0% encontró este documento útil (0 votos)
239 vistas9 páginas

Empowerment y Fuerzas en Trabajo Social

El documento presenta un resumen de las ideas de Vicente de Paula Faleiros sobre el paradigma de la correlación de fuerzas y su aplicación al trabajo social. Faleiros propone entender la intervención desde las relaciones de poder entre diferentes actores sociales. Las trayectorias de los sujetos se construyen a través de estas relaciones de poder y están marcadas por rupturas y continuidades. El trabajo social debe enfocarse en fortalecer a los grupos oprimidos en el contexto de estas relaciones de fuerza.

Cargado por

Karen F. Cejas
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
239 vistas9 páginas

Empowerment y Fuerzas en Trabajo Social

El documento presenta un resumen de las ideas de Vicente de Paula Faleiros sobre el paradigma de la correlación de fuerzas y su aplicación al trabajo social. Faleiros propone entender la intervención desde las relaciones de poder entre diferentes actores sociales. Las trayectorias de los sujetos se construyen a través de estas relaciones de poder y están marcadas por rupturas y continuidades. El trabajo social debe enfocarse en fortalecer a los grupos oprimidos en el contexto de estas relaciones de fuerza.

Cargado por

Karen F. Cejas
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Marcelo Vázquez

y Silvia Perona
Estudiantes de la Licenciatura en
Trabajo Social de la UNR.

Límites y posibilidades de
la intervención en los procesos de
empowerment en Trabajo Social
[Resumen] El presente trabajo acerca una reflexión, a partir de un recorrido teórico, sobre
las estrategias de empowerment en Trabajo Social que nos propone Vicente de Paula
Faleiros y cuyo hilo conductor es la cuestión que se nos plantea: la posibilidad de entender
cómo se puede pensar a la intervención desde el paradigma de la correlación de fuerzas.

[Palabras clave] empowerment - trayectorias - relaciones de fuerza - intervención


profesional

El paradigma de la correlación de fuerzas

La contribución gramsciana en la formulación de los conceptos de


hegemonía/contrahegemonía ha abierto nuevos caminos de reflexión para el
Trabajo Social, consolidando y profundizando la perspectiva crítica tanto al
accionar directo del sujeto como al peso mecánico de la estructura, replanteando
la radicalidad de opciones dicotómicas. Ni la historia es un acto permanente
que emana de la voluntad de los sujetos, ni la estructura social es condición
determinante para siempre del recorrido de los mismos.
En el mismo sentido que lo plantea Marx, los hombres van haciendo su
historia, pero condicionados por lo heredado del pasado. Faleiros retoma la
tradición gramsciana, situando la acción del trabajador social en un contexto de
disputas, consensos, conflictos, deseos, mezquindades sectoriales, búsquedas
colectivas, depredación de recursos, construcción/consolidación de
legitimidades, burocratización agobiante, ciudadanía emergente/en emergencia.
El proceso de legitimación y control se inscribe en las luchas de clases
articuladas en la correlación de fuerzas (mediaciones económicas, políticas e
ideológicas) entre bloques que pretenden conservar su hegemonía o propugnan
una contra-hegemonía.
De este modo, Faleiros considera al proceso de intervención en el contexto
de las relaciones sociales. Para él, “el objeto de la intervención del Trabajo
Social se construyó en la relación sujeto/estructura y en la relación usuario/
institución, en que surge el proceso de fortalecimiento del usuario frente al
debilitamiento de sus vínculos, capitales o patrimonios individuales y colectivos”

