0% encontró este documento útil (0 votos)
110 vistas8 páginas

Determinantes

Este documento resume un libro titulado "El paradigma determinante en español. Origen nominativo, formación y características" de Tomás Jiménez Juliá. El libro argumenta que existe una categoría gramatical en español constituida por determinantes. Se divide en cuatro capítulos. El primero introduce los objetivos y revisa la literatura sobre determinantes. Los capítulos siguientes discuten cómo el caso nominativo latino dio origen al artículo español y cómo los demostrativos latinos evolucionaron para formar los determinantes españoles actuales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
110 vistas8 páginas

Determinantes

Este documento resume un libro titulado "El paradigma determinante en español. Origen nominativo, formación y características" de Tomás Jiménez Juliá. El libro argumenta que existe una categoría gramatical en español constituida por determinantes. Se divide en cuatro capítulos. El primero introduce los objetivos y revisa la literatura sobre determinantes. Los capítulos siguientes discuten cómo el caso nominativo latino dio origen al artículo español y cómo los demostrativos latinos evolucionaron para formar los determinantes españoles actuales.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Boletín de Lingüística

Universidad Central de Venezuela


boletindelinguistica@[Link]
ISSN (Versión impresa): 0798-9709
VENEZUELA

2007
Mercedes Sedano
RESEÑA DE "EL PARADIGMA DETERMINANTE EN ESPAÑOL. ORIGEN
NOMINATIVO, FORMACIÓN Y CARACTERÍSTICAS" DE TOMÁS JIMÉNEZ JULIÁ
Boletín de Lingüística, enero-junio, año/vol. XIX, número 027
Universidad Central de Venezuela
Caracas, Venezuela
pp. 153-159

Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal

Universidad Autónoma del Estado de México

[Link]
BOLETÍN DE LINGÜÍSTICA, Vol. XIX Nro 27 / Ene - Jun, 2007: 153 - 159 153

JIMÉNEZ JULIÁ, TOMÁS. 2006. El paradigma determinante en español.


Origen nominativo, formación y características. Universidad de Santiago
de Compostela: Anexo n° 56 de Verba. 294 pp.

Mercedes Sedano
Reseñado por
Universidad Central de Venezuela
msedanog@[Link]

El propósito de la obra es justificar la existencia de un paradigma


gramatical del español constituido por la categoría de los determinantes. La
obra se divide en cuatro capítulos y una recapitulación final.
El primer capítulo es el de la Introducción. En él se presentan los
objetivos de la investigación y se hace una revisión de la bibliografía sobre el
tema. El autor señala que la concepción inicial de los determinantes como
categoría gramatical aparece esbozada en Port Royal y es tratada por diversos
autores, aunque su estudio varía mucho dependiendo de la línea teórica del
investigador. Concluye que “el estudio de los determinantes desde una perspectiva
verdaderamente funcional y concebido como una categoría gramatical (no
semántica) está lejos de ser atendido adecuadamente” (p. 9). Añade que esto
se debe a que los determinantes suelen concebirse como unidades
pertenecientes a distintas categorías gramaticales que, si bien cubren una cierta
área semántica, no forman una verdadera clase gramatical, es decir, una clase
que pueda identificarse fundamentalmente por sus significantes.
Antes de entrar de lleno en el tema, Jiménez Juliá (en adelante JJ) cree
necesario señalar las bases en que apoya su concepción de los determinantes.
Son ellas las relacionadas, por un lado, con los procesos de gramaticalización y,
por el otro, con la idea de que las unidades gramaticales han de interpretarse
como los significantes del signo lingüístico. El autor define la gramaticalización
como “un tipo de cambio lingüístico consistente en la adquisición por parte
de una unidad o conjunto de unidades de un valor estructural que antes no tenía,
a cambio, normalmente, de perder otros rasgos de carácter léxico, sintagmático,
o ambos, que antes poseía” (p. 11). Atribuye a la gramaticalización, al igual
que otros autores, una especialización del valor gramatical de la entidad de
que se trate, lo cual tiene varias consecuencias: desgaste fonético y semántico
de esa entidad, pérdida de autonomía, frecuente obligatoriedad, paradigmati-
zación (comportamiento similar al de las unidades a las que se ha asimilado) y,
en muchas ocasiones, convivencia de la unidad original con la unidad gramati-
calizada. Con respecto a la idea de que las unidades gramaticales se relacionan
154 RESEÑADO POR MERCEDES SEDANO

