EN BUSCA DE LOS
NEANDERTALES
Ulgalagy
Sea
GAMBLE
PaCS}
BOLSILLOCHRISTOPHER
STRINGER
Y
CLIVE
GAMBLE
EN BUSCA
DE LOS NEANDERTALES
La soluci6n al rompecabezas
de los origenes del hombre
Thais one
iin HH
J-
CRITICA
BarcelonaColeccién dirigida por
José Manuel Sanchez Ron
Catedratico de Historia de la Ciencia
y miembro de la Real Academia Espajiola
Primera edicién en DRaxonros BoLstiLo: enero de 2010
‘Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorizacién escrita de los titulares
del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproduccién toral
© parcial de esta obra por cualquier medio 0 procedimiento, comprendidos
la reprografia y el tratamiento informatico, y la distribucién de ejemplares
de ella mediante alquiler o préstamo piblicos.
Titulo original: In Search of the Neanderthals.
Solving the Puzzle of Human Origins
‘Thames & Hudson, Londres
‘Traducci6n castellana de Oriol Canals
Disefio de la cubierta: Jaime Fernindez
Iustracién de la cubierta: © ACI Online
Realizacién: Atona, S.L.
Fotocomposici6n: gama, s
© 1993: Christopher Stringer y Clive Gamble
Publicado por acuerdo con Thames & Hudson, Londres
© 1996, de la traduccién castellana para Espafia y América:
Cxtrica, S. L., Diagonal, 662-664, 08034 Barcelona
editorial@ed-criticaes
www.ed-critica.es
ISBN: 978-84-9892-044-4
Depésito legal: B-38474-2009
2010-Impreso y encuadernado en Espafia
por Litografia RosésPREFACIO
Algo al sur de Samarkanda, en el abrupto rinc6n sur-
oriental de Uzbekistan, hay una pequena caverna: la
cueva de Teshik Tash. Su nombre significa «roca con
una abertura», y fue aqui en este remoto confin del
Asia central, donde los arquedlogos exhumaron los
restos del esqueleto de un nifto hace hoy mds de cin-
cuenta aftos. Aquellos restos fueron reconocidos de in-
mediato como los huesos de un neandertal.
Las cuevas como Teshik Tash son, en efecto, rocas
con una abertura. Su contenido abre una ventana al
pasado, a otro mundo; un mundo en el que la gente
era fisicamente distinta a nosotros, y en el que pudo
sobrevivir durante decenas de miles de anos sin mu-
chos de los aspectos de la cultura (como el arte e inclu-
so tal vez el lenguaje) que nosotros estimamos compo-
nentes esenciales de nuestra condicién humana comin.
En este libro vamos a examinar a aquella gente no-
table, los neandertales. Notables porque son tan seme-
jantes a nosotros en muchas facetas, y sin embargo tan
distintos en muchas otras. Notables porque ningun
otro grupo de hombres prehistéricos ha sido objeto de
tanta atenci6n, ya fuera para convertirlos en figuras
burlescas, como obtusos cavernicolas portadores de
garrotes, ya fuera para vilipendiarlos. «Tenia los mo-
dales de un neandertal» equivale a calificar la conduc-to En busca de los neandertales
ta de alguien como la de un animal salvaje. Actual-
mente, las disciplinas que han estado intentando descifrar
las evidencias relativas a los neandertales se encuen-
tran atascadas en una virulenta polémica. El eje de la
disputa es el lugar que ocupan los neandertales en
nuestro abolengo. Simple y llanamente: son de los
nuestros o son extranos? 3Familia directa o parientes
lejanos?
Escribir este libro ha requerido el concurso de dos
de nosotros porque las pruebas se inscriben en dos ca-
tegorias generales: las bioldgicas, que incluyen desde
las anatomicas (derivadas de los fosiles) hasta las gené-
ticas; y las etolégicas o conductuales, contenidas en el
acta que levanto el pasado sobre sus modos de vida,
un acta denominada registro arqueol6dgico.
Seguin indican las evidencias actuales, los neanderta-
les vivieron hace entre 230.000 y 30.000 arios; un in-
tervalo realmente largo desde cualquier punto de vista.
Su mundo estaba circunscrito a Eurasia, desde las
montatias de Uzbekistan, en el este, hasta la meseta
ibérica en el oeste (véase la figura 1). Hacia el sur, la
frontera de aquel mundo corria paralela a las costas
septentrionales del Mediterraneo, sin franquear el um-
bral delimitado por las puertas de Jerusalén. Hacia el
norte, los limites de su territorio han quedado desdi-
bujados bajo los sucesivos avances 'y retrocesos de las
placas de hielo de la Era Glaciar, que han eliminado
practicamente todo rastro de asentamientos neander-
tales. Entre tales rastros habrian figurado esqueletos y
utensilios de piedra, campamentos y cavernas. Solo
ocasionalmente se descubre algun vestigio, como ha
sucedido en el norte de Gales; pero tales hallazgos son
muy infrecuentes.Prefacio 11
Los neandertales no estaban aislados. No fueron la
tinica poblacién humana sobre la faz de la Tierra du-
rante aquel periodo de 200.000 aitos. Estaban acom-
panados tanto hacia el sur como hacia el este, tanto en
Africa como en Asia, por otras poblaciones estrecha-
mente emparentadas con ellos, aunque provistas de
sus propios y distintivos rasgos fisicos. El Nuevo Mun-
do, por su parte, permanecia ignoto y deshabitado.