40
(2003: 44). Propone un modo particular de intervención para el Trabajo Social,
teniendo en cuenta las relaciones de fuerzas.
El paradigma de la correlación de fuerzas viene a romper con la tensión
estructura/sujeto. Las opciones para el profesional no aparecen ya como
dicotómicas, visualizándose las diferencias de clases, el recorrido no-lineal
que puede realizar un sujeto, la división de las clases en fragmentos y fracciones,
la formación de bloques políticos coyunturales que pueden garantizar avances
de medio y largo plazo (por ejemplo, en términos de ciudadanía y derechos
sociales), o incluso pensar retiradas de tipo táctico-estratégicas en cada
coyuntura.
En el pensamiento de Faleiros no es determinante el peso de la estructura,
“... este paradigma implica una ruptura con la visión mecanicista de la sociedad,
que niega el rol del sujeto en la transformación social, reduciendo los cambios
superestructurales a reflejos de las condiciones materiales, ubicando al Servicio
Social en la función de control para mantener las condiciones de reproducción
capitalista de la sociedad” (2003: 45). Hay un involucramiento de las relaciones
personales en las relaciones sociales globales, a modo de resolución de la
tensión sujeto/estructura en clave de mediación.
De todas maneras, está claro que la mayor disposición de fuerzas de
diferentes órdenes, actúan como mediaciones favorables en los procesos
contradictorios de enfrentamiento, luchas, disputas. La mayor concentración de
energía, recursos, conocimiento, técnicas, medios de comunicación, de parte
de un actor o un grupo para hacer valer sus intereses en disputas con otros
actores y grupos, le otorga una posición más ventajosa en el enfrentamiento.
“La fuerza se manifiesta en esta correlación que depende del peso económico,
del poder político, de las capacidades afectivas, de la capacidad cultural, lo que
llamamos patrimonios, que pueden ser aumentados o disminuidos en el
contexto de las relaciones más generales o particulares” (2003: 47-48).
Pero, ¿tienen las fuerzas subalternas el patrimonio suficiente para
contrarrestar el peso del poder económico y político de los grandes propietarios
de las sociedades capitalistas? Para el autor, las fuerzas subalternas tienen
otros patrimonios: movilización y organización política, cuestionamiento
ideológico, ampliación de la democracia y la ciudadanía, inserción cultural y
afectiva, que les posibilitan ejercer procesos contrahegemónicos.
Los actores sociales que intercambian saberes se encuentran en una
relación de poder articulada históricamente, en la conexión entre lo económico
y lo político, entre la voluntad y las mediaciones posibles por las fuerzas en
presencia y en confrontación.
“El Servicio Social actúa en una correlación particular de fuerzas, en la forma
institucionalizada, en la mediación debilitamiento/exclusión, fortalecimiento/
inserción social, vinculada con el proceso global de re-producirse y re-
presentarse de los sujetos en sus trayectorias/estrategias. Se puede realizar la
articulación entre: a) acciones de rutina (prestación de servicios), b) injerencia
y participación de la población, c) organización estratégica frente a la institución
y en la misma sociedad” (2003: 48-49). De esta manera, la intervención
profesional presenta algunos rasgos contradictorios y al mismo tiempo
transformadores, condensando las fuerzas sociales y las mediaciones
complejas, alcanzando cierta autonomía según la coyuntura.
En esas mediaciones entre procesos de debilitamiento-fortalecimiento, para
el autor, se define el trabajo profesional del Servicio Social. “De acuerdo con el
41
paradigma de la correlación de fuerzas las mediaciones de poder, y por lo tanto,
de opresión, subordinación, discriminación, victimización, debilitamiento,
explotación, se plantean y presuponen teórica y prácticamente, implicando el
compromiso o contrato de los asistentes sociales con el fortalecimiento del
oprimido en el proceso de enfrentamiento de su debilitamiento/
patrimonialización y adoptando la praxis de la política más ventajosa para las
clases populares” (2003: 50). Esto constituye la propuesta de empowerment,
que el autor busca y pretende instalar en la agenda pública y que
desarrollaremos oportunamente.