con los significantes del signo lingüístico, dice lo siguiente: “la gramática
estudia unidades que tienen contenidos, pero lo que le interesa es […] el modo
como se expresan esos contenidos, esto es, los significantes, no los contenidos
en sí, que son estudiados por distintas sub-ramas de la semántica” (p. 29).
JJ considera que no es lo mismo la “determinación”, entendida como
el resultado de la aplicación de diversos recursos léxicos y gramaticales para
actualizar unidades lingüísticas “virtuales”, que los “determinantes”, que son
unidades pertenecientes a un sistema gramatical cerrado destinado a manifestar
determinación. Dicho en otros términos, todos los determinantes expresan deter-
minación, pero la determinación puede ser expresada también a través de for-
mas que no entran dentro de la categoría de los determinantes. El autor señala
que, para delimitar adecuadamente esta categoría en español, hay que tener en
cuenta el proceso de gramaticalización de ciertas unidades a partir de la
desaparición de la flexión casual del latín y, en particular, de la desaparición del
caso nominativo, que hizo surgir la expresión analítica, manifestada sin-
téticamente en latín.
En el siguiente capítulo, “Caso nominativo, tema y determinación”,
JJ comienza por describir el sistema de casos, y señala que no es lo mismo
“casos” que “funciones”: mientras “el caso es un sistema de identificación
asociado a las unidades nominales” (p. 52), “…las funciones gramaticales de
una lengua constituyen un sistema de asignación de papeles, explícitamente
expresados mediante medios gramaticales, a los participantes de un proceso”
(p. 51). Para ilustrar las diferencias, el autor presenta en un cuadro el fun-
cionamiento de los casos y de las funciones gramaticales en latín, y hace notar
la falta de correspondencia total entre unos y otras. Añade que los ejes
empleados para la configuración de un sistema funcional son, por un lado, el
eje temático que divide el sintagma u oración en dos bloques formados por el
“tema” y por lo que se dice sobre el tema y, por el otro, un segundo eje que
puede ser transitivo o ergativo. Añade que la característica del caso nominativo
no es la de ser sujeto, ya que no siempre lo es, sino la de funcionar como tema.
Esto explica, a juicio del autor, que funcionen como tema no solo los sujetos
gramaticales sino también ciertos anacolutos que, aunque se consideren
“incorrectos”, marcan claramente, en la conciencia de los hablantes, aquello
de lo que se habla. JJ hace notar que el tema es necesariamente presentativo,
puesto que recae siempre en la unidad destinada a presentar aquello de lo que
va a tratar el predicado. Añade que, dada su naturaleza, esa unidad debe ser o
genérica o anafórica, pero nunca indefinida ya que la indefinición se asocia a
unidades que carecen de “referencialidad concreta” (p. 99).
EL PARADIGMA DETERMINANTE EN ESPAÑOL 155

Señala el autor que, al desintegrarse el sistema casual latino, empezó a usarse


el artículo a partir de los demostrativos originales. En sus inicios, el artículo
se empleaba exclusivamente con el sujeto oracional para dotar a éste de un
valor referencial que le permitiera funcionar como tema. Sólo posteriormente,
el artículo apareció también con unidades que cumplían funciones distintas a
la de sujeto. JJ ve entonces la asociación del nominativo y del artículo como
un procedimiento de refuerzo analítico para señalar el tema, procedimiento
que ha sido utilizado por no pocas lenguas, entre ellas, el castellano. Dicho en
otras palabras, en el castellano se utilizó una categoría ya existente, la de los
demostrativos, para crear con ella en primer lugar el artículo y, finalmente, la
categoría de los determinantes.
En el tercer capítulo, “Aspectos relevantes en la transformación de
los adjetivos determinativos latinos”, se hace notar que, a partir del s. VIII, se
produjo en el latín una cierta confusión comunicativa puesto que un mismo
caso podía ofrecer valores muy diversos. Esto trajo como consecuencia la
decadencia del sistema casual y su sustitución por procedimientos analíticos
más esclarecedores. El autor describe la situación del latín y, en particular, los
valores de los demostrativos en dicha lengua (ego, tu, hic, iste, ille, ipse, idem,
is) y, después, la evolución de esos valores y también los cambios formales
producidos en el romance hispano: desaparecen algunos demostrativos como
hic y evolucionan otros como iste → este, ipse → ese. El cambio más notable
se produce cuando el demostrativo ille, illa, illud se convierte en artículo (él,
ella, ello, respectivamente). Ese cambio es la piedra de toque para que otros
demostrativos latinos se empleen en nuevos usos y con nuevos valores, lo cual
ocasiona que las formas latinas adquieran tres valores diferentes en castellano:
i) un valor pronominal (éste, ése…), ii) un valor determinante, antepuesto y
actualizador (esta casa), y iii) un valor adjetivo, pospuesto al núcleo (la casa
esta). Con respecto a estos dos últimos valores, JJ señala:

