La Generación Decapitada fue una agrupación literaria, formada por
cuatro poetas jóvenes ecuatorianos en las primeras décadas del siglo XX.
Dos guayaquileños, Medardo Ángel Silva y Ernesto Noboa y Caamaño; y,
dos quiteños, Arturo Borja y Humberto Fierro, fueron los precursores
del Modernismo en el Ecuador. Estos cuatro escritores fueron grandemente
influenciados por el movimiento modernista de Rubén Darío y la
poesía simbolista francesa de finales del siglo XIX. Todos leyeron en su lengua original
a emblemáticos bardos franceses como: Baudelaire, Victor
Hugo, Samain, Rimbaud y Verlaine.
A esta generación se la denominó «decapitada» por el hecho de que todos estos
poetas murieron a muy temprana edad, Silva a los 21 años, Borja a los 20 años, Fierro
a los 39 años, Noboa a los 36 años; dos de ellos se suicidaron. Cabe destacar el
hecho de que, aunque ellos se conocieron en vida e incluso se dedicaron poemas
mutuamente, nunca se reunieron para crear propiamente una agrupación literaria.
El término «generación decapitada» nació a mediados del siglo XX, cuando algunos
periodistas e historiadores ecuatorianos decidieron nombrarla al notar similitudes
poéticas entre estos [Link] de los hermosos poemas de Angel Silva
podemos escucharlos en forma de música del más ilustre cantante ecuatoriano Julio Jaramillotales
como El alma en los labios, etc. Dejando así claro su estilo de poesía depresiva, melancólica llena de
hermosos versos de amor extremis llamando tal vez sin querer a lamuerte en forma de musa
inspiradora quien se los llevaría muy jóvenes.
Medardo Ángel Silva: la exaltación del amor (por su prometida, por quien se quitó lavida), la
fascinación por lo exótico y un metódico tedio por la vida. Ernesto Noboa Y Caamaño: la angustia y el
hastío a la vida, a un amigo considerado hermano Arturo Borja: melancolía y mujeres
Humberto Fierro: naturaleza y mujeres.
Este movimiento se llamó “La Generación Decapitada”. Los 4 escritores mas
reconocidos como: Medardo Ángel Silva, Ernesto Noboa y Caamaño, Arturo Borja y
Humberto Fierro.
Lo curioso de este nombre, es el trágico desenlace de la historia de estos 4 escritores,
todos se suicidan a muy temprana edad, siendo el mas joven de estos Silva cuando
solo tenia 21 años, y Noboa a los 38.
A continuación, les daré una breve reseña biográfica de cada uno de estos personajes,
que si bien es cierto bastantes trágicos, es necesario conocer de los principales
exponentes de la literatura ecuatoriana.
Medardo Ángel Silva: Nace en Guayaquil un 8 de junio de 1898 sus estudios fueron
interrumpidos del colegio Vicente Rocafuerte por problemas económicos, por lo cual
entra a trabajar en una imprenta, ya para sus 17 años sus poemas eran reconocidos
no solo en los mejores diarios de nacionales, sino también en algunas revistas
literarias de gran prestigio.
Sus poemas eran reconocidos por la melancolía marcada en cada una de sus líneas,
en 1918 presenta su único libro de poesías “El árbol del bien y el mal”. Y un año
después el poeta, compositor, y músico se suicida en frente de su enamorada por un
amor no correspondido, dando final a su vida.
El libro El árbol del bien y del mal, de Medardo Ángel Silva, es una colección de bellos
poemas. La poesía El alma en los labios, que Medardo escribió días antes de su
muerte y que estaba dedicada a Rosa Amada Villegas,1 se convirtió en un popular
pasillo interpretado magistralmente por Julio Jaramillo con música de Francisco
Paredes Herrera, dejando así en claro su estilo de poesía depresiva, melancólica,
llena de hermosos versos de amor extremis llamando tal vez sin querer a la muerte en
forma de musa inspiradora.
De igual modo, el poema Para mí tu recuerdo, de Arturo Borja, fue musicalizado,
como pasillo, por el compositor Miguel Ángel Casares Viteri, pasando a ser
interpretado por destacados vocalistas como Carlota Jaramillo y Bolívar “El pollo”Ortiz.