Las trayectorias

Faleiros recupera en su producción y análisis el contexto en el cual el “sujeto


se va constituyendo, su trayectoria social articulada con su trayectoria individual
o familiar. La constitución de los sujetos se realiza en la superposición de
relaciones complejas y en un proceso histórico demarcado por rupturas y
continuidades” (2003: 73), contrastando con el discurso de las ciencias sociales
que, en general, valora al sujeto en sí mismo y desestima su historia construida
en relación con otros, su contexto, su mundo.
Estas trayectorias no son caminos que las estructuras determinan para
cada sujeto, tampoco surgen de la libre elección de los mismos, en todo caso
pueden responder a una “combinación de virtud y fortuna, en la expresión de
Maquiavelo, de las situaciones y las acciones, de las condiciones dadas con
las acciones y las iniciativas individuales y de los grupos a los que se pertenece”
(2003: 73).
Según el autor, las trayectorias se construyen y reconstruyen a partir de las
relaciones de poder y se manifiestan en el entrecruce de los ciclos de la vida de
los sujetos con los ciclos históricos de la sociedad. Éste es un proceso no
lineal en el cual cambian las relaciones de fuerzas y se producen rupturas y
continuidades en la vida y trayectoria de los sujetos que los marcan, los ponen
a prueba y que son independientes de su voluntad. Así, resulta más fácil al
bloque dominante construir sus trayectorias y proyectos en el largo plazo porque
cuenta con la fuerza que le otorga detentar la hegemonía. Los dominados, en
cambio, fragmentados y debilitados deberán enfrentar el proceso de
construcción de sus trayectorias bajo la presión de las marcas que provocan la
desigualdad y la exclusión social.
Faleiros alude a la importancia de la marca que implica la exclusión social
en la trayectoria de los dominados “…en cuanto proceso de marginalización de
los bienes culturales, económicos, políticos, de ocio, que son patrimonio de
ciertos grupos, aunque haya un proceso de integración en patrimonios
familiares, afectivos, de amistad, de ciertos bienes que configuran el patrimonio
de los dominados insertos en una relación de desigualdad” (2003: 74).
Con la expresión “patrimonio” el autor se diferencia de lo que para P. Bourdieu
representan los “capitales”, estableciendo que los patrimonios se adquieren
en las relaciones de familia, de explotación, en el imaginario social, siendo
vividos en forma común por dominantes y dominados, constituyéndose
patrimonios simbólicos como la religión, la nación, las vivencias cotidianas,
etc., que producen cohesión pero no eliminan la dominación ni la desigualdad

42
social.
Estos patrimonios simbólicos sirven de referencia para la construcción de
las identificaciones sociales y la representación que los individuos y grupos
hacen de sí mismos, dependiendo de sus creencias, sus valores y las
referencias culturales que adoptan; por eso las representaciones y las ideologías
están determinadas por las prácticas sociales de clase, de discriminación, de
resistencia.
Así, el concepto de “biovía” hace referencia a los recorridos realizados a lo
largo de la vida, a la inscripción relacional de un sujeto, que junto a la
determinación del contexto en el que se encuentre inserto, producirán para él
pérdida o adquisición de patrimonio. Por eso “en un momento dado, un individuo
puede estar casado, ser labrador, pequeño propietario; en otro, por un cambio
en las relaciones de la propiedad de la tierra, él migra y se convierte en separado,
ambulante, urbanizado” (2003: 75).
Estas biovías representan posibilidades de éxito o fracaso, conquista o
pérdida de poder, suponen la construcción de una nueva correlación de fuerzas,
es decir, la nueva situación pone en juego nuevas relaciones “que involucran un
proceso de construcción de nuevas referencias e identificaciones y pérdida de
otras que disminuyen o aumentan la capacidad de poder intervenir en lo cotidiano
y construir autonomía, o sea, de conseguir o perder poder” (2003: 75).
El autor retoma la perspectiva de recuperar las experiencias concretas de
los sujetos en sus trayectorias, dejando de lado la óptica dualista (propia del
Servicio Social de los años ‘60 y ‘70) según la cual la sociedad estaba dividida
(burguesía-proletariado) y la intervención profesional debía comprender el
proyecto de lucha de clases de los obreros. Al recuperar las experiencias, las
vivencias de los sujetos en sus trayectorias, la especificidad del Servicio Social
proviene de la intervención en esa particularidad que condensa la confrontación
con los problemas sociales y las correlaciones de fuerzas.