Todas aquellas gentes confeccionaban sus herramien-
tas liticas de un modo comparable y siguiendo pautas
semejantes. La forma en que se servian del paisaje y de
sus recursos estaba condicionada por los tipos de
animales y plantas disponibles en cada region. Para
simplificar, nos referiremos a los neandertales y a sus
vecinos anatémicamente premodernos como a los «ar-
caicos». Sus sucesores de fisico moderno (conocidos
en Europa bajo el nombre de cromanones, en referen-
cia al yacimiento en el que fueron descubiertos por pri-
mera vez) serdn para nosotros los «modernos». Sabe-
mos ahora que durante un tiempo considerable los
modernos coexistieron con los arcaicos. Es incluso
probable que durante muchos miles de anos las dife-
rencias fisicas fueran absolutamente irrelevantes en lo
que respecta al arte de la supervivencia, al uso de la
tecnologia y a la organizacion de sus sociedades. De
hecho, parece ser que los modernos (gente como noso-
tros) se comportaron literalmente como neandertales
durante un larguisimo intervalo de tiempo. El porqué
y el como de nuestro cambio es algo que tiene mucho
que ver con el destino de los neandertales.
Hoy en dia, lo que de remoto inspira Teshik Tash
nos recuerda también la antigiiedad de las evidencias
que contiene. Familiarizados como estamos tan sélo12 _ En busca de los neandertales
con las pocas décadas de nuestra propia existencia, o
tal vez con los centenares o escasos miles de aitos de
historia escrita, 3c6mo abordar la contemplacion de
las decenas de miles de anos que los neandertales pasa-
ron sobre el planeta Tierra? Sustituir el tiempo por dis-
tancia podria ser de alguna ayuda. En estos tiempos de
viajes aéreos el mundo ha encogido, y la nocién de
«mds de mil leguas» ya no nos aturde como le habria
sucedido a uno de nuestros antepasados medievales.
Veamos como puede ayudarnos esta sustitucion. Cu-
brir el trayecto desde Teshik Tash a Londres, una dis-
tancia aproximada de 5.000 kilémetros, habria resul-
tado de una lentitud extrema en una escala temporal
neandertalense de 200.000 anos. Mas 0 menos a 1 km
cada 40 anos. Después de 50.000 anos, sélo habria-
mos alcanzado Astrajdn, en las costas del mar Caspio;
y tras 100.000 anos de viaje, la capital de Ucrania,
Kiev. Continuando a este mismo paso de tortuga, ne-
cesitariamos otros 100.000 anos para alcanzar Euro-
pa occidental, donde han sido hallados los tltimos
neandertales.
Un vistazo al mundo neandertal revela una forma y
extension reminiscentes del mundo llamado civilizado
de la Grecia y la Roma clasicas. La comparacion no es
trivial. En primer lugar, una de las fuentes del interés
por los neandertales es la oportunidad que nos ofrecen
para el estudio de Europa y de sus pueblos. Del mismo
modo que la contribucién de Grecia y Roma a nuestra
civilizacién ha sido objeto de incontables referencias
por parte de investigadores y articulistas, algo no muy
distinto puede decirse de los neandertales y de su vin-
culacién con nosotros. En segundo lugar, estas gentes
arcaicas aparecen tan estrechamente ligadas a cuestio-Prefacio 13
nes de identidad y de herencia, de reproduccién y de
potencial humano, que la observacion cientifica no
puede eludir la sospecha, mds fundada incluso de lo
habitual, de hallarse impregnada por los juicios y pre-
juicios contempordneos. Descartemos las pretensiones
de objetividad cientifica. Muchos de tales juicios son
herencia del mundo clasico. De ellos, uno en particu-
lar destaca: el concepto aristotélico del esclavo natu-
ral. La practica definicién que regia para la sociedad
ateniense puede resumirse como sigue:
Idealmente, el esclavo natural deberia estar siempre
equipado con un cuerpo vigoroso, capaz de llevar a cabo
las tareas que la naturaleza le ha asignado; deberia ser
una bestia de espalda enorme, hombros cargados y gran
poderio fisico. El patrén natural, en cambio, entregado al
cultivo de sus superiores facultades racionales, deberia
ser ala vez delicado y bien proporcionado.!
