Procedimientos de Interpretación de Leyes
Estefanía Hoyuela Cruz
Estefania.HC92@[Link]
El interpretar en el ambiente jurídico, aunque lo primero no sea tópico exclusivo del derecho pues también se
presenta en el campo filosófico, siempre se ha manifestado para los juristas como un tema de singular interés
pues el punto mismo puede presentar diversas aristas (desde una actitud simple hasta el momento en que el
juez coteja hechos y pruebas presentados durante una audiencia, pues éste último no puede interpretar la ley
para crear más ley que la que el pueblo quiere) y cuando se menciona al juez es porque; aunque el abogado
resulta siendo el nivel básico del primer mencionado al ser el primer peldaño para llegar al puesto judicial; es
este personaje quien lleva a cabo las labores interpretativas pues pese a que a través de su sentencia no
altera la ley como tal (mucho menos para crear más normas excepto en casos muy excepcionales como la
oscuridad de ley o la falta de solución al problema planteado) puede jugar con el cambio en el significado de
las palabras que ésta contenga.
Sin embargo, esta última frase "jugar con el cambio en el significado de las palabras (…)" da apertura a la
siguiente cuestión: ¿se encuentra el juez, personaje protagónico, más no exclusivo, durante la interpretación
de la ley, ejerciendo la interpretación del derecho a través de su aplicación o, en su defecto, se encuentra
creando derecho mismo?
El concepto de interpretación.
La interpretación puede ser definida como aquella acción donde se dilucida el sentido que pueda tener una
expresión (ya sea ésta física o significativa) y en el ámbito legal, es el momento en que se busca establecer el
significado o alcanzadura de una ley; ahora que se ha explayado la interpretación como tal, se puede derivar
al siguiente punto: ¿Cómo es que se puede llegar a definir aquello que el legislador ha plasmado a través de
la formulación de nuevas leyes y reformas en las antiguas?
Para ello, el juez, así como cualquier individuo capaz de interpelar el sentido de alguna disposición, cuenta
con numerosos procedimientos para llevar a cabo la interpretación que se ha mencionado inicialmente. Si bien
estos métodos no surgen por sí mismos, si se encuentran derivados del método exegético (la cual a su vez vio
su nacimiento en la escuela de la Exégesis, cuya existencia meramente se da con el motivo de revelar la
intención de los legisladores a través de sus interpretaciones), los cuales, como se mencionó anteriormente,
pretenden auxiliar en el descubrimiento a todo aquél que pretenda realizar una interpretación de la manera
más eficaz posible.
Clasificación de los procedimientos de interpretación de leyes
Siendo que el vocablo “numerosos” no representa un modo adecuado, se pueden encontrar siete
procedimientos, básicos, para llevar a cabo la interpretación de la ley. El primero podría mencionarse como el
método de interpretación gramatical, el cual podríamos definir como aquella forma cuyo propósito radica en el
descubrimiento del sentido a una norma o solamente a una porción radicante en el texto de la norma misma,
esto es, en palabras más simples, el punto en el que el contenido de una ley puede llegar a ser transparente y
claro al grado de que resulta imposible cualquier intento de confusión o análisis inexacto; siendo esto posible
gracias a que el significado de los términos que se utilizan en el texto legal, suelen tener coincidencias en el
lenguaje popular que utilizan los miembros de toda una comunidad empero en ocasiones se llega a utilizar el
lenguaje técnico distintivo de una norma. Aun así, a pesar de mostrarse como el procedimiento más sencillo
y/o digerible del resto de su clase, también presenta problemas al llegar al punto donde crea una disyuntiva
sobre delegar a una expresión un sentido literal de manera individual o si entregarle tal sentido de modo que
vaya acorde al contexto en el que se encuentra. ¿Porque se crea esta disyuntiva? Sencillamente, se origina
este dilema siendo que la ley y su significado determinan que primeramente se debe entender del mismo
modo las frases y vocablos de forma individual pero a su vez exige que exista una concordia con el texto
legal, entonces, ¿cómo se podrá saber cuál interpretación es la correcta para elegir de entre todas las
factibles? Naturalmente, tomará relevancia por encima de las demás aquella que facilite una visión objetiva
hacia otra disposición, provocando que se dé una mejor concordancia específica.