Articulación estratégica e intervención profesional

Para Faleiros los sujetos debilitados, disminuidos en su capacidad de


autonomía, sin poder y descapitalizados, son los que llegan al Servicio Social
demandando una recomposición de su situación. Es allí, en ese lugar en el que
ubica la especificidad de la profesión, en ese binomio debilitamiento/
fortalecimiento de los sujetos, pero además “a la condición de dominado se
agrega la disminución de las condiciones de autonomía” (2003: 89).
Los sujetos debilitados, descapitalizados, despatrimonializados, se
encuentran con el Servicio Social generalmente en el marco de una institución.
El Trabajo Social debe ver este debilitamiento en una perspectiva amplia, en un
movimiento complejo, porque la realidad es múltiple. Retomando el caso de un
migrante interno de un país: es pobre, está en busca de empleo, trata de
construir o elaborar estrategias de supervivencia, está en situación de debilidad;
pero también puede estar descapitalizado afectiva, social, cultural, políticamente.
“No se trata sólo de rescatar la esencia de la asistencia como auxilio, sino del
Servicio Social en las relaciones de vida tejidas por el sujeto en su historia/
trayectoria” (2003: 89).
Cuando de descapitalización material habla el autor, apela a la sencillez que

43
para el Trabajo Social significa el uso de la fórmula problema/recurso disponible,
subrayando que lo difícil está en poder lograr que el recurso signifique un
verdadero cambio en la vida del sujeto. Desde la perspectiva de la articulación
estratégica se visualiza la relación fuerza/recurso/problema: “…la pérdida de
fuerza se relaciona con el problema, lo que justamente implica la búsqueda de
un recurso que a su vez depende de la articulación de una relación de fuerza en
el enfrentamiento de la cuestión en juego” (2003: 90).
El objetivo para el Servicio Social es, entonces, el fortalecimiento del sujeto,
el cambio de la relación, en un proceso de fortalecimiento y re-capitalización,
mientras se rearticula el problema. La búsqueda del recurso necesario para
esta re-capitalización es compleja porque se da en el marco de una relación de
fuerzas no favorable al sujeto que está en proceso de debilitamiento. El problema,
según el autor, debe enfrentarse y discutirse como una cuestión de relaciones
sociales: “…es preciso ver la cuestión de los diferentes puntos de vista de los
actores y fuerzas involucradas, sin que los asistentes sociales se vuelvan
sirvientes de la institución a la hora de analizar y de actuar, y sólo vean el punto
de vista oficial. No se ve entonces la situación como cuestión sino como un
problema de la institución, como un problema de poder, y toman el problema
como una cuestión jurídica, institucional, de recursos. No están viendo la relación
de esa cuestión con las fuerzas sociales en el proceso de debilitamiento, de
pérdida del patrimonio del sujeto” (2003: 90).
La articulación estratégica es un proceso que puede fortalecer al usuario en
su proceso de capitalización, o debilitarlo. El profesional puede decir sí o no, en
un determinado campo de posibilidades, ejerciendo una relación autoritaria en
el preciso momento en que el sujeto/usuario concurre debilitado al encuentro
del Trabajo Social, colocando rótulos, ejerciendo actitudes discriminatorias o
apelando a actitudes o acciones paternalistas o tecnocráticas.
“La disposición de poder condiciona los dispositivos y las estrategias de
acción que condicionarán el proceso de construcción de relaciones para superar
las relaciones de opresión en relaciones de autonomía y articulación de redes.
La discusión de lo que puede o no puede el asistente social, de lo que sabe o
no sabe, supone una dinámica de colectivización de su intervención para la cual
pueden contribuir los seminarios interdisciplinarios, el intercambio de
experiencias, la reflexión teórica, sistemática, en la cual sumergirá su objeto de
trabajo que puede, a primera vista, parecer empírico, desconectado, aislado,
heteróclito” (2003: 93).

