivido con el mayor esplendor en su retiro. Pítaco tomó su dardo, lo disparó con

toda su fuerza, y se contentó con un terreno igual al cuadro del espacio que el dardo había

transcurrido. Los magistrados sorprendidos al ver tanta moderación, le suplicaron que

explicase los motivos que tenía. Él se contentó con responderles «que una parte valía más

que el todo». Creso le escribió convidándole a ver sus riquezas. Pítaco le respondió: “Veo

que deseas enseñarme tus tesoros. Sin haberlos visto estoy convencido de que el hijo de

Aliates es el más poderoso de los reyes: más yo no sería más rico de lo que soy teniendo todo

lo que posee. De nada necesito: me contento con poco, es decir, con lo necesario para vivir

yo y algunos amigos. Sin embargo iré a verte para darte gusto.»

"Si queréis conocer a un hombre, revestidle de un gran poder. El poder no corrompe,

desenmascara."

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2.5. QUILÓN DE ESPARTA.

Fue nombrado éforo, hacia la Olimpiada 55, y aquella dignidad equivalía entonces a la de

rey. Su hermano, que aspiraba al mismo empleo, tuvo envidia de él, y se le mostré resentido.

Quilón le respondió sin alterarse; «Me han elegido, porque me han creído más capaz que tú

de sufrir el daño que me hacen, sacándome de mi reposo, y obligándome a ser esclavo de los

negocios ajenos.»

Creía que el arte de adivinar no era enteramente despreciable, y que el hombre, con la fuerza

de su entendimiento, puede conocer muchas cosas futuras.

Un día Hipócrates había hecho un sacrificio, durante los juegos olímpicos. Cuando se

pusieron las carnes de las víctimas en calderas de agua fría, esta se calentó de repente, y

empezó a hervir de modo que rebosaba de las calderas sin que hubiese fuego debajo. Quilón,

que estaba presente, consideró atentamente este prodigio. Aconsejó a Hipócrates que no se

casase, y que, si por desgracia, estaba ya casado, repudiase a su mujer y matase a todos los

hijos que de ella tuviese. Hipócrates se burló de este consejo. Se casó y tuvo un hijo que

después usurpó la soberanía de Atenas, su patria, y que se hizo famoso por su tiranía bajo el

nombre de Pisí[Link]ón de Esparta - Ilustración de Galerie der alten Griechen und Rumer

(1801, Augsburg)

En otra ocasión, después de haber examinado atentamente la cualidad del terreno y la

situación de la isla de Citeres, exclamó en presencia de muchos testigos: «¡Ojalá que esta isla

no hubiese jamás existido, o que la mar se la hubiese tragado, porque preveo que ella será la

ruina del pueblo de Lacedemonia!» Quilón no se engañó. Los atenienses tomaron a Citeres

pocos meses después, y de ella se sirvieron para hacer la guerra a Esparta. Decía

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frecuentemente que había tres cosas difíciles: guardar un secreto, sufrir las injurias y emplear

bien el tiempo. El estilo de Quilón era breve y enérgico. Era comúnmente citado como un

modelo de laconismo.

Decía que es una debilidad amenazar, y cosa propia de mujeres; que la mayor sabiduría

consistía en saber poner freno a la lengua, especialmente en un convite; que no se debe hablar

mal de nadie, porque de lo contrario el hombre no hace más que acarrearse enemigos y

exponerse a oír amargas reconvenciones; que se deben visitar a los amigos más bien cuando

están en la desgracia que cuando son felices; que más vale perder que ganar por medios

injustos; que el hombre valiente debe ser suave y hacerse más bien amar que temer; que la

mejor política que debe observar un Estado es enseñar a los ciudadanos a conducirse bien en

sus familias; que el oro y la plata se prueban con la piedra de toque, y el corazón del hombre

con el oro y la plata; que de todo se debe usar moderadamente, a fin de que luego no sea tan

sensible la privación; en fin, que el amor y el odio no duran siempre, y que el hombre debe

amar como si debiera aborrecer con el tiempo, y aborrecer como si después tuviera que amar.

“No permitas que tu lengua corra más que tu inteligencia”.

[Link]ÓN DE ATENAS (640- 558 A. C.)