A pesar de que la interpretación literal puede observarse como un procedimiento donde cada palabra se toma
con su sentido estricto, puede resultar todo lo contrario; ya que no es de estricto rigor el que brinde
significados simplemente por la gramática de su texto, en cambio, la exigencia de dar una interpretación veraz
a éste último, da pie a que se origine un embrollo al momento de su escritura. Entonces, considerando su
capacidad de ofertar diversas acepciones, esta interpretación literal puede subdividirse en dos clases: la
interpretación restrictiva (la cual contiene el aspecto en el que se pretende respetar la voluntad del legislador
de la manera más fiel, el segundo aspecto donde delimita el significado de las palabras halladas en cualquier
texto y el último, donde se reduce la extensión de la palabra para llevarla a un modo de mayor seguridad para
garantizar la aceptación de la mayoría) y la interpretación extensiva (cuya consistencia se basa en utilizar el
significado de un texto para así poder dar aplicación en conductas que no se encuentran bien definidas,
literalmente, en la norma que se pretenda usar en cuestión.)
La segunda interpretación con la que puede encontrarse, es la sistemática donde, al contrario de la literal
(donde quedó establecido previamente que se toma a la norma "al pie de la letra"), en esta clase de
interpretación, el juez o el sujeto interesado en esta actividad jurídica, requiere remover, del texto de la norma
de su interés, el enunciado que guarde un sentido apropiado para el contexto en general. Siendo esto, podría
decirse que una norma, o una parte de esta, no deben ser objeto de interpretación solitaria, en cambio, deben
ser interpretadas junto al resto de las demás normas o porciones que forman un todo del ordenamiento. Con
esto, se puede explicar el que una norma no solamente tiene razón gracias a lo que puede expresar, también
por la relación que puede guardar para con el resto.
Para explicarse de manera más concisa el coligado que se realiza entre una norma y el resto del mismo
carácter que la primera o bien entre las cláusulas existentes en un contrato, se ha podido observar que siendo
las primeras (las normas) forman parte de un conjunto, se miran impedidas para tener un significado
diferencial del resto, siendo aún más improbable el que posean un carácter antípoda ya que no es posible el
que se vislumbren como una sencilla colecta de disposiciones, en cambio, deben ser vistas como un sistema
real; debido a todo esto, la interpretación sistemática conlleva a la comprensión de una norma en particular en
su función como texto y de modo correspondiente al último citado.
En un principio se mencionaba al juez como el personaje protagonista en esta obra de la interpretación y sus
procedimientos, pues ha sido esto con justa razón ya que, al igual que con la interpretación literal, este ente
jurídico también hace uso de la interpretación sistemática en el momento en que se mira obligado a
argumentar el vínculo ya antes mencionado que se halla entre la norma cuyo significado cita y el de las del
sistema en que dicha norma se encuentra.
Anteriormente en este documento, se ejemplificaba la sistematización entre las cláusulas de un contrato, todo
esto debido a que el contrato es un compuesto parecido al sistema humano: en el sistema humano se
requieren células que en conjunto dan pie a fibras y éstas últimas, a su vez agrupadas, originan un órgano y
de la aglomeración compleja de estos, resulta un sistema funcional al que llamamos cuerpo; de misma
manera, las cláusulas forman un conjunto para dar una función al contrato pues cada disposición tiene un
carácter bilateral: por una parte se ve vinculada a la disposición anterior y por otra, deriva y propina el efecto
de la siguiente, logrando así, el que sea posible la existencia de uniones lógicas entre los puntos diferentes
para arribar a un análisis completo.
Concluyendo entonces, que todo este sistema complejo, pero interesante, de interpretación, nos conduce en
ocasiones a la fabricación del derecho; siempre que en un sistema jurídico en específico, se hallen frases
distintivas escasas de algún elemento que les delegue transparencia lo suficiente como para concretar el
alcance que puedan tener, en donde, dado el caso, sería menester asistir a los enunciados restantes para
completar aquellos que resulten insuficientes en contenido o confusos siempre que en un sistema jurídico en
específico, se hallen frases distintivas escasas de algún elemento que les delegue transparencia lo suficiente
como para concretar el alcance que puedan tener, en donde, dado el caso, sería menester asistir a los
enunciados restantes para completar aquellos que resulten insuficientes en contenido o confusos e inclusive
cabría mencionar un punto llamativo sobre este proceso de interpretación: el proceso sistemático no hace uso
exclusivo de la conexión corpórea existente entre preceptos como apoyo, además, utiliza antecedentes
históricos o doctrinales para ellos puesto que, como se hizo mención previa, las normas son bilaterales y ésta
característica es incluyente con los antecedentes últimos (pues la historia y la doctrina son utilizadas para
esclarecer lo previo y dar lógica a lo próximo).