Esta diferencia de valor se corresponde con, respectivamente, las formas


atonizadas y las tónicas. El comportamiento de estas últimas es bastante
similar al de ciertos adjetivos calificativos, concretamente adjetivos de valor
clasificatorio pospuestos al núcleo. Las atonizadas, por su parte, son formas
gramaticalizadas que constituyen un paradigma, el de las unidades determi-
nantes, entendidas, al igual que las preposiciones, como un conjunto de formas
paramorfológicas (aunque en ningún caso morfemas) que comparte unos
mismos valores sintagmáticos en un contexto dado. Estos valores son los de
la actualización de la unidad presentada (p. 126).
156 RESEÑADO POR MERCEDES SEDANO

Según el autor, entonces, en el camino que conduce del latín tardío


al romance se produjo un proceso de gramaticalización que dio por resultado
la aparición de la categoría de los determinantes como unidades antepuestas
y átonas (o atonizadas) destinadas a actualizar una unidad nominal. De
todos los determinantes, el artículo es el más general, en tanto que los otros
ofrecen cierto grado de especificidad semántica.
JJ estudia con mucho detalle la evolución histórica de los posesivos
y de los demostrativos desde el latín hasta el castellano actual y ofrece un
cuadro en el que puede observarse la cronología de esa evolución. Pasa
después a estudiar el actual un y los otros indefinidos. Hace notar que un
funcionaba en latín (ūnus) como adjetivo singularizante y que, de este uso,
pasó a convertirse en numeral y luego en presentador indefinido general.
Señala además, que muchos de los indefinidos que existen actualmente en
nuestro idioma son el resultado de diversas fusiones, pero que los indefinidos
del latín clásico desaparecieron en las lenguas románicas. Puesto que, según JJ,
lo que caracteriza a la categoría de los determinantes es su función presentadora
y su posición antepuesta, además de su incompatibilidad con otros determinantes
en esa posición, el actual paradigma de los determinantes indefinidos en
castellano está compuesto por un, algún, ningún, cualquier, cada, unos cuantos,
semejante y dicho. Considera que se trata de un paradigma inestable y, por lo
tanto, sujeto a cambios.
En el cuarto capítulo, “El paradigma determinante”, el autor se centra
en los determinantes como categoría gramatical, así como en las características
de sus miembros y en el inventario de los mismos. J.J. comienza por señalar
que, si bien muchos determinantes del castellano actual presentan formas
homófonas con pronombres y adjetivos, dado el origen latino común de todos
ellos (det. esta casa vs. pron. ésta o adj. la casa esta), los determinantes son
formas gramaticalizadas y que, a diferencia de los pronombres y adjetivos
correspondientes (que son tónicos y pospuestos al núcleo), están en posición
antepuesta y son totalmente átonos (el, un, mi…) o, al menos, ofrecen mayor
atonicidad que los pronombres o adjetivos similares (este, algún…), lo que es
indicativo de su falta de autonomía. Esta pérdida de autonomía de los deter-
minantes se refleja, por un lado, en que no pueden aparecer sin un núcleo y,
por el otro, en que son necesarios “para determinar la función de la unidad en
el contexto, todo ello en contraste con sus antecedentes latinos” (p. 206). La
gramaticalización y desgaste fónico de los determinantes es causante también
de que varios de ellos tengan apócope (det. mi vs. adj. mío; det. su vs. adj.
suyo). El autor ilustra la función de los determinantes con dos ejemplos, “Ese
EL PARADIGMA DETERMINANTE EN ESPAÑOL 157