Legislador griego que puso las bases de la democracia ateniense Aunque su figura permanece

envuelta en la leyenda, parece que se trataba de un comerciante de origen aristocrático. Los

conflictos sociales que agitaron Grecia desde finales del siglo VII a. C. llevaron a investir a

Solón -uno de los tres arcontes que gobernaban Atenas- de poderes dictatoriales para

recuperar el consenso reformando la Constitución y las leyes de la ciudad (594-93 a. C.).

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Solón liberó a los campesinos de su grave endeudamiento y eliminó la servidumbre por

deudas; limitó la extensión máxima de las propiedades; creó un sistema monetario propio de

Atenas; limitó el poder de la nobleza sustituyéndolo por una hegemonía de los propietarios;

clasificó a los ciudadanos en cuatro clases según su riqueza; y reestructuró las instituciones

políticas estableciendo un equilibrio entre la Ecclesia (asamblea popular), la Bulé (órgano

deliberante reservado a las tres clases superiores) y nueve arcontes (titulares del poder

ejecutivo, reclutados entre las dos clases superiores). El nuevo orden favoreció el

crecimiento económico y potenció la relación directa del ciudadano con el Estado; pero no

consiguió acabar con los desórdenes sociales, que volvieron a estallar en 590-89 a. C. y

provocaron las luchas políticas que condujeron al triunfo de Pisístrato. Siendo Solón aún

joven finalizó la guerra que Atenas mantenía con Megara por la posesión de Salamina. Aquél,

de acuerdo a Plutarco, se dirigió a la plaza y recitó un poema elegíaco denominado Salamina,

con el que convenció a los atenienses de que no debían rendirse. La guerra volvió a

establecerse con Solón a la cabeza y, finalmente, Salamina fue recuperada.

Su fama de moderado en una época marcada por los conflictos entre un bando popular y la

aristocracia antigua lo llevó al arcontado y a que se le otorgara un poder especial para legislar

e introducir cambios en la forma de gobierno.

Solón ante Creso durante su visita a Sardes, por Gerrit van Honthorst.

Sin embargo, aunque sus leyes resolvían varios problemas de la sociedad ateniense, no era

suficiente para las clases más bajas, que esperaban medidas más radicales, sobre todo en lo

relacionado con la cuestión agraria y la repartición de tierras. Solón en cambio buscaba el

justo medio, atribuyéndosele la frase “guarda todo con mesura”.

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Dejó a los atenienses por el lapso de 10 años, en los que debían respetar las leyes, cosa que

no ocurrió, y recorrió varios países como Chipre, Lidia y Egipto, de donde obtendrá -a partir

de varios sacerdotes - el relato de la Atlántida, conservado por Critias y después ampliado y

adaptado por Platón en sus diálogos Timeo y Critias, regresando a Atenas durante el gobierno

del tirano Pisístrato, que se mantuvo respetuoso con el viejo legislador. Debatió sobre el

sentido de la ley con el filósofo Anacarsis el escita y falleció el año 558 a. C.

‘’La palabra es el espejo de la acción’’.

2.7. TALES DE MILETO (624 A.C.-548 A.C)

Existe unanimidad en los antiguos en considerar a Tales de Mileto como el primero de los

famosos Siete, y como el primer filósofo, inaugurador de la secular tradición de

investigadores de las causas de lo real Tales representa un nuevo tipo de zopos.

Probablemente no escribió ningún libro ni tuvo un sistema filosófico definido... El prestigio

de Tales está ligado a una tradición oral que nos lo presenta como el fundador de una manera

nueva de considerar las cosas.

Fue el primero en predecir un eclipse de sol, en un plazo fijo, y por causas naturales. Advertir

tal fenómeno era algo totalmente distinto a lo que podía profetizar un adivino. El eclipse,

motivo de pasmo y terror para los pueblos primitivos y también para los griegos, en cuanto

fenómeno natural predecible, pasa a integrarse en los portentos del cosmos determinado por

la mecánica de la physis. No es un milagro divino de oscuros presagios, sino una muestra de

la regularidad del funcionamiento de la naturaleza cósmica... Un eclipse del sol había causado

siempre un imponente terror.