En la literatura en lengua española, el término modernismo denomina a un
movimiento literario que se desarrolló entre los años 1880-1920, fundamentalmente en
el ámbito de la poesía, que se caracterizó por una ambigua rebeldía creativa, un
refinamiento narcisista y aristocrático, el culturalismo cosmopolita y una profunda
renovación estética del lenguaje y la métrica. Se conoce por modernismo a la forma
hispánica de la crisis universal de las letras y del espíritu, que se manifiesta en el arte,
la ciencia, la religión y la política. En ciertos aspectos su eco se percibe en
movimientos y en corrientes posteriores. En las raíces del Modernismo hay un
profundo desacuerdo con la civilización burguesa. En ciertos sentidos, se trata de una
corriente heredera del Posromanticismo decimonónico, al que da una especie de
salida, y en las demás artes esta estética se plasma en las formas del art
nouveau (en Bélgica y Francia), Modern
Style (en Inglaterra), Sezession (en Austria), Jugendstil (en Alemania y Países
Nórdicos), Liberty (en Estados Unidos), Floreale (en Italia), y Modernismo
artístico (en España e Hispanoamérica).
Tradicionalmente, se ha asociado su comienzo a la publicación, en 1888, de Azul...,
de Rubén Darío, a causa de la innegable repercusión del libro en la literatura
de Hispanoamérica.
El término modernismo designaba cierta corriente heterodoxa de renovación religiosa,
y se aplicó en el campo de las artes a tendencias surgidas en los últimos veinte años
del siglo XIX. Sus rasgos más comunes eran un marcado anticonformismo y un
esfuerzo de renovación. En su origen el apodo de «modernistas» era utilizado con un
matiz despectivo. Hacia 1890, Rubén Darío y otros autores asumen tal designación
con insolente orgullo; a partir de entonces el término modernismo fue perdiendo valor
peyorativo.
El simbolismo fue uno de los movimientos literarios más importantes de finales
del siglo XIX, originado en Francia y en Bélgica. En un manifiesto literario publicado
en 1886, Jean Moréas definió este nuevo estilo como «enemigo de la enseñanza, la
declamación, la falsa sensibilidad y la descripción objetiva"». Para los simbolistas, el
mundo es un misterio por descifrar, y el poeta debe para ello trazar las
correspondencias ocultas que unen los objetos sensibles (por
ejemplo, Rimbaud establece una correspondencia entre las vocales y los colores en su
soneto Vocales). Para ello es esencial el uso de la sinestesia.
El movimiento tiene sus orígenes en Las flores del mal, libro emblema de Charles
Baudelaire. El escritor Edgar Allan Poe, a quien Baudelaire apreciaba en gran medida,
influyó también decisivamente en el movimiento, proporcionándole la mayoría de
imágenes y figuras literarias que utilizaría. La estética del simbolismo fue desarrollada
por Stéphane Mallarmé y Paul Verlaine en la década de 1870. Para 1880, el
movimiento había atraído toda una generación de jóvenes escritores cansados de los
movimientos realistas.
La literatura ecuatoriana se ha caracterizado por ser esencialmente costumbrista y, en
general, muy ligada a los sucesos exclusivamente nacionales, con narraciones que
permiten vislumbrar cómo es y se desenvuelve la vida del ciudadano común y
corriente.1 El origen de la literatura ecuatoriana se remonta a las narraciones
ancestrales que pasaron de generación en generación; estas primeras historias
trataron temas fantásticos, mitológicos y legendarios.
EL ALMA EN LOS LABIOS
Para mi amada
Cuando de nuestro amor la llama apasionada
dentro tu pecho amante contemples extinguida,
ya que sólo por ti la vida me es amada,
el día en que me faltes me arrancaré la vida.
Porque mi pensamiento, lleno de este cariño
que en una hora feliz me hiciera esclavo tuyo,
Lejos de tus pupilas es triste como un niño
que se duerme soñando en tu acento de arrullo.
Para envolverte en besos quisiera ser el viento
y quisiera ser todo lo que tu mano toca;
ser tu sonrisa, ser hasta tu mismo aliento,
y así poder estar más cerca de tu boca.
Vivo de tu palabra, y eternamente espero
llamarte mía, como quien espera un tesoro.
lejos de ti comprendo lo mucho que te quiero
y, besando tus cartas, ingenuamente lloro.