En pocas palabras, la conveniencia de este proceso, es el esquivar las contradictorias que puedan sucederse
entre las normas variadas de cualquier sistema jurídico para comprenderlas entonces como las partes de un
conjunto.
A continuación, se hace mención del siguiente procedimiento, el cuál sería la interpretación histórica. ¿Cómo
podría definirse esta interpretación? Se trata de la interpretación que lleva a cabo el estudio de precedentes
existentes cuyo carácter es capaz de intervenir en la comprensión presente de la norma. Podría decirse que,
cuando se hace ejercicio de las dos interpretaciones previas (tanto la gramatical como la sistemática) se deja
una ventana abierta a la interrogante sobre los requerimientos que tendría el legislador en el momento que se
creó la norma y es el proceso histórico el encargado de indagar el sentido de la ley.
Y con esta argumentación, se puede respaldar el acto de adjudicar significado a un enunciado que va de
acuerdo con la manera en que los legisladores en la historia han venido regulando a manera que se da forma
al enunciado actual. Ahora bien, a este procedimiento histórico se le pueden derivar dos formas: la estática
(que es aquella forma de carácter tradicional en la que se comprende a una institución jurídica o figura ya que
pese a que el legislador puede elaborar nuevas normas, se sigue comprendiendo la intención de éste para no
alejarse del espíritu que radica en la institución jurídica donde ha regulado) y la dinámica (también llamada
evolutiva, estriba su motivo en utilizar la historia detrás de las instituciones ya mencionadas para fijar una
tendencia con miras al futuro, dándole rasgos futuristas, o al contrario, convirtiéndose en un proceso
contenedor de rupturas y cambios en circunstancias que complican la comprensión de las reglas actuales.)
Sin importar cuál de las dos vertientes se mire, algo es claro: El legislador no debe mirarse exclusivamente
como un ser que muta con el transcurso del tiempo y solamente vigente en la duración de cada legislatura, en
cambio, debe vérsele como un ente cuya existencia es permanente a través del tiempo ya que, cuando
participa en el proceso de creación de leyes no se ve aplicable en un espacio específico de tiempo ya que
estas leyes a crear, permanecerán por demasía en tiempo a comparación de los miembros de las cámaras
que la hayan originado en ese periodo, inclusive aunque se susciten controversias en los criterios con motivo
de la variación de circunstancias.
En pocas palabras, el procedimiento de interpretación histórica tiene como fin el delegar un significado a
alguna norma tomando en cuenta los precedentes a la misma, siendo así, que los jueces podrán realizarla
basándose en algún caso que ya haya sido resuelto previamente donde se haya interpretado una norma con
las mismas características racionales.
Por añadidura, cabe realizar la mención del procedimiento de interpretación genética, el cual ampara en los
motivos que dieron causa al nacimiento de la ley o del contrato ya que resulta en obviedad el hecho de que
ninguno de los dos se genera espontáneamente y sin ningún motivo aparente. Sirva de ejemplo: las normas
legales nacen con el motivo de moderar algún acontecimiento que aparece en la comunidad, siendo así éste
de interés común; con esto dicho, si se elevan las tazas de robos en un poblado inespecífico, ello provocará
que las penas para castigar este delito, se tornen más rigurosas, o en el caso de un contrato cuando son
celebrados entre partes gracias a su necesidad o beneficios que tengan para ceder u obtener bienes y
servicios.
Todo esto en algunas ocasiones puede tener utilidad para poder dar sentido a los textos controversiales y es
ahí donde la interpretación genética hace acto de presencia, pues ésta es capaz de encargarse de las causas
u origen que motiva la ley o los pactos. De cualquier modo, a pesar de que esta interpretación puede
relacionarse grandemente con la interpretación histórica, nunca debe cometerse el error de confundir una con
la otra, ya que aunque la primera tiene en consideración las circunstancias del momento en que se originó la
norma así como las condiciones sociales de esa época, la segunda vincula más a la causa como origen y su
motivación de la norma a través de diferentes épocas.