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La hazaña de Tales permitía ver en el eclipse un fenómeno natural regular. No la arbitraria

intervención de un dios, ni un desaforado milagro; el eclipse caía bajo la observación humana

y era predecible. También el gran astro estaba sometido a control y medida... Hasta el sol

obedecía a unas leyes, y el hombre podía conocerlas... Para tal predicción Tales debió de

inspirarse en las tablas de frecuencias establecidas por astrónomos babilonios, acaso

difundidas por los fenicios. Se trata de un buen ejemplo de cómo los griegos de esa época

arcaica aprovecharon conocimientos de procedencia oriental.

Fue el primero en proponer como fundamento y principio de todo el universo un elemento

natural: el agua. Tales dijo que el arché de todo es el agua, y que la tierra flota sobre las aguas

(un aserto y otro estaban probablemente relacionados en su concepción).

Tanto lo uno como otro tienen antecedentes en la mitología griega y egipcia. Homero dice

(Ilíada, 14, 200 y 244) que el océano es el origen de todas las cosas y de los dioses, así como

algunos textos egipcios afirman que Nut, la masa líquida primordial, contenía los gérmenes

de todos los seres. La originalidad de Tales está, sin embargo, en que lo que él postula como

principio no en un inmenso ser divino, sino un principio natural: el agua.

Tales fue un pensador que tenía intereses científicos muy varios: en Egipto investigó las

crecidas del Nilo y midió la altura de la gran pirámide, mediante un cálculo matemático sobre

su sombra. Lo que le hace ser filósofo es su voluntad, manifestada en cada detalle, de hallar

una causa razonable que quitase a lo asombroso su misterio y lo hiciera familiar al hombre.

Dirigió en Mileto una escuela de náutica, construyó un canal para desviar las aguas del Halis

y dio acertados consejos políticos. Fue maestro de Pitágoras y Anaxímenes, y contemporáneo

de Anaximandro.

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La propuesta de unión en un estado federado con capital en una isla que está en el centro

geográfico de Jonia es una muestra del espíritu ilustrado de Tales, que hace de consejero

político con una visión anti localista. La unión de las ciudades jonias habría reforzado su

poder naval y su potencial bélico, habría beneficiado a su comercio y mejorado sus

relaciones, conservando sus libertades cívicas... Tanto en la propuesta de Bías (otro Sabio)

como en la de Tales, se deja sentir ese afán panhelénico, esa apertura hacia las buenas

relaciones entre griegos. Como los sofistas posteriores, ya los Siete tenían un talante

“internacional”, por encima de sus procedencias de tal o cual ciudad. Pregonaban la

concordia entre los griegos, como aplicación del principio elemental de que la unión hace la

fuerza y la buena vecindad la paz.

“La cosa más difícil es conocernos a nosotros mismos; la más fácil es hablar mal de los

demás.”

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3. LOS APOTEGMAS DE LOS SIETE SABIOS DE GRECIA SEGÚN DEMETRIO


DE FÁLEROS.
3.1. Cleóbulo de Lindos, hijo de Evágoras, ha dicho:

La moderación es la cosa mejor

Hay que respetar al propio padre

Preocupémonos de hacernos bien en cuerpo y alma

Hay que acostumbrarse a escuchar pero no todo indistintamente

Conviene saber mucho, no ignorar

Ten lengua benévola

No hay cosa más propia de la virtud y contraria a la maldad que odiar la injusticia

Observa la piedad

Da los mejores consejos a tus conciudadanos

Contén tu lengua

No hagas nada con violencia

Educa a tus hijos

Dirige tus súplicas a la Fortuna

Pon un límite a tus odios

Considera enemigo público a quien odie al pueblo

En presencia de otro ni riñas ni halagues a su mujer: la primera actitud tiene mayor

malicia, pero la segunda puede conducir a una pasión loca

No castigues a tus esclavos cuando estén en estado de embriaguez; si no creerán que

tú asimismo estás borracho

No animes la burla con tus sonrisas. Te harás detestar de aquellos a quienes

ridiculizan

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En la buena fortuna no te muestres orgulloso; en la mala no te humilles.

3.2. Solón el Ateniense, hijo de Egercétidas, ha dicho:

Nada en demasía

No te sientes como juez, de otra manera serás odiado por los que condenes

El placer es el engendrador de la tristeza. Observa escrupulosamente la honestidad

en tu conducta; ella misma es preferible a la palabra dada

Incrusta tus palabras en el silencio y el silencio en las circunstancias

- No mientas, di la verdad

No te dediques a nada que no sea honesto

No pronuncies palabras más justas que tus padres

No te apresures demasiado a adquirir amigos; cuando los poseas, no los rechaces en

la desgracia.