Perdona que no tenga palabras con que pueda
decirte la inefable pasión que me devora;
para expresar mi amor solamente me queda
rasgarme el pecho, amada, y en tus manos de seda
dejar mi palpitante corazón que te adora!
El Modernismo fue una corriente hispanoamericana cuyas orillas o límites temporales
se extendieron, más o menos, de 1880 a 1910. Tres decenios apenas. Eso
especialmente se explica por la celeridad con que cobré cuerpo en todo el continente,
desde México hasta la Argentina. Halló un entusiasmo unánime. Y, evidencia poco
frecuente, una común aptitud lírica en las generaciones de muchos países. Cada uno
de ellos pudo exhibir sus propios valores. Difícil es precisar si hubo una espontánea
promoción de virtudes de refinamiento en la sensibilidad y el tacto literario de aquellos
autores, o si la atmósfera del nuevo movimiento comunicó esas características a la
mayor parte de ellos, pero resulta indiscutible la condición altamente estética del
Modernismo. Se hicieron demostraciones de muy depurada calidad tanto en la prosa
como en el verso. Poemas impecables. Cuentos de extremada finura. Novelas de
acabado estilo. Crónicas y ensayos en que la luz intelectual cabrillea en la onda verbal
rítmica y transparente. Innecesario es quizás el citar, siquiera como prueba parcial, los
nombres de Darío, Gutiérrez Nájera, Larreta, Gómez Carrillo, Martí y Rodó. La rapidez
con la que pasó el Modernismo por el horizonte completo de Hispanoamérica no
significa, desde luego, que haya carecido de trascendencia o de gravitación en el
futuro. A pesar del reclamo dariano de que cada uno busque su propia originalidad,
rehuyendo la tentación simiesca de la imitación, y en desacuerdo con el parecer de
Unamuno de que no se debía hablar de Modernismo sino de modernistas, la corriente
tuvo caracteres homogéneos que aseguraron su vasta unidad en el continente. Uno
solo fue su credo estético. Y muy semejante el fondo mental y afectivo de los autores.
De ese modo la importancia del modernismo como fenómeno global es evidente, y lo
es también la duradera consecuencia que produjo. Algunas de las conquistas literarias
de los últimos tiempos parten de aquella feliz experiencia.
En el Ecuador hubo también una generación modernista. Y no desdeñable como
parece suponerlo el investigador Max Henríquez Ureña. Lo que ocurrió fue que tales
poetas ecuatorianos nacieron en la década del apogeo del movimiento en el resto de
Hispanoamérica, y cuando escribieron sus primeros versos la hoguera ya se había
extinguido. Nuevas modalidades reclamaban la atención de todos. Gustadas las
perfecciones estilísticas, registradas las extrañas predilecciones del alma (las
esquiveces frente a las demandas ordinarias del ambiente, la abulia, la melancolía y la
desazón metafísica), a través de los principales autores, poca o ninguna sugestión
debió despertar ya la suma de alardes formales y de doliente exquisitez espiritual de
los modernistas del Ecuador, llegados con fatal demora. Pero, por su avidez de las
fuentes francesas, por su devoción a los fundadores del Modernismo
hispanoamericano, por su fina conciencia del estilo, por la espontánea inclinación
morbosa del temperamento, tan común en los años finiseculares, se incorporaron con
características uniformes a ese movimiento. Y, como en los demás casos nacionales,
ayudaron a mostrar el camino de las transformaciones que se han ido logrando en la
presente centuria. Bastante conocido es el origen posromántico del Modernismo
hispanoamericano. Apareció como una crisis del romanticismo, ni más ni menos que
las tendencias europeas de fin de siglo. Pero no fue un fruto de la intransigencia.
Conciliatorias eran las señales de su bandera. No venía a mirar al pasado como un
campo enemigo. Ni a los frentes que surgían en su mismo tiempo. Mejor que suprimir
a ciegas cuanto se hallaba en pie a su alrededor, era respetar lo bueno y recibir
inteligentemente su legado.
La cultura era una divisa modernista. La capacidad de asimilación uno de los mejores
bienes. El éxito estaba en saber discernir, en saber valorar y elegir. La figura máxima
del Modernismo -Rubén Darío- daba el fecundo ejemplo: fundía en una nueva realidad
los elementos del romanticismo, del simbolismo, del parnasianismo, del naturalismo, O
sea de todo aquello que ofrecía el laboratorio intelectual de Francia. Para conseguirlo
era menester la condición superior de Darío, que reducía a una admirable unidad lo
múltiple y desemejante, y mostraba el camino a su espontáneo discipulado americano.