He aqui una sutil distincién que, 2.000 anos mas
tarde, los cientificos se encargarian de desarrollar con
los huesos de los neandertales y los cromanones. Y jus-
tamente ahi reside el niicleo del actual debate sobre los
origenes del hombre moderno. Tenemos que pregun-
tarnos: squé papel desempena la naturaleza en la con-
figuracion de las adaptaciones, tanto fisicas como
etol6gicas? sQué umbral relativo al intelecto, a las ap-
titudes, a la apariencia fisica, separa al primitivo del
avanzado, al salvaje del civilizado? ;Qué entendemos
por estos términos y como puede el estudio del pasado
ayudarnos en nuestra busqueda de un mejor conoci-
miento de nosotros mismos? 3En qué medida estamos
atin intentando recrear y relacionarnos con un pasadoNORTE DE AFRICA
FicuRA 1. El mundo neandertal, con la ubicacion de los ya-
cimientos clave que se examinan en el texto y el frente de
avance maximo en Europa de los mantos de hielo durante el
Pleistoceno medio y el superior.16 En busca de los neandertales
muy remoto revistiéndolo simplemente con los rostros
familiares de las categorias sociales y étnicas de nues-
tro presente?2
El mundo neandertal, por lo tanto, es en buena me-
dida nuestro mundo. Hacemos hincapié en ello al
principio de nuestro relato de forma deliberada, pues
la ruta hacia una mejor comprensién de los neanderta-
les no tiene por qué estar erizada de obstdculos tales
como vertiginosos intervalos de tiempo, terminologias
indescifrables y procedimientos enigmdaticos para una
tipologia de los utensilios de piedra. Despejemos el ca-
mino de estos obstaculos, 0 por lo menos intentemos
allanarlo; penetremos en esta «roca con una abertu-
ra», y la oportunidad se nos brinda para acometer un
andlisis sociolégico que por lo general se considera
coto exclusivo de la imaginacion.1
¢ QUIENES FUERON LOS NEANDERTALES?
INTRODUCCION
Hasta mediados del siglo xrx, la busqueda de los ori-
genes del hombre empezaba y terminaba (por lo me-
nos en lo que respecta al mundo occidental) en el Jar-
din del Edén. En términos biblicos, Dios creé a Adan y
Eva como seres plenamente humanos, en realidad
como seres perfectos. No existié, pues, fase alguna se-
mihumana previa a Adan: ¢c6mo podria haber existi-
do cuando la pareja perfecta fue traida al mundo en el
momento mismo de su creacién, ocurrida segtin cier-
tos calculos sdlo en el afio 4004 a.C.? Entonces, hace
algo ms de siglo y medio, los gedlogos comenzaron a
sostener que el mundo era mucho, mucho mas antiguo
que todo eso, y mas tarde Charles Darwin formulé la
teorfa de la evolucion. Si los animales habian evolucio-
nado a partir de cierto estado «primitivo» anterior,
éno habia cierta seguridad de que los seres humanos
hubieran hecho lo propio? El mismo Darwin creia que
deberfamos volver nuestra mirada hacia Africa para
hallar la cuna ancestral de la humanidad.
Las investigaciones de los ultimos cuarenta afios han
demostrado que Darwin estaba en lo cierto. Gracias a18 En busca de los neandertales
una intensa labor de campo, sabemos ahora que las pri-
meras criaturas que caminaban erguidas y empleaban
herramientas a las que cabe clasificar como miembros
del género Homo habitaron el Africa subsahariana hace
mas de dos millones de afios. Junto a su esposa Mary,
Louis Leakey, descubridor pionero de nuestros ances-
tros africanos, bautiz6 a aquellas criaturas como Homo
habilis («hombre habil»). Otras especies que desarrolla-
ban una marcha erguida y que posiblemente también
utilizaran herramientas han sido halladas en el sur y el
este africanos (de ahi su nombre genérico, Australopi-
thecus 0 simio del sur, pese a que, en sentido estricto, no
son «simios» como los chimpancés). Los cientificos en-
cuadran a los australopitecinos (A. africanus, A. afaren-
sis, A. robustus, para citar las principales especies que
constituyen el grupo) junto al género Homo, en el gru-
po Hominidae, o familia de los hominidos. E! papel
exacto que los australopitecinos desempefiaron en la
evolucién humana —si es que desempefiaron alguno—
es en la actualidad objeto de discusién; sin embargo, no
cabe duda de que antes de extinguirse algunos de ellos
coexistieron no sdlo con Homo habilis sino también
con Homo erectus, la especie que le sucedié.
Homo erectus surgié en Aes hace alrededor de
1,7 millones de afios, y hace 1 millén de afios era ya la
unica especie de hominido superviviente en la Tierra.
Es en este punto donde emprendemos la narraci6én,
pues Homo erectus (conocido antafio como Pithecan-
thropus, u
También podría gustarte
Filo Sofia
Aún no hay calificaciones
Filo Sofia
3 páginas