El empowerment

Desde la visión del paradigma de la correlación de fuerzas, la propuesta de


empowerment constituye una estrategia de intervención que busca el cambio
de relación en las trayectorias de los sujetos oprimidos.
La denominación empowerment proviene de algunas corrientes
funcionalistas y en una de sus primeras acepciones es definida como “…un
proceso en el que el asistente social se inscribe en un conjunto de actividades
con el cliente…cuyo objetivo es reducir la falta de poder que se creó por las
evaluaciones negativas sobre su pertenencia a un grupo estigmatizado”
(Solomón, 1976 apud Faleiros, 2003: 50). Esta definición tiene que ver más con

44
el combate contra los estigmas, las segregaciones (raciales, religiosas),
acompañando los procesos de lucha por los derechos civiles, de grupos y
colectivos. Este proceso abarca tres dimensiones, dirigidas hacia el
fortalecimiento y la autoestima del yo, la construcción de una capacidad más
crítica del entramado de las relaciones sociales y el fomento y uso más efectivo
de los recursos.
Sin embargo, Maurice Moreau (Moreau, 1987 apud Faleiros, 2003: 51) plantea
que la propuesta de empowerment debe ir más allá, debe trascender la lucha
contra las estigmatizaciones, cuyo sustento se basa en cuatro dimensiones:
- defensa del sujeto/usuario del Trabajo Social, en su interacción con las
organizaciones burocráticas; facilitándole el cuestionamiento del saber
profesional, estímulo a la autodefensa de sus derechos como soporte a las
imposiciones institucionales;
- colectivización, para poder sacar al sujeto de la acción meramente
individual, y apoyando sus estrategias de alianzas con otros sujetos o colectivos
para llevar adelante estrategias comunes;
- materialización de los recursos, redefiniendo las situaciones-problemas
con relación al contexto social y prestando atención a los recursos materiales;
- fortalecimiento del sujeto/usuario, definiendo claramente las relaciones
de poder existentes (incluidas las de la intervención profesional misma),
alentando los procesos de agrupamiento con otros y la utilización del poder de
presión.

Desde la perspectiva estructural de Moreau, la intervención profesional


implica la acción en dos planos: uno inmediato (aliviando las situaciones de
las víctimas de la opresión) y otro a largo plazo (la lucha contra la erradicación
de las fuentes de opresión), quebrando una ya clásica dicotomía del Trabajo
Social: la intervención individual o la intervención colectiva.
En estos planteos aparece nítidamente (y Faleiros así lo destaca) como
factor clave en la perspectiva del empowerment la alianza con los sujetos/
usuarios del Trabajo Social, “…implicando el compromiso o contrato de los
asistentes sociales con el fortalecimiento del oprimido en el proceso de
enfrentamiento de su debilitamiento/patrimonialización y adoptando la praxis
de la política más ventajosa para las clases y los estratos populares” (2003:
50), desde la óptica del sujeto y no desde la óptica de la institución.
Faleiros busca instalar en la agenda pública el proceso de empowerment,
sostenido en la intencionalidad política que engloba tres dimensiones:
- la dimensión de la ciudadanía, basada en la institucionalización de los
derechos sociales y remarcando la posibilidad innovadora de que, sin renunciar
a la universalización de los mismos, cierta flexibilidad en los servicios pueda
reducir la dependencia/tutela/clientelismo y tener en cuenta las particularidades
que las políticas sociales universales a veces no contemplan;
- la dimensión de la autonomía, considerada como el rechazo a la tutela y
la capacidad de reproducirse en la historia y en lo cotidiano de las mediaciones
de poder;
- la dimensión del fortalecimiento de la identidad, a través del espacio
público, la pluralidad, relacionada con la cultura, la ideología, la comunicación
y la acción externa a un sujeto.
La perspectiva del empowerment está teniendo amplia repercusión en los
espacios de la práctica profesional, y generando discusiones, polémicas,
45
controversias en el mundo del Trabajo Social. Es claramente una visión donde
la cuestión del poder es central. Al ser una perspectiva relacional y estratégica,
busca “…comprender e intervenir en el proceso mismo de debilitamiento y de
opresión, en diferentes niveles para que se articule un cambio de trayectorias y
de fortalecimiento de los usuarios” (2003: 146), buscando la articulación/
regulación de la vida cotidiana y que comprende simultáneamente conflicto e
integración, afirmación y negación, expresión y censura, organización y
fragmentación. Los sujetos individuales o colectivos, en sus diferentes
relacionamientos “…están en conflicto de poder, con enfrentamientos constantes
por el uso de recursos, organización, discursos, en articulación con intereses
opuestos, configuran diferentes bloques de enfrentamiento” (2003: 147), que
sin embargo no impide el entrecruzamiento dominantes/dominados.
Para el Trabajo Social, la comprensión de los modos en que la vida cotidiana
se articula/regula para el fortalecimiento del poder de los bloques dominados
es y sigue siendo, según Faleiros, uno de los desafíos teórico-políticos más
trascendentes de la intervención profesional.

