Ferro, Marc (1993) “Prefacio”. En Cómo se cuenta la historia a los niños del mundo entero. 1ª ed.
1ª reimp. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. p. 9-15.
No nos engañemos: la imagen que tenemos de otros pueblos, y hasta de nosotros mismos, está
asociada a la Historia tal como se nos contó cuando éramos niños. Ella deja su huella en nosotros para toda
la existencia. Sobre esta imagen, que para cada quien es un descubrimiento del mundo y del pasado de las
sociedades, se incorporan de inmediato opiniones, ideas fugitivas o duraderas, como el amor..., al tiempo
que permanecen, indelebles, las huellas de nuestras primeras curiosidades y de nuestras primeras
emociones.
Son esas huellas las que es preciso conocer, o reencontrar, las nuestras, las de los demás, en Trinidad,
como en Moscú o en Yokohama. Este viaje en el espacio también es, naturalmente, un viaje en el tiempo. Po-
see la particularidad de refractar del pasado imágenes móviles. No solamente ese pasado no es el mismo
para, todos, sino que, en cada quien, el recuerdo se modifca con el tiempo: esas, imágenes cambian a
medida que se transforman el saber y las ideologías, a medida que cambia, en las sociedades, la función de la
historia.
Ya es hora de confrontar hoy todas esas representaciones pues, con el crecimiento del mundo, con su
unifcación económica, pero con su estallido político, el pasado de las sociedades es más que nunca uno de
los embates de las confrontaciones entre Estados, entre naciones, entre culturas y etnias. Controlar el
pasado ayuda a dominar el presente, a legitimar dominaciones e impugnaciones. Ahora bien, son las
potencias dominantes – Estados, iglesias, partidos políticos o intereses privados - los que poseen y fnancian
medios de comunicación masiva o mecanismos de reproducción, libros escolares o tiras cómicas, flmes o
emisiones de televisión. Cada vez más frecuentemente, entregan a todos y cada uno un pasado uniforme. La
revuelta brota entre aquellos para quienes su Historia está "prohibida".
Y después, llegado el mañana, ¿qué nación o qué grupo humano podrá todavía controlar su propia
historia?
Los antiguos países, sean viejas comunidades o Estados, como los khazares del Volga o el reino de
Arlés, ya vieron disolverse su identidad en un pasado anónimo. Hace apenas muy poco, enfrentándose como
a un nuevo tratado de Versalles, historiadores franceses y alemanes se reunían para rectifcar una frontera:
unos aceptando una matanza, los otros una violación de territorio. En el Este, de Praga a Ulan Bator, todas las
variedades étnicas y nacionales se encuentran explicadas con-el mismo modelo, supuestamente concebido
por Marx, pero revisado por Moscú. Vista desde esta capital, ¿qué diferencia se establece ahora entre la his-
toria de Georgia y la de Armenia, a pesar de que se reconozca la identidad de esas naciones?, lo que además
no es necesariamente el caso de todas ellas. En fn, en el resto del mundo -el "Sur"-, las socieda des
descolonializan su historia, pero a menudo con los mismos instrumentos que el colonizador, al construir una
historia que es la inversa de la impuesta anteriormente.
En esta forma, para casi cada nación se sobreponen o se confrontan hoy varias historias en Polonia,
por ejemplo, la que se presenta en la escuela se diferencia sensiblemente de la que se cuenta en la casa. Los
rusos no tienen en ella exactamente el mismo papel. La memoria colectiva y Ia historia ofcial se enfrentan en
esta forma a una verdadera prueba de fuego que da testimonio, sin duda mejor que los trabajos de los histo -
riadores, de los· problemas que plantea la historia.
A condición de no limitarse al estudio de los manuales escolares o de las tiras cómicas, ni a la
formulación actual de la ciencia histórica, la historia que se cuenta a los niños o a los adultos, permite a la vez
conocer la identidad de una sociedad y el status de ésta a través del tiempo. Por ejemplo, la historia del
pueblo armenio, tal como se enseña en la Armenia soviética, la que aprenden los niños de la diáspora (y
muchos de Armenia, pero en la tarde o por la noche), y la imagen que de ella presenta la "vulgata" histórica
universal, constituyen tres versiones diferentes, y no se tiene la seguridad de que la última tenga más
realidad o legitimidad que las otras.
Independientemente de su vocación científca, la historia ejerce en efecto una doble función,
terapéutica y militante. A través del tiempo, el "signo” de esta misión ha cambiado, pero no el sentido: en la
época de Franco en España, glorifca a Cristo Rey; en la época de las repúblicas en Francia, a la nación y al
Estado; al partido comunista en la URSS o en China, no por ello deja de ser menos misionera; el cientifcismo y
la metodología sirven a lo sumo de "taparrabo" a la ideología. Benedetto Croce escribía a principios de siglo,
que la historia plantea los problemas de su tiempo más que los de la época que es objeto de su estudio. Así
evocando uno y otro la Edad Media rusa el Alexander Nevski de Eisentein y el Andrei Roublev de Tarkovski nos
informan, uno sobre la Rusia staliniana y su miedo por Alemania; el otro sobre la URSS de Brejnev, su lucha
por la libertad y su odio por los chinos. La historia que actualmente se enseña a los pequeños africanos nos
informa tanto sobre los problemas actuales del continente negro como sobre su pasado. Los libros para niños
son empleados para glorifcar los grandes imperios del pasado africano, cuyo esplendor se pone en paralelo
con la decadencia y el retraso de la Europa feudal, en la misma época: la función terapéutica está expresada
claramente. O bien, igualmente por razones de actualidad, el duro litigio del conflicto con el islam es retirado,
reducido y hasta puesto en duda por el empleo del condicional...
