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Fábulas con Moralejas para Reflexionar

Este documento presenta tres historias cortas. La primera historia trata sobre un gato y un ratón que vivían en un tronco hueco. Cuando son atrapados en una trampa, el gato convence al ratón de liberarlo a cambio de protección, pero el ratón mantiene su desconfianza. La segunda historia describe a un cerdo que se unió a un rebaño de carneros, pero fue capturado por el pastor. Los carneros le recriminan por quejarse, ya que a ellos también los atrapan pero no para comerlos. La tercera
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Fábulas con Moralejas para Reflexionar

Este documento presenta tres historias cortas. La primera historia trata sobre un gato y un ratón que vivían en un tronco hueco. Cuando son atrapados en una trampa, el gato convence al ratón de liberarlo a cambio de protección, pero el ratón mantiene su desconfianza. La segunda historia describe a un cerdo que se unió a un rebaño de carneros, pero fue capturado por el pastor. Los carneros le recriminan por quejarse, ya que a ellos también los atrapan pero no para comerlos. La tercera
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El gato y el ratón.

Un búho, una comadreja, un gato y un ratoncito, vivían en distintos


lugares de un tronco seco. Aunque eran enemigos naturales, y
desconfiaban uno del otro, ninguno dejaba su refugio. El dueño del
campo, un día decidió eliminarlos, colocó trampas y una red en la base
del tronco.
El primero en caer, fue el gato, que al verse en peligro comenzó a gritar.
Al escuchar el ratón se alegro, porque de esta manera se libraba de su
enemigo, pero el gato le dijo:
-Si yo muero quedaras a merced del búho y de la comadreja, que
quieren más que yo que seas su alimento, pero si me ayudas, en gratitud
te compensare protegiéndote.
El ratoncito libero al gato, y huyeron del lugar. Pasado el tiempo el gato,
se dio cuenta que el ratón aun le temía, así que le dijo:
-¿Piensas que he olvidado mi promesa, cuando me salvaste de la
trampa?
-¡No! - dijo el ratoncito-, pero tampoco olvido tu instinto, ni en que
circunstancias has hecho la promesa.
Moraleja: Jamás confiemos en alianzas que hizo el miedo, en pasando
el temor, valen un bledo.
El cerdo y los carneros

Había una vez una granja con todos sus animales.


El ella estaban las vacas, los caballos, los pollitos, los carneros y los
cerditos.
Un día, se metió un cerdo dentro de un rebaño de carneros, y pastaba
con ellos a diario.
Pero un día lo capturó el pastor y el cerdo se puso a gruñir y forcejar.
Los carneros lo regañaban por gritón, diciéndole:
- A nosotros también nos echa mano constantemente y nunca nos
quejamos.
- ¿Ah si?- replicó el cerdo- ¡Pero no es con el mismo fin! A ustedes les
echan mano por la lana, pero a mí es por mi carne.
Moraleja: Perder lo reponible no nos debe preocupar, pero sí el perder
lo que es irreparable.
Los dos amigos.

Una noche, uno de los amigos despertó sobresaltado. Saltó de la cama,


se vistió apresuradamente y se dirigió a la casa del otro. Al llegar,
golpeó ruidosamente y todos se despertaron. Los criados le abrieron la
puerta, asustados, y él entró en la residencia. El dueño de la casa, que lo
esperaba con una bolsa de dinero en una mano y su espada en la otra, le
dijo:
- Amigo mío: sé que no eres hombre de salir corriendo en plena noche
sin ningún motivo. Si viniste a mi casa es porque algo grave te sucede.
Si perdiste dinero en el juego, aquí tienes, tómalo. Y si tuviste un
altercado y necesitas ayuda para enfrentar a los que te persiguen, juntos
pelearemos. Ya sabes que puedes contar conmigo para todo.
El visitante respondió:
- Mucho agradezco tus generosos ofrecimientos, pero no estoy aquí por
ninguno de esos motivos. Estaba durmiendo tranquilamente cuando
soñé que estabas intranquilo y triste, que la angustia te dominaba y que
me necesitabas a tu lado. La pesadilla me preocupó y por eso vine a tu
casa a estas horas. No podía estar seguro de que te encontrabas bien y
tuve que comprobarlo por mí mismo.
Así actúa un verdadero amigo. No espera que su compañero acuda a él
sino que, cuando supone que algo le sucede, corre a ofrecerle su ayuda.
Moraleja: La amistad es eso: estar atento a las necesidades del otro y
tratar de ayudar a solucionarlas, ser leal y generoso y compartir no sólo
las alegrías sino también los pesares.
El caballo y el asno.

Un hombre tenía un caballo y un asno.