En conjunto, se puede mencionar la esencia del argumento genético que forma parte de este procedimiento,
el cual radica en acertar con los motivos de un proceso inespecífico, llevando a la conclusión de que la
interpretación genética existe con el motivo de definir el origen de una norma tomando en cuenta el cómo se
han comportado las partes involucradas durante el proceso.
En cuanto a la interpretación teleológica, podemos definir su propósito como aquel en el que busca adjudicar
significado a alguna norma entendiendo la finalidad de ésta. Con esta definición, se comprende el que al
intentar encontrar un sentido en alguna norma, lo que se exige a través de este acto es el dar con la finalidad
que se propuso en el momento que se decidió crear (a la norma), una finalidad cuya objetividad radica en su
percepción, determinación y su vinculación, todo a una realidad.
Comprendiéndose que lo último que se busca, es hacer referencia a los fines subjetivos que pueda poseer
algún particular o grupo. ¿Y que podría considerarse como la finalidad para la ley? Pueden mencionarse
numerosas finalidades: El asegurar un final justo para las querellas judiciales, el salvaguardar los bienes
jurídicos y la existencia de un proceso judicial justo o dar solución a algún problema general que surja y
muchas más.
En resumidas cuentas, es conocido que a pesar de que a este proceso de interpretación se le pondera casi en
su totalidad como el procedimiento más importante ya que se encuentra enfocado en manifestar el designio
final de la norma y el cómo es una herramienta efectiva en la resolución de controversias en la sociedad, en
obtener una paz para ésta última y organizar la vida de sus miembros; empero, no debe observársele como
un procedimiento excelso pues de hacerlo, se podría recurrir a la equivocación de otorgar a la norma un fin
que satisfaga la predilección particular de quien la interpreta.
Por ello, cabe añadir el tópico sobre el argumento teológico, originario del mencionado procedimiento, al cual
se hace alusión cuando se es necesario llevar a cabo el empleo de un alegato con motivo para dar una
solución que sea capaz de secundar al objetivo que se determine, siendo del mismo interés si todo es
esencial para el derecho o si simplemente es esto contribuido por alguna norma; resultando así en la
importancia que radica en el justificar alguna característica específica del significado de un precepto en cuanto
a su finalidad, comprendiendo finalmente que la norma es un transporte para llegar al fin.
A pesar de que podría considerársele como una teoría interpretativa, el procedimiento para la interpretación
acorde al uso alternativo del derecho, se manifiesta como ésta busca agraciar los intereses de aquellos que
pueden ser vistos como entes jurídicos que podrían encontrarse dominados o subordinados; siendo éstas sus
pretensiones, la interpretación acorde al uso alternativo del derecho debe, sin duda alguna, apadrinar rasgos
que reintegren y emancipen para poder esquivar el darle un carácter personal o añadir la voluntad de quien
interpreta a través de este procedimiento.
El juez, o cualquier otro que busque realizar la interpretación, debe tener un destello de curiosidad
investigativa, pues para llevar a cabo este procedimiento acorde al uso alternativo del derecho, debe ser
cercano al sistema jurídico así como a la investigación de hechos y ser capaz de desprenderse de sus propios
prejuicios. Para lograr estos puntos, el intérprete cuenta con niveles de fuentes que han sido establecidos por
el mismo sistema así como una metodología que se concluye a través de diferentes reglas específicas que así
le concederán el descubrimiento de cuáles normas pueden ser aplicadas así como sustentar las
particularidades tales como un carácter objetivo e imparcial.
En esta travesía de interpretación, el ente tiene como objetivo el hallazgo correcto de vínculos que logren unir
la estructura base de los conceptos jurídicos con la totalidad social así como ejercer un análisis de las
funciones que pueden tener diferentes órganos jurídicos que se relacionen con la manera en que se
distribuyen los poderes en su sociedad, o sea, este personaje cuenta con la convicción de recobrar una
realidad entre las normas y las estructuras de la sociedad.
De tal manera, que siguiendo el sendero previo, el intérprete podrá arribar a una elucidación en la que se
promueve el favorecimiento a la posición de un sujeto en clara desventaja, desvalido o dominado ya que, el
sentido que le otorgue a la norma, será aquella acepción que resulte en una gama mucho más amplia en
cuanto a beneficios, quedando esto último sobrepuesto a la raquítica escala social en la que se encuentra.