En el Caribe, en donde vive una población desarraigada (negros, chinos, indios, etc.). La historia que
se cuenta a los niños transfgura a los descendientes, de antiguos esclavos o culíes, en ciudadanos del mundo
que tienen la ventaja, única, de participar en todas las culturas de la humanidad. La historia de la esclavi tud
se presenta en tal forma que el niño negro de Jamaica se apiada menos de la suerte de sus ancestros que de
la de los desventurados ingleses que, en la historia, fueron los primeros esclavos enviados a Italia en tiempos
del César.
Para la historia "militante", se piensa antes que nada naturalmente en las manipulaciones
practicadas en la URSS: durante mucho tiempo, Trotski fue condenado al olvido, y no se hablaba sino de
Stalin; después de 10 años, Stalin ha desaparecido, casi, y se cita frecuentemente a Trotski... para
condenarlo. Pero, en los Estados Unidos, la evolución de la enseñanza es todavía más radical: expresa el paso
de la ideología delmelting-pot (la América "crisol" de los pueblos), a la del salad-bowl (variado); en donde las
culturas conservan su identidad.
A pesar de esos cambios, persiste un modelo de la historia de cada país: es la dominante que moldea
la conciencia colectiva de cada sociedad. Por ello es importante conocer los elementos de ese modelo. Los
relatos y las creencias que lo constituyen -ya se trate de elevadas acciones del héroe que combate a Shivaji
en la India, o las desventuras de Yoshitsune en Japón, las aventuras de Chaka, rey de los zulúes, o de Jeanne
Hachette en Francia- tienen un sabor mucho más fuerte que todos los análisis: esta recompensa del
historiador como del lector. '
De manera que no busco aquí enunciar una verdad histórica, valedera para todos, y que sería tan
absurda como imaginaria; quisiera restituir las diversas imágenes de ese pasado tal como lo viven las
múltiples sociedades de nuestro mundo. Ciertamente, puede muy bien ser que esas imágenes representen
exactamente el reverso de otras imágenes o bien de contraverdades: en ese caso, debe perdonárseme, cada
vez que sea necesario me veré obligado a restituir la verdad, por simple deformación profesional.
Sin duda, a través de ese periplo, a través de las primeras imágenes de la historia, no repetiré, cada
vez, la integridad de la historia que se cuenta a los jóvenes soviéticos o a los niños de Trinidad. Intentaré, sin
embargo, en el caso de cada colectividad o nación, ofrecer una representación global tan fel como me sea
posible, ya que esta visión de conjunto constituye la imagen de los otros de nosotros mismos. Si llega el caso,
no me privaré de confrontar diversas interpretaciones de un mismo problema, pero no abusaré de semejante
práctica, pues en este libro me interesa la identidad de cada historia nacional, la visión del pasado que es de
cada cultura.
Se trata entonces, de una impugnación del concepto tradicional de la “historia universal”. No
empiezo, con los faraones para terminar con Jomeini o con los estremecimientos de Polonia, pues ese
dispositivo se inscribiría, sin decirlo, en una visión teleológica de la historia: ya fuera su signo cristiano,
marxista o meramente ligado a la idea de Progreso. Ese dispositivo iba a ser, sin decirlo, europeo céntrico, ya
que los pueblos no "entran" a la Historia sino tras su “descubrimiento” por los europeos. En este libro, no
habrá nada de eso, salvo en el capítulo consagrado a la historia vista desde Europa, ya que cada cultura y
cada nación, se presenta en la continuidad del pasado que desde ahí se percibe.
El itinerario que he escogido, ya lo veremos, tiene su propia lógica. No me obstinaré en justifcarlo,
pero desearía que el lector se dejara tomar de la mano y lo siguiera... ¿Pero cómo podría impedirle, si así lo
desea, leer primero el, capítulo sobre el Islam o sobre Japón? Como sé que vagabundeará, le he preparado, lo
más a menudo, referencias cronológicas, es cierto que he escrito antes que debe desconfarse, muy fre-
cuentemente, de este tipo de recursos; sin embargo, resolví colocarlas a lo largo de los capítulos, constituirán
un simple prontuario...
Una palabra más de explicación para el lector.
El proyecto de este libro es de tal manera gigantesco y megalómano, que debo confesar y justifcar
sus insufciencias.
Seleccionar las 15 o 20 sociedades que en él fguran implicaba una investigación sobre una cantidad
todavía mayor de manuales, flmes, tiras cómicas, novelas históricas, etc., en no sé cuántas lenguas
extranjeras, sin mencionar el estudio de cada una de esas culturas, de las eventualidades históricas de cada
nación, de las variaciones de su historiografía. No desistí en el camino, sino que desistí de la idea de que cada
uno de esos capítulos fuese una tesis de doctorado: una vida entera no habría sido sufciente, y totalmente
en vano pues, por una especie de cuadratura, apenas hubiese llegado al fnal de mi camino cuando hubiera
sido necesario volver a tomar los libros, los flmes o las demás cosas producidas durante esta generación,
esta génesis.
Hay así muy serias desigualdades de tratamiento entre los capítulos, y sé muy bien que ciertos
análisis son más ligeros que otros, ciertas secciones únicamente descriptivas, los problemas pedagógicos no
se abordan tanto como es deseable1; pero al menos logré concluir este panorama sin lagunas graves (eso
espero) y podría, para las próximas ediciones, transformar en capítulos lo que aquí únicamente se propone
bajo la más modesta forma de una nota.
Que el lector tan sólo sepa que experimenté alegría y verdadera pasión al emprender y al escribir
este libro.
Ojalá te ayude, amigo, como a mí, para comprender mejor a tu prójimo.
1La utilización del índice permite encontrarlos en el caso de los países en donde se abordan (Alemania nazi, Francia, URSS, Polonia, los Estados Unidos, etc.)