Conclusiones

Desde la perspectiva desarrollada por el autor podemos decir que para


muchos usuarios debilitados no es posible vivir sin la referencia de las
instituciones, puesto que ellas forman parte de sus trayectorias y estrategias
de supervivencia, y a la vez éstas suponen relaciones de poder y saber que se
inmiscuyen en sus vidas cotidianas. Estamos hablando de espacios y actores
que en algunos casos apuestan a una construcción colectiva ante demandas
emergentes, y en otros llevan adelante una lógica excluyente, expulsiva,
estableciendo una relación de subordinación directa con aquellos que necesitan
de la ración diaria, la caja de alimentos o los útiles escolares para su
supervivencia.
Esta situación coloca a los sujetos en el rol de espectadores, son los que
miran cómo fluyen los recursos por algunas de las instituciones que conocen;
intuyen que hay juegos de poder a los que no están invitados. Pero, ¿a quiénes
les interesa que haya más gente mirando que participando en los juegos de
poder?
Los grupos hegemónicos implementan en las instituciones sociales una
política de refuerzo de la dominación a través de estrategias clientelistas,
paternalistas, autoritarias, divisionistas, de aislamiento y delimitación de los
problemas y las soluciones a planes y proyectos determinados de arriba hacia
abajo, definiendo “aliados” de base en pos de mantener el statu quo.
¿Y el Trabajo Social? Se inscribe en este contexto institucional lleno de
conflictos, de luchas, de juegos de poder y recursos, con miras a participar en la
articulación de estrategias que buscan, en el contexto territorial, redefinir
trayectorias subjetivas o institucionales, cambiar las relaciones de poder con el
uso de la información, de los bienes materiales, de las redes, para fortalecer a
quienes aún siguen mirando “desde afuera”: “Deberá tener en cuenta las
situaciones más excluyentes para fortalecer, prioritariamente a los que viven en
la periferia de los intercambios y de las relaciones sociales significativas y
enriquecedoras, por lo que son los más frágiles” (Faleiros 2003: 60).