Cuando hayas aprendido a obedecer, sabrás mandar

Si juzgas bueno que lo otros te rindan cuentas, consiente en rendirlas tú también

No aconsejes a tus conciudadanos lo que sea más agradable, sino lo que es mejor

No te muestres insolente

No frecuentes a los malvados

Consulta a los dioses

Respeta a tus amigos

Honra a tus padres

Toma la razón como guía.

No digas todo lo que tus ojos hayan visto

No publiques todo lo que sepas

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Sé dulce con los tuyos

3.3. Quilón el Lacedemonio, hijo de Damagetes, ha dicho:

Conócete a ti mismo

Cuando bebas, guárdate de hablar mucho, si no cometerás faltas

No amenaces a los hombres libres; ello es inconveniente

No maldigas a otro; si no tú entenderás reflexiones que no te gustarán

Camina lentamente si es para festejar con tus amigos, con toda prisa si es para

socorrer sus infortunios

Celebra tu boda con poco gasto

Espera a la muerte de un hombre para proclamarle feliz

Respeta a tus primogénitos

Detesta a aquél que se ocupa indiscretamente de los asuntos de otro

Más vale una pérdida que una ganancia ignominiosa; de la primera sólo te afligirás

una vez, de la segunda siempre

Nunca te rías de los desgraciados

Si eres fuerte permanece tranquilo: los otros te respetarán por más que te teman

Dirige bien tu propia casa

Que tu lengua no se adelante a la razón

Modera tu cólera

En camino no te apresures en ir deprisa ni en prestar juramento; es la actitud de un

loco

Obedece las leyes

Si has sufrido una injusticia reconcíliate con el autor; si es un ultraje véngate.

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3.4. Pítaco de Mitilene ha dicho:

Has de saber discernir el momento favorable

Lo que pienses hacer no lo digas pues si no tienes éxito se reirán de ti

Ayuda a tus amigos

No hagas tú lo que reproches a otro

No hagas reproches a un desgraciado; es entonces cuando interviene la venganza

divina

Devuelve lo que se te haya confiado

Soporta los pequeños inconvenientes que los otros te causen

Ama a tu prójimo aunque seas ligeramente inferior a él

No hables mal de un amigo ni bien de un enemigo; es signo de irreflexión

Hay gran ventaja en discernir el futuro: el pasado es seguro, el porvenir incierto.

La ganancia es insaciable

Adquiere honestidad

Procura mostrar respeto

Ama la instrucción, la moderación, la prudencia, la verdad, la buena fe, la

experiencia, la destreza, la compañía de otro, la exactitud, la aplicación a los

cuidados de la casa, el arte, la piedad.

3.5. Tales de Mileto ha dicho:

Si haces algunas promesas, su incumplimiento no está lejos

Recuerda a tus amigos, estén ausentes o presentes

No te embellezcas por tu exterior; es por tu género de vida por lo que debes

embellecer

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No te enriquezcas deshonestamente

Guárdate de resultar odioso por tus palabras a quienes se hallen unidos a ti por

juramento

No dudes en agasajar a los autores de tus días

Rechaza todo lo deshonesto

Los buenos servicios que hayas dado a tus padres, espera recibirlos en tu vejez de tus

hijos

Es difícil conocer el bien

La mayor satisfacción es conseguir lo que se desea

La ociosidad es castigable

La intemperancia es un mal

La ignorancia es un fardo pesado

Aprende y enseña lo que veas mejor

- Rechaza la ociosidad aunque seas rico

Oculta tu fortuna para no provocar la envidia

Haz de modo que no suscites compasión

Guarda de dar a todos indistintamente tu confianza

Si mandas gobiérnate a ti mismo.