Igual destreza reveló enlazando los recursos formales más antiguos de la poesía
castellana con los acentuadamente modernos y revolucionarios.
Los modernistas ecuatorianos conocían lo que con tanta brillantez se había logrado
bajo el ademán conductor de Darío, a lo largo del continente. Pero conocían también a
los representantes de los movimientos franceses, simbolista y parnasianista
especialmente. Además, en el Ecuador mismo ya contaban con un predecesor—
Francisco Fálquez Ampuero—, buen cincelador de la marmórea estrofa parnasiana. Y
dos miembros de la generación anduvieron por Europa con un sutil don de percepción:
Arturo Borja y Ernesto Noboa Caamaño. Asimilaron entonces de manera directa
expresiones poéticas de aquellas tendencias y la actitud inadaptada, enfermiza, de
algunos de sus autores. Ello les comunicó afinidad con los grupos modernistas que
hacía poco habían declinado en las otras naciones de Hispanoamérica. Baudelaire,
Verlaine, Mallarmé, Samain, Laforgue fueron nombres que se invocaron familiarmente
entre los poetas de esa generación ecuatoriana. La elegancia en la frase lírica, el
sortilegio musical, el trémolo de los amores infortunados, la ansiedad de partir hacia
horizontes desconocidos, un hastío prematuro de todo, les hizo coincidir en sus
preferencias de poetas y aun en sus destinos humanos. Hubo entre ellos una evidente
unión generacional. Por eso el que juzga al Modernismo en el Ecuador tiene que
apreciar de modo insoslayable a sus cuatro autores representativos: Arturo Borja,
Ernesto Noboa Caamaño, Humberto Fierro y Medardo Ángel Silva. Fueron semejantes
hasta en su tragedia personal: los cuatro murieron jóvenes, y dos de ellos -Borja y
Silva- se suicidaron antes de cumplir sus veintiún años. La brevedad de esas vidas, la
atmósfera de bohemia en que se aniquilaron y el desprecio hasta a la notoriedad
literaria conspiraron sin duda contra la plenitud y extensión de la obra que los
modernistas ecuatorianos habrían dejado. Arturo Borja poseyó una legítima naturaleza
de escritor, explícita en tres o cuatro de sus mejores poemas, pero no alcanzó la
madurez que merecía. Humberto Fierro amó la selección, el verso trabajosamente
pensado, que destella en ciertas expresiones afortunadas pero descubre el artificio y la
rigidez en otras. Careció de la exaltación lírica de sus compañeros. Medardo Ángel
Silva fue el que mejor llegó a la sensibilidad popular, el más ambicioso de todos. Se le
reconocían aptitudes geniales. Hizo poemas admirables, pero a menudo cayó también
en la creación mediocre, consecuencia de la prisa y la excesiva juventud. El más
completo de la generación fue Ernesto Noboa Caamaño. Poseyó como ninguno la
técnica del verso. Fue el más homogéneo. El que mejor se acoplé al Modernismo
hispanoamericano. Y sigue siendo uno de los poetas líricos más notables del
Ecuador.
Arturo Borja es el más musical de los poetas modernistas ecuatorianos. Para todo,
hasta para los más oscuros y dolorosos sentimientos de melancolía y tedio, halla
formas melódicas brillantes. Y dado a esa sostenida musicalización de los motivos,
ensaya y combina con capricho versos de variadas medidas y ritmos de insólitos
efectos. A todo ello se debe su fina calidad sonora, de tan mágicas resonancias,
“Primavera mística y lunar”. Aprendió, de modo ejemplar, este raro adolescente la
lección parnasiana y simbolista y rodeó sus impresiones estéticas y evocaciones
culturales de un clima de admirable refinamiento. Al estilo de la bella postal a Lola
Guarderas. Pero generalmente su paleta, reducida, está asordinada; su color tiene
algo de delicuescense y casi desvaído. Y lo plástico se reduce a imaginaciones y
vagos ensueños: el mundo exterior le producía hastío. Y acabó por escapar a él, tan
prematura como dolorosamente. Poemas como “A Misteria” dejan entrever, a una luz
de sobrecogedoras livideces, las honduras hacia las que señalaba el timón de su frágil
nave. ¡Qué formidables imágenes las de esos últimos cuatro alucinantes versos!