46
Un aporte interesante a destacar por parte del autor es que en el proceso de
fortalecimiento del sujeto se debe tener en cuenta la inclusión por el conflicto,
ya que puede ser el cambio de la trayectoria y al mismo tiempo de la relación
Estado-sociedad, en una dinámica que articule ciudadanía-autonomía-
identidad.
Según Faleiros, en los sujetos sociales se produce un interjuego entre la
disminución y la adquisición de sus patrimonios, no sólo el económico, sino
también el cultural, afectivo y familiar. Dentro de este haz de relaciones es que
encontramos al Trabajo Social en su función de articular las relaciones de
fuerza de manera tal que el sujeto fragilizado recupere esa fortaleza que necesita
para llegar a ser un sujeto que ejerza efectivamente sus derechos.
En lo que respecta a la intervención, afirma que la misma tiene límites
personales propios y otros derivados de la estructura institucional en que se
articulan las estrategias de intervención, que incluyen las relaciones de los
sujetos con determinaciones tales como la cultura, la familia, lo económico, lo
político, condicionando simultáneamente la intervención y la articulación de las
mediaciones particulares, capaces de transformar las relaciones de fuerza
presentes.
El autor propone “otro modo de intervención posible”, mas allá de los recursos
materiales disponibles. El profesional, a pesar de su subordinación, de su
condición de asalariado de la institución, está especialmente relacionado con
el sujeto. Hay quienes buscan en las instituciones formas alternativas de
relacionamiento, es posible desarrollar la mediación, es posible ocupar un
espacio político, es posible tratar a la gente no como súbdito o cliente, sino
como ciudadano. Son las luchas sociales las que recrean nuevas formas de
intervención y muchos profesionales estratégicamente se alían entre ellos y
con las organizaciones de la comunidad, se sirven de las instituciones no para
someter a las personas sino para involucrarse en las trayectorias de las mismas.
Existe una mediación entre las demandas de los sujetos y los recursos de
las instituciones o los programas en los cuales el trabajador social se inscribe
como profesional asalariado. Esta condición le permite participar en el proceso
de producción y distribución de la riqueza. Entendemos que no hay tal “estado
de emergencia material permanente”, sino más bien una apropiación
concentrada de la riqueza social en sectores minoritarios. En este sentido, a
nivel del Estado, el trabajador social participa como trabajador asalariado de la
escasa distribución del fondo público, debiendo constituir su trabajo la defensa
y realización de los derechos sociales, de la ciudadanía y de la gestión de la
cosa pública.
Sin embargo, dados los procesos de pauperización y precariedad de las
condiciones laborales de los trabajadores sociales, surgen otros serios
interrogantes con respecto a la posición del profesional en su rol de fortalecer
a los sujetos y hacer efectiva una distribución de recursos y de poder, cuando él
mismo se encuentra en su trayectoria laboral en situación de debilidad (situación
contractual precarizada, multiempleo, discursos disciplinares hegemónicos que
inhiben o desgastan estrategias de intervención). Tal vez resulte necesaria una
mayor articulación al interior del colectivo profesional y con otros trabajadores
de las instituciones para no quedar aislados, sitiados y en consecuencia realizar
una intervención profesional que no logre redefinir trayectorias de vida.
Los trabajadores sociales son contratados por una institución para cumplir
un rol de retaguardia, de “resguardo de las últimas fronteras”, para atenuar las
47
necesidades que genera el conflicto social. Nuevamente aparecen dudas sobre
las estrategias en los procesos de empowerment. De todos modos, acordamos
con esta perspectiva en que la institución no debe ser pensada como un
obstáculo que limita la acción sino como aquellas condiciones reales de trabajo
que buscan imprimir un horizonte, en las cuales se darán abordajes que
expliciten el carácter político y una dimensión ético-política que puedan neutralizar
la típica alienación del trabajo asalariado.
Este nivel de abordaje se constituye en dos instancias, una primera en la
que se construye el soporte o andamiaje para sostener a quien demanda, y otra
a posteriori con una dimensión evidentemente política ligada a lo pedagógico-
político, direccionada hacia el logro de autonomía de individuos o colectivos.
La intervención se construye a diario, no en la soledad de la disciplina, sino
en una interacción con los saberes y poderes de otras profesiones, y
fundamentalmente recuperando y revalorizando el saber y la palabra de quien
la demanda. Creemos que no es tarea difícil si se consigue establecer una
relación clara entre “lo que es la intervención” y “lo que debe ser”, o entre el ser
y el deber ser profesional. Esta coherencia en la actitud asegura un profesional
crítico, reflexivo, renovado, comprometido ética y políticamente con la porción de
la realidad que se propone transformar.
Es necesario replantearse la intervención profesional alejada de la reiteración
y la repetición, es necesario que los profesionales sepan vincular las
intervenciones en la realidad cotidiana con un proceso de construcción y
reconstrucción permanente de categorías que posibiliten la crítica y la autocrítica
del conocimiento y la intervención. Se requiere de una interpretación particular
en cada situación concreta, en cada trayectoria social e individual.
Porque se trata de eso, de valorar al sujeto no sólo como una persona
cargada de deseos y frustraciones, sino “estimando” también su contexto, en el
cual se produce y reproduce, en una superposición de relaciones complejas
que se dan en un tiempo y espacio determinados.

Bibliografía
BOURDIEU, P. Razones Prácticas. Sobre la teoría de la acción. Barcelona, Anagrama,
1997.

BOURDIEU, P. y WACQUANT, L. Respuestas para una antropología reflexiva. México, Grijalbo,


1995.

FALEIROS, V. Estrategias de empowerment en Trabajo Social. Buenos Aires, Humanitas,


2003.

MOREAU, M. “Enfoque estructural en Servicio Social”, en Servicio Social y Sociedad. San


Pablo, Cortez, 1987.

48

También podría gustarte