es mi alumno” y “Ese es (un) alumno mío” (p. 208): en el primer ejemplo, el


determinante mi “concreta el ámbito relevante en el que se presenta la unidad”
(p. 208), en tanto que, en el segundo, el adjetivo mío aporta una información
acerca del alumno que lo sitúa en el mismo paradigma de otros adjetivos
como bueno o de Copenhague. Añade que los adjetivos demostrativos o
indefinidos pospuestos “son los más proclives a adquirir valores semánticos
‘extra-presentadores’, a menudo peyorativos cuando el referente es personal,
lo que no ocurre con los determinantes” (p. 208).
JJ dice que el castellano, guiado por la economía y la rentabilidad
comunicativa, seleccionó las siguientes unidades como pertenecientes al
paradigma de los determinantes: el artículo definido, los demostrativos, los
posesivos y algunos indefinidos; dentro de estos últimos, seleccionó el
indefinido genérico un, llamado con frecuencia “artículo indeterminado” y
unos cuantos más, que ya fueron mencionados más arriba.
De acuerdo con JJ, la pertenencia de una determinada unidad al
paradigma de los determinantes se comprueba si dicha unidad es sintagmáti-
camente incompatible con otra unidad determinante, sobre todo con el artículo.
La agramaticalidad de ejemplos como “*Los mis niños se portan muy bien” o
“*Esta la casa de mis padres es muy acogedora” (p. 211), indica que los y
mis pertenecen a la categoría de los determinantes y que igual sucede con esta
y la. En cambio, la gramaticalidad de “Mis dos hijos se portan muy bien” y
“Las muchas preocupaciones y las pocas satisfacciones te van a matar” (p. 211)
indica que dos y pocas no son determinantes.
En el capítulo cuarto se hace notar también que, en los procesos de
gramaticalización, hay toda una gradación que va desde las palabras indepen-
dientes, no gramaticalizadas, hasta los morfemas flexivos: PALABRA INDEPEN-
DIENTE - PALABRA ESTRUCTURAL - CLÍTICO - MORFEMA DERIVATIVO - MORFEMA
FLEXIVO. El autor sitúa a los determinantes en el grupo de las palabras
estructurales (conjuntamente con las preposiciones, conjunciones y relatores)
y añade que, dentro de los determinantes, también hay distintos grados de
gramaticalización. De todos ellos, el determinante más gramaticalizado es el
artículo determinado; esto se debe a que esa forma se ha convertido en el
‘nombrador’ por excelencia, hasta el punto de que puede nominalizar entidades
distintas a los sustantivos, lo cual no es posible con los otros determinantes.
Según JJ, los determinantes menos gramaticalizados son los indefinidos.
El autor señala que la gramaticalización de los determinantes ha pro-
ducido una reorganización del sistema. A pesar de las semejanzas formales
que algunos determinantes puedan tener con los adjetivos correspondientes,
158 RESEÑADO POR MERCEDES SEDANO