EPÍSTOLA
Al señor don Ernesto de Noboa y Caamaño!
Límpido caballero de la más limpia hazaña
que en la Época de Oro fuera grande de España
y que en la inquietud loca de estos tiempos, huraño
tornóse, y en el campo cultiva su agrio esplín.
Hermano-poeta, esta vida de Quito,
estúpida y molesta, está hoy insoportable
con su militarismo idiota e inaguantable.
Figúrate que apenas da uno un paso, un ¡alto!
le sorprende y le llena de un torpe sobresalto
que viene a destruir un vuelo de Pegaso
que, como sabes, anda mal y de mal paso
cuando yo lo cabalgo, y que si alguna vez,
por influjo de alguna dama de la blanca tez,
abre las alas líricas, le interrumpe el rumor
«municipal y espeso» de tanto guerreador.
Luego después las fieras de los acreedores
que andan por esas calles como estranguladores
envenenando nuestras vidas con malolientes
intrigas, jueces, leyes y miles de expedientes
y haciendo el cuotidiano horror más horroroso.
¿Qué fuera de nosotros sin la sed de lo hermoso
y lo bello y lo grande lo noble? ¡Qué fuera
si no nos refugiáramos como en una barrera
inaccesible, en nuestras orgullosas capillas
hostiles a la sorda labor de las cuchillas!
Tu dijiste en momento de genial pesimismo:
«Vivir de lo pasado... oh sublime heroísmo! »
1. 1. EULALIA NAULA
2. Medardo Ángel Silva nació en Guayaquil el 8 de junio de 1898, y murió el
10 de junio de 1919 en la misma ciudad. Escritor, poeta, músico y compositor
ecuatoriano, es considerado el mayor representante del modernismo en la
poesía ecuatoriana. Silva era el menor, y acaso el más importante poeta de
la generación del novecientos.
3. La poesía romántico-modernista de Silva evoca la exaltación del amor, la
fascinación por lo exótico y un metódico tedio por la vida. Entre sus famosas obras
literarias están: “El árbol del bien y del mal” (poesía) “María Jesús” (novela)“
Trompetas de oro” (poesía) “El alma en los labios” (poesía) Silva introdujo el
modernismo en la literatura ecuatoriana. Todas sus obra, son un canto de amor a
la muerte. Poeta del dolor, del "spleen", del amor imposible, del hastío de vivir.
Estuvo, bajo la influencia directa de los simbolistas franceses, especialmente de
Verlaine y Baudelaire.
4. Cuando de nuestro amor la llama apasionada dentro tu pecho amante
contemples extinguida, ya que sólo por ti la vida me es amada, el día en que me
faltes me arrancaré la vida. Porque mi pensamiento, lleno de este cariño que en
una hora feliz me hiciera esclavo tuyo, Lejos de tus pupilas es triste como un niño
que se duerme soñando en tu acento de arrullo. Para envolverte en besos quisiera
ser el viento y quisiera ser todo lo que tu mano toca; ser tu sonrisa, ser hasta tu
mismo aliento, y así poder estar más cerca de tu boca. Vivo de tu palabra, y
eternamente espero llamarte mía, como quien espera un tesoro. lejos de ti
comprendo lo mucho que te quiero y, besando tus cartas, ingenuamente lloro.
Perdona que no tenga palabras con que pueda decirte la inefable pasión que me
devora; ¡para expresar mi amor solamente me queda rasgarme el pecho, amada,
y en tus manos de seda dejar mi palpitante corazón que te adora!
5. Poeta guayaquileño nacido el 11 de agosto de 1889. Perteneció a una
familia que habían tenido importante participación en la vida política del país, entre
ellos, los presidentes Diego Noboa y José María Plácido Caamaño Mantuvo una
amistad con el poeta Arturo Borja, y juntos se constituyeron más tarde en el
binomio más valioso del Grupo de Quito.
6. Fue uno de los miembros más destacados de la Generación Modernista del
Ecuador, a la que el escritor Raúl Andrade llamó «La Generación Decapitada».