Un día que ambos iban camino a la ciudad, el asno, sintiéndose
cansado, le dijo al caballo:
- Toma una parte de mi carga si te interesa mi vida.
El caballo haciéndose el sordo no dijo nada al asno.
Horas más tarde, el asno cayó víctima de la fatiga, y murió allí
mismo.
Entonces el dueño echó toda la carga encima del caballo, incluso
la piel del asno. Y el caballo, suspirando dijo:
- ¡Qué mala suerte tengo! ¡Por no haber querido cargar con un
ligero fardo ahora tengo que cargar con todo, y hasta con la piel
del asno encima!
MORALEJA: Cada vez que no tiendes tu mano para ayudar a tu
prójimo que honestamente te lo pide, sin que lo notes en ese
momento, en realidad te estás perjudicando a ti mismo.
El médico ignorante

Érase un enfermo al que muchos médicos habían asegurado


que, aunque no estaba en peligro, su mal sería de larga
duración; pero había un médico ignorante que le dijo que tomara
todas sus disposiciones porque no pasaría del día siguiente.
Al cabo de algún tiempo, el enfermo se levantó y salió pálido y
caminando con dificultad. Nuestro médico le encontró y le dijo:
-¿Cómo están, amigo, los habitantes del infiemo?
- Tranquilos - contestó -, porque han bebido el agua del Lecteo.
Pero últimamente Hades y la Muerte proferían terribles
amenazas contra los médicos porque no dejan morir a los
enfermos, y a todos los apuntaban en su libro. Iban a apuntarte a
tí también, pero yo me arrojé a sus pies jurándoles que no eras
un verdadero médico y diciendo que te habían acusado sin
motivo.
Moraleja: Ten cuidado con los que pretenden arreglar tus
problemas sin tener preparación para ello.
El padre y las dos hijas

Un padre tenía dos hijas. Una casó con un hortelano y la otra con
un fabricante de ladrillos. Al cabo de un tiempo fue a visitar a la
casada con el hortelano, y le preguntó sobre su situación. Ella
dijo:
-Todo está de maravilla conmigo, pero sí tengo un deseo
especial: que llueva todos los días con abundancia para que así
las plantas tengan siempre suficiente agua.
Pocos días después visitó a su otra hija, también preguntándole
sobre su estado. Y ella le dijo:
-No tengo quejas, solamente un deseo especial: que los días se
mantengan secos, sin lluvia, con sol brillante, para que así los
ladrillos sequen y endurezcan muy bien.
El padre meditó: si una desea lluvia, y la otra tiempo seco, ¿a
cual de las dos le adjunto mis deseos?
Moraleja: No trates nunca de complacer y quedar bien con todo
el mundo. Te será imposible.
El avaro y el oro

Un avaro vendió todo lo que tenía de más y compró una pieza de


oro, la cual enterró en la tierra a la orilla de una vieja pared y
todos los días iba a mirar el sitio.
Uno de sus vecinos observó sus frecuentes visitas al lugar y
decidió averiguar que pasaba. Pronto descubrió lo
del tesoro escondido, y cavando, tomó la pieza de oro,
robándosela.
El avaro, a su siguiente visita encontró el hueco vacío y
jalándose sus cabellos se lamentaba amargamente.
Entonces otro vecino, enterándose del motivo de su queja, lo
consoló diciéndole:
- Da gracias de que el asunto no es tan grave. Ve y trae una
piedra y colócala en el hueco. Imagínate entonces que el oro aún
está allí. Para ti será lo mismo que aquello sea o no sea oro, ya
que de por sí no harías nunca ningún uso de él.
Moraleja: Valora las cosas por lo que sirven, no por lo que
aparentan.
La zorra y el leñador

Una zorra estaba siendo perseguida por unos cazadores cuando


llegó al sitio de un leñador y le suplicó que la escondiera. El
hombre le aconsejó que ingresara a su cabaña.
Casi de inmediato llegaron los cazadores, y le preguntaron al
leñador si había visto a la zorra.
El leñador, con la voz les dijo que no, pero con su mano
disimuladamente señalaba la cabaña donde se había escondido.
Los cazadores no comprendieron la señas de la mano y se
confiaron únicamente en lo dicho con la palabra.
La zorra al verlos marcharse, salió sin decir nada.
Le reprochó el leñador por qué a pesar de haberla salvado, no le
daba las gracias, a lo que la zorra respondió:
-Te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca hubieran
dicho lo mismo.
Moraleja: No niegues con tus actos, lo que pregonas con tus
palabras.
Las ranas pidiendo rey