3.6. Bias de Priene, hijo de Teutamides, ha dicho:

La mayor parte de los hombres son deshonestos

Te debes observar en un espejo: si te encuentras bello condúcete honestamente; si te

encuentras feo corrige la imperfección de la naturaleza por la honestidad de tu

conducta

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Actúa lentamente para abordar una empresa pero si el trabajo comienza, prosigue

con energía

Detesta la precipitación y la habladuría, así evitarás las faltas pues no tardarás en

lamentarte de esas imperfecciones

No seas ni ingenuo ni malvado

No cometas imprudencias

Ama la prudencia

Piensa lo que haces

Sé un oyente complaciente

Habla a propósito

Si eres pobre sólo reprendas a los ricos cuando tus censuras sean particularmente

útiles

Gánate a la gente por la persuasión no por la violencia

Cuando hagas una acción atribuye su causa a los dioses no a tí

Adolescente, dedícate a la acción; viejo, conságrate a la sabiduría

A tu trabajo aporta la memoria; a tu carácter la nobleza; a tus esfuerzos la

moderación; a tus miedos la piedad; corregirás la riqueza con la amistad; pon lealtad

en tus palabras, decencia en tu silencio, equidad en tus juicios, coraje viril en tus

empresas osadas, tus actos de poder, tu gloria de la autoridad y tu noble naturaleza.

3.7. Periandro, corintio, hijo de Cípselo, ha dicho:

El estudio abarca todo

El descanso es cosa buena

La temeridad es peligrosa

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Una ganancia deshonrosa es una acusación a nuestra naturaleza

La democracia es preferible a la tiranía

Los placeres son mortales, las virtudes inmortales

En la bienandanza nuestra mesura, en la adversidad prudencia

Es mejor morir con ahorros que vivir en la pobreza

Muéstrate digno de tus padres

Durante tu vida procura hacerte digno de alabanzas para que después de tu muerte

se juzgue que has sido dichoso

Sé él mismo para tus amigos afortunados o desgraciados

Rompe con las malas obligaciones que hayas adquirido a tu pesar

No divulgues conversaciones secretas

Rechaza la idea de que en poco tiempo te harás amigo de aquéllos a los que te diriges

Sírvete de las antiguas leyes pero con aderezo renovado

No sólo castiga a los culpables sino que impídeles volver a cometer las mismas faltas

Oculta tus desgracias para no proporcionar motivo de risa a tus enemigos.

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MARCO CONCEPTUAL

TERMINOLOGÍA

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GLOSARIO DE TERMINOS:

Aforismo: Un aforismo es, según nos dice la RAE, una sentencia breve y doctrinal que se

propone como regla en alguna ciencia o arte. Del latín aphorismus, y este del griego

?φορισμ?ς (definir), un aforismo es una declaración breve que pretende expresar un principio

de una manera concisa, coherente y en apariencia cerrada.

Ananké: En filosofía se ha tomado la palabra ἀνάγκη (transliterada casi siempre como

ananké) para significar lo necesario, particularmente a la necesidad o determinismo

contrapuesto a la libertad.

Aristocracia: En la Antigua Grecia, la aristocracia designaba la forma de gobierno donde

el poder político era ejercido por los mejores, es decir, aquellas personas con mayor

capacidad y virtud. De allí su origen etimológico, que proviene del griego ἀριστοκρατία

(aristocratía), vocablo que se compone por las raíces ἄριστος (áristos), que significa ‘los

mejores’, y κράτος (crátos), que traduce ‘poder’, ‘gobierno’.

Filosofía: Es una ciencia que de forma cuidadosa y detallada, busca dar respuesta a una

variedad de interrogantes como por ejemplo, la existencia, la mente, la moral, la belleza, el

conocimiento, la verdad y el lenguaje. Al tratar estas incógnitas, la filosofía trata de alejarse

de lo espiritual, del esoterismo, y de la mitología al enfocarse en pruebas racionales más que

en argumentos de autoridad.

Legislador: 1. adj. Que legisla. U. t. c. s.

Son las personas que se encargan de dar, establecer las leyes o normas generales que imperan
la convivencia humana, que pertenecen al parlamento entre los diputados y senadores según
a qué cámara pertenezcan, ellos son elegidos por el pueblo y las diferentes circunscripciones

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que está compuesto el estado nacional; su labor aparte de impartir y aplicar leyes es defender
al colectivo y al parlamento junto con el congreso.

Sophía: Sofia (Σoφíα, en griego "sabiduría") es un término fundamental dentro de la filosofía

helenística y su religión, como también en el platonismo, gnosticismo, cristianismo ortodoxo,

cristianismo esotérico, y en el cristianismo místico. La sofiología es un concepto filosófico

relacionado con la sabiduría, como también un concepto teológico relacionado con la

sabiduría de Dios.