Publicó un solo libro de versos que bajo el título de «Romanza de las Horas»,
apareció en Quito en el año 1922, y cuyo poema «Emoción Vesperal» es el más
conocido y acaso el más hermoso. Vivió bajo el signo de las lecturas exóticas y
el consumo de drogas alucinógenas. Luego retornó a Quito donde su vida se fue
consumiendo por el cansancio, el éter y la morfina, hasta que enfermo y murió, el
7 de diciembre de 1927, a los 38 años de edad.
7. Hay tardes en las que uno desearía embarcarse y partir sin rumbo cierto, y,
silenciosamente, de algún puerto irse alejando mientras muere el día Emprender
una larga travesía y perderse después en un desierto y misterioso mar no
descubierto por ningún navegante todavía. Aunque uno sepa que hasta los
remotos confines de los piélagos ignotos le seguirá el cortejo de sus penas. Y que
al desvanecerse el espejismo, desde las glaucas ondas del abismo, le tentarán las
últimas sirenas.
8. Nació en la ciudad de Quito en 1892. En 1907 viajó a París para curarse de
una lesión sufrida en un ojo. Estableció contacto con los simbolistas Mallarmé,
Baudelaire y Rimbaud, aunque su poeta preferido era Verlaine. A su regreso a
Quito formó un grupo con Humberto Fierro, Ernesto Noboa y Caamaño y
Francisco Guarderas, y vivió una etapa bohemia. Luego de su luna de miel con
su esposa Carmen Sánchez, con quien se había casado el 15 de octubre de 1912,
murió de una sobredosis de morfina.
9. Sus expresiones literarias siempre tenían un fuerte dejo de tristeza. Su vida,
breve y precoz, se había hundido en profundo pesimismo, nostalgia y tristeza, ya
que anhelaba el ambiente intelectual de una Francia a la que no podía volver.
Su escasa producción fue recogida y publicada por sus amigos en el libro titulado
La flauta de Ínix (1960). Es recordado en Ecuador como el primer poeta que
agitó en los albores del siglo XX la bandera de un nuevo estilo de hacer poesía
10. Para mi tu recuerdo es hoy como la sombra del fantasma a quien dimos el
nombre de adorada… yo fui bueno contigo. Tu desdén no me asombra, pues no
me debes nada, ni te reprocho nada. Yo fui bueno contigo como una flor. Un día
del jardín en que solo soñaba me arrancaste; te di todo el perfume de mi
melancolía, y como quien no hiciera algún mal me dejaste… No te reprocho
nada, o a lo más mi tristeza, esta tristeza enorme que me quita la vida, que me
asemeja a un pobre moribundo que reza a la Virgen pidiéndole que le cure la
herida
2. 11. PARA MI TU RECUERDO
[Link] page&v=LqHRJN_rN10
3. 12. (Quito, 1890 - 1929) Poeta ecuatoriano perteneciente a la llamada
Generación decapitada. Hijo de una familia acomodada, adquirió excelente
educación, dedicó buena parte de su tiempo a la lectura de sus autores
preferidos. De una sensibilidad exasperada, introvertido, sencillo y modesto.
Trabajó toda su vida en una oficina del Ministerio Público, sin preocuparse
por mejorar su situación económica. Centró toda su dedicación en la poesía,
la música y la pintura.
4. 13. Siguiendo los pasos del nicaragüense Rubén Darío: rompen con las
formas tradicionales de la poesía, renuncian a la rigidez del verso medido,
dan preferencia al ritmo interior, reivindican el ensueño, la fabulación y el
entusiasmo como pilares de la creación literaria. El laúd del valle (1919), y
Velada palatina, editado en 1949 Quiso elaborar un sistema estético culto
alejado de los referentes nacionales, del prosaísmo de un país sumido en la
pobreza y la corrupción política, como la de Borja y Noboa. la poética de
Fierro es la del desencuentro de clase, la de la escisión entre su ensoñación
aristocrática y su ciudadanía mestiza.
5. 14. Turbó tu risa de cristal sonoro Al mirlo que habló perlas al jardín, Y el
Céfiro sahumaba de jazmín Alborotando tu cabello moro. Bajo la nervazón del
sicomoro El Grifo festoneado de Verdín, Prorrumpió en un alegro de violín Al
inundar tu ánfora de oro . . . Pan chispeaba sus ojos, en acecho Del nacarado
ritmo de tu pecho ... ¡Y al ocultarse de él como de un tigre En el margen del
río, a poco trecho, Te trocaste en la caña de que ha hecho Su flauta azul a que
la tarde emigre!.