lo que caracteriza a los determinantes es que son átonos o atonizados, están


en posición prenuclear y resultan incompatibles en esa posición con los otros
miembros del paradigma, lo que significa que la presencia de un determinante
en posición prenuclear excluye la de cualquier otro determinante en esa posición.
Por supuesto, algunas formas pueden aparecer en posición postnuclear, pero
entonces ya no se comportan como determinantes sino como adjetivos. JJ
hace notar que no todos los determinantes tienen correlato adjetivo y enumera
los que no lo tienen: el, un, algún, ningún, unos cuantos y cada.
En el capítulo que estamos tratando hay una sección dedicada a los
determinantes indefinidos, que el autor estudia con mucho detalle,y a los
adjetivos determinativos indefinidos. Al final del capítulo hay un cuadro
sinóptico en el que se ofrece un inventario de los determinantes básicos y de
los adjetivos determinativos del español, y se ilustran las relaciones entre unos y
otros. En ese cuadro se observa, por ejemplo, la relación que los determinantes
algún, ningún y cualquier mantienen con los adjetivos determinativos otro o
sendos. En el mencionado cuadro los determinantes se consideran “caracteri-
zadores” y, los adjetivos, “modificadores”.
El capítulo quinto, “El paradigma determinante. Breve recapitulación”,
constituye una síntesis de lo expuesto a lo largo de la obra. Se destaca, entre
otras cosas, la importancia de la gramaticalización. También la de la determi-
nación en las lenguas, entendida ésta como un procedimiento para “traer al
conocimiento real la virtualidad de lo expresado” (p. 269). JJ señala que, si
bien la expresión de la determinación puede realizarse mediante diversos
procedimientos, el mejor de ellos, en las lenguas que lo poseen, es el caso
nominativo, pues el mismo “permite identificar una unidad en virtud de su
conocimiento previo (anafórica) o de su pertenencia a una clase conocida
(genérica)” (p. 270). Puesto que el nominativo del latín desapareció al desin-
tegrarse el sistema de casos, el romance hispano se vio en la necesidad de usar
abundantemente, con un valor presentativo, los adjetivos determinativos en
contextos donde antes solo aparecía la forma nominal en nominativo.
Comienza entonces un proceso de gramaticalización cuya consecuencia más
resaltante fue la aparición del artículo determinado a partir del demostrativo
deíctico ille. El artículo se usaba inicialmente en contextos temáticos asociados
al nominativo y solo más tarde empezó a usarse en contextos no necesariamente
temáticos. Paralelamente, y siguiendo el patrón creado por el artículo, comen-
zaron a emplearse también ciertos adjetivos determinativos para dotar de valor
determinante a los sustantivos. Estos adjetivos fueron los demostrativos, los
posesivos y algunos indefinidos, pero no los numerales ni los cuantificadores.
EL PARADIGMA DETERMINANTE EN ESPAÑOL 159

El autor adjudica dos consecuencias importantes a la gramaticalización de los


determinantes: por un lado, la paradigmatización de los miembros de esta cate-
goría, que excluye la posibilidad de que haya dos determinantes antepuestos
al núcleo, sólo puede haber uno y, por otro lado, la colocación posnuclear de
los adjetivos que poseen determinantes formalmente similares.
La obra está muy bien estructurada, muy bien argumentada y muy
bien escrita. Además, se hace en ella un amplio recorrido por la historia de la
lengua y por la bibliografía sobre el tema. Por si fuera poco, a lo largo de los
capítulos se ofrecen cuadros que ayudan perfectamente a entender lo que
desea exponer el autor. Todo ello va dirigido a convencer al lector de que
existe en español una categoría gramatical, la de los determinantes, con
características propias.
Hay en la obra dos aspectos que, a mi modo de ver, no quedan suficien-
temente claros. Uno de ellos es el concepto de “presentación”, que el autor
emplea repetidamente para referirse sobre todo al artículo, pero también a los
otros determinantes. Si los determinantes son presentativos ¿Qué presentan?
¿Presentan la entidad que puede ser considerada “tema”? En ese caso, se
podría hablar de “marcadores tematizadores”, que, a mi modo de ver, sería
una denominación más transparente. El problema de esta denominación es
que no todos los términos que aparecen precedidos por un determinante son
entidades tematizadas. Quizá el término más adecuado para caracterizar los
determinantes sea el de “actualizadores”, que es usado con frecuencia por el
autor. El asunto es que también podrían considerarse actualizadores los adje-
tivos indefinidos antepuestos excluidos de la categoría de los determinantes
(otro, tal, ambos, cierto), así como los numerales y los cuantificadores.
La otra duda que surge se refiere al grupo de los determinantes
indefinidos. Si el autor asocia la determinación con el nominativo y con el
tema, ¿cómo clasificar un o unos cuantos en oraciones como “Cuando vaya al
mercado, compraré un frasco de miel/ unos cuantos melocotones”, que intro-
ducen entidades que no son ni determinadas ni nominativas ni temáticas?
Aparte de estas pequeñas interrogantes, no me queda sino dar la
más calurosa bienvenida a un libro de gran importancia para el estudio de
la gramaticalización y que, al mismo tiempo, pone de relieve la existencia de una
categoría gramatical del español a la que no se había dado suficiente atención
hasta ahora.

También podría gustarte