Sophos: (σοφός), «sabio», es el nombre dado en la Grecia clásica al que hacía profesión de

enseñar la sabiduría. Sophós y Sophía en sus orígenes denotaban una especial capacidad para

realizar determinadas tareas como se refleja en la Ilíada (XV, 412). Más tarde se atribuiría a

quien dispusiera de «inteligencia práctica» y era un experto y sabio en un sentido genérico.

Tirano: Un tirano es una persona que gobierna contra derecho un Estado y lo hace sin

justicia. Se aplica a las personas que abusan de su poder, superioridad o fuerza, ejerciéndolos

en su propio beneficio y de una manera autoritaria. Es un concepto, por lo tanto, negativo.

También puede hacer referencia a una pasión o un afecto.

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CONCLUSIONES

Las figuras de los Siete Sabios de la Grecia arcaica (Tales, Solón, Bías, Quilón,

Pítaco, Cleobulo y Periandro) desempeñaron un papel memorable durante la época

de consolidación de las ciudades helénicas y de sus instituciones a comienzos del

siglo VI a. C. Imbuidos de una proverbial sensatez y de una aguda inteligencia al

servicio de la comunidad cívica, esos personajes históricos constituyen el paradigma

de un saber que mereció el aplauso del oráculo délfico y que obtuvo una popularidad

secular.

Los Siete Sabios son figuras significativas de un tiempo bien marcado en el progreso

de la civilización antigua: el de la emergencia de la inteligencia política, con la

organización de las póleis en su marco institucional y legal, con el ocaso de las

oligarquías aristotélicas y la fundamentación del orden cívico en leyes escritas y para

todos. Es, sin duda, un momento de transición y crisis de valores, de convulsiones

económicas y sociales profundas, de las que surge un nuevo orden y la creencia en la

razón como medio para entender ese kósmos. Ahí se perfilan las figuras de los siete

sabios con un raro prestigio, vago y duradero. En medio de esa revolucionaria época

arcaica los sabios son paradigmas de sensatez.

Los siete sabios surgen en un contexto preciso y agitado. De algún modo sus figuras

contrastan con las de los héroes de antaño, rememorados por los cantos épicos y

afincados en los mitos tradicionales. No son grandes guerreros, sino constructores de

un orden social, gente de paz y de diálogo, de ciudad y de justicia. Tal vez podemos

verlos como héroes, a su manera burguesa, en un mundo más prosaico en que el

triunfo no se logra ya mediante hazañas bélicas y estrépito de armas fulgurantes, sino

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a través de la habilidad y la inteligencia en el trato civilizado. En esas ciudades que

prosperan con un comercio variado y que progresan en la administración de su

economía, con instituciones cívicas nuevas y conceptos nuevos sobre el hombre y la

sociedad, en ese marco histórico marcado por la colonización y la invención de la

moneda, ahí se destacan, junto a los poetas líricos y otros políticos audaces, los

llamados sabios por la tradición posterior

El legado más famoso y popular de los Siete fueron sus sentencias, máximas breves

y densas, consejos morales, píldoras sapienciales. En un principio esas máximas se

transmiten por tradición oral; unas pocas reciben el inmenso honor de quedar pintadas

en el templo apolíneo de Delfos; mucho después son recogidas en una colección,

como la que hace Demetrio de Falero (350- 280 a. C.) con un prurito anticuario. El

mismo que se preocupó por recoger el repertorio de fábulas atribuidas a Esopo, el

discípulo de Aristóteles, estudioso de la sabiduría popular tradicional, reescribió esa

colección de sentencias atribuidas a los legendarios Siete Sabios.

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BIBLIOGRAFÍA:

CARLOS GARCÍA GUAL, “LOS SIETE SABIOS (Y TRES MÁS)”, alianza

editorial, ediciones del parado, 1995, Madrid-España.

JOHANNES ENGELS, “LOS SIETE SABIOS DE GRECIA”, Editorial Crítica,

2012, Alemania.

HERMANN ALEXANDER DIELS, FRAGMENTOS DE LOS

PRESOCRÁTICOS (Die Fragmente der Vorsokratiker). La primera edición se hizo

en 1903 en Berlín, y fue dirigida por el propio Diels. A partir de la 5ª, sustituiría a

Diels Walther Kranz.

Diccionario de la REA

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