Cansadas las ranas del propio desorden y anarquía en que


vivían, mandaron una delegación a Zeus para que les enviara un
rey.
Zeus, atendiendo su petición, les envió un grueso leño a su
charca.
Espantadas las ranas por el ruido que hizo el leño al caer, se
escondieron donde mejor pudieron. Por fin, viendo que el leño no
se movía más, fueron saliendo a la superficie y dada la quietud
que predominaba, empezaron a sentir tan grande desprecio por
el nuevo rey, que brincaban sobre él y se le sentaban encima,
burlándose sin descanso.
Y así, sintiéndose humilladas por tener de monarca a un simple
madero, volvieron donde Zeus, pidiéndole que les cambiara al
rey, pues éste era demasiado tranquilo.
Indignado Zeus, les mandó una activa serpiente de agua que,
una a una, las atrapó y devoró a todas sin compasión.
Moraleja: A la hora de elegir los gobernantes, es mejor escoger
a uno sencillo y honesto, en vez de a uno muy emprendedor pero
malvado o corrupto.
El herrero y su perro

Un herrero tenía un pequeño perro, que era un gran favorito para


su amo, y su compañero constante.
Mientras él martilleaba sus metales el perro permanecía dormido;
pero cuando, por otra parte, el herrero iba a la comida y
comenzaba a comer, el perro se despertaba y meneaba su cola,
como pidiendo una parte de su comida.
Su amo un día, fingiendo estar enojado y golpeándolo
suavemente con su palo, le dijo:
-¡Usted pequeño holgazán desgraciado! ¿qué le haré? Mientras
martilleo en el yunque, usted duerme en la estera; y cuando
comienzo a comer después de mi trabajo duro, usted se
despierta y menea su cola pidiendo el alimento. ¿No sabe usted
que el trabajo es la fuente de cada bendición, y que ninguno,
sólo aquellos que trabajan tienen derecho a comer?
Moraleja: Quien no trabaja, no come.
El lobo con piel de oveja

Pensó un día un lobo cambiar su apariencia para así facilitar la


obtención de su comida. Se metió entonces en una piel de oveja
y se fue a pastar con el rebaño, despistando totalmente al
pastor.
Al atardecer, para su protección, fue llevado junto con todo el
rebaño a un encierro, quedando la puerta asegurada.
Pero en la noche, buscando el pastor su provisión de carne para
el día siguiente, tomó al lobo creyendo que era un cordero y lo
sacrificó al instante.
Moraleja: Según hagamos el engaño, así recibiremos el daño.
Las ranas y el pantano seco

Vivían dos ranas en un bello pantano, pero llegó el verano y se


secó, por lo cual lo abandonaron para buscar otro con agua.
Hallaron en su camino un profundo pozo repleto de agua, y al
verlo, dijo una rana a la otra:
- Amiga, bajemos las dos a este pozo.
- Pero, y si también se secara el agua de este pozo, -- repuso la
compañera --, ¿ Cómo crees que subiremos entonces ?
Moraleja: Al tratar de emprender una acción, analiza primero las
consecuencias de ella.
El buen rey león

Había un león que no era enojoso, ni cruel, ni violento, sino


tratable y justo como una buena creatura, que llegó a ser el rey.
Bajo su reinado se celebró una reunión general de los animales
para disculparse y recibir mutua satisfacción: el lobo dio la paz al
cordero, la pantera al camello, el tigre al ciervo, la zorra a la
liebre, etc.
La tímida liebre dijo entonces:
-- He anhelado ardorosamente ver llegar este día, a fin de que
los débiles seamos respetados con justicia por los más fuertes.
E inmediatamente corrió lo mejor que pudo.
Moraleja: Cuando en un Estado se practica la justicia, los
humildes pueden vivir tranquilos..., pero no deben atenerse.
El náufrago

Navegaba un rico ateniense en una nave junto con otros


pasajeros. De pronto, a causa de una súbita y violenta
tempestad, empezó rápidamente a hacer agua el navío.
Y mientras los demás pasajeros, con su esfuerzo, trataban de
salvarse a nado, el rico ateniense, invocando a cada instante a la
diosa Atenea, le prometía efusivamente toda clase de ofrendas si
por su medio lograba salvarse.
Uno de los náufragos que lo oía a su lado le dijo:
- Pide a Atenea, pero también a tus brazos.
Moraleja: Cuando pidas ayuda en tus problemas, primero
demuestra que ya estás trabajando para solucionarlos.
El lobo orgulloso y el león

Vagaba cierto día un lobo por lugares solitarios a la hora en que


el sol se ponía en el horizonte, y, viendo su sombra bellamente
alargada, exclamó:
- ¿ Cómo me va a asustar el león con semejante talla que tengo
? ¡ Con treinta metros de largo, bien fácil me será convertirme en
rey de los animales !
Y mientras soñaba con su orgullo, un poderoso león le cayó
encima y empezó a devorarlo. Entonces el lobo, cambiando de
opinión se dijo:
- La presunción es causa de mi desgracia.
Moraleja: Nunca valores tus virtudes por la apariencia con que
las ven tus ojos, pues fácilmente te engañarás.
Las mulas y los ladrones