En cuanto a la interpretación analógica (o también llamada extensiva) podemos comenzar por mencionar que
aunque pareciera contradictorio relacionar la integración con la interpretación, en realidad, nunca se trata de
mezclar ambos tópicos. La situación que se presenta, es debido a que la analogía, siendo capaz de desplazar
una solución ya contemplada de un caso a otro enteramente diferente (a pesar de no encontrarse regulado
empero sea parecido al original) tiene una noción un tanto arraigada ya que es permisiva en el aspecto de la
utilización un tanto excesiva de lagunas con la justificación de identificar la razón.
Así mismo, a este procedimiento analógico se le ha designado característica de vista interpretativa, pues se
lleva a cabo en el momento en que el juez comienza la explicación de una disposición que ha terminado con
un significado vacilante empero presente en la orden jurídica mientras se es comparado con otra cláusula o
disposición que resulte correcta o por lo menos con menor carácter tergiversado, utilizando así la comparación
de las dos disposiciones.
Siendo así, que se ha evaluado a este procedimiento de interpretación analógico como un punto medio entre
el arte de analizar y la capacidad de constituir; por ello también se menciona que el objeto de este
procedimiento, es el poseer un establecimiento de la voluntad que sea claro pero tampoco se encuentre
exento de lagunas ya que es requerimiento que también sea capaz de brindar forma a través de una
reacomodo de las conjeturas posibles dentro de una declaración, todo esto basado en el supuesto de voluntad
en ambas partes; permitiendo así, el lograr saciar el vacío en una regulación de contrato.
Para poder ser realizado, este procedimiento de interpretación cuenta con variadas herramientas para su
cumplimiento, como lo es el argumento extensivo (que asume si el legislador ha hecho explícita la regulación
de los supuestos en un hecho) y el argumento a fortiori (un procedimiento que al darse una norma jurídica que
requiera un deber a un sujeto o a un conjunto, puede determinar el que cualquier otra norma que exija el
mismo deber, tendrá validez).
Finalmente, se podría mencionar que existen dos hipótesis dentro de esta interpretación: la prevista por el
legislador y a la que se da valor a través del argumento.
Con lo que, en conclusión, puede observarse que el tópico en cuanto a los procedimientos para la
interpretación de leyes es de campos diversos, que su ejercicio como tal no solamente depende del juzgador
(a pesar de la imagen que se tiene en la que él, como repartidor de justicia, debería ser el único capacitado
para la utilización de estas herramientas) sino de todo aquél miembro de la sociedad con una pizca de noción
para la identificación de leyes y su utilización. También, se cae en cuenta que la capacidad interpretativa, en
sus diferentes ámbitos y/o procesos, resulta con una adopción indispensable al tener que hacer acopio de
procedimientos que garanticen tanto a la materia como a su ejecutor, el éxito a través de la obtención de
resultados aceptables mientras se mantiene en observación que, al final del día, no es la ley propiamente
quien dicta una sentencia, sino al contrario, es el juez quien lo hace, debiendo actuar de manera adecuada
para siempre, en la medida de lo posible, salvaguardar la obtención de beneficios y asegurar la repartición de
justicia de manera adecuada; siempre siendo explícito y claro al momento de exponer los motivos que se
encuentren detrás de cada decisión tomada a través de dictados de sentencias o audiencias de carácter
distinto.
Y, aunque no guarda mucha relevancia el procedimiento a elegir para realizar una interpretación, tampoco se
puede declarar que alguno de ellos, o varios, se encuentran en completo desuso ya que, lo que más guarda
importancia es la manera de dar término en base a argumentos cargados de coherencia, consistencia y
abundancia en la persuasión.
Por ello, se considera que los procedimientos para la interpretación de leyes, es un tópico básico, y hasta
fundamental, para el desarrollo correcto de las leyes y normas jurídicas pues aunque se perciba la opinión
como algo absurdo y hasta repetitivo, un gran cambio comienza con una interpretación correcta, pues aunque
no siempre la equidad sea justa, con una buena interpretación, usando el proceso que se use, y a manos de
un juzgador capaz, podrá comenzarse paulatinamente los cambios que cualquier sociedad (puesto que no
existe alguna que cumpla con el carácter utópico de perfección) requiere para la satisfacción de sus
necesidades en cualquier ámbito que se requiera, desde el moral hasta el jurídico.
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