EL RITO DE
CONCLUSIÓN
CATEGORÍA: SANTA MISA
Creado: 11 Septiembre 2017
Terminada la oración después de la Comunión, pueden darse breves
avisos al pueblo. Los da el sacerdote o el diácono (IGMR 166 y 184). Si
hay concelebrantes, permanecen en sus lugares (IGMR 250).
Si después de la Misa habrá otra acción litúrgica (bendición o exposición
con el Santísimo, por ejemplo) con los avisos o con la oración después
de la comunión termina la Misa (IGMR 170). De lo contrario, se procede
como se apunta a continuación:
Luego el sacerdote extiende las manos y saluda al pueblo diciendo: “El
Señor esté con ustedes (vosotros)”, a lo que el pueblo responde “Y con
tu espíritu.” El sacerdote une de nuevo las manos, e inmediatamente
pone la mano izquierda sobre el pecho y elevando la mano derecha,
agrega “La bendición de Dios todopoderoso…” y trazando el signo de
la cruz sobre el pueblo prosigue “Padre, Hijo, y Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes (vosotros)”. Todos responden “Amén.” (IGMR
167).
Esta fórmula puede enriquecerse con la oración sobre el pueblo o con
otra fórmula más solemne (IGMR 167). Durante Cuaresma, cada día
tiene una oración sobre el pueblo particular, que es optativa. Para los
demás tiempos, el misal contempla oraciones sobre el pueblo de forma
genérica, y bendiciones solemnes divididas por tiempos litúrgicos y para
la celebración de los santos. En los rituales también se prevén
bendiciones solemnes para las Misas rituales.
Si se va a usar una oración sobe el pueblo o una bendición solemne, un
diácono (o el sacerdote, en su ausencia) antes de la oración dice:
“Inclínense para recibir la bendición.” (IGMR 185). Todos se inclinan a
estas palabras.
Si se hace una oración sobre el pueblo, el sacerdote extiende las manos
sobre el pueblo y recita la oración, a la que todos responden “Amén”.
Luego, el sacerdote imparte la bendición como se dijo antes.
Si se emplea una bendición solemne, igualmente el sacerdote extiende
las manos sobre el pueblo y pronuncia cada una de las intercesiones a
Dios. A cada una de ellas todos responden “Amén”. Luego, el sacerdote
imparte la bendición como se dijo antes.
En caso de que un sacerdote celebre sólo, sin ni siquiera un ministro,
se omite la bendición final (IGMR 254).
Cuando celebra un obispo, tras la oración después de la comunión (o
después de los avisos, si los hubo), recibe la mitra. Luego dice “El Señor
esté con ustedes (vosotros)”, a lo que se responde “Y con tu espíritu”.
Luego dice: “Bendito sea el nombre del Señor”, a lo que se responde
“Ahora y por siempre”. El obispo dice: “Nuestro auxilio es el nombre del
Señor”, y se responde “Que hizo el cielo y la tierra.” En ese momento
toma el báculo con la mano izquierda (si tiene derecho a usarlo, si no
coloca la mano izquierda sobre el pecho) y dice: “La bendición de Dios
todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu descienda sobre ustedes
(vosotros)”, mientras traza una cruz en la mención de cada Persona
Santa: la primera a la izquierda, después en el centro, y finalmente a la
derecha (CE 169).
Después de la bendición, con las manos juntas, el sacerdote agrega
“Pueden (Podéis) ir en paz”, y todos responden “Demos gracias a Dios.”
(IGMR 168). Si hay un diácono, es él quien dice esto (IGMR 185). El
Domingo de Pascua, desde la Vigilia Pascual, en la Octava de Pascua,
el II Domingo de Pascua y en Pentecostés, se le agrega a la fórmula de
despedida y a la respuesta “Aleluya, aleluya” En las ediciones en
lenguas vernáculas del misal hay otras fórmulas de despedida.
Cuando un sacerdote celebra con un ministro o sólo omite la despedida
“Pueden ir en paz” (IGMR 254 y 272).
En las Misas papales es costumbre que en este momento se entone la
antífona mariana del tiempo. No está prescrito, es sólo una costumbre.
Luego, el sacerdote se dirige al altar y lo venera con un beso. Si hay
concelebrantes, ellos no veneran el altar (IGMR 169 y 251). Sin
embargo, el diácono si besa el altar (IGMR 186). Si el obispo celebra,
venera el altar con la mitra y con el báculo, a diferencia del inicio de la
Misa.
Luego, tanto el sacerdote como los concelebrantes, los diáconos y los
ministros laicos, hacen una inclinación profunda ante el altar (IGMR169,
251 y 186). Si el tabernáculo con el Santísimo Sacramento está en el
presbiterio, después de la inclinación ante el altar, hacen genuflexión
ante éste (IGMR 274). Luego se retiran procesionalmente en orden en
el que entraron. No se pone incienso en el turíbulo para esta procesión
de salida; únicamente en se usa en la Misa Crismal.
El misal no prevé un canto de salida. Sin embargo, puede hacerse, o
bien, puede tocarse el órgano u otros instrumentos para acompañar la
salida del sacerdote y los ministros.
Al llegar a la sacristía, todos a una vez, hacen una reverencia a la cruz.
Cuando el obispo celebra, los concelebrantes y los ministros pasan a
saludar al obispo y, después, se quitan las vestiduras sagradas y dejan
todo lo que usaron en la celebración (CE 170).