Dos mulas bien cargadas con paquetes andaban con dificultad


por el camino. Una cargaba sacos con dinero, y la otra llevaba
granos.
La mula que llevaba el dinero andaba con la cabeza erguida,
como si supiera del valor de su carga, y movía de arriba abajo
las campanas sonoras sujetadas a su cuello. Mientras tanto, su
compañera seguía con el paso tranquilo y silencioso.
De repente unos ladrones se precipitaron sobre ellas desde sus
escondrijos, y en la riña con sus dueños, la mula que llevaba el
dinero fue herida con una espada, y avariciosamente tomaron el
dinero sin hacer caso del grano.
La mula que había sido robada y herida se lamentó sus
desgracias. La otra contestó:
-Estoy en efecto muy contenta de que fui despreciada, pues no
he perdido nada, y tampoco me hicieron daño con herida alguna.
Moraleja: La ostentación bulliciosa de la riqueza sólo trae
desventuras.
El Viento del Norte y el Sol

El Viento del Norte y el Sol disputaban sobre sus poderes, y


decidieron conceder la palma al que despojara a un viajero de
sus vestidos.
El Viento del norte empezó de primero, soplando con violencia; y
apretó el hombre contra sí sus ropas, el Viento del Norte asaltó
entonces con más fuerza; pero el hombre, molesto por el frío, se
colocó otro vestido. El Viento del Norte, vencido, se lo entregó al
Sol.
Este empezó a iluminar suavemente, y el hombre se despojó de
su segundo vestido; luego lentamente le envió el Sol sus rayos
más ardientes, hasta que el hombre, no pudiendo resistir más el
calor, se quitó sus ropas para ir a bañarse en el río vecino.
Moraleja: Es mucho más poderosa la persuasión que la
violencia.
Los lobos reconciliándose con los perros

Llamaron los lobos a los perros y les dijeron:


- Oigan, siendo ustedes y nosotros tan semejantes, ¿por qué no
nos entendemos como hermanos, en vez de pelearnos? Lo único
que tenemos diferente es cómo vivimos. Nosotros somos libres;
en cambio ustedes sumisos y sometidos en todo a los hombres:
aguantan sus golpes, soportan los collares y les guardan los
rebaños. Cuando sus amos comen, a ustedes sólo les dejan los
huesos. Les proponemos lo siguiente: dennos los rebaños y los
pondremos en común para hartarnos.
Creyeron los perros las palabras de los lobos traicionando a sus
amos, y los lobos, ingresando en los corrales, lo primero que
hicieron fue matar a los perros.
Moraleja: Nunca des la espalda o traiciones a quien
verdaderamente te brinda ayuda y confía en ti.
El León y la liebre

Sorprendió un león a una liebre que dormía tranquilamente.


Pero cuando estaba a punto de devorarla, vio pasar a un ciervo.
Dejó entonces a la liebre por perseguir al ciervo.
Despertó la liebre ante los ruidos de la persecución, y no
esperando más, emprendió su huida.
Mientras tanto el león, que no pudo dar alcance al ciervo, ya
cansado, regresó a tomar la liebre y se encontró con que se
había escapado.
Entonces se dijo el león:
-Bien me lo merezco, pues teniendo ya una presa en mis manos,
la dejé para ir tras la esperanza de obtener una mayor.
Moraleja: Si tienes un pequeño beneficio no lo abandones por
uno mayor, ya que podrías perderlo todo.
. La gallina y el diamante.

Una Gallina al revolver con sus patas un basural, encontró una


piedra preciosa. Sorprendida de verla en aquel lugar inmundo,
le dijo:
-¿Cómo tú, la más codiciada de las riquezas, estás así de
humillada en este estiércol?. Otra suerte habría sido la tuya si la
mano de un joyero te hubiera encontrado en este sitio, sin duda
indigno de ti.
El joyero con su arte, hubiera dado mayor esplendor a tu brillo;
en cambio yo, incapaz de hacerlo, no puedo remediar tu triste
suerte. Te dejo donde estás, porque de nada me sirves.
Moraleja: La ciencia y la sabiduría nada valen para los necios e
ignorantes.
La mujer y la gallina.

Había una vez una gallina que ponía todos los días un huevo de
oro. Su dueña se frotaba las manos de contenta, pero una
mañana se dijo para sí:
-Si con lo que come pone un huevo al día, si le diera el doble de
grano tal vez pondría dos.
Dicho y hecho. Desde aquel día, la gallina tuvo doble ración de
alimento. Así que empezó a engordar y a engordar, y tan gorda
se puso que no pudo poner ya más huevos.
Moraleja: Por ser avara, al final la mujer se quedó sin nada.

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